{"id":14772,"date":"2016-02-05T09:42:07","date_gmt":"2016-02-05T14:42:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/disenso\/"},"modified":"2016-02-05T09:42:07","modified_gmt":"2016-02-05T14:42:07","slug":"disenso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/disenso\/","title":{"rendered":"DISENSO"},"content":{"rendered":"<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nLa posibilidad del disenso se debe a que la mayor parte de las ense\u00f1anzas de la Iglesia no est\u00e1n dentro de la estrecha categor\u00ed\u00ada de las doctrinas infalibles e irreformables (>Infalibilidad). S\u00f3lo lo que ha sido revelado, o ha sido definido infaliblemente, puede reclamar un asentimiento incondicional. Todas las dem\u00e1s doctrinas pueden ser err\u00f3neas, aunque ser\u00ed\u00ada una gran equivocaci\u00f3n sostener que la mayor parte de las ense\u00f1anzas son defectuosas o acercarse a las ense\u00f1anzas del magisterio con suspicacia, sospechando en todas partes el error. Un cat\u00f3lico ha de asumir m\u00e1s bien que la doctrina de la Iglesia es correcta y aceptable. Pero la eclesiolog\u00ed\u00ada tiene que afrontar la posibilidad de la disidencia, dado el hecho indudable de que en el pasado ha habido errores en las ense\u00f1anzas del >magisterio. La cuesti\u00f3n ha de responderse de acuerdo con los principios teol\u00f3gicos y eclesiol\u00f3gicos, aun cuando el asunto sea principalmente pr\u00e1ctico, a la vista de los conflictos planteados en las d\u00e9cadas de 1970 y 1980 entre determinados te\u00f3logos y la Santa Sede.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n del disenso se plante\u00f3 durante el Vaticano II: cuatro obispos hablaron de la posibilidad de que una persona culta no prestara asentimiento interno a ense\u00f1anzas no infalibles. La comisi\u00f3n doctrinal no quiso tratar el tema en LG 25, pero dijo: \u00abSobre esta materia cons\u00faltense las exposiciones teol\u00f3gicas aprobadas (probatae expositiones theologicae)\u00bb.  Con esto se quer\u00ed\u00ada remitir en esta \u00e9poca casi con toda seguridad a los manuales de teolog\u00ed\u00ada usados en las escuelas teol\u00f3gicas. Algunos de estos admit\u00ed\u00adan que en circunstancias excepcionales el asentimiento interno pudiera retirarse, pero no que se hiciera p\u00fablica la disensi\u00f3n respecto de la doctrina autorizada de la Santa Sede.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del Vaticano II, tras la publicaci\u00f3n de la enc\u00ed\u00adclica Humanae vitae  (1968), sobre la regulaci\u00f3n de la natalidad, se dio el fen\u00f3meno nuevo de un considerable grupo de te\u00f3logos, y un n\u00famero a\u00fan mayor de laicos, que rechazaban p\u00fablicamente la ense\u00f1anza del papa. Aunque la disidencia se basaba en parte en argumentos no teol\u00f3gicos, como la dificultad o imposibilidad de observar las normas propuestas por el papa, hab\u00ed\u00ada una buena parte de la opini\u00f3n que rechazaba la doctrina como err\u00f3nea y no apod\u00ed\u00adctica. La disidencia en relaci\u00f3n con la regulaci\u00f3n de los nacimientos se refer\u00ed\u00ada a materias morales. Hubo tambi\u00e9n disidencia en materias doctrinales por parte del arzobispo >Lefebvre, que acab\u00f3 en >cisma. Ha sido tambi\u00e9n muy fuerte la disidencia respecto de la declaraci\u00f3n Sobre la admisi\u00f3n de las mujeres al sacerdocio.  Por otro lado, algunos te\u00f3logos han sido censurados o llamados al orden por la Santa Sede, especialmente H. >K\u00fcng, L. >Boff y E. >Schillebeeckx.<\/p>\n<p>Podemos distinguir en la pr\u00e1ctica la disidencia en materias morales de la disidencia doctrinal. En materia moral las personas han de seguir su conciencia, que es un juicio pr\u00e1ctico sobre la rectitud o no de seguir una actuaci\u00f3n determinada. Seg\u00fan el Vaticano II, \u00ablos cristianos, en la formaci\u00f3n de su conciencia, deben prestar diligente atenci\u00f3n (diligenter attendere)  a la doctrina sagrada y cierta de la Iglesia\u00bb (DH 14). El nuevo Catecismo  afirma que en la formaci\u00f3n de la conciencia somos \u00abguiados por\u00bb la ense\u00f1anza autorizada de la Iglesia (n 1785). El concilio no aprob\u00f3 una expresi\u00f3n m\u00e1s restrictiva, a saber, que los fieles deb\u00ed\u00adan formar su conciencia \u00abde acuerdo con\u00bb la ense\u00f1anza de la Iglesia. En este delicado tema de la formaci\u00f3n de la conciencia son muchas las posibilidades de comportamiento inaut\u00e9ntico: puede no atenderse suficientemente a las ense\u00f1anzas de la Iglesia; puede haber un acercamiento a estas ense\u00f1anzas que no vaya acompa\u00f1ado de un asentimiento sincero; puede no haber razones suficientes o el conocimiento necesario para justificar la disidencia; puede haber imprudencia o arrogancia, etc. De este modo, aunque es posible que una persona tenga que disentir de la doctrina moral del magisterio con el fin de seguir los dictados de su conciencia, ser\u00ed\u00ada f\u00e1cil tambi\u00e9n poner ejemplos de disensos procedentes de una conciencia err\u00f3nea, incluso de una conciencia culpablemente err\u00f3nea. Con respecto a la disensi\u00f3n en materia doctrinal, ser\u00ed\u00ada muy raro que una persona estuviera en posesi\u00f3n de un conocimiento que hiciera su disidencia obligatoria. M\u00e1s frecuentes son los casos en que lo que se plantea no es la obligaci\u00f3n de la disidencia, sino el derecho a la misma. Hay que tener en cuenta que la b\u00fasqueda de la verdad es un proceso, y que en una determinada fase puede no disponerse a\u00fan de una respuesta definitiva. El magisterio puede dar las orientaciones que considere apropiadas, considerando incluso que de este modo cierra la discusi\u00f3n sobre la materia. Pero puede haber otras cuestiones, hechos, argumentos y circunstancias no tomados en consideraci\u00f3n por los te\u00f3logos empleados por el magisterio, de modo que una directriz parezca imperfecta, si no incluso err\u00f3nea.<\/p>\n<p>Es menester hacer una observaci\u00f3n general: que las autoridades de la Iglesia han tenido m\u00e1s \u00e9xito diciendo a los te\u00f3logos lo que no tienen que hacer, que desarrollando un aut\u00e9ntico proceso de di\u00e1logo en materias en las que se presentan disidencias. La instrucci\u00f3n para la >Congregaci\u00f3n de la doctrina de la fe (CDF) Sobre la vocaci\u00f3n eclesial del te\u00f3logo  (1990) es una importante reflexi\u00f3n sobre el papel de los >te\u00f3logos .<\/p>\n<p>En el n 17 se hace una observaci\u00f3n importante: \u00abHay que tener en cuenta, pues, el car\u00e1cter propio de cada una de las intervenciones del magisterio y la medida en que se encuentra implicada su autoridad\u00bb. Se trata de una necesidad ampliamente reconocida en teolog\u00ed\u00ada, pero el documento contin\u00faa luego con estas distinciones: \u00abPero [hay que tener en cuenta! tambi\u00e9n el hecho de que todas ellas derivan de la misma fuente, es decir, de Cristo, que quiere que su pueblo camine en la verdad plena. Por este mismo motivo las decisiones magisteriales en materia de disciplina, aunque no est\u00e9n garantizadas por el carisma de la infalibilidad, no est\u00e1n desprovistas de la asistencia divina, y requieren la adhesi\u00f3n de los fieles\u00bb. El problema aqu\u00ed\u00ad es la apelaci\u00f3n a Cristo. Se da por supuesta su ayuda, pero hay tambi\u00e9n otra fuente de los actos del magisterio, a saber, la fr\u00e1gil aportaci\u00f3n humana, que en los actos disciplinares no est\u00e1 protegida por el carisma de la infalibilidad; podr\u00ed\u00ada pensarse que la instrucci\u00f3n da por supuesta que es poca la diferencia en la adhesi\u00f3n que se pide al magisterio cuando sus actos son infalibles y cuando no lo son.<\/p>\n<p>M\u00e1s de la cuarta parte del documento est\u00e1 dedicada al disenso (nn 32-41), que parece querer eliminar. Algunos de los puntos que establece est\u00e1n evidentemente fuera de discusi\u00f3n. Trata del disenso que brota de la ideolog\u00ed\u00ada del \u00abliberalismo filos\u00f3fico\u00bb (n 32), de \u00abun modelo de protesta inspirado en la sociedad pol\u00ed\u00adtica\u00bb (n 33), de una hermen\u00e9utica que no reconoce la posici\u00f3n especial de las doctrinas del magisterio (n 34), de una visi\u00f3n sociol\u00f3gica del sentido de los fieles (n 35; >Sensus fidei\/sensus fidelium), de una apelaci\u00f3n a los derechos humanos (n 36). Tal como se presentan en la instrucci\u00f3n, ninguna de estas es base adecuada para la disidencia p\u00fablica.<\/p>\n<p>Brotando como brota en el contexto de los problemas de la d\u00e9cada de 1980, la instrucci\u00f3n pone gran empe\u00f1o en eliminar muchos de los fundamentos aducidos para el disenso. Se opone en\u00e9rgicamente a cualquier intento de manipular la opini\u00f3n p\u00fablica de la Iglesia contra las posturas del magisterio (n 39). De hecho parece interesarse por el disenso en particular por lo que se refiere a las contestaciones p\u00fablicas en los medios de comunicaci\u00f3n. Pero \u00bfpuede considerarse que es \u00abejercer la presi\u00f3n de la opini\u00f3n p\u00fablica\u00bb publicar posturas disidentes en revistas cient\u00ed\u00adficas? Uno de los modos principales en que las posiciones teol\u00f3gicas son evaluadas es el juicio de los otros te\u00f3logos, y esto supone que las opiniones han de circular y publicarse. Sin embargo, los periodistas que se ocupan habitualmente de los asuntos religiosos y teol\u00f3gicos suelen repasar las revistas especializadas. La instrucci\u00f3n no entra realmente en la cuesti\u00f3n pr\u00e1ctica a este nivel, ni en su fundamentaci\u00f3n te\u00f3rica.<\/p>\n<p>Al te\u00f3logo que tiene dificultades a la hora de dar su asentimiento a alguna ense\u00f1anza del magisterio, se le hacen dos recomendaciones. \u00abFrente a una proposici\u00f3n a la que siente que no puede dar su asentimiento intelectual, el te\u00f3logo debe no obstante permanecer dispuesto a examinar m\u00e1s profundamente el problema. Para un esp\u00ed\u00adritu leal, animado por el amor a la Iglesia, esta situaci\u00f3n puede ser ciertamente una prueba dif\u00ed\u00adcil. Puede ser una llamada a sufrir por la Iglesia, en el silencio y en la oraci\u00f3n, pero con la certeza de que, si la verdad est\u00e1 realmente en juego, al final acabar\u00e1 prevaleciendo\u00bb (n 31).<\/p>\n<p>La segunda soluci\u00f3n propuesta puede, como la primera, dar la impresi\u00f3n de que, si hay problemas, lo m\u00e1s probable es que sea el te\u00f3logo el que est\u00e9 equivocado: \u00abSi ocurre que estos (los te\u00f3logos) encuentran dificultades debidas al car\u00e1cter de su investigaci\u00f3n, han de buscar la soluci\u00f3n en di\u00e1logo confiado con los pastores, con esp\u00ed\u00adritu de verdad y caridad, que es el de comuni\u00f3n con la Iglesia\u00bb (n 40).<\/p>\n<p>Puede decirse que la Iglesia no ha encontrado el modo de afrontar constructivamente la disidencia. Se plantea el problema de una especie de \u00abdoble mentalidad\u00bb. Mientras que, por un lado, la gente est\u00e1 dispuesta a aceptar que ciertas ense\u00f1anzas del magisterio han sido imperfectas, e incluso err\u00f3neas, en el pasado, por otro lado, existe, la tendencia a hablar y actuar como si esto no pudiera volver a ocurrir en el presente o en el futuro. La instrucci\u00f3n, no obstante, parece suponer que las anteriores ense\u00f1anzas defectuosas del magisterio tuvieron un efecto providencial en la vida de la Iglesia (n 24).<\/p>\n<p>Podemos hacer algunas indicaciones pr\u00e1cticas. Es posible que los te\u00f3logos necesiten aprender estilos adecuados de disidencia, que no parezcan impugnar la autoridad doctrinal de la Iglesia misma. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en la manera como Y. Congar eludi\u00f3 las ense\u00f1anzas, a \u00faltima hora sin consecuencias, de P\u00ed\u00ado XII sobre la pertenencia a la Iglesia; critic\u00f3 indirectamente la postura del papa al estudiar el tema de la Iglesia desde >Abel.<\/p>\n<p>Hay que distinguir, sin embargo, entre la investigaci\u00f3n de los te\u00f3logos y lo que conviene a la ense\u00f1anza en las facultades de teolog\u00ed\u00ada, especialmente a nivel de no graduados. Las autoridades de la Iglesia tienen derecho a asegurar la transmisi\u00f3n de la doctrina oficial de la Iglesia, lo que hacen por medio de la profesi\u00f3n de fe (>Credos y profesiones de fe), la >censura de libros y la autorizaci\u00f3n otorgada a los miembros de las facultades eclesi\u00e1sticas por medio de la misi\u00f3n can\u00f3nica (CIC 229, 812, 818) o sus equivalentes. Este derecho de las autoridades eclesi\u00e1sticas no puede obviarse apelando a la libertad acad\u00e9mica, una noci\u00f3n m\u00e1s bien reciente que incluso en las disciplinas seculares no es absoluta.<\/p>\n<p>Los que tienen la responsabilidad doctrinal en la Iglesia no s\u00f3lo deben consultar a los expertos (lo que sin duda hacen), sino que adem\u00e1s ser\u00ed\u00ada beneficioso que fuera un proceso abierto. El sistema de los \u00abpapeles verdes\u00bb en algunas democracias parlamentarias no carece de inter\u00e9s: las propuestas para la acci\u00f3n del gobierno se publican y presentan a discusi\u00f3n y comentario. El \u00faltimo \u00abpapel blanco\u00bb contiene la propuesta de ley efectiva despu\u00e9s del proceso de consulta. Los esquemas o lineamento  para los s\u00ed\u00adnodos de los obispos son algo semejante a los \u00abpapeles verdes\u00bb. El secretismo m\u00e1s bien obsesivo que envuelve a muchas de las consultas de la Iglesia no es beneficioso. El peor de los escenarios posibles para la Iglesia ser\u00ed\u00ada el que constituir\u00ed\u00adan un magisterio temeroso, a la defensiva o represivo, y unos te\u00f3logos marginados y, por consiguiente, en una actitud de pasividad o desprecio. El marco que representa la instrucci\u00f3n es importante; pero todav\u00ed\u00ada queda mucho por hacer, por parte tanto del magisterio como de los te\u00f3logos. Afortunadamente el proceso contin\u00faa\u00bb. La virtual reducci\u00f3n al silencio de los te\u00f3logos en la d\u00e9cada de 1950 no deber\u00ed\u00ada volver a repetirse. [Sobre el disenso en relaci\u00f3n con el Magisterio en estos \u00faltimos a\u00f1os han aparecido reflexiones significativas de miembros de la CDF: as\u00ed\u00ad la conferencia del cardenal J. Ratzinger sobre la Situaci\u00f3n actual de la fe en la teolog\u00ed\u00ada  de 1996; las consideraciones del secretario dela CDF, T. Bertone, A prop\u00f3sito de la aceptaci\u00f3n de los documentos del Magisterio y del disenso p\u00fablico  de 1997 y las reflexiones del jefe de la secci\u00f3n teol\u00f3gica de la CDF, A. Garuti, sobre el problema del disenso a la luz de la Nota doctrinal ilustrativa de la f\u00f3rmula conclusiva de la \u00abProfessio fidei\u00bb. Reflexiones en torno a la relaci\u00f3n entre los pronunciamientos del Magisterio y la teolog\u00ed\u00ada  de 1998. Por otro lado, diversos miembros de la Asociaci\u00f3n Espa\u00f1ola Juan XXIII de te\u00f3logos \u2014aunque entre ellos tan s\u00f3lo dos son profesores de Facultad\u2014 ha apoyado en 1999 un documento cr\u00ed\u00adtico titulado Teolog\u00ed\u00ada y magisterio: relaciones conflictivas.<br \/>\nCon todo, el momento actual parece marcado no tan fuertemente por el disenso cuanto m\u00e1s bien por el debate cr\u00ed\u00adtico acerca de los \u00faltimos documentos magisteriales sobre el significado de la ense\u00f1anza \u00abdefinitiva\u00bb, fruto del magisterio ordinario y universal. En este sentido, por citar un ejemplo ilustrativo, puede verse precisamente el di\u00e1logo entre 1998\/1999 por parte del te\u00f3logo canonista L. Orsy y el cardenal J. Ratzinger sobre el valor de la ense\u00f1anza \u00abdefinitiva\u00bb.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DicEc \u00c2\u00a0 La posibilidad del disenso se debe a que la mayor parte de las ense\u00f1anzas de la Iglesia no est\u00e1n dentro de la estrecha categor\u00ed\u00ada de las doctrinas infalibles e irreformables (>Infalibilidad). S\u00f3lo lo que ha sido revelado, o ha sido definido infaliblemente, puede reclamar un asentimiento incondicional. 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