{"id":14955,"date":"2016-02-05T09:48:12","date_gmt":"2016-02-05T14:48:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sucesion-apostolica\/"},"modified":"2016-02-05T09:48:12","modified_gmt":"2016-02-05T14:48:12","slug":"sucesion-apostolica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sucesion-apostolica\/","title":{"rendered":"SUCESION APOSTOLICA"},"content":{"rendered":"<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nLos cristianos que confiesan que la Iglesia es apost\u00f3lica (>Apost\u00f3lico\/Apostolicidad) han de explicar de alg\u00fan modo c\u00f3mo la Iglesia actual es continuaci\u00f3n de la Iglesia de los ap\u00f3stoles (>Ap\u00f3stoles). En esta explicaci\u00f3n es crucial el peso que se d\u00e9 a los desarrollos producidos en la ordenaci\u00f3n eclesial entre la \u00e9poca del Nuevo Testamento y mediados del siglo III.<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento encontramos una diversidad de >ministerios dentro de la Iglesia primitiva. En algunos casos no sabemos c\u00f3mo surgen, o se nos dice que son carism\u00e1ticos, siendo don del Esp\u00ed\u00adritu que sopla donde quiere (cf ICor 12,4-1 1.28-30; Ef 4,11-12), o hay ap\u00f3stoles llamados y enviados por Cristo. En otros casos vemos personas consagradas especialmente al ministerio: los siete que serv\u00ed\u00adan a los griegos (He 6,1-6), los presbyteroi  (ancianos) designados por Pablo en cada Iglesia (He 14,23); los presbyteroi  que ten\u00ed\u00adan que hacerse responsables de la Iglesia local de Efeso, sabiendo que no volver\u00ed\u00adan a ver a Pablo (He 20,17-38); Timoteo, a quien Pablo impuso las manos (2Tim 1,6), y tambi\u00e9n los presbyvteroi  (1 Tim 4.14), los diakonoi y  los episkopoi  (supervisores) seleccionados por Timoteo y Tito (1 Tim 3,1-10; Tit 1,5-9). Las ep\u00ed\u00adstolas pastorales reflejan claramente la transmisi\u00f3n de un oficio y autoridad relativos a la direcci\u00f3n de la comunidad cristiana, aunque se refieren s\u00f3lo a Pablo y sus delegados (cf 2Tim 2,1-2). Pero si la comunidad necesita atenci\u00f3n, instrucci\u00f3n, orientaci\u00f3n, exhortaci\u00f3n y direcci\u00f3n para mantenerse fiel a la tradici\u00f3n, es preciso dotarla de una jefatura estable y digna de confianza. El modelo de las cartas pastorales muestra c\u00f3mo esta autoridad se ha transmitido de una generaci\u00f3n a otra.<\/p>\n<p>Encontramos tambi\u00e9n una diversidad de estructuras, aunque esta palabra es un tanto anacr\u00f3nica cuando se aplica a las situaciones del Nuevo Testamento: en Jerusal\u00e9n encontramos que la autoridad reside en los ap\u00f3stoles en y con la comunidad (He 1-15), y m\u00e1s tarde en Santiago y los presbyteroi  (He 21,18); en Filipos hab\u00ed\u00ada episkopoi y diakonoi  (F1p 1,1); en otras Iglesias hab\u00ed\u00ada uno o m\u00e1s presbyteroi  (Sant 5,14; IPe 5,1.5; 2Jn 1; 3Jn 3).<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n de la sucesi\u00f3n se plantea a la hora de entender la transici\u00f3n de la ordenaci\u00f3n anterior de la Iglesia a la situaci\u00f3n universalmente implantada a finales del siglo II. Hay dos temas: el de la naturaleza de la evoluci\u00f3n y el de su legitimidad. Al indagar este punto hay que tener presente, en primer lugar, que la noci\u00f3n de sucesi\u00f3n era bien conocida tanto en el mundo pagano como en el ambiente jud\u00ed\u00ado, es decir, en las escuelas filos\u00f3ficas y rab\u00ed\u00adnicas y en la pol\u00ed\u00adtica, as\u00ed\u00ad como en el Antiguo Testamento (cf Mois\u00e9s: N\u00fam 27,18-23; El\u00ed\u00adas: 2Re 2,9-15). Hay que tener en cuenta, en segundo lugar, que estamos hablando de una \u00e9poca en la que la expectaci\u00f3n ante la inminencia de la escatolog\u00ed\u00ada se hab\u00ed\u00ada desvanecido, al tiempo que la Iglesia segu\u00ed\u00ada siendo consciente de su misi\u00f3n universal (Mt 28,18-20; He 1,8).<\/p>\n<p>En la >Didach\u00e9,  posiblemente contempor\u00e1nea de los \u00faltimos escritos del Nuevo Testamento, los episkopoi y  los diakonoi  tienen que ser elegidos aparentemente para suplir la ausencia de profetas y maestros (15,1; cf 13,4). Parece como si el autor sintiera la necesidad de insistir en que estos son equiparables a los profetas y los maestros (15,2). El autor habla tambi\u00e9n de apostoloi,  pero estos son predicadores itinerantes, a menudo profetas, no ap\u00f3stoles en el sentido estricto del Nuevo Testamento (11,3-6). Otra obra temprana, la Carta de >Bernab\u00e9  (ca. 117-132), no habla de ministros. La Ep\u00ed\u00adstola a >Diogneto,  del 150-210 d.C., tampoco habla de ministerios; hace, sin embargo, una referencia a \u00abla tradici\u00f3n de los ap\u00f3stoles\u00bb (11,6).<\/p>\n<p>La primera afirmaci\u00f3n clara de la sucesi\u00f3n se encuentra en la Ep\u00ed\u00adstola de Clemente,  que puede fecharse a partir del a\u00f1o 96 aproximadamente, una carta de reprobaci\u00f3n de la Iglesia de Roma a la Iglesia corintia por haber destituido a determinados presbyteroi.  El autor, a quien s\u00f3lo medio siglo m\u00e1s tarde Dionisio de Corinto da el nombre de Clemente, insiste en el origen divino del oficio eclesial: los ap\u00f3stoles son portadores de un mensaje de Cristo (42,1-2); en su misi\u00f3n universal: \u00abSeg\u00fan pregonaban por lugares y ciudades la buena nueva y bautizaban a los que obedec\u00ed\u00adan al designio de Dios, iban estableciendo a los que eran primicias de ellos despu\u00e9s de probarlos por el Esp\u00ed\u00adritu por obispos y di\u00e1conos de lo que hab\u00ed\u00adan de creer\u00bb (42,4); adem\u00e1s, \u00ablos ap\u00f3stoles establecieron una norma de una vez para siempre a este efecto: que cuando estos hombres murieran, otros los sucedieran en su sagrado ministerio\u00bb (44,3). A estos hombres se les llama indistintamente episkopoi y presbyteroi  (21,6; 44,5; 47,6; 54,2; 57,1). Son instituidos por los ap\u00f3stoles o con el consentimiento de la Iglesia (44,3). Ofrecen adem\u00e1s sacrificios, claramente una funci\u00f3n lit\u00fargica (44,4). Los ministros de la Iglesia de Corinto son todav\u00ed\u00ada un cuerpo colegial; no ha aparecido todav\u00ed\u00ada el episcopado mon\u00e1rquico. Hay dos indicaciones de la autoridad del autor: se disculpa al principio de no haber dedicado su atenci\u00f3n antes al problema de Corinto, y afirma adem\u00e1s que Dios est\u00e1 hablando por medio de \u00e9l (59,1). No est\u00e1 claro, sin embargo, si esto \u00faltimo se debe a su oficio o a un impulso prof\u00e9tico; si bien, dentro del contexto general de la ep\u00ed\u00adstola, lo primero parece m\u00e1s probable.<\/p>\n<p>Las cartas de >Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada muestran una estructura eclesial desarrollada en el Mediterr\u00e1neo oriental. Las siete cartas, escritas hacia el 110 d.C., muestran una estructura fija, consistente en un obispo (episkopos) y  grupos tanto de presbyteroi  como de di\u00e1conos (diakonoi):  \u00abEl obispo tiene que presidir en lugar de Dios, mientras que los presb\u00ed\u00adteros han de actuar como el consejo de los ap\u00f3stoles, y a los di\u00e1conos, que son para m\u00ed\u00ad los m\u00e1s queridos, se les encomienda el ministerio de Jesucristo\u00bb. En todas partes insiste en el respeto al obispo: este representa a Cristo, y los presb\u00ed\u00adteros a los ap\u00f3stoles; ha de haber unidad en torno al obispo, que celebra la \u00fanica eucarist\u00ed\u00ada; nada se puede hacer sin la aprobaci\u00f3n del obispo. Pero Ignacio no habla de s\u00ed\u00ad mismo ni de los otros obispos como \u00absucesores de los ap\u00f3stoles\u00bb. En Ignacio encontramos, pues, no s\u00f3lo el hecho de un episcopado mon\u00e1rquico, sino tambi\u00e9n una justificaci\u00f3n del mismo, as\u00ed\u00ad como del oficio de los sacerdotes y los di\u00e1conos, junto a una teolog\u00ed\u00ada incipiente de estas estructuras. Aunque se suela hacer, no hay motivos para usar el adjetivo \u00abmon\u00e1rquico\u00bb en relaci\u00f3n con este per\u00ed\u00adodo (>Obispos). La jerarqu\u00ed\u00ada no es una mera creaci\u00f3n humana, sino que representa la voluntad divina y el deseo positivo de Cristo.<\/p>\n<p>La Carta a los filipenses  de >Policarpo de Esmirna se refiere a los presb\u00ed\u00adteros que est\u00e1n con \u00e9l (Introd.; cf 6,1) y a los di\u00e1conos (5,2); no habla de ning\u00fan obispo de Filipos, sino de los presb\u00ed\u00adteros. Se sit\u00faa en la tradici\u00f3n de Ignacio (13) y supone el episcopado mon\u00e1rquico. A partir de \u00e9l, las referencias no s\u00f3lo al episcopado mon\u00e1rquico, sino tambi\u00e9n a la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, se hacen cada vez m\u00e1s claras y frecuentes. >Ireneo habla de los que \u00abfueron constituidos obispos por los ap\u00f3stoles y sus sucesores hasta nosotros\u00bb, y de una \u00absucesi\u00f3n desde los ap\u00f3stoles\u00bb. Puede enumerar retrospectivamente los obispos de varias di\u00f3cesis desde la actualidad hasta los ap\u00f3stoles. Tertuliano (+ 225 ca.) en su \u00e9poca premontanista arg\u00fc\u00ed\u00ada contra los herejes en favor de una sucesi\u00f3n tanto en la doctrina apost\u00f3lica como en el oficio episcopal. Hegesipo (ca. 180), aunque no hiciera ninguna lista de obispos, ten\u00ed\u00ada empe\u00f1o en visitar las Iglesias apost\u00f3licas con el fin de confirmar su doctrina. Parece vincular el episcopado con la ense\u00f1anza. La argumentaci\u00f3n de Ireneo y Tertuliano es triple: los ap\u00f3stoles confiaron su ense\u00f1anza a determinadas Iglesias y a aquellos a los que instituyeron en el oficio pastoral; la doctrina apost\u00f3lica es fielmente conservada y transmitida en las Iglesias de origen apost\u00f3lico a trav\u00e9s de la sucesi\u00f3n episcopal; a lo largo y ancho del mundo, y partiendo de una misma fuente apost\u00f3lica, es transmitida una misma doctrina. \u00abEn sus escritos el concepto de sucesi\u00f3n apost\u00f3lica era la sucesi\u00f3n regular de los maestros de la fe en la direcci\u00f3n pastoral de las Iglesias.<\/p>\n<p>Aproximadamente por la misma \u00e9poca, el pseudo-Hip\u00f3lito de Roma (>Tradici\u00f3n apost\u00f3lica) describe el rito de ordenaci\u00f3n de un obispo, el cual, dado su conservador modo de pensar, probablemente represente la pr\u00e1ctica seguida a finales del siglo II. Hay factores eclesiol\u00f3gicos, cristol\u00f3gicos y pneumatol\u00f3gicos importantes en la ordenaci\u00f3n: el obispo es elegido por la comunidad local; se considera que participa del mandato dado por Cristo a los ap\u00f3stoles; la epicl\u00e9sis  es una oraci\u00f3n en la que se piden al esp\u00ed\u00adritu los dones del poder y la autoridad, el don de direcci\u00f3n y del alto sacerdocio.<\/p>\n<p>De este modo, aproximadamente un siglo despu\u00e9s de la muerte de los ap\u00f3stoles al frente de cada Iglesia hay un obispo. Adem\u00e1s estos obispos, en su funci\u00f3n de direcci\u00f3n pastoral, son considerados como los sucesores leg\u00ed\u00adtimos de los ap\u00f3stoles. No podemos decir que este desarrollo sea indicado como la \u00fanica posibilidad que te\u00f3ricamente pod\u00ed\u00ada surgir de la descripci\u00f3n que se hace de las Iglesias en el Nuevo Testamento. Pero esto no significa que dicho desarrollo sea reversible. Todo lo contrario: esta evoluci\u00f3n se produjo bajo la gu\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu sin ninguna oposici\u00f3n aparente y con la promesa por parte del Se\u00f1or de que la Iglesia ser\u00ed\u00ada indefectible. La estructura que emergi\u00f3 del episcopado mon\u00e1rquico, con sacerdotes y di\u00e1conos, pertenece a la misma esencia de la Iglesia.<\/p>\n<p>Tal es el argumento del >ius divinum,  que el Vaticano II trata con gran cautela al preferir formularlo con la expresi\u00f3n \u00abinstituci\u00f3n divina\u00bb (divinitus institutum)  en un texto que retorna y precisa el concilio de Trento (DENZINGER-H\u00dcNERMANN, 1776). En efecto, el Vaticano II sugiere una cierta distinci\u00f3n entre el \u00abministerio eclesi\u00e1stico instituido por Dios\u00bb y su ejercicio \u00abdesde antiguo\u00bb a partir del triple ministerio del episcopado \u2014tambi\u00e9n de \u00abinstituci\u00f3n divina\u00bb, seg\u00fan LG 20, presbiterado y diaconado, al afirmar as\u00ed\u00ad: \u00abEl ministerio eclesi\u00e1stico (Trento  usa \u00abla jerarqu\u00ed\u00ada\u00bb) instituido por Dios (igual en Trento),  est\u00e1 ejercido en diversos \u00f3rdenes (Trento:  \u00abque consta\u00bb), que ya desde antiguo recib\u00ed\u00adan los nombres de obispos, presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos (Trento:  en vez de estos \u00faltimos cita a los \u00abministros\u00bb)\u00bb (LG 28).<\/p>\n<p>El Vaticano II, adem\u00e1s, al ense\u00f1ar que \u00ablos obispos han sucedido, por instituci\u00f3n divina (ex divina institutione),  a los ap\u00f3stoles como pastores de la Iglesia\u00bb (LG 20; cf 18; CD 2), quiere subrayar que el episcopado no es un elemento de derecho puramente humano o eclesi\u00e1stico, susceptible de variaci\u00f3n. Indica tambi\u00e9n cierta forma de sucesi\u00f3n apost\u00f3lica de tipo sacramental y jur\u00ed\u00addico, ya que los obispos, seg\u00fan la expresi\u00f3n tradicional, han ocupado el lugar (in locum successisse)  de los ap\u00f3stoles; aunque no se nos dice c\u00f3mo se ha producido esta sucesi\u00f3n. La tradici\u00f3n primitiva habla tambi\u00e9n de sucesi\u00f3n desde y en los ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>Un esfuerzo de m\u00e1s precisi\u00f3n en la forma de sucesi\u00f3n es el que present\u00f3 en 1973 la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional con una s\u00ed\u00adntesis que contin\u00faa teniendo validez. En efecto, la CTI, despu\u00e9s de constatar que \u00abla escasez de los documentos no permite precisar en la medida que se desear\u00ed\u00ada las transiciones que tuvieron lugar\u00bb, presenta este panorama: \u00abEl fin del siglo I es testigo de una situaci\u00f3n en que los Ap\u00f3stoles, sus colaboradores y finalmente sus sucesores animan colegios locales de \u00abpresbyteroi\u00bb y  de \u00abepiskopoi\u00bb.  Al comienzo del siglo II aparece vigorosamente en las cartas de san >Ignacio la imagen del obispo \u00fanico a la cabeza de las comunidades; san Ignacio afirma que esta instituci\u00f3n se encuentra establecida \u00abhasta los confines de la tierra\u00bb (Eph 3,2).  En el curso del siglo II esta instituci\u00f3n es reconocida, en la carta de Clemente, como la portadora de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica. La ordenaci\u00f3n, con imposici\u00f3n de manos, atestiguada por las ep\u00ed\u00adstolas pastorales, aparece dentro del proceso de clarificaci\u00f3n como un paso importante para la salvaguarda de la tradici\u00f3n apost\u00f3lica y para la garant\u00ed\u00ada de la sucesi\u00f3n en el ministerio. Los documentos del siglo III (>Tradici\u00f3n apost\u00f3lica  de Hip\u00f3lito) muestran que dicha ordenaci\u00f3n con imposici\u00f3n de manos se encontraba en pac\u00ed\u00adfica posesi\u00f3n y que era considerada como una instituci\u00f3n necesarla.<\/p>\n<p>Clemente e Ireneo desarrollan una doctrina del gobierno pastoral y de la Palabra que hace proceder de la unidad de la Palabra, de la misi\u00f3n y del ministerio, la idea de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, que ha llegado a ser la base permanente de la manera corno la Iglesia cat\u00f3lica se comprende a s\u00ed\u00ad misma\u00bb.<\/p>\n<p>Hay una gran diversidad en la manera de entender el significado de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica. Todas las Iglesias aceptan que la apostolicidad implica una sucesi\u00f3n en la fe de los ap\u00f3stoles y una participaci\u00f3n en la misi\u00f3n universal encomendada a los ap\u00f3stoles. Muchas Iglesias protestantes se contentaron en el pasado con el aforismo de Lutero: \u00abLa verdadera sucesi\u00f3n apost\u00f3lica es el evangelio. Todo el que predica el evangelio est\u00e1 dentro de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb. La aceptabilidad de este axioma depende en gran parte de c\u00f3mo se entienda la palabra \u00abevangelio\u00bb y de los presupuestos eclesiol\u00f3gicos que se esconden detr\u00e1s del uso de esta palabra. La Comuni\u00f3n Anglicana, la Iglesia ortodoxa y las dem\u00e1s Iglesias orientales, los viejos cat\u00f3licos y los cat\u00f3licos romanos insisten adem\u00e1s en la sucesi\u00f3n ininterrumpida en el ministerio por medio de la ordenaci\u00f3n episcopal. La apolog\u00e9tica cl\u00e1sica cat\u00f3lica hablaba de sucesi\u00f3n \u00ableg\u00ed\u00adtima\u00bb o \u00abformal\u00bb, con el fin de excluir a los anglicanos y a los ortodoxos. La concepci\u00f3n ortodoxa var\u00ed\u00ada en el \u00e9nfasis que pone en la fe y la vida apost\u00f3licas, en la sucesi\u00f3n episcopal, en la sucesi\u00f3n en las comunidades de fe y en la funci\u00f3n escatol\u00f3gica de los ap\u00f3stoles. Se pone generalmente un fuerte acento en el \u00abahora\u00bb de la apostolicidad, especialmente en la liturgia eucar\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>La visi\u00f3n de K. >Badil es importante a causa de su influencia. Barth rechaza toda concepci\u00f3n de la apostolicidad apoyada en bases hist\u00f3ricas o jur\u00ed\u00addicas, y se opone fuertemente a la fundamentaci\u00f3n de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica en la ordenaci\u00f3n, ya que esto ser\u00ed\u00ada pretender forzar al Esp\u00ed\u00adritu Santo a que se someta a las demandas de los hombres, transmiti\u00e9ndose el Esp\u00ed\u00adritu Santo de persona a persona. Para \u00e9l, s\u00f3lo hay sucesi\u00f3n apost\u00f3lica leg\u00ed\u00adtima cuando hay seguimiento de los ap\u00f3stoles en el discipulado, la escucha, el respeto y la obediencia, siempre conforme a la Escritura.<\/p>\n<p>En el Vaticano II encontramos adem\u00e1s la idea de que la >Iglesia local es tambi\u00e9n apost\u00f3lica por el poder de Cristo (LG 26). La apostolicidad no es meramente cronol\u00f3gica, sino tambi\u00e9n efectiva en cada \u00e9poca. Es \u00abla continua fidelidad a la obra y el mensaje amorosos y salvadores de Cristo, al ministerio y el servicio inspirados en la visi\u00f3n y la ense\u00f1anza evang\u00e9licas de los ap\u00f3stoles originarios\u00bb Para tener una noci\u00f3n completa de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica tenemos que tener en cuenta a la Iglesia entera en su dependencia actual de Cristo a trav\u00e9s de aquellos a los que \u00e9l ha enviado, y a la jerarqu\u00ed\u00ada, que sucede de manera particular a los ap\u00f3stoles en la misi\u00f3n de santificaci\u00f3n, predicaci\u00f3n y pastoreo.<\/p>\n<p>Hay que destacar, por otro lado, la convergencia ecum\u00e9nica. En el Vaticano II hubo cierta aceptaci\u00f3n de la apostolicidad de las Iglesias ortodoxas: las aut\u00e9nticas tradiciones teol\u00f3gicas de los orientales \u00abse nutren de la tradici\u00f3n viva de los ap\u00f3stoles\u00bb (UR 17); tienen verdaderos sacramentos \u00aba trav\u00e9s de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb (UR 15); la tradici\u00f3n transmitida desde los ap\u00f3stoles (tradita ab apostolis hereditas)  fue recibida de distinto modo en Oriente y en Occidente (UR 14). En los distintos di\u00e1logos ecum\u00e9nicos se detecta adem\u00e1s una convergencia cada vez mayor en las nociones centrales relacionadas con la apostolicidad, as\u00ed\u00ad como cierta voluntad por parte de algunas Iglesias de reconocer la apostolicidad de las otras. En las Iglesias de car\u00e1cter m\u00e1s \u00abprotestante\u00bb, el criterio de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica se restring\u00ed\u00ada principalmente a la sucesi\u00f3n en la doctrina apost\u00f3lica. Las Iglesias de orientaci\u00f3n m\u00e1s \u00abcat\u00f3lica\u00bb insist\u00ed\u00adan, por otro lado, exclusivamente en la sucesi\u00f3n de los ministros leg\u00ed\u00adtimos por medio de la ordenaci\u00f3n episcopal. Los cat\u00f3licos romanos, adem\u00e1s, consideraban la comuni\u00f3n con la sede de Pedro como esencial para la plena sucesi\u00f3n apost\u00f3lica. Los di\u00e1logos recientes han ampliado el horizonte de la discusi\u00f3n y han puesto de manifiesto una nueva disposici\u00f3n a ponerse de acuerdo en ciertos puntos esenciales en relaci\u00f3n con el significado de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica. F. A. Sullivan resume la situaci\u00f3n en la d\u00e9cada de 1980 afirmando que \u00abse ha observado un reconocimiento cada vez mayor, por parte de los cat\u00f3licos, del car\u00e1cter apost\u00f3lico de la fe, la vida y el ministerio de las Iglesias protestantes, y, por parte de los protestantes, una valoraci\u00f3n cada vez mayor de la importancia de la ordenaci\u00f3n episcopal como signo de la apostolicidad del ministerio\u00bb. La Comisi\u00f3n conjunta cat\u00f3lico-luterana se\u00f1alaba acertadamente que el pr\u00f3ximo paso, crucial, habr\u00ed\u00ada de ser el reconocimiento mutuo de los ministerios, atrevi\u00e9ndose incluso a hacer sugerencias concretas.<\/p>\n<p>En el fondo de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica late la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo podemos en la actualidad, a trav\u00e9s del espacio y el tiempo, unirnos al acontecimiento \u00fanico de Cristo. La sucesi\u00f3n apost\u00f3lica muestra que el acontecimiento de Cristo es mediado en la comunidad eclesial por los ministros que est\u00e1n en continuidad doctrinal y sacramental con los ap\u00f3stoles. El ministerio apost\u00f3lico es inseparable de la doctrina apost\u00f3lica y, al mismo tiempo, es garant\u00ed\u00ada de esta.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>(v. apostolicidad de la Iglesia, modelos apost\u00f3licos, obispos, Papa)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Se llama \u00absucesi\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb la continuaci\u00f3n a lo largo de los siglos del ministerio apost\u00f3lico, en todo lo que tiene de transmisible, a trav\u00e9s de los obispos, que por voluntad de Cristo heredan su misi\u00f3n y la llevan a cabo dentro de la Iglesia. Su raz\u00f3n primaria es de orden eclesiol\u00f3gico. Va ligada a la continuaci\u00f3n de la Iglesia hasta el final de los tiempos. La Constituci\u00f3n sobre la Iglesia del Vaticano II la presenta de este modo: \u00bb Esta divina misi\u00f3n confiada por Cristo a los ap\u00f3stoles ha de durar hasta el fin de los siglos, puesto que el Evangelio que ellos deben transmitir es en todo tiempo el principio de vida para la Iglesia. Por lo cual los ap\u00f3stoles en esta sociedad jer\u00e1rquicamente organizada tuvieron cuidado de establecer sucesores\u00bb (LG 20). De aqu\u00ed\u00ad no es dif\u00ed\u00adcil deducir los dos elementos de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica: en primer lugar el Evangelio, y luego los evangelizadores que tienen el cargo de transmitirlo.<\/p>\n<p>Es como decir que el Evangelio estar\u00e1 presente en la Iglesia en la medida en que habr\u00e1 siempre en ella personas que lo anuncien, las cuales, por su sucesi\u00f3n ininterrumpida, se remontan a los ap\u00f3stoles. La sucesi\u00f3n apost\u00f3lica deber\u00e1 entenderse entonces tanto en el plano de la doctrina del Evangelio como en el plano de las personas que lo anuncian con su autoridad.<\/p>\n<p>Los testimonios neotestamentarios est\u00e1n contenidos todos ellos, directa o indirectamente, en el epistolario paulino (cf. Hch 20,25-32; 1 Tim 5,22; 2 Tin-l 1,6: 2,2; Tit 1,5), Tambi\u00e9n est\u00e1 atestiguada en la tradici\u00f3n primitiva, en la que aparece ya expresamente con san Clemente romano (Ad Cor. 44, 2), citado casi literalmente por la Lumen gentium: \u00abEstablecieron, pues, tales colaboradores y les dieron la orden de que, a su vez, Otros hombres probados, al morir ellos, se hiciesen cargo de su ministerio\u00bb (LG 20). El texto a\u00f1ade el testimonio de Tertuliano y de san Ireneo de Ly\u00f3n. Sint\u00e9ticamente, decir sucesi\u00f3n apost\u00f3lica es lo mismo que decir que \u00bb los obispos han sucedido por instituci\u00f3n divina en el lugar de los ap\u00f3stoles como pastores de la Iglesia\u00bb (LG 20).<\/p>\n<p>Al tratar de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica la tradici\u00f3n teol\u00f3gica distingui\u00f3 siempre entre una sucesi\u00f3n material (el mero hecho de ocupar uno el puesto de otro en el gobierno de una comunidad) y una sucesi\u00f3n formal, la \u00fanica a la que se le reconoce autenticidad. Esta se realiza mediante la ordenaci\u00f3n episcopal en la plena comuni\u00f3n de la Iglesia. Esta comuni\u00f3n exige ante todo la permanencia en la fe que transmitieron los ap\u00f3stoles. A ello hay que a\u00f1adir que, lo mismo que los ap\u00f3stoles fueron tales dentro del grupo de los Doce con Pedro a su cabeza, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n cada uno de los obispos lo es dentro del Colegio episcopal, constituido al modo de un grupo estable que tiene a su cabeza al sucesor de Pedro. As\u00ed\u00ad pues, mediante la inserci\u00f3n en el colegio episcopal es como un nuevo obispo se sit\u00faa en la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, la cual tiene que entenderse por tanto como sucesi\u00f3n de colegio a colegio. De aqu\u00ed\u00ad se deriva que la aut\u00e9ntica sucesi\u00f3n apost\u00f3lica exige tambi\u00e9n la permanencia en la comuni\u00f3n en este colegio.<\/p>\n<p>En un grado subordinado al orden de los obispos, tambi\u00e9n los presb\u00ed\u00adteros tienen una participaci\u00f3n en la funci\u00f3n de los ap\u00f3stoles. El decreto conciliar Presbyterorum ordinis ense\u00f1a en este sentido que, \u00abenviados los ap\u00f3stoles como \u00e9l lo fuera por su Padre, Cristo, mediante los mismos ap\u00f3stoles, hizo part\u00ed\u00adcipes de su propia consagraci\u00f3n y misi\u00f3n a los sucesores de aqu\u00e9llos, los obispos, cuya funci\u00f3n ministerial, en grado subordinado, fue encomendada a los presb\u00ed\u00adteros, para que constituidos en el orden del presbiterado fuesen cooperadores del orden episcopal a fin de cumplir debidamente la misi\u00f3n apost\u00f3lica confiada por Cristo&#8230;, participando as\u00ed\u00ad, en su grado, del ministerio de los ap\u00f3stoles\u00bb (PO 2).<\/p>\n<p>M. Semeraro<\/p>\n<p>Bibl.: y. Breuning, Sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, en SM, VI, 482-490; O. Karrer Sucesi\u00f3n apost\u00f3lica y primado, Herder, Barcelona 1963; K. Rahner &#8211; J. Ratzinger Episcopado y primado, Herder, Barcelona 1965; H. KUng, Estructuras de la Iglesia, Estella, Barcelona 1962.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>I. Planteamiento actual de la cuesti\u00f3n<br \/>\nLa s. a. presenta los -> oficios eclesi\u00e1sticos como instancia que sucede al oficio de los -> ap\u00f3stoles. Se realiza por la recepci\u00f3n sacramental en un oficio eclesi\u00e1stico, hecha visible en el signo de la imposici\u00f3n de manos. La concepci\u00f3n corriente ve en esta imposici\u00f3n sacramental de manos ante todo el presupuesto para la legitimidad del portador del oficio como administrador de (la mayor\u00ed\u00ada de) los sacramentos. La fuerza persuasiva de la idea de que la administraci\u00f3n de los sacramentos est\u00e1 vinculada a un hombre consagrado sacramentalmente, en los tiempos en que la comprensi\u00f3n cat\u00f3lica de los oficios no era objeto de disputa se presupon\u00ed\u00ada m\u00e1s que se demostraba. Y eso parec\u00ed\u00ada tanto m\u00e1s obvio por el hecho de que tambi\u00e9n el AT y las religiones antiguas conoc\u00ed\u00adan el sacerdocio. La pregunta protestante acerca del sentido de la sucesi\u00f3n mediante una cadena ininterrumpida como portadora de las funciones sacerdotales m\u00e1s importantes de la Iglesia, y la negaci\u00f3n expresa de este sentido, fueron interpretadas como un ataque a la estructura jer\u00e1rquica de la Iglesia. En consecuencia, toda la energ\u00ed\u00ada se carg\u00f3 sobre la prueba de que la autoridad misma de Cristo hab\u00ed\u00ada querido este oficio y de que los ap\u00f3stoles, obedeciendo, lo hab\u00ed\u00adan transmitido a la Iglesia para conservar perpetuamente esa estructura jer\u00e1rquica querida por Cristo.<\/p>\n<p>Si al cristiano de hoy este proceso de pensamiento le parece demasiado simple, no es porque no le baste la autoridad de Cristo. Eso se debe m\u00e1s bien a que \u00e9l ve en la -> Iglesia una fundaci\u00f3n de Cristo en el sentido de que sus disposiciones eran esencialmente manifestaciones acerca de c\u00f3mo \u00e9l mismo, que es el aut\u00e9ntico contenido vital de la Iglesia, quer\u00ed\u00ada y pod\u00ed\u00ada ser \u00abtransmitido\u00bb en la palabra, en los sacramentos y en la direcci\u00f3n pastoral. Se trata, pues, de que en el oficio con su sucesi\u00f3n aparezca claramente la estructura por la que el servicio de la Iglesia se presente esencialmente como una traditio Christi. Por consiguiente, la sucesi\u00f3n en el oficio debe ser investigada en la perspectiva de c\u00f3mo y por qu\u00e9 es \u00f3rgano de la traditio Christi a su Iglesia.<\/p>\n<p>II. Sucesi\u00f3n apost\u00f3lica y proclamaci\u00f3n<br \/>\nEl significado de la transmisi\u00f3n del oficio es visto en las ep\u00ed\u00adstolas pastorales ante todo en conexi\u00f3n con el servicio de la proclamaci\u00f3n. Si, sobre el trasfondo de la intenci\u00f3n de las ep\u00ed\u00adstolas pastorales (tal como se expresa en relaci\u00f3n con el oficio, p. ej., en 2 Tim 1, 6.13ss; 2, 2), se ve la capacidad para ense\u00f1ar como el distintivo m\u00e1s importante de la aptitud del \u00abobispo\u00bb (1 Tim 3, 2; Tit 1, 9), de ah\u00ed\u00ad se deduce: corresponde al obispo la funci\u00f3n de conservar la comunidad manteni\u00e9ndola en la base sobre la que fue edificada. La base es la proclamaci\u00f3n apost\u00f3lica de Cristo. Por mucho que Cristo sea el \u00fanico contenido de esta revelaci\u00f3n, sin embargo, seg\u00fan m\u00faltiples testimonios del NT, tambi\u00e9n tiene un papel importante la forma apost\u00f3lica de su comunidad con el Se\u00f1or, recibieron su misi\u00f3n del Se\u00f1or resucitado, del \u00abJes\u00fas hecho Se\u00f1or y Cristo\u00bb (Act 2, 36). De esta autoridad viene la misi\u00f3n que otorga autoridad a los enviados para un \u00abservicio\u00bb totalmente determinado: el de transmitir la comunidad con el Kyrios vivo y abrir as\u00ed\u00ad a todos la Iglesia para todos los tiempos. Por esto la convicci\u00f3n de que Cristo es el \u00fanico fundamento (1 Cor 3, 1) se enlaza inmediatamente con la de que la Iglesia est\u00e1 edificada sobre el fundamento de los ap\u00f3stoles (Ef 2, 20; Ap 21, 14; cf. tambi\u00e9n Mt 16, 18). Los ap\u00f3stoles no suplantan el \u00fanico fundamento, sino que su comuni\u00f3n con Cristo fundamento es a su vez fundamental para la Iglesia.<\/p>\n<p>III. Funci\u00f3n constitutiva de la Iglesia<br \/>\nSi las concepciones del apostolado est\u00e1n as\u00ed\u00ad en armon\u00ed\u00ada de antemano con una teolog\u00ed\u00ada de la Iglesia que ve a \u00e9sta como casa de Dios sobre el fundamento del mysterium paschale (del Jes\u00fas hecho Kyrios y Cristo), tambi\u00e9n la teolog\u00ed\u00ada de los oficios eclesi\u00e1sticos, todav\u00ed\u00ada escasa en el NT, se adapta a este cuadro de la Iglesia edificada sobre el mismo Jesucristo.<\/p>\n<p>Los oficios tienen la funci\u00f3n de edificar la Iglesia. Esa funci\u00f3n es un don del Se\u00f1or que confiere el Pneuma (Ef 4, 11s). Act 6, 1-4 fundamenta la primera transmisi\u00f3n de oficios en la comunidad primitiva por la necesidad de ayudar a los ap\u00f3stoles en su trabajo.<\/p>\n<p>La transmisi\u00f3n de oficios capacita para funciones en la comunidad que hasta ahora s\u00f3lo hab\u00ed\u00adan ejercido los ap\u00f3stoles. Pero, de todos modos, esta ayuda acredita tanto m\u00e1s claramente la funci\u00f3n pastoral de los ap\u00f3stoles. La organizaci\u00f3n de la misi\u00f3n, tal como es explicada en el libro de los Hechos, presupone como cosa evidente la erecci\u00f3n de servicios oficiales de direcci\u00f3n (Act 20, 17. 28). Lo mismo vale para los testimonios inmediatos procedentes del \u00e1mbito de la misi\u00f3n paulina (1 Cor 12, 28; Flp 1, 1; 1 Tes 5, 12; Ef 4, 11). Pablo sabe que este constituci\u00f3n tambi\u00e9n tiene validez para la comunidad de Roma (Rom 12, 7). De la manera concreta de realizar estos servicios no sabemos pr\u00e1cticamente nada. Por otro lado, algunas ep\u00ed\u00adstolas paulinas muestran hasta qu\u00e9 punto Pablo mismo sigui\u00f3 siendo el director responsable de sus comunidades. En correspondencia con esto, al motivo originario de la transmisi\u00f3n del oficio (una ayuda para descargar a los ap\u00f3stoles de parte de su trabajo) s\u00f3lo m\u00e1s tarde, cuando est\u00e1 ya en perspectiva la desaparici\u00f3n de los ap\u00f3stoles, se le a\u00f1ade el motivo de la sucesi\u00f3n (Act 20, 28). Esta es la perspectiva en que hay que ver las ya citadas ep\u00ed\u00adstolas pastorales. Pero el oficio de los sucesos no asume por completo la funci\u00f3n del servicio de los ap\u00f3stoles. Y eso tampoco es posible si el fundamento del servicio apost\u00f3lico es la comunidad de los testigos oculares con el Se\u00f1or resucitado. Pero los oficios eclesi\u00e1sticos tienen la funci\u00f3n activa de conservar la comunidad sobre el fundamento apost\u00f3lico, que es decisivo para ella. Y \u00e9ste es tan insustituible, porque s\u00f3lo \u00e9l lleva a la comunidad con el Se\u00f1or vivo.<\/p>\n<p>IV. Sucesi\u00f3n y tradici\u00f3n<br \/>\n\u00abGuardar sobre el fundamento apost\u00f3lico\u00bb es una acci\u00f3n marcadamente conservadora. Sin embargo, para ello se requiere el principio de la Iglesia, que es creador y configurados, el Pneuma (1 Tim 5, 14; 2 Tim 1, 6). La proclamaci\u00f3n doctrinal por parte del hombre que tiene este oficio no es la repetici\u00f3n mec\u00e1nica de f\u00f3rmulas apost\u00f3licas &#8211; para ello no ser\u00ed\u00ada necesario ning\u00fan carisma -, sino una predicaci\u00f3n del Se\u00f1or proclamado por los ap\u00f3stoles, la cual exige siempre en la actualidad (2 Tim 2, Iss; 4, Iss). De esta manera Cristo se comunica a s\u00ed\u00ad mismo bajo la forma de la fe anunciada y aceptada por la Iglesia, a trav\u00e9s de la cual se hace presente su misterio fundamental. El proclamador oficial, en cuanto interpreta siempre de nuevo el evangelio, conserva la Iglesia sobre su fundamento pascual. En este sentido es sucesor de los ap\u00f3stoles. La situaci\u00f3n de la \u00absucesi\u00f3n\u00bb lo distingue de los ap\u00f3stoles, pero en \u00e9l hay tambi\u00e9n raz\u00f3n de coherencia, porque en la sucesi\u00f3n se trata precisamente del fundamento apost\u00f3lico. Dentro de la casa viva de Dios tambi\u00e9n el fundamento es conservado por una fuerza din\u00e1mica y activa: el don din\u00e1mico del Esp\u00ed\u00adritu inherente al oficio transmite a la Iglesia en forma siempre viva al \u00fanico e id\u00e9ntico Cristo. \u00abAs\u00ed\u00ad aparece que \u00abtradici\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb y \u00absucesi\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb se definen rec\u00ed\u00adprocamente. La sucesi\u00f3n es la forma de la tradici\u00f3n, y la tradici\u00f3n es el contenido de la sucesi\u00f3n\u00bb (Ratzinger).<\/p>\n<p>Este hecho fue comprendido con toda su importancia en la discusi\u00f3n con la -> gnosis durante el s. ii. Por primera vez \u00e9sta llev\u00f3 a una inteligencia consciente de lo que en la Iglesia ya se practicaba como successio apostolica, y en lo cual pudo apoyarse la demostraci\u00f3n antign\u00f3stica. A las supuestas tradiciones secretas gn\u00f3sticas pudo oponerse la tradici\u00f3n apost\u00f3lica aut\u00e9ntica de las Iglesias, cuyas listas de obispos se remontaban documentalmente a un fundamento apost\u00f3lico. Ya en Pap\u00ed\u00adas la serie documentada de transmisores es un criterio para la autenticidad de la predicaci\u00f3n. Hegesipo en su viaje hacia Roma a trav\u00e9s del oriente se interesaba por la tradici\u00f3n de las Iglesias que, por sus listas de obispos, pod\u00ed\u00adan acreditar su origen apost\u00f3lico. El principio de la traditio apostolica se halla plenamente desarrollado en Ireneo (Adv. Haer. iii 3, 1, etc.). Por lo que se refiere a la Iglesia africana, hallamos reflexiones parecidas en Tertuliano, que para designar la serie sucesoria utiliza la expresi\u00f3n ordo episcoporum (Adv. Marc. iv 5, 2).<\/p>\n<p>V. Sucesi\u00f3n y colegialidad<br \/>\nPero en la cadena de demostraciones antign\u00f3sticas no es la tradici\u00f3n de una comunidad apost\u00f3lica como testimonio particular la que desempe\u00f1a el papel principal, sino la tradici\u00f3n concorde de las Iglesias apost\u00f3licas. Tras ello est\u00e1 la convicci\u00f3n que aparece ya en el NT: la Iglesia no es la suma de las Iglesias particulares, sino la comunidad que abarca todas las Iglesias y las hace una Iglesia. Pertenece pues, a la funci\u00f3n del oficio eclesi\u00e1stico el que se pueda dar la Iglesia como algo palpable con una fe y una comunidad de vida y oraci\u00f3n. A esto corresponde la estructura del oficio, que en s\u00ed\u00ad mismo est\u00e1 edificado colegialmente. Los datos y las afirmaciones teol\u00f3gicas de la Iglesia primitiva, m\u00e1s que formular directamente este hecho, lo presuponen obviamente como algo dado de antemano (cf. el procedimiento de Ireneo y de otros para descubrir la tradici\u00f3n). La afirmaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de tal verdad se halla en la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia del Vaticano II (n.\u00c2\u00b0 21). Pero la afirmaci\u00f3n conciliar se apoya en hechos antiguos: el oficio eclesi\u00e1stico fue fundado como t\u00e1xis (1 Clem), como ordo, como fraternidad de una comunidad de sujetos en el colegio de los doce. La situaci\u00f3n especial de Pedro (Mt 16, 18ss) no se opone a este car\u00e1cter del oficio, sino que es solamente la otra cara de su fundaci\u00f3n, porque el oficio en la Iglesia s\u00f3lo se da como unidad indivisible. Y precisamente esta otra cara se fundamenta en la realidad de que Pedro fue uno de los doce. El oficio colegial no brota de Pedro, sino que \u00e9l lo conexiona en una unidad eficaz. La unidad indivisible es ya una caracter\u00ed\u00adstica de toda la Iglesia. Mas no por eso el oficio se sit\u00faa como una supraiglesia sobre la comunidad, sino que est\u00e1 precisamente a servicio de esta communio indivisible de la Iglesia con su Se\u00f1or. As\u00ed\u00ad es un servicio que construye y edifica la Iglesia.<\/p>\n<p>Dentro de la Iglesia antigua, donde m\u00e1s claramente se refleja este hecho es en el rito de la consagraci\u00f3n episcopal, tal como lo presenta el orden eclesi\u00e1stico de Egipto. Ese orden prevalec\u00ed\u00ada entonces en toda la Iglesia y fue preceptuado definitivamente por el concilio de Nicea (con la determinaci\u00f3n de que los obispos consagrantes deb\u00ed\u00adan ser como m\u00ed\u00adnimo tres). La sucesi\u00f3n, seg\u00fan su peculiaridad sacramental, se recibe en el \u00fanico oficio comunitario. Porque el obispo es recibido en el colegio, en el ordo episcoporum, puede ser obispo y sujeto de edificaci\u00f3n de su Iglesia local.<\/p>\n<p>De su servicio participan los sacerdotes que le ayudan, los cuales a su vez son incluidos colegialmente junto con el obispo en el oficio \u00fanico. Los sacerdotes est\u00e1n a su vez en la l\u00ed\u00adnea de los servicios atestiguados por el NT, los cuales descargaban en parte de su trabajo a los ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>La inclusi\u00f3n de cada ministro en el \u00fanico oficio comunitario no es \u00f3bice para su posici\u00f3n en la comunidad particular, sino quela fundamenta. Lo que \u00e9l representa en la Iglesia, el v\u00ed\u00adnculo de la Iglesia local con la universal, lo realiza tambi\u00e9n, por cuanto trae plenamente a su Iglesia local a aqu\u00e9l que es la vida de la Iglesia universal, Cristo, y lo trae como proclamado y como realidad sacramentalmente presente. La Iglesia local en tanto es Iglesia en cuanto participa del Christus totus, de la Iglesia universal. En ello &#8211; y no en la adopci\u00f3n de un concepto general de sacerdocio sacado de la historia de las religiones &#8211; se funda tambi\u00e9n la respectiva posici\u00f3n del ordenado en la vida sacramental de la comunidad como presidente y administrador. En esta funci\u00f3n no se petrifica para convertirse en un signo sagrado e impersonal. M\u00e1s bien, \u00e9l trae consigo a su orden toda su peculiaridad personal como piedra de edificaci\u00f3n. Pero no entra en el orden a partir de su serie de antecesores entendida individualmente, sino siempre una cum famulo tuo Papa nostro&#8230; et omnibus orthodoxis (los obispos).<\/p>\n<p>En este hecho radica la usual distinci\u00f3n teol\u00f3gica entre successio formalis y materialis. La consagraci\u00f3n hace al sujeto miembro del \u00fanico oficio, ejercido fraternalmente (s. materialis). Pero \u00e9l, como servidor que edifica, en tanto est\u00e1 en la sucesi\u00f3n en cuanto es miembro de la Iglesia, en cuanto se realiza en \u00e9l la communio con todos los obispos unidos al Papa y as\u00ed\u00ad con todas las Iglesias en la \u00fanica Iglesia (s. formalis). Se expresa lo mismo cuando el colegio episcopal es visto como instancia sucesora del colegio apost\u00f3lico (Constituci\u00f3n sobre la Iglesia, cap. 3) y cada obispo es considerado como sucesor de los ap\u00f3stoles en tanto pertenece al colegio episcopal. Por consiguiente, la pertenencia del obispo cism\u00e1tico al colegio episcopal guarda analog\u00ed\u00ada con la pertenencia del cristiano cism\u00e1tico a la Iglesia.<\/p>\n<p>Con ello se ve claro tambi\u00e9n c\u00f3mo la potestad de cada obispo, por un lado se deriva de su pertenencia al colegio episcopal y, por otro lado, en ciertas circunstancias, ha de experimentar una coordinaci\u00f3n limitativa, ya que \u00e9l no puede edificar su Iglesia por s\u00ed\u00ad solo. Y tambi\u00e9n se pone de manifiesto c\u00f3mo, en una teolog\u00ed\u00ada de la sucesi\u00f3n concebida a partir de la colegiabilidad, los dos \u00e1mbitos del oficio eclesi\u00e1stico &#8211; el sacerdotal-cultual y la potestad pastoral &#8211; brotan de un oficio eclesi\u00e1stico que en su origen es \u00fanico.<\/p>\n<p>VI. Misi\u00f3n y representaci\u00f3n<br \/>\nAs\u00ed\u00ad, en la sucesi\u00f3n rectamente entendida, se entrelazan dos l\u00ed\u00adneas teol\u00f3gicas atestiguadas ya en los primeros tiempos. La primera carta de Clemente pone el servicio del oficio eclesi\u00e1stico en relaci\u00f3n con la misi\u00f3n: el Padre ein la a Jes\u00fas, Jes\u00fas a los ap\u00f3stoles, y los ap\u00f3stoles transmiten su misi\u00f3n (cap. 42). Ignacio, por el contrario, ve al obispo en forma sacramental y representativa como administrador dom\u00e9stico de Dios o de Cristo. Ambas l\u00ed\u00adneas s\u00f3lo descubren su sentido cuando se ve juntamente la fundaci\u00f3n fraternal del oficio. La l\u00ed\u00adnea de misi\u00f3n muestra que la salvaci\u00f3n procede de arriba. Pero el enviado eclesi\u00e1stico jam\u00e1s es por s\u00ed\u00ad mismo un representante autoritativo de Dios en el sentido de una concepci\u00f3n paternalista de la sociedad, sino que, como fraternalmente part\u00ed\u00adcipe del oficio, representa en su Iglesia y lleva a ella la comunidad fraternal, que edifica la Iglesia universal. Tambi\u00e9n los ap\u00f3stoles primero est\u00e1n en comunidad con Cristo y luego son enviados. Pero su misi\u00f3n se refiere precisamente tan s\u00f3lo a esta comunidad con Cristo, que ellos deben transmitir, y, por cierto, de tal manera que la Iglesia no tenga menos comunidad con Cristo que los enviados. Pero la Iglesia s\u00f3lo puede recibir la comunidad en cuanto, por la recepci\u00f3n de los enviados de Cristo, experimenta esa comunidad con \u00e9l.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: OBRAS BIBLIOGR\u00ed\u0081FICAS: U. Valeske, Votum Ecclesiae, II. Interkonfessionelle ekklesiologische Bibliographie (Mn 1962) 122s. &#8211; E. Lohse, Die Ordination im Sp\u00e4tjudentum und im NT (G\u00f6 1951); W. Telfer, Episcopal Sucession in Egypt: JEH 3 (1952) 1-13; idem, The Office of a Bishop (Lo 1962); H. v. Campenhausen, Kirchliches Amt und geistliche Vollmacht in den ersten drei Jhh. (T 1953); Y. Congar, Le St. Esprit et le corps apostolique (P 1953); A. Ehrhardt, The Apostolic Succession in the First Two Centuries of the Church (Lo 1953); idem, The Apostolic Ministry (E &#8211; Lo 1958); idem, Parakatatheke: ZSavRGrom 75 (1958) 32-90: G. Dix, Le ministere dans l&#8217;\u00e9glise ancienne des ann\u00e9es 90 h 410 1 Neuch\u00e1tel &#8211; P 1955); idem, The Ministry in the Early Church: The Apostolic Ministry, ed K. E. Kirk (Lo 21957) 183-303; M. Kaiser, Die Einheit der Kirchengewalt (Mn 1956); Schmaus D III\/ 1 141-145 186-198 515ss. 623-630; 0. Sernmelroth, Das geistliche Amt (F 1958); B. Botte, Der Kollegialcharakter des Priester- und Bischofsamtes: Das apostolische Amt, bajo la dir. de J. Guyot (Mz 1961) 68-91; K. Rahner &#8211; J. Razinger, Episcopado y primado (Herder Ba 1965); E. Schlink, Die Apostolische Sukzession: KuD 7 (1961) 79-114; M. Thurian, La Tradition: Verbum Caro 57 (Neuch\u00e1tel 1961) 49-98; N. Afanassieff y otros, Der Primat des Petrus in der orthodoxen Kirche (Z 1961); RGG3 VI 521 s (bibl.); K. Baus, Wesen und Funktion der apostolischen Sukzession in der Sicht des hl. Augustinus: Ekklesia (homenaje a M. Wehr) (Tr\u00e9veris 1962) 137-148; H. K\u00fcng, Estructuras de la Iglesia (Estela Ba 1967); Y. Congar (dir.), L&#8217;Episcopat et l&#8217;Eglise Universelle (P 1962); G. G. Blum, Tradition und Sukzession (B &#8211; H 1963) (bibl.); J. Colson, L&#8217;\u00e9piscopat catholique (P 1963); W. Breuning, Successio Apostolica: LThK2 IX 1140-1144; W. St\u00e4hlin &#8211; J. H. Lerche &#8211; E. Fineke &#8211; L. Klein &#8211; K. Rahner, Das Amt der Einheit. Grundlegendes zur Theologie des Bischofsamtes (St 1964); F. A. Sullivan, De Ecclesia I, Quaestiones Theologiae Fundamentalis (R 1965) 143-253; Bara\u00fana II 715-870; O. Karrer, Sucesi\u00f3n apost\u00f3lica y primado (Herder Ba 1963).<\/p>\n<p>Wilhelm Breuning<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Esta teor\u00eda ministerial no surgi\u00f3 antes de 170\u2013200 d.C. Los gn\u00f3sticos sosten\u00edan que ellos pose\u00edan una tradici\u00f3n <em>secreta<\/em> que los ap\u00f3stoles les hab\u00edan trasmitido. Como argumento en contra la Iglesia Cat\u00f3lica afirm\u00f3 que cada obispo era un verdadero sucesor del ap\u00f3stol que hab\u00eda fundado la sede y, por tanto, tambi\u00e9n de la ense\u00f1anza dada por los ap\u00f3stoles. Como maestro con plena autoridad, el obispo era el que preservaba la tradici\u00f3n apost\u00f3lica. Tambi\u00e9n era el guardi\u00e1n de las Escrituras apost\u00f3licas y del Credo. En una generaci\u00f3n en la que los \u00faltimos lazos con los ap\u00f3stoles ya se estaban rompiendo r\u00e1pidamente, era natural que se hiciera \u00e9nfasis en la ense\u00f1anza y pr\u00e1ctica apost\u00f3licas. En el siglo tercero, el \u00e9nfasis cambi\u00f3 de la sucesi\u00f3n <em>abierta<\/em> de maestros a la de los obispos como sucesores <em>personales<\/em> de los ap\u00f3stoles. Este desarrollo se debi\u00f3 mucho a la defensa de Cipriano, obispo de Cartago (248\u2013258). Harnack consider\u00f3 esto una perversi\u00f3n m\u00e1s que un desarrollo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La terminolog\u00eda no se encuentra en el NT. La palabra <em>diadoch\u0113<\/em> no aparece en el NT ni en la <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">LXX<\/a>. Hay poqu\u00edsima evidencia a favor de la idea en el NT (cf. 2 Ti. 2:2). Las listas de sucesi\u00f3n m\u00e1s antiguas fueron compiladas despu\u00e9s en el segundo siglo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otra parte, existe una diferencia entre el punto de vista cat\u00f3lico romano y el anglo cat\u00f3lico. El primero es un despotismo centralizado con una sucesi\u00f3n papal que se supone se remonta hasta Pedro. El tratadismo, en cambio, afirma que todos los obispos igualmente, sin importar lo insignificante de la sede, tienen el mismo poder en una corporaci\u00f3n. De esta manera, un ap\u00f3stol transmiti\u00f3 a un obispo, a trav\u00e9s de \u00abla imposici\u00f3n de manos\u00bb y la oraci\u00f3n, la autoridad que Cristo le dio a \u00e9l. Esta teor\u00eda de gracia sacramental es un obst\u00e1culo para la unidad de las iglesias reformadas, ya que los cuerpos que no son episcopales se consideran defectivos en su ministerio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La debilidad que ten\u00eda el argumento de <em>The Apostolic Ministry<\/em> (editado por K.E. Kirk, 1946) estaba en que no pod\u00eda explicar el hecho de que esta idea estuvo ausente durante los dos primeros siglos de la era cristiana. El Dr. Ehrhardt no arregla el defecto al postular una sucesi\u00f3n sacerdotal derivada de la iglesia judaizante de Jerusal\u00e9n como si \u00e9sta hiciese \u00e9nfasis en el nuevo Israel y la continuidad de su sacerdocio. La idea estaba en el aire en el siglo segundo (<em>The Apostolic Succession<\/em>, 1953).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El obispo Drury afirma que los ap\u00f3stoles dejaron tres cosas: sus escritos; las iglesias que fundaron, instruyeron y gobernaron; y las diversas \u00f3rdenes de ministros que gobernar\u00edan la iglesia. No puede haber m\u00e1s ap\u00f3stoles en el sentido original de la palabra. El verdadero sucesor de los ap\u00f3stoles es el NT mismo, ya que \u00e9l contin\u00faa su ministerio dentro de la iglesia de Dios. Su oficio era incomunicable. Tres clases de sucesores son posibles: <em>eclesi\u00e1sticos<\/em>\u2014una iglesia que contin\u00faa desde el principio; <em>doctrinal<\/em>\u2014la misma ense\u00f1anza que ha continuado a trav\u00e9s del tiempo; <em>episcopal<\/em>\u2014una l\u00ednea de obispos que puede rastrearse ininterrumpidamente desde tiempos antiguos. Esto no significa necesariamente que el oficio episcopal sea el mismo que el apost\u00f3lico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">V\u00e9ase <em>Ordenaci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Henry Bettenson, <em>Documents of the Christian Church<\/em>; Girdlestone, Moule, Drury, <em>English Church Teaching<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Richard E. Higginson<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">LXX <\/a>Septuagint<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (584). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>\n  Puesto que la  Apostolicidad                   como una se\u00f1al de la verdad  era Iglesia se trata en otro art\u00edculo, el objeto del presente es mostrar:<\/p>\n<ul>\n<li>que la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica se halla en la Iglesia  Cat\u00f3lica;<\/li>\n<li>que ninguna de las iglesias separadas tiene ninguna pretensi\u00f3n v\u00e1lida a ella;<\/li>\n<li>que la   Iglesia Anglicana, en particular, se desprendi\u00f3 de la unidad  apost\u00f3lica.<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Reclamo romano<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Los sucesores de San Pedro en funci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 El reclamo de continuidad anglicano<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Inglaterra y Roma<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Situaci\u00f3n actual<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Reclamo romano<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El principio subyacente en el reclamo romano est\u00e1 contenido en la idea de sucesi\u00f3n. \u201cSuceder\u201d es ser el sucesor de, especialmente ser el heredero de, u ocupar una posici\u00f3n oficial justo despu\u00e9s, como Victoria sucedi\u00f3 a Guillermo IV.  Ahora bien, los  pont\u00edfices romanos vienen inmediatamente despu\u00e9s, ocupan la posici\u00f3n y realizan las funciones de San Pedro; ellos son, por consiguiente, sus sucesores. Debemos demostrar que:\n<\/p>\n<ul>\n<li>San Pedro vino a Roma y termin\u00f3 all\u00ed su pontificado;<\/li>\n<li>que los obispos de Roma que vinieron despu\u00e9s de \u00e9l ocuparon su posici\u00f3n oficial en la Iglesia.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tan pronto como el problema de la venida de San Pedro a Roma pas\u00f3 de los  te\u00f3logos escribiendo pro domo su\u00e2 a manos de historiadores imparciales, es decir, dentro de la \u00faltima mitad del siglo, recibi\u00f3 una soluci\u00f3n que ning\u00fan erudito se atreve ahora a contradecir; las investigaciones de los profesores alemanes como A. Harnack y Weizsaecker, del obispo anglicano Lightfoot, y las de los  arque\u00f3logos como  De Rossi y Lanciani, de Duchesne y Barnes, han llegado todas a la misma conclusi\u00f3n: San Pedro residi\u00f3 y muri\u00f3 en Roma.  Comenzando a mediados del siglo II, existe un consenso universal sobre el  martirio de Pedro en Roma;\n<\/p>\n<ul>\n<li>San Dionisio de Corinto habl\u00f3 por Grecia;<\/li>\n<li>San Ireneo  por  Galia;<\/li>\n<li> Clemente y  Or\u00edgenes por Alejandr\u00eda;<\/li>\n<li>Tertuliano por \u00c1frica;<\/li>\n<li>En el siglo III los Papas reclaman su autoridad a partir del hecho que ellos son los sucesores de San Pedro, y nadie objeta este reclamo, nadie enarbola una pretensi\u00f3n en contra;<\/li>\n<li>Ninguna ciudad ostenta la tumba del Ap\u00f3stol, sino Roma.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">All\u00ed muri\u00f3, all\u00ed dej\u00f3 su herencia; el hecho nunca se cuestion\u00f3 en las controversias entre Oriente y Occidente.  Sin embargo, este argumento tiene un punto d\u00e9bil: deja cerca de cien a\u00f1os para la formaci\u00f3n de las leyendas hist\u00f3ricas, de las cuales la presencia de Pedro en Roma puede ser un tanto como su conflicto con Sim\u00f3n el Mago. Tenemos que ir m\u00e1s atr\u00e1s hacia la antig\u00fcedad.\n<\/p>\n<ul>\n<li> Alrededor del a\u00f1o 150, el presb\u00edtero romano Cayo le ofreci\u00f3 al  hereje Procio mostrarle los trofeos de los Ap\u00f3stoles: \u201csi ustedes van al Vaticano, y a la V\u00eda Ostiense, encontraran los monumentos de aquellos que han fundado esta Iglesia\u201d \u00bfPodr\u00edan Cayo y los romanos por los cuales \u00e9l habla haber estado  errados sobre un punto tan vital para su Iglesia?<\/li>\n<li> Luego vamos a San Pap\u00edas (138 \u2013 150). De \u00e9l solo conseguimos una d\u00e9bil indicaci\u00f3n de que el sit\u00faa a Pedro predicando en Roma, pues \u00e9l afirma que San Marcos escribi\u00f3 lo que Pedro predic\u00f3, y lo sit\u00faa escribiendo en Roma. Weizsaecker mismo sostiene que esta inferencia de Pap\u00edas tiene alg\u00fan peso en el argumento acumulativo que estamos construyendo.<\/li>\n<li>Anterior a Pap\u00edas est\u00e1  Ignacio, m\u00e1rtir (antes de 117), quien, de camino al martirio, escribe a los romanos:  \u201c\u00bbNo os mando como lo hicieron Pedro y Pablo; ellos fueron Ap\u00f3stoles, yo soy un disc\u00edpulo\u00bb, palabras que, seg\u00fan Lightfoot, no tienen sentido si Ignacio no hubiese cre\u00eddo que Pedro y Pablo hab\u00edan predicado en Roma. <\/li>\n<li>A\u00fan m\u00e1s temprano es  Clemente de Roma, quien escribi\u00f3 a los corintios, probablemente en 96, ciertamente antes del final del siglo I.  El cit\u00f3 el martirio de Pedro y Pablo como un ejemplo de tristes frutos del fanatismo y la envidia. Ellos han sufrido \u201centre nosotros\u201d, \u00e9l dijo, y Weizsaecker correctamente ve aqu\u00ed una prueba m\u00e1s de nuestra tesis.<\/li>\n<li> El Evangelio seg\u00fan San Juan, escrita casi al mismo tiempo que la carta de Clemente a los corintios, tambi\u00e9n contiene una clara alusi\u00f3n al martirio por crucifixi\u00f3n de San Pedro, sin, empero, dar su localizaci\u00f3n (Juan 21,18-19 ). <\/li>\n<li> La m\u00e1s antigua evidencia viene del propio San Pedro, si \u00e9l es el autor de la  Primera Ep\u00edstola de San Pedro, o si no, de un escritor cercano a su propia \u00e9poca: \u201cLa Iglesia que est\u00e1 en Babilonia os saluda, elegida como vosotros, as\u00ed como mi hijo Marcos\u201d (1  Pedro 5,13).   Se admite por consentimiento com\u00fan que Babilonia representa a Roma &#8212;entonces sin  cristianos&#8212;, y no a la Babilonia real, como era usual entre los  jud\u00edos  piadosos (cf. F.J.A. Hort, \u201cJudaistic Christianity\u201d, Londres, 1985, 155).<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta cadena de evidencia documental, la cual tiene su primer eslab\u00f3n en la Escritura misma y que no ha sido rota en ninguna parte, coloca la estad\u00eda de Pedro en Roma entre los hechos m\u00e1s reconocidos de la historia. Adem\u00e1s se fortaleci\u00f3 por una cadena similar de evidencia monumental, la que Lanciani, el pr\u00edncipe de los top\u00f3grafos romanos, resume de este modo: \u201cpara los arque\u00f3logos la presencia y ejecuci\u00f3n de San Pedro y San Pablo en Roma son hechos establecidos m\u00e1s all\u00e1 de una sombra de duda, por una evidencia puramente monumental!\u201d (Pagan and Christian Rome, 123).\n<\/p>\n<h2>Los sucesores de San Pedro en funci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los sucesores de San Pedro llevaron a cabo su oficio, cuya importancia creci\u00f3 con el crecimiento de la Iglesia.  En el a\u00f1o 97 serias diferencias perturbaron a la Iglesia de Corinto.  El  obispo romano,  Clemente, espont\u00e1neamente, escribi\u00f3 una carta autoritativa para restaurar la paz.  San Juan todav\u00eda viv\u00eda en \u00c9feso, sin embargo, no interfiri\u00f3 con Corinto. Antes del 117 San Ignacio de Antioqu\u00eda se dirige a la  Iglesia Romana como a una que \u201cpreside sobre la caridad&#8230; que nunca ha enga\u00f1ado a nadie, la cual ha ense\u00f1ado a las otras.\u201d  San Ireneo (180-200) establece la teor\u00eda y pr\u00e1ctica de la unidad  doctrinal como sigue:\n<\/p>\n<p> \u201cCon esta Iglesia (de Roma), debido a su m\u00e1s poderoso principado, cada Iglesia debe concurrir, es decir, los fieles en todas partes, en la cual (es decir, en comuni\u00f3n con la Iglesia Romana) la tradici\u00f3n de los Ap\u00f3stoles, ha sido siempre preservada por aquellos de cada lado\u201d (Adv. Haereses, III).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El  hereje  Marci\u00f3n, los  montanistas desde Frigia, Pr\u00e1xeas desde Asia, vienen a Roma a ganar el favor de sus obispos;  San V\u00edctor, obispo de Roma, amenaza con  excomulgar las Iglesias de Asia;  San Esteban se neg\u00f3 a recibir la delegaci\u00f3n de  San Cipriano, y se separ\u00f3 de varias Iglesias de Oriente; Fortunato y F\u00e9lix,  depuestos por Cipriano, recurrieron a Roma; Bas\u00edlides, depuesto en Espa\u00f1a, se dirigi\u00f3 a Roma; los presb\u00edteros de  Dionisio, obispo de  Alejandr\u00eda, se quejaron de su doctrina a  Dionisio, obispo de Roma; \u00e9ste \u00faltimo reconvino con \u00e9l, y \u00e9l explic\u00f3. El hecho es indiscutible: los Obispos de Roma se hicieron cargo de la Silla de Pedro y del oficio de Pedro de continuar la obra de  Cristo (Duchesne, \u201cThe Roman Church before Constantine\u201d, Catholic Univ. Bulletin (octubre 1904) X, 429-450).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para estar en continuidad con la Iglesia fundada por Cristo es  necesaria la afiliaci\u00f3n a la Sede de Pedro, pues, como cuesti\u00f3n hist\u00f3rica, no hay ninguna otra Iglesia ligada a cualquier otro Ap\u00f3stol por una cadena continua de sucesores.  Antioqu\u00eda, una vez la  sede y centro de los trabajos de San Pedro, cay\u00f3 en manos de  patriarcas monofisitas bajo el emperador Zeno y Anastasio I a fines del siglo V. La Iglesia de Alejandr\u00eda en Egipto fue fundada por San Marcos el evangelista, el mandatario de San Pedro.  \u00c9sta floreci\u00f3 exuberantemente hasta que las herej\u00edas  arriana y  monofisita se enraizaron entre su gente y gradualmente la llevaron a la extinci\u00f3n.  La Iglesia Apost\u00f3lica de vida m\u00e1s corta es la de Jerusal\u00e9n. En 130  Adriano destruy\u00f3 la Ciudad Santa y erigi\u00f3 en su lugar un nuevo pueblo, \u00c6lia Capitolina.  La nueva Iglesia de \u00c6liea Capitolina estaba sujeta a  Cesarea; el mismo nombre de Jerusal\u00e9n cay\u00f3 en desuso hasta despu\u00e9s del Primer Concilio de Nicea (325.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cisma griego ahora reclama su lealtad.  La apostolicidad que queda en estas Iglesias fundadas por los Ap\u00f3stoles se debe al hecho de que Roma tom\u00f3 la sucesi\u00f3n rota y la uni\u00f3 de nuevo a la Sede de Pedro. La Iglesia Griega comprende todas las Iglesias Orientales involucradas en el cisma de Focio y Miguel Cerulario, y la Iglesia Rusa no puede hacer ninguna pretensi\u00f3n a la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica en forma directa o indirecta, es decir, a trav\u00e9s de Roma, porque ellos est\u00e1n, por sus propios hechos y deseos, separados de la comuni\u00f3n romana. Durante los 464 a\u00f1os entre la accesi\u00f3n de  Constantino (323) y el  S\u00e9ptimo Concilio General (787), la totalidad o parte del episcopado oriental vivi\u00f3 en cisma por no menos de 203 a\u00f1os, a saber: desde el Concilio de S\u00e1rdica (343) a San Juan Cris\u00f3stomo (389), 55 a\u00f1os; debido a la condenaci\u00f3n de Cris\u00f3stomo (404 \u2013 415), 11 a\u00f1os; debido a Acadio y al edicto del Henoticon (484 \u2013 519), 35 a\u00f1os; en  monotelismo (640-681), 41 a\u00f1os; debido a la disputa sobre las im\u00e1genes (726-787), 61 a\u00f1os; en total 203 a\u00f1os (Duchesne).  Sin embargo, ellos reclaman un v\u00ednculo doctrinal con los Ap\u00f3stoles, suficiente en sus mente para marcarlos con el sello de la apostolicidad.\n<\/p>\n<h2>El reclamo de continuidad anglicano<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todas las sectas reclaman la continuidad, hecho que muestra cuan esencial es esa se\u00f1al de la verdadera apostolicidad de la Iglesia.  El partido de la Iglesia  Anglicana Superior afirma su continuidad con la Iglesia de antes de la  Reforma en Inglaterra, y a trav\u00e9s de ella con la Iglesia  Cat\u00f3lica de  Cristo.  \u201cCon la Reforma lavamos nuestras caras\u201d, es un dicho favorito de los anglicanos; debemos demostrar que en realidad lavaron sus cerebros, y desde entonces han sido una Iglesia truncada. Etimol\u00f3gicamente, \u201ccontinuar\u201d significa \u201cmantener unido\u201d. Continuidad, por lo tanto, denota una existencia sucesiva sin cambios constitucionales, y el avance en el tiempo de una cosa estable en s\u00ed misma.  Estable, no estacionaria, pues la naturaleza de una cosa debe ser crecer, desarrollarse en l\u00edneas constitucionales, cambiando constantemente aunque siempre la misma. Esto se aplica a todos los organismos a partir de un germen, a todas las organizaciones que comienzan a partir de unos pocos principios constitucionales; tambi\u00e9n se aplica a la creencia  religiosa, las cuales, como dice  Newman, cambian para permanecer igual.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otro lado, hablamos de \u201cruptura de continuidad\u201d cada vez que ocurre un cambio constitucional.  Una Iglesia disfruta de la continuidad cuando se desarrolla a lo largo de las l\u00edneas de su constituci\u00f3n original; cambia cuando altera su constituci\u00f3n ya sea social o  doctrinal.  Pero \u00bfcu\u00e1l es la constituci\u00f3n de la Iglesia de Cristo? La respuesta es tan variada como las sectas que se autodenominan cristianas.  Convencidas de que la continuidad con Cristo es esencial para su estatus leg\u00edtimo, han esbozado teor\u00edas de lo esencial del cristianismo, y de una Iglesia cristiana, que se adapte exactamente a su propia denominaci\u00f3n.  La mayor\u00eda de ellas repudia la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica como marca de la verdadera Iglesia; ellos se glor\u00edan en su separaci\u00f3n. Nuestra controversia presente no es con tales, sino con los anglicanos que pretenden su continuidad. Tenemos puntos de contacto solo con los m\u00e1s altos eclesi\u00e1sticos, cuya predisposici\u00f3n hacia la antig\u00fcedad y el catolicismo los colocan a medio camino entre el  catolicismo y el protestantismo puro y simple.\n<\/p>\n<h2>Inglaterra y Roma<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">De todas las Iglesias ahora separadas de Roma, ninguna tiene un origen m\u00e1s claramente romano que la  Iglesia de Inglaterra.  Se ha alegado frecuentemente que San Pablo, o alg\u00fan otro  Ap\u00f3stol, evangeliz\u00f3 a los bretones.  Sin embargo, es cierto que cada vez que los anales de Gales mencionan la introducci\u00f3n del cristianismo en la isla, invariablemente conducen al lector a Roma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el \u201cLiber Pontificalis\u201d (ed. Duchesne, I, 136) leemos que \u201cEl  Papa Eleuterio\u201d recibi\u00f3 una carta de Lucio, rey de Breta\u00f1a, que podr\u00eda hacerse cristiano por sus \u00f3rdenes.\u201d   El incidente es narrado una y otra vez por San Beda el Venerable; se encuentra en el Libro de Llandaff, as\u00ed como en las Cr\u00f3nicas Anglosajonas; es aceptado por cronistas  franceses,  suizos,  alemanes, junto a las autoridades nativas como Fabio, Enrique de Huntigdon, Guillermo de Malmesbury, y Giraldo Cambrense.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dondequiera que penetraba, la invasi\u00f3n sajona le arrebat\u00f3 la existencia a la Iglesia Brit\u00e1nica, y condujo a los cristianos brit\u00e1nicos a las fronteras de la isla, o a trav\u00e9s del mar a Arm\u00f3rica, ahora la Breta\u00f1a Francesa.  Los conquistados no intentaron  convertir a los conquistadores; Roma intervino una vez m\u00e1s: Los misioneros enviados por  Gregorio el Grande convirtieron y  bautizaron al rey Etelberto de Kent, con miles de sus s\u00fabditos.  En 597,  Agust\u00edn fue nombrado primado de toda Inglaterra, y sus sucesores, hasta la Reforma, siempre recibieron de Roma el palio, el s\u00edmbolo de autoridad suprema.  La jerarqu\u00eda anglosajona tuvo un origen completamente romano, en su fe y pr\u00e1ctica, en su obediencia y afecto; testigo de cada p\u00e1gina en la \u201cHistoria Eclesi\u00e1stica\u201d de San Beda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un esp\u00edritu igualmente romano anim\u00f3 a la naci\u00f3n. Entre los  santos reconocidos por la Iglesia hay 23 reyes y 60 reinas, princesas o pr\u00edncipes de las diferentes dinast\u00edas anglosajonas, contados desde el siglo VII al XI.  Diez de los reyes sajones hicieron el viaje a la tumba de San Pedro, y su sucesor, en Roma.  Los  peregrinos anglosajones formaron casi una colonia en las cercan\u00edas del  Vaticano, donde la topograf\u00eda local (Borgo, Sassia, Vicus Saxonum), a\u00fan recuerdan su memoria.   Hab\u00eda una  escuela inglesa en Roma, fundada por el rey Ine de Wessex y el Papa San Gregorio II (715 \u2013 731) y apoyada por el \u00d3bolo de San Pedro (Romescot o Peterspence), pagado anualmente por cada familia de Wessex.  Eduardo el Confesor hizo  obligatorio el \u00d3bolo por un valor anual de treinta peniques para cada monasterio y grupo familiar poseedor de tierra o ganado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La conquista normanda (1066) no trajo cambios a la religi\u00f3n de Inglaterra.  San Anselmo de Canterbury (1093- 1109) testific\u00f3 sobre la primac\u00eda del  Pont\u00edfice Romano en sus escritos (en  Mateo 16) y con sus acciones.  Cuando se le presion\u00f3 para que renunciara a su derecho de apelaci\u00f3n a Roma, le contest\u00f3 al rey en la corte:  \u201cUsted desea que yo jure que nunca, por ning\u00fan motivo, apelar\u00e9 en Inglaterra al Bendito Pedro o a su vicario; esto, digo, no debe ser ordenado por usted, que es un cristiano, pues jurar eso es  abjurar del Bendito Pedro; quien abjure del Bendito Pedro indudablemente abjura de Cristo, quien lo hizo pr\u00edncipe sobre su Iglesia.\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Santo Tom\u00e1s Becket derram\u00f3 su sangre en defensa de las libertades de la Iglesia contra la intrusi\u00f3n del rey normando (1170).  Grosseteste, en el siglo XIII, escribi\u00f3 m\u00e1s fuertemente sobre la autoridad del Papa sobre toda la Iglesia que cualquier otro obispo ingl\u00e9s de la antig\u00fcedad, aunque se resisti\u00f3 a un poco aconsejable nombramiento a un  canonicato hecho por el Papa. En el siglo XIV  Duns Escoto ense\u00f1\u00f3 en Oxford \u201cque est\u00e1n  excomulgados como  herejes quienes ense\u00f1en o afirmen algo diferente a lo que la Iglesia Romana ense\u00f1a o afirma.\u201d  En 1411 los obispos ingleses en el S\u00ednodo de Londres condenaron la proposici\u00f3n de John Wyclif de \u201cque no es necesario para la salvaci\u00f3n el sostener que la Iglesia Romana es suprema entre las Iglesias\u201d. En 1535 el Beato Juan Fisher, obispo de Rochester, fue  asesinado por la defensa, contra Enrique VIII, de la supremac\u00eda del Papa sobre la Iglesia Inglesa.    La m\u00e1s sorprendente pieza de evidencia es la f\u00f3rmula del juramento tomado por los arzobispos antes de entrar a su oficio: \u201c Yo, Roberto, arzobispo de Canterbury, desde ahora en adelante, ser\u00e9 fiel y obediente a San Pedro, a la Sagrada Iglesia Apost\u00f3lica Romana, a mi Padre el Papa  Celestino, y a sus sucesores can\u00f3nicamente electos&#8230;  Deseo, salvando mi orden, ayudar a defender y mantener contra cada hombre la primac\u00eda de la Iglesia Romana y la realeza de San Pedro. Visitar\u00e9 el umbral de los Ap\u00f3stoles cada tres a\u00f1os, ya sea en persona o por mis delegados, a menos que sea absuelto por la dispensa apost\u00f3lica&#8230;  As\u00ed me ayude Dios y estos santos Evangelios\u201d (Wilkins, Concilia Angliae, II, 199).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El presidente del Tribunal Supremo, Henry de Bracton (1260) expone la ley civil de su pa\u00eds de este modo:   \u201cdebe destacarse concerniente a la jurisdicci\u00f3n de las cortes superiores e inferiores, que en primer lugar seg\u00fan el Se\u00f1or Papa tiene jurisdicci\u00f3n ordinaria sobre todo lo espiritual, as\u00ed lo tiene el rey, en sus dominios, en lo temporal.\u201d  En muchos casos la l\u00ednea de demarcaci\u00f3n entre las cosas espirituales y las temporales es incierta y difusa; los dos poderes frecuentemente se traslapan, y los conflictos son inevitables. Durante cinco siglos estos conflictos fueron frecuentes.  Sin embargo, su misma recurrencia prueba que Inglaterra reconoc\u00eda la supremac\u00eda papal, pues se requieren dos para una contienda.  La queja de un lado fue siempre que el otro se inmiscu\u00eda en sus derechos. En 1533 Enrique VIII mismo aun suplicaba en las Cortes Romanas por el divorcio.  Si lo hubiese logrado, la supremac\u00eda del Papa no habr\u00eda podido encontrar un defensor m\u00e1s en\u00e9rgico.   Fue s\u00f3lo despu\u00e9s de su fracaso que cuestion\u00f3 la autoridad del tribunal al cual el mismo hab\u00eda apelado.  En 1534 un Acta del Parlamento lo nombr\u00f3 la Cabeza Suprema de la Iglesia Inglesa.  Los obispos, en vez de jurar fidelidad al Papa, ahora juraban fidelidad al rey, sin ninguna cl\u00e1usula de excepci\u00f3n.  El Beato Juan Fisher fue el \u00fanico obispo que se neg\u00f3 a prestar el nuevo juramento; su  martirio es el primer testigo de la ruptura de continuidad entre la antigua Iglesia inglesa y la nueva Iglesia Anglicana. La herej\u00eda intervino para acrecentar la brecha.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los Treinta y Nueve Art\u00edculos ense\u00f1an la excelencia  luterana y admite las ventajas de la doctrina de la justificaci\u00f3n por la fe solamente, niega el Purgatorio, reduce los siete Sacramentos a dos, insiste en la falibilidad de la Iglesia, establece la supremac\u00eda del rey y niega la jurisdicci\u00f3n del Papa en Inglaterra.  Se aboli\u00f3 la  Misa  y la  Presencia Real; la forma de  ordenaci\u00f3n fue tan alterada para adecuarse a las nuevas opiniones sobre el sacerdocio que se volvi\u00f3 ineficaz, y la sucesi\u00f3n de los sacerdotes fall\u00f3, as\u00ed como tambi\u00e9n la de los obispos. (Ver \u00f3rdenes anglicanas).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfAcaso es posible imaginar que los forjadores de tales alteraciones vitales siquiera pensaran en \u201ccontinuar\u201d la Iglesia existente?  Cuando se destruye el marco jer\u00e1rquico, cuando se remueve la base  doctrinal, cuando cada piedra del edificio se vuelve a colocar libremente para acomodarse a los gustos individuales, entonces no hay continuidad, sino colapso. La antigua fachada de la Abad\u00eda de Battle todav\u00eda sigue en pie, adem\u00e1s partes de la pared exterior y el antiguo nombre;  pero al cruzar el portal, uno se enfrenta a una majestuosa mansi\u00f3n nueva y c\u00f3moda; c\u00e9spedes verdes y arbustos ocultan los viejos cimientos de la iglesia y los claustros; los escritorios de los monjes y almacenes siguen en pie para entristecer el \u00e1nimo del visitante.  De la abad\u00eda de 1538, la abad\u00eda de 1906 s\u00f3lo mantiene la m\u00e1scara, las esculturas disminuidas y las piedras:  una imagen apropiada de la antigua Iglesia y de la nueva.\n<\/p>\n<h2>Situaci\u00f3n actual<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Dr. Jaime Gairdner, cuya \u201cHistory of the English Church in the 16th century\u201d puso al descubierto el esp\u00edritu esencialmente protestante de la Reforma Inglesa, en una carta sobre \u201cContinuidad\u201d (reproducida en \u201cThe Tablet\u201d, 20 de enero de 1906), cambia la controversia de una base hist\u00f3rica a una doctrinaria. \u201cSi el pa\u00eds\u201d, dice, \u201ca\u00fan tiene una comunidad de  cristianos &#8212;es decir, de creyentes verdaderos en el gran  Evangelio de la salvaci\u00f3n, hombres que todav\u00eda aceptan el viejo credo, y no tienen duda de que  Cristo muri\u00f3 para salvarlos&#8212; entonces la Iglesia de Inglaterra permanece la misma que antes. El viejo sistema fue preservado, de hecho todo lo que es realmente esencial a \u00e9l, y en cuanto a la  doctrina nada fue quitado excepto alguna dudosa proposici\u00f3n  escol\u00e1stica.\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vea tambi\u00e9n los art\u00edculos San Pedro, apostolicidad, Iglesia de Alejandr\u00eda, Iglesia de Antioqu\u00eda, Iglesia Griega, anglicanismo y \u00f3rdenes anglicanas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente<\/b>:  Wilhelm, Joseph. \u00abApostolic Succession.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907. 20 Jun. 2009 <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/01641a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Juan Ram\u00f3n Cifre.  lhm\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DicEc \u00c2\u00a0 Los cristianos que confiesan que la Iglesia es apost\u00f3lica (>Apost\u00f3lico\/Apostolicidad) han de explicar de alg\u00fan modo c\u00f3mo la Iglesia actual es continuaci\u00f3n de la Iglesia de los ap\u00f3stoles (>Ap\u00f3stoles). 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