{"id":14901,"date":"2016-02-05T09:46:21","date_gmt":"2016-02-05T14:46:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/palabra-y-sacramento-construyen-la-iglesia\/"},"modified":"2016-02-05T09:46:21","modified_gmt":"2016-02-05T14:46:21","slug":"palabra-y-sacramento-construyen-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/palabra-y-sacramento-construyen-la-iglesia\/","title":{"rendered":"PALABRA Y SACRAMENTO CONSTRUYEN LA IGLESIA"},"content":{"rendered":"<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\n\u00abLa Iglesia bajo la palabra de Dios (sub Verbo Dei)  celebra los misterios de Cristo (celebrans mysteria Christi)  para la salvaci\u00f3n del mundo\u00bb. Con este t\u00ed\u00adtulo significativo comenzaba la relaci\u00f3n final del S\u00ed\u00adnodo extraordinario sobre el concilio Vaticano II de 1985, como s\u00ed\u00adntesis de la articulaci\u00f3n entre las cuatro constituciones conciliares y corno expresi\u00f3n de la \u00abrecepci\u00f3n\u00bb que represent\u00f3 este s\u00ed\u00adnodo celebrado con motivo del XX aniversario del concilio. Esta formulaci\u00f3n manifiesta con claridad c\u00f3mo la Iglesia para realizar su misi\u00f3n salvadora en el mundo se constituye con dos elementos: el estar bajo palabra de Dios y el celebrar los misterios de Cristo, es decir, los sacramentos. N\u00f3tese el matiz diferenciador de su funci\u00f3n en la construcci\u00f3n de la Iglesia: as\u00ed\u00ad, por un lado, la situaci\u00f3n de la Iglesia en relaci\u00f3n con la Palabra \u2014su estar bajo  ella\u2014, evoca la prioridad existencial e hist\u00f3rica de la Palabra en la Iglesia, y por otro lado, el \u00fanico verbo de la frase \u2014celebrar\u2014  se refiere a los sacramentos y, por tanto, enuncia la primac\u00ed\u00ada l\u00f3gica y ontol\u00f3gica de la realidad sacramental en la Iglesia.<\/p>\n<p>De hecho, la Iglesia en el Antiguo Testamento surge seg\u00fan el modelo de la \u00abasamblea congregada\u00bb y es la comunidad de los llamados y reunidos por la palabra de Dios. La palabra griega >ekkl\u00e9sia  de los LXX, de la cual procede la latina ecclesia,  traduce habitualmente la expresi\u00f3n hebrea qahal.  Esta palabra se introduce en la \u00e9poca del deuteronomista, hacia el siglo VII a.C., con una f\u00f3rmula significativa: \u00abel d\u00ed\u00ada de la asamblea (ekkl\u00e9sia)\u00bb  (Dt 4,10; 9,10; 18,16) puesta en labios de Mois\u00e9s cuando recuerda el d\u00ed\u00ada en que Yav\u00e9 le orden\u00f3 convocar al pueblo en asamblea para la celebraci\u00f3n de la alianza. Esta asamblea, adem\u00e1s, aparece con el determinativo \u00abdel Se\u00f1or\u00bb (23,1-8). En esta l\u00ed\u00adnea se encuentra en el discurso de Esteban de He 7,38 para indicar la asamblea del Sina\u00ed\u00ad. Siempre se trata, pues, de una asamblea que recibe su convocatoria gracias a la palabra de Dios.<\/p>\n<p>Ahora bien, en la Biblia la palabra de Dios es tanto la palabra de Yav\u00e9 directamente creativa como una instrucci\u00f3n a Israel, dada a trav\u00e9s de los profetas, como palabra de juicio y de salvaci\u00f3n. En el Nuevo Testamento tiene siempre una referencia cristol\u00f3gica, de ah\u00ed\u00ad que una teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica de la palabra de Dios asume todas estas diversas manifestaciones, desde la palabra creadora de G\u00e9n 1 hasta la denominaci\u00f3n de Cristo glorificado que ha de venir como \u00abla palabra de Dios\u00bb (Ap 19,13). La misma expresi\u00f3n \u00abpalabra de Dios\u00bb o \u00abpalabra del Se\u00f1or\u00bb es una f\u00f3rmula abreviada de la comunicaci\u00f3n de Dios por la palabra, certificada en la Biblia, gracias a que es \u00abpalabra inspirada\u00bb (DV 11).<\/p>\n<p>Ha sido especialmente la tradici\u00f3n protestante la que ha dado amplio relieve a la importancia de la Palabra para la Iglesia y en esta l\u00ed\u00adnea Lutero hizo famosas las f\u00f3rmulas: \u00abLa Iglesia est\u00e1 bajo la palabra de Dios\u00bb \u2014Ecclesia est sub Verbo Dei (WA  30 II: 682-1-10)\u2014, y \u00abel Evangelio hizo la Iglesia\u00bb \u2014Evangelium fecit Ecclesiam (WA  29,17)\u2014, sintetizadas en la expresi\u00f3n \u00abla Iglesia es creatura de la Palabra\u00bb \u2014Ecclesia creatura Verbi\u2014,  que aunque no es literalmente suya, lo interpreta bien. Por eso, Lutero, seguido fielmente por Melanchthon, Calvino y K. Barth, pone la nota b\u00e1sica para discernir la verdadera Iglesia en el que sea \u00aboyente de la palabra de Dios\u00bb (WA 3,259).<\/p>\n<p>Por parte de la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica a partir del Vaticano II se ha realizado una significativa \u00abrecepci\u00f3n\u00bb de esta visi\u00f3n de los reformadores en lo que tiene de teolog\u00ed\u00ada cristiana tradicional como tal. As\u00ed\u00ad, en el mismo concilio se encuentra ya esta concepci\u00f3n de la Iglesia como creatura Verbi  en DV 1 y como sponsa Verbi  en DV 23. Eneste sentido debe interpretarse el t\u00ed\u00adtulo de la relaci\u00f3n final citada del s\u00ed\u00adnodo de 1985, iniciado precisamente con la expresi\u00f3n Ecclesia sub Verbo Dei.<br \/>\nEn la historia de la teolog\u00ed\u00ada la reflexi\u00f3n sobre la relaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica entre palabra y sacramento con la Iglesia es m\u00e1s bien marginal. Aunque san Agust\u00ed\u00adn tiene elementos \u00fatiles cuando fundamenta la raz\u00f3n de ser del signo sacramental en la palabra de Dios con una f\u00f3rmula famosa: \u00abSe junta la palabra al elemento y este se hace sacramento, que es como una palabra visible\u00bb (accedit verbum ad elementum et fit sacramentum, tamquam visibile verbum),  ra\u00ed\u00adz del binomio agustiniano \u00absacramento audible\u00bb y \u00abpalabra visible\u00bb (sacramentum audibile \u2014verbum visibile ).  Pero este enfoque se limit\u00f3 con posterioridad exclusivamente a la sacramentolog\u00ed\u00ada, de tal forma que el mismo santo Tom\u00e1s, que hablaba de los dos principios de la Iglesia as\u00ed\u00ad: \u00abla Iglesia se funda (fundatur)  en la predicaci\u00f3n de Cristo\u00bb (Suppl.  77, a. ad 2) y \u00abla Iglesia fue creada (fabricata)  por los sacramentos\u00bb (III,  64, 2 ad 3), se limitaba a ver la predicaci\u00f3n de la palabra como simplemente \u00abdispositiva\u00bb (De Ver.  27,3 ad 12; III  q.64 a. l ad 1).<\/p>\n<p>De hecho, progresivamente se fue perdiendo la perspectiva de la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica de la palabra, con su car\u00e1cter de interpelaci\u00f3n salvadora eficaz, de tal forma que en neto contraste con el pensamiento sem\u00ed\u00adtico y a\u00fan neotestamentario, la palabra se convirti\u00f3 en s\u00f3lo palabra, como simple signo de una cosa y como tal distinta y separada de la realidad. Este es el enfoque dominante en la elaboraci\u00f3nescol\u00e1stica de la sacramentolog\u00ed\u00ada en la Edad media, que margin\u00f3 de hecho la teolog\u00ed\u00ada de la palabra. En contraste, los reformadores propusieron una recuperaci\u00f3n de esta teolog\u00ed\u00ada en funci\u00f3n del concepto central del sola fides  al que correspondi\u00f3 el sola Scriptura  con la f\u00f3rmula paradigm\u00e1tica referida de Lutero Evangelium fecit Ecclesiam (WA  29,17).<\/p>\n<p>No ser\u00e1 hasta el siglo XX cuando en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica, especialmente gracias al di\u00e1logo con los protestantes, a la teolog\u00ed\u00ada del movimiento lit\u00fargico y b\u00ed\u00adblico, a la teolog\u00ed\u00ada pastoral y misionera, se desarrollar\u00e1 la reflexi\u00f3n sobre la teolog\u00ed\u00ada de la palabra que posibilitar\u00e1 una reformulaci\u00f3n de su relaci\u00f3n con el sacramento y, derivadamente, con la Iglesia.<\/p>\n<p>El Vaticano II propone una novedosa expresi\u00f3n que se aplica a ambos elementos: la doble mesa, referida tanto a la mesa del Cuerpo de Cristo (mensa Corporis Christi\/Domini:  DV 21; SC 48), como a la mesa de la palabra de Dios (mensa Verbi Dei:  DV 21; SC 51). Se trata de subrayar el parang\u00f3n entre Escritura y Cuerpo de Cristo, tal como se encuentra tambi\u00e9n en otros textos conciliares (cf PC 6; PO 18), y que es especialmente aplicado a la palabra de Dios en la liturgia, reintegrada as\u00ed\u00ad a su lugar propio (cf SC 7, 24, 35, 92). Esta asimilaci\u00f3n se refleja ampliamente en la tradici\u00f3n a partir de la ex\u00e9gesis patr\u00ed\u00adstica de Jn 6 en la que el \u00abpan\u00bb se puede referir tanto a la eucarist\u00ed\u00ada como a la palabra (san Jer\u00f3nimo, san Agust\u00ed\u00adn&#8230;)`.<\/p>\n<p>En esta l\u00ed\u00adnea comparativa tambi\u00e9n se interpreta la afirmaci\u00f3n conciliar sobre la \u00abfuerza y virtualidad\u00bb (vis ac virtus)  de la palabra de Dios puesta de relieve por la DV 21, siguiendo la formulaci\u00f3n de Heb 4,12: \u00abLa palabra de Dios es viva y eficaz\u00bb (cf tambi\u00e9n He 20,32; lTes 2,13), que subraya \u00abla sacramentalidad de la palabra puesto que hay que aceptar una sacramentalidad de la palabra, teniendo en cuenta la \u00abverbalidad\u00bb o car\u00e1cter verbal del sacramento\u00bb.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es importante la reintegraci\u00f3n de la palabra en la definici\u00f3n del ministerio sacerdotal, tanto presbiteral como episcopal. En relaci\u00f3n al presbiterado, PO 2 se refiere al significativo texto de Rom 15,16 que califica al evangelio corno una liturgia y, m\u00e1s adelante, describe detalladamente al presb\u00ed\u00adtero como ministro de la palabra de Dios y su articulaci\u00f3n con la celebraci\u00f3n sacramental: \u00abEn la comunidad cristiana se necesita la predicaci\u00f3n de la palabra para el ministerio mismo de los sacramentos. En efecto, son sacramentos de la fe que nacen y se alimentan de la palabra. Esto vale, sobre todo, para la liturgia de la palabra en la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada, en la que se unen inseparablemente el anuncio de la muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, la respuesta del pueblo que escucha y la ofrenda misma con la que Cristo confirm\u00f3 la Nueva Alianza en su sangre. Los fieles se unen a esta ofrenda con el deseo y la recepci\u00f3n del sacramento\u00bb (PO 4).<\/p>\n<p>Con respecto al episcopado. LG 25 afirma: \u00abEntre las principales funciones de los obispos destaca el anuncio del evangelio. En efecto, los obispos son los predicadores del evangelio que llevan nuevos disc\u00ed\u00adpulos a Cristo\u00bb. Se trata de la funci\u00f3n de ense\u00f1ar o anunciar de la Palabra, propia del ministerio episcopal y enraizada en el sacramento, puesto que \u00abpor la consagraci\u00f3n episcopal se recibe la plenitud del sacramento del orden\u00bb que \u00abconfiere, junto con la funci\u00f3n de santificar, tambi\u00e9n las funciones de ense\u00f1ar y gobernar. Estas, sin embargo, por su propia naturaleza no pueden ejercerse sino en comuni\u00f3n jer\u00e1rquica con la cabeza y con los miembros del colegio episcopal\u00bb (LG 21).<\/p>\n<p>Resulta clara, pues, la prioridad ontol\u00f3gica del sacramento que comunica la plenitud del ministerio episcopal y que en su n\u00facleo interno esencial comporta que el obispo es aquel que \u00abhace las veces del mismo Cristo, Maestro, Pastor y Sacerdote, y act\u00faa en su persona\u00bb (LG 21). En referencia al ejercicio del propio ministerio de la Palabra, el obispo precisar\u00e1 de la necesaria determinaci\u00f3n \u00abjur\u00ed\u00addica\u00bb (iurisdictio =  palabra de derecho), es decir, de una palabra con fuerza jur\u00ed\u00addica, que situar\u00e1 el anuncio de la Palabra dentro de la comuni\u00f3n eclesial y jer\u00e1rquica (cf Nota Explicativa Previa 2).<br \/>\nFinalmente, es significativo que en el momento de tratar de la funci\u00f3n de santificar de los obispos en LG 26 se articulan ambas funciones as\u00ed\u00ad: \u00abPor medio del ministerio de la palabra, comunican (communicant)  a los creyentes la fuerza de Dios para la salvaci\u00f3n (cf Rom 1,16) y santifican (sanctificant)  a los fieles por medio de los sacramentos. La referencia a la Carta a los romanos, que habla de la \u00abfuerza (dynamis)  de Dios para la salvaci\u00f3n de todos los que creen\u00bb, explicita que la din\u00e1mica comunicativa que posibilita la Palabra va ligada a la fe, es decir, que es indispensable la respuesta creyente para ser salvados. En cambio, el texto no pone ninguna condici\u00f3n para ser santificados por los sacramentos.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre palabra y sacramento en la Iglesia debe tener presente que no se trata de dos magnitudes aut\u00f3nomas, sino de dos momentos de un \u00fanico proceso de la salvaci\u00f3n. Y en este proceso la palabra tiene una funci\u00f3n epistemol\u00f3gica primera. En efecto, el Vaticano I ense\u00f1a que uva revelaci\u00f3n divina por la palabra, a diferencia de la revelaci\u00f3n a trav\u00e9s de las realidades creadas, es absolutamente necesaria al ser el hombre llamado al fin sobrenatural, ya que este fin s\u00f3lo puede ser comunicado por la palabra (DENZINGERH\u00dcNERMANN, 3004s). El Vaticano II, por su lado, acent\u00faa la comprensi\u00f3n de la revelaci\u00f3n en clave conjunta de \u00abobras y palabras \u00ed\u00adntimamente unidas\u00bb (DV 2) y en este texto ofrece pistas para una comprensi\u00f3n de la revelaci\u00f3n de la Palabra como relaci\u00f3n entre las palabras y las obras, puesto que las obras confirman las palabras, y estas proclaman y explican su misterio. En la persona de Jesucristo esto acontece de forma plena, ya que es la \u00abPalabra hecha carne\u00bb (DV 4). As\u00ed\u00ad pues, el Vaticano II enriquece la comprensi\u00f3n de la revelaci\u00f3n por la palabra mediante la afirmaci\u00f3n de su \u00ed\u00adntima estructura encarnatoria y \u00absacramental\u00bb. La Palabra se sit\u00faa, pues. con una funci\u00f3n epistemol\u00f3gica, y su manifestaci\u00f3n m\u00e1s plena se da en esta realizaci\u00f3n encarnatoria, a trav\u00e9s de obras y realidades hist\u00f3ricas que gracias precisamente a la palabra aparecen como signos revelativos. Por eso, cuando aparece el sacramento la Palabra no desaparece, sino que llega as\u00ed\u00ad a su plenitud y consigue de este modo toda su eficacia en virtud de una intervenci\u00f3n decisiva de la Iglesia. Por eso se puede afirmar queel sacramento es la forma suprema de la palabra eficaz, y que, por tanto, la palabra tiene siempre ya incoativamente ese car\u00e1cter de palabra eficaz.<\/p>\n<p>Ahora bien, dado que la conexi\u00f3n m\u00e1xima entre Palabra y sacramento se da en la celebraci\u00f3n de cada uno de los siete sacramentos, se puede deducir que la relaci\u00f3n m\u00e1s profunda entre ambos elementos va ligada siempre a la dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica, social y eclesial espec\u00ed\u00adfica que caracteriza cada sacramento en particular, que se convierten y con raz\u00f3n como los m\u00e1ximos \u00absignos de la cercan\u00ed\u00ada de Dios\u00bb en cuanto que \u00ablos sacramentos cualifican, a trav\u00e9s de la relaci\u00f3n creyente hacia Jesucristo, unas realizaciones fundamentales de la vida humana\u00bb.<\/p>\n<p>El anuncio de la palabra de Dios en la Iglesia, adem\u00e1s, aunque alguna vez pueda parecer lejano de la celebraci\u00f3n sacramental, de hecho comporta siempre una din\u00e1mica interior hacia la vida cristiana, m\u00e1s a\u00fan si se tiene presente que \u00abCristo est\u00e1 siempre presente en su Iglesia, principalmente en los actos lit\u00fargicos\u00bb (SC 7), ya que \u00abla Liturgia es la cumbre y la fuente de la Iglesia\u00bb (SC 10) y, m\u00e1s concretamente, que la Eucarist\u00ed\u00ada es la \u00abfuente y la cima de toda la vida cristiana\u00bb (LG 11).<\/p>\n<p>Profundizando en este car\u00e1cter eficaz del anuncio de la palabra, la teolog\u00ed\u00ada de la Palabra se ha beneficiado de diversas referencias a la ling\u00fc\u00ed\u00adstica moderna que considera la palabra como \u00abacto de lenguaje\u00bb (J. L. Austin) y que junto con los enunciados informativos se dan tambi\u00e9n los preformativos, es decir, aquellos que realizan lo dicho (por ejemplo, el final de una asamblea mediante las correspondientes palabras del presidente). Esta perspectiva preformativa, adem\u00e1s, engloba ambos momentos espec\u00ed\u00adficos si se diferencia entre preformativo-primario, que ser\u00ed\u00ada la Palabra sola, y preformativo-expl\u00ed\u00adcito, que ser\u00ed\u00ada el Sacramento, en el que la Palabra se convierte en la \u00abforma\u00bb del sacramento (\u00abYo te bautizo&#8230;\u00bb).<\/p>\n<p>A su vez, la teolog\u00ed\u00ada sacramental ha experimentado una mayor profundizaci\u00f3n en su categor\u00ed\u00ada simb\u00f3lica, antropol\u00f3gica y comunicativa que pone de relieve la \u00ed\u00adntima uni\u00f3n entre palabra y signo. Esta \u00ed\u00adntima uni\u00f3n se puede comprender como una pericoresis\/circuminsessio  o mutua inter-implicaci\u00f3n, en el marco de una concepci\u00f3n comunicativa. En efecto, la unidad de palabra y acci\u00f3n en los sacramentos visibilizan estos como una acci\u00f3n comunicativa simb\u00f3lico-verbal y, por tanto, como la plenitud del proceso que se inicia con el anuncio de la Palabra que contin\u00faa su presencia en el sacramento tambi\u00e9n como su \u00abforma\u00bb.<\/p>\n<p>Finalmente, la funci\u00f3n de la Palabra y el sacramento aparece tambi\u00e9n como significativa en la edificaci\u00f3n de la estructura jur\u00ed\u00addica de la comuni\u00f3n eclesial. Se trata de redescubrir la dimensi\u00f3n jur\u00ed\u00addica de ambos elementos gracias a la perspectiva cristol\u00f3gica y pneumatol\u00f3gica que les inspira. En efecto, Palabra y sacramento son dos realidades diversas, rec\u00ed\u00adprocamente ordenadas, y, por tanto, dos principios estrechamente ligados y dependientes el uno del otro del \u00fanico proceso de la formaci\u00f3n de la Iglesia como lugar de salvaci\u00f3n para el hombre.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DicEc \u00c2\u00a0 \u00abLa Iglesia bajo la palabra de Dios (sub Verbo Dei) celebra los misterios de Cristo (celebrans mysteria Christi) para la salvaci\u00f3n del mundo\u00bb. 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