{"id":14849,"date":"2016-02-05T09:44:38","date_gmt":"2016-02-05T14:44:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/laicos\/"},"modified":"2016-02-05T09:44:38","modified_gmt":"2016-02-05T14:44:38","slug":"laicos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/laicos\/","title":{"rendered":"LAICOS"},"content":{"rendered":"<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEn 1906 el papa san P\u00ed\u00ado X escribi\u00f3: \u00abS\u00f3lo en la jerarqu\u00ed\u00ada residen el poder y la autoridad necesarios para llevar y dirigir a todos los miembros de la sociedad a su fin. En cuanto a la muchedumbre, esta no tiene m\u00e1s derecho que dejarse guiar y seguir a sus pastores con docilidad\u00bb. Juan Pablo II afirmaba en 1988: \u00abLos fieles laicos participan en la vida de la Iglesia no s\u00f3lo llevando a cabo sus funciones y ejercitando sus carismas, sino tambi\u00e9n de otros muchos modos. Tal participaci\u00f3n encuentra su primera y necesaria expresi\u00f3n en la vida y misi\u00f3n de las Iglesias particulares,  de las di\u00f3cesis&#8230;\u00bb (ChL 25). Entre estas dos declaraciones media: 1) una profunda indagaci\u00f3n pastoral, teol\u00f3gica (especialmente en Y. Congar) e hist\u00f3rica del papel del laicado; 2) el Vaticano II; 3) el C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico  de 1983; 4) el s\u00ed\u00adnodo de obispos de 1987. Clave para entender los cambios acaecidos en el siglo XX es el paso de una visi\u00f3n de la Iglesia marcadamente institucional \u2014para la que Congar acu\u00f1\u00f3 la palabra \u00abjerarcolog\u00ed\u00ada\u00bb\u2014 a las eclesiolog\u00ed\u00adas que surgieron antes, durante y despu\u00e9s del > Vaticano II. La literatura sobre el laicado desde el Vaticano II es enorme, dedicando muchas revistas un n\u00famero completo al asunto con ocasi\u00f3n del s\u00ed\u00adnodo de 1987.<\/p>\n<p>En las fases preparatorias del Vaticano II hubo poca participaci\u00f3n directa de los laicos. En el segundo per\u00ed\u00adodo de sesiones trece laicos fueron nombrados auditores, n\u00famero que se elevar\u00ed\u00ada m\u00e1s tarde a cincuenta y dos, incluyendo diez religiosas, un matrimonio, veintiocho laicos y doce laicas. Estos tomaron parte activa en la preparaci\u00f3n del decreto AA (sobre el laicado) y de la constituci\u00f3n GS, en particular de su segunda parte. El concilio dej\u00f3 un importante conjunto de textos sobre los laicos (LG cc. 2 y 4; AA, GS, AG), que, junto con las declaraciones de Medell\u00ed\u00adn y Puebla y el nuevo C\u00f3digo,  constituir\u00ed\u00adan la base de toda reflexi\u00f3n seria sobre el laicado en las d\u00e9cadas posteriores.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n sobre el laicado cuenta en la actualidad con estudios recientes, especialmente de la \u00e9poca de la Iglesia primitiva. En t\u00e9rminos generales puede decirse que la tensi\u00f3n principal durante los tres primeros siglos estuvo entre la Iglesia y el mundo; despu\u00e9s de Constantino, por otro lado, fue adquiriendo importancia la tensi\u00f3n entre el clero y el laicado. En griego profano, laos  significaba los que eran gobernados o estaban sometidos a impuestos. La palabra \u00ablaico\u00bb (laikos)  no aparece en los LXX ni en el Nuevo Testamento. Encontramos m\u00e1s bien palabras como \u00abcreyentes, elegidos, escogidos, santos, hermanos\u00bb. La primera vez que aparece es en la Carta de Clemente:  \u00abEl laico est\u00e1 sometido a las ordenanzas del laicado (ho laikos anthr\u00f3pos tois laikois prostragmasin dedetai),  frase enigm\u00e1tica que algunos consideran como el origen del laicado cristiano, mientras otros mantienen que se refiere a alguien que es como un jud\u00ed\u00ado, que no acepta los caminos cristianos, y que por consiguiente, privado de la verdadera sabidur\u00ed\u00ada, tiene s\u00f3lo obligaci\u00f3n de obedecer\u00bb. La palabra no aparece para nada en Justino o Ireneo, pero cuando la encontramos en Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada aparece ya con un significado parecido al moderno. En dos casos la palabra se refiere a los vulgares o a los no creyentes, pero en un tercer caso aparece en el contexto de las posturas \u00abencratitas\u00bb \u2014herej\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea a los gn\u00f3sticos, ebionitas y docetas de pr\u00e1cticas asc\u00e9ticas radicales\u2014 sobre el matrimonio: el hombre de una sola mujer, ya sea sacerdote, di\u00e1cono o laico, se salvar\u00e1 engendrando hijos. Los laicos se distinguen de los sacerdotes y de los di\u00e1conos, pero no todav\u00ed\u00ada como opuestos a ellos. Tertuliano muestra una clara dicotom\u00ed\u00ada entre cl\u00e9rigos y laicos. Reconoce a los laicos facultad para bautizar, pero estos han de ser extremadamente respetuosos con los derechos del obispo. Pero sostuvo, especialmente durante su fase montanista, que la distinci\u00f3n entre cl\u00e9rigos y laicos se deriva de una decisi\u00f3n de la Iglesia, por lo que el clero procede del laicado. En otros aspectos sus \u00faltimas concepciones fueron muy radicales en su insistencia en el sacerdocio de los cristianos y en las conclusiones derivadas del mismo. En tiempos de Or\u00ed\u00adgenes, al parecer, la distinci\u00f3n de funciones entre el laicado y el clero se estaba haciendo m\u00e1s marcada. Ampliamente respetado como maestro y siendo todav\u00ed\u00ada laico, los obispos locales lo invitaron a predicar durante su viaje por Cesarea y Jerusal\u00e9n. Su obispo, Demetrio, se opon\u00ed\u00ada fuertemente a que un laico predicara en presencia de un obispo. (M\u00e1s tarde Or\u00ed\u00adgenes fue ordenado sacerdote). As\u00ed\u00ad fue como al menos durante la generaci\u00f3n del 180 al 230 se produjo la diferenciaci\u00f3n definitiva de los cl\u00e9rigos y los laicos. Inicialmente la diferencia entre los laicos y los cl\u00e9rigos se basaba en la liturgia (>Tradici\u00f3n apost\u00f3lica y >Laicado y ministerio), pero poco a poco se fueron constituyendo dos estados diferentes tanto en Oriente como en Occidente\u00bb. La legislaci\u00f3n lit\u00fargica y can\u00f3nica de los siglos III y posteriores (>Colecciones apost\u00f3licas >Pseudoepigrapha) estableci\u00f3 claramente el papel principalmente pasivo del laicado, con la excepci\u00f3n \u2014siguiendo el modelo de los levitas en el Antiguo Testamento\u00bb\u2014 de aportar activamente dinero para el sostenimiento del clero y de los pobres asistidos por el obispo. Las >Constituciones apost\u00f3licas,  desde los siglos III y IV, determinan claramente en las leyes el papel y las funciones de los laicos. Tienen adem\u00e1s la responsabilidad de evitar el esc\u00e1ndalo y de expandir la Iglesia ayudando a la conversi\u00f3n de los pecadores. El lenguaje acerca de los laicos parece todav\u00ed\u00ada en proceso de evoluci\u00f3n. Probablemente el hecho de que las mujeres, como j\u00f3venes v\u00ed\u00adrgenes, como esposas o como viudas, carecieran de medios econ\u00f3micos independientes para desempe\u00f1ar este ministerio laico, cada vez m\u00e1s importante y casi \u00fanico, del sostenimiento econ\u00f3mico, sea la causa de que nunca se las incluya dentro de la categor\u00ed\u00ada de los laicos.<\/p>\n<p>Mientras que por un lado vemos restringirse el ministerio de los laicos, observamos por otro ejemplos de gran inter\u00e9s por la opini\u00f3n de los laicos, como en el caso de Africa, atestiguado por san >Cipriano. Se les consultaba acerca de los lapsi  (>Reconciliaci\u00f3n) y sobre la elecci\u00f3n de los obispos, aunque no siempre sabemos con precisi\u00f3n a qui\u00e9nes se consultaba y c\u00f3mo \u2014en algunos casos los laicos eleg\u00ed\u00adan en una corta lista de candidatos; en otros se limitaban a aceptar al candidato propuesto\u2014. Cipriano manten\u00ed\u00ada como principio no actuar sin consultar, aunque a veces actuaba en contra de la opini\u00f3n del pueblo. Los laicos ten\u00ed\u00adan que apoyar al clero, que ten\u00ed\u00ada que dedicarse al servicio del altar y a la oraci\u00f3n. La >Tradici\u00f3n apost\u00f3lica  da testimonio de la consulta a los laicos en Roma con ocasi\u00f3n del nombramiento de los obispos.<\/p>\n<p>A partir del siglo V la divisi\u00f3n cl\u00e9rigos\/laicos es completa, tendiendo los presb\u00ed\u00adteros a asumir todos los ministerios, a excepci\u00f3n del ministerio crucial laical de la financiaci\u00f3n econ\u00f3mica; no obstante, en ciertas Iglesias particulares se mantuvieron durante alg\u00fan tiempo algunos de los oficios de siglos anteriores. Cuando surgi\u00f3 el monaquismo, los laicos ocuparon el lugar m\u00e1s bajo: cl\u00e9rigos, monjes y, finalmente, laicos. En la teolog\u00ed\u00ada y el derecho posteriores se tendi\u00f3 a describir o definir a los laicos como los que no eran cl\u00e9rigos ni religiosos. Es famosa la definici\u00f3n del canonista Graciano (+ 1159 ca.): \u00abHay dos tipos de cristianos: los cl\u00e9rigos y los laicos\u00bb.<\/p>\n<p>Durante 1.000 a\u00f1os hubo pocos cambios. La lucha de >Gregorio VII (1073-1085) y sus sucesores contra las investiduras seglares subray\u00f3 a\u00fan m\u00e1s la distinci\u00f3n entre cl\u00e9rigos y laicos. Hab\u00ed\u00ada entre ellos una frontera; pero la Iglesia misma, en la liturgia y en los mejores te\u00f3logos medievales, era considerada como la asamblea de los fieles, como una comuni\u00f3n, como el pueblo de Dios. La insistencia en el clero jer\u00e1rquico provoc\u00f3 sin embargo una reacci\u00f3n en los distintos movimientos laicos de la Edad media, y en autores como >Hus, >Wyeliffe, Dante o Marsilio de Padua (+ 1342), ortodoxos y heterodoxos.<\/p>\n<p>Los reformadores insistieron en la doctrina escritur\u00ed\u00adstica del sacerdocio de todos los creyentes como un modo de atenuar el car\u00e1cter jer\u00e1rquico, pero esto condujo a una insistencia a\u00fan m\u00e1s clara en la estructura jer\u00e1rquica de la Iglesia en el concilio de Trento. La eclesiolog\u00ed\u00ada oficial o dominante de la \u00absociedad perfecta\u00bb y de la sociedad \u00abdesigual\u00bb dejaba poco espacio para una apreciaci\u00f3n positiva del papel de los laicos antes del Vaticano II.<\/p>\n<p>En el siglo XX no s\u00f3lo se publicaron estudios, sino que tambi\u00e9n surgieron institutos seculares, la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica y un nuevo \u00e9nfasis en el >apostolado laical. En 1946 P\u00ed\u00ado XII afirm\u00f3 ante el colegio de cardenales que los laicos \u00abson la Iglesia\u00bb\u00bb. En el segundo Congreso mundial sobre el apostolado seglar (1957; el primero fue en 1951; el tercero ser\u00ed\u00ada en 1967), P\u00ed\u00ado XII habl\u00f3 de la \u00abconsagraci\u00f3n del mundo\u00bb como actividad principal de los laicos. La expresi\u00f3n ser\u00ed\u00ada usada s\u00f3lo una vez en el Vaticano II (LG 34), que prefiri\u00f3 frases equivalentes como \u00abdirigir los asuntos temporales de acuerdo con la voluntad de Dios\u00bb (LG 31), o \u00abdifundir el reino de Cristo\u00bb (AA 2). Pero en torno a esta idea fue surgiendo una amplia literatura. Antes del concilio, la \u00abconsagraci\u00f3n del mundo\u00bb sol\u00ed\u00ada verse como una acci\u00f3n en colaboraci\u00f3n con la jerarqu\u00ed\u00ada, o en nombre de ella; pero despu\u00e9s varias alocuciones de Pablo VI se refirieron a la consagraci\u00f3n del mundo como una tarea espec\u00ed\u00adfica de la misi\u00f3n de los laicos.<\/p>\n<p>A comienzos del Vaticano II se hicieron muchos estudios, pero no hab\u00ed\u00ada todav\u00ed\u00ada una teolog\u00ed\u00ada madura del laicado que sirviera de base para la edificaci\u00f3n del concilio. Quiz\u00e1 el acto m\u00e1s significativo del concilio en relaci\u00f3n con los laicos sea la decisi\u00f3n de hablar de todo el pueblo de Dios (c. 2), antes de tratar espec\u00ed\u00adficamente de la jerarqu\u00ed\u00ada (c. 3) y de los laicos (c. 4) en la fundamental constituci\u00f3n sobre la Iglesia. Se hace en ella adem\u00e1s un esfuerzo decidido por describir a los laicos en t\u00e9rminos positivos: \u00abCon el nombre de laicos se designan aqu\u00ed\u00ad todos los fieles cristianos, a excepci\u00f3n de los miembros del orden sagrado y los del estado religioso aprobado por la Iglesia. Es decir, los fieles que, en cuanto incorporados a Cristo por el bautismo, integrados al pueblo de Dios y hechos part\u00ed\u00adcipes, a su modo, de la funci\u00f3n sacerdotal, prof\u00e9tica y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misi\u00f3n de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde\u00bb (LG 31). Esta descripci\u00f3n del laicado no deja de plantear problemas, y ha habido varios intentos de desarrollar sus implicaciones o reformularlas desde un punto de vista teol\u00f3gico o jur\u00ed\u00addico.<\/p>\n<p>El concilio a\u00f1ade en LG 31: \u00abEl car\u00e1cter secular es propio y peculiar (indoles saecularis propria et peculiaris)  de los laicos\u00bb. Sin embargo, propria y peculiaris  han de considerarse como indicadores de elementos constantes, y no de lo que es espec\u00ed\u00adfico del laicado. Se admite que los cl\u00e9rigos y los religiosos pueden comprometerse en asuntos seculares, pero el concilio trata de aclarar en qu\u00e9 consiste el car\u00e1cter secular del laicado: \u00abA los laicos corresponde, por propia vocaci\u00f3n, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y orden\u00e1ndolos seg\u00fan Dios\u00bb (LG 31; cf GS 43). Esta idea se desarrolla m\u00e1s adelante, cuando el documento muestra c\u00f3mo los laicos participan en el oficio sacerdotal (LG 34), prof\u00e9tico (LG 35) y real (LG 36) de Cristo (>Triple \u00aboficio\u00bb: sacerdote, profeta y rey). Pero el modo fundamental de ser Iglesia es como fiel laico. A esta se a\u00f1aden otras especificaciones (\u00f3rdenes sagradas, profesi\u00f3n religiosa). No se necesita tanto una teolog\u00ed\u00ada de los laicos cuanto una teolog\u00ed\u00ada de los fieles cristianos.<\/p>\n<p>Una idea fundamental es la siguiente: \u00abEl apostolado de los laicos es participaci\u00f3n en la misma misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de la Iglesia (ipsius salvificae missionis ecclesiae),  apostolado al que todos est\u00e1n destinados por el Se\u00f1or mismo en virtud del bautismo y de la confirmaci\u00f3n\u00bb (LG 33; cf AA 3). Esto supone un avance: el apostolado de los laicos est\u00e1 enraizado en los sacramentos recibidos, por lo que \u00ablos laicos est\u00e1n especialmente llamados a hacer presente y operante a la Iglesia en aquellos lugares y circunstancias en que s\u00f3lo puede llegar a ser sal de la tierra a trav\u00e9s de ellos\u00bb (LG 33). La idea de ser levadura en medio del mundo se encuentra tanto en LG 31 como en AA 2; este \u00faltimo pasaje habla tambi\u00e9n de que los laicos participan en el oficio sacerdotal, prof\u00e9tico y real de Cristo. El concilio es claramente consciente de la doble posici\u00f3n y apostolado de los laicos en la Iglesia y en el mundo (LG 36; AA 5-6; GS 43&#8230;). Lo que no est\u00e1 tan claro es qu\u00e9 se incluye en la expresi\u00f3n \u00abmisi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica\u00bb de LG 33. Pero en cierto sentido podemos considerar AA como un decreto a medio camino entre LG y GS. Se muestra en \u00e9l de manera especial la urgencia de transformar el orden temporal: \u00abHay que instaurar el orden temporal de tal forma que, salvando \u00ed\u00adntegramente sus propias leyes, se ajuste a los principios superiores de la vida cristiana y se mantenga adaptado a las variadas circunstancias de lugar, tiempo y naci\u00f3n\u00bb (AA 7). Y tambi\u00e9n: \u00abEl apostolado en el medio social, es decir, el af\u00e1n por llenar de esp\u00ed\u00adritu cristiano el pensamiento y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en que uno vive, es hasta tal punto deber y carga de los seglares, que nunca podr\u00e1 realizarse convenientemente por los dem\u00e1s\u00bb (AA 13). El apostolado de los laicos se ejerce en todos los aspectos de la vida; puede asumir muchas formas (AA 9-22; EN 70-74) y establecer multitud de relaciones con la jerarqu\u00ed\u00ada (AA 23-26). A medida que avanzaba el concilio se iba profundizando en la comprensi\u00f3n del ministerio (>Laicado y ministerio), aunque el nuevo C\u00f3digo  se mostrar\u00e1 m\u00e1s restrictivo. Pero es claro que la falta de una teolog\u00ed\u00ada coherente, que ponga en relaci\u00f3n la Iglesia, el reino y el mundo, ha hecho que queden en las declaraciones del concilio algunas cuestiones insuficientemente desarrolladas, especialmente la misma noci\u00f3n de lo \u00absecular\u00bb. En la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica possinodal Christifideles laici  (1988) encontramos posteriores aclaraciones: \u00abEl car\u00e1cter secular debe ser entendido a la luz del acto creador y redentor de Dios, que ha confiado el mundo a los hombres y a las mujeres, para que participen en la obra de la creaci\u00f3n, la liberen del influjo del pecado y se santifiquen en el matrimonio o en el celibato, en la familia, en la profesi\u00f3n y en las diversas actividades sociales. La condici\u00f3n eclesial  de los fieles laicos se encuentra radicalmente definida por su novedad cristiana y  caracterizada por su \u00ed\u00adndole secular\u00bb  (ChL 15; la cursiva pertenece al original).<\/p>\n<p>Los autores del C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico  hicieron repetidos esfuerzos por definir a los \u00ablaicos\u00bb, tratando de evitar una definici\u00f3n meramente negativa, como en el C\u00f3digo  de 1917. Al final no dieron ninguna definici\u00f3n del laicado, centr\u00e1ndose m\u00e1s bien en la noci\u00f3n de los fieles cristianos, algunos de los cuales son cl\u00e9rigos y otros laicos. El C\u00f3digo  toma la descripci\u00f3n de los laicos del texto antes citado de LG 31 y, modific\u00e1ndolo ligeramente, lo aplica a los fieles cristianos, es decir, a todo el pueblo de Dios, jerarqu\u00ed\u00ada y laicos (CIC 204; cf tambi\u00e9n 96). Aunque \u00ablaico\u00bb sigue siendo un t\u00e9rmino can\u00f3nico, parece que se prefiere centrar la atenci\u00f3n en los fieles cristianos (Christifideles).  Pero la idea clave de los oficios sacerdotal, prof\u00e9tico y real (CIC 204 \u00c2\u00a7 1) no se aplica convincentemente en las \u00faltimas partes del C\u00f3digo.  El C\u00f3digo  describe dos situaciones dentro del pueblo de Dios por instituci\u00f3n divina: la de los ministros sagrados y la de los otros fieles cristianos \u2014a los primeros el derecho los llama cl\u00e9rigos; a los segundos, laicos\u2014. El mismo C\u00f3digo  observa que los que se consagran a Dios de un modo especial y hacen profesi\u00f3n religiosa de un modo reconocido y sancionado por la Iglesia pueden ser tanto cl\u00e9rigos como laicos (CIC 207).<\/p>\n<p>[Como panorama sint\u00e9tico de toda la cuesti\u00f3n referente a la \u00absecularidad\u00bb del laico y su condici\u00f3n teol\u00f3gica se pueden presentar tres interpretaciones principales: la directamente teol\u00f3gica  basada en la tripartici\u00f3n de los fieles: cl\u00e9rigos, laicos y religiosos del CIC 225 \u00c2\u00a7 2; 1427\u00c2\u00a7 3; 711, y reflexionada teol\u00f3gicamente por E. Corecco y la Universidad de Navarra; la interpretaci\u00f3n sociol\u00f3gica,  basada en la bipartici\u00f3n de los fieles cristianos: cl\u00e9rigos y laicos del CIC 207 \u00c2\u00a7 1, defendida por la escuela de Munich (K. M\u00f3rsdorf, W. Aymans&#8230;), as\u00ed\u00ad como por destacados te\u00f3logos italianos como S. Dianich y B. Forte y finalmente, una postura intermedia en clave de misi\u00f3n,  que quiere seguir a Y. Congar, con el te\u00f3logo W. Kasper \u2014que habla del \u00abWeltdienst\u00bb (servicio al mundo)\u2014 y los canonistas J. Beyer y G. Ghirlanda.]<br \/>\nSe hace en el C\u00f3digo  una importante declaraci\u00f3n tomada de LG 32 y en la que, tras una gestaci\u00f3n larga y compleja, se afirma la igualdad radical de todos los fieles cristianos en virtud del bautismo: \u00abPor su regeneraci\u00f3n en Cristo, se da entre todos los fieles una verdadera igualdad en cuanto a la dignidad y acci\u00f3n, en virtud de la cual todos, seg\u00fan su propia condici\u00f3n y oficio, cooperan a la edificaci\u00f3n del cuerpo de Cristo\u00bb (CIC 208). Se trata de un aspecto de la vida social y teol\u00f3gica de la Iglesia que ni los laicos ni los pastores han asumido todav\u00ed\u00ada suficientemente. Los pastores son \u00abhermanos en Cristo\u00bb de los laicos (LG 37), y as\u00ed\u00ad, de hecho, los obispos y los sacerdotes se dirigen normalmente al pueblo con el apelativo de \u00abhermanos\u00bb. Pero por parte de los laicos no se ha desarrollado todav\u00ed\u00ada suficientemente el sentido de la hermandad con los pastores, a los que, seg\u00fan el mismo art\u00ed\u00adculo de la Lumen gentium,  deben respetar y obedecer.<\/p>\n<p>Otro aspecto muy importante del C\u00f3digo  de 1983 es que por primera vez en la historia del derecho can\u00f3nico se hace una lista bastante completa de los derechos y deberes de los distintos grupos dentro de la Iglesia. En relaci\u00f3n con los laicos est\u00e1n los derechos y deberes de los fieles cristianos, a saber, los cl\u00e9rigos y los laicos (CIC 208-223), y una serie complementaria de derechos y deberes de los fieles laicos (CIC 224-231). Puede decirse que estos c\u00e1nones, m\u00e1s que garantizar derechos, lo que hacen es reconocer los derechos y deberes derivados del hecho de ser cristiano\u00bb. Respecto de todos los fieles cristianos establece: la igualdad fundamental de todos, la llamada universal a la santidad y a la misi\u00f3n de la Iglesia (CIC 208-211); la obediencia a la jerarqu\u00ed\u00ada, con derecho a solicitar y expresar ante ella la propia opini\u00f3n (CIC 212); el derecho a los bienes espirituales de la Iglesia, a dar culto seg\u00fan el propio >rito y a tener una espiritualidad en conformidad con la doctrina de la Iglesia (CIC 213-214); el derecho de >asociaci\u00f3n y de reuni\u00f3n, a la educaci\u00f3n y a la libertad de investigaci\u00f3n y b\u00fasqueda en los estudios sagrados, con la debida deferencia al magisterio (CIC 215-218); los derechos personales: libertad para elegir el estado de vida, el buen nombre, la vida privada, la reivindicaci\u00f3n de los derechos, la realizaci\u00f3n de un proceso y la restricci\u00f3n de las penas can\u00f3nicas de modo que sean conformes a la ley (CIC 219-221); deberes sociales: sostenimiento de la Iglesia, promoci\u00f3n de la justicia, ayuda a los pobres, respeto al bien com\u00fan, limitaci\u00f3n de los derechos en raz\u00f3n del bien com\u00fan (CIC 222-223). Hay adem\u00e1s (CIC 224-231) siete obligaciones y derechos y seis capacidades particulares de los fieles laicos. Obligaciones y derechos: participar en la misi\u00f3n de la Iglesia, la vocaci\u00f3n de los casados, los deberes de los padres, la educaci\u00f3n cristiana, la educaci\u00f3n teol\u00f3gica superior, una retribuci\u00f3n adecuada cuando est\u00e1n empleados al servicio de la Iglesia. Capacidades: estudiar y obtener grados en teolog\u00ed\u00ada, as\u00ed\u00ad como ense\u00f1arla; ser ministros de distintos modos en la liturgia; ser consultores. Estas listas recogen derechos y deberes b\u00e1sicos; en otros lugares del C\u00f3digo  pueden encontrarse otros m\u00e1s particulares. Una omisi\u00f3n sorprendente es, sin embargo, el derecho y el deber de los laicos a ejercer sus >carismas en la Iglesia, punto este vigorosamente subrayado en el Vaticano II (AA 3; PO 9; cf LG 12), consider\u00e1ndose de hecho el discernimiento de los carismas como una tarea urgente en la Iglesia. Un punto d\u00e9bil en el ejercicio de estos importantes derechos es la ignorancia pr\u00e1ctica de las distintas formas de recurso de que disponen los miembros de la Iglesia que consideran que sus derechos han sido conculcados. Se afirma el derecho a la reivindicaci\u00f3n y defensa de los derechos (CIC 221), y hay estructuras especiales para ello, desconocidas sin embargo para la mayor parte de los miembros de la Iglesia: procedimiento judicial para la reivindicaci\u00f3n de derechos (CIC 1400-1670), procedimiento de recurso contra actos administrativos (CIC 1732-1739) y normas para la conciliaci\u00f3n y el arbitraje (CIC 1733)<br \/>\nAunque est\u00e1 claro que el C\u00f3digo  pretende que los laicos puedan desempe\u00f1ar oficios en la Iglesia que impliquen >jurisdicci\u00f3n, no est\u00e1 tan claro el que puedan ser depositarios de potestad (potestas).  Hay dos escuelas de pensamiento en torno a este \u00faltimo punto\u00bb: la llamada \u00abEscuela alemana\u00bb, que es negativa, y la \u00abEscuela romana\u00bb, que es positiva en relaci\u00f3n con la posibilidad de que los laicos tengan potestad eclesi\u00e1stica\u00bb; piedra de toque de cada una de estas escuelas es la interpretaci\u00f3n del CIC 274 \u00c2\u00a7 1 y 1421 \u00c2\u00a7 1. Es evidente que el C\u00f3digo  no quer\u00ed\u00ada decidir jur\u00ed\u00addicamente un punto que todav\u00ed\u00ada no est\u00e1 claro en eclesiolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Los que est\u00e1n interesados en el tema dif\u00ed\u00adcil y sensible del peligro de clericalizaci\u00f3n de los laicos parecen poder clasificarse en varios grupos: algunos desear\u00ed\u00adan poder mantener a los laicos apartados de los \u00e1mbitos considerados de dominio clerical; otros desear\u00ed\u00adan llamar la atenci\u00f3n de los laicos sobre la necesidad de inculturar el evangelio en el mundo; otros, en fin, tienen quiz\u00e1 empe\u00f1o en evitar que las mujeres piensen que pueden ser llamadas al ministerio ordenado. El problema de la clericalizaci\u00f3n puede plantearse f\u00e1cilmente cuando se considera que los laicos act\u00faan en nombre del clero, o bajo su estricta supervisi\u00f3n, y no en virtud de su mismo estado, resultante del bautismo y la confirmaci\u00f3n (cf ChL 23). Los laicos participan del oficio sacerdotal, prof\u00e9tico y real de Cristo, y s\u00f3lo ocasionalmente deber\u00ed\u00ada considerarse que participan o colaboran con la jerarqu\u00ed\u00ada en el ejercicio de esta triple funci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se han realizado enormes avances en la comprensi\u00f3n de la liturgia por parte de los laicos y en la participaci\u00f3n activa de los mismos en ella. La liturgia es primariamente una actividad de todo el pueblo de Dios, es decir, de todos los fieles, tanto laicos como cl\u00e9rigos, cada uno seg\u00fan su estado. La liturgia es la cumbre de la vida de la Iglesia, pero no agota la misi\u00f3n de la Iglesia (SC 9). Lo que determina el lugar jur\u00ed\u00addico de una persona en la Iglesia no es tanto la funci\u00f3n que desempe\u00f1a cuanto los sacramentos que ha recibido (bautismo, confirmaci\u00f3n, matrimonio, \u00f3rdenes) y su consagraci\u00f3n o no por medio de los consejos evang\u00e9licos. La enc\u00ed\u00adclica de P\u00ed\u00ado XII Mediator Dei,  as\u00ed\u00ad como el Vaticano II, prepararon el camino a las disposiciones can\u00f3nicas actuales en relaci\u00f3n con la participaci\u00f3n de los laicos en la liturgia: \u00abA los dem\u00e1s fieles les corresponde tambi\u00e9n una parte propia en la funci\u00f3n de santificar, participando activamente, seg\u00fan su modo propio, en las celebraciones lit\u00fargicas y especialmente en la eucarist\u00ed\u00ada&#8230;\u00bb (CIC 835 \u00c2\u00a7 4); \u00abLas acciones lit\u00fargicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la misma Iglesia (&#8230;). Las acciones lit\u00fargicas, en la medida en que su propia naturaleza postule una celebraci\u00f3n comunitaria y donde pueda hacerse as\u00ed\u00ad, se realizar\u00e1n con la asistencia y participaci\u00f3n activa de los fieles\u00bb (CIC 837). Los laicos pueden adem\u00e1s administrar 19 sacramentales o bendiciones (CIC 1168) en el Ritual romano revisado. [En 1997 ha aparecido una Instrucci\u00f3n sobre la colaboraci\u00f3n de los fieles laicos en el sagrado ministerio de los sacerdotes  firmada por ocho organismos de la Curia romana de tono m\u00e1s bien cr\u00ed\u00adtico respecto a las posibilidades de los laicos. As\u00ed\u00ad, se subraya el car\u00e1cter de \u00absuplencia\u00bb y de \u00abexcepcionalidad\u00bb de la colaboraci\u00f3n de los fieles con los sacerdotes y por esta raz\u00f3n no es extra\u00f1o que la reacci\u00f3n ante tal Instrucci\u00f3n haya sido particularmente negativa (>Ac\u00f3lito).]<br \/>\nUn avance importante en teolog\u00ed\u00ada es el n\u00famero creciente de laicos y de religiosos no ordenados que se dedican profesionalmente a la teolog\u00ed\u00ada. Este retorno a una antigua situaci\u00f3n no puede sino enriquecer a la Iglesia con nuevas perspectivas de la Escritura y la teolog\u00ed\u00ada y profundizar nuestro conocimiento de la misma Iglesia.<\/p>\n<p>Un aspecto de importancia cada vez mayor en relaci\u00f3n con los laicos es el ecumenismo. Este supone un desaf\u00ed\u00ado para la Iglesia cat\u00f3lica en dos sentidos: las otras Iglesias mirar\u00e1n sin duda el trato que esta da a los laicos antes de plantearse la reunificaci\u00f3n; la Iglesia cat\u00f3lica, aun manteniendo su estructura jer\u00e1rquica, puede aprender mucho del esp\u00ed\u00adritu, e incluso de la pr\u00e1ctica, de otras Iglesias en el papel que estas asignan a los laicos.<\/p>\n<p>Un \u00e1rea que reclama gran atenci\u00f3n es la de la espiritualidad de los laicos (AA 4; cf LG 11, 41; ChL 16-17) Gran parte, aunque ni mucho menos la totalidad, de los grandes escritores espirituales han sido cl\u00e9rigos o religiosos: la Iglesia necesita reflexionar sobre la espiritualidad de los laicos, de modo que todos los estados \u2014solter\u00ed\u00ada (temporal o permanente), matrimonio, viudedad\u2014 puedan encontrar su adecuada conformaci\u00f3n a Cristo y su propio camino de vida bajo la gu\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu Santo, sobre la base de los sacramentos del bautismo y la confirmaci\u00f3n. La llamada universal a la santidad de LG 5 supone para la Iglesia un desaf\u00ed\u00ado important\u00ed\u00adsimo.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, habr\u00ed\u00ada que notar los desarrollos en relaci\u00f3n con el laicado dentro del Vaticano II. El Vaticano II expres\u00f3 su deseo de que se creara un secretariado al servicio del apostolado de los laicos (AA 26). Pablo VI, por medio del motu proprio Catholicam Christi Ecclesiam,  de 1967, estableci\u00f3 ad experimentum  el Consejo para los laicos. Tras obtener su estructura formal en 1976 con Apostolatus peragendi,  el organismo se convirti\u00f3 en el Consejo pontificio para los laicos, siendo notablemente fortalecido. Se ha dicho que desde entonces se ha clericalizado y ha perdido flexibilidad en el servicio a los laicos.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>\u00ab\u00bfC\u00f3mo revelan nuestros gestos su valor cristiano?  a) Nuestros gestos \u2014cualesquiera que sean\u2014 son cristianos cuando acogen al Se\u00f1or de una manera personal y original. Cuando son un \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb al proyecto de Jes\u00fas sobre m\u00ed\u00ad, cuando le acogemos con todo el coraz\u00f3n, no s\u00f3lo externamente.  Es esta acogida la que da valor a cada gesto del hombre, por peque\u00f1o e insignificante que sea.  Acogida personal \u2014hecha por nosotros con lo que somos\u2014 y original \u2014por ser un poco imprevisible\u2014. Es aqu\u00ed\u00ad donde se capta la espiritualidad del gesto: es tan imprevisible como el Esp\u00ed\u00adritu, que sopla como quiere y no sabes de d\u00f3nde viene ni adonde va.  El cristiano que responde \u2014de manera personal y original\u2014 a las exigencias de Jes\u00fas en su existencia hist\u00f3rica, demuestra que est\u00e1 haciendo un camino espiritual, que es movido por el Esp\u00ed\u00adritu.    b)\tUna segunda caracter\u00ed\u00adstica de los gestos  cristianos es que son desinteresados y gratuitos,  son totales, son gestos en los que damos todo lo  que tenemos.  El laico cristiano es aquel que lo hace todo en serio. Puede que en ocasiones se equivoque, desde el punto de vista de la eficacia o de la relaci\u00f3n instrumentosresultados, pero se entrega de verdad, se ofrece; en una palabra, se la juega.  Es la forma oblativa del gesto lo que cuenta de verdad, no importa tanto el tipo de gesto. Podr\u00e1 ser el compromiso pol\u00ed\u00adtico, el estudio, la familia, el trabajo: lo que hace falta es que el cristiano se esfuerce seriamente en su existencia hist\u00f3rica.  c)\tNuestros gestos, si son cristianos, son pro  f\u00e9ticos.  El disc\u00ed\u00adpulo sencillo, que act\u00faa en la fe de la Iglesia, no siempre capta el valor profetice Pero es prof\u00e9tico cuando es evang\u00e9lico, cuando est\u00e1 en el esp\u00ed\u00adritu de las bienaventuranzas; y proclama la muerte y la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, lo hace presente, lo encuentra en las distintas situaciones.  \u00abQuien os acoge a vosotros, a m\u00ed\u00ad me acoge\u00bb, pero no sabe que me acoge a m\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997&#8243;<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>Parece imposible exponer aqu\u00ed\u00ad todos los aspectos que se discuten bajo este tema. Por eso, s\u00f3lo esbozaremos en una visi\u00f3n esquem\u00e1tica los cambios en la conciencia eclesi\u00e1stica, en cuanto son importantes para nuestro tema. En un segundo paso, intentamos una s\u00ed\u00adntesis de las declaraciones del concilio Vaticano II sobre los l. El que los l. ocupen en la Iglesia el puesto que les corresponde, no es tanto resultado de exhortaciones pastorales y de medidas de organizaci\u00f3n, cuanto fruto de la formaci\u00f3n de la conciencia interna de la Iglesia, conciencia que est\u00e1 decisivamente determinada por la manera como aqu\u00e9lla se entiende y realiza a s\u00ed\u00ad misma en el \u00e1mbito teol\u00f3gico.<\/p>\n<p>I. Visi\u00f3n hist\u00f3rica<br \/>\n1. El Nuevo Testamento habla de la Iglesia como una comunidad que est\u00e1 definida frente al mundo por una relaci\u00f3n especial con Dios creada por Jesucristo. Los miembros de esta comunidad, llamados kleto\u00ed\u00ad, qgioi, matheta\u00ed\u00ad, adelfoi, son escogidos del mundo por el llamamiento que les llega de Cristo y quedan configurados en un pueblo peculiar (cf. 1 Pe 1, 10). A este pueblo y a todos sus miembros se aplican los enunciados que en el AT designan la peculiaridad y santidad del culto y de sus ministros: sacerdocio santo, realeza sacerdotal, templo espiritual (cf. 1 Pe 2, 9s; 1 Cor 3, 16s; 2 Cor 6, 16s; Ef 2, 19-22; Heb 10, 21s). Pero la elecci\u00f3n no significa separaci\u00f3n, sino santificaci\u00f3n representativa y testimonio ante el mundo (cf. ->ap\u00f3stol, ->representaci\u00f3n). Dentro de este pueblo el NT conoce diferencias, en primer lugar a causa de los carismas (1 Cor 12, 7; 14, 26), y en segundo lugar a causa de la potestad y autoridad: ministros (1 Cor 4, 1; 2 Cor 3, 6; 6, 4), presidentes (Rom 12, 8; 1 Tes 5, 12; Heb 13, 7.17.24; Act 13, 1; 20, 28), pastores (Ef 4, 11), ancianos (Tit 1, 5), doctores (Act 13, 1; 1 Cor 12, 28). Se resalta el car\u00e1cter comunitario de estos dones y ministerios particulares (cf. 1 Cor 12; v\u00e9ase ->oficio y carisma, potestades de la ->Iglesia).<\/p>\n<p>2. La experiencia de la Iglesia primitiva como \u00abpeque\u00f1a grey\u00bb, e igualmente de las persecuciones cristianas y del martirio de algunos miembros, intensifica en la conciencia cristiana los factores de separaci\u00f3n y de solidaridad mutua. Paralelamente tiene lugar la diferenciaci\u00f3n de la jerarqu\u00ed\u00ada de esta comunidad como imagen del orden divino y como representaci\u00f3n de la autoridad de Dios y de Cristo. En la carta de Clemente (40, 6) se encuentra luego, hacia el a\u00f1o 95, por vez primera el concepto de Aatx\u00f3s para designar al simple creyente a diferencia del representante del ministerio. La traducci\u00f3n latina plebeius conduce luego &#8211; sobre todo en un contexto espiritual cambiado &#8211; bajo el influjo del uso profano del t\u00e9rmino al sentido de \u00abmasa no cualificada\u00bb (Congar).<\/p>\n<p>3. Para la posterior evoluci\u00f3n en la edad media es fundamental la confluencia gradual, condicionada por diversas circunstancias, de Iglesia y sociedad terrena. La tensi\u00f3n y el contraste entre Iglesia y mundo se desplazan al \u00e1mbito interno de la Iglesia: al hombre espiritual (p. ej., el monje) se contrapone el que se ocupa de las cosas de este mundo. El contraste no se entiende tanto hist\u00f3rica y escatol\u00f3gicamente, cuanto moralmente: al mundo del esp\u00ed\u00adritu se contrapone, poni\u00e9ndolo en peligro, el mundo de lo carnal. De ah\u00ed\u00ad se sigue que la verdadera condici\u00f3n cristiana se demuestra sobre todo en el desprendimiento del mundo. Sobre la Iglesia, \u00fanico elemento estable en el derrumbamiento producido por las invasiones, se carga a la vez una funci\u00f3n de orden en el \u00e1mbito pol\u00ed\u00adtico de los pueblos j\u00f3venes. La misi\u00f3n de la Iglesia y la acci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica se entremezclan de una manera peculiar y desconocida hasta entonces para la experiencia cristiana.<\/p>\n<p>Estas circunstancias originan en los ministros de la Iglesia una aproximaci\u00f3n a formas monacales de vida (p. ej., el celibato) y hacen de la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica una peculiar magnitud sociol\u00f3gica (vestido propio, tonsura con consecuencias de derecho civil). La ant\u00ed\u00adtesis espiritual-secular se introduce como elemento para distinguir la jerarqu\u00ed\u00ada frente al simple creyente.<\/p>\n<p>La cura de almas de la edad media consagra al l. una atenci\u00f3n particular. Le pone delante sus deberes de estado y trata de ofrecerle ayuda para realizar una existencia cristiana dentro del mundo, aunque se la ofrece siempre de acuerdo con un ideal cristiano del tipo mon\u00e1stico. El l. s\u00f3lo es \u00e1gios en un sentido metaf\u00f3rico; en el concepto de masa no cualificada entra un factor religioso. Laico en sentido plenamente positivo lo es el gobernante pol\u00ed\u00adtico, cuya formaci\u00f3n se toma muy en serio y cuya acci\u00f3n es estimada como aut\u00e9ntico servicio a la Iglesia (cf. su consagraci\u00f3n eclesi\u00e1stica). Son una imagen fiel de este dualismo dentro de la Iglesia las variaciones que se realizan en la liturgia al pasar de la antig\u00fcedad a la edad media. Al clero que act\u00faa se contrapone la comunidad oyente de los simples fieles, para cuyos ojos queda velado el misterio (lengua lit\u00fargica, canon pronunciado en voz baja, coro, retroceso en la frecuencia de la comuni\u00f3n).<\/p>\n<p>4. El humanismo, la reforma protestante, la organizaci\u00f3n de la sociedad pol\u00ed\u00adtica en la ->revoluci\u00f3n francesa, que puso fin a la edad media, la dilataci\u00f3n del horizonte en la \u00e9poca de los descubrimientos y la superaci\u00f3n de las fronteras del occidente cristiano trajeron la era de la emancipaci\u00f3n del mundo y la conciencia de su propio valor y de su autonom\u00ed\u00ada. Desde entonces el mundo se configura por raz\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo y se niega a ser \u00fanicamente material para que la Iglesia se represente a s\u00ed\u00ad misma. Por vez primera en su historia, la Iglesia se enfrenta con un mundo en el sentido pleno de la palabra, con un mundo consciente de s\u00ed\u00ad mismo e ilimitado, donde los cristianos vuelven a ser la \u00abpeque\u00f1a grey\u00bb. La Iglesia reacciona en este enfrentamiento primeramente con una redoblada actividad para afirmarse y defenderse a s\u00ed\u00ad misma. La pastoral del siglo xix, p. ej., est\u00e1 determinada por el intento de asegurar dentro de este mundo islotes de la antigua cristiandad. Las relaciones entre la Iglesia y el Estado son enfocadas bajo el \u00e1ngulo visual de la defensa del espacio en que la Iglesia pueda moverse libremente (concordatos). En este esfuerzo se reclama de buen grado la ayuda del l., que ahora es estimado como experto en el dominio de un mundo cada vez m\u00e1s complicado. Pero su servicio a la Iglesia es destacado todav\u00ed\u00ada frente al plano com\u00fan de los cristianos, de acuerdo con una conciencia todav\u00ed\u00ada medieval. Se encuentran soluciones de su relaci\u00f3n con la Iglesia que ostentan todos lossignos de la transici\u00f3n; p. ej.: el mandato episcopal, la uni\u00f3n de su forma profana de vida con ideas monacales, la acci\u00f3n cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>II. El concilio Vaticano II<br \/>\nEstas formas de transici\u00f3n eran, a la verdad, etapas necesarias en el camino evolutivo de una conciencia eclesi\u00e1stica que tom\u00f3 cada vez m\u00e1s en serio el mundo y su autonom\u00ed\u00ada y hab\u00ed\u00ada de tener sus consecuencias dentro del \u00e1mbito de la Iglesia. La tensi\u00f3n Iglesia-mundo recupera en un clima de pensamiento hist\u00f3rico su componente escatol\u00f3gica, y pierde a la vez su cualidad unilateralmente moral. La mentalidad de \u00abpropia defensa\u00bb cede el paso a la conciencia de misi\u00f3n de la Iglesia al mundo. Corre paralelo el desplazamiento de los focos de tensi\u00f3n mundo-Iglesia, pues el primero deja de hallarse en el interior de la Iglesia misma. Pierden consistencia las fronteras entre ministerio y fieles (clericalismo, anticlericalismo, que operan tambi\u00e9n dentro de la Iglesia). El estado laical cobra una conciencia hasta entonces desconocida de su peculiaridad en la vida eclesi\u00e1stica. El concilio Vaticano II se ha apropiado esta experiencia viva de la Iglesia, reconociendo en ella la acci\u00f3n innegable del Esp\u00ed\u00adritu Santo y d\u00e1ndole expresi\u00f3n magisterial. En el conjunto de su doctrina (y no s\u00f3lo en los p\u00e1rrafos que ata\u00f1en expresamente a los l.) ha proporcionado una multitud de elementos imprescindibles para el ulterior desenvolvimiento de una conciencia eclesi\u00e1stica que conceda a los l. el lugar que les corresponde.<\/p>\n<p>1. El cap\u00ed\u00adtulo segundo de la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia desarrolla &#8211; partiendo de 1 Pe 2, 9s &#8211; la doctrina de la unidad de todos los miembros de la Iglesia, unidad que se funda en el llamamiento com\u00fan a todos (voluntad salv\u00ed\u00adfica universal de Dios, en ->salvaci\u00f3n), en el bautismo y la confirmaci\u00f3n y en la participaci\u00f3n del triple oficio de Cristo. Estos puntos comunes anteceden a toda distinci\u00f3n, como lo indica ya el lugar de este cap\u00ed\u00adtulo en el conjunto de la constituci\u00f3n, lugar que le fue se\u00f1alado en el curso de los debates conciliares.<\/p>\n<p>Pero, evidentemente, este ->pueblo de Dios existe en la historia como comunidad jer\u00e1rquica. Al sacerdocio com\u00fan a todos los fieles (con alusi\u00f3n clara a la doctrina formulada en la reforma protestante sobre el sacerdocio universal, que oper\u00f3 siempre como contrapunto en la discusi\u00f3n cat\u00f3lica preconciliar) se contrapone el sacerdocio ministerial, que se distingue esencial y no s\u00f3lo gradualmente del primero, y debe su origen a la instituci\u00f3n divina (III n.0 28).<\/p>\n<p>Otro elemento de distinci\u00f3n son los dones particulares del esp\u00ed\u00adritu (carismas), esparcidos por la comunidad. Estos son signos de la vivificaci\u00f3n del pueblo de Dios por el \u00fanico Esp\u00ed\u00adritu y se distinguen en su concreta forma hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>El concilio resalta la id\u00e9ntica funci\u00f3n comunitaria de estos oficios y dones diversos, la cual sirve luego de base para la exhortaci\u00f3n a que los distintos ministerios se subordinen entre s\u00ed\u00ad (p. ej., II n\u00c2\u00b0 10, 17).<\/p>\n<p>2. El cap\u00ed\u00adtulo cuarto de la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia habla de la posici\u00f3n propia del l. en el conjunto de la Iglesia, y constituye la base del Decreto sobre el apostolado de los seglares. El l. no se distingue de la jerarqu\u00ed\u00ada y del estado religioso por una menor cuant\u00ed\u00ada en la participaci\u00f3n y realizaci\u00f3n de la existencia cristiana, sino por su posici\u00f3n en el mundo (cf. la descripci\u00f3n del concepto de \u00ablaico\u00bb en iv n\u00c2\u00b0 31, as\u00ed\u00ad como la acentuaci\u00f3n constantemente repetida del llamamiento y de la dignidad comunes a todos). Ahora bien, la vocaci\u00f3n cristiana siempre implica la obligaci\u00f3n de tomar parte en la misi\u00f3n salvadora de la Iglesia misma (rv n\u00c2\u00b0 33); \u00abel apostolado es deber y derecho com\u00fan a todos, cl\u00e9rigos y laicos\u00bb (Apostolado de los seglares, n.\u00c2\u00b0 3, 25). La vocaci\u00f3n al apostolado se da en el bautismo y la confirmaci\u00f3n, y no por un mandato especial de la jerarqu\u00ed\u00ada, que sacara al individuo de la masa de los dem\u00e1s (cf. la expresi\u00f3n ir\u00f3nica \u00abcat\u00f3lico de profesi\u00f3n\u00bb usada en Alemania, y la expresi\u00f3n \u00abcat\u00f3lico militante\u00bb usual en los pa\u00ed\u00adses latinos). Los textos conciliares para designar esa actividad seglar usan las palabras tradicionales \u00abapostolado de los l.\u00bb, pero d\u00e1ndoles una acepci\u00f3n tan alejada del sentido literal originario, que son menester minuciosas explicaciones para no caer en el peligro de restringir esta actividad a una \u00abcolaboraci\u00f3n espiritual\u00bb. De acuerdo con estos textos no hay que partir de un dualismo intraeclesi\u00e1stico sacerdote-creyente o de la ant\u00ed\u00adtesis espiritual-secular (a la Iglesia le conviene el car\u00e1cter secular en su conjunto (al l. no le conviene exclusivamente, sino s\u00f3lo de manera particular, iv n\u00c2\u00b0 33); m\u00e1s bien habr\u00ed\u00ada que poner en primer t\u00e9rmino la unidad de la cualidad cristiana com\u00fan a todos y de la misi\u00f3n a todos encomendada, y explicar luego en este marco la diferencia de los ministerios o servicios particulares.<\/p>\n<p>Partiendo de la visi\u00f3n de esta unidad y del hecho de que los distintos servicios &#8211; si quieren alcanzar el fin com\u00fan a todos &#8211; est\u00e1n referidos unos a otros (cf. la exhortaci\u00f3n a la modestia dirigida a los ministros, que deber\u00ed\u00adan saber \u00abque no han sido instituidos por Cristo para asumir por s\u00ed\u00ad solos toda la misi\u00f3n salvadora de la Iglesia en el mundo\u00bb, iv n.\u00c2\u00b0 30); partiendo de la uni\u00f3n viva con Cristo como condici\u00f3n de la fecundidad de la actividad de los l. (uni\u00f3n que los remite a los representantes de la palabra y de los sacramentos; Apostolado de los seglares I n.\u00c2\u00b0 4, vi n\u00c2\u00b0 28s), y de su apertura espiritual para el estado religioso en su testimonio de que \u00abel mundo no puede transformarse sin el esp\u00ed\u00adritu de las bienaventuranzas\u00bb (IV n\u00c2\u00b0 31); en un esp\u00ed\u00adritu de fraternidad (XV n\u00c2\u00b0 31) y de respeto de la competencia que incumbe al otro y de la libertad que de ah\u00ed\u00ad se deriva (cf. XV n\u00c2\u00b0 37 y el deber de obediencia de los l., que se delimita puntualmente en II n\u00c2\u00b0 25 y IV n\u00c2\u00b0 37), deber\u00ed\u00adan luego trazarse las distintas formas de organizaci\u00f3n en que se realiza la cooperaci\u00f3n del l. en la vida y misi\u00f3n de la Iglesia, formas a las que se refieren los textos conciliares en muchos pasajes (cf. Constituci\u00f3n sobre la Iglesia, IV n\u00c2\u00b0 33; Apostolado de los laicos, IV y v; Decreto sobre los obispos, I n.\u00c2\u00b0 10, II n\u00c2\u00b0 27; Decreto sobre la actividad misional, II n.\u00c2\u00b0 21). El concilio se abstiene de precisar detalladamente cu\u00e1les son tales formas, y ofrece as\u00ed\u00ad la oportunidad de soluciones flexibles, adaptadas a las eventuales circunstancias. Pero, en todo caso, esas soluciones no deben malograrse ni por pereza, ni por construcciones que se orientan sin esp\u00ed\u00adritu cr\u00ed\u00adtico por modelos y lemas pol\u00ed\u00adticos, y por tanto no responden suficientemente a la constituci\u00f3n propia de la Iglesia.<\/p>\n<p>La conciencia de la unidad del pueblo de Dios depender\u00e1 en gran parte del \u00e9xito en la reforma lit\u00fargica, que can su orientaci\u00f3n a una \u00abparticipaci\u00f3n plena, consciente y activa de todos los fieles\u00bb y con distintas medidas (sencillez e inteligibilidad de los ritos, empleo de la lengua materna, distribuci\u00f3n de las distintas funciones lit\u00fargicas) da impulsos para la evoluci\u00f3n, y a la vez ofrece un criterio para lo ya logrado o lo que a\u00fan est\u00e1 por alcanzar.<\/p>\n<p>3. Factor importante de la formaci\u00f3n de la conciencia eclesi\u00e1stica de los l. es adem\u00e1s la indicaci\u00f3n del fin de su misi\u00f3n peculiar. El concilio intenta dar esa indicaci\u00f3n en diversos pasajes, m\u00e1s describiendo que definiendo con precisi\u00f3n. Para entender rectamente estas descripciones (p. ej., \u00abpresencia eficaz de la Iglesia en el mundo\u00bb, \u00abtestimonio por la fe, esperanza y caridad\u00bb, bien por la propia palabra, bien por la predicaci\u00f3n de la palabra [evangelizaci\u00f3n]; \u00abordenaci\u00f3n de las cosas temporales\u00bb; \u00absantificaci\u00f3n del mundo\u00bb), hay que situarlas sobre el fondo de la relaci\u00f3n entre el orden creado y el de la redenci\u00f3n. La definici\u00f3n de la Iglesia, dada al principio de la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia, como \u00absacramento, es decir, signo e instrumento de la \u00ed\u00adntima uni\u00f3n con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb (i n.\u00c2\u00b0 1) &#8211; con lo cual se resalta el car\u00e1cter misional de la Iglesia -, se despliega en lo que sigue bajo una perspectiva hist\u00f3rico-escatol\u00f3gica (vil n\u00c2\u00b0 48) y c\u00f3smica (Constituci\u00f3n pastoral, rv n\u00c2\u00b0 45; cf. tambi\u00e9n m n\u00c2\u00b0 39).<\/p>\n<p>Esta recapitulaci\u00f3n encarnacionista del crear humano y de la historia profana en Cristo (en dependencia de Ef 1, 10) proh\u00ed\u00adbe todo dualismo que disocie ambos \u00f3rdenes, que yuxtaponga simplemente la Iglesia y el mundo (sin inter\u00e9s mutuo) y disgregue la reci\u00e9n ganada visi\u00f3n de la Iglesia en especialistas para lo natural (l.) y especialistas para lo sobrenatural (clero). Por el repudio impl\u00ed\u00adcito de una teolog\u00ed\u00ada ahist\u00f3rica de estratos sobrepuestos se ve claramente que la actividad antes mencionada del l. en el mundo debe entenderse como una magnitud teol\u00f3gica y salv\u00ed\u00adfica. La \u00abordenaci\u00f3n de las cosas temporales\u00bb y el \u00abtestimonio\u00bb (evangelizaci\u00f3n) no son dos actos separados, sino que deben ponerse al mismo tiempo en el \u00fanico y mismo esfuerzo humano. S\u00f3lo la renuncia al dualismo expuesto permite tambi\u00e9n que tenga efecto lo que el concilio dice sobre el sentido de la configuraci\u00f3n humana del mundo (Constituci\u00f3n pastoral, III n\u00c2\u00b0 35, IV n.\u00c2\u00b0 43).<\/p>\n<p>Mas como la unidad de ambos \u00f3rdenes se funda en el fin y en el designio salv\u00ed\u00adfico de Dios, pero no en un hecho que sea ya actual; como adem\u00e1s el pecado pone en riesgo la convergencia de la din\u00e1mica humana e hist\u00f3rica en Cristo (Constituci\u00f3n pastoral, III n.0 37, IV n.o 45); el concilio habla de la recta autonom\u00ed\u00ada de las realidades terrenas (Constituci\u00f3n pastoral, II n.\u00c2\u00b0 36). Efectivamente, la Iglesia y el mundo no coinciden sin m\u00e1s, sino que est\u00e1n en di\u00e1logo rec\u00ed\u00adproco (Constituci\u00f3n pastoral, LV n.\u00c2\u00b0 40) y se penetran mutuamente. Para el l. nace aqu\u00ed\u00ad la tarea particular de tomar en serio el mundo en su sentido propio y de trabajar juntamente con todos los otros hombres en su desarrollo (Constituci\u00f3n pastoral, III n\u00c2\u00b0 43). Sobre la conciencia del l. pesa la carga de sostener los conflictos que le plantea el hecho de ser ciudadano de la sociedad profana y simult\u00e1neamente de la eclesi\u00e1stica (Constituci\u00f3n sobre la Iglesia, IV n\u00c2\u00b0 36; Constituci\u00f3n pastoral, IV n.\u00c2\u00b0 43).<\/p>\n<p>El seglar puede pedir ayuda a sus pastores, pero no esperar de ellos soluciones concretas. Pues en realidad la Iglesia no est\u00e1 ligada a ning\u00fan sistema social terreno; de ah\u00ed\u00ad que se proh\u00ed\u00adba a s\u00ed\u00ad misma prescribir modelos concretos de orden pol\u00ed\u00adtico, econ\u00f3mico o social, o falsificar su misi\u00f3n extendi\u00e9ndola al dominio terreno (Constituci\u00f3n pastoral, iv n\u00c2\u00b0 43). Cuando los cristianos, al juzgar una situaci\u00f3n terrena concreta y la acci\u00f3n que se impone en ella, llegan a una soluci\u00f3n independiente &#8211; \u00abcomo sucede con frecuencia y, por cierto, leg\u00ed\u00adtimamente\u00bb (Constituci\u00f3n pastoral, IV n.\u00c2\u00b0 43) -, se les garantiza la libertad para hacerlo (Constituci\u00f3n sobre la Iglesia, IV n\u00c2\u00b0 37). Por eso, las expresiones empleadas por el concilio, tales como \u00abordenaci\u00f3n de las cosas temporales\u00bb y \u00absantificaci\u00f3n del mundo\u00bb, requieren una interpretaci\u00f3n, en la cual han de estar presentes tanto el conocimiento de la fuerza normativa de la revelaci\u00f3n como la inteligencia hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica de la mundanidad del mundo. Est\u00e1n vedadas interpretaciones como la de una \u00fanica \u00abpol\u00ed\u00adtica cristiana\u00bb o una \u00fanica \u00abordenaci\u00f3n social cristiana\u00bb, en el sentido que usualmente revisten esas frases.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: O. Procksch &#8211; K. G. K\u00fchn, &#038;yioc: ThW I 87-116 (espec. 107-112); H. v. Soden, &#038;8eap\u00f3S: ibid. 144 ss; H. Schlier, 18tw-rrj5: Th W III 215 ss ; K. L. Schmidt, xaa\u00e9w y simit.: ibid. III 488-539 (capee. 495ss); J. Herrmann &#8211; W. Foerster, xai7Po5 y simil.: ibid. 757-787; H. Strathmann &#8211; R. Meyer, aa6;: ThW IV 29-57 (espec. 49-57); K. H. Rengstorf, \u00c2\u00b5x9ri5: ibid. 417-465 (espec. 444-465). &#8211; P. Dabin, Le sacerdote royal des fid\u00e9les dans la tradition ancienne et moderne (Bru 1950); H. Keller &#8211; O. v. Nell-Breuning, Das Recht der L.n in der Kirche (Hei 1950); Probl\u00e9mes sociaux et mission (Le r81e des Laics dans les missions) (P &#8211; Bru 1953); Y. 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Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DicEc \u00c2\u00a0 En 1906 el papa san P\u00ed\u00ado X escribi\u00f3: \u00abS\u00f3lo en la jerarqu\u00ed\u00ada residen el poder y la autoridad necesarios para llevar y dirigir a todos los miembros de la sociedad a su fin. 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