{"id":14965,"date":"2016-02-05T09:48:31","date_gmt":"2016-02-05T14:48:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/teologos\/"},"modified":"2016-02-05T09:48:31","modified_gmt":"2016-02-05T14:48:31","slug":"teologos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/teologos\/","title":{"rendered":"TEOLOGOS"},"content":{"rendered":"<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nUna voz general sobre los te\u00f3logos en la Iglesia tiene que dar por supuesto el profundo >pluralismo en el m\u00e9todo teol\u00f3gico que caracteriza al per\u00ed\u00adodo posconciliar en todas las Iglesias. Ha de reconocer tambi\u00e9n el hecho de que no existe una definici\u00f3n universalmente aceptada ni de la teolog\u00ed\u00ada ni del te\u00f3logo. Para los efectos, se entender\u00e1 por te\u00f3logo aquel que trata de explicar e interpretar la revelaci\u00f3n tal como es recibida y vivida en la Iglesia. El te\u00f3logo tiene un papel conservador, consistente en explicar la fe de la Iglesia, y un papel creativo de mostraci\u00f3n y desarrollo de las implicaciones de esta fe para la Iglesia y para la sociedad. Este doble papel aparece ampliamente compartido en el Antiguo Testamento. Era el sacerdote quien interpretaba la ley; el profeta, por su parte, llamaba la atenci\u00f3n sobre los desaf\u00ed\u00ados concretos de la voluntad divina en el presente o en el futuro (Jer 18,18). Ambos ten\u00ed\u00adan que conocer, comprender experiencialmente las realidades divinas sobre las que hab\u00ed\u00adan de hablar (Jer 14,18; cf Os 4,6; Mal 2,7).<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento aparecen varios grupos de personas asociados a la ense\u00f1anza y la interpretaci\u00f3n de la voluntad divina. Los autores sagrados fueron m\u00e1s que te\u00f3logos, ya que su reflexi\u00f3n formaba parte de la revelaci\u00f3n de Dios a su pueblo. Los >ap\u00f3stoles, los >profetas y los >maestros estaban todos ellos comprometidos adem\u00e1s en el ministerio de la palabra y de la ense\u00f1anza. En el per\u00ed\u00adodo inmediatamente posterior al Nuevo Testamento estos oficios y carismas continuaron, pero con una insistencia cada vez mayor en el papel del obispo como maestro y garante de la ortodoxia.<\/p>\n<p>En el siglo II encontramos personas que no eran obispos pero que desempe\u00f1aban un papel de ense\u00f1anza y reflexionaban sobre los misterios. Ejemplos de ello son >san Justino, que era laico, y >Or\u00ed\u00adgenes, que siendo laico, antes de ordenarse sacerdote, estuvo al frente de una escuela catequ\u00e9tica. En la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica, sin embargo, los que ense\u00f1an la fe y reflexionan sobre sus implicaciones son en su mayor\u00ed\u00ada obispos; aunque san Atanasio (+ 373) estuvo presente en el concilio de >Nicea I como di\u00e1cono, y san Efr\u00e9n, el \u00fanico >doctor de la Iglesia sirio, era di\u00e1cono y estaba al frente de una escuela diocesana de teolog\u00ed\u00ada. San Jer\u00f3nimo, otro de los doctores de la Iglesia, era sacerdote.<\/p>\n<p>En la primera Edad media los que se dedicaban a hacer teolog\u00ed\u00ada eran todav\u00ed\u00ada principalmente obispos, pero hacia el siglo XI empez\u00f3 a ser cada vez mayor la aportaci\u00f3n de los monasterios. La teolog\u00ed\u00ada se ense\u00f1\u00f3 tambi\u00e9n en las escuelas catedralicias. A finales del siglo XII, las escuelas de Par\u00ed\u00ads y poco despu\u00e9s de Bolonia y deotros lugares empezaron a convertirse en comunidades de estudio, configur\u00e1ndose cada una como una universitas  de estudiantes y un collegium  de maestros. En 1222 Par\u00ed\u00ads ten\u00ed\u00ada cuatro facultades: artes liberales, medicina, teolog\u00ed\u00ada y  el Decretum  (derecho can\u00f3nico).<\/p>\n<p>A mediados del siglo XII la instituci\u00f3n de las grandes universidades hab\u00ed\u00ada adquirido la forma que mantendr\u00ed\u00ada durante siglos. Un estudiante de teolog\u00ed\u00ada estudiaba primero las artes liberales y la filosof\u00ed\u00ada. Luego, al cabo de unos a\u00f1os, se convert\u00ed\u00ada en baccalarius biblicus,  que pod\u00ed\u00ada \u00abrecorrer con soltura\u00bb (de ah\u00ed\u00ad cursor biblicus)  un texto de las Escrituras. Con el tiempo pasaba a ser un sententiarius,  expositor de las Sentencias  de Pedro Lombardo (t 1160), el manual de teolog\u00ed\u00ada que sirvi\u00f3 de modelo hasta la Reforma. Esta posici\u00f3n era la de un aprendiz de maestro. Uno llegaba a ser maestro a trav\u00e9s de un proceso de \u00abiniciaci\u00f3n\u00bb, consistente en un examen p\u00fablico a cargo de otros maestros que duraba dos d\u00ed\u00adas. El maestro era por encima de todo un exegeta, magister in sacra pagina.  S\u00f3lo un maestro pod\u00ed\u00ada \u00abdecidir\u00bb una cuesti\u00f3n o determinar el significado de un pasaje de la Escritura; este daba una respuesta definitiva, una determinatio,  que en autores medievales como santo Tom\u00e1s suele introducirse con las palabras respondeo dicendum.  Cada universidad ten\u00ed\u00ada varias c\u00e1tedras magisteriales de teolog\u00ed\u00ada: el clero secular ten\u00ed\u00ada varias, y las \u00f3rdenes mendicantes una o dos cada una. Hab\u00ed\u00ada rivalidad entre ellas, a menudo por envidia de los maestros seculares.<\/p>\n<p>Santo Tom\u00e1s distingue un doble oficio magisterial (>Magisterio), el pastoral y el acad\u00e9mico: el de las cathedrae pastoralis\/pontificalis  de los obispos y el de las cathedrae magisteriales  de los maestros de teolog\u00ed\u00ada. El primero, basado en la caridad consiste en la potestad de ense\u00f1ar y gobernar; el segundo, basado en el conocimiento, confiere la oportunidad de ense\u00f1ar a los otros. No parece conveniente usar hoy este lenguaje, ya que podr\u00ed\u00ada dar la impresi\u00f3n de que se establece un >magisterio paralelo o alternativo. Las universidades llevaban a cabo tambi\u00e9n una ense\u00f1anza de car\u00e1cter m\u00e1s p\u00fablico. Las universidades, unas veces, afirmaban doctrinas, como la Universidad de Par\u00ed\u00ads, que en 1497 se puso a favor de la inmaculada concepci\u00f3n; otras veces, condenaban errores, como la Universidad de Oxford, que conden\u00e9 a >Wycliffe y >Hus.<\/p>\n<p>Las relaciones entre los obispos y los te\u00f3logos han sido a menudo tirantes, desde la Edad media hasta la \u00e9poca actual. Hubo \u00e9pocas en las que la colaboraci\u00f3n fue importante, come en el concilio de >Trento, en el que fueron los te\u00f3logos los que realizaron el trabajo preliminar, someti\u00e9ndole luego al juicio de los padres conciliares. Despu\u00e9s de Trento y tras el establecimiento de los seminarios (>Sacerdocio ministerial), adem\u00e1s de ense\u00f1ar en las universidades, los te\u00f3logos se dedicaron a ense\u00f1ar teolog\u00ed\u00ada a los que se preparaban para la ordenaci\u00f3n. En el per\u00ed\u00adodo que va de la Edad media al Vaticano II, casi todos los te\u00f3logos fueron sacerdotes u obispos.<\/p>\n<p>El >Vaticano II fue un momento de fruct\u00ed\u00adfera colaboraci\u00f3n entre los te\u00f3logos y los obispos. Durante los trabajos de preparaci\u00f3n del concilio. los peritos en teolog\u00ed\u00ada fueron en gran medida conservadores y configurados en moldes romanos. La presi\u00f3n de los miembros del concilio hizo que muchos de los mejores te\u00f3logos que hab\u00ed\u00ada en la Iglesia tuvieran un papel en las labores conciliares, como periti y,  en cuanto tales, miembros habituales de una o varias comisiones, o como te\u00f3logos personales de los obispos. El gran n\u00famero de te\u00f3logos presentes entonces en Roma asegur\u00f3 un verdadero pluralismo en los debates conciliares, contribuyendo de manera notable a la riqueza de los textos finales.<\/p>\n<p>Si tomamos en cuenta la descripci\u00f3n operativa que hemos hecho del te\u00f3logo como el que explica e interpreta la revelaci\u00f3n divina, puede arg\u00fcirse que todo cristiano es un te\u00f3logo en virtud del sentido de la fe (LG 12; >Lumen gentium).  Pero, en un sentido m\u00e1s estricto, nos encontramos con dos descripciones importantes del te\u00f3logo. En Oriente es una persona cualificada, en posesi\u00f3n de unos grados acad\u00e9micos (licenciatura o doctorado) y que se dedica profesionalmente y de lleno a la teolog\u00ed\u00ada, generalmente a trav\u00e9s de la ense\u00f1anza o la escritura.<\/p>\n<p>En Oriente, el acento se pone en otra cosa; la idea fundamental es la de alguien que hace experiencia personal de los misterios divinos. El te\u00f3logo se caracteriza, no tanto por la formaci\u00f3n, cuanto por la contemplaci\u00f3n, especialmente de la trinidad. Por eso, los tres te\u00f3logos paradigm\u00e1ticos son Juan el Te\u00f3logo (el Evangelista), Gregorio de Nacianzo (t 389) y Sime\u00f3n el Nuevo Te\u00f3logo (t 1022). Gregorio de Nacianzo pone como ejemplos de grandes te\u00f3logos a Mois\u00e9s, El\u00ed\u00adas y Pablo. Y observa que para ser te\u00f3logo hay que cumplir los mandamientos, buscar la pureza de coraz\u00f3n, evitar los meros razonamientos y t\u00e9cnicas humanos y contemplar las cosas celestes. P. Evdokimov se\u00f1ala que la teolog\u00ed\u00ada es una labor que se realiza en el Esp\u00ed\u00adritu, y cita a san Macario, que dice que el te\u00f3logo es un theodidaktos  (\u00abense\u00f1ado por Dios\u00bb), y a san Sime\u00f3n, que dice que es el Esp\u00ed\u00adritu quien convierte a un erudito en te\u00f3logo.<\/p>\n<p>En el per\u00ed\u00adodo posconciliar el disenso se ha convertido en una cuesti\u00f3n importante. Se plantean, al parecer, dos problemas. A las autoridades eclesi\u00e1sticas no les gusta que se publiquen ideas err\u00f3neas, en nuestros d\u00ed\u00adas frecuentemente cr\u00ed\u00adticas. Este primer problema, dada la realidad de los medios de comunicaci\u00f3n modernos, es irreversible. Otra queja de las autoridades eclesi\u00e1sticas se refiere a la ense\u00f1anza cuestionable practicada en las facultades de teolog\u00ed\u00ada, escuelas y seminarios. Especialmente a un nivel de pregraduaci\u00f3n, las autoridades de la Iglesia tienen derecho a insistir en que la ense\u00f1anza sea ortodoxa. Para garantizarlo existen ciertos procedimientos jur\u00ed\u00addicos: puede exigirse a los profesores una profesi\u00f3n p\u00fablica de fe (professio fidei,  >Credos y profesiones de fe); ciertos tipos de libros pueden necesitar licencia eclesi\u00e1stica (imprimatur,  >Censura); se pueden hacer advertencias (monitum),  generalmente por parte de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe, acerca de la obra de un te\u00f3logo. La medida m\u00e1s importante es la \u00ablicencia\u00bb requerida a los profesores de seminarios y a los miembros de facultades eclesi\u00e1sticas: \u00abQuienes explican disciplinas teol\u00f3gicas en cualquier instituto de estudios superiores deben tener mandato de la autoridad eclesi\u00e1stica competente\u00bb (CIC 812). Los institutos a que se refiere el canon no parecen ser los seminarios, que tienen su propia legislaci\u00f3n: en cada caso es el obispo el que nombra y cesa a los profesores del seminario (CIC 253). Quienes ense\u00f1an en facultades eclesi\u00e1sticas parecen necesitar todav\u00ed\u00ada una misi\u00f3n can\u00f3nica, como sol\u00ed\u00ada decirse en los documentos de la Santa Sede desde el siglo XIX hasta incluso en 1979, si bien se ha argumentado que la legislaci\u00f3n sobre el mandato reemplaza esta necesidad. Conviene notar que, dado que la ley es restrictiva, \u00abdisciplinas teol\u00f3gicas\u00bb ha de entenderse en sentido estricto, es decir, restringido (cf CIC 18); incluir\u00ed\u00ada la teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica o dogm\u00e1tica, as\u00ed\u00ad como la teolog\u00ed\u00ada hist\u00f3rica, moral y sacramental, la historia de la Iglesia, la liturgia, la Escritura y el derecho can\u00f3nico, pero no el resto de las disciplinas.<\/p>\n<p>Los canonistas han apuntado algunos problemas: la situaci\u00f3n particular [de las Universidades en todo el mundo] hace que estas disposiciones sean dif\u00ed\u00adciles de cumplir; la ley se presta f\u00e1cilmente a abusos, a intentos de ahogar la libertad acad\u00e9mica, y puede suscitar dificultades con respecto a las leyes civiles; no se garantiza suficientemente la posibilidad de recurrir. Como ocurre en cualquier legislaci\u00f3n, no se puede legislar confiando simplemente en la aplicaci\u00f3n sabia y prudente de las leyes. Lo que est\u00e1 en juego, no obstante, es algo esencial: las autoridades de la Iglesia tienen derecho a asegurarse de que la doctrina oficial se transmita lealmente. En el caso de facultades que, por la ley civil, est\u00e1n fuera del alcance del control de la Iglesia, o, como ocurre m\u00e1s frecuentemente, cuando los profesores tienen su puesto reconocido ante la ley civil, la Congregaci\u00f3n romana puede declarar que una determinada persona ha dejado de ser considerado te\u00f3logo cat\u00f3lico.<\/p>\n<p>La >Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional public\u00f3 en 1975 un documento titulado Tesis sobre la relaci\u00f3n entre el magisterio eclesi\u00e1stico y la teolog\u00ed\u00ada.  Aunque ignorado y reemplazado en parte por posteriores documentos de la Santa Sede, muchas de sus ideas siguen siendo v\u00e1lidas. Es probablemente m\u00e1s rico que los documentos a los que hoy acudimos.<\/p>\n<p>Aunque tal vez ocasionada por problemas de disenso, la instrucci\u00f3n de la >Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe La vocaci\u00f3n eclesial del te\u00f3lo go tiene muchos aspectos positivos. Desarrolla las cualidades requeridas a los profesores de teolog\u00ed\u00ada con mayor amplitud que el C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico  (CIC 810; 252; 253-254) y llena un vac\u00ed\u00ado en las ense\u00f1anzas del Vaticano II, que menciona a los te\u00f3logos s\u00f3lo de paso (LG 67; GS 44; PO 19; DV 23; UR 1 1; cf OT 14, 16; UR 10). Subraya que la teolog\u00ed\u00ada es una b\u00fasqueda com\u00fan de la verdad (nn 1, 21) y que es una labor asistida por el Esp\u00ed\u00adritu (nn 5, 6, 17). Los te\u00f3logos est\u00e1n en el coraz\u00f3n del pueblo (n 6), haciendo una aportaci\u00f3n importante: \u00abEn tiempos de grandes cambios espirituales y culturales la teolog\u00ed\u00ada es muy importante. Sin embargo, est\u00e1 expuesta a riesgos, ya que ha de esforzarse por \u00abpermanecer\u00bb en la verdad (cf Jn 8,31) teniendo en cuenta al mismo tiempo los nuevos problemas con que se enfrenta el esp\u00ed\u00adritu del hombre. En nuestro siglo, especialmente durante el per\u00ed\u00adodo de preparaci\u00f3n y aplicaci\u00f3n del concilio Vaticano II, la teolog\u00ed\u00ada contribuy\u00f3 mucho a profundizar en \u00abla comprensi\u00f3n de las realidades y las palabras transmitidas\u00bb (DV 8). Pero experiment\u00f3 tambi\u00e9n y sigue experimentando momentos de crisis y tensi\u00f3n\u00bb (n 1). La instrucci\u00f3n se\u00f1ala las m\u00faltiples facetas de la labor teol\u00f3gica: la b\u00fasqueda de la comprensi\u00f3n de la fe (n 6); la comunicaci\u00f3n de la fe y la esperanza dentro de la Iglesia y en su vocaci\u00f3n misionera (n 7); la interpretaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n (n 10), y el uso de normas hermen\u00e9uticas para hacer una interpretaci\u00f3n correcta de los textos del magisterio (n 34). El trabajo del te\u00f3logo es tambi\u00e9n diverso: sondear la palabra de Dios en la Escritura y en la tradici\u00f3n (n 6); exponer la fe (n 7); tener en cuenta \u00ablos requisitos epistemol\u00f3gicos de la disciplina, las exigencias de las rigurosas normas cr\u00ed\u00adticas y la verificaci\u00f3n racional de cada una de las fases de la investigaci\u00f3n (n 9); trabajar interdisciplinarmente (n 10); consagrarse desinteresada y pacientemente al servicio del pueblo de Dios (n 11); gozar de una libertad de investigaci\u00f3n real, pero limitada (n 12); estar dispuesto en determinadas circunstancias a plantear cuestiones acerca de las intervenciones magisteriales (n 24); estar animado por el amor a la Iglesia (n 31) e interpretar los textos del magisterio (n 34). En un texto importante se trata de la relaci\u00f3n entre la teolog\u00ed\u00ada y el magisterio \u2014cuesti\u00f3n que subyace en realidad a toda la instrucci\u00f3n\u2014: \u00abLa teolog\u00ed\u00ada y el magisterio ciertamente son de naturaleza distinta y tienen misiones diversas y no pueden confundirse. No obstante, desempe\u00f1an ambos funciones vitales en la Iglesia, que han de penetrarse mutuamente y enriquecerse entre s\u00ed\u00ad para el servicio del pueblo de Dios\u00bb (n 40).<\/p>\n<p>Es tarea de la teolog\u00ed\u00ada articular esta relaci\u00f3n lo mejor posible. Pero se imponen ciertas distinciones necesarias. El magisterio ense\u00f1a con autoridad, de un modo que reclama la sumisi\u00f3n religiosa de la mente y de la voluntad (LG 25; >Magisterio, >Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe). A menos que el te\u00f3logo est\u00e9 exponiendo la revelaci\u00f3n, sus afirmaciones no tienen ning\u00fan car\u00e1cter vinculante, sino que han de juzgarse a la luz de los argumentos aducidos. El magisterio se preocupa sobre todo por el mantenimiento de la tradici\u00f3n \u2014tiene una funci\u00f3n conservadora en el sentido m\u00e1s propio de la palabra\u2014. Es al te\u00f3logo al que le corresponde ser creativo. El te\u00f3logo se dedica a investigar y reflexionar sobre la revelaci\u00f3n a la vista de los problemas contempor\u00e1neos, ejerciendo un papel cr\u00ed\u00adtico dentro de la Iglesia. El juicio \u00faltimo acerca de la validez de su obra corresponde al magisterio \u00ab\u00faltimo\u00bb porque est\u00e1 tambi\u00e9n el juicio de sus colegas te\u00f3logos y, m\u00e1s en general, de la Iglesia a trav\u00e9s del >sensus fidei. Los te\u00f3logos act\u00faan por medio del carisma y del dominio de su disciplina, y pueden ser, aunque no siempre, profetas. El magisterio es por lo general institucional (>Carisma).<\/p>\n<p>Las reacciones ante la instrucci\u00f3n han sido diversas. Aunque se han recibido bien por lo general sus afirmaciones positivas, se ha criticado la estrechez con que trata el tema del >disenso. Parece, en concreto, que subraya el papel interpretativo y conservador del te\u00f3logo, sin prestar suficiente atenci\u00f3n al papel creativo de la teolog\u00ed\u00ada. Podr\u00ed\u00ada haber ofrecido adem\u00e1s orientaci\u00f3n m\u00e1s positiva a los que est\u00e1n implicados en la ense\u00f1anza magisterial\u00bb. El documento parece transmitir, por otro lado, la impresi\u00f3n de que, cuando hay problemas, lo m\u00e1s probable es que sea el te\u00f3logo el que est\u00e1 equivocado. Probablemente la situaci\u00f3n \u00f3ptima es una sana tensi\u00f3n entre el magisterio y los te\u00f3logos. Si esta tensi\u00f3n desaparece, es probable que los te\u00f3logos o el magisterio, o ambos a la vez, est\u00e9n fallando en su funci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>\u00c2\u00a0<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DicEc \u00c2\u00a0 Una voz general sobre los te\u00f3logos en la Iglesia tiene que dar por supuesto el profundo >pluralismo en el m\u00e9todo teol\u00f3gico que caracteriza al per\u00ed\u00adodo posconciliar en todas las Iglesias. Ha de reconocer tambi\u00e9n el hecho de que no existe una definici\u00f3n universalmente aceptada ni de la teolog\u00ed\u00ada ni del te\u00f3logo. 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