{"id":14978,"date":"2016-02-05T09:48:55","date_gmt":"2016-02-05T14:48:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vaticano-i-concilio-2\/"},"modified":"2016-02-05T09:48:55","modified_gmt":"2016-02-05T14:48:55","slug":"vaticano-i-concilio-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vaticano-i-concilio-2\/","title":{"rendered":"VATICANO I (CONCILIO)"},"content":{"rendered":"<p>(1869-1870)<br \/>\nDicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEl concilio Vaticano I no puede entenderse si no es a la luz de la enigm\u00e1tica personalidad de >P\u00ed\u00ado IX y de las turbulentas d\u00e9cadas anteriores del siglo XIX. P\u00ed\u00ado IX estaba determinado a que el papado no volviera a humillarse como lo hab\u00ed\u00ada hecho durante el exilio de los papas P\u00ed\u00ado VI (1775-1799) y P\u00ed\u00ado VII (1800-1823). En su \u00e9poca, por otro lado, los fermentos pol\u00ed\u00adticos e intelectuales se ve\u00ed\u00adan como resultado de la Revoluci\u00f3n Francesa y del Racionalismo anterior y, por consiguiente, como hostiles a la Iglesia. La p\u00e9rdida del poder temporal, que hoy podemos considerar como una condici\u00f3n necesaria para la universalizaci\u00f3n del poder espiritual del papado, se percib\u00ed\u00ada entonces como un desastre: P\u00ed\u00ado IX estuvo convencido hasta el final de su vida de que los Estados Pontificios eran requisito imprescindible para la supervivencia de la Iglesia.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del Congreso de Viena (1814-1815) hubo una restauraci\u00f3n cat\u00f3lica, pero fue de car\u00e1cter ultramontano (>Ultramontanismo): se centralizaron en Roma el poder y los estudios eclesi\u00e1sticos; la Ciudad Eterna se convirti\u00f3 en centro de peregrinaci\u00f3n; se recurri\u00f3 cada vez m\u00e1s al \u00ed\u00adndex librorum prohibitorum  (>Censura de libros); el papel y las actividades de los nuncios pontificios se ampliaron; la Iglesia se opuso al liberalismo, aunque en Roma s\u00f3lo se conoc\u00ed\u00ada el liberalismo italiano, condenando indiscriminadamente todo tipo de liberalismo y de ideas liberales; el Syllabus  (1864, >P\u00ed\u00ado IX) parec\u00ed\u00ada poner a la Iglesia a la defensiva tanto del presente como del futuro; se consideraban los nuevos errores como un ataque a la misma constituci\u00f3n de la fe. Ya en 1849 pensaba P\u00ed\u00ado IX en convocar un concilio y, aunque en varias ocasiones lo mencionara, no lo convocar\u00ed\u00ada oficialmente hasta 1868. La orientaci\u00f3n de los primeros trabajos preparatorios era aprobar solemnemente los temas m\u00e1s importantes del magisterio de P\u00ed\u00ado IX. A comienzos de 1869 la influyente revista La Civilt\u00e1 Cattolica public\u00f3 correspondencia francesa en la que se manifestaba la esperanza en que el concilio se concentrara en tres asuntos: la proclamaci\u00f3n solemne del Syllabus,  la infalibilidad papal y la asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada. El concilio iba a tener lugar dentro de un marco cultural, espiritual y eclesiol\u00f3gico de una Europa dominada por la restauraci\u00f3n de la autoridad y por una Iglesia que urg\u00ed\u00ada la necesidad de buscar la seguridad doctrinal e institucional. Sus principales te\u00f3logos eran los de la >Escuela Romana.<\/p>\n<p>El concilio se inaugur\u00f3 el 8 de diciembre de 1869 con 744 obispos (el 40% de sus miembros eran italianos; 121 padres proced\u00ed\u00adan de Am\u00e9rica, 41 de Asia, 61 eran de ritos orientales, casi todos del Medio Oriente, 18 de Ocean\u00ed\u00ada y s\u00f3lo 9 de Africa). Pronto qued\u00f3 claro que el programa de actuaci\u00f3n del papa y las normas de procedimiento no permitir\u00ed\u00adan gran libertad de expresi\u00f3n para las ideas que no eran de su agrado. Con el paso del tiempo qued\u00f3 claro que se rebajar\u00ed\u00ada hasta la manipulaci\u00f3n y las amenazas para conseguir sus objetivos. Se dice que en una reprimenda privada al cardenal dominico Guidi, afirm\u00f3: La tradizione sono io  (\u00abLa tradici\u00f3n soy yo\u00bb). Hay que plantear, pues, la cuesti\u00f3n de si el concilio fue o no realmente libre. El comentario del distinguido historiador R. Aubert del Vaticano I parece juicioso: \u00abEl concilio Vaticano, aun sin gozar de libertad plena y perfecta, tuvo indudablemente bastante para la validez de sus actos\u00bb. Desde el comienzo mismo hubo divisi\u00f3n entre los infalibilistas y los anti-infalibilistas, a los que los primeros llamaban \u00abliberales\u00bb e incluso \u00abherejes\u00bb.<\/p>\n<p>El 28 de diciembre de 1869 el concilio empez\u00f3 a trabajar en el documento sobre la revelaci\u00f3n preparado por el te\u00f3logo romano J. B. Franzelin. Fue acogido de manera desfavorable. El 6 de enero de 1870 el concilio aprob\u00f3 una profesi\u00f3n de fe. Se discutieron tambi\u00e9n documentos sobre el clero y sobre la conveniencia de un catecismo (>Catecismos) universal. Pero ninguna de estas dos iniciativas prosper\u00f3.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de ser reelaborado el borrador por J. Kleutgen, se discuti\u00f3 el documento sobre la revelaci\u00f3n durante cuatro semanas, a partir del 22 de marzo de 1870. Por entonces ten\u00ed\u00ada ya cuatro cap\u00ed\u00adtulos, en lugar de los dieciocho iniciales. Se aprob\u00f3 como constituci\u00f3n Dei Filius  el 24 de abril por 667 votos, sin votos en contra ni abstenciones. El pr\u00f3logo resume los principales errores aparecidos despu\u00e9s de Trento: el protestantismo, desmembrado en multitud de sectas (in sectas paullatim dissolutas esse multiplices);  el racionalismo o naturalismo; el pante\u00ed\u00adsmo, el materialismo y el ate\u00ed\u00adsmo. Observa que algunos miembros de la Iglesia se han desviado siguiendo estos caminos err\u00f3neos. El pr\u00f3logo en nombre de P\u00ed\u00ado IX se refiere a los obispos del mundo entero como sentados y juzgando con \u00e9l. El cap\u00ed\u00adtulo 1, sobre Dios, creador de todas las cosas, reafirma la fe en el \u00fanico Dios verdadero parafraseando el credo de Nicea (concilio de >Nicea 1; >Credos y profesiones de fe). El cap\u00ed\u00adtulo 2, sobre la revelaci\u00f3n, afirma la cognoscibilidad de Dios y la inspiraci\u00f3n de la Escritura. El cap\u00ed\u00adtulo 3, sobre la fe, tiene un importante texto eclesiol\u00f3gico en el que se dice que \u00abla Iglesia por s\u00ed\u00ad misma, es decir, por su admirable propagaci\u00f3n, eximia santidad e inexhausta fecundidad en toda suerte de bienes, por su unidad cat\u00f3lica y su invicta estabilidad, es un grande y perpetuo motivo de credibilidad y testimonio irrefragable de su divina legaci\u00f3n\u00bb. Propone tambi\u00e9n la distinci\u00f3n entre un juicio solemne y el magisterio ordinario y universal. El cap\u00ed\u00adtulo 4 trata de la fe y la raz\u00f3n. Siguen catorce c\u00e1nones sobre anatema, dirigidos contra los errores particulares tratados en los anteriores cap\u00ed\u00adtulos, especialmente los expresados por G. Hermes (1775-1831) y A. G\u00fcnther (1783-1863).<\/p>\n<p>Entre tanto, la cuesti\u00f3n de la >infalibilidad iba fermentando por debajo. Casi desde el principio del concilio hab\u00ed\u00ada quienes quer\u00ed\u00adan abordar la cuesti\u00f3n de la infalibilidad, y algunos quer\u00ed\u00adan que se aprobara por aclamaci\u00f3n. La Deputatio de fide,  la comisi\u00f3n que hab\u00ed\u00ada de ocuparse del tema, fue copada por los que eran favorables a la definici\u00f3n de la infalibilidad. De ello se encargaron el cardenal Manning y otros, algunos de los cuales hicieron juramento al comienzo del concilio de hacer todo lo posible por conseguir la definici\u00f3n.<\/p>\n<p>Ya el 21 de enero los padres recibieron un esquema sobre la Iglesia elaborado por el alem\u00e1n K. Schrader, miembro tambi\u00e9n de la >Escuela Romana, consistente en 15 cap\u00ed\u00adtulos seguidos de 21 c\u00e1nones. Se iniciaba con la afirmaci\u00f3n de la Iglesia como cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo, pero reflejaba la teolog\u00ed\u00ada de la \u00absociedad perfecta\u00bb (?Sociedad y Sociedad perfecta). De manera significativa, no trataba ni de los obispos ni de la infalibilidad; no fue bien recibido por los padres del concilio. Se hicieron numerosas observaciones. Mientras se tramitaban estas y mientras se trataba de mejorar la espantosa ac\u00fastica del aula conciliar, hubo una magn\u00ed\u00adfica oportunidad para procurar la reconciliaci\u00f3n o el acercamiento entre los dos campos, agriamente divididos; pero no exist\u00ed\u00ada voluntad de hacerlo. Se decidi\u00f3 entonces dejar de lado de momento el esquema sobre la Iglesia y concentrarse en la cuesti\u00f3n del primado y la infalibilidad papales.<\/p>\n<p>El 6 de marzo se distribuy\u00f3 un texto sobre la infalibilidad, que hab\u00ed\u00ada de considerarse junto al cap\u00ed\u00adtulo XI ya existente sobre el primado papal. Este \u00faltimo provoc\u00f3 un gran malestar por el modo en que trataba la jurisdicci\u00f3n del papa sobre la Iglesia. La minor\u00ed\u00ada se quejaba de que no s\u00f3lo no se consideraban adecuadamente sus observaciones, sino de que ni siquiera se ten\u00ed\u00adan en cuenta.<\/p>\n<p>El 13 de mayo los padres iniciaron un debate general sobre el texto El romano pont\u00ed\u00adfice  (>Primado papal). Se dedicaron 14 sesiones a la discusi\u00f3n general del borrador, tratando la mayor\u00ed\u00ada de las intervenciones sobre la oportunidad o no de una definici\u00f3n de la infalibilidad. El 2 de junio se propuso formalmente poner fin al debate, lo cual fue recibido por la minor\u00ed\u00ada como un verdadero acto de violencia. Casi todo el mes de junio y los primeros d\u00ed\u00adas de julio se dedicaron a un examen detallado del texto: al pr\u00f3logo y a los dos primeros cap\u00ed\u00adtulos se dedicaron dos sesiones; el cap\u00ed\u00adtulo sobre el primado necesit\u00f3 cinco sesiones, y el resto del tiempo se dedic\u00f3 al cap\u00ed\u00adtulo sobre la infalibilidad. Entre tanto el jesuita alem\u00e1n J. Kleutgen trabajaba en el borrador La segunda constituci\u00f3n sobre la Iglesia,  con diez cap\u00ed\u00adtulos y diecis\u00e9is c\u00e1nones. Pero las circunstancias hicieron que nunca llegara a ser debatido en el concilio, por lo que la labor conciliar queda incompleta y unilateral. El 11 de julio el obispo Vincent Gasser pronunci\u00f3 un importante discurso de cuatro horas de duraci\u00f3n explicando el texto de la infalibilidad.<\/p>\n<p>A pesar de esto, casi un cuarto de la asamblea no dio su voto favorable el 13 de julio. La votaci\u00f3n solemne tuvo lugar el 18 de julio: hubo 533 votos a favor de la constituci\u00f3n Pastor aeternus,  y dos en contra, probablemente por error. Los 61 que se opon\u00ed\u00adan dejaron Roma para evitar el esc\u00e1ndalo de votar en contra de los conocidos deseos del papa. Todos se sometieron despu\u00e9s a las definiciones del concilio (>Primado papal; >Infalibilidad). Cierto n\u00famero de cat\u00f3licos, guiados por J. J. >D\u00f3llinger, se negaron a aceptarlas y fueron excomulgados. Algunos de ellos, pero no el mismo D\u00f3llinger, constituyeron la Iglesia cism\u00e1tica de los >viejos cat\u00f3licos. Al d\u00ed\u00ada siguiente de las definiciones estall\u00f3 la Guerra franco-prusiana. Aunque se celebraron algunas sesiones hasta el 20 de octubre, cuando el concilio se suspendi\u00f3 sine die  no se hab\u00ed\u00ada hecho nada relevante.<\/p>\n<p>El concilio no hizo nunca ninguna declaraci\u00f3n sobre los obispos, que equilibrara de alg\u00fan modo la doctrina sobre el papado. Bismarck trat\u00f3 luego de incitar a los obispos alemanes contra el papa, pero fracas\u00f3 en el intento (>Obispos). Los dos documentos capitales del concilio, sobre la revelaci\u00f3n y sobre el papado, servir\u00ed\u00adan a la Iglesia durante el per\u00ed\u00adodo del >modernismo, ofreciendo orientaciones claras sobre cuestiones clave. A pesar de su desequilibrada eclesiolog\u00ed\u00ada, el concilio no impidi\u00f3 el surgimiento de una renovaci\u00f3n eclesiol\u00f3gica que culminar\u00ed\u00ada en el complementario concilio Vaticano II.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(1869-1870) DicEc \u00c2\u00a0 El concilio Vaticano I no puede entenderse si no es a la luz de la enigm\u00e1tica personalidad de >P\u00ed\u00ado IX y de las turbulentas d\u00e9cadas anteriores del siglo XIX. 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