{"id":14876,"date":"2016-02-05T09:45:27","date_gmt":"2016-02-05T14:45:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mision-teologia-de-la\/"},"modified":"2016-02-05T09:45:27","modified_gmt":"2016-02-05T14:45:27","slug":"mision-teologia-de-la","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mision-teologia-de-la\/","title":{"rendered":"MISION (TEOLOGIA DE LA)"},"content":{"rendered":"<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nLa misi\u00f3n de Jes\u00fas se prolonga en la de sus propios enviados, los Doce, que por esta raz\u00f3n se les da el nombre de >Ap\u00f3stoles. Han de predicar el Evangelio y curar (Lc 9,1s.), que es la misi\u00f3n personal de Jes\u00fas. Son los obreros enviados a la siembra por el Maestro (Mt 9,38; cf Jn 4,38); los servidores enviados por el rey para conducir a los invitados al banquete nupcial de su Hijo (Mt 22,3). Estos enviados tendr\u00e1n la misma suerte que El: \u00abQuien os escucha, a m\u00ed\u00ad me escucha, quien os reh\u00fasa, a m\u00ed\u00ad me reh\u00fasa y a quien me ha enviado\u00bb (Lc 10,16). \u00abQuien os recibe a m\u00ed\u00ad me recibe y recibe a Aquel que me ha enviado\u00bb (Jn 13,20). En efecto, la misi\u00f3n de los ap\u00f3stoles radica de forma estrecha en la de Jes\u00fas: \u00abComo el Padre me ha enviado, as\u00ed\u00ad os env\u00ed\u00ado yo a vosotros\u00bb (20,21). Esta expresi\u00f3n aclara el sentido profundo de la misi\u00f3n final de los Doce: \u00abId&#8230;\u00bb. Por esto anuncian el evangelio (Mc 16,15), hacen disc\u00ed\u00adpulos de todas las naciones (Mt 28,29) y llevan hasta el fin de la tierra su testimonio (He 1,8).<\/p>\n<p>Para realizar esta misi\u00f3n, los ap\u00f3stoles realizan esta tarea gracias a la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo, puesto que \u00abel Par\u00e1clito, el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que el Padre enviar\u00e1 en mi nombre os ense\u00f1ar\u00e1 todas las cosas\u00bb (Jn 14,26; cf 15,26; 16,7). En este contexto se sit\u00faa Pentecost\u00e9s como manifestaci\u00f3n inicial de esta misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu que durar\u00e1 todo el tiempo que permanezca la Iglesia (He 1,8). La misi\u00f3n es pues una tarea que incumbe a toda la Iglesia en virtud de su car\u00e1cter esencial, es decir, en tanto que es comunidad de salvaci\u00f3n de Cristo, y en virtud de su lugar en la historia de la salvaci\u00f3n, situada como est\u00e1 entre la ascensi\u00f3n y la parus\u00ed\u00ada final. De ah\u00ed\u00ad que su catolicidad sea una expresi\u00f3n de esta misi\u00f3n esencial y universal que le es propia. Por esta raz\u00f3n, toda situaci\u00f3n del mundo que aparezca como un desaf\u00ed\u00ado a su catolicidad se convierte por s\u00ed\u00ad misma en una llamada irresistible a la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>La misi\u00f3n de la Iglesia se ha realizado en la historia concreta, pero sin duda ha sido a partir del Vaticano II cuando la Iglesia ha tomado conciencia m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita de tal misi\u00f3n. De ah\u00ed\u00ad la novedad e importancia decisiva de la constituci\u00f3n Gaudium et spes  para una comprensi\u00f3n de la eclesiolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea, unida al Decreto Ad gentes (> Misi\u00f3n) y a los m\u00e1s importantes documentos posconciliares sobre este punt\u00f3: la Evangelii nuntiandi  (1975) (>Evangelizaci\u00f3n) y la Redemptoris missio  (1990).<\/p>\n<p>El S\u00ed\u00adnodo extraordinario sobre el Vaticano II de 1985 valor\u00f3 as\u00ed\u00ad la constituci\u00f3n Gaudium et spes:  \u00abLa Iglesia como comuni\u00f3n es sacramento para la salvaci\u00f3n del mundo. Por ello, los poderes en la Iglesia han sido conferidos por Cristo para la salvaci\u00f3n del mundo. En este contexto afirmamos la gran importancia y la gran actualidad de la constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes.  Pero, a la vez, advertimos que los signos de nuestro tiempo son parcialmente distintos de los que hab\u00ed\u00ada en tiempo del Concilio, habiendo crecido las angustias y ansiedades. Pues hoy crecen por todas partes el hambre, la opresi\u00f3n, la injusticia y la guerra, los tormentos y el terrorismo y otras formas de violencia de cualquier clase. Esto obliga a una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica nueva y m\u00e1s profunda, que interprete tales signos a la luz del Evangelio\u00bb (D 1).<\/p>\n<p>N\u00f3tese que el adjetivo \u00abpastoral\u00bb dado a la Gaudium et spes  para el Vaticano II no representa un minusvalorar su fuerza sino subrayar su funci\u00f3n de Constituci\u00f3n que quiere estar atenta al mundo en forma de di\u00e1logo y por esta raz\u00f3n representa una importante novedad para la teolog\u00ed\u00ada y la eclesiolog\u00ed\u00ada. En esta l\u00ed\u00adnea no es extra\u00f1o que se acent\u00fae la cuesti\u00f3n de los \u00bb signos de los tiempos\u00bb como referente para el di\u00e1logo atento a nuestro mundo. Es sabido que esta expresi\u00f3n, enraizada en los evangelios (Mt 16,4; Lc 12,54-56), fue usada por Juan XXIII para la convocatoria del Vaticano II (1961) y para la enc\u00ed\u00adclica Pacem in terris  (1963). Pablo VI la repiti\u00f3 en su enc\u00ed\u00adclica program\u00e1tica Ecclesiam suam  (1964).<\/p>\n<p>La Gaudium et  spes lo emplea en tres textos capitales, el primero de los cuales dice: \u00abPara alcanzar este fin (la misi\u00f3n de Jesucristo de servir y no ser servido), la Iglesia tiene el deber de escrutar en todas las \u00e9pocas los signos de los tiempos y de interpretarlos a la luz del Evangelio, de manera que puedan responder de una manera adaptada a cada generaci\u00f3n, a las cuestiones eternas de los hombres sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la relaci\u00f3n de una con la otra\u00bb (n 4, y 11.44; cf PO 9; UR 4; AA 14). A partir de estos usos la categor\u00ed\u00ada \u00absignos de los tiempos\u00bb ha entrado de lleno en la teolog\u00ed\u00ada y la eclesiolog\u00ed\u00ada por raz\u00f3n de la viva conciencia que tiene la Iglesia de que existe y realiza la misi\u00f3n de Jesucristo dentro de un proceso hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>El importante decreto conciliar Ad gentes  empieza con una definici\u00f3n emblem\u00e1tica: \u00abLa iglesia peregrinante es, por su naturaleza, misionera\u00bb (n 2). La verdadera actividad misionera pues, incluye todo lo que la Iglesia debe realizar por mandato del Se\u00f1or, como continuadora de su misi\u00f3n y de su Esp\u00ed\u00adritu. La AG adem\u00e1s precisa: \u00abLa misi\u00f3n de la Iglesia se cumple por la operaci\u00f3n con la que, obediente al mandato de Cristo y movida porla gracia y la caridad del Esp\u00ed\u00adritu Santo, se hace presente en acto pleno a todos los hombres o pueblos, para llevarlos con el ejemplo de su vida y la predicaci\u00f3n, con los sacramentos y los dem\u00e1s medios de gracia a participar plenamente en el misterio de Cristo\u00bb (n 5). Cristo es, pues, la clave de explicaci\u00f3n de la misi\u00f3n, y entre los medios de esta no s\u00f3lo se piensa en la \u00abevangelizaci\u00f3n\u00bb como primer anuncio, sino en el testimonio, la predicaci\u00f3n, los sacramentos y dem\u00e1s medios de gracia. Es una descripci\u00f3n totalmente teol\u00f3gico-cristol\u00f3gica de la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>El decreto Ad gentes,  adem\u00e1s, parte de una clara eclesiolog\u00ed\u00ada de la comuni\u00f3n, hasta tal punto que la famosa expresi\u00f3n \u00ab>communio ecclesiarum\u00bb es usada por primera y \u00fanica vez en el Vaticano II precisamente en este Decreto (n 38), aunque su locus theologicus  m\u00e1s caracter\u00ed\u00adstico se encuentre en el binomio Ecclesia in et ex ecclesiis  de LG 23. Por esto, en el cap\u00ed\u00adtulo III de AG se subraya que cuando una Iglesia local est\u00e1 ya \u00abplantada\u00bb, no termina su misi\u00f3n, ya que \u00abla Iglesia particular est\u00e1 obligada a representar del modo m\u00e1s perfecto posible a la Iglesia universal; debe reconocer que tambi\u00e9n ella ha sido enviada\u00bb. M\u00e1s a\u00fan, se afirma que \u00abes muy conveniente que las Iglesias j\u00f3venes participen cuanto antes activamente en la misi\u00f3n universal de la Iglesia, enviando tambi\u00e9n ellas misioneros que anuncien el evangelio por toda la tierra\u00bb (n 20).<\/p>\n<p>Esta eclesiolog\u00ed\u00ada de comuni\u00f3n abre nuevos horizontes a la misi\u00f3n, ya que los valores de las Iglesias locales \u00abpueden servir para fomentar ese sentido de comuni\u00f3n con la Iglesia universal\u00bb, puesto que debe \u00abmantenerse la \u00ed\u00adntima comuni\u00f3n de las Iglesias j\u00f3venes con toda la Iglesia\u00bb (n 19). As\u00ed\u00ad pues, la categor\u00ed\u00ada communio ecclesiarum  coloca a todas las iglesias \u2014aun a las j\u00f3venes (AG 16.18.21.22)\u2014en un mismo nivel, teniendo en cuenta la comuni\u00f3n con el centro de unidad que es la Iglesia de Roma: \u00abLas nuevas Iglesias particulares, adornadas con sus tradiciones, tendr\u00e1n su lugar en la comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica, permaneciendo \u00ed\u00adntegro el primado de la c\u00e1tedra de Pedro, que preside toda la asamblea de la caridad\u00bb (n 22).<\/p>\n<p>El fin de la misi\u00f3n de la Iglesia viene bien sintetizado en uno de los textos m\u00e1s profundos de AG, donde aparece la dimensi\u00f3n cristoc\u00e9ntrica, eclesiol\u00f3gica y escatol\u00f3gica: \u00abLa actividad misionera es, en \u00faltima instancia, la manifestaci\u00f3n del prop\u00f3sito de Dios o epifan\u00ed\u00ada y su realizaci\u00f3n en el mundo y en la historia, en la que Dios, por medio de la misi\u00f3n, perfecciona abiertamente la historia de la salvaci\u00f3n\u00bb (n 9). De ah\u00ed\u00ad deriva claramente la necesidad de la Iglesia para la salvaci\u00f3n y su funci\u00f3n en la historia de la salvaci\u00f3n, puesto que \u00abaunque Dios, por los caminos que \u00e9l sabe, puede traer a la fe, sin la cual es imposible complacerle, a los hombres que sin culpa propia desconocen el evangelio, incumbe, sin embargo, a la Iglesia la necesidad, a la vez que el derecho Sagrado, de evangelizar, y en consecuencia, la actividad misionera conserva \u00ed\u00adntegra, hoy como siempre, su fuerza y su necesidad\u00bb (n 7).<\/p>\n<p>La exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Evangelii nuntiandi  de Pablo VI es quiz\u00e1 la que ha tenido mayor repercusi\u00f3n en la Iglesia posconciliar. En efecto, sus aportes m\u00e1s significativos son claros:el nuevo concepto de evangelizaci\u00f3n, la relaci\u00f3n entre evangelizaci\u00f3n y promoci\u00f3n o liberaci\u00f3n humana, el tema de la Iglesia local\/particular, la uni\u00f3n entre Esp\u00ed\u00adritu y evangelizaci\u00f3n&#8230; As\u00ed\u00ad, presenta una visi\u00f3n integral de la evangelizaci\u00f3n como un proceso global y siguiendo la reflexi\u00f3n posconciliar ve misi\u00f3n y evangelizaci\u00f3n como sin\u00f3nimos. He aqu\u00ed\u00ad una afirmaci\u00f3n central: \u00abDe ah\u00ed\u00ad que se haya podido definir la evangelizaci\u00f3n en t\u00e9rminos de anuncio de Cristo a aquellos que lo ignoran, de predicaci\u00f3n, de catequesis, de bautismo y de administraci\u00f3n de otros sacramentos. Ninguna definici\u00f3n parcial y fragmentaria refleja la realidad rica, compleja y din\u00e1mica que comporta la evangelizaci\u00f3n, si no es con riesgo de empobrecerla e incluso mutilarla. Resulta imposible comprenderla si no se trata de abarcar de golpe todos sus elementos esenciales\u00bb (EN 17).<\/p>\n<p>En los n\u00fameros 20ss. de la EN se describe el doble momento de la evangelizaci\u00f3n: \u00abesencial, y en general el primero, es el testimonio\u00bb y \u00abel anuncio claro e inequ\u00ed\u00advoco del Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb, ya que \u00abla buena nueva proclamada por el testimonio de la vida deber\u00e1 ser, pues, tarde o temprano, proclamada por la palabra de la vida. No hay evangelizaci\u00f3n verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida y las promesas, el reino, el misterio de Jes\u00fas de Nazaret, Hijo de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Sobre la misi\u00f3n evangelizadora en la encrucijada de la historia, la EN en el cap\u00ed\u00adtulo III examina detenidamente tal cuesti\u00f3n con una claridad quiz\u00e1 a\u00fan no superada por ning\u00fan documento posterior. As\u00ed\u00ad, se reconoce que el mensaje que lleva la evangelizaci\u00f3n afecta a toda la vida (n 29), es un mensaje de liberaci\u00f3n (n 30), ya que \u00abentre evangelizaci\u00f3n y promoci\u00f3n humana \u2014desarrollo, liberaci\u00f3n\u2014existen efectivamente lazos muy fuertes. V\u00ed\u00adnculos de orden antropol\u00f3gico, lazos de orden teol\u00f3gico y v\u00ed\u00adnculos de orden eminentemente evang\u00e9lico como el de la caridad\u00bb (n 30). La Iglesia aunque \u00abrechaza la sustituci\u00f3n del anuncio del reino por la proclamaci\u00f3n de liberaciones humanas\u00bb (n 34), \u00abasocia\u00bb liberaci\u00f3n humana y salvaci\u00f3n en Jesucristo, aunque no la identifica, (cf n 35), y \u00abse esfuerza por inserir siempre esta lucha cristiana por la liberaci\u00f3n en el designio global de salvaci\u00f3n que ella misma anuncia\u00bb (n 38) (>Teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n).<\/p>\n<p>Con ocasi\u00f3n del vig\u00e9simo quinto aniversario del decreto conciliar Ad gentes  Juan Pablo II public\u00f3 la enc\u00ed\u00adclica Redemptoris missio.  El centro de este documento es el relanzamiento de la \u00abmisi\u00f3n ad gentes\u00bb  (n 3). En efecto, dificultades externas e internas han debilitado el impulso misionero de la Iglesia hacia los no cristianos y por esto entre las finalidades de la enc\u00ed\u00adclica una es \u00abdisipar dudas y ambig\u00fcedades sobre la misi\u00f3n ad gentes\u00bb  (n 2). Todo el cap\u00ed\u00adtulo IV de la RMi tiene como subt\u00ed\u00adtulo: \u00abLa misi\u00f3n ad gentes  conserva su valor\u00bb. De hecho, afirmar que toda la Iglesia es misionera no excluye la especificidad de la misi\u00f3n ad gentes;  al igual que decir que todos los cat\u00f3licos deben ser misioneros, no excluye que haya \u00abmisioneros ad gentes y  de por vida, por vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica\u00bb (n 32). Dentro de la misi\u00f3n \u00fanica de la Iglesia la RMi describe tres tipolog\u00ed\u00adas: la primera se refiere a las comunidades cristianas formadas s\u00f3lidamente y que viven con fervor: en ellas se desarrolla la actividad \u00abpastoral\u00bb que es la forma concreta de realizar la misi\u00f3n de la Iglesia; la segunda, en pa\u00ed\u00adses de antigua cristiandad o en iglesias j\u00f3venes, donde se ha perdido el sentido de la fe y las exigencias del Evangelio: en este caso es necesaria una \u00abnueva evangelizaci\u00f3n\u00bb; en tercer lugar, la \u00abactividad propiamente misionera\u00bb se dirige a pueblos y grupos humanos donde Cristo y su evangelio no son conocidos o donde faltan comunidades suficientemente maduras como para poder encarnar la fe y anunciarla a otros: \u00abEsta es propiamente la misi\u00f3n ad gentes\u00bb  (n 33), y tiene como peculiaridad que se dirige a los no cristianos, ya que la Iglesia \u00abha sido enviada a todos los pueblos\u00bb (n 34).<\/p>\n<p>La enc\u00ed\u00adclica adem\u00e1s subraya la identificaci\u00f3n de Jes\u00fas con el reino de Dios, que \u00abno puede ser separado de Jes\u00fas ni de la Iglesia\u00bb, ya que no es un concepto sujeto a libre elaboraci\u00f3n, sino que ante todo es una persona que tiene el rostro y el nombre de Jes\u00fas de Nazaret (cf n 18). A su vez, se recuerda la profunda unidad entre Jesucristo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, ya que \u00abtodo lo que el Esp\u00ed\u00adritu obra en los hombres y en la historia de los pueblos, as\u00ed\u00ad como en las culturas y religiones tiene un papel de preparaci\u00f3n evang\u00e9lica, y no puede menos de referirse a Cristo, Verbo encarnado por obra del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (n 29). Por esto, recuerda que, \u00abaun cuando no se excluyan mediaciones (salv\u00ed\u00adficas) parciales de cualquier tipo y orden, estas sin embargo cobran significado y valor \u00fanicamente por la mediaci\u00f3n de Cristo y no pueden ser entendidas como paralelas y complementarias\u00bb (n 5). En esta l\u00ed\u00adnea eclesiol\u00f3gica se comprende la afirmaci\u00f3n no s\u00f3lo sobre el deber que tiene la Iglesia de hacer todo lo posible para desarrollar su misi\u00f3n en el mundo, sino tambi\u00e9n del derecho que le asiste, dado por Dios para realizar su plan (cf n 39).<\/p>\n<p>1) El eje cristol\u00f3gico:  la teolog\u00ed\u00ada de la cruz y del misterio pascual: el texto sinodal interpreta la teolog\u00ed\u00ada de la cruz en clave de misterio pascual puesto que \u00aben esta perspectiva pascual, se afirma la unidad de la cruz y de la resurrecci\u00f3n. No se trata pues de pesimismo, sino de realismo de la esperanza cristiana\u00bb, ya que \u00abla Iglesia y los cristianos no pueden \u00abafincarse\u00bb en el triduo pascual: su puesto no est\u00e1 ni delante ni detr\u00e1s de la cruz. Su puesto est\u00e1 en ambos lados: mirando de un sitio al otro, pero sin afincarse en ninguno de los dos\u00bb (H. Urs von Balthasar). Esta teolog\u00ed\u00ada de la cruz resit\u00faa la teolog\u00ed\u00ada de la creaci\u00f3n y de la encarnaci\u00f3n, los ejes m\u00e1s tradicionales para hablar de la misi\u00f3n en el mundo a veces vistos de forma demasiado \u00ablineal\u00bb, y le da una perspectiva m\u00e1s \u00abdram\u00e1tica\u00bb a imagen del misterio pascual.<br \/>\n2) El eje antropol\u00f3gico:  la atenci\u00f3n al hombre, a su historia, a su cultura, conllevan en formulaci\u00f3n del S\u00ed\u00adnodo un constante aggiornamento y  una necesidad de \u00abinculturaci\u00f3n\u00bb que tenga presentes los valores verdaderamente humanos, especialmente la dignidad de la persona humana, la paz, la libertad de las opresiones, de la miseria y de la injusticia. De ah\u00ed\u00ad la necesidad de evangelizar la cultura misma o las mismas culturas a partir de la Buena Nueva. Para realizar estaarticulaci\u00f3n el texto sinodal hace referencia a la perspectiva cl\u00e1sica de la gracia como purificadora (la gratia sanans  de la cual hablaba san Agust\u00ed\u00adn) y como elevadora (la gratia elevans  de los escol\u00e1sticos del siglo XIII), ya que \u00abla salvaci\u00f3n integral s\u00f3lo se obtiene si estas realidades humanas son purificadas y ulteriormente son elevadas \u00e1 la familiaridad con Dios por Jesucristo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (D 3).<br \/>\n3) El eje dialogal:  el di\u00e1logo con las religiones no cristianas y los no creyentes es otro de los ejes de la misi\u00f3n de la Iglesia hoy. Este di\u00e1logo parte por un lado de la conciencia de que \u00abDios en su Providencia tampoco niega la ayuda necesaria a los que, sin culpa, todav\u00ed\u00ada no han llegado a conocer claramente a Dios pero se esfuerzan con su gracia en vivir con honradez\u00bb (LG 16). Pero, por otro lado \u00abno hay que oponer el di\u00e1logo a la misi\u00f3n. El aut\u00e9ntico di\u00e1logo tiende a que la persona humana abra y comunique su intimidad al interlocutor. Ulteriormente todos los cristianos han recibido de Cristo la misi\u00f3n de hacer a todas las gentes disc\u00ed\u00adpulos del mismo Cristo (cf Mt 28,18). En este sentido, Dios puede usar el di\u00e1logo entre los cristianos y los no cristianos y los no creyentes como camino para comunicar la plenitud de la gracia\u00bb (D 5).<br \/>\n4) El eje diaconal:  \u00abDespu\u00e9s del Vaticano II, la Iglesia se ha hecho m\u00e1s consciente de su misi\u00f3n al servicio de los pobres, los oprimidos y los marginados. En esta opci\u00f3n preferencial, que no debe entenderse como exclusiva, brilla el verdadero esp\u00ed\u00adritu del Evangelio. Jesucristo declar\u00f3 bienaventurados a los pobres (cf Mt 5,3; Lc 6,20), y El mismo quiso ser pobre por nosotros (1Cor 8,9)\u00bb (D 7a). Esta formulaci\u00f3n que proviene de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Puebla de 1979 (CELAM), se ha convertido en paradigm\u00e1tica y ha sido retomada articuladamente por Juan Pablo II, especialmente en la enc\u00ed\u00adclica Sollicitudo rei socialis  de 1987 (nn 42ss).<\/p>\n<p>El texto sinodal concluye este punto con una afinada formulaci\u00f3n sobre la relaci\u00f3n entre misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica y promoci\u00f3n humana. En efecto, \u00abla misi\u00f3n de la Iglesia no se reduce a un monismo, de cualquier modo que este se entienda. En esta misi\u00f3n ciertamente se da una distinci\u00f3n entre los aspectos materiales y los de la gracia, pero, de ninguna manera, una separaci\u00f3n. Esta dualidad no es dualismo. Las falsas e in\u00fatiles oposiciones, como por ejemplo, entre la misi\u00f3n espiritual y la diacon\u00ed\u00ada a favor del mundo, deben ser apartadas y superadas\u00bb (D 6). Estas observaciones finales tienen como punto de referencia de nuevo el eje cristol\u00f3gico, aun sin citarlo expl\u00ed\u00adcitamente, puesto que el lenguaje utilizado recuerda claramente el del concilio de Calcedonia al hablar de las dos naturalezas de Jesucristo, unidas en una sola persona \u00absin confusi\u00f3n ni separaci\u00f3n\u00bb (inconfuse et indivise).  De esta forma el eje diaconal posibilita la recuperaci\u00f3n del primado de Cristo sobre el Cosmos y a su vez sit\u00faa en su lugar m\u00e1s propio a la Iglesia entendida como sacramento de la comuni\u00f3n con Dios y con los hombres para su misi\u00f3n universal de la salvaci\u00f3n del mundo y de la historia (cf LG 1.9.48.59; SC 5.26; GS 42.45; AG 1.5).<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DicEc \u00c2\u00a0 La misi\u00f3n de Jes\u00fas se prolonga en la de sus propios enviados, los Doce, que por esta raz\u00f3n se les da el nombre de >Ap\u00f3stoles. Han de predicar el Evangelio y curar (Lc 9,1s.), que es la misi\u00f3n personal de Jes\u00fas. Son los obreros enviados a la siembra por el Maestro (Mt 9,38; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mision-teologia-de-la\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMISION (TEOLOGIA DE LA)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-14876","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14876","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14876"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14876\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14876"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14876"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14876"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}