{"id":14693,"date":"2016-02-05T09:39:31","date_gmt":"2016-02-05T14:39:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/amor-a-la-iglesia\/"},"modified":"2016-02-05T09:39:31","modified_gmt":"2016-02-05T14:39:31","slug":"amor-a-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/amor-a-la-iglesia\/","title":{"rendered":"AMOR A LA IGLESIA"},"content":{"rendered":"<p>El amor a la Iglesia es un valor tradicional de la espiritualidad cristiana, no muy subrayado sin embargo en la eclesiolog\u00ed\u00ada reciente. Su fundamento es el amor del mismo Cristo a la Iglesia, por la que \u00abse entreg\u00f3\u00bb, a la que aliment\u00f3 y por la que se desvivi\u00f3. De hecho, la relaci\u00f3n entre Cristo y la Iglesia constituye el misterio fundacional del amor esponsal (Ef 5,25. 27.32). Todas las ense\u00f1anzas del Nuevo Testamento acerca del amor a los hermanos son impl\u00ed\u00adcitamente un mandato de amar a los miembros de la Iglesia (por ejemplo, 1Jn 2,10-11; 3,11-18). No es menester decir que los cristianos tienen que amar a Cristo, que es la cabeza de la Iglesia (>Cuerpo de Cristo).<\/p>\n<p>No obstante, el amor a la Iglesia es a menudo problem\u00e1tico. Hay por supuesto muchas razones para ello: los pecados y los errores hacen el amor dif\u00ed\u00adcil; una ense\u00f1anza magisterial inoportuna o mal presentada puede provocar rencor o rechazo; a algunos la doctrina de la Iglesia, especialmente en cuestiones morales, les parece impertinente y destructora de la libertad; las instituciones (>Instituci\u00f3n) pueden parecer opresivas y, a veces, no s\u00f3lo desprovistas de calor humano, sino positivamente indignas de ser amadas; la burocracia de la Iglesia -buena parte de ella necesaria- aparece para muchos fr\u00ed\u00ada e indiferente. La organizaci\u00f3n patriarcal plantea a algunas -o mejor a muchas- mujeres serias dificultades (>Feminismo e Iglesia).<\/p>\n<p>Pero tenemos que amar a la Iglesia real, a sus instituciones concretas, a la comuni\u00f3n de los creyentes -cl\u00e9rigos y laicos-, que son pecadores necesitados continuamente de salvaci\u00f3n. Existe siempre el peligro de querer amar una Iglesia abstracta en lugar del conjunto real de los creyentes pecadores, con el papa como centro de unidad, Mar\u00ed\u00ada como madre y Cristo como cabeza.<\/p>\n<p>La Iglesia es santa, y la Iglesia es tambi\u00e9n en cierto sentido pecadora (>Santa). No obstante, H. K\u00fcng observa con raz\u00f3n que \u00abno podemos considerar que todo lo que es imperfecto en la Iglesia, err\u00f3neo o est\u00e1 mal orientado sea sin m\u00e1s pecado. (&#8230;) Muchas de las cosas que encontramos en la Iglesia y en su historia no pueden atribuirse a ninguna persona en concreto\u00bb 1. Junto a la belleza de la Iglesia en sus miembros y en sus instituciones, est\u00e1n tambi\u00e9n la ambig\u00fcedad y errores de ambos. Los defectos de la Iglesia provocan una rabia y una desconfianza que para algunas personas es dif\u00ed\u00adcil de superar. A pesar del dicho de que \u00abel amor es ciego\u00bb, en este contexto quiz\u00e1 fuera m\u00e1s exacto decir que s\u00f3lo el amor puede ver de verdad. La bondad y belleza de la Iglesia en sus miembros e instituciones s\u00f3lo puede verse por medio del amor, un amor que ha de estar marcado a menudo por la comprensi\u00f3n y la compasi\u00f3n, un amor iluminado por la fe.<\/p>\n<p>Hay en la tradici\u00f3n de la eclesiolog\u00ed\u00ada temas que apuntan al amor a la Iglesia: esposa, >madre, >reina, cuerpo de Cristo, >pueblo de Dios, >templo y >m\u00e1rtir. Los grandes maestros de la fe han insistido en el amor a la Iglesia. Podr\u00ed\u00adan tomarse dos ejemplos, uno antiguo y otro moderno. San Agust\u00ed\u00adn dec\u00ed\u00ada: \u00abTenemos el Esp\u00ed\u00adritu Santo si amamos a la Iglesia; amamos a la Iglesia si permanecemos en su unidad y en su caridad\u00bb 2. P\u00ed\u00ado XII, por su parte, acababa la enc\u00ed\u00adclica Mystici Corporis  con una larga secci\u00f3n sobre el amor a la Iglesia 3.<\/p>\n<p>La segunda parte del siglo XX nos ha ofrecido algunos ejemplos claros de amor a la Iglesia. En la d\u00e9cada de 1950, por ejemplo, Y. >Congar y H. >De Lubac sufrieron, entre otros, hostilidades y persecuciones por parte de las autoridades eclesi\u00e1sticas despu\u00e9s de la enc\u00ed\u00adclica Humani generes  (1950, >P\u00ed\u00ado XII). Despu\u00e9s, el primero de ellos, escribi\u00f3 un libro titulado Esta es la Iglesia que amo 4. El  segundo desarroll\u00f3 poderosamente la idea de la maternidad y el esplendor de la Iglesia 5; en una entrevista realizada poco antes de su muerte, De Lubac dec\u00ed\u00ada: \u00abNo basta aprender a sufrir por la Iglesia; es menester tambi\u00e9n aprender a sufrir desde la Iglesia\u00bb. A. >Bugnini encontr\u00f3 fuerte oposici\u00f3n a la reforma lit\u00fargica, que supo dirigir con tanta maestr\u00ed\u00ada, y al final fue relegado a un semi-exilio en Ir\u00e1n. Antes de morir, dijo de s\u00ed\u00ad mismo: \u00abHe servido a la Iglesia, he amado a la Iglesia, he sufrido por la Iglesia\u00bb 6. En su Meditaci\u00f3n sobre la muerte,  Pablo VI exclamaba: \u00abPodr\u00ed\u00ada decir que he amado siempre a la Iglesia (&#8230;) y me parece que he vivido para ella, y para nada m\u00e1s\u00bb 7. Juan XXIII manifestaba ideas similares recordando el d\u00ed\u00ada de su ordenaci\u00f3n sacerdotal 8.<\/p>\n<p>Los problemas del >disenso y la necesidad de una cr\u00ed\u00adtica apropiada de la Iglesia desde dentro plantean ambos la cuesti\u00f3n del amor a la Iglesia (>Aconsejar en la Iglesia). All\u00ed\u00ad donde el amor no se hace expl\u00ed\u00adcito y patente, las expresiones negativas acerca de la Iglesia, aun cuando parezcan necesarias, no llegan a dar realmente fruto. La obligaci\u00f3n del amor a la Iglesia aparece prescrita, en fin, en el derecho can\u00f3nico en el caso de los ne\u00f3fitos (CIC 789).<\/p>\n<p>NOTAS:<br \/>\n1 La Iglesia,  Herder, Barcelona 1969, 382, 381-410.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El amor a la Iglesia es un valor tradicional de la espiritualidad cristiana, no muy subrayado sin embargo en la eclesiolog\u00ed\u00ada reciente. 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