{"id":14929,"date":"2016-02-05T09:47:17","date_gmt":"2016-02-05T14:47:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/religiosidad-popular-cristiana\/"},"modified":"2016-02-05T09:47:17","modified_gmt":"2016-02-05T14:47:17","slug":"religiosidad-popular-cristiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/religiosidad-popular-cristiana\/","title":{"rendered":"RELIGIOSIDAD POPULAR CRISTIANA"},"content":{"rendered":"<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nHasta hace unas cuantas d\u00e9cadas no ha habido un inter\u00e9s acad\u00e9mico por la religiosidad popular, llamada tambi\u00e9n \u00abpiedad popular\u00bb o \u00abfe popular\u00bb. Para los eclesi\u00f3logos se trataba de una manifestaci\u00f3n marginal de la Iglesia. En Am\u00e9rica Latina se consideraba como un modo de evadir a la gente de la lucha por la liberaci\u00f3n (>Teolog\u00ed\u00adas de la liberaci\u00f3n y eclesiolog\u00ed\u00ada). Desde las reuniones del CELAM en Medell\u00ed\u00adn y, m\u00e1s particularmente, en Puebla, seguidas luego por Santo Domingo, la religiosidad popular se ha visto arraigada m\u00e1s en el cristianismo ind\u00ed\u00adgena de Latinoam\u00e9rica, dando lugar a un serio replanteamiento del tema. Desde entonces la bibliograf\u00ed\u00ada sobre el tema no ha hecho sino aumentar, especialmente en lenguas romances. En la actualidad est\u00e1n apareciendo serios estudios teol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>La religiosidad popular tiene una larga historia en el cristianismo. Se sit\u00faa a menudo entre una fe recientemente abrazada y una cultura ind\u00ed\u00adgena hondamente arraigada. Puede presentar caracter\u00ed\u00adsticas, por tanto, con muchos siglos de antig\u00fcedad. Es lo que ocurre en la religiosidad popular de muchos lugares de Am\u00e9rica Latina, Africa y Asia, especialmente las Filipinas. O puede proceder de un movimiento religioso. En la Edad media los benedictinos, especialmente Cluny, fomentaron la devoci\u00f3n a los santos, a los nombres de Jes\u00fas y Mar\u00ed\u00ada y a las misas por los difuntos. Poco despu\u00e9s encontramos el movimiento franciscano (>Francisco de As\u00ed\u00ads), un movimiento de profunda renovaci\u00f3n espiritual que trajo consigo la popularizaci\u00f3n de la devoci\u00f3n a la pasi\u00f3n de Jes\u00fas, el viacrucis y el bel\u00e9n. En una \u00e9poca en la que la liturgia, aparte de las grandes ceremonias catedralicias, se estaba alejando cada vez m\u00e1s del pueblo y haci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s cerebral, las devociones populares tocaban al pueblo en su afectividad y lo mov\u00ed\u00adan al compromiso de fe a trav\u00e9s de una gran cantidad de s\u00ed\u00admbolos.<\/p>\n<p>La religiosidad popular es dif\u00ed\u00adcil de definir; seg\u00fan la postura del observador, se subrayar\u00e1 m\u00e1s el aspecto sociol\u00f3gico, antropol\u00f3gico, psicol\u00f3gico, cultural, etnol\u00f3gico, folcl\u00f3rico o religioso. En el s\u00ed\u00adnodo de obispos de 1974 el cardenal E. Pironio hizo de ella una descripci\u00f3n amplia y \u00fatil: \u00abLa manera en que el cristianismo se encarna en las diversas culturas y estados \u00e9tnicos, y es vivida y se manifiesta en el pueblo\u00bb.<\/p>\n<p>Pueden trazarse del siguiente modo sus caracter\u00ed\u00adsticas esenciales. Es \u00abpopular\u00bb, no en el sentido de que se oponga a una religiosidad culta, cr\u00ed\u00adtica, oficial, inhabitual, madura o elitista, sino m\u00e1s bien en el sentido que tiene \u00abpopular\u00bb en las lenguas romances, es decir, \u00abrelativa al pueblo\u00bb. En cuanto tal se asocia a menudo con los pobres y los marginados, y atrae a muchos cuya educaci\u00f3n religiosa formal es en muchos aspectos poco profunda. Pero, en otro sentido, \u00abpueblo\u00bb significa tambi\u00e9n naci\u00f3n, con su cultura e historia comunes. La religiosidad popular es intuitiva, simb\u00f3lica e imaginativa; es m\u00ed\u00adstica en el sentido de que lleva la experiencia religiosa m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00ed\u00admites ordinarios; es festiva, teatral, espont\u00e1nea y celebrativa; es asistem\u00e1tica y con frecuencia inarticulada; por encima de todo, es comunitaria, pues re\u00fane a grupos de personas que se sienten unidas por v\u00ed\u00adnculos estrechos y variados: pertenencia a un mismo gremio, asociaci\u00f3n o cofrad\u00ed\u00ada, vecindad, etc. A veces es tambi\u00e9n cuesti\u00f3n pol\u00ed\u00adtica, y mantiene viva la identidad del pueblo en la lucha por su dignidad o libertad. Aunque la religiosidad popular supone un alejamiento de las ocupaciones y problemas diarios, no debe consider\u00e1rsela con demasiada facilidad escapista; la penitencia y la conversi\u00f3n ocupan un lugar muy destacado, especialmente en relaci\u00f3n con los santuarios y las promesas.<\/p>\n<p>Se puede esbozar as\u00ed\u00ad la amplia variedad de manifestaciones asociadas a la religiosidad popular: pr\u00e1cticas o creencias m\u00e1gicas o supersticiosas, algunas de ellas sin relaci\u00f3n alguna con los ritos cristianos, por ejemplo, la brujer\u00ed\u00ada o el mal de ojo; complicadas celebraciones de la Virgen y los santos, a menudo con largas fiestas; peregrinaciones a santuarios; rituales y prescripciones casi sacramentales, especialmente en relaci\u00f3n con los ritos de iniciaci\u00f3n; culto extralit\u00fargico a personas que han muerto ya o todav\u00ed\u00ada viven, y a las que se atribuyen poderes especiales. Los s\u00ed\u00admbolos de la religiosidad popular pueden considerarse de tres tipos: basados en necesidades humanas y sociales; socio-estructurales, para la construcci\u00f3n y mantenimiento de la comunidad; trascendentes y orientados hacia Dios (G. Mattai).<\/p>\n<p>La religiosidad popular mantiene en tensi\u00f3n dos verdades: Dios y los santos est\u00e1n muy distantes de nosotros en cuanto a santidad; no obstante, tienen poder y est\u00e1n cerca y se muestran benevolentes ante la miseria humana. Las oraciones llenas de confianza son frecuentes en la religiosidad popular. Aunque hay gente con muy escasa relaci\u00f3n con los valores de la Iglesia institucional, como por ejemplo la misa del domingo, que se muestra entusiasta con las devociones populares, no siempre es oportuno y necesario el juicio negativo de las mismas. La religiosidad popular se dirige a la gente all\u00ed\u00ad donde est\u00e1; el reto pastoral consiste en hacer que profundicen m\u00e1s en la vida de la Iglesia. Desde un punto de vista eclesiol\u00f3gico, es necesario seguir la postura adoptada por el Vaticano II: la Iglesia \u00abno disminuye el bien temporal de ning\u00fan pueblo; antes al contrario, fomenta y asume, y al asumirlas, las purifica, fortalece y eleva todas las capacidades y riquezas y costumbres de los pueblos en lo que tienen de bueno\u00bb (LG 13). Una de las \u00e1reas que puede necesitar purificaci\u00f3n es aquella en la que se manifiesta cierta mentalidad m\u00e1gica, donde se revela alg\u00fan intento de manipulaci\u00f3n de Dios por medio de determinadas pr\u00e1cticas religiosas; excepto en el caso de los sacramentos, nunca podemos esperar una respuesta cierta y autom\u00e1tica anuestras oraciones o ritos. El terreno de las curaciones en la religiosidad popular puede ser ambiguo y ha de discernirse caso por caso.<\/p>\n<p>Al juzgar la religiosidad popular hay que estar alerta, por supuesto, ante elementos err\u00f3neos, como la blasfema idea de que determinados favores s\u00f3lo pueden obtenerse a trav\u00e9s de Mar\u00ed\u00ada, porque Jes\u00fas los negar\u00ed\u00ada. Pero la religiosidad popular es extremadamente conservadora y las desviaciones no siempre pueden ser corregidas seg\u00fan las normas cr\u00ed\u00adticas de la teolog\u00ed\u00ada. En algunos lugares, adem\u00e1s, la religiosidad popular es una manifestaci\u00f3n seglar, que no tolera de hecho la interferencia de los cl\u00e9rigos; por eso, a veces, aunque un espect\u00e1culo merezca una valoraci\u00f3n negativa, no siempre es posible la correcci\u00f3n. Una ventana sucia puede sin embargo dejar pasar mucha luz. Y la religiosidad popular constituye casi siempre una apertura a la trascendencia. Su obstinada perduraci\u00f3n en muchos lugares puede ser ocasi\u00f3n propicia que conviene no dejar pasar de cara a la evangelizaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>En el pasado la actitud de las autoridades eclesi\u00e1sticas ha variado: a veces estas han promovido la religiosidad popular; otras veces la han tolerado, o condenado, o tratado de controlarla. Un ejemplo interesante de dicho control ha sido la sustituci\u00f3n de un sentido pagano por otro cristiano; as\u00ed\u00ad, fuentes sagradas fueron dedicadas a diversos santos, de modo que las curaciones en ellas buscadas pasaran por la intercesi\u00f3n de personajes cristianos. Despu\u00e9s de Trento hubo una reacci\u00f3n por parte de muchos pastores en contra de las manifestaciones populares.<\/p>\n<p>En el Vaticano II el tema no se estudi\u00f3 seriamente, aunque dos par\u00e1grafos de la constituci\u00f3n sobre la liturgia (SC 12-13) son importantes al respecto. El primero de ellos afirma que \u00abla participaci\u00f3n en la sagrada liturgia no abarca toda la vida espiritual\u00bb. El segundo elogia las devociones populares, con tal de que estas se adecuen a las leyes de la Iglesia; deben adaptarse tambi\u00e9n a los tiempos lit\u00fargicos. No obstante, despu\u00e9s del concilio, a menudo por una multiplicaci\u00f3n excesiva de las misas, se ha producido una decadencia general de la vida devocional. Hist\u00f3ricamente ha habido tensiones entre la liturgia y la vida devocional; no deber\u00ed\u00ada haber conflicto, puesto que ambas son necesarias.<\/p>\n<p>La actitud del magisterio universal y local ha evolucionado mucho desde el Vaticano II. Ya en la reuni\u00f3n del CELAM en Medell\u00ed\u00adn (1968), hubo declaraciones positivas acerca de la religiosidad popular. Pero fue Pablo VI quien, en su exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica sobre la evangelizaci\u00f3n, traz\u00f3 claramente el camino de la religiosidad popular. Se\u00f1ala all\u00ed\u00ad la ambig\u00fcedad y el error que puede encerrar la religiosidad popular, pero indica tambi\u00e9n los grandes valores que puede haber en ella: \u00abPuede producir mucho bien. Porque es se\u00f1al de una cierta sed de Dios, como s\u00f3lo los que son sencillos y pobres de esp\u00ed\u00adritu pueden experimentar&#8230; Puede desarrollar en lo m\u00e1s hondo de la persona virtudes rara vez encontradas de otro modo en el mismo grado, como la paciencia, la aceptaci\u00f3n de la cruz en la vida diaria, el desprendimiento, la apertura a los otros y un esp\u00ed\u00adritu de diligente servicio\u00bb. Pablo VI prefiere llamarla \u00abpiedad popular\u00bb o \u00abreligi\u00f3n del pueblo\u00bb, m\u00e1s que \u00abreligiosidad\u00bb. Insiste fuertemente en el potencial que encierra para la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La reuni\u00f3n del CELAM en Puebla reiter\u00f3 la doctrina del papa y desarroll\u00f3 un programa de pastoral: se reconocen sus valores y se hacen algunas indicaciones para fomentarla y mantenerla integrada en la vida de la Iglesia. Despu\u00e9s de Puebla, la exhortaci\u00f3n possinodal de Juan Pablo II sobre la catequesis habl\u00f3 del valor de las distintas oraciones y pr\u00e1cticas de piedad, que acaso necesiten ser purificadas pero que encierran la posibilidad de abrir a la gente a misterios m\u00e1s profundos de la fe.<\/p>\n<p>La reuni\u00f3n del CELAM de Santo Domingo se ocup\u00f3 brevemente de la religiosidad popular: est\u00e1 cada vez m\u00e1s difundida en la Iglesia y es una forma de inculturaci\u00f3n de la fe; tiene elementos extra\u00f1os que necesitan purificarse; ha de orientarse hacia la conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>La religiosidad popular es parte integrante de la vida de la Iglesia. A pesar de sus ambig\u00fcedades, puede llegar al coraz\u00f3n de la gente, al centro mismo de su ser, donde puede tener lugar el encuentro con Dios. Aunque no enteramente ausente en el protestantismo, se manifiesta m\u00e1s plenamente en la Iglesia ortodoxa y cat\u00f3lica. En una \u00e9poca en la que se busca la espiritualidad a trav\u00e9s de movimientos como el New Age  (>Movimientos no cristianos y New Age), la Iglesia tiene en la religiosidad popular grandes riquezas que puede ofrecer a la gente como medio privilegiado para experimentar la gran verdad de la >comuni\u00f3n de los santos.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DicEc \u00c2\u00a0 Hasta hace unas cuantas d\u00e9cadas no ha habido un inter\u00e9s acad\u00e9mico por la religiosidad popular, llamada tambi\u00e9n \u00abpiedad popular\u00bb o \u00abfe popular\u00bb. Para los eclesi\u00f3logos se trataba de una manifestaci\u00f3n marginal de la Iglesia. 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