{"id":13518,"date":"2016-02-05T09:02:24","date_gmt":"2016-02-05T14:02:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sexualidad\/"},"modified":"2016-02-05T09:02:24","modified_gmt":"2016-02-05T14:02:24","slug":"sexualidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sexualidad\/","title":{"rendered":"SEXUALIDAD"},"content":{"rendered":"<p>[360]<\/p>\n<p>     La cualidad natural del hombre que le lleva a prolongar su especie y a engendrar nuevos seres en el mundo es la sexualidad. Ella implica tres elementos esenciales: la conciencia de dualidad de configuraci\u00f3n som\u00e1tica y ps\u00ed\u00adquica en la especie humana, expresada por la naturaleza en forma masculina y femenina; la tendencia reproductora, mediante la complementaci\u00f3n psicol\u00f3gica de ambos sexos y la actuaci\u00f3n genital; y la consiguiente satisfacci\u00f3n personal ante la fecundidad y la alegr\u00ed\u00ada \u00ed\u00adntima que proporciona la paternidad y la maternidad.<\/p>\n<p>    Entre el c\u00famulo de cualidades y rasgos que adornan al hombre, la sexualidad tiene un puesto primordial. Sin ella la vida humana se extingue.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s, la sexualidad del ser inteligente es muy superior a la animal y a la vegetal, tambi\u00e9n bipolar y diferenciada. Y la superioridad radica en la conciencia de su instinto que le distancia infinitamente de los dem\u00e1s seres. El instinto en \u00e9l se rige por la inteligencia, la voluntad, la libertad, la sensibilidad \u00e9tica y est\u00e9tica, la espiritualidad y la trascendencia.<\/p>\n<p>    1. Valor de la sexualidad<\/p>\n<p>     Es la fuerza creadora m\u00e1s natural del hombre, la que m\u00e1s le convierte en colaborador de Dios Creador, la que m\u00e1s \u00ed\u00adntimamente le lleva a compenetrarse con otros seres, comenzando con el ser del otro sexo que con \u00e9l se asocia y con el que, en la intimidad, se siente bien.<\/p>\n<p>     Al orientarle a dar vida a otros hombres, la sexualidad constituye una energ\u00ed\u00ada vital de incalculable valor. S\u00f3lo los efectos de su ausencia o las consecuencias de su perturbaci\u00f3n, hacen caer en la cuenta de valor y sentido.<\/p>\n<p>    1. Valor radical<\/p>\n<p>    La sexualidad humana es m\u00e1s que el instinto reproductor. Es la clave que revela la propia identidad de ser creativo, pero no autosuficiente.<\/p>\n<p>    En el animal el instinto reproductor le conmueve y mueve a la copulaci\u00f3n para prolongar la especie con una mec\u00e1nica autom\u00e1tica y con una perspectiva de simple satisfacci\u00f3n presente. El hombre siente la fuerza animal, pero la supera con la intimidad, la est\u00e9tica, la conciencia \u00e9tica, la previsi\u00f3n de futuro, el respeto a la otra parte, el altruismo preferente y la trascendencia para el porvenir.<\/p>\n<p>    Si le fallan esas dimensiones, su actuaci\u00f3n sexual se reduce a lo animal y no se desenvuelve en la dignidad de persona humana.<\/p>\n<p>     Acontece lo mismo que en los alimentos o en la agresividad. El animal come por instinto. El hombre come por apetito, pero en relaci\u00f3n a los dem\u00e1s. El animal se defiende por instinto. El hombre se defiende con inteligencia y discierne.<\/p>\n<p>     La diferencia radical es que el animal no puede dejar de copular, comer y defenderse; el hombre, por el contrario, puede renunciar al placer genital por una raz\u00f3n superior, puede dejar de comer porque es libre, puede renunciar a defenderse, porque tiene voluntad.<\/p>\n<p>     Por eso la sexualidad humana no se reduce a la instintividad, a la genitalidad, a la copulaci\u00f3n. Es mucho m\u00e1s que todo ello. Es capacidad de realizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>  1.2. La plenitud bisexual<\/p>\n<p>    La sexualidad abarca desde la satisfacci\u00f3n en la propia identidad sexual hasta la admiraci\u00f3n por la originalidad de la persona del otro sexo.<\/p>\n<p>    En la medida en que el ser humano se halla dichoso en el sexo en el que ha nacido, domina en su mente y en su afectividad el equilibrio y la satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Es tan importante esta identificaci\u00f3n del yo sexual, que el hombre puede renunciar a la reproducci\u00f3n y a contribuir a la propagaci\u00f3n de la especie humana por diversos motivos; incluso puede sentirse satisfecho con la dedicaci\u00f3n a otros servicios m\u00e1s desinteresados en beneficio de la sociedad. Pero no puede, sin perjuicio del propio equilibrio y del ajeno, renunciar al propio sexo o promover sentimientos de insatisfacci\u00f3n por \u00e9l.<\/p>\n<p>    La bisexualidad humana es el eco de toda la existente en la naturaleza vegetal y animal en el cosmos. Pero en el hombre cobra dimensiones de grandeza singular: completa la identidad humana con la variedad, dinamiza el g\u00e9nero humano con fuerzas complementarias que aseguran la pervivencia, suscita relaciones de ternura con persona del otro sexo con miras espont\u00e1neas a la propagaci\u00f3n de la especie humana.<\/p>\n<p>    Si la bisexualidad s\u00f3lo se percibiera como fuente de fuertes sensaciones y de propagaci\u00f3n de la especie por la complementaci\u00f3n y el ejercicio reproductor, no se tendr\u00ed\u00ada el verdadero sentido de esa realidad gratificante de la vida.<\/p>\n<p>    En el orden cristiano, la bisexualidad es un regalo del Creador al ser inteligente, m\u00e1s incluso que el regalo de la variedad de razas, de rasgos som\u00e1ticos, de habitats m\u00faltiples o preferencias est\u00e9ticas. Dios creo a la naturaleza exuberante, no cl\u00f3nica o mec\u00e1nica.<\/p>\n<p>    Por eso dice el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica: \u00abLa sexualidad abarca todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera m\u00e1s general, a la aptitud de establecer v\u00ed\u00adnculos de comuni\u00f3n con otros\u00bb. (N\u00c2\u00b0 2332)<\/p>\n<p> 1.3. Dimensi\u00f3n creacional<\/p>\n<p>    La dimensi\u00f3n m\u00e1s noble, profunda y creativa de la sexualidad humana se fundamenta en el placer sublime e incomparable de hacer asequible a nuevos seres el maravilloso amor divino concedido a los humanos.<\/p>\n<p>    Creados por Dios, los hombres han sido hechos aptos para producir nueva vida. Por eso se sienten y se saben art\u00ed\u00adfices del desarrollo en el mundo de los seres inteligentes.<\/p>\n<p>    Son capaces de producir obras magn\u00ed\u00adficas, que les llenan de orgullo. Llevan en su naturaleza una vocaci\u00f3n de vida y no de muerte. Y esa grandeza se hace presente en la fecundidad.<\/p>\n<p>    Por eso el hombre es creador por su bisexualidad, en cuanto hombre y mujer, y se sabe capaz de engendrar nuevos seres a los que extiende su amor humano y su capacidad de amor divino.<\/p>\n<p>    La conciencia y la experiencia le dice  que puede sentirse llamado a dar vida a otros, no s\u00f3lo en el orden corporal, sino en el moral, intelectual y espiritual, incluso m\u00e1s all\u00e1 de los propios gustos y satisfacciones.<\/p>\n<p>    Al hablar de esa capacidad creadora de vida, hay que superar los par\u00e1metros animales y entender al hombre como productor de maravillas. S\u00f3lo la experiencia de la maternidad y de la paternidad puede hacer entender esta dimensi\u00f3n. Por eso, el placer vital, no es s\u00f3lo el fisiol\u00f3gico de la copulaci\u00f3n o el afectivo de la conyugalidad, sino que sublima en el creativo de la paternidad o de la maternidad. Es el placer intelectual, moral y espiritual del originar nuevos seres capaces de ser felices en el orden natural y en el nivel sobrenatural.<\/p>\n<p>    El deseo de continuar esa vida superior, cuando los d\u00ed\u00adas terrenos de los progenitores se terminen, es una de las dimensiones m\u00e1s sutiles de la sexualidad humana, que jam\u00e1s podr\u00e1n alcanzar los animales. Por eso el hombre se proclama, por su sexualidad, creador de nuevas personas: capaces de pensar, aptas para querer con libertad, sensibles, sociables, agentes de nuevas maravillas humanas: t\u00e9cnica, ciencia, arte, progreso, sobre todo vida; y capaces de engendrar, a su vez, nuevos seres libres y con cualidades trascendentes.<\/p>\n<p>    1.2. El placer sexual<br \/>\n    En el acto fecundador, la naturaleza, o Dios como autor de la naturaleza, ha colocado un placer intenso, que es el sexual. Ese placer, tanto en el \u00e1mbito sensorial de las estimulaciones nerviosas que culminan con el orgasmo, como en el orden psicol\u00f3gico y afectivo que culmina en el gozo del amor, es un placer bueno por s\u00ed\u00ad mismo, como bueno es el sabor de los alimentos o gratificante el aroma de las flores.<\/p>\n<p>    Pero este placer, el m\u00e1s original del ser humano, tiene una funci\u00f3n insustituible en pro de la gestaci\u00f3n de nuevos seres con las grandes responsabilidades que la formaci\u00f3n de un ser humano implica. En esa trascendencia de responsabilidad es donde se halla su peculiar dignidad y consiguiente moralidad.<\/p>\n<p>    Las actitudes filos\u00f3ficas y \u00e9ticas ante este placer han sido numerosas y dispares, como no pod\u00ed\u00ada ser otra forma trat\u00e1ndose de algo tan motriz y estimulante en la vida personal y colectiva de los hombres.<\/p>\n<p>    Desde los estoicos antiguos y los maniqueos, que lo consideraban mal\u00e9volo y rechazable, hasta los hedonistas y epic\u00fareos que lo miraban en funci\u00f3n de su intensidad y frecuencia, las opiniones y actitudes se extendieron en un gran abanico de axiolog\u00ed\u00adas que se prologaron a lo largo de la Historia.<\/p>\n<p>     En clave cristiana, ese placer es bueno en s\u00ed\u00ad mismo, pues ha sido querido por Dios, y no ser\u00ed\u00ada correcto infravalorarlo o maldecirlo. Gracias a \u00e9l el hombre se siente gratificado ante los actos reproductores y afronta sus consecuencias posteriores con la generaci\u00f3n de la prole, el g\u00e9nero humano se propaga, los esposos se agradan mutuamente, las personas se sienten realizadas en su feminidad y en su masculinidad, la compenetraci\u00f3n conyugal tiene un apoyo para la permanencia.<\/p>\n<p>     Lo que no es bueno es el desorden en la b\u00fasqueda de ese placer. Tal acontece cuando predomina el ego\u00ed\u00adsmo sobre el amor, cuando se busca separado de sus consecuencias naturales respecto a la vida, cuando se atropella el derecho de la otra parte a la que se impone o cuando se desea o se consigue al margen de las leyes naturales de la dignidad humana: compromiso, fidelidad, ternura, estabilidad, moderaci\u00f3n, generosidad, que todo ello es verdadero amor.<\/p>\n<p>     1.3. Niveles de la sexualidad<\/p>\n<p>     La cualidad sexual del hombre es compleja. Por eso, es bueno que exploremos y entendamos los diversos niveles de la sexualidad humana.<\/p>\n<p>    De su comprensi\u00f3n y esmerado cultivo depende el variado modo de entender la dignidad sexual y de presentarla cuando se habla de ella a la luz del Evangelio.<\/p>\n<p>    1.3.1. Nivel fisiol\u00f3gico.<\/p>\n<p>     Es el m\u00e1s elemental, natural y org\u00e1nico y resulta el m\u00e1s asequible de entender, como plataforma de partida. Se alude con \u00e9l a las actividades biorreproductoras, en donde los \u00f3rganos genitales humanos son la primera referencia en cuanto a su anatom\u00ed\u00ada y a su  funcionamiento. Tales dimensiones som\u00e1ticas, como las dem\u00e1s del cuerpo, reclaman conocimiento, atenci\u00f3n sanitaria, respeto, protecci\u00f3n y adecuada valoraci\u00f3n.<\/p>\n<p>    El hecho de que la naturaleza los haya constituido en doble forma: los del var\u00f3n (test\u00ed\u00adculos, pene, pr\u00f3stata, espermatozoides) y los de la mujer (mamas, ovarios, \u00f3vulos, trompas, \u00fatero, vagina, vulva) es una llamada natural a su complementaci\u00f3n anat\u00f3mica y funcional.<\/p>\n<p>    Su dignidad en nada disminuye con respecto a los dem\u00e1s \u00f3rganos, aun cuando el hombre normal, a partir de cierto estadio evolutivo, experimente una natural inclinaci\u00f3n (pudor) a ocultarlos a la mirada de los dem\u00e1s (intimidad) o se conviertan en objeto de curiosdiad espont\u00e1nea, cosa que no acontece con los otros \u00f3rganos del cuerpo.<\/p>\n<p>    Su importancia y dignidad deben suscitar la admiraci\u00f3n \u00e9tica y est\u00e9tica de todos, al igual que las flores, que son precisamente los \u00f3rganos sexuales de los seres vivos vegetales, despiertan agrado, asombro y fascinaci\u00f3n. En educaci\u00f3n, es un deber la instrucci\u00f3n sobre la anatom\u00ed\u00ada y la fisiolog\u00ed\u00ada sexual, sobre la misi\u00f3n reproductora del hombre y sobre la responsabilidad peculiar que ella implica.<\/p>\n<p>    Con todo es importante no reducir la virilidad y la feminidad a la constituci\u00f3n som\u00e1tica, ya que existen otras dimensiones sexuales m\u00e1s sutiles y constitutivas que los meros atributos anat\u00f3micos.<\/p>\n<p>    1.3.2. Nivel moral y afectivo.<\/p>\n<p>    Se recogen en \u00e9l todos aquellos rasgos interiores: mentales, volitivos y afectivos, que reflejan la intimidad com\u00fan en los sexos y expresan la tonalidad espec\u00ed\u00adfica de cada uno de ellos.<\/p>\n<p>    Hombres y mujeres poseen riquezas comunes: criterios, actitudes y sentimientos reproductores. Y los poseen diferentes para ser complementadas por la otra parte. La originalidad psicol\u00f3gica de cada sexo es tambi\u00e9n un don natural, de modo que su olvido perjudica tanto a cada sexo en particular como a la forma de comunicaci\u00f3n mutua.<\/p>\n<p>    Los dos sexos se compenetran por ser diferentes. Su culminaci\u00f3n se halla en la paternidad y en la maternidad, con las consecuencias \u00ed\u00adntimas para los c\u00f3nyuges en principio y para los hijos que se conforman bajo su tutela.<\/p>\n<p>    Un mal entendido igualitarismo unisexual perjudica tanto a la mujer, que arruina su feminidad en estilos masculinos de vida, en lenguajes y comportamientos impropios, como al var\u00f3n, que se pierde en la rusticidad o se vuelve feminoide, no femenino.<\/p>\n<p>    1.3.2. Nivel social.<\/p>\n<p>     Las diferencias fisiol\u00f3gicas y psicol\u00f3gicas entre los sexos han originado desde siempre diferencias sociales y convivenciales. Aunque ellas dependen mucho de cada cultura y de las tradiciones heredadas, los roles se originan por las capacidades naturales y por los h\u00e1bitos cultivados en cada sexo. Rasgos como la fuerza f\u00ed\u00adsica, la menstruaci\u00f3n, la sensibilidad intuitiva, generan diferentes gustos est\u00e9ticos, emotividad y expresividad espec\u00ed\u00adfica en cada uno.<\/p>\n<p>    La diferencia de trato y de usos en nada afecta a la dignidad de la mujer o da predominio al var\u00f3n. Si ella ha sido con frecuencia tratada como dependiente y \u00e9l se ha sentido prepotente, no se debe a necesidades naturales sino a abusos culturales que el progreso y la cultura contribuyen a superar.<\/p>\n<p>    Cualquier resabio de machismo es tan antinatural y perjudicial como cualquier intento de feminismo generalizado y demag\u00f3gicamente explotado por intereses pol\u00ed\u00adticos o econ\u00f3micos. Ambos se oponen a la dignidad y a la convivencia.<\/p>\n<p>    La intercomunicaci\u00f3n y la complementaci\u00f3n de ambos sexos en la sociedad es factor de equilibro y condici\u00f3n de libertad, seguridad y armon\u00ed\u00ada. Sin la funci\u00f3n social de cada sexo, sobre todo sin la referencia firme a la maternidad y a la paternidad, existe el riesgo de una promiscuidad destructora de la feminidad y de una desviaci\u00f3n de la masculinidad.<br \/>\n  A veces se postula una irresponsable igualdad de los sexos, no en cuanto a derechos y opciones, que es justa, sino en cuanto a rasgos de personalidad, que no es correcta<\/p>\n<p>    1.3.3. El nivel espiritual.<\/p>\n<p>     La sexualidad tiene tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n espiritual en cuanto el hombre es trascendente en todas sus acciones y manifestaciones. La cualidad sexual humana no se reduce a lo simplemente som\u00e1tico ni a lo ps\u00ed\u00adquico. Le hace al hombre, mujer y var\u00f3n, capaz de trascender este mundo de forma original.<\/p>\n<p>    Le abre la visi\u00f3n de lo \u00absuperior\u00bb y de lo \u00abposterior\u00bb. Lo uno afecta a su realidad inmaterial: inteligencia, voluntad, tambi\u00e9n libertad, responsabilidad, trascendencia. Lo otro le proyectan a lo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la muerte, cuando sus d\u00ed\u00adas terrenos culminen con el salto a la eternidad.<\/p>\n<p>    En relaci\u00f3n a los valores espirituales de cada sexo, no se puede hablar de almas, esp\u00ed\u00adritus, conciencia, destinos, derechos, deberes, etc., espec\u00ed\u00adficamente masculinos o femeninos. Antes que sexuados, los seres humanos deben ser vistos como personas libres y como seres superiores. Pero, en lo referente a la conciencia de identidad personal, s\u00ed\u00ad puede haber una sutil distinci\u00f3n: cada sexo es y seguir\u00e1 siendo diferente.<\/p>\n<p>    Y no vale decir que en el cielo \u00ablos hombres ser\u00e1n como \u00e1ngeles de Dios, en donde ni ellos ni ellas se casar\u00e1n\u00bb (Mt. 22.30), pues la identidad personal se mantendr\u00e1 para siempre. Dios ha hecho a cada uno en forma singular y le ha dado la conciencia de su propio yo o identidad. De esa conciencia se deriva la dignidad. El hombre y la mujer son tales por su esp\u00ed\u00adritu y no s\u00f3lo por sus \u00f3rganos genitales.<\/p>\n<p>    La sexualidad es la clave en la identidad y configura el mapa \u00ed\u00adntimo de la dignidad femenina y de la masculina. En esa identidad se genera la conciencia del propio yo, a pesar de las corrientes period\u00ed\u00adsticas que consideran el sexo s\u00f3lo como una incidencia, o factor secundario, o que juegan con los cambios de sexo como si de vestimentas superficiales se tratara.<\/p>\n<p>    1.4. El ejercicio sexual<\/p>\n<p>    El ejercicio y desarrollo ordenado de la sexualidad, en sus diversos niveles, es un valor humano: un derecho, una posibilidad y un deber. Este ejercicio debe ser mirado desde tres \u00f3pticas b\u00e1sicas:<\/p>\n<p>   &#8211; la complementariedad, a la que se opone la homosexualidad;<\/p>\n<p>   &#8211; el placer sano, que se halla a igual distancia de la ataraxia o anestesia patol\u00f3gica y del erotismo obsesivo;<\/p>\n<p>   &#8211; la fecundidad, o fruto de la sexualidad, contraria a la esterilidad y a la atrofia gen\u00e9tica.<\/p>\n<p>    Por naturaleza, los tres elementos se integran como los tres lados de un tri\u00e1ngulo se complementan. Y su espectro de acci\u00f3n o compromisos puede oscilar desde los niveles fisiol\u00f3gicos hasta los psicol\u00f3gicos y espirituales.<\/p>\n<p>    Por el se\u00f1or\u00ed\u00ado inteligente que el hombre puede conseguir sobre la naturaleza y sobre sus leyes primarias, puede hoy conseguir lo que nunca logr\u00f3 en tiempos pasados: superar las leyes primarias e incluso manipularlas.<\/p>\n<p>    Puede separar el placer de la fecundidad con anticonceptivos; y puede desvincular la fecundidad de la complementariedad entre sexos, mediante autofecundaciones o fecundaciones cl\u00f3nicas y portentosos experimentos gen\u00e9ticos.<\/p>\n<p>    1.4.1. La revoluci\u00f3n sexual<\/p>\n<p>    Esa variaci\u00f3n de los elementos naturales b\u00e1sicos se halla en el cimiento de la llamada revoluci\u00f3n sexual. Esta comenz\u00f3 cuando se independiz\u00f3 la fecundaci\u00f3n de la copulaci\u00f3n, con medios f\u00ed\u00adsicos o qu\u00ed\u00admicos. Entonces se pudo buscar el placer deseado sin aceptar la fecundidad no deseada.<\/p>\n<p>    Abierta esa puerta en los tiempos de los poderosos medios de la imagen: televisi\u00f3n, cine, prensa ilustrada, propaganda comercial, internet, la revoluci\u00f3n sexual fue manipulada de manera desigual por los constructores de ideolog\u00ed\u00adas. Un existencialismo cerrado y materialista, como el de J. P. Sartre (1905-1980), o un erotismo enfermizo, como el de W. Reich (1897-1957), valoraron la conquista como una liberaci\u00f3n de represiones \u00e9ticas manipuladoras. Un vitalismo inteligente, como el de H. Bergson (1859-1941), o personalista, como el M. Mounier (1905-1950), la miraron como signo de decadencia o al menos de peligro en los tiempos nuevos, los del \u00abimpulso vital\u00bb o los de la \u00abpersona salvaje\u00bb.<\/p>\n<p>    En tiempos recientes se inici\u00f3 una carrera cient\u00ed\u00adfica y antropol\u00f3gica que no sabemos del todo a d\u00f3nde conducir\u00e1. Surgieron corrientes fuertes opuestas a los compromisos matrimoniales estables. Se multiplicaron las actitudes y movimientos homosexuales. Se divulgaron las \u00abparejas de hecho\u00bb, sin apoyos del derecho (compromisos) y sin ligazones religiosas, \u00e9ticas o sociales.<\/p>\n<p>    Incluso la ciencia moderna anunci\u00f3 la posibilidad de la fecundidad de un ser humano, masculino o femenino, sin la copulaci\u00f3n, y mediante las procedimientos artificiales, por ejemplo mediante la fecundaci\u00f3n \u00abin vitro\u00bb o por la autofecundaci\u00f3n (la clonaci\u00f3n). Ante el progreso biol\u00f3gico en gen\u00e9tica, se comenz\u00f3 a dudar de principios intangibles en \u00e9tica y el hombre se asust\u00f3, en ocasiones, de sus audacias cient\u00ed\u00adficas, interrog\u00e1ndose sobre la licitud \u00e9tica de tales acciones.<\/p>\n<p>    Todo ellos plante\u00f3 en el pasado, y plantear\u00e1 probablemente en el futuro, crecientes y acuciantes problemas bio\u00e9ticos, sorpresas antropol\u00f3gicas inesperadas y, seguramente, soluciones diversas que har\u00e1n inseguras las fronteras de la sexualidad digna.<\/p>\n<p>    Es cierto que el hombre tiene capacidad permanente para sobrevivir. Pero se siente temeroso ante el porvenir.<\/p>\n<p>   1.4.2. Las exigencias naturales<\/p>\n<p>    La mente humana y la reflexi\u00f3n libre tienen que dar una respuesta a los nuevos planteamientos sexuales de la humanidad. Sin aceptar que pueda reducirse a la mera dimensi\u00f3n fisiol\u00f3gica, no podr\u00e1 mantenerse en el \u00e1mbito m\u00e1gico o m\u00ed\u00adtico de que se la ha rodeado en ocasiones.<\/p>\n<p>    Al margen de las creencias religiosas y de los diversas actitudes filos\u00f3ficas o \u00e9ticas, hay un factor de indiscutible dignidad en todo lo que rodea a la sexualidad, que depende de su conexi\u00f3n con la vida, de su vinculaci\u00f3n con la persona y con su conciencia, no menos que de la resonancia que los hechos sexuales puedan tener en la sociedad.<\/p>\n<p>    La naturaleza es fuente de inspiraci\u00f3n a la hora de asumir criterios y responsabilidades en este terreno. Y dif\u00ed\u00adcilmente puede ser ignorada o marginada, sin producir consecuencias graves para la libertad y el equilibrio de las personas.<\/p>\n<p>    2. Mensaje cristiano y sexo<br \/>\n    Desde la \u00f3ptica del Evangelio, la sexualidad debe ser estudiada, entendida y valorada como un don del Creador del Universo, al igual que lo es la salud y la inteligencia, la sociabilidad y la familia. En lo que se refiere a los niveles fisiol\u00f3gicos, el mensaje cristiano poco tendr\u00ed\u00ada que decir acerca del sexo, como no lo dice de la digesti\u00f3n, de la circulaci\u00f3n sangu\u00ed\u00adnea o de la movilidad corporal.<\/p>\n<p>    Pero la sexualidad tiene un significado singular: es la fuente de la vida, origina m\u00faltiples v\u00ed\u00adnculos entre personas, condiciona la realizaci\u00f3n plena del hombre en el mundo desde la \u00f3ptica masculina o femenina.<\/p>\n<p>    Dice el Papa Juan Pablo II: \u00abLa sexualidad, mediante la cual el hombre y la mujer se dan el uno al otro con los actos propios y exclusivos de los esposos, no es algo puramente biol\u00f3gico, sino que afecta al n\u00facleo \u00ed\u00adntimo de la persona humana como tal. Ella se realiza de modo verdaderamente humano solamente cuando es parte integral del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen totalmente hasta la muerte.\u00bb (Familiaris Consortio. 11)<\/p>\n<p>    Es normal que se busque la voluntad de Dios creador y la Revelaci\u00f3n cuando se trata de descubrir lo que este rasgo representa para el hombre creyente que mira las realidades humanas con ojos de fe. Por eso se busca en la Biblia, en la Tradici\u00f3n y en el Magisterio lo que Dios quiere de la sexualidad y la responsabilidad que implica para los hombres que se rigen por criterios de fe.<\/p>\n<p>    2.1. Dimensi\u00f3n b\u00ed\u00adblica<br \/>\n    El relato b\u00ed\u00adblico de la creaci\u00f3n del hombre sirve siempre de llamada de atenci\u00f3n sobre el plan del Creador. \u00abDijo Dios: Vamos a hacer al hombre a nuestra imagen y semejanza, para que mande a los peces del mar, a las aves del cielo, a las bestias de la tierra y a las serpientes del suelo. Cre\u00f3 Dios al ser humano a imagen suya y los creo macho y hembra.<\/p>\n<p>    Luego les dio su bendici\u00f3n y les orden\u00f3: Creced y mulplicaos. Llenad la tierra y sometedla. Mandad en los peces del mar, en las aves del cielo y en las  serpientes del suelo\u00bb. (Gen. 1. 26-28)<\/p>\n<p>    Esta leyenda b\u00ed\u00adblica, eco de las creencias mesopot\u00e1micas sobre el origen del hombre, insiste en la grandeza y originalidad de los habitantes del Para\u00ed\u00adso. Expresa la identidad bisexual de la humanidad y la misi\u00f3n propagadora de vida de los primeros progenitores del mundo.<\/p>\n<p>   \u00abDijo Dios: No es bueno que el hombre se quede solo. Le har\u00e9 una ayuda semejante a \u00e9l&#8230; Porque el hombre puso nombres a todos los animales del campo, pero no hall\u00f3 ayuda como \u00e9l.<\/p>\n<p>    Entonces Dios hizo caer un profundo sue\u00f1o sobre el var\u00f3n, le quit\u00f3 una costilla, llen\u00f3 el hueco de carne y, de la costilla que hab\u00ed\u00ada tomado, form\u00f3 a la mujer y la llev\u00f3 ante el var\u00f3n.<\/p>\n<p>    Este exclam\u00f3: Esta s\u00ed\u00ad que es hueso de mis huesos y carne de mi carne&#8230; Ser\u00e1 llamada varona, porque del var\u00f3n ha sido tomada. Por eso se hacen una sola carne. Ambos estaban desnudos, el hombre y su mujer, y no sent\u00ed\u00adan verg\u00fcenza alguna por ello. (Gn. 2. 18-25)<\/p>\n<p>    El Antiguo Testamento est\u00e1 dominado por esa referencia creacional y se centra en la fecundidad la valoraci\u00f3n que se hace de la sexualidad. Incluso se entiende el valor de la descendencia, el lugar de la mujer, el conjunto de las normas sexuales que aparecen en el Pentateuco, en los Profetas o en los libros Sapienciales, desde la visi\u00f3n oriental antigua de la prolongaci\u00f3n de la vida humana como valor primordial.<\/p>\n<p>    2.2. Jes\u00fas y la sexualidad<br \/>\n    Cuando llegan los tiempos del Nuevo Testamento se produce una visi\u00f3n cualitativamente diferente. La mujer cobra importancia como persona, la castidad se se\u00f1ala como deber, hasta se ensalza la continencia virginal como ideal de vida reservado para pocos.<\/p>\n<p>    La referencia cristiana sobre la sexualidad es eco de las actitudes y ense\u00f1anzas de Jes\u00fas. Por lo tanto, al igual que con los otros rasgos humanos, la sexualidad debe ser mirada desde la fe.<\/p>\n<p>    Hay que dirigir los ojos a la ense\u00f1anza de Jes\u00fas para perfilar criterios definitivos de luz y de fe cristianas. En el Evangelio, y de manera especial en las ense\u00f1anzas de los primeros Ap\u00f3stoles, la moral sexual se perfila desde el reconocimiento del matrimonio como signo de la gracia. Se mira como una riqueza que hace al hombre fecundo y se reclama como un cauce de encuentro.<\/p>\n<p>    Jes\u00fas la valora como una riqueza del ser humano en plenitud; y afirma que la vinculaci\u00f3n matrimonial tiene que estar incluso por encima de la mantenida con los padres. Restablece la monogamia y rechaza el repudio de la esposa. Habla de la virginidad por amor al Reino de Dios. Equipara al hombre y a la mujer en derechos y deberes esenciales.<\/p>\n<p>   \u00abSe le acercaron los fariseos para tenderle una trampa y le preguntaron: \u00bfLe est\u00e1 al hombre permitido separarse de su mujer por un motivo cualquiera?<br \/>\n    Jes\u00fas contesto: \u00bfHab\u00e9is le\u00ed\u00addo que, cuando Dios cre\u00f3 al genero humano, los hizo hombre y mujer. Y que dijo: \u00abPor esta raz\u00f3n dejar\u00e1 el hombre a sus padres y se unir\u00e1 a su mujer, y ambos ser\u00e1 una sola carne? Por tanto, ya no son dos personas, sino una sola. En consecuencia, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.\u00bb (Mat. 19. 3-6)<\/p>\n<p>    Jes\u00fas tuvo siempre palabras de respeto y de delicada veneraci\u00f3n en relaci\u00f3n a los padres, a los esposos, a la mujer. Ve al hombre como hijo de Dios y exige que sea tratado como tal.<\/p>\n<p>    Hasta exige respeto y dominio en el terreno de la conciencia: \u00abHab\u00e9is o\u00ed\u00addo que se os dijo: \u00abNo adulterar\u00e1s\u00bb. Pues yo os voy a decir m\u00e1s: \u00abQuien mira a una mujer con mal deseo hacia ella, ya peca en su coraz\u00f3n\u00bb. (Mt. 5. 27-28)<\/p>\n<p>    2.3. San Pablo y la castidad<br \/>\n    Los Ap\u00f3stoles desarrollaron la doctrina de Jes\u00fas, desde la sorpresa inicial (\u00abSi tal es la condici\u00f3n del hombre respecto a la mujer, le conviene m\u00e1s no casarse\u00bb. Mt. 19.10), hasta la persuasi\u00f3n de que hab\u00ed\u00ada nacido una Nueva Alianza con Dios, cauce de planteamientos distintos a los del Antiguo Testamento. (Mt. 19. 9; Jn. 8. 41; Mc. 7.21; Hech. 15. 19; 1 Cor. 6. 13; Gal. 5. 19; Col. 3. 5)<\/p>\n<p>    Es evidente que estos planteamientos era tributarios de la cultura grecorromana de su tiempo, como no pod\u00ed\u00ada ser de otra forma, seg\u00fan se advierte sobre todo en la visi\u00f3n paulina de la mujer (1 Cor. 11. 8; 1 Cor. 14. 34; 1 Tim. 2. 9. etc). Pero la visi\u00f3n de la bisexualidad humana reviste rasgos diferentes a los del Antiguo Testamento y a los lenguajes de los autores y de las leyes del mundo romanizado del cristianismo primitivo.<\/p>\n<p>    En cuanto virtud cristiana, la castidad se presenta como ideal e implica fortaleza y libertad. Es normal que San Pablo haya hablado siempre de esta cualidad como forma de vencer las malas inclinaciones para conseguir con m\u00e1s plenitud la perfecci\u00f3n a la que todo seguidor de Cristo debe aspirar.<\/p>\n<p>    A los G\u00e1latas les dec\u00ed\u00ada: \u00abVivid de acuerdo con las exigencias del Esp\u00ed\u00adritu y as\u00ed\u00ad no os dejar\u00e9is arrastrar por las inclinaciones desordenadas del hombre, puesto que ellas van contra el Esp\u00ed\u00adritu. A veces el antagonismo entre Esp\u00ed\u00adritu y desorden es tan fuerte que os impide hacer lo que querr\u00ed\u00adais.<\/p>\n<p>    Los que viven sometidos a sus instintos, son unos lujuriosos, libertinos, viciosos&#8230;  Y esos no heredar\u00e1n el Reino de Dios\u00bb. (Gal 5.16-18)<\/p>\n<p>     Y a Tito, su disc\u00ed\u00adpulo, le recomienda que forme a todos en las virtudes de que dio muestra Jes\u00fas, entre ellas en la virtud de la castidad: \u00abEnse\u00f1a a las j\u00f3venes a ser esposas y madres amantes, a ser sensatas y castas, a ser buenas amas de casa, bondadosas, respetuosas con sus maridos, para que nadie hable mal del mensaje de Dios. Y a los j\u00f3venes ens\u00e9\u00f1ales a que sepan dominarse en todo momento.\u00bb (Tit. 2. 4-6)<\/p>\n<p>    2.4. Dimensi\u00f3n eclesial<\/p>\n<p>     La Iglesia lleva en su mensaje palabras de vida que quiere comunicar a todos los hombres. Las ha recibido del Se\u00f1or, que vino para dar la vida a los hombres. Busca nuevos creyentes para cumplir con el plan salvador de Dios.<\/p>\n<p>    Por la predicaci\u00f3n, anuncia su mensaje sin distinci\u00f3n de destinatarios ni de circustancias. Pero sabe que sus miembros son promotores de familias nuevas y que nuevos hombres nacen al amparo de sus palabras de amor y de fe.<\/p>\n<p>    Por eso la Iglesia tiene especial inter\u00e9s en ofrecer su visi\u00f3n del amor humano y de la sexualidad. Y convierte en sus doctrinas el amor humano en signo sensible del divino, siguiendo las ense\u00f1anzas el mismo Jes\u00fas. Por eso para ella la fecundidad humana es inseparable de la divina.<\/p>\n<p>     Sabe tambi\u00e9n que es por la familia cristiana, por la vivencia de fe de los esposos creyentes y por la educaci\u00f3n de la fe en los hijos de sus miembros, como va a conseguir que muchos crean y amen al Se\u00f1or. Vincula el futuro de su misi\u00f3n en el mundo a la fidelidad en la formaci\u00f3n de la fe de los nuevos cristianos nacidos en los hogares cristianos.<\/p>\n<p>    Su proselitismo es un acto de generoso de amor a la verdad y a las personas que crecer\u00e1n amparadas por su doctrina y por su atenci\u00f3n pastoral.<\/p>\n<p>    3. Excelencia del sexo<br \/>\n    La igualdad y equivalencia de todos los seres humanos ante Dios y ante los hombres ha sido un principio b\u00e1sico que la Iglesia ha tenido que defender a lo largo de los siglos. La dignidad humana exige el reconocimiento de esa igualdad, no s\u00f3lo en cuanto al sexo sino tambi\u00e9n en los dem\u00e1s aspectos: raza, cultura, edad, situaci\u00f3n, nivel social, etc.<\/p>\n<p>    Es el mensaje de Jes\u00fas, que aleja al cristianismo de otras confesiones religiosas, como son el mahometismo con su infravaloraci\u00f3n de la mujer, el hinduismo con su actitud ante las castas, el budismo con su pensamiento sobre las trasmigraci\u00f3n de las almas.<\/p>\n<p>    Por eso la Iglesia, en lo referente a la igualdad de los sexos, proclama principios de equivalencia e igualdad y de la necesaria complementariedad para cumplir con su funci\u00f3n creacional.<\/p>\n<p>   &#8211; El hombre es criatura de Dios y debe estar agradecido por su existencia y ser responsable de su propia vida y de su misi\u00f3n de fecundidad en este mundo. En el otro, la sexualidad se habr\u00e1 terminado como ejercicio: \u00abEn el otro mundo los hombres ser\u00e1n como \u00e1ngeles: ni lo varones tomar\u00e1n mujeres ni las mujeres maridos\u00bb (Mt. 22.29). Pero no habr\u00e1 terminado como identidad de cada ser eternamente feliz ante Dios.<\/p>\n<p>   &#8211; Es condici\u00f3n de equilibrio psicol\u00f3gico y social el sentir el gozo del propio sexo y el ser capaz de admirar las bellezas y los atractivos del otro, pero siempre desde la igualdad entre ambos. Hacerlo desde la arrogancia rompe el plan divino. La igualdad es b\u00e1sica en el pensamiento cristiano: \u00abLa mujer no es due\u00f1a ya del cuerpo propio, sino el marido; y el marido no es due\u00f1o ya de su cuerpo, sino la mujer.\u00bb (1 Cor. 7. 4-5)<\/p>\n<p>   &#8211; La conducta sexual debe regirse por la inteligencia, por la voluntad y por la conciencia, no s\u00f3lo por el instinto.<\/p>\n<p>    Construir con persona del otro sexo un proyecto de vida, con actitud de aprecio a todo lo que implica la propia originalidad sexual, es exigible desde el respeto y desde el amor. \u00abQue la mujer respete al marido, como si fuera el mismo Se\u00f1or&#8230; Y vosotros, esposos, amad a vuestra mujeres, como Cristo am\u00f3 a su Iglesia.\u00bb (Ef. 5. 28-33)<\/p>\n<p>   &#8211; Es necesario educar al hombre en el amor y para el amor, en el sentido m\u00e1s humano del t\u00e9rmino, sin utop\u00ed\u00adas m\u00ed\u00adsticas, pero sin reducir el concepto, como sucede tanto en nuestros ambientes, a lo sensorial. \u00abNo amemos de palabra y con la boca sino, sobre todo, con hechos y de verdad. En esto sabremos que vivimos en la verdad y tendremos la conciencia tranquila.\u00bb (1 Jn. 3. 18)<\/p>\n<p>   &#8211; Hoy es preciso proteger, y proteger a los m\u00e1s d\u00e9biles, de las desviaciones y desajustes que postulan y promueven quienes hace del sexo centro de intereses torpes y, por desgracia, ocasi\u00f3n de ganancias materiales f\u00e1ciles. \u00abNo os mezcl\u00e9is con los lujuriosos&#8230; ni sentarse con ellos a la mesa.\u00bb (1 Cor 5. 9 y 11)<\/p>\n<p>     El pensamiento de la Iglesia es siempre defensor de la bondad de la sexualidad y de la necesidad de su ejercicio para la prolongaci\u00f3n de la especie. Pero reclama entender que no es la belleza del rostro la que se debe convertir en el im\u00e1n que la pone en funcionamiento, sino otros valores superiores. Blas Pascal (1623-1663) escrib\u00ed\u00ada: \u00abEl que ama a alguien a causa de su belleza, lo ama de verdad? Porque la simple viruela que puede matar esa belleza, sin matar la persona, har\u00e1 que se deje de amar. Si se me ama por mi mente o por mi memoria, \u00bfse me ama a m\u00ed\u00ad de verdad? No, porque yo puedo perder estas facultades sin perderme a m\u00ed\u00ad mismo<br \/>\n   \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 ese yo, si no est\u00e1 en mi cuerpo y en mi alma? \u00bfC\u00f3mo es posible amar el cuerpo o el alma, si no es por sus cualidades?<br \/>\n     No se ama nunca a nadie en s\u00ed\u00ad, sino a trav\u00e9s de sus cualidades y aspectos externos.\u00bb (Pensamientos. 306)<\/p>\n<p>   3.1. El sexo como motor<\/p>\n<p>   La sexualidad es una cualidad humana positiva, admirable e insustituible. Es la palanca y el motor de la conservaci\u00f3n de la especie, como el alimento y la defensa lo son del individuo. Gracias a ella el mundo se puebla de seres humanos. Sin embargo, no es buen criterio educativo el considerar la sexualidad ante todo como un recurso poblacional. Ello conduce al pragmatismo sociol\u00f3gico y biol\u00f3gico. Es preferible partir de perspectivas superiores, como son las del amor de Dios. Esos hombres est\u00e1n llamados por Dios a la salvaci\u00f3n eterna. El amor de Dios a todos los hombres y el poder mostrar en ellos sus maravillas haci\u00e9ndolos eternamente felices, depende de que alguien colabore con El en hacerlos pasar de la posibilidad a la existencia.<\/p>\n<p>    S\u00f3lo quienes tienen los ojos limpios, porque cuentan con mente y coraz\u00f3n sanos, son capaces de ver la hermosura y la grandiosidad de este don natural que hace posible la propagaci\u00f3n de la vida vegetal, animal y humana, pero que sobre todo abre las puertas de la existencia sobrenatural a seres naturales.<\/p>\n<p>    Esta actitud puede parecer ut\u00f3pica y poco frecuente cuando una pareja se siente inclinada a unirse sexualmente, pero es el ideal cristiano final.<\/p>\n<p>    Al mirar la elegancia de las flores, que son los \u00f3rganos sexuales de las plantas, o al contemplar la armon\u00ed\u00ada de los colores y los cantares de las aves, que no tienen otro sentido que la estimulaci\u00f3n intersexual, advertimos lo que la naturaleza ha hecho para ejercer y aprovechar una cualidad tan radicalmente animal y humana como es la sexualidad.<\/p>\n<p>    La existencia de los dos sexos, macho y hembra, y la necesidad de la intercomunicaci\u00f3n de las c\u00e9lulas generatrices, es la clave de la vida y la fuente sabia de la propagaci\u00f3n de los seres vivos.<\/p>\n<p>    Debe movernos a admirar y apreciar la fecundaci\u00f3n, como el paso inicial de un acto creador, en el cual los seres del universo colaboran con el Gran Art\u00ed\u00adfice del mismo.<\/p>\n<p>    3.2. La profundidad del amor<\/p>\n<p>    La sexualidad humana no se reduce a ser s\u00f3lo una forma m\u00e1s consciente de la sexualidad animal. La inteligencia y la libertad la transforman en otra cosa, que es el amor. Sus rasgos originales son muy superiores a los animales y representan una energ\u00ed\u00ada espiritual y no corporal. Estrictamente hablando, s\u00f3lo el hombre puede amar, incluso m\u00e1s all\u00e1 del instinto reproductor.<\/p>\n<p>    Y el amor humano, si es tal, se caracteriza por la armon\u00ed\u00ada, la delicadeza y el equilibrio, el respeto y el autogobierno, la capacidad de renuncia. En su peculiar grandeza reside la superior dignidad humana por encima de toda la expresi\u00f3n animal. S\u00f3lo impropiamente y en sus aspectos fisiol\u00f3gicos se le puede comparar con el instinto animal.<br \/>\n  &#8211; El hombre es capaz de elegir con reflexi\u00f3n el ejercicio sexual o la continencia; es capaz de dar sentido inteligente a los encuentros intersexuales. Su fuerza reproductora se rige por la responsabilidad permanente y no s\u00f3lo de satisfacci\u00f3n sensorial pasajera.<\/p>\n<p>    &#8211; En \u00e9l existe la ternura y la intimidad, de modo que su instinto reproductor puede ordenarse desde valores \u00e9ticos y est\u00e9ticos, muy superiores a los del impulso o a los del agrado fugaz. El hombre puede amar; y, por amor, puede controlar el acto reproductor, cosa que no puede hacer el animal.<\/p>\n<p>    &#8211; Introduce en su tendencia y en su actividad sexual la riqueza moral y espiritual: ideales, proyectos, preferencias; por eso se abre a la trascendencia y a la generosidad. Se puede decir que en ella late el esp\u00ed\u00adritu y no s\u00f3lo el instinto.<\/p>\n<p>    &#8211; En el hombre, el ejercicio sexual es una llamada a la entrega altruista, inmensamente superior a la mera b\u00fasqueda egoc\u00e9ntrica del propio placer. Por eso es compatible con proyectos de vida generosa, desinteresada, altruista.<\/p>\n<p>    &#8211; Y por eso, el ejercicio sexual puede ser tan santificador que se convierte en signo sensible de la gracia divina y de las expresiones del amor eterno del Creador. Es precisamente la esencia del sacramento cristiano del matrimonio.<\/p>\n<p>   3.3. Fecundidad como fruto<\/p>\n<p>   Por eso el hombre sabe lo que no sabe el animal: que detr\u00e1s de la acci\u00f3n sexual est\u00e1 la fecundidad. El hombre ha sido hecho por Dios macho y hembra en t\u00e9rminos biol\u00f3gicos, var\u00f3n y mujer con palabras m\u00e1s morales, esposo y esposa en clave cristiana. Esto significa que ambos sexos se necesitan y buscan mutuamente para reproducirse y propagan la especie humana, pero sobre todo para amarse y vivir el reflejo de Dios.<\/p>\n<p>   Y significa tambi\u00e9n que la sexualidad es recurso para amar, como don creacional de Dios. Ha sido dada a los hombres para ser puesta en acci\u00f3n y no para ser reprimida.<\/p>\n<p>   Pero, si los animales la ejercen por los solos mecanismos de la instintividad, el hombre, al igual que hace con la comida, con el vestido, con la vivienda y con la autodefensa, debe desenvolverla bajo los imperativos de su inteligencia y de su libertad.<\/p>\n<p>  3.3.1. Fecundidad como proyecci\u00f3n<\/p>\n<p>   Una de las tendencias naturales que resultan gratificantes al hombre es la que le mueve a ser fecundo y productivo ante s\u00ed\u00ad mismo y ante los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>   La fecundidad implica un mundo de posibilidades, al que cada uno accede seg\u00fan la propia vocaci\u00f3n. Hay fecundidad art\u00ed\u00adstica, cient\u00ed\u00adfica, cultural, pol\u00ed\u00adtica, econ\u00f3mica, etc. Adem\u00e1s de esa fecundidad general, los hombres sentimos la tendencia natural a la fecundidad vivida en conjunci\u00f3n familiar.<\/p>\n<p>   A no ser que un don o una inspiraci\u00f3n singular muevan hacia un proyecto personal de celibato o virginidad, se ha de vivir la existencia en clave de fecundidad.<\/p>\n<p>     &#8211; Es una mutilaci\u00f3n y una inmensa pobreza \u00e9tica el renunciar a la fecundidad por comodidad, ego\u00ed\u00adsmo, timidez, o por pobreza de mente o de coraz\u00f3n. Es una grandeza moral el vivir fecundamente, asumiendo los esfuerzos abnegados y las alegr\u00ed\u00adas familiares como prolongaci\u00f3n de la acci\u00f3n sexual compartida.<\/p>\n<p>     &#8211; Cada hombre o mujer debe buscar el esposo o esposa ideal, pensando en la felicidad de la vida compartida con el ser al que se ama de forma definitiva.<\/p>\n<p>     &#8211; Se deben mirar los hijos, no como resultado biol\u00f3gico de la fecundaci\u00f3n, sino como fruto del amor y de la capacidad creadora del hombre.<\/p>\n<p>    En el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica dice: \u00abCada uno de los dos sexos es, con una dignidad igual aunque de manera distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios. La uni\u00f3n del hombre y de la mujer en el matrimonio es una manera de imitar la generosidad y fecundidad del Creador. El hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer y se hacen una sola carne. De esta uni\u00f3n proceden todas las generaciones humanas\u00bb. (N\u00c2\u00b0 2335)<\/p>\n<p>    3.3.2. Fecundidad como realizaci\u00f3n<\/p>\n<p>    A veces se acusa a la Iglesia cristiana de represora y antinatural, cuando recuerda a sus miembros que el ejercicio sexual humano no puede regirse s\u00f3lo por el instinto como raz\u00f3n motriz.<\/p>\n<p>    En el terreno sexual, la Iglesia no hace otra cosa que transmitir la ense\u00f1anza de Jes\u00fas sobre la vida, sobre el amor, sobre el hombre y sobre la sociedad. Tiende a valorar la sexualidad a la luz del Evangelio. Es respetuosa con los hermosos dinamismos de la naturaleza, pero recuerda a quien quiere o\u00ed\u00adr su mensaje que no son los \u00faltimos valores del hombre los goces sensoriales. Pone especial cuidado en recordar la dimensi\u00f3n espiritual de la sexualidad y anima a todos a regirse por la conciencia y por la propia vocaci\u00f3n sobrenatural.<\/p>\n<p>    Si en tiempos antiguos muchos cristianos miraron lo sexual con ojos maniqueos, es decir menospreciando la bondad y belleza del cuerpo o la grandeza de la intimidad conyugal, la Iglesia insiste en la actualidad en el agradecimiento que se ha de tener con Dios por una fuerza hermosa de la que depende la propagaci\u00f3n de la vida.<\/p>\n<p>    Y por eso quiere siempre presentar la sexualidad como rasgo noble del ser humano y como plataforma en la que se realiza como persona, en la conjunci\u00f3n complementadora de otra persona de diferente sexo.<\/p>\n<p> 4. Moral sexual<\/p>\n<p>   El mensaje cristiano sobre la sexualidad esencialmente es positivo, no negativo, a pesar de la f\u00f3rmula b\u00ed\u00adblica del \u00absexto mandamiento\u00bb de la Ley: \u00abNo fornicar\u00bb (Ex. 20.14 y Deut. 5.19); o como repiti\u00f3 Jes\u00fas: \u00abNo cometer\u00e1s adulterio.\u00bb (Lc. 18.20; Mc. 10.19; Mt. 19.18)<\/p>\n<p>    Es preciso aprender a definir la sexualidad con lenguaje m\u00e1s evang\u00e9lico, el que tambi\u00e9n empleo Jes\u00fas en otras ocasiones: \u00abDios los cre\u00f3 var\u00f3n y hembra. Dejar\u00e1 el hombre a su padre y a su madre y se unir\u00e1 a su mujer y ser\u00e1n los dos uno solo.\u00bb (Mt. 10.5)<br \/>\n   Es preciso entender este mensaje como reflejo del lenguaje del amor, de la unidad, de la fecundidad.<\/p>\n<p>   La verdadera ley del \u00abSexto mandamiento\u00bb, del ejercicio de la sexualidad humana, es positiva: Amor a los hombres, vivencia del plan de Dios desde la sexualidad fecunda, libertad de elecci\u00f3n, regulaci\u00f3n inteligente del instinto, aceptaci\u00f3n amorosa del orden sexual.<\/p>\n<p>   No responden a esta ley los des\u00f3rdenes sexuales que se puedan dar, a cuyo conjunto denominamos lujuria, que es la b\u00fasqueda del placer sexual ego\u00ed\u00adsta fuera del orden matrimonial y resulta una tentaci\u00f3n f\u00e1cil en los esp\u00ed\u00adritus incapaces de entender la grandeza del matrimonio.<\/p>\n<p>   Reviste m\u00faltiples formas con un com\u00fan denominador: el ego\u00ed\u00adsmo. Algunas de ellas son frecuentes.<\/p>\n<p>      * La fornicaci\u00f3n es la acci\u00f3n sexual fuera del amor matrimonial, aunque se defina con frases tan enga\u00f1osas como \u00abhacer el amor\u00bb, \u00abb\u00fasqueda de experiencia prematrimonial\u00bb, \u00abafianzamiento de la virilidad o feminidad\u00bb, etc.<\/p>\n<p>      * La prostituci\u00f3n es la acci\u00f3n sexual por intereses materiales, econ\u00f3micos o de otro tipo, abusando de personas d\u00e9biles, como mujeres indefensas y explotadas o varones enviciados o con traumas afectivos o mentales.<\/p>\n<p>      * La autoestimulaci\u00f3n er\u00f3tica anormal es frecuente en esp\u00ed\u00adritus d\u00e9biles o introvertidos. Reviste formas como la masturbaci\u00f3n o autoestimulaci\u00f3n sexual por egocentrismo o la pornograf\u00ed\u00ada o satisfacci\u00f3n fatansiosa por gr\u00e1ficos o proyecciones falaces.<\/p>\n<p>      * La homosexualidad es desajuste promovido frecuentemente por enga\u00f1osa y excesiva propaganda de personas enfermas ps\u00ed\u00adquicamente o taradas sexualmente, las cuales llegan incluso a pensar que hay un tercer sexo.<\/p>\n<p>      *  La violencia sexual, en sus diversas formas psicop\u00e1ticas, constituye una deformaci\u00f3n de la naturaleza. Tal es el masoquismo, el sadismo, la pederastia, la satir\u00ed\u00adasis o la ninfoman\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>    La trivializaci\u00f3n, o desprecio de la belleza sexual que prolifera en muchos medios de comunicaci\u00f3n social (cine, prensa, televisi\u00f3n, fiestas, etc. ), en nada contribuye a que, sobre todo los j\u00f3venes, aprecien, respeten, valoren y cultiven con alegr\u00ed\u00ada su sexualidad compartida y vivan seg\u00fan nobles ideales.<\/p>\n<p>   Sin embargo hay muchas personas inteligentes y sensibles, tambi\u00e9n entre los j\u00f3venes, que saben protegerse y superar los enga\u00f1os ambientales. Promocionan su riqueza sexual por encima del hedonismo, del materialismo, del machismo; y la ponen al servicio de ideales superiores sabiendo esperar el momento del amor y del compromiso.<\/p>\n<p>   Ellos se preparan para descubrir la riqueza de su sexualidad: ven en la intimidad un valor digno de ser defendido; sienten la ternura como una cualidad que hace hermosa la vida; asumen el pudor como una riqueza de personas delicadas; desarrollan su afectividad y sensibilidad como valores incalculables.<\/p>\n<p>     4.1. La castidad<\/p>\n<p>    La virtud de la castidad es, en t\u00e9rminos tomistas, la \u00abparte integrante de la templanza\u00bb que nos lleva a vivir la sexualidad al estilo superior de los hombres fuertes y no bajo los impulsos comunes con los animales. Exige energ\u00ed\u00ada en la persona, moderaci\u00f3n en el apetito, austeridad, dominio y sobriedad.<\/p>\n<p>    Implica grandeza de \u00e1nimo y categor\u00ed\u00ada moral elevada. Siempre fue mirada como una virtud significativa en el cristianismo, cuyos m\u00e1ximos modelos, Cristo y su Santa Madre, son fuentes permanentes de inspiraci\u00f3n para los creyentes.<\/p>\n<p>    La continencia es el aspecto material de la castidad como virtud. Reclama firmeza especial de la voluntad, capacidad de elecci\u00f3n y visi\u00f3n positiva.<\/p>\n<p>    El celibato es la continencia convertida en sistema voluntario de vida. Se desarrolla cuando, por motivos sociales, culturales o morales, se opta por la vida continente, no matrimonial. Pero se convierte en virtud cuando se asume por motivos espirituales.<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n hablamos de virginidad, si el celibato se vive por motivos morales o religiosos expresados de manera formal. A\u00f1ade a la continencia y al celibato la actitud de compromiso, sea este expresado por la dedicaci\u00f3n generosa a los dem\u00e1s, por la entrega apost\u00f3lica o con la formulaci\u00f3n de votos ante Dios, al estilo del estado sacerdotal cat\u00f3lico o de los religiosos de diversas confesiones.<\/p>\n<p>    Ni que decir tiene que tanto la continencia y el celibato como la virginidad no significan atrofia y mutilaci\u00f3n o renuncia de la persona en su dimensi\u00f3n sexual, lo cual no ser\u00ed\u00ada coherente con una visi\u00f3n cristiana de la vida, sino una elevaci\u00f3n, perfeccionamiento y sublimaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Si alguien renuncia al ejercicio sexual por temor o pusilanimidad, por ego\u00ed\u00adsmo o inseguridad, por traumas ps\u00ed\u00adquicos o mutilaciones f\u00ed\u00adsicas, m\u00e1s que la castidad, como virtud, lo que practica es la continencia, como huida.<\/p>\n<p>    Es virtud s\u00f3lo cuando implica motivaci\u00f3n superior, libre aceptaci\u00f3n, cultivo progresivo y consciente. Y, como estos valores s\u00f3lo se dan en el hombre maduro y responsable, la inocencia del ni\u00f1o, su pureza o ternura, apenas se puede identificar con la virginidad o la castidad, salvo como forma de met\u00e1fora.<\/p>\n<p>    El hecho de que no se realicen actividades sexuales orientadas a la reproducci\u00f3n y a la fecundidad org\u00e1nica, no impide al hombre la fecundidad moral, intelectual y espiritual.<\/p>\n<p>    Precisamente la castidad, en cuanto energ\u00ed\u00ada que asegura el dominio de s\u00ed\u00ad y la valoraci\u00f3n de los dem\u00e1s m\u00e1s all\u00e1 de su cuerpo, hace posible multitud de actividades superiores: promoci\u00f3n de la ciencia y de la cultura, servicios altruistas a los dem\u00e1s, afianzamiento de la propia personalidad y, evidentemente, eficacia y servicio apost\u00f3lico y eclesial.<\/p>\n<p>   4.2. Los modelos.<\/p>\n<p>    Interpretando el mensaje de Jes\u00fas y las ense\u00f1anzas de los Ap\u00f3stoles, los cristianos de todos los tiempos han visto en la castidad una fuente de energ\u00ed\u00ada para mayor entrega al Reino de Dios. Ha sido presentada como el mejor camino hacia la santidad.<\/p>\n<p>    En la Escritura se ensalza su naturaleza y dignidad con t\u00e9rminos diferentes: pureza, continencia, virginidad. En el Nuevo Testamento 21 veces se emplea el t\u00e9rmino de \u00abagneia = limpieza\u00bb, 61 veces los derivados del verbo \u00abkazairo = limpiar\u00bb, 16 veces el concepto de \u00abparzenia: virginidad\u00bb y docenas de referencias aluden a equivalencias como estar \u00absin mancha\u00bb, \u00absin tacha\u00bb, \u00absin pecado\u00bb, etc.<\/p>\n<p>    Con la castidad, entendida como continencia, el hombre se hace m\u00e1s fuerte en las dificultades de la vida, se siente m\u00e1s libre en las relaciones con los dem\u00e1s, se capacita m\u00e1s para empresas dif\u00ed\u00adciles. Pero con ella, entendida como dominio sexual por el Reino de Dios, el hombre se hace \u00absiervo de Dios\u00bb, ap\u00f3stol de Cristo, testigo del Reino, reflejo de la pureza infinita de Dios.<\/p>\n<p>    Por el contrario el desorden sexual le conduce a la atrofia las cualidades personales y profesionales y le hiere en su dignidad o le hunde en el pecado, que es alejamiento de Dios.<\/p>\n<p>   La Historia de la Iglesia est\u00e1 llena de personas que se han mantenido en la castidad y han sido modelos de padres y madres capaces de ordenar hogares felices, de ministros del Evangelio entregados a todas las tareas de caridad, de h\u00e9roes de santidad, llamados v\u00ed\u00adrgenes (ellos y ellas), admirados por toda la comunidad creyente. Con el ejemplo de Cristo, hombre encarnado y virgen, y de su Santa Madre, el \u00fanico modelo de madre virgen, la Iglesia ha enarbolado siempre la bandera de la pureza como condici\u00f3n de m\u00e1s acercamiento a Dios.<\/p>\n<p>   Es evidente que la virginidad, testificada por Cristo y por su Madre Mar\u00ed\u00ada, no indica ni sugieren ninguna infravaloraci\u00f3n de la sexualidad matrimonial.<\/p>\n<p>   Pero el hecho de que el plan salvador de Dios se forjara contando con el estado no matrimonial de Jes\u00fas, en quien el Verbo se encarn\u00f3, en la madre virgen que le prest\u00f3 su vientre puro para que la encarnaci\u00f3n se realizara, es muestra expresiva de que algo de bello, fecundo y sublime hay en la virginidad, que mereci\u00f3 tales modelos y testigos.<\/p>\n<p>    Para quienes sienten su llamada dec\u00ed\u00ada el Concilio Vaticano II: \u00abAyud\u00e1ndose de  los oportunos auxilios divinos y humanos, aprendan a vivir su renuncia al matrimonio, de modo que no s\u00f3lo no sufra menoscabo alguno su vida y actividad a causa del celibato, sino que m\u00e1s bien logren m\u00e1s profundo dominio del cuerpo y del esp\u00ed\u00adritu y una m\u00e1s completa madurez y perciban de modo m\u00e1s perfecto la bienaventuranza del Evangelio.\u00bb (Optatam tot. 10)<\/p>\n<p>    Los \u00abplaceres de la carne\u00bb, puestos por Dios con un fin de fecundidad, son un beneficio compatible con la virtud de la castidad, si se asumen dentro del orden matrimonial. Pero los \u00abplaceres del esp\u00ed\u00adritu\u00bb son m\u00e1s sublimes y \u00abdivinos\u00bb.<\/p>\n<p>    \u00abDebido al momento excepcional en que vivimos, es bueno que el hombre permanezca como est\u00e1. \u00bfEst\u00e1 casado? No se separe. \u00bfEst\u00e1 soltero? No busque mujer&#8230; Pero el soltero est\u00e1 m\u00e1s en situaci\u00f3n de preocuparse de las cosas de Dios\u00bb. (1. Cor. 7. 27.33)<\/p>\n<p> 5. Educaci\u00f3n sexual<\/p>\n<p>   Si la virtud debe ser un ideal para los cristianos, hay que educar a todos los creyentes para vivir virtuosamente. Este principio es la esencia del Evangelio: \u00abSed perfectos como Dios, vuestro Padre, es perfecto\u00bb (Mt. 5.48)<br \/>\n   La educaci\u00f3n sexual es una necesidad del hombre y del cristiano. Como hombre debe ser educado en la sexualidad y en la castidad, en cuanto ella es la virtud natural que regula este rasgo esencial de la vida y de la persona.<\/p>\n<p>   Pero para el cristiano no basta la educaci\u00f3n sexual en el orden de la raz\u00f3n y de la conveniencia natural. Su nivel es otro y necesita la educaci\u00f3n en la virtud de la castidad en cuanto ella es un reflejo del plan divino. Y debe ser educado en ella desde la fe y como hijo de Dios que vive en conformidad con la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>    5.1. En el nivel humano<\/p>\n<p>    El orden natural es primordial. Y es tan importante como la educaci\u00f3n en otros campos: la justicia, la paz, el trabajo, la sociabilidad, etc. Con toda la raz\u00f3n nos dice que hay algo en la sexualidad que requiere singular atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>   Las dem\u00e1s virtudes quedan de alguna manera en la persona. Si fallan es la persona y s\u00f3lo ella la que se perjudica. Sin embargo, la sexualidad est\u00e1 hecha para asegurar la reproducci\u00f3n humana y detr\u00e1s de ella est\u00e1n los nuevos seres que surgen de su ejercicio.<\/p>\n<p>   Hay, pues, una dimensi\u00f3n de trascendencia humana, de responsabilidad, de futuro, que otras virtudes no poseen en el mismo grado. Requiere una atenci\u00f3n singular.<\/p>\n<p>   5.1. Terrenos educativos.<\/p>\n<p>   La educaci\u00f3n sexual requiere atenci\u00f3n primero en el terreno instructivo. Es lo que solemos definir como \u00abinformaci\u00f3n sexual\u00bb que toda persona debe poseer por motivos sociales, morales y hasta sanitarios. Pero la sexualidad no s\u00f3lo es genitalidad. Por eso hay que informar e instruir en los aspectos afectivos, morales, convivenciales. Hay que llegar a presentar y valorar lo que representa de equilibrio afectivo, de conciencia de dignidad, de influencia en la convivencia.<\/p>\n<p>   Y hay que abrir a la persona en lo humano, tratando de llegar a la educaci\u00f3n integral y hasta espiritual; y, en lo cristiano, hay que aspirar al descubrimiento del plan de Dios y de su palabra eterna.<\/p>\n<p>   5.1.1. Informaci\u00f3n sexual.<\/p>\n<p>   Desde los primeros a\u00f1os de la vida se adquiere \u00abexperiencialmente\u00bb instrucci\u00f3n sexual, m\u00e1s o menos como acontece en los dem\u00e1s aspectos: por los hechos ambientales o personales, por las transformaciones del propio cuerpo, por las observaciones, lenguajes, datos que se reciben, por los estudios escolares biol\u00f3gicos y sociol\u00f3gicos, etc.<\/p>\n<p>   En la vida moderna juegan papel decisivo los medios de comunicaci\u00f3n social, con sus capacidades expresivas: noticias de prensa, ilustraciones, escenas, filmes, reportajes.<\/p>\n<p>   El hombre adquiere su instrucci\u00f3n en la vida cotidiana. Pero, como pasa en geograf\u00ed\u00ada y en matem\u00e1ticas, necesita cierta sistematizaci\u00f3n, orden y correcci\u00f3n en los datos, para que ellos no sean incompletos, desproporcionados, incluso falsos.<\/p>\n<p>    La instrucci\u00f3n se sit\u00faa, como en un punto de partida, en la claridad de la conciencia y de la inteligencia. Pero no se debe reducir a s\u00f3lo los aspectos biol\u00f3gicos, afectivos o sociales. Debe afectar tambi\u00e9n a las dimensiones morales y sobrenaturales. Es tanto m\u00e1s necesaria y obligatoria cuanto la ignorancia conduce a desviaciones y perturbaciones personales y colectivas. La ignorancia origina des\u00f3rdenes, vicio, rusticidad.<\/p>\n<p>    De forma natural se debe acompa\u00f1ar al ni\u00f1o y al joven que crecen en este terreno, con sugerencias y respuestas concretas a sus interrogantes y, sobre todo, con dise\u00f1os h\u00e1biles instructivos que compensen las deficiencias de los aprendizajes vulgares o de las manipulaciones a las que puede ser sometido el hombre, tanto el var\u00f3n como la mujer.<\/p>\n<p>   De forma especial se deben prevenir las \u00ababerraciones\u00bb, que son datos exagerados desde la  perspectiva real, y que tanto suscitan los medios de comunicaci\u00f3n, \u00e1vidos de beneficios mercantiles asociados al sexo.<\/p>\n<p>    El hogar familiar, la escuela, los grupos de pertenencia, la catequesis parroquial, son los lugares en que se hace posible la aclaraci\u00f3n sexual correcta, oportuna y adaptada a cada persona.<\/p>\n<p>    5.1.2. Formaci\u00f3n m\u00e1s que instrucci\u00f3n<\/p>\n<p>    Es superior a la simple instrucci\u00f3n. Es m\u00e1s importante, por cuanto tiene objetivos y abarca dimensiones mejores que la simple informaci\u00f3n. Se suele denominar \u00abeducaci\u00f3n en el amor\u00bb, aunque la expresi\u00f3n no es del todo feliz, pues implica ciertas connotaciones limitantes en la mayor parte de los ambientes.<\/p>\n<p>   Educarse en este terreno: criterios, valores, actitudes, sentimientos, opciones, etc., es un deber de toda persona libre, sobre todo en los per\u00ed\u00adodos juveniles, en los que puede despertarse a veces el erotismo empobrecedor si el sujeto se obsesiona por las transformaciones sexuales de su cuerpo, o tambi\u00e9n si se adopta formas excesivamente intimistas, po\u00e9ticas, ut\u00f3picas y rom\u00e1nticas.<\/p>\n<p>    Son muy importantes los criterios y los valores correctos, sobre todo si ayudan a situar positivamente la vida sexual personal y a valorar con respeto y sentido \u00e9tico la ajena.<\/p>\n<p>    Es evidente que los buenos criterios no surgen en la mente por generaci\u00f3n espont\u00e1nea. Se precisan ayudas externas que orienten adecuadamente. Desde luego, estos criterios rectos no vendr\u00e1n de quienes no vean en la sexualidad nada m\u00e1s que la dimensi\u00f3n fisiol\u00f3gica.<\/p>\n<p>    La correcta educaci\u00f3n de la sexualidad no se logra con la represi\u00f3n, en la soledad o desde ut\u00f3picos idealismos y rom\u00e1nticos ensue\u00f1os. Es un rasgo que reclama encuentros intersexuales graduados y desarrollados en el orden y bajo el amparo de ideales nobles.<\/p>\n<p>    Son necesarias las oportunidades de descubrir, apreciar y respetar a las personas del otro sexo, con las que se establecen relaciones de cercan\u00ed\u00ada. La vieja costumbre de mirar al otro sexo como un peligro, y no como un complemento, provoca traumas e inhibiciones.<\/p>\n<p>   5.1.3. Vivencia evang\u00e9lica<\/p>\n<p>   La educaci\u00f3n sexual del cristiano se debe mover en un tercer nivel, m\u00e1s elevado que el del amor humano y el de los mismos planteamientos \u00e9ticos.<\/p>\n<p>   El mensaje del Evangelio camina entre  lo espiritual y lo sobrenatural. Por eso se debe asociar a conceptos tales como voluntad divina, plan creacional, capacidad santificadora, funci\u00f3n eclesial, vida matrimonial, etc.<\/p>\n<p>   Esas dimensiones quedan reflejadas en las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas (fidelidad, igualdad, virginidad, continencia por el Reino de los cielos) y en las complementarias de los Ap\u00f3stoles (matrimonio, signo sensible de la uni\u00f3n de Cristo y de la Iglesia, conveniencia del ejercicio sexual: \u00abM\u00e1s vale casarse que abrasarse\u00bb (1. Cor 6.9), etc.<\/p>\n<p>   En los textos paulinos se reflejan aspectos b\u00e1sicos como la justicia, la igualdad y la superioridad de la sexualidad cristiana, entendida como cooperaci\u00f3n divina y no s\u00f3lo como copulaci\u00f3n humana: \u00abNi el var\u00f3n est\u00e9 sin la mujer, ni la mujer est\u00e9 sin el var\u00f3n, pues si la mujer fue formada del var\u00f3n, tambi\u00e9n el var\u00f3n lo es de la mujer; y todo esto procede de Dios.\u00bb (1 Cor. 11. 12)<br \/>\n   La sexualidad, vista desde el Evangelio, es un camino de liberaci\u00f3n. Dec\u00ed\u00ada San Pablo.\u00bbQuisiera que todos los hombres siguieran mi ejemplo, pero cada uno tiene su propio don de Dios\u00bb (1. Cor. 7. 9)<br \/>\n  Educar conforme a estos criterios es condici\u00f3n de vida cristiana. Quedarse s\u00f3lo en una visi\u00f3n naturalista y no iluminar la conciencia con la Palabra divina, es perder el camino de una educaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>   En este terreno el catequista tiene poco en qu\u00e9 escoger. O propone a Cristo y a su Madre Sant\u00ed\u00adsima como modelos o se pierde en el pluralismo de ofertas desviadas con que se encuentran con frecuencia los catequistas en su entorno. Su catequesis debe aspirar a ser evang\u00e9lica y evangelizadora. Si el matrimonio es el camino general de los hombres y mujeres, no se debe ocultar la posibilidad tambi\u00e9n del celibato sin complejos y de la virginidad sin temores, si ella entra en los planes de Dios para cada uno. Es la palabra de Dios para cada alma la que se debe proponer y de la que se debe disponer en la educaci\u00f3n sexual.<\/p>\n<p>   5.2. Ambitos.<\/p>\n<p>   Tambi\u00e9n es conveniente recordar que la educaci\u00f3n sexual requiere el reparto de funciones entre los diversos espacios educativos en los que se configura la personalidad del hombre.<\/p>\n<p>   5.2.1. En la familia<\/p>\n<p>   La familia, por naturaleza, es la primera plataforma de educaci\u00f3n sexual, lo cual no quiere decir que lo sea siempre de la instrucci\u00f3n en este terreno.<\/p>\n<p>   En los primeros a\u00f1os los padres son los naturales depositarios de las curiosidades sexuales y de las preguntas. Su disposici\u00f3n debe estar abierta a respuestas c\u00f3modas, prontas y f\u00e1ciles.<\/p>\n<p>   A medida que el ni\u00f1o crece, sus fuentes informativas y formativas se diversifican. Cuando llega la edad de la preadolescencia, la hipersensibilidad de chicos y chicas bloquea el protagonismo paterno por regla general y se orienta la satisfacci\u00f3n de la curiosidad hacia otros manantiales informativos m\u00e1s c\u00f3modos.<\/p>\n<p>   No quiere ello decir que no tenga entonces la familia ya misi\u00f3n que cumplir al respecto. El cultivo del clima de confianza, el ejemplo del amor sincero entre los esposos, la generosa disponibilidad de los hermanos y hermanas mayores para dar buenos ejemplos, la informaci\u00f3n indirecta con libros disponibles, el control prudente de los medios de informaci\u00f3n como la televisi\u00f3n o las tecnolog\u00ed\u00adas de la comunicaci\u00f3n libre, como internet, son recursos que presagian una orientaci\u00f3n correcta en este importante terreno educativo .<\/p>\n<p>   Nunca los padres deben inhibirse y ceder sus derechos y responsabilidades a los compa\u00f1eros y amigos de los hijos o a elementos nocivos que pueden abundar en determinados ambientes.<\/p>\n<p>   5.2.3. En la escuela.<\/p>\n<p>   Del mismo modo, la escuela tiene una misi\u00f3n informativa y educativa de indiscutible valor. La tiene en temas importantes como la justicia, la paz, la laboriosidad y la sociabilidad y debe reclamarla en la sexualidad.<\/p>\n<p>   Una buena escuela cuida con esmero sus planes y estilos en lo que a educaci\u00f3n sexual se refiere. Afecta a los aspectos m\u00e1s t\u00e9cnicos, como son los org\u00e1nicos y los sociol\u00f3gicos. Pero tambi\u00e9n a la promoci\u00f3n de los valores y de los ideales cristianos, sobre todo si ofrece esta perspectiva confesional a la familia que la demanda. Y cuando las relaciones entre educandos y educadores son fluidas y excelentes, las orientaciones sexuales, tanto para los grupos como para las personas, con las aclaraciones a los interrogantes que van surgiendo en la tarea cotidiana, son oportunas y claras.<\/p>\n<p>   Quien se inhibe en esta misi\u00f3n formadora por prejuicios integristas o quien la abandona por indiferencia, timidez o parsimonia hace un mal servicio a las personas que se educan en su seno.<\/p>\n<p>   Desde luego una escuela cristiana no puede omitir este deber. Y su misi\u00f3n especifica es ofrecer informaciones e invitaciones educativas en la l\u00ed\u00adnea del Evangelio.<\/p>\n<p>   5.2.4.  Grupos de convivencia<\/p>\n<p>   Del mismo modo se debe aludir a los diversos grupos de convivencia formativa a los que puede pertenecer el creyente: catecumenales, parroquiales, congregaciones y cofrad\u00ed\u00adas, movimientos cristianos juveniles. Todo ellos deben desarrollar, en el contexto de sus planes y objetivos, un acompa\u00f1amiento adecuado de los ni\u00f1os y j\u00f3venes en su proceso de la maduraci\u00f3n de su fe.<\/p>\n<p>   As\u00ed\u00ad como en otros terrenos se orienta cristianamente la maduraci\u00f3n en esos grupos: honradez, fraternidad, fe, caridad y oraci\u00f3n, del mismo modo se deben abordar temas sexuales cuantas veces sea preciso. Sin polarizaciones y sin marginaciones, se debe acompa\u00f1ar el desarrollo sexual de las personas, sobre todo con la pr\u00e1ctica de las virtudes cristianas que conducen al dominio del cuerpo y a la regulaci\u00f3n del coraz\u00f3n en lo que a afectos y experiencias sexuales o intersexuales se refiere.<\/p>\n<p>   5.3. Estadios y niveles<\/p>\n<p>   Es evidente que no todas las edades tienen las mismas demandas respecto a los deberes y actitudes que la sexualidad humana requiere.<\/p>\n<p>   5.3.1. Infancia elemental<\/p>\n<p>   Los primeros a\u00f1os de la vida demandan en el catequista el fomento de la confianza en las curiosidades naturales, en las relaciones y en las respuestas a las preguntas de contenido sexual que el ni\u00f1o hace individualmente o en grupo.<\/p>\n<p>   La referencia al hogar y los v\u00ed\u00adnculos familiares son aspectos imprescindibles para abordar lo que se refiere al propio sexo, a la originalidad del otro sexo y a las relaciones entre ambos.<\/p>\n<p>   Lo m\u00e1s importante en este momento evolutivo es que el ni\u00f1o se sienta satisfecho con la propia identidad sexual y cultive actitudes profundas de alegr\u00ed\u00ada por su ser femenino o masculino. Se ha de evitar que el entorno genere actitudes contrarias.<\/p>\n<p>   Son desafortunados los padres que no aceptan con gusto el sexo del hijo y son perjudiciales aquellos educadores que ensalzan un sexo a costa del otro (machistas, feministas) o no aciertan a orientar el despertar sexual del ni\u00f1o.<\/p>\n<p>   La tarea educadora ser\u00e1 tanto m\u00e1s beneficiosa cuanto m\u00e1s natural resulte.<\/p>\n<p>   5.3.2. Infancia superior<\/p>\n<p>   Al crecer el ni\u00f1o y llegar al estadio de la infancia social y activa de los diez y doce a\u00f1os, se despierta la curiosidad sexual con m\u00e1s precisi\u00f3n y frecuencia, sobre todo si los est\u00ed\u00admulos ambientales son improcedentes. Es conveniente que los temas sexuales se aborden con sencillez y delicadeza, de modo que los intereses respecto de los fen\u00f3menos reproductores no se repriman, pero tampoco se exacerben.<\/p>\n<p>   La serenidad y la claridad deben acompa\u00f1ar a las informaciones sobre los hechos sexuales, los cuales deben ser vistos y asumidos en sus dimensiones est\u00e9ticas y \u00e9ticas preferentemente, y no s\u00f3lo en sus aspectos fisiol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>   Corresponde a todas las instancias educativas el trato sexual adecuado, pero var\u00ed\u00adan las personas en cuanto a sus preferencias informativas.<\/p>\n<p>   La clarificaci\u00f3n de los acontecimientos que surquen por la mente del ni\u00f1o, es imprescindible, evitando que los mitos o los errores de forma o de fondo se apoderen de su mente infantil. Tal acontece cuando escenas improcedentes transcurren por sus ojos: televisi\u00f3n, cine, ilustraciones gr\u00e1ficas, la calle, etc. y no halla alguien que les ayude a serenar sentimientos y a interpretar los hechos.<\/p>\n<p>   Es momento interesante para el descubrimiento del mensaje evang\u00e9lico respecto a la vida, al amor, a la familia y a la compa\u00f1\u00ed\u00ada del otro sexo. Se debe acudir ahora con frecuencia a los relatos b\u00ed\u00adblicos, previendo su importancia para etapas posteriores.<\/p>\n<p>   5.3.3. Preadolescencia<\/p>\n<p>   Es la etapa m\u00e1s importante para la educaci\u00f3n de los sentimientos intersexuales y para la orientaci\u00f3n de las actitudes b\u00e1sicas de la personalidad con relaci\u00f3n a la fecundidad.<\/p>\n<p>   Los fen\u00f3menos sexuales propios de la pubertad: los cambios anat\u00f3micos como la menstruaci\u00f3n o las poluciones, la curiosidad por el otro sexo, la exacerbaci\u00f3n de la fantas\u00ed\u00ada por sobrecarga de est\u00ed\u00admulos en los medios sociales de comunicaci\u00f3n, las experiencias ajenas o propias de las que el preadolescente puede ser testigo o protagonista, son motivos de reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>   Pero la formaci\u00f3n sexual en sentido cristiano requiere ante todo la promoci\u00f3n de valores evang\u00e9licos profundos: ejemplos y palabras de Cristo, ense\u00f1anzas de la Iglesia, modelos en la vida de los santos, reclamos de la conciencia recta.<\/p>\n<p>   Los planteamientos deben ser purificadores primero y constructores despu\u00e9s, pero siempre desde la \u00f3ptica cristiana.<br \/>\n  El educador debe ponerse siempre en disposici\u00f3n de clarificar lo que es amor, desenmascarar las falacias y enga\u00f1os de la falsa sexualidad existente en el ambiente: aberraciones: homosexualidad, pornograf\u00ed\u00ada. Luego vendr\u00e1 el descubrir y aceptar el sentido del plan de Dios en la bisexualidad: dualidad de sexos, bondad del placer, responsabilidad, conciencia, valor de los hijos, etc.<\/p>\n<p>   Pero los mensajes deben ser constructivos y alentadores: excelencia de la ascesis sexual como cauce de crecimiento, apertura al altruismo y superaci\u00f3n del ego\u00ed\u00adsmo er\u00f3tico, valoraci\u00f3n de la intimidad, del pudor, de la conciencia, referencia a la voluntad divina y a su presencia indiscutible en la vida de las personas creyentes, etc.<\/p>\n<p>   Hay que promover el protagonismo del mismo adolescente en la formaci\u00f3n de su conciencia y no caer en la trampa de la casu\u00ed\u00adstica que a estas edades se pretende imponer como hilo del dialogo con los adultos.<\/p>\n<p>   Y hay que saber tambi\u00e9n respetar la libertad y la intimidad a esta edad, sin aprovecharse de los per\u00ed\u00adodos fr\u00e1giles para provocar confidencias sexuales de cuya comunicaci\u00f3n despu\u00e9s el sujeto se arrepiente.<\/p>\n<p>5.3.4. Adolescencia y Juventud<\/p>\n<p>   Es etapa en la que el joven y la joven comienzan a plantearse su actitud y su situaci\u00f3n en la vida. En lo relativo a la sexualidad, hay una gran diferencia en este per\u00ed\u00adodo vital entre enfocarla en sentido cristiano de respuesta a la voluntad de Dios y mirarla como simple oportunidad de placeres sensoriales.<\/p>\n<p>   El joven que aprenda a entenderla como simple descarga genital, ocasional e intrascendente, se condena a no entender jam\u00e1s lo que es el amor, ni el humano ni el divino. Se incapacita para admirar la belleza, para apreciar la \u00e9tica de la fecundidad, para descubrir el gozo de la entrega, para cultivar la madurez espiritual que conduce a la felicidad.<\/p>\n<p>   Es preciso a esta edad, en la medida de lo posible, clarificar y desenmascarar los planteamientos sexuales err\u00f3neos o los ideales de vida pobres: vivir para el gozo er\u00f3tico, noviazgos prematuros, experiencias sexuales infravaloradas, pornograf\u00ed\u00ada audiovisual o gr\u00e1fica machacona aceptada, triviliazaci\u00f3n r\u00fastica de lo genital, ego\u00ed\u00adsmo e inmediatez en los proyectos sensorioperceptivos.<\/p>\n<p>   Hoy no se puede ocultar el peligro que implican las estimulaciones de una actividad sexual precoz o desenfocada. Hay muchas personalidades enfermizas: obsesionadas por el sexo, distorsionadas por est\u00ed\u00admulos, carentes de ideales.<\/p>\n<p>   Quien trata con j\u00f3venes debe conocer las situaciones vitales en las que ellos se desenvuelven y debe actuar en consecuencia. A pesar de todos los problemas que pueden plantear estos estados, el educador de la fe cristiana no puede ni debe suavizar o infravalorar el mensaje evang\u00e9lico relacionado con la sexualidad: necesidad del dominio, grandeza de la fortaleza, igualdad de los sexos, responsabilidad, etc.<\/p>\n<p>   A veces se corre el riesgo por parte del catequista de caer en la demagogia \u00e9tica y de disimular el mensaje evang\u00e9lico. Es actitud contraproducente para lo que se persigue, que la verdadera formaci\u00f3n de la conciencia. El alejamiento de los ideales superiores de vida resulta a la larga  empobrecedor. El mensaje cristiano debe ser claro en todos los aspectos: castidad, fidelidad, indisolubilidad matrimonial, aborto, homosexualidad, erotismo, experiencias sexuales.<\/p>\n<p>   El matrimonio se ha de presentar como una realidad santificadora y como un compromiso deseable para las personas, para la sociedad y para la Iglesia. Requiere preparaci\u00f3n adecuada en quienes quieren vivirlo como vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>   Es importante una buena catequesis del noviazgo, que es el tiempo en que una pareja establece relaciones de singular afecto y solidaridad para conocerse y para prepararse a los profundos compromisos matrimoniales.<\/p>\n<p>   No es tiempo de matrimonio y reclama responsabilidad, respeto, intimidad, sinceridad y solidaridad. Y tambi\u00e9n reclama continencia, que es la mejor forma de disponer la sexualidad propia y ajena a la funci\u00f3n reproductora que posee.<\/p>\n<p>   El tiempo de noviazgo requiere inteligentes medidas de prudencia y reflexi\u00f3n. Cualquier precipitaci\u00f3n suele resultar perjudicial. Pero tambi\u00e9n provoca un desgaste natural su excesiva prolongaci\u00f3n, cuando la indecisi\u00f3n afectiva, o los reclamos sociales, imposibilitan que culmine en el fruto del compromiso.<\/p>\n<p>   Hay que ofrecer criterios sanos a los j\u00f3venes para que miren el noviazgo con ojos de fe y como algo muy serio y personal, por lo que realmente es, no como un enlace de prueba y ensayo.<\/p>\n<p>   Los j\u00f3venes no encuentran muchas facilidades en los ambientes erotizados actuales, en los que la superficialidad y la falta de respeto a la mujer convierte este per\u00ed\u00adodo en un enga\u00f1o disfrazado de ternura o en un entretenimiento m\u00e1s de significaci\u00f3n social que de aut\u00e9ntico compromiso moral y personal.<\/p>\n<p>   Pero es importante que el educador no se desanime por las dificultades o por las circunstancias. Su tarea no est\u00e1 en acertar, sino en anunciar la belleza, la bondad, el ideal, el mensaje.<\/p>\n<p>   5.4. Obst\u00e1culos y desviaciones<\/p>\n<p>    No hay que olvidar, por otra parte, que los hechos y los criterios sexuales han ido cambiando con el tiempo y pueden ser diversos seg\u00fan los entornos de cada cultura. Desde el secretismo sexual de otros tiempos a la naturalidad sexual de los tiempos recientes se ha atravesado un itinerario interesante. Hoy se ha conseguido un mejor trato: m\u00e1s natural, m\u00e1s sincero, m\u00e1s clarificador, de los aspectos sexuales en la educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    El educador debe adaptarse a las situaciones y a los ambientes, pero guardando fidelidad a las condiciones b\u00e1sicas y a los valores de las personas y debe recordar que es algo dif\u00ed\u00adcil adaptar las exigencias evang\u00e9licas a las circunstancias sociol\u00f3gicas de los tiempos o ambientes en los que predomina el erotismo. Hablar del amor humano como reflejo del amor divino, decir que el amor entre esposo y esposa es signo sensible del que Jes\u00fas tiene a la Iglesia, (1 Cor. 6. 15-17; 2 Cor. 11;.2 Ef. 5. 29), no deja de ser una aventura eclesial y evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>   5.4.1. Erotismo como riesgo<\/p>\n<p>   El educador debe mantenerse alerta, sin alarmismos ni lamentos peyorativos, ante los influyentes medios de comunicaci\u00f3n social: el cine trivializa el matrimonio y su indisolubilidad, la televisi\u00f3n viola la intimidad del hogar y multiplica las ofertas sexuales en busca de rentabilidad econ\u00f3mica, la navegaci\u00f3n intern\u00e9utica facilita las ofertas er\u00f3ticas an\u00f3nimas y las aberraciones sexuales de manera desconocida en otros tiempos, las campa\u00f1as manipuladoras pretenden hacer natural el \u00abtercer sexo\u00bb (homosexualidad), con ignorancia sorprendente de las exigencias de la naturaleza, incluso se adelantan a la infancia los est\u00ed\u00admulos sexuales para no perder tiempo en la captaci\u00f3n de adeptos.<\/p>\n<p>    Es dif\u00ed\u00adcil armonizar esas ofertas ambientales del placer sexual como mito, desprovisto de todo sentido fecundador, con el mensaje exigente de la sexualidad a la luz del Evangelio: amor, fidelidad, respeto, autodominio, matrimonio.<\/p>\n<p>    No hay que desanimarse por las dificultades. Siempre habr\u00e1 personas iluminadas capaces de leer las alabanzas del Cantar de los Cantares con los ojos sutiles y po\u00e9ticos de S. Juan de la Cruz.<\/p>\n<p>   Y, aunque no todos lleguen a esa sensibilidad sublime, al menos sospechar\u00e1n que hay en el amor intenso y total algo m\u00e1s que sensaciones org\u00e1sticas y que \u00abnadie tiene amor m\u00e1s grande que el que da la vida por el amigo\u00bb (Jn 15. 13; 10.11; 13.34) o que \u00aben el cielo los hombres ser\u00e1n como \u00e1ngeles\u00bb (Lc. 20.36).<\/p>\n<p>    Y lograr\u00e1n entender de alguna forma que el mismo Se\u00f1or, seg\u00fan los evangelistas, se declar\u00f3 el Esposo amante de la comunidad de sus seguidores. (Jn. 3. 29; Mt 22. 1-14 y Mc. 2. 19)<\/p>\n<p>    El mensaje del amor hay que presentarlo en medio del erotismo, de igual modo que el mensaje de la paz puede ser descubierto en tiempos de guerra o el de la vida en momentos de enfermedad o de muerte. Es precisamente la labor del educador de la fe: anunciar continencia en los mismos lugares del desenfreno. Debe en este terreno, como en otros (justicia social, perd\u00f3n de los enemigos, respeto a la vida) proclamar s\u00f3lo lo que verdaderamente es mensaje del Evangelio.<\/p>\n<p>    En lo referente a la sexualidad, aunque vaya contra corriente, hace m\u00e1s bien a los esp\u00ed\u00adritus diciendo la verdad que apareciendo como condescendiente con el erotismo.<\/p>\n<p>   5.4.2. Situaciones conflictivas<\/p>\n<p>   En el terreno sexual se reclaman hoy ciertas adaptaciones y revisi\u00f3n de criterios \u00e9ticos para que sean firmes, claros y sinceros. As\u00ed\u00ad se podr\u00e1n contrarrestar las influencias nocivas de las informaciones e insinuaciones de los medios sensacionalistas que llegan a todos los rincones del planeta.<\/p>\n<p>   Entre los interrogantes que suelen surgir, hay cuestiones conflictivas y fronterizas que preocupan a los j\u00f3venes y adultos. Algunos pueden ser los siguientes:<br \/>\n  &#8211; La moralidad del control de natalidad por medios naturales y artificiales ya sean contraceptivos o sean abortivos. Si los contraceptivos f\u00ed\u00adsicos, como los preservativos, o qu\u00ed\u00admicos, como los productos anovulatorios o reguladores, son conquistas de la inteligencia y plantean interrogantes en la conciencia de los usuarios, los abortivos, sea cual sea su naturaleza y eficacia, resultan rechazables en cuanto destructores de la vida ya en gestaci\u00f3n.<br \/>\n  &#8211; La fecundaci\u00f3n artificial, o reproducci\u00f3n asistida, con sus diversas modalidades naturales (apoyos) o ad\u00falteras (inseminaci\u00f3n con principios fecundantes ajenos al c\u00f3nyuge matrimonial). Los diversos procedimientos son numerosos y las inquietudes \u00e9ticas que plantean complejas y diversamente respondidas.<\/p>\n<p>   Si se deben aceptar los que suponen la puesta en juego de la inteligencia para el servicio de la salud, de la persona o de la vida, ser\u00e1n rechazables los que traspasan las limitaciones naturales de la \u00e9tica conyugal, la cual reclama la imprescindible complementariedad de los esposos.<\/p>\n<p>   La espectacularidad de la ciencia y las nuevas destrezas del ingenio no son criterios \u00e9ticos en s\u00ed\u00ad, sino reclamos para la reflexi\u00f3n y para el discernimiento.<\/p>\n<p>   &#8211; El ejercicios de la sexualidad extramatrimonial es terreno discutible y discutido y claramente iluminado desde los criterios del Evangelio. No es admisible, por no ser coherente con los planes divinos. Y, sin embargo, en la sociedad actual, que tanto estimula prematuramente a las personas juveniles, y hasta infantiles, y que demora los compromisos matrimoniales por diversos motivos, resulta dif\u00ed\u00adcil la continencia y el cultivo de la ascesis exigida por el amor.<\/p>\n<p>   Eso genera tensiones y h\u00e1bitos distorsionantes y origina discrepancias con respecto a la comprensi\u00f3n de los diversos comportamientos sexuales. El terreno de los principios choca con las pr\u00e1cticas frecuentes de los individuos y de los grupos, con los modos de diversi\u00f3n y con la valoraci\u00f3n \u00e9tica de los hechos.<br \/>\n  &#8211; Se puede aludir tambi\u00e9n al exceso de provocaci\u00f3n er\u00f3tica que existe en los medios de comunicaci\u00f3n social, a la facilidad de acceso a est\u00ed\u00admulos pornogr\u00e1ficos y a las aberraciones frecuentes en determinados ambientes (pederastia, prostituci\u00f3n f\u00e1cil, turismo sexual, homosexualidad regulada incluso por leyes de emparejamiento, etc.) contra los que es obligado proteger a las personas, sobre todo juveniles.<\/p>\n<p>   &#8211; La regulaci\u00f3n (aceptaci\u00f3n o interrupci\u00f3n) de la gestaci\u00f3n en estadios previos a la configuraci\u00f3n suficiente (hominizaci\u00f3n) del feto (estado cig\u00f3tico o germinal). Incluso, cuando hay motivo objetivo de rechazo (por violaci\u00f3n, imprevisi\u00f3n, malformaci\u00f3n), se presentan tambi\u00e9n situaciones de conciencia conflictivas que no siempre pueden ser dilucidadas con suficiente claridad.<\/p>\n<p>   Todas las cuestiones aludidas, y otras que tienen que ver con el control biogen\u00e9tico o con aspectos de bio\u00e9tica, no dejan de ser interrogantes imprescindibles en los tiempos modernos, incluso con m\u00e1s urgencia de lo que pudo ser preciso en tiempos anteriores.<\/p>\n<p>    5.5. Metodolog\u00ed\u00adas<\/p>\n<p>   Son muchas las formas de armonizar los procedimientos instructivos y los afanes educativos en este terreno de la formaci\u00f3n \u00e9tica en el terreno sexual. En todos los campos, y en este tambi\u00e9n, es preciso acertar en la elecci\u00f3n de los mejores procedimientos, siendo tales los que faciliten la consecuci\u00f3n de un buen fin. M\u00e1s o menos, las preferencias metodol\u00f3gicas se orientan por un triple camino que debe ser objeto de reflexi\u00f3n por parte del educador.<\/p>\n<p>   5.5.1. El naturalismo<\/p>\n<p>   Pretende mirar los hechos reproductores con exclusivos criterios naturales: instinto, cohabitaci\u00f3n, convivencia, etc. Conduce a la atrofia de los valores trascendentes y a la alabanza de los planteamientos preferentemente naturales.<\/p>\n<p>   El naturalismo ensalza el instinto y el afecto y difumina h\u00e1bilmente los reclamos trascendentes y la conciencia.<\/p>\n<p>   Con el pretexto de que los fen\u00f3menos sexuales son primordialmente fisiol\u00f3gicos, olvida la dimensi\u00f3n espiritual y conduce a la infravaloraci\u00f3n del amor verdadero en el hombre.<\/p>\n<p>   Entendida la sexualidad s\u00f3lo como genitalidad instintiva, el naturalismo no supera las visiones animales de la vida. Pero el esp\u00ed\u00adritu humano demanda otros dinamismos. Hay que descubrir la llamada divina a la formaci\u00f3n de nuevos seres inteligentes, libres y espirituales, y no s\u00f3lo de meros mam\u00ed\u00adferos superiores.<\/p>\n<p>   La reproducci\u00f3n humana es mucho m\u00e1s que un fen\u00f3meno natural. Se eleva a la categor\u00ed\u00ada de coparticipaci\u00f3n con Dios en la creaci\u00f3n de nuevos seres.<\/p>\n<p>   5.5.2. Misticismo y rigorismo<\/p>\n<p>   Tal vez sea menos conveniente el riesgo de sublimar lo sexual y olvidarse de sus dimensiones naturales. Desconocer la funci\u00f3n del placer som\u00e1tico y ps\u00ed\u00adquico del enlace matrimonial y caer en un misticismo inabarcable, en un moralismo distorsionante o en un rigorismo sexual fatigador, es condenarse a no entender nunca la sexualidad.<\/p>\n<p>   Determinadas corrientes o estilos cristianos de pensamiento pretenden imponer a sus simpatizantes esa visi\u00f3n restrictiva, tan improcedente como la permisiva del naturalismo.<\/p>\n<p>   Mal servicio prestan los defensores de los criterios rigoristas en temas de conciencia. Y muchos de los hechos sexuales: enlaces, libertad, intimidad, experiencias amorosas, paternidad responsable, etc. son cuestiones de conciencia, la cual es inviolable.<\/p>\n<p>   El educador puede ofrecer criterios, pero debe respetar opciones. Su labor es anunciar el mensaje cristiano con humildad y apertura y dejar a cada creyente que asuma sus propias responsabilidades morales.<\/p>\n<p>   5.5.3. Realismo<\/p>\n<p>   M\u00e1s concordancia con el mensaje evang\u00e9lico ofrece el sano realismo, que es una manera de mirar los hechos y las personas desde las circunstancias en que se desarrollan. Exige situarse en el mundo real de las personas.<\/p>\n<p>   En lo relativo a los criterios sexuales, se debe alejar por igual del doctrinarismo rigorista y del relativismo laxista. Se debe ofrecer al educando por igual libertad de criterios (ausencia de prejuicios y obsesiones) y aprecio al gobierno de s\u00ed\u00ad mismo (autodominio y continencia).<\/p>\n<p>   Un problema o desaf\u00ed\u00ado que se presenta en los tiempos actuales, en relaci\u00f3n con la fecundidad y con la reproducci\u00f3n humana, es la llamada explosi\u00f3n demogr\u00e1fica en el mundo, la cual puede afectar a amplias regiones. Mejor ser\u00ed\u00ada denominarla distorsi\u00f3n poblacional, pues en ciertos lugares o pa\u00ed\u00adses acontece lo contrario, que es la ausencia y disminuci\u00f3n de natalidad por predominar el ego\u00ed\u00adsmo sexual sobre los ideales familiares y vitales de futuro.<\/p>\n<p>    Lo que la Iglesia defendi\u00f3 siempre es el respeto a la vida. Rechaz\u00f3 cualquier forma lesiva para la misma, como es el aborto. Am\u00f3 a cada ser humano en camino y exigi\u00f3 el respeto y, sobre todo, el amor. Siempre asoci\u00f3 la acci\u00f3n sexual a la apertura a la vida y conden\u00f3 la tendencia moderna a separar el placer genital de su concomitancia fecundante y su b\u00fasqueda independiente.<\/p>\n<p>   Por otra parte, advirti\u00f3 a los padres, sobre todo cristianos, que sus hijos no deben ser fruto s\u00f3lo del instinto ciego, sino de la inteligencia y de la voluntad.<\/p>\n<p>   Los seres humanos son seres espirituales con vocaci\u00f3n sobrenatural. En esta referencia apoy\u00f3 siempre la Iglesia la dignidad del acto sexual, hermoso por su significado biol\u00f3gico, gratificante por su dimensi\u00f3n afectiva, trascendente, en lo humano, por su proyecci\u00f3n de eternidad. Por eso, la doctrina cristiana armoniza la \u00abpaternidad responsable\u00bb con la \u00abfecundidad generosa\u00bb.<\/p>\n<p>  6. Catequesis de la sexualidad<\/p>\n<p>   El educador cristiano debe diferenciar, en lo posible, lo que es la educaci\u00f3n sexual exigida por la naturaleza racional del hombre y lo que debe ser la catequesis sobre la sexualidad, apoyada en la palabra divina y en la ense\u00f1anza consiguiente de la Iglesia.<\/p>\n<p>   La formaci\u00f3n en el amor es un deber pedag\u00f3gico para orientar la tendencia de un ser humano hacia otro y la apertura a la vida y a la fecundidad.<\/p>\n<p>   La catequesis va m\u00e1s all\u00e1. Presenta al hombre lo que Dios quiere de \u00e9l en el terreno del sexo y le ayuda a iluminar sus opciones a la luz del mensaje divino sobre amor sexual y en referencia a los planes de Dios sobre su vida. Le ense\u00f1anza a pensar en el matrimonio, si es su vocaci\u00f3n; y a desear la virginidad, si es lo que Dios quiere.<\/p>\n<p>   6.1. Criterios m\u00e1s que normas<\/p>\n<p>   La catequesis sobre la sexualidad plantea las ense\u00f1anzas sobre el amor, la sexualidad y la vida a la luz de los planes divinos.<\/p>\n<p>   &#8211; Presentar la vida, la reproducci\u00f3n y el amor, como dones divinos dados a los hombres. La persona entra en juego en esos planes, seg\u00fan la vocaci\u00f3n de Dios para cada uno y con la libertad de cada ser inteligente en su respuesta a Dios.<br \/>\n  &#8211; Tanto porque es una riqueza humana radical, como porque el mismo Jes\u00fas ha querido ofrecer su mensaje al respecto, la educaci\u00f3n cristiana mira y valora la sexualidad desde el Evangelio: dignidad, fidelidad, fortaleza, generosidad, sentido de trascendencia.<\/p>\n<p>   &#8211; El hombre ha nacido para amar y su madurez cristiana est\u00e1 vinculada con su capacidad de dar a los dem\u00e1s amor. El amor sexual se enmarca en el \u00fanico mandamiento de Cristo: que es \u00abamarse los unos a los otros como \u00e9l nos am\u00f3 primero.\u00bb (Jn. 13. 34). En lenguaje cristiano, la fecundidad y las delicias humanas del amor s\u00f3lo tienen sentido en clave de amor al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>   &#8211; Dios es autor de la vida y quiere que los hombres y las mujeres se unan para propagar nuevas vidas en el universo. Vivir la sexualidad matrimonial es cumplir la voluntad divina.<\/p>\n<p>   &#8211; Ese amor matrimonial se ha de expresar en forma de sacramento, es decir de signo sensible que hace de cauce para la gracia que Dios concede a quienes lo reciben.<\/p>\n<p>   Es, por lo tanto, un hecho religioso, adem\u00e1s de natural. Dios tiene que contar mucho en \u00e9l. Lo es el acto sacramental del compromiso y se prolonga en cada acto de amor por el que los casados se abren a la vida y al amor.<\/p>\n<p>   &#8211; La sexualidad debe ser analizada de forma positiva, como posibilidad creadora; y no de manera negativa, como deber de represi\u00f3n. La ley cristiana relativa a la sexualidad se debe formular de manera comprometedora: \u00abVivir el amor en la forma que Dios quiere para cada uno: en el matrimonio o en el celibato\u00bb; y no es suficiente hacerlo de forma negativa: \u00abno fornicar\u00bb.<\/p>\n<p>   La Castidad se debe apreciar como una virtud positiva, no como una mutilaci\u00f3n. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad se capta su belleza, as\u00ed\u00ad como la del celibato, la virginidad, la consagraci\u00f3n, belleza que nunca se pudo entender en las coordenadas del Antiguo Testamento.<br \/>\n  &#8211;  La Iglesia, Esposa virgen de Jes\u00fas virgen y sensible al amor, entiende, valora, orienta y alienta el amor humano como don maravilloso de Dios. Educa al hombre en esa direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>   6.2. Adaptaci\u00f3n a las etapas<\/p>\n<p>  Estos criterios del Evangelio deben ser presentados como fuente de inspiraci\u00f3n pedag\u00f3gica en cada uno de los momentos evolutivos del catequizando.<\/p>\n<p>   6.2.1. En la infancia<\/p>\n<p>   Las mentes y los corazones sanos aprecian, desde los primeros a\u00f1o de la vida, la belleza del amor si, desde la experiencia de la uni\u00f3n de los padres y desde su vida de hogar, son formados para descubrirla y apreciarla.<\/p>\n<p>   Es importante ense\u00f1ar a mirar los ejemplos del mismo Jes\u00fas y alabar con frecuencia el plan divino de que les hombres se propaguen.<\/p>\n<p>   Con el debido tacto, se debe asociar los primeros descubrimientos de la genitalidad a los planes del Padre Dios, que quiere que los hombres se unan por amor y los hijos nazcan del amor. Supuesta la progresiva instrucci\u00f3n sexual, anat\u00f3mica y funcional, el catequista de ni\u00f1os sabe responder a todos los interrogantes con referencia al querer divino.<\/p>\n<p>  6.2.2. En la preadolescencia<\/p>\n<p>    Surgen nuevos interrogantes y tensiones que la concupiscencia, intensificada en paralelo a las transformaciones corporales y afectivas que se producen, puede desviar de la referencia divina.<\/p>\n<p>     Los ejemplos vivos de Jes\u00fas, y de la Madre virgen que le trajo al mundo, son m\u00e1s persuasivos que todos los razonamientos sobre la belleza de la virtud o sobre los planes del cielo.<\/p>\n<p>     Es tiempo de intimidad, sensibilidad, reflexi\u00f3n y curiosidad. En la catequesis se deben evitar polarizaciones sexuales; pero no se deben eludir todas las referencias que el preadolescente demande.<\/p>\n<p>    Lo interesante es centrar su pensamiento en el plan de Dios y evitar el subjetivismo y la autocontemplaci\u00f3n. Hay que saber presentar la sexualidad en su justa orientaci\u00f3n de plan divino para todos los hombres y para cada preadolescente en particular. Se debe descubrir que, m\u00e1s que estorbo para la felicidad, es una oportunidad para la creatividad.<\/p>\n<p>    Cierto idealismo sobre la pureza y continencia, sobre el amor, sobre la intimidad del sexo, es conveniente en este per\u00ed\u00adodo de apertura a la vida, sobre todo si se presenta como regalo divino para la felicidad del hombre. Y una gran precauci\u00f3n ante las ideas o sentimientos desajustados, que proceden de los ambientes erotizados, conduce al catequista a presentar el sexo del hombre como un don, al igual que los ojos o el cerebro.<\/p>\n<p>    Es el momento de descubrir el plan divino para cada persona y de sentirse protagonista inteligente y libre en ese plan divino.<\/p>\n<p>    6.2.3  Adolescencia y juventud<\/p>\n<p>    Conviene poner el centro catequ\u00ed\u00adstico de atenci\u00f3n en la excelencia del amor del matrimonio, sin dejarse impresionar por formas pasajeras de uni\u00f3n sensorial y superficial. Importa mucho saber promover criterios rectos sobre los hechos que rompen el plan divino: el autoerotismo, la fornicaci\u00f3n, el adulterio, la homosexualidad; y tambi\u00e9n, de forma especial, hay que llamar la atenci\u00f3n sobre los abusos de d\u00e9biles que est\u00e1n detr\u00e1s de la prostituci\u00f3n, del esc\u00e1ndalo, o de la explotaci\u00f3n sexual.<\/p>\n<p>    Pero no basta aludir a razones de honradez y dignidad para asegurar una buena catequesis. La atenci\u00f3n preferente ha de estar en los planes divinos sobre la sexualidad.<\/p>\n<p>    El joven no corrompido y creyente sabe descubrir en muchos est\u00ed\u00admulos hedonistas de la cultura moderna la pobreza y el vac\u00ed\u00ado del erotismo materialista que en nada ayuda al progreso moral, al encumbramiento espiritual y al desarrollo de la sociedad. Y lo valora como frontalmente opuesto a los designios divinos.<\/p>\n<p>    El catequista comprende las dificultades juveniles para asumir hechos y misterios, que muchos esp\u00ed\u00adritus no bien formados son incapaces de entender: virginidad de Mar\u00ed\u00ada, continencia habitual fecunda, posibilidad de la renuncia sexual por amor al Reino de los cielos. Pero no hace de estos temas motivo de controversia ante quienes los rechazan como reales, sino que los proclama como realidades que s\u00f3lo desde la fe se asumen y aceptan, e incluso se imitan.<\/p>\n<p>    Es importante que el joven aprenda a mirar los designios de Dios sobre la propia vida. Y que sea capaz de entender el matrimonio o el celibato como una vocaci\u00f3n libre y no como una situaci\u00f3n irremediable, la cual debe ser contemplada desde la voluntad de Dios en la propia vida.<\/p>\n<p>    6.3. Catequesis posible<\/p>\n<p>   Es importante tener claro en la tarea pastoral que la catequesis de la sexualidad es una posibilidad y un deber, un derecho de las personas y una necesidad de las sociedades en las que abundan los esp\u00ed\u00adritus creyentes.<\/p>\n<p>   La tendencias hedonistas de los tiempos modernos llevan a muchos educadores de la fe a sospechar que es \u00e9ste un terreno de especial dificultad.<br \/>\n  Desde el fatalismo o el derrotismo no es posible descubrir el ideal de la sexualidad fecunda. Muchas veces la tarea educadora resulta embarazosa en este terreno por los complejos y los temores de los educadores, m\u00e1s que por la dificultad de la materia o por la desconfianza de los receptores de los mensajes educativos.<\/p>\n<p>   Al igual que en otros temas b\u00e1sicos: la justicia, la paz, la solidaridad, la oraci\u00f3n, la vocaci\u00f3n a los estados de perfecci\u00f3n, el catequista no debe desanimarse ante las dificultades que el terreno sexual pueda platear. Debe \u00abbuscar el Reino de Dios y su justicia y todo lo dem\u00e1s ya vendr\u00e1 por a\u00f1adidura.\u00bb (Mt. 6.33)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>La realidad del propio sexo<\/p>\n<p>\tLa sexualidad es la caracter\u00ed\u00adstica del ser humano, en cuanto que es hombre o mujer. As\u00ed\u00ad es imagen de Dios, en relaci\u00f3n y complementaci\u00f3n con el otro sexo (cfr. Gen 1,27). Toda la persona en su integridad y durante toda su existencia, \u00aben la unidad de cuerpo y alma\u00bb (GS 14), queda matiza por esta realidad constitutiva del mismo ser humano. Cada uno, hombre o mujer, se reconoce en su identidad, diferencia y complementariedad. La sexualidad es un elemento b\u00e1sico de la personalidad, como expresi\u00f3n del amor humano que es siempre donaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\tLa sexualidad tiene muchos y diversos niveles, relacionados pero independientes entre s\u00ed\u00ad afectivo, interrelacional, genital&#8230; En el aspecto m\u00e1s profundo, es esa realidad del propio sexo con su conjunto de cualidades para relacionarse y complementarse en la amistad y donaci\u00f3n leal, respetuosa y sincera. La sexualidad \u00abconcierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera m\u00e1s general, a la aptitud para establecer v\u00ed\u00adnculos de comuni\u00f3n con otro\u00bb (CEC 2332).<\/p>\n<p>\tLa realidad hombre-mujer<\/p>\n<p>\tLa relaci\u00f3n hombre-mujer est\u00e1 orientada por el amor, a imagen de Dios y a ejemplo de Jesucristo. Siempre es donaci\u00f3n respetuosa, que se expresa de distinto modo en la vida humana en general, en la amistad verdadera o en el matrimonio. Esta donaci\u00f3n mutua debe respetar la diferencia de sexos, la igualdad de las personas, la conplementariedad de las mismas en la creaci\u00f3n y en la nueva creaci\u00f3n. Esta relaci\u00f3n supone una formaci\u00f3n adecuada, a nivel humano y espiritual.<\/p>\n<p>\tEn la vida matrimonial, \u00abla diferencia y complementariedad f\u00ed\u00adsicas, morales y espirituales, est\u00e1n orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar\u00bb (CEC 2333). Por el sacramento del matrimonio, la sexualidad actuada en la donaci\u00f3n mutua es expresi\u00f3n del amor de Cristo a su Iglesia (Ef 5,25-33) y fundamenta la unidad, la fidelidad y la fecundidad. Entonces la sexualidad es fuerza positiva, orientada hacia la madurez de la persona.<\/p>\n<p>\tNo hay que olvidar le realidad d\u00e9bil del ser humano despu\u00e9s del pecado original, sometido a tentaciones, como aparece en toda la historia b\u00ed\u00adblica y como han recordado todos los santos. La Escritura reprueba muchos abusos sexuales, especialmente la homosexualidad (cfr Gen 19,1-19; Rom 1,24-27; cfr. CEC 2357-2359). Toda debilidad en este campo se puede superar con la ayuda de la gracia y con la propia colaboraci\u00f3n. Jes\u00fas, al recordar esta debilidad (cfr. Mt 5,27-28), no deja de afirmar la bondad de la realidad sexual humana en los planes de Dios Creador (cfr. Mt 19,4-6).<\/p>\n<p>\tA nivel personal, la sexualidad se integra dentro de la totalidad de la persona que va madurando como donaci\u00f3n, sin dejarse arrastrar por la inmadurez del egocentrismo.  A nivel interpersonal, la relaci\u00f3n no es utilizaci\u00f3n, sino donaci\u00f3n respetuosa. A nivel matrimonial se act\u00faa sin cerrarse directamente a la fecundidad, en amistad \u00ed\u00adntima y en la paternidad o maternidad responsable, en la forma de donaci\u00f3n total propia de este estado. A nivel de vida consagrada y sacerdotal, la sexualidad se expresa de modo eminente por la intimidad profunda con Cristo y por la donaci\u00f3n incondicional a los campos de caridad consecuentes con el propio carisma y la misi\u00f3n. Siempre se necesita la iluminaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, el Esp\u00ed\u00adritu de Dios Amor, que es la expresi\u00f3n personal e infinita del amor entre el Padre y el Hijo.<\/p>\n<p>\tFormaci\u00f3n y apostolado<\/p>\n<p>\tLa formaci\u00f3n en la sexualidad debe ser personalizada, puesto que cada persona es irrepetible, y se indicar\u00e1 siempre su dimensi\u00f3n moral y su inserci\u00f3n en la realidad honda del amor humano, que es siempre donaci\u00f3n no ego\u00ed\u00adsta. Esta formaci\u00f3n se har\u00e1 en forma clara y en edad o tiempo oportuno.<\/p>\n<p>\tEn el apostolado, la amistad y la complementariedad entre hombre y mujer, deben reflejar siempre el modo de amar de Jes\u00fas, que no utiliza a las personas, sino que \u00e9l mismo se hace donaci\u00f3n desinteresada. En ese campo apost\u00f3lico, las cualidades de cada uno se necesitan y complementan audacia o agresividad, l\u00f3gica, fuerza, seguridad&#8230; (en el var\u00f3n); perseverancia, intuici\u00f3n, delicadeza, fidelidad&#8230; (en la mujer). Los privilegios no tienen raz\u00f3n de ser. En toda colaboraci\u00f3n apost\u00f3lica debe aparecer el amor de Cristo a su Iglesia (cfr. Ef 5,25ss), sin apropiarse los derechos de Cristo Esposo sobre las almas.<\/p>\n<p>Referencias Afectividad, castidad, educaci\u00f3n, formaci\u00f3n, matrimonio, virginidad.<\/p>\n<p>Lectura de documentos VS 4, 47, 49, 81; CEC 2331-2391.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada A. ALSTEENS, Di\u00e1logo y sexualidad (Madrid, Studium,  1975); A. ALVAREZ VILLAR, Sexo y cultura (Madrid, Biblioteca Nueva, 1971); M. BELLET, Realidad sexual y moral cristiana (Bilbao, Descl\u00e9e, 1973); T. GOFFI, Etica sexual cristiana (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1974); A. KOSNIC, la sexualidad humana nuevas perspectivas del pensamiento cat\u00f3lico (Madrid, Cristiandad, 1978); P. TREVIJANO, Madurez y sexualidad (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1988); G. VERONESSE, Corporeidad y amor. La dimensi\u00f3n humana del sexo (Madrid, Ciudad Nueva, 1987).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>El matrimonio es una instituci\u00f3n divina en orden a la procreaci\u00f3n (G\u00e9n 1,27-28). En este marco las relaciones sexuales, con el placer concomitante, no s\u00f3lo son leg\u00ed\u00adtimas, sino obligadas y santas. El A. T. habla con absoluta claridad y libertad de cu\u00e1nto importa la vida sexual, como la cosa m\u00e1s natural, ordenada por Dios. Eso s\u00ed\u00ad: las aberraciones sexuales son tratadas con la mayor severidad. Jes\u00fas afirma la superioridad de la virginidad sobre la leg\u00ed\u00adtima vida sexual en el matrimonio (Mt 19,10-12; 1 Cor 7,1526; 11,28) y declara pecado la concupiscencia (Mt 5,28).<\/p>\n<p>E.M.N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>La sexualidad es una caracter\u00ed\u00adstica esencial, constitutiva, del ser humano.<\/p>\n<p>Es lo que hace de \u00e9l un hombre o una mujer. Es la modalidad substancial de ser de la persona, no solamente un simple atributo o una capacidad funcional de la misma. En cuanto \u00abunidad de alma y cuerpo\u00bb (GS ]4), la persona est\u00e1 marcada por la sexualidad en todo su ser y durante toda su existencia, La sexualidad afecta integral y din\u00e1micamente a la persona: de la estructura de sus c\u00e9lulas, a trav\u00e9s de su configuraci\u00f3n org\u00e1nica, hasta su vida ps\u00ed\u00adquica y espiritual; y condiciona el iter evolutivo del ser humano, su camino hacia la madurez y su inserci\u00f3n social, seg\u00fan los textos del G\u00e9nesis, la sexualidad es una realidad buena, querida por Dios creador. La diferenciaci\u00f3n sexual del individuo est\u00e1 va presente en el proyecto creador&#8217;, como var\u00f3n y hembra la persona es imagen de Dios (Gn 1,27); su significado consiste en la integraci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca de los dos miembros de la pareja (\u00ablos dos ser\u00e1n una sola carne\u00bb. Gn 2,24) y en la tarea de procreaci\u00f3n (\u00absed fecundos y multiplicaos\u00bb: Gn 1,28), La sexualidad, en cuanto que pertenece a todo el ser humano, est\u00e1 tambi\u00e9n marcada por el pecado. El alejamiento de Dios lleva tambi\u00e9n al desorden en la esfera sexual.<\/p>\n<p>En efecto, la Biblia conoce la debilidad y la tentaci\u00f3n a la que est\u00e1 sometida la sexualidad, el dolor del parto y la imposici\u00f3n del hombre sobre la mujer, aun cuando el cuadro global, en el modo de entender la sexualidad, siga siendo substancialmente positivo.<\/p>\n<p>Jes\u00fas confirma la bondad de la sexualidad basada en la creaci\u00f3n de Dios. Apela al relato del G\u00e9nesis sobre la creaci\u00f3n del hombre como var\u00f3n y hembra y a su unidad humana total (Mt 19,4-6; Mc 10,6-8). La llegada del Reino de Dios, que se realiza en su persona, relativiza todas las cosas terrenas y tambi\u00e9n, por consiguiente, la sexualidad humana. La relaci\u00f3n directa con Dios es ahora mucho m\u00e1s importante que la relaci\u00f3n entre el hombre y la mujer. Jes\u00fas invita a los que desean dedicarse exclusivamente al Reino de Dios a abrazar la continencia voluntaria (Mt 19,12), que es otra modalidad de vivir la sexualidad al lado del matrimonio.<\/p>\n<p>En la econom\u00ed\u00ada del nuevo pueblo de Dios la sexualidad, en su doble funci\u00f3n de procreaci\u00f3n y de autorrealizaci\u00f3n, queda potenciada y elevada por encima del plano natural e inscrita en el plano de la historia de la salvaci\u00f3n mediante un carisma especial, el sacramento del matrimonio, En el amor, en la entrega mutua, en la fidelidad, en la educaci\u00f3n de los hijos, cada uno de los esposos es mediador de salvaci\u00f3n para el otro y en \u00e9ste para todos, La sexualidad actuada en el sacramento del matrimonio. Como dice san Pablo, tiene como modelo supremo la relaci\u00f3n de amor que une a Cristo con su Iglesia: se trata de una entrega mutua incondicionada.<br \/>\nLa tradici\u00f3n cristiana desde sus comienzos conoci\u00f3 el enfrentamiento con varias tendencias ideol\u00f3gicas, por cuyo contacto se dej\u00f3 a veces influir Estas corrientes crearon sobre el mensaje b\u00ed\u00adblico original una p\u00e1tina de pesimismo y de desprecio de la sexualidad, de la corporeidad y del placer sexual, Esta actitud dejara ; su huella en el camino posterior de la Tradici\u00f3n, que permanecer\u00e1 mucho tiempo anclada a una visi\u00f3n asc\u00e9tico-rigorista. Tan s\u00f3lo a mediados del siglo xx se logr\u00f3 pensar en t\u00e9rminos antropol\u00f3gicamente m\u00e1s ricos y suavizar gradualmente la rigidez d\u00e9 las posiciones morales tradicionales.<\/p>\n<p>El Magisterio de la Iglesia toc\u00f3 sobre todo el tema de la sexualidad en el \u00e1mbito de la doctrina sobre el matrimonio, El reconocimiento oficial de la sacramentalidad del matrimonio en el concilio de Trento (DS 1800, 1801) constituye una etapa importante. La uni\u00f3n conyugal, en su integridad de realidad espiritual y corp\u00f3rea, es reconocida como sacramento. Esto lleva a ver tambi\u00e9n la sexualidad bajo una luz m\u00e1s positiva, superando las afirmaciones que admiten su ejercicio s\u00f3lo con vistas a la procreaci\u00f3n o como algo que hay que tolerar para evitar otros pecados. El valor de la sexualidad se fue posteriormente aclarando y destacando por parte del Magisterio de la Iglesia a trav\u00e9s de otros importantes documentos, que aceptan cada vez m\u00e1s la visi\u00f3n personalista del mismo: Casti connubii, de p\u00ed\u00ado XI (]930), Gaudium et spes, del Vaticano II (1965), Humanae vitae, de Pablo Vl (1968), y Familiaris Consortio, de Juan Pablo II (1981).<\/p>\n<p>En la b\u00fasqueda de criterios \u00e9ticos para el comportamiento sexual, respecto a un modelo tradicional basado en la naturaleza y en la finalidad del acto conyugal, se prefiere actualmente un modelo centrado en la persona, De la visi\u00f3n personalista de la sexualidad y de sus significados se derivan hoy algunos criterios \u00e9ticos. Estos son los fundamentales:<br \/>\n&#8211; de la dimensi\u00f3n personal de la sexualidad, como valor que estructura a la persona, se deriva la responsabilidad del individuo ante s\u00ed\u00ad mismo de secundar y promover el camino de maduraci\u00f3n mediante la integraci\u00f3n del elemento sexual dentro de la totalidad personal, El que se abandona a los impulsos de una sexualidad instintiva bloquea el camino de crecimiento y de maduraci\u00f3n de la persona, fij\u00e1ndola en unos niveles de inmadurez (marcisismo, egocentrismo).<\/p>\n<p>&#8211; de la dimensi\u00f3n interpersonal surge la instancia \u00e9tica de tomar en serio a1 otro como persona, sin reducirlo a objcto de consumo y de intercambio de conductas sexuales. Nace tambi\u00e9n la exigencia de vivir la sexualidad, no va en sentido individualista, sino abierto a la dimensi\u00f3n social:<br \/>\nde la dimensi\u00f3n procreativa nace la responsabilidad para decidir si y cu\u00e1ndo hay que procrear (procreaci\u00f3n responsable) y para ponerse frente al fruto de la procreaci\u00f3n como frente a una persona.<\/p>\n<p>&#8211; de la idea din\u00e1mica de una sexualidad que acompa\u00f1a y determina el devenir y el hacerse d\u00e9 una persona, se deriva finalmente la importancia de una pedagog\u00ed\u00ada sexual que ayude a descubrir y a vivir el sentido del amor y de la sexualidad, que es decisivo para el sentido de la vida del hombre en la tierra y para su destino futuro.<\/p>\n<p>G. Cappelli<\/p>\n<p>Bibl.: M, Vidal, Sexualidad, en CFP 943960; \u00ed\u008dd\u00bb Moral del amor y de la sexualidad, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1971; P. Grelot, La pareja humana en la Escritura, Euroam\u00e9rica, Madrid 1963; A. Hortelano, Comunicaci\u00f3n interpersonal de la pareja, Madrid 1981; A Kosnik, Sexualidad humana: nuevas perspectivas del pensamiento cat\u00f3lico, Cristiandad, Madrid 1978.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Premisa &#8211; II. Sexualidad psicodin\u00e1mica personal &#8211; III. La sexualidad en la palabra revelada &#8211; IV. Hombre y mujer &#8211; V. Vida sexual como vida virtuosa &#8211; VI. Caridad y sexualidad -VII. Sexualidad y llamada a la santidad &#8211; VIIl. Imagen de Dios y sexualidad &#8211; IX. Erotizaci\u00f3n de lo sagrado y sacralizaci\u00f3n de lo  sexual.<\/p>\n<p>Tradicionalmente, la espiritualidad ha intentado desarrollarse fuera de los l\u00ed\u00admites de la sexualidad. El asceta propend\u00ed\u00ada a olvidar hasta el t\u00e9rmino sexualidad y quedar a oscuras en cuanto a su contenido. Hoy d\u00ed\u00ada, no parece admisible una experiencia espiritual v\u00e1lida si no implica de alguna forma una aportaci\u00f3n constructiva de la sexualidad. La modificaci\u00f3n del punto de vista espiritual es fruto de una concepci\u00f3n cultural totalmente nueva de la sexualidad.<\/p>\n<p>El asceta de nuestros d\u00ed\u00adas desear\u00ed\u00ada ser instruido incluso sobre la forma en que Cristo vivi\u00f3 el testimonio de la sexualidad. Se sabe que Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada amistad con Marta y Mar\u00ed\u00ada; que hab\u00ed\u00ada convertido a mujeres como Magdalena y la samaritana; que otras mujeres hab\u00ed\u00adan sido curadas de enfermedades; que algunas de ellas le hab\u00ed\u00adan seguido y presenciado su desgarradora pasi\u00f3n y cruz. Jes\u00fas cultiv\u00f3 preferencias entre las mujeres que le rodeaban con admirada devoci\u00f3n: tuvo predilecci\u00f3n por Mar\u00ed\u00ada, que permanecer\u00ed\u00ada toda absorta, meditando su palabra; por Marta, que se entregaba a rodear de atenciones su persona f\u00ed\u00adsica; tribut\u00f3 alabanzas a Magdalena, la cual, con expansivo amor, trat\u00f3 su cuerpo como un sacramental que la ayud\u00f3 a convertirse al reino de Dios.<\/p>\n<p>La sexualidad es una actitud personal comunicativa, que Jes\u00fas utiliz\u00f3 para estrechar relaciones amistosas, para expresar su afectividad profunda y delicada, y para dar testimonio de su intimidad de amor con el Padre. Y en virtud de su sexualidad, sus contempor\u00e1neos pudieron experimentar su humanidad como sacramento de comunicaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y de la palabra del Padre.<\/p>\n<p>Hoy d\u00ed\u00ada, la sexualidad, al ser un problema para el conocimiento de Cristo, constituye un punto de suma importancia en la espiritualidad del cristiano. Desde esta perspectiva espiritual, procedemos a su examen.<\/p>\n<p>II. Sexualidad psicodin\u00e1mica personal<br \/>\n\u00bfCu\u00e1l es el sentido cultural que tiene hoy la sexualidad? La sexualidad es como un dinamismo difuso y operante en todo el ser humano. Impregna todas las facultades y actividades personales y caracteriza al yo como individuo singular. El hombre es un ser totalmente sexuado, aunque la sexualidad no sea el \u00fanico constitutivo del hombre. La facultad de razonar, de querer y el mismo creer y amar con caridad se expresan seg\u00fan una forma de individuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La sexualidad, difundida y operante en todo el ser personal, influye y revela la evoluci\u00f3n del yo, su maduraci\u00f3n y su progresiva transformaci\u00f3n en adulto. Al mismo tiempo, el incesante dinamismo sexual vuelve al yo insatisfecho, orientado siempre hacia una maduraci\u00f3n ulterior, en busca de una comunicabilidad cada vez m\u00e1s profunda y de la expresi\u00f3n de una aut\u00e9ntica entrega oblativa. Si la apertura al otro se percibe como exigencia sexual perfectiva, al mismo tiempo se sufre como la dimensi\u00f3n personal m\u00e1s profundamente ausente. Es una meta intensamente ambicionada, que por su inasequibilidad se convierte en fuente de frustraci\u00f3n, de sufrimiento y de experiencia dolorosa. En la sexualidad la persona encuentra una invitaci\u00f3n a comprometerse de forma renovada en la superaci\u00f3n de la incomunicabilidad que anida en lo profundo del yo, a suprimir la incomprensi\u00f3n que ofusca a todo esp\u00ed\u00adritu humano y a hacerse pobre entre los pobres y los que sufren para sustraerlos a su marginaci\u00f3n solitaria.<\/p>\n<p>La sexualidad va imprimiendo una evoluci\u00f3n verdaderamente profunda a todo el yo. Si al comienzo impele a la persona a desarrollarse preferentemente en el aspecto carnal, posteriormente la incita a evolucionar sobre todo en el aspecto ps\u00ed\u00adquico-espiritual. Por ejemplo, de la infancia a la adolescencia, la sexualidad despunta en modalidades espec\u00ed\u00adficas, localizadas en sucesivas zonas del cuerpo: sexualidad disfrutada en la zona oral (el chupar), despu\u00e9s en la zona anal y luego en la f\u00e1lica. Es una transformaci\u00f3n sexual que marca el distanciamiento de un goce de s\u00ed\u00ad mismo exclusivo e irrealista para canalizarse en \u00f3rganos que logran sacar al sujeto fuera de s\u00ed\u00ad para darse a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>En la sucesiva evoluci\u00f3n adolescente, la sexualidad se va estructurando de forma m\u00e1s personal, no expres\u00e1ndose ya en algo orgi\u00e1stico de s\u00ed\u00ad a los dem\u00e1s, sino seg\u00fan el eros y la agape. Se perfila la din\u00e1mica del amor, que va de la fase del amor interesado (amar a aquellos que son \u00fatiles por la satisfacci\u00f3n que ofrecen) hasta el narcisismo socializado (aceptaci\u00f3n del grupo, que se descubre como importante para los \u00e9xitos propios) y el amor oblativo (olvidando la propia individualidad para expresarse en don al otro). Un iter evolutivo de toda la persona, que la fuerza sexual va configurando de forma singular en sinton\u00ed\u00ada con los esfuerzos responsables del sujeto y de la influencia ambiental. Por este motivo, la educaci\u00f3n sexual no puede estandarizarse, sino que se centra en el sujeto individual.<\/p>\n<p>La personalidad, por ser resultado de una historia originada por una experiencia sexual impregnada de amor, puede tener configuraciones ambivalentes, est\u00e1 llamada a manifestarse de forma cada vez m\u00e1s humanizada; pero de hecho puede experimentar desorientaciones concretas, retrasos, fijaciones indebidas y regresiones imprevistas. Estas perturbaciones, que detienen o hacen retroceder el desarrollo personal, son la causa de las psicopatolog\u00ed\u00adas [>Patolog\u00ed\u00ada espiritual], las cuales afectan al modo de amar, a las formas sociales de amistad y a los estilos afectivos de colaboraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 motivo se configura la sexualidad como primordial fuerza constitutiva de la personalidad hasta el punto de ser causa de desarrollo o de desviaciones del yo? La sexualidad es el sustrato natural a trav\u00e9s del cual influye el amor en el yo. Seg\u00fan que sea robustecida por un amor oblativo o desgarrada por un amor captativo ego\u00ed\u00adsta, despertar\u00e1 las profundas potencialidades humanas del yo o las esterilizar\u00e1. Existe una diferencia sustancial entre el ser divino y el ser humano. Dios es amor creativo de amabilidad: no ama a un ser porque sea amable, sino que lo hace amable porque lo ama; lo hace existir am\u00e1ndolo. El amor divino es verdadera dilecci\u00f3n, pura creatividad, aut\u00e9ntico abrirse como un don al otro sin ser provocado por ning\u00fan otro. En cambio, el hombre tiene necesidad de ser despertado por el amor para hacerse amable. De esta manera, la sexualidad humana constituye el dinamismo que espiritualiza todo el yo, a condici\u00f3n de que ella misma est\u00e9 dispuesta a dejarse invadir por un amor noble.<\/p>\n<p>Un joven ha podido testimoniar: \u00abYo creo ante todo porque soy amado; pienso incluso que \u00e9ste es el motivo m\u00e1s profundo y m\u00e1s verdadero subyacente a mi fe. Evidentemente, este ser amado no se refiere s\u00f3lo a alguien que ha venido hace tiempo, sino que se refiere tambi\u00e9n a personas bien precisas que he encontrado en el trayecto de mi vida. Pienso que, experimentando la autenticidad de este amor, he canalizado mi libertad y mi voluntad por el sendero de Cristo\u00bb. Se podr\u00ed\u00ada afirmar: \u00abYo estoy totalmente armonizado con los amores con que he sido beneficiado. Mi sexualidad personal se ha despertado y se ha iluminado en relaci\u00f3n con las experiencias de amor con que ha sido favorecida\u00bb. La propia conducta presente es como un fragmento que se debe leer en el tejido de la propia historia afectiva.<\/p>\n<p>Toda la vida sexual, incluso la genital, debe vivirse en el contexto de un amor oblativo; debe estar \u00ed\u00adntimamente regulada seg\u00fan el dictamen de las virtudes sociales; debe testimoniarse como don de la persona al otro. Para una sexualidad as\u00ed\u00ad, espiritualmente educada, el yo se percibe a s\u00ed\u00ad mismo en relaci\u00f3n al otro como un t\u00fa. No es un coloquio cualquiera; exige del yo manifestarse a s\u00ed\u00ad mismo mediante el otro, promocionarse humanamente en virtud de su relaci\u00f3n interpersonal. La sexualidad est\u00e1 profundamente comprometida en despertar al yo a una relaci\u00f3n comunitaria consciente, a una serie de relaciones interpersonales conscientemente libres y a una rec\u00ed\u00adproca humanizaci\u00f3n promocional.<\/p>\n<p>La promoci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca en la sexualidad interpersonal tiene lugar a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n del propio cuerpo. El gesto y la actitud corp\u00f3rea son palabras en las que uno se expresa y despierta al otro a la propia acogida. La caricia es el intento con el que dos quieren revelarse rec\u00ed\u00adprocamente en la propia carne. \u00abLa caricia revela la carne del otro como carne para m\u00ed\u00ad y para \u00e9l\u00bb (J. P. Sartre). Mas para expresarse como sexualidad personalizarte, se requiere que el gesto sea expresivo de los componentes comunicativos superiores del yo, que se ofrezca como vivo coloquio personal, que se revele como relaci\u00f3n de amor altruista. El di\u00e1logo sexual tiene sentido tan s\u00f3lo si nace del amor y es cauce de amor.<\/p>\n<p>La comunicaci\u00f3n interpersonal, al realizarse a trav\u00e9s del cuerpo, aparece necesariamente delimitada y de alguna manera opaca. El >cuerpo no indica s\u00f3lo c\u00f3mo debe vivirse la uni\u00f3n con el otro, sino tambi\u00e9n la dificultad en realizarla. En la \u00e9poca actual se tiene mayor conciencia de la contradicci\u00f3n en que se ve sumido el yo humano; su sexualidad le impele a experimentar una comunicaci\u00f3n cada vez m\u00e1s profunda con el otro y, al mismo tiempo, le hace sentir la amargura de la propia originalidad incomunicable.<\/p>\n<p>III. La sexualidad en la palabra revelada<br \/>\nLa revelaci\u00f3n no ofrece un tratado sistem\u00e1tico sobre el tema de la espiritualidad de la sexualidad, sino tan s\u00f3lo una serie de indicaciones derivadas de situaciones hist\u00f3ricas. La palabra revelada prefiere narrar m\u00e1s que extenderse en exposiciones doctrinales; describe acontecimientos salv\u00ed\u00adficos realizados en el seno de la historia humana, pero no expone una doctrina te\u00f3rica. Esto permite reconstruir y vivir la espiritualidad b\u00ed\u00adblica sobre la sexualidad en el marco de diversas concepciones doctrinales condicionadas por propios conceptos culturales y eclesiales. La presente indicaci\u00f3n espiritual es una entre las posibles sistematizaciones b\u00ed\u00adblico-espirituales de la sexualidad.<\/p>\n<p>El pueblo hebreo antiguo sent\u00ed\u00ada verg\u00fcenza y pudor en relaci\u00f3n con su vida sexual genital (Lev 20,21); la consideraba como inherente a la esfera animal personal, que hab\u00ed\u00ada que relegar al terreno de lo privado y de lo reservado, cuya experiencia concreta contaminaba por estar totalmente sometida a la acci\u00f3n de fuerzas peligrosas o tab\u00faes (G\u00e9n 34,5; 1 Sam 21,5; Lev 15.2s). Cuando alguien hab\u00ed\u00ada realizado un acto sexual, deb\u00ed\u00ada purificarse para poder acercarse a pr\u00e1cticas de culto a la divinidad (N\u00fam 6,22-21; Lev 7,19-20; Jn 11,55). Si entre los griegos, debido a la religiosidad mist\u00e9rica y a la filosof\u00ed\u00ada, la concepci\u00f3n de la pureza ritual sufri\u00f3 un proceso de interiorizaci\u00f3n y de moralizaci\u00f3n (es decir, se redujo a una exigencia de honestidad moral interior), en el pueblo hebreo la catarsis (o pr\u00e1ctica de las purificaciones) va formaliz\u00e1ndose en diversas prescripciones detalladas (cf Jn 2,6; Mc 7,3s). Semejantes pr\u00e1cticas purificatorias de la vida sexual ayudaban al pueblo hebreo a no dejarse atraer por la prostituci\u00f3n religiosa, que se hab\u00ed\u00ada difundido en torno a los santuarios de Grecia y en los templos de Baal (cf Jer 3,1s; 5,7s; Ez cc. 16 y 23).<\/p>\n<p>En la comunidad cristiana primitiva no existen prescripciones de purificaci\u00f3n ritual para el culto religioso, pues ya no tiene importancia la pureza cultual. \u00bfA qu\u00e9 se debe esto? Seg\u00fan la ense\u00f1anza de Jes\u00fas, no se produce la impureza por el contacto con las cosas, siempre que exista pureza de coraz\u00f3n (Mt 5,8). \u00abLo que sale del hombre s\u00ed\u00ad que contamina al hombre\u00bb (Mc 7,15s). La impureza la produce \u00fanicamente el pecado. \u00abTodo es limpio para los limpios [por la fe]\u00bb (Tit 1,15; Rom 14,20), incluso la pr\u00e1ctica sexual. Un acto sexual no contamina, sino que s\u00f3lo exige ser realizado moralmente, es decir, con \u00abdominio de s\u00ed\u00ad\u00bb (eukrdteia). S\u00f3lo hay que purificarse de la impureza que nace del pecado (1 Jn 1,7; Heb 9,22). Pero \u00bfde qu\u00e9 modo? La purificaci\u00f3n del pecado se obtiene mediante la sangre de Cristo (1 .In 1,7) y gracias a su palabra (Jn 15,3)<br \/>\nSi est\u00e1 claro el principio evang\u00e9lico del cese de las purificaciones rituales inherentes a la vida sexual, tal principio no es acogido sin dificultades en la comunidad eclesial apost\u00f3lica. Pedro, reacio a olvidarse de las prescripciones sobre la pureza ritual, es amonestado en una visi\u00f3n: \u00abLo que Dios ha purificado no lo llames impuro\u00bb (He 10,15; 15,9). El mismo Pablo constata c\u00f3mo la comunidad est\u00e1 dividida a causa de las impurezas cultuales y c\u00f3mo la nueva pr\u00e1ctica evang\u00e9lica liberadora puede suscitar esc\u00e1ndalo entre algunos. \u00abTodas las cosas son puras, pero es malo para el hombre comer con esc\u00e1ndalo\u00bb (Rom 14,20). Y a los esposos preocupados por su vida sexual les sugiere: \u00abNo os priv\u00e9is el uno del otro si no es de com\u00fan acuerdo por cierto tiempo, para dedicaros a la oraci\u00f3n\u00bb (1 Cor 7,5).<\/p>\n<p>En la palabra revelada, la sexualidad no s\u00f3lo queda liberada de la supraestructura cultual de impureza, sino que adem\u00e1s es tratada en su sentido aut\u00e9ntico. Es considerada como una relaci\u00f3n humana; incluso como la m\u00e1s profunda de las relaciones interpersonales. Por este motivo se conf\u00ed\u00ada a la sexualidad la funci\u00f3n procreadora (G\u00e9n 1,28s), que ha de ser ejercida \u00fanicamente dentro del matrimonio monog\u00e1mico (G\u00e9n 1,26; 2,18s; Dt 17,17). Si la Sagrada Escritura autoriza la poligamia de manera provisional y excepcional, lo hace \u00fanicamente para favorecer la misi\u00f3n procreadora.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con la sexualidad, la revelaci\u00f3n se preocupa no tanto de dictar normas morales o reguladoras cuanto de indicar su sentido m\u00e1s profundo en relaci\u00f3n con el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico. La sexualidad es utilizada como simbolismo para describir las relaciones de alianza entre Dios y su pueblo (Os 1-3; Jer 3,8s; 2,1; Ez 16 y 23; Is 50,1). Al pueblo elegido se le inculca vivir su experiencia sexual de manera que refleje la alianza entre Dios y su pueblo. De la misma forma en que se instaur\u00f3 la alianza, debe vivirse la sexualidad conyugal, pues \u00e9sta debe ser un espejo simb\u00f3lico de c\u00f3mo vive Dios en uni\u00f3n con los seres humanos (Mt 24,38; Lc 17,27; 14,20). Por esta raz\u00f3n en la alianza cristiana la uni\u00f3n de los esposos est\u00e1 llamada a simbolizar c\u00f3mo Dios est\u00e1 unido en Cristo al pueblo constituido en Iglesia. Y cuando se le plantea a Jes\u00fas el problema de si existir\u00e1 o no experiencia conyugal sexual en la vida futura, recuerda \u00e9l que en la alianza escatol\u00f3gica se consumar\u00e1 la comuni\u00f3n total de amor con Dios, lo cual har\u00e1 innecesario todo simbolismo sexual: \u00abCuando resuciten de entre los muertos, no se casar\u00e1n ni los hombres ni las mujeres, sino que ser\u00e1n como \u00e1ngeles en los cielos\u00bb (Mc 12,25).<\/p>\n<p>\u00bfPrefiere el Evangelio el celibato porque es una experiencia anticipadora del estado de vida bienaventurada? La vida de la caridad escatol\u00f3gica es totalmente distinta incluso del estado virginal en este mundo. En la vida terrena la misma caridad virginal es experimentada dentro de un componente sexual personal. En cambio, en la vida futura la existencia ser\u00e1 completamente nueva seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu resucitado. En el Evangelio se sugiere el celibato terreno como servicio apost\u00f3lico, como mayor disponibilidad a una misi\u00f3n eclesial, como posibilidad de ofrecerse libre para una actividad misionera itinerante: si no nos casamos es para poder servir mejor al reino de Dios (Mt 19,12). \u00abEl c\u00e9libe se preocupa de las cosas del Se\u00f1or y c\u00f3mo agradarle\u00bb (1 Cor 7,32). Existe otra utilidad m\u00e1s; dado que \u00abpasa la escena de este mundo\u00bb (1 Cor 7,31), \u00abel que no se casa hace mejor\u00bb (1 Cor 7,38), porque evita muchas tribulaciones.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo vivir en el tiempo presente la experiencia sexual conyugal? Estamos en una alianza eclesial de transici\u00f3n pascual: de la vida seg\u00fan la carne a la vida seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu. Un tr\u00e1nsito que tiene como meta conducir a los individuos y a toda uni\u00f3n matrimonial a la formaci\u00f3n de un solo cuerpo con Cristo y en Cristo. \u00abOs he desposado con un solo var\u00f3n para presentares a Cristo como virgen casta\u00bb (2 Cor 11,2). Los c\u00f3nyuges, unidos entre s\u00ed\u00ad como una sola carne (Mt 19,6), deben buscar ofrecerse a Cristo como una \u00abpeque\u00f1a iglesia\u00bb, alimentada y santificada por la carne inmaculada de Cristo (Ef 5,29-30).<\/p>\n<p>Esta meta no es nunca enteramente actualizable al presente. Los esposos, m\u00e1s que ser ya una sola cosa en Cristo, est\u00e1n comprometidos a redimirse rec\u00ed\u00adprocamente, a comunicarse la gracia sacramentalmente recibida del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo. Cada uno de ellos es ministro en relaci\u00f3n con la vida pascual del otro; es salvador del c\u00f3nyuge en cuanto se siente salvado por el Se\u00f1or; es corredentor en el ambiente familiar, porque est\u00e1 sacramentalmente unido al morir-resucitar de Cristo. Los c\u00f3nyuges cristianos est\u00e1n estrechamente unidos en su realizarse espiritual; deben vivir su vida sexual de modo que ejerzan un dominio mortificativo pascual de ella, que se manifiesten como caminantes hacia una uni\u00f3n en el amor y se propongan una meta m\u00e1s all\u00e1 de su experiencia sexual. \u00abPor tanto, los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran\u00bb (1 Cor 7,29).<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, la sexualidad se presenta en la palabra revelada de acuerdo con aspectos dial\u00e9cticamente entrelazados. Representa en s\u00ed\u00ad misma una realidad buena creada por Dios (G\u00e9n 1,27), aunque desorientada por el pecado (G\u00e9n 3,7). Debe ser vivida en s\u00ed\u00ad misma liber\u00e1ndola de todo condicionamiento de impureza cultual, aunque se debe intentar vivir super\u00e1ndola para caminar mejor hacia el reino de Dios. Debe ser aceptada en su sentido humano realista por encima de todo aspecto mitol\u00f3gico-c\u00f3smico, aunque debe ser ejercida como simbolismo de la alianza con Dios en Cristo. La palabra de Dios no se detiene a investigar la sexualidad en su acepci\u00f3n cient\u00ed\u00adfico-psicol\u00f3gica, aunque de hecho la replantea inculturada seg\u00fan los contextos culturales que aparecen en la historia salv\u00ed\u00adfica. Esta visi\u00f3n b\u00ed\u00adblica tan compleja sobre la sexualidad permitir\u00e1 a la comunidad cristiana se\u00f1alar la espiritualidad en torno a lo sexual, de conformidad con la gracia eclesial y con la cultura propia de cada \u00e9poca.<\/p>\n<p>IV. Hombre y mujer<br \/>\nEl texto revelado presenta a Dios comprometido en una creaci\u00f3n continuada: quiere conducir tanto al hombre como a la mujer a ser imagen suya (G\u00e9n 1,2). Por esta vocaci\u00f3n, el hombre y la mujer constituyen valores aut\u00f3nomos; entre ellos se da no ya una complementariedad de seres incompletos e interdependientes, sino reciprocidad. Responsablemente adultos, est\u00e1n llamados a ofrecerse en relaciones interpersonales de servicio y de don (G\u00e9n 2,18).<\/p>\n<p>Para poder instaurar una vida comunitaria noblemente interpersonal entre hombre y mujer. Dios ha llamado a cooperar en ella a la misma actividad de los seres humanos. Estando la acci\u00f3n creadora divina vinculada a la operosidad humana, se sujeta a las vicisitudes de la historia del hombre; permite que las relaciones interpersonales entre hombre y mujer conozcan experiencias desde puntos de vista diferentes, unas veces negativos y otras positivos. No existe la posibilidad de instaurar en la tierra una armon\u00ed\u00ada perfectamente aut\u00e9ntica y definitiva entre las potencialidades del var\u00f3n y de la mujer.<\/p>\n<p>El texto revelado recuerda las consecuencias del pecado en las relaciones entre hombre y mujer mediante expresiones inculturadas, propias de la \u00e9poca israel\u00ed\u00adtica (G\u00e9n 3,16; Ex 20,17; Les. 15,195): la mujer induce al hombre al mal (G\u00e9n 3,6-12); el hombre intenta subyugarla (G\u00e9n 3,16); en su propia intimidad se sienten extra\u00f1os y avergonzados el uno frente al otro (G\u00e9n 3,7). La historia sucesiva representar\u00e1 en formas continuas variadas el intento de instaurar la reciprocidad entre el hombre y la mujer. Pero entre ambos aflorar\u00e1n en formas diversas la incomunicabilidad y la voluntad de dominio del uno sobre el otro.<\/p>\n<p>Esta experiencia de desigualdad entre hombre y mujer influir\u00e1 en el modo mismo de imaginar y representar a Dios. La Sagrada Escritura cuando habla de Dios, aunque lo declara como un ser asexuado (Job 9,32) y \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb (Jn 4,24), lo trata impl\u00ed\u00adcitamente como var\u00f3n. El mismo Verbo de Dios al encarnarse es Cristo Jes\u00fas, Dios-hombre. Todo esto ha avalado impl\u00ed\u00adcitamente la supremac\u00ed\u00ada del hombre sobre la mujer.<\/p>\n<p>Redenci\u00f3n y palabra de Cristo son realidades que perfeccionan las perspectivas ya sugeridas por los profetas del Antiguo Testamento, a la vez que se comprometen a superar estos condicionamientos que sirven de obst\u00e1culo a la comuni\u00f3n plena entre hombre y mujer. A trav\u00e9s de la transformaci\u00f3n pascual, el hombre y la mujer est\u00e1n destinados a una vida m\u00ed\u00adstica en la caridad, a ser una \u00absola cosa\u00bb en el esp\u00ed\u00adritu de Cristo (Jn 17,22), a ofrecerse rec\u00ed\u00adprocamente mediante un amor libre y liberador (Mc 10,44). Est\u00e1n llamados a alcanzar por la gracia las relaciones que existen en Dios de una manera perfecta por naturaleza. Semejante utop\u00ed\u00ada evang\u00e9lica puede y debe expresarse ya desde ahora en algunos signos, aunque est\u00e9n en gran medida condicionados cual compromisos hist\u00f3ricos, que, sin embargo, deben desempe\u00f1ar una indicaci\u00f3n prof\u00e9tica.<\/p>\n<p>San Pablo recuerda la indicaci\u00f3n ut\u00f3pica del Evangelio: hombre y mujer constituyen un mismo ser en la alianza de caridad con Dios en Cristo (G\u00e1l 3,28; 1 Cor 11,11-22); asimismo, la mujer, en el ejercicio de ministerios y profec\u00ed\u00ada, es igual al hombre (1 Tes 5,19-20; 1 Cor 11,4-5). Al mismo tiempo, san Pablo se declara respetuoso de las costumbres de su \u00e9poca (1 Cor 11.2.16). Siguiendo estas costumbres y partiendo de la vida caritativa de Cristo viviente en la Iglesia, exige que la mujer est\u00e9 sometida al marido (1 Cor 11,3), que lleve velo en se\u00f1al de sumisi\u00f3n (1 Cor 11,10), y que permanezca silenciosa en la asamblea dej\u00e1ndose instruir por el marido (1 Cor 14,34-35; 1 Tim 2,11-12). La motivaci\u00f3n caritativa, si por una parte comunic\u00f3 una inspiraci\u00f3n evang\u00e9lica a las costumbres dominantes, al mismo tiempo las hizo m\u00e1s estables, sacraliz\u00e1ndolas (cf Ef 5,25-29). Es posible que san Pablo no tuviera clara conciencia del influjo que la caridad debe ejercitar al revolucionar de modo explosivo las costumbres existentes.<\/p>\n<p>En los santos Padres apunta la conciencia de la existencia de disparidades irrenunciables entre hombre y mujer. Mientras, por un lado, a prop\u00f3sito de la soteriolog\u00ed\u00ada cristiana, proclaman la elevada dignidad de la mujer, especialmente en la virginidad&#8217;, por otra, interpretan de forma m\u00e1s insistente las descripciones hist\u00f3ricas de la Biblia como enunciados teol\u00f3gicos de desconfianza respecto a la personalidad moral de la mujer, que tiene el deber de estar sometida al hombre.<\/p>\n<p>El magisterio de la Iglesia, a trav\u00e9s de su ense\u00f1anza social, inculca la dependencia de la mujer respecto al hombre como ley natural impuesta sobre todo por la \u00ed\u00adndole misma de la familia humana: \u00abEn ning\u00fan tiempo ni lugar es l\u00ed\u00adcito subvertir la estructura esencial de la familia misma y su ley firmemente establecida por Dios\u00bb (P\u00ed\u00ado XI, enc\u00ed\u00adclica Casti connubii, 12). Y si la actual costumbre social exige la presencia activa de la mujer en la vida social y pol\u00ed\u00adtica, \u00abla igualdad de derechos con el hombre ha sometido a la mujer, con el abandono de la casa, donde era una reina, al mismo peso y tiempo del trabajo. No se ha dado importancia a su verdadera dignidad y al s\u00f3lido fundamento de todos sus derechos, es decir, el car\u00e1cter peculiar de su ser femenino y la \u00ed\u00adntima coordinaci\u00f3n de los dos sexos\u00bb (P\u00ed\u00ado XII, discurso de 21 de octubre de 1945, 17 y 27). Semejantes valoraciones del magisterio estaban influidas por las situaciones sociales del momento, que eran negativas para la mujer, as\u00ed\u00ad como por preocupaciones de moralidad p\u00fablica. Al lado de estos enunciados de delimitaci\u00f3n de la autonom\u00ed\u00ada social y familiar de la mujer, el magisterio ha proclamado de forma bastante te\u00f3rica la igualdad de dignidades entre hombre y mujer en todos los terrenos (cf GS 29,49; AA 9-10; Juan XXIII, enc\u00ed\u00adclica Pacem in terris, 41; Pablo VI, Octogesima adveniens, 35).<\/p>\n<p>No s\u00f3lo la ense\u00f1anza del magisterio, sino la misma costumbre eclesial ha propendido a exaltar a la mujer por el lado te\u00f3rico (proclam\u00e1ndola persona, hija de Dios, reencarnaci\u00f3n de las gracias de Mar\u00ed\u00ada Sant\u00ed\u00adsima, templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo, etc.), mostrando luego desconfianza respecto a su personalidad concreta (declar\u00e1ndola ocasi\u00f3n de pecado, legitimando la opresi\u00f3n social respecto a ella, consider\u00e1ndola de modo habitual bajo la exclusiva visi\u00f3n sexual de madre o de n\u00fabil). Todo esto se debe a que la comunidad cristiana se ha encerrado sobre todo en preocupaciones moralizantes: ha temido que resultara peligroso desvincularse de las modalidades de las costumbres sociales del momento, y ello por inconsciente reflejo del poder eclesi\u00e1stico masculino sobre la vida humana. Por el contrario, ser\u00ed\u00ada deseable que la comunidad eclesial supiera anunciar prof\u00e9ticamente y apoyar pastoralmente la liberaci\u00f3n efectiva de la mujer; que supiera comunicar la inspiraci\u00f3n evang\u00e9lica a la nueva experiencia social en proceso de actualizaci\u00f3n respecto a las relaciones interpersonales de marido-mujer, padre-madre, padres-hijos, hombre-mujer. De esta forma la comunidad cristiana, a la vez que se deja instruir por las iniciativas sociales de promoci\u00f3n femenina, puede evangelizar las nuevas experiencias pol\u00ed\u00adticas. La asamblea cristiana vive en una tensi\u00f3n constante, jam\u00e1s resuelta en t\u00e9rminos definitivos, entre el ideal evang\u00e9lico y sus realizaciones hist\u00f3ricas concretas. Ser\u00ed\u00ada fatal que se agazapase en una ideolog\u00ed\u00ada capaz de neutralizar la tensi\u00f3n evang\u00e9lica; debe aceptar las reivindicaciones feministas, transform\u00e1ndolas en propuestas de enunciados evang\u00e9licos prof\u00e9ticos [>Feminismo].<\/p>\n<p>Pero ser\u00ed\u00ada injusto pensar que la desconfianza hacia la mujer es una actitud exclusiva de la mentalidad eclesi\u00e1stica. Con mayor profundidad ha estado presente en la amplia experiencia cultural humana. En general, se podr\u00ed\u00ada asegurar que en las diversas civilizaciones se han vivido las relaciones entre hombre y mujer en dependencia del significado y del valor otorgados a la sexualidad. Seg\u00fan Arist\u00f3teles, y despu\u00e9s seg\u00fan los te\u00f3logos medievales, la sexualidad se limita a la esfera biol\u00f3gica corporal. En consecuencia, la complementariedad entre hombre y mujer aparece limitada simplemente a la procreaci\u00f3n, \u00abporque para cualquier otra actividad el hombre recibe un mejor servicio de otro hombre que el que recibe de la mujer\u00bb (S. Th., 1, q. 2, a. 1). La mujer, con respecto al hombre, es un ser al que le falta su perfecci\u00f3n (mas occasionatus); se presenta en inferioridad de condiciones en el campo cultural y social, a pesar de que por el lado existencial convive con el hombre en aut\u00e9ntica relaci\u00f3n de amor (S. Th., 1, q. 92, a. 2).<\/p>\n<p>Posteriormente, la sexualidad se ha considerado bajo la dimensi\u00f3n humana y psicol\u00f3gica como fuente de dotes y cualidades totalmente particulares. Las caracter\u00ed\u00adsticas psicol\u00f3gicas de ambos sexos constituyen un dato de naturaleza determinable ulteriormente por factores culturales; entre ellos se establece una integraci\u00f3n dial\u00e9ctica. Tan s\u00f3lo la uni\u00f3n de las cualidades masculinas y femeninas permite establecer la plena integridad del hombre. El hombre proyecta y transforma el mundo, mientras que la mujer custodia la vida. El hombre es abstracto y la mujer concreta, el hombre es raz\u00f3n y la mujer sentimiento, el hombre se orienta hacia las cosas y la mujer m\u00e1s bien hacia las personas.<\/p>\n<p>Hoy se prefiere sostener la idea de que las diferencias entre hombre y mujer son un producto cultural y social (ejemplo, K. Marx, M. Mead). \u00abNo se nace mujer, se hace. Ning\u00fan destino biol\u00f3gico, ps\u00ed\u00adquico, econ\u00f3mico, define la figura que reviste dentro de la sociedad la hembra humana; es el conjunto de la sociedad el que elabora este producto intermedio entre el macho y el castrado, que es calificado como femenino. S\u00f3lo la mediaci\u00f3n del otro puede constituir a un individuo como otro\u00bb. A la mujer no se la debe relegar al sexo, a la maternidad y al hogar, sino que se le debe restituir su condici\u00f3n de persona libre que se proyecta a s\u00ed\u00ad misma en el mundo.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo valorar estas interpretaciones culturales y eclesiales deformes sobre la sexualidad var\u00f3n-hembra? \u00bfEs posible tener preferencias entre ambas? \u00bfSer\u00ed\u00ada deseable saber considerar la sexualidad var\u00f3n-hembra al mismo tiempo bajo todos los aspectos indicados? \u00bfY por qu\u00e9? La sexualidad tiene un componente corp\u00f3reo fisiol\u00f3gico, que se diferencia en el hombre y la mujer. Este componente corp\u00f3reo tiene reflejos y repercusiones en la esferas de los instintos, en el campo psicol\u00f3gico, en los comportamientos sociales y en las expresiones espirituales m\u00e1s elevadas. Y, sin embargo, no es posible distinguir en estas diferencias lo que es sustrato psicol\u00f3gico natural y lo que es fruto de la cultura y la educaci\u00f3n. Al mismo tiempo, se trata de diferenciaciones bastante \u00fatiles y preciosas. Por este complejo sexual natural-cultural, el hombre y la mujer tienden a enfrentarse y a colaborar de forma aut\u00f3noma. pero rec\u00ed\u00adprocamente integrativa. En ellos no se debe suprimir la polarizaci\u00f3n de los sexos, sino los aspectos de desigualdad y de alienaci\u00f3n que les acompa\u00f1an. Su comportamiento no debe reducirse a un modo mon\u00ed\u00adstico, que todo lo nivela de forma un\u00ed\u00advoca. La alteridad y la originalidad son irreducibles en el hombre y la mujer. Por otra parte, la sexualidad, en cuanto reciprocidad en el amor, es posible tan s\u00f3lo all\u00ed\u00ad donde existe la alteridad.<\/p>\n<p>La mujer debe realizarse seg\u00fan su propio estilo original, y no como imitaci\u00f3n del hombre. Debe recrearse seg\u00fan su propia cultura, sin confrontarse con todo lo que el hombre ha conseguido. Lo contrario ser\u00ed\u00ada siempre reconocer la preeminencia de la creatividad masculina; ser\u00ed\u00ada legitimar una sociedad de predominio de uno sobre el otro, y no de comuni\u00f3n entre lo masculino y lo femenino. Instaurar un orden interpersonal objetivamente v\u00e1lido entre el hombre y la mujer es un presupuesto importante para una vida espiritual. Cierto que la mujer ha sabido santificarse subjetivamente tambi\u00e9n en la experiencia de una costumbre antifeminista, pero no ha podido testimoniar en ella una espiritualidad eclesial femenina objetivamente aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>La comunidad eclesial debe favorecer la instauraci\u00f3n de un movimiento cultural realizador, inherente a la liberaci\u00f3n personal y social de la mujer. Al mismo tiempo, debe comprometer todo nuevo aspecto promocional del sexo femenino en una perspectiva eclesial de caridad; debe testimoniar que el bautismo hace posible una experiencia de igualdad interpersonal del hombre y de la mujer en Cristo (G\u00e1l 3,27-28). La comunidad cristiana est\u00e1 comprometida en favorecer la promoci\u00f3n femenina no de acuerdo con la mera f\u00f3rmula propugnada por la cultura feminista de hoy, sino en cuanto experiencia original de comuni\u00f3n eclesial de caridad.<\/p>\n<p>V. Vida sexual como vida virtuosa<br \/>\nLa vida sexual debe vivirse seg\u00fan un orden moral, desde una perspectiva espiritual, de manera virtuosa. Para alcanzar este fin, san Pablo aconsejaba a los cristianos el matrimonio (1 Cor 7,2). La misma invitaci\u00f3n repet\u00ed\u00ada con mayor insistencia san Juan Cris\u00f3stomo: \u00abEstos son, efectivamente, los dos motivos por los que se ha introducido el matrimonio: para que nos conservemos castos y seamos padres. De estos dos motivos, el principal es, sin embargo, el de la castidad. Desde el momento en que entr\u00f3 en el mundo la concupiscencia, entr\u00f3 tambi\u00e9n de hecho el matrimonio con la finalidad de subsanar los excesos desordenados. Seg\u00fan Cris\u00f3stomo, la sexualidad matrimonial logra plantearse en forma virtuosa \u00fanicamente cuando entre los c\u00f3nyuges se establece la paz y la armon\u00ed\u00ada, de forma que se sepan amar como Cristo ama a la Iglesia&#8217;. Viviendo el matrimonio \u00abcomo una palestra de virtudes\u00bb, \u00abhaces que tu casa sea una iglesia\u00bb 9<br \/>\nSanto Tom\u00e1s asumir\u00e1 con rigor cient\u00ed\u00adfico el argumento de la vida sexual en cuanto vida virtuosa. Comportarse de una forma virtuosa equivale a actuar seg\u00fan la raz\u00f3n (S. Th., II, q. 141, a. 1). La sexualidad, que tiende a exorbitarse por el placer intensamente seductor que implica, aparece como actividad virtuosa cuando est\u00e1 regida y regulada por la raz\u00f3n (S. Th., 1-II, q. 55, a. 3). En cambio, es pecaminosa en la medida en que se expresa caprichosamente fuera de la direcci\u00f3n y control racionales. La regulaci\u00f3n virtuosa puede afectar al acto sexual genital o a las dem\u00e1s partes er\u00f3genas sensuales. \u00abRespecto al placer principal del coito mismo se tiene la virtud de la castidad, y para los placeres perif\u00e9ricos [por ejemplo, los dimanantes de besos, caricias y abrazos] se establece la virtud del pudor\u00bb (S. Th., lI-II, q. 143, a. \u00fanico). La castidad recibe el nombre de continente, es decir, imperfecta, dificultosa y combativa, cuando la libido es refrenada por la raz\u00f3n a base de muchos esfuerzos: \u00abMientras quede alg\u00fan atractivo para la voluptuosidad, no se es casto, sino continente&#8217;. La castidad recibe el nombre de temperante cuando el instinto sexual aparece \u00ed\u00adntimamente reordenado de forma constante y espont\u00e1nea dentro de los l\u00ed\u00admites de la bondad moral (S. Th., 11-II, q. 145, a. 3, ad 1).<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n tomista de la sexualidad virtuosa es ciertamente muy precisa, 1\u00f3gicanlente encuadrada dentro del contexto moral escol\u00e1stico, pero suscita dificultades a la mentalidad cultural de nuestros d\u00ed\u00adas. La castidad tomista introduce la sexualidad en comportamientos limpios, bien regulados, rigurosamente medidos; sin embargo, parece caracterizarse m\u00e1s bien como mortificaci\u00f3n que como promoci\u00f3n interpersonal entre los c\u00f3nyuges. En sus cartas a Abelardo, Elo\u00ed\u00adsa advierte con claridad c\u00f3mo un compromiso virtuoso debilita y mortifica de por s\u00ed\u00ad un amor abierto en entrega al amado. Al decir de Arist\u00f3teles (Ethica, XI) y de santo Tom\u00e1s (S. Th., 1-I1, q. 34, a. 1, ad 1), la sexualidad debe ser castigada porque en su mismo ser entitativo est\u00e1 desordenada: en su punto m\u00e1ximo de placer anula toda posibilidad de ejercicio de la reflexi\u00f3n racional. En consecuencia, la castidad debe presentarse como freno de la sexualidad, dado que \u00e9sta no sabe actuarse sino en contraste con la facultad de la raz\u00f3n; debe caracterizarse como una forma mortificativa del acto placentero sexual para armonizarlo con otros posibles valores de la persona.<\/p>\n<p>La cultura de nuestros d\u00ed\u00adas, al concebir la sexualidad como una expresi\u00f3n profunda del sentido personalista-comunitario, interpreta el posible desvanecimiento de la conciencia en el orgasmo sexual como abandono de la individualidad del yo y del t\u00fa por un nosotros unitario conyugal. La inculturaci\u00f3n \u00e9tica de nuestros d\u00ed\u00adas nos exige pensar y vivir la castidad no exclusivamente como moderaci\u00f3n del placer, sino ante todo como orientaci\u00f3n de la vida sexual dentro de la promoci\u00f3n personal en el amor interpersonal. D. Bonhoeffer escrib\u00ed\u00ada a su novia: \u00abNuestro matrimonio sera un si a la tierra de Dios. Fortificar\u00e1 nuestro valor para actuar y llevar a cabo alguna empresa en la tierra\u00bb.<\/p>\n<p>Sobre todo, parece que la virtud de la castidad, tal como se ha descrito habitualmente, se queda alicorta y carente de todo impulso espiritual; ignora la voluntad de introducirse en la experiencia del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo. Se ha sugerido el ejercicio virtuoso de la sexualidad como una pr\u00e1ctica que s\u00f3lo se adapta a almas mediocres, como compromiso para personas atacadas por el pecado original. Escrib\u00ed\u00ada san Jer\u00f3nimo a Eustoquio: \u00abSepas que la virginidad es el estado de la naturaleza, mientras que el matrimonio vino tan s\u00f3lo despu\u00e9s del pecado\u00bb. En cambio, hoy d\u00ed\u00ada es necesario ver la virtud de la castidad configurada en una perspectiva m\u00e1s optimista, en una formulaci\u00f3n m\u00e1s marcadamente cristiana, en una visi\u00f3n evang\u00e9licamente caritativa, a la manera de una promoci\u00f3n espiritual, al modo como ha sido pensada y vivida la virginidad.<\/p>\n<p>Los intentos de hacer vivir la vida sexual virtuosamente se han dado tambi\u00e9n en la cultura laica profana, aunque fueran intentos sugeridos por motivaciones extra\u00f1as a la instancia moral. Podemos recordar alg\u00fan que otro ejemplo. En la Edad Media, el amor rom\u00e1ntico idealiza a la mujer. cuyo amor como meta a conquistar aparece infinitamente precioso e inalcanzable si no es mediante empresas enormemente comprometedoras. Semejante amor se reduc\u00ed\u00ada a una contemplaci\u00f3n ext\u00e1tica por encima de la intimidad sexual y se sublimaba en s\u00ed\u00admbolos y expresiones de poes\u00ed\u00ada, que le ayudaban a conservar un cierto halo espiritual. \u00bfA qu\u00e9 se debe semejante ascesis ennoblecedora? El eros se carga de una pretensi\u00f3n absoluta al contacto arrobador con la mujer. Pero cuando la mujer es pose\u00ed\u00adda, revela su limite; ella se caracteriza como realidad negativa de aquel absoluto que hab\u00ed\u00ada hecho so\u00f1ar; es una promesa jam\u00e1s mantenida. El hombre puede hacerse genio, h\u00e9roe o santo por amor de una mujer, siempre que ambicione merecerla sin haberla gozado jam\u00e1s en realidad. Semejante amor cort\u00e9s ha encontrado su manifestaci\u00f3n m\u00e1s pura y m\u00e1s l\u00ed\u00adrica en la poes\u00ed\u00ada de Dante. De hecho, en el romanticismo tenemos una nueva formulaci\u00f3n de la castidad como virtud, estructurada no sobre la raz\u00f3n reguladora, sino sobre la fantas\u00ed\u00ada er\u00f3tica; una fantas\u00ed\u00ada totalmente empe\u00f1ada en hacerso\u00f1ar la grandeza de la uni\u00f3n de amor con la otra persona.<\/p>\n<p>S. Freud, para humanizar la sexualidad, ha sugerido la sublimaci\u00f3n: una transformaci\u00f3n del fin y del objeto del instinto sexual, de suerte que cuanto \u00aboriginariamente es impulso sexual encuentre su cumplimiento no ya sexual, sino que experimente una valoraci\u00f3n superior en sentido social o \u00e9tico\u00bb. El instinto sexual no se transforma en impulso espiritual, sino que entra a formar parte de un comportamiento humano m\u00e1s amplio como fuerza integradora del mismo. Es cierto que Marcuse ha afirmado que la sublimaci\u00f3n ha sido una manera h\u00e1bil de explotaci\u00f3n y de represi\u00f3n utilizada por las clases dominantes en perjuicio de las clases inferiores pobres. Sin embargo, Freud podr\u00ed\u00ada precisar que la sublimaci\u00f3n no es tanto una represi\u00f3n cuanto una orientaci\u00f3n del impulso sexual dentro del contexto global del hombre: \u00abEs probable que debamos nuestros m\u00e1s grandiosos \u00e9xitos culturales a la aportaci\u00f3n de energ\u00ed\u00ada obtenida con la sublimaci\u00f3n de nuestras funciones sexuales\u00bb (Freud).<\/p>\n<p>Es sumamente grato presentar la vida sexual ennoblecida no s\u00f3lo por la forma evang\u00e9lica del amor, sino tambi\u00e9n seg\u00fan categor\u00ed\u00adas human\u00ed\u00adsticas t\u00ed\u00adpicas de la \u00e9poca cultural que nos toca vivir. Todos los hombres, creyentes o no creyentes, deben ser educados a vivir con dignidad y con provecho su propia sexualidad en un plano human\u00ed\u00adstico y dentro de una esfera espiritual. Por este motivo es oportuno presentar la sexualidad seg\u00fan una expresi\u00f3n virtuosa laico-profana. Hoy se la podr\u00ed\u00ada presentar culturalmente como un dinamismo o fuerza difundida en todo el yo humano, que impele a la persona hacia su maduraci\u00f3n adulta. Perfecci\u00f3n personal que se expresa cuando sabe abrirse con amor oblativo al otro, en el servicio respetuoso de la autonom\u00ed\u00ada de los dem\u00e1s, en la aceptaci\u00f3n delicada de la intimidad del hermano, ayudando a todos a vivir en la seguridad de un mundo interpersonal lleno de paz.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, se deber\u00ed\u00ada habituar a las personas a valorar la castidad no tanto en su significado gen\u00e9rico y abstracto, sino en el concreto de experiencia noble t\u00ed\u00adpicamente masculina o femenina. Debe aparecer claramente lo diverso que es vivir la castidad como hombre que como mujer: dos experiencias que deben mostrarse integradoras entre s\u00ed\u00ad de una castidad m\u00e1s ricamente compleja. San Francisco y santa Clara vivieron su sexualidad personal como expresi\u00f3n de pobreza evang\u00e9lica. Para san Francisco, la continencia (o pobreza en la sexualidad) ten\u00ed\u00ada el significado de una renuncia a una posici\u00f3n familiar personal y a expresarse como dominador de una mujer. Con esta renuncia conquist\u00f3 el honor de ser un jefe espiritual reverenciado, seguido por um escuadr\u00f3n de hombres y de mujeres. Para Clara, la continencia consagrada signific\u00f3 la renuncia a un amor posesivo, a ser cortejada, a buscar imponerse con su vanidad afectiva. Pero mediante esta renuncia pudo sentirse unida en la intimidad caritativa con Dios y con Francisco el \u00abPoverello\u00bb. Ambos vivieron la sexualidad a su manera; cada uno seg\u00fan su propia sensibilidad masculina o femenina, pero ambos en un plano de caridad evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>La cultura actual sugiere, en fin, que veamos la misma indicaci\u00f3n \u00e9tica sobre la sexualidad como una formulaci\u00f3n imperfecta, necesitada, por lo tanto, de una revisi\u00f3n espiritual peri\u00f3dica. Por ejemplo: lo que hoy se indica como obligatorio desde el punto de vista de la virtud podr\u00ed\u00ada ser, al menos parcialmente, expresi\u00f3n de una sociedad que se impone para poder conservarse tal como es en la actualidad, o para permitir que contin\u00fae la explotaci\u00f3n de las clases inferiores. En ambos casos, no parece pensable una \u00e9tica sexual social formulada de una manera perfecta; est\u00e1 siempre condicionada por el contexto en que se plantea. Es ineludible, quiz\u00e1, que implique alg\u00fan que otro aspecto deformante, acaso en el acto mismo en que se propone como reguladora de la conducta sexual. La \u00e9tica sexual se incluye en las categor\u00ed\u00adas sociales del dominio de los dem\u00e1s; mas todo poder humano tiende a expresarse en aspectos abusivos. Es una norma tambi\u00e9n social; ahora bien, la socialidad humana tiende a institucionalizarse en una mediocridad. Como toda realidad humana, tambi\u00e9n la \u00e9tica de la castidad y de la continencia debe encuadrarse en el acontecimiento pascual; debe purificarse seg\u00fan las exigencias del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, disponi\u00e9ndose as\u00ed\u00ad a ser cada vez m\u00e1s ley evang\u00e9lica nueva.<\/p>\n<p>VI. Caridad y sexualidad<br \/>\n\u00bfEst\u00e1 capacitada la sexualidad en s\u00ed\u00ad misma para vivir \u00ed\u00adntimamente animada por la caridad? Se afirma que el eros \u00ablleva en s\u00ed\u00ad m\u00e1s que as\u00ed\u00ad mismo. \u00bfC\u00f3mo, en efecto, podr\u00ed\u00ada haber soportado una sublimaci\u00f3n tan alta de no llevarla ya en s\u00ed\u00ad mismo de alguna manera, bien sea latente o como \u00e9nfasis inaut\u00e9ntico de la propia verdad?\u00bb. Quiz\u00e1 sea m\u00e1s apropiado afirmar que la sexualidad es capaz de expresarse con animaci\u00f3n caritativa no por s\u00ed\u00ad misma, sino en cuanto est\u00e1 transformada por el misterio pascual de Cristo. En la ra\u00ed\u00adz de la vida cristiana se encuentra el bautismo, el cual introduce al yo, en relaci\u00f3n con su misma dimensi\u00f3n sexual, en la experiencia pascual, en el morir-resucitar en Cristo y con Cristo. En la medida en que el yo se transforme en esp\u00ed\u00adritu resucitado, se capacitar\u00e1 tambi\u00e9n para vivir en caridad.<\/p>\n<p>La caridad tiene el cometido de impregnar toda la actividad humana, incluida la sexual. Por la caridad, el ser sexual tiende a vivir en uni\u00f3n nupcial con Dios y est\u00e1 llamado a expresarse seg\u00fan el amor de Dios; es invitado a integrarse como componente y participante del cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo, a amar a Dios y a los hermanos de la misma forma que Dios ama en Cristo (Flp 2,5), a ofrecerse en don a los dem\u00e1s como el Se\u00f1or se sacrific\u00f3 por amor nuestro, a participar en las amistades tal como sugiere el Esp\u00ed\u00adritu Santo, a vivir de amor sobrenatural como Dios Padre manda que viva su Iglesia. Jes\u00fas reza: \u00abComo t\u00fa, Padre, en m\u00ed\u00ad y yo en ti, que tambi\u00e9n ellos sean una sola cosa en nosotros\u00bb (Jn 17,21). El invoc\u00f3 para sus disc\u00ed\u00adpulos aquel mismo amor caritativo del que el Padre le hab\u00ed\u00ada hecho part\u00ed\u00adcipe.<\/p>\n<p>El cristiano no est\u00e1 capacitado en este mundo para vivir la caridad en su expresi\u00f3n m\u00e1s pura, en el contexto de una vida \u00ed\u00adntegramente resucitada seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu, en entrega total a Cristo integral. La caridad del cristiano peregrinante est\u00e1 homologada con la forma de ser y actuar totalmente humana de la sexualidad personal, con las condiciones socio-culturales en las que el yo tiene que obrar. As\u00ed\u00ad se dispone de varios modos iniciales de caridad, que se van formulando dentro de las potencialidades inherentes a la sexualidad.<\/p>\n<p>Podemos recordar algunas expresiones de caridad incipiente dentro del dinamismo sexual. Ante todo, la caridad (comunicada por el Esp\u00ed\u00adritu en el bautismo) est\u00e1 llamada a inspirar y vivificar la totalidad de las manifestaciones afectivas de todo cristiano. La persona, a medida que se abre a los sentimientos y a las decisiones de nivel m\u00e1s adulto, deber\u00ed\u00ada saber vivirlos en uni\u00f3n caritativa con Dios mediante el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo; deber\u00ed\u00ada manifestarlos como momento de su propio encaminarse a vivir la vida divina de la Trinidad. Es solamente una orientaci\u00f3n hacia la vida caritativa, puesto que \u00e9sta es la existencia del hombre perfecto mediante el don del Esp\u00ed\u00adritu y su medida de la plena estatura de Cristo (Ef 4,15). La educaci\u00f3n pastoral debe establecer la integraci\u00f3n afectiva con el otro sexo y ser un modo de amar a Dios en los hermanos; debe indicar la sexualidad \u00abcomo un signo y un est\u00ed\u00admulo de la caridad\u00bb (LG 42); debe comprometer a vivirla \u00abcomo un bien para el desarrollo integral de la propia persona\u00bb incluso desde el aspecto espiritual (PC 12).<\/p>\n<p>\u00bfEs infundida la caridad por el Esp\u00ed\u00adritu en la sexualidad personal como una experiencia carism\u00e1tica? \u00bfQu\u00e9 significa? El carisma es don del Esp\u00ed\u00adritu Santo orientado a la salvaci\u00f3n de los hombres, pero a trav\u00e9s de y mediante la edificaci\u00f3n del cuerpo m\u00ed\u00adstico, que es la Iglesia. Los cristianos deben vivir sus relaciones interpersonales, actuadas por su ser sexual, seg\u00fan una inspiraci\u00f3n caritativa que participe de la agape, difundida en la Iglesia. La sexualidad de los fieles debe dar testimonio de la caridad, que es carisma de credibilidad de la misma Iglesia. Quien observa al creyente viviendo en amor oblativo de caridad debe poder exclamar: \u00ab\u00c2\u00a1Qu\u00e9 grande es la Iglesia, que hace capaces a sus hijos de vivir un amor tan noble!\u00bb. El cristiano se muestra lleno de un amor caritativo encantador precisamente porque lo bebe en las fuentes sacramentales de la Iglesia. La comunidad eclesial demuestra ser aut\u00e9nticamente salvadora por el amor de Cristo, participado a sus miembros y reflejado en sus formas instintivas. As\u00ed\u00ad ora la asamblea lit\u00fargica: \u00abSe\u00f1or, confirma en la fe y en el amor a tu Iglesia peregrina en la tierra\u00bb.<\/p>\n<p>La caridad, como carisma eclesial, es vivida seg\u00fan dos formas particulares de sexualidad personal: el estado virginal y el estado matrimonial. Cuando la caridad se vive en forma virginal, anhela proclamar que la comunidad eclesial se orienta por su propia vocaci\u00f3n y de manera total a sumirse en la intimidad divina. Y eso aunque semejante anhelo no se pueda realizar \u00ed\u00adntegramente en la vida actual. Es un enunciado de la tensi\u00f3n terminal de la Iglesia: ser toda de Dios en Cristo (1 Jn 4,15). La virginidad es \u00abun signo y un est\u00ed\u00admulo de la caridad\u00bb (LG 42), es un buscar incansablemente vivir s\u00f3lo de Cristo (Flp 1,21), al igual que en el martirio. La virginidad presupone una sexualidad resucitada y pneumatizada en el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or. La verdadera experiencia virginal, como vida de caridad resucitada, solamente puede practicarse en la era escatol\u00f3gica [>Celibato y virginidad].<\/p>\n<p>La caridad tambi\u00e9n est\u00e1 llamada a ser vivida en la sexualidad conyugal. El amor de Dios en Cristo no induce a olvidar la afectividad matrimonial, sino que penetra en ella para hacer fermentar su sentido pascual, para convertirla a una vida seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu, para encaminarla hacia la forma definitiva del reino. Mediante la experiencia caritativa de los c\u00f3nyuges cristianos, la sexualidad matrimonial \u00abnutre la esperanza de ser ella tambi\u00e9n liberada de la esclavitud de la corrupci\u00f3n para entrar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios\u00bb (Rom 8,21). De esta forma el amor conyugal tiene una vocaci\u00f3n carism\u00e1tica: dar testimonio de c\u00f3mo la Iglesia alimenta un amor nupcial con Cristo (Ef 5,32). \u00abEl matrimonio entra en el \u00e1mbito de la vocaci\u00f3n cristiana y aparece como un carisma, como un don del Esp\u00ed\u00adritu Santo destinado a la edificaci\u00f3n de la Iglesia [>Familia].<\/p>\n<p>En el coraz\u00f3n del c\u00f3nyuge cristiano hay una aspiraci\u00f3n caritativa virginal: ser receptivo ante el amor de Dios en Cristo hasta poderlo comunicar y difundir en su amor conyugal. La caridad virginal es vocaci\u00f3n de todo cristiano. El ap\u00f3stol Pablo record\u00f3 a los c\u00f3nyuges esta vocaci\u00f3n suya virginal caritativa cuando afirm\u00f3 que por el sacramento del matrimonio participan del misterio de Cristo y de su Iglesia. \u00abEfectivamente la Iglesia total es una virgen, desposada con Cristo como \u00fanico esposo, seg\u00fan las palabras del Ap\u00f3stol (2 Cor 11,2). \u00c2\u00a1De cu\u00e1nto honor son, por lo tanto, dignos aquellos miembros suyos que guardan tambi\u00e9n en la carne lo que ella guarda por entero en la fe!\u00bb.<\/p>\n<p>VII. Sexualidad y llamada a la santidad<br \/>\nEl Vat. II ha recordado la doctrina cristiana de siempre: \u00abTodos los fieles est\u00e1n invitados y obligados a tender a la santidad y a la perfecci\u00f3n de su propio estado\u00bb (LG 42; 40). Los fieles deben tender a ella con disponibilidad total, aunque no como a una realizaci\u00f3n de su propia iniciativa, puesto que esta meta es un don de Dios. \u00ab&#8230; La Trinidad una e indivisible, la cual en Cristo y por medio de Cristo es la fuente y el origen de toda santidad\u00bb (LG 47; cf 1 Cor 12,11) [>Santo[.<\/p>\n<p>\u00bfEs posible conocer el designio por el que Dios llama a cada uno a una santidad particular? El designio divino sobre la perfecci\u00f3n de los hombres ha sido revelado, si bien en una forma que no nos resulta netamente comprensible: las diferentes vocaciones a la santidad encuentran su justificaci\u00f3n en el Cristo integral. \u00abA cada uno de nosotros ha sido dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo [&#8230;] para la edificaci\u00f3n del cuerpo de Cristo\u00bb (Ef 4,7.12: Rom 12,3.6; LG 40). Los creyentes pueden llegar a la visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad \u00fanicamente en su condici\u00f3n de miembros del Cristo integral.<\/p>\n<p>La sexualidad, que caracteriza al individuo en una determinada personalidad masculina o femenina, no es elemento capaz de predestinar o incluir en la gracia o en la caridad posibles. \u00abCuantos en Cristo fuisteis bautizados os hab\u00e9is revestido de Cristo [&#8230;]. No hay var\u00f3n ni mujer\u00bb (G\u00e1l 3,27-28). Que el dinamismo sexual estructure al ser humano seg\u00fan una determinada formaci\u00f3n aptitudinal b\u00ed\u00ado-ps\u00ed\u00adquica no tiene importancia para la llamada a la santidad caritativa. \u00abLa caridad, excediendo la proporci\u00f3n de la naturaleza humana, no depende de ninguna virtud natural, sino tan s\u00f3lo de la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo que la infunde. Y, por lo tanto, la cantidad de la caridad no depende de la condici\u00f3n natural o de la capacidad de la virtud natural, sino s\u00f3lo de la voluntad del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que distribuye sus dones como quiere\u00bb (S. Th., II-II, q. 24, a. 3).<\/p>\n<p>La perfecci\u00f3n cristiana est\u00e1 constituida no s\u00f3lo por la oferta de la caridad seg\u00fan la perspectiva del Cristo integral, sino tambi\u00e9n por las disposiciones personales, por la correspondencia, por la capacidad de testimonio del don del Esp\u00ed\u00adritu. La santidad se expresa como transformaci\u00f3n de todo el ser humano seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu caritativo. \u00bfNo podr\u00ed\u00ada la configuraci\u00f3n sexual de la persona constituir una predisposici\u00f3n que influyera en la gracia yen la caridad? La capacidad dispositiva es ofrecida por el yosexual, pero no en base a un perfeccionamiento natural suyo. sino por el modo en que se ha dejado espiritualizar bajo la influencia de la gracia pascual. Es cierto que santo Tom\u00e1s atestigua: \u00abQuien tiene un natural m\u00e1s perfecto recibe en mayor medida la perfecci\u00f3n infusa\u00bb (1 Sent., d. 17, q. 1, a. 3). Este santo te\u00f3logo no pretende afirmar que la llamada a la gracia est\u00e9 determinada por la perfecci\u00f3n natural que cada uno posee, sino por la disponibilidad a la vocaci\u00f3n caritativa difundida en la sexualidad personal, es decir, por la forma en que el potencial humano est\u00e9 imbuido del sentido pascual.<\/p>\n<p>\u00bfNo tiene de por s\u00ed\u00ad la sexualidad, que caracteriza al yo personal, influencia sobre la vida espiritual? \u00bfNo puede ser considerada como signo indicativo de la calidad de santidad a la que uno ha sido llamado? La sexualidad es el dinamismo que determina la modalidad del ser espiritual del hombre en su situaci\u00f3n terrena. En el plano de las virtudes adquiridas. el hecho de ser var\u00f3n o mujer puede predisponer a una pr\u00e1ctica natural de las virtudes diferentes en cada caso. La llamada a la perfecci\u00f3n, como comportamiento limitado a las relaciones humanas, puede ser sugerida embrionalmente mediante la configuraci\u00f3n b\u00ed\u00ado-ps\u00ed\u00adquica del yo.<\/p>\n<p>Santo Tom\u00e1s hab\u00ed\u00ada precisado: el alma es una forma proporcionada a un cuerpo determinado (\u00abcuanto mejor dispuesto est\u00e1 el cuerpo, tanto m\u00e1s le toca un alma m\u00e1s noble\u00bb, S. Th., 1, q. 85, a. 7). El alma y el cuerpo pueden predisponer de manera diversa a las virtudes adquiridas, ya que \u00abtanto las virtudes intelectuales como las morales est\u00e1n en nosotros por naturaleza seg\u00fan un cierto comienzo en aptitud\u00bb (S. Th., I-II, q. 63, a. 1). Es s\u00f3lo una predisposici\u00f3n, que puede ser corregida profundamente por la gracia, por la educaci\u00f3n y por la pr\u00e1ctica asc\u00e9tica personal. En este sentido, se afirma que las virtudes \u00abest\u00e1n en nosotros por aptitud e incoativamente, y no por su perfecci\u00f3n\u00bb (S. Th., 1-11. q. 63, a. 1).<\/p>\n<p>La sexualidad personal afecta intensa y difusamente a la vida espiritual seg\u00fan como se modela en la ciudad terrena. Condiciona la manera de practicar las virtudes seg\u00fan su expresi\u00f3n humana, orienta como aptitud a las esferas que pueden desarrollarse en la comunidad c\u00ed\u00advica y sugiere las formas pr\u00e1cticas de ascesis personal. Pero luego debe ser sobrepasada mediante la transformaci\u00f3n pascual para disponerse a ser vivida en el seno de la experiencia caritativa.<\/p>\n<p>VIII Imagen de Dios y sexualidad<br \/>\nEl hecho de ser hombre o mujer, \u00bfes expresivo de una determinada imagen de Dios? \u00bfO bien la cualidad sexual es opaca a todo rasgo de imagen divina? En el principio del texto sagrado se afirma: \u00abDios cre\u00f3 al hombre a su imagen,\/ a imagen de Dios lo cre\u00f3.\/macho y hembra los cre\u00f3\u00bb (G\u00e9n 1,27).<\/p>\n<p>La sexualidad personal irradia e impregna todo el ser humano: matiza y se difunde hasta en las realidades m\u00e1s diversas y espirituales del hombre; influye intensa y extensamente en todo lo humano. Por la irradiaci\u00f3n de la sexualidad en la misma facultad cognoscitiva y amatoria, y en la medida en que se asume tal irradiaci\u00f3n, hay quien habla de imagen divina reflejada en la sexualidad: por su misma virtud, la sexualidad condiciona el aspecto espiritual humano y sigue sus vicisitudes. Santo Tom\u00e1s afirma: \u00abTanto en el hombre como en la mujer se encuentra una imagen de Dios id\u00e9ntica por lo que constituye principalmente la raz\u00f3n de ser de la imagen, es decir, por su naturaleza racional [&#8230;]. Mas por alg\u00fan motivo secundario la imagen de Dios que se encuentra en el hombre difiere de la que se encuentra en la mujer\u00bb (S. Th., 1, q. 93, a. 4, ad 1).<\/p>\n<p>Para otros, se puede hablar de imagen de Dios por parte de la sexualidad humana, dado que \u00e9sta es el principio de relaci\u00f3n interpersonal: \u00abLa caracter\u00ed\u00adstica de la esencia de Dios -que consiste en ser un Yo y un T\u00fa- y la caracter\u00ed\u00adstica del ser humano -que consiste en ser hombre y mujer- se corresponden exactamente\u00bb \u00ab. Para M. J. Scheeben, el tr\u00ed\u00ado creado (hombre, mujer e hijo) revela de manera visible y sorprendente la \u00ed\u00adntima fecundidad y la comuni\u00f3n de las personas que el misterio de la Trinidad supone en Dios; es una analog\u00ed\u00ada de tipo social. Teniendo presente que Dios es uno y trino, la sexualidad, contemplada a la luz misma de la psicolog\u00ed\u00ada, es la realidad relacional t\u00ed\u00adpica, que se act\u00faa de forma completa en un ritmo de tres dimensiones: padre, madre e hijo\u00bb. En cambio, H. Doms considera que la sexualidad es la imagen de la encarnaci\u00f3n, y m\u00e1s propiamente de la relaci\u00f3n nupcial de Cristo con su Iglesia, como nos lo recuerda la carta a los Efesios .<\/p>\n<p>Por su parte, el hecho de que la sexualidad familiar sea designada como una analog\u00ed\u00ada trinitaria por parte de los padres de la iglesia oriental, ha permitido a alguno lamentarse de que los te\u00f3logos no profundicen la doctrina de la \u00absexualidad como imagen de Dios-Trino, en la cual las personas se definen \u00fanicamente por su realidad relacional\u00bb.<\/p>\n<p>Frente a este coro que vitorea a la sexualidad como posible imagen de Dios, se han elevado algunas que otras voces contrastantes. San Agust\u00ed\u00adn no admite que la familia humana pueda constituir una imagen de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad\u00bb. En el mismo sentido insiste santo Tom\u00e1s (S. Th., 1, q. 36, a. 3, ad 1). \u00bfPodemos aceptar como v\u00e1lida la afirmaci\u00f3n de que la sexualidad constituye el presupuesto de la imagen humana de Dios? \u00bfPuede presentarse semejante teor\u00ed\u00ada como fundadamente teol\u00f3gica?<br \/>\nEs preciso partir de una premisa teol\u00f3gicamente cierta: Cristo resucitado \u00abes la imagen del Dios invisible\u00bb (Col 1,15; 2 Cor 4,4). Los hombres han sido creados no ya como im\u00e1genes perfectas de Dios, sino con la vocaci\u00f3n de hacerse im\u00e1genes suyas, uni\u00e9ndose como miembros al Cristo integral. Toda persona est\u00e1 destinada a hacerse \u00abhija en el Hijo de Dios\u00bb. Como imagen de Dios, el hombre no es una realidad, sino una promesa. Con la venida de Cristo, el hombre ha adquirido la posibilidad de iniciar la realizaci\u00f3n de su vocaci\u00f3n y de comenzar a ser realmente imagen de Dios\u00bb. Nos transformamos en su misma imagen [de Cristo], resultando siempre m\u00e1s gloriosos, conforme obra en nosotros el Se\u00f1or, que es Esp\u00ed\u00adritu (2 Cor 3,18; 1 In 3,2). Si en la vida terrena el hombre es ya en cierto modo imagen de Dios, lo es tan s\u00f3lo en la medida en que participa de la vida caritativa del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>La sexualidad es el sujeto en el que se inserta el desarrollo de la caridad, es decir, el desarrollo de la configuraci\u00f3n con Cristo, imagen del Padre. El matrimonio se puede constituir en sacramento en cuanto su vida sexual de relaci\u00f3n pueda traducirse en expresi\u00f3n de vida caritativa en Cristo en la Iglesia, es decir, en cuanto pueda hacerse manifestaci\u00f3n de la imagen caritativa de Dios. Lo que constituye la verdadera imagen de Dios no es el hecho de la presencia de la sexualidad, difundida en toda la persona humana, ni el hecho de que tal sexualidad sea actuada como relaci\u00f3n interpersonal familiar, sino el hecho de que la vida sexual se transforme en vida caritativa de Cristo. En otras palabras, el hombre es imagen de Dios cuando y porque \u00abCristo es todo en todos\u00bb (Col 3,11). Por este motivo san Pablo proclamaba la superaci\u00f3n de toda dimensi\u00f3n sexual en la era escatol\u00f3gica: \u00abNo hay var\u00f3n ni mujer, pues todos vosotros sois uno en Cristo Jes\u00fas\u00bb (G\u00e1l 3,28). [>Hombre espiritual].<\/p>\n<p>IX. Erotizaci\u00f3n de lo sagrado y sacralizaci\u00f3n de lo sexual<br \/>\nEntre los pueblos primitivos se constata la sacralizaci\u00f3n del acto sexual en formas y modos diversos. Lo sexual se considera religioso si adquiere un significado que trasciende su realidad material, si se introduce en un logos que le confiere un sentido superior nuevo y si se traslada del orden de la naturaleza b\u00ed\u00ado-ps\u00ed\u00adquica al orden simb\u00f3lico.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el acento simb\u00f3lico que sacraliza el acto sexual? Lo sexual es vivido a veces como ceremonial religioso que conmemora los mitos de la creaci\u00f3n, que renueva las gestas de la divinidad inherentes a la supervivencia primordial del mundo y que permite al mundo poder continuar en la existencia. Otras veces, constituye el ritual del sacrificio ofrecido a la divinidad: la mujer es asumida como la v\u00ed\u00adctima inmolada por el hombre en favor de Dios.<\/p>\n<p>Para que la sexualidad pueda expresar verdaderamente su propio simbolismo, se la ritualiza; los \u00f3rganos sexuales son recreados en su funci\u00f3n sagrada mediante la circuncisi\u00f3n, la escisi\u00f3n o la subincisi\u00f3n. El acto sexual se considera religioso no en s\u00ed\u00ad mismo, sino por ser practicado seg\u00fan determinadas reglas, de manera que se convierte en un lenguaje cultual y se desarrolla seg\u00fan el logos del mito o de la liturgia. No se legitima una org\u00ed\u00ada sexual mediante una pr\u00e1ctica sagrada; lo sexual se mantiene siempre dentro del orden del simbolismo.<\/p>\n<p>En la sacralizaci\u00f3n del acto sexual, entre los pueblos primitivos hay ciertos elementos naturalmente comprensibles. La sexualidad afectiva, precisamente porque se encuentra en la ra\u00ed\u00adz de la programaci\u00f3n de la personalidad, entra de derecho en la experiencia cultual: se sit\u00faa y se plantea p\u00fablicamente seg\u00fan una riqueza creativa del hombre. Y esto permite que la sexualidad pueda ser recreada en su \u00ed\u00adntima aspiraci\u00f3n a significar el elemento religioso trascendente. Schlegel, recordando sus gestos de amor, observa: \u00abNo tomaba estos actos y estas obras por lo que se dice que son. Eran para m\u00ed\u00ad un s\u00ed\u00admbolo aut\u00e9ntico: todo se refer\u00ed\u00ada a la amada, que era mediadora entre mi yo fragmentado y la humanidad indivisible y eterna\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>La presencia del simbolismo sexual en el cristianismo adquiere una acentuaci\u00f3n mayor; la realidad sexual, adem\u00e1s de ser vivida con simbolismo, aparece reducida a mero simbolismo espiritual. Los m\u00ed\u00adsticos cristianos, cuando quieren expresar su propia experiencia inefable de Dios y en Dios, recurren a t\u00e9rminos y a expresiones propios de la vida de amor sexual. Ya encontramos ejemplos de ello en la palabra revelada. Los profetas inculcan el hecho nupcial entre Yahv\u00e9 e Israel (Os 2,21; Is 49,18; Jer 5,7; Ez 5,13). San Pablo lo proclama existente entre Cristo y la Iglesia (2 Cor 11,2; Ef 5.23), mientras que el Cantar de los Cantares utiliza el s\u00ed\u00admbolo nupcial para describir las relaciones \u00ed\u00adntimas entre Dios y las almas individualmente consideradas [>S\u00ed\u00admbolos espirituales]. La literatura mon\u00e1stica desde el s. vi al xii interpreta el tema nupcial prevalentemente en relaci\u00f3n con la vida de la Iglesia. Desde el s. xii (sobre todo con san Bernardo, Hugo y Ricardo de San V\u00ed\u00adctor) se da una explicaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica de este tema, aplic\u00e1ndolo tanto a la comunidad mon\u00e1stica como al alma en particular. Corresponder\u00e1 a santa Teresa de Avila con su Castillo interior (a\u00f1o 1577) y a san Juan de la Cruz con su C\u00e1ntico espiritual (a\u00f1o 1586) introducir con precisi\u00f3n definitiva la interpretaci\u00f3n nupcial de la vida espiritual: el s\u00ed\u00admbolo nupcial valoriza el contenido real del amor espiritual e indica el correspondiente per\u00ed\u00adodo en las \u00faltimas etapas del itinerario m\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo valorar la experiencia m\u00ed\u00adstica nupcial? Algunos psicoanalistas (J. Leuba, M. Bonaparte) han dado al simbolismo er\u00f3tico de los m\u00ed\u00adsticos un significado espec\u00ed\u00adficamente sexual. Para ellos el m\u00ed\u00adstico se compensa de manera inconsciente por la frustraci\u00f3n sufrida en el plano carnal y en relaci\u00f3n con el amor sexual. Convencido de haber excluido el sexo por contrastar con la propia vida m\u00ed\u00adstica, el asceta goza de \u00e9l, camuflado en el seno de la misma vida m\u00ed\u00adstica. Generalmente, los te\u00f3logos dan una interpretaci\u00f3n opuesta. Consideran que entre los m\u00ed\u00adsticos la terminolog\u00ed\u00ada er\u00f3tica es un simple lenguaje aleg\u00f3rico, puramente literario y tradicional, ajeno por complejo a repercusiones er\u00f3ticas personales; un lenguaje literario no experimentado en sentido psicol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Da la impresi\u00f3n de que la soluci\u00f3n adecuada se encuentra en una interpretaci\u00f3n intermedia. Hay que recordar que puede existir una sexualidad camuflada en quien se entrega a una pr\u00e1ctica espiritual; puede ocurrir que el ejercicio asc\u00e9tico se revele como una compensaci\u00f3n oculta de una avidez carnal reprimida. \u00bfNo se lamentaba ya san Buenaventura de que algunos \u00abse masturbaban mediante actitudes ext\u00e1ticas\u00bb? Ciertamente, nos encontramos aqu\u00ed\u00ad en presencia de formas patol\u00f3gicas o, por lo menos, de falsos m\u00ed\u00adsticos. Juan Casiano recuerda que un alma m\u00ed\u00adstica debe erradicar de su ser todo deseo sexual incluso inconsciente: \u00abUna castidad no puede ser perfecta mientras no se sume a la continencia del cuerpo la integridad del alma\u00bb\u00bb. Toda la sexualidad del m\u00ed\u00adstico debe ser transformada por la caridad pascual; su yo ha de saber expresarse de forma integral en un coloquio \u00ed\u00adntimo con Dios.<\/p>\n<p>\u00bfDebemos pensar entonces que entre los m\u00ed\u00adsticos aut\u00e9nticos se utilizan \u00fanicamente palabras esponsales, pero sin implicar ning\u00fan componente sexual personal? Los dinamismos de la vida b\u00ed\u00ado-ps\u00ed\u00adquica no son fuerzas separables de las espirituales. Las energ\u00ed\u00adas b\u00ed\u00ado-ps\u00ed\u00adquicas se compenetran con las espirituales, formando una unidad completa, que constituye a la persona humana. Las mismas necesidades sexuales individuales est\u00e1n destinadas a apaciguarse profundamente cuando toda la persona sabe elevarse en una experiencia m\u00ed\u00adstica: el asceta debe adiestrarse en vaciar en el amor de Dios el dinamismo del amor er\u00f3tico. No se trata de escandalizarse porque en el amor caritativo espiritual se encuentre un componente sexual; este componente se transforma en un dinamismo al servicio de un plano personal trascendente. La composici\u00f3n de fuerzas heterog\u00e9neas interiores expresa la estructuraci\u00f3n de la rica composici\u00f3n del yo.<\/p>\n<p>Por otra parte, la misma actividad sexual tiene necesidad, para expresarse en toda su riqueza personal, de realizarse poniendo en juego actividades y aspiraciones de orden superior. El placer sexual es m\u00e1s intenso y prolongado cuando se realiza despertando al mismo tiempo amor y sensibilidad espiritual hacia la persona amada: las fuerzas espirituales deben ser asumidas como integrantes de la experiencia sexual.<\/p>\n<p>El psicoanalista Ferenczi advierte que el orgasmo se caracteriza \u00abpor una restricci\u00f3n considerable o incluso por una abolici\u00f3n completa de la conciencia\u00bb. Este salir de s\u00ed\u00ad mismo en el orgasmo sexual para introducirse en una situaci\u00f3n er\u00f3tica de \u00e9xtasis puede explicar por qu\u00e9 el mismo \u00e9xtasis m\u00ed\u00adstico se describe a veces en t\u00e9rminos de voluptuosidad er\u00f3tica. La sexualidad, al llevar consigo una p\u00e9rdida del yo, puede ser contemplada, m\u00e1s que como una variaci\u00f3n cuantitativa del placer, como expresi\u00f3n de ese confundirse el yo con el t\u00fa. El m\u00ed\u00adstico advierte que la uni\u00f3n er\u00f3tica ext\u00e1tica expresa en sentido simb\u00f3lico su sumergirse y su anegarse en el oce\u00e1nico amor de Dios.<\/p>\n<p>Hadewych de Amberes describe as\u00ed\u00ad en Minne su amor m\u00ed\u00adstico a Cristo: \u00abSe acerc\u00f3 a m\u00ed\u00ad y me tom\u00f3 toda entre sus brazos y me estrech\u00f3 contra s\u00ed\u00ad, y todos mis miembros sent\u00ed\u00adan el contacto de los suyos tan completamente cuanto -siguiendo a mi coraz\u00f3n- lo hab\u00ed\u00ada deseado mi persona. As\u00ed\u00ad fui satisfecha y saciada exteriormente [&#8230;]. Una sensaci\u00f3n externa como la del amante con la amada, que se dan el uno a la otra en la plena complacencia de mirar, de sentir y de mezclarse\u00bb. Hadewych es una aut\u00e9ntica m\u00ed\u00adstica; no se entretiene nunca en el sensualismo; se sirve de sus expresiones y de sus im\u00e1genes para tender con todo su ser hacia la uni\u00f3n caritativa con el Se\u00f1or. En ella es recuperado el eros desde su ra\u00ed\u00adz original religiosa, y el amor sexual es captado en su aparici\u00f3n primitiva como impulso nacido de Dios y tendente a sumergirse en Dios. Y a trav\u00e9s de este contexto sexual, reordenado y replanteado en su purificaci\u00f3n originaria tal como hab\u00ed\u00ada salido de Dios, la m\u00ed\u00adstica Hadewych llega a expresar su experiencia caritativa en el esp\u00ed\u00adritu de Cristo.<\/p>\n<p>T. Goffi<br \/>\nBIBL.-Alsteens, A, Di\u00e1logo y sexualidad, Studium, Madrid 1975.-.Alvarado, J, Hombre o mujer (los ideales masculinos y los ideales femeninos), Nueva Acr\u00f3polis, Madrid 1981.-Alvarez Villar, A, Sexo y cultura, Biblioteca Nueva, Madrid 1971.-Amezua Ortega, E, Religiosidad y sexualidad, Guadarrama, Madrid 1974.-Bellel, M, Realidad sexual y moral cristiana, Descl\u00e9e, Bilbao 1973.-Dominian, J. La Iglesia y la revoluci\u00f3n sexual, Paulinas, Madrid 1972.-Donval, A, Un porvenir para el amor: una nueva \u00e9tica de la sexualidad en el cambio social de hoy, Paulinas, Madrid 1978.-Forcano, B. Nueva \u00e9tica sexual, Paulinas. Madrid 1981.-Goffi, T, Etica sexual cristiana, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1974.-Grant, V. W, Enamorarse: psicolog\u00ed\u00ada de la emoci\u00f3n rom\u00e1ntica, Grijalbo. Barcelona 1980.-Jonas, D. Sexo y status: influencia de la sexualidad en la jerarqu\u00ed\u00ada social, Caralt. Barcelona 1977.-Kosnik, A, La sexualidad humana: nuevas perspectivas del pensamiento cat\u00f3lico, Cristiandad. Madrid 1978.-Mu\u00f1oz G\u00f3mez, R, Informe sobre lo masculino y lo femenino, Uve, Madrid 1981.-Prohasca. L, Pedagog\u00ed\u00ada sexual. Psicolog\u00ed\u00ada y antropolog\u00ed\u00ada del sexo, Herder, Barcelona 1973.-Reiche, R, La sexualidad y la lucha de clases, Seix Barral, Barcelona 1969.-Sagrera, M, Sociolog\u00ed\u00ada de la sexualidad, Siglo XX. B. Aires 1973.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. La sexualidad en el mundo contempor\u00e1neo:<br \/>\n1. Contenido de tab\u00fa;<br \/>\n2. Objeto de consumo;<br \/>\n3. \u00ed\u0081mbito de reapropiaci\u00f3n;<br \/>\n4. Inductor de miedos.<br \/>\nII. Mensaje cristiano y sexualidad:<br \/>\n1. En la Biblia;<br \/>\n2. En la historia de la teolog\u00ed\u00ada;<br \/>\n3. En el magisterio de la Iglesia.<br \/>\nIII. Comprensi\u00f3n actual de la sexualidad:<br \/>\n1. Dimensi\u00f3n personal;<br \/>\n2. El t\u00fa y el nosotros;<br \/>\n3. Apertura a la vida;<br \/>\n4. El goce y el placer;<br \/>\n5. El significado proyectivo.<br \/>\nIV. B\u00fasqueda de criterios \u00e9ticos:<br \/>\n1. Un modelo centrado en el acto;<br \/>\n2. Un modelo centrado en la persona.<br \/>\nV. Una pedagog\u00ed\u00ada para la sexualidad.<\/p>\n<p>I. La sexualidad en el mundo contempor\u00e1neo<br \/>\nInterrogar a la realidad es una operaci\u00f3n indispensable cuando se intenta incidir en ella a trav\u00e9s del discurso \u00e9tico. Sin embargo, las m\u00e1s de las veces se obtiene una respuesta tan variopinta y articulada, que luego resulta dif\u00ed\u00adcil reducir todo a un denominador com\u00fan. Es la sensaci\u00f3n que se tiene tambi\u00e9n cuando nos asomamos al tema de la sexualidad y formulamos la pregunta sobre c\u00f3mo la concibe el mundo contempor\u00e1neo. Ya la \u00ed\u00adndole compleja de la respuesta es un elemento que hay que tener en consideraci\u00f3n: en el mundo de hoy la sexualidad no tiene un rostro \u00fanico; la vivencia se escribe en plural, puesto que en el contexto en el cual los hombres y las mujeres de hoy viven su vida, y por consiguiente tambi\u00e9n su sexualidad, es pluralista. No obstante, es posible ponerse a buscar factores comunes, l\u00ed\u00adneas de tendencia que permitan individuar los rasgos salientes de un cuadro cuyo reconocimiento es importante para la construcci\u00f3n del discurso \u00e9tico.<\/p>\n<p>Tener en cuenta contempor\u00e1neamente lo fragmentario de las experiencias y de las conductas, pero tambi\u00e9n la posibilidad de obtener un dise\u00f1o especificante, es condici\u00f3n imprescindible para superar algunos equ\u00ed\u00advocos. Por una parte, el que tiende a dar una lectura un\u00ed\u00advoca, carente de diferenciaciones y de matices. En este equ\u00ed\u00advoco suelen caer los que se complacen en esquematizar en categor\u00ed\u00adas demasiado masivamente unificadoras una realidad cotidiana que, por el contrario, aturde por su car\u00e1cter poli\u00e9drico. Se termina as\u00ed\u00ad coloreando con tintas iguales una realidad pol\u00ed\u00adcroma, incurriendo en el defecto de emitir juicios generales, en los cuales se pierde de vista la complejidad. El otro equ\u00ed\u00advoco consiste en vaciar de significado la realidad, como si no tuviera nada que decir en orden a una reflexi\u00f3n sistem\u00e1tica. Cuando se vac\u00ed\u00ada el contenedor que es la historia, se obtiene una separaci\u00f3n esquizofr\u00e9nica entre praxis y teor\u00ed\u00ada, entre reflexi\u00f3n org\u00e1nica y experiencia existencial.<\/p>\n<p>En el intento de permanecer equidistantes de estos dos riesgos, se propone aqu\u00ed\u00ad un an\u00e1lisis sumario de algunas indicaciones que se desprenden de la actual situaci\u00f3n sociocultural considerada en el contexto occidental, para poder comprender en qu\u00e9 categor\u00ed\u00adas se piensa hoy la sexualidad.<\/p>\n<p>1. CONTENIDO DE TAB\u00da. En toda cultura existen mecanismos particulares de control social para el correcto funcionamiento de la vida colectiva. Entre estos mecanismos hay que mencionar el de la prohibici\u00f3n para organizar la conducta en orden a un determinado fin. La sexualidad se ha visto siempre afectada por estos mecanismos: se ha regulado socialmente mediante una r\u00ed\u00adgida malla de obligaciones prohibitivas, para evitar que la base instintiva que la sustenta se impusiese y que la arbitrariedad de la conducta del individuo disgregase el tejido social. El tab\u00fa (de la lengua polinesia tapu = prohibido) tiene una funci\u00f3n positiva de defensa de formas avanzadas de degradaci\u00f3n (pi\u00e9nsese en el tab\u00fa del incesto presente en todas las culturas). Sin embargo, la utilizaci\u00f3n del tab\u00fa como elemento de persuasi\u00f3n y de educaci\u00f3n en los valores suscita grandes reservas; el recurso indiscriminado a \u00e9l lleva a un comportamiento neur\u00f3tico. En el \u00e1mbito de la sexualidad es algo que est\u00e1 claro si revisamos la historia de las costumbres: se nos presenta plagada de un sufrimiento indescriptible de los individuos a causa de su incapacidad para adecuarse a las normas morales dictadas por el grupo. En la cultura contempor\u00e1nea destaca como clara l\u00ed\u00adnea de tendencia el esfuerzo, ambivalente en sus resultados, pero ciertamente positivo.en su intento, de liberar a la sexualidad de la esfera del tab\u00fa para restituirle dignidad y fuerza de convencimiento sin recurrir a otras esferas de autoridad moral. Esto no quiere decir que la sociedad no deba defenderse de eventuales tendencias destructoras, ni tampoco que la persona deba ignorar su responsabilidad social. La fuente de inversi\u00f3n de la dimensi\u00f3n moral debe desplazarse hacia los niveles de la concienciaci\u00f3n y de la adopci\u00f3n consciente de la propia responsabilidad personal.<\/p>\n<p>Como contenido de tab\u00fa la sexualidad recibe su m\u00e1s fuerte ataque de la tesis de Wilhelm Reich, el cual, en la segunda posguerra, teoriza la \u00abrevoluci\u00f3n sexual\u00bb como elemento de crecimiento hacia la madurez personal y colectiva. La cultura contempor\u00e1nea se hace intensamente eco de la llamada y de las intenciones de Reich y ha desarrollado una actitud de liberaci\u00f3n y de permisividad, sobre cuyas proporciones y consecuencias habr\u00ed\u00ada que discutir sin duda.<\/p>\n<p>2. OBJETO DE CONSUMO. Liberada de los mecanismos de control y entregada nuevamente al individuo, no siempre previamente educado para ella, la sexualidad se ha con vert~do en objeto de amplio consumo, tanto en sentido privado como en sentido p\u00fablico. Cautiva de la c\u00bb\u00ed\u00admlizaci\u00f3n consumista, donde crece la demanda dei tener y disminuye la demanda del sentido, la sexualidad se convierte en objeto de intercambio materializado. El ejercicio de la actividad sexual. asume la dimensi\u00f3n de un banco de prueba del propio valor. Entre adolescentes y j\u00f3venes (pero no raramente tambi\u00e9n entre adultos de nombre) triunfar en el intento predatorio supone una autoafirmaci\u00f3n, una confirmaci\u00f3n de la propia imagen. De ah\u00ed\u00ad se deriva una conducta sexual medida cuantitativamente por la prestaci\u00f3n que se consigue ofrecer, por una fuerte reducci\u00f3n de la sexualidad a acto sexual, preferentemente genital.<\/p>\n<p>Evidentemente, el consumo es concepto correlativo al de oferta. Se desarrolla as\u00ed\u00ad una red de persuasi\u00f3n m\u00e1s o menos oculta para optimizar el consumo sexual. En ello piensa por una parte, de modo indirecto, la t\u00e9cnica publicitaria explotando la necesidad de visualizar, t\u00ed\u00adpica de una civilizaci\u00f3n de la imagen como la nuestra. El sex appeal se convierte en una presencia marcada: a \u00e9l recurre todo el que desea publicitar eficazmente su producto. El resultado es hacer crecer el apetito sexual. Tambi\u00e9n la moda concurre a llamar la atenci\u00f3n sobre el cuerpo, con el juego ambiguo del cubrir y desnudar. Pero, indudablemente, mayor relevancia social en el fen\u00f3meno del consumismo sexual ha de atribuirse a la ocurrencia de los \u00faltimos decenios de adornar las principales ciudades norteamericanas y europeas de sex-shop. La comercializaci\u00f3n del sexo es un fen\u00f3meno antiguo (pi\u00e9nsese en la \/prostituci\u00f3n, que est\u00e1 presente en todas las sociedades); pero la tipolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea del fen\u00f3meno muestra aspectos del todo in\u00e9ditos, haciendo que el \u00abaffaire sexual\u00bb adquiera un volumen insospechado, no rara vez relacionado con otros mercados negros. La explotaci\u00f3n de condiciones de soledad, de desadaptaci\u00f3n, de desarraigo, en que est\u00e1n inmersos tantos posibles adquisidores del producto (ya sea real o imaginario), es un hecho espeluznante, que modifica el modo de sentir y de vivir la sexualidad hoy.<\/p>\n<p>3. AMBITO DE REAPROPIACI\u00ed\u201cN.<\/p>\n<p>La oleada de \/feminismo, que ha sacudido la cultura machista en los \u00faltimos decenios, ha tenido un peso notable en el cambio de la cultura sexual contempor\u00e1nea. En el camino de la liberaci\u00f3n de antiguas formas de esclavizaci\u00f3n se ha venido consolidando en la mujer una nueva conciencia de su feminidad, de su corporeidad y, por consiguiente, de su sexualidad. La mujer se ha rescatado de objeto de consumo que era a medida del macho y se ha reinventado como objeto de historia, part\u00ed\u00adcipe y art\u00ed\u00adfice de su propia vida personal no ya en sentido funcional, sino en sentido originario.<\/p>\n<p>Esta revoluci\u00f3n feminista ha producido algunas consecuencias importantes. Ante todo ha nacido un modo m\u00e1s consciente de vivir la sexualidad: su ejercicio, depurado de brutalidad y dominio, est\u00e1 m\u00e1s frecuentemente incluido en un contexto de ternura y se concibe menos como pretensi\u00f3n por parte del var\u00f3n y m\u00e1s como deseo, como petici\u00f3n y desenlace en una nueva subjetividad de la pareja. Otra consecuencia es la mayor atenci\u00f3n al control de los mecanismos biol\u00f3gicos y fisiol\u00f3gicos que presiden el complejo sexual-genital, y de ah\u00ed\u00ad una mayor- posibilidad de armonizar el deseo sexual con el resultado reproductivo a \u00e9l ligado. A su vez, la aportaci\u00f3n de los conocimientos cient\u00ed\u00adficos al respecto ha contribuido a distinguir las funciones de la sexualidad que se ven\u00ed\u00adan comprendiendo cada vez m\u00e1s como diversificadas: armonizables, pero tambi\u00e9n desmontables. Para el ejercicio de la sexualidad se ha derivado de ah\u00ed\u00ad una mayor liberaci\u00f3n de la angustia de embarazos no deseados, y, para la mujer en particular, una mejor participaci\u00f3n en la din\u00e1mica de la relaci\u00f3n. Por supuesto, no se quiere afirmar de manera un\u00ed\u00advoca que la separaci\u00f3n entre sexualidad y procreaci\u00f3n favorezca siempre y en todas partes una mejor cualidad (pi\u00e9nsese, p.ej., en el riesgo de vulgarizaci\u00f3n a que est\u00e1n expuestos sujetos irresponsables, \u00abprotegidos\u00bb por la pr\u00e1ctica anticonceptiva). \u00danicamente se quiere subrayar que a la sexualidad en cuanto tal, y no inmediatamente al efecto reproductivo, se le asigna una nueva posici\u00f3n central, que sin duda implica la posibilidad de una vivencia m\u00e1s arm\u00f3nica y responsable.<\/p>\n<p>4. INDUCTOR DE MIEDOS. Un fen\u00f3meno del todo nuevo afecta a la conducta sexual en los \u00faltimos a\u00f1os. La difusi\u00f3n cada vez m\u00e1s creciente del s\u00ed\u00adndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) y la comprobaci\u00f3n del alto riesgo de transmisi\u00f3n de la enfermedad precisamente por medio de la pr\u00e1ctica sexual (independientemente de la naturaleza espec\u00ed\u00adfica de \u00e9sta) llevan a reconsiderar los propios h\u00e1bitos sexuales de modo nuevo. Sobre todo el miedo de ponerse en contacto con sujetos infectados ha suscitado una b\u00fasqueda de garant\u00ed\u00adas que con mucha frecuencia condiciona la elecci\u00f3n del compa\u00f1ero y la pr\u00e1ctica sexual. Estamos ante una creciente demanda de tipo higienista. Esta exigencia de protegerse de la infecci\u00f3n puede suscitar una mentalidad en la cual la preocupaci\u00f3n principal en el ejercicio de la sexualidad quede desplazada de la calidad personal e interpersonal de la relaci\u00f3n a la simple limpieza del mismo.<\/p>\n<p>II. Mensaje cristiano y sexualidad<br \/>\nDe la descripci\u00f3n del contexto cultural actual, atravesado por tendencias de liberaci\u00f3n y por el deseo de humanizaci\u00f3n, pero sofocado tambi\u00e9n por una exaltaci\u00f3n desproporcionada y funcional de la sexualidad, se desprende el peligro de que la realidad sexual se tnvialice reduci\u00e9ndose a objeto de juego y de consumo. La amenaza m\u00e1s grave es que la sexualidad venga a encontrarse en una condici\u00f3n de p\u00e9rdida de sentido, de ca\u00ed\u00adda de significado, para la cual todo discurso sobre la dimensi\u00f3n \u00e9tica, que debe atravesar y recorrer el sentir sexual, pierde su mordiente.<\/p>\n<p>Quien desee exponer el mensaje cristiano sobre la sexualidad puede partir precisamente de esta amenaza. Mas para contribuir a la salvaci\u00f3n del mundo sexual mediante la proposici\u00f3n del mensaje cristiano, se necesita un conocimiento, aunque sea sucinto, de c\u00f3mo se ha venido formando, teniendo en cuenta que se trata de un hecho vivo, din\u00e1mico, hist\u00f3ricamente condicionado positiva y negativamente, y que por eso refleja elementos evolutivos, pero tambi\u00e9n involutivos.<\/p>\n<p>1. EN LA BIBLIA. Con valoraciones enteramente precipitadas e injustificadas se ha atribuido com\u00fanmente a la Biblia una visi\u00f3n negativa, atrasada y discriminada de la sexualidad. Claramente desmiente estas suposiciones la imagen que nos presentan tanto el AT como el NT, aun= que con evidentes diferencias.<\/p>\n<p>a) El A T. Pertenece al ser del hombre en sentido propio e intr\u00ed\u00adnseco ser var\u00f3n o mujer. Esta es la tesis de fondo que se deduce de los relatos de la creaci\u00f3n de G\u00e9n 1-2, contrariamente a la visi\u00f3n del mito andr\u00f3gino, para el cual la divisi\u00f3n en sexos habr\u00ed\u00ada que atribuirla a sucesivos estadios de decadencia. Como var\u00f3n y mujer, el hombre es imagen de Dios (G\u00e9n 1:27); y puesto que el ser var\u00f3n o hembra es inconcebible sin el cuerpo y la especificaci\u00f3n sexual, se sigue que el hombre es imagen de Dios justamente en la integridad de su unidad de cuerpo y alma. El AT desconoce el dualismo de cuerpo y alma, que, por el contrario, influir\u00e1 tanto en la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica. M\u00e1s bien considera al hombre en su integridad articulada, diferenciada, pero no jer\u00e1rquica, donde todo el hombre vive en su alma (por lo cual es un ser viviente) y en su cuerpo (por lo cual es ser mortal). Por eso el hombre entero puede describirse como alma o como cuerpo (Sal 44:26; G\u00e9n 3:1).<\/p>\n<p>No es en absoluto t\u00ed\u00adpica del AT una actitud de desprecio del cuerpo, precisamente por la carga de imagen de Dios que le recorre. El cuidado de la belleza es visto positivamente (G\u00e9n 1:3; Est 2:12); incluso como elemento de apertura al otro, de atracci\u00f3n sexual y como momento del amor. Este amor es el contexto de la sexualidad y le confiere una dimensi\u00f3n creativa: creativa de unidad (el ser \u00abuna sola carne\u00bb, G\u00e9n 2:24) y creativa de continuidad (\u00abcreced y multiplicaos\u00bb, G\u00e9n 1:28). Todo esto forma parte no de un imperativo, sino de una bendici\u00f3n; o sea, no es una orden, sino un don; especifica un significado de la sexualidad humana, pero no agota su horizonte de sentido.<\/p>\n<p>El AT tiene una posici\u00f3n liberadora y positiva frente a la corporeidad, la sexualidad y la reproducci\u00f3n. Se ve de modo totalmente claro en el Cantar de los Cantares, que, sin embargo, no puede considerarse un himno ingenuamente euf\u00f3rico y una exaltaci\u00f3n infundada e irrealista de la experiencia de amor. El AT conoce tambi\u00e9n la debilidad y la tentaci\u00f3n a que est\u00e1 expuesta la sexualidad; nos habla tambi\u00e9n del dolor del parto y de la tristeza del dominio del var\u00f3n sobre la mujer; encontramos all\u00ed\u00ad las historias de infidelidad y de pecado que desfiguran el rostro de la sexualidad. Pero el cuadro global es positivo, y no demonizante. El AT permite concebir la realidad de la diferenciaci\u00f3n sexual como algo querido directamente por Dios y con la cual se confirma el juicio positivo sobre el orden de la creaci\u00f3n: \u00abVio Dios todo lo que hab\u00ed\u00ada hecho y era muy bueno\u00bb (G\u00e9n 1:31).<\/p>\n<p>b) El NT La ense\u00f1anza espec\u00ed\u00adfica de Jes\u00fas sobre la sexualidad es muy parca; en pocas circunstancias se expresa al respecto. Sin embargo, el tenor de fondo es positivo, y se inspira en la imagen originaria del hombre y de la mujer propia del AT (G\u00e9n 1:27), a la cual por dos veces el NT hace referencia expl\u00ed\u00adcitamente: Mar 10:6 y Mat 19:4. Evidentemente, la sexualidad no deb\u00ed\u00ada constituir un problema particular para la tradici\u00f3n evang\u00e9lica, a la cual sustancialmente le interesaba repetir que la sexualidad es un dato querido por Dios, no un mal ni una maldici\u00f3n, ni tampoco s\u00f3lo una funci\u00f3n del ser humano, sino su modo de ser. A esta visi\u00f3n veterotestamentaria le atribuye Jes\u00fas mayor autoridad justamente por el hecho de referirse a ella expl\u00ed\u00adcitamente; hecho de gran importancia si se piensa en lo diferente, pesimista y negativa que era la visi\u00f3n agn\u00f3stica y dualista de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>En los dos textos (Mar 10:6-9; Mat 19:4-6) en los que se encuentra la referencia a G\u00e9n 1:27 y 2,24; Jes\u00fas no hace menci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de la finalidad procreativa de la sexualidad: \u00bfdeseo de subrayar m\u00e1s bien la dimensi\u00f3n unitiva de apertura humanizante al otro? La sexualidad asume aqu\u00ed\u00ad un aspecto de proyecto (\u00abser\u00e1n una sola carne&#8217;, no de mecanismo biol\u00f3gico. Al a\u00f1adir luego en ambos textos a la cita de G\u00e9n 2:24 las palabras \u00abno separe el hombre lo que Dios ha unido\u00bb (Mc, v. 9; Mt, v. 6), Jes\u00fas muestra que como fundamento del amor entre el hombre y la mujer, del cual la sexualidad es signo e instrumento, est\u00e1 el amor creador de Dios, que se hace presente justamente mediante el amor de los hombres.<\/p>\n<p>Bajo el influjo de corrientes religiosas y filos\u00f3ficas de la \u00e9poca se perfila en Pablo una ense\u00f1anza diversa respecto a la sexualidad. En la primera carta a los Corintios, en efecto, se encuentran expresiones que hacen pensar en una visi\u00f3n negativa de la sexualidad, como remedio contra la concupiscencia: \u00abA los solteros y a las viudas, que se queden como yo; pero si no pueden guardar continencia, que se casen. Es mejor casarse que consumirse de pasi\u00f3n\u00bb (7,8-9). Pero estas expresiones no agotan la ense\u00f1anza paulina sobre sexualidad. Hay que recordarlas en una l\u00ed\u00adnea interpretativa de conjunto, que de alg\u00fan modo las rescata. Justamente antes de este pasaje, concretamente en 5,12-20, se contiene una argumentaci\u00f3n digna de observarse. Reaccionando contra la conducta de los habitantes de la disoluta Corinto, que pensaban poder hacerlo todo, Pablo les exhorta a pensar que el cuerpo tiene su dignidad propia que no puede venderse. Al que corre el riesgo de confundir libertad y libertinaje le recuerda que el cuerpo no es una cosa, un instrumento, sino la expresi\u00f3n de la persona, y que no se lo puede degradar so pena de deteriorar tambi\u00e9n la dignidad de la persona. Vaciar el cuerpo de la dimensi\u00f3n de relaci\u00f3n intersubjetiva y convertirlo en objeto de desenfreno significa perder de vista la naturaleza de icono de Dios que posee en cuanto templo de la presencia del Se\u00f1or, la cual funda la humanidad del hombre.<\/p>\n<p>A esta luz hay que leer tambi\u00e9n las otras expresiones del pensamiento paulino, si no se quiere caer en valoraciones unilaterales y mancas.<\/p>\n<p>2. EN LA HISTORIA DE LA TEOLOG\u00ed\u008dA. El cristianismo primitivo conoci\u00f3 tambi\u00e9n el pulular de diversas tendencias ideol\u00f3gicas, con las cuales estuvo a menudo en contacto, dej\u00e1ndose influenciar. Estas corrientes depositaron en el mensaje b\u00ed\u00adblico originario una p\u00e1tina de pesimismo y de desvalorizaci\u00f3n de la sexualidad y de la corporeidad, que luego penetr\u00f3 de manera manifiesta en la literatura patr\u00ed\u00adstica. Mientras que los Padres griegos ven en la sexualidad, en el matrimonio y en la procreaci\u00f3n una consecuencia del pecado, los Padres latino-occidentales maduran una visi\u00f3n m\u00e1s realista y m\u00e1s ligada al mundo jur\u00ed\u00addico: en el \u00e1mbito matrimonial lo importante es atenerse al conjunto normativo de la sexualidad en orden a la procreaci\u00f3n y no condescender a la tentaci\u00f3n del solo placer de la carne.<\/p>\n<p>En este panorama cultural es digna de observarse la posici\u00f3n de Agust\u00ed\u00adn. Por un lado intenta \u00e9l oponerse a las tesis maniqueas y defender la sacralidad del matrimonio y el car\u00e1cter positivo de la procreaci\u00f3n. Por otro toma partido contra los pelagianos y afirma con todo vigor que el pecado de origen ha contaminado al hombre y su sexualidad, de manera que su uso no est\u00e1 nunca exento de pecado, a menos que se practique en orden a la procreaci\u00f3n. Manifiestamente, en esta visi\u00f3n no queda espacio para la valoraci\u00f3n positiva del placer; se lo condena o, en el caso de la procreaci\u00f3n, \u00fanicamente se lo tolera. Gregorio Magno aceptar\u00e1 plenamente esta tesis de condena del placer sexual y la transmitir\u00e1 al resto de la tradici\u00f3n. Es interesante observar que para muchos cristianos despu\u00e9s de Agust\u00ed\u00adn la discusi\u00f3n sobre la moral sexual se restringir\u00e1 a la cuesti\u00f3n de si es pecado o no la b\u00fasqueda del placer: un elemento parcial ocupa el puesto de la totalidad, condicionando su valoraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En esta visi\u00f3n m\u00e1s bien pesimista se enciende una luz con los escritos del fil\u00f3sofo y te\u00f3logo Pedro Abelardo (1079-1142), el cual reconoce la naturalidad de la b\u00fasqueda del placer sexual, bien entendido en el \u00e1mbito del matrimonio. Del mismo parecer es tambi\u00e9n Alberto Magno, que aduce ulteriores elementos de especificaci\u00f3n y habla del placer como goce espiritual por la presencia y la cercan\u00ed\u00ada del compa\u00f1ero.<\/p>\n<p>Como reacci\u00f3n contra las costumbres m\u00e1s bien libres de c\u00e1taros y albigenses, Tom\u00e1s de Aquino reitera la restricci\u00f3n del ejercicio de la sexualidad al fin meramente procreativo y cede al influjo de conocimientos biol\u00f3gicos precient\u00ed\u00adficos cuando considera el semen masculino como un \u00abhom\u00fanculo\u00bb. Consiguientemente, en \u00e9l y en otros te\u00f3logos de la alta Edad Media se llega a la condena de la masturbaci\u00f3n como pecado de aborto o de muerte de seres vivientes.<\/p>\n<p>Siguiendo una tradici\u00f3n que se consolida en una visi\u00f3n m\u00e1s bien rigurosa (si no rigorista), en el siglo xvlli -cuando la teolog\u00ed\u00ada moral se convierte en disciplina teol\u00f3gica aut\u00f3noma, destacada de la dogm\u00e1tica- se llega a la formulaci\u00f3n de una doctrina com\u00fan, seg\u00fan la cual en cuesti\u00f3n de pecados sexuales no se da \u00abparvitas materiae\u00bb (desde el punto de vista objetivo el pecado es siempre grave). A fin de dar una clara exposici\u00f3n de esta parte de la moral, sobre todo para uso de los confesores, se desarrolla una casu\u00ed\u00adstica detallada, que intenta englobar de manera minuciosa el mundo entero de la realidad sexual. La doctrina as\u00ed\u00ad expuesta es uniforme en los siglos siguientes, casi hasta nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>S\u00f3lo hacia mediados del siglo xx gracias tambi\u00e9n a adquisiciones de car\u00e1cter, cient\u00ed\u00adfico- se .conseguir\u00e1 pensar en t\u00e9rminos antropol\u00f3gicamente m\u00e1s ricos, disolviendo gradualmente la rigidez de los tratados morales en orden a una comprensi\u00f3n m\u00e1s positiva de la sexualidad.<\/p>\n<p>EN EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA. No se puede decir que exista un magisterio de la Iglesia en el tema de la sexualidad aislado del nexo tem\u00e1tico sexualidad-matrimonio. Por eso s\u00f3lo en el \u00e1mbito de la doctrina sobre el l matrimonio se podr\u00e1n encontrar directrices relativas tambi\u00e9n a la sexualidad. En virtud de este lazo, ya de suyo elocuente, ser\u00e1 \u00fatil referirse aqu\u00ed\u00ad a algunos pasajes del magisterio de la Iglesia cuyo objeto es primariamente la ordenaci\u00f3n de la materia matrimonial.<\/p>\n<p>El reconocimiento del matrimonio como sacramento se produce al cabo de un proceso largo y tortuoso. Preparado por las afirmaciones de te\u00f3logos (recu\u00e9rdese, p.ej., Hugo de san V\u00ed\u00adctor), desemboca en la declaraci\u00f3n oficial de sacramentalidad en el concilio de Trento (DS 1800; 1801). La uni\u00f3n conyugal, en su integridad de realidad espiritual y corp\u00f3rea, es reconocida como sacramento. Esto lleva a ver tambi\u00e9n la sexualidad a una luz m\u00e1s positiva, superando las afirmaciones que admiten su ejercicio s\u00f3lo en orden a la procreaci\u00f3n o como algo que se debe tolerar para evitar otros pecados. Obviamente el \u00e1mbito de ejercicio de la sexualidad sigue siendo el matrimonio, y su finalidad la procreativa.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la enc\u00ed\u00adclica Casti connubii, de P\u00ed\u00ado XI (1930), propondr\u00e1 esta doctrina sin dar una profundizaci\u00f3n ulterior al tema de la sexualidad, aunque contiene afirmaciones relativas a la uni\u00f3n espiritual de los c\u00f3nyuges y al amor humano en su valor positivo.<\/p>\n<p>Bajo el pontificado de P\u00ed\u00ado XII (1939-1958) se asiste a un desplazamiento del acento: de hablar sobre bona matrimonii (bonum prolis= procreaci\u00f3n; bonum fidei=fidelidad; bonum sacramenta=sacramentalidad) se pasa a hablar de los fines y de la jerarqu\u00ed\u00ada entre fin primario y fines secundarios. Es verdad que en este contexto queda poco espacio para la presentaci\u00f3n del valor de la sexualidad humana, que tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad es considerada s\u00f3lo en el horizonte del acto conyugal, es decir, dentro de los l\u00ed\u00admites de la realidad matrimonial y de la finalidad procreativa. Sin embargo, se puede notar que justamente P\u00ed\u00ado XII introduce elementos interesantes: considera el ejercicio de la sexualidad conyugal bajo el aspecto de la uni\u00f3n de las personas de los c\u00f3nyuges, cuando en el c\u00e9lebre discurso a las matronas, de 1951, responde a la pregunta sobre la licitud o ilicitud de recurrir a pr\u00e1cticas de inseminaci\u00f3n artificial. La \u00ed\u00adndole personal de la intimidad conyugal y su inseparable unidad con la apertura procreativa son criterios de valoraci\u00f3n moral para rechazar las nuevas t\u00e9cnicas de fecundaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un reconocimiento de la verdadera dignidad del acto conyugal como gesto personal y momento de intercambio en el don de s\u00ed\u00ad dentro del matrimonio llegar\u00e1 m\u00e1s tarde (1965), con la constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes, del concilio Vat. II (nn. 48-52): en \u00e9l confluyen las reflexiones de te\u00f3logos y pastores que prepararon el concilio, y en particular se acepta el personalismo en el que se inspira la visi\u00f3n conciliar entera, pero sobre todo la citada constituci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la enc\u00ed\u00adclica de Pablo VI Humanae vitae (1968) se presenta una visi\u00f3n positiva del amor conyugal, rico en cualidades m\u00faltiples: es verdaderamente humano, personal, total y fecundo (n. 9).<\/p>\n<p>El magisterio de Juan Pablo II ha dedicado amplia atenci\u00f3n al tema de la sexualidad y de la corporeidad, afirmando en t\u00e9rminos positivos la \u00ed\u00adndole esponsal del cuerpo y la naturaleza dialogal de la sexualidad. El personalismo, que penosamente se hab\u00ed\u00ada abierto camino en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica precedente, es adoptado por el papa como el horizonte propio en el que colocar el anuncio cristiano y la llamada a la responsabilidad para una construcci\u00f3n positiva de la sexualidad (cl` bibl.).<\/p>\n<p>Junto al magisterio directo de los pont\u00ed\u00adfices hay que mencionar la toma de posici\u00f3n de la Sagrada Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe, que con fecha 29 de diciembre de 1975 promulg\u00f3 una \u00abdeclaraci\u00f3n sobre algunas cuestiones de \u00e9tica sexual\u00bb (Persona humana). Aunque, como lo admite expl\u00ed\u00adcitamente el documento mismo (n. 6), no se quiso afrontar todo el conjunto de la moral sexual cristiana, sino s\u00f3lo algunas cuestiones (relaciones prematrimoniales, homosexualidad, masturbaci\u00f3n), el documento tiene una importancia no secundaria por la afirmaci\u00f3n inicial (n. 1) de que la sexualidad no es un simple atributo, sino la modalidad sustancial de ser de la persona humana (la sexualidad \u00abdebe considerarse como uno de los factores que dan a la vida de cada uno los rasgos principales que la distinguen. Del sexo, en efecto, la persona humana deriva las caracter\u00ed\u00adsticas que&#8230; la hacen hombre o mujer&#8230;&#8217;. Si bien la parte normativa del documento sigue anclada en la visi\u00f3n tradicional, acoger en la doctrina oficial esta visi\u00f3n no funcional, sino esencial de la sexualidad humana es un punto que es preciso subrayar.<\/p>\n<p>III. Comprensi\u00f3n actual de la sexualidad<br \/>\nDe la descripci\u00f3n hist\u00f3rica trazada se sigue claramente que, al afrontar el mundo sexual, la atenci\u00f3n se ha fijado s\u00f3lo en el dato primario de la procreaci\u00f3n. El otro dato, destacado y objeto de experiencia inmediata, a saber: el placer, ha sido mantenido bajo control o marginado mediante los imperativos morales. La reducci\u00f3n de la sexualidad a \u00abfunci\u00f3n\u00bb no est\u00e1 presente de todas formas s\u00f3lo en la tradici\u00f3n teol\u00f3gica o en el magisterio de la Iglesia. Puede encontrarse igualmente en las concepciones no religiosas de la sexualidad, sobre todo como efecto proveniente de un complejo de conocimientos biol\u00f3gicos primitivos y limitados. De modo que la monovalencia de la sexualidad era y no pod\u00ed\u00ada menos de ser el ambiente cultural y el condicionamiento ideol\u00f3gico para su comprensi\u00f3n.<\/p>\n<p>El conjunto de conocimientos sobre la sexualidad de que puede disponer la humanidad contempor\u00e1nea se ha enriquecido fuertemente en los \u00faltimos a\u00f1os. Por una parte los resultados de la investigaci\u00f3n biol\u00f3gica han llevado a abandonar ciertas precomprensiones negativas sobre la funci\u00f3n de la mujer en la procreaci\u00f3n, confiriendo paridad y complementariedad a ambas partes. Pero la investigaci\u00f3n sobre el sistema endocrino y sobre la funci\u00f3n hormonal ha abierto tambi\u00e9n nuevas perspectivas. Sobre todo se ha comprendido con mayor precisi\u00f3n que la sexualidad, ya bajo el aspecto biol\u00f3gico, tiene un conjunto de significados que es preciso distinguir y tematizar si se quiere tener un cuadro completo.<\/p>\n<p>Una aportaci\u00f3n decisiva para la comprensi\u00f3n de la sexualidad se deriva de las ciencias psicol\u00f3gicas. Dentro de la inmensa variedad de escuelas y de corrientes, las intuiciones de fondo sobre la funci\u00f3n de la sexuafdad en la estructuraci\u00f3n de la persona y en la din\u00e1mica de las decisiones morales ofrecen una nueva luz para la interpretaci\u00f3n de la realidad sexual. Pero tambi\u00e9n de otras disciplinas, como la antropolog\u00ed\u00ada cultural, la etolog\u00ed\u00ada y la sociolog\u00ed\u00ada, se sacan elementos importantes. El dato com\u00fan es que la sexualidad no puede ser objeto de una ciencia \u00fanica, sino que debe ser afrontada con la lente de la interdisciplinariedad, y que en todo caso la monovalencia tradicional es inadecuada para la comprensi\u00f3n del fen\u00f3meno. Por tanto hay que trasladarse a un clima de apertura, de pluralidad de significados, de polivalencia de sentido.<\/p>\n<p>La estratificaci\u00f3n de los niveles significantes de la sexualidad puede afrontarse con el an\u00e1lisis detallado de sus diversas dimensiones.<\/p>\n<p>1. DIMENSI\u00f3N PERSONAL. En el ni\u00f1o reci\u00e9n nacido est\u00e1 ya todo el hombre que llegar\u00e1 a ser; sin embargo, llegar\u00e1 a ser ese hombre s\u00f3lo a trav\u00e9s de una larga secuencia de etapas y de fases. En efecto, ser hombre no es un dato est\u00e1tico, sino la realizaci\u00f3n din\u00e1mica de un proyecto. En la realizaci\u00f3n de este proyecto la sexualidad juega un papel de primera importancia, tanto que S. Freud ha podido afirmar con la exageraci\u00f3n t\u00ed\u00adpica de la unilateralidad: la historia de una persona se puede identificar con la historia de su sexualidad.<\/p>\n<p>El yo que se va estructurando emerge del conflicto y armonizaci\u00f3n del mundo del es con la instancia del supery\u00f3. El magma pulsional derivado de la realidad biol\u00f3gica de la sexualidad se confronta con los niveles normativos representados por la autoridad paterna y social y con las exigencias \u00e9ticas. El yo se forma y se identifica justamente en el choque y encuentro que experimenta a diversos niveles, seg\u00fan la fase de desarrollo en que se encuentra. Pero la constante es que todas las din\u00e1micas acumuladas y desarrolladas en las diversas fases tienen que ver con la realidad sexual, de modo que puede considerarse la sexualidad como la fuerza estructurante del yo y la energ\u00ed\u00ada b\u00e1sica en el proceso del devenir hombre.<\/p>\n<p>En este camino por etapas se coloca el descubrimiento del propio cuerpo como modalidad de estar presente en el mundo para el ser masculino y femenino. La relaci\u00f3n que la persona consigue madurar respecto a s\u00ed\u00ad misma puede variar seg\u00fan la escala de una aceptaci\u00f3n serena, de una indiferencia que aplana o de un rechazo que hace problem\u00e1tico cualquier desarrollo ulterior. Tambi\u00e9n esto tiene que ver con la propia sexualidad y a su vez la condiciona.<\/p>\n<p>El significado de la sexualidad como fuerza estructuradora induce a acoger y subrayar la \u00ed\u00adndole din\u00e1mica de la persona humana, la cual, tambi\u00e9n para las opciones \u00e9ticas, recorre un itinerario por etapas y puede afrontar las decisiones morales s\u00f3lo cuando ha adquirido y madurado las exigencias que cada nivel de camino le presenta.<\/p>\n<p>2. EL T\u00fa Y EL NOSOTROS. En el cuadro de una antropolog\u00ed\u00ada personalista no cuesta trabajo comprender la dimensi\u00f3n interpersonal de la sexualidad. El hombre en devenir descubre su identidad y la diferencia que le separa del otro. En esta confrontaci\u00f3n con la alteridad del otro ve \u00e9l tambi\u00e9n la posibilidad de la relaci\u00f3n comunicativa, a la cual orienta su esfuerzo de maduraci\u00f3n para colmar la insuficiencia y salir de la soledad. El cuerpo propio y el del otro son el lugar donde se realiza la posibilidad del encuentro; por eso la sexualidad, que marca al cuerpo, se convierte ella misma en lugar de la experiencia del estar frente al otro y del poder construir con el otro una relaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la relaci\u00f3n con el otro la sexualidad no es un contenido, sino que cumple la funci\u00f3n del lenguaje: no es el objeto que se pone en com\u00fan, sino el modo de ponerse uno frente al otro, en el descubrimiento creativo de lo que puede unir. Muy a menudo, especialmente en una cultura de consumismo sexual, la sexualidad, reducida a cosa, es lo que tiene en com\u00fan la relaci\u00f3n entre dos. Pero este tipo de lazo padece asfixia y, lejos de abrir horizontes nuevos para la existencia de la pareja, se limita a poner las premisas de una uni\u00f3n depauperizante. En este sentido no puede decirse que la sexualidad posea una dimensi\u00f3n comunicativa, interpersonal; no marca un camino del uno hacia el otro en orden a la construcci\u00f3n del nosotros, sino que estigmatiza dos yo que permanecen siempre extra\u00f1os el uno al otro.<\/p>\n<p>La tensi\u00f3n que existe en toda forma de comunicaci\u00f3n entre contenido y lenguaje; la b\u00fasqueda de la autonom\u00ed\u00ada del contenido del lenguaje y del lenguaje del contenido, se reproponen tambi\u00e9n en el contexto de la sexualidad. Esto no ha de entenderse en el sentido de que la sexualidad deba reducirse s\u00f3lo al rango de expresi\u00f3n; tiene tambi\u00e9n en s\u00ed\u00ad misma una carga de contenido. Se quiere subrayar \u00fanicamente que, vaciada de todo significado de comunicaci\u00f3n, la sexualidad queda reducida a ejercicio de actos, a t\u00e9cnica de relaci\u00f3n, y no conduce a un salto cualitativo en el camino de maduraci\u00f3n hacia el devenir persona y la construcci\u00f3n de la relaci\u00f3n interpersonal.<\/p>\n<p>3. APERTURA A LA VIDA. La fisiolog\u00ed\u00ada de la sexualidad manifiesta una apertura inmanente a la creaci\u00f3n de una nueva vida, que en el sujeto masculino abarca un espacio cronol\u00f3gico muy amplio, casi coextensivo a la existencia entera, mientras que en el sujeto femenino se limita a algunos per\u00ed\u00adodos particularmente breves entre el menarca y el climaterio. Si en el pasado se hac\u00ed\u00ada consistir el significado de la sexualidad casi exclusivamente en su dimensi\u00f3n procreativa, esto era debido en gran parte al condicionamiento proveniente de conocimientos biol\u00f3gicos err\u00f3neos. La llamada teor\u00ed\u00ada del homunculus, que se consider\u00f3 v\u00e1lida desde el medievo hasta finales del siglo xlx, llevaba a concentrarse en el semen masculino como elemento \u00fanico del que tiene origen la vida. Ahora bien, el semen est\u00e1 ciertamente en el origen de la vida, pero junto con el \u00f3vulo proporcionado por la mujer. A1 descubrirse el \u00f3vulo femenino (1827), hubo que revisar esta visi\u00f3n de las cosas. Por otra parte, el mismo esperma est\u00e1 presente en el organismo masculino de manera totalmente sobreabundante; s\u00f3lo en m\u00ed\u00adnima parte se emplea para la consecuci\u00f3n de la finalidad procreativa. Por eso en la consideraci\u00f3n de la dimensi\u00f3n reproductiva de la sexualidad hay que aportar correcciones a partir de los datos de la moderna biolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>A pesar de ello hay que afirmar de modo claro esta dimensi\u00f3n, sobre todo si se tiene presente la modalidad en que el sujeto humano tiende hoy a vivir la sexualidad. Aunque se debe superar la fijaci\u00f3n procreacionista, que produce la atribuci\u00f3n de una desproporcionada centralidad a los mecanismos biol\u00f3gicos -asumidos luego impropiamente como criterios de moralidad-, es preciso subrayar, sin embargo, el valor positivo que se deriva para la sexualidad del reconocimiento de esta funci\u00f3n suya creativa y procreativa. En efecto, en el origen de cierto miedo patol\u00f3gico respecto al futuro hay que colocar la tendencia generalizada al rechazo de la procreaci\u00f3n (pi\u00e9nsese en el fen\u00f3meno del crecimiento cero en tantos pa\u00ed\u00adses industrializados). Adem\u00e1s, el cierre ante la vida puede suponer una restricci\u00f3n de horizontes en la vida de la pareja y un repliegue de \u00e9sta en s\u00ed\u00ad misma. Por eso es importante buscar un equilibrio entre la visi\u00f3n procreacionista a toda costa y la visi\u00f3n en la cual la sexualidad es solamente objeto de vivencia intersubjetiva sin apertura a otras criaturas. As\u00ed\u00ad como del aislamiento del yo s\u00f3lo se sale mediante una sexualidad abierta al t\u00fa en la tensi\u00f3n creativa del nosotros, igualmente del aislamiento del nosotros-pareja s\u00f3lo se sale mediante una sexualidad abierta al valor creativo del nosotros-familia.<\/p>\n<p>4. EL GOCE Y EL PLACER. Del trazado hist\u00f3rico de la sexualidad (l supra, 11, 2) resulta lo extra\u00f1a que ha sido a la visi\u00f3n tradicional la consideraci\u00f3n positiva del placer y del goce sexuales. En el frente opuesto, pensadores paganos hab\u00ed\u00adan teorizado el placer como sentido de la sexualidad: pi\u00e9nsese en las corrientes hedonistas de algunos disc\u00ed\u00adpulos de S\u00f3crates, con las cuales el cristiano primitivo tuvo que medirse.<\/p>\n<p>El hedonismo de la antig\u00fcedad revive en el curso de los siglos en las obras de numerosos asertores de tendencias neohedonistas. Pero sobre todo en la \u00e9poca moderna es cuando se afirma y se teoriza la necesidad de liberar la sexualidad de las formas esclavizantes del tab\u00fa.<\/p>\n<p>No pretendemos lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo identificarnos con estas corrientes unilaterales al recordar aqu\u00ed\u00ad una consideraci\u00f3n positiva del sentido del goce que una sexualidad ordenada est\u00e1 destinada a producir. Simplemente se quiere subrayar la funci\u00f3n armonizante que una sana conducta sexual, dentro del respeto de todas sus dimensiones, puede cumplir.<\/p>\n<p>La capacidad de vivir con alegr\u00ed\u00ada el propio cuerpo como propio yo y la voluntad no torcida de ponerlo en relaci\u00f3n con el cuerpo y la vida del otro producen la sensaci\u00f3n de placer que atraviesa el cuerpo e impregna a la persona entera.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 la sensibilidad del hombre contempor\u00e1neo sea m\u00e1s capaz de entender el valor positivo de este sentimiento de goce, que tiene mucho que ver con la categor\u00ed\u00ada del juego, no en el sentido banal del t\u00e9rmino, sino como conducta de relaci\u00f3n que gratifica contempor\u00e1neamente a las dos partes. Cuando se habla de \u00abdensidad l\u00fadica\u00bb de la sexualidad, es preciso superar el equ\u00ed\u00advoco verbal y mental de la lucidez como trivializaci\u00f3n y como ocasi\u00f3n de enga\u00f1o. No se trata de jug\u00e1rsela al otro, sino de `jugar\u00bb con el otro, en la fiesta de la vida que se abre y que se da. Es preciso tambi\u00e9n salir del prejuicio de que este juego es f\u00e1cil, que puede practicarse sin demasiada responsabilidad. Nada de eso; es altamente comprometedor y requiere arriesgar una responsabilidad permanente para evitar el peligro de deslizarse en las amenazadoras regiones del abuso, de la prepotencia, de la violencia tanto de los consentimientos como de los cuerpos.<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n l\u00fadica de la sexualidad est\u00e1 en relaci\u00f3n directa con la capacidad de discernir y resolver las valencias de agresividad y de predominio que pueden siempre atacar y desfigurar los aspectos de la sexualidad. A1 juego armonioso s\u00f3lo puede dedicarse el que, en la esfera del matrimonio, ha superado la problem\u00e1tica del instinto de muerte, que corre paralelo con la pulsi\u00f3n sexual.<\/p>\n<p>En este sentido el juego de la sexualidad es un valor, y la b\u00fasqueda del placer como efecto de tal juego est\u00e1 muy lejos de la actitud hedonista de una civilizaci\u00f3n que cosifica el sexo y trivializa la sexualidad.<\/p>\n<p>5. EL SIGNIFICADO PROYECTIVO. La conciencia contempor\u00e1nea, sacudida por los movimientos de revoluci\u00f3n pol\u00ed\u00adtico-social desde finales de los a\u00f1os sesenta, ha asimilado ya la tesis de que toda expresi\u00f3n del vivir, aunque en dosis y modalidades diversas, tiene una dimensi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica. La \u00ed\u00adndole social de la persona humana deja ciertamente espacio a la esfera de la propia intimidad. Pero tambi\u00e9n esta esfera participa de alg\u00fan modo del car\u00e1cter metaindividual de la experiencia humana.<\/p>\n<p>La sexualidad es una realidad personal, pero no en sentido individualista. Su densidad p\u00fablica se ha subrayado siempre tambi\u00e9n en el pasado; no s\u00f3lo mediante la formulaci\u00f3n de prohibiciones para prevenir des\u00f3rdenes o de sanciones para reparar infracciones, sino tambi\u00e9n con la nota de publicidad que en las diversas culturas acompa\u00f1aba siempre a la estipulaci\u00f3n del pacto conyugal. Aqu\u00ed\u00ad se pretende describir la dimensi\u00f3n metaindividual de la sexualidad recurriendo a la categor\u00ed\u00ada de proyecto.<\/p>\n<p>Vivir una sexualidad integrada, arm\u00f3nica, capaz de acoger el cuerpo propio y de abrirse al otro en el servicio creativo a la vida, quiere decir en \u00faltimo an\u00e1lisis concurrir a echar las bases de una comunidad humana pacificada, en la cual se superan las laceraciones producidas por el miedo del otro y se arreglan las divisiones fruto de agresividad y de prepotencia. Vivida como proyecto que mira no s\u00f3lo a la relaci\u00f3n con el otro y a la apertura a la vida en el seno de la familia, la sexualidad juega un papel importante en sentido social. Por tanto, hay que ser conscientes de esta valencia suya que lleva a salir del aislamiento de la familia particular para hacer de la humanidad una familia de familias. Puede decirse que una sexualidad vivida de modo maduro ayuda a componer la instancia del nosotros-familia con la instancia del nosotros-humanidad.<\/p>\n<p>IV. B\u00fasqueda de criterios \u00e9ticos<br \/>\nEl puesto central que la experiencia sexual ocupa en la historia de la persona, la importancia que tiene en sentido \u00ed\u00adnter y meta personal, la complejidad de las dimensiones y de los significados de la sexualidad, la condici\u00f3n concreta en que se vive en el mundo contempor\u00e1neo exigen ahora proceder a la b\u00fasqueda de criterios de fondo para formular juicios \u00e9ticos al respecto.<\/p>\n<p>No se puede negar que hoy son cada vez m\u00e1s insistentes los interrogantes sobre el aspecto \u00e9tico en esta materia, quiz\u00e1 sobre todo porque nos encontramos en presencia de conductas que hasta ayer eran simplemente inauditas. Esta nueva sensibilidad moral equilibra de alg\u00fan modo la tendencia concomitante a sustraer la tendencia sexual al dominio de la moral para asignarle una indiferencia \u00e9tica que la traslada dr\u00e1sticamente al \u00e1mbito de lo privado.<\/p>\n<p>Por eso ser\u00e1 \u00fatil intentar discernir el modelo \u00e9tico en el que poder inspirarse.<\/p>\n<p>I. UN MODELO CENTRADO EN EL ACTO. La l\u00ed\u00adnea constante de la tradici\u00f3n moral muestra que el modelo en el que se inspiran las normas \u00e9ticas en materia de sexualidad est\u00e1 centrado en la realidad, en la finalidad y en la naturaleza del acto conyugal. Esta elecci\u00f3n era a su modo obligada, dadas las condiciones hist\u00f3ricas y culturales en las que el cristianismo primitivo tuvo que implantarse. Al mismo tiempo se reconoce el valor positivo y el papel que este modelo \u00e9tico ha ejercido a lo largo de la tradici\u00f3n, sobre todo por haber creado una regla clara de comportamiento: la sexualidad se expresa en el acto conyugal, dentro del matrimonio, en orden a la procreaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sobre el acto conyugal han investigado los tratados de los manuales; se han enumerado las circunstancias en las cuales el acto pod\u00ed\u00ada o deb\u00ed\u00ada situarse. Todo lo que se conoc\u00ed\u00ada a prop\u00f3sito de la naturaleza fisiol\u00f3gica del acto conyugal se iba sucesivamente adoptando como sost\u00e9n de la norma moral, que por ello estaba ligada cada vez m\u00e1s al \u00e1mbito de la comprensi\u00f3n biol\u00f3gica.<\/p>\n<p>En este modelo era suficientemente clara tambi\u00e9n la noci\u00f3n de pecado como transgresi\u00f3n material de la norma. Tambi\u00e9n en orden al pecado se redactaron listas de circunstancias que reduc\u00ed\u00adan o excusaban de la responsabilidad subjetiva. Sin embargo, se afirmaba la \u00ed\u00adndole siempre grave, desde el punto de vista objetivo, de todo acto pecaminoso en materia sexual (non datur parvitas materiae). S\u00f3lo a prop\u00f3sito del abuso del placer relacionado con el acto conyugal se discut\u00ed\u00ada sobre la posibilidad de considerarlo pecado leve, claramente en el contexto del matrimonio y de la finalidad procreativa.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-moral no ha podido indagar sobre la conexi\u00f3n entre acto y \/actitud, entre persona en su ser y en su entender y persona en su obrar. Por eso la historia intencional y la vivencia condicionante de la persona no pod\u00ed\u00adan tomarse como elementos en la formulaci\u00f3n del juicio moral; al m\u00e1ximo se consideraban, en su materialidad, como circunstancias.<\/p>\n<p>2. UN MODELO CENTRADO EN LA PERSONA. El giro antropol\u00f3gico que penetra en la filosof\u00ed\u00ada y la teolog\u00ed\u00ada en los \u00faltimos decenios permite una confrontaci\u00f3n con el modelo \u00e9tico tradicional, antes a\u00fan que con sus normas concretas, sus supuestos y sus l\u00ed\u00adneas inspiradoras.<\/p>\n<p>La instancia que emerge de modo claro de la praxis de vida de los creyentes de hoy y de la reflexi\u00f3n sistem\u00e1tica tanto de los te\u00f3logos como de los cultivadores de las ciencias humanas es que una moral sexual adecuada a la nueva situaci\u00f3n debe ser de \u00ed\u00adndole din\u00e1mica y no est\u00e1tica. En la formulaci\u00f3n del juicio moral esto comprende, en primer lugar, que el acento se desplace de la materialidad definida y siempre f\u00e1cilmente verificable del acto, a la complejidad del proceso de maduraci\u00f3n de la decisi\u00f3n concreta en la que se expresa la visi\u00f3n de conjunto y la opci\u00f3n \u00e9tica fundamental de la persona; en segundo lugar, que la vivencia sexual en s\u00ed\u00ad se considere en todo su car\u00e1cter polifac\u00e9tico y en su complejidad, lo que dif\u00ed\u00adcilmente permite llegar enseguida e inequivocablemente a un juicio definitivo. En otras palabras, la instancia de una moral sexual din\u00e1mica refleja y replantea la exigencia de asumir como regla formal en la que fundar el juicio el criterio de compensar y sopesar los diversos valores que confluyen en la vivencia sexual y que pueden tambi\u00e9n encontrarse en conflicto entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>El paso de la l\u00f3gica del acto a la l\u00f3gica de la persona hace indudablemente m\u00e1s laborioso el discernimiento de los criterios que fundan las normas de comportamiento y de los juicios morales. En el centro tenemos la categor\u00ed\u00ada de responsabilidad del que obra, ya sea para consigo mismo, ya para con los otros. Del desplazamiento a la \u00f3rbita de la persona y a su capacidad de responder de su obrar no se deriva en absoluto una p\u00e9rdida de rigor moral, sino m\u00e1s bien un mayor compromiso de la persona misma en la totalidad de su ser para devenir sujeto de opciones \u00e9ticas. En un modelo din\u00e1mico de moralidad, la persona, debiendo proceder a una valoraci\u00f3n comparada de los diversos bienes implicados, no puede descuidar las instancias que brotan y maduran de los diversos niveles interpelados.<\/p>\n<p>En el intento de cargar de contenido el criterio formal de la responsabilidad en que se inspira este modelo \u00e9tico, se trazan aqu\u00ed\u00ad algunas l\u00ed\u00adneas orientativas.<\/p>\n<p>a) El yo, llamado a ser persona. La primera se refiere a la sexualidad en su aspecto de valor estructurante de la persona. Respecto a s\u00ed\u00ad misma, la persona tiene la responsabilidad de secundar y promover el camino de maduraci\u00f3n que har\u00e1 de ella un ser adulto mediante la integraci\u00f3n del componente sexual dentro de la totalidad de la persona.<\/p>\n<p>Pero la sexualidad puede convertirse tambi\u00e9n en el lugar en que van a obstaculizarse y a bloquearse los impulsos de crecimiento y el camino hacia el devenir-persona; puede constituir el lugar de parada o de regresi\u00f3n a fases precedentes. En este nivel la instancia \u00e9tica muestra la responsabilidad de salir de estos bloqueos, que a menudo se expresan en formas involutivas de narcisismo, de egocentrismo, y se traducen en conductas sexuales ips\u00ed\u00adsticas (pi\u00e9nsese en una cierta fenomenolog\u00ed\u00ada de la masturbaci\u00f3n: l Autoerotismo) o en una b\u00fasqueda patol\u00f3gica de seguridad. Hacerse persona quiere decir saber encontrar un justo equilibrio entre componente pulsional y ejercicio de libertad. El que se abandona a los impulsos de una sexualidad instintiva, sin meta, no inscrita en un proyecto de valores, en cierto sentido esteriliza las valencias positivas de moralidad que la propia sexualidad podr\u00ed\u00ada desarrollar bajo la gu\u00ed\u00ada moderadora de la libertad.<\/p>\n<p>b) La persona del otro. La \u00ed\u00adndole dialogal y comunicativa de la sexualidad se estructura a partir de la instancia \u00e9tica del reconocimiento del otro como distinto de m\u00ed\u00ad y como persona en s\u00ed\u00ad misma.<\/p>\n<p>Una sexualidad egoc\u00e9ntrica no toma en serio la presencia del otro como persona, sino que lo reduce f\u00e1cilmente a objeto de consumo o de intercambio de conductas sexuales. Hay que cultivar el respeto de la naturaleza propia y de las exigencias que el otro manifiesta si se quiere vivir una sexualidad verdaderamente sana y constructiva de relaciones interpersonales sanas. Esto obliga a la persona a trabajar responsablemente en s\u00ed\u00ad misma para resolver sus din\u00e1micas de agresividad, de posesividad, de explotaci\u00f3n, y poder as\u00ed\u00ad establecer con el otro de verdad y con sinceridad un encuentro aut\u00e9ntico.<\/p>\n<p>Una conducta sexual marcada por factores de dominio y de abuso ignora la instancia de la alteridad como punto de partida para la uni\u00f3n interpersonal. A menudo se tiende a hacer al otro menos otro, m\u00e1s asimilado a uno mismo, destruyendo la originalidad propia y exclusiva del otro como persona humana. Esta b\u00fasqueda de servirse del otro para la propia autorealizaci\u00f3n destruye el germen de verdad que debe expresar la relaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La brutalidad con que nos acercamos y nos servimos del cuerpo del otro es una condici\u00f3n de envilecimiento de la sexualidad y no se aviene con la \u00ed\u00adndole interpersonal de la uni\u00f3n. A este respecto la \u00e9tica deber\u00ed\u00ada exigir una educaci\u00f3n m\u00e1s marcada en el sentido de la ternura, del l pudor, de la discreci\u00f3n, virtudes sin las cuales la sexualidad no ser\u00ed\u00ada ya lugar de humanizaci\u00f3n de. las relaciones, sino fuente de nuevas conflictividades. La violencia en el ejercicio de la sexualidad reduce a esta \u00faltima a algo inhumano, desvirt\u00faa el gesto del encuentro, rebaj\u00e1ndolo a conducta indigna del hombre.<\/p>\n<p>c) El hijo ser\u00e1 una persona. Son diversos los factores que hoy inducen a pensar en la transmisi\u00f3n de la vida en un contexto de mayor responsabilidad. Sin embargo hay que subrayar que tambi\u00e9n para esta funci\u00f3n de los c\u00f3nyuges es necesario inspirarse en la \u00e9tica de la responsabilidad, no s\u00f3lo para decidir si y cu\u00e1ndo procrear [l Procreaci\u00f3n responsable], sino tambi\u00e9n para situarse frente al fruto de la procreaci\u00f3n como una persona.<\/p>\n<p>El car\u00e1cter central de la funci\u00f3n reproductiva en la sexualidad humana, tal como se afirmaba en el pasado, pod\u00ed\u00ada suponer el riesgo de una fijaci\u00f3n de la conducta sexual en la sola esfera genital. La superaci\u00f3n de esta unilateralidad es hoy posible gracias justamente ala consideraci\u00f3n de la polivalencia de la sexualidad. Pero tambi\u00e9n a la actitud de fondo que lleva a la decisi\u00f3n de procrear debe reserv\u00e1rsele gran atenci\u00f3n y responsabilidad. A menudo aqu\u00ed\u00ad obran deseos inconscientes de autorrealizarse en el hijo y mediante el hijo; a menudo el ser que ha de nacer es investido ya en el seno materno de un car\u00e1cter no originario, sino funcional. El riesgo de cosificar, de despersonalizar la espera del hijo envilece la vivencia sexual y el acto mismo por el que se llega a la procreaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La necesidad de cargar de valencia \u00e9tica la elecci\u00f3n procreativa y el acto de por s\u00ed\u00ad apto a su realizaci\u00f3n lleva a ver, tambi\u00e9n desde otro punto de vista, lo inadecuado de una \u00e9tica sexual basada est\u00e1ticamente en el criterio del acto. Este puede ponerse de manera de suyo correcta seg\u00fan las reglas de la naturaleza biol\u00f3gica en el contexto de un matrimonio v\u00e1lido, y sin embargo puede estar igualmente carente de niveles positivos \u00e9ticos por la intenci\u00f3n no justa -o sea, no centrada en el verdadero bien del ser que ha de nacer- con que se realiza.<\/p>\n<p>d) Ecolog\u00ed\u00ada del cuerpo. La corporeidad no es un atributo; es la modalidad de ser de la persona; por eso pide que se la viva con responsabilidad, a fin de que pueda expresar verdades y valores. Una sexualidad reducida a actos genitales ignora las exigencias m\u00e1s profundas de la corporeidad, fuerza al cuerpo a convertirse en m\u00e1quina productora de satisfacci\u00f3n material y no en lugar de encuentro gozoso y fecundo con el otro.<\/p>\n<p>El respeto del cuerpo es una categor\u00ed\u00ada moral muy presente en la tradici\u00f3n, sobre todo en continuidad con la afirmaci\u00f3n positiva de la unidad cuerpo-alma-esp\u00ed\u00adritu del AT y con la predicaci\u00f3n neotestamentaria sobre el cuerpo como templo del Esp\u00ed\u00adritu. Estas l\u00ed\u00adneas de pensamiento es preciso descubrirlas hoy para llegar a una ecolog\u00ed\u00ada de la corporeidad en t\u00e9rminos positivos.<\/p>\n<p>V. Una pedagog\u00ed\u00ada para la sexualidad<br \/>\nEl modelo tradicional de \u00e9tica sexual ten\u00ed\u00ada en el fondo una imagen est\u00e1tica de la sexualidad. La comprensi\u00f3n actual, en cambio, nos proporciona un cuadro todo \u00e9l penetrado por la idea din\u00e1mica de una sexualidad que acompa\u00f1a y determina el devenir y el hacerse de la persona. Esta, pues, no es un dato, una realidad toda ella finita y definida, sino que se descubre, se vive y se construye en una pluralidad de etapas y se expresa en una pluralidad de modos, sin excluir el del don del coraz\u00f3n indiviso al Se\u00f1or en el celibato o en la I virginidad consagrada.<\/p>\n<p>La importancia de una pedagog\u00ed\u00ada sexual es hoy tanto m\u00e1s urgente cuanto m\u00e1s marcada es la presi\u00f3n a que la persona es sometida por parte de diversas empresas de persuasi\u00f3n. Especialmente los muchachos y los j\u00f3venes han de educarse en el descubrimiento del potencial afectivosexual que se va desarrollando en su personalidad; hay que seguirlos en la obra de integraci\u00f3n de los diversos componentes de la capacidad de amar, que se hace presente en ellos en la experiencia directa y refleja. Esta educaci\u00f3n ha de estar centrada en subrayar el valor positivo del tema del amor, de la corporeidad, de la atracci\u00f3n sexual, de la relaci\u00f3n interpersonal. Introducir prohibiciones superfluas, o sea, no dictadas por instancias \u00e9ticas; causar miedos y culpabilidad puede perjudicar el presente y el futuro de la persona bloqueando su arm\u00f3nico desarrollo. Esto no quiere decir que no haya que poner de manifiesto tambi\u00e9n la serie de riesgos, de amenazas a que est\u00e1 expuesta la sexualidad, sobre todo por el ataque trivial y designificante de una cultura superficial e irresponsable que, a pesar de la aireada apelaci\u00f3n a la liberaci\u00f3n, s\u00f3lo produce nuevas formas de esclavitud.<\/p>\n<p>La sexualidad es un devenir-con de la persona. La educaci\u00f3n en el sentido del amor y en la sexualidad debe saber apoyarse en esta realidad y dosificar las etapas de la exigencia moral seg\u00fan el grado de crecimiento, de evoluci\u00f3n y de responsabilidad que el sujeto puede expresar. Esto vale tanto para los gestos y la conducta que hay que superar y eliminar para no producir regresiones y fijaciones, como para los gestos y el lenguaje que a su tiempo hay que aprender para ajustar el crecimiento afectivo a la capacidad de expresar el amor. Semejante obra de paciente pedagog\u00ed\u00ada ayuda a descargar la tensi\u00f3n que a menudo se forma en adolescentes y j\u00f3venes.<\/p>\n<p>El hombre es obra de las manos de Dios; tambi\u00e9n la sexualidad es obra del Creador. Aunque \u00e9sta, como la realidad creada entera, vive en el dramatismo de la historia, que comprende evoluciones e involuciones, aspectos positivos y negativos, amenazas para el \u00e9xito y deseo de realizaci\u00f3n, sin embargo es la modalidad obligada con que cada ser humano vive en la historia, es sujeto activo y responsable suyo y acoge el don de la salvaci\u00f3n. Ella ofrece grandes posibilidades de humanizarse, de humanizar las relaciones, de hacer humana la convivencia de los hombres en la tierra.<\/p>\n<p>[Para una visi\u00f3n completa de la \u00e9tica sexual y matrimonial: \/Autoerotismo; \/Corporeidad IV, 3; \/Educaci\u00f3n sexual; \/Matrimonio; \/Noviazgo; \/Procreaci\u00f3n responsable].<\/p>\n<p>BIBL.: AA. V V., La sexualidad en el catolicismo contempor\u00e1neo, en \u00abCon\u00bb 100 (1974); AANV., Sexualidad, religi\u00f3n y sociedad, en \u00abCon\u00bb 193 (1984); BALESTRO P., Legge e libert\u00f3 sessuale, Rusconi, Mil\u00e1n 1982; CANTALAMESSA (dirigido por), Etica sessuale e matrimonio nel cristianesimo delle origini, Vita e Pensiero, Mil\u00e1n 1976; DAVANzo G., Sessualit\u00e1 umana e etica dell \u00e1more, Ancora, Mil\u00e1n 1986 ELIZARI F.J., Reconciliaci\u00f3n del cristiano con ~la sexualidad, PPC, Madrid 1982; EQUIPo1NTERDISCIPLINAR, Sexualidad y vida cristiana, Sal Terrae, Santander 1982; GATrI G., Morale sessuale educazione dell \u00e1more, Ldc, Tur\u00ed\u00adn 19882; GIUNCHEDI F., Significato umano e cristiano della sessualit\u00e1, en \u00abCC\u00bb 135 (1984) 11, 444-454; GOGGI T., Etica sexual cristiana, Sociedad de Educaci\u00f3n Atenas, Madrid 1973; HXRING B., Libertad yfidelidad en Cristo II, Herder, Barcelona 1983, 510-584; HORTELANO A., El amor y la sexualidad en Problemas actuales de moral 11, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982, 225-303; JUAN PABLO 11, Catechesi sulla sessualit\u00e1 (dirigido por G. 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Per una nuova comprensione della sessualit\u00f1, Grabaudi, Tur\u00ed\u00adn 1977; SALVONI F., Sesso e amore nella Bibbia, Lanterna, G\u00e9nova 1970; SNOECK J., Ensayo de \u00e9tica sexual, Paulinas, Bogot\u00e1 1988; TREVIJANO P., Madurez y sesualidad, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1988 VALSECCHI, Nuevos caminos de la \u00e9tica sexual, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 19762; VIDAL M., Moral de actitudes 11, 2.\u00c2\u00b0 parte: Moral del amor y de la sexualidad, PS, Madrid 19916.<\/p>\n<p>A. Autiero<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n<p>\/Corporeidad 11-111; \/Mujer II, la-e; 2 d; \/Hombre MI<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>A) Dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica. B) Moral sexual. C) Pedagog\u00ed\u00ada sexual.<\/p>\n<p>A) DIMENSI\u00ed\u201cN ANTROPOL\u00ed\u201cGICA<br \/>\nA lo largo de siglos la opini\u00f3n doctrinal predominante en teolog\u00ed\u00ada atribu\u00ed\u00ada a la s. del hombre un car\u00e1cter meramente funcional; en analog\u00ed\u00ada con la s. animal la s. humana se valoraba preferente o casi exclusivamente bajo el punto de vista de la procreaci\u00f3n (control de la -> natalidad). En virtud de una antropolog\u00ed\u00ada con orientaci\u00f3n personal e integral, hoy d\u00ed\u00ada en la interpretaci\u00f3n y valoraci\u00f3n de la s. se ofrecen nuevos puntos de vista, que conducen a modificaciones y complementaciones. La s. tiene tambi\u00e9n su funci\u00f3n en la constituci\u00f3n \u00f3ntica del hombre; configura su estructura integral como var\u00f3n o mujer y determina asimismo esencialmente la conducta del individuo hasta en lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo de sus manifestaciones espirituales. En virtud de esta visi\u00f3n antropol\u00f3gica previa, el te\u00f3logo encuentra hoy incluso en el testimonio de la revelaci\u00f3n puntos de apoyo para una valoraci\u00f3n integral de la sexualidad.<\/p>\n<p>I. Declaraciones de la revelaci\u00f3n<br \/>\n1. En las declaraciones del AT ha quedado depositada una experiencia original del hombre sobre su propia naturaleza y sobre su existencia creada como hombre y mujer. Esta diferenciaci\u00f3n sexual ha sido puesta ya por el mismo creador y contribuye a que el hombre sea imagen de Dios (G\u00e9n 1, 27). Sin embargo est\u00e1 lejos de los textos b\u00ed\u00adblicos toda problem\u00e1tica -> cuerpo-alma, tal como es propia de la antropolog\u00ed\u00ada griega.<\/p>\n<p>El hombre entero ha sido creado como bueno; por esta raz\u00f3n la s. debe ser aceptada plenamente como don de Dios. Aun cuando se proh\u00ed\u00adba toda proyecci\u00f3n de una diferenciaci\u00f3n sexual a Dios y a la Trinidad, sin embargo en la relaci\u00f3n amorosa y en la comunidad de hombre y mujer se refleja en cierto modo la donaci\u00f3n del amor divino en la comunidad trinitaria. En el relato de la creaci\u00f3n del yahvista, la creaci\u00f3n del hombre y la orientaci\u00f3n del mismo hacia su pareja aparece como la primera acci\u00f3n de Dios en el mundo, visto completamente desde un punto de vista antropoc\u00e9ntrico (G\u00e9n 2, 18-24). El var\u00f3n y la mujer est\u00e1n referidos a una comunicaci\u00f3n completamente con el t\u00fa de su pareja sexual. Antes de que el hombre ponga su mirada en el t\u00fa de Dios, se encuentra ya con su socio humano. El parecido de los t\u00e9rminos hebreos \u00efs (var\u00f3n) e \u00efssa (mujer) podr\u00ed\u00ada considerarse como indicaci\u00f3n de que en esta \u00absociedad\u00bb originalmente no hay ninguna subordinaci\u00f3n ni superioridad. En la base de la representaci\u00f3n po\u00e9tica-pl\u00e1stica de la creaci\u00f3n de Eva de la costilla del var\u00f3n, se encuentra el hebreo previamente dado del eros, la experiencia original de la tendencia mutua entre los sexos. El \u00abhacerse una sola carne\u00bb contiene algo m\u00e1s que una mera uni\u00f3n sexual transitoria entre var\u00f3n y mujer; significa la total unidad de ambos, que llega a romper los anteriores lazos de sangre y de familia (G\u00e9n 2, 22ss). Tambi\u00e9n Cristo recoge posteriormente esta afirmaci\u00f3n y funda sobre ella sus exigencias respecto de la indisolubilidad del -> matrimonio (Mc 10, 6-9). La realizaci\u00f3n de la entrega total en el plano sexual se designa en el AT como \u00abconocer\u00bb. En este encuentro interhumano tan profundo se descubren ambos consortes en su m\u00e1s \u00ed\u00adntima y profunda esfera personal; tienen lugar un conocimiento y una apertura que no pueden deshacerse ya. Pero, por encima de esto, en principio Dios impone al hombre el deber de transmitir la vida (G\u00e9n 1, 28). De acuerdo con la afirmaci\u00f3n del yahvista, el pecado del hombre no s\u00f3lo ha conjurado la ira de Dios, sino que ha producido una perturbaci\u00f3n en el orden de la creaci\u00f3n y de la relaci\u00f3n mutua entre los sexos. El hombre, llamado a la responsabilidad de su acci\u00f3n aut\u00f3noma, aparta de s\u00ed\u00ad la culpa atribuy\u00e9ndola a su compa\u00f1era (G\u00e9n 3, 12). El perjuicio que el pecado ha causado en las relaciones interhumanas afecta tambi\u00e9n a la esfera sexual, dentro de la cual se realizan en definitiva estas relaciones en su profundidad \u00faltima. M\u00e1s all\u00e1 de esa afirmaci\u00f3n fundamental, el yahvista trata de ofrecer una descripci\u00f3n m\u00e1s exacta de la \u00ablesi\u00f3n\u00bb de la naturaleza humana producida por el pecado. Para ello se refiere tambi\u00e9n a datos condicionados por el tiempo y la cultura, que entonces se consideraban como un mal y por esta raz\u00f3n se interpretaban como consecuencia del pecado original y como correlato de la culpa: as\u00ed\u00ad la tendencia de la mujer al hombre, es decir, el eros, e igualmente el dominio del hombre sobre la mujer, o sea, el patriarcalismo dominante en Israel (G\u00e9n 3, 16). Tambi\u00e9n la vivencia de los l\u00ed\u00admites del pudor corporal respecto de la desnudez, condicionado en parte por la cultura, experimenta una valoraci\u00f3n teol\u00f3gica: se pierde la naturalidad de los seres humanos en su presencia ante los dem\u00e1s (G\u00e9n 3, 7). En su desnudez el hombre se siente descubierto en su mismidad (J.B. Metz).<\/p>\n<p>2. El NT adopta una actitud serena frente a lo sexual y nunca mezcla este aspecto con las leyes cultuales de pureza propias del AT. Las leyes cultuales que est\u00e1n en vigor a este respecto son rechazadas expresamente por Jes\u00fas, que las sustituye por una determinaci\u00f3n fundamentalmente nueva del concepto de pureza (la recta intenci\u00f3n que procede del coraz\u00f3n: Mc 7, 1-23). Gracias a la predicaci\u00f3n del reino de Dios, que alborea con Jes\u00fas, se subraya de tal manera la relaci\u00f3n escatol\u00f3gica del hombre, que la s. y su realizaci\u00f3n en el matrimonio ya no aparecen como el camino exclusivamente normal o absolutamente \u00fanico del hombre en este mundo, sino que junto a \u00e9l se ofrece asimismo el camino de la -> virginidad como aut\u00e9ntica posibilidad (Lc 20, 27-36).<\/p>\n<p>En la perspectiva religiosa de la historia de la salvaci\u00f3n, la s. resulta algo relativo. Con relaci\u00f3n a Cristo la diferencia sexual se hace \u00abindiferente\u00bb (G\u00e1l 3, 26ss). De acuerdo con la valoraci\u00f3n coet\u00e1nea de la s. humana, Pablo no pudo conocer todav\u00ed\u00ada toda la amplitud de su variaci\u00f3n y toda la plenitud del matrimonio; as\u00ed\u00ad permanece m\u00e1s o menos insensible ante la significaci\u00f3n del eros (cf. 1 Cor 7). Pero, en general, las afirmaciones b\u00ed\u00adblicas acerca de los hombres y su s. est\u00e1n completamente abiertas para la comprensi\u00f3n transformada de este campo en nuestro tiempo; por lo menos en su contenido kerygm\u00e1tico fundamental, no ofrecen ning\u00fan punto de apoyo para un desprecio dualista o maniqueo de la s. y para una represi\u00f3n de las fuerzas inherentes a la misma.<\/p>\n<p>II. Significaci\u00f3n antropol\u00f3gica<br \/>\n1. Una antropolog\u00ed\u00ada integral de la persona se esfuerza hoy no s\u00f3lo por comprender la s. en su realidad biol\u00f3gica, sino tambi\u00e9n por mantenerse abierta a todos los valores que le dan sentido y por ordenarla en la totalidad de la persona humana. Seg\u00fan esto la diferenciaci\u00f3n sexual de var\u00f3n y mujer pertenece a la constituci\u00f3n del hombre. La s. se expresa tambi\u00e9n en la imagen psicol\u00f3gica de su manifestaci\u00f3n, y por esto no puede considerarse ni en forma aislada ni en forma meramente funcional. Todo ser humano vive en la situaci\u00f3n sexual, como var\u00f3n o como mujer. La s. no se a\u00f1ade como un estado a un ser humano neutro, sino que determina al hombre como var\u00f3n o como mujer. Sin embargo, nos mantendremos reservados frente a una tipificaci\u00f3n de lo \u00abvaronil\u00bb o de lo \u00abeternamente femenino\u00bb; pues los soci\u00f3logos (H. Schelsky) resaltan las caracter\u00ed\u00adsticas completamente diferentes de la funci\u00f3n femenina y de la masculina seg\u00fan los ciclos culturales. La s. es de importancia eminente para el desarrollo de la personalidad del ser humano. Ya mucho antes de que alguien contraiga matrimonio, est\u00e1 integrado en el campo de fuerzas de su s. y sellado por ellas. Tambi\u00e9n el c\u00e9libe sigue siendo un ser sexual. Por esta raz\u00f3n la s. no puede tratarse exclusivamente en el marco del tema del matrimonio; pertenece simplemente a la antropolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>2. El hecho de que el ser humano no sea ni el var\u00f3n ni la mujer por separado, sino s\u00f3lo el var\u00f3n y la mujer en su relaci\u00f3n mutua &#8211; teniendo en cuenta sus caracter\u00ed\u00adsticas propias, pero en plena igualdad de derechos -, remite esencialmente al hombre a una comunicaci\u00f3n con el t\u00fa. Por esto s\u00f3lo en la diferenciaci\u00f3n de var\u00f3n y mujer pueden realizarse plenamente las posibilidades y tareas humanas. En la s. el hombre experimenta su insuficiencia y su dependencia del t\u00fa del otro, y esto primeramente en la l\u00ed\u00adnea horizontal: del t\u00fa de la pareja de otro sexo. Pero como la s. que se realiza en el matrimonio no termina de alcanzar la plenitud definitiva y \u00faltima, esa s. apunta hacia m\u00e1s all\u00e1 de la pareja humana. El te\u00f3logo ve aqu\u00ed\u00ad un punto de apoyo para la direcci\u00f3n vertical del hombre y para su dependencia de Dios. El hombre s\u00f3lo halla su m\u00e1s profunda realizaci\u00f3n en el encuentro con el t\u00fa de Dios; pero tal encuentro sigue siendo en definitiva un hecho escatol\u00f3gico. Esta visi\u00f3n cristiana del hombre como un ser \u00abllamado\u00bb por Dios e \u00abinvitado\u00bb a realizarse plenamente en \u00e9l, capacita al cristiano para una profunda visi\u00f3n y valoraci\u00f3n de los fen\u00f3menos humanos y hace que en la s. humana, la cual nunca llegar\u00e1 plenamente a su realizaci\u00f3n integral, el hombre vislumbre la relaci\u00f3n trascendental.<\/p>\n<p>3. Como lo sexual se funda en el centro personal del ser humano, toda persona en cuanto tal se siente afectada por su actualizaci\u00f3n consciente. Por esta raz\u00f3n las aut\u00e9nticas relaciones sexuales primarias (sexo), para que est\u00e9n de acuerdo con la peculiaridad y dignidad del hombre, requieren constantemente una integraci\u00f3n en el eros como inclinaci\u00f3n y amor que se dirigen hacia la persona integral del otro, y esto no s\u00f3lo por la propia indigencia (eros), sino tambi\u00e9n porque se ama a esa persona del otro por su esencia personal (philia), acept\u00e1ndola en su totalidad. Pero esta aceptaci\u00f3n s\u00f3lo hace plena justicia a la dignidad de nuestro semejante cuando se realiza, no en un mero enamoramiento narcisista y egoc\u00e9ntrico del yo, sino que corre pareja con un amor referido al t\u00fa, que hace donaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad y est\u00e1 dispuesto al sacrificio (agape), y que, finalmente, constituye un d\u00e9bil reflejo del -> amor de Dios que se entrega totalmente.<\/p>\n<p>Precisamente la s. humana, a diferencia de la animal, no est\u00e1 configurada por el instinto, sino que es \u00abpl\u00e1stica\u00bb (Gehlen; Schelsky); espera una configuraci\u00f3n en la philia y el agape. Cuando no se da esa configuraci\u00f3n, cuando el sexo y el eros se desprenden de lo personal y la actuaci\u00f3n sexual no representa ya el medio y la expresi\u00f3n de la vinculaci\u00f3n personal, sino que se busca por s\u00ed\u00ad misma, pierde el sentido que le corresponde y su legitimidad. Justamente en la inseguridad instintiva y en la apertura a una configuraci\u00f3n personal se ve la peculiaridad de la s. humana, su superioridad, pero tambi\u00e9n su vulnerabilidad. En este sentido la s. est\u00e1 totalmente al servicio de lo personal y no puede separarse de esa dimensi\u00f3n. El sexo y el eros necesitan, por consiguiente, una transformaci\u00f3n por la philia y una integraci\u00f3n en el agape.<\/p>\n<p>4. El profundo efecto personal del acto sexual, que se indica ya en la Biblia y se experimenta en la vida, exige asimismo una aceptaci\u00f3n y una correspondiente integraci\u00f3n del mismo en la vida total del hombre. La realizaci\u00f3n de la total entrega sexual conduce a \u00abla concesi\u00f3n y aceptaci\u00f3n de un conocimiento y una complementaci\u00f3n que afectan al hombre entero. Cuando tienen lugar una complementaci\u00f3n y un conocimiento semejantes, los seres humanos no pueden separarse como si nada hubiera sucedido. Pero tampoco pueden entrar en la total comuni\u00f3n de amor que hace posible esto, si no existe la voluntad irrevocable de comunidad durante la vida entera, voluntad que ambas han de expresar y aceptar obligatoriamente\u00bb (Auer). As\u00ed\u00ad, pues, en cuanto el acto sexual es expresi\u00f3n de la unidad de ambos consortes y del mutuo amor y entrega total y es capaz de comunicar un conocimiento que imprime un sello muy profundo, se exige como indispensable condici\u00f3n previa para su legitimidad la voluntad manifestada mutua y claramente de una aceptaci\u00f3n y vinculaci\u00f3n total y duradera. Pero, seg\u00fan eso, s\u00f3lo en el matrimonio monog\u00e1mico v\u00e1lidamente contra\u00ed\u00addo se realiza todo el contenido de lo significado en tal entrega.<\/p>\n<p>5. En el desgajamiento del sexo frente al conjunto del amor humano, en la tendencia hacia la autonom\u00ed\u00ada y autosuficiencia, el hombre experimenta las \u00abconsecuencias del pecado\u00bb, la destrucci\u00f3n del orden interno. Una s. practicada y valorada aisladamente conduce al desprecio del compa\u00f1ero, que queda degradado y convertido en \u00abobjeto\u00bb de la propia satisfacci\u00f3n y, con ello, lesionado profundamente en su dignidad. Cuando el sexo se desliga de lo personal, comienza a vagabundear; entonces no se puede entender en modo alguno por qu\u00e9 no podr\u00ed\u00ada cambiarse de \u00abpareja\u00bb seg\u00fan capricho. Toda promiscuidad, todo caos sexual es signo de una crisis en la persona del afectado.<\/p>\n<p>III. Configuraci\u00f3n de la sexualidad: sublimaci\u00f3n<br \/>\nEl enorme exceso de impulso sexual y la plasticidad de la s. humana apuntan hacia el hecho de que el hombre tiene la posibilidad de servirse de estas fuerzas para ulteriores objetivos, de sublimarlas. Esta transformaci\u00f3n elevadora no representa una represi\u00f3n de las fuerzas instintivas, sino una utilizaci\u00f3n positiva de las mismas para otras esferas de la vida, en las que hay que realizar diversas tareas. S. Freud define la sublimaci\u00f3n como un cambio del objeto y meta del instinto, con lo cual lo que \u00aboriginalmente era un instinto sexual, encuentra una realizaci\u00f3n que ya no es sexual, sino que representa un superior valor social o \u00e9tico\u00bb. Seg\u00fan \u00e9l, se trata primeramente de una desexualizaci\u00f3n y, por otra parte, de una socializaci\u00f3n de este instinto. Precisamente la renuncia libremente elegida e interiormente superada a la actuaci\u00f3n de la s., si no consiste en una falsa represi\u00f3n, sino en la aceptaci\u00f3n y elaboraci\u00f3n de estas energ\u00ed\u00adas instintivas, permite que se liberen grandes energ\u00ed\u00adas an\u00ed\u00admico-corporales que pueden traducirse en grandes realizaciones religiosas, caritativas y culturales. \u00abPor consiguiente, la sublimaci\u00f3n no es una misteriosa y autom\u00e1tica transformaci\u00f3n de los impulsos sexuales en impulsos espirituales, sino su ordenaci\u00f3n en una m\u00e1s amplia conducta humana integral\u00bb (Auer). Se presenta como una tarea para todo hombre y constituye la condici\u00f3n previa para la maduraci\u00f3n de la personalidad, as\u00ed\u00ad como para el resultado feliz de todo encuentro interpersonal.<\/p>\n<p>La peculiaridad de la s. humana y el dinamismo inherente a ella impiden al hombre un mero dejarse llevar y exigen una formaci\u00f3n y disciplina de estas energ\u00ed\u00adas. H. Thielicke establece la proporci\u00f3n: \u00abCuanto m\u00e1s instintivo soy, tanto menos busco el \u00fanico e inconfundible t\u00fa del otro, y tanto m\u00e1s me importa el mero ejemplar, el mero \u00abrepresentante\u00bb del otro sexo, que para m\u00ed\u00ad es indiferente en su peculiaridad individual, pero muy importante en su significaci\u00f3n instrumental.\u00bb Cuando no hay una aut\u00e9ntica configuraci\u00f3n del instinto, sino s\u00f3lo una conservaci\u00f3n o represi\u00f3n del mismo, se cierra el camino a una maduraci\u00f3n de la personalidad, lo cual puede conducir a falsas actitudes, a excesos repulsivos o perversiones.<\/p>\n<p>IV. Consecuencias para la conducta moral<br \/>\n1. Una recta valoraci\u00f3n de la s. exige primeramente un s\u00ed\u00ad claro a la propia s. y a su desarrollo, y luego un conocimiento acerca del dinamismo y fuerza propios del sexo y del eros, as\u00ed\u00ad como del peligro de falsas represiones y de la tarea de una aut\u00e9ntica sublimaci\u00f3n de estas fuerzas (cf. pedagog\u00ed\u00ada sexual, despu\u00e9s en C). De acuerdo con esto hay que prestar asimismo atenci\u00f3n al encuentro adecuado con el compa\u00f1ero de otro sexo. En el recto compa\u00f1erismo, que se plantea como tarea incluso para los no casados, se ponen en marcha tanto en el var\u00f3n como en la mujer importantes energ\u00ed\u00adas que sirven a una integraci\u00f3n de todas las fuerzas del instinto sexual del hombre y preservan de funestas represiones. Gracias a la explicaci\u00f3n teol\u00f3gica del sentido de la duplicidad de sexo se pone de manifiesto la importancia del eros para la maduraci\u00f3n de la totalidad de la persona y para toda relaci\u00f3n interpersonal.<\/p>\n<p>Como todo encuentro sexual implica un abrirse mutuo ante otro y una entrega a \u00e9l, s\u00f3lo deber\u00ed\u00ada realizarse con conciencia de esta responsabilidad, como una preparaci\u00f3n m\u00e1s o menos pr\u00f3xima al matrimonio.<\/p>\n<p>2. Una recta ordenaci\u00f3n de la s. proh\u00ed\u00adbe toda mojigater\u00ed\u00ada y todo exhibicionismo; exige una aceptaci\u00f3n del pudor. Aqu\u00ed\u00ad deber\u00ed\u00ada subrayarse de manera especial la significaci\u00f3n integral humana del pudor, que protege la esfera \u00ed\u00adntima de la persona frente a injustificadas intervenciones. Por mucho que el sentimiento del pudor pertenezca a la esencia del hombre, que peligra en su dignidad, sin embargo no se pueden determinar s\u00f3lo a partir de una base cristiana o religiosa los l\u00ed\u00admites de lo que en cada caso est\u00e1 sometido al pudor; en buena parte eso depende tambi\u00e9n de la tradici\u00f3n cultural correspondiente y de aquello que puede poner en peligro precisamente la esfera \u00ed\u00adntima de la persona. Sin caer en el desnudismo, frente a la evoluci\u00f3n que nos llega dentro de la sociedad pluralista, deber\u00e1 tomarse en consideraci\u00f3n, con las debidas precauciones, una formaci\u00f3n ordenada a un encuentro sereno con el cuerpo desnudo.<\/p>\n<p>3. En tanto la maduraci\u00f3n hacia la forma plena de la personalidad y la integraci\u00f3n de las energ\u00ed\u00adas sexuales encomendada al hombre tiene lugar lentamente y en diversas etapas, se plantea la cuesti\u00f3n de si en esta esfera, es decir, en la realizaci\u00f3n del orden sexual, hay tambi\u00e9n grados. \u00bfSe pueden se\u00f1alar tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad objetivos parciales o se debe exigir en todo momento la totalidad? En el trasfondo de esta cuesti\u00f3n se encuentra la discusi\u00f3n de si en el sexto mandamiento, en materia de impureza, puede darse tambi\u00e9n una materia levis. La moral tradicional ha negado esta cuesti\u00f3n sin una fundamentaci\u00f3n convincente. La impureza se contaba hasta ahora entre los pecados mortales, ex toto genere suo gravis, de modo que, si se realiza libre y conscientemente, jam\u00e1s admite objetivamente un pecado leve.<\/p>\n<p>En esta doctrina se expresa la experiencia de que toda actuaci\u00f3n sexual libremente buscada desarrolla un dinamismo interno que con demasiada facilidad impulsa a una satisfacci\u00f3n ego\u00ed\u00adsta-narcisista del propio instinto. La llamada \u00abdoctrina de la materia grave\u00bb procede de una \u00e9poca que todav\u00ed\u00ada no ten\u00ed\u00ada abiertos los ojos para un amor aut\u00e9nticamente personal y para el eros y la philia, y que por tanto valoraba todo encuentro er\u00f3tico s\u00f3lo en su dinamismo sexual. Sin embargo, esta doctrina, negada hoy d\u00ed\u00ada por muchos te\u00f3logos, los cuales sostienen que no todo pecado contra el sexto mandamiento es objetivamente grave, deber\u00ed\u00ada matizarse mejor en el siguiente sentido: La s. posee una importancia tan decisiva para la maduraci\u00f3n de la persona del hombre y para su integraci\u00f3n en la comunidad humana, que en principio todo desenfoque te\u00f3rico o pr\u00e1ctico de la misma arrastra consigo un desorden notable, y por eso debe valorarse objetivamente como falta grave contra la estructura del ser y de la acci\u00f3n humanos.<\/p>\n<p>Respecto de la cuesti\u00f3n de la culpa en caso de infracci\u00f3n del sexto mandamiento, deber\u00e1n tenerse en cuenta los actuales conocimientos de psicolog\u00ed\u00ada profunda, y, dada la debilitaci\u00f3n del conocimiento y de la voluntad en este campo, puede suponerse que con frecuencia se trata de una imperfectio actus. Por consiguiente, no podr\u00e1 enjuiciarse cada una de las faltas sin tener en cuenta la actitud fundamental conjunta y la orientaci\u00f3n del afectado.<\/p>\n<p>4. Han de rechazarse como modos falsos de comportamiento tanto la represi\u00f3n de la apetencia natural del placer como, por el contrario, una afirmaci\u00f3n hedonista y egoc\u00e9ntrica del sexo. Lo mismo cabe decir del comercio sexual prematrimonial; este \u00faltimo podr\u00ed\u00ada actuar como grave impedimento en el equilibrio ps\u00ed\u00adquico de los futuros consortes. Por esa raz\u00f3n, la continencia prematrimonial tiene una importancia que no debe menospreciarse para la maduraci\u00f3n de la personalidad y para su preparaci\u00f3n al matrimonio. Sin una total voluntad de vinculaci\u00f3n, no se puede asumir plenamente la responsabilidad para con el compa\u00f1ero y la eventual descendencia. Por eso, ante la radical exigencia de amor en el NT, en principio queda prohibido todo comercio sexual pre o extramatrimonial. A causa de su eminente importancia supraindividual, todas las culturas se han esforzado por una regulaci\u00f3n de lo sexual, aun cuando en diferente medida. Tanto su desvirtuaci\u00f3n funcional, como tambi\u00e9n su m\u00e1gica supravaloraci\u00f3n dentro de la sociedad actual, podr\u00ed\u00adan atajarse desde un punto de vista humano y cristiano mediante la correcta afirmaci\u00f3n personal de la s. (Weber). Sin embargo, una afirmaci\u00f3n con sentido de la s. personal presupone ya una determinada imagen del mundo y del hombre. (Cf. seguidamente en B y C: moral sexual, pedagog\u00ed\u00ada sexual.)<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:<br \/>\n1. FUENTES: Alocuciones de P\u00ed\u00ado XII., AAS 37 (1945) 284-295, 44 (1952) 779-789; Vaticano II, De Ecclesia in mundo huius temporis (1965) n. 29; Conferencia plenaria de los obispos alemanes marcando las l\u00ed\u00adneas de la pedagog\u00ed\u00ada sexual en el apostolado de la juventud (D 1964).<\/p>\n<p>2. MONOGRAF\u00ed\u008dAS: FI. Giese (dir.), Die Sexualit\u00e4t des Menschen. Handbuch der medizin. Sexualforschung (St 1955); H. Schelsky, Soziologie der Sexualit\u00e4t (H 51956); L. J. Suenens, Amour et maitrise de soi (Bru); J. Verrneire, Sexuelle Hygiene (Kasterlee); I. Lepp, Psychanalyse de 1&#8217;amour (P 1959); J. B. Metz, Christliche Anthropozentrik (Mn 1962); F. X. v. Hornstein &#8211; A. Faller (dir.), Du und ich. Ein Handbuch \u00fcber Liebe, Geschlecht und Eheleben (Mn 31963); F. E. v. Gagern, Die Zeit der geschlechtlichen Reifung (F 31964); H. Thielicke, Theol. Ethik III (T 1964) 507-590; S. Freud, Drei Abhandlungen zur Sexualtheorie (F 31965); Ch. Bourbeck (dir.), \u00abZusammen\u00bb. Beitr\u00e4ge zur Soziologie und Theologie der Geschlechter (Witten 1965); L. M. Weber, Mysterium Magnum (Fr 21965); A. Auer y otros, Der Mensch und seine Geschlechtlichkeit (W\u00fc 1967); F. Leist, Liebe, Geschlecht, Ehe (Mn 1967); M. J. Buckley, Morality and the Homosexual (Lo 1959).<\/p>\n<p>3. INVESTIGACI\u00ed\u201cN HIST\u00ed\u201cRICA: J. Fuchs, Die Sexualethik des hl. Thomas von Aquin (K\u00f6 1949); L. Brand!, Die Sexualethik des hl. Albertus Magnus (Rb 1955); D. Doherty, The Sexual Doctrine of Cardinal Cajetan (Rb 1966).<\/p>\n<p>4. ART\u00ed\u008dCULOS: A. Auer: HThG I 498-506 (bibl.); L. M. Weber: LThK2 IV 803-807; idem, Eros, Erotik: LThK2 III 1038-1041; idem, Sexus, Eros, Liebe als Problem der Jugendzeit: Anima 16 (1961) 21.29; idem, Ethische Problematik der Biotechnik und Anthropotechnik: Arzt und Christ 11 (Sa 1965) 227-234; idem, Bejahung personaler Geschlechtlichkeit: L. Prohaska, Problematik der Geschlechtserziehung (W &#8211; Mn 1966) 123-134; G. Scherer, Die Geschlechter in anthropologisch-psychologischer Sicht: Handbuch der Elternbildung, bajo la dir. de J. A. Hardegger, I (K\u00f6 1966) 225-255; J. Duss v. Werdt, Der Mann. Eine anthropologisch-gamologische Skizze: Ehe 3 (T &#8211; Berna 1966) 145-158.<\/p>\n<p>5. ESTUDIOS PASTORALES: J. M. Reu\u00df, sexualidad y amor (Herder Ba 21966); B. Stoeckle, Gottgesegneter Eros (Ettal 1962); L. Prohaska, Pedagog\u00ed\u00ada sexual (Herder Ba 31967); idem, Pedagog\u00ed\u00ada de la madurez (Herder Ba 1974); idem, Pedagog\u00ed\u00ada del encuentro (Herder Ba 21970); de Smedt, El amor conyugal (Herder Ba 21967); Tilbnann, Educaci\u00f3n de la sexualidad (Herder Ba 31968); Str\u00e4tling, Sexualidad: \u00e9tica y educaci\u00f3n (Herder Ba 1974); Trevet, La Iglesia y el sexo (Herder Ba 1967); H. Moritz, Sexualidad y educaci\u00f3n (Herder Ba 1971); W. Heinen, Werden und Reifen des Menschen in Ehe und Familie (Mr 1965); A. Heimler, Reifung und Geschlecht (Mn 1966); J. Gr\u00fcn-del, Gottgewollte Geschlechtsentfaltung: KatBl 90 (1965) 28-31; idem, Moraltheol. Erw\u00e4gungen zu den Sexualp\u00e4dagogischen Richtlinien der deutschen Bisch\u00f6fe: Bericht \u00fcber die 22. Jahrestagung der Leiter deutscher Ordensgymnasien (Bigge 1966) 6-24; idem, Leib, Geschlechtlichkeit und Geschlechtserziehung: Pastorales Forum 4 (Mn 1967) fasc. 2, 12-31 E. Ell &#8211; H. Klomps, Jugend vor der Ehe (Limburg 1967); F. B\u00f6ckle &#8211; J. K\u00e4hne, Geschlechtliche Beziehungen vor der Ehe. Probleme der prakt. Theologie, V (Mz 1967); Lestapis, La pareja humana (Herder Ba 1971); P. Chauchard, Voluntad y sexualidad (Herder Ba 1971); Celap, Sexualidad y moral cristiana (Herder Ba 1972); A. Alsteens, La masturbaci\u00f3n en los adolescentes (Herder Ba 1972).<\/p>\n<p>Johannes Gr\u00fcndel<br \/>\nB) MORAL SEXUAL<br \/>\nLa moral sexual se entiende como parte de la \u00e9tica cristiana y de la teolog\u00ed\u00ada moral; intenta mostrar el sentido, la finalidad y el cometido de la s., as\u00ed\u00ad como la relevancia moral de las relaciones entre hombres, en cuanto \u00e9stas ata\u00f1en a los hombres como seres sexuales y tienen un car\u00e1cter er\u00f3tico-sexual. Sin embargo, la s. no se puede comprender correctamente a partir de un sentido utilitario, sino s\u00f3lo a partir de una valoraci\u00f3n personal del hombre y de sus relaciones. Por ello tambi\u00e9n la moral sexual est\u00e1 ligada a la doctrina moral cristiana como un todo, y no deber\u00ed\u00ada desligarse de ella como parte independiente.<\/p>\n<p>1. La tradicional moral sexual cristiana.<\/p>\n<p>Esta se basaba ampliamente en una visi\u00f3n estrecha de la s., la cual se caracterizaba por el predominio del aspecto funcional. La s. fue valorada preferentemente, y en algunas \u00e9pocas exclusivamente, desde el punto de vista de la procreaci\u00f3n. Por ello el -> matrimonio aparece aqu\u00ed\u00ad como el lugar leg\u00ed\u00adtimo para el ejercicio de la s., porque en \u00e9l la finalidad que le da sentido (la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de la prole) queda garantizada al m\u00e1ximo. Para los restantes \u00e1mbitos fuera del matrimonio, s\u00f3lo prohibiciones y la inculcaci\u00f3n de la continencia determinaban la conducta sexual del hombre.<\/p>\n<p>En esta interpretaci\u00f3n de la s. humana late un planteamiento biol\u00f3gico unilateral, el cual &#8211; con la influencia de corrientes extracristianas, principalmente de concepciones estoicas y romanas del derecho natural &#8211; quisiera deducir la norma para los hombres a partir de la conducta sexual de los animales, que est\u00e1 ligada a los tiempos de celo. Adem\u00e1s de esto, tesis gn\u00f3stico-maniqueas y una infravaloraci\u00f3n, debida al estoicismo, del placer y del apetito sexuales, influyen (ora subrepticia, ora abiertamente) en una moral entendida como cristiana. Aunque Agust\u00ed\u00adn destaca la bondad natural y la santidad del matrimonio, fundamentada en Dios, sin embargo, es \u00e9l quien pone los cimientos teol\u00f3gicos de un pesimismo sexual que ha perdurado durante siglos. Bajo la influencia de cristianos judaizantes se dio entrada en la moral sexual incluso a prescripciones cultuales de purificaci\u00f3n procedentes del AT. M\u00e1s tarde, la estructura fisiol\u00f3gica o la \u00abnaturaleza\u00bb del acto conyugal se convirti\u00f3 en l\u00ed\u00adnea directiva para la reglamentaci\u00f3n moral de la conducta sexual. Incluso cuando se intent\u00f3 formular otras \u00abfinalidades del matrimonio\u00bb y se vio en \u00e9l \u00abun medio curativo contra el apetito\u00bb, no obstante, la base biol\u00f3gica con la teor\u00ed\u00ada de la procreaci\u00f3n no ofreci\u00f3 ninguna posibilidad de ver la s. humana en su valor propio, en su car\u00e1cter de signo y expresi\u00f3n del amor y afecto humanos, y en su radicaci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>Una supravaloraci\u00f3n &#8211; predominante hasta el s. xix &#8211; del semen masculino en el sentido de la biolog\u00ed\u00ada griega, que ignoraba todav\u00ed\u00ada la ovulaci\u00f3n de la mujer y ve\u00ed\u00ada ya en el esperma al hombre total, llev\u00f3 tambi\u00e9n a que cualquier forma de desperdicio del semen masculino no utilizado para la procreaci\u00f3n, si ello se hac\u00ed\u00ada voluntariamente, fuera tenida como algo muy pr\u00f3ximo al asesinato. Era significativo que &#8211; apoy\u00e1ndose en la autoridad de Agust\u00ed\u00adn &#8211; se adujera como \u00abprueba b\u00ed\u00adblica\u00bb el relato de G\u00e9n 38, 8ss, seg\u00fan la cual On\u00e1n no cumpli\u00f3 su obligaci\u00f3n seg\u00fan la ley del levirato y fue castigado por Dios con la muerte porque hab\u00ed\u00ada frustrado la concepci\u00f3n. Aqu\u00ed\u00ad pas\u00f3 desapercibido que el m\u00f3vil del matrimonio veterotestamentario entre cu\u00f1ados era de tipo mesi\u00e1nico, y que el motivo del castigo de On\u00e1n no fue su conducta sexual. El concepto (usual hasta nuestros d\u00ed\u00adas) de onanismo, que designa el coitus interruptus o tambi\u00e9n la masturbaci\u00f3n, recuerda todav\u00ed\u00ada esta falsa interpretaci\u00f3n del citado texto b\u00ed\u00adblico.<\/p>\n<p>En cuanto en la moral sexual del pasado hallaron entrada tales influencias extracristianas, las cuales condujeron a una falsificaci\u00f3n de la \u00e9tica cristiana, parece obvio que se exija una revisi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de la tradici\u00f3n anterior. Pero, al mismo tiempo, tambi\u00e9n las cuestiones acerca del contenido y finalidad que dan sentido a la conducta sexual deben responderse nuevamente en la actualidad desde una concepci\u00f3n cristiana; y han de buscarse nuevas im\u00e1genes directivas para la conducta correcta en el \u00e1mbito de la s., as\u00ed\u00ad como para el matrimonio. Estas im\u00e1genes habr\u00e1n de estar determinadas por las condiciones de una -> libertad cristiana correctamente entendida; a lo cual debe unirse la aceptaci\u00f3n y configuraci\u00f3n de la s. propia, as\u00ed\u00ad como la aceptaci\u00f3n responsable de tales relaciones interhumanas, a partir del esp\u00ed\u00adritu del amor cristiano. El cristiano rechazar\u00e1, en el \u00e1mbito de lo sexual, cualquier difamaci\u00f3n del eros y del placer sensual, cualquier ascetismo falso o t\u00e1ctica de mera represi\u00f3n, pero rechazar\u00e1 igualmente cualquier idolatr\u00ed\u00ada parcial del eros y del placer en el sentido de un hedonismo.<\/p>\n<p>2. La \u00abrevoluci\u00f3n sexual\u00bb<br \/>\nEste concepto insin\u00faa el colosal derrumbamiento que se produce en nuestra \u00e9poca. Ese fen\u00f3meno no consiste solamente en que, como reacci\u00f3n contra una moral sexual tradicional y cristiana, la cual ya no convence, se supriman normas superadas y se destruyan tab\u00faes. Otros deberes m\u00e1s importantes centran m\u00e1s intensamente la atenci\u00f3n del hombre, as\u00ed\u00ad, p. ej., la repulsa contra una falsa represi\u00f3n de la s. y la exigencia de una personalizaci\u00f3n aut\u00e9ntica en las relaciones sexuales.<\/p>\n<p>De todos modos, por \u00abrevoluci\u00f3n sexual\u00bb tambi\u00e9n se entiende a veces la concepci\u00f3n de aquellos ide\u00f3logos que, en un optimismo propiamente ingenuo, glorifican el placer y esperan de una satisfacci\u00f3n sin trabas de las tendencias la supresi\u00f3n de toda agresi\u00f3n y una plenitud de la vida humana. A. Kinsley, y en su seguimiento algunos bi\u00f3logos y soci\u00f3logos que, frente a una coacci\u00f3n por parte de la norma, se hacen a s\u00ed\u00ad mismos abogados de un realismo sexual, por la supresi\u00f3n de la diferencia entre la escala de normas y la conducta f\u00e1ctica del hombre tienden a una eliminaci\u00f3n de la tensi\u00f3n sexual, con la esperanza de reducir as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n los conflictos sociales.<\/p>\n<p>All\u00ed\u00ad donde una \u00abrevoluci\u00f3n sexual\u00bb as\u00ed\u00ad entendida desgaja la s. de la unidad espiritual-corporal de la persona y la deja a la arbitrariedad y al gusto de cada uno, a sus deseos y a la felicidad de un instante, ya no se puede hablar de moral sexual, sino m\u00e1s bien de un amoralismo. Una promiscuidad sexual sin elecci\u00f3n, que rechaza cualquier l\u00ed\u00admite y ordenaci\u00f3n, que conduce a una despersonalizaci\u00f3n en la cual la actividad sexual es equiparada simplemente a las necesidades de comer y de beber, y que no considera para nada la realidad del encuentro personal, convierte la s. en oferta de un producto de consumo. El comercio sexual es ejercido entonces simplemente para la satisfacci\u00f3n y para el placer. Pero all\u00ed\u00ad donde la s. se degrada hasta la condici\u00f3n de simple medio de placer, se destruye la unidad de sexo y cros y con ello se pierde tambi\u00e9n el sentido de la conducta humana, p\u00e9rdida que puede conducir a una brutalizaci\u00f3n alarmante de la s. en nuestra sociedad. Cualquier deshumanizaci\u00f3n de este tipo en el campo sexual, hace al hombre incapaz para lazos personales aut\u00e9nticos, para un amor plenamente humano, lo incapacita para el matrimonio; con ello el hombre se convierte en un factor importante de la deshumanizaci\u00f3n de la sociedad (Wendland).<\/p>\n<p>A la revoluci\u00f3n sexual no hay que oponerse con prescripciones morales, sino con una nueva comprensi\u00f3n del matrimonio y del amor personal. Adem\u00e1s, el cristiano deber\u00e1 determinar a partir de la revelaci\u00f3n su imagen del hombre y su comprensi\u00f3n del amor.<\/p>\n<p>3. Sentido y fin de la sexualidad humana<br \/>\nSobre la necesidad de una configuraci\u00f3n y direcci\u00f3n de los impulsos sexuales reina amplio consentimiento, pero no puede decirse lo mismo sobre los criterios por los que deben lograrse las orientaciones de la moral sexual. El elemento moralizador respecto de la s. no puede enfocarse satisfactoriamente ni sobre una base meramente biol\u00f3gica o sobre una tendencia a la mera evoluci\u00f3n biol\u00f3gica, ni mediante modelos de conducta dados previamente, ni partiendo de una naturaleza humana concebida en forma puramente abstracta; m\u00e1s bien, debe enfocarse a partir de las relaciones personales, sociales y antropol\u00f3gicas. Lo mismo que la pedagog\u00ed\u00ada sexual (cf. luego en C), tambi\u00e9n la moral sexual presupone una visi\u00f3n de conjunto del -> sentido y fin del -> hombre y de su s. A esta cuesti\u00f3n del sentido est\u00e1 ligada la pregunta sobre la esencia y la dignidad del hombre, sobre la significaci\u00f3n de la -> persona y del conjunto de sus obligaciones. El cristiano no puede contestar a estas cuestiones sin las verdades de fe reveladas.<\/p>\n<p>Una interpretaci\u00f3n del sentido de la s. humana tambi\u00e9n atender\u00e1 de lleno a los conocimientos nuevos de las ciencias emp\u00ed\u00adricas, especialmente a la investigaci\u00f3n de la conducta, as\u00ed\u00ad como a las coincidencias y diferencias entre la s. humana y la animal. Precisamente las peculiaridades cualificadas de la s. humana: s. permanente, que no se reduce a ciertos momentos de celo, la posibilidad de un aislamiento del placer sexual respecto de la procreaci\u00f3n, la reducci\u00f3n del instinto y de la inseguridad del hombre, y el exceso de tendencia sexual que se relaciona con todo ello; para una convivencia humanamente digna exigen un control org\u00e1nico de las elevadas energ\u00ed\u00adas sexuales. Hacen obvias la configuraci\u00f3n y la ordenaci\u00f3n institucionales de las relaciones sexuales. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad se expresa la necesidad de cultura que tiene el hombre.<\/p>\n<p>El criterio y fin de la moral no puede buscarse en la acci\u00f3n de la naturaleza, como pretend\u00ed\u00ada una moral sexual ya superada; la tarea del hombre no es la neutralizaci\u00f3n, sino la humanizaci\u00f3n de lo sexual. Por ello lo sexual no puede ni debe convenirse en mero medio de satisfacci\u00f3n de un impulso, o en un estupefaciente del que f\u00e1cilmente se puede disponer. Lo sexual remite al hombre m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed\u00ad mismo. En cuanto la s. se inserta en una ordenaci\u00f3n con sentido de la convivencia humana, en cuanto al mismo tiempo ve su responsabilidad ante los hombres, ante la sociedad y ante el futuro, se logra tambi\u00e9n su \u00abhumanizaci\u00f3n\u00bb. S\u00f3lo la liberaci\u00f3n del hombre de su yo aislado hacia el todo posibilita el recto desarrollo del mismo.<\/p>\n<p>El hombre en su relaci\u00f3n dialog\u00ed\u00adstica, tal como le ve tambi\u00e9n la revelaci\u00f3n, nunca puede actualizar la s. en una valoraci\u00f3n puramente egoc\u00e9ntrica, sino s\u00f3lo orient\u00e1ndola al sentido que le da su referencia a otro. El otro es presupuesto necesario para el desarrollo de la propia persona y para la realizaci\u00f3n del propio ser. La s. proporciona al hombre la capacidad de ponerse a disposici\u00f3n y de permitir que la pareja de sexo contrario disponga sobre \u00e9l. \u00abEl fin de la s. es conducir, por medio de esta comunicaci\u00f3n, la propia persona y tambi\u00e9n la del otro a la perfecci\u00f3n m\u00e1s alta posible. All\u00ed\u00ad donde esa disposici\u00f3n no est\u00e1 orientada a la totalidad de la persona del otro hay una carencia en la estructura sexual de la persona\u00bb (K. Ruf). Por consiguiente, la aceptaci\u00f3n y la entrega exclusivas son presupuestos para la actualizaci\u00f3n de la s. con su sentido pleno.<\/p>\n<p>4. La relaci\u00f3n social de la sexualidad<br \/>\nLa s. es expresi\u00f3n de la referencia a otro; el hombre s\u00f3lo puede realizar su existencia propia en la experiencia del otro y en su aceptaci\u00f3n. Sexo y eros no son puramente individuales y personales, sino que tienen a la vez el car\u00e1cter de lo p\u00fablico y de lo \u00ed\u00adntimo. Por esto lo sexual en ninguna sociedad se ha dejado a la pura voluntad privada, sino que ha estado siempre sujeto a una norma nocial. La moral sexual tambi\u00e9n es siempre moral social, pues la conducta sexual tiene sus presupuestos y condicionamientos en la sociedad y en los cambios de la misma, y as\u00ed\u00ad exige que se tenga en cuenta la importancia de la comunidad.<\/p>\n<p>Toda configuraci\u00f3n aut\u00e9ntica de las fuerzas sexuales y su sublimaci\u00f3n conducen auna cierta desexualizaci\u00f3n y socializaci\u00f3n de los impulsos instintivos. Sin esto la capacidad de amor que tiene el hombre cae en el riesgo de quedar fijada en un narcisismo, o de ser destruida por los impulsos aut\u00f3nomos de la s. Ni una represi\u00f3n desorientada de los impulsos sexuales ni una satisfacci\u00f3n a la ligera de los mismos conduce a su maduraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si la s. no se toma en serio seg\u00fan su radicaci\u00f3n personal y su referencia social, si el comportamiento con la pareja se orienta s\u00f3lo a un aspecto funcional &#8211; p. ej., la procreaci\u00f3n o el placer -, entonces se produce una perversi\u00f3n de la facultad sexual. Con lo cual el sentido que \u00e9sta entra\u00f1a no puede llegar a su pleno desarrollo.<\/p>\n<p>5. Fundamentaci\u00f3n de las normas de la moral sexual<br \/>\nHoy est\u00e1 en primer piano del inter\u00e9s de la moral sexual la cuesti\u00f3n del m\u00e9todo de fundamentaci\u00f3n antropol\u00f3gica y teol\u00f3gica de sus normas. La etnolog\u00ed\u00ada ha puesto de relieve los contenidos, condicionados por la cultura, de cada sistema de normas y su relatividad; el hombre moderno ya no acepta sin m\u00e1s las normas morales que le da una autoridad o una comunidad, sino que pregunta por su legitimaci\u00f3n. Precisamente en el \u00e1mbito de la s. se siente cohibido por un n\u00famero excesivo de normas que, en parte, llegan a ser ajenas al objeto. Por otro lado, los estudios sociol\u00f3gicos y antropol\u00f3gico-culturales acent\u00faan ampliamente la necesidad fundamental de normas humanas de conducta para el gobierno y la descarga de las fuerzas instintivas previamente dadas y para asegurar la libertad. Este cometido es y fue desempe\u00f1ado tambi\u00e9n hasta ahora por el orden social; pero aqu\u00ed\u00ad hemos de advertir que las concepciones vigentes de valor, las leyes morales y jur\u00ed\u00addicas son siempre expresi\u00f3n de un orden que en cada caso ha de revisarse siempre de nuevo. Estas leyes son el resultado de una experiencia y de una regulaci\u00f3n hechas por los grupos, y permanecen siempre absolutamente condicionadas por el tiempo.<\/p>\n<p>Tampoco una moral sexual cristiana puede derivar simplemente un sistema absoluto e invariable de normas morales concretas a partir de la revelaci\u00f3n del NT proclamada por la Iglesia como su fuente principal de moralidad; m\u00e1s bien, comprobando constantemente sus orientaciones en la revelaci\u00f3n, intentar\u00e1 insertar los \u00f3rdenes de vida relativos a la s. en las relaciones personales. La cuesti\u00f3n del sentido y fin de la vida y de la s. desde una perspectiva cristiana, es tema que debe someterse a reflexi\u00f3n y responderse siempre de nuevo. Aqu\u00ed\u00ad tienen su puesto aquellas afirmaciones que se derivan de la estructura fundamental del ser y de la conducta humana o de la naturaleza del hombre; en relaci\u00f3n con lo cual debe notarse que hoy, ante la nueva visi\u00f3n din\u00e1mica e hist\u00f3rica que la teolog\u00ed\u00ada tiene del derecho natural, \u00e9ste no puede concebirse como una estructura fija de orden, sino que ha de entenderse como una dimensi\u00f3n condicionada por el tiempo.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, tambi\u00e9n deben tenerse en cuenta los conocimientos de las ciencias emp\u00ed\u00adricas, en cuanto \u00e9stos son moralmente relevantes, as\u00ed\u00ad como la experiencia concreta del hombre que obra moralmente. Las normas e instrucciones de una moral sexual, no pueden, pues, lograrse ni de un modo puramente deductivo ni de un modo meramente inductivo, sino que han de sacarse de la dial\u00e9ctica constante entre ambos m\u00e9todos.<\/p>\n<p>Ahora bien, quien se satisface con la moral vivida y adopta como regla \u00abla fuerza normativa de los hechos\u00bb, en \u00faltimo t\u00e9rmino renuncia a establecer una finalidad para la moral sexual y a una aut\u00e9ntica educaci\u00f3n del hombre. Ignora que el hombre tiene plenamente la capacidad y misi\u00f3n de configurar activamente su propio desarrollo. Deben tenerse en cuenta tanto la realidad o facticidad de lo dado como lo posible y necesario. Sin embargo, se examinar\u00e1 la conducta f\u00e1ctica a la luz de sus contenidos normativos; y cuando aqu\u00e9lla es expresi\u00f3n de una convicci\u00f3n \u00ed\u00adntima, resultado de una \u00e9tica, no puede ignorarse simplemente, sino que ha de verse como expresi\u00f3n &#8211; a veces deficiente &#8211; de un inter\u00e9s justificado. Desde este punto de vista, tambi\u00e9n las estad\u00ed\u00adsticas tienen cierta importancia para el campo normativo.<\/p>\n<p>6. El mandato cristiano del amor<br \/>\nLa vigencia universal del mandato del amor tambi\u00e9n y precisamente en el \u00e1mbito de la moral sexual permanece fuera de toda discusi\u00f3n. La problem\u00e1tica est\u00e1 solamente en llenar su contenido. En el amor &#8211; que se entrega y redime &#8211; de Dios al hombre por Jesucristo, la revelaci\u00f3n del NT ofrece un modelo o prototipo de agape, que debe ser para los cristianos un ejemplar y canon de todo amor entre los hombres. Sexo y eros encuentran en el agape su integraci\u00f3n y su sentido personal y religioso. Los testimonios de la revelaci\u00f3n proclaman que el amor humano por esencia debe tener rasgos altruistas.<\/p>\n<p>Por esto en el cristianismo un amor egoc\u00e9ntrico y narcisista recibe una condenaci\u00f3n radical. Todo amor er\u00f3tico y sexual, tras el cual no se halle la persona entera y que, por tanto, no est\u00e9 dispuesto a aceptar los deberes y la responsabilidad, no se puede entender como verdadero amor. El cristiano deber\u00e1 medir una y otra vez en el radicalismo de la comprensi\u00f3n cristiana del amor su referencia al otro y las exigencias que se plantean a su amor.<\/p>\n<p>Para el cristiano se abre un sentido todav\u00ed\u00ada m\u00e1s profundo, un aspecto teol\u00f3gico-salv\u00ed\u00adfico de la s. por el hecho de que el hombre espera del otro la configuraci\u00f3n de su propia persona y, para esta finalidad, se une exclusiva e irrevocablemente con su pareja en el sentido de una comunidad de vida y de destino. Con esto \u00e9l crea el presupuesto para la eficacia de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Cristo. En el matrimonio una parte se hace para la otra mediadora de la salvaci\u00f3n. Por esto la s. nunca tiene un valor por s\u00ed\u00ad misma, sino que lo recibe solamente por el hecho de que se convierte en expresi\u00f3n de la voluntad entera del hombre.<\/p>\n<p>Desde una perspectiva escatol\u00f3gica la s. y el matrimonio en cierto modo resultan relativos para el cristiano, pues \u00aben la resurrecci\u00f3n de los muertos ni los hombres se casar\u00e1n ni las mujeres ser\u00e1n dadas en matrimonio\u00bb (Mc 12, 25). Precisamente esta distancia escatol\u00f3gica lleva al hecho de que en el cristianismo tiene sentido y ha de tener su puesto la decisi\u00f3n de no casarse, fundamentada en la libertad y en el carisma; esa decisi\u00f3n adquiere formas especiales en la -> virginidad y el -> celibato.<\/p>\n<p>Pero el radicalismo de las exigencias del amor cristiano aparece excesivo en casos particulares si a la vez no se tiene en cuenta su car\u00e1cter de don, as\u00ed\u00ad como su momento de perd\u00f3n y de gracia. El hombre ha de aceptar que se le regalen muchas cosas; en la fe adquirir\u00e1 certeza del perd\u00f3n de su conducta errada, por la que deja de llegar a su fin. El pensamiento del perd\u00f3n (cf. Jn 8, 1-11) y de la gracia constituye el env\u00e9s de las altas exigencias morales del amor cristiano, que con ello ya no son excesivas, ni producen efectos neur\u00f3ticos, sino que, m\u00e1s bien, tienen un efecto liberador. Por mucho que en el transcurso del tiempo la moral sexual realice siempre una adaptaci\u00f3n a las normas sexuales, sin embargo, permanece siempre confrontada con el evangelio, que le sirve de norma cr\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>7. La actitud moral de base<br \/>\nLa disposici\u00f3n del hombre a afirmar su s. y aceptar su papel sexual espec\u00ed\u00adfico, as\u00ed\u00ad como a reconocer los impulsos sexuales en su car\u00e1cter \u00ed\u00adntegramente personal y social y a ordenarlos en el conjunto de su vida y de sus relaciones, es caracterizada en la tradici\u00f3n como castidad. Hoy, sin embargo, este concepto ha perdido ampliamente el contenido positivo de su valor. Castidad no equivale a lo que se llama \u00abpureza\u00bb o continencia, sino que es \u00abla tendencia a una ordenaci\u00f3n y configuraci\u00f3n correctas de las fuerzas sexuales al servicio de las relaciones humanas\u00bb. El fin de la castidad est\u00e1 en la capacidad de amor personal bajo la modalidad espec\u00ed\u00adfica del sexo y tambi\u00e9n en la preparaci\u00f3n del hombre para el matrimonio. S\u00f3lo est\u00e1 capacitado para el matrimonio el que es capaz de amor en un sentido total.<\/p>\n<p>En cuanto la s. no es un sistema aut\u00f3nomo dentro de la totalidad de la persona sino que constituye una condici\u00f3n fundamental del ser humano, es funesta no s\u00f3lo una infravaloraci\u00f3n o negaci\u00f3n de la misma, sino tambi\u00e9n cualquier exageraci\u00f3n o aislamiento del sexo, o sea, una imagen del hombre que destaque tanto el \u00e1mbito biol\u00f3gico-animal a costa de la configuraci\u00f3n espiritual-personal, que el hombre sea considerado \u00fanicamente como ser sexual. Precisamente una actitud fundamental de este tipo ser\u00ed\u00ada deshonesta, pues una valoraci\u00f3n puramente funcional de las fuerzas sexuales lleva pronto a la exigencia de un derecho a gozar solitariamente de la s., a la v\u00e1lvula de escape de la satisfacci\u00f3n exigida por la tendencia, a probar y ejercitar la actividad sexual y a gustar el placer sexual hasta el hast\u00ed\u00ado. En tal emancipaci\u00f3n de la tendencia sexual la pareja queda f\u00e1cilmente degradada a la condici\u00f3n de objeto de los deseos propios, aunque finalmente se intenta evitar conflictos mayores por medio de reglas de conducta meramente externas, p. ej.: No debes herir los sentimientos del otro; o bien, \u00abjam\u00e1s debes engendrar un ni\u00f1o no deseado\u00bb (A. Comfort).<\/p>\n<p>La impureza no debe ser descrita de un modo funcional como \u00ababuso\u00bb de la capacidad sexual. La impureza indica aquella actitud que no est\u00e1 dispuesta a reconocer la s. en su radicaci\u00f3n \u00ed\u00adntegramente personal y a ordenarla con sentido en el todo de la vida, aun cuando esa actitud durante mucho tiempo no haya llevado al abuso de las fuerzas sexuales. Tambi\u00e9n una consideraci\u00f3n de la s. unilateralmente biol\u00f3gica y libre de valoraci\u00f3n deber\u00ed\u00ada tenerse por impura cuando pretende ser el enfoque exclusivo.<\/p>\n<p>Sin embargo, si hay una actitud fundamental correcta y, aun cuando se presenten fracasos particulares, se tiende renovadamente a ella, entonces se puede hablar de un hombre casto, pues la virtud s\u00f3lo se pierde por un abandono total del fin, es decir, de la orientaci\u00f3n de base.<\/p>\n<p>8. Veracidad en la conducta particular<br \/>\nEn las relaciones sexuales se exige ante todo veracidad. La sinceridad exige que cada parte no se defraude a s\u00ed\u00ad misma ni a la otra, que no \u00abponga en juego esperanzas o afirmaciones falsas\u00bb (Trillhaas). Quien, apelando a la naturalidad, quiere dejarse v\u00ed\u00ada libre para un ejercicio desenfrenado de sus pasiones e impulsos, no se toma en serio ni a s\u00ed\u00ad mismo ni a su pareja como aut\u00e9ntica persona humana.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad deber\u00ed\u00ada atenderse tambi\u00e9n al car\u00e1cter de signo del comportamiento sexual. Este recibe su sentido de la significaci\u00f3n que se da al signo particular. Ciertamente la funci\u00f3n de los signos particulares cambiar\u00ed\u00ada seg\u00fan la costumbre y la manera individual de sentir; pero, no obstante, la forma suprema de uni\u00f3n corporal, el contacto sexual, deber\u00ed\u00ada tambi\u00e9n permanecer expresi\u00f3n de la suprema forma de uni\u00f3n personal humanamente posible. Y \u00e9sta s\u00f3lo queda garantizada si tiene como fundamento que la asegura la voluntad mutua de vinculaci\u00f3n en ambas partes. Y as\u00ed\u00ad es condici\u00f3n fundamental de la entrega sexual, la total e irrevocable aceptaci\u00f3n de la pareja como persona.<\/p>\n<p>La experiencia corporal de placer brota de la experiencia m\u00e1s profunda de la intimidad en la comunidad de vida; tiene un car\u00e1cter ext\u00e1tico. La finalidad y la expresi\u00f3n de la plenitud de la s. humana no es el m\u00e1ximo placer posible en el orgasmo, sino la experiencia de la intimidad de dos seres humanos. Por cuanto la vivencia de felicidad tiene un car\u00e1cter moment\u00e1neo y en el plano del cuerpo desaparece m\u00e1s r\u00e1pidamente que en la experiencia espiritual, la s. tiende a la repetici\u00f3n. El signo quiere ser puesto siempre de nuevo, pero s\u00f3lo garantiza un presentimiento de la plenitud definitiva, que permanece siempre una promesa para las dos partes. Si la s. se cuenta entre los elementos de la estructura de la persona humana, entonces el contenido \u00faltimo de su sentido no se llena s\u00f3lo por una vivencia de placer experimentada corporalmente, ni tampoco por una transitoria armon\u00ed\u00ada personal en el sentido de una comprensi\u00f3n amorosa, sino en cuanto el impulso sexual queda vinculado a la voluntad de obligarse mutuamente, a la com\u00fan responsabilidad mutua, y a la forma acu\u00f1ada por el agape de un amor que se entrega.<\/p>\n<p>Incluso cuando la pareja en principio est\u00e1 de acuerdo con una entrega sexual sin compromisos, en forma de un comercio carnal pre o extramatrimonial, con todo \u00e9ste contradice al contenido que de suyo expresa ese acto. No se puede dudar de que muchas personas en su entrega sexual no reconocen la singularidad inconfundible del t\u00fa y no tienen la experiencia de la pertenencia y vinculaci\u00f3n mutuas, sencillamente porque en virtud de sus intereses ego\u00ed\u00adstas no poseen la apertura y la atenci\u00f3n exigidas para un amor aut\u00e9nticamente referido al t\u00fa. El deseo de pertenecer a la pareja \u00abpara siempre y eternamente\u00bb no se realiza ah\u00ed\u00ad en modo alguno.<\/p>\n<p>Ahora bien, sin una voluntad total de uni\u00f3n no se puede asumir una responsabilidad plena para con el c\u00f3nyuge ni para con la prole que eventualmente pueda proceder de este amor. Entonces la entrega se convierte f\u00e1cilmente en una p\u00e9rdida de s\u00ed\u00ad misma. Si el acto sexual debe ser signo del amor y de la total entrega mutua, en consecuencia detr\u00e1s de \u00e9l debe estar necesariamente toda la persona con su conocimiento y voluntad. Ante la exigencia radical de amor que hay en el NT, todo comercio carnalpre o extramatrimonial es falso y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, irresponsable (F. B\u00f6ckle). La significaci\u00f3n de la s. para toda la humanidad y la responsabilidad social hacen que tambi\u00e9n la sociedad tenga un derecho de intervenci\u00f3n en la regulaci\u00f3n del matrimonio y en el acto de contraerlo. A este respecto el comienzo del matrimonio no siempre podr\u00e1 fijarse en forma puramente jur\u00ed\u00addica.<\/p>\n<p>En cuanto toda persona sana y corporalmente madura est\u00e1 incluida en el campo de fuerzas de la s., se plantea para la moral sexual la cuesti\u00f3n de si y hasta qu\u00e9 punto hay ciertos grados de ejercitaci\u00f3n en la experiencia de la propia s., los cuales, aunque sean distintos para cada individuo, puedan, sin embargo, ser valorados como grados transitorios para la persona que va madurando. Cabe preguntar adem\u00e1s qu\u00e9 formas de relaciones sexuales tienen sentido en el camino hacia el matrimonio y, por ello, son moralmente l\u00ed\u00adcitas. Por lo que se refiere a la valoraci\u00f3n de los est\u00ed\u00admulos sexuales sobre una base heterosexual, tal como \u00e9stos se presentan en los juegos estimulantes, la pregunta por su sentido y licitud no se puede contestar mediante una casu\u00ed\u00adstica perfilada. Si el necking y el petting (besarse y acariciarse) se entienden en sentido amplio, no apuntando meramente a una satisfacci\u00f3n sexual, sino como examen de la disposici\u00f3n er\u00f3tica de la otra parte y como prueba de amor, no se pueden rechazar de antemano y globalmente. Por m\u00e1s que sea propio de los j\u00f3venes acumular experiencia, sin embargo, no puede pasarse por alto la cuesti\u00f3n del sentido y de la finalidad.<\/p>\n<p>Para el comportamiento prematrimonial puede establecerse como principio: en tanto tiene sentido y es l\u00ed\u00adcita la expresi\u00f3n corporal del amor, tambi\u00e9n la de \u00ed\u00adndole er\u00f3tica y sexual, en cuanto existe la disposici\u00f3n interna a dar. Hay distintos grados de vinculaci\u00f3n entre dos personas, desde la amistad inestable, a trav\u00e9s de la amistad para siempre, hasta aquel amor temporalmente ilimitado que es la caracter\u00ed\u00adstica del amor matrimonial. El saber sobre el propio enga\u00f1o, sobre la proyecci\u00f3n del tipo de alma o de \u00e1nimo; exige la correspondiente autocr\u00ed\u00adtica y la apertura para el consejo de otros. La ordenaci\u00f3n correcta y la configuraci\u00f3n de la s. es para la persona humana un cometido de toda su vida; aqu\u00ed\u00ad la moral sexual s\u00f3lo puede mostrar el fin hacia el cual el hombre ha sido enviado y puesto en camino. Y as\u00ed\u00ad pueden muy bien darse ciertos grados de desarrollo y de maduraci\u00f3n.<\/p>\n<p>9. Conductas err\u00f3neas<br \/>\nPuesto que la s. es expresi\u00f3n esencial de la orientaci\u00f3n y vinculaci\u00f3n personales del hombre, toda actividad sexual que se busca s\u00f3lo por s\u00ed\u00ad misma y no llega a una vinculaci\u00f3n corporal-espiritual, yerra su sentido pleno. Y as\u00ed\u00ad se traduce en un enunciado parcial e incluso falso. El valor moral de tal acci\u00f3n se mide por el valor personal del ser que en ella se presenta. Una moral sexual que en la s. ve solamente las funciones del placer y de la propagaci\u00f3n (as\u00ed\u00ad H. Kentler), ha abandonado la radicaci\u00f3n personal de la s. y cae en una valoraci\u00f3n apersonal y aislada de las fuerzas del est\u00ed\u00admulo sexual. Todo egocentrismo y narcisismo que valora la otra parte solamente como objeto del ego\u00ed\u00adsmo propio o que no ve la propia s. en su referencia social, es una conducta err\u00f3nea.<\/p>\n<p>Para la educaci\u00f3n no se deber\u00ed\u00ada proponer una imagen ideal est\u00e1tica, sino que habr\u00ed\u00ada de tenerse en cuenta c\u00f3mo se da necesariamente un desarrollo, y c\u00f3mo el hombre conoce estadios en los que la integraci\u00f3n sexual tiene todav\u00ed\u00ada el car\u00e1cter de lo imperfecto, de lo no logrado y configurado totalmente. Adem\u00e1s, una conducta deficiente no se valorar\u00e1 \u00fanicamente por s\u00ed\u00ad sola, sino que aqu\u00ed\u00ad se atender\u00e1 a la historia de la vida de cada uno, a toda su actitud y orientaci\u00f3n fundamental. Para los j\u00f3venes hay grados transitorios de conducta sexual, los cuales deben ser aceptados y elaborados correctamente. En todo caso no pueden ignorarse la tendencia a la repetici\u00f3n y el peligro de acostumbrarse a una falsa conducta sexual y quedarse fijado en ella.<\/p>\n<p>Precisamente en los a\u00f1os de desarrollo la capacidad de amor del joven corre el peligro de quedarse fijada en un narcisismo o de ser destruida totalmente por las fuerzas aut\u00f3nomas del impulso sexual. Ni una represi\u00f3n ciega de las fuerzas sexuales ni una satisfacci\u00f3n ingenuamente aceptada de las mismas sirven a la maduraci\u00f3n humana. La masturbaci\u00f3n, que es una forma (muy extendida entre los j\u00f3venes) de satisfacci\u00f3n sexual extramatrimonial, en buena parte debe considerarse como fase transitoria de un desarrollo sexual o como distensi\u00f3n en una atm\u00f3sfera de excitaci\u00f3n. Excepto el caso en que se trate de una fijaci\u00f3n neur\u00f3tica, hay que guardarse de dramatizaciones. Sin embargo, no es una forma correcta y plenamente v\u00e1lida de actividad sexual, y por ello no puede aprobarse simplemente.<\/p>\n<p>El fen\u00f3meno de la homosexualidad hoy ya no puede abordarse en forma puramente negativa e indiferenciada. El trato con personas homosexuales exige una soluci\u00f3n \u00abpastoral\u00bb adecuada. La llamada de la moral se estrella precisamente en los homosexuales, si bien \u00abgran parte de ellos lo son voluntariamente y, dentro de sus l\u00ed\u00admites, son tambi\u00e9n capaces de buscar uniones duraderas y \u00abtotales\u00bb lo mismo que las personas \u00abnormales\u00bb\u00bb (H. Ringeling). No hay duda de que Pablo rechaz\u00f3 la homosexualidad como s\u00ed\u00adntoma del pecado original del hombre, en correspondencia con su valoraci\u00f3n de la pederastia coet\u00e1nea como signo de depravaci\u00f3n y decadencia. Pero all\u00ed\u00ad donde hoy la homosexualidad se perfila m\u00e1s como enfermedad que no puede ser \u00absuperada\u00bb simplemente mediante esfuerzos morales, sino que, por el contrario, parece incluso tener un car\u00e1cter irreversible, habr\u00e1 que ayudar a estos hombres en el marco de las posibilidades todav\u00ed\u00ada existentes. Un hombre tal busca de manera absolutamente sincera la totalidad de la otra persona, pero no alcanza la forma cristiana de encuentro con ella (Thielicke). Por esto, una persecuci\u00f3n jur\u00ed\u00addica de la homosexualidad se exigir\u00e1 s\u00f3lo all\u00ed\u00ad donde se trata de la seducci\u00f3n de j\u00f3venes y personas dependientes, de acciones contra la moralidad p\u00fablica y de una explotaci\u00f3n de la homosexualidad con fines lucrativos.<\/p>\n<p>10. La cuesti\u00f3n de la culpa<br \/>\nEn las infracciones contra la ordenaci\u00f3n y configuraci\u00f3n de las fuerzas sexuales se atender\u00e1, para enjuiciar la culpabilidad, a los conocimientos de la -> psicolog\u00ed\u00ada profunda. No pocas veces se da aqu\u00ed\u00ad una considerable merma del conocimiento y de la libertad de la voluntad. Por lo que se refiere al conocimiento, podemos decir: Los estados de tensi\u00f3n sexual repercuten perjudicial y opresivamente en la actividad de la corteza cerebral, que es el lugar donde se desarrolla el proceso espiritual. La reflexi\u00f3n retrocede m\u00e1s o menos; se olvida la precauci\u00f3n con que normalmente se procede; y finalmente el pensamiento queda cautivo m\u00e1s y m\u00e1s del impulso sexual. En este estado ya no se puede hablar de capacidad para un conocimiento claro. El afectado tampoco ve claramente la importancia moral ni el alcance de su acci\u00f3n. Lo sexual se le impone con su din\u00e1mica propia. S\u00f3lo despu\u00e9s de la distensi\u00f3n sexual y de la desaparici\u00f3n de la presi\u00f3n sobre la corteza cerebral cesa la \u00abofuscaci\u00f3n\u00bb del pensamiento (cf. Gagern).<\/p>\n<p>Precisamente desde este punto de vista resulta tambi\u00e9n claro que el enjuiciamiento aislado de un \u00absolo acto\u00bb es necesariamente insuficiente, y que importa m\u00e1s bien la totalidad de la actitud fundamental y orientaci\u00f3n del hombre. El que busque la ordenaci\u00f3n correcta de lo sexual y conozca la din\u00e1mica de estas fuerzas, no se expondr\u00e1 sin reflexi\u00f3n a la \u00abpr\u00f3xima ocasi\u00f3n\u00bb. Pero all\u00ed\u00ad donde, a pesar de un esfuerzo intenso, uno es \u00abarrollado\u00bb de nuevo, a veces como consecuencia de las ca\u00ed\u00addas anteriores, deber\u00e1 procederse con cautela antes de declarar como \u00abpecado mortal\u00bb un caso particular, y si hay duda se decidir\u00e1 pro reo.<\/p>\n<p>En lo tocante a la voluntad, a pesar de una posici\u00f3n fundamental correcta, con frecuencia puede faltar aquella madurez (exigida para pecar mortalmente) que se requiere con un consentimiento plenamente voluntario y libre, y puede faltar especialmente en los j\u00f3venes durante su pubertad. No todo consentimiento puede valorarse de antemano como decisi\u00f3n plena de la voluntad. Con frecuencia se trata de un consentimiento que se requiere para realizar un acto, pero que es m\u00e1s bien un ceder de la voluntad d\u00e9bil ante el poderoso empuje sexual. Son dos casos distintos el del que lucha seriamente por una ordenaci\u00f3n e inserci\u00f3n correcta de sus impulsos sexuales y el del que se deja llevar ab\u00falicamente por ellos.<\/p>\n<p>Para la magnitud de la conducta falsa, o para la gravedad del pecado, es decisiva la medida del amor lesionado o falsificado en la infracci\u00f3n sexual. Tambi\u00e9n en el \u00e1mbito sexual se distinguir\u00e1 entre las dificultades sexuales que se oponen ineludiblemente al joven en el camino o proceso de maduraci\u00f3n hacia una recta ordenaci\u00f3n, por una parte, y las aut\u00e9nticas trasgresiones sexuales, por otra. Aunque \u00e9stas \u00faltimas de ning\u00fan modo han de tenerse por simples bagatelas, puesto que pueden ser muy perjudiciales parala capacidad de amor y el desarrollo de la personalidad, sin embargo, tampoco en ellas deber\u00ed\u00adan verse los pecados peores. Precisamente hoy, en la \u00e9tica cristiana ya no est\u00e1 en primer plano la regulaci\u00f3n de la conducta sexual, aunque a veces todav\u00ed\u00ada se le reprocha esto (A. Comfort).<\/p>\n<p>En todo caso, el cristiano no podr\u00e1 abordar la cuesti\u00f3n de la culpa sin tener tambi\u00e9n en cuenta la disposici\u00f3n al perd\u00f3n exigida por el evangelio (cf. Jn 8), y el perd\u00f3n de la culpa y de los pecados propios que se ha experimentado por la fe en la obra redentora de Cristo.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:<br \/>\n1. MONOGRAF\u00ed\u008dAS: F. E. v. Gagern, Die Zeit der geschlechtl. Reife (F 1952); D. S. Bailey, The Man-Women Relation in Christian Thought (Lo 1959); P. Ricoeur (dir.), Sexualit\u00e9 (P. 1960); Der homosexuelle N\u00e4chste (H 1963); Sexualit\u00e4t und Verbrechen (F &#8211; H 1963); Thielicke III 507-810; S. Keil, Sexualit\u00e4t, Erkenntnisse und Ma\u00df-St\u00e4be (St 1966); Sex and Morality. A Report to the British Council of Churches (Lo 1966); H. Baltensweiler, Die Ehe im NT (Z &#8211; St 1967); G. Barczay, Revolution der Moral? Die Wandlung der Sexualnormen als Frage an die evangelische Ethik (Z &#8211; St 1967); F. B\u00f6ckle &#8211; J. K\u00e4hne, Geschlechtl. Beziehungen vor der Ehe: Probleme der prakt. Theologie V (Mz 1967); F. Leist, Liebe, Geschlecht, Ehe (Mn 1967); M. M\u00fcller, Grundlagen der kath. Sexualethik (Rb 1968); H. Ringeling, Theologie und Sexualit\u00e4t (G\u00fc 21968); H, van de Spijker, Die gleichgeschlechtl. Zuneigung. Homotropie: Homosexualit\u00e4t, Homoerotik, Homophilie &#8211; und die katholische Moraltheologie (Olten &#8211; Fr 1968); H. Greeven &#8211; J. Ratzinger &#8211; R. Schnackenburg &#8211; H. D. Wendland, Theologie der Ehe (Rb &#8211; G\u00f6 1969); G. Scherer &#8211; W. Czapiewski &#8211; H. Koester, Ehe &#8211; Empf\u00e4ngnisregelung &#8211; Naturrecht (Essen 1699); J. Gr\u00fcndel, Fragen an den Moraltheologen (Mn 21969); A. Alsteens, La masturbaci\u00f3n en los adolescentes (Herder Ba 1972); W. Wickler, Sind wir S\u00fcnder? Naturgesetze der Ehe (Mun &#8211; Z 1969).<\/p>\n<p>2. ARTICULOS: H\u00e4rings III 273-399 (hihi.); B. H\u00e4ring, El matrimonio en nuestro tiempo (Herder, Ba 41973); F. B\u00f6ckle, Discusi\u00f3n sobre el derecho natural (Herder Ba 1971); A. Als\u00e4sser, Geschlechts-verhalten in Partnerschaft und Ehe: F\u00fcr eine gl\u00fcckliche Liebe (bajo la direcci\u00f3n de G. Geissler) (Mn 1968) 173-185; idem, Rechtes Verhalten in der Zeit der geschlechtlichen Reife: ibid. 185-199; A. K. Ruf, Humansexualit\u00e4t und Ehegemeinschaft: NO 22 (1968) 241-252; J. Vernet, Chromosomes et criminalit\u00e9: Etudes (1968) 207-217; J. Gr\u00fcndel, Das neue Bild der Ehe in der kath. Theologie: Das neue Bild der Ehe (bajo la dir. de H. Harsch) (Mn 1969) 37-73: idem, Das christl. Menschenbild &#8211; Ausgangspunkt und Ziel geschlechtlichen Erziehung: Geschlechtlichen Erziehung in der Schule (bajo la dir. de E. Wiesb\u00f6ck) (Mn 1969) 16-58.<\/p>\n<p>Johannes Gr\u00fcndel<br \/>\nC) PEDAGOG\u00ed\u008dA SEXUAL<br \/>\n1. Peculiaridad y problem\u00e1tica<br \/>\nLa educaci\u00f3n sexual s\u00f3lo puede realizarse fruct\u00ed\u00adferamente en el marco total de una educaci\u00f3n moral y personal; no se puede realizar prescindiendo de toda valoraci\u00f3n e ideolog\u00ed\u00ada y presupone una visi\u00f3n recta de la s. (cf. antes en A). Aqu\u00ed\u00ad, m\u00e1s que de una proclamaci\u00f3n moralizadora de las normas morales correspondientes, se trata de aquella ayuda que el hombre joven necesita dentro de un proceso de maduraci\u00f3n. Una pedagog\u00ed\u00ada sexual que renuncie a la cuesti\u00f3n del sentido y de la finalidad de la educaci\u00f3n se destruye a s\u00ed\u00ad misma. Todo tab\u00fa y toda mistificaci\u00f3n falsa en el campo de lo sexual han de suplantarse por el necesario conocimiento objetivo y por una introducci\u00f3n profunda y sin escr\u00fapulos en las cuestiones vitales del hombre, en la significaci\u00f3n de la s. para el desarrollo de la personalidad propia y para las relaciones humanas y sociales, y principalmente en las cuestiones del amor y del -> matrimonio. A este respecto se requiere una visi\u00f3n conjunta de todas las cuestiones de la vida a la luz de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La -> psicolog\u00ed\u00ada profunda proh\u00ed\u00adbe valorar lo sexual meramente como un sistema aut\u00f3nomo dentro de la totalidad de la persona; m\u00e1s bien, lo sexual pertenece al ser humano en general. Por ello la acu\u00f1aci\u00f3n y la maduraci\u00f3n \u00ed\u00adntegramente humanas dependen en gran parte de una ordenaci\u00f3n correcta de lo sexual. En consecuencia hay que rechazar toda valoraci\u00f3n meramente funcional, toda exigencia arbitraria y toda vivencia aislada del placer sexual. Tales pretensiones aparecen hoy ampliamente como reacciones unilaterales ante una moral sexual concebida negativamente.<\/p>\n<p>Si la s. se trata de un modo puramente biol\u00f3gico, psicol\u00f3gico o incluso sociol\u00f3gico, con ello todav\u00ed\u00ada se ha hecho poco para su integraci\u00f3n personal. Precisamente aqu\u00ed\u00ad, todo aislamiento es funesto, pues una s. no integrada correctamente puede convertirse en una amenaza social con la din\u00e1mica de su impulso.<\/p>\n<p>La problem\u00e1tica de una educaci\u00f3n sexual acomodada a los tiempos reside tambi\u00e9n en que aqu\u00ed\u00ad se encuentran siempre dos generaciones.<\/p>\n<p>2. Punto de partida y finalidad<br \/>\nComo punto de partida y finalidad de la educaci\u00f3n sexual hay que considerar la unidad de s. y eros, de amor personal y responsabilidad de los dos amantes por s\u00ed\u00ad mismos y por la sociedad. A partir del eros, que se entiende como amor dirigido a la persona y abarca a la otra persona \u00ed\u00adntegramente, crece tambi\u00e9n la disposici\u00f3n al matrimonio. La mera s. y el comercio carnal aislado carecen de este eros personal.<\/p>\n<p>Para el cristiano una pedagog\u00ed\u00ada sexual correcta exige una referencia a la imagen cristiana del hombre y a la \u00e9tica cristiana del matrimonio y del amor. En la actitud de la pedagog\u00ed\u00ada sexual deber\u00e1n tenerse en cuenta, a partir de la revelaci\u00f3n, las afirmaciones hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adficas sobre el pecado, la necesidad de redenci\u00f3n, la redenci\u00f3n efectiva y la santificaci\u00f3n del hombre. Hay que rechazar toda discriminaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n toda acentuaci\u00f3n exagerada y m\u00e1gica de lo sexual. Ni una interpretaci\u00f3n pesimista del hombre en el sentido de una naturaleza totalmente corrompida, ni un naturalismo, unido a una fe ingenua en el progreso, corresponden a la valoraci\u00f3n cristiana del hombre y de su sexualidad.<\/p>\n<p>A pesar de toda actitud natural, serena y sana ante el \u00e1mbito de lo sexual, el cristiano sabe que tambi\u00e9n este campo est\u00e1 vulnerado a causa de la condici\u00f3n pecadora del hombre.<\/p>\n<p>Una educaci\u00f3n para la ordenaci\u00f3n correcta de lo sexual debe necesariamente permanecer unida con una introducci\u00f3n a la vivencia axiol\u00f3gica. Cuanto m\u00e1s aflore el est\u00ed\u00admulo sexual, que requiere una sublimaci\u00f3n, tanto m\u00e1s debe ofrecerse a los j\u00f3venes en su crecimiento una ayuda decisiva para la ordenaci\u00f3n de sus fuerzas sexuales. Por esto hay que tender necesariamente a una profundizaci\u00f3n de la conciencia personal. En \u00faltimo t\u00e9rmino, la finalidad de una educaci\u00f3n sexual correcta es la capacitaci\u00f3n para un encuentro personal en el amor, con la disposici\u00f3n a aceptar la responsabilidad por s\u00ed\u00ad mismo, por la pareja y por la vida nueva que pueda llegar.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n deber\u00ed\u00adan darse a conocer cr\u00ed\u00adticamente al joven los distintos contenidos de la palabra \u00abamor\u00bb. Porque todo encuentro de los sexos presupone una determinada madurez de vida.<\/p>\n<p>3. M\u00e9todo e \u00abilustraci\u00f3n\u00bb<br \/>\nLa madurez sexual depende de la acu\u00f1aci\u00f3n \u00ed\u00adntegra del hombre y de la historia de cada uno desde su fase pregenital, de si en su mundo circundante reina una atm\u00f3sfera educadora llena de confianza, de la conducta de la madre para con el ni\u00f1o y del amor familiar. La pedagog\u00ed\u00ada sexual atender\u00e1 a la educaci\u00f3n seg\u00fan las fases. De acuerdo con los conocimientos de Freud, seg\u00fan el cual son ya importantes los impulsos libidinosos de los primeros a\u00f1os de la infancia y su configuraci\u00f3n, se prestar\u00e1 cuidado tambi\u00e9n al desarrollo de la s. en la ni\u00f1ez, en la juventud y principalmente en la pubertad, y seg\u00fan la capacidad receptora del ni\u00f1o, se transmitir\u00e1 de acuerdo con las fases el conocimiento necesario. Toda falta de veracidad en relaci\u00f3n con la instrucci\u00f3n de los ni\u00f1os (historia de la cig\u00fce\u00f1a) y toda mojigater\u00ed\u00ada, contradicen a una pedagog\u00ed\u00ada sexual seria y acarrear\u00e1n su venganza en el transcurso del desarrollo del ni\u00f1o. Una instrucci\u00f3n colectiva sobre las funciones sexuales resulta problem\u00e1tica cuando se contenta con una exposici\u00f3n puramente fisiol\u00f3gica y biol\u00f3gica del tema, sin abordar la tarea de una formaci\u00f3n personal y de la configuraci\u00f3n de todo el hombre. Solamente aquel saber que se encuadra en una educaci\u00f3n total, puede favorecer a un desarrollo \u00ed\u00adntegramente humano de la personalidad. Una instrucci\u00f3n sexual objetiva deber\u00e1 concluirse en cierto modo al principio de la pubertad, es decir, antes de la primera poluci\u00f3n o de la primera menstruaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, una mera transmisi\u00f3n de saber es insuficiente. Tras el concepto de \u00abilustraci\u00f3n sexual\u00bb se oculta con frecuencia unoptimismo discutible en torno a la instrucci\u00f3n objetiva sobre los hechos biol\u00f3gicos y fisiol\u00f3gicos. Ahora bien, en cuanto se trata del problema de una educaci\u00f3n humana integral, por pedagog\u00ed\u00ada sexual no puede entenderse simplemente la ilustraci\u00f3n sexual. Precisamente una valoraci\u00f3n cristiana del hombre, de su corporalidad y de su s. proh\u00ed\u00adbe desligar lo sexual de la responsabilidad personal. La tendencia de los impulsos sexuales, su inseguridad instintiva y su intensidad excesiva exigen un esfuerzo constante para la ordenaci\u00f3n correcta de estas fuerzas en el todo de la persona. Si la configuraci\u00f3n de tales fuerzas no ha de tener un car\u00e1cter represivo, sino que ha de convertirse en una educaci\u00f3n para el amor correctamente entendido, se requiere una integraci\u00f3n de los impulsos sexuales que deje espacio libre para el encuentro con otra persona. Tambi\u00e9n la relaci\u00f3n matrimonial de amor entre hombre y mujer s\u00f3lo se lograr\u00e1 si ha recorrido ya una fase de distancia sexual. Mientras no sea todav\u00ed\u00ada posible para el joven una comprensi\u00f3n plena del sentido y significaci\u00f3n de la s. \u00e9l necesita absolutamente una protecci\u00f3n y direcci\u00f3n. En el camino hacia una recta ordenaci\u00f3n y configuraci\u00f3n de la s. hay sin duda alguna grados de desarrollo y de madurez. Una casu\u00ed\u00adstica alambicada no es suficiente para precisar lo que en un caso particular es correcto y bueno o lo que es absurdo, malo y, por consiguiente, pecaminoso (cf. antes en B).<\/p>\n<p>Aunque en el joven, ante la s\u00fabita irrupci\u00f3n de los impulsos sexuales, debe evitarse todo dramatismo y as\u00ed\u00ad no se puede hablar de pecado en todo acto solitario, sin embargo, se mostrar\u00e1 al afectado la direcci\u00f3n donde llama la s. De lo contrario, una fijaci\u00f3n falsa y narcisista podr\u00ed\u00ada perdurar hasta los a\u00f1os posteriores y crear as\u00ed\u00ad dificultades al joven en su transici\u00f3n desde una referencia al yo hacia un aut\u00e9ntico altruismo. La liberaci\u00f3n de un ego\u00ed\u00adsmo infantil exige una revisi\u00f3n de ciertas proyecciones de arquetipos inconscientes, especialmente de la imagen asexual de los padres. Sin embargo, si se mantiene excesivamente despu\u00e9s de la pubertad una s. egoc\u00e9ntrica, eso puede ser s\u00ed\u00adntoma de una crisis en el ser personal o expresi\u00f3n de un car\u00e1cter infantil o neur\u00f3tico.<\/p>\n<p>4. Los pedagogos en esta materia<br \/>\nEl cometido de la educaci\u00f3n sexual corresponde en primer lugar a los padres. En una atm\u00f3sfera familiar sana ellos deben llenar en cada caso la necesidad infantil de informaci\u00f3n y, teniendo en cuenta el saber ya existente en el ni\u00f1o, prepararlo para las modificaciones corporales y espirituales. Las frecuentes cohibiciones y dificultades de los padres en encontrar la palabra adecuada para los ni\u00f1os, sin duda se basan en el hecho experimental de que la intimidad m\u00e1s profunda de hombre y mujer en el acto sexual permanece en \u00faltimo t\u00e9rmino oculta bajo el velo del pudor y de la reconditez, y as\u00ed\u00ad lo que propiamente debe decirse y experimentarse no puede articularse. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, los reparos demasiado fuertes pueden conducir a tab\u00faes que impiden o malogren la confianza que debe reinar entre padres e hijos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la escuela, en su tarea educativa, seguir\u00e1 desarrollando los conocimientos existentes. Sin embargo, la educaci\u00f3n sexual que ella imparte podr\u00ed\u00ada entenderse ampliamente como subsidiaria. Es cosa dudosa que la educaci\u00f3n sexual haya de constituir una materia especial; pues aqu\u00ed\u00ad se trata de un problema que afecta a la totalidad del hombre, y que no s\u00f3lo debe abordarse en el \u00e1mbito de la biolog\u00ed\u00ada, sino tambi\u00e9n en otras disciplinas, entre las cuales ocupa un puesto importante la instrucci\u00f3n religiosa y la formaci\u00f3n de la conciencia del educando.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:<br \/>\n&#8211; 1. FUENTES: Plenarkonferenz der deutschen Bisch\u00f6fe, Sexualp\u00e4dagog. Richtlinien f\u00fcr die Jugendseelsorge (D 1964).<\/p>\n<p>&#8211; 2. MONOGRAF\u00ed\u008dAS: A. Gruber, Jugend im Ringen und Reifen (Fr &#8211; Bas &#8211; VV &#8216;1961); D. Gritsch, Lebensgeheimnisse. Gespr\u00e4che mit Kindern und Jugendlichen. Versuch einer Sexualp\u00e4dagog. f\u00fcr Eltern und Erzieher (W 1962); M. J. Buckle)), Morality and the Homosexual (Lo 1959), dt.: Homosexualit\u00e4t und Moral. Ein aktuelles Problem f\u00fcr Erziehung und Seelsorge (D 1964); L. Prohaska, Pedagog\u00ed\u00ada sexual. Psicolog\u00ed\u00ada y antropolog\u00ed\u00ada del sexo (Herder Ba &#8216;1973); F. E. v. Gagern, Die Zeit der geschlechtl. Reife (F &#8216;1964); ders., Harmonie von Seele und Leib (F &#8216;1966); A. Heirnler, Reifung und Geschlecht (Mn 1966); K. H. Wrage, Mann und Frau. Grundfragen der Geschlechtserziehung (G\u00fc 1966); A. Auer &#8211; G. Teichzweier &#8211; H. u. B. Str\u00e4fling, Der Mensch und seine Geschlechtlichkeit (W\u00fc 1967); F. B\u00f6ckle &#8211; J. K\u00e4hne, Geschlechtl, Beziehungen vor der Ehe: Probleme der prakt. Theologie V (Mz 1967); W. Bokler &#8211; H. Fleckenstein, Die sexualp\u00e4dagogischen Richtlinien in der Jugendpastoral: Probleme der prakt. Theologie VI (Mz 1967); E. Eil, Grundlagen der Erziehung zu Partnerschaft und Ehe (Limburg 1968); R. Hof-mann &#8211; J. B. Lortz &#8211; G. Struck, Aufkl\u00e4rung un Geheimnis in der S. (Karlsruhe 1968); B. Str\u00e4tling, Sexualidad: \u00e9tica y educaci\u00f3n (Herder Ba 1973); E. Wiesb\u00f6ck (Hrsg.), Geschlechtl. Erziehung in der Schule (Mn 1969) (con bibl.); P. Chauchard, Voluntad y sexualidad (Herder Ba 1971); L. Prohaska, El proceso de la maduraci\u00f3n en el hombre (Her-der Ba 1972); P. Chauchard, Fuerza y sensatez del deseo. An\u00e1lisis del eros (Herder Ba 1974).<\/p>\n<p>&#8211; 3. ART\u00ed\u008dCULOS: A. K. Ruf, Humansexualit\u00e4t und Ehegemeinschaft: NO 22 (1968) 241 bis 252; J. Gr\u00fcndel, Das christl. Menschenbild &#8211; Ausgangspunkt und Ziel geschlechtlicher Erziehung: Geschlechtl. Erziehung in der Schule, hrsg. von E. Wiesb\u00f6ck (Mn 1969) 16-58.<\/p>\n<p>Johannes Gr\u00fcndel<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[360] La cualidad natural del hombre que le lleva a prolongar su especie y a engendrar nuevos seres en el mundo es la sexualidad. 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