{"id":15009,"date":"2016-02-05T09:50:07","date_gmt":"2016-02-05T14:50:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/acto-humano\/"},"modified":"2016-02-05T09:50:07","modified_gmt":"2016-02-05T14:50:07","slug":"acto-humano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/acto-humano\/","title":{"rendered":"ACTO HUMANO"},"content":{"rendered":"<p>(v. conciencia, libertad, moral, voluntad)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Con el t\u00e9rmino \u00abacto humano\u00bb se quiere designar el obrar propio del hombre que, en cuanto tal, puede convertirse en objeto de valoraci\u00f3n moral. Esta definici\u00f3n tiene su origen en la distinci\u00f3n, ya presente en la teolog\u00ed\u00ada medieval, entre actus hominis y actus humanus. El primero es un acto puesto por el hombre, que sin embargo no depende (al menos inmediatamente) de su voluntad deliberada. Pertenecen a esta categor\u00ed\u00ada los diversos procesos fisiol\u00f3gicos y el conjunto de las acciones provocadas por dinamismos biops\u00ed\u00adquicos no controlables (los sue\u00f1os, los tics nerviosos, etc.). El segundo, por el contrario, es un acto que brota directamente de las facultades superiores del hombre (la inteligencia y la voluntad) y del que \u00e9l es, por consiguiente, responsable. La teolog\u00ed\u00ada moral se interesa evidentemente s\u00f3lo por esta \u00faltima tipolog\u00ed\u00ada de actos, en cuanto que en ellos se implica la libertad del hombre.<\/p>\n<p>1. Las estructuras del obrar humano.- El acto humano exige por tanto un juicio moral. Pero no puede darse este juicio \u00e9tico sin una profunda penetraci\u00f3n de su significado. En efecto, es evidente que el grado de conocimiento y de libertad var\u00ed\u00ada seg\u00fan la diversa consistencia objetiva de los actos y seg\u00fan el diverso grado de participaci\u00f3n subjetiva en los mismos. La reflexi\u00f3n moral ha puesto siempre en evidencia la necesidad de considerar, por un lado, el dato objetivo (materia) y por otro, el subjetivo (advertencia y consentimiento). La valoraci\u00f3n del acto humano debe darse relacionando entre s\u00ed\u00ad estos dos aspectos, ya que ambos contribuyen a determinar su eticidad. En los manuales tradicionales, a partir del s. XVII, prevaleci\u00f3, sin embargo, la tendencia a dar mayor importancia al aspecto objetivo-material, infravalorando (y a veces incluso olvidando por completo) el aspecto subjetivo. La reflexi\u00f3n moral contempor\u00e1nea, por el contrario, concede cada vez mayor importancia a la dimensi\u00f3n formal-personal del obrar, esforz\u00e1ndose por remontarse del acto al mundo del sujeto, para captar sus niveles efectivos de autoconciencia y de libertad, de intencionalidad y de finalidad.<\/p>\n<p>       En esta perspectiva, el acto humano se relaciona estrechamente con el mundo interior de la persona, captada en toda la riqueza de su dinamismo expresivo. Se trata, por consiguiente, de un momento de un amplio proceso de autorrealizaci\u00f3n personal, que debe ser analizado cuidadosamente, tanto en el plano diacr\u00f3nico como en el sincr\u00f3nico, para llegar a penetrar su significado m\u00e1s profundo. En esta \u00f3ptica, adquieren cada vez mayor importancia las actitudes que subyacen al mismo y, m\u00e1s radicalmente, el proyecto de conjunto de vida (Opci\u00f3n fundamental) Esta forma nueva y m\u00e1s penetrante de interpretar el acto humano, introduci\u00e9ndose en su estructura m\u00e1s \u00ed\u00adntima, permite superar la tentaci\u00f3n de una \u00abmoral de los actos\u00bb que acaba \u00abcosificando\u00bb y \u2020\u0153atomizando\u00bb el obrar humano.<\/p>\n<p>2. Los elementos de definici\u00f3n del acto humano.- En la ra\u00ed\u00adz de la valoraci\u00f3n moral del obrar est\u00e1n los elementos de conocimiento y de libertad, a los que hay que a\u00f1adir, en la visi\u00f3n cristiana, la realidad de la gracia. Los tres interact\u00faan entre s\u00ed\u00ad sobre todo seg\u00fan un dinamismo unitario, que, en cierta medida, puede descomponerse. El elemento cognoscitivo reviste una importancia decisiva. Pero hay que recordar que el conocimiento moral no se identifica con el simple conocimiento intelectual; se trata de un conocimiento que compromete mucho m\u00e1s existencialmente y que supone una apreciaci\u00f3n subjetiva del valor. En otras palabras, es un conocimiento estimativo que nace de la asimilaci\u00f3n del valor en la experiencia personal y que se refuerza en la praxis.<\/p>\n<p>       De forma an\u00e1loga, la libertad, que est\u00e1 siempre situada y por tanto condicionada, no se da u\u00f1a vez para siempre, sino que se desarrolla y crece en el interior de un camino caracterizado por etapas diversas y por modalidades diferentes de actuaci\u00f3n. Todav\u00ed\u00ada resulta m\u00e1s misteriosa la influencia de la gracia, que act\u00faa en lo m\u00e1s profundo del hombre como elemento que respeta el conjunto de los datos naturales y que interact\u00faa al mismo tiempo sobre ellos, estimulando al hombre al ejercicio de la caridad como autoentrega de s\u00ed\u00ad mismo a Dios y a los hermanos. El acto humano es, en definitiva, el resultado de una trama compleja de factores que hay que sopesar atentamente en su incidencia, intentando captar las mutuas interacciones en el marco de una lectura global.<\/p>\n<p>3. Los criterios de la valoraci\u00f3n moral.- La atenci\u00f3n que se dirige privilegiadamente al aspecto subjetivo del acto no debe hacer olvidar la importancia que tiene el dato objetivo. De lo contrario, se corre el riesgo de caer en una moral de la \u2020\u0153pura intenci\u00f3n\u2020\u009d, que prescinde de la densidad real de la acci\u00f3n. Es verdad que, en \u00faltimo an\u00e1lisis, la moralidad es la que pertenece a la interioridad del sujeto y que \u00e9l expresa, con mayor o menor acierto, en sus actos. Pero no por eso hay, que ignorar la importancia decisiva de la accion, que tiene por s\u00ed\u00ad misma repercusiones, positivas o negativas. sobre uno mismo, sobre los dem\u00e1s y sobre el mundo. Esto quiere decir que el acto, en su contenido material, no es de suyo indiferente.<\/p>\n<p>       La actitud interior y el comportamiento externo son juntamente datos constitutivos de la moralidad, la cual es entonces el fruto de la intersecci\u00f3n de la intencionalidad con la eficacia hist\u00f3rica. La primac\u00ed\u00ada que se concede a la actitud (buena o mala) no anula la exigencia de verificaci\u00f3n del comportamiento (recto o err\u00f3neo). Por otra parte. hay que reconocer que la entidad de la materia sobre la que recae la opci\u00f3n es tambi\u00e9n normalmente decisiva en orden a la determinaci\u00f3n de la actitud subjetiva. Cuando la acci\u00f3n es en s\u00ed\u00ad misma m\u00e1s comprometedora hay que suponer generalmente que debe existir un mayor compromiso en el sujeto.<\/p>\n<p>       El juicio moral del acto humano es, por consiguiente, el resultado de una aplicaci\u00f3n correcta de los diversos criterios, sin olvidar por otra parte la prioridad de la persona y de su mundo interior, que nunca puede objetivarse por completo.<br \/>\n       G. Piana<\/p>\n<p>Bibl.: R. Frattallone, Acto humano. En NDTM, 23-46; F BOckle, Moral fundamental, Cristiandad, Madrid 1980; E. Chiavacci, Acto humano en DTI 1, 339-350; C. H. Schutz &#8211; R. Sarach, El hombre como persona, en MS III1, 716-736.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO:<br \/>\nI. El horizonte del problema:<br \/>\n1. La cultura contempor\u00e1nea;<br \/>\n2. La dignidad de la persona humana;<br \/>\n3. Los interrogantes problem\u00e1ticos.<br \/>\nII. \u00abExcursus\u00bbhist\u00f3rico:<br \/>\n1. La s\u00ed\u00adntesis tomista;<br \/>\n2. El nominalismo. Ockham;<br \/>\n3. Las \u00abinstituciones morales\u00bb;<br \/>\n4. San Alfonso Mar\u00ed\u00ada de Ligorio;<br \/>\n5. De san Alfonso al Vat. II;<br \/>\n6. La teolog\u00ed\u00ada moral posconciliar.<br \/>\nIII. Reflexi\u00f3n sistem\u00e1tica:<br \/>\n1. La existencia cristiana;<br \/>\n2. La persona bajo el aspecto \u00e9tico:<br \/>\n    a) Visi\u00f3n escol\u00e1stica,<br \/>\n    b) Visi\u00f3n personalista,<br \/>\n    c) Enfoque teol\u00f3gico,<br \/>\n    d) Persona y personalidad moral;<br \/>\n3. El acto moral:<br \/>\n    a) Visi\u00f3n escol\u00e1stica,<br \/>\n    b) Visi\u00f3n personalista,<br \/>\n    c) Enfoque teol\u00f3gico;<br \/>\n4. La estructura del acto moral:<br \/>\n    a) Los elementos estructurales (conocimiento, voluntad, sentimientos, presencia del Esp\u00ed\u00adritu),<br \/>\n    b) El elemento constitutivo: la libertad,<br \/>\n    c) La elecci\u00f3n moral: opci\u00f3n fundamental y elecciones categoriales;<br \/>\n5. Extensi\u00f3n de la responsabilidad:<br \/>\n    a) Moralidad de los efectos,<br \/>\n    b) Principio del doble efecto;<br \/>\n6. Los condicionamientos del acto moral:<br \/>\n    a) Condicionamientos internos a la persona,<br \/>\n    b) Condicionamientos externos a la persona;<br \/>\n7. Valoraci\u00f3n del acto humano:<br \/>\n    a) Valoraci\u00f3n objetiva general: actos buenos, malos, indiferentes,<br \/>\n    b) El problema del \u00abintrinsece malum\u00bb,<br \/>\n    c) Fundamentaci\u00f3n deontol\u00f3gica y fundamentaci\u00f3n teleol\u00f3gica de la valoraci\u00f3n moral.<\/p>\n<p>I. El horizonte del problema<br \/>\n1. LA CULTURA CONTEMPOR\u00ed\u0081NEA. La cultura contempor\u00e1nea, que en su reflexi\u00f3n te\u00f3rica y en su praxis cotidiana gravita en torno al valor y al significado de la persona humana, est\u00e1 profundamente marcada por dos polarizaciones contradictorias. Por una parte, la creciente parcelaci\u00f3n del saber cient\u00ed\u00adfico, que se traduce en un ansia de comprensi\u00f3n exhaustiva de todos los detalles de la experiencia humana; por otra parte, la p\u00e9rdida de la visi\u00f3n unitaria del hombre, que se transforma en una exigencia que impulsa a encontrar de nuevo el punto de observaci\u00f3n y el grado de reflexi\u00f3n capaces de garantizar un redescubrimiento del hombre enriquecido por la aportaci\u00f3n del conocimiento cient\u00ed\u00adfico actual.<\/p>\n<p>El misterio de la persona humana se pospone, principalmente por las ciencias modernas, al dinamismo centr\u00ed\u00adfugo de los m\u00e1s diversos descubrimientos cient\u00ed\u00adficos; \u00e9stos nos revelan aspectos siempre nuevos y los someten al control de la ciencia. Sin embargo, la persona concreta, que parece continuamente ceder un sector de su misterio, de su autonom\u00ed\u00ada y de su libertad al dominio creciente de las ciencias, invoca un espacio de libertad y de autenticidad que le permita colocarse en el centro de cada descubrimiento cient\u00ed\u00adfico y, como en un movimiento centr\u00ed\u00adpeto, ordenar al yo personal cada fragmento de verdad, incluso cient\u00ed\u00adfica, que se manifiesta a la inteligencia humana.<\/p>\n<p>Nuestra cultura, adem\u00e1s, est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente impregnada de los principios cr\u00ed\u00adticos dilucidados por los \u00abmaestros de la sospecha\u00bb (Marx, Nietzsche, Freud) respecto a la religi\u00f3n, a la moral y a toda forma de ideolog\u00ed\u00ada. M\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente, respecto al sector moral la transformaci\u00f3n cultural ha dejado en la sombra muchos puntos firmes que en el pasado constitu\u00ed\u00adan el horizonte estable de referencia. Las profundas modificaciones que han afectado a la familia, al Estado, a la Iglesia, a las tradiciones populares, al mundo del trabajo, a la movilidad residencial, etc., han hecho que se pierdan no solamente los modelos \u00e9ticos propios de la sociedad del siglo xIx, sino que tambi\u00e9n han ofuscado los valores transmitidos por ellos, que deber\u00ed\u00adan permanecer indiscutidos por encima de las variaciones de tiempo, de lugar y de cultura en que se encarnan.<\/p>\n<p>2. LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA. La persona se encuentra como empujada de nuevo, tambi\u00e9n por los elementos culturales expuestos, hacia un subjetivismo que pierde progresivamente las mediaciones familiares, sociales y culturales con los valores \u00e9ticos que el hombre debe encontrar tambi\u00e9n fuera del yo. Por eso el compromiso \u00e9tico acent\u00faa hoy un descubrimiento, una experiencia y una prosecuci\u00f3n de los valores ampliamente fundados en el sujeto. Ese camino de afirmaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad hacia la plenitud de la dignidad de la persona respecto a cuanto la circunda lo describe as\u00ed\u00ad el Vat. II: \u00abNo se equivoca el hombre al afirmar su superioridad sobre el universo y al considerarse no ya como part\u00ed\u00adcula de la naturaleza o como elemento an\u00f3nimo de la ciudad humana. Por su interioridad es, en efecto, superior al universo entero: a estas profundidades retorna cuando entra dentro de su coraz\u00f3n, donde Dios le aguarda, escrutador de los corazones, y donde \u00e9l personalmente, bajo la mirada de Dios, decide su propio destino. Al afirmar, por tanto, en s\u00ed\u00ad mismo la espiritualidad y la inmortalidad de su alma, no es el hombre juguete de un espejismo ilusorio provocado \u00fanicamente por las condiciones f\u00ed\u00adsicas y sociales exteriores, sino que toca, por el contrario, la verdad m\u00e1s profunda de la realidad\u00bb (GS 14).<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-moral tiene como uno de sus objetos prioritarios el estudio de la relaci\u00f3n entre persona y acto humano; cuando no consigue ese dif\u00ed\u00adcil equilibrio que profundiza los dos aspectos de la investigaci\u00f3n, oscila y gravita unas veces en torno al aspecto de la persona, cuyos elementos antropol\u00f3gicos y teol\u00f3gicos, estructuras existenciales y el dinamismo \u00e9tico ilustra, pero sobrevolando la naturaleza y el significado de cada una de las acciones; otras, en cambio, gira en torno al aspecto de los actos humanos, los cuales son estudiados minuciosamente en su fragmentaried&#8217;ad y con el riesgo de perder el significado aut\u00e9ntico que se manifiesta s\u00f3lo con su referencia a la persona, la \u00fanica capaz de conferirles un valor \u00e9tico pleno.<\/p>\n<p>3. Los INTERROGANTES PROBLEM\u00ed\u0081TICOS. La teolog\u00ed\u00ada moral est\u00e1 empe\u00f1ada en elaborar una respuesta exhaustiva a las m\u00faltiples cuestiones de \u00ed\u00adndole teor\u00e9tico-especulativa y pr\u00e1ctica que afectan tanto a la persona como a su praxis \u00e9tica \u00aba la luz del evangelio y de la experiencia humana\u00bb (GS 46). Esos interrogantes pueden formularse as\u00ed\u00ad: \u00bfEn qu\u00e9 sentido la persona funda y confiere significado moral a sus actos humanos? \u00bfQu\u00e9 contribuci\u00f3n recibe la reflexi\u00f3n \u00e9tica de las ciencias antropol\u00f3gicas y culturales cuando se trata de elaborar los criterios de valoraci\u00f3n de la moralidad de la persona y de la actividad humana y general o la espec\u00ed\u00adfica del cristiano? \u00bfQu\u00e9 espacio de aut\u00e9ntica libertad y moralidad le queda a la persona limitada por los numerosos condicionamientos de naturaleza psicol\u00f3gica, sociol\u00f3gica, cultural, precisados cada d\u00ed\u00ada por las disciplinas antropol\u00f3gicas? \u00bfC\u00f3mo evitar el subjetivismo \u00e9tico, que f\u00e1cilmente desemboca en el l relativismo, aun aceptando fundamentar enteramente el ethos de la persona? Si la moralidad no es propia y exclusiva de la persona, \u00bfc\u00f3mo llegar a identificar el valor \u00e9tico de cada una de las acciones humanas y de la praxis moral en su conjunto? El bautizado que adquiere conciencia de ser \u00abpersona en Cristo\u00bb, \u00bfc\u00f3mo persigue su maduraci\u00f3n \u00e9tica personal y c\u00f3mo da significado cristiano a sus opciones morales sin anular su identidad individual?<br \/>\nII. \u00abExcursus\u00bb hist\u00f3rico<br \/>\nSe, recorren aqu\u00ed\u00ad las principales etapas de la historia del tratado cl\u00e1sico de los actos humanos para iluminar ulteriormente la antropolog\u00ed\u00ada moral subyacente al an\u00e1lisis de la actividad humana.<\/p>\n<p>1. LA S\u00ed\u008dNTESIS TOMISTA. Comentando la Summa Theologiae, T. Urdanoz, despu\u00e9s de haber puesto de relieve las fuentes utilizadas por santo Tom\u00e1s, afirma que la elaboraci\u00f3n del material es tan personal y original que podemos reconocer en \u00e9l \u00abal primero que escribi\u00f3 un `Tratado de los actos humanos&#8217;. Todo induce a considerarlo como su verdadero creador\u00bb (Tratado de bienaventuranza, 260). Santo Tom\u00e1s en la Summa coloca la reflexi\u00f3n sobre los actos humanos en el contexto de la moralidad general (I-lI). A1 tema de la \u00abfelicidad\u00bb, que abre el tratado (qq. 1-5) y describe el fin de la vida moral, sigue la exposici\u00f3n, amplia y sistem\u00e1tica, de los actos humanos (qq. 6-17) y de los otros temas \u00ed\u00adntimamente relacionados con ellos (moralidad, pasiones, h\u00e1bitos, virtudes, dones-bienaventuranzps-frutos del Esp\u00ed\u00adritu Santo, vicios y pecados, ley, gracia y m\u00e9rito: qq. 18-114), considerados como los medios que le permiten a la persona realizar su proyecto \u00e9tico. La especificaci\u00f3n ulterior de la vida moral, organizada seg\u00fan el esquema de las virtudes teologales y cardinales, la desarrolla santo Tom\u00e1s en la II-II.<\/p>\n<p>El car\u00e1cter org\u00e1nico del planteamiento tomista se advierte inmediatamente si se presta atenci\u00f3n a la afirmaci\u00f3n de que el hombre es imagen de Dios, ya que, dentro de los l\u00ed\u00admites de su condici\u00f3n de criatura, es \u00abper se potestativum\u00bb (tiene dominio de sus actos) (cf el pr\u00f3logo a la I-II). Esta afirmaci\u00f3n sirve de bisagra entre la primera parte, dedicada a Dios, y la segunda parte, dedicada a la vida moral del hombre; el punto de encuentro son las primeras cinco cuestiones de la I-II sobre la bienaventuranza considerada en su esencia, Dios que hace feliz al hombre, y como el elemento que polariza toda la tensi\u00f3n \u00e9tica del hombre. El dinamismo \u00e9tico es objeto de agudas observaciones sobre aspectos m\u00faltiples y complicados del acto humano, de los cuales santo Tom\u00e1s pone de relieve tanto su estructura psicol\u00f3gica como su dimensi\u00f3n moral. Tambi\u00e9n el estudio de la gracia y del m\u00e9rito (qq. 109-114) es situado dentro de la complejidad del acto humano, proyectado hacia la consecuci\u00f3n de la felicidad.<\/p>\n<p>2. EL NOMINALISMO. OCKHAM. Las disputas y las profundizaciones sucesivas a santo Tom\u00e1s se polarizan en torno a las tesis del nominalismo, cuyo principal exponente, Guillermo de Ockham (1288-1350), prosigue el enfoque filos\u00f3fico y teol\u00f3gico de Duns Scoto (1265-1308). Este, a su vez, respecto a santo Tom\u00e1s, hab\u00ed\u00ada sostenido que en el sector moral el primado hay que otorgarlo no a la inteligencia, sino a la voluntad y a la caridad.<\/p>\n<p>Con Ockham, que vac\u00ed\u00ada de significado real los conceptos universales y reconoce como \u00fanica realidad la individual, los actos humanos en su singularidad adquieren una gran importancia. La reflexi\u00f3n moral toma as\u00ed\u00ad el camino de la casu\u00ed\u00adstica, que recorrer\u00e1n tantos moralistas en los siglos siguientes. El pensamiento de Ockham, adem\u00e1s, se mueve hacia un voluntarismo absoluto. El bien brota no ya de la naturaleza misma de las cosas, sino exclusivamente de la voluntad absoluta de Dios; \u00e9sta es tan libre y tan independiente de todo el orden creado, que habr\u00ed\u00ada podido invertir los imperativos \u00e9ticos ordenando a los hombres lo que hoy est\u00e1 prohibido. De hecho, el bien es tal s\u00f3lo por ser querido y estar impuesto por Dios; si \u00e9l quisiera lo contrario, el bien ser\u00ed\u00ada un mal. Seg\u00fan estas premisas te\u00f3ricas, la reflexi\u00f3n \u00e9tica, aunque subraya una relaci\u00f3n casi directa e inmediata entre el querer de Dios y vida moral -es decir, sin la mediaci\u00f3n de una \u00e9tica fundada en la naturaleza humana-, subraya las leyes, los preceptos, las circunstancias externas al hombre, que se convierten en fuente privilegiada de moralidad. En tal contexto la reflexi\u00f3n \u00e9tica se desplaza de una fundamentaci\u00f3n antropol\u00f3gica y teol\u00f3gica hacia una fundamentaci\u00f3n jur\u00ed\u00addicopositiva, desconectada del valor de la persona y de la referencia intr\u00ed\u00adnseca de los actos morales a la totalidad de la persona misma.<\/p>\n<p>3. LAS \u00abINSTITUCIONES MORALES\u00bb. El concilio de Trento influy\u00f3 de manera decisiva en el nacimiento de la teolog\u00ed\u00ada moral como disciplina aut\u00f3noma, sobre todo de dos modos: en primer lugar, con el decreto por el que se institu\u00ed\u00adan seminarios para la formaci\u00f3n espiritual, intelectual y pastoral de los futuros sacerdotes; en el plano de estudios que hab\u00ed\u00ada que desarrollar en el seminario no pod\u00ed\u00adan faltar las disciplinas encaminadas directamente a la comprensi\u00f3n exhaustiva de la problem\u00e1tica ligada al ejercicio del ministerio sacerdotal; en segundo lugar, porque los c\u00e1nones que obligan a acusar en la confesi\u00f3n todos y cada uno de los pecados mortales seg\u00fan su especie y el n\u00famero (cf DS 1680-1683; 1706-1708) exigen tanto en el confesor como en el penitente, a diversos niveles, la profundizaci\u00f3n de la ciencia teol\u00f3gica que motiva y aclara tales distinciones.<\/p>\n<p>Los seminarios se convierten as\u00ed\u00ad en el lugar en el que se lleva a cabo la mediaci\u00f3n entre la alta especulaci\u00f3n de las universidades (donde siguen elabor\u00e1ndose comentarios eruditos y especulativos a la Summa de santo Tom\u00e1s) y la praxis moral cotidiana de los sacerdotes, iluminada precedentemente de manera inorg\u00e1nica y fragmentaria por las Summae confessorum.<\/p>\n<p>Los manuales de moral preparados seg\u00fan las orientaciones de Trento y las directrices contenidas en la \u00abRatio studiorum\u00bb de los jesuitas, llamadas ordinariamente Instituciones morales (o Institutiones Theologiae Moralis), desarrollaban el tratado sobre \u00ablos actos humanos\u00bb o como tratado independiente (p.ej., los Salmanticenses) o limit\u00e1ndose a alusiones en los tratados sobre la conciencia y sobre los pecados (p.ej., E. Busembaum).<\/p>\n<p>El m\u00e9todo seguido, aunque se inspiraba remotamente en la Summa de santo Tom\u00e1s, privilegiaba la valoraci\u00f3n de los elementos subjetivos de la conciencia y la hermen\u00e9utica de los aspectos jur\u00ed\u00addicos en orden a la iluminaci\u00f3n de los \u00abcasos\u00bb morales y de su soluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los estudiosos de t historia de la teolog\u00ed\u00ada moral, al valorar estos primeros manuales de teolog\u00ed\u00ada moral, est\u00e1n de acuerdo en notar que: a) la moral pierde su nexo con la teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica; b) la vida moral no brota de la participaci\u00f3n lit\u00fargica en el misterio pascual de Cristo; c) la reflexi\u00f3n moral no est\u00e1 ya iluminada directamente por la Sagrada Escritura; d) la tradici\u00f3n moral, en conjunto, acent\u00faa los aspectos negativos del pecado y de sus minuciosas implicaciones en el plano de la conciencia y de la ley; e) la doctrina moral elaborada por las Instituciones morales se preocupa m\u00e1s de encontrar el m\u00ed\u00adnimo de obligatoriedad, el \u00abminimum legis\u00bb que justifique al penitente de eventuales culpas o censuras que de explorar la zona de la gratuidad, del \u00abmaximum caritatis\u00bb; f) estos textos de moral acent\u00faan el an\u00e1lisis del acto moral particular, perdiendo de vista la unitariedad de la persona, que avanza arm\u00f3nicamente hacia la plenitud de la vida en Cristo.<\/p>\n<p>4. SAN ALFONSO MAR\u00ed\u008dA DE LIGORIO (1696-1787): El manual de san Alfonso aparece, ante todo, como un comentario a la Medulla Theologiae Moralis de E. Busembaum. Recu\u00e9rdese que en el esquema de Busembaum no existe el tratado de los actos humanos (cf Medulla Theologiae Moralis I, Roma 1650, 3): est\u00e1 gen\u00e9ricamente absorbido por la exposici\u00f3n de la conciencia y de la ley (cf libro I: Regla de los actos morales tanto interna, es decir, la conciencia, como externa, es decir, la ley en general). San Alfonso siente la necesidad de desarrollar m\u00e1s ampliamente los actos humanos coloc\u00e1ndolos como premisa a los \u00abpecados\u00bb (Tratado previo de los actos humanos en general); pero a partir de la segunda edici\u00f3n (1753-1755) de su Theologia Moralis da a los actos humanos un desarrollo independiente. Los contenidos del tratado se derivan de santo Tom\u00e1s, siguiendo su an\u00e1lisis psicol\u00f3gico del acto humano (naturaleza y divisi\u00f3n de los actos humanos, voluntario e involuntario; libertad: arts. 1-3) y el an\u00e1lisis moral (bondad y malicia de los actos humanos y principios de la moralidad;- actos indiferentes: arts. 4-5). San Alfonso manifiesta la doble preocupaci\u00f3n de una fundaci\u00f3n te\u00f3rica suficiente de sus afirmaciones, que apoya en la autoridad de santo Tom\u00e1s y en su capacidad de discernimiento, y de la finalidad pastoral de su manual, que se manifiesta en la claridad de las definiciones y de las distinciones de los actos humanos y en el an\u00e1lisis de los condicionamientos de la libertad del hombre que obra. \u00abEl intento [de san Alfonso] fue&#8230; formar buenos confesores y directores espirituales, no construir una suma completa de teolog\u00ed\u00ada moral\u00bb (ANGELINI y VALSECCHI, Disegno storico 122).<\/p>\n<p>5. DE SAN ALFONSO AL VAT. II. La discusi\u00f3n de los l sistemas morales, que desde finales del siglo xvi al siglo xix ocupa un amplio espacio en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-moral, coloca en primer lugar el tratado sobre la conciencia y, relacionados con \u00e9l por el tema de la duda de la conciencia, los de la ley y la libertad.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n sobre los actos humanos se aborda o mediante el estudio de santo Tom\u00e1s siguiendo a sus grandes comentaristas (V\u00e1zquez, Soto, B\u00e1\u00f1ez, Su\u00e1rez, Billuart) o mediante la profundizaci\u00f3n de la doctrina de santo Tom\u00e1s (Gury, Scavini, Bucceroni, G\u00e9nicot, Noldin, Pighi, etc.).<\/p>\n<p>El renacimiento tomista, favorecido tambi\u00e9n por la enc\u00ed\u00adclica de Le\u00f3n XIII Aeterni Patris (1879), deb\u00ed\u00ada contribuir a superar los peligros de la casu\u00ed\u00adstica abstracta con una fundamentaci\u00f3n te\u00f3rica nueva inspirada en la s\u00ed\u00adntesis tomista (Probst, Linsenmann) y enriquecida por un contacto m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito con las grandes verdades cristianas sacadas directamente de la Escritura (Tillmann, Stelzenberger, Mausbach).<\/p>\n<p>El tratado sobre los actos humanos, que a primera vista puede producir la sensaci\u00f3n de que lleva en s\u00ed\u00ad mismo a repetir el pasado y que carece de originalidad, estudiado en los varios autores de este per\u00ed\u00adodo se enriquece, seg\u00fan el enfoque te\u00f3rico subyacente, con la solidez te\u00f3rico-escol\u00e1stica de santo Tom\u00e1s, de la fundamentaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica del ethos, del di\u00e1logo con las disciplinas teol\u00f3gicas y antropol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>El Vat. II acoge las instancias pastorales y culturales presentes en la cultura teol\u00f3gica precedente, que buscaban una renovaci\u00f3n a fondo de la teolog\u00ed\u00ada; en lo que concierne a la teolog\u00ed\u00ada moral, traza estas l\u00ed\u00adneas generales de renovaci\u00f3n: fundamentaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, solidez cient\u00ed\u00adfica, car\u00e1cter central de la persona, vida moral como coherencia con la vocaci\u00f3n de Cristo, atenci\u00f3n continua a los problemas del mundo que involucran a la comunidad cristiana, expansi\u00f3n de la vida en Cristo como dinamismo que lleva a dar frutos de caridad para la vida del mundo\u00bb (OT 16).<\/p>\n<p>6. LA TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL POSCONCILIAR. El tratado sobre los actos humanos en los manuales del posconcilio es revelador, tanto de la renovaci\u00f3n teol\u00f3gica en curso como del pluralismo metodol\u00f3gico y contenido de los diversos autores. Una r\u00e1pida mirada a estos manuales nos descubre que hoy los estudiosos se mueven siguiendo orientaciones que van de un enfoque sustancialmente cl\u00e1sico, pero abierto, a las instancias del Vat. II (J. FUCHS, Theologia Moralis Generalis) y renovado por el car\u00e1cter dial\u00f3gico del ethos cristiano, que coloca en el centro a la persona (B. H\u00ed\u0081RING, La ley de Cristo), hasta la fundamentaci\u00f3n del ethos en la Biblia y en la confrontaci\u00f3n con las posiciones de los protestantes y de los ortodoxos (A. G\u00fcnthdr); desde una exposici\u00f3n de la doctrina preconciliar enriquecida por referencias a la problem\u00e1tica actual (Peschke, Lanza-Palazzini), hasta tentativas de reconciliaci\u00f3n original de los tratados (Chiavacci), con marcada acentuaci\u00f3n del di\u00e1logo interdisciplinar entre teolog\u00ed\u00ada moral y disciplinas antropol\u00f3gicas y teol\u00f3gicas (VIDAL; HARING, Libertad y fidelidad en Cristo; FuCHs, Estar en el Se\u00f1or; GOFFI y PLANA, Curso de moral) o de absoluta novedad de todo el planteamiento del tratado (GINTERS; BOCKLE, Moralfundamental; CAFARRA, Vivientes en Cristo; RUF; LORENZETTI, Tratado de \u00e9tica teol\u00f3gica).<\/p>\n<p>III. Reflexi\u00f3n sistem\u00e1tica<br \/>\n1. LA EXISTENCIA CRISTIANA. En teolog\u00ed\u00ada moral la relaci\u00f3n entre persona y actos humanos hay que colocarla dentro del cuadro de referencia unificador de la existencia cristiana. A nivel te\u00f3rico, el concepto de existencia cristiana ilumina no solamente la esencia del hombre como \u00abpersona en Cristo\u00bb y los componentes que estructuran su dimensi\u00f3n \u00e9tica, sino que contribuye a descubrir y profundizar el dinamismo y las leyes subyacentes al crecimiento moral. Tambi\u00e9n en la praxis cotidiana la asimilaci\u00f3n del significado \u00e9tico de la existencia cristiana es a la vez una luz proyectada sobre el misterio inefable de la persona concretamente comprometida en transformar en decisiones libres los impulsos hacia los valores propuestos por las diversas situaciones de la vida y una s\u00f3lida motivaci\u00f3n que acompa\u00f1a a las elecciones morales, grandes y peque\u00f1as, realizadas por la persona. El horizonte de la existencia cristiana delimita, pues, el espacio en que el hombre opera un doble descubrimiento: se descubre como \u00abimagen de Dios\u00bb enriquecida por los dones de la creaci\u00f3n, de la cristificaci\u00f3n y del dinamismo del Esp\u00ed\u00adritu, y \u00abcompa\u00f1ero de Dios\u00bb llamado a la plena realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mediante el deber \u00e9tico de amar a Dios, a s\u00ed\u00ad mismo y al pr\u00f3jimo. El Vat. II precisa que una comprensi\u00f3n exhaustiva del misterio de la existencia humana y cristiana no se consigue analizando los peque\u00f1os gestos y fragmentos de la vida cotidiana, sino situ\u00e1ndose en la \u00f3ptica del designio de Dios sobre el hombre: \u00abEn realidad, el misterio del hombre s\u00f3lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Porque Ad\u00e1n, el primer hombre, era la figura del que hab\u00ed\u00ada de venir (Rom 5:14), es decir, Cristo nuestro Se\u00f1or. Cristo, el nuevo Ad\u00e1n, en la misma revelaci\u00f3n del misterio del Padre y de su amor manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci\u00f3n. Nada extra\u00f1o, pues, que todas las verdades hasta aqu\u00ed\u00ad expuestas encuentren en Cristo su fuente y su corona&#8230; El hombre cristiano, conformado con la imagen del Hijo, que es el primog\u00e9nito entre muchos hermanos, recibe las primicias del Esp\u00ed\u00adritu (Rom 8:23), las cuales le capacitan para cumplir la ley nueva del amor. Por medio de este Esp\u00ed\u00adritu, que es prenda de la herencia (Efe 1:14), se restaura internamente todo el hombre hasta que llegue la redenci\u00f3n del cuerpo (Rom 8:23)\u00bb (GS 22).<\/p>\n<p>2. LA PERSONA BAJO EL ASPECTO ETICO. Si en la cultura contempor\u00e1nea se ha convertido en una empresa ardua la exploraci\u00f3n de un solo dato humano, inmensamente m\u00e1s arduo es el intento de elaborar una definici\u00f3n del misterio de la persona humana.<\/p>\n<p>a) Visi\u00f3n escol\u00e1stica. La definici\u00f3n de persona humana formulada por Boecio (\u00absubstantia individua, completa, alter\u00c2\u00a1 incommunicata, rationalis&#8217;~ es recogida por santo Tom\u00e1s y colocada en el v\u00e9rtice de la naturaleza creada (\u00abpersona significat id quod est perfectissimum in tota natura, scilicet subsistens in natura rationali\u00bb: S.Th., I; q. 29 a. 3). El hombre est\u00e1 en el v\u00e9rtice del cosmos por la complejidad y la riqueza de su vida (f\u00ed\u00adsica, sensitiva, racional) y por el don de su interioridad, que, respecto a las formas inferiores de vida, puede definirse como \u00abinterioridad de toda interioridad\u00bb (BOGLIOLO, La verit\u00e1 dell \u00faomo 41), porque en el hombre se recogen y hacia \u00e9l convergen como hacia su fin todos los valores de verdad y de bien de los infrahumanos existentes. Tampoco la caracter\u00ed\u00adstica de la incomunicabilidad (alter\u00c2\u00a1 incommunicata), reconocida a la persona por la definici\u00f3n de Boecio, ha de leerse en clave psicol\u00f3gica o moralista, como si la persona se cerrara ego\u00ed\u00adstamente en s\u00ed\u00ad decidiendo no comunicar con los dem\u00e1s, sino en sentido ontol\u00f3gico: el individuo tiene una identidad propia que lo constituye como tal; el atributo de la incomunicabilidad es equivalente en el lenguaje com\u00fan al reconocimiento de su autonom\u00ed\u00ada y del hecho de tener en s\u00ed\u00ad el principio que lo constituye y lo identifica como persona en su singularidad.<\/p>\n<p>En la visi\u00f3n tomista el dinamismo \u00e9tico brota de la concepci\u00f3n de la persona humana como totalidad estructurada (alma-cuerpo, en cuanto esp\u00ed\u00adritu dotado de inteligencia, voluntad y libertad), que conoce y libremente elige su propia orientaci\u00f3n hacia el fin \u00faltimo, la felicidad. Adem\u00e1s, la persona, a la vez que se descubre inmersa en el orden jer\u00e1rquico de las cosas, percibe que la fuerza vinculante del imperativo moral se funda y enlaza con la necesidad ontol\u00f3gico-existencial de la realidad (\u00abagere sequitur esse&#8217;~. El ser del hombre engendra el deber ser de la persona; su vida moral concreta es siempre una intervenci\u00f3n en lo real que mira a imprimirle un significado \u00abhumano\u00bb que lo oriente hacia el bien absoluto. Toda la actividad del hombre est\u00e1, por tanto, sostenida e iluminada por la \u00abrecta ratio\u00bb, que descubre a la persona no s\u00f3lo los primeros principios morales, sino tambi\u00e9n el significado \u00e9tico de la acci\u00f3n que est\u00e1 para realizar y de las circunstancias que la acompa\u00f1an.<\/p>\n<p>b) Visi\u00f3n personalista. La reflexi\u00f3n personalista se propone ante todo superar la antropolog\u00ed\u00ada idealista poskantiana, que en el intento de absolutizar el sujeto se aleja tanto de la existencia hist\u00f3rica que llega a la negaci\u00f3n del yo concreto y singular. El personalismo intenta tambi\u00e9n superar las conclusiones pesimistas del existencialismo, que ven al hombre como un ser condenado a la desgracia, al fracaso y a la muerte insignificante; y tambi\u00e9n rescatar el valor del individuo de toda forma de colectivismo, que en el intento de poner de manifiesto su dimensi\u00f3n social proyecta a la persona en el anonimato de la masificaci\u00f3n. Para M. Buber la reflexi\u00f3n antropol\u00f3gica debe afrontar no s\u00f3lo la relaci\u00f3n del yo con las cosas que limitan el campo de la experiencia humana, sino sobre todo la relaci\u00f3n del yo con el t\u00fa, que empuja a la persona al encuentro y la sumerge enteramente en el dinamismo del di\u00e1logo. La relaci\u00f3n yo-t\u00fa no es algo accidental y superfluo que se a\u00f1ade a la persona, sino que es el espacio interpersonal que revela y constituye al yo como yo y al t\u00fa como t\u00fa en un horizonte de igualdad, de apertura y de disponibilidad a la comuni\u00f3n. El di\u00e1logo interpersonal, epifan\u00ed\u00ada de dos personalidades, se nutre y se desarrolla mediante el mutuo intercambio de palabra y de amor; una palabra que a la vez que descubre al yo y reconoce al t\u00fa, nace del amor y comunica el amor, ese amor revela parcialmente la riqueza oculta de la persona en la fragilidad de la palabra, que se convierte en veh\u00ed\u00adculo de comuni\u00f3n interpersonal. La verdadera relaci\u00f3n interpersonal yo-t\u00fa no se agota en una forma de clausura y de ego\u00ed\u00adsmo est\u00e9ril entre dos, sino que, a partir de la riqueza de un t\u00fa conocido y amado, ampl\u00ed\u00ada y multiplica las relaciones interpersonales subyacentes a la comunidad humana en la cual estamos inmersos, funda la b\u00fasqueda com\u00fan de la relaci\u00f3n interpersonal fundamental con el t\u00fa absoluto de Dios, origen primordial de toda posibilidad de palabra y de amor, y precisa el nexo misterioso del hombre y el cosmos, que deber\u00ed\u00ada conferir a la materia inerte la luz de la palabra y la fuerza del amor humano.<\/p>\n<p>En la visi\u00f3n personalista el imperativo \u00e9tico nace de la estructura dialogal e interpersonal del yo; por eso los valores humanos se referir\u00e1n o a la persona particular (respeto a la persona y a la vida, derecho a los medios de sustento y a la maduraci\u00f3n integral&#8230;), o a la relaci\u00f3n yo-t\u00fa (justicia, verdad, amor, colaboraci\u00f3n, participaci\u00f3n, amistad, familia, matrimonio&#8230;), o a la relaci\u00f3n con Dios (religi\u00f3n, ejercicio del culto, libertad religiosa&#8230;), o a la relaci\u00f3n \u00abpersona-creado\u00bb ordenado a la persona y a la comunidad humana (destino universal de los bienes, respeto del ambiente&#8230;). Los bienes materiales son valores s\u00f3lo y en la medida en que son usados como medios encaminados a promover la persona; pues la persona no puede considerarse nunca como medio, ni siquiera como medio para el reconocimiento de los otros, sino que es siempre un fin: \u00abPrincipio, sujeto y fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social. La vida social no es, pues, para el hombre sobrecarga accidental. Por ello, a trav\u00e9s del trato con los dem\u00e1s, de la reciprocidad de servicios, del di\u00e1logo con los hermanos, la vida social engrandece al hombre en todas sus cualidades y le capacita para responder a su vocaci\u00f3n\u00bb (GS 25); \u00abel orden social, pues, y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal, y no al contrario, como el propio Se\u00f1or lo advirti\u00f3 cuando dijo que el s\u00e1bado hab\u00ed\u00ada sido hecho para el hombre, y no el hombre para el s\u00e1bado\u00bb (GS 26).<\/p>\n<p>c) Enfoque teol\u00f3gico. El misterio de la persona humana, iluminado por la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, nos dice que desde el momento de la creaci\u00f3n el hombre es relaci\u00f3n que tiende desde lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo hacia la comuni\u00f3n; y si las primeras p\u00e1ginas de la Escritura afirman que el hombre es imagen de Dios (G\u00e9n 1:26.27), el NT precisar\u00e1 que es imagen de la Trinidad. \u00abCreado por Dios en la justicia, el hombre, sin embargo, por instigaci\u00f3n del demonio, en el comienzo mismo de la historia, abus\u00f3 de su libertad, levant\u00e1ndose contra Dios y pretendiendo alcanzar su propio fin al margen de Dios&#8230; Pero el Se\u00f1or vino en persona a liberar y a vigorizar al hombre, renov\u00e1ndole interiormente y expulsando al pr\u00ed\u00adncipe de este mundo (cf Jua 12:31), que le reten\u00ed\u00ada en la esclavitud del pecado. El pecado rebaja al hombre, impidi\u00e9ndole lograr su propia plenitud. A la luz de esta revelaci\u00f3n, la sublime vocaci\u00f3n y la miseria profunda que el hombre experimenta hallan simult\u00e1neamente su \u00faltima explicaci\u00f3n\u00bb (GS 13).<\/p>\n<p>El don de la filiaci\u00f3n divina, concedido en el bautismo, se\u00f1ala para todo creyente el comienzo de la vida nueva en Cristo (cf Rom 6:4; G\u00e1l 2:20; Efe 2:15; Efe 4:24), que deber\u00e1 desarrollarse dentro de la Iglesia, cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo, hasta la plena maduraci\u00f3n de la santidad. De esta manera el hombre, compa\u00f1ero de la alianza divina llevada a su cumplimiento en la pascua de Cristo, con el coraz\u00f3n lleno de la presencia del Esp\u00ed\u00adritu (Rom 5:5) alcanza en Cristo los niveles m\u00e1s altos de la comuni\u00f3n con Dios. Por lo tanto, el hombre, tanto como criatura totalmente dependiente del Creador como en cuanto regenerado en el Hijo (cf Efe 1:4-6) y en cuanto vivificado por el Esp\u00ed\u00adritu (cf Rom 8:14-17), no existe ya si no es en relaci\u00f3n y dependencia vital de Dios. Permanecer en comuni\u00f3n con la vida trinitaria har\u00e1 cada vez m\u00e1s perfecto su ser imagen de Dios: desde la comuni\u00f3n con el Padre potenciar\u00e1, en el contexto del \u00aborden de la creaci\u00f3n\u00bb, su autoteonom\u00ed\u00ada; desde la intimidad con Cristo desarrollar\u00e1 la relaci\u00f3n vital con el Verbo, que se hace carne y asume la carne de todos los hombres para salvarlos; por la docilidad de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu aprender\u00e1 a transformar en amor que dala vida toda palabra de verdad y salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El dinamismo moral de la persona en Cristo tiene como fuente inagotable el hecho de que el cristiano es \u00aben Cristo una nueva criatura\u00bb (2Co 5:17; G\u00e1l 6:15); esa novedad radical renueva su ser y todas sus relaciones existenciales: desde la relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima con las tres personas divinas hasta la relaci\u00f3n de comuni\u00f3n con la comunidad eclesial, desde la apertura y la inserci\u00f3n en las estructuras del mundo como levadura y fermento de verdad y de amor hasta el deber personal de perseguir el ideal evang\u00e9lico del seguimiento y de la imitaci\u00f3n de Cristo. As\u00ed\u00ad la palabra-amor que constituye a la persona humana como hijo de Dios da comienzo a aquel di\u00e1logo interpersonal que espera del cristiano una respuesta de palabra-amor encarnada en las situaciones concretas de la vida.<\/p>\n<p>d) Persona y personalidad moral. M\u00e1s all\u00e1 de la visi\u00f3n metaf\u00ed\u00adsica o personalista de la persona humana, que acent\u00faa, respectivamente, el aspecto del su\u00c2\u00a1 iuris y de la incomunicabilidad o bien de su apertura y comunicabilidad, est\u00e1 el hecho de que el devenir y la madurez del yo oscila continuamente entre el polo de la absoluta propiedad en la que el individuo encuentra su identidad hasta el polo de la absoluta donaci\u00f3n y comuni\u00f3n, en la cual el di\u00e1logo entre el yo y el t\u00fa llega a formar la realidad del nosotros, o en relaci\u00f3n con Dios o con los propios semejantes. A nadie se le escapa que la constituci\u00f3n de la persona en cuanto persona es el fundamento de toda \u00e9tica aut\u00e9nticamente humana, pues la persona es el valor \u00e9tico primero y fundamental, a partir del cual se derivan y estructuran los otros valores. Por tanto, la moralidad surge y se especifica ante todo por el reconocimiento de los valores globales, y en cierto sentido totafzantes, de que son portadores el yo, la relaci\u00f3n yo-t\u00fa bien absoluto y el di\u00e1logo de comuni\u00f3n yo-t\u00fa-nosotros.<\/p>\n<p>La moralidad tiende a pasar del plano general de la triple relaci\u00f3n del yo con Dios, consigo mismo y con los dem\u00e1s a las estructuras subyacentes a esta relaci\u00f3n. En ese proceso de encarnaci\u00f3n, adem\u00e1s de experimentar los inevitables condicionamientos, la persona confiere significado moral, bien a las estructuras biol\u00f3gicas ps\u00ed\u00adquicas y espirituales, bien a las dlnamlcas y a los medios que permiten la comuni\u00f3n y la comunicaci\u00f3n interhumana, bien a las actitudes; a las tradiciones y a los elementos estructurales que realizan el di\u00e1logoexperiencia con el Dios verdadero.<\/p>\n<p>Una valoraci\u00f3n \u00e9tica completa de tales estructuras de encarnaci\u00f3n y mediaci\u00f3n de la moralidad personal que no quiera perderse en la abstracci\u00f3n te\u00f3rica o en el deductivismo est\u00e9ril apriorista debe ser fruto de un di\u00e1logo interdisciplinar previo y atento que el estudioso de \u00e9tica entablar\u00e1, bien con los cultivadores de las disciplinas antropol\u00f3gicas, bien con los del \u00e1rea teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>La persona, como sujeto moral, conferir\u00e1 aut\u00e9ntico significado \u00e9tico a las estructuras antes citadas cuando consiga discernir qu\u00e9 valores \u00e9ticos est\u00e1n sucesivamente implicados y oriente sus elecciones libres hacia la adquisici\u00f3n de aquellos valores que maduran las actitudes personales relativas a ellos. En una \u00f3ptica estrictamente revelada, la moralidad humana, percibida por la ratio, es colocada en el plano salv\u00ed\u00adfico de Dios respecto a nosotros; aqu\u00ed\u00ad el descubrimiento y la realizaci\u00f3n de los valores emergentes en las diversas circunstancias de la vida tendr\u00e1n como fundamento nuestra existencia de \u00absalvados\u00bb, nuestro \u00abser nueva criatura con el Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb. \u00abSi la \u00e9tica es el deber ser de nuestro ser personal, se propondr\u00e1 como la manifestaci\u00f3n aut\u00e9ntica de nuestra .dignidad ontol\u00f3gica y, a la vez, como un tender a ser dignamente hombres; ser\u00e1 satisfacer las exigencias \u00ed\u00adntimas profundas y, contempor\u00e1neamente, purificar y reordenar los impulsos desviados, un modo de mostrarnos responsables de nosotros mismos y, al mismo tiempo, un hacernos totalmente disponibles a las iniciativas del Esp\u00ed\u00adritu; un modo de desarrollar las facultades en nosotros existentes, e igualmente el camino para ser hombres radicalmente nuevos. Un modo de reconocerse constituidos como \u00abestirpe elegida, sacerdocio real, naci\u00f3n santa, el pueblo que Dios se ha adquirido\u00bb (1Pe 2:9) y, contempor\u00e1neamente, indicaci\u00f3n comprometida a \u00abhacernos profunda y ontol\u00f3gicamente familia de Dios\u00bb (GOFFI, Curso de moral I, 380).<\/p>\n<p>La personalidad moral del cristiano nace y se desarrolla por referencia a la plenitud de la vida en Cristo, tomada como ideal \u00e9tico (cf Efe 4:13); encuentra su fundamento ontol\u00f3gico sobrenatural en el acontecimiento pascual y bautismal que transforma a toda persona de hijo de la ira (Efe 2:3) en hijo en el Hijo (cf Efe 1:5). La acci\u00f3n incesante del Esp\u00ed\u00adritu intervendr\u00e1 en la existencia moral del creyente para sostenerlo en la apertura cotidiana a la comuni\u00f3n fraterna; en el testimonio fuerte y coherente ante el mundo, que nos pide cuentas de nuestra esperanza (1Pe 3:15), en asumir la historia humana como lugar de manifestaci\u00f3n del plan salv\u00ed\u00adfico de Dios que se convierte en llamada sol\u00ed\u00adcita a una respuesta de amor coherente y generoso. Finalmente, la personalidad moral vivir\u00e1 su tensi\u00f3n escatol\u00f3gica como dinamismo \u00e9tico, que en el amor a Dios, a s\u00ed\u00ad mismo y al pr\u00f3jimo anticipa en la esperanza y, en parte, la plenitud total y definitiva del gozo eterno y de la comuni\u00f3n perfecta que desde el coraz\u00f3n de la Trinidad envolver\u00e1 a todo hombre, \u00abnueva criatura\u00bb, y a todo elemento de la creaci\u00f3n, que as\u00ed\u00ad participar\u00e1 en los esplendores de los cielos nuevos y la tierra nueva (Isa 65:17; Isa 66:22; Apo 21:2).<\/p>\n<p>3. EL ACTO MORAL. Los actos realizados por el hombre son reveladores, m\u00e1s o menos profundos y exhaustivos, de la riqueza de la persona y contribuyen a perfeccionarla. El espacio de las actividades del hombre se extiende desde los actos que deciden clara y definitivamente su destino (como la elecci\u00f3n del martirio o del estado propio de vida) a los que, sustra\u00ed\u00addos al control de la inteligencia y de la voluntad, no implican la intimidad humana y parecen agotarse en la esfera de la corporeidad (como la respiraci\u00f3n, el latido card\u00ed\u00adaco) o de la vida ps\u00ed\u00adquica (instintos, sentimientos, pasiones) o de los condiciOnamientos socio-culturales (prejuicios, convenciones sociales, modelos de comportamiento interiorizados, etc.).<\/p>\n<p>a) Visi\u00f3n escol\u00e1stica. Los manuales cl\u00e1sicos distinguen ante todo las \u00abacciones humanas\u00bb, que tienen su ra\u00ed\u00adz en el centro de la persona que recibe el valor moral y decide libremente, y las \u00abacciones del hombre\u00bb, sustra\u00ed\u00addas a la responsabilidad personal porque se realizan sin la advertencia y sin la necesaria libertad y, en consecuencia, no alcanzan el nivel espec\u00ed\u00adfico de la vida espiritual del hombre.<\/p>\n<p>Una segunda distinci\u00f3n, que explica el hecho de que el hombre es unidad corp\u00f3rea y espiritual, destaca la diferencia entre las acciones humanas realizadas en el interior del hombre, donde se polarizan tambi\u00e9n las energ\u00ed\u00adas psicoflsicas de la persona, y las acciones que, partiendo de la intimidad, se abren al mundo exterior al hombre con la mediaci\u00f3n de los \u00f3rganos corp\u00f3reos (H\u00e1ring las llama, respectivamente, \u00abactos\u00bb y \u00abacciones\u00bb: cf La ley de Cristo I, 235-236). Es evidente que la moralidad del acto es constituida plenamente por el acto interno y que la acci\u00f3n externa a\u00f1ade un complemento y una valencia moral ulterior al acto humano ya existente.<\/p>\n<p>El acto humano se califica como bueno o malo seg\u00fan que se refiera m\u00e1s o menos al fin \u00faltimo. El entendimiento que penetra el significado \u00e9tico del acto y la libre libertad que decide sin coacciones son los elementos de que dispone el hombre para realizar su moralidad en cada uno de los actos unificados por el fin \u00faltimo. Los diversos condiclonamientos que coartan el entendimiento o la voluntad dar\u00e1n origen a los diversos grados de moralidad y de responsabilidad de la persona en sus elecciones morales.<\/p>\n<p>b) Visi\u00f3n personalista. En la perspectiva personalista, ampliamente tomada de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gicomoral actual, la atenci\u00f3n se desplaza del acto considerado en s\u00ed\u00ad mismo a la persona y del objeto moral a la motivaci\u00f3n que empuja al sujeto a decidirse. Ese desplazamiento de \u00f3ptica es motivado sobre todo por los resultados de las disciplinas antropol\u00f3gicas (ciencias psicol\u00f3gicas, ciencias de lo social, antropolog\u00ed\u00ada cultural, etc.) a prop\u00f3sito de los dinamismos complejos que interact\u00faan en el obrar humano. Estas ciencias manifiestan que en la base de la acci\u00f3n, m\u00e1s que en el conocimiento racional objetivo, se encuentra concretamente la motivaci\u00f3n subjetiva, es decir, aquel \u00abconjunto de factores internos a la persona que da energ\u00ed\u00ada y direcci\u00f3n a su comportamiento; es el dinamismo de la persona proyectado hacia un valor futuro. El motivo se encuentra ante todo en las necesidades tanto fisiol\u00f3gicas (experimentadas de modo c\u00ed\u00adclico por per\u00ed\u00adodos: ej., el hambre), ya no fisiol\u00f3gicas (que admiten s\u00f3lo satisfacci\u00f3n parcial: ej., curiosidad, afirmaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad). El motivo selecciona entre las conductas posibles las que se demuestran m\u00e1s eficientes para el propio fin; mantienen la propia actividad hasta que el motivo quede satisfecho. La motivaci\u00f3n conduce una acci\u00f3n a su fin, haci\u00e9ndola apropiada respecto a \u00e9l, persistente e indagadora\u00bb (GOFFI, Corso di morale 1, 391392).<\/p>\n<p>El haz motivacional no s\u00f3lo impulsa al hombre a obrar, sino que lleva a cabo la unificaci\u00f3n de la persona y la coordinaci\u00f3n de sus dinamismos (biol\u00f3gicos, fisiol\u00f3gicos, psicol\u00f3gicos, espirituales, de relaci\u00f3n) para la consecuci\u00f3n de la realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo. La acci\u00f3n se convierte as\u00ed\u00ad en la epifan\u00ed\u00ada de la persona, de sus potencialidades y del grado de madurez moral que ha alcanzado. \u00abLa acci\u00f3n humana es propia de la persona que se muestra simult\u00e1neamente independiente y sometida a los condicionamientos tanto bio-ps\u00ed\u00adquicos como espacio-temporales; que obra por propia iniciativa bajo los influjos comunitarios de los dem\u00e1s y entre los dem\u00e1s; que vive solitaria y se realiza como momento del vivir eclesial; que sabe ser hijo aut\u00f3nomo de Dios, aunque sea tambi\u00e9n como miembro del cuerpo integral del Se\u00f1or\u00bb (GOFFI, ib, 392).<\/p>\n<p>La perspectiva personalista, m\u00e1s que contraponer los actos internos a los externos de la persona, acent\u00faa el hecho de que la persona en cuanto tal est\u00e1 constituida por la relaci\u00f3n primordial de palabra-amor que hace que afloren y se comuniquen entre s\u00ed\u00ad el yo, el t\u00fa y el nosotros; el fundamento \u00faltimo del ethos personal coincidir\u00e1 con la realizaci\u00f3n plena de esa relaci\u00f3n. Releamos las agudas reflexiones de K. Wojtyla sobre el valor personalista del acto humano como premisa para la comprensi\u00f3n de su valor \u00e9tico: \u00abNos sentimos movidos a establecer una comparaci\u00f3n con el planteamiento tradicional, que en la ciencia sobre los actos humanos (de actibus humanis) distingu\u00ed\u00ada el voluntarium perfectum del voluntarium fmperfectum. El t\u00e9rmino voluntarium indicaba la voluntad como facultad de la cual dependen los actos. Este estudio vincula el acto y su cumplimiento a la persona y no rechaza aquel planteamiento, sino que s\u00f3lo intenta completarlo, es decir, como meditar sobre \u00e9l hasta el fondo. Pues la voluntad, en cuanto facultad, est\u00e1 inserta en la persona, en su autodeterminaci\u00f3n, a trav\u00e9s de la cual la persona revela su propia estructura. Por tanto, reducir el significado del voluntarium a la sola voluntad en cuanto facultad puede entra\u00f1ar un cierto empobrecimiento de aquella realidad que es el acto&#8230; La concepci\u00f3n personalista del acto que hemos intentado delinear&#8230; nos convence del valor personalista aut\u00e9ntico. Este no es todav\u00ed\u00ada un valor \u00e9tico, sino que tiene su origen en la interioridad din\u00e1mica de la persona, la revela y la confirma, lo cual, a su vez, nos permite tambi\u00e9n comprender mejor los valores \u00e9ticos en su estrecha correspondencia con la persona y con todo el `mundo de la persona\u00bb&#8216; (Persona y acto, 303).<\/p>\n<p>c) Enfoque teol\u00f3gico. En los manuales tradicionales, el tratado de los actos humanos se concentra en el an\u00e1lisis filos\u00f3fico de la naturaleza y del dinamismo de la actividad humana; las consideraciones sobre su valor sobrenatural se limitan casi siempre a la cuesti\u00f3n del \u00abm\u00e9rito\u00bb: se aborda la cuesti\u00f3n de si las obras colocadas bajo el influjo de la gracia son meritorias y si el m\u00e9rito es \u00abde congruo\u00bb (=de conveniencia) o \u00abde condigno\u00bb (=una verdadera exigencia de justicia, tambi\u00e9n ella don de Dios, para recibir en el presente un aumento de gracia y en la vida futura el premio eterno).<\/p>\n<p>Hoy el esfuerzo por encontrar lo l espec\u00ed\u00adfico de la moral cristiana tiene como campo particular de aplicaci\u00f3n el tratado de los actos humanos. Las posiciones te\u00f3ricas de los autores se reflejar\u00e1n en la valoraci\u00f3n cristiana de la actividad moral. Todos est\u00e1n de acuerdo en afirmar que desde el punto de vista formal el ethos cristiano se distingue del ethos humano porque la adhesi\u00f3n a Cristo mediante la fe y el bautismo da origen a una situaci\u00f3n nueva de existencia; la \u00abpersona en Cristo\u00bb se situar\u00e1 ante los valores \u00e9ticos y el ideal \u00e9tico que debe perseguir en una relaci\u00f3n cualitativamente diversa del no cristiano. Muchos te\u00f3logos contempor\u00e1neos estiman que no existen contenidos morales categoriales espec\u00ed\u00adficamente cristianos, distintos de los propios de la moralidad humana; la actividad moral humana asumir\u00ed\u00ada el significado cristiano cuando la persona en Cristo se mueve hacia su plenitud de vida movida por el dinamismo propio de la tr\u00ed\u00adada fe-esperanza-caridad.<\/p>\n<p>Para J. Fuchs, \u00abla intencionalidad cristiana, entendida como decisi\u00f3n actual por Cristo y el Padre de Jesucristo, conscientemente presente en el comportamiento moral de todos los d\u00ed\u00adas, ha de considerarse como el elemento m\u00e1s importante y cualificador de la moral del cristiano&#8230; En el \u00e1mbito categorial, la moral cristiana es fundamental y sustancialmente un humanum, por tanto una moral de aut\u00e9ntica humanidad; &#8230; mas no se trata de un humanum inmanente, pues el hombre est\u00e1 abierto a Dios y a su voluntad, sino que es justamente la voluntad de Dios la que pide que el hombre mismo elabore por s\u00ed\u00ad un proyecto de aut\u00e9ntico comportamiento humano, que \u00e9ste tome en sus manos la realidad del hombre y de su mundo para conseguir lo mejor en t\u00e9rminos humanos\u00bb (Esiste una morare cristiana?, 19-23).<\/p>\n<p>No faltan, sin embargo, autores que enumeran una serie de contenidos t\u00ed\u00adpicamente cristianos del obrar moral, que pueden resumirse en el \u00abradicalismo cristiano\u00bb, como, por ejemplo, la humildad, la renuncia a las riquezas, el amor a la cruz, la obediencia hasta la muerte, la virginidad elegida por el reino de los cielos, etc.<\/p>\n<p>En los actos morales concretos se revela enteramente la ambivalencia de la existencia cristiana, se la puede percibir ordinariamente como encarnada en lo humano y a trav\u00e9s de lo humano; pero es portadora de un misterio, el de la intencionalidad y las motivaciones solicitadas por la absoluta \u00abnovedad cristiana\u00bb, en la cual est\u00e1 inmerso el creyente.<\/p>\n<p>4. LA ESTRUCTURA DEL ACTO MORAL. El an\u00e1lisis atento y sutil con que los manuales estudian el obrar humano, realizado por la interacci\u00f3n de facultades diversas, puede hacer perder de vista que el punto de vista unificador es la persona en el misterio de su devenir \u00e9tico. No existe separaci\u00f3n neta entre las funciones corp\u00f3reas, ps\u00ed\u00adquicas y espirituales del hombre; la persona humana es unidad org\u00e1nica e integrada que utiliza las diversas funciones, las armoniza y las orienta a la consecuci\u00f3n de su fin.<\/p>\n<p>a) Los elementos estructurales. Para que el acto humano est\u00e9 bajo el dominio de la persona es preciso que la intimidad del yo lo impregne \u00ed\u00adntimamente, haciendo presente en \u00e9l la iluminaci\u00f3n de la inteligencia, la decisi\u00f3n de la voluntad, la carga de los sentimientos y el dinamismo que nace de la presencia del Esp\u00ed\u00adritu en nosotros.<\/p>\n<p>-Conocimiento. La actividad cognoscitiva del entendimiento reconoce en la acci\u00f3n que hay que realizar un bien moral, es decir, una posibilidad de conseguir un valor \u00e9tico relacionado con la plena maduraci\u00f3n del yo. No se trata de un conocimiento te\u00f3rico fr\u00ed\u00ado, sino de la percepci\u00f3n de un valor todav\u00ed\u00ada exterior a la persona, pero que corresponde a las aspiraciones m\u00e1s \u00ed\u00adntimas del yo. La intervenci\u00f3n de la inteligencia es pluriforme y funde a la vez la ciencia moral del sujeto, la advertencia del valor impl\u00ed\u00adcito en la acci\u00f3n que hay que realizar y el discernimiento de las modalidades en las que se encarna el bien en el \u00abaqu\u00ed\u00ad-ahora-para m\u00ed\u00ad\u00bb del horizonte existencial. Las modalidades del conocimiento pueden ser diversas: desde el puro razonamiento a la intuici\u00f3n inmediata, desde un cierto sentido innato de los valores a la confrontaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica realizada por la reflexi\u00f3n \u00e9tica. Tambi\u00e9n el contenido del bien conocido puede variar desde el descubrimiento del valor \u00e9tico fundamental que constituye a la persona como personalidad \u00e9tica al descubrimiento de un determinado valor (p.ej., justicia, veracidad, humildad) o bien a la percepci\u00f3n de c\u00f3mo un valor puede realizarse en una circunstancia particular.<\/p>\n<p>-Voluntad. Los escol\u00e1sticos defin\u00ed\u00adan la voluntad \u00abfacultas electiva mediorum servato ordine finis\u00bb (la facultad que elige los medios respetando el orden del fin). El acto del querer canaliza las energ\u00ed\u00adas del hombre (psico-f\u00ed\u00adsicas, intelectivas, de relaci\u00f3n) hacia la realizaci\u00f3n de un fin. El agente es la persona, pues es la persona quien enlaza la luz de la inteligencia =que descubre el fin y la relaci\u00f3n entre medios y fin- y la fuerza de decisi\u00f3n y de acci\u00f3n de la voluntad. Este misterioso entrelazamiento, en el que se concentr\u00f3 durante siglos la reflexi\u00f3n moral, es la intenci\u00f3n que manifiesta el grado de madurez moral y del dominio de s\u00ed\u00ad alcanzado por la persona.<\/p>\n<p>Se recuerdan aqu\u00ed\u00ad algunas distinciones escol\u00e1sticas que especifican los diversos modos de intervenci\u00f3n de la voluntad en la acci\u00f3n concreta: voluntario perfecto e imperfecto; voluntario actual, virtual y habitual; voluntario expl\u00ed\u00adcito e impl\u00ed\u00adcito; voluntario en s\u00ed\u00ad y en causa. Si el acto humano es libre, pero est\u00e1 condicionado por la intervenci\u00f3n del conocimiento y de la voluntad, todo lo que influye en una de estas dos facultades modificar\u00e1 el acto mismo, haci\u00e9ndolo m\u00e1s o menos personal y libre.<\/p>\n<p>-Sentimientos. Un acto humano no es nunca una simple fusi\u00f3n de inteligencia y de voluntad; posee siempre una resonancia afectiva m\u00e1s o menos amplia, profunda y duradera. Esta esfera de nuestra existencia no existe netamente separada de la intimidad del hombre, sino que es el mismo hombre visto en cuanto est\u00e1 envuelto y connotado por la dimensi\u00f3n psicol\u00f3gica. Ya santo Tom\u00e1s en la Summa Theologiae dedicaba un amplio espacio al tratado de las \u00abpasiones\u00bb (1-Il, qq. 22-48), como precisi\u00f3n tanto de la actividad humana como de la libertad y de la responsabilidad de la persona.<\/p>\n<p>Hoy la aportaci\u00f3n de las ciencias psicol\u00f3gicas y antropol\u00f3gicas es insustituible para comprender c\u00f3mo la psique humana impregna de s\u00ed\u00ad misma nuestra corporeidad, haciendo de mediaci\u00f3n entre la intimidad del yo y la actividad consciente y libre de la persona en cuanto individuo y miembro de una comunidad humana. Por eso la vida afectiva, componente esencial de la estructura antropol\u00f3gicomoral, nos revela no s\u00f3lo una serie de condicionamientos del voluntarium, sino que nos permite conocer un potencial riqu\u00ed\u00adsimo presente en toda persona, que espera ser utilizado enteramente cuando la persona realiza sus elecciones morales.<\/p>\n<p>-Presencia del Esp\u00ed\u00adritu. La nueva criatura \u00abnacida del agua y del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Jua 3:5) funda su ser y su obrar en el misterio pascual de Cristo. El dinamismo de muerte y de resurrecci\u00f3n hace que las facultades del hombre (entendimiento, voluntad, esfera psicol\u00f3gica) experimenten un proceso de cristificaci\u00f3n mediante la acci\u00f3n continua del Esp\u00ed\u00adritu Santo. \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu Santo, que habita en la mente, no s\u00f3lo ense\u00f1a lo que debemos hacer, iluminando el entendimiento, sino que inclina la voluntad a obrar rectamente\u00bb (SANTO TOMAS, Com. in Rom 8:2, lect. 1). La caridad, principio activo que unifica el ethos del cristiano, es esencialmente presencia y don del Esp\u00ed\u00adritu: \u00abEl amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo que se nos ha dado\u00bb (Rom 5:5). Es, pues, el Esp\u00ed\u00adritu el que potencia la inteligencia con la luz de la fe e instruye interiormente al cristiano sobre el bien que ha de hacer, gui\u00e1ndolo a la verdad completa (cf Jua 14:26); el Esp\u00ed\u00adritu es quien refuerza la voluntad del creyente con el dinamismo de la caridad, que orienta la libertad del hombre hacia la comuni\u00f3n perfecta con Dios y con sus hermanos; el Esp\u00ed\u00adritu es quien asume los dinamismos psicol\u00f3gicos de la persona para hacerlos vibrar al un\u00ed\u00adsono con los de Cristo: \u00abTened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jes\u00fas\u00bb (Flp 2:5). El obrar moral del cristiano reflejar\u00e1 la m\u00faltiple riqueza de sus estructuras de existencia y su unificaci\u00f3n bajo el dominio de la voluntad, rodeada de luz y de la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu de amor.<\/p>\n<p>b) El elemento constitutivo: la libertad. La libertad humana es la ra\u00ed\u00adz y el constitutivo caracter\u00ed\u00adstico del obrar moral. Sin libertad no hay vida moral. En general, podemos describir la libertad como capacidad esencial de realizar el bien. La posibilidad de decidirse por el mal o de permanecer indiferentes respecto al bien o al mal, de por s\u00ed\u00ad no pertenece a la esencia de la libertad, sino a los l\u00ed\u00admites de toda persona en cuanto criatura, que pueden conducirla incluso a su fracaso.<\/p>\n<p>J. Fuchs distingue dos niveles de libertad humana: 0 la libertad fundamental (o trascendental), que se identifica con la persona, \u00abpermite y fuerza a la persona a autodeterminarse como tal (toda) para convertirse as\u00ed\u00ad en una persona que se autodecide a ser tal, abierta al bien, al hombre, al Se\u00f1or, a su mensaje y a su llamada, al se\u00f1or\u00ed\u00ado del Dios-amor\u00bb (Essere del Signore 116); 0 la libertad categorial, que es la misma persona-libertad, pero expresada en las elecciones categoriales o en los actos morales particulares. La libertad fundamental de la persona se expresa en las elecciones categoriales con tanta mayor amplitud cuanto menores son los l\u00ed\u00admites y los condicionamientos de la persona misma. No se trata, pues, de dos libertades esencialmente diversas entre s\u00ed\u00ad, sino de una sola libertad referida bien a la totalidad de la persona, bien a sus elecciones categoriales. Sin embargo, es propio de la ambivalencia de la condici\u00f3n humana que nuestra libertad \u00fanica siga direcciones diversas, por ejemplo cuando a nivel fundamental orienta hacia el bien absoluto de la persona, mientras que a nivel categorial realiza una acci\u00f3n sectorial que contrasta con el verdadero bien del individuo. Por eso la persona ser\u00e1 existencialmente libre si en los diversos sectores de su existencia (religioso, moral, jur\u00ed\u00addico, econ\u00f3mico, pol\u00ed\u00adtico, cultural, etc.), se le reconoce aquel espacio de libertad que, sin contrastar con los derechos de otras personas, permite su reconocimiento y maduraci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad como el hecho de que la persona sea \u00abimagen de Dios\u00bb funda su libertad, que es fuerza para realizar el bien, igualmente el hecho de que el cristiano sea persona en Cristo funda su libertad como participaci\u00f3n en el se\u00f1or\u00ed\u00ado de Cristo sobre el mal, sobre el pecado, sobre el demonio, sobre la muerte y, como plena expansi\u00f3n, dentro de los l\u00ed\u00admites de nuestra condici\u00f3n de criaturas, del dinamismo de la caridad y de la comuni\u00f3n con Dios y con el pr\u00f3jimo. \u00abLa grandeza de la libertad humana se manifiesta de modo m\u00e1s sublime cuando se abandona plenamente a la direcci\u00f3n de la gracia, adquiriendo as\u00ed\u00ad la fuerza de decirle a Dios en Cristo el s\u00ed\u00ad de la obediencia filial en el amor. La escarpada cumbre de la libertad, que se asoma al abismo, se revela de modo espantoso en la terrible posibilidad de decidirse contra Cristo, de expulsar de s\u00ed\u00ad aquel Esp\u00ed\u00adritu divino del cual ha recibido el don amoroso\u00bb (B. Ht1RING, La ley de Cristo 1,146-147).<\/p>\n<p>c) La elecci\u00f3n moral: opci\u00f3n fundamental y elecciones categoriales. La reflexi\u00f3n escol\u00e1stica concedi\u00f3 amplio espacio a la profundizaci\u00f3n del proceso deliberativo. La posici\u00f3n de santo Tom\u00e1s (1-11, qq. 8-17), que establece en este proceso doce momentos consecutivos, la hacen suya tambi\u00e9n los autores neoescol\u00e1sticos, que intentan tambi\u00e9n penetrar m\u00e1s all\u00e1 de la din\u00e1mica de los actos humanos hasta el dinamismo misterioso de la conversi\u00f3n a la fe cristiana y a la aceptaci\u00f3n de la gracia divina. A. Gardeil, siguiendo a los comentaristas de santo Tom\u00e1s, presenta en paralelo los actos de la inteligencia y de la voluntad que se suceden y entrelazan entre s\u00ed\u00ad, primero en el orden de la intenci\u00f3n y luego en el orden de la ejecuci\u00f3n del acto humano. La intenci\u00f3n resulta de la polarizaci\u00f3n paralela del entendimiento y de la libertad en una primera fase respecto al fin que hay que alcanzar (simplex apprehensio, simplex volitio, iudicium de possibilitate, intentio), en una segunda fase en torno a los medios que hay que escoger (consilium, consensus, iudicium practicum, electio); la ejecuci\u00f3n une el entendimiento y la voluntad en otros cuatro momentos (imperium, usus activus, usus passivus, fruitio) (Arte, en DThC I, 343).<\/p>\n<p>Prescindiendo del excesivo esquematismo, queda el hecho de que la escol\u00e1stica ha identificado la originalidad del proceso deliberativo, reconociendo que, esencialmente, en el momento de la intenci\u00f3n y de la deliberaci\u00f3n el acto moral reside formalmente en el entendimiento y en la voluntad, mientras que en el orden de la ejecuci\u00f3n se encuentran interesados otros elementos de la esfera f\u00ed\u00adsica, psicol\u00f3gica y social del hombre.<\/p>\n<p>Los autores profundizan el tema del acto voluntario, bien recurriendo al an\u00e1lisis fenomenol\u00f3gico (Wojtyla, Ricoeur, De Finance), bien evidenciando el car\u00e1cter central y el valor unificador de la persona frente al riesgo de una excesiva fragmentaci\u00f3n del an\u00e1lisis del proceso deliberativo, causada por la contribuci\u00f3n no siempre convergente de las disciplinas antropol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Punto de encuentro de estas reflexiones \u00e9ticas, que tienen repercusiones tambi\u00e9n en el campo de la teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica, es el tema de la i opci\u00f3n fundamental. En el nivel de libertad fundamental, la primera decisi\u00f3n de la persona es una autodecisi\u00f3n, un disponer totalmente de s\u00ed\u00ad frente al bien considerado expl\u00ed\u00adcita o impl\u00ed\u00adcitamente como absoluto. La tendencia hacia el bien absoluto surge de la intuici\u00f3n y de la experiencia de la condici\u00f3n de criatura y de los l\u00ed\u00admites de la persona, que anhela trascenderse para llegar a la plenitud de la propia personalidad.<\/p>\n<p>La opci\u00f3n fundamental expresa enteramente las posibilidades y la ambivalencia de la libertad fundamental; por eso la persona puede escoger la orientaci\u00f3n fundamental de su vida tanto en el sentido del bien y de lo absoluto como del mal y del rechazo de lo absoluto. La opci\u00f3n fundamental no es, pues, un momento de nuestra existencia que f\u00e1cilmente cae en el olvido, sino que es la manera nueva y original en que el hombre, llegado a un cierto grado de madurez \u00e9tica, se unifica a s\u00ed\u00ad mismo en orden a su futuro de manera que cada una de sus elecciones libres pueda recibir una nueva intencionalidad y orientaci\u00f3n hacia o en contra del bien absoluto. Algunos moralistas, para precisar que la opci\u00f3n fundamental no es un acto separado de la persona, prefieren llamarla intenci\u00f3n fundamental. Dada la naturaleza de la opci\u00f3n fundamental, que traduce en orientaci\u00f3n de decisi\u00f3n la identidad moral de la persona, el cambio desde la opci\u00f3n fundamental negativa por el mal a la positiva por el absoluto (y viceversa) no puede ocurrir con facilidad y en el espacio de un corto tiempo, ya que es necesario modificar profundamente las expresiones de la libertad fundamental antes de obtener una conversi\u00f3n profunda y definitiva de la persona.<\/p>\n<p>La opci\u00f3n fundamental se realiza en las varias elecciones categoriales, pero sin confundirse con ellas. Se suele distinguir entre los actos categoriales los que tienen por objeto un valor en s\u00ed\u00ad globalmente considerados, y en las elecciones concretas, en las cuales los valores se consiguen en la fragmentaci\u00f3n de lo concreto cotidiano. Entre opci\u00f3n fundamental y elecciones categoriales no existe separaci\u00f3n neta: la opci\u00f3n fundamental que expresa la bondad de la persona vive en las decisiones categoriales y, a trav\u00e9s de ellas, lleva a su madurez la eticidad de la persona. Y puesto que la vida moral est\u00e1 enteramente bajo el influjo de la caridad, la realizaci\u00f3n \u00e9tica operada por la opci\u00f3n fundamental no cerrar\u00e1 ego\u00ed\u00adstamente la persona en s\u00ed\u00ad misma, sino que la abrir\u00e1 al amor-comuni\u00f3n con Dios y con el pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>La declaraci\u00f3n persona humana, de la Sagrada Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe, pone en guardia ante una concepci\u00f3n de la opci\u00f3n fundamental que, reduciendo todo imperativo \u00e9tico a una exhortaci\u00f3n gen\u00e9rica a la ley del amor, realiza un deslizamiento hacia un subjetivismo exagerado que relativiza el valor de la norma moral (cf Ench Val 5, 1722.1736).<\/p>\n<p>Las objeciones de los autores respecto a la opci\u00f3n fundamental surgen, por ejemplo, de que no se la puede conocer directamente, porque no aflora en su totalidad a la conciencia del yo; ni el conocimiento indirecto obtenido a trav\u00e9s de las elecciones categoriales particulares es garant\u00ed\u00ada de opci\u00f3n fundamental, ya que en la persona estas elecciones carecen a menudo de plena coherencia y est\u00e1n condicionadas por dinamismos que escapan al control del yo. No faltan adem\u00e1s objeciones de naturaleza teol\u00f3gica: si la certeza de la opci\u00f3n fundamental equivale a la certeza absoluta de haber unificado hacia el absoluto el propio yo, y por tanto de estar en gracia de Dios, \u00bfqui\u00e9n puede en esta vida tener esa certeza que se parece a estar confirmados en gracia? Y si la persona no puede llegar nunca a saber si la vida moral est\u00e1 totalmente animada por la opci\u00f3n fundamental, \u00bfno corre \u00e9sta el riesgo de quedarse en una simple hip\u00f3tesis te\u00f3rica, aunque atrayente y sugestiva?<br \/>\nM. Vidal, en su enfoque fuertemente inspirado en el personalismo, distingue tres niveles del comportamiento humano responsable: 0 la opci\u00f3n fundamental, que consiste en el s\u00ed\u00ad o en el no de la persona frente al absoluto y, en sentido cristiano, se expresa en el radicalismo \u00e9tico de Jes\u00fas; las actitudes morales, es decir, las disposiciones habituales \u00e9ticopsicol\u00f3gicas con que la persona concretiza la opci\u00f3n fundamental en alg\u00fan sector de su existencia; 0 los actos morales, que manifiestan tanto la opci\u00f3n fundamental como las actitudes morales en las situaciones concretas de la vida, y que pueden ser actos morales graves o menos graves seg\u00fan que procedan preferentemente del centro libre del yo y traduzcan el hecho de que la persona en esas elecciones dispone libremente de s\u00ed\u00ad misma respecto al fin \u00faltimo (Moral de actitudes I, 399ss).<\/p>\n<p>5. EXTENSI\u00ed\u201cN DE LA RESPONSABILIDAD. La responsabilidad de una decisi\u00f3n libre parte de la intimidad del yo y se ampl\u00ed\u00ada con el empleo de los medios para realizarla hasta las consecuencias y los efectos causados por ella. La escol\u00e1stica abord\u00f3 esta problem\u00e1tica de manera anal\u00ed\u00adtica y con sutiles distinciones, empleando las categor\u00ed\u00adas fundamentales de causa y efecto. La reflexi\u00f3n personalista moderna acent\u00faa, en cambio, el car\u00e1cter unitario de la acci\u00f3n moral integral, ya que la personalidad moral expresa el car\u00e1cter dialogal \u00e9tico con tanta amplitud cuanto extenso es el horizonte de di\u00e1logo y amor alcanzado con las decisiones propias.<\/p>\n<p>a) Moralidad de los efectos. El hombre es responsable de un efecto que se deriva de una acci\u00f3n moral suya si de alg\u00fan modo estaba en su poder, es decir, si se preve\u00ed\u00ada y, al menos indirectamente, era querido. A este respecto, la teolog\u00ed\u00ada moral cl\u00e1sica elabor\u00f3 los siguientes principios pr\u00e1cticos de valoraci\u00f3n: 1) el hombre es responsable de un efecto que brota de una acci\u00f3n moral si est\u00e1 previsto y es intencionalmente querido (voluntarium in se); 2) en cambio, si el efecto de una acci\u00f3n est\u00e1 previsto pero no es intencionalmente querido, hay que distinguir ulteriormente: 11 si el efecto es bueno, no es imputable al hombre, puesto que el bien debe ser no s\u00f3lo previsto, sino expresamente querido (bonum faciendum),- 0 si el efecto es malo, es imputable si es posible y obligado evitarlo (voluntarium in causa), porque el mal debe ser evitado (malum vitandum).<\/p>\n<p>La instancia antropol\u00f3gica subyacente a estos principios toca la trascendencia de la persona y analiza c\u00f3mo puede el hombre superar el horizonte m\u00ed\u00adnimo de su intimidad para conferir un valor \u00e9tico al mundo que le rodea (sociedad, cosmos, historia, etc.) y del cual obtiene los est\u00ed\u00admulos para su crecimiento moral. Esta expansi\u00f3n del ethos personal requiere un discernimiento circunspecto, fundado en la virtud de la 1 prudencia; s\u00f3lo as\u00ed\u00ad la vida moral, llamada de Dios dirigida a la persona, se convierte en respuesta de aut\u00e9ntico amor que abarca todo cuanto entra en relaci\u00f3n dialogal con el hombre creador de bien. En este contexto, prudencia y discernimiento no son un repliegue ego\u00ed\u00adsta o miedoso del hombre sobre s\u00ed\u00ad mismo, sino una ampliaci\u00f3n de las potencialidades morales de la persona m\u00e1s all\u00e1 de las limitaciones de tiempo y de espacio en las que hace sus elecciones \u00e9ticas.<\/p>\n<p>Los principios expuestos, a la vez que reconocen la exigencia de una expansi\u00f3n moral que sola correr\u00ed\u00ada el riesgo de convertirse en ideal ut\u00f3pico, reafirman con suma concretez que esa exigencia permanece dentro de los l\u00ed\u00admites de la responsabilidad del individuo. El discernimiento de la persona determinar\u00e1 cada vez cu\u00e1les son sus posibilidades, teniendo en cuenta no s\u00f3lo la experiencia personal y social, sino tambi\u00e9n el suplemento de energ\u00ed\u00ada moral que el Esp\u00ed\u00adritu Santo concede para la elecci\u00f3n concreta que hay que realizar: \u00abNuestra civilizaci\u00f3n est\u00e1 matando poco a poco nuestro coraz\u00f3n; por eso el anuncio cristiano habr\u00e1 de ser tanto m\u00e1s fuerte y vigilante contra los valores que fundan esta civilizaci\u00f3n y contra la p\u00e9rdida del sentido de la responsabilidad social del individuo\u00bb (E. CHIAVACCI, Teologia morale I, 93).<\/p>\n<p>b) Principio del doble efecto. Las decisiones dei hombre son fruto no solamente de la luz y la percepci\u00f3n de los valores \u00e9ticos implicados, sino tambi\u00e9n de los l\u00ed\u00admites de su condici\u00f3n de criatura y de las situaciones ambivalentes de la vida; por eso pueden ocasionar efectos contradictorios a menudo previstos por el hombre. Por ejemplo, si una mujer encinta descubre que tiene un tumor en el \u00fatero, \u00bfpuede decidirse por una operaci\u00f3n quir\u00fargica que extirpe el \u00f3rgano enfermo y que causar\u00ed\u00ada un efecto bueno (la curaci\u00f3n) y un efecto malo (la muerte del feto)?<br \/>\nEsquem\u00e1ticamente: si una acci\u00f3n causa un efecto bueno y uno malo, \u00bfpuede la persona realizar esa acci\u00f3n? El problema \u00e9tico surge de que esa situaci\u00f3n hace inoperante el primer principio de la \u00e9tica (bonum faciendum-malum vitandum) y paraliza la decisi\u00f3n del sujeto; pues el efecto bueno impulsa a la acci\u00f3n porque hay que hacer el bien, mientras que el efecto malo dice que no hay que realizarla porque hay que evitar el mal. Desde el siglo xvi la teolog\u00ed\u00ada moral ha intentado superar esta situaci\u00f3n conflictiva, que interesa tanto a la ciencia \u00e9tica como a la conciencia dei que debe obrar, elaborando un principio complejo, el principio del doble efecto, que establece las condiciones que hacen moralmente l\u00ed\u00adcita la acci\u00f3n: 1) la acci\u00f3n debe ser en s\u00ed\u00ad buena o indiferente; 2) los efectos buenos o malos deben brotar ambos de la acci\u00f3n, y no el efecto bueno del malo; 3) la intenci\u00f3n de la persona debe centrarse en el efecto bueno; 4) debe existir una proporci\u00f3n entre el efecto bueno querido y el malo, padecido o tolerado.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n moral de los \u00faltimos decenios ha criticado a menudo lo artificioso de este principio y la dificultad de traducirlo en la pr\u00e1ctica. Se ha propuesto reducirlo al an\u00e1lisis del voluntario directo e indirecto o del voluntario in se-in causa, o bien a otros principios m\u00e1s generales (principio de totalidad, del derecho preferente, del mejor bien posible, del conocimiento prudencial). El conjunto de la reflexi\u00f3n parece converger hacia la \u00f3ptica te\u00f3rica de la opci\u00f3n (intenci\u00f3n) fundamental, que considera la vida moral como \u00abuna modelaci\u00f3n creativa de la propia personalidad y del propio ambiente\u00bb y un \u00abdesignio fundamental, que decide en principio cu\u00e1les son las acciones que hay que preferir, aceptar o rechazar\u00bb (K.H. PESCHKE 383). La funci\u00f3n de juez de la conciencia personal, que valora la justa proporci\u00f3n (J. FUCHS, Essere del Signore 200) entre el bien y el mal en conflicto, har\u00e1 de soldadura entre los aspectos subjetivos del ethos (coherencia y maduraci\u00f3n de la personalidad moral) y los objetivos (qu\u00e9 valor-deber es preferente en la situaci\u00f3n concreta de vida).<\/p>\n<p>6. LOS CONDICIONAMIENTOS DEL ACTO MORAL. Todo lo que limita la libertad y la responsabilidad interesa, con finalidades diversas, a la reflexi\u00f3n jur\u00ed\u00addica, filos\u00f3fica y teol\u00f3gica. Las ciencias que estudian aspectos sectoriales del misterio del hombre contribuyen de manera eficaz e insustituible a precisar la naturaleza y el alcance de los condicionamientos de la libertad humana. Los manuales de teolog\u00ed\u00ada moral al abordar este tema revelan, seg\u00fan el lenguaje empleado y el enfoque dado, su capacidad para entrar en di\u00e1logo interdisciplinar con las ciencias antropol\u00f3gicas; el mantenimiento hoy de r\u00ed\u00adgidos esquemas escol\u00e1sticos puede llevar al rechazo de la aportaci\u00f3n original proveniente, por ejemplo, del psicoan\u00e1lisis, de la gen\u00e9tica, de la sociolog\u00ed\u00ada, de la l antropolog\u00ed\u00ada cultural, de la ! etolog\u00ed\u00ada. Si, por una parte, la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica y teol\u00f3gica iluminan el fundamento y la naturaleza de la libertad creatural del hombre, son las disciplinas antropol\u00f3gicas las que precisan existencialmente los l\u00ed\u00admites y los condicionamientos que intervienen en el ejercicio de la misma libertad [ l Ciencias humanas y \u00e9tica].<\/p>\n<p>Los condicionamientos de que se ocupa la moral son, pues, los que intervienen directamente en la decisi\u00f3n libre y tienen su ra\u00ed\u00adz en nuestra condici\u00f3n de criaturas limitadas por las estructuras existenciales (espaciotemporales, biofisiol\u00f3gicas, psicosociol\u00f3gicas).<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad se distinguen por razones de claridad los condicionamientos provenientes del interior de la persona de los causados por el exterior, aun a sabiendas de que unos y otros tendr\u00e1n una valencia moral s\u00f3lo yen la medida en que influyan positiva o negativamente en la decisi\u00f3n humana, alterando bien el juicio del intelecto, bien la libre din\u00e1mica de la voluntad.<\/p>\n<p>a) Condicionamientos internos de la persona. Del interior de la persona surgen condicionamientos, positivos y negativos, ligados a la corporeidad (salud y enfermedad, herencia, sexo), a la esfera psicol\u00f3gica (temperamento, car\u00e1cter, pasi\u00f3n, neurosis, psicosis), a la vida intelectual (ignorancia, error) y a la din\u00e1mica de la voluntad libre (temor, actitudes, h\u00e1bitos).<\/p>\n<p>En los manuales escol\u00e1sticos se reservaba siempre un amplio espacio a la descripci\u00f3n de las varias especies de ignorancia (vincibilis-invincibilis; simplicis negligentiae-affectata), de temor (ab intr\u00ed\u00adnseco-ab extrinseco; antecedens-concomitans; graves-levis; verus falsus; filiales-serviles), de pasiones (antecedens-consequens), a fin de precisar el grado de libertad de la decisi\u00f3n humana seg\u00fan el tipo de condicionamiento que la acompa\u00f1a.<\/p>\n<p>b) Condicionamientos externos a la persona. La persona y sus elecciones pueden estar condicionadas por el exterior ante todo por las relaciones interpersonales. Esto ocurre cuando las relaciones se expresan como violencia: la voluntad del que sufre puede disentir total o bien parcialmente, o como presi\u00f3n social (prejuicios, modelos \u00e9tico-sociales, influjo de los mass-media, persuasores ocultos), o como educaci\u00f3n recibida y asimilada, o como proceso de inculturaci\u00f3n en un determinado grupo humano, con sus riquezas y sus l\u00ed\u00admites \u00e9ticos. La persona est\u00e1 tambi\u00e9n condicionada en sus decisiones libres por las relaciones externas con el cosmos (el clima de la zona, la vegetaci\u00f3n, la alimentaci\u00f3n, el h\u00e1bitat de la residencia humana) y con la historia (aceptaci\u00f3n no siempre cr\u00ed\u00adtica del ethos pasado, percepci\u00f3n de los signos de los tiempos, que revelan en el hoy una parte del designio divino en el que hay que colocar la propia libre elecci\u00f3n).<\/p>\n<p>En resumen, todos los condicionamientos, internos y externos, limitar\u00e1n la elecci\u00f3n humana, obstaculiz\u00e1ndola, o en su misma ra\u00ed\u00adz constitutiva (la libre voluntad) o en su normal desarrollo (p.ej., impidiendo que el entendimiento tenga un conocimiento claro del valor \u00e9tico de la acci\u00f3n que hay que ejecutar).<\/p>\n<p>Los resultados aut\u00e9nticamente cient\u00ed\u00adficos de las ciencias humanas que describen los condicionamient\u00f3s de la libre decisi\u00f3n humana y descubren sus causas y sus eventuales remedios proporcionar\u00e1n a la reflexi\u00f3n \u00e9tica un material \u00fatil para la elaboraci\u00f3n de los principios morales sobre la responsabilidad de la persona y sobre la amplitud de la libertad humana, concretamente delimitada y limitada por sus diversos condicionamientos.<\/p>\n<p>7. VALORACI\u00ed\u201cN DEL ACTO H\u00faMANO. En la visi\u00f3n tomista el fundamento de la moral reside en la estructura del ser humano, que polariza enteramente la persona hacia Dios, sumo bien y suma verdad. El fracaso o la realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad depender\u00e1n del hecho y de la medida en que el hombre, inserto en un orden de la naturaleza amplio, activa las potencias que lo proyectan hacia la verdad y el bien. En este sentido, el bien moral es ajustarse a la realidad globalmente estructurada como polarizaci\u00f3n hacia Dios; y puesto que el hombre conoce la realidad que le rodea con la raz\u00f3n el bien moral ser\u00e1 tambi\u00e9n que el hombre se atenga a la raz\u00f3n que le descubre qu\u00e9 bien hay que realizar en concreto (\u00abbonum hominis est secundum rationem esse\u00bb: 1-11, q. 18, a. 5). El valor de los actos humanos est\u00e1 determinado por el hecho de, corresponder al ordo naturae y a la recta ratio; en esta doble referencia se basa la distinci\u00f3n entre moralidad objetiva y subjetiva. La vinculaci\u00f3n entre estos t\u00ed\u00ados aspectos de la moralidad se realiza para santo Tom\u00e1s por medio de la lex aeterna Dei, que objetivamente imprime Dios en el orden de lo creado y subjetivamente es participada en el hombre por medio de la lex moralis naturales, que es comprendida por la recta ratio.<\/p>\n<p>a) Valoraci\u00f3n objetiva general: actos buenos, malos e indiferentes. El juicio moral, especulativo y pr\u00e1ctico, que el hombre pronuncia sobre un acto lo calcar\u00e1 de bueno o malo seg\u00fan que el acto est\u00e9 conforme o disconforme con la normativa \u00e9tica, objetiva y subjetiva. Sin embargo, no siempre la moralidad objetiva corresponde al juicio subjetivo del individuo; esto ocurre cuando el hombre, por.error, juzga que es bueno lo que objetivamente es malo, o viceversa. En este caso, mientras permanezca de buena fe, la persona debe seguir el juicio err\u00f3neo de su conciencia.<\/p>\n<p>Los manuales suelen distinguir en el acto humano tres elementos constitutivos, considerados como fuentes de la moralidad: el objeto, las circunstancias y el fin. El El objeto moral confiere al acto la moralidad primaria y espec\u00ed\u00adfica; por ejemplo, define no solamente la bondad o maldad en general, sino la bondad o maldad propia de la restituci\u00f3n o del hurto, de la oraci\u00f3n o de la blasfemia. En s\u00ed\u00ad el objeto moral puede ser bueno, malo o indiferente. 0 Las circunstancias pueden a\u00f1adir una nueva valencia moral al acto ya constituido en su moralidad primaria o bien pueden modificar la moralidad esencial del acto. 0 Entre las circunstancias merece particular atenci\u00f3n el fin (finis operantis) que el sujeto a\u00f1ade a la finalidad intr\u00ed\u00adnseca del objeto mismo moral (finis operis). La finalidad subjetiva puede enriquecer la elecci\u00f3n con un nuevo elemento de bondad; pero puede corromper tambi\u00e9n una acci\u00f3n intr\u00ed\u00adnsecamente buena, por ejemplo, cuando se escoge ayunar s\u00f3lo \u00abpara que los hombres nos vean\u00bb (Mat 5:16).<\/p>\n<p>El principio escol\u00e1stico \u00abbonum ex integra causa, malum ex quocumque defectu\u00bb nos dice que el acto humano ser\u00e1 bueno si son moralmente buenos el objeto, las circunstancias que est\u00e1n bajo el dominio del sujeto y la intenci\u00f3n particular del agente. En cambio, el acto humano ser\u00e1 malo si son moralmente malos el objeto moral o la intenci\u00f3n subjetiva, o bien una circunstancia que modifique sustancialmente la elecci\u00f3n moral (\u00abcircumstantia mutans speciem theologicam\u00bb).<\/p>\n<p>Se puede prescindir de la cuesti\u00f3n teor\u00e9tica de si pueden existir acciones humanas moralmente indiferentes, puesto que, en concreto, los actos humanos que eventualmente tendr\u00ed\u00adan un objeto indiferente recibir\u00ed\u00adan una moralidad o de la intenci\u00f3n del sujeto o de las circunstancias.<\/p>\n<p>b) El problema del \u00abintrinsece malum \u00ab. La reflexi\u00f3n y la discusi\u00f3n todav\u00ed\u00ada abiertas sobre el intrinsece malum constituyen un nudo de problemas en el que confluyen varios enfoques te\u00f3ricos de la teolog\u00ed\u00ada moral, de la neoescol\u00e1stica al personalismo, con los matices propios de cada pensador. La discusi\u00f3n versa sobre la identificaci\u00f3n de lo \u00abintr\u00ed\u00adnsecamente malo\u00bb, es decir, si puede referirse tambi\u00e9n a contenidos y objetos morales determinados por normas generales (p.ej., la guerra, la violencia, la contracepci\u00f3n) o si, por el contrario, debe reducirse a la sola intenci\u00f3n \u00e9tica manifestativa de la moral de la persona entera. Son evidentes los m\u00faltiples reflejos operativos de tal planteamiento te\u00f3rico (en los sectores de la vida individual, de la educaci\u00f3n y de la pastoral) seg\u00fan la premisa te\u00f3rica inspiradora.<\/p>\n<p>La manual\u00ed\u00adstica tradicional, fundada en la visi\u00f3n existencialista del acto moral, sosten\u00ed\u00ada que es intr\u00ed\u00adnsecamente malo el acto humano que lesiona un valor moral ligado al fin \u00faltimo del hombre y expresado en la ley natural, reflejo de la lex aeterna Dei. Por tanto, una acci\u00f3n que hiere el orden objetivo es intr\u00ed\u00adnsecamente mala, aunque el sujeto ignore la malicia.<\/p>\n<p>Los autores m\u00e1s cercanos al personalismo desplazan la bondad-malicia intr\u00ed\u00adnseca del comportamiento humano de los actos a la persona. La vida moral se articular\u00ed\u00ada, seg\u00fan estos autores, en dos niveles: a) el nivel de la persona -que decide libremente de s\u00ed\u00ad, orientada por el mandamiento del amor o de la regla de oro-,sede de la \u00fanica o aut\u00e9ntica moralidad (bondad-malicia intr\u00ed\u00adnseca); b) el nivel del bien-mal premoral (llamado por otros \u00f3ntico o bien no-moral), que est\u00e1 constituido por los aspectos terrenos e intramundanos de la vida y de la existencia. Aunque estos bienes son premorales, la persona no puede permanecer indiferente ante ellos; es m\u00e1s, la bondad intr\u00ed\u00adnseca de la persona exige que se eviten en la medida de lo posible los males premorales y que se realicen los bienes premorales en orden a la plena maduraci\u00f3n de la personalidad moral.<\/p>\n<p>Aunque subjetivas, las posiciones de estos autores parecen todav\u00ed\u00ada hip\u00f3tesis cuya fundamentaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica (sobre todo con referencia a la Escritura, al magisterio de la Iglesia y a la recta raz\u00f3n) requieren ulteriores reflexiones y profundizaciones, sobre todo para evitar los riesgos de un subjetivismo \u00e9tico y de una devaluaci\u00f3n de la riqueza \u00e9tica contenida en cada situaci\u00f3n o aspecto de la vida cotidiana.<\/p>\n<p>c) Fundamentaci\u00f3n deontol\u00f3gica y fundamentaci\u00f3n teleol\u00f3gica de la valoraci\u00f3n moral. Estimulada tambi\u00e9n por la problem\u00e1tica \u00e9tica actual (divorcio, aborto, eutanasia, armamentos, ecolog\u00ed\u00ada, etc.) y por las intervenciones magisteriales, que a menudo definen como intr\u00ed\u00adnsecamente malos determinados comportamientos, la reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-moral se ha concentrado recientemente en la profundizaci\u00f3n del fundamento de las normas morales. El proceso que fundamenta no s\u00f3lo filos\u00f3fica, sino tambi\u00e9n teol\u00f3gicamente la norma \u00e9tica incluye siempre la intervenci\u00f3n de la raz\u00f3n humana, que intenta demostrar su racionalidad tambi\u00e9n cuando se trata de normas contenidas en la Sagrada Escritura.<\/p>\n<p>Hoy se suelen distinguir dos tipos de fundamentaci\u00f3n: la deontol\u00f3gica y la teleol\u00f3gica.<br \/>\n-La argumentaci\u00f3n deontol\u00f3gica sostiene que la bondad o malicia de los actos es intr\u00ed\u00adnseca a ellos e independiente de sus eventuales consecuencias; por ejemplo, el suicidio, el asesinato o la apostas\u00ed\u00ada son actos en s\u00ed\u00ad mismos malos, cuya malicia subsiste prescindiendo de las consecuencias \u00fatiles o nocivas para la persona y para la sociedad.<br \/>\n-La argumentaci\u00f3n teleol\u00f3gica juzga la bondad o malicia del acto en el contexto m\u00e1s amplio de las consecuencias producidas o de los fines perseguidos (de aqu\u00ed\u00ad las denominaciones de consecuencialismo, proporcionalismo y utilitarismo dadas a este tipo de reflexiones); la valoraci\u00f3n moral consistir\u00e1 en confrontar y calcular los efectos buenos con los malos para precisar cu\u00e1les y cu\u00e1ntos bienes premorales est\u00e1n implicados o entran en conflicto en la elecci\u00f3n concreta que hay que hacer.<\/p>\n<p>La doble argumentaci\u00f3n, deontol\u00f3gic\u00e1 y teleol\u00f3gica, hay que colocarla, como en otras cuestiones (el intrinsece malum, la opci\u00f3n fundamental, la autonom\u00ed\u00ada \u00e9tica del creyente, etc.), dentro del contexto del sistema \u00e9tico propio de cada autor. La historia de la teolog\u00ed\u00ada moral nos dice que tanto los te\u00f3logos como el magisterio han utilizado los dos tipos de argumentaci\u00f3n. La dosis de las dos argumentaciones depender\u00e1 de la premisa filos\u00f3fico-teol\u00f3gica: si se privilegia una visi\u00f3n metaf\u00ed\u00adsico-esencialista de la moral, se preferir\u00e1 una fundamentaci\u00f3n deontol\u00f3gica de la moral que dejar\u00e1 alas argumentaciones teleol\u00f3gicas s\u00f3lo la valoraci\u00f3n de las circunstancias y de las consecuencias del acto moral; en cambio, si se parte de una premisa personalistaexistencial, la preferencia se dar\u00e1 a una argumentaci\u00f3n de tipo teleol\u00f3gico. Esta reservar\u00e1 a los argumentos de naturaleza deontol\u00f3gica los aspectos formales del imperativo categ\u00f3rico y los principios generales del deber del amor a Dios y al pr\u00f3jimo (que J. Fuchs llama \u00abproblemas puramente morales\u00bb: Essere del Signore, 182); en cambio, la argumentaci\u00f3n teleol\u00f3gica se aplicar\u00e1 \u00aba los problemas mixtos, es decir, del obrar sobre las realidades contingentes del mundo concreto y finito\u00bb (ID, l. e.).<\/p>\n<p>Las conexiones entre los aspectos metaf\u00ed\u00adsicos y los personalistas del ethos, entre las argumentaciones deontol\u00f3gicas y las teleol\u00f3gicas, entre el nivel moral y el premoral de los contenidos \u00e9ticos habr\u00e1 que contemplarlas en un horizonte teol\u00f3gico cristoc\u00e9ntrico. Pues en Cristo se realiza la \u00abuniversalidad de la norma concreta. La existencia concreta de Cristo -su vida, pasi\u00f3n, muerte y definitiva resurrecci\u00f3n corp\u00f3reaanula de suyo todos los dem\u00e1s sistemas de normativa \u00e9tica; el obrar moral de los cristianos debe, en definitiva, dar cuenta s\u00f3lo a aquella norma que es el arquetipo de obediencia perfecta a Dios Padre&#8230; La s\u00ed\u00adntesis de la voluntad entera del Padre realizada en la persona de Cristo es escatol\u00f3gica e insuperable; por tanto, es a priori universalmente normativa\u00bb (H.U. von Balthasar, Nuevas tesis, en Ench Vat 5,1016-1017).<\/p>\n<p>El hombre, como persona en Cristo, al realizar en Cristo sus propias elecciones morales, a la vez que lleva a su madurez la propia personalidad moral, contribuye a la elevaci\u00f3n del ethos de la comunidad y de la cultura en la que est\u00e1 inmerso y aporta su contribuci\u00f3n al progreso de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-moral.<\/p>\n<p>[\/Conciencia; \/Experiencia moral; \/Gracia; \/Libertad y responsabilidad; \/ Norma moral; \/ Opci\u00f3n fundamental; \/ Principios morales tradicionales; \/Virtud; \/Virtudes teologales].<\/p>\n<p>R. Frattallone<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(v. conciencia, libertad, moral, voluntad) (ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n, BAC, Madrid, 1998) Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n Con el t\u00e9rmino \u00abacto humano\u00bb se quiere designar el obrar propio del hombre que, en cuanto tal, puede convertirse en objeto de valoraci\u00f3n moral. Esta definici\u00f3n tiene su origen en la distinci\u00f3n, ya presente en la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/acto-humano\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abACTO HUMANO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15009","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15009","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15009"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15009\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15009"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15009"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15009"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}