{"id":14944,"date":"2016-02-05T09:47:48","date_gmt":"2016-02-05T14:47:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sensus-fideisensus-fidelium\/"},"modified":"2016-02-05T09:47:48","modified_gmt":"2016-02-05T14:47:48","slug":"sensus-fideisensus-fidelium","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sensus-fideisensus-fidelium\/","title":{"rendered":"SENSUS FIDEI\/SENSUS FIDELIUM"},"content":{"rendered":"<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\n\u00abFe\u00bb puede tener b\u00e1sicamente dos significados: el contenido objetivo de lo que se cree (fides quae) y  la virtud o acto por los que el fiel cree (fides qua).  Durante los once primeros siglos por fe de la Iglesia se entend\u00ed\u00ada generalmente el contenido objetivo de la misma; las herej\u00ed\u00adas hac\u00ed\u00adan que los concilios y los >padres de la Iglesia insistieran en la ortodoxia, en la recta fe. En el per\u00ed\u00adodo escol\u00e1stico, en conexi\u00f3n con el bautismo de ni\u00f1os, \u00abfe de la Iglesia\u00bb pas\u00f3 a significar tambi\u00e9n el acto de la comunidad creyente, que en el sistema sacramental era comunicable a los individuos: la fe de la Iglesia supl\u00ed\u00ada la falta de fe en el ni\u00f1o que era bautizado o en el ministro hereje del sacramento.<\/p>\n<p>En la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea hay tres temas que pueden confundirse y que a veces se consideran casi equivalentes; habr\u00ed\u00ada sin embargo que distinguirlos cuidadosamente. El sentido de la fe (el sensus fidei  de LG 12) se refiere a un instinto sobrenatural de la verdad en materias de fe; corresponder\u00ed\u00ada a la fides qua  antes mencionada. El sentido de los fieles (sensus fidelium)  es la creencia de la fe; corresponder\u00ed\u00ada a la fides quae,  a lo que se cree. Por \u00faltimo, el consenso de los fieles (consensus fidelium)  se refiere a una fe compartida por todos los fieles. Si se hace un breve repaso hist\u00f3rico, puede verse c\u00f3mo estas tres nociones, aunque distintas, est\u00e1n relacionadas entre s\u00ed\u00ad. La bibliograf\u00ed\u00ada al respecto es muy numerosa.<\/p>\n<p>En las Escrituras encontramos indicaciones de que el Esp\u00ed\u00adritu concede a la comunidad una especial sensibilidad con respecto a la verdad (cf ICor 2,6-16; Jn 14,2-6; 16,12-15; 1Jn 2,20-21.27). Ser\u00e1 Dios quien los instruya (cf Jn 6,45). La ense\u00f1anza (>Maestros) es un oficio o carisma personal y una actividad de la comunidad. En el per\u00ed\u00adodo patr\u00ed\u00adstico encontramos testimonios de la importancia que tiene la captaci\u00f3n de la fe por parte de todos los fieles. No hay m\u00e1s que recordar el ejemplo que pone un te\u00f3rico del sensus fidelium  como J. H. >Newman: \u00abVeo pues en la historia arriana un ejemplo palmario de un estado de la Iglesia durante el cual, con el fin de conocer la tradici\u00f3n de los ap\u00f3stoles, es menester recurrir a los fieles&#8230; Su voz es entonces la voz de la tradici\u00f3n\u00bb. La insistencia de los reformadores del siglo XVI en la lectura personal de las Escrituras, en la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu a los creyentes que las leen y el rechazo general de los ministerios, llev\u00f3 al concilio de Trento a mostrarse desconfiado del sensus fidelium,  prefiriendo otros t\u00e9rminos. En el siglo XIX tiene poco relieve.<\/p>\n<p>Las definiciones marianas de la Inmaculada Concepci\u00f3n (1854) y de la Asunci\u00f3n (1950) son dos ejemplos cr\u00ed\u00adticos del sensus fidelium.  En ambos casos los papas, P\u00ed\u00ado IX y P\u00ed\u00ado XII, consultaron a los obispos. Y preguntaron a los obispos no s\u00f3lo por su parecer como maestros oficiales de la Iglesia, sino tambi\u00e9n por la fe de los fieles. Se vio en estas doctrinas el consensus fidelium.  Las mismas definiciones parten de la fe universal de la Iglesia, antes de aportar indicaciones de la Escritura y la tradici\u00f3n. El tema del sensus fidelium  qued\u00f3 eclipsado por las definiciones del Vaticano I sobre el primado y la infalibilidad. Hasta la d\u00e9cada de 1950 no volver\u00ed\u00ada a estudiarse de nuevo en profundidad la cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>En la constituci\u00f3n sobre la Iglesia se hace una afirmaci\u00f3n importante en el par\u00e1grafo que trata de la participaci\u00f3n de los fieles en la funci\u00f3n prof\u00e9tica de Cristo; se trata de una descripci\u00f3n del sensus fidei:  \u00abLa totalidad de los fieles, que tienen la unci\u00f3n del Santo (cf 1 Jn 2,20.27), no puede equivocarse cuando cree, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo cuando, \u00abdesde los obispos hasta los \u00faltimos fieles laicos\u00bb (AGUST\u00ed\u008dN, De praed. sanct.,  14,27), presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres. Con este sentido de la fe, que el Esp\u00ed\u00adritu de verdad suscita y mantiene, el pueblo de Dios se adhiere indefectiblemente a la fe confiada de una vez para siempre a los santos  (Jds 3), penetra m\u00e1s profundamente en ella con juicio certero y le da m\u00e1s plena aplicaci\u00f3n en la vida, guiado en todo por el sagrado magisterio, someti\u00e9ndose al cual no acepta ya una palabra de hombres, sino la verdadera palabra de Dios (cf I Tes 2,13)\u00bb (LG 12; cf 35 en el contexto del oficio prof\u00e9tico de los laicos). Los verbos que se usan son importantes: el sentido de la fe es suscitado y mantenido (excitatur y sustentatur)  por el Esp\u00ed\u00adritu; es guiado en todo por el sagrado magisterio (sub ductu sacri magisterii);  el pueblo acepta (accipit)  la palabra de Dios y se adhiere a ella (adhaeret),  penetra en ella (penetrar) y  la aplica (applicat)  a la vida. Se asigna un papel claro al\u00c2\u00a0 magisterio, pero en este pasaje se considera que todos los miembros de la Iglesia pueden ense\u00f1ar y todos deben aprender; en el cap\u00ed\u00adtulo 2, titulado El pueblo de Dios  (no Los laicos),  no hay lugar para una divisi\u00f3n dentro de la Iglesia entre una jerarqu\u00ed\u00ada encargada de ense\u00f1ar y unos laicos cuya misi\u00f3n consiste s\u00f3lo en escuchar, aunque m\u00e1s adelante se habla detenidamente del ministerio doctrinal particular de la jerarqu\u00ed\u00ada (LG 25). Como testimonia la tradici\u00f3n primitiva, todos a su modo pueden ense\u00f1ar y aprender. Al recibir esta ense\u00f1anza conciliar, el C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico  (Can. 750)  la ha atenuado hasta el punto de distorsionarla.<\/p>\n<p>Un ingrediente nuevo de finales del siglo XIX y el siglo XX es el papel asumido por el >magisterio romano. En \u00e9pocas anteriores las declaraciones conciliares y papales ven\u00ed\u00adan, por lo com\u00fan despu\u00e9s de una crisis, al final de un proceso. Ahora, en cambio, el magisterio brinda espont\u00e1neamente su ense\u00f1anza. Un problema agudo que se plantea es c\u00f3mo lo recibe la Iglesia (>Recepci\u00f3n) y hasta qu\u00e9 punto est\u00e1 abierto a examen y cr\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>El sentido de la fe (el sensus fidei  de LG 12) es evidentemente crucial en el >desarrollo doctrinal, que revela al final el sentido de la fe o consenso en torno a una determinada verdad. Pero sigue siendo una cuesti\u00f3n dif\u00ed\u00adcil el determinar los criterios para establecer este sensus fidelium.  No puede ser cuesti\u00f3n de mayor\u00ed\u00ada en una votaci\u00f3n ni de una apelaci\u00f3n vaga a la opini\u00f3n p\u00fablica. Algunos criterios son: la conciencia de que todos est\u00e1n guiados por el Esp\u00ed\u00adritu; los elementos pr\u00e1cticos e intelectuales implicados; la actividad de los laicos y del magisterio en la b\u00fasqueda de la verdad; la necesidad de un di\u00e1logo y una cr\u00ed\u00adtica abiertos, as\u00ed\u00ad como de una comunicaci\u00f3n adecuada; la necesidad de un discernimiento que tenga lugar dentro de un esp\u00ed\u00adritu de >koin\u00f3nia;  el examen de las posturas de los que se consideran equivocados con el fin de detectar los posibles valores encerrados en sus falsas posiciones.<\/p>\n<p>Aunque la Iglesia cat\u00f3lica ha desarrollado cada vez m\u00e1s en los \u00faltimos siglos instancias institucionales y centralizadas para la defensa de la ortodoxia, pueden aprenderse algunas lecciones de las otras Iglesias. Estas muestran que se puede confiar en la Escritura, la liturgia, las f\u00f3rmulas de fe, los di\u00e1logos y las asambleas para que los fieles permanezcan en la verdad. Por \u00faltimo, hace falta paciencia, porque la fe, como todo lo que est\u00e1 vivo, crece, pero pasa tambi\u00e9n por momentos de aparente declive. La esperanza y el valor hacen falta especialmente cuando parece que multitud de dificultades bloquean la recepci\u00f3n de la verdad o dificultan la obtenci\u00f3n de la misma, de modo que da la impresi\u00f3n de que la Iglesia carece durante alg\u00fan tiempo de respuesta definitiva a ciertos problemas urgentes, o sus respuestas parecen parciales. El peligro en tales circunstancias es pensar que s\u00f3lo los profesionales (el magisterio y los te\u00f3logos) est\u00e1n en condiciones de encontrar y ofrecer la respuesta; el Esp\u00ed\u00adritu puede estar guiando a otros miembros del pueblo de Dios hacia nuevas concepciones y visiones m\u00e1s profundas que enriquezcan luego a la Iglesia en su conjunto. En todos ha de haber el deseo de pensar y sentir con la Iglesia (sentire cum Ecclesia)  en el sentido ignaciano de un marco mental habitual (sentido)  de lealtad y amor (>Ignacio de Loyola; > Amor a la Iglesia).<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DicEc \u00c2\u00a0 \u00abFe\u00bb puede tener b\u00e1sicamente dos significados: el contenido objetivo de lo que se cree (fides quae) y la virtud o acto por los que el fiel cree (fides qua). 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