{"id":13791,"date":"2016-02-05T09:11:01","date_gmt":"2016-02-05T14:11:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/soledad\/"},"modified":"2016-02-05T09:11:01","modified_gmt":"2016-02-05T14:11:01","slug":"soledad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/soledad\/","title":{"rendered":"SOLEDAD"},"content":{"rendered":"<p>v. Desierto<br \/>\nPsa 107:4 por el desierto, por la s sin camino<br \/>\nIsa 42:15 convertir\u00e9 en s montes y collados, har\u00e9<br \/>\nIsa 64:10 Sion es un desierto, Jerusal\u00e9n una s<br \/>\nJer 22:6 sin embargo, te convertir\u00e9 en s, y como<\/p>\n<hr>\n<p>[897]<br \/>\n  Carencia de compa\u00f1\u00ed\u00ada o de relaci\u00f3n natural con otras personas. En la medida en que tal situaci\u00f3n es una imposici\u00f3n constituye una lesi\u00f3n a la naturaleza humana, que es social por s\u00ed\u00ad misma. Pero con frecuencia, en la piedad tradicional de la Iglesia, se busc\u00f3 la soledad o aislamiento como ascesis, como penitencia o como condici\u00f3n para mayor y m\u00e1s plena dedicaci\u00f3n a la oraci\u00f3n y a la contemplaci\u00f3n de las cosas divinas.<\/p>\n<p>    Evidentemente la opci\u00f3n de la soledad, por s\u00ed\u00ad misma no puede ser considerada como valor cristiano, al no ser conforme a la naturaleza. Quien la elige por desprecio a lo hombres (misantrop\u00ed\u00ada), por timidez o por despecho no realiza ning\u00fan acto piadoso. Quien hace de la soledad una plataforma de servicio a Dios y a los hermanos descubre su verdadera dimensi\u00f3n al servicio del Evangelio.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. ancianos, contemplaci\u00f3n, dolor, silencio)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Entiendo por soledad la situaci\u00f3n de todos aquellos que est\u00e1n privados de la ayuda y la compa\u00f1\u00ed\u00ada que de alg\u00fan modo necesitan, y que debido a eso se encuentran en un estado de postraci\u00f3n, de sufrimiento, a veces de desesperaci\u00f3n.  Est\u00e1 la soledad de los ancianos, que viven solos en su casa (\u00c2\u00a1cu\u00e1ntos hay en nuestra ciudad!), o que est\u00e1n solos, uno al lado del otro, en los asilos: unos ancianos que casi siempre est\u00e1n enfermos, o tienen achaques que no les permiten cuidar convenientemente de s\u00ed\u00ad mismos. Est\u00e1 la soledad de muchos enfermos que no se sienten adecuadamente asistidos por las estructuras p\u00fablicas, que    tienen que guardar colas agotadoras para recibir los cuidados que les corresponden, que no sienten a su alrededor \u2014incluso cuando reciben los indispensables cuidados f\u00ed\u00adsicos\u2014 ese cari\u00f1o y esa dulzura que tanto necesitar\u00ed\u00adan en su sufrimiento.  Est\u00e1 la soledad de los minusv\u00e1lidos, sobre todo de los disminuidos ps\u00ed\u00adquicos, de los enfermos mentales y de sus familias.  Tambi\u00e9n est\u00e1 la soledad de los presos, de los que est\u00e1n en espera de juicio, expuestos cada d\u00ed\u00ada a unas tensiones agotadoras; la soledad y las penalidades de quienes, por diversos motivos, trabajan en la c\u00e1rcel.  Y la soledad de los extranjeros an\u00f3nimos que viven, por decenas de miles, al margen de la legalidad, sin protecci\u00f3n ni trabajo fijo.  Y, finalmente, est\u00e1n esas soledades que se crean en el seno mismo de las familias y de las comunidades, debido a la incomprensi\u00f3n y a la falta de di\u00e1logo. \u00c2\u00a1Hay tantas l\u00e1grimas amargas que nadie conoce!<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>El concepto de soledad es polivalente. A partir del significado fundamental de separaci\u00f3n del hombre del mundo que lo rodea, el t\u00e9rmino puede tener diversas connotaciones, seg\u00fan el origen y la comprensi\u00f3n por parte del sujeto. As\u00ed\u00ad por ejemplo, se puede hablar de una soledad impuesta y de una soledad libremente elegida.<\/p>\n<p>La soledad impuesta. Tiene siempre una tonalidad negativa- En la base hay constricciones de car\u00e1cter f\u00ed\u00adsico, pol\u00ed\u00adtico o psico-sociol\u00f3gico. En este nivel es como la soledad resulta particularmente ambigua y antit\u00e9tica. La sociedad moderna, que, a nivel emp\u00ed\u00adrico, parece ofrecer un mundo hecho para la intercomunicaci\u00f3n, engendra de forma contradictoria una profunda sensaci\u00f3n de soledad. Las nuevas t\u00e9cnicas, unidas al progreso de la inform\u00e1tica, que rigen la vida de la sociedad, introducen mecanismos que tienen como punto de mira, no a la persona, sino la eficiencia y el beneficio, lo cual lleva a la selecci\u00f3n o al desecho (elecci\u00f3n gen\u00e9tica, eutanasia, exclusi\u00f3n de la participaci\u00f3n efectiva en la producci\u00f3n o en la pol\u00ed\u00adtica, etc.). En un mundo cada vez m\u00e1s robotizado, el individuo tiene l\u00f3gicamente la sensaci\u00f3n de ser, incluso en medio de la multitud, una persona sin rostro y sin capacidad de dejar o\u00ed\u00adr su voz. Siente en su profundidad la soledad de ser hombre.<\/p>\n<p>La soledad libremente escogida. Es una soledad de tipo fundamentalmente positivo, que busca en la interioridad el espacio y la oportunidad para el desarrollo de las propias virtualidades a nivel te\u00f3rico, est\u00e9tico, pragm\u00e1tico y religioso. Pero tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 latente la ambig\u00fcedad entre autosuficiencia y autotrascendencia.<\/p>\n<p>a) Autosuficiencia. Aparece cuando el movimiento hacia la interioridad, incluso el que se hace por fines terap\u00e9uticos, se lleva a cabo en clave aut\u00e1rquica (descubrir y perfeccionar las propias posibilidades, a la luz del principio cl\u00e1sico de la \u00bb autosuficiencia del sabio\u00bb).<\/p>\n<p>b) Autotrascendencia. La soledad se entiende en este caso como nostalgia de alteridad y de comuni\u00f3n. En efecto, desde lo m\u00e1s profundo de la propia interioridad la inteligencia humana descubre que su ser de persona es constitutivamente experiencia \u00bb tensiva\u00bb de Dios (X. Zubiri). Pero ni siquiera en este nivel se supera la ambigUedad y la consiguiente zona dolorosa de la soledad. La compa\u00f1\u00ed\u00ada del \u00abtotalmente Otro\u00bb se desarrolla ciertamente en el silencio, en la obscuridad de la fe, en el contraste entre las metas particulares, intrahist\u00f3ricas, y la meta definitiva que es, por naturaleza, metahist\u00f3rica.<\/p>\n<p>El reto de la soledad. Se trata ante todo de un reto de orden metaf\u00ed\u00adsico, como se\u00f1al del rechazo de las diversas formas de disoluci\u00f3n de la persona en el anonimato del grupo (como en el socialismo) o de los mecanismos t\u00e9cnico-econ\u00f3micos; pero tiene tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n teologal, como testimonio de la irreductibilidad de lo metahist\u00f3rico a lo hist\u00f3rico, de lo trascendente a lo inmanente. Bajo el impulso de esta experiencia, los grandes hombres de la historia han \u00bb descubierto\u00bb la verdadera fuente de la comuni\u00f3n interpersonal con Dios.<\/p>\n<p>Esto no representa una fuga de car\u00e1cter solipsista. La experiencia del Dios del desierto, por parte del pueblo de Israel y de sus profetas, y la experiencia del Dios de Jes\u00fas por parte de los cristianos, implica el rechazo radical de todo tipo de soledad impuesta por parte de los hombres. El Nuevo Testamento ofrece numerosas im\u00e1genes de la vocaci\u00f3n del hombre a la comuni\u00f3n con Cristo y con los hombres, como la de la vid y los sarmientos (Jn 15,1s), la del cuerpo compuesto de muchos miembros (Rom 12,5), la del tempo de Dios del que todos somos piedras vivas (1 Pe 2,4). El cristiano es, por definici\u00f3n, aquel que ha vencido la soledad de la muerte mediante la inserci\u00f3n en la alteridad \u00abplenificante\u00bb de Cristo resucitado (Rom 6,3ss). Toda la oikonom\u00ed\u00ada del Reino va regida por la corresponsabilidad activa en la comuni\u00f3n (koinon\u00ed\u00ada) del esp\u00ed\u00adritu (Flp 2,1).<\/p>\n<p>Por eso, el par\u00e1metro utilizado en el juicio escatol\u00f3gico no ser\u00e1 el de la perfecci\u00f3n consumida de manera solipsista, sino el amor efectivo especialmente para con los que son v\u00ed\u00adctimas de la soledad amarga y dolorosa de la sociedad (Mt 25).<br \/>\nL. \u00ed\u0081lvarez<\/p>\n<p>Bibl.: R, Latourelle, Soledad, en DTF, 13891395: \u00ed\u008dd., El hornbre y sus problemas a la luz de Cristo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1984, 268287. M. Buber, yo y t\u00fa, Caparr\u00f3s, Madrid 1993; Y Serrano, Espiritualidad del desierto, Studium, Madrid 1968: H. C\u00e1mara, El desierto es f\u00e9rtil S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1972: E. L\u00e9vinas, El tiempo  y el otro, Paid\u00f3s Ib\u00e9rica, Barcelona 1993.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>Una encuesta hecha en un gran pa\u00ed\u00ads de Europa revela que, para el 65 por 100 de las personas encuestadas, la soledad es la prueba m\u00e1s dura de soportar. En una encuesta paralela, hecha esta vez en ambientes eclesi\u00e1sticos, los estudiantes han declarado que temen nueve veces m\u00e1s la soledad. que la muerte.<\/p>\n<p>Paradoja del siglo xx, que no habla m\u00e1s que de comunicaci\u00f3n, de di\u00e1logo, de compartir, pero .que experimenta m\u00e1s que nunca el sentimiento de la soledad. El hombre vive en grupo, trabaja en grupo, piensa en grupo, y por otra parte se siente incomprendido, abandonado, aplastado, rechazado. Se vive la soledad como la m\u00e1s obsesiva de las pobrezas. Trastorna el coraz\u00f3n y el esp\u00ed\u00adritu, como si el organismo no tuviera ya anticuerpos para luchar contra el vac\u00ed\u00ado que lo devora. El hombre se siente expulsado de s\u00ed\u00ad mismo, sin que nadie pueda o quiera unirse a \u00e9l.<\/p>\n<p>La soledad parece ser uno de los rasgos del sin-sentido de nuestra sociedad. Pero si hablamos aqu\u00ed\u00ad de ella es ante todo porque es inseparable de la condici\u00f3n humana. En este sentido pertenece al misterio del hombre, de su condici\u00f3n de criatura \u00abfinita\u00bb ante Dios. A su manera, plantea la cuesti\u00f3n del l sentido: un sentido parcialmente accesible a los recursos humanos, pero que nunca se encuentra sin una iluminaci\u00f3n de arriba, la de Cristo.<\/p>\n<p>Mas cuando hablamos de soledad, utilizamos un t\u00e9rmino ambiguo. En efecto, hay muchas clases de soledad: la soledad dolorosa y sufrida, impuesta por los acontecimientos; la soledad mala y agresiva, es decir, el mutismo y el aislamiento; finalmente, la soledad fecunda, aceptada, abierta y acogedora (p.ej., la de los santos, la del mismo Cristo). La verdad es que la \u00fanica distinci\u00f3n v\u00e1lida tiene lugar entre la soledad mala o aislamiento y la soledad fecunda, la \u00fanica aut\u00e9ntica. El problema est\u00e1 en pasar del aislamiento a la soledad-recogimiento, de la vida fallida a la vida lograda.<\/p>\n<p>1. FORMAS DE LA SOLEDAD. La primera forma de soledad nos la impone el estilo de vida moderno, sobre todo en las grandes ciudades. En las peque\u00f1as aldeas todos se conocen demasiado. En la gran ciudad, que re\u00fane a tanta gente y que deber\u00ed\u00ada desarrollar el sentido de comunidad, se vive como c\u00e9lulas aisladas o en paralelo, en un perfecto anonimato.,Se roza uno con los dem\u00e1s como se roza con las paredes. En lugar del calor humano, la frialdad de los icebergs. Se puede uno codear con el vecino durante a\u00f1os, sin identificarlo y sin identificarse ante \u00e9l. Puede morir sin que lo sepamos sin que nos preocupemos de ello. El vecino es raras veces el pr\u00f3jimo. La vida de las grandes empresas, con su mara\u00f1a de oficinas y de m\u00e1quinas, no favorece en nada esta situaci\u00f3n. A .fuerza de vivir con las m\u00e1quinas, se corre el peligro de ocuparse maquinalmente de todo y de todos. Se atrofia la aptitud para el encuentro humano. Las salas de televisi\u00f3n, con sus sillones confortables, pero aislados, son el s\u00ed\u00admbolo de una indiferencia que acaba engendrando el abandono, y luego el aislamiento agresivo.<\/p>\n<p>Otra forma de soledad sufrida es la que nace de la falta de comprensi\u00f3n por parte de los que est\u00e1n cerca de nosotros: los parientes, los amigos, los compa\u00f1eros de trabajo. Soledad tanto m\u00e1s penosa cuanto que proviene de aquellos con los que normalmente deber\u00ed\u00adamos poder contar m\u00e1s. Este tipo de soledad se encuentra en las familias en las que los esposos viven amurallados uno frente al otro: \u00absoledad en compa\u00f1\u00ed\u00ada\u00bb de las parejas deshechas, en guerra abierta o larvada, antes de \u00abdesengancharse\u00bb para emprender aventuras ocasionales y desgracias \u00aben cadena\u00bb; soledad tambi\u00e9n del joven \u00abmonoparental\u00bb, que no sabe ya a qui\u00e9n pertenece, presa indicada de todas las tentaciones. Este fen\u00f3meno de incomprensi\u00f3n y de soledad consiguiente se encuentra, no menos virulento, entre las diversas clases de la sociedad (obreros y patronos, sindicatos y gobernantes) y entre diversas generaciones: drama de la incomprensi\u00f3n entre hijos y padres (padres ego\u00ed\u00adstas o hijos desnaturalizados que desertan del hogar y se unen a grupos clandestinos: parados, inadaptados, drogados).<\/p>\n<p>La tercera forma de soledad sufrida, involuntaria, pero la m\u00e1s penosa y desgarradora, es la que toma los nombres de abandono, de rechazo. Quienes la han conocido ni siquiera quieren acordarse de ella, pues es la experiencia de una desintegraci\u00f3n de todo el ser. Experiencia de j\u00f3venes sacerdotes, ardientes y llenos de celo, pero abandonados a sus propias fuerzas, en\/ambientes descristianizados, helados y congelantes, sin posibilidad de \u00abllenarse\u00bb de nuevo espiritual e intelectualmente. Es la suerte de las personas desplazadas o de los \u00abrefugiados\u00bb. A1 principio se les acoge bien, pero dura poco la luna de miel en el pa\u00ed\u00ads de adopci\u00f3n. En el tren, en el metro, en el autob\u00fas, su acento, sus rasgos o su color delatan pronto al \u00abextranjero\u00bb. Son raros los hogares y m\u00e1s raros a\u00fan los corazones que les acogen con el calor de una amistad fiel.<\/p>\n<p>Pasemos a las personas de la tercera o de la cuarta edad, condici\u00f3n ahora ordinaria en nuestros pa\u00ed\u00adses occidentales, en los que ha crecido notablemente la longevidad. La persona anciana se siente muchas veces como un muerto anticipado: pasa la mayor parte de su tiempo en la cama, o frente a la televisi\u00f3n, o sentado a la ventana, contemplando un mundo que ya no le mira, ya que no tiene nada que ofrecer a la sociedad. Apenas se acuerdan de ellos en el per\u00ed\u00adodo electoral. En algunos pa\u00ed\u00adses la entrada en el asilo es como la antec\u00e1mara de la muerte, en la que se arroja lo irrecuperable. No es extra\u00f1o que este abandono engendre la amargura y hasta el aislamiento agresivo.<\/p>\n<p>Los m\u00e1s golpeados por la soledad-abandono son los enfermos graves, los enfermos \u00abcr\u00f3nicos\u00bb. Se sienten disminuidos f\u00ed\u00adsica y socialmente, apartados espacialmente de los dem\u00e1s. No pertenecen ya al mundo de los vivos. Seres en decadencia, molestos, insignificantes, inspiran muchas veces desprecio o repugnancia biol\u00f3gica, como la que se siente ante la podredumbre de la tumba. Se espera su muerte para hacerse con su herencia. El enfermo puede salir de esta crisis purificado y engrandecido, pero puede tambi\u00e9n hundirse en la \u00abmala soledad\u00bb, que le aparta de s\u00ed\u00ad mismo y de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Est\u00e1, finalmente, el abandono-desamparo-rechazo de todos los desvalidos ante la fuerza brutal de los reg\u00ed\u00admenes de opresi\u00f3n, pol\u00ed\u00adticos, militares o econ\u00f3micos. Toda injusticia en el mundo deja \u00absola\u00bb a la v\u00ed\u00adctima, frente a la tentaci\u00f3n del suicidio. Es la condici\u00f3n de los pueblos que, desde hace siglos, viven en una soledad \u00abcolectiva\u00bb: dominados, oprimidos, sometidos, aplastados, sin esperanzas de salir de esta situaci\u00f3n, como el n\u00e1ufrago que, despu\u00e9s de cada intento por flotar, se siente cogido por la nuca y sumergido de nuevo implacablemente.<\/p>\n<p>Se\u00f1alemos que la experiencia de la soledad sufrida es una prueba, pero no necesariamente un fracaso de la existencia. A1 contrario, si se la vive en uni\u00f3n con aquel que es a la vez soledad y plenitud, con Cristo, puede convertirse, como la soledad de los contemplativos y la de los que sufren, en la energ\u00ed\u00ada espiritual m\u00e1s poderosa del mundo. Si no, puede hundirse en el aislamiento, en la soledad mala.<\/p>\n<p>2. LA SOLEDAD MALA O EL AISLAMIENTO. El aislamiento es una soledad que, en vez de madurar, se ha agriado. Se encuentra en las personas que han conocido demasiado pronto el fracaso en su vida, pero sin aceptarlo ni superarlo jam\u00e1s. El aislado se vuelve amargo, agresivo, arisco frente a todo y a todos. El incomprendido, el mal-amado, se hace malamante; un ser despreciado, que responde con el desprecio. Va arrastrando su vida y lo mira todo con los ojos recelosos. Esta tentaci\u00f3n acecha a todo el que envejece y ve c\u00f3mo van disminuyendo, hasta desaparecer, sus oportunidades de \u00e9xito. \u00ab\u00c2\u00a1Ya he dado todo lo que ten\u00ed\u00ada que dar! \u00c2\u00a1Ahora que se apa\u00f1en los otros!\u00bb Una vida que pod\u00ed\u00ada fructificar, se vuelve est\u00e9ril.<\/p>\n<p>Los ambientes cristianos no est\u00e1n exentos de estas tensiones, no menos feroces que las de las colonias animales. Si uno no pertenece a tal colectividad, a tal ideolog\u00ed\u00ada, a tal tendencia, se ve excluido de todo, no s\u00f3lo del poder, de los favores, sino hasta del ox\u00ed\u00adgeno necesario para respirar. Esos ambientes, en vez de ensancharse en caridad, se convierten en infiernos, en los que cada uno se atrinchera, se~protege, se. defiende&#8230; y ataca. Si trata con los dem\u00e1s, es para chocar con ellos o aplastarlos. El miedo est\u00e1 omnipresente, como una guillotina siempre pronta a cortar cabezas. Realmente el hombre aislado es repulsivo: necesita ser salvado.<br \/>\n3. SOLUCIONES A LA SOLEDAD. No hay m\u00e1s que una salida verdadera a la soledad: por arriba, mediante una superaci\u00f3n. Pero esta soledad fecunda es una conquista. Exige que uno se recoja para encontrarse, como Cristo cuando se alejaba para orar, para reencontrarse como Hijo en la intimidad del Padre. Sin el recogimiento, el retiro se convierte en sequ\u00ed\u00ada, en desierto intolerable. .Si uno deja el torbellino, el jaleo, es para encontrarse con el agua tranquila. Vuelve a s\u00ed\u00ad mismo para volver a los dem\u00e1s; pero m\u00e1s rico, con algo que ofrecer.<\/p>\n<p>Otro elemento de la soledad verdadera es la apertura a los dem\u00e1s. El recogimiento y la apertura constituyen una sola operaci\u00f3n. La soledad, al llevar al hombre hacia el centro, lo revela a s\u00ed\u00ad mismo, en su libertad, en el misterio de su insustituible unicidad; en su finitud tambi\u00e9n, con su necesidad de conocer, de amar y de obrar para realizarse. Si no, se atrofia y muere. La soledad ense\u00f1a tambi\u00e9n a ver a los dem\u00e1s con una misma mirada; no como una sombra indiferente o como un objeto que poseer, que explotar, sino como un misterio de libertad y de unicidad que s\u00f3lo se descubre por el camino de la confianza, del testimonio.libre. El exclusivismo y el totalitarismo son enemigos de la verdadera soledad. S\u00f3lo la soledad verdadera conduce a la amistad y al amor aut\u00e9nticos. La soledad se parece entonces a la soledad divina, que es a la vez plenitud infinita y desapropiaci\u00f3n infinita. La verdadera soledad conduce, finalmente, a la renovaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo. El que se sumerge en su propio coraz\u00f3n y se abre a los dem\u00e1s, se crea un ser nuevo. La verdadera soledad es fuente de progreso, de creatividad, de integraci\u00f3n. La dial\u00e9ctica de la vida es la de la soledad y la comuni\u00f3n: un ritmo a dos tiempos. Intelectual y espiritualmente, no hay fecundidad sin soledad.<\/p>\n<p>4. SOLEDAD RADICAL INEVITABLE. Dicho esto sobre la soledad aut\u00e9ntica y fecunda, no se ha dicho todo. En efecto, hasta en las condiciones m\u00e1s favorables, hasta en los ambientes m\u00e1s protegidos, se sigue dando en el fondo de nuestro ser una soledad radical, inevitable: la que se debe al hecho de nuestro misterio personal. Percibir lo que somos es tomar conciencia de que somos todos y cada uno \u00abceldas secretas\u00bb, retiros misteriosos. En algunos momentos esta toma de conciencia se siente como un estado de miseria. Pero puede ser beneficiosa y convertirse en llamada a aquel que se encuentra en donde nadie puede penetrar, m\u00e1s interior a nosotros mismos que nuestro mismo yo; y tambi\u00e9n una llamada a otras soledades semejantes a la nuestra, las de los que nos rodean, los que nos necesitan y con los que sentimos la necesidad de comunicarnos en un circuito ininterrumpido de simpat\u00ed\u00ada y de amor.<\/p>\n<p>Esta soledad radical se debe al misterio de nuestra unicidad (cada uno somos una muestra \u00fanica, inimitable), que nos empareja con el misterio de la unicidad de Dios. El que no ha sentido nunca esta soledad, no ha penetrado bien en las profundidades del coraz\u00f3n humano. Esta soledad se debe tambi\u00e9n al hecho de nuestra indigencia. Hechos para Dios, s\u00f3lo \u00e9l puede llenarnos. En efecto, aunque no lo sepa, el hombre lleva en s\u00ed\u00ad mismo una nostalgia invencible de Dios, una sed de infinito que s\u00f3lo podr\u00e1 saciarse en \u00e9l. Todos los apoyos humanos son fr\u00e1giles: nos fallar\u00e1n o nos defraudar\u00e1n. Alg\u00fan d\u00ed\u00ada, por lo menos el \u00faltimo d\u00ed\u00ada, nos encontraremos solos, sin pantalla alguna, ante Dios. Esa es la soledad fundamental, inevitable. Cuanto antes tomemos conciencia de ello, antes se ver\u00e1 colmada nuestra soledad, ya que entonces la plenitud nos cubrir\u00e1 con su amor y vendr\u00e1 a colmar nuestra indigencia.<\/p>\n<p>Este encuentro de nuestra soledad con. la plenitud no puede realizarse en medio del ruido, de la agitaci\u00f3n, sino en el recogimiento y en el !silencio, que dejan al alma escuchar, abrir la puerta a la gran presencia. Cuando uno se recoge as\u00ed\u00ad, se ampl\u00ed\u00ada y se deja o\u00ed\u00adrla voz de Dios, que es brisa ligera. La soledad se ve poblada.entonces por la presencia del otro, que es luz, calor, nuevo amor, fuerza nueva, gozo nuevo, armon\u00ed\u00ada entre Dios y nosotros. Cuando le dec\u00ed\u00ada a un canceroso en fase terminal: \u00abTe sentir\u00e1s muy solo en algunos momentos\u00bb, me respondi\u00f3 con una sonrisa iluminada interiormente: \u00ab\u00c2\u00a1No! Cuando estoy solo, siempre estamos dos\u00bb. No puede decirse mejor. En efecto, la muerte es el encuentro de nuestra -soledad radical, cong\u00e9nita, con el t\u00fa divino, que manifiesta finalmente su rostro. La muerte es la soledad que ha llegado a su punto de madurez: la soledad colmada por la plenitud.<\/p>\n<p>5. CRISTO Y NUESTRAS SOLEDADES. En nuestra vida hay momentos de soledad que se deben al cansancio, a una depresi\u00f3n f\u00ed\u00adsica pasajera. Recurrimos entonces al m\u00e9dico, a los expertos. Un amigo puede tambi\u00e9n ayudarnos a superar los malos tragos. Pero aunque nuestra actividad f\u00ed\u00adsica sea normal, &#8216;nunca llegamos a eliminar esas formas de soledad humana que jalonan inevitablemente toda existencia. Hay momentos en que nada puederi los apoyos humanos. Entonces es cuando hay que mirarle a \u00e9l. Porque Cristo no habl\u00f3 de la soledad como habl\u00f3, por ejemplo, del amor al pr\u00f3jimo. .El dijo: \u00abNo os dejar\u00e9 hu\u00e9rfanos\u00bb (Jn 14,18): pero es muy poco. M\u00e1s que nunca hemos de recordar que la revelaci\u00f3n se llev\u00f3 a cabo no menos por el ejemplo y la actitud de Cristo que por sus palabras formales. De hecho, la respuesta de Cristo al problema de nuestra soledad no es un discurso, sino una actitud.<\/p>\n<p>Si Cristo no hubiera conocido nuestras soledades, nuestras incomprensiones, nuestros abandonos, nuestros rechazos, podr\u00ed\u00adamos murmurar y argumentar contra \u00e9l, como lo hizo Job. Pero, en el camino de la soledad, Cristo nos precedi\u00f3 hasta el abismo, conociendo literalmente todas las formas de la soledad.<\/p>\n<p>Conoci\u00f3 la traici\u00f3n en la amistad. \u00abVino a los suyos, y los suyos no lo recibieron\u00bb (Jn, 1,11).Am\u00f3 a su pueblo consol\u00e1ndolo en sus miserias con cari\u00f1o de madre, ilumin\u00e1ndolo y exhort\u00e1ndolo. Am\u00f3 sobre todo a los doce, haci\u00e9ndolos compa\u00f1eros de camino y de mesa. Hasta el final los llam\u00f3 \u00abamigos\u00bb. Pero se encontr\u00f3 solo: todos lo dejaron, hasta los m\u00e1s fieles; se convirti\u00f3 en un \u00abseparado\u00bb, en un \u00abaislado\u00bb. Pedro lo niega, Judas lo entrega. Los hombres lo abandonan, pero \u00e9l no&#8217;los abandona. Rechazado de todos, \u00e9l no rechaza a nadie. _<br \/>\nEn el momento de su pasi\u00f3n, detenido como criminal, Jes\u00fas cae en poder de sus enemigos. El drama de la soledad de Jes\u00fas es tambi\u00e9n el drama del amor despreciado, ridiculizado, condenado, crucificado. Cristo est\u00e1 solo, indefenso, frente a la oposici\u00f3n corijug\u00e1da de sus adversarios.&#8217; Los d\u00e9biles, los envidiosos, los que odian: todos est\u00e1n presentes, unidos contra \u00e9l. El pecado est\u00e1 all\u00ed\u00ad, crudo, fr\u00ed\u00ado, cruel, brutal, contra el inocente. Una voz un\u00e1nime: \u00ab\u00c2\u00a1Que muera! \u00c2\u00a1Crucif\u00ed\u00adcalo! \u00c2\u00a1Halo desaparecer!\u00bb. Lo entregan: se lo van pasando de mano en mano, como un objeto de compra-venta, hasta el verdugo, hasta la cruz. Cristo vivi\u00f3 todo lo que el odio, la crueldad, el miedo, la envidia, la debilidad pueden hacer de nosotros. Experiment\u00f3 el empe\u00f1o del hombre en mentir, en hacer sufrir, en degradar, en envilecer, en aplastar a todos los que no piensan como \u00e9l. Jes\u00fas experiment\u00f3 el sentimiento que todos podemos conocer en las momentos m\u00e1s negros de nuestra existencia: \u00c2\u00a1no ten\u00ed\u00ada nada realmente que esperar de nadie! Pero sigui\u00f3 siendo fiel a esa humanidad capaz de todo. Ni una palabra de reproche, derechazo, de condenaci\u00f3n. Jes\u00fas nos toma en donde estamos, prisioneros de nuestras negativas obstinadas, de nuestro infierno. Todo el pecado del mundo no logr\u00f3 separarlo del mundo, de nosotros, ni del Padre.<\/p>\n<p>En efecto, Cristo conoci\u00f3 en Getseman\u00ed\u00ad un abismo de soledad que sigue siendo un misterio. Los evangelios nos hacen vislumbrar, sin embargo, algo de esa soledad desgarradora. Marcos habla de espanto y de angustia. Jes\u00fas se siente hundido. Si hab\u00ed\u00ada venido a reunir, llega al resultado contrario: la divisi\u00f3n. El \u00abunificador\u00bbse hahecho fuente de divisi\u00f3n. Si hab\u00ed\u00ada venido a predicar el reino, choca con el rechazo del reino por parte de Israel. Es el eco, la soledad de la soledad. El silencio de Dios responde al silencio de los hombres. Pero Jes\u00fas sigue proclamando la presencia de aquel que parece estar ausente: \u00abAbb\u00e1! \u00c2\u00a1Padre!\u00bb, fiel al misterio de su ser de Hijo. Cargado con los pecados del mundo, hecho leproso, Cristo vive la soledad espantosa, la ausencia desgarradora que crea el pecado entre el hombre y Dios. Si alguien mereci\u00f3 tener \u00e9xito, fue Cristo. Pero conoci\u00f3 el fracaso, el odio, la repulsa. En el horror de esta soledad, en estas tinieblas m\u00e1s opacas que la noche, dice, sin embargo, s\u00ed\u00ad a la voluntad del Padre: \u00abTu voluntad, no la m\u00ed\u00ada\u00bb. En ese s\u00ed\u00ad, Cristo sigue estando vuelto hacia su Padre, como una mano que se agarra a otra mano que salva, pero sin dejar ver el rostro del que salva. La soledad de Cristo, por muy atroz y desmesurada que pudiera ser como experiencia humana, no pudo alejarlo del Padre. El abismo de la soledad coincide con el abandono total al Padre:-Ese es su discurso sobre la soledad: su actitud, su comportamiento.<br \/>\n6. LA SOLEDAD CREADORA EN EL ESP\u00ed\u008dRITU. La soledad radical, cong\u00e9nita, que llevamos en nuestro ser de criaturas no nos abandonar\u00e1 jam\u00e1s, hasta que sea colmada por aquel que es plenitud. Pero hay una forma de soledad que nos acecha cada d\u00ed\u00ada para destruirnos: la soledad del abandono, de la incomprensi\u00f3n, del olvido, del fracaso inmerecido. Ninguna existencia puede escapar a esta soledad emparentada con la de Cristo. Puede llegar a ser atroz, como un martirio del coraz\u00f3n. Puede encontrarnos y nosotros podemos encontrarla a nuestro alrededor, vivida por los otros, a veces sin sospecharlo siquiera. Entonces todo es negro, tan fr\u00ed\u00ado, tan duro y tan abrupto tomo la pared de un acantilado. No se ve nada sino \u00c2\u00a1la noche! Entonces la soledad puede hacerse mala y volverse contra nosotros, contra los dem\u00e1s y contra Dios. Pero es tambi\u00e9n el momento en que la soledad, asumida en la fe y en el amor, puede hacerse oportunidad de superaci\u00f3n, de salto hacia arriba. Hemos de creer que Jes\u00fas, fiel al Padre hasta en el abismo del abandono y del silencio de Dios, nos ha merecido la fuerza de decir con \u00e9l, despu\u00e9s de \u00e9l, en el horror de la noche: \u00abS\u00ed\u00ad, Padre; yo no veo ni comprendo (porque humanamente no hay nada que comprender); pero yo te escojo, escojo tu voluntad; la acepto, la abrazo, para que me conduzca a donde t\u00fa quieras. Soy tu hijo, tu hijo para siempre\u00bb. Adhesi\u00f3n crucificante pero que, hace posible la gracia de la soledad agonizante y crucificada.<\/p>\n<p>Esta soledad, dolorosa y amorosamente aceptada, es la soledad fecunda que nos saca del aislamiento. Los que han reconocido y aceptado esta soledad, nunca est\u00e1n solos. Escapan al vac\u00ed\u00ado y al sinsabor de la vida, a todas las formas de escepticismo, de hast\u00ed\u00ado, de amargura, de envidia y de odio. Cuando la soledad asume esta sublimidad de I sentido, hace cre\u00ed\u00adble la revelaci\u00f3n que propone esta visi\u00f3n. Esta soledad fecunda y.plenificante es la del cura de Ars, la de Francisco de As\u00ed\u00ads, la de Juan de la Cruz, la del padre Foucauld, la de Isaac Joques, la del padre Kolbe. Pero no hemos de ir demasiado lejos. Recordemos a esas personas conocidas que vivieron esta plenitud de gozo y de serenidad en la soledad; personas que pasaron por la vida con su lote de pruebas, a veces m\u00e1s pesado de lo que era menester, pero que conservaron todo su frescor de alma, capaces de conmoverse, de compadecer, de escuchar, de olvidarse, de alentar a los que les rodeaban con su sonrisa inolvidable de bondad, de dulzura, de luz, iluminada por dentro ponla \u00fanica presencia que colma toda soledad. Vivida de este modo, esta soledad guarda parentesco con la de los \u00absufrientes\u00bb y los \u00aborantes\u00bb, la energ\u00ed\u00ada espiritual m\u00e1s poderosa del mundo. Es s\u00faplica perpetua al Hijo y al Padre en el Esp\u00ed\u00adritu. Y entonces ya no se habla de \u00abfracaso\u00bb, sino de \u00ab\u00e9xito\u00bb en la vida.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., en \u00abChristus\u00bb 19 enero 1966; BEAUVOIR S. de, La vieillesse, 2 vols., Par\u00ed\u00ads 1970; GUILLET J., \u00abRejet\u00e9 des hommes, abandon\u00e9 de Dleu\u00bb, en M. DE CERTEAU y F. ROUSTANG (eds.), La solitude, Par\u00ed\u00ads 1967; LATOURELLE R., Cristo y nuestras necesidades, en El hombre y sus problemas a la luz de Cristo, Salamanca 1984, 268287; LAVELLE L., Tous les \u00e9tres s\u00e9par\u00e9s et unis, en Le mal et la souffrance, Par\u00ed\u00ads 1940, -133-216; LoTz J.B., De la solitude humaine, Par\u00ed\u00ads 1964; MERTON J., Thoughts on Solitude, Nueva York 1968; MESTERS C., La misi\u00f3n del pueblo que sufre, Madrid 19862; SANTOS FERREIRA J. M. DOS, Jesus Cristo, Luz e Sentido da Solid&#038;o da homen, Lisboa 1989; TALEC P., L&#8217;annonce du Bonheur. Vie et B\u00e9atitudes, Par\u00ed\u00ads 1988, 151-175; VASSE L., De l isolement \u00e1 la solitude, en M. DE CETTEAU y F. ROUSTANG (eds.), La solitude, Par\u00ed\u00ads 1967,173-185.<\/p>\n<p>R. Latourelle<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n<p>El hombre, creado a *imagen de Dios que, como Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo, es *fecundidad sobreabundante de *amor, &#8216;debe vivir en comuni\u00f3n con Dios y con sus semejantes, y de esta manera llevar *fruto. La soledad es, por tanto, en s\u00ed\u00ad misma un mal que viene del pecado; puede, sin embargo, convertirse en fuente de comuni\u00f3n y de fecundidad si se une a la soledad redentora de Jesucristo.<\/p>\n<p>I. SOLEDAD DEL HOMBRE. 1. \u00abNo es bueno que el hombre est\u00e9 solo\u00bb (G\u00e9n 2,18). Seg\u00fan Dios, la soledad es un mal. Entrega a la merced de los malos al pobre, al extranjero, a la viuda y al hu\u00e9rfano (Is 1,17.23); por eso exige Dios que se les proteja particularmente (Ex 22,21ss); tiene, a los que los protejen, por sus hijos y les profesa m\u00e1s cari\u00f1o que una madre (Eclo 4,10); a falta de apoyos humanos, se constituir\u00e1 Dios en *vengador de estos *pobres (Prov 23,10s; Sal 146,9). La soledad entrega tambi\u00e9n a la *verg\u00fcenza al que permanece *est\u00e9ril; mientras no se revela el sentido de la *virginidad invita Dios a remediar esta verg\u00fcenza mediante la ley del levirato (Dt 25,5-10); a veces \u00e9l mismo interviene en persona para regocijar a la abandonada (lSa 2,5; Sal 113,9; Is 51,2). La prueba de la soledad es un llamamiento a la *confianza absoluta en Dios (Est 14,14).<\/p>\n<p>2. Dios quiere que el pecador est\u00e9 solo. La soledad revela tambi\u00e9n al hombre su ser de pecador; entonces se convierte en un llamamiento a la *conversi\u00f3n. Esto puede ense\u00f1ar la experiencia de la *enfermedad, del *sufrimiento y de la *muerte prematura: el desgraciado, vi\u00e9ndose descartado de la sociedad de los hombres (Job 19,13-22), se reconoce en estado de *pecado. Por otro camino revela Dios tambi\u00e9n que entrega al pecador a la soledad. Abandona a su *esposa infiel (Os 2,5; 3,3); el profeta Jerem\u00ed\u00adas debe significar con el celibato que Israel es est\u00e9ril (Jer 16, 2; 15,17);finalmente, el *exilio hace comprender que s\u00f3lo Dios puede librar de la soledad proporcionando fecundidad (Is 49,21; 54,Iss).<\/p>\n<p>II. SOLEDAD DE JESUCRISTO. 1. La compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas solo. Dios dio su Hijo \u00fanico a los hombres (Jn 3,16) para que los hombres recobren a trav\u00e9s del Emmanuel (= \u00abDios con nosotros\u00bb, Is 7,14) la comuni\u00f3n con Dios. Jes\u00fas llama, pues, a los disc\u00ed\u00adpulos a \u00abestar con \u00e9l\u00bb (Mc 3,14). Ve-nido para buscar a la oveja perdida, sola (Lc 15,4), restaura la comuni\u00f3n rota entablando di\u00e1logos \u00aba solas\u00bb con sus disc\u00ed\u00adpulos (Mc 4,10; 6,2), con las pecadoras (Jn 4,27; 8,9). El amor que exige es \u00fanico, superior a cualquier otro (Lc 14,26), semejante al que prescrib\u00ed\u00ada Yahveh, Dios \u00fanico (Dt 6,4; Neh 9,6).<\/p>\n<p>2. De la soledad a la comuni\u00f3n. Para realizar la comuni\u00f3n de los hombres tom\u00f3 Jes\u00fas sobre s\u00ed\u00ad su soledad, y ante todo la de Israel pecador. Estuvo en el *desierto para vencer al adversario (Mt 4,1-11; cf. 14,23), or\u00f3 en la soledad (Mc 1,35.45; Lc 9,18; cf. lRe 19,10). Finalmente, en Getseman\u00ed\u00ad choca con el *sue\u00f1o de los disc\u00ed\u00adpulos que se niegan a participar en su oraci\u00f3n (Mc 14,32-41) y afronta solo la angustia de la muerte. Dios mismo parece abandonarle (Mt 27,46). En realidad no est\u00e1 solo, y el Padre est\u00e1 siempre con \u00e9l (Jn 8, 16.29; 16,32); as\u00ed\u00ad, como grano de trigo ca\u00ed\u00addo en tierra, no permanece solo, sino lleva fruto (Jn 12,24): \u00abre\u00fane en la unidad a los hijos de Dios *dispersos\u00bb (11,52) y \u00abatrae a todos los hombres a s\u00ed\u00ad\u00bb (12,32). La comuni\u00f3n ha triunfado.<\/p>\n<p>La Iglesia a su vez se halla sola en un *mundo al que no pertenece (17,16) y debe huir al desierto (Ap 12,6); pero ahora ya no hay verdadera soledad: Cristo, gracias a su Esp\u00ed\u00adritu, no ha dejado \u00abhu\u00e9rfanos\u00bb a los disc\u00ed\u00adpulos (Jn 14,18), hasta el d\u00ed\u00ada en que, habiendo triunfado de la soledad que impone la muerte de los seres queridos \u00abnos reunamos con ellos&#8230; y con el Se\u00f1or para siempre\u00bb (lTes 4,17).<\/p>\n<p>-> Comuni\u00f3n &#8211; Desierto &#8211; Fruto &#8211; Esterilidad.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. 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