{"id":14980,"date":"2016-02-05T09:48:59","date_gmt":"2016-02-05T14:48:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vida-consagrada\/"},"modified":"2016-02-05T09:48:59","modified_gmt":"2016-02-05T14:48:59","slug":"vida-consagrada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vida-consagrada\/","title":{"rendered":"VIDA CONSAGRADA"},"content":{"rendered":"<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEl t\u00e9rmino \u00abvida consagrada\u00bb suele usarse de modo gen\u00e9rico para referirse a las vocaciones especiales en la Iglesia, a trav\u00e9s de las cuales se busca la perfecci\u00f3n de la caridad. En el derecho can\u00f3nico la vida consagrada incluye s\u00f3lo a los institutos religiosos, los >eremitas, las v\u00ed\u00adrgenes consagradas (>V\u00ed\u00adrgenes) y los >institutos seculares. Asociadas en la mentalidad popular a estos, aunque el derecho can\u00f3nico no las incluya en la vida consagrada, est\u00e1n tambi\u00e9n las >sociedades de vida apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>La nueva legislaci\u00f3n can\u00f3nica al respecto ha puesto especial esmero en dar cabida a todos y cada uno de los carismas particulares, procurando evitar la rigidez a que tend\u00ed\u00ada el C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico  de 1917. El nuevo C\u00f3digo  establece normas para todos los institutos de vida consagrada (CIC 573-606). Estos se caracterizan por la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos y una forma de vida estable dentro de un instituto erigido can\u00f3nicamente por la autoridad eclesi\u00e1stica competente (CIC 573). La autoridad competente puede ser el obispo local (CTC 579, 595) o la Santa Sede (CIC 589). La vida consagrada, por su misma naturaleza, no es ni clerical ni seglar: algunos institutos est\u00e1n reconocidos por la Iglesia como clericales (aunque puedan tener tambi\u00e9n miembros laicos); otros est\u00e1n reconocidos como laicos (CIC 588). Se mantiene la >exenci\u00f3n en determinados aspectos del gobierno del obispo local en favor de la Santa Sede u otra autoridad eclesi\u00e1stica (CIC 591). Cada instituto debe exponer y explicar su manera de entender los consejos evang\u00e9licos (CIC 598-601). Se a\u00f1aden dos c\u00e1nones sobre los eremitas y las v\u00ed\u00adrgenes consagradas.<\/p>\n<p>Todas las formas de la vida consagrada en sentido amplio han tratado de renovarse despu\u00e9s del Vaticano II. En general tienen problemas de identidad ante la insistencia del concilio en la llamada universal a la santidad (LG, c. V). Algunos han querido reducir al m\u00ed\u00adnimo la diferencia respecto de los fieles en general, aumentando con ello a\u00fan m\u00e1s su crisis de identidad. Otros siguen tratando de dar expresi\u00f3n a lo espec\u00ed\u00adfico de su vida frente a los cristianos en general. El concilio no dud\u00f3 en afirmar la validez de la vida religiosa (LG, c. VI; PC) yde otras formas de compromiso radical. Uno de los rasgos de la Iglesia del posconcilio ha sido la aparici\u00f3n de nuevas formas de vida cristiana comprometida (>Asociaciones de fieles; >Movimientos eclesiales), e incluso de vida consagrada en sentido estricto, ocup\u00e1ndose tambi\u00e9n de estas \u00faltimas el nuevo C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico  (CIC 605).<\/p>\n<p>El punto teol\u00f3gico clave en relaci\u00f3n con la vida consagrada es que se trata de una forma de vivir m\u00e1s radicalmente la consagraci\u00f3n originaria, que tiene lugar en el bautismo. Hablando con rigor, habr\u00ed\u00ada que decir que es Dios quien consagra: es Dios quien da la vocaci\u00f3n inicial al bautismo y las llamadas posteriores. La respuesta por medio de los votos en la vida consagrada ha adoptado a lo largo de la historia muchas formas, todas las cuales han constituido un enriquecimiento de la Iglesia, dado que cada una de ellas pone de relieve a su modo alg\u00fan aspecto del misterio de Cristo y de la \u00fanica santidad, que tiene innumerables formas (LG 41). [Despu\u00e9s del S\u00ed\u00adnodo episcopal de 1994 el papa Juan Pablo II public\u00f3 en 1996 la exhortaci\u00f3n possinodal Vita consecrata  con una estructura en tres partes que corresponden a los temas de la identidad, de la comuni\u00f3n y de la misi\u00f3n: 1: Confessio Trinitatis:  fuentes cristol\u00f3gicotrinitarias de la vida consagrada (nn 14-40); II: Signum fraternitatis:  la vida consagrada, signo de comuni\u00f3n en la Iglesia (VC 41-71), y III: Servitium caritatis:  la vida consagrada, epifan\u00ed\u00ada del amor de Dios en el mundo (VC 72-103)].<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>Imitaci\u00f3n del estilo de vida del Se\u00f1or<\/p>\n<p>\tLa \u00abvida consagrada\u00bb se ha presentado siempre como una imitaci\u00f3n y prolongaci\u00f3n del mismo estilo de vida del Se\u00f1or. Las personas llamadas comparten la misma vida de Jes\u00fas (en su ser o consagraci\u00f3n y en su entrega), para prolongar su misma misi\u00f3n. A este seguimiento evang\u00e9lico de los doce Ap\u00f3stoles y de otras personas llamadas por Jes\u00fas, se le ha llamado \u00abvida apost\u00f3lica\u00bb (\u00abapostolica vivendi forma\u00bb). Se trata de un seguimiento en fraternidad para la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>\tLa \u00abperfecci\u00f3n de la caridad\u00bb (LG 40), que es vocaci\u00f3n de todo cristiano, se expresa de modo especial en la pr\u00e1ctica permanente (y \u00abprofesada\u00bb) de los consejos evang\u00e9licos, como \u00abseguimiento evang\u00e9lico\u00bb radical para configurarse con Cristo y asociarse esponsalmente. Adem\u00e1s de la consagraci\u00f3n bautismal, \u00ablas personas consagradas, que abrazan los consejos evang\u00e9licos, reciben una nueva y especial consagraci\u00f3n que, sin ser sacramental, las compromete a abrazar, en el celibato, la pobreza y la obediencia, la forma de vida practicada personalmente por Jes\u00fas y propuesta por El a los disc\u00ed\u00adpulos\u00bb (VC 31). Esta consagraci\u00f3n conlleva una \u00abespecial conformaci\u00f3n con Cristo virgen, pobre y obediente\u00bb (ib\u00ed\u00addem).<\/p>\n<p>\tSigno eclesial de desposorio con Cristo<\/p>\n<p>\tEl signo eclesial de la vida consagrada, como \u00abestado de vida que pertenece a la vida y santidad de la Iglesia\u00bb (LG 44), forma parte de la estructura \u00absacramental\u00bb de la Iglesia. De este modo, se hace itinerario trinitario, en el Esp\u00ed\u00adritu, por Cristo, al Padre. Es itinerario espiritual, comunitario y misionero, que asume la totalidad de la persona en un amor esponsal a Cristo casto, pobre y obediente, para vivir de la presencia del Se\u00f1or en medio de los hermanos (la fraternidad) y para \u00abamar y hacer amar al Amor\u00bb, seg\u00fan la expresi\u00f3n de Teresa de Lisieux, patrona de las misiones. De este modo, \u00abla misma vida consagrada, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230; se hace misi\u00f3n, como lo ha sido la vida entera de Jes\u00fas\u00bb (VC 72).<\/p>\n<p>\tLos contenidos o elementos esenciales de la \u00abvida consagrada\u00bb, o vida de \u00abespecial consagraci\u00f3n\u00bb (RD 7; PC 5), seg\u00fan la doctrina evang\u00e9lica y la tradici\u00f3n eclesial, se pueden resumir en los siguientes actitud de relaci\u00f3n personal con Cristo (encuentro, contemplaci\u00f3n, desposorio), para compartir su misma vida de caridad expresada principalmente en la castidad-pobreza-obediencia (seguimiento), en comuni\u00f3n de hermanos y en vistas a la misi\u00f3n. As\u00ed\u00ad aparece como \u00abuna peculiar consagraci\u00f3n que radica \u00ed\u00adntimamente en la consagraci\u00f3n del bautismo y la expresa con mayor plenitud\u00bb (PC 5; cfr. can. 573).<\/p>\n<p>\tEl \u00abseguimiento de Cristo tal como se propone en el evangelio\u00bb (PC 2), se concretiza (especialmente en la vida religiosa) por medio de un compromiso estable o \u00abprofesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos\u00bb, para tender a \u00abla perfecci\u00f3n de la caridad\u00bb (PC 1; LG 42; can. 573). Entonces la \u00abvida consagrada\u00bb aparece como signo de donaci\u00f3n o consagraci\u00f3n total a Dios, para servir en la misi\u00f3n de extender Reino de Cristo, en la comuni\u00f3n de Iglesia, en marcha hacia la \u00abescatolog\u00ed\u00ada\u00bb o encuentro final con Cristo Esposo (LG 43-46). Esta consagraci\u00f3n se realiza como compromiso o profesi\u00f3n (p\u00fablica) de los consejos evang\u00e9licos, recibida por el Superior leg\u00ed\u00adtimo (cfr. can. 656,5 y 1192,1).<\/p>\n<p>\tEs consagraci\u00f3n total a Dios, para \u00abvivir m\u00e1s y m\u00e1s para Cristo y su Cuerpo que es la Iglesia\u00bb (PC 1). Como \u00absigno\u00bb eclesial, est\u00e1 dentro del contexto de la \u00abAlianza\u00bb, que es desposorio de Dios con su Iglesia y con toda la humanidad. El amor esponsal a Cristo, se demuestra en el amor a la Iglesia esposa, misterio, comuni\u00f3n y misi\u00f3n (cfr. Ef 5,25-27). \u00abSu amor esponsal a Cristo se convierte, de modo casi org\u00e1nico, en amor a la Iglesia, Cuerpo, Pueblo de Dios, Esposa y Madre\u00bb (RD 15).<\/p>\n<p>\tLas diversas formas o modalidades de vida consagrada (personal o comunitaria) son aplicaciones concretas de la consagraci\u00f3n y misi\u00f3n, seg\u00fan carismas fundacionales y tambi\u00e9n seg\u00fan circunstancias hist\u00f3ricas, sociol\u00f3gicas y culturales. Esas diversas modalidades son debidas al acento en alguno de los aspectos celebraci\u00f3n lit\u00fargica, contemplaci\u00f3n, seguimiento, comunidad, servicios, compromisos (promesas, votos&#8230;), modo asociativo&#8230; Siempre se trata de signos eclesiales portadores de gracia, para vivir de modo peculiar las mismas exigencias evang\u00e9licas. Ninguna de estas modalidades es exclusiva ni excluyente, sino que debe tender a apreciar el signo de gracia de las dem\u00e1s.<\/p>\n<p>\tRenovaci\u00f3n seg\u00fan los documentos conciliares y postconciliares<\/p>\n<p>\tLa \u00abvida consagrada\u00bb se ha inspirado en el seguimiento evang\u00e9lico y tambi\u00e9n en la primitiva comunidad eclesial, donde los creyentes eran \u00abuno solo coraz\u00f3n y una sola alma\u00bb porque \u00abten\u00ed\u00adan en com\u00fan todas las cosas\u00bb (Hech 4,32). Toda renovaci\u00f3n de vida consagrada tendr\u00e1 siempre este punto de referencia. As\u00ed\u00ad ser\u00e1 una vida \u00abseg\u00fan el modelo de la consagraci\u00f3n de la Madre de Dios\u00bb (RD 17) y como \u00abg\u00e9nero de vida virginal que Cristo Se\u00f1or escogi\u00f3 para s\u00ed\u00ad y que la Virgen Madre abraz\u00f3\u00bb (LG 46). En la vida consagrada, el seguimiento radical queda matizado por el carisma fundacional, por sus Constituciones (cfr. VC 36-37, 42, 72) y por la historia de gracia de cada Instituto el modo concreto de poner en pr\u00e1ctica los consejos evang\u00e9licos, la vida fraterna y la disponibilidad misionera local y universal.<\/p>\n<p>\tLa \u00abvida consagrada\u00bb est\u00e1 descrita en el concilio en vistas a una renovaci\u00f3n, a la luz de la \u00abcaridad perfecta\u00bb expresada por medio de los consejos evang\u00e9licos. En el decreto conciliar \u00abPerfectae caritatis\u00bb se se\u00f1alan unos principios o criterios para tal renovaci\u00f3n, seg\u00fan las diversas modalidades hist\u00f3ricas y siempre en el contexto de la pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos y de los medios peculiares de perseverancia y de formaci\u00f3n. Los numerosos documentos postconciliares fueron concretando y aplicando estos mismos contenidos seg\u00fan diversas situaciones, en vistas a una mejor adaptaci\u00f3n e inserci\u00f3n.<\/p>\n<p>\tEl tono de la exhortaci\u00f3n postsinodal \u00abVita Consecrata\u00bb es de esperanza ante los nuevos retos y ante las nuevas exigencias de renovaci\u00f3n evang\u00e9lica, y en vistas a la evangelizaci\u00f3n del mundo actual. La identidad de la vida consagrada se explica por medio de su relaci\u00f3n con el misterio de Dios, Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo (es \u00abconfesi\u00f3n\u00bb de la Trinidad). La vida de castidad, pobreza y obediencia, como imitaci\u00f3n de la vida del Se\u00f1or y sinton\u00ed\u00ada con sus sentimientos, adquiere esa luz salv\u00ed\u00adfica, trinitaria, cristol\u00f3gica y pneumatol\u00f3gica, como parte integrante del misterio de la Iglesia. Esta especial consagraci\u00f3n, por ser participaci\u00f3n de la misma consagraci\u00f3n de Cristo Esposo, lleva necesariamente a la misi\u00f3n totalizante y universalista confiada por Cristo a su esposa la Iglesia (cfr. Jn 20,21).<\/p>\n<p>\tLa vida comunitaria ser\u00e1 garant\u00ed\u00ada de una mayor inserci\u00f3n en el mundo actual y de un compromiso misionero permanente hacia la misi\u00f3n local y universal. La vivencia del misterio de Cristo presente en la comunidad, como signo ante el mundo por medio de la Iglesia, se traduce en eficacia misionera. \u00abLa misi\u00f3n refuerza la vida consagrada, le infunde un renovado entusiasmo y nuevas motivaciones y estimula su fidelidad\u00bb (VC 78). La comuni\u00f3n (como signo de fraternidad) se convierte en misi\u00f3n eficaz.<\/p>\n<p>\tLa acci\u00f3n apost\u00f3lica se realiza en \u00ab\u00ed\u00adntima uni\u00f3n con Cristo\u00bb (PC 8). La contemplaci\u00f3n lleva necesariamente al \u00abamor apost\u00f3lico\u00bb, como \u00abasociaci\u00f3n a la obra de la redenci\u00f3n y la dilataci\u00f3n del Reino de Dios\u00bb (PC 5). La vivencia del \u00absentido de Iglesia\u00bb lleva a \u00abconsagrarse totalmente a su misi\u00f3n\u00bb (PC 6) con una \u00abmisteriosa fecundidad apost\u00f3lica\u00bb (PC 7). De este modo, la vida consagrada conservar\u00e1 su caracter\u00ed\u00adstico \u00abesp\u00ed\u00adritu misionero\u00bb (PC 20). \u00abLa misi\u00f3n est\u00e1 inscrita en el coraz\u00f3n de cada forma de vida consagrada&#8230; De este modo podr\u00e1n llegar a ser un signo verdadero de Cristo en el mundo\u00bb (VC 25).<\/p>\n<p>Referencias Consagraci\u00f3n, consejos evang\u00e9licos, Institutos seculares, monacato, religiosos, seguimiento evang\u00e9lico, vida contemplativa, v\u00ed\u00adrgenes consagradas.<\/p>\n<p>Lectura de documentos PC; LG 43-47; AG 18, 40; EN 69; RMi 69-70; VC 72-74, 77-78; CEC 914-933; CIC 573-730; ET; RD; VC.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., Yo os eleg\u00ed\u00ad. Comentarios y texto de la Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica \u00abVita consecrata\u00bb de Juan Pablo II (Valencia, EDICEP, 1997); AA.VV., L&#8217;identit\u00ed\u00a0 dei consacrati nella missione della Chiesa e il loro rapporto con il mondo (Lib. Edit. Vaticana 1994); S.M\u00c2\u00aa ALONSO, La utop\u00ed\u00ada de la vida religiosa (Madrid, Inst. Teol. Vida Religiosa, 1982); M. AZEVEDO, Los religiosos, vocaci\u00f3n y misi\u00f3n (Madrid, Soc. Educ. Atenas, 1985); A. BANDERA, Teolog\u00ed\u00ada de la vida religiosa (Madrid, Soc. Educ. Atenas, 1985); Idem, La vida religiosa en el misterio de la Iglesia, concilio Vaticano iI y Santo Tom\u00e1s de Aquino ( BAC, Madrid, 1984); La vida religiosa, documentos conciliares y postconciliares (Madrid, Inst. de Vida Religiosa, 1987); G.G. DORADO, Religioso y cristiano hoy (Madrid, Perpetuo Socorro, 1983); A. LOPEZ AMAT, La vita consacrata. Le varie forme dalle origine ad oggi (Roma, Citt\u00ed\u00a0 Nuova, 1991); J. LUCAS HERNANDEZ, La vida sacerdotal y religiosa (Salamanca, Soc. Educ. Atenas, 1986); T. MATURA, El radicalismo evang\u00e9lico (Madrid, Inst. de Vida Religiosa, 1980); B. SECONDIN, Seguimiento y profec\u00ed\u00ada, herencia y porvenir de la vida consagrada (Madrid, Paulinas, 1986).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Pensamiento conciliar y post-conciliar &#8211; II. Inspiraciones evang\u00e9lico-apost\u00f3licas: 1. Vocaci\u00f3n; 2. Seguimiento de Cristo; 3. Consejos evang\u00e9licos; 4. Comuni\u00f3n &#8211; III. Tipolog\u00ed\u00adas: 1. Ascetismo dom\u00e9stico; 2. Monaquismo hist\u00f3rico; 3. Mendicantes; 4. Grupos diaconales; 5. Institutos seculares &#8211; IV. Significado antropol\u00f3gico y eclesial de la vida consagrada: 1. Valorizaci\u00f3n: 2. Recuperaci\u00f3n de lo sagrado; 3. Testimonio y signo.<\/p>\n<p>I. Pensamiento conciliar y postconclliar<br \/>\nEl t\u00e9rmino consagraci\u00f3n lo usa el Vat. II con el significado constante y global de \u00abdonaci\u00f3n \u00ed\u00adntegra de s\u00ed\u00ad\u00bb. Cristo es consagrado y enviado al mundo por el Padre (LG 28). El pueblo de Dios, por la regeneraci\u00f3n y la uni\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en el bautismo, es consagrado para formar una morada espiritual y un sacerdocio santo (LG 10). Los \u00abobispos\u00bb son consagrados; el rito sacramental de la consagraci\u00f3n les confiere \u00abla plenitud del sacerdocio\u00bb y la capacidad de ejercitar el servicio de santificar, ense\u00f1ar y guiar (LG 21). Los presb\u00ed\u00adteros son consagrados para predicar el evangelio, guiar a los fieles y celebrar el culto (LG 28; cf CD 34). Los laicos son dedicados a Cristo y consagrados por el Esp\u00ed\u00adritu Santo (LG 34). El mismo mundo es consagrado a Dios (ib). El concilio destaca la existencia de la consagraci\u00f3n tambi\u00e9n en la vida religiosa; por eso la consagraci\u00f3n no es exclusiva de la vida religiosa, sino que es compartida por ella con otros estados de vida.<\/p>\n<p>El concepto de consagraci\u00f3n se expresa tambi\u00e9n con otros t\u00e9rminos. Si en los textos dedicados a la vida religiosa se insiste en la palabra consagraci\u00f3n, ello se debe a que se quiere evidenciar repetidamente el fin de la misma, a saber, Dios. Sustancialmente, la vida religiosa es donaci\u00f3n integral de s\u00ed\u00ad a Dios. servicio total a \u00e9l, un modo especial de consagraci\u00f3n al Se\u00f1or (PC 1), \u00abuna consagraci\u00f3n m\u00e1s \u00ed\u00adntima a \u00e9l\u00bb (AG 18). \u00abuna peculiar consagraci\u00f3n, que radica \u00ed\u00adntimamente en la consagraci\u00f3n del bautismo y la expresa con mayor plenitud\u00bb (PC 5). La acci\u00f3n lit\u00fargica que garantiza tal consagraci\u00f3n (ritos de iniciaci\u00f3n, y sobre todo el de la promesa y de la profesi\u00f3n), as\u00ed\u00ad como la intervenci\u00f3n de la autoridad jer\u00e1rquica, hacen de la vida religiosa un \u00abestado\u00bb (LG 45). Las expresiones \u00abvida religiosa\u00bb, \u00abestado can\u00f3nico\u00bb, \u00abestado religioso\u00bb expresan la elecci\u00f3n de una opci\u00f3n definitiva, la realidad de una existencia de consagraci\u00f3n a Dios ininterrumpida. Por eso los religiosos \u00abviven para Dios solo\u00bb (PC 5) y se entregan totalmente \u00abal servicio de Dios y a su gloria por un t\u00ed\u00adtulo nuevo y especial\u00bb (LG 44), consagrados m\u00e1s \u00ed\u00adntimamente a su servicio y a su honor (ib).<\/p>\n<p>Concretamente, tal consagraci\u00f3n se explicita, seg\u00fan el concilio, en un itinerario desde el mundo a Dios. Los religiosos renuncian al mundo y viven para Dios (PC 5); dejan todas las cosas por amar a Cristo (ib; LG 44). Sin embargo. \u00abla renuncia de bienes que indudablemente han de ser estimados en mucho no es impedimento para el verdadero desarrollo de la persona humana\u00bb (I,G 46); por el contrario, aporta purificaci\u00f3n del coraz\u00f3n y libertad espiritual (ib), y liberaci\u00f3n de impedimentos que podr\u00ed\u00adan retardar el fervor de la caridad y la perfecci\u00f3n del culto divino (LG 44). Este aspecto de la consagraci\u00f3n (la llamada fuga mundi, jam\u00e1s mencionada en estos t\u00e9rminos por el concilio) no hace al religioso extra\u00f1o e in\u00fatil en la ciudad terrena: \u00abSi bien en algunos casos no sirven directamente a sus contempor\u00e1neos, los tienen, sin embargo, presentes de manera m\u00e1s \u00ed\u00adntima en las entra\u00f1as de Cristo y cooperan espiritualmente con ellos, para que la edificaci\u00f3n de la ciudad terrena se funde siempre en el Se\u00f1or y se ordene a El, no sea que trabajen en vano quienes la edifican\u00bb (LG 46; cf GS 43).<\/p>\n<p>El signo visible de la consagraci\u00f3n en la vida religiosa es la profesi\u00f3n de los llamados \u00abconsejos evang\u00e9licos\u00bb o votos (LG 44; PC 2e), identificados tradicionalmente en el celibato por el reino de los cielos o castidad consagrada (PC 12; LG 43), en la pobreza (PC 13; LG 43) y en la obediencia (PC 14; LG 43). Adem\u00e1s, son signo de consagraci\u00f3n los rituales lit\u00fargicos de la promesa y de la profesi\u00f3n (LG 45; SC 80) y el h\u00e1bito religioso (PC 17).<\/p>\n<p>En el marco conceptual delimitado por el t\u00e9rmino \u00abconsagraci\u00f3n\u00bb puede encuadrarse tambi\u00e9n el pensamiento conciliar subyacente a la palabra vocaci\u00f3n. El concilio acaso pretenda evidenciar la consagraci\u00f3n de los religiosos adoptando la terminolog\u00ed\u00ada tradicional y, en parte, inusual, de \u00abinstitutos de perfecci\u00f3n\u00bb y \u00abestados de perfecci\u00f3n\u00bb. Sin embargo, la locuci\u00f3n se inserta s\u00f3lo en dos documentos y en contextos no vinculantes (SC 98; 101\/2; LG 45).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del concilio, los documentos eclesiales m\u00e1s importantes relativos a la vida consagrada son la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica de Pablo VI Evangelica testificatio (21 de junio de 1971) y los textos lit\u00fargicos renovados. La exhortaci\u00f3n a los religiosos -que lleva el expresivo subt\u00ed\u00adtulo \u00abla renovaci\u00f3n de la vida religiosa seg\u00fan el concilio\u00bb- reactualiza el mejor estilo literario y conceptual de las p\u00e1ginas conciliares. El objetivo central de la vida consagrada es \u00abla b\u00fasqueda constante de Dios\u00bb (Evangelica testificatio 3), como se propon\u00ed\u00ada el monaquismo antiguo. La opci\u00f3n mon\u00e1stico-religiosa confiere una consagraci\u00f3n particular, porque toda la vida es dedicada a Dios (ib 4) y porque los religiosos siguen a Cristo consagr\u00e1ndose totalmente a \u00e9l (ib 7). La forma de la vida religiosa ofrece la posibilidad de pasar del estado \u00abs\u00e1rquico\u00bb, carnal, al estado \u00abpneum\u00e1tico\u00bb, espiritual (ib 38). El signo del seguimiento de Cristo es la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos (ib 4). Ellos inducen a ofrecer en voto a Cristo, \u00abprecisamente con vistas al reino de los cielos, con generosidad y sin reservas, las fuerzas de amor, la necesidad de poseer y la libertad de regular la propia vida, cosas muy preciosas para el hombre\u00bb (ib 7). La castidad consagrada (o castidad religiosa) libera el coraz\u00f3n humano y se afirma como signo \u00abmay\u00e9uticamente eficaz\u00bb en medio del mundo (ib 14). Los religiosos son \u00abpobres seg\u00fan el ejemplo de Cristo en el uso de los bienes terrestres necesarios para el sustento cotidiano\u00bb (ib 16); la pobreza constituye una respuesta a la llamada dram\u00e1tica de los pobres (ib 17-18), libera de exigencias de comodidad (ib 19), desemboca en la comuni\u00f3n de los bienes (ib 21) y exige una entrega al trabajo (ib 20). Incluso las relaciones de autoridad-obediencia quedan en la vida consagrada caracterizadas por la fraternidad (ib 26). Se esquematizan las tipolog\u00ed\u00adas en el binomio tradicional de vida contemplativa y de vida de apostolado, el cual se expresa ante todo en el anuncio de la palabra de Dios y en el servicio (ib 8-10; cf Evangelii nuntiandi 69).<\/p>\n<p>Las liturgias mon\u00e1sticas renovadas, empapadas de sabor conciliar, son una fuente viva de teolog\u00ed\u00ada espiritual y de principios asc\u00e9ticos. Casi la mitad de las memorias de los santos conservadas en el calendario universal son de religiosos. Las lecturas b\u00ed\u00adblicas elegidas para la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada y de la liturgia de las horas proponen una interpretaci\u00f3n de su realidad y de su acci\u00f3n a la luz de la palabra de Dios. Las oraciones contienen alusiones a aspectos t\u00ed\u00adpicos de su consagraci\u00f3n y servicio. En el esquema com\u00fan de la misa en memoria de religiosos santos se subraya lo radical del seguimiento de Cristo pobre y humilde. En el de la memoria de las v\u00ed\u00adrgenes se ponen de relieve los temas de la vida nueva, del testimonio, de la emulaci\u00f3n, de la purificaci\u00f3n y de la bienaventuranza. La variedad de lecturas b\u00ed\u00adblicas y de preces en las misas rituales de la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes, en la primera profesi\u00f3n, en la renovaci\u00f3n de los votos y en la profesi\u00f3n perpetua converge hacia la repetici\u00f3n de preciosas indicaciones asc\u00e9ticas y espirituales, algunas de ellas nuevas, y de brev\u00ed\u00adsimas s\u00ed\u00adntesis de contenidos mon\u00e1sticos: seguir a Cristo m\u00e1s de cerca, vida que se transforma en don perfecto, maduraci\u00f3n de la gracia bautismal, perfecci\u00f3n evang\u00e9lica, testimonio, vida consagrada a la alabanza de Dios y a la edificaci\u00f3n de su reino, uni\u00f3n \u00ed\u00adntima con el misterio de la Iglesia&#8230;<\/p>\n<p>La colecta de la misa por los religiosos suplica: \u00abHaz que tus hijos, que se han consagrado a ti abandonando todas las cosas para seguir a Cristo casto, pobre y obediente, te sirvan con plena fidelidad a ti, nuestro Padre, y a la comunidad de los hermanos\u00bb. Y la colecta de la misa por las vocaciones religiosas invoca: \u00abPadre santo, que llamas a todos tus hijos a la caridad perfecta e invitas a algunos a seguir m\u00e1s de cerca las huellas de tu Hijo Cristo, da a aquellos que has elegido para ser interiormente tuyos mostrarse a la Iglesia y al mundo como signo visible de tu reino\u00bb. En los rituales de la iniciaci\u00f3n y de los compromisos mon\u00e1sticos -renovados en el postconcilio y adaptados a todos los grupos- se insiste principalmente en los temas de la consagraci\u00f3n, de los consejos evang\u00e9licos como contenidos de los votos, y de la comunidad.<\/p>\n<p>II. Inspiraciones evang\u00e9lico-apost\u00f3licas<br \/>\nEl Vat. II atribuye a la vida religiosa una inspiraci\u00f3n evang\u00e9lico-apost\u00f3lica (LG 43; PC 1). Este reconocimiento conciliar es el reflejo de una indicaci\u00f3n que aparec\u00ed\u00ada con insistente preferencia en la literatura mon\u00e1stica m\u00e1s despierta y actualizada de los a\u00f1os cercanos a aquel acontecimiento eclesial. Tal posici\u00f3n evidencia un hecho: la vida consagrada saca sus propias motivaciones originarias del mensaje neotestamentario. Como primer resultado, no in\u00fatil, se deduce que es una de las modalidades para aceptar aquel mensaje, es decir, la construcci\u00f3n del reino de Dios. Las inspiraciones evang\u00e9lico-apost\u00f3licas de la vida religiosa no permiten que se la interprete de manera maximalista, privilegi\u00e1ndola como forma mejor y m\u00e1s alta de cristianismo. El mensaje neotestamentario no evidencia proyecto especial alguno de monaquismo. El religioso es ante todo un cristiano al que Dios propone la salvaci\u00f3n a trav\u00e9s del seguimiento de Cristo. Avanza por la misma senda de fe, de esperanza y de caridad que recorren los dem\u00e1s hermanos; se trata de una comprobaci\u00f3n elemental, pero necesaria, para referir las manifestaciones concretas y las elaboraciones conceptuales a la ortodoxia del principio [>Consejos evang\u00e9licos 1].<\/p>\n<p>La vida religiosa idea y propone como praxis maneras t\u00ed\u00adpicas de traducir a la vida cotidiana la unicidad global de un mismo mensaje. Esta observaci\u00f3n explica la multiplicidad de tipos de vida consagrada, as\u00ed\u00ad como la variedad de espiritualidades (que algunos consideran excesivas y sobrecargadas). Su estructura brota como fijaci\u00f3n de experiencias y de mediaciones sustancialmente evang\u00e9licas. nacidas normalmente de la fructificaci\u00f3n espont\u00e1nea de un carisma individual (como el de los fundadores y los de otros maestros y padres espirituales); la tradici\u00f3n trata de conservar con tenacidad sus frutos, organiz\u00e1ndolos en una estructura y sistematiz\u00e1ndolos en una escuela. No siempre se evita el riesgo de los estereotipos y del determinismo espiritual; a veces la emulaci\u00f3n empuja a grupos religiosos a forzar la realidad para construirse una fisonom\u00ed\u00ada que los diversifique. Sin embargo, es cierto que existen sensibilidades, tonalidades, h\u00e1bitos e interpretaciones diferentes de los mismos valores, en los que todos se inspiran y fundamentan su ser y actividad. Y \u00e9stos son justamente los valores evang\u00e9lico-apost\u00f3licos que unen a las diversas tipolog\u00ed\u00adas y a las varias ramificaciones de la vida consagrada.<\/p>\n<p>La documentaci\u00f3n conciliar no precisa las fuentes neotestamentarias de estos valores, reconocidos sobre todo en los llamados \u00abconsejos evang\u00e9licos\u00bb; apela gen\u00e9ricamente a las palabras (o doctrina) y a los ejemplos del Se\u00f1or (LG 43; PC 1) y a las recomendaciones de los ap\u00f3stoles, as\u00ed\u00ad como de otros sabios de la Iglesia (LG 43). Sustancialmente, las inspiraciones de la vida consagrada se buscan en el cristocentrismo (la realidad de Cristo como punto magn\u00e9tico de la existencia) yen la apostolicidad (orientaci\u00f3n de la existencia como la de los ap\u00f3stoles). Se las puede resumir en los t\u00ed\u00adtulos siguientes:<\/p>\n<p>1. VOCACI\u00ed\u201cN &#8211; La etimolog\u00ed\u00ada del t\u00e9rmino vocaci\u00f3n evidencia la presencia de alguien que llama; vocaci\u00f3n es la iniciativa de otro que comunica un proyecto. La teolog\u00ed\u00ada se apropi\u00f3 el t\u00e9rmino; por eso, la vocaci\u00f3n es la llamada de Dios; y se lo apropi\u00f3, sobre todo, la espiritualidad sacerdotal y religiosa; corrientemente la vocaci\u00f3n determina la llamada al sacerdocio ministerial y a la vida consagrada. Sin embargo, se trata de una reducci\u00f3n arbitraria de su amplitud. Es indudable que la vida religiosa supone una vocaci\u00f3n. La espiritualidad mon\u00e1stica y la experiencia asc\u00e9tica aseguran la existencia de una vocaci\u00f3n. Por tanto, Dios mismo propone un proyecto de existencia que el llamado descubrir\u00e1 como la vida religiosa seg\u00fan las modalidades de una cierta tipolog\u00ed\u00ada, e incluso de un determinado grupo. El concilio insiste en que el religioso es llamado por Dios (LG 47), que sus varias formas han surgido bajo el impulso del Esp\u00ed\u00adritu Santo (PC 1), que la pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos es una vocaci\u00f3n de Dios a la cual han respondido los religiosos (PC 1,5). Esta interpretaci\u00f3n de la intervenci\u00f3n de Dios est\u00e1 justificada en una visi\u00f3n de fe. No es una intervenci\u00f3n determinista y eterna. Dios obra en la condici\u00f3n real y concreta de la historia, de la cultura, de la geograf\u00ed\u00ada y de la psicolog\u00ed\u00ada. Por eso tambi\u00e9n la vocaci\u00f3n religiosa se presenta como un entrelazamiento de presencias: Dios, la persona humana, las circunstancias. Desde este punto de vista, el concepto de vocaci\u00f3n se completa interpret\u00e1ndolo tambi\u00e9n como coincidencia de las capacidades individuales con un proyecto de vida.<\/p>\n<p>La salvaci\u00f3n como vocaci\u00f3n fundamental se concreta en el hallazgo de la propia identidad de criatura humana, hallazgo que tiene en la vida consagrada su espacio y ocasi\u00f3n. Por eso esta vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica es sin duda una llamada misteriosa de Dios, pero es igualmente la valoraci\u00f3n del realismo personal y situacional. El sustrato evang\u00e9lico de esto puede condensarse en un axioma: vocaci\u00f3n a la salvaci\u00f3n mediante la vida consagrada. En efecto, los evangelios narran llamadas dirigidas por Jes\u00fas a diversas personas. La m\u00e1s citada. sobre todo en la perspectiva mon\u00e1stica, es la vocaci\u00f3n del joven rico (Mt 19,16-22; Mc 10,17-22; Lc 18,18-23), que la hagiograf\u00ed\u00ada coloca en el origen de m\u00faltiples conversiones mon\u00e1sticas, la primera de todas la de san Antonio abad. La literatura m\u00e1s reciente prefiere enlazar la vocaci\u00f3n religiosa con la revelaci\u00f3n de la posibilidad de un celibato carism\u00e1tico, es decir, recibido en don por el reino de Dios (19,12). Tambi\u00e9n la vocaci\u00f3n de los ap\u00f3stoles, elegidos por el Se\u00f1or entre los dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulos, se emplea para explicar la vocaci\u00f3n a la vida consagrada.<\/p>\n<p>2. SEGUIMIENTO DE CRISTO  T\u00e9rmino existencial y escatol\u00f3gico de toda vocaci\u00f3n es el seguimiento de Cristo: en pos de \u00e9l en los sucesos cotidianos, en pos de \u00e9l en la resurrecci\u00f3n. El mensaje neotestamentario ilumina profusamente los matices de este dato (por ej., Mt 16,24; Jn 13,12-17; Col 3,1-14; 1 Cor 15,20). La vida consagrada entra en esta econom\u00ed\u00ada teologal. Incluso el monaquismo cristiano se distingue por el cristocentrismo. Desde siempre se consider\u00f3 la vida religiosa como el seguimiento de Cristo (sequela Christi). En realidad, seguir a Cristo, hacerse disc\u00ed\u00adpulo suyo, es un proyecto soteriol\u00f3gico dirigido a todas las gentes (cf Jn 10, 4.16; Mt 28,18-20 [>Seguimiento]. El realce de la sequela Christi mon\u00e1stica no debe hacernos olvidar esta realidad. La vida consagrada es una sequela Christi. Seg\u00fan el concilio, seguir a Cristo es \u00abla norma fundamental de la vida religiosa\u00bb (PC 2\/a). En realidad, seg\u00fan la milenaria experiencia asc\u00e9tica de las varias tipolog\u00ed\u00adas de vida consagrada, el seguimiento de Cristo no constituye solamente una regla, como algo exterior a\u00f1adido, sino incluso la esencia misma de la vida religiosa, el elemento din\u00e1mico que, sobre la base del discipulado \u00fanico de Jes\u00fas, constituye lo espec\u00ed\u00adfico del religioso.<\/p>\n<p>Sin embargo, Cristo no fue monje. Seguirle en la vida consagrada significa centrar nuestra existencia en su ejemplaridad. En Cristo hay riquezas extraordinarias e insondables (Ef 3,2.8); por eso todos sus disc\u00ed\u00adpulos encuentran en \u00e9l elementos de ejemplaridad. En la vida consagrada se sigue a Cristo ciertamente aceptando, como todos los dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulos, los valores de fondo anunciados por \u00e9l; pero sobre todo se le sigue absolutizando algunas opciones suyas que, aunque epis\u00f3dicas, se convierten en una \u00abprofesi\u00f3n\u00bb, en un estado definitivo. As\u00ed\u00ad se comprende, por ejemplo, la opci\u00f3n erem\u00ed\u00adtica, porque Cristo estuvo durante alg\u00fan tiempo en el desierto (Mt 4,1; Mc 1,12; Lc 4,1); la opci\u00f3n comunitaria, porque Cristo pas\u00f3 los \u00faltimos a\u00f1os con un grupo de disc\u00ed\u00adpulos (Mc 3,13-14); la opci\u00f3n contemplativa, porque \u00e9l se retiraba a lugares apartados para dialogar con Dios (Mt 14,23; Mc 1,35; Lc 5.16; 6,12); la opci\u00f3n diaconal, porque \u00e9l se puso al servicio del hombre (Mt 20,28; Flp 2,7-8); la opci\u00f3n celibataria, porque el maestro la proclam\u00f3 posible y \u00e9l mismo la adopt\u00f3 hist\u00f3ricamente.<\/p>\n<p>La vida consagrada contempla estas y otras ejemplaridades en forma din\u00e1mica; no se trata de un esquema minucioso encerrado en confines insalvables, sino de un dise\u00f1o global que saca sugerencias variables de la vitalidad de la palabra \u00fanica de Dios. Por eso el concilio exhorta a los religiosos a tener cotidianamente entre las manos la Sagrada Escritura (PC 6; DV 25). La exhortaci\u00f3n no nace impulsada por inter\u00e9s cultural. sino que es m\u00e1s bien la insistencia en una exigencia existencial que debe brotar de una actitud orante y contemplativa.<\/p>\n<p>Conviene no dejar pasar desapercibida la expresi\u00f3n sequela Christi, traducida por \u00abseguimiento de Cristo\u00bb; el Se\u00f1or es mencionado no con el apelativo humano de Jes\u00fas, sino con el mesi\u00e1nico de Cristo, lo cual vale hoy como manifestaci\u00f3n de la tonalidad mesi\u00e1nica de la vida consagrada. El nombre de Jes\u00fas no aparece ni siquiera en los textos conciliares que perfilan la caracter\u00ed\u00adstica de seguimiento atribuida a la vida religiosa. Adem\u00e1s del apelativo corriente de \u00abCristo\u00bb, se le indica a veces con el atributo pascual de \u00abSe\u00f1or\u00bb, en la acepci\u00f3n cargada de sentido introducida en el discurso pentecostal de Pedro (He 2,36); en otras partes se le llama hijo de Dios (LG 44), maestro (PC 1), salvador (LG 42).<\/p>\n<p>3. >CONSEJOS EVANGELICOS &#8211; La interpretaci\u00f3n literal de la f\u00f3rmula \u00abconsejos evang\u00e9licos\u00bb lleva a concluir que en el evangelio existen proposiciones que se pueden aceptar y proposiciones que se pueden omitir. El consejo no es vinculante, aunque el vocablo significa tambi\u00e9n amaestramiento, admonici\u00f3n, deliberaci\u00f3n y, aunque la etimolog\u00ed\u00ada remita a los conceptos de interpelaci\u00f3n, decisi\u00f3n, sabidur\u00ed\u00ada, etc. Los \u00abconsejos evang\u00e9licos\u00bb se han identificado tradicionalmente con la triada: celibato por el reino de los cielos (denominado corrientemente con el vocablo m\u00e1s restringido de castidad), pobreza y obediencia.<\/p>\n<p>El Vat. II identifica reiteradamente la sequela Christi con la aceptaci\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos. Seg\u00fan las expresiones m\u00e1s logradas de los contextos conciliares relativas a la vida consagrada, estos consejos llevan a seguir a Cristo m\u00e1s de cerca y con mayor libertad (PC 1). Las conclusiones conciliares se alinean seg\u00fan las posiciones tradicionales que han fijado lo espec\u00ed\u00adfico de la vida religiosa en la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos, denominados igualmente \u00ablos tres votos\u00bb por antonomasia. El voto constituye el compromiso de observar los contenidos de los consejos evang\u00e9licos. Repite el gesto de la alianza; a trav\u00e9s de un signo se evidencia la intenci\u00f3n de una fidelidad absoluta y definitiva a Dios. Este signo es valorizado por el ritual lit\u00fargico en que se incluye, y est\u00e1 regulado por los c\u00e1nones eclesi\u00e1sticos. Existe una distinci\u00f3n entre voto y consejos, entre forma y contenido. En esta distinci\u00f3n se centra el debate sobre lo espec\u00ed\u00adfico de la vida religiosa: \u00bfes la profesi\u00f3n de los votos o la sustancia de los consejos evang\u00e9licos?<br \/>\nLa expresi\u00f3n \u00abconsejos evang\u00e9licos\u00bb entra\u00f1a una contradicci\u00f3n, una antinomia; si no la ex\u00e9gesis, la lectura espiritual de la palabra de Dios busca o\u00ed\u00adr su voz, y cada inflexi\u00f3n de la voz es una llamada vinculante, un mensaje ineludible, si bien no se presenta como imposici\u00f3n, sino como interpelaci\u00f3n a la conciencia individual y eclesial. El evangelio es un mensaje global; en \u00e9l encuentran espacio tambi\u00e9n los detalles y las historizaciones. No es un consejo que nos deje libres ante la llamada global de la pobreza (Mt 5.3; 6,24-34; Lc 4,18; 6,20.24; Jn 2,1-10; 5,1-6; etc.): no es un consejo que nos deje libres ante la llamada a la obediencia (Mt 6,10; 22.34-40; Mc 8,34-38; Lc 8,21; 11,28; Rom 16,25-27; 2 Cor 9,3; Ef 5,21; etc.): todos los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo est\u00e1n obligados a la pobreza y a la obediencia. En cambio, es un consejo el celibato por el reino de Dios; es un carisma (1 Cor 7,7), don del Esp\u00ed\u00adritu para la construcci\u00f3n del reino, libremente dado y libremente aceptado (Mt 19,10-12). En efecto, tambi\u00e9n en el cristianismo s\u00f3lo una minor\u00ed\u00ada de disc\u00ed\u00adpulos (adultos) acoge el celibato carism\u00e1tico, mientras que la casi totalidad recibe el carisma del matrimonio. Lo espec\u00ed\u00adfico de la vida religiosa es este celibato carism\u00e1tico. El celibato es una constante de todas las formas mon\u00e1sticas; el cristianismo le ha atribuido una intenci\u00f3n eclesial y escatol\u00f3gica, cualificaciones esenciales en la definici\u00f3n de la vida religiosa.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, la expresi\u00f3n tradicional \u00abconsejos evang\u00e9licos\u00bb posee alg\u00fan significado. La libertad de elecci\u00f3n respecto al celibato es total, solamente limitada por la capacidad de comprender y de acoger, seg\u00fan las palabras de Jes\u00fas. La libertad de elecci\u00f3n en los sectores de la pobreza y obediencia evang\u00e9licas est\u00e1 en los detalles, en las formas hist\u00f3ricas, en las modalidades concretas y organizativas de realizar estos preceptos. De hecho, en la vida consagrada el celibato se ha visto siempre como una condici\u00f3n indispensable y totalizante, hasta el punto de que su contrario suprime autom\u00e1ticamente el car\u00e1cter mon\u00e1stico; pobreza y obediencia, en cambio, se manifiestan en modalidades pluralistas y diferentes, e incluso opuestas entre un grupo y otro, y la infidelidad a ellas no conlleva la exclusi\u00f3n de la vida religiosa, sino s\u00f3lo la responsabilidad, ciertamente grave, de la prevaricaci\u00f3n.<\/p>\n<p>4. COMUNI\u00ed\u201cN &#8211; El signo diferenciador de la vida consagrada es el celibato por el reino de los cielos. Mas este carisma no se agota en el c\u00ed\u00adrculo de una incomunicabilidad individual ni de una existencia aislada. La comuni\u00f3n es una exigencia indispensable en el monaquismo. Por eso lo espec\u00ed\u00adfico de la vida consagrada es el celibato vivido en la comuni\u00f3n. Los niveles de la comuni\u00f3n son m\u00e1s de uno: comuni\u00f3n con Dios, comuni\u00f3n eclesial, comuni\u00f3n fraterna.<\/p>\n<p>a) La comuni\u00f3n con Dios. En la vida consagrada la comuni\u00f3n con Dios es calificada con la expresi\u00f3n antigua y renovada de \u00abb\u00fasqueda de Dios\u00bb (quaerere Deum). Evoca el deseo b\u00ed\u00adblico de buscar el rostro de Dios (Sal 27,8) y responde a la exhortaci\u00f3n evang\u00e9lica de buscar el reino de Dios (Mt 6,33; Lc 12,31). El contenido global de tal comuni\u00f3n puede resumirse en la densa exclamaci\u00f3n del ap\u00f3stol Pablo: \u00abVuestra vida permanece oculta con Cristo en Dios\u00bb (Col 3,3). Todas las tipolog\u00ed\u00adas de la vida consagrada miran a esta vida oculta, si bien las modalidades y los signos se sit\u00faan en zonas diferentes, topogr\u00e1ficas y psicol\u00f3gicas. El momento concreto m\u00e1s alto de la comuni\u00f3n con Dios es la contemplaci\u00f3n; ella pone en condiciones de adherirse a \u00e9l con la totalidad de la propia sustancia. La comuni\u00f3n con Dios es tambi\u00e9n di\u00e1logo; el di\u00e1logo se explicita en la escucha de su palabra, contenida ante todo en las Sagradas Escrituras [>Palabra de Dios]. La comuni\u00f3n con Dios es tambi\u00e9n oraci\u00f3n; la oraci\u00f3n en la vida consagrada es una condici\u00f3n necesaria, bien como acercamiento individual a Dios, bien como orientaci\u00f3n comunitaria. En la vida religiosa como experiencia hist\u00f3rica y como exigencia espiritual no han faltado nunca la lectio divina [>Meditaci\u00f3n II, 1] ni la oraci\u00f3n com\u00fan; \u00e9sta encuentra expresi\u00f3n -siguiendo las costumbres apost\u00f3licas primitivas (He 2,42-46; 3,1)- en las celebraciones de la eucarist\u00ed\u00ada y de la liturgia de las horas, las cuales tienden cada vez m\u00e1s a ser concelebraciones frecuentes.<\/p>\n<p>b) La comuni\u00f3n eclesial. El espacio en que pueden realizarse las inspiraciones evang\u00e9lico-apost\u00f3licas es la comuni\u00f3n eclesial; y, a su vez, \u00e9sta es una consecuencia de aqu\u00e9llas. El Vat. II afirma que el estado religioso forma parte de la estructura de la Iglesia (LG 43). Esta \u00f3ptica se ve confirmada en las deducciones evang\u00e9licas. Si lo espec\u00ed\u00adfico de la vida consagrada es un carisma, la comuni\u00f3n eclesial se expresa en el servicio, o sea, en la conciencia activa de que el propio carisma mon\u00e1stico es para la construcci\u00f3n del reino de Dios. Sobre todo en este horizonte de servicio, abundan las inspiraciones apost\u00f3licas de la vida consagrada. El apostolado es principalmente una existencia vivida como la de los ap\u00f3stoles, pero es tambi\u00e9n una diacon\u00ed\u00ada. La comuni\u00f3n eclesial tiene como fundamento el bautismo; la vida consagrada consiste en un enriquecimiento, en una construcci\u00f3n sobre la vocaci\u00f3n bautismal. Algunos autores siguen privilegiando a ultranza la vida religiosa como una primicia en la Iglesia, como la v\u00ed\u00ada mejor; son posiciones que no encuentran respaldo en el NT. Sin embargo, la idea central de la vida consagrada no puede desaparecer de la Iglesia, aunque desaparezcan ciertas tipolog\u00ed\u00adas que la han encarnado hist\u00f3ricamente y sobrevengan otras. Esta supervivencia, garantizada por la fuerza \u00ed\u00adntima del carisma, es el signo de amor m\u00e1s grande que la vida religiosa tiene el encargo de testimoniar en la Iglesia.<\/p>\n<p>e) La comuni\u00f3n fraterna. La comuni\u00f3n fraterna afecta a la estructura misma de la vida religiosa. El celibato carism\u00e1tico se sit\u00faa sobre todo en la comunidad, hasta el punto de que es la primera manifestaci\u00f3n visible de lo espec\u00ed\u00adfico de la vida consagrada.<\/p>\n<p>La comuni\u00f3n fraterna en la vida religiosa es uno de los modos de prosecuci\u00f3n de la fraternidad que caracterizaba a las comunidades eclesiales apost\u00f3licas primitivas. La estructura religiosa que ha atra\u00ed\u00addo a la gran mayor\u00ed\u00ada de seguidores y que pr\u00e1cticamente se ha impuesto es la vida en com\u00fan (o vida com\u00fan). Tambi\u00e9n la comunidad mon\u00e1stica se forma y subsiste por el amor de Dios derramado en los corazones por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Rom 5,5); en ella se garantiza la presencia del Se\u00f1or prometida a los que se re\u00fanen en su nombre (Mt 18,20). La unidad comunitaria manifiesta la venida de Cristo (in 13,35; 17,21). El alma de la comuni\u00f3n es la caridad, la cual constituye el cumplimiento de la ley (Rom 13,10) y el v\u00ed\u00adnculo de la perfecci\u00f3n (Col 3,14). La vida en com\u00fan es unidad en el mismo Esp\u00ed\u00adritu; tiene como alimento unitario las ense\u00f1anzas del evangelio y las celebraciones lit\u00fargicas. Estas inspiraciones se expresan en multiformes soluciones estructurales y organizativas, sugeridas por las situaciones hist\u00f3ricas y por las tradiciones [>Comunidad de vida].<\/p>\n<p>III. Tipolog\u00ed\u00adas<br \/>\nLa vida consagrada entendida como vida religiosa constituye una realizaci\u00f3n muy caracter\u00ed\u00adstica del cristianismo. Es una forma de monaquismo. El monaquismo, como existencia vivida seg\u00fan c\u00e1nones sobre todo asc\u00e9ticos y m\u00ed\u00adsticos bien definidos, se presenta como fen\u00f3meno inicialmente t\u00ed\u00adpico de las religiones orientales (por ej., el budismo, el zen); en el juda\u00ed\u00adsmo se da en las comunidades de los esenios (s. II a.C. &#8211; s. i d.C.). La vida religiosa organizada nace en el cristianismo al afirmarse el monaquismo. Son numerosos los estudios que unifican en un solo proyecto teologal el fen\u00f3meno del monaquismo universal y que ven derivaciones y analog\u00ed\u00adas entre la vida mon\u00e1stica cristiana y ciertas aspiraciones centrales de otros monaquismos. Mas la novedad cristiana del monaquismo es el cristocentrismo.<\/p>\n<p>La vida consagrada del cristianismo puede esquematizarse en cinco tipolog\u00ed\u00adas, que corresponden a otros tantos per\u00ed\u00adodos hist\u00f3ricos, al menos en cuanto a las fechas de origen.<\/p>\n<p>1. ASCETISMO DOMESTICO &#8211; La primera realizaci\u00f3n hist\u00f3rica de la vida religiosa en el cristianismo se encuentra en la fugaz menci\u00f3n de He 21,8-9. El a\u00f1o 58 existe en Cesares la peque\u00f1a comunidad dom\u00e9stica de las cuatro hermanas, hijas del evangelista Felipe, dotadas de los carismas de la virginidad y de la profec\u00ed\u00ada. Tal menci\u00f3n da a entender que aquella existencia estaba ya estructurada sobre los quicios fundamentales de la vida religiosa: dimensi\u00f3n comunitaria. celibato por el reino de Dios y funci\u00f3n prof\u00e9tica. Este ascetismo transcurre en la casa paterna; es dom\u00e9stico. Esta soluci\u00f3n espont\u00e1nea supone un modo de inserci\u00f3n y de presencia din\u00e1mica.<\/p>\n<p>El ascetismo dom\u00e9stico prosigue tambi\u00e9n despu\u00e9s de la edad apost\u00f3lica. Sobre todo la forma celibataria contin\u00faa como opci\u00f3n realizada en la Iglesia y vivida en los primeros tiempos al margen de toda estructura organizada. Los continentes y las virgines que optaban por la forma celibataria no se retiraban del consorcio social; la ciudad secular era el espacio en que se consolidaba su compromiso, marcado justamente por el signo visible de la renuncia al derecho personal atina opci\u00f3n conyugal. La literatura cristiana postb\u00ed\u00adblica exalta esta forma de ascetismo privilegiando el estado celibatario, en particular la virginidad femenina. San Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada (t 115) exhorta al celibato estable con estas palabras: \u00abSi alguno puede conservarse en castidad en honor de la carne del Se\u00f1or sin caer en soberbia, permanezca en ella\u00bb (A Policarpo). Los Padres de los siglos ii-v ampl\u00ed\u00adan el elogio a este tipo de existencia, a la cual dedican numerosos tratados y activa atenci\u00f3n. La mayor\u00ed\u00ada de estos ascetas son mujeres; por eso, a ellas se dirige el inter\u00e9s espiritual de aquellos escritores. A las v\u00ed\u00adrgenes consagradas al ascetismo dom\u00e9stico se les sugiere -como lo hace san Atanasio (295-373)- un ritmo casi mon\u00e1stico: silencio, meditaci\u00f3n sobre las sagradas Escrituras, oraci\u00f3n con los salmos, trabajo para conseguir una austera autosuficiencia.<\/p>\n<p>El ascetismo dom\u00e9stico es un planteamiento premon\u00e1stico de la vida religiosa; con el correr de los siglos experimenta una atenuaci\u00f3n en favor de la forma comunitaria organizada, pero no desaparece nunca.<\/p>\n<p>2. MONAQUISMO HIST\u00ed\u201cRICO &#8211; La primera tipolog\u00ed\u00ada de la vida consagrada que se organiza es el monaquismo hist\u00f3rico. Los contenidos asc\u00e9ticos fundamentales encuentran soporte en una estructura organizada. La organizaci\u00f3n se polariza en torno a tres puntos principales: la existencia de un fundador, la adopci\u00f3n de una regla y la soledad (de ah\u00ed\u00ad el t\u00e9rmino \u00abmonje\u00bb).<\/p>\n<p>Las formas iniciales del monaquismo hist\u00f3rico aparecen en Oriente a finales del siglo III y se desarrollan plenamente despu\u00e9s de la paz religiosa otorgada por Constantino en el 313. El personaje que inici\u00f3 este tipo de vida es el egipcio san Antonio (ca. 250-365), reconocido como el \u00abpadre de los monjes\u00bb, es decir, su fundador. Primero, siguiendo una inspiraci\u00f3n evang\u00e9lica (Mt 19,21), se retira al ascetismo dom\u00e9stico, y luego se establece en el >desierto. Muchos seguidores imitan su ejemplo, constituyendo numerosos grupos, que \u00e9l sigui\u00f3 dirigiendo, aunque sin abandonar la forma del anacoretismo (soledad individual o eremitismo). El primer legislador mon\u00e1stico es san Pacomio (ca. 290-346). La regla por \u00e9l redactada ejerci\u00f3 un extraordinario influjo, tanto en el movimiento mon\u00e1stico de entonces como en las reglas compiladas sucesivamente (le son deudoras la regla de san Basilio de Cesarea (330-379]. la regula Vigilii [en torno al 420]. las reglas de los obispos de Arl\u00e9s, san Ces\u00e1reo [470-5421 y san Aureliano [+ 555]; la misma regla benedictina acepta numerosos motivos pacomianos). El n\u00facleo central de la estructuraci\u00f3n de san Pacomio es el cenobitismo, o sea. la existencia de la comunidad retirada a un lugar solitario (casi una soledad, un eremitismo comunitario).<\/p>\n<p>Las caracter\u00ed\u00adsticas estructurales del monaquismo oriental se pueden condensar en una igualdad sustancial entre los monjes (que no menoscaba el ascendiente personal de los sabios y maestros), en el predominio de la dimensi\u00f3n laica (presencia limitada de sacerdotes en el monasterio), en la independencia de los cenobios particulares, que manten\u00ed\u00adan libre comuni\u00f3n con otros, en la existencia de la clausura y en el predominio de la contemplaci\u00f3n y del trabajo manual.<\/p>\n<p>En Occidente, el monaquismo es tributario de la acci\u00f3n de san Benito de Nursia (ca. 480-547). No fue el fundador, sino su organizador. Decisiva para la reordenaci\u00f3n y la difusi\u00f3n del monaquismo a nivel europeo fue su regla, compuesta gradualmente, de acuerdo con las variaciones de las experiencias mon\u00e1sticas y la aparici\u00f3n de problemas nuevos, a los cuales se intenta dar soluci\u00f3n siempre nueva. El objetivo principal de la sonda regula es la constituci\u00f3n en el monasterio de una schola divini servitii (palestra de servicio al Se\u00f1or). La regla benedictina qued\u00f3 como el \u00fanico texto legislativo determinante de todo el monaquismo occidental y de todo el movimiento asc\u00e9tico, masculino y femenino, hasta la aparici\u00f3n de las \u00f3rdenes mendicantes. Las caracter\u00ed\u00adsticas fundamentales del monaquismo benedictino son el cenobitismo, la oraci\u00f3n estructurada a base de subdivisiones que dan ritmo a la jornada. el sentido patriarcal de la autoridad (\u00absemel abbas, semper abbas\u00bb), la intensidad del trabajo, sobre todo manual, y el aprecio de la cultura.<\/p>\n<p>3. MENDICANTES &#8211; El movimiento mendicante hunde sus ra\u00ed\u00adces en las instancias de reforma eclesial sentidas ya en la \u00e9poca gregoriana (fin del s. xt). Aflora entonces y adquiere consistencia en la Europa mediterr\u00e1nea a partir del s. xai [ Hombre evang\u00e9lico]. Es el per\u00ed\u00adodo en que renace de su decadencia el monaquismo hist\u00f3rico, produciendo un abundante florecimiento de realizaciones en el terreno de la renovaci\u00f3n (Cluny. Camaldula, Vallombrosa, Chartreuse. Citeaux, etc.); el per\u00ed\u00adodo en que intervienen diversos movimientos laicos de reforma (p\u00e1taros. albigenses. valdenses, humillados, etc.).<\/p>\n<p>La denominaci\u00f3n de mendicantes distingue verbalmente uno de los modos m\u00e1s t\u00ed\u00adpicos de practicar la pobreza, a saber, la mendicidad (o colecta). El t\u00e9rmino pas\u00f3 luego a calificar globalmente a los grupos iniciadores y a los agregados m\u00e1s tarde, independientemente de la referencia a una fidelidad r\u00ed\u00adgida al principio de la pobreza radical (b\u00e1sica en los or\u00ed\u00adgenes) y a la pr\u00e1ctica de la mendicidad. Hoy el vocablo calificativo m\u00e1s frecuente es frailes.<\/p>\n<p>Los grupos mendicantes que han quedado en la Iglesia y han sobrevivido a trav\u00e9s de las varias vicisitudes hist\u00f3ricas, arrancan del laico penitente san Francisco de As\u00ed\u00ads (1181\/82-1226), los llamados minores. Para ellos dict\u00f3 una regla propia entre las primeras (junto con la de san Alberto de Jerusal\u00e9n, dada, entre los a\u00f1os 1206 y 1214. a los eremitas del monte Carmelo) que se diferencia de la benedictina. Hoy las \u00f3rdenes mendicantes registradas oficialmente son 17.<\/p>\n<p>El movimiento mendicante se inserta en la perspectiva penitencial difundida en la \u00e9poca de sus or\u00ed\u00adgenes, centr\u00e1ndose en su exigencia de conversi\u00f3n evang\u00e9lica, que permanece como objetivo esencial de esta tipolog\u00ed\u00ada. El planteamiento global de los mendicantes toma sus propios modelos del estilo evang\u00e9lico-apost\u00f3lico; es decir, se inspira en algunos discursos del Se\u00f1or (como Mc 1,14-15: Mt 5,1-7.27: 10,5-42: Le 10, 1-20) y en las situaciones de las primeras comunidades eclesiales apost\u00f3licas, en particular la pentecostal de Jerusal\u00e9n (He 2,42-47; 4,32-35; etc.). Los mendicantes se entregan a realizar la fraternidad (de ah\u00ed\u00ad la denominaci\u00f3n de frailes o hermanos), la pobreza evang\u00e9lica, el peregrinaje, la oraci\u00f3n en asidua comuni\u00f3n entre s\u00ed\u00ad y con el pueblo y el servicio a los hermanos, principalmente en la iglesia local. Su testimonio no se da en la soledad erem\u00ed\u00adtica o cenob\u00ed\u00adtica, sino en el mundo y directamente entre los hombres; en efecto, los grupos mendicantes surgen y se fijan generalmente cerca de las ciudades comunales o dentro de ellas, si bien no faltan opciones anacoretas individuales y provisionales. Las inspiraciones centrales de los mendicantes llegan a ser compartidas por los frailes, las monjas (las moniales contempor\u00e1neas de los primeros n\u00facleos de hermanos). por las hermanas (los grupos agregados a los mendicantes y de reciente fundaci\u00f3n, iniciada hacia mediados del siglo pasado), o sea. por personas que se re\u00fanen en comunidad, as\u00ed\u00ad como por individuos heterog\u00e9neos, laicos (incluso casados) o religiosos (institutos seculares).<\/p>\n<p>4. GRUPOS DIACONALES &#8211; En torno a los a\u00f1os del concilio de Trento (1545-1563) se perfila una nueva tipolog\u00ed\u00ada de la vida consagrada, caracterizada principalmente por su finalidad diaconal. Algunos a\u00f1os antes del concilio, san Ignacio de I,oyola (1491-1556) crea la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas (1540), el primer grupo significativo que se diferencia de los modelos mon\u00e1stico y mendicante; las inspiraciones centrales del grupo influyen de modo casi siempre determinante en la estructura de otras congregaciones coet\u00e1neas y sucesivas, e incluso en la espiritualidad del cristianismo occidental.<\/p>\n<p>Los grupos encuadrados en este marco (al presente son unos noventa los masculinos y cerca de dos mil los femeninos) se caracterizan por motivaciones operativas muy precisas y pueden unificarse por la intenci\u00f3n prevaleciente del servicio, es decir, por la diacon\u00ed\u00ada (de ah\u00ed\u00ad la denominaci\u00f3n de grupos diaconales). Su acci\u00f3n se presenta con car\u00e1cter de suplencia y de gregariado, y su inter\u00e9s apost\u00f3lico gira en torno a la b\u00fasqueda de respuestas nuevas a las exigencias socio-religiosas. Actividades especificas de varias agrupaciones son la predicaci\u00f3n, la catequesis a los herejes, la educaci\u00f3n de la juventud, la ense\u00f1anza popular, la apertura de escuelas gratuitas o semigratuitas para los pobres, la organizaci\u00f3n de la asistencia sanitaria y social, las misiones, el uso de los medios de comunicaci\u00f3n social con finalidad apost\u00f3lica, etc. Con frecuencia las finalidades diaconales son id\u00e9nticas, asumidas separadamente por razones cronol\u00f3gicas (fecha de fundaci\u00f3n del grupo), pol\u00ed\u00adticas (escasez o dificultad de movilidad fuera de los confines de los numerosos Estados de los siglos pasados) o religiosas (dependencia de los obispos diocesanos).<\/p>\n<p>Una huella que delata el origen tridentino de estos movimientos es el tenor r\u00ed\u00adgido de la autoridad dentro del grupo. que favorece una estructura centralizada y que introduce la instauraci\u00f3n de una relaci\u00f3n personal de superior a s\u00fabdito. Tambi\u00e9n la idea de comunidad se diluye, a veces hasta la sola adopci\u00f3n de una d\u00e9bil convivencia.<\/p>\n<p>5. INSTITUTOS SECULARES &#8211; El ascetismo dom\u00e9stico vuelve a florecer lozano en la tipolog\u00ed\u00ada de los institutos seculares. Esta se afirma como adquisici\u00f3n eclesial reciente, aprobada por P\u00ed\u00ado X11 en la constituci\u00f3n Provida mater ecclesia (2 de febrero de 1947) y en el \u00abmotu proprio\u00bb Primo feliciter (12 de marzo de 1948). as\u00ed\u00ad como en la instrucci\u00f3n Cum sanctissimus (19 de marzo de 1948) de la congregaci\u00f3n romana para los religiosos.<\/p>\n<p>La idea que est\u00e1 en la base de los institutos seculares puede reconocerse en realizaciones eclesiales precedentes. como la iniciativa de santa Angela Merici (1474-1540), original en su tiempo. la cual enfoca su existencia en la l\u00ed\u00adnea del ascetismo dom\u00e9stico; numerosas mujeres siguen sus pasos en la acci\u00f3n social que emprende (educaci\u00f3n de las muchachas del pueblo): luego. el grupo se transforma en la instituci\u00f3n de las ursulinas, aprobada regularmente.<\/p>\n<p>Sigue a\u00fan vivo el debate sobre la ubicaci\u00f3n de los institutos seculares en el \u00e1rea de la vida religiosa. El Vat. II, aunque los declara extra\u00f1os a la estructura de la vida religiosa (PC 11), se refiere a ellos en los mismos contextos en los que traza la fisonom\u00ed\u00ada y actividad de los religiosos (adem\u00e1s de PC 11, tambi\u00e9n 23; adem\u00e1s. AG 40 y quiz\u00e1 CD 33). Las expresiones de contenido teol\u00f3gico con que el concilio presenta las caracter\u00ed\u00adsticas de los institutos seculares son: profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos, consagraci\u00f3n, entrega total a Dios, inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo; locuciones todas de amplio uso y espec\u00ed\u00adficas del estado religioso. La dimensi\u00f3n religiosa de los institutos seculares se encuentra ante todo en la aceptaci\u00f3n del celibato por el reino de Dios, carisma que caracteriza a un cristiano sustancialmente como monje (o sea, religioso). El enfoque mon\u00e1stico resit\u00faa el celibato en un contexto comunitario; los institutos seculares entran en tal configuraci\u00f3n, pero proponen una forma nueva; su comunidad se configura principalmente como comuni\u00f3n, es decir, como comunidad de dimensi\u00f3n psicol\u00f3gica antes y m\u00e1s a\u00fan que de dimensi\u00f3n topogr\u00e1fica o f\u00ed\u00adsica, aunque \u00e9sta no queda excluida. La terminolog\u00ed\u00ada de sus reglas y muchos aspectos de la organizaci\u00f3n evidencian tanto el trasfondo religioso como la dimensi\u00f3n comunitaria.<\/p>\n<p>Los institutos seculares asumen compromisos propios de laicos (tales como la permanencia en una familia, la inserci\u00f3n en m\u00faltiples modos de compromiso social -sin excluir el pol\u00ed\u00adtico-, la prestaci\u00f3n de un servicio eclesial en sectores espec\u00ed\u00adficos y deliberadamente restringidos, etc.), que cumplen con el estilo asc\u00e9tico de los religiosos. Tal es la secularidad que da nombre a estos grupos.<\/p>\n<p>IV. Significado antropol\u00f3gico y eclesial de la vida consagrada<br \/>\nNo es dif\u00ed\u00adcil ni gratuito declarar que el significado antropol\u00f3gico y eclesial de la vida consagrada es positivo y que el balance de su historia y de su espiritualidad registra valores en auge. Ni es tampoco in\u00fatil recordar que junto a estos valores se han dado prevaricaciones, contradicciones, hundimientos y abusos. La vida religiosa entra en un proyecto teologal. Por eso las perspectivas de futuro, si se miran con fe y esperanza, son de vida. Indudablemente podr\u00e1n variar las mediaciones, las modalidades, las estructuras, etc., pero proseguir\u00e1n las inspiraciones centrales. En la vida seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu, el ma\u00f1ana de ordinario es purificador del hoy. Entre los significados antropol\u00f3gicos y eclesiales positivos de la vida consagrada, los principales son los siguientes:<\/p>\n<p>1. VALORIZACI\u00ed\u201cN &#8211; La vida religiosa valoriza la persona humana y su mundo. La espiritualidad mon\u00e1stica no ha dejado nunca de insistir en la necesidad de la renuncia. La vida consagrada es una conversi\u00f3n; es decir, un itinerario pascual de muerte y de resurrecci\u00f3n. Es a un tiempo don y elecci\u00f3n. Don de Dios (LG 43), seguimiento de Cristo, no puede conducir al aniquilamiento. Elecci\u00f3n en la fe, no puede acabar en la inutilidad. Como Cristo, el religioso no renuncia, sino que escoge; el resultado visible se presenta id\u00e9ntico, pero la intenci\u00f3n y los objetivos son diferentes. Escoger no significa despreciar e ignorar los valores no acogidos. En la vida consagrada son apreciados todos los valores y se elevan c\u00e1nticos de alabanza al Se\u00f1or por ellos. Seguir a Cristo tiene como recompensa el c\u00e9ntuplo y la vida eterna (Mt 19,29); seguir a Cristo supone cargar con la propia cruz (Mt 16,24; Mc 8,34), pero su peso es ligero (Mt 11,28-30). La fatiga de la fidelidad no es el peso de un cuerpo de muerte (Rom 7,24), sino la fatiga del renacimiento y del crecimiento (Rom 8,22) para llegar a aquella liberaci\u00f3n que es el hombre completo seg\u00fan la medida de la estatura de Cristo (Ef 4,13).<\/p>\n<p>En la vida consagrada, la persona humana deber\u00ed\u00ada encontrar su propia realizaci\u00f3n. El hombre y la mujer que abrazan la vida religiosa deber\u00ed\u00adan encontrar en ella el espacio y los medios para llegar a su propia identificaci\u00f3n. De hecho, la funci\u00f3n aut\u00e9ntica de las formas de vida consagrada es \u00e9sta: la estructura al servicio de la persona. Un motivo de >crisis en este tipo de vida cristiana es la absolutizaci\u00f3n equivocada del principio \u00abla persona al servicio de la estructura\u00bb. La empresa larga y laboriosa del \u00abaggiornamento\u00bb y renovaci\u00f3n emprendida por el Vat. II es un testimonio de la capacidad de valoraci\u00f3n inherente a la idea de la vida consagrada. Esta acci\u00f3n es tambi\u00e9n un servicio antropol\u00f3gico y eclesial, porque se presta atenci\u00f3n solicita a la persona y se contribuye a la reforma eclesial, repitiendo los logros hist\u00f3ricos mejores, cuando la vida religiosa sab\u00ed\u00ada renovarse desde dentro y pod\u00ed\u00ada contribuir al progreso de la Iglesia.<\/p>\n<p>2. RECUPERACI\u00ed\u201cN DE LO SAGRADO &#8211; La crisis frente a lo sagrado desencadenada en el s. xx ha obligado a reflexionar tambi\u00e9n a todos los componentes eclesiales. Para salir de la crisis no sirven las modas teol\u00f3gicas, los complejos de inferioridad o de culpa, los temores y las visiones apocal\u00ed\u00adpticas. La vida religiosa puede contribuir a la recuperaci\u00f3n de lo sagrado. La literatura mon\u00e1stica maximalista ha concurrido al advenimiento de la crisis que ha sacudido tambi\u00e9n a la vida consagrada. Se puede remontar uno a los or\u00ed\u00adgenes a trav\u00e9s del an\u00e1lisis de las causas que han llevado a la p\u00e9rdida de credibilidad y a la sordera frente a las propuestas y al lenguaje empleado por los religiosos.<\/p>\n<p>El sentido de lo sagrado es indispensable no s\u00f3lo para la Iglesia y la religi\u00f3n, sino tambi\u00e9n para la sociedad. Lo sagrado se inspira en la fe; no se limita a la religi\u00f3n, que es mediaci\u00f3n suya cultural hist\u00f3rica. En todas las religiones, primitivas y culturalizadas, est\u00e1 presente lo sagrado. Se trata de una realidad compleja y profunda, en la que tienen su origen explicaciones de lo visible y lo invisible y tipolog\u00ed\u00adas de comportamiento. La vida religiosa es calificada siempre con la expresi\u00f3n de vita consacrata, es decir, por un adjetivo implicado en la crisis. No es una soluci\u00f3n eficaz de la crisis el abandono quiz\u00e1 auspiciable de expresiones gastadas. La vida religiosa tendr\u00ed\u00ada la capacidad de demostrar la inexistencia de la contraposici\u00f3n conflictiva entre sagrado y profano. Sagrado y profano est\u00e1n en relaci\u00f3n dial\u00e9ctica, pero su sustancia no puede separarse en lo concreto de los fen\u00f3menos; sagrado y profano son sobre todo un estado de \u00e1nimo, un modo de interpretar la realidad. La motivaci\u00f3n penitencial de la vida religiosa deber\u00ed\u00ada conducir a la superaci\u00f3n de la conflictividad entre sagrado y profano.<\/p>\n<p>El significado de valorizaci\u00f3n caracter\u00ed\u00adstico de la vida consagrada restituye a la persona humana su realismo, aceptando sus valores y sus l\u00ed\u00admites. La inserci\u00f3n de los religiosos en el .,\u00bb-mundo puede hacer todav\u00ed\u00ada cre\u00ed\u00adble y estimable su g\u00e9nero de vida en el interesante terreno existencial. La fuga mundi de una asc\u00e9tica absolutizadora y unilateral ha forzado la bondad de los contenidos de aquel instrumento. El evang\u00e9lico \u00abestar en el mundo pero sin ser del mundo\u00bb (Jn 17,11.16) no exige que se nos quite del mundo, sino que se nos guarde del maligno (Jn 17,15). La genuina fuga mundi no es un camino topogr\u00e1fico o una ubicaci\u00f3n claustral, sino una opci\u00f3n interior de valorizaci\u00f3n y de prioridad. Axiom\u00e1ticamente, fuga mundi es sequela Christi.<\/p>\n<p>La inserci\u00f3n en el mundo, hoy reivindicada por una parte de los religiosos y reclamada por los contempor\u00e1neos, no lleva a mimetizarse y a renunciar a la propia identidad; eso ser\u00ed\u00ada traici\u00f3n contra s\u00ed\u00ad mismo y enga\u00f1o de los hermanos. La inserci\u00f3n es respeto de los valores y de las fisonom\u00ed\u00adas, participaci\u00f3n en las alegr\u00ed\u00adas y las esperanzas, en las tristezas y las angustias de los hombres dehoy, de los pobres sobre todo y de cuantos sufren (GS 1), para presenciar como protagonistas la construcci\u00f3n de la ciudad terrena sobre los fundamentos del Se\u00f1or (LG 46). De este modo la vida consagrada recuperar\u00ed\u00ada no tanto el concepto cuanto el valor concreto de lo sagrado, que no es separaci\u00f3n, sino purificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. TESTIMONIO Y SIGNO &#8211; La vida consagrada tiene u\u00f1 significado v\u00e1lido de testimonio y de signo. Los contenidos y la cualidad del testimonio de los religiosos se deducen de todo lo sintetizado hasta aqu\u00ed\u00ad: testimonio de Cristo, testimonio eclesial, testimonio fraterno.<\/p>\n<p>El valor de signo consiste en la funci\u00f3n prof\u00e9tica de la vida religiosa. Algunos filones en los que parece canalizarse y se puede canalizar el profetismo ele la vida consagrada, que poseen un valor -aprecio y contestaci\u00f3n- para los contempor\u00e1neos, son los siguientes:<\/p>\n<p>a) Lo gratuito. La vida consagrada se apoya en un carisma: el celibato en la comunidad. Todo carisma es gratuito; es un don. La vida religiosa constituye el espacio para la valorizaci\u00f3n de los carismas individuales y de cualquier otro don personal. Frente a ideolog\u00ed\u00adas te\u00f3rica o pr\u00e1cticamente materialistas y dentro de una civilizaci\u00f3n subyugada por la fascinaci\u00f3n del tener y el hacer, la vida consagrada puede situarse como un lugar en el que prevalece el ser. La vida religiosa no es un ministerio, aunque dentro se ejerzan ministerios (como el sacerdocio); es originariamente una vocaci\u00f3n a ser, no a tener ni a hacer; y el ser es un don gratuito.<\/p>\n<p>b) Lo relativo. A la valoraci\u00f3n del ser corresponde la relativizaci\u00f3n de otros valores. Puesto que la idea de la vida consagrada no apunta a las renuncias, sino a las opciones, el peso de estos valores frente a ella permanece inalterado; pero todos los valores terrestres son interpretados como relativos. Son pasajeros y contingentes; se afirman no como absolutos, sino como mediaciones. Valores personales como la libertad, la cultura y la sexualidad; valores sociales como las ideolog\u00ed\u00adas pol\u00ed\u00adticas y los compromisos civiles; valores humanos como las tradiciones y las perspectivas; valores religiosos como las creencias, los cultos, los mitos, los poderes, las estructuras mismas de la vida concreta, sin duda interpelan al religioso y piden su actividad y participaci\u00f3n sobre todo en situaciones de emergencia, pero \u00e9l los lee y los se\u00f1ala a todos justamente como relativos.<\/p>\n<p>c) Lo ecol\u00f3gico. El significado ecol\u00f3gico de la vida religiosa consiste en la realizaci\u00f3n y en las propuestas de garant\u00ed\u00ada y purificaci\u00f3n del h\u00e1bitat humano global. La absolutizaci\u00f3n de los valores y la adulteraci\u00f3n de los no valores turba el equilibrio de la ciudad terrestre. La vida consagrada, al inspirarse en su tradici\u00f3n y escuchar los signos de los tiempos, posee capacidad de introducir en ese equilibrio elementos de depuraci\u00f3n. Ciertas cr\u00ed\u00adticas a privilegios y bienestar de los religiosos pueden encontrar justificaci\u00f3n siempre que no sean una coartada. Ciertas realizaciones de la vida consagrada. como la dimensi\u00f3n comunitaria, la comuni\u00f3n de bienes, la correcci\u00f3n fraterna, el silencio. la creatividad art\u00ed\u00adstica, el respeto al ambiente, la proximidad a la naturaleza. etc.. son una contestaci\u00f3n y una propuesta ecol\u00f3gica. Esto es lo correlativo a la inserci\u00f3n: una invitaci\u00f3n a la sociedad a establecer los ritmos de la existencia y a jerarquizar los valores seg\u00fan las inspiraciones centrales de la vida consagrada, una llamada a acercarse.<\/p>\n<p>d) Lo escatol\u00f3gico [>Escatolog\u00ed\u00ada]. El testimonio escatol\u00f3gico que da la vida consagrada a la humanidad y a la Iglesia se sit\u00faa en la perspectiva del devenir. Mantiene viva la persuasi\u00f3n de que el hombre no posee aqu\u00ed\u00ad morada estable, sino que anda en busca de la futura (Heb 13,14). El devenir no es lo provisorio absoluto, sino el itinerario incontenible de la conversi\u00f3n: es pasar al lado y a trav\u00e9s de las realidades contempor\u00e1neas intentando despertar su dinamismo constructivo. La soluci\u00f3n arquitect\u00f3nica de esta idea es el claustro antiguo: lugar de un caminar infinito y libre. Este camino hacia el futuro tiene como objetivo la construcci\u00f3n del reino de Dios en la historia y como t\u00e9rmino su consecuci\u00f3n en la escatolog\u00ed\u00ada. El carisma de la vida consagrada es una contribuci\u00f3n a esta construcci\u00f3n y un camino de prefiguraci\u00f3n y logro de las realidades ultimas: el eskaton.<\/p>\n<p>L. De Candido<br \/>\nRIBI..-Arrupe. P. Nuestra vida consagrada. Apostolado Prensa. Madrid 1972.-Arrupe. P. La vida religiosa ante un reto hist\u00f3rico, Sal Terrae. Santander 1978.-Artigas, L. El Esp\u00ed\u00adritu Santo en la vida religiosa, Secr. Trinitario. Salamanca 1975.-Ro1r, L. La vida religiosa en el proceso de liberaci\u00f3n: una experiencia a partir de la periferia, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1979.-Codina. V. Nueva formulaci\u00f3n de la vida religiosa, Mensajero. Bilbao 1972.-Chico Gonz\u00e1lez. P. El misterio de la vida religiosa. Revisiones comunitarias, Centro Vocacional La Salle. Bujedo (Burgos) 1976.-Izquierdo, L, El proceso psicol\u00f3gico de la desilusi\u00f3n de la vida religiosa, Depalma. B. Aires 1976.-Maccise. C, Ser signos de liberaci\u00f3n. Cuestionamientos a la Vida religiosa desde las ense\u00f1anzas de san Pablo, Ciar, Bogot\u00e1 1978.-Maraval, J. B. Religiosos y evangelizaci\u00f3n despu\u00e9s del Vaticano II, Mensajero, Bilbao 1970.-Metz. J. B. Las \u00f3rdenes religiosas: su misi\u00f3n en un futuro pr\u00f3ximo como testimonio vivo del seguimiento de Cristo, Herder. Barcelona 1978.-Pironio. E, Reflexiones sobre la vida religiosa: colecci\u00f3n de escritos y conferencias, Claune. Madrid 1977.-Pironio, E. Alegres en la esperanza, Paulinas, Madrid 1979.-Regamey. P.-R. La voz de Dios en las voces del tiempo. Redescubrir la vida religiosa, Sal Terrae. Santander 1971.-S\u00e1nchez Mielgo. G. Riblia y vida religiosa, Fac. de Teol. San Vicente Ferrer. Valencia 1981.-Vigil, J. M. Religiosos de hoy: experiencia y testimonio, Inst. Teol. de Vida Religiosa. Madrid 1980.-V\u00e9ase bibl. de Consejos evang\u00e9licos.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DicEc \u00c2\u00a0 El t\u00e9rmino \u00abvida consagrada\u00bb suele usarse de modo gen\u00e9rico para referirse a las vocaciones especiales en la Iglesia, a trav\u00e9s de las cuales se busca la perfecci\u00f3n de la caridad. 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