{"id":15025,"date":"2016-02-05T09:50:39","date_gmt":"2016-02-05T14:50:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/apostolado-seglar\/"},"modified":"2016-02-05T09:50:39","modified_gmt":"2016-02-05T14:50:39","slug":"apostolado-seglar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/apostolado-seglar\/","title":{"rendered":"APOSTOLADO SEGLAR"},"content":{"rendered":"<p>(v. Acci\u00f3n Cat\u00f3lica, cursillos de cristiandad, laicado)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>1. El Apostolado Seglar<br \/>\nHa sido m\u00e9rito del Concilio Vaticano II desatar definitivamente las ligaduras que tuvieron recluido al laicado cristiano en un discreto e irrelevante segundo plano de la vida eclesial. A ra\u00ed\u00adz de la paz constantiniana y de la irrupci\u00f3n de los pueblos b\u00e1rbaros en la Iglesia, se gener\u00f3 una relaci\u00f3n dial\u00e9ctica entre los espirituales (monjes y clero) por una parte, y el resto (los laicos) considerados como los carnales, por otra. Esta tensi\u00f3n, t\u00ed\u00adpica de la situaci\u00f3n de cristiandad, sustituy\u00f3 a la que toda la comunidad cristiana -laicado y ministerio ordenado- hab\u00ed\u00ada mantenido con el mundo durante la \u00e9poca de los m\u00e1rtires. Al contrario de lo que ocurr\u00ed\u00ada en Oriente, \u00ablaico\u00bb o \u00ablego\u00bb, en el Occidente cristiano, lleg\u00f3 a ser sin\u00f3nimo de inculto (illitteratus o idiotes), y la compilaci\u00f3n legislativa de Graciano (hacia el 1140), hecha para el uso escol\u00e1stico y por ello de notable influjo, consagr\u00f3 durante siglos la disociaci\u00f3n entre cl\u00e9rigos y laicos en el famoso canon que comienza: duo sunt genera christianorum (hay dos clases de cristianos). De acuerdo con \u00e9l, a los cl\u00e9rigos y monjes, su condici\u00f3n eclesial les brindaba un camino real para el encuentro con Dios; a los otros, su condici\u00f3n laical m\u00e1s parec\u00ed\u00ada un estorbo que una ayuda para encontrar a Dios. Los laicos, considerados durante siglos como \u00abIglesia discente\u00bb (la Iglesia que ha de escuchar y aprender), no parec\u00ed\u00adan aptos para llevar a puerto la misi\u00f3n de la Iglesia, que result\u00f3 ser encomienda practicamente exclusiva de cl\u00e9rigos y monjes. (Para la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica del laicado en la Iglesia, vid. FORTE, B. en Diccionario teol\u00f3gico interdisciplinar, voz \u00ablaicado\u00bb, p. 252-269).<\/p>\n<p>Bien es verdad que se siguieron promoviendo iniciativas laicales dentro de la vida de la Iglesia. Prueba de ello son las cofrad\u00ed\u00adas y terceras \u00f3rdenes que surgen en plena edad media, los montes de piedad del siglo XIV, las fraternitates de la devotio moderna (en los Pa\u00ed\u00adses Bajos), y m\u00e1s tarde, las escuelas de la doctrina cristiana (Mil\u00e1n 1536), las congregaciones marianas, los oratorios al gusto de San Felipe Neri y otras obras semejantes en la edad moderna. Pero habr\u00e1 que llegar a los albores del siglo XX, con la emergencia de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica, para encontrar textos autorizados que atribuyan al laicado una verdadera tarea apost\u00f3lica. P\u00ed\u00ado X (II fermo proposito) se\u00f1ala que el \u00e1mbito de la acci\u00f3n de los seglares abarca \u00abtodo lo que directa o indirectamente pertenece a la misi\u00f3n de la Iglesia&#8230;, es decir, guiar a las almas a Dios y restaurar todas las cosas en Cristo\u00bb (Cf. ESCART(N, P., Apuntes para la historia de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica Espa\u00f1ola, en \u00abLa Acci\u00f3n Cat\u00f3lica Espa\u00f1ola. Documentos\u00bb, Madrid 1996, p. 151 ss.<\/p>\n<p>El apostolado de los seglares, tal como lo describe el Concilio Vaticano II, da carta de naturaleza dentro de la misi\u00f3n de la Iglesia a la iniciativa apost\u00f3lica del laicado, la cual en las d\u00e9cadas previas al Concilio hab\u00ed\u00ada cuajado en diversas organizaciones, entre las que resaltan con particular fuerza y significaci\u00f3n las de la ya citada Acci\u00f3n Cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Para el Concilio Vaticano II, la misi\u00f3n de la Iglesia consiste en propagar el reino de Dios, haciendo a todos los hombres part\u00ed\u00adcipes de la redenci\u00f3n, y ordenando todo el mundo hacia Cristo. A toda esta tarea la llama apostolado, y dice que la Iglesia la ejerce a trav\u00e9s de todos sus miembros de diversas maneras (AA 2. LG 5. 31). Por lo tanto, el apostolado de los laicos o apostolado seglar es la participaci\u00f3n del laicado, de forma individual o asociada, en la misi\u00f3n de la Iglesia antes descrita. Sin embargo, en virtud del principio que sanciona la unidad de misi\u00f3n y diversidad de tareas en la Iglesia (LG 7, 32, 33. AA 2), es el propio Concilio quien se\u00f1ala algunas peculiaridades al apostolado de los laicos, que corresponden precisamente a su car\u00e1cter secular, es decir, a aquella condici\u00f3n laical que siglos atr\u00e1s hab\u00ed\u00ada constituido un posible obst\u00e1culo para el encuentro de los seglares (seculares) con Dios.<\/p>\n<p>Ese car\u00e1cter secular, con el que est\u00e1 tejida la existencia del laico, no es otra cosa que el conjunto de actividades y condicionamientos que comporta la vida familiar, profesional, social, vecinal, cultural, pol\u00ed\u00adtica, etc., que los laicos cristianos, a un tiempo, protagonizan y comparten con sus conciudadanos. En ese \u00ablugar\u00bb son llamados por Dios para que vivan su existencia \u00abgui\u00e1ndose por el esp\u00ed\u00adritu evang\u00e9lico, de modo que, igual que la levadura, contribuyan desde dentro a la santificaci\u00f3n del mundo y de este modo descubran a Cristo a los dem\u00e1s, brillando, ante todo, con el testimonio de su vida, fe, esperanza y caridad\u00bb. As\u00ed\u00ad es como los laicos cristianos realizan un aspecto peculiar del apostolado, hoy particularmente necesario: \u00abhacer presente y operante a la Iglesia en los lugares y condiciones donde ella no puede ser sal de la tierra si no es a trav\u00e9s de ellos\u00bb (LG 31, 33).<\/p>\n<p>El papa Juan Pablo II, en su exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica fruto del S\u00ed\u00adnodo de 1987 sobre los laicos, hace notar que \u00abel ser y actuar en el mundo\u00bb, es decir, la \u00ed\u00adndole secular del laico cristiano \u00abno es s\u00f3lo una realidad antropol\u00f3gica y sociol\u00f3gica, sino tambi\u00e9n, y espec\u00ed\u00adficamente, una realidad teol\u00f3gica y eclesial\u00bb, o dicho de otro modo, el c\u00e1racter secular tiene sentido teologal puesto que es en ese \u00ablugar\u00bb donde Dios les llama a la santidad y al apostolado. Adem\u00e1s, el Papa reivindica la prioridad, en el momento presente, de esta dimensi\u00f3n secular del apostolado seglar, dada la actual proclividad de muchos laicos a consentir en dos tentaciones: la de prestar m\u00e1s atenci\u00f3n a las tareas eclesiales que a las responsabilidades apost\u00f3licas en el campo profesional, social, econ\u00f3mico, cultural y pol\u00ed\u00adtico; y la de legitimar el divorcio entre fe y vida, que ya hab\u00ed\u00ada denunciado el Concilio Vaticano II (ChL 15, 17, 2).<\/p>\n<p>El apostolado seglar es verdadera participaci\u00f3n de los laicos cristianos en la misi\u00f3n de la Iglesia. Ellos toman parte no por concesi\u00f3n de los pastores, sino en virtud de su ser cristianos \u00abincorporados a Cristo por el bautismo, constituidos en pueblo de Dios y hechos part\u00ed\u00adcipes a su manera de la funci\u00f3n sacerdotal, prof\u00e9tica y real de Jesucristo\u00bb (LG 31). Este apostolado tiene por objeto, como ya se ha dicho, todo lo que constituye la misi\u00f3n de la Iglesia: \u00abevangelizar y santificar a los hombres\u00bb y \u00absaturar del esp\u00ed\u00adritu del Evangelio las diversas comunidades y los diversos ambientes\u00bb (AA 20). Las actividades en las que los laicos han de implicarse para realizar esa tarea son muy variadas y se orientan, por una parte a impregnar la comunidad humana con los valores del Evangelio, tarea \u00abprimera e inmediata\u00bb que les compete (EN 70. ChL 34-35). Y por la otra, a cooperar en la edificaci\u00f3n de la Iglesia como hogar; para ello toman parte activa en el servicio catequ\u00e9tico, lit\u00fargico-oracional, caritativo-social-asistencial y organizativo de las comunidades eclesiales (LG 33. AA 10), pudiendo adquirir en algunos casos un cierto car\u00e1cter ministerial (ministerios laicales sin orden sagrado); sin embargo, hay que advertir que \u00abel ejercicio de estas tareas no hace del fiel laico un pastor\u00bb (EN 73. ChL 23. Sobre la colaboraci\u00f3n directa de los laicos en las tareas espec\u00ed\u00adficas de los pastores, v\u00e9ase Instrucci\u00f3n sobre algunas cuestiones acerca de la colaboraci\u00f3n de los fieles laicos en el sagrado ministerio de los sacerdotes, agosto 1997, procedente de forma conjunta de ocho dicasterios de la Curia Romana), por lo que es preciso saber ejercerlas desde la peculiaridad que comporta el car\u00e1cter secular.<\/p>\n<p>La actual carencia de vocaciones sacerdotales ha llevado, en diversas Iglesias de Europa, a encomendar a los laicos, bajo la coordinaci\u00f3n de un presb\u00ed\u00adtero que act\u00faa como moderador, tareas de animaci\u00f3n pastoral en sectores especializados (como la pastoral con j\u00f3venes o dentro de un hospital, etc.) o de ayudante parroquial como una colaboraci\u00f3n m\u00e1s global en la parroquia o en la animaci\u00f3n de comunidades sin sacerdote. Se trata de compromisos estables por parte de los laicos, al menos durante un per\u00ed\u00adodo de varios a\u00f1os, con dedicaci\u00f3n a tiempo pleno o a media jornada, y con remuneraci\u00f3n econ\u00f3mica. Estas experiencias abocan a un modelo diferente de organizaci\u00f3n pastoral, no ajeno a las posibilidades abiertas por el Concilio Vaticano II y por el vigente C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico. Sin embargo, no ser\u00e1 in\u00fatil advertir un riesgo: que esta v\u00ed\u00ada de participaci\u00f3n laical en la misi\u00f3n de la Iglesia aminore la presencia misionera de los laicos en el mundo. Y siempre hay que recordar que, sean cuales fueren las responsabilidades que el laico asuma, debe anunciar a Jesucristo, \u00abbrillando, ante todo, con el testimonio de su vida, fe, esperanza y caridad\u00bb (LG 31. cf. EN 21-22) a trav\u00e9s de unas u otras tareas (cf. BORRAS, A., Des laics en responsabilit\u00e9 pastorale? Accueillir de nouveaux minist\u00e9res. Les Editions du Cerf, Par\u00ed\u00ads 1998. Se trata de una reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-can\u00f3nica, realizada por un grupo de trabajo de canonistas franc\u00f3fonos, a partir de experiencias instauradas en Iglesias de Francia y de B\u00e9lgica).<\/p>\n<p>La necesidad del apostolado seglar surge del ser y misi\u00f3n de la Iglesia como pueblo de Dios, en el que \u00abse da una verdadera igualdad entre todos en lo referente a la dignidad y a la acci\u00f3n com\u00fan de todos los fieles para la edificaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo\u00bb (LG 32). Las peculiares circunstancias del cambio cultural, ya iniciado en la d\u00e9cada de los sesenta, y la escasez de los sacerdotes y limitaciones a que se ven sometidos en muchas regiones son, adem\u00e1s, motivos complementarios que el Concilio Vaticano II invoc\u00f3 para urgir la intervenci\u00f3n de los laicos en la misi\u00f3n de la Iglesia. Veinte a\u00f1os m\u00e1s tarde, en la exhortaci\u00f3n postsinodal Christifideles laici, el papa Juan Pablo II ha vuelto a dirigirse a los laicos con la invitaci\u00f3n evang\u00e9lica \u00abId tambi\u00e9n vosotros a mi vi\u00f1a\u00bb, en el contexto de la apremiante necesidad de una nueva evangelizaci\u00f3n. Y los Obispos espa\u00f1oles, por su parte, concluyen su m\u00e1s reciente documento sobre el apostolado seglar con estas palabras:<\/p>\n<p>\u00abEn un mundo secular los laicos -hombres y mujeres, ni\u00f1os, j\u00f3venes y ancianos- son los nuevos samaritanos, protagonistas de la nueva evangelizaci\u00f3n, con el Esp\u00ed\u00adritu Santo que se les ha dado. La nueva evangelizaci\u00f3n se har\u00e1, sobre todo, por los laicos o no se har\u00e1\u00bb (CLIM 148).<\/p>\n<p>2. Los agentes del apostolado seglar<br \/>\nPuesto que \u00abla vocaci\u00f3n cristiana, por su misma naturaleza, es tambi\u00e9n vocaci\u00f3n al apostolado\u00bb (AA 2-3), los agentes o sujetos de esta actuaci\u00f3n eclesial son todos y cada uno de los seglares cristianos, cualquiera que sea su edad o condici\u00f3n, en la medida que responden a la vocaci\u00f3n cristiana. Fueron los movimientos especializados de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica los que, con mayor insistencia, llevaron a la pr\u00e1ctica la fecunda intuici\u00f3n de que el ap\u00f3stol de los obreros ha de ser el obrero cristiano, lo mismo que el joven lo ha de ser de los j\u00f3venes, y el ni\u00f1o, de los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Sin embargo, el presb\u00ed\u00adtero tiene una tarea peculiar en la promoci\u00f3n y acompa\u00f1amiento del apostolado seglar. En la respuesta de los laicos a la vocaci\u00f3n apost\u00f3lica siempre est\u00e1 impl\u00ed\u00adcita la animaci\u00f3n espiritual del sacerdote. Pero es, sobre todo, en la implantaci\u00f3n y acompa\u00f1amiento de las organizaciones del apostolado seglar donde la figura del consiliario, asesor o capell\u00e1n resulta insoslayable. Su papel ha sido descrito por el Pontificio Consejo para los laicos como de artesano de la unidad, educador de la fe, animador espiritual y testigo del Absoluto de Dios (Pontificio Consejo para los Laicos, Los sacerdotes en el seno de las asociaciones de fieles. Pol\u00ed\u00adglota Vaticana, 1981, pp. 38-49).<\/p>\n<p>La tarea de los laicos en el conjunto de la misi\u00f3n de la Iglesia es para el papa Juan Pablo II \u00aboriginal, insustituible e indelegable\u00bb (ChL 8), y ha de ejercerse tanto de forma individual como asociada. El apostolado individual es absolutamente necesario. El Concilio Vaticano II lo considera \u00abforma primordial\u00bb y \u00abcondici\u00f3n de todo el apostolado de los laicos, incluso del asociado, y nada puede sustituirlo\u00bb. En ciertas circunstancias es \u00abel \u00fanico apto y posible\u00bb y a \u00e9l est\u00e1n llamados y obligados \u00abtodos los laicos, cualquiera que sea su condici\u00f3n, aunque no tengan ocasi\u00f3n o posibilidad de colaborar en las asociaciones\u00bb (AA 16). El apostolado individual entra\u00f1a dos caracter\u00ed\u00adsticas que lo hacen profundamente incisivo: su irradiaci\u00f3n capilar o de persona a persona, y la constancia en testimoniar la fuerza del Evangelio en la misma entra\u00f1a, cotidiana y cercana, donde late la vida de los hombres y mujeres de nuestro tiempo (ChL 28). Por ello el Concilio lo considera como paso indispensable para todo otro modo de apostolado, en particular para el asociado.<\/p>\n<p>Pero el apostolado individual es insuficiente, por lo que la Iglesia impulsa la existencia de un apostolado seglar asociado. Lejos de toda contraposici\u00f3n, el apostolado individual y el asociado se necesitan mutuamente. Las intervenciones grupales y estructurales no lograr\u00e1n que los individuos lleguen a tomar postura con verdadera hondura a favor de Jesucristo, si no son acompa\u00f1ados por esa relaci\u00f3n de persona a persona, que es la esencia del apostolado individual. Sin embargo, \u00e9ste se queda corto, si no cuenta con la referencia a un marco m\u00e1s amplio de car\u00e1cter grupal o comunitario, y si no propicia un cambio con verdaderas repercusiones sociales.<\/p>\n<p>La necesidad de asociarse es tanto mayor cuanto m\u00e1s honda es la convicci\u00f3n de que la evangelizaci\u00f3n no s\u00f3lo ha de llegar a los individuos, sino tambi\u00e9n a los ambientes sociales (ChL 29. AA 13). Para evangelizar los medios sociales es preciso que la conciencia de los laicos sea iluminada por el Evangelio. Esta iluminaci\u00f3n tiende a descubrir las pistas del paso de Dios por los acontecimientos colectivos, y ayuda a no someter el mensaje cristiano a los esquemas del propio medio social. En ambos aspectos las formas asociadas representan una preciosa y dif\u00ed\u00adcilmente sustituible ayuda. A pesar de las tendencias postmodernas a la fragmentaci\u00f3n y al individualismo, que hacen m\u00e1s arduo el asociacionismo en todos los \u00e1mbitos, el apostolado asociado es hoy m\u00e1s indispensable que en otros tiempos. Sigue manteniendo su validez la observaci\u00f3n que hac\u00ed\u00adan los obispos de la Comisi\u00f3n Episcopal de Apostolado Seglar en 1974, al afirmar que, \u00aben general, s\u00f3lo en el seno de un apostolado seglar asociado que sea en verdad un movimiento de Iglesia, surgen aut\u00e9nticos militantes cristianos. Y, cuando surgen a trav\u00e9s de otros cauces, se trata casi siempre de formas de acci\u00f3n organizada que se asemejan mucho a las de un verdadero movimiento apost\u00f3lico\u00bb (Comisi\u00f3n Episcopal de Apostolado Seglar, El Apostolado Seglar en Espa\u00f1a, pp. 95-96).<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de estas motivaciones relacionadas con la eficacia, hay otros motivos, de car\u00e1cter teol\u00f3gico y eclesiol\u00f3gico, que reclaman la asociaci\u00f3n de los laicos en orden al apostolado; \u00e9stos se fundamentan en que el apostolado asociado es \u00absigno de la comuni\u00f3n y de la unidad de la Iglesia de Cristo\u00bb (ChL 29). La Iglesia, que en el Concilio Vaticano II se defini\u00f3 a s\u00ed\u00ad misma como pueblo solidario y samaritano (Las constituciones Lumen gentium y Gaudium et spes del Concilio Vaticano II avalan tal definici\u00f3n), tiene dos se\u00f1as de identidad que la definen profunda y exactamente: la comuni\u00f3n y la misi\u00f3n. La comuni\u00f3n, que se realiza a trav\u00e9s del ejercicio de la corresponsabilidad, tiene una fuerza vinculante intr\u00ed\u00adnseca. Por ella, la comprometida responsabilidad del pastor de discernir autorizadamente, tanto en el terreno de la doctrina como de la pr\u00e1ctica pastoral, se acopla con la otra aportaci\u00f3n sinodal -la de los presb\u00ed\u00adteros y laicos-que no han de limitarse a obedecer pasivamente, sino que deben proporcionar los elementos de juicio con los que el pastor llegar\u00e1 a formular un juicio vinculante. Esta aportaci\u00f3n sinodal de los fieles es posible gracias al don del Esp\u00ed\u00adritu derramado sobre todo el pueblo de Dios y comporta toda la fuerza vinculante de la \u00abcommunio\u00bb (ESCARTIN, P., \u00c2\u00a1Un laico como t\u00fa en una Iglesia como \u00e9sta!, BAC. Madrid, 1997, PP. 105-125).<\/p>\n<p>El papa Juan Pablo II ha subrayado con fuerza que la comuni\u00f3n es misionera y que la misi\u00f3n tiende a crear m\u00e1s hondura de comuni\u00f3n. Es en el contexto de una Iglesia unida, cuya vocaci\u00f3n e identidad m\u00e1s profunda es la evangelizaci\u00f3n (ChL 32. EN 14), donde el Se\u00f1or encomienda a los laicos una gran parte de esa responsabilidad misionera de la Iglesia. El carisma de los laicos los coloca en el coraz\u00f3n del mundo para que, como la levadura, fecunden con semillas evang\u00e9licas la secularidad. Este es el aspecto principal, aunque no \u00fanico, de su tarea evangelizadora: activar, de un modo eminente, la laicidad de la Iglesia, que consiste sobre todo en haber sido enviada al mundo para ser solidaria con \u00e9l y samaritana (FORTE, B., Laicado y laicidad, Ed. S\u00ed\u00adgueme. Salamanca, 1987).<\/p>\n<p>3. Destinatarios<br \/>\nPreguntar por los destinatarios del apostolado seglar es equ\u00ed\u00advoco. La respuesta parece di\u00e1fana: los hombres y mujeres susceptibles de ser evangelizados; sin embargo la actuaci\u00f3n apost\u00f3lica de los seglares encierra una complejidad, cuyo alcance se valora mejor al recorrer los diferentes campos donde la Iglesia reclama su presencia y trabajo apost\u00f3lico. Los textos del magisterio nos llevan a distinguir tres grandes \u00e1mbitos o campos abiertos a la peculiar intervenci\u00f3n de los laicos:<\/p>\n<p>a) La construcci\u00f3n de la Iglesia como aut\u00e9ntico hogar del creyente<br \/>\nCuidarse de la vida eclesial es responsabilidad peculiar del ministerio ordenado, pero, de acuerdo con el pensamiento del Concilio Vaticano II, los seglares son indispensables cooperadores en esa tarea: \u00absu obra [la de los laicos] dentro de las comunidades de la Iglesia es tan necesaria que sin ella el mismo apostolado de los pastores muchas veces no puede conseguir plenamente su efecto\u00bb. Esta intervenci\u00f3n de los laicos consiste en participar \u00aben las obras apost\u00f3licas de la comunidad\u00bb, conducir \u00abhacia la Iglesia a los que quiz\u00e1 andaban alejados\u00bb, cooperar \u00aben la comunicaci\u00f3n de la palabra de Dios, sobre todo con la instrucci\u00f3n catequ\u00e9tica\u00bb, hacer \u00abcon la ayuda de su pericia m\u00e1s eficaz el cuidado de las almas e incluso la administraci\u00f3n de los bienes de la Iglesia&#8230;\u00bb (AA 10). En una palabra, todas las actividades que tienden a construir la Iglesia como un hogar c\u00e1lido, donde el creyente alimenta la fe y encuentra el necesario reposo espiritual, reclaman la participaci\u00f3n activa de los seglares. Pablo VI dec\u00ed\u00ada que estos ministerios \u00abson preciosos para la implantaci\u00f3n, la vida y el crecimiento de la Iglesia y para su capacidad de irradiarse en torno a ella y hacia los que est\u00e1n lejos\u00bb (EN 73).<\/p>\n<p>De hecho es en este \u00e1mbito donde encontramos la mayor cantidad de laicos cristianos implicados activa y responsablemente con la misi\u00f3n de la Iglesia (Una descripci\u00f3n cualitativa y cuantitativa de la intervenci\u00f3n de los laicos en ESCARTIN, P. \u00c2\u00a1Un laico como t\u00fa en una Iglesia como \u00e9sta!, pp. 21-36). En este punto, hay que volver a mencionar los nuevos modos de cooperaci\u00f3n de los laicos en responsabilidades pastorales, que est\u00e1n surgiendo, particularmente en la viejas Iglesias de Europa, debido a la carencia de vocaciones. Decimos &#8216;nuevos&#8217; por el car\u00e1cter estable de tales servicios y por su encarnadura en el tejido pastoral; ambas circunstancias provocar\u00e1n, seguramente, nuevos modelos de relaciones y organizaci\u00f3n entre los agentes de la pastoral parroquial y diocesana, como ya se ha hecho notar (Una descripci\u00f3n de estos compromisos en BORRAS, A., Des laics en responsabilit\u00e9 pastorale?&#8230;, pp. 21-91).<\/p>\n<p>Juan Pablo II ha subrayado, adem\u00e1s, la participaci\u00f3n de los laicos en los Consejos de Pastoral. Estos son un cauce privilegiado de corresponsabilidad en la l\u00ed\u00adnea de comuni\u00f3n o sinodalidad que antes se ha indicado, pudiendo llegarse a una cooperaci\u00f3n directa en la toma de decisiones que afectan a la vida y acci\u00f3n evangelizadora de las comunidades. Dice el Papa: \u00abLa participaci\u00f3n de los fieles laicos en estos Consejos podr\u00e1 ampliar el recurso a la consulta, y har\u00e1 que el principio de colaboraci\u00f3n -que en determinados casos es tambi\u00e9n de decisi\u00f3n- sea aplicado de un modo m\u00e1s fuerte y extenso\u00bb (ChL 25. 27).<\/p>\n<p>La cooperaci\u00f3n de los laicos con la misi\u00f3n pastoral de la Iglesia es tan decisiva que, como han recordado recientemente los Obispos espa\u00f1oles, la Iglesia \u00abno est\u00e1 plenamente constituida si, junto a los obispos, sacerdotes y religiosos, no existe un laicado adulto y corresponsable. La corresponsabilidad es, sin duda, una de las exigencias y expresiones m\u00e1s significativas de la comuni\u00f3n\u00bb (CLIM 24. Cf. AG 21). Son lugares naturales para la inserci\u00f3n de los laicos en esas tareas de animaci\u00f3n comunitaria y eclesial la di\u00f3cesis y la parroquia. Esta, sobre todo, \u00abes, en cierto sentido, la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas\u00bb o, haciendo uso de la expresi\u00f3n de Juan XXIII, \u00abla fuente de la aldea a la que todos acuden para calmar su sed\u00bb. En ella, pues, los seglares son invitados a \u00abdar nueva vida al af\u00e1n misionero dirigido hacia los no creyentes y hacia los mismos creyentes que han abandonado o limitado la pr\u00e1ctica de la vida cristiana\u00bb (CLIM 25-27).<\/p>\n<p>b) Hacer que la Iglesia est\u00e9 presente y activa en el mundo<br \/>\nYa se ha afirmado que el car\u00e1cter secular marca decisivamente el ser y el actuar del cristiano laico. La eclesiolog\u00ed\u00ada del Vaticano II reconoce al laico una peculiar pericia para todo lo que constituye la \u00abmundanidad\u00bb, una mundanidad invitada a ser fecundada por el Evangelio. Congar, buscando una definici\u00f3n positiva del laico cristiano, acu\u00f1\u00f3 una frase feliz: \u00abEl laico ser\u00e1 aquel para el cual, en la obra de Dios que se le ha confiado, la sustancia de las cosas existe y es interesante por s\u00ed\u00ad misma\u00bb (CONGAR, Y. M-J. Jalones para una teolog\u00ed\u00ada del laicado, Ed. Estela. Barcelona, 1961, p\u00e1g. 39). El mundo, con toda su complejidad y ambivalencia, no es algo extra\u00f1o para el laico, sino su h\u00e1bitat m\u00e1s inmediato y natural, el lugar donde se sabe colocado por Dios para hacer fecundas las semillas del Reino sembradas por el Creador en las cosas de este mundo, que son interesantes por s\u00ed\u00ad mismas, es decir, por lo que Dios ha dejado de s\u00ed\u00ad en ellas. En esto consiste su pericia en mundanidad: en su capacidad de descubrir el paso de Dios por el mundo y sus estructuras. Y esta pericia es la que lo distingue, sin separarlo, del presb\u00ed\u00adtero, del religioso y de la religiosa (Juan Pablo II). Por ello, el apostolado seglar tiene como tarea propia e insustituible la de \u00abtratar y ordenar seg\u00fan Dios los asuntos temporales\u00bb (Concilio Vaticano II).<\/p>\n<p>A esta presencia comprometida de los laicos cristianos en la vida social, cultural, laboral y pol\u00ed\u00adtica se la acostumbra a designar como presencia p\u00fablica. La presencia p\u00fablica de los laicos cristianos hace que la Iglesia est\u00e9 activa en los \u00e1mbitos sociales donde se juega el presente y el futuro de la existencia humana. M\u00e1s a\u00fan, s\u00f3lo a trav\u00e9s de ellos puede la Iglesia intervenir en muchos de esos lugares, como ya se ha dicho. A t\u00ed\u00adtulo indicativo enumeramos algunos de esos \u00e1mbitos y lugares: la lucha contra las pobrezas y marginaciones, los movimientos sociales tendentes a introducir nuevas pautas culturales, las actitudes y mecanismos que crean cultura, el desarrollo de un sano sentido cr\u00ed\u00adtico frente al impacto de los medios de comunicaci\u00f3n de masas, las mediaciones socio-pol\u00ed\u00adticas y sindicales que influyen estructuralmente en la vida real, etc., etc. Recu\u00e9rdese la descripci\u00f3n, ya cl\u00e1sica, que hace Pablo VI, en Evangelii nuntiandi, 70, de esos \u00e1mbitos seculares que constituyen la \u00abtarea primera e inmediata\u00bb de los laicos: \u00abel mundo vasto y complejo de la pol\u00ed\u00adtica, de lo social, de la econom\u00ed\u00ada, y tambi\u00e9n de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicaci\u00f3n de masas, as\u00ed\u00ad como otras realidades abiertas a la evangelizaci\u00f3n como el amor, la familia, la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os y j\u00f3venes, el trabajo profesional, el sufrimiento, etc.\u00bb (Una reflexi\u00f3n sobre la presencia p\u00fablica de los cristianos, qu\u00e9 es y c\u00f3mo se ejerce, en ESCARTIN, P., La presencia p\u00fablica de los cristianos, BAC, Madrid 1999).<\/p>\n<p>Esta es la gloria y la cruz del laicado cristiano. La apasionante tarea de transformar el mundo seg\u00fan la maqueta de las Bienaventuranzas se ve frecuentemente parasitada por su evidente dificultad y por la hostilidad que esa tarea encuentra. Tampoco es habitual que las comunidades eclesiales, y m\u00e1s en concreto las parroquias, entiendan que estos apostolados son parte de la responsabilidad evangelizadora que les compete, por lo que frecuentemente son remisas a promover y orientar a los laicos en esta direcci\u00f3n. No es extra\u00f1o, por lo tanto, que ordinariamente los laicos prefieran buscar el abrigo hogare\u00f1o de la Iglesia, no s\u00f3lo para recuperar fuerzas, cosa necesaria y comprensible, sino para quedarse en casa con la ilusi\u00f3n de echar una mano en las tareas dom\u00e9sticas que nunca faltan. Es por lo tanto indispensable llamar la atenci\u00f3n para que este campo del apostolado seglar del que estamos hablando, el m\u00e1s propio y peculiar del laico, no quede solapado en el anterior, pues con \u00e9l permanecer\u00ed\u00ada indefinidamente aparcada una parte ineludible de la misi\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p>c) Llevar el clamor del mundo hasta el coraz\u00f3n de la Iglesia<br \/>\nFue el Concilio Vaticano II quien tuvo la audacia de afirmar que la Iglesia no s\u00f3lo trata de servir a cada persona, a la sociedad y al dinamismo de la historia humana, sino que tambi\u00e9n recibe una ayuda valiosa del mundo moderno. Esta ayuda le viene a la Iglesia \u00abde quienes, por vivir en el mundo, sean o no sean creyentes, conocen a fondo las diversas instituciones y disciplinas y comprenden claramente la raz\u00f3n \u00ed\u00adntima de todas ellas\u00bb. Para no desbaratarla, debe hacer un decidido esfuerzo por \u00abauscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo, las m\u00faltiples voces de nuestro tiempo\u00bb. Y tiene como meta lograr que \u00abla verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma m\u00e1s adecuada\u00bb (GS 44. cf. 40-43). Siendo esto as\u00ed\u00ad, las aportaciones de los laicos cristianos, cuando trasladan a los centros ne\u00faralgicos de la Iglesia su visi\u00f3n de la vida y del mundo, el clamor de los pobres de la tierra, los gozos y las angustias en las que se debaten diariamente los hombres y mujeres de nuestro tiempo, cobran excepcional importancia, por ser ellos los peritos de una mundanidad que la Iglesia tiene la obligaci\u00f3n de auscultar, discernir e interpretar.<\/p>\n<p>Ah\u00ed\u00ad est\u00e1 un s\u00f3lido pilar donde se fundamenta la intervenci\u00f3n de los laicos en los Consejos de Pastoral y en los dem\u00e1s \u00f3rganos de consulta y discernimiento eclesial. El otro es el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo con el que tambi\u00e9n ellos han sido sellados. En virtud de esa pericia en lo secular y de la consagraci\u00f3n espiritual que les anima, son invitados \u00aba presentar a la comunidad de la Iglesia los problemas propios y del mundo, los asuntos que se refieren a la salvaci\u00f3n de los hombres, para examinarlos y solucionarlos por medio de una discusi\u00f3n racional\u00bb, as\u00ed\u00ad como a ofrecer \u00absu experiencia en el examen diligente de las condiciones en que ha de ejercerse la acci\u00f3n pastoral de la Iglesia y en la elaboraci\u00f3n y desarrollo del m\u00e9todo de acci\u00f3n\u00bb (AA 10. 20 b).<\/p>\n<p>No s\u00f3lo la eficacia, sobre todo es el instinto eclesial el que reclama la intervenci\u00f3n activa del laicado cristiano en el \u00e1nalisis de la realidad y en la elaboraci\u00f3n de los planes pastorales. De este modo, el apostolado seglar se abre a otro campo cual es el de la participaci\u00f3n en los diferentes organismos (delegaciones o secretariados de sectores pastorales) que actualmente configuran la organizaci\u00f3n de la Iglesia diocesana y, en su medida, de las parroquias. Sin embargo, no estar\u00e1 de m\u00e1s recordar que esa pericia en secularidad viene dada a los que viven en el mundo cuando se esfuerzan por conocer los fen\u00f3menos sociales e hist\u00f3ricos con seriedad y sentido cr\u00ed\u00adtico tratando de desentra\u00f1ar la problem\u00e1tica que albergan. Eso parec\u00ed\u00ada querer indicar el Concilio cuando recababa la ayuda de quienes, por vivir en el mundo, conocen a fondo las diversas instituciones y disciplinas y comprenden claramente la raz\u00f3n \u00ed\u00adntima de todas ellas.<\/p>\n<p>Puede afirmarse, por lo tanto, que el apostolado seglar reclama algo m\u00e1s que voluntarismo y buenas intenciones. Requiere una seria formaci\u00f3n, no s\u00f3lo a trav\u00e9s de procesos interiores que conducen al desarrollo de la fe, la esperanza y la caridad, sino tambi\u00e9n por medio del conocimiento sistematizado de las verdades de la fe, de la doctrina social de la Iglesia y de las disciplinas humanas, sobre todo, de las relacionadas con el desarrollo de la sociedad y cultura de nuestro tiempo. Los Obispos espa\u00f1oles, en su m\u00e1s reciente documento sobre el laicado, han dedicado todo un cap\u00ed\u00adtulo a exponer la necesidad y caracter\u00ed\u00adsticas de la formaci\u00f3n de los laicos (CLIM 70-88) y han ofrecido una Gu\u00ed\u00ada-marco (Comisi\u00f3n Episcopal de Apostolado Seglar, Gu\u00ed\u00ada-marco de formaci\u00f3n de laicos, Edice. Madrid, 1997) como aportaci\u00f3n autorizada para orientar las iniciativas formativas, particularmente de las asociaciones del apostolado seglar.<\/p>\n<p>4. Mediaciones pastorales<br \/>\nYa se ha hablado de los dos cauces del apostolado seglar: el individual y el asociado. Ahora hemos de considerar las mediaciones pastorales por las que se dinamiza este apostolado, sobre todo, la catequesis y catecumenados ofrecidos particularmente a los adultos, y las asociaciones, comunidades y movimientos apost\u00f3licos. Lejos de ser dos mediaciones contrapuestas o alternativas, como desgraciadamente se entiende algunas veces, catequesis y movimientos se necesitan y complementan.<\/p>\n<p>Catequesis y catecumenados pretenden educar la vocaci\u00f3n cristiana. Para ello buscan proporcionar una s\u00ed\u00adntesis del contenido de la fe, en el contexto de la experiencia gozosa de encuentro con Jesucristo y de la vivencia comunitaria de la Iglesia. Los movimientos apost\u00f3licos tratan de educar y acompa\u00f1ar la vocaci\u00f3n apost\u00f3lica, nacida en el coraz\u00f3n creyente que, con la fe, descubre la llamada a testimoniarla y a transformar los ambientes de vida. Ambas dimensiones -vocaci\u00f3n cristiana y vocaci\u00f3n apost\u00f3lica- est\u00e1n \u00ed\u00adntima y mutuamente imbricadas y condicionadas, de manera que no puede existir la una sin la otra. Por tanto, la formaci\u00f3n de los laicos cristianos ha de integrar la educaci\u00f3n del ser cristiano y de la vocaci\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>Para ello, cada una de ambas mediaciones modulan el objetivo com\u00fan acentuando diferentes dimensiones: la catequesis se caracteriza por ser un proceso org\u00e1nico, integral y b\u00e1sico de la formaci\u00f3n cristiana, con la mirada puesta en madurar la vinculaci\u00f3n con Jesucristo, en la Iglesia, y para el servicio del mundo (cf. Comisi\u00f3n Episcopal de Catequesis y Ense\u00f1anza, La catequesis de adultos, 214); los movimientos, por su parte, acent\u00faan la iniciaci\u00f3n y acompa\u00f1amiento de la vocaci\u00f3n apost\u00f3lica, y se caracterizan por una pedagog\u00ed\u00ada de la acci\u00f3n, que tiende a poner en relaci\u00f3n la vida cotidiana con la fe y la fe con la vida cotidiana, de modo que se interroguen mutuamente (cf. Gu\u00ed\u00ada-marco de formaci\u00f3n de laicos, p. 45). La vocaci\u00f3n apost\u00f3lica comporta el desarrollo de tres dimensiones del ser creyente: la laicidad o conciencia de que la Iglesia ha sido enviada al mundo, env\u00ed\u00ado que se concreta de un modo peculiar en los cristianos laicos (sobre la laicidad como dimensi\u00f3n de toda la Iglesia y su concreci\u00f3n en el laicado, vid. FORTE, B., Laicado y laicidad, Ed. S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1987, pp. 61-72); la adultez o capacidad para \u00abdar raz\u00f3n de la esperanza\u00bb aqu\u00ed\u00ad y ahora; y la militancia o empe\u00f1o por transformar la sociedad seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu del Evangelio, por liberar a los oprimidos, por anunciar expl\u00ed\u00adcitamente a Jesucristo como \u00fanico Salvador y por colaborar en la edificaci\u00f3n de la Iglesia (cf. Gu\u00ed\u00ada-marco&#8230;, p. 17-20).<\/p>\n<p>Por ello, catequesis y catecumenados necesitan de los movimientos apost\u00f3licos para desarrollar y acompa\u00f1ar la vocaci\u00f3n apost\u00f3lica; podr\u00ed\u00ada decirse que \u00e9stos constituyen la desembocadura natural de aqu\u00e9llos. A su vez, los movimientos apost\u00f3licos deben contar con la catequesis y la experiencia comunitaria promovida por los catecumenados como v\u00ed\u00ada normal de iniciaci\u00f3n en la fe y como instrumento para la imprescindible s\u00ed\u00adntesis org\u00e1nica de los contenidos de la fe que el militante cristiano ha de alcanzar. Encontrar, por tanto, caminos pr\u00e1cticos no s\u00f3lo de colaboraci\u00f3n sino de complementariedad entre catequesis y movimientos es un reto.<\/p>\n<p>Dada la especificidad del apostolado seglar, hemos de detenernos un poco m\u00e1s en los movimientos y asociaciones. A pesar de las dificultades que actualmente experimenta el asociacionismo, existe en la Iglesia espa\u00f1ola una amplia variedad de asociaciones, comunidades y movimientos, nuevos y antiguos, que ser\u00ed\u00ada prolijo enumerar. (Me remito a los datos recogidos en ESCART\u00ed\u008dN, P. \u00c2\u00a1Un laico como t\u00fa en una Iglesia como \u00e9sta!, pp. 26-36. Puede consultarse tambi\u00e9n VV.AA. Catolicismo en Espa\u00f1a. An\u00e1lisis sociol\u00f3gico. Instituto de Sociolog\u00ed\u00ada Aplicada de Madrid., Madrid 1985, cap. 15: \u00abMovimientos apost\u00f3licos y comunidades de vida cristiana\u00bb, pp. 385-395). Los Obispos han dedicado un cap\u00ed\u00adtulo de su ya citado documento sobre el laicado al tema de las \u00abasociaciones, comunidades, grupos y movimientos de apostolado seglar en la vida y misi\u00f3n de la Iglesia\u00bb (CLIM 96-131). De \u00e9l cabe resaltar sobre todo dos puntos:<\/p>\n<p>a) Los criterios para discernir, reconocer y promover estos movimientos<br \/>\nPiensan los Obispos que, en la actual situaci\u00f3n de la Iglesia espa\u00f1ola, ha de realizarse una actuaci\u00f3n pastoral diversificada, que consiste en: a) discernir la eclesialidad de los movimientos, grupos y asociaciones de apostolado seglar, de acuerdo con los criterios se\u00f1alados por el papa Juan Pablo II (ChL 30); b) reconocer o aprobar expl\u00ed\u00adcitamente a aquellos que lo pidan, petici\u00f3n que es \u00absigno de comuni\u00f3n eclesial\u00bb y \u00abde disponibilidad a colaborar con el ministerio pastoral\u00bb en la tarea apost\u00f3lica (CLIM 103); y c) recogiendo la sugerencia del Concilio Vaticano II (AA 24. ChL 31), tambi\u00e9n es posible que el ministerio pastoral tome la iniciativa de promover \u00abaquellas asociaciones y movimientos que mejor respondan a las exigencias de la Iglesia en este momento hist\u00f3rico\u00bb (CLIM 104).<\/p>\n<p>Se se\u00f1alan siete criterios para discernir la eclesialidad de las asociaciones (CLIM 100) y, en su caso, para reconocerlas y aprobarlas: 1) Santidad de vida, que se verifica en las obras, principalmente, en el testimonio de vida, trabajo por la justicia y solidaridad con los pobres. 2) Confesi\u00f3n y celebraci\u00f3n de la fe. Es tarea propia de estas asociaciones y movimientos educar la vida de fe de sus miembros y hacer que participen en la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada, los sacramentos y la oraci\u00f3n. 3) Comuni\u00f3n eclesial, tanto afectiva como efectiva, con el ministerio pastoral y con los hermanos en la fe. 4) Asumir el fin apost\u00f3lico de la Iglesia, en todas sus dimensiones: evangelizaci\u00f3n, santificaci\u00f3n y formaci\u00f3n. 5) Solidaridad con los pobres y pobreza evang\u00e9lica, como signos hacia los que se requiere una particular sensibilidad. 6) Presencia p\u00fablica, en cuanto que constituye la modalidad peculiar del apostolado de los laicos. 7) Protagonismo seglar, lo cual comporta que los laicos asuman la direcci\u00f3n de estas asociaciones, en claro reconocimiento de su personalidad cristiana.<\/p>\n<p>Estos criterios han de ser entendidos y vividos de forma unitaria, puesto que se condicionan mutuamente. El sentido eclesial de las propias asociaciones y movimientos ha de llevarles a confrontar su pr\u00e1ctica con esos criterios para actualizar sus fines, tareas y vida de acuerdo con lo que hoy la Iglesia necesita del apostolado seglar.<\/p>\n<p>El ministerio pastoral tambi\u00e9n puede tomar la iniciativa, y promover algunas de estas asociaciones \u00abde modo peculiar, asumiendo respecto de ellas una responsabilidad especial\u00bb (AA 24). Este modo de actuar est\u00e1 fundamentado teol\u00f3gicamente, en cuanto que el contenido de la tarea pastoral o \u00abmunus regendi\u00bb del obispo est\u00e1 respaldado por el \u00abpneuma hegemonikon\u00bb implorado para el ordenado, y tiene una doble dimensi\u00f3n: esp\u00ed\u00adritu de profec\u00ed\u00ada y, a la vez, esp\u00ed\u00adritu para estar a la cabeza de la Iglesia y conducirla (cf. el nuevo Ritual de la ordenaci\u00f3n episcopal, n\u00c2\u00b0 33, que, en este aspecto, sigue al antiguo ritual de Hip\u00f3lito, del siglo III). Por esta raz\u00f3n, dir\u00e1 el Concilio Vaticano II, \u00ablos obispos, por mediaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo que se les ha comunicado, han sido constituidos verdaderos y aut\u00e9nticos maestros de la fe, pont\u00ed\u00adfices y pastores\u00bb (ChD 2). Esta responsabilidad de guiar la Iglesia diocesana lleva al obispo m\u00e1s all\u00e1 de una mera intervenci\u00f3n para reconocer o aprobar todas las leg\u00ed\u00adtimas asociaciones; tambi\u00e9n ha de promover aqu\u00e9llas que considere m\u00e1s \u00fatiles o necesarias. Con esta responsabilidad parece concordar la intenci\u00f3n can\u00f3nica de distinguir entre asociaciones p\u00fablicas y privadas (CIC 301), reservando el t\u00e9rmino \u00abmisi\u00f3n\u00bb a las asociaciones p\u00fablicas para que persigan \u00abfines reservados por su misma naturaleza a la autoridad eclesi\u00e1stica\u00bb, raz\u00f3n por la que se sanciona que act\u00faan \u00aben nombre de la Iglesia\u00bb (CIC 313). No entramos a dilucidar el alcance de la expresi\u00f3n \u00abnomine Ecclesiae\u00bb aplicada a las asociaciones p\u00fablicas de fieles. Autores como GUILIANI, R, La distinzione fra associazioni pubbliche e associazioni private dei fideli nel nuovo Codice di Diritto Canonico. Roma 1986, p. 208, y MaRT\u00ed\u008dNEZ SISTACH, L., Las asociaciones de fieles. Barcelona 1987, p. 53, sostienen que \u00abagere nomine Ecclesiae\u00bb es actuar en nombre de la autoridad de la Iglesia, mientras que la \u00abInstrucci\u00f3n sobre Asociaciones Can\u00f3nicas\u00bb de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola (n\u00c2\u00b0 12) afirma que s\u00f3lo se trata de \u00abuna mayor vinculaci\u00f3n con la Jerarqu\u00ed\u00ada\u00bb.<\/p>\n<p>La \u00abpromoci\u00f3n\u00bb supone una mayor implicaci\u00f3n mutua entre los pastores y la asociaci\u00f3n. El obispo realiza un acto de discernimiento pastoral eligiendo y promoviendo; \u00bf su vez, las asociaciones deben responder acentuando su sentido eclesial mediante una expl\u00ed\u00adcita disponibilidad a participar en los proyectos pastorales de la Iglesia particular y de la Conferencia Episcopal de acuerdo con el propio carisma, y una integraci\u00f3n plena en los Consejos y dem\u00e1s organismos de corresponsabilidad y cooperaci\u00f3n en la vida de la Iglesia, y aceptando los sacerdotes nombrados como consiliarios o asesores por el Obispo o por la Conferencia Episcopal (CLIM 104), adem\u00e1s de asumir los ya citados criterios de discernimiento.<\/p>\n<p>Esta promoci\u00f3n no ha de entenderse como un privilegio concedido a determinadas asociaciones, sino como una mayor responsabilidad en la evangelizaci\u00f3n, tanto de las asociaciones as\u00ed\u00ad elegidas como del ministerio pastoral que se compromete con ellas de un modo expreso.<\/p>\n<p>Finalmente, ni el discernimiento y consecuente reconocimiento, ni sobre todo la promoci\u00f3n de determinadas asociaciones modifican la naturaleza y peculiaridad de las mismas o privan al laico de su leg\u00ed\u00adtima libertad de acci\u00f3n, tal como hace notar el Concilio Vaticano II (AA 24).<\/p>\n<p>b) La singularidad de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica<br \/>\nEn esa facultad del ministerio pastoral para promover algunas asociaciones radica la singularidad de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica. La descripci\u00f3n de su naturaleza ha pasado progresivamente de ser la \u00abparticipaci\u00f3n en el apostolado jer\u00e1rquico\u00bb (P\u00ed\u00ado XI) a \u00abcooperar con la Jerarqu\u00ed\u00ada en el apostolado\u00bb (Concilio Vaticano II). El documento que ha servido de base para la renovaci\u00f3n de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica en Espa\u00f1a la define como \u00abla colaboraci\u00f3n fraterna, estable y organizada entre el ministerio pastoral y el laicado, cada uno seg\u00fan su espec\u00ed\u00adfica funci\u00f3n, en orden a la realizaci\u00f3n del fin global de la Iglesia, esto es, la evangelizaci\u00f3n con todas sus implicaciones\u00bb (Federaci\u00f3n de Movimientos de la A.C.E. La Acci\u00f3n Cat\u00f3lica Espa\u00f1ola. Documentos: \u00abLa Acci\u00f3n Cat\u00f3lica Espa\u00f1ola, hoy\u00bb. Nueva configuraci\u00f3n de la A.C.E. Madrid 1996, p. 42).<\/p>\n<p>Las cuatro notas identificativas de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica fueron expuestas en el decreto sobre el apostolado seglar del Concilio Vaticano II (AA 20). En la segunda mitad de los a\u00f1os ochenta, la Comisi\u00f3n Episcopal de Apostolado Seglar y las Comisiones Generales de los Movimientos de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica hicieron una \u00ablectura actualizada de las notas de la A.C.\u00bb (cf. La Acci\u00f3n Cat\u00f3lica Espa\u00f1ola. Documentos, pp. 21-39). Sobre esta base, los Obispos espa\u00f1oles, siguiendo la actitud de otras Conferencias Episcopales, como la italiana, han reconocido esa especial vinculaci\u00f3n de la A.C. con la Jerarqu\u00ed\u00ada, como se deduce de las nuevas Bases y Estatutos de la A.C. aprobados en 1993 (Bases Generales de la A.C.E., 2.4. En La Acci\u00f3n Cat\u00f3lica Espa\u00f1ola. Documentos, p. 85). Dos a\u00f1os antes ya hab\u00ed\u00adan apostado por la singularidad de esta forma de apostolado: \u00abDentro de este contexto, dec\u00ed\u00adan, la \u00abChristifideles laici\u00bb s\u00f3lo cita de forma expl\u00ed\u00adcita la \u00abAcci\u00f3n Cat\u00f3lica\u00bb.<\/p>\n<p>Esta particular referencia concreta no debe extra\u00f1ar, ya que la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica, de acuerdo con la doctrina de las cuatro notas, no es una asociaci\u00f3n m\u00e1s, sino que en sus diversas realizaciones -aunque pueda ser sin estas siglas concretas-tiene la vocaci\u00f3n de manifestar la forma habitual apost\u00f3lica de \u00ablos laicos de la di\u00f3cesis\u00bb, como organismo que articula a los laicos de forma estable y asociada en el dinamismo de la pastoral diocesana. Con raz\u00f3n Pablo VI inicialmente y \u00faltimamente y con frecuencia Juan Pablo II han calificado la A.C. como \u00abuna singular forma de ministerialidad eclesial\u00bb (CLIM 95).<\/p>\n<p>El texto es suficientemente expl\u00ed\u00adcito. Estamos ante un caso claro de promoci\u00f3n de un grupo de movimientos con vistas a articular \u00aba los laicos de forma estable y asociada en el dinamismo de la pastoral diocesana\u00bb, y por ello, ante una mediaci\u00f3n pastoral para el apostolado seglar que no puede ignorarse. Para un an\u00e1lisis de la naturaleza de la A.C., cf. o.c., donde se encontrar\u00e1n los siguientes documentos: Nueva configuraci\u00f3n de la A.C.E. Bases y Estatutos. Notas difinitorias de la A.C. La Acci\u00f3n Cat\u00f3lica General. Apuntes para la historia de la A.C. en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>5. Luces y sombras, en la actualidad, y perspectivas en el futuro<br \/>\nCualquier intento de balance en relaci\u00f3n con el apostolado seglar ser\u00e1 inexacto. La puesta en pr\u00e1ctica de las perspectivas abiertas por el Concilio Vaticano II todav\u00ed\u00ada es muy desigual en el conjunto de nuestras Iglesias. Por lo que se refiere al apostolado seglar asociado, me remito a lo que escrib\u00ed\u00ad cuando acababa de celebrarse el S\u00ed\u00adnodo de 1987 sobre los laicos: \u00abEl camino recorrido por el laicado cristiano ha propiciado una nueva conciencia eclesial. Toda la Iglesia se siente hoy m\u00e1s sujeto evangelizador y responsable de la vitalidad y organizaci\u00f3n eclesiales. Los laicos participan de la misi\u00f3n de la Iglesia, toda ella evangelizadora, y no s\u00f3lo de la misi\u00f3n de la jerarqu\u00ed\u00ada. Y a la vez que el ministerio pastoral comparte su protagonismo, crece la conciencia de igualdad, en dignidad y acci\u00f3n, entre todo el pueblo de Dios. Esta conciencia, a\u00fan minoritaria, es, sin embargo, irreversible y reclama que sean profundizados los l\u00ed\u00admites de autonom\u00ed\u00ada y pluralismo que competen a los laicos en general y a las asociaciones laicales particularmente. (&#8230;) Cuando parec\u00ed\u00adan serenados los \u00e1nimos que se encresparon por las dificultades internas [las que constituyeron la crisis de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica de final de los 60, que tanta repercusi\u00f3n tuvo en el conjunto del apostolado seglar], emergen los problemas del cambio social y cultural. No es de extra\u00f1ar que las asociaciones laicales de apostolado se hayan visto envueltas en un largo proceso de clarificaci\u00f3n y b\u00fasqueda, que ha podido hacer sospechar a los menos avisados que hab\u00ed\u00ada sonado la hora de levantar su acta de defunci\u00f3n y era preciso inventar otros derroteros. Conviene no precipitarse. A pesar de sus limitaciones, el apostolado seglar en su conjunto y los movimientos apost\u00f3licos en particular est\u00e1n viviendo activamente y con un realismo encarnado el proceso de b\u00fasqueda en el que toda la Iglesia espa\u00f1ola est\u00e1 empe\u00f1ada\u00bb (ESCARTIN, P., Veinte a\u00f1os de apostolado seglar asociado, en Laboa, J. M. (ed.), El Postconcilio en Espa\u00f1a, Ed. Encuentro, Madrid 1988, pp. 313-350).<\/p>\n<p>En cuanto al apostolado seglar ejercido de forma individual, hay que resaltar sobre todo la notable incorporaci\u00f3n de laicos a las tareas de animaci\u00f3n de la vida pastoral comunitaria en sus m\u00faltiples modalidades, incluso con la adopci\u00f3n de compromisos estables, junto a las evidentes reticencias para asumir la evangelizaci\u00f3n de la secularidad.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el apostolado seglar, en su doble modalidad de cooperaci\u00f3n asociada e individual con la misi\u00f3n de la Iglesia, se encuentra condicionado en el momento presente por un conjunto de condicionamientos que vuelven problem\u00e1tica dicha cooperaci\u00f3n. Se\u00f1alar\u00e9 cuatro de esos condionamientos o, si se prefiere, desaf\u00ed\u00ados.<\/p>\n<p>a) El desaf\u00ed\u00ado de la fe, cuando la increencia es una opci\u00f3n plausible y mayoritaria<br \/>\nEl laico se ve abocado a creer en el amor de Dios, viviendo en un mundo sociol\u00f3gicamente incr\u00e9dulo o indiferente. La crisis de fe amenaza constantemente al creyente que frecuenta la vida de la Iglesia y no vive aislado del mundo, sociedad y cultura que le han tocado en suerte. M\u00e1s todav\u00ed\u00ada si quiere introducir en ellos semillas de Evangelio. De no tener resuelto, con hondura y seriedad, este problema, ser\u00e1 d\u00ed\u00adficil que prospere una vocaci\u00f3n apost\u00f3lica, que va m\u00e1s all\u00e1 de un voluntariado, opci\u00f3n hoy en alza aunque insuficiente, por m\u00e1s bienintencionado que sea.<\/p>\n<p>Por ello, la formaci\u00f3n de los laicos es el primer reto que afecta tanto a la catequesis como a los movimientos apost\u00f3licos y, en definitiva, a la propia Iglesia. Un reto que no es posible afrontar sin plantearse el modelo educativo y la pedagog\u00ed\u00ada a utilizar en la formaci\u00f3n de los laicos. A este respecto, no deber\u00ed\u00ada ignorarse la ya citada \u00abGu\u00ed\u00ada-marco de formaci\u00f3n de laicos\u00bb, ofrecida por la Comisi\u00f3n Episcopal de Apostolado Seglar.<\/p>\n<p>b) El desaf\u00ed\u00ado del asociacionismo, cuando domina la fragmentaci\u00f3n<br \/>\nVivimos en un mundo en el que las tendencias postmodernas se han convertido en terreno abonado donde prospera la fragmentaci\u00f3n, la privacidad y el individualismo. Esta situaci\u00f3n, de alg\u00fan modo dominante, crea particulares dificultades a la actividad organizada y a las iniciativas asociadas. Por otra parte, asociarse no es s\u00f3lo signo de solidez social y de eficacia; es tambi\u00e9n una exigencia eclesial. La fe es eclesial y, por tanto, conduce hacia la agrupaci\u00f3n, identifica con el grupo, construye comunidad, es decir, la Iglesia. Los d\u00e9ficits de asociacionismo repercuten negativamente sobre el sentido de pertenencia eclesial; y, por otra parte, el grupo, los movimientos y las comunidades son mediaciones para descubrir la Iglesia. En los actuales planteamientos pastorales no puede ser facultativo el educar y promover el asociacionismo apost\u00f3lico; va en ello algo m\u00e1s que una estrategia pr\u00e1ctica, va tambi\u00e9n la hondura en la educaci\u00f3n del sentido eclesial.<\/p>\n<p>c) El desaf\u00ed\u00ado de la presencia p\u00fablica<br \/>\nLa pretensi\u00f3n p\u00fablica de la fe tiene hoy mala prensa. Todo el mundo encuentra sensato y de buen gusto mantener un tanto separadas de la vida diaria las creencias religiosas. Este posicionamiento de no interferencia de la fe es particularmente agudo en el terreno de la profesi\u00f3n (Vid. el estudio realizado por TORNOS, A. y APARICIO, R., \u00bfQui\u00e9n es creyente en Espa\u00f1a, hoy? PPC, Madrid 1995). Sin embargo, el anuncio, m\u00e1s a\u00fan, la irrupci\u00f3n del reinado de Dios es consubstancial con la fe cristiana. Lo cual postula de la Iglesia y, particularmente, de sus hijos laicos una intervenci\u00f3n activa en la sociedad o dicho de otro modo, una presencia p\u00fablica, que tiende a transformar los centros de inter\u00e9s y las pautas culturales seg\u00fan par\u00e1metros evang\u00e9licos: del inter\u00e9s por lo individual y privado al inter\u00e9s por lo solidario y com\u00fan, del inter\u00e9s prioritario por lo material (especialmente por el dinero y el placer) al inter\u00e9s por los valores del esp\u00ed\u00adritu, etc., etc. (Cf. CVP 85-90). Una transformaci\u00f3n, adem\u00e1s, que abre la puerta al anuncio expl\u00ed\u00adcito de Jesucristo: no s\u00f3lo lo prepara y lo hace plausible, sino que verifica la coherencia de la fe que se anuncia.<\/p>\n<p>d) El desaf\u00ed\u00ado de la construcci\u00f3n de la Iglesia<br \/>\nEn las presentes circunstancias, m\u00e1s si cabe que en otros tiempos, el creyente necesita una Iglesia que sea verdadero hogar. Sabido es que la Iglesia es obra de Dios, pero tambi\u00e9n edificaci\u00f3n o construcci\u00f3n de los creyentes (Cf. Ef 4,11-13). Esta iglesia ha de ser construida como un espacio de comuni\u00f3n misionera, de celebraci\u00f3n y oraci\u00f3n y de crecimiento en la fe. Las tres dimensiones reclaman del laico no s\u00f3lo su pertenencia a la Iglesia, como quien pertenece a un club privado y se aprovecha de sus ventajas, sino su participaci\u00f3n activa: en el culto, en la catequesis, en la organizaci\u00f3n de la vida eclesial, en la b\u00fasqueda de las prioridades que han de preocupar a cada Parroquia y a la Iglesia diocesana.<\/p>\n<p>Al tomar parte activa en la construcci\u00f3n de la Iglesia, el laico ha de arrinconar la conciencia vergonzante de que est\u00e1 apart\u00e1ndose de su tarea principal. Es hora de superar el lenguaje (y la dicotom\u00ed\u00ada subyacente) entre tareas \u00abintraeclesiales\u00bb y \u00abextraeclesiales\u00bb, porque la construcci\u00f3n de la Iglesia tambi\u00e9n es misionera: se lleva a cabo para hacer posible y plausible la evangelizaci\u00f3n, puesto que es la Iglesia quien evangeliza. Por eso el modelo de Iglesia que se construye no es indiferente y, en ese dise\u00f1o, son imprescindibles los laicos. La diferente responsabilidad de los pastores y de los laicos respecto de la edificaci\u00f3n del cuerpo de Cristo no aparta a \u00e9stos de esa tarea, sino que los integra seg\u00fan la propia naturaleza de la Iglesia: un cuerpo estructurado por el Esp\u00ed\u00adritu con carismas y ministerios diferentes, entre los que el ministerio de direcci\u00f3n tiende a que todo el cuerpo crezca bien unido, pero no a hacerlo y decidirlo todo.<\/p>\n<p>La tensi\u00f3n subyacente a estos cuatro desaf\u00ed\u00ados da a entender que el momento actual del apostolado seglar es cr\u00ed\u00adtico, cosa l\u00f3gica en \u00e9pocas de transici\u00f3n. Adem\u00e1s, el protagonismo de la presencia p\u00fablica de la Iglesia reclama ser transferido de la Jerarqu\u00ed\u00ada a la comunidad eclesial. Para que nuestros contempor\u00e1neos perciban la presencia de la Iglesia en las intervenciones p\u00fablicas del cuerpo eclesial es preciso que las relaciones internas entre el ministerio pastoral y el resto del pueblo de Dios se articulen de acuerdo con los principios de sinodalidad, comuni\u00f3n y corresponsabilidad, claramente enunciados te\u00f3ricamente, pero cuya puesta en pr\u00e1ctica deja a\u00fan mucho que desear.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n sigue pendiente la pregunta sobre el modo de activar la presencia p\u00fablica, lo cual nos remite al debate, iniciado en los a\u00f1os ochenta y todav\u00ed\u00ada no cerrado, entre los cristianos \u00abde la presencia\u00bb y los cristianos \u00abde la mediaci\u00f3n\u00bb. La alternativa entre presencia y mediaci\u00f3n descubre una problem\u00e1tica de fondo que bien puede formularse as\u00ed\u00ad: \u00bfse trata de hacer entrar la vida p\u00fablica en el dominio de la fe (actitud m\u00e1s pr\u00f3xima a la presencia) o de introducir la fe en los \u00e1mbitos de la vida p\u00fablica (actitud patrocinada por la mediaci\u00f3n)? Los Obispos espa\u00f1oles han pedido que se evite \u00abla sospecha de considerarlos modelos exclusivos y escluyentes y la tentaci\u00f3n de tomar una opci\u00f3n parcial y, por lo mismo, reduccionista\u00bb, ya que presencia y mediaci\u00f3n \u00abson modalidades distintas, pero no alternativas\u00bb (CLIM 49). Pero una advertencia tan sensata no excusa de reflexionar sobre los trasfondos de ambos modelos, ni de buscar con sinceridad las formas de presencia que mejor encajan con la actual sensibilidad de nuestra sociedad (Cf. CLIM 65), puesto que los modelos hist\u00f3ricos con los que la Iglesia ha realizado su presencia p\u00fablica en el mundo no son inocentes. Para el an\u00e1lisis de la problem\u00e1tica subyacente a ambos modelos, vid. GARC\u00ed\u008dA DE ANDOIN, C., La pretensi\u00f3n p\u00fablica de la fe. HOAC y Comunione e Liberazione. Dos estrategias laicales. Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1994. GONZALEZ-CARVAJAL, L., Cristianos de presencia y cristianos de mediaci\u00f3n. Sal Terrae, Santander 1989. ROVIRA BELLoso. J. M., Fe y cultura en nuestro tiempo. Sal Terrae, Santander 1988, pp. 114-121. GARC\u00ed\u008dA-ROCA, J., \u00bfPresencia o mediaci\u00f3n? Dos modos de entender el compromiso cristiano en el mundo. Revista \u00abSal Terrae\u00bb, septiembre 1986, pp. 597-607. Secretariados Sociales Diocesanos de Pamplona, Bilbao, San Sebasti\u00e1n y Vitoria, Compromiso c\u00ed\u00advico y neoconfesionalismo. Ed. IDATZ, San Sebasti\u00e1n 1986. Consejo de Redacci\u00f3n de la revista \u00abCommunio\u00bb, Algunas propuestas para la evangelizaci\u00f3n en Espa\u00f1a hoy, marzo\/abril 1986, pp. 114-116.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo y de forma telegr\u00e1fica se\u00f1alo algunas urgencias que el apostolado seglar, hoy menos que nunca, puede ignorar. En primer lugar, la decisi\u00f3n de unir presencia transformadora de la realidad social con el anuncio expl\u00ed\u00adcito de Jesucristo. Sin anuncio no hay evangelizaci\u00f3n; pero el anuncio no ser\u00e1 m\u00e1s que palabrer\u00ed\u00ada vacua, incapaz de llamar la atenci\u00f3n de nuestros contempor\u00e1neos, si no va acompa\u00f1ado del compromiso transformador y del testimonio pr\u00e1ctico de la fe.<\/p>\n<p>Junto al anuncio, hay que reivindicar la urgencia de una presencia cualificada (CLIM 51), es decir, inspirada y modulada por la adhesi\u00f3n a la fe y a la Iglesia, cuyos principales campos de actuaci\u00f3n est\u00e1n en la lucha contra las crecientes pobrezas y marginaciones, en los movimientos sociales que tienden a introducir pautas culturales m\u00e1s solidarias, en los mecanismos que crean cultura y en las mediaciones socio-pol\u00ed\u00adticas y sindicales que influyen estructuralmente en la vida de la sociedad (CVP 106-137).<\/p>\n<p>Estas presencias no se improvisan: son el fruto de un proceso educativo en el que la conjunci\u00f3n del an\u00e1lisis de la realidad (lectura sociol\u00f3gica y cultural de los acontecimientos sociales) con la lectura creyente conduce a la elecci\u00f3n de mediaciones o estrategias de acci\u00f3n, compatibles con los valores del reino de Dios e indispensables para que la transformaci\u00f3n sea posible. Se trata de un proceso que supera infantiles voluntarismos y reclama acompa\u00f1amiento para que no se trunque, acompa\u00f1amiento que dif\u00ed\u00adcilmente ser\u00e1 posible sin asociaciones o movimientos apost\u00f3licos adecuados.<\/p>\n<p>BIBL. -AA. W., La misi\u00f3n del laico en la Iglesia y en el mundo, EUNSA, Pamplona 1987; A. BARUFFOD. DE PABLO MAROTO, Laico, en S. De Fiores-T. Goffi (eds.), Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ed. Paulinas, Madrid 1983, pp. 794-809; A. BENI, Laicos, en G. Barbaglio-S. Dianich (eds.), Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada I, Ed. Cristiandad, Madrid 1982, pp. 846-857; CEAS, El Apostolado Seglar en Espa\u00f1a. BAC, Madrid 1974; CEAS, El seglar en la Iglesia y en el Mundo. EDICE, Madrid 1987; Y. M. CONGAR, \/alones para una teolog\u00ed\u00ada del laicado, Estela, Barcelona 1961; Y. M. CONGAR, Sacerdocio y laicado, Estela, Barcelona 1964; J. A. ESTRADA, La Iglesia: Identidad y cambio, Cristiandad, Madrid 1985; J. A. 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SUAVET, Espiritualidad del compromiso temporal, Columba, Madrid 1963.<\/p>\n<p>Pedro Escart\u00ed\u00adn Celaya<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(v. Acci\u00f3n Cat\u00f3lica, cursillos de cristiandad, laicado) (ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n, BAC, Madrid, 1998) Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n 1. El Apostolado Seglar Ha sido m\u00e9rito del Concilio Vaticano II desatar definitivamente las ligaduras que tuvieron recluido al laicado cristiano en un discreto e irrelevante segundo plano de la vida eclesial. A ra\u00ed\u00adz &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/apostolado-seglar\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abAPOSTOLADO SEGLAR\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15025","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15025","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15025"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15025\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15025"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15025"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15025"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}