{"id":13938,"date":"2016-02-05T09:15:33","date_gmt":"2016-02-05T14:15:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/simbolos-de-fe\/"},"modified":"2016-02-05T09:15:33","modified_gmt":"2016-02-05T14:15:33","slug":"simbolos-de-fe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/simbolos-de-fe\/","title":{"rendered":"SIMBOLOS DE FE"},"content":{"rendered":"<p>[210]<br \/>\n  Se denominan as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n las f\u00f3rmulas o breves res\u00famenes de las verdades que los creyentes deben aceptar en una religi\u00f3n. De manera particular en el cristianos se intento desde los primeros tiempos resumir en una formula o lista de frases la s\u00ed\u00adntesis de las doctrinas: el llamado \u00abs\u00ed\u00admbolo de los Ap\u00f3stoles\u00bb, el de Nicea, el de Constantinopla, el de San Atanasio.<\/p>\n<p>    A cada una de esas f\u00f3rmulas, o credos, se suelen denominar \u00abs\u00ed\u00admbolos\u00bb, por cuanto condensan en breves expresiones y significan con sus breves palabras todo lo que el creyente debe aceptar, proclamar y divulgar. A las catequesis y a las homil\u00ed\u00adas corresponde luego explicar y aclarar lo que en ellas se confiesa.<\/p>\n<p>      (Ver Credo 2)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Sentido, origen y funci\u00f3n.-II. Confesiones de fe y NT.-III. Del Credo Romano al S\u00ed\u00admbolo Apost\u00f3lico.-IV. El \u00abQuicumque\u00bb (Ps-Atanasiano).-V. S\u00ed\u00admbolos conciliares.-VI. Credos modernos.<\/p>\n<p>I. Sentido, origen y funci\u00f3n<br \/>\nCon el t\u00e9rmino de s\u00ed\u00admbolos de fe, confesiones o credos se designa normalmente un resumen preciso, m\u00e1s o menos breve y fijo, de los contenidos esenciales de la fe cristiana (de \u00e9sta hablamos aqu\u00ed\u00ad, si bien tales compendios se hallan presentes tambi\u00e9n en otras religiones). La proveniencia, el significado y los motivos de su designaci\u00f3n como \u00abs\u00ed\u00admbolo\u00bb no se hallan suficientemente dilucidados. A pesar de su origen griego (symbolon), el t\u00e9rmino aparece por vez primera aplicado a los credos en el Occidente latino, en concreto en Cipriano de Cartago, quien asegura que el cism\u00e1tico Novaciano bautiza con el mismo \u00abs\u00ed\u00admbolo que nosotros los cat\u00f3licos&#8230; y no parece diferenciarse de nosotros en el interrogatorio bautismal\u00bb (Ep. 69,7; Hartel II, 756). Por su parte, Firmiliano de Cesarea, a prop\u00f3sito del bautismo administrado por una mujer desequilibrada, admite que no faltaba ni el \u00absymbolum trinitatis ni el interrogatorio establecido por la Iglesia\u00bb (Ep. 75,11; Hartel II, 817s). En Oriente se hablaba normalmente de la \u00abfe\u00bb o de la \u00abdoctrina\u00bb, no hall\u00e1ndose el t\u00e9rmino \u00absymbolon\u00bb para designar al credo hasta los as\u00ed\u00ad llamados c\u00e1nones del concilio de Laodicea (Mansi 2, 563s). De su significado se han dado diversas explicaciones, entre las que resulta dif\u00ed\u00adcil justificar la preferencia exclusiva por una de ellas. Siguiendo a Rufino (CCL 20,2), bastantes autores antiguos y modernos lo interpretan en el sentido de signo (indicium) o se\u00f1al, pero como equivalente de \u00abcollatio\u00bb (composici\u00f3n conjunta, resultado de diversas aportaciones), explicaci\u00f3n que se funda en la semejanza existente entre los t\u00e9rminos griegos \u00absymbolon\u00bb y \u00absymbol\u00e9\u00bb (collatio) y en el falso supuesto de la composici\u00f3n del credo por los doce ap\u00f3stoles. Otros, al significado de sello acreditativo y distintivo (PL 38, 1058), a\u00f1aden el de pacto, acuerdo, contrase\u00f1a, garant\u00ed\u00ada legal (PL 38, 1072; Carpenter 7ss). Por su parte, varios investigadores modernos, apoy\u00e1ndose en testimonios antiguos (CSEL 4, 198), opinan que la asunci\u00f3n del t\u00e9rmino s\u00ed\u00admbolo para designar a los credos cristianos proviene de las religiones mist\u00e9ricas, en las que \u00absymbola\u00bb equival\u00ed\u00ada a las f\u00f3rmulas estereotipadas, conocidas por los iniciados, que serv\u00ed\u00adan de signos identificativos. Kelly, despu\u00e9s de atender a las distintas hip\u00f3tesis, da por seguro que \u00abprimitivamente el symbolum signific\u00f3 las tres preguntas bautismales\u00bb (77), lo cual estar\u00ed\u00ada confirmado por el concilio de Arl\u00e9s (314) que en su c. 9 ordena interrogar sobre el s\u00ed\u00admbolo a los que provienen de la herej\u00ed\u00ada para comprobar si responden con la Trinidad, en cuyo caso no han de ser nuevamente bautizados (CCL 148, 10s).<\/p>\n<p>A pesar de su influencia rec\u00ed\u00adproca y de su semejanza con otras f\u00f3rmulas doctrinales, como las \u00abreglas de fe\u00bb (regula fi dei, regula veritatis), \u00e9stas no son intercambiables sin m\u00e1s con el s\u00ed\u00admbolo bautismal, pues la regla de fe es un compendio de la fe cristiana tal como corresponde a la tradici\u00f3n doctrinal de una iglesia concreta, resumen flexible en su extensi\u00f3n y tenor literal, pero coincidente en el contenido nuclear de la doctrina ( CCL 1, 197s; 2, 1160, 1209; Adv. Haer. 1,101); por otra parte, la regla de fe se configur\u00f3 en un ambiente de pol\u00e9mica antign\u00f3stica y antiher\u00e9tica, por lo que en la primera antig\u00fcedad cristiana era valorada como garant\u00ed\u00ada y prueba de ortodoxia doctrinal.<\/p>\n<p>El origen y la circunstancia vital (Sitz im Leben) en el que fueron surgiendo los s\u00ed\u00admbolos ha ocupado intensamente a los estudiosos de este siglo (informaci\u00f3n detallada en Kelly 47ss y TRE 392ss). Algunos como Cullmann intentaron poner en relaci\u00f3n el origen de las profesiones de fe con una gran diversidad de situaciones propias de las comunidades cristianas, tales como el bautismo y catecumenado, los exorcismos, las diversas celebraciones lit\u00fargicas, la catequesis, las persecuciones, las controversias con la herej\u00ed\u00ada. Pero, ante la ausencia de testimonios documentales que prueben esta pluralidad de situaciones como momentos originarios antes del s. III, sigue prevaleciendo la tesis tradicional que relaciona originariamente la profesi\u00f3n de fe con el bautismo, su preparaci\u00f3n y su celebraci\u00f3n (la introducci\u00f3n del s\u00ed\u00admbolo en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica no parece haber tenido lugar antes del s. VI). Kelly sostiene que \u00abla verdadera y original finalidad de los credos, su primaria raison d&#8217;\u00e9tre, fue su papel de afirmaciones solemnes de fe en el contexto de la iniciaci\u00f3n bautismal\u00bb (49). A este respecto es usual distinguir entre credos declaratorios y credos en forma de pregunta-respuesta. Los credos declaratorios, o recitaci\u00f3n (p\u00fablica, solemne) en primera persona de f\u00f3rmulas fijas, no pueden datarse antes del s. IV, al menos no hay ning\u00fan testimonio expl\u00ed\u00adcito a su favor. Explicar este silencio recurriendo a la disciplina del arcano (el s\u00ed\u00admbolo se transmit\u00ed\u00ada oralmente, se aprend\u00ed\u00ada de memoria y solamente era conocido por los iniciados en la fe), no parece convincente, pues nada indica que tal disciplina, de la que hay testimonios en el s. IV (PG 33, 852ss; PL 14, 335; CCL 20,2), tuviera tambi\u00e9n vigencia en los siglos anteriores, en los que se cita las reglas de fe, se describe la constituci\u00f3n de la Iglesia y se expone p\u00fablicamente la celebraci\u00f3n lit\u00fargica (Ireneo, Hip\u00f3lito, Justino). De ah\u00ed\u00ad que investigadores recientes (Ritter 407, Vokes 531) hagan de este argumento e silentio motivo suficiente para no hablar de credos declaratorios antes del s. IV. \u00bfSe dieron, entonces, desde los comienzos las f\u00f3rmulas interrogatorias, acompa\u00f1adas de las respuestas respectivas y relacionadas con la celebraci\u00f3n lit\u00fargica del bautismo? Kelly ha hecho un esfuerzo detallado y encomiable por descubrir sus huellas y sus antecedentes en los ss. anteriores (Tertuliano, Justino, Hip\u00f3lito), incluso en los mismos textos del NT (He 8, 36-38; 16, 14s; 1 Pe 3,21; 1 Tim 6, 12; Heb 4, 14). Pero tambi\u00e9n en este punto otros autores se muestran menos optimistas en la valoraci\u00f3n de sus resultados, reteniendo como no demostrado irrefutablemente el uso del credo en la liturgia bautismal de los dos primeros siglos y considerando algunas reconstrucciones de f\u00f3rmulas interrogatorias hechas por Kelly (p.e. a prop\u00f3sito de Ireneo y Justino) como una \u00abcombinaci\u00f3n hipot\u00e9tica\u00bb (Ritter 496s). Divergencias entre especialistas que obigan, en consecuencia, a juicios matizados en todo intento de explicar hist\u00f3ricamente el surgimiento, evoluci\u00f3n y utilizaci\u00f3n de los credos en sus momentos iniciales.<\/p>\n<p>Con todas las diferenciaciones necesarias puede retenerse, no obstante, como elemento seguro la estructura trinitaria del bautismo (Mt 28,19), presente en los s\u00ed\u00admbolos de fe, y la relaci\u00f3n estrecha entre ambos, si bien sus inicios y evoluci\u00f3n hist\u00f3rica resultan complejos y no uniformes si se atiende al estado de las fuentes. Pero esta relaci\u00f3n es ya por s\u00ed\u00ad misma significativa en orden a descubrir las funciones desempa\u00f1adas por las confesiones de fe a lo largo de la historia y tambi\u00e9n en la actualidad (TRE 437ss).<\/p>\n<p>Las confesiones no son ellas mismas objetos de fe, sino que nos remiten constantemente al Dios revelado en Jesucristo como Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo. Tienen una funci\u00f3n de alabanza y de adoraci\u00f3n, son doxolog\u00ed\u00ada confesante; hacia ello apuntan las distintas formulaciones, desde las m\u00e1s simples hasta las m\u00e1s complejas, densas, elegantes y elaboradas. As\u00ed\u00ad se explica su uso en las celebraciones lit\u00fargicas (lex orandi, lex credendi). El reconocimiento creyente y adorante de Dios es presupuesto, acompa\u00f1ante y meta de la liturgia bautismal (tambi\u00e9n de la liturgia eucar\u00ed\u00adstica) en la que se recitan los s\u00ed\u00admbolos. El bautismo es uno de los momentos m\u00e1s decisivos en la vida de un cristiano y es normal que en estas circunstancias se haga la confesi\u00f3n de fe. Tienen tambi\u00e9n una funci\u00f3n identificativa y comunitaria. En ellas se pone de manifiesto la propia identidad creyente (el s\u00ed\u00admbolo como se\u00f1al acreditativa y testificativa), expresan e intensifican los lazos de pertenencia y las vinculaciones comunitarias, son expresi\u00f3n p\u00fablica de la fe compartida y fortalecimiento m\u00faltiple de la comuni\u00f3n. Por ello el rechazo global o parcial de las confesiones de fe lleva de por s\u00ed\u00ad a la excomuni\u00f3n. As\u00ed\u00ad se explica el car\u00e1cter delimitativo de las mismas, pues sirven para diferenciarse frente a otros grupos religiosos o profanos. As\u00ed\u00ad se entiende tambi\u00e9n el car\u00e1cter defensivo o pol\u00e9mico, en contra de las interpretaciones equivocadas o heterodoxas, que algunos credos han adquirido a veces en su decurso hist\u00f3rico. Pero ser\u00ed\u00ada incorrecto interpretar esta funci\u00f3n como autoafirmaci\u00f3n excluyente o enclaustramiento autocomplaciente en el propio \u00abghetto\u00bb; s\u00f3lo desde la propia identidad creyente es posible el di\u00e1logo riguroso y la apertura para con los \u00abotros\u00bb. Urgencia vivamente sentida en el contexto actual donde el pluralismo religioso no es solamente una situaci\u00f3n de hecho y de derecho, sino tambi\u00e9n un est\u00ed\u00admulo apasionante para la reflexi\u00f3n creyente. Y en esta situaci\u00f3n es donde las confesiones de fe desempe\u00f1an tambi\u00e9n una funci\u00f3n catequ\u00e9tica y kerigm\u00e1tica. En cuanto resumen normalmente abreviado de la fe sirven para la instrucci\u00f3n y el conocimiento de su contenido nuclear. En cuanto instrumento de evangelizaci\u00f3n pueden necesitar adecuaci\u00f3n a las circunstancias hist\u00f3ricas y culturales, pues es posible que s\u00f3lo reinterpretados o retraducidos (o al menos convenientemente explicados) los credos tradicionales puedan volverse hoy d\u00ed\u00ada elocuentes y alcanzar as\u00ed\u00ad su cometido \u00faltimo: remitirnos al Dios vivo y verdadero del que quieren dar testimonio.<\/p>\n<p>II. Confesiones de fe y NT<br \/>\nLa hip\u00f3tesis de una f\u00f3rmula de fe de origen apost\u00f3lico, fija en su contenido y acabada en su estructura, de la cual depender\u00ed\u00adan todos los credos posteriores como de su modelo originario, no encuentra menci\u00f3n directa ni confirmaci\u00f3n indirecta en los textos del NT [cf. infra s\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico]. Todo indica que el proceso de elaboraci\u00f3n y configuraci\u00f3n de lo que pueden considerarse como n\u00facleos germinales o elementos fragmentarios de credos posteriores fue tan complejo y diversificado como pod\u00ed\u00adan ser las situaciones vitales de los diversos grupos cristianos. En los textos que nos han dejado, textos confesantes, queda plasmada su fe, cuya peculiaridad m\u00e1s espec\u00ed\u00adfica est\u00e1 relacionada con el acontecimiento Cristo.<\/p>\n<p>Cristo es en rigor lo que los ap\u00f3soles anuncian y predican, el contenido de su kerigma, el evangelio en persona; en un camino largo y diversificado, que va desde la cristolog\u00ed\u00ada impl\u00ed\u00adcita hasta la fe cristol\u00f3gica expl\u00ed\u00adcita y que tiene en la muerte y resurrecci\u00f3n su momento decisivo como punto de arranque para una nueva y definitiva comprensi\u00f3n creyente de la persona, vida y ministerio de Jes\u00fas de Nazaret. Esta fe cristiana ofrece ya a finales del s. I un perfil bastante preciso y delimitado, no solamente como cuerpo doctrinal transmitido, sino tambi\u00e9n como conjunto de sumarios m\u00e1s o menos convencionales, diversos en estilo, frecuencia, transfondo vital y estructura. En estos textos pueden distinguirse (Hahn 207) los que son aclamaciones de fe en el sentido estricto de homolog\u00ed\u00adas, junto a otros que tienen un car\u00e1cter m\u00e1s marcado de f\u00f3rmulas de fe con contenido doctrinal, junto a otros que pertenecen al g\u00e9nero especial de los himnos surgidos probablemente en contexto lit\u00fargico, junto a otros con explicaciones m\u00e1s amplias, donde el kerigma se transforma en instrucci\u00f3n y ense\u00f1anza. Que las formas sean distintas no excluye una relaci\u00f3n estrecha entre ellas. Hay formulaciones que tienen una sola cl\u00e1usula de car\u00e1cter cristol\u00f3gico, otras que ofrecen una estructura bimembre al referirse a Dios Padre y a su Hijo Jesucristo y otras que ampl\u00ed\u00adan tri\u00e1dicamente su estructura al incluir tambi\u00e9n al Esp\u00ed\u00adritu Santo. No parece demostrado que se haya dado necesariamente un proceso evolutivo de las f\u00f3rmulas m\u00e1s sencillas a la m\u00e1s complejas, sino que m\u00e1s bien habr\u00ed\u00adan coexistido simult\u00e1neamente y se habr\u00ed\u00adan influenciado de manera rec\u00ed\u00adproca.<\/p>\n<p>Las f\u00f3rmulas de car\u00e1cter cristol\u00f3gico resaltan lo espec\u00ed\u00adfico de la fe cristiana en continuidad y discontinuidad con su transfondo jud\u00ed\u00ado, reconociendo al Jes\u00fas hist\u00f3rico como aquel en quien se han cumplido las expectativas mesi\u00e1nicas y se ha hecho realidad la salvaci\u00f3n de Dios. En su configuraci\u00f3n m\u00e1s sencilla son homolog\u00ed\u00adas, aclamaciones de Jes\u00fas bajo tres designaciones distintas: Se\u00f1or, Cristo, Hijo de Dios. Jes\u00fas como el Se\u00f1or, aclamaci\u00f3n presente en la invocaci\u00f3n oracional conservada en arameo (Maran) \u00abVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb (1 Cor 16, 22) y en la f\u00f3rmula \u00abKyrios Iesus\u00bb de las comunidades de origen helen\u00ed\u00adstico (1Cor 12, 3; Flp 2,11; Rom 10, 9). La aclamaci\u00f3n de Jes\u00fas como el Cristo, el Mes\u00ed\u00adas (Hech 2, 36; 1 Jn 2, 22; 5,1; cf. Mc 8, 29), con lo que se reconoce en Jes\u00fas el cumplimiento de las promesas y de las expectativas mesi\u00e1nicas, si bien se ha de tener en cuenta que el t\u00ed\u00adtulo de Cristo o Mes\u00ed\u00adas aplicada a Jes\u00fas no es simplemente el del AT, sino una designaci\u00f3n ya notablemente cristianizada. La confesi\u00f3n de Jes\u00fas como el Hijo de Dios (He 8, 37; Heb 4,14; 1 Jn 4, 15; 5, 5; Mt 16,16; Jn 1, 29), reconocimiento expl\u00ed\u00adcito de su condici\u00f3n divina, que se retrotrae a la invocaci\u00f3n de Dios como Abba por parte de Jes\u00fas, interpretada a la luz de los acontecimientos pascuales. Estas aclamaciones sencillas se amplifican en formulaciones con un car\u00e1cter m\u00e1s marcado de confesiones, con su centro en la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo; son formulaciones m\u00e1s o menos estereotipadas, con variaciones diversas, que adem\u00e1s incluyen referencias a la encarnaci\u00f3n y a la vida terrena de Jes\u00fas, pero que sin embargo no alcanzan la amplitud de los res\u00famenes cristol\u00f3gicos incluidos posteriormente en el S\u00ed\u00admbolo Apost\u00f3lico; pueden considerarse (Wengst TRE 392) las formulaciones m\u00e1s antiguas con car\u00e1cter de confesiones de fe y vienen a decir: Cristo es el crucificado, resucitado por Dios, en favor nuestro y para nuestra salvaci\u00f3n (Rom 1, 3s; 4, 24s; 8, 11; 10, 9; 1 Cor 6,14; 15, 3-5.14s; 2 Cor 4,13s; Col 2,12; 1 Tes 1,10; G\u00e1l 1, 1; 4, 4). Finalmente hay algunos himnos cristol\u00f3gicos que podr\u00ed\u00adan considerarse como f\u00f3rmulas de fe ampliadas, estructuradas r\u00ed\u00adtmicamente, usadas en las celebraciones lit\u00fargicas y orientadas a que toda la comunidad termine aclamando a Jes\u00fas como el Se\u00f1or de la creaci\u00f3n entera (1 Tim 3, 16; Flp 2, 6-11).<\/p>\n<p>Las f\u00f3rmulas de estructura bimembre se refieren simult\u00e1neamente a Dios Padre y a su Hijo Jesucristo. La fe de Israel en un solo Dios, el creador del cielo y de la tierra, el liberador de la esclavitud egipcia y del destierro babil\u00f3nico, era una fe monote\u00ed\u00adsta que tambi\u00e9n los cristianos compart\u00ed\u00adan. Ahora bien, \u00e9stos deb\u00ed\u00adan dar cuenta igualmente del acontecimiento Cristo, de modo que su fe en Dios aparecer\u00e1 unida siempre a Jes\u00fas y, por ello, creer\u00e1n en el \u00fanico Dios como aquel que ha resucitado de entre los muertos al Se\u00f1or Jes\u00fas. Ambos, Dios Padre y su Hijo Jesucristo, aparecen simult\u00e1neamente mencionados (1 Cor 8, 6; 1 Tim 2, 5s; 6, 13s; 2 Tim 4, 1). La formulaci\u00f3n m\u00e1s antigua parece ser 1 Cor 8, 6 (Hahn 202): para los cristianos no hay m\u00e1s que un solo Dios, el Padre, de quien todo procede, y un solo Se\u00f1or, Jesucristo, por quien son todas las cosas. No hay m\u00e1s dioses ni se\u00f1ores que merezcan reconocimiento y obediencia, ni que puedan aportar la salvaci\u00f3n. Solamente el Dios Padre de Jesucristo, que se identifica con el Dios del AT. La referencia al \u00fanico Dios era obvia para quien proced\u00ed\u00ada del juda\u00ed\u00adsmo (cf. Jos 24; Dt 6,4), aunque quiz\u00e1s no tanto para el perteneciente al \u00e1mbito del mundo gentil o pagano. Al hablar aqu\u00ed\u00ad de Dios como el Padre no solamente se recoge una tradici\u00f3n v\u00e9terotestamentaria sobre Yahv\u00e9 como Padre de Israel, sino tambi\u00e9n el eco de la invocaci\u00f3n de Dios como Abba por parte de Jes\u00fas; se trata del Padre de Jesucristo. Y su Hijo es el \u00fanico Se\u00f1or, que ha tenido tambi\u00e9n su papel en la creaci\u00f3n de todas las cosas, en referencia clara a la mediaci\u00f3n creadora y a la preexistencia de Cristo. Se percibe as\u00ed\u00ad en este texto de 1Cor 8,6 una unidad inescindible e irrenunciable entre el reconocimiento confesante de Dios y de Jesucristo; en ello se expresa la continuidad de la fe cristiana con la del AT (monote\u00ed\u00adsmo) y, al mismo tiempo, lo distintivo cristiano frente a ella (pertenencia de Jesucristo, el Hijo de Dios, a la realidad divina del Dios \u00fanico).<\/p>\n<p>Finalmente tambi\u00e9n se dan en el NT f\u00f3rmulas tri\u00e1dicas, donde junto al Padre y al Hijo es mencionado el Esp\u00ed\u00adritu (1 Cor 6, 11; 12, 4s; 2 Cor 1, 21s; 1 Tes 5,18s; G\u00e1l 3, 11-14; 2 Cor 13,14; Mt 28,19). Pero las expl\u00ed\u00adcitas son muy escasas y no pueden considerarse sin m\u00e1s aclamaciones homol\u00f3gicas o confesiones de fe; m\u00e1s bien son f\u00f3rmulas de saludo o bendici\u00f3n lit\u00fargica (2Cor 13, 14) o simplemente la f\u00f3rmula bautismal en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Mt 28,19). Su escasez no significa que la fe trinitaria se halle ausente del NT o no tenga fundamentaci\u00f3n alguna en sus textos, quedando reducida a una creaci\u00f3n del pensamiento posterior amante de la especulaci\u00f3n. Si es cierto que las formulaciones de la teolog\u00ed\u00ada trinitaria posterior son en gran parte elaboraci\u00f3n de la reflexi\u00f3n creyente, tambi\u00e9n lo es que la revelaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios Padre en Jesucristo y en el Esp\u00ed\u00adritu tiene una estructura trinitaria. En el NT se describe ampliamente el papel y la funci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo como fuerza, poder y actuaci\u00f3n de Dios; para su comprensi\u00f3n personal se ponen los fundamentos decisivos, pero no se halla expl\u00ed\u00adcitamente desarrollada. Por ello, cuando los credos posteriores al NT incluyan la fe en el Esp\u00ed\u00adritu, junto a la fe en el Padre y en el Hijo, fijar\u00e1n una estructura trinitaria fundamental que en el decurso hist\u00f3rico se mantendr\u00e1 constante hasta nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>III. Del Credo Romano al S\u00ed\u00admbolo Apost\u00f3lico<br \/>\nEn una carta enviada por el s\u00ed\u00adnodo de Mil\u00e1n del 390 al papa Siricio aparece por vez primera la expresi\u00f3n s\u00ed\u00admbolo de los ap\u00f3stoles (\u00absymbolum apostolorum\u00bb, PL 16, 1174) para designar el sumario de la fe propio de la tradici\u00f3n romana. Nada extra\u00f1o, pues, que en el extenso y detallado tratamiento cient\u00ed\u00adfico de que ha sido objeto toda la tem\u00e1tica relativa a los s\u00ed\u00admbolos de fe desde finales del siglo pasado sea usual distinguir entre el antiguo Credo Romano (designado normalmente como R) y el llamado S\u00ed\u00admbolo Apost\u00f3lico (designado normalmente como T o TR = textus receptus). Del Credo Romano nos han llegado dos versiones ling\u00fc\u00ed\u00adsticas diversas, una en griego (lengua de la iglesia romana hasta finales del s. II o comienzos del s. III), que ser\u00ed\u00ada la m\u00e1s antigua y originaria, y otra versi\u00f3n en lat\u00ed\u00adn (lengua que se va imponiendo desde mediados del s. III), que ser\u00ed\u00ada casi contempor\u00e1nea con el original griego,e.d., de finales del s. II o comienzos del s. III. Tanto de una como de otra hay una gran cantidad de variaciones, cuyas divergencias estil\u00ed\u00adsticas o terminol\u00f3gicas no siempre ofrecen importancia para la doctrina sobre Dios y la teolog\u00ed\u00ada trinitaria (cf. diversos ejemplos en DS 10-36 y an\u00e1lisis detallado en TRE 3, 531-545). R puede considerarse como \u00abun compendio de teolog\u00ed\u00ada popular\u00bb (Kelly 161), un eco o variante de los interrogatorios bautismales, orientado a la transmisi\u00f3n positiva de la fe, sin finalidad directamente antiher\u00e9tica, que constituye la base de los credos occidentales, especialmente de T, y que no parece tener paralelo en la tradici\u00f3n de los s\u00ed\u00admbolos orientales, si bien unos y otros radican su estructura fundamental en la f\u00f3rmula trinitaria del bautismo.<\/p>\n<p>El texto actual del S\u00ed\u00admbolo Apost\u00f3lico aparece por vez primera en su configuraci\u00f3n completa en la obra \u00abScarapsus\u00bb del autor Pirminio, de origen probablemente espa\u00f1ol, escrito entre el 710\/724 (DS 28; cf. PL 89, 1034s, 1046). Fue aceptado por Roma entre los siglos IX-XI, en la \u00e9poca en que tambi\u00e9n se comienza a cantar C con la a\u00f1adidura del Filioque en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, goz\u00f3 de alta estima entre los te\u00f3logos medievales, fue integrado en el Catecismo de Trento y en el Breviario Romano y en la liturgia actual tiene su lugar propio junto al NC. Tambi\u00e9n es altamente estimado por las iglesias surgidas de la Reforma protestante, las cuales hicieron del mismo una recepci\u00f3n positiva y han recurrido a su peso y autoridad en momentos conflictivos y en situaciones dif\u00ed\u00adciles. Por lo que se refiere a su composici\u00f3n directa por los mismos ap\u00f3stoles, la tradici\u00f3n piadosa que se admit\u00ed\u00ada como cierta hasta el s. XV constituye una leyenda bien intencionada. Rufino de Aquileia indica en su comentario (404 ca.) que el s\u00ed\u00admbolo fue obra com\u00fan de los ap\u00f3stoles (CCL 20,134s), pero todav\u00ed\u00ada no distribuye los art\u00ed\u00adculos respectivos entre los doce. El primer ejemplo de esta distribuci\u00f3n individual se halla en la \u00abExplanatio symboli\u00bb (CSEL 73, 3-12), que puede atribuirse probablemente a S. Ambrosio. M\u00e1s desarrollada aparece la idea en los Sermones \u00abDe Symbolo\u00bb, falsamente atribuidos a S. Agust\u00ed\u00adn (PL 39, 2189), donde la distribuci\u00f3n respectiva de una frase a cada ap\u00f3stol concreto va unida con el hecho de que solamente los doce hab\u00ed\u00adan recibido el Esp\u00ed\u00adritu Santo. La leyenda alcanz\u00f3 una gran difusi\u00f3n en la Edad Media, donde se convirti\u00f3 en motivo de ilustraci\u00f3n para salterios, breviarios, vidrieras, e incluso en tema de composiciones po\u00e9ticas. En el concilio de Florencia (1438) el metropolita Marcos Eugenik\u00f3s asegur\u00f3 no saber nada de este s\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico, del que hubiera quedado alg\u00fan testimonio en los Hechos si realmente los ap\u00f3stoles lo hubieran compuesto. M\u00e1s tarde la leyenda fue sometida a una fuerte cr\u00ed\u00adtica por el humanista Lorenzo Valla y, desde entonces, todos los estudiosos del tema hasta nuestros d\u00ed\u00adas comparten el car\u00e1cter ficticio de su composici\u00f3n por parte de los mismos ap\u00f3stoles. Lo cual no impide sostener que \u00abel convencimiento del s. II en el sentido de que la &#8216;regla de fe&#8217; cre\u00ed\u00adda y ense\u00f1ada en la Iglesia cat\u00f3lica era herencia de los ap\u00f3stoles, encierra mucho de verdad\u00bb (Kelly 45). De esta herencia doctrinal apost\u00f3lica, tal como queda formulada en T, resaltamos a continuaci\u00f3n su contenido trinitario.<\/p>\n<p>El art\u00ed\u00adculo primero formula la fe en \u00abDios Padre todopoderoso, creador de cielo y de la tierra\u00bb. Del mismo ha desaparecido la menci\u00f3n de \u00abuno solo\u00bb (hena, unum), que se encuentra en la mayor parte de los s\u00ed\u00admbolos orientales y tambi\u00e9n en las versiones primeras de la tradici\u00f3n latina (Hahn 5s), aunque no de una manera constante. La uni\u00f3n de los t\u00e9rminos Padre y todopoderoso resulta, por el contrario, desacostumbrada en la combinaci\u00f3n aqu\u00ed\u00ad ofrecida; en los LXX &#8216;pantocr\u00e1tor&#8217; se emplea substantivado, o bien como atributo que acompa\u00f1a a &#8216;The\u00f3s&#8217; o a &#8216;Kyrios&#8217;, mientras que el NT usa raramente el t\u00e9rmino, pero nunca en combinaci\u00f3n con &#8216;pater&#8217;. En cualquier caso, ya en el s. II se hallan ejemplos de la menci\u00f3n simult\u00e1nea de \u00abPadre todopoderoso\u00bb (Kattenbusch II, 517ss). La verdad b\u00e1sica que se quiere profesar es la paternidad de Dios, calificado aqu\u00ed\u00ad de &#8216;omnipotente; el t\u00e9rmino griego originario (pantocr\u00e1tor) implica un significado activo del que gobierna todas las cosas (PG 33,268), mientras que en su traducci\u00f3n latina (omnipotens) tiene un sentido m\u00e1s restringido y en los comentarios teol\u00f3gicos se ir\u00e1 desarrollando una comprensi\u00f3n de la omnipotencia divina como la capacidad de Dios para hacer todo lo que quiere y no implique contradicci\u00f3n con su condici\u00f3n de Dios (\u00abtanta non potest quae si posset non esset omnipotens\u00bb, Ag., PL 38, 1060s, 1965ss). Por la uni\u00f3n simult\u00e1nea de ambos t\u00e9rminos la paternidad divina tiene aqu\u00ed\u00ad el significado primordial de paternidad creadora (al menos en los comentarios del s.II), sin que esto suponga excluir en modo alguno la paternidad de Dios para con su Hijo Jesucristo, verdad central para el cristiano, ni tampoco la paternidad de Dios para quien en el bautismo se ha transformado en hijo suyo y ha adquirido, por su uni\u00f3n con el Hijo Jesucristo, tambi\u00e9n la filiaci\u00f3n divina. Finalmente, la designaci\u00f3n como \u00abcreador del cielo y de la tierra\u00bb, que se halla ausente de bastantes versiones antiguas de R, podr\u00ed\u00ada deberse a motivos antign\u00f3sticos o antimaniqueos, si bien los comentaristas antiguos no dan a la expresi\u00f3n en cuanto tal ninguna finalidad defensiva.<\/p>\n<p>En el segundo art\u00ed\u00adculo, de contenido cristol\u00f3gico, la fe se refiere a \u00abJesucristo, Hijo \u00fanico de Dios, Se\u00f1or nuestro\u00bb. El tenor literal de la expresi\u00f3n se corresponde con la formulaci\u00f3n de R, salvo dos variantes que suponen una cierta modificaci\u00f3n: la inversi\u00f3n de los t\u00e9rminos Cristo &#8211; Jes\u00fas y el ep\u00ed\u00adteto de &#8216;\u00fanico&#8217; a\u00f1adido a Hijo de Dios. En las versiones m\u00e1s antiguas de R se manten\u00ed\u00ada el eco del kerigma primitivo, donde el t\u00e9rmino Jes\u00fas era el nombre propio para designar al hijo de Mar\u00ed\u00ada y el t\u00e9rmino de Cristo no era sino el t\u00ed\u00adtulo de reconocimiento de su condici\u00f3n mesi\u00e1nica. Para los cristianos procedentes del juda\u00ed\u00adsmo el t\u00e9rmino Cristo no necesitaba explicaci\u00f3n alguna, pero una explicaci\u00f3n se hac\u00ed\u00ada necesaria para los procedentes del mundo pagano; de ah\u00ed\u00ad las explicaciones sobre los dos nombres, se le llama Jes\u00fas en cuanto salvador y Cristo en cuanto sacerdote ungido (Rufino). T habla de Jes\u00fas &#8211; Cristo, f\u00f3rmula todav\u00ed\u00ada separada de lo que posteriormente se transformar\u00e1 en t\u00e9rmino \u00fanico de designaci\u00f3n personal, Jesucristo. Por su parte, el calificativo de &#8216;\u00fanico&#8217;, aplicado al Hijo de Dios y Se\u00f1or nuestro, ofrece alguna dificultad interpretativa. En el texto griego antiguo se halla el t\u00e9rmino &#8216;monog\u00e9ne&#8217; (unig\u00e9nito), que en la versi\u00f3n latina se ha convertido en &#8216;unicum&#8217;, resaltando as\u00ed\u00ad el aspecto de la unicidad y dejando a un lado el de su engendramiento. El t\u00e9rmino griego se halla en el NT, aunque no muchas veces, y en los primeros siglos su uso es m\u00e1s bien raro. No es f\u00e1cil precisar por qu\u00e9 termin\u00f3 siendo incluida en el credo; podr\u00ed\u00ada deberse a motivaciones antign\u00f3sticas, ya que los valentinianos habr\u00ed\u00adan aplicado el &#8216;unig\u00e9nito&#8217; a la figura hist\u00f3rica de Jes\u00fas en cuanto el hijo \u00fanico nacido de la virgen Mar\u00ed\u00ada; su atribuci\u00f3n aqu\u00ed\u00ad al Hijo de Dios querr\u00ed\u00ada resaltar, por el contrario, su condici\u00f3n preexistente y su filiaci\u00f3n divina \u00fanica (as\u00ed\u00ad Kelly, del que discrepa Vokes 547). Su concepci\u00f3n por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo y su nacimiento de la virgen Mar\u00ed\u00ada, distinci\u00f3n presente en T (conceptus de Spiritu Sancto, natus ex Maria virgine), pero no en R (natus de Spiritu Santo et Maria virgine), da lugar a que los comentaristas distingan entre las preposiciones latinas &#8216;de&#8217; y &#8216;ex&#8217; para describir con m\u00e1s precisi\u00f3n el papel de cada persona trinitaria en el acontecimiento de la encarnaci\u00f3n. El resto de las afirmaciones cristol\u00f3gicas resumen la vida y ministerio de Jes\u00fas, su muerte, resurrecci\u00f3n, ascensi\u00f3n y venida final, y, en sus diversos acentos, podr\u00ed\u00adan percibirse rechazos de tendencias adopcionistas, docetas o apolinaristas.<\/p>\n<p>En el tercer art\u00ed\u00adculo se formula escuetamente la fe en el Esp\u00ed\u00adritu Santo y se yuxtapone a continuaci\u00f3n una serie de realidades, sobre cuya relaci\u00f3n con el Esp\u00ed\u00adritu es dificil precisar la intencionalidad de R o T. Algunas variantes califican al Esp\u00ed\u00adritu como par\u00e1clito, en otras la fe es \u00aben el Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia cat\u00f3lica\u00bb. Seguramente la estructura trinitaria de la f\u00f3rmula bautismal determin\u00f3 la enunciaci\u00f3n sim\u00e9trica de la fe en el Padre, en el Hijo y en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, aunque la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la divinidad del Esp\u00ed\u00adritu Santo alcanzara su lugar en los credos una vez garantizada la divinidad de Jesucristo. A primera vista no parece haber ninguna conexi\u00f3n entre las diversas afirmaciones de este tercer art\u00ed\u00adculo, sin embargo bien podr\u00ed\u00ada ser que \u00abla experiencia del Esp\u00ed\u00adritu nos d\u00e9 conocimiento del perd\u00f3n de los pecados, fundamente nuestra esperanza en la resurrecci\u00f3n y en la vida eterna y nos introduzca en la vida de la Iglesia\u00bb (Vokes 549). De esta manera podr\u00ed\u00ada darse tambi\u00e9n raz\u00f3n de las diferencias entre &#8216;credere in Spiritum Sanctum&#8217; (con la preposici\u00f3n &#8216;in&#8217; de acusativo, ya que el acto de fe se pone exclusivamente en las personas trinitarias) y &#8216;credere ecclesiam&#8217; (sin la preposici\u00f3n &#8216;in&#8217;, como reconocimiento y aceptaci\u00f3n de que todo esto tiene que ver con Dios E. Santo, pero sin identificarse con \u00e9l).<\/p>\n<p>IV. S\u00ed\u00admbolo \u00abQuicumque\u00bb o (Ps) Atanasiano<br \/>\nEl s\u00ed\u00admbolo llamado \u00abQuicumque vult\u00bb (por sus palabras iniciales) o tambi\u00e9n (Ps)Atanasiano (hasta el s. XVII se le atribuy\u00f3 equivocadamente a S. Atanasio, \u00fanico autor al que se hace referencia directa en la tradici\u00f3n manuscrita) lleg\u00f3 a adquirir en la Iglesia una autoridad semejante a la del s\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico o incluso a la del niceno y alcanz\u00f3 igualmente un lugar propio en la recitaci\u00f3n lit\u00fargica del breviario, bien la dominical o bien la propia de la fiesta de la SS. Trinidad. Su alta estima lo convirti\u00f3 no solamente en tema de comentario por parte de grandes te\u00f3logos escol\u00e1sticos (S. Bernardo, P. Abelardo), sino tambi\u00e9n en objeto de aceptaci\u00f3n y de gran aprecio por parte de anglicanos y luteranos. Sin embargo, los problemas cr\u00ed\u00adticos relacionados con el autor, la fecha y lugar de composici\u00f3n o las caracter\u00ed\u00adsticas peculiares de su estilo no han recibido hasta el momento una respuesta que goce de aceptaci\u00f3n un\u00e1nime, a pesar de los numerosos an\u00e1lisis de investigaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica y detallada a los que ha sido sometido (Burns, Turner, Madoz, Kelly, Collins). Atribuir la composici\u00f3n del mismo a un concilio determinado tiene pocos visos de probabilidad, pues las diferencias respecto a otros s\u00ed\u00admbolos conciliares como N o C son manifiestas; adem\u00e1s, por su estructura y peculiaridades estil\u00ed\u00adsticas no parece muy adecuado para la recitaci\u00f3n p\u00fablica y comunitaria en un contexto lit\u00fargico. De ah\u00ed\u00ad las preferencias por una autor\u00ed\u00ada individual, si bien aqu\u00ed\u00ad la lista de autores propuestos es muy amplia (Atanasio, Vicente de Lerins, Hincmaro de Poitiers, Honorato de Lerins, Ambrosio, Fulgencio de Ruspe, Mart\u00ed\u00adn de Braga, Ces\u00e1reo de Arl\u00e9s). Como ninguno de los nombres es totalmente seguro, parece dif\u00ed\u00adcil ir m\u00e1s all\u00e1 de un obispo que habr\u00ed\u00ada compuesto el s\u00ed\u00admbolo para la formaci\u00f3n e ilustraci\u00f3n de sus propios sacerdotes (Collins 329). En lo que a la fecha de Composici\u00f3n se refiere estar\u00ed\u00ada entre el 430, si se tiene en cuenta que en la parte cristol\u00f3gica parece combatir el nestorianismo, y el 589, fecha del III concilio de Toledo que lo usa como una de sus fuentes. Esta utilizaci\u00f3n, unida a otra serie de argumentos (estructura similar entre el Quicumque y los credos espa\u00f1oles, inter\u00e9s por la exposici\u00f3n conceptualmente precisa, presencia del Filioque en la procedencia del E. Santo), hace que entre los posibles lugares de origen propuestos entre los investigadores (el norte de \u00ed\u0081frica, Espa\u00f1a, Galia, Italia) sea Espa\u00f1a el que tiene mayores probabilidades.<\/p>\n<p>El s\u00ed\u00admbolo \u00abQuicumque\u00bb (DS 75s), en lo que a su estructura se refiere, consta de dos partes bien diferenciadas, la primera dedicada a la Trinidad divina y la segunda centrada en cuestiones directamente cristol\u00f3gicas; en este aspecto puede considerarse como exponente t\u00ed\u00adpico de un esquema bipartito, presente en otras f\u00f3rmulas de fe de los siglos IV-VII como la \u00abFides Damasi\u00bb (DS 72s), el s\u00ed\u00admbolo \u00abClemens Trinitas\u00bb (DS 73s) o los credos de los concilios toledanos [cf. concilios], esquema notablemente diverso de la estructura de otros s\u00ed\u00admbolos basados en la f\u00f3rmula bautismal.<\/p>\n<p>En la parte trinitaria el hilo conductor gira en torno a la preocupaci\u00f3n por salvar igualmente la trinidad en la unidad y la unidad en la trinidad. Sin confundir las personas: de ah\u00ed\u00ad su insistencia en la diversidad real de Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo (cada uno es \u00abalia persona\u00bb), la atribuci\u00f3n a cada una de las personas en particular de su condici\u00f3n increada, inmensa, eterna, omnipotente y divina (de cada una se dice que es\u00bbdeus\u00bb y \u00abdominus\u00bb), la presentaci\u00f3n de sus peculiaridades personales, el Padre como ing\u00e9nito (Pater a nullo), el Hijo como engendrado (a Patre solo), el E. Santo como procedente (a Patre et Filio); igualmente el acento en que se trata de un solo Padre, un solo Hijo y un solo E. Santo. Pero la diversidad de personas sin separar la sustancia divina: de ah\u00ed\u00ad la insistencia en que se trata de una sola divinidad (una divinitas, aequalis gloria, coaeterna maiestas), en que la atribuci\u00f3n a cada persona en particular de su condici\u00f3n eterna, increada, inmensa, omnipotente y divina no permite hablar, sin embargo, de tres dioses, sino de un solo Dios (unus aeternus, omnipotens, deus, dominus), as\u00ed\u00ad como la repetici\u00f3n de que las personas son coiguales y coeternas.<\/p>\n<p>La parte cristol\u00f3gica pretende ser, a su vez, una exposici\u00f3n sim\u00e9trica de la doble verdad de Jesucristo, de su condici\u00f3n divina y humana, pero en la unidad de persona. Jesucristo es Dios y hombre a la vez, engendrado eternamente por el Padre y nacido en el tiempo de la madre (ex substantia Patris ante saecula genitus, ex substantia matris in saeculo natus), perfecto Dios y perfecto hombre (su condici\u00f3n humana se precisa diciendo que consta de alma racional y carne humana), igual al Padre por la divinidad pero inferior al Padre por la humanidad, sin que en la encarnaci\u00f3n se haya producido ni una conversi\u00f3n de la divinidad en carne ni una confusi\u00f3n de las dos substancias. Y todo ello en la unidad m\u00e1s estricta de persona, igualmente acentuada con insistencia (unus est Christus, unus omnino) y comparada con la unidad personal que se da en el sujeto humanoentre el alma y la carne (anima &#8211; caro, deus &#8211; homo). Este Cristo \u00fanico es el autor de nuestra salvaci\u00f3n y el protagonista de una serie de acontecimientos a\u00f1adidos al final, id\u00e9nticos al sumario cristol\u00f3gico incluido en otros s\u00ed\u00admbolos estructurados seg\u00fan la f\u00f3rmula bautismal.<\/p>\n<p>No hay duda de que el s\u00ed\u00admbolo \u00abQuicumque\u00bb ha captado bien el n\u00facleo central de la fe cristiana en las implicaciones rec\u00ed\u00adprocas que hay entre trinidad y cristolog\u00ed\u00ada; ambas son inseparables y es la gran intuici\u00f3n o el valor permanente de estos s\u00ed\u00admbolos bipartitos. Podr\u00ed\u00ada decirse que la doctrina tiene un car\u00e1cter antiarriano y antinestoriano, aunque es dif\u00ed\u00adcil colocar en un contexto preciso el debate teol\u00f3gico; adem\u00e1s el tono expositivo no es pol\u00e9mico en su conjunto. No obstante, su exposici\u00f3n doctrinal, que busca la precisi\u00f3n teol\u00f3gica sutil y refleja fundamentalmente la teolog\u00ed\u00ada agustiniana, se lleva a cabo en un grado alto de abstracci\u00f3n formal, donde parad\u00f3jicamente no es posible percibir con facilidad la dimensi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de esa realidad trinitaria, cuya aceptaci\u00f3n en la fe se presenta repetidamente como condici\u00f3n para ser salvado (el mismo comienzo \u00abquicumque vult salvus esse\u00bb difiere por completo del \u00abcredo\u00bb o \u00abcredimus\u00bb de otros s\u00ed\u00admbolos). Por otra parte, la relaci\u00f3n entre unidad y trinidad, la cuesti\u00f3n ciertamente m\u00e1s dificil para la reflexi\u00f3n creyente, es m\u00e1s bien objeto de yuxtaposici\u00f3n (p.e. no hay a\u00fan menci\u00f3n alguna a la doctrina de la perikhoresis). Quiz\u00e1s por todos estos motivos el \u00abQuicumque\u00bb no parece gozar entre las distintas iglesias cristianas de hoy de la misma valoraci\u00f3n e importancia quetuvo durante siglos en la tradici\u00f3n occidental.<\/p>\n<p>V. Credos conciliares<br \/>\nSon los m\u00e1s importantes en el desarrollo de la fe y de la reflexi\u00f3n creyente sobre Dios Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo [para su exposici\u00f3n y comentario, cf. concilios].<\/p>\n<p>VI. Credos modernos<br \/>\nEste apartado merecer\u00ed\u00ada por s\u00ed\u00ad solo una consideraci\u00f3n detenida, que aqu\u00ed\u00ad no es posible. La fe de siempre en Dios Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo tiene que ser testificada, transmitida, comunicada, hecha cre\u00ed\u00adble y plausible en un contexto profundamente modificado respecto de las circunstancias en que se formularon los s\u00ed\u00admbolos de fe tradicionales. Estos siguen manteniendo su funci\u00f3n. Pero hay realidades nuevas: la indiferencia religiosa, el movimiento ecum\u00e9nico, la conciencia l\u00facida del pluralismo de religiones, la incapacidad para comprender una determinada conceptualidad filos\u00f3fico-teol\u00f3gica, el giro antropol\u00f3gico, las prospectivas de futuro, la praxis confesante en cuestiones \u00e9ticas, sociales y pol\u00ed\u00adticas, la superaci\u00f3n de los confesionalismo estrechos, la propia identidad creyente a trav\u00e9s del tiempo&#8230; todo un c\u00famulo de circunstancias que han dado origen en los \u00faltimos treinta a\u00f1os a propuestas de confesiones de fe o f\u00f3rmulas abreviadas, con una configuraci\u00f3n muy distinta en su estructura, en sus contenidos, en su lenguaje y en su intencionalidad.<\/p>\n<p>Muchas de ellas tienen una vigencia ef\u00ed\u00admera y localizada, otras quieren ante todo responder a las necesidades y preocupaciones del hombre de hoy, otras son una versi\u00f3n modernizada de los s\u00ed\u00admbolos tradicionales; en gran parte pueden considerarse como espejo de las situaciones eclesiales, corrientes teol\u00f3gicas y sensibilidades humanas y culturales propias de los \u00faltimos a\u00f1os. No es posible predecir su viabilidad, su recepci\u00f3n o su futuro, pues los s\u00ed\u00admbolos tradicionales siguen siendo de uso preferente o exclusivo en las celebraciones comunitarias y lit\u00fargicas. Constituyen en todo caso un fen\u00f3meno necesitado de valoraci\u00f3n y discernimiento. De entre todas ellas nos referimos, a modo de conclusi\u00f3n, a dos propuestas que nos parecen m\u00e1s relevantes, bien por la autoridad de donde proceden, bien por la finalidad que las anima: el Credo del Pueblo de Dios, de Pablo VI (1968), una ampliaci\u00f3n parcial del s\u00ed\u00admbolo cl\u00e1sico, que mezcla elementos tradicionales con otros tomados de la moderna filosof\u00ed\u00ada personal\u00ed\u00adstica; la explicaci\u00f3n ecum\u00e9nica de la fe apost\u00f3lica tal como se halla en NC, propuesta por la Comisi\u00f3n de Fe y Constituci\u00f3n (Stavanger 1985).<\/p>\n<p>&#8211; Credo del Pueblo de Dios, Pablo VI (1968). Como clausura solemne del \u00aba\u00f1o de la fe\u00bb y siguiendo la propuesta hecha por el S\u00ed\u00adnodo I de obispos que se hab\u00ed\u00ada ocupado de problemas relativos a la fidelidad doctrinal, Pablo VI (1968) pronunci\u00f3 una profesi\u00f3n de fe en nombre de todo el Pueblo de Dios (AAS 60, 1968, 433-445; Collantes 863ss). Se conmemoraba el centenario del martirio de los ap\u00f3stoles Pedro y Pablo y se quer\u00ed\u00ada salir al paso de los riesgos quellevaban consigo algunas interpretaciones (nuevas) del cristianismo surgidas a ra\u00ed\u00adz del Vaticano II. No se trata de una definici\u00f3n dogm\u00e1tica en sentido estricto, sino de una explicaci\u00f3n aut\u00e9ntica del sentido de la fe, propuesta por el mismo Papa. Para ello repite substancialmente la f\u00f3rmula del credo NC, introduciendo precisiones debidas a las circunstancias de la \u00e9poca y a las exigencias de la verdad divina. Por lo que se refiere a la fe en Dios introduce y a\u00f1ade algunos elementos propios. As\u00ed\u00ad resalta la unicidad y la unidad de Dios, agradeciendo a la bondad divina que \u00abtant\u00ed\u00adsimos creyentes puedan testificar con nosotros ante los hombres la unidad de Dios, aunque no conozcan el misterio de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad\u00bb (n\u00c2\u00b0 9). Por su revelaci\u00f3n lo conocemos como Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo, cuyos v\u00ed\u00adnculos mutuos constituyen a las tres personas desde toda la eternidad y son la vida \u00ed\u00adntima de Dios (persona como relaci\u00f3n y vida divina como relacionalidad). Insiste en la igualdad de las personas, la veneraci\u00f3n simult\u00e1nea de la unidad y de la trinidad, la condici\u00f3n del Padre como el que engendra, del Hijo como el Verbo engendrado \u00abab aeterno\u00bb, del Esp\u00ed\u00adritu Santo como procedente del Padre y del Hijo en cuanto amor sempiterno de ambas. En todo este lenguaje tradicional resalta especialmente la designaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita del E. Santo como \u00abpersona increada\u00bb, lo que no sucede ni con el Padre ni con el Hijo, y el mantenimiento del \u00abFilioque\u00bb (n\u00c2\u00b0 10). En el art\u00ed\u00adculo cristol\u00f3gico repite f\u00f3rmulas tradicionales sobre su filiaci\u00f3n divina, consubstancialidad, igualdad con el Padre y unidad de persona (n\u00c2\u00b0 11s). Y en el art\u00ed\u00adculo pneumatol\u00f3gico (n\u00c2\u00b0 13) repite al NC, a\u00f1adiendo como propio el hecho de su env\u00ed\u00ado por Cristo despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n y su actuaci\u00f3n vivificante y orientadora tanto en la Iglesia como en el alma de cada individuo, a quien capacita para responder a Cristo. En su conjunto, estamos ante una profesi\u00f3n de fe de Pablo VI en la que pueden percibirse algunos acentos personales suyos, orientada al mantenimiento de la fe tradicional y de sus formulaciones acostumbradas, como si elementos importantes de todo ello quedaran cuestionados por algunos planteamientos de la teolog\u00ed\u00ada postconciliar.<\/p>\n<p>&#8211; Una explicaci\u00f3n ecum\u00e9ncia de la fe apost\u00f3lica (1985). La Comisi\u00f3n Fe y Constituci\u00f3n del Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias ha publicado un documento que lleva por t\u00ed\u00adtulo \u00abCreemos en Dios Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb y por subt\u00ed\u00adtulo \u00abUna explicaci\u00f3n ecum\u00e9nica de la fe apost\u00f3lica expresada en el S\u00ed\u00admbolo de Constantinopla\u00bb (DiEc 32, 1987, 371-441), tal como corresponde al primer proyecto aprobado en Stavanger (1985). La explicaci\u00f3n ecum\u00e9nica es el resultado de tres coloquios previos, celebrados en distintos continentes: uno sobre el art\u00ed\u00adculo \u00abCreemos en un solo Se\u00f1or, Jesucristo\u00bb, celebrado el 1984 en K\u00e9rala (India), en un contexto donde los cristianos son minor\u00ed\u00ada; otro tenido en Chantilly (Francia), en 1985, sobre al art\u00ed\u00adculo \u00abCreemos en el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, en el contexto europeo de tradici\u00f3n cristiana e indiferencia religiosa; un tercero llevado a cabo tambi\u00e9n en 1985 en Kinshasa (Zaire), sobe el art\u00ed\u00adculo \u00abCreemos en un solo Dios\u00bb, en el contexto africano donde choca la concepci\u00f3n trinitaria del Dios uno. Por una parte, esta explicaci\u00f3n ecum\u00e9nica de la fe apost\u00f3lica representa la etapa final de un largo camino que ha ido pasando por encuentros, informes, textos oficiales y documentos de convergencia de car\u00e1cter ecum\u00e9nico. Por otra parte, es una etapa intermedia hacia la confesi\u00f3n com\u00fan y el reconocimiento com\u00fan de la fe apost\u00f3lica. De hecho, estos textos ecum\u00e9nicos constituyen un g\u00e9nero literario nuevo, que no ofrece la densidad, precisi\u00f3n o madurez de los textos conciliares (pretende ser una \u00abexplicaci\u00f3n\u00bb de NC) y que puede resultar un tanto extra\u00f1o a los que no participan en su elaboraci\u00f3n. Se ha de esperar, por ello, el resultado de su recepci\u00f3n respectiva en las diversas iglesias. A pesar de todo, hay dos aspectos que vale la pena resaltar como muy positivos: la aceptaci\u00f3n de NC y la relevancia de la concepci\u00f3n trinitaria de Dios. El s\u00ed\u00admbolo de NC constituye el hilo conductor de la explicaci\u00f3n, como contenido expositivo y como punto de partida, en este esfuerzo por dar raz\u00f3n de la fe apost\u00f3lica en la situaci\u00f3n contempor\u00e1nea. Se trata del s\u00ed\u00admbolo conciliar m\u00e1s antiguo, con el respaldo de un concilio ecum\u00e9nico, goza de autoridad y difusi\u00f3n entre las distintas iglesias cristianas, ha sido y sigue siendo punto de referencia para millones de personas; se lo valora, pues, como una oportunidad ecum\u00e9nica de primer orden. Y esta va unida con la percepci\u00f3n l\u00facida de que, en el fondo, lo que est\u00e1 en juego tambi\u00e9n en el contexto del mundo actual \u00abes la ganancia o la p\u00e9rdida de una concepci\u00f3n trinitaria contempor\u00e1nea de Dios\u00bb (372).<\/p>\n<p>[-> Agust\u00ed\u00adn; Arrianismo; Biblia; Catequesis; Comuni\u00f3n; Concilios; Cruz; Doxolog\u00ed\u00ada; Ecumenismo; Encarnaci\u00f3n; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Fe; Filioque; Hijo; Iglesia; Jesucristo; Juda\u00ed\u00adsmo; Liturgia; Logos; Modalismo; Monarqu\u00ed\u00ada; Monote\u00ed\u00adsmo; Oraci\u00f3n; Ortodoxia; Padre; Perikhoresis; Reforma; Subordinacionismo; Tertuliano; Trinidad; Unidad,\u2020\u00a2 Vida cristiana.]<br \/>\nSantiago del Cura Elena<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[210] Se denominan as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n las f\u00f3rmulas o breves res\u00famenes de las verdades que los creyentes deben aceptar en una religi\u00f3n. De manera particular en el cristianos se intento desde los primeros tiempos resumir en una formula o lista de frases la s\u00ed\u00adntesis de las doctrinas: el llamado \u00abs\u00ed\u00admbolo de los Ap\u00f3stoles\u00bb, el de Nicea, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/simbolos-de-fe\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSIMBOLOS DE FE\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-13938","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13938","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13938"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13938\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13938"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13938"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13938"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}