{"id":15049,"date":"2016-02-05T09:51:28","date_gmt":"2016-02-05T14:51:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/catecismo-de-la-iglesia-catolica\/"},"modified":"2016-02-05T09:51:28","modified_gmt":"2016-02-05T14:51:28","slug":"catecismo-de-la-iglesia-catolica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/catecismo-de-la-iglesia-catolica\/","title":{"rendered":"CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA"},"content":{"rendered":"<p>Catecismo del postconcilio del Vaticano II<\/p>\n<p>\tEl \u00abCatecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica\u00bb, publicado por Juan Pablo II, el 11 de octubre de 1992 (30\u00c2\u00ba aniversario de la apertura del concilio Vaticano II), hab\u00ed\u00ada sido pedido por la asamblea extraordinaria del S\u00ed\u00adnodo de los Obispos (1985). Est\u00e1 en la l\u00ed\u00adnea de renovaci\u00f3n eclesial querida por el Vaticano II. La redacci\u00f3n fue muy preparada y trabajada, con la ayuda de te\u00f3logos y expertos y con la aportaci\u00f3n de todo el episcopado, de las Iglesias particulares y de otras instituciones eclesiales. Se encuadra en la tradici\u00f3n de las grandes catequesis patr\u00ed\u00adsticas y de los \u00abcatecismos\u00bb como el \u00abCatecismo Romano\u00bb, despu\u00e9s del concilio de Trento (1566, San P\u00ed\u00ado V).<\/p>\n<p>\tCredo, sacramentos, mandamientos, oraci\u00f3n<\/p>\n<p>\tLas cuatro partes en que se divide el Catecismo, est\u00e1n redactadas arm\u00f3nicamente. Se expone la fe, los sacramentos de la fe, la vida de fe y la oraci\u00f3n en la vida de fe. Se educa para una fe que se realice en esperanza y caridad. Es una exposici\u00f3n doctrinal que llama a la fe como adhesi\u00f3n personal a Cristo (I Credo), a la celebraci\u00f3n del Misterio Pascual (II sacramentos), al proceso de santidad y perfecci\u00f3n (III mandamientos y virtudes), al camino de la oraci\u00f3n (IV oraci\u00f3n, Padre nuestro). Es una llamada a la renovaci\u00f3n evang\u00e9lica y a la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\tLa armon\u00ed\u00ada de los contenidos aparece en la perspectiva teol\u00f3gica y salv\u00ed\u00adfica del misterio de Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, Salvador. \u00abMuerto y resucitado, est\u00e1 siempre presente en su Iglesia, particularmente en los sacramentos; es la fuente de la fe, el modelo del obrar cristiano y el Maestro de nuestra oraci\u00f3n\u00bb (Juan Pablo II, Const. Apost. \u00abFidei Depositum\u00bb, 1992).<\/p>\n<p>\tFe profesada, celebrada, vivida, anunciada<\/p>\n<p>\tSiendo una autorizada y completa exposici\u00f3n de la fe cristiana, es un instrumento privilegiado \u00abpara la renovaci\u00f3n a la que el Esp\u00ed\u00adritu Santo llama sin cesar a la Iglesia\u00bb (Juan Pablo II, ib\u00ed\u00addem). Es todo un programa y texto de referencia para una llamada a la vivencia de la fe y al anuncio de la misma.  En cada tema se recoge lo mejor de la doctrina b\u00ed\u00adblica, patr\u00ed\u00adstica, lit\u00fargica, magisterial y de santos y escritores eclesi\u00e1sticos. Es la s\u00ed\u00adntesis de una herencia apost\u00f3lica, como eco del evangelio a trav\u00e9s de las diversas \u00e9pocas hist\u00f3ricas, en una Iglesia que camina hacia el m\u00e1s all\u00e1 (la escatolog\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>\tLa fe se anuncia, se celebra, se vive y se convierte en oraci\u00f3n. Es la fe de toda la comunidad eclesial, de cada \u00e9poca y en cada cultura. Las expresiones doctrinales (siempre perfectibles) son la quinta esencia de la Palabra de Dios, revelada e inspirada, predicada en la Iglesia, celebrada en la liturgia, vivida por los fieles, convertida en di\u00e1logo y relaci\u00f3n personal con Dios.<\/p>\n<p>\tMar\u00ed\u00ada en el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/p>\n<p>\tEl tema mariano aparece en su momento adecuado, como figura de la Iglesia que cree (I), se asocia a Cristo Redentor (II). vive la vida nueva (III), ora (IV). Mar\u00ed\u00ada es modelo de la fe (CEC 144, 148-149) en el misterio de Cristo (CEC 484-507), en el misterio del Esp\u00ed\u00adritu Santo (CEC 721-726), en el misterio de la Iglesia (CEC 963-975). La oraci\u00f3n de la Iglesia imita y se une a la oraci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada (CEC 2617-26-19, 2673-2679).<\/p>\n<p>\tDimensi\u00f3n misionera<\/p>\n<p>\tCada tema deja entrever la presencia de Cristo (\u00aban\u00e1mnesis\u00bb) que comunica la acci\u00f3n santificadora del Esp\u00ed\u00adritu Santo (\u00abep\u00ed\u00adclesis\u00bb) y llama a construir la comuni\u00f3n eclesial y a realizar la misi\u00f3n universal. La misi\u00f3n de la Iglesia es una exigencia de su realidad de misterio de comuni\u00f3n, \u00absacramento universal de salvaci\u00f3n\u00bb (CEC 772-780, 830-870).<\/p>\n<p>Referencias Catecumenado, catequesis, Credo, mandamientos, sacramentos, oraci\u00f3n, teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Lectura de documentos CEC 1-25.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., Un dono per oggi, il Catechismo della Chiesa Cattolica (Roma, Paoline, 1992); G. COLOMBO, La fede vissuta. Dal Catechismo della Chiesa Cattolica all&#8217;educazione morale oggi (Milano, Paoline, 1994); F. FERNANDEZ CARVAJAL, Indice asc\u00e9tico del catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica (Madrid, Palabra, 1993); J. GARCIA MARTIN, Algunas consideraciones sobre el car\u00e1cter misionero del \u00abCatecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica\u00bb Commentarium pro Religiosis 76 (1995) 359-386; L. MARTINEZ, Diccionario del Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica ( BAC, Madrid, 1995); P. POUPARD, Il Catechismo della Chiesa Cattolica. Origine, struttura, dinamica contenutiva e significato Euntes Docete 46 (1993) 175-191.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: Introducci\u00f3n. &#8211; 1. Algunas caracter\u00ed\u00adsticas del CCE. &#8211; 2. El contenido doctrinal de CCE. &#8211; 3. El CCE (19921 y el Directorio General para la Catequesis (DGC, 19971 3.1. El CCEy el DGC, instrumentos complementarios.. 3.2. El CCE, la Catequesis y el DGC (19971. Garant\u00ed\u00adas de la transmisi\u00f3n de la fe.- 4. Cuestiones del CCE en el DGC &#8211; Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n<br \/>\n1. El libro del catecismo es, en la intenci\u00f3n profunda de la Iglesia, un compendio org\u00e1nico y elemental del misterio cristiano. En \u00e9l la Iglesia recoge, de modo autorizado y aut\u00e9ntico, los documentos o \u00abfuentes\u00bb de la fe que considera esenciales para la fundamentaci\u00f3n y maduraci\u00f3n de la vida cristiana de los creyentes en una situaci\u00f3n y tiempo determinados.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad que el catecismo, en su concepto teol\u00f3gico, como texto oficial de la Iglesia, comprenda las cinco dimensiones siguientes: Es un libro de la fe y de la doctrina cat\u00f3lica, tal como la vive la Iglesia en un tiempo concreto. Es un instrumento al servicio de la transmisi\u00f3n de la fe, como portador de las fuentes de dicha fe. Es un servicio a la identidad cristiana, como un est\u00ed\u00admulo y un test de la identidad de los creyentes en cuanto tales. Es un servicio a la unidad de la fe en medio de la variedad de lenguajes y de creyentes de otras confesiones o seguidores de otras filosof\u00ed\u00adas. Es, en fin, un servicio a la inculturaci\u00f3n de la fe dentro de la unidad de la fe eclesial.<\/p>\n<p>2. En la situaci\u00f3n social y moderna de nuestro mundo, la Jerarqu\u00ed\u00ada de la Iglesia Cat\u00f3lica ha cre\u00ed\u00addo oportuno cristalizar estos criterios de todo catecismo en el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, que tiene su antecedente en el Catecismo de Trento, tambi\u00e9n llamado Catechismus ad parochos, de San P\u00ed\u00ado V o Catecismo Romano.<\/p>\n<p>El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica (CCE), 1992, no es un Catecismo del Vaticano II 1965), sino pedido por los PP del S\u00ed\u00adnodo extraordinario de 1985, celebrado para evaluar los veinte a\u00f1os del Vaticano II. \u00abDe modo muy com\u00fan se desea que se redacte un catecismo o compendio de toda la doctrina cat\u00f3lica, tanto sobre la fe, como sobre la moral, que sea punto de referencia para los catecismos y compendios que se redacten en las diversas regiones. La presentaci\u00f3n de la doctrina cristiana debe ser tal, que sea b\u00ed\u00adblica y lit\u00fargica, que ofrezca la doctrina sana y sea, a la vez, acomodada a la vida actual de los cristianos (II, B. 4).<\/p>\n<p>La redacci\u00f3n la realiz\u00f3 una Comisi\u00f3n Pontificia de 12 miembros y se prolong\u00f3 durante 5 a\u00f1os.<\/p>\n<p>1. Algunas caracter\u00ed\u00adsticas del CCE<br \/>\nEl CCE no sustituye a los catecismos nacionales o diocesanos. M\u00e1s a\u00fan, alienta y facilita su redacci\u00f3n para que la fe cristiana se enra\u00ed\u00adce en la cultura en que vive la Iglesia nacional o diocesana. Roma se interesa por los catecismos inculturados (cf CCE 24).<\/p>\n<p>El acento de CCE se pone en la exposici\u00f3n doctrinal, pues busca profundizar en conocimiento de la fe (CCE 23).<\/p>\n<p>Los destinatarios principales son los responsables de la catequesis: los Obispos.<\/p>\n<p>Los destinatarios secundarios son cuantos colaboran con ellos en la redacci\u00f3n de los catecismos locales, los te\u00f3logos, presb\u00ed\u00adteros y catequistas y los fieles capacitados y deseosos de conocer las riquezas de la Buena Noticia. El CCE sirve incluso a los no creyentes para darles una amplia informaci\u00f3n de la fe cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>La autoridad del CCE est\u00e1 en el hecho de ser \u00abuna exposici\u00f3n de la fe de la Iglesia y de la doctrina cat\u00f3lica\u00bb, \u00abun instrumento v\u00e1lido y autorizado al servicio de la comuni\u00f3n eclesial\u00bb, y \u00abnorma segura para la ense\u00f1anza de la fe\u00bb (FD, 4,10). Es, pues, un documento doctrinal de referencia, seguro y aut\u00e9ntico, para ense\u00f1ar la doctrina cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>2. El contenido doctrinal del CCE<br \/>\na) La articulaci\u00f3n interna del contenido abarca: la Parte, la profesi\u00f3n de fe o credo. 2a Parte, la celebraci\u00f3n del misterio cristiano. 3a Parte, la \u00abvida en Cristo\u00bb o moral evang\u00e9lica. 4a Parte, la oraci\u00f3n cristiana desde el Padrenuestro.<\/p>\n<p>b) Recuperaci\u00f3n de los cuatro componentes catequ\u00e9ticos \u00abtradicionales\u00bb y su secuencia. Mirando los catecismos que se compusieron despu\u00e9s del Catecismo Romano (1566) -hasta el Vaticano II (1965) y a\u00fan despu\u00e9s de \u00e9l-, la secuencia de sus contenidos catequ\u00e9ticos es: Credo, Padrenuestro, Mandamientos y Sacramentos. En cambio, el CCE (1992) retorna el orden del Catecismo de San P\u00ed\u00ado V: Credo, Sacramentos, Mandamientos y Oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En aquellos catecismos se reflejar\u00ed\u00ada un orden antropoc\u00e9ntrico: lo que el hombre ha de creer, lo que ha de orar, lo que ha de obrar y lo que ha de recibir. El hombre, no Dios, es el centro de los catecismos. En el CCE -seg\u00fan muchos autores-se reflejar\u00ed\u00ada m\u00e1s el orden de la obra divina, objetiva y subjetiva, de la redenci\u00f3n gratuita de Dios: la fe o Credo y los Sacramentos como memorial de la Pasi\u00f3n y Resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or , ambas realidades venidas de la iniciativa de Dios. En cambio, la Vida moral cristiana y la Oraci\u00f3n ser\u00ed\u00adan la respuesta del hombre.<\/p>\n<p>c) Algunos aspectos del contenido. Se destacan las primeras secciones de cada una de las partes del CCE, en las que se descubre c\u00f3mo su contenido concierne \u00abal ser humano como sujeto de la fe\u00bb (J. A. MART\u00ed\u008dNEZ CAMINO SI). Otras novedades pueden verse en el mismo autor: Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, en Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, S. Pablo, Madrid 1999, 257-262.<\/p>\n<p>3. El CCE (1992) y el Directorio General para la Catequesis (DGC 1997)<br \/>\n3.1. El CCE y el DGC, instrumentos complementarios<br \/>\nPronto se vio que el nuevo CCE, fruto del Magisterio papal, que sintetiza normativamente la totalidad de la fe cat\u00f3lica para toda la Iglesia, necesitaba, como punto de referencia de la ense\u00f1anza aut\u00e9ntica de la fe, un nuevo Directorio actualizado, para el hoy de la acci\u00f3n catequ\u00e9tica. El de 1971 (Directorio Catequ\u00e9tico General, DCG) hab\u00ed\u00ada quedado muy desfasado.<\/p>\n<p>El nuevo DGC, apareci\u00f3 en agosto de 1997 y recoge unos principios teol\u00f3gico-pastorales de car\u00e1cter fundamental, tomados del Magisterio de la Iglesia y particularmente del Vaticano II, por los que pueda orientarse y regirse m\u00e1s adecuadamente la actividad catequ\u00e9tica de la Iglesia (Cf DGC 120, 3\u00c2\u00b0).<\/p>\n<p>Uno y otro son instrumentos distintos en cuanto a estructura en autoridad doctrinal, pero complementarios en orden a la praxis catequ\u00e9tica.<\/p>\n<p>3.2. El CCE, la Catequesis y el DGC (1997). Garant\u00ed\u00adas de la transmisi\u00f3n de la fe<br \/>\nLugar del Catecismo en la Catequesis. Siendo \u00ablibro de la fe\u00bb, el CCE ocupa un lugar importante en la Catequesis como contenido y como pedagog\u00ed\u00ada de la transmisi\u00f3n de la fe. Aunque \u00e9ste no abarca las distintas acciones que est\u00e1 llamada a desarrollar la Catequesis, la presencia del CCE es indispensable porque posibilita que la transmisi\u00f3n de la fe sea fiel e \u00ed\u00adntegra y ayuda a los catequizandos, seg\u00fan edades, a lograr una s\u00ed\u00adntesis personal de la fe. (cf. Gu\u00ed\u00ada pedag\u00f3gica del Catecismo \u00abEsta es nuestra fe&#8230;\u00bb; EDICE, Madrid 1987, 23-24).<\/p>\n<p>Pero como todo catecismo, el CCE tiene sus l\u00ed\u00admites: es un instrumento, un medio (privilegiado, pero no el \u00fanico, y, menos a\u00fan, excluyente), de la catequesis. Esta es una acci\u00f3n mucho m\u00e1s articulada y compleja, por ser CCE, es para toda la Iglesia, pero al no poder recoger las peculiaridades de cada cultura o Iglesia local, reclama la indispensable mediaci\u00f3n de los catecismos locales, nacionales o diocesanos: los catecismos inculturados (Cf Dossier informativo de la Comisi\u00f3n del CCE enviado a los Obispos 25-VI-92).<\/p>\n<p>Garant\u00ed\u00adas de la transmisi\u00f3n en la fe. Sin embargo, no cualquier Catequesis es un \u00abacto de Tradici\u00f3n eclesial\u00bb. El DGC (1997), en uno de sus m\u00e1s inspirados cap\u00ed\u00adtulos referente a la transmisi\u00f3n del mensaje evang\u00e9lico (Segunda Parte, Cap\u00ed\u00adtulo 1, n\u00c2\u00b0s 94-118), aborda aquellas normas y criterios para la presentaci\u00f3n del mensaje evang\u00e9lico en la catequesis que garantizan una Catequesis como verdadero acto de Tradici\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p>La fuente viva de la Palabra de Dios y las \u00abfuentes\u00bb que de ella se derivan, como lugares concretos en que se expresa, son las \u00abfuentes\u00bb que proporcionan a la Catequesis los criterios y normas que la convierten en acto de Tradici\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>El DGC se detiene en la exposici\u00f3n de estos criterios (nOs 98-118), que aqu\u00ed\u00ad s\u00f3lo enunciamos sucintamente. Seg\u00fan ellos, el mensaje evang\u00e9lico se ha de presentar (cf. DGC 97):<\/p>\n<p>* centrado en la Persona de Jesucristo (cristocentrismo), que por su propia din\u00e1mica interna induce la dimensi\u00f3n trinitaria del mismo mensaje (cf. DGC 98-100);<br \/>\n* bajo el anuncio de la Buena Nueva del Reino de Dios, centrado en el don de la salvaci\u00f3n, que, a su vez, implica un mensaje de liberaci\u00f3n (cf DGC 101-104);<br \/>\n* con un expl\u00ed\u00adcito car\u00e1cter eclesial, ofreci\u00e9ndolo tal como la Iglesia lo ha recibido y lo vive al servicio de la unidad en la confesi\u00f3n de fe y con un car\u00e1cter hist\u00f3rico, ya que el misterio de la salvaci\u00f3n empez\u00f3 en el pasado, alcanz\u00f3 su cumbre en Cristo, desarrolla su poder en el presente, y espera su consumaci\u00f3n en el futuro (cf. DGC 105-108);<br \/>\n* como el mensaje evang\u00e9lico, que, por ser Buena Noticia destinada a todos los pueblos, busca su inculturaci\u00f3n, que se lograr\u00e1 en profundidad s\u00f3lo si el mensaje se presenta en toda su integridad y pureza (cf. DGC 109-113);<br \/>\n* como mensaje evang\u00e9lico necesariamente org\u00e1nico, con su jerarqu\u00ed\u00ada de verdades y, a la vez, como un acontecimiento profundamente significativo, dador de sentido trascendente cristiano, para toda persona humana (cf DGC 114-117).<\/p>\n<p>4. Cuestiones del CCE en el DGC<br \/>\na) Dos elementos importantes: la \u00abnarratio\u00bb y la \u00abexplanatio\u00bb. Si el Catecismo se inspira tanto en la Iglesia de los Santos Padres y especialmente en la din\u00e1mica catecumenal \u00bfc\u00f3mo no se ha introducido en el Catecismo primeramente una \u00abnarratio salutis\u00bb o la historia de la salvaci\u00f3n y, despu\u00e9s, una \u00abexplanatio\u00bb o exposici\u00f3n sistem\u00e1tica, siguiendo el S\u00ed\u00admbolo Apost\u00f3lico?<br \/>\nLa respuesta, que en su d\u00ed\u00ada dio uno de los elaboradores del CCE fue de car\u00e1cter pragm\u00e1tico: \u00abAs\u00ed\u00ad se pens\u00f3 hacerlo, pero luego se opt\u00f3 por una v\u00ed\u00ada intermedia: hacer una redacci\u00f3n entre la \u00abnarratio\u00bb, que surgir\u00ed\u00ada de vez en cuando -por ejemplo, en los misterios de la vida de Cristo, respecto de Mar\u00ed\u00ada, de los Sacramentos, en la historia de la oraci\u00f3n&#8230;- y la \u00abexplanatio\u00bb, que ser\u00ed\u00ada el ca\u00f1amazo del Catecismo.<\/p>\n<p>b) \u00bfNueva sensibilidad en el DGC (1997)? Sin embargo, el DGC parece aclarar algo m\u00e1s esta cuesti\u00f3n de la relaci\u00f3n catequ\u00e9tica entre historia de la salvaci\u00f3n (narratio) y la explicaci\u00f3n doctrinal (explanatio). De los dos cap\u00ed\u00adtulos del DGC dedicados al Mensaje cristiano (nOs 92-136), el cap\u00ed\u00adtulo II (nOs 119-136) aborda el lugar del CCE en la Catequesis bajo el t\u00ed\u00adtulo \u00abEsta es nuestra fe. Esta es la fe de la Iglesia\u00bb. Este cap\u00ed\u00adtulo se ha elaborado \u00abpara procurar una mejor comprensi\u00f3n y recepci\u00f3n del Catecismo en la actividad catequ\u00e9tica\u00bb (n\u00c2\u00b0 120, final).<\/p>\n<p>El DGC reflexiona sobre la relaci\u00f3n del Dep\u00f3sito de la fe y el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica (na 125-130). A la luz de esta relaci\u00f3n, el DGC (n\u00c2\u00b0 126) dice: \u00abConviene esclarecer una cuesti\u00f3n de vital importancia para la catequesis: la relaci\u00f3n entre la tradici\u00f3n catequ\u00e9tica de los Padres de la Iglesia, con su riqueza de contenidos y compresi\u00f3n del proceso catequ\u00e9tico y el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica\u00bb.<\/p>\n<p>A esta cuesti\u00f3n, el DGC viene a responder de esta manera (n\u00c2\u00b0 199):<\/p>\n<p>1.\u00c2\u00b0 Los Santos Padres son testigos cualificados de la Tradici\u00f3n Viva de fe de la Iglesia: \u00absus riquezas se manifiestan en la pr\u00e1ctica y la vida de la Iglesia creyente y orante\u00bb. Ante esta riqueza doctrinal y pastoral que, creen, viven y celebran sus Iglesias, conviene destacar c\u00f3mo estructuran los Santos Padres en el Catecumenado el contenido de la Catequesis seg\u00fan las etapas del proceso catecumenal:<\/p>\n<p>\u00abEn la catequesis patr\u00ed\u00adstica, 1) la \u00abnarraci\u00f3n\u00bb (\u00abnarratio\u00bb) de la historia de la salvaci\u00f3n (\u00abhasta nuestros d\u00ed\u00adas\u00bb seg\u00fan S. Agust\u00ed\u00adn) era lo primero. 2) Despu\u00e9s, avanzada la Cuaresma, se hac\u00ed\u00adan las entregas del S\u00ed\u00admbolo y del Padrenuestro mediante su \u00abexplicaci\u00f3n\u00bb (\u00abexplanatio\u00bb), con sus implicaciones morales. 3) La catequesis mistag\u00f3gica (o lit\u00fargico-sacramental), una vez celebrados los sacramentos de la iniciaci\u00f3n, ayudaba a interiorizarlos y gustarlos. \u00bb (n\u00c2\u00b0 129, 5\u00c2\u00b0). As\u00ed\u00ad pues, la gran aportaci\u00f3n de los Santos Padres a la Catequesis es la Catequesis hist\u00f3rico-b\u00ed\u00adblica (la \u00abnarratio salutis\u00bb) en sus tres etapas: A. Testamento, Nuevo Testamento e Historia de la Iglesia.<\/p>\n<p>2.\u00c2\u00b0 El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, por su parte, aporta a la catequesis la gran tradici\u00f3n de los catecismos (cf CCE 13), de la cual destacamos: 1) La fe no es s\u00f3lo adhesi\u00f3n vital a Dios, sino tambi\u00e9n asentimiento intelectual y de la voluntad a la verdad revelada (Un conocimiento org\u00e1nico de la fe): 2) Y la educaci\u00f3n de la fe en todas sus dimensiones (Fe profesada, celebrada, vivida y hecha oraci\u00f3n).<\/p>\n<p>c) Consecuencias de lo dicho para la catequesis: Las extrae el \u00faltimo p\u00e1rrafo del n\u00c2\u00b0 130 del DGC:<br \/>\n1.a Existen dos grandes tradiciones catequ\u00e9ticas, que confluyen en la catequesis actual y la enriquecen en su concepci\u00f3n y en sus contenidos: la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica (siglos II al VI), sobre todo con sus tres etapas de catequesis hist\u00f3rico-b\u00ed\u00adblica -A. y N. Testamento- y la eclesial y la tradici\u00f3n de los catecismos (desde el s. XVI) con su catequesis doctrinal org\u00e1nica y su educaci\u00f3n de la fe integral, a partir de sus cuatro pilares: S\u00ed\u00admbolo, Sacramentos, Dec\u00e1logo y Padrenuestro, asumidos tambi\u00e9n de la catequesis patr\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>2.a El DGC reconoce que no son s\u00f3lo cuatro los pilares o estructuras que configuran nuestra catequesis actual, tanto la de la iniciaci\u00f3n cristiana como la permanente. Las piezas maestras, base de todo proceso de catequesis, son siete, a\u00f1adiendo a las cuatro de la tradici\u00f3n de los catecismos, las tres etapas hist\u00f3rico-b\u00ed\u00adblicas y eclesial de la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>d) Desde este reconocimiento general y desde la \u00faltima afirmaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita del p\u00e1rrafo n\u00c2\u00b0 130 se derivan varias pistas operativas:<\/p>\n<p>1.a Que en el proceso de la catequesis actual no se olvide de hacer presente la catequesis b\u00ed\u00adblica, con sus etapas hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adficas incluyendo, como elemento b\u00e1sico catequ\u00e9tico, la historia de la Iglesia en sus grandes l\u00ed\u00adneas. As\u00ed\u00ad lo especifica el 6\u00c2\u00b0 criterio (n\u00c2\u00b0S 107-108) para la presentaci\u00f3n del mensaje evang\u00e9lico.<\/p>\n<p>2.a Que la programaci\u00f3n de un proceso de catequesis -bien de iniciaci\u00f3n, bien permanente- inspirada en el CCE o en los Catecismos locales, no olvide ser creativa para elaborarla desde esas siete piezas maestras y en funci\u00f3n de las edades y situaci\u00f3n de fe de los destinatarios, de su espec\u00ed\u00adfica situaci\u00f3n cultural&#8230;<\/p>\n<p>3.a M\u00e1s a\u00fan, que a la hora de elaborar los Catecismos locales, se tengan operativamente presentes esas siete piezas maestras que configuran toda catequesis, para construir \u00abedificios de diversa arquitectura y articulaci\u00f3n\u00bb, es decir, Catecismos inculturados que respondan -que logren llevar la Buena Nueva-, a la situaci\u00f3n cultural, social y religiosa de los destinatarios.<\/p>\n<p>Conclusi\u00f3n<br \/>\nEn la segunda mitad del art\u00ed\u00adculo, hemos preferido introducir la relaci\u00f3n del CCE con el DGC, en el cual se encuentran muchas situaciones no s\u00f3lo para una buena recepci\u00f3n eclesial del CCE, sino tambi\u00e9n para hacer un uso del mismo con el esp\u00ed\u00adritu de la Iglesia.<\/p>\n<p>Otros aspectos informativos y no tan directamente pastorales, se puede consultar en varias obras de la Bibliograf\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, Nueva edici\u00f3n conforme al texto latino oficial. Asociaci\u00f3n de Editores del Catecismo &#8211; Librer\u00ed\u00ada Editrice Vaticana, Madrid 1999; CONGREGACI\u00ed\u201cN PARA EL CLERO, Directorio General para la Catequesis. Librer\u00ed\u00ada Editrice Vaticana, Citta del Vaticano 1997; El Vaticano II, Don de Dios. Los documentos del S\u00ed\u00adnodo extraordinario de 1985, PPC, Madrid 1986; CONGREGACI\u00ed\u201cN DEL CLERO, Directorio General de Pastoral Catequ\u00e9tica (DGC-71), Comisi\u00f3n Episcopal de Ense\u00f1anza y Educaci\u00f3n Religiosa, Madrid 1971 y 1973, biling\u00fce; A. M.a ALCEDO, El Catecismo \u00bfpara qu\u00e9 sirve? SM, Madrid 1992. Dossier informativo de la Comisi\u00f3n Editorial del CCE para la prensa y enviado a los Obispos, 25-VI-92; O. GONZ\u00ed\u0081LEZ DE CARDEDAL &#8211; J. A. MART\u00ed\u008dNEZ CAMINO, El Catecismo posconciliar. Contexto y contenidos, San Pablo, Madrid 1993; J. RATZINGER &#8211; C. SCH\u00ed\u201cNBORN, Introducci\u00f3n al Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, Ciudad Nueva, Madrid 1994; P. RODR\u00ed\u008dGUEZ, El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, Uni\u00f3n Editorial, Madrid 1996, 1-45; J. A. MART\u00ed\u008dNEZ CAMINO, Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, en Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid 1999, 248-264; A. CA\u00ed\u2018IZARES &#8211; M. DEL CAMPO (EDS), Evangelizaci\u00f3n, Catequesis, Catequistas. Una nueva etapa para la Iglesia del Tercer Milenio. EDICE, Madrid 1999; M. MATOS &#8211; V. M.&#8217; PEDROSA, Catecismos y Catecismo, en Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid 1999, 264-281.<\/p>\n<p>Vicente M. a Pedrosa Ar\u00e9s<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. El contexto: 1. Acontecimiento en la historia posconciliar de la Iglesia; 2. Historia de la redacci\u00f3n. II. El texto: 1. Caracter\u00ed\u00adsticas formales; 2. Visi\u00f3n de conjunto; 3. Algunos contenidos en particular; 4. La edici\u00f3n t\u00ed\u00adpica. III. Para el uso del Catecismo: 1. Ver los l\u00ed\u00admites; 2. Ver la totalidad; 3. Ver el Misterio.<\/p>\n<p>I. El contexto<br \/>\nEl Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica (CCE), cuya elaboraci\u00f3n concluy\u00f3 con la aprobaci\u00f3n pontificia el 25 de junio de 1992, fue promulgado por la constituci\u00f3n apost\u00f3lica Fidei depositum, de Juan Pablo II, dada el 11 de octubre de 1992, en el trig\u00e9simo aniversario de la apertura del concilio Vaticano II, y fue presentado a la Iglesia y al mundo en Roma, los d\u00ed\u00adas 7, 8 y 9 de diciembre de 1992, un triduo dotado de especial solemnidad. Casi cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde, el 8 de septiembre de 1997, fue presentada tambi\u00e9n en Roma la edici\u00f3n t\u00ed\u00adpica, en lengua latina, promulgada por la carta apost\u00f3lica Laetamur magnopere, que firmaba el mismo Papa el 15 de agosto de 1997.<\/p>\n<p>Entretanto hab\u00ed\u00adan ido apareciendo las diversas traducciones: la versi\u00f3n francesa, que hab\u00ed\u00ada sido la lengua com\u00fan de los redactores, estuvo en la calle en Par\u00ed\u00ads ya antes de la presentaci\u00f3n romana; la espa\u00f1ola y la italiana sal\u00ed\u00adan en diciembre de 1992; la alemana en 1993 y la inglesa en 1994. Desde entonces el CCE ha sido traducido a treinta lenguas y se cuentan por millones los ejemplares vendidos. La traducci\u00f3n espa\u00f1ola ha superado ya el mill\u00f3n de ejemplares.<\/p>\n<p>1. ACONTECIMIENTO EN LA HISTORIA POSCONCILIAR DE LA IGLESIA. El CCE es un hito notable en la historia de la catequ\u00e9tica. Pero para entenderlo bien hay que situarlo en el contexto m\u00e1s amplio y general de la historia de la Iglesia.<\/p>\n<p>a) Del concilio de Trento al Vaticano II. El CCE constituye un importante acontecimiento eclesial. Al presentarlo el 7 de diciembre de 1992, Juan Pablo II dijo que su publicaci\u00f3n deb\u00ed\u00ada \u00abincluirse, sin m\u00e1s, entre los mayores acontecimientos de la historia reciente de la Iglesia\u00bb. Por segunda vez en su historia bimilenaria, la Iglesia se dota a s\u00ed\u00ad misma de un instrumento como este. El otro caso fue el del llamado Catecismo romano, redactado por mandato del concilio de Trento y publicado por san P\u00ed\u00ado V en 1566. Son los dos \u00fanicos catecismos publicados por el Papa para uso de la Iglesia universal. Una breve comparaci\u00f3n de la coyuntura hist\u00f3rica de uno y otro catecismo ayudar\u00e1 a entender la naturaleza y el sentido del CCE.<\/p>\n<p>El concilio de Trento orden\u00f3 expresamente la confecci\u00f3n de un catecismo. Los reformadores protestantes ya hab\u00ed\u00adan escrito sus catecismos. En 1529, Mart\u00ed\u00adn Lutero hab\u00ed\u00ada dado a la imprenta dos: uno peque\u00f1o, para el pueblo, y otro grande, para los pastores. Juzgaba urgentes estas obras pedag\u00f3gicas para paliar la ignorancia en la que fieles y cl\u00e9rigos \u00abhab\u00ed\u00adan sido mantenidos por los papistas\u00bb. Pero tambi\u00e9n autores o reformadores cat\u00f3licos hab\u00ed\u00adan escrito obras encaminadas a la instrucci\u00f3n en la fe del pueblo y de los pastores: recordemos las de Juan de Vald\u00e9s (1529), Ponce de la Fuente (1543-1548) o san Pedro Canisio (1555-1559); lo mismo hicieron el s\u00ed\u00adnodo de Colonia (1536) y el de Petrikau (1551). Era, pues, una necesidad com\u00fanmente sentida la de superar la extendida ignorancia de la gente y del mismo clero.<\/p>\n<p>Esa necesidad es la que movi\u00f3 tambi\u00e9n a los Padres de Trento a pedir la redacci\u00f3n de un catecismo. La obra doctrinal y reformadora del concilio exig\u00ed\u00ada por s\u00ed\u00ad misma la instrucci\u00f3n de los creyentes en la fe cat\u00f3lica. Pero adem\u00e1s, la exig\u00ed\u00ada tambi\u00e9n el enorme desaf\u00ed\u00ado suscitado por la Reforma protestante. Hab\u00ed\u00ada que poner en manos de los pastores un cuerpo doctrinal que recogiera de modo sint\u00e9tico la fe cristiana tal y como acababa de ser expresada de nuevo por el mismo concilio. El catecismo hab\u00ed\u00ada de ser un instrumento pedag\u00f3gico al servicio de la identidad de la fe cat\u00f3lica en un momento de grave crisis de la misma. El logro del cardenal san Carlos Borromeo y del equipo de cuatro te\u00f3logos que, bajo su direcci\u00f3n, redact\u00f3 el Catecismo romano fue conseguir, en aquellas circunstancias, un texto sin tono pol\u00e9mico, armonioso y elegante. Volveremos sobre la disposici\u00f3n adoptada por este influyente catecismo.<\/p>\n<p>El concilio Vaticano II, a diferencia del de Trento, no s\u00f3lo no pidi\u00f3 la redacci\u00f3n de ning\u00fan catecismo, sino que, cuando se plante\u00f3 esta posibilidad, no dese\u00f3 tomarla en consideraci\u00f3n. La opini\u00f3n contraria a la redacci\u00f3n de un catecismo oficial para toda la Iglesia predomin\u00f3 hasta comienzos de los a\u00f1os ochenta, y no ser\u00ed\u00ada abandonada hasta el s\u00ed\u00adnodo extraordinario de los obispos que tuvo lugar en 1985 para celebrar y actualizar el Vaticano II, a los veinte a\u00f1os de su clausura.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hab\u00ed\u00ada sucedido en este lapso de tiempo? \u00bfPor qu\u00e9 pide el s\u00ed\u00adnodo lo que el concilio hab\u00ed\u00ada obviado?<br \/>\nUna de las tareas fundamentales que el concilio hab\u00ed\u00ada recibido de Juan XXIII era la de hacer de nuevo accesible la doctrir\u00ed\u00ada de la Iglesia, \u00abcon toda su fuerza y belleza\u00bb a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo. La Iglesia se sent\u00ed\u00ada con energ\u00ed\u00adas suficientes para tomar esta iniciativa misionera. Se ve\u00ed\u00ada m\u00e1s impulsada a hacerse entender por el mundo que necesitada de aclararse ella misma en su propio interior; ni las carencias de formaci\u00f3n del clero, ni las amenazas a la identidad de la fe cat\u00f3lica pod\u00ed\u00adan compararse con las experimentadas cuatrocientos a\u00f1os antes, en el momento del concilio de Trento. No parece, pues, extra\u00f1o que no se sintiera la necesidad de un instrumento como un catecismo universal. Es m\u00e1s: no se ve\u00ed\u00ada ni siquiera conveniente, pues de lo que se trataba no era tanto de definir y consolidar la fe cuanto de buscar f\u00f3rmulas nuevas para su proposici\u00f3n al mundo, en di\u00e1logo abierto con la cultura contempor\u00e1nea. Los trabajos y documentos conciliares fueron el primer gran exponente autorizado de este empe\u00f1o. Ellos constituyen, en este sentido, \u00abel gran catecismo de nuestros tiempos\u00bb, seg\u00fan expresi\u00f3n de Pablo VI, repetida por Juan Pablo II. Aunque no son propiamente un catecismo, ponen las bases de una reformulaci\u00f3n de la comprensi\u00f3n de la fe y echan a andar o relanzan un proceso de tanteos y fermentaciones que iban a necesitar su tiempo.<\/p>\n<p>b) El posconcilio y el s\u00ed\u00adnodo de 1985. Sin embargo, empezaron bien pronto los intentos de elaborar exposiciones sint\u00e9ticas de la fe adaptadas a la mentalidad de nuestros d\u00ed\u00adas, a las que se dio el nombre de catecismos. En 1966, al a\u00f1o siguiente de la clausura del concilio, aparec\u00ed\u00ada el llamado Catecismo holand\u00e9s, promovido y publicado por los obispos de aquel pa\u00ed\u00ads. La gran difusi\u00f3n que alcanz\u00f3 en toda la Iglesia y los problemas que planteaba exigieron una intervenci\u00f3n de la Santa Sede. Algunos pensaron que, si no se quer\u00ed\u00ada dejar el campo totalmente libre a nuevos problemas, hab\u00ed\u00ada llegado ya la hora de un catecismo universal. Pero justamente las dificultades encontradas por aquel primer intento particular parec\u00ed\u00adan poner de manifiesto que no se ten\u00ed\u00adan todav\u00ed\u00ada claves suficientemente maduras para una empresa as\u00ed\u00ad. La propuesta de un catecismo para toda la Iglesia, planteada de nuevo por algunos obispos en el s\u00ed\u00adnodo de 1967, tampoco prosper\u00f3.<\/p>\n<p>Todas las cosas tienen su kair\u00f3s, su tiempo. Hay quien ha dicho que el CCE ha llegado con veinticinco a\u00f1os de retraso. Otros piensan que siempre es demasiado pronto para lo que no deber\u00ed\u00ada darse nunca, y menos a\u00fan en un momento que llaman de involuci\u00f3n. El caso es que, adem\u00e1s del Directorio general de pastoral catequ\u00e9tica, pedido por el Concilio y publicado en 1971, los catecismos fueron haciendo su aparici\u00f3n en la Iglesia posconciliar. Hay que recordar en particular los redactados por las conferencias episcopales para los catec\u00famenos de diversas edades, incluso para los adultos. Adem\u00e1s, en el \u00e1mbito de la teolog\u00ed\u00ada tambi\u00e9n se fueron viendo como posibles y necesarias algunas s\u00ed\u00adntesis de la fe o cursos b\u00e1sicos, que pusieran al alcance de diversos c\u00ed\u00adrculos de personas instruidas una comprensi\u00f3n de conjunto de la fe cristiana en el contexto de la cultura actual. Estos y otros intentos de s\u00ed\u00adntesis b\u00ed\u00adblicas, ecum\u00e9nicas, etc. hicieron que desde principios de los a\u00f1os ochenta pareciera llegado el tiempo de la sedimentaci\u00f3n y de la recolecci\u00f3n de todo lo sembrado y puesto en movimiento desde el concilio.<\/p>\n<p>El tiempo hab\u00ed\u00ada llegado porque la obra parec\u00ed\u00ada ya posible. Pero adem\u00e1s, porque se iba revelando como cada vez m\u00e1s necesaria. La raz\u00f3n de esta necesidad aparece claramente detectada por el s\u00ed\u00adnodo extraordinario de 1985, cuando hace el balance de los veinte a\u00f1os transcurridos desde la clausura del concilio. La relaci\u00f3n final habla de frutos muy grandes y de defectos y dificultades (I, 3). Las dificultades, especialmente en el llamado primer mundo, parecen resumirlas los sinodales en la desafecci\u00f3n a la Iglesia. La causa fundamental de esta situaci\u00f3n, localizable en el interior de la Iglesia (adem\u00e1s del secularismo, procedente m\u00e1s bien del exterior) la ve el s\u00ed\u00adnodo en \u00abla lectura parcial y selectiva del concilio y en la interpretaci\u00f3n superficial de su doctrina en uno u otro sentido\u00bb (I, 4). La relaci\u00f3n se detiene a continuaci\u00f3n en diversos aspectos de la vida de la Iglesia, en los que se aprecia en concreto ese estado de cosas. Pues bien, bajo el ep\u00ed\u00adgrafe \u00abFuentes de las que vive la Iglesia\u00bb, se hace el siguiente grave diagn\u00f3stico sobre la evangelizaci\u00f3n y la catequesis: \u00abPor todas partes en el mundo, la transmisi\u00f3n de la fe y de los valores morales que proceden del evangelio a la generaci\u00f3n pr\u00f3xima (a los j\u00f3venes) est\u00e1 hoy en peligro. El conocimiento de la fe y el reconocimiento del orden moral se reducen frecuentemente a un m\u00ed\u00adnimo. Se requiere, por tanto, un nuevo esfuerzo en la evangelizaci\u00f3n y en la catequesis integral y sistem\u00e1tica\u00bb (II, B, 2).<\/p>\n<p>Con el fin de salir al paso de esta nueva necesidad, el s\u00ed\u00adnodo hace en este mismo ep\u00ed\u00adgrafe la famosa sugerencia que iba a acabar siendo llevada a la pr\u00e1ctica siete a\u00f1os despu\u00e9s con el CCE: \u00abDe modo muy com\u00fan se desea que se escriba un catecismo o compendio de toda la doctrina cat\u00f3lica, tanto sobre la fe como sobre la moral, que sea como el punto de referencia para los catecismos y compendios que se redacten en las diversas regiones. La presentaci\u00f3n de la doctrina debe ser tal que sea b\u00ed\u00adblica y lit\u00fargica, que ofrezca la doctrina sana y sea, a la vez, acomodada a la vida actual de los cristianos\u00bb (II, B, 4).<\/p>\n<p>Al hacer esta propuesta, el s\u00ed\u00adnodo est\u00e1 queriendo responder a la situaci\u00f3n nueva creada en los a\u00f1os transcurridos desde el Concilio por las lecturas selectivas y superficiales de la doctrina conciliar. Aqu\u00ed\u00ad, en concreto, se trata, sobre todo, de la deficiente recepci\u00f3n de la constituci\u00f3n Dei Verbum que ha conducido, con frecuencia, a una interpretaci\u00f3n de la Sagrada Escritura \u00abseparada de la tradici\u00f3n viva de la Iglesia\u00bb y de \u00abla interpretaci\u00f3n aut\u00e9ntica del Magisterio\u00bb (II, B, 1).<\/p>\n<p>Casi tres a\u00f1os antes, en una relevante conferencia sobre la catequesis, dictada en Par\u00ed\u00ads y Lyon en 1983, el cardenal Ratzinger hab\u00ed\u00ada apuntado ya al mismo diagn\u00f3stico y a la misma necesidad. En su opini\u00f3n iba resultando urgente la s\u00ed\u00adntesis de los contenidos nucleares de la fe, en particular para la catequesis, pues la \u00abhipertrofia de los m\u00e9todos\u00bb -en expresi\u00f3n del cardenal- est\u00e1 poniendo en peligro la transmisi\u00f3n de la fe. Lo ilustraba con un ejemplo: \u00abuna madre alemana me contaba un d\u00ed\u00ada que un hijo suyo, que iba a la escuela primaria, se estaba ya iniciando en la cristolog\u00ed\u00ada de los logia del Se\u00f1or (un problema de ex\u00e9gesis), pero que no hab\u00ed\u00ada o\u00ed\u00addo todav\u00ed\u00ada ni una palabra sobre los siete sacramentos ni sobre los art\u00ed\u00adculos del credo\u00bb.<\/p>\n<p>Ratzinger detectaba la misma necesidad que el s\u00ed\u00adnodo iba a confirmar: hay que arbitrar instrumentos para proponer de modo articulado los contenidos de la fe de la Iglesia. Esta ha sido parcelada y disgregada por diversos intentos de reconstrucci\u00f3n, m\u00e1s o menos hist\u00f3ricos o subjetivos. Pero \u00abcada vez que se estima que es posible relegar en la catequesis la fe de la Iglesia, aunque s\u00f3lo sea un poco, bajo el pretexto de extraer de la Escritura un conocimiento m\u00e1s directo y preciso, se entra en el dominio de la abstracci\u00f3n (&#8230;). En estas condiciones [la catequesis] se reduce a no ser m\u00e1s que una teor\u00ed\u00ada entre otras, un poder semejante a los dem\u00e1s; ya no puede ser estudio y recepci\u00f3n de la verdadera vida, de la vida eterna\u00bb.<\/p>\n<p>Pues bien, esos instrumentos doctrinales integradores no hab\u00ed\u00ada que inventarlos: son aquellos que reflejan en la catequesis la din\u00e1mica misma de la vida de la fe, que es profesada, celebrada, traducida en obras y ejercitada en la oraci\u00f3n. He ah\u00ed\u00ad, en general, lo que aportan los catecismos, tanto protestantes como cat\u00f3licos. Esa era, precisamente, la estructuraci\u00f3n del Catecismo romano, que ve en esas cuatro grandes piezas de la catequesis aut\u00e9nticos lugares teol\u00f3gicos, desde los que acoger y transmitir la revelaci\u00f3n de Dios en Jesucristo.<\/p>\n<p>2. HISTORIA DE LA REDACCI\u00ed\u201cN. LOS tiempos parec\u00ed\u00adan, pues, maduros, y el s\u00ed\u00adnodo de 1985, acontecimiento colegial especial que reun\u00ed\u00ada tambi\u00e9n a los presidentes de todas las conferencias episcopales, formula la sugerencia de \u00abque se escriba un catecismo o compendio\u00bb.<\/p>\n<p>a) Organos de trabajo. Juan Pablo II hizo suya esta sugerencia ya al concluir la asamblea sinodal y, a los seis meses, el 10 de junio de 1986, nombraba una comisi\u00f3n pontificia encargada de presidir la elaboraci\u00f3n de dicho libro. Los miembros de la comisi\u00f3n eran doce: cinco cardenales de la curia romana y seis arzobispos y un obispo de todas las partes del mundo. El cardenal J. Ratzinger, prefecto de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe, a quien se encargaba la presidencia de la comisi\u00f3n y los cardenales prefectos W. W. Baum (Educaci\u00f3n cristiana); S. Lourdusamy (Iglesias orientales); J. Tomko (Evangelizaci\u00f3n de los pueblos), y A. Inocenti (Clero); adem\u00e1s, el card. B. Law, arzobispo de Boston (USA); J. Stroba, arzobispo de Poznan (Polonia); N. Edelby, arzobispo greco-melquita de Alepo (Siria); H. S. D&#8217;Souza, arzobispo de Calcuta (India); I. de Souza, arzobispo coad. de Cotonou (Benin); J. Schotte, arzobispo secretario general del s\u00ed\u00adnodo, y F. S. Ben\u00ed\u00adtez Avalos, obispo de Villarica (Paraguay).<\/p>\n<p>La comisi\u00f3n pontificia se re\u00fane por primera vez el 15 de noviembre de 1986. El Papa les recuerda el encargo del s\u00ed\u00adnodo y, remitiendo a la conferencia del card. Ratzinger de 1983 en Lyon y Par\u00ed\u00ads, les habla de que el g\u00e9nero catecismo es algo irrenunciable ciable en la labor catequ\u00e9tica, ya que su \u00abestructura fundamental\u00bb es tan antigua como el catecumenado, es decir, como la Iglesia misma.<\/p>\n<p>Para llevar adelante el trabajo que se le ha encomendado, la comisi\u00f3n se dota de un secretariado, de un comit\u00e9 de redacci\u00f3n y de un colegio de consultores. Este \u00faltimo estar\u00e1 compuesto por cuarenta te\u00f3logos elegidos en funci\u00f3n de sus especialidades y de su pertenencia a culturas y lenguas diversas. El comit\u00e9 de redacci\u00f3n, cuyo nombramiento se har\u00e1 oficial en julio de 1987, qued\u00f3 integrado por los siguientes siete prelados residenciales: J. M. Estepa, arzobispo castrense de Espa\u00f1a; J. Honor\u00e9, arzobispo de Tours (Francia); D. Konstant, obispo de Leeds (Gran Breta\u00f1a); E. E. Karlic, obispo de Paran\u00e1 (Argentina); W. Levada, arzobispo de Portland (EE.UU.); A. Maggiolini, obispo de Carpi (Italia) y J. Medina Est\u00e9vez, auxiliar de Rancagua (Chile). El secretariado fue encomendado a colaboradores de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe y a su frente se puso al dominico, profesor de Friburgo, Christoph von Sch\u00e1nborn.<\/p>\n<p>b) Fases de elaboraci\u00f3n. El trabajo de elaboraci\u00f3n del CCE se prolong\u00f3 algo m\u00e1s de cinco a\u00f1os: de enero de 1987 a febrero de 1992. En este tiempo se pueden distinguir tres fases principales:<br \/>\nFase inicial (de enero de 1987 a noviembre de 1989): desde la primera reuni\u00f3n del comit\u00e9 de redacci\u00f3n, hasta que se consigue un texto que parece suficientemente maduro como para ser sometido a consulta de todos los obispos del mundo, el llamado Proyecto revisado. El texto fue presentado tres veces a la comisi\u00f3n pontificia (mayo de 1987; mayo 1988 y febrero de 1989). A los cuarenta te\u00f3logos consultores se les envi\u00f3 despu\u00e9s de la revisi\u00f3n de mayo de 1988. En este tiempo se toman dos decisiones importantes: la divisi\u00f3n cuatripartita del conjunto: credo, sacramentos, preceptos y, adem\u00e1s, un ep\u00ed\u00adlogo sobre el padrenuestro, no previsto en las l\u00ed\u00adneas b\u00e1sicas dadas en noviembre de 1986 por la comisi\u00f3n pontificia, y la opci\u00f3n por el credo de los ap\u00f3stoles como base de la primera parte.<\/p>\n<p>Fase central (de noviembre de 1989 a noviembre de 1990): se consulta al episcopado mundial y, sobre la base de las observaciones recibidas, la comisi\u00f3n da las \u00faltimas orientaciones para el trabajo. Del Proyecto revisado se imprimen unos cinco mil ejemplares, en franc\u00e9s, ingl\u00e9s, espa\u00f1ol y alem\u00e1n y se env\u00ed\u00adan, a primeros de diciembre de 1989, a todos los obispos. Las respuestas recibidas son elaboradas por el secretariado y estudiadas luego por el comit\u00e9 de redacci\u00f3n en la reuni\u00f3n celebrada en Frascati del 1 al 14 de julio de 1990. En el s\u00ed\u00adnodo de los obispos de octubre de 1990, el cardenal Ratzinger da cuenta de los resultados de la consulta: desde el punto de vista cuantitativo, el conjunto de las respuestas (obispos particulares, 798; grupos, 25=1092 obispos; Conferencias episcopales, 28) cubre alrededor de un tercio del episcopado y representan globalmente las grandes \u00e1reas geogr\u00e1ficas. Cualitativamente el juicio global expresado en esas respuestas se distribuye como sigue: el 18,6% estiman el Proyecto revisado como \u00abmuy bueno\u00bb; el 54,7% lo consideran \u00abbueno\u00bb; el 18,2% lo ven \u00absatisfactorio con reservas\u00bb; el 5,8% lo juzga de manera \u00abalgo negativa\u00bb y el 2,7% lo descarta como \u00abinaceptable\u00bb.<\/p>\n<p>Los juicios negativos no llegaban, en conjunto, al 10%. Se pod\u00ed\u00ada considerar, por tanto, que el episcopado confirmaba la idea lanzada por el s\u00ed\u00adnodo de 1985 y que, adem\u00e1s, aceptaba el texto que se le hab\u00ed\u00ada presentado, al menos tomo base para seguir trabajando sobre \u00e9l hacia la consecuci\u00f3n de un texto definitivo.<\/p>\n<p>Las cuestiones m\u00e1s recurrentes, entre los 24.000 modi que se catalogaron, fueron las siguientes: 1) La finalidad misma del libro y su t\u00ed\u00adtulo; 2) La articulaci\u00f3n del texto de acuerdo con la jerarqu\u00ed\u00ada de verdades; 3) El uso de la Sagrada Escritura; 4) Las referencias al Vaticano II; 5) Sobre las formulaciones \u00aben breve\u00bb; 6) Sobre las religiones no cristianas; 7) La exposici\u00f3n de la moral cristiana; 8) Sobre el ep\u00ed\u00adlogo acerca del padrenuestro; 9) Diversas lagunas concretas que rellenar.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el Informe de Ratzinger, la comisi\u00f3n pontificia, en su reuni\u00f3n de septiembre de 1990, a la vista de las cuestiones planteadas por el episcopado, se pronuncia del modo siguiente: 1) En favor del t\u00ed\u00adtulo \u00abCatecismo\u00bb, entendido anal\u00f3gicamente; 2) Se explicar\u00e1 en el Prefacio del CCE que la jerarqu\u00ed\u00ada de verdades es entendida como sinfon\u00ed\u00ada de la doctrina articulada en la estructura cuatripartita; 3) La Dei Verbum inspirar\u00e1 el uso de la Sagrada Escritura, que ser\u00e1 examinado por un grupo mixto de te\u00f3logos y exegetas; 4) Se dar\u00e1 m\u00e1s relevancia a algunos documentos del concilio, como Ad gentes, Apostolicam actuositatem, Gaudium et spes y Sacrosanctum concilium; 5) Se mantendr\u00e1n los \u00aben breve\u00bb para recodar la necesidad de elementos de memorizaci\u00f3n en los catecismos; 6) Se modificar\u00e1 la presentaci\u00f3n de las religiones no cristianas; 7) Se har\u00e1 una revisi\u00f3n general de la parte dedicada a la moral; 8) El Ep\u00ed\u00adlogo se transformar\u00e1 en una cuarta parte sobre la oraci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Fase final (de noviembre de 1990 a febrero de 1992): sobre la base de las anteriores indicaciones de la comisi\u00f3n, se va perfilando el texto en cuatro borradores sucesivos a lo largo del a\u00f1o de 1991: marzo, mayo, agosto y diciembre. La comisi\u00f3n lo eval\u00faa en octubre de 1991 y, por fin, el 14 de febrero de 1992, aprueba por unanimidad el Proyecto definitivo, que es sometido al juicio del Papa. Juan Pablo II hace algunas observaciones, incorporadas a la d\u00e9cima redacci\u00f3n del Catecismo, que es puesto de nuevo en manos del Santo Padre el 30 de abril de 1992, fiesta de san P\u00ed\u00ado V, el papa del Catecismo romano. El 25 de junio de 1992 tiene lugar la aprobaci\u00f3n oficial pontificia del CCE.<\/p>\n<p>II. El texto<br \/>\nLa mirada que acabamos de echar al contexto en el que surge, se impone y se lleva a la pr\u00e1ctica la idea del Catecismo, nos ayuda ahora a entender de qu\u00e9 texto se trata: cu\u00e1les son sus caracter\u00ed\u00adsticas formales y los rasgos principales de su contenido.<\/p>\n<p>1. CARACTER\u00ed\u008dSTICAS FORMALES. a) Autor y autoridad. El CCE no es m\u00e1s que un catecismo, pero no es un catecismo m\u00e1s. No es m\u00e1s que un catecismo puesto que \u00abcada punto de la doctrina que propone, no tiene otra autoridad sino la que ya posee\u00bb. El Catecismo \u00abno es una especie de nuevo superdogma\u00bb1. Es un libro que tiene sus fuentes: la Sagrada Escritura, el magisterio de la Iglesia, la liturgia, los santos. De estas fuentes dimana el diverso grado de autoridad doctrinal de cada una de las proposiciones del Catecismo, que doctrinalmente no a\u00f1ade nada a dicha autoridad originaria.<\/p>\n<p>Pero el CCE no es un catecismo m\u00e1s, porque no es el catecismo de un determinado autor privado, ni siquiera el de un autor o autores que hubieran obtenido un especial refrendo de alguna autoridad eclesi\u00e1stica, como un obispo, o un s\u00ed\u00adnodo diocesano, etc. Es un catecismo de autoridad casi \u00fanica, s\u00f3lo comparable a la del Catecismo romano, porque ha sido publicado \u00aben virtud de la autoridad apost\u00f3lica\u00bb del mismo Papa, quien lo reconoce y presenta a toda la Iglesia \u00abcomo un instrumento v\u00e1lido y autorizado al servicio de la comuni\u00f3n eclesial\u00bb y como \u00abtexto de referencia seguro y aut\u00e9ntico para la ense\u00f1anza de la doctrina cat\u00f3lica\u00bb2.<\/p>\n<p>A diferencia del otro catecismo publicado por un papa, el Catecismo romano, el CCE, por raz\u00f3n de su autor, no es romano; su autor es el episcopado mundial, en varios sentidos: 1) porque la idea de su publicaci\u00f3n parti\u00f3 del s\u00ed\u00adnodo extraordinario de los obispos de 1985; 2) porque la responsabilidad de su elaboraci\u00f3n fue llevada por una comisi\u00f3n de doce prelados de todo el mundo; 3) porque la materialidad de su redacci\u00f3n estuvo a cargo de los siete obispos miembros del comit\u00e9 de redacci\u00f3n, que la llevaron a cabo en sus respectivas sedes residenciales3; 4) porque cada uno de los obispos del orbe fue consultado y la voz de una tercera parte de ellos se dej\u00f3 o\u00ed\u00adr.<\/p>\n<p>Jur\u00ed\u00addicamente el CCE es una obra pontificia; materialmente es una obra del colegio de los obispos con su cabeza. \u00abNo hay ning\u00fan otro texto posconciliar que repose sobre una base tan amplia\u00bb4. Esta complejidad y peculiaridad de su autor\u00ed\u00ada avala la autoridad que le atribuye el Papa en los textos ya citados de la constituci\u00f3n Fidei depositum y lo presenta realmente como lo que su t\u00ed\u00adtulo se\u00f1ala: el catecismo \u00abde la Iglesia cat\u00f3lica\u00bb. Por tanto, dentro de sus l\u00ed\u00admites propios, el CCE \u00abrefleja lo que es la ense\u00f1anza de la Iglesia; rechazarlo en su conjunto significa separarse inequ\u00ed\u00advocamente de la fe y de la ense\u00f1anza de la Iglesia\u00bb5.<\/p>\n<p>b) Destinatarios y finalidad. El CCE no es un catecismo destinado directamente a los catec\u00famenos. No es, seg\u00fan la terminolog\u00ed\u00ada cl\u00e1sica, un catecismo minor. Es un catecismo maior, para los responsables de la tarea catequ\u00e9tica. Sus principales destinatarios son, por tanto, los obispos. Este instrumento tiene para ellos la finalidad de ayudarles, en general, a \u00abreforzar los v\u00ed\u00adnculos de unidad en la misma fe\u00bb en su servicio a la Palabra \u00aby muy particularmente para la composici\u00f3n de los catecismos locales\u00bb6. Al presentar la edici\u00f3n t\u00ed\u00adpica, en septiembre de 1997, Juan Pablo II insist\u00ed\u00ada en que \u00abes necesario, donde a\u00fan no se haya hecho, proceder a la elaboraci\u00f3n de catecismos nuevos que, al mismo tiempo que presenten \u00ed\u00adntegramente el contenido doctrinal del CCE, privilegien itinerarios educativos diferenciados y articulados, de acuerdo con las expectativas de los destinatarios\u00bb. Porque un catecismo maior no sustituye a un catecismo minor. Y, adem\u00e1s, porque un catecismo para toda la Iglesia ha de ser traducido en el lenguaje m\u00e1s cercano de cada lugar.<\/p>\n<p>En el mismo discurso de 1997 el Papa deja bien claro que, aunque los obispos sean los principales destinatarios del Catecismo, ninguno de los fieles ha de sentirse excluido: presb\u00ed\u00adteros, catequistas, familias, te\u00f3logos, incluso \u00abcuantos no creen en absoluto o ya no creen\u00bb, todos pueden encontrar en el Catecismo una valiosa ilustraci\u00f3n de \u00ablo que la Iglesia cat\u00f3lica cree y procura vivir\u00bb.<\/p>\n<p>Parece, pues, clara una doble finalidad principal del CCE. Por un lado, y en general, ofrecer a todos una s\u00ed\u00adntesis arm\u00f3nica de la fe cat\u00f3lica en su conjunto; en este sentido su utilidad es ampl\u00ed\u00adsima: desde instrumento para la formaci\u00f3n permanente de sacerdotes, catequistas, etc., hasta libro de consulta espor\u00e1dica para la familia o el interesado por las cuestiones de la Iglesia, sin excluir su utilizaci\u00f3n para la oraci\u00f3n personal o para la predicaci\u00f3n. Por otro lado, y en particular, el CCE est\u00e1 destinado a promocionar el g\u00e9nero catecismo. Se espera que, bajo su inspiraci\u00f3n, se relance la confecci\u00f3n de buenos catecismos, tanto por el rigor doctrinal de sus contenidos como por su adaptaci\u00f3n a lugares y personas.<\/p>\n<p>La finalidad m\u00e1s gen\u00e9rica, de ayuda para el ministerio de la Palabra, as\u00ed\u00ad como la m\u00e1s espec\u00ed\u00adfica, de dinamizaci\u00f3n catequ\u00e9tica, vienen sustentadas por la confianza en la inteligibilidad universal de la \u00fanica fe de la Iglesia a la que se quiere servir. Algunos piensan que un catecismo para toda la Iglesia no podr\u00e1 ser nunca bueno porque no estar\u00e1 inculturado; o, mejor, porque no podr\u00e1 evitar una determinada inculturaci\u00f3n (romana, por ejemplo) que, m\u00e1s o menos inconscientemente, tender\u00e1 a imponerse en otros \u00e1mbitos culturales. Los redactores manifiestan haber sido conscientes de este problema. La gran cantidad y multiplicidad de voces que han intervenido en la elaboraci\u00f3n del CCE ha pretendido justamente ser reflejo, m\u00e1s que de una pluralidad de puntos de vista, de la sinfon\u00ed\u00ada de la fe, es decir, de su sonido un\u00ed\u00adsono, que no monotono, en la Iglesia extendida por todo el mundo. La sinfon\u00ed\u00ada pide y exige ser interpretada siempre de nuevo en cada lugar. Y no sonar\u00e1 nunca exactamente de la misma manera. Pero ser\u00e1 identificable como la misma: la \u00fanica fe de la Iglesia. Esta es la finalidad \u00faltima del CCE, en su doble aspecto gen\u00e9rico y catequ\u00e9tico: ser instrumento de la unidad y comuni\u00f3n en la misma fe.<\/p>\n<p>En la inevitable y fruct\u00ed\u00adfera tensi\u00f3n entre los dos polos de la unidad y verdad de la fe anunciada, por un lado, y de la pluralidad de situaciones y de m\u00e9todos, por otro, el Catecismo est\u00e1 al servicio del primer polo en este momento de la historia posconciliar de la Iglesia. De modo an\u00e1logo, por cierto, a como sirven tambi\u00e9n a la unidad en la verdad la misma Sagrada Escritura o los documentos del Vaticano II. En su nivel de catecismo de la Iglesia, el CCE, se presenta hoy como instrumento aut\u00e9ntico de la comuni\u00f3n en la diversidad. Esa es su finalidad, apoyada en la certeza de que s\u00f3lo de un cierto lenguaje com\u00fan puede surgir la comuni\u00f3n, y sustentada en la confianza de que ese lenguaje com\u00fan sobre los contenidos de la fe es posible.<\/p>\n<p>2. VISI\u00ed\u201cN DE CONJUNTO. Ser\u00e1 \u00fatil tener a la vista el armaz\u00f3n fundamental del CCE y comentar lo que en \u00e9l pertenece a la tradici\u00f3n de los catecismos y lo que significa innovaci\u00f3n. El esquema general es el siguiente: I. La profesi\u00f3n de la fe (228 p\u00e1ginas): 1\u00c2\u00b0 Secci\u00f3n: \u00abCreo-creemos\u00bb: C. 1: El hombre es \u00abcapaz\u00bb de Dios; C. 2: Dios al encuentro del hombre; C. 3: La respuesta del hombre a Dios; 2\u00c2\u00b0 Secci\u00f3n: Los s\u00ed\u00admbolos de la fe: C. 1: Creo en Dios Padre; C. 2: Creo en Jesucristo, Hijo \u00fanico de Dios; C. 3: Creo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. II. La celebraci\u00f3n del misterio cristiano (138 p\u00e1ginas): 1 \u00c2\u00b0 Secci\u00f3n: La econom\u00ed\u00ada sacramental: C. 1: El misterio pascual en el tiempo de la Iglesia; C. 2: La celebraci\u00f3n sacramental del misterio pascual; 2\u00c2\u00b0 Secci\u00f3n: Los siete sacramentos de la Iglesia; C. 1: Los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana; C. 2: Los sacramentos de curaci\u00f3n; C. 3: Los sacramentos al servicio de la comunidad. III. La vida en Cristo (168 p\u00e1ginas): 1 \u00c2\u00b0 Secci\u00f3n: La vocaci\u00f3n del hombre: la vida en el Esp\u00ed\u00adritu; C. 1: La dignidad de la persona humana; C. 2: La comunidad humana; C. 3: La salvaci\u00f3n de Dios: la ley y la gracia; 2\u00c2\u00b0 Secci\u00f3n: Los diez mandamientos: C. 1: \u00abAmar\u00e1s al Se\u00f1or, tu Dios,&#8230;\u00bb; C. 2: \u00abAmar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb. IV. La oraci\u00f3n cristiana (74 p\u00e1ginas): 1 \u00c2\u00b0 Secci\u00f3n: La oraci\u00f3n en la vida cristiana: C. 1: La revelaci\u00f3n de la oraci\u00f3n; C. 2: La tradici\u00f3n de la oraci\u00f3n; C. 3: La vida de oraci\u00f3n; 2\u00c2\u00b0 Secci\u00f3n: La oraci\u00f3n del Se\u00f1or: el \u00abPadrenuestro\u00bb.<\/p>\n<p>a) La tradicional estructura cuatripartita. Los catecismos surgidos despu\u00e9s del Vaticano II presentan articulaciones diversas. Muchos de ellos aparecen organizados en torno a distintas ideas matrices o hilos conductores que vertebran la exposici\u00f3n: por ejemplo, la idea de alianza o la de reino de Dios. Estas opciones suponen una determinada preferencia teol\u00f3gica que puede ser muy certera y muy apropiada en un determinado momento o lugar, pero que no deja de estar condicionada por coordenadas espaciales, temporales o de escuela. Los redactores del CCE quisieron evitar estos condicionamientos tratando de buscar la mayor universalidad y permanencia posible. Si el Catecismo no hab\u00ed\u00ada de adoptar ninguna perspectiva global particular, se impon\u00ed\u00ada, como lo m\u00e1s cercano a ese ideal, el esquema tradicional de los catecismos o las llamadas cuatro piezas fundamentales de la catequesis: el credo, los sacramentos, los mandamientos y la oraci\u00f3n dominical. Estas piezas son -como hemos dicho- incluso m\u00e1s antiguas que el mismo libro \u00abcatecismo\u00bb, se remontan a las primeras catequesis de la Iglesia, atestiguadas por los Padres. Al articularse en torno a ellas, el libro pierde algo en unidad sistem\u00e1tica, pero gana en universalidad y en practicidad.<\/p>\n<p>En efecto, la divisi\u00f3n cuatripartita remite a los elementos m\u00e1s universales de la vida de la Iglesia, como son el s\u00ed\u00admbolo de la fe, los sacramentos, los mandamientos y la oraci\u00f3n dominical. Son cuatro columnas de la doctrina cristiana que podr\u00e1n ser abordadas de una o de otra manera por las diversas teolog\u00ed\u00adas, pero que no podr\u00e1n faltar en ninguna: son obligados lugares teol\u00f3gicos, en cuanto a que remiten inmediatamente a las mismas fuentes reveladas de la fe, que es, a un tiempo, cre\u00ed\u00adda, celebrada, vivida y orada.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de universales, estos cuatro lugares son pr\u00e1cticos, es decir, vienen ligados a la pr\u00e1ctica eclesial de la fe: el s\u00ed\u00admbolo no es un mero compendio doctrinal; es, ante todo, la expresi\u00f3n de la fe en la que el catec\u00fameno es bautizado; los sacramentos son la fuente de la que brota d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada la vida pascual de la Iglesia y de cada fiel; los mandamientos se\u00f1alan los caminos de la caridad; la oraci\u00f3n expresa la confiada esperanza de la transformaci\u00f3n escatol\u00f3gica de este mundo.<\/p>\n<p>La estructura cuatripartita del Catecismo no es, tal vez, la m\u00e1s propia de un tratado sistem\u00e1tico, pero es muy apropiada para una comprensi\u00f3n global del conjunto de la fe en clave pr\u00e1ctica, es decir, no s\u00f3lo para ser entendida en su coherencia y organicidad, sino tambi\u00e9n para ser asumida como vida propia. Las cuatro partes del Catecismo ense\u00f1an la doctrina de la fe mostrando, al mismo tiempo, sus implicaciones en sus cuatro realizaciones vitales fundamentales. De ah\u00ed\u00ad que la estructura del CCE no sea tan est\u00e1tica como pudiera parecer a primera vista. Sus cuatro partes no son cuatro compartimentos estancos; desde dentro de cada una de ellas hay una llamada permanente a las otras tres. Lo ponen pedag\u00f3gicamente de relieve la multitud de referencias cruzadas que se han puesto en los m\u00e1rgenes del texto.<\/p>\n<p>b) Las novedosas \u00abprimeras secciones\u00bb. Mientras que las cuatro piezas fundamentales de la catequesis han dado lugar a una estructuraci\u00f3n cuatripartita tradicional, el CCE aporta como nuevo a la articulaci\u00f3n del texto la divisi\u00f3n de cada una de sus partes en dos secciones. En nuestra opini\u00f3n, esta novedad pone muy significativamente de relieve c\u00f3mo el CCE es -seg\u00fan pidieron los Padres del s\u00ed\u00adnodo de 1985- un catecismo \u00abadaptado a la vida actual de los cristianos\u00bb.<\/p>\n<p>En efecto, la situaci\u00f3n actual de los cristianos es tenida en cuenta a lo largo del texto en m\u00faltiples lugares: no s\u00f3lo donde se habla expresamente de cuestiones o contextos nuevos, como son los que plantean a la vida moral las nuevas coyunturas sociopol\u00ed\u00adticas o las nuevas posibilidades ofrecidas por la ciencia y la t\u00e9cnica. A esto responden la reflexi\u00f3n sobre idolatr\u00ed\u00adas actuales y sobre el ate\u00ed\u00adsmo y el agnosticismo (2113-2128), los nuevos planteamientos de la \u00e9tica de la vida y de la paz (2263-2317), de la familia (2360-2391) y de la doctrina social de la Iglesia (2419-2449), etc. Adem\u00e1s, la atenci\u00f3n a la situaci\u00f3n actual se extiende tambi\u00e9n a la comunidad eclesial, con sus nuevos puntos de vista teol\u00f3gicos, exeg\u00e9ticos y ecum\u00e9nicos, a los que el Vaticano II ha dado cauce y reconocimiento. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, el CCE plantea de modo renovado la cuesti\u00f3n del hombre sobre la base de su \u00fanico fin sobrenatural (356, 367, 618), el sentido sacrificial de la muerte de Cristo a la luz de toda la vida de Jes\u00fas como ofrenda al Padre (574-655), la comprensi\u00f3n inclusiva de la catolicidad de la Iglesia en su relaci\u00f3n con los no cat\u00f3licos y los creyentes no cristianos (836-848), el matrimonio como comuni\u00f3n de vida y amor (1603ss.), etc.<\/p>\n<p>Pero m\u00e1s all\u00e1 de estos y otros muchos importantes temas en los que la novedad de la situaci\u00f3n de la Iglesia y del mundo ha exigido nuevas formulaciones y planteamientos, es el mismo ritmo binario de la estructura de cada parte del CCE en dos secciones el que marca una notable novedad en la estructura del libro. Estas primeras secciones son una especie de amplias introducciones en las que se da cuenta del modo en el que la tem\u00e1tica de cada una de las partes viene referida al ser humano en cuanto sujeto de la fe. El Catecismo romano no vio necesaria esta referencia inicial al sujeto. Hoy, despu\u00e9s del llamado giro antropol\u00f3gico de nuestra cultura moderna, se comprende que el CCE haya introducido esta innovaci\u00f3n. Este es el rasgo m\u00e1s marcado de inculturaci\u00f3n del Catecismo. Los redactores sopesaron las razones que hablaban en favor de hacer partir la exposici\u00f3n desde abajo, es decir, desde una descripci\u00f3n de la situaci\u00f3n en la que se hallan el hombre y la mujer a quienes se dirige hoy la palabra del evangelio. La tarea se mostraba imposible si se quer\u00ed\u00ada escribir un catecismo para toda la Iglesia, pues las situaciones concretas son, en realidad, muy diversas en las distintas \u00e1reas geogr\u00e1ficas y\/o culturales del planeta. La inculturaci\u00f3n m\u00e1s concreta deb\u00ed\u00ada quedar para los catecismos locales. Con todo, el CCE, al introducir las secciones de las que hablamos, muestra haber asumido el rasgo moderno de referencia al sujeto como elemento de un nuevo modo de ver las cosas: es, en este sentido, un catecismo inculturado.<\/p>\n<p>&#8211; La primera secci\u00f3n de la primera parte recoge temas de la llamada teolog\u00ed\u00ada fundamental que, como es sabido, se han desarrollado en la Edad moderna como cap\u00ed\u00adtulos amplios de la teolog\u00ed\u00ada: la revelaci\u00f3n y sus fuentes, la fe y su an\u00e1lisis. Es decir, desarrollos en torno al modo como accedemos al credo -objeto de esta primera parte del CCE-, c\u00f3mo nos llega, c\u00f3mo lo hacemos propio. No ser\u00e1 f\u00e1cil determinar qu\u00e9 ha sido antes: si el desenvolvimiento teol\u00f3gico de estos temas en el contexto de las disputas confesionales consiguientes a la Reforma protestante o el desarrollo de la conciencia moderna de la subjetividad; porque se trata de factores que se potenciaron mutuamente.<\/p>\n<p>&#8211; La secci\u00f3n primera de la segunda parte, sobre la \u00abeconom\u00ed\u00ada sacramental\u00bb, recoge la m\u00e1s reciente teolog\u00ed\u00ada sobre la Iglesia como \u00absacramento de la acci\u00f3n de Jesucristo\u00bb (1118). Con ella se da raz\u00f3n del \u00e1mbito en el que el hombre de hoy vive aquello que cree como revelado en Jesucristo (frente al individualismo) y se pone en su lugar la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica de la liturgia de la Iglesia, vinculada al acontecimiento pascual (frente al naturalismo). S\u00f3lo despu\u00e9s de esta explicaci\u00f3n de la econom\u00ed\u00ada sacramental, que hace presente hoy para cada hombre el misterio revelado en Jesucristo, se pasa a hablar de cada uno de los sacramentos.<\/p>\n<p>&#8211; La referencia al sujeto es m\u00e1s evidente a\u00fan en la secci\u00f3n primera de la parte tercera. Bajo el t\u00ed\u00adtulo de \u00abLa vocaci\u00f3n del hombre: la vida en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, se pone de manifiesto que los mandamientos -de los que tratar\u00e1 la secci\u00f3n segunda- hay que entenderlos desde y para la persona humana (c. 1); y que la persona, por su parte, no se entiende si no es en relaci\u00f3n a la comunidad humana (c. 2) y, ante todo, si no es bajo la acci\u00f3n del Dios de la gracia (c. 3). La parte moral del CCE no se reduce, pues, como en el caso del Catecismo romano, a un comentario de los mandamientos, sino que se abre con una explicaci\u00f3n de las condiciones subjetivas que posibilitan tanto el cumplimiento cabal como la intelecci\u00f3n adecuada de ellos.<\/p>\n<p>&#8211; Incluso la secci\u00f3n primera de la parte cuarta tiene un tono muy distinto de las consideraciones del Catecismo romano acerca del qu\u00e9, el porqu\u00e9 y el c\u00f3mo de la oraci\u00f3n. No s\u00f3lo porque al hablar del combate de la oraci\u00f3n se aluda a las dificultades propias de nuestro tiempo en este campo (2727), sino, sobre todo, porque se habla con amplitud de la revelaci\u00f3n de la oraci\u00f3n (c. 1), es decir, de nuevo de las condiciones de posibilidad, en este caso, de la vida de oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. ALGUNOS CONTENIDOS EN PARTICULAR. Lo que acabamos de decir no ha de inducir a enga\u00f1o. El CCE tiene muy en cuenta la subjetividad, pero no se siente en absoluto tributario de ella. Al contrario, es un texto doctrinal y consciente de la importancia de la doctrina (cf 23 y 170) como patrimonio recibido que hay que transmitir. No por doctrinarismo, sino por realismo. Ya hemos hablado de la estructura nada doctrinarista del Catecismo, que se halla m\u00e1s orientada a la pr\u00e1ctica que al sistema. Pero las proposiciones doctrinales son importantes porque remiten a una realidad no reductible al sujeto o a la conciencia: en nuestro caso, al acontecimiento de la revelaci\u00f3n en Jesucristo. La fe tiene que poder expresarse en proposiciones si es que no ha de diluirse en meras experiencias personales o culturales y si es que ha de poder distinguirse de otras formas de fe como fe cristiana. Hemos visto tambi\u00e9n m\u00e1s arriba c\u00f3mo esta preocupaci\u00f3n por la identidad de la fe y de la vida cristiana est\u00e1 en el origen de la empresa del Catecismo. Pues bien, enumeremos siquiera algunos de los contenidos doctrinales m\u00e1s relevantes del CCE.<\/p>\n<p>a) La primera parte es la m\u00e1s amplia: casi el 40% de la obra. Es una proporci\u00f3n adecuada al inter\u00e9s doctrinal del Catecismo, ya que es aqu\u00ed\u00ad donde se presenta el coraz\u00f3n de la fe en cuanto autorrevelaci\u00f3n del mismo Dios. Para ello se adopta, siguiendo el credo, una estructura trinitaria: no en vano es reconocida la doctrina de la Trinidad Santa como \u00abla ense\u00f1anza m\u00e1s fundamental y esencial en la jerarqu\u00ed\u00ada de las verdades de la fe\u00bb (234). La visi\u00f3n trinitaria ser\u00e1 tambi\u00e9n, por eso, determinante de las otras tres partes del Catecismo: la liturgia es obra de la Trinidad (1077-1083); la vida cristiana es una vida desde el Dios trino (1693-1695); la oraci\u00f3n es tambi\u00e9n en y al mismo Dios, Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu (2664-2672). Pero es al explicar el credo cuando se ponen las bases de esa visi\u00f3n de Dios que informa toda la vida cristiana y que ha sido posibilitada por Dios mismo en su revelaci\u00f3n en Jesucristo y por el Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>El CCE se centra en la Trinidad porque es cristoc\u00e9ntrico: \u00abEn la catequesis lo que se ense\u00f1a es a Cristo (&#8230;); el \u00fanico que ense\u00f1a es Cristo\u00bb (427). El es el gran sacramento en el que Dios mismo se nos manifiesta (515); la liturgia es la obra del Cristo glorioso que sigue actuando en su Iglesia, por medio de su Santo Esp\u00ed\u00adritu (1084-1109), para la curaci\u00f3n y salvaci\u00f3n del hombre (1116); as\u00ed\u00ad es como se hace posible la vida en Cristo, es decir, su seguimiento verdadero (1694-1698), y que la oraci\u00f3n, en cuanto comuni\u00f3n con Cristo, tenga las mismas dimensiones que su amor (2565).<\/p>\n<p>Conviene subrayar algunos temas particulares de la primera parte: la \u00abimportancia capital\u00bb (282) de la catequesis sobre la creaci\u00f3n, que es presentada como \u00abfundamento de todos los designios salv\u00ed\u00adficos de Dios\u00bb (280) y, por tanto, como \u00abobra de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad\u00bb (290ss.); la presentaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n como \u00abla verdad culminante de nuestra fe en Cristo\u00bb (638), pero no como punto de llegada de una cristolog\u00ed\u00ada puramente desde abajo ni como punto de partida de una cristolog\u00ed\u00ada meramente desde arriba, sino como supremo y sin par punto de conexi\u00f3n de la historia humana con el Dios trascendente; la explicaci\u00f3n de la realidad de la Iglesia en \u00ed\u00adntima conexi\u00f3n con los art\u00ed\u00adculos sobre Cristo y sobre el Esp\u00ed\u00adritu \u00abpara no confundir a Dios con sus obras\u00bb (750) y para poder entender bien en qu\u00e9 sentido no hay salvaci\u00f3n fuera de ella (846).<\/p>\n<p>b) La segunda parte aparece muy estrechamente ligada a la primera, pues en ella se presenta la liturgia de la Iglesia como la obra actual del Dios trino en cuanto encaminada a la salvaci\u00f3n y santificaci\u00f3n de cada uno de los hombres. Las dos primeras partes del CCE, que suman ellas solas dos tercios de la extensi\u00f3n de la obra, ponen de manifiesto, en conjunto, algo de fundamental importancia, que deber\u00ed\u00ada quedar claro en la catequesis: es Dios quien sale al encuentro de los hombres en su Palabra y en los sacramentos. La vida moral y la vida de oraci\u00f3n ser\u00e1n respuesta a la iniciativa divina.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s del car\u00e1cter trinitario, y en particular pneumatol\u00f3gico, del tratamiento de los sacramentos conviene subrayar su \u00f3ptica mistag\u00f3gica y su sensibilidad para el rito oriental. El sentido de los sacramentos es expuesto a partir de sus elementos celebrativos, que aparecen como camino introductorio al misterio de salvaci\u00f3n y santificaci\u00f3n que celebran. La atenci\u00f3n a los ritos orientales ayuda a comprender mejor el mismo misterio. Por otro lado, la clasificaci\u00f3n empleada (sacramentos de iniciaci\u00f3n, de curaci\u00f3n y de la comunidad) es fundamentalmente pedag\u00f3gica y no deber\u00e1 hacer perder de vista que \u00abtodos los sacramentos est\u00e1n unidos a la eucarist\u00ed\u00ada y a ella se ordenan\u00bb (1324).<\/p>\n<p>c) La tercera parte articula las diversas cuestiones concretas de la vida moral en el marco tradicional del dec\u00e1logo. Pero el dec\u00e1logo, por su parte, no es presentado como el marco \u00faltimo de la vida moral cristiana. Esto hubiera dado lugar a una moral del precepto y la obligaci\u00f3n. El marco viene dado, m\u00e1s bien, por la ley nueva, es decir, por la ley interior de la gracia, del amor, de la libertad y del Esp\u00ed\u00adritu Santo (1972). Por eso, antes que de los mandamientos se habla, en la secci\u00f3n primera, del deseo de felicidad y de la bienaventuranza cristiana, de la libertad, de la pasi\u00f3n natural y de las virtudes que la orientan al amor. Es decir, que el marco m\u00e1s abarcante de la moral cristiana es \u00abla pertenencia a Dios instituida por la alianza\u00bb (2062) o, como ya hemos dicho, el seguimiento de Cristo (2053). El dec\u00e1logo, por tanto, es interpretado a la luz del \u00abdoble y \u00fanico mandamiento de la caridad\u00bb (2055).<\/p>\n<p>Pero la moral cristiana no es s\u00f3lo para los cristianos, no es una moral de gueto; su fundamento no se halla en las disposiciones m\u00e1s o menos sabias de un profeta inspirado a quien siguen los suyos. El Esp\u00ed\u00adritu Santo, m\u00e1s bien, conduce a los seguidores de Jesucristo a la verdad del propio ser del hombre en la que radican las pautas del hacer verdaderamente humano, que no permanecen nunca del todo ignoradas por ning\u00fan ser racional. La moral cristiana es, por eso, tan espec\u00ed\u00adfica como universal. Porque la ley nueva asume y perfecciona la Ley natural. El CCE sale al paso de la posible confusi\u00f3n de ley moral natural con ley de la naturaleza: aquella \u00abse llama natural no por referencia a la naturaleza de los seres irracionales, sino porque la raz\u00f3n que la proclama pertenece propiamente a la naturaleza humana\u00bb (1995).<\/p>\n<p>En cuanto a los contenidos concretos de la moral, el CCE no hace sino referir sint\u00e9ticamente la doctrina de la Iglesia. Sobre la cuesti\u00f3n de la pena de muerte, que result\u00f3 tan controvertida, v\u00e9ase lo que decimos m\u00e1s abajo al hablar de la edici\u00f3n t\u00ed\u00adpica.<\/p>\n<p>d) La cuarta parte est\u00e1 planteada como una introducci\u00f3n pr\u00e1ctica a la vida de oraci\u00f3n, sin perder de vista el adecuado enfoque doctrinal que ha de suponer. Porque \u00abel misterio de la fe exige que los fieles crean en \u00e9l, lo celebren y vivan de \u00e9l en una relaci\u00f3n viviente y personal con Dios vivo y verdadero. Esta relaci\u00f3n es la oraci\u00f3n\u00bb (2558). Dicho objetivo se logra, ante todo, mediante la introducci\u00f3n en la revelaci\u00f3n trinitaria de la oraci\u00f3n, pero tambi\u00e9n recurriendo a la experiencia orante de los santos y de la tradici\u00f3n espiritual, tanto de oriente como de occidente. El padrenuestro es meditado como \u00abresumen de todo el evangelio\u00bb (2761). Y la oraci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada es presentada, en una perspectiva hondamente ecum\u00e9nica, como comuni\u00f3n (2673) con aquella que es pura transparencia de Cristo, la que \u00abnos muestra el camino (Hodoghitria) (2674).<\/p>\n<p>4. LA EDICI\u00ed\u201cN T\u00ed\u008dPICA. Juan Pablo II present\u00f3 oficialmente el 8 de septiembre de 1997 el que denomin\u00f3 \u00abtexto definitivo y normativo\u00bb del CCE. Est\u00e1 redactado en un lat\u00ed\u00adn claro y fluido, bajo el t\u00ed\u00adtulo de Catechismus Catholicae Ecclesiae. Seg\u00fan la Carta apost\u00f3lica que lo promulga, el texto latino t\u00ed\u00adpico \u00abrepite fielmente la doctrina\u00bb del que fuera publicado en 1992. Se esper\u00f3 cinco a\u00f1os para redactar el texto definitivo con el fin de poder incorporar las mejoras que, sin duda, ser\u00ed\u00adan propuestas despu\u00e9s de un tiempo de utilizaci\u00f3n del CCE en las diversas lenguas. Esas mejoras afectan a la claridad y precisi\u00f3n en la formulaci\u00f3n de la doctrina. Veamos el caso m\u00e1s llamativo.<\/p>\n<p>El p\u00e1rrafo titulado \u00abLa leg\u00ed\u00adtima defensa\u00bb ha sido organizado de una manera nueva y m\u00e1s clara, con el fin de evitar ciertos malentendidos surgidos en torno a la doctrina sobre la pena de muerte. Queda mejor diferenciado lo que es, por un lado, el derecho a la leg\u00ed\u00adtima defensa en general (2263-2264) y, por otro, el deber de la misma que incumbe a la autoridad (2265-2267). A la autoridad no se le niega absolutamente la posibilidad de recurrir a la pena de muerte: 1) si esta fuera la \u00fanica posibilidad de salvar vidas humanas y 2) supuesta la definici\u00f3n plena de la identidad y la responsabilidad del culpable. A continuaci\u00f3n se exhorta al uso de otros medios \u00abm\u00e1s conformes con la dignidad de la persona humana\u00bb y se afirma, citando la enc\u00ed\u00adclica Evangelium vitae, publicada en 1995, que casos en los que fuera \u00ababsolutamente necesaria la supresi\u00f3n del reo\u00bb -es decir, que cumplan la primera condici\u00f3n para la legitimidad de la pena de muerte- en nuestros d\u00ed\u00adas \u00abson ya muy raros, por no decir pr\u00e1cticamente inexistentes\u00bb. Como se puede ver, el CCE casi descalifica en la pr\u00e1ctica la pena de muerte. Ya era as\u00ed\u00ad en la edici\u00f3n de 1992; la edici\u00f3n t\u00ed\u00adpica lo hace con m\u00e1s claridad tanto por la nueva disposici\u00f3n general del texto como gracias a la expresi\u00f3n m\u00e1s categ\u00f3rica tomada de la Evangelium vitae.<\/p>\n<p>III. Para el uso del Catecismo<br \/>\nA modo de conclusi\u00f3n ofrecemos algunos criterios que ayudar\u00e1n a hacer un uso adecuado del CCE. Son observaciones que se derivan de la naturaleza misma de la obra que hemos descrito.<\/p>\n<p>1. VER LOS L\u00ed\u008dMITES. Por las razones ya explicadas, el CCE no es un catecismo m\u00e1s, pero es un catecismo; en concreto, un catecismo maior. No hay que perder de vista este g\u00e9nero propio del libro tanto para no abusar de \u00e9l como para no decepcionarse ante \u00e9l. Abusar\u00ed\u00adan del Catecismo quienes lo emplearan indiscriminadamente como catecismo para ponerlo en manos de los catec\u00famenos en toda ocasi\u00f3n y sean cuales fueran las personas. Nadie est\u00e1 excluido en principio como lector del CCE, que podr\u00e1 ser \u00fatil siempre. Pero si se trata de catequesis propiamente dicha, en muchos casos ser\u00e1 necesario acudir a esos otros instrumentos m\u00e1s adaptados que son los diversos catecismos locales y menores. En todo caso, un s\u00ed\u00adntoma positivo de la buena formaci\u00f3n de los catequistas ser\u00ed\u00ada que ellos s\u00ed\u00ad pudieran acudir al CCE como texto permanente de consulta.<\/p>\n<p>Por otro lado, para evitar decepciones conviene no esperar del Catecismo lo que no pretende ni puede dar. El CCE no es ni un manual de teolog\u00ed\u00ada o de ex\u00e9gesis, ni una monograf\u00ed\u00ada sobre un asunto determinado ni, mucho menos, un ensayo sobre una o varias cuestiones discutidas. Quien busque explicaciones teol\u00f3gicas o exeg\u00e9ticas desarrolladas, en las que necesariamente entran las diversas opiniones de escuela o los planteamientos personales e hipot\u00e9ticos de los autores, no las encontrar\u00e1 aqu\u00ed\u00ad. El Catecismo propone la doctrina que la Iglesia puede presentar como propia y com\u00fan. Y eso de modo sint\u00e9tico y m\u00e1s enunciativo o narrativo que argumentativo. El CCE, por ejemplo, no ofrece an\u00e1lisis exeg\u00e9ticos, pero no porque -en contra de lo que \u00e9l mismo dice y aconseja (110, 126)- no hubiera tenido en cuenta los g\u00e9neros literarios y la ex\u00e9gesis cr\u00ed\u00adtica, sino porque su g\u00e9nero de catecismo no lo permite. Algo semejante a lo que sucede con una buena homil\u00ed\u00ada: supone la ex\u00e9gesis cr\u00ed\u00adtica, pero no aburre ni desorienta a los oyentes con digresiones t\u00e9cnicas, sino que les ayuda a hacer vida, sencilla y gozosa, la fe de la Iglesia.<\/p>\n<p>2. VER LA TOTALIDAD. Para que el uso del Catecismo sea fruct\u00ed\u00adfero es necesario atender al todo en un doble sentido: al todo del texto y al todo del contexto. No resultar\u00e1 buena una lectura del CCE, ni una catequesis hecha con su ayuda, si la atenci\u00f3n se centra unilateralmente en un cap\u00ed\u00adtulo o una parte del mismo. Se trata, como hemos puesto de relieve, de un libro que presenta la doctrina cristiana como un organismo vivo. La organicidad del texto catequ\u00e9tico es -nos atrevemos a decir- su valor fundamental. Cuando es troceado, es despojado de su valor m\u00e1s original. El Catecismo, por ejemplo, no es un prontuario de soluciones a problemas morales. Si fuera le\u00ed\u00addo como tal, separando su parte tercera de las dem\u00e1s, no podr\u00ed\u00ada ser bien entendido el conjunto de la vida cristiana y se correr\u00ed\u00ada el riesgo de caer en un moralismo de uno u otro signo. Una concentraci\u00f3n excesiva en la primera parte, por el contrario, conducir\u00ed\u00ada a un doctrinarismo contrario al esp\u00ed\u00adritu cristiano y al del CCE. El propio Catecismo remite continuamente al todo, al conjunto, no s\u00f3lo por medio de las referencias marginales, sino desde su mismo contenido y redacci\u00f3n. En su utilizaci\u00f3n debe seguirse ese impulso de integralidad. En particular, quisiera subrayar la necesidad de que los temas de teolog\u00ed\u00ada fundamental que se tratan en las primeras secciones no queden marginados de la catequesis. Dado el contexto cultural de nuestro mundo, tendente al subjetivismo, la catequesis se juega mucho en el abordaje correcto e integrado de esas cuestiones.<\/p>\n<p>Ver el todo significar\u00e1 tambi\u00e9n atender al contexto en el que el libro se incardina. Es el contexto analizado por el s\u00ed\u00adnodo de 1985: un momento de especial dificultad para la transmisi\u00f3n de la fe a las generaciones nuevas que reclama de los responsables de la catequesis no s\u00f3lo una metodolog\u00ed\u00ada pedag\u00f3gica adecuada, sino, ante todo, la familiaridad viva con el contenido de la fe. El Catecismo es un gran instrumento para conseguir esa familiaridad. Esa es su raz\u00f3n de ser. Pero en cuanto instrumento, \u00e9l mismo pide ser puesto en el contexto de la vida de la Iglesia, que es el lugar propio de la catequesis. Es evidente que el testimonio oral de la fe, su celebraci\u00f3n lit\u00fargica y su alimentaci\u00f3n sacramental, la vida en Cristo de la comunidad y, en especial, de los catequistas, todo ello constituye el \u00e1mbito vivo de la catequesis en el que el libro tiene su lugar propio. El Directorio general para la catequesis dedica un cap\u00ed\u00adtulo al CCE, insert\u00e1ndolo en el marco global de la tarea catequ\u00e9tica de la Iglesia. Es una buena ayuda para percibir esta totalidad de la que hablamos.<\/p>\n<p>3. VER EL MISTERIO. El CCE es un libro profundamente religioso y mistag\u00f3gico: est\u00e1 orientado a introducir en el misterio de Dios y de la vida humana en su profundidad divina. Pero adem\u00e1s, en cierta manera, el propio Catecismo forma parte de ese Misterio. Sus l\u00ed\u00admites son claros, como lo son los de la Iglesia misma. Pero es a trav\u00e9s de ellos como el Dios del amor omnipotente se pondr\u00e1 de un modo nuevo en el camino de muchas vidas. El CCE ha de ser visto y utilizado en el marco de la econom\u00ed\u00ada divina de la salvaci\u00f3n, porque es un instrumento que, por la iniciativa y con el refrendo de la autoridad apost\u00f3lica, la Iglesia se ha dado hoy a s\u00ed\u00ad misma para llevar adelante su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. J. RATZINGER, Introducci\u00f3n al nuevo \u00abCatecismo de la Iglesia cat\u00f3lica\u00bb, en O. GONZ\u00ed\u0081LEZ DE CARDEDAL-J. A. MART\u00ed\u008dNEZ CAMINO (eds.), El catecismo posconciliar, San Pablo, Madrid 1993, 47-64, 58. &#8211; 2. FD 4. &#8211; 3. Cf J. RATZINGER, Ein Katechismus f\u00fcr die Weltkirche?, Herder Korrespondenz 44 (1990) 341-343. &#8211; 4. Ib, 343. &#8211; 5. J. RATZINGER, a.c., 58. &#8211; 6. FD4.<\/p>\n<p>BIBL.: DULLES A., The Hierarchy of Truths in the Catechism, The Thomist 58 (1994) 369-388; GONZ\u00ed\u0081LEZ DE CARDEDAL 0.-MART\u00ed\u008dNEZ CAMINO J. A. (eds.), El Catecismo posconciliar. Contexto y contenidos, San Pablo, Madrid 1993: en este libro se encontrar\u00e1 una amplia bibliograf\u00ed\u00ada, que incluye tambi\u00e9n los documentos pertinentes de la Santa Sede. Otros escritos importantes, de fecha posterior, son: HONORE J., L&#8217;enjeu doctrinal du Cat\u00e9chisme de 1&#8217;Eglise catholique, Nouvelle R\u00e9vue Th\u00e9ologique 115 (1993) 870-876; PINCKAERS S., The Use of Scripture and the Renewal of Moral Theology: The \u00abCatechism\u00bb and \u00abUeritatis splendor\u00bb, The Thomist 59 (1995) 1-19; RATZINGER J.-SCH\u00ed\u201cNBORN C., Introducci\u00f3n al Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica, Ciudad Nueva, Madrid 1994; RODR\u00ed\u008dGUEZ P., El Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica. Interpretaci\u00f3n hist\u00f3rico-teol\u00f3gica, en FERN\u00ed\u0081NDEZ E (ed.), Estudios sobre el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, Uni\u00f3n Editorial, Madrid 1996, 1-45; SUBCOMISI\u00ed\u201cN EPISCOPAL DE CATEQUESIS, Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica: Gu\u00ed\u00ada para su lectura lit\u00fargica y la predicaci\u00f3n, Coeditores lit\u00fargicos, Madrid, 3 vols.: A\u00f1o C (1994), A\u00f1o A (1995), A\u00f1o B (1996).<\/p>\n<p>Juan Antonio Mart\u00ed\u00adnez Camino<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Catecismo del postconcilio del Vaticano II El \u00abCatecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica\u00bb, publicado por Juan Pablo II, el 11 de octubre de 1992 (30\u00c2\u00ba aniversario de la apertura del concilio Vaticano II), hab\u00ed\u00ada sido pedido por la asamblea extraordinaria del S\u00ed\u00adnodo de los Obispos (1985). Est\u00e1 en la l\u00ed\u00adnea de renovaci\u00f3n eclesial querida por el &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/catecismo-de-la-iglesia-catolica\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15049","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15049","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15049"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15049\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15049"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15049"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15049"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}