{"id":14899,"date":"2016-02-05T09:46:15","date_gmt":"2016-02-05T14:46:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/padres-apostolicos\/"},"modified":"2016-02-05T09:46:15","modified_gmt":"2016-02-05T14:46:15","slug":"padres-apostolicos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/padres-apostolicos\/","title":{"rendered":"PADRES APOSTOLICOS"},"content":{"rendered":"<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nDesde el siglo XVII se ha usado el t\u00e9rmino \u00abpadres apost\u00f3licos\u00bb para designar a cierto n\u00famero de escritores de los siglos I y II. Se consideraba que hab\u00ed\u00adan estado en contacto con los ap\u00f3stoles o con quienes hab\u00ed\u00adan conocido a los ap\u00f3stoles. Entre los escritos de los padres apost\u00f3licos se cuentan la >Didach\u00e9,  las cartas de >Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada, la de >Bernab\u00e9, la de >Clemente Romano a los corintios y la segunda carta del >Pseudoclemente a los corintios, >Hermas, la carta de >Policarpo de Esmirna y los fragmentos de Pap\u00ed\u00adas. Aunque pudiera haber sido escrita m\u00e1s tarde, la ep\u00ed\u00adstola a >Diogneto a veces tambi\u00e9n se la incluye. La mayor\u00ed\u00ada de estos autores son mencionados en la Historia de la Iglesia  de Eusebio, si bien sus escritos en algunos casos estuvieron perdidos durante siglos.<\/p>\n<p>Algunas de estas obras fueron compuestas incluso antes de que se escribieran los \u00faltimos libros del Nuevo Testamento. A pesar de las notables diferencias en la forma, el lenguaje y la intenci\u00f3n, hay ciertos temas comunes en todos estos escritos tempranos: los dos caminos de la luz y las tinieblas, el gnosticismo, la cristolog\u00ed\u00ada y, especialmente, la refutaci\u00f3n del docetismo, las relaciones con el juda\u00ed\u00adsmo y con el mundo secular, las instituciones y carismas, las normas morales y la vida cristiana, el martirio, la autoridad en la Iglesia. En algunos casos aparece ya la ordenaci\u00f3n eclesial en torno a un obispo, los presb\u00ed\u00adteros y los di\u00e1conos; en otros casos todav\u00ed\u00ada no se ha producido plenamente este desarrollo. Algunas de ellas representan tendencias claras de >protocatolicismo. Varias son consideradas como parte de las Escrituras (>Recepci\u00f3n) en determinadas Iglesias durante los primeros siglos. Hasta el siglo XIX fueron con frecuencia menospreciadas por dos razones completamente distintas: por un lado, muchos autores protestantes estaban interesados s\u00f3lo en la Escritura y consideraban estos textos como una corrupci\u00f3n de la misma o, cuando menos, irrelevantes; por otro lado, muchos estudiosos cat\u00f3licos se sent\u00ed\u00adan desanimados ante el hecho de que no se mostrara en ellos la teolog\u00ed\u00ada m\u00e1s desarrollada de posteriores concilios. En la actualidad estos textos son considerados como lo que son: importantes testimonios acerca de la Iglesia del per\u00ed\u00adodo comprendido entre el 70 y el 170 d.C. aproximadamente.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>Ver Clemente de Roma; Didaj\u00e9; Ep\u00ed\u00adstola de Bernab\u00e9; Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada; Pap\u00ed\u00adas de Hier\u00e1polis; Pastor de Hermas; Policarpo de Esmirna.<\/p>\n<p>VIDAL MANZANARES, C\u00e9sar, Diccionario de Patr\u00ed\u00adstica, Verbo Divino, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Patr\u00edstica<\/b><\/p>\n<p>A la primitiva literatura cristiana pertenecen los textos \u00abapost\u00f3licos\u00bb (can\u00f3nicos), los de orientaci\u00f3n gn\u00f3stica, otros de matriz judeocristiana y una serie de escritos que, a partir del siglo XVIII, han tomado el nombre de \u00abPadres apost\u00f3licos\u00bb debido a su cercan\u00ed\u00ada con la edad apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>Y ale la pena destacar que los textos mencionados, sea cual fuere su clasificaci\u00f3n (apost\u00f3licos, subapost\u00f3licos, gn\u00f3sticos y ebionitas), surgieron unos al lado de los otros, dentro de las mismas comunidades y a veces incluso en el mismo per\u00ed\u00adodo cronol\u00f3gico. Limitamos aqu\u00ed\u00ad nuestra exposici\u00f3n a los \u00abPadres apost\u00f3licos\u00bb, o sea: la Primera carta de Clemente (alrededor del 96 d.C,), las siete Cartas de Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada (por el 115-120), la Carta a la comunidad de Filipos, de Policarpo de Esmirna, la Carta de la Iglesia de Esmirna, que contiene el relato del martirio de Policarpo, la llamada Carta de Bernab\u00e9 (probablemente posterior al 130), el llamado Pastor de Hermas (escrito en Roma alrededor del 140), la llamada Segunda Carta de Clemente (de hecho, una homil\u00ed\u00ada de lugar y fecha inciertos), la Doctrina de los doce ap\u00f3stoles o Didaj\u00e9 (finales del siglo 1), algunos fragmentos de Pap\u00ed\u00adas y de Cuadrato (primera mitad del siglo II), el Discurso a Diogneto (primeros a\u00f1os despu\u00e9s de la mitad del siglo II).<\/p>\n<p>Observando de cerca esta obras se capta la heterogeneidad de temas, de ambiente, as\u00ed\u00ad como la diversa formaci\u00f3n y capacidad de los respectivos autores. En estos textos est\u00e1 en cuesti\u00f3n la afirmaci\u00f3n del ministerio eclesial, la problem\u00e1tica .inherente a los herejes, al orden de la Iglesia, a la ascesis y el martirio, al valor de la Biblia, a la introducci\u00f3n de la segunda penitencia, etc. En una palabra, temas fundamentales para la evoluci\u00f3n posterior del cristianismo.<\/p>\n<p>La estructura espiritual del cristianismo posapost\u00f3lico que conservan estos escritos es generalmente una s\u00ed\u00adntesis entre la tradici\u00f3n judeo-helenista del anuncio cristiano. Los textos de los Padres apost\u00f3licos nos sit\u00faan entonces en un ambiente judeocristiano, con las dificultades que sent\u00ed\u00ada por romper sus lazos que le un\u00ed\u00adan al seno maternal, Hay que advertir previamente que la influencia del mensaje cristiano sobre el mundo antiguo no habr\u00ed\u00ada tenido 1ugar si la fe jud\u00ed\u00ada no hubiera puesto las premisas para ello.<\/p>\n<p>El testimonio m\u00e1s importante de este acercamiento anterior del juda\u00ed\u00adsmo al mundo helenista es, literariamente, la traducci\u00f3n griega del Antiguo Testamento, conocida como los Setenta (siglo 11 a.C.). Esta traducci\u00f3n de los escritos jud\u00ed\u00ados al griego revisti\u00f3 un enorme valor desde el momento en que su conocimiento -que antes era un privilegio reservado a unos pocos doctores de la ley jud\u00ed\u00ados- pas\u00f3 a ser patrimonio de c\u00ed\u00adrculos de laicos judeo-helenistas, es decir, de aquel grupo de personas del que nacer\u00ed\u00ada m\u00e1s tarde la tradici\u00f3n y la teolog\u00ed\u00ada judeocristiana.<\/p>\n<p>La traducci\u00f3n de los Setenta cambi\u00f3, adem\u00e1s, el esp\u00ed\u00adritu mismo de la Biblia jud\u00ed\u00ada, que tuvo que asumir ropajes griegos y tomar tambi\u00e9n concepciones helenizantes de contenido. Es verdad que la religi\u00f3n jud\u00ed\u00ada no perdi\u00f3 con ello su propia identidad, pero sufri\u00f3 una notable transformaci\u00f3n abri\u00e9ndose a categor\u00ed\u00adas universales y ampliando sus relaciones originales entre Dios y su pueblo a unas relaciones entre D-ios y la humanidad.<\/p>\n<p>No es un error afirmar que el juda\u00ed\u00adsmo helenista actu\u00f3 de precursor del joven movimiento cristiano que, siguiendo la pauta trazada por aqu\u00e9l, mantuvo su propia identidad sin transformarse en una religi\u00f3n mundial sincretista. Pero, evidentemente, el cristianismo subapost\u00f3lico conserv\u00f3 la huella del ambiente jud\u00ed\u00ado de la di\u00e1spora, aun cuando en algunos autores, como Ignacio y en la Carta del PseudoBemab\u00e9, aparece una clara tendencia antijud\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Respecto a los temas centrales del Nuevo Testamento, podemos observar en los escritos de los Padres apost\u00f3licos algunas variantes; efectivamente, aqu\u00ed\u00ad -a diferencia del Nuevo Testamento en donde el tema central del anuncio es Cristo- son los temas eclesiales los que centran la atenci\u00f3n. Se da por presupuesto el kerigma cristol\u00f3gico. Los mismos datos morales aportados por el Nuevo Testamento -y entre ellos el tema de la libertad- aparecen con gran parsimonia. Como escribe  Liebaert, los Padres apost\u00f3licos est\u00e1n lejos de sacar todo lo posible de la originalidad y del dinamismo de una ense\u00f1anza tal como la propon\u00ed\u00ada, por ejemplo, san Pablo.<\/p>\n<p>Se afirma, por el contrario, una moral de preceptos o una moral de la virtud de inspiraci\u00f3n jud\u00ed\u00ada, que de todas formas no degenera nunca en legalismo formalista. La fundamentaci\u00f3n de todo el discurso moral se apoya, no en una consideraci\u00f3n de la naturaleza humana, sino en la voluntad de Dios. Por eso se trata de una \u00e9tica religiosa entendida como respuesta a Dios que salva gratuitamente. Como leemos en la 1 Clem 32, 3: \u00abLos que por la voluntad de Dios hemos sido llamados en Cristo Jes\u00fas no hemos sido justificados por nosotros mismos ni por nuestra salvaci\u00f3n, piedad o inteligencia, ni siquiera por las obras cumplidas en la pureza del coraz\u00f3n, sino a trav\u00e9s de la fe. Por ella Dios omnipotente ha justificado a todos los hombres desde el principio\u00bb. Es casi com\u00fan entre los Padres apost\u00f3licos el convencimiento de que el cristiano es una \u00abnueva criatura\u00bb. Toda la reflexi\u00f3n \u00e9tica que encontramos en sus escritos se basa por consiguiente en una ontolog\u00ed\u00ada que presupone esta novedad o alteridad, recordada frecuentemente sobre todo por aquellos que tienden a distanciarse del juda\u00ed\u00adsmo.<\/p>\n<p>L. Padovese<\/p>\n<p>Bibl.: N. Brox, Padres apost\u00f3licos, en SM, Y 123- 129: D. Ruiz Bueno, Los Padres apost\u00f3licos, BAC, Madrid 1965; 1, Errandonea, El primer siglo cristiano, Escelicer Madrid 1949. A, Orbe, Introducci\u00f3n a la teolog\u00ed\u00ada de los siglos 11 y III, Sigueme, Salamanca 1988; L. Padoves\u00e9, Introducci\u00f3n a la teolog\u00ed\u00ada patr\u00ed\u00adstica, Verbo Divino, Estella 1996.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>I. Concepto<br \/>\nPor p. a. se entiende un grupo de autores cristianos primitivos, postcan\u00f3nicos o extracan\u00f3nicos, cuya amplitud se determina mediante diversos criterios; \u00faltimamente, con la intenci\u00f3n \u00abde salvar y esclarecer\u00bb el concepto (J. A. Fischer), este grupo ha quedado reducido. El criterio decisivo es el encuentro todav\u00ed\u00ada inmediato con los -> ap\u00f3stoles o tambi\u00e9n la evidente proximidad a ellos, tanto cronol\u00f3gicamente como por el contenido de su proclamaci\u00f3n. En el dif\u00ed\u00adcil manejo de este principio tiene su fundamento la vacilaci\u00f3n al determinar los escritos que pertenecen a los padres apost\u00f3licos. En todo caso se considera como distintivo el hecho de que se trata de hombres de la era apost\u00f3lica, cuyos escritos no se tuvieron en cuenta en la formaci\u00f3n del -> canon neotestamentario, aunque en ciertas regiones alcanzaron, durante alg\u00fan tiempo, un prestigio can\u00f3nico. Su delimitaci\u00f3n frente a los -> ap\u00f3crifos coet\u00e1neos y frente a la literatura af\u00ed\u00adn est\u00e1 dada por su proximidad a la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica tal como la atestigua el NT.<\/p>\n<p>II. Delimitaci\u00f3n<br \/>\nBajo estos presupuestos, entre los escritos habitualmente designados como p. a. hay que incluir los siguientes: la (primera) carta de Clemente de Roma, las seis cartas de Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada y la carta (o las dos cartas) de Policarpo de Esmirna a los cristianos de Filipos. Apenas es decisiva para el estado del corpus de los p. a. la cuesti\u00f3n de si ha de incluirse aqu\u00ed\u00ad el fragmento apolog\u00e9tico de Cuadrato. Si se usa un criterio estrictamente hist\u00f3rico, hemos de reducirnos a estos escritos. Con relaci\u00f3n a los otros testimonios que tambi\u00e9n acostumbran a considerarse como p. a., hemos de decir en particular: La Didakhe es demasiado insegura tanto en su \u00e9poca como en su autor para poderla adscribir a esta primera \u00e9poca. La carta de Bernab\u00e9 y la segunda carta de Clemente han de considerarse como pseud\u00f3nimas, e incluso por su contenido no delatan ninguna conexi\u00f3n especialmente estrecha con la \u00e9poca apost\u00f3lica. Las tradiciones de presb\u00ed\u00adteros del Asia Menor, usadas por Ireneo, en su estado m\u00e1s primitivo son demasiado incontrolables para que pueda justificarse una dataci\u00f3n originaria en la \u00e9poca apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Eusebio (Hist. Ecl. III 39, 2), Pap\u00ed\u00adas mismo no se cuenta entre la primera generaci\u00f3n. La an\u00f3nima ep\u00ed\u00adstola a Diogneto debe ser fechada probablemente hacia el a\u00f1o 200 (H.-I. Marrou), y por su contenido e intenci\u00f3n debe contarse entre los apologistas (St. Giet); el escrito muestra en su contenido e intenci\u00f3n un alejamiento considerable del kerygma apost\u00f3lico originario. Los Martirios de Ignacio y Policarpo fueron adscritos a los p. a. \u00fanicamente por raz\u00f3n de los hombres que en ellos se glorificaba, pero objetiva y cronol\u00f3gicamente no pertenecen en absoluto a este grupo.<\/p>\n<p>Incluso el grupo que as\u00ed\u00ad queda (1 Clem, Ign, Polic, frag. de Cuadrato), desde un punto de vista puramente hist\u00f3rico no deja de presentar problemas, porque abarca un corpus no unitario de escritos, que por su contenido muestran diversos grados de proximidad a la proclamaci\u00f3n apost\u00f3lica. Sin duda puede aplicarse a estos autores la denominaci\u00f3n &#8211; en sentido hist\u00f3rico &#8211; de p. a., puesto que no hay duda fundada de que se remontan hasta los ap\u00f3stoles; pero ninguno de esos escritos es \u00fanicamente la repetici\u00f3n de la predicci\u00f3n apost\u00f3lico-neotestamentaria. Prescindiendo de la unidad literaria del c\u00ed\u00adrculo estricto de estos escritos (forma epistolar), coinciden adem\u00e1s en la forma desarrollada a continuaci\u00f3n. El concepto y la denominaci\u00f3n global de p. a., principalmente si se toman en su usual sentido amplio, es \u00fatil no como clasificaci\u00f3n cronol\u00f3gica o como modalidad en la historia de los g\u00e9neros literarios, sino m\u00e1s bien como agrupaci\u00f3n en la historia de la teolog\u00ed\u00ada. El concepto abarca &#8211; por encima de los elementos diferenciadores &#8211; los testimonios escritos de la \u00e9poca postapost\u00f3lica entre el NT y los -> apologistas, o sea, un estadio de la autocomprensi\u00f3n cristiana, estadio que se halla en el umbral de la transici\u00f3n entre la generaci\u00f3n primera y los tiempos m\u00e1s tard\u00ed\u00ados. Hay que advertir c\u00f3mo una parte de los p. a. no es posterior a algunos escritos can\u00f3nicos del NT y, adem\u00e1s, c\u00f3mo ya en los escritos m\u00e1s tard\u00ed\u00ados del NT se encuentran rastros de esta misma transici\u00f3n hacia un tiempo en el cual se tiene conciencia de un primer grado de alejamiento respecto del origen.<\/p>\n<p>Por otro lado, algunos escritos que ya no pertenecen a la \u00e9poca apost\u00f3lica dan testimonio de una situaci\u00f3n fundamentalmente id\u00e9ntica de la historia de la fe. Por eso la agrupaci\u00f3n de estos escritos puede hacerse independientemente de las cuestiones relativas a la forma, al autor y a la fecha, de manera que no habr\u00ed\u00ada nada que objetar contra un concepto de p. a. entendido en un sentido m\u00e1s amplio. Con ello se sacar\u00ed\u00ada simplemente una consecuencia del hecho de que se trata de una categor\u00ed\u00ada hist\u00f3rico-teol\u00f3gica. El contenido de los escritos del c\u00ed\u00adrculo estricto, as\u00ed\u00ad como su comparaci\u00f3n con documentos redactados algunos decenios m\u00e1s tarde, que ahora se pretende descontar de dicho c\u00ed\u00adrculo, hace problem\u00e1tico el valor de esta agrupaci\u00f3n m\u00e1s estricta para una divisi\u00f3n en \u00e9pocas.<\/p>\n<p>De ning\u00fan modo se puede hablar en todos los puntos de una mayor apostolicidad del contenido de esos escritos elegidos, como si la caracter\u00ed\u00adstica de la apostolicidad los vinculara m\u00e1s estrechamente entre s\u00ed\u00ad que con otros escritos ligeramente posteriores. Frente a esto, el posible contacto de algunos autores con los ap\u00f3stoles, como mero hecho, tiene poco peso. La conciencia espec\u00ed\u00adfica de la relaci\u00f3n con el tiempo apost\u00f3lico, que es lo que se quiere resaltar con el concepto de p. a., no depende del decenio de la redacci\u00f3n de un escrito. Tampoco en este caso es posible delimitar con exactitud cronol\u00f3gica el pensamiento de una \u00e9poca. La primitiva pseudoepigraf\u00ed\u00ada cristiana es muy adoctrinadora a este respecto.<\/p>\n<p>Bajo ese concepto de p. a. podr\u00ed\u00ada resumirse el m\u00faltiple testimonio de esta \u00e9poca primera, que ya no es el tiempo apost\u00f3lico y todav\u00ed\u00ada no es la \u00e9poca de los apologistas, en una analog\u00ed\u00ada lejana y formal con el canon neotestamentario con su rica multiplicidad. Aqu\u00ed\u00ad podr\u00ed\u00adan encontrar su puesto escritos como Did, Bern, o Herrn, pues esa acepci\u00f3n comprender\u00ed\u00ada la primitiva literatura eclesi\u00e1stica en su conjunto, la que corre paralela al canon y la posterior a \u00e9l.<\/p>\n<p>III. Peculiaridad y tem\u00e1tica<br \/>\nLos pocos escritos conservados de esta \u00e9poca primitiva de la Iglesia son el resto de una literatura mucho m\u00e1s amplia. En este estadio primerizo \u00abentre el tiempo de la revelaci\u00f3n y el de la tradici\u00f3n\u00bb (Quasten) no se tiende a una independencia de la forma de expresi\u00f3n, sino que m\u00e1s bien se busca una conexi\u00f3n manifiesta con los escritos apost\u00f3licos (cartas circulares). Frente a esto, la posible influencia de la literatura profana apenas tiene importancia para la valoraci\u00f3n de esos testimonios, que sirven para el uso intereclesi\u00e1stico en forma de predicaci\u00f3n escrita y, en su sencillez, no pretenden ning\u00fan valor literario. El inter\u00e9s de esta \u00e9poca radica en la fijaci\u00f3n, actualizaci\u00f3n y transmisi\u00f3n de la predicaci\u00f3n bajo la forma en que la atestigua la \u00e9poca apost\u00f3lica. Se contin\u00faa el camino de la arenga inmediata y de la renuncia a medios art\u00ed\u00adsticos y a la erudici\u00f3n. Se habla exclusivamente a un c\u00ed\u00adrculo de lectores cristianos. Por esta circunstancia se explica la fluidez del l\u00ed\u00admite entre originalidad y tradici\u00f3n, entre intenci\u00f3n moment\u00e1nea y exigencia duradera. El desarrollo de un lenguaje espec\u00ed\u00adficamente cristiano, a pesar de la variedad de medios extra\u00f1os a que se recurre, toma contornos m\u00e1s claros. En todo caso se inicia una discusi\u00f3n expl\u00ed\u00adcita con el mundo circundante por la disputa con herej\u00ed\u00adas y por la delimitaci\u00f3n frente a todo sincretismo con la abandonada religiosidad pagana.<\/p>\n<p>La tendencia fundamental es la conciencia de una redenci\u00f3n que se ha producido ya y que puede alcanzarse, as\u00ed\u00ad como la preocupaci\u00f3n por la posible p\u00e9rdida definitiva de la salvaci\u00f3n. Las cuestiones de lo permanente, de lo institucional se plantean con plena urgencia.<\/p>\n<p>Las diferencias con la \u00e9poca originaria son evidentes y marcan la situaci\u00f3n de la Iglesia primitiva, representada por los p. a., lo cual es una situaci\u00f3n de tr\u00e1nsito hacia el tiempo largo que ha de configurarse a partir del origen.<\/p>\n<p>S\u00f3lo con reservas es posible una caracterizaci\u00f3n global, pues \u00e9sta necesariamente habr\u00e1 de infligir violencia a la multiplicidad de testimonios y no podr\u00e1 ser justa con la peculiaridad de los escritos. Sin embargo, pueden mencionarse algunos elementos m\u00e1s generales como distintivo com\u00fan de esta \u00e9poca.<\/p>\n<p>Reviste una importancia fundamental la expectaci\u00f3n viva de la parusia, la cual ya no es la inteligencia escatol\u00f3gica de la historia y del tiempo, propia del kerygma apost\u00f3lico originario, sino que es m\u00e1s y m\u00e1s la -> escatolog\u00ed\u00ada futura del m\u00e1s all\u00e1, propia de una Iglesia hecha a la idea de una larga existencia en este mundo. Se reflexiona sobre la manera de comportarse en consonancia con la fe, para precisar detalladamente la conducta (usando tambi\u00e9n modelos no cristianos). Ante las herej\u00ed\u00adas y ante la falta todav\u00ed\u00ada de una tradici\u00f3n delimitada, partiendo de la inteligencia b\u00ed\u00adblica de la fe cristiana gana importancia, junto con la esperanza del futuro, el elemento retrospectivo o conservador del conocimiento de la verdad. En la polifac\u00e9tica -> cristolog\u00ed\u00ada corren parejos la terminolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica y los g\u00e9rmenes de unos conceptos aut\u00f3nomos. La -> redenci\u00f3n se alcanza en el futuro por los -\u203a sacramentos (o por el -> martirio) y, sobre todo, en virtud del esfuerzo moral. A consecuencia de un concepto de esp\u00ed\u00adritu poco delimitado las concepciones trinitarias apenas presentan contornos fijos. La estructura constitucional de la Iglesia, con sus oficios, se va dise\u00f1ando en medida creciente. La difusi\u00f3n explosiva de la predicaci\u00f3n cristiana en estos decenios guarda un evidente paralelismo con la r\u00e1pida consolidaci\u00f3n de las formas estructurales de la Iglesia y de su culto. El camino es absolutamente polifac\u00e9tico y, para la \u00e9poca siguiente, permanece abierto todav\u00ed\u00ada a distintas direcciones.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n cristiana de esta \u00e9poca, en comparaci\u00f3n con la primera generaci\u00f3n, incluye el hecho de que se ha realizado ya la separaci\u00f3n entre Iglesia y juda\u00ed\u00adsmo, y el de que la cuesti\u00f3n de la ley en sentido neotestamentario ya no es actual. La Biblia de la Iglesia primitiva es, o sigue siendo, el AT. En \u00e9l y por \u00e9l habla Cristo; el evangelio es su plenitud. A pesar del uso de los diversos escritos del posterior -> canon neotestamentario por los p. a., en esta \u00e9poca s\u00f3lo se puede hablar de colecciones m\u00e1s o menos amplias, pero no de la existencia de un canon b\u00ed\u00adblico neotestamentario. Seg\u00fan la predicaci\u00f3n oral de Cristo, el AT (en su consecuente interpretaci\u00f3n cristol\u00f3gica) es la \u00fanica norma, es la \u00abEscritura\u00bb.<\/p>\n<p>En numerosos elementos de sus manifestaciones sobre teolog\u00ed\u00ada y sobre pr\u00e1ctica pastoral los p. a. comparten aquella intensidad de la seriedad de la fe, del gozo y de la esperanza que el NT atestigua para la \u00e9poca apost\u00f3lica; en otros elementos se pronuncian ya diversamente. La relaci\u00f3n de los p. a. con la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica no se caracteriza acertadamente ni calific\u00e1ndola de evoluci\u00f3n ni tach\u00e1ndola de decadencia. Los p. a. representan el tiempo que sigue inmediatamente al principio, el cual participa a\u00fan del origen, propiamente no conoce todav\u00ed\u00ada un pasado cristiano y, sin embargo, ha de enfrentarse ya con la situaci\u00f3n de la generaci\u00f3n siguiente y ha de soportar sus dificultades. Es la \u00e9poca de la orientaci\u00f3n intraeclesi\u00e1stica hacia una situaci\u00f3n modificada por la disminuci\u00f3n de la tensi\u00f3n y por la perspectiva de una duraci\u00f3n ilimitada. La comprensi\u00f3n de la fe atestiguada en estos documentos, junto a los esbozos y sistemas de los te\u00f3logos, sigue siendo tambi\u00e9n en las generaciones siguientes la teolog\u00ed\u00ada orientada pr\u00e1cticamente de las comunidades cristianas.<\/p>\n<p>EDICIONES: BKV 35 (1918); J. . A. Fischer, Die Apostolische Vater (Darmstadt 1956, 21958). D. Ruiz Bueno, Padres apost\u00f3licos (Ma 21965).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: L. Choppin, La Trinit\u00e9 chez les P\u00e9res Apostoliques (P 1925); A. Casamassa, I Padri Apostolici (R 1938); G. Bardy, La Th\u00e9ologie de l&#8217;Eglise de St. Cl\u00e9ment \u00e4 St. Ir\u00e9n\u00e9e (P 1945); P. Paiazzini, 11 monoteismo nei padri apostolici (R 1946); J. Klevinghaus, Die theologische Stellung der Apostolichen V\u00e4ter zur atl. Offenbarung (G\u00fc 1948); H. J. Marrou, A Diognbte: SourcesCbr 33 (1951-65); H. v. Soden (K. Aland): RGG3 1 281 s; H. Lletzmann (K. Aland): RGG3 1 270 s; H. Rahner: LThK2 1 762-765; H. v. Campenhausen, Aus der Fr\u00fchzeit des Christentums (T 1963) 152-170; St. Giet, Hernias et les Pasteurs (P 1963); J. Ll\u00e9baert: HDG III\/la (1965) 19-27; Quasten P 1 40s; Altaner 55ss; \u00fc . Vives, Los Padres de la Iglesia (Herder Ba 1971) pp. 3-59; H. Yubera, Ep\u00ed\u00adstolas de San Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada (Ma 1940); 1. Errandonea, El primer siglo cristiano (Ma 1949).<\/p>\n<p>Norbert Brox<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Se le llama Padres Apost\u00f3licos a los escritores cristianos de los siglos I y II que se sabe o se considera que se relacionaron personalmente con algunos de los ap\u00f3stoles, o que fueron influidos por ellos, de modo que sus escritos se consideren ecos de las ense\u00f1anzas apost\u00f3licas genuinas.  Aunque algunos lo restringen a aquellos que realmente fueron disc\u00edpulos de los ap\u00f3stoles, el t\u00e9rmino se aplica por extensi\u00f3n a ciertos escritores que se cree que anteriormente lo fueron y virtualmente incluye todos los restos de literatura cristiana primitiva anterior a las grandes apolog\u00edas del siglo II, y que forman el v\u00ednculo de la tradici\u00f3n que une a \u00e9stos \u00faltimos escritores con los del Nuevo Testamento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aparentemente el nombre era desconocido en la literatura cristiana antes de fines del siglo XVII.  Sin embargo, el t\u00e9rmino apost\u00f3lico se usaba com\u00fanmente para designar las Iglesias, personas, escritos, etc. de principios del siglo II, cuando San Ignacio de Antioqu\u00eda en el exordio a su Ep\u00edstola a los Tralios salud\u00f3 a su Iglesia \u201cal modo apost\u00f3lico\u201d.  En 1672 Jean-Baptiste Cotelier (Colelerio) public\u00f3 su \u00abSS. Patrum qui temporibus apostolicis floruerunt opera\u00bb, cuyo t\u00edtulo se abrevi\u00f3 a \u201cBibliotheca Patrum Apostolicorum\u201d por L. J. Ittig en su edici\u00f3n (Leipzig 1699) de los mismos escritos.  El t\u00e9rmino se usa universalmente desde entonces.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La lista de Padres incluidos bajo este t\u00edtulo ha variado, pues el criticismo literario ha removido algunos que anteriormente se consideraban escritores del siglo II, mientras que la publicaci\u00f3n (Constantinopla, 1883) del Didache le ha a\u00f1adido uno a la lista.   Son de suma importancia los tres obispos del siglo I:  San Clemente de Roma, San Ignacio de Antioqu\u00eda y San Policarpo de Esmirna, de cuyas relaciones personales con los ap\u00f3stoles no hay duda.  Clemente, obispo de Roma y tercer sucesor de San Pedro en el papado, \u201chab\u00eda visto a los santos ap\u00f3stoles (Pedro y Pablo y hab\u00eda conversado con ellos\u201d (San Ireneo, Adv. Haer., III, III, 3).  Ignacio fue el segundo sucesor de San Pedro en la Sede de Antioquia (Eusebio, Historia de la Iglesia, III.36) y durante su vida en ese centro de actividad cristiana puede haberse encontrado con otros del grupo apost\u00f3lico.  Una tradici\u00f3n aceptada, substanciada por la similitud de los pensamientos de Ignacio con las ideas de los escritos de Juan, lo declara disc\u00edpulo de San Juan.  Policarpo fue \u201cinstruido por los ap\u00f3stoles\u201d (Ireneo, op. cit., III, III, 4) y hab\u00eda sido disc\u00edpulo de San Juan (Eusebio, op. cit., III, 36; V.20) cuyo contempor\u00e1neo fue por casi veinte a\u00f1os.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s de \u00e9stos, cuyo rango como Padres Apost\u00f3licos en el sentido estricto de la palabra es irrefutable, hay dos escritores del siglo I a quienes generalmente se les concede un lugar con ellos:  el autor del Didache y el autor de la \u201cEp\u00edstola de Bernab\u00e9\u201d.  El primero afirma que su ense\u00f1anza es la de los ap\u00f3stoles, y su obra, quiz\u00e1s la pieza m\u00e1s antigua existente de literatura cristiana no inspirada, le da visos a su reclamo; al \u00faltimo, incluso si \u00e9l no fue el ap\u00f3stol y compa\u00f1ero de San Pablo, muchos le adscriben haber escrito durante la \u00faltima d\u00e9cada del siglo I, y puede haber estado directamente bajo la influencia apost\u00f3lica, aunque su ep\u00edstola no lo sugiere claramente\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al extender el t\u00e9rmino de modo que comprenda la literatura extra-can\u00f3nica existente de la \u00e9poca sub-apost\u00f3lica, se incluye al \u201cPastor\u201d de Hermas, el Profeta del Nuevo Testamento, que se cree es al que se refer\u00eda San Pablo (Rm. 16,14), pero a quien una tradici\u00f3n m\u00e1s segura hace hermano del Papa San P\u00edo I (c. 140-150); los escasos fragmentos de las \u201cExposiciones de los Discursos del Se\u00f1or\u201d por San Pap\u00edas, quien puede haber sido disc\u00edpulo de San Juan (Ireneo, Adv. Haer., V, 331-334), aunque muy probablemente recibi\u00f3 su ense\u00f1anza de segunda mano por un \u201cpresb\u00edtero\u201d de ese nombre (Eusebio, Hist. Igl., III.39); la \u201cCarta a Diogneto\u201d, cuyo autor desconocido afirma su discipulado con los ap\u00f3stoles, pero su reclamo debe ser tomado en el sentido amplio de conformidad en esp\u00edritu y ense\u00f1anza.   Adem\u00e1s de \u00e9stos, antes se inclu\u00eda los escritos ap\u00f3crifos de algunos de estos Padres, las \u201cConstituciones\u201d y los \u201cC\u00e1nones de los Ap\u00f3stoles\u201d y las obras acreditadas a Dionisio el Pseudo-Areopagita, quien, aunque s\u00ed fue disc\u00edpulo de los ap\u00f3stoles, no fue el autor de las obras que llevan su nombre.  Aunque generalmente es rechazada, algunos consideran la homil\u00eda de Pseudo-Clemente (Epistola secunda Clementis) como digna de ocupar un lugar entre los Padres Apost\u00f3licos, como lo es su contempor\u00e1nea, el \u201cPastor\u201d de Hermas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El per\u00edodo de tiempo cubierto por estos escritos se extiende desde las \u00faltimas dos d\u00e9cadas del siglo I con el Didache (80-100). Clemente (c. 97) y probablemente Pseudo-Bernab\u00e9 (96-98), durante la primera mitad del siglo II, y la cronolog\u00eda aproximada cubre a Ignacio (110-117), Policarpo (110-120), Hermas, en su forma presente (c. 150), Pap\u00edas (c. 150).  Geogr\u00e1ficamente, a Roma la representan Clemente y Hermas; Policarpo escribi\u00f3 desde Esmirna, de donde tambi\u00e9n Ignacio envi\u00f3 cuatro de las siete ep\u00edstolas que escribi\u00f3 en su camino de Antioqu\u00eda a Asia Menor; San Pap\u00edas fue obispo de Hier\u00e1polis en Frigia; el Didache fue escrito en Egipto o Siria; la carta a Bernab\u00e9, en Alejandr\u00eda.  Los escritos de los Padres Apost\u00f3licos generalmente est\u00e1n en forma epistolar, a manera de las ep\u00edstolas can\u00f3nicas, y fueron escritos en su mayor\u00eda, no con el prop\u00f3sito de instruir a los cristianos en general, sino para una gu\u00eda a individuos o iglesias locales en alguna necesidad moment\u00e1nea.  Felizmente, los escritores ampliaron tanto su tema que se combinaron para hacer un precioso retrato de la comunidad cristiana en la \u00e9poca que sigui\u00f3 a la muerte de San Juan.  As\u00ed Clemente, en una preocupaci\u00f3n paternal por las Iglesias encomendadas a su cuidado, intent\u00f3 sanar una disensi\u00f3n en Corinto e insisti\u00f3 en los principios de unidad y sumisi\u00f3n a la autoridad, como el mejor conducente a la paz;  Ignacio, ferviente en su gratitud a las Iglesias que lo consolaron en su camino al martirio, les env\u00eda cartas de reconocimiento, llenas con admoniciones contra la prevaleciente herej\u00eda y exhortaciones altamente espirituales para mantener la unidad de la fe en sumisi\u00f3n a los obispos; Policarpo, al enviar las cartas de Ignacio a Filipo, env\u00eda, seg\u00fan requerido, una simple carta de consejo y aliento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La carta del Pseudo-Bernab\u00e9 y la de Diogneto, una pol\u00e9mica, la otra en tono apolog\u00e9tico, mientras que retienen la msima forma, parecen tener a la vista un m\u00e1s amplio c\u00edrculo de lectores.  Las otras tres est\u00e1n en forma de tratados:  el Didache, un manual de moral e instrucci\u00f3n lit\u00fargica; el \u201cPastor\u201d, un libro de edificaci\u00f3n en forma apocal\u00edptica, en una representaci\u00f3n aleg\u00f3rica de la Iglesia, las fallas de sus hijos y la necesidad de penitencia; las \u201cExposiciones\u201d de Pap\u00edas, un comentario exeg\u00e9tico sobre los Evangelios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escritas bajo tales circunstancias, las obras de los Padres Apost\u00f3licos no se caracterizan por exposiciones sistem\u00e1ticas de doctrina o brillantez de estilo.  Solo \u201cDiogneto\u201d evidencia habilidad literaria y refinamiento.  Ignacio sobresale por su notable personalidad y profundidad de opini\u00f3n.  Cada cual escribe para su prop\u00f3sito presente, en vista primariamente a las necesidades reales de sus auditores, pero, en la exuberancia de la caridad y entusiasmo primitivos, su coraz\u00f3n destila su mensaje de fidelidad a la gloriosa herencia apost\u00f3lica, de \u00e1nimo en sus dificultades presentes, de cuidado para el futuro con sus amenazantes peligros.  El tono dominante es el de devoci\u00f3n ferviente a los hermanos en la fe, revelando la profundidad y anchura del celo que le impartieron los ap\u00f3stoles.  Las cartas de los tres obispos, junto con el Didache proclaman la m\u00e1s sincera alabanza a los ap\u00f3stoles, cuya memoria ellos mantienen con devoci\u00f3n filial y profunda; pero su reconocimiento de la superioridad inaccesible de sus maestros es igualmente bien confirmada por la ausencia de su cartas de ese tono inspirado claro que marca los escritos de los ap\u00f3stoles.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, m\u00e1s abrupta es la transici\u00f3n entre el estilo modesto de los Padres Apost\u00f3licos y la forma cient\u00edfica de los tratados de los Padres de per\u00edodos posteriores.   La piedad ferviente, el resplandor de los d\u00edas de la espiritualidad apost\u00f3lica, no se encontrar\u00eda en tal plenitud y simplicidad.  Cartas que respiraban tal simpat\u00eda y af\u00e1n eran tenidas en gran estima por los primeros cristianos y algunos le conced\u00edan una autoridad poco inferior a la de la Escritura.  La \u201cEp\u00edstola de Clemente\u201d era le\u00edda en las asambleas dominicales en Corinto durante el siglo II y despu\u00e9s (Eusebio, Hist. de la Igl., III.16 y IV.23); la carta de Bernab\u00e9 era similarmente honrada en Alejandr\u00eda; Hermas era popular en toda la cristiandad, pero particularmente en Occidente.  Clemente de Alejandr\u00eda cit\u00f3 el Didache como \u201cEscritura\u201d.  Algunos de los Padres Apost\u00f3licos se hallan en los m\u00e1s antiguos manuscritos del Nuevo Testamento al final de los libros can\u00f3nicos.  A Clemente se le conoci\u00f3 por primera vez a trav\u00e9s del C\u00f3digo Alejandrino; de igual forma Hermas y el Pseudo-Bernab\u00e9 se a\u00f1adieron a los libros can\u00f3nicos en el C\u00f3dice Sina\u00edtico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al estar entre la era del Nuevo Testamento y la florescencia literaria de fines del siglo II, esos escritores representan los elementos originales de la tradici\u00f3n cristiana.  Ellos no pretenden tratar sobre la doctrina y pr\u00e1ctica cristiana de forma completa y eruditamente y no puede esperarse, por lo tanto, que contesten todas las preguntas respecto a los or\u00edgenes cristianos.  Su silencio en algunos puntos no implican su ignorancia sobre ellos, mucho menos su negaci\u00f3n; ni sus afirmaciones dicen todo lo que debe saberse.  El valor dogm\u00e1tico de su ense\u00f1anza es, sin embargo, del m\u00e1s alto orden,  considerando la gran antig\u00fcedad de los documentos y la competencia de los autores para trasmitir la doctrina apost\u00f3lica m\u00e1s pura.  Este hecho no recibi\u00f3 su debido aprecio incluso durante el per\u00edodo de la actividad teol\u00f3gica medieval.  El creciente entusiasmo por la Teolog\u00eda Positiva que marc\u00f3 el siglo XVII centr\u00f3 su atenci\u00f3n en los Padres Apost\u00f3licos; desde entonces ellos han sido los testigos m\u00e1s \u00e1vidamente consultados para las creencias y pr\u00e1cticas de la Iglesia durante la primera mitad del siglo II.  Su ense\u00f1anza est\u00e1 basada en las Escrituras, es decir, el Antiguo Testamento, y en las palabras de Jesucristo y sus ap\u00f3stoles.  La actividad de estos \u00faltimos fue decisiva.  Aunque, a juzgar por sus escritos, el Canon del Nuevo Testamento no estaba todav\u00eda definitivamente establecido, es significativo que con la excepci\u00f3n de la Tercera Ep\u00edstola de San Juan y posiblemente la de San Pablo a Filem\u00f3n, uno u otro de los Padres Apost\u00f3licos citan o aluden m\u00e1s o menos claramente a cada libro del Nuevo Testamento, mientras que las citas de los \u201cap\u00f3crifos\u201d son sumamente raras.  De igual autoridad que la palabra escrita es la de la tradici\u00f3n oral (Eusebio, Hist. Igl. III.39; Ep\u00edstola a Clemente 7), hasta la cual se pueden rastrear ciertas citas de los \u201cDichos\u201d de Nuestro Se\u00f1or y los Ap\u00f3stoles no halladas en las Escrituras.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Parcos como necesariamente son en su testimonio, los Padres Apost\u00f3licos son testigos de la fe de los cristianos en sus principales misterios de la Unidad y Trinidad divinas.  La f\u00f3rmula Trinitaria aparece frecuentemente.  Si a la Divinidad del Esp\u00edritu Santo se alude s\u00f3lo una vez obscuramente en Hermas, se debe recordar que la Iglesia no estaba todav\u00eda perturbada por las herej\u00edas anti-Trinitarias.  El error dominante del per\u00edodo era el docetismo, y su refutaci\u00f3n le brinda a estos autores la ocasi\u00f3n para tratar con mayor amplitud sobre la Persona de Jesucristo.  \u00c9l es el Redentor que los hombres necesitaban.   Ignacio sin vacilar le llama Dios (Trall., VII; Eph., I, y passim).  La soteriolog\u00eda de la Ep\u00edstola a los Hebreos forma la base de su ense\u00f1anza.  Jesucristo es nuestro sumo sacerdote (Ep\u00edstola de Clemente 36-64) en cuyo sufrimiento y muerte est\u00e1 nuestra redenci\u00f3n (Ignacio, Eph., I, Magnes., IX; Bernab\u00e9 V; Diogneto IX); cuya sangre es nuestro rescate (Ep\u00edstola de Clemente 12-21).  Los frutos de la redenci\u00f3n, aunque no son tratados cient\u00edficamente, son de modo general la destrucci\u00f3n de la muerte o del pecado, el don al hombre de la vida inmortal y el conocimiento de Dios (Bernab\u00e9 IV-V, VII, VIV; Didache XVI; Ep. De Clemente 24-25; Hermas, Simil., V, 6).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La justificaci\u00f3n se recibe tanto por la fe como por las obras; y se insiste tan claramente en la eficacia de las buenas obras que es f\u00fatil representar a los Padres Apost\u00f3licos como fracasados en comprender las ense\u00f1anzas pertinentes de San Pablo.  Se cita tanto los puntos de vista tanto de San Pablo como de Santiago, y ambos son considerados complementarios (Ep. Clemente 31-35; Ignacio a Policarpo VI).  Hermas insiste sobre las buenas obras (Vis., III, 1 Simil., V, 3), y Bernab\u00e9 proclama (c. XIX) su necesidad para la salvaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Iglesia, la Iglesia \u201cCat\u00f3lica\u201d, como la llama Ignacio por primera vez (de Esmirna 8) toma el lugar del pueblo escogido; es el Cuerpo M\u00edstico de Cristo, siendo los fieles sus miembros, unidos por una sola fe y una sola esperanza, y por la caridad que nos mueve a la ayuda mutua.  La organizaci\u00f3n jer\u00e1rquica del ministerio y la debida sumisi\u00f3n de los inferiores a la autoridad aseguran esta unidad.  Sobre este punto la ense\u00f1anza de los Padres Apost\u00f3licos parece representar un marcado desarrollo en el avance de la pr\u00e1ctica del per\u00edodo apost\u00f3lico.  Pero se debe notar que el tono familiar con el cual se trata la autoridad episcopal descarta la posibilidad de que sea una novedad.     El Didache puede a\u00fan as\u00ed tratar sobre \u201cprofetas\u201d, \u201cap\u00f3stoles\u201d y misioneros itinerantes (X-XI, XIII-XIV), pero esta no es una etapa en el desarrollo.  Es an\u00f3malo, fuera de la corriente del desarrollo.  Clemente e Ignacio presentan la jerarqu\u00eda, organizada y completa, con sus \u00f3rdenes de obispos, sacerdotes y di\u00e1conos, ministros de la liturgia eucar\u00edstica y administradores de temporalidades.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Ep\u00edstola de Clemente es la filosof\u00eda de la \u201capostolicidad\u201d, y su corolario, la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica.  Ignacio da abundantes ilustraciones pr\u00e1cticas de lo que Clemente estableci\u00f3 en principio.  Para Ignacio el obispo es el centro de la unidad (Efesios 4), cuya autoridad todos debemos obedecer como se obedecer\u00eda a Dios, en cuyo lugar el obispo gobierna (Policarpo 6, Magnesios 6 y 13, de Esmirna 8 y 11, Tralios 12);  pues la unidad con y sumisi\u00f3n al obispo son la \u00fanica seguridad de fe.  El que ocupa la Silla de San Pedro en Roma es la suprema autoridad en la Iglesia.  La intervenci\u00f3n de Clemente en los asuntos de Corinto y el lenguaje de Ignacio al hablar de la Iglesia de Roma en el exordio de su Ep\u00edstola a los Romanos debe ser entendido a la luz del cargo que Cristo confiri\u00f3 a San Pedro.  Uno gira alrededor del otro.  La m\u00e1s profunda reverencia por la memoria de San Pedro es visible en los escritos de San Clemente y San Ignacio.  Ellos parean su nombre con el de San Pablo, y as\u00ed efectivamente confutan el antagonismo entre ambos ap\u00f3stoles, que la teor\u00eda de T\u00fcbingen postulaba al trazar el pretendido desarrollo de la Iglesia unida a partir de las discordantes facciones de Pedro y Pablo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre los Sacramentos a los que se alude est\u00e1 el Bautismo, al cual Ignacio se refiere (Policarpo 2 y de Esmirna 8), y del cual Hermas habla como el modo necesario de entrar a la Iglesia y a la salvaci\u00f3n (Vis., III, 3, 5; Simil., IX, 16), el modo de pasar de la muerte a la vida (Simil., VIII,6), mientras que el Didache trata sobre \u00e9l lit\u00fargicamente. (VII).   El Didache e Ignacio mencionan la Eucarist\u00eda (14), y el ultimo utiliza el t\u00e9rmino para significar el \u201ccuerpo de Nuestro Salvador Jesucristo\u201d (de Esmirna 7; Efesios 20; de Filadelfia 4).  El tema de Hermas es la penitencia, y la aconseja como necesaria y un posible recurso para todo el que peque despu\u00e9s del bautismo (Vis., III, 7; Simil., VIII, 6, 8, 9, 11).  El Didache se refiere a la confesi\u00f3n de los pecados (IV, XIV) como hace Bernab\u00e9 (XIX).  Una exposici\u00f3n de las ense\u00f1anzas dogm\u00e1ticas de los Padres individuales se halla bajo sus respectivos nombres.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los Padres Apost\u00f3licos, como un grupo, no se hallan en ning\u00fan manuscrito.  La historia literaria de cada uno se hallar\u00e1 en relaci\u00f3n con los estudios individuales.  La primera edici\u00f3n fue la antedicha de Cotelerio (Par\u00eds, 1672).  Conten\u00eda a Bernab\u00e9, Clemente, Hermas, Ignacio y Policarpo.  Una reimpresi\u00f3n por Jean Leclerc (Cl\u00e9rico) (Amberes, 1698-1700; Amsterdan, 1724) conten\u00eda mucho material adicional.   Las \u00faltimas ediciones son las del Obispo anglicano, J.B. Lightfoot, \u00abLos Padres Apost\u00f3licos\u00bb (5 vols., Londres, 1889-1890); edici\u00f3n abreviada, Lightfoot-Harmer, Londres, I vol., 1893; Gebhardt, Harnack, y Zahn, \u00abPatrum Apostolicorum Opera\u00bb (Leipzig, 1901); y von Funk, \u00abPatres Apostolici\u00bb (2da. ed., T\u00fcbingen, 1901), en todos los cuales se hallan abundantes referencias a la literatura de los dos siglos anteriores.  El \u00faltimo trabajo mencionado apareci\u00f3 primero (T\u00fcbingen, vol. I, 1878, 1887; vol. II,,1881) como una quinta edici\u00f3n de la \u00abOpera Patr. Apostolicorum\u00bb de Hefele (T\u00fcbingen, 1839; 4ta ed., 1855) enriquecido con notas (cr\u00edticas, exeg\u00e9ticas, hist\u00f3ricas), proleg\u00f3meno, \u00edndices y una versi\u00f3n en lat\u00edn. La segunda edici\u00f3n llena todas las Justas demandas de una presentaci\u00f3n cr\u00edtica de estos antiguos e importantes escritos, y en su introducci\u00f3n y notas ofrece el mejor tratado cat\u00f3lico sobre este tema.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda:<\/b>  P.G. (Par\u00eds, 1857), I, II, V; Eng. tr. en  Biblioteca Ante-Nicena (Edimburgo, 1866), I, y ed. americana (Nueva York, 1903), I, 1-158; Freppel, Les Peres Apostoliques et leur \u00e9poque (Paris, 1885); Batiffol, La litt. eccl. grecque (Paris, 1901); Holland, Los Padres Apost\u00f3licos (Londres, 1897); Wake, Las Ep\u00edstolas Genuinas de los Padres Apost\u00f3licos (Londres, 1893); Fleming, Testigos Cristianos Primitivos (Londres, 1878); Crutwell, Historia Literaria del Cristianismo Primitivo (Londres, 1893), I, 21-127; Sociedad Hist\u00f3rico-Teol\u00f3gica de Oxford, El  Nuevo Testamento en los Padres Apost\u00f3licos (Oxford, 1905); Lightfoot en Dict. de Biogr. Cr., s.v.; para la doctrina, vea Tixeront, Histoire des dogmes (Paris, 1905), I, 115-163; Bareille en Dicc. de Teol. Cat. (Par\u00eds, 1903), I, 1634-46; Bardenhewer, Geschichte d. altkirchl. Litt., I.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente:<\/b>  Peterson, John Bertram. \u00abThe Apostolic Fathers.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907.<br \/>\n<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/01637a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DicEc \u00c2\u00a0 Desde el siglo XVII se ha usado el t\u00e9rmino \u00abpadres apost\u00f3licos\u00bb para designar a cierto n\u00famero de escritores de los siglos I y II. Se consideraba que hab\u00ed\u00adan estado en contacto con los ap\u00f3stoles o con quienes hab\u00ed\u00adan conocido a los ap\u00f3stoles. 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