{"id":13529,"date":"2016-02-05T09:02:47","date_gmt":"2016-02-05T14:02:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sacerdocio\/"},"modified":"2016-02-05T09:02:47","modified_gmt":"2016-02-05T14:02:47","slug":"sacerdocio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sacerdocio\/","title":{"rendered":"SACERDOCIO"},"content":{"rendered":"<p>v. Ministerio<br \/>\nNum 18:7 t\u00fa y tus hijos .. guardar\u00e9is vuestro s<br \/>\nNum 25:13 y tendr\u00e1 \u00e9l .. el pacto del s perpetuo<br \/>\nHos 4:6 te echar\u00e9 del s; y porque olvidaste la ley<br \/>\nLuk 1:8 ejerciendo Zacar\u00edas  el s delante de Dios<br \/>\nHeb 7:11 si, pues, la perfecci\u00f3n fuera por el s<br \/>\nHeb 7:24 \u00e9ste .. para siempre, tiene un s inmutable<br \/>\n1Pe 2:9 mas vosotros sois linaje .. real s, naci\u00f3n<\/p>\n<hr>\n<p>[442]<br \/>\n Labor, funci\u00f3n, estado o dignidad que tiene que ver con lo sagrado: lo divino, lo espiritual, lo sobrenatural. El sacerdocio se ejerce en cuanto el sujeto realiza tareas vinculadas a lo divino (plegaria, sacrificio, predicaci\u00f3n) y la comunidad asume o acepta semejantes actitud y acci\u00f3n. (Ver Orden Sacerdotal 1.2)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Funci\u00f3n cultual-sacrificial<\/p>\n<p>\tEl \u00absacerdocio\u00bb es una funci\u00f3n \u00absagrada\u00bb, constante en casi todas las religiones, que tiene como objeto la representaci\u00f3n del grupo humano en la relaci\u00f3n con Dios. Esta relaci\u00f3n se llama \u00abculto\u00bb cuando se expresa por medio de acciones encaminadas a reconocer el honor debido a Dios. El sacerdocio es, pues, una \u00abmediaci\u00f3n\u00bb que se concreta en el culto ritos, oraciones, sacrificio, etc. Ordinariamente se ejerce en un lugar sagrado (templo, santuario).<\/p>\n<p>\tPrincipalmente la mediaci\u00f3n sacerdotal se ejerce por el sacrificio tributado a Dios, como ofrecimiento de la vida humana por medio de dones de la creaci\u00f3n (frutos de la tierra, animales, etc.). La persona que realiza esta funci\u00f3n en nombre de toda la comunidad, se llama \u00absacerdote\u00bb, como alguien que pertenece a los \u00absagrado\u00bb, es decir, al culto y honor tributado a Dios. Esta persona es \u00abllamada\u00bb o elegida y tendr\u00e1 que ejercer su funci\u00f3n con las debidas cualidades.<\/p>\n<p>\tEn todo sacerdocio (de la ley natural, del Antiguo y del Nuevo Testamento), se puede distinguir el ser o la unci\u00f3n (consagraci\u00f3n), la funci\u00f3n o misi\u00f3n y idoneidad o santidad de vida (espiritualidad).<\/p>\n<p>\tAntiguo y Nuevo Testamento<\/p>\n<p>\tEn el Antiguo Testamento (Antigua Alianza), el sacerdocio y, por tanto, los sacerdotes, estaban relacionados con el culto sacrificial tributado a Dios, principalmente en el Templo. El sacrificio ofrecido recordaba la \u00abAlianza\u00bb o pacto de amor entre Dios y su pueblo (Ex 19,6; 24, 4ss). Los miembros de la tribu de Lev\u00ed\u00ad (\u00ablevitas\u00bb) cuidaban de todo lo referente al culto. Dentro de la tribu de Lev\u00ed\u00ad, la familia de Aar\u00f3n ejercitaba estas funciones en representaci\u00f3n del pueblo sacerdotal (Ex 40,12ss). Los sacerdotes eran \u00abungidos\u00bb como consagrados a la funci\u00f3n sacerdotal (Ex 29). El sumo sacerdote era ungido en la cabeza. Todo ello preparaba la venida del \u00abungido\u00bb (Cristo o Mes\u00ed\u00adas), que ser\u00ed\u00ada Sacerdote, profeta y rey (cfr. Sal 2,2; Dan 9,25; 1Re 2,10).<\/p>\n<p>\tEn el Nuevo Testamento, es Cristo, el ungido por el Esp\u00ed\u00adritu Santo (cfr. Lc 4,18), quien ofrece en sacrificio su propia vida (cfr. Jn 10,15-18) por la redenci\u00f3n o liberaci\u00f3n de todos (Mc 10,45). Esta realidad de Cristo, desde el momento de su concepci\u00f3n en el seno de Mar\u00ed\u00ada (cfr. Heb 10,5-7) es, al mismo tiempo, sacerdocio y sacrificio, profetismo y misi\u00f3n, realeza y pastoreo. El es \u00abel \u00fanico Mediador\u00bb (1Tim 2,5), centro de la creaci\u00f3n (cfr. Jn 1,3; Ef 1,10; Col 1,16), que llegar\u00e1 a la glorificaci\u00f3n por medio de su \u00abhumillaci\u00f3n\u00bb en el sacrificio de la cruz (Fil 2,5-11).<\/p>\n<p>\tCristo Sacerdote<\/p>\n<p>\tEsa realidad profunda de Cristo Sacerdote, como ungido y enviado, se ha expresado en los libros sagrados con terminolog\u00ed\u00ada muy variada Sacerdote y v\u00ed\u00adctima (cfr. Heb), Pastor (Jn 10; 1Pe 5,4; Heb 13,20), Esposo (Mt 9,15), Mediador (Heb 8,6; 9,15), Siervo (Fil 2,7; Mt 20,28; cfr. Is 53), etc. La terminolog\u00ed\u00ada indica diversas facetas de la realidad sacerdotal de Cristo, en su ser (ungido), en su obrar (enviado), en su estilo de vida (donaci\u00f3n y servicio). Su realidad sacerdotal, de mediaci\u00f3n prof\u00e9tica, sacrificial y real (pastoral), se encuentra en los contenidos de todo el Nuevo Testamento; las palabras \u00abSacerdote\u00bb y \u00abV\u00ed\u00adctima\u00bb, quedan explicadas en la carta a los Hebreos, indicando la novedad radical del sacerdocio de Cristo. Han quedado superados los dem\u00e1s sacrificios (Heb 10).<\/p>\n<p>\tCristo es el Hijo de Dios hecho hombre, Se\u00f1or y Salvador \u00fanico y universal. Es Sacerdote en cuanto Hijo \u00fanico de Dios hecho hombre (cfr. Heb 6,5-6). Es, pues, el \u00fanico Sacerdote, de quien participa toda la Iglesia por el sacramento del bautismo (como Pueblo sacerdotal) y, de modo especial, los sacerdotes ministros (por el sacramento del orden).<\/p>\n<p>Referencias Alianza, culto, Eucarist\u00ed\u00ada, Jesucristo, sacerdocio com\u00fan, sacerdocio ministerial, sacerdote diocesano, sacramentos (Orden), sacrificio, sagrado.<\/p>\n<p>Lectura LG 10; PO 1-3; PDV 11-18; CEC 1544-1553.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada A. BANDERA, El sacerdocio en la iglesia (Villalba, OPE, 1968); P. GRELOT, El ministerio de la Nueva Alianza (Barcelona, Herder, 1969); J. ESQUERDA BIFET, Teolog\u00ed\u00ada de la espiritualidad sacerdotal ( BAC, Madrid, 1991) II-III; J. LECUYER, El sacerdocio en el misterio de Cristo (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1960); A. NAVARRO, La iglesia sacramento de Cristo Sacerdote (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1965); C. ROMANIUK, El sacerdocio en el Nuevo Testamento (Santander, Sal Terrae, 1969); A. VANHOYE, Sacerdotes antiguos, sacerdote nuevo seg\u00fan el Nuevo Testamento (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1984).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>1.Antiguo Testamento<\/p>\n<p>(-> Aar\u00f3n, sacrificios, templo, expiaci\u00f3n, chivo). Los sacerdotes son especialistas en la creaci\u00f3n de espacios de sacralidad, expertos de la instituci\u00f3n religiosa. Hay en ciertas tradiciones del Antiguo Testamento (sobre todo en el Lev\u00ed\u00adtico) una teolog\u00ed\u00ada sacerdotal, centrada en la pureza* ritual, que los fariseos del tiempo de Jes\u00fas han querido extender a todo el pueblo. Pero en su conjunto la teolog\u00ed\u00ada del Antiguo Testamento no es sacerdotal, sino moral*, prof\u00e9tica y sapiencial, con una fuerte dosis apocal\u00ed\u00adptica*. En el Nuevo Testamento los sacerdotes de Jerusal\u00e9n, a quienes se les caracteriza como envidiosos*, se muestran contrarios a la pretensi\u00f3n de Jes\u00fas y de sus primeros seguidores. Pero el judaismo posterior (de la federaci\u00f3n* de sinagogas) ha dejado de ser sacerdotal. Tambi\u00e9n el cristianismo ha dejado de ser sacerdotal, como ir\u00e1n mostrando los esquemas que siguen.<\/p>\n<p>(1) Israel antiguo. Desde tiempos ancestrales, en diversas culturas, surgieron sacerdotes, actuando como intermediarios sagrados: eran hombres (o mujeres) que vinculaban a los hombres con Dios, creadores de santidad ritual, especialistas en sacrificios. Ellos suscitaban y, en alg\u00fan sentido, controlaban el poder de Dios, evoc\u00e1ndole en momentos especiales de fiesta o desgracia, y en lugares adecuados (templos, santuarios) en favor de los hombres. Normalmente, desde el comienzo de los tiempos hist\u00f3ricos, los sacerdotes del antiguo Oriente depend\u00ed\u00adan de los padres de familia y de los reyes, con quienes estaban en simbiosis; por eso, no sol\u00ed\u00ada existir un sacerdocio institucional aut\u00f3nomo, pues el mismo patriarca o rey realizaba funciones sagradas. Pero, en un momento dado, al institucionalizarse las funciones sociales, pol\u00ed\u00adticas y religiosas aparecieron, tanto en Jerusal\u00e9n como en otros santuarios de Israel, tribus o grupos sacerdotales (levitas), sin tierras propias, especializados en los sacrificios, de un modo especial los hijos de Aar\u00f3n. De todas maneras, al principio, ellos no ten\u00ed\u00adan gran poder, ni formaban una casta superior, pues la vida estaba regulada por normas de alianza social o tribal.<\/p>\n<p>(2) Comunidad del templo. La situaci\u00f3n cambi\u00f3 con la restauraci\u00f3n. Tras la vuelta del exilio (el 539 a.C.), el juda\u00ed\u00adsmo se volvi\u00f3 comunidad del templo, teocracia, cuando, tras un tiempo de posible diarqu\u00ed\u00ada (Zorobabel rey, Josu\u00e9 sacerdote), triunf\u00f3 y se impuso el Sumo Sacerdote como autoridad m\u00e1xima, representante de Dios y delegado del Gran Rey Persa. Judea dej\u00f3 de ser un reino independiente y se concibi\u00f3 como naci\u00f3n gobernada por Dios, bajo el Sumo Sacerdote y su consejo, con el visto bueno del monarca persa (o de los imperios sucesores). L\u00f3gicamente, la Ley sacerdotal, expresada de un modo especial en el Lev\u00ed\u00adtico, pero extendida de alg\u00fan modo en el conjunto del Pentateuco, presentar\u00e1 al Sacerdote como autoridad social, ceremonial, sacral: una vez por a\u00f1o penetra en el misterio de Dios, en el \u00abSancta Sanctorum\u00bb del templo, intercede por el pueblo y fundamenta el orden c\u00f3smico (cf. Lv 16). En tiempo de crisis, los macabeos vincularon reino y sacerdocio. Pero, a partir de la conquista romana (64 a.C.), esas funciones volvieron a escindirse: habr\u00e1 un Gobernante (rey herodiano vasallo o procurador romano) y un Sacerdote, con autoridad religiosa, aunque no ha sido aceptado por todos los jud\u00ed\u00ados de tal forma que algunos, como los de Qumr\u00e1n, esperan la llegada rnesi\u00e1nica de un nuevo Sacerdote, superior al mismo rey dav\u00ed\u00addico. Pues bien, tras la guerra del 67-70 d.C. y la ca\u00ed\u00adda del templo, lleg\u00f3 el fin y ruina del poder sacerdotal.<\/p>\n<p>(3) Poder sacerdotal. La teocracia. El Deuteronomio contiene ya una ley sacerdotal (cf. Dt 18,1-8), con elementos antiguos (cf. Dt 33,8-11), pero esa ley s\u00f3lo ha sido fijada y detallada por el C\u00f3digo Sacerdotal, escrito despu\u00e9s del exilio, bajo el dominio de los persas; ella ocupa gran parte de los libros actuales de Lev\u00ed\u00adtico y N\u00fameros. Nos hallamos ante una comunidad donde el Sumo Sacerdote ha tomado casi todos los poderes sociales y religiosos, apareciendo as\u00ed\u00ad como cabeza del pueblo. Esa situaci\u00f3n se ha mantenido durante el dominio helenista, como lo muestra el libro del Eclesi\u00e1stico o Ben Sira, escrito en hebreo, entre el 200-180 a.C. y traducido m\u00e1s tarde al griego, en cuya lengua ha sido conservado en el canon de los LXX. Ese libro incluye un largo Himno a los padres o antepasados (Eclo 44-50) donde se exalta la memoria de los grades sacerdotes de Israel: Aar\u00f3n el fundador (Eclo 44,6-22), Fin\u00e9s el celoso (45,23-26) y Sim\u00f3n, el nuevo sacerdote de tiempos del autor (en torno al 200 a.C.; cf. Eclo 50,1-24), a quien la Misn\u00e1, Abot 1,2, recuerda como uno de los fundadores de la Gran Sinagoga. Aqu\u00ed\u00ad recogemos algunos textos que nos sirven para evocar la figura y funci\u00f3n del Sumo Sacerdote, tal como aparec\u00ed\u00ada simbolizado por Aar\u00f3n, en los siglos anteriores a Jes\u00fas de Nazaret: \u00abSus ofrendas se queman por completo, dos veces por d\u00ed\u00ada sin interrupci\u00f3n. Lc consagr\u00f3 Mois\u00e9s y le ungi\u00f3 con aceite santo; se le dio una alianza eterna y a sus descendientes para siempre, para servir a Dios como sacerdote, y bendecir en su nombre al pueblo. Lc escogi\u00f3 entre todos, para presentar los frutos del Se\u00f1or, incienso y aroma, en memorial, para expiar por su pueblo. Lc dio por sus mandatos poder en alianzas de juicios, para ense\u00f1ar a Jacob los testimonios e iluminar en su ley a Israel&#8230; le concedi\u00f3 las primicias de los frutos y le prepar\u00f3 ante todo pan hasta saciarse; pues comen de los sacrificios del Se\u00f1or, que les concedi\u00f3 a \u00e9l y a su descendencia. Pero en la tierra de su pueblo no tendr\u00e1 herencia y no hay para \u00e9l porci\u00f3n en el pueblo, pues el mismo [Dios] es su porci\u00f3n y heredad\u00bb (Eclo 45,1517.20-22). El sacerdote bendice al pueblo, presenta ante Dios las ofrendas y come de la carne de los sacrificios. Este \u00faltimo rasgo marcar\u00e1 su identidad: los sacerdotes han de encontrarse en estado permanente de pureza*, pues consumen la carne pura de Dios. El judaismo posterior aplicar\u00e1 esta norma de pureza a todas las comidas del pueblo, entendidas en el fondo como sacrificios. El sacerdote act\u00faa de ese modo como liturgo de la naturaleza: en nombre de todo el pueblo, desde el centro del universo, presenta a Dios los frutos y aromas de la tierra, con la carne de los animales sacrificados. Sirve a Dios (liturgia) present\u00e1ndole los frutos de la tierra y de la vida, en gesto de reconocimiento agradecido, bendice al pueblo (eulogia), ofreciendo a los hombres el signo de la gracia de Dios, y les ilumina (photisai), ense\u00f1\u00e1ndoles la ley, norma de vida que brota de la alianza de Dios. Este sacerdote ejerce una funci\u00f3n mediadora entre Dios y los hombres, como liturgo del cosmos y maestro de la Ley. Estamos en un tiempo en que el sucesor de Aar\u00f3n es al mismo tiempo l\u00ed\u00adder nacional (jefe pol\u00ed\u00adtico), jerarca religioso (oficiante sacral) y maestro (educa  dor legal), reuniendo los tres poderes que Flavio Josefo (Contra Api\u00f3n B, XVI, 165) ha condensado y descrito como teocracia o gobierno de Dios. Parece que todav\u00ed\u00ada no existen los partidos que m\u00e1s tarde, tras la crisis macabea, dividir\u00e1n al pueblo en grupos de tendencia m\u00e1s sacral (saduceos), legalista (fariseos) o pol\u00ed\u00adtica (los varios tipos de celosos). Por ahora los sacerdotes, jefes pol\u00ed\u00adticos, cultuales y legales de Jerusal\u00e9n controlan el poder: son signo especial de Dios sobre la tierra, como una teofan\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>(4) El sacerdocio como signo de belleza y armon\u00ed\u00ada c\u00f3smica. Citamos ahora un texto donde el Eclesi\u00e1stico alude a la funci\u00f3n sacerdotal de Sim\u00f3n, a quien el mismo autor del libro ha contemplado, realizando su funci\u00f3n de mediador c\u00f3smico: \u00ab\u00c2\u00a1Qu\u00e9 gloria llevaba al andar entre el pueblo cuando sal\u00ed\u00ada del templo (casa) del velo! Como estrella matutina entre las nubes, como luna llena en los d\u00ed\u00adas de fiesta, como sol que refulge sobre el templo del Alt\u00ed\u00adsimo, como arco que brilla entre nubes de gloria, como planta de rosas en d\u00ed\u00ada de primavera, como lirio junto al manantial del agua, como brote de cedro en los d\u00ed\u00adas de verano, como fuego e incienso sobre el incensario, como vaso de oro macizo, adornado con m\u00faltiples piedras preciosas, como olivo repleto de frutos y como cipr\u00e9s que se eleva hasta las nubes&#8230; cuando se pon\u00ed\u00ada el vestido de gloria y se revest\u00ed\u00ada en plenitud de perfecci\u00f3n, al subir el santo altar llenaba.de gloria el santuario&#8230;\u00bb (Eclo 50,5-11). Este es Sim\u00f3n, el gran sacerdote, que sale del Sant\u00ed\u00adsimo del templo, el d\u00ed\u00ada de la expiaci\u00f3n, abriendo la cortina. Sale al aire libre y mientras va avanzando es teofan\u00ed\u00ada personal. Todas las cosas reciben sentido en su presencia: \u00e9l es signo y plenitud del universo, es principio ordenador y contenido muy profundo de todo lo que existe. Esta nueva realidad del sacerdote, que empieza en gloria (Eclo 50,5) y en gloria culmina (50,11), no se puede expresar en un c\u00f3digo de leyes ni tampoco en una teolog\u00ed\u00ada de tipo conceptual o discursivo. Para describirla hay que emplear las claves de la teolog\u00ed\u00ada est\u00e9tica: es como si todo naciera otra vez y empezara a existir este d\u00ed\u00ada de la expiaci\u00f3n. Vuelven a la vida los valores de gozo y belleza de la tierra: estrella, sol y luna le alumbran, como firmamento de Dios que nos cobija; es arco iris de paz, es rosa y lirio, es cedro, olivo y cipr\u00e9s, planta fr\u00e1gil y \u00e1rbol gran de, es hermosura de los ojos, gozo de la vida&#8230; porque ofrece garant\u00ed\u00ada de reconciliaci\u00f3n del universo. Ha salido del lugar de Dios, ha pasado a trav\u00e9s de la cortina y viene a fundar nuestra existencia. Lleva la perfecci\u00f3n del cielo expresada en sus vestidos; y as\u00ed\u00ad sube al altar, siendo en s\u00ed\u00ad mismo fuego, incienso e incensario (50,9). En alg\u00fan sentido, su misma existencia tiene valor sacrificial (reconciliador) sobre la tierra. No vale ya por lo que hace, sino por lo que representa con su vestidura.<\/p>\n<p>(5) M\u00e1s all\u00e1 del sacerdocio. Judaismo rab\u00ed\u00adnico y cristianismo. El culto sagrado acab\u00f3 el 70 d.C., con la toma de Jerusal\u00e9n y la destrucci\u00f3n del templo. El judaismo, que hab\u00ed\u00ada desarrollado ya diversos rasgos no sacerdotales (sinagogas*, rabinismo*), dej\u00f3 de centrarse en el templo con los sacerdotes. Ciertamente, los rabinos de la Misn\u00e1 siguen hablando de sacerdotes y culto sagrado, pero en sentido simb\u00f3lico, recordando y evocando un orden sacral ya pasado. A partir del siglo II d.C., los jud\u00ed\u00ados no han tenido sacerdotes, sino que est\u00e1n dirigidos por rabinos, como federaci\u00f3n de sinagogas. Por eso, la identidad de la religi\u00f3n israelita y su aportaci\u00f3n en el conjunto de la historia no se encuentra vinculada ya con el sacerdocio. Por su parte, Jes\u00fas fue laico y no quiso purificar la instituci\u00f3n sacerdotal (como intentaron algunos separados de Qumr\u00e1n), sino que proclam\u00f3 su destrucci\u00f3n: Dios no necesita templos, ni sacerdotes, sino que se revela de un modo inmediato, mesi\u00e1nico, curando a los enfermos, perdonando a los expulsados del sistema. As\u00ed\u00ad lo ratifica el signo sobre el templo (cf. Mc 11,12-26 par), bien interpretado por los sacerdotes que le condenan a muerte. L\u00f3gicamente, la Iglesia ha nacido superando (abandonando) las instituciones sacerdotales: no las ha querido reformar, las declara caducas, como ratifica Hebreos. Jes\u00fas es sacerdote con el gesto de su vida, actualizada en el amor y vida de todos los creyentes. L\u00f3gicamente, el sacerdocio de la Iglesia cristiana se identificar\u00e1 con la misma vida de los creyentes, que siguen el camino y ejemplo de Jes\u00fas, que no fue sacerdote sino laico.<\/p>\n<p>Cf. E. EICHRODT, Teolog\u00ed\u00ada del Antiguo Testamento I-II, Cristiandad, Madrid 1975; A. GONZ\u00ed\u0081LEZ, Profetismo y sacerdocio. Profetas, sacerdotes y reyes en el antiguo Israel, La Casa de la Biblia, Madrid 1969; A. EDERSHEIM, El templo: sil ministerio y sen\u2020\u2122icios en tiempos de Cristo, Clie, Barcelona 1990; J. JEREM\u00ed\u008dAS, Jerusal\u00e9n en tiempos de Jes\u00fas, Cristiandad, Madrid 1985; E. P. SANDERS, Judaism. Practice and Belief. 63BCE-66CE, SCM, Londres 1992; E. SCH\u00dcRER, EJistoria del pueblo jud\u00ed\u00ado en tiempos de Jes\u00fas (175 a.C.-135 d.C.) I-II, Cristiandad, Madrid 1985; R. DE VAUX, Instituciones del Antiguo Testamento, Herder, Barcelona 1987.<\/p>\n<p>SACERDOCIO<br \/>\n2.Nuevo Testamento<\/p>\n<p>(->i Jes\u00fas, eucarist\u00ed\u00ada, Pablo, Iglesia, Pedro, Apocalipsis). El cristianismo proviene del judaismo no sacerdotal.<\/p>\n<p>(1) Jes\u00fas fue un Mes\u00ed\u00adas laico, en la l\u00ed\u00adnea de los profetas y pretendientes mesi\u00e1nicos, de los sanadores carism\u00e1ticos y de los sabios populares, no un sacerdote. Su mensaje y vida retoma los aspectos b\u00e1sicos de la experiencia israelita, desde la perspectiva del conjunto de la vida y no desde la sacralidad separada. Por eso ignora a los sacerdotes. A lo largo de su ministerio no se enfrenta con ellos, sino que les deja totalmente a un lado o, mejor dicho, les suplanta: ofrece el perd\u00f3n* y la pureza* de Dios sin exigir para ello los ritos sacerdotales del templo, comparte con los hombres y mujeres del pueblo la comida sagrada, que es la misma comida corriente, los panes y los peces, sobre el campo abierto, sin ir para ello al templo. Ciertamente, en el momento culminante de su vida, Jes\u00fas sube a Jerusal\u00e9n, pero no para realizar o culminar sus ritos en el templo*, someti\u00e9ndose as\u00ed\u00ad a la autoridad de los sumos sacerdotes, sino para enfrentarse con ellos, mostrando que el templo ha realizado su funci\u00f3n y ya no tiene valor sagrado para el pueblo. L\u00f3gicamente, los sacerdotes responden conden\u00e1ndole a la muerte, en uni\u00f3n con Pilato. Durante un tiempo, la iglesia de Jerusal\u00e9n se ha mantenido en relaci\u00f3n con el templo, pero los cristianos m\u00e1s radicales, como Esteban*, han visto que el mensaje y vida de Jes\u00fas significa el fin del orden sacral antiguo. Por eso, entre los nuevos cristianos no hay lugar para una casta o grupo sacerdotal. Por eso, los gestos o ritos espec\u00ed\u00adficos de los cristianos (bautismo, eucarist\u00ed\u00ada) no exigen la existencia o funci\u00f3n de un sacerdocio especializado, sino que son propios de todos los creyentes. Esto es algo que saben y asumen todos los grupos cristianos que aparecen co mo grupos laicales de renovaci\u00f3n o apertura universal israelita, no de sacralidad, como los esenios de Qumr\u00e1n*, que apelan a la existencia de sacerdotes dentro de sus comunidades.<\/p>\n<p>(2) Eucarist\u00ed\u00ada no sacerdotal. La celebraci\u00f3n cristiana de la eucarist\u00ed\u00ada se sit\u00faa en un plano laical, lo mismo que las comidas de los fariseos, de manera que ella no puede entenderse como celebraci\u00f3n sacerdotal en el sentido antiguo. Ciertamente, la eucarist\u00ed\u00ada es b\u00e1sica para la Iglesia, tanto en el aspecto general de comida compartida (multiplicaciones*), como en el aspecto m\u00e1s espec\u00ed\u00adfico de recuerdo de Jes\u00fas y de experiencia de su \u00abmuerte pascual\u00bb. Ella es importante en Pablo, como muestra en 1 Cor 11,17-34: el recuerdo y presencia del Se\u00f1or se expresa en el pan y vino compartido de la nueva alianza. Pero, en contra de lo que suceder\u00e1 m\u00e1s tarde, la Iglesia primitiva no la interpreta de forma sacrificial, ni suscita un ministerio de liturgos presidentes, para ocupar el lugar de los sacerdotes del templo. Ciertamente, Pablo sabe que Cristo ha muerto por nosotros (1 Tes 5,10; 1 Cor 15,3), pero su muerte no ha sido un sacrificio al tipo antiguo, sino don y gracia de aquel que \u00abme am\u00f3 y se entreg\u00f3 por m\u00ed\u00ad\u00bb (Gal 2,20). Por eso, Jes\u00fas inicia un tipo distinto de propiciaci\u00f3n y concordia (Rom 3,21) o reconciliaci\u00f3n para los humanos (cf. 2 Cor 5,11-21), a trav\u00e9s de la misma experiencia de la vida, no de unos sacrificios especiales. Ciertamente, la Cena del Se\u00f1or actualiza y anuncia su muerte, instaurando su alianza, hasta que \u00e9l vuelva (cf. 1 Cor 11,25-26); m\u00e1s a\u00fan, ella es signo de la gracia de Dios para los creyentes, de manera que la misma enfermedad y muerte de algunos se interpreta como expresi\u00f3n de abandono eucar\u00ed\u00adstico (cf. 1 Cor 11,30); pero esa Cena de Jes\u00fas se encuentra vinculada al conjunto de la vida de los fieles, de manera que ellos mismos, la comunidad reunida en su nombre, viene a presentarse como nueva comunidad sacerdotal, sin unos sacerdotes sagrados por encima del resto de los fieles. Por eso, el problema que Pablo plantea en relaci\u00f3n con la eucarist\u00ed\u00ada no consiste en saber qui\u00e9n la preside, pues ella es cena de la comunidad entera, sino c\u00f3mo viven (c\u00f3mo la viven) los creyentes. Quiz\u00e1 no hace falta nadie que la presida en especial o lo hace el mismo due  \u00f1o o due\u00f1a de la casa-iglesia donde se re\u00fanen los creyentes, var\u00f3n o mujer, o un ap\u00f3stol (o profeta\/maestro de la comunidad), pero Pablo no siente necesidad de aclararlo, igual que en el tema del bautismo (no ha sido enviado a bautizar, sino a evangelizar: 1 Cor 1,13-17). Esa ausencia de regulaci\u00f3n muestra su inter\u00e9s por el bautismo y la fracci\u00f3n del pan en cuanto signos cristianos mostrando, al mismo tiempo, su desinter\u00e9s por la existencia de unos posibles ministros de la eucarist\u00ed\u00ada. S\u00f3lo m\u00e1s tarde, entrado el siglo segundo, cuando la celebraci\u00f3n se interpreta en l\u00ed\u00adnea sacrificial y los dirigentes de la Iglesia aparezcan en continuidad con los sacerdotes del templo jud\u00ed\u00ado de Jerusal\u00e9n (en contra de Hebreos), ser\u00e1 necesario instituir obispos y presentarlos como sucesores de los Doce, a quienes se entiende como \u00fanicos destinatarios de la palabra: haced esto en memoria m\u00ed\u00ada (1 Cor 11,24; Lc 22,21). Esta limitaci\u00f3n ministerial ser\u00ed\u00ada impensable para Pablo, que no conoce m\u00e1s liturgia sagrada que la ofrenda de la vida (cf. Rom 12,1; Flp 4,18). Evidentemente, la historia no se ha detenido: hoy, tras veinte siglos de Iglesia, no podemos volver a las comunidades paulinas, ignorando lo que despu\u00e9s ha sucedido. Pero tampoco podemos olvidar que al principio era distinto: las comunidades mostraron gran vitalidad, suscitando diversos ministerios que hoy llamar\u00ed\u00adamos laicales, siempre que el t\u00e9rmino (laico) se aplique a todos los creyentes. La distinci\u00f3n posterior entre cl\u00e9rigos y laicos, sacerdotes y seglares, no exist\u00ed\u00ada. Eso no significa que sus iglesias fueran puramente carism\u00e1ticas, en manos de la improvisaci\u00f3n. Al contrario, como muestran sus cartas, Pablo y sus colaboradores crearon ministerios, al servicio de la Palabra y Amor. As\u00ed\u00ad los recordamos, no para imitarlos al pie de la letra (cosa imposible), sino para avanzar en su l\u00ed\u00adnea.<\/p>\n<p>(3) Primera de Pedro: sacerdocio real. Resulta significativo el hecho de que haya sido una carta escrita en nombre de Pedro* la que haya puesto de relieve el sacerdocio universal de los cristianos, superando de esa forma no s\u00f3lo el sacerdocio lev\u00ed\u00adtico anterior del Antiguo Testamento, sino tambi\u00e9n un tipo de sacerdocio ministerial posterior, de tipo cristiano, vinculado al obispo de Roma, que se ha tomado como Gran Sacerdote cristiano. Siguiendo una l\u00ed\u00adnea de recuperaci\u00f3n jud\u00ed\u00ada, 1 Pe interpreta a la Iglesia como verdadero Israel; de esa forma, es l\u00f3gico que haya querido recuperar el sacerdocio israelita; pero lo hace de un modo universal (todos los cristianos son sumos sacerdotes) y no sacrificial, sino vital: el despliegue del sacerdocio se identifica con la misma vida cristiana, (a) Templo de Dios, sobre la roca de Cristo. 1 Pe escribe a unos cristianos que viven en di\u00e1spora y exilio, sin tierra ni derechos sociales, sin poderes ni valores. Pues bien, unidos a Jes\u00fas, ellos son el verdadero Reino y sacerdocio de Dios: \u00ab(Cristo Se\u00f1or&#8230;) es Piedra viva, desechada por los humanos, pero escogida y preciosa ante Dios; y vosotros, como Piedras vivas, edificaos como Templo espiritual, para un Sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales aceptos a Dios, por medio de Jesucristo&#8230; El es la Piedra que desecharon los constructores&#8230; El se ha convertido en Piedra angular. Vosotros sois linaje escogido, Sacerdocio regio, naci\u00f3n santa, pueblo de su posesi\u00f3n, para que anunci\u00e9is las virtudes de Aquel que os llam\u00f3 de las tinieblas a su luz&#8230;\u00bb (1 Pe 2,4-9). El judaismo ten\u00ed\u00ada un templo de piedra, en el monte Si\u00f3n*, de Jerusal\u00e9n. Pues bien, el templo cristiano se construye sobre la base viva de la piedra de Cristo (que en Mt 16,18 se encuentra vinculada al mismo Pedro) (cf. Heb 9,1112; Mc 12,10 par). Ciertamente, la tradici\u00f3n sab\u00ed\u00ada que los cristianos son templo de Dios (cf. 1 Cor 3,16-17; 6,19; 2 Cor 6,16). (b) Los cristianos, sacerdotes del templo de Dios. 1 Pe entiende a los cristianos como sacerdotes del templo de Dios. Sacerdotes de un templo nuevo, construido sobre la piedra rechazada que es Jes\u00fas (cf. Sal 118,22). Tambi\u00e9n ellos, exiliados y rechazados, en la di\u00e1spora de los pueblos, son sacerdocio y pueblo santo, conforme a la palabra de Ex 19,6 (cf. Is 43,21). El judaismo sinagogal se sabe igualmente heredero de las promesas de Israel, en l\u00ed\u00adnea regia (es Reino) y sacral, de manera que tambi\u00e9n los jud\u00ed\u00ados pueden sentirse sacerdotes. Pero los cristianos creen que la promesa del nuevo templo y sacerdocio de Dios, impl\u00ed\u00adcita en Ex 19,6, se ha cumplido por Jes\u00fas, a quien entienden como Piedra clave del Templo de Dios. Precisamente ellos, peregrinos y exiliados, sin tierra o protec  ci\u00f3n civil, sin autoridad mundana, son presencia de Dios sobre el mundo, vinculando dignidad social (Reino) y sacral (sacerdocio).<\/p>\n<p>(4) Apocalipsis: sacerdocio de los m\u00e1rtires. El Ap es un drama y profec\u00ed\u00ada sacral donde sacerdotes y personajes de diverso tipo juegan un papel importante. El mismo Dios aparece como Gran Sacerdote que celebra la liturgia c\u00f3smica de la salvaci\u00f3n cristiana, sobre el santuario de los cielos (cf. Ap 4-5). Por su parte, Cristo es sacerdote (como en Heb), siendo v\u00ed\u00adctima inmolada: Cordero que al final se vuelve Esposo de las bodas de la Iglesia (Ap 21-22). Finalmente, el profeta Juan es vidente y testigo del gran drama, pero no sacerdote especial, pues todos los cristianos que mantienen su fe son sacerdotes. Significativamente, el libro empieza en la liturgia de un D\u00ed\u00ada del Se\u00f1or (= domingo), con la manifestaci\u00f3n del Hijo del Humano (= Cristo) entre los candelabros del culto celeste (Ap 1,9-20), y culmina en la celebraci\u00f3n esperanzada y gozosa de la Iglesia que ruega \u00c2\u00a1Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas! (22,20). No hay en el Ap m\u00e1s sacrificio ni v\u00ed\u00adctima que Cristo, ni otro ritual que su muerte y manifestaci\u00f3n al fin gozosa, como triunfador de la batalla escatol\u00f3gica y novio de las bodas definitivas de la humanidad. Pues bien, el mismo Cristo m\u00e1rtir y esposo, Cordero sacrificado, hace que sus fieles sean reino y sacerdotes para Dios, su Padre, como anuncia la liturgia introductoria del libro (Ap 1,6) y como cantan los presb\u00ed\u00adteros del gran Sal\u00f3n del Trono, celebrando la victoria del Cordero: \u00abDigno eres de tomar el Libro y de abrir sus sellos, porque fuiste degollado, y con tu sangre compraste para Dios toda tribu, lengua, pueblo y naci\u00f3n; y los has hecho Reino y sacerdotes para nuestro Dios; y reinar\u00e1n sobre la tierra\u00bb (Ap 5,9-10). Unidos como pueblo, los creyentes son Reino (comunidad que expresa el reinado de Dios sobre la tierra); uno a uno, por la entrega de la vida, ellos se vuelven sacerdotes, pues celebran y expresan el culto y victoria de Dios en la historia. Tanto aqu\u00ed\u00ad (Ap 5,10) como en el texto anterior (Ap 1,6), los fieles de Jes\u00fas ejercen un sacerdocio personal y martirial, de tipo escatol\u00f3gico, como ratifica Ap 20,4-6, cuando identifica martirio y sacerdocio. No es sacerdote quien ejerce un rito externo, sino el que entrega la vida con Cristo (como Cristo) por fidelidad a Dios. Contra el sacerdocio instituido de las grandes familias lev\u00ed\u00adticas jud\u00ed\u00adas, frente al orden sacral jerarquizado de cierta iglesia posterior, emerge aqu\u00ed\u00ad el sacerdocio carism\u00e1tico de los m\u00e1rtires, es decir, de aquellos que ofrecen el testimonio de Jes\u00fas entregando la vida para recibir Vida plena en la Resurrecci\u00f3n Segunda (cf. 20,5; 21,2).<\/p>\n<p>(5) Vida cristiana como sacerdocio. El triunfo del sacerdocio de los m\u00e1rtires implica la ca\u00ed\u00adda del sistema antiguo, donde dominaban los sacrificadores, expertos en violencia, poderosos en el arte de imponerse sobre los dem\u00e1s, conforme a los principios de la Gran Bestia del mundo (cf. Ap 13-14). Con este sacerdocio comienza el Milenio, la inversi\u00f3n mesi\u00e1nica, el triunfo de los perdedores, es decir, de los sacerdotes-m\u00e1rtires, de los fracasados de la historia, que celebran la liturgia de la gran reconciliaci\u00f3n: son Reino porque mueren sin matar a los dem\u00e1s, son sacerdotes porque han regalado la vida a los dem\u00e1s y elevan hasta Dios el culto del amor que se mantiene fiel hasta la muerte (cf. Ap 6,9-11). Por eso, Ap 20,1-6 los presenta como protagonistas del Milenio: todos los cristianos son sacerdotes, todos forman el Reino. Despu\u00e9s viene, m\u00e1s all\u00e1 del Milenio, la Nueva Jerusal\u00e9n, como Humanidad hecha Novia, gozo y plenitud de la vida, en la que ya no existe Templo, pues el mismo Dios y su Cordero son el Templo (Ap 21,22). Cesan los sustitutos de Dios, mediadores sagrados, administradores religiosos, y s\u00f3lo queda la presencia de Dios en cada uno de sus fieles, la comuni\u00f3n inmediata y gozosa de los creyentes entre s\u00ed\u00ad, en la ciudad del Agua y la Vida, de la reconciliaci\u00f3n y la concordia (cf. 22,1-5). Este es el final: la contemplaci\u00f3n definitiva de todos los humanos, las bodas del Cordero. En el camino que lleva hacia esa meta resulta imposible (y contraproducente) hablar de un sacerdocio ministerial, exclusivo de algunos dirigentes de la Iglesia, en la l\u00ed\u00adnea de los presb\u00ed\u00adteros y obispos posteriores, hechos jerarqu\u00ed\u00ada. Todos los miembros de la comunidad, fieles al testimonio de Jes\u00fas y dispuestos a entregar la vida en la lucha final de la historia, en el camino de la Vida, se vuelven sacerdotes de este gran sacrificio que es el canto de la vida culminada de los fieles redimi  dos, que ofrecen ya desde la tierra el testimonio de su fidelidad, anticipando as\u00ed\u00ad la gloria. No hay posible sacerdocio separado de la resistencia de los fieles en la prueba, no hay sacrificio que pueda desligarse del testimonio y esperanza de la resurrecci\u00f3n. 1 Pe hablaba de una iglesia sacerdotal, que se vinculaba al padecimiento de Jes\u00fas sobre la tierra. El Ap concibe a todos los creyentes como sacerdotes-m\u00e1rtires, en la medida en que confiesan con su vida a Cristo, participando de su entrega por el Reino, en resistencia y amor hasta la muerte. No hay jerarqu\u00ed\u00ada sacerdotal en el sentido estricto de la palabra, a no ser que llamemos jerarcas a los m\u00e1rtires, es decir, a los que no tienen ning\u00fan poder dentro del mundo viejo, en la l\u00ed\u00adnea de Ap 20,1-6. Dar la vida como Cristo y con Cristo por el Reino, eso es sacerdocio.<\/p>\n<p>(6) Hebreos. Cristo sacerdote seg\u00fan el orden de Melquisedec. La carta a los Hebreos ofrece el testimonio m\u00e1s significativo y detallado sobre el sacerdocio de Jes\u00fas, entendido como superaci\u00f3n del sacerdocio oficial jud\u00ed\u00ado, y sobre los ministerios cristianos, entendidos desde la nueva experiencia de la comunidad, (a) Jes\u00fas, nuevo sacerdote (cf. Heb 9; 10,29; 12,24; 13,12). Jes\u00fas ha caminado al servicio de Dios, como los antiguos patriarcas hebreos, y Dios le ha resucitado (Heb 13,20; cf. 1,6), sent\u00e1ndole a su derecha (1,13). Por eso, los creyentes pueden venerarle como sacerdote por su entrega (2,10; 5,9; cf. 7,28; 9,11-14). Jes\u00fas es sacerdote por solidaridad: ha compartido con los hombres vida y sufrimiento, qued\u00e1ndose en sus manos, no para imponerles su poder, sino para dejarse incluso asesinar por ellos (Heb 2,5-16), haci\u00e9ndose pr\u00f3dromo (6,20), gu\u00ed\u00ada y pionero (cf. 2,10) de todos los que aceptan y siguen su camino (cf. 2,17-18; 4,14-15; 5,510), pues Dios le ha constituido sacerdote para siempre seg\u00fan el orden de Melquisedec (5,5-10; 7,11-28). Jes\u00fas no es sacerdote por genealog\u00ed\u00ada o instituci\u00f3n, sino por su amor hacia los otros (Heb 9-10). Los sacerdotes de Aar\u00f3n ofrec\u00ed\u00adan a Dios sangre de animales, como signo de una violencia repetida, en repetici\u00f3n infinita, incesante, de opresi\u00f3n sagrada. Jes\u00fas ha invertido los signos anteriores: no expresa la ira de Dios, sino que vive y despliega su amor en gratuidad; no domina a los dem\u00e1s por fuerza, sino que entrega por ellos su sangre, rompiendo la espiral de una existencia que se eleva y edifica a trav\u00e9s de la lucha (9,11-28). De esa forma ha superado el orden sacral del judaismo lev\u00ed\u00adtico, mostrando que Dios quiere vida y no sangre que le aplaque. Por eso, penetrando en el \u00abcosmos\u00bb (en la plenitud escatol\u00f3gica: 10,5; cf. 1,6), ha ofrecido a Dios su amor, pudiendo sentarse a su derecha para siempre (10,514), como sacerdote seg\u00fan el orden de Melquisedec (cf. Heb 5,6.10; 6,20; 7,17). (b) Jes\u00fas, el sacerdocio de la vida, Hijo de Dios. Jes\u00fas supera y hace in\u00fatiles los ritos de sangre, los cultos del templo, todo lo que estaba vinculado a la memoria de Lev\u00ed\u00ad y Aar\u00f3n en la historia israelita (cf. 7,11). De esta forma, precisamente all\u00ed\u00ad donde parece aceptar el sacerdocio, Hebreos ha negado el valor del sacerdocio antiguo, vinculado a los rituales de sangre violenta. A su juicio, s\u00f3lo existe el sacerdocio de la vida. Jes\u00fas no es un profesional de rito y muerte, como los aaronitas y levitas de Jerusal\u00e9n que, conforme a su ley y para mantener su ritual, le condenan a muerte (viven matando animales a Dios para aplacar su ira sagrada). Es simplemente un hombre que ha aprendido y vivido el amor, alguien que sabe dar la vida de una forma generosa, precisamente all\u00ed\u00ad donde le matan los sacerdotes violentos del orden de Aar\u00f3n. De esa manera, al dar la vida por los otros, en gracia generosa, Jes\u00fas viene a convertirse en signo y mediador de Dios, brillo de su gloria e impronta de su sustancia (cf. Heb 1,1-3). Dios no expresa en \u00e9l su ira, sino todo lo contrario: revela su amor en gozo, donaci\u00f3n generosa y di\u00e1logo personal. As\u00ed\u00ad se identifican en Jes\u00fas sacerdocio y filiaci\u00f3n divina. El camino de su vida empieza cuando Dios le dice: \u00abT\u00fa eres mi Hijo; hoy te he engendrado\u00bb (Heb 5,5; cf. Sal 2,7), en palabra de consagraci\u00f3n sacerdotal que conduce a la pascua (5,5-10). Ese camino culmina all\u00ed\u00ad donde Jes\u00fas responde: \u00abSacrificios y ofrendas no quer\u00ed\u00adas, pero t\u00fa me has dado un cuerpo (una vida)&#8230;; por eso he dicho: aqu\u00ed\u00ad estoy, oh Dios, para cumplir tu voluntad\u00bb (Heb 10,5-8; cf. Sal 40,6-8). As\u00ed\u00ad se condensa la historia de Jes\u00fas, que es Hijo siendo Sacerdote y viceversa, como expresi\u00f3n de un Dios de amor, que sustenta la vida de sus hijos, en comuni\u00f3n y fe compartida, su  perando los sacrificios anteriores de los sacerdotes de las religiones. Los jud\u00ed\u00ados acced\u00ed\u00adan al sacerdocio en virtud de un ritual y nacimiento humano (origen lev\u00ed\u00adtico), en l\u00ed\u00adnea de separaci\u00f3n sagrada y poder. Jes\u00fas es sacerdote en virtud de su vida entregada en amor por los otros. Es sacerdote al ser\/hacerse Hijo de Dios y Hermano de todos los humanos, en camino y gesto donde pierden su sentido y se superan los sacerdocios jer\u00e1rquicos antiguos, fundados en la violencia de Dios, expresados como poder sobre los otros.<\/p>\n<p>(7) Sacerdocio de Jes\u00fas, heterodoxia jud\u00ed\u00ada, ortodoxia rnesi\u00e1nica. Este sacerdocio de Jes\u00fas se hallaba insinuado en la visi\u00f3n de un judaismo heterodoxo que ha destacado la figura de Melquisedec (cf. Heb 7), a quien la Biblia presenta sin padre ni madre, sin genealog\u00ed\u00ada ni noticia sobre el principio o final de su existencia. As\u00ed\u00ad es Jes\u00fas: conocemos su familia humana; pero su sacerdocio brota del amor de Dios en cuyas manos se entrega como Hijo y Amigo verdadero (cf. 5,5-10). De esta forma se vinculan filiaci\u00f3n divina y sacerdocio. Es sacerdote por ser Hijo: Dios le ama, engendr\u00e1ndole y haci\u00e9ndole presencia total de su misterio. Por eso decimos que es \u00abbrillo de la gloria e impronta de la sustancia\u00bb de Dios (1,3). Es sacerdote porque entrega a Dios su vida, ofreci\u00e9ndola en favor de aquellos mismos que le matan. Por eso le adoran los \u00e1ngeles (cf. 1,6) y as\u00ed\u00ad permanece ayer, hoy y por siempre (13,8). La ofrenda de Jes\u00fas dura por siempre, pues supera el nivel de disputas din\u00e1sticas que han ensombrecido el sacerdocio israelita de su tiempo, por lo menos desde la crisis macabea (168 a.C.). No es un sacerdocio de lucha de poder, no es un ministerio cuyas funciones deban repetirse a\u00f1o tras a\u00f1o, en la gran ceremonia del kippur o expiaci\u00f3n que Heb 7-10 ha recreado cuidadosamente. Jes\u00fas es sacerdote de una forma nueva, abierta a los que aceptan y siguen su camino. Todo intento de volver al sacerdocio lev\u00ed\u00adtico resulta improcedente: s\u00f3lo existe el sacerdocio de Jes\u00fas, como entrega salvadora, en amor de gratuidad, abierta para siempre, desde el cielo, a todos los hermanos. Realiz\u00f3 una vez su sacrificio, su amor y\/o salvaci\u00f3n ya no se acaba. Este sacerdocio\/sacrificio de Jes\u00fas llena de tal forma la escena cristiana que no hay lugar para otros sacerdocios\/sacrificios dentro de la Iglesia, que se entiende a s\u00ed\u00ad misma como pueblo mesi\u00e1nico-sacerdotal, como saben el Apocalipsis (cf. Ap 1,6; 5,10 y la Primera de Pedro (1 Pe 2,5.9).<\/p>\n<p>(8) Los ministros cristianos. Seg\u00fan Hebreos, el sacerdocio de Cristo s\u00f3lo puede aplicarse a los cristianos por identificaci\u00f3n cristol\u00f3gica y vital: todos participan de la ofrenda de Jes\u00fas, integr\u00e1ndose en su vida. Por eso, los dirigentes de la comunidad no son sacerdotes, sino gu\u00ed\u00adas o dirigentes (h\u00e9goumenoi): \u00abAcordaos de vuestros gu\u00ed\u00adas, que os hablaron la palabra de Dios, y considerando su conducta&#8230; Obedeced y someteos a vuestros gu\u00ed\u00adas, pues ellos velan por vosotros, como quienes han de dar cuenta. Permitidles que lo hagan con alegr\u00ed\u00ada. Saludad a todos vuestros gu\u00ed\u00adas y a todos los santos. Los de Italia os saludan\u00bb (Heb 13,7.17.24). El simbolismo y la tarea sacerdotal de Cristo se aplica, pues, al conjunto de la comunidad, no a sus dirigentes o gu\u00ed\u00adas, que realizan una funci\u00f3n importante, pero no en l\u00ed\u00adnea sacral: no son sacerdotes separados en sentido antiguo (como Aar\u00f3n), sino creyentes que ofrecen su palabra a los dem\u00e1s y les ayudan a vivir en comuni\u00f3n y a comprender los fundamentos y honduras de la fe (cf. Heb 6,1-2). Todos los cristianos son, por tanto, sacerdotes en Jes\u00fas y por Jes\u00fas, pues todos ofrecen con \u00e9l la thysia o liturgia de las buenas obras. Esta es la paradoja de Hebreos, texto antisacrificial, escrito para condenar (con argumentos de heterodoxia israelita y ortodoxia cristiana) el orden lev\u00ed\u00adtico que ten\u00ed\u00ada sacerdotes y sacrificios especiales. Pronto, desde 1 Clem, muchos han olvidado su novedad y han reinterpretado el sacerdocio de Jes\u00fas (y sus ministros eclesiales) a partir de un esquema lev\u00ed\u00adtico, que Heb hab\u00ed\u00ada rechazado y superado. As\u00ed\u00ad, la Iglesia se ha vuelto m\u00e1s jud\u00ed\u00ada que los jud\u00ed\u00ados de las sinagogas, aplicando el simbolismo y jerarqu\u00ed\u00ada de los sacerdotes de Jerusal\u00e9n a su estructura y liturgia sacral.<\/p>\n<p>(9) Laicos jud\u00ed\u00ados, sacerdotes cristianos. Los jud\u00ed\u00ados de la federaci\u00f3n de sinagogas aceptaron de un modo consciente (y consecuente) el fin de templo y sacrificios, llorando su orfandad ante el Muro de las Lamentaciones. Por el contrario, gran parte de la Iglesia cristiana, a diferencia de Hebreos (y de 1 Pe y Ap), ha recuperado y expresado el simbolismo sacral del templo de Jerusal\u00e9n (y la sacralidad grecorromana) en su organizaci\u00f3n y en su liturgia, en l\u00ed\u00adnea de Antiguo Testamento. La experiencia espec\u00ed\u00adfica de los ministros (hegoumenoi-dirigentes de Heb o presb\u00ed\u00adterosobispos de otros textos) no puede interpretarse de forma sacerdotal, pues ellos no ejercen alg\u00fan tipo de sacerdocio, sino un ministerio mesi\u00e1nico al servicio de la confesi\u00f3n de fe y la comuni\u00f3n fraterna, que puede variar y ha variado a lo largo de la Iglesia. Para los cristianos, Cristo es el \u00fanico sacerdotesacrificio, de forma que en \u00e9l ha cesado la rueda inmensa de las purificaciones sacrales de la historia, la violencia impotente de las v\u00ed\u00adctimas humanas o animales, elevada ante el misterio de Dios. La misma vida concreta, realizada en plenitud por Cristo-Sacerdote y abierta en amor generoso a todos los humanos, se ha revelado al fin en Dios como experiencia de gracia, existencia compartida, perd\u00f3n pleno. Todo es sagrado y sacerdotal en Cristo y en aquellos que asumen su camino. Pero todo es, al mismo tiempo, profano y laical, porque el sacerdocio-sacrificio de todos los fieles se identifica con la vida en gratuidad, el amor mutuo y la apertura generosa hacia el Dios, que nos ayuda desde ahora y nos espera en su propio Tabern\u00e1culo, donde el Cristo ha entrado ya, como pionero o precursor (cf. Heb 6,20) de esta gran marcha de la libertad que define al nuevo pueblo caminante. Todos los cristianos podr\u00ed\u00adan llamarse sacerdotes (cosa que Heb no hace), pero todos son, al mismo tiempo, laicos, es decir, el pueblo de Dios en camino.<\/p>\n<p>(10)  Pedro y Hebreos. Heterodoxia y ortodoxia israelita. Hebreos toma a Jes\u00fas como sacerdote en la l\u00ed\u00adnea de Melquisedec, rechazando el esquema nacional del templo de Jerusal\u00e9n y de los sacerdotes de Aar\u00f3n, situ\u00e1ndose as\u00ed\u00ad en la perspectiva de lo que podr\u00ed\u00adamos llamar la heterodoxia jud\u00ed\u00ada. 1 Pe asume la ortodoxia nacional, aaronita, interpretando a los cristianos como templo y pueblo de Dios, en una l\u00ed\u00adnea avalada por Ex 19,6; en esa l\u00ed\u00adnea atribuye el sacerdocio (hierateuma) a la comunidad de creyentes exiliados en el mundo, a la Iglesia entera, santuario escatol\u00f3gico donde se han cumplido las promesas de Israel, desde las m\u00e1rgenes del mundo. El verdadero sacerdocio pertenece al pueblo entero, en su doble vertiente: sacral (sacerdocio santo) y social (sa cerdocio regio). Por eso, los que ejercen funciones directivas en la Iglesia no ser\u00e1n, en cuanto tales, sacerdotes, sino simplemente ancianos o presb\u00ed\u00adteros, representantes del pueblo. De esa forma ha invertido la autoridad y poder del mundo. El verdadero sacerdocio y Reino ya no pertenece a los jerarcas de Roma (representantes del sistema), sino a la Iglesia de los fieles de Jes\u00fas, perseguidos y exiliados, que aparecen as\u00ed\u00ad como Israel verdadero (conforme a la cita de Ex 19,6). Esta es la inversi\u00f3n mesi\u00e1nica: emerge aqu\u00ed\u00ad la autoridad de los expulsados y excluidos. Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada ofrecido el reino de Dios a los enfermos e impuros (marginados) de Israel. Destinatarios de ese Reino y sacerdocio verdadero son ahora los cristianos exiliados y oprimidos del imperio: ellos, los que nada pueden, son la verdadera autoridad sobre la tierra, signo de la gracia de Dios, portadores de su libertad sobre el sistema. M\u00e1s adelante, la Iglesia ha establecido su poder sacral (altar) junto al poder social (trono), viniendo a presentarse de esa forma como parte importante del sistema; pero con ello ha vuelto a invertir la visi\u00f3n de 1 Pe, donde la Iglesia es libre (Reinosacerdocio) precisamente porque acepta su exilio y no pacta con el sistema de poder del mundo.<\/p>\n<p>Cf. C. K. BARRET, Cliurcli, Ministry and Sacraments in the New Testament, Patern\u00f3ster, Exeter 1985; J. COLSON, L\u2020\u2122e&#8217;piscopat catholique. Collegialit\u00e9 et primante&#8217; dans les troispremiers si\u00e9cles, Par\u00ed\u00ads 1963; Ministre de Je&#8217;susChrist on le sacerdoce de l\u2020\u2122Evang\u00fce. Tradition paulinienne et tradition Johannique de l\u2020\u2122e&#8217;piscopat, des origines \u00e1 Saint Ire&#8217;ne&#8217;e, Par\u00ed\u00ads 1951; J. DELORME, El ministerio y los ministerios seg\u00fan el Nuevo Testamento, Cristiandad, Madrid 1975; J. H. ELLIOT, Un hogar para los que no tienen patria ni hogar. Estudio cr\u00ed\u00adtico social de la Carta primera de Pedro y de su situaci\u00f3n y estrategia. Verbo Divino, Estella 1995; E. SCH\u00dcSSLER FIORENZA, Priester f\u00fcr Gott. Studien z,um Herrschaftsund Priestermotiv in der Apokalypse, NTA 7, M\u00fanich 1972; A. VANHOYE, Sacerdotes antiguos, Sacerdote nuevo seg\u00fan el Nuevo Testamento, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1998.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. El sacerdocio del AT, v\u00ed\u00ada de acceso a Dios.-II. Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, sacerdote definitivo seg\u00fan Hebreos.-III. Presencia y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en el ministerio ordenado.-IV. Sacerdocio y Trinidad en el ritual de \u00f3rdenes.<\/p>\n<p>I. El sacerdocio del AT, v\u00ed\u00ada de acceso a Dios<br \/>\nEn cualquier religi\u00f3n, sacerdocio y mediaci\u00f3n son categor\u00ed\u00adas afines. El pueblo hebreo, que hab\u00ed\u00ada hecho del culto a Yahv\u00e9 el v\u00e9rtice de su vida como pueblo de Dios, valoraba altamente la funci\u00f3n medianera de sus sacerdotes. Atribu\u00ed\u00ada el origen del sacerdocio lev\u00ed\u00adtico a una iniciativa de Yahv\u00e9, que quer\u00ed\u00ada comunicarse con fluidez con el pueblo que se hab\u00ed\u00ada escogido (Ex 29; 32, 29; Lev 8, 1-36; N\u00fam 3, 12.41.45; 8, 16-19).<\/p>\n<p>Desde el Exodo hasta la destrucci\u00f3n del templo, el sacerdocio israelita conoci\u00f3 grandes transformaciones en cuanto a su situaci\u00f3n en el pueblo, su ordenamiento y sus funciones. A pesar de ello,cabe discernir en su larga historia unas tendencias comunes constantes.<\/p>\n<p>Los primeros sacerdotes que se mencionan despu\u00e9s del asentamiento de las tribus israelitas en tierras de Cana\u00e1n aparecen al servicio de alg\u00fan santuario, como guardianes de santuarios locales (Jue 17-18; 1 Sam 1-4; 7, 1; 1 Re 12, 31-32). Esta vinculaci\u00f3n de los sacerdotes con el santuario se mantendr\u00e1 invariablemente. El santuario es signo de la presencia de Yahv\u00e9 en medio de su pueblo. Los sacerdotes est\u00e1n al servicio de esta presencia.<\/p>\n<p>En la bendici\u00f3n de Mois\u00e9s a la tribu de Lev\u00ed\u00ad (Dt 33, 8-10) se enumeran las funciones sacerdotales seg\u00fan un orden que responde al de su aparici\u00f3n en la historia.<\/p>\n<p>En primer lugar se menciona la funci\u00f3n oracular: \u00abDale a Lev\u00ed\u00ad tus Urim y tus Tummim al hombre de tu agrado\u00bb (Dt 33, 8). Corresponde a los sacerdotes consultar a Yahv\u00e9, indagar su voluntad en beneficio de los creyentes que desean \u00abconocer los caminos del Se\u00f1or\u00bb, transmitirles los mensajes de lo alto (Jue 18, 5; 1 Sam 14, 41; 23, 9-12; 30, 7-8; N\u00fam 27, 21).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se espera de los sacerdotes que \u00abense\u00f1en tus normas a Jacob y tu Ley a Israel\u00bb (Dt 33, 10). Jer 2, 8 les llama \u00abperitos de la Ley\u00bb. Establecen la conformidad o disconformidad de un comportamiento con la norma establecida; disciernen entre lo puro y lo impuro, entre lo sagrado y lo profano; cuidan que la conducta de los israelitas est\u00e9 de acuerdo con la Palabra (Dt 31, 9-13.26; Os 4, 6).<\/p>\n<p>Las funciones propiamente cultuales aparecen en \u00faltimo lugar: \u00abPonen incienso ante tu rostro, y perfecto sacrificio en tu altar\u00bb (Dt 33, 10). La conexi\u00f3n de los sacerdotes con los sacrificios, que no aparece en las referencias m\u00e1s antiguas, se fue afirmando progresivamente, hasta convertirse en la funci\u00f3n sacerdotal por antonomasia. Pero el sacerdote no sacrificaba las v\u00ed\u00adctimas; solamente presentaba y depositaba sobre el altar la parte del sacrificio que correspond\u00ed\u00ada a Dios.<\/p>\n<p>Es tambi\u00e9n tarea sacerdotal \u00abbendecir en el nombre de Yahv\u00e9\u00bb (Dt 10, 8; N\u00fam 6, 22-27; Eclo 45, 15). Invocar sobre una persona el nombre del Se\u00f1or es ponerla en una relaci\u00f3n personal viva con \u00e9l. Con el paso del tiempo la funci\u00f3n de interceder por el pueblo ante Dios fue cobrando fuerza (2 Mac 15, 12.14).<\/p>\n<p>\u00abEstas diferentes funciones tienen un fundamento com\u00fan: cuando el sacerdote transmite un or\u00e1culo, comunica una respuesta de Dios; cuando da una instrucci\u00f3n, la t\u00f3rah, y cuando m\u00e1s tarde explica la Ley, la T\u00f3rah, transmite e interpreta una ense\u00f1anza que viene de Dios; cuando lleva al altar la sangre y las carnes de las v\u00ed\u00adctimas y cuando hace humear el incienso, presenta a Dios las oraciones y peticiones de los fieles. Representante de Dios cerca de los hombres en las primeras funciones, representante de los hombres cerca de Diosen la tercera, es en todo como un intermediario\u00bb. \u00abPor medio del sacerdote, los hombres hacen propicio a Dios, y Dios, a trav\u00e9s de su servidor, obra y dispensa sus gracias a los hombres. Con su doble mediaci\u00f3n -descendente y ascendente-, el sacerdote es recuerdo vivo de la alianza entre Dios y su pueblo;. todas sus actividades tienden a crear comuni\u00f3n entre ambos.<\/p>\n<p>Su condici\u00f3n de mediador obligaba a los sacerdotes a vivir en la cercan\u00ed\u00ada de Dios. Por eso, dada la viva conciencia que se ten\u00ed\u00ada de la santidad de Yahv\u00e9, se exig\u00ed\u00ada tambi\u00e9n a ellos una santidad nada com\u00fan. Formaban un grupo \u00abpuesto aparte\u00bb, segregado del mundo profano por Dios, \u00abconsagrado\u00bb a su servicio exclusivo. Esta situaci\u00f3n de segregaci\u00f3n y consagraci\u00f3n la forz\u00f3 de alguna manera el propio Yahv\u00e9 cuando dispuso que la Tribu de Lev\u00ed\u00ad no participara en la distribuci\u00f3n de las tierras de Cana\u00e1n (N\u00fam 18, 20.23; 26, 62; Dt 10, 8-9; 12, 12&#8230;). Al tener que vivir como forasteros (gerim) en medio de las otras tribus, los levitas se vieron obligados a poner su tesoro (\u00absu porci\u00f3n y heredad\u00bb) \u00fanicamente en Yahv\u00e9 y en su servicio (Sal 16).<\/p>\n<p>En sus personas, en su forma de vida y en sus actividades, los sacerdotes eran, al igual que Aar\u00f3n, \u00abmemorial para los hijos de Israel\u00bb (Eclo 45, 9): simbolizaban la santidad requerida en todos para acercarse a Dios; recordaban especialmente a Israel su peculiar vocaci\u00f3n al estado de santidad, que pertenece a la identidad misma del pueblo de la alianza.<\/p>\n<p>El sacerdocio lev\u00ed\u00adtico no se mantuvo a la altura de su vocaci\u00f3n. El ritualismo, duramente denunciado por losprofetas, prevaleci\u00f3 sobre la verdad del coraz\u00f3n. Mas, independientemente de este fallo, por su misma condici\u00f3n de figura (typos) estaba llamado a desvanecerse en cuanto, llegada la plenitud de los tiempos, compareciera el Sacerdocio verdadero que hab\u00ed\u00ada de colmar efectivamente la aspiraci\u00f3n profunda que alent\u00f3 al sacerdocio antiguo: llevar a la familia humana a la comuni\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>II. Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, sacerdote definitivo seg\u00fan Hebreos<br \/>\nEl \u00fanico documento del NT que da a Cristo expresamente los t\u00ed\u00adtulos de sacerdote y sumo sacerdote -la ep\u00ed\u00adstola a los Hebreos (3, 1; 4, 14.15; 8, 1; 9, 11; 10, 21)- nos sorprende con una doctrina sistem\u00e1tica sobre el sacerdocio de Cristo, desarrollada como tema central del escrito.<\/p>\n<p>Lo presenta en perspectiva hist\u00f3rica y tipol\u00f3gica; en relaci\u00f3n con Mois\u00e9s y Melquisedec, pero sobre todo como complemento escatol\u00f3gico del sacerdocio lev\u00ed\u00adtico. Este planteamiento le lleva, por una parte, a se\u00f1alar las semejanzas, que autorizan el recurso a la tipolog\u00ed\u00ada, y, por otra, a marcar las diferencias, que le permiten afirmar la superioridad del sacerdocio de Cristo sobre sus \u00abtipos y figuras\u00bb.<\/p>\n<p>La tesis del \u00abdiscurso sacerdotal\u00bb (que no carta) es que Cristo alcanz\u00f3 de una vez para siempre, de manera perfecta, el objetivo fundamental de toda mediaci\u00f3n sacerdotal -establecer la comuni\u00f3n entre Dios y la humanidad-, de suerte que en adelante resultan innecesarios otros sacerdocios (sacrificios). El fundamento de esta singular eficacia y unicidad del sacerdocio (sacrificio) de Cristo no es otro que su condici\u00f3n de Hijo de Dios encarnado. En los momentos cr\u00ed\u00adticos de su razonamiento el autor del discurso apela a este motivo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haberlo comparado por extenso con los \u00e1ngeles en los caps. 1 y 2, llama a \u00abJes\u00fas, el ap\u00f3stol y sumo sacerdote de nuestra fe\u00bb (3, 1). El t\u00ed\u00adtulo de ap\u00f3stol, que no se aplica a Cristo en ning\u00fan otro lugar del NT, parece querer aludir aqu\u00ed\u00ad a los \u00e1ngeles. Son, en efecto, afines las nociones de \u00ab\u00e1ngel\u00bb (mensajero) y \u00abap\u00f3stol\u00bb (enviado). Tambi\u00e9n los \u00e1ngeles son \u00abenviados con la misi\u00f3n (apostell\u00f3mena) de asistir a los que han de heredar la salvaci\u00f3n\u00bb (1, 14). La superioridad de Cristo sobre los \u00e1ngeles estriba en que, mientras \u00e9stos act\u00faan como \u00abservidores\u00bb (leitourgik\u00e1), aqu\u00e9l lo hace como Hijo. \u00abEn efecto, \u00bfa qu\u00e9 \u00e1ngel dijo alguna vez: Hijo m\u00ed\u00ado eres t\u00fa; yo te he engendrado hoy?\u00bb (1, 5). Nadie puede ser ap\u00f3stol (shaliah), plenipotenciario del Padre, como su propio Hijo.<\/p>\n<p>En Cristo se dieron, como en ning\u00fan otro mediador, las dos condiciones requeridas para la obra de mediaci\u00f3n: la confianza de Dios y la solidaridad con los hombres. Respecto de la primera, se afirma que Cristo es \u00absumo sacerdote digno de fe (pist\u00f3s) en lo que toca a Dios\u00bb (2, 17), es decir, acreditado ante Dios, porque goza de su confianza. En esto se le compara con Mois\u00e9s, el amigo de Dios por antonomasia: \u00ab\u00e9l es de toda confianza en mi casa\u00bb (N\u00fam 12, 7). Pues bien, la confianza que Dios tiene depositada en Cristo es mayor que la que otorg\u00f3 a Mois\u00e9s. La raz\u00f3n de la diferencia, nuevamente, la condici\u00f3n filial del primero: \u00abMois\u00e9s fue pist\u00f3s en toda la casa como servidor&#8230; Cristo lo fue como Hijo, al frente de su propia casa\u00bb (3, 5-6). La segunda condici\u00f3n -la solidaridad con los hombres-, que le hace ser compasivo (ele\u00e9m\u00f3n) con ellos (2, 17), no guarda relaci\u00f3n directa con la filiaci\u00f3n divina y, sin embargo, hablando de ella se recuerda por dos veces que Cristo es Hijo de Dios (5, 5.8), como si, una vez hecho hombre, su condici\u00f3n de Hijo de Dios lo hiciera capaz de compartir con m\u00e1s hondura el destino de sufrimiento de sus hermanos.<\/p>\n<p>La primera funci\u00f3n medianera de Cristo que se menciona es la prof\u00e9tica: sacerdocio y Palabra no van por separado. La comparaci\u00f3n en este punto se establece primeramente con los \u00e1ngeles, mensajeros de la Palabra de Dios, pero principalmente con Mois\u00e9s, \u00abservidor para atestiguar cuanto hab\u00ed\u00ada de anunciarse\u00bb (3, 5), int\u00e9rprete y portavoz eximio de Dios, quien \u00abhablaba con \u00e9l boca a boca, abiertamente y no en enigmas\u00bb (N\u00fam 12, 7). Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad la comparaci\u00f3n se resuelve a favor de Cristo y la raz\u00f3n es de nuevo su condici\u00f3n de Hijo de Dios (1, 2; 3, 5-6). Como profeta de Dios, nadie puede tener mayor autoridad que el propio Hijo de Dios y nadie puede exigir con m\u00e1s derecho nuestra adhesi\u00f3n de fe (5, 9). Por \u00e9l ha dicho el Padre su Palabra decisiva (1, 2).<\/p>\n<p>La mayor parte de la disertaci\u00f3n sobre el sacerdocio de Cristo gira en torno a su sacrificio (7, 1-10, 18). Aqu\u00ed\u00ad la comparaci\u00f3n es con los sacerdotes lev\u00ed\u00adticos. Se acumulan las ant\u00ed\u00adtesis entre el sacerdocio antiguo y el de Cristo, puntuando cada vez la superioridad de este \u00faltimo. 1) Mientras en los sacrificios antiguos se ofrec\u00ed\u00ada \u00absangre de machos cabr\u00ed\u00ados y de novillos\u00bb (\u00abprescripciones carnales\u00bb: 9, 10), Cristo \u00abofrece su propia sangre\u00bb, \u00abse ofreci\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo sin tacha a Dios por el Esp\u00ed\u00adritu eterno\u00bb (9, 12-14). 2) All\u00ed\u00ad se presentaban sobre el altar, \u00aben orden a.la purificaci\u00f3n de la carne\u00bb (9, 13), \u00abdones y sacrificios incapaces de perfeccionar en su conciencia al adorador\u00bb (9, 9); Cristo, en ambio, \u00abse convirti\u00f3 en causa de salvaci\u00f3n eterna para todos los que le obedecen\u00bb (5, 9), \u00abllev\u00e1ndolos para siempre a la perfecci\u00f3n\u00bb (10, 14; cf. 7, 25; 9, 12): una reconciliaci\u00f3n sin reservas, para todos y para siempre. 3) La ineficacia de sus ofrendas obligaba a los sacerdotes antiguos a menudear sus sacrificios, mientras que a Cristo le bast\u00f3 ofrecerse a s\u00ed\u00ad mismo \u00abuna sola vez por todas\u00bb (eph\u00e1pax, h\u00e1pax: 7, 27; 9, 12.26.28; 10, 10.12.14). 4) Frente a unos sacrificios que pertenec\u00ed\u00adan a una alianza pasajera, el sacrificio de Cristo sell\u00f3 una alianza nueva y eterna, fundada en promesas mejores (7, 22; 8, 6-13; 9, 15-20). 5) Una imagen espacial ayudar\u00e1 a visualizar esta superioridad del sacerdocio de Cristo: mientras que los sacerdotes del templo s\u00f3lo lograban presentar sus sacrificios en un santuario terreno, hecho por manos de hombre, figura del tiempo presente, Cristo penetr\u00f3 una vez para siempre en el mismo cielo, en el santuario verdadero, present\u00e1ndose ante el acatamiento de Dios (4, 14; 9, 1-12.24). La explicaci\u00f3n de esta eficacia singular no es otra que la condici\u00f3n de Hijo de Dios que ostenta el que es sacerdote y v\u00ed\u00adctima, a la vez, de este sacrificio: \u00abTenemos tal sumo sacerdote que penetr\u00f3 los cielos -Jes\u00fas, el Hijo de Dios\u00bb- (4, 14). La oblaci\u00f3n total de s\u00ed\u00ad mismo recibi\u00f3 del Padre la acogida plena que merece el Hijo.<\/p>\n<p>\u00abAquellos sacerdotes fueron muchos, porque la muerte les imped\u00ed\u00ada perdurar\u00bb, es decir, su sacerdocio era ef\u00ed\u00admero y se suced\u00ed\u00adan unos a otros en su ejercicio. Cristo, en cambio, \u00abposee un sacerdocio perpetuo, porque permanece para siempre\u00bb (7, 23-24). La consabida raz\u00f3n de la diferencia asoma esta vez al arrimo de la tipolog\u00ed\u00ada de Melquisedec, quien \u00absin padre, ni madre, ni genealog\u00ed\u00ada, sin comienzo de d\u00ed\u00adas, ni fin de vida, asemejado al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre\u00bb (7, 3).<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, como resultado de su sacrificio, el Padre le otorg\u00f3 la perfecci\u00f3n (tele\u00ed\u00ad\u00f3sis) en cuanto sacerdote (2, 10; 5, 9-10). Fue para \u00e9l a modo de consagraci\u00f3n sacerdotal definitiva, muy superior a la lev\u00ed\u00adtica (7, 11.18), \u00abya que la Ley no llev\u00f3 nada a la perfecci\u00f3n\u00bb (7, 19). Llama la atenci\u00f3n el que, en el contexto de esta telei\u00f3sis, se haga por dos veces menci\u00f3n expresa de su condici\u00f3n de Hijo de Dios (5, 9; 7, 28). El momento de su instalaci\u00f3n y proclamaci\u00f3n definitivas como sumo sacerdote coincide con su definitivo reconocimiento como Hijo en la resurrecci\u00f3n, que fue como una nueva generaci\u00f3n para \u00e9l: \u00abQuien le dijo: Hijo m\u00ed\u00ado eres t\u00fa; yo hoy te he engendrado&#8230; dice tambi\u00e9n: T\u00fa eres sacerdote para siempre&#8230;\u00bb (5, 5-6).<\/p>\n<p>La encarnaci\u00f3n y la pasi\u00f3n son ciertamente elementos constitutivos del sacerdocio de Cristo, pero lo que \u00abaporta a ese sacrificio una determinaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica que hace de \u00e9l un sacerdocio sin igual\u00bb&#8216;\u00c2\u00b0, absolutamente eficaz, \u00fanico, irrepetible e inhereditable, es la filiaci\u00f3n divina de quien lo ofrece.<\/p>\n<p>III. Presencia y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en el ministerio ordenado<br \/>\nAll\u00ed\u00ad donde se realiza hist\u00f3ricamente el designio salvador de Dios est\u00e1 activamente presente el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Ahora bien, el ministerio ordenado, en sus distintas modalidades, es fundamentalmente una misi\u00f3n al servicio de la historia de la salvaci\u00f3n. Se comprende, pues, que su realidad est\u00e9 enteramente como transida por la presencia y la energ\u00ed\u00ada del que es protagonista de esa historia. No es posible profundizar en su comprensi\u00f3n sin ahondar en esta dimensi\u00f3n pneumatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Los datos de la revelaci\u00f3n y de la tradici\u00f3n se\u00f1alan ya la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en la etapa del AT, de manera peculiar en la elecci\u00f3n y direcci\u00f3n de los agentes de la mediaci\u00f3n entre Dios y su pueblo (especialemnte de los reyes y profetas, m\u00e1s que de los sacerdotes)\u00bb. Esta intervenci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu alcanz\u00f3 su culminaci\u00f3n en la etapa decisiva, animando con su poder el testimonio prof\u00e9tico y la obra sacerdotal de Jes\u00fas de Nazaret. Ni la misi\u00f3n ni la persona ni el ministerio ni el sacerdocio de Cristo se pueden separar del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>En el tiempo que va de la ascensi\u00f3n a la parus\u00ed\u00ada, la misma existencia de la iglesia es impensable sin la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. De \u00e9l traen su origen todos los carismas que la enriquecen y, en particular, el sacerdocio, las \u00f3rdenes, los diversos ministerios. \u00abLa organizaci\u00f3n interna de la Iglesia es obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. \u00abEl mismo Par\u00e1clito fue quien estableci\u00f3 esta secuencia (akolouth\u00ed\u00ada) de \u00f3rdenes\u00bb. El Esp\u00ed\u00adritu es el principio estructurante del organismo eclesial.<\/p>\n<p>Pero su protagonismo no se detiene ah\u00ed\u00ad. Seg\u00fan la tradici\u00f3n, el Esp\u00ed\u00adritu sigue interviniendo activamente en las ordenaciones de la Iglesia. Aun cuando otros agentes (clero, pueblo) toman parte en la elecci\u00f3n de los candidatos, es siempre el Esp\u00ed\u00adritu quien en realidad elige y llama para los distintos ministerios (He 13, 4; 20, 28). El es tambi\u00e9n el gran liturgo de las ordenaciones, como lo est\u00e1 sugiriendo el simbolismo de la imposici\u00f3n de las manos: \u00abSignifica que el dador del poder y de la gracia es el Esp\u00ed\u00adritu Santo y el obispo es ministro y mediador, algo as\u00ed\u00ad como el canal que nos trae el agua tomada de la fuente\u00bb\u00bb. \u00abEs, pues, don del Esp\u00ed\u00adritu Santo el ministerio del sacerdote\u00bb.<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu es dador y es don al mismo tiempo. El rito de las ordenaciones, en su n\u00facleo central, desde los mismos or\u00ed\u00adgenes apost\u00f3licos, es una ep\u00ed\u00adclesis en sentido estricto: invocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo asociada al gesto de la imposici\u00f3n de las manos\u00bb. Las plegarias de ordenaci\u00f3n de las distintas tradiciones lit\u00fargicas coinciden en pedir para el ordenando el Esp\u00ed\u00adritu Santo. En cada ordenaci\u00f3n se actualiza el misterio de Pentecost\u00e9s: de ella sale el ordenado, al igual que los ap\u00f3stoles, \u00abllevando en su alma al Esp\u00ed\u00adritu Santo de quien brotan el tesoro y la fuente de sus ense\u00f1anzas, de sus dones y de todos los bienes\u00bb&#8216;>. Esta efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu es, a la verdad, la fuente de la misi\u00f3n y del ministerio en su triple funci\u00f3n de ense\u00f1ar, santificar y apacentar al pueblo de Dios y es el manantial de la gracia y poderes que se necesitan para desempe\u00f1arlos cumplidamente.<\/p>\n<p>La ordenaci\u00f3n instala al nuevo ministro en una relaci\u00f3n espec\u00ed\u00adficamente nueva respecto del Esp\u00ed\u00adritu Santo: lo convierte en instrumento del Esp\u00ed\u00adritu, en su colaboradpr (synerg\u00f3s) para la realizaci\u00f3n conjunta de la obra de Cristo. El ministerio es simplemente diakon\u00ed\u00ada to\u00fa pne\u00famatos (2 Cor 3, 8) y el ministro es alguien de quien el Esp\u00ed\u00adritu se ha posesionado. La tradici\u00f3n se muestra convencida de que el Esp\u00ed\u00adritu acompa\u00f1a y asiste a sus ministros en su actividad ministerial. Esta convicci\u00f3n est\u00e1 en la base de la seguridad (parres\u00ed\u00ada) del ministro.<\/p>\n<p>El don del Esp\u00ed\u00adritu comunicado en la ordenaci\u00f3n opera en el interior del ordenado una transformaci\u00f3n profunda. \u00abLa fuerza del sacramento es la gracia del Esp\u00ed\u00adritu septiforme. Los que reciben esta gracia son transformados por ella como si hubieran recibido otro coraz\u00f3n. En efecto, a aquellos a quienes el Esp\u00ed\u00adritu fortalece con su gracia los hace distintos de lo que eran\u00bb22. Las plegarias de ordenaci\u00f3n, en su secci\u00f3n epicl\u00e9tica, ofrecen como un espejo de virtudes ministeriales, que la Iglesia espera tomen cuerpo en la vida de sus ministros gracias a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Este quiere, en efecto, instrumentos que le sean afines (\u00abespirituales\u00bb) y en comuni\u00f3n estrecha (syn\u00e9theia) con \u00e9l\u00bb. Una situaci\u00f3n de divorcio entre la funci\u00f3n ministerial y la vida personal del ministro no se compadece con la dimensi\u00f3n pneumatol\u00f3gica del ministerio.<\/p>\n<p>La atenci\u00f3n a estos n\u00faltiples lazos del ministerio ordenado con el Esp\u00ed\u00adritu aleja toda tentaci\u00f3n de cristomonismo y abre el camino a la contemplaci\u00f3n del sacerdocio en perspectiva trinitaria. La acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo aparece como la manifestaci\u00f3n de la voluntad del Padre de comprometerse en la obra del Hijo.<\/p>\n<p>IV. Sacerdocio y Trinidad en el ritual de \u00f3rdenes<br \/>\nEl nuevo ritual de ordenes promulgado en 1973 y revisado en 1990 refleja bastante satisfactoriamente la din\u00e1mica trinitaria de la ordenaci\u00f3n y del ministerio ordenado. Con ello, adem\u00e1s de expresar una dimensi\u00f3n que resulta decisiva para la comprensi\u00f3n del sacramento, se corrige ese \u00abolvido de la Trinidad\u00bb de que adolecen, seg\u00fan algunos, la doctrina y praxis sacramentales en Occidente.<\/p>\n<p>A decir verdad, los textos eucol\u00f3gicos de las ordenaciones, en las distintas tradiciones lit\u00fargicas, acertaron siempre a poner de manifiesto esta dimensi\u00f3n. Y la raz\u00f3n es que, por lo general, las plegarias consecratorias sit\u00faan la ordenaci\u00f3n de un obispo, presb\u00ed\u00adtero o di\u00e1cono en el contexto de una visi\u00f3n global de la historia de la salvaci\u00f3n y ya se sabe que \u00e9sta presenta una estructura trinitaria en todos sus acontecimientos. Siguiendo esa tradici\u00f3n, el nuevo ritual romano contempla tambi\u00e9n los ministerios ordenados como prendidos en esa red de relaciones que la acci\u00f3n del Dios trinitario ha ido tejiendo a lo largo de la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n<br \/>\nLa misma estructura trinitaria que adoptan invariablemente las plegarias de ordenaci\u00f3n trasluce las hondas ra\u00ed\u00adces trinitarias del ministerio ordenado: a una secci\u00f3n anamn\u00e9tica que recuerda la obra del Padre sigue una secci\u00f3n epicl\u00e9tica invocando el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo por la mediaci\u00f3n de Jesucristo. Es una forma de expresar que en materia de ministerios las tres personas de la Trinidad obran conjuntamente, actuando cada cual seg\u00fan su condici\u00f3n personal. Al Padre le corresponde la iniciativa: a \u00e9l van dirigidas las plegarias; \u00e9l es el sujeto agente de los principales verbos que en ellas aparecen. El Hijo es el Mediador, no s\u00f3lo en la conclusi\u00f3n de las oraciones, sino siempre que se trata de prefigurar o prolongar su misi\u00f3n. El Esp\u00ed\u00adritu Santo es el objeto de la ep\u00ed\u00adclesis de la Iglesia, pero es, adem\u00e1s, la fuerza invisible que anima todo ministerio.<\/p>\n<p>En el trasfondo de las plegarias de ordenaci\u00f3n, como objeto de estas preocupaciones e iniciativas divinas, se perfila la \u00abEcclesia de Trinitate\u00bb. En su interior y para su crecimiento y ornato, las personas divinas suscitan los diversos ministerios. En la plegaria de ordenaci\u00f3n de los di\u00e1conos, en una visi\u00f3n hist\u00f3rica que engloba la etapa del AT y los tiempos de la Iglesia, se afirma que Dios Padre \u00abrepartes los ministerios&#8230; en todas y cada una de las \u00e9pocas; lo ordenas todo por medio de Jesucristo&#8230;; haces crecer a tu Iglesia, Cuerpo de Cristo&#8230; unida con admirable armaz\u00f3n por el Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230;\u00bb En id\u00e9ntico marco, encontramos una afirmaci\u00f3n similar en la ordenaci\u00f3n de los presb\u00ed\u00adteros: \u00abPara formar el pueblo sacerdotal, con la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo, organizas (Padre santo) en su interior, en distintos \u00f3rdenes a los ministros de Cristo, tu Hijo\u00bb. Desde esta perspectiva trinitaria se contempla luego el origen de los ministerios prefigurativos del AT (\u00abiam ab initio&#8230;\u00bb, \u00abiam in priore Testamento&#8230;\u00bb). Desde el principio la Iglesia como cuerpo diferenciado y jer\u00e1rquico y como fuente de los ministerios ordenados aparece como obra com\u00fan de las tres personas divinas.<\/p>\n<p>Punto de referencia primordial de los ministerios cristianos es el env\u00ed\u00ado del Hijo por el Padre para la salvaci\u00f3n del mundo. Es la \u00abverdad\u00bb que anunciaban las \u00abfiguras\u00bb del AT. Es, sobre todo, el paradigma de paradigmas de toda misi\u00f3n y ministerio en la Iglesia, su fuente y su raz\u00f3n de ser. La din\u00e1mica trinitaria de este acontecimiento fontal aparece inequ\u00ed\u00advocamente expresada en el ritual de \u00f3rdenes. \u00abDios y Padre&#8230; diste a tu amado Hijo Jesucristo la fuerza que de ti procede, el Esp\u00ed\u00adritu soberano&#8230;\u00bb (ordenaci\u00f3n de un obispo). \u00abEn los \u00faltimos tiempos, Padre santo, enviaste al mundo a tu Hijo Jes\u00fas&#8230; El mismo se ofreci\u00f3 a ti, en virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo, como sacrificio sin mancha\u00bb (ord. de presb\u00ed\u00adteros). \u00abPadre santo&#8230; constituiste a tu \u00fanico Hijo Pont\u00ed\u00adfice de la alianza nueva y eterna por la unci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (prefacio de la misa de ordenaciones).<\/p>\n<p>En las plegarias de ordenaci\u00f3n es tambi\u00e9n obligada la referencia a la misi\u00f3n de los ap\u00f3stoles, modelo originario de todas las ordenaciones en la Iglesia. La din\u00e1mica trinitaria de aquel acontecimiento es igualmente palmaria: \u00abLa fuerza que de ti procede, el Esp\u00ed\u00adritu soberano que diste a tu amado Hijo Jesucristo, \u00e9l, a su vez, comunic\u00f3 a los santos ap\u00f3stoles\u00bb (ord. de un obispo). \u00abTu Hijo, por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo, hizo a sus ap\u00f3stoles part\u00ed\u00adcipes de su misi\u00f3n y t\u00fa les diste compa\u00f1eros&#8230;\u00bb (ord. de presb\u00ed\u00adteros).<\/p>\n<p>La misma l\u00f3gica trinitaria domina tambi\u00e9n cada una de las ordenaciones, seg\u00fan dejan traslucir las plegarias de ordenaci\u00f3n. Dios Padre ha elegido a los ministros que son ordenados y \u00e9l mismo infunde sobre ellos el Esp\u00ed\u00adritu y les confiere el ministerio: dones ambos, que de \u00e9l proceden. Todo eso lo hace por mediaci\u00f3n de su Hijo. Se pide para el ordenando el mismo Esp\u00ed\u00adritu que el Padre otorg\u00f3 al Hijo para su misi\u00f3n y \u00e9ste trasmiti\u00f3 a los ap\u00f3stoles. La identidad del don del Esp\u00ed\u00adritu arguye identidad de misi\u00f3n. La ordenaci\u00f3n de los ministros imita simb\u00f3licamente la misi\u00f3n del Hijo por el Padre. En la imagen sacramental de la Iglesia toma cuerpo y se actualiza aquel acontecimiento fontal y decisivo. Son inseparables la comunicaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu al Hijo y la efusi\u00f3n de ese mismo Esp\u00ed\u00adritu por el Padre a los \u00abservidores de Cristo\u00bb en la Iglesia. Y, por aquello de que la Trinidad econ\u00f3mica es la Trinidad inmanente, el sacramento del orden, a trav\u00e9s de la misi\u00f3n del Hijo y de la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, enlaza con sus procesiones eternas. El misterio de la Trinidad ilumina los ministerios ordenados. Hasta tales niveles de profundidad hunden \u00e9stos sus ra\u00ed\u00adces trinitarias.<\/p>\n<p>La ordenaci\u00f3n genera en el ministro unas relaciones profundas con las tres personas divinas. El ritual las insin\u00faa, pero no las define. Del obispo, por ejemplo, se espera que \u00abrijas a la Iglesia de Dios en el nombre del Padre, cuya imagen representas en la asamblea; en el nombre del Hijo, cuyo oficio de Maestro, Sacerdote y Pastor ejerces, y en el nombre del Esp\u00ed\u00adritu Santo,que da vida a la Iglesia de Cristo y fortalece nuestra debilidad\u00bb (ord. de un obispo: alocuci\u00f3n).<\/p>\n<p>[-> Angelolog\u00ed\u00ada; Comuni\u00f3n; Ep\u00ed\u00adclesis; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Fe; Hijo; Historia; Jesucristo; Liturgia; Misi\u00f3n y misiones; Padre; Pentecost\u00e9s; Revelaci\u00f3n; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Trinidad.]<br \/>\nIgnacio O\u00f1atibia<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>En el sentido com\u00fan de la palabra, sacerdocio indica una funci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica y esencial que siempre ha existido en la historia de las religiones para vincular al hombre con la divinidad y a \u00e9sta con el hombre: han desempe\u00f1ado esta funci\u00f3n unas personas o unas castas escogidas para ello, porque se las consideraba en posesi\u00f3n de unas dotes o poderes particulares. Las funciones de los sacerdotes eran sobre todo de tipo cultual, dirigidas a asegurar un servicio sacrificial en determinados lugares sagrados (plantas; piedras) o santuarios.<\/p>\n<p>El juda\u00ed\u00adsmo ten\u00ed\u00ada sacerdotes, descendientes de Aar\u00f3n, pertenecientes a la tribu de Lev\u00ed\u00ad y llamados por eso mismo \u00ablevitas\u00bb. Ten\u00ed\u00adan como jefe a un sumo sacerdote. Pero en Ex 19,6 es todo el pueblo de Israel el que queda situado en una relaci\u00f3n particular con Dios, como una gran \u00abcorporaci\u00f3n sacerdotal\u00bb. Israel es un \u00abreino de sacerdotes\u00bb. (maml\u00e9ket kohanim). Este atributo sirve para significar que el pueblo santo de Israel, que tiene a Yahveh por rey, est\u00e1 compuesto de sacerdotes. Gracias a la alianza, todos los israelitas est\u00e1n consagrados a Yahveh, y por este t\u00ed\u00adtulo tienen derecho a acercarse a \u00e9l para rendirle el culto debido.<\/p>\n<p>Pero aqu\u00ed\u00ad no se entiende \u00absacerdotes\u00bb en el sentido riguroso de la palabra, ya que fueron los levitas los que estuvieron consagrados de manera especial para el culto sacerdotal. Israel se convierte en \u00abreino de sacerdotes\u00bb en el momento en que es llamado por Dios, y acepta y jura ser su pueblo. Por eso, respecto a los dem\u00e1s pueblos, el pueblo hebreo goza de una evidente superioridad, que puede compararse a la que dentro de \u00e9l gozaban el rey Y la clase sacerdotal, sujetos igualment\u00e9 de una relaci\u00f3n particular con Yahveh.<\/p>\n<p>La traducci\u00f3n de los Setenta, sin embargo, llev\u00f3 a cabo un cambio significativo en Ex 19,6, al traducir maml\u00e9ket kohanim por nsacerdocio real\u00bb, (bas\u00ed\u00adleion hier\u00e1teuma): desaparece la idea de reino teocr\u00e1tico, sustituida por la idea del pueblo como \u00bb colegio sacerdotal\u00bb. El t\u00e9rmino \u00abreal\u00bb es s\u00f3lo una especificaci\u00f3n para indicar la superioridad de Israel. Sobre todo durante el destierro Y despu\u00e9s de \u00e9l, hab\u00ed\u00ada surgido entre los jud\u00ed\u00ados la conciencia de su funci\u00f3n cultual, ya que ofrec\u00ed\u00adan el culto sacrificial a Dios en nombre de todo el g\u00e9nero humano.<\/p>\n<p>El autor de la 1 Pe tiene sin duda presente este significado y conoce el contenido cultual del t\u00ed\u00adtulo \u00bb sacerdocio real,\u00bb cuando se lo aplica a los cristianos, a quienes se la dirige, subrayando el honor que les cabe por participar de los t\u00ed\u00adtulos gloriosos del antiguo Israel, que han pasado ahora al pueblo cristiano: raza elegida, sacerdocio real, naci\u00f3n santa, pueblo de la propiedad de Dios (1 Pe 2,9). Toda la comunidad sacerdotal tiene una funci\u00f3n de mediaci\u00f3n cultual verdadera y efectiva, en cuanto que participa d~ Cristo, \u00fanico y perfecto mediador y sacerdote. Uno de los puntos esenciales e irrenunciables de la revelaci\u00f3n cristiana es que Jes\u00fas es sacerdote: Jes\u00fas es el \u00fanico sumo sacerdote al frente de la Iglesia, para transmitir a los hombres la salvaci\u00f3n realizada en la cruz, para interceder por ellos ante el Padre a fin de que sean santificados por el Esp\u00ed\u00adritu y poder conducirlos a la vida eterna de su Reino. Jes\u00fas es el \u00fanico que puede ejercer una eficaz mediaci\u00f3n entre Dios y los hombres, como nmediador de la -nueva y definitiva alianza\u00bb (Heb 9,15), elegido por Dios, que le ha concedido la gloria de ser sumo sacerdote cuando le dijo: \u00bb m eres mi hijo: yo te he engendrado hoy&#8230; T\u00fa eres sacerdote por toda la eternidad al modo de Melquisedec'\u00bb (Heb 6,5-6). Y en cuanto hombre, puede representar a los hombres ante Dios y compadecerse de sus enfermedades, ya que \u00e9l mismo las comparti\u00f3.<\/p>\n<p>S\u00f3lo Cristo, sacerdote santo, inocente e inmaculado, pudo ofrecer el perfecto y definitivo sacrificio gratuito a Dios y merecernos la redenci\u00f3n. De esta manera hace in\u00fatiles e ineficaces todos los dem\u00e1s sacrificios Y santifica con la oblaci\u00f3n de su cuerpo, una vez para siempre, a los que se unen con \u00e9l por la fe (cf. Heb 10,10-11). Sacerdote desde el momento de la encarnaci\u00f3n, ungido por el Esp\u00ed\u00adritu Santo en el bautismo, Jes\u00fas lleva a cabo y culmina con el sacrificio de la cruz su misi\u00f3n sacerdotal. Pero Dios \u00absac\u00f3 de entre los muertos a aquel que, mediante la sangre de una alianza eterna, es el gran pastor de las ovejas, Jes\u00fas Se\u00f1or nuestro&#8217; (Heb 13,20). En cuanto sumo sacerdote, Jes\u00fas se ha convertido tambi\u00e9n en el pastor de la nueva comunidad.<\/p>\n<p>Ahora s\u00f3lo existe este \u00fanico y definitivo sacerdocio, fundamento del sacerdocio de todos los fieles. bautizados en Cristo Y creyentes. Como miembros de Cristo, que es sacramento de santificaci\u00f3n, participan ante todo de su actividad sacerdotal recibiendo la gracia Y los efectos de los sacramentos.<\/p>\n<p>En efecto. \u00e9stos no pueden actuar directamente en el hombre si \u00e9ste no est\u00e1 incorporado al organismo del Cuerpo de Cristo mediante el bautismo. Pero en la perspectiva de Cristo, que ofrece a Dios el culto perfecto, la consagraci\u00f3n que confiere el car\u00e1cter sacramental asume una dimensi\u00f3n m\u00e1s grandiosa todav\u00ed\u00ada en la medida en que este car\u00e1cter capacita y mueve a todos los fieles a participar en los actos cultuales, en diversa medida, seg\u00fan el sacramento recibido.<\/p>\n<p>Por otra parte, cierto n\u00famero de cristianos, elegidos especialmente por Cristo, tienen -adem\u00e1s de esta funci\u00f3n com\u00fan a todos ellos- la tarea espec\u00ed\u00adfica de representar oficial y visiblemente la fuerza unificadora de Cristo, como centro de la comunidad cristiana, y tienen la misi\u00f3n y el poder de continuar espec\u00ed\u00adficamente su obra sacerdotal en la doble direcci\u00f3n de Dios Y de los hombres, rindiendo el homenaje que se debe a Dios (con la ofrenda eucar\u00ed\u00adstica) y perdonando los pecados.<\/p>\n<p>R. Gerardi<\/p>\n<p>Bibl.: A. Vanhove, Sacerdocio, en NDTB, 2734-2747; \u00ed\u008dd., Sacerdotes antiguos, sacerdote seg\u00fan el Nuevo Testamento, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1984; C. Romaniuk, El sacerdocio en el Nuevo Testamento, Sal Terrae, Santander 1969; P Grelot, El ministerio de la nueva alianza, Herder Barcelona 1969.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Enfoque fenomenol\u00f3gico-cultural &#8211; II. El sacerdocio de Israel &#8211; III. El sacerdocio de Cristo &#8211; IV. El sacerdocio del pueblo sacerdotal y de los ministros ordenados: 1. El sacerdocio com\u00fan de todos los creyentes; 2. Origen de los ministerios ordenados &#8211; V. El sacerdote en la historia de la liturgia y en la teolog\u00ed\u00ada: 1. De los tiempos apost\u00f3licos a la \u00e9poca carolingia; 2. De la \u00e9poca carolingia al concilio de Trento; 3. Del concilio de Trento al Vat. II; 4. El Vat. II y los a\u00f1os posteriores: a) La recepci\u00f3n del magisterio y de la reforma conciliar, b) Problem\u00e1tica ecum\u00e9nica, c) Perspectiva de una nueva calificaci\u00f3n teol\u00f3gica y pastoral.<\/p>\n<p>I. Enfoque fenomenol\u00f3gico-cultual<br \/>\nEl hecho de que en todo contexto cultural se encuentre de modo constante la presencia de una persona dotada de determinadas caracter\u00ed\u00adsticas socio-religiosas, permite apreciar la importancia de tal persona en el \u00e1mbito de la vida humana. Esa persona es llamada con diversos nombres, que remiten a la matriz sacerdotal, la cual evidencia su car\u00e1cter primario religioso y sacerdotal: el sacerdote, pese al amplio abanico de matices particulares en las modalidades del ejercicio de sus funciones, es desde siempre el mediador reconocido oficialmente entre el hombre y Dios, entre el contexto social humano y el mundo divino (sacerdote = sacra dare).<\/p>\n<p>Son tres los \u00e1mbitos principales en los que el sacerdote ejerce sus funciones en las sociedades primitivas y en las culturalmente evolucionadas: a) la inmolaci\u00f3n del sacrificio: constituye el centro de toda la vida cultual, aun siendo diversas las matizaciones del significado (propiciatorio, expiatorio&#8230;) y los modos (cruento, incruento; de personas, animales, cosas&#8230;); b) el exorcismo, cuyo fin es la purificaci\u00f3n de todas las formas de mal que afecten al individuo o, en casos l\u00ed\u00admite, a toda la sociedad: desde el pecado que pesa sobre la conciencia individual y colectiva al mal de ojo o expresiones an\u00e1logas de (presuntos) influjos espiritistas, que a menudo, en realidad, son los efectos nocivos e incluso letales de alimentos venenosos y\/o de estupefacientes (pi\u00e9nsese en la difusi\u00f3n del cornezuelo del centeno en el medievo occidental, con crisis de locura colectiva, epidemias de par\u00e1lisis y alteraciones psico-f\u00ed\u00adsicas); c) el or\u00e1culo: permite al sacerdote adivinar el curso de los acontecimientos y la suerte futura a partir de determinadas observaciones.<\/p>\n<p>Paralelamente al desarrollo de las culturas, las funciones del sacerdote se integran con otros cargos sociales, o bien se descomponen, cristalizando en torno a una \u00fanica y limitada actividad. As\u00ed\u00ad, no es extra\u00f1o observar la existencia de sacerdotes-reyes tanto en el v\u00e9rtice de la actividad religiosa como del poder pol\u00ed\u00adtico-administrativo. Pero en algunas sociedades (la romana, por ejemplo) el sacerdote, por el contrario, se reduce a ser un simple exorcista o adivinador, mientras que en el aspecto cultual y sacrificial es solamente un experto del ceremonial junto con el jefe del Estado o la personalidad pol\u00ed\u00adtica a quien compete en cada ocasi\u00f3n la acci\u00f3n sacrificial.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, se puede observar que el sacerdote no siempre consigue mantener sus funciones espec\u00ed\u00adficas propias, sea por el hecho de que esas funciones son ejercidas por otros, sea tambi\u00e9n porque el sacerdocio en ocasiones se degrada a nivel de brujer\u00ed\u00ada en las culturas en que lo m\u00e1gico se apodera de lo genuinamente religioso.<\/p>\n<p>II. El sacerdocio de Israel<br \/>\nAntes de la organizaci\u00f3n particular del sacerdocio israel\u00ed\u00adtico -cuyo conocimiento es necesario para poder comprender adecuadamente el sacerdocio de Cristo y de los cristianos-, en tiempos de la monarqu\u00ed\u00ada la acci\u00f3n sacrificial era realizada (tambi\u00e9n) por personas no investidas de una misi\u00f3n sacerdotal espec\u00ed\u00adfica, comenzando por Ca\u00ed\u00adn y Abel (G\u00e9n 4:3ss), No\u00e9 (G\u00e9n 8:20), Abrah\u00e1n (G\u00e9n 22:13), Jacob (G\u00e9n 31:54; G\u00e9n 46:1), hasta la \u00e9poca de los Jueces (por ejemplo, Gede\u00f3n: Jue 6:25; Elcan\u00e1, padre de Samuel: 1Sa 1:3.4.21, que de hecho no era ni sacerdote ni levita). Siempre en el per\u00ed\u00adodo anterior a la monarqu\u00ed\u00ada, el sacerdote se encontraba a menudo en relaci\u00f3n con el arca y con alg\u00fan santuario del que era guardi\u00e1n o sirviente. Sin embargo, no ten\u00ed\u00ada una relaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita con los sacrificios, sino m\u00e1s bien con el or\u00e1culo.<\/p>\n<p>Esta funci\u00f3n oracular -basada en la respuesta s\u00ed\u00ad\/ no con el uso de urim y thummim- pod\u00ed\u00ada desarrollarse en los santuarios (por ejemplo, 1Sa 22:10.13.15) o tambi\u00e9n lejos de ellos (cf 1Sa 14:18s.36-42); esta funci\u00f3n inscribe la actividad sacerdotal israel\u00ed\u00adtica en el contexto de actividades oraculares-sacerdotales an\u00e1logas del Antiguo Oriente. Con respecto a esto se deben tener presentes dos aspectos significativos: a) los sacerdotes del antiguo Israel pronuncian or\u00e1culos sin ser videntes o adivinadores; b) los sacerdotes pueden ofrecer ciertamente sacrificios, pero no por esto asumen una funci\u00f3n sacrificial-cultual espec\u00ed\u00adfica, dado que todo hombre tiene el poder de hacerlo (cf los ejemplos ya se\u00f1alados).<\/p>\n<p>En la historia del sacerdocio israel\u00ed\u00adtico tiene gran importancia la figura de Mois\u00e9s, el mediador por excelencia entre Dios y su pueblo. Diversos textos le han atribuido expl\u00ed\u00adcitamente funciones sacerdotales posteriores, y tambi\u00e9n a \u00e9l se refiere la investidura sacerdotal de los hijos de Aar\u00f3n (N\u00fam 15:17). Tampoco se puede olvidar la existencia de santuarios sacerdotales de gran importancia, como Sil\u00f3 (Jos 18:8ss; Jos 19:51; Jos 21:2; Jos 22:9-12; Jue 18:31; Jue 21:19; 1Sa 1:3.9.24; 1Sa 2:14; 1Sa 4:3.4.12&#8230;), cuya estructura ejerci\u00f3 indudable influjo en la organizaci\u00f3n del templo de Jerusal\u00e9n y del sacerdocio durante el reinado dav\u00ed\u00addico.<\/p>\n<p>Este sacerdocio sufre tambi\u00e9n influencias egipcias (por ejemplo, la inserci\u00f3n de los sacerdotes entre los oficiales reales), y es parcialmente limitado por el sacerdocio del mismo monarca como representante principal y mediador primario entre el pueblo y Dios. En el per\u00ed\u00adodo mon\u00e1rquico, de todos modos, el sacerdocio comporta diversas actividades de relieve que se encuentran sintetizadas en las dos partes de la bendici\u00f3n de la tribu de Lev\u00ed\u00ad pronunciada por Mois\u00e9s (Deu 33:8-11): la antigua funci\u00f3n de consultar a Dios, una actividad magisterial que se refiere sobre todo a la coherencia o incoherencia del comportamiento humano con la ley y el cumplimiento del sacrificio cruento y del incienso&#8217;. Con el tiempo se afirman cada vez m\u00e1s las funciones judiciales, a las que alude ya Exo 18:13-26; Deu 17:8-13, y que encuentran amplia difusi\u00f3n en los siglos posteriores (cf Eze 44:24 y todo el contexto de caracterizaciones sacerdotales propias del s. vi).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del exilio se alcanza un cierto equilibrio entre las diversas corrientes sacerdotales, constituidas por los descendientes de Aar\u00f3n (en particular los sacerdotes) y los levitas, todos ellos con amplias genealog\u00ed\u00adas y reivindicaciones cultuales y pol\u00ed\u00adticas. La comunidad israelita conquista ahora una marcada fisonom\u00ed\u00ada cultual. El personaje m\u00e1s llamativo es el sumo sacerdote (cf la liturgia de la expiaci\u00f3n en Lev 16), que se encuentra en el v\u00e9rtice de la clase de los sacerdotes (sus funciones son descritas minuciosamente en Lev 1-6: fuente P).<\/p>\n<p>Los libros de las Cr\u00f3nicas, a su vez, dan amplias informaciones sobre los levitas, divididos en clases y con diversos oficios relacionados con la vida del templo (cf las concordancias b\u00ed\u00adblicas). Es probable que entre ellos hubiera tambi\u00e9n profetas cultuales, aunque se puede excluir el que tuviesen funciones de magisterio y de predicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En los textos es evidente que la \u00e9poca posex\u00ed\u00adlica registra una notable diferencia con la anterior, sobre todo en el \u00e9nfasis que se pone en la sacralidad sacerdotal y la relativa limitaci\u00f3n de las acciones cultuales \u00fanicamente a los sacerdotes. En ese ambiente hist\u00f3rico el sacerdocio se vive m\u00e1s conscientemente, no tanto como una vocaci\u00f3n, sino m\u00e1s bien como una funci\u00f3n que se realiza en virtud de unos derechos-deberes hereditarios, respetando minuciosamente las normas rituales y las prescripciones que se deben observar para mantener la pureza sacerdotal (cf, por ejemplo, Lev 21:1-7; Lev 10:8-11).<\/p>\n<p>Si es verdad que el sacerdocio israel\u00ed\u00adtico, especialmente en su caracterizaci\u00f3n posex\u00ed\u00adlica, se acoraza en su propia zona sagrada, separada del resto del pueblo, este hecho, sin embargo, no debe hacernos olvidar el discutido pasaje de Exo 19:6. En efecto, aqu\u00ed\u00ad se subraya la concepci\u00f3n del sacerdocio colectivo de todo el pueblo de Dios (cf tambi\u00e9n N\u00fam 16), concepci\u00f3n \u00e9sta que encontrar\u00e1 su m\u00e1s precioso desarrollo a partir de la visi\u00f3n cristiana del sacerdocio, como se encuentra, por ejemplo, en 1Pe 2:9.<\/p>\n<p>Para la comprensi\u00f3n hist\u00f3rica del sacerdocio cristiano, especialmente del presbiterado, es \u00fatil recordar tambi\u00e9n algunas instituciones judaicas tard\u00ed\u00adas. Por ejemplo, en la di\u00e1spora judaica las comunidades eran gobernadas por una autoridad colegial de ancianos, los jefes de familia. En casos especiales una, pero casi siempre dos personas eran encargadas de funciones espec\u00ed\u00adficas bien determinadas. Es la instituci\u00f3n del Salia (= ap\u00f3stolos), que presenta analog\u00ed\u00adas evidentes con Heb 11:33 (Bernab\u00e9 y Saulo) y Heb 15:22 (Judas Barsabb\u00e1s y Silas). A pesar de todo, contin\u00faa siendo dif\u00ed\u00adcil la confrontaci\u00f3n entre la ordenaci\u00f3n rab\u00ed\u00adnica y el paralelo cristiano, entre otras cosas porque el ritual jud\u00ed\u00ado tomado como t\u00e9rmino de comparaci\u00f3n no es homog\u00e9neo, sino fruto de diversas tradiciones de diferentes \u00e9pocas.<\/p>\n<p>Por otra parte, no se puede negar la existencia de un n\u00famero notable de analog\u00ed\u00adas a nivel estructural y ritual que relacionan el cristianismo naciente con el mundo jud\u00ed\u00ado, tanto en su forma central oficial como en sus diversas modalidades perif\u00e9ricas, a veces contestatarias, como se encuentran por ejemplo en Qumr\u00e1n y en las comunidades de las que surgir\u00e1n inmediatamente algunos escritos ap\u00f3crifos (v.gr.: el Testamento de Lev\u00ed\u00ad o el Testamento de los doce Patriarcas). Pero, independientemente de toda analog\u00ed\u00ada estructural en el campo ritual, est\u00e1 el hecho de que el sacerdocio cristiano presenta un contenido profundamente diverso respecto al sacerdocio de la antigua alianza: est\u00e1 marcado profundamente por el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico de Cristo.<\/p>\n<p>III. El sacerdocio de Cristo<br \/>\nNing\u00fan escrito del NT, exceptuada la carta a los Hebreos, habla de Jes\u00fas d\u00e1ndole el t\u00ed\u00adtulo de sacerdote, pero esto no debe sorprendernos. Su persona, en efecto, presenta una imagen que a primera vista no tiene nada de sacerdotal seg\u00fan la concepci\u00f3n del AT y la praxis no siempre edificante del juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado. Jes\u00fas no pertenece a la familia de Aar\u00f3n, sino a la tribu de Jud\u00e1. Su misi\u00f3n muestra adem\u00e1s un car\u00e1cter marcadamente prof\u00e9tico en las palabras y en los gestos, seg\u00fan \u00e9l mismo afirma (Luc 4:24) y los otros reconocen espont\u00e1neamente (por ejemplo, Luc 7:16). En algunos momentos, lo propio de este car\u00e1cter prof\u00e9tico y de su mensaje parece ser contrario a un cierto ejercicio del sacerdocio (Mat 9:13; Mat 12:7). Por fin, la misma muerte de Jes\u00fas, fr\u00ed\u00ada ejecuci\u00f3n de una condena de muerte, por tanto un acto simplemente legal e infamante, no presenta ninguna caracter\u00ed\u00adstica sacrificial o ritual veterotestamentaria.<\/p>\n<p>\u00abJesucristo es al mismo tiempo v\u00ed\u00adctima y sacerdote gracias a la entrega de su vida y al sacrificio que hace de s\u00ed\u00ad mismo. Se ve esta idea ya en la tradici\u00f3n de la \u00faltima cena como la transmiten Marcos-Mateo ( Mar 14:24; Mat 26:28), mencionando la sangre de la alianza, con la que se roci\u00f3 a los israelitas en el Sina\u00ed\u00ad (Exo 24:8). Por eso se contrapone en 1Co 10:14-22 la cena del Se\u00f1or a los sacrificios gentiles. En Juan, la \u00faltima cena de Jes\u00fas se interpreta como pascual (1Co 10:14.36); Pablo llama a Jes\u00fas cordero pascual (1Co 5:7; cf 1Pe 1:2.19). Es el Cordero que quita los pecados del mundo (Jua 1:29.36; Apo 5:6.12; Apo 13:8). Finalmente, en Efe 5:2 se dice: `Se entreg\u00f3 por nosotros como don y sacrificio agradable a Dios&#8217;. Es en la carta a los Hebreos donde primeramente se llega a una aut\u00e9ntica teolog\u00ed\u00ada sobre el sacrificio de la cruz y el sumo sacerdocio (Efe 3:1; Efe 4:14ss; Efe 5:1s; Efe 77:11s, etc.).<\/p>\n<p>Preparada entre otras cosas por la concepci\u00f3n teocr\u00e1tica de Ezequiel, por la conjunci\u00f3n del ideal sacerdotal-prof\u00e9tico y mesi\u00e1nico que se da en el per\u00ed\u00adodo posex\u00ed\u00adlico (por ejemplo, Jer 13:14-22) y por fermentos ya presentes en la tradici\u00f3n cristiana, como el pensamiento joaneo, la carta a los Hebreos no encuentra dificultad al hacer una grandiosa s\u00ed\u00adntesis: el pasado se habre al acontecimiento de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo justo porque los acontecimientos de su vida son rele\u00ed\u00addos en clave sacrificial, cultual y sacramental.<\/p>\n<p>En abierta oposici\u00f3n con las exasperadas reivindicaciones de privilegios y de alteridades sagradas en relaci\u00f3n con el pueblo, la carta a los Hebreos presenta un nuevo modo de hacerse sacerdote: la plena solidaridad del sumo y \u00fanico sacerdote con los hombres. \u00abDebi\u00f3 hacerse en todo semejante a los hermanos para convertirse en pont\u00ed\u00adfice&#8230; Conven\u00ed\u00ada en efecto que aquel por quien y para quien todo fue hecho, queriendo llevar a la gloria un gran n\u00famero de hijos, hiciese perfecto, mediante los sufrimientos, al jefe que deb\u00ed\u00ada guiarlos a su salud\u00bb (Heb 2:17.10).<\/p>\n<p>El estilo del sacerdocio de Cristo se aleja de la visi\u00f3n veterotestamentaria de una preeminencia honor\u00ed\u00adfica unida a menudo al ejercicio de un poder pol\u00ed\u00adtico: no es una carrera hacia la supremac\u00ed\u00ada (cf 2Ma 4:7-8.24), sino un itinerario de fe vivido hasta el sufrimiento de la muerte, \u00fanica v\u00ed\u00ada de acceso a la gloria. \u00abJes\u00fas, le vemos coronado de gloria y de honor por haber sufrido la muerte, de modo que, por la gracia de Dios, gust\u00f3 la muerte en beneficio de todos\u00bb (Heb 2:9).<\/p>\n<p>En esta plena solidaridad con el destino del hombre marcado por la muerte y en esta plena comuni\u00f3n de vida con Dios en su gloria inmortal, Cristo realiza la funci\u00f3n principal del sacerdocio: la mediaci\u00f3n entre Dios y el hombre. \u00abHecho perfecto para siempre\u00bb (Heb 7:28), ofreci\u00e9ndose a s\u00ed\u00ad mismo, Cristo presenta a Dios un sacrificio \u00fanico, todo a la vez y de una vez para siempre (cf Heb 7:27). Supera as\u00ed\u00ad el radical car\u00e1cter fragmentario e incompleto de los sacrificios antiguos. Con raz\u00f3n puede ser considerado, en efecto, \u00abun sumo sacerdote tal, que est\u00e1 sentado a la derecha del trono de la majestad en los cielos, como ministro del santuario y del verdadero tabern\u00e1culo erigido por el Se\u00f1or, no por un hombre\u00bb (Heb 8:1-2; cf 9, 11-14).<\/p>\n<p>La misma carta muestra claramente la eficacia de la mediaci\u00f3n de Cristo cuando plantea la posibilidad concedida al hombre de entrar en comuni\u00f3n con Dios. El cristiano disfruta de la \u00abgozosa esperanza de entrar en el santuario, en virtud de la sangre de Jes\u00fas, siguiendo el camino nuevo y viviente que \u00e9l ha inaugurado a trav\u00e9s del velo, es decir, de su carne\u00bb (Heb 10:19-20; cf 4,14-16).<\/p>\n<p>Si queremos destacar algunas connotaciones significativas m\u00e1s del sacerdocio de Cristo, sin dejar la carta a los Hebreos, se pueden recordar:<br \/>\na) La misericordia (Heb 2:17), como participaci\u00f3n en un \u00fanico destino de sufrimiento del que brota la solidaridad y la compasi\u00f3n. Esta perspectiva corrige la imagen que del sacerdote se pod\u00ed\u00ada obtener en la historia de Israel. Seg\u00fan \u00e9sta, en m\u00e1s de un caso ser sacerdote significaba romper toda relaci\u00f3n humana y familiar (cf Deu 33:9); asumir actitudes inflexibles, dictadas por un rigor que no admit\u00ed\u00ada la clemencia (cf Exo 32:27.29; N\u00fam 25:6-13). Cristo lleva a la perfecci\u00f3n una actitud plena de misericordia, que no minimiza la importancia del pecado, sino que quiere salvar al pecador a trav\u00e9s del sacrificio de s\u00ed\u00ad mismo (cf N\u00fam 17:9-15): justo por haber sufrido personalmente, \u00e9l \u00abest\u00e1 capacitado para venir en ayuda de aquellos que est\u00e1n sometidos a la prueba\u00bb (Heb 2:18).<\/p>\n<p>b) El mismo texto (Heb 2:17) indica que el sumo sacerdote es \u00abfiel ante Dios\u00bb. M\u00e1s expresamente, el t\u00e9rmino original (pist\u00f3s) califica el especial v\u00ed\u00adnculo de confianza entre Cristo y Dios, mucho m\u00e1s \u00ed\u00adntimo y profundo (cf Heb 3:2) que el que existi\u00f3 entre Mois\u00e9s y Dios. Cristo, en efecto, realiza la profec\u00ed\u00ada de Isa\u00ed\u00adas (Isa 8:17) haci\u00e9ndose plenamente capaz de la confianza divina, hasta el punto de ser elevado a la derecha de Dios (Heb 1:13= Sal 110:1; cf Heb 2:34) en la excelencia de la filiaci\u00f3n que merece toda adoraci\u00f3n por parte de los mismos \u00e1ngeles (Heb 1:5-6). Y, como necesaria consecuencia de esta condici\u00f3n, a Cristo le pertenecen por entero la majestad, el juicio y el sacerdocio (Heb 1:8-10, que recoge Sal 45:7-8; Sal 102:26-28). Gozando plenamente de la confianza del Padre, Cristo muestra asimismo su fidelidad hacia el hombre: su misericordia es asumida en la relaci\u00f3n filial. Hermano de los hombres e Hijo de Dios, Cristo es verdaderamente el \u00fanico y sumo sacerdote.<\/p>\n<p>c) El c. 7 de la misma carta, con las frecuentes alusiones al Sal 110 (109) -del que se ofrece una interesante ex\u00e9gesis cristol\u00f3gica-, subraya el tercer aspecto que queremos recordar ahora: el sacerdocio de Cristo tiene un car\u00e1cter mesi\u00e1nico y universal. El recuerdo de la enigm\u00e1tica figura de Melquisedec -Jes\u00fas es \u00absumo sacerdote para siempre seg\u00fan el orden de Melquisedec\u00bb (Heb 6:20 = Sal 110:4)- permite al autor demostrar la superioridad del sacerdocio \u00abseg\u00fan el orden de Melquisedec\u00bb sobre el lev\u00ed\u00adtico de los israelitas. El rey de Sal\u00e9n no tiene genealog\u00ed\u00ada, es un extranjero frente a Abrah\u00e1n: de este modo el sacerdocio de Cristo-Melquisedec es eterno, inmutable, perfecto y traspasa los l\u00ed\u00admites de Israel; al mismo tiempo lleva a cumplimiento la historia del pueblo elegido y de su sacerdocio. Baste recordar a este respecto algunos temas veterotestamentarios que aparecen en Heb 9: el sacrificio expiatorio (1-14), la nueva alianza sellada por Cristo con su sangre (15-25), la misi\u00f3n del siervo de Yav\u00e9 vivida en plenitud en la oblaci\u00f3n \u00abpara quitar los pecados del mundo\u00bb (v. 28; cf Mar 10:45; Flp 2:6-11). \u00abQui [Christus] pro amore hominum factus in similitudinem carnis peccati, formam servi Dominus assumpsit, et in specie vulnerati medicus ambulavit. Hic nobis Dominus et minister salutis, advocatus et iudex, sacerdos et sacrificium\u00bb, proclamar\u00e1 a continuaci\u00f3n la liturgia galicana y toda la iglesia en una feliz s\u00ed\u00adntesis cristol\u00f3gica<\/p>\n<p>IV. El sacerdocio del pueblo sacerdotal y de los ministros ordenados<br \/>\n\u00abEn Cristo es, pues, abolida la distinci\u00f3n entre sacerdote y v\u00ed\u00adctima, entre culto y vida. Por otra parte, este sacrificio, siendo el cumplimiento de la voluntad de Dios, agrada a Dios, es aceptado por Dios, transforma la humanidad de Cristo y la une perfectamente a Dios. As\u00ed\u00ad son abolidas todas las separaciones entre Dios y la v\u00ed\u00adctima-sacerdote. Al mismo tiempo es abolida la \u00faltima separaci\u00f3n, o sea, entre el sacerdote y el pueblo, porque el sacrificio de Cristo es un acto de solidaridad extrema con los hombres, hasta tomar sobre s\u00ed\u00ad su muerte para salvarles.\u00bb&#8216;<br \/>\n1. EL SACERDOCIO COM\u00daN DE TODOS LOS CREYENTES. Gracias al sacerdocio-sacrificio de Cristo y por medio de \u00e9l, todo cristiano tiene ahora la posibilidad de acceder al Padre (Heb 7:25; Efe 2:18) sin ninguna limitaci\u00f3n. Se ve aqu\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la diferencia con el sacerdocio israelita, donde s\u00f3lo el sumo sacerdote pod\u00ed\u00ada ejercitar plenamente el sacerdocio, y \u00fanicamente en el d\u00ed\u00ada de la expiaci\u00f3n. Adem\u00e1s, el sacrificio que los cristianos son llamados a ofrecer al Padre se sit\u00faa decisivamente en el plano personal de un culto espiritual (Rom 12:1). Este se realiza en concreto al renovar la propia vida a la luz de la voluntad de Dios (Rom 12:2), siempre en paralelismo y en dependencia del sacerdocio-sacrificio de Cristo, y al vivir plenamente compartiendo los propios bienes \u00abporque Dios se complace en tales sacrificios\u00bb (Heb 13:16).<\/p>\n<p>Esta din\u00e1mica de vida en la presencia de Dios y en la comuni\u00f3n de los hermanos tiende a la perfecci\u00f3n sacerdotal (Heb 10:14). Hace al bautizado piedra viva para \u00abser edificado en casa espiritual y sacerdocio santo para ofrecer v\u00ed\u00adctimas espirituales aceptas a Dios por mediaci\u00f3n de Jesucristo\u00bb (1Pe 2:5; cf 2,4-10 como relectura eclesial de Ex 19). En la conciencia de la renovaci\u00f3n bautismal y de la incorporaci\u00f3n del hombre a Cristo ser\u00e1 subrayada la responsabilidad del cristiano-sacerdote, capaz de ofrecer a Dios sacrificios de justicia, de elevar al Padre oraciones, de anunciar el reino difundiendo la palabra de Dios. \u00abComo el sacerdocio de Cristo, que abarca toda su vida, no se limita a la acci\u00f3n sacrificial de la cruz, as\u00ed\u00ad la dignidad sacerdotal de los fieles no se puede circunscribir a la ofrenda solamente, sino que se extiende a toda su vida\u00bb s. Una vida marcada por el culto a Dios y por el sacerdocio fraterno (1Pe 2:5) y subrayada por el amor rec\u00ed\u00adproco y el servicio de la palabra (1Co 12:14).<\/p>\n<p>2. ORIGEN DE LOS MINISTERIOS ORDENADOS. Desde el contexto eclesiol\u00f3gico del NT y desde la naturaleza espec\u00ed\u00adfica del sacerdocio de Cristo se puede llegar a la fundamentaci\u00f3n hist\u00f3rico-teol\u00f3gica del sacerdocio ministerial u ordenado. El itinerario est\u00e1 bien delineado en el decreto del Vat. II sobre el ministerio y la vida sacerdotal.<\/p>\n<p>\u00abNuestro Se\u00f1or Jes\u00fas, al que el Padre santific\u00f3 y envi\u00f3 al mundo (Jua 10:36), hace part\u00ed\u00adcipe a todo su cuerpo m\u00ed\u00adstico de la unci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu con que fue \u00e9l ungido (cf Mat 3:16; Lev 4:18; Heb 4:27; Heb 10:38): pues en \u00e9l todos los fieles son hechos sacerdocio santo y regio, ofrecen sacrificios espirituales a Dios por Jesucristo y pregonan las maravillas de aquel que de las tinieblas los ha llamado a su luz admirable (cf 1Pe 2:5.9). No se da, por tanto, miembro alguno que no tenga parte en la misi\u00f3n de Cristo, sino que cada uno debe santificar a Jes\u00fas en su coraz\u00f3n (cf 1Pe 3:15) y dar testimonio de Jes\u00fas con esp\u00ed\u00adritu de profec\u00ed\u00ada (cf Apo 19:10; LG 35). Ahora bien, el mismo Se\u00f1or, con el fin de que los fieles formaran un solo cuerpo, en el que no todos los miembros desempe\u00f1an la misma funci\u00f3n (Rom 12:4), de entre los mismos fieles instituy\u00f3 a algunos por ministros, que en la sociedad de los creyentes poseyeran la sagrada potestad del orden para ofrecer el sacrificio y perdonar los pecados (cf conc. Tridentino, DS 1764 y 1771) y desempe\u00f1aran p\u00fablicamente el oficio sacerdotal por los hombres en nombre de Cristo. As\u00ed\u00ad pues, enviados los ap\u00f3stoles como \u00e9l fuera enviado por su Padre (cf Jua 20:21; LG 18), Cristo, por medio de los mismos ap\u00f3stoles, hizo part\u00ed\u00adcipes de su propia consagraci\u00f3n y misi\u00f3n a los sucesores de aqu\u00e9llos, que son los obispos (cf LG 28), cuyo cargo ministerial en grado subordinado, fue encomendado a los presb\u00ed\u00adteros (cf ib), a fin de que, constituidos en el orden del presbiterado, fuesen cooperadores del orden episcopal para cumplir la misi\u00f3n apost\u00f3lica confiada por Cristo (cf Pontificale romanum, De ordinatione Presbyteri, Praefatio). El ministerio de los presb\u00ed\u00adteros, por estar unido con el orden episcopal, participa de la autoridad con que Cristo mismo edifica, santifica y gobierna su cuerpo. Por eso, el sacerdocio de los presb\u00ed\u00adteros supone, desde luego, los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana; sin embargo, se confiere por aquel especial sacramento con el que los presb\u00ed\u00adteros, por la unci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, quedan sellados con un car\u00e1cter particular, y as\u00ed\u00ad se configuran con Cristo sacerdote, de suerte que puedan obrar como en persona de Cristo cabeza (cf LG 10)\u00bb (PO 2).<\/p>\n<p>a) Es evidente que el sacerdocio del pueblo santo de Dios es un hecho real que habilita para llevar a cabo un aut\u00e9ntico culto. Pero este culto tiene valor y puede realizarse tan s\u00f3lo gracias a la intervenci\u00f3n del \u00fanico mediador, Cristo, capaz de enlazar al hombre con Dios. No hay culto cristiano y menos todav\u00ed\u00ada se da una relaci\u00f3n con Dios sin la mediaci\u00f3n de Cristo (cf Rom 5:1; Efe 2:6.18; Heb 13:15.21&#8230;). Por esto es necesaria la intervenci\u00f3n de \u00abministros de la nueva alianza\u00bb (2Co 3:6), que ciertamente no son mediadores, sino simples y, sin embargo, indispensables sacramentos de la mediaci\u00f3n de Cristo. La unicidad de la mediaci\u00f3n de Cristo est\u00e1, por tanto, en el origen del sacerdocio ministerial. Ministerial porque, por una parte, est\u00e1 al servicio del sacerdocio de Cristo, del que es sacramento; por otra, porque est\u00e1 al servicio del sacerdocio com\u00fan de los creyentes, que es el que nos introduce en la obra mediadora de Cristo y nos unifica en la comuni\u00f3n eclesial.<br \/>\nb) Es evidente tambi\u00e9n que en un primer momento los ap\u00f3stoles no se plantearon el problema del sacerdocio ministerial o de determinadas ordenaciones. La vida eclesial y la misi\u00f3n de los individuos se desenvolv\u00ed\u00ada a\u00fan en virtud de la palabra de Cristo, de su vocaci\u00f3n y del mandato dado por \u00e9l a los ap\u00f3stoles y disc\u00ed\u00adpulos.<\/p>\n<p>Pero el problema se agudiza ya en la segunda generaci\u00f3n, la de Lucas y Pablo. Se trata, en efecto, de establecer una relaci\u00f3n vital con Cristo que lleve a una implicaci\u00f3n personal con el fin de poder acoger el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or y de anunciar su palabra de salvaci\u00f3n con una indiscutible fidelidad al mensaje original (cf 2Ti 1:6). A partir del modelo apost\u00f3lico -como se ve claramente en las cartas Pastorales- el \u00absacerdote ordenado\u00bb (el t\u00e9rmino t\u00e9cnico es posterior) concreta su misi\u00f3n \u00abcon la fe y la caridad de Cristo Jes\u00fas\u00bb. Esa misi\u00f3n consiste principalmente en guardar, vivific\u00e1ndolo a trav\u00e9s de una continua obra de actualizaci\u00f3n, \u00abel preciado dep\u00f3sito por la virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que habita en nosotros\u00bb (2Ti 1:13-14). La instituci\u00f3n del ministerio ordenado responde a la \u00abnecesidad de proveer al cuidado pastoral de las futuras iglesias, cuando carezcan de la actuaci\u00f3n y del prestigio de los ap\u00f3stoles y de sus primeros colaboradores. La conciencia de esta necesidad no aparece como un puro dato emp\u00ed\u00adrico, sino que se funda en el valor esencial de la tradici\u00f3n, sentida como la continuidad indispensable de la transmisi\u00f3n, a lo largo del tiempo, del \u00fanico mensaje sobre el que se funda la iglesia que es el mensaje apost\u00f3lico\u00bb.<\/p>\n<p>c) \u00abMinistro de Cristo y dispensador de los misterios de Dios\u00bb (cf 1Co 4:1), el sacerdote del NT sigue la escuela de los ap\u00f3stoles para vivir un especial seguimiento de Cristo que le haga disponible para el servicio de la palabra y de la mesa (cf Heb 20:11; Heb 10:16; Heb 11:17-34, y la problem\u00e1tica que surge en Heb 6:1-7), colaborando d\u00f3cil y responsablemente con los ap\u00f3stoles ( Heb 15:22-27).<br \/>\nEs dif\u00ed\u00adcil determinar cu\u00e1l era la funci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica del ministro ordenado en el NT y, m\u00e1s todav\u00ed\u00ada, si hab\u00ed\u00ada un servicio lit\u00fargico o comunitario limitado s\u00f3lo al ministro. El vocabulario mismo es bastante variado y destaca en especial a dos grupos de personas con funciones sacerdotales: ap\u00f3stoles-presb\u00ed\u00adteros (Heb 15:2.4. 6.22ss; Heb 16:4) y obispos-di\u00e1conos (Flp 1:1 : cf tambi\u00e9n Clemente Romano, 1.a ad Cor 42, y Didaj\u00e9 15,1. Obs\u00e9rvese que Policarpo, que escribe hacia el 130 a la comunidad de Filipos, se dirige al grupo presb\u00ed\u00adteros-di\u00e1conos).<\/p>\n<p>\u00abA nivel del NT estamos todav\u00ed\u00ada lejos del ordenamiento bien estructurado que algunas iglesias conocer\u00e1n en el siglo siguiente. Se advierte que la organizaci\u00f3n de la comunidad cristiana est\u00e1 en plena evoluci\u00f3n, con un ritmo m\u00e1s o menos r\u00e1pido seg\u00fan los lugares. Desgraciadamente, los textos de que disponemos tienen demasiadas lagunas como para ofrecernos una idea exacta.\u00bb .<\/p>\n<p>d) A pesar de la falta de certeza en las fuentes -que no tienen la pretensi\u00f3n de ofrecer un tratado sistem\u00e1tico de la doctrina y de la praxis  cristiana con relaci\u00f3n al sacerdocio-, se puede observar en el NT la existencia de grupos (consejos) de ancianos, los presb\u00ed\u00adteros: este grupo constituye el paralelo cristiano de la instituci\u00f3n jud\u00ed\u00ada de los responsables de las sinagogas, con funciones que incluyen tambi\u00e9n el campo material. De este tipo deb\u00ed\u00ada ser tambi\u00e9n el grupo de siete ministros de que habla Lucas (Heb 6:1-6). Igual hab\u00ed\u00ada sido adem\u00e1s la estructura de gobierno de las nuevas comunidades misioneras (Heb 14:23; 1Ts 5:12s; He 20). En estas peque\u00f1as asambleas surgen de entre los presb\u00ed\u00adteros algunos dedicados de un modo particular a la predicaci\u00f3n y a la ense\u00f1anza: \u00e9stos podr\u00ed\u00adan haber formado el grupo responsable de los episcopi (= vigilantes, inspectores), un comit\u00e9 ejecutivo restringido y estable que se diferencia de los otros presb\u00ed\u00adteros, los cuales desarrollan m\u00e1s bien una funci\u00f3n de consejeros o diputados con responsabilidad y deberes limitados y subordinados.<\/p>\n<p>e) Esta delimitaci\u00f3n no expl\u00ed\u00adcita entre obispos y presb\u00ed\u00adteros -estos \u00faltimos con el encargo particular de vigilar y presidir la comunidad puede haberse prolongado durante alg\u00fan tiempo en las iglesias cristianas. Pero un cierto presbiterianismo, que se encuentra en algunos padres (sobre todo en Jer\u00f3nimo, aunque tambi\u00e9n en Ambrosio, Pelagio, Juan Cris\u00f3stomo y Teodoro de Mopsuestia) y m\u00e1s tarde en el medievo (por ejemplo, Rabano Mauro), pudo tener su origen en una lectura, posterior e independiente, m\u00e1s restringida de las cartas Pastorales y de Flp 1:1.<\/p>\n<p>Con la penetraci\u00f3n del cristianismo en el mundo grecorromano, se diferencian cada vez m\u00e1s dos corrientes de pensamiento, que se podr\u00ed\u00adan denominar petrina y paulina. A cada una le corresponde tambi\u00e9n un determinado modelo de gobierno de la comunidad: el primer modelo est\u00e1 constituido por el gobierno colectivo de los presb\u00ed\u00adteros (Jerusal\u00e9n, y desde all\u00ed\u00ad en Palestina, Egipto, norte de Africa y el sur de Espa\u00f1a); el segundo se caracteriza por la direcci\u00f3n mon\u00e1rquica propia de Antioqu\u00ed\u00ada, que a trav\u00e9s de Asia Menor y de Iliria llega hasta las Galias. Las dos actitudes asumen tambi\u00e9n actitudes diferentes ante el juda\u00ed\u00adsmo, registran en ocasiones algunos radicalismos (son t\u00ed\u00adpicas las posiciones posteriores de Cerinto y Marci\u00f3n, respectivamente), pero logran reencontrase en la unidad gracias a la funci\u00f3n mediadora y armonizadora de Roma: en la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica de Hip\u00f3lito (t 220), el centro de la cristiandad lograr\u00e1 formular \u00abuna v\u00ed\u00ada intermedia entre las dos corrientes\u00bb.<\/p>\n<p>V. El sacerdote en la historia de la liturgia y en la teolog\u00ed\u00ada<br \/>\nPara la comprensi\u00f3n del sacerdocio cristiano, de la situaci\u00f3n actual y de las posibilidades futuras de precisar su identidad -la cual debe hacer referencia continuamente a Cristo y a la situaci\u00f3n concreta de los hermanos a los que se dirige el servicio , no se pueden ignorar las principales etapas del camino hist\u00f3rico recorrido por el sacerdote, desde la \u00e9poca apost\u00f3lica neotestamentaria hasta llegar al Vat. II y a la actual etapa posconciliar. La perspectiva hist\u00f3rica es, por lo menos, \u00fatil para evitar la f\u00e1cil tentaci\u00f3n de retomar opciones nuevas, cuyos peligros y l\u00ed\u00admites ya ha evidenciado la antig\u00fcedad. Adem\u00e1s, se debe superar la segunda y permanente tentaci\u00f3n, la de hacer opciones operativas bajo el apremio de las circunstancias concretas, teniendo despu\u00e9s la pretensi\u00f3n de darles una justificaci\u00f3n te\u00f3rica y \u00c2\u00a1quiz\u00e1 incluso consigui\u00e9ndolo! Un tercer elemento importante a se\u00f1alar en la panor\u00e1mica hist\u00f3rica nos viene dado por las abundantes reflexiones teol\u00f3gicas y soluciones concretas a las que las circunstancias del tiempo no permitieron madurar o sobrevivir: algunos hechos y pensamientos del pasado merecen ser reconsiderados como sugerencias, por lo menos interesantes, en la b\u00fasqueda de soluciones a problemas iguales o an\u00e1logos que la iglesia de hoy debe afrontar.<\/p>\n<p>1. DE LOS TIEMPOS APOST\u00ed\u201cLICOS A LA EPOCA CAROLINGIA. Toda funci\u00f3n eclesial que se desarrolla con autoridad y de modo permanente, en el NT es conferida siguiendo un rito. Este presenta algunos elementos fijos en las diversas situaciones investigadas, pero no se puede afirmar que se trate siempre de un \u00fanico e id\u00e9ntico ritual y sobre todo es cierto que no se confer\u00ed\u00ada el mismo oficio ministerial.<\/p>\n<p>Habida cuenta de los episodios involucrados en esta problem\u00e1tica (Heb 6:16; Heb 13:1-3, y en especial 1Ti 4:14; 1Ti 5:22; 2Ti 1:6), la ordenaci\u00f3n ministerial comprende los siguientes momentos principales: el nombramiento\/elecci\u00f3n de los candidatos, un (eventual) ayuno de preparaci\u00f3n inmediata, la imposici\u00f3n de las manos -hecha normalmente por el colegio de los ap\u00f3stoles o de los presb\u00ed\u00adteros-, acompa\u00f1ada por una oraci\u00f3n. Es innegable la analog\u00ed\u00ada del rito con la ordenaci\u00f3n rab\u00ed\u00adnica, pero es siempre dif\u00ed\u00adcil establecer una eventual dependencia directa.<\/p>\n<p>De todos modos, la funci\u00f3n principal de los ministros ordenados es el servicio apost\u00f3lico con toda la riqueza de sus contenidos, entre los cuales sobresalen el ministerio de la palabra, la atenci\u00f3n pastoral y la presidencia de la eucarist\u00ed\u00ada, esta \u00faltima entendida como la culminaci\u00f3n de la caridad-comuni\u00f3n eclesial y, por lo tanto, centro de la vida cristiana, sacramental y profana. Por otra parte, la referencia a la eucarist\u00ed\u00ada supone ya una relectura del NT a partir de la experiencia posterior -al menos a partir de Clemente Romano e Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada (ss. 1-1)-, pero no es un hecho casual. Como en otros temas de los que el NT no dice nada o casi nada, \u00abno se trata tanto de encontrar textos expl\u00ed\u00adcitos en los escritos apost\u00f3licos (o de forzarlos con interpretaciones arbitrarias) cuanto de penetrar en la l\u00f3gica interna de la vida de la iglesia primitiva\u00bb.<\/p>\n<p>El cuadro fundamental de la ordenaci\u00f3n sacerdotal neotestamentaria vuelve a encontrarse a comienzos del s. In en la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica de Hip\u00f3lito: \u00e9sta nos da testimonio de los usos lit\u00fargicos de Roma en su \u00e9poca y del desarrollo ya alcanzado en la estructuraci\u00f3n de los ministros ordenados. Hip\u00f3lito reconoce un car\u00e1cter particular a tres servicios eclesiales, de los que son sujetos el obispo, el sacerdote y el di\u00e1cono. De \u00e9stos se tiene el primer testimonio expl\u00ed\u00adcito en Ignacio, pero la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica subraya su unidad ministerial fundamental, aun contando con las diferencias que derivan de su funci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica, a trav\u00e9s del t\u00e9rmino t\u00e9cnico de la imposici\u00f3n de las manos (cheirotone\u00ed\u00adn). Este t\u00e9rmino significa imponer las manos -desde el s. Iv se traducir\u00e1 por ordenar- y es importante porque atestigua una ordenaci\u00f3n lit\u00fargica adem\u00e1s de orientar la vida del ordenado hacia un compromiso lit\u00fargico-eucar\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>Hip\u00f3lito no alude a la elecci\u00f3n de los presb\u00ed\u00adteros; sin embargo, nos da importantes datos sobre su ordenaci\u00f3n: el sacerdote es ordenado por el obispo, el \u00fanico que pronuncia la oraci\u00f3n. Los miembros del presbiterio tan s\u00f3lo extienden las manos con la funci\u00f3n de sello (sphrag\u00ed\u00adzein), criterio \u00faltimo para la ordenaci\u00f3n en el ministerio eucar\u00ed\u00adstico. En la breve plegaria de ordenaci\u00f3n -que quiz\u00e1 se remonta a una comunidad presbiteriana- est\u00e1 presente, d\u00e1ndosele una gran importancia, la dimensi\u00f3n pneum\u00e1tica del sacerdocio, que confirma y explicita el gesto b\u00ed\u00adblico-jud\u00ed\u00ado de la imposici\u00f3n de las manos; se alude tambi\u00e9n por primera vez a la tipolog\u00ed\u00ada veterotestamentaria (Mois\u00e9s) que se encontrar\u00e1 de nuevo en textos posteriores (por ejemplo, Serapi\u00f3n de Tmuis, en el s. 1v, en Egipto&#8230;). Es interesante observar que, seg\u00fan Hip\u00f3lito, la imposici\u00f3n de las manos u otro gesto\/rito de ordenaci\u00f3n presbiteral resulta superfluo en el caso de los confesores, que han sufrido persecuci\u00f3n por la fe, porque con su testimonio han demostrado poseer ya el Esp\u00ed\u00adritu (sin embargo, dado que no tienen el poder de transmitir el Esp\u00ed\u00adritu, tambi\u00e9n los confessores deben ser ordenados en el caso de que lleguen al episcopado).<\/p>\n<p>Falta en el caso del presbiterado el otro gesto lit\u00fargico significativo que se encuentra en el s. III en diversas ordenaciones episcopales, y que tambi\u00e9n tiene paralelos jud\u00ed\u00ados: la entronizaci\u00f3n. En efecto, este gesto evidencia quiz\u00e1 m\u00e1s que ning\u00fan otro la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica y la funci\u00f3n magisterial y judicial de la persona que ha tomado posesi\u00f3n de su sede: deberes que competen especialmente al obispo, como sumo sacerdote de la iglesia local.<\/p>\n<p>Sin embargo, en su actividad de gobierno pastoral el obispo es ayudado por los presb\u00ed\u00adteros a dos niveles: a) Junto al obispo en los primeros siglos se encuentra siempre un colegio de sacerdotes que interviene en la ordenaci\u00f3n de los presb\u00ed\u00adteros, como se ve en la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica; participa en la elecci\u00f3n, pero no en la ordenaci\u00f3n, de los obispos; aconseja al pastor en los casos dif\u00ed\u00adciles, como fue, por ejemplo, el cisma en los tiempos del papa Cornelio. No hay, sin embargo, un consejo presbiteral \u00abjunto al obispo con poderes distintos. Hay un presbyterium en torno al obispo. Y \u00e9ste llama a los sacerdotes sus cumpresbyteri. Pero \u00e9l es su cabeza: es \u00e9l el que da unidad al presbyterium, como da unidad a la iglesia. b) Con la difusi\u00f3n del cristianismo y la imposibilidad\/inoportunidad de instituir iglesias locales con obispo propio, el cuidado pastoral de algunas zonas rurales y de la ciudad se entrega a los sacerdotes. Act\u00faan de modo suplente con facultades todav\u00ed\u00ada limitadas y con una especial referencia al \u00fanico pastor de la iglesia local. A \u00e9ste le pertenece siempre, por ejemplo, la bendici\u00f3n del crisma para la confirmaci\u00f3n. En la iglesia de Roma hay dos elementos particulares significativos: el uso del fermentum, a trav\u00e9s del cual \u00abla iglesia romana se mantiene como una \u00fanica communio, aunque existan diversas celebraciones eucar\u00ed\u00adsticas en un mismo d\u00ed\u00ada (domingo)\u00bb, y las liturgias estacionales, que tambi\u00e9n quieren indicar la unidad eclesial de una zona relativamente amplia, en la que act\u00faan varios sacerdotes, siempre en estrecha comuni\u00f3n con el \u00fanico obispo.<\/p>\n<p>Otro elemento que subraya la uni\u00f3n del sacerdote con el obispo y la iglesia local -el principio es v\u00e1lido en Oriente y Occidente durante toda la antig\u00fcedad; en Occidente desaparece definitivamente en el medievo- es sancionado por el canon VI del concilio de Calcedonia (451): \u00abNadie debe ser ordenado sacerdote o di\u00e1cono, o constituido en cualquier funci\u00f3n eclesi\u00e1stica, de modo absoluto. Por el contrario, el que es ordenado debe ser asignado a una iglesia de la ciudad o del pueblo, a la capilla de un m\u00e1rtir o a un monasterio. El santo S\u00ed\u00adnodo manda que toda ordenaci\u00f3n absoluta sea nula\u00bb (COD 66).<\/p>\n<p>Seg\u00fan este cuadro de la vida eclesi\u00e1stico-lit\u00fargica, el t\u00ed\u00adtulo de sacerdos, atestiguado a partir del 200 m\u00e1s o menos, designa simplemente al obispo en relaci\u00f3n con su servicio lit\u00fargico. En la medida en que el sacerdote participa del ministerio lit\u00fargico del obispo, tambi\u00e9n ser\u00e1 reconocido como sacerdos. En la \u00e9poca carolingia este t\u00ed\u00adtulo se atribu\u00ed\u00ada indistintamente tanto al obispo como al sacerdote, mientras que en Oriente ese uso ya se hab\u00ed\u00ada difundido antes (ss. Iv-v).<\/p>\n<p>Mientras tanto, el rito de ordenaci\u00f3n evoluciona de modo homog\u00e9neo, ampli\u00e1ndose y enriqueci\u00e9ndose cada una de sus partes. Estudiando los Sacramentarios y los Ordines Romani, pueden obtenerse algunas noticias: en Roma, hasta Le\u00f3n Magno (\u00c2\u00b1 461), todos los domingos pod\u00ed\u00adan hacerse ordenaciones. Es seguro que desde el pontificado de Gelasio 1 (j- 496) en adelante fueron d\u00ed\u00adas de ordenaci\u00f3n solamente los s\u00e1bados de las cuatro t\u00e9mporas (per\u00ed\u00adodo de ayuno). En los mi\u00e9rcoles y viernes anteriores era posible hacer un escrutinio p\u00fablico sobre la idoneidad de los candidatos, mientras que el lunes los electi hab\u00ed\u00adan prestado juramento acerca de la falta de impedimentos que podr\u00ed\u00adan anular la ordenaci\u00f3n (se trata de los \u00abquattuor capitula\u00bb inherentes a pecados sexuales que, en cualquier caso, reduc\u00ed\u00adan a los culpables al estado de penitentes p\u00fablicos, con el consiguiente impedimento para toda ordenaci\u00f3n can\u00f3nica).<\/p>\n<p>El desarrollo del rito de la ordenaci\u00f3n del sacerdote es lineal: consta de una llamada de los candidatos, una oraci\u00f3n de introducci\u00f3n del pont\u00ed\u00adfice (obispo), una oraci\u00f3n lit\u00e1nica del pueblo y una oraci\u00f3n conclusiva del pont\u00ed\u00adfice. El n\u00facleo central del rito est\u00e1 constituido por la imposici\u00f3n de las manos (en silencio), al que sigue la oraci\u00f3n consecratoria,que se remonta a los ss. iv-v, y que se ha conservado incluso en la reciente reforma lit\u00fargica [-> Orden\/ Ordenaci\u00f3n]. Son ritos complementarios la entrega de la estola y de la casulla antes de la ordenaci\u00f3n, y el beso de la paz en el momento de su conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>De la importante oraci\u00f3n de ordenaci\u00f3n se pueden resaltar al menos dos elementos: a) la ampliaci\u00f3n de la tipolog\u00ed\u00ada veterotestamentaria con una referencia a los hijos de Aar\u00f3n, y quiz\u00e1 tambi\u00e9n a los levitas; b) la importancia dada a la subordinaci\u00f3n del presb\u00ed\u00adtero al obispo. Se habla, en efecto, del sacerdote en t\u00e9rminos de \u00abvir sequentis ordinis, secundae dignitatis\u00bb, volviendo a hacer uso de un concepto conocido desde Le\u00f3n Magno y que se remonta hasta Or\u00ed\u00adgenes.<\/p>\n<p>En el plano teol\u00f3gico se afirma tambi\u00e9n la idea sostenida por san Agust\u00ed\u00adn en la pol\u00e9mica contra los donatistas, los cuales afirmaban la necesidad de una vida integ\u00e9rrima en los sacerdotes para la validez de las acciones sacramentales realizadas por ellos. El obispo de Hipona coloca en el centro de la vida de la iglesia el sacerdocio de Cristo, cuya acci\u00f3n permanece v\u00e1lida incluso cuando el sacerdote es indigno. Esta refutaci\u00f3n de la doctrina donatista merece ser recordada por el abuso que despu\u00e9s se har\u00e1 de ella para sostener las ordenaciones absolutas y la visi\u00f3n unilateral del car\u00e1cter sacramental del ordenado.<\/p>\n<p>2. DE LA EPOCA CAROLINGIA AL CONCILIO DE TRENTO. Este per\u00ed\u00adodo presenta toda una serie de procesos transformadores del sacerdocio cristiano -en parte ya comenzados anteriormente- hasta alterar de manera notable su fisonom\u00ed\u00ada. Desde el punto de vista del ritual, el per\u00ed\u00adodo carolingio, con la difusi\u00f3n de los centros de irradiaci\u00f3n lit\u00fargica franca y germ\u00e1nica, produce un desequilibrio en el rito de la ordenaci\u00f3n, con diversas consecuencias negativas incluso para la comprensi\u00f3n teol\u00f3gica del sacramento.<\/p>\n<p>Al sacerdote se le contempla cada vez m\u00e1s con una especie de aureola sacralizada: a este respecto es paradigm\u00e1tica la unci\u00f3n de las manos del neo-ordenado, que se realiza seg\u00fan una costumbre importada del ambiente celta de los pa\u00ed\u00adses francos. Al comienzo del s. Ix esa unci\u00f3n es comprendida y transmitida con estricta referencia a la consagraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. Esta ampliaci\u00f3n ritual, que objetivamente tiene escasa importancia y de la que se tienen indicios en Roma hacia el 925-, sanciona y favorece igualmente una visi\u00f3n alterada del presbiterado. Sacando las consecuencias extremas, poco despu\u00e9s (ss. xII-xnI) se acaba por atribuir al sacerdote solamente el apoder sacramental, no reconoci\u00e9ndole ya la missio de ministro de la palabra. En el s. x es codificada tambi\u00e9n en el Pontifical Romano Germ\u00e1nico la entrega de los instrumentos. Para el presb\u00ed\u00adtero son la patena y el c\u00e1liz, entregados al ordenado despu\u00e9s de la unci\u00f3n de las manos con las siguientes palabras: \u00abRecibid el poder (accipite potestatem) de ofrecer el sacrificio a Dios y de celebrar la misa tanto por los vivos como por los difuntos en el nombre del Se\u00f1or\u00bb. Y de hecho, en una perspectiva desvinculada de la mejor tradici\u00f3n lit\u00fargica, la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica sanciona, como materia de la ordenaci\u00f3n presbiteral, esta entrega de los instrumentos y, como forma, las palabras que la acompa\u00f1an.<\/p>\n<p>\u00abEl presbiterado se confiere por la entrega del c\u00e1liz con el vino y de la patena con el pan&#8230; De igual modo para los restantes \u00f3rdenes, a los cuales se asignan ios objetos correspondientes a su ministerio\u00bb: es la conclusi\u00f3n del magisterio en el \u00abdecreto para los armenios\u00bb del concilio de Florencia de 1439 (DS 1326).<\/p>\n<p>Este colocar al presbiterado en relaci\u00f3n unilateral con la eucarist\u00ed\u00ada denuncia otra dificultad: la exclusi\u00f3n del episcopado del sacramento del orden y la concepci\u00f3n que ve en el mismo presbiterado la m\u00e1s alta forma del sacramento. En consecuencia, en el segundo milenio y hasta 1947 -cuando se promulga la constituci\u00f3n apost\u00f3lica Sacramentum Ordinis-, cada vez que se habla de orden y de sacerdocio se hace de ordinario referencia solamente al presbiterado, buscando, al m\u00e1ximo, lo que los obispos tienen o hacen de m\u00e1s y los di\u00e1conos de menos.<\/p>\n<p>Una ulterior piedra de tropiezo, que afecta principalmente a los obispos, pero que tambi\u00e9n tiene alguna consecuencia para el clero, es la distinci\u00f3n -y a menudo la separaci\u00f3n de hecho- entre potestad de orden y potestad de jurisdicci\u00f3n. Adem\u00e1s de todas las confusas interferencias que se siguen de ella, no se puede olvidar la marginaci\u00f3n forzada del sacerdocio al mundo lit\u00fargico sacramental a costa de una atenta y obligada pastoral.<\/p>\n<p>Para enrarecer ulteriormente esta situaci\u00f3n tan precaria, a partir de la \u00e9poca carolingia se agudiza cada vez m\u00e1s el problema de la lengua, que llega a ser pr\u00e1cticamente incomprensible. Se observa entonces el siguiente y parad\u00f3jico fen\u00f3meno: el servicio del sacerdote tiende a restringirse a la celebraci\u00f3n de la misa; pero, de hecho, la eucarist\u00ed\u00ada se reduce progresivamente a un acto privado.<\/p>\n<p>A este respecto son significativos los formularios lit\u00fargicos de las misas que el sacerdote celebra para s\u00ed\u00ad mismo. Estas oraciones son bastante abundantes en los Sacramentarios carolingios y en los Misales posteriores; junto con las apolog\u00ed\u00adas de los Ordo Missae, atestiguan la autoconciencia que los sacerdotes ten\u00ed\u00adan de s\u00ed\u00ad mismos. Aun teniendo en cuenta los diversos g\u00e9neros literarios, resulta predominante la visi\u00f3n negativa del propio estado de criatura, indigno, fr\u00e1gil y sometido a todo tipo de tentaciones. En la mayor parte de los textos, el servicio sacerdotal es contemplado exclusivamente en relaci\u00f3n con el altar y el sacrificio. Son muy raras las alusiones al aspecto existencial del ministerio, que hace del mismo sacerdote una v\u00ed\u00adctima viviente; como tambi\u00e9n es escaso el relieve dado a sus responsabilidades sociales y al bien p\u00fablico. Sin embargo, el conjunto de las oraciones \u00abpro ipso sacerdote\u00bb se corrige con los numerosos formularios por vivos y difuntos, que abarcan a todas las categor\u00ed\u00adas sociales, y con las numerosas misas para las circunstancias m\u00e1s diversas.<br \/>\nNo faltan tampoco, sobre todo con la renovaci\u00f3n del s. xl, excelentes intervenciones del clero en la vida del pueblo cristiano, un renacer de la praxis penitencial y una reforma del rito de las exequias (con la absoluci\u00f3n del difunto): ni se debe infravalorar el particular momento hist\u00f3rico que siente el fervor de las cruzadas con todo un mundo de religiosidad en efervescencia; baste pensar en la difusi\u00f3n de las indulgencias y en la confianza ciega en la autoridad del sacerdote, sobre todo en los centros rurales. A pesar de todo, y no s\u00f3lo en el s. x1, prevalece en general \u00abun ideal de vida clerical&#8230; seg\u00fan la concepci\u00f3n asc\u00e9tica medieval, en la que se pone el acento m\u00e1s en el ejercicio personal y colectivo de las virtudes que en la actividad externa de la cura animarum (sobre todo administrativa)<br \/>\nEn su aspecto global y por diversos motivos, la situaci\u00f3n del pueblo de Dios sufre a largo plazo las consecuencias de la actitud pastoral pasiva asumida por el clero, al que se atribuye al menos en parte la responsabilidad del debilitamiento de la fe y de la vida cristiana. Dos hechos significativos: la prescripci\u00f3n del Lateranense IV (1215) que obliga a la confesi\u00f3n y comuni\u00f3n anuales (DS 812), y la devoci\u00f3n cada vez m\u00e1s extendida de ver la hostia.<\/p>\n<p>Se entr\u00f3 pr\u00e1cticamente en un callej\u00f3n sin salida, que da lugar a un c\u00ed\u00adrculo vicioso: una decadente teolog\u00ed\u00ada del sacerdocio ha desfasado los t\u00e9rminos de la realidad sacramental con acentuaciones parciales y deformantes; todo esto se refleja en los ritos de ordenaci\u00f3n y en la acci\u00f3n del sacerdote, que toma un camino que reduce progresivamente sus funciones originarias y espec\u00ed\u00adficas; pero esta praxis a su vez reclama una justificaci\u00f3n de orden especulativo, que no falta nunca.<\/p>\n<p>En el desarrollo ritual, los a\u00f1os 1292-95 ven la aparici\u00f3n de un nuevo Pontifical, redactado por Guillermo Durando, obispo franc\u00e9s de Mende. La mayor diferencia con respecto a las fuentes precedentes es un ap\u00e9ndice de los ritos, que se encuentran desplazados o introducidos por primera vez despu\u00e9s de la comuni\u00f3n: el rezo o canto del credo, otra imposici\u00f3n de manos y el juramento de obediencia. Este ser\u00e1 el ritual que servir\u00e1 de modelo inmediato al Pontilcalis Liber de 1485, y en la pr\u00e1ctica tambi\u00e9n para las ediciones sucesivas del Pontifical romano hasta la reciente reforma conciliar (1968).<\/p>\n<p>3. DEL CONCILIO DE TRENTO AL VAT. II. La situaci\u00f3n del clero, que, como se ha podido observar, no era la mejor en cuanto a vida espiritual y compromiso pastoral, no pod\u00ed\u00ada dejar de constituir un tema de inter\u00e9s para los reformadores del s. xvl, entre otras cosas porque los intentos de recuperaci\u00f3n intraeclesial hab\u00ed\u00adan dado resultados positivos pero restringidos en el \u00e1mbito de las \u00f3rdenes religiosas. En este momento, un gran n\u00famero de sacerdotes no ejercitan ya ning\u00fan ministerio, y mucho menos desarrollan una actividad misionera centrada en la palabra. Hay una inflaci\u00f3n de misas privadas, celebradas en cualquier rinc\u00f3n y, fuera de las misas privadas, los sacerdotes se contentan con recitar el breviario.<\/p>\n<p>Los reformadores tienen en cuenta algunas cr\u00ed\u00adticas precedentes (por ejemplo, la de Wycliff), pero van m\u00e1s all\u00e1 de una pol\u00e9mica que afecte tan s\u00f3lo a la praxis. Se enfrentan decididamente con el problema del sacerdocio desde una perspectiva diferente de la acostumbrada. Hacen patente de modo positivo el sacerdocio de los fieles y el ministerio pastoral del sacerdote ordenado, ministerio que se concreta en la predicaci\u00f3n de la palabra y en la administraci\u00f3n de los sacramentos. La \u00f3ptica luterana y calvinista es, por esto, eclesiol\u00f3gica, no eucar\u00ed\u00adstico-sacramental en un sentido reductivo; y, de hecho, se subraya tambi\u00e9n la uni\u00f3n entre el sacerdote y su comunidad local. Pero, negativamente, los reformadores llegan a rechazar el car\u00e1cter sagrado y permanente del sacerdote, excluyendo tambi\u00e9n la relaci\u00f3n sacerdocio-sacrificio eucar\u00ed\u00adstico tal como se interpretaba en el \u00e1rea cat\u00f3lica tradicional.<\/p>\n<p>\u00abLutero, en su pol\u00e9mica contra el sacerdocio cat\u00f3lico, no intentaba [sin embargo] destruir el ministerio disolvi\u00e9ndolo en el sacerdocio universal de los fieles. Pensaba en el ministerio como una instituci\u00f3n indispensable para la iglesia y querida por Cristo, ordenada a la predicaci\u00f3n del evangelio y al cuidado pastoral de las comunidades cristianas a trav\u00e9s de la administraci\u00f3n de los sacramentos, consagrada por un rito de ordenaci\u00f3n en el que se comunica realmente el don del Esp\u00ed\u00adritu&#8230; Tambi\u00e9n en Calvino el rechazo del sacerdocio es el rechazo de un modo de concebir el sacerdocio, es decir, de entenderlo como ordenado a la celebraci\u00f3n del sacrificio. Atribuye a los ministros de la palabra el nombre de sacerdotes, pero en el sentido paulino de Rom 15:16, o sea, en cuanto que, convirtiendo los pueblos a Dios por medio de la predicaci\u00f3n del evangelio, los ofrecen a Dios. Tambi\u00e9n acepta la ordenaci\u00f3n, siempre que admita s\u00f3lo el rito apost\u00f3lico de la imposici\u00f3n de las manos, sin la unci\u00f3n; y sobre todo con tal de que su objeto sea el de apacentar el reba\u00f1o de Dios con la predicaci\u00f3n y los sacramentos, y no el de sacrificar.\u00bb<br \/>\nLa falta de una teolog\u00ed\u00ada adecuada -o quiz\u00e1, mejor, de una voluntad decidida, si se considera el esquema doctrinal de 1552, desgraciadamente desaparecido en las sucesivas sesiones- lleva al concilio de Trento a un camino paralelo y divergente con respecto a la direcci\u00f3n teol\u00f3gica de la reforma. El razonamiento no es eclesiol\u00f3gico, sino simplemente sacramental y motivado por posiciones apolog\u00e9ticas de defensa. Se centra, por tanto, en el oficio sacrificial del sacerdote, que permanece separado del m\u00e1s amplio contexto vital de la ministerialidad de la iglesia. De todos modos queda abierta la posibilidad de un desarrollo posterior, como se hizo, tras un estancamiento de varios siglos, en el Vat. II.<\/p>\n<p>En las dos sesiones (la XXII y XXIII) sobre el sacrificio de la misa y sobre el sacramento del orden, al establecer la doctrina acerca del presbiterado, el punto de partida es el sacramental eucar\u00ed\u00adstico (DS 938), y toda la exposici\u00f3n tridentina contin\u00faa expresando diversas variaciones sobre este tema: sacerdote (presb\u00ed\u00adtero)-eucarist\u00ed\u00ada (cf, por ejemplo, DS 949; 957; 958). Adolece de una concepci\u00f3n restringida del sacerdocio, que excluye al episcopado del sacramento. Por esto, al tratar la instituci\u00f3n del presbiterado -durante la \u00faltima cena- se pasa inmediatamente de los ap\u00f3stoles a los sacerdotes, haciendo aqu\u00ed\u00ad y en alguna otra parte alguna indicaci\u00f3n sobre la uni\u00f3n org\u00e1nica sacramental entre estos \u00faltimos y los obispos (cf DS 960).<\/p>\n<p>El enfrentamiento con los reformadores insta adem\u00e1s a Trento a restringir al m\u00ed\u00adnimo toda alusi\u00f3n al ministerio de la palabra y a la misi\u00f3n pastoral, mientras que pone en evidencia otros puntos objeto de discusi\u00f3n, como, por ejemplo, el car\u00e1cter permanente del ministro ordenado (DS 960). Toda la problem\u00e1tica del sacerdocio y de su instituci\u00f3n como la de su funci\u00f3n es vista siempre de modo exclusivo en relaci\u00f3n con la cena del jueves santo y con la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>\u00abEste modo de pensar ser\u00e1 reforzado, de otra parte, por la tendencia historizante de la liturgia (una tendencia que ya exist\u00ed\u00ada desde tiempo atr\u00e1s), que corre el riesgo de aislar la cena no solamente del resto de la vida de Cristo, sino tambi\u00e9n de los dem\u00e1s aspectos del misterio pascual y de pentecost\u00e9s. A esta investidura del jueves santo, se unir\u00e1 muy de cerca la consagraci\u00f3n de las manos del sacerdote, hasta el punto de que durante muchos siglos esta consagraci\u00f3n pas\u00f3 por ser el rito fundamental de la ordenaci\u00f3n de los sacerdotes. Esta concepci\u00f3n del origen del presbiterado (identificado con el sacerdocio) ha tenido una resonancia considerable, no porque sea criticable como tal, sino por el uso que se ha hecho de ella\u00bb\u00bb en Trento mismo y despu\u00e9s del concilio.<\/p>\n<p>Un factor importante para la vida sacerdotal es puesto en marcha por el concilio de Trento con la instituci\u00f3n de los seminarios (sesi\u00f3n XXIII, cap. 18) para la formaci\u00f3n de los sacerdotes desde el punto de vista espiritual y cultural. En esta l\u00ed\u00adnea se registran algunos importantes movimientos, mientras que, desde otro punto de vista, la teolog\u00ed\u00ada del sacerdocio y del presbiterado en particular no se abre a perspectivas nuevas y relevantes durante algunos siglos. A partir del ejemplo de los seminarios de Roma y Mil\u00e1n (san Carlos Borromeo) se abren instituciones parecidas en muchos lugares, especialmente en Italia y en Francia. A la formaci\u00f3n del futuro clero se dedican personalidades importantes, como Pedro de B\u00e9rulle con sus Oratorianos, san Vicente de Pa\u00fal con los sacerdotes de la Misi\u00f3n, y la Congregaci\u00f3n de san Sulpicio, animada por Jean Jacques Olier. Al final del s. )(vil, en Italia, la iniciativa de san Gregorio Barbarigo, obispo de Padua, es un ejemplo significativo y seguido. Tambi\u00e9n bajo el impulso de la formaci\u00f3n seminar\u00ed\u00adstica se perfilan ahora de un modo claro dos corrientes de vida sacerdotal. La primera, misionera, se agrupa en torno a las nuevas instituciones que renuevan la vida sacerdotal y religiosa. La segunda corriente tiene un car\u00e1cter marcadamente espiritual-devocional; en ella se ve la huella de una formaci\u00f3n seminar\u00ed\u00adstica modelada a menudo sobre el ejemplo de la vida religiosa mon\u00e1stica.<\/p>\n<p>Pero m\u00e1s que una espiritualidad presbiteral, el clero desarrolla una piedad anclada en la misa, en el culto eucar\u00ed\u00adstico y en la devoci\u00f3n al sagrado Coraz\u00f3n. Algunas voces, que conciben la teolog\u00ed\u00ada de modo contrario a la direcci\u00f3n com\u00fan, se pierden sepultadas en el olvido o en las pol\u00e9micas. Un siglo m\u00e1s tarde, por ejemplo, se da el caso de la importante reflexi\u00f3n de Rosmini: afirma con claridad, como quiz\u00e1 ning\u00fan otro antes que \u00e9l en la \u00e9poca moderna, el sacerdocio com\u00fan de los fieles.<\/p>\n<p>Mayor presi\u00f3n sobre la conciencia eclesial ejercen, por el contrario, un nutrido grupo de sacerdotes fil\u00e1ntropos, animados por una profunda fe y un agudo sentido social: de Pallotti a Gaspar del Bufalo, de Juan Bosco a Cottolengo, al tiempo que Juan B. Vianney representa claramente al p\u00e1rroco de una peque\u00f1a comunidad rural que irradia la vida cristiana a partir de una intensa piedad personal y de una renovaci\u00f3n de la vida sacramental de los fieles. Estos son todav\u00ed\u00ada los modelos que actualmente la iglesia propone al clero a trav\u00e9s del peque\u00f1o esbozo de su fisonom\u00ed\u00ada espiritual en las diversas oraciones y lecturas de la liturgia.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la borrasca de las reacciones antimodernistas, algunos importantes documentos del magisterio subrayan fuertemente la espiritualidad sacerdotal, pero sin afrontar o profundizar nuevas puntualizaciones de car\u00e1cter teol\u00f3gico. Pueden recordarse algunas propuestas de los pont\u00ed\u00adfices, como la enc\u00ed\u00adclica Humani generis (1917), en la que Benedicto XV confirma el compromiso apost\u00f3lico de la predicaci\u00f3n; Ad catholici sacerdotii fastigium fue escrita por P\u00ed\u00ado XI (1935) sobre el sacerdocio en general. Sobre la santidad de la vida sacerdotal llaman nuevamente la atenci\u00f3n P\u00ed\u00ado XII con la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Menti nostrae (1950) y Juan XXIII con la enc\u00ed\u00adclica Sacerdotii nostri primordia, publicada con ocasi\u00f3n del centenario de la muerte del cura de Ars (1959). (Conviene recordar aqu\u00ed\u00ad la tradici\u00f3n iniciada por Juan Pablo II de dirigir cada a\u00f1o, con ocasi\u00f3n del jueves santo, una carta \u00aba todos los sacerdotes de la iglesia.\u00bb)<br \/>\nSin embargo, ya en 1947 se hab\u00ed\u00adan hecho p\u00fablicos dos documentos significativos con profundas repercusiones. Punto de partida de la renovaci\u00f3n teol\u00f3gica y lit\u00fargica del sacramento del orden es la recordada const. apost. Sacramentum ordinis: \u00e9sta acaba con las discusiones sacramentales-rituales y abre el camino a nuevas reflexiones sobre el sacramento y sus tres grados. Entre otras cosas afirma que el episcopado es un verdadero sacramento, y que la materia y la forma del sacramento son la imposici\u00f3n de las manos y la oraci\u00f3n consacratoria. La Mediator Dei, por su parte, afirma expl\u00ed\u00adcitamente que el sacerdocio com\u00fan de los fieles y el sacerdocio ministerial ordenado se diferencian \u00abesencialmente y no s\u00f3lo en grado\u00bb.<\/p>\n<p>Esta afirmaci\u00f3n -retomada en documentos posteriores del magisterio (por ejemplo, en LG 10)- origina una fuerte discusi\u00f3n, agudizada sobre todo por el hecho de que la f\u00f3rmula original quiso responder al problema de una \u00abdiferencia de ministerio (m\u00e1s precisamente de poderes) entre sacerdotes ordenados y laicos a prop\u00f3sito de la eucarist\u00ed\u00ada\u00bb. A continuaci\u00f3n se produjo una gran confusi\u00f3n, porque de nuevo la misma formulaci\u00f3n se us\u00f3 en sistemas conceptuales y ling\u00fc\u00ed\u00adsticos diversos: \u00abConfusi\u00f3n de lenguajes, favorecida por el hecho de que el primer uso de la f\u00f3rmula parece precisamente referirse al ministerio, hablando de \u00e9l en t\u00e9rminos de sacerdocio&#8230; En realidad, la urgencia de afirmar la excelencia del sacerdocio ministerial est\u00e1 unida no a la confrontaci\u00f3n entre \u00e9ste y el sacerdocio bautismal, sino entre el sacerdocio ministerial y los diversos ministerios\/ carismas&#8230; Por otra parte, el sacerdocio com\u00fan, considerado en s\u00ed\u00ad mismo, es cualitativamente superior no s\u00f3lo al sacerdocio ministerial, sino tambi\u00e9n a cualquier otro ministerio\u00bb 26; problem\u00e1tica \u00e9sta todav\u00ed\u00ada en fase de una elaboraci\u00f3n teol\u00f3gica m\u00e1s precisa.<\/p>\n<p>4. EL VAT. II Y LOS A\u00ed\u2018OS POSTERIORES. En tres documentos presenta el concilio la identidad del sacerdote de modo expl\u00ed\u00adcito y particularizado: la constituci\u00f3n LG, el decreto PO \u00absobre el ministerio y la vida de los sacerdotes\u00bb y el decreto OT \u00absobre la formaci\u00f3n sacerdotal\u00bb. Estos textos son el punto de referencia obligado para el tiempo posterior; pero, bajo ciertos aspectos, marcan una pausa en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica. Esta \u00faltima parece ya satisfecha de la valoraci\u00f3n dada al episcopado y se dedica a la revalorizaci\u00f3n de funciones un tanto descuidadas en la historia de la iglesia moderna, no sin pol\u00e9mica, por cierto.<\/p>\n<p>a) La recepci\u00f3n del magisterio y de la reforma conciliar, sin embargo, ha transcurrido de modo lineal, sin muchas novedades. De las reflexiones y discusiones de los padres en el S\u00ed\u00adnodo de los obispos de 1971 no sali\u00f3 nada nuevo, a pesar de las expectativas impacientes de un grupo eclesial deseoso de un cambio en la disciplina latina, que vincula el sacerdocio al celibato.<\/p>\n<p>Una s\u00ed\u00adntesis clara de la sensibilidad teol\u00f3gica conciliar y posconciliar se ofrece en el nuevo Ritual de Ordenes, en donde se descubre la ministerialidad de la iglesia y la estricta uni\u00f3n entre teolog\u00ed\u00ada y liturgia, recuperada en los \u00faltimos decenios. En efecto, es posible reunir en una s\u00ed\u00adntesis teol\u00f3gica los criterios inspiradores que han guiado la revisi\u00f3n de los ritos de ordenaci\u00f3n. Se ha querido expresar de un modo m\u00e1s claro la referencia a Jesucristo, fuente y modelo de todo ministerio ordenado; la naturaleza eclesiol\u00f3gica del servicio que se debe vivir y la \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n con el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que alimenta continuamente su fecundidad y eficacia.<\/p>\n<p>El principio constitutivo y ejemplar de los ministerios ordenados es, por lo tanto, la \u00abdiacon\u00ed\u00ada\u00bbde Cristo; y esto vale tambi\u00e9n para el sacerdote, para su compromiso apost\u00f3lico y para su espiritualidad. Es una perspectiva cristol\u00f3gica multidimensional, que se debe concretar en la iglesia, y que se puede resumir en la misi\u00f3n d\u00e9 Cristo, siervo, pastor, sacerdote y maestro.<\/p>\n<p>La segunda y amplia perspectiva viene dada por la realidad eclesial, manifestada precisamente por la sacramentalidad de la iglesia, por una renovada eclesiolog\u00ed\u00ada de la comuni\u00f3n, por la complementariedad del sacerdocio com\u00fan de todo el pueblo de Dios y del sacerdocio de los ministros ordenados. El Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or introduce y promueve en la iglesia, toda ella prof\u00e9tica, sacerdotal y real, una presencia especial, articulada y jer\u00e1rquica de los servicios, que, a pesar de la diversidad de esencia y grado, se ordenan a la edificaci\u00f3n del \u00fanico cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p>El tercer aspecto en el que se fundan los ministerios es la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, considerado como principio unificador y santificador. La relaci\u00f3n indisoluble entre ministerio-misi\u00f3n y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, alma viva de la iglesia, se recuerda en las moniciones introductorias de los ritos, en las cuales se atribuye particularmente a la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu el fiel cumplimiento del ministerio y la verificaci\u00f3n de los carismas para el desempe\u00f1o de los tres principales deberes del oficio pastoral: la reconciliaci\u00f3n con Dios en la iglesia, la ordenaci\u00f3n arm\u00f3nica de los ministerios y carismas y la realizaci\u00f3n del culto espiritual del pueblo de Dios.<br \/>\nEsta teolog\u00ed\u00ada renovada se refleja de modo org\u00e1nico y capilar en el nuevo rito de ordenaci\u00f3n (1968; trad. castellana, 1979). Como se afirma en la constituci\u00f3n apost\u00f3lica Pontificalis romani recognitio, \u00abha parecido necesario dar mayor unidad a todo el rito distribuido en diversas partes y destacar m\u00e1s vivamente el n\u00facleo central de la ordenaci\u00f3n: esto es, la imposici\u00f3n de las manos y la oraci\u00f3n consecratoria\u00bb (RO, p. 10; EDIL 1082).<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n consecratoria, antiguo texto que ya aparece en el sacramentario Veronense, sufre ahora s\u00f3lo algunos -pocos- retoques textuales, excepto la conclusi\u00f3n, que es un breve p\u00e1rrafo nuevo que subraya la misi\u00f3n evangelizadora universal del sacerdote. En este elemento se confirma la nueva visi\u00f3n teol\u00f3gica, seg\u00fan la cual ser \u00absacerdote significa separarse de la vinculaci\u00f3n estructural con el cuerpo episcopal, hacia la dimensi\u00f3n universal del misterio de la iglesia\u00bb. Un segundo elemento importante, existente asimismo en la oraci\u00f3n consecratoria y expresado varias veces desde perspectivas diferentes, es la relaci\u00f3n entre sacerdote y obispo. Aparte del estrecho punto de vista disciplinar, se trata de recuperar el sentido profundo de esta relaci\u00f3n observando que \u00ablos presb\u00ed\u00adteros deben obedecer a los obispos en la comuni\u00f3n del sacramento del orden, misi\u00f3n de paternidad y fraternidad, como Cristo obedeci\u00f3 al Padre en la comuni\u00f3n de la \u00fanica naturaleza divina, misterio de paternidad y filiaci\u00f3n en la igualdad. La obediencia presbiteral no es para afirmar una superioridad personal de los obispos o para confesar la sujeci\u00f3n personal de los presb\u00ed\u00adteros, sino que es solicitada y dada, junto con los obispos, por Cristo y en Cristo al Padre, para afirmar, testimoniar y difundir el misterio de Dios y de su salvaci\u00f3n en el mundo\u00bb.<\/p>\n<p>La ordenaci\u00f3n, seg\u00fan las nuevas estructuras rituales, tiene lugar una vez concluida la liturgia de la palabra durante la misa. Entre los ritos introductorios se mantienen y se renuevan la llamada a los candidatos, la declaraci\u00f3n del obispo que elige a los ordenandos y la significativa respuesta de aclamaci\u00f3n por parte de la asamblea de los fieles, unas palabras del obispo y la declaraci\u00f3n de los candidatos que expresan su decisi\u00f3n de ser ordenados y prometen obediencia.<\/p>\n<p>Los ritos explicativos han sido reducidos y desplazados; actualmente son la unci\u00f3n de las manos con el crisma, la entrega de los ornamentos lit\u00fargicos y, sobre todo, de las ofrendas para la eucarist\u00ed\u00ada [->  Orden\/Ordenaci\u00f3n].<\/p>\n<p>b) Problem\u00e1tica ecum\u00e9nica. En el campo ecum\u00e9nico se registra un hecho que ha roto el ya precario equilibrio entre las iglesias cristianas, y que para ortodoxos y cat\u00f3licos constituye un obst\u00e1culo en el camino de la reconciliaci\u00f3n: en 1958 la iglesia luterana sueca admiti\u00f3 al pastoreo a las mujeres. Este ejemplo ha sido seguido poco despu\u00e9s por otras iglesias de Am\u00e9rica y Europa, mientras que en el campo cat\u00f3lico ha comenzado toda una serie de intervenciones de distinta naturaleza y con direcciones diversas. Despu\u00e9s de una toma de postura de Pablo VI, que expres\u00f3 un hondo pesar por la orientaci\u00f3n tomada por la iglesia anglicana la declaraci\u00f3n Inter insigniores, de la sagrada Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe (1976), impide a las mujeres el acceso al sacerdocio ministerial, bas\u00e1ndose en el hecho de la tradici\u00f3n, en la actitud de Jes\u00fas y en la praxis de los ap\u00f3stoles, e iluminando la dimensi\u00f3n del sacerdocio ministerial desde una perspectiva cristol\u00f3gica y eclesiol\u00f3gica. Entre otras cosas, la declaraci\u00f3n afirma, contra una visi\u00f3n socio-democr\u00e1tica del servicio sacerdotal que inviste al sacerdote m\u00e1s all\u00e1 de su sexo, que es necesario no \u00abolvidar que el sacerdocio no forma parte de los derechos de la persona, sino que depende de la econom\u00ed\u00ada del misterio de Cristo y de la iglesia. La funci\u00f3n del sacerdote no puede ser deseada como el t\u00e9rmino de una promoci\u00f3n social; por s\u00ed\u00ad mismo no da lugar a ning\u00fan progreso puramente humano de la sociedad o de la persona; se trata de un orden diferente\u00bb  [->  Mujer, lI1].<\/p>\n<p>El di\u00e1logo ecum\u00e9nico se concentra sobre todo en la naturaleza de la ministerialidad eclesial, permaneciendo sin embargo a menudo en los aspectos m\u00e1s generales o dando importancia de modo particular al episcopado. La figura del sacerdote se sit\u00faa as\u00ed\u00ad en un segundo plano, con el peligro de no ser perfilada de un modo adecuado. Un intenso trabajo de reflexi\u00f3n fue realizado por la comisi\u00f3n \u00abFe y constituci\u00f3n\u00bb del Consejo ecum\u00e9nico de las iglesias en la consulta de Cartigny de 1970, de donde surgieron interesantes datos relativos a la relaci\u00f3n ordenaci\u00f3n-ministerio-profesi\u00f3n, y donde se sinti\u00f3 la urgencia de hacer convergir las estructuras can\u00f3nicas de acuerdo con las coincidencias teol\u00f3gicas \u00ab.<\/p>\n<p>En septiembre de 1972, el \u00abgrupo de Dombes\u00bb publica un documento \u00abpara una reconciliaci\u00f3n de los ministerios\u00bb, en donde se pide que por parte cat\u00f3lica sea reconocida la validez del ministerio protestante, que \u00aben un cierto n\u00famero de casos, al menos, puede apoyarse en el signo de la continuidad presbiteral\u00bb. Por parte protestante, adem\u00e1s de alg\u00fan reconocimiento de las realidades existentes en la iglesia cat\u00f3lica, se deber\u00ed\u00ada examinar y poner \u00aben cuesti\u00f3n la pr\u00e1ctica, introducida en algunas iglesias reformadas, de la delegaci\u00f3n pastoral para la predicaci\u00f3n y para la celebraci\u00f3n de la santa cena, dada a fieles que no est\u00e1n ordenados, de modo que no quede oculta la diferencia de carismas entre ministerio ordenado y sacerdocio universal<br \/>\nEntre los resultados del encuentro de Acera (1974) se debe se\u00f1alar la afirmaci\u00f3n de la diversidad de ministerios: \u00abLa pluralidad de las culturas eclesiales y de las estructuras ministeriales no compromete la \u00fanica realidad ministerial, fundada en Cristo y constituida por el Esp\u00ed\u00adritu Santo sobre la autoridad de los ap\u00f3stoles&#8230; Dentro de la misma comunidad de fe es posible encontrar juntos estilos diversos de vida eclesial y diferentes estructuras ministeriales, sin que esa comunidad deba constituirse en modelo obligatorio para todas las dem\u00e1s\u00bb. Acerca de la funci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica del sacerdote, se repite que debe ser \u00abcomprendida como proclamaci\u00f3n del evangelio y administraci\u00f3n de los sacramentos\u00bb.<\/p>\n<p>La persistente situaci\u00f3n de estancamiento en lo que se refiere al reconocimiento rec\u00ed\u00adproco de los ministerios a nivel ecum\u00e9nico no debe, con todo, ser juzgada s\u00f3lo de un modo negativo. \u00abEl reconocimiento mutuo de los ministerios no debe efectuarse mediante un procedimiento administrativo, ni siquiera haciendo una llamada a la voluntad democr\u00e1tica expresable a trav\u00e9s del consenso de las iglesias&#8230; Es necesario hacer referencia al pentecost\u00e9s continuo, al juicio que salva y purifica, a la luz del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>c) Si se pueden presentar algunas perspectivas para una recalificaci\u00f3n teol\u00f3gica y pastoral del sacerdote, \u00e9stas deben tener presentes de todos modos algunos datos de hecho. Entre los m\u00e1s evidentes se pueden recordar la necesaria profundizaci\u00f3n teol\u00f3gica en la ministerialidad de la iglesia. Esta constituye el marco en el que se hace comprensible el sacerdocio ordenado; pero a menudo el razonamiento pasa por encima del sacerdote o minimiza su naturaleza y funci\u00f3n al intentar hacer patente la realidad del episcopado y del diaconado. As\u00ed\u00ad, la renovaci\u00f3n teol\u00f3gica de los ministerios no siempre consigue renovar la identidad teol\u00f3gica del sacerdote. En el plano de la vida cotidiana, pocas estructuras han sido tan sacudidas por la revoluci\u00f3n social de los \u00faltimos decenios como el sacerdote, y en particular el p\u00e1rroco de los lugares medios y peque\u00f1os. Para generaciones enteras el p\u00e1rroco ha sido el \u00fanico punto de referencia espiritual, cultural y social de las comunidades. Hoy es una persona m\u00e1s, a menudo no es la que posee m\u00e1s cultura, ha perdido casi en todas partes su autoridad y no puede enfrentarse con los modelos propuestos por los medios de comunicaci\u00f3n de masas. La crisis general de la sociedad separa a los fieles de su iglesia, y el sacerdote se encuentra cada vez m\u00e1s solo y se ve marcado por su enfermedad: el aislamiento que sofoca y deforma la soledad, la resignaci\u00f3n que apaga toda esperanza, la amargura que vuelve tristes los d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>Hay muchos modos c\u00f3modos y posibles de salir de esta situaci\u00f3n, a costa de sacrificar la identidad sacerdotal; por ejemplo, un convulso activismo pastoral o un \u00e9xito a bajo precio buscado en actividades mejor remuneradas y m\u00e1s gratificantes. Tambi\u00e9n hay quien se acomoda en la inercia o en el encerramiento pusil\u00e1nime. Se hace necesaria una recuperaci\u00f3n a diversos niveles, comenzando por lo humano: precisando y consolidando las dos relaciones coordinadas fundamentales, vertical y horizontal, que encuentran su concreta realizaci\u00f3n en la obediencia filial y alegre al padre de la di\u00f3cesis; en la disponibilidad generosa hacia los hermanos de ministerio, con quienes se construye el primero y m\u00e1s \u00ed\u00adntimo n\u00facleo de comuni\u00f3n de vida en el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Sobre esta plataforma de relaciones vividas en plenitud, seg\u00fan la peculiar fisonom\u00ed\u00ada espiritual y humana, es posible construir el servicio sacerdotal en sus dos aspectos principales: el servicio de la palabra y la administraci\u00f3n de los sacramentos.<\/p>\n<p>El primer servicio implica una triple relaci\u00f3n del sacerdote con la palabra: a) una verdadera relaci\u00f3n existencial. No se puede limitar el servicio de la palabra a una simple proclamaci\u00f3n de una realidad que queda fuera de la vida. Tampoco se trata de llegar a una comprensi\u00f3n del texto y a su apropiaci\u00f3n desde el punto de vista cultural. Est\u00e1 en juego un proceso de identificaci\u00f3n que debe llevar al sacerdote a ser \u00e9l mismo el eco de la palabra, la ex\u00e9gesis actual y realista de la palabra de siempre en el d\u00ed\u00ada de hoy. Es un aspecto del progresivo itinerario espiritual de divinizaci\u00f3n del hombre, que ve a la criatura asumir la fisonom\u00ed\u00ada de Cristo, dej\u00e1ndole que se haga todo en toda la propia realidad humana, que de este modo se transfigura. Con unas condiciones precisas: el sacerdote se sit\u00faa en la comunidad como invitaci\u00f3n y ejemplo para todos a entrar en la escuela de la palabra en sus t\u00e9rminos m\u00e1s urgentes y constructivos: las diversas liturgias de la palabra y la lectura divina individual y comunitaria. b) De ello se deriva un peculiar estilo de proclamaci\u00f3n que evita rigurosamente toda propuesta persuasiva de tipo intelectual, con un discurso gris en cuanto a los contenidos espirituales y f\u00e1cilmente acomodaticio. La proclamaci\u00f3n debe alcanzar la fuerza de una provocaci\u00f3n existencial, que llegue a todo el hombre con una carga de autenticidad y transparencia, con la afirmaci\u00f3n clara de los valores evang\u00e9licos puestos al desnudo por un estilo de vida simple y pobre, alegre y perseverante en su ir contracorriente, hoy tan necesario. No se trata, por tanto, de acomodar la palabra a las categor\u00ed\u00adas de moda, minimizando su carga de choque y su novedad radicalmente inc\u00f3moda. La palabra ha de resonar en plenitud, sostenida por la convicci\u00f3n de que a ella se debe conformar no s\u00f3lo el sacerdote, sino la iglesia toda y el mismo mundo que la rechaza al negarla o al quererla deformar. c) Sin embargo, todo esto no puede ser s\u00f3lo un esfuerzo aislado del sacerdote, sino que es el momento fuerte de toda una pastoral org\u00e1nica que se recupera en su n\u00facleo esencial con una introducci\u00f3n personal a la comprensi\u00f3n, comunitaria e individual, de la palabra. Y aqu\u00ed\u00ad se ve c\u00f3mo es necesario recuperar tambi\u00e9n el tiempo y las m\u00faltiples ocasiones para desarrollar una paciente acci\u00f3n de direcci\u00f3n espiritual\u00bb. Solamente si el sacerdote, a trav\u00e9s de la meditaci\u00f3n de la palabra, encuentra personalmente al Dios personal, sentir\u00e1 la urgencia de este servicio. Pero esto a su vez implica una intensa vida de oraci\u00f3n y de silencio de escucha, de interiorizaci\u00f3ti que no puede ser un est\u00e9ril repliegue sobre las propias ideas y miserias, sino el concentrarse en el misterio de Dios a fin de lograr la sabidur\u00ed\u00ada necesaria para una proclamaci\u00f3n veraz de la palabra.<\/p>\n<p>En la administraci\u00f3n de los sacramentos el puesto de relieve lo ocupa la eucarist\u00ed\u00ada celebrada bajo la presidencia del sacerdote. Esta presidencia est\u00e1 cargada de ambig\u00fcedad desde el momento en que se la ha querido identificar simplemente con la presidencia responsable y totalizadora de la comunidad: de la responsabilidad disciplinar a la animaci\u00f3n espiritual y la coordinaci\u00f3n organizativa. La crisis multidimensional que se ha abatido sobre el sacerdote es una invitaci\u00f3n a resituar su funci\u00f3n, valorando otros ministerios y poniendo en claro diversas responsabilidades eclesiales, no necesariamente de tipo clerical.<\/p>\n<p>A este respecto ser\u00ed\u00ada \u00fatil una confrontaci\u00f3n con una peculiar realidad cristiana como es el monaquismo. Muchas veces se ha puesto en discusi\u00f3n el sacerdocio de los monjes, que no tendr\u00ed\u00ada una finalidad pastoral, porque no se ha comprendido que \u00abcierto significado de la iglesia solamente puede manifestarse en ella a trav\u00e9s de un sacerdote consagrado \u00fanicamente a la b\u00fasqueda de Dios\u00bb. Pero desde siempre el monasterio ha constituido una comunidad-de-base con estructuras y modos de vida peculiares. Dos aspectos son inherentes al problema que ahora afrontamos: el responsable \u00faltimo de la comunidad mon\u00e1stica desde siempre -el CDC va contra la tradici\u00f3n oriental y occidental si y cuando exige el sacerdocio- desarrolla su servicio independientemente del que sea sacerdote y sin identificarse siquiera con la funci\u00f3n de padre espiritual. Adem\u00e1s, el sacerdocio mon\u00e1stico, m\u00e1s y antes que responder a una exigencia espiritual del individuo, es un servicio a la comunidad. Son el abad (y la comunidad) los que deciden sobre el sacerdocio de los monjes, teniendo en cuenta en primer lugar la situaci\u00f3n interna de la misma comunidad.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n de hecho, reconocida como v\u00e1lida en el \u00e1mbito del monaquismo, \u00bfen qu\u00e9 medida puede ser transferida a otros \u00e1mbitos de la vida eclesial? El problema no puede pasarse por alto, especialmente en la perspectiva futura de una presencia de laicos, cualificados en el plano de la cultura teol\u00f3gica, a los cuales la iglesia, y de modo especial los sacerdotes, deben dejar el espacio que les otorga el Esp\u00ed\u00adritu. De aqu\u00ed\u00ad la necesidad de subrayar algunos aspectos esenciales de la vida del sacerdote y de orientar en consecuencia su formaci\u00f3n hacia una vida de fe m\u00e1s madura, profundizada en la oraci\u00f3n y en la comuni\u00f3n fraterna; oraci\u00f3n y caridad fraterna que por s\u00ed\u00ad solas hacen al sacerdote aquello que es verdaderamente, por encima de cualquier condicionamiento socio-cultural: sacramento de Cristo, \u00fanico mediador entre Dios y los hombres, pan que se deja partir para la salvaci\u00f3n de los hermanos, palabra viva de Dios presente entre los hombres.<\/p>\n<p>[->  Ministerio\/Ministerios; ->Orden\/Ordenaci\u00f3n; ->  Obispo].<\/p>\n<p>B. Baroffio<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:  Abad J.A., El sacerdocio ministerial en la liturgia hispana, en VV.AA., Teologia del sacerdocio 5, Burgos 1973, 351-397; El car\u00e1cter sacerdotal en la liturgia hispana, ib, 8, Burgos 1976, 271-303; Bernal J.M., El carisma permanente en la tradici\u00f3n lit\u00fargica, ib, 5, Burgos 1973, 67-96; La identidad del ministerio sacerdotal desde los rituales de ordenaci\u00f3n. Balance hist\u00f3rico, en \u00abPhase\u00bb 123 (1981) 203-222; Garrido M., La potestad de orden en la Iglesia seg\u00fan la liturgia, en VV.AA., Teolog\u00ed\u00ada del sacerdocio 8, Burgos 1976, 7-70; Llabr\u00e9s P., La identidad del ministerio ordenado a partir del ejercicio de la funci\u00f3n lit\u00fargica, en \u00abPhase\u00bb 123 (1981) 241-254; Llopis J., El sacerdote, servidor de la Palabra y de los sacramentos, en \u00abPhase\u00bb 43 (1968) 37-48; Marliangeas B.D., \u00abIn persona Christi\u00bb. \u00abIn persona Ecclesiae&#8217;; en VV.AA., La liturgia despu\u00e9s del Vaticano II, Taurus, Madrid 1969; Niermann E., Sacerdote, en SM 6, Herder, Madrid 1976, 147-157; Rahner K., Siervos de Cristo, Herder, Barcelona 1970; Ramos M., Sacerdocio y sacralidad cristiana, en \u00abPhase\u00bb 48 (1968) 497-513; Ratzinger J., El sentido del sacerdocio ministerial, en \u00abSelecciones de Teolog\u00ed\u00ada\u00bb 32 (1969) 332-344; VV.AA., El sacerdocio de Cristo y los diversos grados de su participaci\u00f3n en la Iglesia, XXVI Semana Espa\u00f1ola de Teolog\u00ed\u00ada, Madrid 1969; VV.AA., Teolog\u00ed\u00ada del Sacerdocio, \u00abInstituto Juan de \u00ed\u0081vila\u00bb (Facultad de Teolog\u00ed\u00ada del Norte de Espa\u00f1a -Sede de Burgos-), un volumen cada a\u00f1o, Burgos 1969ss. En casi todos los vol\u00famenes hay boletines bibliogr\u00e1ficos sobre el sacerdocio. V\u00e9ase tambi\u00e9n la bibliograf\u00ed\u00ada de Jesucristo, Ministerio y Orden.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. En el AT.. 1. Or\u00ed\u00adgenes: a) Levitas, b) Sacerdotes, c) Nombre. 2. Funciones sacerdotales: a) Or\u00e1culos, b) Ense\u00f1anza, c) Culto sacrificial, d) Pureza ritual, e) Bendici\u00f3n, f) Custodia del santuario; 3. Estructura del culto sacerdotal: a) Separaciones rituales, b) Sacrificio ritual, c) Esquema de conjunto, d) Mediaci\u00f3n; 4. Evoluci\u00f3n hist\u00f3rica: a) Sentido de la santidad, b) Sacerdocio y poder, c) Espera escatol\u00f3gica. II. En el NT. 1. Oposici\u00f3n sacerdotal; 2. Posici\u00f3n de Jes\u00fas; 3. Misterio de Cristo y culto; 4. Sacerdocio de Cristo: a) Experiencia cristiana, b) Argumento de la Escritura, c) Sacrificio de Cristo; 5. Sacerdocio com\u00fan: a) Culto nuevo, b) Organismo sacerdotal, c) Reyes y sacerdotes; 6. Sacerdocio ministerial.<\/p>\n<p>I. EN EL AT. La instituci\u00f3n del sacerdocio ocupa un puesto considerable en los libros del AT. El hecho no es sorprendente, puesto que el sacerdote es el encargado de las relaciones con Dios. Siendo Israel el pueblo de Dios, las relaciones con Dios revisten en Israel una importancia particular.<\/p>\n<p>1. OR\u00ed\u008dGENES. El sacerdocio no aparece enseguida en la Biblia. Para dar culto a Dios, \/ Abrah\u00e1n no se dirig\u00ed\u00ada a un sacerdote. El mismo ejerc\u00ed\u00ada para su familia las funciones cultuales: constru\u00ed\u00ada altares (G\u00e9n 12:7s; G\u00e9n 13:18; G\u00e9n 22:9) y ofrec\u00ed\u00ada sacrificios (G\u00e9n 22:13); de manera semejante Isaac (G\u00e9n 26:25) y Jacob (G\u00e9n 28:18; G\u00e9n 31:54). Los primeros sacerdotes mencionados en la Biblia son extranjeros: Melquisedec, rey de una ciudad cananea y sacerdote (14,18); los sacerdotes egipcios (41,45; 47,22), un sacerdote madianita (Exo 2:16). Para Israel se habla de sacerdotes solamente cuando se ha convertido en pueblo. Pues el sacerdocio es un caso de especializaci\u00f3n social. Los sacerdotes ejercen el culto de Dios en nombre del pueblo.<\/p>\n<p>a) Levitas. En Israel las funciones cultuales fueron confiadas a los levitas [\/ Lev\u00ed\u00adtico]. Los textos m\u00e1s antiguos relativos a Lev\u00ed\u00ad no hacen referencia al sacerdocio (G\u00e9n 34:25-31; G\u00e9n 49:5ss); pero la bendici\u00f3n pronunciada por Mois\u00e9s sobre la tribu de Lev\u00ed\u00ad atribuye a esta tribu las di-versas funciones sacerdotales (Deu 33:8-11). La tradici\u00f3n referida en Jue 17 demuestra que se reconoc\u00ed\u00ada a los levitas una competencia especial para el culto (Jue 17:7-13).<\/p>\n<p>Su privilegio recibe en el Pentateuco varias explicaciones. Una tradici\u00f3n antigua refiere que el sacerdocio fue conferido a los levitas en recompenca de su intervenci\u00f3n intr\u00e9pida contra los israelitas id\u00f3latras (Exo 32:25-29). Los levitas hab\u00ed\u00adan vengado con la espada los derechos de Yhwh, lesionados por el pecado, mereciendo con ello la investidura sacerdotal. Un episodio an\u00e1logo se cuenta de Pincas (Fine\u00e9s), nieto de Aar\u00f3n. Su celo contra un israelita pecador le vali\u00f3 la promesa de un sacerdocio perenne (N\u00fam 25:6-13). En esta per\u00ed\u00adcopa se sit\u00faa el sacerdocio en la perspectiva de una adhesi\u00f3n resuelta a Dios, cuya consecuencia es una lucha intransigente contra el pecado y los pecadores. La misma perspectiva se encuentra en tiempos de la persecuci\u00f3n de los sel\u00e9ucidas contra la religi\u00f3n de Israel (siglo 11 a.C.). Pose\u00ed\u00addo de un celo semejante al de Pincas, el sacerdote Matat\u00ed\u00adas dio muerte a un israelita que ofrec\u00ed\u00ada un sacrificio a los \u00ed\u00addolos, dando as\u00ed\u00ad comienzo a la insurrecci\u00f3n contra la opresi\u00f3n pagana (lMac 2,15-27).<\/p>\n<p>Otra corriente de tradici\u00f3n explica la posici\u00f3n de los levitas con una sustituci\u00f3n. Los levitas pasaron a ocupar el puesto de los primog\u00e9nitos de Israel. Normalmente el primog\u00e9nito de cada familia hubiera debido consagrarse al culto de Dios. Un levita lo sustituye. Se trata de una disposici\u00f3n divina: \u00abYa ves que he elegido a los levitas de entre todos los israelitas en sustituci\u00f3n de todos los primog\u00e9nitos&#8230;, ya que m\u00ed\u00ado es todo primog\u00e9nito\u00bb (N\u00fam 3:12; cf 3,41; 8,16). El derecho de Dios sobre todos los primog\u00e9nitos puede estar relacionado con la ofrenda de las primicias. Pero el Pentateuco lo relaciona con la \u00faltima plaga de Egipto: mientras que los primog\u00e9nitos egipcios fueron exterminados, los de Israel fueron preservados (Ex 12); as\u00ed\u00ad Dios hab\u00ed\u00ada \u00absantificado para s\u00ed\u00ad\u00bb, o sea se hab\u00ed\u00ada reservado, a los primog\u00e9nitos de Israel (N\u00fam 3:13; N\u00fam 8:17). Luego los levitas hab\u00ed\u00adan sido elegidos para sustituir a los primog\u00e9nitos. El aspecto que destaca esta corriente de tradici\u00f3n es la necesidad de una representaci\u00f3n del pueblo para ejercer las funciones cultuales. No es posible que todo el pueblo se dedique continuamente al culto de Dios. Por eso se eligen algunos hombres seg\u00fan las indicaciones divinas.<\/p>\n<p>b) Sacerdotes. La organizaci\u00f3n del sacerdocio israel\u00ed\u00adtico pas\u00f3 por diversas etapas dif\u00ed\u00adciles de definir, ya que las informaciones contenidas en la Biblia ofrecen lagunas. La situaci\u00f3n descrita en el Pentateuco refleja a menudo la de \u00e9pocas posteriores al \u00e9xodo. La instituci\u00f3n del sacerdocio se refiere con muchos detalles entre las leyes que organizan el culto divino (Exo 28:1-29, 35; Lev 8:1-10, 20). Los textos insisten en la relaci\u00f3n privilegiada de los sacerdotes con Dios. Sin embargo, el contexto deja ver que el sacerdocio tiene tambi\u00e9n una funci\u00f3n social (Exo 29:43-45).<br \/>\nSeg\u00fan el Pentateuco, el sacerdocio propiamente dicho fue confiado a \u00abAar\u00f3n y a sus hijos\u00bb (Exo 28:1; Lev 8:1). Aar\u00f3n, hermano de Mois\u00e9s, era de la tribu de Lev\u00ed\u00ad. Los otros levitas fueron dados a Aar\u00f3n para ayudarle en las tareas secundarias (N\u00fam 3:5-10). Las genealog\u00ed\u00adas de los libros de las Cr\u00f3nicas relacionan con la descendencia de Aar\u00f3n a los sumos sacerdotes del templo de Jerusal\u00e9n (1Cr 5:27-41; 1Cr 24:1ss). As\u00ed\u00ad se afirmaba el principio del sacerdocio hereditario, que aseguraba la continuidad de la instituci\u00f3n. A diferencia de los profetas, cuya vocaci\u00f3n no depend\u00ed\u00ada de su origen familiar, sino de una iniciativa imprevisible de Dios, los sacerdotes y los levitas eran tales en virtud de su pertenencia a una familia sacerdotal o lev\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>c) Nombre. En hebreo, sacerdote se dice kohen. El sentido primitivo de este nombre no se conoce. Algunos lo relacionan con el ac\u00e1dico k\u00e1nu, inclinarse. El sacerdote ser\u00ed\u00ada el hombre que se inclina en adoraci\u00f3n ante la divinidad. Otros, en cambio, piensan en el hebreo k\u00fan, estar derecho, y definen al sacerdote como un hombre que \u00abest\u00e1 delante de Dios\u00bb (Deu 10:8). Otros todav\u00ed\u00ada relacionan el t\u00e9rmino con una ra\u00ed\u00adz atestiguada en siriaco, que expresa el concepto de prosperidad; el sacerdote es el hombre que, por medio de la bendici\u00f3n, procura la prosperidad. En griego, kohen ha sido traducido por hiere\u00fas, t\u00e9rmino emparentado con hier\u00f3s, sagrado: el sacerdote es el hombre de lo sagrado.<\/p>\n<p>2. FUNCIONES SACERDOTALES. Los textos b\u00ed\u00adblicos atribuyen a los sacerdotes una gran diversidad de funciones, sin preocuparse de explicar sus relaciones con alg\u00fan concepto central.<\/p>\n<p>a) Or\u00e1culos. La primera atribuci\u00f3n del sacerdocio en el antiqu\u00ed\u00adsimo texto de la bendici\u00f3n de Lev\u00ed\u00ad es la de hacer or\u00e1culos por medio de objetos sagrados llamados tummim y &#8216;urim. Mois\u00e9s impetra a Dios: \u00abDa a Lev\u00ed\u00ad tus &#8216;urim y tus tummim al hombre santo\u00bb (Deu 33:8). Con estos objetos el sacerdote proced\u00ed\u00ada a un sorteo, que defin\u00ed\u00ada la respuesta divina a alg\u00fan problema de la vida. El texto m\u00e1s claro al respecto es el de lSam 14,41, en el cual el rey Sa\u00fal, deseando conocer la causa de una dificultad, le dice a Dios: \u00abSi el pecado est\u00e1 en m\u00ed\u00ad o en mi hijo Jonat\u00e1n, Se\u00f1or, Dios de Israel, salga &#8216;urim; y si este pecado est\u00e1 en tu pueblo Israel, salga tummim\u00bb. En la historia de David se refieren otras consultas semejantes. Perseguido por Sa\u00fal o atacado por los amalecitas, David recurre al sacerdote Abiatar para consultar a Yhwh sobre la t\u00e1ctica que ha de adoptar (1Sa 23:9; 1Sa 30:7). La funci\u00f3n oracular del sacerdote no es un rasgo particular de la religi\u00f3n de Israel; pr\u00e1cticas por el estilo eran corrientes en el mundo antiguo. En ellas podemos reconocer un esbozo de actitud espiritual, a saber: la b\u00fasqueda de la voluntad de Dios, y una convicci\u00f3n religiosa fundamental: sin la relaci\u00f3n con Dios, el hombre no puede encontrar su camino en la existencia.<\/p>\n<p>b) Ense\u00f1anza. La bendici\u00f3n de Lev\u00ed\u00ad contiene una afirmaci\u00f3n posterior, en plural en lugar del singular, que expresa una visi\u00f3n menos primitiva de la funci\u00f3n sacerdotal; no la de sortear, sino la de ense\u00f1ar: \u00abHan guardado tu palabra, han observado tu alianza. Ense\u00f1aron tus preceptos a Jacob y tu ley a Israel\u00bb (Deu 33:9-10). Los sacerdotes ense\u00f1an los preceptos de Dios primero ocasionalmente (Age 2:11s; Zac 7:3), y luego transmiten el conjunto de las instrucciones divinas. En Deu 31:9, Mois\u00e9s conf\u00ed\u00ada la ley \u00aba los sacerdotes, hijos de Lev\u00ed\u00ad\u00bb, con el encargo de leerla en el a\u00f1o del perd\u00f3n, delante de todo Israel. El profeta Malaqu\u00ed\u00adas observa que \u00ablos labios del sacerdote deben guardar la ciencia, y de su boca se viene a buscar la ense\u00f1anza\u00bb (Mal 2:7). Pero Malaqu\u00ed\u00adas critica en este punto a los sacerdotes de su tiempo, pues esta funci\u00f3n sacerdotal cay\u00f3 en desuso. Los sacerdotes fueron progresivamente sustituidos por los escribas o doctores de la ley.<br \/>\nA la funci\u00f3n de la ense\u00f1anza va ligada una cierta competencia jur\u00ed\u00addica atribuida al sacerdote: \u00abSuya es tambi\u00e9n la decisi\u00f3n en caso de litigios y lesiones\u00bb (Deu 21:5). Los textos de Qumr\u00e1n mantienen a\u00fan esta atribuci\u00f3n (CD 13,2-7). Los sacerdotes deb\u00ed\u00adan intervenir en caso de delito grave cuando faltaban indicios para descubrir al autor\u00bb (Deu 21:1-9; N\u00fam 5:11-13).<\/p>\n<p>c) Culto sacrificial. Despu\u00e9s de la ense\u00f1anza, la bendici\u00f3n de Lev\u00ed\u00ad menciona la funci\u00f3n de ofrecer los sacrificios: \u00abHacen subir el incienso ante tu rostro y ponen los holocaustos sobre tu altar\u00bb (Deu 33:10). El libro del Lev\u00ed\u00adtico da instrucciones detalladas sobre el modo de ofrecer los diversos sacrificios, atribuyendo siempre al sacerdote la funci\u00f3n principal (Lev 1-7). Sin embargo, los relatos b\u00ed\u00adblicos demuestran que en los primeros tiempos la oferta de los sacrificios no era tarea reservada s\u00f3lo a los sacerdotes (G\u00e9n 22:13; G\u00e9n 31:54); el padre de Sans\u00f3n ofrece un holocausto (Jue 13:19); los reyes David y Salom\u00f3n ofrecen sacrificios en circunstancias particularmente solemnes, como el traslado del arca (2Sa 6:17) o la dedicaci\u00f3n del templo (1Re 8:62ss). Pero progresivamente la funci\u00f3n de ofrecer qued\u00f3 reservada a los sacerdotes. Un pasaje de Cr\u00f3nicas refiere que el rey Oz\u00ed\u00adas fue castigado por Dios por haber tenido la temeridad de entrar en el santuario del Se\u00f1or para quemar incienso en el altar (2Cr 26:16-21). Una profundizaci\u00f3n del sentido de la santidad divina hab\u00ed\u00ada hecho comprender que solamente una persona especialmente consagrada pod\u00ed\u00ada presentar a Dios una ofrenda de modo grato [\/ Lev\u00ed\u00adtico II, 1.5].<\/p>\n<p>Una evoluci\u00f3n an\u00e1loga llev\u00f3 a insistir m\u00e1s en el aspecto expiatorio del culto sacrificial. Antes del exilio, los sacrificios principales eran los holocaustos y los sacrificios de comuni\u00f3n. Mas cuando la gran cat\u00e1strofe nacional le dio al pueblo un sentido m\u00e1s vivo de su culpabilidad delante de Dios, los sacrificios de expiaci\u00f3n adquirieron m\u00e1s importancia.<\/p>\n<p>d) Pureza ritual. La participaci\u00f3n en el culto requer\u00ed\u00ada la pureza ritual, definida en la ley. Los sacerdotes deb\u00ed\u00adan evitar todo contacto que les volviese impuros. Se establec\u00ed\u00adan normas especiales para su matrimonio. Los defectos f\u00ed\u00adsicos y las enfermedades eran impedimentos para la celebraci\u00f3n del culto (Lev 21). Para el sumo sacerdote, las reglas eran a\u00fan m\u00e1s estrictas; no le estaba permitido guardar luto ni siquiera por su padreo su madre (Lev 21:11). Por otra parte, los sacerdotes ten\u00ed\u00adan la responsabilidad de asegurar el perfecto desarrollo del culto, y por tanto de controlar la pureza ritual de los participantes. La presencia de una persona impura en la asamblea lit\u00fargica hubiera comprometido el buen \u00e9xito del culto (Lev 15:13). La impureza m\u00e1s tremenda era la \u00ablepra\u00bb. Por eso al sacerdote le incumb\u00ed\u00ada verificar si una persona estaba afectada por semejante mal y declararla pura o impura. El Lev\u00ed\u00adtico da instrucciones muy detalladas al respecto (Lev 13-14). Para otros casos de impureza ritual, el sacerdote deb\u00ed\u00ada preparar el agua lustral seg\u00fan los ritos previstos en N\u00fam 19 [i Lev\u00ed\u00adtico II, 2.3].<\/p>\n<p>e) Bendici\u00f3n. Otra funci\u00f3n de los sacerdotes, m\u00e1s positiva, era la de bendecir en nombre de Yhwh. Otras personas compart\u00ed\u00adan con el sacerdote el derecho de transmitir la bendici\u00f3n divina. El padre de familia pod\u00ed\u00ada bendecir a sus hijos (G\u00e9n 27:4; G\u00e9n 48:15; G\u00e9n 49:28) y el rey a su pueblo (2Sa 6:18; l Apo 8:14). La bendici\u00f3n sacerdotal pon\u00ed\u00ada el nombre de Yhwh sobre los hijos de Israel. El libro de los N\u00fameros indicaba la f\u00f3rmula ritual (N\u00fam 6:22-27). Poner el nombre quiere decir establecer una relaci\u00f3n con la persona. Los israelitas comprend\u00ed\u00adan que una buena relaci\u00f3n con Dios era condici\u00f3n indispensable para la buena marcha de la vida individual y comunitaria. La bendici\u00f3n aseguraba la fecundidad, la felicidad y la paz.<br \/>\nf) Custodia del santuario. La bendici\u00f3n de Lev\u00ed\u00ad no hace referencia a la relaci\u00f3n entre sacerdote y santuario. Pero otros textos demuestran la importancia de esta relaci\u00f3n. El sacerdote era el hombre del santuario. Ten\u00ed\u00ada el privilegio de poder entrar en el lugar santo y deb\u00ed\u00ada custodiar con el mayor cuidado el santuario y todos los objetos sagrados. \u00abTodo extra\u00f1o que se acercaba era castigado con la muerte\u00bb (N\u00fam 3:38).<\/p>\n<p>Cuando se fundaba un santuario, enseguida ven\u00ed\u00ada un hombre consagrado a custodiarlo (Jue 17:5-13; lSam 7,1; 1Re 12:31s). En los primeros tiempos eran numerosos los santuarios. Abrah\u00e1n constru\u00ed\u00ada altares en diversos lugares: en Siqu\u00e9n (G\u00e9n 12:7), en Betel (G\u00e9n 12:8), en Hebr\u00f3n (G\u00e9n 13:18) y en el territorio de Moria (G\u00e9n 22:9). Otras tradiciones hablan del santuario de Silo (1Sa 1:3) y del de Gaba\u00f3n (l Apo 3:4). Despu\u00e9s de la conquista de Jerusal\u00e9n, David hizo llevar el arca de Dios a su nueva capital (2Sam 6) para darle un prestigio religioso. M\u00e1s tarde, con ocasi\u00f3n de una epidemia, adquiri\u00f3 un terreno para construir en \u00e9l un nuevo lugar santo, donde Salom\u00f3n edific\u00f3 el templo de t Jerusal\u00e9n (1 Re 6; 2Cr 3:1). Progresivamente se manifest\u00f3 la tendencia a atribuir a este nuevo santuario no solamente un puesto central en el culto, sino un puesto exclusivo. Ezequ\u00ed\u00adas, y poco despu\u00e9s Jos\u00ed\u00adas, reformaron el culto en esta perspectiva (2Re 18:4; 2Re 23:4-20). Jos\u00ed\u00adas suprimi\u00f3 todos los santuarios de provincia (2Re 23:8), a fin de que el templo de la capital fuese el \u00fanico santuario de Yhwh. Se reorganiz\u00f3 el sacerdocio de modo correspondiente (2Re 23:9). Despu\u00e9s del destierro fue confirmada esta reforma. Todo el culto sacerdotal se efectuaba en el templo de Jerusal\u00e9n, donde las diversas clases de sacerdotes y levitas se suced\u00ed\u00adan de acuerdo con turnos regulares (Luc 1:8; 1Cr 24:7-8; 2Cr 31:2). En esta evoluci\u00f3n progresiva hacia la unicidad del santuario se puede reconocer el influjo poderoso de un sentido mayor de la santidad del Dios \u00fanico.<\/p>\n<p>3. ESTRUCTURA DEL CULTO SACERDOTAL. De hecho, toda la organizaci\u00f3n del culto sacerdotal antiguo se fundaba en el concepto de santidad. El punto de partida era el reconocimiento de la tremenda santidad de Dios: \u00abSed santos, porque yo, el Se\u00f1or, vuestro Dios, soy santo\u00bb (Lev 19:2). Siendo Dios santo, para entrar en relaci\u00f3n con \u00e9l hay que ser santo, es decir, pasar del nivel profano de la existencia ordinaria al nivel sagrado de la realidad divina.<\/p>\n<p>a) Separaciones rituales. Para alcanzar este fin, el culto antiguo propon\u00ed\u00ada un sistema de elevaci\u00f3n por medio de separaciones rituales. Como el pueblo entero no pose\u00ed\u00ada, a pesar de su elecci\u00f3n, la santidad requerida para acercarse a Dios (Exo 19:12; Exo 33:3), una tribu, la de Lev\u00ed\u00ad, hab\u00ed\u00ada sido separada de las dem\u00e1s para el servicio lit\u00fargico; en esta tribu, una familia, la de Aar\u00f3n, hab\u00ed\u00ada sido apartada para ejercer los ritos sacrificiales; un miembro de esta familia era elegido para ser el sumo sacerdote, al cual estaba reservado el acto m\u00e1s solemne del culto, el encuentro con Dios.<br \/>\nEste encuentro no se pod\u00ed\u00ada verificar en un lugar cualquiera, sino s\u00f3lo en un lugar sagrado, es decir, separado del espacio profano en el que se desarrollaban las actividades ordinarias y prohibido al p\u00fablico.<\/p>\n<p>b) Sacrificio ritual. Para entrar en el lugar sagrado, el sacerdote deb\u00ed\u00ada realizar los ritos sagrados, acciones que se distinguen de las actividades profanas y siguen normas especiales prescritas para el culto. Entre los ritos, el m\u00e1s significativo era el sacrificio, que consist\u00ed\u00ada en hacer pasar una v\u00ed\u00adctima del mundo profano al mundo divino; en efecto, sacrificar significa hacer sagrado. El sacrificio era necesario, porque el sacerdote no estaba en condiciones de pasar \u00e9l mismo enteramente al mundo divino. A pesar de todas las ceremonias de su consagraci\u00f3n, segu\u00ed\u00ada siendo un hombre terreno. Por eso el ritual le prescrib\u00ed\u00ada elegir otro ser viviente, un animal, sin defecto alguno, y por tanto que pod\u00ed\u00ada ser grato a Dios, y ofrecerlo sobre el altar. Inmolada y consumida por el fuego, esta v\u00ed\u00adctima sub\u00ed\u00ada simb\u00f3licamente al cielo, o bien su sangre era esparcida en direcci\u00f3n al trono de Dios. Este rito constitu\u00ed\u00ada el punto culminante de las separaciones. La v\u00ed\u00adctima era completamente sustra\u00ed\u00adda a la existencia terrena para ser devorada por el fuego del cielo, que la llevaba junto a Dios [\/ Lev\u00ed\u00adtico II, 1].<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el culto antiguo presentaba un esquema de consagraci\u00f3n cada vez m\u00e1s completa, por medio de sucesivas separaciones rituales. Despu\u00e9s de este movimiento ascendente de separaciones, se esperaba un movimiento descendente de gracias divinas. Si el sacrificio ten\u00ed\u00ada resultado positivo, la v\u00ed\u00adctima era aceptada por Dios; el sacerdote que la hab\u00ed\u00ada ofrecido era admitido ante Dios y pod\u00ed\u00ada obtener para el pueblo los favores de Dios.<\/p>\n<p>c) Esquema de conjunto. Es posible, pues, establecer un cierto orden en las diversas funciones sacerdotales, seg\u00fan un esquema ternario: fase ascendente, central y descendente. La fase ascendente comprende todo el sistema de las separaciones rituales, de las diversas reglas de pureza (alimentos puros e impuros, lepra, contactos, etc.) hasta las ofrendas sacrificiales, pasando por los ritos de purificaci\u00f3n y de consagraci\u00f3n. La fase central, elemento decisivo, consiste en el encuentro del sacerdote con Dios; gracias al sacrificio agradable, el sacerdote es admitido en la morada de Dios. La fase descendente se sigue de la buena relaci\u00f3n establecida entre el sacerdote y Dios. El sacerdote obtiene el perd\u00f3n divino y el fin de los castigos provocados por los pecados; puede comunicar al pueblo las instrucciones divinas, que manifiestan el camino seguro a seguir para triunfar en la vida; puede bendecir al pueblo con el nombre de Dios para procurarle fecundidad, paz y felicidad.<\/p>\n<p>d) Mediaci\u00f3n. Con este esquema ternario se manifiesta bien la funci\u00f3n mediadora del sacerdote. El lleva a Dios las ofrendas y las oraciones del pueblo, y luego lleva al pueblo las respuestas y las gracias de Dios, asegurando as\u00ed\u00ad las buenas relaciones entre el pueblo y Dios. Pero el AT no reflexiona mucho sobre la mediaci\u00f3n sacerdotal, sino que le gusta insistir m\u00e1s bien en la gloria del sacerdocio. El Sir\u00e1cida describe con entusiasmo la gloria de Aar\u00f3n (Sir 45:6-22) y la del sumo sacerdote de su tiempo, Sim\u00f3n, hijo de On\u00ed\u00adas, \u00abmajestuoso al salir de entre los velos del santuario\u00bb (Sir 50:5). En los sacerdotes se reflejaba la gloria del mismo Dios.<\/p>\n<p>4. EVOLUCI\u00ed\u201cN HIST\u00ed\u201cRICA. En el curso de los siglos se observa, respecto al sacerdocio, una doble evoluci\u00f3n, que aumentaba su importancia en la vida del pueblo de Dios.<\/p>\n<p>a) Sentido de la santidad. Varias experiencias religiosas, personales y colectivas, aumentaron en Israel el respeto a la santidad de Dios. La obra de los profetas fue decisiva al respecto, lo mismo que la de los reformadores religiosos del templo de Jos\u00ed\u00adas. De ello se sigui\u00f3 una nueva organizaci\u00f3n del culto y del sacerdocio, que pon\u00ed\u00ada de relieve un monote\u00ed\u00adsmo intransigente. En lugar de la multiplicidad de los santuarios antiguos, fue considerado leg\u00ed\u00adtimo un solo santuario; todos los dem\u00e1s fueron equiparados a templos paganos, y por tanto destruidos. Se unific\u00f3 y jerarquiz\u00f3 el sacerdocio.<\/p>\n<p>En el culto sacrificial adquiri\u00f3 un puesto m\u00e1s significativo el aspecto de expiaci\u00f3n, que responde mayormente a la preocupaci\u00f3n de santidad. Entre todos los sacrificios, los m\u00e1s importantes fueron los del gran \u00abd\u00ed\u00ada de la expiaci\u00f3n\u00bb, Y\u00f3m Kippur (Lev 16). Constitu\u00ed\u00adan la cima de todo el culto, porque el Y\u00f3m Kippur era la \u00fanica ocasi\u00f3n anual en la que se pod\u00ed\u00ada penetrar en la parte m\u00e1s santa del templo. Este ingreso estaba reservado s\u00f3lo al sumo sacerdote y condicionado por el sacrificio m\u00e1s solemne, que era de expiaci\u00f3n. Bajo todos los aspectos (lugar sagrado, tiempo sagrado, persona sagrada, acto sagrado), la liturgia de Y\u00f3m Kippur manifestaba la m\u00e1s grande exigencia de santidad.<\/p>\n<p>b) Sacerdocio y poder. Paralelamente a esta evoluci\u00f3n hacia un exclusivismo cada vez m\u00e1s marcado, tuvo lugar un incremento de poder. Despu\u00e9s de la vuelta del destierro, el sumo sacerdote asumi\u00f3 una posici\u00f3n de autoridad no solamente religiosa, sino tambi\u00e9n pol\u00ed\u00adtica. Lo atestigua el Sir\u00e1cida cuando alaba al sumo sacerdote Sim\u00f3n por haber asegurado la defensa de Jerusal\u00e9n construyendo \u00ablas fortificaciones de la ciudad para caso de asedio\u00bb (Sir 50:4). En el siglo u a.C., la revuelta contra los sel\u00e9ucidas fue dirigida por una familia sacerdotal, los asmoneos, los cuales, despu\u00e9s de la victoria, conservaron el poder pol\u00ed\u00adtico. El t\u00ed\u00adtulo griego de archiere\u00fas, sumo sacerdote, fue adoptado entonces, expresando en aquellas circunstancias el c\u00famulo de los poderes (1Ma 10:20s; 1Ma 13:41s). Enconsecuencia, la dignidad de sumo sacerdote se convirti\u00f3 en objeto de ambiciones y de rivalidades extremas. Ciertos pretendientes echaron mano de todos los medios, comprendido el homicidio (2Ma 4:32ss), para elevarse a esta posici\u00f3n. Tambi\u00e9n bajo los procuradores romanos se presentaba el sumo sacerdote como la autoridad suprema de la naci\u00f3n; presid\u00ed\u00ada el sanedr\u00ed\u00adn, el cual era reconocido por los romanos como poder local. Los libros narrativos del NT atestiguan fielmente esta situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>c) Espera escatol\u00f3gica. Amargamente decepcionados por la evoluci\u00f3n del sacerdocio, ciertos ambientes del \/ juda\u00ed\u00adsmo pon\u00ed\u00adan sus esperanzas en la espera de un sacerdocio renovado. El profeta Malaqu\u00ed\u00adas, que vituperaba los defectos de los sacerdotes (Mal 2:1-9), hab\u00ed\u00ada tambi\u00e9n anunciado una purificaci\u00f3n de los hijos de Lev\u00ed\u00ad (Mal 3:3). Otros textos prof\u00e9ticos pod\u00ed\u00adan alimentar la misma esperanza. Tenemos claro testimonio de ello en los manuscritos de Qumr\u00e1n y en los Testamentos de los doce patriarcas. En Qumr\u00e1n la espera escatol\u00f3gica comprend\u00ed\u00ada un elemento sacerdotal. Los miembros de la secta no esperaban solamente al mes\u00ed\u00adas dav\u00ed\u00addico, al que llamaban \u00abmes\u00ed\u00adas de Israel\u00bb, sino tambi\u00e9n un mes\u00ed\u00adas sacerdote, al que denominaban \u00abmes\u00ed\u00adas de Aar\u00f3n\u00bb (1QS 9,10-11). En la Regla de la Comunidad no se concede la precedencia al mes\u00ed\u00adas de Israel, sino al sacerdote (2,18-21). En el documento de Damasco (12,23s; 19,10s), un \u00fanico personaje acumula ambas dignidades. Perspectivas similares se trazan en los Testamentos de los doce patriarcas; el Testamento de Rub\u00e9n (6,7-12), por ejemplo, prescribe que se obedezca a Lev\u00ed\u00ad \u00abhasta la consumaci\u00f3n de los tiempos del mes\u00ed\u00adas sumo sacerdote, del cual ha hablado el Se\u00f1or\u00bb; el Testamento de Lev\u00ed\u00ad (18,1) anuncia que Dios, en los \u00faltimos tiempos, castigar\u00e1 a los sacerdotes indignos, y luego \u00absuscitar\u00e1 un nuevo sacerdote, al cual se le revelar\u00e1n todas las palabras del Se\u00f1or\u00bb. Como el cumplimiento \u00faltimo deb\u00ed\u00ada ser cumplimiento de todos los aspectos del proyecto de Dios, no pod\u00ed\u00ada faltar el aspecto sacerdotal, pues su importancia era de primer rango en la Sagrada Escritura y en la vida del pueblo elegido.<\/p>\n<p>II. EN EL NT. Respecto al sacerdocio, el NT contiene dos series de textos netamente diversos: por una parte, textos que hablan de la instituci\u00f3n sacerdotal antigua; por otra parte, textos que afirman el cumplimiento cristiano del sacerdocio.<\/p>\n<p>1. OPOSICI\u00ed\u201cN SACERDOTAL. Los escritos narrativos del NT (evangelios y Hechos) no dan jam\u00e1s a Jes\u00fas ning\u00fan t\u00ed\u00adtulo sacerdotal. Cuando hablan de sacerdotes y de sumos sacerdotes, es siempre en relaci\u00f3n al sacerdocio jud\u00ed\u00ado (excepto en una per\u00ed\u00adcopa, donde se trata de un sacerdote pagano: Heb 14:13). La situaci\u00f3n descrita difiere mucho seg\u00fan las dos categor\u00ed\u00adas sacerdotales: simples sacerdotes o bien autoridades sacerdotales. En el caso de simples sacerdotes, no se observa ninguna tensi\u00f3n; los evangelios reconocen sus atribuciones; Lucas nos muestra al sacerdote Zacar\u00ed\u00adas en el ejercicio de sus funciones (Luc 1:8s); los sin\u00f3pticos refieren que Jes\u00fas mand\u00f3 a un leproso curado que se presentara al sacerdote e hiciera la ofrenda prescrita (Mar 1:44). En los Hechos, Lucas cuenta que \u00abincluso muchos sacerdotes abrazaban la fe\u00bb (Heb 6:7).<\/p>\n<p>Muy diversa se presenta la situaci\u00f3n en el caso de los principales sacerdotes y del sumo sacerdote. Se los menciona en la primera predicci\u00f3n de la pasi\u00f3n, en la cual Jes\u00fas declara que deb\u00ed\u00ada \u00abpadecer mucho por parte de los ancianos del pueblo, de los sumos sacerdotes y de los maestros de la ley\u00bb (Mat 16:21); y luego, de nuevo, en la tercera predicci\u00f3n: \u00abEl Hijo del hombre ser\u00e1 entregado a los sumos sacerdotes y a los maestros de la ley; lo condenar\u00e1n a muerte\u00bb (Mat 20:18). Su nombre vuelve siempre en un contexto similar, es decir, el de la oposici\u00f3n exasperada a la persona de Jes\u00fas. Para traicionar a Jes\u00fas, Judas \u00abfue a los sumos sacerdotes\u00bb, los cuales \u00able ofrecieron treinta monedas de plata\u00bb (Mat 26:15). En el proceso de Jes\u00fas ante el sanedr\u00ed\u00adn, el sumo sacerdote tiene el papel decisivo (Mat 26:62-66). Tradiciones semejantes se refieren en el cuarto evangelio (Jua 11:49s; Jua 18:35; Jua 19:6). En los Hechos, la hostilidad de los supremos sacerdotes recae sobre la comunidad de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, y especialmente sobre los ap\u00f3stoles (Heb 4:6; Heb 5:17s; Heb 9:1s; etc.).<\/p>\n<p>En todos estos episodios, los sacerdotes supremos y el sumo sacerdote no son presentados en acto de culto, sino ejerciendo el poder. Juntamente con los ancianos y los escribas, forman el sanedr\u00ed\u00adn, asamblea que constitu\u00ed\u00ada la autoridad m\u00e1s alta del pueblo jud\u00ed\u00ado en los tiempos helen\u00ed\u00adsticos y romanos. Sin embargo, los elementos contenidos en el relato del proceso de Jes\u00fas presentan una situaci\u00f3n mixta, es decir, pol\u00ed\u00adtico-religiosa. Jes\u00fas es acusado de subversi\u00f3n religiosa que afecta al santuario (Mar 14:58), y por tanto amenaza impl\u00ed\u00adcitamente al sacerdocio. Luego, la cuesti\u00f3n central se refiere a la mesianidad, concepto pol\u00ed\u00adtico-religioso. La acusaci\u00f3n final, de blasfemia, insiste \u00fanicamente en el aspecto religioso (Mar 14:63s).<\/p>\n<p>2. POSICI\u00ed\u201cN DE JES\u00daS. A primera vista, la relaci\u00f3n entre Jes\u00fas y el sacerdocio antiguo hab\u00ed\u00ada sido negativa a causa de esta oposici\u00f3n de las autoridades sacerdotales a su persona y a su obra.<\/p>\n<p>No era f\u00e1cil percibir alguna relaci\u00f3n positiva, porque ni la persona de Jes\u00fas, ni su ministerio, ni su muerte respond\u00ed\u00adan al concepto antiguo de sacerdocio. Como el sacerdocio estaba reservado a la tribu de Lev\u00ed\u00ad y se transmit\u00ed\u00ada por v\u00ed\u00ada hereditaria, Jes\u00fas, que pertenec\u00ed\u00ada a la tribu de Jud\u00e1, no era sacerdote seg\u00fan la ley mosaica. Nunca durante su vida pretendi\u00f3 ser kohen ni ejercer funci\u00f3n sacerdotal alguna.<\/p>\n<p>Su ministerio no fue de \u00ed\u00adndole sacerdotal, sino m\u00e1s bien prof\u00e9tica. Comenz\u00f3 a predicar como lo hab\u00ed\u00adan hecho los profetas. A veces se expresaba, como ellos, con acciones simb\u00f3licas. Tambi\u00e9n sus milagros recordaban el tiempo de los profetas El\u00ed\u00adas y Eliseo (multiplicaci\u00f3n de los panes, Mat 14:13-21, comparable a 2Re 4:42-44; resurrecci\u00f3n del hijo de una viuda, Luc 7:11-17, como 1Re 17:17-24; 2Re 4:18-37). Jes\u00fas fue reconocido como maestro (Mat 22:16; Jua 3:2) y profeta, y hasta \u00abgran profeta\u00bb (Luc 7:16.39; Mat 21:11.46; Jua 4:19; Jua 6:14). Despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, Pedro proclam\u00f3 que Jes\u00fas era el profeta semejante a Mois\u00e9s, prometido por Dios en Deu 18:18 (Heb 3:22).<\/p>\n<p>Jes\u00fas continu\u00f3 la tradici\u00f3n prof\u00e9tica de cr\u00ed\u00adtica al formalismo religioso, en la cual quedaban involucrados los sacerdotes. Hac\u00ed\u00ada poco caso de la pureza ritual (Mat 9:10-13; Mat 15:1-20), rehusaba dar un valor absoluto a las prescripciones que se refer\u00ed\u00adan al s\u00e1bado (Mat 12:1-13; Jua 5:16-18; etc.) y no aceptaba el concepto antiguo de la santificaci\u00f3n por medio de separaciones rituales. Haciendo suyo el dicho de Oseas: \u00abMisericordia quiero, que no sacrificios\u00bb (Ose 6:6; Mat 9:13; Mat 12:7), Jes\u00fas observaba, seg\u00fan afirma Mateo, que entre dos modos de servir a Dios, uno con ritos y separaciones y el otro con entrega al pr\u00f3jimo, Dios mismo hab\u00ed\u00ada expresado su preferencia por el segundo. A las, inmolaciones rituales, Dios prefer\u00ed\u00ada la misericordia.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista de la religi\u00f3n antigua, la muerte de Jes\u00fas aument\u00f3 todav\u00ed\u00ada m\u00e1s la distancia entre \u00e9l y el sacerdocio, pues esta muerte no tuvo relaci\u00f3n alguna con el culto ritual. Jes\u00fas no muri\u00f3 en un ambiente sagrado, sino fuera de la ciudad santa; su muerte fue una pena legal, la ejecuci\u00f3n de una condena infamante. No fue un acto de santificaci\u00f3n ritual, sino, al contrario, un acto de execraci\u00f3n, que hac\u00ed\u00ada de \u00e9l una maldici\u00f3n (G\u00e1l 3:13; Deu 21:22s).<\/p>\n<p>No es, pues, de extra\u00f1ar que la predicaci\u00f3n cristiana primitiva no hablara de sacerdocio a prop\u00f3sito de Jes\u00fas. En su persona, en su ministerio, en su muerte, los cristianos no encontraban relaci\u00f3n alguna inmediata con la instituci\u00f3n sacerdotal antigua.<\/p>\n<p>3. MISTERIO DE CRISTO Y CULTO. Jes\u00fas fue reconocido como el mes\u00ed\u00adas dav\u00ed\u00addico (Heb 2:36), lo cual era m\u00e1s f\u00e1cil, porque Jes\u00fas pertenec\u00ed\u00ada a la tribu de Jud\u00e1 y a la descendencia de \/ David. Mas el mesianismo dav\u00ed\u00addico no carec\u00ed\u00ada de conexiones con la instituci\u00f3n cultual. El or\u00e1culo de Nat\u00e1n, base de este mesianismo, anunciaba en efecto que el hijo de David construir\u00ed\u00ada la casa de Dios (2Sa 7:13). Los cuatro evangelios reproducen esta predicci\u00f3n de una forma nueva. El tema de la destrucci\u00f3n y de la reconstrucci\u00f3n del santuario ocupa un puesto significativo en los relatos sin\u00f3pticos de la pasi\u00f3n. Con ello una misi\u00f3n que se refiere al culto qued\u00f3 propuesta como parte integrante del misterio de Cristo (Jua 2:13-22; Mar 14:58; Mar 15:29.38).<\/p>\n<p>Por otra parte, los relatos de la \u00faltima cena contienen un episodio de inmenso alcance para la relaci\u00f3n con Dios. Tomando el c\u00e1liz, Jes\u00fas dijo: \u00abEsta es mi sangre de la alianza\u00bb (Mat 26:28). Tal gesto con tales palabras no estaba ciertamente previsto en el ritual antiguo; constitu\u00ed\u00ada una innovaci\u00f3n sorprendente. Pero la uni\u00f3n de \u00absangre\u00bb y de \u00abalianza\u00bb recordaba el sacrificio de t alianza referido en Exo 24:6-8, y en consecuencia, daba una determinaci\u00f3n sacrificial al acto de Jes\u00fas, y por tanto a su muerte, que este gesto anticipaba. La reflexi\u00f3n cristiana descubri\u00f3 estos aspectos. Pablo da testimonio de ello al expresar la incompatibilidad entre los cultos sacrificiales, el de la \/ eucarist\u00ed\u00ada y el de los \u00ed\u00addolos (1Co 10:14-22). Una renovaci\u00f3n radical del culto hay que reconocerla en los acontecimientos de la instituci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, de la pasi\u00f3n y de la \/ resurrecci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la fecha de la muerte de Cristo suger\u00ed\u00ada su car\u00e1cter sacrificial, pues la pon\u00ed\u00ada en relaci\u00f3n con la inmolaci\u00f3n del cordero pascual (Mat 28:2; Jua 18:28; Jua 19:4). En 1Co 5:7 Pablo proclama: \u00abCristo, nuestro cordero pascual, ya ha sido inmolado\u00bb. En Rom 3:25 emplea otras palabras tomadas del culto sacrificial: \u00abA Jesucristo, Dios lo expuso p\u00fablicamente como propiciatorio, por medio de la fe, en su sangre\u00bb. Finalmente, en Efe 5:2, tenemos una f\u00f3rmula paulina existencial: \u00abCristo nos am\u00f3 y se entreg\u00f3 por nosotros\u00bb (ver G\u00e1l 2:20), es completada con t\u00e9rminos del vocabulario sacrificial: \u00abcomo ofrenda y sacrificio de olor agradable a Dios\u00bb. Por su parte, Pedro aplica a Cristo una expresi\u00f3n corriente del ritual antiguo: \u00abcordero sin mancha\u00bb (1Pe 1:19; Lev 14:10; Lev 23:18; etc.). Todos estos textos demuestran una comprensi\u00f3n sacrificial de la pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>4. SACERDOCIO DE CRISTO. Decir que Cristo ha sido v\u00ed\u00adctima inmolada por nuestros pecados no resuelve a\u00fan la cuesti\u00f3n de su relaci\u00f3n con el sacerdocio. Pues en el sacerdocio antiguo, v\u00ed\u00adctima y sacerdote eran necesariamente distintos. El autor de la carta a los \/ Hebreos afronta el problema en toda su amplitud, demostrando que Cristo no fue solamente v\u00ed\u00adctima sacrificial, sino tambi\u00e9n sacerdote, e incluso sumo sacerdote, y que \u00e9l conserva esta posici\u00f3n para siempre. Para llegar a esta conclusi\u00f3n, el autor, por una parte, tuvo que superar el concepto entonces tradicional del sacerdocio, no cerr\u00e1ndose en las formas rituales externas, sino percibiendo su intenci\u00f3n profunda; y tuvo adem\u00e1s, por otra parte, que reexaminar los datos fundamentales de la cristolog\u00ed\u00ada hasta descubrir su relaci\u00f3n con la intenci\u00f3n profunda de la instituci\u00f3n sacerdotal.<\/p>\n<p>Sabedor de las dificultades del problema, observa el autor: \u00abEs sabido que nuestro Se\u00f1or naci\u00f3 de la tribu de Jud\u00e1, la cual no es mencionada por Mois\u00e9s al tratar de los sacerdotes\u00bb (Heb 7:14); \u00abpor tanto, si estuviese sobre la tierra no ser\u00ed\u00ada sacerdote en modo alguno, porque ya hay encargados de ofrecer los dones seg\u00fan la ley\u00bb (Heb 8:4). No es posible atribuir a Cristo el sacerdocio ritual antiguo. No obstante, es preciso reconocer que Cristo es sacerdote, porque ha llevado a cabo una obra de mediaci\u00f3n entre los hombres y Dios y ocupa ahora una posici\u00f3n de mediador. En el misterio de la pasi\u00f3n y de la glorificaci\u00f3n de Cristo es f\u00e1cil discernir las tres fases de la mediaci\u00f3n sacerdotal: ascendente, central y descendente.<\/p>\n<p>a) Experiencia cristiana. En las diversas etapas de su demostraci\u00f3n, el autor comienza regularmente por la fase central, la que se refiere a la admisi\u00f3n del sacerdote en la morada de Dios. Es decir, los fieles son invitados a contemplar a Cristo sentado a la diestra de Dios (1,4-14), glorificado y proclamado \u00abdigno de fe\u00bb (3,1-6), \u00absiempre vivo para interceder en su favor\u00bb (7,25). El punto de partida de la exposici\u00f3n es, pues, la experiencia actual de la comunidad cristiana, la cual sabe que debe su existencia a Cristo glorificado, el cual la pone en relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima con Dios. Pues Cristo es al mismo tiempo Hijo de Dios entronizado junto al Padre (1,5-14) y hermano de los hombres, de los cuales se ha mostrado plenamente solidario hasta la muerte (2,5-16). Unido \u00ed\u00adntimamente a Dios, unido \u00ed\u00adntimamente a nosotros, es el mediador perfecto, por lo que hay que reconocerlo como \u00absumo sacerdote misericordioso y fiel ante Dios\u00bb (2,17). Los cristianos no se encuentran en una situaci\u00f3n inferior a la de los jud\u00ed\u00ados; tienen un sumo sacerdote (3,Is; 4,14).<\/p>\n<p>b) Argumento de la Escritura. A este primer. argumento, sacado de la experiencia religiosa de los cristianos, a\u00f1ade el autor una prueba escritur\u00ed\u00adstica, sacada de un salmo mesi\u00e1nico (Sal 110). El primer vers\u00ed\u00adculo de este salmo contiene el or\u00e1culo que expresa la glorificaci\u00f3n de Cristo a la derecha de Dios. La aplicaci\u00f3n de este or\u00e1culo a Jes\u00fas est\u00e1 garantizada por los evangelios (Mat 22:41-46; Mat 26:63-66) y es corriente en el NT (Mar 16:9; Heb 2:34; Efe 1:20; etc.). El autor se ha referido a \u00e9l desde la primera frase de su discurso (Heb 1:3), y vuelve sobre ello reiteradas veces (Heb 1:13; Heb 8:1; Heb 10:12; Heb 12:2). Pues bien, el cuarto vers\u00ed\u00adculo del mismo salmo contiene un segundo or\u00e1culo dirigido al mismo personaje, y que por tanto hay que aplicar a Cristo como el primero. Este or\u00e1culo lo proclama solemnemente \u00absacerdote para siempre\u00bb (Sal 110:4). Se sigue de ah\u00ed\u00ad que el sacerdocio de Cristo es un dato expl\u00ed\u00adcito de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Dios mismo no s\u00f3lo ha afirmado, sino \u00abjurado\u00bb que Cristo glorificado es sacerdote. El autor introduce esta .prueba escritur\u00ed\u00adstica en 5,6; luego la recoge en 5,10 y 6,20, y la explica detalladamente en 7,1-28.<\/p>\n<p>El or\u00e1culo precisa que el sacerdocio del mes\u00ed\u00adas es \u00abseg\u00fan el orden de Melquisedec\u00bb. En la manera de presentar la Biblia al personaje de Melquisedec, sin mencionar su origen familiar y sin aludir a su nacimiento ni a su muerte, el autor descubre una prefiguraci\u00f3n impl\u00ed\u00adcita del sacerdocio de Cristo glorioso, el cual no depende de una genealog\u00ed\u00ada sacerdotal humana ni tiene l\u00ed\u00admites temporales, puesto que es el sacerdocio del Hijo de Dios, que ha vencido la muerte y vive para siempre (7,3.16s.24s).<\/p>\n<p>c) Sacrificio de Cristo. Para completar la argumentaci\u00f3n, el autor considera la fase ascendente del sacerdocio de Cristo, o sea el acontecimiento que llev\u00f3 a Cristo a su actual posici\u00f3n sacerdotal.<\/p>\n<p>El hecho de haber sido Cristo desde siempre el Hijo de Dios no bastaba para asegurarle el sacerdocio; era necesaria una estrecha uni\u00f3n con los hombres para hacer de \u00e9l el mediador perfecto. Por eso Cristo \u00abdebi\u00f3 hacerse en todo semejante a sus hermanos\u00bb, tomando sobre \u00e9l sus pruebas, sus sufrimientos y su muerte, \u00abpara convertirse en sumo sacerdote\u00bb (2, 17). La pasi\u00f3n gloriosa de Cristo constituye para \u00e9l un sacrificio de consagraci\u00f3n sacerdotal. No se trata, evidentemente, de un rito externo, como era la consagraci\u00f3n del sumo sacerdote antiguo (Lev 8), sino de una transformaci\u00f3n radical de la naturaleza humana de Cristo. Esta transformaci\u00f3n real se llev\u00f3 a cabo por medio de sufrimientos aceptados generosamente en una actitud de docilidad a Dios y de solidaridad con los hombres. Dios hizo perfecto al hombre en Cristo por medio de la pasi\u00f3n (2,10). Jes\u00fas \u00aben el sufrimiento aprendi\u00f3 a obedecer\u00bb y \u00abas\u00ed\u00ad alcanz\u00f3 la perfecci\u00f3n\u00bb, siendo por el hecho mismo \u00abconsagrado\u00bb sacerdote (5,8s). El autor profundiza de esta manera la doctrina cristol\u00f3gica, que presentaba la pasi\u00f3n de Cristo como un sacrificio. Cristo se ha convertido al mismo tiempo en v\u00ed\u00adctima inmolada (cf 1Co 5:7; Efe 5:2; lPe 1,19) y en sacerdote consagrado. En este acontecimiento no permaneci\u00f3 \u00e9l pasivo, sino que cooper\u00f3 activamente a la obra divina bajo el impulso del Esp\u00ed\u00adritu Santo: \u00abPor virtud del Esp\u00ed\u00adritu eterno se ofreci\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo a Dios como v\u00ed\u00adctima inmaculada\u00bb (Heb 9:14). Su ofrenda no tiene solamente valor de sacrificio de consagraci\u00f3n sacerdotal, sino tambi\u00e9n de sacrificio de expiaci\u00f3n (9,26ss) y de alianza (9,15-22). Sustituye a todos los sacrificios antiguos (10,5-10) y hace pasar de un culto ritual, externo e ineficaz, a un culto existencial, que toma a todo el hombre para unirlo con Dios y con los hermanos. En conclusi\u00f3n, es evidente que la pasi\u00f3n de Cristo no solamente es un verdadero sacrificio, sino el \u00fanico verdadero sacrificio plenamente logrado; los dem\u00e1s eran intentos ineficaces. De manera semejante, no s\u00f3lo se ha de reconocer a Cristo como sacerdote, sino que es el \u00fanico sacerdote aut\u00e9ntico, el \u00fanico mediador de Dios y de los hombres (ITim 2,5); los sacerdotes antiguos no hac\u00ed\u00adan m\u00e1s que prefigurarlo de modo muy imperfecto.<\/p>\n<p>5. SACERDOCIO COM\u00daN. La fase descendente del sacerdocio de Cristo consiste en procurar a los creyentes la purificaci\u00f3n de la conciencia (9,14), la santificaci\u00f3n (10,10), la perfecci\u00f3n (10,14), introduci\u00e9ndolos en la \u00abnueva alianza\u00bb (9,15), que los pone en relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima con Dios (8, l Os).<\/p>\n<p>a) Culto nuevo. Gracias al sacrificio de Cristo, la situaci\u00f3n religiosa de los hombres se ha transformado completamente. Todas las separaciones rituales antiguas han quedado abolidas, porque Cristo ha inaugurado un \u00abcamino nuevo y viviente\u00bb (10,20), que permite el acceso a Dios. Lo que en los tiempos antiguos era privilegio exclusivo del sumo sacerdote una vez al a\u00f1o, se ha convertido en una posibilidad abierta a todos en todo tiempo. Ahora todos los creyentes son invitados a acercarse a Dios \u00abcon confianza\u00bb (4,16; 10,19-22) y a presentarle sus \u00absacrificios\u00bb (13,15s). Estos sacrificios no ser\u00e1n ya ritos separados de la vida, sino, a ejemplo del sacrificio de Cristo, ofrendas existenciales. Es decir, los cristianos est\u00e1n llamados a vivir como Cristo en la obediencia filial, \u00abcumpliendo la voluntad de Dios\u00bb(10,36; 13,21; cf 5,8; 10,7-9), y a progresar en el amor fraterno gracias a una solidaridad efectiva (10,24; 13,16). El culto nuevo es transformaci\u00f3n cristiana de la existencia por medio de la caridad divina. Y como ese culto no es posible sin la uni\u00f3n con el sacrificio de Cristo, hay que reconocer un puesto esencial en la vida cristiana a la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, instrumento de esta uni\u00f3n (cf 10,19-25; 13,15). Unidos a Cristo, los cristianos participan del sacerdocio de Cristo. Sin embargo, el t\u00ed\u00adtulo de sacerdotes no les es atribuido en la carta a los Hebreos, que lo reserva para Cristo.<\/p>\n<p>Pablo expresa una doctrina semejante en un pasaje importante de su carta a los Romanos, donde emplea un vocabulario sacrificial para expresar su ideal de vida cristiana: \u00abHermanos, os ruego&#8230; que ofrezc\u00e1is vuestros cuerpos como sacrificio vivo, consagrado, agradable a Dios&#8230; No os acomod\u00e9is a este mundo; al contrario, transformaos y renovad vuestro interior\u00bb (Rom 12:1s). Tampoco Pablo usa aqu\u00ed\u00ad la palabra \u00absacerdocio\u00bb; pero la realidad descrita constituye una forma nueva de sacerdocio.<\/p>\n<p>b) Organismo sacerdotal. En cambio, Pedro aplica a la comunidad de los creyentes un t\u00ed\u00adtulo sacerdotal que encuentra en la traducci\u00f3n griega de Exo 19:6. El texto hebreo de esta promesa de Dios dice: \u00abSer\u00e9is para m\u00ed\u00ad un reino de sacerdotes\u00bb. En lugar del plural \u00absacerdotes\u00bb, los Setenta han puesto un nombre colectivo, hier\u00e1teuma, que significa \u00aborganismo sacerdotal\u00bb. Este t\u00e9rmino se emplea en 1Pe 2:5.9 para calificar a la Iglesia. Gracias a su adhesi\u00f3n a Cristo en su misterio de muerte y resurrecci\u00f3n, los creyentes son \u00abedificados como piedras vivientes en casa espiritual y organismo sacerdotal santo, para ofrecer v\u00ed\u00adctimas espirituales agradables a Dios por mediaci\u00f3n de Jesucristo\u00bb (1Pe 2:5). Con estas palabras proclama Pedro el cumplimiento en la Iglesia de la espl\u00e9ndida promesa hecha a Israel. No se trata, como se pretende a veces, de un sacerdocio de cada uno de los creyentes, de modo individual, sino de un sacerdocio pose\u00ed\u00addo por todos juntos de un modo org\u00e1nico. Lejos de ser excluida, la presencia de una estructura en este \u00aborganismo sacerdotal\u00bb es m\u00e1s bien sugerida por el contexto. Pues la construcci\u00f3n de un edificio no es posible sin una estructura (cf Efe 2:19-21; Efe 4:11-16). Cu\u00e1les son los \u00absacrificios espirituales\u00bb, no se precisa. La doctrina general de la carta permite comprender que consisten en una \u00abconducta buena\u00bb (Efe 2:12) y santa (Efe 1:15), conforme a la obediencia de Cristo y a la inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu (Efe 1:2).<\/p>\n<p>c) Reyes y sacerdotes. Como la IPe, el Apocalipsis se inspira en la promesa divina de Exo 19:6; pero no reproduce la expresi\u00f3n de los Setenta, sino una traducci\u00f3n literal del hebreo. Los cristianos reconocen que Cristo los \u00abha hecho un reino de sacerdotes para su Dios y Padre\u00bb (Apo 1:6). La corte celestial dirige al Cordero un canto nuevo que lo alaba por esta obra (Apo 5:9-10). Finalmente, una bienaventuranza que se refiere a los m\u00e1rtires proclama que \u00abser\u00e1n sacerdotes de Dios y de Cristo, con el que reinar\u00e1n mil a\u00f1os\u00bb (Apo 20:6).<\/p>\n<p>La contribuci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica del Apocalipsis consiste en la insistencia en la uni\u00f3n de la dignidad real con la sacerdotal. En circunstancias dif\u00ed\u00adciles que pon\u00ed\u00adan a los cristianos en una situaci\u00f3n de v\u00ed\u00adctimas y de condenados, Juan les invita a reconocer osadamente que, gracias a la sangre de Cristo, son en realidad sacerdotes y reyes, es decir, que gozan de una relaci\u00f3n privilegiada con Dios y que esta relaci\u00f3n ejerce una acci\u00f3n determinante en la historia del mundo. La dignidad real y sacerdotal de los cristianos es presentada como la cima de la obra redentora de Cristo (Apo 1:6; Apo 5:10). Por otra parte, la plena realizaci\u00f3n de esta doble dignidad aparece como el colmo de la felicidad y de la santidad (Apo 20:6). Esta perspectiva debe animar a los creyentes en sus pruebas. Su esperanza es magn\u00ed\u00adfica. En la nueva Jerusal\u00e9n estar\u00e1 \u00abel trono de Dios y del cordero\u00bb y \u00ablos servidores de Dios lo adorar\u00e1n\u00bb (Apo 22:3) \u00aby reinar\u00e1n por los siglos de los siglos\u00bb (Apo 22:5). De esta manera la vocaci\u00f3n del hombre quedar\u00e1 perfectamente cumplida.<\/p>\n<p>6. SACERDOCIO MINISTERIAL. El sacerdocio com\u00fan de los creyentes no existe sin la mediaci\u00f3n sacerdotal de Cristo; todos los textos del NT lo atestiguan claramente (1Pe 2:5; Apo 1:6; Apo 5:10; Heb 7:25; Rom 5:1; Efe 2:18; etc\u00e9tera). Atestiguan igualmente que la mediaci\u00f3n de Cristo se hace presente en la diversidad de los lugares y de los tiempos por medio de los ministros de Cristo. La facultad de \u00e9stos no es de origen humano, sino divino (2Co 3:5s). Dios mismo los hace \u00abministros id\u00f3neos de la nueva alianza\u00bb (2Co 3:6). Ejercen \u00abel ministerio de la reconciliaci\u00f3n\u00bb (2Co 5:19), no con autoridad propia, sino como \u00abembajadores de Cristo\u00bb (2Co 5:20). Se los ha de considerar \u00abministros de Cristo y administradores de los misterios de Dios\u00bb (l Cor 4,1). En nombre de Cristo \u00absumo sacerdote digno de fe\u00bb (Heb 3:1-6), transmiten con autoridad \u00abla palabra de Dios\u00bb (Heb 13:7). En nombre de Cristo \u00absumo sacerdote misericordioso\u00bb (Heb 2:17; Heb 4:14), \u00abvelan por las almas\u00bb y deben \u00abdar cuenta\u00bb de ellas (Heb 13:17). Est\u00e1n, pues, estrechamente asociados al sacerdocio de Cristo. Sin embargo, no reciben en el NT el t\u00ed\u00adtulo de sacerdotes. Se comprende sin dificultad: los t\u00ed\u00adtulos de los dirigentes de la Iglesia primitiva se escogieron en un tiempo en el que la doctrina del sacerdocio de Cristo no se hab\u00ed\u00ada elaborado a\u00fan; como sus funciones eran muy diversas de las de los sacerdotes del tiempo, jud\u00ed\u00ados y gentiles, no pod\u00ed\u00ada ocurr\u00ed\u00adrseles la idea de llamarlos sacerdotes. Sin embargo, despu\u00e9s de la elaboraci\u00f3n de una cristolog\u00ed\u00ada sacerdotal resultaba posible, e incluso necesaria, un comprensi\u00f3n sacerdotal del misterio cristiano; \u00e9sta se abri\u00f3 camino de modo enteramente natural en los tiempos posteriores al NT. En el mismo NT solamente est\u00e1 sugerida. Los textos m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitos al respecto son los de 1Co 9:13-14 y Rom 15:16; en el primero expresa Pablo una relaci\u00f3n de semejanza entre los sacerdotes antiguos y los ministros del evangelio; en el segundo, el ap\u00f3stol define en t\u00e9rminos cultuales y sacrificiales su propia vocaci\u00f3n; no emplea para s\u00ed\u00ad mismo el t\u00ed\u00adtulo de hiere\u00fas, \u00absacerdote\u00bb, que corr\u00ed\u00ada el riesgo de provocar un equ\u00ed\u00advoco, sino que se sirve de una larga per\u00ed\u00adfrasis, que describe el ministerio como una funci\u00f3n sacerdotal de g\u00e9nero completamente nuevo: \u00abser ministro cultual de Jesucristo\u00bb y realizar la \u00abtarea sagrada de anunciar el evangelio de Dios, para que la ofrenda sacrificial de los paganos sea agradable a Dios, consagrada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Rom 15:16). As\u00ed\u00ad pues, el ministerio apost\u00f3lico es un ministerio sacerdotal al servicio del sacerdocio de Cristo y al servicio del sacerdocio com\u00fan.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad la relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima con Dios, que el sacerdocio antiguo intentaba fatigosamente establecer por medio de animales inmolados, se obtiene plenamente en la Iglesia en virtud de la ofrenda personal de Cristo, la cual comunica a todos los creyentes un poderoso dinamismo de docilidad filial para con Dios y de solidaridad fraterna con los hombres.<\/p>\n<p>BIBL.: ADINOLFI M., II sacerdozio comune dei fedeli, Ed. 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Funciones sacerdotales; a)<br \/>\nOr\u00e1culos, b) Ense\u00f1anza, c) Culto sacrificial, d) Pureza ritual, e) Bendici\u00f3n, 19 Custodia del santuario; 3.<br \/>\nEstructura del culto sacerdotal: a) Separaciones rituales, b) Sacrificio ritual, c) Esquema de conjunto, d)<br \/>\nMediaci\u00f3n; 4. Evoluci\u00f3n hist\u00f3rica: a) Sentido de la santidad, bj Sacerdocio y poder, c) Espera escatol\u00f3gica.<br \/>\nII. En el NT: 1. Oposici\u00f3n sacerdotal; 2. Posici\u00f3n de Jes\u00fas; 3. Misterio de Cristo y culto; 4. Sacerdocio de<br \/>\nCristo: a) Experiencia cristiana, bjArgumento de la Escritura, c) Sacrificio de Cristo; 5. Sacerdocio com\u00fan:<br \/>\na) Culto nuevo, b) Organismo sacerdotal, c) Reyes y sacerdotes; 6. Sacerdocio ministerial.<br \/>\n2972<br \/>\n1. EN EL AT.<br \/>\nLa instituci\u00f3n del sacerdocio ocupa un puesto considerable en los libros del AT. El hecho no es sorprendente, puesto que el sacerdote es el encargado de las relaciones con Dios. Siendo Israel el pueblo de Dios, las relaciones con Dios revisten en Israel una importancia particular.<br \/>\n2973<br \/>\n1. Or\u00ed\u00adgenes.<br \/>\nEl sacerdocio no aparece enseguida en la Biblia. Para dar culto a Dios, \/ Abrah\u00e1n no se dirig\u00ed\u00ada a un sacerdote. El mismo ejerc\u00ed\u00ada para su familia las funciones cultuales: constru\u00ed\u00ada altares (Gen 12,7s; 13,18; 22,9) y ofrec\u00ed\u00ada sacrificios (22,13); de manera semejante Isaac (26,25) y Jacob (28,18; 31,54). Los primeros sacerdotes mencionados en la Biblia son extranjeros: Melquise-dec, rey de una ciudad cananea y sacerd ote (14,18); los sacerdotes egipcios (41,45; 47,22), un sacerdote ma-dianita (Ex 2,16). Para Israel se habla de sacerdotes solamente cuando se ha convertido en pueblo. Pues el sacerdocio es un caso de especializa-ci\u00f3n social. Los sacerdotes ejercen el culto de Dios en nombre del pueblo.<br \/>\n2974<br \/>\na) Levitas. En Israel las funciones cultuales fueron confiadas a los levitas [1 Lev\u00ed\u00adtico]. Los textos m\u00e1s antiguos relativos a Lev\u00ed\u00ad no hacen referencia al sacerdocio (Gn 34,25-31 49,Sss); pero la bendici\u00f3n pronunciada por Mois\u00e9s sobre la tribu de Lev\u00ed\u00ad atribuye a esta tribu las diversas funciones sacerdotales Dt 33,8-11). La tradici\u00f3n referida en Jg 17 demuestra que se reconoc\u00ed\u00ada a los levitas una competencia especial para el culto (Jc 17,7-13).<br \/>\nSu privilegio recibe en el Pentateuco varias explicaciones. Una tradici\u00f3n antigua refiere que el sacerdocio fue conferido a los levitas en recompensa de su intervenci\u00f3n intr\u00e9pida contra los israelitas id\u00f3latras Ex 32,25-29). Los levitas hab\u00ed\u00adan vengado con la espada los derechos de Yhwh, lesionados por el pecado, mereciendo con ello la investidura sacerdotal. Un episodio an\u00e1logo se cuenta de Pincas (Fine\u00e9s), nieto de Aar\u00f3n. Su celo contra un israelita pecador le vali\u00f3 la promesa de un sacerdocio perenne (Nm 25,6-13). En esta per\u00ed\u00adcopa se sit\u00faa el sacerdocio en la perspectiva de una adhesi\u00f3n resuelta a Dios, cuya consecuencia es una lucha intransigente contra el pecado y los pecadores. La misma perspectiva se encuentra en tiempos de la persecuci\u00f3n de los sel\u00e9ucidas contra la religi\u00f3n de Israel (siglo u a.C). Pose\u00ed\u00addo de un celo semejante al de Pincas, el sacerdote Matat\u00ed\u00adas dio muerte a un israelita que ofrec\u00ed\u00ada un sacrificio a los \u00ed\u00addolos, dando as\u00ed\u00ad comienzo a la insurrecci\u00f3n contra la opresi\u00f3n pagana (IM 2, 15-27).<br \/>\nOtra corriente de tradici\u00f3n explica la posici\u00f3n de los levitas con una sustituci\u00f3n. Los levitas pasaron a ocupar el puesto de los primog\u00e9nitos de Israel. Normalmente el primog\u00e9nito de cada familia hubiera debido consagrarse al culto de Dios. Un levita lo sustituye. Se trata de una disposici\u00f3n divina: \u2020\u0153Ya ves que he elegido a los levitas de entre todos los israelitas en sustituci\u00f3n de todos los primog\u00e9nitos&#8230;, ya que m\u00ed\u00ado es todo primog\u00e9nito\u2020\u009d (Nm 3,12; CF 3,41 Ex l2Nb 3,13; 8,17). Luego los levitas hab\u00ed\u00adan sido elegidos para sustituir a los primog\u00e9nitos. El aspecto que destaca esta corriente de tradici\u00f3n es la necesidad de una representaci\u00f3n del pueblo para ejercer las funciones cultuales. No es posible que todo el pueblo se dedique continuamente al culto de Dios. Por eso se eligen algunos hombres seg\u00fan las indicaciones divinas.<br \/>\n2975<br \/>\nb) Sacerdotes. La organizaci\u00f3n del sacerdocio israel\u00ed\u00adtico pas\u00f3 por diversas etapas dif\u00ed\u00adciles de definir, ya que las informaciones contenidas en la Biblia ofrecen lagunas. La situaci\u00f3n descrita en el Pentateuco refleja a menudo la de \u00e9pocas posteriores al \u00e9xodo. La instituci\u00f3n del sacerdocio se refiere con muchos detalles entre las leyes que organizan el culto divino (Ex 28,1-29,35; Lev 8,1-10,20). Los textos insisten en la relaci\u00f3n privilegiada de los sacerdotes con Dios. Sin embargo, el contexto deja ver que el sacerdocio tiene tambi\u00e9n una funci\u00f3n social (Ex 29,43-45).<br \/>\nSeg\u00fan el Pentateuco, el sacerdocio propiamente dicho fue confiado a \u2020\u0153Aar\u00f3n y a sus hijos\u2020\u009d (Ex 28,1; Lv 8,1). Aar\u00f3n, hermano de Mois\u00e9s, era de la tribu de Lev\u00ed\u00ad. Los otros levitas fueron dados a Aar\u00f3n para ayudarle en las tareas secundarias (Nm 3,5-10). Las genealog\u00ed\u00adas de los libros de las Cr\u00f3nicas relacionan con la descendencia de Aar\u00f3n a los sumos sacerdotes del templo de Jerusal\u00e9n (1 Cr\u00f3n 5,27-41; 24,lss). As\u00ed\u00ad se afirmaba el principio del sacerdocio hereditario, que aseguraba la continuidad de la instituci\u00f3n. A diferencia de los profetas, cuya vocaci\u00f3n no depend\u00ed\u00ada de su origen familiar, sino de una iniciativa imprevisible de Dios, los sacerdotes y los levitas eran tales en virtud de su pertenencia a una familia sacerdotal o lev\u00ed\u00adtica.<br \/>\n2976<br \/>\nc) Nombre. En hebreo, sacerdote se dice kohen. El sentido primitivo de este nombre no se conoce. Algunos lo relacionan con el ac\u00e1dico k\u00e1nu, inclinarse. El sacerdote ser\u00ed\u00ada el hombre que se inclina en adoraci\u00f3n ante la divinidad. Otros, en cambio, piensan en el hebreo k\u00fan, estar derecho, y definen al sacerdote como un hombre que \u2020\u0153est\u00e1 delante de Dios\u2020\u009d (Dt 10,8). Otros todav\u00ed\u00ada relacionan el t\u00e9rmino con una ra\u00ed\u00adz atestiguada en siriaco, que expresa el concepto de prosperidad; el sacerdote es el hombre que, por medio de la bendici\u00f3n, procura la prosperidad. En griego, kohen ha sido traducido por hiere\u00fas, t\u00e9rmino emparentado con hieras, sagrado: el sacerdote es el hombre de lo sagrado.<br \/>\n2977<br \/>\n2. Funciones sacerdotales.<br \/>\nLos textos b\u00ed\u00adblicos atribuyen a los sacerdotes una gran diversidad de funciones, sin preocuparse de explicar sus relaciones con alg\u00fan concepto central.<br \/>\n2978<br \/>\na) Or\u00e1culos. La primera atribuci\u00f3n del sacerdocio en el antiqu\u00ed\u00adsimo texto de la bendici\u00f3n de Lev\u00ed\u00ad es la de hacer or\u00e1culos por medio de objetos sagrados llamados tummim y \u2020\u02dcurim. Mois\u00e9s impetra a Dios: \u2020\u0153Da a Lev\u00ed\u00ad tus \u2020\u02dcurim y tus tummim al hombre santo\u2020\u009d (Dt 33,8). Con estos objetos el sacerdote proced\u00ed\u00ada a un sorteo, que defin\u00ed\u00ada la respuesta divina a alg\u00fan problema de la vida. El texto m\u00e1s claro al respecto es el de 1S 14,41, en el cual el rey Sa\u00fal, deseando conocer la causa de una dificultad, le dice a Dios: \u2020\u0153Si el pecado est\u00e1 en m\u00ed\u00ad o en mi hijo Jonat\u00e1n, Se\u00f1or, Dios de Israel, salga \u2020\u02dcurim; y si este pecado est\u00e1 en tu pueblo Israel, salga tummim\u2020\u009d. En la historia de David se refieren otras consultas semejantes. Perseguido por Sa\u00fal o atacado por los ama-lecitas, David recurre al sacerdote Abiatar para consultar a Yhwh sobre la t\u00e1ctica que ha de adoptar (IS 23,9; IS 30,7). La funci\u00f3n oracular del sacerdote no es un rasgo particular de la religi\u00f3n de Israel; pr\u00e1cticas por el estilo eran corrientes en el mundo antiguo. En ellas podemos reconocer un esbozo de actitud espiritual, a saber: la b\u00fasqueda de la voluntad de Dios, y una convicci\u00f3n religiosa fundamental: sin la relaci\u00f3n con Dios, el hombre no puede encontrar su camino en la existencia.<br \/>\n2979<br \/>\nb) Ense\u00f1anza. La bendici\u00f3n de Lev\u00ed\u00ad contiene una afirmaci\u00f3n posterior, en plural en lugar del singular, que expresa una visi\u00f3n menos primitiva de la funci\u00f3n sacerdotal; no la de sortear, sino la de ense\u00f1ar: \u2020\u0153Han guardado tu palabra, han observado tu alianza. Ense\u00f1aron tus preceptos a Jacob y tu ley a Israel\u2020\u009d Dt33,9-10). Los sacerdotes ense\u00f1an los preceptos de Dios primero ocasionalmente (Ag 2,1 Is; Za 7,3), y luego transmiten el conjunto de las instrucciones divinas. En Dt 31,9, Mois\u00e9s conf\u00ed\u00ada la ley \u2020\u0153a los sacerdotes, hijos de Lev\u00ed\u00ad\u2020\u009d, con el encargo de leerla en el a\u00f1o del perd\u00f3n, delante de todo Israel. El profeta Malaqu\u00ed\u00adas observa que \u2020\u0153los labios del sacerdote deben guardar la ciencia, y de su boca se viene a buscar la ense\u00f1anza\u2020\u009d (Ml 2,7). Pero Malaqu\u00ed\u00adas critica en este punto a los sacerdotes de su tiempo, pues esta funci\u00f3n sacerdotal cay\u00f3 en desuso. Los sacerdotes fueron progresivamente sustituidos por los escribas o doctores de la ley.<br \/>\nA la funci\u00f3n de la ense\u00f1anza va ligada una cierta competencia jur\u00ed\u00addica atribuida al sacerdote: \u2020\u0153Suya es tambi\u00e9n la decisi\u00f3n en caso de litigios y lesiones\u2020\u009d (Dt 21,5). Los textos de Qumr\u00e1n mantienen a\u00fan esta atribuci\u00f3n (CD 13,2-7). Los sacerdotes deb\u00ed\u00adan intervenir en caso de delito grave cuando faltaban indicios para descubrir al autor\u2020\u009d (Dt 21,1-9 N\u00fam Dt 5,11-13).<br \/>\n2980<br \/>\nc) Culto sacrificial. Despu\u00e9s de la ense\u00f1anza, la bendici\u00f3n de Lev\u00ed\u00ad menciona la funci\u00f3n de ofrecer los sacrificios: \u2020\u0153Hacen subir el incienso ante tu rostro y ponen los holocaustos sobre tu altar\u2020\u009d (Dt 33,10). El libro del Lev\u00ed\u00adtico da instrucciones detalladas sobre el modo de ofrecer los diversos sacrificios, atribuyendo siempre al sacerdote la funci\u00f3n principal (Lv 1-7). Sin embargo, los relatos b\u00ed\u00adblicos demuestran que en los primeros tiempos la oferta de los sacrificios no era tarea reservada s\u00f3lo a los sacerdotes (Gn 22,13; Gn 31,54); el padre de Sans\u00f3n ofrece un holocausto (Jc 13,19); los reyes David y Salom\u00f3n ofrecen sacrificios en circunstancias particularmente solemnes, como el traslado del arca (2S 6, 17) o la dedicaci\u00f3n del templo (IRe 8,62ss). Pero progresivamente la funci\u00f3n de ofrecer qued\u00f3 reservada a los sacerdotes. Un pasaje de Cr\u00f3nicas refiere que el rey Oz\u00ed\u00adas fue castigado por Dios por haber tenido la temeridad de entrar en el santuario del Se\u00f1or para quemar incienso en el altar (2Cr 26,16-21). Una profundiza-ci\u00f3n del sentido de la santidad divina hab\u00ed\u00ada hecho comprender que solamente una persona especialmente consagrada pod\u00ed\u00ada presentar a Dios una ofrenda de modo grato [1 Lev\u00ed\u00adtico II, 1.5].<br \/>\nUna evoluci\u00f3n an\u00e1loga llev\u00f3 a insistir m\u00e1s en el aspecto expiatorio del culto sacrificial. Antes del exilio, los sacrificios principales eran los holocaustos y los sacrificios de comuni\u00f3n. Mas cuando la gran cat\u00e1strofe nacional le dio al pueblo un sentido m\u00e1s vivo de su culpabilidad delante de Dios, los sacrificios de expiaci\u00f3n adquirieron m\u00e1s importancia.<br \/>\n2981<br \/>\nd) Pureza ritual. La participaci\u00f3n en el culto requer\u00ed\u00ada la pureza ritual, definida en la ley. Los sacerdotes deb\u00ed\u00adan evitar todo contacto que les volviese impuros. Se establec\u00ed\u00adan normas especiales para su matrimonio. Los defectos f\u00ed\u00adsicos y las enfermedades eran impedimentos para la celebraci\u00f3n del culto Lv 21). Para el sumo sacerdote, las reglas eran a\u00fan m\u00e1s estrictas; no le estaba permitido guardar luto ni siquiera por su padre o su madre (Lv 21,11). Por otra parte, los sacerdotes ten\u00ed\u00adan la responsabilidad de asegurar el perfecto desarrollo del culto, y por tanto de controlar la pureza ritual de los participantes. La presencia de una persona impura en la asamblea lit\u00fargica hubiera comprometido el buen \u00e9xito del culto Lv 15,13). La impureza m\u00e1s tremenda era la \u2020\u0153lepra\u2020\u009d. Por eso al sacerdote le incumb\u00ed\u00ada verificar si una persona estaba afectada por semejante mal y declararla pura o impura. El Lev\u00ed\u00adtico da instrucciones muy detalladas al respecto (Lv 13-14). Para otros casos de impureza ritual, el sacerdote deb\u00ed\u00ada preparar el agua lustral seg\u00fan los ritos previstos en N\u00fam 19 [1 Lev\u00ed\u00adtico II, 2.3].<br \/>\n2982<br \/>\ne) Bendici\u00f3n. Otra funci\u00f3n de los sacerdotes, m\u00e1s positiva, era la de bendecir en nombre de Yhwh. Otras personas compart\u00ed\u00adan con el sacerdote el derecho de transmitir la bendici\u00f3n divina. El padre de familia pod\u00ed\u00ada bendecir a sus hijos (Gn 27,4; Gn 48,15; Gn 49,28) y el rey a su pueblo (2S 6,18 IRe 2S 8,14). La bendici\u00f3n sacerdotal pon\u00ed\u00ada el nombre de Yhwh sobre los hijos de Israel. El libro de los N\u00fameros indicaba la f\u00f3rmula ritual (Nm 6,22-27). Poner el nombre quiere decir establecer una relaci\u00f3n con la persona. Los israelitas comprend\u00ed\u00adan que una buena relaci\u00f3n con Dios era condici\u00f3n indispensable para la buena marcha de la vida individual y comunitaria. La bendici\u00f3n aseguraba la fecundidad, la felicidad y la paz.<br \/>\n2983<br \/>\nf) Custodia del santuario. La bendici\u00f3n de Lev\u00ed\u00ad no hace referencia a la relaci\u00f3n entre sacerdote y santuario. Pero otros textos demuestran la importancia de esta relaci\u00f3n. El sacerdote era el hombre del santuario. Ten\u00ed\u00ada el privilegio de poder entrar en el lugar santo y deb\u00ed\u00ada custodiar con el mayor cuidado el santuario y todos los objetos sagrados. \u2020\u0153Todo extra\u00f1o que se acercaba era castigado con la muerte\u2020\u009d Nm 3,38).<br \/>\nCuando se fundaba un santuario, enseguida ven\u00ed\u00ada un hombre consagrado a custodiarlo (Jc 17,5-13 lSam7,1; 1R 12,31s). En los primeros tiempos eran numerosos los santuarios. Abrah\u00e1n constru\u00ed\u00ada altares en diversos lugares: en Siqu\u00e9n (Gn 12,7), en Betel (12,8), en Hebr\u00f3n (13,18) y en el territorio de Mor\u00ed\u00ada (22,9). Otras tradiciones hablan del santuario de Silo (IS 1,3) y del de Gaba\u00f3n (IR 3,4). Despu\u00e9s de la conquista de Jerusal\u00e9n, David hizo llevar el arca de Dios a su nueva capital (2S 6) para darle un prestigio religioso. M\u00e1s tarde, con ocasi\u00f3n de una epidemia, adquiri\u00f3 un terreno para construir en \u00e9l un nuevo lugar santo, donde Salom\u00f3n edific\u00f3 el templo de \/ Jerusal\u00e9n (IR 6; 2Cr 3,1). Progresivamente se manifest\u00f3 la tendencia a atribuir a este nuevo santuario no solamente un puesto central en el culto, sino un puesto exclusivo. Ezequ\u00ed\u00adas, y poco despu\u00e9s Jos\u00ed\u00adas, reformaron el culto en esta perspectiva (2R 18,4; 2R 23,4-20 ). Jos\u00ed\u00adas suprimi\u00f3 todos los santuarios de provincia (2R 23,8), a fin de que el templo de la capital fuese el \u00fanico santuario de Yhwh. Se reorganiz\u00f3 el sacerdocio de modo correspondiente (23,9). Despu\u00e9s del destierro fue confirmada esta reforma. Todo el culto sacerdotal se efectuaba en el templo de Jerusal\u00e9n, donde las diversas clases de sacerdotes y levitas se suced\u00ed\u00adan de acuerdo con turnos regulares (Lc 1,8 ICr\u00f3n Lc 24,7-8; 2Cr 31,2). En esta evoluci\u00f3n progresiva hacia la unicidad del santuario se puede reconocer el influjo poderoso de un sentido mayor de la santidad del Dios \u00fanico.<br \/>\n2984<br \/>\n3. Estructura del culto sacerdotal.<br \/>\nDe hecho, toda la organizaci\u00f3n del culto sacerdotal antiguo se fundaba en el concepto de santidad. El punto de partida era el reconocimiento de la tremenda santidad de Dios: \u2020\u0153Sed santos, porque yo, el Se\u00f1or, vuestro Dios, soy santo\u2020\u009d (Lv 19,2). Siendo Dios santo, para entrar en relaci\u00f3n con \u00e9l hay que ser santo, es decir, pasar del nivel profano de la existencia ordinaria al nivel sagrado de la realidad divina.<br \/>\n2985<br \/>\na) Separaciones rituales. Para alcanzar este fin, el culto antiguo propon\u00ed\u00ada un sistema de elevaci\u00f3n por medio de separaciones rituales. Como el pueblo entero no pose\u00ed\u00ada, a pesar de su elecci\u00f3n, la santidad requerida para acercarse a Dios (Ex 19,12; Ex 33,3), una tribu, la de Lev\u00ed\u00ad, hab\u00ed\u00ada sido separada de las dem\u00e1s para el servicio lit\u00fargico; en esta tribu, una familia, la de Aar\u00f3n, hab\u00ed\u00ada sido apartada para ejercer los ritos sacrificiales; un miembro de esta familia era elegido para ser el sumo sacerdote, al cual estaba reservado el acto m\u00e1s solemne del culto, el encuentro con Dios.<br \/>\nEste encuentro no se pod\u00ed\u00ada verificar en un lugar cualquiera, sino s\u00f3lo en un lugar sagrado, es decir, separado del espacio profano en el que se desarrollaban las actividades ordinarias y prohibido al p\u00fablico.<br \/>\n2986<br \/>\nb) Sacrificio ritual. Para entrar en el lugar sagrado, el sacerdote deb\u00ed\u00ada realizar los ritos sagrados, acciones que se distinguen de las actividades profanas y siguen normas especiales prescritas para el culto. Entre los ritos, el m\u00e1s significativo era el sacrificio, que consist\u00ed\u00ada en hacer pasar una v\u00ed\u00adctima del mundo profano al mundo divino; en efecto, sacrificar significa hacer sagrado. El sacrificio era necesario, porque el sacerdote no estaba en condiciones de pasar \u00e9l mismo enteramente al mundo divino. A pesar de todas las ceremonias de su consagraci\u00f3n, segu\u00ed\u00ada siendo un hombre terreno. Por eso el ritual le prescrib\u00ed\u00ada elegir otro ser viviente, un animal, sin defecto alguno, y por tanto que pod\u00ed\u00ada ser grato a Dios, y ofrecerlo sobre el altar. Inmolada y consumida por el fuego, esta v\u00ed\u00adctima sub\u00ed\u00ada simb\u00f3licamente al cielo, o bien su sangre era esparcida en direcci\u00f3n al trono de Dios. Este rito constitu\u00ed\u00ada el punto culminante de las separaciones. La v\u00ed\u00adctima era completamente sustra\u00ed\u00adda a la existencia terrena para ser devorada por el fuego del cielo, que la llevaba junto a Dios [1 Lev\u00ed\u00adti-co II, 11.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, el culto antiguo presentaba un esquema de consagraci\u00f3n cada vez m\u00e1s completa, por medio de sucesivas separaciones rituales. Despu\u00e9s de este movimiento ascendente de separaciones, se esperaba un movimiento descendente de gracias divinas. Si el sacrificio ten\u00ed\u00ada resultado positivo, la v\u00ed\u00adctima era aceptada por Dios; el sacerdote que la hab\u00ed\u00ada ofrecido era admitido ante Dios y pod\u00ed\u00ada obtener para el pueblo los favores de Dios.<br \/>\n2987<br \/>\nc) Esquema de conjunto. Es posible, pues, establecer un cierto orden en las diversas funciones sacerdotales, seg\u00fan un esquema ternario: fase ascendente, central y descendente. La fase ascendente comprende todo el sistema de las separaciones rituales, de las diversas reglas de pureza (alimentos puros e impuros, lepra, contactos, etc.) hasta las ofrendas sacrificiales, pasando por los ritos de purificaci\u00f3n y de consagraci\u00f3n. La fase central, elemento decisivo, consiste en el encuentro del sacerdote con Dios; gracias al sacrificio agradable, el sacerdote es admitido en la morada de Dios. La fase descendente se sigue de la buena relaci\u00f3n establecida entre el sacerdote y Dios. El sacerdote obtiene el perd\u00f3n divino y el fin de los castigos provocados por los pecados; puede comunicar al pueblo las instrucciones divinas, que manifiestan el camino seguro a seguir para triunfar en la vida; puede bendecir al pueblo con el nombre de Dios para procurarle fecundidad, paz y felicidad.<br \/>\n2988<br \/>\nd) Mediaci\u00f3n. Con este esquema ternario se manifiesta bien la funci\u00f3n mediadora del sacerdote. El lleva a Dios las ofrendas y las oraciones del pueblo, y luego lleva al pueblo las respuestas y las gracias de Dios, asegurando as\u00ed\u00ad las buenas relaciones entre el pueblo y Dios. Pero el AT no reflexiona mucho sobre la mediaci\u00f3n sacerdotal, sino que le gusta insistir m\u00e1s bien en la gloria del sacerdocio. El Sir\u00e1cida describe con entusiasmo la gloria de Aar\u00f3n (Si 45, 6-22) y la del sumo sacerdote de su tiempo, Sim\u00f3n, hijo de On\u00ed\u00adas, \u2020\u0153majestuoso al salir de entre los velos del santuario\u2020\u009d (Si 50,5). En los sacerdotes se reflejaba la gloria del mismo Dios.<br \/>\n2989<br \/>\n4. Evoluci\u00f3n hist\u00f3rica.<br \/>\nEn el curso de los siglos se observa, respecto al sacerdocio, una doble evoluci\u00f3n, que aumentaba su importancia en la vida del pueblo de Dios.<br \/>\n2990<br \/>\na) Sentido de la santidad. Varias experiencias religiosas, personales y colectivas, aumentaron en Israel el respeto a la santidad de Dios. La obra de los profetas fue decisiva al respecto, lo mismo que la de los reformadores religiosos del templo de Jos\u00ed\u00adas. De ello se sigui\u00f3 una nueva organizaci\u00f3n del culto y del sacerdocio, que pon\u00ed\u00ada de relieve un monote\u00ed\u00adsmo intransigente. En lugar de la multiplicidad de los santuarios antiguos, fue considerado leg\u00ed\u00adtimo un solo santuario; todos los dem\u00e1s fueron equiparados a templos paganos, y por tanto destruidos. Se unific\u00f3 y jerarquiz\u00f3 el sacerdocio.<br \/>\nEn el culto sacrificial adquiri\u00f3 un puesto m\u00e1s significativo el aspecto de expiaci\u00f3n, que responde mayormente a la preocupaci\u00f3n de santidad. Entre todos los sacrificios, los m\u00e1s importantes fueron los del gran \u2020\u0153d\u00ed\u00ada de la expiaci\u00f3n, Y\u00f3m Kippur(Lv 16). Constitu\u00ed\u00adan la cima de todo el culto, porque el Y\u00f3m Kippur era la \u00fanica ocasi\u00f3n anual en la que se pod\u00ed\u00ada penetrar en la parte m\u00e1s santa del templo. Este ingreso estaba reservado s\u00f3lo al sumo sacerdote y condicionado por el sacrificio m\u00e1s solemne, que era de expiaci\u00f3n. Bajo todos los aspectos (lugar sagrado, tiempo sagrado, persona sagrada, acto sagrado), la liturgia de Y\u00f3m Kippur manifestaba la m\u00e1s grande exigencia de santidad.<br \/>\n2991<br \/>\nb) Sacerdocio y poder. Paralelamente a esta evoluci\u00f3n hacia un exclusivismo cada vez m\u00e1s marcado, tuvo lugar un incremento de poder. Despu\u00e9s de la vuelta del destierro, el sumo sacerdote asumi\u00f3 una posici\u00f3n de autoridad no solamente religiosa, sino tambi\u00e9n pol\u00ed\u00adtica. Lo atestigua el Sir\u00e1cida cuando alaba al sumo sacerdote Sim\u00f3n por haber asegurado la defensa de Jerusal\u00e9n construyendo \u2020\u0153las fortificaciones de la ciudad para caso de asedio\u2020\u009d (Si 50,4). En el siglo n a.C, la revuelta contra los sel\u00e9ucidas fue dirigida por una familia sacerdotal, los asmoneos, los cuales, despu\u00e9s de la victoria, conservaron el poder pol\u00ed\u00adtico. El t\u00ed\u00adtulo griego de archie-re\u00fas, sumo sacerdote, fue adoptado entonces, expresando en aquellas circunstancias el c\u00famulo de los poderes (1 M 1O,20s; 13,41 s). En consecuencia, la dignidad de sumo sacerdote se convirti\u00f3 en objeto de ambiciones y de rivalidades extremas. Ciertos pretendientes echaron mano de todos los medios, comprendido el homicidio (2M 4,32ss), para elevarse a esta posici\u00f3n. Tambi\u00e9n bajo los procuradores romanos se presentaba el sumo sacerdote como la autoridad suprema de la naci\u00f3n; presid\u00ed\u00ada el sanedr\u00ed\u00adn, el cual era reconocido por los romanos como poder local. Los libros narrativos del NT atestiguan fielmente esta situaci\u00f3n.<br \/>\n2992<br \/>\nc) Espera escatol\u00f3gica. Amargamente decepcionados por la evoluci\u00f3n del sacerdocio, ciertos ambientes del \/judaismo pon\u00ed\u00adan sus esperanzas en la espera de un sacerdocio renovado. El profeta Malaqu\u00ed\u00adas, que vituperaba los defectos de los sacerdotes (Ml 2,1-9), hab\u00ed\u00ada tambi\u00e9n anunciado una purificaci\u00f3n de los hijos de Lev\u00ed\u00ad (3,3). Otros textos prof\u00e9-ticos pod\u00ed\u00adan alimentar la misma esperanza. Tenemos claro testimonio de ello en los manuscritos de Qumr\u00e1n y en los Testamentos de los doce patriarcas. En Qumr\u00e1n la espera escatol\u00f3gica comprend\u00ed\u00ada un elemento sacerdotal. Los miembros de la secta no esperaban solamente al mes\u00ed\u00adas da-v\u00ed\u00addico, al que llamaban \u2020\u0153mes\u00ed\u00adas de Israel\u2020\u2122, sino tambi\u00e9n un mes\u00ed\u00adas sacerdote, al que denominaban \u2020\u0153mes\u00ed\u00adas de Aar\u00f3n\u2020\u009d (1QS 9,10-11). En la Regla de la Comunidad no se concede la precedencia al mes\u00ed\u00adas de Israel, sino al sacerdote (2,18-21). En el documento de Damasco (12,23s; 19,1 Os), un \u00fanico personaje acumula ambas dignidades. Perspectivas similares se trazan en los Testamentos de los doce patriarcas; el Testamento de Rub\u00e9n (6,7-12), por ejemplo, prescribe que se obedezca a Lev\u00ed\u00ad \u2020\u0153hasta la consumaci\u00f3n de los tiempos del mes\u00ed\u00adas sumo sacerdote, del cual ha hablado el Se\u00f1or\u2020\u2122; el Testamento de Lev\u00ed\u00ad (18,1) anuncia que Dios, en los \u00faltimos tiempos, castigar\u00e1 a los sacerdotes indignos, y luego \u2020\u0153suscitar\u00e1 un nuevo sacerdote, al cual se le revelar\u00e1n todas las palabras del Se\u00f1or\u2020\u009d. Como el cumplimiento \u00faltimo deb\u00ed\u00ada ser cumplimiento de todos los aspectos del proyecto de Dios, no pod\u00ed\u00ada faltar el aspecto sacerdotal, pues su importancia era de primer rango en la Sagrada Escritura y en la vida del pueblo elegido.<br \/>\n2993<br \/>\nII. EN EL NT.<br \/>\nRespecto al sacerdocio, el NT contiene dos series de textos netamente diversos: por una parte, textos que hablan de la instituci\u00f3n sacerdotal antigua; por otra parte, textos que afirman el cumplimiento cristiano del sacerdocio.<br \/>\n2994<br \/>\n1. Oposici\u00f3n sacerdotal.<br \/>\nLos escritos narrativos del NT (evangelios y Hechos) no dan jam\u00e1s a Jes\u00fas ning\u00fan t\u00ed\u00adtulo sacerdotal. Cuando hablan de sacerdotes y de sumos sacerdotes, es siempre en relaci\u00f3n al sacerdocio jud\u00ed\u00ado (excepto en una per\u00ed\u00adco-pa, donde se trata de un sacerdote pagano: Hch 14,13). La situaci\u00f3n descrita difiere mucho seg\u00fan las dos categor\u00ed\u00adas sacerdotales: simples sacerdotes o bien autoridades sacerdotales. En el caso de simples sacerdotes, no se observa ninguna tensi\u00f3n; los evangelios reconocen sus atribuciones; Lucas nos muestra al sacerdote Zacar\u00ed\u00adas en el ejercicio de sus funciones (Lc l,8s); los sin\u00f3pticos refieren que Jes\u00fas mand\u00f3 a un leproso curado que se presentara al sacerdote e hiciera la ofrenda prescrita (Mc 1,44). En los Hechos, Lucas cuenta que \u2020\u0153incluso muchos sacerdotes abrazaban la fe\u2020\u009d (Hch 6,7).<br \/>\nMuy diversa se presenta la situaci\u00f3n en el caso de los principales sacerdotes y del sumo sacerdote. Se los menciona en la primera predicci\u00f3n de la pasi\u00f3n, en la cual Jes\u00fas declara que deb\u00ed\u00ada \u2020\u0153padecer mucho por parte de los ancianos del pueblo, de los sumos sacerdotes y de los maestros de la ley\u2020\u009d (Mt 16,21); y luego, de nuevo, en la tercera predicci\u00f3n: \u2020\u0153El Hijo del hombre ser\u00e1 entregado a los sumos sacerdotes y a los maestros de la ley; lo condenar\u00e1n a muerte\u2020\u009d (Mt 20,18). Su nombre vuelve siempre en un contexto similar, es decir, el de la oposici\u00f3n exasperada a la persona de Jes\u00fas. Para traicionar a Jes\u00fas, Judas \u2020\u0153fue a los sumos sacerdotes\u2020\u009d, los cuales \u2020\u0153le ofrecieron treinta monedas de plata\u2020\u009d (Mt 26,15). En el proceso de Jes\u00fas ante el sanedr\u00ed\u00adn, el sumo sacerdote tiene el papel decisivo (Mt 26,62-66). Tradiciones semejantes se refieren en el cuarto evangelio (Jn ll,49s; 18,35; 19,6). En los Hechos, la hostilidad de los supremos sacerdotes recae sobre la comunidad de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, y especialmente sobre los ap\u00f3stoles Hch 4,6 5,17s;9,ls;etc).<br \/>\nEn todos estos episodios, los sacerdotes supremos y el sumo sacerdote no son presentados en acto de culto, sino ejerciendo el poder. Juntamente con los ancianos y los escribas, forman el sanedr\u00ed\u00adn, asamblea que constitu\u00ed\u00ada la autoridad m\u00e1s alta del pueblo jud\u00ed\u00ado en los tiempos helen\u00ed\u00adsticos y romanos. Sin embargo, los elementos contenidos en el relato del proceso de Jes\u00fas presentan una situaci\u00f3n mixta, es decir, pol\u00ed\u00adtico-religiosa. Jes\u00fas es acusado de subversi\u00f3n religiosa que afecta al santuario (Mc 14,58), y por tanto amenaza impl\u00ed\u00adcitamente al sacerdocio. Luego, la cuesti\u00f3n central se refiere a la mesianidad, concepto pol\u00ed\u00adtico-religioso. La acusaci\u00f3n final, de blasfemia, insiste \u00fanicamente en el aspecto religioso (Mc 14,63s).<br \/>\n2995<br \/>\n2. Posici\u00f3n de Jes\u00fas.<br \/>\nA primera vista, la relaci\u00f3n entre Jes\u00fas y el sacerdocio antiguo hab\u00ed\u00ada sido negativa a causa de esta oposici\u00f3n de las autoridades sacerdotales a su persona y a su obra.<br \/>\nNo era f\u00e1cil percibir alguna relaci\u00f3n positiva, porque ni la persona de Jes\u00fas, ni su ministerio, ni su muerte respond\u00ed\u00adan al concepto antiguo de sacerdocio. Como el sacerdocio estaba reservado a la tribu de Lev\u00ed\u00ad y se transmit\u00ed\u00ada por v\u00ed\u00ada hereditaria, Jes\u00fas, que pertenec\u00ed\u00ada a la tribu de Jud\u00e1, no era sacerdote seg\u00fan la ley mosaica. Nunca durante su vida pretendi\u00f3 ser kohen ni ejercer funci\u00f3n sacerdotal alguna.<br \/>\nSu ministerio no fue de \u00ed\u00adndole sacerdotal, sino m\u00e1s bien prof\u00e9tica. Comenz\u00f3 a predicar como lo hab\u00ed\u00adan hecho los profetas. A veces se expresaba, como ellos, con acciones simb\u00f3licas. Tambi\u00e9n sus milagros recordaban el tiempo de los profetas Elias y El\u00ed\u00adseo (multiplicaci\u00f3n de los panes, Mt 14,13-21, comparable a 2R 4,42-44 resurrecci\u00f3n del hijo una viuda, Lc 7,11-17, como IR 17,17-24; 2R 4,18-37). Jes\u00fas fue reconocido como maestro (Mt 22,16; Jn 3,2)y profeta, y hasta \u2020\u0153gran profeta\u2020\u009d (Lc 7,16; Lc 7,39; Mt 21,11; Mt 21,46; Jn 4,19; Jn 6,14). Despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, Pedro proclam\u00f3 que Jes\u00fas era el profeta semejante a Mois\u00e9s, prometido por Dios en Dt 18,18 (Hch 3,22).<br \/>\nJes\u00fas continu\u00f3 la tradici\u00f3n prof\u00e9tica de cr\u00ed\u00adtica al formalismo religioso, en la cual quedaban involucrados los sacerdotes. Hac\u00ed\u00ada poco caso de la pureza ritual (Mt 9,10-13; Mt 15,1-20), rehusaba dar un valor absoluto a las prescripciones que se refer\u00ed\u00adan al s\u00e1bado (Mt 12,1-13; Jn 5,16-18 etc. ) y no aceptaba el concepto antiguo de la santificaci\u00f3n por medio de separaciones rituales. Haciendo suyo el dicho de Oseas:<br \/>\n\u2020\u0153Misericordia quiero, que no sacrificios (Os 6,6; Mt 9,13; Mt 12,7), Jes\u00fas observaba, seg\u00fan afirma Mateo, que entre dos modos de servir a Dios, uno con ritos y separaciones y el otro con entrega al pr\u00f3jimo, Dios mismo hab\u00ed\u00ada expresado su preferencia por el segundo. A las inmolaciones rituales, Dios prefer\u00ed\u00ada la misericordia.<br \/>\n2996<br \/>\nDesde el punto de vista de la religi\u00f3n antigua, la muerte de Jes\u00fas aument\u00f3 todav\u00ed\u00ada m\u00e1s la distancia entre \u00e9l y el sacerdocio, pues esta muerte no tuvo relaci\u00f3n alguna con el culto ritual. Jes\u00fas no muri\u00f3 en un ambiente sagrado, sino fuera de la ciudad santa; su muerte fue una pena legal, la ejecuci\u00f3n de una condena infamante. No fue un acto de santificaci\u00f3n ritual, sino, al contrario, un acto de execraci\u00f3n, que hac\u00ed\u00ada de \u00e9l una maldici\u00f3n (Ga 3,13 Dt 21 ,22s).<br \/>\nNo es, pues, de extra\u00f1ar que la predicaci\u00f3n cristiana primitiva no hablara de sacerdocio a prop\u00f3sito de Jes\u00fas. En su persona, en su ministerio, en su muerte, los cristianos no encontraban relaci\u00f3n alguna inmediata con la instituci\u00f3n sacerdotal antigua.<br \/>\n2997<br \/>\n3. Misterio de Cristo y culto.<br \/>\nJes\u00fas fue reconocido como el mes\u00ed\u00adas dav\u00ed\u00addico (Hch 2,36), lo cual era m\u00e1s f\u00e1cil, porque\u2020\u2122 Jes\u00fas pertenec\u00ed\u00ada a la tribu de Jud\u00e1 y a la descendencia de \/ David. Mas el mesianismo dav\u00ed\u00addico no carec\u00ed\u00ada de conexiones con la instituci\u00f3n cultual. El or\u00e1culo de Nat\u00e1n, base de este mesianismo, anunciaba en efecto que el hijo de David construir\u00ed\u00ada la casa de Dios (2S 7,13). Los cuatro evangelios reproducen esta predicci\u00f3n de una forma nueva. El tema de la destrucci\u00f3n y de la reconstrucci\u00f3n del santuario ocupa un puesto significativo en los relatos sin\u00f3pticos de la pasi\u00f3n. Con ello una misi\u00f3n que se refiere al culto qued\u00f3 propuesta como parte integrante del misterio de Cristo (Jn 2,13-22; Mc 14,58; Mc 15,29; Mc 15,38).<br \/>\nPor otra parte, los relatos de la \u00faltima cena contienen un episodio de inmenso alcance para la relaci\u00f3n con Dios. Tomando el c\u00e1liz, Jes\u00fas dijo: \u2020\u0153Esta es mi sangre de la alianza\u2020\u009d (Mt 26,28). Tal gesto con tales palabras no estaba ciertamente previsto en el ritual antiguo; constitu\u00ed\u00ada una innovaci\u00f3n sorprendente. Pero la uni\u00f3n de \u2020\u0153sangre\u2020\u009d y de \u2020\u0153alianza\u2020\u009d recordaba el sacrificio de \/ alianza referido en Ex 24,6-8, y en consecuencia, daba una determinaci\u00f3n sacrificial al acto de Jes\u00fas, y por tanto a su muerte, que este gesto anticipaba. La reflexi\u00f3n cristiana descubri\u00f3 estos aspectos. Pablo da testimonio de ello al expresar la incompatibilidad entre los cultos sacrificiales, el de la \/ eucarist\u00ed\u00ada y el de los \u00ed\u00addolos (1Co 10,14-22). Una renovaci\u00f3n radical del culto hay que reconocerla en los acontecimientos de la instituci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, de la pasi\u00f3n y de la \/ resurrecci\u00f3n de Cristo. Tambi\u00e9n la fecha de la muerte de Cristo suger\u00ed\u00ada su car\u00e1cter sacrificial, pues la pon\u00ed\u00ada en relaci\u00f3n con la inmolaci\u00f3n del cordero pascual (Mt 28,2; Jn 18,28; Jn 19,4). En ico 5,7 Pablo proclama: \u2020\u0153Cristo, nuestro cordero pascual, ya ha sido inmolado\u2020\u009d. En Rom 3,25 emplea otras palabras tomadas del culto sacrificial: \u2020\u0153A Jesucristo, Dios lo expuso p\u00fablicamente como propiciatorio, por medio de la fe, en su sangre\u2020\u2122. Finalmente, en Ep 5,2, tenemos una f\u00f3rmula paulina existencial: \u2020\u0153Cristo nos am\u00f3 y se entreg\u00f3 por nosotros\u2020\u009d (ver Ga 2,20), es completada con t\u00e9rminos del vocabulario sacrificial:<br \/>\n\u2020\u0153como ofrenda y sacrificio de olor agradable a Dios\u2020\u009d. Por su parte, Pedro aplica a Cristo una expresi\u00f3n corriente del ritual antiguo: \u2020\u0153cordero sin mancha\u2020\u009d (IP 1,19; Lv 14,10; Lv 23,18 etc. ). Todos estos textos demuestran una comprensi\u00f3n sacrificial de la pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n de Cristo.<br \/>\n2998<br \/>\n4. Sacerdocio de Cristo.<br \/>\nDecir que Cristo ha sido v\u00ed\u00adctima inmolada por nuestros pecados no resuelve a\u00fan la cuesti\u00f3n de su relaci\u00f3n con el sacerdocio. Pues en el sacerdocio antiguo, v\u00ed\u00adctima y sacerdote eran necesariamente distintos. El autor de la carta a los \/ Hebreos afronta el problema en toda su amplitud, demostrando que Cristo no fue solamente v\u00ed\u00adctima sacrificial, sino tambi\u00e9n sacerdote, e incluso sumo sacerdote, y que \u00e9l conserva esta posici\u00f3n para siempre. Para llegar a esta conclusi\u00f3n, el autor, por una parte, tuvo que superar el concepto entonces tradicional del sacerdocio, no cerr\u00e1ndose en las formas rituales externas, sino percibiendo su intenci\u00f3n profunda; y tuvo adem\u00e1s, por otra parte, que reexaminar los datos fundamentales de la cristolog\u00ed\u00ada hasta descubrir su relaci\u00f3n con la intenci\u00f3n profunda de la instituci\u00f3n sacerdotal.<br \/>\nSabedor de las dificultades del problema, observa el autor: \u2020\u0153Es sabido que nuestro Se\u00f1or naci\u00f3 de la tribu de Jud\u00e1, la cual no es mencionada por Mois\u00e9s al tratar de los sacerdotes\u2020\u009d (Hb 7,14); \u2020\u0153por tanto, si estuviese sobre la tierra no ser\u00ed\u00ada sacerdote en modo alguno, porque ya hay encargados de ofrecer los dones seg\u00fan la ley\u2020\u009d (8,4). No es posible atribuir a Cristo el sacerdocio ritual antiguo. No obstante, es preciso reconocer que Cristo es sacerdote, porque ha llevado a cabo una obra de mediaci\u00f3n entre los hombres y Dios y ocupa ahora una posici\u00f3n de mediador. En el misterio de la pasi\u00f3n y de la glorificaci\u00f3n de Cristo es f\u00e1cil discernir las tres fases de la mediaci\u00f3n sacerdotal: ascendente, central y descendente.<br \/>\n2999<br \/>\na) Experiencia cristiana.<br \/>\nEn las diversas etapas de su demostraci\u00f3n, el autor comienza regularmente por la fase central, la que se refiere a la admisi\u00f3n del sacerdote en la morada de Dios. Es decir, los fieles son invitados a contemplar a Cristo sentado a la diestra de Dios (1,4-14), glorificado y proclamado \u2020\u0153digno de fe\u2020\u009d (3,1-6), \u2020\u0153siempre vivo para interceder en su favor\u2020\u009d (7,25). El punto de partida de la exposici\u00f3n es, pues, la experiencia actual de la comunidad cristiana, la cual sabe que debe su existencia a Cristo glorificado, el cual la pone en relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima con Dios. Pues Cristo es al mismo tiempo Hijo de Dios entronizado junto al Padre (1,5-14) y hermano de los hombres, de los cuales se ha mostrado plenamente solidario hasta la muerte (2,5-16). Unido intimamente a Dios, unido \u00ed\u00adntimamente a nosotros, es el mediador perfecto, por lo que hay que reconocerlo como \u2020\u0153sumo sacerdote misericordioso y fiel ante Dios\u2020\u009d (2,17). Los cristianos no se encuentran en una situaci\u00f3n inferior a la de los jud\u00ed\u00ados; tienen un sumo sacerdote (3,ls; 4,14).<br \/>\n3000<br \/>\nb) Argumento de la Escritura.<br \/>\nA este primer argumento, sacado de la experiencia religiosa de los cristianos, a\u00f1ade el autor una prueba escri-tur\u00ed\u00adstica, sacada de un salmo mesi\u00e1-nico (Sal 110). El primer vers\u00ed\u00adculo de este salmo contiene el or\u00e1culo que expresa la glorificaci\u00f3n de Cristo a la derecha de Dios. La aplicaci\u00f3n de este or\u00e1culo a Jes\u00fas est\u00e1 garantizada por los evangelios (Mt 22,41-46; Mt 26,63-66) y es corriente en el NT (Mc 16,9; Hch 2,34; Ef 1,20 etc. ). El autor se ha referido a \u00e9l desde la primera frase de su discurso (Hb 1,3), y vuelve sobre ello reiteradas veces (1,13; 8,1; 10,12; 12,2). Pues bien, el cuarto vers\u00ed\u00adculo del mismo salmo contiene un segundo or\u00e1culo dirigido al mismo personaje, y que por tanto hay que aplicar a Cristo como el primero. Este or\u00e1culo lo proclama solemnemente \u2020\u0153sacerdote para siempre\u2020\u009d (Sal 110,4). Se sigue de ah\u00ed\u00ad que el sacerdocio de Cristo es un dato expl\u00ed\u00adcito de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Dios mismo no s\u00f3lo ha afirmado, sino \u2020\u0153jurado\u2020\u009d que Cristo glorificado es sacerdote. El autor introduce esta prueba escri-tur\u00ed\u00adstica en 5,6; luego la recoge en 5,10 y 6,20, y la explica detalladamente en 7,1-28.<br \/>\nEl or\u00e1culo precisa que el sacerdocio del mes\u00ed\u00adas es \u2020\u0153seg\u00fan el orden de Melquisedec\u2020\u009d. En la manera de presentar la Biblia al personaje de Melquisedec, sin mencionar su origen familiar y sin aludir a su nacimiento ni a su muerte, el autor descubre una prefiguraci\u00f3n impl\u00ed\u00adcita del sacerdocio de Cristo glorioso, el cual no depende de una genealog\u00ed\u00ada sacerdotal humana ni tiene l\u00ed\u00admites temporales, puesto que es el sacerdocio del Hijo de Dios, que ha vencido la muerte y vive para siempre (7,3.16s.24s).<br \/>\n3001<br \/>\nc) Sacrificio de Cristo.<br \/>\nPara completar la argumentaci\u00f3n, el autor considera la fase ascendente del sacerdocio de Cristo, o sea el acontecimiento que llev\u00f3 a Cristo a su actual posici\u00f3n sacerdotal.<br \/>\nEl hecho de haber sido Cristo desde siempre el Hijo de Dios no bastaba para asegurarle el sacerdocio; era necesaria una estrecha uni\u00f3n con los hombres para hacer de \u00e9l el mediador perfecto. Por eso Cristo \u2020\u0153debi\u00f3 hacerse en todo semejante a sus hermanos\u2020\u009d, tomando sobre \u00e9l sus pruebas, sus sufrimientos y su muerte, \u2020\u0153para convertirse en sumo sacerdote\u2020\u009d (2, 17). La pasi\u00f3n gloriosa de Cristo constituye para \u00e9l un sacrificio de consagraci\u00f3n sacerdotal. No se trata, evidentemente, de un rito externo, como era la consagraci\u00f3n del sumo sacerdote antiguo (Lv 8), sino de una transformaci\u00f3n radical de la naturaleza humana de Cristo. Esta transformaci\u00f3n real se llev\u00f3 a cabo por medio de sufrimientos aceptados generosamente en una actitud de docilidad a Dios y de solidaridad con los hombres. Dios hizo perfecto al hombre en Cristo por medio de la pasi\u00f3n (2,10). Jes\u00fas \u2020\u0153en el sufrimiento aprendi\u00f3 a obedecer\u2020\u009d y \u2020\u0153as\u00ed\u00ad alcanz\u00f3 la perfecci\u00f3n\u2020\u009d, siendo por el hecho mismo \u2020\u0153consagrado\u2020\u009d sacerdote (5,8s). El autor profundiza de esta manera la doctrina cristol\u00f3gica, que presentaba la pasi\u00f3n de Cristo como un sacrificio. Cristo se ha convertido al mismo tiempo en v\u00ed\u00adctima inmolada (1Co 5,7; Ef 5,2; IP 1,19) y en sacerdote consagrado. En este acontecimiento no permaneci\u00f3 \u00e9l pasivo, sino que cooper\u00f3 activamente a la obra divina bajo el impulso del Esp\u00ed\u00adritu Santo: \u2020\u0153Por virtud del Esp\u00ed\u00adritu eterno se ofreci\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo a Dios como v\u00ed\u00adctima inmaculada\u2020\u009d (Hb 9,14). Su ofrenda no tiene solamente valor de sacrificio de consagraci\u00f3n sacerdotal, sino tambi\u00e9n de sacrificio de expiaci\u00f3n (9,26ss) y de alianza (9,15-22). Sustituye a todos los sacrificios antiguos (10,5-1 0) y hace pasar de un culto ritual, externo e ineficaz, a un culto existencial, que toma a todo el hombre para unirlo con Dios y con los hermanos. En conclusi\u00f3n, es evidente que la pasi\u00f3n de Cristo no solamente es un verdadero sacrificio, sino el \u00fanico verdadero sacrificio plenamente logrado; los dem\u00e1s eran intentos ineficaces. De manera semejante, no s\u00f3lo se ha de reconocer a Cristo como sacerdote, sino que es el \u00fanico sacerdote aut\u00e9ntico, el \u00fanico mediador de Dios y de los hombres (ITm 2,5); los sacerdotes antiguos no hac\u00ed\u00adan m\u00e1s que prefigurarlo de modo muy imperfecto.<br \/>\n3002<br \/>\n5. Sacerdocio com\u00fan.<br \/>\nLa fase descendente del sacerdocio de Cristo consiste en procurar a los creyentes la purificaci\u00f3n de la conciencia (9,14), la santificaci\u00f3n (10,10), la perfecci\u00f3n (10,14), introduci\u00e9ndolosen la \u2020\u0153nueva alianza\u2020\u009d (9,15), que los pone en relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima con Dios (8,108).<br \/>\n3003<br \/>\na) Culto nuevo.<br \/>\nGracias al sacrificio de Cristo, la situaci\u00f3n religiosa de los hombres se ha transformado completamente. Todas las separaciones rituales antiguas han quedado abolidas, porque Cristo ha inaugurado un \u2020\u0153camino nuevo y viviente\u2020\u2122 (10,20), que permite el acceso a Dios. Lo que en los tiempos antiguos era privilegio exclusivo del sumo sacerdote una vez al a\u00f1o, se ha convertido en una posibilidad abierta a todos en todo tiempo. Ahora todos los creyentes son invitados a acercarse a Dios \u2020\u0153con confianza\u2020\u009d (4,16; 10,19-22) y a presentarle sus \u2020\u0153sacrificios (13,15s). Estos sacrificios no ser\u00e1n ya ritos separados de la vida, sino, a ejemplo del sacrificio de Cristo, ofrendas existenciales. Es decir, los cristianos est\u00e1n llamados a vivir como Cristo en la obediencia filial, \u2020\u0153cumpliendo la voluntad de Dios\u2020\u009d(10,36; 13,21; cf 5,8; 10,7-9), y a progresar en el amor fraterno gracias a una solidaridad efectiva (10,24; 13,16). El culto nuevo es transformaci\u00f3n cristiana de la existencia por medio de la caridad divina. Y como ese culto no es posible sin la uni\u00f3n con el sacrificio de Cristo, hay que reconocer un puesto esencial en la vida cristiana a la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, instrumento de esta uni\u00f3n (cf 10,19-25; 13,15). Unidos a Cristo, los cristianos participan del sacerdocio de Cristo. Sin embargo, el t\u00ed\u00adtulo de sacerdotes no les es atribuido en la carta a los Hebreos, que lo reserva para Cristo.<br \/>\nPablo expresa una doctrina semejante en un pasaje importante de su carta a los Romanos, donde emplea un vocabulario sacrificial para expresar su ideal de vida cristiana: \u2020\u0153Hermanos, os ruego&#8230; que ofrezc\u00e1is vuestros cuerpos como sacrificio vivo, consagrado, agradable a Dios&#8230; No os acomod\u00e9is a este mundo; al contrario, transformaos y renovad vuestro interior\u2020\u2122 (Rom 12,ls). Tampoco Pablo usa aqu\u00ed\u00ad la palabra \u2020\u0153sacerdocio\u2020\u2122; pero la realidad descrita constituye una forma nueva de sacerdocio.<br \/>\n3004<br \/>\nb) Organismo sacerdotal.<br \/>\nEn cambio, Pedro aplica a la comunidad de los creyentes un t\u00ed\u00adtulo sacerdotal que encuentra en la traducci\u00f3n griega de Ex 19,6. El texto hebreo de esta promesa de Dios dice: \u2020\u0153Ser\u00e9is para m\u00ed\u00ad un reino de sacerdotes\u2020\u009d. En lugar del plural \u2020\u0153sacerdotes\u2020\u2122, los Setenta han puesto un nombre colectivo, hier\u00e1-teuma, que significa \u2020\u0153organismo sacerdotal\u2020\u009d. Este t\u00e9rmino se emplea en 1 Pe 2,5.9 para calificar a la Iglesia. Gracias a su adhesi\u00f3n a Cristo en su misterio de muerte y resurrecci\u00f3n, los creyentes son \u2020\u0153edificados como piedras vivientes en casa espiritual y organismo sacerdotal santo, para ofrecer v\u00ed\u00adctimas espirituales agradables a Dios por mediaci\u00f3n de Jesucristo\u2020\u009d (IP 2,5). Con estas palabras proclama Pedro el cumplimiento en la Iglesia de la espl\u00e9ndida promesa hecha a Israel. No se trata, como se pretende a veces, de un sacerdocio de cada uno de los creyentes, de modo individual, sino de un sacerdocio pose\u00ed\u00addo por todos juntos de un modo org\u00e1nico. Lejos de ser excluida, la presencia de una estructura en este \u2020\u0153organismo sacerdotal\u2020\u009d es m\u00e1s bien sugerida por el contexto. Pues la construcci\u00f3n de un edificio no es posible sin una estructura (Ef 2,19-21; Ef 4,11-16). Cu\u00e1les son los \u2020\u0153sacrificios espirituales\u2020\u2122, no se precisa. La doctrina general de la carta permite comprender que consisten en una \u2020\u0153conducta buena\u2020\u009d (2,12) y santa (1,15), conforme a la obediencia de Cristo y a la inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu (1,2).<br \/>\n3005<br \/>\nc) Reyes y sacerdotes.<br \/>\nComo la 1 P, el Apocalipsis se inspira en la promesa divina de Ex 19,6; pero no reproduce la expresi\u00f3n de los Setenta, sino una traducci\u00f3n literal del hebreo. Los cristianos reconocen que Cristo los \u2020\u0153ha hecho un reino de sacerdotes para su Dios y Padre\u2020\u009d(Ap 1,6). La corte celestial dirige al Cordero un canto nuevo que lo alaba por esta obra (5,9-10). Finalmente, una bienaventuranza que se refiere a los m\u00e1rtires proclama que \u2020\u0153ser\u00e1n sacerdotes de Dios y de Cristo, con el que reinar\u00e1n mil a\u00f1os\u2020\u009d (20,6).<br \/>\nLa contribuci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica del Apocalipsis consiste en la insistencia en la uni\u00f3n de la dignidad real con la sacerdotal. En circunstancias dif\u00ed\u00adciles que pon\u00ed\u00adan a los cristianos en una situaci\u00f3n de v\u00ed\u00adctimas y de condenados, Juan les invita a reconocer osadamente que, gracias a la sangre de Cristo, son en realidad sacerdotes y reyes, es decir, que gozan de una relaci\u00f3n privilegiada con Dios y que esta relaci\u00f3n ejerce una acci\u00f3n determinante en la historia del mundo. La dignidad real y sacerdotal de los cristianos es presentada como la cima de la obra redentora de Cristo (1,6; 5,10). Por otra parte, la plena realizaci\u00f3n de esta doble dignidad aparece como el colmo de la felicidad y de la santidad (20,6). Esta perspectiva debe animar a los creyentes en sus pruebas. Su esperanza es magn\u00ed\u00adfica. En la nueva Jerusal\u00e9n estar\u00e1 \u2020\u0153el trono de Dios y del cordero\u2020\u009d y \u2020\u0153los servidores de Dios lo adorar\u00e1n\u2020\u009d (22,3) \u2020\u0153y reinar\u00e1n por los siglos de los siglos\u2020\u009d (22,5). De esta manera la vocaci\u00f3n del hombre quedar\u00e1 perfectamente cumplida.<br \/>\n3006<br \/>\n6. Sacerdocio ministerial.<br \/>\nEl sacerdocio com\u00fan de los creyentes no existe sin la mediaci\u00f3n sacerdotal de Cristo; todos los textos del NT lo atestiguan claramente (IP 2,5; Ap 1,6;Ap 5,10 Heb7,25; Rm 5,1; Ef 2,18 etc\u00e9tera). Atestiguan igualmente que la mediaci\u00f3n de Cristo se hace presente en la diversidad de los lugares y de los tiempos por medio de los ministros de Cristo. La facultad de \u00e9stos no es de origen humano, sino divino (2Co 3,5s). Dios mismo los hace \u2020\u0153ministros id\u00f3neos de la nueva alianza\u2020\u009d (3,6). Ejercen \u2020\u0153el ministerio de la reconciliaci\u00f3n\u2020\u009d (2Co 5,19), no con autoridad propia, sino como \u2020\u0153embajadores de Cristo\u2020\u009d (5,20). Se los ha de considerar\u2020\u009dministros de Cristo y administradores de los misterios de Dios\u2020\u009d (1Co 4,1). En nombre de Cristo \u2020\u0153sumo sacerdote digno defe\u2020\u009d(Hb 3,1-6), transmiten con autoridad \u2020\u0153la palabra de Dios\u2020\u009d (13,7). En nombre de Cristo \u2020\u0153sumo sacerdote misericordioso\u2020\u009d (2,17; 4,14), \u2020\u0153velan por las almas\u2020\u009d y deben \u2020\u0153dar cuenta\u2020\u009d de ellas (13,17). Est\u00e1n, pues, estrechamente asociados al sacerdocio de Cristo. Sin embargo, no reciben en el NT el t\u00ed\u00adtulo de sacerdotes. Se comprende sin dificultad: los t\u00ed\u00adtulos de los dirigentes de la Iglesia primitiva se escogieron en un tiempo en el que la doctrina del sacerdocio de Cristo no se hab\u00ed\u00ada elaborado a\u00fan; como sus funciones eran muy diversas de las de los sacerdotes del tiempo, jud\u00ed\u00ados y gentiles, no pod\u00ed\u00ada ocurr\u00ed\u00adrseles la idea de llamarlos sacerdotes. Sin embargo, despu\u00e9s de la elaboraci\u00f3n de una cristolog\u00ed\u00ada sacerdotal resultaba posible, e incluso necesaria, un comprensi\u00f3n sacerdotal del misterio cristiano; \u00e9sta se abri\u00f3 camino de modo enteramente natural en los tiempos posteriores al NT. En el mismo NT solamente est\u00e1 sugerida. Los textos m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitos al respecto son los de 1 Cor 9,13-14 y Rom 15,16; en el primero expresa Pablo una relaci\u00f3n de semejanza entre los sacerdotes antiguos y los ministros del evangelio; en el segundo, el ap\u00f3stol define en t\u00e9rminos cultuales y sacrificiales su propia vocaci\u00f3n; no emplea para s\u00ed\u00ad mismo el t\u00ed\u00adtulo de hiere\u00fas, \u2020\u0153sacerdote\u2020\u009d, que corr\u00ed\u00ada el riesgo de provocar un equ\u00ed\u00advoco, sino que se sirve de una larga per\u00ed\u00adfrasis, que describe el ministerio como una funci\u00f3n sacerdotal de g\u00e9nero completamente nuevo: \u2020\u0153ser ministro cultual de Jesucristo\u2020\u009d y realizar la \u2020\u0153tarea sagrada de anunciar el evangelio de Dios, para que la ofrenda sacrificial de los paganos sea agradable a Dios, consagrada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u2020\u009d (Rm 15,16). As\u00ed\u00ad pues, el ministerio apost\u00f3lico es un ministerio sacerdotal al servicio del sacerdocio de Cristo y al servicio del sacerdocio com\u00fan.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad la relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima con Dios, que el sacerdocio antiguo intentaba fatigosamente establecer por medio de animales inmolados, se obtiene plenamente en la Iglesia en virtud de la ofrenda personal de Cristo, la cual comunica a todos los creyentes un poderoso dinamismo de docilidad filial para con Dios y de solidaridad fraterna con los hombres.<br \/>\n3007<br \/>\nBIBL.: Adinolfi M., II sacerdoziocomune deifedel4 Ed. Antonianum, Roma 1983; BaehrJ., Sacerdote<br \/>\n(iere\u00fas), en DTNTIV, Sig\u00faeme, Salamanca 1980, 130-135; Bertetto D., La natura del sacerdozio secondo<br \/>\nEbrS,I-4 ele sue realizzazioninelNuovo Testamento, en \u2020\u0153Sale-sianum\u2020\u009d 26(1964) 394-440; Cerfaux L.,<br \/>\nRegale Sacerdotium, en \u2020\u0153RS PT\u2020\u009d 28 (1939) 5-39; Cody ?., A History of O\u00ed\u00add Testament Priesthood, Pl B, Roma 1969; Dacquino P., 11 sacerdozio del nuovo Pop\u00f3lo di Dio e la Prima Lettera di Pie-tro, en Atti de ha<br \/>\nXIX Settimana B\u00ed\u00adblica, Pai-deia, Brescia 1967, 291-31 7; Elliott J.H., The Electandthe Holy. An Exegetical<br \/>\nExamination of IPeter 2:4-10 and the Phrase \u2020\u0153basileion hie-rateuma \u2020\u0153, Bril 1, Leida 1966; Feui IIet ?., Le<br \/>\nSacerdoce du Christ et de ses ministres d\u2020\u2122apres lapriere sacerdotale du IVe \u00e9vanglle etplusieurs donn\u00e9es<br \/>\nparallelesdu Nouveau Teslament, \u00e9d. de Par\u00ed\u00ads, Par\u00ed\u00ads 1972; Gelin ?., Le Sacerdoce del\u2020\u2122AncienneAlliance,<br \/>\nen Tradition Sacerdotale, Mappus, Le Puy 1959, 27-60; Grelot P., Los ministerios de la nueva alianza,<br \/>\nHerder, Barcelona 1969; L\u00e9cuyerJ., El sacerdocio en el misterio de Cristo, 1960; Martinj CM., Vanhoye ?.,<br \/>\nLa llamada en la Biblia, Atenas, Madrid 1983; Romaniuk C, El sacerdocio en el Nuevo Testamento, Ps<br \/>\nTerrae, Santander 1969; Sabourin L., Priesthood. A Comparative Study, Brili, Leida 1973; Schelkle K.H.,<br \/>\nServicio y ministerio en las iglesias de la \u00e9poca neotesta-menlaria, en \u2020\u0153Concilium\u2020\u009d (69) 43, 361-374;<br \/>\nSch\u00fcssler Fiorenza E., Priester f\u00fcr Gott. Stu-dien zum Herrschafts- und Priestermotiv in derApokalypse,<br \/>\nAschendorff, M\u00fcnster 1972; Spicq C, L\u2020\u2122\u00e9p\u00ed\u00adtre aux H\u00e9breux, 2 vols., Gabalda, Par\u00ed\u00ads 1952-53; Vanhoye,<br \/>\nCristo \u00e9 ilnostro sacerdote, Marietti, Tur\u00ed\u00adn 1970; Id, Sacerdotes antiguos, sacerdote seg\u00fan el NT, Sig\u00faeme,<br \/>\nSalamanca 1984; Vaux R. de, Instituciones delAntiguo Testamento, Herder, Barcelona 19642.<br \/>\nA. Vanhoye<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>A. NOMBRES 1. jierateuma (iJeravteuma, 2406), denota sacerdocio (relacionado con jierateuo, v\u00e9ase B m\u00e1s abajo), un cuerpo de sacerdotes que consiste en todos los creyentes, toda la iglesia (y no un orden especial entre ellos), que recibe el nombre de \u00absacerdocio santo\u00bb (1Pe 2:5); \u00abreal sacerdocio\u00bb (v. 9). La primera designaci\u00f3n est\u00e1 asociada con la ofrenda de sacrificios espirituales, la segunda con la dignidad regia de proclamar las excelencias del Se\u00f1or.\u00c2\u00b6 En la LXX, Exo 19:6; 23.22.\u00c2\u00b6 2. jierosune (iJerwsuvnh, 2420), sacerdocio. Significa el oficio, la cualidad, rango y ministerio de un sacerdote (Heb 7:11,12,24), donde se expone el contraste entre el sacerdocio lev\u00ed\u00adtico y el de Cristo.\u00c2\u00b6 En la LXX, 1Ch 29:22:\u00c2\u00b6 3. jierateia (iJerateiva, 2405), sacerdocio. Denota el oficio de sacerdote (Luk 1:9; Heb 7:5).\u00c2\u00b6 Nota: En Heb 7:14  \u00absacerdocio\u00bb es traducci\u00f3n de jiereus, lit., \u00abtocante a sacerdotes\u00bb; cf. VM: \u00abrespecto de sacerdotes\u00bb; v\u00e9ase SACERDOTE, N\u00c2\u00ba 1. B. Verbo jierateuo (iJerateuvw, 2407), significa oficiar como sacerdote (Luk 1:8  \u00abejerciendo \u2020\u00a6 el sacerdocio\u00bb, RV, RVR; RVR77: \u00abejerciendo su ministerio sacerdotal\u00bb; VM: \u00abmientras \u00e9l ministraba como sacerdote\u00bb; NVI: \u00abestaba oficiando como sacerdote\u00bb; LBA coincide con RVR77). Cf. A, N\u00c2\u00ba 1 m\u00e1s arriba.\u00c2\u00b6<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>\u00abJes\u00fas, que permanece eternamente, posee un sacerdocio inmutable\u00bb (Heb 7,24). De esta manera la ep\u00ed\u00adstola a los Hebreos, para definir la *mediaci\u00f3n de Cristo la relaciona con una funci\u00f3n que exist\u00ed\u00ada en el AT como en todas las religiones vecinas: la de los sacerdotes. As\u00ed\u00ad pues, para comprender el sacerdocio de Jes\u00fas importa conocer con precisi\u00f3n el sacerdocio del AT que lo prepar\u00f3 y lo prefigur\u00f3.<\/p>\n<p>AT. I. HISTORIA DE LA INSTITUCI\u00ed\u201cN SACERDOTAL. 1. En los pueblos civilizados que rodeaban a Israel la funci\u00f3n sacerdotal es desempe\u00f1ada a menudo por el rey, particularmente en Mesopotamia y en Egipto; a \u00e9ste le asiste entonces un clero jerarquizado, las m\u00e1s de las veces hereditario, que constituye una verdadera casta. Nada de esto sucede entre los patriarcas. Entonces no hay templo ni existen sacerdotes especializados del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Las tradiciones del G\u00e9nesis muestran a los patriarcas construyendo altares en Cana\u00e1n (G\u00e9n 12,7s; 13,18; 26,25) y ofreciendo sacrificios (G\u00e9n 22; 31,54; 46,1). Ejercen el sacerdocio familiar, practica-do en la mayor\u00ed\u00ada de los pueblos antiguos. Los \u00fanicos sacerdotes que aparecen son extranjeros: el sacerdote-rey de Jerusal\u00e9n, Melquisedec (G\u00e9n 14,18ss) y los sacerdotes del Fara\u00f3n (G\u00e9n 41,45; 47,22). I. a tribu de Lev\u00ed\u00ad no es todav\u00ed\u00ada m\u00e1s que una tribu profana, sin funciones sagradas (G\u00e9n 34,25-31; 49,5ss).<\/p>\n<p>2. A partir de Mois\u00e9s, que era tambi\u00e9n levita, la especializaci\u00f3n de esta tribu en las funciones cultuales parece abrirse camino. El relato arcaico de Ex 32,25-29 expresa el car\u00e1cter esencial de su sacerdocio : es elegida y consagrada por Dios mismo para su servicio. La bendici\u00f3n de Mois\u00e9s, a diferencia de la de Jacob, le atribuye las incumbencias espec\u00ed\u00adficas de los sacerdotes (Dt 33, 8-11). Es cierto que este texto refleja una situaci\u00f3n m\u00e1s tard\u00ed\u00ada. Los levitas son entonces los sacerdotes por excelencia (Jue 17,7-13; 18,19), adscritos a los diferentes santuarios del pa\u00ed\u00ads. Pero junto con el sacerdocio lev\u00ed\u00adtico sigue ejerci\u00e9ndose el sacerdocio familiar (Jue 6,18-29; 13,19; 17,5; ISa 7,1).<\/p>\n<p>3. Bajo la monarqu\u00ed\u00ada ejerce el \u00abrey diversas funciones sacerdotales, como los reyes de los pueblos vecinos: ofrece sacrificios, desde Sa\u00fal (lSa 13, 9) y David (2Sa 6,13.17; 24,22-25) hasta Ajaz (2Re 16,13); bendice al pueblo (2Sa 1,18; lRe 8,14)&#8230; Sin embargo, no recibe el t\u00ed\u00adtulo de sacerdote sino en el antiguo Sal 110,4, que le compara con Melquisedec. En realidad, a pesar de esta alusi\u00f3n al sacerdocio regio de Cana\u00e1n, el rey es un patrono del sacerdocio m\u00e1s que un miembro de la casta sagrada.<\/p>\n<p>Esta se ha convertido ahora en una instituci\u00f3n organizada, particularmente en el santuario de Jerusal\u00e9n, que a partir de David es el centror cultual de Israel. En un principio dos sacerdotes se reparten su servicio. Ebiatar, descendiente de El\u00ed\u00ad, el encargado de Silo, es muy probablemente un levita (2Sa 8,17); pero su familia ser\u00e1 excluida por Salom\u00f3n (lRe 2,26s). Sadoq es de origen des-conocido; pero ser\u00e1n sus descendientes los que dirijan el sacerdocio del templo hasta el siglo II. Genealog\u00ed\u00adas ulteriores lo enlazar\u00e1n, como a Ebiatar, con la descendencia de Aar\u00f3n (cf. lPar 5,&#8217;7-34). El sacerdocio de Jerusal\u00e9n, bajo las \u00f3rdenes del jefe de los sacerdotes, cuenta diferentes subalternos. El personal del templo, aun antes del exilio, comprende a incircuncisos (Ez 44,7ss; cf. Jos 9,27). En ios otros santuarios, sobre todo en Jud\u00e1, los levitas deben ser bastante numerosos. Pareceser que David y Salom\u00f3n trataron de distribuirlos por todo el pa\u00ed\u00ads (cf. Jos 21; Jue 18,30). Pero varios santuarios locales tienen sacerdotes de otro origen (lRe 12,31).<\/p>\n<p>4. La reforma de Jos\u00ed\u00adas en 621, al suprimir los santuarios locales, consagra el monopolio lev\u00ed\u00adtico y la supremac\u00ed\u00ada del sacerdocio de Jerusal\u00e9n. En efecto, esta reforma, rebasando las exigencias del Deuteronomio (18,6ss), reserva el ejercicio de las funciones sacerdotales a los solos descendientes de Sadoq (2Re 23, 5.9); prepara ya as\u00ed\u00ad la distinci\u00f3n ulterior entre sacerdotes y levitas, que ser\u00e1 m\u00e1s clara en Ez 44,10-31.<\/p>\n<p>La ruina simult\u00e1nea del templo y de la monarqu\u00ed\u00ada (587) pone fin a la tutela regia sobre el sacerdocio y da a \u00e9ste mayor autoridad sobre el pueblo. El sacerdocio, liberado de las influencias y de las tentaciones del poder pol\u00ed\u00adtico, que ahora ya es ejercido por paganos, se convierte en el gu\u00ed\u00ada religioso de la naci\u00f3n. La desaparici\u00f3n progresiva del profetismo a partir del siglo v acent\u00faa todav\u00ed\u00ada su autoridad. Ya en 573 los proyectos reformistas de Ezequiel excluyen al -\u00abpr\u00ed\u00adncipe\u00bb del santuario (Ez 44,1ss; 46). La casta lev\u00ed\u00adtica goza ya de un monopolio indisputado (la \u00fanica excepci\u00f3n en Is 66,21 no se refiere sino a los \u00ab\u00faltimos tiempos\u00bb). Las colecciones sacerdotales del Pentateuco (siglos v-iv) y luego la obra del cronista (siglo III) dan finalmente un cuadro detallado de la jerarqu\u00ed\u00ada sacerdotal.<\/p>\n<p>Esta es rigurosa. En la cumbre, el sumo sacerdote, hijo de Sadoq, es el sucesor de Aar\u00f3n, sacerdote tipo. Siempre hab\u00ed\u00ada habido en cada santuario un sacerdote jefe; el t\u00ed\u00adtulo de sumo sacerdote aparece en el momento en que la ausencia de rey hace sentir la necesidad de un jefe para la teocracia. La unci\u00f3n que recibe a partir del siglo iv (Ley 8,12;cf. 4,3; 16,32; Dan 9,25) recuerda la que antiguamente consagraba a los reyes. Por bajo del sumo sacerdote se hallan los sacerdotes, hijos de Aar\u00f3n. Finalmente los levitas, clero inferior, est\u00e1n agrupados en tres familias, a las que finalmente se agregan los cantores y los porteros (lPar 25-26). Estas tres clases constituyen la tribu sagrada, toda entera consagrada al servicio del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>5. En adelante la jerarqu\u00ed\u00ada no conoce ya m\u00e1s variaciones, excepto en cuanto a la designaci\u00f3n del sumo sacerdote. En 172 el \u00faltimo sumo sacerdote descendiente de Sadoq, On\u00ed\u00adas III, es asesinado de resultas de intrigas pol\u00ed\u00adticas. Sus sucesores son designados fuera de su descendencia por los reyes de Siria. La reacci\u00f3n macabea desemboca en la investidura de Jonat\u00e1n, descendiente de una familia sacerdotal bastante oscura. Su hermano Sim\u00f3n, que le sucede (143), forma el punto de partida de la dinast\u00ed\u00ada de los Asmoneos, sacerdotes y reyes (134-37). Estos, m\u00e1s jefes pol\u00ed\u00adticos y militares que religiosos, suscitan la oposici\u00f3n de los fariseos. Por su parte el clero tradicionalista les reprocha su origen no sad\u00f3cida, y la secta sacerdotal de Qumr\u00e1n se pone incluso en estado de cisma. Finalmente, a partir de Heredes (37), los sumos sacerdotes son designados por la autoridad pol\u00ed\u00adtica, que los elige entre las grandes familias sacerdotales; \u00e9stas constituyen el grupo de los \u00absumos sacerdotes\u00bb, nombrado diversas veces en el NT.<\/p>\n<p>H. LAS FUNCIONES SACERDOTALES. En<br \/>\nlas religiones antiguas los sacerdotes son los ministros del culto, los guardianes de las tradiciones sagradas, los portavoces de la divinidad en su calidad de adivinos. En Israel, a pesar de la evoluci\u00f3n social y del des-arrollo dogm\u00e1tico que se observa en el transcurso de las edades, el sacerdocio ejerce todav\u00ed\u00ada dos ministerios fundamentales, que son dos formas de mediaci\u00f3n: el servicio del culto y el servicio de la palabra.<\/p>\n<p>1. El servicio del *culto. El sacerdote es el hombre del santuario. Guardi\u00e1n del *arca en la \u00e9poca antigua (lSa 1-4; 2Sa 15,24-29), acoge a los fieles en la casa de Yahveh (lSa 1), preside las liturgias en las fiestas del pueblo (Lev 23,11.20). Su acto esencial es el *sacrificio. En \u00e9l aparece en la plenitud de su papel de mediador: presenta a Dios la ofrenda de los fieles; transmite a \u00e9stos la *bendici\u00f3n divina. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, Mois\u00e9s en el sacrificio de la alianza del Sina\u00ed\u00ad (Ex 24,4-8); as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n Lev\u00ed\u00ad, jefe de todo el linaje (Dt 33,10). Despu\u00e9s del exilio los sacerdotes desempe\u00f1an esta funci\u00f3n cada d\u00ed\u00ada en el sacrificio perpetuo (Ex 29,38-42). Una vez al a\u00f1o aparece el sumo sacerdote en su funci\u00f3n de mediador supremo, oficiando el d\u00ed\u00ada de la *expiaci\u00f3n por el perd\u00f3n de todas las faltas de su pueblo (Lev 16; Edo 50, 5-21). Secundariamente est\u00e1 tambi\u00e9n encargado el sacerdote de los ritos de consagraci\u00f3n y de purificaci\u00f3n: la unci\u00f3n regia (lRe 1,39; 2Re 11, 12), la purificaci\u00f3n de los leprosos (Lev 14) o de la mujer que ha dado a luz (Lev 12,6ss).<\/p>\n<p>2. El servicio de la *palabra. En Mesopotamia y en Egipto ejerc\u00ed\u00ada el sacerdote la adivinaci\u00f3n; en nombre de su dios respond\u00ed\u00ada a las consultas de los fieles. En el Israel antiguo el sacerdote desempe\u00f1a un quehacer an\u00e1logo mediante el manejo del efod (lSa 30,7s), de los Urim y Tummim (lSa 14,36-42; Dt 33,8); pero despu\u00e9s de David no se dan ya estos procedimientos.<\/p>\n<p>Es que en Israel la palabra de Dios, adaptada a las diversas circunstancias de la vida, viene a su pueblo por otro conducto: el de los *profetas movidos por el *Esp\u00ed\u00adritu. Pero existe tambi\u00e9n una forma tradicional de la palabra, que tiene su punto de partida en los grandes acontecimientos de la historia sagrada y en las cl\u00e1usulas de la *alianza sina\u00ed\u00adtica. Esta tradici\u00f3n sagrada cristaliza por una parte en los relatos que hacen presentes los grandes recuerdos del pasado, y por otra parte en la *ley que halla en ellos su sentido. Los sacerdotes son los ministros de esta palabra. En la liturgia de las *fiestas repiten a los fieles los relatos que fundan la fe (Ex 1-15, Jos 2-6 son probablemente ecos de estas celebraciones). Con ocasi\u00f3n de las renovaciones de la Alianza proclaman la Torah (Ex 24,7; Dt 27; Neh 8); son incluso sus int\u00e9rpretes ordinarios, que responden con instrucciones pr\u00e1cticas a las consultas de los fieles (Dt 33,10; Jer 18,18; Ez 44,23; Ag 2,11ss) y ejercen una funci\u00f3n judicial (Dt 17,8-13; Ez 44,23s). Como prolongaci\u00f3n de estas actividades, se encargan de la redacci\u00f3n escrita de la ley en los diversos c\u00f3digos: Deuteronomio, ley de santidad (Lev 17-26), Torah de Ezequiel (40-48), legislaci\u00f3n sacerdotal (Ex, Lev, N\u00fam), compilaci\u00f3n final del Pentateuco (cf. Esd 7,14-26; Neh 8). As\u00ed\u00ad se comprende por qu\u00e9 en los Libros sagrados aparece el sacerdote como el hombre del *conocimiento (Os 4,6; Mal 2,6s; Eclo 45,17): es el *mediador de la palabra de Dios, bajo su forma tradicional de historia y de c\u00f3digos.<\/p>\n<p>Sin embargo, en los \u00faltimos siglos del juda\u00ed\u00adsmo se multiplican las sinagogas, y el sacerdocio se concentra en sus quehaceres rituales. Al mismo tiempo se ve crecer la autoridad de los escribas laicos. Estos, pertenecientes en su mayor\u00ed\u00ada a la secta farisea, ser\u00e1n en tiempos de Jes\u00fas los principales maestros en Israel.<\/p>\n<p>III. HACIA EL SACERDOCIO PERFECTO. El sacerdocio del AT fue en su conjunto fiel a su misi\u00f3n : con sus liturgias, su ense\u00f1anza y la redacci\u00f3n de los Libros sagrados, mantuvo viva en Israel la *tradici\u00f3n de Mois\u00e9s y de los profetas y mantuvo de edad en edad la vida religiosa del pueblo de Dios. Pero deb\u00ed\u00ada fatalmente ser superado.<\/p>\n<p>1. La cr\u00ed\u00adtica del sacerdocio. La misi\u00f3n sacerdotal comportaba exigencias muy altas; ahora bien, siempre hubo sacerdotes que no se hallaron a la altura de su cometido. Los profetas estigmatizaron sus fallos: contaminaci\u00f3n del *culto de Yahveh con los usos cananeos en los santuarios locales de Israel (Os 4,4-11; 5,1-7; 6,9), sincretismo pagano en Jerusal\u00e9n (Jer 2,26ss; 23,11; Ez 8), violaciones de la Torah (Sof 3,4; Jer 2,8; Ez 22,26), oposici\u00f3n a los *profetas (Am 7,10-17; Is 28,7-13; Jer 20,1-6; 23,33s; 26), inter\u00e9s personal (Miq 3,11; cf. lSa 2,12-17; 2Re 12,5-9), falta de celo por el culto del Se\u00f1or (Mal 2,1-9)&#8230; Ser\u00ed\u00ada simplismo no ver en estos reproches m\u00e1s que la pol\u00e9mica de dos castas opuestas, profetas contra sacerdotes. Jerem\u00ed\u00adas y Ezequiel son sacerdotes; los sacerdotes que redactaron el Deuteronomio y la ley de santidad trataron evidentemente de reformar su propia casta ; en los \u00faltimos siglos del juda\u00ed\u00adsmo la comunidad de Qumr\u00e1n, que se separa del templo oponi\u00e9ndose al \u00absacerdote imp\u00ed\u00ado\u00bb, es una secta sacerdotal.<\/p>\n<p>2. El ideal sacerdotal. El inter\u00e9s mayor de estas cr\u00ed\u00adticas y de estos planes de reforma reside en que est\u00e1n todos inspirados en un ideal sacerdotal. Los profetas recuerdan sus obligaciones a los sacerdotes de su tiempo: les exigen un *culto puro, la fidelidad a la Torah. Los legistas sacerdotales definen la *pureza, la *santidad de los sacerdotes (Ez 44, 15-31; Lev 21; 10). .<\/p>\n<p>Sin embargo, la experiencia ense\u00f1a que el hombre abandonado a s\u00ed\u00ad mismo es incapaz de esta pureza, de esta santidad. Por eso, en definitiva, se espera de Dios mismo la realizaci\u00f3n del sacerdocio perfecto el *d\u00ed\u00ada de la restauraci\u00f3n (Zac 3) y del *juicio (Mal 3,1-4). Se aguarda al sacerdote fiel al lado del *Mes\u00ed\u00adas, hijo de David (Zac 4; 6,12s; Jer 33,17-22). Esta esperanza de los dos mes\u00ed\u00adas de Aar\u00f3n y de Israel aparece varias veces en los escritos de Qumr\u00e1n y en un ap\u00f3crifo, los \u00abTestamentos de los patriarcas\u00bb. En estos textos, como en diversos retoques dados a los textos b\u00ed\u00adblicos (Zac 3,8; 6,11), el mes\u00ed\u00adas sacerdotal precede al mes\u00ed\u00adas regio. Esta primac\u00ed\u00ada del sacerdote est\u00e1 en armon\u00ed\u00ada con un aspecto esencial de la doctrina de la alianza : Israel es el \u2020\u00a2 \u00abpueblo-sacerdote\u00bb (Ex 19,6; Is 61,6; 2Mac 2,17s), el \u00fanico pueblo en el mundo que garantiza el culto del verdadero Dios; en su consumaci\u00f3n definitiva ser\u00e1 \u00e9l quien tribute al Se\u00f1or el culto perfecto (Ez 40-48; Is 60-62; 2,1-5). \u00bfC\u00f3mo podr\u00ed\u00ada hacerlo sin un sacerdocio a la cabeza?<\/p>\n<p>Entre Dios y su pueblo existen, seg\u00fan el AT, otras mediaciones distintas de la del sacerdote. El *rey gu\u00ed\u00ada al pueblo de Dios en la historia como su jefe institucional, militar, pol\u00ed\u00adtico y religioso. El *profeta es llamado personalmente a traer una palabra de Dios original, adaptada a una situaci\u00f3n particular, en la que es responsable de la salvaci\u00f3n de sus hermanos. El sacerdote tiene, como el profeta, una misi\u00f3n estrictamente religiosa; pero la ejerce en el marco de las instituciones; es designado por herencia, est\u00e1 aplicado al santuario y a sus usos. Lleva al pueblo la palabra de Dios en nombre de la *tradici\u00f3n y no por su propia cuenta; conmemora los grandes recuerdos de la historia sagrada y ense\u00f1a la ley de Mois\u00e9s. Lleva a Dios la oraci\u00f3n del pueblo en la liturgia y responde a esta oraci\u00f3n con la bendici\u00f3n divina. Mantiene en el pueblo elegido la continuidad de la vida religiosa mediante la tradici\u00f3n sagrada.<\/p>\n<p>NT. Los valores del AT no cobran todo su sentido sino en Jes\u00fas que los cumple super\u00e1ndolos. Esta ley general de la revelaci\u00f3n se aplica por excelencia en el caso del sacerdocio.<\/p>\n<p>I. JES\u00daS, EL SACERDOTE \u00daNICO. 1 Los evangelios sin\u00f3pticos. Jes\u00fas mismo no se atribuye ni una sola vez el t\u00ed\u00adtulo de sacerdote. Se comprende f\u00e1cilmente: este t\u00ed\u00adtulo designa en su ambiente una funci\u00f3n definida, reservada a los miembros de la tribu de Lev\u00ed\u00ad. Ahora bien, Jes\u00fas comprende que su quehacer es muy diferente del de ellos, mucho m\u00e1s amplio y m\u00e1s creador. Prefiere llamarse el *Hijo y el *Hijo del hombre. Sin embargo, para definir su misi\u00f3n utiliza t\u00e9rminos sacerdotales. Seg\u00fan su manera habitual, son expresiones impl\u00ed\u00adcitas y figuradas.<\/p>\n<p>El hecho es claro sobre todo cuando Jes\u00fas habla de su *muerte. Para sus enemigos es \u00e9sta el castigo de una *blasfemia; para sus disc\u00ed\u00adpulos, un fracaso escandaloso. Para \u00e9l es un *sacrificio, que \u00e9l mismo describe con las figuras del AT: unas veces la compara con el sacrificio expiatorio del *Siervo de Dios (Mc 10, 45; 14,24; cf. Is 53), otras con el sacrificio de *alianza de Mois\u00e9s al pie del Sina\u00ed\u00ad (Mc 14,24; cf. Ex 24, 8); y la sangre que \u00e9l da en el tiempo de la pascua evoca la del cordero pascual (Mc 14,24; cf. Ex 12,7. 13.22s). Esta muerte que se le inflige, la acepta; \u00e9l mismo la ofrece como ofrece el sacerdote la v\u00ed\u00adctima; y por ello espera de su muerte la expiaci\u00f3n de los pecados, la instauraci\u00f3n de la nueva. Alianza, la salvaci\u00f3n de su pueblo. En una palabra, es el sacerdote de su propio sacrificio.<\/p>\n<p>La segunda funci\u00f3n de los sacerdotes del AT era el servicio de la torah. Ahora bien, Jes\u00fas tiene una posici\u00f3n clara en relaci\u00f3n con la *ley de Mois\u00e9s: \u00e9l viene para cumplirla (Mt 5,17s). Sin atarse a la letra de la misma, que \u00e9l supera (Mt 5,20-48), pone en claro su valor profundo, encerrado en el primer mandamiento y en el segundo, que se le asemeja (Mt 22,34-40). Este aspecto de su ministerio prolonga el de los sacerdotes del AT, pero lo supera en todas formas, pues la *palabra de Jes\u00fas es la revelaci\u00f3n suprema, el *Evangelio de la Salvaci\u00f3n que realiza definitivamente la ley.<\/p>\n<p>2. De Pablo a Juan. Pablo, que con tanta frecuencia vuelve a hablar de la muerte de Jes\u00fas, la presenta, como su maestro, bajo las *figuras del sacrificio del *cordero pascual (1Cor 5,7), del *Siervo (Flp 2,6-11), del d\u00ed\u00ada de la *expiaci\u00f3n (Rom 3,24s). Esta interpretaci\u00f3n sacrificial reaparece tambi\u00e9n en las im\u00e1genes de a comuni\u00f3n en la *sangre de Cristo (1Cor 10,16-22), de la *redenci\u00f3n por esta sangre (Rom 5,9; Col 1,20; Ef 1,7; 2,13). La muerte de Jes\u00fas es para Pablo el acto supremo de su libertad, el sacrificio por excelencia, acto propiamente sacerdotal, que \u00e9l mismo ofreci\u00f3. Pero como su maestro, y aparentemente por las mismas razones, tampoco el Ap\u00f3stol da a Jes\u00fas el t\u00ed\u00adtulo de sacerdote.<\/p>\n<p>Lo mismo se diga de todos los otros escritos del NT, excepto la ep\u00ed\u00adstola a los Hebreos: presentan la muerte de Jes\u00fas como el sacrificio del Siervo (Act 3,13.26; 4,27.30; 8, 32s; lPe 2,22ss), del cordero (1Pe-1,19). Evocan su sangre (1Pe 1,2.19; 1Jn 1,7). Pero no le llaman sacerdote. Los escritos jo\u00e1nnicos son un poco menos reticentes: describen a Jes\u00fas con vestidura pontifical (Jn 19,23; Ap 1,13), y el relato de la pasi\u00f3n, acto sacrificial, se abre con la\u00bboraci\u00f3n sacerdotal\u00bb (Jn 17); como el sacerdote que va a ofrecer su sacrificio, Jes\u00fas \u00abse santifica\u00bb, es decir, se consagra por el sacrificio (Jn 17, 19) y ejerce as\u00ed\u00ad una mediaci\u00f3n eficaz a la que aspiraba vanamente el sacerdocio antiguo.<\/p>\n<p>3. La ep\u00ed\u00adstola a los Hebreos es la \u00fanica que explicita ampliamente el sacerdocio de Cristo. Vuelve a los temas que ya hemos encontrado, presentando la *cruz como el sacrificio de la expiaci\u00f3n (9,1-14; cf. Rom 3, 24s), de la alianza (9,18-24), del Siervo (9,28). Pero concentra su atenci\u00f3n en el papel personal de Cristo en la ofrenda de este sacrificio. Es que Jes\u00fas, como antiguamente Aar\u00f3n, y mejor que \u00e9l, est\u00e1 llamado por Dios para intervenir en favor de los hombres y ofrecer sacrificios por sus pecados (5,1-4). Su sacerdocio estaba prefigurado en el de Melquisedec (G\u00e9n 14,18ss), conforme al or\u00e1culo de Sal 110,4. Para poner en claro este punto da el autor una interpretaci\u00f3n sutil de los textos del AT: el silencio del G\u00e9nesis sobre la genealog\u00ed\u00ada del rey-sacerdote le *pa-rece un indicio de la eternidad del Hijo de Dios (7,3); el diezmo que le ofreci\u00f3 Abraham marca la inferioridad del sacerdocio de Lev\u00ed\u00ad frente al de Jes\u00fas (7,4-10); el juramento de Dios en Sal 110,4 proclama la perfecci\u00f3n inmutable del sacerdote definitivo (7,20-25). Jes\u00fas es el sacerdote santo, el \u00fanico (7,26ss). Su sacerdocio pone t\u00e9rmino al antiguo.<\/p>\n<p>Este sacerdocio est\u00e1 enraizado en su mismo ser, que le hace ser mediador por excelencia: a la vez verdadero hombre (2,10-18; 5,7s), que comparte nuestra pobreza hasta la tentaci\u00f3n (2,18; 4,15), y verdadero Hijo de Dios, superior a los \u00e1ngeles (1,1-13), es el sacerdote \u00fanico y eterno. Realiz\u00f3 su sacrificio de una vez para siempre en el tiempo (7,27; 9, 12.25-28; 10,10-14). Ahora ya es para siempre el intercesor (7,24s), el mediador de la nueva alianza (8,6-13; 10,12-18).<\/p>\n<p>4. Ning\u00fan t\u00ed\u00adtulo agota por s\u00ed\u00ad solo el misterio de Cristo: Hijo inseparable del Padre, Hijo del hombre que re\u00fane en s\u00ed\u00ad toda la humanidad, Jes\u00fas es a la vez el sumo sacerdote de la nueva alianza, el mesias-rey y el Verbo de Dios. El AT hab\u00ed\u00ada distinguido las mediaciones del rey y del sacerdote (lo temporal y lo espiritual), del sacerdote y del profeta (la instituci\u00f3n y el acontecimiento): distinciones necesarias para la inteligencia de los valores propios de la revelaci\u00f3n. Jes\u00fas, situado por su trascendencia por encima de los equ\u00ed\u00advocos de la historia, re\u00fane en su persona todas estas diferentes mediaciones: como Hijo, es la palabra eterna que remata y supera el mensaje de los profetas; como Hijo del hombre, asume toda la humanidad, es su rey, con una autoridad y un amor desconocidos anteriormente a \u00e9l; como mediador \u00fanico entre Dios y su pueblo, es el sacerdote perfecto por quien los hombres son santificados.<\/p>\n<p>II. EL PUEBLO SACERDOTAL. 1. Como Jes\u00fas no se atribuye expl\u00ed\u00adcitamente a s\u00ed\u00ad mismo el sacerdocio, tampoco se lo atribuye a su pueblo. Pero no ces\u00f3 de actuar como sacerdote, y parece haber concebido al pueblo de la nueva alianza como un pueblo sacerdotal. Jes\u00fas se revela sacerdote por la ofrenda de su sacrificio y por el servicio de la palabra. Llama la atenci\u00f3n comprobar que llama a cada uno de los suyos a tomar parte en estas dos funciones de su sacerdocio: todo *disc\u00ed\u00adpulo debe tomar su *cruz (Mt 16,24 p) y beber su c\u00e1liz (*copa) (Mt 20,22; 26,27); cada uno debe llevar su mensaje (Le 9,60; 10,1-16), darle testimonio hasta morir (Mt 10,17-42). Jes\u00fas lo mismo que hace que todos los hombres participen en sus t\u00ed\u00adtulos de Hijo y de rey Mes\u00ed\u00adas, los hace tambi\u00e9n sacerdotes con \u00e9l.<\/p>\n<p>2. Los ap\u00f3stoles prolongan este pensamiento de Jes\u00fas presentando la vida cristiana como una liturgia, como una participaci\u00f3n en el sacerdocio del sacerdote \u00fanico.<\/p>\n<p>Pablo considera la fe de los fieles como \u00abun sacrificio y una oblaci\u00f3n\u00bb (Flp 2,17); los auxilios pecuniarios que recibe de la Iglesia de Filipos son \u00abun perfume de buen olor, un sacrificio aceptable, agradable a Dios\u00bb (Flp 4,18). Para \u00e9l la vida entera de los cristianos es un acto sacerdotal; los invita a ofrecer su cuerpo \u00aben hostia viva, santa, agradable a Dios: tal es el *culto espiritual que ten\u00e9is que tributar\u00bb (Rom 12, 1; cf. Flp 3,3; Heb 9,14; 12,28). Este culto consiste tanto en la alabanza del Se\u00f1or como en la beneficencia y en la puesta en com\u00fan de los bienes (Heb 13,15s). La ep\u00ed\u00adstola de Santiago enumera en detalle los gestos concretos que constituyen el verdadero *culto: el dominio de la lengua, la visita a los hu\u00e9rfanos y a las viudas, la abstenci\u00f3n de las impurezas del mundo (Sant 1,26s).<\/p>\n<p>La I\u00c2\u00aa. ep\u00ed\u00adstola de Pedro y el Apocalipsis son expl\u00ed\u00adcitos: atribuyen al pueblo cristiano el \u00absacerdocio regio\u00bb de Israel (IPe 2,5.9; Ap 1,6; 5,10; 20.6; cf. Ex 19,6). Con este t\u00ed\u00adtulo anunciaban los profetas del AT que Israel deb\u00ed\u00ada llevar a los pueblos paganos la palabra del verdadero Dios y promover su culto. Ahora ya el pueblo cristiano asume este quehacer. Puede hacerlo gracias a Jes\u00fas que le hace participar de su dignidad mesi\u00e1nica de rey y de sacerdote.<\/p>\n<p>III. Los MINISTROS DEL SACERDOCIO DE JES\u00daS. Ning\u00fan texto del NT da el nombre de sacerdote a uno u otro de los responsables de la Iglesia. Pero la reserva de Jes\u00fas en el empleo de este t\u00ed\u00adtulo es tan grande que este silencio apenas si prueba algo. Jes\u00fas hace participar a su pueblo en su sacerdocio; en el NT, como en el AT, este sacerdocio del pueblo de Dios no se puede ejercer concretamente sino por ministros llamados por Dios.<\/p>\n<p>1. En realidad observamos que Jes\u00fas llam\u00f3 a los doce para confiarles la responsabilidad de su Iglesia. Los prepar\u00f3 para el servicio de la palabra ; les transmiti\u00f3 algunos de sus poderes (Mt 10,8.40; 18,18); la \u00faltima noche les confi\u00f3 la *Eucarist\u00ed\u00ada (Le 22,19). Se trata de participaciones espec\u00ed\u00adficas en su sacerdocio.<\/p>\n<p>2. Los ap\u00f3stoles lo comprenden y a su vez establecen responsables que prolonguen su acci\u00f3n. Algunos de \u00e9stos llevan el t\u00ed\u00adtulo de ancianos, que es el origen del nombre actual de \u00abpresb\u00ed\u00adteros\u00bb presbyteroi (Act 14,23; 20,17; Tit 1,5). La reflexi\u00f3n de Pablo sobre el *apostolado y los *carismas se orienta ya hacia el sacerdocio de los ministros de la Iglesia. A los responsables de las comunidades les da t\u00ed\u00adtulos sacerdotales: \u00abdispensadores de los misterios de Dios\u00bb (1Cor 4,1s), \u00abministros de la nueva Alianza\u00bb (2Cor 3,6); define la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica como un servicio lit\u00fargico (Rom 1,9; 15,15s). Tal es el punto de partida de las explicitaciones ulteriores de la tradici\u00f3n sobre el sacerdocio ministerial. Este no constituye, pues, una casta de privilegiados. No hace mella al sacerdocio \u00fanico de Cristo, como tampoco al sacerdocio de los fieles. Pe-ro, al servicio del uno y del otro, es una de las *mediaciones subordinadas, que son tan numerosas en el pueblo de Dios.<\/p>\n<p>-> Culto &#8211; Ense\u00f1ar &#8211; Eucarist\u00ed\u00ada &#8211; Mediador &#8211; Mes\u00ed\u00adas &#8211; Ministerios.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify\">Se deriva de sacerdos , del lat\u00edn. De sacer = sagrado. O como dice S. isidoro, de \u00absacrum dans\u00bb,y, en el sentido jer\u00e1rquico, equivale al t\u00e9rmino latino sacerdos, al griego iereus, y al hebreo kahane. El t\u00e9rmino significa persona (de g\u00e9nero masculino) llamada al servicio inmediato de la Deidad y autorizada para celebrar culto p\u00fablico, especialmente para ofrecer sacrificios. En muchos casos, el sacerdote es el mediador religioso entre Dios (los dioses) y el hombre y el maestro responsable de ense\u00f1ar las verdades religiosas, sobre todo cuando \u00e9stas incluyen doctrinas esot\u00e9ricas. Aplicar el t\u00e9rmino sacerdote a los magos, profetas y m\u00e9dicos de las religiones de los pueblos primitivos es una mala utilizaci\u00f3n del mismo. El correlativo esencial del sacerdocio es el sacrificio, por consiguiente, los simples l\u00edderes de las plegarias p\u00fablicas o los guardianes de los templos no pueden reclamar el titulo de sacerdotes.\n<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 El sacerdocio pagano<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 El sacerdocio jud\u00edo\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-3\">2.1 Sacerdotes<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-4\">2.2 Los Levitas en el Sentido Estricto de la Palabra<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-5\">2.3 El sumo sacerdote<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">3 El sacerdocio cristiano\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-7\">3.1 La Divina Instituci\u00f3n del Sacerdocio<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-8\">3.2 La Posici\u00f3n Jer\u00e1rquica del Presbiterado<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-9\">3.3 Las Facultades Oficiales del Sacerdote<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-10\">3.4 La contribuci\u00f3n del sacerdocio cat\u00f3lico a la civilizaci\u00f3n<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<h2>El sacerdocio pagano<\/h2>\n<p>  Sacerdotes asiriosA. Desde el punto de vista hist\u00f3rico, la m\u00e1s antigua de las religiones paganas, la m\u00e1s desarrollada, y la m\u00e1s marcada por vicisitudes es la de la India. Se pueden reconocer cuatro divisiones, diferentes en historia y naturaleza: el vedismo, el braminismo, el budismo y el hinduismo. A\u00fan en los antiguos himnos v\u00e9dicos se puede diferencias un sacerdocio especial, porque aunque originalmente el padre de familia era tambi\u00e9n qui\u00e9n ofrec\u00eda el sacrificio, sol\u00eda buscar la cooperaci\u00f3n de un bramin. De las funciones esenciales de orar y cantar durante el sacrificio, surgieron, en el vedismo, las tres clases de sacerdotes, los que ofrecen sacrificios (adhvariu), los que cantan (udg\u00e2tar), y los que oran (hotar). Las cuatro categor\u00edas que incluyen soldados, sacerdotes, artesanos o granjeros y esclavos se desarrollaron formalmente en el braminismo tard\u00edo en las cuatro castas (Dahlmann), r\u00edgidamente diferenciadas, entre tanto, los bramines avanzaron por encima de los soldados a la posici\u00f3n de mayor importancia. S\u00f3lo los bramines entend\u00edan el intrincado y dif\u00edcil ceremonial sacrificial; gracias a sus grandes conocimientos y sacrificios, ejerc\u00edan una influencia irresistible sobre los dioses; una explicaci\u00f3n pante\u00edsta del dios Brahma los invest\u00eda de car\u00e1cter divino. Por consiguiente, el bramin era una persona sagrada e inviolable y asesinarlo representaba el mayor de los pecados. El braminismo se ha comparado equivocadamente con la cristianidad medieval (cf. Teichm\u00fcller, \u00abReligionsphilosophie\u00bb, Leipzig, 1886, p. 528). En la Edad Media existi\u00f3, de hecho, un sacerdocio privilegiado, pero no una casta sacerdotal hereditaria; entonces, como ahora, las clases m\u00e1s bajas pod\u00edan alcanzar las m\u00e1s altas funciones eclesi\u00e1sticas. A\u00fan menos justificados, desde el punto de vista del car\u00e1cter pante\u00edstico de la religi\u00f3n bram\u00ednica, son los intentos por rastrear una relaci\u00f3n gen\u00e9tica ente los sacerdocios cat\u00f3lico e indio, puesto que el esp\u00edritu monote\u00edsta del catolicismo y la organizaci\u00f3n caracter\u00edstica de su clero son irreconciliables con el concepto pante\u00edsta de la Deidad y el temperamento insociable de un sistema de castas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Lo mismo puede decirse, a\u00fan con m\u00e1s fuerza, del budismo, que, mediante la reforma introducida mediante el Rey Asoka (239-23 A.C.), forz\u00f3 al braminismo a un segundo plano. Debido a que esta reforma inaugur\u00f3 el reino del Agnosticismo, el Ilusionismo y la moralidad unilateral, el sacerdocio braminico, con la decadencia de los servicios sacrificiales antiguos, perdi\u00f3 su raz\u00f3n de ser. Si no hab\u00eda sustancia eterna, ni ego, ni alma inmortal, ni vida en el m\u00e1s all\u00e1, la idea de un dios, de un redentor, de un sacerdocio ten\u00eda que desaparecer de inmediato. La redenci\u00f3n budista es s\u00f3lo una autoredenci\u00f3n asc\u00e9tica forjada mediante el hundimiento en el abismo de la nada (el nirvana). Los bonzos no son sacerdotes en el sentido estricto de la palabra; ni tampoco tiene el monasticismo budista nada m\u00e1s que el nombre en com\u00fan con el monasticismo cristiano. Los celotes modernos del budismo declaran con creciente osad\u00eda desde Schopenhauer, que lo que desean ante todo es una religi\u00f3n sin dogma y sin un redentor extra\u00f1o, un servicio sin un sacerdocio. Parecer\u00e1 entonces a\u00fan m\u00e1s extraordinario que el budismo, como consecuencia de los esfuerzos del reformador Thong-Kaba, haya desarrollado en el Tibet una jerarqu\u00eda formal y una jerarcracia en el Lama\u00edsmo (Lama=Brahma).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El monasticismo y los servicios religiosos del Lama\u00edsmo presentan tambi\u00e9n una similitud tan sorprendente con las instituciones cat\u00f3licas que los investigadores no cat\u00f3licos no han vacilado en referirse a un \u00abcatolicismo budista\u00bb en el Tibet. El Papa y el Dalai-Lama, Roma y la ciudad de Lasa son contrapartes; el lama\u00edsmo tiene sus monasterios, campanas, procesiones, letan\u00edas, reliquias, im\u00e1genes de santos, agua bendita, cuentas del rosario, mitras obispales, cruces, vestiduras, capas, bautismo, confesi\u00f3n, misa, sacrificios por los muertos. Sin embargo, puesto que es el esp\u00edritu interior el que da a una religi\u00f3n su sello caracter\u00edstico, en estas manifestaciones externas no podemos reconocer una verdadera copia del catolicismo sino s\u00f3lo una distorsionada caricatura. Adem\u00e1s, debido a que este conglomerado religioso se inici\u00f3 apneas en el siglo XIV, es evidente que el sorprendente paralelismo es el resultado de la influencia del catolicismo en el lamaismo y no lo contrario. S\u00f3lo podemos suponer que el fundador, Thong-Kaba fue educado por un misionero cat\u00f3lico. Schanz presenta un panorama sombr\u00edo del hinduismo moderno: \u00abAdem\u00e1s de Vishnu y Siva, se veneran y temen esp\u00edritus y demonios. El R\u00edo Ganges es objeto de especial veneraci\u00f3n. Los templos suelen construirse cerca de los lagos porque a todos los que se ba\u00f1en en ellos Brama les promete el perd\u00f3n de sus pecados. Las bestias (las vacas) tambi\u00e9n y especialmente las serpientes y los objetos inanimados, sirven de fetiches. Las ofrendas consisten en flores, aceite, incienso y alimentos. Se ofrecen tambi\u00e9n sacrificios cruentos a Siva y su c\u00f3nyuge. No faltan tampoco la idolatr\u00eda ni la prostituci\u00f3n\u00bb (\u00abApologie d. Christentums\u00bb, Freiburg, 1905, II, 84 sq.).\n<\/p>\n<p>  Magos persas. Relieve de la ciudad de Pers\u00e9polisB. En la religi\u00f3n similar, aunque \u00e9ticamente superior, de los iran\u00edes (parseismo, zoroastranismo, mazdeismo), que, desafortunadamente nunca superaron el dualismo teol\u00f3gico entre el dios bueno, (Ormuzd=Athura-Mazda) y el malvado antidi\u00f3s (Ahriman=Angr\u00f4-Mainyu), hubo, desde el principio, una casta sacerdotal especial, que en el Avesta (q.v.) estaba dividida en seis clases. El nombre gen\u00e9rico para el sacerdote era \u00e2thravan (hombre de fuego), y la principal funci\u00f3n del sacerdocio era el servicio del fuego, dado que el fuego era el s\u00edmbolo especial de Ormuzd, el dios de la luz. Despu\u00e9s de la destrucci\u00f3n de la monarqu\u00eda persa s\u00f3lo quedaron dos categor\u00edas de sacerdotes: los oficiantes (zoatar, j\u00f4t\u00ee) y los ministros (rathwi). Ambos fueron sucedidos m\u00e1s tarde por los magos Median (magus), que en el parce\u00edsmo moderno se conocen como mobed (de mogh-pati, padre m\u00e1gico). Adem\u00e1s del mantenimiento del fuego sagrado, los deberes de los sacerdotes eran ofrecer sacrificios (carne, pan, flores, frutos), hacer purificaciones, recitar oraciones, cantar himnos e instruir en la ley sagrada. Los animales para el sacrificio se colocaban sobre una pila de ramas secas a la intemperie para evitar que la tierra pura quedara profanada por la sangre. Los sacrificios humanos, acostumbrados desde tiempos inmemoriales, fueron abolidos por Zoroastro (Zarathustra). En \u00e9pocas antiguas, los altares del fuego se colocaban a la intemperie, de preferencia en las monta\u00f1as, aunque los parses modernos tienen templos especiales para el fuego. El haoma, como el m\u00e1s antiguo de los sacrificios, requiere menci\u00f3n especial; hecho del zumo narc\u00f3tico de una cierta planta y utilizado como bebida de ofrenda, se identificaba con la misma deidad y se administraba a los fieles como medio de procurar la inmortalidad. Sin duda, esta haoma iran\u00ed es id\u00e9ntica al soma de la India, el embriagante zumo (asclepias acida o sacrostemma acidum) que supuestamente restauraba la inmortalidad que el hombre perdi\u00f3 en el Para\u00edso (ver EUCARIST\u00cdA). Cuando, durante el reino de Sassanides, Mithras el dios del sol, seg\u00fan la versi\u00f3n m\u00e1s reciente del Avesta, el sumo sacerdote y mediador entre dios y el hombre, hab\u00eda suplantado gradualmente al creativo dios Ormuzd, el culto mitra persa domin\u00f3 el campo pr\u00e1cticamente sin oposici\u00f3n; adem\u00e1s, bajo el Imperio Romano ejerci\u00f3 una influencia irresistible sobre occidente (ver MISA). <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">C. Pasando a la antig\u00fcedad cl\u00e1sica, Grecia nunca tuvo una casta sacerdotal exclusiva, aunque a partir del per\u00edodo d\u00f3rico-j\u00f3nico, el sacerdocio p\u00fablico se consider\u00f3 privilegio de la nobleza. En Homero los reyes tambi\u00e9n ofrec\u00eda sacrificio s a los dioses. Por lo general, el culto p\u00fablico era responsabilidad del estado y los sacerdotes eran funcionarios estatales asignados, generalmente, al servicio de templos especiales. La importancia del sacerdocio fue creciendo con la expansi\u00f3n de los misterios, representados sobre todo en los cultos \u00f3rfico y eleusiano. Los sacrificios iban siempre acompa\u00f1ados de oraciones por las que los griegos mostraban especial preferencia debido a que expresaban sus sentimientos religiosos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero ning\u00fan pueblo del mundo consideraba la religi\u00f3n, el sacrificio y el sacerdocio como responsabilidad del estado hasta el punto en que lo hac\u00edan los antiguos romanos. En las primeras \u00e9pocas de su historia, sus reyes legendarios (entre ellos Numa) eran sacerdotes encargados de ofrecer sacrificios. Durante la Rep\u00fablica, la funci\u00f3n sacerdotal s\u00f3lo admit\u00eda patricios hasta que la Lex Ogulina (aproximadamente en 300 A.C.) admiti\u00f3 tambi\u00e9n a los plebeyos. Dado que el objeto especial del sacrificio romano era ahuywntar el infortunio y atraer el favor de los dioses, la adivinaci\u00f3n desempe\u00f1\u00f3 una importante funci\u00f3n dentro del sacrificio desde las \u00e9pocas m\u00e1s remotas. De ah\u00ed la importancia de las distintas clases de sacerdotes que interpretaban la voluntad de los dioses con base en el vuelo de las aves o en las entra\u00f1as de las bestias que sacrificaban (augures, haruspices) (augurios auspicios). Hab\u00eda muchas otras categor\u00edas: pontifices, flamines, fetiales, luperci, etc. Durante las \u00e9pocas imperiales, el emperador era el sumo sacerdote (pontifex maximus).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">D. Seg\u00fan T\u00e1cito, la religi\u00f3n de los antiguos germanos era un simple culto a los dioses, sin im\u00e1genes; sus servicios ten\u00edan lugar no en templos sino en bosques sagrados. Los sacerdotes, si se pueden llamar as\u00ed, eran altamente respetados y pose\u00edan facultades judiciales, como lo demuestra el antiguo t\u00e9rmino germano para sumo sacerdote, \u00eawarte (guardi\u00e1n de la justicia). Sin embargo, los sacerdotes celtas o druidas (del irland\u00e9s antiguo, drui, mago) tuvieron una influencia mucho mayor en los pueblos. Su verdadero origen fue en Irlanda y Breta\u00f1a de donde se trasladaron a Gaula en el siglo III A.C. Aqu\u00ed aparecen como casta sacerdotal, exenta de impuestos y de la obligaci\u00f3n de prestar servicio militar; junto con la nobleza constituyen la clase dirigente y, por su actividad como maestros, jueces y m\u00e9dicos, se convierten en representantes de una cultura m\u00e1s alta, religiosa, moral e intelectual. Los druidas ense\u00f1aron la existencia de la divina providencia, la inmortalidad del alma y la trasmigraci\u00f3n. Aparentemente han tenido im\u00e1genes de dioses y han ofrecido sacrificios humanos: esta \u00faltima pr\u00e1ctica puede haber entrado en desuso desde una \u00e9poca mucho m\u00e1s remota. Por lo general, realizaban sus servicios religiosos en las cimas de las monta\u00f1as o en los robledales. Despu\u00e9s de la conquista de Gaula, los druidas perdieron la estima popular.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">E. La m\u00e1s antigua religi\u00f3n china es el sionismo que puede caracterizarse como el \u00abmonote\u00edsmo espiritualista y moral m\u00e1s perfecto que haya conocido la antig\u00fcedad fuera de Judea\u00bb (Schanz). No contaba con un sacerdocio propiamente dicho, los sacrificios (animales, frutas e incienso) eran ofrecidos por funcionarios estatales a nombre del mandatario. A este respecto, el reformador Confucio no cambi\u00f3 nada (en el siglo VI A.C), aunque desmerit\u00f3 el concepto de la religi\u00f3n y convirti\u00f3 a un emperador casi deificado, en \u00abEl Hijo del Cielo\u00bb y en \u00f3rgano del intelecto c\u00f3smico. En contraste directo con este sistema carente de sacerdotes, Laotse (nacido en el a\u00f1o 604 A.C.), fundador del tao\u00edsmo (tao, raz\u00f3n), introdujo el monasticismo y el sacerdocio regular, encabezado por el sumo sacerdote. A partir del siglo primero antes de Cristo, estas dos religiones encontraron un fuerte rival en el budismo, aunque, a\u00fan hoy, el confucionismo sigue siendo la religi\u00f3n oficial de China.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La religi\u00f3n nacional original de los japoneses fue el shintoismo, una extra\u00f1a mezcla de culto a la naturaleza, a los antepasados y a los h\u00e9roes. Se trata de una religi\u00f3n sin dogmas, sin c\u00f3digo moral, sin escrituras sagradas. El Mikado es un hijo de la deidad y, como tal, es tambi\u00e9n un sumo sacerdote; su palacio es el templo: s\u00f3lo a\u00f1os m\u00e1s tarde construy\u00f3 el templo de Ise. Cerca del a\u00f1o 280 D.C, el confucionismo se abri\u00f3 camino hacia Jap\u00f3n, desde China, y trat\u00f3 de coalecer con su s\u00edmil el shintoismo. Sin embargo, el mayor golpe al shintoismo provino del budismo, que lleg\u00f3 del Jap\u00f3n en el a\u00f1o 552 D.C y, por un extraordinario proceso de amalgama, se uni\u00f3 con la antigua religi\u00f3n nacional para formar una tercera religi\u00f3n. Esta fusi\u00f3n dio origen a lo que se conoce como Rio-bu-Shinto. En la revoluci\u00f3n de 1868 se dej\u00f3 a un lado a este religi\u00f3n mixta y se declar\u00f3 el shintoismo como la religi\u00f3n del Estado. En 1877, la ley que establec\u00eda esta situaci\u00f3n fue abrogada y, en 1889, se otorg\u00f3 la libertad religiosa general. en 1879 se abolieron los distintos rangos entre los sacerdotes.\n<\/p>\n<p>  Sacerdote egipcio.Museo egipcio de Tur\u00ednF. Por varios miles de a\u00f1os, el concepto de sacerdocio estuvo inseparablemente unido a la antigua religi\u00f3n de los egipcios. Aunque el mandatario que ocupara el poder en un determinado momento era, nominalmente, el \u00fanico sacerdote, se hab\u00eda desarrollado, a\u00fan en el reino antiguo (desde aproximadamente el a\u00f1o 3400 A.C.) una casta sacerdotal especial, que en el reino medio (desde cerca del a\u00f1o 2000 A.C), y a\u00fan m\u00e1s en el reino tard\u00edo (desde aproximadamente 1090 A.C), se convirti\u00f3 en la clase dirigente. El gran intento de reforma del Rey Amenhotep IV (muerto en 1374 A.C.), quien trat\u00f3 de desterrar a todos los dioses de la religi\u00f3n egipcia, con excepci\u00f3n del dios sol, y convertir el culto al sol en la religi\u00f3n del Estado, se vio frustrado por la oposici\u00f3n de los sacerdotes. Toda la dinast\u00eda XXI fue una familia de reyes-sacerdotes. Aunque Mois\u00e9s, instruido como fue en la sabidur\u00eda de los egipcios, puede haberle debido a un modelo egipcio una o dos de las caracter\u00edsticas externas de su organizaci\u00f3n del culto divino, fue, gracias a la inspiraci\u00f3n divina, totalmente original en el establecimientos del sacerdocio jud\u00edo, que se basa en la idea \u00fanica de la alianza de Yahv\u00e9 con el Pueblo Elegido (cf. \u00abRealencyklop\u00e4die f\u00fcr protest. Theologie\u00bb, XVI, Leipzig, 1905, 33). A\u00fan menos justificado es el intento de algunos autores de historia comparativa de las religiones de rastrear el origen del sacerdocio cat\u00f3lico hasta las castas sacerdotales egipcias; porque, en el mismo momento en que este pr\u00e9stamo se hubiera podido llevar a cabo, la idolatr\u00eda egipcia hab\u00eda degenerado en un culto animal tan detestable, que no s\u00f3lo los cristianos sino los paganos lo despreciaban con aversi\u00f3n (cf. Aristides, \u00abApol.\u00bb, xii; Clemente de Alejandr\u00eda, \u00abCohortatio\u00bb, ii). <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">G. En la religi\u00f3n de los semitas, encontramos a los primeros sacerdotes babilonios-asirios, quienes, bajo el nombre de \u00abcaldeos\u00bb, practicaron la interpretaci\u00f3n de los sue\u00f1os, la lectura de los astros y los sacrificios. De ah\u00ed sus divisiones en distintas clases: los oficiantes de sacrificios (nisakku), los videntes (b\u00e2r\u00fb), los exorcistas (asipu), etc. En Asiria surgieron templos grandiosos con \u00eddolos de figuras humanas e h\u00edbridas que (fuera del culto obligatorio de las estrellas) sirvieron para prop\u00f3sitos astrol\u00f3gicos y astron\u00f3micos. Entre los sirios, el cruel y voluptuoso culto a Moloch y Astarta tuvieron su sede principal en Babilonia, sobre todo Astarta (Ishtar,) a quienes los antiguos conoc\u00edan simplemente como la \u00abDiosa Siria\u00bb (Dea Syria). Igualmente, entre los fenicios, amonitas y filistinos semitizados, estas ominosas deidades encontraron especial veneraci\u00f3n. Con gritos y danzas, los sacerdotes procuraban apaciguar a Moloch sediento de la sangre de ni\u00f1os sacrificados y automutilaciones, a la vez que el an\u00e1logo Galh procuraba apaciguar a la diosa frigia, Cibeles. Los notables sacerdotes de Baal de los cananitas eran para los jud\u00edos un incentivo a la idolatr\u00eda tan acendrado como el culto a Astarta era una tentaci\u00f3n a la inmoralidad. La religi\u00f3n sem\u00edtica del sur de los antiguos \u00e1rabes paganos era una religi\u00f3n simple del desierto, sin sacerdocio definido: el Islam moderno o mahometanismo tiene un clero (el muezzin, anunciador de la hora de oraci\u00f3n; los imanes, l\u00edderes de las oraciones; el kh\u00e2tib, predicador), pero no posee un sacerdocio propiamente dicho. La rama sem\u00edtica occidental de los hebreos se analizar\u00e1 en la siguiente secci\u00f3n.\n<\/p>\n<h2>El sacerdocio jud\u00edo<\/h2>\n<p>  En la era de los patriarcas, la ofrenda de sacrificios era responsabilidad del padre o jefe de familia (cf. Gen., viii, 20; xii, 7, etc.; Job, i, 5). Pero, a\u00fan antes de Mois\u00e9s, tambi\u00e9n hab\u00eda sacerdotes regulares, que no eran padres de familia (cf. Ex., xix, 22 sqq.). La hip\u00f3tesis de Hummelauer \u00abDas vormosaische Priestertum in Israel\u00bb, Friburgo, 1899) que sostiene que este sacerdocio premosaico fue establecido por el mismo Dios y que luego se torn\u00f3 hereditario en la familia de Manasses, pero que fue luego abolido en castigo por la adoraci\u00f3n del becerro de oro (cf. Ex., xxxii, 26 sqq.), dif\u00edcilmente puede establecerse sobre bases cient\u00edficas (cf. Rev. bibl. internat., 1899, pp. 470 sqq.). En el per\u00edodo mosaico hay que diferenciar: sacerdotes, levitas y sumos sacerdotes. <\/p>\n<h3>Sacerdotes<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">S\u00f3lo despu\u00e9s de la legislaci\u00f3n sina\u00edtica el sacerdocio israelita se convirti\u00f3 en una clase especial dentro de la comunidad. De la tribu de Lev\u00ed, Yahv\u00e9 eligi\u00f3 la casa de Aar\u00f3n para desempe\u00f1ar en forma permanente y exclusiva todas las funciones religiosas; Aar\u00f3n mismo, y luego el primog\u00e9nito de su familia, deber\u00eda encabezar este sacerdocio como sumo sacerdote, mientras que los dem\u00e1s levitas actuar\u00edan no como sacerdotes sino como asistentes y sirvientes. La consagraci\u00f3n solemne de los aaronitas al sacerdocio tuvo lugar al tiempo con la unci\u00f3n de Aar\u00f3n como sumo sacerdote y caso con el mismo ceremonial (Ex., xxix, 1-37; xl, 12 sqq.; Lev., viii, 1-36). Esta consagraci\u00f3n \u00fanica abarcaba la consagraci\u00f3n de todos los futuros descendientes de los sacerdotes, de manera que el sacerdocio qued\u00f3 establecido en la casa de Aar\u00f3n por simple descendencia, y fue por lo tanto hereditario. Despu\u00e9s del exilio de babilonia, se exigi\u00f3 a\u00fan con m\u00e1s rigidez la prueba geneal\u00f3gica estricta de la descendencia sacerdotal y cualquier falla en el suministro de la misma equival\u00eda a la exclusi\u00f3n del sacerdocio (I Esd., ii, 61 sq.; II Esd., vii, 63 sq.). Algunos defectos f\u00edsicos, entre los que los talmudistas tard\u00edos mencionan 142, eran tambi\u00e9n motivo de descalificaci\u00f3n del ejercicio del oficio sacerdotal (Lev., xxi, 17 sqq.). Se fijaron, adem\u00e1s, los l\u00edmites de edad (veinte y cincuenta a\u00f1os) (II Par., xxxi, 17); a los sacerdotes les estaba prohibido tener esposa o concubina o una mujer divorciada (Lev., xxi, 7); durante el ejercicio activo del sacerdocio, estaba prohibido el contacto sexual marital. Adem\u00e1s de una vida previa impecable, la limpieza lev\u00edtica era tambi\u00e9n requisito esencial para el sacerdocio. Quienquiera que ejerciere una funci\u00f3n sacerdotal en impureza lev\u00edtica era expulsado al igual que cualquiera que ingresara al santuario despu\u00e9s de haber tomado vino u otras bebidas embriagantes (Lev., x, 9; xxii, 3). Estaba estrictamente prohibido incurrir en impureza \u00aba la muerte de sus ciudadanos\u00bb, excepto en el caso de parientes de primer grado, (Lev., xxi, 1 sqq.). En casos de duelo, no deb\u00eda haber signos externos de tristeza (por ejemplo, desgarrarse las vestiduras). Al asumir su cargo, el sacerdote ten\u00eda que ba\u00f1arse primero para purificarse (Ex., xxix, 4; xl, 12), ser rociado con aceite (Ex., xxix, 21; Lev., viii, 30), y colocarse luego las vestiduras.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las vestiduras sacerdotales consist\u00edan en pantalones, t\u00fanica, faja y mitra. Los pantalones (feminalia linea) los cubr\u00edan desde los ri\u00f1ones hasta los muslos (Ex., xxviii, 42). La t\u00fanica (tunica) era un tipo de abrigo tejido de una sola pieza, con mangas estrechas, que iba desde el cuellos hasta los tobillos y se ataba al cuello con bandas (Ex., xxviii, 4). La faja (balteus) ten\u00eda tres o cuatro dedos de ancho y (seg\u00fan la tradici\u00f3n rab\u00ednica) ten\u00eda 36 metros de largo; deb\u00eda ser bordada con el mismo patr\u00f3n y tener el mismo color de la cortina del patio anterior del Tabern\u00e1culo de la Alianza (Ex., xxxix, 38). La mitra complementaba las vestiduras oficiales (Ex., xxxix, 26), era una especie de gorro de lino fino. Puesto que nada se dice del calzado, los sacerdotes deben haber oficiado descalzos como lo declara, de hecho, la tradici\u00f3n jud\u00eda (cf. Ex., iii, 5). Estas vestiduras se prescrib\u00edan para ser utilizados \u00fanicamente durante los servicios y el resto del tiempo permanec\u00edan guardadas en un lugar determinado para ese fin, a cargo de un custodio especial. Para informaci\u00f3n detallada sobre las vestiduras sacerdotales , ver Josephus, \u00abAntiq.\u00bb, III, vii, 1 sqq.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los deberes oficiales de los sacerdotes se relacionaban en parte con sus ocupaciones principales y en parte con servicios subsidiarios. A la primera de esta categor\u00eda, correspond\u00edan todas las funciones relacionadas con el culto p\u00fablico; por ejemplo, las ofrendas de incienso, dos veces al d\u00eda (Ex., xxx, 7), la renovaci\u00f3n semanal de los panes de la proposici\u00f3n sobre la mesa de oro (Lev., xxiv, 9), la limpieza y llenado de las l\u00e1mpara de aceite del candelabro de oro (lev., xxiv, 1). Todos estos servicios se realizaban dentro del santuario. Hab\u00eda, adem\u00e1s, algunas funciones que se realizaban en el patio exterior: el mantenimiento del fuego sagrado en el altar para los sacrificios inmolados (Lev., vi, 9 sqq.), las ofrendas diarias de los sacrificios de la ma\u00f1ana y de la tarde, en especial corderos (Ex., xxix, 38 sqq.). Como servicios subsidiarios, los sacerdotes deb\u00edan presentar el agua maldita a las esposas sospechosas de adulterio (Num., v, 12 sqq.), tocar las trompetas que anunciaban los d\u00edas sagrados (Num., x, 1 sqq.), declarar puros o impuros a los leprosos (Lev., xiii-xiv; Deut., xxiv, 8; cf. Matt., viii, 4), dispensar de los votos, evaluar los objetos ofrecidos al santuario (Lev., xxvii), y, por \u00faltimo, ofrecer sacrificios por quienes violaran la ley de los nazaritas, es decir, un voto por el que se compromet\u00edan a evitar cualquier bebida embriagante y cualquier impureza (especialmente por contacto con un cad\u00e1ver) y dejarse crecer el pelo (Num., vi, 1-21). Adem\u00e1s, los sacerdotes eran maestros y jueces; no s\u00f3lo deb\u00edan explicar la ley a las gentes (Lev., x, 11; Deut., xxxiii, 10) sin remuneraci\u00f3n (Mich., iii, 11) y preservar cuidadosamente el Libro de la Ley, copia del cual se le presentaba al (futuro) rey (Deut., xvii, 18), sino que ten\u00edan que dirimir, adem\u00e1s, las demandas legales dif\u00edciles entre los individuos (Deut., xvii, 8; xix, 17; xxi, 5). Dada la compleja naturaleza del servicio lit\u00fargico, m\u00e1s tarde, David dividi\u00f3 el sacerdocio en veinticuatro clases o cursos, cada uno de los cuales, a su vez, con su miembro m\u00e1s antiguo como cabeza, ten\u00eda que oficiar el servicio de un s\u00e1bado al otro (IV Reyes, xi, 9; cf. Lucas, i, 8). Las otras clases se determinaban a la suerte (I Par., xxiv, 7 sqq.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los ingresos de los sacerdotes proven\u00edan de los diezmos y primicias de los frutos y animales. A esto se agregaban los ingresos accidentales y los restos de alimentos y las oblaciones presentadas en satisfacci\u00f3n de las culpas, cuando dichas oblaciones no fueran totalmente consumidas por el fuego; adem\u00e1s recib\u00edan las pieles de los animales sacrificados y los productos naturales y el dinero ofrecido a Dios (Lev., xxvii; Num., viii, 14). Con todos estos requisitos previos, todo parece indicar que los sacerdotes jud\u00edos no fueron nunca una clase adinerada, debido en parte a su creciente n\u00famero y en parte a las numerosas familias que criaban. Pero su alto rango, su educaci\u00f3n superior y su posici\u00f3n social les garantizaba gran prestigio entre el pueblo. En t\u00e9rminos generales, cumpl\u00edan con su alto cargo en forma honrosa, aunque con frecuencia merecieron la r\u00edgida reprobaci\u00f3n de los Profetas (cf. Jer., v, 31; Ezech., xxii, 26; Os., vi, 9; Mich., iii, 11; Mal., i, 7). Con la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n por Tito, en el a\u00f1o 70 D.C, todo el servicio sacrificial y con \u00e9l el sacerdocio jud\u00edo, llegaron a su fin. Los \u00faltimos rabinos nunca se consideraron sacerdotes sino simples maestros de la ley.\n<\/p>\n<h3>Los Levitas en el Sentido Estricto de la Palabra<\/h3>\n<p>  LevitaYa se ha dicho antes que el verdadero sacerdocio fue hereditario exclusivamente para la casa de Aar\u00f3n y que a los dem\u00e1s descendientes de Lev\u00ed se les asign\u00f3 una posici\u00f3n subordinada como sirvientes y asistentes de los sacerdotes. Estos \u00faltimos son los levitas propiamente dichos. Estaban divididos en las familias de los gersonitas, caatitas, y meraritas (Ex., vi, 16; Num., xxvi, 57), llamados as\u00ed por los tres hijos de Lev\u00ed, Gers\u00f3n, Caat, y Merari (cf. Gen., xlvi, 11; I Par., vi, 1). Como simples sirvientes de los sacerdotes, los levitanos no pod\u00edan ingresar al santuario ni oficiar actos sacrificiales, sobre todo la aspersi\u00f3n de sangre (aspersio sanguinis). Este era privilegio de los sacerdotes (Num., xviii, 3, 19 sqq.; xviii, 6). No obstante, los levitas ten\u00edan que asistir a las aspersiones durante los servicios sagrados, preparar las distintas oblaciones y mantener en buen estado los vasos sagrados. Entre sus principales deberes estaba el de custodiar constantemente el Tabern\u00e1culo con el Arca de la Alianza; los gersonitas acampaban al occidente, los caatitas al sur, los meraritas al norte y Mois\u00e9s con Aar\u00f3n y sus hijos custodiaban el Santo Tabern\u00e1culo hacia el este (Num., iii, 23 sqq.). Una vez que el tabern\u00e1culo encontr\u00f3 un hogar fijo en Jerusal\u00e9n, David cre\u00f3 cuatro clases de levitas: los sirvientes de los sacerdotes, los funcionarios y jueces, los porteros y, por \u00faltimo, los m\u00fasicos y cantores (I Par., xxiii, 3 sqq.). Despu\u00e9s de la construcci\u00f3n del Templo por Salom\u00f3n, los levitas se convirtieron, como era de esperarse, en sus guardianes (I Par., xxvi, 12 sqq.). Cuando se reconstruy\u00f3 el Templo los levitas se establecieron como guardias en veinti\u00fan puntos a su alrededor (Talmud; Middoth, I, i). Al igual que los sacerdotes, los levitas estaban tambi\u00e9n obligados a instruir al pueblo en la ley (II Par., xvii, 8; II Esd., viii, 7), e incluso, en ciertos momentos, estuvieron facultados para ejercer funciones judiciales (II Par., xix, 11). <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Se posesionaban de su cargo mediante un rito de consagraci\u00f3n: se les roseaba con agua de purificaci\u00f3n, se les afeitaban las cabezas y se lavaban sus vestiduras, se ofrec\u00edan sacrificios, los ancianos les impon\u00edan las manos (Num., viii, 5 sqq.). En cuanto a la edad del servicio se fij\u00f3 la de treinta a\u00f1os para el ingreso y cincuenta para retirarse del cargo (Num., iv, 3; I Par., xxiii, 24; I Esd., iii, 8). La ley no prescrib\u00eda para ellos vestiduras especiales; en tiempos de David y de Salom\u00f3n, los portadores del Arca de la Alianza y los cantores utilizaban vestiduras de lino fino (I Par., xv, 27; II Par., v, 12). Cuando se dividi\u00f3 la Tierra Prometida entre las doce tribus, la tribu de Lev\u00ed qued\u00f3 sin territorio puesto que el Se\u00f1or mismo era la porci\u00f3n de su heredad (cf. Num., xviii, 20; Deut., xii, 12; Jos., xiii, 14). En compensaci\u00f3n, Yahv\u00e9 cedi\u00f3 a los levitas y sacerdotes los dones de los productos naturales hechos por el pueblo y otros ingresos. En primer lugar, los levitas recibieron los diezmos de las frutas y las bestias del campo (Lev., xxvii, 30 sqq.; Num., xviii, 20 sq.), de los que, a su vez, deb\u00edan entregar la d\u00e9cima parte a los sacerdotes (Num., xviii, 26 sqq.). Adem\u00e1s, ten\u00edan participaci\u00f3n en los banquetes sacrificiales (Deut., xii, 18) y, al igual que los sacerdotes, estaban exentos de impuestos y de la obligaci\u00f3n de prestar servicio militar. El aspecto de la residencia se resolvi\u00f3 ordenando a las tribus dotadas de propiedad territorial a ceder a los levitas cuarenta y ocho ciudades lev\u00edticas con sus precintos, diseminadas por toda la regi\u00f3n, (Num., xxxv, 1 sqq.);, trece de \u00e9stas fueron asignadas a los sacerdotes. Despu\u00e9s de la divisi\u00f3n de la monarqu\u00eda en el Reinos del Norte de Israel y el Reino del Sur de Jud\u00e1, muchos levitas de la parte norte trasladados al Reino de Jud\u00e1 que se mantuvieron fieles a la ley, y se instalaron en Jerusal\u00e9n. Despu\u00e9s de que el Reino del Norte fue castigado por la deportaci\u00f3n a Asiria, en 722, A.C., el Reino del Sur fue tambi\u00e9n derrocado por los babilonios en 606 A.C., y numerosos jud\u00edos, incluyendo muchos levitas, huyeron apresuradamente al \u00abexilio en Babilonia\u00bb. S\u00f3lo unos pocos levitas regresaron a su antiguo hogar, bajo Esdras en el a\u00f1o 450 (cf. I Esd., ii, 40 sqq.). Con la destrucci\u00f3n del templo herodiano, en el a\u00f1o 70 D.C., qued\u00f3 sellado el final de los levitas.\n<\/p>\n<h3>El sumo sacerdote<\/h3>\n<p>  Sumo Sacerdote con pectoral y joyasPor orden de Yahv\u00e9, Mois\u00e9s consagr\u00f3 a Aar\u00f3n, su hermano, como el primer sumo sacerdote, repiti\u00f3 la consagraci\u00f3n durante siete d\u00edas y, al octavo d\u00eda, lo introdujo solemnemente en el Tabern\u00e1culo de la Alianza. La consagraci\u00f3n de Aar\u00f3n consisti\u00f3 en abluciones, investidura con costosos ornamentos, unci\u00f3n con aceite bendito y el ofrecimiento de varios sacrificios (Ex., xxix). Como signo de que Aar\u00f3n estaba dotado de la plenitud del sacerdocio, Mois\u00e9s verti\u00f3 sobre su cabeza el aceite de la unci\u00f3n (Lev., viii, 12), mientras que los dem\u00e1s aaronitas, como simples sacerdotes, s\u00f3lo recib\u00edan la unci\u00f3n en las manos (Ex., xxix, 7, 29).Para los jud\u00edos, el sumo sacerdote era la m\u00e1xima personificaci\u00f3n de la teocracia, el monarca de todos los sacerdotes, el mediador especial entre Dios y el Pueblo de la Alianza, y la cabeza espiritual de la sinagoga. Era el sacerdote por excelencia, el \u00abgran sacerdote\u00bb (en griego archiereus), el \u00abpr\u00edncipe de todos los sacerdotes\u00bb y, debido a la unci\u00f3n de su cabeza, el \u00absacerdote ungido\u00bb. A este alt\u00edsimo cargo correspond\u00edan sus vestiduras especiales y costosas, que utilizaba adem\u00e1s de las de los sacerdotes comunes (Ex., xxviii). Una prenda (probablemente sin mangas) de color azul violeta (tunica) que le llegaba hasta las rodillas, con el borde orlado con peque\u00f1as campanas doradas y granadas bordadas en hilos de colores. Sobre los hombros utilizaba una prenda conocida como efod; elaborada de un costo material, hecha de dos partes de aproximadamente 114 cms. de largo cada una (o la medida conocida como un \u00abelle\u00bb), que le cubr\u00edan la espalda y el pecho, estaban unidas en la parte superior por dos bandas u hombreras, y terminaban en la parte inferior en una magn\u00edfica faja. Al frente del efod colgaba el escudo (rationale), una bolsa cuadrada que llevaba grabados en su exterior en piedras preciosas los nombres de las doce tribus (Ex., xxviii, 6), en cuyo interior se guardaban los famosos Urim y Thummim (q.v.) como medios para obtener las profec\u00edas y los or\u00e1culos; completaba las vestiduras del sumo sacerdote un precioso turbante (tiara), que ostentaba una placa de oro al frente con la inscripci\u00f3n \u00abConsagrado a Yahv\u00e9\u00bb. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El sumo sacerdote era responsable de la supervisi\u00f3n suprema del Arca dela Alianza (y del Templo), del servicios divinos en general y de todo el personal relacionado con la totalidad del culto p\u00fablico. Era \u00e9l quien presid\u00eda el Sanedr\u00edn. S\u00f3lo \u00e9l pod\u00eda celebrar la liturgia en la Fiesta de la Expiaci\u00f3n, ocasi\u00f3n para la cual s\u00f3lo se pon\u00eda sus costosas vestiduras una vez terminados los sacrificios. S\u00f3lo \u00e9l pod\u00eda ofrecer sacrificios por sus propios pecados y los del pueblo (Lev., iv, 5), entrar al sanctum sanctorum y pedir consejo a Yahv\u00e9 en ocasiones importantes. Inicialmente, el cargo de sumo sacerdote en la casa de Aar\u00f3n fue hereditario, en la l\u00ednea de su primog\u00e9nito Eleazar, pero en el per\u00edodo desde Hel\u00ed hasta Abiatar (1131 a 973 A.C.), perteneci\u00f3, por derecho de primogenitura, a la l\u00ednea de Itamar. Bajo el reinado de Seleucide (desde cerca de 175 A.C.), el cargo se vendi\u00f3 por dinero al mayor postor. En un per\u00edodo m\u00e1s tard\u00edo se torn\u00f3 hereditario, en la familia de Hasmon. El sumo sacerdocio desapareci\u00f3 con la destrucci\u00f3n del Santuario Cntral por los romanos. Los cr\u00edticos b\u00edblicos negativos actuales est\u00e1n radicalmente en contra del anterior relato del sacerdocio mosaico, basado en el Antiguo Testamento. Seg\u00fan la hip\u00f3tesis de Graf-Wellhausen, Mois\u00e9s (aproximadamente en 1250 A.C.), no puede ser el autor del Pentateuco. No fue el legislador nombrado por voluntad divina, sino simplemente el fundador de la monolatr\u00eda, puesto que el monote\u00edsmo \u00e9tico fue el resultado de los esfuerzos de Profetas que vinieron mucho tiempo despu\u00e9s. El Deuteronomio D apareci\u00f3 f\u00edsicamente en el a\u00f1o 621 A.C., cuando el astuto sumo sacerdote Helkias, mediante un fraude piadoso, le entreg\u00f3 al rey Josias, un hombre temeroso de Dios, el reci\u00e9n compuesto \u00abLibro de las Leyes\u00bb D, como escrito por Mois\u00e9s (cf. IV Reyes, xxii, 1 sqq.). Cuando Esdras regres\u00f3 a Jerusal\u00e9n del Exilio de Babilonia, cerca del a\u00f1o 450 A.C., trajo con \u00e9l el \u00abLibro del Ritual\u00bb o el c\u00f3digo sacerdotal P, es decir, las porciones intermedias, entre el G\u00e9nesis y el Deuteronomio, que hab\u00eda compuesto \u00e9l mismo en su colegio en Babilonia, aunque s\u00f3lo en el a\u00f1o 444 A.C., se atrevi\u00f3 a hacerlo p\u00fablico. Un ingenioso editor introdujo ahora las partes relativas al culto p\u00fablico en los antiguos libros hist\u00f3ricos preex\u00edlicos, y se remont\u00f3 en el tiempo, proyectando, hasta Mois\u00e9s, toda una nueva idea acerca de un sacerdocio aar\u00f3nico y de la centralizaci\u00f3n del culto. As\u00ed, la historia del Tabern\u00e1culo de la Alianza es una mera ficci\u00f3n, inventada para representar el Templo de Jerusal\u00e9n tal como fue establecido en su forma plenamente desarrollada al comienzo de la historia israelita y para justificar la unidad del culto. Aunque esta hip\u00f3tesis no niega la gran antig\u00fcedad del sacerdocio jud\u00edo, sostiene que la centralizaci\u00f3n del culto, la diferencia esencial entre sacerdotes y levitas, la autoridad suprema de los sacerdotes del templo de Jerusal\u00e9n, comparada con la de los llamados sacerdotes de monta\u00f1a (cf. Ezech., xliv, 4 sqq.), debe relacionarse a la \u00e9poca postex\u00edlica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sin entrar en una cr\u00edtica detallada de estas declaraciones de Wellhausen y de la escuela cr\u00edtica (ver PENTATEUCO), podemos decir, en t\u00e9rminos generales, que la escuela conservadora admite o puede admitir tambi\u00e9n que s\u00f3lo la parte original del Pentateuco debe aceptarse como mosaica; que, en el mismo texto, se han incluido, aparentemente, repeticiones de distintas fuentes y, por \u00faltimo, que no se excluye, de ninguna manera, la posibilidad de adiciones, extensiones y adaptaciones a las nuevas condiciones por un autor inspirado de un per\u00edodo posterior. Tambi\u00e9n debe admitirse que, aunque se fij\u00f3 un lugar de culto, se ofrec\u00edan sacrificios, a\u00fan en tiempos m\u00e1s remotos, por parte de laicos y simples levitas, lejos del lugar donde se encontraba el Arca de la Alianza, y que, en \u00e9pocas de inestabilidad y perturbaci\u00f3n pol\u00edtica, no siempre se observaron las \u00f3rdenes de Mois\u00e9s. En los per\u00edodos sombr\u00edos, caracterizados por el descuido de la ley, no se acat\u00f3 a la prohibici\u00f3n de ofrecer sacrificios en los montes y, con frecuencia, los profetas ve\u00edan con agrado el que se ofrecieran sacrificios en lugares elevados (bamoth), no a dioses paganos, sino a Yahv\u00e9. Sin embargo, el problema del Pentateuco es uno de los aspectos m\u00e1s dif\u00edciles e intrincados de la cr\u00edtica b\u00edblica. La hip\u00f3tesis de Wellhausen, con sus osadas suposiciones de enga\u00f1os piadosos y proyecciones artificiales, queda abierta a dificultades y misterios tan grandes, si no mayores, que los del concepto tradicional, aunque algunas de sus contribuciones a la cr\u00edtica literaria pueden ser objeto de examen. Es innegable que la estructura cr\u00edtica a experimentado un duro golpe desde el descubrimiento de las cartas de Tell-el-Amarna que datan del siglo XV A.C., y desde cuando se descifr\u00f3 el C\u00f3digo Hamurabi. La suposici\u00f3n de que la religi\u00f3n m\u00e1s antigua de Israel debe haber sido id\u00e9ntica a la de los semitas primitivos (polidemonismo, animismo, fetichismo, culto a los ancestros) ha demostrado ser falsa, puesto que mucho antes del a\u00f1o 2000 A.C., la religi\u00f3n oficial de Babilonia era una especie de Henote\u00edsmo, es decir, un polite\u00edsmo con una cabeza mon\u00e1rquica. Los inicios de las religiones de todos los pueblos son mucho m\u00e1s puros y espirituales de lo que muchos historiadores de las religiones han estado dispuestos a admitir hasta ahora. Una cosa es cierta: a\u00fan no se ha dicho la \u00faltima palabra en cuanto al valor de la hip\u00f3tesis de Wellhausen.\n<\/p>\n<h2>El sacerdocio cristiano<\/h2>\n<p>  La Iglesia Universal reunida en ConcilioEn el Nuevo Testamento, seg\u00fan la ense\u00f1anza cat\u00f3lica, los obispos y sacerdotes son los \u00fanicos autorizados para ejercer el sacerdocio; los primeros lo ejercen a plenitud (summus sacerdos s. primi ordinis), mientras que los presb\u00edteros son simples sacerdotes (simplex sacerdos s. secundi ordinis). El di\u00e1cono, por otra parte, es un simple asistente del sacerdote, sin ninguna facultad sacerdotal. Omitiendo todo tratamiento especial del obispo y del di\u00e1cono, limitaremos nuestra atenci\u00f3n principalmente al presbiterado, puesto que ahora el t\u00e9rmino, \u00abpreste\u00bb sin calificaci\u00f3n, se interpreta como presb\u00edtero. <\/p>\n<h3>La Divina Instituci\u00f3n del Sacerdocio<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">Seg\u00fan el concepto protestante, no hab\u00eda en la Iglesia cristiana primitiva distinci\u00f3n especial entre los laicos y el clero; no hab\u00eda diferencia jer\u00e1rquica entre las distintas \u00f3rdenes (obispo, sacerdote, di\u00e1cono), no se reconoc\u00eda al papa ni a los obispos como poseedores del m\u00e1s alto poder de jurisdicci\u00f3n sobre la Iglesia Universal ni sobre sus diversas divisiones territoriales. Por el contrario, la constituci\u00f3n de la Iglesia, en sus comienzos, fue democr\u00e1tica, por virtud de lo cual, las Iglesias locales eligieron sus propios jefes y ministros y les impartieron su inherente autoridad espiritual, tal como en la rep\u00fablica moderna el \u00abpueblo soberano\u00bb confiere a su presidente electo y a sus funcionarios la autoridad administrativa. La base m\u00e1s profunda de esta trasmisi\u00f3n de poder debe buscarse en la idea cristiana primitiva del sacerdocio universal, que excluye el reconocimiento de un sacerdocio especial. Cristo es el \u00fanico sumo sacerdote del Nuevo Testamento as\u00ed como su cruenta muerte en la cruz es el \u00fanico sacrificio de la cristiandad. Si todos los cristianos, sin excepci\u00f3n, son sacerdotes por virtud de su bautismo, un sacerdocio oficial, obtenido por ordenaci\u00f3n especial, es tan inadmisible como el Sacrificio Cat\u00f3lico de la Misa. No el sacrificio material de la Eucarist\u00eda, que consiste en el ofrecimiento de dones (reales), sino s\u00f3lo el sacrificio puramente espiritual de la oraci\u00f3n, armoniza con el esp\u00edritu de la cristiandad. No queda m\u00e1s remedio que admitir que la gradual corrupci\u00f3n del cristianismo comenz\u00f3 muy temprano (a fines del siglo primero), puesto que no se puede negar que Clemente de Roma (Ep. Cor., xliv, 4), en las Ense\u00f1anzas de los Doce Ap\u00f3stoles (Didache, xiv), y Tertuliano (De bapt., xvii; \u00abDe pr\u00e6sc. h\u00e6r.\u00bb, xli; \u00abDe exhort. cast.\u00bb, vii) reconocen un sacerdocio oficial con el Sacrificio objetivo de la Misa. La corrupci\u00f3n se difundi\u00f3 r\u00e1pidamente por todo el oriente y el occidente y continu\u00f3 sin freno durante la Edad Media, hasta que, por fin, la Reforma pudo restaurar el cristianismo a su pureza original. \u00abRevivi\u00f3 la idea del sacerdocio universal; se consideraba consecuencia necesaria de la misma naturaleza del cristianismo. . . . Puesto que toda la idea del sacrificio fue desechada, se elimin\u00f3 todo riesgo de reversi\u00f3n a las creencias que una vez de derivaron de ella\u00bb (\u00abRealency cl. f\u00fcr prot. Theol.\u00bb, XVI, Leipzig, 1905, p. 50).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A estos conceptos se puede responder, de forma breve, lo siguiente: los te\u00f3logos cat\u00f3licos no niegan que \u00abla doble jerarqu\u00eda de orden y jurisdicci\u00f3n\u00bb se haya desarrollado gradualmente a partir del germen ya existente en la Iglesia primitiva, al mismo tiempo que se reconoc\u00eda con mayor claridad, a medida que avanzaba el tiempo, el primado del papa en Roma y, sobre todo, la diferenciaci\u00f3n entre los simples sacerdotes y los obispos (ver JERARQU\u00cdA). Sin embargo, el aspecto de si al comienzo exist\u00eda o no en la Iglesia un sacerdocio especial es algo totalmente distinto. Si es cierto que \u00abla aceptaci\u00f3n de la idea del sacrificio llev\u00f3 a la idea del sacerdocio eclesi\u00e1stico\u00bb (loc. cit., p. 48), y si el sacerdocio y el sacrificio son t\u00e9rminos rec\u00edprocos, entonces la prueba del origen divino del sacerdocio cat\u00f3lico debe considerarse establecida, una vez demostrado que el Sacrificio Eucar\u00edstico de la Misa surgi\u00f3 simult\u00e1neamente con los comienzos y la esencia de la cristiandad. Para probar lo anterior se puede recurrir al Antiguo Testamento, cuando el Profeta Isa\u00edas prev\u00e9 el ingreso de los paganos al reino mesi\u00e1nico y hace un llamado a los sacerdotes de los infieles (es decir, a los no jud\u00edos), una caracter\u00edstica especial de la Iglesia (Is., lxvi, 21): \u00abY de entre \u00e9stos escoger\u00e9 yo para hacerlos sacerdotes y levitas, dice el Se\u00f1or\u00bb. Ahora bien, este sacerdocio no jud\u00edo (cristiano) en la futura Iglesia mesi\u00e1nica presupone un sacrificio permanente, en otros t\u00e9rminos, un \u00absacrificio sin mancha\u00bbque, \u00abdesde donde sale el sol hasta el ocaso\u00bb, debe ser ofrecido al Se\u00f1or de los ej\u00e9rcitos entre los gentiles (Mal., i, 11). El sacrificio de pan y vino ofrecido por Melquisedec (cf. Gen., xiv, 18 sqq.), prototipo de Cristo (cf. Ps. cix, 4; Heb., v, 5 sq.; vii, 1 sqq.), se refiere tambi\u00e9n, en sentido prof\u00e9tico, no s\u00f3lo a la \u00daltima Cena sino a su repetici\u00f3n perpetua en conmemoraci\u00f3n del Sacrificio de la Cruz (Ver MISA). Con raz\u00f3n, el Concilio de Trento enfatiza, por lo tanto, la \u00edntima relaci\u00f3n entre el Sacrificio de la Misa y el sacerdocio (Sess. XXIII, cap. i, in Denzinger, \u00abEnchiridion\u00bb, 10th ed., 957): \u00abEl Sacrificio y el sacerdocio son tan inseparables, por voluntad divina, que se encuentran unidos en todas las leyes. Dado que, por consiguiente, la Iglesia cat\u00f3lica ha recibido por instituci\u00f3n del Se\u00f1or, en el Nuevo Testamento, el sacrificio santo y visible de la Eucarist\u00eda, hay que admitir que en la Iglesia hay un sacerdocio nuevo, visible y externo en el que se ha convertido el antiguo sacerdocio\u00bb. Es evidente que esta l\u00f3gica no admite respuesta. Por lo tanto, es a\u00fan m\u00e1s extraordinario que Harnack haya querido buscar el origen de la constituci\u00f3n jer\u00e1rquica de la Iglesia no en Palestina sino en la Roma pagana. Escribe, refiri\u00e9ndose a la Iglesia cat\u00f3lica: \u00abContin\u00faa gobernando siempre a sus pueblos, sus papas ejercen dominio sobre ella como Trajano y Marco Aurelio. A R\u00f3mulo y Remo los sucedieron Pedro y Pablo; a los proc\u00f3nsules los sucedieron los arzobispos y los obispos. Las fuerzas correspondientes a las legiones son los ej\u00e9rcitos de sacerdotes y monjes; los sucesores de los guardias imperiales son los jesuitas. Hasta en sus m\u00e1s m\u00ednimos detalles, inclusive en su organizaci\u00f3n jur\u00eddica, para no mencionar sus vestiduras, se puede rastrear la influencia continua del antiguo imperio y de sus instituciones\u00bb(\u00abDas Wesen d. Christentums\u00bb, Leipzig, 1902, p. 157). Con la mejor buena voluntad, en esta descripci\u00f3n se puede reconocer apenas una muestra del ingenio del autor, puesto que una investigaci\u00f3n hist\u00f3rica de las instituciones citadas llevar\u00eda indudablemente a fuentes, or\u00edgenes y motivos totalmente distintos de las condiciones an\u00e1logas del Imperio Romano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sin embargo, el Sacrificio de la Misa muestra solamente una cara del sacerdocio; la otra cara se revela en su facultad de perdonar los pecados, puesto que el ejercicio de esta facultad sacerdotal es tan necesario como su facultad de consagrar y ofrecer el Sacrificio. Al igual que la facultad general de atar y desatar (cf. Mat., xvi, 19; xviii, 18), la facultad de perdonar y retener los pecados fue solemnemente conferida por Cristo a la Iglesia (cf. Juan, xx, 21 sqq.). por consiguiente, el sacerdocio cat\u00f3lico tiene el derecho indiscutible de rastrear su origen tambi\u00e9n, en este respecto, al Divino Fundador de la Iglesia. Ambos aspectos del sacerdocio fueron destacados por el Concilio de Trento (loc. cit., n. 961): \u00abSi alguien dijere que en el Nuevo Testamento no hay sacerdocio visible y externo ni poder alguno de consagrar y ofrecer el Cuerpo y la Sangre del Se\u00f1or, y de perdonar o retener los pecados, sino simplemente el ejercicio de un ministerio escueto para predicar el Evangelio, sea anatema\u00bb. Lejos de ser una \u00abusurpaci\u00f3n injustificable de los poderes divinos\u00bb, el sacerdocio constituye una base tan esencial del cristianismo que su remoci\u00f3n llevar\u00eda a la destrucci\u00f3n de todo el edificio. Un cristianismo sin sacerdocio no puede ser la Iglesia de Cristo. Esta convicci\u00f3n se fortalece al considerar la imposibilidad psicol\u00f3gica de la suposici\u00f3n protestante que sostiene que a partir del final del siglo primero, el cristianismo toler\u00f3, sin luchas ni protestas, la usurpaci\u00f3n sin precedentes de los sacerdotes quienes, sin credenciales ni testimonio, se arrogaron, de un momento a otro, los poderes divinos en relaci\u00f3n con la Eucarist\u00eda y, con la fuerza de una apelaci\u00f3n ficticia a Cristo, pusieron sobre los pecadores bautizados la carga onerosa de la penitencia p\u00fablica como condici\u00f3n indispensable para el perd\u00f3n de los pecados.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En cuanto al \u00absacerdocio universal\u00bb en el cual basa el protestantismo su negaci\u00f3n del sacerdocio especial, puede decirse que los cat\u00f3licos creen tambi\u00e9n en un sacerdocio universal; \u00e9ste, sin embargo, no excluye, ni mucho menos, un sacerdocio especial, sino que presupone su existencia, dado que los dos est\u00e1n relacionados tanto en lo general como en lo particular, lo abstracto y lo concreto, en lo figurativo y en lo real. El cristiano corriente no pude ser un sacerdote en el sentido estricto de la palabra, puesto que no puede ofrecer un sacrificio real sino s\u00f3lo el sacrificio figurativo de la oraci\u00f3n. Por esta raz\u00f3n, el desarrollo dogm\u00e1tico hist\u00f3rico no sigui\u00f3 ni pudo haber seguido el curso que habr\u00eda seguido si se hubieran enfrentado en la Iglesia primitiva dos corrientes de pensamiento opuestas (es decir, el sacerdocio universal versus el sacerdocio especial) disput\u00e1ndose la supremac\u00eda hasta que una de las dos hubiera sido vencida. La historia del dogma se\u00f1ala, por el contrario, que ambos conceptos avanzaron de manera arm\u00f3nica a trav\u00e9s de los siglos y nunca han desaparecido del pensamiento cat\u00f3lico. De hecho, el concepto profundo y hermoso del sacerdocio universal puede rastrearse a partir de Justino Martir (Dial. cum Tryph., cxvi), Ireneo, (Adv. h\u00e6r., IV, viii, 3), y Origenes (\u00abDe orat.\u00bb, xxviii, 9; \u00abIn Levit.\u00bb, hom. ix, 1), hasta Agust\u00edn (De civit. Dei, XX, x) y Le\u00f3n Magno (Sermo, iv, 1), y luego a Santo Tom\u00e1s (Summa, III, Q. lxxxii, a. 1) y el Catecismo Romano. Sin embargo, todos estos autores reconocieron, junto con el Sacrificio de la Misa, el sacerdocio especial en la Iglesia. El origen del sacerdocio universal se remonta, como se sabe, a San Pedro, quien declara a los fieles, en su car\u00e1cter de cristianos, como \u00absacerdocio santo, llamado a ofrecer v\u00edctimas espirituales\u00bb y \u00abpueblo elegido, sacerdocio real\u00bb (I Pedro, ii, 5, 9). *** Sin embargo, el mismo texto indica que el Ap\u00f3stol se refer\u00eda \u00fanicamente a un sacerdocio figurado, puesto que las \u00abv\u00edctimas espirituales\u00bb eran oraciones y el t\u00e9rmino \u00abreal\u00bb (regale, basileion) s\u00f3lo pudo haber tenido un significado metam\u00f3rfico para los cristianos. Los gn\u00f3sticos, los montanistas y los cataristas, quienes, en sus ataques contra el sacerdocio especial han aplicado mal la met\u00e1fora, fueron tan il\u00f3gicos como los reformistas, puesto que los dos conceptos, sacerdocio real y sacerdocio figurado, son muy compatibles. Teniendo en cuenta lo anterior, es evidente que s\u00f3lo el clero cat\u00f3lico tiene derecho a ser designado \u00absacerdocio\u00bb, puesto que s\u00f3lo sus sacerdotes tienen un sacrificio verdadero y real que ofrecer: la Santa Misa. Por consiguiente, los anglicanos, que rechazan el Sacrificio de la Misa, caen en la inconsistencia al referirse a su clero como compuesto de \u00absacerdotes\u00bb. Los predicadores en Alemania, con mucha l\u00f3gica y cierta indignaci\u00f3n, rechazan este t\u00edtulo.\n<\/p>\n<h3>La Posici\u00f3n Jer\u00e1rquica del Presbiterado<\/h3>\n<p>  Jerarqu\u00eda eclesi\u00e1sticaDescrita en pocas palabras, la relaci\u00f3n del sacerdote con el obispo y el di\u00e1cono es la de una persona intermedia que, desde el punto de vista jer\u00e1rquico, est\u00e1 subordinado al obispo y es superior al di\u00e1cono (cf. Concilio de Trento, Sess. XXVI, can. vi). Mientras que la preeminencia del obispo sobre el sacerdote radica b\u00e1sicamente en su facultad de impartir el sacramento del Orden Sagrado, la del sacerdote sobre el di\u00e1cono se basa en su facultad de consagrar e impartir la absoluci\u00f3n (cf. Concilio de Trento, loc. cit., cap. iv; can. i y vii). La independencia del diaconado aparece en una \u00e9poca m\u00e1s temprana y de forma m\u00e1s clara, en fuentes m\u00e1s antiguas que las del sacerdocio, debido, principalmente, a la prolongada y constante fluctuaci\u00f3n en el significado de los t\u00edtulos de obispo y presb\u00edtero que, hasta mediados del siglo II, fueron intercambiables y sin\u00f3nimos. Es probable que hubiera, de hecho, una raz\u00f3n para esta imprecisi\u00f3n, debido a que la distinci\u00f3n jer\u00e1rquica entre el obispo y el sacerdote parece haberse desarrollado en forma gradual. Epifanio (Adv. h\u00e6r., lxxv, 5) explic\u00f3 esta incertidumbre al suponer que los sacerdotes se nombraban en algunos lugares donde no hab\u00eda obispo, mientras que en otras partes, donde no hab\u00eda candidatos al sacerdocio, las personas aceptaban tener un obispo que, sin embargo, no pod\u00eda ejercer sin la ayuda de un di\u00e1cono. El Cardenal Franzelin (\u00abDe eccles. Christi\u00bb, 2nd ed., Roma, 1907, thes. xvi) da buenas bases para el concepto que sostiene que en la Biblia los obispos se mencionan con el nombre de presb\u00edteros, mientras que los simples sacerdotes no reciben nunca el nombre de obispo. Sin embargo, el problema est\u00e1 muy lejos de resolverse, dado que en la Iglesia primitiva a\u00fan no se ten\u00edan nombres determinados para las distintas \u00f3rdenes; estos deb\u00edan deducirse del contexto seg\u00fan las funciones caracter\u00edsticas desempe\u00f1adas. La adopci\u00f3n del uso de los griegos paganos, que ten\u00edan sus episkopoi y presbyteroi, no resuelve este interrogante, como lo ha demostrado Ziebarth (\u00abDas griechische Vereinswesen\u00bb, Leipzig, 1896) en respuesta a Hatch y Harnack. Cualquier intento por aclarar este aspecto deber\u00e1 tener en cuenta los distintos usos en los diferentes pa\u00edses (por ejemplo, en Palestina, en Asia Menor). En algunos lugares, los \u00abpresb\u00edteros\u00bb pueden haber sido verdaderos obispos y en otros sacerdotes en el verdadero sentido de la palabra, mientras que en otras partes pueden haber sido simples funcionarios administrativos o ancianos meritorios elegidos para representar a la iglesia local en sus relaciones externas (ver JERARQU\u00cdA DE LAS PRIMERAS \u00c9POCAS DE LA IGLESIA). <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al igual que los escritos apost\u00f3licos, el \u00abDidache\u00bb, Hermas, Clemente de Roma, e Ireneo suelen utilizar indistintamente los t\u00e9rminos \u00abobispo\u00bb y \u00absacerdote\u00bb. De hecho, saber si el presbiterado se desarroll\u00f3 de manera gradual como una rama del episcopado, lo que, por naturaleza, es m\u00e1s probable, y m\u00e1s f\u00e1cil de entender, teniendo en cuenta las necesidades de la Iglesia en expansi\u00f3n, o si, por otra parte, el episcopado tuvo su origen en la elevaci\u00f3n del presbiterado a un rango m\u00e1s alto (Lightfoot), algo m\u00e1s dif\u00edcil de admitir, ha sido un punto de controversia. Por otra parte, ya a principios del siglo II, Ignacio de Antioqu\u00eda (Ep. ad Magnes., vi y passim) destaca con gran claridad la distinci\u00f3n jer\u00e1rquica entre los obispos, los sacerdotes y los di\u00e1conos mon\u00e1rquicos. Enfatiza esta tr\u00edada como esencial para el establecimiento de la Iglesia: \u00abSin estos [tres] no podr\u00eda llamarse Iglesia\u00bb (Ad Trall., iii). No obstante, seg\u00fan la ley de la continuidad hist\u00f3rica, esta diferenciaci\u00f3n entre las \u00f3rdenes tiene que haber existido en forma sustancial y embrionaria durante el siglo I; y, de hecho, San Pablo ( (I Tim., v, 17, 19) menciona a los \u00abpresb\u00edteros\u00bb que estaban subordinados al obispo real, Timoteo. Sin embargo, no hay ambig\u00fcedad entre los autores latinos. Tertuliano (De bapt., xvii) se refiere al obispo como al \u00absumo sacerdote\u00bb bajo cuyo mando est\u00e1n los \u00abpresb\u00edteros y los di\u00e1conos\u00bb; y Cipriano (Ep. lxi, 3) habla de los \u00abpresbyteri cum episcopo sacerdotali honore conjuncti\u00bb, es decir, los sacerdotes unidos por la dignidad sacerdotal con el obispo (ver OBISPO).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Aproximadamente en el a\u00f1o 360, mucho tiempo despu\u00e9s de terminado el desarrollo de las \u00f3rdenes, A\u00ebrius de Pontus se atrevi\u00f3 por primera vez a obliterar la distinci\u00f3n entre las \u00f3rdenes sacerdotal y episcopal y a considerarlas a un mismo nivel en cuanto a sus facultades. Por esto fue contado entre los herejes por Epifanio (Adv. h\u00e6r., lxxv, 3). El testimonio de San Jer\u00f3nimo (muerto en el a\u00f1o 420), a quien los escoceses presbiterianos citan a nombre de la constituci\u00f3n presbiteriana de la Iglesia, presenta algunas dificultades, cuando parece aseverar la plena igualdad entre sacerdotes y obispos. Es cierto que Jer\u00f3nimo se esforz\u00f3 por elevar la dignidad del sacerdocio a costa de la dignidad del episcopado y por atribuir la superioridad del obispo \u00aba una costumbre eclesi\u00e1stica m\u00e1s que a un reglamento Divino\u00bb (En Tit., i, 5: \u00abEpiscopi noverint se magis consuetudine quam dispositionis dominic\u00e6 veritate presbyteris esse majores\u00bb). Deseaba una constituci\u00f3n m\u00e1s democr\u00e1tica en la que los sacerdotes, hasta entonces injustamente despreciados, tuvieran participaci\u00f3n y urgi\u00f3 la correcci\u00f3n del abuso, diseminado a partir del siglo III, por el que los archidi\u00e1conos, como \u00abla mano derecha\u00bb de los obispos, controlaban toda la administraci\u00f3n diocesana (Ep. cxliv ad Evangel.). Queda en evidencia el hecho de que Jer\u00f3nimo no est\u00e1 en contra de los rangos jer\u00e1rquicos (potestas ordinis) de los obispos sino de sus facultades de gobierno (potestas jurisdictionis)-y esto no tanto en principio, sino \u00fanicamente para insistir que los di\u00e1conos deb\u00edan ser retirados de esa posici\u00f3n que hab\u00edan usurpado y que los sacerdotes deb\u00edan asumir ese cargo oficial al que ten\u00edan derecho por su mayor rango. El grado hasta el que Jer\u00f3nimo llegaba a ser pr\u00e1cticamente un seguidor de A\u00ebrius como precursor del presbiterianismo, queda claro con su importante admisi\u00f3n de que \u00fanicamente los obispo, y no los sacerdotes, tienen la facultad de administrar el sacramento del orden (loc. cit. en P.L., XXII, 1193: \u00abQuid enim facit&#8211;excepta ordinatione&#8211;episcopus quod presbyter non faciat?\u00bb). Al admitir este hecho, Jer\u00f3nimo establece su ortodoxia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">C. El Car\u00e1cter Sacramental del Presbiterado\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Concilio de Trento decret\u00f3 (Sess. XXIII, can. iii, en Denzinger, n. 963): \u00abSi alguno dijere que el orden o la sagrada ordenaci\u00f3n no es real y verdaderamente un sacramento instituido por Cristo Nuestro Se\u00f1or. . .sea anatema\u00bb. Aunque el s\u00ednodo defini\u00f3 \u00fanicamente la existencia del Sacramento del Orden Sagrado, sin decidir si todos los dem\u00e1s \u00f3rdenes, o s\u00f3lo algunos, corresponden a esta definici\u00f3n, se admite que la ordenaci\u00f3n sacerdotal posee, a\u00fan con mayor certeza que las ordenaciones episcopal y diaconal, la dignidad de un sacramento (cf. Benedicto XIV, \u00abDe syn. dioces.\u00bb, VIII, ix, 2). Los tres aspectos esenciales de un sacramento: los signos externos, la gracia interior y el haber sido instituida por Cristo, son todas condiciones presentes en la ordenaci\u00f3n sacerdotal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En cuanto a los signos externos, ha habido una prolongada controversia entre los te\u00f3logos, por muchos a\u00f1os, en cuanto a la materia y la forma, no s\u00f3lo de la ordenaci\u00f3n sacerdotal sino del sacramento del Orden Sagrado en general. \u00bfDebe considerarse como materia esencial del sacramento solamente la imposici\u00f3n de las manos (Bonaventure, Morin, y la mayor\u00eda de los te\u00f3logos modernos) o la presentaci\u00f3n de los instrumentos (Gregorio de Valencia, los tomistas), o deben considerarse estos dos hechos como materia del sacramento en conjunto (Bellarmine, De Lugo, Billot etc)?. En cuanto a la ordenaci\u00f3n sacerdotal en s\u00ed misma, que es la que aqu\u00ed nos interesa, la diferencia de conceptos se explica por el hecho de que, adem\u00e1s de las tres imposiciones de las manos, el rito incluye la entrega que se hace al candidato el c\u00e1liz lleno de vino y la patena con la hostia. En relaci\u00f3n con esto \u00faltimo, Eugenio IV dice expresamente en su \u00abDecretum pro Armenis\u00bb (1439; en Denzinger, n. 701): \u00abEl sacerdocio se confiere mediante la entrega del c\u00e1liz con el vino y la patena con el pan\u00bb. Sin embargo, dado que en la Biblia (Hechos, xiii, 3; xiv, 22; I Tim., iv, 14; v, 22; II Tim., i, 6), en toda la literatura patr\u00edstica y en todo el oriente s\u00f3lo se encuentra la imposici\u00f3n de las manos, mientras que a\u00fan en occidente la presentaci\u00f3n de los vasos sagrados no se remonta m\u00e1s all\u00e1 del siglo X, hay que admitir, por fuerza, desde el punto de vista te\u00f3rico, que esta \u00faltima ceremonia no es esencial, como la solemne unci\u00f3n de las manos del sacerdote que, evidentemente, ha sido tomada prestada del antiguo testamento y pas\u00f3 del rito g\u00e1lico al romano (cf. \u00abStatuta ecclesi\u00e6 antiqu\u00e6\u00bb en P.L., LVI, 879 sqq.). En defensa de la unci\u00f3n, el Concilio de Trento conden\u00f3 a quienes la declaraban \u00abdespreciable y perniciosa\u00bb (Sess. XXXIII, can. v). En lo que se refiere a la forma sacramental, podr\u00eda aceptarse como probable que la oraci\u00f3n que acompa\u00f1a la segunda extensi\u00f3n de las manos (cheirotonia) es la forma esencial, aunque no se descarta que las palabras pronunciadas por el obispo durante la tercera imposici\u00f3n de las manos (cheirothesia): \u00abRecibid el Esp\u00edritu Santo, a quienes les perdon\u00e9is los pecados les ser\u00e1n perdonados, etc\u00bb, constituya una forma parcial. La primera imposici\u00f3n de las manos por el obispo (y los sacerdotes) no puede considerarse como forma, dado que se realiza en silencio, aunque tambi\u00e9n puede tener importancia esencial si se tiene en cuenta que la segunda extensi\u00f3n de las manos es s\u00f3lo la continuaci\u00f3n moral de la primera vez que se toca la cabeza del ordinandus (cf. Gregorio IX, \u00abDecret.\u00bb, I, tit. xvi, cap. III). Las m\u00e1s antiguas f\u00f3rmulas, por ejemplo el \u00abEuchologium\u00bb de Serapio de Thmuis (cf. Funk, \u00abDidascalia\u00bb, II, T\u00fcbingen, 1905, 189), las \u00abConstituciones Pseudo-Apost\u00f3licas\u00bb (Funk, loc. cit., I, 520), el recientemente descubierto \u00abTestamento del Se\u00f1or\u00bb(ed. Rahmani, Mainz, 1899, p. 68), y los C\u00e1nones de Hip\u00f3lito (ed. Achelis, Leipzig, 1891, p. 61)-contienen s\u00f3lo una imposici\u00f3n de manos con una corta oraci\u00f3n que acompa\u00f1a este acto. En el siglo XI, el rito moz\u00e1rabe es bastante sencillo (cf. \u00abMonum. liturg.\u00bb, V, Paris, 1904, pp. 54 sq.), mientras que, por el contrario, el rito armenio de la Edad Media es de una gran complejidad (cf. Conybeare-Maclean, \u00abRituale Armenorum\u00bb, Oxford, 1905, pp. 231 sqq.). En el rito griego bizantino, el obispo, luego de trazar tres signos de la cruz, coloca su mano derecha sobre la cabeza del ordinandus, mientras reza una oraci\u00f3n y luego, mientras ora en secreto, sostiene la mano extendida sobre el candidato e invoca sobre \u00e9l los siete dones del Esp\u00edritu Santo (cf. Goar, \u00abEuchol. Gr\u00e6c.\u00bb, Paris, 1647, pp. 292 sqq.). Para otras f\u00f3rmulas de ordenaci\u00f3n ver Denzinger, \u00abRitus Orientalium\u00bb, II (W\u00fcrzburg, 1864); Manser en Buchberger, \u00abKirchliches Handlexikon\u00bb, s.v. Priesterweihe.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Como sacramento de vivos, el sacramento del Sagrado Orden presupone la posesi\u00f3n de la gracia santificante y confiere, por lo tanto, adem\u00e1s del derecho a las gracias actuales de la funci\u00f3n sacerdotal, un incremento de la gracia santificante (cf. \u00abDecret. pro Armenis\u00bb en Denzinger, n. 701). Sin embargo, en todos los casos, ya sea que el candidato se encuentre o no en estado de gracia santificante, el sacramento imprime en el alma una marca espiritual indeleble (cf. Concilio de Trento, Sess. VII, can. ix, en Denzinger, n. 852), es decir, el car\u00e1cter sacerdotal al que van permanentemente ligadas las facultades de consagrar y absolver, aunque esta \u00faltima bajo reserva de que, para la administraci\u00f3n v\u00e1lida del sacramento de la Penitencia, se requiere tambi\u00e9n la jurisdicci\u00f3n (ver CAR\u00c1CTER). Dado que el car\u00e1cter sacerdotal, al igual que el que confieren los Sacramentos del Bautismo y la Confirmaci\u00f3n, es indeleble, el Sacramento del Orden no puede repetirse nunca y es totalmente imposible volver al estado laical (cf. Concilio de Trento, Sess. XXIII, can. iv, en Denzinger, n. 964). Que el Orden Sacerdotal fue instituido por Cristo queda comprobado no s\u00f3lo por la instituci\u00f3n Divina del sacerdocio (ver la secci\u00f3n A de este art\u00edculo), sino tambi\u00e9n por el testimonio de las Sagradas Escrituras y de la Tradici\u00f3n que declaran, de manera un\u00e1nime que los Ap\u00f3stoles transmitieron sus facultades a sus sucesores, quienes, a su vez, las transmitieron a la siguiente generaci\u00f3n (cf. I Tim., v, 22). Puesto que los dones carism\u00e1ticos de los \u00abap\u00f3stoles y profetas\u00bb mencionados en la \u00abDidache\u00bb no ten\u00edan nada que ver con el sacerdocio como tal, estos misioneros itinerantes necesitaban a\u00fan la imposici\u00f3n de las manos a fin de quedar facultados para desempe\u00f1ar las funciones espec\u00edficas del sacerdocio (ver CARISMAS) .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Para la recepci\u00f3n v\u00e1lida del Sacramento del Orden, es necesario que el ministro sea un obispo y que quien lo recibe sea bautizado y del sexo masculino. El primer requisito se basa en la prerrogativa episcopal de la ordenaci\u00f3n y el segundo en la convicci\u00f3n de que el Bautismo abre la puerta para la recepci\u00f3n de todos los dem\u00e1s sacramentos y de que a las mujeres les est\u00e1 definitivamente vedado el servicio del altar (cf. Epiphanius, \u00abDe h\u00e6r.\u00bb, lxxix, 2). San Pablo es defensor ac\u00e9rrimo del sacerdocio exclusivamente masculino (cf. I Cor., xiv, 34). En lo que se refiere a este aspecto, hay una diferencia esencial entre la cristiandad y el paganismo ya que este \u00faltimo reconoce tanto a las sacerdotisas como a los sacerdotes; por ejemplo, las hier\u00f3dulas de la Antigua Grecia y las v\u00edrgenes vestales de Roma, las bayaderas de la India, las wu de China y las mujeres bonzo de Jap\u00f3n. La Iglesia primitiva condenaba como un absurdo el sacerdocio femenino de los montanistas y los coliridianos y no consider\u00f3 nunca la instituci\u00f3n apost\u00f3lica de las diaconesas como una rama del Orden Sagrado. Para la recepci\u00f3n l\u00edcita de la ordenaci\u00f3n sacerdotal, el derecho can\u00f3nico exige: estar libre de cualquier irregularidad, tener veinticuatro a\u00f1os cumplidos, la recepci\u00f3n de los \u00f3rdenes anteriores (incluyendo el diaconado), la observaci\u00f3n de los intersticios regulares y la posesi\u00f3n de un t\u00edtulo al momento de la ordenaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Adem\u00e1s de los requisitos para la recepci\u00f3n v\u00e1lida y legal del sacerdocio, surge un interrogante en cuanto a los m\u00e9ritos del candidato. Seg\u00fan el derecho can\u00f3nico antiguo, este aspecto se dirim\u00eda mediante tres balotas (scrutinia); ahora se decide por examen y certificaci\u00f3n oficiales. Uno de los medios m\u00e1s importantes de obtener candidatos meritorios al sacerdocio es una cuidadosa inquisici\u00f3n relacionada con las vocaciones. Los intrusos en el santuario siempre han sido motivo de grandes males para la Iglesia y de esc\u00e1ndalo para el pueblo. Por esta raz\u00f3n el Papa P\u00edo X, con mucho mayor rigor que el de las reglamentaciones eclesi\u00e1sticas previas, insiste en la exclusi\u00f3n de todos los candidatos que no muestren la mayor promesa de una vida conspicua en cuanto a firmeza de fe y rectitud moral. En este aspecto, habr\u00e1 que enfatizar al m\u00e1ximo la importancia y la necesidad de colegios y seminarios eclesi\u00e1sticos para la capacitaci\u00f3n del clero.\n<\/p>\n<h3>Las Facultades Oficiales del Sacerdote<\/h3>\n<p>  ConfesionarioComo ya se ha dicho, las facultades oficiales del sacerdote est\u00e1n estrechamente relacionadas con el car\u00e1cter sacramental, impreso indeleblemente en su alma. Junto con este car\u00e1cter se confiere no s\u00f3lo la facultad de celebrar al Sacrificio de la Misa y la facultad (virtual) de perdonar los pecados, sino tambi\u00e9n la autoridad para administrar la unci\u00f3n de los enfermos y, como ministro regular, el solemne bautismo. S\u00f3lo por virtud de una facultad extraordinaria, recibida del Papa, puede un sacerdote administrar el Sacramento de la Confirmaci\u00f3n. Si bien el conferir los tres \u00f3rdenes sacramentales del episcopado, el presbiterado y el diaconado corresponden exclusivamente al obispo, el Papa puede delegar a un sacerdote la administraci\u00f3n de los cuatro \u00f3rdenes menores, e inclusive del subdiaconado. Sin embargo, seg\u00fan el derecho can\u00f3nico actual, el permiso papal conferido a los abades de los monasterios est\u00e1 limitado a conferir la tonsura y los cuatro \u00f3rdenes menores a sus monjes (cf. Concilio de Trento, Sess. XXIII de Ref., cap. x). En cuanto al privilegio de conferir el diaconado, que seg\u00fan dicen fue otorgado por Inocencio VIII en 1489 a los abades cistercienses, ver Gasparri, \u00abDe sacr. ordin.\u00bb, II (Paris, 1893), n. 798, y Pohle, \u00abDogmatik\u00bb, III (4th ed., Paderborn, 1910), pp. 587 sqq. Pertenece tambi\u00e9n a las funciones sacerdotales la facultad de administrar las bendiciones eclesi\u00e1sticas y sacramentales, en general, en la medida en que no est\u00e9n reservadas al papa o a los obispos. Al predicar la Palabra de Dios, el sacerdote participa en la funci\u00f3n docente de la Iglesia, aunque siempre como subordinado del obispo y \u00fanicamente dentro del \u00e1mbito del deber que le haya sido asignado por \u00e9ste como pastor, cura, etc. Por \u00faltimo, el sacerdote puede participar en la tarea pastoral, en la medida en que el obispo se la encomiende, con una funci\u00f3n eclesi\u00e1stica definida que abarca una jurisdicci\u00f3n m\u00e1s o menos extensa, indispensable sobre todo, para la absoluci\u00f3n v\u00e1lida de los pecados de los penitentes. Algunos privilegios honorarios externos como por ejemplo, aquellos conferidos a los sacerdotes cardenales, prelados, conciliares eclesi\u00e1sticos, etc., no incrementan la dignidad intr\u00ednseca del sacerdocio. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n<h3>La contribuci\u00f3n del sacerdocio cat\u00f3lico a la civilizaci\u00f3n<\/h3>\n<p>  Pasando a otro plano, m\u00e1s all\u00e1 de las bendiciones supernaturales de las que se beneficia la humanidad, como resultado de las oraciones del sacerdocio, de la celebraci\u00f3n del Santo Sacrificio y de la administraci\u00f3n de los sacramentos, nos limitaremos aqu\u00ed a la civilizaci\u00f3n secular que, a trav\u00e9s del sacerdocio cat\u00f3lico, se ha difundido a todas las naciones y ha hecho florecer plenamente la religi\u00f3n, la moralidad, la ciencia, el arte y la industria. Si la religi\u00f3n, en t\u00e9rminos generales, es la madre de todas las culturas, hay que reconocer que el cristianismo es la fuente, la medida y el semillero de toda verdadera civilizaci\u00f3n. La Iglesia, la m\u00e1s antigua y m\u00e1s exitosa maestra de la humanidad, ha desempe\u00f1ado en cada siglo un servicio pionero en todos los sectores de la cultura. A trav\u00e9s de sus entidades, los sacerdotes y en especial, los miembros de las \u00f3rdenes religiosas, han guiado a los fieles hacia la luz de la moralidad y la educaci\u00f3n cristianas \u00bfqu\u00e9 hubiera sido de los pa\u00edses de las costas mediterr\u00e1neas durante la \u00e9poca de la migraci\u00f3n de las naciones (a partir del a\u00f1o 375), si los papas, los obispos y el clero no hubieran apaciguado a las hordas germ\u00e1nicas convirti\u00e9ndolas del arrianismo al catolicismo y sac\u00e1ndolas del orden hacia el que hab\u00eda evolucionado el barbarismo? Lo que Irlanda le debe a San Patricio, se lo debe Inglaterra a San Agust\u00edn, quien, enviado por el Papa Gregorio Magno, trajo no s\u00f3lo el Evangelio, sino un nivel m\u00e1s alto de moralidad y cultura. Mientras brillaba as\u00ed, intensamente, la luz de la cristiandad en toda su plenitud en Irlanda y Gran Breta\u00f1a, parte de Alemania estaba todav\u00eda sumida en la oscuridad del paganismo. Bandas de misioneros de la Isla de los Santos trajeron entonces al continente el mensaje de la salvaci\u00f3n y establecieron nuevos centros de cultura. El gran trabajo de Carlomagno de unificar todas las tribus germanas en un imperio fue s\u00f3lo el fruto gloriosos de la semilla plantada por San Bonifacio de Certon (muerto en el a\u00f1o 755) en tierra alemana y regada con sangre de m\u00e1rtires. La Iglesia de la Edad Media, ahora en el poder, continu\u00f3 propagando el Evangelio en tierras paganas a trav\u00e9s de sus sacerdotes. Fueron los misioneros quienes trajeron a Europa las primeras noticias de la existencia de China. En el a\u00f1o 1246, tres franciscanos, comisionados por el Papa, asistieron a una audiencia ante el emperador de los mongoles; en el a\u00f1o1306, se construy\u00f3 la primera Iglesia cristiana en Pek\u00edn. Desde el Volga hasta el Desierto de Gobi, los franciscanos y dominicos cubrieron el territorio con sus centros de misiones. En el siglo XVI, el celo de las \u00f3rdenes m\u00e1s antiguas se vio igualado por el de los jesuitas, a uno de cuyos miembros, San Francisco Javier, debe asign\u00e1rsele un lugar de honor; sus logros en las Reducciones de Paraguay son tan innegables como los enormes servicios prestados en los Estados Unidos. En lo que respecta a las colonias francesas en Am\u00e9rica, el historiador estadounidense Bancroft se\u00f1ala que no se fund\u00f3 ninguna cuidad importante, ni se explor\u00f3 ning\u00fan r\u00edo, ni se circunnaveg\u00f3 ning\u00fan cabo sin un jesuita como gu\u00eda. A\u00fan si las declaraciones sesgadas de Bucle fueran ciertas, en relaci\u00f3n con el hecho de que la cultura no es el resultado de la religi\u00f3n sino viceversa, podr\u00edamos se\u00f1alar el trabajo de los misioneros cat\u00f3licos que se esfuerzan por hacer que los salvajes de tierras paganas alcancen un nivel m\u00e1s alto de moralidad y civilizaci\u00f3n y trasformarlos as\u00ed en cristianos decentes. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A la saga de la religi\u00f3n viene su compa\u00f1era inseparable, la moralidad; la combinaci\u00f3n de estas dos formas es requisito previo indispensable para la continuidad y vitalidad de toda la civilizaci\u00f3n de m\u00e1s alto nivel. La decadencia de la cultura ha sido siempre preconizada por un reino de incredulidad e inmoralidad; la Ca\u00edda del Imperio Romano y la Revoluci\u00f3n Francesa son ejemplos fehacientes. Lo que logr\u00f3 la Iglesia en el curso de los siglos para elevar la norma de moralidad en el sentido m\u00e1s amplio de la palabra, mediante la inculcaci\u00f3n del Dec\u00e1logo, el pilar de la sociedad humana, con la promulgaci\u00f3n del mandamiento del amor a Dios y al pr\u00f3jimo, con la predicaci\u00f3n de la pureza en la vida c\u00e9libe, marital y familiar, en su batalla contra la superstici\u00f3n y las costumbres malignas, a trav\u00e9s de la pr\u00e1ctica de los tres consejos de pobreza, obediencia y pureza perfecta voluntarias, al presentar la \u00abimitaci\u00f3n de Cristo\u00bb como el ideal de la perfecci\u00f3n cristiana, se puede comprobar sin lugar a dudas en los registros de los \u00faltimos veinte siglos. La historia de la Iglesia es a la vez la historia de su actividad caritativa ejercida a trav\u00e9s del sacerdocio. Es cierto que ha habido oleadas de degeneraci\u00f3n e inmoralidad que han llegado, en ocasiones, hasta la c\u00e1tedra papal y han resultado en una corrupci\u00f3n generalizada de los pueblos y en la apostas\u00eda de la Iglesia. La heroica lucha de Gregorio VII (muerto en 1085) contra la simon\u00eda y la incontinencia del clero es muestra palpable de como restaur\u00f3 la sal de la tierra que se hab\u00eda tornado sosa y le devolvi\u00f3 su antigua fuerza y su antiguo sabor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las clases m\u00e1s desgraciadas y oprimidas de la humanidad son los esclavos, los pobres y los enfermos. Nada contrasta tanto con las ideas de la personalidad humana y la libertad cristiana como la esclavitud de las tierras paganas. En un comienzo, los esfuerzos de la Iglesia se orientaron a librar a la esclavitud de su caracter\u00edstica m\u00e1s repulsiva enfatizando la igualdad y la libertad de todos los hijos de Dios (cf. I Cor., vii, 21 sqq.; Filem., 16 sqq.), luego se encaminaron a mejorar, en la medida de lo posible, la situaci\u00f3n de los esclavos y, por \u00faltimo, se centraron en lograr la abolici\u00f3n de este yugo infame. La lentitud del movimiento orientado a abolir la esclavitud, cuyo triunfo final sobre los traficantes de esclavos africanos se logr\u00f3 gracias a una cruzada del cardenal Lavigerie (muerto en 1892), se debi\u00f3 la necesidad de tener en cuenta los derechos econ\u00f3micos de los amos y el bienestar personal de los esclavos mismos, puesto que la proclamaci\u00f3n abierta de \u00abLos Derechos del Hombre\u00bb habr\u00eda dejado en las calles a millones de esclavos indefensos y sin medios de supervivencia. La emancipaci\u00f3n implicaba la obligaci\u00f3n de ocuparse de las necesidades corporales de los libertos y, siempre que se llev\u00f3 a cabo el experimento, fue el clero el que se hizo cargo de esta obligaci\u00f3n. Congregaciones especiales como las de los trinitarios y los mercedarios, se dedicaron exclusivamente a la liberaci\u00f3n y rescate de los prisioneros y esclavos en tierras paganas, sobre todo en territorio mahometano. Fue la compasi\u00f3n cristiana por los indios d\u00e9biles y decadentes lo que sugiri\u00f3 al monje espa\u00f1ol De las Casas la desafortunada idea de importar los fornidos negros de \u00c1frica para que trabajaran en las minas americanas. El noble monje nunca sospech\u00f3 que su idea pudiera dar lugar al escandaloso tr\u00e1fico de esclavos negros, como lo atestigua la historia de los tres siglos siguientes (ver ESCLAVITUD).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En lo que se refiere a remediar las necesidades de los pobres y enfermos, un solo sacerdote, San Vicente de Paul (muerto en 1660), logr\u00f3 m\u00e1s en todos los aspectos de esta labor que muchas ciudades y estados en conjunto. No cabe analizar aqu\u00ed los servicios del clero en general, en lo que se refiere al ejercicio de la caridad (ver CARIDAD Y CARIDADES). Sin embargo, se puede anotar que la famosa Escuela de Salerno, la primera y m\u00e1s famosa, y por muchos siglos la \u00fanica, facultad de medicina de Europa, fue fundada por los benedictinos quienes trabajaban en parte como m\u00e9dicos y en parte en la formaci\u00f3n de m\u00e9dicos debidamente capacitados para ejercer en todo el continente europeo. Entre los m\u00e1s recientes pioneros en el campo de la caridad y el trabajo social cabe mencionar al \u00abap\u00f3stol de la templanza\u00bb, el padre irland\u00e9s Theobald Matthew y al sacerdote alem\u00e1n Kolping, conocido como el \u00abPadre de los viajeros\u00bb (Gesellenvater),.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Estrechamente relacionada con lo moralmente bueno est\u00e1 la idea de lo verdadero y lo bello, el objeto de la ciencia y del arte. El clero cat\u00f3lico ha demostrado ser, en todo momento, patrono de la ciencia y de las artes, en parte por sus propios logros en estos campos y en parte por el aliento y apoyo del trabajo de terceros. El que la teolog\u00eda como ciencia encontrara su sitio entre el clero era algo de esperarse; sin embargo, durante la Edad Media todo el \u00e1mbito de la educaci\u00f3n estuvo controlado de forma tan exclusiva por el sacerdocio, que la diferenciaci\u00f3n eclesi\u00e1stica entre clericus (cl\u00e9rigo) y laicus (lego) se convirti\u00f3 en la diferenciaci\u00f3n social entre las personas educadas y las ignorantes. De no haber sido por los monjes y los cl\u00e9rigos, se hubiera perdido la literatura cl\u00e1sica antigua. Un fil\u00f3sofo e historiador medieval sostiene: \u00abEs extra\u00f1o que, despu\u00e9s de la ca\u00edda de la erudici\u00f3n romana, los anales de un pueblo tan inculto como eran los ingleses, se hayan trasmitido a la posteridad al igual que los de otras naciones europeas, de forma tan completa y con tan poca mezcla de falsedad y f\u00e1bula. Esta ventaja se debe en su totalidad al clero de la Iglesia de Roma que, basado en su autoridad y en su conocimiento superior, preserv\u00f3 la preciosa literatura de la antig\u00fcedad de la extinci\u00f3n total\u00bb (Hume, \u00abHist. de Inglaterra\u00bb, cap. xxiii, Ricardo III). Entre los historiadores ingleses, Gildas el Sabio, el Venerable Beda, y Lingard conforman un ilustre triunvirato. La idea del progreso cient\u00edfico, utilizada inicialmente por Vincent of Lerins en relaci\u00f3n con la teolog\u00eda y transferida luego a las otras ciencias, es de origen puramente cat\u00f3lico. El lema moderno de \u00abLa educaci\u00f3n para todos\u00bb, fue pronunciado por primera vez por Inocencio III. Antes de la fundaci\u00f3n de las primeras universidades, que tambi\u00e9n deben su existencia a los papas, funcionaban ya famosas escuelas catedralicias y otras instituciones cient\u00edficas que se ocupaban de propagar el conocimiento secular. El padre de la educaci\u00f3n p\u00fablica en Alemania es Rhabanus Maurus. Entre los antiguos centros de civilizaci\u00f3n cabe mencionar, entre los de primer rango, los de Canterbury, la isla de Iona, Malmesbury y York en Gran Breta\u00f1a; los de Paris, Orl\u00e9ans, Corbie, Cluny, Chartres, Toul, y Bec en Francia; los de Fulda, Reichenau, St. Gall, y Corvey en Alemania. El que, durante la Edad Media, el clero estuviera encargado del funcionamiento de estas universidades es por dem\u00e1s sorprendente: en 1340, la Universidad de Oxford ten\u00eda no menos de 30.000 estudiantes y, en 1538, cuando, seg\u00fan Lutero, las universidades alemanas estaban casi desiertas, unos 20.000 estudiantes se fueron a Paris.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tambi\u00e9n, en los lugares donde hab\u00eda escuelas primarias, \u00e9stas eran dirigidas por sacerdotes. Carlomagno ya hab\u00eda expedido el capitulario \u00abPresbyteri per villas et vicos scholas habeant et cum summa charitate parvulos doceant\u00bb, esto es, \u00abLos sacerdotes tendr\u00e1n escuelas en pueblos y aldeas y ense\u00f1ar\u00e1n a los ni\u00f1os con suma dedicaci\u00f3n\u00bb. El arte de la impresi\u00f3n fue recibido por toda la Iglesia, desde el menor de los cl\u00e9rigos hasta el papa como \u00abarte sacro\u00bb. Casi toda la producci\u00f3n de libros durante el siglo XV se orient\u00f3 a satisfacer el gusto del clero por la lectura, lo que impuls\u00f3 el desarrollo del comercio del libro. La queja de Erasmo era: \u00abLos vendedores de libros sostienen que antes de la Reforma pod\u00edan vender 3000 vol\u00famenes en menos tiempo del que ahora les toma vender 600\u00bb (ver D\u00f6llinger, \u00abDie Reformation, ihre innere Entwickelung u. ihre Wirkungen\u00bb, I, Ratisbon, 1851, p. 348. El Humanismo Temprano, fomentado ampliamente por los papas Nicol\u00e1s V y Le\u00f3n X, contaba entre sus entusiastas seguidores con muchos cl\u00e9rigos cat\u00f3licos como Petrarca y Erasmo; la Escuela Humanista Tard\u00eda, muy influida por el paganismo, no encontr\u00f3 respaldo entre el clero cat\u00f3lico sino, en gran medida, una fuerte y generalizada oposici\u00f3n. Los m\u00e1s prominentes escritores espa\u00f1oles del siglo XVII fueron sacerdotes: Cervantes, Lope de Vega, Calderon, etc. En Oxford en es siglo XIII, los franciscanos adquirieron fama por su destreza en las ciencias naturales y el arzobispo Grosseteste goz\u00f3 de gran influencia. Fray Roger Bacon (muerto en 1249), fue famoso por sus conocimientos cient\u00edficos, al igual que Gerbert of Rheims y, despu\u00e9s de \u00e9l, el Papa Silvestre II, Alberto Magno, Raymond Lully, y Vincent of Beauvais. Copernico, can\u00f3nigo de Thorn, es el fundador de la astronom\u00eda moderna, campo en el cual, a\u00fan hoy, en especial los jesuitas (p.ej. Scheiner, Clavius, Secchi, Perry), han hecho importantes contribuciones. A Fray Mauro de Venecia (muerto en 1459) le debemos la primera carta (o mapa) geogr\u00e1fica. El jesuita espa\u00f1ol Hervas y Panduro (muerto en 1809), es el padre de la filolog\u00eda comparativa; el carmelita Paolino di san Bartolomeo, fue el autor de la primera gram\u00e1tica s\u00e1nscrita (Roma, 1790). Las bases de la cr\u00edtica hist\u00f3rica provienen de las obras y los estudios del Cardenal Baronius (muerto en 1607), los monjes de San Maur, y los bolandistas. Un estudio de la historia del arte revelar\u00eda un n\u00famero proporcionalmente mayor de ap\u00f3stoles de las bellas artes entre el clero cat\u00f3lico de todos los siglos. Desde las pinturas de las catacumbas hasta los frescos de Fray Ang\u00e9lico y de ah\u00ed a la escuela de Beuron, encontramos m\u00faltiples sacerdotes no tanto artistas, propiamente dichos, sino mecenas de las artes. El clero ha contribuido en gran medida a justificar lo que el c\u00e9lebre escultor Canova le escribiera a Napole\u00f3n I: \u00abEl arte tiene una deuda infinitamente con la religi\u00f3n, pero con ninguna tanto como con la religi\u00f3n cat\u00f3lica\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El fundamento de la cultura superior es la cultura material o econ\u00f3mica que, a pesar de la t\u00e9cnica y la maquinaria modernas, radica en \u00faltimo t\u00e9rmino en el trabajo humano. Sin la energ\u00eda del trabajador, que consiste en la fuerza y la voluntad de realizar el trabajo, ninguna cultura puede prosperar. No obstante, el sacerdocio cat\u00f3lico, m\u00e1s que cualquier otro estamento, ha alabado de palabra y comprobado con obras el valor y la bondad del trabajo que requieren las labores como la agricultura, la miner\u00eda y la artesan\u00eda. La maldici\u00f3n y el desde\u00f1o que el paganismo verti\u00f3 sobre el trabajo manual fueron eliminados por el cristianismo. Inclusive Arist\u00f3teles (Polit., III, iii) lleg\u00f3 a anatematizar el trabajo manual como \u00abfilisteo\u00bb y las ocupaciones m\u00e1s humildes como \u00abindignas de un hombre libre\u00bb. \u00bfA qui\u00e9nes, si no a los monjes cat\u00f3licos, se les debe, principalmente en Europa, la tala de los bosques primitivos, los planes de drenaje e irrigaci\u00f3n, el cultivo de nuevas frutas y cosechas, la construcci\u00f3n de caminos y puentes? En Europa oriental, los basilianos, en Europa occidental, los benedictinos y m\u00e1s tarde los cistercienses y los trapistas, trabajaron en el cultivo de la tierra y erradicaron las fiebres de m\u00faltiples distritos torn\u00e1ndolos habitables. La miner\u00eda y la fundici\u00f3n deben igualmente su desarrollo y, hasta cierto punto su origen, al agudo sentido econ\u00f3mico de los monasterios. Para dar una base cient\u00edfica a toda la vida econ\u00f3mica de las naciones, los primeros obispos y sacerdotes cat\u00f3licos establecieron las bases de la ciencia de la econom\u00eda nacional: entre ellos, Duns Scotus (muerto en 1308), Nicholas Oresme, obispo de Lisieux (muerto en 1382), San Antonio de Florencia (muerto en 1459), y Gabriel Biel (muerto en 1495). La Iglesia y el clero se han esforzado, por lo tanto, en desarrollar, en todas las esferas y en todos los siglos, el programa que Le\u00f3n XIII declarara como el ideal de la Iglesia Cat\u00f3lica, en su famosa enc\u00edclica \u00abImmortale Dei\u00bb del 1\u00ba de noviembre de 1885: \u00abImo inerti\u00e6 desidi\u00e6que inimica [Ecclesia] magnopere vult, ut hominum ingenia uberes ferant exercitatione et cultura fructus\u00bb. Su \u00abalejamiento del mundo\u00bb, que con tanta frecuencia se les reprocha, o su \u00abhostilidad hacia la civilizaci\u00f3n\u00bb a la que con tanta frecuencia los ignorantes ha hecho eco, nunca han impedido a la Iglesia ni a su clero cumplir su llamado como entidad civilizadora de primer orden, y refutar as\u00ed todas las calumnias con la l\u00f3gica de los hechos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Bibliograf\u00eda<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">SACERDOCIO PAGANO: S\u00f3lo cabe citar aqu\u00ed algunas obras fundamentales de esta vasta literatura:<br \/>\nObras Generales: M\u00f6LLER, Physical Religion (Londres, 1891); IDEM, Anthropological Relig. (Londres, 1892); IDEM, The Books of the East (Oxford, 1879-94); LIPPERT, Alligemeine Geschichte des Priestertums (2 vols., Berlin, 1883); DE LA SAUSSAYE, Lehrbuch der Religionsgesch. (2 vols., Freiburg, 1905); VOLLERS, Die Weltreligionen in ihrem geschichtl. Zusammenhang (Jena. 1907).<br \/>\nRelacionadas con el sacerdocio indio: ASMUS, Die indogerman. Religion in den Hauptpunkten ihrer Entwickelung (2 vols., Leipzig, 1875-7); BARTH, Les religions de l&#8217;Inde (Paris, 1880); LAOUENAN, Du brahmanisme et ses rapports avec le juda\u00efsme et le christianisme (Paris, 1888); MONIER-WILLIAMS, Brahmanism and Hinduism (Londres, 1891); OLDENBURG, Die Religion des Veda (Leipzig, 1894); HOPKINS, The Religions of India (Londres, 1895); HARDY, Die vedisch-brahman. Peroide des alten Indiens (1893); IDEM, Indische Religionsgesch. (1898); MACDONELL, Vedic Mythology (Londres, 1897); HILLEBRANDT, Ritual-Literatur, ved. Opfer u. Zauber (Leipzig, 1897); DAHLMANN, Der Idealismus der. ind. Religionsphilos. im Zeitalter der Opfermystik (Freiburg, 1901); DILGER, Die Erl\u00f6sung des Menschen nach Hinduismus u. Christentum (1902); ROUSSELL, La religion v\u00e9dique (Paris, 1909).<br \/>\nSobre el Budismo: COPLESTON, Buddhism primitive and present in Magadha and in Ceylon (Londres, 1893); WADDELL, B. of Tibet (Londres, 1895); DAVIDS, Buddhism, its History and Literature (Londres, 1896); KERN, Manual of Indian B. (Londres, 1898); AIKEN, The Dhamma of Gotama, the Buddha and the Gospel of Jesus the Christ (New York, 1900); SMITH, Asoka, the Buddhist Emperor of India (Londres, 1902); HARDY, K\u00f6nig Asoka (1902); IDEM, Buddha (1903); SILBERNAGL, Der Buddhismus, seine Entstehung, Fortbildung u. Verbreitung (1903); SCHULTZE, Der B. als Religion der Zukunft (2a ed., 1901); FREYDANK, Buddha u. Christus, eine Apologetik (1903); WECKER, Lamaismus u. Katholicismus (1910).<br \/>\nSobre los iran\u00edes: DARMESTETER, Ormuzd et Ahriman, leurs origines et leur histoire (Paris, 1877); SPIEGEL, Eranische Altertumskunde, II (1878); DE HARLEZ, Origines du zorastrisme (Paris, 1879); CASARTELLI, La philosophie religeuse du mazd\u00e9isme sous les Sassanides (Louvain, 1884); MENANT, Les Parses, Hist. des communaut\u00e9s zorastriennes de l&#8217;Inde (Paris, 1898); GASQUET, Essai sur le culte et les myst\u00e8res de Mithra (Paris, 1899); JACKSON, Zoraster, the Prophet of Ancient India (New York, 1899); CUMONT, les myst\u00e8res de Mithra (2a ed., Paris, 1902; tr. Londres, 1903).<br \/>\nSobre los griegos y los romanos: REICHEL, Ueber vorhellenische Kulte (1897); GRUPPE, Griechische, Mythologie u. Religionsgesch. (Munich, 1897-1906); JENTSCH, Hellenentum u. Christentum (1903); BEURLIER, Le culte rendu aux empereurs romains (Paris, 1890); WISSOWA, Relig. u. Kultus d. R\u00f6mer (1903).<br \/>\nSobre los celtas y los alemanes: BERTRAND, La religion des Gaulois (Paris, 1897); DE LA SAUSSAYE, The Religions of the Teutons (Londres, 1902); DOTTIN, La religion des Celtes (Paris, 1904); GRUPP, Die Kultur der alten Kelten u. Germanen (1904); ANWYL, Celtic Religion in Pre-Christian Times (Londres, 1906).<br \/>\nOn the Chinese and Japanese: DE HARLEZ, Les religions de la Chine (Bruselas, 1901); DVORAK, Chinas Religionen (Leipzig, 1895-1903); MUNZINGER, Die Japaner (1898); HAAS, Gesch. des Christentums in Japan (Berlin, 1902).<br \/>\nSobre los egipcios: WIEDEMANN, Die Religion der alten Aegypter (1890); BRUGSCH, Aegyptologie (1891); SAYCE, The Religion of Ancient Egypt and Babylonia (Londres, 1892); BUDGE, The Gods of the Egyptians, (Londres, 1894); HEYES, Bibel u. Aegypten (1904); OTTO, Priester u. Tempel im hellenistischen Aegypten (2 vols., 1905-8); ERMAN, Die \u00e4gyptische Religion (2a ed., Berlin, 1909).<br \/>\nSobre los semitas: LENORMANT, La magie chez les Chald\u00e9ens (Paris, 1871); LAGRANGE, Sur les religions s\u00e9mitiques (Paris, 1903); SCHRADER, Die Keilinschriften u. das Alte Testament (3rd ed., 1903); SCHRANK, Babylonische S\u00fchneriten mit R\u00fccksicht auf Priester u. B\u00fcsser (1908); VINCENT, Canaan (Paris, 1907).<br \/>\nSACERDOCIO JUD\u00cdO: En el tema en general:&#8211;LIGHTFOOT, Ministerium templi in Opp., I (Rotterdam, 1699), 671 sqq.; UGOLINI, Thesaur. antiquit. sacrarum, IX, XII-XIII (Roma, 1748-52); B\u00e9HR, Symbolik des mosaischen Kultus (2 vols., Heidelberg, 1839; 2a ed., 1 vol., 1874); K\u00f6PER, Das Priestertum des Alten Bundes (Leipzig, 1866); SCHOLZ, Die heiligen Altert\u00fcmer des Volkes Israel (2 vols., Ratisbon, 1868); IDEM, G\u00f6tzendienst u. Zauberwesen bei den alten Hebraern (Ratisbon, 1877); SCH\u00e9FER, Die religi\u00f6sen Altert\u00fcmer der Bibel (2a ed., 1891); NOWACK, Lehrbuch der hebr. Arch\u00e4ologie (2 vols., Freiburg, 1894); BAUDISSIN, Gesch. des alttest. Priestertums (Berlin, 1892); GIGOT, Outlines of Jewish Hist. (New York, 1897); VAN HOONACKER, Le sacerdoce l\u00e9vit. dans la Loi et dans l&#8217;hist. des H\u00e9breux (Louvain, 1899); SCH\u00f6RER, Gesch. des j\u00fcd. Volkes im Zeitalter Christi, II (2a ed., Leipzig, 1898), 224 sqq.; KOBERLE, Die Tempels\u00e4nger im Alten Test. (1899).<br \/>\nPara la cr\u00edtica b\u00edblica moderna:&#8211;WELLHAUSEN, Prolegomena zur Gesch. Israels (Berlin, 1883), tr. BLACK AND MENZIES (Edinburgh, 1885); IDEM, Die Komposition des Hexateuchs u. der geschichtl. B\u00fccher des A.T. (2nd ed., Berlin, 1899); FREY, Tod, Seelenglaube u. Seelenkult im alten Israel (1898); VOGELSTEIN, Der Kampf zwischen Priestern u. Leviten seit den Tagen des Ezechiel (Leipzig, 1899); VAN HOONACKER, Les pr\u00eatres et les L\u00e9vites dans le livre d&#8217;Ez\u00e9chiel in Rev. bibl. internat. (1899), 177 sqq.; American Journal of Theol. (1905), 76 sqq.; KENNET, Origin of the Aaronite Priesthood in Journal of Theol. Studies (Jan., 1905); MEYER, Die Israiliten u. ihre Nachbarst\u00e4mme (Leipzig, 1906).<br \/>\nObras cat\u00f3licas:&#8211;HUMMELAUER, Das vormosaische Priestertum in Israel (Freiburg, 1899); NIKEL, Wiederherstellung des j\u00fcd. Gemeinwesens nach dem babylon. Exil (Freiburg, 1900); DORNSTETTER, Abraham: Studien \u00fcber die Anf\u00e4nge des hebr. Volkes (Freiburg, 1902); Zapletal, Alttestamentliches (Freiburg, 1903); NIKEL, Genesis u. Keilschriftforschung (Freiburg, 1903); HOBERG, Moses u. der Pentateuch (Freiburg, 1905); ENGELKEMPER, Heiligtum u. Opferst\u00e4tten in den Gesetzen des Pentateuch (M\u00fcnster, 1908); SCHULZ, Doppelberichte im Pentateuch (Freiburg, 1908); PETERS, Die jud. Gemeinde von Elephantine-Syene u. ihr Tempel im 5. Jahrh. v. Christus (Freiburg, 1910).<br \/>\nSACERDOCIO CRISTIANO: Obras generales: ST. THOMAS, Supplem., Q. xxxiv sqq., y los comentadores: PETRUS SOTO, De instit. sacerdotum (Dillingen, 1568); HALLIER, De sacris electionibus et ordinationibus ex antiquo et novo jure (Paris, 1636), also in MIGNE, Cursus theol., XXIV; MORIN, Comment. de sacris Ecclesi\u00e6 ordinat. (Paris, 1655; Antwerp, 1695); OBERNDORFER, De sacr. ord. (Freising, 1759); among later works consult: KOPPLER, Priester u. Opfergabe (Mainz, 1886); GASPARRI, Tractatus canonicus de sacr. ordinat. (Paris, 1893); SCHANZ, Die Lehre von den Sakramenten d. kathol. Kirche (Freiburg, 1893); GIHR, Die Lehre von den hll. Sakramenten der kathol. Kirche, II (Freiburg, 1903); KLUGE, Die Idee des Priestertums in Israel-Juda u. im Urchristentum (1906); POURRAT, La th\u00e9ologie sacramentaire (Paris, 1907); SALTET, Les r\u00e9ordinations (Paris, 1907). The following are written rather from the ascetical standpoint: OLIER, Trait\u00e9 des saints ordres (7o ed., Paris, 1868); MANNING, The Eternal Priesthood (Londres, 1883); MERCIER, Retraite pastorale (7th ed., Brussels, 1911).<br \/>\nSobre las supuestas influencias paganas en el Sacrificio y el Sacerdocio Cat\u00f3licos: DOLLINGER, Heidentum u. Judentum (Ratisbon, 1857); HATCH, The Influence of Greek Ideas and Usages upon the Christian Church, ed. by FAIRBAIRN (lONDON, 1890); ANRICH, Das antike Mysterienwesen in seinem Einfluss auf das Christentum (G\u00f6ttingen, 1894); WOBBERMIN, Religionsgeschichtl. Studien zur Frage der Beeinflussung des Christentums durch das antike Mysterienwesen (Berlin, 1896); CUMONT, Textes et mon. relatifs aux myst\u00e8res de Mithra (Bruselas, 1896-9); ROBERTSON, Christianity and Mythology (Londres, 1900); CHAPUIS, L&#8217;influence de l&#8217;ess\u00e9nisme sur les orinines chr\u00e9t. in Rev. de th\u00e9ol. et philos. (1903), pp. 193 sqq.; CUMONT, The Mysteries of Mithra, tr. McCORMACK (Londres, 1903); GRILL, Die persische Mysterienreligion u. das Christentum (Leipzig, 1903); DIETERICH, Eine Mithrasliturgie (Leipzig, 1903); BLOTZER, Die heidnischen Mysterien u. die Hellenisierung des Christentums in Stimmen aus Maria-Laach (1906), pp. 376 sqq., 500 sqq.; (1907), pp. 37 sqq., 182 sqq.; FEINE, Ueber Babylonische Einfl\u00fcsse im Neuen Testament in Neue kirchl. Zeitschr. (1906), pp. 696 sqq.; JENSEN, Das Gilgamesch-Epos in der Weltliteratur, I (Strasburg, 1906); WENDLAND, Die hellenisch-r\u00f6mische Kultur in ihren Beziehungen zu Judentum u. Christentum (T\u00fcbingen, 1907); SOLTAU, Das Fortleben des Heidentums in der altchristl. Kirche (Berlin, 1906); DE JONG, Das antike Mysterienwesen (Leiden, 1909); CLEMEN, Religionsgeschichtl. Erkl\u00e4rung des Neuen Testaments (Giessen, 1909).<br \/>\nSobre las relaciones entre los obispos y los sacerdotes en la Iglesia primitiva, consultar: KURZ, Der Episkopat der h\u00f6chste vom Presbyterat verschiedene Ordo (Viena, 1877); HATCH, The Organization of the Early Christian Churches (2a ed., Londres, 1882); SMITH AND CHEETHAM, Dict. of Christ. Antiq., s.v. Priest; SCHULTE-PLASSMAN, Der Episkopat ein vom Presbyterat verschiedener, selbst\u00e4ndiger und sakramentaler Ordo (Paderborn, 1883); LONING, Die Gemeindeverfassung des Urchristentums (Halle, 1889), cf. Hist. Jahrb. der G\u00f6rresgesellschaft, XII (1900), 221 sqq.; SOBKOWSKI, Episkopat und Presbyterat in den ersten christl. Jahrhund. (W\u00fcrzburg, 1893); GOBET, L&#8217;origine divine de l&#8217;episcopat (Fribourg, 1898); DUNIN-BORKOWSKI, Die neueren Forschungen \u00fcber die Anf\u00e4nge des Episkopats (Freiburg, 1900); MICHIELS, L&#8217;origine de l&#8217;\u00e9piscopat (Louvain, 1900); WEIZS\u00e9CKER, Das apostolische Zeitalter der christl. Kirche (3a ed., Leipzig, 1902); BRUDERS, Die Verfassung der Kirche von den ersten Jahrzehnten der apostolischen Wirksamkeit bis zum Jahre 175 nach Chr. (Mainz, 1904); KNOPF, Das nachapostolische Zeitalter (Leipzig, 1905); BATIFFOL, L&#8217;\u00e9glise naissante et le Catholicisme (2a ed., Paris, 1908); HARNACK, Entstehung und Entwickelung der Kirchenverfassung und des Kirchenrechts (Leipzig, 1910). Para el tratamiento especial de los conceptos de San Jer\u00f3nimo, consultar: BLONDEL, Apologia pro sententia Hieronymi de episcopis et presbyteris (Amsterdam, 1646); KOENIG, Der katholische Priester vor 1500 Jahren: Priester und Priestertum nach Hieronymus (Breslau, 1890); SANDERS, Etudes sur S. J\u00e9rome (Paris, 1903), 296, sqq.; TIXERONT, Hist. des dogmes, II (Paris, 1909). On clerical training see bibliography under SEMINARY.<br \/>\nSOBRE LOS BENEFICIOS DEL SACERDOCIO CAT\u00d3LICO: Para la literatura de las distintas ramas de la actividad eclesi\u00e1stica y clerical en el desarrollo de la civilizaci\u00f3n deben consultarse las voces especiales, por ejemplo, MISIONES, COLEGIOS, UNIVERSIDADES, etc. Aqu\u00ed s\u00f3lo se mencionan unas pocas obras. De car\u00e1cter general: BALMES, Der Protestantismus verglichen mit dem Katholizismus in seinen Beziehungen zur europ\u00e4ischen Civilisation (Ratisbon, 1844); GUIZOT, Hist. de la civilisation en Europe (Paris, 1840); LACHAUD, La civilisation ou les bienfaits de l&#8217;eglise (Paris, 1890); LILLY, Christianity and Modern Civilization (Londres, 1903); Christ and Civilization, a Survey of the Influence of the Christian Religion upon the Course of Civilization (Londres, 1910); DEVAS, Key to the World&#8217;s Progress (2a ed., Londres, 1908); HETTINGER, Apologie des Christentums, V (9a ed., Freiburg, 1908); EHRHARD, Kathol. Christentum u. moderne Kultur (2a ed., Mainz, 1906), (cf.); SADOC SZALO, Ehrhards Schrift etc., ein Beitrag zur Kl\u00e4rung der religi\u00f6sen Frage der Gegenwart (Graz, 1909); CATHREIN, Die kathol. Weltanschauung in ihren Grundlinien mit besonderer Ber\u00fccksichtigung der Moral (2a ed., Freiburg, 1910).<br \/>\nSpecial works are: SCHELL, Der Katholizismus als Prinzip des Fortschritts (7a ed., W\u00fcrzburg, 1909); PESCH, Die soziale Bef\u00e4higung der Kirche (2a ed., Berlin, 1897); DE CHAMPAGNY, La charit\u00e9 chr\u00e9tienne dans les premiers si\u00e8cles (Paris, 1856); COCHIN, L&#8217;abolition de l&#8217;esclavage (Paris, 1862); MARGRAF, Christentum u. Sklaverei (1865); RATZINGER, Gesch. der kirchl. Armenpflege (Freiburg, 1868); SCHAUB, Die Kathol. Charitas u. ihre Gegner (Freiburg, 1909); MONTALEMBERT, The Monks of the West (tr. Boston, 1872); WHEWELL, Hist. of the Inductive Sciences (Londres, 1847); WISEMAN, Science and Religion (Londres, 1853); MAITRE, Les \u00e9coles de l&#8217;Occident (Paris, 1858); WEDEWER, Das Christentum u. die Sprachwissenschaft (1867); ROSCHER, Principles of Pol. Economy (tr. New York, 1878); SECRETAN, Civilisation et croyance (Lausanne, 1882); DAHLMANN, Die Sprachkunde u. die Missionen (Freiburg, 1891); LILLY, Christianity and Modern Civilisation (Londres, 1903); PAULSEN, Gesch. des gelehrten Unterrichts (2 vols., Berlin, 1896); KNELLER, Christianity and the Leaders of Modern Science (tr. St. Louis, 1911); M\u00f6LLER, Nik. Kopernikus. Der Altmeister der neueren Astronomie (Freiburg, 1898); POHLE, P. Angelo Secchi, ein Lebens-u. Kulturbild (2nd ed., Cologne, 1904); WILLMANN, Gesch. des Idealismus (3 vols., Brunswick, 1908); ILGNER, Die volkswirtschaftl. Anschauungen des hl. Antonin von Florenz (Breslau, 1904).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">J. POHLE<br \/>\nTrascrito por Robert B. Olson<br \/>\nOfrecido a Dios Omnipotente por el padre Jeffrey A. Ingham y todos los padres de Nuestra Santa Iglesia Cat\u00f3lica de Nuestro Santo Se\u00f1or<br \/>\nTraducido por Rosario Camacho-Koppel<br \/>\nwww.catholicmedia.net\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><b>Enlaces internos<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">[1] Sacerdote\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">[2]\u00d3rdenes anglicanas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">[3] Ordenaci\u00f3n Anglicana: inv\u00e1lida\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">[4] Ordenaci\u00f3n Anglicana: Origen de la invalidez.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">[5]Ordenaci\u00f3n Sagrada de la mujer:Absurdo, Desm\u00e1n, Aberrante, Abominaci\u00f3n y Sacrilegio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">[6]Ordenaci\u00f3n Sagrada de una mujer: contraria a la Tradici\u00f3n Apost\u00f3lica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n[7] Ordenaci\u00f3n Sagrada de una mujer: Declaraci\u00f3n Inter insigniores\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">[8] Carta Apost\u00f3lica Ordinatio sacerdotalis  del Papa Juan Pablo II sobre la ordenaci\u00f3n sacerdotal reserbada s\u00f3lo a los hombres.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n[9]Ordenaci\u00f3n Sagrada de una mujer. Decreto General.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Ministerio Num 18:7 t\u00fa y tus hijos .. guardar\u00e9is vuestro s Num 25:13 y tendr\u00e1 \u00e9l .. el pacto del s perpetuo Hos 4:6 te echar\u00e9 del s; y porque olvidaste la ley Luk 1:8 ejerciendo Zacar\u00edas el s delante de Dios Heb 7:11 si, pues, la perfecci\u00f3n fuera por el s Heb 7:24 &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sacerdocio\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSACERDOCIO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-13529","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13529","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13529"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13529\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13529"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13529"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13529"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}