{"id":13710,"date":"2016-02-05T09:08:27","date_gmt":"2016-02-05T14:08:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/signos-de-los-tiempos\/"},"modified":"2016-02-05T09:08:27","modified_gmt":"2016-02-05T14:08:27","slug":"signos-de-los-tiempos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/signos-de-los-tiempos\/","title":{"rendered":"SIGNOS DE LOS TIEMPOS"},"content":{"rendered":"<p>[808]<br \/>\n   Expresi\u00f3n consagrada por varios Pont\u00ed\u00adfices (Juan XXIII, Pablo VI) para describir de forma sint\u00e9tica las caracter\u00ed\u00adsticas de nuestra cultura y de nuestras circunstancias religiosas.<\/p>\n<p>    Juan XXIII sol\u00ed\u00ada emplear el equivalente de \u00abaggiornamento\u00bb y Pablo VI el de \u00ab\u00eatre \u00ed\u00a0 la page\u00bb, para referirse a la necesidad de la adaptaci\u00f3n de la Iglesia a esas circunstancias y condiciones del a vida, de la sociedad y de la cultura de los tiempos recientes.<\/p>\n<p>    El Concilio Vaticano II reclam\u00f3 con insistencia y claridad la necesidad de la Iglesia de conocer la realidad de cada \u00e9poca y la conveniencia de acomodarse a las realidades humanas, rasgos que siempre la Iglesia ha manifestado pues su misi\u00f3n no es defender una cultura, sino anunciar un mensaje de fe.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nLa expresi\u00f3n \u00absignos de los tiempos\u00bb se puso en circulaci\u00f3n por la \u00e9poca del Vaticano II. Aunque hab\u00ed\u00ada aparecido ya antes en Francia, Juan XXIII la utiliz\u00f3 en la constituci\u00f3n apost\u00f3lica Humanae salutis,  por la que se convocaba el Vaticano II: \u00abSiguiendo la recomendaci\u00f3n de Jes\u00fas cuando nos exhorta a distinguir claramente los signos&#8230; de los tiempos (Mt 16,3), Nos creemos vislumbrar, en medio de tantas tinieblas, no pocos indicios que nos hacen concebir esperanzas de tiempos mejores para la Iglesia y la humanidad\u00bb. El contexto en el que el Papa usa el t\u00e9rmino recoge adecuadamente el car\u00e1cter en cierto modo apocal\u00ed\u00adptico del texto de Mateo, en el que \u00abde los tiempos\u00bb es kair\u00f4n,  con el sentido de momentos importantes del plan divino. En efecto, a trav\u00e9s de ellos, \u00abDios ofrece en cada \u00e9poca indicios de su voluntad&#8230; Su palabra es una invitaci\u00f3n a la hermen\u00e9utica de la historia y, en cuanto tal, un permanente desaf\u00ed\u00ado para la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>En el concilio mismo la expresi\u00f3n aparece varias veces. El texto m\u00e1s conocido es el que se encuentra al comienzo de la constituci\u00f3n sobre la Iglesia en el mundo moderno, en el que se dice que \u00abes deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del evangelio\u00bb (GS 4). Pero se usa tambi\u00e9n en otros textos: el reconocimiento de los signos de los tiempos deber\u00ed\u00ada llevar al compromiso con el ecumenismo (UR 4); los sacerdotes han de unirse a los laicos en la lectura de los signos de los tiempos (PO 9); se dice que uno de los signos de los tiempos es la solidaridad entre los pueblos (AA 14). En la constituci\u00f3n sobre la liturgia puede encontrarse una expresi\u00f3n equivalente a \u00absignos de los tiempos\u00bb: \u00abEl celo por promover y reformar la sagrada liturgia se considera con raz\u00f3n como un signo de las disposiciones providenciales de Dios sobre nuestro tiempo, como el paso del Esp\u00ed\u00adritu Santo por su Iglesia, y da un sello caracter\u00ed\u00adstico a su vida e incluso a todo el pensamiento y la acci\u00f3n religiosa de nuestra \u00e9poca\u00bb (SC 43). Estos cinco ejemplos vienen a coincidir en lo mismo: Dios est\u00e1 actuando dentro de la historia humana y la Iglesia da una respuesta. Esta misma idea se encuentra tambi\u00e9n en GS 11: \u00abEl pueblo de Dios, movido por la fe, que lo impulsa a creer que quien lo conduce es el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or, que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contempor\u00e1neos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios\u00bb. En la misma constituci\u00f3n se dice: \u00abEs propio de todo el pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los te\u00f3logos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo, las m\u00faltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la palabra divina\u00bb (GS 44). De hecho, la constituci\u00f3n en su conjunto puede considerarse un amplio ejercicio de lectura de los signos de los tiempos.<\/p>\n<p>Al leer los signos de los tiempos hay que tener en cuenta la ambig\u00fcedad de la historia humana: no todo movimiento, por muy popular o amplio que sea, es obra del Esp\u00ed\u00adritu de Dios. La historia humana no se identifica con la historia de la salvaci\u00f3n. Incluso dentro de movimientos que son claramente de Dios se encuentra fragilidad, e incluso pecado. Por eso es necesaria la tarea teol\u00f3gica del discernimiento. Los movimientos y los acontecimientos han de interpretarse a trav\u00e9s de la fe o, en palabras del Vaticano II, \u00aba la luz del evangelio\u00bb (GS 4). La frase que circulaba en el Consejo Mundial de las Iglesias (>Ecumenismo y Consejo Mundial de las Iglesias) en la d\u00e9cada de 1960, \u00abEs el mundo el que dicta el programa de la Iglesia\u00bb, por un lado se pasa y por otro se queda corta: es el evangelio, y no el mundo, el que constituye la orientaci\u00f3n principal de la Iglesia; la Iglesia no puede ignorar la situaci\u00f3n del mundo, pero, en s\u00ed\u00ad misma, esta no basta, porque la Iglesia ha de poner su don propio, que es el evangelio, al servicio de la interpretaci\u00f3n de la realidad humana.<\/p>\n<p>Aunque las >teolog\u00ed\u00adas de la liberaci\u00f3n no usan con mucha frecuencia el t\u00e9rmino \u00absignos de los tiempos\u00bb, son, en los mejores casos, un ejemplo de indagaci\u00f3n de los signos de los tiempos a la luz del evangelio.<\/p>\n<p>En cierto sentido podemos hablar de los signos de los tiempos como una tarea de la teolog\u00ed\u00ada y como un locus theologicus o  >fuente de la teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>Se\u00f1ales de nuevas gracias de Dios<\/p>\n<p>\tLa expresi\u00f3n \u00absignos de los tiempos\u00bb, usada frecuentemente por Juan XIII, est\u00e1 inspirada en el texto evang\u00e9lico \u00ab\u00bfSab\u00e9is discernir el aspecto  del cielo y no pod\u00e9is discernir las se\u00f1ales de los tiempos?\u00bb (Mt 16,3; cfr. Lc 12-54-56). En el contexto evang\u00e9lico indica los signos de la venida del Mes\u00ed\u00adas. En la aplicaci\u00f3n actual es una invitaci\u00f3n a descubrir las se\u00f1ales de la voluntad de Dios, que se manifiesta por medio de los acontecimientos.<\/p>\n<p>\tJuan XXIII, en la convocaci\u00f3n del Concilio (1961, Const. \u00abHumanae Salutis\u00bb) y en la enc\u00ed\u00adclica \u00abPacem in Terris\u00bb (1963), invitaba a considerar algunos \u00absignos de los tiempos\u00bb la renovaci\u00f3n de la Iglesia, el respeto por los derechos humanos fundamentales, la entrada de la mujer en la vida p\u00fablica, la transformaci\u00f3n de la familia. Posteriormente se ir\u00e1n a\u00f1adiendo otros signos el deseo de unidad universal, las situaciones de injusticia o de guerra que reclaman una atenci\u00f3n responsable por parte de todos, el progreso r\u00e1pido y el avance de la tecnolog\u00ed\u00ada, los cambios frecuentes y r\u00e1pidos, la informaci\u00f3n total y universal, etc.<\/p>\n<p>\tAnalizar la realidad a la luz de la Palabra<\/p>\n<p>\tEl concilio Vaticano II us\u00f3 esta expresi\u00f3n repetidas veces. especialmente en la Constituci\u00f3n \u00abGaudium et Spes\u00bb. Se trata de \u00abauscultar a fondo los signos de la \u00e9poca e interpretarlos a la luz del Evangelio\u00bb (GS 4), puesto que son \u00absignos verdaderos de la presencia y de los planes de Dios\u00bb (GS 11). Este discernimiento y valoraci\u00f3n s\u00f3lo es posible \u00abcon la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb y \u00aba la luz de la Palabra divina\u00bb (GS 44).<\/p>\n<p>\tLa realidad toda entera, que incluye los acontecimientos, debe ser analizada no a la luz de una ideolog\u00ed\u00ada materialista (como si los acontecimientos fueran irreversibles), sino a la luz de la persona y mensaje de Jes\u00fas, en quien hay que \u00abrecapitular todas las cosas\u00bb (Ef 1,10). S\u00f3lo as\u00ed\u00ad se acierta en el discernimiento y se llega a asumir compromisos personales y comunitarios, en un proceso de ver, juzgar y actuar.<\/p>\n<p>\tEn la evangelizaci\u00f3n<\/p>\n<p>\tLa exhortaci\u00f3n de Pablo VI sobre la evangelizaci\u00f3n, invita a discernir y seguir los signos de los tiempos en ese campo. La Palabra de Dios, siempre viva, comunica nuevas luces para solventar las situaciones nuevas que se presentan en el caminar apost\u00f3lico. El Esp\u00ed\u00adritu Santo \u00abexplica a los fieles el sentido profundo de las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas y su misterio&#8230; El es quien hace discernir los signos de los tiempos &#8211; signos de Dios &#8211; que la evangelizaci\u00f3n descubre y valoriza en el interior de la historia\u00bb (EN 75).<\/p>\n<p>\tCada nueva situaci\u00f3n humana conlleva tambi\u00e9n una nueva gracia que ayuda a insertar mejor el evangelio en la historia concreta. La insertar el Evangelio en las situaciones y las culturas, \u00abla fe manifiesta el pan divino sobre la entera vocaci\u00f3n del hombre\u00bb (GS 11).<\/p>\n<p>\tDiscernir los \u00absignos de los tiempos\u00bb ata\u00f1e a todos. \u00abEs un deber de todo el Pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los te\u00f3logos, auscultar, discernir e interpre\u00c2\u00actar, con la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo, las m\u00faltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la palabra divina, a fin de que la Verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor enten\u00c2\u00acdida y expresada en forma m\u00e1s adecuada\u00bb (GS 44).<\/p>\n<p>Referencias Discernimiento, Esp\u00ed\u00adritu Santo, historia, historia de salvaci\u00f3n, inculturaci\u00f3n, Palabra de Dios, revelaci\u00f3n, revisi\u00f3n de vida.<\/p>\n<p>Lectura de documentos GS 4,11,44; SC 45; PO 6,9,15,17-18; DH 15; UR 4; EN 75; RH parte 3\u00c2\u00aa; CEC 2659-60.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada M.D. CHENU, Los signos de los tiempos, en La Iglesia en el mundo de hoy (Madrid, Taurus, 1970) II, 253-278; J. ESQUERDA BIFET, Magisterio y signos de los tiempos Burgense 10 (1969) 239-271; G. GENNARI, Signos de los tiempos, en Nuevo Diccionario de Espiritualidad (Madrid, Paulinas, 1991)1758-1780; L. GONZALEZ CARVAJAL, Los signos de los tiempos. El Reino de Dios est\u00e1 cerca (Santander, Sal Terrae, 1987); F. PLACER UGARTE, A los 25 a\u00f1os de la promulgaci\u00f3n de \u00abGaudium et Spes\u00bb los signos de los tiempos en la pastoral y en la teolog\u00ed\u00ada Lumen 40 (1991) 113-134; X. QUINZA LLEO, Leer los signos de Dios en la posmodernidad Revista Espa\u00f1ola de Teolog\u00ed\u00ada 51 (1991)429-473; M. RUIZ, Los signos de los tiempos Manresa 40 (1968) 5-18; R. SCHNACKENBURG, Interpretare i segni del tempo (Brescia, Morcelliana, 1985).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Al parecer, la expresi\u00f3n \u00absignos de los tiempos\u00bb aparece en el Vaticano II en febrero de 1964, dentro del denominado texto de Zurich (Esquema XVII) y cuaja en Gaudium et Spes n\u00c2\u00b0 4. M. Chenu, ante las cr\u00ed\u00adticas y sospechas que tal acepci\u00f3n recibi\u00f3, la defendi\u00f3 de esta manera: \u00abEl contenido y alcance de los Signos de los Tiempos es en la Escritura estrictamente cristol\u00f3gico y soteriol\u00f3gico\u00bb. Extenderlo al desenvolvimiento humano, profano o eclesi\u00e1stico del tiempo es un abuso de vocabulario: \u00abno se puede pasar del acontecimiento, absolutamente transcendente, incluso en sus signos, a los acontecimientos de la historia\u00bb.<\/p>\n<p>Detr\u00e1s de esta afirmaci\u00f3n de Chenu, se nos est\u00e1 poniendo de manifiesto que el debate se centraba en esta pregunta: \u00ab\u00bfSignos de los tiempos\u00bb debe entenderse en sentido estrictamente b\u00ed\u00adblico mesi\u00e1nico-escatol\u00f3gico, o su contenido podr\u00ed\u00ada ser m\u00e1s amplio y referido a los valores aut\u00e9nticamente humanos que emergen del movimiento de la historia y que deb\u00ed\u00adan de alguna manera relacionarse con el sentido b\u00ed\u00adblico? Esta pregunta recorre, sin resolverse, los textos vaticanos.<\/p>\n<p>Pero el asunto de los signos de los tiempos no s\u00f3lo se complicaba desde \u00e1mbitos propiamente teol\u00f3gicos y pastorales, sino desde \u00e1mbitos sociol\u00f3gicos y filos\u00f3ficos: \u00bfQu\u00e9 se puede calificar, desde la hermen\u00e9utica filos\u00f3fica, como \u00absigno de los tiempos\u00bb? A esta pregunta, X. Quinz\u00e1 Lle\u00f3 ha tratado de responder recientemente, recogiendo la problem\u00e1tica anterior, desde las aportaciones de P. Ricoeur.<\/p>\n<p>Para este autor, un signo de los tiempos ser\u00ed\u00ada aquel que se muestra en la historia como relevante y significativo, en esa relaci\u00f3n dial\u00e9ctica entre hombre y mundo. El signo hist\u00f3rico encierra ya en s\u00ed\u00ad un sentido, y muchas veces nuestra tentaci\u00f3n es la de estrujarle, despoj\u00e1ndole de su misterio. Los signos indican siempre y en primer lugar d\u00f3nde vivimos, es decir, junto a qui\u00e9n nos ocupamos en determinar c\u00f3mo est\u00e1n las cosas. El signo hist\u00f3rico tiene algo de azaroso, de imprevisible, de sorprendente: el hombre es capaz de provocar consecuencias que no contemplaba, o de desencadenar fuerzas que no est\u00e1 en condiciones de controlar. El signo es muy consciente de ser \u00e9l mismo interpretaci\u00f3n de otros signos, pero a la vez est\u00e1 abierto a interpretaciones posteriores.<\/p>\n<p>Afirmado lo anterior, X. Quinz\u00e1, siguiendo a A. Cardin, se lamenta de que en estos momentos hemos perdido, en teolog\u00ed\u00ada y en pastoral, el inter\u00e9s por escrutar los signos de los tiempos, siguiendo la invitaci\u00f3n del Vaticano II, y de que hemos prostituido y falseado el significado de la expresi\u00f3n \u00absignos de los tiempos\u00bb. Por ello se hace necesario purificar el t\u00e9rmino para redescubrir su sentido. A un doble nivel: uno, socio-hist\u00f3rico, y otro, teol\u00f3gico-pastoral.<\/p>\n<p>En lo teol\u00f3gico-pastoral se relaciona con diferentes campos: con la revelaci\u00f3n, porque incide en el modo de comprensi\u00f3n de la Palabra de Dios en la historia; con la cristolog\u00ed\u00ada, por ser Cristo referencia y lugar de convergencia de todos los signos, Signo \u00e9l mismo \u00fanico y definitivo; con la escatolog\u00ed\u00ada, porque los signos de los tiempos son presencia anticipada en la fragmentariedad del momento hist\u00f3rico; con la pneumatolog\u00ed\u00ada porque es el Esp\u00ed\u00adritu quien causa actualizaciones de la revelaci\u00f3n, agudiza la mirada y sustenta toda interpretaci\u00f3n y discernimiento; con la praxis-pastoral, porque recibimos la invitaci\u00f3n no solamente a leer los signos, sino a ponerlos en pr\u00e1ctica, a realizarlos como avance de la salvaci\u00f3n y compromiso con la misma; incluso tiene una fuerte relaci\u00f3n con las dimensiones catequ\u00e9tica y confesante de la fe.<\/p>\n<p>De alguna manera, la teolog\u00ed\u00ada y la pastoral, seg\u00fan X. Quiz\u00e1, pudieran denominarse \u00abla conciencia del signo cristiano hoy\u00bb, ya que tanto en su dimensi\u00f3n hermen\u00e9utica como pr\u00e1ctica, participan de una bipolaridad bien significativa: hacen presente una experiencia de la salvaci\u00f3n que solamente se revela en plenitud desde la transparencia y opacidad del misterio en la historia. Pero a la vez la fe incide en la historia, en una historia calificada tanto de espacio de oposici\u00f3n como de espacio de discernimiento: la fe comporta la convicci\u00f3n fundamental de que el tiempo es el campo de la actuaci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>El signo de los tiempos nos habla en cierta manera de una teolog\u00ed\u00ada y pastoral no cerradas. Los ST se convierten en lugares desde donde hacer teolog\u00ed\u00ada; lugares de argumentaci\u00f3n, como contexto hist\u00f3rico significativo para elaborar propuestas en la comunidad eclesial. Escrutar y discernir es especialmente tarea del te\u00f3logo y de los pastores que deben elaborar modelos de discernimiento teol\u00f3gico y pr\u00e1xico, no s\u00f3lo espiritual, para leer cr\u00ed\u00adticamente la realidad hist\u00f3rica, y se\u00f1alar la pastoral adecuada al Reino de Dios. La historia para el te\u00f3logo, en la que se leen los ST no es algo \u00abespeculativo\u00bb sino un material de conciencia hist\u00f3rica y colectiva, de presencia del Reino de Dios, de respuesta l\u00facida y creativa, de realizaci\u00f3n hist\u00f3rica del misterio de Dios. Los ST son a un mismo tiempo mesi\u00e1nicos y escatol\u00f3gicos: se dieron en plenitud en un momento de la historia, siguen pre\u00f1ando la historia, y deben seguirse haciendo expl\u00ed\u00adcitos y cre\u00ed\u00adbles.<\/p>\n<p>V. F. Placer nos se\u00f1ala, con una cierta complejidad y ambig\u00fcedad de lenguaje (entre lo pastoral-sociol\u00f3gico y teol\u00f3gico), estos criterios para un discernimiento o hermen\u00e9utica de los signos de los tiempos: 1) Observar sociol\u00f3gicamente y psico-sociol\u00f3gicamente los acontecimientos. 2) Situarlos en un lugar determinado, o encarnados en un contexto. 3) Tomar opci\u00f3n y partido por ellos. 4) Actitud de discernimiento desde la fe, y compartida con los no-creyentes. 5) Actitud espiritual: fidelidad al Esp\u00ed\u00adritu, desde el seguimiento de Jes\u00fas, y desde el compromiso con esos mismos signos.<\/p>\n<p>F. Placer prima el tema de la opci\u00f3n por los pobres, y finaliza afirmando que es una asignatura pendiente en nuestra teolog\u00ed\u00ada y en nuestra pastoral.<\/p>\n<p>Por su parte L. Gonz\u00e1lez Carvajal subraya que este tema de los signos de los tiempos se puso de moda a partir del Vaticano II, y estuvo precedido por algunas alocuciones de Juan XXIII. Todo el mundo pareci\u00f3 hablar de ello en una \u00e9poca, aunque no se delimitaron sus campos ni el alcance de la expresi\u00f3n: \u00bfson los signos de los tiempos actuales o de los tiempos de Cristo o los de los \u00faltimos tiempos? En cualquier caso esta expresi\u00f3n no puede entenderse sino desde la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica; m\u00e1s en concreto, desde los \u00absignos\u00bb que delatan y expresan y contienen el Reino de Dios. En este sentido, toda la creaci\u00f3n est\u00e1 orientada hacia el Reino de Dios; debemos leer los signos de la historia de la salvaci\u00f3n y revelaci\u00f3n; y no olvidar que los signos de los tiempos, mientras llega la parus\u00ed\u00ada, est\u00e1n apartados de los \u00absignos del Reino\u00bb. Ahora bien, para saber leer los signos de los tiempos, y con ello determinar los lugares teol\u00f3gicos nuevos que van naciendo, debemos intentar una nueva hermen\u00e9utica, en la que la simbolog\u00ed\u00ada no es un elemento externo. Los criterios hermen\u00e9uticos para entender los \u00abSignos de los tiempos\u00bb, pasar\u00ed\u00adan por un triple momento o nivel:<\/p>\n<p>1. An\u00e1lisis sociol\u00f3gico del presunto signo. Y aqu\u00ed\u00ad es importante discernir desde d\u00f3nde se hace este an\u00e1lisis (marxismo, funcionalismo, estructuralismo, neoconservadurismo).<\/p>\n<p>2. An\u00e1lisis teol\u00f3gico del presunto signo: desde la Revelaci\u00f3n y sus fuentes. En este sentido no hay que confundir fuentes de la revelaci\u00f3n con \u00ablugares teol\u00f3gicos\u00bb.<\/p>\n<p>3. Referencia del signo a sus destinatarios. La importancia del destinatario es tan grande que podr\u00ed\u00adamos comparar el signo a un espejo que nos devolver\u00e1 diferentes im\u00e1genes seg\u00fan la posici\u00f3n desde donde lo miramos. El s\u00ed\u00admbolo es sugerente y nunca se agota en su contemplaci\u00f3n desde la realidad. Carvajal apuesta por tres signos de los tiempos: lucha contra la pobreza, conciencia democr\u00e1tica, nueva medicina.<\/p>\n<p>Finalizamos: recientemente los obispos espa\u00f1oles, en un documento sobre el \u00absiglo que termina\u00bb (La fidelidad de Dios dura siempre) han hablado de signos de los tiempos como \u00abse\u00f1ales de la presencia activa de Dios en nuestra historia\u00bb, y, entre dichos signos, han se\u00f1alado expresamente: el Concilio Vaticano II y los Papas de este siglo, la paz y la concordia, el desarrollo econ\u00f3mico y social, la construcci\u00f3n de una nueva Europa.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; L. GONZ\u00ed\u0081LEZ CARVAJAL, \u00bfSe identifican lugar teol\u00f3gico y signo de los tiempos?: \u00abLumen\u00bb 41 (1992) 367-382: L. GONZ\u00ed\u0081LEZ CARVAJAL, Los signos de los tiempos, Sal Terrae, Santander 1987.<\/p>\n<p>Ra\u00fal Berzosa Mart\u00ed\u00adnez<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Se denominan signos de los tiempos todos los acontecimientos hist\u00f3ricos que logran crear un consenso universal y que permiten la comprensi\u00f3n de las etapas fundamentales de la historia de la humanidad.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n \u00absignos de los tiempos\u00bb aparece por primera vez en Mt 16,4 (Lc 12,54-56), donde Jes\u00fas invita a la perspicacia y a la atenci\u00f3n constante al Reino de Dios. En nuestros d\u00ed\u00adas, la fortuna de esta expresi\u00f3n se debe al papa Juan XXIII, que, con fuerza prof\u00e9tica, volvi\u00f3 a proponer su significado original, En el documento de convocatoria del concilio Vaticano II, el papa afirmaba: \u00bb Haciendo nuestra la recomendaci\u00f3n de Jes\u00fas de saber distinguir los signos de los tiempos, creemos descubrir, en medio de tantas tinieblas, numerosas se\u00f1ales que nos infunden esperanza sobre el destino de la Iglesia y de la humanidad\u00bb. A partir de este documento, otros pont\u00ed\u00adfices han recurrido con frecuencia a esta expresi\u00f3n, codificada por el Vaticano II sobre todo en el documento Gaudium et spes (nn. 4, 11, 44).<\/p>\n<p>Con los signos de los tiempos, la Iglesia expresa ante todo el cambio en sus relaciones con el mundo: ella no quiere compartir el anuncio de los diversos profetas de desventuras, sino que, bas\u00e1ndose en el Evangelio y en la resurrecci\u00f3n, anuncia en la historia la presencia de verdaderos signos positivos que pueden ser catalizadores de cambio para todos.<\/p>\n<p>Sin embargo, los signos de los tiempos requieren una lectura competente y precisa, va que marcan las etapas de la humanidad. Con esta intenci\u00f3n, la Iglesia pide ayuda a los hombres de su tiempo, creyentes y no creyentes, para que le hagan comprender las verdaderas esperanzas y expectativas de la humanidad. Adem\u00e1s, a trav\u00e9s de los signos de los tiempos es m\u00e1s f\u00e1cil tener una visi\u00f3n mejor de la historia y del hombre : en efecto, esos signos indican que en cada uno de los hombres existen g\u00e9rmenes de vida que mueven hacia un cambio positivo y tienden hacia un fin com\u00fan. Con los signos de los tiempos, sobre todo, la 1glesia est\u00e1 llamada a desarrollar plenamente su actividad prof\u00e9tica. Leyendo los signos, ella se compromete ya que, en todo caso, est\u00e1 llamada a recordar el juicio de Dios sobre estos acontecimientos.<\/p>\n<p>De esta manera, es capaz de corresponder a la tensi\u00f3n escatol\u00f3gica que la hace presente en la historia, pero siempre en camino hacia el cumplimiento.<\/p>\n<p>La 1glesia, por consiguiente, est\u00e1 llamada a \u00bb escrutar\u00bb los signos de los tiempos : esto le permite situarse en el mundo con la atenci\u00f3n de quien sabe anticipar el futuro, pero velando siempre sobre el presente. No se puede concebir que el fen\u00f3meno de los signos de los tiempos corresponda solamente a una \u00ablectura\u00bb de los mismos despu\u00e9s de que se hayan realizado. Los cristianos, en virtud de su vigilancia, tienen la tarea de crear nuevos signos, para que se haga cada vez m\u00e1s evidente la victoria del bien sobre el mal, La capacidad de crear signos nuevos ser\u00e1 sin duda un testimonio de la responsabilidad que la comunidad cristiana sabe que tiene respecto al mundo, si ella es realmente \u00abexperta en humanidad\u00bb.<\/p>\n<p>No deber\u00ed\u00ada caerse en la inflaci\u00f3n en el uso de la expresi\u00f3n \u00bb signos de los tiempos\u00bb. debe utilizarse s\u00f3lo para acontecimientos positivos, no negativos, y para hechos que constituyan realmente historia.<\/p>\n<p>De todas formas, siempre que se ponen los signos, \u00e9stos necesitan un real discernimiento para verificar si son verdaderamente \u00bb signos para nuestro tiempo\u00bb. El discernimiento deber\u00ed\u00ada llevarse a cabo recordando que estos signos afectan a todos los hombres, creyentes y no creyentes. Si para estos \u00faltimos los signos deber\u00e1n significar la consecuci\u00f3n progresiva de la justicia y de la dignidad de la persona, para los primeros tendr\u00e1n que expresar la presencia de la implicaci\u00f3n de Dios en nuestra historia a fin de conducirla a su plenitud.<\/p>\n<p>R. Fisichella<\/p>\n<p>Bibl.: G. Gennari, Signos de los tiempos. en NDE, 1286-1303: R. Fisichella. Signos de los tiempos. en DTF 1360-1369; AA. w , Fe y nueva sensibilidad hist\u00f3rica. Sigueme, Salamanca 1972; L, Gonz\u00e1lez Carvajal, Los signos de los tiempos. El reino de Dios est\u00e1 entre nosotros, Sal Terrae, Santander 1987; M, D, Chenu. Los signos de los tiempos. en I Congar (ed,i, La Iglesia en el mundo de hoy 11, Taurus, Madrid 1970, 253-278. .<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Introducci\u00f3n: Origen y uso de esta expresi\u00f3n: 1. Origen material b\u00ed\u00adblico; 2. Historia del contenido y de la f\u00f3rmula primera del Val. II; 3. Presencia de la expresi\u00f3n y del concepto en el Val. II; a) Citas expl\u00ed\u00adcitas, b) Citas impl\u00ed\u00adcitas &#8211; II. Historia: del tiempo \u00abcerrado\u00bb al tiempo \u00ababierto\u00bb &#8211; III. \u00abCreencia humana\u00bb como lectura-creaci\u00f3n de los signos de los tiempos: 1. El rechazo del signo en nombre del presente idolatrado, o la conservaci\u00f3n absoluta; 2. El rechazo del signo en nombre del presente totalmente rechazado, o la rebeli\u00f3n absoluta; 3. La acogida del signo: un proyecto en el tiempo &#8211; IV. Fe judeo-cristiana: leer y construir los \u00absignos de los tiempos\u00bb &#8211; V. La revoluci\u00f3n nuclear de los signos de los tiempos: 1. Revelaci\u00f3n y signos de los tiempos; 2. Fe y signos de los tiempos; 3. Teolog\u00ed\u00ada y signos de los tiempos; 4. Historia y signos de los tiempos; 5. Hombre y signos de los tiempos; 8. Iglesia y signos de los tiempos; 7. Jesucristo y signos de los tiempos; 8. Esp\u00ed\u00adritu y signos de los tiempos &#8211; VI. Criterios para leer e interpretar los signos de los tiempos: 1. Escuchar atentamente: a) La ideolog\u00ed\u00ada. b) El moralismo; 2. Comprender e interpretar; 3. Juzgar &#8211; VII. Conclusi\u00f3n. Los signos de los tiempos en la actualidad.<\/p>\n<p>I. Introducci\u00f3n: Origen y uso de esta expresi\u00f3n<br \/>\nPara conocer mejor la naturaleza y el significado de una cosa, es siempre necesario -ha escrito Arist\u00f3teles- ponerse a indagar su origen. Esta ley es m\u00e1s verdadera que nunca a prop\u00f3sito de la expresi\u00f3n \u00absignos de los tiempos\u00bb, que pareci\u00f3 emerger de golpe en la terminolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica de estos \u00faltimos a\u00f1os, despu\u00e9s del Vat. II, y que, en cambio, tiene, expl\u00ed\u00adcita o impl\u00ed\u00adcitamente. una historia subterr\u00e1nea, que nos conduce mucho m\u00e1s lejos.<\/p>\n<p>1. ORIGEN MATERIAL B\u00ed\u008dBLICO &#8211; Materialmente, la expresi\u00f3n es b\u00ed\u00adblica; concretamente, evang\u00e9lica (Mt 16,1-3); pero, en el contexto exacto en que se sit\u00faa, posee un significado directamente mesi\u00e1nico y escatol\u00f3gico, que trasciende inmediatamente el sentido acostumbrado de tipo meteorol\u00f3gico relacionado con las estaciones del a\u00f1o (del que toma ocasi\u00f3n el mismo Jes\u00fas) y se proyecta en el presente mesi\u00e1nico de la plenitud de los tiempos. As\u00ed\u00ad pues, m\u00e1s que de \u00absignos de los tiempos\u00bb se debiera hablar en ese pasaje evang\u00e9lico de \u00absignos del tiempo\u00bb o signos de la \u00abhora mesi\u00e1nica\u00bb, con una plenitud de significado que se orienta decididamente m\u00e1s all\u00e1 de todo significado no s\u00f3lo meteorol\u00f3gico, sino tambi\u00e9n hist\u00f3rico y natural. El objeto de la reflexi\u00f3n ser\u00ed\u00ada directamente el punto de encuentro de Dios con la historia en la venida del Mes\u00ed\u00adas, y \u00absignos del tiempo\u00bb ser\u00ed\u00adan bien los \u00absignos\u00bb en sentido joaneo, como reveladores de la presencia eficaz del Mes\u00ed\u00adas, bien el signo definitivo, el \u00absigno de Jon\u00e1s\u00bb, el \u00fanico que se dar\u00e1 a esta generaci\u00f3n testaruda y descarriada (Le 11,29). Esta creo que es la raz\u00f3n por la que el Vat. II, aun utilizando y consagrando la expresi\u00f3n \u00absignos de los tiempos\u00bb, no ha hecho menci\u00f3n de la referencia b\u00ed\u00adblica. Es cierto incluso que en un primer momento estaba presente esta referencia; pero fue eliminada precisamente por las vivas protestas de los biblistas, que advirtieron inmediatamente la falta de propiedad de esta menci\u00f3n, dada la irreducible originalidad cristol\u00f3gico-escatol\u00f3gica de la expresi\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Est\u00e1 claro, pues, que el significado que encierra esta expresi\u00f3n en los textos conciliares no se puede reconocer con la simple referencia material a la Escritura.<\/p>\n<p>2. HISTORIA DEL CONTENIDO Y DE LA F\u00ed\u201cRMULA PRIMERA DEL VAT. II &#8211; Pero en el mismo momento en que se verificaba en la subcomisi\u00f3n conciliar el rechazo por parte de los exegetas del uso indiscriminado de la expresi\u00f3n b\u00ed\u00adblica \u00absignos de los tiempos\u00bb, se ofrec\u00ed\u00ada por encima de toda conexi\u00f3n exeg\u00e9tica una definici\u00f3n de lo que podr\u00ed\u00ada significar la expresi\u00f3n en s\u00ed\u00ad y del sentido en que su presencia o la de expresiones equivalentes podr\u00ed\u00ada introducirse en el texto conciliar. Hela aqu\u00ed\u00ad: \u00abLos fen\u00f3menos que, por su generalizaci\u00f3n y su frecuencia, caracterizan a una \u00e9poca, y a trav\u00e9s de los cuales se expresan las necesidades y las aspiraciones de la humanidad presente\u00bb. Se advierte al punto que la definici\u00f3n es m\u00e1s bien sociol\u00f3gica y carente por completo de densidad teol\u00f3gica; y que, por el contrario, aparecer\u00e1 como prevalente en los mismos textos de los documentos conciliares, y sobre todo en el uso que se har\u00e1 de ella en el postconcilio. Pero queda el hecho de que sobre la base de esta definici\u00f3n descriptiva, aunque imprecisa, la expresi\u00f3n se prestaba a entrar en el texto del concilio. Sin embargo, la subcomisi\u00f3n habia aceptado en este momento la f\u00f3rmula y hab\u00ed\u00ada dado una definici\u00f3n orientadora de ella, porque se encontraba frente al hecho consumado de la presencia de la expresi\u00f3n misma o de f\u00f3rmulas semejantes en los textos del magisterio, tanto preconciliar como relativo o contextual al concilio mismo.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n el magisterio hab\u00ed\u00ada estado precedido, en el curso de los siglos, de pensadores, te\u00f3logos y pastores que hab\u00ed\u00adan acentuado el significado central de la historia y de sus hechos para la fe y para la, salvaci\u00f3n. Ya en 1600. Melchor Cano hab\u00ed\u00ada se\u00f1alado la historia como \u00ablugar teol\u00f3gico\u00bb; y, en nuestro siglo, el cardenal Faulhaber hab\u00ed\u00ada tomado como consigna episcopal \u00abVox temporis, vox Dei\u00bb. Viniendo a los textos del magisterio, P\u00ed\u00ado Xll hab\u00ed\u00ada anticipado el tema en varias ocasiones, especialmente en el discurso consistorial de 20 de febrero de 1946; pero el t\u00e9rmino hab\u00ed\u00ada entrado expl\u00ed\u00adcitamente en el texto mismo de la bula de convocaci\u00f3n del concilio, la Humanae salutis, de Juan XXIII (25 de diciembre de 1961), haciendo una referencia, no del todo pertinente desde el punto de vista exeg\u00e9tico y simplemente ocasional, al texto evang\u00e9lico&#8217;. Juan XXIII demostrar\u00ed\u00ada tambi\u00e9n en otra ocasi\u00f3n su predilecci\u00f3n por esta expresi\u00f3n, y sobre todo por su significado, ya que la introduc\u00ed\u00ada como elemento cardinal de la arquitectura misma de la Pacem in terris (11 de abril de 1963). Cada una de las cuatro partes de la enc\u00ed\u00adclica concluye con la indicaci\u00f3n de diversos signos de los tiempos, entre los cuales se cuentan la socializaci\u00f3n, la emancipaci\u00f3n de los pueblos colonizados, la promoci\u00f3n de las clases trabajadoras y el ingreso de la mujer en la vida p\u00fablica. Tambi\u00e9n Pablo VI en su primera enc\u00ed\u00adclica, Ecclesiam suam (6 de agosto de 1964), recoge la expresi\u00f3n, el significado y la problem\u00e1tica de los signos de los tiempos, negando que la perfecci\u00f3n de la Iglesia se identifique con el inmovilismo y llamando la atenci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica sobre los signos de los tiempos como metodolog\u00ed\u00ada permanente de la vida de la Iglesia en la historia&#8217;.<\/p>\n<p>3. PRESENCIA DE LA EXPRESI\u00ed\u201cN Y DEL CONCEPTO EN EL VAT. II &#8211; Impulsados por sugerencias m\u00e1s o menos expl\u00ed\u00adcitas y formales procedentes del pasado y de la autoridad misma de los papas m\u00e1s recientes, los padres del Vat. II insertaron el tema de los signos de los tiempos en el texto de los documentos, pero sobre todo en la trama teol\u00f3gica de la ense\u00f1anza conciliar. No nos interesa aqu\u00ed\u00ad analizar todas las etapas pendulares a trav\u00e9s de las cuales se impuso el tema, tanto en la discusi\u00f3n de la comisi\u00f3n como en el aula; pero es cierto que nadie puede dudar de la verdad de un juicio como \u00e9ste, relativo a la f\u00f3rmula y a su significado teol\u00f3gico: \u00abLa expresi\u00f3n debe ser considerada e interpretada como una de las tres o cuatro f\u00f3rmulas m\u00e1s significativas del concilio mismo, tanto en el desarrollo de los trabajos como en su inspiraci\u00f3n original&#8217;. Refiri\u00e9ndonos directamente a los textos conciliares, es oportuno, antes de cualquier otro an\u00e1lisis y discusi\u00f3n interpretativa, aducir tanto aquellos en los que aparece expl\u00ed\u00adcitamente la f\u00f3rmula como aquellos en que est\u00e1 presente por equivalencia de significado teol\u00f3gico, tanto m\u00e1s que, en conjunto, son relativamente pocos; exactamente, s\u00f3lo nueve.<\/p>\n<p>a) Citas expl\u00ed\u00adcitas. Son, en concreto, tres, a saber: \u00abPara desarrollar este cometido [continuar la obra de Cristo], es deber permanente de la Iglesia escrutar los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio&#8230;\u00bb (GS 4). \u00ab&#8230; Este santo concilio exhorta a todos los fieles cat\u00f3licos a que, reconociendo los signos de los tiempos, participen diligentemente en la obra ecum\u00e9nica\u00bb (UR 4). \u00ab&#8230; [los presb\u00ed\u00adteros] est\u00e9n prontos a escuchar el parecer de los laicos, considerando con inter\u00e9s fraterno sus aspiraciones y alegr\u00e1ndose de su experiencia y competencia en los diversos campos de la actividad humana, de manera que puedan reconocer juntos los signos de los tiempos\u00bb (PO 9).<\/p>\n<p>b) Citas impl\u00ed\u00adcitas. Dentro de la variedad de su significaci\u00f3n y de su completez, hay por lo menos seis: dos de ellas, en la GS, ocupan un lugar ciertamente central; una de AA, una de PO, otra de DH y otra de escaso valor, en SC 43. Me parece \u00fatil rese\u00f1ar el contenido de cinco de ellas. Important\u00ed\u00adsimo y solemne es el siguiente texto: \u00abEl pueblo de Dios, movido por la fe, en virtud de la cual cree ser conducido por el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or, que llena el universo, intenta discernir en los acontecimientos, en las exigencias y en las aspiraciones de las que participa junto con los dem\u00e1s hombres de nuestra \u00e9poca, cu\u00e1les son los verdaderos signos de la presencia y del plan de Dios. La fe, en efecto, ilumina todas las cosas con una luz nueva&#8230;\u00bb (GS 11). Este otro texto de la GS es ciertamente pertinente respecto al sentido de la expresi\u00f3n: \u00abEs deber de todo el pueblo de Dios, sobre todo de los pastores y de los te\u00f3logos, escuchar atentamente, comprender e interpretar con ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo los diversos lenguajes de nuestro tiempo y saber juzgarlos a la luz de la palabra de Dios, para que la verdad revelada pueda ser entendida cada vez con mayor profundidad, mejor comprendida y presentada de forma m\u00e1s adecuada\u00bb (GS 44). Tambi\u00e9n PO, desde su propio punto de vista, vuelve indirectamente sobre el tema de los signos de los tiempos: \u00abPara promover la madurez cristiana, los presb\u00ed\u00adteros podr\u00e1n contribuir a que cada uno sepa descubrir en los acontecimientos mismos, de mayor o menor importancia, cu\u00e1les son las exigencias naturales y la voluntad de Dios\u00bb (PO 6). Con una indicaci\u00f3n precisa, tenemos luego dos textos que concretizan los signos de los tiempos, indicados con f\u00f3rmulas equivalentes, pero muy pr\u00f3ximas, en dos fen\u00f3menos actuales: la creciente solidaridad entre los hombres (indicada como un \u00absigno de nuestro tiempo\u00bb: AA 14) y el reconocimiento civil del derecho a la libertad religiosa (calificada como uno de los \u00absignos venturosos de nuestro tiempo\u00bb: DH 15).<\/p>\n<p>Este modesto complejo de textos constituye la base material sobre la cual tanto el magisterio postconciliar como la teolog\u00ed\u00ada actual han articulado su fecunda reflexi\u00f3n a prop\u00f3sito de los \u00absignos de los tiempos\u00bb y han realizado una adquisici\u00f3n decisivamente central de todo el discurso de la fe en nuestra \u00e9poca. Se ha tratado en realidad de una especie de fisi\u00f3n nuclear doctrinal, ya que nos hemos dado cuenta poco a poco de las m\u00faltiples implicaciones que supon\u00ed\u00ada y provocaba el ingreso aparentemente irrelevante y silencioso de esta f\u00f3rmula en la doctrina de la Iglesia yen la investigaci\u00f3n teol\u00f3gica. Nuestra intenci\u00f3n es ahora evidenciar precisamente este hecho: ver c\u00f3mo a nivel de la metodolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica, de los contenidos doctrinales, de los criterios interpretativos, de toda la actitud de la Iglesia y de los creyentes, la noci\u00f3n conciliar de \u00absignos de los tiempos\u00bb ha manifestado y provocado notabil\u00ed\u00adsimas transformaciones y redescubrimientos de ampl\u00ed\u00adsimo alcance. Esto supondr\u00e1 ante todo una reflexi\u00f3n sobre la noci\u00f3n de historia implicada en la f\u00f3rmula conciliar, en ese \u00abde los tiempos\u00bb; har\u00e1 que reverberen sus efectos sobre la noci\u00f3n misma de \u00absigno\u00bb, y, despu\u00e9s, como en una progresi\u00f3n geom\u00e9trica, sobre la noci\u00f3n de revelaci\u00f3n, de fe, de tradici\u00f3n, de Iglesia, de mundo, de teolog\u00ed\u00ada, de hombre, de Dios mismo, y as\u00ed\u00ad sucesivamente.<\/p>\n<p>II. Historia: desde el tiempo \u00abcerrado\u00bb al tiempo \u00ababierto\u00bb<br \/>\nLa entrada, tan espont\u00e1nea y al mismo tiempo tan prepotente, de la f\u00f3rmula \u00absignos de los tiempos\u00bb en la letra y, sobre todo, en el esp\u00ed\u00adritu del magisterio conciliar y de la teolog\u00ed\u00ada actual es uno de los efectos relevantes de lo que puede definirse como la mayor y m\u00e1s definitiva toma de conciencia expl\u00ed\u00adcita y org\u00e1nica de la historicidad en cuanto categor\u00ed\u00ada fundamental y universal que viene a imprimir su huella en la concepci\u00f3n entera de la revelaci\u00f3n, de la fe, de la Iglesia, de la salvaci\u00f3n y de la teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>No es \u00e9ste el lugar adecuado para describir en detalle el sentido y la trascendencia de esta afirmaci\u00f3n; pero no es posible olvidar que una cierta \u00abespiritualidad\u00bb ahist\u00f3rica hab\u00ed\u00ada impregnado toda la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, presuponiendo m\u00e1s o menos impl\u00ed\u00adcitamente que el encuentro con Dios, y por lo tanto la salvaci\u00f3n, se situaba en una dimensi\u00f3n metahist\u00f3rica, en una cierta regi\u00f3n del alma humana no mancillada por el tiempo y el espacio, con el consiguiente alejamiento de las vicisitudes hist\u00f3ricas, que se contemplaban como marginales o puramente paralelas y exteriores al quehacer de la salvaci\u00f3n y de la vida teologal. Por el contrario, en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica de los \u00faltimos decenios, gracias especialmente a te\u00f3logos como Newmann, Teilhard de Chardin, Congar, Chenu, Dani\u00e9lou, Rahner, De Lubac, Schillebeeckx, etc., se impone cada vez m\u00e1s la conciencia de que el tiempo entra plenamente en la vida del esp\u00ed\u00adritu humano y constituye una caracter\u00ed\u00adstica esencial de toda experiencia humana, incluso de la experiencia de la fe, la cual tiene como objeto permanente y como lugar de realizaci\u00f3n una \u00abeconom\u00ed\u00ada\u00bb de salvaci\u00f3n realizada en la historia misma. En este sentido, no hay fe sin historia, no hay salvaci\u00f3n sin historia, no hay teolog\u00ed\u00ada sin historia; porque la fe es respuesta a un acontecimiento, la salvaci\u00f3n es acontecimiento en s\u00ed\u00ad misma y la teolog\u00ed\u00ada s\u00f3lo puede existir partiendo de hechos concretos: desde Abrah\u00e1n a Cristo y a la Iglesia viva en el tiempo y en el espacio. Hacer teolog\u00ed\u00ada no es, por lo tanto, abrir un libro cubierto de polvo y plagado de proposiciones fosilizadas en el Denzinger, sino reflexionar cient\u00ed\u00adficamente sobre una materia viva que, a partir de la historia de la salvaci\u00f3n, se nos comunica en la existencia hist\u00f3rica actual de la Iglesia. La teolog\u00ed\u00ada nace en la historia, se lee en la historia y se orienta a la historia, porque Dios se ha hecho palabra y acontecimiento tan s\u00f3lo en la historia, y el cristianismo no es un sistema de ideas, sino una \u00abeconom\u00ed\u00ada\u00bb de salvaci\u00f3n&#8217;. Aqu\u00ed\u00ad radica propiamente la novedad decisiva que la revelaci\u00f3n ha introducido con respecto al mundo anterior, tanto oriental como helen\u00ed\u00adstico, en el modo de concebir el tiempo y la historia misma. La comprensi\u00f3n del mundo no se obtiene ya eliminando el tiempo y sus particularidades, eternizando las esencias de las cosas, sino leyendo profundamente en los acontecimientos temporales mismos, que no son un mero obst\u00e1culo para el conocimiento de la verdad, sino lugar \u00fanico de la revelaci\u00f3n y realizaci\u00f3n de la verdad misma. En este sentido, se tiene, con la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, la superaci\u00f3n de toda concepci\u00f3n ahist\u00f3rica de la realidad, as\u00ed\u00ad como toda concepci\u00f3n c\u00ed\u00adclicamente fatalista y cerrada a toda sorpresa.<\/p>\n<p>El hombre se concibe, pues, como verdadero art\u00ed\u00adfice de la historia, y no como simple instrumento en las manos de un destino impersonal, de un hado superior que le abruma y le gu\u00ed\u00ada f\u00e9rreamente. El destino no existe, y la \u00fanica predestinaci\u00f3n de la que todav\u00ed\u00ada es l\u00ed\u00adcito hablar a la luz de la revelaci\u00f3n es la llamada universal a la salvaci\u00f3n, ofrecida a todos y no impuesta a nadie, en el pleno respeto de la libertad aut\u00f3noma y autodeterminante del hombre en la historia. Pero hay m\u00e1s: la historia misma no es ya un c\u00ed\u00adrculo cerrado de acontecimientos que encuentran en s\u00ed\u00ad mismos y en su repetici\u00f3n c\u00ed\u00adclica el sentido \u00fanico y real, sino una l\u00ed\u00adnea abierta hacia el sentido y hacia el no sentido en una secuencia de acontecimientos que son siempre fruto de una providencia misteriosamente soberana y respetuosa. y de una acogida libre y aut\u00f3noma, que tiene el cometido de inventar todos los d\u00ed\u00adas la vida. Esto significa que el hombre es verdadera y propiamente el constructor de la historia con una autonom\u00ed\u00ada viva y real\u00ed\u00adsima, misteriosamente vinculada, eso s\u00ed\u00ad, a la acci\u00f3n providente de Dios, pero no por ello menos real y efectiva. Esto significa tambi\u00e9n que la historia misma est\u00e1 gr\u00e1vida de significado procedente de quien la construye, Dios y el hombre; y que el encuentro hist\u00f3rico y real de Dios y del hombre es, a la luz de la fe, el verdadero sentido de la historia entera, la cual por eso mismo se convierte en historia salv\u00ed\u00adfica y en \u00abeconom\u00ed\u00ada de salvaci\u00f3n\u00bb. La verdad que salva no es, pues, una idea o un complejo de ideas que iluminan desde lo alto, sino una historia, palabras, acontecimientos y personas que se nos revelan, orientadas con todo su dinamismo hacia un futuro cargado de significado posible, que tenemos que descubrir, promover, construir, comprender y crear continuamente. La salvaci\u00f3n tiene lugar, pues, en la historia y a trav\u00e9s de la historia; hasta el punto de que, en visi\u00f3n cabalmente cristiana, la historia entera se convierte de alguna forma en signo posible de la venida salv\u00ed\u00adfica, en \u00absigno del tiempo\u00bb precioso de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad se ha de llamar la atenci\u00f3n sobre este \u00abposible\u00bb, ya que debemos tener siempre presente que, una vez afirmado el contenido esencialmente hist\u00f3rico de la salvaci\u00f3n y de la fe, el dato hist\u00f3rico no es autom\u00e1ticamente y de por s\u00ed\u00ad salv\u00ed\u00adfico como puro hecho acaecido, siempre y en todas partes, sino que tau s\u00f3lo se lo puede percibir en su significado salv\u00ed\u00adfico dentro de un horizonte hermen\u00e9utico y de una experiencia vivida, que constituyen la realidad de la fe. S\u00f3lo en la fe se puede reconocer verdaderamente a Dios en la historia; sin la fe, la doctrina, la experiencia vital y los mismos hechos salv\u00ed\u00adficos de nuestra historia se degradan al rango de acontecimientos casuales y sin significado salv\u00ed\u00adfico.<\/p>\n<p>III. \u00abCreencia humana\u00bb<br \/>\ncomo lectura-creaci\u00f3n de los signos de los tiempos<br \/>\nEn las frases finales del apartado precedente hemos puesto el acento en la dimensi\u00f3n subjetiva del hombre que lee y hace la historia, as\u00ed\u00ad como en la no automaticidad de la creaci\u00f3n misma del sentido de la historia. Esto nos fuerza a dar un paso hacia atr\u00e1s con respecto a la fe cristiana y a concentrar la atenci\u00f3n en la posible diversificaci\u00f3n de las actitudes del hombre hist\u00f3rico frente al mundo y a la vida, es decir, a la historia misma. Porque no se ha dicho que el hombre est\u00e9 siempre dispuesto a reconocer la historia, los hechos, la vida como signo real de una realidad ulterior, incluso en el orden puramente temporal de la construcci\u00f3n de un futuro nuevo. Reconocer los hechos como \u00absignos\u00bb significa, efectivamente, cargarlos de una pregnancia distinta de su objetividad brutal; significa leer en ellos todo lo que todav\u00ed\u00ada no est\u00e1 del todo presente, aunque s\u00ed\u00ad potencialmente existente, legible y desarrollable en embri\u00f3n. El concepto y la realidad misma del signo con referencia a otro, en quien se funda y en quien se orienta la intencionalidad misma del signo. Ahora bien, si es verdad que la caracter\u00ed\u00adstica esencial del hombre es su capacidad de conocerse a s\u00ed\u00ad mismo y al mundo, y de vivirse a si mismo y al mundo conocido, no se dice con eso que por abrir los ojos a s\u00ed\u00ad mismo y al mundo todos los hombres est\u00e9n dispuestos a ver en s\u00ed\u00ad mismos y en el mundo, es decir, en la historia, la realidad de signo, de referencia abierta y posible a un sentido ulterior. La toma de conciencia del presente (yo y el mundo) puede conducir al hombre por lo menos a tres salidas diversas, que se configuran precisamente seg\u00fan la disponibilidad a ver en el presente un signo real de otra cosa o bien un hecho sin posibles significados ulteriores.<\/p>\n<p>1. EL RECHAZO DEL SIGNO EN NOMBRE DEL PRESENTE IDOLATRADO O LA CONSERVACI\u00ed\u201cN ABSOLUTA &#8211; Una primera actitud frente al presente es la de la satisfacci\u00f3n, de la tranquilidad total de quien se contenta viendo c\u00f3mo van las cosas (yo y el mundo) y desea tan s\u00f3lo que contin\u00faen as\u00ed\u00ad. Este hombre no se sentir\u00e1 impulsado a actuar, a construir lo nuevo, sino s\u00f3lo a conservar las cosas tal como est\u00e1n, y su \u00fanica acci\u00f3n, si es que realiza alguna, ser\u00e1 la de impedir que los dem\u00e1s u otras circunstancias cambien las cosas. Ning\u00fan impulso hacia una historia real puede surgir de esta actitud. Pero un hombre de esta \u00ed\u00adndole no es ejemplo de la humanidad que construye la historia, sino todo lo contrario -al menos si la historia no es un estanque inm\u00f3vil, sino un agua que corre hacia su plenitud en la b\u00fasqueda posible de un sentido real m\u00e1s lleno-. Para este hombre, cuya vida idolatra el presente aceptado tal como es, no tiene sentido hablar de los hechos como signo de otra cosa m\u00e1s profunda. El hecho es para \u00e9l signo de s\u00ed\u00ad mismo; es decir, no es signo de nada; es la inmovilidad como historia imposible. Sobre este hombre \u00abinstalado\u00bb, seguro de s\u00ed\u00ad y de la situaci\u00f3n constituida en statu quo, conservador radical, cae el desprecio de los seres humanos incluso antes que la condena y la maldici\u00f3n del Evangelio (Lc 12,19-20).<\/p>\n<p>2. EL RECHAZO DEL SIGNO EN NOMBRE DEL PRESENTE TOTALMENTE RECHAZADO O LA REBELI\u00ed\u201cN ABSOLUTA &#8211; Pero frente al presente se puede asumir tambi\u00e9n una segunda actitud que, aunque parezca diametralmente opuesta a la primera, llega a la misma conclusi\u00f3n paralizante v deshumanizadora a la vez. Puede haber, efectivamente, alguno que, lejos de estar satisfecho del presente y percibiendo lo absurdo del mundo, juzgue negativo el statu quo, pero sin llegar a dar un paso m\u00e1s all\u00e1 de esta actitud negativa, pensando que no es posible hacer nada para cambiar las cosas. Es la actitud del rebelde desesperado, que permanece est\u00e9ril para s\u00ed\u00ad mismo y para los dem\u00e1s, si no supera su propia rebeli\u00f3n afirmando que es posible realizar un mundo distinto y mejor, y creyendo en la realizaci\u00f3n de un futuro mayor. El mundo va bien as\u00ed\u00ad, dec\u00ed\u00ada el conservador satisfecho, y, consecuentemente, no hac\u00ed\u00ada nada; al contrario, imped\u00ed\u00ada que los dem\u00e1s lo hicieran. El mundo va tan mal as\u00ed\u00ad, dice el rebelde desesperado, que no hay nada que hacer para cambiarlo; y tampoco \u00e9l, si es plenamente coherente con esta tesis, hace nada, al menos nada realmente constructivo. Si permanece as\u00ed\u00ad, es un ser inm\u00f3vil y sin esperanza. Es capaz todo lo m\u00e1s de destruir, jam\u00e1s de construir, ya que no sabe siquiera qu\u00e9 construir ni para qu\u00e9. Tambi\u00e9n para este hombre el hecho, odiado y despreciado, es s\u00f3lo signo de s\u00ed\u00ad mismo; es decir, no es signo de nada, sino de la muerte de toda esperanza en el tiempo y\/o m\u00e1s all\u00e1 del tiempo.<\/p>\n<p>3. LA ACOGIDA DEL SIGNO: UN PROYECTO EN EL TIEMPO &#8211; Por esta raz\u00f3n, la \u00fanica actitud verdaderamente humana respecto al presente es una tercera, que combina un primer juicio negativo (el presente funciona mal) -capaz de excluir la satisfacci\u00f3n conservadora-con una segunda afirmaci\u00f3n positiva (&#8230; pero puede y debe ser cambiado), capaz de excluir tambi\u00e9n la desesperaci\u00f3n rebelde y puramente destructiva. Rechazada la actitud del necio conservador, que fosiliza la historia, y la del rebelde desesperado, que por un amor mal entendido la niega y la destruye, tenemos as\u00ed\u00ad la actitud de quien sabe leer en el presente, a la luz del pasado, los signosde un futuro nuevo que avanza, y avanza precisamente por obra del hombre, que construye la historia, porque lee \u00ablos signos de los tiempos\u00bb, los \u00absignos\u00bb en el tiempo, los signos de la realizaci\u00f3n de un proyecto que germina en su historia propia y en la del mundo entero. Esta es la actitud del \u00abcreyente\u00bb, entendiendo por esta palabra a quien posee una fe, es decir, un proyecto que realizar en la historia y que construir d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada junto con los dem\u00e1s. El \u00abcreyente\u00bb as\u00ed\u00ad entendido no sabe solamente que el mundo va mal, sino tambi\u00e9n que puede ir mejor, que debe ir mejor, que le incumbe a \u00e9l y a todos los hombres la tarea de construir un mundo distinto y mejor para todos. Este conocimiento suyo es expresi\u00f3n de su \u00abfe\u00bb, de su \u00abcreencia\u00bb, y no un puro y simple saber geom\u00e9trico, intelectual y abstracto, sino justamente una \u00abfe\u00bb. Por eso no le bastan a este creyente los an\u00e1lisis cient\u00ed\u00adficos, ya que lo esencial es la lectura que hace de ellos; no registrando pura y pasivamente los datos de hecho, sino d\u00e1ndoles uno u otro significado, mayor o menor valor seg\u00fan la correspondencia con su fe. que es sabidur\u00ed\u00ada\u00c2\u00b0 (m\u00e1s que ciencia), y es experiencia del sabor de la vida (m\u00e1s que an\u00e1lisis intelectual de los componentes de \u00e9sta).<\/p>\n<p>Por ello el creyente no es alguien que se limita a leer la realidad, ya que su fe implicar\u00e1 una intensa y profunda actividad de descubrimiento, de creaci\u00f3n, de invenci\u00f3n, de intuici\u00f3n, con sus riesgos y su perenne fecundidad creativa. Esta fe humana se convierte as\u00ed\u00ad en una diagnosis intelectual y vital de toda la realidad, cuyos defectos y tendencias descubre y la cual interpreta en sus principios y en sus fundamentos, que contin\u00faan inexorablemente escondidos a los ojos de quien \u00abno cree\u00bb. A trav\u00e9s de los contornos indecisos de la incertidumbre del presente, la fe lee la figura clara de lo que ser\u00e1 el futuro. En la oscuridad de las tinieblas llega a descubrir los reflejos del esplendor que emerge de una luz in crescendo. Sin negar al presente su valor, esta fe le asigna las directrices de desarrollo y de perfeccionamiento que ha de seguir y reconoce en la lectura apasionada del mismo presente los \u00absignos de los tiempos\u00bb que le son propios, dado que lleva en s\u00ed\u00ad misma la clave de la lectura prof\u00e9tica de lo real, clave que no descubre el satisfecho ni el rebelde, incapaces ambos, por razones opuestas, de llevar a cabo una verdadera acci\u00f3n creadora de un futuro diferente, es decir, de un verdadero movimiento de fe. En este sentido, el \u00abcreyente\u00bb sabe que el mundo presente camina mal y sabe por qu\u00e9 camina mal, puesto que tiene en s\u00ed\u00ad mismo un proyecto vital que le proporciona el instrumento necesario para la diagnosis del presente y las l\u00ed\u00adneas de una terapia del futuro. No basta decir que el mundo est\u00e1 enfermo. Es preciso saber por qu\u00e9 y actuar sobre las causas para llevarlo a su curaci\u00f3n y plenitud. La fe, o creencia humana, es entonces un proyecto intelectual y vital al mismo tiempo, que da al hombre la posibilidad de ser verdaderamente hombre libre y responsable de s\u00ed\u00ad mismo y de la historia, capaz de escoger y forjar su futuro. Con esta premisa, est\u00e1 claro que leer los \u00absignos de los tiempos\u00bb ser\u00e1 un asunto serio y real tan s\u00f3lo en la medida en que esta lectura tienda a transformar la realidad misma, es decir, a objetivarse en la realidad y no simplemente a enriquecer el bagaje de nociones de quien \u00ablee\u00bb. Esto implica que exista tambi\u00e9n en quien lee los \u00absignos de los tiempos\u00bb la capacidad de no ser un simple so\u00f1ador o un ide\u00f3logo de profesi\u00f3n, un bibliotecario del futuro posible, sino un testigo apasionado del proyecto que gu\u00ed\u00ada su lectura y que penetra en su vida, imponi\u00e9ndose desde ella en la historia. Para que la lectura de los \u00absignos de los tiempos\u00bb sea una lectura viva y creadora de historia, el proyecto debe penetrar en lo \u00ed\u00adntimo de la persona que \u00abcree\u00bb y convertirse en \u00abpasi\u00f3n\u00bb, generando la \u00abpaciencia\u00bb, que consiste en la capacidad real de superar los obst\u00e1culos y de soportar las pruebas, promoviendo todo germen de historia que sea signo del tiempo naciente.<\/p>\n<p>IV. Fe judeo-cristiana: leer y construir los \u00absignos de los tiempos\u00bb<br \/>\nEl complejo proyecto-pasi\u00f3n-paciencia, que constituye la creencia humana en la multilateralidad de su dinamismo, no es extra\u00f1o a la realidad de la fe cristiana. Vista a esta luz, la fe cristiana es un modo singular\u00ed\u00adsimo de realizaci\u00f3n de la creencia humana fundamental, con la \u00fanica diferencia radical de que el proyecto mismo de vida no es inventado aut\u00f3nomamente por el hombre mismo, sino ofrecido y donado por Dios en Jesucristo dentro de la historia de la revelaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, y con la realizaci\u00f3n pienamente respetuosa del dinamismo de la creencia a que nos hemos referido. El creyente en Jesucristo no es (no debiera ser) el conservador de un sentido muerto y petrificado ni el rebelde que destruye todo sentido posible, sino aquel que lee y realiza un proyecto que sabe que no es suyo por derecho propio, sino solamente por gracia, por don gratuito de una libertad provocada \u00fanicamente por s\u00ed\u00ad misma. Este proyecto de Dios, que \u00e9l acoge libremente y hace suyo en la fe teologal, a trav\u00e9s de la cual lee y anticipa el desarrollo de la historia, tiene necesidad de toda su pasi\u00f3n humana, de todo su amor creado (que, asumido por el Esp\u00ed\u00adritu, se convierte en caridad teologal) y de toda su paciencia tenaz (que, reforzada por la historia de la salvaci\u00f3n, se convierte en esperanza paciente y generadora de inaudita novedad). De esta forma toda la vida teologal: fe, esperanza y caridad, puede convertirse verdaderamente en el modo cristiano de leer y crear la historia.<\/p>\n<p>Y esta constataci\u00f3n es especialmente feliz, pues observamos que todos los an\u00e1lisis que se han hecho hasta el presente convergen espl\u00e9ndidamente en una s\u00ed\u00adntesis nueva. Por una parte, la concepci\u00f3n lineal del tiempo b\u00ed\u00adblico, con su desarrollo unitario y progresivo y con su plenitud de gracia, que se convierte en salvaci\u00f3n, nos confirma que la fe judeo-cristiana puede constituir el horizonte de una verdadera y aut\u00e9ntica lectura -creaci\u00f3n de los signos de los tiempos-, por la superaci\u00f3n tanto del tiempo, cerrado circularmente (visi\u00f3n greco-pagana), como del car\u00e1cter lineal e impersonal de un destino abierto, del cual, sin embargo, el hombre ser\u00ed\u00ada simple objeto y componente pasivo (visi\u00f3n fatalista del historicismo absoluto). Por otra parte, la realidad de la llamada dirigida al hombre, desde Abrah\u00e1n a los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo, nos sit\u00faa frente a una historia que ya no est\u00e1 solamente cargada del sentido que encontramos en ella (naturaleza), sino adem\u00e1s de un sentido que se le da en cada momento (gracia), y que no anula los m\u00faltiples sentidos que cada hombre lee y crea en ella, sino que los vivifica desde dentro con un sentido definitivo y gratuito, que es el sentido del don y de la presencia de Dios en Cristo dentro de la historia humana. De esta forma, el actuar humano, es decir, la historia, es y contin\u00faa siendo siempre portador de ese mundo de significados que el hombre crea e inserta en \u00e9l; pero, adem\u00e1s, est\u00e1 investidode un significado ulterior, cuya fuente es la libertad de un Dios que, id\u00e9nticamente, se hace historia. El hombre crea su historia seg\u00fan la l\u00f3gica de su necesidad y la b\u00fasqueda de su satisfacci\u00f3n; Dios, prometido y dado en Cristo (historia de la salvaci\u00f3n: Antiguo Testamento, Nuevo Testamento y tiempo del nuevo pueblo de Dios que es la comunidad eclesial), ofrece en este horizonte la presencia gratuita de la l\u00f3gica de un don absoluto.<\/p>\n<p>Leer y construir cristianamente la historia es, por lo tanto, discernir y promover continuamente el advenimiento del don. de su l\u00f3gica, de su nacimiento, y de desarrollarse y florecer dentro de la l\u00f3gica de la necesidad y de la liberaci\u00f3n respecto a ella. Esto significa no perder jam\u00e1s el sentido de la complejidad real de cada acontecimiento humano hist\u00f3rico, en el que la fe verdadera sabe siempre discernir sin oposici\u00f3n (dualismo), pero tambi\u00e9n sin absorci\u00f3n total (historicismo mon\u00ed\u00adstico, integralismo religioso), el rostro de la libertad del hombre y el rostro de Dios, que se entrega, es decir, que viene. En este \u00bbentido, la liberaci\u00f3n de la necesidad (historia humana hecha por el hombre) y la l\u00f3gica del don (historia humana invadida por la oferta de Dios en Jes\u00fas de Nazaret) se entrecruzan continuamente en una historia que no es ya ni un libro abierto sin misterio (repetitividad prefijada sin fantas\u00ed\u00ada alguna de novedad creadora), ni un enigma cruelmente impenetrable, en el que s\u00f3lo el ciego acaso juega con la libertad il\u00f3gica que degrada al hombre al rango de cosa. Se abte as\u00ed\u00ad el campo a la obra insustituible del efectivo discernimiento cristiano de los signos de los tiempos y de la efectiva promoci\u00f3n, en la misma historia, de acontecimientos que est\u00e9n realmente impregnados de la l\u00f3gica del don, dentro de la l\u00f3gica de la liberaci\u00f3n de la necesidad; es decir, que sean efectivamente \u00absignos de los tiempos\u00bb en sentido total y pleno.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, \u00ablos signos de los tiempos\u00bb -es una integraci\u00f3n que me parece completar al menos la letra de la ense\u00f1anza conciliar, aunque est\u00e1 profundamente inscrita en el esp\u00ed\u00adritu que ha animado al mismo Vat. II- no son simplemente \u00abescrutados\u00bb, \u00able\u00ed\u00addos\u00bb, \u00abinterpretados\u00bb, \u00abjuzgados\u00bb, sino que son creados, promovidos, actualizados por quien los toma en serio. Los cristianos no son lectores de la historia, sino sus artesanos, siguiendo las huellas de<br \/>\nAquel que comenz\u00f3 a actuar y despu\u00e9s a ense\u00f1ar (He 1,1), en consonancia natural con el grito de sacrosanta rebeli\u00f3n que ha declarado clausurada la \u00e9poca en que era posible limitarse a la lectura del mundo y llegado el momento de empezar a cambiarlo\u00bb. M\u00e1s bien quiz\u00e1 este grito sea resultado de que demasiados cristianos ni siquiera han escrutado los signos de los tiempos, satisfechos de un presente que les complac\u00ed\u00ada, o se han limitado a&#8217;leerlos de una forma pasiva, fatalistamente, en la seguridad de que alg\u00fan otro habr\u00ed\u00ada hecho la historia. Estos cristianos simplemente hab\u00ed\u00adan dado el nombre de Dios al hado greco-latino, sin cambiar en lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo sus connotaciones horribles, que, precisamente en el Dios de la promesa, de la pascua mosaica y de Jes\u00fas de Nazaret, constituyen exactamente la cara inversa del destino pagano.<\/p>\n<p>V. La revoluci\u00f3n nuclear de los signos de los tiempos<br \/>\nAntes de pasar al intento de concretizar sucintamente cu\u00e1les pueden y deben ser los criterios de una lectura e interpretaci\u00f3n de los \u00absignos de los tiempos\u00bb y cu\u00e1les los criterios en la actualidad para nosotros creyentes de la Iglesia de hoy, me parece esencial que dediquemos algunas reflexiones a ese aspecto de \u00abfisi\u00f3n nuclear doctrinal\u00bb del que he hablado [supra, 1, 3b] y que para m\u00ed\u00ad est\u00e1 representado por el ingreso de la noci\u00f3n misma de \u00absignos de los tiempos\u00bb en la doctrina de la Iglesia y en la teolog\u00ed\u00ada y praxis cristiana. Digo fisi\u00f3n nuclear, ya que una breve f\u00f3rmula como \u00e9sta pudiera parecer inadecuada para revolucionar -tal como apenas ha empezado a hacerlo y lo har\u00e1 siempre en adelante- la teor\u00ed\u00ada y la praxis de la Iglesia y de los creyentes. Sin embargo, es realmente as\u00ed\u00ad. Las consecuencias de la presencia y de la toma en serio de esta noci\u00f3n son pr\u00e1cticamente universales, ya que afectan, tanto desde el punto de vista del m\u00e9todo como desde el punto de vista de los contenidos, a la actitud total de la fe frente a la realidad y a toda la interpretaci\u00f3n teol\u00f3gico-doctrinal de la fe misma. Es indudable, a mi entender, que esta exposici\u00f3n que estoy haciendo podr\u00ed\u00ada tambi\u00e9n invertirse, por cuanto se podr\u00ed\u00ada sostener leg\u00ed\u00adtimamente que la f\u00f3rmula y la teor\u00ed\u00ada-praxis de los \u00absignos de los tiempos\u00bb han surgido como consecuencia de la transformaci\u00f3n, recibida a nivel teol\u00f3gico y doctrinal, del m\u00e9todo y de la presentaci\u00f3n de ciertos contenidos de la doctrina y de la fe cristiana. Me parece preferible ver en la doctrina de los \u00absignos de los tiempos\u00bb el n\u00facleo elemental de esta formidable transformaci\u00f3n doctrinal y pr\u00e1ctica. No es el momento, desde esta misma perspectiva, de decidir en cada caso concreto si las diversas transformaciones que a continuaci\u00f3n enumerar\u00e9 son presupuesto o consecuencia de la aceptaci\u00f3n de la f\u00f3rmula y de la doctrina de los \u00absignos de los tiempos\u00bb. A mi entender, lo que es innegable es la importancia decisiva de esta noci\u00f3n, que se coloca en el centro de la revoluci\u00f3n doctrinal y operativa que la Iglesia est\u00e1 viviendo, con la conciencia siempre renovada de la permanencia del dep\u00f3sito irrenunciable, que est\u00e1 por encima o por debajo de toda transformaci\u00f3n (unidad de la fe), pero con la conciencia a la vez de la necesidad y el deber de traducir esta unidad en respuesta incesante a las transformaciones hist\u00f3ricas del sujeto vivo al que est\u00e1 destinada la fe misma (la humanidad) y el sujeto vivo en el que se transmite esta misma fe (la Iglesia como pueblo del Dios vivo).<\/p>\n<p>1. REVELACI\u00ed\u201cN Y SIGNOS DE LOS TIEMPOS &#8211; En el contexto de la doctrina de los signos de los tiempos se transforma, en el sentido indicado, el modo mismo de concebir la revelaci\u00f3n. Esta ya no es solamente un mensaje cognoscitivo, sino tambi\u00e9n, y ante todo, un don hist\u00f3rico. La palabra es, pues, tambi\u00e9n acontecimiento, la luz es calor, la idea es vida y el conocimiento es presencia. La revelaci\u00f3n no es tan s\u00f3lo teofan\u00ed\u00ada, aparici\u00f3n de Dios al que se ve y habla, sino teo-ergia, presencia de Dios que act\u00faa.<\/p>\n<p>2. FE Y SIGNOS DE LOS TIEMPOS &#8211; Algo parecido puede decirse de la fe. Esta no es solamente realidad intelectual y cognoscitiva, sino encuentro personal del hombre con Dios, que se ofrece en la historia en Cristo y en los hermanos reales; no es s\u00f3lo aceptaci\u00f3n mental de un proyecto de Dios sobre el mundo y sobre el hombre, sino pasi\u00f3n militante, que ejecuta este mismo proyecto hist\u00f3rico y metahist\u00f3rico, y a la vez paciencia tenaz, que supera todo obst\u00e1culo y soporta toda lucha en la construcci\u00f3n de un mundo nuevo. No es ya \u00fanicamente asenso interior a formulaciones verdaderas reveladas, sino adem\u00e1s operatividad exterior, por la que estas verdades se transforman en historia viva; no es s\u00f3lo espera de las cosas \u00faltimas (la eternidad), sino preparaci\u00f3n de ellas por la liberaci\u00f3n continua de las cosas pen\u00faltimas (historia); no es s\u00f3lo lectura del Evangelio como palabra de Dios, sino lectura de la historia de los hombres, en la cual la palabra ha fijado su morada (Jn 1,14).<\/p>\n<p>3. TEOLOG\u00ed\u008dA Y SIGNOS DE LOS TIEMPOS &#8211; Tambi\u00e9n la teolog\u00ed\u00ada sufre el contragolpe de los signos de los tiempos: se transforma en un continuo interrogarse cient\u00ed\u00adficamente con todo el dinamismo de la raz\u00f3n (ciencias humanas y filosof\u00ed\u00ada) y de la fe, sobre los modos de presentarse y realizarse la l\u00f3gica del don absoluto dentro de la l\u00f3gica de la necesidad, vivida en una comunidad hist\u00f3rica (la Iglesia) de cara a una vida cada vez m\u00e1s comunitaria en la historia y m\u00e1s all\u00e1 de la historia en continua fidelidad a la tierra y al cielo; por tanto, a las culturas y a las metodolog\u00ed\u00adas que le son propias, y a la fe y su libertad soberana. Los signos de los tiempos presuponen y crean una teolog\u00ed\u00ada distinta, consciente de la historicidad, de la provisionalidad, de la fragilidad de las conclusiones del hombre y de la Iglesia misma en cuanto humana y, al mismo tiempo, consciente del peso de eternidad que palpita ahora en la fragilidad hist\u00f3rica de la \u00abcarne\u00bb, en sentido joaneo, desde el momento en que la palabra se ha hecho \u00abcarne\u00bb.<\/p>\n<p>4. HISTORIA Y SIGNOS DE LOS TIEMPOS &#8211; As\u00ed\u00ad pues, la historia a la luz de la doctrina de los signos de los tiempos, es unidad sustancial en cuanto actualizada a base de tentativas y altern\u00e1ndose transparencia y opacidad, creaci\u00f3n y salvaci\u00f3n, libertad humana y gracia, plan providencial de Dios y construcci\u00f3n responsable del hombre. Esto implica un optimismo salv\u00ed\u00adfico fundamental, cuya base es verdaderamente hist\u00f3rica (creaci\u00f3n-promesa-encarnaci\u00f3n) y cuyo resultado es verificaci\u00f3n plena de todo lo que es historia en una dimensi\u00f3n de don que sobrepasa la liberaci\u00f3n de la necesidad (historia humana), verificaci\u00f3n definitiva de la encarnaci\u00f3n y manifestaci\u00f3n gloriosa de los hijos de Dios, m\u00e1s all\u00e1 del dif\u00ed\u00adcil camino en el que \u00abtoda la creaci\u00f3n gime y est\u00e1 en dolores de parto\u00bb (Rom 8,22). Se da, por lo tanto, un cierto desvelarse de la historia en su dinamismo y en su l\u00f3gica; pero subsiste el misterio, ya que es imposible que, por encima de la intuici\u00f3n de fe de esta unidad de camino. afirmada y testimoniada en la historia, percibamos con evidencia absoluta la unidad del camino mismo y la transparencia de la progresiva recapitulaci\u00f3n en Cristo: \u00abDesde ahora somos hijos de Dios, pero a\u00fan no se ha manifestado\u00bb (1 Jn 3.2). \u00abAhora vemos como en un espejo, pero luego veremos cara a cara\u00bb (1 Cor 13,12).<\/p>\n<p>5. El. HOMBRE Y SIGNOS DE LOS TIEMPOS &#8211; A la luz de la doctrina de los signos de los tiempos, el hombre ya no puede concebirse como una esencia natural abstracta; como un concepto \u00abpredicable\u00bb seg\u00fan la clasificaci\u00f3n de g\u00e9nero. diferencia espec\u00ed\u00adfica y especie; como humanidad ideal sin referencia a la historia real de cada d\u00ed\u00ada y sin poner el acento en su concret\u00ed\u00adsima individualidad irrepetible, pero plenamente reabsorbible en estructuras econ\u00f3micas y sociales. El estaticismo abstracto de una falsa metafisica tradicional, que desprecia la historia, el mundo y lo concreto, y, por otra parte, el historicismo absoluto, que disuelve la persona y su emergencia en el an\u00f3nimo fluir de estructuras materiales o espirituales de cualquier \u00ed\u00adndole, no tienen espacio en el contexto de los signos de los tiempos. La historia no es una entidad aplastante para el hombre; pero tampoco es algo que resbale sobre \u00e9l sin tocarlo, puesto que el ser del hombre est\u00e1 marcado verdadera y profundamente en su interior por la sucesi\u00f3n de los acontecimientos hist\u00f3ricos.<\/p>\n<p>6. IGLESIA Y SIGNOS DE LOS TIEMPOS &#8211; La misma autoconciencia de la Iglesia no podr\u00ed\u00ada menos de quedar modificada por la presencia de la f\u00f3rmula-realidad de los signos de los tiempos en la misma ense\u00f1anza de la doctrina cristiana. A la luz de los signos de los tiempos, la Iglesia es el lugar en que el Evangelio est\u00e1 siempre actual y expl\u00ed\u00adcitamente operante en la historia, el lugar en que la palabra se convierte en acontecimiento, historia cotidiana y existencia concreta. Por eso el lugar en el que la Sagrada Escritura est\u00e1 viva s\u00f3lo puede ser la comunidad de los creyentes, y por eso mismo la tradici\u00f3n de la Iglesia -que es preciso distinguir cuidadosamente de las tradiciones de los hombres, incluidos los hombres de iglesia- no es un elenco de verdades que hay que repetir de memoria, sino una herencia hist\u00f3rica que hay que vivir, una plataforma en la que tomar impulso continuo para construir una historia nueva prof\u00e9ticamente vivida. La vida de la Iglesia, pues, no es solamente anuncio correcto, es decir, ortodoxia, sino testimonio vital, promoci\u00f3n del reino, liberaci\u00f3n del don absoluto (gracia), dentro de las liberaciones aut\u00f3nomas de la necesidad (historia), o sea tambi\u00e9n ortopraxis. Por ello no hay Iglesia sin una experiencia real de la unidad en y a trav\u00e9s de la diversidad, de forma que el pluralismo no es una realidad posible para vivir la unidad, sino el \u00fanico modo real de poder vivir verdaderamente la unidad. Una unidad de profesi\u00f3n y de doctrina no vivificada por la concretez de los acontecimientos a la luz de los signos de los tiempos no ser\u00ed\u00ada unidad, sino muerte, puesto que constituir\u00ed\u00ada una geometrizaci\u00f3n autoritaria, deshumana, inverificable, imposible de vivir, clerical y euroc\u00e9ntrica de la fe cristiana. Marcada por la doctrina-realidad de los signos de los tiempos, la Iglesia se descubre como hist\u00f3rica, y por lo tanto gr\u00e1vida de eternidad; misionera, y por lo tanto fundamentada sobre la piedra firm\u00ed\u00adsima de la fe; en camino, y por tanto capaz de reconducir todas las cosas a Cristo; imperfecta, y por lo tanto digna de predicar la perfecci\u00f3n; m\u00faltiple, y por lo tanto capaz de anunciar la unidad; mundana, y por lo tanto llamada a realizar el reino.<\/p>\n<p>7. JESUCRISTO Y SIGNOS DE LOS TIEMPOS &#8211; La doctrina-realidad de los signos de los tiempos concentra nuestra atenci\u00f3n en el \u00abse\u00f1or\u00ed\u00ado\u00bb de Cristo, que no se concibe en t\u00e9rminos metaf\u00ed\u00adsicos-cosmol\u00f3gicos, sino en t\u00e9rminos hist\u00f3rico-vitales. Jesucristo es el Se\u00f1or de la historia, que vive dentro de lo que palpita; que se construye dentro de ella, reconocible a los ojos de la fe en todo acontecimiento de liberaci\u00f3n y de justicia, presente en todo grito de dolor y de piedad, invocado en toda aspiraci\u00f3n de novedad y plenitud, capaz de atraer a s\u00ed\u00ad todas las cosas de la historia y de la eternidad, recapitulador fraternal de todo impulso de amor verdaderamente humano que destella en la historia. Porque Jes\u00fas de Nazaret est\u00e1 vivo en la historia, \u00e9sta es ya de alguna forma el reino y no simplemente una etapa de errores y tinieblas, un retraso malhadadamente producido en el proyecto de Dios, un par\u00e9ntesis desafortunado en el oc\u00e9ano imperturbable de una eternidad concebida seg\u00fan el modelo de una inmovilidad deshumana. La historia est\u00e1 llena de Cristo para quien lee los signos de los tiempos.<\/p>\n<p>8. ESP\u00ed\u008dRITU Y SIGNOS DE LOS TIEMPOS &#8211; Tambi\u00e9n el modo de concebir (y m\u00e1s a\u00fan de vivir) la realidad del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la vida de la Iglesia y de los creyentes ha sufrido una profunda transformaci\u00f3n, debido a la doctrina-realidad de los signos de los tiempos. A su luz, es m\u00e1s cierto que nunca que la era de la Iglesia peregrinante es la era del Esp\u00ed\u00adritu Santo. El es el gran animador de la historia, que suscita los profetas y los santos, los testigos y los ap\u00f3stoles. En los acontecimientos de salvaci\u00f3n que fatigosamente realizamos con nuestra vida y que descubrimos con nuestra investigaci\u00f3n escrutadora de la historia, \u00e9l es la trama escondida, el verdadero agente soberano, aquel que mueve todo lo que tiende al reino, que inspira la fuerza de luchar contra todo lo que obstaculiza la realizaci\u00f3n del reino, que recapitula todas las cosas en Cristo (cf Ef 1,10). A la luz de los signos de los tiempos, el creyente busca e intuye con los ojos de la fe, ciegos y a la vez penetrantes sin igual, su presencia operante en la historia propia yen la historia del mundo. El es, el Esp\u00ed\u00adritu, quien manifiesta a la Iglesia, igual que al principio, cuando se revela a la luz de Cristo; \u00e9l quien garantiza y suscita una penetraci\u00f3n siempre nueva y una comprensi\u00f3n actualizada de la Escritura. El es la fuente de los carismas y quien est\u00e1 presente all\u00ed\u00ad donde se busca la unidad de las iglesias, pero tambi\u00e9n y simplemente la unidad de los hombres y de los pueblos. Los grandes acontecimientos que transforman el rostro del mundo pueden ser signos de su operatividad, voces suyas que llaman a las iglesias al reino (Ap 2,7ss), invitaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu a la esposa (Ap 22,17).<\/p>\n<p>Es evidente que podr\u00ed\u00adamos continuar hasta el infinito subrayando las profundas modificaciones que se han desencadenado, por lo que ata\u00f1e a nuestro mismo modo de comprender y vivir los contenidos de nuestra fe, en toda la realidad de la vida de la Iglesia y de los cristianos de hoy por la simple presencia operante de la doctrina-realidad de los signos de los tiempos. Pero en este punto surgen como esenciales dos interrogantes ulteriores, que afrontaremos para concluir estas reflexiones antes de intentar una enumeraci\u00f3n muy subjetiva de los que, a nuestro parecer, pueden estar indicados actualmente como aut\u00e9nticos signos de los tiempos. Los dos interrogantes mencionados afectan a la lectura-interpretaci\u00f3n correcta de los signos de los tiempos y al tema adecuado de la misma.<\/p>\n<p>VI. Criterios para leer e interpretar los signos de los tiempos<br \/>\nA la luz de cuanto precede, es patente la afirmaci\u00f3n de que la historia es \u00abrica en signos de la presencia de Dios\u00bb; es decir, que la historia tiene un sentido que no s\u00f3lo responde a la l\u00f3gica de la necesidad, sino tambi\u00e9n a la l\u00f3gica del don, instaurada y ofrecida en la esperanza, cn la presencia y en la memoria de Jes\u00fas de Nazaret, el signo pleno y total del \u00abtiempo\u00bb, y no s\u00f3lo de este o de aquel tiempo, el signo \u00fanico y verdaderamente revelador del sentido pleno de la historia entera. Sin embargo, esta afirmaci\u00f3n plantea el problema de c\u00f3mo discernir, sin confundirlos y separarlos, los signos de la historia aut\u00f3noma del hombre, que se despliegan en el agotamiento hist\u00f3rico de la citada l\u00f3gica de la necesidad, y los signos de la presencia aut\u00e9ntica de Dios en esta misma historia, que se realizan en el acontecimiento igualmente hist\u00f3rico y libremente gratuito de la l\u00f3gica del don. Para interpretar, pues, correctamente los signos de los tiempos, ser\u00e1 preciso recurrir a algunos criterios de lectura, primero, y de interpretaci\u00f3n, despu\u00e9s, de la historia entera, que viene a configurarse como historia de la salvaci\u00f3n en el sentido de historia en la que ya est\u00e1 presente la salvaci\u00f3n, y como \u00abla serie de acontecimientos temporales conocidos con la luz de la fe, mediante los cuales Dios llama al hombre a la salvaci\u00f3n y el hombre a su vez responde a esta llamada, y que a trav\u00e9s de su mutua relaci\u00f3n preparan progresivamente la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica\u00bb. Me parece posible afirmar que de alguna forma el texto de GS 44 citado al principio [supra, 1, 3b] sugiere, aunque con cierta aproximaci\u00f3n, los diversos niveles en que debe colocarse quien quiera leer cristianamente la historia. No era, evidentemente, intenci\u00f3n del Vat. II sugerir de forma expl\u00ed\u00adcita la respuesta a nuestra pregunta; pero cuando leemos que \u00abes deber de todo el pueblo de Dios, sobre todo de los pastores y de los te\u00f3logos, escuchar atentamente, comprender e interpretar con la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo los diversos lenguajes de nuestro tiempo y saberlos juzgar a la luz de la palabra de Dios\u00bb, encontramos una sugerencia que ciertamente viene a nuestro caso.<\/p>\n<p>1. ESCUCHAR ATENTAMENTE &#8211; Pienso que la primera cosa que hay que hacer es precisamente la que hemos subrayado en esta expresi\u00f3n con el verbo \u00abescuchar\u00bb. Ello supone una actitud profundamente respetuosa con la realidad en su configuraci\u00f3n precisa y en sus ra\u00ed\u00adces reales. En otras palabras, es importante que el hecho-signo se considere ante todo como lo que es, en su exacta configuraci\u00f3n, en sus causas reales, en las dimensiones precisas que se imponen a una observaci\u00f3n atenta. Eso significa que la lectura cristiana de la historia, atenta a captar en el desarrollo aut\u00f3nomo de la responsabilidad del hombre, como tarea (Aufgabe) de realizaci\u00f3n-escucha de la l\u00f3gica de la necesidad, la realidad incipiente y prometedora de la l\u00f3gica del don (Ausgabe), no puede menos de poner en pr\u00e1ctica ante todo cualquier posible instrumento de lectura humana, tomando en escrupulosa consideraci\u00f3n los datos reales de la historia misma, estudiada con todas las riquezas y con todos los instrumentos de las ciencias hist\u00f3ricas y de las disciplinas humanas. La lectura cristiana de los signos de los tiempos en la historia no puede, por tanto, rechazar, dejar de considerar o contradecir la realidad de los datos de hecho. Por eso a este nivel se descubre lo importante que es para una lectura real de los signos de los tiempos todo el complejo de las ciencias humanas; en una palabra, todo el complejo de la cultura en su sentido m\u00e1s amplio, que incluye las ciencias emp\u00ed\u00adricas, las inspiraciones ideales y las aspiraciones morales de los seres humanos de una \u00e9poca determinada. El hecho tiene que ser respetado, pues, en su \u00abfacticidad\u00bb (para usar un neologismo algo feo, que expresa bien este concepto), y s\u00f3lo sobre esta base puede leerse e interpretarse a la luz de la salvaci\u00f3n como \u00absigno del tiempo\u00bb, como \u00absigno de la presencia de Dios en el mundo\u00bb. Esto excluye de la lectura cristiana de la historia -lo cual representa una primera conclusi\u00f3n important\u00ed\u00adsima- dos tentaciones aparentemente contrapuestas, pero que se repiten constantemente y que tienen una estrecha relaci\u00f3n entre s\u00ed\u00ad: la tentaci\u00f3n de lo que aqu\u00ed\u00ad llamo ideolog\u00ed\u00ada, sin la pretensi\u00f3n de plegar este t\u00e9rmino absoluto al sentido que ahora le dar\u00e9; y la tentaci\u00f3n de lo que llamo moralismo, insistiendo en la misma precauci\u00f3n sem\u00e1ntica.<\/p>\n<p>a) La ideolog\u00ed\u00ada. Llamo ideolog\u00ed\u00ada en este contexto a la distorsi\u00f3n, consciente o inconsciente, de un hecho real con el fin de plegarlo a una utilizaci\u00f3n dentro de un sistema preconstituido. Se hace ideolog\u00ed\u00ada, por tanto, cuando el hecho es mutilado en su realidad concreta o cuando las proporciones reales del mismo son distorsionadas y ajustadas con el fin de que resulte funcional para una finalidad muy precisa que llega a ser capaz de pretender proyectar su luz no s\u00f3lo sobre el sentido que el hecho tiene para quien lo lee, sino sobre el hecho mismo. En este contexto, la ideolog\u00ed\u00ada es mutilaci\u00f3n del hecho, negaci\u00f3n de los derechos de la verdad efectiva de las cosas, inserci\u00f3n forzada y distorsionante de un acontecimiento en un mundo de significados que no le son connaturales. En este sentido, un ide\u00f3logo no es apto para leer cristianamente la historia, porque no lo es para leer la simple historia; no escucha atentamente los hechos, sino que se impone a ellos, los mutila o los amplifica; quiere que los hechos le sirvan a \u00e9l, y para lograrlo niega su realidad. El ide\u00f3logo es siempre, en este sentido, un hombre que odia la realidad, que no le reconoce derechos, que cierra los ojos a una parte de verdad, que construye todo un sistema con pretensiones de absoluto sobre un fundamento extremadamente fr\u00e1gil y falaz. Para aclararlo aduciremos dos ejemplos de actualidad. Es ideolog\u00ed\u00ada reducir el complej\u00ed\u00adsimo hecho religioso a alienaci\u00f3n pura y simple, a opio del pueblo, a ilusi\u00f3n del deseo irreal, sin respetar la notable realidad de unos hechos que est\u00e1n muy lejos de ser alienantes, adormecedores e ilusorios, y que se verifican en el ampl\u00ed\u00adsimo \u00e1mbito que es la historia real de la \u00abreligiosidad\u00bb humana, e incluso cristiana. Cierto que en la religi\u00f3n, e incluso en la religi\u00f3n cristiana, ha habido y hay tambi\u00e9n alienaci\u00f3n, opio del pueblo e ilusi\u00f3n del deseo; pero los hechos observados en su realidad no pueden leg\u00ed\u00adtimamente reducirse a esta sola dimensi\u00f3n suya. Pero tambi\u00e9n es ideolog\u00ed\u00ada falaz reducir simplemente ese enorme hecho que es el movimiento de las ideas y de la acci\u00f3n que arrancan de Marx al socialismo, al ate\u00ed\u00adsmo de Estado, al odio de Dios y al rechazo del amor. Es ideolog\u00ed\u00ada tambi\u00e9n reducir el an\u00e1lisis y las instituciones de Freud a invenci\u00f3n desacralizadora y enemiga de la fe. Ser\u00e1 preciso tener en cuenta tambi\u00e9n, por lo que respecta al movimiento marxista, la enorme carga moral de protesta y de amor al hombre que le anima, la capacidad concreta de an\u00e1lisis de la realidad y de los instrumentos que se han puesto en pr\u00e1ctica a este nivel por el movimiento en su compleja historia, cada vez m\u00e1s pluralista; las evoluciones m\u00e1s o menos recientes que se han verificado en \u00e9l y que se encuentran en v\u00ed\u00adas de maduraci\u00f3n. Y ser\u00e1 preciso tambi\u00e9n tener en cuenta, ci\u00f1\u00e9ndonos a los ejemplos dados, la fecundidad interpretativa y las innumerables verificaciones positivas que el an\u00e1lisis freudiano ha manifestado y refutado respectivamente. El ide\u00f3logo es aquel que no sabe escuchar los hechos; y, en este sentido, no hay inter\u00e9s de grupo, ni amor a la causa, ni esp\u00ed\u00adritu de cuerpo, ni disciplina de partido o de iglesia que pueda aspirar a ocupar un espacio absoluto en una lectura cristiana de la historia.<\/p>\n<p>b) El moralismo. La segunda tentaci\u00f3n que obstaculiza la escucha atenta y que repercute, como veremos, en el n\u00facleo mismo de la lectura y de la interpretaci\u00f3n de la historia (y, por lo tanto, en la de los signos de los tiempos), es la tentaci\u00f3n del moralismo, que tambi\u00e9n puede manifestarse como una variante de la tentaci\u00f3n de la ideolog\u00ed\u00ada. Entiendo por moralismo en este lugar la tendencia a considerar los hechos no en el preciso contexto hist\u00f3rico en el que se verifican, sino en su naturaleza abstracta de negatividad o de positividad, de vez en cuando condenada o puesta como ejemplo, pero nunca comprendida suficientemente, es decir, captada en sus ra\u00ed\u00adces hist\u00f3ricas, ambientales, culturales, etc. No me parece necesario extenderme en esta segunda tentaci\u00f3n, porque creo que es una sutil variante de la primera. En efecto, quien lee moral\u00ed\u00adsticamente un hecho distorsiona sus ra\u00ed\u00adces y sus causas, o incluso no las toma para nada en consideraci\u00f3n, precisamente porque, consciente o inconscientemente, siente el riesgo de implicaciones distintas, de una provocaci\u00f3n inc\u00f3moda o de un compromiso m\u00e1s profundo, que se derivar\u00ed\u00ada de una consideraci\u00f3n no satisfecha con la superficie y que llega a las ra\u00ed\u00adces pr\u00f3ximas y remotas de un hecho-acontecimiento. Tambi\u00e9n en este caso se trata de una repulsa a tomar en cuenta la \u00abfacticidad\u00bb real, que induce a la prisa por juzgar de forma defensiva los propios intereses y el propio poder antes de tomarse la molestia de interpretar la realidad en su naturaleza pro-funda y compleja. El \u00abmoralista\u00bb, en este sentido, atribuye a los dem\u00e1s, al hado o incluso a la voluntad divina intenciones, causalidades o hechos que, sise analizaran m\u00e1s de cerca, sin miedo y con mayor calma, se le revelar\u00ed\u00adan distintos, inexistentes o responsabilizantes de otra forma. El uso indiscriminado de expresiones como \u00abvoluntad divina\u00bb, \u00abmala suerte\u00bb, \u00ableyes inmutables de la historia\u00bb, \u00abnecesidades pol\u00ed\u00adticas\u00bb, \u00abderecho a la conservaci\u00f3n propia\u00bb, \u00ablibre competencia\u00bb, \u00ableyes del mercado\u00bb, etc., revela a veces qu\u00e9 distante y con qu\u00e9 profundidad puede insinuarse el moralismo al que se sit\u00faa frente a los hechos.<\/p>\n<p>2. COMPRENDER E INTERPRETAR &#8211; Una vez que nos hemos puesto en disposici\u00f3n de escuchar, no en plan ideol\u00f3gico ni moral\u00ed\u00adstico, el acontecimiento-signo y que hemos echado mano para ello de toda la riqueza de los instrumentos de observaci\u00f3n anal\u00ed\u00adtica y objetiva que las ciencias nos ofrecen, se trata no simple ni inmediatamente de juzgar, sino primero de comprender (el texto latino del concilio dice discernir) los signos de los tiempos. Me parece que esta nueva dimensi\u00f3n del itinerario de una lectura cristiana de la historia, y, por tanto, de los acontecimientos vistos como signos de los tiempos y como \u00absignos del tiempo\u00bb, a\u00f1ade una caracter\u00ed\u00adstica esencial a nuestro camino. Discernere, seg\u00fan su etimolog\u00ed\u00ada, implica la capacidad de dividir en profundidad, de penetrar en el interior, de simpatizar en alguna medida con el acontecimiento humano precisamente en cuanto humano; y, por lo mismo, implica una serie de proyectos, esperanzas, deseos, ilusiones, sufrimientos, etc. Para comprender y para interpretar es, por lo tanto, necesario de alguna forma ponerse en la misma longitud de onda del acontecimiento, entrar en simpat\u00ed\u00ada con \u00e9l, adherirse en alg\u00fan grado a cuanto implica de humano. Esto significa que no puede comprender el acontecimiento-signo quien no simpatiza, quien no se expone frente a \u00e9l, quien piensa \u00fanicamente en defenderse de los riesgos y evitar los peligros, quien es hostil a priori a la historia, quien no es capaz de arriesgarse \u00e9l mismo y no sabe lanzarse en medio de las aventuras de los seres humanos. Esto no significar\u00e1 sin m\u00e1s aprobar todo o simular no ver el mal, los riesgos o las posibles distorsiones, sino que exigir\u00e1 de entrada estar abierto verdaderamente a compartir, a simpatizar con los acontecimientos humanos y a no considerarlos siempre y absolutamente como enemigos. Para comprender el mundo cristiano, es decir, para leer los signos de los tiempos en el mundo, en ese mundo que \u00abDios ha amado tanto que le ha dado a su Hijo\u00bb. es preciso mancharse las manos con \u00e9l, es preciso arriesgarse en \u00e9l, involucrarse en su historia, estar verdaderamente \u00aben el mundo\u00bb, aunque sea sin ser \u00abdel mundo\u00bb en el segundo sentido joaneo de oposici\u00f3n al reino. Quien no se mezcla en la historia, quien no se arriesga en ella, quien no mira a los seres humanos desde ellos mismos, quien no comparte la suerte de los hermanos en todo lo que no es mal y pecado, no puede comprender cristianamente la historia y tampoco los signos de los tiempos en ella porque no los comprende humanamente. Los p\u00e1jaros de mal ag\u00fcero, los desconfiados a priori, los \u00abnost\u00e1lgicos\u00bb cr\u00f3nicos, que llevan la verdad en el bolsillo y est\u00e1n convencidos de que no tienen nada que aprender de nadie, jam\u00e1s comprenden la historia ni leen los signos de los tiempos y, por lo tanto, tampoco los signos de la eternidad, no gustan la vida, no creen existencialmente que creaci\u00f3n y salvaci\u00f3n son dos realidades positivamente unidas ya en el tiempo. Sin irenismos f\u00e1ciles y sin olvidar la presencia del mal y del rechazo de Dios y del hombre en la historia, quien quiera leer y construir los signos de los tiempos a la luz del \u00abSigno del tiempo\u00bb, que es Cristo salvador, no puede dejar de entrar en esta disposici\u00f3n cordial de esp\u00ed\u00adritu frente a los acontecimientos; s\u00f3lo as\u00ed\u00ad los comprender\u00e1 y ser\u00e1 capaz de interpretarlos<br \/>\nNo son \u00e9stas palabras sin importancia o sin consecuencias, que pueden parecer, y realmente lo son, profundamente desconcertantes. Hablar de mundo, hablar de historia significa hablar de los hombres, de la gente, del pueblo. Esto significa que quien no vive con los hombres, con la gente y con el pueblo no puede comprender y leer cristianamente la historia, aunque sea bautizado, sacerdote, obispo, te\u00f3logo, teorizador perfecto de dogmas y de oraciones lit\u00fargicas. Por esta raz\u00f3n alguien ha escrito que \u00abel \u00e1rea de la profec\u00ed\u00ada es el pueblo\u00bb y que todo depende de esto: de estar en medio del pueblo. \u00abLos hombres de iglesia cambiar\u00ed\u00adan de golpe el d\u00ed\u00ada en que fueran pueblo y pensaran desde all\u00ed\u00ad, desde el pueblo&#8217;. A esto se deben, quiz\u00e1. ciertos retrasos en nuestro mundo de cristianos, te\u00f3logos y hombres de iglesia para comprender la historia y vivir los signos de los tiempos<br \/>\nLas razones de reiterados retrasos hist\u00f3ricos por los cuales la Iglesia. en cuanto depende de nosotros los hombres. puede parecer que va a la zaga al menos de una revoluci\u00f3n cultural y que acoge las sucesivas conquistas de los hombres tan s\u00f3lo y precisamente cuando ellos comienzan a dudar de ellas y entran en una nueva fase cultural que les conduce a superarlas, esas razones quiz\u00e1 se encuentren tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad. Nac\u00ed\u00ada la sociedad burguesa, y los hombres de iglesia, separados del pueblo, defend\u00ed\u00adan las sociedades aristocr\u00e1ticas; nac\u00ed\u00adan las sociedades nacionales y democr\u00e1ticas, y los hombres de iglesia, separados del pueblo, defend\u00ed\u00adan a los monarcas y el concierto europeo salido del Congreso de Viena (1815): nac\u00ed\u00ada la sociedad industrial, y los hombres de iglesia, separados del pueblo, elogiaban y defend\u00ed\u00adan la sociedad agr\u00ed\u00adcola; nac\u00ed\u00ada la sociedad cient\u00ed\u00adfica, y los hombres de iglesia, separados del pueblo, ve\u00ed\u00adan s\u00f3lo los riesgos de las ciencias para la fe y la vida cristiana; intenta nacer la sociedad en que la mujer sea verdaderamente igual al hombre [<Feminismoj, y los hombres de iglesia, separados del pueblo, parecen cortejar todav\u00ed\u00ada a una ciudad en la que el primer puesto corresponda al hombre var\u00f3n. Todo esto porque, separados del pueblo, cerrados en una atm\u00f3sfera sacral o burocr\u00e1ticamente mundana a pesar de las apariencias espirituales y v\u00ed\u00adctimas de un eficientismo eclesi\u00e1stico que no por ser tecnol\u00f3gicamente moderno est\u00e1 m\u00e1s cercano del Evangelio, carecemos de los medios de comprensi\u00f3n, de discernimiento, de simpat\u00ed\u00ada real para comprender, es decir, para discernir y despu\u00e9s interpretar los acontecimientos.\n\nEl resultado puede ser el desconcierto, la inseguridad agresiva, no comprender simple y llanamente el sentido de lo que nos rodea, perdernos en diatribas carentes ya de significado alguno para el hombre (que si lat\u00ed\u00adn o lengua vulgar en la liturgia; si sotana, o clergyman, o traje de paisano; si comuni\u00f3n en la mano o en la lengua, etc.); un lenguaje de repetici\u00f3n autom\u00e1tica, que no advierte siquiera que no es escuchado porque resulta objetivamente incomprensible, dada la insuperable distancia cultural entre los interlocutores. Todo esto puede llevar, y de hecho lleva frecuentemente, a la irritaci\u00f3n victimista de los hombres de iglesia, que se sienten perseguidos, intencionadamente rechazados, hostigados, y se asimilan de buena fe a Cristo perseguido. En realidad, las cosas est\u00e1n todav\u00ed\u00ada peor, porque la persecuci\u00f3n, la hostilidad, etc., presuponen una relaci\u00f3n que, por el contrario, no es muchas veces ni siquiera posible, ya que la realidad de la distancia cultural s\u00f3lo permite la indiferencia. Hemos creado con nuestros retrasos no una Iglesia hostil al mundo -lo cual ya seria algo y corresponder\u00ed\u00ada a un aspecto del Evangelio-, sino una Iglesia indiferente, siempre y s\u00f3lo por lo que depende de nosotros los hombres; y esto es infinitamente m\u00e1s triste. En cambio, cuando se da este estar en medio, este entrar en profundidad en el acontecimiento-signo, este comprometerse con quien hace la historia y con la historia que se hace, entonces se abre el camino posible para la interpretaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de los signos de los tiempos en la historia.\n\nInterpretar, en ese contexto, quiere decir precisamente poner en relaci\u00f3n con la propia realidad de la vida el hecho-signo que se ha comprendido, lo cual no se ha de dar por descontado o como algo obvio, ya que los hechos-signos no se sit\u00faan autom\u00e1tica o f\u00e1cilmente en relaci\u00f3n espont\u00e1nea con la vida de quien los crea y los lee. Ser\u00e1 preciso entonces tener en cuenta lo que aparece en la superficie del hecho-signo y lo que, por el contrario, constituye el mensaje profundo del mismo. Ser\u00e1 preciso considerar la relatividad coesencial, ya que lo que es signo de los tiempos aqu\u00ed\u00ad y ahora puede no serlo en otro lugar o en otros momentos. Ser\u00e1 preciso ejercer un an\u00e1lisis cr\u00ed\u00adtico para percibir posibles ambig\u00fcedades de sentido y seleccionar el significado descollante que supere tales ambig\u00fcedades, que de otra forma podr\u00ed\u00adan resultar paralizantes. Ser\u00e1 preciso, si no se ha hecho todav\u00ed\u00ada plenamente en la escucha atenta del acontecimiento, purificar nuestra interpretaci\u00f3n de todo residuo de ideolog\u00ed\u00ada y de moralismo falaz o inmovilizante, respectivamente. Ser\u00e1 preciso ser capaces de distinguir en los hechos y movimientos hist\u00f3ricos la sustancia humana sustentadora y las circunstancias de ideolog\u00ed\u00ada, historia y eficacia contingente que, de pasar inadvertidas, podr\u00ed\u00adan comprometer la verdad de la interpretaci\u00f3n. Ser\u00e1 preciso tener siempre presente el mundo vital de la fe, de la presencia de Dios en Cristo yen la Iglesia, de la vida concreta de las comunidades de fe, para no correr el riesgo de enga\u00f1arnos en la interpretaci\u00f3n misma de lo que deber\u00ed\u00ada ser est\u00ed\u00admulo posible para aquella presencia y para esta vida. Mas en este mundo vital de la fe y de la presencia de Dios en Cristo y en la Iglesia, etc., jugar\u00e1 siempre un papel decisivo la libertad absoluta del don de Dios, por una parte, y la libertad humana de la respuesta hist\u00f3rica, por otra; hasta el punto de que ser\u00e1 imposible, incluso en la interpretaci\u00f3n m\u00e1s correcta y alerta de los signos de los tiempos, adelantar cualquier pretensi\u00f3n de marcar mec\u00e1nicamente las futuras evoluciones y prever con exactitud las l\u00ed\u00adneas de conducta de Dios y de los hombres en la historia. Esto no es secundario, ya que condena a la inutilidad cualquier pretensi\u00f3n de hacer inventarios de signos de los tiempos relativos al futuro, precisamente porque ni Dios ni el hombre son m\u00e1quinas necesitadas, sino libertades realmente autodeterminantes, aunque en grado distinto. La \u00fanica posibilidad de unidad radica entonces no en una programaci\u00f3n a priori de los signos de los tiempos, sino en el horizonte de una fe \u00fanica, vivida en la \u00fanica palabra viva, en la \u00fanica comunidad que es la Iglesia. Y, sin embargo, esta unidad no exime para nada del constante esfuerzo de atenci\u00f3n actual a lo que sucede.\n\n3. JUZGAR - He aqu\u00ed\u00ad por qu\u00e9, despu\u00e9s de escuchar, comprender (es decir, participar vitalmente) e interpretar los hechos, ser\u00e1 necesario \"juzgarlos a la luz de la palabra de Dios\", seg\u00fan dice expl\u00ed\u00adcitamente la GS, con el fin de captar verdadera y completamente su naturaleza de signos de los tiempos, es decir, la profunda pregnancia que los hace emerger de la simple ocasionalidad, casual o fatalista, y tambi\u00e9n de la natural intencionalidad, en el horizonte de la l\u00f3gica de la necesidad, para hacerlos vivir dentro de la l\u00f3gica del don, o sea de la presencia viva y gratuita del reino en la historia, que precisamente en esta presencia es historia de salvaci\u00f3n ya presente, pero todav\u00ed\u00ada no manifestada o realizada totalmente. Porque los signos de los tiempos son siempre ambiguos de por s\u00ed\u00ad y s\u00f3lo revelan plenamente su fecundidad de salvaci\u00f3n en la historia mediante el discernimiento completo y vital si aparecen iluminados y vivificados por la luz de la fe, no de manera integralista o con pretensiones monopolistas, sino mediante la docilidad real al Esp\u00ed\u00adritu que habla en la fe de la Iglesia. Eso es lo que expresan expl\u00ed\u00adcitamente las palabras de Pablo VI: \"Para nosotros los cristianos, este acto reflexivo es necesario si queremos descubrir `los signos de los tiempos', porque, como ense\u00f1a el concilio (GS 4), la interpretaci\u00f3n de los `tiempos', es decir, de la realidad emp\u00ed\u00adrica e hist\u00f3rica que nos circunda y nos impresiona, debe hacerse `a la luz del Evangelio'. El descubrimiento de los `signos de los tiempos' es un hecho de conciencia cristiana; resulta de una confrontaci\u00f3n de la fe con la vida... Esta es la antigua y siempre viva palabra del Se\u00f1or que resuena en nuestros esp\u00ed\u00adritus; Vigilad' (Lc 21,36). La vigilancia cristiana sea para nosotros el arte en el discernimiento de los signos de los tiempos'. Esta vigilancia debe hacer que seamos capaces de distinguir, precisamente mediante el juicio emitido a la luz de la fe, los signos verdaderos de la presencia y del plan de Dios, como dice expl\u00ed\u00adcitamente el concilio (GS 11), porque pueden existir tambi\u00e9n falsos signos de los tiempos: \"Es verdad que en el mundo obra el Esp\u00ed\u00adritu creador; pero tambi\u00e9n es verdad que en \u00e9l obra igualmente el misterio de la iniquidad, por lo que sin un examen a la luz de la palabra de Dios no se puede saber si una determinada corriente de ideas ha sido suscitada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo o por el esp\u00ed\u00adritu maligno. Es verdad que el cristiano ha de ser solidario de los dem\u00e1s hombres, mas s\u00f3lo en cuanto \u00e9stos no pertenecen al `mundo', el cual se opone a Cristo...\"\". Esta obra de discernimiento, es decir, de juicio, tendr\u00e1 criterios; y, evidentemente, no pueden ser otros que la luz de la palabra, como se ha dicho, y la adhesi\u00f3n vital a la realidad global de la fe, subrayada expresamente en GS 11 y atribuida de forma expl\u00ed\u00adcita a la presencia y a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo (GS 44). Por lo dem\u00e1s, son palabras llenas de toda la ense\u00f1anza moral b\u00ed\u00adblica, la cual contin\u00faa subrayando el deber de juzgar en la presencia vital de Cristo y del Esp\u00ed\u00adritu lo que contribuye a la edificaci\u00f3n del reino y lo que obstaculiza esta misma edificaci\u00f3n\".\n\nComo es obvio, esto se realiza teniendo en cuenta el hecho de que existe una relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima y connatural entre el orden y la comprensi\u00f3n racional de la realidad, por una parte -y entiendo por \"racional\" todo el \u00e1mbito de la investigaci\u00f3n humana, tanto fisiol\u00f3gica como cient\u00ed\u00adfica-, y el orden y la comprensi\u00f3n de la gracia misma, que no est\u00e1 en contradicci\u00f3n con aqu\u00e9llos, sino que los anima y los vivifica desde dentro por exclusiva iniciativa de Dios, que se entrega sin humillar ni destruir a la criatura. Por esta raz\u00f3n, entre los criterios de discernimiento contamos tambi\u00e9n con las reglas elementales de la experiencia com\u00fan de los hombres, con todas las riquezas del sentido com\u00fan, de la raz\u00f3n, de las ciencias emp\u00ed\u00adricas y humanas. As\u00ed\u00ad, es sobradamente cierto que los criterios de fe jam\u00e1s oscurecen ni excluyen los criterios propios de la experiencia humana; de suerte que todos los hombres tienen de alguna forma la posibilidad proporcionada a su grado de humanidad y gracia, expl\u00ed\u00adcita o impl\u00ed\u00adcitamente vivida, de reconocer la realidad verdadera de los signos de los tiempos: \"Es un derecho y un deber de cada hombre y de todos los hombres actuar y ejercer este discernimiento entre los acontecimientos y el bien moral conocido por su conciencia; seg\u00fan las palabras de san Pablo, `para aquellos que no tienen ley, ellos mismos son su propia ley' (Rom 2,14). Por ello la teor\u00ed\u00ada de los signos de los tiempos afecta a todos los hombres de buena voluntad y no es monopolio de los cristianos.\n\nCon esta \u00faltima indicaci\u00f3n y con las alusiones expl\u00ed\u00adcitas de los textos del concilio, podemos responder, aunque s\u00f3lo sea brev\u00ed\u00adsimamente, al segundo interrogante planteado anteriormente [>&#8216;V, al final]: el que concierne al sujeto adecuado de la lectura-discernimiento de los signos de los tiempos. Es evidente que de alg\u00fan modo este cometido ata\u00f1e a todos los hombres; pero tambi\u00e9n est\u00e1 claro que ata\u00f1e plenamente al pueblo de Dios entero (GS 4,11,14), y en \u00e9l y mediante \u00e9l tiene sentido que se realicen los diversos modos de concretizaci\u00f3n de este cometido, que el concilio subraya expresamente. Todo el pueblo de Dios, sacerdotes y laicos -con reconocimiento formal de lo precioso que es el cometido de estos \u00faltimos-, y subrayando especialmente el deber de los \u00abpastores y de los te\u00f3logos\u00bb (GS 44), es sujeto adecuado de la lectura-interpretaci\u00f3n-discernimiento de los signos de los tiempos en la historia, que es historia de salvaci\u00f3n. Cierto que, precisamente por este \u00e9nfasis simult\u00e1neo y por esta m\u00faltiple concurrencia, surgir\u00e1n problemas de divergencias y convergencias, de interpretaciones diferentes y de juicios discordantes; pero creo que, con el respeto rec\u00ed\u00adproco y escrupuloso del papel de cada uno y la oportuna autodelimitaci\u00f3n del propio cometido, frente a toda tentaci\u00f3n de monopolio (y esto vale sobre todo para los pastores y los te\u00f3logos) o de puro y simple prurito contestativo (y esto se aplica a los te\u00f3logos y a los laicos), estar\u00e1 siempre abierto el camino a una lectura al tanto de la historia en la l\u00ed\u00adnea del reino, condici\u00f3n necesaria y suficiente del camino com\u00fan que han de recorrer todos los hombres y toda la Iglesia hacia los \u00abnuevos cielos\u00bb y \u00abnueva tierra\u00bb (2 Pe 3.13), donde el \u00fanico signo ser\u00e1 el de la eternidad, porque los tiempos no existir\u00e1n ya y Dios habr\u00e1 \u00abhecho nuevas todas las cosas\u00bb (Ap 21,5). Entonces, \u00abcara a cara y ya no como en un espejo\u00bb (1 Cor 13,12), el signo ser\u00e1 la realidad misma, y no tendremos necesidad de preguntar a nadie (Jn 16,23), porque todo y todos seremos al mismo tiempo palabra y presencia y \u00abDios ser\u00e1 todo en todas las cosas\u00bb (1 Cor 15,28).<\/p>\n<p>VII. Conclusi\u00f3n: los signos de los tiempos en la actualidad<br \/>\nLlegados a este punto de nuestro itinerario, es evidente que pretender analizar detalladamente e interpretar y juzgar aqu\u00ed\u00ad los signos de los tiempos hoy equivaldr\u00ed\u00ada a pensar, rayando en la locura, que somos capaces de sintetizar todas las posibles investigaciones, an\u00e1lisis, interpretaciones y valoraciones sobre la vida entera de la Iglesia y del mundo actual. Por eso bastar\u00e1 declarar una sola vez que lo que a continuaci\u00f3n exponemos es meramente una lista sin pretensiones de lo que hoy d\u00ed\u00ada le parece al autor un posible signo de los tiempos, \u00fatil en su significatividad y en su provocatividad, para seguir adelante en la l\u00ed\u00adnea del reino de Dios y de los hombres purificados en Cristo. Cuando nos limitamos a la enumeraci\u00f3n de los signos de los tiempos es evidente el riesgo de malentendidos y de generalizaciones; pero los doy por supuestos anticipadamente y remito a las correspondientes voces de este g\u00e9nero y de otros diccionarios a quien quiera buscar cada uno de los \u00absignos de los tiempos\u00bb.<\/p>\n<p>Si, volviendo a la definici\u00f3n aducida al principio, aunque excesivamente sociol\u00f3gica y poco expl\u00ed\u00adcita desde el punto de vista teol\u00f3gico, entendemos por signos de los tiempos \u00ablos fen\u00f3menos que por su generalizaci\u00f3n y su frecuencia caracterizan a una \u00e9poca y a trav\u00e9s de los cuales se expresan las necesidades y las aspiraciones de la humanidad presente\u00bb, es evidente que algunos fen\u00f3menos de nuestro tiempo, a pesar de su posible ambivalencia, deben ser reconocidos entre los signos de los tiempos presentes. Quedar\u00e1 por valorar cr\u00ed\u00adticamente, tanto en el plano del simple conocimiento de los hechos y de los instrumentos de investigaci\u00f3n como en el de la interpretaci\u00f3n y m\u00e1s a\u00fan en el del juicio de fe, su alcance teol\u00f3gico; pero su naturaleza de signos de los tiempos, como posible ocasi\u00f3n de revelaci\u00f3n y de presencia de la salvaci\u00f3n, no puede negarse.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed\u00ad, pues, una simple lista de posibles signos de los tiempos para el hoy del mundo y de la Iglesia: la socializaci\u00f3n, la secularizaci\u00f3n, la promoci\u00f3n de la mujer, la civilizaci\u00f3n del trabajo, la liberaci\u00f3n de las minor\u00ed\u00adas, la promoci\u00f3n de la clase obrera, la descolonizaci\u00f3n, la aparici\u00f3n de los pueblos j\u00f3venes, la cultura de la sexualidad humana, la crisis de la autoridad que no est\u00e1 justificada siempre por el servicio real, la exigencia de que las palabras correspondan a los hechos, la aparici\u00f3n del psicoan\u00e1lisis, el an\u00e1lisis continuo de las causas verdaderas de los fen\u00f3menos contempor\u00e1neos por encima del moralismo y de las rigideces ideol\u00f3gicas, la necesidad de autenticidad y de sinceridad en todo sentido, el rechazo de una religi\u00f3n que a\u00ed\u00adsla de los hermanos, la revaloraci\u00f3n del laicado en la Iglesia, la continua afirmaci\u00f3n de ciertos an\u00e1lisis marxianos o marxistas de los fen\u00f3menos sociales, la conciencia aguda de los fallos hist\u00f3ricos de Occidente, el reconocimiento de la originalidad cultural de los pueblos j\u00f3venes, incluso en relaci\u00f3n con el posible modo de encarnar la fe, la tercera Iglesia a las puertas, el di\u00e1logo entre cristianos y marxistas y la superaci\u00f3n del di\u00e1logo mediante la experiencia com\u00fan cr\u00ed\u00adticamente atenta y responsablemente eclesial de una posible compenetraci\u00f3n entre fe cristiana y cultura marxista, los problemas de la organizaci\u00f3n ministerial de la Iglesia local, el peligro de la poluci\u00f3n ecol\u00f3gica, la violencia como mal en s\u00ed\u00ad mismo, los rebrotes de lo \u00abreligioso\u00bb en su ambig\u00fcedad y en su apertura a lo \u00abnuevo\u00bb, la creatividad social, l\u00fadica, lit\u00fargica y pedag\u00f3gica, la aparici\u00f3n de la cr\u00ed\u00adtica de la intolerancia y de la tiran\u00ed\u00ada de cualquier signo y de cualquier color ideol\u00f3gico y pol\u00ed\u00adtico, la exigencia de mayor transparencia evang\u00e9lica de cuanto lleva el nombre cristiano, el retorno a la contemplaci\u00f3n y al inter\u00e9s por la vida \u00abm\u00ed\u00adstica\u00bb en el sentido renovado de las grandes tradiciones espirituales de Oriente y Occidente, la cr\u00ed\u00adtica del centralismo laico o eclesi\u00e1stico, el surgir de las culturas alternativas, el movimiento ecum\u00e9nico y sus aventuras entusiastas, la exigencia de nuevos lenguajes y de creatividades renovadas en todo \u00e1mbito humano, la crisis num\u00e9rica de vocaciones sacerdotales y religiosas y las nuevas posibilidades para el ministerio sacerdotal y para el ejercicio significativo de los votos religiosos, etc., etc., etc.<\/p>\n<p>Toda esta riqueza de est\u00ed\u00admulos y de sugerencias procedentes de los hechos pueden hacernos comprender la importancia que tiene un exacto planteamiento no s\u00f3lo en el plano sociol\u00f3gico y estad\u00ed\u00adstico, sino en el totalmente humano y expl\u00ed\u00adcitamente teol\u00f3gico y eclesial del problema del significado real -a la luz de la palabra escuchada y vivida en la comunidad- del presente que se despliega ante nuestros ojos y entre nuestras manos. Los signos de los tiempos manifiestan entonces toda su centralidad, y se comprende por qu\u00e9 los acontecimientos hist\u00f3ricos, desde que el concilio los ha consagrado definitivamente a la atenci\u00f3n de la Iglesia entera, no terminan ya de maravillarnos y de provocarnos hacia el reino.<\/p>\n<p>G. Gennari<br \/>\nBIBL.-AA. VV., Tiempo de Dios, Aeit, Madrid 1971.-AA. VV., Fe y nueva sensibilidad hist\u00f3rica, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1972.-AA. VV., Prioridad de valores en el mundo t\u00e9cnico y social, en \u00abConcilium\u00bb, 110 (1975).-Chenu. M. D, El evangelio en el tiempo, Estela, Barcelona 1966.-Chenu. M. D, Los signos de los tiempos. Reflexi\u00f3n teol\u00f3gica en La Iglesia en el mundo de hoy, Taurus, Madrid 1970, II, 253-278.-Davis, Ch. La gracia de Dios en la historia, Descl\u00e9e, Bilbao 1970.-Gallo, L. A, La concepci\u00f3n de la salvaci\u00f3n y sus presupuestos en Marie-Dominique Chenu, LAS, Roma 1977.-Hinnebusch, P, Los signos de los tiempos y la vida religiosa, Sal Terrae. Santander 1968.-Iguac\u00e9n, F, Secularizaci\u00f3n y mundo contempor\u00e1neo, ICCE. Madrid 1973.-Lieg\u00e9, P.-A, Tiempo de reto, Narcea, Madrid 1981.-Mouroux, J, El misterio del tiempo, Estela, Barcelona 1975.-Pintos, J. L. Tiempo de buscar: ensayos y proyectos para una teolog\u00ed\u00ada cr\u00ed\u00adtica, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1977.-Rahner, K, Secularizaci\u00f3n y ate\u00ed\u00adsmo, Paulinas. Madrid 1969.-Schnackenburg, R, Observad los signos de los tiempos, Sal Terrae, Santander 1976.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO:<br \/>\n1. Recuperaci\u00f3n de un t\u00e9rmino antiguo;<br \/>\n2. Nueva perspectiva del Vaticano II;<br \/>\n3. L\u00ed\u00adneas para una teolog\u00ed\u00ada de los signos de los tiempos<br \/>\nR. Fisichella<br \/>\nLa atenci\u00f3n constante a la historia y la relaci\u00f3n del evangelio con ella hacen surgir, teol\u00f3gicamente, el tema de los signos de los tiempos.<\/p>\n<p>Signos de los tiempos es una expresi\u00f3n antigua; su origen evang\u00e9lico remite a la necesidad que ha de tener el creyente de escrutar constantemente el mundo en que vive para poder comprender ante todo las expresiones positivas o negativas que se dan en \u00e9l, verificar luego las orientaciones que asume y, finalmente, poder influir en \u00e9l con la fuerza provocadora y renovadora del evangelio.<\/p>\n<p>1. RECUPERACI\u00ed\u201cN DE UN TERMINO ANTIGUO. La expresi\u00f3n aparece por primera vez en Mt 16,3 (Lc 12,5456). M\u00e1s all\u00e1 de la autenticidad o no del texto, que muy probablemente se resiente de una interpolaci\u00f3n posterior, estamos frente a la dial\u00e9ctica que opone continuamente Jes\u00fas a las exigencias de sus interlocutores: la necesidad de ver un signo como prueba de su divinidad. Como ya en 12,38-39, Jes\u00fas remite al \u00absigno de Jon\u00e1s\u00bb, que ser\u00e1 el \u00fanico que har\u00e1 comprender la realidad de su misterio. Aqu\u00ed\u00ad, sin embargo, recurriendo a un simple fen\u00f3meno meteorol\u00f3gico, el evangelista parece insertar una explicaci\u00f3n ulterior que intenta destacar tanto el car\u00e1cter absurdo de la exigencia que presentan a Jes\u00fas los \u00abfariseos y saduceos\u00bb como su incapacidad para saber reconocer en \u00e9l al mes\u00ed\u00adas: \u00abPor la tarde dec\u00ed\u00ads: Har\u00e1 buen tiempo, porque el cielo se enrojece. Y por la ma\u00f1ana: Mal tiempo, porque el cielo se enrojece con sombras. Sab\u00e9is interpretar el aspecto del cielo, \u00bfy no sois capaces de interpretar las se\u00f1ales de los tiempos?\u00bb<br \/>\nSe trata de una invitaci\u00f3n a ser perspicaces, esto es, a saber estar dispuestos a mirar en profundidad, en lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo, la realidad, para poder as\u00ed\u00ad reconocer lo esencial.<\/p>\n<p>Se debe a la acci\u00f3n prof\u00e9tica de Juan XXIII la recuperaci\u00f3n del valor y del significado de esta categor\u00ed\u00ada para la vida de la Iglesia y para la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica. El sentido original del vers\u00ed\u00adculo de Mateo fue utilizado insistentemente por el pont\u00ed\u00adfice con la intenci\u00f3n de provocar a los cristianos a saber mirar los cambios del mundo contempor\u00e1neo para poder anunciar de nuevo el evangelio de Cristo de forma que pueda ser comprendido.<\/p>\n<p>En el documento de convocatoria del concilio Vaticano II, Humanae salutis, fechado simb\u00f3licamente el 25 de diciembre de 1961, se dice textualmente: \u00abHaciendo nuestra la recomendaci\u00f3n de Jes\u00fas de saber distinguir los signos de los tiempos, creemos descubrir en medio de tantas tinieblas numerosas se\u00f1ales que nos infunden esperanza sobre los destinos de la Iglesia y de la humanidad\u00bb (\u00abAAS\u00bb 54 [1962] 5-13).<\/p>\n<p>Contra los \u00abprofetas de desventuras\u00bb, siempre dispuestos a anunciar acontecimientos nefastos, como si el fin del mundo estuviera siempre acechando (cf Discurso de apertura del concilio, 11 de octubre de 1962), Juan XXIII propon\u00ed\u00ada el optimismo evang\u00e9lico para saber responder a los momentos de crisis de la Iglesia y de la sociedad con una renovada fuerza espiritual capaz de reconocer las virtualidades presentes en los hombres de buena voluntad y la acci\u00f3n constante del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Este mismo pathos puede vislumbrarse en la \u00faltima enc\u00ed\u00adclica de este papa, la Pacem in terris, escrita pocos meses antes de su muerte. Al final de cada cap\u00ed\u00adtulo Juan XXIII propon\u00ed\u00ada la lectura de algunos signos de los tiempos. N\u00f3tese que el texto oficial latino, qui\u00e9n sabe por qu\u00e9 misterio redaccional, no lleva esta expresi\u00f3n, que puede encontrarse, sin embargo, en todas las traducciones oficiales de la enc\u00ed\u00adclica.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Pablo VI emple\u00f3 esta expresi\u00f3n en su primera enc\u00ed\u00adclica, Ecclesiam suam. En este texto se advierte que hay que \u00abestimular en la Iglesia la atenci\u00f3n constantemente vigilante a los signos de los tiempos y la apertura continuamente joven que sepa verificarlo todo y quedarse con lo que es bueno\u00bb (\u00abAAS\u00bb 56 [1964] 609-610).<\/p>\n<p>El concilio, con el nuevo clima que se estaba creando, especialmente en las relaciones Iglesia-mundo, no pod\u00ed\u00ada encontrar una solidaridad mayor con estos precedentes. En varias ocasiones aparece este t\u00e9rmino en los diversos documentos conciliares, hasta encontrar en la Gaudium el spes su formulaci\u00f3n oficial. \u00abSignos de los tiempos\u00bb puede ser considerada, en este horizonte, como una de las formulaciones m\u00e1s originales del concilio en su intenci\u00f3n pastoral.<\/p>\n<p>En este punto resulta \u00fatil mencionar algunos textos expl\u00ed\u00adcitos en los que aparece esta expresi\u00f3n, ya que son fundamentales para la comprensi\u00f3n de esta categor\u00ed\u00ada y constituyen unos puntos muy \u00fatiles de referencia para su interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Por orden cronol\u00f3gico, es f\u00e1cil se\u00f1alar el camino de los textos conciliares:<br \/>\na) \u00abComo quiera que hoy, en muchas partes del mundo, por inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, se hacen muchos esfuerzos con la oraci\u00f3n, la palabra y la acci\u00f3n para llegar a aquella plenitud de unidad que Jesucristo quiere, este santo s\u00ed\u00adnodo exhorta a todos los cat\u00f3licos a que, reconociendo los signos de los tiempos, participen diligentemente en la labor ecum\u00e9nica\u00bb (UR 4).<\/p>\n<p>b) \u00abSaludando con alegr\u00ed\u00ada los venturosos signos de la \u00e9poca presente y denunciando con tristeza estos hechos deplorables el sagrado concilio exhorta a los cat\u00f3licos y ruega a todos los hombres que consideren con suma atenci\u00f3n cu\u00e1n necesaria es la libertad religiosa, sobre todo en la presente situaci\u00f3n de la familia humana\u00bb (DH 15).<\/p>\n<p>c) \u00ab(Los presb\u00ed\u00adteros) oigan de buen grado a los laicos, considerando fraternalmente sus deseos y reconociendo su experiencia y competencia en los diversos campos de la actividad humana, a fin de que, juntamente con ellos, puedan conocer los signos de los tiempos\u00bb (PO 9).<\/p>\n<p>d) \u00abPara cumplir esta misi\u00f3n, es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la \u00e9poca e interpretarlos a la luz del evangelio, de forma que, acomod\u00e1ndose a cada generaci\u00f3n, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relaci\u00f3n de ambas. Es necesario por ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dram\u00e1tico que con frecuencia le caracteriza\u00bb (GS 4).<\/p>\n<p>En estos textos puede verse un continuo progreso en la ense\u00f1anza conciliar: partiendo de una perspectiva de vida interna a la comunidad cristiana, mediante la cual se invita a los creyentes al compromiso por la unidad, se pasa progresivamente a reconocer la presencia de signos externos que provocan a la Iglesia en dos frentes: el primero, en el \u00e1mbito de la libertad religiosa; el segundo, en el reconocimiento de las conquistas del saber, de forma que se pueda anunciar el evangelio deforma comprensible.<\/p>\n<p>Tras estos textos expl\u00ed\u00adcitos vienen otros muchos textos del concilio en donde es muy clara la referencia a los signos de los tiempos, aunque de forma impl\u00ed\u00adcita. Una breve ojeada a este punto podr\u00e1 ayudar sucesivamente a la elaboraci\u00f3n de una \u00abteolog\u00ed\u00ada de los signos de los tiempos\u00bb realizada por el Vaticano II.<\/p>\n<p>Hay dos p\u00e1rrafos de la GS especialmente importantes en este tema: \u00abEl pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or, que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contempor\u00e1neos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios. La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocaci\u00f3n del hombre. Por ello orienta la mente hacia soluciones plenamente humanas\u00bb (GS I 1).<\/p>\n<p>Y en el n\u00famero 44 contin\u00faa: \u00abEs propio de todo el pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los te\u00f3logos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo, las m\u00faltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la palabra divina, a fin de que la verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma m\u00e1s adecuada\u00bb.<\/p>\n<p>2. NUEVA PERSPECTIVA DEL VATICANO II. Aunque recuerdan la ense\u00f1anza de siempre, es f\u00e1cil constatar c\u00f3mo estos textos implantan, ante todo en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, algunos principios que son b\u00e1sicos para la verificaci\u00f3n del intento conciliar sobre las nuevas relaciones que ha de asumir la Iglesia frente a la historia humana y la actuaci\u00f3n de los hombres en las diversas situaciones socioculturales.<\/p>\n<p>Las siguientes observaciones pueden permitir un cuadro m\u00e1s global de la teolog\u00ed\u00ada de los signos de los tiempos realizada por el Vaticano II.<\/p>\n<p>a) Como primer dato, hay que se\u00f1alar el cambio de lenguaje, que revela una perspectiva diferente en la que se inserta la Iglesia. En efecto, la comunidad cristiana se autocomprende como sierva de la Palabra que se le ha confiado y que tiene la responsabilidad de transmitir en la historia. La Iglesia est\u00e1, junto con sus contempor\u00e1neos, en constante y permanente camino en la b\u00fasqueda- y adquisici\u00f3n de la verdad entera (Jn 16,13). Se ofrece a todos y a cada uno como compa\u00f1era en la b\u00fasqueda de la voluntad real de Dios, y por tanto del bien de la humanidad. A los hombres y mujeres de este tiempo que buscan a Dios les ofrece su \u00abcompa\u00f1\u00ed\u00ada de la fe\u00bb, sabiendo muy bien que la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu que la gu\u00ed\u00ada act\u00faa y se dilata tambi\u00e9n fuera de sus confines institucionales (LG 8).<\/p>\n<p>b) Para cumplir la misi\u00f3n recibida de Jesucristo, la Iglesia pide la ayuda de los hombres de su tiempo, a fin de ser capaz de leer atentamente los fen\u00f3menos humanos y las tensiones.que se vienen a crear en la historia. Es una Iglesia \u00abpobre\u00bb la que surge de estos textos, una Iglesia que ha perdido toda forma de presunci\u00f3n y arrogancia y que es consciente de que la verdad es b\u00fasqueda en com\u00fan y que ella la posee s\u00f3lo en la perspectiva din\u00e1mica de la escatolog\u00ed\u00ada. Se deduce, por tanto, la responsabilidad de una solidaridad con todos y la conciencia de un compromiso universal para la consecuci\u00f3n de la salvaci\u00f3n, por lo que nos salvamos todos juntos o no correspondemos a la misi\u00f3n que hemos recibido.<\/p>\n<p>Es una Iglesia que deja la perspectiva de ser maestra ante el mundo, para recuperar la categor\u00ed\u00ada del discipulado, sabiendo que uno solo es el maestro, Cristo (Mt 23,10): \u00abLa Iglesia reconoce los muchos beneficios que ha recibido de la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica del g\u00e9nero humano&#8230; La Iglesia necesita de modo muy particular la ayuda de quienes por vivir en el mundo, sean o no creyentes; conocen a fondo las diversas instituciones y disciplinas y comprenden con claridad la raz\u00f3n \u00ed\u00adntima de todas ellas\u00bb (GS 44). Nunca se hab\u00ed\u00adan o\u00ed\u00addo en estos \u00faltimos siglos palabras tan claras y expl\u00ed\u00adcitas por parte del magisterio respecto al mundo y la ayuda que la comunidad creyente pide a todos, en virtud de su pertenencia a la humanidad y de su competencia en el \u00e1mbito cient\u00ed\u00adfico. No es preciso demostrar a cu\u00e1ntos a\u00f1os luz est\u00e1n estas palabras de las f\u00f3rmulas de perplejidad y de condena del siglo pasado frente al \u00abmundo\u00bb y el progreso; la Iglesia, de esta manera, ha vuelto a descubrir valientemente un nuevo modo de ponerse ante las culturas y la sociedad. Negarlo equivaldr\u00ed\u00ada a olvidar los honrados esfuerzos que se han realizado en este sentido; y olvidarlo significar\u00ed\u00ada traicionar el esp\u00ed\u00adritu del Vaticano II.<\/p>\n<p>c) La asunci\u00f3n de los signos de los tiempos obliga a la Iglesia, en su ense\u00f1anza, a la atenci\u00f3n permanente ante las diversas situaciones de vida y las diferentes culturas que subyacen a los modelos de las sociedades. El mundo y su historia se modifican y var\u00ed\u00adan a la vuelta de pocos a\u00f1os; cada vez m\u00e1s se imponen las formas de progreso y de t\u00e9cnica, y la informaci\u00f3n alcanza al mismo tiempo a pueblos muy distantes entre s\u00ed\u00ad; el evangelio, sin embargo, tiene que ser anunciado y comprendido tambi\u00e9n en esas situaciones para que llegue a todos el mensaje de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los signos de los tiempos pueden orientar entonces hacia una interpretaci\u00f3n m\u00e1s universal y global del mensaje salv\u00ed\u00adfico, ya que intentan presentar aspiraciones y concreciones de ideales que son patrimonio com\u00fan de la humanidad. En cierto modo pertenecen a la pedagog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n puesto que pueden identificarse con aquellos g\u00e9rmenes de vida, los logoi spermatikoi, tan apreciados por los padres de la Iglesia, que est\u00e1n colocados en el mundo y en el coraz\u00f3n de cada individuo, para capacitarlos a percibir m\u00e1s f\u00e1cilmente la acci\u00f3n de Dios, que suscita continuamente fuerzas nuevas para la realizaci\u00f3n plena de lo creado.<\/p>\n<p>d) Ante los signos de los tiempos, la Iglesia se ve provocada a desarrollar su acci\u00f3n prof\u00e9tica, ya que est\u00e1 llamada a comprometerse a leer los signos y emitir el juicio de Dios sobre ellos. En el horizonte de la ! profec\u00ed\u00ada que caracteriza a la comunidad cristiana, el juicio estar\u00e1 siempre en el horizonte de la salvaci\u00f3n, en cuanto que proviene del centro mismo de la revelaci\u00f3n, que presenta al crucificado como lugar definitivo de la salvaci\u00f3n, al ser la expresi\u00f3n \u00faltima del amor del Padre.<\/p>\n<p>A1 emitir este juicio, la comunidad creyente se aparta de los diversos \u00abprofetas de desventuras\u00bb y reconoce, finalmente, la bondad de la creaci\u00f3n en todas sus expresiones, igual que las conquistas positivas del hombre cuando est\u00e1n orientadas al bien de todos. As\u00ed\u00ad pues, recoge cada una de estas expresiones en el escenario m\u00e1s omnicomprensivo de la palabra de Dios, para que puedan quedar plenamente iluminadas y orientadas (GS 40-90).<\/p>\n<p>e) Finalmente, los signos de los tiempos mueven a considerar seriamente el horizonte escatol\u00f3gico que caracteriza a la fe cristiana. En efecto, con estos signos, todos, creyentes y no creyentes, se ven relacionados con un futuro como espacio y tiempo definitivo del cumplimiento de s\u00ed\u00ad mismo y de toda la historia humana.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, los signos de los tiempos representan aquellas etapas necesarias para los que viven todav\u00ed\u00ada la condici\u00f3n de peregrinos, mediante las cuales es posible vivir con vigilancia y con esp\u00ed\u00adritu atento la espera del esposo que ha de venir. Si la condici\u00f3n de vigilancia es un deber evang\u00e9lico para la comunidad, es igualmente una obligaci\u00f3n para el no creyente, ya que s\u00f3lo as\u00ed\u00ad puede ser capaz de percibir la evoluci\u00f3n de la historia y de la cultura y estar dispuesto a dar respuesta a los interrogantes que eventualmente tuvieran que surgir de ella.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de la asunci\u00f3n de esta categor\u00ed\u00ada creemos que el concilio favoreci\u00f3 ulteriormente aquel procedimiento de personalizaci\u00f3n de una apolog\u00e9tica del signo que ya hab\u00ed\u00ada iniciado con la Dei Verbum y la Lumen gentium.<\/p>\n<p>Para resumir la novedad de la ense\u00f1anza conciliar a este prop\u00f3sito, podemos decir que hay dos datos que resultan determinantes: 1) Jesucristo es el signo fontal de la revelaci\u00f3n, y la Iglesia es, en fidelidad a \u00e9l, su signo sin\u00f3nimo; \u00e9stos son los signos permanentes de la presencia de Dios, y por tanto, fundamentalmente, los verdaderos signos de los tiempos. Estos signos de revelaci\u00f3n orientan a la historia escatol\u00f3gicamente y permiten la finalizaci\u00f3n del devenir hist\u00f3rico. Son signos del tiempo para este tiempo, ya que llevan impresa dentro de s\u00ed\u00ad la nota de la universalidad, que los hace plenamente accesibles a todo tiempo y normativos para cada uno. 2) Son igualmente signos de los tiempos todas aquellas aspiraciones de la humanidad que determinan el progreso y orientan hacia la adquisici\u00f3n de formas de vida m\u00e1s humanas.<\/p>\n<p>3. LINEAS PARA UNA TEOLOGIA DE LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS. Recogiendo los diversos datos descritos con vistas a una \u00abdefinici\u00f3n\u00bb de los signos de los tiempos que ayude a la comprensi\u00f3n del fen\u00f3meno, podemos decir que \u00e9stos son acontecimientos hist\u00f3ricos que crean un consenso universal, por los que el creyente es confirmado en la verificaci\u00f3n del obrar inmutable y dram\u00e1tico de Dios en la historia, y el no creyente se orienta hacia la individuaci\u00f3n de opciones cada vez m\u00e1s verdaderas, coherentes y fundamentales en favor de una promoci\u00f3n global de la humanidad.<\/p>\n<p>Esta \u00abdefinici\u00f3n\u00bb intenta sintetizar algunas ideas constitutivas para la identificaci\u00f3n de los signos de los tiempos. Se habla ante todo de acontecimientos hist\u00f3ricos; esto significa que no todos los hechos pueden ser considerados signos de los tiempos, sino s\u00f3lo aquellos que tienen la caracter\u00ed\u00adstica de ser acontecimientos. Acontecimiento es lo que constituye una etapa fundamental de la historia de todos; es tan-cualificante que marca una piedra miliar en la marcha de la humanidad. Es un punto de referencia tan necesario que sin \u00e9l no se alcanzar\u00ed\u00ada una plena comprensi\u00f3n de la historia de un per\u00ed\u00adodo, de un pueblo o de una cultura. Por tanto, decir que los signos de los tiempos son acontecimientos equivale a darles una dimensi\u00f3n epocal.<\/p>\n<p>Se dice adem\u00e1s que se requiere el consenso universal; por eso estos signos deben ser catalizadores de alguna manera. Tienen que expresar una caracter\u00ed\u00adstica de universalidad; en efecto, su significado debe ser recibido por todas partes en su sentido m\u00e1s genuino. Por tanto, los signos de los tiempos est\u00e1n llamados a expresar el signo progresivo de unidad de los diversos elementos humanos que, prescindiendo de an\u00e1lisis propios de intereses privados, tienden hacia el bien de la humanidad.<\/p>\n<p>En la \u00abdefinici\u00f3n\u00bb que hemos dada se distingue expresamente entre la lectura del creyente y la del no creyente, bien para subrayar m\u00e1s la nota de la universalidad de los signos que, en cuanto tales, no deben estar sometidos a ning\u00fan prejuicio; bien para favorecer el encuentro sobre el alcance de los signos antes de su interpretaci\u00f3n; bien, finalmente, para permitir al creyente llevar a cabo una verdadera compa\u00f1\u00ed\u00ada de la fe sin pretensi\u00f3n alguna respecto al \u00abotro\u00bb(\/ Teolog\u00ed\u00ada fundamental: destinatario).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, por creyente entendemos al que est\u00e1 inserto en la comunidad cristiana y al que, en virtud de esto, est\u00e1 llamado a leer los signos de los tiempos a la luz de la palabra de Dios (GS 11; 44) y a ver en ellos una presencia peculiar del Creador. El creyente, en virtud de la fe, ser\u00e1 llevado a identificar cada signo con las diversas manifestaciones del amor trinitario de Dios revelado en Cristo. Sin embargo, en el reconocimiento y en la lectura de los signos ser\u00e1 llamado a realizar el mismo camino que el no creyente y tendr\u00e1 que caminar con \u00e9l hasta el fin; sin embargo, luego estar\u00e1 llamado a dar un paso m\u00e1s, puesto que tendr\u00e1 que llegar a la interpretaci\u00f3n cristol\u00f3gica y eclesial del signo.<\/p>\n<p>Para el no creyente, los signos de los tiempos podr\u00e1n expresar las tensiones y las aspiraciones de los hombres hacia una forma de vida m\u00e1s humana. Sin embargo, si los signos tienen que crear un consenso, esto significa que capacitan tambi\u00e9n al no creyente para aquel compromiso coherente, a fin de que la verdad \u00fanica sobre el hombre y sobre la creaci\u00f3n pueda ver finalmente la luz plena. Pero al actuar en compa\u00f1\u00ed\u00ada con el creyente, tambi\u00e9n el no creyente podr\u00e1 verse provocado a una pregunta ulterior, que podr\u00e1 desembocar en la cuesti\u00f3n sobre Dios y en la opci\u00f3n de fe cristiana.<\/p>\n<p>Lo que hemos expuesto hasta ahora afecta principalmente a la descripci\u00f3n sobre la naturaleza de los signos de los tiempos. Para una visi\u00f3n global del fen\u00f3meno es conveniente a\u00f1adir algunas observaciones sobre el discernimiento de los signos.<\/p>\n<p>En cuanto signos, participan de la naturaleza del signo (\/Semiolog\u00ed\u00ada, I); son, por tanto, una relaci\u00f3n entre un significante y un significado; su lectura y su interpretaci\u00f3n est\u00e1n muchas veces sometidas a ambig\u00fcedad. \u00bfC\u00f3mo es posible se\u00f1alar los signos de los tiempos? \u00bfY a qui\u00e9n compete su interpretaci\u00f3n?<\/p>\n<p>El concilio hab\u00ed\u00ada ya destacado algunos fen\u00f3menos particulares que, por sus caracter\u00ed\u00adsticas, parecen atestiguar la presencia de Dios en el mundo y pueden identificarse como signos de los tiempos; entre ellos se reconoce: la santidad personal del creyente, que atestigua la novedad del evangelio (LG 39-42), las aspiraciones profundas por la libertad religiosa (DH 15) y el respeto a la dignidad del hombre (GS 63-72), el martirio como signo supremo del amor y de la coherencia con el ideal de vida (LG 42), la tensi\u00f3n hacia formas de cultura m\u00e1s humanas y universales (GS 53-62), la b\u00fasqueda y la din\u00e1mica hacia la paz internacional (GS 7790). Todos estos signos, en la perspectiva de los padres conciliares, remiten casi intuitivamente a Dios y crean un consenso universal.<\/p>\n<p>\u00bfPero c\u00f3mo proceder en el reconocimiento y en la interpretaci\u00f3n de otros signos que de vez en cuando propone la historia?<\/p>\n<p>Puesto que, como se ha dicho, los signos de los tiempos son ante todo acontecimientos hist\u00f3ricos, es necesario que su importancia quede confiada primariamente a las ciencias humanas. En varias ocasiones y de forma expl\u00ed\u00adcita, la Iglesia y la ense\u00f1anza del magisterio han manifestado su confianza en la ciencia y en los cient\u00ed\u00adficos (GS 15; 44); se les pide un reconocimiento preliminar de los fen\u00f3menos que crean consenso y que de suyo tienden a imprimir en la sociedad formas de vida m\u00e1s humanas. Una vez reconocidos los signos, hay que interpretarlos.<\/p>\n<p>Consideramos que, como principio teol\u00f3gico, el int\u00e9rprete cualificado de los signos de los tiempos tiene que ser la comunidad creyente. El concilio dice que el sujeto de la interpretaci\u00f3n es la \u00abIglesia\u00bb (GS 4); pero inmediatamente despu\u00e9s explicita esta afirmaci\u00f3n hablando de \u00abtodo el pueblo de Dios\u00bb, especialmente los \u00abpastores y los te\u00f3logos\u00bb (GS 44). Como puede verse, se da una interpretaci\u00f3n que, por una parte, hace referencia a la comunidad entera y, por otra, destaca a los pastores y a los te\u00f3logos, probablemente en virtud de su ministerio y de su competencia.<\/p>\n<p>M\u00e1s en conformidad con la descripci\u00f3n de los signos de los tiempos que se ha ofrecido, podr\u00ed\u00ada aplicarse aqu\u00ed\u00ad para su interpretaci\u00f3n lo que sosten\u00ed\u00ada Pablo VI en la Octogesima adveniens como m\u00e9todo de lectura para los fen\u00f3menos sociales, en cuanto que se.destaca m\u00e1s a la comunidad particular. Leemos all\u00ed\u00ad: \u00abCorresponde a las comunidades cristianas analizar objetivamente las soluciones de su pa\u00ed\u00ads, aclararlas a la luz de las palabras inmutables del evangelio, aplicar los principios de reflexi\u00f3n, los criterios de juicio, las normas de acci\u00f3n\u00bb (OA 3).<\/p>\n<p>En unos pocos rasgos encontramos en este texto los principios fundamentales que determinan el modo de situarse ante los signos de los tiempos: reconocimiento, lectura, interpretaci\u00f3n, juicio; pero dentro de la comunidad y con la competencia espec\u00ed\u00adfica de cada uno.<\/p>\n<p>Por tanto, toda la Iglesia local se hace int\u00e9rprete de los signos de los tiempos, respetando las funciones y los carismas de cada uno, pero caminando \u00abjunto con toda la humanidad\u00bb (GS 40), ya que forma con ella la \u00fanica familia de Dios.<\/p>\n<p>Del mismo modo que la comunidad reconoce los signos de los tiempos, que como tales tienen siempre el elemento de la positividad, ya que tienden al progreso de la humanidad y de la comprensi\u00f3n de la verdad revelada, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n esa comunidad est\u00e1 llamada al reconocimiento de los anti-signos que, por el pecado de todos, impiden el verdadero progreso y retrasan la acci\u00f3n de liberaci\u00f3n global.<\/p>\n<p>El segundo momento que se debe poner en acto es el de la interpretaci\u00f3n de los signos. Puesto que los creyentes y los no creyentes est\u00e1n unidos en el reconocimiento, es oportuno que una criteriolog\u00ed\u00ada hermen\u00e9utica no anule la fuerza de este elemento.<\/p>\n<p>Pensamos, por, tanto, que pueden asumirse ciertos criterios generales en cuanto que expresan la intenci\u00f3n de compartir en com\u00fan, y ciertos criterios espec\u00ed\u00adficos que caracterizan a la lectura cristol\u00f3gica y eclesial. de los creyentes.<\/p>\n<p>Pueden asumirse como generales dos criterios: el de la dignidad humana, que favorece el reconocimiento de todas las formas que suponen la libertad y la promoci\u00f3n de cada persona, y el de la justicia, que debe considerarse como el punto m\u00ed\u00adnimo e indispensable del amor, ya que con ella cada uno se pone en la condici\u00f3n de vivir una vida dignamente humana.<\/p>\n<p>Bajo los criterios espec\u00ed\u00adficos es evidente que resulta m\u00e1s determinante la referencia teol\u00f3gica, ya que toca a la comunidad, que, de suyo, vive la realidad que anuncia. Pensamos en tres criterios, que expresamos con el lenguaje b\u00ed\u00adblico de:<br \/>\na) Glorificar a Cristo (Jn 16,14): los signos de los tiempos, en cuanto que son irradiaci\u00f3n de la gloria del Se\u00f1or, tienenque encontrar su plena significaci\u00f3n solamente en \u00e9l. Por eso, cada uno de los signos tiene que volver a Cristo y tender a su gloria, para anunciar ulteriormente la victoria de su muerte sobre toda forma de injusticia y de pecado. Por consiguiente, los verdaderos signos de los tiempos pueden reconocerse porque llevan dentro de s\u00ed\u00ad esta din\u00e1mica de superaci\u00f3n de l\u00ed\u00admites y capacitan para el reconocimiento de.la verdadera libertad.<\/p>\n<p>b) Edificar la Iglesia (Ef 2,22): en cuanto que la comunidad creyente es mediaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n, constituye tambi\u00e9n su signo hist\u00f3rico permanente que percibe cada uno. Los signos de los tiempos tienen que urgir a los creyentes a la construcci\u00f3n escatol\u00f3gica de la Iglesia, para que a trav\u00e9s de las diversas formas de participaci\u00f3n en la vida de la humanidad pueda realizarse en su misi\u00f3n. Si por un lado los signos de los tiempos capacitan a la humanidad para formas de vida m\u00e1s humanas, por otro tienen que sostener a la Iglesia en su camino hacia el encuentro con el esposo. La presencia de los diversos carismas y ministerios que se dan para la construcci\u00f3n de la Iglesia encuentran en este horizonte su ambiente m\u00e1s vital. Como expresi\u00f3n del amor y de la actuaci\u00f3n de Dios, los signos de los tiempos se comprenden como tales, ya que son reconocidos como formas que permiten a la Iglesia saber corresponder a las exigencias de la historia con la fuerza del evangelio.<\/p>\n<p>c) Recapitular todo en Cristo (Ef 1,10): los signos de los tiempos tienen que orientar a los creyentes para que sepan mirar permanentemente hacia \u00ablos cielos nuevos y la tierra nueva\u00bb, en donde quedar\u00e1 definitivamente desterrada toda clase de muerte. Por tanto, los verdaderos signos de los tiempos abren a la plenitud de la realizaci\u00f3n c\u00f3smica, en donde todo, lo creado, la historia y la humanidad en ella, encontrar\u00e1 su cumplimiento. Si los signos de los tiempos tuvieran que detenerse tan s\u00f3lo en la referencia inmediata o en la realizaci\u00f3n temporal, carecer\u00ed\u00adan para los creyentes de toda su fuerza de propulsi\u00f3n hacia la construcci\u00f3n del futuro.<\/p>\n<p>Con la lectura que hemos presentado, los signos de los tiempos pueden reducirse a su n\u00facleo esencial, constituido por el acontecimiento mismo de la revelaci\u00f3n: el amor trinitario de Dios. De la forma culminante de este amor, constituida por la muerte del Hijo, surgen otras expresiones y formas de amor, para que este \u00fanico signo permanezca como normativo y reconocible para siempre.<\/p>\n<p>La atenci\u00f3n a los signos de los tiempos es una tarea irrenunciable para la Iglesia y una responsabilidad para cada uno. Con ello se hace m\u00e1s inmediato el descubrimiento de todo lo que hay de bello, de bueno y de verdadero en nuestra historia y en el mundo que formamos. Pero, para los creyentes, esos signos tienen un significado ulterior: la presencia permanente de un Dios que, incluso despu\u00e9s del acontecimiento de la encarnaci\u00f3n, sigue habitando en medio de nosotros y viviendo con nosotros.<\/p>\n<p>La atenci\u00f3n a los signos de los tiempos, con sus elementos de reconocimiento, lectura e interpretaci\u00f3n, no puede, sin embargo, agotar la tarea de los creyentes de tener que crear continuamente nuevos signos a trav\u00e9s de los cuales hacer visible la actualidad de la revelaci\u00f3n. Una teolog\u00ed\u00ada de los signos, que se detuviera tan s\u00f3lo en su lectura, sin saber proseguir en la voluntad de suscitar nuevos signos, quedar\u00ed\u00ada privada de algo esencial. Los criterios adoptados anteriormente exigen que los creyentes est\u00e9n en disposici\u00f3n de mirar siempre hacia nuevos signos, por estar continuamente atentos a las diversas situaciones de la vida.<\/p>\n<p>Por consiguiente, los signos de los tiempos constituyen un desaf\u00ed\u00ado que la Iglesia lanza al mundo; con ellos invita a vivir elpresente hist\u00f3rico con toda la intensidad que posee, pero sin olvidar que la mirada ha de orientarse siempre hacia el futuro que est\u00e1 delante.<\/p>\n<p>La capacidad de percibir y de poner nuevos signos de los tiempos estar\u00e1 en proporci\u00f3n con la capacidad de saber hacer revivir tambi\u00e9n para el d\u00ed\u00ada de hoy los tiempos mesi\u00e1nicos de la presencia de Dios entre nosotros. Es la palabra del Se\u00f1or la que nos invita a ello: \u00abOs aseguro que el que cree en m\u00ed\u00ad har\u00e1 las obras que yo hago y las har\u00e1 a\u00fan mayores que \u00e9stas, porque yo me voy al Padre\u00bb (Jn 14,12). Esto supone para cada creyente que no puede permanecer como espectador pasivo; la fe es testimonio de un trabajo coherente y continuo que dura toda la vida, sin conocer el reposo del s\u00e1bado.<\/p>\n<p>BI$L.: BoFe C., Segni dei tempi, Roma 1983; CHENU D.M., Signes des temes, en \u00abNRTh\u00bb 87 (1965) 29-39; FisIeE<eLLw R., La revelaci\u00f3n: evento y credibilidad, Salamanca 1989, FUsseL K., Die Zeichen der Zeit als locus theologicus, en \"FrZPhTh\" 31 (1984) 259-274; GONZ\u00ed\u0081LEZ CARVAJAL L., Los signos de los tiempos. El reino de Dios est\u00e1 entre nosotros, Santander 1987; LwTOURELLE R., Cristo y la Iglesia, signos de salvaci\u00f3n, Salamanca 1971; G'COLLINS G., Teolog\u00ed\u00ada fondamentale, Brescia 1982; PIE-NnvoT S., Tratado de teolog\u00ed\u00ada fundamental, Salamanca 1989; POITMEYER A.J., Zeiehen und Kriterien der Glaubw\u00fcrdigkeit des Christentums, en HFTh IV, 373-413 QuINZa X., Signos de los tiempos. Panorama bibliogr\u00e1fico, en \"Miscel\u00e1nea Comillas\" 49 (1991) 253-283.\n\nR. Fisichella\n\n\nLATOURELLE - FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[808] Expresi\u00f3n consagrada por varios Pont\u00ed\u00adfices (Juan XXIII, Pablo VI) para describir de forma sint\u00e9tica las caracter\u00ed\u00adsticas de nuestra cultura y de nuestras circunstancias religiosas. 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