{"id":13342,"date":"2016-02-05T08:56:57","date_gmt":"2016-02-05T13:56:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/redemptoris-mater\/"},"modified":"2016-02-05T08:56:57","modified_gmt":"2016-02-05T13:56:57","slug":"redemptoris-mater","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/redemptoris-mater\/","title":{"rendered":"REDEMPTORIS MATER"},"content":{"rendered":"<p>[071]<br \/>\n  Enc\u00ed\u00adclica de Juan Pablo II en la Fiesta de la Anunciaci\u00f3n, 25 de Marzo de 1987. Presenta y ensalza la figura de Mar\u00ed\u00ada, Madre del Redentor, que est\u00e1 siempre presente activa en la Iglesia peregrina.<\/p>\n<p>      1. Mar\u00ed\u00ada en el Misterio de Cristo.<\/p>\n<p>      2. La Madre de Dios en la Iglesia.<\/p>\n<p>      3. Mediadora y cercana como Madre.<\/p>\n<p>   Tiene abundante base b\u00ed\u00adblica en comentarios y ex\u00e9gesis de textos mariol\u00f3gicos. Interesante en catequesis, para comentar la relaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada con su Hijo divino, en sus misterios: encarnaci\u00f3n, redenci\u00f3n, salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>La enc\u00ed\u00adclica del Papa sobre la Virgen Mar\u00ed\u00ada ve la luz el 25 de marzo de 1987. Con ella quiere enfocar el sentido del A\u00f1o mariano que se iniciaba el 7 de junio. A\u00f1o mariano que \u00abquer\u00ed\u00ada subrayar c\u00f3mo con el misterio de la Encarnaci\u00f3n la historia de la humanidad ha entrado en la plenitud de los tiempos y que la Iglesia es el signo de esta plenitud\u00bb (N\u00c2\u00b0 49).<\/p>\n<p>Consta de tres partes. En la primera, sit\u00faa a Mar\u00ed\u00ada dentro del Misterio de Cristo y hace una lectura de los t\u00ed\u00adtulos de la Virgen como llena de gracia, feliz porque ha cre\u00ed\u00addo y madre de la Iglesia y de la humanidad.<\/p>\n<p>En una segunda parte, \u00abla madre de Dios en el centro de la Iglesia peregrina\u00bb, se hace una relectura del Magnificat y se aboga por el camino de la unidad de los cristianos.<\/p>\n<p>Y, ya en una tercera parte, titulada \u00abmediaci\u00f3n materna\u00bb, se centra el Papa en lo que son propiamente las claves de una mariolog\u00ed\u00ada con los siguientes apartados: Esclava del Se\u00f1or, Madre de la Iglesia y de cada cristiano.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; JUAN PABLO II, Enc\u00ed\u00adclicas, Edibesa, Madrid 1995.<\/p>\n<p>Ra\u00fal Berzosa Mart\u00ed\u00adnez<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify\">\nIoannes Paulus PP. II<br \/>\nRedemptoris Mater<br \/>\nsobre la Bienaventurada Virgen Maria en la Vida de la Iglesia peregrina\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">1987.03.25\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\nBENDICI\u00d3N\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">Venerables Hermanos<br \/>\namad\u00edsimos hijos e hijas:<br \/>\n\u00a1Salud y Bendici\u00f3n Apost\u00f3lica!\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">INTRODUCCI\u00d3N\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">1. La Madre del Redentor tiene un lugar preciso en el plan de la salvaci\u00f3n, porque \u00ab&#160;al llegar la plenitud de los tiempos, envi\u00f3 Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, para que recibieran la filiaci\u00f3n adoptiva. La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Esp\u00edritu de su Hijo que clama: \u00a1Abb\u00e1, Padre!&#160;\u00bb (G\u00e1l 4, 4-6).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con estas palabras del ap\u00f3stol Pablo, que el Concilio Vaticano II cita al comienzo de la exposici\u00f3n sobre la bienaventurada Virgen Mar\u00eda,1 deseo iniciar tambi\u00e9n mi reflexi\u00f3n sobre el significado que Mar\u00eda tiene en el misterio de Cristo y sobre su presencia activa y ejemplar en la vida de la Iglesia. Pues, son palabras que celebran conjuntamente el amor del Padre, la misi\u00f3n del Hijo, el don del Esp\u00edritu, la mujer de la que naci\u00f3 el Redentor, nuestra filiaci\u00f3n divina, en el misterio de la \u00ab&#160;plenitud de los tiempos&#160;\u00bb.2\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta plenitud delimita el momento, fijado desde toda la eternidad, en el cual el Padre envi\u00f3 a su Hijo \u00ab&#160;para que todo el que crea en \u00e9l no perezca sino que tenga vida eterna&#160;\u00bb (Jn 3, 16). Esta plenitud se\u00f1ala el momento feliz en el que \u00ab&#160;la Palabra que estaba con Dios &#8230; se hizo carne, y puso su morada entre nosotros&#160;\u00bb (Jn 1, 1. 14), haci\u00e9ndose nuestro hermano. Esta misma plenitud se\u00f1ala el momento en que el Esp\u00edritu Santo, que ya hab\u00eda infundido la plenitud de gracia en Mar\u00eda de Nazaret, plasm\u00f3 en su seno virginal la naturaleza humana de Cristo. Esta plenitud define el instante en el que, por la entrada del eterno en el tiempo, el tiempo mismo es redimido y, llen\u00e1ndose del misterio de Cristo, se convierte definitivamente en \u00ab&#160;tiempo de salvaci\u00f3n&#160;\u00bb. Designa, finalmente, el comienzo arcano del camino de la Iglesia. En la liturgia, en efecto, la Iglesia saluda a Mar\u00eda de Nazaret como a su exordio,3 ya que en la Concepci\u00f3n inmaculada ve la proyecci\u00f3n, anticipada en su miembro m\u00e1s noble, de la gracia salvadora de la Pascua y, sobre todo, porque en el hecho de la Encarnaci\u00f3n encuentra unidos indisolublemente a Cristo y a Mar\u00eda: al que es su Se\u00f1or y su Cabeza y a la que, pronunciando el primer fiat de la Nueva Alianza, prefigura su condici\u00f3n de esposa y madre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">2. La Iglesia, confortada por la presencia de Cristo (cf. Mt 28, 20), camina en el tiempo hacia la consumaci\u00f3n de los siglos y va al encuentro del Se\u00f1or que llega. Pero en este camino \u2014deseo destacarlo enseguida\u2014 procede recorriendo de nuevo el itinerario realizado por la Virgen Mar\u00eda, que \u00ab&#160;avanz\u00f3 en la peregrinaci\u00f3n de la fe y mantuvo fielmente la uni\u00f3n con su Hijo hasta la Cruz&#160;\u00bb.4 Tomo estas palabras tan densas y evocadoras de la Constituci\u00f3n Lumen gentium, que en su parte final traza una s\u00edntesis eficaz de la doctrina de la Iglesia sobre el tema de la Madre de Cristo, venerada por ella como madre suya amant\u00edsima y como su figura en la fe, en la esperanza y en la caridad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Poco despu\u00e9s del Concilio, mi gran predecesor Pablo VI quiso volver a hablar de la Virgen Sant\u00edsima, exponiendo en la Carta Enc\u00edclica Christi Matri y m\u00e1s tarde en las Exhortaciones Apost\u00f3licas Signum magnum y Marialis cultus 5 los fundamentos y criterios de aquella singular veneraci\u00f3n que la Madre de Cristo recibe en la Iglesia, as\u00ed como las diferentes formas de devoci\u00f3n mariana \u2014lit\u00fargicas, populares y privadas\u2014 correspondientes al esp\u00edritu de la fe.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">3. La circunstancia que ahora me empuja a volver sobre este tema es la perspectiva del a\u00f1o dos mil, ya cercano, en el que el Jubileo bimilenario del nacimiento de Jesucristo orienta, al mismo tiempo, nuestra mirada hacia su Madre. En los \u00faltimos a\u00f1os se han alzado varias voces para exponer la oportunidad de hacer preceder tal conmemoraci\u00f3n por un an\u00e1logo Jubileo, dedicado a la celebraci\u00f3n del nacimiento de Mar\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En realidad, aunque no sea posible establecer un preciso punto cronol\u00f3gico para fijar la fecha del nacimiento de Mar\u00eda, es constante por parte de la Iglesia la conciencia de que Mar\u00eda apareci\u00f3 antes de Cristo en el horizonte de la historia de la salvaci\u00f3n.6 Es un hecho que, mientras se acercaba definitivamente \u00ab&#160;la plenitud de los tiempos&#160;\u00bb, o sea el acontecimiento salv\u00edfico del Emmanuel, la que hab\u00eda sido destinada desde la eternidad para ser su Madre ya exist\u00eda en la tierra. Este \u00ab&#160;preceder&#160;\u00bb suyo a la venida de Cristo se refleja cada a\u00f1o en la liturgia de Adviento. Por consiguiente, si los a\u00f1os que se acercan a la conclusi\u00f3n del segundo Milenio despu\u00e9s de Cristo y al comienzo del tercero se refieren a aquella antigua espera hist\u00f3rica del Salvador, es plenamente comprensible que en este per\u00edodo deseemos dirigirnos de modo particular a la que, en la \u00ab&#160;noche&#160;\u00bb de la espera de Adviento, comenz\u00f3 a resplandecer como una verdadera \u00ab&#160;estrella de la ma\u00f1ana&#160;\u00bb (Stella matutina). En efecto, igual que esta estrella junto con la \u00ab&#160;aurora&#160;\u00bb precede la salida del sol, as\u00ed Mar\u00eda desde su concepci\u00f3n inmaculada ha precedido la venida del Salvador, la salida del \u00ab&#160;sol de justicia&#160;\u00bb en la historia del g\u00e9nero humano.7\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Su presencia en medio de Israel \u2014tan discreta que pas\u00f3 casi inobservada a los ojos de sus contempor\u00e1neos\u2014 resplandec\u00eda claramente ante el Eterno, el cual hab\u00eda asociado a esta escondida \u00ab&#160;hija de Si\u00f3n&#160;\u00bb (cf. So 3, 14; Za 2, 14) al plan salv\u00edfico que abarcaba toda la historia de la humanidad. Con raz\u00f3n pues, al t\u00e9rmino del segundo Milenio, nosotros los cristianos, que sabemos como el plan providencial de la Sant\u00edsima Trinidad sea la realidad central de la revelaci\u00f3n y de la fe, sentimos la necesidad de poner de relieve la presencia singular de la Madre de Cristo en la historia, especialmente durante estos \u00faltimos a\u00f1os anteriores al dos mil.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">4. Nos prepara a esto el Concilio Vaticano II, presentando en su magisterio a la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia. En efecto, si es verdad que \u00ab&#160;el misterio del hombre s\u00f3lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado&#160;\u00bb \u2014como proclama el mismo Concilio 8\u2014, es necesario aplicar este principio de modo muy particular a aquella excepcional \u00ab&#160;hija de las generaciones humanas&#160;\u00bb, a aquella \u00ab&#160;mujer&#160;\u00bb extraordinaria que lleg\u00f3 a ser Madre de Cristo. S\u00f3lo en el misterio de Cristo se esclarece plenamente su misterio. As\u00ed, por lo dem\u00e1s, ha intentado leerlo la Iglesia desde el comienzo. El misterio de la Encarnaci\u00f3n le ha permitido penetrar y esclarecer cada vez mejor el misterio de la Madre del Verbo encarnado. En este profundizar tuvo particular importancia el Concilio de \u00c9feso (a. 431) durante el cual, con gran gozo de los cristianos, la verdad sobre la maternidad divina de Mar\u00eda fue confirmada solemnemente como verdad de fe de la Iglesia. Mar\u00eda es la Madre de Dios (Theot\u00f3kos), ya que por obra del Esp\u00edritu Santo concibi\u00f3 en su seno virginal y dio al mundo a Jesucristo, el Hijo de Dios consubstancial al Padre.9 \u00ab&#160;El Hijo de Dios&#8230; nacido de la Virgen Mar\u00eda&#8230; se hizo verdaderamente uno de los nuestros&#8230;&#160;\u00bb,10 se hizo hombre. As\u00ed pues, mediante el misterio de Cristo, en el horizonte de la fe de la Iglesia resplandece plenamente el misterio de su Madre. A su vez, el dogma de la maternidad divina de Mar\u00eda fue para el Concilio de \u00c9feso y es para la Iglesia como un sello del dogma de la Encarnaci\u00f3n, en la que el Verbo asume realmente en la unidad de su persona la naturaleza humana sin anularla.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">5. El Concilio Vaticano II, presentando a Mar\u00eda en el misterio de Cristo, encuentra tambi\u00e9n, de este modo, el camino para profundizar en el conocimiento del misterio de la Iglesia. En efecto, Mar\u00eda, como Madre de Cristo, est\u00e1 unida de modo particular a la Iglesia, \u00ab&#160;que el Se\u00f1or constituy\u00f3 como su Cuerpo&#160;\u00bb.11 El texto conciliar acerca significativamente esta verdad sobre la Iglesia como cuerpo de Cristo (seg\u00fan la ense\u00f1anza de las Cartas paulinas) a la verdad de que el Hijo de Dios \u00ab&#160;por obra del Esp\u00edritu Santo naci\u00f3 de Mar\u00eda Virgen&#160;\u00bb. La realidad de la Encarnaci\u00f3n encuentra casi su prolongaci\u00f3n en el misterio de la Iglesia-cuerpo de Cristo. Y no puede pensarse en la realidad misma de la Encarnaci\u00f3n sin hacer referencia a Mar\u00eda, Madre del Verbo encarnado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En las presentes reflexiones, sin embargo, quiero hacer referencia sobre todo a aquella \u00ab&#160;peregrinaci\u00f3n de la fe&#160;\u00bb, en la que \u00ab&#160;la Sant\u00edsima Virgen avanz\u00f3&#160;\u00bb, manteniendo fielmente su uni\u00f3n con Cristo.12 De esta manera aquel doble v\u00ednculo, que une la Madre de Dios a Cristo y a la Iglesia, adquiere un significado hist\u00f3rico. No se trata aqu\u00ed s\u00f3lo de la historia de la Virgen Madre, de su personal camino de fe y de la \u00ab&#160;parte mejor&#160;\u00bb que ella tiene en el misterio de la salvaci\u00f3n, sino adem\u00e1s de la historia de todo el Pueblo de Dios, de todos los que toman parte en la misma peregrinaci\u00f3n de la fe.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esto lo expresa el Concilio constatando en otro pasaje que Mar\u00eda \u00ab&#160;precedi\u00f3&#160;\u00bb, convirti\u00e9ndose en \u00ab&#160;tipo de la Iglesia &#8230; en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta uni\u00f3n con Cristo&#160;\u00bb.13 Este \u00ab&#160;preceder&#160;\u00bb suyo como tipo, o modelo, se refiere al mismo misterio \u00edntimo de la Iglesia, la cual realiza su misi\u00f3n salv\u00edfica uniendo en s\u00ed \u2014como Mar\u00eda\u2014 las cualidades de madre y virgen. Es virgen que \u00ab&#160;guarda pura e \u00edntegramente la fe prometida al Esposo&#160;\u00bb y que \u00ab&#160;se hace tambi\u00e9n madre &#8230; pues &#8230; engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por obra del Esp\u00edritu Santo y nacidos de Dios&#160;\u00bb.14\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">6. Todo esto se realiza en un gran proceso hist\u00f3rico y, por as\u00ed decir, \u00ab&#160;en un camino&#160;\u00bb. La peregrinaci\u00f3n de la fe indica la historia interior, es decir la historia de las almas. Pero \u00e9sta es tambi\u00e9n la historia de los hombres, sometidos en esta tierra a la transitoriedad y comprendidos en la dimensi\u00f3n de la historia. En las siguientes reflexiones deseamos concentrarnos ante todo en la fase actual, que de por s\u00ed no es a\u00fan historia, y sin embargo la plasma sin cesar, incluso en el sentido de historia de la salvaci\u00f3n. Aqu\u00ed se abre un amplio espacio, dentro del cual la bienaventurada Virgen Mar\u00eda sigue \u00ab&#160;precediendo&#160;\u00bb al Pueblo de Dios. Su excepcional peregrinaci\u00f3n de la fe representa un punto de referencia constante para la Iglesia, para los individuos y comunidades, para los pueblos y naciones, y, en cierto modo, para toda la humanidad. De veras es dif\u00edcil abarcar y medir su radio de acci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Concilio subraya que la Madre de Dios es ya el cumplimiento escatol\u00f3gico de la Iglesia: \u00ab&#160;La Iglesia ha alcanzado en la Sant\u00edsima Virgen la perfecci\u00f3n, en virtud de la cual no tiene mancha ni arruga (cf. Ef 5, 27)&#160;\u00bb y al mismo tiempo que \u00ab&#160;los fieles luchan todav\u00eda por crecer en santidad, venciendo enteramente al pecado, y por eso levantan sus ojos a Mar\u00eda, que resplandece como modelo de virtudes para toda la comunidad de los elegidos&#160;\u00bb.15 La peregrinaci\u00f3n de la fe ya no pertenece a la Madre del Hijo de Dios; glorificada junto al Hijo en los cielos, Mar\u00eda ha superado ya el umbral entre la fe y la visi\u00f3n \u00ab&#160;cara a cara&#160;\u00bb (1 Cor 13, 12). Al mismo tiempo, sin embargo, en este cumplimiento escatol\u00f3gico no deja de ser la \u00ab&#160;Estrella del mar&#160;\u00bb (Maris Stella) 16 para todos los que a\u00fan siguen el camino de la fe. Si alzan los ojos hacia ella en los diversos lugares de la existencia terrena lo hacen porque ella \u00ab&#160;dio a luz al Hijo, a quien Dios constituy\u00f3 primog\u00e9nito entre muchos hermanos (cf. Rom 8, 29)&#160;\u00bb,17 y tambi\u00e9n porque a la \u00ab&#160;generaci\u00f3n y educaci\u00f3n&#160;\u00bb de estos hermanos y hermanas \u00ab&#160;coopera con amor materno&#160;\u00bb.18\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">I PARTE &#8211; MAR\u00cdA EN EL MISTERIO DE CRISTO\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n1. Llena de gracia\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">7. \u00ab&#160;Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo&#160;\u00bb (Ef 1, 3). Estas palabras de la Carta a los Efesios revelan el eterno designio de Dios Padre, su plan de salvaci\u00f3n del hombre en Cristo. Es un plan universal, que comprende a todos los hombres creados a imagen y semejanza de Dios (cf. G\u00e9n 1, 26). Todos, as\u00ed como est\u00e1n incluidos \u00ab&#160;al comienzo&#160;\u00bb en la obra creadora de Dios, tambi\u00e9n est\u00e1n incluidos eternamente en el plan divino de la salvaci\u00f3n, que se debe revelar completamente, en la \u00ab&#160;plenitud de los tiempos&#160;\u00bb, con la venida de Cristo. En efecto, Dios, que es \u00ab&#160;Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, \u2014son las palabras sucesivas de la misma Carta\u2014 \u00ab&#160;nos ha elegido en \u00e9l antes de la fundaci\u00f3n del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligi\u00e9ndonos de antemano para ser sus \u00ab&#160;hijos adoptivos por medio de Jesucristo, seg\u00fan el benepl\u00e1cito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la que nos agraci\u00f3 en el Amado. En \u00e9l tenemos por medio de su sangre la redenci\u00f3n, el perd\u00f3n de los delitos, seg\u00fan la riqueza de su gracia&#160;\u00bb (Ef 1, 4-7).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El plan divino de la salvaci\u00f3n, que nos ha sido revelado plenamente con la venida de Cristo, es eterno. Est\u00e1 tambi\u00e9n \u2014seg\u00fan la ense\u00f1anza contenida en aquella Carta y en otras Cartas paulinas\u2014 eternamente unido a Cristo. Abarca a todos los hombres, pero reserva un lugar particular a la \u00ab&#160;mujer&#160;\u00bb que es la Madre de aquel, al cual el Padre ha confiado la obra de la salvaci\u00f3n.19 Como escribe el Concilio Vaticano II, \u00ab&#160;ella misma es insinuada prof\u00e9ticamente en la promesa dada a nuestros primeros padres ca\u00eddos en pecado&#160;\u00bb, seg\u00fan el libro del G\u00e9nesis (cf. 3, 15). \u00ab&#160;As\u00ed tambi\u00e9n, ella es la Virgen que concebir\u00e1 y dar\u00e1 a luz un Hijo cuyo nombre ser\u00e1 Emmanuel&#160;\u00bb, seg\u00fan las palabras de Isa\u00edas (cf. 7, 14).20 De este modo el Antiguo Testamento prepara aquella \u00ab&#160;plenitud de los tiempos&#160;\u00bb, en que Dios \u00ab&#160;envi\u00f3 a su Hijo, nacido de mujer, &#8230; para que recibi\u00e9ramos la filiaci\u00f3n adoptiva&#160;\u00bb. La venida del Hijo de Dios al mundo es el acontecimiento narrado en los primeros cap\u00edtulos de los Evangelios seg\u00fan Lucas y Mateo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">8. Mar\u00eda es introducida definitivamente en el misterio de Cristo a trav\u00e9s de este acontecimiento: la anunciaci\u00f3n del \u00e1ngel. Acontece en Nazaret, en circunstancias concretas de la historia de Israel, el primer pueblo destinatario de las promesas de Dios. El mensajero divino dice a la Virgen: \u00ab&#160;Al\u00e9grate, llena de gracia, el Se\u00f1or est\u00e1 contigo&#160;\u00bb (Lc 1, 28). Mar\u00eda \u00ab&#160;se conturb\u00f3 por estas palabras, y discurr\u00eda qu\u00e9 significar\u00eda aquel saludo&#160;\u00bb (Lc 1, 29). Qu\u00e9 significar\u00edan aquellas extraordinarias palabras y, en concreto, la expresi\u00f3n \u00ab&#160;llena de gracia&#160;\u00bb (Kejaritom\u00e9ne).21\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Si queremos meditar junto a Mar\u00eda sobre estas palabras y, especialmente sobre la expresi\u00f3n \u00ab&#160;llena de gracia&#160;\u00bb, podemos encontrar una verificaci\u00f3n significativa precisamente en el pasaje anteriormente citado de la Carta a los Efesios. Si, despu\u00e9s del anuncio del mensajero celestial, la Virgen de Nazaret es llamada tambi\u00e9n \u00ab&#160;bendita entre las mujeres&#160;\u00bb (cf. Lc 1, 42), esto se explica por aquella bendici\u00f3n de la que \u00ab&#160;Dios Padre&#160;\u00bb nos ha colmado \u00ab&#160;en los cielos, en Cristo&#160;\u00bb. Es una bendici\u00f3n espiritual, que se refiere a todos los hombres, y lleva consigo la plenitud y la universalidad (\u00ab&#160;toda bendici\u00f3n&#160;\u00bb), que brota del amor que, en el Esp\u00edritu Santo, une al Padre el Hijo consubstancial. Al mismo tiempo, es una bendici\u00f3n derramada por obra de Jesucristo en la historia del hombre desde el comienzo hasta el final: a todos los hombres. Sin embargo, esta bendici\u00f3n se refiere a Mar\u00eda de modo especial y excepcional; en efecto, fue saludada por Isabel como \u00ab&#160;bendita entre las mujeres&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La raz\u00f3n de este doble saludo es, pues, que en el alma de esta \u00ab&#160;hija de Si\u00f3n&#160;\u00bb se ha manifestado, en cierto sentido, toda la \u00ab&#160;gloria de su gracia&#160;\u00bb, aquella con la que el Padre \u00ab&#160;nos agraci\u00f3 en el Amado&#160;\u00bb. El mensajero saluda, en efecto, a Mar\u00eda como \u00ab&#160;llena de gracia&#160;\u00bb; la llama as\u00ed, como si \u00e9ste fuera su verdadero nombre. No llama a su interlocutora con el nombre que le es propio en el registro civil: \u00ab&#160;Miryam&#160;\u00bb (Mar\u00eda), sino con este nombre nuevo: \u00abllena de gracia&#160;\u00bb. \u00bfQu\u00e9 significa este nombre? \u00bfPorqu\u00e9 el arc\u00e1ngel llama as\u00ed a la Virgen de Nazaret?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En el lenguaje de la Biblia \u00ab&#160;gracia&#160;\u00bb significa un don especial que, seg\u00fan el Nuevo Testamento, tiene la propia fuente en la vida trinitaria de Dios mismo, de Dios que es amor (cf. 1 Jn 4, 8). Fruto de este amor es la elecci\u00f3n, de la que habla la Carta a los Efesios. Por parte de Dios esta elecci\u00f3n es la eterna voluntad de salvar al hombre a trav\u00e9s de la participaci\u00f3n de su misma vida en Cristo (cf. 2 P 1, 4): es la salvaci\u00f3n en la participaci\u00f3n de la vida sobrenatural. El efecto de este don eterno, de esta gracia de la elecci\u00f3n del hombre, es como un germen de santidad, o como una fuente que brota en el alma como don de Dios mismo, que mediante la gracia vivifica y santifica a los elegidos. De este modo tiene lugar, es decir, se hace realidad aquella bendici\u00f3n del hombre \u00ab&#160;con toda clase de bendiciones espirituales&#160;\u00bb, aquel \u00ab&#160;ser sus hijos adoptivos &#8230; en Cristo&#160;\u00bb o sea en aquel que es eternamente el \u00ab&#160;Amado&#160;\u00bb del Padre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cuando leemos que el mensajero dice a Mar\u00eda \u00ab&#160;llena de gracia&#160;\u00bb, el contexto evang\u00e9lico, en el que confluyen revelaciones y promesas antiguas, nos da a entender que se trata de una bendici\u00f3n singular entre todas las \u00ab&#160;bendiciones espirituales en Cristo&#160;\u00bb. En el misterio de Cristo Mar\u00eda est\u00e1 presente ya \u00ab&#160;antes de la creaci\u00f3n del mundo&#160;\u00bb como aquella que el Padre \u00ab&#160;ha elegido&#160;\u00bb como Madre de su Hijo en la Encarnaci\u00f3n, y junto con el Padre la ha elegido el Hijo, confi\u00e1ndola eternamente al Esp\u00edritu de santidad. Mar\u00eda est\u00e1 unida a Cristo de un modo totalmente especial y excepcional, e igualmente es amada en este \u00ab&#160;Amado&#160;\u00bbeternamente, en este Hijo consubstancial al Padre, en el que se concentra toda \u00ab&#160;la gloria de la gracia&#160;\u00bb. A la vez, ella est\u00e1 y sigue abierta perfectamente a este \u00ab&#160;don de lo alto&#160;\u00bb (cf. St 1, 17). Como ense\u00f1a el Concilio, Mar\u00eda \u00ab&#160;sobresale entre los humildes y pobres del Se\u00f1or, que de El esperan con confianza la salvaci\u00f3n&#160;\u00bb.22\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">9. Si el saludo y el nombre \u00ab&#160;llena de gracia&#160;\u00bb significan todo esto, en el contexto del anuncio del \u00e1ngel se refieren ante todo a la elecci\u00f3n de Mar\u00eda como Madre del Hijo de Dios. Pero, al mismo tiempo, la plenitud de gracia indica la d\u00e1diva sobrenatural, de la que se beneficia Mar\u00eda porque ha sido elegida y destinada a ser Madre de Cristo. Si esta elecci\u00f3n es fundamental para el cumplimiento de los designios salv\u00edficos de Dios respecto a la humanidad, si la elecci\u00f3n eterna en Cristo y la destinaci\u00f3n a la dignidad de hijos adoptivos se refieren a todos los hombres, la elecci\u00f3n de Mar\u00eda es del todo excepcional y \u00fanica. De aqu\u00ed, la singularidad y unicidad de su lugar en el misterio de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El mensajero divino le dice: \u00ab&#160;No temas, Mar\u00eda, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un Hijo, a quien pondr\u00e1s por nombre Jes\u00fas. El ser\u00e1 grande y ser\u00e1 llamado Hijo del Alt\u00edsimo&#160;\u00bb (Lc 1, 30-32). Y cuando la Virgen, turbada por aquel saludo extraordinario, pregunta: \u00ab&#160;\u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 esto, puesto que no conozco var\u00f3n?&#160;\u00bb, recibe del \u00e1ngel la confirmaci\u00f3n y la explicaci\u00f3n de las palabras precedentes. Gabriel le dice: \u00ab&#160;El Esp\u00edritu Santo vendr\u00e1 sobre ti yel poder del Alt\u00edsimo te cubrir\u00e1 con su sombra; por eso el que ha de nacer ser\u00e1 santo y ser\u00e1 llamado Hijo de Dios&#160;\u00bb (Lc 1, 35).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por consiguiente, la Anunciaci\u00f3n es la revelaci\u00f3n del misterio de la Encarnaci\u00f3n al comienzo mismo de su cumplimiento en la tierra. El donarse salv\u00edfico que Dios hace de s\u00ed mismo y de su vida en cierto modo a toda la creaci\u00f3n, y directamente al hombre, alcanza en el misterio de la Encarnaci\u00f3n uno de sus v\u00e9rtices. En efecto, este es un v\u00e9rtice entre todas las donaciones de gracia en la historia del hombre y del cosmos. Mar\u00eda es \u00ab&#160;llena de gracia&#160;\u00bb, porque la Encarnaci\u00f3n del Verbo, la uni\u00f3n hipost\u00e1tica del Hijo de Dios con la naturaleza humana, se realiza y cumple precisamente en ella. Como afirma el Concilio, Mar\u00eda es \u00ab&#160;Madre de Dios Hijo y, por tanto, la hija predilecta del Padre y el sagrario del Esp\u00edritu Santo; con un don de gracia tan eximia, antecede con mucho a todas las criaturas celestiales y terrenas&#160;\u00bb.23\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">10. La Carta a los Efesios, al hablar de la \u00ab&#160;historia de la gracia&#160;\u00bb que \u00ab&#160;Dios Padre &#8230; nos agraci\u00f3 en el Amado&#160;\u00bb, a\u00f1ade: \u00ab&#160;En \u00e9l tenemos por medio de su sangre la redenci\u00f3n&#160;\u00bb (Ef 1, 7). Seg\u00fan la doctrina, formulada en documentos solemnes de la Iglesia, esta \u00ab&#160;gloria de la gracia&#160;\u00bb se ha manifestado en la Madre de Dios por el hecho de que ha sido redimida \u00ab&#160;de un modo eminente&#160;\u00bb.24 En virtud de la riqueza de la gracia del Amado, en raz\u00f3n de los m\u00e9ritos redentores del que ser\u00eda su Hijo, Mar\u00eda ha sido preservada de la herencia del pecado original.25 De esta manera, desde el primer instante de su concepci\u00f3n, es decir de su existencia, es de Cristo, participa de la gracia salv\u00edfica y santificante y de aquel amor que tiene su inicio en el \u00ab&#160;Amado&#160;\u00bb, el Hijo del eterno Padre, que mediante la Encarnaci\u00f3n se ha convertido en su propio Hijo. Por eso, por obra del Esp\u00edritu Santo, en el orden de la gracia, o sea de la participaci\u00f3n en la naturaleza divina, Mar\u00eda recibe la vida de aquel al que ella misma dio la vida como madre, en el orden de la generaci\u00f3n terrena. La liturgia no duda en llamarla \u00ab&#160;madre de su Progenitor&#160;\u00bb 26 y en saludarla con las palabras que Dante Alighieri pone en boca de San Bernardo: \u00ab&#160;hija de tu Hijo&#160;\u00bb.27 Y dado que esta \u00ab&#160;nueva vida&#160;\u00bb Mar\u00eda la recibe con una plenitud que corresponde al amor del Hijo a la Madre y, por consiguiente, a la dignidad de la maternidad divina, en la anunciaci\u00f3n el \u00e1ngel la llama \u00ab&#160;llena de gracia&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">11. En el designio salv\u00edfico de la Sant\u00edsima Trinidad el misterio de la Encarnaci\u00f3n constituye el cumplimiento sobreabundante de la promesa hecha por Dios a los hombres, despu\u00e9s del pecado original, despu\u00e9s de aquel primer pecado cuyos efectos pesan sobre toda la historia del hombre en la tierra (cf. G\u00e9n 3, 15). Viene al mundo un Hijo, el \u00ab&#160;linaje de la mujer&#160;\u00bb que derrotar\u00e1 el mal del pecado en su misma ra\u00edz: \u00ab&#160;aplastar\u00e1 la cabeza de la serpiente&#160;\u00bb. Como resulta de las palabras del protoevangelio, la victoria del Hijo de la mujer no suceder\u00e1 sin una dura lucha, que penetrar\u00e1 toda la historia humana. \u00ab&#160;La enemistad&#160;\u00bb, anunciada al comienzo, es confirmada en el Apocalipsis, libro de las realidades \u00faltimas de la Iglesia y del mundo, donde vuelve de nuevo la se\u00f1al de la \u00ab&#160;mujer&#160;\u00bb, esta vez \u00ab&#160;vestida del sol&#160;\u00bb (Ap 12, 1).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Mar\u00eda, Madre del Verbo encarnado, est\u00e1 situada en el centro mismo de aquella \u00ab&#160;enemistad&#160;\u00bb, de aquella lucha que acompa\u00f1a la historia de la humanidad en la tierra y la historia misma de la salvaci\u00f3n. En este lugar ella, que pertenece a los \u00ab&#160;humildes y pobres del Se\u00f1or&#160;\u00bb, lleva en s\u00ed, como ning\u00fan otro entre los seres humanos, aquella \u00ab&#160;gloria de la gracia&#160;\u00bb que el Padre \u00ab&#160;nos agraci\u00f3 en el Amado&#160;\u00bb, y esta gracia determina la extraordinaria grandeza y belleza de todo su ser. Mar\u00eda permanece as\u00ed ante Dios, y tambi\u00e9n ante la humanidad entera, como el signo inmutable e inviolable de la elecci\u00f3n por parte de Dios, de la que habla la Carta paulina: \u00ab&#160;Nos ha elegido en \u00e9l (Cristo) antes de la fundaci\u00f3n del mundo, &#8230; eligi\u00e9ndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos&#160;\u00bb (Ef 1, 4.5). Esta elecci\u00f3n es m\u00e1s fuerte que toda experiencia del mal y del pecado, de toda aquella \u00ab&#160;enemistad&#160;\u00bb con la que ha sido marcada la historia del hombre. En esta historia Mar\u00eda sigue siendo una se\u00f1al de esperanza segura.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">2. Feliz la que ha cre\u00eddo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">12. Poco despu\u00e9s de la narraci\u00f3n de la anunciaci\u00f3n, el evangelista Lucas nos gu\u00eda tras los pasos de la Virgen de Nazaret hacia \u00ab&#160;una ciudad de Jud\u00e1&#160;\u00bb (Lc 1, 39). Seg\u00fan los estudiosos esta ciudad deber\u00eda ser la actual Ain-Karim, situada entre las monta\u00f1as, no distante de Jerusal\u00e9n. Mar\u00eda lleg\u00f3 all\u00ed \u00ab&#160;con prontitud&#160;\u00bb para visitar a Isabel su pariente. El motivo de la visita se halla tambi\u00e9n en el hecho de que, durante la anunciaci\u00f3n, Gabriel hab\u00eda nombrado de modo significativo a Isabel, que en edad avanzada hab\u00eda concebido de su marido Zacar\u00edas un hijo, por el poder de Dios: \u00ab&#160;Mira, tambi\u00e9n Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban est\u00e9ril, porque ninguna cosa es imposible a Dios&#160;\u00bb(Lc 1, 36-37). El mensajero divino se hab\u00eda referido a cuanto hab\u00eda acontecido en Isabel, para responder a la pregunta de Mar\u00eda: \u00ab&#160;\u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 esto, puesto que no conozco var\u00f3n?&#160;\u00bb (Lc 1, 34). Esto suceder\u00e1 precisamente por el \u00ab&#160;poder del Alt\u00edsimo&#160;\u00bb, como y m\u00e1s a\u00fan que en el caso de Isabel.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">As\u00ed pues Mar\u00eda, movida por la caridad, se dirige a la casa de su pariente. Cuando entra, Isabel, al responder a su saludo y sintiendo saltar de gozo al ni\u00f1o en su seno, \u00ab&#160;llena de Esp\u00edritu Santo&#160;\u00bb, a su vez saluda a Mar\u00eda en alta voz: \u00ab&#160;Bendita t\u00fa entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno&#160;\u00bb (cf. Lc 1, 40-42). Esta exclamaci\u00f3n o aclamaci\u00f3n de Isabel entrar\u00eda posteriormente en el Ave Mar\u00eda, como una continuaci\u00f3n del saludo del \u00e1ngel, convirti\u00e9ndose as\u00ed en una de las plegarias m\u00e1s frecuentes de la Iglesia. Pero m\u00e1s significativas son todav\u00eda las palabras de Isabel en la pregunta que sigue: \u00ab&#160;\u00bfde donde a m\u00ed que la madre de mi Se\u00f1or venga a m\u00ed?&#160;\u00bb(Lc 1, 43). Isabel da testimonio de Mar\u00eda: reconoce y proclama que ante ella est\u00e1 la Madre del Se\u00f1or, la Madre del Mes\u00edas. De este testimonio participa tambi\u00e9n el hijo que Isabel lleva en su seno: \u00ab&#160;salt\u00f3 de gozo el ni\u00f1o en su seno&#160;\u00bb (Lc 1, 44). EL ni\u00f1o es el futuro Juan el Bautista, que en el Jord\u00e1n se\u00f1alar\u00e1 en Jes\u00fas al Mes\u00edas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En el saludo de Isabel cada palabra est\u00e1 llena de sentido y, sin embargo, parece ser de importancia fundamental lo que dice al final: \u00ab\u00a1Feliz la que ha cre\u00eddo que se cumplir\u00edan las cosas que le fueron dichas de parte del Se\u00f1or!&#160;\u00bb (Lc 1, 45).28 Estas palabras se pueden poner junto al apelativo \u00ab&#160;llena de gracia&#160;\u00bb del saludo del \u00e1ngel. En ambos textos se revela un contenido mariol\u00f3gico esencial, o sea, la verdad sobre Mar\u00eda, que ha llegado a estar realmente presente en el misterio de Cristo precisamente porque \u00ab&#160;ha cre\u00eddo&#160;\u00bb. La plenitud de gracia, anunciada por el \u00e1ngel, significa el don de Dios mismo; la fe de Mar\u00eda, proclamada por Isabel en la visitaci\u00f3n, indica como la Virgen de Nazaret ha respondido a este don.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">13. \u00ab&#160;Cuando Dios revela hay que prestarle la obediencia de la fe&#160;\u00bb (Rom 16, 26; cf. Rom 1, 5; 2 Cor 10, 5-6), por la que el hombre se conf\u00eda libre y totalmente a Dios, como ense\u00f1a el Concilio.29 Esta descripci\u00f3n de la fe encontr\u00f3 una realizaci\u00f3n perfecta en Mar\u00eda. El momento \u00ab&#160;decisivo&#160;\u00bb fue la anunciaci\u00f3n, y las mismas palabras de Isabel \u00ab&#160;Feliz la que ha cre\u00eddo&#160;\u00bb se refieren en primer lugar a este instante.30\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En efecto, en la Anunciaci\u00f3n Mar\u00eda se ha abandonado en Dios completamente, manifestando \u00ab&#160;la obediencia de la fe&#160;\u00bb a aquel que le hablaba a trav\u00e9s de su mensajero y prestando \u00ab&#160;el homenaje del entendimiento y de la voluntad&#160;\u00bb.31 Ha respondido, por tanto, con todo su \u00ab&#160;yo&#160;\u00bb humano, femenino, y en esta respuesta de fe estaban contenidas una cooperaci\u00f3n perfecta con \u00ab&#160;la gracia de Dios que previene y socorre&#160;\u00bb y una disponibilidad perfecta a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, que, \u00ab&#160;perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones&#160;\u00bb.32\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La palabra del Dios viviente, anunciada a Mar\u00eda por el \u00e1ngel, se refer\u00eda a ella misma \u00ab&#160;vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo&#160;\u00bb (Lc 1, 31). Acogiendo este anuncio, Mar\u00eda se convertir\u00eda en la \u00ab&#160;Madre del Se\u00f1or&#160;\u00bb y en ella se realizar\u00eda el misterio divino de la Encarnaci\u00f3n: \u00ab&#160;El Padre de las misericordias quiso que precediera a la encarnaci\u00f3n la aceptaci\u00f3n de parte de la Madre predestinada&#160;\u00bb.33 Y Mar\u00eda da este consentimiento, despu\u00e9s de haber escuchado todas las palabras del mensajero. Dice: \u00ab&#160;He aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or; h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra&#160;\u00bb (Lc 1, 38). Este fiat de Mar\u00eda \u2014\u00ab&#160;h\u00e1gase en m\u00ed&#160;\u00bb\u2014 ha decidido, desde el punto de vista humano, la realizaci\u00f3n del misterio divino. Se da una plena consonancia con las palabras del Hijo que, seg\u00fan la Carta a los Hebreos, al venir al mundo dice al Padre: \u00ab&#160;Sacrificio y oblaci\u00f3n no quisiste; pero me has formado un cuerpo &#8230; He aqu\u00ed que vengo &#8230; a hacer, oh Dios, tu voluntad&#160;\u00bb (Hb 10, 5-7). El misterio de la Encarnaci\u00f3n se ha realizado en el momento en el cual Mar\u00eda ha pronunciado su fiat: \u00ab&#160;h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra&#160;\u00bb, haciendo posible, en cuanto concern\u00eda a ella seg\u00fan el designio divino, el cumplimiento del deseo de su Hijo. Mar\u00eda ha pronunciado este fiat por medio de la fe. Por medio de la fe se confi\u00f3 a Dios sin reservas y \u00ab&#160;se consagr\u00f3 totalmente a s\u00ed misma, cual esclava del Se\u00f1or, a la persona y a la obra de su Hijo&#160;\u00bb.34 Y este Hijo \u2014como ense\u00f1an los Padres\u2014 lo ha concebido en la mente antes que en el seno: precisamente por medio de la fe.35 Justamente, por ello, Isabel alaba a Mar\u00eda: \u00ab&#160;\u00a1Feliz la que ha cre\u00eddo que se cumplir\u00edan las cosas que le fueron dichas por parte del Se\u00f1or!&#160;\u00bb. Estas palabras ya se han realizado. Mar\u00eda de Nazaret se presenta en el umbral de la casa de Isabel y Zacar\u00edas como Madre del Hijo de Dios. Es el descubrimiento gozoso de Isabel: \u00ab&#160;\u00bfde donde a m\u00ed que la Madre de mi Se\u00f1or venga a m\u00ed?&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">14. Por lo tanto, la fe de Mar\u00eda puede parangonarse tambi\u00e9n a la de Abraham, llamado por el Ap\u00f3stol \u00ab&#160;nuestro padre en la fe&#160;\u00bb (cf. Rom 4, 12). En la econom\u00eda salv\u00edfica de la revelaci\u00f3n divina la fe de Abraham constituye el comienzo de la Antigua Alianza; la fe de Mar\u00eda en la anunciaci\u00f3n da comienzo a la Nueva Alianza. Como Abraham \u00ab&#160;esperando contra toda esperanza, crey\u00f3 y fue hecho padre de muchas naciones&#160;\u00bb (cf. Rom 4, 18), as\u00ed Mar\u00eda, en el instante de la anunciaci\u00f3n, despu\u00e9s de haber manifestado su condici\u00f3n de virgen (\u00ab&#160;\u00bfc\u00f3mo ser\u00e1 esto, puesto que no conozco var\u00f3n?&#160;\u00bb), crey\u00f3 que por el poder del Alt\u00edsimo, por obra del Esp\u00edritu Santo, se convertir\u00eda en la Madre del Hijo de Dios seg\u00fan la revelaci\u00f3n del \u00e1ngel: \u00ab&#160;el que ha de nacer ser\u00e1 santo y ser\u00e1 llamado Hijo de Dios&#160;\u00bb (Lc 1, 35).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sin embargo las palabras de Isabel \u00ab&#160;Feliz la que ha cre\u00eddo&#160;\u00bb no se aplican \u00fanicamente a aquel momento concreto de la anunciaci\u00f3n. Ciertamente la anunciaci\u00f3n representa el momento culminante de la fe de Mar\u00eda a la espera de Cristo, pero es adem\u00e1s el punto de partida, de donde inicia todo su \u00ab&#160;camino hacia Dios&#160;\u00bb, todo su camino de fe. Y sobre esta v\u00eda, de modo eminente y realmente heroico \u2014es mas, con un hero\u00edsmo de fe cada vez mayor\u2014 se efectuar\u00e1 la \u00ab&#160;obediencia&#160;\u00bb profesada por ella a la palabra de la divina revelaci\u00f3n. Y esta \u00ab&#160;obediencia de la fe&#160;\u00bb por parte de Mar\u00eda a lo largo de todo su camino tendr\u00e1 analog\u00edas sorprendentes con la fe de Abraham. Como el patriarca del Pueblo de Dios, as\u00ed tambi\u00e9n Mar\u00eda, a trav\u00e9s del camino de su fiat filial y maternal, \u00ab&#160;esperando contra esperanza, crey\u00f3&#160;\u00bb. De modo especial a lo largo de algunas etapas de este camino la bendici\u00f3n concedida a \u00ab&#160;la que ha cre\u00eddo&#160;\u00bb se revelar\u00e1 con particular evidencia. Creer quiere decir \u00ab&#160;abandonarse&#160;\u00bb en la verdad misma de la palabra del Dios viviente, sabiendo y reconociendo humildemente \u00ab&#160;\u00a1cuan insondables son sus designios e inescrutables sus caminos!&#160;\u00bb (Rom 11, 33). Mar\u00eda, que por la eterna voluntad del Alt\u00edsimo se ha encontrado, puede decirse, en el centro mismo de aquellos \u00ab&#160;inescrutables caminos&#160;\u00bb y de los \u00ab&#160;insondables designios&#160;\u00bb de Dios, se conforma a ellos en la penumbra de la fe, aceptando plenamente y con coraz\u00f3n abierto todo lo que est\u00e1 dispuesto en el designio divino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">15. Mar\u00eda, cuando en la anunciaci\u00f3n siente hablar del Hijo del que ser\u00e1 madre y al que \u00ab&#160;pondr\u00e1 por nombre Jes\u00fas&#160;\u00bb (Salvador), llega a conocer tambi\u00e9n que a el mismo \u00ab&#160;el Se\u00f1or Dios le dar\u00e1 el trono de David, su padre&#160;\u00bb y que \u00ab&#160;reinar\u00e1 sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendr\u00e1 fin&#160;\u00bb (Lc 1, 32-33) En esta direcci\u00f3n se encaminaba la esperanza de todo el pueblo de Israel. EL Mes\u00edas prometido debe ser \u00ab&#160;grande&#160;\u00bb, e incluso el mensajero celestial anuncia que \u00ab&#160;ser\u00e1 grande&#160;\u00bb, grande tanto por el nombre de Hijo del Alt\u00edsimo como por asumir la herencia de David. Por lo tanto, debe ser rey, debe reinar \u00ab&#160;en la casa de Jacob&#160;\u00bb. Mar\u00eda ha crecido en medio de esta expectativa de su pueblo, pod\u00eda intuir, en el momento de la anunciaci\u00f3n \u00bfqu\u00e9 significado preciso ten\u00edan las palabras del \u00e1ngel? \u00bfC\u00f3mo conviene entender aquel \u00ab&#160;reino&#160;\u00bb que no \u00ab&#160;tendr\u00e1 fin&#160;\u00bb?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Aunque por medio de la fe se haya sentido en aquel instante Madre del \u00ab&#160;Mes\u00edas-rey&#160;\u00bb, sin embargo responde: \u00ab&#160;He aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or; h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra&#160;\u00bb (Lc 1, 38 ). Desde el primer momento, Mar\u00eda profesa sobre todo \u00ab&#160;la obediencia de la fe&#160;\u00bb, abandon\u00e1ndose al significado que, a las palabras de la anunciaci\u00f3n, daba aquel del cual proven\u00edan: Dios mismo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">16. Siempre a trav\u00e9s de este camino de la \u00ab&#160;obediencia de la fe&#160;\u00bb Mar\u00eda oye algo m\u00e1s tarde otras palabras; las pronunciadas por Sime\u00f3n en el templo de Jerusal\u00e9n. Cuarenta d\u00edas despu\u00e9s del nacimiento de Jes\u00fas, seg\u00fan lo prescrito por la Ley de Mois\u00e9s, Mar\u00eda y Jos\u00e9 \u00ab&#160;llevaron al ni\u00f1o a Jerusal\u00e9n para presentarle al Se\u00f1or&#160;\u00bb (Lc 2, 22) El nacimiento se hab\u00eda dado en una situaci\u00f3n de extrema pobreza. Sabemos, pues, por Lucas que, con ocasi\u00f3n del censo de la poblaci\u00f3n ordenado por las autoridades romanas, Mar\u00eda se dirigi\u00f3 con Jos\u00e9 a Bel\u00e9n; no habiendo encontrado \u00ab&#160;sitio en el alojamiento&#160;\u00bb, dio a luz a su hijo en un establo y \u00able acost\u00f3 en un pesebre&#160;\u00bb (cf. Lc 2, 7).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Un hombre justo y piadoso, llamado Sime\u00f3n, aparece al comienzo del \u00ab&#160;itinerario&#160;\u00bb de la fe de Mar\u00eda. Sus palabras, sugeridas por el Esp\u00edritu Santo (cf. Lc 2, 25-27), confirman la verdad de la anunciaci\u00f3n. Leemos, en efecto, que \u00ab&#160;tom\u00f3 en brazos&#160;\u00bb al ni\u00f1o, al que \u2014seg\u00fan la orden del \u00e1ngel\u2014 \u00ab&#160;se le dio el nombre de Jes\u00fas&#160;\u00bb (cf. Lc 2, 21). El discurso de Sime\u00f3n es conforme al significado de este nombre, que quiere decir Salvador: \u00ab&#160;Dios es la salvaci\u00f3n&#160;\u00bb. Vuelto al Se\u00f1or, dice lo siguiente: \u00ab&#160;Porque han visto mis ojos tu salvaci\u00f3n, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel&#160;\u00bb (Lc 2, 30-32). Al mismo tiempo, sin embargo, Sime\u00f3n se dirige a Mar\u00eda con estas palabras: \u00ab&#160;Este est\u00e1 puesto para ca\u00edda y elevaci\u00f3n de muchos en Israel, y para ser se\u00f1al de contradicci\u00f3n &#8230; a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones&#160;\u00bb; y a\u00f1ade con referencia directa a Mar\u00eda: \u00ab&#160;y a ti misma una espada te atravesar\u00e1 el alma (Lc 2, 34-35). Las palabras de Sime\u00f3n dan nueva luz al anuncio que Mar\u00eda ha o\u00eddo del \u00e1ngel: Jes\u00fas es el Salvador, es \u00ab&#160;luz para iluminar&#160;\u00bb a los hombres. \u00bfNo es aquel que se manifest\u00f3, en cierto modo, en la Nochebuena, cuando los pastores fueron al establo? \u00bfNo es aquel que deb\u00eda manifestarse todav\u00eda m\u00e1s con la llegada de los Magos del Oriente? (cf. Mt 2, 1-12). Al mismo tiempo, sin embargo, ya al comienzo de su vida, el Hijo de Mar\u00eda \u2014y con \u00e9l su Madre\u2014 experimentar\u00e1n en s\u00ed mismos la verdad de las restantes palabras de Sime\u00f3n: \u00ab&#160;Se\u00f1al de contradicci\u00f3n&#160;\u00bb (Lc 2, 34). El anuncio de Sime\u00f3n parece como un segundo anuncio a Mar\u00eda, dado que le indica la concreta dimensi\u00f3n hist\u00f3rica en la cual el Hijo cumplir\u00e1 su misi\u00f3n, es decir en la incomprensi\u00f3n y en el dolor. Si por un lado, este anuncio confirma su fe en el cumplimiento de las promesas divinas de la salvaci\u00f3n, por otro, le revela tambi\u00e9n que deber\u00e1 vivir en el sufrimiento su obediencia de fe al lado del Salvador que sufre, y que su maternidad ser\u00e1 oscura y dolorosa. En efecto, despu\u00e9s de la visita de los Magos, despu\u00e9s de su homenaje (\u00ab&#160;postr\u00e1ndose le adoraron&#160;\u00bb), despu\u00e9s de ofrecer unos dones (cf. Mt 2, 11), Mar\u00eda con el ni\u00f1o debe huir a Egipto bajo la protecci\u00f3n diligente de Jos\u00e9, porque \u00ab&#160;Herodes buscaba al ni\u00f1o para matarlo&#160;\u00bb (cf. Mt 2, 13). Y hasta la muerte de Herodes tendr\u00e1n que permanecer en Egipto (cf. Mt 2, 15).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">17. Despu\u00e9s de la muerte de Herodes, cuando la sagrada familia regresa a Nazaret, comienza el largo per\u00edodo de la vida oculta. La que \u00ab&#160;ha cre\u00eddo que se cumplir\u00e1n las cosas que le fueron dichas de parte del Se\u00f1or&#160;\u00bb (Lc 1, 45) vive cada d\u00eda el contenido de estas palabras. Diariamente junto a ella est\u00e1 el Hijo a quien ha puesto por nombre Jes\u00fas; por consiguiente, en la relaci\u00f3n con \u00e9l usa ciertamente este nombre, que por lo dem\u00e1s no pod\u00eda maravillar a nadie, us\u00e1ndose desde hac\u00eda mucho tiempo en Israel. Sin embargo, Mar\u00eda sabe que el que lleva por nombre Jes\u00fas ha sido llamado por el \u00e1ngel \u00ab&#160;Hijo del Alt\u00edsimo&#160;\u00bb (cf. Lc 1, 32). Mar\u00eda sabe que lo ha concebido y dado a luz \u00ab&#160;sin conocer var\u00f3n&#160;\u00bb, por obra del Esp\u00edritu Santo, con el poder del Alt\u00edsimo que ha extendido su sombra sobre ella (cf. Lc 1, 35), as\u00ed como la nube velaba la presencia de Dios en tiempos de Mois\u00e9s y de los padres (cf. Ex 24, 16; 40, 34-35; 1 Rom 8, 10-12). Por lo tanto, Mar\u00eda sabe que el Hijo dado a luz virginalmente, es precisamente aquel \u00ab&#160;Santo&#160;\u00bb, el \u00ab&#160;Hijo de Dios&#160;\u00bb, del que le ha hablado el \u00e1ngel.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A lo largo de la vida oculta de Jes\u00fas en la casa de Nazaret, tambi\u00e9n la vida de Mar\u00eda est\u00e1 \u00ab&#160;oculta con Cristo en Dios&#160;\u00bb (cf. Col 3, 3), por medio de la fe. Pues la fe es un contacto con el misterio de Dios. Mar\u00eda constantemente y diariamente est\u00e1 en contacto con el misterio inefable de Dios que se ha hecho hombre, misterio que supera todo lo que ha sido revelado en la Antigua Alianza. Desde el momento de la anunciaci\u00f3n, la mente de la Virgen-Madre ha sido introducida en la radical \u00ab&#160;novedad&#160;\u00bb de la autorrevelaci\u00f3n de Dios y ha tomado conciencia del misterio. Es la primera de aquellos \u00ab&#160;peque\u00f1os&#160;\u00bb, de los que Jes\u00fas dir\u00e1: \u00ab&#160;Padre &#8230; has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a peque\u00f1os&#160;\u00bb (Mt 11, 25). Pues \u00ab&#160;nadie conoce bien al Hijo sino el Padre&#160;\u00bb (Mt 11, 27). \u00bfC\u00f3mo puede, pues, Mar\u00eda \u00ab&#160;conocer al Hijo&#160;\u00bb? Ciertamente no lo conoce como el Padre; sin embargo, es la primera entre aquellos a quienes el Padre \u00ab&#160;lo ha querido revelar&#160;\u00bb (cf. Mt 11, 26-27; 1 Cor 2, 11). Pero si desde el momento de la anunciaci\u00f3n le ha sido revelado el Hijo, que s\u00f3lo el Padre conoce plenamente, como aquel que lo engendra en el eterno \u00ab&#160;hoy&#160;\u00bb (cf. Sal 2, 7), Mar\u00eda, la Madre, est\u00e1 en contacto con la verdad de su Hijo \u00fanicamente en la fe y por la fe. Es, por tanto, bienaventurada, porque \u00ab&#160;ha cre\u00eddo&#160;\u00bb y cree cada d\u00eda en medio de todas las pruebas y contrariedades del per\u00edodo de la infancia de Jes\u00fas y luego durante los a\u00f1os de su vida oculta en Nazaret, donde \u00ab&#160;viv\u00eda sujeto a ellos&#160;\u00bb (Lc 2, 51): sujeto a Mar\u00eda y tambi\u00e9n a Jos\u00e9, porque \u00e9ste hac\u00eda las veces de padre ante los hombres; de ah\u00ed que el Hijo de Mar\u00eda era considerado tambi\u00e9n por las gentes como \u00ab&#160;el hijo del carpintero&#160;\u00bb (Mt 13, 55).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La Madre de aquel Hijo, por consiguiente, recordando cuanto le ha sido dicho en la anunciaci\u00f3n y en los acontecimientos sucesivos, lleva consigo la radical \u00ab&#160;novedad&#160;\u00bb de la fe: el inicio de la Nueva Alianza. Esto es el comienzo del Evangelio, o sea de la buena y agradable nueva. No es dif\u00edcil, pues, notar en este inicio una particular fatiga del coraz\u00f3n, unida a una especie de a noche de la fe&#160;\u00bb \u2014usando una expresi\u00f3n de San Juan de la Cruz\u2014, como un \u00ab&#160;velo&#160;\u00bb a trav\u00e9s del cual hay que acercarse al Invisible y vivir en intimidad con el misterio.36 Pues de este modo Mar\u00eda, durante muchos a\u00f1os, permaneci\u00f3 en intimidad con el misterio de su Hijo, y avanzaba en su itinerario de fe, a medida que Jes\u00fas \u00ab&#160;progresaba en sabidur\u00eda &#8230; en gracia ante Dios y ante los hombres&#160;\u00bb (Lc 2, 52). Se manifestaba cada vez m\u00e1s ante los ojos de los hombres la predilecci\u00f3n que Dios sent\u00eda por \u00e9l. La primera entre estas criaturas humanas admitidas al descubrimiento de Cristo era Mar\u00eda , que con Jos\u00e9 viv\u00eda en la casa de Nazaret.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero, cuando, despu\u00e9s del encuentro en el templo, a la pregunta de la Madre: \u00ab&#160;\u00bfpor qu\u00e9 has hecho esto?&#160;\u00bb, Jes\u00fas, que ten\u00eda doce a\u00f1os, responde \u00ab&#160;\u00bfNo sab\u00edais que yo deb\u00eda estar en la casa de mi Padre?&#160;\u00bb, y el evangelista a\u00f1ade: \u00ab&#160;Pero ellos (Jos\u00e9 y Mar\u00eda) no comprendieron la respuesta que les dio&#160;\u00bb (Lc 2, 48-50) Por lo tanto, Jes\u00fas ten\u00eda conciencia de que \u00ab&#160;nadie conoce bien al Hijo sino el Padre&#160;\u00bb (cf. Mt 11, 27), tanto que aun aquella, a la cual hab\u00eda sido revelado m\u00e1s profundamente el misterio de su filiaci\u00f3n divina, su Madre, viv\u00eda en la intimidad con este misterio s\u00f3lo por medio de la fe. Hall\u00e1ndose al lado del hijo, bajo un mismo techo y \u00ab&#160;manteniendo fielmente la uni\u00f3n con su Hijo&#160;\u00bb, \u00ab&#160;avanzaba en la peregrinaci\u00f3n de la fe&#160;\u00bb,como subraya el Concilio.37 Y as\u00ed sucedi\u00f3 a lo largo de la vida p\u00fablica de Cristo (cf. Mc 3, 21,35); de donde, d\u00eda tras d\u00eda, se cumpl\u00eda en ella la bendici\u00f3n pronunciada por Isabel en la visitaci\u00f3n: \u00ab&#160;Feliz la que ha cre\u00eddo&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">18. Esta bendici\u00f3n alcanza su pleno significado, cuando Mar\u00eda est\u00e1 junto a la Cruz de su Hijo (cf. Jn 19, 25). El Concilio afirma que esto sucedi\u00f3 \u00ab&#160;no sin designio divino&#160;\u00bb: \u00ab&#160;se condoli\u00f3 vehementemente con su Unig\u00e9nito y se asoci\u00f3 con coraz\u00f3n maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolaci\u00f3n de la v\u00edctima engendrada por Ella misma&#160;\u00bb; de este modo Mar\u00eda \u00ab&#160;mantuvo fielmente la uni\u00f3n con su Hijo hasta la Cruz&#160;\u00bb: 38 la uni\u00f3n por medio de la fe, la misma fe con la que hab\u00eda acogido la revelaci\u00f3n del \u00e1ngel en el momento de la anunciaci\u00f3n. Entonces hab\u00eda escuchado las palabras: \u00ab&#160;El ser\u00e1 grande &#8230; el Se\u00f1or Dios le dar\u00e1 el trono de David, su padre &#8230; reinar\u00e1 sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendr\u00e1 fin&#160;\u00bb (Lc 1, 32-33).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Y he aqu\u00ed que, estando junto a la Cruz, Mar\u00eda es testigo, humanamente hablando, de un completo desmentido de estas palabras. Su Hijo agoniza sobre aquel madero como un condenado. \u00ab&#160;Despreciable y desecho de hombres, var\u00f3n de dolores &#8230; despreciable y no le tuvimos en cuenta&#160;\u00bb: casi anonadado (cf. Is 53, 35) \u00a1Cuan grande, cuan heroica en esos momentos la obediencia de la fe demostrada por Mar\u00eda ante los \u00ab&#160;insondables designios&#160;\u00bb de Dios! \u00a1C\u00f3mo se \u00ab&#160;abandona en Dios&#160;\u00bb sin reservas, \u00ab&#160;prestando el homenaje del entendimiento y de la voluntad&#160;\u00bb 39 a aquel, cuyos \u00ab&#160;caminos son inescrutables&#160;\u00bb! (cf. Rom 11, 33). Y a la vez \u00a1cuan poderosa es la acci\u00f3n de la gracia en su alma, cuan penetrante es la influencia del Esp\u00edritu Santo, de su luz y de su fuerza!\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por medio de esta fe Mar\u00eda est\u00e1 unida perfectamente a Cristo en su despojamiento. En efecto, \u00ab&#160;Cristo, &#8230; siendo de condici\u00f3n divina, no retuvo \u00e1vidamente el ser igual a Dios. Sino que se despoj\u00f3 de s\u00ed mismo, tomando la condici\u00f3n de siervo, haci\u00e9ndose semejante a los hombres&#160;\u00bb; concretamente en el G\u00f3lgota \u00ab&#160;se humill\u00f3 a s\u00ed mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz&#160;\u00bb (cf. Flp 2, 5-8). A los pies de la Cruz Mar\u00eda participa por medio de la fe en el desconcertante misterio de este despojamiento. Es \u00e9sta tal vez la m\u00e1s profunda \u00ab&#160;k\u00e9nosis&#160;\u00bb de la fe en la historia de la humanidad. Por medio de la fe la Madre participa en la muerte del Hijo, en su muerte redentora; pero a diferencia de la de los disc\u00edpulos que hu\u00edan, era una fe mucho m\u00e1s iluminada. Jes\u00fas en el G\u00f3lgota, a trav\u00e9s de la Cruz, ha confirmado definitivamente ser el \u00ab&#160;signo de contradicci\u00f3n&#160;\u00bb, predicho por Sime\u00f3n. Al mismo tiempo, se han cumplido las palabras dirigidas por \u00e9l a Mar\u00eda: \u00ab&#160;\u00a1y a ti misma una espada te atravesar\u00e1 el alma!&#160;\u00bb.40\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">19. \u00a1S\u00ed, verdaderamente \u00ab&#160;feliz la que ha cre\u00eddo&#160;\u00bb! Estas palabras, pronunciadas por Isabel despu\u00e9s de la anunciaci\u00f3n, aqu\u00ed, a los pies de la Cruz, parecen resonar con una elocuencia suprema y se hace penetrante la fuerza contenida en ellas. Desde la Cruz, es decir, desde el interior mismo del misterio de la redenci\u00f3n, se extiende el radio de acci\u00f3n y se dilata la perspectiva de aquella bendici\u00f3n de fe. Se remonta \u00ab&#160;hasta el comienzo&#160;\u00bb y, como participaci\u00f3n en el sacrificio de Cristo, nuevo Ad\u00e1n, en cierto sentido, se convierte en el contrapeso de la desobediencia y de la incredulidad contenidas en el pecado de los primeros padres. As\u00ed ense\u00f1an los Padres de la Iglesia y, de modo especial, San Ireneo, citado por la Constituci\u00f3n Lumen gentium: \u00ab&#160;El nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de Mar\u00eda; lo que at\u00f3 la virgen Eva por la incredulidad, la Virgen Mar\u00eda lo desat\u00f3 por la fe&#160;\u00bb,41 A la luz de esta comparaci\u00f3n con Eva los Padres \u2014como recuerda todav\u00eda el Concilio\u2014 llaman a Mar\u00eda \u00ab&#160;Madre de los vivientes&#160;\u00bb y afirman a menudo: a la muerte vino por Eva, por Mar\u00eda la vida&#160;\u00bb.42\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con raz\u00f3n, pues, en la expresi\u00f3n \u00ab&#160;feliz la que ha cre\u00eddo&#160;\u00bb podemos encontrar como una clave que nos abre a la realidad \u00edntima de Mar\u00eda, a la que el \u00e1ngel ha saludado como \u00ab&#160;llena de gracia&#160;\u00bb. Si como a llena de gracia&#160;\u00bb ha estado presente eternamente en el misterio de Cristo, por la fe se convert\u00eda en part\u00edcipe en toda la extensi\u00f3n de su itinerario terreno: \u00ab&#160;avanz\u00f3 en la peregrinaci\u00f3n de la fe&#160;\u00bb y al mismo tiempo, de modo discreto pero directo y eficaz, hac\u00eda presente a los hombres el misterio de Cristo. Y sigue haci\u00e9ndolo todav\u00eda. Y por el misterio de Cristo est\u00e1 presente entre los hombres. As\u00ed, mediante el misterio del Hijo, se aclara tambi\u00e9n el misterio de la Madre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">3. Ah\u00ed tienes a tu madre\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">20. El evangelio de Lucas recoge el momento en el que \u00ab&#160;alz\u00f3 la voz una mujer de entre la gente, y dijo, dirigi\u00e9ndose a Jes\u00fas: \u00ab&#160;\u00a1Dichoso el seno que te llev\u00f3 y los pechos que te criaron!&#160;\u00bb (Lc 11, 27). Estas palabras constitu\u00edan una alabanza para Mar\u00eda como madre de Jes\u00fas, seg\u00fan la carne. La Madre de Jes\u00fas quiz\u00e1s no era conocida personalmente por esta mujer. En efecto, cuando Jes\u00fas comenz\u00f3 su actividad mesi\u00e1nica, Mar\u00eda no le acompa\u00f1aba y segu\u00eda permaneciendo en Nazaret. Se dir\u00eda que las palabras de aquella mujer desconocida le hayan hecho salir, en cierto modo, de su escondimiento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A trav\u00e9s de aquellas palabras ha pasado r\u00e1pidamente por la mente de la muchedumbre, al menos por un instante, el evangelio de la infancia de Jes\u00fas. Es el evangelio en que Mar\u00eda est\u00e1 presente como la madre que concibe a Jes\u00fas en su seno, le da a luz y le amamanta maternalmente: la madre-nodriza, a la que se refiere aquella mujer del pueblo. Gracias a esta maternidad Jes\u00fas \u2014Hijo del Alt\u00edsimo (cf. Lc 1, 32)\u2014 es un verdadero hijo del hombre. Es \u00abcarne&#160;\u00bb, como todo hombre: es \u00ab&#160;el Verbo (que) se hizo carne&#160;\u00bb (cf. Jn 1, 14). Es carne y sangre de Mar\u00eda.43\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero a la bendici\u00f3n proclamada por aquella mujer respecto a su madre seg\u00fan la carne, Jes\u00fas responde de manera significativa: \u00ab&#160;Dichosos m\u00e1s bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan&#160;\u00bb (cf. Lc 11, 28). Quiere quitar la atenci\u00f3n de la maternidad entendida s\u00f3lo como un v\u00ednculo de la carne, para orientarla hacia aquel misterioso v\u00ednculo del esp\u00edritu, que se forma en la escucha y en la observancia de la palabra de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El mismo paso a la esfera de los valores espirituales se delinea aun m\u00e1s claramente en otra respuesta de Jes\u00fas, recogida por todos los Sin\u00f3pticos. Al ser anunciado a Jes\u00fas que su \u00ab&#160;madre y sus hermanos est\u00e1n fuera y quieren verle&#160;\u00bb, responde: \u00ab&#160;Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen&#160;\u00bb (cf. Lc 8, 20-21). Esto dijo \u00ab&#160;mirando en torno a los que estaban sentados en corro&#160;\u00bb, como leemos en Marcos (3, 34) o, seg\u00fan Mateo (12, 49) \u00ab&#160;extendiendo su mano hacia sus disc\u00edpulos&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Estas expresiones parecen estar en la l\u00ednea de lo que Jes\u00fas, a la edad de doce a\u00f1os, respondi\u00f3 a Mar\u00eda y a Jos\u00e9, al ser encontrado despu\u00e9s de tres d\u00edas en el templo de Jerusal\u00e9n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">As\u00ed pues, cuando Jes\u00fas se march\u00f3 de Nazaret y dio comienzo a su vida p\u00fablica en Palestina, ya estaba completa y exclusivamente \u00ab&#160;ocupado en las cosas del Padre&#160;\u00bb (cf. Lc 2, 49). Anunciaba el Reino: \u00ab&#160;Reino de Dios&#160;\u00bb y \u00ab&#160;cosas del Padre&#160;\u00bb, que dan tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n nueva y un sentido nuevo a todo lo que es humano y, por tanto, a toda relaci\u00f3n humana, respecto a las finalidades y tareas asignadas a cada hombre. En esta dimensi\u00f3n nueva un v\u00ednculo, como el de la \u00ab&#160;fraternidad&#160;\u00bb, significa tambi\u00e9n una cosa distinta de la \u00ab&#160;fraternidad seg\u00fan la carne&#160;\u00bb, que deriva del origen com\u00fan de los mismos padres. Y aun la \u00ab&#160;maternidad&#160;\u00bb, en la dimensi\u00f3n del reino de Dios, en la esfera de la paternidad de Dios mismo, adquiere un significado diverso. Con las palabras recogidas por Lucas Jes\u00fas ense\u00f1a precisamente este nuevo sentido de la maternidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00bfSe aleja con esto de la que ha sido su madre seg\u00fan la carne? \u00bfQuiere tal vez dejarla en la sombra del escondimiento, que ella misma ha elegido? Si as\u00ed puede parecer en base al significado de aquellas palabras, se debe constatar, sin embargo, que la maternidad nueva y distinta, de la que Jes\u00fas habla a sus disc\u00edpulos, concierne concretamente a Mar\u00eda de un modo especial\u00edsimo. \u00bfNo es tal vez Mar\u00eda la primera entre \u00abaquellos que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen&#160;\u00bb? Y por consiguiente \u00bfno se refiere sobre todo a ella aquella bendici\u00f3n pronunciada por Jes\u00fas en respuesta a las palabras de la mujer an\u00f3nima? Sin lugar a dudas, Mar\u00eda es digna de bendici\u00f3n por el hecho de haber sido para Jes\u00fas Madre seg\u00fan la carne (\u00ab&#160;\u00a1Dichoso el seno que te llev\u00f3 y los pechos que te criaron!&#160;\u00bb), pero tambi\u00e9n y sobre todo porque ya en el instante de la anunciaci\u00f3n ha acogido la palabra de Dios, porque ha cre\u00eddo, porque fue obediente a Dios, porque \u00ab&#160;guardaba&#160;\u00bb la palabra y \u00ab&#160;la conservaba cuidadosamente en su coraz\u00f3n&#160;\u00bb (cf. Lc 1, 38.45; 2, 19. 51 ) y la cumpl\u00eda totalmente en su vida. Podemos afirmar, por lo tanto, que el elogio pronunciado por Jes\u00fas no se contrapone, a pesar de las apariencias, al formulado por la mujer desconocida, sino que viene a coincidir con ella en la persona de esta Madre-Virgen, que se ha llamado solamente \u00ab&#160;esclava del Se\u00f1or&#160;\u00bb (Lc 1, 38). Sies cierto que \u00ab&#160;todas las generaciones la llamar\u00e1n bienaventurada&#160;\u00bb (cf. Lc 1, 48), se puede decir que aquella mujer an\u00f3nima ha sido la primera en confirmar inconscientemente aquel vers\u00edculo prof\u00e9tico del Magn\u00edficat de Mar\u00eda y dar comienzo al Magn\u00edficat de los siglos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Si por medio de la fe Mar\u00eda se ha convertido en la Madre del Hijo que le ha sido dado por el Padre con el poder del Esp\u00edritu Santo, conservando \u00edntegra su virginidad, en la misma fe ha descubierto y acogido la otra dimensi\u00f3n de la maternidad, revelada por Jes\u00fas durante su misi\u00f3n mesi\u00e1nica. Se puede afirmar que esta dimensi\u00f3n de la maternidad pertenece a Mar\u00eda desde el comienzo, o sea desde el momento de la concepci\u00f3n y del nacimiento del Hijo. Desde entonces era \u00ab&#160;la que ha cre\u00eddo&#160;\u00bb. A medida que se esclarec\u00eda ante sus ojos y ante su esp\u00edritu la misi\u00f3n del Hijo, ella misma como Madre se abr\u00eda cada vez m\u00e1s a aquella \u00ab&#160;novedad&#160;\u00bbde la maternidad, que deb\u00eda constituir su \u00ab&#160;papel&#160;\u00bb junto al Hijo. \u00bfNo hab\u00eda dicho desde el comienzo: \u00ab&#160;He aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or; h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra&#160;\u00bb? (Lc 1, 38). Por medio de la fe Mar\u00eda segu\u00eda oyendo y meditando aquella palabra, en la que se hac\u00eda cada vez m\u00e1s transparente, de un modo \u00ab&#160;que excede todo conocimiento&#160;\u00bb (Ef 3, 19), la autorrevelaci\u00f3n del Dios viviente. Mar\u00eda madre se convert\u00eda as\u00ed, en cierto sentido, en la primera \u00ab&#160;disc\u00edpula&#160;\u00bb de su Hijo, la primera a la cual parec\u00eda decir: \u00ab&#160;S\u00edgueme&#160;\u00bb antes a\u00fan de dirigir esa llamada a los ap\u00f3stoles o a cualquier otra persona (cf. Jn 1, 43).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">21. Bajo este punto de vista, es particularmente significativo el texto del Evangelio de Juan, que nos presenta a Mar\u00eda en las bodas de Can\u00e1. Mar\u00eda aparece all\u00ed como Madre de Jes\u00fas al comienzo de su vida p\u00fablica: \u00ab&#160;Se celebraba una boda en Can\u00e1 de Galilea y estaba all\u00ed la Madre de Jes\u00fas. Fue invitado tambi\u00e9n a la boda Jes\u00fas con sus disc\u00edpulos (Jn 2, 1-2). Seg\u00fan el texto resultar\u00eda que Jes\u00fas y sus disc\u00edpulos fueron invitados junto con Mar\u00eda, dada su presencia en aquella fiesta: el Hijo parece que fue invitado en raz\u00f3n de la madre. Es conocida la continuaci\u00f3n de los acontecimientos concatenados con aquella invitaci\u00f3n, aquel \u00ab&#160;comienzo de las se\u00f1ales&#160;\u00bb hechas por Jes\u00fas \u2014el agua convertida en vino\u2014, que hace decir al evangelista: Jes\u00fas \u00ab&#160;manifest\u00f3 su gloria, y creyeron en \u00e9l sus disc\u00edpulos&#160;\u00bb (Jn 2, 11).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Mar\u00eda est\u00e1 presente en Can\u00e1 de Galilea como Madre de Jes\u00fas, y de modo significativo contribuye a aquel \u00ab&#160;comienzo de las se\u00f1ales&#160;\u00bb, que revelan el poder mesi\u00e1nico de su Hijo. He aqu\u00ed que: \u00ab&#160;como faltaba vino, le dice a Jes\u00fas su Madre: \u00abno tienen vino\u00bb. Jes\u00fas le responde: \u00ab&#160;\u00bfQu\u00e9 tengo yo contigo, mujer? Todav\u00eda no ha llegado mi hora&#160;\u00bb (Jn 2, 3-4). En el Evangelio de Juan aquella \u00ab&#160;hora&#160;\u00bb significa el momento determinado por el Padre, en el que el Hijo realiza su obra y debe ser glorificado (cf. Jn 7, 30; 8, 20; 12, 23. 27; 13, 1; 17, 1; 19, 27). Aunque la respuesta de Jes\u00fas a su madre parezca como un rechazo (sobre todo si se mira, m\u00e1s que a la pregunta, a aquella decidida afirmaci\u00f3n: \u00ab&#160;Todav\u00eda no ha llegado mi hora&#160;\u00bb), a pesar de esto Mar\u00eda se dirige a los criados y les dice: \u00ab&#160;Haced lo que \u00e9l os diga&#160;\u00bb (Jn 2, 5). Entonces Jes\u00fas ordena a los criados llenar de agua las tinajas, y el agua se convierte en vino, mejor del que se hab\u00eda servido antes a los invitados al banquete nupcial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00bfQu\u00e9 entendimiento profundo se ha dado entre Jes\u00fas y su Madre? \u00bfC\u00f3mo explorar el misterio de su \u00edntima uni\u00f3n espiritual? De todos modos el hecho es elocuente. Es evidente que en aquel hecho se delinea ya con bastante claridad la nueva dimensi\u00f3n, el nuevo sentido de la maternidad de Mar\u00eda. Tiene un significado que no est\u00e1 contenido exclusivamente en las palabras de Jes\u00fas y en los diferentes episodios citados por los Sin\u00f3pticos (Lc 11, 27-28; 8, 19-21; Mt 12, 46-50; Mc 3, 31-35). En estos textos Jes\u00fas intenta contraponer sobre todo la maternidad, resultante del hecho mismo del nacimiento, a lo que esta \u00ab&#160;maternidad&#160;\u00bb (al igual que la \u00ab&#160;fraternidad&#160;\u00bb) debe ser en la dimensi\u00f3n del Reino de Dios, en el campo salv\u00edfico de la paternidad de Dios. En el texto jo\u00e1nico, por el contrario, se delinea en la descripci\u00f3n del hecho de Can\u00e1 lo que concretamente se manifiesta como nueva maternidad seg\u00fan el esp\u00edritu y no \u00fanicamente seg\u00fan la carne, o sea la solicitud de Mar\u00eda por los hombres, el ir a su encuentro en toda la gama de sus necesidades. En Can\u00e1 de Galilea se muestra s\u00f3lo un aspecto concreto de la indigencia humana, aparentemente peque\u00f1o y de poca importancia \u00ab&#160;No tienen vino&#160;\u00bb). Pero esto tiene un valor simb\u00f3lico. El ir al encuentro de las necesidades del hombre significa, al mismo tiempo, su introducci\u00f3n en el radio de acci\u00f3n de la misi\u00f3n mesi\u00e1nica y del poder salv\u00edfico de Cristo. Por consiguiente, se da una mediaci\u00f3n: Mar\u00eda se pone entre su Hijo y los hombres en la realidad de sus privaciones, indigencias y sufrimientos. Se pone \u00ab&#160;en medio&#160;\u00bb, o sea hace de mediadora no como una persona extra\u00f1a, sino en su papel de madre, consciente de que como tal puede \u2014m\u00e1s bien \u00ab&#160;tiene el derecho de&#160;\u00bb\u2014 hacer presente al Hijo las necesidades de los hombres. Su mediaci\u00f3n, por lo tanto, tiene un car\u00e1cter de intercesi\u00f3n: Mar\u00eda \u00ab&#160;intercede&#160;\u00bb por los hombres. No s\u00f3lo: como Madre desea tambi\u00e9n que se manifieste el poder mesi\u00e1nico del Hijo, es decir su poder salv\u00edfico encaminado a socorrer la desventura humana, a liberar al hombre del mal que bajo diversas formas y medidas pesa sobre su vida. Precisamente como hab\u00eda predicho del Mes\u00edas el Profeta Isa\u00edas en el conocido texto, al que Jes\u00fas se ha referido ante sus conciudadanos de Nazaret \u00ab&#160;Para anunciar a los pobres la Buena Nueva, para proclamar la liberaci\u00f3n a los cautivos y la vista a los ciegos &#8230;&#160;\u00bb (cf. Lc 4, 18).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Otro elemento esencial de esta funci\u00f3n materna de Mar\u00eda se encuentra en las palabras dirigidas a los criados: \u00ab&#160;Haced lo que \u00e9l os diga&#160;\u00bb. La Madre de Cristo se presenta ante los hombres como portavoz de la voluntad del Hijo, indicadora de aquellas exigencias que deben cumplirse. para que pueda manifestarse el poder salv\u00edfico del Mes\u00edas. En Can\u00e1, merced a la intercesi\u00f3n de Mar\u00eda y a la obediencia de los criados, Jes\u00fas da comienzo a \u00ab&#160;su hora&#160;\u00bb. En Can\u00e1 Mar\u00eda aparece como la que cree en Jes\u00fas; su fe provoca la primera \u00ab&#160;se\u00f1al&#160;\u00bb y contribuye a suscitar la fe de los disc\u00edpulos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">22. Podemos decir, por tanto, que en esta p\u00e1gina del Evangelio de Juan encontramos como un primer indicio de la verdad sobre la solicitud materna de Mar\u00eda. Esta verdad ha encontrado su expresi\u00f3n en el magisterio del \u00faltimo Concilio. Es importante se\u00f1alar c\u00f3mo la funci\u00f3n materna de Mar\u00eda es ilustrada en su relaci\u00f3n con la mediaci\u00f3n de Cristo. En efecto, leemos lo siguiente: \u00ab&#160;La misi\u00f3n maternal de Mar\u00eda hacia los hombres de ninguna manera oscurece ni disminuye esta \u00fanica mediaci\u00f3n de Cristo, sino m\u00e1s bien muestra su eficacia&#160;\u00bb, porque \u00ab&#160;hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jes\u00fas, hombre tambi\u00e9n&#160;\u00bb (1 Tm 2, 5). Esta funci\u00f3n materna brota, seg\u00fan el benepl\u00e1cito de Dios, \u00ab&#160;de la superabundancia de los m\u00e9ritos de Cristo&#8230; de ella depende totalmente y de la misma saca toda su virtud&#160;\u00bb.44 Y precisamente en este sentido el hecho de Can\u00e1 de Galilea, nos ofrece como una predicci\u00f3n de la mediaci\u00f3n de Mar\u00eda, orientada plenamente hacia Cristo y encaminada a la revelaci\u00f3n de su poder salv\u00edfico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por el texto jo\u00e1nico parece que se trata de una mediaci\u00f3n maternal. Como proclama el Concilio: Mar\u00eda \u00ab&#160;es nuestra Madre en el orden de la gracia&#160;\u00bb. Esta maternidad en el orden de la gracia ha surgido de su misma maternidad divina, porque siendo, por disposici\u00f3n de la divina providencia, madre-nodriza del divino Redentor se ha convertido de \u00ab&#160;forma singular en la generosa colaboradora entre todas las creaturas y la humilde esclava del Se\u00f1or&#160;\u00bb y que \u00ab&#160;cooper\u00f3 &#8230; por la obediencia, la fe, la esperanza y la encendida caridad, en la restauraci\u00f3n de la vida sobrenatural de las almas&#160;\u00bb.45 \u00ab&#160;Y esta maternidad de Mar\u00eda perdura sin cesar en la econom\u00eda de la gracia &#8230; hasta la consumaci\u00f3n de todos los elegidos&#160;\u00bb.46\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">23. Si el pasaje del Evangelio de Juan sobre el hecho de Can\u00e1 presenta la maternidad sol\u00edcita de Mar\u00eda al comienzo de la actividad mesi\u00e1nica de Cristo, otro pasaje del mismo Evangelio confirma esta maternidad de Mar\u00eda en la econom\u00eda salv\u00edfica de la gracia en su momento culminante, es decir cuando se realiza el sacrificio de la Cruz de Cristo, su misterio pascual. La descripci\u00f3n de Juan es concisa: \u00ab&#160;Junto a la cruz de Jes\u00fas estaban su Madre y la hermana de su madre. Mar\u00eda, mujer de Cleof\u00e1s, y Mar\u00eda Magdalena. Jes\u00fas, viendo a su madre y junto a ella al disc\u00edpulo a quien amaba, dice a su madre: Mujer, ah\u00ed tienes a tu hijo\u00bb. Luego dice al disc\u00edpulo: \u00abAh\u00ed tienes a tu madre\u00bb. Y desde aquella hora el disc\u00edpulo la acogi\u00f3 en su casa&#160;\u00bb (Jn 19, 25-27).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sin lugar a dudas se percibe en este hecho una expresi\u00f3n de la particular atenci\u00f3n del Hijo por la Madre, que dejaba con tan grande dolor. Sin embargo, sobre el significado de esta atenci\u00f3n el \u00ab&#160;testamento de la Cruz&#160;\u00bb de Cristo dice a\u00fan m\u00e1s. Jes\u00fas pon\u00eda en evidencia un nuevo v\u00ednculo entre Madre e Hijo, del que confirma solemnemente toda la verdad y realidad. Se puede decir que, si la maternidad de Mar\u00eda respecto de los hombres ya hab\u00eda sido delineada precedentemente, ahora es precisada y establecida claramente; ella emerge de la definitiva maduraci\u00f3n del misterio pascual del Redentor. La Madre de Cristo, encontr\u00e1ndose en el campo directo de este misterio que abarca al hombre \u2014a cada uno y a todos\u2014, es entregada al hombre \u2014a cada uno y a todos\u2014 como madre. Este hombre junto a la cruz es Juan, \u00ab&#160;el disc\u00edpulo que \u00e9l amaba&#160;\u00bb.47 Pero no est\u00e1 \u00e9l solo. Siguiendo la tradici\u00f3n, el Concilio no duda en llamar a Mar\u00eda \u00ab&#160;Madre de Cristo, madre de los hombres&#160;\u00bb. Pues, est\u00e1 \u00ab&#160;unida en la estirpe de Ad\u00e1n con todos los hombres&#8230;; m\u00e1s a\u00fan, es verdaderamente madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles&#160;\u00bb.48\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por consiguiente, esta \u00ab&#160;nueva maternidad de Mar\u00eda&#160;\u00bb, engendrada por la fe, es fruto del \u00ab&#160;nuevo&#160;\u00bb amor, que madur\u00f3 en ella definitivamente junto a la Cruz, por medio de su participaci\u00f3n en el amor redentor del Hijo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">24. Nos encontramos as\u00ed en el centro mismo del cumplimiento de la promesa, contenida en el protoevangelio: el \u00ab&#160;linaje de la mujer pisar\u00e1 la cabeza de la serpiente&#160;\u00bb (cf. G\u00e9n 3, 15). Jesucristo, en efecto, con su muerte redentora vence el mal del pecado y de la muerte en sus mismas ra\u00edces. Es significativo que, al dirigirse a la madre desde lo alto de la Cruz, la llame \u00ab&#160;mujer&#160;\u00bb y le diga: \u00ab&#160;Mujer, ah\u00ed tienes a tu hijo&#160;\u00bb. Con la misma palabra, por otra parte, se hab\u00eda dirigido a ella en Can\u00e1 (cf. Jn 2, 4). \u00bfC\u00f3mo dudar que especialmente ahora, en el G\u00f3lgota, esta frase no se refiera en profundidad al misterio de Mar\u00eda, alcanzando el singular lugar que ella ocupa en toda la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n? Como ense\u00f1a el Concilio, con Mar\u00eda, \u00ab&#160;excelsa Hija de Si\u00f3n, tras larga espera de la promesa, se cumple la plenitud de los tiempos y se inaugura la nueva econom\u00eda, cuando el Hijo de Dios asumi\u00f3 de ella la naturaleza humana para librar al hombre del pecado mediante los misterios de su carne&#160;\u00bb.49\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las palabras que Jes\u00fas pronuncia desde lo alto de la Cruz significan que la maternidad de su madre encuentra una \u00ab&#160;nueva&#160;\u00bb continuaci\u00f3n en la Iglesia y a trav\u00e9s de la Iglesia, simbolizada y representada por Juan. De este modo, la que como \u00ab&#160;llena de gracia&#160;\u00bb ha sido introducida en el misterio de Cristo para ser su Madre, es decir, la Santa Madre de Dios, por medio de la Iglesia permanece en aquel misterio como \u00ab&#160;la mujer&#160;\u00bb indicada por el libro del G\u00e9nesis (3, 15) al comienzo y por el Apocalipsis (12, 1) al final de la historia de la salvaci\u00f3n. Seg\u00fan el eterno designio de la Providencia la maternidad divina de Mar\u00eda debe derramarse sobre la Iglesia, como indican algunas afirmaciones de la Tradici\u00f3n para las cuales la \u00ab&#160;maternidad&#160;\u00bb de Mar\u00eda respecto de la Iglesia es el reflejo y la prolongaci\u00f3n de su maternidad respecto del Hijo de Dios.50\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ya el momento mismo del nacimiento de la Iglesia y de su plena manifestaci\u00f3n al mundo, seg\u00fan el Concilio, deja entrever esta continuidad de la maternidad de Mar\u00eda: \u00ab&#160;Como quiera que plugo a Dios no manifestar solemnemente el sacramento de la salvaci\u00f3n humana antes de derramar el Esp\u00edritu prometido por Cristo, vemos a los ap\u00f3stoles antes del d\u00eda de Pentecost\u00e9s \u00abperseverar un\u00e1nimemente en la oraci\u00f3n, con las mujeres y Mar\u00eda la Madre de Jes\u00fas y los hermanos de Este\u00bb (Hch 1, 14); y a Mar\u00eda implorando con sus ruegos el don del Esp\u00edritu Santo, quien ya la hab\u00eda cubierto con su sombra en la anunciaci\u00f3n&#160;\u00bb.51\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por consiguiente, en la econom\u00eda de la gracia, actuada bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, se da una particular correspondencia entre el momento de la encarnaci\u00f3n del Verbo y el del nacimiento de la Iglesia. La persona que une estos dos momentos es Mar\u00eda: Mar\u00eda en Nazaret y Mar\u00eda en el cen\u00e1culo de Jerusal\u00e9n. En ambos casos su presencia discreta, pero esencial, indica el camino del \u00ab&#160;nacimiento del Esp\u00edritu&#160;\u00bb. As\u00ed la que est\u00e1 presente en el misterio de Cristo como Madre, se hace \u2014por voluntad del Hijo y por obra del Esp\u00edritu Santo\u2014 presente en el misterio de la Iglesia. Tambi\u00e9n en la Iglesia sigue siendo una presencia materna, como indican las palabras pronunciadas en la Cruz: \u00ab&#160;Mujer, ah\u00ed tienes a tu hijo&#160;\u00bb; \u00ab&#160;Ah\u00ed tienes a tu madre&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">II PARTE &#8211; LA MADRE DE DIOS EN EL CENTRO DE LA IGLESIA PEREGRINA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n1. La Iglesia, Pueblo de Dios radicado en todas las naciones de la tierra\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">25. \u00ab&#160;La Iglesia, \u00abva peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios\u00bb,52 anunciando la cruz y la muerte del Se\u00f1or, hasta que El venga (cf. 1 Co 11, 26)&#160;\u00bb.53 \u00ab&#160;As\u00ed como el pueblo de Israel seg\u00fan la carne, el peregrino del desierto, es llamado alguna vez Iglesia de Dios (cf. 2 Esd 13, 1; N\u00fam 20, 4; Dt 23, 1 ss.), as\u00ed el nuevo Israel&#8230; se llama Iglesia de Cristo (cf. Mt 16, 18), porque El la adquiri\u00f3 con su sangre (cf. Hch 20, 28), la llen\u00f3 de su Esp\u00edritu y la provey\u00f3 de medios aptos para una uni\u00f3n visible y social. La congregaci\u00f3n de todos los creyentes que miran a Jes\u00fas como autor de la salvaci\u00f3n y principio de la unidad y de la paz, es la Iglesia convocada y constituida por Dios para que sea sacramento visible de esta unidad salut\u00edfera para todos y cada uno&#160;\u00bb.54\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Concilio Vaticano II habla de la Iglesia en camino, estableciendo una analog\u00eda con el Israel de la Antigua Alianza en camino a trav\u00e9s del desierto. El camino posee un car\u00e1cter incluso exterior, visible en el tiempo y en el espacio, en el que se desarrolla hist\u00f3ricamente. La Iglesia, en efecto, debe \u00ab&#160;extenderse por toda la tierra&#160;\u00bb, y por esto \u00ab&#160;entra en la historia humana rebasando todos los l\u00edmites de tiempo y de lugares&#160;\u00bb.55 Sin embargo, el car\u00e1cter esencial de su camino es interior. Se trata de una peregrinaci\u00f3n a trav\u00e9s de la fe, por \u00ab&#160;la fuerza del Se\u00f1or Resucitado&#160;\u00bb,56 de una peregrinaci\u00f3n en el Esp\u00edritu Santo, dado a la Iglesia como invisible Consolador (par\u00e1kletos) (cf. Jn 14, 26; 15, 26; 16, 7): \u00ab&#160;Caminando, pues, la Iglesia a trav\u00e9s de los peligros y de tribulaciones, de tal forma se ve confortada por la fuerza de la gracia de Dios que el Se\u00f1or le prometi\u00f3 &#8230; y no deja de renovarse a s\u00ed misma bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo hasta que por la cruz llegue a la luz sin ocaso&#160;\u00bb.57\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Precisamente en este camino \u2014peregrinaci\u00f3n eclesial\u2014 a trav\u00e9s del espacio y del tiempo, y m\u00e1s a\u00fan a trav\u00e9s de la historia de las almas, Mar\u00eda est\u00e1 presente, como la que es \u00ab&#160;feliz porque ha cre\u00eddo&#160;\u00bb, como la que avanzaba \u00ab&#160;en la peregrinaci\u00f3n de la fe&#160;\u00bb, participando como ninguna otra criatura en el misterio de Cristo. A\u00f1ade el Concilio que \u00ab&#160;Mar\u00eda &#8230; habiendo entrado \u00edntimamente en la historia de la salvaci\u00f3n, en cierta manera en s\u00ed une y refleja las m\u00e1s grandes exigencias de la fe&#160;\u00bb.58 Entre todos los creyentes es como un \u00ab&#160;espejo&#160;\u00bb, donde se reflejan del modo m\u00e1s profundo y claro \u00ab&#160;las maravillas de Dios&#160;\u00bb (Hch 2, 11).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">26. La Iglesia, edificada por Cristo sobre los ap\u00f3stoles, se hace plenamente consciente de estas grandes obras de Dios el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, cuando los reunidos en el cen\u00e1culo \u00ab&#160;quedaron todos llenos del Esp\u00edritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, seg\u00fan el Esp\u00edritu les conced\u00eda expresarse&#160;\u00bb (Hch 2, 4). Desde aquel momento inicia tambi\u00e9n aquel camino de fe, la peregrinaci\u00f3n de la Iglesia a trav\u00e9s de la historia de los hombres y de los pueblos. Se sabe que al comienzo de este camino est\u00e1 presente Mar\u00eda, que vemos en medio de los ap\u00f3stoles en el cen\u00e1culo \u00ab&#160;implorando con sus ruegos el don del Esp\u00edritu&#160;\u00bb.59\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Su camino de fe es, en cierto modo, m\u00e1s largo. El Esp\u00edritu Santo ya ha descendido a ella, que se ha convertido en su esposa fiel en la anunciaci\u00f3n, acogiendo al Verbo de Dios verdadero, prestando \u00ab&#160;el homenaje del entendimiento y de la voluntad, y asintiendo voluntariamente a la revelaci\u00f3n hecha por El&#160;\u00bb, m\u00e1s a\u00fan abandon\u00e1ndose plenamente en Dios por medio de \u00ab&#160;la obediencia de la fe&#160;\u00bb,60 por la que respondi\u00f3 al \u00e1ngel: \u00ab&#160;He aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or; h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra&#160;\u00bb. El camino de fe de Mar\u00eda, a la que vemos orando en el cen\u00e1culo, es por lo tanto \u00ab&#160;m\u00e1s largo&#160;\u00bb que el de los dem\u00e1s reunidos all\u00ed: Mar\u00eda les \u00ab&#160;precede&#160;\u00bb, \u00ab&#160;marcha delante de&#160;\u00bb ellos.61 El momento de Pentecost\u00e9s en Jerusal\u00e9n ha sido preparado, adem\u00e1s de la Cruz, por el momento de la Anunciaci\u00f3n en Nazaret. En el cen\u00e1culo el itinerario de Mar\u00eda se encuentra con el camino de la fe de la Iglesia \u00bfDe qu\u00e9 manera?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Entre los que en el cen\u00e1culo eran asiduos en la oraci\u00f3n, prepar\u00e1ndose para ir \u00ab&#160;por todo el mundo&#160;\u00bb despu\u00e9s de haber recibido el Esp\u00edritu Santo, algunos hab\u00edan sido llamados por Jes\u00fas sucesivamente desde el inicio de su misi\u00f3n en Israel. Once de ellos hab\u00edan sido constituidos ap\u00f3stoles, y a ellos Jes\u00fas hab\u00eda transmitido la misi\u00f3n que \u00e9l mismo hab\u00eda recibido del Padre: \u00ab&#160;Como el Padre me envi\u00f3, tambi\u00e9n yo os env\u00edo&#160;\u00bb (Jn 20, 21), hab\u00eda dicho a los ap\u00f3stoles despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n. Y cuarenta d\u00edas m\u00e1s tarde, antes de volver al Padre, hab\u00eda a\u00f1adido: cuando \u00ab&#160;el Esp\u00edritu Santo vendr\u00e1 sobre vosotros &#8230; ser\u00e9is mis testigos&#8230; hasta los confines de la tierra&#160;\u00bb (cf. Hch 1, 8). Esta misi\u00f3n de los ap\u00f3stoles comienza en el momento de su salida del cen\u00e1culo de Jerusal\u00e9n. La Iglesia nace y crece entonces por medio del testimonio que Pedro y los dem\u00e1s ap\u00f3stoles dan de Cristo crucificado y resucitado (cf. Hch 2, 31-34; 3, 15-18; 4, 10-12; 5, 30-32).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Mar\u00eda no ha recibido directamente esta misi\u00f3n apost\u00f3lica. No se encontraba entre los que Jes\u00fas envi\u00f3 \u00ab&#160;por todo el mundo para ense\u00f1ar a todas las gentes&#160;\u00bb (cf. Mt 28, 19), cuando les confiri\u00f3 esta misi\u00f3n. Estaba, en cambio, en el cen\u00e1culo, donde los ap\u00f3stoles se preparaban a asumir esta misi\u00f3n con la venida del Esp\u00edritu de la Verdad: estaba con ellos. En medio de ellos Mar\u00eda \u00ab&#160;perseveraba en la oraci\u00f3n&#160;\u00bb como \u00ab&#160;madre de Jes\u00fas&#160;\u00bb (Hch 1, 13-14), o sea de Cristo crucificado y resucitado. Y aquel primer n\u00facleo de quienes en la fe miraban \u00ab&#160;a Jes\u00fas como autor de la salvaci\u00f3n&#160;\u00bb,62 era consciente de que Jes\u00fas era el Hijo de Mar\u00eda, y que ella era su madre, y como tal era, desde el momento de la concepci\u00f3n y del nacimiento, un testigo singular del misterio de Jes\u00fas, de aquel misterio que ante sus ojos se hab\u00eda manifestado y confirmado con la Cruz y la resurrecci\u00f3n. La Iglesia, por tanto, desde el primer momento, \u00ab&#160;mir\u00f3&#160;\u00bb a Mar\u00eda, a trav\u00e9s de Jes\u00fas, como \u00ab&#160;mir\u00f3&#160;\u00bb a Jes\u00fas a trav\u00e9s de Mar\u00eda. Ella fue para la Iglesia de entonces y de siempre un testigo singular de los a\u00f1os de la infancia de Jes\u00fas y de su vida oculta en Nazaret, cuando \u00ab&#160;conservaba cuidadosamente todas las cosas en su coraz\u00f3n&#160;\u00bb (Lc 2, 19; cf. Lc 2, 51).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero en la Iglesia de entonces y de siempre Mar\u00eda ha sido y es sobre todo la que es \u00ab&#160;feliz porque ha cre\u00eddo&#160;\u00bb: ha sido la primera en creer. Desde el momento de la anunciaci\u00f3n y de la concepci\u00f3n, desde el momento del nacimiento en la cueva de Bel\u00e9n, Mar\u00eda sigui\u00f3 paso tras paso a Jes\u00fas en su maternal peregrinaci\u00f3n de fe. Lo sigui\u00f3 a trav\u00e9s de los a\u00f1os de su vida oculta en Nazaret; lo sigui\u00f3 tambi\u00e9n en el per\u00edodo de la separaci\u00f3n externa, cuando \u00e9l comenz\u00f3 a \u00ab&#160;hacer y ense\u00f1ar&#160;\u00bb (cf. Hch 1, 1 ) en Israel; lo sigui\u00f3 sobre todo en la experiencia tr\u00e1gica del G\u00f3lgota. Mientras Mar\u00eda se encontraba con los ap\u00f3stoles en el cen\u00e1culo de Jerusal\u00e9n en los albores de la Iglesia, se confirmaba su fe, nacida de las palabras de la anunciaci\u00f3n. El \u00e1ngel le hab\u00eda dicho entonces: \u00ab&#160;Vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondr\u00e1s por nombre Jes\u00fas. El ser\u00e1 grande.. reinar\u00e1 sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendr\u00e1 fin&#160;\u00bb (Lc 1, 32-33). Los recientes acontecimientos del Calvario hab\u00edan cubierto de tinieblas aquella promesa; y ni siquiera bajo la Cruz hab\u00eda disminuido la fe de Mar\u00eda. Ella tambi\u00e9n, como Abraham, hab\u00eda sido la que \u00ab&#160;esperando contra toda esperanza, crey\u00f3&#160;\u00bb (Rom 4, 18). Y he aqu\u00ed que, despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, la esperanza hab\u00eda descubierto su verdadero rostro y la promesa hab\u00eda comenzado a transformarse en realidad. En efecto, Jes\u00fas, antes de volver al Padre, hab\u00eda dicho a los ap\u00f3stoles: \u00ab&#160;Id, pues, y haced disc\u00edpulos a todas las gentes &#8230; Y he aqu\u00ed que yo estoy con vosotros todos los d\u00edas hasta el fin del mundo&#160;\u00bb (Mt 28, 19.20). As\u00ed hab\u00eda hablado el que, con su resurrecci\u00f3n, se revel\u00f3 como el triunfador de la muerte, como el se\u00f1or del reino que \u00ab&#160;no tendr\u00e1 fin&#160;\u00bb, conforme al anuncio del \u00e1ngel.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">27. Ya en los albores de la Iglesia, al comienzo del largo camino por medio de la fe que comenzaba con Pentecost\u00e9s en Jerusal\u00e9n, Mar\u00eda estaba con todos los que constitu\u00edan el germen del \u00ab&#160;nuevo Israel&#160;\u00bb. Estaba presente en medio de ellos como un testigo excepcional del misterio de Cristo. Y la Iglesia perseveraba constante en la oraci\u00f3n junto a ella y, al mismo tiempo, \u00ab&#160;la contemplaba a la luz del Verbo hecho hombre&#160;\u00bb. As\u00ed ser\u00eda siempre. En efecto, cuando la Iglesia \u00ab&#160;entra m\u00e1s profundamente en el sumo misterio de la Encarnaci\u00f3n&#160;\u00bb, piensa en la Madre de Cristo con profunda veneraci\u00f3n y piedad.63 Mar\u00eda pertenece indisolublemente al misterio de Cristo y pertenece adem\u00e1s al misterio de la Iglesia desde el comienzo, desde el d\u00eda de su nacimiento. En la base de lo que la Iglesia es desde el comienzo, de lo que debe ser constantemente, a trav\u00e9s de las generaciones, en medio de todas las naciones de la tierra, se encuentra la que \u00ab&#160;ha cre\u00eddo que se cumplir\u00edan las cosas que le fueron dichas de parte del Se\u00f1or&#160;\u00bb (Lc 1, 45). Precisamente esta fe de Mar\u00eda, que se\u00f1ala el comienzo de la nueva y eterna Alianza de Dios con la humanidad en Jesucristo, esta heroica fe suya \u00ab&#160;precede&#160;\u00bb el testimonio apost\u00f3lico de la Iglesia, y permanece en el coraz\u00f3n de la Iglesia, escondida como un especial patrimonio de la revelaci\u00f3n de Dios. Todos aquellos que, a lo largo de las generaciones, aceptando el testimonio apost\u00f3lico de la Iglesia participan de aquella misteriosa herencia, en cierto sentido, participan de la fe de Mar\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las palabras de Isabel \u00ab&#160;feliz la que ha cre\u00eddo&#160;\u00bb siguen acompa\u00f1ando a Mar\u00eda incluso en Pentecost\u00e9s, la siguen a trav\u00e9s de las generaciones, all\u00ed donde se extiende, por medio del testimonio apost\u00f3lico y del servicio de la Iglesia, el conocimiento del misterio salv\u00edfico de Cristo. De este modo se cumple la profec\u00eda del Magn\u00edficat: \u00ab&#160;Me felicitar\u00e1n todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m\u00ed; su nombre es santo&#160;\u00bb (Lc 1, 48-49). En efecto, al conocimiento del misterio de Cristo sigue la bendici\u00f3n de su Madre bajo forma de especial veneraci\u00f3n para la Theot\u00f3kos. Pero en esa veneraci\u00f3n est\u00e1 incluida siempre la bendici\u00f3n de su fe. Porque la Virgen de Nazaret ha llegado a ser bienaventurada por medio de esta fe, de acuerdo con las palabras de Isabel. Los que a trav\u00e9s de los siglos, de entre los diversos pueblos y naciones de la tierra, acogen con fe el misterio de Cristo, Verbo encarnado y Redentor del mundo, no s\u00f3lo se dirigen con veneraci\u00f3n y recurren con confianza a Mar\u00eda como a su Madre, sino que buscan en su fe el sost\u00e9n para la propia fe. Y precisamente esta participaci\u00f3n viva de la fe de Mar\u00eda decide su presencia especial en la peregrinaci\u00f3n de la Iglesia como nuevo Pueblo de Dios en la tierra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">28. Como afirma el Concilio: \u00ab&#160;Mar\u00eda &#8230; habiendo entrado \u00edntimamente en la historia de la salvaci\u00f3n &#8230; mientras es predicada y honrada atrae a los creyentes hacia su Hijo y su sacrificio, y hacia el amor del Padre&#160;\u00bb.64 Por lo tanto, en cierto modo la fe de Mar\u00eda, sobre la base del testimonio apost\u00f3lico de la Iglesia, se convierte sin cesar en la fe del pueblo de Dios en camino: de las personas y comunidades, de los ambientes y asambleas, y finalmente de los diversos grupos existentes en la Iglesia. Es una fe que se transmite al mismo tiempo mediante el conocimiento y el coraz\u00f3n. Se adquiere o se vuelve a adquirir constantemente mediante la oraci\u00f3n. Por tanto \u00ab&#160;tambi\u00e9n en su obra apost\u00f3lica con raz\u00f3n la Iglesia mira hacia aquella que engendr\u00f3 a Cristo, concebido por el Esp\u00edritu Santo y nacido de la Virgen, precisamente para que por la Iglesia nazca y crezca tambi\u00e9n en los corazones de los fieles&#160;\u00bb.65\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ahora, cuando en esta peregrinaci\u00f3n de la fe nos acercamos al final del segundo Milenio cristiano, la Iglesia, mediante el magisterio del Concilio Vaticano II, llama la atenci\u00f3n sobre lo que ve en s\u00ed misma. como un \u00ab&#160;\u00fanico Pueblo de Dios &#8230; radicado en todas las naciones de la tierra&#160;\u00bb, y sobre la verdad seg\u00fan la cual todos los fieles, aunque a esparcidos por el haz de la tierra comunican en el Esp\u00edritu Santo con los dem\u00e1s&#160;\u00bb,66 de suerte que se puede decir que en esta uni\u00f3n se realiza constantemente el misterio de Pentecost\u00e9s. Al mismo tiempo, los ap\u00f3stoles y los disc\u00edpulos del Se\u00f1or, en todas las naciones de la tierra \u00ab&#160;perseveran en la oraci\u00f3n en compa\u00f1\u00eda de Mar\u00eda, la madre de Jes\u00fas&#160;\u00bb (cf. Hch 1, 14). Constituyendo a trav\u00e9s de las generaciones \u00ab&#160;el signo del Reino&#160;\u00bb que no es de este mundo,67 ellos son asimismo conscientes de que en medio de este mundo tienen que reunirse con aquel Rey, al que han sido dados en herencia los pueblos (Sal 2, 8), al que el Padre ha dado \u00ab&#160;el trono de David su padre&#160;\u00bb, por lo cual \u00ab&#160;reina sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendr\u00e1 fin&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En este tiempo de vela Mar\u00eda, por medio de la misma fe que la hizo bienaventurada especialmente desde el momento de la anunciaci\u00f3n, est\u00e1 presente en la misi\u00f3n y en la obra de la Iglesia que introduce en el mundo el Reino de su Hijo.68 Esta presencia de Mar\u00eda encuentra m\u00faltiples medios de expresi\u00f3n en nuestros d\u00edas al igual que a lo largo de la historia de la Iglesia. Posee tambi\u00e9n un amplio radio de acci\u00f3n; por medio de la fe y la piedad de los fieles, por medio de las tradiciones de las familias cristianas o \u00ab&#160;iglesias dom\u00e9sticas&#160;\u00bb, de las comunidades parroquiales y misioneras, de los institutos religiosos, de las di\u00f3cesis, por medio de la fuerza atractiva e irradiadora de los grandes santuarios, en los que no s\u00f3lo los individuos o grupos locales, sino a veces naciones enteras y continentes, buscan el encuentro con la Madre del Se\u00f1or, con la que es bienaventurada porque ha cre\u00eddo; es la primera entre los creyentes y por esto se ha convertido en Madre del Emmanuel. Este es el mensaje de la tierra de Palestina, patria espiritual de todos los cristianos, al ser patria del Salvador del mundo y de su Madre. Este es el mensaje de tantos templos que en Roma y en el mundo entero la fe cristiana ha levantado a lo largo de los siglos. Este es el mensaje de los centros como Guadalupe, Lourdes, F\u00e1tima y de los otros diseminados en las distintas naciones, entre los que no puedo dejar de citar el de mi tierra natal Jasna Gora. Tal vez se podr\u00eda hablar de una espec\u00edfica a \u00ab&#160;geograf\u00eda&#160;\u00bb de la fe y de la piedad mariana, que abarca todos estos lugares de especial peregrinaci\u00f3n del Pueblo de Dios, el cual busca el encuentro con la Madre de Dios para hallar, en el \u00e1mbito de la materna presencia de \u00ab&#160;la que ha cre\u00eddo&#160;\u00bb, la consolidaci\u00f3n de la propia fe. En efecto, en la fe de Mar\u00eda, ya en la anunciaci\u00f3n y definitivamente junto a la Cruz, se ha vuelto a abrir por parte del hombre aquel espacio interior en el cual el eterno Padre puede colmarnos \u00ab&#160;con toda clase de bendiciones espirituales&#160;\u00bb: el espacio \u00ab&#160;de la nueva y eterna Alianza&#160;\u00bb.69 Este espacio subsiste en la Iglesia, que es en Cristo como \u00ab&#160;un sacramento &#8230; de la \u00edntima uni\u00f3n con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano&#160;\u00bb.70\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En la fe, que Mar\u00eda profes\u00f3 en la Anunciaci\u00f3n como \u00ab&#160;esclava del Se\u00f1or&#160;\u00bb y en la que sin cesar \u00ab&#160;precede&#160;\u00bb al \u00ab&#160;Pueblo de Dios&#160;\u00bb en camino por toda la tierra, la Iglesia \u00ab&#160;tiende eficaz y constantemente a recapitular la Humanidad entera &#8230; bajo Cristo como Cabeza, en la unidad de su Esp\u00edritu&#160;\u00bb.71\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">2. El camino de la Iglesia y la unidad de todos los cristianos\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">29. \u00ab&#160;El Esp\u00edritu promueve en todos los disc\u00edpulos de Cristo el deseo y la colaboraci\u00f3n para que todos se unan en paz, en un reba\u00f1o y bajo un solo pastor, como Cristo determin\u00f3&#160;\u00bb.72 El camino de la Iglesia, de modo especial en nuestra \u00e9poca, est\u00e1 marcado por el signo del ecumenismo; los cristianos buscan las v\u00edas para reconstruir la unidad, por la que Cristo invocaba al Padre por sus disc\u00edpulos el d\u00eda antes de la pasi\u00f3n: \u00ab&#160;para que todos sean uno. Como t\u00fa, Padre, en m\u00ed y yo en ti, que ellos tambi\u00e9n sean uno en nosotros para que el mundo crea que t\u00fa me has enviado&#160;\u00bb (Jn 17, 21). Por consiguiente, la unidad de los disc\u00edpulos de Cristo es un gran signo para suscitar la fe del mundo, mientras su divisi\u00f3n constituye un esc\u00e1ndalo.73\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El movimiento ecum\u00e9nico, sobre la base de una conciencia m\u00e1s l\u00facida y difundida de la urgencia de llegar a la unidad de todos los cristianos, ha encontrado por parte de la Iglesia cat\u00f3lica su expresi\u00f3n culminante en el Concilio Vaticano II. Es necesario que los cristianos profundicen en s\u00ed mismos y en cada una de sus comunidades aquella \u00ab&#160;obediencia de la fe&#160;\u00bb, de la que Mar\u00eda es el primer y m\u00e1s claro ejemplo. Y dado que \u00ab&#160;antecede con su luz al pueblo de Dios peregrinante, como signo de esperanza segura y consuelo&#160;\u00bb, ofrece gran gozo y consuelo para este sacrosanto Concilio el hecho de que tampoco falten entre los hermanos separados quienes tributan debido honor a la Madre del Se\u00f1or y Salvador, especialmente entre los Orientales&#160;\u00bb.74\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">30. Los cristianos saben que su unidad se conseguir\u00e1 verdaderamente s\u00f3lo si se funda en la unidad de su fe. Ellos deben resolver discrepancias de doctrina no leves sobre el misterio y ministerio de la Iglesia, y a veces tambi\u00e9n sobre la funci\u00f3n de Mar\u00eda en la obra de la salvaci\u00f3n.75 Los diferentes coloquios, tenidos por la Iglesia cat\u00f3lica con las Iglesias y las Comunidades eclesiales de Occidente,76 convergen cada vez m\u00e1s sobre estos dos aspectos inseparables del mismo misterio de la salvaci\u00f3n. Si el misterio del Verbo encarnado nos permite vislumbrar el misterio de la maternidad divina y si, a su vez, la contemplaci\u00f3n de la Madre de Dios nos introduce en una comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda del misterio de la Encarnaci\u00f3n, lo mismo se debe decir del misterio de la Iglesia y de la funci\u00f3n de Mar\u00eda en la obra de la salvaci\u00f3n. Profundizando en uno y otro, iluminando el uno por medio del otro, los cristianos deseosos de hacer \u2014como les recomienda su Madre\u2014 lo que Jes\u00fas les diga (cf. Jn 2, 5), podr\u00e1n caminar juntos en aquella \u00ab&#160;peregrinaci\u00f3n de la fe&#160;\u00bb, de la que Mar\u00eda es todav\u00eda ejemplo y que debe guiarlos a la unidad querida por su \u00fanico Se\u00f1or y tan deseada por quienes est\u00e1n atentamente a la escucha de lo que hoy \u00ab&#160;el Esp\u00edritu dice a las Iglesias&#160;\u00bb (Ap 2, 7. 11. 17).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Entre tanto es un buen auspicio que estas Iglesias y Comunidades eclesiales concuerden con la Iglesia cat\u00f3lica en puntos fundamentales de la fe cristiana, incluso en lo concerniente a la Virgen Mar\u00eda. En efecto, la reconocen como Madre del Se\u00f1or y consideran que esto forma parte de nuestra fe en Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Estas Comunidades miran a Mar\u00eda que, a los pies de la Cruz, acoge como hijo suyo al disc\u00edpulo amado, el cual a su vez la recibe como madre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00bfPor qu\u00e9, pues, no mirar hacia ella todos juntos como a nuestra Madre com\u00fan, que reza por la unidad de la familia de Dios y que \u00ab&#160;precede&#160;\u00bb a todos al frente del largo s\u00e9quito de los testigos de la fe en el \u00fanico Se\u00f1or, el Hijo de Dios, concebido en su seno virginal por obra del Esp\u00edritu Santo?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">31. Por otra parte, deseo subrayar cuan profundamente unidas se sienten la Iglesia cat\u00f3lica, la Iglesia ortodoxa y las antiguas Iglesias orientales por el amor y por la alabanza a la Theot\u00f3kos. No s\u00f3lo \u00ab&#160;los dogmas fundamentales de la fe cristiana: los de la Trinidad y del Verbo encarnado en Mar\u00eda Virgen han sido definidos en concilios ecum\u00e9nicos celebrados en Oriente&#160;\u00bb,77 sino tambi\u00e9n en su culto lit\u00fargico \u00ab&#160;los Orientales ensalzan con himnos espl\u00e9ndidos a Mar\u00eda siempre Virgen &#8230; y Madre Sant\u00edsima de Dios&#160;\u00bb.78\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los hermanos de estas Iglesias han conocido vicisitudes complejas, pero su historia siempre ha transcurrido con un vivo deseo de compromiso cristiano y de irradiaci\u00f3n apost\u00f3lica, aunque a menudo haya estado marcada por persecuciones incluso cruentas. Es una historia de fidelidad al Se\u00f1or, una aut\u00e9ntica \u00ab&#160;peregrinaci\u00f3n de la fe&#160;\u00bb a trav\u00e9s de lugares y tiempos durante los cuales los cristianos orientales han mirado siempre con confianza ilimitada a la Madre del Se\u00f1or, la han celebrado con encomio y la han invocado con oraciones incesantes. En los momentos dif\u00edciles de la probada existencia cristiana \u00ab&#160;ellos se refugiaron bajo su protecci\u00f3n&#160;\u00bb,79 conscientes de tener en ella una ayuda poderosa. Las Iglesias que profesan la doctrina de \u00c9feso proclaman a la Virgen \u00ab&#160;verdadera Madre de Dios&#160;\u00bb, ya que a nuestro Se\u00f1or Jesucristo, nacido del Padre antes de los siglos seg\u00fan la divinidad, en los \u00faltimos tiempos, por nosotros y por nuestra salvaci\u00f3n, fue engendrado por Mar\u00eda Virgen Madre de Dios seg\u00fan la carne&#160;\u00bb.80 Los Padres griegos y la tradici\u00f3n bizantina, contemplando la Virgen a la luz del Verbo hecho hombre, han tratado de penetrar en la profundidad de aquel v\u00ednculo que une a Mar\u00eda, como Madre de Dios, con Cristo y la Iglesia: la Virgen es una presencia permanente en toda la extensi\u00f3n del misterio salv\u00edfico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las tradiciones coptas y eti\u00f3picas han sido introducidas en esta contemplaci\u00f3n del misterio de Mar\u00eda por san Cirilo de Alejandr\u00eda y, a su vez, la han celebrado con abundante producci\u00f3n po\u00e9tica.81 El genio po\u00e9tico de san Efr\u00e9n el Sirio, llamado \u00ab&#160;la c\u00edtara del Esp\u00edritu Santo&#160;\u00bb, ha cantado incansablemente a Mar\u00eda, dejando una impronta todav\u00eda presente en toda la tradici\u00f3n de la Iglesia sir\u00edaca.82 En su paneg\u00edrico sobre la Theot\u00f3kos, san Gregorio de Narek, una de las glorias m\u00e1s brillantes de Armenia, con fuerte inspiraci\u00f3n po\u00e9tica, profundiza en los diversos aspectos del misterio de la Encarnaci\u00f3n, y cada uno de los mismos es para \u00e9l ocasi\u00f3n de cantar y exaltar la dignidad extraordinaria y la magn\u00edfica belleza de la Virgen Mar\u00eda, Madre del Verbo encarnado.83\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No sorprende, pues, que Mar\u00eda ocupe un lugar privilegiado en el culto de las antiguas Iglesias orientales con una abundancia incomparable de fiestas y de himnos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">32. En la liturgia bizantina, en todas las horas del Oficio divino, la alabanza a la Madre est\u00e1 unida a la alabanza al Hijo y a la que, por medio del Hijo, se eleva al Padre en el Esp\u00edritu Santo. En la an\u00e1fora o plegaria eucar\u00edstica de san Juan Cris\u00f3stomo, despu\u00e9s de la ep\u00edclesis, la comunidad reunida canta as\u00ed a la Madre de Dios: \u00ab&#160;Es verdaderamente justo proclamarte bienaventurada, oh Madre de Dios, porque eres la muy bienaventurada) toda pura y Madre de nuestro Dios. Te ensalzamos, porque eres m\u00e1s venerable que los querubines e incomparablemente m\u00e1s gloriosa que los serafines. T\u00fa, que sin perder tu virginidad, has dado al mundo el Verbo de Dios. T\u00fa, que eres verdaderamente la Madre de Dios&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Estas alabanzas, que en cada celebraci\u00f3n de la liturgia eucar\u00edstica se elevan a Mar\u00eda, han forjado la fe, la piedad y la oraci\u00f3n de los fieles. A lo largo de los siglos han conformado todo el comportamiento espiritual de los fieles, suscitando en ellos una devoci\u00f3n profunda hacia la \u00ab&#160;Toda Santa Madre de Dios&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">33. Se conmemora este a\u00f1o el XII centenario del II Concilio ecum\u00e9nico de Nicea (a. 787), en el que, al final de la conocida controversia sobre el culto de las sagradas im\u00e1genes, fue definido que, seg\u00fan la ense\u00f1anza de los santos Padres y la tradici\u00f3n universal de la Iglesia, se pod\u00edan proponer a la veneraci\u00f3n de los fieles, junto con la Cruz, tambi\u00e9n las im\u00e1genes de la Madre de Dios, de los \u00c1ngeles y de los Santos, tanto en las iglesias como en las casas y en los caminos.84 Esta costumbre se ha mantenido en todo el Oriente y tambi\u00e9n en Occidente. Las im\u00e1genes de la Virgen tienen un lugar de honor en las iglesias y en las casas. Mar\u00eda est\u00e1 representada o como trono de Dios, que lleva al Se\u00f1or y lo entrega a los hombres (Theot\u00f3kos), o como camino que lleva a Cristo y lo muestra (Odigitria), o bien como orante en actitud de intercesi\u00f3n y signo de la presencia divina en el camino de los fieles hasta el d\u00eda del Se\u00f1or (Deisis), o como protectora que extiende su manto sobre los pueblos (Pokrov), o como misericordiosa Virgen de la ternura (Eleousa). La Virgen es representada habitualmente con su Hijo, el ni\u00f1o Jes\u00fas, que lleva en brazos: es la relaci\u00f3n con el Hijo la que glorifica a la Madre. A veces lo abraza con ternura (Glykofilousa); otras veces, hier\u00e1tica, parece absorta en la contemplaci\u00f3n de aquel que es Se\u00f1or de la historia (cf. Ap 5, 9-14).85\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Conviene recordar tambi\u00e9n el Icono de la Virgen de Vladimir que ha acompa\u00f1ado constantemente la peregrinaci\u00f3n en la fe de los pueblos de la antigua Rus&#8217;. Se acerca el primer milenio de la conversi\u00f3n al cristianismo de aquellas nobles tierras: tierras de personas humildes, de pensadores y de santos. Los Iconos son venerados todav\u00eda en Ucrania, en Bielorusia y en Rusia con diversos t\u00edtulos; son im\u00e1genes que atestiguan la fe y el esp\u00edritu de oraci\u00f3n de aquel pueblo, el cual advierte la presencia y la protecci\u00f3n de la Madre de Dios. En estos Iconos la Virgen resplandece como la imagen de la divina belleza, morada de la Sabidur\u00eda eterna, figura de la orante, prototipo de la contemplaci\u00f3n, icono de la gloria: aquella que, desde su vida terrena, poseyendo la ciencia espiritual inaccesible a los razonamientos humanos, con la fe ha alcanzado el conocimiento m\u00e1s sublime. Recuerdo, tambi\u00e9n, el Icono de la Virgen del cen\u00e1culo, en oraci\u00f3n con los ap\u00f3stoles a la espera del Esp\u00edritu. \u00bfNo podr\u00eda ser \u00e9sta como un signo de esperanza para todos aquellos que, en el di\u00e1logo fraterno, quieren profundizar su obediencia de la fe?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">34. Tanta riqueza de alabanzas, acumulada por las diversas manifestaciones de la gran tradici\u00f3n de la Iglesia, podr\u00eda ayudarnos a que \u00e9sta vuelva a respirar plenamente con sus \u00ab&#160;dos pulmones&#160;\u00bb, Oriente y Occidente. Como he dicho varias veces, esto es hoy m\u00e1s necesario que nunca. Ser\u00eda una ayuda valiosa para hacer progresar el di\u00e1logo actual entre la Iglesia cat\u00f3lica y las Iglesias y Comunidades eclesiales de Occidente.86 Ser\u00eda tambi\u00e9n, para la Iglesia en camino, la v\u00eda para cantar y vivir de manera m\u00e1s perfecta su Magn\u00edficat.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">3. El Magn\u00edficat de la Iglesia en camino\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">35. La Iglesia, pues, en la presente fase de su camino, trata de buscar la uni\u00f3n de quienes profesan su fe en Cristo para manifestar la obediencia a su Se\u00f1or que, antes de la pasi\u00f3n, ha rezado por esta unidad. La Iglesia \u00ab&#160;va peregrinando &#8230;, anunciando la cruz del Se\u00f1or hasta que venga&#160;\u00bb.87 \u00ab&#160;Caminando, pues, la Iglesia en medio de tentaciones y tribulaciones, se ve confortada con el poder de la gracia de Dios, que le ha sido prometida para que no desfallezca de la fidelidad perfecta por la debilidad de la carne, antes al contrario, persevere como esposa digna de su Se\u00f1or y, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, no cese de renovarse hasta que por la cruz llegue a aquella luz que no conoce ocaso&#160;\u00bb.88\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La Virgen Madre est\u00e1 constantemente presente en este camino de fe del Pueblo de Dios hacia la luz. Lo demuestra de modo especial el c\u00e1ntico del Magn\u00edficat que, salido de la fe profunda de Mar\u00eda en la visitaci\u00f3n, no deja de vibrar en el coraz\u00f3n de la Iglesia a trav\u00e9s de los siglos. Lo prueba su recitaci\u00f3n diaria en la liturgia de las V\u00edsperas y en otros muchos momentos de devoci\u00f3n tanto personal como comunitaria.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00ab&#160;Proclama mi alma la grandeza del Se\u00f1or,<br \/>\nse alegra mi esp\u00edritu en Dios mi Salvador;<br \/>\nporque ha mirado la humillaci\u00f3n de su esclava.<br \/>\nDesde ahora me felicitar\u00e1n todas las generaciones,<br \/>\nporque el Poderoso ha hecho obras grandes por m\u00ed;<br \/>\nsu nombre es santo<br \/>\ny su misericordia llega a sus fieles<br \/>\nde generaci\u00f3n en generaci\u00f3n.<br \/>\nEl hace proezas con su brazo:<br \/>\ndispersa a los soberbios de coraz\u00f3n,<br \/>\nderriba del trono a los poderosos,<br \/>\nenaltece a los humildes,<br \/>\na los hambrientos los colma de bienes<br \/>\ny a los ricos los despide vac\u00edos.<br \/>\nAuxilia a Israel, su siervo,<br \/>\nacord\u00e1ndose de la misericordia<br \/>\n\u2014como lo hab\u00eda prometido a nuestros padres\u2014<br \/>\nen favor de Abraham y su descendencia por siempre&#160;\u00bb<br \/>\n(Lc 1, 46-55).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">36. Cuando Isabel salud\u00f3 a la joven pariente que llegaba de Nazaret, Mar\u00eda respondi\u00f3 con el Magn\u00edficat. En el saludo Isabel hab\u00eda llamado antes a Mar\u00eda \u00ab&#160;bendita&#160;\u00bb por \u00ab&#160;el fruto de su vientre&#160;\u00bb, y luego \u00ab&#160;feliz&#160;\u00bb por su fe (cf. Lc 1, 42. 45). Estas dos bendiciones se refer\u00edan directamente al momento de la anunciaci\u00f3n. Despu\u00e9s, en la visitaci\u00f3n, cuando el saludo de Isabel da testimonio de aquel momento culminante, la fe de Mar\u00eda adquiere una nueva conciencia y una nueva expresi\u00f3n. Lo que en el momento de la anunciaci\u00f3n permanec\u00eda oculto en la profundidad de la \u00ab&#160;obediencia de la fe&#160;\u00bb, se dir\u00eda que ahora se manifiesta como una llama del esp\u00edritu clara y vivificante. Las palabras usadas por Mar\u00eda en el umbral de la casa de Isabel constituyen una inspirada profesi\u00f3n le su fe, en la que la respuesta a la palabra de la revelaci\u00f3n se expresa con la elevaci\u00f3n espiritual y po\u00e9tica de todo su ser hacia Dios. En estas sublimes palabras, que son al mismo tiempo muy sencillas y totalmente inspiradas por los textos sagrados del pueblo de Israel,89 se vislumbra la experiencia personal de Mar\u00eda, el \u00e9xtasis de su coraz\u00f3n. Resplandece en ellas un rayo del misterio de Dios, la gloria de su inefable santidad, el eterno amor que, como un don irrevocable, entra en la historia del hombre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Mar\u00eda es la primera en participar de esta nueva revelaci\u00f3n de Dios y, a trav\u00e9s de ella, de esta nueva \u00ab&#160;autodonaci\u00f3n&#160;\u00bb de Dios. Por esto proclama: \u00ab&#160;ha hecho obras grandes por m\u00ed; su nombre es santo&#160;\u00bb. Sus palabras reflejan el gozo del esp\u00edritu, dif\u00edcil de expresar: \u00ab&#160;se alegra mi esp\u00edritu en Dios mi salvador&#160;\u00bb. Porque \u00ab&#160;la verdad profunda de Dios y de la salvaci\u00f3n del hombre &#8230; resplandece en Cristo, mediador y plenitud de toda la revelaci\u00f3n&#160;\u00bb.90 En su arrebatamiento Mar\u00eda confiesa que se ha encontrado en el centro mismo de esta plenitud de Cristo. Es consciente de que en ella se realiza la promesa hecha a los padres y, ante todo, \u00ab&#160;en favor de Abraham y su descendencia por siempre&#160;\u00bb; que en ella, como madre de Cristo, converge toda la econom\u00eda salv\u00edfica, en la que, \u00ab&#160;de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n&#160;\u00bb, se manifiesta aquel que, como Dios de la Alianza, se acuerda \u00ab&#160;de la misericordia&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">37. La Iglesia, que desde el principio conforma su camino terreno con el de la Madre de Dios, sigui\u00e9ndola repite constantemente las palabras del Magn\u00edficat. Desde la profundidad de la fe de la Virgen en la anunciaci\u00f3n y en la visitaci\u00f3n, la Iglesia llega a la verdad sobre el Dios de la Alianza, sobre Dios que es todopoderoso y hace \u00ab&#160;obras grandes&#160;\u00bb al hombre: \u00ab&#160;su nombre es santo&#160;\u00bb. En el Magn\u00edficat la Iglesia encuentra vencido de ra\u00edz el pecado del comienzo de la historia terrena del hombre y de la mujer, el pecado de la incredulidad o de la \u00ab&#160;poca fe&#160;\u00bb en Dios. Contra la \u00ab&#160;sospecha&#160;\u00bb que el \u00ab&#160;padre de la mentira&#160;\u00bb ha hecho surgir en el coraz\u00f3n de Eva, la primera mujer, Mar\u00eda, a la que la tradici\u00f3n suele llamar \u00ab&#160;nueva Eva&#160;\u00bb 91 y verdadera \u00ab&#160;madre de los vivientes&#160;\u00bb 92, proclama con fuerza la verdad no ofuscada sobre Dios: el Dios Santo y todopoderoso, que desde el comienzo es la fuente de todo don, aquel que \u00ab&#160;ha hecho obras grandes&#160;\u00bb. Al crear, Dios da la existencia a toda la realidad. Creando al hombre, le da la dignidad de la imagen y semejanza con \u00e9l de manera singular respecto a todas las criaturas terrenas. Y no deteni\u00e9ndose en su voluntad de prodigarse no obstante el pecado del hombre, Dios se da en el Hijo: \u00ab&#160;Porque tanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00fanico&#160;\u00bb (Jn 3, 16). Mar\u00eda es el primer testimonio de esta maravillosa verdad, que se realizar\u00e1 plenamente mediante lo que hizo y ense\u00f1\u00f3 su Hijo (cf. Hch 1, 1) y, definitiva mente, mediante su Cruz y resurrecci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La Iglesia, que aun \u00ab&#160;en medio de tentaciones y tribulaciones&#160;\u00bb no cesa de repetir con Mar\u00eda las palabras del Magn\u00edficat, \u00ab&#160;se ve confortada&#160;\u00bb con la fuerza de la verdad sobre Dios, proclamada entonces con tan extraordinaria sencillez y, al mismo tiempo, con esta verdad sobre Dios desea iluminar las dif\u00edciles y a veces intrincadas v\u00edas de la existencia terrena de los hombres. El camino de la Iglesia, pues, ya al final del segundo Milenio cristiano, implica un renovado empe\u00f1o en su misi\u00f3n. La Iglesia, siguiendo a aquel que dijo de s\u00ed mismo: \u00ab&#160;(Dios) me ha enviado para anunciar a los pobres la Buena Nueva&#160;\u00bb (cf. Lc 4, 18), a trav\u00e9s de las generaciones, ha tratado y trata hoy de cumplir la misma misi\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Su amor preferencial por los pobres est\u00e1 inscrito admirablemente en el Magn\u00edficat de Mar\u00eda. El Dios de la Alianza, cantado por la Virgen de Nazaret en la elevaci\u00f3n de su esp\u00edritu, es a la vez el que \u00ab&#160;derriba del trono a los poderosos, enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vac\u00edos, &#8230; dispersa a los soberbios &#8230; y conserva su misericordia para los que le temen&#160;\u00bb. Mar\u00eda est\u00e1 profundamente impregnada del esp\u00edritu de los \u00ab&#160;pobres de Yahv\u00e9&#160;\u00bb, que en la oraci\u00f3n de los Salmos esperaban de Dios su salvaci\u00f3n, poniendo en El toda su confianza (cf. Sal 25; 31; 35; 55). En cambio, ella proclama la venida del misterio de la salvaci\u00f3n, la venida del \u00ab&#160;Mes\u00edas de los pobres&#160;\u00bb (cf. Is 11, 4; 61, 1). La Iglesia, acudiendo al coraz\u00f3n de Mar\u00eda, a la profundidad de su fe, expresada en las palabras del Magn\u00edficat, renueva cada vez mejor en s\u00ed la conciencia de que no se puede separar la verdad sobre Dios que salva, sobre Dios que es fuente de todo don, de la manifestaci\u00f3n de su amor preferencial por los pobres y los humildes, que, cantado en el Magn\u00edficat, se encuentra luego expresado en las palabras y obras de Jes\u00fas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La Iglesia, por tanto, es consciente \u2014y en nuestra \u00e9poca tal conciencia se refuerza de manera particular\u2014 de que no s\u00f3lo no se pueden separar estos dos elementos del mensaje contenido en el Magn\u00edficat, sino que tambi\u00e9n se debe salvaguardar cuidadosamente la importancia que \u00ab&#160;los pobres&#160;\u00bb y \u00ab&#160;la opci\u00f3n en favor de los pobres&#160;\u00bb tienen en la palabra del Dios vivo. Se trata de temas y problemas org\u00e1nicamente relacionados con el sentido cristiano de la libertad y de la liberaci\u00f3n. \u00ab&#160;Dependiendo totalmente de Dios y plenamente orientada hacia El por el empuje de su fe, Mar\u00eda, al lado de su Hijo, es la imagen m\u00e1s perfecta de la libertad y de la liberaci\u00f3n de la humanidad y del cosmos. La Iglesia debe mirar hacia ella, Madre y Modelo para comprender en su integridad el sentido de su misi\u00f3n&#160;\u00bb.93\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">III PARTE &#8211; MEDIACI\u00d3N MATERNA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n1. Mar\u00eda, Esclava del Se\u00f1or\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">38. La Iglesia sabe y ense\u00f1a con San Pablo que uno solo es nuestro mediador: \u00ab&#160;Hay un solo Dios, y tambi\u00e9n un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jes\u00fas, hombre tambi\u00e9n, que se entreg\u00f3 a s\u00ed mismo como rescate por todos&#160;\u00bb (1 Tm 2, 5-6). \u00ab&#160;La misi\u00f3n maternal de Mar\u00eda para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediaci\u00f3n \u00fanica de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder&#160;\u00bb 94: es mediaci\u00f3n en Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La Iglesia sabe y ense\u00f1a que \u00ab&#160;todo el influjo salv\u00edfico de la Sant\u00edsima Virgen sobre los hombres &#8230; dimana del divino benepl\u00e1cito y de la superabundancia de los m\u00e9ritos de Cristo; se apoya en la mediaci\u00f3n de \u00e9ste, depende totalmente de ella y de la misma saca todo su poder. Y, lejos de impedir la uni\u00f3n inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta&#160;\u00bb.95 Este saludable influjo est\u00e1 mantenido por el Esp\u00edritu Santo, quien, igual que cubri\u00f3 con su sombra a la Virgen Mar\u00eda comenzando en ella la maternidad divina, mantiene as\u00ed continuamente su solicitud hacia los hermanos de su Hijo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Efectivamente, la mediaci\u00f3n de Mar\u00eda est\u00e1 \u00edntimamente unida a su maternidad y posee un car\u00e1cter espec\u00edficamente materno que la distingue del de las dem\u00e1s criaturas que, de un modo diverso y siempre subordinado, participan de la \u00fanica mediaci\u00f3n de Cristo, siendo tambi\u00e9n la suya una mediaci\u00f3n participada.96 En efecto, si \u00ab&#160;jam\u00e1s podr\u00e1 compararse criatura alguna con el Verbo encarnado y Redentor&#160;\u00bb, al mismo tiempo \u00ab&#160;la \u00fanica mediaci\u00f3n del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas diversas clases de cooperaci\u00f3n, participada de la \u00fanica fuente&#160;\u00bb; y as\u00ed \u00ab&#160;la bondad de Dios se difunde de distintas maneras sobre las criaturas&#160;\u00bb.97\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La ense\u00f1anza del Concilio Vaticano II presenta la verdad sobre la mediaci\u00f3n de Mar\u00eda como una participaci\u00f3n de esta \u00fanica fuente que es la mediaci\u00f3n de Cristo mismo. Leemos al respecto: \u00ab&#160;La Iglesia no duda en confesar esta funci\u00f3n subordinada de Mar\u00eda, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protecci\u00f3n maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador&#160;\u00bb.98 Esta funci\u00f3n es, al mismo tiempo, especial y extraordinaria. Brota de su maternidad divina y puede ser comprendida y vivida en la fe, solamente sobre la base de la plena verdad de esta maternidad. Siendo Mar\u00eda, en virtud de la elecci\u00f3n divina, la Madre del Hijo consubstancial al Padre y \u00ab&#160;compa\u00f1era singularmente generosa&#160;\u00bb en la obra de la redenci\u00f3n, es nuestra madre en el orden de la gracia&#160;\u00bb.99 Esta funci\u00f3n constituye una dimensi\u00f3n real de su presencia en el misterio salv\u00edfico de Cristo y de la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">39. Desde este punto de vista es necesario considerar una vez m\u00e1s el acontecimiento fundamental en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n, o sea la encarnaci\u00f3n del Verbo en la anunciaci\u00f3n. Es significativo que Mar\u00eda, reconociendo en la palabra del mensajero divino la voluntad del Alt\u00edsimo y someti\u00e9ndose a su poder, diga: \u00ab&#160;He aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or; h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra&#160;\u00bb (Lc 1, 3). El primer momento de la sumisi\u00f3n a la \u00fanica mediaci\u00f3n \u00ab&#160;entre Dios y los hombres&#160;\u00bb \u2014la de Jesucristo\u2014 es la aceptaci\u00f3n de la maternidad por parte de la Virgen de Nazaret. Mar\u00eda da su consentimiento a la elecci\u00f3n de Dios, para ser la Madre de su Hijo por obra del Esp\u00edritu Santo. Puede decirse que este consentimiento suyo para la maternidad es sobre todo fruto de la donaci\u00f3n total a Dios en la virginidad. Mar\u00eda acept\u00f3 la elecci\u00f3n para Madre del Hijo de Dios, guiada por el amor esponsal, que \u00ab&#160;consagra&#160;\u00bb totalmente una persona humana a Dios. En virtud de este amor, Mar\u00eda deseaba estar siempre y en todo \u00ab&#160;entregada a Dios&#160;\u00bb, viviendo la virginidad. Las palabras \u00ab&#160;he aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or&#160;\u00bb expresan el hecho de que desde el principio ella acogi\u00f3 y entendi\u00f3 la propia maternidad como donaci\u00f3n total de s\u00ed, de su persona, al servicio de los designios salv\u00edficos del Alt\u00edsimo. Y toda su participaci\u00f3n materna en la vida de Jesucristo, su Hijo, la vivi\u00f3 hasta el final de acuerdo con su vocaci\u00f3n a la virginidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La maternidad de Mar\u00eda, impregnada profundamente por la actitud esponsal de \u00ab&#160;esclava del Se\u00f1or&#160;\u00bb, constituye la dimensi\u00f3n primera y fundamental de aquella mediaci\u00f3n que la Iglesia confiesa y proclama respecto a ella,100 y continuamente \u00ab&#160;recomienda a la piedad de los fieles&#160;\u00bb porque conf\u00eda mucho en esta mediaci\u00f3n. En efecto, conviene reconocer que, antes que nadie, Dios mismo, el eterno Padre, se entreg\u00f3 a la Virgen de Nazaret, d\u00e1ndole su propio Hijo en el misterio de la Encarnaci\u00f3n. Esta elecci\u00f3n suya al sumo cometido y dignidad de Madre del Hijo de Dios, a nivel ontol\u00f3gico, se refiere a la realidad misma de la uni\u00f3n de las dos naturalezas en la persona del Verbo (uni\u00f3n hipost\u00e1tica). Este hecho fundamental de ser la Madre del Hijo de Dios supone, desde el principio, una apertura total a la persona de Cristo, a toda su obra y misi\u00f3n. Las palabras \u00ab&#160;he aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or&#160;\u00bb atestiguan esta apertura del esp\u00edritu de Mar\u00eda, la cual, de manera perfecta, re\u00fane en s\u00ed misma el amor propio de la virginidad y el amor caracter\u00edstico de la maternidad, unidos y como fundidos juntamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por tanto Mar\u00eda ha llegado a ser no s\u00f3lo la \u00ab&#160;madre-nodriza&#160;\u00bb del Hijo del hombre, sino tambi\u00e9n la \u00ab&#160;compa\u00f1era singularmente generosa&#160;\u00bb 101 del Mes\u00edas y Redentor. Ella \u2014como ya he dicho\u2014 avanzaba en la peregrinaci\u00f3n de la fe y en esta peregrinaci\u00f3n suya hasta los pies de la Cruz se ha realizado, al mismo tiempo, su cooperaci\u00f3n materna en toda la misi\u00f3n del Salvador mediante sus acciones y sufrimientos. A trav\u00e9s de esta colaboraci\u00f3n en la obra del Hijo Redentor, la maternidad misma de Mar\u00eda conoc\u00eda una transformaci\u00f3n singular, colm\u00e1ndose cada vez m\u00e1s de \u00ab&#160;ardiente caridad&#160;\u00bb hacia todos aquellos a quienes estaba dirigida la misi\u00f3n de Cristo. Por medio de esta \u00ab&#160;ardiente caridad&#160;\u00bb, orientada a realizar en uni\u00f3n con Cristo la restauraci\u00f3n de la \u00ab&#160;vida sobrenatural de las almas&#160;\u00bb,102 Mar\u00eda entraba de manera muy personal en la \u00fanica mediaci\u00f3n \u00ab&#160;entre Dios y los hombres&#160;\u00bb, que es la mediaci\u00f3n del hombre Cristo Jes\u00fas. Si ella fue la primera en experimentar en s\u00ed misma los efectos sobrenaturales de esta \u00fanica mediaci\u00f3n \u2014ya en la anunciaci\u00f3n hab\u00eda sido saludada como \u00ab&#160;llena de gracia&#160;\u00bb\u2014 entonces es necesario decir, que por esta plenitud de gracia y de vida sobrenatural, estaba particularmente predispuesta a la cooperaci\u00f3n con Cristo, \u00fanico mediador de la salvaci\u00f3n humana. Y tal cooperaci\u00f3n es precisamente esta mediaci\u00f3n subordinada a la mediaci\u00f3n de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En el caso de Mar\u00eda se trata de una mediaci\u00f3n especial y excepcional, basada sobre su \u00ab&#160;plenitud de gracia&#160;\u00bb, que se traducir\u00e1 en la plena disponibilidad de la \u00ab&#160;esclava del Se\u00f1or&#160;\u00bb. Jesucristo, como respuesta a esta disponibilidad interior de su Madre, la preparaba cada vez m\u00e1s a ser para los hombres \u00ab&#160;madre en el orden de la gracia&#160;\u00bb. Esto indican, al menos de manera indirecta, algunos detalles anotados por los Sin\u00f3pticos (cf. Lc 11, 28; 8, 20-21; Mc 3, 32-35; Mt 12, 47-50) y m\u00e1s a\u00fan por el Evangelio de Juan (cf. 2, 1-12; 19, 25-27), que ya he puesto de relieve. A este respecto, son particularmente elocuentes las palabras, pronunciadas por Jes\u00fas en la Cruz, relativas a Mar\u00eda y a Juan.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">40. Despu\u00e9s de los acontecimientos de la resurrecci\u00f3n y de la ascensi\u00f3n, Mar\u00eda, entrando con los ap\u00f3stoles en el cen\u00e1culo a la espera de Pentecost\u00e9s, estaba presente como Madre del Se\u00f1or glorificado. Era no s\u00f3lo la que \u00ab&#160;avanz\u00f3 en la peregrinaci\u00f3n de la fe&#160;\u00bb y guard\u00f3 fielmente su uni\u00f3n con el Hijo \u00ab&#160;hasta la Cruz&#160;\u00bb, sino tambi\u00e9n la \u00ab&#160;esclava del Se\u00f1or&#160;\u00bb, entregada por su Hijo como madre a la Iglesia naciente: \u00ab&#160;He aqu\u00ed a tu madre&#160;\u00bb. As\u00ed empez\u00f3 a formarse una relaci\u00f3n especial entre esta Madre y la Iglesia. En efecto, la Iglesia naciente era fruto de la Cruz y de la resurrecci\u00f3n de su Hijo. Mar\u00eda, que desde el principio se hab\u00eda entregado sin reservas a la persona y obra de su Hijo, no pod\u00eda dejar de volcar sobre la Iglesia esta entrega suya materna. Despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n del Hijo, su maternidad permanece en la Iglesia como mediaci\u00f3n materna; intercediendo por todos sus hijos, la madre coopera en la acci\u00f3n salv\u00edfica del Hijo, Redentor del mundo. Al respecto ense\u00f1a el Concilio: \u00ab&#160;Esta maternidad de Mar\u00eda en la econom\u00eda de la gracia perdura sin cesar &#8230; hasta la consumaci\u00f3n perpetua de todos los elegidos&#160;\u00bb.103 Con la muerte redentora de su Hijo, la mediaci\u00f3n materna de la esclava del Se\u00f1or alcanz\u00f3 una dimensi\u00f3n universal, porque la obra de la redenci\u00f3n abarca a todos los hombres. As\u00ed se manifiesta de manera singular la eficacia de la mediaci\u00f3n \u00fanica y universal de Cristo \u00ab&#160;entre Dios y los hombres&#160;\u00bb. La cooperaci\u00f3n de Mar\u00eda participa, por su car\u00e1cter subordinado, de la universalidad de la mediaci\u00f3n del Redentor, \u00fanico mediador. Esto lo indica claramente el Concilio con las palabras citadas antes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00ab&#160;Pues \u2014leemos todav\u00eda\u2014 asunta a los cielos, no ha dejado esta misi\u00f3n salvadora, sino que con su m\u00faltiple intercesi\u00f3n contin\u00faa obteni\u00e9ndonos los dones de la salvaci\u00f3n eterna&#160;\u00bb.104 Con este car\u00e1cter de \u00ab&#160;intercesi\u00f3n&#160;\u00bb, que se manifest\u00f3 por primera vez en Can\u00e1 de Galilea, la mediaci\u00f3n de Mar\u00eda contin\u00faa en la historia de la Iglesia y del mundo. Leemos que Mar\u00eda \u00ab&#160;con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todav\u00eda peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada&#160;\u00bb.105 De este modo la maternidad de Mar\u00eda perdura incesantemente en la Iglesia como mediaci\u00f3n intercesora, y la Iglesia expresa su fe en esta verdad invocando a Mar\u00eda \u00ab&#160;con los t\u00edtulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora&#160;\u00bb.106\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">41. Mar\u00eda, por su mediaci\u00f3n subordinada a la del Redentor, contribuye de manera especial a la uni\u00f3n de la Iglesia peregrina en la tierra con la realidad escatol\u00f3gica y celestial de la comuni\u00f3n de los santos, habiendo sido ya \u00ab&#160;asunta a los cielos&#160;\u00bb.107 La verdad de la Asunci\u00f3n, definida por P\u00edo XII, ha sido reafirmada por el Concilio Vaticano II, que expresa as\u00ed la fe de la Iglesia: \u00ab&#160;Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, terminado el decurso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial y fue ensalzada por el Se\u00f1or como Reina universal con el fin de que se asemeje de forma m\u00e1s plena a su Hijo, Se\u00f1or de se\u00f1ores (cf. Ap 19, 16) y vencedor del pecado y de la muerte&#160;\u00bb.108 Con esta ense\u00f1anza P\u00edo XII enlazaba con la Tradici\u00f3n, que ha encontrado m\u00faltiples expresiones en la historia de la Iglesia, tanto en Oriente como en Occidente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con el misterio de la Asunci\u00f3n a los cielos, se han realizado definitivamente en Mar\u00eda todos los efectos de la \u00fanica mediaci\u00f3n de Cristo Redentor del mundo y Se\u00f1or resucitado: \u00ab&#160;Todos vivir\u00e1n en Cristo. Pero cada cual en su rango: Cristo como primicias; luego, los de Cristo en su Venida&#160;\u00bb (1 Co 15, 22-23). En el misterio de la Asunci\u00f3n se expresa la fe de la Iglesia, seg\u00fan la cual Mar\u00eda \u00ab&#160;est\u00e1 tambi\u00e9n \u00edntimamente unida&#160;\u00bb a Cristo porque, aunque como madre-virgen estaba singularmente unida a \u00e9l en su primera venida, por su cooperaci\u00f3n constante con \u00e9l lo estar\u00e1 tambi\u00e9n a la espera de la segunda; \u00ab&#160;redimida de modo eminente, en previsi\u00f3n de los m\u00e9ritos de su Hijo&#160;\u00bb,109 ella tiene tambi\u00e9n aquella funci\u00f3n, propia de la madre, de mediadora de clemencia en la venida definitiva, cuando todos los de Cristo revivir\u00e1n, y \u00ab&#160;el \u00faltimo enemigo en ser destruido ser\u00e1 la Muerte&#160;\u00bb (1 Co 15, 26).110\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A esta exaltaci\u00f3n de la \u00ab&#160;Hija excelsa de Si\u00f3n&#160;\u00bb,111 mediante la asunci\u00f3n a los cielos, est\u00e1 unido el misterio de su gloria eterna. En efecto, la Madre de Cristo es glorificada como \u00ab&#160;Reina universal&#160;\u00bb.112 La que en la anunciaci\u00f3n se defini\u00f3 como \u00ab&#160;esclava del Se\u00f1or&#160;\u00bb fue durante toda su vida terrena fiel a lo que este nombre expresa, confirmando as\u00ed que era una verdadera \u00ab&#160;disc\u00edpula&#160;\u00bb de Cristo, el cual subrayaba intensamente el car\u00e1cter de servicio de su propia misi\u00f3n: el Hijo del hombre \u00ab&#160;no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos&#160;\u00bb (Mt 20, 28). Por esto Mar\u00eda ha sido la primera entre aquellos que, \u00ab&#160;sirviendo a Cristo tambi\u00e9n en los dem\u00e1s, conducen en humildad y paciencia a sus hermanos al Rey, cuyo servicio equivale a reinar&#160;\u00bb,113 Y ha conseguido plenamente aquel \u00ab&#160;estado de libertad real&#160;\u00bb, propio de los disc\u00edpulos de Cristo: \u00a1servir quiere decir reinar!\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00ab&#160;Cristo, habi\u00e9ndose hecho obediente hasta la muerte y habiendo sido por ello exaltado por el Padre (cf. Flp 2, 8-9), entr\u00f3 en la gloria de su reino. A El est\u00e1n sometidas todas las cosas, hasta que El se someta a S\u00ed mismo y todo lo creado al Padre, a fin de que Dios sea todo en todas las cosas (cf. 1 Co 15, 27-28)&#160;\u00bb.114 Mar\u00eda, esclava del Se\u00f1or, forma parte de este Reino del Hijo.115 La gloria de servir no cesa de ser su exaltaci\u00f3n real; asunta a los cielos, ella no termina aquel servicio suyo salv\u00edfico, en el que se manifiesta la mediaci\u00f3n materna, \u00ab&#160;hasta la consumaci\u00f3n perpetua de todos los elegidos&#160;\u00bb.116 As\u00ed aquella, que aqu\u00ed en la tierra \u00ab&#160;guard\u00f3 fielmente su uni\u00f3n con el Hijo hasta la Cruz&#160;\u00bb, sigue estando unida a \u00e9l, mientras ya \u00ab&#160;a El est\u00e1n sometidas todas las cosas, hasta que El se someta a S\u00ed mismo y todo lo creado al Padre&#160;\u00bb. As\u00ed en su asunci\u00f3n a los cielos, Mar\u00eda est\u00e1 como envuelta por toda la realidad de la comuni\u00f3n de los santos, y su misma uni\u00f3n con el Hijo en la gloria est\u00e1 dirigida toda ella hacia la plenitud definitiva del Reino, cuando \u00ab&#160;Dios sea todo en todas las cosas&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tambi\u00e9n en esta fase la mediaci\u00f3n materna de Mar\u00eda sigue estando subordinada a aquel que es el \u00fanico Mediador, hasta la realizaci\u00f3n definitiva de la \u00ab&#160;plenitud de los tiempos&#160;\u00bb,es decir, hasta que \u00ab&#160;todo tenga a Cristo por Cabeza&#160;\u00bb (Ef 1, 10).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">2. Mar\u00eda en la vida de la Iglesia y de cada cristiano\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">42. El Concilio Vaticano II, siguiendo la Tradici\u00f3n, ha dado nueva luz sobre el papel de la Madre de Cristo en la vida de la Iglesia. \u00ab&#160;La Bienaventurada Virgen, por el don &#8230; de la maternidad divina, con la que est\u00e1 unida al Hijo Redentor, y por sus singulares gracias y dones, est\u00e1 unida tambi\u00e9n \u00edntimamente a la Iglesia. La Madre de Dios es tipo de la Iglesia, a saber: en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta uni\u00f3n con Cristo&#160;\u00bb.117 Ya hemos visto anteriormente como Mar\u00eda permanece, desde el comienzo, con los ap\u00f3stoles a la espera de Pentecost\u00e9s y como, siendo \u00ab&#160;feliz la que ha cre\u00eddo&#160;\u00bb, a trav\u00e9s de las generaciones est\u00e1 presente en medio de la Iglesia peregrina mediante la fe y como modelo de la esperanza que no desenga\u00f1a (cf. Rom 5, 5).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Mar\u00eda crey\u00f3 que se cumplir\u00eda lo que le hab\u00eda dicho el Se\u00f1or. Como Virgen, crey\u00f3 que concebir\u00eda y dar\u00eda a luz un hijo: el \u00ab&#160;Santo&#160;\u00bb, al cual corresponde el nombre de \u00ab&#160;Hijo de Dios&#160;\u00bb, el nombre de \u00ab&#160;Jes\u00fas&#160;\u00bb (Dios que salva). Como esclava del Se\u00f1or, permaneci\u00f3 perfectamente fiel a la persona y a la misi\u00f3n de este Hijo. Como madre, \u00ab&#160;creyendo y obedeciendo, engendr\u00f3 en la tierra al mismo Hijo del Padre, y esto sin conocer var\u00f3n, cubierta con la sombra del Esp\u00edritu Santo&#160;\u00bb.118\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por estos motivos Mar\u00eda \u00ab&#160;con raz\u00f3n es honrada con especial culto por la Iglesia; ya desde los tiempos m\u00e1s antiguos &#8230; es honrada con el t\u00edtulo de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles en todos sus peligros y necesidades acuden con sus s\u00faplicas&#160;\u00bb.119 Este culto es del todo particular: contiene en s\u00ed y expresa aquel profundo v\u00ednculo existente entre la Madre de Cristo y la Igles\u00eda.120 Como virgen y madre, Mar\u00eda es para la Iglesia un \u00ab&#160;modelo perenne&#160;\u00bb. Se puede decir, pues, que, sobre todo seg\u00fan este aspecto, es decir como modelo o, m\u00e1s bien como \u00ab&#160;figura&#160;\u00bb, Mar\u00eda, presente en el misterio de Cristo, est\u00e1 tambi\u00e9n constantemente presente en el misterio de la Iglesia. En efecto, tambi\u00e9n la Iglesia \u00ab&#160;es llamada madre y virgen&#160;\u00bb, y estos nombres tienen una profunda justificaci\u00f3n b\u00edblica y teol\u00f3gica.121\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">43. La Iglesia \u00ab&#160;se hace tambi\u00e9n madre mediante la palabra de Dios aceptada con fidelidad&#160;\u00bb.122 Igual que Mar\u00eda crey\u00f3 la primera, acogiendo la palabra de Dios que le fue revelada en la anunciaci\u00f3n, y permaneciendo fiel a ella en todas sus pruebas hasta la Cruz, as\u00ed la Iglesia llega a ser Madre cuando, acogiendo con fidelidad la palabra de Dios, \u00ab&#160;por la predicaci\u00f3n y el bautismo engendra para la vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Esp\u00edritu Santo y nacidos de Dios&#160;\u00bb.123 Esta caracter\u00edstica \u00ab&#160;materna&#160;\u00bb de la Iglesia ha sido expresada de modo particularmente vigoroso por el Ap\u00f3stol de las gentes, cuando escrib\u00eda: \u00ab&#160;\u00a1Hijos m\u00edos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros!&#160;\u00bb (G\u00e1l 4, 19). En estas palabras de san Pablo est\u00e1 contenido un indicio interesante de la conciencia materna de la Iglesia primitiva, unida al servicio apost\u00f3lico entre los hombres. Esta conciencia permit\u00eda y permite constantemente a la Iglesia ver el misterio de su vida y de su misi\u00f3n a ejemplo de la misma Madre del Hijo, que es el \u00ab&#160;primog\u00e9nito entre muchos hermanos&#160;\u00bb (Rom 8, 29).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se puede afirmar que la Iglesia aprende tambi\u00e9n de Mar\u00eda la propia maternidad; reconoce la dimensi\u00f3n materna de su vocaci\u00f3n, unida esencialmente a su naturaleza sacramental, \u00ab&#160;contemplando su arcana santidad e imitando su caridad, y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre&#160;\u00bb.124 Si la Iglesia es signo e instrumento de la uni\u00f3n \u00edntima con Dios, lo es por su maternidad, porque, vivificada por el Esp\u00edritu, \u00ab&#160;engendra&#160;\u00bb hijos e hijas de la familia humana a una vida nueva en Cristo. Porque, al igual que Mar\u00eda est\u00e1 al servicio del misterio de la encarnaci\u00f3n, as\u00ed la Iglesia permanece al servicio del misterio de la adopci\u00f3n como hijos por medio de la gracia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al mismo tiempo, a ejemplo de Mar\u00eda, la Iglesia es la virgen fiel al propio esposo: \u00ab&#160;tambi\u00e9n ella es virgen que custodia pura e \u00edntegramente la fe prometida al Esposo&#160;\u00bb.125 La Iglesia es, pues, la esposa de Cristo, como resulta de las cartas paulinas (cf. Ef 5, 21-33; 2 Co 11, 2) y de la expresi\u00f3n jo\u00e1nica \u00ab&#160;la esposa del Cordero&#160;\u00bb (Ap 21, 9). Si la Iglesia como esposa custodia \u00ab&#160;la fe prometida a Cristo&#160;\u00bb, esta fidelidad, a pesar de que en la ense\u00f1anza del Ap\u00f3stol se haya convertido en imagen del matrimonio (cf. Ef 5, 23-33), posee tambi\u00e9n el valor tipo de la total donaci\u00f3n a Dios en el celibato \u00ab&#160;por el Reino de los cielos&#160;\u00bb, es decir de la virginidad consagrada a Dios (cf. Mt 19, 11-12; 2 Cor 11, 2). Precisamente esta virginidad, siguiendo el ejemplo de la Virgen de Nazaret, es fuente de una especial fecundidad espiritual: es fuente de la maternidad en el Esp\u00edritu Santo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero la Iglesia custodia tambi\u00e9n la fe recibida de Cristo; a ejemplo de Mar\u00eda, que guardaba y meditaba en su coraz\u00f3n (cf. Lc 2, 19. 51) todo lo relacionado con su Hijo divino, est\u00e1 dedicada a custodiar la Palabra de Dios, a indagar sus riquezas con discernimiento y prudencia con el fin de dar en cada \u00e9poca un testimonio fiel a todos los hombres.126\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">44. Ante esta ejemplaridad, la Iglesia se encuentra con Mar\u00eda e intenta asemejarse a ella: \u00ab&#160;Imitando a la Madre de su Se\u00f1or, por la virtud del Esp\u00edritu Santo conserva virginalmente la fe \u00edntegra, la s\u00f3lida esperanza, la sincera caridad&#160;\u00bb.127 Por consiguiente, Mar\u00eda est\u00e1 presente en el misterio de la Iglesia como modelo. Pero el misterio de la Iglesia consiste tambi\u00e9n en el hecho de engendrar a los hombres a una vida nueva e inmortal: es su maternidad en el Esp\u00edritu Santo. Y aqu\u00ed Mar\u00eda no s\u00f3lo es modelo y figura de la Iglesia, sino mucho m\u00e1s. Pues, \u00ab&#160;con materno amor coopera a la generaci\u00f3n y educaci\u00f3n&#160;\u00bb de los hijos e hijas de la madre Iglesia. La maternidad de la Iglesia se lleva a cabo no s\u00f3lo seg\u00fan el modelo y la figura de la Madre de Dios, sino tambi\u00e9n con su \u00ab&#160;cooperaci\u00f3n&#160;\u00bb. La Iglesia recibe copiosamente de esta cooperaci\u00f3n, es decir de la mediaci\u00f3n materna, que es caracter\u00edstica de Mar\u00eda, ya que en la tierra ella cooper\u00f3 a la generaci\u00f3n y educaci\u00f3n de los hijos e hijas de la Iglesia, como Madre de aquel Hijo \u00ab&#160;a quien Dios constituy\u00f3 como hermanos&#160;\u00bb.128\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En ello cooper\u00f3 \u2014como ense\u00f1a el Concilio Vaticano II\u2014 con materno amor.129 Se descubre aqu\u00ed el valor real de las palabras dichas por Jes\u00fas a su madre cuando estaba en la Cruz: \u00ab&#160;Mujer, ah\u00ed tienes a tu hijo&#160;\u00bb y al disc\u00edpulo: \u00ab&#160;Ah\u00ed tienes a tu madre&#160;\u00bb (Jn 19, 26-27). Son palabras que determinan el lugar de Mar\u00eda en la vida de los disc\u00edpulos de Cristo y expresan \u2014como he dicho ya\u2014 su nueva maternidad como Madre del Redentor: la maternidad espiritual, nacida de lo profundo del misterio pascual del Redentor del mundo. Es una maternidad en el orden de la gracia, porque implora el don del Esp\u00edritu Santo que suscita los nuevos hijos de Dios, redimidos mediante el sacrificio de Cristo: aquel Esp\u00edritu que, junto con la Iglesia, Mar\u00eda ha recibido tambi\u00e9n el d\u00eda de Pentecost\u00e9s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta maternidad suya ha sido comprendida y vivida particularmente por el pueblo cristiano en el sagrado Banquete \u2014celebraci\u00f3n lit\u00fargica del misterio de la Redenci\u00f3n\u2014, en el cual Cristo, su verdadero cuerpo nacido de Mar\u00eda Virgen, se hace presente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Con raz\u00f3n la piedad del pueblo cristiano ha visto siempre un profundo v\u00ednculo entre la devoci\u00f3n a la Sant\u00edsima Virgen y el culto a la Eucarist\u00eda; es un hecho de relieve en la liturgia tanto occidental como oriental, en la tradici\u00f3n de las Familias religiosas, en la espiritualidad de los movimientos contempor\u00e1neos incluso los juveniles, en la pastoral de los Santuarios marianos Mar\u00eda gu\u00eda a los fieles a la Eucarist\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">45. Es esencial a la maternidad la referencia a la persona. La maternidad determina siempre una relaci\u00f3n \u00fanica e irrepetible entre dos personas: la de la madre con el hijo y la del hijo con la Madre. Aun cuando una misma mujer sea madre de muchos hijos, su relaci\u00f3n personal con cada uno de ellos caracteriza la maternidad en su misma esencia. En efecto, cada hijo es engendrado de un modo \u00fanico e irrepetible, y esto vale tanto para la madre como para el hijo. Cada hijo es rodeado del mismo modo por aquel amor materno, sobre el que se basa su formaci\u00f3n y maduraci\u00f3n en la humanidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se puede afirmar que la maternidad \u00ab&#160;en el orden de la gracia&#160;\u00bb mantiene la analog\u00eda con cuanto a en el orden de la naturaleza&#160;\u00bb caracteriza la uni\u00f3n de la madre con el hijo. En esta luz se hace m\u00e1s comprensible el hecho de que, en el testamento de Cristo en el G\u00f3lgota, la nueva maternidad de su madre haya sido expresada en singular, refiri\u00e9ndose a un hombre: \u00ab&#160;Ah\u00ed tienes a tu hijo&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se puede decir adem\u00e1s que en estas mismas palabras est\u00e1 indicado plenamente el motivo de la dimensi\u00f3n mariana de la vida de los disc\u00edpulos de Cristo; no s\u00f3lo de Juan, que en aquel instante se encontraba a los pies de la Cruz en compa\u00f1\u00eda de la Madre de su Maestro, sino de todo disc\u00edpulo de Cristo, de todo cristiano. El Redentor conf\u00eda su madre al disc\u00edpulo y, al mismo tiempo, se la da como madre. La maternidad de Mar\u00eda, que se convierte en herencia del hombre, es un don: un don que Cristo mismo hace personalmente a cada hombre. El Redentor conf\u00eda Mar\u00eda a Juan, en la medida en que conf\u00eda Juan a Mar\u00eda. A los pies de la Cruz comienza aquella especial entrega del hombre a la Madre de Cristo, que en la historia de la Iglesia se ha ejercido y expresado posteriormente de modos diversos. Cuando el mismo ap\u00f3stol y evangelista, despu\u00e9s de haber recogido las palabras dichas por Jes\u00fas en la Cruz a su Madre y a \u00e9l mismo, a\u00f1ade: \u00ab&#160;Y desde aquella hora el disc\u00edpulo la acogi\u00f3 en su casa&#160;\u00bb (Jn 19,27). Esta afirmaci\u00f3n quiere decir con certeza que al disc\u00edpulo se atribuye el papel de hijo y que \u00e9l cuid\u00f3 de la Madre del Maestro amado. Y ya que Mar\u00eda fue dada como madre personalmente a \u00e9l, la afirmaci\u00f3n indica, aunque sea indirectamente, lo que expresa la relaci\u00f3n \u00edntima de un hijo con la madre. Y todo esto se encierra en la palabra \u00ab&#160;entrega&#160;\u00bb. La entrega es la respuesta al amor de una persona y, en concreto, al amor de la madre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La dimensi\u00f3n mariana de la vida de un disc\u00edpulo de Cristo se manifiesta de modo especial precisamente mediante esta entrega filial respecto a la Madre de Dios, iniciada con el testamento del Redentor en el G\u00f3lgota. Entreg\u00e1ndose filialmente a Mar\u00eda, el cristiano, como el ap\u00f3stol Juan, \u00ab&#160;acoge entre sus cosas propias&#160;\u00bb 130 a la Madre de Cristo y la introduce en todo el espacio de su vida interior, es decir, en su \u00ab&#160;yo&#160;\u00bb humano y cristiano: \u00ab&#160;La acogi\u00f3 en su casa&#160;\u00bb As\u00ed el cristiano, trata de entrar en el radio de acci\u00f3n de aquella \u00ab&#160;caridad materna&#160;\u00bb, con la que la Madre del Redentor \u00ab&#160;cuida de los hermanos de su Hijo&#160;\u00bb,131 \u00ab&#160;a cuya generaci\u00f3n y educaci\u00f3n coopera&#160;\u00bb 132 seg\u00fan la medida del don, propia de cada uno por la virtud del Esp\u00edritu de Cristo. As\u00ed se manifiesta tambi\u00e9n aquella maternidad seg\u00fan el esp\u00edritu, que ha llegado a ser la funci\u00f3n de Mar\u00eda a los pies de la Cruz y en el cen\u00e1culo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">46. Esta relaci\u00f3n filial, esta entrega de un hijo a la Madre no s\u00f3lo tiene su comienzo en Cristo, sino que se puede decir que definitivamente se orienta hacia \u00e9l. Se puede afirmar que Mar\u00eda sigue repitiendo a todos las mismas palabras que dijo en Can\u00e1 de Galilea: \u00ab&#160;Haced lo que \u00e9l os diga&#160;\u00bb. En efecto es \u00e9l, Cristo, el \u00fanico mediador entre Dios y los hombres; es \u00e9l \u00ab&#160;el Camino, la Verdad y la Vida&#160;\u00bb (Jn 4, 6); es \u00e9l a quien el Padre ha dado al mundo, para que el hombre \u00ab&#160;no perezca, sino que tenga vida eterna&#160;\u00bb (Jn 3, 16). La Virgen de Nazaret se ha convertido en la primera \u00ab&#160;testigo&#160;\u00bb de este amor salv\u00edfico del Padre y desea permanecer tambi\u00e9n su humilde esclava siempre y por todas partes. Para todo cristiano y todo hombre, Mar\u00eda es la primera que \u00ab&#160;ha cre\u00eddo&#160;\u00bb, y precisamente con esta fe suya de esposa y de madre quiere actuar sobre todos los que se entregan a ella como hijos. Y es sabido que cuanto m\u00e1s estos hijos perseveran en esta actitud y avanzan en la misma, tanto m\u00e1s Mar\u00eda les acerca a la \u00ab&#160;inescrutable riqueza de Cristo&#160;\u00bb (Ef 3, 8). E igualmente ellos reconocen cada vez mejor la dignidad del hombre en toda su plenitud, y el sentido definitivo de su vocaci\u00f3n, porque \u00ab&#160;Cristo &#8230; manifiesta plenamente el hombre al propio hombre&#160;\u00bb.133\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta dimensi\u00f3n mariana en la vida cristiana adquiere un acento peculiar respecto a la mujer y a su condici\u00f3n. En efecto, la feminidad tiene una relaci\u00f3n singular con la Madre del Redentor, tema que podr\u00e1 profundizarse en otro lugar. Aqu\u00ed s\u00f3lo deseo poner de relieve que la figura de Mar\u00eda de Nazaret proyecta luz sobre la mujer en cuanto tal por el mismo hecho de que Dios, en el sublime acontecimiento de la encarnaci\u00f3n del Hijo, se ha entregado al ministerio libre y activo de una mujer. Por lo tanto, se puede afirmar que la mujer, al mirar a Mar\u00eda, encuentra en ella el secreto para vivir dignamente su feminidad y para llevar a cabo su verdadera promoci\u00f3n. A la luz de Mar\u00eda, la Iglesia lee en el rostro de la mujer los reflejos de una belleza, que es espejo de los m\u00e1s altos sentimientos, de que es capaz el coraz\u00f3n humano: la oblaci\u00f3n total del amor, la fuerza que sabe resistir a los m\u00e1s grandes dolores, la fidelidad sin l\u00edmites, la laboriosidad infatigable y la capacidad de conjugar la intuici\u00f3n penetrante con la palabra de apoyo y de est\u00edmulo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">47. Durante el Concilio Pablo VI proclam\u00f3 solemnemente que Mar\u00eda es Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores&#160;\u00bb.134 M\u00e1s tarde, el a\u00f1o 1968 en la Profesi\u00f3n de fe, conocida bajo el nombre de \u00ab&#160;Credo del pueblo de Dios&#160;\u00bb, ratific\u00f3 esta afirmaci\u00f3n de forma a\u00fan m\u00e1s comprometida con las palabras \u00ab&#160;Creemos que la Sant\u00edsima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia contin\u00faa en el cielo su misi\u00f3n maternal para con los miembros de Cristo, cooperando al nacimiento y al desarrollo de la vida divina en las almas de los redimidos&#160;\u00bb.135\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El magisterio del Concilio ha subrayado que la verdad sobre la Sant\u00edsima Virgen, Madre de Cristo, constituye un medio eficaz para la profundizaci\u00f3n de la verdad sobre la Iglesia. El mismo Pablo VI, tomando la palabra en relaci\u00f3n con la Constituci\u00f3n Lumen gentium, reci\u00e9n aprobada por el Concilio, dijo: \u00ab&#160;El conocimiento de la verdadera doctrina cat\u00f3lica sobre Mar\u00eda ser\u00e1 siempre la clave para la exacta comprensi\u00f3n del misterio de Cristo y de la Iglesia&#160;\u00bb.136 Mar\u00eda est\u00e1 presente en la Iglesia como Madre de Cristo y, a la vez, como aquella Madre que Cristo, en el misterio de la redenci\u00f3n, ha dado al hombre en la persona del ap\u00f3stol Juan. Por consiguiente, Mar\u00eda acoge, con su nueva maternidad en el Esp\u00edritu, a todos y a cada uno en la Iglesia, acoge tambi\u00e9n a todos y a cada uno por medio de la Iglesia. En este sentido Mar\u00eda, Madre de la Iglesia, es tambi\u00e9n su modelo. En efecto, la Iglesia \u2014como desea y pide Pablo VI\u2014 \u00ab&#160;encuentra en ella (Mar\u00eda) la m\u00e1s aut\u00e9ntica forma de la perfecta imitaci\u00f3n de Cristo&#160;\u00bb.137\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Merced a este v\u00ednculo especial, que une a la Madre de Cristo con la Iglesia, se aclara mejor el misterio de aquella \u00ab&#160;mujer&#160;\u00bb que, desde los primeros cap\u00edtulos del Libro del G\u00e9nesis hasta el Apocalipsis, acompa\u00f1a la revelaci\u00f3n del designio salv\u00edfico de Dios respecto a la humanidad. Pues Mar\u00eda, presente en la Iglesia como Madre del Redentor, participa maternalmente en aquella \u00ab&#160;dura batalla contra el poder de las tinieblas&#160;\u00bb 138 que se desarrolla a lo largo de toda la historia humana. Y por esta identificaci\u00f3n suya eclesial con la \u00ab&#160;mujer vestida de sol&#160;\u00bb (Ap 12, 1),139 se puede afirmar que \u00ab&#160;la Iglesia en la Beat\u00edsima Virgen ya lleg\u00f3 a la perfecci\u00f3n, por la que se presenta sin mancha ni arruga&#160;\u00bb; por esto, los cristianos, alzando con fe los ojos hacia Mar\u00eda a lo largo de su peregrinaci\u00f3n terrena, \u00ab&#160;a\u00fan se esfuerzan en crecer en la santidad&#160;\u00bb.140 Mar\u00eda, la excelsa hija de Si\u00f3n, ayuda a todos los hijos \u2014donde y como quiera que vivan\u2014 a encontrar en Cristo el camino hacia la casa del Padre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por consiguiente, la Iglesia, a lo largo de toda su vida, mantiene con la Madre de Dios un v\u00ednculo que comprende, en el misterio salv\u00edfico, el pasado, el presente y el futuro, y la venera como madre espiritual de la humanidad y abogada de gracia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">3. EL sentido del A\u00f1o Mariano\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">48. Precisamente el v\u00ednculo especial de la humanidad con esta Madre me ha movido a proclamar en la Iglesia, en el per\u00edodo que precede a la conclusi\u00f3n del segundo Milenio del nacimiento de Cristo, un A\u00f1o Mariano. Una iniciativa similar tuvo lugar ya en el pasado, cuando P\u00edo XII proclam\u00f3 el 1954 como A\u00f1o Mariano, con el fin de resaltar la santidad excepcional de la Madre de Cristo, expresada en los misterios de su Inmaculada Concepci\u00f3n (definida exactamente un siglo antes) y de su Asunci\u00f3n a los cielos.141\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ahora, siguiendo la l\u00ednea del Concilio Vaticano II, deseo poner de relieve la especial presencia de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de su Iglesia. Esta es, en efecto, una dimensi\u00f3n fundamental que brota de la mariolog\u00eda del Concilio, de cuya clausura nos separan ya m\u00e1s de veinte a\u00f1os. El S\u00ednodo extraordinario de los Obispos, que se ha realizado el a\u00f1o 1985, ha exhortado a todos a seguir fielmente el magisterio y las indicaciones del Concilio. Se puede decir que en ellos \u2014Concilio y S\u00ednodo\u2014 est\u00e1 contenido lo que el mismo Esp\u00edritu Santo desea \u00ab&#160;decir a la Iglesia&#160;\u00bb en la presente fase de la historia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En este contexto, el A\u00f1o Mariano deber\u00e1 promover tambi\u00e9n una nueva y profunda lectura de cuanto el Concilio ha dicho sobre la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia, a la que se refieren las consideraciones de esta Enc\u00edclica. Se trata aqu\u00ed no s\u00f3lo de la doctrina de fe, sino tambi\u00e9n de la vida de fe y, por tanto, de la aut\u00e9ntica \u00ab&#160;espiritualidad mariana&#160;\u00bb, considerada a la luz de la Tradici\u00f3n y, de modo especial, de la espiritualidad a la que nos exhorta el Concilio.142 Adem\u00e1s, la espiritualidad mariana, a la par de la devoci\u00f3n correspondiente, encuentra una fuente riqu\u00edsima en la experiencia hist\u00f3rica de las personas y de las diversas comunidades cristianas, que viven entre los distintos pueblos y naciones de la tierra. A este prop\u00f3sito, me es grato recordar, entre tantos testigos y maestros de la espiritualidad mariana, la figura de san Luis Mar\u00eda Grignion de Montfort, el cual propon\u00eda a los cristianos la consagraci\u00f3n a Cristo por manos de Mar\u00eda, como medio eficaz para vivir fielmente el compromiso del bautismo.143 Observo complacido c\u00f3mo en nuestros d\u00edas no faltan tampoco nuevas manifestaciones de esta espiritualidad y devoci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">49. Este A\u00f1o comenzar\u00e1 en la solemnidad de Pentecost\u00e9s, el 7 de junio pr\u00f3ximo. Se trata, pues, de recordar no s\u00f3lo que Mar\u00eda \u00ab&#160;ha precedido&#160;\u00bb la entrada de Cristo Se\u00f1or en la historia de la humanidad, sino de subrayar adem\u00e1s, a la luz de Mar\u00eda, que desde el cumplimiento del misterio de la Encarnaci\u00f3n la historia de la humanidad ha entrado en la \u00ab&#160;plenitud de los tiempos&#160;\u00bb y que la Iglesia es el signo de esta plenitud. Como Pueblo de Dios, la Iglesia realiza su peregrinaci\u00f3n hacia la eternidad mediante la fe, en medio de todos los pueblos y naciones, desde el d\u00eda de Pentecost\u00e9s. La Madre de Cristo, que estuvo presente en el comienzo del \u00ab&#160;tiempo de la Iglesia&#160;\u00bb, cuando a la espera del Esp\u00edritu Santo rezaba asiduamente con los ap\u00f3stoles y los disc\u00edpulos de su Hijo, \u00ab&#160;precede&#160;\u00bb constantemente a la Iglesia en este camino suyo a trav\u00e9s de la historia de la humanidad. Mar\u00eda es tambi\u00e9n la que, precisamente como esclava del Se\u00f1or, coopera sin cesar en la obra de la salvaci\u00f3n llevada a cabo por Cristo, su Hijo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">As\u00ed, mediante este A\u00f1o Mariano, la Iglesia es llamada no s\u00f3lo a recordar todo lo que en su pasado testimonia la especial y materna cooperaci\u00f3n de la Madre de Dios en la obra de la salvaci\u00f3n en Cristo Se\u00f1or, sino adem\u00e1s a preparar, por su parte, cara al futuro las v\u00edas de esta cooperaci\u00f3n, ya que el final del segundo Milenio cristiano abre como una nueva perspectiva.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">50. Como ya ha sido recordado, tambi\u00e9n entre los hermanos separados muchos honran y celebran a la Madre del Se\u00f1or, de modo especial los Orientales. Es una luz mariana proyectada sobre el ecumenismo. De modo particular, deseo recordar todav\u00eda que, durante el A\u00f1o Mariano, se celebrar\u00e1 el Milenio del bautismo de San Vladimiro, Gran Pr\u00edncipe de Kiev (a. 988), que dio comienzo al cristianismo en los territorios de la Rus&#8217; de entonces y, a continuaci\u00f3n, en otros territorios de Europa Oriental; y que por este camino, mediante la obra de evangelizaci\u00f3n, el cristianismo se extendi\u00f3 tambi\u00e9n m\u00e1s all\u00e1 de Europa, hasta los territorios septentrionales del continente asi\u00e1tico. Por lo tanto, queremos, especialmente a lo largo de este A\u00f1o, unirnos en plegaria con cuantos celebran el Milenio de este bautismo, ortodoxos y cat\u00f3licos, renovando y confirmando con el Concilio aquellos sentimientos de gozo y de consolaci\u00f3n porque \u00ab&#160;los orientales &#8230; corren parejos con nosotros por su impulso fervoroso y \u00e1nimo en el culto de la Virgen Madre de Dios&#160;\u00bb.144 Aunque experimentamos todav\u00eda los dolorosos efectos de la separaci\u00f3n, acaecida algunas d\u00e9cadas m\u00e1s tarde (a. 1054), podemos decir que ante la Madre de Cristo nos sentimos verdaderos hermanos y hermanas en el \u00e1mbito de aquel pueblo mesi\u00e1nico, llamado a ser una \u00fanica familia de Dios en la tierra, como anunciaba ya al comienzo del A\u00f1o Nuevo: \u00ab&#160;Deseamos confirmar esta herencia universal de todos los hijos y las hijas de la tierra&#160;\u00bb.145\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al anunciar el a\u00f1o de Mar\u00eda, precisaba adem\u00e1s que su clausura se realizar\u00e1 el a\u00f1o pr\u00f3ximo en la solemnidad de la Asunci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen a los cielos, para resaltar as\u00ed \u00ab&#160;la se\u00f1al grandiosa en el cielo&#160;\u00bb, de la que habla el Apocalipsis. De este modo queremos cumplir tambi\u00e9n la exhortaci\u00f3n del Concilio, que mira a Mar\u00eda como a un \u00ab&#160;signo de esperanza segura y de consuelo para el pueblo de Dios peregrinante&#160;\u00bb. Esta exhortaci\u00f3n la expresa el Concilio con las siguientes palabras: \u00ab&#160;Ofrezcan los fieles s\u00faplicas insistentes a la Madre de Dios y Madre de los hombres, para que ella, que estuvo presente en las primeras oraciones de la Iglesia, ahora tambi\u00e9n, ensalzada en el cielo sobre todos los bienaventurados y los \u00e1ngeles, en la comuni\u00f3n de todos los santos, interceda ante su Hijo, para que las familias de todos los pueblos, tanto los que se honran con el nombre cristiano como los que a\u00fan ignoran al Salvador, sean felizmente congregados con paz y concordia en un solo Pueblo de Dios, para gloria de la Sant\u00edsima e individua Trinidad&#160;\u00bb.146\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">CONCLUSI\u00d3N\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">51. Al final de la cotidiana liturgia de las Horas se eleva, entre otras, esta invocaci\u00f3n de la Iglesia a Mar\u00eda: \u00ab&#160;Salve, Madre soberana del Redentor, puerta del cielo siempre abierta, estrella del mar; socorre al pueblo que sucumbe y lucha por levantarse, t\u00fa que para asombro de la naturaleza has dado el ser humano a tu Creador&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00ab&#160;Para asombro de la naturaleza&#160;\u00bb. Estas palabras de la ant\u00edfona expresan aquel asombro de la fe, que acompa\u00f1a el misterio de la maternidad divina de Mar\u00eda. Lo acompa\u00f1a, en cierto sentido, en el coraz\u00f3n de todo lo creado y, directamente, en el coraz\u00f3n de todo el Pueblo de Dios, en el coraz\u00f3n de la Iglesia. Cu\u00e1n admirablemente lejos ha ido Dios, creador y se\u00f1or de todas las cosas, en la \u00ab&#160;revelaci\u00f3n de s\u00ed mismo&#160;\u00bb al hombre.147 Cu\u00e1n claramente ha superado todos los espacios de la infinita \u00ab&#160;distancia&#160;\u00bb que separa al creador de la criatura. Si en s\u00ed mismo permanece inefable e inescrutable, m\u00e1s a\u00fan es inefable e inescrutable en la realidad de la Encarnaci\u00f3n del Verbo, que se hizo hombre por medio de la Virgen de Nazaret.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Si El ha querido llamar eternamente al hombre a participar de la naturaleza divina (cf. 2 P 1, 4), se puede afirmar que ha predispuesto la \u00ab&#160;divinizaci\u00f3n&#160;\u00bb del hombre seg\u00fan su condici\u00f3n hist\u00f3rica, de suerte que, despu\u00e9s del pecado, est\u00e1 dispuesto a restablecer con gran precio el designio eterno de su amor mediante la \u00ab&#160;humanizaci\u00f3n&#160;\u00bb del Hijo, consubstancial a El. Todo lo creado y, m\u00e1s directamente, el hombre no puede menos de quedar asombrado ante este don, del que ha llegado a ser part\u00edcipe en el Esp\u00edritu Santo: \u00ab&#160;Porque tanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00fanico&#160;\u00bb (Jn 3, 16).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En el centro de este misterio, en lo m\u00e1s vivo de este asombro de la fe, se halla Mar\u00eda, Madre soberana del Redentor, que ha sido la primera en experimentar: \u00ab&#160;t\u00fa que para asombro de la naturaleza has dado el ser humano a tu Creador&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">52. En la palabras de esta ant\u00edfona lit\u00fargica se expresa tambi\u00e9n la verdad del \u00ab&#160;gran cambio&#160;\u00bb, que se ha verificado en el hombre mediante el misterio de la Encarnaci\u00f3n. Es un cambio que pertenece a toda su historia, desde aquel comienzo que se ha revelado en los primeros cap\u00edtulos del G\u00e9nesis hasta el t\u00e9rmino \u00faltimo, en la perspectiva del fin del mundo, del que Jes\u00fas no nos ha revelado \u00ab&#160;ni el d\u00eda ni la hora&#160;\u00bb (Mt 25, 13). Es un cambio incesante y continuo entre el caer y el levantarse, entre el hombre del pecado y el hombre de la gracia y de la justicia. La liturgia, especialmente en Adviento, se coloca en el centro neur\u00e1lgico de este cambio, y toca su incesante \u00ab&#160;hoy y ahora&#160;\u00bb, mientras exclama: \u00ab&#160;Socorre al pueblo que sucumbe y lucha por levantarse&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Estas palabras se refieren a todo hombre, a las comunidades, a las naciones y a los pueblos, a las generaciones y a las \u00e9pocas de la historia humana, a nuestros d\u00edas, a estos a\u00f1os del Milenio que est\u00e1 por concluir: \u00ab&#160;Socorre, si, socorre al pueblo que sucumbe&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esta es la invocaci\u00f3n dirigida a Mar\u00eda, \u00ab&#160;santa Madre del Redentor&#160;\u00bb, es la invocaci\u00f3n dirigida a Cristo, que por medio de Mar\u00eda ha entrado en la historia de la humanidad. A\u00f1o tras a\u00f1o, la ant\u00edfona se eleva a Mar\u00eda, evocando el momento en el que se ha realizado este esencial cambio hist\u00f3rico, que perdura irreversiblemente: el cambio entre el \u00ab&#160;caer&#160;\u00bb y el \u00ab&#160;levantarse&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La humanidad ha hecho admirables descubrimientos y ha alcanzado resultados prodigiosos en el campo de la ciencia y de la t\u00e9cnica, ha llevado a cabo grandes obras en la v\u00eda del progreso y de la civilizaci\u00f3n, y en \u00e9pocas recientes se dir\u00eda que ha conseguido acelerar el curso de la historia. Pero el cambio fundamental, cambio que se puede definir \u00ab&#160;original&#160;\u00bb, acompa\u00f1a siempre el camino del hombre y, a trav\u00e9s de los diversos acontecimientos hist\u00f3ricos, acompa\u00f1a a todos y a cada uno. Es el cambio entre el \u00ab&#160;caer&#160;\u00bb y el \u00ab&#160;levantarse&#160;\u00bb, entre la muerte y la vida. Es tambi\u00e9n un constante desaf\u00edo a las conciencias humanas, un desaf\u00edo a toda la conciencia hist\u00f3rica del hombre: el desaf\u00edo a seguir la v\u00eda del \u00ab&#160;no caer&#160;\u00bb en los modos siempre antiguos y siempre nuevos, y del \u00ab&#160;levantarse&#160;\u00bb, si ha ca\u00eddo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Mientras con toda la humanidad se acerca al conf\u00edn de los dos Milenios, la Iglesia, por su parte, con toda la comunidad de los creyentes y en uni\u00f3n con todo hombre de buena voluntad, recoge el gran desaf\u00edo contenido en las palabras de la ant\u00edfona sobre el \u00ab&#160;pueblo que sucumbe y lucha por levantarse&#160;\u00bb y se dirige conjuntamente al Redentor y a su Madre con la invocaci\u00f3n \u00ab&#160;Socorre&#160;\u00bb. En efecto, la Iglesia ve \u2014y lo confirma esta plegaria\u2014 a la Bienaventurada Madre de Dios en el misterio salv\u00edfico de Cristo y en su propio misterio; la ve profundamente arraigada en la historia de la humanidad, en la eterna vocaci\u00f3n del hombre seg\u00fan el designio providencial que Dios ha predispuesto eternamente para \u00e9l; la ve maternalmente presente y part\u00edcipe en los m\u00faltiples y complejos problemas que acompa\u00f1an hoy la vida de los individuos, de las familias y de las naciones; la ve socorriendo al pueblo cristiano en la lucha incesante entre el bien y el mal, para que \u00ab&#160;no caiga&#160;\u00bb o, si cae, \u00ab&#160;se levante&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Deseo fervientemente que las reflexiones contenidas en esta Enc\u00edclica ayuden tambi\u00e9n a la renovaci\u00f3n de esta visi\u00f3n en el coraz\u00f3n de todos los creyentes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Como Obispo de Roma, env\u00edo a todos, a los que est\u00e1n destinadas las presentes consideraciones, el beso de la paz, el saludo y la bendici\u00f3n en nuestro Se\u00f1or Jesucristo. As\u00ed sea.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">Dado en Roma, junto a san Pedro, el 25 de marzo, solemnidad de la Anunciaci\u00f3n del Se\u00f1or del a\u00f1o 1987, noveno de mi Pontificado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">1 Cf. Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 52 y todo el cap. VIII, titulado \u00ab&#160;La bienaventurada Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n2 La expresi\u00f3n \u00ab&#160;plenitud de los tiempos&#160;\u00bb (pl\u00e9roma tou jr\u00f3nou) es paralela a locuciones afines del juda\u00edsmo tanto b\u00edblico (cf. Gn 29, 2l, 1 S 7, 12; Tb l4, 5) como extrab\u00edblico, y sobre todo del N.T. (cf. Mc 1, l5; Lc 21, 24; Jn 7, 8; Ef l, 10). Desde el punto de vista formal, esta expresi\u00f3n indica no s\u00f3lo la conclusi\u00f3n de un proceso cronol\u00f3gico, sino sobre todo la madurez o el cumplimiento de un per\u00edodo particularmente importante, porque est\u00e1 orientado hacia la actuaci\u00f3n de una espera, que adquiere, por tanto, una dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica. Seg\u00fan Ga 4, 4 y su contexto, es el acontecimiento del Hijo de Dios quien revela que el tiempo ha colmado, por asi decir, la medida; o sea, el per\u00edodo indicado por la promesa hecha a Abraham, as\u00ed como por la ley interpuesta por Mois\u00e9s, ha alcanzado su culmen, en el sentido de que Cristo cumple la promesa divina y supera la antigua ley.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n3 Cf. Misal Romano, Prefacio del 8 de diciembre, en la Inmaculada Concepi\u00f3n de Santa Mar\u00eda Virgen; S. Ambrosio, De Institutione Virginis, V, 93-94; PL 16, 342; Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 68.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n4 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 58.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n5 Pablo VI, Carta Enc. Christi Matri (15 de septiembre de 1966): AAS 58 (1966) 745\u2013749; Exhort. Apost. Signum magnum (13 de mayo de 1967): AAS 59 (1967) 465-475; Exhort. Apost. Marialis cultus (2 de febrero de 1974): AAS 66 (1974) 113-168.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n6 El Antiguo Testamento ha anunciado de muchas maneras el misterio de Mar\u00eda: cf. S. Juan Damasceno, Hom. in Dormitionem I, 8-9: S. Ch. 80, 103-107.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n7 Cf. Ense\u00f1anzas, VI\/2 (1983), 225 s., P\u00edo IX, Carta Apost. Ineffabilis Deus (8 de diciembre de 1854): Pii IX P. M. Acta , pars I, 597-599.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n8 Cf. Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 22.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n9 Conc. Ecum. Ephes.: Conciliorum Oecumenicorum Decreto, Bologna 1973 (3), 41-44; 59-61 (DS 250-264), cf. Conc. Ecum. Calcedon.: o.c., 84-87 (DS 300-303).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n10 Conc. Ecum. Vat II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 22.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n11 Const dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 52.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n12 Cf. ibid., 58.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n13 Ibid., 63; cf. S. Ambrosio, Expos. Evang. sec. Luc., II, 7:CSEL, 32\/4, 45; De Institutione Virginis, XIV, 88-89: PL 16, 341.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n14 Cf. Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 64.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n15 Ibid., 65.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n16 \u00ab&#160;Elimina este astro del sol que ilumina el mundo y \u00bfd\u00f3nde va el d\u00eda? Elimina a Mar\u00eda, esta estrella del mar, s\u00ed, del mar grande e inmenso \u00bfqu\u00e9 permanece sino una vasta niebla y la sombra de muerte y densas nieblas?: S. Bernardo, In Nativitate B. Mariae Sermo-De aquaeductu, 6: S. Bernardi Opera, V, 1968, 279; cf. In laudibus Virginis Matris Homilia II, 17: Ed. cit., IV, 1966, 34 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n17 Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 63.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n18 Ibid., 63.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n19 Sobre la predestinaci\u00f3n de Maria, cf. S. Juan Damasceno, Hom. in Nativitatem, 7; 10: S. Ch. 80, 65; 73; Hom. in Dormitionem I, 3: S. Ch. 80, 85: \u00ab&#160;Es ella, en efecto, que, elegida desde las generaciones antiguas, en virtud de la predestinaci\u00f3n y de la benevolencia del Dios y Padre que te ha engendrado a ti (oh Verbo de Dios) fuera del tiempo sin salir de s\u00ed mismo y sin alteraci\u00f3n alguna, es ella que te ha dado a luz, alimentado con su carne, en los \u00faltimos tiempos &#8230;&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n20 Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 55.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n21 Sobre esta expresi\u00f3n hay en la tradici\u00f3n patr\u00edstica una interpretaci\u00f3n amplia y variada: cf. Or\u00edgenes, In Lucam homiliae, VI, 7: S. Ch. 87, 148; Severiano De Gabala, In mundi creationem, Oratio VI, 10: PG 56, 497 s.; S. Juan Cris\u00f3stomo (pseudo), In Annuntiationem Deiparae et contra Arium impium, PG 62, 765 s.; Basilio De Seleucia, Oratio 39, In Sanctissima\u00e9 Deiparae Annuntiationem, 5: PG 85, 441-446; Antipatro De Ostra, Hom. II, In Sanctissimae Deiparae Annuntiationem, 3-11: PG, 1777-1783; S. Sofronio de Jerusal\u00e9n, Oratio II, In Sanctissimae Deiparae Annnuntiationem, 17-19: PG 87\/3, 3235-3240; S. Juan Damasceno, Hom. in Dormitionem, I, 7: S. Ch. 80, 96-101; S. Jer\u00f3nimo, Epistola 65, 9: PL 22, 628; S. Ambrosio, Expos. Evang. sec. Lucam, II, 9: CSEL 34\/4, 45 s.; S. Agust\u00edn, Sermo 291, 4-6: PL 38, 1318 s.; Enchiridion, 36, 11: PL 40, 250; S. Pedro Cris\u00f3logo, Sermo 142: PL 52, 579 s.; Sermo 143: PL 52, 583; S. Fulgencio De Ruspe, Epistola 17, VI, 12: PL 65, 458; S. Bernardo, In laudibus Virginis Matris, Homil\u00eda III , 2-3: S. Bernardi Opera, IV, 1966, 36-38.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n22 Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 55.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n23 ibid., 53.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n24 Cf. P\u00edo IX, Carta Apost. Ineffabilis Deus (8 de diciembre de 1856): Pii IX P. M. Acta, pars I, 616; Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Igles\u00eda Lumen gentium, 53.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n25 Cf. S. Germ\u00e1n. Cost., In Anntiationem SS. Deiparae Hom.: PG 98, 327 s.; S. Andr\u00e9s Cret., Canon in B. Mariae Natalem, 4: PG 97, 1321 s.; In Nativitatem B. Mariae, I: PG 97, 811 s.; Hom. in Dormitionem S. Mariae 1: PG 97, 1067 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n26 Liturgia de las Horas, del 15 de Agosto, en la Asunci\u00f3n de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda, Himno de las I y II V\u00edsperas; S. Pedro Dami\u00e1n, Carmina et preces, XLVII: PL 145, 934.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n27 Divina Comedia, Para\u00edso XXXIII, 1; cf. Liturgia de las Horas, Memoria de Santa Mar\u00eda en s\u00e1bado, Himno II en el Officio de Lectura.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n28 Cf. S. Agust\u00edn, De Sancta Virginitate, III, 3: PL 40, 398; Sermo 25, 7: PL 16, 937 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n29 Const. dogm. sobre la divina revelaci\u00f3n Dei Verbum, 5.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n30 Este es un tema cl\u00e1sico, ya expuesto por S. Ireneo: \u00ab&#160;Y como por obra de la virgen desobediente el hombre fue herido y, precipitado, muri\u00f3, as\u00ed tambi\u00e9n por obra de la Virgen obediente a la palabra de Dios, el hombre regenerado recibi\u00f3, por medio de la vida, la vida &#8230; Ya que era conveniente y justo &#8230; que Eva fuera \u00ab&#160;recapitulada&#160;\u00bb en Mar\u00eda, con el fin de que la Virgen, convertida en abogada de la virgen, disolviera y destruyera la desobediencia virginal por obra de la obediencia virginal&#160;\u00bb; Expositio doctrinae apostolicae, 33: S. Ch. 62, 83-86; cf. tambi\u00e9n Adversus Haereses, V, 19, 1: S. Ch. 153, 248-250.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n31 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la divina revelaci\u00f3n Dei Verbum, 5.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n32 Ibid., 5; cf. Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium , 56.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n33 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 56.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n34 Ibid., 56.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n35 Cf. ibid., 53; S. Agust\u00edn, De Sancta Virginitate, III, 3: PL 40, 398; Sermo 215, 4: PL 38, 1074; Sermo 196, I: PL 38, 1019; De peccatorum meritis et remissione, I, 29, 57: PL 44, 142; Sermo 25, 7: PL 46, 937 s.; S. Le\u00f3n Magno, Tractatus 21; De natale Domini, I: CCL 138, 86.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n36 Cf. Subida del Monte Carmelo, L. II, cap. 3, 4-6.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n37 Cf. Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 58.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n38 Ibid., 58.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n39 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la divina revelaci\u00f3n Dei Verbum, 5.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n40 Sobre la participaci\u00f3n o \u00ab&#160;compasi\u00f3n&#160;\u00bb de Mar\u00eda en la muerte de Cristo, cf. S. Bernardo, In Dominica infra octavam Assumptionis Sermo, 14: S. Bernardi Opera, V, 1968, 273.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n41 S. Ireneo, Adversus Haereses, III, 22, 4: S. Ch. 211, 438-444; cf. Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 56, nota 6.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n42 Cf. Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 56 y los Padres citados en las notas 8 y 9.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n43 \u00ab&#160;Cristo es verdad, Cristo es carne, Cristo verdad en la mente de Mar\u00eda, Cristo carne en el seno de Mar\u00eda&#160;\u00bb: S. Agust\u00edn, Sermo 25 (Sermones inediti), 7: PL 46, 938.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n44 Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 60.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n45 Ibid., 61.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n46 Ibid., 62.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n47 Es conocido lo que escribe Or\u00edgenes sobre la presencia de Mar\u00eda y de Juan en el Calvario: \u00ab&#160;Los Evangelios son las primicias de toda la Escritura, y el Evangelio de Juan es el primero de los Evangelios; ninguno puede percibir el significado si antes no ha posado la cabeza sobre el pecho de Jes\u00fas y no ha recibido de Jes\u00fas a Mar\u00eda como Madre&#160;\u00bb: Comm. in Ioan., 1, 6: PG 14, 31; cf. S. Ambrosio, Expos. Evang. sec. Luc., X, 129-131: CSEL, 32\/4, 504 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n48 Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 54 y 53; este \u00faltimo texto conciliar cita a S. Agust\u00edn, De Sancta Virgintitate, VI, 6: PL 40, 399.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n49 Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 55.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n50 Cf. S. Le\u00f3n Magno, Tractatus 26, de natale Domini, 2: CCL 138, 126.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n51 Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 59.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n52 S. Agust\u00edn, De Civitate Dei, XVIII, 51: CCL 48, 650.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n53 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 8.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n54 Ibid., 9.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n55 Ibid., 9.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n56 Ibid., 8.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n57 Ibid., 9.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n58 Ibid., 65.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n59 Ibid., 59.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n60 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la divina revelacion Dei Verbum,5.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n61 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 63.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n62 Cf. ibid., 9.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n63 Cf. ibid., 65.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n64 Ibid., 65.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n65 Ibid., 65.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n66 Cf. ibid., 13.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n67 Cf. ibid., 13.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n68 Cf. ibid., 13.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n69 Cfr. Misal Romano, f\u00f3rmula de la consagraci\u00f3n del c\u00e1liz en las Plegarias Eucar\u00edsticas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n70 Conc. Ecum. Vat. II. Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 1.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n71 Ibid., 13.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n72 Ibid., 15.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n73 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. sobre el ecumenismo Unitatis redintegratio, 1.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n74 Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 68, 69. Sobre la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, promotora de la unidad de los cristianos y sobre el culto de Mar\u00eda en Oriente, cf. Le\u00f3n XIII, Carta Enc. Adiutricem populi (5 de septiembre de 1895): Acta Leonis, XV, 300-312.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n75 Cf. Conc Ecum. Vat. II, Decr. sobre el ecumenismo Unitatis redintegratio, 20.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n76 Ibid., 19.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n77 Ibid., 14.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n78 Ibid., 15.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n79 Conc. Ecum. Vat II, Const. dogm., sobre la Iglesia Lumen gentium, 66.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n80 Conc. Ecum. Calced., Definitio fidei: Conciliorum Oecumenicorum Decreta, Bologna 1973 (3), 86 (DS 301)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n81 Cf. el Wedd\u00e2s\u00ea M\u00e2ry\u00e2m (Alabanzas de Mar\u00eda), que est\u00e1 a continuaci\u00f3n del Salterio et\u00edope y contiene himnos y plegarias a Mar\u00eda para cada d\u00eda de la semana. Cf. tambi\u00e9n el Matshafa Kid\u00e2na Mehrat (Libro del Pacto de Misericordia); es de destacar la importancia reservada a Mar\u00eda en los Himnos as\u00ed como en la liturgia et\u00edope.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n82 Cf. S. Efr\u00e9n, Hymn. de Nativitate: Scriptores Syri, 82: CSCO, 186.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n83 Cf.. S. Gregorio De Narek, Le livre des pri\u00e8res: S. Ch. 78, 160-163; 428-432.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n84 Conc. Ecum. Niceno II: Conciliorum Oecumenicorum Decreta, Bologna 1973 (3), 135-138 (DS 600-609).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n85 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 59.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n86 Cf Conc. Ecum. Vat. II, Decr. sobre el ecumenismo Unitatis redintegratio, 19.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n87 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 8.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n88 Ibid., 9.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n89 Como es sabido, las palabras del Magn\u00edficat contienen o evocan numerosos pasajes del Antiguo Testamento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n90 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la divina revelaci\u00f3n Dei Verbum, 2.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n91 Cf. por ejemplo S. Justino, Dialogus cum Tryphone Iudaeo, 100: Otto II, 358; S. Ireneo, Adversus Haereses III, 22, 4: S. Ch. 211, 439-449; Tertuliano, De carne Christi, 17, 4-6: CCL 2, 904 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n92 Cf. S. Epifanio, Panarion, III, 2;Haer. 78, 18: PG 42, 727-730\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n93 Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, Instrucci\u00f3n sobre Libertad cristiana y liberaci\u00f3n (22 de marzo de 1986), 97.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n94 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 60.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n95 Ibid., 60.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n96 Cf. Ia f\u00f3mula de mediadora \u00ab&#160;ad Mediatorem&#160;\u00bb de S. Bernardo, In Dominica infra oct. Assumptionis Sermo, 2: S. Bernardi Opera, V, 1968, 263. Mar\u00eda como puro espejo remite al Hijo toda gloria y honor que recibe: Id., In Nativitate B. Mariae Sermo-De aquaeductu, 12: ed. cit. , 283.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n97 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 62.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n98 Ibid., 62.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n99 Ibid., 61.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n100 Ibid., 62.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n101 Ibid., 61\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n102 Ibid., 61\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n103 Ibid., 62.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n104 Ibid., 62.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n105 Ibid., 62; tambi\u00e9n en su oraci\u00f3n la Iglesia reconoce y celebra la \u00ab&#160;funci\u00f3n materna&#160;\u00bb de Mar\u00eda, funci\u00f3n \u00ab&#160;de intercesi\u00f3n y perd\u00f3n, de impetraci\u00f3n y gracia, de reconciliaci\u00f3n y paz&#160;\u00bb (cf. prefacio de la Misa de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda, Madre y Mediadora de gracia, en Collectio Missarum de Beata Maria Virgine, ed. typ. 1987, I, 120.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n106 Ibid., 62.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n107 Ibid., 62; S. Juan Damasceno, Hom. in Dormitionem, I, 11; II, 2, 14: S. Ch. 80, 111 s.; 127-131; 157-161; 181-185; S. Bernardo, In Assumptione Beatae Mariae Sermo, 1-2: S Bernardi Opera, V, 1968, 228-238.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n108 Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 59; cf. P\u00edo XII, Const. Apost. Munificentissimus Deus (1 de noviembre de 1950): AAS 42 (1950) 769-771; S. Bernardo presenta a Mar\u00eda inmersa en el esplendor de la gloria del Hijo: In Dominica infra oct. Assumptionis Sermo, 3: S. Bernardi Opera, V, 1968, 263 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n109 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 53.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n110 Sobre este aspecto particular de la mediaci\u00f3n de Mar\u00eda como impetradora de clemencia ante el Hijo Juez, cf. S. Bernardo, In Dominica infra oct. Assumptionis Sermo, 1-2: S. Bernardi Opera, V, 1968, 262 s.; Le\u00f3n XIII, Cart. Enc. Octobri mense (22 de septiembre de 1891): Acta Leonis, XI, 299-315.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n111 Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 55.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n112 Ibid., 59.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n113 Ibid., 36.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n114 Ibid., 36.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n115 A prop\u00f3sito de Mar\u00eda Reina, cf. S. Juan Damasceno, Hom. in Nativitatem, 6, 12; Hom. in Dormitionem, I, 2, 12, 14; II, 11; III, 4: S. Ch. 80, 59 s.; 77 s.; 83 s.; 113 s.; 117; 151 s.; 189-193.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n116 Conc. Ecum. Vat. II, Const. sobre la Iglesia Lumen gentium, 62\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n117 Ibid., 63.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n118 Ibid., 63.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n119 Ibid., 66.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n120 Cf. S. Ambrosio, De Institutione Virginis, XIV, 88-89: PL 16, 341; S. Agust\u00edn, Sermo 215, 4: PL 38, 1074; De Sancta Virginitate, II, 2; V, 5; VI, 6: PL 40, 397; 398 s.; 399; Sermo 191, II, 3: PL 38, 1010 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n121 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen Gentium, 63.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n122 Ibid., 64.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n123 Ibid., 64.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n124 Ibid., 64.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n125 Ibid., 64.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n126 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la divina revelaci\u00f3n Dei Verbum, 8; S. Buenaventura, Comment. in Evang. Lucae, Ad Claras Aquas, VII, 53, n. 40; 68, n. 109.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n127 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 64.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n128 Ibid., 63.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n129 Ibid., 63.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n130 Como es bien sabido, en el texto griego la expresi\u00f3n \u00abeis ta \u00eddia\u00bb supera el l\u00edmite de una acogida de Mar\u00eda por parte del disc\u00edpulo, en el sentido del mero alojamiento material y de la hospitalidad en su casa; quiere indicar m\u00e1s bien una comuni\u00f3n de vida que se establece entre los dos en base a las palabras de Cristo agonizante. Cf. S. Agust\u00edn, In Ioan. Evang. tract. 119, 3: CCL 36, 659: \u00ab&#160;La tom\u00f3 consigo, no en sus heredades, porque no pose\u00eda nada propio, sino entre sus obligaciones que atend\u00eda con premura&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n131 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 62.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n132 Ibid., 63.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n133 Conc. Ecum. Vat II, Const past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, 22.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n134 Cf. Pablo VI, Discurso del 21 de noviembre de 1964: AAS 56 (1964) 1015.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n135 Pablo VI, Solemne Profesi\u00f3n de Fe (30 de junio de 1968), 15: AAS 60 (1968) 438 s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n136 Pablo VI, Discurso del 21 de noviembre de 1964: AAS 56 (1964) 1015.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n137 Ibid., 1016.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n138 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 37.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n139 Cf. S. Bernardo, In Dominica infra oct. Assumptionis Sermo: S. Bernardi Opera, V, 1968, 262-274.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n140 Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 65.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n141 Cf. Cart. Enc. Fulgens corona (8 de septiembre de 1953): AAS 45 (1953) 577-592. P\u00edo X con la Cart. Enc. Ad diem illum (2 de febrero de 1904), con ocasi\u00f3n del 50 aniversario de la definici\u00f3n dogm\u00e1tica de la Inmaculada Concepci\u00f3n de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda, hab\u00eda proclamado un Jubileo extraordinario de algunos meses de duraci\u00f3n: Pii X P. M. Acta, I, 147-166.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n142 Cf. Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium, 66-67.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n143 Cf. S. Luis Mar\u00eda Grignion de Montfort, Trait\u00e9 de la vraie d\u00e9votion \u00e1 la sainte Vierge. Junto a este Santo se puede colocar tambi\u00e9n la figura de S. Alfonso Mar\u00eda de Ligorio, cuyo segundo contenario de su muerte se conmemora este a\u00f1o: cf. entre sus obras, Las glorias de Mar\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n144 Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium , 69.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n145 Homil\u00eda del 1 de enero de 1987.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n146 Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen Gentium, 69.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\n147 Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la divina revelaci\u00f3n Dei Verbum, 2: \u00ab&#160;Por esta revelaci\u00f3n Dios invisible habla a los hombres como amigo, movido por su gran amor y mora con ellos para invitarlos a la comunicaci\u00f3n consigo y recibirlos en su compa\u00f1\u00eda&#160;\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<p style=\"text-align: justify\">\nFuente:  Libreria Editrice Vaticana\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[071] Enc\u00ed\u00adclica de Juan Pablo II en la Fiesta de la Anunciaci\u00f3n, 25 de Marzo de 1987. Presenta y ensalza la figura de Mar\u00ed\u00ada, Madre del Redentor, que est\u00e1 siempre presente activa en la Iglesia peregrina. 1. Mar\u00ed\u00ada en el Misterio de Cristo. 2. La Madre de Dios en la Iglesia. 3. Mediadora y cercana &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/redemptoris-mater\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abREDEMPTORIS MATER\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-13342","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13342","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13342"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13342\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13342"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13342"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13342"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}