{"id":14740,"date":"2016-02-05T09:41:08","date_gmt":"2016-02-05T14:41:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/comunion-de-los-santos-2\/"},"modified":"2016-02-05T09:41:08","modified_gmt":"2016-02-05T14:41:08","slug":"comunion-de-los-santos-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/comunion-de-los-santos-2\/","title":{"rendered":"COMUNION DE LOS SANTOS"},"content":{"rendered":"<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nLa expresi\u00f3n \u00abcomuni\u00f3n de los santos\u00bb (communio sanctorum\/koin\u00f3nia t\u00f3n hagi\u00f3n)  aparece por primera vez en el siglo IV. Pero la realidad subyacente es m\u00e1s antigua. En el mismo Nuevo Testamento a los miembros de la Iglesia se les llama \u00ab> santos\u00bb y la noci\u00f3n de comuni\u00f3n est\u00e1 bien desarrollada. Ambas ideas se encuentran en los Padres prenicenos.<\/p>\n<p>La ambig\u00fcedad del genitivo plural, que en griego y lat\u00ed\u00adn puede ser masculino o neutro, hace que pueda significar \u00abde las personas\/cosas santas\u00bb. En su uso griego m\u00e1s antiguo parece referirse a la participaci\u00f3n en la eucarist\u00ed\u00ada, un significado que se encuentra tambi\u00e9n en Occidente. Sin embargo, en Occidente se refiere m\u00e1s com\u00fanmente a personas santas, por lo general designando a las que est\u00e1n en la gloria, las que est\u00e1n en la tierra y despu\u00e9s, ocasionalmente, tambi\u00e9n a las que est\u00e1n en el >purgatorio. J. N. D. Kelly afirma que entre los siglos V y VIII su significado primario es \u00abcomuni\u00f3n con personas santas\u00bb, quedando en un plano secundario los significados sacramentales, quiz\u00e1 a causa del aparente silencio sobre los sacramentos, especialmente la eucarist\u00ed\u00ada, en los credos. Para Agust\u00ed\u00adn la clave de la comuni\u00f3n de los santos es su idea del Cristo total (totus Christus).<br \/>\nPara ser operativa en la teolog\u00ed\u00ada actual y especialmente en el di\u00e1logo moderno, la noci\u00f3n de comuni\u00f3n de los santos necesita cierta explicaci\u00f3n. Est\u00e1 relacionada con varios temas eclesiol\u00f3gicos: la Iglesia como >sacramento de la salvaci\u00f3n; la vida trinitaria compartida por sus miembros; su dimensi\u00f3n comunitaria; los tres estados de la Iglesia: cielo, tierra, purgatorio (LG 49); el papel de >Mar\u00ed\u00ada, madre, modelo e intercesora.<\/p>\n<p>En la Reforma el t\u00e9rmino \u00abcomuni\u00f3n de los santos\u00bb se conserv\u00f3 en cierto modo. La referencia a la comuni\u00f3n de los santos en el credo de los ap\u00f3stoles se mantiene en el Catecismo menor  de Lutero y es desarrollada en su Catecismo mayor,  donde se interpreta como una comuni\u00f3n santa (ein heilige Gemein),  en el sentido de los santos que forman la Iglesia y que est\u00e1n dotados de dones espirituales usados en amor y concordia. Calvino sostiene una doctrina parecida, rechazando expl\u00ed\u00adcitamente la intercesi\u00f3n de los santos. La >Confesi\u00f3n de Augsburgo habla de la Iglesia como de \u00abla congregaci\u00f3n de los santos y de los verdaderos creyentes\u00bb (art. 8), pero rechaza el culto a los santos (art. 21)\u00bb. El Catecismo de Heidelberg  responde a la pregunta 55, \u00ab\u00bfQu\u00e9 entiendes por comuni\u00f3n de los santos?\u00bb: \u00abEn primer lugar, que todos y cada uno de los creyentes, como miembros de Cristo, participan de \u00e9l y de todos sus tesoros y dones. En segundo lugar, que todos han de sentirse obligados a usar sus dones, con diligencia y alegr\u00ed\u00ada, en beneficio y para provecho de los otros miembros\u00bb. La comuni\u00f3n de los santos figura tambi\u00e9n en el Catecismo anglicano  de 1549 y 1662, la Confesi\u00f3n de fe de Westminster  (1647) y los Art\u00ed\u00adculos de fe  de la Iglesia presbiteriana de Inglaterra (1890). En la Declaraci\u00f3n de Llandaff de 1980 los anglicanos y los ortodoxos alcanzaron cierto grado de consenso en torno a la comuni\u00f3n de los santos. Las dificultades de la posici\u00f3n cat\u00f3lica desde el punto de vista de los luteranos a pesar de todo siguen siendo sustantivas.<\/p>\n<p>El sentido de la comuni\u00f3n de los santos es muy fuerte en la Ortodoxia, aunque la expresi\u00f3n parece originariamente occidental. Se la ve en la solidaridad entre los miembros de la Iglesia, la mutua participaci\u00f3n en la fe, los sacramentos, el amor, la oraci\u00f3n; los que est\u00e1n en el cielo comparten tambi\u00e9n con los que est\u00e1n en la tierra. Mientras que en Occidente se nos advierte que las im\u00e1genes religiosas no deben distraernos de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, en Oriente el car\u00e1cter central que desempe\u00f1a en la liturgia el iconostasio recuerda poderosamente que los santos, lejos de ser una distracci\u00f3n, est\u00e1n profundamente implicados en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica. Es especialmente la anaphora  (la plegaria eucar\u00ed\u00adstica) en Oriente y en el Occidente cat\u00f3lico la que recoge principalmente la experiencia de la comuni\u00f3n de los santos: la eucarist\u00ed\u00ada se celebra en conmemoraci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de Mar\u00ed\u00ada y de los santos, haciendo memoria de los muertos, as\u00ed\u00ad como de los vivos.<\/p>\n<p>Una de las consecuencias m\u00e1s importantes de la doctrina de la comuni\u00f3n de los santos es una rica teolog\u00ed\u00ada de la intercesi\u00f3n y del intercambio de m\u00e9ritos. Esta se opone adem\u00e1s a la tendencia a considerar la salvaci\u00f3n como un asunto puramente personal. La doctrina de la comuni\u00f3n de los santos da origen a la idea del >tesoro de la Iglesia, que es a su vez el fundamento de las >indulgencias. Una comprensi\u00f3n profunda de la comuni\u00f3n de los santos contribuir\u00ed\u00ada a integrar las dimensiones vertical y horizontal de la Iglesia; encierra adem\u00e1s posibilidades de abrir nuevas perspectivas para el di\u00e1logo ecum\u00e9nico en torno a la persona y el papel de la Virgen Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>Miembros de la Iglesia \u00abcomuni\u00f3n\u00bb<\/p>\n<p>\tLa Iglesia es, por su propia naturaleza, \u00abcomuni\u00f3n\u00bb que refleja el misterio trinitario de Dios Amor. Por esto, los miembros de la misma, como bautizados y llamados a la santidad, son \u00abcomuni\u00f3n\u00bb. La Iglesia es \u00abcomuni\u00f3n de los santos\u00bb, a modo de vasos comunicantes, en relaci\u00f3n de dependencia de Cristo, Cabeza de todo su Cuerpo M\u00ed\u00adstico. As\u00ed\u00ad lo profesa la Iglesia en el Credo llamado \u00abapost\u00f3lico\u00bb, con una f\u00f3rmula que se remonta al siglo IV \u00abCreo en la comuni\u00f3n de los santos\u00bb.<\/p>\n<p>\tLa fe en la \u00abcomuni\u00f3n de los santos\u00bb tiene dos aspectos 1\u00c2\u00ba) formamos una comunidad que posee en comuni\u00f3n los bienes espirituales de todos; 2\u00c2\u00ba) cada uno personalmente coopera al bien de los dem\u00e1s seg\u00fan su caridad o vida en Cristo. Es, pues, \u00abcomuni\u00f3n en las cosas santas y comuni\u00f3n entre las personas santas\u00bb (CEC 948). Es la consecuencia de estar llamados para ser \u00abun solo coraz\u00f3n y una sola alma\u00bb, hasta el punto de \u00abtener todo en com\u00fan\u00bb (Hech 4,32). Por esto la f\u00f3rmula del Credo, en dependencia de Cristo Cabeza, se aplica especialmente a la comunicaci\u00f3n mutua de los m\u00e9ritos (\u00abcommunio meritorum\u00bb, seg\u00fan Santo Tom\u00e1s).<\/p>\n<p>\tCompartir y convivir familiarmente<\/p>\n<p>\tEl compromiso de esta fe, por el hecho de profesar el mismo Credo, comporta ser comunidad de trabajo y solidaridad para transformar la creaci\u00f3n (Gen 1,28); de convivencia fraterna para ser imagen de Dios amor (Gen 1,26-27); de relaci\u00f3n personal y comunitaria con Dios por el rezo comprometido del \u00abPadre nuestro\u00bb (Mt 6,9-13), para cumplir las bienaventuranzas y el mandato del amor (Mt 5,48; Jn 13,34-35). De este modo, \u00abninguno vive para s\u00ed\u00ad mismo, como tampoco muere nadie para s\u00ed\u00ad mismo\u00bb (Rom 14,7).<\/p>\n<p>\tEsta realidad de \u00abcomuni\u00f3n\u00bb compromete a crecer en la caridad (de santidad y de misi\u00f3n) para bien de todo la Iglesia que es Pueblo de Dios, que es Cuerpo M\u00ed\u00adstico y familia de hermanos. El crecimiento de cada uno, siendo plenamente personal y responsable, pertenece tambi\u00e9n a los dem\u00e1s y repercute en el crecimiento arm\u00f3nico de todos (Ef 2,20-22).<\/p>\n<p>\tCompartir la vida de santificaci\u00f3n<\/p>\n<p>\tSe llama comuni\u00f3n de \u00ablos santos\u00bb, porque los miembros de la Iglesia son el Pueblo \u00absanto\u00bb o de los \u00absantos\u00bb (Ex 19,6), que pertenecen a Dios, \u00abel Santo\u00bb (Apoc 4,8; Lev 11,44). El Pueblo de los santos est\u00e1 llamado a ser santo (1Tes 4,3), es decir, a ser fiel a los designios salv\u00ed\u00adficos de Dios sobre la historia, sobre cada ser humano y sobre toda la familia humana. Nuestro ser, reflejo del ser de Dios (sentido ontol\u00f3gico), tiene que expresarse en un obrar que sea tambi\u00e9n reflejo del obrar de Dios Amor (sentido moral).<\/p>\n<p>\tEste Pueblo de los santos es \u00abcomuni\u00f3n de los santos\u00bb, reflejo de la comuni\u00f3n de Dios Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo. \u00abAl unirnos en el amor mutuo y en la misma alabanza a la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, estamos respondiendo a la \u00ed\u00adntima vocaci\u00f3n de la Iglesia\u00bb (LG 51; cfr. LG 4). \u00abTodos, en forma y grado diverso, vivimos unidos en una misma caridad para con Dios y para con el pr\u00f3jimo\u00bb (LG 49).<\/p>\n<p>\tLa vocaci\u00f3n a la santidad es vocaci\u00f3n a ser \u00abcomuni\u00f3n\u00bb entre los \u00absantos\u00bb o creyentes en Cristo. Es la comuni\u00f3n de gracias recibidas y la comuni\u00f3n de cooperaci\u00f3n o de ayuda entre las personas que formamos el mismo Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo. Esta es nuestra vocaci\u00f3n \u00abFiel es Dios que os ha llamado a vivir en comuni\u00f3n con su Hijo Jesucristo, nuestro Se\u00f1or\u00bb (1Cor 1,9; 2Cor 9,13; Fil 2,2-4). La \u00abuni\u00f3n con todos los santos\u00bb o hermanos en al fe (Ef 3,18) es una asc\u00e9tica permanente de dejar que Cristo viva, piense, sienta, ame, ore, obre, sufra y goce en nosotros para el bien de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>\tComuni\u00f3n sin fronteras en la geograf\u00ed\u00ada y en el tiempo<\/p>\n<p>\tLa \u00abcomuni\u00f3n de los santos\u00bb no se interrumpe con la muerte, sino que contin\u00faa en el m\u00e1s all\u00e1. Esta \u00abcomuni\u00f3n de bienes espirituales\u00bb entre todos los creyentes y, de alg\u00fan modo, entre todos hombres, \u00abno se interrumpe con los hermanos que se durmieron en la paz de Cristo\u00bb (LG 49). La Iglesia sigue siendo una en la comuni\u00f3n entre los que todav\u00ed\u00ada peregrinamos y los que ya llegaron al encuentro definitivo con Cristo. Cuando realizamos un acto de \u00abcomuni\u00f3n\u00bb, seg\u00fan los signos establecidos por la Iglesia, nuestro ser (ayudado por los m\u00e9ritos de Cristo, Mar\u00ed\u00ada y los santos) se abre al amor y comunica amor. Es el caso de las \u00abindulgencias\u00bb concedidas por la Iglesia.<\/p>\n<p>\tEsta comuni\u00f3n se hace misi\u00f3n. La caridad se comunica a todos los hermanos por la oraci\u00f3n, servicio, testimonio, donaci\u00f3n&#8230; \u00abCon el culto y con la oraci\u00f3n, con la penitencia y la libre aceptaci\u00f3n de los trabajos y sufrimientos de la vida, con la que se asemejan a Cristo paciente, pueden llegar a todos los hombres y ayudar a la salvaci\u00f3n del mundo entero\u00bb (AA 16).<\/p>\n<p>\tLa eficacia misionera de la comuni\u00f3n<\/p>\n<p>\tLa comuni\u00f3n de los santos se vive especialmente en la propia comunidad o familia cristiana. Ello equivale a colaborar a que sea escuela de santidad, de oraci\u00f3n, de seguimiento evang\u00e9lico de Cristo y de misi\u00f3n universal. La comuni\u00f3n de personas y de bienes comporta la comuni\u00f3n en la convivencia y en la acci\u00f3n. La comuni\u00f3n es m\u00e1s eficiente cuando se vive a partir del propio carisma y vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica. La armon\u00ed\u00ada de comuni\u00f3n entre diversos carismas eclesiales se construye con la fidelidad generosa por parte de todos. Los carismas son \u00abla manifestaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu para provecho com\u00fan\u00bb (1Cor 12,7).<\/p>\n<p>\tLa comuni\u00f3n es don de Dios, que insta a la construcci\u00f3n responsable de la misma y la hace posible. Es don y tarea. Los bienes recibidos de los hermanos (de esta tierra y del m\u00e1s all\u00e1) son ayuda y est\u00ed\u00admulo para transformar la vida en donaci\u00f3n. La cultura de comuni\u00f3n es la \u00abgloria\u00bb de Dios, como expresi\u00f3n suya en el cosmos y en la humanidad. \u00abLa gloria de Dios es el hombre viviente\u00bb (San Ireneo). Por esto se convierte en compromiso por el respeto de la creaci\u00f3n, la solidaridad con los hermanos de todos los pueblos y la sinton\u00ed\u00ada con los planes salv\u00ed\u00adficos y universales de Dios. La comuni\u00f3n en el coraz\u00f3n y en la propia comunidad se convierte en comuni\u00f3n con toda la comunidad humana, en el espacio, en el tiempo y en el m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>Referencias Carismas, Iglesia comuni\u00f3n, indulgencias, purgatorio, santidad, Trinidad.<\/p>\n<p>Lectura de documentos LG 50-51; CEC 946-962; 1474-1477.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada W. BREUNING, La comuni\u00f3n de los santos, en Sacramentum Mundi (Barcelona, Herder, 1972ss) I, 833-838; D. BONHOEFFER, Sociolog\u00ed\u00ada de la Iglesia sanctorum communio (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1980); J. ESQUERDA BIFET, Somos la Iglesia que camina (Barcelona, Balmes, 1987); Idem, Compartir con los hermanos, la comuni\u00f3n de los santos (Barcelona, Balmes, 1992); E. LAMIRANDE, La communion des saints (Paris, Fayard, 1962); M. LEGIDO, Fraternidad en el mundo (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1982).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>El art\u00ed\u00adculo de fe sobre la communio sanctorum, que apareci\u00f3 en el S\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico en torno al siglo 1V, ha dado origen a una intensa pol\u00e9mica sobre el contenido doctrinal de esta expresi\u00f3n y sobre los motivos de su inclusi\u00f3n en el Credo. Si se atiende al contenido doctrinal, se observa que el significado esencial de la f\u00f3rmula depende de la interpretaci\u00f3n que se d\u00e9 del genitivo sanctorum. Hay &#8211; algunos que entienden este t\u00e9rmino como el genitivo de sancta, y en ese caso la f\u00f3rmula servir\u00ed\u00ada para indicar la comuni\u00f3n en las cosas santas (sobre todo en los dones eucar\u00ed\u00adsticos): otros, por el contrario, entienden el t\u00e9rmino como genitivo de sancti (los santos, seg\u00fan la acepci\u00f3n paulina), d\u00e1ndole a la f\u00f3rmula el sentido de la comuni\u00f3n de vida que une a los bautizados. Teol\u00f3gicamente, estas dos expresiones no se excluyen y de hecho se conservar\u00e1n en la Tradici\u00f3n, a pesar de los momentos pol\u00e9micos.<\/p>\n<p>Una aportaci\u00f3n teol\u00f3gica significativa es la que nos ofrece Tom\u00e1s de Aquino (recogida luego en el Catecismo Romano de 1566), con la idea de communio bonorum. Seg\u00fan santo Tom\u00e1s, en la Iglesia hay \u00abbienes\u00bb que se poseen en com\u00fan: Cristo como bonum primario y los bienes propios de cada bautizado. La participaci\u00f3n en estos bienes supone tambi\u00e9n la participaci\u00f3n de los m\u00e9ritos de cada uno (Communio meritorum), es decir, de aquellos fieles que son todav\u00ed\u00ada peregrinos en la tierra y de los que ya han conquistado el premio de la fe (Los santos, Todo esto resulta visible especialmente en la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada. La Lumen gentium nos brinda un afortunado resumen del significado de la communio sanctorum: \u00abTodos, en forma y grado diverso, vivimos unidos en una misma caridad para con Dios y para con el pr\u00f3jimo y cantamos id\u00e9ntico himno de gloria a nuestro Dios. Pues todos los que son de Cristo por poseer su Esp\u00ed\u00adritu, constituyen una misma Iglesia y mutuamente se unen en El (cf Ef 4,16). La uni\u00f3n de los que est\u00e1n en camino con los hermanos que se durmieron en la paz de Cristo, de ninguna manera se interrumpe, antes bien, seg\u00fan la constante fe de la Iglesia, se robustece con la comunicaci\u00f3n de bienes espirituales \u00bb (LG 49).<\/p>\n<p>G. Ancona<\/p>\n<p>Bibl.: w Breuning, La comuni\u00f3n de los santos, en SM, 1, 833-838; D. Bonhoeffer Sociolog\u00ed\u00ada de la Iglesia: sanctonLm communio, s\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1980; J. N, D Kelly Primitivos credos cristianos, Secretariado Tr\u00ed\u00adnitario, Salamanca 1980.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>1. El art\u00ed\u00adculo de fe sobre la communio sanctorum aparece por vez primera en la forma del s\u00ed\u00admbolo occidental transmitida por Nicetas de Remesiana, hacia fines del s. iv. A partir del s. v dan testimonio de \u00e9l las variantes g\u00e1licas (Fausto de Riez, Ces\u00e1reo de Arles, DS 26, 27; posteriormente todas las formas occidentales). Pero Nicetas interpreta el t\u00e9rmino sanctorum como genitivo del neutro sancta; significando as\u00ed\u00ad la participaci\u00f3n en los bienes sagrados de la Iglesia; con lo cual transforma la expresi\u00f3n de Agust\u00ed\u00adn communio sacramentorum (serm\u00f3n 214, 11). Evidentemente el concepto koinon\u00ed\u00ada ton aguion, sin llegar a ser parte del s\u00ed\u00admbolo, tiene sus m\u00e1s primitivas fuentes en oriente, tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad con el sentido de participaci\u00f3n en los bienes salv\u00ed\u00adficos, pero incluyendo a la vez el sentido personal y comunitario. La koinon\u00ed\u00ada en cuanto tal no es participaci\u00f3n de cosas, sino comuni\u00f3n personal, cuya modalidad est\u00e1 determinada por los aguia. Por m\u00e1s que esta comuni\u00f3n salv\u00ed\u00adfica abarque toda la Iglesia terrestre y la celestial, el concepto s\u00f3lo paulatinamente fue aplic\u00e1ndose a una expl\u00ed\u00adcita intercomunicaci\u00f3n entre los santos del m\u00e1s all\u00e1 y la Iglesia terrestre. La incorporaci\u00f3n de la c. de los s. al s\u00ed\u00admbolo podr\u00ed\u00ada fundarse en la intenci\u00f3n de explicar la esencia de la Iglesia, que est\u00e1 constituida y cualificada como comunidad personal (communio) en virtud de los bienes salv\u00ed\u00adficos. La moderna reducci\u00f3n a la pregunta por las posibilidades de una intercomunicaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica entre miembros particulares dentro de la communio, deber\u00ed\u00ada por tanto volverse a centrar m\u00e1s fuertemente en el conocimiento de que la comuni\u00f3n constituye la res del sacramentum, que es la -> Iglesia (cf. asimismo &#8211;> pueblo de Dios).<\/p>\n<p>2. Esta res del protosacramento de la Iglesia debe exponerse sobre todo desde un punto de vista b\u00ed\u00adblico. El pensamiento neotestamentario de la koinon\u00ed\u00ada desarrolla su importancia teol\u00f3gica en la teolog\u00ed\u00ada paulina y en la joanea. Desde el punto de vista de la historia de la religi\u00f3n es digno de notarse el hecho de que el AT, a pesar de acentuar con insistencia la relaci\u00f3n personal con Dios por la alianza y a pesar de saber que Israel agradece su existencia como pueblo de la alianza con Yahveh, no habla de \u00abcomuni\u00f3n\u00bb con Dios. Si bien la filosof\u00ed\u00ada griega conoce expresamente una participaci\u00f3n del hombre en las ideas o en lo divino, sin embargo, Pablo y Juan pudieron explicar la realidad original y propia del misterio de Cristo a base de los conceptos previamente existentes en su ambiente (1 Cor 1, 9; 1 Jn 1, 3 ). Nuestra c. con Cristo presupone que Dios por medio de su entrega nos ha dado a su hijo por compa\u00f1ero. Consecuentemente la c. se inicia en cuanto el Hijo participa de nosotros (Heb 2, 14-17, cf. a este respecto Rom 5, 8.10; 8, 3 32ss; Jn 1, 14). Y as\u00ed\u00ad esta c. del Hijo con nosotros se halla en la m\u00e1s universal l\u00ed\u00adnea historico-salv\u00ed\u00adfica, en la l\u00ed\u00adnea que tuvo su comienzo en la primera -> alianza, pero cuya meta m\u00e1s aut\u00e9ntica se manifiesta por primera vez en Cristo. Y esta meta consiste en que Dios quiere ser para nosotros aquello que es para \u00e9l mismo. El \u00abser para nosotros\u00bb de Dios en Cristo constituye el gran \u00e1mbito de la libertad; pues pone el nuevo principio redentor en la historia de perdici\u00f3n de la humanidad, creando ese \u00e1mbito como una unidad fraternal con el Hijo. Con ello, toda nostalgia del hombre por la unidad inicial que albergaba en su seno y promet\u00ed\u00ada ulterior salvaci\u00f3n, queda superada por este fraternal segundo Ad\u00e1n. En efecto, su condici\u00f3n de hermano se debe a que \u00e9l es el Hijo amado. El \u00e1mbito de la salvaci\u00f3n en Jristo conduce en su realizaci\u00f3n al sin Jristo, a la koinon\u00ed\u00ada realizada. Ahora es ya koinon\u00ed\u00ada con el cuerpo entregado por nosotros y con la sangre derramada por nosotros (Jn 10, 16ss). Conduce a la plena configuraci\u00f3n con Cristo en la resurrecci\u00f3n (Rom 8, 21). Y s\u00f3lo la c. con el cuerpo y la sangre de Cristo hace que la Iglesia sea comunidad. Aqu\u00ed\u00ad es donde m\u00e1s claramente se percibe cu\u00e1n cercanos se hallan el concepto de la c. con Cristo y la afirmaci\u00f3n de que la Iglesia es \u00abcuerpo de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>3. La c. con Cristo resulta as\u00ed\u00ad constitutiva para dos formas de comunidad que est\u00e1n implicadas en aqu\u00e9lla, pues la c. con Cristo es a la vez c. con el Padre. Ciertamente Pablo no habla expl\u00ed\u00adcitamente de una c. con Dios, pero el pensamiento est\u00e1 afirmado impl\u00ed\u00adcitamente cuando \u00e9l con toda claridad considera la c. con Cristo como participaci\u00f3n en la forma del Hijo. El texto de 1. Jn 1, 3 desarrolla m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitamente ese pensamiento. Pero la c. con Cristo constituye tambi\u00e9n la otra comunidad, la de los justificados, y por cierto de tal manera que \u00e9sta no s\u00f3lo resulte de la suma de muchas relaciones individuales con Cristo.<\/p>\n<p>4. Estos dos aspectos de la c. con Jesucristo radican, sin embargo, en el \u00fanico misterio de Cristo, que en virtud del misterio trinitario de Dios y de la incorporaci\u00f3n de los hombres en \u00e9l es \u00abplurifac\u00e9tico\u00bb. Se comprende esta unidad cuando se la considera en relaci\u00f3n con la realidad divina que se ha revelado como Pneuma y que en el NT expresamente ha sido puesta en conexi\u00f3n con la c. (2 Cor 13, 13). El mensaje acerca del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que debe desarrollarse a partir de la Escritura, ha de mostrarnos que la \u00abcomunidad en el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb es c. con Cristo y el Padre, pues el &#8211;> Esp\u00ed\u00adritu Santo mismo es esta c. La intercomunicaci\u00f3n entre el Padre y el Hijo, lo mismo que sus personas en s\u00ed\u00ad, es tambi\u00e9n realidad divina, mas se distingue de ambos como comunidad entre ellos y precisamente as\u00ed\u00ad consuma la relaci\u00f3n entre Padre e Hijo en la \u00fanica esencia divina. Y el mismo Esp\u00ed\u00adritu en el que se comunican el Padre y el Hijo es el Pneuma salido del cuerpo glorificado de Jes\u00fas (Jn 7, 37ss) y el que constituye la intercomunicaci\u00f3n de la Iglesia con su Se\u00f1or y la de todos los miembros de Cristo que viven en gracia. En virtud de esta estructura trinitaria de Dios, que en s\u00ed\u00ad mismo es c., la doctrina de la c. de los s., aun cuando tambi\u00e9n incluya la mediaci\u00f3n de la comunidad con el Padre \u00abpor Cristo\u00bb y \u00aben el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, sin embargo se distingue de la idea de una participaci\u00f3n de Dios desvirtuada a trav\u00e9s de distintas mediaciones, tal como sucede en el pensamiento neoplat\u00f3nico.<\/p>\n<p>5. Como de la intercomunicaci\u00f3n entre Cristo y los suyos se trata en el \u00e1mbito de la -> soteriolog\u00ed\u00ada, la doctrina tradicional de la c. de los s. se limita en gran parte a la cuesti\u00f3n de la comunicaci\u00f3n entre los miembros que pertenecen a Cristo, comunicaci\u00f3n que se hace visible en el misterio salv\u00ed\u00adfico. Aqu\u00ed\u00ad hemos de tener en cuenta c\u00f3mo el Esp\u00ed\u00adritu Santo puede transmitir el don constitutivo de la intercomunicaci\u00f3n en tal manera que no excluya sino que haga posible una representaci\u00f3n creada e hist\u00f3rica de la comunidad dada por \u00e9l. As\u00ed\u00ad corno el Esp\u00ed\u00adritu Santo ha creado para el Hijo la posibilidad de dar a su filiaci\u00f3n una dimensi\u00f3n humana, del mismo modo posibilita a la Iglesia el acceso a la participaci\u00f3n de la filiaci\u00f3n en medio de una realizaci\u00f3n humana como pueblo que pertenece a Cristo. Esta representaci\u00f3n humana e hist\u00f3rica de la dimensi\u00f3n transcendente funda el car\u00e1cter sacramental de la c. de los s. El sacramento consumado de Cristo se ofrece siempre en forma renovada y se comunica a trav\u00e9s de la aceptaci\u00f3n creyente que produce el Esp\u00ed\u00adritu mismo; y as\u00ed\u00ad, en armon\u00ed\u00ada con la voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios, introduce a la Iglesia siempre de nuevo y cada vez m\u00e1s profundamente en la res de ese sacramento. Toda radicaci\u00f3n m\u00e1s profunda en Cristo vigoriza tambi\u00e9n el crecimiento conjunto de la c. de los s. Por otra parte, la c. constituida por Cristo tambi\u00e9n sustenta al individuo en su camino hacia el Salvador. Los signos salv\u00ed\u00adficos confiados a la Iglesia, los cuales por la virtud de Cristo ofrecen infaliblemente la salvaci\u00f3n y la producen, tienen su sentido en una Iglesia que en su totalidad s\u00f3lo puede vivir invocando siempre el Esp\u00ed\u00adritu (epiclesis).<\/p>\n<p>Si preguntamos por el significado salv\u00ed\u00adfico de la actividad de unos miembros en favor de los otros, hemos de responder que la intercesi\u00f3n de la Iglesia entera por sus miembros o de algunos de \u00e9stos por la Iglesia o por otros miembros pertenece a aquel \u00e1mbito que el Esp\u00ed\u00adritu ha creado como intercomunicaci\u00f3n en la c. de los s. Si el Esp\u00ed\u00adritu acoge la voz de la esposa y hace que juntamente con la voz del Hijo sea o\u00ed\u00adda por el Padre, esto no implica ninguna disminuci\u00f3n de Cristo, pues, por el contrario, entonces precisamente \u00e9l \u00abes glorificado en los suyos\u00bb (Jn 17, 10). Si esa s\u00faplica ha hallado expresi\u00f3n en el servicio asistencial y activamente configurador de manos amorosas, el Esp\u00ed\u00adritu acepta tambi\u00e9n esta obra, para imprimir en ella m\u00e1s profundamente la forma de Cristo, que determina el car\u00e1cter de semejante acci\u00f3n como servicio en favor de los dem\u00e1s. Sobre todo el Esp\u00ed\u00adritu produce en los miembros de Cristo una entrega plena a Dios que se acredita en el dolor y que supera el sufrimiento, aquella entrega que tiene su ra\u00ed\u00adz en el sacrificio de Cristo por nuestra salvaci\u00f3n. La Iglesia entera tiene que incorporarse a esa entrega, y tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad la autodonaci\u00f3n obediente del uno es importante para todos, pues tambi\u00e9n en ello se glorifica al Hijo. No obstante la posici\u00f3n de Cristo sigue siendo \u00fanica, pues s\u00f3lo \u00e9l, como el hombre glorificado, que a la vez es el Hijo, env\u00ed\u00ada el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Toda la fecundidad de los restantes miembros en favor de los dem\u00e1s radica en el mismo Esp\u00ed\u00adritu, pero ellos no lo env\u00ed\u00adan, sino que lo reciben. Quiz\u00e1 la tradici\u00f3n doctrinal no ha expuesto esto con suficiente claridad, al usar las expresiones seg\u00fan las cuales Cristo ha merecido para nosotros de condigno, mientras que nosotros merecemos de congruo en nuestra intercesi\u00f3n mutua.<\/p>\n<p>6. La forma de vinculaci\u00f3n mutua que hemos descrito hasta ahora como propia de la c. de los s. se refer\u00ed\u00ada sobre todo el estado de peregrinaci\u00f3n. El estado de consumaci\u00f3n no interrumpe la intercomunicaci\u00f3n. Aun cuando estos miembros no logren m\u00e9ritos nuevos, sin embargo, su estado de consumaci\u00f3n reviste una importancia especial para los peregrinos. Esta importancia m\u00e1s que como un modelo ejemplar ha de interpretarse como un don. En efecto, el Esp\u00ed\u00adritu junto con los \u00e1ngeles y los santos se entrega a los peregrinantes, que as\u00ed\u00ad experimentan la c. de los s. como un torrente de amor tanto m\u00e1s intenso cuanto mayor es la comunidad, como un torrente que nace del \u00fanico Cristo, la fuente de vida para todos.<\/p>\n<p>7. Finalmente hemos de referirnos a la preocupaci\u00f3n amorosa de los peregrinos por los difuntos que todav\u00ed\u00ada sufren esperando la consumaci\u00f3n. La intercesi\u00f3n por los difuntos no pretende negociar con Dios, tratando de impedir aquello que en definitiva conduce a la perfecci\u00f3n de \u00e9stos. Esa intercesi\u00f3n tiene como base la persuasi\u00f3n de que tampoco en el &#8211;> purgatorio se produce un aislamiento absoluto del hombre, sino que por el contrario, la comunidad unida en el Esp\u00ed\u00adritu puede extender hasta all\u00ed\u00ad su fuerza vital.<\/p>\n<p>Wilhelm Breuning<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\"><em>Sanctorum Communionem<\/em>, la segunda cl\u00e1usula del art\u00edculo noveno del Credo Apost\u00f3lico que se remonta al texto de Nicetas de Aquileya en el siglo V, es probablemente la \u00faltima adici\u00f3n al s\u00edmbolo romano, pero es de origen e implicaciones inciertas. La comuni\u00f3n implica un compartir, pero desde los primeros tiempos ha habido confusi\u00f3n sobre qu\u00e9 ha de compartirse. (1) En las actas de los concilios de Nimes, Aquino y Abelardo tratan el <em>sanctorum<\/em> como g\u00e9nero neutro y lo entienden como la participaci\u00f3n en los sacramentos. (2) Otros, como Nicetas, hablan del <em>sanctorum<\/em> como masculino, representando una expansi\u00f3n de la frase precedente: \u00absanta iglesia universal\u00bb. Es comuni\u00f3n de creyentes; del uno con el otro, seg\u00fan lo entendieron los reformadores y muchos int\u00e9rpretes modernos. Se debate, sin embargo, los l\u00edmites de la comuni\u00f3n y si \u00e9sta se circunscribe a los que est\u00e1n en la tierra, o como lo afirman algunos te\u00f3logos cat\u00f3licos, abarca a los santos en la tierra, cielo y purgatorio. (3) Otros, como Barth, afirman una combinaci\u00f3n de estos dos puntos de vista. (4) Aun otros, como Fausto de Reiz, han entendido una comuni\u00f3n de santos y \u00e1ngeles que se disfrutar\u00e1 en el cielo despu\u00e9s de la muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">F.J. Badcock, <em><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">JTS<\/a><\/em>, 21, pp. 106\u2013126; K. Barth, <em>Dogmatics in Outline<\/em>, p. 144; J. Koestlin, <em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">SHERK<\/a><\/em>, 3, pp. 181\u2013182; A.C. McGiffert, <em>The Apostle\u2019s Creed<\/em>, pp. 200\u2013204; J.F. Sollier, <a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">CE<\/a>, 4, pp. 171\u2013174; H.B. Swete, <em>The Holy Catholic Church<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jack P. Lewis<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><em>JTS <\/em><\/a><em>Journal of Theological Studies<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><em>SHERK <\/em><\/a><em>The New Schaff-Herzog Encyclopaedia of Religious Knowledge<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">CE <\/a><em>Catholic Encyclopaedia<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (114). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Introducci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Doctrina Cat\u00f3lica<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 En la Iglesia Anglosajona<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Criterios Protestantes<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">(\u201ccommuno sanctorum\u201d, coparticipaci\u00f3n de, o con, los santos)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La doctrina se expres\u00f3 en la segunda cl\u00e1usula del art\u00edculo noveno del texto aceptado Credo de los Ap\u00f3stoles:  \u201cCreo\u2026 la santa Iglesia Cat\u00f3lica, la comuni\u00f3n de los santos\u201d.  Esta adici\u00f3n, probablemente la \u00faltima, al antiguo s\u00edmbolo romano se encuentra en:\n<\/p>\n<ul>\n<li> la liturgia galicana del siglo VII (P.L., LXXII, 349, 597); <\/li>\n<li> en algunas cartas del pseudo-Agust\u00edn (P. L., XXXIX, 2189, 2191, 2194), ahora atribuidas a San Ces\u00e1reo de Arles (c. 543); <\/li>\n<li> en \u00abDe Spiritu Sancto\u00bb (P. L., LXII, 11), atribuido a Fausto de Riez (c. 460); <\/li>\n<li> en la \u00abExplanatio Symboli\u00bb (P. L., LII, 871) de Nicetas de Remesiana (c. 400); y <\/li>\n<li> en dos documentos de fecha incierta, el \u00abFides Hieronymi\u00bb, y una confesi\u00f3n armenia. <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los cr\u00edticos han elaborado diversas teor\u00edas sobre estos hechos.  Algunos sostienen que la adici\u00f3n es una protesta contra Vigilancio, quien condenaba la veneraci\u00f3n de los santos; y \u00e9l relaciona esta declaraci\u00f3n con Fausto del sur de la Galia y probablemente tambi\u00e9n con Nicetas en Panonia, en quien influy\u00f3 la \u00abCatecheses\u00bb de San Cirilo de Jerusal\u00e9n.  Otros la consideran una primera reacci\u00f3n contra el separatismo de los donatistas, por lo tanto una concepci\u00f3n africana y agustiniana dirigida solamente a los miembros de la Iglesia, cuyo significado superior de coparticipaci\u00f3n con los santos difuntos ser\u00eda introducida posteriormente por Fausto.  Sin embargo, otros piensan que tuvo su origen en Armenia, con un significado antidonatista, de donde pas\u00f3 a Panonia, la Galia, las Islas Brit\u00e1nicas, Espa\u00f1a, etc., adquiriendo nuevas acepciones en su andadura hasta culminar finalmente en la s\u00edntesis cat\u00f3lica de los te\u00f3logos medievales.  Estas y muchas otras conjeturas no modifican la doctrina tradicional, de acuerdo con la cual la comuni\u00f3n de los santos, dondequiera que fuese introducida en el Credo, es la consecuencia natural de la ense\u00f1anza de la Escritura, y principalmente de la f\u00f3rmula bautismal; aun as\u00ed, el valor del dogma no reside en la soluci\u00f3n de ese problema hist\u00f3rico.\n<\/p>\n<h2>Doctrina Cat\u00f3lica<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La comuni\u00f3n de los santos es la solidaridad espiritual que une a los fieles de este mundo, a las almas en el purgatorio y a los santos del cielo en la unidad org\u00e1nica del mismo cuerpo m\u00edstico cuya cabeza es Cristo, y en un intercambio constante de servicios sobrenaturales.  A los part\u00edcipes en esa solidaridad se les llama santos en raz\u00f3n de su destino y de su participaci\u00f3n en los frutos de la Redenci\u00f3n (1 Cor. 1,2 &#8211; texto griego).  Los condenados est\u00e1n as\u00ed excluidos de la comuni\u00f3n de los santos.  Los vivos, incluso los no pertenecientes a la verdadera Iglesia, la comparten seg\u00fan su grado de uni\u00f3n con Cristo y con el alma de la Iglesia.  Santo Tom\u00e1s ense\u00f1a (III:8:4) que los \u00e1ngeles, aunque no redimidos, forman parte de la comuni\u00f3n de los santos porque est\u00e1n bajo el poder de Cristo y reciben de \u00c9l \u201cgratia capitis\u201d.  La solidaridad en s\u00ed misma implica una diversidad de interrelaciones:  dentro de la Iglesia Militante, no solo la participaci\u00f3n en la misma fe, Sacramentos y gobierno, sino tambi\u00e9n un mutuo intercambio de ejemplos, oraciones, m\u00e9ritos y satisfacciones; entre la Iglesia de este mundo por una parte, y el purgatorio y el cielo por la otra, sufragios, invocaci\u00f3n, intercesi\u00f3n, veneraci\u00f3n.  Estas connotaciones ata\u00f1en aqu\u00ed solamente en lo que se refiere a la idea transcendente de solidaridad espiritual entre todos los hijos de Dios.  Entendida de este modo, la comuni\u00f3n de los santos, aunque se defini\u00f3 formalmente solo en sus alcances particulares (Concilio de Trento, sesi\u00f3n XXV, decretos sobre el purgatorio; sobre la invocaci\u00f3n, veneraci\u00f3n y reliquias de los santos e im\u00e1genes sagradas; sobre las indulgencias), sin embargo, es dogma com\u00fanmente ense\u00f1ado y aceptado en la Iglesia.  Es verdad que el Catecismo del Concilio de Trento (Pt. I, cap. X) a primera vista parece limitar a los vivos el sentido de la frase contenida en el Credo, pero haciendo la comuni\u00f3n de los santos exponente y funci\u00f3n, por decirlo as\u00ed, de la cl\u00e1usula precedente, \u00abla santa Iglesia cat\u00f3lica\u00bb, verdaderamente se prolonga a lo que se denominan \u00abpartes constituyentes, una se fue antes, la otra la sigue todos los d\u00edas\u201d de la Igleisa; el principio general se proclama en estos t\u00e9rminos: \u00abtoda acci\u00f3n piadosa y sagrada realizada por uno pertenece y es provechosa a todos, gracias a la caridad que no se busca a s\u00ed misma\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta inmensa concepci\u00f3n cat\u00f3lica los racionalistas ven no s\u00f3lo una producci\u00f3n tard\u00eda, sino tambi\u00e9n un indisimulado retorno a una religiosidad inferior, un proceso de justificaci\u00f3n meramente mec\u00e1nico, la sustituci\u00f3n de la responsabilidad personal por un valor moral impersonal.  Como mejor se refutan tales afirmaciones es presentando la base b\u00edblica del dogma y su formulaci\u00f3n teol\u00f3gica.  La primera rese\u00f1a clara, aunque sobria, de la comuni\u00f3n de los santos se encuentra en el \u00abReino de Dios\u00bb de los Sin\u00f3pticos, no la concepci\u00f3n individualista de Harnack ni la puramente escatol\u00f3gica de Loisy, sino un todo org\u00e1nico (Mt. 13,31), que rodea con v\u00ednculos de caridad (Mt 22,39) a todos los hijos de Dios (Mt 19,28; Lc. 20,36) en el cielo y en la tierra (Mt 6,20), reuniendo a los mismos \u00e1ngeles en \u00e9sta fraternidad de almas (Lc 15,10).   Las par\u00e1bolas del Reino (Mt 13) no pueden leerse sin percibir su car\u00e1cter comunitario y la continuidad que unifica el reino presente y el reino venidero.  La naturaleza de esa comuni\u00f3n, llamada por San Juan una comuni\u00f3n de uno con el otro (\u201cuna comuni\u00f3n con nosotros\u201d&#8212;1 Juan 1,3) porque es una comuni\u00f3n con el Padre, y con su Hijo\u201d, y cuando \u00e9l la compara con la uni\u00f3n vital y org\u00e1nica de la vida y sus sarmientos (Juan 15), destaca con gran relieve en la concepci\u00f3n paulina del cuerpo m\u00edstico.  San Pablo habla a menudo de un cuerpo cuya cabeza es Cristo (Col. 1,18), cuyo principio dinamizador es la caridad (Ef 4,16), cuyos miembros son los santos, no s\u00f3lo de este mundo sino tambi\u00e9n del venidero (Ef. 1,20; Heb. 12,22).  En esa comuni\u00f3n no existe p\u00e9rdida de la individualidad, aunque en tal interdependencia los santos sean \u00abmiembros unos de otros\u00bb (Rom. 12,5), no s\u00f3lo compartiendo las mismas bendiciones (1 Cor. 12,13) e intercambiando buenos oficios (1 Cor. 12,25) y oraciones (Ef. 6,18), sino tambi\u00e9n participando en la misma vida com\u00fan, pues \u00abtodo el cuerpo.  gracias al conjunto de ligamentos.  va creciendo, con vistas a su propia edificaci\u00f3n, por [la] caridad\u00bb (Ef 4,16).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recientes y notorias investigaciones sobre inscripciones cristianas primitivas han sacado a la luz claras y abundantes pruebas de las manifestaciones principales de la comuni\u00f3n de los santos en la Iglesia naciente.  Un testimonio semejante se encuentra en los Padres Apost\u00f3licos, con alguna alusi\u00f3n a la concepci\u00f3n paulina.  Hemos de recurrir a la Escuela de Alejandr\u00eda para hallar un intento de la formulaci\u00f3n del dogma.  Clemente de Alejandr\u00eda muestra las relaciones esenciales del \u00abgn\u00f3stico\u00bb con los \u00e1ngeles (Strom., VI.12.10) y con las almas de los difuntos (ibid. VIII.12.78); y casi formula el \u201cthesaurus ecclesiae\u201d en su presentaci\u00f3n del martirio vicario, no s\u00f3lo de Cristo, sino tambi\u00e9n de los Ap\u00f3stoles y otros m\u00e1rtires (ibid., IV.12.87).  Or\u00edgenes ampl\u00eda, casi hasta la exageraci\u00f3n, la idea del martirio vicario (Exhort. ad martyr., cap. 1) y la de la comuni\u00f3n entre el hombre y los \u00e1ngeles (De orat., XXXI); y lo explica por el poder unificador de la Redenci\u00f3n de Cristo, \u201cut caelestibus terrena sociaret\u201d (In Levit., hom. IV), y la fuerza de la caridad, tan inaudita en el cielo como en la tierra (De orat., XI).  Con San Basilio y San Juan Cris\u00f3stomo la comuni\u00f3n de los santos llega a ser un principio obvio usado como respuesta frente a objeciones populares del tipo:  \u00bfnecesito una comuni\u00f3n con otros? (Basil, EP. 203) \u00bfotro ha pecado y debo yo expiar? (Chrysostom, Hom. I, de poenit.).  San Juan Damasceno solo tiene que reunir los dichos de los Padres para justificar el dogma de la invocaci\u00f3n a los santos y las oraciones por los muertos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero la presentaci\u00f3n completa del dogma procede de los \u00faltimos Padres.  Despu\u00e9s de las declaraciones de Tertuliano, quien habla de \u00abesperanza, miedo, alegr\u00eda, aflicci\u00f3n y sufrimiento comunes\u00bb (Sobre la Penitencia, 9-10); de San Cipriano, quien expone expl\u00edcitamente la comuni\u00f3n de m\u00e9ritos (De lapsis 17); de San Hilario, quien da la Comuni\u00f3n Eucar\u00edstica como medio y s\u00edmbolo de la comuni\u00f3n de los santos (en Sal. 65(64),14), llegamos a la ense\u00f1anza de San Ambrosio y San Agust\u00edn.  Del primero, el \u201cthesaurus ecclesiae\u201d, la mejor prueba pr\u00e1ctica de la reuni\u00f3n de los santos, recibe una explicaci\u00f3n precisa (De poenit. I.15;; De officiis, I, XIX).  Desde el punto de vista transcendente de la Iglesia tomado por el segundo (Enchiridion 66), la comuni\u00f3n de los santos, aunque nunca la expres\u00f3 as\u00ed, es una necesidad; a la \u201cCivitas Dei\u201d necesariamente corresponde la \u201cunitas caritatis\u201d (De unitate eccl., II), que contiene en una uni\u00f3n real a los santos y \u00e1ngeles del cielo (Enarr. in Psalmos, 36,3-4), a los justos de la tierra (De bapt. III.17), y, en menor grado, a los pecadores mismos, los \u201cputrida membra\u201d del cuerpo m\u00edstico; solamente los herejes, cism\u00e1ticos y ap\u00f3statas est\u00e1n excluidos de esta sociedad de los santos, aunque no de sus plegarias (Serm. CXXXVII).  El concepto agustiniano, aunque algo ensombrecido en las exposiciones catequ\u00e9ticas del Credo por los te\u00f3logos carolingios y posteriores (P. L., XCIX, CI, CVIII, CX, CLII, CLXXXVI), retoma su lugar en la s\u00edntesis medieval de Pedro Lombardo, San Buenaventura, Santo Tom\u00e1s de Aquino, etc.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Influenciado sin duda por escritores anteriores como Ivo de Chartres (P. L., CLXII, 606l), Pedro Abelardo (P. L. CLXXXIII, 630), y probablemente Alejandro de Hales (III, Q. LXIX, a, 1), Santo Tom\u00e1s (Expos. in symb. 10) lee en neutro la expresi\u00f3n del Credo, \u201ccommunio sanctorum\u201d (participaci\u00f3n de bienes espirituales), pero prescindiendo de la gram\u00e1tica, su concepci\u00f3n del dogma es completa.  Principio general:  los m\u00e9ritos de Cristo se comunican a todos, y los m\u00e9ritos de cada uno se comunican a los dem\u00e1s (ibid.).  Modo de participaci\u00f3n: tanto objetiva como intencional, \u201cin radice operis\u201d, \u201cex intentione facientis\u201d (Supp. 71:1).  Medida: el grado de caridad (Expos. in symb., 10).  Beneficios comunicados: no s\u00f3lo los Sacramentos sino los m\u00e9ritos sobreabundantes de Cristo y de los santos que forman el \u201cthesaurus ecclesia\u201d (ibid. y Quodlib., II, Q. VIII, a. 16).  Part\u00edcipes: las tres partes de la Iglesia (Expos. in symb., 9); por tanto, los fieles en la tierra intercambian m\u00e9ritos y satisfacciones (I-II:113:6, y Suppl., 13:2), las almas del purgatorio se benefician de los sufragios de los vivos y la intercedi\u00f3n de los santos (Suppl., 71),los mismos santos recibiendo honor y concediendo intercesi\u00f3n (II-II:83:4, II-II:83:11, III:25:6), y tambi\u00e9n los \u00e1ngeles, como se dijo antes. Despu\u00e9s, los te\u00f3logos escol\u00e1sticos y los posteriores a la Reforma a\u00f1adieron poco a la exposici\u00f3n tomista del dogma.  Se ocuparon m\u00e1s en la forma que en el fondo, y defendieron los puntos atacados por los herejes, mostrando el valor religioso, \u00e9tico y social de la concepci\u00f3n cat\u00f3lica; e introdujeron la distinci\u00f3n entre el cuerpo y el alma de la Iglesia, entre miembros reales y miembros en deseo, completaron la teor\u00eda de las relaciones entre los miembros de la Iglesia y la comuni\u00f3n de los santos que ya hab\u00edan esbozado San Optato de Mileve y San Agust\u00edn durante la controversia donatista.  Se puede lamentar que el esquema adoptado por los escol\u00e1sticos no provey\u00f3 un punto de vista comprehensivo del dogma total, sino m\u00e1s bien dispersaron los varios componentes de \u00e9l por medio de una vasta s\u00edntesis.  Esto explica el hecho de que un compendio sobre la comuni\u00f3n de los santos es m\u00e1s raro en nuestros te\u00f3logos tradicionales que en nuestra literatura catequ\u00e9tica, apolog\u00e9tica, pastoral e incluso asc\u00e9tica.  Ello puede tambi\u00e9n explicar en parte, sin justificarlas, las toscas tergiversaciones mencionadas anteriormente.\n<\/p>\n<h2>En la Iglesia Anglosajona<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Puede conocerse que los anglosajones observaron la doctrina de la comuni\u00f3n de los santos por la siguiente relaci\u00f3n dada por Lingardo en su \u00abHistoria y antig\u00fcedades de la Iglesia Anglosajona\u00bb.  Recibieron la pr\u00e1ctica de la veneraci\u00f3n de los santos, dice, junto con los rudimentos de la religi\u00f3n cristiana; y manifestaron su devoci\u00f3n a ambas en el culto p\u00fablico y privado: en p\u00fablico, celebrando los aniversarios de cada santo y guardando anualmente el D\u00eda de Todos los Santos como una solemnidad de primer orden; y en sus devociones privadas, observando las ense\u00f1anzas de adorar a Dios y luego \u00abrogar, primero a Santa Mar\u00eda, y a los santos Ap\u00f3stoles, y a los santos m\u00e1rtires, y a todos los santos de Dios, que intercediesen por ellos a Dios\u00bb. De este modo aprendieron a elevar a los santos del cielo sus sentimientos de confianza y afecto, a considerarlos amigos y protectores y a implorar su ayuda en momentos de dolor, con la esperanza de que Dios concediese al protector lo que pudiera rehusar al suplicante.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los anglosajones tuvieron, como los dem\u00e1s cristianos, una veneraci\u00f3n especial a la \u00abSant\u00edsima Madre de Dios, la perpetua Virgen Santa Mar\u00eda\u00bb (Beatissima Dei genitrix et perpetua virgo.-Bede, Hom. in Purif.). Sus alabanzas fueron cantadas por los poetas sajones; durante las ceremonias p\u00fablicas se cantaron himnos en su honor; bajo su patrocinio se levantaron iglesias y altares; se le atribuyeron curaciones milagrosas y se guardaron cuatro fiestas anuales, conmemorando los principales acontecimientos de su vida en la tierra: su nacimiento, la Anunciaci\u00f3n, su purificaci\u00f3n y Asunci\u00f3n. A continuaci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen en devoci\u00f3n iba San Pedro, a quien Cristo hab\u00eda elegido como cabeza de los Ap\u00f3stoles y entregado las llaves del Reino de los Cielos, \u00abcon la capacidad principal de poder juzgar en la Iglesia, a fin de que todos conozcan que quien se separe de la unidad de la fe de Pedro o del colegio de Pedro, ese hombre nunca podr\u00eda alcanzar la absoluci\u00f3n de los lazos del pecado, ni admisi\u00f3n en las puertas del reino celestial \u00bb (Beda). Estas palabras de el venerable Beda se refieren, ciertamente, a Pedro mismo y a sus sucesores, pero tambi\u00e9n evidencian la veneraci\u00f3n de los anglosajones por el pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, una veneraci\u00f3n patente en el n\u00famero de iglesias dedicadas a su memoria, en las peregrinaciones a su tumba y las donaciones a la iglesia que conserva sus restos y al obispo que ocupa su silla.  Honores especiales se rend\u00edan a los santos Gregorio y Agust\u00edn, a quienes deb\u00edan principalmente su conocimiento del cristianismo. Llamaban a Gregorio su \u00abpadre adoptivo en Cristo \u00bb y a s\u00ed mismos \u00absus hijos adoptivos en el bautismo\u00bb; y hablaban de Agust\u00edn como \u00abel primero en llevarles la doctrina de la fe, el sacramento del bautismo y el conocimiento de su patria celestial\u00bb. Mientras estos santos eran honrados por todo el pueblo, cada naci\u00f3n por separado reverenciaba la memoria de su propio ap\u00f3stol. As\u00ed San Aidan en Northumbria, San Birinus en Wessex y San F\u00e9lix en East Anglia eran venerados como protectores de los pa\u00edses que hab\u00edan sido el escenario de su labor. Todos los santos mencionados eran extranjeros; pero los anglosajones extendieron pronto su devoci\u00f3n a hombres nacidos y educados entre ellos, y cuyas virtudes y celo en la propagaci\u00f3n del cristianismo merecieron los honores de la santidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta narraci\u00f3n de la devoci\u00f3n de los anglosajones a los que elevaron a amigos y protectores en el cielo es necesariamente breve, pero es ampliamente suficiente para mostrar que ellos cre\u00edan y amaban la doctrina de la comuni\u00f3n de los santos.\n<\/p>\n<h2>Criterios Protestantes<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Frente a temas particulares de la comuni\u00f3n de los santos se\u00f1alaron errores espor\u00e1dicos el S\u00ednodo de Gangra (Mansi, II, 1103), San Cirilo de Jerusal\u00e9n (P. G., XXXIII, 1116), San Epifanio (ibid., XLII, 504), Asteritis Amasensis (ibid., XL, 332), y San Jer\u00f3nimo (P. L., XXIII, 362).  Tambi\u00e9n sabemos, por la proposici\u00f3n condenada n\u00famero 42 y la pregunta n\u00famero 29 de Mart\u00edn V en Constanza (Denzinger, nos. 518 y 573), que Wyclif y Hus estuvieron muy cerca de negar el dogma en s\u00ed.  Pero solo en tiempos de la Reforma se convirti\u00f3 en tema de discusi\u00f3n la comuni\u00f3n de los santos.  Las iglesias luteranas a\u00fan en sus primeras confesiones, aunque normalmente adoptaron el Credo de los Ap\u00f3stoles, o dejaron en el silencio la comuni\u00f3n de los santos o la explicaron como la \u00abuni\u00f3n con Jesucristo en la \u00fanica verdadera fe\u00bb de la Iglesia (Peque\u00f1o Catecismo de Lutero), o como \u00abla congregaci\u00f3n de santos y verdaderos creyentes\u00bb (Confesi\u00f3n de Augsburgo, ibid., III, 12), excluyendo cuidadosamente, si no la memoria, al menos la invocaci\u00f3n de los santos, porque la Escritura \u00abnos presenta un solo Cristo, Mediador, Propiciador, Sumo Sacerdote e Intercesor\u00bb (ibid., III, 26). Generalmente, las iglesias reformadas mantuvieron la identificaci\u00f3n luterana de la comuni\u00f3n de los santos con el cuerpo de creyentes pero sin limitarlo a ese cuerpo. Juan Calvino (Inst. chret., IV, 1, 3) insiste en que la frase del Credo es m\u00e1s que una definici\u00f3n de la Iglesia; lo que conduce a aceptar una coparticipaci\u00f3n que, sean cuales fueren las gracias concedidas por Dios a los fieles, estas se comunicar\u00edan de uno a otro. \u00c9se es el criterio del Catecismo de Heidelberg, acentuado en la confesi\u00f3n galicana, d\u00f3nde comuni\u00f3n tiende a significar el esfuerzo de los creyentes por fortalecerse mutuamente en el temor de Dios.  Ulrico Zuinglio en sus escritos admite un intercambio de plegarias entre los fieles y duda si condenar las oraciones por los muertos, rechazando exclusivamente la intercesi\u00f3n de los santos como ofensiva a Cristo. Las confesiones escocesa y suiza presentan juntas la Iglesia Militante y la Triunfante, pero mientras la primera silencia su significado, la segunda afirma que ellos sostienen la comuni\u00f3n de unos con otros: \u00abnihilominus habent illae inter sese communionem, vel conjunctionem\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las confesiones anglicanas se deja sentir la doble, y a menudo conflictiva, influencia de Mart\u00edn Lutero y Juan Calvino, con un prolongado recuerdo de la ortodoxia cat\u00f3lica.  Sobre este punto los 39 Art\u00edculos son decididamente luteranos, rechazando \u00abla doctrina romana respecto al Purgatorio, la absoluci\u00f3n, el culto y veneraci\u00f3n tanto de las im\u00e1genes como de las reliquias, y tambi\u00e9n la invocaci\u00f3n de los santos \u00ab, porque lo consideran \u00abalgo afectado, inventado in\u00fatilmente y sin fundamento en la Escritura, antes bien, contrario a la Palabra de Dios\u00bb. Por otra parte, la confesi\u00f3n de Westminster, al tiempo que ignora a la Iglesia Sufriente y a la Triunfante, va m\u00e1s all\u00e1 del criterio calvinista y se acerca a la doctrina cat\u00f3lica respecto a los creyentes de este mundo, quienes, dice, \u00abestando unidos en el amor, comulgan mutuamente en los dones y gracias\u00bb. En los Estados Unidos, los Art\u00edculos de Religi\u00f3n Metodistas, 1784, as\u00ed como los Art\u00edculos de Religi\u00f3n Reformados Episcopales, 1875, siguen las ense\u00f1anzas de los 39 Art\u00edculos, mientras que la Confesi\u00f3n Bautista de Filadelfia y la Iglesia Presbiteriana de Cumberland, 1829, adoptan la ense\u00f1anza de la Confesi\u00f3n de Westminster, 1688. Los te\u00f3logos protestantes, al igual que las confesiones protestantes, oscilan entre el criterio luterano y el calvinista.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La causa de la corrupci\u00f3n protestante del concepto tradicional de la comuni\u00f3n de los santos no se encuentra en la pretendida falta de evidencia en la Escritura o en el primer cristianismo en apoyo de ese concepto; competentes escritores protestantes desistieron hace tiempo de forzar ese argumento. Tambi\u00e9n carece de fuerza el frecuente argumento por el que el dogma cat\u00f3lico reduce la mediaci\u00f3n de Cristo, pues est\u00e1 claro, como ya mostr\u00f3 Santo Tom\u00e1s (Suppl., 72:2, ad 1), que la mediaci\u00f3n ministerial de los santos no reduce, sino que realza, la mediaci\u00f3n magisterial de Cristo. Algunos escritores han se\u00f1alado el origen de esa corrupci\u00f3n en el concepto protestante de la Iglesia, agregaci\u00f3n de almas y multitud de individuos unidos por una comunidad de fe y en b\u00fasqueda y v\u00ednculo de afinidad cristiana, pero en modo alguno organizado o interdependiente como miembros del mismo cuerpo. Su explicaci\u00f3n es defectuosa porque el concepto protestante de la Iglesia es paralelo a, pero nunca causante de, su criterio de la comuni\u00f3n de los santos. El motivo verdadero debe buscarse en otra parte. Ya en 1519, Lutero, el mejor defensor de sus tesis condenadas sobre el papado, utiliz\u00f3 la cl\u00e1usula del Credo para mostrar que la comuni\u00f3n de los santos, y no el papado, era la Iglesia: \u00abnon ut aligui somniant, credo ecclesiam esse praelatum &#8230; sed &#8230; communionem sanctorum\u00bb.  Esto era simplemente jugar con las palabras del S\u00edmbolo. En esa \u00e9poca Lutero a\u00fan observaba la tradicional comuni\u00f3n de los santos, con alguna idea de que un d\u00eda la abandonar\u00eda. Renunci\u00f3 a ella cuando formul\u00f3 su teor\u00eda de la justificaci\u00f3n.  La adopci\u00f3n del lema protestante, \u00abCristo para todos y cada uno para s\u00ed mismo\u00bb, en lugar del axioma anterior de Hugo de San V\u00edctor, \u00abSingula sint omnium et omina singulorum\u00bb (uno para todos y todos para cada uno &#8211;P. L., CLXXV. 416), es la consecuencia l\u00f3gica] de su concepto de justificaci\u00f3n; no es una renovaci\u00f3n interior del coraz\u00f3n, ni un verdadero renacimiento de un Padre com\u00fan, el segundo Ad\u00e1n, ni siquiera una incorporaci\u00f3n a Cristo, la cabeza del cuerpo m\u00edstico, sino un acto esencialmente individualista de fe fiduciaria. Obviamente en tal teolog\u00eda no hay lugar para esa acci\u00f3n rec\u00edproca entre los santos, esa diseminaci\u00f3n corporativa de las gracias espirituales a los miembros de la misma familia, esa hogare\u00f1a y santa ciudadan\u00eda que une en lo m\u00e1s \u00edntimo de la Cat\u00f3lica comuni\u00f3n de los santos. Justificaci\u00f3n y comuni\u00f3n de los santos van de la mano. Los esfuerzos que se han hecho para despertar en el protestantismo el viejo y a\u00fan estimado dogma de la comuni\u00f3n de los santos, ser\u00e1n necesariamente vanos a menos que se revise la doctrina real de la justificaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente<\/b>:  Sollier, Joseph. \u00abThe Communion of Saints.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 4. New York: Robert Appleton Company, 1908.<br \/>\n<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/04171a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Miguel Villoria de Dios.  L H M.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DicEc \u00c2\u00a0 La expresi\u00f3n \u00abcomuni\u00f3n de los santos\u00bb (communio sanctorum\/koin\u00f3nia t\u00f3n hagi\u00f3n) aparece por primera vez en el siglo IV. Pero la realidad subyacente es m\u00e1s antigua. En el mismo Nuevo Testamento a los miembros de la Iglesia se les llama \u00ab> santos\u00bb y la noci\u00f3n de comuni\u00f3n est\u00e1 bien desarrollada. 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