{"id":14979,"date":"2016-02-05T09:48:57","date_gmt":"2016-02-05T14:48:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vaticano-ii-concilio-2\/"},"modified":"2016-02-05T09:48:57","modified_gmt":"2016-02-05T14:48:57","slug":"vaticano-ii-concilio-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vaticano-ii-concilio-2\/","title":{"rendered":"VATICANO II (CONCILIO)"},"content":{"rendered":"<p>(1962-1965)<br \/>\nDicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEl >Vaticano I qued\u00f3 suspendido sine die  el 20 de octubre de 1870. Algunos se preguntaban si, despu\u00e9s de los decretos sobre el >primado papal y la >infalibilidad, volver\u00ed\u00ada a ser alguna vez necesaria la celebraci\u00f3n de un concilio. De hecho, las decisivas acciones de >P\u00ed\u00ado X durante la crisis modernista llevaron a muchos a sentirse confiados en la actuaci\u00f3n del papa en solitario. No obstante, el C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico  de 1917 trat\u00f3 de los concilios generales (CIC 222-229).<\/p>\n<p>Ya en 1922 >P\u00ed\u00ado XI pensaba en volver a congregar el Vaticano I o en convocar un nuevo concilio. Cuando se examinaron de nuevo los documentos del Vaticano I, se pens\u00f3 que hab\u00ed\u00ada suficiente material preparado para un concilio, y los consultores hicieron sugerencias acerca de otros temas. P\u00ed\u00ado XI solicit\u00f3 la opini\u00f3n de los obispos de cara a la celebraci\u00f3n de un concilio con ocasi\u00f3n del a\u00f1o santo de 1925; s\u00f3lo la d\u00e9cima parte pareci\u00f3 haberse mostrado en contra. Pero algunos, especialmente el cardenal Ehrle, insistieron poderosamente en desaconsejar al papa la celebraci\u00f3n del concilio, y en 1924 se renunci\u00f3 a la idea.<\/p>\n<p>Seg\u00fan parece, fueron bastantes las personas que aconsejaron a >P\u00ed\u00ado XII la celebraci\u00f3n de un concilio. El papa decidi\u00f3 que las indagaciones acerca del posible concilio deb\u00ed\u00adan estar en manos de una comisi\u00f3n especial del entonces Santo Oficio, que se reuni\u00f3 con gran secreto desde marzo de 1948 hasta enero de 1951. La comisi\u00f3n llev\u00f3 a cabo una gran cantidad de trabajo, desconociendo aparentemente lo que se hab\u00ed\u00ada hecho en la d\u00e9cada de 1920. Se nombraron y actuaron tambi\u00e9n subcomisiones. Pero hubo divergencias acerca del tipo de concilio que deb\u00ed\u00ada celebrarse y se previeron dificultades que llevar\u00ed\u00adan a P\u00ed\u00ado XII a renunciar a la idea. Los trabajos, sin embargo, dar\u00ed\u00adan alg\u00fan fruto: P\u00ed\u00ado XII us\u00f3 por ejemplo los documentos preparatorios en la enc\u00ed\u00adclica Humani generis;  Juan XXIII autoriz\u00f3 en 1959 a la comisi\u00f3n antepreparatoria del Vaticano II a tener en cuenta los documentos conservados en el Santo Oficio; algunos de los miembros de la comisi\u00f3n de la d\u00e9cada de 1940 desempe\u00f1ar\u00ed\u00adan luego un importante papel en el concilio, como los cardenales Bea, Ottaviani, Parente y Brown.<\/p>\n<p>No existe sin embargo una historia cr\u00ed\u00adtica del Vaticano II; un breve relato de H. Jedin es quiz\u00e1 el mejor relato de que disponemos. Hay en italiano una cr\u00f3nica valiosa e informes period\u00ed\u00adsticos en varias lenguas publicados originalmente en \u00abLa Civilt\u00e1 Cattolica\u00bb. Estos no obstante, aunque valiosos, han de leerse con precauci\u00f3n, ya que no siempre son enteramente rigurosos y a veces reflejan las reacciones emotivas del momento; a menudo se echa de menos una valoraci\u00f3n m\u00e1s sosegada de las personas y de los acontecimientos, [aunque la reciente Historia del concilio Vaticano II  dirigida por G. Alberigo en cinco vol\u00famenes y en diversas lenguas puede llenar este vac\u00ed\u00ado. Los criterios interpretativos usados son los siguientes: 1) el Concilio-acontecimiento como canon hermen\u00e9utico; 2) la intenci\u00f3n de Juan XXIII; 3) la naturaleza pastoral del Concilio; 4) l&#8217;aggiornamento  como finalidad del Vaticano II y 5) la pr\u00e1ctica del compromiso y de la b\u00fasqueda de la unanimidad].<\/p>\n<p>Como es bien sabido, la idea del concilio, que Juan XXIII lanz\u00f3 a los cardenales el 25 de enero de 1959, fue recibida con frialdad. En general puede decirse que, de la curia romana, el papa recibi\u00f3 poco entusiasmo y muchos impedimentos (>Juan XXIII). Antes del concilio hab\u00ed\u00ada en la Iglesia un abismo entre los estudios creativos de eclesiolog\u00ed\u00ada, especialmente desde perspectivas b\u00ed\u00adblicas, patr\u00ed\u00adsticas y ecum\u00e9nicas, y lo que manifestaba el magisterio y ense\u00f1aban los manuales de teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>El 17 de mayo de 1959 fue nombrada la comisi\u00f3n antepreparatoria. Recibi\u00f3 2.812 proposiciones (postulate).  El 5 de junio de 1960 se establecieron diez comisiones preparatorias. Junto a ellas estaba el Secretariado para la unidad de los cristianos, que Juan XXIII hab\u00ed\u00ada instituido en 1960. Hasta iniciado el primer per\u00ed\u00adodo de sesiones no alcanzar\u00ed\u00ada el Secretariado todo su potencial. A diferencia de la comisi\u00f3n del Vaticano I. la mitad de los miembros de las comisiones preparatorias eran futuros miembros del concilio con derecho a voto; el 28% de ellos eran miembros de la curia romana; los otros eran obispos del mundo entero y te\u00f3logos llamados \u00abperitos\u00bb. Estos cribaban los materiales recibidos y preparaban los borradores, que eran enviados a la Comisi\u00f3n central. Los setenta y seis esquemas eran m\u00e1s bien un resumen de anteriores posiciones del magisterio y conten\u00ed\u00adan pocas novedades teol\u00f3gicas. Aunque constituir\u00ed\u00adan una fuente para el concilio, muy pocos de ellos fueron aprobados en la forma en que hab\u00ed\u00adan sido enviados al principio a los miembros del concilio. En esta fase los procedimientos estaban en gran medida dominados por los miembros de la curia y por los te\u00f3logos romanos presentes en las distintas comisiones. Algunos de los te\u00f3logos m\u00e1s destacados de la Iglesia fueron al principio excluidos, llegando a ser peritos s\u00f3lo m\u00e1s tarde, por la insistencia de los obispos y en algunos casos del mismo papa. Durante los a\u00f1os de preparaci\u00f3n hubo signos de tensi\u00f3n: el s\u00ed\u00adnodo romano (1960) fue una decepci\u00f3n, ya que fue muy tradicional; la constituci\u00f3n pontificia imponiendo el lat\u00ed\u00adn como veh\u00ed\u00adculo de la formaci\u00f3n teol\u00f3gica se consider\u00f3 regresiva; en algunos pa\u00ed\u00adses las expectativas ante el concilio eran muy grandes y la gente esperaba cambios decisivos; el inter\u00e9s por las dimensiones ecum\u00e9nicas del concilio era creciente.<\/p>\n<p>Cuando se inaugur\u00f3 el concilio el 11 de octubre de 1962 qued\u00f3 claro que, a pesar de los intensos esfuerzos de preparaci\u00f3n, los procedimientos de trabajo no eran apropiados para la tarea. Se encomend\u00f3 la direcci\u00f3n del concilio a un grupo de diez cardenales; m\u00e1s tarde se nombrar\u00ed\u00adan cuatro moderadores para facilitar la marcha del concilio (1963). En la inauguraci\u00f3n hab\u00ed\u00ada 2.540 padres conciliares, menos de una quinta parte de los cuales (379) eran italianos: obispos (incluidos los cardenales y los patriarcas) y m\u00e1ximos responsables (generales) de los institutos religiosos masculinos. Hab\u00ed\u00ada tambi\u00e9n observadores de otras confesiones cristianas (siendo los protestantes notablemente m\u00e1s numerosos que los orientales). A partir del segundo per\u00ed\u00adodo de sesiones (1963) hubo invitados (auditores,  \u00aboyentes\u00bb), que no ten\u00ed\u00adan derecho a intervenir; desde el tercer per\u00ed\u00adodo (1964) entre, estos hubo tambi\u00e9n algunas mujeres.<\/p>\n<p>El lenguaje oficial acerca de la actividad del concilio usaba una terminolog\u00ed\u00ada tradicional y t\u00e9cnica. Hubo cuatro per\u00ed\u00adodos de sesiones  (11 de octubre-8 de diciembre de 1962; 29 de septiembre-4 de diciembre de 1963; 14 de septiembre-21 de noviembre de 1964; 14 de septiembre-8 de diciembre de 1965). Hubo diez asambleas (p\u00fablicas) solemnes:  celebraciones lit\u00fargicas, a las que asist\u00ed\u00ada el papa, y asambleas de apertura y clausura, as\u00ed\u00ad como para la aprobaci\u00f3n de documentos. El trabajo ordinario del concilio consisti\u00f3 en 186 asambleas generales,  dedicadas a discursos y votaciones. Un rasgo particular de las asambleas generales era el hecho de que los obispos que deseaban hablar hab\u00ed\u00adan de notificarlo con varios d\u00ed\u00adas de antelaci\u00f3n. De este modo el cruce de intervenciones propio de los debates parlamentarios no era posible, ya que los oradores se suced\u00ed\u00adan pronunciando discursos que ya ten\u00ed\u00adan preparados. Los miembros pod\u00ed\u00adan tambi\u00e9n someter textos a la consideraci\u00f3n de las comisiones conciliares. Todos estos discursos e intervenciones escritas, as\u00ed\u00ad como toda la documentaci\u00f3n proporcionada a los miembros del concilio, se han publicado en la actualidad, pero en lat\u00ed\u00adn, lengua en la cual se hicieron casi todas las intervenciones. Hay que tener en cuenta que los primeros comentarios que se hicieron al Vaticano II no pudieron hacerse disponiendo de este amplio material, y todo habr\u00ed\u00ada de revisarse por tanto a la luz del mismo. Muchas tesis doctorales sobre el concilio se han escrito desde que apareci\u00f3 toda esta documentaci\u00f3n; en ellas se arroja mucha luz sobre el modo en que se desarroll\u00f3 la doctrina del concilio sobre cuestiones particulares. Ha llegado el momento para una segunda generaci\u00f3n de comentarios, como el que ha aparecido ya sobre el cap\u00ed\u00adtulo VIII de LG.<\/p>\n<p>La mayor parte de los documentos del concilio se tratan en esta obra en las voces correspondientes. Lo que sigue es un esquema breve de las distintas fases de los trabajos conciliares.<\/p>\n<p>El concilio se inaugur\u00f3 con un discurso important\u00ed\u00adsimo de >Juan XXIII. El primer per\u00ed\u00adodo de sesiones tuvo una etapa de acomodaci\u00f3n, siendo al principio importantes las cuestiones de procedimiento; el gran n\u00famero de obispos no pertenecientes a la curia elegidos para las distintas comisiones conciliares necesitaba tiempo para aclimatarse. Fue una etapa importante en la historia del concilio, porque empezaron a formarse dos grupos diferentes. Palabras como \u00abconservador\/tradicionalista\/de derechas\u00bb, o \u00abprogresista\/ecum\u00e9nico\/de izquierdas\u00bb tienen limitada utilidad en este contexto. Pero es un hecho que hab\u00ed\u00ada un grupo que representaba b\u00e1sicamente las posturas de la curia vaticana y de sus te\u00f3logos, y un grupo m\u00e1s amplio que estaba m\u00e1s abierto a nuevas ideas. Durante los primeros d\u00ed\u00adas del concilio se vio ya que los planteamientos curiales, reflejados en la documentaci\u00f3n que ya hab\u00ed\u00adan recibido los miembros del concilio, no iba a ser dominante en el mismo. Juan XXIII, y Pablo VI despu\u00e9s de \u00e9l, se encarg\u00f3 de que esta minor\u00ed\u00ada no quedara aplastada, pero tampoco se le permiti\u00f3 dictar los resultados del concilio, el cual al final se las arregl\u00f3 para conseguir el consenso en todos los documentos.<\/p>\n<p>El primer documento que se discuti\u00f3 fue el relativo a la >liturgia, dando lugar a un claro enfrentamiento de posturas. Cuando el concilio entr\u00f3 en un callej\u00f3n sin salida durante la discusi\u00f3n sobre el documento acerca de la revelaci\u00f3n, Juan XXIII resolvi\u00f3 la situaci\u00f3n nombrando una comisi\u00f3n mixta presidida conjuntamente por los cardenales Ottaviani y Bea, que representaban sendas posturas fuertemente enfrentadas; la comisi\u00f3n recibi\u00f3 el encargo de revisar completamente el documento. El esquema sobre los medios de comunicaci\u00f3n social fue mejor recibido. El concilio consider\u00f3 luego un esquema sobre las >Iglesias orientales, que tuvo una recepci\u00f3n poco entusiasta. Finalmente se present\u00f3 la constituci\u00f3n sobre la Iglesia (>Lumen gentium).  El borrador, que reflejaba en gran medida la concepci\u00f3n de la Iglesia como \u00absociedad perfecta\u00bb (>Sociedad y Sociedad perfecta), t\u00ed\u00adpica del magisterio del siglo anterior, fue muy mal recibido. Todos estos documentos fueron devueltos para su revisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Durante el primer per\u00ed\u00adodo de sesiones no se pudo aprobar ning\u00fan documento. Pero, aun cuando el concilio no hubiera vuelto a reunirse, la expresi\u00f3n de evidente >pluralismo en que consisti\u00f3 hubiera sido ya un testimonio importante. Este pluralismo de hecho escandaliz\u00f3 a muchos, que vieron en \u00e9l confusi\u00f3n; pero fue el fin de una sopor\u00ed\u00adfera uniformidad que ven\u00ed\u00ada haci\u00e9ndose pasar en la Iglesia por unidad (>Una).<\/p>\n<p>Al final del primer per\u00ed\u00adodo de sesiones se vio claro que hab\u00ed\u00ada de reducirse el n\u00famero de documentos y que era preciso agilizar los procedimientos conciliares. Juan XXIII nombr\u00f3 una Comisi\u00f3n coordinadora, que habr\u00ed\u00ada de ser vital para los futuros trabajos del concilio. Cuando muri\u00f3 el 3 de junio de 1963 el concilio qued\u00f3 autom\u00e1ticamente suspendido. Pero >Pablo VI volvi\u00f3 a convocarlo inmediatamente despu\u00e9s de su elecci\u00f3n el 21 de junio.<\/p>\n<p>Pablo VI dio al concilio cuatro directrices claras en la apertura del segundo per\u00ed\u00adodo de sesiones el 21 de septiembre de 1963: una declaraci\u00f3n doctrinal sobre la naturaleza de la Iglesia; su renovaci\u00f3n interna; la promoci\u00f3n de la unidad entre los cristianos, y el di\u00e1logo de la Iglesia con el mundo contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>El segundo per\u00ed\u00adodo de sesiones se inici\u00f3 con la consideraci\u00f3n del documento sobre la Iglesia, y los miembros del concilio pasaron la mayor parte de octubre discuti\u00e9ndolo. Las cuestiones cruciales fueron la sacramentalidad y la colegialidad del episcopado, el restablecimiento del diaconado y si el concilio deb\u00ed\u00ada hablar de la Virgen Mar\u00ed\u00ada (> Mar\u00ed\u00ada y la Iglesia) en este documento o publicar uno aparte sobre ella. La constituci\u00f3n fue devuelta para su revisi\u00f3n, como lo fue tambi\u00e9n el decreto sobre ecumenismo (>Ecumenismo e Iglesia cat\u00f3lica romana), que se discuti\u00f3 despu\u00e9s. Hab\u00ed\u00ada en \u00e9l cap\u00ed\u00adtulos dedicados a los jud\u00ed\u00ados y a la >libertad religiosa que pasar\u00ed\u00adan a formar parte de documentos diferentes. Al final fueron aprobados solemnemente la constituci\u00f3n sobre la liturgia y el decreto sobre los medios de comunicaci\u00f3n social.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de acabar el segundo per\u00ed\u00adodo de sesiones Pablo VI hizo una visita a Jerusal\u00e9n, donde se encontr\u00f3 con el patriarca ecum\u00e9nico Aten\u00e1goras (4-6 de enero de 1964). Esta iniciativa despert\u00f3 gran inter\u00e9s y contribuy\u00f3 a potenciar los esfuerzos ecum\u00e9nicos del concilio.<\/p>\n<p>El tercer per\u00ed\u00adodo de sesiones se abri\u00f3 con una misa concelebrada por veinticuatro miembros del concilio; se trataba de un acto simb\u00f3lico que indicaba que la constituci\u00f3n sobre la liturgia ya se estaba aplicando. El concilio volvi\u00f3 a considerar el documento sobre la Iglesia; se sometieron a votaciones de sondeo sus treinta y nueve secciones, siendo positivas todas ellas. Volvi\u00f3 a discutirse el modo en que se deb\u00ed\u00ada tratar de la Virgen Mar\u00ed\u00ada. Se discuti\u00f3 el documento sobre el oficio pastoral de los obispos, pero se presentaron 1.741 enmiendas a los dos primeros cap\u00ed\u00adtulos, indicando que era necesaria una revisi\u00f3n a fondo. El cap\u00ed\u00adtulo sobre la libertad religiosa del documento sobre el ecumenismo fue vivamente debatido y devuelto para su revisi\u00f3n. Se discuti\u00f3 tambi\u00e9n la declaraci\u00f3n sobre los jud\u00ed\u00ados, mostrando c\u00f3mo desde la Edad media los obispos estaban sometidos a la presi\u00f3n de los gobiernos \u00e1rabes para que no dieran la impresi\u00f3n de reconocer al Estado de Israel. La constituci\u00f3n sobre la revelaci\u00f3n, sorprendentemente, se debati\u00f3 m\u00e1s bien de manera calmada, aunque una minor\u00ed\u00ada llam\u00f3 la atenci\u00f3n sobre el modo en que el concilio parec\u00ed\u00ada estarse desviando de la l\u00ed\u00adnea de pensamiento teol\u00f3gico que ten\u00ed\u00ada su origen en Trento. Se introdujeron m\u00e1s textos en este per\u00ed\u00adodo de sesiones. Todos ellos recibieron muchas enmiendas y fueron devueltos para su revisi\u00f3n: el ministerio y la vida de los sacerdotes (>Sacerdocio ministerial), misiones (>Misi\u00f3n \u00abad gentes\u00bb), apostolado seglar (>Apostolado laical diocesano), renovaci\u00f3n de la >vida religiosa, formaci\u00f3n de los sacerdotes, esquema 13 sobre la Iglesia en el mundo, >matrimonio.<\/p>\n<p>Se trat\u00f3 de sofocar el documento sobre la libertad religiosa, pero, tras apelar al papa, se dieron garant\u00ed\u00adas de que se tratar\u00ed\u00ada en primer lugar en el siguiente per\u00ed\u00adodo de sesiones. Cuando el decreto sobre el ecumenismo estaba casi listo para la votaci\u00f3n, se revel\u00f3 que Pablo VI hab\u00ed\u00ada sugerido cuarenta enmiendas al texto; s\u00f3lo diecinueve fueron aceptadas por la comisi\u00f3n y ninguna de ellas era sustancial.<\/p>\n<p>Tanto esta iniciativa del papa como el hecho de que no todas sus sugerencias fueran admitidas son datos significativos de la din\u00e1mica que operaba entre el papa y el concilio. A esto hay que a\u00f1adir el hecho de que, a pesar de que el papa hab\u00ed\u00ada recomendado la aceptaci\u00f3n del documento sobre las misiones en el aula  (la sala conciliar, es decir, San Pedro), este fue decididamente rechazado despu\u00e9s de recibir abiertas cr\u00ed\u00adticas, especialmente del obispo D. Lamont de la entonces Rodesia del Sur. El papa consider\u00f3, por otro lado, que el debate sobre el celibato clerical y la anticoncepci\u00f3n era inoportuno. Los obispos, d\u00e1ndose cuenta de la complejidad de las cuestiones tratadas en el documento sobre el matrimonio, lo remitieron al papa durante el tercer per\u00ed\u00adodo de sesiones. El papa influy\u00f3 adem\u00e1s en el concilio de diversos modos; su enc\u00ed\u00adclica Ecclesiam suam  (1964) promovi\u00f3 la idea del di\u00e1logo con las otras religiones y con el mundo. Por otro lado, al final del tercer per\u00ed\u00adodo de sesiones proclam\u00f3 a la Virgen Mar\u00ed\u00ada \u00abmadre de la Iglesia\u00bb, acto que parece haber sido fruto tanto de su convicci\u00f3n personal como de la conveniencia de salir en ayuda de los que se hab\u00ed\u00adan sentido defraudados por el cap\u00ed\u00adtulo VIII de la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia. La actividad del papa durante el concilio fue pues directa e indirecta. Tom\u00f3 la iniciativa o aprob\u00f3 sugerencias para la mejor organizaci\u00f3n de los trabajos del concilio. Ejerci\u00f3 vigorosamente la direcci\u00f3n a trav\u00e9s de los cuatro moderadores, los cardenales Agagianian, D\u00f3pfner, Lercaro y >Suenens, a los que nombr\u00f3 al comienzo del segundo per\u00ed\u00adodo de sesiones y con los que se reun\u00ed\u00ada una vez a la semana durante el concilio.<\/p>\n<p>En la asamblea general final del tercer per\u00ed\u00adodo de sesiones (1964) se promulgaron tres decretos: la constituci\u00f3n sobre la Iglesia, el decreto sobre el ecumenismo y el decreto sobre las Iglesias orientales cat\u00f3licas.<\/p>\n<p>El cuarto per\u00ed\u00adodo de sesiones se caracteriz\u00f3 por un extraordinario incremento de las votaciones, con pausas para que las comisiones pudieran modificar los textos. Volvi\u00f3 a haber problemas con el documento sobre la libertad religiosa y el documento sobre los jud\u00ed\u00ados, que pas\u00f3 a ser una declaraci\u00f3n sobre las religiones no cristianas, en la que se trataba tambi\u00e9n de otras religiones distintas del juda\u00ed\u00adsmo. Se afirmaba, no obstante, que la culpa de la muerte de Jes\u00fas no pod\u00ed\u00ada achacarse ni a todos los jud\u00ed\u00ados contempor\u00e1neos de Jes\u00fas sin distinci\u00f3n ni a los jud\u00ed\u00ados actuales. En la asamblea general del 28 de octubre de 1965 se promulgaron cinco textos: sobre los obispos, la vida religiosa, la formaci\u00f3n sacerdotal, la educaci\u00f3n religiosa y las religiones no cristianas. Tras un trabajo fren\u00e9tico en las comisiones, pudieron prepararse dos documentos m\u00e1s para su promulgaci\u00f3n en la asamblea solemne del 18 de noviembre: sobre la revelaci\u00f3n y sobre el apostolado de los laicos. El resto de los documentos se promulgaron el 7 de diciembre: sobre la libertad religiosa, la actividad misionera. el ministerio sacerdotal y la Iglesia en el mundo moderno. Durante este per\u00ed\u00adodo se renunci\u00f3 tambi\u00e9n a un documento sobre las indulgencias. El concilio acab\u00f3 con la asamblea solemne del 8 de diciembre de 1965.<\/p>\n<p>Desde un punto de vista sociol\u00f3gico, el concilio tuvo el aspecto de un comit\u00e9 enorme que a trav\u00e9s de subcomit\u00e9s lograra elaborar documentos de consenso. Una de las grandes peticiones del concilio fue la descentralizaci\u00f3n. Es una paradoja el que buena parte de los trabajos posconciliares dependieran de una nueva centralizaci\u00f3n. Se dej\u00f3 a Pablo VI la tarea de velar por la aplicaci\u00f3n de gran parte del concilio. Este tom\u00f3 r\u00e1pidamente la iniciativa en relaci\u00f3n con la liturgia, instituyendo el consejo para su aplicaci\u00f3n y eligiendo perspicazmente a A. >Bugnini como en\u00e9rgico y vigoroso secretario. Por medio de la carta apost\u00f3lica Ecclesiae sanctae,  puso las bases para la renovaci\u00f3n en tres \u00e1mbitos clave: los obispos y los sacerdotes, los religiosos, y las misiones. Ya durante el mismo concilio comenz\u00f3 la aplicaci\u00f3n de los decretos: instituy\u00f3 una comisi\u00f3n pontificia para los medios de comunicaci\u00f3n social; aprob\u00f3 un nuevo secretariado para los no cristianos con el fin de que colaborara en el concilio; ya el 15 de septiembre de 1965 hab\u00ed\u00ada puesto las bases para el establecimiento del >s\u00ed\u00adnodo de obispos. Al mes de acabar el concilio hab\u00ed\u00ada instituido cinco comisiones posconciliares: sobre los obispos, los religiosos, las misiones, la educaci\u00f3n cristiana y el apostolado de los laicos. Al mismo tiempo confirm\u00f3 las comisiones existentes: liturgia, medios de comunicaci\u00f3n social, reforma del derecho can\u00f3nico, unidad de los cristianos, religiones no cristianas y no creyentes\u00bb. Pronto dio pasos para iniciar la reforma de la curia vaticana (>Vaticano I). Aunque por una parte hay que admirar el vigor con que Pablo VI emprendi\u00f3 la aplicaci\u00f3n del concilio, cabe se\u00f1alar que en cierto modo lo hizo m\u00e1s en virtud de su primado que en el ejercicio de la colegialidad; el hecho de que la aplicaci\u00f3n del concilio se llevara a cabo en gran parte motu proprio  no deja de tener importancia, al menos simb\u00f3lica. Sin embargo, las tensiones ya presentes en el concilio pronto se desencadenaron en gran parte de la Iglesia. Fue sin duda uno de los grandes logros de Pablo VI el conseguir llevar adelante el programa de renovaci\u00f3n del concilio evitando los cismas tanto de derechas como de izquierdas.<\/p>\n<p>Al cabo de m\u00e1s de treinta a\u00f1os de la inauguraci\u00f3n del Vaticano II ha sido posible ya hacer algunas valoraciones y se\u00f1alar algunos de los logros, fracasos e imperfecciones del concilio. En los a\u00f1os que siguieron a su clausura sus textos se vieron sometidos a gran cantidad de interpretaciones, apel\u00e1ndose al esp\u00ed\u00adritu del concilio en apoyo de las posturas m\u00e1s diversas. Se puede observar que, comparados con otras reformas de los siglos XI y XVI, hubo en los objetivos y la ret\u00f3rica del concilio una falta de claridad derivada precisamente de la decisi\u00f3n de Juan XXIII de no hacer condenas; toda condena, por su mismo car\u00e1cter, muestra claramente la posici\u00f3n opuesta, ortodoxa. Por otro lado, las consignas de la actualizaci\u00f3n y la renovaci\u00f3n, implicadas ambas en el lema de Juan XXIII del aggiornamento,  pod\u00ed\u00adan interpretarse de diverso modo, y as\u00ed\u00ad ocurri\u00f3.<\/p>\n<p>Las reflexiones sobre el concilio publicadas a los veinte o veinticinco a\u00f1os del mismo en diversos libros y revistas han mostrado claramente que el concilio fue motivo de enormes cambios en algunas \u00e1reas, pero fue menos eficaz en otras\u00bb. Por cada logro positivo, podr\u00ed\u00ada se\u00f1alarse tambi\u00e9n un aspecto negativo. Todas las \u00e1reas de la vida de la Iglesia se han visto afectadas, pero el concilio no ha sido capaz de provocar una renovaci\u00f3n profunda de la Iglesia. Por debajo de tales observaciones superficiales subyace un problema m\u00e1s hondo de interpretaci\u00f3n y recepci\u00f3n del concilio . Hay que recordar que hab\u00ed\u00ada una minor\u00ed\u00ada, quiz\u00e1 unos 220 obispos, de corte m\u00e1s tradicional, a la que la mayor\u00ed\u00ada tuvo que satisfacer para alcanzar el consenso en todos los documentos. La minor\u00ed\u00ada fue aplacada en gran medida por la repetida menci\u00f3n de dos concilios anteriores (la mitad de las referencias conciliares son a Trento y al Vaticano 1) y del magisterio papal inmediatamente anterior (la mitad de las citas de los papas se refieren a P\u00ed\u00ado XII). El consenso no se logr\u00f3 generalmente alcanzando un punto de vista superior que asumiera en una unidad m\u00e1s rica los distintos puntos de vista. En algunos casos, por ejemplo en el cap\u00ed\u00adtulo VIII de LG, el concilio yuxtapuso puntos de vista diferentes para satisfacer a los distintos grupos. La hermen\u00e9utica del concilio tiene que tener en cuenta este procedimiento y no tratar de imponer un punto de vista determinado en la interpretaci\u00f3n de ciertos textos. Fue crucial la incapacidad del concilio para ir m\u00e1s all\u00e1 de los logros de la teolog\u00ed\u00ada de la d\u00e9cada de 1950, poniendo en pr\u00e1ctica la creatividad que Juan XXIII consideraba que estaba reclamando el esp\u00ed\u00adritu de los tiempos. El concilio, en el mejor de los casos, recogi\u00f3 lo m\u00e1s granado de la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea. Recibi\u00f3 tambi\u00e9n la doctrina de los concilios anteriores, situ\u00e1ndola en una perspectiva m\u00e1s amplia; por ejemplo con la reconsideraci\u00f3n del primado y la infalibilidad papales dentro del contexto de la colegialidad, o la hondura eclesial y pneumatol\u00f3gica dada a la teolog\u00ed\u00ada sacramental tradicional de los concilios de >Florencia y >Trento.<\/p>\n<p>Una consecuencia importante del concilio fue abrir la teolog\u00ed\u00ada m\u00e1s bien estrecha del magisterio reciente. Esto fue fruto de la presencia de te\u00f3logos y obispos del mundo entero, que se negaban a ce\u00f1irse a la estrecha teolog\u00ed\u00ada romana de los borradores preparados para los textos conciliares. El papel de los te\u00f3logos puede exagerarse; el Vaticano II fue un concilio pastoral de obispos, dentro del cual los te\u00f3logos fueron esenciales. Un rasgo de la Iglesia posconciliar es que, ahora que los obispos y sus te\u00f3logos ya no est\u00e1n reunidos, ha vuelto a aparecer una teolog\u00ed\u00ada estrecha en los documentos magisteriales procedentes tanto del papa como de las congregaciones vaticanas \u2014a pesar de los esfuerzos de Pablo VI por internacionalizar la curia\u2014. Ni los s\u00ed\u00adnodos de obispos ni la >Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional han sido capaces de escapar siempre a la teolog\u00ed\u00ada curial, que a veces parece dominarlo todo.<\/p>\n<p>En el per\u00ed\u00adodo posconciliar ha habido una dial\u00e9ctica entre la visi\u00f3n institucional de la Iglesia y la nueva apertura del concilio, especialmente en LG, UR y GS. Aunque nadie haya salido victorioso\u00bb, parece que en algunos casos tienen m\u00e1s peso los que fueron los temores de la minor\u00ed\u00ada del concilio que las iniciativas apoyadas por la mayor\u00ed\u00ada. Por eso, a pesar de la dependencia del nuevo C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico  de la eclesiolog\u00ed\u00ada del Vaticano II, algunos han observado en algunos lugares una cierta ambivalencia. Hay que decir tambi\u00e9n que, aunque algunos consideran el Vaticano II como primariamente jur\u00ed\u00addico, desde este \u00faltimo punto de vista su eclesiolog\u00ed\u00ada ha sido acusada a veces de gran ambig\u00fcedad e indecisi\u00f3n, lo que ha llevado a muchos a elegir lo que para ellos era el \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb del Vaticano II.<\/p>\n<p>No hay una teolog\u00ed\u00ada del Vaticano II, sino varias. De acuerdo con el frecuentemente citado libro de A. Acerbi, se ha hecho habitual hablar de dos eclesiolog\u00ed\u00adas del Vaticano II. Aunque tiene raz\u00f3n cuando dice que el planteamiento jur\u00ed\u00addico y el de comuni\u00f3n de la eclesiolog\u00ed\u00ada no se han resuelto en el per\u00ed\u00adodo posconciliar, puede replicarse que en el mismo concilio esta tensi\u00f3n encuentra ya resoluci\u00f3n. Para ello tenemos que mirar el cap\u00ed\u00adtulo II de LG como un planteamiento de comuni\u00f3n y reparar cuidadosamente en que el cap\u00ed\u00adtulo 11I habla de la comuni\u00f3n jer\u00e1rquica (>Colegialidad episcopal). El Esp\u00ed\u00adritu Santo es el principio tanto de la comuni\u00f3n como de la jerarqu\u00ed\u00ada (LG 4, 1011). En el per\u00ed\u00adodo posconciliar el criterio selectivo de los autores, tanto del campo del magisterio como del de la teolog\u00ed\u00ada, ha puesto a la Iglesia ante una pasmosa variedad de presentaciones de lo que pasa por ser el verdadero esp\u00ed\u00adritu del Vaticano II. Dentro de la misma eclesiolog\u00ed\u00ada puede decirse que desde la \u00e9poca delconcilio la visi\u00f3n del Vaticano I sobre el papado ha sido, en la pr\u00e1ctica, la que ha imperado en la Iglesia, a pesar de ciertos intentos por incorporar elementos de la recepci\u00f3n de este concilio en el Vaticano II.<\/p>\n<p>El >s\u00ed\u00adnodo de 1985 fue un examen de la recepci\u00f3n de las cuatro constituciones del Vaticano II: liturgia, Iglesia, revelaci\u00f3n e Iglesia en el mundo moderno. La valoraci\u00f3n fue en conjunto positiva, aunque se se\u00f1alaron algunas desviaciones y \u00e1reas que estaban reclamando un mayor estudio. Ante los problemas en el uso y la interpretaci\u00f3n de la noci\u00f3n de >pueblo de Dios, el s\u00ed\u00adnodo prefiri\u00f3 hablar de >comuni\u00f3n. El informe final dice, en efecto: \u00abLa eclesiolog\u00ed\u00ada de comuni\u00f3n es una idea central y fundamental en los documentos del concilio\u00bb. Aunque es claro que la noci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de >comuni\u00f3n, tomada en toda su riqueza, es sin duda una noci\u00f3n profunda y abarcadora, no est\u00e1 claro, sin embargo, que toda la eclesiolog\u00ed\u00ada conciliar pueda incluirse en ella sin ampliar la noci\u00f3n de comuni\u00f3n hasta tal punto que pierda toda especificidad. La carta de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe sobre esta cuesti\u00f3n cita una alocuci\u00f3n del papa Juan Pablo II, en la que se dice que el concepto de comuni\u00f3n subyace \u00aben el coraz\u00f3n mismo de la autocomprensi\u00f3n de la Iglesia\u00bb (n 3). El documento parece reflejar ciertos deseos de usar la comuni\u00f3n como un modo de subrayar el primado de Roma y la universalidad en detrimento de las Iglesias locales, as\u00ed\u00ad como de privilegiar la expresi\u00f3n dentro del movimiento ecum\u00e9nico. Puede aducirse, sin embargo, que se trata de una lectura parcial del concilio,ya que no integra plenamente las doctrinas sobre el pueblo de Dios y sobre la Iglesia en el mundo moderno (GS).<\/p>\n<p>Mons. P. Delhaye, de la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional, hablando en el s\u00ed\u00adnodo de 1985, se\u00f1alaba cuatro \u00e1reas que el Vaticano II hab\u00ed\u00ada tocado pero que desde entonces hab\u00ed\u00adan ido adquiriendo m\u00e1s importancia: la salvaci\u00f3n (el Redentor, la cruz, el pecado y la gracia); los principios morales; el sacerdocio ministerial, y los pobres. Hay que decir, sin embargo, que, sin el impulso del Vaticano II, habr\u00ed\u00ada sido muy improbable que hubi\u00e9ramos asistido a las riquezas de las >teolog\u00ed\u00adas de la liberaci\u00f3n y de las >comunidades cristianas de base, surgidas despu\u00e9s del concilio. El Vaticano II ha dado muchos frutos, y a\u00fan podemos esperar que siga dando.<\/p>\n<p>Hay que hacer, por \u00faltimo, algunas observaciones. Existe una amplia bibliograf\u00ed\u00ada sobre las valoraciones protestantes y ortodoxas del concilio, debida tanto a los observadores como a otros autores. Existe tambi\u00e9n una exigua, pero extremadamente ruidosa, minor\u00ed\u00ada de cat\u00f3licos opuestos al concilio y a la renovaci\u00f3n subsiguiente. Ejemplo de este grupo es el arzobispo >Lefebvre, pero sus ideas en modo alguno est\u00e1n limitadas a su c\u00ed\u00adrculo. Hay dos grupos: los que rechazan categ\u00f3ricamente el concilio y los que lamentan el curso de los acontecimientos despu\u00e9s del mismo. Est\u00e1 finalmente la postura opuesta: la de quienes afirman que el concilio ha sido traicionado por la Iglesia oficial, desde las m\u00e1s altas autoridades hasta los pastores locales, y la de quienes piensan que el concilio no hizo m\u00e1s que iniciar un proceso de reflexi\u00f3n y aggiornarnento  que ha de seguir planteando nuevas cuestiones. [Con motivo del Gran Jubileo del 2000 la Comisi\u00f3n Pontificia organiz\u00f3 un Convenio teol\u00f3gico sobre la actuaci\u00f3n del Vaticano II en febrero del 2000 con cinco ponencias centrales: Del S\u00ed\u00adnodo de 1985 a la TMA (H. J. Pottmeyer), DV (A. Vanhoye), SC (P. Tena), GS (A. Scola) y LG (J. Ratzinger), con treinta comunicaciones complementarias de te\u00f3logos de todo el mundo. El papa Juan Pablo II concluy\u00f3 tal evento proclamando que la Iglesia en el inicio del tercer milenio saca su fuerza de la profec\u00ed\u00ada conciliar]<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(1962-1965) DicEc \u00c2\u00a0 El >Vaticano I qued\u00f3 suspendido sine die el 20 de octubre de 1870. Algunos se preguntaban si, despu\u00e9s de los decretos sobre el >primado papal y la >infalibilidad, volver\u00ed\u00ada a ser alguna vez necesaria la celebraci\u00f3n de un concilio. 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