{"id":13796,"date":"2016-02-05T09:11:10","date_gmt":"2016-02-05T14:11:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/solidaridad\/"},"modified":"2016-02-05T09:11:10","modified_gmt":"2016-02-05T14:11:10","slug":"solidaridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/solidaridad\/","title":{"rendered":"SOLIDARIDAD"},"content":{"rendered":"<p>[324]<br \/>\n  Virtud que lleva a unirse a otros seres humanos o grupos en la consecuci\u00f3n de un fin que ordinariamente se presupone bueno y concorde con los sentimientos de la fraternidad y colaboraci\u00f3n.<\/p>\n<p>    La solidaridad ha sido t\u00e9rmino muy empleado en los \u00e1mbitos sociales y proletarios. Y con frecuencia se ha intentado m\u00e1s o menos expl\u00ed\u00adcitamente, sustituir con su sentido natural la idea de la caridad, que es virtud teol\u00f3gica y de mayor connotaci\u00f3n evang\u00e9lica y cristiana.<\/p>\n<p>    La educaci\u00f3n en la solidaridad es decisiva para la correcta configuraci\u00f3n del cristiano. Sin solidaridad no se puede desarrollar la caridad, pues las virtudes sobrenaturales deben apoyarse firmemente en los valores humanos. Por eso es decisivo el que cada educador de la fe tenga un plan claro y sistem\u00e1ticos de educaci\u00f3n en la solidaridad como lo tienen que poseer en todo lo relativo a la instrucci\u00f3n religiosa en la que habr\u00e1 de apoyar la fe.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Sinton\u00ed\u00ada responsable y comprometida<\/p>\n<p>\tLa expresi\u00f3n \u00absolidaridad\u00bb indica una sinton\u00ed\u00ada responsable y comprometida respecto a la realidad de los dem\u00e1s hermanos, de la sociedad en general y de los otros pueblos. Es una actitud relacional que arranca de la misma naturaleza de la persona y de la sociedad humana, y que tiene connotaciones y consecuencias morales, sociol\u00f3gicas, pol\u00ed\u00adticas, estructurales, a nivel local e internacional. La solidaridad armoniza lo privado con lo p\u00fablico y comunitario. La l\u00ed\u00adnea de solidaridad supera los defectos y la dicotom\u00ed\u00ada entre la \u00abprivatizaci\u00f3n\u00bb y la \u00absocializaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>\tEl ser humano, como persona y miembro de la comunidad humana, ha sido creado a \u00abimagen de Dios\u00bb (Gen 1,26). Toda la humanidad est\u00e1 marcada por esta imagen y por la \u00abAlianza\u00bb o pacto de amor. En el lenguaje cristiano, el contenido de la solidaridad suena a \u00abcomuni\u00f3n\u00bb y familia, que vive el mandato del amor, como expresi\u00f3n de la vida trinitaria de Dios Amor, y que se traduce en relaciones humanas de ayuda rec\u00ed\u00adproca. Ordinariamente tiene como consecuencia y expresi\u00f3n el hecho de compartir los bienes (cfr. Hech 2,42-44; 4,32). Esta \u00abcomuni\u00f3n\u00bb se fundamenta en la \u00abcaridad\u00bb del mismo Dios (cfr.1Jn 4).<\/p>\n<p>\tDoctrina social de la Iglesia<\/p>\n<p>\tPor esto, la doctrinal social de la Iglesia se puede concretar en la solidaridad afectiva y efectiva. La justicia y la caridad se hermanan en la solidaridad. La convivencia humana (\u00abser con\u00bb) se debe concretar en solidaridad (\u00abser para\u00bb). El desarrollo arm\u00f3nico de todos los pueblos reclama una actitud personal y comunitaria que supere los intereses personalistas y de grupo. Cada pueblo es responsable del desarrollo de los dem\u00e1s, sin que pueda admitirse leg\u00ed\u00adtimamente la prepotencia, la utilizaci\u00f3n y el dominio de uno sobre otro, en todos los sectores de la vida social, econ\u00f3mica y cultural.<\/p>\n<p>\tLa Iglesia es \u00absolidaria\u00bb con toda la humanidad por el hecho de ser expresi\u00f3n de Jes\u00fas, el Verbo Encarnado. La \u00abEncarnaci\u00f3n\u00bb del Verbo es la realidad m\u00e1s solidaria, puesto que \u00abel Hijo de Dios con su Encarnaci\u00f3n se ha unido, en cierto modo, con todo hombre\u00bb (GS 22). Por esto, \u00ablos gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su coraz\u00f3n&#8230;. La Iglesia por ello se siente \u00ed\u00adntima y realmente solidaria del genero humano y de su historia\u00bb (GS 1).<\/p>\n<p>\tLa l\u00f3gica evang\u00e9lica de la comuni\u00f3n<\/p>\n<p>\tEsta solidaridad de la Iglesia es la consecuencia de su realidad de Iglesia comuni\u00f3n. Como expresi\u00f3n que es de la vida trinitaria, la Iglesia no puede encerrarse en s\u00ed\u00ad misma, sino que, a partir de su misma realidad de comuni\u00f3n fraterna, est\u00e1 llamada a construir el esp\u00ed\u00adritu de comuni\u00f3n en toda la humanidad. \u00abSe percibe, a la luz de la fe, un nuevo modelo de unidad del g\u00e9nero humano, en el cual debe inspirarse en \u00faltima instancia la solidaridad\u00bb (SRS 40). La Iglesia tiene como misi\u00f3n hacer que \u00abla humanidad sea familia de Dios, en la que la plenitud de la ley sea el amor\u00bb (GS 32).<\/p>\n<p>\tA la luz de esta realidad de fe, la solidaridad tiene una l\u00f3gica evang\u00e9lica de comuni\u00f3n y de donaci\u00f3n, que no sigue las reglas de la eficacia y constataci\u00f3n humana, sino que tiende a \u00abdar desde la propia pobreza\u00bb (Puebla 368 y RMi 64), compartiendo lo que se es y se tiene, dando preferencia a la \u00absolidaridad para con los pobres\u00bb (RMi 60; cfr. Puebla 1142), viviendo la comuni\u00f3n en la propia comunidad donde se celebra la Eucarist\u00ed\u00ada e instando a la justicia social. Por la solidaridad de la comuni\u00f3n, la comunidad cristiana es y se hace cada vez m\u00e1s Iglesia a nivel local y universal. En la solidaridad comprometida se manifiesta la fuerza evangelizadora de la comuni\u00f3n eclesial, que tiende a la construcci\u00f3n de toda la humanidad seg\u00fan la comuni\u00f3n de Dios Amor.<\/p>\n<p>Referencias Caridad, doctrina social de la Iglesia, Iglesia comuni\u00f3n, justicia, limosna, mandamiento nuevo, obras de misericordia, opci\u00f3n preferencial por los pobres, voluntariado.<\/p>\n<p>Lectura de documentos GS 1, 22, 32; RMi 60, 69; SRS 38-40; CA 10; CEC 2437-2449. Ver enc\u00ed\u00adclicas sociales (doctrina social de la Iglesia)<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada P. ARRUPE, La Iglesia de hoy y el futuro (Santander, Sal Terrae, 1982); C. MACCISE, Solidaridad, en Nuevo Diccionario de Espiritualidad (Madrid, Paulinas, 1991) 1813-1823; A. MONCADA, La cultura de la solidaridad (Estella, Verbo Divino, 1989).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>En el principio de la Biblia resulta dominante la experiencia de vinculaci\u00f3n de familia o grupo, de manera que la vida de los individuos s\u00f3lo se entiende en un contexto corporativo. Pero en los \u00faltimos estratos del Antiguo Testamento (ya a partir de Ezequiel; cf. Ez 18,4-20), especialmente en los libros parab\u00ed\u00adblicos (1 Henoc, Sab), se pone de relieve el car\u00e1cter personal, individual, de cada hombre o mujer. S\u00f3lo una vez que ha quedado bien claro ese car\u00e1cter personalindividual de cada ser humano, puede hablarse y se habla de una solidaridad m\u00e1s alta, tanto en el mal (pecado de Ad\u00e1n), como en el bien (gracia de Cristo). Desde esa base se puede y debe hablar de la redenci\u00f3n universal de Cristo, de la Iglesia como cuerpo de Cristo (cf. Rom 12,5; Ef 4,14) o de la inserci\u00f3n de todos los pobres en el Hijo del Hombre (Rom 25,31-46). Uno de los temas principales de la antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica es este paso de la solidaridad natural (biol\u00f3gica, tribal) de algunos a la solidaridad mesi\u00e1nica de todos los hombres.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>En una primer\u00ed\u00adsima aproximaci\u00f3n, podr\u00ed\u00adamos decir que ser solidarios significa estar dispuestos a reconocer al otro \u2014incluso al que parece extra\u00f1o y no es pr\u00f3ximo\u2014 como alguien que me ata\u00f1e a m\u00ed\u00ad. As\u00ed\u00ad entendida, la solidaridad expresa un rostro muy peculiar de la caridad: el rostro que \u00e9sta toma cuando es vivida dentro del marco de una relaci\u00f3n de interdependencia material entre los hombres.      En este contexto, de mis comportamientos depende la situaci\u00f3n del otro, y de los suyos mi situaci\u00f3n, independientemente de nuestras intenciones. En semejante circunstancia, la solidaridad tiene la misi\u00f3n de transformar la interdependencia material, que es objetiva y casi mec\u00e1nica, en proximidad humana. O, mejor dicho, la solidaridad nos lleva a reconocer, en la necesidad f\u00ed\u00adsica de tener que remitirnos al otro y a sus comportamientos y de tener que depender materialmente de \u00e9l, el signo de una fraternidad innata entre los hombres.  Actualmente, las relaciones de interdependencia material entre los individuos y los distintos grupos humanos se van haciendo cada vez m\u00e1s densas e intrincadas. Ahora bien, es precisamente la intensificaci\u00f3n y complicaci\u00f3n de la red de relaciones sociales lo que hace m\u00e1s urgente la tarea de la solidaridad.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>El concepto de solidaridad ha sufrido en la cultura occidental un proceso de transformaci\u00f3n que le ha dado connotaciones y acepciones diversas. Naci\u00f3 ante todo en un \u00e1mbito jur\u00ed\u00addico para designar la responsabilidad in solidum de varios sujetos respecto a una prestaci\u00f3n que no es susceptible de divisi\u00f3n y de la que tiene que responder cada uno de manera total. Pero en la \u00e9poca moderna la solidaridad asume m\u00e1s bien un valor antropol\u00f3gico y \u00e9tico. La adquisici\u00f3n del car\u00e1cter \u00e9sencialmente relacional de la persona conduce a concebir la vida en sociedad, no ya como un mero deber sino como una instancia inscrita en la misma naturaleza del hombre que es preciso encarnar en comportamientos solidarios. En la perspectiva cristiana la solidaridad adquiere un significado ulterior, carg\u00e1ndose de un valor teologal. La historia de la salvaci\u00f3n es la historia de la revelaci\u00f3n progresiva de un Dios solidario. En cuanto \u00abimagen de Dios\u00bb (Gn 1,26), el hombre es un ser constitutivamente relacional que Dios constituye como aliado suyo, llam\u00e1ndolo a vivir en comuni\u00f3n con \u00e9l. La creaci\u00f3n y la alianza definen la relaci\u00f3n entre Dios y el hombre bajo el signo de una solidaridad que comporta el reconocimiento de la responsabilidad humana y la apertura a una verdadera colaboraci\u00f3n. Esta solidaridad es el fundamento y el modelo de las mismas relaciones humanas, que han de realizarse bajo el signo de una efectiva reciprocidad.<\/p>\n<p>En Cristo, y particularmente en el misterio de la encarnaci\u00f3n y de la Pascua, aparecen los rasgos de- la solidaridad divina, que consiste en compartir plenamente la condici\u00f3n humana (sercon) hasta el don total de s\u00ed\u00ad mismo (ser-para). El misterio trinitario da raz\u00f3n en t\u00e9rminos absolutos de esta verdad: el Dios de la fe cristiana es un Dios que vive en comuni\u00f3n de personas, que se constituyen en su donaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca.<\/p>\n<p>El creyente que se ha hecho part\u00ed\u00adcipe del amor divino tiene que comprometerse a hacer transparente su sentido en la vida cotidiana. La solidaridad se transforma as\u00ed\u00ad en instancia \u00e9tica, que implica en su interior una estrecha conjunci\u00f3n entre la justicia y la caridad. La atenci\u00f3n al otro exige, en primer lugar, el reconocimiento de los leg\u00ed\u00adtimos derechos y la creaci\u00f3n de las condiciones m\u00e1s oportunas, incluso de tipo estructural, para su ejercicio y desarrollo. Pero la pr\u00e1ctica de la justicia no basta. Es necesario ir m\u00e1s all\u00e1 de la justicia, acogiendo las exigencias que nacen de la singularidad de cada persona y de los dinamismos m\u00e1s profundos del deseo humano, pero viviendo sobre todo las relaciones con el otro seg\u00fan la l\u00f3gica del don. Es como decir que la solidaridad desemboca naturalmente en la caridad, en cuanto que encuentra en ella su m\u00e1s alta manifestaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El \u00abprincipio de solidaridad2, interpretado en esta perspectiva, se ha convertido en uno de los ejes fundamentales de la doctrina social de la Iglesia.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de una fase inicial, m\u00e1s centrada en la propuesta del \u00abprincipio de subsidiaridad\u00bb (la que va de Le\u00f3n XIII a p\u00ed\u00ado XII), el Magisterio social de la Iglesia -a partir del concilio- concede un car\u00e1cter cada vez m\u00e1s central al \u00abprincipio de solidaridad\u00bb, poniendo el acento en la importancia de un compromiso activo de los Estados, y en ellos de todas las fuerzas sociales, por crear condiciones de verdadero desarrollo para todos los hombres, en particular para las categor\u00ed\u00adas m\u00e1s desfavorecidas. La situaci\u00f3n de creciente interdependencia entre los diversos sectores en los que se desarrolla la convivencia humana y m\u00e1s radicalmente, entre los diversos pueblos de la tierra ensancha los horizontes de la solidaridad. Esta adquiere dimensiones cada vez m\u00e1s institucionales y asume connotaciones universales en relaci\u00f3n con las condiciones de subdesarrollo del Sur del mundo. El principio de solidaridad no reniega, sino que asume en este contexto al de subsidiaridad, en cuanto que la acci\u00f3n social de los Estados y de los pueblos exige, para desarrollarse correctamente, el compromiso responsable de los individuos y de los grupos dentro del cuadro de un proyecto colectivo.<\/p>\n<p>El inter\u00e9s por el tema de la solidaridad ha crecido, por tanto, considerablemente en nuestros d\u00ed\u00adas. Pero esto no quita que sigamos estando muy lejos de su afirmaci\u00f3n real. Se dir\u00ed\u00ada -parad\u00f3jicamente- que la llamada insistente a la solidaridad se ha hecho inversamente proporcional a la pr\u00e1ctica efectiva de este valor en la vida de los hombres. En efecto, la crisis de las ideolog\u00ed\u00adas ha determinado un fuerte repliegue del hombre sobre s\u00ed\u00ad mismo con la consiguiente disminuci\u00f3n de la tensi\u00f3n social y pol\u00ed\u00adtica, La justificada reacci\u00f3n frente a los procesos de socializaci\u00f3n, que han acabado penalizando a la persona, se traduce de hecho en la afirmaci\u00f3n de tendencias privatistas cada vez m\u00e1s marcadas. El advenimiento de la sociedad compleja alimenta el crecimiento de los impulsos corporativos en los que prevalece la b\u00fasqueda del propio inter\u00e9s y la falta de apertura al bien colectivo. La misma cr\u00ed\u00adtica al \u00bb Estado social n esconde con frecuencia una clara voluntad de afirmaci\u00f3n individual, de exaltaci\u00f3n de lo \u00abprivadon y de su eficiencia fuera de toda l\u00f3gica de solidaridad.<\/p>\n<p>A pesar de ello, existen y se van consolidando, tambi\u00e9n en la sociedad, procesos de signo distinto que atestiguan un descubrimiento prometedor del valor de la solidaridad. Baste pensar en el desarrollo de los movimientos de voluntariado, empe\u00f1ados en afrontar los problemas de las desviaciones o de la marginalidad social, o proyectados hacia el Tercer Mundo. Al lado de estas iniciativas, dirigidas no s\u00f3lo a suplir, sino a fomentar y a hacer m\u00e1s eficaces y humanizantes las prestaciones de los servicios sociales, se va abriendo tambi\u00e9n camino en el terreno pol\u00ed\u00adtico la exigencia de unas renovadas relaciones entre lo \u00abprivado\u00bb y lo \u00abp\u00fablico\u00bb, a fin de afrontar seriamente los dif\u00ed\u00adciles problemas de convivencia y dejar espacio a las exigencias de todos, especialmente de los \u00faltimos. La solidaridad, que por un lado parece estar pasando una grave crisis, adquiere, por otro, una plena actualidad como valor fundamental para el crecimiento de una sociedad m\u00e1s a la medida del hombre y de su liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>G. Piana<\/p>\n<p>Bibl.: T Goffi &#8211; G. Piana, Solidaridad, en NDTM, 1728-1737; C. Maccise, Solidaridad, en NDE, 1329-1337; A. Moncada, La cultura de la solidaridad, Verbo Divino, Estella 1989; M. Vidal, La solidaridad: nueva frontera de la teolog\u00ed\u00ada moral, en Studia Moralia 23 (1985) 99-126; p, Arrupe. La Iglesia de hoy y el futuro, Sal Terrae, Santander 1982.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Diversas perspectivas de la solidaridad: 1. Perspectiva filos\u00f3fico-antropol\u00f3gica: 2. Perspectiva sociol\u00f3gica: 3. Perspectiva teol\u00f3gica &#8211; II. La koinon\u00ed\u00ada: utopia cristiana: 1. Koinon\u00ed\u00ada con Dios en la koinon\u00ed\u00ada con el hermano; 2. La solidaridad cristiana: Iglesia. Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo &#8211; III. La solidaridad cristiana en el mundo actual: 1. Desaf\u00ed\u00ados de una solidaridad eficaz: a) Un mundo de desigualdad, opresi\u00f3n e injusticia, b) La lucha de clases y el amor cristiano, c) Solidaridad con los pobres y evangelizaci\u00f3n: 2. Caminos concretos de acci\u00f3n solidaria: a) La denuncia de la injusticia, b) La defensa y promoci\u00f3n de los derechos humanos, c) La acci\u00f3n internacional &#8211; IV. L\u00ed\u00adneas de una espiritualidad de la solidaridad internacional: 1. Experiencia de Dios como Se\u00f1or de la historia; 2. Experiencia de una fraternidad universal exigente: 3. Experiencia de la conversi\u00f3n como despojo y compromiso &#8211; V. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Uno de los \u00absignos de los tiempos\u00bb en la sociedad actual son los movimientos de solidaridad, que se multiplican en todos los niveles y en los m\u00e1s diversos campos de la actividad humana. Personas desconocidas y distantes f\u00ed\u00adsica, social y culturalmente se unen ante situaciones, problemas, desaf\u00ed\u00ados del mundo de hoy. De esto surgen esfuerzos comunes para lograr un objetivo de car\u00e1cter pol\u00ed\u00adtico, social, econ\u00f3mico, religioso. Las expresiones de solidaridad son variadas: reacciones de protesta o de presi\u00f3n social, adhesiones masivas espont\u00e1neas, creaci\u00f3n de cooperativas y sindicatos. Un caso t\u00ed\u00adpico en esta \u00faltima l\u00ed\u00adnea es el Sindicato de los Trabajadores Polacos \u00abSolidaridad\u00bb, que en 1980 ha puesto de relieve la fuerza de las agrupaciones sociales para lograr mejores niveles de vida y para garantizar el ejercicio de derechos humanos fundamentales.<\/p>\n<p>Los medios de comunicaci\u00f3n social han roto todas las barreras y han aumentado las tendencias solidarias al comunicar a los hombres entre s\u00ed\u00ad y hacer que sientan que forman parte de una sola familia humana. Cada vez m\u00e1s se va teniendo, a nivel de naciones y a nivel internacional. una conciencia colectiva que no acepta la resignaci\u00f3n y el fatalismo. sino que impulsa a una acci\u00f3n solidaria y responsable para lograr la liberaci\u00f3n de todo tipo de esclavitud y opresi\u00f3n&#8217;. \u00abLa solidaridad ha venido a ser algo as\u00ed\u00ad como la categor\u00ed\u00ada secularizada de la caridad&#8217;.<\/p>\n<p>I. Diversas perspectivas de la solidaridad<br \/>\nEl concepto de solidaridad se ha ido enriqueciendo a lo largo de la historia. Factor importante para ello han sido las diferentes perspectivas desde las que se ha ido considerando a partir de un primer enfoque jur\u00ed\u00addico. En el Derecho Romano la solidaridad ten\u00ed\u00ada el sentido de una obligaci\u00f3n moral \u00abin solidum\u00bb de varios sujetos en relaci\u00f3n con un objeto \u00fanico e id\u00e9ntico que los compromet\u00ed\u00ada en una responsabilidad colectiva. De este significado jur\u00ed\u00addico se fue pasando, poco a poco, a otros enfoques: filos\u00f3fico, antropol\u00f3gico, social, teol\u00f3gico. En ellos se fueron poniendo de relieve aspectos del hombre como individuo abierto a las relaciones con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>1. PERSPECTIVA FILOS\u00ed\u201cFICO-ANTROPOL\u00ed\u201cGICA &#8211; El concepto que se tiene de solidaridad en el campo filos\u00f3fico-antropol\u00f3gico depende b\u00e1sicamente de la idea que se tiene de la persona humana. En la l\u00ed\u00adnea de la filosof\u00ed\u00ada griega, el acento se puso en la individualidad e incomunicabilidad. Aparecieron as\u00ed\u00ad elementos v\u00e1lidos para la concepci\u00f3n del ser personal, pero, al mismo tiempo, se dej\u00f3 a un lado, como parte fundamental de la persona humana, el elemento relacional, en el que insiste el pensamiento moderno. En \u00e9l, la persona humana est\u00e1 constituida por un centro independiente y libre, pero que es relaci\u00f3n, comuni\u00f3n, di\u00e1logo. El hombre se encuentra en relaci\u00f3n con el mundo, con Dios y con el pr\u00f3jimo. La m\u00e1s fundamental categor\u00ed\u00ada del ser humano es la \u00abtuidad\u00bb El hombre est\u00e1 hecho para el otro y debe encontrarse con \u00e9l a trav\u00e9s de la simpat\u00ed\u00ada, que lleva a una comuni\u00f3n. No existe una sola palabra fundamental: \u00abyo\u00bb, sino dos: \u00abYo-T\u00fa\u00bb, en las relaciones entre personas; y \u00abYo-Ello\u00bb, en las de las personas con otros seres. En la relaci\u00f3n \u00abYo-T\u00fa\u00bb se da un encuentro que lleva a un compromiso. De \u00e9l surge el \u00abNosotros\u00bb, que se sustenta en el \u00abentre\u00bb, en la relaci\u00f3n de amor. Los otros seres materiales, en cambio, son incapaces de una respuesta dial\u00f3gica, y por eso la relaci\u00f3n entre el \u00abYo-Ello\u00bb es una relaci\u00f3n de posesi\u00f3n y de dominio\u00c2\u00b0.<\/p>\n<p>A partir de este fundamento, el hombre aparece \u00ed\u00adntimamente ligado a los dem\u00e1s seres humanos y est\u00e1 llamado a construir con ellos un mundo m\u00e1s solidario y fraternal.<\/p>\n<p>2. PERSPECTIVA SOCIOL\u00ed\u201cGICA &#8211; La conciencia de un origen, una existencia y un destino comunes es el punto de partida de una solidaridad social. En ella se acepta, impl\u00ed\u00adcita o expl\u00ed\u00adcitamente, que el desarrollo individual est\u00e1 condicionado por la colaboraci\u00f3n con los dem\u00e1s y que, a su vez, el individuo, al disponer libremente de s\u00ed\u00ad mismo, de sus cualidades y recursos, de los bienes, lo debe hacer cooperando para que los dem\u00e1s vivan y desarrollen su ser de personas creando comunidad. Esto implica el ejercicio de la justicia social en la participaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica, en la organizaci\u00f3n econ\u00f3mica, en el reconocimiento para todos de los derechos sociales, tanto a nivel nacional como internacional.<\/p>\n<p>En esta perspectiva sociol\u00f3gica aparecen diversos tipos de solidaridad, desde el que se constituye exclusivamente por un inter\u00e9s com\u00fan de partido, clase o naci\u00f3n, hasta aquel que lleva a profundizar las relaciones interpersonales y crea v\u00ed\u00adnculos m\u00e1s profundos de comuni\u00f3n; desde el que se limita a la familia, clan o grupo hasta el que se abre a todos los hombres de todos los pueblos.<\/p>\n<p>La evoluci\u00f3n de la sociedad, la facilidad de las comunicaciones, la interdependencia han abierto dimensiones y exigencias mundiales a la solidaridad. Ya no es suficiente una solidaridad que no tenga en cuenta las relaciones internacionales&#8217;. El progreso en la ciencia y en la t\u00e9cnica, la interdependencia econ\u00f3mica, social y pol\u00ed\u00adtica invitan a una colaboraci\u00f3n de dimensiones mundiales y a una solidaridad universal.<\/p>\n<p>3. PERSPECTIVA TEOL\u00ed\u201cGICA &#8211; Estas exigencias de solidaridad humana tienen su fundamento en el Evangelio. All\u00ed\u00ad aparece Dios como el \u00abT\u00fa eterno\u00bb&#8216;, que crea al t\u00fa y al yo humanos y los invita a un di\u00e1logo con \u00e9l y entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>Dios ha creado al hombre \u00abno para vivir aisladamente, sino para formar sociedad\u00bb&#8216;. para vivir en solidaridad. Dios eligi\u00f3 a los hombres y quiso salvarlos no s\u00f3lo como individuos, sino como miembros de una comunidad, de un pueblo&#8217;. En Jesucristo, en su encarnaci\u00f3n, en su obra y en su doctrina se perfecciona y consuma este car\u00e1cter comunitario y solidario de la historia de la salvaci\u00f3n. La Iglesia, continuadora de la obra de Jesucristo, es en \u00e9l \u00abcomo un sacramento o se\u00f1al e instrumento de la \u00ed\u00adntima uni\u00f3n con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb, que se abre paso en la historia hasta llegar a su plenitud, cuando \u00abDios sea todo en todos\u00bb (cf 1 Cor 15,28).<\/p>\n<p>Cristo, al asumir la naturaleza humana, uni\u00f3 a todos los hombres en una profunda solidaridad al constituirlos hermanos (cf Mt 23,8) y al comunicar el Esp\u00ed\u00adritu, que los hace capaces de amar a Dios y a los hermanos (cf Rom 5,5). La solidaridad aparece as\u00ed\u00ad como una expresi\u00f3n de la koinon\u00ed\u00ada cristiana: comuni\u00f3n con Dios y con el pr\u00f3jimo. Desde este \u00e1ngulo, la solidaridad est\u00e1 orientada a lo definitivo. Es un don que Dios nos ha comunicado, pero que se va viviendo de manera imperfecta hasta el momento de su consumaci\u00f3n al final de la historia. En este sentido, la solidaridad es una utop\u00ed\u00ada: un punto, una meta capaz de generar un dinamismo que lance a su consecuci\u00f3n. El dinamismo de la utop\u00ed\u00ada exige concretizaciones hist\u00f3ricas que la pongan en camino. De este modo, se evita el peligro de caer en un idealismo desencarnado o en un pesimismo de car\u00e1cter asolador al confrontar la meta con la realidad limitada e imperfecta.<\/p>\n<p>La solidaridad cristiana hunde sus ra\u00ed\u00adces en el proyecto salv\u00ed\u00adfico de Dios. Este va en la l\u00ed\u00adnea de la comuni\u00f3n y participaci\u00f3n, \u00abque han de plasmarse en realidades definitivas, sobre tres planos inseparables: la relaci\u00f3n del hombre con el mundo como se\u00f1or, con las personas como hermano y con Dios como hijo\u00bb &#8216;\u00c2\u00b0. Dios, en efecto, se manifiesta en la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica como alguien que quiere hacernos sus hijos y que nuestras relaciones con \u00e9l sean de confianza y responsabilidad, en lugar del fatalismo de los que viven sin esperanza y sin Dios en el mundo (cf Ef 2,12). Sin Cristo, la situaci\u00f3n de los hombres era de separaci\u00f3n, indiferencia. odio. El, nuestra paz, nos salv\u00f3 haci\u00e9ndonos hermanos para la solidaridad en el servicio mutuo, en el amor de una familia por encima de razas, clases sociales, sexo (cf G\u00e1l 3,26-28; 5,13; Ef 2,14). Las relaciones del hombre con el mundo est\u00e1n igualmente presentes en el proyecto de Dios. En \u00e9l se orientan en una l\u00ed\u00adnea nueva. El hombre debe pasar de un uso de los mismos que lo aliena. lo esclaviza y lo lleva a oprimir a los dem\u00e1s. a un uso de la libertad que lo hace compartir las cosas con los hermanos en una solidaridad de la que brota una sociedad justa y humana. En el plan de Dios, en efecto, los bienes son un lugar de encuentro con \u00e9l y con los dem\u00e1s. La creaci\u00f3n, sometida por el ego\u00ed\u00adsmo humano a una utilizaci\u00f3n desviada de esclavitud-opresi\u00f3n que genera la divisi\u00f3n, anhela ser liberada de la servidumbre de la corrupci\u00f3n para ser puesta al servicio de la comuni\u00f3n en el amor solidario (cf Rom 8,19-22)\u00bb.<\/p>\n<p>Por todas estas razones. el amor de Dios, que nos transforma, se vuelve por necesidad comuni\u00f3n de amor con los dem\u00e1s y participaci\u00f3n fraterna. Esta exige un trabajo por la justicia, porque no puede haber verdadera comuni\u00f3n si no se proyecta sobre las realidades temporales.<\/p>\n<p>II. La \u00abkoinon\u00ed\u00ada\u00bb: utop\u00ed\u00ada cristiana<br \/>\nLa solidaridad cristiana. como lo se\u00f1alamos, se funda en la koinon\u00ed\u00ada con Dios y con los hermanos, que Cristo nos comunica y que los cristianos debemos testificar (cf 1 In 1,1-4). Esta koinon\u00ed\u00ada, comuni\u00f3n en la solidaridad que parte de Dios, expresa la utop\u00ed\u00ada del reino, entendida no como ideal inalcanzable, sino como una realidad ya presente, que tiende a anticipar en realizaciones imperfectas en la historia la plenitud definitiva. Todo el plan salv\u00ed\u00adfico de Dios apunta hacia ese desarrollo y esa meta de la koinon\u00ed\u00ada. Encontramos, por ello, en la revelaci\u00f3n del Antiguo y del Nuevo Testamento una presentaci\u00f3n clara de las exigencias del amor a Dios y al pr\u00f3jimo, que son el camino para la realizaci\u00f3n del reino y la transformaci\u00f3n de la historia. Al mismo tiempo, se se\u00f1ala en la Escritura la solidaridad cristiana a trav\u00e9s de la presentaci\u00f3n de la Iglesia como nuevo Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p>1. \u00abKOINONIA\u00bb CON DIOS EN LA \u00abKOINONIA\u00bb CON EL HERMANO &#8211; Tanto en el AT como en el NT, la experiencia de fe es una experiencia que compromete en la vida. El compromiso se da de manera especial en las relaciones con el pr\u00f3jimo. El amor al hermano aparece en la Biblia como el camino para la experiencia de Dios y como la expresi\u00f3n de su autenticidad.<\/p>\n<p>Los profetas expresan de muchas maneras esta experiencia de Dios en el amor eficaz y concreto al pr\u00f3jimo. Hay en sus escritos varios conceptos que parten de la vida y que constituyen un criterio para discernir la autenticidad de una experiencia de comuni\u00f3n con Dios. Entre ellos destaca el de \u00abconocimiento de Yahv\u00e9\u00bb. En \u00e9l se manifiesta una relaci\u00f3n existencial con Dios que compromete profundamente con el pr\u00f3jimo. \u00abConocer a Yahv\u00e9\u00bb es \u00abjuzgar la causa del humillado y del pobre\u00bb (cf Jer 22,16; Miq 6,8).<\/p>\n<p>Hay otra idea af\u00ed\u00adn a la anterior, que se\u00f1ala tambi\u00e9n el sentido de la experiencia de Dios a trav\u00e9s de la fe. Es lo que podemos llamar \u00abreligi\u00f3n interior\u00bb o religi\u00f3n aut\u00e9ntica. Seg\u00fan este concepto, el hombre se encuentra con Dios, llega a tener un \u00abconocimiento\u00bb de \u00e9l en la pr\u00e1ctica de la justicia, el derecho, la misericordia (cf Jer 9.22-23). Esto es, junto con la fe, el fundamento de la verdadera religi\u00f3n. En ella no hay lugar para pseudo-experiencias del Se\u00f1or en el formalismo y ritualismo, que pretenden tranquilizar la conciencia. El amor a Dios es fruto y expresi\u00f3n del amor al pr\u00f3jimo. En el Deuteronomio aparece como la principal obra del amor a Dios la observancia de sus mandatos, y \u00e9stos se refieren, en gran parte, a las relaciones con el pr\u00f3jimo (cf Dt 5,2-21).<\/p>\n<p>La misma doctrina, en forma m\u00e1s perfecta, se encuentra en el NT. Juan escribe su evangelio y sus cartas a partir de una experiencia de fe de lo que es la comuni\u00f3n con Dios en la experiencia de la vida fraterna. La fe y el amor son para Juan los criterios para ver si existe una real comuni\u00f3n con Dios, o si se trata s\u00f3lo de una experiencia imaginada y<br \/>\nvac\u00ed\u00ada de contenido real (cf 1 Jn 1,1-4; 3.10-18). El evangelista contempla, a la luz de la fe, las manifestaciones de Dios, su manera de actuar en la historia de la salvaci\u00f3n. Reflexiona especialmente sobre el don que el Padre nos hizo de su Hijo (cf Jn 3,16), y llega a la conclusi\u00f3n de que \u00abDios es amor\u00bb. Esta experiencia del amor de Dios a los hombres tiene una consecuencia para la vida del creyente: hay que imitarlo en las relaciones con el pr\u00f3jimo. Es aqu\u00ed\u00ad donde se encuentra a Dios con seguridad (cf 1 Jn 4,11-20).<\/p>\n<p>El amor al pr\u00f3jimo es la respuesta del hombre al amor de Dios y de Cristo. Debe ser un amor que se manifieste en obras, un amor efectivo (cf 1 Jn 3,18), ya que su fuente y modelo es el amor de Cristo y la unidad que existe entre el Padre y el Hijo (cf Jn 17,20-23.26). El amor nos da confianza para el d\u00ed\u00ada del juicio, pues como Cristo es actualmente (vive en el amor del Padre). as\u00ed\u00ad el que practica el amor. Este amor excluye el temor servil (cf 1 Jn 4,17-18).<\/p>\n<p>Vivir en el amor es para san Pablo manifestar el amor de Cristo. Esto debe extenderse incluso a los enemigos. Como el de Dios, el amor cristiano debe ser universal, generoso, gratuito, de iniciativa, eficaz, manifestado en obras. El amor dirige la fe y la esperanza activa (cf G\u00e1l 5,6; Rom 5,5-11); es el primer fruto del Esp\u00ed\u00adritu (cf G\u00e1l 5,22); es el v\u00ed\u00adnculo de la perfecci\u00f3n, que une y sostiene todas las dem\u00e1s actitudes cristianas (cf Col 3.12-14). Por el amor participamos en el que Dios nos tiene (cf Ef 1,4; Rom 5,8; 8,32), y en el de Cristo (cf G\u00e1l 2,20). El amor cristiano es superior a todos los carismas (cf 1 Cor 12,31) porque en \u00e9l se encuentra la plenitud de la ley. La fe act\u00faa, es decir, despliega su fuerza y su poder, por medio del amor (cf G\u00e1l 5,6); la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones (cf Rom 5,5-11).<\/p>\n<p>El amor fraterno es una manifestaci\u00f3n del amor que el Padre nos ha mostrado en el don de su hijo; es su imitaci\u00f3n del amor de Cristo. En \u00e9l encontramos la respuesta perfecta del amor al Padre y a los hermanos: \u00abVivid en el amor como Cristo os am\u00f3 y se entreg\u00f3 por vosotros\u00bb (Ef 5,2). Hay que amar a todos los hermanos, sin cansarse de hacer el bien (cf 2 Tes 3,13), procurando vivir en paz con todos (cf 1 Tes 5,13). Sin el amor los carismas perder\u00ed\u00adan su fuerza y su sentido. El amor resume toda la ley y los profetas (cf Mt 22,37-40).<\/p>\n<p>2. LA SOLIDARIDAD CRISTIANA: IGLESIA, PUEBLA DE DIOS Y CUERPO DE CRISTO &#8211; La solidaridad en la historia de la salvaci\u00f3n aparece ya en el AT. Dios elige a un pueblo: hace una alianza con \u00e9l, que refuerza la solidaridad de quienes lo forman y concretiza las exigencias de la misma.<\/p>\n<p>Cristo realiza la nueva alianza anunciada por los profetas (cf Jer 31,3134; Mt 26,2728). Jes\u00fas fund\u00f3 el Nuevo Pueblo en su sangre y \u00e9l es la cabeza de ese pueblo (He 20,28; Ef 4,15). Pablo insiste en la unidad en la diversidad que se da en la comunidad cristiana. Hace derivar la unidad del plan divino de salvaci\u00f3n: \u00abHay un solo Se\u00f1or, una sola fe y un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que est\u00e1 sobre todos y por todos y en todos\u00bb (Ef 4,56). En esa Iglesia tienen cabida todos los hombres, jud\u00ed\u00ados y griegos, esclavos o libres, varones o mujeres (cf G\u00e1l 3.28; Ef 3,6). Cristo ha destruido la barrera que hab\u00ed\u00ada entre ellos; ahora todos son part\u00ed\u00adcipes de la \u00fanica salvaci\u00f3n (cf Ef 2,16).<\/p>\n<p>La Iglesia es el Nuevo Israel que peregrina (cf 1 Cor 10,1-11): es el pueblo de Dios \u00abcelador de buenas obras\u00bb (Tit 2,14). Los creyentes son bautizados en un solo Esp\u00ed\u00adritu para formar un solo cuerpo (cf 1 Cor 12,13). Este cuerpo es el Cuerpo de Cristo porque \u00e9l es la cabeza (cf Col 1.18; Ef 1.22-23), el redentor (cf Ef 5,23-27), la fuente de su crecimiento y de su vida (cf Ef 4,15-16; Col 2,19). El Esp\u00ed\u00adritu es la causa de la unidad del Cuerpo, porque une al cristiano con Cristo en el bautismo (cf 1 Cor 6,11; Rom 6,1-11) y a los creyentes entre s\u00ed\u00ad (cf 1 Cor 12,13).<\/p>\n<p>En ese Pueblo de Dios se dan diversos carismas: dones que comunica Dios gratuitamente para el servicio mutuo (cf 1 Cor 12,4-11; Rom 12,48; Ef 4,7-16). Entre los carismas existe unidad, porque los comunica el mismo Esp\u00ed\u00adritu; y diversidad, para que se cumplan todas las funciones del Cuerpo de la Iglesia (cf ib). Hay entre los carismas una jerarqu\u00ed\u00ada que se deriva del mayor o menor servicio que prestan a la comunidad. Un doble principio de orden rige la actividad de los carismas: el amor, que es superior a ellos, y la direcci\u00f3n apost\u00f3lica como centro de comuni\u00f3n y discernimiento. La unidad solidaria de la Iglesia no se identifica con la uniformidad. Por el contrario, se da en un pluralismo de concretizaciones de la misma fe y de la misma caridad (cf G\u00e1l 2,11-14).<\/p>\n<p>Una expresi\u00f3n de la solidaridad cristiana de la koinon\u00ed\u00ada que Cristo nos ha comunicado es la comunidad de bienes. Con ella desaparecen las categor\u00ed\u00adas \u00abrico-pobre\u00bb: \u00abno hab\u00ed\u00ada entre ellos indigentes\u00bb (He 4,34). Este paso del ego\u00ed\u00adsmo y de la injusticia a la justicia y al compartir aparece en el episodio del encuentro de Cristo con Zaqueo. La koinon\u00ed\u00ada con el Se\u00f1or trae un cambio para \u00e9l. que le lleva a repartir sus bienes y a restituir lo defraudado (cf Lc 19,9-10). La verdadera riqueza cristiana es precisamente esta capacidad nueva de compartir; de abrirse al pr\u00f3jimo en la koinon\u00ed\u00ada, convencidos de que todo es nuestro, nosotros de Cristo y Cristo de Dios (cf 1 Cor 3.22-23).<\/p>\n<p>III. La solidaridad cristiana en el mundo actual<br \/>\nLa doctrina de la koinon\u00ed\u00ada cristiana ha tratado de vivirse de acuerdo con las circunstancias de cada \u00e9poca. Ya desde los principios de la Iglesia aparece que los creyentes no se limitaron a anunciar el Evangelio del amor, sino que se esforzaron por vivirlo en la fraternidad de sus comunidades. All\u00ed\u00ad la koinon\u00ed\u00ada fue encontrando sus cauces de expresi\u00f3n: comunidad de bienes, atenci\u00f3n a los m\u00e1s necesitados, preocupaci\u00f3n por todos los que sufr\u00ed\u00adan. Surgieron las m\u00e1s diversas iniciativas como manifestaci\u00f3n concreta de solidaridad cristiana. Estas formas de caridad eclesial se fueron adaptando a los diversos contextos sociol\u00f3gicos. Algunas se transformaron; otras desaparecieron con el pasar del tiempo. En la base de la evoluci\u00f3n y del cambio estuvo la conciencia de que la fe tiene que manifestarse en obras de amor eficaz. Lo que pudo servir en un momento de la historia se revel\u00f3 ineficaz en otra situaci\u00f3n; lo que apareci\u00f3 como oportuno en un determinado ambiente cultural y social result\u00f3 contraproducente en otro.<\/p>\n<p>Estas constataciones han hecho comprender la necesidad de releer, a partir de un conocimiento de la realidad social, las exigencias de un amor eficaz que exprese, en cada \u00e9poca, la solidaridad cristiana.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis de los mecanismos sociales en el mundo de hoy ha llevado al descubrimiento del pr\u00f3jimo necesitado, sumergido en condicionamientos de todo tipo, esclavizado por estructuras injustas, impotente como individuo para superar la injusticia y la deshumanizaci\u00f3n de la sociedad. Se ha tomado conciencia de que las causas de esas situaciones no son fortuitas, sino estructurales: colonialismos y neocolonialismos internos y externos, imperialismos, dependencia. econom\u00ed\u00adas de guerra. La solidaridad de tipo asistencial, que no deja de ser necesaria, se revela ahora insuficiente.<\/p>\n<p>1. DESAF\u00ed\u008dOS DE UNA SOLIDARIDAD EFICAZ &#8211; La solidaridad humana y el amor fraterno est\u00e1n exigiendo hoy la b\u00fasqueda de estructuras m\u00e1s justas en el campo econ\u00f3mico, social y pol\u00ed\u00adtico, tanto a nivel nacional como internacional. En otras palabras. la solidaridad debe expresarse a nivel institucional, porque los medios de la caridad individual son cada d\u00ed\u00ada m\u00e1s limitados. En eso consiste la dimensi\u00f3n social o pol\u00ed\u00adtica de la caridad. Su ejercicio se enfrenta con una serie de desaf\u00ed\u00ados que hay que tener presentes.<\/p>\n<p>a) Un mundo de desigualdad, opresi\u00f3n e injusticia. La toma de conciencia de la unidad de la familia humana y de la interdependencia de los pueblos y naciones, al mismo tiempo que ha hecho crecer el sentido de la solidaridad, ha descubierto las grandes divisiones e injusticias sociales, econ\u00f3micas, raciales e ideol\u00f3gicas que caracterizan la realidad humana \u00ab. A pesar de los esfuerzos que se han hecho, existen en el mundo profundas desigualdades y divisiones que est\u00e1n exigiendo una transformaci\u00f3n de los sistemas sociales, pol\u00ed\u00adticos y econ\u00f3micos en las naciones y en la comunidad internacional. El poder econ\u00f3mico y de decisi\u00f3n est\u00e1 en manos de pocos; millones de personas viven en condiciones infrahumanas, mientras ingentes capitales se gastan en armamentos. Por otra parte, persisten a\u00fan las discriminaciones raciales, que son un desafio a la concepci\u00f3n cristiana del hombre.<\/p>\n<p>Ante esta situaci\u00f3n, el amor cristiano pide una solidaridad que impulse a trabajar por la creaci\u00f3n de estructuras sociales m\u00e1s justas. A partir de un cambio de mentalidad, que el mismo trabajo por la transformaci\u00f3n social va pidiendo, se deben superar las actitudes ego\u00ed\u00adstas. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad se evitar\u00e1 que la organizaci\u00f3n social degenere en una nueva dominaci\u00f3n de unos por otros. Para respetar los valores de fraternidad, solidaridad, igualdad y personalizaci\u00f3n, se requiere una conversi\u00f3n continua. Con realismo cristiano hay que ver, por otra parte, las tensiones que surgen cuando se emprenden caminos concretos a partir de un an\u00e1lisis de la sociedad y de opciones pr\u00e1cticas. Estas tensiones son un primer paso para la construcci\u00f3n de una sociedad solidaria y fraterna.<\/p>\n<p>b) La lucha de clases y el amor cristiano. No se puede negar que existe en la sociedad una divisi\u00f3n que no depende s\u00f3lo del factor econ\u00f3mico, pero que, en gran parte, est\u00e1 condicionada por \u00e9l. Esto genera conflictos, enfrentamientos y luchas. El amor cristiano no puede negar esa realidad, pero debe buscar superarla en la justicia. El amor eficaz hacia el oprimido por una violencia institucionalizada lleva a asumir su causa, incluso como un modo de expresar el amor hacia el opresor. No se trata de destruirlo, sino de liberarlo a trav\u00e9s de la implantaci\u00f3n de la justicia, que haga posible una aut\u00e9ntica fraternidad y brinde las condiciones para la paz.<\/p>\n<p>El creyente, guiado por el amor, est\u00e1 llamado a participar en los proyectos de liberaci\u00f3n de un modo prof\u00e9tico, encarnando su fe en un trabajo de solidaridad con los hermanos. En la comunidad de oraci\u00f3n y discernimiento, a la luz de la Palabra ir\u00e1 aprendiendo a reconocerse como hijo de Dios; ir\u00e1 descubriendo sus derechos y los de los dem\u00e1s; podr\u00e1 organizarse para acciones en el \u00e1mbito social y pol\u00ed\u00adtico. De esta manera, mantendr\u00e1 una actitud cr\u00ed\u00adtica ante todo proyecto y ante toda ideolog\u00ed\u00ada, sin dejar por ello de trabajar con otros hombres de buena voluntad en la construcci\u00f3n de una nueva sociedad m\u00e1s de acuerdo con el plan de Dios. En ese plan no caben la opresi\u00f3n del hombre por el hombre, de unas clases sociales por otras y de unos pa\u00ed\u00adses por otros.<\/p>\n<p>e) Solidaridad con los pobres y evangelizaci\u00f3n. Al definirse la Iglesia del Vat. II como Iglesia de los pobres no estaba haciendo otra cosa que tomar conciencia de su misi\u00f3n evangelizadora. Ella contin\u00faa la de Cristo, que vino a \u00abevangelizar a los pobres\u00bb (cf Lc 4,18-19). S\u00f3lo desde el pobre y en solidaridad con \u00e9l, se puede evangelizar, como Jes\u00fas, a los dem\u00e1s sectores de la sociedad, en orden a una conversi\u00f3n con consecuencias sociales. La opci\u00f3n de los pobres es una exigencia de fidelidad evang\u00e9lica. Jes\u00fas la present\u00f3 como se\u00f1al mesi\u00e1nica (cf Mt 11,1-6). Adem\u00e1s, es uno de los .&#8211;.- \u00absignos de los tiempos\u00bb en los que Dios habla.<\/p>\n<p>El servicio de evangelizaci\u00f3n liberadora genera dificultades y persecuciones. Estas exigen una purificaci\u00f3n constante, que tambi\u00e9n se origina en la experiencia de ser evangelizado por los pobres. La evangelizaci\u00f3n liberadora est\u00e1 en conexi\u00f3n necesaria con la promoci\u00f3n humana, el desarrollo t5. Busca liberar al hombre de la esclavitud del pecado personal y social, de todo lo que divide en la sociedad y que tiene su fuente en el ego\u00ed\u00adsmo, para que se vaya abriendo paso en la historia una koinon\u00ed\u00ada en la que est\u00e9n presentes no s\u00f3lo las dimensiones espirituales, sino tambi\u00e9n lo social, lo pol\u00ed\u00adtico, lo econ\u00f3mico, lo cultural y el conjunto de sus relaciones.<\/p>\n<p>2. CAMINOS CONCRETOS DE ACCI\u00ed\u201cN SOLIDARIA &#8211; El amor cristiano est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente ligado a la acci\u00f3n (cf 1 In 3,18). La caridad no se opone a la lucha necesaria en favor de la justicia, m\u00e1s bien la anima y sostiene. El mandamiento del amor es algo subversivo y liberador, porque pide \u00abconstruir un mundo en el que cada hombre, sin exclusi\u00f3n de raza, de religi\u00f3n, de nacionalidad, pueda vivir una vida plenamente humana, libre de esclavitudes que provienen de los hombres y de una naturaleza no dominada suficientemente.<\/p>\n<p>a) La denuncia de la injusticia. La situaci\u00f3n injusta en la que viven millones de hombres de todos los pa\u00ed\u00adses es contraria al plan de Dios. Sus condiciones de vida son infrahumanas, sus derechos pr\u00e1cticamente ignorados o incluso aplastados; son v\u00ed\u00adctimas de todo tipo de opresiones. Id\u00e9nticas injusticias se cometen a nivel de relaciones entre los diversos pueblos y naciones.<\/p>\n<p>Esta conciencia de la injusticia est\u00e1 pidiendo de la Iglesia una denuncia prof\u00e9tica. No se puede callar ante \u00abhechos y estructuras que impiden una participaci\u00f3n m\u00e1s fraternal en la construcci\u00f3n de la sociedad y en el goce de los bienes que Dios cre\u00f3 para todos&#8217;. Hay que ser voz de los que no tienen voz para impedir que las sociedades se sigan construyendo de acuerdo con esquemas anticristianos e inhumanos. Es sumamente importante partir de un conocimiento de la realidad y de una reflexi\u00f3n desde las bases para lograr, en comuni\u00f3n eclesial, una mayor fuerza en la denuncia p\u00fablica. Cuanto m\u00e1s amplia sea la solidaridad en la denuncia, mayor presi\u00f3n ejercer\u00e1 en las estructuras para el necesario cambio.<\/p>\n<p>b) La defensa y promoci\u00f3n de los derechos humanos. En la base de muchas injusticias sociales est\u00e1 la violaci\u00f3n sistem\u00e1tica de los derechos humanos. Un an\u00e1lisis de este fen\u00f3meno revela que las violaciones proceden generalmente de una estructura social. Ella margina a sectores mayoritarios de la poblaci\u00f3n y les priva de los medios para poder ejercer sus derechos y participar en el desarrollo de la sociedad.<\/p>\n<p>Existe hoy en el mundo la conciencia de la dignidad humana y de la necesidad de promover los derechos de las personas. Los cristianos, como parte de la familia humana y como testigos de la vida del Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb, est\u00e1n cada vez m\u00e1s comprometidos en la defensa y promoci\u00f3n de los derechos humanos, en colaboraci\u00f3n pr\u00e1ctica con todos los hombres de buena voluntad. La Iglesia ha comprendido que esa promoci\u00f3n es requerida por el Evangelio y es central en su ministerio 20.<\/p>\n<p>c) La acci\u00f3n internacional. El progreso ha hecho al mundo peque\u00f1o. Eso ha tra\u00ed\u00addo como consecuencia una creciente interdependencia de las diversas naciones. Ante esta evoluci\u00f3n de la humanidad, las instituciones nacionales son, en muchas ocasiones, insuficientes para resolver los problemas de la paz, de la pobreza y de la miseria, del hambre, del progreso t\u00e9cnico e industrial de los pa\u00ed\u00adses en v\u00ed\u00adas de desarrollo, de la econom\u00ed\u00ada. \u00abEl hombre debe encontrarse con el hombre, las naciones deben encontrarse como hermanos y hermanas, como hijos de Dios\u00bb21, para poder edificar el futuro com\u00fan de la humanidad.<\/p>\n<p>La solidaridad cristiana, si quiere ser eficaz, deber\u00e1 extenderse en c\u00ed\u00adrculos conc\u00e9ntricos: individual, comunitario. nacional, hasta llegar al de los organismos internacionales. El concilio Vat.II invitaba a los cristianos a cooperar en la edificaci\u00f3n de un nuevo orden internacional m\u00e1s justo, participando en las instituciones que lo promueven y procuran\u00bb.<\/p>\n<p>Consciente de la necesidad de una acci\u00f3n internacional, el mismo concilio sugiri\u00f3 la constituci\u00f3n de un organismo de la Iglesia universal para fomentar en todas partes la justicia y el servicio a los m\u00e1s necesitados. En 1967, Pablo VI realizaba este deseo con la instituci\u00f3n de la Pont. Comisi\u00f3n de Justicia y Paz. Se le se\u00f1alaba como finalidad la de suscitar en los cristianos un conocimiento de loque significa hoy su misi\u00f3n para que promuevan el desarrollo de los pueblos y la justicia social entre las naciones.<\/p>\n<p>IV. L\u00ed\u00adneas de una espiritualidad de la solidaridad internacional<br \/>\nEl trabajo comprometido en una evangelizaci\u00f3n liberadora para conseguir una solidaridad de los hombres entre s\u00ed\u00ad que haga posible la comuni\u00f3n y participaci\u00f3n, a las que Dios nos llama. origina algunas experiencias espirituales.<\/p>\n<p>1. EXPERIENCIA DE DIOS COMO SE\u00ed\u2018OR DE l.A HISTORIA &#8211; El trabajo para ir logrando cada vez m\u00e1s una solidaridad humana y cristiana hace percibir la acci\u00f3n de Dios en la historia. El aparece gui\u00e1ndola desde dentro. En las luchas y esfuerzos dif\u00ed\u00adciles en el camino de construcci\u00f3n de una sociedad m\u00e1s justa y m\u00e1s humana, Dios aparece animando y conduciendo a los hombres de buena voluntad hacia metas nuevas y por caminos antes insospechados.<\/p>\n<p>Una espiritualidad de la solidaridad va teniendo una conciencia creciente de que es Dios quien da sentido a la historia de los hombres y de que Jesucristo es inspirador de los cambios sociales. En \u00e9l, el Padre ha querido crear una nueva humanidad con la colaboraci\u00f3n libre y responsable de los hombres.<\/p>\n<p>Esta experiencia de Dios como Se\u00f1or de la historia hace surgir la esperanza como seguridad de que, con la colaboraci\u00f3n humana, \u00e9l realizar\u00e1 los anhelos de solidaridad que infunde en el coraz\u00f3n de los hombres. La esperanza lleva a juzgar con sentido cr\u00ed\u00adtico la vida personal y social; orienta y sostiene los esfuerzos por vivir como una familia de Dios que manifiesta la koinon\u00ed\u00ada, que ser\u00e1 plena al final de los tiempos. La acci\u00f3n del Se\u00f1or de la historia suscita en cada \u00e9poca una nueva forma de esperanza que, asumiendo los valores del pasado, se abre con disponibilidad a los nuevos horizontes de la historia.<\/p>\n<p>2. EXPERIENCIA DE UNA FRATERNIDAD UNIVERSAL EXIGENTE &#8211; El amor cristiano cobra hoy dimensiones universales y se vuelve por necesidad comuni\u00f3n de amor con todos y participaci\u00f3n fraterna, y principalmente \u00abobra de justicia para los oprimidos, esfuerzo de liberaci\u00f3n para quienes m\u00e1s la necesitan&#8230; proyectada sobre el plano muy concreto de las realidades temporales.<\/p>\n<p>Las exigencias de la fraternidad, dinamizada por el amor cristiano, superan las de una sociedad simplemente justa. Llevan incluso a sacrificar los propios derechos por los derechos de los dem\u00e1s en actitud solidaria que comparte todo.<\/p>\n<p>La fraternidad cristiana revela, en el compromiso por la solidaridad, una dimensi\u00f3n universal que tiene su origen en la paternidad de Dios sobre todos los hombres, a quienes ha hecho hijos suyos y hermanos de Cristo. La solidaridad que pide el amor cristiano no se encierra en los l\u00ed\u00admites estrechos de nacionalismos exagerados o regionalismos mal entendidos. Hay en ella una apertura a la universalidad. Los hombres estamos llamados a vivir como una familia de Dios.<\/p>\n<p>3. EXPERIENCIA DE LA CONVERSI\u00ed\u201cN COMO DESPOJO Y COMPROMISO &#8211; LOS cambios r\u00e1pidos y profundos que se est\u00e1n realizando en el mundo traen consigo una carga muy fuerte de inseguridad e incertidumbre. El rostro nuevo de la solidaridad cristiana impulsa a una b\u00fasqueda constante. En ella la conversi\u00f3n acent\u00faa el aspecto de despojo y de compromiso.<\/p>\n<p>Ante todo, se hace necesario un desprendimiento de modos de pensar y de ser. Se requiere un cambio de lugar social para ver la realidad desde los pobres y marginados, y desde all\u00ed\u00ad evangelizar a todos. Hay que estar disponibles para vivir nuevos estilos de organizaci\u00f3n y de convivencia social que favorezcan una mayor justicia y respeten la dignidad humana de todos. Y esto supone renuncias a situaciones de privilegio personal o de grupo.<\/p>\n<p>Al despojo debe unirse el compromiso. No basta experimentar sensiblemente \u00ablos gozos y esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres&#8217;. Se requiere aceptar los cuestionamientos que presentan y, sobre todo, empe\u00f1arse en un trabajo solidario para la transformaci\u00f3n de las estructuras injustas e inhumanas, con todas las consecuencias que eso trae consigo.<\/p>\n<p>V. Conclusi\u00f3n<br \/>\nEn el contexto sociol\u00f3gico actual, la solidaridad cristiana es la expresi\u00f3n concreta de la koinon\u00ed\u00ada. Hoy se ve claramente que la acci\u00f3n por la justicia y la transformaci\u00f3n del mundo son una dimensi\u00f3n constitutiva de la evangelizaci\u00f3n. Esta toma de conciencia, vista a la luz de la fe, aparece como un \u00absigno de los tiempos\u00bb, en el que Dios habla y cuestiona a los creyentes. La preocupaci\u00f3n por el respeto de la dignidad humana y los derechos de los individuos y de las naciones, por la igualdad social, por la justicia en las relaciones internacionales, est\u00e1 dando una nueva comprensi\u00f3n del amor cristiano y de sus exigencias. El Evangelio nos est\u00e1 ense\u00f1ando que \u00abante las realidades que vivimos no se puede hoy&#8230; amar de veras al hermano y, por lo tanto, a Dios sin comprometerse a nivel personal&#8230; y a nivel de estructuras, con el servicio y promoci\u00f3n de los grupos humanos y de los estratos sociales m\u00e1s despose\u00ed\u00addos y humillados, con todas las consecuencias que se siguen en el plano de esas realidades temporales. En la perspectiva nacional e internacional, \u00e9ste es el sentido y \u00e9stas las consecuencias de una solidaridad cristiana aut\u00e9ntica hoy.<\/p>\n<p>Camilo Maccise<br \/>\nBIBL.-AA. VV., Opci\u00f3n por los oprimidos y evangelizaci\u00f3n, Centro de Reflexi\u00f3n Teol\u00f3gica, M\u00e9xico 1977.-AA. VV., Praxis de liberaci\u00f3n y fe cristiana, en \u00abConcilium\u00bb, 6 (1974).-AA. VV., Los pobres y la Iglesia, en \u00abConcilium\u00bb, 4 (1977).-Arrope, P, La Iglesia de hoy y d.\/lauro, Sal Terrae, Santander 1982.-Boli, L, El destino del hombre y del mundo, Indo-American Presa. Bogot\u00e1 1975.-Baurgeois. L, Philosophie de la solidaric\u00e9, Par\u00ed\u00ads 1902.-Buber. M. Ich und Du, Leipzig 1922.-Juan XXIII, Mater el Magistra (1961) y Pacem in tenis (1963).-Pablo VI. Octogesima adveniens (1971) y Catholicam Christi Ecclesiam (6-1-1967. para constituir la Comisi\u00f3n de \u00abJusticia y Paz\u00bb).-Juan Pablo II. Laborem exercens (1981).-Equipo Te\u00f3logos CI.AR. Pueblo de Dios y comunidad liberadora, Indo-American Press. Bogot\u00e1 1977.-Galilea. S. Espiritualidad de la liberaci\u00f3n, ISPAJ, Santiago de Chile 1973.-Id. Vivir el Evangelio en tierra extra\u00f1a, Indo-American Press. Bogot\u00e1 1976.-Id, Espiritualidad de la evangelizaci\u00f3n, Indo American Press. Bogot\u00e1 1979.-Girardi, J, Amor cristiano y lucha de clases, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1971.-Guti\u00e9rrez. G. Teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1977&#8242;.-Libanio. J. B. Las grandes rupturas socio-culturales y eclesiales, CIAR. Bogot\u00e1 1982.-Metz, J. B, Teolog\u00ed\u00ada del mundo. S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1970.-Id, La fe, la historia y la sociedad, Cristiandad. Madrid 1979.&#8211;Mouroux, R. Creo en ti, Flors, Barcelona 1964.-S\u00ed\u00adnodo de los obispos (1971). La justicia en el mundo.-Vel\u00e1zquez. P, Dimensi\u00f3n social de la caridad, Secretariado Social Mexicano 1962.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Premisa.<br \/>\nII. Las diversas acepciones de solidaridad:<br \/>\n1. La perspectiva jur\u00ed\u00addica;<br \/>\n2. La perspectiva antropol\u00f3gica<br \/>\n3. La perspectiva sociol\u00f3gica.<br \/>\nIII. Solidaridad y \u00e9tica cristiana:<br \/>\n1. La solidaridad como valor teologal;<br \/>\n2. La solidaridad como instancia \u00e9tica.<br \/>\nIV. La solidaridad hoy:<br \/>\n1. Crisis y renacimiento de la solidaridad;<br \/>\n2. Las dimensiones de la solidaridad:<br \/>\n    a) Solidaridad e igualdad,<br \/>\n    b) Solidaridad y eficiencia,<br \/>\n    c) Solidaridad y gratuidad.<\/p>\n<p>I. Premisa<br \/>\nLa valoraci\u00f3n actual de la solidaridad, cada vez m\u00e1s cualificada y extendida, constituye un signo de los tiempos. Se ha venido afirmando una nueva conciencia social acerca de los lazos de cada uno con categor\u00ed\u00adas necesitadas; se han constituido espont\u00e1neamente comunidades y grupos que miran a conseguir metas comunes de car\u00e1cter social, econ\u00f3mico, pol\u00ed\u00adtico y religioso y a hacer que se perciban m\u00e1s eficazmente las protestas contra los males sociales en orden a obtener un cambio. La palabra solidaridad suscita en muchos el deseo de contribuir a la acogida y a la promoci\u00f3n del pr\u00f3jimo necesitado de ayuda.<\/p>\n<p>La solidaridad = \u00abalacris animorum coniunctio\u00bb, como Juan XXIII la llama en la enc\u00ed\u00adclica Pacem in terris- recuerda sobre todo la idea de la unidad activa en compartir las situaciones de los dem\u00e1s, en sentirse responsables de cuanto de penoso ocurre a los hermanos, en proyectar y realizar un socorro eficaz.<\/p>\n<p> II. Las diversas acepciones de solidaridad<br \/>\nEl concepto de solidaridad ha experimentado en la cultura occidental un proceso de transformaci\u00f3n que se ha reflejado tambi\u00e9n en la utilizaci\u00f3n de sus diversos \u00e1mbitos de referencia. Todav\u00ed\u00ada hoy se utiliza el t\u00e9rmino seg\u00fan acepciones diversas que merecen ser precisadas.<\/p>\n<p>I. LA PERSPECTIVA JUR\u00ed\u008dDICA. Desde siempre (ya desde la \u00e9poca del imperio romano) el derecho ha sancionado que una pluralidad de sujetos (deudores) puede ser puesta ante una prestaci\u00f3n que no es susceptible de divisi\u00f3n, y que por lo mismo se le puede imponer \u00ed\u00adntegramente a cada uno. Es decir, en determinados casos cada deudor puede ser llamado a responder totaliter, o sea, de la totalidad de la deuda contra\u00ed\u00adda por varios sujetos. Ello puede depender de la naturaleza de la deuda misma o de la voluntad de las partes. El C\u00f3digo civil italiano sanciona: \u00abLa obligaci\u00f3n es in solido cuando varios deudores est\u00e1n obligados todos por la misma prestaci\u00f3n, de modo que se puede forzar a cada uno al cumplimiento por la totalidad\u00bb (art. 1.292).<\/p>\n<p>En la concepci\u00f3n jur\u00ed\u00addica del pasado se supon\u00ed\u00ada que del concurso de varios sujetos a una misma acci\u00f3n nac\u00ed\u00ada por norma y necesariamente s\u00f3lo una parcialidad de obligaciones; cada sujeto estaba obligado s\u00f3lo respecto a su parte de intervenci\u00f3n. S\u00f3lo cuando se declaraba expl\u00ed\u00adcitamente la solidaridad quedaba derogada e impedida la parcialidad de la obligaci\u00f3n. Adem\u00e1s, incluso en la hip\u00f3tesis de estar establecida por ley, la solidaridad se interpretaba como un modo de ser especial de la obligaci\u00f3n, que de por s\u00ed\u00ad era necesariamente parcial. La solidaridad no anulaba la figura jur\u00ed\u00addica primaria del fraccionamiento de la obligaci\u00f3n; s\u00f3lo de modo excepcional la obligaci\u00f3n parcial pod\u00ed\u00ada ser llamada a asumir la carga de la reparaci\u00f3n por el todo, por lo cual cada deudor pod\u00ed\u00ada ser obligado en determinadas circunstancias a pagar la suma entera de las obligaciones parciales.<\/p>\n<p>En cambio, en la cultura jur\u00ed\u00addica actual la obligaci\u00f3n solidaria no se concibe ya reductivamente como dependiente y en correlaci\u00f3n con la obligaci\u00f3n parcial. Se estima que la parcial no es la \u00fanica obligaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica natural, de forma que la solidaria quede reducida a forma anormal. En el derecho contempor\u00e1neo la solidaridad es un valor en s\u00ed\u00ad leg\u00ed\u00adtimo y obligado, que se afirma con configuraci\u00f3n aut\u00f3noma propia.<\/p>\n<p>2. LA PERSPECTIVA ANTROPOL\u00ed\u201cGICA. En la \u00e9poca contempor\u00e1nea, sin embargo, el discurso sobre la solidaridad ha trascendido el \u00e1mbito puramente jur\u00ed\u00addico, adquiriendo un nuevo contexto cultural. Si al hablar de solidaridad en el pasado se pretend\u00ed\u00ada recordar los deberes que una persona era eventualmente llamada a cumplir en virtud de exigencias de justicia conmutativa y social, ahora se pone de manifiesto que es el constitutivo mismo de la persona el.que exige de ella relaciones de solidaridad con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Pero la solidaridad en perspectiva antropol\u00f3gica var\u00ed\u00ada de acuerdo con el modo de considerar la naturaleza de la persona humana. En la filosof\u00ed\u00ada cl\u00e1sica escol\u00e1stica se subrayaba la individualidad incomunicable de la persona. Cada uno era considerado responsable de sus actos; no pod\u00ed\u00ada ni deb\u00ed\u00ada dar cuenta o responder de lo que no depend\u00ed\u00ada de su obrar. Lo que ocurr\u00ed\u00ada fuera de su \u00e1mbito a lo sumo pod\u00ed\u00ada urgirle a un gesto de caridad (p.ej., ofrecer limosna u oraciones por las obras misioneras), pero no supon\u00ed\u00ada una responsabilidad directa. Una religiosa que se dedicaba a asistir a ni\u00f1os abandonados o un misionero que se compromet\u00ed\u00ada a trabajar con infieles lejanos testimoniaban que cumpl\u00ed\u00adan un deber sugerido exclusivamente por su personal vocaci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>En la \u00e9tica actual ciertamente permanece la atenci\u00f3n a la individualidad incomunicable de la persona, pero \u00e9sta se pone en estrecha relaci\u00f3n con su configuraci\u00f3n relacional fundamental. La persona es un ser aut\u00f3nomo, que vive esencialmente de relaciones interpersonales, o sea, que est\u00e1 en constante di\u00e1logo con el pr\u00f3jimo. La persona est\u00e1 en contacto perenne e irrenunciable con Dios, con el pr\u00f3jimo y con las realidades mundanas. El yo no puede llegar a la vida y conseguir su estado adulto m\u00e1s que en relaci\u00f3n con el otro. El yo no se conoce m\u00e1s que mirando al t\u00fa; no se promueve m\u00e1s que sacrific\u00e1ndose por alguien; no desarrolla cultura o fuerza operativa si no establece cooperaci\u00f3n. Una vida segregada en el individualismo no es una vida humana. Quiz\u00e1 la mejor descripci\u00f3n moderna del infierno podr\u00ed\u00ada ser la siguiente: un estado en el que el condenado-no puede ya ofrecer y recibir ninguna relaci\u00f3n afectiva. El infierno es no saber amar. En cambio, la vida paradisiaca es estar juntos en la plena comunicaci\u00f3n del amor. La palabra con la que se presenta el hombre conscientemente adulto no es yo, sino yo-t\u00fa.<\/p>\n<p>En esta perspectiva la solidaridad ejerce una funci\u00f3n existencial fundamental. Hace percibir que el otro -cualquier otro- es la mitad de la propia alma; por eso el hombre solidario no se concede paz a la vista de alguien que sufre, sobre todo injustamente.<\/p>\n<p>El hombre moderno no atribuye a Dios la responsabilidad de la existencia de gente miserable en la tierra, pues sabe que Dios nos ha confiado la tarea de proveer al hermano necesitado, no tanto d\u00e1ndonos un precepto expl\u00ed\u00adcito particular, sino por habernos creado como hombres necesitados de una integraci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca.<\/p>\n<p>3. LA PERSPECTIVA SOCIOL\u00ed\u201cGICA: El haber tomado conciencia de que todo lo que se refiere a la personalidad humana (su aparici\u00f3n, su madurar y su obrar de modo aut\u00e9ntico) depende de convivir en solidaridad con los otros ha cualificado el vivir en sociedad no tanto como un simple deber, sino como una exigencia primaria de la persona.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se debe vivir esta solidaridad social? En la sociedad podemos comportarnos como socios o bien como pr\u00f3jimo. Las relaciones que establecemos pueden estar dictadas por nuestra profesi\u00f3n o por la estructura social en que estamos insertos, la cual distribuye roles y tareas bien definidos: sindicalista, profesor, magistrado, etc. En este caso, al interesarnos por los dem\u00e1s entablamos relaciones que pasan a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n de la instituci\u00f3n social, es decir, obramos solidariamente como socios.<\/p>\n<p>Pero junto a estas relaciones dictadas por la situaci\u00f3n profesional existen otras fundadas simplemente en el hecho de ser hombres. Ante un herido encontrado en la calle o un joven sin empleo, mi rol social puede que no me sugiera nada, pero mi ser de hombre me hace sentir al otro como pr\u00f3jimo m\u00ed\u00ado y me insta a ayudarle.<\/p>\n<p>La \u00e9tica de la solidaridad no puede reducirse a roles sancionados por las instituciones sociales (roles que hacen de nosotros socios), ni es satisfecha por el que se limita a cumplir con su deber profesional. El otro es alguien que me afecta por encima de mi cualificaci\u00f3n social. Es lo que ha querido ense\u00f1arnos Jes\u00fas con la par\u00e1bola del buen samaritano ( Luc 10:25-37).<\/p>\n<p>El deber de ser socios y de ser pr\u00f3jimo no se contraponen; son aspectos del comportamiento humano llamados a integrarse. El cargo profesional ha de ejercerse en forma personalizada, de modo que exprese solidaridad de acogida y amor al otro, mientras que la ayuda caritativa al pr\u00f3jimo debe cualificarse por la competencia profesional.<\/p>\n<p>La organizaci\u00f3n asistencial, al limitarse a la eficiencia en el plano t\u00e9cnico, registra una reducci\u00f3n de la densidad humana, dando lugar a la prestaci\u00f3n de servicios cada vez m\u00e1s an\u00f3nimos y burocr\u00e1ticos, incapaces de crear un contacto aut\u00e9nticamente humano respecto a los asistidos. Giorgio La Pira (fi 1977), siendo alcalde de Florencia, declar\u00f3 en 1954: \u00abVosotros ten\u00e9is respecto a m\u00ed\u00ad un solo derecho: el de negarme la confianza. Pero no ten\u00e9is derecho a decirme: Se\u00f1or alcalde, no se interese por las personas sin trabajo (despedidos o desocupados), sin casa (desahuciados), sin asistencia (ancianos, enfermos, ni\u00f1os)&#8230; Es mi deber fundamental&#8230; Si hay alguien que sufre, yo tengo un deber preciso: intervenir de todos los modos y con todos los medios que el amor sugiere y que la ley procura para que aquel sufrimiento se reduzca o mitigue&#8230; No existe otra forma de conducta para un alcalde cristiano\u00bb.<\/p>\n<p>Si la justicia se puede delimitar dentro de una formulaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica, la caridad impulsa a una actitud de inagotable participaci\u00f3n, que comprende la atenci\u00f3n a descifrar los nuevos rostros de la pobreza y el esfuerzo por sensibilizar a todos para que cada uno asuma su responsabilidad con esp\u00ed\u00adritu de verdadera solidaridad.<\/p>\n<p>En el pasado la dimensi\u00f3n de hacerse pr\u00f3jimo estaba ligada preferentemente a motivaciones de orden religioso. Surg\u00ed\u00adan instituciones y congregaciones religiosas, piadosas sociedades y archicofrad\u00ed\u00adas, que se dedicaban a obras asistenciales altamente ben\u00e9ficas. En el mundo actual, aunque el Estado ha instaurado loablemente formas p\u00fablicas de asistencia social, las instituciones asistenciales siguen siendo preciosas para testimoniar que la profesionalidad debe estar informada por la caridad. Para esto han nacido libremente en nuestro tiempo grupos o movinuentos sociales laicales ordenados a ejercer simult\u00e1neamente la tarea de socio y de pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>T. Goffi<br \/>\nIII. Solidaridad y \u00e9tica cristiana<br \/>\nEl tema de la solidaridad ocupa un puesto de gran relieve en la tradici\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>1. LA SOLIDARIDAD COMO VALOR TEOLOGAL. En la Biblia la solidaridad reviste ante todo las connotaciones de valor teologal antes ya que de instancia \u00e9tica. En efecto, la experiencia que el creyente tiene de un Dios solidario es lo que le impulsa a vivir la solidaridad con los hermanos. La historia de la salvaci\u00f3n es historia de la revelaci\u00f3n progresiva que Dios hace de s\u00ed\u00ad mismo al hombre como un Dios que entra en su vida hasta compartirla plenamente en Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p>La llamada del hombre a la vida en el misterio de la creaci\u00f3n mira a hacer de \u00e9l el partner del mismo Creador en el ejercicio del dominio del mundo (G\u00e9n 2:15). En cuanto \u00abimagen de Dios\u00bb (G\u00e9n 1:26), el hombre es el interlocutor que Dios se asigna a s\u00ed\u00ad mismo, el \u00fanico entre todas las criaturas capaz de escuchar a Dios que habla y de responderle, estableciendo con \u00e9l una relaci\u00f3n de comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>La solidaridad que se entabla entre Dios y el hombre, y que tiene su fundamento en la estructura relacional de \u00e9ste (G\u00e9n 2:7), est\u00e1, pues, constituida por la superaci\u00f3n de la pura dependencia y por el reconocimiento de la responsabilidad humana en el contexto de una colaboraci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca. A1 hacer existir las cosas y confiarlas al hombre, Dios en cierto sentido se aleja del mundo, respetando profundamente la libertad humana. La comuni\u00f3n con Dios, que es la ra\u00ed\u00adz de las relaciones del hombre con sus semejantes y con el mundo, es por ello el fundamento y el modelo de toda otra forma de solidaridad.<\/p>\n<p>El don de la alianza, que sucede al drama del pecado (G\u00e9n 3), revela el sentido profundo de la solidaridad divina. La alianza restablece la cercan\u00ed\u00ada de Dios al hombre, pero manifiesta tambi\u00e9n su infinita distancia: el Dios que se hab\u00ed\u00ada alejado del hombre a consecuencia del pecado se ha hecho de nuevo vecino; pero el Dios cercano no deja de ser un Dios lejano, otro, inaccesible. El hombre est\u00e1 llamado a vivir en presencia de su Se\u00f1or; pero al mismo tiempo debe reconocer su ausencia, esforz\u00e1ndose en construir el mundo y la historia de modo aut\u00f3nomo. El don de Dios se transforma para el hombre en tarea a la que no puede sustraerse: debe cumplirla con total entrega si quiere ser fiel a la voluntad divina. La solidaridad de Dios es oferta gratuita de una comuni\u00f3n que es preciso realizar bajo el signo de una reciprocidad efectiva.<\/p>\n<p>Pero la revelaci\u00f3n definitiva de la solidaridad de Dios con el hombre se produce en el misterio de la encarnaci\u00f3n y de la pascua de Cristo. A1 compartir la condici\u00f3n humana, Dios hace transparente el amor que profesa al hombre (Flp 2:6-8), amor que lleva a dar su misma vida para su completa liberaci\u00f3n (Jua 15:13). La solidaridad humana asume as\u00ed\u00ad las connotaciones del compartir (sercon) y del don total de s\u00ed\u00ad (ser-para). El Dios cristiano es -seg\u00fan la feliz expresi\u00f3n de D. Bonh\u00f3ffer- el Dios pobre, despojado, impotente; pero sobre todo el Dios ser-para-los-otros. La pobreza de Dios en Cristo no es fin en s\u00ed\u00ad misma; es la suprema revelaci\u00f3n del amor de Dios, de un Dios que es por definici\u00f3n amor y don.<\/p>\n<p>El misterio trinitario encuentra aqu\u00ed\u00ad su significado \u00faltimo: Es el misterio de un Dios que vive en comuni\u00f3n de personas, las cuales se constituyen en el rec\u00ed\u00adproco darse. Dios es amor en cuanto es Trinidad, y es Trinidad en cuanto es amor. La solidaridad, en cuanto valor teologal, hunde, pues, sus ra\u00ed\u00adces en la naturaleza misma de Dios. Es comuni\u00f3n con el otro que respeta su diversidad y orientada a activar su plena responsabilidad; es compartir y don de s\u00ed\u00ad, que revela en el misterio trinitario toda su densidad ontol\u00f3gica.<\/p>\n<p>2. LA SOLIDARIDAD COMO INSTANCIA ETICA. El creyente, que es hecho part\u00ed\u00adcipe de la experiencia del amor divino, est\u00e1 obligado por ello a hacer transparente en su vida cotidiana sus connotaciones esenciales: \u00abAmaos como yo os he amado\u00bb (Jua 13:34). La solidaridad asume, en consecuencia, el car\u00e1cter de instancia \u00e9tica; se convierte en deber de transferir a las relaciones con los hombres el sentido y la l\u00f3gica de tal experiencia.<\/p>\n<p>a) Considerada bajo este aspecto, la solidaridad se presenta como el lugar de la estricta conjugaci\u00f3n de justicia y caridad. En efecto, la atenci\u00f3n al otro implica en primer lugar el reconocimiento de sus leg\u00ed\u00adtimos derechos y la creaci\u00f3n de condiciones, tambi\u00e9n estructurales, para su ejercicio y desarrollo. No se debe olvidar -como ha ocurrido a veces, por desgracia, tambi\u00e9n en la Iglesiaque la forma primera y originaria de la caridad es el ejercicio de la justicia, o sea, la obligaci\u00f3n de realizar un mundo en el cual los derechos humanos (de los individuos y de los pueblos) no s\u00f3lo se proclamen abstractamente, sino que se hagan concretamente vivibles.<\/p>\n<p>Por eso la solidaridad se identifica ante todo con la acci\u00f3n de denuncia de las estructuras de pecado siempre presentes en nuestro mundo, y con el esfuerzo por construir nuevas formas de convivencia que respeten la dignidad del hombre y concurran al logro de su liberaci\u00f3n. La creciente interdependencia entre los hombres y entre los pueblos hace surgir la importancia de la dimensi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica de la solidaridad. La relevancia que las instituciones han adquirido en nuestro tiempo en orden a la mediaci\u00f3n de las relaciones interpersonales y sociales, as\u00ed\u00ad como el car\u00e1cter cada vez m\u00e1s universal de la experiencia humana, evidencian el aspecto central de la cuesti\u00f3n del cambio estructural. El ejercicio de la solidaridad conlleva la aceptaci\u00f3n de una precisa responsabilidad frente a las estructuras a fin de construir ordenamientos sociales capaces de satisfacer las verdaderas necesidades del hombre.<\/p>\n<p>b) Pero la solidaridad no se agota en la pr\u00e1ctica de la justicia. En definitiva, tiene como mira la persona en su unicidad, y por tanto en lo irrepetible de sus exigencias y en la singularidad de su vocaci\u00f3n. La justicia se mueve preferentemente en el plano objetivo; tiende a la justa distribuci\u00f3n de los derechos y a la satisfacci\u00f3n de las necesidades, pero ignora las din\u00e1micas m\u00e1s profundas del deseo humano. S\u00f3lo la caridad, que implica un compromiso subjetivo en la \u00f3ptica del compartir y del don de s\u00ed\u00ad, es capaz de conferir plenitud de sentido a la vida de relaci\u00f3n. Nuestra sociedad corre a menudo el peligro de presumir que las reformas estructurales constituyen el modo de resolver todos los problemas humanos. La solidaridad, en cuanto que integra en s\u00ed\u00ad las exigencias de la justicia y las de la caridad, es la virtud que m\u00e1s radicalmente interpreta los deseos del hombre contempor\u00e1neo, pues a trav\u00e9s de ella se constituye la mediaci\u00f3n de lo personal y de lo social en el cuadro de una s\u00ed\u00adntesis din\u00e1mica, cuyo objetivo es la plenitud de la liberaci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>IV. La solidaridad hoy<br \/>\nEl inter\u00e9s por el tema de la solidaridad ha crecido hoy notablemente, tanto dentro del mundo cristiano como del laico. Han desaparecido en gran medida en el mundo laico los prejuicios del pasado, que dieron lugar a adoptar una actitud de rechazo, o al menos de desconfianza, frente a ella. Estos prejuicios afectaban, aunque por motivos opuestos, tanto al \u00e1rea liberal-capitalista como a la marxista. Pues mientras que las corrientes liberales o neoliberales rechazaban con fuerza la solidaridad en nombre de una supuesta sacralidad de las leyes econ\u00f3micas, los movimientos de inspiraci\u00f3n marxista la miraban con sospecha, consider\u00e1ndola como una forma de posible cobertura de los conflictos sociales, una especie de c\u00f3moda coartada en la que atrincherarse para evitar afrontar las trabas estructurales de las injusticias existentes.<\/p>\n<p>Por otra parte, es cierto que la invitaci\u00f3n a la solidaridad dentro del \u00e1rea cat\u00f3lica no tuvo siempre id\u00e9ntico significado. Pues si, por un lado, se invocaba la solidaridad como instrumento de reivindicaci\u00f3n de los derechos fundamentales de las zonas m\u00e1s d\u00e9biles y marginales -pi\u00e9nsese en el \u00absolidarismo\u00bb desarrollado en el \u00e1mbito del movimiento sindical de inspiraci\u00f3n cristiana-, por otro se confund\u00ed\u00ada a menudo en la mentalidad de muchos creyentes con una atenci\u00f3n gen\u00e9rica al otro o con una actitud pietista centrada exclusivamente en la limosna y en la asistencia privada.<\/p>\n<p>1. CRISIS Y RENACIMIENTO DE LA SOLIDARIDAD. As\u00ed\u00ad pues, la par\u00e1bola del t\u00e9rmino solidaridad no es rectil\u00ed\u00adnea, y su replanteamiento actual no est\u00e1 exento del riesgo de que se precisen insuficientemente sus contornos hist\u00f3ricos concretos. En otras palabras, subsiste el peligro de que, a pesar de una mayor conciencia de su valencia estructural y pol\u00ed\u00adtica, se reduzca la solidaridad a una mera instancia emocional o a una proclamaci\u00f3n abstracta de principio, no sufragada por un serio compromiso encaminado a afrontar realistamente las complejas cuestiones. de la actual coyuntura social.<\/p>\n<p>Este peligro se ve agravado, por otra parte, por el estado de ambivalencia, e incluso de contrariedad, que distingue a este respecto a la sociedad en que vivimos. Se dir\u00ed\u00ada, parad\u00f3jicamente, que la insistente invitaci\u00f3n a la solidaridad es hoy inversamente proporcional a la pr\u00e1ctica efectiva de este valor en la vida de los hombres.<\/p>\n<p>La crisis de las ideolog\u00ed\u00adas del cambio hist\u00f3rico ha suscitado un fuerte repliegue del hombre sobre s\u00ed\u00ad mismo -en la b\u00fasqueda de la propia identidad y de su autorrealizacion- con la consiguiente atenuaci\u00f3n de la tensi\u00f3n social y pol\u00ed\u00adtica. La justificada reacci\u00f3n contra un proceso de socializaci\u00f3n que ha terminado penalizando a la persona a trav\u00e9s de la expansi\u00f3n de fen\u00f3menos de masificaci\u00f3n y de homologaci\u00f3n, se traduce de hecho en una exasperada subjetivizaci\u00f3n de las necesidades y de los comportamientos y en la afirmaci\u00f3n de tendencias privatistas cada vez m\u00e1s marcadas.<\/p>\n<p>Esta cultura individualista se ve favorecida adem\u00e1s por las profundas transformaciones estructurales en curso. El advenimiento de la sociedad compleja, caracterizada por la multiplicaci\u00f3n de las pertenencias y de la fragmentaci\u00f3n de las vivencias, alimentada por el crecimiento de impulsos corporativos, en los que prevalece la b\u00fasqueda del propio inter\u00e9s y la falta de apertura al bien colectivo. La dial\u00e9ctica p\u00fablico-privado asume a veces las connotaciones de la oposici\u00f3n radical, ya sea por la p\u00e9rdida progresiva de significado de los mundos vitales, ya por la presi\u00f3n de la innovaci\u00f3n tecnol\u00f3gica con pesadas reca\u00ed\u00addas tambi\u00e9n en la articulaci\u00f3n de las relaciones humanas. La misma cr\u00ed\u00adtica al Estado social, aunque en muchos aspectos est\u00e1 motivada por la leg\u00ed\u00adtima denuncia de los l\u00ed\u00admites relacionados con su actuaci\u00f3n (derroche, procesos de burocratizaci\u00f3n, etc.), oculta a menudo una clara voluntad de afirmaci\u00f3n individual, de exaltaci\u00f3n de lo privado y de su eficiencia al margen de cualquier l\u00f3gica de solidaridad.<\/p>\n<p>A pesar de ello existen y van consolid\u00e1ndose, tambi\u00e9n en nuestra sociedad, procesos de signo diverso que testimonian, aunque en \u00e1reas cuantitativamente limitadas, un prometedor redescubrimiento del valor de la solidaridad. Basta pensar en el desarrollo de grupos y de movimientos de l voluntariado comprometidos en afrontar los problemas de la desviaci\u00f3n y la marginaci\u00f3n social o proyectados hacia el tercer mundo. El creciente aumento del l\u00ed\u00admite de las estructuras existentes ha concurrido a dar vida en estos \u00faltimos a\u00f1os a numerosas iniciativas encaminadas no s\u00f3lo a suplir las carencias de los servicios sociales, sino a veces a respaldar y a hacer m\u00e1s eficaces las prestaciones mediante el apoyo de presencias inspiradas en valores \u00e9ticos y religiosos que favorecen una aut\u00e9ntica humanizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo se manifiesta, tambi\u00e9n en el terreno pol\u00ed\u00adtico, la exigencia de promover nuevas ordenaciones institucionales que faciliten la integraci\u00f3n entre privado y p\u00fablico para afrontar m\u00e1s seriamente los dif\u00ed\u00adciles problemas de la convivencia humana y para hacer sitio a las leg\u00ed\u00adtimas exigencias de todos, sobre todo de los \u00faltimos. La solidaridad, que por un lado atraviesa una gran crisis, por otro recupera su plena actualidad como valor fundamental para el crecimiento de una sociedad m\u00e1s a la medida del hombre.<\/p>\n<p>2. LAS DIMENSIONES DE LA SOLIDARIDAD. El abanico de problemas que se abren supone, por un lado, la necesidad de profundizar la solidaridad en relaci\u00f3n con otros valores con los que debe medirse y, por otro, la exigencia de encarnarla en los diversos \u00e1mbitos de la vida personal y social, distinguiendo las posibilidades concretas ofrecidas por la situaci\u00f3n contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>a) Solidaridad e igualdad. La solidaridad, para poder desarrollarse, implica el reconocimiento de la igualdad fundamental entre los hombres, a la vez que el respeto de la alteridad de cada persona. Esto comprende el rechazo de una l\u00f3gica de exasperada diferenciaci\u00f3n -l\u00f3gica que est\u00e1 en la base de la afirmaci\u00f3n de injustas distribuciones- y la superaci\u00f3n de un igualitarismo nivelador, que conduce a formas de masificaci\u00f3n alienante.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n fuerza a pensar de modo correcto la relaci\u00f3n igualdaddiversidad en la perspectiva de la tutela y del desarrollo de los derechos fundamentales de toda persona humana. Los derechos a la salud, a la casa, a la instrucci\u00f3n, a la seguridad social son derechos inalienables, que no s\u00f3lo no se pueden conculcar, sino que hay que promover en t\u00e9rminos cada vez m\u00e1s amplios. El Estado social, lejos de desterrarlo, hay que ensancharlo m\u00e1s, aunque corrigiendo sus l\u00ed\u00admites asistenciales y los aspectos de derroche.<\/p>\n<p>En este sentido se hace urgente reconsiderar, en el marco de la actual complejidad social, la relaci\u00f3n p\u00fablico-privado dentro de una l\u00f3gica de verdadera solidaridad. Gran inter\u00e9s reviste bajo este aspecto la recuperaci\u00f3n de los principios de subsidiariedad, que es uno de los quicios fundamentales de la doctrina social de la Iglesia. Hay que incluirlo en el horizonte de una solidaridad ampliada, que no anula las diferencias, ni las individuales ni las de grupo, sino que las respeta y asume, instando a la vez a converger hacia objetivos de bien colectivos que hay que alcanzar mediante el concurso responsable de todos. De ah\u00ed\u00ad la necesidad de restituir una efectiva posibilidad de expresi\u00f3n a los \u00abmundos vitales\u00bb (en primer lugar a la familia) como \u00e1mbitos que presiden los procesos de la producci\u00f3n del sentido y en los cuales tienen lugar las formas originarias de personalizaci\u00f3n y de socializaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La contraposici\u00f3n entre p\u00fablico y privado, en efecto, esa menudo la resultante de la falta de valorizaci\u00f3n de estos aspectos significativos de la experiencia humana, aspectos que se sit\u00faan como elemento de articulaci\u00f3n entre la recuperaci\u00f3n de la identidad y la apertura. social.<\/p>\n<p>b) Solidaridad y eficiencia. La solidaridad se les antoja tambi\u00e9n a muchos una instancia contrapuesta a la instancia de la eficiencia. Mientras que esta \u00faltima -sobre todo en el terreno econ\u00f3mico- est\u00e1 guiada por l\u00f3gicas objetivas e impersonales, la solidaridad est\u00e1 radicalmente centrada en el criterio de la interpersonalidad.<\/p>\n<p>Es importante al respecto recordar que la \/econom\u00ed\u00ada, en cuanto ciencia humana, ha de perseguir el desarrollo de la persona y de la familia humana entera. A hacer m\u00e1s evidente la necesidad de este recurso de la centralidad del hombre han contribuido en estos \u00faltimos a\u00f1os algunos procesos hist\u00f3ricos, que han puesto de manifiesto los l\u00ed\u00admites de las tradicionales teor\u00ed\u00adas econ\u00f3micas. La ley de la maximalizaci\u00f3n de la productividad (y por tanto de beneficio) se basaba, en efecto, en la presunci\u00f3n de una espont\u00e1nea redistribuci\u00f3n de la riqueza -redistribuci\u00f3n que no se ha verificado-, pero estaba anclada sobre todo en la convicci\u00f3n de la existencia de recursos indefinidos y de un impacto ambiental positivo, es decir, capaz de absorber en condiciones razonables los efectos negativos. El acentuarse del abismo entre norte y sur del mundo y la aparici\u00f3n de nuevas formas de pobreza dentro de las mismas naciones desarrolladas, as\u00ed\u00ad como el car\u00e1cter dram\u00e1tico de la cuesti\u00f3n ecol\u00f3gica, ponen al desnudo lo infundado de tales supuestos y fuerzan a la ciencia econ\u00f3mica a revisar los par\u00e1metros sobre los cuales se ha construido durante mucho tiempo. Lo que, en definitiva, se somete a juicio es el modelo dominante de desarrollo, centrado exclusivamente en los aspectos cuantitativos, y por lo mismo ajeno a las exigencias de justicia distributiva de los bienes y a la calidad de vida.<\/p>\n<p>El tradicional alejamiento, e incluso oposici\u00f3n, entre econom\u00ed\u00ada y \u00e9tica tiende a ser sustituido por la b\u00fasqueda de puntos de convergencia en raz\u00f3n de un inter\u00e9s com\u00fan -los costos ambientales y ocupacionales son tambi\u00e9n de hecho costos econ\u00f3micos-, que s\u00f3lo puede perseguirse renunciando a la r\u00ed\u00adgida afirmaci\u00f3n del puro beneficio empresarial y yendo en direcci\u00f3n de un beneficio social m\u00e1s amplio, adquirible a trav\u00e9s de una expansi\u00f3n de la responsabilidad colectiva.<\/p>\n<p>La solidaridad asume en este contexto el significado de criterio gu\u00ed\u00ada de las decisiones econ\u00f3micas, de horizonte complexivo dentro del cual situar la misma eficiencia productiva, si se quiere que concurra al crecimiento global (tambi\u00e9n econ\u00f3mico) de la familia humana. En esta perspectiva merecen particular atenci\u00f3n los intentos en curso de dar vida al sistema cooperativista a trav\u00e9s del cual, sin renunciar al valor de la eficiencia, se propone activar una gesti\u00f3n m\u00e1s personalizada y participante de la vida econ\u00f3mica, promoviendo iniciativas preciosas de intervenci\u00f3n en algunas situaciones de malestar -pi\u00e9nsese en la soluci\u00f3n de los problemas del paro y desocupaci\u00f3n juvenil- e iniciando procesos nuevos que abran el camino a una reconsideraci\u00f3n de la actividad econ\u00f3mica entera.<\/p>\n<p>c) Solidaridad y gratuidad. La plena actualizaci\u00f3n de la solidaridad en la sociedad de hoy est\u00e1 ligada, finalmente, a la capacidad de hacer transparentes los valores m\u00e1s espec\u00ed\u00adficos, que tienen su culminaci\u00f3n en la atenci\u00f3n a la persona y a su absoluta dignidad. La solidaridad asume aqu\u00ed\u00ad las connotaciones de compartir y de servicio, de acogida incondicionada del otro y de don total de s\u00ed\u00ad; se identifica, en una palabra, con la gratuidad.<\/p>\n<p>El malestar que atraviesa nuestra civilizaci\u00f3n est\u00e1 determinado, adem\u00e1s de por la insuficiencia de las medidas capaces de garantizar los derechos de todos, tambi\u00e9n y sobre todo por la escasa atenci\u00f3n a estos valores. Las estructuras de servicio social son a menudo an\u00f3nimas e impersonales, est\u00e1n guiadas por l\u00f3gicas burocr\u00e1ticas o, a lo sumo, por el simple criterio de la eficiencia de las prestaciones. La masificaci\u00f3n presente en la sociedad corre peligro de penalizar la subjetividad de los individuos, provocando graves formas de alienaci\u00f3n. En este contexto adquieren gran significado las diversas expresiones del l voluntariado, cuya funci\u00f3n es cada vez m\u00e1s importante dentro de las estructuras. Para que esta funci\u00f3n se ejerza de modo correcto es necesario, sin duda, que asociaciones y grupos de voluntarios cualifiquen profesionalmente sus prestaciones y se abran a una plena colaboraci\u00f3n con las varias instituciones presentes en el territorio. Pero no es menos necesario que las mismas instituciones p\u00fablicas sepan reconocer los l\u00ed\u00admites que las caracterizan y adviertan la exigencia de admitir la contribuci\u00f3n de cuantos -sujetos o entidades- son capaces de aportar a la articulaci\u00f3n de la convivencia humana un suplemento de alma verdadero y aut\u00e9ntico.<\/p>\n<p>Se trata, por tanto, de proceder a una redefinici\u00f3n de la acci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica, haciendo sitio a la mediaci\u00f3n entre exigencias objetivas y exigencias sociales y superando la ruptura entre Estado y sociedad civil. Se trata, en \u00faltimo an\u00e1lisis, de orientar la pol\u00ed\u00adtica al desarrollo, en una \u00f3ptica de verdadera solidaridad, mediante la constante apertura a las provocaciones que llegan de abajo y a la creaci\u00f3n de condiciones de acogida de todas aquellas formas de compromiso social que nacen de la disponibilidad espont\u00e1nea de los individuos y de los grupos asociativos.<\/p>\n<p>El compromiso por la solidaridad correr\u00ed\u00ada peligro, sin embargo, de ser est\u00e9ril si no estuviese acompa\u00f1ado por el esfuerzo de alimentar una nueva cultura que, reaccionando contra los impulsos individualistas generalizados, profundizara en las conciencias el sentido de la pertenencia com\u00fan y de la reciprocidad aut\u00e9ntica. Ello equivale a decir que la consolidaci\u00f3n de la solidaridad en nuestra sociedad depende no s\u00f3lo del establecimiento de ordenaciones estructurales m\u00e1s justas, sino m\u00e1s radicalmente de una renovaci\u00f3n interior, de la percepci\u00f3n com\u00fan del destino a que est\u00e1 llamada la humanidad, y por tanto del compromiso de todos en la construcci\u00f3n de la civilizaci\u00f3n del amor.<\/p>\n<p>[l Bienestar y seguridad social; l Caridad; l Justicia; l Pol\u00ed\u00adtica; l Pol\u00ed\u00adtico I; l Voluntariado].<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; BOURG601S L., PhiJosophie de la solidarit\u00e9, Par\u00ed\u00ads 1902- Bueea M., Yo y t\u00fa, Nueva Visi\u00f3n, Bs. Aires 1969; IGNATIEFF M., I bisogni degli altri. Saggi sull \u00e1rte di essere uomini Ira individualismo e solidariet\u00e1, Bolonia 1966; SCHELEa M., Esencia y formas de la simpat\u00ed\u00ada, Losada, Bs. Aires 1957. &#8211; JUAN XXIII, Pacem in tenis (1963); Documentos de la Comisi\u00f3n social del episcopado franc\u00e9s en \u00abLa Documentation Catholique\u00bb 81 (1984) 1011-1037. Documentos de la Comisi\u00f3n de pastoral social del episcopado espa\u00f1ol, en \u00abEcclesia\u00bb 2192 (1984) 12-17; Solidaridad: nuevo nombre de la paz, Mensajero, Bilbao 1989; Solidaridad: signo prof\u00e9tico, Autor-Editor, Madrid 1986. &#8211; AA.VV., Volontariato, eondivisione, liberazione, Roma 1980; AA.VV., La solidaridad de los religiosos, Madrid 1980; MONCADA A., La cultura de la solidaridad, Verbo Divino, Estella 1989; SOBRINO J., Theology of Solidarity, Nueva York 1985; VEGETTI, Il volontariato internazionale nella societ\u00e1 e nena chiesa, Bolonia 1984; VIDAL M., La solidaridad: nuevafrontera de la teolog\u00ed\u00ada moral, en \u00abStMor\u00bb 23 (1985) I, 99-126.<\/p>\n<p>G. Piana<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n<p><div><span lang=\"es\">V\u00e9ase <\/span><i><span lang=\"es\">Imputaci\u00f3n<\/span><\/i><span lang=\"es\">.<\/span><\/div>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[324] Virtud que lleva a unirse a otros seres humanos o grupos en la consecuci\u00f3n de un fin que ordinariamente se presupone bueno y concorde con los sentimientos de la fraternidad y colaboraci\u00f3n. La solidaridad ha sido t\u00e9rmino muy empleado en los \u00e1mbitos sociales y proletarios. Y con frecuencia se ha intentado m\u00e1s o menos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/solidaridad\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSOLIDARIDAD\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-13796","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13796","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13796"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13796\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13796"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13796"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13796"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}