{"id":14945,"date":"2016-02-05T09:47:53","date_gmt":"2016-02-05T14:47:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sinodalidad\/"},"modified":"2016-02-05T09:47:53","modified_gmt":"2016-02-05T14:47:53","slug":"sinodalidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sinodalidad\/","title":{"rendered":"SINODALIDAD"},"content":{"rendered":"<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSinodalidad es tan amplio como la misma Iglesia, puesto que esta es una koin\u00f3nia  (>Comuni\u00f3n-koin\u00f3nia) y,  por tanto, todas sus acciones deben estar marcadas por la sinodalidad. Para los primeros cristianos significaba originariamente \u00abviajar en com\u00fan\u00bb, se utilizaba para designar la asamblea lit\u00fargica y, sobre todo, la misma Iglesia con aquella f\u00f3rmula paradigm\u00e1tica de san Juan Cris\u00f3stomo: \u00abEkkl\u00e9sia synodon estin onoma\u00bb.  Por eso la existencia y el desarrollo de la sinodalidad es el fruto normal de una Iglesia-comuni\u00f3n que es una \u00ab>fraternidad en Cristo\u00bb (seg\u00fan Ireneo, Tertuliano, etc).<\/p>\n<p>Los or\u00ed\u00adgenes de la sinodalidad eclesial se remontan de alguna manera hasta el \u00abconcilio de Jerusal\u00e9n\u00bb de He 15, cap\u00ed\u00adtulo claramente redaccional, pero que los estudios recientes (especialmente los de los exegetas J. Roloff y R. Pesch y el historiador H. J. Sieben) vuelven a retomar como base de la primera teolog\u00ed\u00ada de la sinodalidad. Ser\u00e1 a partir de Eusebio de Cesarea cuando la palabra synodos se  convierta en t\u00e9rmino t\u00e9cnico para describir las asambleas eclesiales.<\/p>\n<p>Para san Juan Cris\u00f3stomo, como se ha observado, ser\u00e1 sin\u00f3nimo de Iglesia y progresivamente servir\u00e1 para calificar las asambleas de obispos \u2013synodos ton episkop\u00f3n\u2013  (Dionisio de Alejandr\u00ed\u00ada, >Constituciones apost\u00f3licas, Eusebio y san >Le\u00f3n I Magno). En el mundo latino se traducir\u00e1 por \u00absynodus\u00bb y tambi\u00e9n por la ra\u00ed\u00adz claramente latina \u00abconcilium\u00bb, siendo los dos sin\u00f3nimos. Uso que se alargar\u00e1 hasta el Vaticano II en el que de las ciento treinta y seis veces que usa la palabra \u00absynodus\u00bb, s\u00f3lo diez no se identifica con Concilio ecum\u00e9nico. En cambio, tanto en el C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico  como en el C\u00f3digo de c\u00e1nones de las Iglesias orientales  se prescinde de tal sinonimidad.<\/p>\n<p>Para una aproximaci\u00f3n correcta al problema de la sinodalidad se debe tener presente que no se puede identificar tan s\u00f3lo a la actividad colegial de los obispos, sino tambi\u00e9n a nivel m\u00e1s general en la Iglesia. Por esta raz\u00f3n, puede ser \u00fatil sustituir el t\u00e9rmino \u00abcolegialidad\u00bb por el de \u00absinodalidad\u00bb, mucho m\u00e1s amplio, ya que implica las Iglesias concretas y no s\u00f3lo los obispos. La dificultad en el vocabulario refleja una problem\u00e1tica m\u00e1s profunda: la comprensi\u00f3n de la \u00ab> communio ecclesiarum\u00bb de LG 23. De hecho, curiosamente el concilio no usa los sustantivos abstractos de \u00absinodalidad\u00bb, \u00abconciliaridad\u00bb y \u00abcolegialidad\u00bb, a\u00fan m\u00e1s evita los adjetivos \u00absinodal\u00bb y \u00abconciliar\u00bb, restringiendo austeramente su l\u00e9xico tan s\u00f3lo al adjetivo \u00abcolegial\u00bb (ratio\/unio collegialis:  LG 22). Fue Y. Congar quien us\u00f3 por primera vez esta expresi\u00f3n para traducir la palabra \u00ab>sobornost\u00bb.<\/p>\n<p>La sinodalidad, en definitiva, siendo la dimensi\u00f3n operativa de la >communio ecclesiarum,  se realiza en su sentido m\u00e1s pleno en el ejercicio del ministerio episcopal. Se expresa de forma plena y suprema, v\u00e1lida para toda la Iglesia, en la actividad ordinaria o colegial del coetus episcoporum y  se realiza con valor vinculante, limitado a una agrupaci\u00f3n de Iglesias locales, en los concilios provinciales y en las >conferencias episcopales. En la Iglesia local, la sinodalidad se expresa con una participaci\u00f3n cualitativa diferente de la sinodalidad episcopal, en la actividad de los presb\u00ed\u00adteros dentro del presbiterio y, como experiencia an\u00e1loga, en la actividad de los laicos dentro de las estructuras sinodales propias de la Iglesia local, especialmente en el consejo pastoral diocesano y, a partir de este, en los restantes (parroquial, arciprestal, sectorial, zonal&#8230;) (>Consejos diocesanos\/ pastorales\/presbiterales; >S\u00ed\u00adnodos diocesanos y concilios particulares\/ provinciales; >Aconsejar en la Iglesia).<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: 0. Planteamiento: la Iglesia tiene nombre de s\u00ed\u00adnodo. &#8211; 1. La sinodalidad, un kair\u00f3s en la b\u00fasqueda pastoral: 1.1. La sinodalidad pastoral, desde las pr\u00e1cticas pastorales. 1.2. La sinodalidad en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y magisterial. &#8211; 2. La sinodalidad desde sus criterios teol\u00f3gico-pastorales. &#8211; 3. El ejercicio de la sinodalidad pastoral: 3.1. El desarrollo sinodal entre los sujetos eclesiales. 3.2. La sinodalidad en los organismos diocesanos. 3.3. Las actitudes de una espiritualidad sinodal. 3.4. La recreaci\u00f3n del talante sinodal entre los fieles. &#8211; Conclusi\u00f3n: proyectar sinodalmente la pastoral.<\/p>\n<p>0. Planteamiento: la Iglesia tiene nombre de s\u00ed\u00adnodo<br \/>\nHace muchos a\u00f1os S. Juan Cris\u00f3stomo afirmaba que \u00abla Iglesia tiene nombre de reuni\u00f3n o de s\u00ed\u00adnodo\u00bb. Con ello expresaba la urdimbre comunitaria y lit\u00fargica que siempre ha de acompa\u00f1ar la actividad eclesial en su dimensi\u00f3n m\u00e1s profunda. Actualmente la categor\u00ed\u00ada de sinodalidad est\u00e1 recobrando cada d\u00ed\u00ada mayor fuerza en la b\u00fasqueda de una imagen adecuada que oriente las acciones eclesiales desde sus situaciones concretas.<\/p>\n<p>Por ello, las praxis pastorales han de mostrar con evidencia este horizonte teol\u00f3gico. Por nuestra parte exponemos en primer lugar el kair\u00f3s que se nos desvela hoy como b\u00fasqueda y anhelo de unos sujetos eclesiales; \u00e9stos requieren una verdadera conversi\u00f3n que ponga en evidencia de forma m\u00e1s significativa el Evangelio del Reino entre los hombres y mujeres. Dicho kair\u00f3s nos conduce a profundizar en la criteriolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gico-pastoral respecto a la sinodalidad. Finalmente, tanto el kair\u00f3s como los criterios esbozados apuntan hacia unos principios de acci\u00f3n que puedan establecerse praxiol\u00f3gicamente en lo cotidiano de la acci\u00f3n pastoral de las iglesias locales (o di\u00f3cesis) entre sus diversos y pluriformes sujetos evangelizadores.<\/p>\n<p>1. La sinodalidad, un kair\u00f3s en la b\u00fasqueda pastoral<br \/>\nLa Iglesia, en cuanto acontecimiento pneumatol\u00f3gico que vive de la Pascua y de Pentecost\u00e9s, en cada circunstancia hist\u00f3rica ha de plantearse con honradez cu\u00e1l es la mejor figura que la desvela como continuadora de la misi\u00f3n trinitaria. Atendiendo a la evoluci\u00f3n postconciliar, se puede apreciar c\u00f3mo la sinodalidad est\u00e1 adquiriendo mayor importancia, aspecto que viene urgido, a nuestro juicio, desde un doble horizonte que necesita ser integrado: tanto desde el discernimiento concreto de las pr\u00e1cticas pastorales como desde la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y magisterial.<\/p>\n<p>1.1. La sinodalidad pastoral, desde las pr\u00e1cticas pastorales<br \/>\nResulta llamativo observar c\u00f3mo el Vaticano II no habl\u00f3 expresamente de los s\u00ed\u00adnodos diocesanos; algunos autores aluden a ChD 26, pero dicha referencia se sit\u00faa a escala de diversas iglesias, no en la perspectiva de la iglesia local. Sin embargo, y aqu\u00ed\u00ad se halla su importancia, la realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00adnodos diocesanos est\u00e1 adquiriendo aut\u00e9nticos rasgos de novedad y universalidad.<\/p>\n<p>Sus primeros pasos cabe situarlos en las experiencias eclesiales centroeuropeas, que si bien no encontraron un marco adecuado, s\u00ed\u00ad supusieron el inicio de una tendencia imparable (as\u00ed\u00ad el Concilio Holand\u00e9s, el S\u00ed\u00adnodo com\u00fan de las di\u00f3cesis de la Rep\u00fablica Federal Alemana, el de la Rep\u00fablica Democr\u00e1tica Alemana, el proceso sinodal austriaco, el S\u00ed\u00adnodo suizo&#8230;). En las mencionadas experiencias pastorales encontramos el germen; pero el decurso de los a\u00f1os ha conllevado una aut\u00e9ntica floraci\u00f3n sinodal a escala cat\u00f3lica. En nuestros contextos cercanos resulta significativo comprobar la naturalidad con que se ha introducido esta pr\u00e1ctica eclesial: as\u00ed\u00ad, al leer diversa literatura pastoral francesa e italiana se observa la continua referencia a estos institutos y a la necesidad intr\u00ed\u00adnseca de realizar pr\u00e1cticas pastorales que vengan marcadas por la sinodalidad.<\/p>\n<p>Si dirigimos hoy la mirada a nuestra realidad espa\u00f1ola cabe concluir que de las 68 di\u00f3cesis que conforman el mapa eclesial, la nada desde\u00f1able proporci\u00f3n de m\u00e1s de dos tercios de las iglesias locales han desarrollado alg\u00fan tipo de experiencia sinodal prolongada. Han realizado (o est\u00e1n es proceso) s\u00ed\u00adnodos diocesanos veintid\u00f3s (32%), mientras que trece han celebrado asambleas sinodales (19%) y doce han participado en alguno de los dos concilios provinciales, gallego o tarraconense (18%).<\/p>\n<p>Este dato evidencia que la manifiesta floraci\u00f3n sinodal responde a un nuevo encuadre teol\u00f3gico-pastoral que busca una verdadera renovaci\u00f3n eclesial de sus sujetos y protagonistas en vistas a la comuni\u00f3n y misi\u00f3n. Pero dicha renovaci\u00f3n se convierte en una aut\u00e9ntica auto-realizaci\u00f3n diocesana en los s\u00ed\u00adnodos, reclamando una permanente y eficaz edificaci\u00f3n sinodal en, desde y para la pastoral cotidiana.<\/p>\n<p>1.2. La sinodalidad en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y magisterial<br \/>\nEl mencionado proceso resulta imparable, no pudi\u00e9ndole tildar de casual ni espor\u00e1dico. A la par se va gestando una verdadera reflexi\u00f3n eclesiol\u00f3gica en la cual cada vez m\u00e1s va adquiriendo carta de ciudadan\u00ed\u00ada esta dimensi\u00f3n de la sinodalidad, aspecto que cabe relacionarlo con la categor\u00ed\u00ada de recepci\u00f3n eclesial; como muestra, baste comprobar varios manuales actuales de eclesiolog\u00ed\u00ada del \u00e1rea europea. Igualmente, el aludido proceso se puede observar tambi\u00e9n en el desarrollo magisterial. El propio Juan Pablo II ha manifestado su preferencia por un m\u00e9todo sinodal en la responsabilidad eclesial y desear\u00ed\u00ada que se le recordara como el \u00abPapa de los s\u00ed\u00adnodos\u00bb. En Tertio Millennio Adveniente, se habla de un \u00abtono nuevo, desconocido\u00bb hasta el Vaticano II que \u00abconstituye \u00abun anuncio de tiempos nuevos\u00bb. Desde este presupuesto se reconoce que en la preparaci\u00f3n del jubileo, en cuanto recepci\u00f3n del concilio, \u00abse inscribe la serie de s\u00ed\u00adnodos iniciada tras el concilio Vaticano II: s\u00ed\u00adnodos generales y s\u00ed\u00adnodos continentales, regionales, nacionales y diocesanos. El tema fundamental es el de la evangelizaci\u00f3n y as\u00ed\u00ad mismo la nueva evangelizaci\u00f3n\u00bb (n\u00c2\u00b0 20s.).<\/p>\n<p>En el a\u00f1o 1997 la Congregaci\u00f3n para los Obispos y la Congregaci\u00f3n para la Evangelizaci\u00f3n de los Pueblos publicaron la Instrucci\u00f3n sobre los s\u00ed\u00adnodos diocesanos. Su objetivo era establecer con claridad las pautas conforme a las cuales deben celebrarse los s\u00ed\u00adnodos diocesanos. Resulta significativo el horizonte que se marca. Como apertura del documento quedan establecidos -a la luz de la Constituci\u00f3n Apost\u00f3lica Sacrae discipline leges (1983), por la que quedaba promulgado el actual c\u00f3digo de derecho can\u00f3nico-\u00ablos principales elementos que, seg\u00fan el concilio Vaticano II, caracterizaban la verdadera y propia imagen de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>Esa figura de la iglesia que continuamente ha de buscarse en las realizaciones pastorales ha de mostrar estos rasgos: la Iglesia como Pueblo de Dios, la autoridad jer\u00e1rquica como servicio, la Iglesia como comuni\u00f3n que articula las relaciones entre la iglesia particular y la universal, entre colegialidad y primado, la participaci\u00f3n de todos los bautizados (cada uno a su modo) en el ministerio de Cristo. En definitiva, la sinodalidad, en su ejercicio pastoral concreto, condensa y expresa de modo concreto las nueva perspectivas propuestas por el Vaticano II y se manifiesta como un kair\u00f3s que necesita unas praxis concretas y acordes.<\/p>\n<p>2. La sinodalidad desde sus criterios teol\u00f3gico-pastorales<br \/>\nJunto a otros muchos motivos, resulta innegable el hecho de que cada d\u00ed\u00ada se viene solicitando una mayor participaci\u00f3n en la vida y misi\u00f3n de la Iglesia, tambi\u00e9n por influencia de las din\u00e1micas democr\u00e1ticas de la sociedad. Para responder a esta demanda y buscando en el propio ser eclesial, se han ido fortaleciendo conceptos eclesiol\u00f3gicos como participaci\u00f3n y corresponsabilidad. El primero de ellos puede tener connotaciones y equ\u00ed\u00advocos asamblearios; el segundo quiz\u00e1s no deja suficientemente clara la diversidad ministerial y de funciones en el seno eclesial. Por el contrario, la sinodalidad comporta en s\u00ed\u00ad misma un mayor grado de responsabilidad en el desarrollo concreto de su ejercicio, mientras que los t\u00e9rminos anteriores pueden quedar reducidos al voluntarismo ideol\u00f3gico. Por ello, actualmente se tiende a situar la preferencia en la figura sinodalidad, que si bien es cierto que es un neologismo, inmediatamente hace referencia a una palabra de sentido eclesial profundo, la de s\u00ed\u00adnodo.<\/p>\n<p>Las mencionadas influencias de la sociedad civil han apoyado ciertas interpretaciones sociol\u00f3gicas de la Iglesia, de uno y de otro signo. Para algunos, la Iglesia deber\u00ed\u00ada situarse en clave de democracia; otros, por el contrario, influenciados tambi\u00e9n por contextos pol\u00ed\u00adticos, mantienen solapadamente la identidad eclesial con la monarqu\u00ed\u00ada. La Iglesia no puede anhelar la adecuaci\u00f3n sociol\u00f3gica de la democracia en su funcionamiento, quedando al caprichoso arbitrio de mayor\u00ed\u00adas o minor\u00ed\u00adas, puesto que toda ella se sit\u00faa ante su Se\u00f1or: es Pueblo de Dios establecido en ministerialidad, con diversidad de funciones. Otro aspecto diverso es que ella misma deba promover la democracia como sistema pol\u00ed\u00adtico entre los hombres.<\/p>\n<p>Pero tampoco es una monarqu\u00ed\u00ada, ya que sus miembros son iguales en la dignidad por el bautismo, seg\u00fan la condici\u00f3n y las competencias propias de cada uno. En otro plano se halla la forma seg\u00fan la cual se ha de ejercer la autoridad que se adquiere por el sacramento del orden: en todo momento ha de mirar al servicio y a la unidad de la comunidad, asumiendo con realismo que no siempre es f\u00e1cil su ejercicio concreto.<\/p>\n<p>La v\u00ed\u00ada de salida se centra en la sinodalidad como modo peculiar que la Iglesia aporta al mundo desde su vivencia a escala interna, convirti\u00e9ndose en forma concreta de funcionamiento de las comunidades eclesiales determinadas. El ejercicio de corresponsabilidad y de participaci\u00f3n aut\u00e9nticas, la integraci\u00f3n de todos en una vida compartida, el respeto a los diversos carismas, la autoridad entendida como servicio, la complementariedad de las diferencias, la transparencia de las instituciones, el di\u00e1logo y la escucha en la toma de decisiones a trav\u00e9s de un discernimiento asumido con seriedad por todos, la capacidad de integrar tensiones, etc., deben ser aspectos que reflejan la alegr\u00ed\u00ada familiar de la comunidad convocada por Dios para el anuncio del Reino, los cuales entienden la sinodalidad como el tejido de la iglesia local en vistas a la creaci\u00f3n de un sujeto eclesial consciente de su vocaci\u00f3n y misi\u00f3n.<\/p>\n<p>En consecuencia, se requiere ofrecer una definici\u00f3n de sinodalidad que sirva de paradigma. Esta, sin pretensiones de ultimidad, podr\u00ed\u00ada enunciarse as\u00ed\u00ad:<\/p>\n<p>La sinodalidad es aquella dimensi\u00f3n teol\u00f3gico-eclesial que enra\u00ed\u00adza pneumatol\u00f3gicamente con la koinon\u00ed\u00ada de la Iglesia. Por tanto, su origen y meta, se hallan en la comuni\u00f3n trinitaria que nos precede, acompa\u00f1a y a la que nos orienta. Su car\u00e1cter existencial se basa en la igualdad radical de un pueblo de bautizados y confirmados que sellan la koinon\u00ed\u00ada con la donaci\u00f3n de sus carismas, ministerios y servicios al Cuerpo de Cristo, para la extensi\u00f3n del Reino desde el cumplimiento de la misi\u00f3n y desde la edificaci\u00f3n de la Iglesia misma en unas circunstancias hist\u00f3ricas propias, concretas y siempre cambiantes.<\/p>\n<p>Su \u00e1mbito preciso -aunque no exclusivo, puesto que requiere conjugarse con la catolicidad- es la iglesia local en medio de una sociedad y una cultura determinadas, desde la cual, el carisma del ministerio apost\u00f3lico, insertado como servicio relacional en medio del presbiterio y de su pueblo, es garante de unanimidad y fidelidad a la \u00fanica profesi\u00f3n de fe, particularmente en la concelebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica y para el anuncio del Evangelio.<\/p>\n<p>Desde aqu\u00ed\u00ad es posible distinguir un triple nivel sinodal en la iglesia local, que permite una mayor clarificaci\u00f3n conceptual: por una parte est\u00e1 la dimensi\u00f3n sinodal, que brota de los elementos que constituyen la iglesia local. Por otra, se halla la estructura sinodal de la iglesia local, que designa los organismos que canalizan esa sinodalidad a trav\u00e9s de los mecanismos propios de un colectivo social (dentro de ellos, destaca sobremanera el s\u00ed\u00adnodo diocesano). Y finalmente se puede hablar de la praxis sinodal, que se refiere al funcionamiento efectivo en la vida pastoral cotidiana.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, los criterios fundamentales sobre los que ha de asentarse la pastoral sinodal deben ser al menos: la koinon\u00ed\u00ada eclesial que permanentemente mira (por el Esp\u00ed\u00adritu) hacia la Trinidad santa en su unidad diversa y que reclama acciones pastorales que tengan mucho m\u00e1s en cuenta la realidad de los fieles desde la iniciaci\u00f3n cristiana. Todo ello, vivido \u00aben y desde\u00bb las iglesias locales, como imprescindibles \u00e1mbitos de una pastoral sinodal, auto-comprendida y experimentada desde el ministerio apost\u00f3lico en cuanto centro relaciona) de los diversos y plurales carismas, servicios y ministerios. Y orient\u00e1ndose hacia el bien de la catolicidad y desde la perspectiva concreta de la vida y misi\u00f3n eclesial cotidiana, entre las personas de carne y sangre enraizadas en su momento hist\u00f3rico-social.<\/p>\n<p>3. El ejercicio de la sinodalidad pastoral<br \/>\nEl s\u00ed\u00adnodo diocesano es la estructura sinodal mayor, donde aparece condensada la identidad sinodal de la iglesia local. En la medida en que dicha acci\u00f3n pastoral protot\u00ed\u00adpica sea realizada de forma pertinente y eficaz, en esa misma medida brotar\u00e1 con mayor urgencia la vivencia cotidiana de la sinodalidad. Y viceversa: si se vive pastoralmente la sinodalidad, \u00e9sta conducir\u00e1 a la celebraci\u00f3n (cada seis u ocho a\u00f1os) de s\u00ed\u00adnodos diocesanos. De la memoria creativa de la Iglesia permanentemente debe florecer la sinodalidad; unas veces de modo solemne y extraordinario, pero la mayor\u00ed\u00ada en su existencia pastoral diaria.<\/p>\n<p>Ahora presentamos esta sinodalidad pastoral cotidiana entre sus estructuras y sus praxis. Se podr\u00ed\u00adan dar las condiciones personales y comunitarias para una Iglesia sinodal; pero si fallaran las estructuras sinodales, la pastoral concreta ser\u00ed\u00ada demasiado fatigosa e, incluso, imposible. Y al contrario: podr\u00ed\u00adan acontecer las condiciones de posibilidad desde los organismos; pero si no existieran las actitudes y la educaci\u00f3n de los sujetos (fieles y comunidades), la sinodalidad se empobrecer\u00ed\u00ada, quedando reducida a una mera burocracia asfixiante. Por ello, reflexionamos sobre el ejercicio de la sinodalidad pastoral a nivel de sujetos y organismos, desde la vivencia de unas actitudes y con el objeto de crear un talante determinado entre los fieles.<\/p>\n<p>3.1. El desarrollo sinodal entre los sujetos eclesiales<br \/>\nLa sinodalidad exige y requiere formas institucionalizadas que hagan de ella un criterio real en el decurso de la vida y misi\u00f3n eclesiales a trav\u00e9s de las acciones pastorales. Actualmente es amplia y enriquecedora la gama de los sujetos eclesiales que edifican la iglesia local como sujeto. En esta ocasi\u00f3n nos fijamos en ellos desde un doble planteamiento: lo territorial y lo sectorial.<\/p>\n<p>Puesto que la Iglesia acontece en lo concreto, encarnada en un espacio geogr\u00e1fico-humano, la sinodalidad debe experimentarse y propiciarse en los sujetos territoriales. Uno de ellos, la parroquia, es el que de hecho ofrece mayor cercan\u00ed\u00ada y proximidad. Por eso mismo ha de procurar edificarse como familia sinodal: desde la radicalidad de la igualdad bautismal, ha de fomentar su autobiograf\u00ed\u00ada personal como comuni\u00f3n de comunidades carism\u00e1tico-ministeriales en torno a su raigambre eucar\u00ed\u00adstica. Su proyecci\u00f3n pastoral ha de apuntar hacia la implicaci\u00f3n global de la entera comunidad parroquial, fomentando la pertenencia y el protagonismo en lo cotidiano, tanto a nivel interno como en relaci\u00f3n con las otras parroquias. El organismo que mejor recoge, orienta y ejerce la sinodalidad pr\u00e1ctica es el consejo pastoral parroquial. Otro \u00e1mbito para ejercer la sinodalidad desde lo territorial es el trabajo pastoral en el arciprestazgo.<\/p>\n<p>Pero estos sujetos eclesiales, aun siendo necesarios, resultan insuficientes. Por eso urge favorecer el desarrollo sinodal en lo sectorial, entendido como \u00e1mbito que afecta a un \u00absector\u00bb particular de espiritualidad y de manera de vivir la Iglesia (asociaciones, grupos y movimientos) o en cuanto que se pretende llegar a sectores determinados para evangelizarse y evangelizar (desde el enfoque t\u00e9cnico de las delegaciones diocesanas). El reconocimiento efectivo de los primeros desde una integraci\u00f3n real en la pastoral diocesana de los mismos y la racionalizaci\u00f3n comunional de las segundas son exigencias actuales imprescindibles.<\/p>\n<p>3.2. La sinodalidad en los organismos diocesanos<br \/>\nTodo lo insinuado en el punto anterior quedar\u00ed\u00ada como un simple elenco de buenas intenciones si junto a ello no se produjera un ejercicio continuado de sinodalidad entre los diversos organismos diocesanos. Una doble coordenada ha de estar presente: por un lado, el funcionamiento de las estructuras diocesanas deben ser elemento de influjo que empapa otras realidades pastorales; y, por otro, \u00e9stas \u00faltimas deben aparecer con su protagonismo fehaciente en los consejos. En la medida en que ambas se dejen insuflar por la sinodalidad y la propicien, del mismo modo \u00e9sta puede ir recreando el tejido comunional-misionero diocesano.<\/p>\n<p>Los diversos consejos han de recoger la especificidad de las vocaciones que se despliegan desde el bautismo y que van adquiriendo desarrollos carism\u00e1ticos-ministeriales. As\u00ed\u00ad, la pastoral ordinaria debe ser l\u00ed\u00adnea transversal que apoya y refluye en el Consejo de Laicos, en la Confer y en el Consejo Presbiteral.<\/p>\n<p>Sin embargo, el organismo que condensa y expresa la sinodalidad de modo permanente es el Consejo Pastoral Diocesano, perfil\u00e1ndose como v\u00ed\u00ada imprescindible para mostrar y edificar una iglesia bautismal adulta. De un lado, es el \u00f3rgano que mejor canaliza y enriquece la confluencia de lo territorial con lo ambiental en cuanto \u00e1mbito de encuentro, discernimiento y toma de posturas comunes para afrontar gozosamente la evangelizaci\u00f3n. De otro, ocurre lo mismo respecto a los consejos diocesanos, rescat\u00e1ndolos de su peculiaridad para ensanchar el horizonte hacia lo com\u00fan. Este consejo queda convertido en el organismo protot\u00ed\u00adpico diocesano, y por eso mismo, \u00e1mbito a potenciar permanentemente en la vida pastoral de las iglesias locales, en vistas a su protagonismo, eficacia y verificaci\u00f3n en todo aquello que se desvela como importante y necesario en el decurso pastoral.<\/p>\n<p>3.3. Las actitudes de una espiritualidad sinodal<br \/>\nDado que la sinodalidad viene fuertemente arraigada en la dimensi\u00f3n pneumatol\u00f3gica, a fin de evitar ciertas manipulaciones y riesgos activistas, \u00e9sta ha de estar arraigada en un claro \u00abvivir en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb que favorezca un talante preciso desde la perspectiva pastoral. La configuraci\u00f3n de las actitudes sinodales ha de generar, desde la laicidad de toda la Iglesia, una espiritualidad insertada en los contenidos m\u00e1s nucleares de la fe, abierta y enriquecida en la iglesia local y contrastada con los dinamismos existenciales concretos; aspecto que conducir\u00e1 a experimentar gozosamente la propia vida inserta en el proyecto salvador del Dios trinitario que acontece aqu\u00ed\u00ad y ahora, con las perplejidades y crisis de todo tipo, pero radicado en la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu que env\u00ed\u00ada a la misi\u00f3n. Como l\u00ed\u00adneas fundamentales caben apuntarse:<\/p>\n<p>&#8211; Caminar en el Esp\u00ed\u00adritu, asumiendo con radicalidad la iniciativa gratuita y libre del Dios trinitario que interviene personalmente en la vida de los hombres. Ello hace que se experimente la filiaci\u00f3n y la fraternidad, elevando en el \u00ablujo de la alabanza\u00bb un canto eucar\u00ed\u00adstico-existencial agradecido \u00abal Padre, por el Hijo, en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, que necesita ser compartido con los otros.<\/p>\n<p>&#8211; Desde la din\u00e1mica de la encarnaci\u00f3n. La encarnaci\u00f3n del Hijo es la expresi\u00f3n m\u00e1s sublime de la iniciativa de Dios Padre que no s\u00f3lo habla al hombre, sino que lo busca (cf. TMA 7). Encarnaci\u00f3n llevada a cabo desde los mismos sentimientos de servicio de Cristo (cf. Fil 2,7s) y adentrada en las condiciones reales de la vida de los hombres, v\u00ed\u00ada ineludible de la acci\u00f3n de la Iglesia (RH 14). Por ello, el di\u00e1logo resulta fundamental: acercamiento, acogida, escucha, preocupaci\u00f3n, simpat\u00ed\u00ada&#8230; para hacer de todo ello narraci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica y trasformaci\u00f3n evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>&#8211; Discernimiento evang\u00e9lico-prof\u00e9tico desde el carisma diocesano. A partir de una espiritualidad prof\u00e9tica desde la iglesia local, pero arraigada en el coraz\u00f3n del mundo, urge adquirir un talante de discernimiento que, a trav\u00e9s de la lectura de los signos de los tiempos, permita desvelar el kair\u00f3s trinitario en las praxis pastorales. Todo ello ha de ser vivido desde el cultivo de una eclesialidad diocesana que quiere narrar a la Iglesia cat\u00f3lica y al mundo su carisma peculiar, aspecto que la devolver\u00e1 la dignidad en la sinfon\u00ed\u00ada de las cat\u00f3licas iglesias locales.<\/p>\n<p>&#8211; El servicio samaritano y solidario. La labor pastoral consiste en comunicar y anunciar lo recibido en gratuidad desde el placer de compartir el don que, m\u00e1s all\u00e1 de ofrecer el mensaje, ha de entregarse a los dem\u00e1s desde sus necesidades y anhelos, frustraciones y lacras. Con un coraz\u00f3n de madre que desborda ternura y misericordia entra\u00f1able ha de esforzarse por encontrar a los otros como sacramento de Dios y ofrecerles una pastoral curativa-salv\u00ed\u00adfica, fomentando la solidaridad. As\u00ed\u00ad, la sinodalidad es comprendida m\u00e1s ampliamente, porque vive de la din\u00e1mica del servicio a trav\u00e9s del proyecto de las Bienaventuranzas, se valora el testimonio y se asume el martirio en favor de los rostros conocidos que sufren y padecen.<\/p>\n<p>3.4. La recreaci\u00f3n del talante sinodal entre los fieles<br \/>\nSi tan s\u00f3lo se pretendiera la configuraci\u00f3n de unas actitudes sinodales en los fieles y en las comunidades cristianas, ello podr\u00ed\u00ada degenerar en un espiritualismo et\u00e9reo y desencarnado. Por eso mismo, la edificaci\u00f3n pastoral de una Iglesia sinodal solicita la (auto)educaci\u00f3n de este talante, tanto a nivel individual como comunitario, favoreciendo de este modo su recreaci\u00f3n ordinaria. Sin entrar a detallar procesos pedag\u00f3gicos concretos, no nos resistimos a proponer algunas l\u00ed\u00adneas o principios de actuaci\u00f3n que deben empapar la praxiolog\u00ed\u00ada; \u00e9stos -a fin de cuentas- quiz\u00e1 sean muy similares a aquellos que deben asumirse si en realidad se quiere proyectar una Iglesia evangelizadora y significativa en los momentos actuales.<\/p>\n<p>&#8211; La narraci\u00f3n trinitaria. Aunque parezca una afirmaci\u00f3n excesivamente fuerte, sin embargo, puede que en la experiencia cotidiana la novedad cristiana sea, en realidad, el gran desconocido. Adem\u00e1s, este aspecto viene agudizado por la situaci\u00f3n generalizada de florecimiento de un paganismo larvado -que otros describen suavemente como indiferencia religiosa o confusionismo latente-, y que sigue mostrando con claridad el exilio de la Trinidad. Desde esta constataci\u00f3n, tanto la proclamaci\u00f3n como las celebraciones cristianas est\u00e1n urgidas a resaltar la novedad y la paradoja cristiana a trav\u00e9s de lenguajes \u00abperformativos\u00bb. A partir de este planteamiento, ha de realizarse un sincero y valiente discernimiento para comprobar c\u00f3mo son los cauces ordinarios de la educaci\u00f3n de la fe, de qu\u00e9 manera se aprecian las celebraciones, qu\u00e9 im\u00e1genes de Dios se transmiten, qu\u00e9 valores o contravalores propician, qu\u00e9 grado de implicaci\u00f3n antropol\u00f3gica y pedag\u00f3gica suscitan, etc. No es indiferente todo ello, pues en el fondo est\u00e1 en juego la educaci\u00f3n-experiencia de Dios para personas concretas. Tambi\u00e9n reclama el cuidado comunitario de las celebraciones -particularmente la eucarist\u00ed\u00ada dominical- desde la creatividad, la sencillez, la significatividad y el sentido festivo; a la vez que se propician \u00e1mbitos de comunicaci\u00f3n y de experiencia orante.<\/p>\n<p>&#8211; Acogida e iniciaci\u00f3n cristiana. Las iglesias locales -en cuanto comunidades bautismales- viven de la iniciativa divina en medio del mundo, van engendrando continuamente hijos, a la vez que se sienten de forma permanente comunidad iniciada, pues acogen, comparten y potencian las aportaciones de los nuevos miembros como realizaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo. As\u00ed\u00ad la iniciaci\u00f3n cristiana es una tarea fundamental que ha de revisarse profundamente si se anhela que las iglesias se sientan rejuvenecidas y coherentes desde la sinodalidad en la misi\u00f3n encomendada.<\/p>\n<p>&#8211; El sentido de pertenencia. La iniciaci\u00f3n y la acogida, aunque muy importantes, no son fin en s\u00ed\u00ad mismas, sino que apuntan a la pertenencia eclesial. En primer lugar ha de ofrecerse un rostro mayor de cercan\u00ed\u00ada -perdiendo fuerza en su excesiva institucionalizaci\u00f3n- que tienda a la creaci\u00f3n de lazos de naturalidad, encuentro, sencillez, que la hacen mostrarse como comunidad que acoge desde la gratuidad a todos, sin preferencias por personas ni carismas ni ideolog\u00ed\u00adas; desde ah\u00ed\u00ad se ha de dar una efectiva integraci\u00f3n (y potenciaci\u00f3n) de carismas, ministerios y servicios, en la igualdad bautismal y por el servicio de la comuni\u00f3n a trav\u00e9s del ministerio de la unidad-reconciliaci\u00f3n-presidencia. Pero a la vez, puesto que no basta con que los fieles se sientan acogidos, propiciar\u00e1 procesos eficaces para el desarrollo de pr\u00e1cticas que permitan vivir de modo normalizado y cotidiano en cuanto familia donde todos participan y son corresponsables; a fin de cuentas, la vivencia concreta del don y de la tarea de la sinodalidad.<\/p>\n<p>&#8211; Una educaci\u00f3n dadora de sentido para vivir en medio del mundo. De cara a la educaci\u00f3n sinodal de los cristianos, resulta urgente la elaboraci\u00f3n de proyectos de orientaci\u00f3n catecumenal. Por una parte se plantea el gran reto de los cristianos bautizados no iniciados de forma eficaz, aspecto que cada d\u00ed\u00ada ir\u00e1 a m\u00e1s; y, por otra, est\u00e1 la formaci\u00f3n de los cristianos que -habiendo recibido una instrucci\u00f3n elemental en su infancia y manteniendo una vida cristiana sencilla- requieren una formaci\u00f3n actualizada y dadora de sentido creyente. Estos procesos han de basarse en las claves que apunta la renovaci\u00f3n catequ\u00e9tica, promoviendo la integraci\u00f3n fe-vida. Un aspecto importante se halla en la potenciaci\u00f3n a todos los niveles de una educaci\u00f3n dadora de sentido. Quiz\u00e1 \u00e9ste sea uno de los mejores servicios que puede ofrecer la Iglesia a los creyentes en las coordenadas socioculturales presentes: la pregunta por el sentido sigue siendo clave en la existencia humana; una respuesta razonable y novedosa desde la antropolog\u00ed\u00ada cristiana es una de las aportaciones m\u00e1s cualificadas de la fe.<\/p>\n<p>La sinodalidad tiene un componente ineludible en su referencia concreta a la historia que se vive y al mundo en el que se sienten ciudadanos extranjeros. Por ello, resulta urgente una educaci\u00f3n adecuada sobre las relaci\u00f3n Iglesia-mundo y unas determinadas actuaciones pastorales. Desde una valoraci\u00f3n l\u00facida de la historia, deben encontrarse en medio de la circunstancia hist\u00f3rica las convicciones y los criterios fundamentales que la animan y la peculiar dial\u00e9ctica que la relaciona con el mundo. La sacramentalidad de la acci\u00f3n pastoral, en cuanto epifan\u00ed\u00ada del proyecto de Dios, no puede afirmarse contra, ni al margen de los dem\u00e1s; pero al ser manifestaci\u00f3n de la gracia, sabe que su fuerza est\u00e1 en el Se\u00f1or, distingui\u00e9ndose del mundo en cuanto que busca comunicar un don recibido gratuitamente, como oferta y propuesta; y siempre en calidad de regalo y de generosidad.<\/p>\n<p>Conclusi\u00f3n: proyectar sinodalmente la pastoral<br \/>\nTras el recorrido presentado s\u00f3lo cabe mantener que el futuro de la pastoral (y por tanto, de la figura de las iglesias locales en sus acciones cotidianas) necesariamente est\u00e1 emplazado por un proyecto urgente y posible, desde la vivencia diaria de la sinodalidad en todas sus dimensiones y perspectivas.<\/p>\n<p>Aunque existan modelos pastorales l\u00ed\u00adcitos, de cara al proyecto pastoral de las iglesias locales la actuaci\u00f3n desde la perspectiva de la sinodalidad cada vez se descubre como m\u00e1s necesaria de cara a que las mismas iglesias locales experimenten la dignidad de la vocaci\u00f3n y de la misi\u00f3n a la que han sido convocadas. El horizonte de posibilidad es amplio. Ellas precisan narrar pastoralmente su nombre espec\u00ed\u00adfico; y con urgencia. Ah\u00ed\u00ad radica su emplazamiento.<\/p>\n<p>BIBL.-AA.W., La synodalit\u00e9. La participation au gouvernement dans I&#8217;Eglise. Actes du VII&#8217; Congr\u00e9s International de Droit Canonique. Paris-Unesco, 21-28 septembre 1990, L&#8217;Ann\u00e9e Canonique, Paris 1992; E. BUENO DE LA FUENTE, \u00abLa b\u00fasqueda de la figura de la Iglesia como l\u00f3gica interna de la eclesiolog\u00ed\u00ada posconciliar&#8217;, Revista Espa\u00f1ola de Teolog\u00ed\u00ada 57 (1997) 243-261; ID. &#8211; R. CALVO PEREZ, Una Iglesia sinodal: memoria y profec\u00ed\u00ada, BAC, Madrid 2000; R. CALVO PEREZ, La sinodalidad, aurora de esperanza para la iglesia local. Las experiencias sinodales postconciliares de las iglesias en Castilla y Le\u00f3n. Tesis doctoral [in\u00e9dita], Facultad de Teolog\u00ed\u00ada, Burgos 2000 [en particular, cap. 18\u00c2\u00b0: Edificar pastoralmente la Iglesia sinodal]; ID., \u00abHacia una pastoral diocesana sinodal\u00bb, Lumen 46 (1997) 37-59; ID., \u00abPneumatolog\u00ed\u00ada y sinodalidad. Caminar sinodalmente en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, Lumen 47 (1998) 223-238; E. CoRE000, Sinodalidad, en G. BARBAGLIO &#8211; S. DIANICH, Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada, II, Ediciones Cristiandad, Madrid 1982, 1644-1673; G. CHANTRAINE, \u00abSynodalit\u00e9, expression du sacerdoce comun et du sacerdoce minist\u00e9riel?\u00bb, Nouvelle Revue Th\u00e9ologique 113 (1991) 340-362; J. FONTBONA 1 MIssE, Comuni\u00f3n y sinodalidad. La eclesiolog\u00ed\u00ada eucar\u00ed\u00adstica despu\u00e9s de N. Afanasiev en 1. Zizioulas y ). M. R. Tillard, Tesis de doctorado, Facultat de Teologia de Catalunya, Barcelona 1994; A. MART\u00ed\u008dNEZ BLANCO, \u00abSignificado y funci\u00f3n de la sinodalidad en la Iglesia desde el sacramento del bautismo\u00bb, Carthaginensia 10 (1994) 93-111; A. MASTANTUONO, \u00abChiesa locale e sinodalit\u00e1. Spunti di riflessione a partire dall&#8217;esperienza dei sinodi diocesani\u00bb, Rivista di Teologia 38 (1997) 363-388; R. ROUTHIER, \u00abLa synodalit\u00e9 de l&#8217;Eglise loca\/e\u00bb, Studia Canonica 26 (1992) 111-161.<\/p>\n<p>Roberto Calvo P\u00e9rez<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DicEc \u00c2\u00a0 Sinodalidad es tan amplio como la misma Iglesia, puesto que esta es una koin\u00f3nia (>Comuni\u00f3n-koin\u00f3nia) y, por tanto, todas sus acciones deben estar marcadas por la sinodalidad. Para los primeros cristianos significaba originariamente \u00abviajar en com\u00fan\u00bb, se utilizaba para designar la asamblea lit\u00fargica y, sobre todo, la misma Iglesia con aquella f\u00f3rmula paradigm\u00e1tica &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sinodalidad\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSINODALIDAD\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-14945","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14945","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14945"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14945\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14945"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14945"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14945"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}