{"id":14927,"date":"2016-02-05T09:47:13","date_gmt":"2016-02-05T14:47:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reconciliacion-sacramento-de-la\/"},"modified":"2016-02-05T09:47:13","modified_gmt":"2016-02-05T14:47:13","slug":"reconciliacion-sacramento-de-la","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reconciliacion-sacramento-de-la\/","title":{"rendered":"RECONCILIACION (SACRAMENTO DE LA)"},"content":{"rendered":"<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEn el Nuevo Testamento encontramos importantes ense\u00f1anzas acerca del modo de afrontar el pecado. El Se\u00f1or resucitado da poder para perdonar pecados (Jn 20,21-23; Mt 18,18; cf 16,19). El perd\u00f3n mutuo es central en la doctrina de Jes\u00fas (Mt 6,12; 18,21-35) y en la comunidad primitiva (Col 3,13). Existe tambi\u00e9n la confesi\u00f3n mutua de los pecados (Sant 5,16). La Iglesia expulsa, adem\u00e1s, de su seno a los pecadores (1Cor 5,3-5; ITim 1,19-20), lo cual no deja de ser una forma de >excomuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Ser\u00e1n necesarios varios siglos para sacar todas las implicaciones del poder otorgado por Jes\u00fas a su Iglesia de perdonar pecados. Aqu\u00ed\u00ad nos ocuparemos principalmente de la dimensi\u00f3n eclesial del sacramento; otros temas relacionados habr\u00e1n de buscarse en otras fuentes.<\/p>\n<p>Ya en la Didach\u00e9  aparecen varias disposiciones acerca del modo de abordar el pecado en la comunidad: dar limosna (4,6), la confesi\u00f3n de los pecados (4,14; 14,1), el arrepentimiento (10,6). No est\u00e1 enteramente claro qu\u00e9 pr\u00e1cticas se realizaban, pero resulta evidente que el pecado y el perd\u00f3n no eran asuntos meramente privados entre el individuo y Dios. Durante varios siglos habr\u00ed\u00ada dos tendencias: una rigorista y otra m\u00e1s pastoral. La primera limitaba la posibilidad de la reconciliaci\u00f3n en el caso de determinados pecados y restring\u00ed\u00ada el acceso repetido a la reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La tensi\u00f3n es ya visible en el siglo II con\u00c2\u00a0 Hermas, que es muy importante por haber sido el primero en hacer una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la reconciliaci\u00f3n, aunque sus posiciones no son claras en todos los puntos. Hermas representa la primera reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la reconciliaci\u00f3n. Parece estar reaccionando contra un rigorismo de la primera parte del siglo II. Este rigorismo parece tener alguna fundamentaci\u00f3n en Heb 6,4-8; 10,26-31; 12,16-17, pero estos textos pueden interpretarse tambi\u00e9n como apremios pastorales a la conversi\u00f3n. Habla de la conversi\u00f3n por parte del pecador y del perd\u00f3n otorgado por Dios. Algunos autores ven en Hermas la proclamaci\u00f3n de un jubileo, antes del cual el pecador ha de arrepentirse. Pero puede tambi\u00e9n considerarse a Hermas influido por el sentido de la inminencia de la escatolog\u00ed\u00ada: el arrepentimiento apremia, por eso se considera posible una sola vez. Desgajada del contexto escatol\u00f3gico que tiene en Hermas, la idea de la \u00fanica reconciliaci\u00f3n se difundir\u00ed\u00ada por Occidente, llegando en Oriente hasta Alejandr\u00ed\u00ada. Para Hermas, la Iglesia se est\u00e1 edificando, y las piedras que no sirven para la edificaci\u00f3n de la torre de la Iglesia han de ser purificadas para no quedar definitivamente desechadas.<\/p>\n<p>Hermas no es del todo claro acerca de si todos los pecados pueden perdonarse: no habla de los tres pecados imperdonables de los montanistas. Parece, no obstante, manifestar dudas acerca de la posibilidad de perdonar la apostas\u00ed\u00ada. Una posible explicaci\u00f3n es que Hermas considere este pecado imperdonable, no a causa de su gravedad, sino a causa de la naturaleza del mismo pecado, que hace que la persona se cierre a la gracia. S\u00f3lo si uno se aparta de dicho pecado puede ser perdonado. Hermas est\u00e1 tratando claramente de situarse en una v\u00ed\u00ada media entre el rigorismo y el laxismo, que minimizaba la seriedad tanto del pecado como de los medios de arrepentimiento. Hermas no es expl\u00ed\u00adcito acerca del papel de la Iglesia en el proceso de reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La actitud de Hermas no fue universal. Hay muestras de rigorismo en Tertuliano: una sola reconciliaci\u00f3n; a partir de su \u00e9poca montanista, pecados imperdonables, incluyendo, aunque no exclusivamente, la tr\u00ed\u00adada idolatr\u00ed\u00ada-fornicaci\u00f3n-asesinato. Pero por la misma \u00e9poca Dionisio de Corinto (ca. 170), escribiendo a la Iglesia de Amastris, dispone que \u00ablos que vuelven al redil despu\u00e9s de cualquier suerte de ca\u00ed\u00adda, ya se trate de un comportamiento inadecuado o de un error her\u00e9tico, sean recibidos calurosamente\u00bb. La Didascalia apostolorum (> Colecciones apost\u00f3licas\/ Pseodoepigrapha) es tambi\u00e9n testimonio de las pr\u00e1cticas no rigoristas.<\/p>\n<p>Al menos desde el siglo III encontramos la instituci\u00f3n de la penitencia. Su forma concreta variaba de una Iglesia a otra; tenemos informaci\u00f3n sobre todo de la Iglesia africana por los escritos de Tertuliano, >Cipriano y >Agust\u00ed\u00adn. La forma desarrollada conocida por Cipriano es en muchos sentidos la de m\u00e1s clara comprensi\u00f3n.<\/p>\n<p>En los siglos anteriores, ya desde la \u00e9poca de la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica (3,5),  el papel del obispo era central. Los que comet\u00ed\u00adan pecados graves se los confesaban a \u00e9l, y \u00e9l les daba loque Agust\u00ed\u00adn llamaba la correptio,  la palabra de Dios acerca del pecado, y los exhortaba a la penitencia. En Cipriano empieza el proceso penitencial propiamente dicho, la exomologesis.  Puede que estuviera precedido por un per\u00ed\u00adodo de penitencia m\u00e1s privada. El obispo decretaba tambi\u00e9n en qu\u00e9 deb\u00ed\u00ada consistir la penitencia; por lo general era p\u00fablica y duraba meses, e incluso a\u00f1os. Esta primera fase de la penitencia era una especie de >\u00bbexcomuni\u00f3n\u00bb, ya que el penitente estaba apartado de la comuni\u00f3n de la Iglesia, especialmente de la eucarist\u00ed\u00ada. Al final, el penitente se reconciliaba por lo com\u00fan el Viernes Santo en una ceremonia lit\u00fargica que inclu\u00ed\u00ada la >imposici\u00f3n de manos por parte del obispo, y en Oriente una unci\u00f3n \u2014que con el tiempo acabar\u00ed\u00ada confundi\u00e9ndose con la >confirmaci\u00f3n\u2014.<\/p>\n<p>Toda la Iglesia participaba en el proceso de la penitencia: la Iglesia oraba incesantemente por la reconciliaci\u00f3n de los penitentes. La reanudaci\u00f3n de la vinculaci\u00f3n con la Iglesia, la pax, ten\u00ed\u00ada consecuencias efectivas con respecto a la pertenencia a la Iglesia y la vida eterna.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n del papel de los >m\u00e1rtires y los >confesores est\u00e1 muy relacionada con la reconciliaci\u00f3n de los que hab\u00ed\u00adan apostatado durante la persecuci\u00f3n (lapsi)  en Cartago. La palabra libellus  (carta) ten\u00ed\u00ada dos significados: era el certificado que los cristianos recib\u00ed\u00adan de las autoridades romanas dejando constancia de que hab\u00ed\u00adan ofrecido sacrificios a los dioses \u2014los que obten\u00ed\u00adan dicho documento por medio del soborno, sin haber ofrecido sacrificios, eran llamados libellatici\u2014; y libellus  era tambi\u00e9nel nombre que se le daba a la carta otorgada por los m\u00e1rtires antes de morir, o por los confesores antes de ser sometidos a los tormentos, en favor de aquellos que hab\u00ed\u00adan ca\u00ed\u00addo ante la prueba. Los lapsi  buscaban cartas de paz de los que hab\u00ed\u00adan confesado con el fin de facilitar su reinserci\u00f3n en la comunidad. Cipriano trat\u00f3 por lo menos de poner disciplina en la Iglesia y de someter la rehabilitaci\u00f3n de los lapsi  al control de los obispos. Reconoci\u00f3 la posici\u00f3n (praerogativa)  que los m\u00e1rtires y confesores ten\u00ed\u00adan ante Dios, de alg\u00fan modo efectiva de cara a los lapsi.  Con frecuencia argumentaba que los m\u00e1rtires pod\u00ed\u00adan ciertamente asegurarles la paz a los lapsi,  pero que era menester que estos se sometieran a las disposiciones de los obispos. No obstante, in extremis  un presb\u00ed\u00adtero o di\u00e1cono pod\u00ed\u00adan absolver cuando un di\u00e1cono hab\u00ed\u00ada otorgado un libellus.  Cipriano no dijo nunca que la pr\u00e1ctica del libellus  estuviera en contra de los usos de su Iglesia.<\/p>\n<p>En Occidente hubo m\u00e1s testimonios del rigorismo que ya observamos en Tertuliano: durante los primeros siglos s\u00f3lo hab\u00ed\u00ada posibilidad de reconciliarse una vez; por eso la penitencia se pospon\u00ed\u00ada hasta que se ve\u00ed\u00ada cercano el momento de la muerte.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del siglo VI se produjeron notables desarrollos. El n\u00famero de pecados por los que se consider\u00f3 necesaria la reconciliaci\u00f3n p\u00fablica con la Iglesia fue aumentando, por lo que la norma de no admitir m\u00e1s que una penitencia se hizo pr\u00e1cticamente imposible. Aunque probablemente no fuera la \u00fanica, la contribuci\u00f3n de los monjes celtas, irlandeses y brit\u00e1nicos, fue muy importante en este sentido; estos reconciliaban a la gente sin penitencia p\u00fablica, y tal reconciliaci\u00f3n pod\u00ed\u00ada repetirse. Los monjes fueron tambi\u00e9n los responsables del establecimiento de un \u00absistema de tarifa\u00bb, por el que los distintos pecados ten\u00ed\u00adan ya atribuida de antemano su correspondiente penitencia. Se multiplicaron los libros conocidos como \u00abpenitenciales\u00bb, en los que se establec\u00ed\u00ada la penitencia exacta para cada pecado. Tambi\u00e9n estos contribuyeron a que fuera cada vez mayor el n\u00famero de pecados que requer\u00ed\u00adan reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Durante los primeros siglos ya qued\u00f3 claro que la Iglesia interven\u00ed\u00ada en la reconciliaci\u00f3n del pecador con Dios; no bastaba con que el pecador pidiera perd\u00f3n a Dios en sus oraciones privadas. Se consideraba que los pecados graves apartaban al creyente de la \u00abcomuni\u00f3n\u00bb, por lo que se requer\u00ed\u00ada la reconciliaci\u00f3n con la Iglesia. Aunque en la Edad media todav\u00ed\u00ada est\u00e1 presente esta dimensi\u00f3n eclesial\u00bb, el sacramento de la reconciliaci\u00f3n se va viendo cada vez m\u00e1s como una reconciliaci\u00f3n del individuo con Dios por medio de la absoluci\u00f3n sacerdotal. El hondo sentido eclesial del sacramento se fue perdiendo. En la Edad media tard\u00ed\u00ada, la insistencia patr\u00ed\u00adstica en el papel del obispo en el sacramento fue aclar\u00e1ndose: los sacerdotes pod\u00ed\u00adan absolver, siempre que tuvieran >jurisdicci\u00f3n del obispo. La idea de la jurisdicci\u00f3n viene a indicar que el sacerdote no act\u00faa sui iuris  en la absoluci\u00f3n, sino que lo hace por la autoridad que le confiere la Iglesia.<\/p>\n<p>El concilio de >Florencia sirvi\u00f3 para acentuar el sentido individualista del sacramento, aunque hac\u00ed\u00ada referencia a la necesidad de la autoridad para la absoluci\u00f3n. El concilio de >Trento tuvo que abordar varios problemas. Se enfrent\u00f3 con los errores que ve\u00ed\u00ada en los reformadores. Los primeros reformadores no estaban en contra de un rito de la reconciliaci\u00f3n en cuanto tal, pero no aceptaban la sacramentalidad del mismo en el sentido en que la entend\u00ed\u00ada la Iglesia cat\u00f3lica. En los decretos de Trento se insisti\u00f3 mucho en la conversi\u00f3n del pecado y en la contrici\u00f3n por \u00e9l; la fe se consideraba tambi\u00e9n central para el sacramento. Se entend\u00ed\u00ada el papel del sacerdote a partir de dos im\u00e1genes: la del m\u00e9dico y la del juez\u00bb. La necesidad de la integridad en la confesi\u00f3n hay que verla probablemente en su contexto: el sacerdote ten\u00ed\u00ada que saber el n\u00famero y clase de los pecados con el fin de pronunciar la sentencia judicial de la absoluci\u00f3n y prescribir la satisfacci\u00f3n y los remedios adecuados\u00bb. No se daba mucho relieve al aspecto eclesial del sacramento; en cambio, se subrayaba fuertemente la necesidad de la jurisdicci\u00f3n. Se ense\u00f1aba adem\u00e1s claramente que la Iglesia ten\u00ed\u00ada poder para perdonar pecados, aun cuando los efectos del pecado se considerara que afectaban s\u00f3lo a la relaci\u00f3n del pecador con Dios.<\/p>\n<p>En el siglo XX nuevos estudios hist\u00f3ricos sobre el sacramento, especialmente los de B. M. >Xiberta y B. Poschmann, llevaron al redescubrimiento de su dimensi\u00f3n eclesial. Los pecadores no s\u00f3lo se reconcilian con Dios, sino que deben adem\u00e1s reconciliarse con la Iglesia; Xiberta afirmaba que, de hecho, es a trav\u00e9s de la reconciliaci\u00f3n con la Iglesia como estos se reconcilian con Dios. Esta nueva concepci\u00f3n eclesial estaba madura ya en la \u00e9poca del Vaticano II.<\/p>\n<p>El Concilio pidi\u00f3 una revisi\u00f3n de los ritos y las f\u00f3rmulas de la penitencia, \u00abde manera que expresen m\u00e1s claramente la naturaleza y efecto del sacramento\u00bb (SC 72). En el contexto del sacerdocio com\u00fan afirma: \u00abQuienes se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perd\u00f3n de la ofensa hecha a \u00e9l y al mismo tiempo se reconcilian con la Iglesia, a la que hirieron pecando, y que colabora a su conversi\u00f3n con la caridad, con el ejemplo y las oraciones\u00bb (LG 11)3.<\/p>\n<p>La revisi\u00f3n posconciliar de los ritos de la penitencia refleja la labor del Vaticano II. El nombre con que suele designarse el sacramento en muchos lugares es ahora \u00absacramento de la reconciliaci\u00f3n\u00bb, en lugar de \u00absacramento de la penitencia\u00bb o \u00abde la confesi\u00f3n\u00bb, aun cuando en el nuevo C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico y  en los libros lit\u00fargicos se siga manteniendo el t\u00e9rmino penitencia, usado generalmente por el concilio. En lugar de la concepci\u00f3n tridentina de \u00abjuicio\u00bb y \u00abacto judicial\u00bb, a la que s\u00f3lo se alude tres veces en la Instrucci\u00f3n general,  se pone ahora el acento en la curaci\u00f3n y en la conversi\u00f3n, t\u00e9rminos que aparecen m\u00e1s de veinte veces en el mismo documento. Se subraya adem\u00e1s fuertemente la dimensi\u00f3n eclesial: \u00abLa celebraci\u00f3n de este sacramento es siempre una acci\u00f3n en la que la Iglesia proclama su fe, da gracias a Dios por la libertad con que Cristo nos liber\u00f3 y ofrece su vida como sacrificio espiritual en alabanza de la gloria de Dios y sale al encuentro de Cristo que se acerca\u00bb .<\/p>\n<p>La f\u00f3rmula de la absoluci\u00f3n tiene tambi\u00e9n una referencia pneumatol\u00f3gica y eclesial dentro del par\u00e1metro del misterio pascual y la historia de la salvaci\u00f3n: \u00abDios, Padre misericordioso, que reconcili\u00f3 consigo al mundo por la muerte y la resurrecci\u00f3n de su Hijo y derram\u00f3 el Esp\u00ed\u00adritu Santo para la remisi\u00f3n de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perd\u00f3n y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb.<\/p>\n<p>El nuevo ritual propone tres ritos: un rito para un solo penitente con el sacerdote; un rito para la reconciliaci\u00f3n de varios penitentes, con confesi\u00f3n y absoluci\u00f3n individuales; y un rito para la reconciliaci\u00f3n de varios penitentes, con confesi\u00f3n y absoluci\u00f3n generales. El tercero de ellos s\u00f3lo puede usarse con restricciones: su celebraci\u00f3n depende del obispo local, de acuerdo con las normas establecidas por la conferencia episcopal (CIC 961)<br \/>\nAunque el renacimiento lit\u00fargico ha subrayado la dimensi\u00f3n eclesial del sacramento de la reconciliaci\u00f3n, la visi\u00f3n del sacramento en la Iglesia sigue siendo en cierto modo individualista; los nuevos planteamientos eclesiales del pecado y el perd\u00f3n\/reconciliaci\u00f3n no han arraigado todav\u00ed\u00ada profundamente en la Iglesia en su conjunto. Las ense\u00f1anzas de importantes documentos recientes \u2014por ejemplo, la exhortaci\u00f3n possinodal de 1984 sobre la reconciliaci\u00f3n y la penitencia, precedida en 1982 por un documento de la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional\u2014 no han sido todav\u00ed\u00ada suficientemente apreciadas.<\/p>\n<p>El descubrimiento de toda la riqueza de la dimensi\u00f3n eclesial del sacramento de la reconciliaci\u00f3n depender\u00e1 probablemente del incremento de la conciencia de la dimensi\u00f3n social del pecado, as\u00ed\u00ad como de sus aspectos antropol\u00f3gicos y teol\u00f3gicos. Es una constante en la tradici\u00f3n que los pecados en los que diariamente caen todos los cristianos se perdonan por muchos medios, entre ellos la penitencia personal, la oraci\u00f3n, la limosna y los actos d\u00e9 caridad. Conviene poner especial cuidado en el rito penitencial del principio de la misa; como indica el confiteor,  se trata de un reconocimiento de nuestro car\u00e1cter de pecadores, m\u00e1s que de un rito de reconciliaci\u00f3n. No obstante, la eucarist\u00ed\u00ada misma es el gran sacramento de la reconciliaci\u00f3n, si bien en los casos de pecados graves es preciso reconciliarse con la Iglesia antes de poder participar plenamente en ella.<\/p>\n<p>Las Iglesias ortodoxas practican el sacramento de la penitencia con m\u00e1s frecuencia en los monasterios que en otros lugares. Subrayan sobre todo el aspecto curativo del sacramento. Aunque en la comuni\u00f3n anglicana se encuentra a veces el sacramento de la penitencia, que es considerado en los Prayer Books,  el inter\u00e9s ecum\u00e9nico en este sacramento no es muy grande. La mayor\u00ed\u00ada de los protestantes consideran el tema del pecado m\u00e1s propio de la cura pastoral que del \u00e1mbito de los sacramentos.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DicEc \u00c2\u00a0 En el Nuevo Testamento encontramos importantes ense\u00f1anzas acerca del modo de afrontar el pecado. El Se\u00f1or resucitado da poder para perdonar pecados (Jn 20,21-23; Mt 18,18; cf 16,19). El perd\u00f3n mutuo es central en la doctrina de Jes\u00fas (Mt 6,12; 18,21-35) y en la comunidad primitiva (Col 3,13). 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