{"id":14814,"date":"2016-02-05T09:43:30","date_gmt":"2016-02-05T14:43:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iglesia-primitiva\/"},"modified":"2016-02-05T09:43:30","modified_gmt":"2016-02-05T14:43:30","slug":"iglesia-primitiva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iglesia-primitiva\/","title":{"rendered":"IGLESIA PRIMITIVA"},"content":{"rendered":"<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nPor Iglesia primitiva entendemos la Iglesia en los tiempos del Nuevo Testamento. Tenemos testimonios de ella en el corpus  del Nuevo Testamento y tambi\u00e9n en la >Didach\u00e9  y en la Carta  de >Clemente Romano a los corintios. En este per\u00ed\u00adodo encontramos varias eclesiolog\u00ed\u00adas (>Eclesiolog\u00ed\u00adas neotestamentarias), las primeras indicaciones sobre la >sucesi\u00f3n apost\u00f3lica y, en general, los comienzos del >protocatolicismo. Las Iglesias que se pueden estudiar con alg\u00fan detalle son las de Jerusal\u00e9n, Corinto, Antioqu\u00ed\u00ada y Roma, si bien la lectura atenta de otros libros del Nuevo Testamento nos permite hacer algunas deducciones tambi\u00e9n sobre otros lugares.<\/p>\n<p>Escribiendo quiz\u00e1 hacia el a\u00f1o 85, Lucas nos hace una descripci\u00f3n, sin duda idealizada, de los primeros cristianos de Jerusal\u00e9n. Los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas fueron ungidos por el poder del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Lc 24,49; He 1,8; 2,1-4; >Pneumatolog\u00ed\u00ada y eclesiolog\u00ed\u00ada); se bautizaron y formaron una comunidad rica en >carismas. Su vida aparece descrita en tres per\u00ed\u00adcopas: \u00abEran constantes en escuchar la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles, en la uni\u00f3n fraterna, en partir el pan y en las oraciones\u00bb (He 2,42; cf 4,32-37; 5,12-17). La teolog\u00ed\u00ada de Lucas parece conceder importancia al orden expuesto: el kerigma acerca de la muerte\/resurrecci\u00f3n\/se\u00f1or\u00ed\u00ado de Jes\u00fas es el que conduce a la >comuni\u00f3n (koin\u00f3nia),  de la que se derivan la eucarist\u00ed\u00ada y las oraciones en com\u00fan. Las comunidades locales se caracterizan por su inter\u00e9s por la >predicaci\u00f3n y por la adhesi\u00f3n a la verdadera doctrina. La comunidad de Jerusal\u00e9n pronto conoci\u00f3 el pecado (He 5,1-11) y la persecuci\u00f3n por parte de las autoridades jud\u00ed\u00adas (He 4,5-30; 5,17-42). En los primeros libros del Nuevo Testamento se revela la expectativa ante una parus\u00ed\u00ada inminente (1 y 2Tes; cf He 3,20; 2Pe 3,12). Esta expectaci\u00f3n fue decayendo gradualmente.<\/p>\n<p>Al principio los cristianos vivieron en comunidades cristianas situadas en distintos lugares (>Palabra y sacramentos construyen la Iglesia, >Ekkl\u00e9sia, >Iglesia local). En sus comienzos, en modo alguno ten\u00ed\u00adan conciencia de ser una religi\u00f3n nueva, distinta del juda\u00ed\u00adsmo. Se consideraban a s\u00ed\u00ad mismos simplemente como la plenitud del juda\u00ed\u00adsmo, como los comienzos del Israel escatol\u00f3gico. Habiendo comenzado como una secta interna del juda\u00ed\u00adsmo, los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, sin embargo, fueron percibidos pronto como una amenaza: fue Esteban, el primer te\u00f3logo y m\u00e1rtir de la Iglesia, el primero en darse cuenta de que era necesaria la independencia del culto del templo y de la ley (cf He 6,13-14). Sus adversarios, incluido Saulo, lo ve\u00ed\u00adan como una amenaza y le quitaron la vida. Hasta algo m\u00e1s tarde el mundo gentil no distinguir\u00ed\u00ada entre los jud\u00ed\u00ados y los cristianos, distinci\u00f3n a la que ya se hab\u00ed\u00ada llegado en el a\u00f1o 64, fecha en que Ner\u00f3n persigue expl\u00ed\u00adcitamente a los cristianos. La rebeli\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados contra Roma el a\u00f1o 66 acelerar\u00ed\u00ada tambi\u00e9n el proceso, al insistir los cristianos en su propia identidad como religi\u00f3n distinta. Con el tiempo asumir\u00ed\u00adan las promesas hechas a los israelitas afirmando que s\u00f3lo ellos eran el aut\u00e9ntico pueblo de Dios (cf Rom 11-13; lPe 2,4-10). El evangelio de Mateo endurece por ello las afirmaciones de Marcos contra los jud\u00ed\u00ados, especialmente contra los fariseos; no obstante, a pesar de la perspicacia de algunas de sus ideas, no puede aceptarse la tesis como la de R. Ruether de que el Nuevo Testamento es esencialmente antisemita.<\/p>\n<p>En estos primeros d\u00ed\u00adas surgi\u00f3 entre los helenistas y los jud\u00ed\u00ados de la Iglesia de Jerusal\u00e9n un problema, si no una verdadera escisi\u00f3n: la soluci\u00f3n fue nombrar a un grupo, conocido como los siete, para que se ocuparan de los primeros (He 6,1-6). Al menos dos de ellos, Esteban y Felipe, se convirtieron en predicadores altamente eficaces (He 6,9; 8,4-40; 21,8), que contradir\u00ed\u00adan la raz\u00f3n aparente de su nombramiento: el servicio material a las viudas (He 6,1). Parece claro que se estableci\u00f3 una organizaci\u00f3n seg\u00fan la cual, en un sentido amplio, los siete se ocupar\u00ed\u00adan de los helenistas, pero bajo la autoridad de los ap\u00f3stoles, que fueron quienes les impusieron las manos (He 6,6). Se mantuvo la diversidad dentro de la unidad. En la tradici\u00f3n evang\u00e9lica pueden detectarse huellas de una doble forma de jefatura \u2014la de los doce y la de los siete\u2014(comp\u00e1rense Mt 14,20 y Mc 6,42 \u2014\u00bbdoce cestas\u00bb\u2014 con Mt 15,37 y Mc 8,8 \u2014\u00bbsiete cestas\u00bb\u2014). M\u00e1s tarde Pablo se convertir\u00ed\u00ada en el ap\u00f3stol de los gentiles, una vez que su misi\u00f3n entre los jud\u00ed\u00ados helenistas se mostr\u00f3 infructuosa (G\u00e1l 2,8; He 13,46).<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n de la Iglesia primitiva con su madre, el juda\u00ed\u00adsmo, es extremadamente compleja. Cuatro partidos diferentes, o al menos cuatro posturas, se han detectado en las primeras comunidades cristianas: unos, cristianos jud\u00ed\u00ados y sus gentiles conversos, insist\u00ed\u00adan en el cumplimiento total de la ley, incluida la circuncisi\u00f3n, para todos los que cre\u00ed\u00adan en Jes\u00fas (cf He 11,2; 15,5; G\u00e1l 2,4); otro grupo, formado por cristianos jud\u00ed\u00ados y sus conversos gentiles, no insist\u00ed\u00ada en la circuncisi\u00f3n, pero exig\u00ed\u00ada a los gentiles conversos que cumplieran algunas normas jud\u00ed\u00adas (cf G\u00e1l 2,9; He 15,20; por ejemplo, Santiago); un tercer grupo de cristianos jud\u00ed\u00ados y sus conversos gentiles no insist\u00ed\u00ada en la circuncisi\u00f3n ni exig\u00ed\u00ada el cumplimiento de las prescripciones alimenticias jud\u00ed\u00adas (cf G\u00e1l 2,11-14; ICor 8; por ejemplo, Pablo); un cuarto grupo, formado por cristianos jud\u00ed\u00ados y sus conversos gentiles, no insist\u00ed\u00ada en la circuncisi\u00f3n ni en el cumplimiento de las leyes jud\u00ed\u00adas relativas a las comidas, ni ve\u00ed\u00ada ninguna significaci\u00f3n perdurable en el culto y en las fiestas jud\u00ed\u00adas (Juan, Hebreos). Por eso conviene no hablar del cristianismo jud\u00ed\u00ado sin mayores especificaciones; de hecho, se pueden hacer distinciones a\u00fan m\u00e1s sutiles que las indicadas.<\/p>\n<p>Las tensiones entre estos grupos se ven vivamente ilustradas si se comparan los Hechos con la Carta a los g\u00e1latas. Hay cuatro relatos que parecen imposibles de reconciliar sin forzar los textos de G\u00e1latas o de Hechos, o de ambos a la vez: las afirmaciones de Pablo en G\u00e1l 1-2; el encuentro de He 11,1-18, en el que Pedro aparece como dominante; He 15, el encuentro en Jerusal\u00e9n en el que Santiago aparece como dominante y Pablo, al parecer, est\u00e1 presente (vv. 2, 12, 22); la entrevista con Santiago y los ancianos en He 21,17-25. Puede que estuvieran justificados los temores de Pablo a que no fuera aceptada en Jerusal\u00e9n la colecta para los pobres (Rom 15,31), colecta a la que Pablo concede mucha importancia como signo de unidad. \u00bfDe qu\u00e9 otro modo si no puede explicarse el silencio de Hechos acerca del prop\u00f3sito principal de la visita de Pablo a Jerusal\u00e9n? Hay importantes datos que dan testimonio de que hubo una escisi\u00f3n en la Iglesia entre los que apoyaban a Pablo y los que eran m\u00e1s jud\u00ed\u00ados (cf 1 y 2Cor y G\u00e1l 2, que no parece una victoria de Pablo sobre Pedro, quien, seg\u00fan la tradici\u00f3n, fue obispo all\u00ed\u00ad despu\u00e9s de la partida de Pablo con Silas, aunque, de manera significativa, no con Bernab\u00e9, He 15,36-40). De lo que podemos estar seguros es de que las relaciones entre los antiguos jud\u00ed\u00ados y los convertidos del paganismo no ser\u00ed\u00adan f\u00e1ciles hasta al menos cien a\u00f1os despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n: los problemas no s\u00f3lo eran teol\u00f3gicos, sino tambi\u00e9n morales y psicol\u00f3gicos. No tenemos suficientes datos para trazar en detalle la evoluci\u00f3n de la Iglesia desde Pentecost\u00e9s hasta el siglo II. Pero los evangelios de Mateo y de Juan son muy reveladores: el primero fue escrito para cristianos jud\u00ed\u00ados moderados y el autor trata de trazar una v\u00ed\u00ada media entre el >antinomianismo y el excesivo legalismo; el evangelio de Juan fue escrito desde una perspectiva en general hostil al juda\u00ed\u00adsmo, pero el evangelista se esfuerza por presentar a Jes\u00fas como su plenitud.<\/p>\n<p>Con la evoluci\u00f3n de la Iglesia en el siglo II los cristianos judaizantes conservadores se quedaron atr\u00e1s y se convirtieron en heterodoxos. Los hubo de varios tipos, pero se les dio el nombre gen\u00e9rico de ebionitas. Se caracterizaban por su leal adhesi\u00f3n a la ley, la exaltaci\u00f3n de Santiago y el menosprecio de Pablo y una cristolog\u00ed\u00ada adopcionista (que consideraba a Jes\u00fas s\u00f3lo como el m\u00e1s grande de los profetas), siendo este \u00faltimo el rasgo m\u00e1s destacado y caracter\u00ed\u00adstico de las sectas heterodoxas.<\/p>\n<p>Junto al cristianismo judaizante est\u00e1 tambi\u00e9n el cristianismo helenista, que incluye a los jud\u00ed\u00ados de la Di\u00e1spora (que hablan s\u00f3lo griego) y a los convertidos del paganismo. Hemos visto ya a los helenistas en Jerusal\u00e9n, cuyo l\u00ed\u00adder es Esteban. La persecuci\u00f3n desencadenada despu\u00e9s de su muerte fue probablemente s\u00f3lo de los helenistas; de otro modo ser\u00ed\u00ada dif\u00ed\u00adcil explicar por qu\u00e9 a los ap\u00f3stoles, los l\u00ed\u00adderes de la nueva fe, se les dej\u00f3 en paz (He 8,1.4). Quiz\u00e1 tengamos una doble visi\u00f3n de los helenistas: los helenistas cristianos estaban menos apegados al templo y a la ley; los helenistas jud\u00ed\u00ados se destacaban por su celo por las instituciones de sus antepasados \u2014de ah\u00ed\u00ad su disposici\u00f3n a debatir con Esteban (He 6,9-10) y la feroz persecuci\u00f3n de Saulo y otros (He 8,1-3; 9,1-2)\u2014. La visita de Pedro y Juan a la exitosa misi\u00f3n de Felipe en Samar\u00ed\u00ada no implica necesariamente una deficiencia en la predicaci\u00f3n de Felipe, sino m\u00e1s bien una supervisi\u00f3n de la nueva misi\u00f3n por la Iglesia madre de Jerusal\u00e9n (He 8,17). Antioqu\u00ed\u00ada se convertir\u00e1 durante alg\u00fan tiempo en centro de la misi\u00f3n helenista. De nuevo la Iglesia madre envi\u00f3 un representante, Bernab\u00e9, que vio c\u00f3mo operaba all\u00ed\u00ad la gracia de Dios (He 11,19-30). Pablo y Bernab\u00e9 fueron enviados desde all\u00ed\u00ad a una misi\u00f3n entre los gentiles (He 13,1-3 con 9,15). En Antioqu\u00ed\u00ada hab\u00ed\u00ada quiz\u00e1 tres grupos de cristianos helenistas: los que se inspiraban respectivamente en Esteban, en Pedro y en Pablo. Nuevos testimonios sobre la influencia helenista en la Iglesia primitiva son la actividad de Apolo en ICor 1-4 y He 18,24-28 y quiz\u00e1 la elaboraci\u00f3n de la Carta a los hebreos. Durante los \u00faltimos a\u00f1os los exegetas han sido muy cautos a la hora de retrotraer lo que en el siglo II se conoci\u00f3 como gnosticismo al contexto de la redacci\u00f3n de colosenses, efesios, las cartas pastorales (1 y 2Tim y Tit) y el corpus  jo\u00e1nico.<\/p>\n<p>En la fluctuante situaci\u00f3n de la Iglesia primitiva durante los primeros a\u00f1os de su evoluci\u00f3n eran te\u00f3ricamente posibles varios caminos. Por las cartas de Pablo y Santiago, los Hechos y el Apocalipsis, podemos comprobar c\u00f3mo la fragilidad y el pecado estaban presentes en la Iglesia ya desde los primeros d\u00ed\u00adas. Amenazados desde dentro por el pecado y la divisi\u00f3n, y desde fuera por la persecuci\u00f3n, fue el modelo de las cartas pastorales en lugar del modelo m\u00e1s carism\u00e1tico de Corinto, por ejemplo, el que acab\u00f3 imponi\u00e9ndose. La Didach\u00e9  es un estadio, todav\u00ed\u00ada no plenamente desarrollado, hacia las instituciones que encuentran plena expresi\u00f3n en las cartas de >Ignacio y que se consolidan a finales del siglo II. La teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica sostiene que este desarrollo estuvo guiado por el Esp\u00ed\u00adritu Santo y que en sus l\u00ed\u00adneas esenciales es irreversible (>Ius divinum). Lo cierto es que la Iglesia primitiva, a pesar de todas sus flaquezas y defectos, ha sido y sigue siendo una fuerza de inspiraci\u00f3n y de renovaci\u00f3n para la Iglesia de todos los tiempos.<\/p>\n<p>[En s\u00ed\u00adntesis se puede presentar la vertebraci\u00f3n de la eclesiolog\u00ed\u00ada tard\u00ed\u00ada de la Iglesia primitiva en el Nuevo Testamento teniendo en cuenta lo siguiente: la desaparici\u00f3n de los grandes ap\u00f3stoles, la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n y la creciente separaci\u00f3n del juda\u00ed\u00adsmo produjo varias reacciones en los cristianos del per\u00ed\u00adodo sub- (\u00faltimo tercio del siglo I) y posapost\u00f3lico (inicios del siglo II) que configuraron los elementos base de la eclesiolog\u00ed\u00ada naciente en una instituci\u00f3n eclesial ya regularizada  que se dibuja en tres etapas en la misma literatura paulina. Este proceso es calificado frecuentemente de forma negativa, y no sin poca precisi\u00f3n, como \u00abprotocatolicismo\u00bb. Mejor ser\u00ed\u00ada reconocer que cada religi\u00f3n necesita de una tradici\u00f3n y una institucionalizaci\u00f3n reguladora para poder transmitirse. As\u00ed\u00ad, las primeras y grandes cartas de Pablo manifiestan los comienzos de esta institucionalizaci\u00f3n  que construye  la comunidad: es un momento en el que prevalece una cierta autoridad carism\u00e1tica \u2014que la persona misma de Pablo visibiliza\u2014 aunque bien enraizada en su origen divino y apost\u00f3lico. En la segunda etapa, tipificada por Colosenses y Efesios, se percibe la institucionalizaci\u00f3n  que progresivamente estabiliza  la comunidad: la ausencia del Ap\u00f3stol conlleva un establecimiento de una cierta autoridad y vertebraci\u00f3n seg\u00fan el modelo familiar en las Iglesias y la acentuaci\u00f3n de la unidad en la Iglesia dentro de la diversidad en el texto paradigm\u00e1tico de Ef 4,4-6: \u00abUn solo Se\u00f1or, una sola fe, un solo bautismo, una sola esperanza, un solo cuerpo, un solo Esp\u00ed\u00adritu, un solo Dios y Padre\u00bb. Finalmente, las Pastorales muestran la institucionalizaci\u00f3n  que protege  definitivamente la comunidad: de ah\u00ed\u00ad el papel decisivo de Timoteo y Tito, a quienes se dirigen estas cartas, as\u00ed\u00ad como el papel emergente de los \u00abpresbyteroi\u00bb (presb\u00ed\u00adteros\/ancianos) y de la \u00abepiskop\u00e9\u00bb (supervisi\u00f3n\/obispo) en cada ciudad.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la desaparici\u00f3n de la generaci\u00f3n apost\u00f3lica, cre\u00f3 de forma especial una situaci\u00f3n totalmente nueva para la Iglesia que de acuerdo con el principio de la \u00abtradici\u00f3n por sucesi\u00f3n\u00bb (la famosa f\u00f3rmula de Ireneo, Adv. Haer.  111, 3, 1)  la oblig\u00f3 paulatinamente a encontrar \u00absucesores\u00bb del particular \u00abministerio\u00bb que ejerc\u00ed\u00adan los ap\u00f3stoles. Esta transici\u00f3n entre el per\u00ed\u00adodo apost\u00f3lico y el per\u00ed\u00adodo sub y posapost\u00f3lico se hizo de forma relevante con la ayuda de la funci\u00f3n de la episcop\u00e9.  Las comunidades locales sub- y posapost\u00f3licas experimentaron la necesidad primera de consolidarse en un \u00ablugar\u00bb as\u00ed\u00ad como de mantenerse en la \u00abcatolicidad\u00bb de la Iglesia una. Esta misi\u00f3n, este ministerio, fue asumido por aquellos que suced\u00ed\u00adan a los ap\u00f3stoles en su particular episcop\u00e9,  se llamaran obispos o presb\u00ed\u00adteros, tal como se manifiesta en Tit 1,7-11, y ITim 3,1-7, as\u00ed\u00ad como en la 1Clem de finales del s. I.<\/p>\n<p>Correlativamente se pasa de un apostolado misionero al episcopado local. Cada comunidad ten\u00ed\u00ada un colegio de ministros locales, y fue, de forma preeminente, a partir de la presidencia \u00fanica de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica cuando se asumi\u00f3 el episcopado mon\u00e1rquico. As\u00ed\u00ad pues, progresivamente se condensaron en una misma persona aquello que ven\u00ed\u00ada de la episcop\u00e9  apost\u00f3lica y aquello que defin\u00ed\u00ada ya al obispo local. De esta forma hacia el a\u00f1o 110, Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada da ya el testimonio consolidado del triple grado del ministerio apost\u00f3lico: los obispos, los presb\u00ed\u00adteros y los di\u00e1conos, establecidos \u00abhasta los confines de la tierra\u00bb (Eph. 3, 2).<br \/>\nCon el \u00faltimo escrito del Nuevo Testamento, la Segunda Carta de Pedro, se concluir\u00e1 propiamente la Iglesia primitiva en su \u00e9poca apost\u00f3lica y por tanto en su fase constitutiva y fundante (cf DV 4), probablemente en los inicios del siglo II y no m\u00e1s all\u00e1 de su mitad (en el caso de confirmarse que 2Pe refleja la discusi\u00f3n con Valentiniano y Marci\u00f3n hacia el 140). Epoca apost\u00f3lica que se refleja en el testimonio inspirado que es el Nuevo Testamento, el cual completa al reconocido desde entonces como su primera parte o Antiguo Testamento, especialmente en su versi\u00f3n griega usual de los LXX. Epoca marcada por una progresiva institucionalizaci\u00f3n de la koinonia  naciente, en la cual emerge la funci\u00f3n progresiva de los sucesores de los ap\u00f3stoles cuyo \u00abministerio eclesi\u00e1stico de instituci\u00f3n divina es ejercido por aquellos que desde antiguo fueron llamados obispos, presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos\u00bb (LG 28). A su vez, la imagen final de Pedro en 2Pe, que abraza Pablo y Santiago, a trav\u00e9s de Judas (y si su origen fuera Roma, cosa que no debe excluirse, \u2014cf 3,1\u2014, esta imagen quedar\u00ed\u00ada a\u00fan m\u00e1s confirmada con la funci\u00f3n clave de esta Iglesia en la segunda mitad del siglo II), sirve de nuevo como figura-puente entre ambas tendencias y a su vez como palabra final y autorizada de la Iglesia primitiva, norma y fundamento de la Iglesia de todos los tiempos.]<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>El per\u00ed\u00adodo de la I.p. adquiere un rango especial en el marco de la historia de la -> Iglesia. Este valor no s\u00f3lo se pone de manifiesto por una antigua discusi\u00f3n eclesiol\u00f3gica, sino sobre todo, por las estructuras inmanentes de la I.p., que se deben a su peculiar y \u00fanica situaci\u00f3n y problem\u00e1tica. En este sentido dicha \u00e9poca, incluso desde el punto de vista hist\u00f3rico, constituye una unidad, que se distingue de la siguiente era de -> Constantino.<\/p>\n<p>I. Per\u00ed\u00adodos<br \/>\nEl espacio temporal de la I.p. comprende el per\u00ed\u00adodo de la Iglesia antigua desde su origen (hacia el a\u00f1o 30 despu\u00e9s de Cristo) hasta el inicio de la Iglesia imperial bajo Constantino el Grande (306-337). Aun cuando esta \u00faltima s\u00f3lo alcanz\u00f3 su forma espec\u00ed\u00adfica en el transcurso del tiempo, fundamentalmente bajo Teodosio i (380), sin embargo est\u00e1 justificado considerar como una cesura la nueva orientaci\u00f3n de la pol\u00ed\u00adtica religiosa del Estado a comienzos del s. iv, bien veamos el momento decisivo en el edicto de tolerancia de Galerio (del a\u00f1o 311), o bien en la \u00fanificaci\u00f3n milanesa entre Constantino y Licinio (313). Sin duda se introduce un cambio en la imagen externa de la Iglesia, aun cuando una sobrevaloraci\u00f3n de este \u00abgiro\u00bb pierde de vista la continuidad hist\u00f3rica. Por lo dem\u00e1s, precisamente ese hecho confirma hasta qu\u00e9 punto la Iglesia est\u00e1 integrada en el marco de la historia universal y, por esto, en la delimitaci\u00f3n de sus per\u00ed\u00adodos o en su cronologia depende de factores externos.<\/p>\n<p>La \u00e9poca de la I.p., que dur\u00f3 aproximadamente tres siglos, se puede subdividir todav\u00ed\u00ada de acuerdo con criterios internos. En primer lugar a) podemos delimitar como fundamental respecto de toda la historia de la Iglesia el tiempo apost\u00f3lico y el postapost\u00f3lico; este tiempo se compendia acertadamente con el concepto de I.p. En cuanto con ello se designa el tiempo de la ->revelaci\u00f3n \u00aben su acontecer\u00bb, la exposici\u00f3n de ese per\u00ed\u00adodo corresponde primariamente al \u00e1mbito de la ciencia neotestamentaria. Pero, sin menoscabo de la transcendencia peculiar de los apostolikoi chronoi (Eusebio, Hist. eccl. 111 31, 6) con su testimonio escrito de la revelaci\u00f3n, hay que extender el concepto de I.p. al tiempo siguiente hasta Ireneo de Ly\u00f3n (hacia el a\u00f1o 180), \u00e9poca en que se consolida la conciencia sobre el alcance del testimonio apost\u00f3lico acerca de Cristo (formaci\u00f3n del -> canon). Semejante ampliaci\u00f3n del concepto est\u00e1 justificada adem\u00e1s por el hecho de que durante este decenio la \u00abIglesia naciente\u00bb (P. Batiffol) configura sus estructuras caracter\u00ed\u00adsticas, ya sea por la formaci\u00f3n de la tradici\u00f3n, ya por la formaci\u00f3n del s\u00ed\u00admbolo al rechazar los errores. Aun cuando el origen y la evoluci\u00f3n de estas formas plantea muchas cuestiones, en conjunto este per\u00ed\u00adodo se caracteriza por un fuerte prop\u00f3sito de constituir la Iglesia.<\/p>\n<p>b) En el siguiente per\u00ed\u00adodo de tiempo, desde el 180 aproximadamente hasta el 313, las estructuras ya se\u00f1aladas determinan esencialmente la imagen de la Iglesia, que en medio del imperio romano se presenta con la conciencia de una misi\u00f3n universal; y, por eso, acertadamente se hace referencia a este per\u00ed\u00adodo con la expresi\u00f3n la \u00abgran Iglesia\u00bb. El crecimiento num\u00e9rico de la Iglesia, la edificaci\u00f3n de su constituci\u00f3n y la intensidad de la labor teol\u00f3gica justifican de hecho esa caracterizaci\u00f3n; en el siglo iii se dispone el terreno para el desarrollo de los tiempos futuros. A pesar de las concentradas persecuciones por parte del Estado, la Iglesia se presenta como un fermento para el imperio en crisis; en un proceso sumamente intenso y diferenciado, ella se adapta a la cultura greco-helenista. Precisamente la historia de la gran Iglesia se realiza en una apertura creciente a la oikoumene. Y as\u00ed\u00ad, en el intento de crear una Iglesia imperial, que se inicia con la pol\u00ed\u00adtica religiosa de Constantino, se llega a constituir una unidad religioso-estatal. La historia de la Iglesia desde la partida de Jes\u00fas hasta el reconocimiento estatal, a pesar de todas las corrientes divergentes, constituye una magnitud que no s\u00f3lo hace posible una visi\u00f3n arm\u00f3nica, sino que la exige.<\/p>\n<p>Mas por adecuada que parezca esta divisi\u00f3n de la I.p. en per\u00ed\u00adodos, las fases aisladas de su evoluci\u00f3n hist\u00f3rica siguen planteando problemas ahora lo mismo que antes. Es cierto que en general el juicio esquem\u00e1tico ha cedido a la sutil investigaci\u00f3n detallada; pero sus resultados difieren no raras veces, en todo lo cual, prescindiendo de los datos hist\u00f3ricos, muchas veces desempe\u00f1a su papel la especial valoraci\u00f3n (dogm\u00e1tica) de este per\u00ed\u00adodo.<\/p>\n<p>1. Iglesia originaria<br \/>\nEs evidente que precisamente el per\u00ed\u00adodo en el que la -> Iglesia desde su origen configura sus estructuras caracter\u00ed\u00adsticas es objeto de intensa discusi\u00f3n. Los resultados de la investigaci\u00f3n neotestamentaria afectan de manera decisiva a nuestro juicio sobre el desarrollo de la Iglesia, que desde el principio se sabe remitida a la fe en Jes\u00fas de Nazaret como el Cristo y el Kyrios. Con la conciencia de cumplir la voluntad de Jes\u00fas (actos fundadores de la Iglesia), desde Pentecost\u00e9s la comunidad de los creyentes se re\u00fane y anuncia a Cristo como el prometido. Esta fe como respuesta a la acci\u00f3n del Mes\u00ed\u00adas oculto y del Se\u00f1or glorificado no s\u00f3lo determina a la Iglesia en su origen, sino que sigue siendo constitutiva para el pueblo de Dios en su camino a trav\u00e9s de la historia.<\/p>\n<p>a) La primera representaci\u00f3n de la \u00e9kkles\u00ed\u00ada la constituye la primitiva comunidad de Jerusal\u00e9n. Su conciencia de fe y su teolog\u00ed\u00ada est\u00e1n alimentadas por las tradiciones de Israel, pero, por otra parte, se encuentran tambi\u00e9n bajo el influjo de las corrientes particulares jud\u00ed\u00adas. En especial se observan paralelismos entre la comunidad de -> Qumr\u00e1n y la comunidad cristiana primitiva, aunque eso no puede llevarnos a ignorar sus caracter\u00ed\u00adsticas peculiares, por ejemplo, la cuesti\u00f3n central de la fe en Cristo. Por lo dem\u00e1s, el -> judeocristianismo ofrece una imagen diferenciada y llena de tensi\u00f3n; su teolog\u00ed\u00ada y su estructuraci\u00f3n interna influyen fuertemente en la I.p. incluso despu\u00e9s de las cat\u00e1strofes de Jerusal\u00e9n (70 y 135 d.C.). Prosiguiendo la misi\u00f3n jud\u00ed\u00ada anuncia el Evangelio m\u00e1s all\u00e1 del \u00e1mbito geogr\u00e1fico de Palestina, sobre todo en direcci\u00f3n al oriente; esta actividad, que pronto deriva hacia corrientes heterodoxas, sigue reflej\u00e1ndose durante siglos en la literatura cristiana adversus iudaeos.<\/p>\n<p>b) Aun cuando el fen\u00f3meno del cristianismo jud\u00ed\u00ado no puede menospreciarse en modo alguno, sin embargo, la orientaci\u00f3n de la primitiva misi\u00f3n cristiana hacia la oikoumene del helenismo gentil, que tuvo lugar desp del proceso de Pedro (Act 10, 48) por el di namismo del ap\u00f3stol Pablo, trajo decisiva consecuencias para la historia de la Iglesia. El concilio de los Ap\u00f3stoles (49-50) reconoci\u00f3 la misi\u00f3n de los gentiles, libre de la ley, y con ello sancion\u00f3 el proceso de independencia frente al juda\u00ed\u00adsmo. Sin duda el cristianismo con este paso se liber\u00f3 de la vinculaci\u00f3n restrictiva a la actitud legal jud\u00ed\u00ada, y, por otro lado, gracias a esto se abri\u00f3 a la cultura helenista con su amplio influjo en el idioma (Biblia, liturgia), en las formas de pensamiento (teolog\u00ed\u00ada, dogma) y en la estrutura sociol\u00f3gica (Estado). Surgi\u00f3 as\u00ed\u00ad un proceso de \u00f3smosis, que deb\u00ed\u00ada grabar su sello en la futura imagen de la Iglesia, y por cierto, tanto en su imponente universalidad como en las limitaciones debidas a esta misma. Aun cuando ese giro de la misi\u00f3n apost\u00f3lica no atent\u00f3 contra la rama judeocristiana de la Iglesia en su legitimidad, sin embargo condujo pr\u00e1cticamente al reconocimiento general de la estructura cristiana del cristianismo gentil. Tambi\u00e9n y precisamente en su condicionamiento hist\u00f3rico este proceso es de extraordinaria importancia.<\/p>\n<p>c) Lo dicho esclarece c\u00f3mo el dinamismo misionero de la I.p. no estuvo paralizado por una expectaci\u00f3n apocal\u00ed\u00adptica de una parus\u00ed\u00ada pr\u00f3xima; asimismo la edificaci\u00f3n de las comunidades nos confirma que los creyentes ya desde el principio estaban hechos a la idea de un \u00abtiempo intermedio\u00bb y de este modo dominaron la dilaci\u00f3n de la parus\u00ed\u00ada sin una ruptura importante. Es cierto que esa situaci\u00f3n plante\u00f3 nuevos problemas; pero tambi\u00e9n \u00e9stos, en medio de su importancia, aparecieron sobre todo como s\u00ed\u00adntomas de la existencia cristiana en la historia. En este horizonte se explica una creciente acentuaci\u00f3n de aspectos pastorales y paren\u00e9ticos, hecho que aparece ya en las ep\u00ed\u00adstolas pastorales y que posteriormente cobra fuerza en los padres apost\u00f3licos. Sin duda una cierta somnolencia de los creyentes condujo a que el mensaje salv\u00ed\u00adfico adquiriera un matiz \u00e9tico. Pero la edificaci\u00f3n de las formas de organizaci\u00f3n eclesi\u00e1stica no se produjo simplemente por desenga\u00f1o ante la dilaci\u00f3n de la parus\u00ed\u00ada, sino por el prop\u00f3sito de consolidar la Iglesia incluso en el \u00abtiempo intermedio\u00bb (Act 20, 18-35). Todav\u00ed\u00ada en el tiempo apost\u00f3lico se iniciaba la constituci\u00f3n de la Iglesia, y por cierto sobre la base del ministerio apost\u00f3lico, que descansa en una instituci\u00f3n de Cristo. Es natural que la I.p. en la concreci\u00f3n de su estructuraci\u00f3n interna se apoyara en modelos previos; por ejemplo, se ofrec\u00ed\u00ada a este respecto el modelo jud\u00ed\u00ado de los ancianos, que fue adoptado por la comunidad primitiva. Desde esta constituci\u00f3n colegial se desarroll\u00f3 el ->episcopado mon\u00e1rquico (Ignacio), que inmediatamente adquiri\u00f3 la funci\u00f3n dominante en la Iglesia; y a la vez desapareci\u00f3 poco a poco (montanismo) la preeminencia del carisma (->ministerio y carisma).<\/p>\n<p>Bajo la presi\u00f3n de las circunstancias y en la disputa con las herej\u00ed\u00adas que se presentaban, la era postapost\u00f3lica configur\u00f3 de manera m\u00e1s intensa todav\u00ed\u00ada el ministerio de la Iglesia. Sobre todo al mito ahist\u00f3rico de la redenci\u00f3n, propio del -> gnosticismo, en todos sus matices, se contrapuso la tradici\u00f3n vinculada a la historia y la sucesi\u00f3n de las antiguas sedes de los obispos, primeramente de la romana (Ireneo). A causa de la pureza del Evangelio surgi\u00f3 en la Iglesia primitiva una constituci\u00f3n en la que la comunidad local y la Iglesia universal formaban una s\u00f3lida unidad (si bien pluralista); la celebraci\u00f3n de la -\u00bb eucarist\u00ed\u00ada era fuente y a la vez expresi\u00f3n de esta koinon\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Cuando este proceso es calificado de catolicismo primitivo, se presupone una norma de cristianismo primitivo que apenas puede delimitarse hist\u00f3ricamente y que se logra mediante una interpretaci\u00f3n del centro del Evangelio. En los -> Hechos de los ap\u00f3stoles se refleja ya de alguna manera la transici\u00f3n de un cristianismo con una orientaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y carism\u00e1tica a la Iglesia constituida en una forma hist\u00f3rica e institucional. Precisamente el hecho de que los g\u00e9rmenes de semejante catolicismo primitivo se hagan visibles ya dentro del NT, apoya la convicci\u00f3n (cat\u00f3lica) de la esencial identidad entre la comunidad del principio y la Iglesia primitiva.<\/p>\n<p>d) La teolog\u00ed\u00ada de la I.p. se caracteriza por el esfuerzo de formular la conciencia creyente en conexi\u00f3n con afirmaciones neotestamentarias y con las formas de pensamiento de origen ya hebreo ya helenista adecuadas a ella. Las necesidades de la predicaci\u00f3n, del culto divino y de la apolog\u00e9tica ejercieron una fuerza formativa en este proceso (doctrina). Frente al juda\u00ed\u00adsmo se lleg\u00f3 a mostrar a Jes\u00fas de Nazaret como cumplimiento de los testimonios veterotestamentarios; el mundo circundante del paganismo exig\u00ed\u00ada, prescindiendo totalmente de la disputa con el polite\u00ed\u00adsmo, un nuevo punto de apoyo, que ya aparece plenamente en la teolog\u00ed\u00ada de los -> apologetas. La aceptaci\u00f3n de las categor\u00ed\u00adas helenistas trajo consigo grandes peligros (-> helenismo y cristianismo), pero en conjunto este procedimiento aparece como una necesidad misionera, pues, por vez primera dio entrada al mensaje cristiano en el mundo circundante del paganismo.<\/p>\n<p>e) La figura externa de las comunidades cristianas y con ello de la I.p. est\u00e1 caracterizada en general por un abrumador car\u00e1cter minoritario; tanto por el n\u00famero como por la procedencia social los cristianos desempe\u00f1an una funci\u00f3n inferior en la multiplicidad religiosa del imperio romano. El intenso intercambio entre las diferentes comunidades locales da testimonio, sin embargo, de la conciencia de una unidad universal. A pesar de todo alejamiento del mundo, la I.p. estaba abierta al Estado, reconociendo precisamente sus estructuras terrenas (Rom 13). Las persecuciones de los cristianos se desatan en este per\u00ed\u00adodo m\u00e1s bien \u00aba partir de abajo\u00bb y por eso mismo tienen un car\u00e1cter local. Los leales memoriales de los apologetas a los soberanos conducen a un di\u00e1logo fundamental entre Iglesia y Estado.<\/p>\n<p>2. La primitiva \u00abgran Iglesia\u00bb<br \/>\nCon el paso al siglo tercero se inicia la \u00e9poca de la gran Iglesia del cristianismo primitivo. A pesar de las medidas externas de violencia el cristianismo se desarrolla en esta \u00e9poca, tanto en n\u00famero como en la vida interior eclesi\u00e1stica, hasta convertirse en una magnitud s\u00f3lidamente unida, y prepara as\u00ed\u00ad la transici\u00f3n a la Iglesia del imperio.<\/p>\n<p>a) La mejor confirmaci\u00f3n de la creciente importancia del cristianismo son las persecuciones sistem\u00e1ticas. Mientras anteriormente las acciones ten\u00ed\u00adan lugar espor\u00e1dicamente, ahora el Estado procede sobre una amplia base contra la Iglesia en el curso de la pol\u00ed\u00adtica de restauraci\u00f3n pagana. Bajo los emperadores Decio (249-251) y Diocleciano (285-305) las persecuciones alcanzan su mayor acritud; junto a notables ejemplos de disposici\u00f3n al martirio, aparece tambi\u00e9n la mediocridad, present\u00e1ndose as\u00ed\u00ad una situaci\u00f3n que, al atenuarse las medidas de violencia, plantea al antiguo problema del pecado de los cristianos, que en este caso concreto es el de la apostas\u00ed\u00ada (Cipriano).<\/p>\n<p>b) La caracterizaci\u00f3n de este per\u00ed\u00adodo como gran Iglesia se justifica por el eco que el mensaje cristiano encuentra ahora en todas partes. De acuerdo con prudentes estimaciones, a principios del siglo iv se pueden contar alrededor de 7 millones de cristianos, entre una poblaci\u00f3n de 50 millones en el imperio romano. Por tanto, se trata aproximadamente de un 15 %, cambiando el porcentaje seg\u00fan los sitios. Pisamos un terreno m\u00e1s firme al tratar de la extensi\u00f3n geogr\u00e1fica. As\u00ed\u00ad en el occidente la misi\u00f3n alcanza las Galias, Hispania, las zonas extremas de German\u00ed\u00ada y Br\u00ed\u00adtania; y el cristianismo no est\u00e1 menos extendido por el oriente (Edesa). De todos modos las peculiaridades nacionales y los vacilantes l\u00ed\u00admites del imperio preparan aqu\u00ed\u00ad formas eclesi\u00e1sticas especiales. Por espectacular que fuera el crecimiento de la gran Iglesia y p?r m\u00e1s que \u00e9sta se hallara presente en todos los estratos de la poblaci\u00f3n, la mayor\u00ed\u00ada de los habitantes eran todav\u00ed\u00ada paganos en tiemp?s de Constantino, incluso teniendo c??cienc?a de la propia crisis.<\/p>\n<p>c) Dentro de la Iglesia, debido a esta afluencia de cristianos, se presentaba la necesidad de medidas pastorales y espirituales para dominar el fen\u00f3meno del n\u00famero. La instituci\u00f3n del catecumenado n? s\u00f3lo aseguraba el nivel intelectual de los creyentes, sino que daba tambi\u00e9n la instrucci\u00f3n racional-religiosa, tan urgente de cara al medio ambiente pagano. En la configuraci\u00f3n de los ritos sacramentales y especialmente en la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada la Iglesia tuvo en cuenta la nueva situaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad, por ejemplo, la piedad de la \u00e9poca tanto como por el martirio se caracteriza por el bautismo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en el marc? del sistema eclesi\u00e1stico de organizaci\u00f3n surge ahora una multitud de servicios subordinados al obispo, para garantizar una pastoral ordenada. Respecto a la art?culaci\u00f3n territorial, la Iglesia se acomoda en gran parte a las estructuras de la organizaci\u00f3n estatal. Contempor\u00e1neamente se inicia la uni\u00f3n de obispados en organismos superiores (patriarcales), cuyos jerarcas ponen de manifiesto en el colegio de obispos los l\u00ed\u00admites de las pretensiones romanas. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre el primado, que da c?mienzo en esta \u00e9poca (Cipriano), lleva el sello de la conciencia que de s\u00ed\u00ad mismos tienen los obispos.<\/p>\n<p>d) Reviste una importancia extraordinaria para la historia de la Iglesia la formaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada en este per\u00ed\u00adodo. A pesar de muchas resistencias se nivela la contra-posici\u00f3n original entre cruz y paideia griega; el deseo de precisi\u00f3n conceptual y la discusi\u00f3n con el mundo circundante (polemistas, -> neoplatonismo) ponen en marcha la creciente reflexi\u00f3n sobre la revelaci\u00f3n. En ->Alejandr\u00ed\u00ada, un Clemente (+ antes del 215) y un Or\u00ed\u00adgenes (+ 254) intentan una nueva interpretaci\u00f3n y sistematizaci\u00f3n de la fe; con la ayuda de conocidos principios de interpretaci\u00f3n (tipolog\u00ed\u00ada, alegor\u00ed\u00ada) y categor\u00ed\u00adas filos\u00f3ficas ofrecen por vez primera la revelaci\u00f3n en una forma cient\u00ed\u00adfica. Or\u00ed\u00adgenes adem\u00e1s prepar\u00f3 una primera edici\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de la Escritura (Hexa?la) cono base para su trabajo. De todos modos no se puede ocultar que la interpretaci\u00f3n contempor\u00e1nea de la Biblia es ocasionalmente trabajada de manera insuficiente; es significativa a este respecto la reserva ante el mensaje de la cruz, cuyo car\u00e1cter escandaloso se suaviza mediante una teolog\u00ed\u00ada simb\u00f3lica (ciertamente profunda) en atenci\u00f3n a la situaci\u00f3n de la historia del esp\u00ed\u00adritu en ese tiempo.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista del contenido, resuenan en los m\u00e1ximos te\u00f3logos los grandes temas del futuro. Siguiendo el ejemplo de Ireneo de Ly\u00f3n (+ hac\u00ed\u00ada el 202), los alejandrinos analizan el conjunto hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adf?co del acontecimiento de la redenci\u00f3n en Cristo; a este respecto la reflexi\u00f3n sobre Cristo ocupa necesariamente el lugar central. Dando un paso de la oikonomia a la teolog\u00ed\u00ada, se presenta pronto la cuesti\u00f3n acerca de los portadores de la \u00fanica acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica. La problem\u00e1tica planteada por el monarquianismo, que surgi\u00f3 a causa del intento de armonizar la divinidad de Cristo con el monote\u00ed\u00adsmo, provoc\u00f3 sutiles especulaciones (cristolog\u00ed\u00ada del Logos, subordinacionismo), aunque su enfoque era hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adf?co, a diferencia de la perspect\u00ed\u00adva ontol\u00f3gica del -> arrianismo. Es notable asimismo en esta discusi\u00f3n la tensi\u00f3n entre un vocabulario acomodado a la Escritura y los conceptos filos\u00f3ficos que reclama para s\u00ed\u00ad el progreso del pensamiento teol\u00f3gico. Frente al gnosticismo y sus doctrinas de la autorredenci\u00f3n, la Iglesia se vio obligada a urgir que la salvaci\u00f3n viene de la gracia. Adem\u00e1s, los padres se esfuerzan por mantener tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad el contexto hist\u00f3rico-sal?\u00ed\u00adfico (ca\u00ed\u00adda en el pecado, misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo), y a la vez por regular el futuro lenguaje de la teolog?a mediante cuidadosas distinciones (imago &#8211; similitudo; natura &#8211; gratia). La sobriedad en las expresiones y la profundidad del s\u00ed\u00admbolo caracterizan los esfuerzos p?r circunscribir el misterio de la Iglesia; conscientemente se incluyen en la dimensi\u00f3n eclesiol\u00f3gica la existencia del cristiano individual (disciplina de la penitencia).<\/p>\n<p>e) Pero la marcada conciencia de Iglesia en este per\u00ed\u00adodo no impide el reconocimiento de un multiforme pluralismo, que llega a exteriorizarse en la peculiaridad estructural de las Iglesias principales e incluso en el lenguaje. La nueva articulaci\u00f3n del imperio romano bajo Diocleciano (tetrarqu\u00ed\u00ada) puso bien pronto de manifiesto la preponderancia del oriente, y este paso en la t\u00e9cnica administrativa repercuti\u00f3 en el \u00e1mbito eclesi\u00e1stico, en el sentido de que a ra\u00ed\u00adz de las diferencias naturales y culturales se inici\u00f3 un proceso aut\u00f3nomo de evoluci\u00f3n. En la esfera interna de la Iglesia el pluralismo encontr\u00f3 su expresi\u00f3n visible gracias a la pluralidad de liturgias, que se organizaban diversamente seg\u00fan las regiones de las Iglesias principales; sin embargo la unidad esencial no sufr\u00ed\u00ad\u00f3 por esta diversidad.<\/p>\n<p>Por consiguiente la \u00e9poca de la gran Iglesia se destaca por su espec\u00ed\u00adfica situaci\u00f3n y tarea respecto de la \u00e9poca de la I.p. Evidentemente ella se funda total y absolutamente en sus tradiciones, pero desarrolla asimismo su propia tem\u00e1tica, como nos lo confirma entre otras cosas el origen del arte cristiano.<\/p>\n<p>III. La importancia de la Iglesia primitiva<br \/>\nEn el curso de la historia la I.p. goz\u00f3 siempre de alta estima, pues se crey\u00f3 que en ella se realiz\u00f3 el cristianismo en su forma pura. Cono indudable punto cumbre de la historia de la Iglesia, esta \u00e9poca posee un car\u00e1cter normativo, que por otra parte fue exagerado y simplificado por ?na visi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de la historia, sobre todo en relaci\u00f3n con la llamada teor\u00ed\u00ada de la decadencia. As\u00ed\u00ad Jer\u00f3nimo glorifica esta era a causa de sus m\u00e1rtires, y lo hace mirando a la decadencia de la Iglesia (Vita Malchi 1). Los movimientos renovadores de la edad media evocan en cada caso el ideal de la ecclesia primitiva y miden por ella la Iglesia del tiempo presente. Tambi\u00e9n para la -> reforma protestante la I.p. posee un car\u00e1cter normativo, por cuanto precisamente en esta \u00e9poca el Evangelio fue predicad? sin falseamientos. Con el retorno del clasicismo a la antig\u00fcedad, la importancia de la I.p. creci\u00f3 nuevamente, pues se transfiri\u00f3 a ella el canon de la \u00abnoble sencillez y de la silenciosa grandeza\u00bb. Todav\u00ed\u00ada en el juicio de la actual historia de la Iglesia act\u00faa el t\u00f3pico de la Iglesia pura y sin falsificaci\u00f3n del comienzo, sobre todo en conexi\u00f3n con la discusi\u00f3n acerca del llamado giro constantiniano.<\/p>\n<p>Sin duda esta visi\u00f3n esquem\u00e1tica de la I.p. est\u00e1 sometida a una idealizaci\u00f3n, que no resiste un an\u00e1lisis hist\u00f3rico, por m\u00e1s estima que se tenga de esta \u00e9poca. Esa visi\u00f3n est\u00e1 influida por un pensamiento vital-evolucionista, que espera una renovaci\u00f3n de la Iglesia por el retorno a la \u00abfresca juventud\u00bb del tiempo primitivo. Ahora bien, aunque esa imagen no corresponda a la situaci\u00f3n hist\u00f3rica n\u00ed\u00ad a la estructura de lo hist\u00f3rico, sin embargo se nos plantea la cuesti\u00f3n de si y en qu\u00e9 sentido la I.p. posee un car\u00e1cter normativo.<\/p>\n<p>En principio hay que responder a esto que la Iglesia incluso en su dimensi\u00f3n sobrenatural est\u00e1 esencialmente sometida a la historia y por eso sufre una evoluci\u00f3n; asimismo tiene un principio, en el que de alguna manera est\u00e1 ya en germen el futuro. En cuanto los actos por los que Jes\u00fas fund\u00f3 la Iglesia tienen como meta la continuaci\u00f3n de la comunidad de los creyentes en la historia, corresponde a los doce una funci\u00f3n central como intermediarios personales de la palabra. En consecuencia, tambi\u00e9n \u00abel per\u00ed\u00adodo cercano a las fuentes del tiempo apost\u00f3lico constituye para todos los tiempos del desarrollo de la Iglesia una magnitud dogm\u00e1ticamente relevante y a la vez hist\u00f3ricamente delimitable, que en cuanto tal sigue siendo \u00fanica y v\u00e1lida y por consiguiente no puede superarse n\u00ed\u00ad repetirse\u00bb (H. Rahner). La peculiar cualificaci\u00f3n del tiempo apost\u00f3lico nos garantiza el canon de los Escritos inspirados; adem\u00e1s el per\u00ed\u00adodo de la formaci\u00f3n del canon, es decir, el tiempo de la I.p. conserva \u00ed\u00adntegro el Evangelio, y as? sirve de norma para trazar el l\u00ed\u00admite frente a los escritos ap\u00f3crifos y a la heterodox?a.<\/p>\n<p>Junto a este aspecto fundamental, corresponde a la I.p. un valor especial incluso bajo el aspecto hist\u00f3rico. Sin ignorar los manifiestos defectos, se puede decir que los primeros siglos representan un tiempo superior de la historia de la Iglesia. La activa responsabilidad por el evangelio y la existencia de los cristianos en un ambiente hostil, existencia caracterizada por dicha responsabilidad, son ejemplares para el futuro. Por eso, ten?endo en cuenta la peculiaridad de cada kairos hist\u00f3rico, se puede juzgar la evoluci\u00f3n del crist?anismo a partir de la Iglesia primitiva.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Harnack Miss: P. Batiffol, L&#8217;Eglise naiss\u00e1nte et le catholicisme (P 61927); A. Ehrhard, Urkirche und Fr\u00fchkatholizismus (?? 1935); H. J. Schoe?s, Theologie und Geschichte des Judenchristentums (T 1949); J. Dani\u00e9lou, Th\u00e9ologie du Jud\u00e9o-Christianisme (Tou 1958); W. Marxsen, Der \u00abFr\u00fchkatholizismus\u00bb im NT (Neukirchen 1958); H. Lietzmann &#8211; K. Aland, Altchristliche Kirche: RGG3 I 269-276; H. Rahner, Fr\u00fchchristliche Kirche: LThK2 IV 412-418; Bil?lmeyer-T\u00fcchle 1; H. v. Cam??enhausen, Kirchliches Amt und geistliche Vollnacht \u00ed\u00adn den ersten drei Jahrhunderten (T 21963); J. Dani\u00e9lou &#8211; H. 1. Marrou, Desde la fundaci\u00f3n de la Iglesia hasta Gregorio el Grande (Guad M 1970); K. Baus, Von der Urgemeinde zur fr\u00fchchristlichen Gro\u00dfkirche: HdKG 1 (31965)\u2020\u00a2 H. Jedin, Manual de historia de la Iglesia, vol. i (Fterder Ba 1966).<\/p>\n<p>Peter Stoekmeier<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DicEc \u00c2\u00a0 Por Iglesia primitiva entendemos la Iglesia en los tiempos del Nuevo Testamento. Tenemos testimonios de ella en el corpus del Nuevo Testamento y tambi\u00e9n en la >Didach\u00e9 y en la Carta de >Clemente Romano a los corintios. 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