{"id":14996,"date":"2016-02-05T09:49:37","date_gmt":"2016-02-05T14:49:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ordenes-anglicanas\/"},"modified":"2016-02-05T09:49:37","modified_gmt":"2016-02-05T14:49:37","slug":"ordenes-anglicanas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ordenes-anglicanas\/","title":{"rendered":"ORDENES ANGLICANAS"},"content":{"rendered":"<p>DicEc<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nLa condenaci\u00f3n de las \u00f3rdenes anglicanas como \u00ababsolutamente nulas y sin contenido ninguno\u00bb en el pasado y en el presente por el papa Le\u00f3n XIII (1896) tuvo su prehistoria y sus consecuencias posteriores. Los antecedentes inmediatos se han visto m\u00e1s claros en las d\u00e9cadas recientes con la apertura de los archivos vaticanos referidos a la cuesti\u00f3n; la historia posterior adopta diversas facetas hasta ARCIC 1 (>Anglicanismo y ecumenismo).<\/p>\n<p>Desde los tiempos de la Reforma era costumbre ordenar \u00ababsolutamente\u00bb a los sacerdotes anglicanos que se reconciliaban con Roma y deseaban participar en el sacerdocio ministerial. A finales del siglo XIX, sin embargo, se cuestion\u00f3 la invalidez de dichas \u00f3rdenes sin ning\u00fan otro rito sacramental. Se plante\u00f3 la cuesti\u00f3n de si los anglicanos convertidos no podr\u00ed\u00adan por lo menos ser ordenados \u00abbajo condici\u00f3n\u00bb, ya que cuando menos exist\u00ed\u00ada la duda de si sus \u00f3rdenes eran v\u00e1lidas o no.<\/p>\n<p>Dos visiones opuestas se presentaron a Le\u00f3n XIII. El anglicano lord Halifax (1839-1934) y su amigo el cat\u00f3lico franc\u00e9s Fernand Portal (1855-1926) consideraban que el reconocimiento de las \u00f3rdenes anglicanas acelerar\u00ed\u00ada la reconciliaci\u00f3n entre Roma y Canterbury. Por el contrario, el cardenal Vaughan (1822-1903), cuya visi\u00f3n de la unidad (\u00abunionismo\u00bb) se limitaba en gran medida a las conversiones individuales, cre\u00ed\u00ada que este reconocimiento significar\u00ed\u00ada la supresi\u00f3n de un motivo para las conversiones individuales, de las que esperaba una avalancha si las \u00f3rdenes anglicanas se declaraban inv\u00e1lidas.<\/p>\n<p>El papa consult\u00f3 las opiniones de los te\u00f3logos y nombr\u00f3 una comisi\u00f3n para examinar el asunto: aunque algunos de sus miembros aceptaban la validez de estas \u00f3rdenes, o por lo menos les parec\u00ed\u00ada dudosa, la mayor\u00ed\u00ada se pronunci\u00f3 a favor de su nulidad. La comisi\u00f3n no lleg\u00f3 a ninguna conclusi\u00f3n, y la documentaci\u00f3n pas\u00f3 a manos del te\u00f3logo pontificio Raffaele Pierotti, quien redact\u00f3 una opini\u00f3n negativa.<\/p>\n<p>Tras una reuni\u00f3n del Santo Oficio, el 16 de julio de 1896, que vot\u00f3 un\u00e1nimemente en contra de la validez, el papa Le\u00f3n XIII public\u00f3 la bula Apostolicae curae (13  septiembre 1896) condenando las \u00f3rdenes anglicanas. La bula no entraba en la cuesti\u00f3n de la ruptura de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica en la Iglesia de Inglaterra, sino que trataba dos temas: el defecto de forma y el defecto de intenci\u00f3n. Se consideraba que el Ordinal  del rey Eduardo VI de 1552 no transmit\u00ed\u00ada el sentido sacramental del sacerdocio, ya que las palabras esenciales (la \u00abforma\u00bb) no expresaban el sentido de las \u00f3rdenes: en el caso de los sacerdotes, el poder para ofrecer el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico; y en el caso de los obispos, la plenitud del sacerdocio, el grado m\u00e1s alto del sagrado ministerio. El segundo defecto resid\u00ed\u00ada en el hecho de que los consagrantes de Matthew Parker en 1559 no ten\u00ed\u00adan la intenci\u00f3n de \u00abhacer lo que hace la Iglesia\u00bb. Seg\u00fan el papa, \u00abel car\u00e1cter innato y el esp\u00ed\u00adritu del Ordinal (nativa indoles ac spiritus)\u00bb  muestran que no hab\u00ed\u00ada tal intenci\u00f3n y, adem\u00e1s, los que lo usaban no pod\u00ed\u00adan haber tenido esta intenci\u00f3n. La bula se refer\u00ed\u00ada tambi\u00e9n a otros puntos: las decisiones del legado pontificio, el cardenal Pole, en el siglo XVI; la costumbre de la ordenaci\u00f3n absoluta de los convertidos del anglicanismo durante tres siglos; los dos casos hist\u00f3ricos de un calvinista franc\u00e9s (1684) y de John Gordon (1704), ordenados ambos seg\u00fan el ritual de Eduardo VI.<\/p>\n<p>Los arzobispos de la Iglesia de Inglaterra publicaron una r\u00e9plica razonada en la que se refer\u00ed\u00adan a la variedad de formas de ordenaci\u00f3n en el pasado, especialmente en Oriente; insist\u00ed\u00adan en que la intenci\u00f3n de la Iglesia de Inglaterra en sus ordenaciones era precisamente conferir el ministerio fundado en los tiempos apost\u00f3licos; afirmaban: \u00abAl anular nuestras \u00f3rdenes, anulan las suyas propias, y pronuncian sentencia sobre su propia Iglesia\u00bb. Desde 1896 ha habido estudios explicando o confirmando la visi\u00f3n de la bula, y  otros criticando los acontecimientos hist\u00f3ricos que la originaron y sus limitaciones teol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Los trabajos de ARCIC sugirieron que hab\u00ed\u00ada llegado el momento de reconsiderar la postura respecto de las \u00f3rdenes anglicanas: la Comisi\u00f3n \u00abcree que la coincidencia en lo esencial de la fe eucar\u00ed\u00adstica con respecto a la presencia sacramental de Cristo y la dimensi\u00f3n sacrificial de la eucarist\u00ed\u00ada, as\u00ed\u00ad como en la naturaleza y prop\u00f3sito del sacerdocio, la ordenaci\u00f3n y la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, es el nuevo contexto en el que deber\u00ed\u00adan discutirse las cuestiones. Esto invita a una reconsideraci\u00f3n del veredicto sobre las \u00f3rdenes anglicanas de la Apostolicae curae  (1896)\u00bb.<\/p>\n<p>Una carta del cardenal J. Willebrands, presidente del Secretariado para la unidad de los cristianos (13 de julio de 1985), a los copresidentes de ARCIC II, se\u00f1alaba que el redescubrimiento de la fe com\u00fan pod\u00ed\u00ada permitir un cambio en la visi\u00f3n del Ordinal  de 1552, \u00abuna consideraci\u00f3n que podr\u00ed\u00ada llevar a una nueva valoraci\u00f3n por parte de la Iglesia cat\u00f3lica de la suficiencia de estos ritos anglicanos por lo que respecta a futuras ordenaciones\u00bb. En la carta rehu\u00ed\u00ada expl\u00ed\u00adcitamente la cuesti\u00f3n de la continuidad por sucesi\u00f3n apost\u00f3lica y mencionaba s\u00f3lo de pasada el tema de la >ordenaci\u00f3n de mujeres.<\/p>\n<p>Ha habido varias propuestas acerca de c\u00f3mo podr\u00ed\u00adan tratarse las \u00f3rdenes anglicanas a medida que las Comuniones de Roma y Canterbury se han ido acercando. Un planteamiento consistir\u00ed\u00ada en considerar la >sucesi\u00f3n apost\u00f3lica como transmitida primariamente por la fidelidad de las comunidades a las pr\u00e1cticas y vida apost\u00f3licas, m\u00e1s que consistir en la l\u00ed\u00adnea ininterrumpida de sus pastores. El defecto de intenci\u00f3n tambi\u00e9n es reconsiderado, por ejemplo en la afirmaci\u00f3n de O. P. Rafferty: \u00abComo m\u00ed\u00adnimo, la Iglesia cat\u00f3lica romana tiene que reconocer que los reformadores ingleses pretend\u00ed\u00adan continuar el ministerio del sacerdocio que Cristo hab\u00ed\u00ada dado a su Iglesia\u00bb. Otra posibilidad considerada es la noci\u00f3n oriental de la >econom\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Otros mantienen que acaso sea inevitable alguna forma de ordenaci\u00f3n condicional, o un reconocimiento progresivo de los ministerios de las otras confesiones, incluidos los anglicanos. La teolog\u00ed\u00ada entera de la validez reclama un estudio atento, estudio que acaso exced\u00ed\u00ada a las categor\u00ed\u00adas neoescol\u00e1sticas de finales del siglo XIX. Hay tambi\u00e9n importantes estudios anglicanos que frecuentemente tratan del asunto en di\u00e1logo con Iglesias no episcopales.<\/p>\n<p>La soluci\u00f3n a la cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes anglicanas s\u00f3lo podr\u00e1 alcanzarse en el contexto de una >comuni\u00f3n cada vez mayor entre Canterbury y Roma, comuni\u00f3n que ya existe, pero a la que todav\u00ed\u00ada se le ha dado demasiado poco reconocimiento institucional. Al menos a corto plazo, la ordenaci\u00f3n de mujeres constituye una dificultad a\u00f1adida que no ser\u00e1 f\u00e1cil superar.<\/p>\n<p>Entre las Iglesias ortodoxas no ha habido una visi\u00f3n unitaria: tanto antes como despu\u00e9s del encuentro de Bucarest sobre las \u00f3rdenes anglicanas (1935) ha habido Iglesias que han reconocido su validez y otras que no. Es com\u00fan entre las Iglesias ortodoxas no considerar la cuesti\u00f3n aisladamente, sino dentro del tema m\u00e1s amplio de la comuni\u00f3n o no en la fe.<\/p>\n<p>Christopher O\u00c2\u00b4Donell &#8211; Salvador Pi\u00e9-Ninot, Diccionario de Eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Eclesiolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Introducci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Car\u00e1cter del Ritual Cat\u00f3lico<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Origen de la Sucesi\u00f3n Anglicana<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Pr\u00e1ctica de la Santa Sede<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Historia de la Controversia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Resumen de los Argumentos de Ambas Partes<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 La Bula de Le\u00f3n XIII<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">8 La Autoridad de la \u00abApostolicae Curae\u00bb<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p>      En el credo de la Iglesia   Cat\u00f3lica, el Orden Sagrado es uno de los siete Sacramentos instituidos por Nuestro Se\u00f1or Jesucristo.  Su finalidad es transmitir y perpetuar esos poderes m\u00edsticos del sacerdocio, por los que se consagra y ofrece en sacrificio el Sacramento del Altar; y por los que s\u00f3lo se pueden administrar v\u00e1lidamente los sacramentos de la Confirmaci\u00f3n, Penitencia y Extrema Unci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Orden Sagrado tiene tres grados:  obispos, sacerdotes y di\u00e1conos.  Los obispos poseen el sacerdocio en su plenitud, es decir, con el poder no s\u00f3lo de ejercer su ministerio y diaconado personalmente, sino adem\u00e1s el de trasmitirlos a otros.  As\u00ed, el obispo es el \u00fanico ministro del Orden Sagrado, y para su v\u00e1lida administraci\u00f3n es esencial que\n<\/p>\n<ul>\n<li> \u00c9l mismo haya recibido una consagraci\u00f3n episcopal v\u00e1lida, y <\/li>\n<li> que use un rito en el que se observen los elementos esenciales para la validez, seg\u00fan instituidos por Cristo.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">El haber recibido o no las \u00f3rdenes en estas condiciones hace que se est\u00e9 o no dentro de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica del ministerio cat\u00f3lico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el siglo XVI esta doctrina del sacerdocio dotado con poderes m\u00edsticos era considerada una superstici\u00f3n por la mayor\u00eda de los reformadores protestantes que, de acuerdo con esto, suprimieron el Orden Sagrado de entre sus sacramentos.  Sin embargo, reconoc\u00edan que desde tiempos primitivos siempre hab\u00eda existido una clerec\u00eda separada para los deberes pastorales, y ellos quer\u00edan retener esto en sus comuniones separadas.  En algunos casos lo organizaron en dos grados solamente:  presb\u00edtero y di\u00e1cono; en otras, en tres grados que, de acuerdo con la pr\u00e1ctica antigua, siguieron llamando obispos, sacerdotes y di\u00e1conos.  Pero su doctrina respecto a estos ministerios era que no pod\u00edan poseer poder alguno, m\u00e1s all\u00e1 de los humanos, sino solo \u201cautoridad en la congregaci\u00f3n\u201d para predicar y ense\u00f1ar, dirigir las iglesias y presidir los servicios y ceremonias; y que los ritos de la imposici\u00f3n de manos u otros, por los que los candidatos entraban a los grados de su ministerio, deb\u00edan ser considerados simplemente como simples e impresionantes ceremonias externas realizadas para darle dignidad y orden.  Esta visi\u00f3n del ministerio cristiano est\u00e1 muy claramente expresada en los formularios p\u00fablicos y en los escritos privados de los reformadores continentales.  En Inglaterra ciertamente la compart\u00eda Cranmer, Ridley y otros que con ellos dirigieron las alteraciones eclesi\u00e1sticas en el reinado de Eduardo VI.  No admite disputa que en este \u00faltimo sentido el clero anglicano actual son obispos, sacerdotes y di\u00e1conos.  Pero, \u00bflo son tambi\u00e9n en el sentido anterior y cat\u00f3lico y est\u00e1n, por consiguiente, en la verdadera l\u00ednea de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica y est\u00e1n dotados con todos sus poderes m\u00edsticos sobre el Sacrificio y los Sacramentos?  Esta es la pregunta sobre las \u00d3rdenes Anglicanas.\n<\/p>\n<h2>Car\u00e1cter del Ritual Cat\u00f3lico<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde tiempo inmemorial un grupo de ritos de ordenaci\u00f3n se han usado en la Iglesia Cat\u00f3lica y en los cismas orientales que rompieron con ella en los primeros tiempos, pero cuyas \u00f3rdenes han sido reconocidas siempre como v\u00e1lidas.  Cuando se comparan estos varios ritos, se ve que difieren en el texto, pero que son completamente iguales en el car\u00e1cter esencial de las \u201cformas\u201d nombradas para acompa\u00f1ar a la imposici\u00f3n de manos.  Es decir, todas significan en t\u00e9rminos apropiados el orden que se va a impartir y suplican al Dios Todopoderoso que conceda al candidato los dones necesarios para su estado.  En la Iglesia Latina, aunque hay restos de una \u201cforma\u201d ahora obsoleta que se utilizaba antiguamente en partes de Galia, la forma de la Iglesia Romana es la \u00fanica que ha persistido y que pas\u00f3 r\u00e1pidamente al uso universal.  Esta es la oraci\u00f3n, Deus honorum omnium, que se encuentra en el \u00abPontificale Romanum.\u00bb  Su primera aparici\u00f3n escrita est\u00e1 en el llamado \u201cSacramentario Leonino\u201d, que Duchesne coloca en el siglo VI; que debi\u00f3 aparecer all\u00ed es la prueba positiva de que debi\u00f3 haber estado en existencia durante alg\u00fan tiempo previo, al menos preservado oralmente; la fuerza de cuya prueba se acrecienta por el testimonio del conservadurismo de la Iglesia Cat\u00f3lica que tenemos desde el Papa San Inocencio I.  Pues este Papa, que en el 416 d.C. le escrib\u00eda a Decencio, obispo de Eugubio, se quejaba de que \u201csi los sacerdotes del Se\u00f1or desean conservar las ordenaciones eclesi\u00e1sticas como nos fueron entregadas por los Ap\u00f3stoles, no se encontrar\u00e1 diversidad ni variedad en los mismos \u00f3rdenes y consagraciones en s\u00ed mismos\u201d; pero a\u00f1ade \u201cQuien no sabe y considera que lo que San Pedro, el Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, ha entregado a la Iglesia Romana, y que (ella) guarda hasta el d\u00eda de hoy, debe ser observado por todos, y que no se debe sustituir o a\u00f1adir ninguna pr\u00e1ctica que no sea sancionada por autoridad o precedente\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando rastreamos la historia posterior de este rito romano, encontramos que se ha seguido fielmente el principio conservador enunciado por San Inocencio.  As\u00ed Morino, una gran autoridad, escribe \u201ccreemos necesario que los lectores sepan que el moderno pontifical romano contiene todo lo que estaba en los pontificales anteriores, pero que los antiguos pontificales no contienen todo lo que hay en el moderno pontifical romano.  Pues, por varias razones piadosas y religiosas, a los pontificales recientes se han a\u00f1adido algunas cosas faltantes en las ediciones anteriores.  Y que cuanto m\u00e1s recientes son los pontificales m\u00e1s se imponen estas adiciones.  Pero es un hecho maravilloso e impresionante que en todos los vol\u00famenes, antiguos, m\u00e1s modernos y contempor\u00e1neos, hay siempre una forma de ordenaci\u00f3n tanto respecto a las palabras como a la ceremonia, y los \u00faltimos libros no omiten nada que estuviera presente en los antiguos.  As\u00ed la forma moderna de ordenaci\u00f3n no difiere ni en las palabras ni en la ceremonia de la que usaron los antiguos Padres.\u201d  Entre las adiciones que Morinuo tiene en mente como las m\u00e1s importantes hechas a comienzos de la Edad Media est\u00e1n: la tradici\u00f3n de los instrumentos, es decir, la patena y el c\u00e1liz en el caso del sacerdocio y la del libro de los Evangelios en el caso del episcopado.  De hecho, \u00e9stas llamaron tanto la atenci\u00f3n que durante siglos ellas mismas y sus palabras acompa\u00f1antes parec\u00edan a muchos que eran m\u00e1s esenciales aun que la imposici\u00f3n de manos y la oraci\u00f3n Deus honorum.  Pero no hubo nunca peligro que la prevalencia de estas posturas teol\u00f3gicas afectara la validez de las ordenaciones por la simple raz\u00f3n de que el principio de no omitir nada se mantuvo r\u00edgidamente.\n<\/p>\n<h2>Origen de la Sucesi\u00f3n Anglicana<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue este venerable rito de ordenaci\u00f3n, seg\u00fan preservado en las variedades inglesas del Pontifical Romano, el que se usaba en el pa\u00eds cuando Enrique VIII comenz\u00f3 sus asaltos a la antigua religi\u00f3n.  No se atrevi\u00f3 a tocarla por s\u00ed mismo, pero en el siguiente reinado fue descartado por Cranmer y sus asociados quienes, bajo las \u00f3rdenes de Somerset y Northumberland, se encargaron de remodelar toda la estructura de la Iglesia de Inglaterra para adecuarla a sus concepciones protestantes extremas.  Estos hombres declararon que las formas antiguas eran completamente supersticiosas y hab\u00eda que cambiarlas por otras m\u00e1s conformes con la simplicidad evang\u00e9lica.  Este es el origen del Libro Ritual de Eduardo que, sancionado por el Acta de 1550, fue redactado por \u201cseis prelados y otros seis hombres del reino conocedores de la Ley de Dios, para ser nombrado y asignado por su Majestad el Rey\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este nuevo rito sufri\u00f3 algunos cambios dos a\u00f1os despu\u00e9s y qued\u00f3 en la forma en la que permaneci\u00f3 hasta 1662, cuando fue algo mejorado por la adici\u00f3n de cl\u00e1usulas que defin\u00edan la naturaleza de las \u00f3rdenes impartidas.  Puesto que el libro ritual de 1550 no tuvo una influencia duradera en el pa\u00eds, podemos dejarlo de lado aqu\u00ed, como de menor importancia y tambi\u00e9n podemos pasar por alto aqu\u00ed, como de menos consecuencias, el rito de ordenaci\u00f3n de los di\u00e1conos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el Libro Ritual de 1552 la \u201cforma esencial\u201d, es decir, las palabras unidas a la imposici\u00f3n de manos, eran, en el caso del sacerdocio, simplemente \u00e9stas:  \u201cRecibe el Esp\u00edritu Santo. Aquellos a los que perdones los pecados les son perdonados; y aquellos cuyos pecados retengas, ser\u00e1n retenidos; y s\u00e9 un fiel dispensador de la Palabra de Dios y de sus santos Sacramentos\u201d; y mientras se entregaba la Biblia, estas palabras: \u201cRecibe la autoridad para predicar la Palabra de Dios y administrar los Santos Sacramentos en la Congregaci\u00f3n que seas nombrado\u201d.  En el caso del episcopado era: \u201cRecibe el Esp\u00edritu Santo y recuerda que tu avivas la gracia de Dios que est\u00e1 en ti por la imposici\u00f3n de manos, porque Dios no nos ha dado el esp\u00edritu de temor, sino de poder y amor y sobriedad\u201d; y cundo se entregaba la Biblia, \u00e9stas otras:  \u201cPon atenci\u00f3n a la lectura, exhortaci\u00f3n y doctrina.  Medita sobre las cosas contenidas en este libro\u2026S\u00e9 para el reba\u00f1o de Cristo un pastor y no un lobo; alim\u00e9ntalos, no los devores; sost\u00e9n al d\u00e9bil, sana al enfermo, une lo que est\u00e1 roto, trae al exiliado, busca al que est\u00e1 perdido\u2026\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que se a\u00f1adi\u00f3 en 1662 fue, en el caso del sacerdocio (despu\u00e9s de las palabras \u201crecibe el Esp\u00edritu Santo\u201d):  \u201cpara el oficio y trabajo de sacerdote en la Iglesia de Dios ahora confiados a ti por la imposici\u00f3n de nuestras manos\u201d; y en el caso del episcopado (despu\u00e9s de las palabras \u201cRecibe el Esp\u00edritu Santo\u201d), \u201cpara el oficio y trabajo de un obispo en la Iglesia de Dios ahora confiados a ti por la imposici\u00f3n de nuestras manos\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con este nuevo ritual de ordenaciones, se ordenaron siete obispos y cierto n\u00famero de cl\u00e9rigos inferiores durante los dos \u00faltimos a\u00f1os de Eduardo VI.  Este ritual fue descartado con la accesi\u00f3n de Mar\u00eda Tudor en 1553, y se volvi\u00f3 al Pontifical, pero cuando Isabel subi\u00f3 al trono en 1558 se volvi\u00f3 a restaurar su uso y ha continuado (con la adici\u00f3n de las cl\u00e1usulas definitorias desde 1662) hasta el presente.  El clero anglicano es pues creaci\u00f3n de este ritual de ordenaci\u00f3n y la validez de sus \u00f3rdenes depende principalmente de su suficiencia&#8212;es decir, de la suficiencia en su forma m\u00e1s antigua, pues si faltara, la sucesi\u00f3n Apost\u00f3lica habr\u00eda faltado mucho antes de 1662, y no podr\u00eda resucitarse por las a\u00f1adiduras hechas.  Fue sobre la consideraci\u00f3n del car\u00e1cter del rito eduardino que la Santa Sede bas\u00f3 su decreto definitivo de 1896\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, para entender completamente la historia de este asunto es necesario saber algo de las circunstancias bajo las que el arzobispo Parker fue elevado al episcopado, y sobre los defectos ulteriores que se piensa hered\u00f3 la sucesi\u00f3n anglicana por su relaci\u00f3n con todo ello.  La reina Isabel escogi\u00f3 a este tal Dr. Matthew Parker para que fuera su primer arzobispo de Canterbury.  La sede metropolitana estaba vacante por la muerte del cardenal Pole, y todas las otras sedes del reino, con una sola excepci\u00f3n, tambi\u00e9n estaban vacantes, ya por la muerte de los ocupantes previos, o porque los obispos sobrevivientes fueron destituidos, pues, a los ojos del gobierno, se negaban a conformarse con el nuevo orden de cosas. La reina intent\u00f3 crear una nueva jerarqu\u00eda a trav\u00e9s de Parker, pero se encontr\u00f3 con una dificultad. Cuando Parker estuviera consagrado pod\u00eda consagrar a sus colegas, pero \u00bfc\u00f3mo iba a ser consagrado \u00e9l? Ninguno de los obispos cat\u00f3licos sobrevivientes consentir\u00eda en realizar la ceremonia y a falta de ellos, ten\u00eda que recurrir a cuatro eclesi\u00e1sticos de no muy buena reputaci\u00f3n, tres de los cuales (William Barlow, John Scory y Miles Coverdale) hab\u00edan sido depuestos por Mar\u00eda y el cuarto (John Hodgkins) era un desertor que hab\u00eda sido consagrado obispo sufrag\u00e1neo de Bedford en 1537 y hab\u00eda ido cambiando consistentemente con cada cambio de los tiempos.  Se dio la direcci\u00f3n a Barlow y \u00e9l, con los otros como asistentes, consagr\u00f3 a Parker el 17 de diciembre de 1559, en la capilla privada de Lambeth, usando el ritual de Eduardo. Tres d\u00edas m\u00e1s tarde Parker, con la ayuda de Barlow, Scory y Hodgkins, consagr\u00f3 a otros cuatro en la iglesia de Bow. De estos ancestros proviene toda la sucesi\u00f3n anglicana. Entonces \u00bffue v\u00e1lido el acto de consagraci\u00f3n de Parker?  Este es el territorio de disputa alrededor del cual, como hecho hist\u00f3rico, se ha centrado de hecho la controversia.\n<\/p>\n<h2>Pr\u00e1ctica de la Santa Sede<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aparte de circunstancias excepcionales, como las que surgieron en 1896, la Santa Sede no hace pronunciamientos puramente te\u00f3ricos en cuestiones como la de las \u00f3rdenes anglicanas, sino que limita su intervenci\u00f3n a casos de dificultad pr\u00e1ctica que le son presentados&#8212;como cuando personas o clases de personas que quieren ejercer el ministerio en los altares de la Iglesia se han sometido a ceremonias de ordenaci\u00f3n fuera de su redil.  Y a\u00fan en estas intervenciones la Santa Sede es cautelosa en las decisiones doctrinales, pero aplica la regla del sentido com\u00fan que puede dar seguridad pr\u00e1ctica.  Donde juzga que las \u00f3rdenes previas eran ciertamente v\u00e1lidas, permite su uso, suponiendo que el candidato es aceptable; donde juzga que las \u00f3rdenes previas son ciertamente inv\u00e1lidas, las descarta totalmente y manda una nueva ordenaci\u00f3n seg\u00fan su propio rito; donde juzga que la validez de las ordenaciones previas es dudosa, aunque la duda sea ligera, proh\u00edbe su uso hasta que se haya celebrado una ceremonia condicional de re-ordenaci\u00f3n.  Tales casos que requirieron su intervenci\u00f3n surgieron cuando la reina Mar\u00eda intent\u00f3 poner orden en el caos en que sus dos predecesores hab\u00edan involucrado los asuntos de la Iglesia. \u00bfQu\u00e9 se deb\u00eda hacer con los que hab\u00edan recibido \u00f3rdenes con el rito de Eduardo?  La cuesti\u00f3n se investig\u00f3 en Roma, a donde Pole envi\u00f3 los documentos y la informaci\u00f3n necesaria, y, aunque no tengamos una minuta de la discusi\u00f3n, est\u00e1 claro por lo que se acaba de decir sobre sus conocidos principios de acci\u00f3n, que la Santa Sede juzg\u00f3 que esas ordenaciones eran inv\u00e1lidas, pues enviaron a Pole instrucciones para tratarlas como inexistentes.  Esto se puede comprobar por lo siguiente:\n<\/p>\n<ul>\n<li> Por las cartas de Julio III y Paulo IV y el sentido en el que Pole las interpret\u00f3, pues estas cartas ordenan que todos los que hab\u00edan recibido las \u00f3rdenes eduardinas deber\u00edan, si eran aceptados en el ministerio de la Iglesia, ser ordenados de nuevo;<\/li>\n<li> Por una comparaci\u00f3n entre los registros de Eduardo y de Mar\u00eda que revelan varias entradas dobles de nombres de personas que hab\u00edan recibido primero las \u00f3rdenes eduardinas y luego las cat\u00f3licas;<\/li>\n<li> Por el curso tomado al castigar a los recalcitrantes eclesi\u00e1sticos eduardinos, en cuya ceremonia de degradaci\u00f3n no se tomaron en cuenta sus \u00f3rdenes eduardinas.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y la pr\u00e1ctica as\u00ed iniciada durante el reino de Mary se sigui\u00f3 despu\u00e9s, cuando algunos cl\u00e9rigos anglicanos se pasaron a la Iglesia cat\u00f3lica, buscando admisi\u00f3n en los rangos del sacerdocio.  Canon Estcourt de los \u00abDiarios de Douay\u00bb ha recopilado una lista de  unas veinte de esas re-ordenaciones y otras se pueden ver en los registros del Colegio Ingl\u00e9s de Roma y otras fuentes.  Y no hay discusiones sobre el caso, a no ser unos pocos casos aislados, cuyas pruebas documentales son deficientes.  M\u00e1s a\u00fan, el Papa Le\u00f3n XIII en su bula \u00abApostolicae Curae\u00bb, dice que muchos de estos casos se hab\u00edan referido formalmente a la Santa Sede en diferentes ocasiones, con el resultado de que se observ\u00f3 invariablemente la re-ordenaci\u00f3n. Dos de esos casos ocurrieron en 1684 y 1704, de los cuales llam\u00f3 mucho la atenci\u00f3n el de John Clement Gordon, quien hab\u00eda recibido todas las \u00f3rdenes anglicanas, incluido el episcopado, con el rito eduardino y de manos de prelados cuyas \u00f3rdenes proven\u00edan de la sucesi\u00f3n anglicana.  La decisi\u00f3n fue que para ejercer el ministerio sacerdotal, deb\u00eda recibir de nuevo el sacerdocio y todas las dem\u00e1s \u00f3rdenes.\n<\/p>\n<h2>Historia de la Controversia<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque esa era la pr\u00e1ctica sancionada por la Santa Sede para tratar administrativamente las \u00f3rdenes anglicanas, \u00e9sta no public\u00f3 los motivos de su decisi\u00f3n, ya que no suele hacerlo.  El deber de vindicar su acci\u00f3n respecto a estas \u00f3rdenes se dejaba as\u00ed al celo y trabajo de los escritores teol\u00f3gicos privados, cuyo m\u00e9todo era investigar los hechos de la mejor forma posible y aplicarle las mismas pruebas teol\u00f3gicas que se sabe son reconocidas por la Iglesia.  De este modo surgieron de ambas partes una serie de tratados controversiales que cubrieron todo el per\u00edodo implicado desde principios del siglo XVII hasta el presente.  Ahora que la Santa Sede no s\u00f3lo ha dado su decisi\u00f3n final, sino una basada en los motivos en los que se basa, estos antiguos tratados han perdido una gran parte de su inter\u00e9s.  Por eso bastar\u00e1 un breve resumen y si el lector requiere m\u00e1s informaci\u00f3n se le puede referir a las p\u00e1ginas de Canon Estcourt.  La controversia no comenz\u00f3 hasta el comienzo del reinado de James I, lo cual se explica porque la primera o segunda generaci\u00f3n del clero anglicano eran demasiado seguidores de Zwinglio o Calvino para preocuparse por la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero en 1588-89 en un c\u00e9lebre serm\u00f3n en La Cruz de Pablo, Bancroft  tom\u00f3 el liderazgo, que fue mantenido durante algunos a\u00f1os despu\u00e9s por Bilson y Hooker, los pioneros de la larga l\u00ednea de te\u00f3logos jacobinos y carolinos.  Entonces, los escritores cat\u00f3licos comenzaron la controversia contra sus posturas, y al principio no muy felizmente.  Las circunstancias de la consagraci\u00f3n de Parker hab\u00edan sido mantenidas en secreto y eran desconocidas para los cat\u00f3licos, que, entonces comenzaron a dar cr\u00e9dito al picante rumor llamado la historia de la taberna \u00abCabeza de Nag\u00bb. (\u201cNag\u2019s Head\u201d). \u00c9sta era al efecto de que, ya que no consegu\u00edan a ning\u00fan obispo cat\u00f3lico que consagrara a Parker, \u00e9l y otros, cuando estuvieron juntos en la Cabeza de Nag en Cheapside, se arrodillaron delante de Scory, el depuesto obispo de Chichester, quien puso una Biblia sobre el cuello de cada uno de ellos, diciendo al mismo tiempo: \u201dRecibe  el poder de predicar la Palabra de Dios sinceramente\u201d y que esta extra\u00f1a ceremonia fue la fuente y el origen de la sucesi\u00f3n anglicana.  En 1605 Kellison public\u00f3 esta historia por primera vez, en su \u201cRespuesta a Sutcliffere\u201d y fue retomada por algunos escritores cat\u00f3licos en los a\u00f1os siguientes.  En 1613 del lado anglicano, Mason, en su \u00abVindiciae Ecclesiae Anglicanae\u00bb, replic\u00f3, y fue el primero en llamar la atenci\u00f3n, de todos modos efectivamente, sobre la entrada en el \u201cRegistro\u201d de Parker sobre su consagraci\u00f3n el 17 de diciembre de 1559, en la capilla privada de Lambeth.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al a\u00f1o siguiente (1614) el arzobispo Abbot, para confirmar la afirmaci\u00f3n de Mason, hizo que cuatro sacerdotes cat\u00f3licos, prisioneros en la Torre de Londres, fueran llevados a Lambeth donde les mostraron el \u201cRegistro\u201d, y se les invit\u00f3 a declarar sobre la autenticidad del mismo.  Una inspecci\u00f3n bajo tales circunstancias (estuvieron durante todo el tiempo bajo los celosos ojos de siete obispos protestantes) no pod\u00eda convencer y Champney, en 1616, escribe que era claramente la opini\u00f3n general de los cat\u00f3licos de esa \u00e9poca que la entrada en cuesti\u00f3n era una falsificaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Parece que algunos cat\u00f3licos individuales la hab\u00edan visto en una o dos ocasiones previas, pero su existencia no se hab\u00eda conocido p\u00fablicamente hasta que apareci\u00f3 el libro de Mason, y entonces pareci\u00f3 muy sospechoso que los anglicanos no hubieran recurrido a ella hasta tanto tiempo despu\u00e9s de la supuesta fecha del suceso.  Y teniendo en cuenta la curiosa reticencia con la que los escritores isabelinos contestaban al ser preguntados c\u00f3mo hab\u00eda sido consagrado su metropolitano, las sospechas parec\u00edan naturales; as\u00ed, por ejemplo, las respuestas de Jewell a las preguntas directas de Harding.  Sin embargo, el motivo real de la reticencia se deb\u00eda probablemente a la mala reputaci\u00f3n de los consagrantes a los que Peter tuvo que recurrir; porque no nos cabe ya duda, a los que vemos todas las l\u00edneas de evidencia convergente que habla a su favor, que su consagraci\u00f3n sucedi\u00f3 el d\u00eda y la manera en que lo describe el \u201cRegistro\u201d y que \u00e9ste es un documento contempor\u00e1neo de los hechos.  Por otra parte la historia de la taberna Cabeza de Nag no est\u00e1 apoyada por evidencia s\u00f3lida y es demasiado incre\u00edble para ser aceptada como algo hist\u00f3rico, aunque decir esto no es lo mismo que decir que los que lo dijeron por primera vez y los que lo han mantenido durante varias generaciones actuaban deshonestamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo es un error pensar que los primeros controversistas cat\u00f3licos apoyaban su caso contra las \u00f3rdenes anglicanas exclusivamente en la falsedad del \u201cRegistro\u201d de Lambeth o en la verdad de la historia sobre la taberna Cabeza de Nag.  Todo lo contrario, aunque mezclaron algunas pruebas como las citadas que han sido abandonadas, es sorprendente cuan s\u00f3lida fue la postura que adoptaron desde el principio en su declaraci\u00f3n general del argumento.  As\u00ed Champney, el primer escritor sistem\u00e1tico en el lado cat\u00f3lico, dirige su primero y principal ataque contra todas las \u00f3rdenes originadas en el rito eduardino, ya en el reino de Eduardo VI y posteriores, y disputa su validez basado en la insuficiencia del rito mismo.  M\u00e1s a\u00fan, aunque se inclina, como la mayor\u00eda de los te\u00f3logos de su tiempo, a mantener que para la validez eran necesarias otras ceremonias, adem\u00e1s de la imposici\u00f3n de manos y las palabras \u201cRecibe al Esp\u00edritu Santo\u201d, da el peso debido a la opini\u00f3n contraria de V\u00e1zquez y toma la misma postura que tomar\u00eda despu\u00e9s Morino respecto a la pr\u00e1ctica que hab\u00eda que seguir.  \u201cLa materia determinada\u201d, dice, \u201cy la forma de algunos sacramentos&#8212;entre otros, el de las \u00d3rdenes Sagradas&#8212;no est\u00e1n tan clara y distintamente declarados  en los concilios y en los Padres, sino que hay varias opiniones basadas en razones y autoridades ponderosas y han sido mantenidas y defendidas con  buena probabilidad de verdad  \u2026(Pero) la Iglesia no sufre ning\u00fan da\u00f1o o p\u00e9rdida (de esta incertidumbre) porque sabe con seguridad que tiene (en sus ritos) la verdadera materia y forma que Cristo dio a los Ap\u00f3stoles, aunque nadie pueda definir precisamente en qu\u00e9 cosas y palabras se contiene\u2026siempre que no haya omisi\u00f3n de ninguna de las partes (del rito) que la Iglesia suele usar al administrar sus Sacramentos, y en los que hay un consenso universal de que contiene la verdadera materia y forma. Pero si alguien sigue obstinadamente su opini\u00f3n y excluye todas las dem\u00e1s cosas, acciones y palabras al administrar dichos sacramentos, excepto los que \u00e9l juzga esenciales, crear\u00eda desconfianza sobre esos sacramentos y en consecuencia estar\u00eda inflingiendo el m\u00e1s serio da\u00f1o a la Iglesia\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Champney alega otros fundamentos para la invalidez s\u00f3lo cuando trata de las \u00f3rdenes isabelinas en su relaci\u00f3n con el arzobispo Parker, y entonces re\u00fane su caso completo contra ellas bajo los siguientes encabezamientos: (1) la verdad de la historia de la taberna Cabeza de Nag; (2)  la falsedad del \u201cRegistro de Lambeth\u201d (3) la carencia del car\u00e1cter episcopal en Barlow, principal consagrante de Parker; (4) la inseguridad del rito utilizado, en vista de tantos omisiones; (5) la probabilidad de que no contenga los elementos esenciales de un rito de ordenaci\u00f3n v\u00e1lido.  Estos son los mismos argumentos que los escritores posteriores debatieron y desarrollaron, excepto por el manejo algo diferente del quinto punto, cuya necesidad fue evidente poco despu\u00e9s de la \u00e9poca de Champney, porque \u00e9l, como hemos visto, aunque sin hablar positivamente, defendi\u00f3 la necesidad de otros elementos en la materia y forma adem\u00e1s de la imposici\u00f3n de manos y las palabra que la acompa\u00f1an.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, en 1665 apareci\u00f3 la trascendental obra de Morino, \u00abDe Sacris Ordinationibus\u00bb, y demostr\u00f3 con pruebas documentales irresistibles que, como ya se aceptaba antes,  la imposici\u00f3n de manos hab\u00eda sido la \u00fanica materia que hab\u00eda estado siempre presente a trav\u00e9s de los tiempos en la ordenaci\u00f3n de obispos y sacerdotes en los ritos orientales, sino que incluso en el rito occidental hab\u00eda estado presente durante 900 a\u00f1os, mientras que la ceremonia de la entrega de instrumentos y la unci\u00f3n  no se hab\u00eda encontrado en ning\u00fan texto de fecha m\u00e1s antigua y a\u00fan menos la segunda imposici\u00f3n de manos en la ordenaci\u00f3n de los sacerdotes.  El descubrimiento de este hecho lit\u00fargico influenci\u00f3 necesariamente en la controversia anglicana, y aunque la Santa Sede, en su r\u00edgida adherencia a la regla pr\u00e1ctica indicada por Champney, a\u00fan insiste en la retenci\u00f3n de las otras ceremonias en todas las ordenaciones occidentales, desde la publicaci\u00f3n de la obra de Morino, la tendencia general ha sido rechazar el rito anglicano bas\u00e1ndose principalmente en la insuficiencia de \u201cforma\u201d ligada a la imposici\u00f3n de manos.  Sobre estos datos, la controversia continu\u00f3 en la \u00faltima parte del siglo XVII por parte de Talbot y Lewgar en la parte cat\u00f3lica y por Bramhall, Burner y Prideaux  en la anglicana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al comienzo del siguiente siglo (1704) se present\u00f3 ante la Santa Sede, y fue examinado, el caso de John Clement Gordon, al que ya nos hemos referido.  El resultado fue  que el Santo Oficio emiti\u00f3 una confirmaci\u00f3n formal de la necesidad de volver a ordenar a los cl\u00e9rigos convertidos. Pero esta decisi\u00f3n no fue motivada por ninguna aceptaci\u00f3n de la historia de la Cabeza de Nag, como sugiri\u00f3 Michel Le Quien en una publicaci\u00f3n incorrecta del decreto, sino, como se sabe ahora, por la misma naturaleza del rito eduardino, cuya copia procur\u00f3 y examin\u00f3 cuidadosamente la Sagrada Congregaci\u00f3n.  Unos a\u00f1os despu\u00e9s la escena de la controversia se traslad\u00f3 a Francia. El Abad Renaudot escribi\u00f3 una \u00abM\u00e9moire\u00bb, publicada en 1720, en la que rechazaba las \u00f3rdenes anglicanas bas\u00e1ndose en la historia de la Taberna Cabeza de Nag y en la novedad e insuficiencia del rito anglicano.  Pero inmediatamente sali\u00f3 a la palestra al Padre Courayer, cuyas obras en defensa de las \u00f3rdenes anglicanas, viniendo de la parte cat\u00f3lica, causaron gran sensaci\u00f3n en Inglaterra, donde el autor era muy estimado y m\u00e1s tarde, cuando tuvo que salir de Francia acusado de doctrina err\u00f3nea, fue invitado a Inglaterra, donde Jorge II le asign\u00f3 una pensi\u00f3n.   La principal respuesta a Courayer fue la del abad Le Quien, cuya \u00abNullit\u00e9 des ordinations anglicanes\u00bb apareci\u00f3 en Par\u00eds en 1730, pero el P. John Constable, S.J., recogi\u00f3 gran parte de ella en su \u00abClerophilus Alethes\u00bb, una obra en ingl\u00e9s publicada poco despu\u00e9s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el siglo XIX, cuando surgi\u00f3 el grupo de los tractarianos y la difusi\u00f3n de ideas cat\u00f3licas sobre el sacerdocio que provoc\u00f3, la cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes anglicanas volvi\u00f3 a ser de la m\u00e1xima y vital importancia para el clero de la Iglesia Superior (High Church) y la controversia se volvi\u00f3 proporcionalmente m\u00e1s aguda.  Como, tambi\u00e9n, en ese entonces se lleg\u00f3 a entender mejor los principios de evidencia hist\u00f3rica, y se mejor\u00f3 grandemente las facilidades para el estudio de la documentaci\u00f3n, aparecieron una serie de obras con las que se adelant\u00f3 en el conocimiento del tema.  Las m\u00e1s valiosas de \u00e9stas en el campo anglicano fueron la edici\u00f3n que A. W. Haddan hizo de Bramhall, y su propia \u00abSucesi\u00f3n Apost\u00f3lica en la Iglesia de Inglaterra\u00bb; \u00abValidez de las \u00d3rdenes Sagradas en la Iglesia de Inglaterra\u00bb del Dr. F. G. Lee, y m\u00e1s recientemente \u201c\u00d3rdenes Anglicanas y Jurisdicci\u00f3n\u201d del se\u00f1or Denny, que es quiz\u00e1s la obra m\u00e1s completa aparecida en defensa de dichas \u00f3rdenes.  Del lado cat\u00f3lico las m\u00e1s notables fueron:  \u201cDiscusi\u00f3n sobre el Asunto de las \u00d3rdenes Anglicanas\u201d de Canon Estcourt; y  \u201cMinisterio Anglicano\u201d de  W. A. Hutton.  El primero, aunque no acierta a producir un argumento importante, debido a una mala interpretaci\u00f3n del contenido de la decisi\u00f3n del Santo Oficio, todav\u00eda lleva la palma entre los tratados cat\u00f3licos por su investigaci\u00f3n acad\u00e9mica de muchos puntos hist\u00f3ricos; el segundo es valioso sobre todo por su exposici\u00f3n de aspectos m\u00e1s amplios bajo los que Newman prefer\u00eda ver el tema.\n<\/p>\n<h2>Resumen de los Argumentos de Ambas Partes<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta cierto punto las pruebas y refutaciones que se lanzaron mutuamente los litigantes ya necesariamente se han indicado arriba, pero ser\u00e1 bueno resumirlas como una introducci\u00f3n al estudio de la Bula \u00abApostolicae Curae\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. De la historia de la Cabeza de Nag no hay nada m\u00e1s que decir, pues ninguna persona inteligente puede creerla.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. Tampoco hay que dudar que Parker se someti\u00f3 realmente a una ceremonia de consagraci\u00f3n el 17 de diciembre de 1559, en Lambeth en la que se emple\u00f3 el rito eduardino y los consagrantes fueron Barlow, Scory, Coverdale y Hodgkins. Los diarios de Machyn y Parker prueban concluyentemente que entonces y all\u00ed tuvo lugar una consagraci\u00f3n. Un papel de la Oficina de Documentos del Estado (en el cual un escribiente redacta el orden del procedimiento a seguir en la consagraci\u00f3n, con anotaciones de Cecil y Parker en el margen) demuestra que los obispos intentaban  realizar una consagraci\u00f3n seg\u00fan el rito eduardino, mientras que no hab\u00eda nada que se los impidiera.  La Comisi\u00f3n del 6 de diciembre de 1559,  dirigida a Kitchen, Barlow, Scory, Coverdale y Hodgkins, muestra que \u00e9stos, o algunos de ellos, eran los prelados que iban a realizar la ceremonia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. Respecto al car\u00e1cter episcopal de Barlow, el caso anglicano est\u00e1 en que:\n<\/p>\n<ul>\n<li> Aunque no hay documentaci\u00f3n de su consagraci\u00f3n en el \u00abRegistro arquiepiscopal\u201d, esto s\u00f3lo prueba la negligencia con que llevaban el \u201cRegistro\u201d; <\/li>\n<li> tampoco hay datos en este \u201cRegistro\u201d de las consagraciones de otros varios obispos, incluido Gardiner, pero nadie duda de que fueron consagrados; y <\/li>\n<li> que no es concebible que Barlow hubiera actuado como obispo durante m\u00e1s de veinte a\u00f1os sin llamar la atenci\u00f3n de alguien sobre la falta de consagraci\u00f3n.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otra parte, los escritores cat\u00f3licos se\u00f1alan que no se trata solamente de la ausencia de una entrada en el \u201cRegistro \u201cde Cranmer, lo que va contra \u00e9l, sino\n<\/p>\n<ul>\n<li> la ausencia de todo un conjunto de documentos que deber\u00edan referirse a su consagraci\u00f3n si hubiera ocurrido;<\/li>\n<li> el descubrimiento de un documento tan excepcionalmente redactado, y parafraseado de tal forma para resolver, aparentemente, la evitaci\u00f3n de consagraci\u00f3n;<\/li>\n<li> los puntos de vista de no necesidad de consagraci\u00f3n que Barlow expres\u00f3 y mantuvo;<\/li>\n<li> la dificultad en asignar una fecha en la que se pudo haber celebrado la ceremonia;  <\/li>\n<li> Y, como se sabe que el rey y Cranmer compart\u00edan las mismas opiniones, la probabilidad de que hubiera podido guardar para s\u00ed mismo el secreto y aparentar ser obispo consagrado.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, los escritores cat\u00f3licos no se basan en esto para afirmar que ciertamente no fue consagrado, sino s\u00f3lo que no es cierto que lo fuera,  y, por lo tanto, las \u00f3rdenes derivadas de \u00e9l, como las del clero anglicano, deben ser consideradas como dudosas a menos que fuesen completadas con una ceremonia condicional.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4. Respecto a la suficiencia del rito anglicano,  como se mantuvo en su primer siglo de uso, los defensores arguyen que, aunque puede haber sido indeseable sustituir este nuevo rito con el antiguo y venerable rito que le precedi\u00f3, el cambio estaba dentro de la competencia de las autoridades eduardinas e isabelinas  puesto que todas las iglesias nacionales tienen  la autoridad de seleccionar sus propios ritos y ceremonias, siempre que no eliminen elementos esenciales para la validez, seg\u00fan el juicio de la Iglesia Universal.  A esto se replica que no hay pruebas de que tal autoridad haya sido reconocida en las iglesias nacionales, sino que, por el contrario, aunque las iglesias locales han a\u00f1adido a veces oraciones y ceremonias a los ritos trasmitidos desde tiempos inmemoriales por sus ancestros, sin embargo, como nos ha dicho Morino, nunca se han atrevido a quitar nada que estuviera en uso previamente, por temor a que haci\u00e9ndolo tocaran algo que fuera esencial.  A lo que los defensores replican que  al menos el rito anglicano ha retenido todo lo que se halla en el rito romano en su forma conocida m\u00e1s antigua, as\u00ed como en los libros rituales orientales, que la Santa Sede siempre ha reconocido como v\u00e1lidos; y que, por lo tanto, se puede afirmar que ha retenido todo lo que puede razonablemente se puede reclamar como necesario.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero en primer lugar, aunque el curso de la opini\u00f3n teol\u00f3gica se inclina a juzgar que puede dejarse a un lado la tradici\u00f3n de instrumentos  y otras ceremonias a\u00f1adidas al  rito occidental moderno sin poner en peligro la validez, la Santa Sede, como se ha dicho, sintiendo en que en un tema de tan suprema importancia  es mejor seguir una regla absolutamente segura, est\u00e1 renuente a confiar en opiniones especulativas, y siempre que se ha omitido una de las ceremonias a\u00f1adidas, ha requerido  una nueva ordenaci\u00f3n condicional.  M\u00e1s a\u00fan, no es correcto decir que el rito anglicano retiene todos los elementos que los ritos orientales y los antiguos occidentales tienen en com\u00fan; pues lo que tienen en com\u00fan (cf. App. IV de la \u201cVindicatio\u201d) es la imposici\u00f3n de manos acompa\u00f1ada de una oraci\u00f3n en la que se define la orden a ser impartida ya sea por su nombre aceptado o por palabras que expresan su gracia y poder, que es principalmente el poder de consagrar y ofrecer en sacrificio el Cuerpo y Sangre de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo bajo las apariencias de pan y vino.  Por el contrario, el rito original anglicano no conten\u00eda palabra alguna en la forma que acompa\u00f1aba a la imposici\u00f3n de manos para definir el orden que se impart\u00eda.  En el rito para el episcopado el obispo consagrante dice: \u201cRecibe el Esp\u00edritu Santo\u201d, pero no dice para qu\u00e9&#8212;si para el oficio de obispo, sacerdote o di\u00e1cono&#8212;de manera que el Dr. Lingard pudo sugerir que era una forma apropiada tanto para la admisi\u00f3n de un cl\u00e9rigo de parroquia como para la consagraci\u00f3n de un obispo.  Y lo mismo con el sacerdocio, aunque en un grado algo menor, pues aqu\u00ed las palabras de la forma son:  \u201cRecibe el Esp\u00edritu Santo; aquellos a los que perdones los pecados, le son perdonados y aqu\u00e9llos a quienes se los retengas, les quedan retenidos. Y s\u00e9 un fiel dispensador de la palabra de Dios y de sus santos Sacramentos\u201d; mientras que el poder para perdonar pecados no distingue entre el sacerdote y el obispo y adem\u00e1s es solo una funci\u00f3n secundaria y accidental, no la primaria y esencial del oficio de presb\u00edtero.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero los defensores del ritual anglicano tienen a\u00fan m\u00e1s respuestas.  No es necesario, afirman, que la naturaleza del orden impartido sea definida por las palabras de la \u201cforma\u201d tomada solo en s\u00ed misma; es suficiente si el significado de esta \u201cforma\u201d es determinado a un sentido definido por el contexto o por otras oraciones y ceremonias antecedentes o siguientes;  y se\u00f1alan que en los t\u00edtulos de los ritos&#8212;\u201cLa forma de ordenar sacerdotes\u201d y la \u201cforma de consagraci\u00f3n de un arzobispo u obispo\u201d&#8212;se declaran, en la presentaci\u00f3n de los candidatos y en varias de las oraciones, la necesaria menci\u00f3n de la orden que va a ser impartida.  Adem\u00e1s se refieren a una decisi\u00f3n del Santo Oficio (9 de abril de 1704) respecto a algunas ordenaciones abisinias que testificaban que la Santa Sede misma hab\u00eda reconocido que las palabras \u201cRecibe el Esp\u00edritu Santo\u201d eran suficientes cuando se dec\u00edan con la imposici\u00f3n de manos, si el resto del rito es suficientemente determinado.  Pero, en primer lugar, respecto a este caso abisinio, su naturaleza fue mal entendida, como se puede ver por los documentos publicados por el P. Brandi en su \u00abRoma e Canterbury\u00bb.  En segundo lugar, ninguno de los ritos antiguos o modernos que la Santa Sede ha reconocido apoya esta teor\u00eda de una forma indeterminada, que un contexto remoto convierte en determinada.  En tercer lugar, es contraria a la analog\u00eda de todos los dem\u00e1s sacramentos y es irrazonable en s\u00ed misma.  Escribe el cardenal Segna (Revue Anglo-Romaine, 29 de febrero de 1896), es como si en la ceremonia de una boda \u201cla novia y el novio se pararan frente al altar y en muchas frases elocuentes se declaran su amor mutuo, pero cuando llega el momento decisivo de pronunciar la palabra \u201cS\u00ed quiero\u2026 cerraran sus labios en obstinado silencio\u201d. Y en cuarto lugar, el contexto remoto, en vez de determinar las palabras \u201cRecibe el Esp\u00edritu Santo\u201d para que signifiquen la concesi\u00f3n de un verdadero sacerdocio, las determina en el sentido exactamente opuesto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es verdad que los nombres tradicionales de las tres \u00f3rdenes aparecen en lugares pero, como se ha explicado al principio de este art\u00edculo, en la Reforma estos nombres se usaron a menudo en un sentido del que se hab\u00eda extra\u00eddo toda la noci\u00f3n de sacerdocio y sus poderes m\u00edsticos.  Y que ese era el sentido que le quer\u00edan dar los que dieron forma y  autorizaron los ritos eduardinos est\u00e1 claro por las afirmaciones de escritores anglicanos cl\u00e1sicos como Hooker, que defendi\u00f3 la retenci\u00f3n de los nombres antiguos bajo el alegato que \u201cen cuanto a la gente, cuando oyen el nombre (sacerdote) ya no sienten su mente arrastrada a ning\u00fan pensamiento de sacrificio, como tampoco el nombre de un senador o de un anciano les hace pensar en la vejez ni imaginar que cualquiera al que se aplican esos t\u00e9rminos ha de ser anciano porque los a\u00f1os eran respetados en ambos nombres\u201d (Eccles. Polity, V, LXXVIII, 2).  M\u00e1s a\u00fan, esta el hecho de que al comparar los ritos antiguo y nuevo, aparece que la diferencia est\u00e1 precisamente en esto: los formuladores del nuevo han eliminado todo lo que en el antiguo transmit\u00eda la idea de un \u201csacerdotium\u201d m\u00edstico en el sentido cat\u00f3lico del t\u00e9rmino. Y adem\u00e1s est\u00e1 el hecho relacionado  de que la introducci\u00f3n del rito eduardino  fue el resultado del mismo movimiento general que llev\u00f3 a derribar los altares y la sustituci\u00f3n de las mesas de comuni\u00f3n para que, como dijo Ridley \u201cla forma de una mesa mover\u00e1 m\u00e1s a la gente sencilla de las opiniones supersticiosas de la masa papista hacia el correcto uso de la Cena del Se\u00f1or\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5. Seg\u00fan la doctrina cat\u00f3lica, es necesario para la validez que el ministro de un sacramento no solo emplee la forma apropiada, sino que tenga la intenci\u00f3n apropiada.  As\u00ed, Pole en sus instrucciones al obispo de Norwich (que Le\u00f3n XIII cita en su bula de condenaci\u00f3n) le dice que trate como no v\u00e1lidamente consagrados a esos supuestos obispos en cuyas ceremonias de consagraci\u00f3n previas \u201cno se observ\u00f3 la forma e intenci\u00f3n  de la Iglesia\u201d,  implicando con ello que las consagraciones eduardinas ten\u00edan ese doble defecto.  En este punto, los defensores de las \u00f3rdenes anglicanas dicen que (1) admitir que las intenciones mentales del ministro  pueden afectar la validez del sacramento es rodear de incertidumbre cualquier ordenaci\u00f3n; pues \u00bfc\u00f3mo vamos a saber que no ha habido lapsos internos o desviaciones  secretas de la debida intenci\u00f3n en aquellos sobre cuyos actos han dependido las ordenaciones de generaciones enteras de ministros cristianos?, y (2) a\u00fan aceptando esta doctrina de la intenci\u00f3n, no se debe imputar defecto de intenci\u00f3n  a los prelados anglicanos de ninguna generaci\u00f3n,  puesto que, seg\u00fan te\u00f3logos como Belarmino, incluso la intenci\u00f3n de un ministro her\u00e9tico es suficiente en la medida que sea una intenci\u00f3n general de hacer lo que Cristo hace o su verdadera iglesia hace, sea ello lo que fuere.  Pero, se replica, es imposible no reconocer que la intenci\u00f3n del ministro es un elemento esencial.  \u00bfPor qu\u00e9, por ejemplo, hay una consagraci\u00f3n v\u00e1lida en la Misa cuando el sacerdote pronuncia las palabras \u201cEste es mi cuerpo\u201d pero no hay una consagraci\u00f3n v\u00e1lida cuando pronuncia las mismas palabras en presencia de pan mientras lee el Evangelio seg\u00fan San San Mateo en un refectorio comunitario?  Aun as\u00ed, la Iglesia conf\u00eda a la Divina Providencia la observaci\u00f3n de las intenciones tan defectuosas que no se manifiestan externamente y asume que la intenci\u00f3n del ministro es correcta en toda administraci\u00f3n seria de sus propios ritos, aun cuando sea&#8212;como Cranmer&#8212;una persona de opiniones heterodoxas.  Sin embargo, cuando una intenci\u00f3n defectuosa se manifiesta externamente, hay que tratarla y eso es lo que sucedi\u00f3 respecto a las ordenaciones anglicanas.  El rito, como se ha explicado, fue alterado en tiempos de Eduardo VI para expresar una creencia heterodoxa sobre la naturaleza de las \u00f3rdenes sagradas y as\u00ed fue adoptada por las autoridades isabelinas.  Cuando procedieron a administrarlo la \u00fanica interpretaci\u00f3n razonable de su acci\u00f3n era que conformaban su intenci\u00f3n a su rito y por ende, desde un punto de vista cat\u00f3lico sus actos eran inv\u00e1lidos por dos razones:  el defecto de forma y el defecto de intenci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6. En tiempos modernos el clero anglicano apela con frecuencia, como confirmaci\u00f3n de las consideraciones hist\u00f3ricas y doctrinales expuestas arriba, e incluso como un valor independiente, a lo que puede llamarse un argumento experimental.  \u201cEst\u00e1 muy bien\u201d, dicen, \u201ctraer estos argumentos externos para desacreditar nuestras \u00f3rdenes.  Pero tenemos un testimonio interno que nos llama m\u00e1s poderosamente, es decir nuestra conciencia \u00edntima del beneficio espiritual que experimentamos cuando hacemos uso de los Sacramentos, de los cuales nuestras \u00f3rdenes son la fuente para nosotros.  Si fuesen \u00f3rdenes inv\u00e1lidas, \u00bfc\u00f3mo se puede concebir que Dios bendiga su uso para los que recurren a ellas?\u201d.  Este es un argumento que nadie ha manifestado con tanta fuerza como el cardenal Newman en la tercera conferencia de su \u201cDificultades Anglicanas\u201d, donde, adem\u00e1s, se puede encontrar la m\u00e1s penetrante respuesta a esto.  Baste aqu\u00ed decir\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022\tque para los que lo presentan prueba demasiado, puesto que los wesleyanos y otros pudieron reclamar otro tanto, y sobre las mismas bases, para sus propias ordenaciones, que nadie supone que su eficacia dependa de la validez de una sucesi\u00f3n apost\u00f3lica;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022\tque confunde la eficacia del rito \u201cex opere operato\u201d, o como canal establecido de la gracia sacramental, y su eficacia \u201cex opere operantis\u201d o como est\u00edmulo a la piedad de los corazones bien dispuestos;\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022\tque la regla de la Iglesia Cat\u00f3lica es, sin subestimar de forma alguna el poder evidente de la experiencia interna, interpretar esto y detectar su verdadera importancia aplicando el test de su propia ense\u00f1anza externa divinamente autenticada.\n<\/p>\n<h2>La Bula de Le\u00f3n XIII<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">De lo anteriormente expuesto puede entenderse por qu\u00e9 se ha mantenido la pr\u00e1ctica de volver a ordenar a los cl\u00e9rigos convertidos.  Sin embargo, los anglicanos siempre han resentido esta pr\u00e1ctica y han afirmado que la Santa Sede nunca debi\u00f3 haberla sancionado si se le hubieran presentado apropiadamente los hechos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1894 este disgusto fue expresado a algunos eclesi\u00e1sticos franceses por algunos l\u00edderes anglicanos que discut\u00edan con ellos sobre la posibilidad de una reuni\u00f3n corporativa.  El resultado fue que los eclesi\u00e1sticos franceses trajeron el asunto a la atenci\u00f3n del Papa Le\u00f3n XIII, asegur\u00e1ndole que esta impresi\u00f3n prevalec\u00eda entre muchos anglicanos bien dispuestos, que sent\u00edan que eran tratados de forma injusta.  El Papa se sinti\u00f3 movido por lo que le dijeron y resolvi\u00f3 que mandar\u00eda a investigar minuciosamente todo el asunto.  As\u00ed pues eligi\u00f3 a ocho te\u00f3logos que hab\u00edan estudiado especialmente el tema, y de los cuales se sab\u00eda que cuatro estaban dispuestos a reconocer las \u00f3rdenes anglicanas y cuatro dispuestos a rechazarlas.  Los llam\u00f3 a Roma y form\u00f3 una comisi\u00f3n consultiva bajo la presidencia del cardenal Mazzella.  Se les dio acceso a todos los documentos de los archivos del Vaticano y del Santo Oficio que pudieran arrojar luz sobre el punto en discusi\u00f3n, y se les orden\u00f3 que filtraran las pruebas por ambas partes con todo el cuidado y dedicaci\u00f3n posible.  Despu\u00e9s de algunas sesiones que duraron seis semanas, se disolvi\u00f3 la comisi\u00f3n y las actas de sus discusiones se presentaron ente un comit\u00e9 judicial de cardenales.  \u00c9stos, despu\u00e9s de dos meses de estudio, en una reuni\u00f3n especial presidida por el Papa, decidieron por voto un\u00e1nime que las \u00f3rdenes anglicanas eran ciertamente inv\u00e1lidas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de un intervalo para que en oraci\u00f3n se considerara este voto, Le\u00f3n XIII determin\u00f3 adoptarlo y en consecuencia public\u00f3 su Bula \u00abApostolicae Curae\u00bb el 18 de septiembre de 1896.  En esta bula comienza expresando su inter\u00e9s afectuoso por el pueblo ingl\u00e9s y su deseo de su vuelta a la unidad, y expone las circunstancias que hab\u00edan llevado a la publicaci\u00f3n de esta solemne decisi\u00f3n. Despu\u00e9s llama la atenci\u00f3n sobre las acciones que sus predecesores tomaron sobre el mismo asunto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el reinado de Mar\u00eda Tudor, cuando ella y el cardenal Pole estaban intentando reconciliar el reino, se enviaron cartas con directrices al cardenal que, como muestra su texto, le solicitaban que tratase a los que hab\u00edan recibido las \u00f3rdenes de una forma distinta a \u201cla forma que acostumbrada la Iglesia\u201d&#8212;una frase que, dice el Papa Le\u00f3n, solo puede referirse al ritual de ordenaciones eduardino&#8212;o sea, que necesitaban ser ordenados o consagrados de nuevo.  En aquel momento la Santa Sede juzg\u00f3 que la forma anglicana era insuficiente y es manifiesto que persisti\u00f3 en ese juicio adverso  por el hecho de que por m\u00e1s de tres siglos ha sancionado la pr\u00e1ctica de reordenar absolutamente a los ordenados de esa forma; pues \u201cpuesto que en la Iglesia siempre ha habido una regla firme y establecida de que el sacramento del Orden no se deb\u00eda repetir, nunca lo hubiera consentido en silencio ni tolerado tal costumbre\u201d, si hubiera considerado la forma anglicana suficiente de alg\u00fan modo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s a\u00fan, contin\u00faa la Bula, la Santa Sede no solo mostr\u00f3 aquiescencia en esa pr\u00e1ctica sino que en muchas ocasiones le dio una sanci\u00f3n renovada por juicios expresos, hacia dos de los cuales, el segundo fue el de John Clement Gordon, llama la atenci\u00f3n particularmente, repudiando en conexi\u00f3n con este \u00faltimo la alegaci\u00f3n de que el rechazo de las \u00f3rdenes previas de Gordon hab\u00eda sido motivado por otra causa distinta que el car\u00e1cter del rito anglicano (una copia del cual fue procurada y examinada por los jueces) o incluso que al juzgar el rito, el punto esencial considerado fue la omisi\u00f3n en \u00e9l de cualquier tradici\u00f3n de los instrumentos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta descripci\u00f3n de la pr\u00e1ctica de sus predecesores forma la primera parte de la \u00abApostolicae Curae\u00bb, y en vista de ello, Le\u00f3n XIII observa que realmente se debe considerar el asunto como uno cerrado.  Sin embargo, el Papa ha deseado \u201cayudar a los hombres de buena voluntad mostr\u00e1ndoles la m\u00e1s alta consideraci\u00f3n y caridad\u201d  y procede a explicar los principios sobre los que \u00e9l mismo juzg\u00f3, as\u00ed como sus predecesores, que los ritos anglicanos carecen de las condiciones de validez.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cEn el examen\u201d, dice, \u201cde cualquier rito para la realizaci\u00f3n y administraci\u00f3n de los Sacramentos, se hace correctamente la distinci\u00f3n entre la parte que es \u201cceremonial\u201d y la que es \u201cesencial\u201d, usualmente llamadas \u201cmateria\u201d y \u201cforma\u201d.  Todos saben que los Sacramentos de la Nueva Ley, como signos sensibles y eficientes de la gracia invisible deben al mismo tiempo significar la gracia que producen y producir la gracia que significan.  Aunque el significado deber\u00eda encontrarse en el rito esencial total, es decir, en la \u201cmateria\u201d y \u201cforma\u201d, pertenece principalmente a la \u201cforma\u201d, puesto que la \u201cmateria\u201d es la parte que no est\u00e1 determinada por s\u00ed misma, sino que est\u00e1 determinada por la \u201cforma\u201d.  Y esto aparece a\u00fan m\u00e1s claramente en el Sacramento del Orden, cuya materia, en lo que respecta a este caso, es la imposici\u00f3n de manos, que verdaderamente en s\u00ed misma no significa nada definido y se usa igualmente para varias \u00f3rdenes y para la Confirmaci\u00f3n. Pero las palabras que los anglicanos afirmaban hasta hace poco que constitu\u00edan la forma propia de la ordenaci\u00f3n sacerdotal&#8212;es decir; \u201cRecibe el Esp\u00edritu Santo\u201d&#8212;ciertamente no expresan al menos definitivamente el sagrado orden del sacerdocio o su gracia y poder, que es principalmente el poder \u201cde consagrar y de ofrecer el verdadero Cuerpo y Sangre del Se\u00f1or\u201d (Concilio de Trento, Ses. XXIII, de Sacr. Ord., Can. 1) en ese sacrificio que \u201cno es la desnuda conmemoraci\u00f3n del sacrificio de la Cruz\u201d (ibid., Ses. XXIII, de Sacr. Miss., Can. 3)\u2026  Lo mismo vale para la consagraci\u00f3n episcopal; pues a la f\u00f3rmula \u201cRecibe el Esp\u00edritu Santo\u201d no s\u00f3lo se le a\u00f1adieron en un per\u00edodo posterior las palabras \u201cpara el oficio y obra de un obispo\u201d etc\u2026, sino que incluso \u00e9stas, como estableceremos aqu\u00ed, deben ser entendidas en un sentido diferente del que tienen en el rito cat\u00f3lico\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este pasaje, la bula sanciona el principio de que un rito sacramental debe significar de forma definida aquello que va a causar y que este significado definido debe estar en la \u201cforma \u201cesencial  o palabras relacionadas en una conexi\u00f3n pr\u00f3xima con la \u201cmateria\u201d; y tambi\u00e9n que, en el caso de las \u00f3rdenes sagradas, lo que debe ser significado de forma definida es, en la ordenaci\u00f3n de los sacerdotes, el Orden Sacerdotal o su gracia y poder, y de forma semejante, en la consagraci\u00f3n de los obispos; la gracia y poder de cada uno deben hacer referencia a la realizaci\u00f3n del Santo Sacrifico de la Misa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aceptado este principio, se sigue inmediatamente que el rito anglicano, al menos tal como estuvo hasta 1662, carece de las condiciones esenciales de suficiencia.  Pero la bula sigue examinando hasta donde el resto del rito o las circunstancias bajo las cuales lleg\u00f3 a existir, pueden mantenerse para determinar la \u201cambig\u00fcedad\u201d de la \u201cforma esencial\u201d.  Y en esto sanciona el juicio que los escritores cat\u00f3licas se hab\u00edan formado ya. \u201cLa historia de aquel tiempo\u201d, dice, \u201ces suficientemente elocuente respecto al \u201canimus\u201d de los autores del rito contra la Iglesia Cat\u00f3lica, respecto a los defensores provenientes de sectas heterodoxas con los que se asociaron, y respecto a la meta en mente\u2026  Bajo el pretexto de volver a las formas primitivas, corrompieron el orden lit\u00fargico de muchas maneras para que se acomodara a los errores de los reformadores. Por esta raz\u00f3n, en todo el rito de las ordenaciones no solamente no hay una clara menci\u00f3n al sacrificio, sino que todo el resto de cosas no rechazadas del todo en las oraciones del rito cat\u00f3lico, fueron eliminadas y borradas deliberadamente.  De esta forma se manifiesta a s\u00ed mismo claramente el car\u00e1cter nativo&#8212;o esp\u00edritu, como es llamado&#8212;del rito de las ordenaciones.  De aqu\u00ed que si, viciado en su origen, era totalmente insuficiente para conferir \u00f3rdenes, era imposible que con el paso del tiempo se volviera suficiente, puesto que permaneci\u00f3 siempre como era (es decir, viciado en el origen)\u2026 Pues una vez que se ha iniciado un nuevo rito, en el que, como hemos visto, el Sacramento del Orden es adulterado o negado y del que se ha rechazado toda idea de consagraci\u00f3n  y sacrificio, la f\u00f3rmula \u201cRecibe el Esp\u00edritu Santo\u201d (el Esp\u00edritu, es decir, el que es infundido en el alma  con la gracia del Sacramento) ya no se mantienen bueno, y as\u00ed las palabras \u201cpara el oficio y obra de un sacerdote u obispo\u201d y otras parecidas, ya no se mantienen buenas, sino que permanecen como palabras sin la realidad que Cristo instituy\u00f3\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Igualmente, respecto al defecto de intenci\u00f3n, la bula endosa el juicio adverso a la ordenaci\u00f3n anglicana en que los escritores cat\u00f3licos siempre hab\u00edan insistido.  \u201cCuando alguien ha hecho uso correcta y seriamente de las debidas \u201cforma\u201d y \u201cmateria\u201d requeridas para realizar o conferir el sacramento, se considera por ese mismo hecho, que hace lo que la Iglesia hace.  En este principio se basa la doctrina de que un sacramento es verdaderamente conferido por un ministro hereje o no bautizado, siempre que se emplee el rito cat\u00f3lico. Por otra parte, si se cambia el rito, con la manifiesta intenci\u00f3n de introducir otro rito no aprobado por la Iglesia, y de rechazar lo que la Iglesia hace y que por la instituci\u00f3n de Cristo pertenece a la naturaleza del sacramento, entonces est\u00e1 claro que el sacramento no s\u00f3lo carece de la intenci\u00f3n necesaria, sino que la intenci\u00f3n es adversa y destructiva al sacramento.\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos son los defectos de la sucesi\u00f3n anglicana, en cuya existencia basa la Bula sus decisiones.  Hay que notar que son muy fundamentales e independientes de cualquier defecto que se pueda pensar que surja por la omisi\u00f3n en el ritual de una tradici\u00f3n de los instrumentos, o de la duda sobre la consagraci\u00f3n de Barlow.  Examinar la naturaleza y alcance de \u00e9sta \u00faltima cuando ya se hab\u00eda logrado base suficiente para llegar a una cierta conclusi\u00f3n en la primera, hubiera sido un tarea superflua y por la misma raz\u00f3n es poco probable que incluso para un investigador privado estas otras consideraciones tengan en el futuro el inter\u00e9s que tuvieron en el pasado. Al mismo tiempo, la bula no las ha declarado fr\u00edvolas o infundadas, como se ha sugerido.  Baste dar la definici\u00f3n formal de la bula, que aparece en los siguientes t\u00e9rminos: \u201cDe donde, por consiguiente, adhiri\u00e9ndonos estrictamente en esta materia a los decretos de los pont\u00edfices, nuestros predecesores, y confirm\u00e1ndolos completamente, y, por as\u00ed decirlo,  reiter\u00e1ndolos por nuestra autoridad, por nuestra propia moci\u00f3n y conocimiento cierto, nos pronunciamos y declaramos que las ordenaciones llevadas a cabo seg\u00fan el rito anglicano, han sido y son absolutamente nulas e inv\u00e1lidas\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La publicaci\u00f3n de la \u00abApostolicae Curae\u00bb caus\u00f3, como era de esperar, mucha excitaci\u00f3n en Inglaterra; y los grupos anglicanos a los que iba destinada no mostraron ninguna disposici\u00f3n para aceptar ni sus argumentos ni su decisi\u00f3n.  Sin embargo, se consider\u00f3 que hab\u00eda creado una crisis suficientemente seria para que se respondiera de forma oficial.  As\u00ed que a principios del a\u00f1o 1897 apareci\u00f3, en una edici\u00f3n en lat\u00edn y en ingl\u00e9s, una \u201cRespuesta de los Arzobispos de Inglaterra a la Carta Apost\u00f3lica del Papa Le\u00f3n XIII sobre las Ordenaciones Inglesas\u201d, que iba \u201cdirigida a todo el cuerpo de obispos de la Iglesia Cat\u00f3lica\u201d.  La respuesta, que lleg\u00f3 a ser conocida por su nombre latino \u201cResponsio\u201d es claramente un documento de la Iglesia Inferior (Low Church), cuyo argumento principal es que el Papa ha juzgado err\u00f3neamente el rito anglicano por el fallo de no reconocer el derecho de las iglesias nacionales a reformar y revisar sus propias f\u00f3rmulas y al aplicar a este rito una regla falsa y no confiable.  La verdadera regla a la que debe someterse un rito, insiste, es la regla de la Sagrada Escritura, y es en esa regla que los Reformadores buscaron su gu\u00eda.  Encontraron una enorme acumulaci\u00f3n de ideas \u201csacerdotalistas\u201d incorporadas en las palabras y ceremonias del antiguo rito, mientras que en el Nuevo Testamento la concepci\u00f3n sacerdotal del ministerio cristiano est\u00e1 completamente ausente. Y, por otra parte, encontraron que los aspectos del ministerio cristiano sobre los que Nuestro Se\u00f1or y sus Ap\u00f3stoles hab\u00edan enfatizado m\u00e1s&#8212;los que se refer\u00edan al deber del pastor de presentarse en nombre del Maestro como su servidor, su guardi\u00e1n, su mensajero, para atender a las ovejas y si fuera necesario, dar su vida por ellas, predicar la palabra, convertir a los pecadores, perdonar las ofensas en la Iglesia, prestarse servicios mutuos unos a los otros,  y muchos m\u00e1s de la misma clase&#8212;estaban muy insuficientemente expresados en el Pontifical. Por ello, al redactar el nuevo rito trataron hasta donde fue posible, de eliminar los elementos anteriores y dar importancia a los \u00faltimos, mientras que en sus \u201cformas\u201d asignaron al sacerdocio las palabras que, seg\u00fan el Nuevo Testamento, Nuestro Se\u00f1or us\u00f3 al promover a los Ap\u00f3stoles a este oficio, y al episcopado las palabras de San Pablo que \u201cse cree que se refer\u00edan a la consagraci\u00f3n de San Timoteo como obispo de \u00c9feso\u201d.  Y al seguir precedentes tan elevados, no se les puede acusar razonablemente de haber puesto en peligro la eficacia de su rito.  Esto es en resumen el argumento defensivo de la \u201cResponsio\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero tambi\u00e9n acusa al Papa, en su celo por condenar las \u00f3rdenes anglicanas, de haber pasado por alto las contradicciones en las que estaba involucrando la posici\u00f3n de su propia Iglesia.  Al condenar las \u201cformas\u201d anglicanas como carentes de una significaci\u00f3n definida, condenaba impl\u00edcitamente las \u00f3rdenes de su propia Iglesia, puesto que el Pontifical Romano en su texto pre-medieval no estaba ni un \u00e1pice m\u00e1s definido que el anglicano isabelino; y al unir la virtud sacramental a la imposici\u00f3n de manos y las palabras relacionadas estaba condenando impl\u00edcitamente a su predecesor, Papa Eugenio IV, que asignaba esa virtud a la tradici\u00f3n de los instrumentos y las palabras relacionadas con ella, sin hacer menci\u00f3n de la imposici\u00f3n de manos entre los requisitos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una cosa qued\u00f3 clara con la \u201cResponsio\u201d y por otras cr\u00edticas a la \u00abApostolicae Curae\u00bb que surgieron de la prensa anglicana, es decir, que el car\u00e1cter de la bula y sus argumentos hab\u00edan sido muy mal entendidos.  De ah\u00ed que, a principios de 1898,  el cardenal Herbert Vaughan y los obispos cat\u00f3licos ingleses publicaran una \u00abVindicaci\u00f3n de la Bula &#8216;Apostolicae Curae'\u00bb, en respuesta a una carta dirigida a ellos por los arzobispos anglicanos de Canterbury y York\u201d.  En esa \u201cvindicaci\u00f3n\u201d, despu\u00e9s de algunas observaciones preliminares sobre las razones extr\u00ednsecas que la bula hab\u00eda dado para su decisi\u00f3n, se llama la atenci\u00f3n al falso punto de vista a partir de los cuales los dos arzobispos hab\u00edan juzgado los argumentos de la bula. En su \u201cResponsio\u201d se hab\u00edan ocupado principalmente en contestar la seriedad de los principios en los que se hab\u00eda basado la decisi\u00f3n papal.  Insisten en que descansa en la falsa y no b\u00edblica concepci\u00f3n del sacerdocio, y que si \u00e9sta hubiese sido substituida por la concepci\u00f3n m\u00e1s b\u00edblica desarrollada por ellos mismos, la decisi\u00f3n hubiese sido diferente.  Pero esto, se\u00f1ala la \u201cVindicaci\u00f3n\u201d es \u201cignoratio elenchi\u201d. Naturalmente que el Papa considera que la concepci\u00f3n cat\u00f3lica del sacerdocio est\u00e1 en conformidad con la Escritura; pero esa no era la cuesti\u00f3n bajo consideraci\u00f3n.  La queja anglicana era que aquellos cl\u00e9rigos anglicanos que se hab\u00edan pasado al catolicismo eran ordenados de nuevo.  Y quejarse de eso era querer que sus \u00f3rdenes fuesen reconocidas incluso seg\u00fan los principios cat\u00f3licos; mientras que sin duda la secci\u00f3n particular de la comuni\u00f3n anglicana que tomaba m\u00e1s a pecho esta pr\u00e1ctica de re-ordenaci\u00f3n estaba sustancialmente de acuerdo sobre la concepci\u00f3n cat\u00f3lica del sacerdocio.  De ah\u00ed que la Santa Sede, al examinar la cuesti\u00f3n, asumi\u00f3 necesariamente la validez de sus propios principios, e inquiri\u00f3 solamente si hab\u00edan sido debidamente aplicados.  Sin embargo, para facilitar el entendimiento de las razones papales, la \u201cVindicaci\u00f3n\u201d se extiende, explica y vindica al referir a los hechos aquellos puntos que la bula, a la manera de los documentos legales, da s\u00f3lo de forma muy condensada. No es necesario epitomar aqu\u00ed la \u201cVindicaci\u00f3n\u201d pero hay que mencionar su estudio de las opiniones sobre la Presencia Eucar\u00edstica, la Misa y el sacerdocio de Cranmer y sus asociados, y de igual manera las opiniones sobre el mismo tema expresadas por una serie de te\u00f3logos anglicanos durante los siglos XVI y XVII que mostraban la persistencia de la tradici\u00f3n iniciada por Cranmer.\n<\/p>\n<h2>La Autoridad de la \u00abApostolicae Curae\u00bb<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se ha planteado la pregunta de si el pronunciamiento de la bula \u00abApostolicae Curae\u00bb ha de ser tomado o no como una declaraci\u00f3n infalible de la Santa Sede. Pero incluso si no lo fuera, no se deduce que se pueda descartar, ni se puede anticipar confiadamente su eventual retirada.  Lo que se puede asumir con seguridad es que fija la creencia y pr\u00e1ctica de la Iglesia Cat\u00f3lica de forma irrevocable.  Esto, al menos, debi\u00f3 querer decir Le\u00f3n XIII cuando en su carta al cardenal Richard, del 5 de noviembre de 1896, declar\u00f3 que su \u201cintenci\u00f3n hab\u00eda sido hacer un juicio definitivo y solucionar (la cuesti\u00f3n) para siempre\u201d (\u201cabsolute judicare et penitus dirimere\u201d), y que los \u201ccat\u00f3licos estaba obligados a recibir (el juicio) con la mayor obediencia como \u201cperpetuo firmam, ratam, irrevocabilem\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, como materia de inter\u00e9s especulativo, se puede preguntar si la definici\u00f3n es estrictamente infalible y la respuesta pude establecerse brevemente as\u00ed. Pertenece a la clase de declaraciones \u201cex cathedra\u201d para las que se reclama infalibilidad bas\u00e1ndose no ciertamente en los t\u00e9rminos de la definici\u00f3n del Vaticano I sino en la constante pr\u00e1ctica de la Santa Sede, la ense\u00f1anza aceptada de los te\u00f3logos, as\u00ed como las m\u00e1s claras deducciones a partir de los principios de la fe.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para entender lo que se quiere decir es necesario tener en cuenta la distinci\u00f3n entre un dogma y un hecho dogm\u00e1tico, siendo el primero una doctrina o revelaci\u00f3n y el segundo un hecho tan \u00edntimamente conectado con una doctrina revelada que ser\u00eda imposible sin ser inconsistente afirmar el primero y negar el segundo.  Se puede insistir en que el Concilio Vaticano I decidi\u00f3 solamente que el Papa cuando habla \u201cex cathedra\u201d tiene \u201cesa infalibilidad que el divino Redentor quiso que tuviera su Iglesia al definir la doctrina de fe y moral\u201d, sin proceder a definir el alcance de infalibilidad que nuestro Se\u00f1or quiso que tuviera su iglesia. Pero debe recordarse:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022\tque si el Concilio Vaticano I no hubiera sido obligado a suspender sus sesiones por el estallido de la Guerra Franco-Prusiana, pretend\u00eda suplementar esta primera definici\u00f3n con otras en las que hubiera entrado en detalles respecto al objeto de la infalibilidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022\tQue suponer que la autoridad de la Iglesia  puede definir que una doctrina es verdadera, pero no puede decidir si est\u00e1 contenida o negada en un escrito particular&#8212;tal como un rito de ordenaci\u00f3n&#8212;es suponer que el poder de definir la doctrina es muy nugatorio; y\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022\tQue desde el tiempo de Jansenio ha habido pr\u00e1cticamente un \u201cconsensus theologorum\u201d en afirmar que la infalibilidad se extiende a hechos dogm\u00e1ticos, un juicio que sin duda colocar\u00eda a esta bula dentro de la categor\u00eda de pronunciamiento infalible.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  Muchas de las obras principales sobre las \u00f3rdenes anglicanas se han mencionado en el cuerpo de este art\u00edculo, pero est\u00e1n tambi\u00e9n los siguientes:  Por el lado cat\u00f3lico:  Barnes, El Papa y los \u00f3rdenes (1808), una conveniente colecci\u00f3n de documentos sobre el tema; Raynal, \u00d3rdenes de Eduardo VI (1870); Moyes, art\u00edculos en Tableta (febrero &#8211; mayo y septiembre-diciembre de 1895; y febrero-julio de 1897); Sydney F. Smith, Razones para Rechazar las \u00d3rdenes Anglicanas (Londres, 1896); Segna, Breves Animadversiones in Responsionem Archiepiscoporum Anglicanorum, ad Litteras Apostolicas Leonis PP. XIII, \u00abApostolicae Curae\u00bb (1897); Brandi, La Condanna delle Ordinazioni Anglicane, in La Civilta Cattolica, Ser. 16, VIII (tr. in Am. Ecc. Rev., XVI, 1897).  Del lado anglicano:  Denny y Lacey, De Hierarchia Anglicana (1895), escrito con el objeto de mostrar el caso anglicano ante los estudiantes continentales; y el Tratado de la Sociedad Hist\u00f3rica de la Iglesia sobre la Bula \u00abApostolicae Curae\u00bb (1898).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:  Smith, Sydney. \u00abAnglican Orders.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907.<br \/>\n<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/01491a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Pedro Royo.  L H M.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DicEc \u00c2\u00a0 La condenaci\u00f3n de las \u00f3rdenes anglicanas como \u00ababsolutamente nulas y sin contenido ninguno\u00bb en el pasado y en el presente por el papa Le\u00f3n XIII (1896) tuvo su prehistoria y sus consecuencias posteriores. 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