{"id":14746,"date":"2016-02-05T09:41:19","date_gmt":"2016-02-05T14:41:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/confesores\/"},"modified":"2016-02-05T09:41:19","modified_gmt":"2016-02-05T14:41:19","slug":"confesores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/confesores\/","title":{"rendered":"CONFESORES"},"content":{"rendered":"<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEl Nuevo Testamento subraya la necesidad de confesar la fe (1Jn 2,23; ITim 6,16). El que reniegue de la fe corre el riesgo de que tambi\u00e9n Cristo reniegue de \u00e9l delante del Padre (Mt 10,32). En los primeros siglos la confesi\u00f3n y el martirio iban juntos, y hay indicaciones de que a los m\u00e1rtires se les llamaba tambi\u00e9n \u00abconfesores\u00bb. Entre el siglo III y el edicto de >Constantino la terminolog\u00ed\u00ada se hace m\u00e1s clara: los m\u00e1rtires eran los que mor\u00ed\u00adan por la fe; los confesores los que sufr\u00ed\u00adan por ella pero no llegaban a morir, distinci\u00f3n que recoge Eusebio. Cuando lleg\u00f3 la paz a la Iglesia, los confesores fueron los que se distinguieron por su virtud y ascetismo.<\/p>\n<p>En la >Tradici\u00f3n apost\u00f3lica (9\/ 10,1-2) se habla de dos tipos de confesores: los que han sufrido seriamente por la fe y aquellos cuyo castigo ha sido ligero o privado. El obispo no tiene que imponer las manos sobre los primeros \u00abpara el diaconado o el presbiterado\u00bb (non imponetur manus super eum ad diaconatum vel presbyteratum; > Imposici\u00f3n de manos). Muchos estudiosos cat\u00f3licos, y algunos protestantes, tienen dificultades en aceptar este texto. La soluci\u00f3n de B. Botte se impone como la m\u00e1s veros\u00ed\u00admil: parece imposible que el autor del texto pretenda decir que la profesi\u00f3n p\u00fablica de la fe conlleva la recepci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu para el ministerio. Parece m\u00e1s probable que se quiera decir que los confesores que han profesado la fe p\u00fablicamente tienen la dignidad  del sacerdocio o del diaconado y, por consiguiente, no necesitan la imposici\u00f3n de manos. En cambio, los confesores menores necesitan la imposici\u00f3n de las manos para alcanzar la dignidad de las \u00f3rdenes. El problema es el control u ordenamiento de los confesores, que, en caso de ser demasiado numerosos, podr\u00ed\u00adan provocar confusi\u00f3n, no s\u00f3lo presentando su libellus  (memorial), sino tambi\u00e9n obteniendo puestos de honor.<\/p>\n<p>La costumbre de los confesores de presentar este libellus  dio lugar a abusos. Originariamente fue un documento de un m\u00e1rtir o de un confesor otorgado en favor de alguien que hab\u00ed\u00ada renegado de la fe y quiz\u00e1 estaba haciendo penitencia p\u00fablica. Esto parece haber provocado dificultades en Cartago, y >Cipriano se quejaba de la laxitud a que induc\u00ed\u00ada la concesi\u00f3n excesivamente liberal del libellus pacis.  Puede tambi\u00e9n haber sido motivo de problemas el apremio de los confesores a la hora de pedir la reconciliaci\u00f3n de quien hab\u00ed\u00ada ca\u00ed\u00addo en falta (>Reconciliaci\u00f3n). Como los confesores pensaban que sus propios sufrimientos estaban delante de Dios a disposici\u00f3n del que hab\u00ed\u00ada ca\u00ed\u00addo, el libellus  puede considerarse como una forma primitiva de las >indulgencias.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la \u00e9poca de los m\u00e1rtires, los Padres no dudaron en considerar la vida asc\u00e9tica en t\u00e9rminos de martirio; as\u00ed\u00ad por ejemplo Atanasio al hablar de Antonio. Del mismo modo que los m\u00e1rtires rechazaban el mundo prefiriendo la muerte, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n los confesores, especialmente a trav\u00e9s del ascetismo, eran considerados muertos para el mundo. En Occidente los primeros confesores en ser venerados fueron obispos: Silvestre en Roma (+ 335), Mart\u00ed\u00adn en la Galia (+ 397), Severo en N\u00e1poles (+ 409ca.), >Agust\u00ed\u00adn (+ 430). En Oriente los primeros confesores fueron: Antonio (+ 373), Hilari\u00f3n (+ 371), Atanasio (+ 373). M\u00e1s tarde el t\u00e9rmino se us\u00f3 en general para los santos; el rey Eduardo de Inglaterra (1003-1066), por ejemplo, fue declarado confesor por Alejandro III en 1161.<\/p>\n<p>En la revisi\u00f3n de la liturgia posterior al Vaticano II ha dejado de usarse la categor\u00ed\u00ada de confesor en los oficios comunes; se ha sustituido por el com\u00fan de pastores, el de santos varones y el de santas mujeres.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DicEc \u00c2\u00a0 El Nuevo Testamento subraya la necesidad de confesar la fe (1Jn 2,23; ITim 6,16). El que reniegue de la fe corre el riesgo de que tambi\u00e9n Cristo reniegue de \u00e9l delante del Padre (Mt 10,32). 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