{"id":14834,"date":"2016-02-05T09:44:08","date_gmt":"2016-02-05T14:44:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jerarquia-de-verdades\/"},"modified":"2016-02-05T09:44:08","modified_gmt":"2016-02-05T14:44:08","slug":"jerarquia-de-verdades","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jerarquia-de-verdades\/","title":{"rendered":"JERARQUIA DE VERDADES"},"content":{"rendered":"<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nLa expresi\u00f3n \u00abjerarqu\u00ed\u00ada de verdades\u00bb usada en el Vaticano II (UR 11) ha dado pie a bastante literatura acerca de su sentido y significaci\u00f3n, especialmente en el \u00e1mbito del ecumenismo. La idea la propuso el arzobispo Pangrazio, quien pidi\u00f3 que se tuviera en cuenta en el contexto del ecumenismo \u00abel orden jer\u00e1rquico de las verdades reveladas\u00bb. Al final se aprob\u00f3 una f\u00f3rmula propuesta por el cardenal Koenig. \u00abAl comparar las doctrinas (in comparandis doctrinis),  recuerden (los te\u00f3logos cat\u00f3licos) que existe un orden o \u00abjerarqu\u00ed\u00ada\u00bb en las verdades (ordinem seu \u00abhierarchiam\u00bb veritatum)  de la doctrina cat\u00f3lica, ya que es distinto el enlace de tales verdades con el fundamento de la fe cristiana\u00bb (UR 11). Hay algunos aspectos del texto que reclaman comentario. El contexto inmediato es el di\u00e1logo ecum\u00e9nico. La palabra \u00abjerarqu\u00ed\u00ada\u00bb aparece entre comillas en el texto latino, lo que advierte que no se est\u00e1 usando exactamente en sentido propio; pretende ser en realidad una aclaraci\u00f3n de la palabra \u00aborden\u00bb. La raz\u00f3n que se da del orden o jerarqu\u00ed\u00ada es \u00abel enlace de tales verdades con el fundamento de la fe cristiana\u00bb.<\/p>\n<p>En los amplios comentarios que se han hecho suelen se\u00f1alarse algunos puntos. En primer lugar, aunque la expresi\u00f3n sea enteramente nueva, no ocurre lo mismo con la realidad a que se alude. Todas las catequesis (>Catecismos) o sinopsis de la fe subrayan unas verdades m\u00e1s que otras, que a veces ni siquiera se mencionan. Los >credos son sin duda ejemplos de verdades estrechamente vinculadas con \u00abel fundamento de la fe cristiana\u00bb, y son selectivos en lo que proponen. En segundo lugar, la tradici\u00f3n tal como est\u00e1 representada por ejemplo en santo Tom\u00e1s de Aquino distingue entre verdades que son directamente o per se  objeto de fe y verdades que lo son indirectamente o in ordine ab alia.  En tercer lugar, puede haber dos tipos de verdades: las que se refieren al fin o finalidad, como la Trinidad o la vida eterna, y las que se refieren a los medios, como los sacramentos y las estructuras de la Iglesia. Esta aclaraci\u00f3n debida al arzobispo Pangrazio no fue asumida por el concilio, y no deja de plantear problemas. En cuarto lugar, los comentadores cat\u00f3licos recuerdan la doctrina de P\u00ed\u00ado XI: \u00abNo es en modo alguno l\u00ed\u00adcito usar la distinci\u00f3n que algunos han considerado adecuado introducir entre los art\u00ed\u00adculos de fe que son fundamentales y  los que no son fundamentales, como ellos dicen, como si los primeros hubieran de ser aceptados por todos .y los segundos pudieran dejarse al libre asentimiento de los fieles; porque la virtud sobrenatural de la fe tiene una causa formal, a saber, la autoridad de Dios que revela, y esta no admite tal distinci\u00f3n. De aqu\u00ed\u00ad concluye que creemos con la misma fe en la inmaculada concepci\u00f3n, en la trinidad, en la encarnaci\u00f3n y en la infalibilidad papal tal como la defini\u00f3 el Vaticano I\u00bb. Esta distinci\u00f3n entre art\u00ed\u00adculos fundamentales (obligatorios) y art\u00ed\u00adculos no fundamentales (libres) ven\u00ed\u00ada haci\u00e9ndose desde la Reforma.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad parece acabarse la unanimidad entre los comentaristas, para seguir cada autor un rumbo diferente. Y. Congar se\u00f1ala una distinci\u00f3n medieval entre el quod  \u2013la verdad de que se trata\u2013 y el quo  \u2013el acto subjetivo de fe\u2013. Mientras que en lo segundo no habr\u00ed\u00ada diferenciaci\u00f3n, ya que la fe se basa en la autoridad de Dios y uno tiene que creer todo lo que Dios ha revelado, en lo primero cabr\u00ed\u00ada una diferencia, ya que la importancia de las verdades reveladas evidentemente var\u00ed\u00ada. Como es natural, Congar insiste, siempre que es posible, en la leg\u00ed\u00adtima diversidad dentro de la comuni\u00f3n. De este modo, para \u00e9l la Trinidad tiene un peso incomparablemente mayor que la infalibilidad pontificia, y el rechazo de la primera supondr\u00ed\u00ada una ruptura de la comuni\u00f3n mayor que el rechazo de la segunda. Hay otras interpretaciones. H. M\u00fchlen considera la persona de Jes\u00fas corno el centro en torno al cual se ordenan las verdades; siguiendo a Rahner, establece tres misterios b\u00e1sicos: la Trinidad, la encarnaci\u00f3n y la gracia, y saca consecuencias para el ecumenismo de la doctrina del concilio. El tratamiento m\u00e1s extenso de la cuesti\u00f3n es el que hace el luterano U. Valeske, quien parece, sin embargo, subestimar las posibilidades abiertas a los cat\u00f3licos por el reconocimiento de una jerarqu\u00ed\u00ada de verdades. Para \u00e9l, las verdades centrales son las soteriol\u00f3gicas. G. Tavard da un repaso a todas las cuestiones relacionadas con el tema, se\u00f1alando la importancia de los dos documentos posteriores del Secretariado para la unidad de los cristianos (1970): \u00abAunque todas ellas (las verdades) reclaman el debido asentimiento de fe, no todas ocupan un lugar principal o central en el misterio revelado en Jesucristo, sino que var\u00ed\u00adan en su relaci\u00f3n con el fundamento de la fe cristiana\u00bb; y \u00abni en la vida ni en la ense\u00f1anza de la Iglesia en su conjunto se presenta nada en el mismo nivel\u00bb. P. OConnell sugiere que la jerarqu\u00ed\u00ada de verdades deber\u00ed\u00ada hacerse patente en la vida de la Iglesia, reduciendo el \u00e9nfasis en las verdades eclesiol\u00f3gicas en torno al papado en relaci\u00f3n con las verdades cristol\u00f3gicas y trinitarias fundamentales. Algo similar es la insistencia de K. Rahner en la distinci\u00f3n entre una jerarqu\u00ed\u00ada de verdades objetiva y otra subjetiva\u00bb. D. Carroll se\u00f1ala la importancia de la jerarqu\u00ed\u00ada de las verdades de cara a la elaboraci\u00f3n de las necesarias f\u00f3rmulas breves de fe; las verdades no mencionadas no se niegan por ello y han de ser aclaradas por la formulaci\u00f3n de las verdades fundamentales. F. Jelly considera las verdades trinitarias y cristol\u00f3gicas como centrales, mientras que los dogmas marianos depender\u00ed\u00adan de estas y ser\u00ed\u00adan ilustraci\u00f3n suya. Es \u00fatil en este contexto la descripci\u00f3n de W. Kasper de tres tipos de afirmaciones dogm\u00e1ticas: las que se refieren al plan salv\u00ed\u00adfico de Dios (por ejemplo, la Trinidad, la encarnaci\u00f3n, el hecho de que la salvaci\u00f3n viene s\u00f3lo de Cristo); las que se refieren a los medios de salvaci\u00f3n (por ejemplo, los sacramentos), y las que proclaman verdades paradigm\u00e1ticas que expresan otras verdades (por ejemplo, los dogmas marianos, que son ilustraci\u00f3n de dogmas cristol\u00f3gicos, soteriol\u00f3gicos y eclesiol\u00f3gicos). Han sido pocos los cat\u00f3licos que han afirmado expl\u00ed\u00adcitamente que la jerarqu\u00ed\u00ada de verdades podr\u00ed\u00ada conducir al recorte de ciertas doctrinas. G. >Thils, que en un art\u00ed\u00adculo anterior se hab\u00ed\u00ada referido ya al choque psicol\u00f3gico beneficioso, la idea de la jerarqu\u00ed\u00ada de las verdades, tuvo ocasi\u00f3n de comentar de nuevo la expresi\u00f3n con el fin de explorar las mediaciones de la verdad, especialmente el sentido de la fe (>Sensus fidei\/sensus fidelium) en el pueblo creyente; la mayor parte de los comentaristas, en cambio, tratan del tema en el contexto del \/magisterio.<\/p>\n<p>Es un tema respecto del cual queda todav\u00ed\u00ada mucho por hacer. Para un cat\u00f3lico, la idea de la jerarqu\u00ed\u00ada de verdades no puede ser una excusa para renunciar a ciertas verdades de la fe. Pero da la impresi\u00f3n de que los comentaristas se han ocupado demasiado de la palabra \u00abjerarqu\u00ed\u00ada\u00bb, que el concilio no usa en sentido riguroso, y no de la palabra \u00aborden\u00bb, que es la que la primera trata de ilustrar. La ense\u00f1anza del Vaticano I acerca del modo en que alcanzamos una comprensi\u00f3n limitada de los misterios a trav\u00e9s de su interconexi\u00f3n es quiz\u00e1 un camino por el que se puede avanzar en la captaci\u00f3n del orden de los misterios, que constituyen una especie de jerarqu\u00ed\u00ada. El orden existencial en el que el creyente, guiado por la gracia, se encuentra con el Misterio conlleva una jerarqu\u00ed\u00ada subjetiva siempre cambiante de las verdades de fe.<\/p>\n<p>El cardenal J. Ratzinger, escribiendo en defensa del nuevo >Catecismo  y en contra de la objeci\u00f3n de que este ten\u00ed\u00ada muy poco en cuenta la jerarqu\u00ed\u00ada de verdades, afirmaba: \u00abLo que el t\u00e9rmino \u00abjerarqu\u00ed\u00ada de las verdades\u00bb pretende expresar es que la fe de la Iglesia no es una adici\u00f3n continua de proposiciones, algunas de las cuales podr\u00ed\u00adan ponerse entre par\u00e9ntesis ya que de otro modo el paquete podr\u00ed\u00ada resultar demasiado pesado. La fe es m\u00e1s bien un conjunto org\u00e1nico en el que cada uno de los elementos adquiere su sentido al ser considerado en el lugar que ocupa dentro del conjunto. El principio de la jerarqu\u00ed\u00ada de las verdades pretende contrarrestar la tendencia a aislar las cosas y separarlas; pone en relaci\u00f3n cada uno de los elementos con el conjunto del que estos toman el significado\u00bb.<\/p>\n<p>En el >di\u00e1logo ecum\u00e9nico es necesario, como algunos \u2014por ejemplo Jelly\u2014 han reclamado, que los cat\u00f3licos muestren c\u00f3mo relacionan las verdades m\u00e1s perif\u00e9ricas con el n\u00facleo fundamental de la fe. Pero acaso podr\u00ed\u00ada decirse m\u00e1s. Si cada Iglesia tratara de mostrar c\u00f3mo ordena ella las doctrinas entre s\u00ed\u00ad, podr\u00ed\u00ada descubrirse que algunas de las dificultades subyacentes entre las Iglesias son operativas y que el di\u00e1logo sobre determinados temas ha sido incapaz hasta ahora de abordar los verdaderos problemas. La ordenaci\u00f3n de los misterios no es principalmente una cuesti\u00f3n de orden intelectual, sino de reflexi\u00f3n sobre la experiencia viva de oraci\u00f3n, culto y espiritualidad de las Iglesias; el di\u00e1logo ecum\u00e9nico ha penetrado lentamente en estos \u00e1mbitos.<\/p>\n<p>\u00c2\u00a0<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Significado y novedad de la formulaci\u00f3n del Vaticano II. II. La tarea m\u00e1s urgente. III. Aplicaci\u00f3n en el campo de la catequesis: 1. Aplicaci\u00f3n minimalista a la catequesis; 2. Aplicaci\u00f3n maximalista a la catequesis.<\/p>\n<p>1. Significado y novedad de la formulaci\u00f3n del Vaticano II<br \/>\nEl Vaticano II afirm\u00f3 oficialmente la existencia de un orden o jerarqu\u00ed\u00ada de verdades dentro del mensaje cristiano. El decreto sobre ecumenismo habla de \u00abla forma de expresar y exponer la fe\u00bb, y afirma: \u00abEn el di\u00e1logo ecum\u00e9nico, los te\u00f3logos cat\u00f3licos, fieles siempre a la doctrina de la Iglesia, deben seguir adelante con amor a la verdad, con caridad y humildad, investigando juntamente con los hermanos separados los divinos misterios. Al confrontar las doctrinas, recuerden que existe un orden o jerarqu\u00ed\u00ada en las verdades de la doctrina cat\u00f3lica, porque es diversa su conexi\u00f3n con el fundamento de la fe. As\u00ed\u00ad se preparar\u00e1 el camino para estimularse todos, en esta fraterna emulaci\u00f3n, a un conocimiento m\u00e1s profundo y a una manifestaci\u00f3n m\u00e1s clara de las riquezas insondables de Cristo\u00bb (Unitatis redintegratio 11).<\/p>\n<p>Antes de concretar el significado del principio de la jerarqu\u00ed\u00ada de valores es preciso hacer dos puntualizaciones:<br \/>\na) El contexto del principio formulado es ecumenista; no s\u00f3lo se halla dentro del documento ecum\u00e9nico del Vaticano II, sino que, adem\u00e1s, el mismo p\u00e1rrafo que contiene la declaraci\u00f3n de la jerarqu\u00ed\u00ada de verdades habla expresamente de un quehacer ecum\u00e9nico por parte de los te\u00f3logos de las diferentes Iglesias: \u00aben el di\u00e1logo ecum\u00e9nico, los te\u00f3logos cat\u00f3licos&#8230; investigando juntamente con los hermanos separados&#8230; Al confrontar las doctrinas&#8230; As\u00ed\u00ad se preparar\u00e1 el camino para estimularse todos, en esta fraterna emulaci\u00f3n, a un conocimiento m\u00e1s profundo&#8230;\u00bb.<br \/>\nEl principio de la jerarqu\u00ed\u00ada de verdades, sin embargo, rebasa en realidad el marco ecumenista en el que aparece formulado, de modo que incide determinantemente en los diversos tratados, tanto de teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica como de teolog\u00ed\u00ada aplicada.<\/p>\n<p>b) El t\u00e9rmino verdades, si bien tiene una sobresaliente carga no\u00e9tica, cognoscitiva, apunta tambi\u00e9n a otras dimensiones reales del ser humano (dimensi\u00f3n axiol\u00f3gico-activa, dimensi\u00f3n ut\u00f3pico-imaginativa y dimensi\u00f3n social), ya que se trata de verdades o realidades relacionadas con el fundamento de la fe, Jesucristo; esto es, con una realidad personal divino-humana que, adem\u00e1s de ser la verdad, es tambi\u00e9n el camino y la vida. Esta amplia significaci\u00f3n personal del t\u00e9rmino verdades explicar\u00ed\u00ada el hecho de que no s\u00f3lo se habla entre te\u00f3logos y catequetas de jerarqu\u00ed\u00ada en la esfera conceptual del hombre creyente (jerarqu\u00ed\u00ada de verdades), en su esfera ut\u00f3pico-cultual (jerarqu\u00ed\u00ada de sacramentos), sino tambi\u00e9n en su esfera activo-moral (jerarqu\u00ed\u00ada de mandamientos) y, finalmente, en su esfera socio-institucional (jerarqu\u00ed\u00ada de autoridades).<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el significado de la jerarqu\u00ed\u00ada de verdades proclamada por el Decreto sobre el ecumenismo? El Vaticano II afirma que las diversas verdades de fe forman un conjunto unitario y jerarquizado. Jerarquizado, porque existe una verdad o realidad de tal importancia, que constituye el fundamento de la fe, en relaci\u00f3n al cual las restantes verdades o realidades quedan ligadas y ordenadas entre s\u00ed\u00ad, seg\u00fan sea su conexi\u00f3n con el fundamento de la fe.<\/p>\n<p>En cuanto a la identidad del fundamento de la fe, el documento conciliar no pronuncia directamente el nombre de Jesucristo. Semejante indeterminaci\u00f3n puede ser debida, quiz\u00e1s, a que el Concilio no ha querido decantarse ni por el teocentrismo ni por el cristocentrismo. De todos modos, a rengl\u00f3n seguido, el n\u00c2\u00b0 11 del Decreto habla de \u00ablas riquezas insondables de Cristo\u00bb (Ef 3,8), en claro paralelismo con el precedente fundamento de la fe. Aqu\u00ed\u00ad es donde radica la novedad de la declaraci\u00f3n del Concilio acerca de la jerarqu\u00ed\u00ada de verdades.<\/p>\n<p>Dentro de la religi\u00f3n cat\u00f3lica, siempre se han diferenciado dos \u00f3rdenes de verdades o de realidades reveladas: 1) las pertenecientes a la revelaci\u00f3n y salvaci\u00f3n llevadas a cabo por Dios en su Hijo amado Jesucristo (verdades cristol\u00f3gicas, o verdades de primer orden, o verdades de centro), y 2) las verdades referentes al resto de los seres humanos, llamados a participar, por medio de Jesucristo, en la vida propia de Dios (verdades antropol\u00f3gicas, o verdades de segundo orden, o verdades de pericentro).<\/p>\n<p>Naturalmente, en este segundo orden hay tal cantidad de verdades o realidades y de categor\u00ed\u00ada tan desigual, que no es f\u00e1cil enunciarlas todas, y menos a\u00fan saber jerarquizarlas debidamente. Las dificultades se multiplicaron cuando a partir del siglo IV se produjo un incremento multitudinario de fieles cristianos, incorporando cada uno de ellos a la Iglesia las creencias de sus respectivas religiones. La Iglesia se vio impelida por las circunstancias a adoptar un m\u00e9todo sencillo y eficaz para la gente, a la hora de proclamar los contenidos del mensaje cristiano: el m\u00e9todo de la autoridad de su magisterio supremo. La jerarqu\u00ed\u00ada de verdades se fue as\u00ed\u00ad desligando poco a poco del criterio intr\u00ed\u00adnseco de su conexi\u00f3n con Jesucristo, tal como hasta entonces se ven\u00ed\u00ada haciendo en las confesiones de fe del Nuevo Testamento, de la liturgia, de los credos primitivos&#8230; y pas\u00f3 a depender m\u00e1s y m\u00e1s del criterio extr\u00ed\u00adnseco de la autoridad del magisterio eclesi\u00e1stico1.<\/p>\n<p>Esta manera de entender y de aplicar la jerarqu\u00ed\u00ada de verdades, a la luz de la autoridad de la Iglesia jer\u00e1rquica, comporta serios peligros: uno de ellos, el de llegar a pensar que cuanto m\u00e1s solemnemente sea declarada alguna verdad por el magisterio de la Iglesia, tanto m\u00e1s debe ser cre\u00ed\u00adda con fe divina y cat\u00f3lica por los fieles2.<\/p>\n<p>Valorar la categor\u00ed\u00ada de una verdad por el criterio exterior de la autoridad eclesi\u00e1stica puede causar otro peligro m\u00e1s grave todav\u00ed\u00ada que el anterior: el peligro de desplazar la atenci\u00f3n de los cristianos hacia las verdades o realidades de segundo orden, en lugar de mantener las mentes y los corazones centrados en Jesucristo, que constituye el n\u00facleo vivo de la revelaci\u00f3n de Dios3.<\/p>\n<p>Pues bien, el Vaticano II, en el n\u00c2\u00b0 11 del Decreto sobre el ecumenismo, opta por volver al criterio cristol\u00f3gico, que es el criterio de la religi\u00f3n cristiana, el criterio seguido por el Nuevo Testamento en sus m\u00faltiples y variadas confesiones de fe: la persona y obra salv\u00ed\u00adficas de Jesucristo. Por otro lado, el criterio jerarquizador de las verdades o realidades cristianas, Jesucristo, restablecido por el Vaticano II, es un criterio objetivo e intr\u00ed\u00adnseco a las diferentes verdades: su mayor o menor importancia reveladora no depende del modo m\u00e1s o menos solemne de pronunciarse sobre ellas por parte del magisterio de la Iglesia, sino de su relaci\u00f3n con Jesucristo, que es para los creyentes la suprema Verdad salv\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>II. La tarea m\u00e1s urgente<br \/>\nEl decreto ecumenista ha dejado definitivamente zanjados estos dos puntos: 1) que en el conjunto de la doctrina cat\u00f3lica existe un fundamento o un centro personal, que es Jesucristo; y 2) que el orden que ocupan las m\u00faltiples verdades reveladas en el cuerpo doctrinal depende de su diversa conexi\u00f3n espec\u00ed\u00adfica con Jesucristo, Verdad salv\u00ed\u00adfica por excelencia, y no del grado de autoridad con que han sido formuladas.<\/p>\n<p>Lo que no se nos aclara en el texto conciliar es cu\u00e1ntas clases de verdades reveladas hay y cu\u00e1l es su relaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica con Jesucristo. Dilucidarlo es la tarea m\u00e1s inmediata y urgente que los te\u00f3logos y catequetas tienen en la actualidad, despu\u00e9s del pronunciamiento hecho por la Iglesia en el Decreto. He aqu\u00ed\u00ad algunas pistas para dicha labor.<\/p>\n<p>a) En t\u00e9rminos de revelaci\u00f3n de Dios a los hombres, Jesucristo es su m\u00e1xima realidad y expresi\u00f3n: \u00abDe una manera fragmentaria y de muchos modos habl\u00f3 Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas; en estos \u00faltimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo\u00bb (Heb 1,1-2)4. Siendo la plenitud definitiva de la comunicaci\u00f3n salvadora de Dios a los hombres, Jesucristo no debe ser considerado simplemente como el mayor revelador de Dios, el Primero, sino el mismo Dios revelado, el fundamento o centro de la manifestaci\u00f3n soteriol\u00f3gica de Dios, lo cual es mucho m\u00e1s.<\/p>\n<p>b) Inmediatamente alrededor de este centro vivo y personal del mensaje revelado, se alinea toda una serie de verdades o realidades que tienen que ver con la comunidad de creyentes que llamamos Iglesia, animada y guiada por el esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas resucitado. Las verdades salv\u00ed\u00adficas que la Iglesia confiesa creer, a la luz de Jesucristo, sobre Dios y sobre el hombre cristiano (su condici\u00f3n de hijo adoptivo de Dios, sus esperanzas hist\u00f3ricas y su esperanza escatol\u00f3gica, la oraci\u00f3n y los sacramentos, el estilo de vida, el compromiso social y pol\u00ed\u00adtico, la solidaridad con los pobres&#8230;) son revelaciones peric\u00e9ntricas pero de primera categor\u00ed\u00ada, porque la Iglesia las profesa como esposa de Cristo, como cuerpo de Cristo. La conexi\u00f3n de estas verdades reveladas sobre la Iglesia con el fundamento de la fe, Jesucristo, es la m\u00e1xima que puede darse entre las verdades denominadas gen\u00e9ricamente peric\u00e9ntricas.<\/p>\n<p>c) Despu\u00e9s de esta revelaci\u00f3n de Dios sobre la Iglesia como cuerpo de Cristo, tenemos las verdades o realidades peric\u00e9ntricas de segunda categor\u00ed\u00ada proclamadas por el credo israelita, tambi\u00e9n sobre Dios y sobre el hombre (su origen creado, su promesa de salvaci\u00f3n, sus profetas, la ley, sus normas de conducta, el culto, la circuncisi\u00f3n&#8230;). Todas ellas pertenecen a una fase anterior y provisional de la revelaci\u00f3n de Dios. La conexi\u00f3n de las verdades o realidades de la revelaci\u00f3n del Antiguo Testamento con el fundamento de la fe, Jesucristo, es de una categor\u00ed\u00ada inferior, preparatoria y pasajera, en comparaci\u00f3n con la conexi\u00f3n de la fe de la Iglesia con Jesucristo acerca de Dios y de los seres humanos y su mundo.<\/p>\n<p>d) Ya a otro nivel, de mucho menor relieve, se encuentran las verdades o realidades de la revelaci\u00f3n natural o c\u00f3smica o creacional de Dios. Estas verdades son esas semillas del Verbo divino que Dios sembr\u00f3 como creador en todas las criaturas humanas. La Iglesia asume gustosamente cuantas verdades sobre Dios, la vida, la historia, la muerte&#8230; pueden ser descubiertas y profesadas por el hombre, a la luz de su mente y coraz\u00f3n creados por Dios. La Iglesia detecta, sobre todo en las religiones, la presencia esplendorosa de la Verdad divina revelada, a pesar de la coexistencia en ellas de confusiones y desviaciones. Ni que decir tiene que, al tratarse de una revelaci\u00f3n peric\u00e9ntrica de tercera categor\u00ed\u00ada, su conexi\u00f3n con Jesucristo, el fundamento de la fe, es mucho m\u00e1s d\u00e9bil y espor\u00e1dica que la que se da en el caso del Antiguo Testamento.<\/p>\n<p>e) Tenemos, finalmente, otra clase de verdades peric\u00e9ntricas: las verdades o realidades simb\u00f3licas5. El citarlas en \u00faltimo lugar no significa que su conexi\u00f3n con el fundamento de la fe sea la menos consistente y la de menos contenido sustancial. La raz\u00f3n de rese\u00f1arlas al final se debe a su particular naturaleza. 1) En efecto, los s\u00ed\u00admbolos guardan estricta relaci\u00f3n con el tema de la felicidad, m\u00e1s que con el tema de la verdad, aun cuando una y otra son caras distintas de la misma moneda. El deseo de ser felices es el deseo m\u00e1s universal y arraigado en el coraz\u00f3n de los hombres. Es, por otro lado, el impulso m\u00e1s trascendente, m\u00e1s religioso, m\u00e1s divino&#8230; que tiene el hombre dentro de s\u00ed\u00ad en esta vida. Lo cierto es que nuestro deseo de felicidad no se sacia con ninguna de las realidades a la vista. Y es que la flecha de nuestro ser apunta vibrante al mismo Dios y no se detendr\u00e1 en su vuelo hasta hacer diana en \u00e9l6. 2) Un segundo rasgo espec\u00ed\u00adfico de las verdades o realidades simb\u00f3licas consiste en el tipo funcional de pensamiento que interviene en su tratamiento: es el pensamiento simb\u00f3lico o imaginativo, que conoce intuitivamente, y que es distinto del pensamiento racional o argumentativo, que conoce de un modo discursivo. El pensamiento humano en funci\u00f3n imaginativa, acuciado por el ansia de felicidad, elabora leyendas, cuentos, sue\u00f1os, arquetipos, epopeyas, utop\u00ed\u00adas&#8230; y en ellas encuentra el hombre entretenimiento y solaz verdaderos, aunque inconsistentes.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es la conexi\u00f3n de las verdades o realidades simb\u00f3licas con Jesucristo, el fundamento de la fe? Ya se dijo que la revelaci\u00f3n de Dios alcanza su identidad y plenitud en Jesucristo. Ahora bien, Jesucristo es una realidad personal divino-humana que no s\u00f3lo responde \u00ed\u00adntegramente a las tres vertientes del ser humano (conocer-verdad, esperar-felicidad y actuar-amor), sino que lo hace sobreabundantemente, muy por encima de toda expectativa. En el caso del deseo humano de felicidad, Dios nos ha preparado y deparado en Jes\u00fas resucitado una felicidad que \u00abni el ojo vio, ni el o\u00ed\u00addo oy\u00f3&#8230;, ni ning\u00fan hombre imagin\u00f3\u00bb (1Cor 2,9), una felicidad no a la medida oce\u00e1nica de nuestro deseo, sino a la medida inconmensurable de la bondad de Dios. 1) La conexi\u00f3n, por tanto, entre las realidades simb\u00f3licas que tienen que ver con nuestro deseo de felicidad absoluta (victoria sobre la muerte, dominio sobre la naturaleza, se\u00f1or\u00ed\u00ado de nuestro cuerpo respecto del espacio y del tiempo, fraternidad entre todos los hombres, comuni\u00f3n real de vida con Dios&#8230;) y Jesucristo, causa y modelo de nuestra felicidad, es una conexi\u00f3n en primer lugar escatol\u00f3gica. Los s\u00ed\u00admbolos son signos trascendentes que apuntan vagamente al tema de la felicidad plena. Decimos vagamente porque los hombres no somos capaces, entre otras cosas, de imaginar c\u00f3mo se va a realizar concretamente dicha felicidad. La religi\u00f3n cristiana, en cambio, afirma que Dios se la ha concedido ya a Jes\u00fas de Nazaret mediante su resurrecci\u00f3n de entre los muertos, antes de sufrir, en su caso, la corrupci\u00f3n de la muerte, y que nos la va a otorgar a nosotros tambi\u00e9n por medio de la resurrecci\u00f3n, pero despu\u00e9s de haber padecido nuestro cuerpo el dominio aniquilador, corruptor de la muerte. La realizaci\u00f3n plena y definitiva del deseo humano de felicidad se llevar\u00e1 a cabo seg\u00fan y gracias al acontecimiento de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. La relaci\u00f3n de las verdades simb\u00f3licas con Jesucristo es, por consiguiente, con Jes\u00fas en cuanto hombre resucitado, esto es, se trata de una relaci\u00f3n escatol\u00f3gica. 2) Una segunda caracter\u00ed\u00adstica de la conexi\u00f3n entre las verdades o realidades simb\u00f3licas y Jes\u00fas resucitado, el primer hombre que ha alcanzado la felicidad suprema, es que se trata de una conexi\u00f3n s\u00f3lo positiva de realidades. Esto quiere decir que, de las hip\u00f3tesis rese\u00f1ables de la situaci\u00f3n \u00faltima y definitiva de los hombres (hip\u00f3tesis positivas: cielo, comuni\u00f3n de vida con Dios, con los bienaventurados del cielo, gozo&#8230;; hip\u00f3tesis negativas: muerte definitiva, infierno, soledad, angustia&#8230;), nosotros, como cristianos, \u00fanicamente podemos afirmar con seguridad y con el mismo peso espec\u00ed\u00adfico lo que personalmente ha tenido lugar en Jesucristo, que son precisamente los acontecimientos salv\u00ed\u00adficos de su resurrecci\u00f3n, glorificaci\u00f3n, entronizaci\u00f3n a la derecha del Padre&#8230;7.<\/p>\n<p>III. Aplicaci\u00f3n en el campo de la catequesis<br \/>\nTodos los catequistas reconocen la colosal incidencia de la actual cultura secular y secularizante en su tarea catequ\u00ed\u00adstica; pero su manera de reaccionar ante el mismo fen\u00f3meno de la secularizaci\u00f3n es muy diversa, y a veces hasta opuesta: mientras unos buscan seguridad s\u00f3lo en los cimientos de la casa de la fe, esto es, en Jesucristo, otros reafirman que se puede seguir viviendo seguros, como anta\u00f1o, en los cimientos y en todas las estancias del edificio doctrinal cristiano. A prop\u00f3sito de la jerarqu\u00ed\u00ada de verdades, vamos a rese\u00f1ar y a criticar a continuaci\u00f3n tanto la postura minimalista en la aplicaci\u00f3n del criterio cristol\u00f3gico a la catequesis como la postura maximalista.<\/p>\n<p>1. APLICACI\u00ed\u201cN MINIMALISTA A LA CATEQUESIS. En medio de la vor\u00e1gine de la secularizaci\u00f3n, que amenaza con engullirnos a todos, tambi\u00e9n a los cristianos, muchos catequistas se fijan exclusivamente en Jesucristo, en la realidad m\u00e1s clara, intensa y definitiva de la divina revelaci\u00f3n. Dejan de lado las restantes realidades humanas, incluso la maravillosa realidad de la revelaci\u00f3n de Dios sobre la Iglesia, cuerpo de Cristo, porque no se f\u00ed\u00adan de ninguna otra mediaci\u00f3n entre Dios y los hombres que no tenga la categor\u00ed\u00ada de Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Otra raz\u00f3n de peso para fiarse s\u00f3lo de Jes\u00fas es que el Hijo humanado ha sido obediente a la voluntad salv\u00ed\u00adfica del Padre m\u00e1s que ning\u00fan otro. Jes\u00fas es, tambi\u00e9n hist\u00f3ricamente, el Hijo amado del Padre por su fidelidad plena, exquisita e irreprochable: \u00abprobado en todo a semejanza nuestra, a excepci\u00f3n del pecado\u00bb (Heb 4,15). Todos los dem\u00e1s, incluidos los hijos de Dios de la Iglesia, somos pecadores en mayor o menor medida. Nuestras obras de pecado no respetan \u00e1mbito alguno; alcanzan tambi\u00e9n al oficio de guardianes, int\u00e9rpretes y transmisores de la palabra de Dios. Con el fin solapado de hacer triunfar nuestros intereses, \u00bfno presentamos m\u00e1s de una vez nuestras meras opiniones como si fueran verdades divinamente reveladas?<br \/>\nEn la actual situaci\u00f3n de crisis religiosa, muchos catequistas, como dec\u00ed\u00adamos, seleccionan del cuadro completo de verdades solamente las verdades cristol\u00f3gicas, que ciertamente constituyen el fundamento de la fe, y son sin discusi\u00f3n las verdades m\u00e1s valiosas y seguras. Semejante interpretaci\u00f3n minimalista de la jerarqu\u00ed\u00ada de verdades dentro del campo de la catequesis es inaceptable, por las razones que veremos a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>a) En primer lugar, limitarse a las verdades o realidades cristol\u00f3gicas revela una actitud poco o nada humana, imposible de mantener. Porque, si bien la cristolog\u00ed\u00ada es el centro, el fundamento de la fe, no es toda la fe, y nosotros no podemos darnos por satisfechos con conocer el quehacer y destino excepcionales de Jesucristo. Nos interesa sobremanera saber qu\u00e9 pasa exactamente con nosotros, los hijos adoptivos de Dios, ya sea en esta vida, ya en la vida de la plenitud escatol\u00f3gica. Es l\u00f3gico, por tanto, reclamar que el mensaje cristol\u00f3gico explicite su carga antropol\u00f3gica en general, y en especial sus implicaciones antropol\u00f3gicas eclesiales.<br \/>\nb) En segundo lugar, la Iglesia, de hecho, se ha preocupado por llevar la luz iluminadora y configuradora de Jesucristo a otras parcelas de la realidad de Dios y de los hombres. Es cierto que la cristolog\u00ed\u00ada es el \u00fanico tratado del Nuevo Testamento. Pero tambi\u00e9n es verdad que, a medida que han ido pasando los siglos, la Iglesia, a partir del fundamento de la fe, Jesucristo, ha ido elaborando los diferentes tratados de teolog\u00ed\u00ada: Dios Uno y Trino, Eclesiolog\u00ed\u00ada, Escatolog\u00ed\u00ada&#8230;<\/p>\n<p>2. APLICACI\u00ed\u201cN MAXIMALISTA A LA CATEQUESIS. En \u00e9pocas de crisis religiosa, y la nuestra no tiene parang\u00f3n, la gente necesita que le den seguridades a la hora de creer. Las autoridades eclesi\u00e1sticas, fieles a su misi\u00f3n de gu\u00ed\u00adas del pueblo de Dios, aportan esa seguridad a los cristianos insistiendo en el car\u00e1cter revelado de todas y de cada una de las verdades de la doctrina cat\u00f3lica: siendo como son verdades reveladas, la autoridad de Dios es, en \u00faltimo t\u00e9rmino, quien garantiza y asegura a los cristianos en su fe. \u00bfCabe un soporte m\u00e1s seguro?8.<\/p>\n<p>Pero el n\u00c2\u00b0 11 de Unitatis redintegratio no se contenta con ver en las verdades reveladas la autoridad soberana de Dios y con fomentar en los fieles una actitud sobre todo fiducial, de ciega confianza en el Dios revelador. El texto conciliar recuerda que existe otra v\u00ed\u00ada de an\u00e1lisis de las verdades cristianas, adem\u00e1s de la v\u00ed\u00ada de la autoridad divina: es la v\u00ed\u00ada del an\u00e1lisis cognoscitivo, objetivo, intr\u00ed\u00adnseco del grado de comunicaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios en los diversos art\u00ed\u00adculos o enunciados de la fe, grado que se mide por el nexo particular que las distintas verdades guardan con la comunicaci\u00f3n total o autocomunicaci\u00f3n de Dios, esto es, con Jesucristo. A tenor de dicho n\u00c2\u00b0 11, es necesario y obligatorio para todo cristiano, y con mayor raz\u00f3n para todo catequista, que se tome en seria consideraci\u00f3n la v\u00ed\u00ada cognoscitiva de las diversas verdades o realidades, y que las ordene entre s\u00ed\u00ad y las relativice seg\u00fan su v\u00ed\u00adnculo con Jesucristo, que es la Verdad absoluta y definitiva del Dios salvador.<\/p>\n<p>a) Trat\u00e1ndose de las verdades o realidades de la revelaci\u00f3n referentes a la Iglesia, el catequista se esmerar\u00e1 en explicar la excepcional grandeza de dichas verdades o realidades, pero respetando escrupulosamente sus l\u00ed\u00admites. Los cristianos tenemos mucho en com\u00fan con Jesucristo, pero son mayores las diferencias. No borremos esas diferencias entre Jesucristo y nosotros: los cristianos no somos Hijos unig\u00e9nitos de Dios Padre, como Jesucristo, ni somos capaces de entregarnos a los dem\u00e1s, como Jesucristo, con el mismo amor del Padre&#8230; A veces, sin embargo, se oye hablar de la Iglesia, de los sacramentos, de ciertas normas de conducta&#8230; como si fueran realidades absolutas, definitivas, incuestionables.<\/p>\n<p>b) En relaci\u00f3n con las verdades o realidades pertenecientes a la revelaci\u00f3n del Antiguo Testamento y a la revelaci\u00f3n c\u00f3smica, los catequistas no suelen caer tan f\u00e1cilmente en el maximalismo interpretativo como en el caso precedente: salta a la vista el car\u00e1cter fragmentario y provisional de ambas revelaciones.<\/p>\n<p>c) Donde los catequistas incurren m\u00e1s frecuentemente en el maximalismo es en el modo de tratar las verdades o realidades simb\u00f3licas de alcance escatol\u00f3gico. Olvidan que s\u00f3lo Jesucristo ha resucitado y que, por lo tanto, s\u00f3lo \u00e9l vive en plenitud la nueva forma escatol\u00f3gica de ser hombre. \u00bfC\u00f3mo se puede hablar de los fieles difuntos, que a\u00fan no han sido resucitados, como si estuvieran ya incorporados a la vida eterna, disfrutando m\u00e1s o menos de la misma felicidad que Jes\u00fas resucitado?<br \/>\nOtra infracci\u00f3n grave del maximalismo en catequesis son las afirmaciones que muchos catequistas sostienen acerca de esas im\u00e1genes relativas a la perdici\u00f3n irremediable del hombre (infierno, soledad de muerte, rebeld\u00ed\u00ada eterna contra Dios&#8230;). Ya se dijo que la religi\u00f3n cristiana s\u00f3lo considera como absolutamente cierta la salvaci\u00f3n definitiva de Cristo y de los suyos.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. W. Kasper hace notar que todav\u00ed\u00ada en los concilios de Nicea (325) y de Constantinopla (381) se habla de \u00abnosotros creemos\u00bb o \u00abnosotros confesamos\u00bb, mientras que en el concilio de Calcedonia (451), y posteriormente, se emplea la formulaci\u00f3n dogm\u00e1tica de \u00abnosotros ense\u00f1amos que se debe confesar\u00bb (cf W. KASPER, Introducci\u00f3n a la fe, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1976, 116-117). &#8211; 2. El mismo Vaticano I tuvo que recordar a los fieles que merecen igual fe divina y cat\u00f3lica \u00abaquellas cosas que&#8230; son propuestas por la Iglesia para ser cre\u00ed\u00addas&#8230; ora por solemne juicio (concilios, enc\u00ed\u00adclicas&#8230;), ora por su ordinario y universal magisterio\u00bb (DS 1792). &#8211; 3. W. KASPER, o.c., 119: \u00abDurante el pasado siglo y en el actual han aparecido m\u00e1s enc\u00ed\u00adclicas sobre cuestiones mariol\u00f3gicas que sobre cristolog\u00ed\u00ada o sobre ate\u00ed\u00adsmo moderno. Tales perturbaciones del equilibrio son un signo palpable de que el coraz\u00f3n y el aparato circulatorio ya no funcionan bien. Esta insistencia unilateral en la ortodoxia verbal y formal tiene tambi\u00e9n su culpa de cara a la crisis actual de la fe, a la incapacidad progresiva de la fe para llegar a los hombres contempor\u00e1neos\u00bb. &#8211; 4. Este es el preciso y precioso comentario realizado por san Juan de la Cruz a las palabras transcritas de la Carta a los hebreos (Subida del monte Carmelo II, 22, 5): \u00abEn lo cual da a entender el Ap\u00f3stol que Dios ha quedado (ya) como mudo y no tiene m\u00e1s que hablar, porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en \u00e9l todo, d\u00e1ndonos al Todo, que es su Hijo\u00bb. &#8211; 5. Cf J. CHEVALIER-A. GHEERBRANT, Diccionario de los s\u00ed\u00admbolos, Herder, Barcelona 1986, 15-37. &#8211; 6. SAN AGUST\u00ed\u008dN, Confesiones I, 1: \u00abPorque nos has hecho para ti, y nuestro coraz\u00f3n est\u00e1 inquieto hasta que descanse en ti\u00bb. &#8211; 7. J. L. Ruiz DE LA PE\u00ed\u2018A, La otra dimensi\u00f3n (escatolog\u00ed\u00ada cristiana), Sal Terrae, Santander 1986, 251-252: \u00abSeg\u00fan la fe cristiana, la historia no tiene dos fines, sino uno: la salvaci\u00f3n. Esta es, por consiguiente, el objeto propio de la escatolog\u00ed\u00ada. Mientras que el triunfo de Cristo y de los suyos es una certeza absoluta, predicable en cuanto tal y, en general, de la historia y de la comunidad humana, la condenaci\u00f3n es una posibilidad, factible tan s\u00f3lo en casos particulares. La concepci\u00f3n sim\u00e9trica del juicio (tan frecuente en las representaciones pl\u00e1sticas del \u00e9schaton y en la predicaci\u00f3n), que otorga el mismo peso espec\u00ed\u00adfico a los enunciados sobre la vida eterna y a los que versan sobre la muerte eterna, desnaturaliza el fondo y la intenci\u00f3n de la escatolog\u00ed\u00ada cristiana\u00bb. &#8211; 8. P\u00ed\u00ado XI asegura en su enc\u00ed\u00adclica Mortalium animos, de enero de 1928, que todos los enunciados de la fe cat\u00f3lica deben ser igualmente cre\u00ed\u00addos por los fieles, puesto que en todos ellos se halla la misma autoridad reveladora de Dios (nonne Deus illas omnes revelavit?), de modo que se ha de profesar con id\u00e9ntica fe tanto la inmaculada concepci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada como la sant\u00ed\u00adsima Trinidad, tanto el magisterio infalible del Papa como la encarnaci\u00f3n del Hijo unig\u00e9nito del Padre.<\/p>\n<p>BIBL.: ANTON B., Hierarchie der Wahrheiten, Salesianum 52 (1990) 857-869; BEINERT W., Jerarqu\u00ed\u00ada de verdades, en Diccionario de teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica, Herder, Barcelona 1990, 381-383; CULLMANN O., Unidad en la diversidad a la luz de la \u00abjerarqu\u00ed\u00ada de verdades\u00bb, Dial. Ecum. 24 (1989) 237-247; HENN W., The Hierarchy of Truths Twenty Years Later, TSt 48 (1987) 439-472; HOUTEPEN A., Jerarqu\u00ed\u00ada de verdades y ortodoxia, Concilium 23 (1987) 53-68; KASPER W., Introducci\u00f3n a la fe, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1976, 109-130; MALVlDO E., \u00bfCu\u00e1l es el coraz\u00f3n del mensaje cristiano?, San P\u00ed\u00ado X, Madrid 1995.<\/p>\n<p>Eduardo Malvido Miguel<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DicEc \u00c2\u00a0 La expresi\u00f3n \u00abjerarqu\u00ed\u00ada de verdades\u00bb usada en el Vaticano II (UR 11) ha dado pie a bastante literatura acerca de su sentido y significaci\u00f3n, especialmente en el \u00e1mbito del ecumenismo. 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