{"id":14940,"date":"2016-02-05T09:47:40","date_gmt":"2016-02-05T14:47:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santa\/"},"modified":"2016-02-05T09:47:40","modified_gmt":"2016-02-05T14:47:40","slug":"santa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santa\/","title":{"rendered":"SANTA"},"content":{"rendered":"<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\n\u00abSanta\u00bb es el ep\u00ed\u00adteto de la Iglesia m\u00e1s antiguo y m\u00e1s universalmente atestiguado en los credos primitivos. Pero hay ciertos cambios en las expresiones que no son f\u00e1ciles de traducir. Afectan a la relaci\u00f3n del creyente con la Iglesia y no condicionan su caracter\u00ed\u00adstica de santidad: creo en la existencia de una Iglesia santa (credo in sancta Ecclesia);  doy mi asentimiento intelectual y me comprometo con la santa Iglesia (credo in sanctam Ecclesiam);  creo en la santa Iglesia (credo sanctam Ecclesiam).  En muchos de los credos se hace una asociaci\u00f3n con el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que precede inmediatamente al art\u00ed\u00adculo sobre la santa Iglesia, de modo que puede decirse con santo Tom\u00e1s de Aquino: \u00abCreo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo que santifica a la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>El adjetivo \u00absanta\u00bb no se aplica a la Iglesia en el Nuevo Testamento, pero hay pruebas abundantes de que los credos est\u00e1n firmemente basados en la Escritura. En el Antiguo Testamento era santo lo que era separado y consagrado por Dios; eran santos, por tanto, el templo, todo lo que hab\u00ed\u00ada en \u00e9l, los sacrificios y las oraciones. Dios es el \u00fanico Santo; no se trata s\u00f3lo de una aserci\u00f3n de su trascendencia, sino tambi\u00e9n de una afirmaci\u00f3n de que todo poder, bondad y belleza pertenecen a Dios. Dado que Dios est\u00e1 en medio del pueblo como el \u00fanico Santo (Os 11,9), el pueblo es tambi\u00e9n santo. Los miembros del pueblo han de ser purificados y llevar un comportamiento \u00e9ticamente bueno. Para el Nuevo Testamento Jes\u00fas es el Santo de Dios (Me 1,24; cf Lc 1,35), el Hijo amado y ungido con el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Lc 3,22; He 10,38). El, el \u00fanico trascendente (Ap 3,7; 6,10), se santific\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo en el sacrificio para que sus disc\u00ed\u00adpulos pudieran santificarse tambi\u00e9n (Jn 17,19-24). Despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s, sus disc\u00ed\u00adpulos, primero en Jerusal\u00e9n (He 9,13; ICor 16,1) y luego en otras partes, son llamados \u00absantos\u00bb (Rom 1,7; 16,15; lCor 1,1-2; 7,14; Ef 2,19). Son adem\u00e1s \u00abelegidos y preciosos a los ojos de Dios (&#8230;), sacerdocio real, naci\u00f3n consagrada, pueblo de su propiedad\u00bb (1Pe 2,4.9). La Iglesia es el >cuerpo de Cristo y el >templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Los miembros de la Iglesia son consagrados a la Trinidad (eis to onoma,  Mt 28,19) en el bautismo, reciben el sello del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Ef 1,13-14) y participan en el banquete del pan eucar\u00ed\u00adstico (1Cor 10,16-17). De su consagraci\u00f3n y participaci\u00f3n en la naturaleza divina (2Pe 1,4) deber\u00ed\u00ada seguirse la santidad \u00e9tica (Rom 6,12-14). Las cartas paulinas, en efecto, acaban con uno o varios cap\u00ed\u00adtulos dedicados a la exhortaci\u00f3n moral; la vida de los cristianos ha de ser un sacrificio espiritual (Rom 12,1-2).<\/p>\n<p>Pero el pecado no est\u00e1 ausente de la Iglesia del Nuevo Testamento: la comunidad primitiva fue testigo del pecado de Anan\u00ed\u00adas y Safira (He 5,1-11) y de enfrentamientos (6,1); Pablo y otros escritores apost\u00f3licos advierten continuamente contra el pecado, incluso en sus formas m\u00e1s graves (lCor 5,10-11; G\u00e1l 5,19-21; Col 3,5-8; IPe 4,3-4; Santiago passim); las par\u00e1bolas del trigo y la ciza\u00f1a y de los peces buenos y malos son muestra de la presencia del pecado (Mt 13,24-30.36-43.47-49); la constante invitaci\u00f3n de Jes\u00fas al perd\u00f3n mutuo es prueba tambi\u00e9n de que el pecado y las ofensas siguen estando presentes entre los disc\u00ed\u00adpulos (Mt 5,23-24; 6,12.14; 18,21-35) (>Reconciliaci\u00f3n).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad como la afirmaci\u00f3n de la santidad de la Iglesia en los credos es universal, las afirmaciones patr\u00ed\u00adsticas al respecto son un lugar com\u00fan. M\u00e1s dif\u00ed\u00adcil es la cuesti\u00f3n, presente desde el principio, del pecado y los pecadores. A lo largo de la historia ha habido intentos de limitar la pertenencia a la Iglesia a los santos, los predestinados e incluso, ocasionalmente, a los no casados. La respuesta de la Iglesia ha sido siempre defender la realidad de lo que >Agust\u00ed\u00adn llamaba la \u00abIglesia mixta\u00bb (Ecclesia permixta),  que incluye a los buenos y a los malos. Vemos as\u00ed\u00ad c\u00f3mo se rechazan las ideas del >novacianismo, pelagianismo, >donatismo, los >luciferianos, los >albigenses, los >fraticelli,  >Hus, Pascasio Quesnel y el s\u00ed\u00adnodo de > Pistoya. De hecho, para Agust\u00ed\u00adn uno de los signos de la verdadera Iglesia era que incluyera tanto a los pecadores como a los santos.<\/p>\n<p>En el Vaticano II la constituci\u00f3n sobre la Iglesia habla de la vocaci\u00f3n universal a la santidad de todos los miembros de la Iglesia (c. 5), y se refiere a ella como indefectiblemente santa (LG 39), dotada de una santidad genuina, aunque imperfecta (LG 48). Muchos de los miembros del concilio quer\u00ed\u00adan una declaraci\u00f3n sobre la noci\u00f3n y la naturaleza de la misma santidad. Pero la comisi\u00f3n doctrinal se neg\u00f3 a hacer una descripci\u00f3n o definici\u00f3n de tipo escol\u00e1stico; quiso, por el contrario, presentar algunos elementos, especialmente de la Escritura, que ilustran la naturaleza ontol\u00f3gica y din\u00e1mica de la santidad.<\/p>\n<p>Algunas distinciones pretenden mostrar el modo en que es santa la Iglesia, recordando siempre que la santidad es una participaci\u00f3n en lo divino y un don para la Iglesia. En primer lugar, en lo que pueden llamarse sus elementos formales: santo Tom\u00e1s afirma que la Iglesia est\u00e1constituida por la fe y los sacramentos; la Iglesia es santa por la palabra de Dios, que es el fundamento de la fe; la Iglesia es santa por los dones institucionales y carism\u00e1ticos concedidos a sus miembros (LG 12); por encima de todo, es santa por ser el >cuerpo de Cristo y su esposa, as\u00ed\u00ad como el >templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Por otra parte, muchos de los miembros de la Iglesia est\u00e1n ya en la gloria. Esta santidad objetiva es indefectible y est\u00e1 fuera del alcance del pecado. En segundo lugar, la Iglesia es santa por su consagraci\u00f3n (LG 9) y por ser el pueblo sacerdotal de Dios (LG 10). Tambi\u00e9n esta santidad es indefectible. En tercer lugar, la Iglesia es santa por la gracia, las virtudes y las obras de sus miembros, es decir, por la santidad personal de sus miembros (LG 40). Todos est\u00e1n llamados a la santidad, que se expresa en el doble amor a Dios y al pr\u00f3jimo. Podemos llamar a esto santidad \u00e9tica, la cual brota del encuentro con Dios a trav\u00e9s de los primeros elementos (formales) y de la consagraci\u00f3n bautismal y de las ayudas proporcionadas por Cristo a trav\u00e9s de su Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Aunque no hay m\u00e1s que una santidad (LG 41), son muchas las formas de vida en las que la llamada a la santidad y a la imitaci\u00f3n de Cristo (LG 40) pueden concretarse. Esto ha dado lugar a una diversidad de escuelas de espiritualidad y de ideales a lo largo de la historia. En la Iglesia primitiva el ideal m\u00e1s alto de la santidad lo encarnaba el >m\u00e1rtir, con la libre aceptaci\u00f3n de la muerte por Cristo y su evangelio. Despu\u00e9s de las persecuciones apareci\u00f3 el ideal mon\u00e1stico, permaneciendo hasta hace poco como el principal modelo de vida consagrada y santa; de hecho el Vaticano II dedic\u00f3 una atenci\u00f3n especial a las formas de vida cristiana marcadas por la adopci\u00f3n de los votos (LG 42 y c. 6; PC passim). En los \u00faltimos a\u00f1os se ha tomado cada vez m\u00e1s conciencia de que, en ciertos lugares al menos, la santidad no puede entenderse sin una dimensi\u00f3n social o pol\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del Vaticano II ha habido un renovado inter\u00e9s en el tema de la santidad, con numerosos intentos de promover formas nuevas, no mon\u00e1sticas, de santidad, especialmente para los sacerdotes diocesanos y los laicos. Han sido muchos y vigorosos los >movimientos eclesiales que han surgido para dar prueba de esta profunda renovaci\u00f3n. Por otro lado, ciertos modelos prof\u00e9ticos de santidad y el inicio de determinadas causas de beatificaci\u00f3n ponen de manifiesto la riqueza y variedad de las formas de la santidad en nuestros d\u00ed\u00adas. En el C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico  (>Derecho can\u00f3nico) se ofrece adem\u00e1s una visi\u00f3n nueva: en lugar de un libro sobre \u00abLas cosas en la Iglesia\u00bb (De rebus),  encontramos el mismo material bajo el t\u00ed\u00adtulo Libro IV. De la funci\u00f3n de santificar de la Iglesia (De Ecclesiae munere sanctificandi).  Con los importantes documentos marianos de los papas Pablo VI y Juan Pablo II (>Mar\u00ed\u00ada y la Iglesia) se refuerza la concepci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada como modelo de santidad propuesta por el Vaticano II (LG 67-69; cf SC 103).<\/p>\n<p>En las Iglesias del Oriente cristiano no encontramos escuelas de espiritualidad tal como las conocemos en Occidente. La santidad se considera la apropiaci\u00f3n de la vida divina celebrada en los misterios lit\u00fargicos; es muy expl\u00ed\u00adcitamente trinitaria y \u00aben Cristo\u00bb. La actitud del cristiano es la de humilde respuesta ante la locura de amor divina.<\/p>\n<p>En la historia de la Iglesia se plantea un problema que se remonta de hecho al mismo Nuevo Testamento. Aunque la Iglesia sea indefectiblemente santa, sigue siendo una Iglesia de pecadores. \u00bfSe puede decir entonces que la Iglesia es pecadora?. H. K\u00fcng se\u00f1ala con raz\u00f3n que no podemos suponer que todo lo que es imperfecto, err\u00f3neo o desviado en la Iglesia sea pecado, porque hay muchas cosas que se han desarrollado como lo han hecho de manera aparentemente inevitable, sin que los individuos pudieran hacer mucho al respecto. La mayor\u00ed\u00ada de los te\u00f3logos reh\u00fayen la afirmaci\u00f3n franca de que la Iglesia es pecadora; y lo mismo hace el Vaticano II. La soluci\u00f3n m\u00e1s com\u00fan es decir de alg\u00fan modo que la Iglesia es santa, pero que sus miembros son pecadores. As\u00ed\u00ad se expresa el Vaticano II: \u00abMientras Cristo, santo, inocente, inmaculado  (Heb 7,26), no conoci\u00f3 el pecado (cf 2Cor 5,21), sino que vino \u00fanicamente a expiar los pecados del pueblo (cf Heb 2,17), la Iglesia encierra en su propio seno a pecadores, y siendo al mismo tiempo santa y necesitada de purificaci\u00f3n, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovaci\u00f3n\u00bb (LG 8). Hay soluciones que son insatisfactorias porque no tienen suficientemente en cuenta todos los datos y la realidad de la Iglesia en su totalidad, con su santidad y su pecado: los pecadores est\u00e1n en  la Iglesia, pero no son de la Iglesia, soluci\u00f3n m\u00e1s bien verbal que deja el problemaintacto; o tambi\u00e9n, la Iglesia escatol\u00f3gica es la \u00fanica verdadera, cargada como est\u00e1 la terrena de pecados \u2014no hay, sin embargo, nada m\u00e1s que una Iglesia\u2014; habr\u00ed\u00ada que distinguir la Iglesia santa que es cuerpo de Cristo de la Iglesia lastrada por el pecado, pero san Agust\u00ed\u00adn afirma que la Iglesia real es coja, con una pierna fuerte y otra d\u00e9bil\u00bb. Por otro lado, el decreto sobre ecumenismo reconoce que la Iglesia es culpable cuando pide perd\u00f3n por los pecados contra la unidad (UR 7). Muchas de las soluciones que se proponen est\u00e1n viciadas por la concepci\u00f3n del pecado impl\u00ed\u00adcita en el planteamiento del problema. El pecado es una privaci\u00f3n culpable, un \u00abno ente\u00bb y, por tanto, en definitiva algo ininteligible. Por consiguiente, hablar del pecado y de la santidad en la Iglesia no es hablar de dos realidades contradictorias, simult\u00e1neamente presentes, sino de la santidad y de su privaci\u00f3n. El verbo \u00abser\u00bb en relaci\u00f3n con el pecado tiene gramatical y l\u00f3gicamente el mismo sentido que en relaci\u00f3n con la gracia, pero ontol\u00f3gicamente no. S\u00f3lo si tenemos claro el car\u00e1cter privativo del pecado podemos hablar realmente de que la Iglesia es pecadora, porque lo que estamos diciendo es que, a pesar de su indefectible santidad, a veces hay un elemento de santidad que falta en el funcionamiento de sus santas instituciones, en la vida de sus miembros. Por \u00faltimo, es mejor hablar de que la Iglesia es parcialmente pecadora, aunque indefectiblemente santa. Admitiendo que un pinchazo \u2014es decir, la ausencia de un trocito de goma en un neum\u00e1tico\u2014pudiera ser una buena analog\u00ed\u00ada del pecado, cabr\u00ed\u00ada decir que la Iglesia es como un neum\u00e1tico que pierde un poco de aire y que es necesario estar inflando continuamente; si puede circular es porque continuamente se le est\u00e1 insuflando la gracia. Con esto no hacemos sino repetir la ense\u00f1anza patr\u00ed\u00adstica resumida en la expresi\u00f3n \u00abla casta prostituta\u00bb (casta meretrix),  o en la comparaci\u00f3n de la Iglesia con la luna, que es inestable pero que continuamente recibe la luz del sol.<\/p>\n<p>La santidad es un rasgo o >nota de la Iglesia. El Vaticano 1 afirma: \u00abLa Iglesia es por s\u00ed\u00ad misma un gran y perpetuo motivo de credibilidad y un testimonio irrefutable de su misi\u00f3n divina, a causa de su admirable propagaci\u00f3n, de su eximia santidad, de su inagotable fecundidad en toda clase de bienes, de su unidad universal y de su invicta estabilidad\u00bb. Pero con el Vaticano II tenemos que decir que el pecador no est\u00e1 en plena comuni\u00f3n con la Iglesia. \u00abTener el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, lo cual por las Actas  del concilio sabemos que significa estar en estado de gracia, es un requisito indispensable para estar en comuni\u00f3n plena con la Iglesia (LG 14).<\/p>\n<p>El Vaticano II reconoci\u00f3 que hay importantes elementos de santidad no s\u00f3lo en otras Iglesias cristianas (LG 15; UR 3, 14-23) y en el juda\u00ed\u00adsmo (LG 16; NA 4), sino tambi\u00e9n en las grandes religiones de Oriente (NA 2). La santidad forma parte de la esencia del >budismo. El Vaticano II afirma: \u00abEn el budismo, seg\u00fan sus varias formas, se reconoce la insuficiencia radical de este mundo mudable y se ense\u00f1a el camino por el que los hombres, con esp\u00ed\u00adritu devoto y confiado, puedan adquirir, ya sea el estado de perfecta liberaci\u00f3n, ya sea la suprema iluminaci\u00f3n, por sus propios esfuerzos o apoyados en un auxilio superior\u00bb (NA 2). Del >hinduismo podemos decir: \u00abLa condici\u00f3n de santidad es la transparencia perfecta del Supremo en el ser humano. El santo es alguien que est\u00e1 completamente integrado en lo Absoluto y es consciente de su uni\u00f3n con Dios y la creaci\u00f3n; su conducta ser\u00e1 necesariamente consecuencia de esta constataci\u00f3n\u00bb. El Vaticano II afirma: \u00abEn el hinduismo, los hombres investigan el misterio divino y lo expresan mediante la inagotable fecundidad de los mitos y con los penetrantes esfuerzos de la filosof\u00ed\u00ada, y buscan la liberaci\u00f3n de las angustias de nuestra condici\u00f3n, ya sea mediante las modalidades de la vida asc\u00e9tica, ya sea a trav\u00e9s de profunda meditaci\u00f3n, ya sea buscando refugio en Dios con amor y confianza\u00bb (NA 2). Los cinco pilares del >islam son caminos de santidad. El Vaticano II declara: \u00abLa Iglesia mira tambi\u00e9n con aprecio a los musulmanes, que adoran al \u00fanico Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, que habl\u00f3 a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma (&#8230;). Aprecian la vida moral y honran a Dios, sobre todo, con la oraci\u00f3n, las limosnas y el ayuno\u00bb (NA 2; cf LG 16).<\/p>\n<p>Cuando decimos que la Iglesia cat\u00f3lica romana es la \u00fanica Iglesia verdadera (>Una), nos estamos refiriendo a la plenitud institucional. Los medios disponibles en la Iglesia pueden llevar a los hombres a lo m\u00e1s alto de la santidad. Al maravillarnos de las obras del Esp\u00ed\u00adritu Santo fuera de los confines de la Iglesia cat\u00f3lica, se nos est\u00e1 lanzando un reto para que utilicemos los magn\u00ed\u00adficos medios para la santidad que Cristo ha otorgado a su Iglesia y, al mismo tiempo, demos gracias por los ejemplos de santidad que recibimos de las otras Iglesias y de las otras religiones. [En s\u00ed\u00adntesis, en la confesi\u00f3n de fe sobre la santidad de la Iglesia se debe tener presente que, por su car\u00e1cter sacramental, la Iglesia es \u00abuna compleja realidad\u00bb (LG 8) en la cual deben discernirse su doble dimensi\u00f3n. Por una parte, la Iglesia es santa como \u00abMadre que congrega\u00bb (Mater congregans),  ya que ofrece siempre los dones santos y permanentes como son el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, con la Palabra y los sacramentos: estos dones son indefectiblemente santos (cf LG 26). Por otro lado, la Iglesia tiene pecado ya que como \u00abfraternidad convocada\u00bb (fraternitas convocata)  es comunidad peregrina de cristianos que incluye en su seno pecadores (cf LG 8.9; UR 6; la Ecclesia permixta  de san Agust\u00ed\u00adn), en camino hacia la \u00ab\u00ed\u00adntima uni\u00f3n con Dios y la unidad del g\u00e9nero humano\u00bb (LG 1; >Realidad \u00faltima de la Iglesia).<\/p>\n<p>Con motivo del Jubileo del a\u00f1o 2000 el papa Juan Pablo II en la carta apost\u00f3lica Tertio millennio adveniente  ha tratado de la santidad de la Iglesia y de sus pecados, especialmente con el examen de conciencia que sugiere y el arrepentimiento correspondiente; en efecto: \u00abLa consideraci\u00f3n de las circunstancias atenuantes no dispensa a la Iglesia el deber de lamentar profundamente las debilidades de tantos hijos suyos, que han desfigurado su rostro, impidi\u00e9ndole reflejar plenamente la imagen de su Se\u00f1or crucificado\u00bb (TMA 35). Esta perspectiva tuvo sus efectos m\u00e1s visibles en la demanda de perd\u00f3n del papa Juan Pablo II el 12 de marzo del a\u00f1o jubilar. Por otro lado, la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional dio una articulaci\u00f3n teol\u00f3gica m\u00e1s amplia a toda esta cuesti\u00f3n en un documento espec\u00ed\u00adfico del a\u00f1o 2000, titulado Memoria y reconciliaci\u00f3n. La Iglesia y las culpas del pasado.]<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DicEc \u00c2\u00a0 \u00abSanta\u00bb es el ep\u00ed\u00adteto de la Iglesia m\u00e1s antiguo y m\u00e1s universalmente atestiguado en los credos primitivos. Pero hay ciertos cambios en las expresiones que no son f\u00e1ciles de traducir. Afectan a la relaci\u00f3n del creyente con la Iglesia y no condicionan su caracter\u00ed\u00adstica de santidad: creo en la existencia de una Iglesia &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santa\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSANTA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-14940","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14940","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14940"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14940\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14940"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14940"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14940"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}