{"id":1505,"date":"2016-02-04T22:50:34","date_gmt":"2016-02-05T03:50:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cielo\/"},"modified":"2016-02-04T22:50:34","modified_gmt":"2016-02-05T03:50:34","slug":"cielo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cielo\/","title":{"rendered":"CIELO"},"content":{"rendered":"<p>v. Firmamento, Nube, Tierra<br \/>\nGen 1:1 en el principio cre\u00f3 Dios los c y la tierra<br \/>\nGen 1:8 llam\u00f3 Dios a la expansi\u00f3n c. Y fue la<br \/>\nGen 11:4 una torre, cuya c\u00faspide llegue al c<br \/>\nGen 28:12 escalera .. y su extremo tocaba en el c<br \/>\nExo 20:22 he hablado desde el c con vosotros<br \/>\nDeu 10:14 de Jehov\u00e1 .. son los c, y los c de los c<br \/>\nDeu 30:12 no est\u00e1 en el c, para que digas: \u00bfQui\u00e9n<br \/>\n1Ki 8:27; 2Ch 2:6; 6:18<\/p>\n<hr>\n<p>Cielo    (heb. sh\u00e2mayim, m\u00e2r\u00f4m, m\u00e2al; ouran\u00f3s).  T\u00e9rminos que describe:  1.  El cielo atmosf\u00e9rico.  Es el espacio en el que vuelan las aves (Gen 1:20), del que desciende la lluvia (Gen 7:11; Deu 11:11) y donde soplan los vientos (Dan 8:8).  En el d\u00ed\u00ada del juicio el cielo atmosf\u00e9rico se disolver\u00e1 con el fuego (2Pe 3:10; cf Isa 51:6), despu\u00e9s de lo cual Dios crear\u00e1 un cielo nuevo y una tierra nueva (2Pe 3:13; Rev 21:1).  2.  El cielo astron\u00f3mico, el de las estrellas.  Es el espacio en el que giran en sus \u00f3rbitas el sol, la luna y las estrellas (Gen 1:14,16,17; Isa 13:10; Jl. 2:30,31; Mat 24:29).  230  3.  La morada de Dios (1Ki 8:30,39; Psa 11:4; 53:2; 80:14; 102:19; 139:8; etc.). Jes\u00fas se refiri\u00f3 con frecuencia al Padre que est\u00e1 en los cielos (Mat 5:16, 45, 48; 6:9; etc.).  Cristo descendi\u00f3 del cielo en su encarnaci\u00f3n (Joh 3:13, 31; 6:38), ascendi\u00f3 a \u00e9l despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n (Heb 9:24) y descender\u00e1 de all\u00ed\u00ad en su 2\u00c2\u00aa venida para llevar consigo a todos los redimidos (Joh 14:1-3; 1Th 4:13-18; 1Pe 1:4).  Ser\u00e1 la morada de los benditos hasta que los santos hereden la tierra nueva al final del milenio (Rev 21:1-7).  El t\u00e9rmino a veces se usa como un sustituto del nombre divino (Mar 11:30; Luk 15:18,21) y refleja la renuencia a pronunciar el nombre de Dios.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>lat\u00ed\u00adn coelum. En la Escritura este t\u00e9rmino se usa indistintamente en singular o plural para significar el espacio indefinido en el cual se mueven los astros; el espacio que parece formar una b\u00f3veda encima de nosotros; as\u00ed\u00ad como la morada de Dios. Aparece el t\u00e9rmino por primera vez en las Sagradas Escrituras en Gn 1, 1, \u2020\u0153En el principio cre\u00f3 Dios el c. y la tierra\u2020\u009d, con lo que se expresa el universo en su totalidad, expresi\u00f3n que con igual sentido est\u00e1 en otros lugares, Gn 2, 1 y 4; 14, 19 y 22; Ex 20, 11; 2 R 19, 15; 2 Cro 2, 11; Jdt 9, 12; 13, 18; Est 4, 15-17; Sal 89 (88), 12; 115 (113 B), 15; 121 (120), 2; 124 (123), 8; 134 (133), 3; 146 (145), 6; Is 37, 16; Jr 32, 17; Dn 14, 5; Hch 4, 24; 14, 15; Ap 14, 7. En la b\u00f3veda celeste, en el firmamento, encima de nosotros, Gn 6, 17; Sal 104 (103), 2; Ex 17, 14; Dt 28, 23; que Yahv\u00e9h llam\u00f3 c., Gn 1, 8,  metaf\u00f3ricamente se dice que puso los luceros, los astros, 1 R 8, 12, 2 Cro 6, 1; para distinguir el d\u00ed\u00ada de la noche, y como se\u00f1ales para las solemnidades, d\u00ed\u00adas y a\u00f1os, Gn 1, 14-15; los pueblos antiguos, tambi\u00e9n Israel, confeccionaron los calendarios de acuerdo con el movimiento de los astros. Yahv\u00e9h creo las aguas de arriba, del c., y las de abajo, cuando el diluvio, figuradamente se dice que abri\u00f3 las compuertas del c. y descarg\u00f3 la lluvia durante cuarenta d\u00ed\u00adas, Gn 7, 11; Dt 11, 17; 28, 12; Sal. 78, 23; al cabo de este tiempo las compuertas del c. se cerraron y ces\u00f3 la lluvia, Gn 8, 2.<\/p>\n<p>El c. es la morada de Dios  en el asienta su trono, Dt 26, 15; 1 R 8, 43; Sal 8, 2; 11 (10), 4; 14 (13), 2; Tb 5, 17; 2 M 3, 39; Is 66, 1; Lm 3, 41 y 50; Ba 2, 16; Am 9, 6; el Padre est\u00e1 en los cielos, Mt 5, 16 y 34; 6, 1 y 9; 7, 11; 16,  17; Mc 11, 25; Hch 7, 49; con Dios moran, tambi\u00e9n, en el c., los esp\u00ed\u00adritus  que forman su corte, algunas veces llamados ej\u00e9rcito de los cielos, 1 R 22,    19; 2 Cro 18, 18; los \u00e1ngeles, Tb 12, 15; Mt 18, 10; Mc 13, 32; Ap 8, 2; Satan\u00e1s se rebel\u00f3 contra Dios y cay\u00f3 del c., Lc 10, 18; Ap 12, 7-9.<\/p>\n<p>Cristo baj\u00f3 del c.  Jn 3, 13 y 31; 6, 33 y 38, y despu\u00e9s de su muerte resucit\u00f3 y fue elevado al c. y se sent\u00f3 a la diestra de Dios, Mc 16, 19; Lc 22, 69; 24, 50-51; 1 P 3, 22; desde donde ha de volver al final de los tiempos, Mt 24,  30; 26, 64; Mc 14, 62; Hch 1, 9-14; 1 Ts 1, 10; 4, 16; 2 Ts 1, 7.<\/p>\n<p>Jes\u00fas le dice a quien lo quiere seguir que renuncie a lo terreno y tendr\u00e1  un tesoro en el c., Mc 10, 21; Lc 18, 22; Jes\u00fas invita al desprendimiento de las cosas materiales y a acumular tesoros para el c., Lc 12, 33; bienaventurados los que padecen por causa del Hijo del hombre, pues grande ser\u00e1 la recompensa en el c., Mt 5, 12; Lc 6, 23; una herencia incorruptible est\u00e1 reservada en los cielos para los que tienen fe, Col 1, 5; 1 P 1, 4. La promesa de Jes\u00fas para el hombre creyente es el c., Jn. 14 1-3; y el c., seg\u00fan el Ap\u00f3stol, es la gloria, Hb 2, 10.  \u00c2\u00ae Reino de los Cielos.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>1.  Cosmol\u00f3gicamente hablando, una de las dos divisiones mayores del universo: los cielos y la tierra (Gen 1:1; Gen 14:19); o uno de tres: cielos, tierra y las aguas debajo de la tierra (Exo 20:4). En el cielo visible est\u00e1n las estrellas y los planetas (Gen 1:14-17; Eze 32:7-8). La frase los cielos de los cielos (Deu 10:14; 1Ki 8:27; Psa 148:4) se traduce \u2020\u0153lo m\u00e1s alto de los cielos\u2020\u009d en DHH.<br \/>\n2.  La morada de Dios (Gen 28:17; Psa 80:14; Isa 66:1; Mat 5:12; 2Co 12:2) y de los \u00e1ngeles (Mat 24:36). El lugar donde alg\u00fan d\u00ed\u00ada estar\u00e1n los redimidos (Mat 5:12; Mat 6:20; Eph 3:15), y a donde ha ido el Redentor, donde intercede por los santos y de donde vendr\u00e1 alg\u00fan d\u00ed\u00ada por los suyos (1Th 4:16).<br \/>\n3.  Los habitantes del cielo (Luk 15:18; Rev 18:20).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>Para\u00ed\u00adso: Luc 23:43, 2Co 12:2-4. Gloria: Luc 24:26, 1Co 15:40, Rev 21:23, Casa del Padre: Jua 12:2. Granero: Mat 3:12. Patria Celestia: Heb 11:16. Descanso Eterno: Heb 4:9, Rev 14:13. Jerusal\u00e9n Celestial del Apocalipsis: (Rev 21:2-11).<\/p>\n<p> &#8211; Por los siglos de los siglos: (Rev 22:5).<\/p>\n<p> &#8211; Morada de Dios: Mat 3:16, Mat 5:16, Mat 5:45, Mat 5:48.<\/p>\n<p> &#8211; Morada de los \u00e1ngeles: Mat 18:10, Mat 22:30, Luc 2:13.<\/p>\n<p> &#8211; Recompensa de los justos: Mat 5:12, Mat 19:21, Mat 25:46, Luc 6:23, Luc 10:20, Luc 12:33, Luc 16:22-26, Apoc. 21 y 22.<\/p>\n<p> zC\u00f3mo es este cielo\u00c2\u00a1:  Grandiosamente maravilloso: La mente humana ni lo puede imaginar.<\/p>\n<p> 1 Cor. 2-9, Apoc. 21 a 22:5. No hay l\u00e1grimas, ni sufrimientos, es todo el tiempo gozo inmenso de alabanza, \u00c2\u00a1hasta el piso es de diamante!:  Por los siglos de los siglos, Rev 22:5, Mat 25:46.<\/p>\n<p> Los buenos van a \u00e9l, y los malos van al infierno: Mat 25:31-46, Rev 21:8, Gal 5:21, Efe 5:5, Rev 22:15.<\/p>\n<p> zCu\u00e1ntos van al cielo? Al infierno van muchos, dice cuatro veces Jes\u00fas: (Ver \u00abInfierno\u00bb). pero al cielo van billones de billones. As\u00ed\u00ad lo vio Juan en el Rev 5:10-11 y 7:9. \u00c2\u00a1Gloria a Dios!<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>En el AT se dice siempre samayim, en plural. En el NT el t\u00e9rmino m\u00e1s frecuente es ouranos y se usa en plural o en singular. Los hebreos acostumbraban referirse al universo uniendo los conceptos de c. y tierra. Como en Gen 1:1 (\u2020\u0153En el principio cre\u00f3 Dios los c. y la tierra\u2020\u009d). Abraham llama a Dios: \u2020\u0153Jehov\u00e1 Dios Alt\u00ed\u00adsimo, creador de los c. y de la tierra\u2020\u009d (Gen 14:22). La idea que se ten\u00ed\u00ada de los c. no aparece en ninguna parte explicada, pero por las distintas expresiones de la Escritura se colige que eran considerados como una gran s\u00e1bana extendida por Dios. As\u00ed\u00ad, leemos: \u2020\u0153Yo Jehov\u00e1, que lo hago todo, que extiendo solo los c.\u2020\u009d (Isa 44:24). Dios es el \u2020\u0153que extiende los c. como una cortina\u2020\u009d (Sal 104:2; Isa 40:22).<\/p>\n<p>Se dice c., en plural, porque en efecto los hebreos pensaban que hab\u00ed\u00ada varios. Primeramente estaba la \u2020\u0153expansi\u00f3n en medio de las aguas\u2020\u009d (Gen 1:6-7), que es el espacio entre el mar y las nubes (\u2020\u0153las aguas que est\u00e1n sobre los c.\u2020\u009d [Sal 148:4]). All\u00ed\u00ad se mueven \u2020\u0153las aves de los c.\u2020\u009d (Gen 1:26; Job 28:21). Luego viene \u2020\u0153el firmamento\u2020\u009d, el lugar donde est\u00e1n los astros, el sol, la luna, las estrellas (\u2020\u0153Alabadle en la magnificencia de su firmamento\u2020\u009d [Sal 150:1]). Despu\u00e9s estaban \u2020\u0153los c. de los c..\u2020\u009d, el lugar donde est\u00e1 Dios (\u2020\u0153El que mora en los c.\u2020\u009d [Sal 2:4]), adorado por los \u00e1ngeles (1Re 22:19). \u2020\u0153He aqu\u00ed\u00ad de Jehov\u00e1 tu Dios son los c. y los c. de los c.\u2020\u009d (Deu 10:14). \u2020\u0153He aqu\u00ed\u00ad que los c., los c. de los c., no te pueden contener&#8230;. T\u00fa lo oir\u00e1s en el lugar de tu morada, en los c.\u2020\u009d (1Re 8:27, 1Re 8:30). Hay que tener esto en cuenta para interpretar las palabras de Pablo cuando dice que fue \u2020\u0153arrebatado hasta el tercer c.\u2020\u009d (2Co 12:2). Incluso hay expresiones en el juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado que hablan de hasta de siete y diez c.<br \/>\n\u00e9n se habla entre los hebreos como si los c. fueran una b\u00f3veda, un vaso invertido que se apoya sobre la tierra. Es interesante el lenguaje de Job, que menciona \u2020\u0153las columnas del c.\u2020\u009d, pero al mismo tiempo dice que Dios \u2020\u0153extiende el N sobre vac\u00ed\u00ado, cuelga la tierra sobre nada\u2020\u009d (Job 26:7-11). Tambi\u00e9n se dice que los c. tienen cimientos (2Sa 22:8). Esa b\u00f3veda celestial tiene \u2020\u0153cataratas\u2020\u009d, por las cuales se derram\u00f3 el diluvio (Gen 7:11) y \u2020\u0153ventanas\u2020\u009d (Mal 3:10). En el AT se expresa que los juicios que Dios har\u00e1 por causa del pecado del hombre incluir\u00e1n a los c., que ser\u00e1n conmovidos, o removidos, o destruidos (Isa 13:13; Isa 34:4). En efecto, Dios promete una nueva creaci\u00f3n, con nuevos c. (\u2020\u0153Porque como los c. nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecer\u00e1n delante de m\u00ed\u00ad\u2020\u009d [Isa 66:22]).<br \/>\nveces se dice en las Escrituras que el c. es el trono de Dios, o que Dios tiene su trono en el c. (Isa 66:1; Mat 5:34). Jehov\u00e1 es el \u2020\u0153Dios de los c.\u2020\u009d (Gen 24:7; Esd 1:2). Por eso cuando se dice que algo viene del c., se entiende que viene de Dios. Eso es lo que quer\u00ed\u00adan decir los fariseos cuando le ped\u00ed\u00adan al Se\u00f1or \u2020\u0153se\u00f1al del c.\u2020\u009d (Mar 8:11), El Se\u00f1or Jes\u00fas habl\u00f3 de s\u00ed\u00ad mismo diciendo que hab\u00ed\u00ada descendido del c. (Jua 6:33-58). Y luego de su muerte y resurrecci\u00f3n subi\u00f3 all\u00e1 (Hch 1:11; 1Pe 3:22), \u2020\u0153traspas\u00f3 los c.\u2020\u009d (Heb 4:14), donde permanece \u2020\u0153hasta los tiempos de la restauraci\u00f3n de todas las cosas\u2020\u009d (Hch 3:21).<br \/>\nmismo Se\u00f1or prometi\u00f3 llevar a los suyos al c. (Jua 14:2-4). All\u00ed\u00ad est\u00e1 la ciudadan\u00ed\u00ada de todos ellos (Flp 3:20). Sus nombres est\u00e1n escritos en los c. (Luc 10:20), donde han sido bendecidos \u2020\u0153con toda bendici\u00f3n espiritual &#8230; en Cristo\u2020\u009d (Efe 1:3). Los santos que han muerto son presentados vivos \u2020\u0153ante el trono de Dios\u2020\u009d (Apo 7:9), sin tener que padecer los problemas de esta tierra (Apo 7:16-17).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>[295]<\/p>\n<p>     La esencia del cielo, en el sentido religioso de premio, es la contemplaci\u00f3n de Dios por toda la eternidad. Es un concepto que transciende el de gloria, olimpo, para\u00ed\u00adso, ed\u00e9n, cosmos, firmamento, universo.<\/p>\n<p>    Cuando hablamos en lenguaje cristiano de cielo, aludimos al estado de las almas de los justos que han recibido, en el instante de la muerte, el don del encuentro amoroso con Dios.<\/p>\n<p>    Esas almas de los justos, libres de toda culpa y pena de pecado, entran directamente en la visi\u00f3n divina, en la bienaventuranza eterna. Las que tienen alguna mancha, pena o culpa, deben purificarse antes en el Purgatorio. Las de aquellos que hayan libremente elegido alejarse de Dios por el pecado de muerte, se ven privadas para siempre de semejante felicidad. As\u00ed\u00ad de simple es el enunciado sobre el premio que recibir\u00e1n los que hayan amado de Dios.<\/p>\n<p>    Sin embargo, la explicaci\u00f3n de lo que es el cielo y de todas las expresiones y concepciones antropom\u00f3rficas que acompa\u00f1an a este mensaje de la misericordia divina no resultan siempre tan claras y f\u00e1ciles de entender.<\/p>\n<p>   1. La esencia del cielo<br \/>\n    El cielo no es, ni puede ser, un lugar f\u00ed\u00adsico, en donde se goza al estilo de la tierra. No es un \u00e1mbito similar al espacio c\u00f3smico, ya que fuera de la realidad astron\u00f3mica, el tiempo y el espacio carecen de entidad real. No podemos identificar el cielo con una referencia material, por bella o pura que la supongamos. Es m\u00e1s bien un estado de perfecta felicidad sobrenatural, una situaci\u00f3n de intimidad con el Ser Supremo, un arcano inexplicable, pero real, en donde la criatura se halla unida al Creador en el orden de su naturaleza, y en donde el hombre santificado por la gracia se adentra en el misterio divino de forma misteriosa, incomprensible e indefinible.<\/p>\n<p>    Lo \u00fanico que podemos decir del cielo, en cuanto realidad sobrenatural, es que consiste en ver a Dios \u00abtal cual es\u00bb y que esa visi\u00f3n de Dios origina una felicidad maravillosa. Por eso, para entender lo que es el cielo, tendr\u00ed\u00adamos que comprender lo que hay detr\u00e1s de ese \u00abtal cual es\u00bb; y Dios es incomprensible.<\/p>\n<p>    Es el perfecto amor a Dios, que de esa uni\u00f3n con Dios resulta, lo que produce la felicidad eterna y lo que constituye un estado de bienaventuranza.<\/p>\n<p>     S\u00f3lo en referencia a esa visi\u00f3n beatifica (lumen gloriae) podemos entender el concepto de \u00abencuentro con Dios\u00bb, que es algo alejado de toda analog\u00ed\u00ada mundanal, por bella y gratificante que la consideremos; y es algo superior al amor humano, entendido como lo que es en este mundo: la adhesi\u00f3n afectiva a un ser preferido.<\/p>\n<p>    En el Credo se afirma como dogma la realidad de la \u00abvida eterna\u00bb. Y se expresa con esta fe la certeza de un estado gratificante y gozoso, que sigue a la muerte de quien vive unido a Dios.<\/p>\n<p>    La expresi\u00f3n m\u00e1s frecuente para entender lo que es esa visi\u00f3n entitativa fue siempre la de \u00abcontemplar a Dios cara a cara\u00bb, repetida en la Iglesia desde la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica \u00abBenedictus Deus\u00bb de Benedicto XII, de 1336. En ella se explica el cielo como \u00abvisi\u00f3n de la divina esencia de forma inmediata y abierta, clara y sin velos: es visi\u00f3n que produce felicidad inmensa, quietud maravillosa, alegr\u00ed\u00ada incontenible, eterno descanso.\u00bb (Denz. 530, 693, 696).<\/p>\n<p>    2. El cielo en la Biblia<br \/>\n    La idea de otra vida \u00abgloriosa\u00bb se va perfilando paulatinamente en la Palabra de Dios, a medida que se desarrolla la terminolog\u00ed\u00ada y los conceptos abstractos en la Historia de Israel.<\/p>\n<p>    Se inicia en los conceptos f\u00ed\u00adsicos babil\u00f3nicos que aparecen en el G\u00e9nesis: \u00abAl principio cre\u00f3 Dios el cielo y la tierra.\u00bb (Gen. 1.1). Y se entiende como \u00ablugar\u00bb en el que mora Dios.<\/p>\n<p>    Se completa con la posterior idea m\u00e1s sublime del Nuevo Testamento, que se abre en diversas expresiones: \u00abla Casa de mi Padre\u00bb (Mc. 16.19), \u00abla Morada de los \u00e1ngeles\u00bb (Apoc. 8.2), el \u00abTrono de Dios\u00bb (Apoc. 7.9), la \u00abDerecha del Padre\u00bb (Mc. 16.19), la \u00abVida eterna\u00bb (2 Cor. 5.1), el \u00abReino de Dios.\u00bb (Lc. 15.18 y 21)<\/p>\n<p>    2.1. En el Antiguo Testamento<\/p>\n<p>  La idea del cielo, como referencia a la divinidad o como destino de la humanidad, se desarrolla en el Antiguo Testamento de forma sugestiva como eco de las culturas del entorno. Predomina la idea de firmamento, de espacio superior, de cosmos. All\u00ed\u00ad habitan los dioses paganos de los babilonios y de los egipcios.<\/p>\n<p>    Para los autores sagrados, es lugar en el que los \u00e1ngeles reciben a los justos para recompensar sus buenas obras. La idea de la supervivencia en los primeros tiempos es difusa y ambigua. Se cree que las almas bajan al morir a los infiernos (sheol), donde llevan una existencia silenciosa, pasiva, sombr\u00ed\u00ada y triste.<\/p>\n<p>    La suerte de los justos es mejor que la de los imp\u00ed\u00ados. M\u00e1s no se define ninguna situaci\u00f3n agradable y trascendente. Con el tiempo, se desarrolla la idea de que el cielo es el \u00abTrono de Dios\u00bb: Is. 66.1; Ecclo 5.1; Salm. 2.4; Salm. 11.5. Job. 22.11) Y se hace del cielo \u00ablugar donde habitan los \u00e1ngeles\u00bb: Salm 89. 6; Dan 7.10; Job. 1.6.<\/p>\n<p>    La confianza de que Dios recompensa con el cielo a los justos que cumplen su voluntad comienza a entreverse en el Antiguo Testamento en los libros m\u00e1s recientes. El salmista expresa ya la esperanza de que Dios liberte su alma del poder del abismo y le d\u00e9 una recompensa en la eternidad: Salm. 49. 16; 73. 26). Pero no tiene claro d\u00f3nde ni c\u00f3mo.<\/p>\n<p>    Sin embargo, escritos como el de Daniel afirmar\u00e1n ya que el cuerpo resucitar\u00e1 para vida eterna o para eterna verg\u00fcenza y confusi\u00f3n (Dan. 12. 2). Y los Macabeos expresar\u00e1n con claridad la idea de que los m\u00e1rtires resucitar\u00e1n y recibir\u00e1n la recompensa en forma de triunfo personal y del pueblo al que pertenecen. Aparece ya la certeza de la resurreci\u00f3n y la esperanza en la vida eterna (2 Mac. 6. 26; 7. 29 y 36).<\/p>\n<p>     El libro de la Sabidur\u00ed\u00ada, \u00faltimo escrito de los 46 del Antiguo Testamento, describe la felicidad y la paz de las almas de los justos que descansan en las manos del Se\u00f1or Yaweh y viven cerca de Dios en forma triunfante. (Sab. 3. 1; 5. 16). No clarifica la eternidad ni la sobrenaturalidad, pero intuye que su situaci\u00f3n es misteriosamente excelente, al menos en referencia a los malvados.<\/p>\n<p>    2.2.  El Nuevo Testamento<br \/>\n    Los textos y referencias atribuidos a Jes\u00fas por los evangelistas cambian la perspectiva celeste. Cuando Jes\u00fas habla en par\u00e1bolas, alude a la felicidad del cielo bajo la imagen de un banquete de bodas (Mt. 25. 10; Mt. 22. 1-5; Lc. 14. 15-17) o de un \u00ablugar de tesoros\u00bb (Mt. 6. 20; Lc. 12. 33). Jes\u00fas habla de bienaventuranza y de \u00abvida eterna\u00bb a lo que Dios tiene reservado para los fieles: Mt. 18. 8; Mt. 18. 29; Mt. 25. 46; Jn. 3. 15; Jn. 5. 24; 6. 35-59; 10. 28; 12. 25; 17. 2. Y alude al lugar donde los \u00e1ngeles contemplan el rostro de Dios Padre:  Mt. 18. 10; Mc. 12. 25; Mc. 13. 32.<\/p>\n<p>    Expresa que esa \u00abvida eterna es conocerte a Ti, \u00fanico Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo.\u00bb (Jn. 17. 3).<\/p>\n<p>    A los limpios de coraz\u00f3n les promete que ver\u00e1n a Dios: \u00abBienaventurados los limpios de coraz\u00f3n, porque ellos ver\u00e1n a Dios\u00bb. (Mt. 5. 8; Lc. 12.33). Y ver a Dios es, de alguna forma, estar dentro de Dios: Mt. 16.19 Lc. 19-38, dando a entender que cielo y Dios se unifican.<\/p>\n<p>    San Pablo perfilar\u00e1 ya una clara y sugestiva concepci\u00f3n sobre la realidad del cielo. Insiste en el car\u00e1cter misterioso de la bienaventuranza futura (2 Cor. 12. 2); pero declara su magnificencia: \u00abNi el ojo vio, ni el o\u00ed\u00addo oy\u00f3, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman\u00bb (1 Cor. 2. 6; 2. Cor. 12. 4). Indica que los justos reciben como recompensa la vida eterna: (Rom. 2. 7; 6. 22) y \u00abuna gloria que no tiene proporci\u00f3n con los padecimientos de este mundo.\u00bb (Rom. 8. 18).<\/p>\n<p>    En vez del conocimiento imperfecto de Dios que poseemos aqu\u00ed\u00ad en esta vida, all\u00ed\u00ad veremos a Dios inmediatamente (1 Cor. 13. 12; 2 Cor. 5. 7) y los seguidores se mantendr\u00e1n \u00absentados junto a Cristo Se\u00f1or\u00bb (Ef. 2.6.)<\/p>\n<p>    Los textos de San Juan recogen la idea m\u00e1s m\u00ed\u00adstica y fundamental de la fe en Jes\u00fas, Mes\u00ed\u00adas, Hijo de Dios, como equivalente al gozo eterno: Jn. 3. 16 y 36; 20. 31; 1 Jn. 5. 13. Y proclama la m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita afirmaci\u00f3n evang\u00e9lica de lo que es el cielo: \u00abconocer a s\u00f3lo Dios verdadero y a Jesucristo, el enviado\u00bb (Jn 17.2). La visi\u00f3n inmediata de Dios nos hace semejantes a Dios. \u00abSeremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es.\u00bb (1 Jn. 3. 2).<\/p>\n<p>    El Apocalipsis describe la dicha de los justos como efecto de la compa\u00f1\u00ed\u00ada de Dios y del Cordero, esto es, de Cristo glorificado. (Apoc. 7. 9-17; 21. 3-7)   3. Cielo y Tradici\u00f3n<\/p>\n<p>    Los primitivos Padres y escritores volvieron con frecuencia su pensamiento al premio celeste y lo vincularon estrechamente con la compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas, que habr\u00ed\u00ada de volver para recompensar la fidelidad de sus seguidores.<\/p>\n<p>    San Ambrosio dec\u00ed\u00ada. \u00abLa vida eterna es estar con Cristo. Donde est\u00e1 Cristo est\u00e1 la vida y all\u00ed\u00ad est\u00e1 el Reino.\u00bb (Sobre Luc. 10). San Cipriano escrib\u00ed\u00ada: \u00c2\u00a1Qu\u00e9 gloria y dicha el ser admitido a ver a Dios, a tener el honor de participar en las alegr\u00ed\u00adas de la salvaci\u00f3n y de la luz eterna, en compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jesucristo, el Se\u00f1or Dios!\u00bb (Ep. 56.10)<\/p>\n<p>    Es interesante resaltar c\u00f3mo se insiste siempre en el car\u00e1cter de participaci\u00f3n en el gozo triunfante de Cristo, m\u00e1s que en la recompensa y provecho de uno mismo. Esa dimensi\u00f3n manaba espont\u00e1neamente del estilo cristoc\u00e9ntrico de la teolog\u00ed\u00ada patr\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>    San Agust\u00ed\u00adn recogi\u00f3 y sintetiz\u00f3 las diversas ense\u00f1anzas y habl\u00f3 con claridad de la esencia de la felicidad del cielo. La hace consistir en \u00abla visi\u00f3n inmediata de Dios, grande y supremo.\u00bb (De Civ. Dei XXII. 29).<\/p>\n<p>    La teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica posterior resalt\u00f3 el car\u00e1cter absolutamente sobrenatural de la vida eterna y aludi\u00f3 a la especial iluminaci\u00f3n del entendimiento, la llamada luz de gloria (lumen gloriae) transformante, vincul\u00e1ndola a textos como el Salmo 35. 10 o el Apocalipsis 22. 5. Se diferenciaron las interpretaciones, seg\u00fan las \u00abescuelas\u00bb, en el modo de explicar el gozo luminoso de las facultades espec\u00ed\u00adficas del hombre a las que dieron tanta importancia.<\/p>\n<p>   Santo Tom\u00e1s, por ejemplo, prefer\u00ed\u00ada resaltar el don sobrenatural y habitual del entendimiento, el cual capacita para el acto de la visi\u00f3n de Dios (Summa Th. I-II. 12. 4 Y 5; Denz. 475.)<\/p>\n<p>    Sin embargo, los estilos franciscanos de S. Buenaventura y de Duns Scoto identificaron m\u00e1s la felicidad celestial con el amor (caritas) y el gozo (gaudium, fruitio) del objeto amado: Dios.<\/p>\n<p>   )<\/p>\n<p>  4. Propiedades del cielo<br \/>\n    Es f\u00e1cil entender y aceptar que la doctrina del cielo es m\u00e1s para experimentarla que para explicarla teol\u00f3gicamente. Sin embargo, bueno ser\u00e1 resaltar los dos rasgos m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitos de ese regalo divino.<\/p>\n<p>    4.1. Su eternidad<br \/>\n    La felicidad del cielo durar\u00e1 para siempre, de forma inmutable, estable, irreversible, como todo lo que se piense para despu\u00e9s de la muerte. El Papa Benedicto XII lo declar\u00f3 con claridad: \u00abUna vez que haya comenzado en ellos esa visi\u00f3n intuitiva cara a cara, y ese goce, subsistir\u00e1n continuamente en ellos esa misma visi\u00f3n y ese mismo goce sin ininterrupci\u00f3n ni tedio de ninguna clase. Durar\u00e1 hasta el juicio final y, desde \u00e9ste, indefinidamente por toda la eternidad.\u00bb (Denz. 530)<\/p>\n<p>    Jes\u00fas compar\u00f3 la recompensa de las buenas obras a los tesoros guardados en el cielo, \u00abdonde no se pueden robar por los ladrones ni la polilla los deteriora. (Mt. 6. 20; Lc. 12. 33). Quien se ganare amigos con la injusta riqueza (mammona) de este mundo, ser\u00e1 recibido con alegr\u00ed\u00ada en las \u00abeternas moradas del cielo.\u00bb (Lc. 16. 6).<\/p>\n<p>    Los justos ir\u00e1n a la \u00abvida eterna\u00bb: Mt. 25. 46; Mt. 16. 29; Jn. 3. 15. En ella por siempre \u00abver\u00e1n el rostro de Dios.\u00bb (Apoc. 7.9; Rom. 2. 7).<\/p>\n<p>    San Pablo habla de la eterna bienaventuranza y emplea la imagen de \u00abcorona imperecedera, la que no se marchita\u00bb.(1 Cor. 9. 25). Y San Pedro la llama \u00abcorona inmarcesible de gloria.\u00bb (1 Pedro 5. 4). Ambos resaltan el sentido de premio. San Agust\u00ed\u00adn explicaba la eterna duraci\u00f3n del cielo y la asociaba con su plenitud y perfecci\u00f3n: \u00ab\u00bfC\u00f3mo podr\u00ed\u00ada hablarse de verdadera felicidad si faltase la confianza de la eterna duraci\u00f3n?\u00bb (De Civ. Dei XII 13.1)<\/p>\n<p>    4.2. Desigualdad<br \/>\n    Pero tambi\u00e9n es importante el entender que el grado y nivel de la gloria eterna, del cielo merecido, ser\u00e1 variable, pues depender\u00e1 de los m\u00e9ritos y riquezas adquiridas en este mundo.<\/p>\n<p>    El Decreto para los Griegos, del Concilio de Florencia de 1439, declaraba que las almas de los salvados \u00abdescubren claramente al Dios Trino y Uno, tal cual es; pero unos con m\u00e1s perfecci\u00f3n que otros, seg\u00fan la diversidad de sus merecimientos.\u00bb (Denz. 693). Fue idea doctrinal que recogi\u00f3 y refrend\u00f3 tambi\u00e9n el Concilio de Trento. (Denz. 842)<\/p>\n<p>    Algunos escritores heterodoxos no entendieron esa desigualdad y reclamaron que toda gloria tiene que ser igual para todos, pues en Dios no puede haber diferencias. As\u00ed\u00ad lo ense\u00f1aba el hereje Joviniano (influido por el estoicismo) en tiempos de S. Agust\u00ed\u00adn. Mil a\u00f1os despu\u00e9s lo postul\u00f3, contra todo sentido com\u00fan, el mismo Lucero, quien consideraba las diferencias ofensivas para la generosidad de Cristo.<\/p>\n<p>    Sin embargo, el mismo Jes\u00fas asegur\u00f3: \u00abEl Hijo del hombre dar\u00e1 a cada uno seg\u00fan sus obras.\u00bb (Mt. 16. 27). Y San Pablo expl\u00ed\u00adcitamente afirm\u00f3: \u00abCada uno recibir\u00e1 su recompensa conforme a su trabajo.\u00bb (1 Cor. 3. 8). Y recalc\u00f3 la conveniencia de hacer buenas obras para recoger abundantes frutos celestes: \u00abEl que escaso siembra, escaso cosecha; y el que siembra con largura, con largura cosechar\u00e1.\u00bb (2 Cor. 9. 6 y 1 Cor 15. 41)<\/p>\n<p>    Los comentaristas antiguos resaltaron la ense\u00f1anza de Jes\u00fas, de que \u00aben la casa de mi Padre hay muchas moradas\u00bb (Jn. 14. 2); y entendieron por tales, las diferencias en el modo de habitar en el cielo despu\u00e9s de la muerte. Tertuliano dec\u00ed\u00ada: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 va a haber tantas moradas en la casa del Padre, sino por la diversidad de merecimientos?\u00bb (Scorp. 6). Y San Agust\u00ed\u00adn consideraba el denario que se entreg\u00f3 por igual a todos los trabajadores de la vi\u00f1a, a pesar de la distinta duraci\u00f3n de su trabajo (Mt. 20. 1-16), como una alusi\u00f3n a la vida eterna, para todos eterna en tiempo. Pero afirmaba que las muchas moradas de la casa del Padre (Jn. 14. 2) son los \u00abdistintos grados de recompensa que se conceden en una misma vida eterna.., sin que pueda haber envidias en los justos por su condici\u00f3n de tales\u00bb. (Adv. Jovin. Il 18-34)<br \/>\n  5. Felicidad accidental.<\/p>\n<p>    Un tema que ha ocupado, m\u00e1s que preocupado, a muchos escritores asc\u00e9ticos de todos los tiempos es si en el cielo se pueden tener, adem\u00e1s de la felicidad esencial de la visi\u00f3n divina, otros signos de felicidad accidental procedente del conocimiento y amor de personas, bienes o situaciones nacidas en vida y en el mundo.<\/p>\n<p>    La piedad tradicional ense\u00f1a lo que, por sentido com\u00fan, es normal: que los justos en la Patria celestial conservar\u00e1n la inteligencia y gozar\u00e1n con todo lo que de bueno puedan conocer como realidad de este mundo y en el otro. Pero es inexplicable el modo y el tiempo. Ser\u00e1 motivo de felicidad el hallarse en compa\u00f1\u00ed\u00ada de Cristo Jes\u00fas, hombre divinizado, y de su Madre Mar\u00ed\u00ada. Tambi\u00e9n lo ser\u00e1 el relacionarse con los \u00e1ngeles y con los santos. Y se sentir\u00e1 el gozo de volver a reunirse con los seres queridos y con los amigos que se tuvieron en el mundo.<\/p>\n<p>    Ser\u00e1n conexiones misteriosas, desde luego muy diferentes de las existentes en este mundo. Pero, por misteriosas e inexplicables que sean, no pueden ser miradas como meras met\u00e1foras.<\/p>\n<p>    Si alg\u00fan motivo hubiera de pena (p\u00e9rdida eterna de otros seres queridos), habr\u00e1 que pensar que el gozo accidental se dar\u00e1 en Dios y, por lo tanto, esas \u00abdesgracias\u00bb no originar\u00e1n tristeza, como si de este mundo se tratara, pues se diluir\u00e1n en la absoluta entrega a la voluntad y a la justicia divina.<\/p>\n<p>   Incluso, podemos pensar que los santos, en el cielo, conocen de alguna forma las mismas cosas que les afectaron y acontecieron en la tierra: sus familias, sus obras e instituciones de caridad, sus seres queridos dejados en vida, etc. En Dios las ven y ante Dios interceden para que la bondad providencial las cubra con su sombra.<\/p>\n<p>    No dejan de ser explicaciones a la manera humana, sin que en realidad podamos decir mucho m\u00e1s. Tambi\u00e9n es posible que, como ense\u00f1aron algunos te\u00f3logos de la \u00e9poca escol\u00e1stica, haya variedad de justos en el cielo. En aquella \u00e9poca se hablaba de tres clases de bienaventurados que, adem\u00e1s de la felicidad esencial (corona \u00e1urea, dec\u00ed\u00adan), recibir\u00e1n una recompensa especial (aureola, pensaban) por las victorias conseguidas. Tales son: los que son v\u00ed\u00adrgenes, por su victoria sobre la carne. (Apoc. 14. 4). Los m\u00e1rtires, por su victoria sobre el mundo. (Mt. 5. 11). Y los doctores de la fe, por su victoria sobre el Diablo, padre de la mentira. (Dan. 12. 3; Mt. 5. 19). As\u00ed\u00ad lo comentaba Santo Tom\u00e1s, que identificaba \u00abaureola\u00bb con el gozo por las buenas obras.<\/p>\n<p>    Esos gozos y esos signo de fidelidad son m\u00e1s conclusiones cient\u00ed\u00adficas de los pensadores que datos estrictamente emanados de la Revelaci\u00f3n divina, seg\u00fan Sto. Tom\u00e1s (Suppl. a Summa Th. 96. 1)<\/p>\n<p>    Nada se opone a que esto responda a alg\u00fan tipo de realidad. Pero de lo no hay duda es de que, en la Patria eterna, las cosas ser\u00e1n algo diferentes de las previsiones, categor\u00ed\u00adas y emblemas de este mundo en el que vivimos.<\/p>\n<p>   6. Catequesis sobre el cielo   La catequesis sobre el misterio del cielo siempre se debe te\u00f1ir de connotaciones de alegr\u00ed\u00ada y de esperanza. Es el regalo que Dios tiene preparado para los que le aman.<\/p>\n<p>   &#8211; Se debe resaltar el sentido del amor a Dios que durar\u00e1 toda la eternidad, m\u00e1s que el egoc\u00e9ntrico placer de obtener una recompensa agradable. Con todo, cuanto m\u00e1s peque\u00f1o es el catequizando, el car\u00e1cter de premio debe ser m\u00e1s resaltado, as\u00ed\u00ad como la referencia a la propia persona que va a gozar de \u00e9l.<\/p>\n<p>   &#8211; No es bueno el \u00absensorializar\u00bb demasiado el sentido de cielo: luces, flores, m\u00fasicas, comidas, fiestas&#8230; La realidad es m\u00e1s trascendente y misteriosa. Hay que ofrecer una \u00abimagen\u00bb de cielo que pueda mantenerse con el paso de los a\u00f1os y con el desarrollo de la capacidad de abstracci\u00f3n de las personas.<\/p>\n<p>   &#8211; El cielo es, ante todo, compa\u00f1\u00ed\u00ada perpetua de Dios y plenitud en la alegr\u00ed\u00ada de haber cumplido con su voluntad. La mejor forma de presentarlo es apoyarse en los textos de la Escritura, sobretodo lo que hacen referencia a las mismas palabras de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>   &#8211; Tambi\u00e9n es bueno vincularlo con sentido pr\u00e1ctico a las realidades cotidianas de la vida: sufrimientos, dificultades, momentos dif\u00ed\u00adciles, desgracias, etc. El cielo es el centro de referencia de la esperanza cristiana. Hay que prender hondamente esta idea en los catequizandos de todas las edades.<\/p>\n<p>   &#8211; La grandeza del cielo resalta m\u00e1s en la mente de los ni\u00f1os y personas no excesivamente maduras en la fe con el contraste de su p\u00e9rdida o ausencia. Al compararlo con el infierno, es cuando adquiere mejor su sentido \u00faltimo; y se desea con m\u00e1s ardor, al asociarlo a las buenas obras, de las que es el premio. Con frecuencia tales personas entienden mejor lo que hace sufrir que lo que hace gozar. Temen el castigo, m\u00e1s que ambicionan el premio.<\/p>\n<p>   &#8211; Buena consigna catequ\u00ed\u00adstica es el hacer que los mismos catequizandos imaginen, describan y, poco a poco, comprendan lo que es el cielo.<\/p>\n<p>    El punto de vista del Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica es buen criterio para pare presentar este agradable misterio a todas las edades de la vida: \u00abEn la gloria del cielo, los bienaventurados contin\u00faan  cumpliendo con alegr\u00ed\u00ada la voluntad de Dios en relaci\u00f3n a los dem\u00e1s hombres y a la creaci\u00f3n entera. Reinan con Cristo. Y con El, ellos reinar\u00e1n por los siglos de los siglos. (Apoc. 22.5).\u00bb (N\u00c2\u00ba 1029<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>\u00abVeremos a Dios\u00bb<\/p>\n<p>\tLlamamos \u00abcielo\u00bb al \u00ablugar propio de Dios\u00bb (CEC 326), donde \u00e9l comunica su gloria y se deja ver por los \u00e1ngeles y los bienaventurados. No entendemos la palabra \u00ablugar\u00bb en el sentido de nuestro espacio y tiempo, sino como una realidad trascendente donde est\u00e1 nuestro \u00abPadre del cielo\u00bb (Mt 5,16).<\/p>\n<p>\tSabemos por la fe que en el cielo \u00abveremos\u00bb a Dios \u00abtal como es\u00bb (1Jn 3,2). Aquella visi\u00f3n no tiene que ver con el conocer a Dios por las criaturas ni tampoco por la fe, sino que se trata de \u00ablo que el ojo no vio, ni el o\u00ed\u00addo oy\u00f3, ni al hombre se le ocurri\u00f3 pensar\u00bb (1Cor 2,9), y de \u00abpalabras inefables que el hombre no puede expresar\u00bb (2Cor 12,4). Ser\u00e1 la visi\u00f3n de Dios Amor \u00abLe veremos cara a cara&#8230; como Dios mismo me conoce\u00bb (1Cor 13,12).<\/p>\n<p>\tVisi\u00f3n, encuentro, transformaci\u00f3n<\/p>\n<p>\tLo que llamamos \u00abcielo\u00bb ser\u00e1 un encuentro personal, comunitario y pleno con Dios, nuestro \u00abPadre que est\u00e1 en los cielos\u00bb (Mt 6,11). No podemos imaginar c\u00f3mo ser\u00e1 el encuentro pleno con Dios y c\u00f3mo podremos verle tal como es. Ser\u00ed\u00ada un contrasentido y un absurdo que ya supi\u00e9ramos hablar claramente de lo que todav\u00ed\u00ada no podemos ver (1Cor 2,9).\tPuesto que todo ha salido de Dios, en \u00e9l se encuentra toda la belleza, bondad, felicidad, verdad, saber, poder&#8230; Todo, pero de otro modo m\u00e1s profundo y en grado infinito.<\/p>\n<p>\tLa realidad definitiva del hombre ser\u00e1 a manera de \u00abhogar\u00bb (2Cor 5,1), \u00abherencia\u00bb (1Pe 1,4), \u00abciudad futura\u00bb (Heb 13,14), \u00abdescanso\u00bb definitivo (Heb 4,10), \u00abcanto nuevo\u00bb (Ap 14,3-4). El espacio y el tiempo ya no contar\u00e1n, porque \u00abdespu\u00e9s de esta vida, Dios mismo ser\u00e1 nuestro hogar\u00bb (San Agust\u00ed\u00adn). \u00abVivir en el cielo es \u00abestar con Cristo\u00bb (cfr. Jn 14,3)&#8230; Los elegidos viven en \u00e9l, a\u00fan m\u00e1s, tienen all\u00ed\u00ad, o mejor, encuentran all\u00ed\u00ad su verdadera identidad, su propio nombre (cfr. Ap 2,17)\u00bb (CEC 1025). \u00abAll\u00ed\u00ad descansaremos y veremos, veremos y nos amaremos, amaremos y alabaremos. He aqu\u00ed\u00ad lo que acontecer\u00e1 al fin sin fin\u00bb (San Agust\u00ed\u00adn).<\/p>\n<p>\tEl \u00abcielo\u00bb, por ser encuentro definitivo con Dios Amor, no es s\u00f3lo relaci\u00f3n y visi\u00f3n, sino tambi\u00e9n donaci\u00f3n total y mutua, por parte de Dios y por parte nuestra. Nuestro ser, sin perder su identidad, pasar\u00e1 a transformarse plenamente por la inserci\u00f3n en la misma vida de Dios. \u00abSeremos semejantes a \u00e9l, porque le veremos tal como es\u00bb (1Jn 3,2). La plenitud del ser humano y su felicidad perfecta consistir\u00e1 en la participaci\u00f3n plena y para siempre de la vida trinitaria de Dios Amor. Ser\u00e1 la \u00abvida eterna\u00bb anunciada y comunicada por Jes\u00fas, en su expresi\u00f3n definitiva \u00abDios nos ha dado la vida eterna&#8230; en su Hijo\u00bb (1Jn 5,13; cfr Jn 6,47; 17,3).<\/p>\n<p>\tSe prepara en el presente hist\u00f3rico<\/p>\n<p>\tEn el \u00abm\u00e1s all\u00e1\u00bb, es decir, en el \u00abcielo\u00bb, es Cristo quien nos invita y nos espera para compartir plenamente con nosotros su misma glorificaci\u00f3n en cuerpo y esp\u00ed\u00adritu, como \u00abalguien sentado en el trono\u00bb (Apoc 4,2). La invitaci\u00f3n para el encuentro es fruto de su iniciativa y quiere nuestra colaboraci\u00f3n \u00abEstoy a la puerta y llamo; si alguno me abre, cenar\u00e9 con \u00e9l y \u00e9l conmigo\u00bb (Apoc 3,20). Puesto que \u00absomos hijos\u00bb, por participaci\u00f3n en la misma filiaci\u00f3n de Cristo, somos \u00abherederos de Dios\u00bb. Por esto seremos \u00abglorificados con \u00e9l\u00bb (Roma 8,14-17).<\/p>\n<p>\tEl cielo se prepara desde esta tierra, porque es la capacidad de relaci\u00f3n con Dios y con los hermanos, la que nos lleva a la trascendencia, al \u00abcielo\u00bb. Vamos a un encuentro definitivo que ser\u00e1 relaci\u00f3n personal profunda y que y se ensaya y comienza ya en esta tierra. \u00abEl cielo es el fin \u00faltimo y la realizaci\u00f3n de las aspiraciones m\u00e1s profundas del hombre, el estado supremo  y definitivo de dicha\u00bb (CEC 1024). El hombre se construye como tal, s\u00f3lo cuando adopta una actitud relacional de donaci\u00f3n, a imagen de Dios Amor. Ah\u00ed\u00ad est\u00e1 la semilla del \u00abcielo\u00bb como encuentro y visi\u00f3n de quien nos ha amado desde la eternidad. \u00abPor su muerte y resurrecci\u00f3n, Jesucristo nos ha abierto el cielo&#8230; El cielo es la comunidad bienaventurada de todos los que est\u00e1n perfectamente incomparados a \u00e9l\u00bb (CEC 1026). All\u00ed\u00ad podremos \u00abestar con el Se\u00f1or\u00bb (2Cor 5,8).<\/p>\n<p>\tYa desde ahora somos \u00abciudadanos de los santos\u00bb (Ef 2,19), pero s\u00f3lo despu\u00e9s viviremos en la nueva ciudad, la Jerusal\u00e9n celeste, cuando \u00abJesucristo transformar\u00e1 nuestro pobre cuerpo en un cuerpo glorioso semejante al suyo\u00bb (Fil 3,21). Jes\u00fas resucitado, que est\u00e1 a la derecha del Padre, es causa y modelo de nuestra plenitud y perfecci\u00f3n final, que se prepara y vive inicialmente ya en esta tierra.<\/p>\n<p>\tLa garant\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu Santo<\/p>\n<p>\tEs el Esp\u00ed\u00adritu de amor el que nos garantiza que podremos entrar en las \u00abprofundidades\u00bb o intimidad de Dios (1Cor 2,10; 1Jn 4,13). El Esp\u00ed\u00adritu Santo, que Dios, ya en esta tierra, \u00abha derramado en nuestros corazones\u00bb (Rom 5,5), nos har\u00e1 capaces de ver a Dios y de participar en su mirada amorosa y transformante. As\u00ed\u00ad ser\u00e1 nuestra \u00abherencia\u00bb de hijos de Dios (Rom 8,17). El proceso comenzado llegar\u00e1 a su perfecci\u00f3n. \u00abA cara descubierta, reflejamos como en espejo la gloria del Se\u00f1or, y nos transformamos en la misma imagen, de gloria en gloria, movidos por el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or\u00bb (2Cor 3,18). El Esp\u00ed\u00adritu Santo nos ayuda a vivir la inhabitaci\u00f3n de Dios Amor en nosotros, como etapa necesaria para la visi\u00f3n y encuentro definitivo.<\/p>\n<p>\tEl cielo es para todos<\/p>\n<p>\tEntonces \u00abDios ser\u00e1 todo en todos\u00bb (1Cor 15,28). S\u00f3lo cuando los corazones se abran al amor, llegar\u00e1n al encuentro, a la visi\u00f3n y a la donaci\u00f3n plena de Dios Amor. Mientras tanto, el Esp\u00ed\u00adritu Santo siembra en todos los corazones y en todas las culturas y los pueblos, esa \u00absemilla\u00bb evang\u00e9lica del Verbo que est\u00e1 llamada a \u00abmadurar en Cristo\u00bb (RMi 28; cfr LG 17; AG 3, 15). El cielo ser\u00e1 el fruto final de nuestro bautismo, como \u00abinserci\u00f3n\u00bb en el misterio de Cristo (Rom 6,5) y como \u00abcomplemento\u00bb suyo (Ef 1,23). Por esto los bautizados est\u00e1n llamados a ser santos y ap\u00f3stoles, para comenzar a vivir esta realidad, anunciarla y comunicarla a todos los pueblos.<\/p>\n<p>Referencias B\u00fasqueda de Dios, escatolog\u00ed\u00ada, inhabitaci\u00f3n trinitaria, resurrecci\u00f3n de los muertos, ver a Dios.<\/p>\n<p>Lectura de documentos CEC 326; 1023-1029; 2794-2796.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada J.M\u00c2\u00aa CABODEVILLA, El cielo en palabras terrenas (Madrid, Paulinas, 1990); J. ESQUERDA BIFET, Ver al Invisible (Barcelona, Balmes, 1993); L. HERTLING, El cielo (Santander, Sal Terrae, 1960); Y. RAGUIN, La profundidad de Dios (Madrid, Narcea, 1982); C. POZO, Teolog\u00ed\u00ada del m\u00e1s all\u00e1 ( BAC, Madrid, 1968); J.L. RUIZ DE LA PE\u00ed\u2018A, La otra dimensi\u00f3n (Santander, Sal Terrae, 1991) 227-271.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>El cielo es todo lo que hay por encima del firmamento, y el firmamento se concibe como una inmensa placa met\u00e1lica, que separa el mundo de arriba del mundo de abajo, el cielo de la tierra. El cielo es, antes que nada, morada de Dios (Mt 5,16.45.48; 6,1.9; 7,11; 10,32; Mc 11,25-26), absolutamente inaccesible al hombre (Jn 3,13). Desde all\u00ed\u00ad Dios abre las compuertas del firmamento, que es su propio trono (Mt 23, 22), y env\u00ed\u00ada a la tierra el man\u00e1 (Jn 6,31), la lluvia (Lc 4,24), el fuego (Lc 9,54; 17,29), los \u00e1ngeles (Mt 28,2; Lc 22,43), el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Mt 3,16; Mc 1,10; Lc 11,13; Jn 1,32-34). San Pablo habla de los cielos, del tercer cielo (2 Cor 12,2; Ef 4,10), es decir, de la m\u00e1s alta morada, donde se sienta el se\u00f1or soberano del mundo. Por eso, Dios es \u00abel Dios del cielo\u00bb. Por eso tambi\u00e9n, levantar los ojos al cielo es levantarlos a Dios (Mt 14,19; Mc 6,41; 7,34; Lc 9,16; 18,13; Jn 17,1). En realidad, el cielo no es lugar alguno, es Dios mismo. El cielo es Dios y el nombre propio de Dios es el cielo (Mt 21, 25; Mc 11,30; Lc 10,20; 15,18.21; Jn 3,27). En el cielo habitan tambi\u00e9n los \u00e1ngeles (Lc 2,15). Son, por eso, \u00ablos \u00e1ngeles del cielo\u00bb (Mt 24,36), los que est\u00e1n en el cielo (Mc 12,25; 13,32).<\/p>\n<p>\u00abEl cielo y la tierra\u00bb es una expresi\u00f3n que designa en la Biblia el universo contemplando sin cesar el rostro de Dios (Mt 18,10). El cielo es gloriosa mansi\u00f3n de Jesucristo. Despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n subi\u00f3 a los cielos (Lc 24,51), donde est\u00e1 sentado a la diestra del Padre (Mc 16,19). Desde all\u00ed\u00ad, y entre las nubes del cielo, volver\u00e1 al fin de los tiempos (Mt 24,30; Mc 14,62). El cielo es, por fin, la futura y eterna morada del hombre. Hacia all\u00ed\u00ad caminamos (Mt 5,12; Lc 6,23). Conviene, pues, que el hombre procure atesorar las riquezas imperecederas de las que all\u00ed\u00ad podr\u00e1 gozar eternamente (Mt 6,20; 19,21; Lc 12,33). Para que esto sea as\u00ed\u00ad, Dios, desde el cielo, vela continuamente por los hombres (Mt 6,26.32). En el Padrenuestro pedimos a Dios que los hombres cumplamos la voluntad divina como la cumplen los que ya est\u00e1n en el cielo; pedimos tambi\u00e9n que Dios realice en la tierra el plan que sobre ella tiene establecido (Mt 6,10).<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>(-> Yahv\u00e9, creaci\u00f3n, Ashera, parus\u00ed\u00ada, ascensi\u00f3n, ciudad). En las religiones tradicionales, el cielo es la altura, la b\u00f3veda celeste con su sol y con su luna, con sus astros, entendidos como sede de la divinidad y de la vida perdurable. La Biblia empieza tomando el cielo como b\u00f3veda que cubre la tierra, formando unidad con ella, de tal modo que dice: \u00abEn el principio cre\u00f3 Dios el cielo y la tierra\u00bb. Pero, al mismo tiempo, la Biblia entiende el cielo de un modo simb\u00f3lico como lugar de la presencia de Dios (lo identifica con el mismo Dios) y como expresi\u00f3n de la bienaventuranza de los elegidos.<\/p>\n<p>(1) El cielo de los dioses. La Biblia conserva el recuerdo de una experiencia ur\u00e1nica sagrada, en la que el cielo aparece vinculado con la divinidad. De esa manera, los israelitas conciben simb\u00f3licamente a Yahv\u00e9 como un ser celeste, que cabalga en las nubes y env\u00ed\u00ada sobre la tierra el rayo y el agua (como Zeus o Baal*-Hadad). As\u00ed\u00ad aparece Yahv\u00e9 como rey del cielo, de un modo tan intenso que cielo y Dios han terminado identific\u00e1ndose, de manera que se ha podido decir \u00abreino de los cielos\u00bb en vez de \u00abreino de Dios\u00bb. En ese contexto, desbordando los l\u00ed\u00admites del monote\u00ed\u00adsmo b\u00ed\u00adblico, algunos israelitas han dicho que el Dios masculino (expresado de alg\u00fan modo por Yahv\u00e9) es el cielo, mientras que la divinidad femenina (expresada por un tipo de Ashera) se identifica con la tierra. Pero el Antiguo Testamento conserva tambi\u00e9n el recuerdo poderoso de una divinidad femenina de los cielos, que se sit\u00faa en la l\u00ed\u00adnea de Astart\u00e9*\/Ishtar. En ese caso, el Dios masculino estar\u00ed\u00ada m\u00e1s vinculado con la tierra (muere y resucita), mientras la diosa del cielo permanece siempre triunfante. As\u00ed\u00ad parece evocarlo el libro de Jerem\u00ed\u00adas, cuando dice que \u00ablos hijos recogen la le\u00f1a, los padres encienden el fuego, y las mujeres amasan la masa, para hacer tortas a la Reina del Cielo\u00bb (Jr 7,18). El culto a la Reina del cielo constituye el tema de las controversias de Jerem\u00ed\u00adas con los jud\u00ed\u00ados y jud\u00ed\u00adas exiliadas en Egipto. Jerem\u00ed\u00adas les exige que abandonen ese culto. Ellos responden: \u00abLa palabra que nos has hablado en nombre de Yahv\u00e9 no la oiremos de ti, sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la Reina del Cielo, derram\u00e1ndole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros pr\u00ed\u00adncipes, en las ciudades de Jud\u00e1 y en las plazas de Jerusal\u00e9n, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno. Mas desde que dejamos de ofrecer incienso a la Reina del Cielo y de derramarle libaciones, nos falta todo, y a espada y de hambre somos consumidos\u00bb (Jr 44,16-18; cf. 44,19.25). Estos jud\u00ed\u00ados fugitivos suponen que Yahv\u00e9 les ha abandonado y recuerdan desde su exilio de Egipto a la Madre del Cielo, a la que hab\u00ed\u00adan venerado ya en Jerusal\u00e9n y a la que ahora invocan en Egipto, identific\u00e1ndola, sin duda, con la diosa Isis. S\u00f3lo m\u00e1s tarde, tras la restauraci\u00f3n del judaismo de Je rusal\u00e9n en forma de comunidad del templo* (1), con la reforma de Esdras* y Nehem\u00ed\u00adas, el conjunto de los jud\u00ed\u00ados superar\u00e1 la religi\u00f3n de la Reina del cielo.<\/p>\n<p>(2) El cielo de Dios. El cielo f\u00ed\u00adsico, entendido como una o varias b\u00f3vedas, ha perdido muchas veces su significado puramente c\u00f3smico, para convertirse en signo de la divinidad. De un modo quiz\u00e1 convencional, al dirigirse a las autoridades persas, los jud\u00ed\u00ados del libro de Esdras se presentan como servidores del Dios del cielo, entendido como Se\u00f1or trascendente y universal, a quien de alguna manera veneran todos los pueblos (cf. Esd 6,9-10). En esa l\u00ed\u00adnea, el rey Artajerjes escribe a Esdras y le presenta como \u00abescriba erudito en la ley del Dios del cielo\u00bb; los jud\u00ed\u00ados, por su parte, son adoradores del Dios del cielo (cf. Esd 7,12.21.23). L\u00f3gicamente, el Dios que reina en el cielo (entendido como espacio donde ejerce directamente su autoridad) viene a presentarse casi como Dios-Cielo, de manera que Cielo aparece como un nombre del mismo Dios. De todas formas, ni la teolog\u00ed\u00ada jud\u00ed\u00ada ni la cristiana han dado nunca totalmente ese paso, pues cielo y tierra siguen tom\u00e1ndose como las dos partes o momentos de una realidad creada y renovada por Dios (cf. Is 65,17; 66,22). Este doble sentido de cielo (es divino y es el espacio m\u00e1s perfecto de la creaci\u00f3n de Dios) aparece en la versi\u00f3n del Padrenuestro* de Mateo: \u00abPadre nuestro, que est\u00e1s en los cielos&#8230;\u00bb (esos cielos son de alguna forma el mismo Dios); \u00abh\u00e1gase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo\u00bb (se supone as\u00ed\u00ad que cielo es el lugarestado donde se cumple la voluntad de Dios, a diferencia de la tierra, donde ella puede no cumplirse) (Mt 6,9-10). De todas formas, en contra de lo que sucede en las religiones de otros pueblos, la Biblia es muy sobria a la hora de \u00abrepresentar\u00bb el cielo, a no ser en algunas teofan\u00ed\u00adas* muy particulares (como las de Henoc* y Daniel*). Por su parte, Pablo afirma (2 Cor 12,2-4) que ascendi\u00f3 al tercer cielo, pero a\u00f1ade que oy\u00f3 cosas que no pueden decirse. En general, los videntes israelitas no han sido expertos en visiones de cielo. De todas maneras, a partir de Ex 25 y Ez 1-3 ellos suponen que existe una correspondencia entre el templo o santuario de Dios en la tierra y el cielo en el que Dios mora.    (3) El cielo para los hombres. M\u00e1s importancia que el tema del cielo de Dios ha tenido en el conjunto de las religiones, y en especial en la cristiana, la visi\u00f3n del cielo como espacio y estado de bienaventuranza para los hombres salvados. De esa forma se han contrapuesto cielo e infierno, salvaci\u00f3n y condena. Tomada en sentido estricto, esa oposici\u00f3n no es b\u00ed\u00adblica, aunque aparece de forma simb\u00f3lica en diversos relatos y textos judiciales, como pueden ser Mt 25,31-46 (reino del Padre, fuego del Diablo) y Lc 16,20-26 (seno de Abrah\u00e1n, frente al Hades de fuego). La Biblia no concibe el cielo de forma idealista, en la l\u00ed\u00adnea de algunas representaciones de tipo plat\u00f3nico (como un cielo espiritual), sino en forma de culminaci\u00f3n de la obra creadora de Dios, vinculando la imagen de su altura con la de su futuro, (a) La imagen de la altura est\u00e1 en el fondo de las representaciones de la pascua de Jes\u00fas como Ascensi\u00f3n*: Jes\u00fas sube al Cielo, a la vista de todos los disc\u00ed\u00adpulos (Lc 24,51; Hch 1,10). En esa l\u00ed\u00adnea, desde una perspectiva que puede llevar a la gnosis, el evangelio de Juan repite continuamente la imagen de Jes\u00fas como enviado mesi\u00e1nico (Hijo del Hombre) que ha bajado del cielo y que volver\u00e1 a subir al cielo (cf. Jn 3,13). Si se absolutizara esta perspectiva, la tierra podr\u00ed\u00ada venir a convertirse en un lugar de puro destierro inferior: las almas han bajado del cielo y al cielo deben ascender, tras su purificaci\u00f3n en el mundo, (b) La imagen del futuro resulta dominante en el conjunto de la Biblia (cf. Is 66,17.22; 2 Pe 3,13) y en especial en el Apocalipsis, donde se retoma la primera palabra de la creaci\u00f3n (en el principio cre\u00f3 Dios el cielo y la tierra: Gn 1,1) y se dice: \u00abVi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe m\u00e1s. Y yo vi la santa ciudad, la nueva Jerusal\u00e9n que descend\u00ed\u00ada del cielo de parte de Dios, preparada como una novia adornada para su esposo\u00bb (Ap 21,1). No se trata por tanto de un cielo futuro totalmente distinto, sino de la renovaci\u00f3n de todo lo creado, del \u00abcielo y de la tierra\u00bb.<\/p>\n<p>(4)  El cielo de los cristianos. Para los cristianos, el cielo se identifica con la resurrecci\u00f3n de Cristo y as\u00ed\u00ad constituye la plenitud de la creaci\u00f3n de Dios, entendida en forma de comunicaci\u00f3n divina. Estas son algunas de sus formulaciones m\u00e1s significativas: \u00abAhora vemos oscuramente por medio de un espejo, pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conocer\u00e9 plenamente, as\u00ed\u00ad como fui conocido\u00bb (1 Cor 13,12); entonces tambi\u00e9n el Hijo se someter\u00e1 al Padre \u00abpara que Dios sea todo en todos\u00bb (1 Cor 15,28). \u00abY vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra hab\u00ed\u00adan desaparecido y el mar ya no exist\u00ed\u00ada; y vi la Ciudad Santa, la Nueva Jerusal\u00e9n, bajando del cielo, de junto a Dios, ataviada como una novia que se adorna para su esposo. Y o\u00ed\u00ad una voz potente, salida del trono, que dec\u00ed\u00ada: Esta es la tienda de Dios con los humanos: habitar\u00e1 con ellos; ellos ser\u00e1n sus pueblos y el mismo Dioscon-ellos ser\u00e1 su Dios. Enjugar\u00e1 las l\u00e1grimas de sus ojos y no habr\u00e1 ya muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor, porque las antiguas cosas han pasado\u00bb (Ap 21,1-4). No hay nuevo cielo sin nueva tierra, sin culminaci\u00f3n de la historia b\u00ed\u00adblica (Nueva Jerusal\u00e9n), sin comuni\u00f3n con Dios, sin plenitud de bodas. Esta visi\u00f3n del cielo, vinculada con la resurrecci\u00f3n de Cristo, como principio de una realidad reconciliada, en la que viven todos los que han muerto, es el punto de partida y sentido de la escatolog\u00ed\u00ada cristiana.<\/p>\n<p>Cf. C. McDannell y B. Lang, Historia del cielo, Taurus, Madrid 1990; X. Pikaza, Apocalipsis, Verbo Divino, Estella 1999; J. L. Ruiz DE LA Pe\u00f1a, La pascua de la nueva creaci\u00f3n. Escatolog\u00ed\u00ada, BAC, Madrid 1966; A. Vogtle, Das Nene Testament und die Zukunft des Cosmos, Patmos, Dusseldorf 1970.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino hebreo scha\u00c2\u00b7m\u00e1\u00c2\u00b7yim (siempre en plural), que se traduce \u2020\u0153cielo(s)\u2020\u009d, parece designar en su sentido b\u00e1sico lo que es \u2020\u0153alto\u2020\u009d o \u2020\u0153encumbrado\u2020\u009d. (Sl 103:11; Pr 25:3; Isa 55:9.) La etimolog\u00ed\u00ada de la palabra griega para cielo (ou\u00c2\u00b7ra\u00c2\u00b7n\u00f3s) es incierta.<\/p>\n<p>Los cielos f\u00ed\u00adsicos. En el lenguaje original el t\u00e9rmino cielo abarca el \u00e1mbito completo de los cielos f\u00ed\u00adsicos, y el contexto por lo general ayuda a precisar su significado.<\/p>\n<p>La atm\u00f3sfera terrestre. La palabra \u2020\u0153cielo(s)\u2020\u009d puede aplicar a toda la atm\u00f3sfera terrestre, donde se forman el roc\u00ed\u00ado y la escarcha (G\u00e9 27:28; Job 38:29), donde vuelan los p\u00e1jaros (Dt 4:17; Pr 30:19; Mt 6:26), donde soplan los vientos (Sl 78:26), donde resplandece el rel\u00e1mpago (Lu 17:24) y donde est\u00e1n las nubes que dejan caer su lluvia, nieve o piedras de granizo (Jos 10:11; 1Re 18:45; Isa 55:10; Hch 14:17). A veces \u2020\u0153cielo\u2020\u009d se refiere al firmamento o b\u00f3veda celeste. (Mt 16:1-3; Hch 1:10, 11.)<br \/>\nEsta regi\u00f3n atmosf\u00e9rica corresponde con la \u2020\u0153expansi\u00f3n [heb. ra\u00c2\u00b7q\u00ed\u00ad\u00c2\u00b7a`]\u2020\u009d formada durante el segundo per\u00ed\u00adodo creativo, de la que se habla en G\u00e9nesis 1:6-8. Es a ese \u2020\u0153cielo\u2020\u009d al que se hace referencia en G\u00e9nesis 2:4, Exodo 20:11 y 31:17 cuando se alude a la creaci\u00f3n de \u2020\u0153los cielos y la tierra\u2020\u009d. (V\u00e9ase EXPANSI\u00ed\u201cN.)<br \/>\nEl que se hiciera esta expansi\u00f3n sirvi\u00f3 para separar las aguas que estaban sobre la superficie terrestre de las que quedaron encima de la expansi\u00f3n. Esto explica lo que se informa con respecto al diluvio universal del d\u00ed\u00ada de No\u00e9: \u2020\u0153Fueron rotos todos los manantiales de la vasta profundidad acuosa, y las compuertas de los cielos fueron abiertas\u2020\u009d. (G\u00e9 7:11; comp\u00e1rese con Pr 8:27, 28.) Las aguas suspendidas por encima de la expansi\u00f3n debieron precipitarse bruscamente y tambi\u00e9n en forma de lluvia. Cuando este vasto dep\u00f3sito se vaci\u00f3, las \u2020\u02dccompuertas de los cielos se cerraron\u2020\u2122 por decirlo as\u00ed\u00ad. (G\u00e9 8:2.)<\/p>\n<p>Espacio sideral. Los \u2020\u0153cielos\u2020\u009d f\u00ed\u00adsicos comprenden tanto la atm\u00f3sfera terrestre como las regiones del espacio sideral con sus cuerpos estelares, \u2020\u0153todo el ej\u00e9rcito de los cielos\u2020\u009d: el Sol, la Luna, las estrellas y las constelaciones. (Dt 4:19; Isa 13:10; 1Co 15:40, 41; Heb 11:12.) En el primer vers\u00ed\u00adculo de la Biblia se alude a la creaci\u00f3n de esos cielos estrellados antes de la preparaci\u00f3n de la Tierra para la vida del hombre. (G\u00e9 1:1.) Tanto estos cielos como la expansi\u00f3n, muestran la gloria de Dios, pues son la obra de sus \u2020\u0153dedos\u2020\u009d. (Sl 8:3; 19:1-6.) Todos esos cuerpos celestes est\u00e1n controlados por los \u2020\u0153estatutos de los cielos\u2020\u009d que Dios ha establecido, unos estatutos que los astr\u00f3nomos todav\u00ed\u00ada son incapaces de comprender a pesar de la tecnolog\u00ed\u00ada moderna y sus avanzados conocimientos matem\u00e1ticos. (Job 38:33; Jer 33:25.) No obstante, sus hallazgos confirman lo imposible que es para el hombre medir los cielos o siquiera contar las estrellas. (Jer 31:37; 33:22; v\u00e9ase ESTRELLA.) Dios no solo las cuenta, sino que hasta las llama por nombre. (Sl 147:4; Isa 40:26.)<\/p>\n<p>\u2020\u0153En medio del cielo\u2020\u009d y las \u2020\u02dcextremidades de los cielos\u2020\u2122. La expresi\u00f3n \u2020\u0153en medio del cielo\u2020\u009d aplica a la capa de la atm\u00f3sfera donde vuelan las aves, como, por ejemplo, el \u00e1guila. (Rev 8:13; 14:6; 19:17; Dt 4:11 [heb. \u2020\u0153coraz\u00f3n de los cielos\u2020\u009d].) Un sentido parecido tiene la expresi\u00f3n \u2020\u0153entre la tierra y los cielos\u2020\u009d. (1Cr 21:16; 2Sa 18:9.) El que se predijera que las fuerzas que atacar\u00ed\u00adan Babilonia avanzar\u00ed\u00adan desde \u2020\u0153la extremidad de los cielos\u2020\u009d, debe significar que llegar\u00ed\u00adan desde el horizonte distante (donde parece que se juntan la tierra y el cielo, y donde parece que sale el Sol y se pone). (Isa 13:5; comp\u00e1rese con Sl 19:4-6.) De manera similar, la expresi\u00f3n \u2020\u0153desde las cuatro extremidades de los cielos\u2020\u009d debe referirse a los cuatro puntos cardinales, con lo que se quiere dar a entender la totalidad de la Tierra. (Jer 49:36; comp\u00e1rese con Da 8:8; 11:4; Mt 24:31; Mr 13:27.) Como los cielos rodean la Tierra por todos lados, el que Jehov\u00e1 vea todo lo que est\u00e1 \u2020\u0153bajo los cielos enteros\u2020\u009d significa que ve todo el planeta. (Job 28:24.)<\/p>\n<p>Los cielos nubosos. Los escritores b\u00ed\u00adblicos tambi\u00e9n utilizan la palabra hebrea sch\u00e1\u00c2\u00b7jaq para referirse a la expansi\u00f3n o atm\u00f3sfera que rodea la Tierra donde est\u00e1n las nubes (Dt 33:26; Pr 3:20; Isa 45:8), o tambi\u00e9n a la b\u00f3veda o c\u00fapula celeste, azul durante el d\u00ed\u00ada y tachonada de estrellas por la noche. (Sl 89:37.) Esta palabra tiene el significado primario de algo batido muy fino, pulverizado, como una \u2020\u0153capa tenue de polvo\u2020\u009d (sch\u00e1\u00c2\u00b7jaq). (Isa 40:15; 2Sa 22:43.) La palabra sch\u00e1\u00c2\u00b7jaq tambi\u00e9n se traduce por \u2020\u0153nube\u2020\u009d y \u2020\u0153cielo nublado\u2020\u009d, aunque en la mayor\u00ed\u00ada de los casos se usa simplemente para referirse a lo que est\u00e1 muy por encima del hombre y no a un aspecto particular del \u2020\u0153cielo\u2020\u009d. (Sl 57:10; 108:4.)<br \/>\nEstos dos significados est\u00e1n relacionados, pues las finas part\u00ed\u00adculas de polvo, las mol\u00e9culas de vapor de agua y, hasta cierto grado, las mol\u00e9culas de ox\u00ed\u00adgeno, nitr\u00f3geno, anh\u00ed\u00addrido carb\u00f3nico y otros gases que se encuentran en la atm\u00f3sfera, dispersan los rayos de luz, y los m\u00e1s difundidos, los azules, dan al cielo despejado su caracter\u00ed\u00adstico color azul. Adem\u00e1s, las nubes se forman cuando el aire caliente que se eleva desde la Tierra se enfr\u00ed\u00ada hasta lo que se llama \u2020\u0153punto de roc\u00ed\u00ado\u2020\u009d, y el vapor de agua que hay en \u00e9l se condensa alrededor de diminutas part\u00ed\u00adculas de polvo. (Comp\u00e1rese con Job 36:27, 28; v\u00e9ase NUBE.)<br \/>\nJehov\u00e1 dice que El es Aquel que \u2020\u0153[bate] los cielos nublados, duros como un espejo fundido\u2020\u009d, de modo que da un l\u00ed\u00admite definido o una clara demarcaci\u00f3n a la b\u00f3veda celeste de color azul. (Job 37:18.) Las part\u00ed\u00adculas que forman la atm\u00f3sfera est\u00e1n sometidas a la atracci\u00f3n de la fuerza de la gravedad, que las mantiene dentro de sus l\u00ed\u00admites. (G\u00e9 1:6-8.) Estas reflejan la luz del Sol como si fueran un espejo, por lo que el cielo parece claro, mientras que si no existiera la atm\u00f3sfera y alguien pudiera observar el cielo desde la Tierra, solo ver\u00ed\u00ada oscuridad, un fondo negro sobre el que refulgir\u00ed\u00adan los cuerpos celestes, como sucede en el caso de la Luna, que carece de atm\u00f3sfera. Los astronautas han podido observar la atm\u00f3sfera de la Tierra desde el espacio sideral y la han visto como un halo relumbrante.<br \/>\nJehov\u00e1 se vali\u00f3 de lenguaje figurado al advertir a Israel que debido a su desobediencia, los cielos que estaban sobre sus cabezas llegar\u00ed\u00adan a ser cobre; la tierra debajo de ellos, hierro, y la lluvia que les caer\u00ed\u00ada, ceniza y polvo. En tales condiciones de sequ\u00ed\u00ada, el cielo \u2020\u0153cerrado\u2020\u009d y sin nubes se volver\u00ed\u00ada rojizo, de color de cobre, pues la mayor cantidad de part\u00ed\u00adculas de polvo en la atm\u00f3sfera difunden la luz azul hasta el punto de destacar m\u00e1s las ondas rojas, de la misma manera que el Sol parece rojo cuando se pone como consecuencia de que los rayos deben atravesar un mayor espesor en la atm\u00f3sfera. (Dt 28:23, 24; comp\u00e1rese con 1Re 8:35, donde \u2020\u0153cielo\u2020\u009d se emplea para referirse a la expansi\u00f3n.)<br \/>\nCuando Jes\u00fas ascendi\u00f3 al cielo, una nube se lo llev\u00f3 de la vista de los disc\u00ed\u00adpulos. \u2020\u0153Estando ellos mirando con fijeza al cielo\u2020\u009d, se les aparecieron unos \u00e1ngeles y les dijeron: \u2020\u0153Varones de Galilea, \u00bfpor qu\u00e9 est\u00e1n de pie mirando al cielo? Este Jes\u00fas que fue recibido de entre ustedes arriba al cielo, vendr\u00e1 as\u00ed\u00ad de la misma manera como lo han contemplado irse al cielo\u2020\u009d. (Hch 1:9-11.) Lo que los \u00e1ngeles quer\u00ed\u00adan decir a los disc\u00ed\u00adpulos era que no hab\u00ed\u00ada raz\u00f3n para mirar con fijeza al cielo a la espera de que Jes\u00fas se apareciese de nuevo ante su vista, pues la nube se lo hab\u00ed\u00ada llevado y ya era invisible. Regresar\u00ed\u00ada de la misma manera, es decir, de manera invisible, sin que lo advirtieran los ojos f\u00ed\u00adsicos.<\/p>\n<p>\u2020\u0153Los cielos de los cielos.\u2020\u009d La expresi\u00f3n \u2020\u0153los cielos de los cielos\u2020\u009d parece referirse a los cielos m\u00e1s elevados. En vista de que los cielos se extienden desde la Tierra en todas direcciones, \u2020\u0153los cielos de los cielos\u2020\u009d deben abarcar todos los cielos f\u00ed\u00adsicos, sin importar cu\u00e1n vastos sean. (Dt 10:14; Ne 9:6.)<br \/>\nSalom\u00f3n, el constructor del templo de Jerusal\u00e9n, manifest\u00f3 que los \u2020\u0153cielos, s\u00ed\u00ad, el cielo de los cielos\u2020\u009d no pueden contener a Dios. (1Re 8:27.) Como Creador de los cielos, la posici\u00f3n de Jehov\u00e1 es muy superior a la de estos, y \u2020\u0153solo su nombre es inalcanzablemente alto. Su dignidad est\u00e1 por encima de tierra y cielo\u2020\u009d. (Sl 148:13.) Jehov\u00e1 mide los cielos f\u00ed\u00adsicos con la misma facilidad con la que un hombre toma la medida de un objeto abriendo la mano y coloc\u00e1ndolo entre los dedos pulgar y me\u00f1ique extendidos. (Isa 40:12.) Sin embargo, las palabras de Salom\u00f3n no significan que Dios no tenga un lugar de residencia espec\u00ed\u00adfico, ni tampoco que sea omnipresente, en el sentido de estar literalmente en todo y en todas partes, pues Salom\u00f3n tambi\u00e9n dijo que Jehov\u00e1 oye \u2020\u0153desde los cielos, el lugar establecido de [su] morada\u2020\u009d, es decir, la regi\u00f3n de los esp\u00ed\u00adritus. (1Re 8:30, 39.)<br \/>\nDe modo que el t\u00e9rmino \u2020\u0153cielos\u2020\u009d en sentido f\u00ed\u00adsico es muy abarcador. Puede referirse a las zonas m\u00e1s lejanas del espacio universal o a algo que simplemente es m\u00e1s alto o encumbrado de lo habitual. Por eso se dice que los que est\u00e1n a bordo de un barco sacudido por una tormenta \u2020\u0153suben a los cielos, bajan a los fondos\u2020\u009d. (Sl 107:26.) Asimismo, los edificadores de la Torre de Babel intentaron construir una estructura que tuviera su \u2020\u0153c\u00faspide en los cielos\u2020\u009d, como si fuera un \u2020\u0153rascacielos\u2020\u009d. (G\u00e9 11:4; comp\u00e1rese con Jer 51:53.) Y la profec\u00ed\u00ada de Am\u00f3s 9:2 habla de hombres que \u2020\u0153suben a los cielos\u2020\u009d en un vano esfuerzo por eludir los juicios de Jehov\u00e1, expresi\u00f3n con la que se indica que intentar\u00ed\u00adan hallar escape en las elevadas regiones monta\u00f1osas.<\/p>\n<p>Cielos espirituales. Las mismas palabras del lenguaje original que se utilizan para referirse a los cielos f\u00ed\u00adsicos se aplican tambi\u00e9n a los cielos espirituales. Como se ha visto, Jehov\u00e1 Dios no reside en los cielos f\u00ed\u00adsicos, pues es un Esp\u00ed\u00adritu, pero como es \u2020\u0153Alto y Excelso\u2020\u009d y reside en \u2020\u0153la altura\u2020\u009d (Isa 57:15), es apropiado el uso de esta palabra hebrea, cuyo sentido b\u00e1sico es \u2020\u0153elevado\u2020\u009d o \u2020\u0153encumbrado\u2020\u009d, para designar la \u2020\u0153excelsa morada de santidad y hermosura\u2020\u009d de Dios. (Isa 63:15; Sl 33:13, 14; 115:3.) Como el Hacedor de los cielos f\u00ed\u00adsicos (G\u00e9 14:19; Sl 33:6), Jehov\u00e1 es tambi\u00e9n su Due\u00f1o (Sl 115:15, 16), y puede hacer cualquier cosa en ellos, incluso actos milagrosos. (Sl 135:6.)<br \/>\nPor todo esto, en muchos textos la palabra \u2020\u0153cielos\u2020\u009d representa a Dios mismo y su posici\u00f3n soberana. Su trono est\u00e1 en los cielos, es decir, en la regi\u00f3n de los esp\u00ed\u00adritus bajo su dominio. (Sl 103:19-21; 2Cr 20:6; Mt 23:22; Hch 7:49.) Desde su posici\u00f3n suprema o \u00faltima, Jehov\u00e1 \u2020\u02dcmira desde\u2020\u2122 encima de los cielos y la Tierra f\u00ed\u00adsicos (Sl 14:2; 102:19; 113:6), y desde esa posici\u00f3n encumbrada tambi\u00e9n habla, satisface peticiones y pronuncia juicio. (1Re 8:49; Sl 2:4-6; 76:8; Mt 3:17.) Por consiguiente, leemos que Ezequ\u00ed\u00adas e Isa\u00ed\u00adas \u2020\u0153siguieron orando [&#8230;] y clamando a los cielos por socorro\u2020\u009d ante una grave amenaza. (2Cr 32:20; comp\u00e1rese con 2Cr 30:27.) Jes\u00fas tambi\u00e9n us\u00f3 los cielos como representaci\u00f3n de Dios cuando pregunt\u00f3 a los l\u00ed\u00adderes religiosos si el bautismo de Juan era \u2020\u0153del cielo, o de los hombres\u2020\u009d (Mt 21:25; comp\u00e1rese con Jn 3:27); y el hijo pr\u00f3digo confes\u00f3 haber pecado \u2020\u0153contra el cielo\u2020\u009d y contra su propio padre. (Lu 15:18, 21.) Por lo tanto, la expresi\u00f3n \u2020\u0153el reino de los cielos\u2020\u009d no significa solo que tiene su sede en los cielos espirituales y que domina desde all\u00ed\u00ad, sino tambi\u00e9n que es \u2020\u0153el reino de Dios\u2020\u009d. (Da 2:44; Mt 4:17; 21:43; 2Ti 4:18.)<br \/>\nAdem\u00e1s, fue tambi\u00e9n debido a su posici\u00f3n celestial por lo que tanto hombres como \u00e1ngeles levantaron las manos o el rostro hacia los cielos al invocar a Dios para que actuase (Ex 9:22, 23; 10:21, 22), al prestar juramento (Da 12:7) y al orar (1Re 8:22, 23; Lam 3:41; Mt 14:19; Jn 17:1). En Deuteronomio 32:40 Jehov\u00e1 dice que \u2020\u02dcalza al cielo su mano en juramento\u2020\u2122. El texto de Hebreos 6:13 permite deducir que esas palabras significan que Jehov\u00e1 jura por s\u00ed\u00ad mismo. (Comp\u00e1rese con Isa 45:23.)<\/p>\n<p>El lugar de habitaci\u00f3n de los \u00e1ngeles. Los cielos espirituales son tambi\u00e9n el \u2020\u0153propio y debido lugar de habitaci\u00f3n\u2020\u009d de los hijos esp\u00ed\u00adritus de Dios. (Jud 6; G\u00e9 28:12, 13; Mt 18:10; 24:36.) La expresi\u00f3n \u2020\u0153ej\u00e9rcito de los cielos\u2020\u009d, aplicada en numerosas ocasiones a la creaci\u00f3n estelar, tambi\u00e9n se usa con referencia a estos hijos ang\u00e9licos de Dios (1Re 22:19; comp\u00e1rese con Sl 103:20, 21; Da 7:10; Lu 2:13; Rev 19:14), y a veces se personifican los \u2020\u0153cielos\u2020\u009d para representar a esta organizaci\u00f3n ang\u00e9lica, \u2020\u0153la congregaci\u00f3n de los santos\u2020\u009d. (Sl 89:5-7; comp\u00e1rese con Lu 15:7, 10; Rev 12:12.)<\/p>\n<p>Como representaci\u00f3n de gobierno. Hemos visto que los cielos pueden referirse a Jehov\u00e1 Dios en su posici\u00f3n soberana. De manera que cuando Daniel le dijo a Nabucodonosor que lo que iba a experimentar le har\u00ed\u00ada \u2020\u0153[saber] que los cielos est\u00e1n gobernando\u2020\u009d, significaba lo mismo que saber \u2020\u0153que el Alt\u00ed\u00adsimo es Gobernante en el reino de la humanidad\u2020\u009d. (Da 4:25, 26.)<br \/>\nSin embargo, el t\u00e9rmino \u2020\u0153cielos\u2020\u009d puede referirse, aparte de al Soberano Supremo, a otras potencias gobernantes ensalzadas o encumbradas por encima de los pueblos sometidos. En Isa\u00ed\u00adas 14:12 se alude a la dinast\u00ed\u00ada de reyes babilonios que Nabucodonosor representaba y se la asemeja a una estrella, un \u2020\u0153resplandeciente, hijo del alba\u2020\u009d. Con la conquista de Jerusal\u00e9n en el a\u00f1o 607 a. E.C., aquella dinast\u00ed\u00ada babilonia elev\u00f3 su trono \u2020\u0153por encima de las estrellas de Dios\u2020\u009d, es decir, de la l\u00ed\u00adnea dav\u00ed\u00addica de reyes de Jud\u00e1 (a Jesucristo mismo, heredero del trono dav\u00ed\u00addico, se le llama \u2020\u0153la brillante estrella de la ma\u00f1ana\u2020\u009d en Rev 22:16; comp\u00e1rese con N\u00fa 24:17). Al derrocar el trono dav\u00ed\u00addico, divinamente autorizado, la dinast\u00ed\u00ada babilonia en realidad se ensalz\u00f3 a s\u00ed\u00ad misma hasta los cielos. (Isa 14:13, 14.) El \u00e1rbol simb\u00f3lico del sue\u00f1o de Nabucodonosor, cuya altura \u2020\u02dcalcanzaba a los cielos\u2020\u2122, tambi\u00e9n represent\u00f3 la encumbrada grandiosidad y extenso dominio de esta dinast\u00ed\u00ada. (Da 4:20-22.)<\/p>\n<p>Nuevos cielos y nueva tierra. La relaci\u00f3n existente entre los \u2020\u0153cielos\u2020\u009d y la gobernaci\u00f3n ayuda a entender el significado de la expresi\u00f3n \u2020\u0153nuevos cielos y una nueva tierra\u2020\u009d, que aparece en Isa\u00ed\u00adas (65:17; 66:22) y que cita el ap\u00f3stol Pedro en 2 Pedro 3:13. Observando tal relaci\u00f3n, la Cyclop\u00e6dia de M\u2020\u2122Clintock y Strong (1891, vol. 4, p\u00e1g. 122) comenta: \u2020\u0153En Isa LXV, 17, un nuevo cielo y una nueva tierra significan un nuevo gobierno, un nuevo reino, una nueva gente\u2020\u009d.<br \/>\nTal como la \u2020\u0153tierra\u2020\u009d puede referirse a una sociedad de personas (Sl 96:1; v\u00e9ase TIERRA), as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n los \u2020\u0153cielos\u2020\u009d pueden simbolizar el dominio o gobierno sobre esa \u2020\u0153tierra\u2020\u009d. La profec\u00ed\u00ada de Isa\u00ed\u00adas sobre la promesa de los \u2020\u0153nuevos cielos y una nueva tierra\u2020\u009d anunciaba en primer lugar la restauraci\u00f3n de Israel del exilio en Babilonia. Los israelitas entraron en un nuevo sistema de cosas cuando regresaron a su tierra natal. Dios utiliz\u00f3 de manera especial a Ciro el Grande para llevar a cabo esa restauraci\u00f3n. Una vez en Jerusal\u00e9n, Zorobabel (un descendiente de David) fue gobernador, y Josu\u00e9, sumo sacerdote. En consonancia con el prop\u00f3sito de Jehov\u00e1, este nuevo sistema gubernativo, o \u2020\u0153nuevos cielos\u2020\u009d, dirigi\u00f3 y supervis\u00f3 al pueblo. (2Cr 36:23; Ag 1:1, 14.) Por ello, como predijo el vers\u00ed\u00adculo 18 del cap\u00ed\u00adtulo 65 de Isa\u00ed\u00adas, Jerusal\u00e9n lleg\u00f3 a ser \u2020\u0153una causa para gozo y [&#8230;] su pueblo una causa para alborozo\u2020\u009d.<br \/>\nSin embargo, la cita de Pedro muestra que sobre la base de la promesa de Dios, pod\u00ed\u00ada anticiparse un cumplimiento futuro de esta profec\u00ed\u00ada. (2Pe 3:13.) Dado que en este caso la promesa divina se relaciona con la presencia de Cristo Jes\u00fas, como se muestra en el vers\u00ed\u00adculo 4, los \u2020\u0153nuevos cielos y una nueva tierra\u2020\u009d tienen que referirse al reino mesi\u00e1nico de Dios y su dominio sobre s\u00fabditos obedientes. Por medio de su resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n a la diestra de Dios, Cristo Jes\u00fas lleg\u00f3 a ser \u2020\u0153m\u00e1s alto que los cielos\u2020\u009d (Heb 7:26), en el sentido de que, debido a ello, se le coloc\u00f3 \u2020\u0153muy por encima de todo gobierno y autoridad y poder y se\u00f1or\u00ed\u00ado, [&#8230;] no solo en este sistema de cosas, sino tambi\u00e9n en el que ha de venir\u2020\u009d. (Ef 1:19-21; Mt 28:18.)<br \/>\nComo \u2020\u0153participantes del llamamiento celestial\u2020\u009d (Heb 3:1), Dios designa a los seguidores ungidos de Jes\u00fas \u2020\u0153herederos\u2020\u009d en uni\u00f3n con Cristo, por medio de quien El se propuso \u2020\u0153reunir todas las cosas de nuevo\u2020\u009d. \u2020\u0153Las cosas en los cielos\u2020\u009d, es decir, los llamados a la vida celestial, son los primeros a los que se re\u00fane en uni\u00f3n con Dios mediante Cristo. (Ef 1:8-11.) Tienen la herencia \u2020\u0153reservada en los cielos\u2020\u009d (1Pe 1:3, 4; Col 1:5; comp\u00e1rese con Jn 14:2, 3), est\u00e1n \u2020\u0153matriculados en los cielos\u2020\u009d y all\u00ed\u00ad es donde tienen su \u2020\u0153ciudadan\u00ed\u00ada\u2020\u009d. (Heb 12:20-23; Flp 3:20.) Forman la \u2020\u0153Nueva Jerusal\u00e9n\u2020\u009d, a la que en la visi\u00f3n de Juan se ve descender \u2020\u0153del cielo desde Dios\u2020\u009d. (Rev 21:2, 9, 10; comp\u00e1rese con Ef 5:24-27.) Siendo que al principio se dice que esta visi\u00f3n es de \u2020\u0153un nuevo cielo y una nueva tierra\u2020\u009d (Rev 21:1), ambos tienen que estar representados en lo que se menciona a continuaci\u00f3n. Por consiguiente, el \u2020\u0153nuevo cielo\u2020\u009d debe referirse a Cristo y su \u2020\u0153novia\u2020\u009d, la \u2020\u0153Nueva Jerusal\u00e9n\u2020\u009d, y la \u2020\u0153nueva tierra\u2020\u009d, a los \u2020\u02dcpueblos de la humanidad\u2020\u2122, que son sus s\u00fabditos y reciben las bendiciones de su gobierno, tal como se indica en los vers\u00ed\u00adculos 3 y 4.<\/p>\n<p>\u2020\u0153El cielo anterior y la tierra anterior hab\u00ed\u00adan pasado.\u2020\u009d La visi\u00f3n de Juan dice que el \u2020\u0153cielo anterior y la tierra anterior hab\u00ed\u00adan pasado\u2020\u009d. (Rev 21:1; comp\u00e1rese con 20:11.) Las Escrituras Griegas Cristianas muestran que los gobiernos terrestres y sus pueblos est\u00e1n sujetos a la gobernaci\u00f3n de Satan\u00e1s. (Mt 4:8, 9; Jn 12:31; 2Co 4:3, 4; Rev 12:9; 16:13, 14.) El ap\u00f3stol Pablo habl\u00f3 de las \u2020\u0153fuerzas espirituales inicuas en los lugares celestiales\u2020\u009d, con sus gobiernos, autoridades y gobernantes mundiales. (Ef 6:12.) Por lo tanto, el que el \u2020\u0153cielo anterior\u2020\u009d hubiera pasado indica el fin de los gobiernos pol\u00ed\u00adticos junto con Satan\u00e1s y sus demonios. Este modo de entender el significado de \u2020\u0153cielo anterior\u2020\u009d armoniza con la visi\u00f3n que acababa de tener Juan, pues en ella el ap\u00f3stol vio la total derrota de las fuerzas de Satan\u00e1s y la acci\u00f3n de arrojarle a \u00e9l al \u2020\u0153abismo\u2020\u009d. (Rev 19:19\u201320:3.) Revelaci\u00f3n 19:17, 18 (comp\u00e1rese con 1Jn 2:15-17) muestra que a los s\u00fabditos terrestres de la gobernaci\u00f3n de Satan\u00e1s se les aniquila antes de que a \u00e9l se le abisme. El significado de la destrucci\u00f3n ardiente del cielo y de la tierra descrita en 2 Pedro 3:7-12 corresponde con el de las visiones de Revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El abatimiento de lo que est\u00e1 ensalzado. Como los cielos representan lo que est\u00e1 elevado, derrocar, \u2020\u02dcmecer\u2020\u2122 o \u2020\u02dcagitar\u2020\u2122 los cielos en ocasiones quiere decir abatir aquello que est\u00e1 ensalzado. Tambi\u00e9n se dice que Jehov\u00e1 arroj\u00f3 \u2020\u0153del cielo a la tierra la hermosura de Israel\u2020\u009d cuando esta naci\u00f3n sufri\u00f3 desolaci\u00f3n. Formaban parte de dicha hermosura el reino de Israel, los gobernantes principescos y el poder de estos, pero dicha hermosura fue devorada como por fuego. (Lam 2:1-3.) Babilonia, la potencia que conquist\u00f3 Israel, experiment\u00f3 m\u00e1s tarde una agitaci\u00f3n de su propio \u2020\u0153cielo\u2020\u009d y un mecimiento de su \u2020\u0153tierra\u2020\u009d, cuando los medos y los persas acabaron con ella y sus dioses celestiales resultaron falsos e incapaces de evitar que perdiese su dominaci\u00f3n. (Isa 13:1, 10-13.)<br \/>\nDe manera similar, se profetiz\u00f3 que a pesar de su posici\u00f3n ensalzada hasta los cielos, Edom no se salvar\u00ed\u00ada de la destrucci\u00f3n, y que la espada de juicio de Jehov\u00e1 se empapar\u00ed\u00ada en las alturas o \u2020\u0153cielos\u2020\u009d de Edom sin que esta naci\u00f3n pudiera recibir ayuda alguna de ninguna fuente celestial o ensalzada. (Isa 34:4-7; comp\u00e1rese con Abd 1-4, 8.) Los que hacen grandes alardes, hablando inicuamente en un estilo elevado como si \u2020\u0153[pusieran] su boca en los mism\u00ed\u00adsimos cielos\u2020\u009d, ciertamente ser\u00e1n arruinados. (Sl 73:8, 9, 18; comp\u00e1rese con Rev 13:5, 6.) La ciudad de Capernaum ten\u00ed\u00ada motivos para sentirse muy favorecida debido a la atenci\u00f3n que recibi\u00f3 de Jes\u00fas durante su ministerio. Sin embargo, ya que no respondi\u00f3 a sus obras poderosas, Jes\u00fas pregunt\u00f3: \u2020\u0153\u00bfAcaso t\u00fa ser\u00e1s ensalzada hasta el cielo?\u2020\u009d, y a continuaci\u00f3n predijo: \u2020\u0153Hasta el Hades bajar\u00e1s\u2020\u009d. (Mt 11:23.)<\/p>\n<p>Oscurecimiento de los cielos. El oscurecimiento de los cielos o de los cuerpos estelares se usa a menudo para representar el cambio de unas condiciones pr\u00f3speras o favorables a unas perspectivas o condiciones tenebrosas, como cuando las nubes eclipsan por completo la luz tanto de d\u00ed\u00ada como de noche. (Comp\u00e1rese con Isa 50:2, 3, 10.) Este uso de los cielos f\u00ed\u00adsicos con relaci\u00f3n a las perspectivas humanas tiene cierto parecido a la antigua expresi\u00f3n \u00e1rabe \u2020\u0153su cielo ha ca\u00ed\u00addo a la tierra\u2020\u009d, en el sentido de que la superioridad o prosperidad de alguien ha disminuido sensiblemente. Tambi\u00e9n es similar la expresi\u00f3n alemana moderna \u2020\u0153Aus allen Himmeln fallen\u2020\u009d (literalmente, caer de todos los cielos), que comunica la idea de amarga decepci\u00f3n y total desilusi\u00f3n.<br \/>\nEse d\u00ed\u00ada de oscuridad se produjo en Jud\u00e1 para que se cumpliera el juicio de Jehov\u00e1 por medio de su profeta Joel, y termin\u00f3 con la desolaci\u00f3n de Jud\u00e1 a manos de Babilonia. (Joe 2:1, 2, 10, 30, 31; comp\u00e1rese con Jer 4:23, 28.) No parec\u00ed\u00ada haber ninguna esperanza de ayuda procedente de una fuente celestial; como se hab\u00ed\u00ada predicho en Deuteronomio 28:65-67, \u2020\u0153noche y d\u00ed\u00ada estar\u00e1s lleno de pavor\u2020\u009d, sin ning\u00fan alivio o esperanza de una ma\u00f1ana iluminada por el Sol o de un atardecer iluminado por la Luna. No obstante, por medio del mismo profeta Joel, Jehov\u00e1 advirti\u00f3 a los enemigos de Jud\u00e1 que experimentar\u00ed\u00adan la misma situaci\u00f3n cuando El ejecutara juicio sobre ellos. (Joe 3:12-16.) Ezequiel e Isa\u00ed\u00adas emplearon este mismo cuadro figurativo cuando predijeron el juicio de Dios sobre Egipto y Babilonia, respectivamente. (Eze 32:7, 8, 12; Isa 13:1, 10, 11.)<br \/>\nEl d\u00ed\u00ada del Pentecost\u00e9s, el ap\u00f3stol Pedro cit\u00f3 de la profec\u00ed\u00ada de Joel cuando exhort\u00f3 a una muchedumbre de oyentes con las palabras: \u2020\u0153S\u00e1lvense de esta generaci\u00f3n torcida\u2020\u009d. (Hch 2:1, 16-21, 40.) Los de aquella generaci\u00f3n que no prestaron atenci\u00f3n vieron un tiempo de severa oscuridad cuando los romanos sitiaron y por fin destruyeron Jerusal\u00e9n menos de cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s. Sin embargo, antes que Pedro, Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada pronunciado una profec\u00ed\u00ada similar, que, como \u00e9l mismo indic\u00f3, tendr\u00ed\u00ada que cumplirse durante su presencia. (Mt 24:29-31; Lu 21:25-27; comp\u00e1rese con Rev 6:12-17.)<\/p>\n<p>Permanencia de los cielos f\u00ed\u00adsicos. Aunque Elifaz el temanita dijo de Dios: \u2020\u0153\u00c2\u00a1Mira! En sus santos \u00e9l no tiene fe, y los cielos mismos realmente no son limpios a sus ojos\u2020\u009d, Jehov\u00e1 le respondi\u00f3 que tanto \u00e9l como sus dos compa\u00f1eros \u2020\u02dcno hab\u00ed\u00adan hablado acerca de \u00e9l lo que era ver\u00ed\u00addico, como su siervo Job\u2020\u2122. (Job 15:1, 15; 42:7.) Por otro lado, en Exodo 24:10 se usan los cielos para representar la pureza. De modo que la Biblia no da ninguna raz\u00f3n para que Dios tenga que destruir los cielos f\u00ed\u00adsicos.<br \/>\nCon el fin de mostrar que los cielos f\u00ed\u00adsicos son permanentes, se les compara a cosas que son eternas, como los resultados pac\u00ed\u00adficos y justos del reino dav\u00ed\u00addico heredado por el Hijo de Dios. (Sl 72:5-7; Lu 1:32, 33.) De modo que no deben entenderse literalmente textos como el Salmo 102:25, 26, que dice que los cielos \u2020\u0153perecer\u00e1n\u2020\u009d y \u2020\u02dcse gastar\u00e1n como una prenda de vestir\u2020\u2122.<br \/>\nEn Lucas 21:33 Jes\u00fas afirma: \u2020\u0153El cielo y la tierra pasar\u00e1n, pero mis palabras de ning\u00fan modo pasar\u00e1n\u2020\u009d. Esta expresi\u00f3n parece tener el mismo sentido que las palabras de Mateo 5:18: \u2020\u0153En verdad les digo que antes pasar\u00ed\u00adan el cielo y la tierra [o: \u2020\u0153M\u00e1s f\u00e1cil es que pasen el cielo y la tierra\u2020\u009d; Lu 16:17] que pasar de modo alguno una letra diminuta o una pizca de una letra de la Ley sin que sucedan todas las cosas\u2020\u009d.<br \/>\nEn el Salmo 102:25-27 se pone de relieve el hecho de que Dios es eterno e imperecedero, mientras que los cielos y la tierra f\u00ed\u00adsicos s\u00ed\u00ad son perecederos, es decir, podr\u00ed\u00adan ser destruidos si ese fuese el prop\u00f3sito de Dios. A diferencia de la existencia eterna de Dios, la permanencia de cualquier parte de su creaci\u00f3n f\u00ed\u00adsica depende de El. En la Tierra, por ejemplo, la creaci\u00f3n f\u00ed\u00adsica tiene que experimentar un proceso continuo de renovaci\u00f3n para conservar su forma actual. En el Salmo 148 se indica que los cielos f\u00ed\u00adsicos dependen de la voluntad y el poder sostenedor de Dios, y despu\u00e9s de referirse al Sol, la Luna y las estrellas, junto con otras creaciones de Dios, el vers\u00ed\u00adculo 6 dice que El \u2020\u0153los tiene subsistiendo para siempre, hasta tiempo indefinido. Ha dado una disposici\u00f3n reglamentaria, y esta no pasar\u00e1\u2020\u009d.<br \/>\nLas palabras del Salmo 102:25, 26 aplican a Jehov\u00e1 Dios, pero el ap\u00f3stol Pablo las cita con referencia a Jesucristo. La raz\u00f3n es que el Hijo unig\u00e9nito de Dios fue el Agente personal que El utiliz\u00f3 cuando cre\u00f3 el universo f\u00ed\u00adsico. Pablo contrasta la permanencia del Hijo con la de la creaci\u00f3n f\u00ed\u00adsica, que Dios podr\u00ed\u00ada \u2020\u02dcenvolver igual que una capa\u2020\u2122 y apartar si as\u00ed\u00ad lo deseara. (Heb 1:1, 2, 8, 10-12; comp\u00e1rese con 1Pe 2:3, nota.)<\/p>\n<p>Diversas expresiones po\u00e9ticas y figurativas. Como los cielos f\u00ed\u00adsicos desempe\u00f1an una parte vital en sostener la vida en la Tierra y hacer que esta prospere \u2014por medio de la luz del Sol, la lluvia, el roc\u00ed\u00ado, los vientos refrescantes y otros beneficios atmosf\u00e9ricos\u2014, se dice de manera po\u00e9tica que son el \u2020\u0153buen almac\u00e9n\u2020\u009d de Jehov\u00e1. (Dt 28:11, 12; 33:13, 14.) Jehov\u00e1 abre sus \u2020\u0153puertas\u2020\u009d para bendecir a sus siervos, como cuando hizo que el man\u00e1, \u2020\u0153el grano del cielo\u2020\u009d, descendiese sobre el suelo. (Sl 78:23, 24; Jn 6:31.) Las nubes son como \u2020\u0153jarros de agua\u2020\u009d en las c\u00e1maras superiores de ese almac\u00e9n, y la lluvia fluye como si fuera por \u2020\u0153conductos\u2020\u009d, ya que hay ciertos factores, como las monta\u00f1as o hasta la intervenci\u00f3n milagrosa de Dios, que hacen que el agua se condense y se precipite en forma de lluvia sobre regiones espec\u00ed\u00adficas. (Job 38:37; Jer 10:12, 13; 1Re 18:41-45.) Por otro lado, el que Dios retirase su bendici\u00f3n result\u00f3 en que en ocasiones se \u2020\u02dccerrasen\u2020\u2122 los cielos sobre la tierra de Cana\u00e1n, de modo que llegaron a ser tan duros de apariencia y tan poco porosos como el hierro, con un brillo met\u00e1lico de color de cobre y una atm\u00f3sfera seca y llena de polvo. (Le 26:19; Dt 11:16, 17; 28:23, 24; 1Re 8:35, 36.)<br \/>\nEsto ayuda a entender el cuadro presentado en Oseas 2:21-23. Habiendo predicho los resultados devastadores de la infidelidad de Israel, Jehov\u00e1 habla del tiempo de su restauraci\u00f3n y de las bendiciones resultantes. En aquel d\u00ed\u00ada, dice Dios, \u2020\u0153responder\u00e9 a los cielos, y ellos, por su parte, responder\u00e1n a la tierra; y la tierra, por su parte, responder\u00e1 al grano y al vino dulce y al aceite; y ellos, por su parte, responder\u00e1n a Jezreel\u2020\u009d. Con estas palabras se representa la petici\u00f3n de Israel de recibir la bendici\u00f3n de Jehov\u00e1 formulada a trav\u00e9s de una cadena de elementos de la creaci\u00f3n de Dios. Por esa raz\u00f3n se les ve personificados, como si pudiesen hacer una solicitud o petici\u00f3n. Israel pide grano, vino y aceite; estos productos, a su vez, buscan su alimento y agua de la tierra, que, con el fin de suministrar esta necesidad, requiere (o, figurativamente, pide) sol, lluvia y roc\u00ed\u00ado de los cielos, y estos (hasta ese momento \u2020\u02dccerrados\u2020\u2122 debido a que Dios hab\u00ed\u00ada retirado su bendici\u00f3n) solo pueden responder si Dios acepta la petici\u00f3n y devuelve su favor a la naci\u00f3n, poniendo de esta manera en movimiento el ciclo productivo. La profec\u00ed\u00ada dio la seguridad de que El lo har\u00ed\u00ada.<br \/>\nEn 2 Samuel 22:8-15 David al parecer usa una tremenda tormenta para representar el efecto de la intervenci\u00f3n de Dios a su favor para librarle de sus enemigos. La intensidad de esta tormenta simb\u00f3lica agita el fundamento de los cielos, que \u2020\u02dcse doblan hacia abajo\u2020\u2122 con nubes bajas y oscuras. Comp\u00e1rese con los fen\u00f3menos de una tormenta literal descritos en Exodo 19:16-18 y tambi\u00e9n con las expresiones po\u00e9ticas registradas en Isa\u00ed\u00adas 64:1, 2.<br \/>\nSe dice con frecuencia que Jehov\u00e1, el \u2020\u0153Padre de las luces celestes\u2020\u009d (Snt 1:17), ha \u2020\u02dcextendido los cielos\u2020\u2122, tal como se har\u00ed\u00ada con una tela para tienda. (Sl 104:1, 2; Isa 45:12.) La apariencia de los cielos a los ojos de un ser humano en la Tierra, tanto de d\u00ed\u00ada como de noche, cuando se ven estrellados, es como la de una inmensa b\u00f3veda. En el s\u00ed\u00admil que se encuentra en Isa\u00ed\u00adas 40:22, se habla de extender una \u2020\u0153gasa fina\u2020\u009d, en vez de la tela para tienda, que es m\u00e1s \u00e1spera. Esto ilustra la delicadeza de la b\u00f3veda celeste. En una noche clara, las mir\u00ed\u00adadas de estrellas parecen un tejido de encaje extendido sobre el aterciopelado fondo negro del espacio. Incluso la enorme galaxia conocida como la V\u00ed\u00ada L\u00e1ctea, donde se halla nuestro sistema solar, parece una gasa tenue desde la Tierra.<br \/>\nDe lo susodicho se puede aprender que siempre hay que examinar el contexto a la hora de determinar el sentido de estas expresiones figurativas. As\u00ed\u00ad, cuando Mois\u00e9s invoc\u00f3 a \u2020\u0153los cielos y la tierra\u2020\u009d para que sirvieran de testigos de lo que hab\u00ed\u00ada declarado a Israel, es obvio que no se refer\u00ed\u00ada a la creaci\u00f3n inanimada, sino, m\u00e1s bien, a los residentes inteligentes que habitan en los cielos y en la Tierra. (Dt 4:25, 26; 30:19; comp\u00e1rese con Ef 1:9, 10; Flp 2:9, 10; Rev 13:6.) A ellos tambi\u00e9n se alude en Jerem\u00ed\u00adas 51:48 cuando se habla del regocijo de los cielos y la Tierra por la ca\u00ed\u00adda de Babilonia. (Comp\u00e1rese con Rev 18:5; 19:1-3.) Del mismo modo, deben ser los cielos espirituales los que \u2020\u02dcdestilan la justicia\u2020\u2122, seg\u00fan Isa\u00ed\u00adas 45:8. En otros casos se alude a los cielos literales, pero se habla de ellos en sentido figurado, diciendo que se regocijan o gritan con voz fuerte. Ante la venida de Jehov\u00e1 para juzgar la tierra, seg\u00fan se describe en el Salmo 96:11-13, los cielos, y tambi\u00e9n la tierra, el mar y el campo, adoptan un talante alegre. (Comp\u00e1rese con Isa 44:23.) Los cielos f\u00ed\u00adsicos tambi\u00e9n alaban a su Creador, de la misma manera que un objeto de hermoso dise\u00f1o da honra al artesano que lo ha hecho. Es como si en realidad hablaran del poder, la sabidur\u00ed\u00ada y la majestad de Jehov\u00e1. (Sl 19:1-4; 69:34.)<\/p>\n<p>Ascensi\u00f3n al cielo. En 2 Reyes 2:11, 12 se narra la ascensi\u00f3n del profeta El\u00ed\u00adas \u2020\u0153a los cielos en la tempestad de viento\u2020\u009d. Estos son los cielos atmosf\u00e9ricos, donde se forman tempestades de viento, no los cielos espirituales de la presencia de Dios. El\u00ed\u00adas no muri\u00f3 en esa ascensi\u00f3n, sino que sigui\u00f3 viviendo varios a\u00f1os despu\u00e9s de ser apartado as\u00ed\u00ad de su sucesor, Eliseo. Tampoco ascendi\u00f3 a los cielos espirituales cuando m\u00e1s tarde muri\u00f3, pues Jes\u00fas dijo claramente cuando estuvo en la Tierra que \u2020\u02dcning\u00fan hombre hab\u00ed\u00ada ascendido al cielo\u2020\u2122. (Jn 3:13; v\u00e9ase EL\u00ed\u008dAS n\u00fam. 1 [Eliseo le sucede].) En el Pentecost\u00e9s, Pedro dijo asimismo que \u2020\u0153David no ascendi\u00f3 a los cielos\u2020\u009d. (Hch 2:34.) En realidad, no hay nada en las Escrituras que indique que antes de la venida de Cristo se hubiera ofrecido a los siervos de Dios una esperanza celestial. Tal esperanza aparece por primera vez en las expresiones de Jes\u00fas a sus disc\u00ed\u00adpulos (Mt 19:21, 23-28; Lu 12:32; Jn 14:2, 3), quienes solo la entendieron a cabalidad despu\u00e9s del Pentecost\u00e9s del a\u00f1o 33 E.C. (Hch 1:6-8; 2:1-4, 29-36; Ro 8:16, 17.)<br \/>\nLas Escrituras muestran que Cristo Jes\u00fas fue el primer humano que ascendi\u00f3 a los cielos, al lugar de la presencia de Dios. (1Co 15:20; Heb 9:24.) Cuando ascendi\u00f3 al cielo y present\u00f3 all\u00ed\u00ad su sacrificio de rescate, \u2020\u02dcabri\u00f3 el camino\u2020\u2122 para los que vendr\u00ed\u00adan despu\u00e9s: los miembros engendrados por esp\u00ed\u00adritu de su congregaci\u00f3n. (Jn 14:2, 3; Heb 6:19, 20; 10:19, 20.) Cuando estos resucitan, deben llevar \u2020\u0153la imagen del celestial\u2020\u009d, Cristo Jes\u00fas, para ascender a los cielos de la regi\u00f3n de los esp\u00ed\u00adritus, pues \u2020\u0153carne y sangre\u2020\u009d no pueden heredar el reino celestial. (1Co 15:42-50.)<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo pueden personas que est\u00e1n en \u2020\u0153lugares celestiales\u2020\u009d seguir viviendo en la Tierra?<br \/>\nEn su carta a los Efesios, el ap\u00f3stol Pablo habla de los cristianos que en aquel entonces viv\u00ed\u00adan en la Tierra como si ya disfrutasen de una posici\u00f3n celestial, levantados y \u2020\u0153[sentados] juntos en los lugares celestiales en uni\u00f3n con Cristo Jes\u00fas\u2020\u009d. (Ef 1:3; 2:6.) El contexto muestra que as\u00ed\u00ad es como Dios ve a los cristianos ungidos debido a que los ha \u2020\u02dcasignado como herederos\u2020\u2122 con su Hijo en la heredad celestial. Estando a\u00fan en la Tierra, han sido ensalzados o \u2020\u02dclevantados\u2020\u2122 por medio de tal asignaci\u00f3n. (Ef 1:11, 18-20; 2:4-7, 22.) Esta puntualizaci\u00f3n puede aclarar tambi\u00e9n la visi\u00f3n simb\u00f3lica registrada en Revelaci\u00f3n 11:12, y ayuda a entender asimismo el cuadro prof\u00e9tico de Daniel 8:9-12, donde se habla de algo, previamente identificado como una potencia pol\u00ed\u00adtica, que iba \u2020\u0153haci\u00e9ndose mayor hasta llegar al mismo ej\u00e9rcito de los cielos\u2020\u009d, e incluso hac\u00ed\u00ada que algunos de ese ej\u00e9rcito y de las estrellas cayesen a la Tierra. En Daniel 12:3 se dice que aquellos siervos de Dios que estuvieran en la Tierra en el predicho tiempo del fin brillar\u00ed\u00adan \u2020\u0153como las estrellas hasta tiempo indefinido\u2020\u009d. N\u00f3tese tambi\u00e9n el uso simb\u00f3lico que se hace del t\u00e9rmino estrellas en los cap\u00ed\u00adtulos 1 al 3 del libro de Revelaci\u00f3n, \u2020\u0153estrellas\u2020\u009d que, seg\u00fan el contexto, representan a personas que obviamente viven en la Tierra y pasan por experiencias y tentaciones, pues se dice que estas \u2020\u0153estrellas\u2020\u009d son responsables de las congregaciones que est\u00e1n bajo su cuidado. (Rev 1:20; 2:1, 8, 12, 18; 3:1, 7, 14.)<\/p>\n<p>El camino a la vida celestial. El camino a la vida celestial requiere m\u00e1s que solo mostrar fe en el sacrificio de rescate de Cristo y tener obras de fe en obediencia a las instrucciones de Dios. Los escritos inspirados de los ap\u00f3stoles y los disc\u00ed\u00adpulos muestran que tambi\u00e9n Dios, mediante su Hijo, ha de llamar y escoger a la persona. (2Ti 1:9, 10; Mt 22:14; 1Pe 2:9.) Esta invitaci\u00f3n requiere varios pasos o acciones, tanto por parte de Dios como de la persona, a fin de que esta pueda recibir la herencia celestial. Entre estos pasos o acciones est\u00e1n: declarar justo al cristiano que ha sido llamado (Ro 3:23, 24, 28; 8:33, 34), \u2020\u02dcengendrarlo\u2020\u2122 como hijo espiritual (Jn 1:12, 13; 3:3-6; Snt 1:18), bautizarlo en la muerte de Cristo (Ro 6:3, 4; Flp 3:8-11), ungirlo (2Co 1:21; 1Jn 2:20, 27) y santificarlo (Jn 17:17). Aquel a quien se llama debe mantener integridad hasta la muerte (2Ti 2:11-13; Rev 2:10), y despu\u00e9s de que se ha probado fiel a su llamamiento y selecci\u00f3n (Rev 17:14), por fin se le resucita a la vida celestial como una criatura esp\u00ed\u00adritu. (Jn 6:39, 40; Ro 6:5; 1Co 15:42-49; v\u00e9anse DECLARAR JUSTO; RESURRECCI\u00ed\u201cN; SANTIFICACI\u00ed\u201cN; UNGIDO, UNGIR.)<\/p>\n<p>Tercer cielo. En 2 Corintios 12:2-4 el ap\u00f3stol Pablo habla de alguien que fue \u2020\u0153arrebatado [&#8230;] hasta el tercer cielo\u2020\u009d y \u2020\u0153al para\u00ed\u00adso\u2020\u009d. Puesto que en las Escrituras no se menciona a ninguna otra persona que haya pasado por tal experiencia, lo m\u00e1s probable es que fuese la suya propia. Aunque hay quien ha intentado relacionar la referencia de Pablo al tercer cielo con el punto de vista de los rabinos primitivos de que hab\u00ed\u00ada diferentes niveles en el cielo, hasta un total de \u2020\u0153siete cielos\u2020\u009d, no puede afirmarse que este punto de vista tenga ning\u00fan apoyo en las Escrituras. Como hemos visto, no se habla de los cielos como si estuvieran divididos en plataformas o niveles, sino que a la luz del contexto debe determinarse si se trata de los cielos que est\u00e1n en la expansi\u00f3n atmosf\u00e9rica de la Tierra, de los cielos del espacio sideral, de los cielos espirituales, etc. En este caso, la expresi\u00f3n \u2020\u0153tercer cielo\u2020\u009d parece indicar el grado superlativo de arrobamiento en el que tuvo esta visi\u00f3n. N\u00f3tese c\u00f3mo ciertas palabras y expresiones se repiten tres veces en Isa\u00ed\u00adas 6:3, Ezequiel 21:27, Juan 21:15-17 y Revelaci\u00f3n 4:8, con el prop\u00f3sito obvio de intensificar cierta cualidad o idea.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>Si el cielo puede designar a la vez el reino de los astr\u00f3nomos y de los astronautas y la morada en que Dios re\u00fane a sus elegidos, no es por una confusi\u00f3n grave, de la que ser\u00ed\u00ada responsable el lenguaje infantil de la Biblia; es el reflejo de una experiencia humana universal y necesaria : Dios se revela al hombre a trav\u00e9s de su creaci\u00f3n entera, comprendidas sus estructuras visibles. La Biblia transmite esta *revelaci\u00f3n en una forma a veces compleja, pero exenta de no pocas confusiones. Distingue perfectamente el cielo f\u00ed\u00adsico, de la misma naturaleza que la *tierra, \u00abel cielo y la tierra\u00bb, y el cielo de Dios, \u00abel cielo que no es la tierra\u00bb. Pero el primero es siempre el que permite al hombre pensar en el segundo.<\/p>\n<p>1. EL CIELO Y LA TIERRA. Para los hebreos como para nosotros es el cielo una parte del universo, diferente de la tierra, pero en contacto con ella, una semiesfera que la engloba y constituye con ella el universo que el hebreo, no teniendo palabra propia para designarlo, llama siempre \u00abel cielo y la tierra\u00bb (G\u00e9n 1,1; Mt 24,35).<\/p>\n<p>Si el israelita es sensible al esplendor de este cielo y \u00e1vido de su *luz, si sabe admirar su transparencia (Ex 24,10), se impresiona sobre todo por la inquebrantable solidez del firmamento (G\u00e9n 1,18). El cielo es para \u00e9l una construcci\u00f3n tan s\u00f3lidamente edificada y organizada como la tierra, sostenida por columnas (Job 26,11) y por fundamentos (2Sa 22,8), provista de dep\u00f3sitos para la lluvia, la nieve, el granizo, el viento (Job 38,22ss; 37,9ss; Sal 33,7), pro-vista de \u00abventanas\u00bb y de \u00abesclusas\u00bb por donde, llegado el momento, salen los elementos as\u00ed\u00ad almacenados (G\u00e9n 7,11; 2Re 7,2; Mal 3,10). Los *astros fijados en este firmamento, el ej\u00e9rcito innumerable de las estrellas (G\u00e9n 15,5), revela por la magn\u00ed\u00adfica regularidad de su ordenamiento, lo poderoso de esta arquitectura (cf. ls 40,26; Job 38,31s).<\/p>\n<p>II. EL CIELO QUE NO ES LA TIERRA. El cielo, tal como se ofrece a las miradas, con su amplitud, su luz, su armon\u00ed\u00ada maravillosa e inexplicada, impone al hombre en forma visible y permanente el sentimiento inmediato de todo lo que el universo comporta en materia de *misterio impenetrable. Sin duda tambi\u00e9n las profundidades de la tierra y del abismo son inaccesibles al hombre (Job 38,4ss.16ss), pero la inaccesibilidad de \u00e9l est\u00e1 constantemente expuesta y como revelada visiblemente; el hombre pertenece a la *tierra, y el cielo se le escapa : \u00abNadie ha subido al cielo\u00bb (Jn 3,13; cf. Prov 30,4; Rom 10,6). Es necesaria la locura del rey de Babel para pensar en subir al cielo: esto es igualarse con el Alt\u00ed\u00adsimo (Is 14,13s). As\u00ed\u00ad se establece como la cosa m\u00e1s natural una relaci\u00f3n entre el cielo y *Dios: Dios est\u00e1 en su casa en el cielo: \u00abLos cielos son los cielos .de Yahveh, pero \u00e9l ha dado la tierra a los hijos de Ad\u00e1n\u00bb (Sal 115,16).<\/p>\n<p>Esta impresi\u00f3n religiosa, espont\u00e1neamente evocada por el cielo, explica el empleo frecuente en los LXX, del plural \u00abcielos\u00bb: el juda\u00ed\u00adsmo y el NT acentuaron el valor religioso de este plural, hasta tal punto que *reino de los cielos resulta id\u00e9ntico a reino de Dios. Sin embargo, no se puede establecer como regla que en el AT y el NT el cielo designa el cielo f\u00ed\u00adsico, y los cielos, la morada de Dios. Y si se da el caso de que&#8217; este plural pueda expresar la concepci\u00f3n propagada en Oriente: de varios cielos superpuestos (cf. 2Cor 12,2; Ef 4,10), con frecuencia no es sino una expresi\u00f3n del entusiasmo l\u00ed\u00adrico y po\u00e9tico (cf. Dt 10, 14; lRe 8,27). La Biblia no conoce dos tipos de cielos, uno que ser\u00ed\u00ada material, y otro espiritual. Pero en el cielo visible descubre el misterio de Dios y de su obra.<\/p>\n<p>III. EL CIELO, MORADA DE Dios. El cielo es la *morada de Dios; despu\u00e9s de haberlo desplegado como una tienda, ha construido por encima de sus aguas los pisos de su palacio (Sal 104,2s); de ah\u00ed\u00ad se lanza a cabalgar sobre las nubes (Sal 68, 5.34; Dt 33,26) y hacer resonar su voz por encima de las grandes *aguas, en el estruendo de la *tormenta (Sal 29,3). All\u00ed\u00ad tiene su trono y all\u00ed\u00ad convoca su corte, \u00abel ej\u00e9rcito de los cielos\u00bb, que expide y cumple sus \u00f3rdenes hasta las extremidades del mundo (lRe 22,19; cf. Is 6,1s.8; Job 1,6-12). Es en verdad el Dios del cielo (Neh 1,4; Dan 2,37).<\/p>\n<p>Estas f\u00f3rmulas no son im\u00e1genes infantiles o hip\u00e9rboles po\u00e9ticas, sino visiones, po\u00e9ticas s\u00ed\u00ad, pero profundas y verdaderas de la realidad de nuestro mundo, de un universo sometido en su totalidad a la soberan\u00ed\u00ada de Dios y penetrado por su mirada. Si el *Se\u00f1or \u00abdomina en los cielos\u00bb, es porque se r\u00ed\u00ade de los reyes de la tierra y de sus complots (Sal 2,2ss; cf. G\u00e9n 11,7), es que \u00absus p\u00e1rpados escrutan a los hijos de Ad\u00e1n\u00bb (Sal 11,4) y que le es necesaria esta altura suprema para hacer justicia a todos, \u00abuna gloria por encima de los cielos\u00bb, para \u00ablevantar al pobre del polvo\u00bb (Sal 113,4ss), para que le llegue \u00abla s\u00faplica de todo hombre y de todo su pueblo Israel\u00bb (lRe 8,30&#8230;); es que si es un Dios de cerca, no es menos un Dios de lejos (Jer 23,23s). Es porque \u00absu gloria llena toda la tierra\u00bb (Is 6,3), pero es tambi\u00e9n porque nada en el mundo, aunque sean \u00ablos cielos y los cielos de los cielos\u00bb, es capaz de contenerle (lRe 8,27). La morada celestial de Dios evoca sin duda alguna en primer lugar su trascendencia invulnerable, pero no menos significa, como la omnipresencia del cielo en torno al hombre, su *presencia sumamente pr\u00f3xima: M\u00e1s de un texto asocia en forma expl\u00ed\u00adcita esta distancia infinita y esta proximidad, desde la escala que vio Jacob en Betel, que \u00abapoy\u00e1ndose en la tierra tocaba con la cabeza en los cielos\u00bb (G\u00e9n 28,12) hasta los or\u00e1culos prof\u00e9ticos: \u00abEl cielo es mi trono&#8230; \u00bfQu\u00e9 casa podr\u00ed\u00adais edificarme?&#8230; Mis miradas se posan sobre los humildes y sobre los de contrito coraz\u00f3n\u00bb (Is 66,1s; cf. 57,15).<\/p>\n<p>V. \u00abRORATE, CAELI, DESUPER&#8230; \u00ab. Puesto que el Dios de Israel es un Dios salvador y que est\u00e1 en su casa, est\u00e1 all\u00ed\u00ad, por tanto, con su *verdad (Sal 119,89s), su *gracia y su *fidelidad (Sal 89,3), est\u00e1 all\u00ed\u00ad para derramar la *salud sobre la tierra. El cielo, s\u00ed\u00admbolo de la presencia soberana y envolvente de Dios, es tambi\u00e9n el s\u00ed\u00admbolo de la salvaci\u00f3n preparada para la tierra. Por lo dem\u00e1s, del cielo descienden como *bendici\u00f3n la lluvia fertilizante y el roc\u00ed\u00ado, expresiones de la generosidad divina y de su gratuidad. S\u00ed\u00admbolos naturales y recuerdos hist\u00f3ricos convergen para hacer de la *esperanza de Israel la espera de un acontecimiento venido del cielo: \u00ab\u00c2\u00a1Oh si rasgaras los cielos y baja-ras!\u00bb (ls 64,1).<\/p>\n<p>Ya el rapto de Henoc (G\u00e9n 5;24) y el de El\u00ed\u00adas. (2Re 2,11) invitaban a buscar en esta direcci\u00f3n la familiaridad divina, a la que hab\u00ed\u00adan sido admitidos. A su vez los videntes de los apocalipsis, Ezequiel, Zacar\u00ed\u00adas, Daniel sobre todo, reciben del Dios que est\u00e1 en el cielo la revelaci\u00f3n de los *misterios concernientes al destino de los pueblos (Dan 2,28); la salvaci\u00f3n de Israel se halla, por tanto, escrita en el cielo, del cual va a descender. Desde el cielo desciende Gabriel sobre Daniel (9,21) para prometerle el fin de la desolaci\u00f3n (9,25); sobre las nubes del cielo ha de aparecer el *Hijo del hombre para que sea dado el imperio a los santos (7,13.27). Finalmente, del cielo, donde \u00abest\u00e1 delante de Dios\u00bb (Le 1,19), es enviado Gabriel a Zacar\u00ed\u00adas y a Mar\u00ed\u00ada, y al cielo retornan los *\u00e1ngeles venidos a cele-brar \u00abla gloria de Dios en lo m\u00e1s alto de los cielos y la paz en la tierra\u00bb (2,11-15). La presencia de sus \u00e1ngeles entre nosotros es el signo de que Dios ha desgarrado verdaderamente los cielos y de que es Emmanuel, Dios con nosotros.<\/p>\n<p>V. EN JESUCRISTO EST\u00ed\u0081 EL CIELO PRESENTE EN LA TIERRA. 1. Jes\u00fas habla del cielo. El cielo es una pa-labra muy frecuente en el lenguaje de Jes\u00fas, pero no designa jam\u00e1s una realidad que existe por s\u00ed\u00ad misma, independientemente de Dios. Jes\u00fas habla del *reino de los cielos, de la recompensa en reserva en los cielos (Mt 5,12), del tesoro que se ha de constituir en los cielos (6,20; 19,21), pero es porque piensa siempre en el *Padre que est\u00e1 en los cielos (5,16.45; 6,1.9), que sabe, que \u00abest\u00e1 en lo secreto y ve en lo secreto\u00bb (6,8.18). El cielo es esa *presencia paternal, invisible y atenta, que envuelve al mundo, a las aves del cielo (6,26), a los justos y a los in-justos (5,45) con su inagotable bondad (7,11). Pero en estado normal los hombres est\u00e1n ciegos a esta presencia; para que venga a ser una realidad viva y triunfante, para que venga el reino de los cielos, vino Jes\u00fas a hablar de lo que sabe, a dar testimonio de lo que ha visto (Jn 3,11).<\/p>\n<p>2. Jes\u00fas viene del cielo. En efecto, cuando habla Jes\u00fas del cielo no habla como de una realidad maravillosa y lejana, sino como del mundo que es el suyo y que es para \u00e9l la realidad m\u00e1s profunda y m\u00e1s seria de nuestro propio mundo. Del *reino de los cielos posee \u00e9l los secretos (Mt 13,11); al Padre que tenemos en los cielos lo conoce como a su propio Padre (12,50; 16,17; 18,19). Para hablar as\u00ed\u00ad del cielo hay que venir de \u00e9l, pues \u00abnadie ha subido al cielo, sino el que ha bajado del cielo, el Hijo del hombre que est\u00e1 en el cielo\u00bb (Jn 3,13).<\/p>\n<p>Porque es el *Hijo del hombre, un hombre cuyo destino pertenece al cielo, un hombre venido del cielo para retornar a \u00e9l (Jn 6,62), sus *obras son del cielo, y su obra esencial, el sacrificio que hace de su carne y de su sangre, es el *pan que Dios nos da, el pan \u00abvenido del cielo\u00bb (Jn 6,33-58) y que da la *vida eterna, la vida del Padre, la vida del cielo.<\/p>\n<p>3. En la tierra como en el cielo. Si bien Jes\u00fas viene del cielo y si bien su obra es del cielo, no obstante, la realiza en la tierra y para nos-otros. Esta consiste en unir indisolublemente la *tierra al cielo, en hacer que \u00abvenga el reino\u00bb de los cielos, que se haga la *voluntad de Dios \u00aben la tierra como en el cielo\u00bb (Mt 6,10), \u00abque todos los seres sean reconciliados por \u00e9l en la tierra como en los cielos\u00bb (Col 1,20). Habiendo recibido en su *resurrecci\u00f3n todo poder en el cielo y en la tierra\u00bb (Mt 28,18), habiendo penetrado por la sangre de su *sacrificio en el santuario de Dios, el cielo (Heb 4,14; 9,24); habiendo sido exaltado \u00abm\u00e1s arriba de los cielos\u00bb (7,26) y estando sentado a la diestra de Dios, ha sellado entre la tierra y el cielo la nueva alianza (9,25), e inviste a la Iglesia de su poder, realizando \u00e9l en el cielo los gestos que ella hace sobre la tierra (Mt 16,19; 18,19).<\/p>\n<p>4. Los cielos abiertos. De esta *reconciliaci\u00f3n operada por Jes\u00fas nos han sido dados signos. Sobre \u00e9l se abrieron los cielos (Mt 3,16), descendi\u00f3 el Esp\u00ed\u00adritu de Dios (Jn 1,32); a su vez, los suyos conocieron esta experiencia: en un gran ruido (Act 2,2), en una luz (9,3), en una visi\u00f3n (10,11) se abri\u00f3 sobre ellos el cielo y descendi\u00f3 el Esp\u00ed\u00adritu. Cristo cumpli\u00f3 su promesa : \u00abVer\u00e9is el cielo abierto&#8230; sobre el Hijo del hombre\u00bb (Jn 1,51).<\/p>\n<p>VI. LA ESPERANZA DEL CIELO. \u00abNuestra ciudad est\u00e1 en el cielo, de donde esperamos ardientemente como salvador a nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que reformar\u00e1 el cuerpo de nuestra vileza conforme a su cuerpo glorioso en virtud del poder que tiene para someter a s\u00ed\u00ad todas las cosas\u00bb (F1p 3,20s). Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1n reunidos todos los rasgos del cielo de la *esperanza cristiana. Es una ciudad, una comunidad hecha para nos-otros, una *nueva *Jerusal\u00e9n (Ap 3,12; 21,3.10ss); desde ahora es nuestra ciudad, en ella se construye la *morada a que aspiramos (2Cor 5,1). Es un nuevo universo (Ap 21,5), compuesto, como el nuestro, de \u00abnuevos cielos y nueva tierra\u00bb (2Pe 3,13; Ap 21,1), pero de donde habr\u00e1n des-aparecido \u00abmuerte, llanto, grito, pena\u00bb (Ap 21,4), \u00abimpureza\u00bb (21,27) y noche (22,5). Cuando aparezca, el universo antiguo, \u00abel primer cielo y la primera tierra\u00bb habr\u00e1n desaparecido (21,1) en la fuga (20,11), como un libro que se enrolla (6,14). Ser\u00e1, no obstante, nuestro universo, pues nuestro universo es para siempre el del Verbo hecho *carne y de su cuerpo ; el cielo no ser\u00ed\u00ada nada para nosotros si no fuera la *comuni\u00f3n con el *Se\u00f1or (lTes 4,17; 2Cor 5,8; Flp 1,23), que somete a s\u00ed\u00ad todas las cosas para entregarlas todas a Dios Padre (ICor 15,24-28).<\/p>\n<p>-> Angeles &#8211; Ascensi\u00f3n &#8211; Bienaventuranza &#8211; Esperanza &#8211; Gloria &#8211; Herencia &#8211; Para\u00ed\u00adso &#8211; Reposo &#8211; Resurrecci\u00f3n &#8211; Vida &#8211; Ver.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">La palabra que con m\u00e1s frecuencia se usa en el AT para referirse al cielo es <em>\u0161\u0101mayim<\/em>, que significa \u00abcosas elevadas\u00bb o \u00ablas alturas\u00bb. En el NT griego es <em>ouranos<\/em>, que denota el \u00abcielo\u00bb atmosf\u00e9rico o \u00abaire\u00bb. Estas palabras se refieren a la atm\u00f3sfera que rodea la tierra (Gn. 1:20, etc.); al firmamento en que est\u00e1n localizados el sol, la luna y las estrellas (Gn. 1:17, etc.); a la morada de Dios (Sal. 2:4, etc.); a la morada de los \u00e1ngeles (Mt. 22:30). El AT no tiene una palabra para referirse al universo, y para expresarla usa frecuentemente la expresi\u00f3n \u00abcielos y tierra\u00bb. Leemos \u00ablos cielos y los cielos de los cielos\u00bb (Dt. 10:14), y de un hombre que fue llevado al \u00abtercer cielo\u00bb (2 Co. 12:2), pero tales referencias probablemente son metaf\u00f3ricas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfC\u00f3mo ser\u00e1 la existencia en el cielo? No como para Plat\u00f3n, una en que las mentes desnudas contemplar\u00e1n intelectualmente la Idea eterna e inmutable. Toda la persona sobrevive seg\u00fan la ense\u00f1anza b\u00edblica. Aun el cuerpo es resucitado, de modo que, aunque ya no sea carne y sangre (1 Co. 15:50), de todos modos tiene continuidad con el cuerpo presente, una identidad en forma, si no en elemento material (v\u00e9ase Mt. 5:29, 30; 10:28; Ro. 8:11, 23; 1 Co. 15:53). As\u00ed nada hay en la Biblia (ni en los principales credos de la iglesia) acerca de esp\u00edritus incorp\u00f3reos que en el mundo venidero existen <em>in vacuo<\/em>. Sin embargo, no hay comida ni bebida (Ro. 14:17), ni apetito sexual (Mt. 22:30; Mr. 12:25; Lc. 20:35). Evidentemente, los festejos hay que entenderlos de manera simb\u00f3lica, seg\u00fan Mt. 26:29 donde Jes\u00fas habla del d\u00eda cuando beber\u00e1 \u00abnuevo\u00bb el fruto de la vid con los disc\u00edpulos en el reino de su Padre. En el cielo, los redimidos estar\u00e1n en la presencia inmediata de Dios; para siempre ser\u00e1n alimentados del esplendor de la majestad de Dios, contemplando el rostro del Padre. En la vida presente los hombres ven oscuramente, como por espejo, pero entonces ver\u00e1n cara a cara (1 Co. 13:12). Y los hijos de Dios ver\u00e1n a Cristo como \u00e9l es (1 Jn. 3:2). Los que son como ni\u00f1os en su fe, como ocurre con los \u00e1ngeles en el presente, siempre contemplar\u00e1n el rostro del Padre (Mt. 18:10). No se gloriar\u00e1n tanto en la Raz\u00f3n Suprema, seg\u00fan el anhelo de los griegos, sino en lo maravilloso que es el Sant\u00edsimo (Is. 6:3; Ap. 4:8). Y este Dios es un Padre, en cuya casa (Jn. 14:2) morar\u00e1n los redimidos, donde ellos \u00abser\u00e1n su pueblo\u00bb, y donde \u00abDios mismo estar\u00e1 con ellos\u00bb (Ap. 21:3).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el cielo habr\u00e1 actividades que comprometer\u00e1n las m\u00e1s elevadas facultades del hombre. Por ejemplo, habr\u00e1 ministerios de gobierno. Los \u00abesp\u00edritus de los justos hechos perfectos\u00bb (Heb. 12:23) estar\u00e1n en la \u00abciudad del Dios vivo, la Jerusal\u00e9n celestial\u00bb (Heb. 12:22), y los hombres ayudar\u00e1n en el gobierno de todo el conjunto. As\u00ed, en la par\u00e1bola del siervo del noble, siervo que fue fiel en lo muy poco en la tierra, en el cielo recibir\u00e1 autoridad sobre diez ciudades (Lc. 19:17). En Mt. el siervo que recibi\u00f3 cinco talentos y adem\u00e1s \u00abgan\u00f3 otros cinco\u00bb es recompensado con estas palabras: \u00abBien hecho, buen siervo y fiel \u2026 sobre mucho te pondr\u00e9: entra en el gozo de tu Se\u00f1or\u00bb (25:20\u201321). Tal vez se escriban y canten canciones nuevas (Ap. 5:9). Los \u00abredimidos de la tierra\u00bb tambi\u00e9n van a aprender un \u00abc\u00e1ntico nuevo\u00bb (Ap. 14:3). Y los reyes de la tierra \u00abtraer\u00e1n su gloria y su honor a ella\u00bb (Ap. 21:24). As\u00ed, mientras por parte de los creyentes habr\u00e1 una adoraci\u00f3n continua en el cielo, parece que ser\u00e1 en el sentido de que todas las actividades que realicen ser\u00e1 para la sola gloria de Dios y, por lo tanto, participan de la naturaleza de la adoraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>Harris, \u00abState of the Dead (Christian)\u00bb, <em><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">HERE<\/a><\/em>; W. G. Heslop, <em>Heaven<\/em>; Edwin Lewis, <em>A New Heaven and a New Earth<\/em> (indirectly related); Richard Lewis, <em>A New Vision of Another Heaven<\/em>; D.L. Moody, <em>Heaven<\/em>; K. Schilder, <em>Heaven: What Is It?<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Joseph Kenneth Grider<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><em>HERE <\/em><\/a><em>Hastings\u2019 Encyclopaedia of Religion and Ethics<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (105). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>Varios t\u00e9rminos se <etiqueta id=\"#_ftn511\" name=\"_ftnref511\" title=\"\">trad. \u201ccielo\u201d, pero los \u00fanicos de importancia son el heb. <\/etiqueta><\/span><span style=' '>\u0161&#257;mayim<\/span><span lang=ES style=''> y el gr. <\/span><span style=''>ouranos<\/span><span lang=ES style=''>, El primero es plural y el segundo a menudo aparece en plural. Pero, al igual que en castellano, no parece haber gran diferencia entre \u201ccielo\u201d y \u201clos cielos\u201d. Este t\u00e9rmino se aplica al firmamento, especialmente en la expresi\u00f3n \u201clos cielos y la tierra\u201d (Gn. 14.19; Mt. 5.18). Algunos sugieren que los escritores b\u00edblicos pensaban que el cielo, en este aspecto, era s\u00f3lido y m\u00e1s bien como un cuenco invertido (la \u201cb\u00f3veda\u201d (<\/span><etiqueta id=\"#_ftn512\" name=\"_ftnref512\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vp<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=' '>) o \u201cexpansi\u00f3n\u201d (<\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=' '>) Gn. 1.8). El sol realiza su peregrinaje diario a trav\u00e9s de \u00e9l (Sal. 19.4\u20136), y tiene ventanas a trav\u00e9s de las cuales puede descender la lluvia (Gn. 7.11). Algunos hebreos bien pueden haber apoyado esta idea, pero no debemos olvidar que los hombres del AT eran capaces de una imaginaci\u00f3n muy activa. Nunca debemos tratarlos como literalistas r\u00edgidos. El significado teol\u00f3gico de su lenguaje sobre el cielo puede comprenderse sin tener que recurrir a tales hip\u00f3tesis.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El cielo es la morada de Dios y de los que est\u00e1n estrechamente relacionados con \u00e9l. El israelita ha de orar, \u201cmira desde tu morada santa, desde el cielo\u201d (Dt. 26.15). Dios es \u201cDios de los cielos\u201d (Jon. 1.9), o \u201cJehov\u00e1 el Dios de los cielos\u201d (Esd. 1.2), o el \u201cPadre que est\u00e1 en los cielos\u201d (Mt. 5.45; 7.21, etc.). Dios no se encuentra solo all\u00ed, porque leemos que el ej\u00e9rcito de los cielos lo adora (Neh. 9.6), y acerca de \u201clos \u00e1ngeles que est\u00e1n en el cielo\u201d (Mr. 13.32). Los creyentes tambi\u00e9n deben esperar \u201cuna herencia \u2026 reservada en los cielos\u201d para ellos (1 P. 1.4). Por lo tanto, el cielo es la morada actual de Dios y sus \u00e1ngeles, y el destino final de sus santos que est\u00e1n en la tierra.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Muchos pueblos de la antig\u00fcedad pensaban que exist\u00edan m\u00faltiples cielos. Se ha sugerido que el NT da testimonio de la idea rab\u00ednica de los siete cielos, porque encontramos en \u00e9l referencias al para\u00edso (Lc. 23.43) y al \u201ctercer cielo\u201d (2 Co. 12.2; que se llamaba \u201cpara\u00edso\u201d seg\u00fan la teor\u00eda de los rabinos, cf. 2 Co. 12.4). Tambi\u00e9n se dice que Jes\u00fas \u201ctraspas\u00f3 los cielos\u201d (He. 4.14). No obstante, se trata de bases demasiado d\u00e9biles sobre las cuales erigir una estructura de este tipo. Todo el lenguaje del NT puede entenderse bien sobre la base de considerar al cielo como el lugar de la perfecci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El cielo llega a usarse como una per\u00edfrasis reverente para aludir a Dios. As\u00ed cuando el hijo pr\u00f3digo dice \u201che pecado contra el cielo\u201d (Lc. 15.18, 21), quiere decir \u201che pecado contra Dios\u201d. De igual manera en Jn. 3.27, lo que le es \u201cdado del cielo\u201d. El ejemplo m\u00e1s importante se encuentra en el uso que hace Mateo de la expresi\u00f3n \u201cel reino de los cielos\u201d, que parece ser id\u00e9ntico al \u201creino de Dios\u201d.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Finalmente, debemos notar un uso escatol\u00f3gico del t\u00e9rmino. Tanto en el AT como en el NT se reconoce que el universo f\u00edsico actual no es eterno, sino que desaparecer\u00e1 y ser\u00e1 remplazado por \u201cnuevos cielos y nueva tierra\u201d (Is. 65.17; 66.22; 2 P. 3.10\u201313; Ap. 21.1). Debemos entender que estos pasajes indican que el estado final de las cosas ser\u00e1 tal que ellas expresar\u00e1n totalmente la voluntad de Dios.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> H. Bietenhard, \u201cCielo\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn513\" name=\"_ftnref513\" title=\"\"><i>\u00b0DTNT<\/i><\/etiqueta>, t(t). I, pp. 264\u2013271; J. A. Soggin, \u201cCielo\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn514\" name=\"_ftnref514\" title=\"\"><i>\u00b0DTMAT<\/i><\/etiqueta>, t(t). II, cols. 1210\u20131216; W. Eichrodt, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1975, pp. 191\u2013214; J. Prado, \u201cCielo\u201d, <i>\u00b0EBDM<\/i>, t(t). II, cols. 313\u2013317.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><etiqueta id=\"#_ftn515\" name=\"_ftnref515\" title=\"\"><i><span lang=ES style=''>TDNT<\/span><\/i><\/etiqueta><span lang=ES style=''> 5. pp. 497\u2013543; <etiqueta id=\"#_ftn516\" name=\"_ftnref516\" title=\"\"><i>NIDNTT<\/i><\/etiqueta> 2, pp. 184\u2013196; <etiqueta id=\"#_ftn517\" name=\"_ftnref517\" title=\"\">ZPEB, 3, pp. 60\u201364.<\/etiqueta><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn518\" name=\"_ftnref518\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>L.M.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Este tema ser\u00e1 tratado bajo siete t\u00edtulos:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nI. Nombre y Lugar del Cielo;<br \/>\nII. Existencia del Cielo;<br \/>\nIII. Car\u00e1cter Sobrenatural del Cielo y la Visi\u00f3n Beat\u00edfica;<br \/>\nIV. Eternidad del Cielo e Impecabilidad de los Benditos;<br \/>\nV. Beatitud Esencial;<br \/>\nVI. Beatitud Accidental;<br \/>\nVII. Atributos de la Beatitud.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">I. NOMBRE Y LUGAR DEL CIELO.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Nombre del Cielo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cielo (de la palabra Anglosajona heofon, O.S. hevan y himil, originalmente himin) corresponde a la palabra G\u00f3tica himin-s. Ambos heaven y himil se forman de la palabra himin por un cambio regular de consonantes: heaven, cambiando m antes de n a v; y himil, cambiando n de un t\u00e9rmino no acentuado a una l. Algunos derivan heaven de la ra\u00edz ham, \u00abque cubre\u00bb (cita Del g\u00f3tico ham-\u00f4n y el alem\u00e1n Hem-d). De acuerdo a esta derivaci\u00f3n, la palabra heaven anglosajona, puede ser concebida como el techo del mundo. Otros, establecen una conexi\u00f3n entre himin (heaven) y home (hogar); Bajo este punto de vista, el cual parece el mas probable, heaven puede ser donde mora la Divinidad. La palabra Latina coelum (koilon, una c\u00fapula que se deriva de la ra\u00edz celare, \u201cque cubre o esconde\u201d (coelum, \u201ccielo\u201d \u201ctecho del mundo\u201d.) Otros, sin embargo, piensan que est\u00e1 relacionada con la palabra germana himin. La palabra Griega ouranos probablemente se deriva de la ra\u00edz var, la cual tambi\u00e9n connota la idea de cubierta. El nombre Hebreo de cielo se piensa que deriva de una palabra que significa \u201cen lo alto\u201d; por lo tanto, cielo designa la regi\u00f3n m\u00e1s alta del mundo. En la Sagrada Biblia el t\u00e9rmino cielo denota en primer lugar, el firmamento azul, o la regi\u00f3n de las nubes que pasan por el cielo. Gen. I, 20, habla de aves \u201cbajo el firmamento del cielo\u201d. En otros pasajes significa la regi\u00f3n de las estrellas que brillan en el cielo. M\u00e1s a\u00fan, se dice \u201cCielo\u201d como la morada de Dios; porque, aunque Dios es omnipresente, Se manifiesta A S\u00ed mismo de una manera especial en la luz y grandeza del firmamento. El Cielo es tambi\u00e9n la morada de los \u00e1ngeles; porque est\u00e1n constantemente con Dios y ven Su rostro. Con Dios en el cielo est\u00e1n asimismo las almas de los justos (II Cor. 5:1; Mat., v, 3, 12). La carta a los Efesios., iv, 8 sgtes., nos dice que Cristo condujo al cielo a los patriarcas que estaban en el limbo (limbus patrum). Por lo tanto, el t\u00e9rmino cielo ha llegado a designar tanto la felicidad como la morada del justo en la pr\u00f3xima vida. El presente art\u00edculo trata del Cielo s\u00f3lo en este sentido. En las Sagradas Escrituras es llamado:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7 El reino de los cielos (Mateo. V, 3);<br \/>\n\u00b7 El reino de Dios (Marcos, Ix, 46)<br \/>\n\u00b7 El reino del Padre (Mateo, Xiii, 43)<br \/>\n\u00b7 El reino de Cristo (Lucas Xxii,30)<br \/>\n\u00b7 La casa del Padre (Juan, xiv, 2),<br \/>\n\u00b7 Ciudad de Dios, la Jerusal\u00e9n celestial (Hebr. xii)<br \/>\n\u00b7 El lugar sagrado (Hebr. Ix, 12; D. V. sagrados)<br \/>\n\u00b7 El para\u00edso (II Cor. Xii, 4)<br \/>\n\u00b7 Vida (Mateo, Vii, 14)<br \/>\n\u00b7 Vida eterna (Mateo, Xix, 16)<br \/>\n\u00b7 La alegr\u00eda del Se\u00f1or (Mateo 25:21)<br \/>\n\u00b7 Corona de vida (Santiago, I, 12)<br \/>\n\u00b7 Corona de justicia (II Tim. Iv, 8)<br \/>\n\u00b7 Corona de gloria (I de Pedro, V, 4)<br \/>\n\u00b7 Corona incorruptible (I Cor., ix, 25),<br \/>\n\u00b7 Gran Premio (Mateo 5:12)<br \/>\n\u00b7 Herencia de Cristo (Efesios, I, 18)<br \/>\n\u00b7 Herencia eterna (Hebreos. Ix, 15)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Ubicaci\u00f3n del Cielo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el Cielo, la morada de Dios y de los benditos? Algunos son de la opini\u00f3n que el cielo est\u00e1 en todas partes, como Dios est\u00e1 en todas partes. De acuerdo a este punto de vista, los benditos se pueden mover mas o menos libremente en todas partes del universo, y a\u00fan se mantienen con Dios y lo ven todo. En todas partes tambi\u00e9n, se mantienen con Cristo (en Su Sagrada Humanidad) y con los santos y \u00e1ngeles. Porque, de acuerdo a los seguidores de esta opini\u00f3n, las distancias espaciales de este mundo ya no pueden impedir la comunicaci\u00f3n mutua entre los benditos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, en general, los te\u00f3logos consideran mas apropiado que debe haber una morada especial y gloriosa en la cual los benditos tienen su hogar particular y donde habitan normalmente, aunque son libres de ir por este mundo. Porque en los alrededores del cual, los benditos tienen su morada de acuerdo a su estado de felicidad&#160;; la uni\u00f3n interna en caridad que los une en afecto, encontramos la expresi\u00f3n externa de esta comunidad de habitaci\u00f3n. Al final del mundo, la tierra junto con los cuerpos celestes ser\u00e1n transformados gloriosamente y ser\u00e1n partes del lugar de morada de los benditos (Apoc. Xxi.) Por tanto, parece que no hay suficientes razones para atribuir un sentido metaf\u00f3rico a esas numerosas expresiones de la Biblia que sugieren un lugar de morada definitivo de los benditos. Por lo tanto, los te\u00f3logos, generalmente sostienen que el cielo de los benditos es un lugar especial con l\u00edmites definitivos. Naturalmente, este lugar se sostiene que existe, no dentro de la tierra, sino, de acuerdo con las expresiones de las Escrituras, sin y m\u00e1s all\u00e1 de sus l\u00edmites. Todo detalle posterior en relaci\u00f3n con su ubicaci\u00f3n es bastante incierto. La Iglesia no ha decidido nada sobre esta materia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">II. EXISTENCIA DEL CIELO\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Existe un cielo, i.e. Dios dar\u00e1 felicidad y los m\u00e1s ricos dones a todos aquellos que dejaron esta vida libres del pecado original y pecado personal mortal y aquellos que est\u00e1n, consecuentemente, en estado de justicia y amistad con Dios. En relaci\u00f3n con aquellos justos que dejaron esta vida en pecado venial o quienes a\u00fan est\u00e1n sujetos a castigo temporal por el pecado, ver PURGATORIO. Por el lado de aquellos que murieron libres de pecado personal, pero infectados con el pecado original, ver LIMBO (limbus pervulorum.) Sobre el comienzo inmediato de la felicidad eterna luego de la muerte, o eventualmente, luego del pasaje a trav\u00e9s del purgatorio, ver JUICIO PARTICULAR. La existencia del cielo es, por su puesto, negada por los ateos, los materialistas y pante\u00edstas de todos los siglos como tambi\u00e9n por aquellos racionalistas que ense\u00f1an que el alma muere con el cuerpo \u2013 en suma, por todos los que niegan la existencia de Dios o la inmortalidad del alma. Pero el resto, si nos abstraemos de la calidad espec\u00edfica y el car\u00e1cter sobrenatural del cielo, la doctrina nunca se ha encontrado con una oposici\u00f3n digna de notar. Incluso la mera raz\u00f3n puede probar la existencia del cielo o el estado de felicidad del justo en la pr\u00f3xima vida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Daremos una breve rese\u00f1a de los argumentos principales. De \u00e9stos, deberemos ver al mismo tiempo que la bienaventuranza del cielo es eterna y consiste principalmente en la posesi\u00f3n de Dios, y que el cielo presupone una condici\u00f3n de felicidad perfecta en donde cada deseo del coraz\u00f3n encuentra satisfacci\u00f3n plena.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7 Dios hizo todas las cosas para su honor y gloria objetivos. Cada creatura manifiesta las perfecciones Divinas al ser semejantes a Dios, cada una de acuerdo a su capacidad. Aunque el hombre es capaz de ser en la forma m\u00e1s grande y m\u00e1s perfecta semejante a Dios cuando conoce y ama Sus infinitas perfecciones con un conocimiento y amor an\u00e1logos al propio amor y conocimiento de Dios. Por lo tanto, el hombre es creado para conocerlo y amarlo a \u00c9l. M\u00e1s a\u00fan, su conocimiento y amor es para ser eterno; por eso, porque su alma es inmortal es que el hombre tiene esa capacidad y ese llamado. Por \u00faltimo, conocer a Dios y amarlo es la ocupaci\u00f3n m\u00e1s noble de la mente humana y consecuentemente tambi\u00e9n su felicidad suprema. Por lo tanto, el hombre es creado para la felicidad eterna; e infaliblemente, la lograr\u00e1 por lo mismo, a no ser que, por el pecado, se haga indigno a tan alto destino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7 Dios hizo todas las cosas por Su gloria formal, la cual consiste en el conocimiento y amor mostrados a \u00c9l por las criaturas racionales. Las criaturas irracionales no pueden darle gloria formal a Dios directamente, aunque deben asistir a las criaturas racionales a hacerlo. Esto lo pueden hacer manifestando las perfecciones de Dios entregando otros servicios; mientras que las creaturas racionales deben, por su propio conocimiento personal y amor a Dios, referir y dirigir a todas las creaturas a \u00c9l, como su fin \u00faltimo. Por lo tanto, toda creatura inteligente en general, y el hombre en particular, est\u00e1 destinado a conocer y amar a Dios por siempre, aunque pueda perder la felicidad eterna por el pecado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7 Dios, en su infinita justicia y santidad, da su debido premio a la virtud. Pero, como la experiencia lo demuestra, el virtuoso no recibe un premio suficiente aqu\u00ed; por ende, ser\u00e1 recompensado m\u00e1s adelante y el premio es eterno, dado que el alma es inmortal. Tampoco podemos suponer que el alma en la pr\u00f3xima vida deba merecer la continuaci\u00f3n de su felicidad por una serie continua de combates; porque esto ser\u00eda repugnante a todas las tendencias y deseos de la naturaleza humana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7 Dios en su Sabidur\u00eda estableci\u00f3 en la ley moral una sanci\u00f3n suficientemente apropiada y eficaz. No se puede decir que esa sanci\u00f3n exista, a no ser porque cada hombre es premiado en la medida de sus buenas obras. Es insuficiente, la mera aflicci\u00f3n por el pecado. En todo caso, el premio por las buenas obras es el mejor medio para inspirar celo por la virtud. La naturaleza misma nos ense\u00f1a a premiar la virtud en otros en las oportunidades que podemos y esperamos un premio por nuestras propias buenas acciones por parte del Supremo Regulador del universo. Este premio, no dado en este mundo, sino mas adelante.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7 Dios ha implantado en el coraz\u00f3n del hombre amor por la virtud y amor por la felicidad; consecuentemente, Dios, por su propia Sabidur\u00eda, al premiar la virtud, establece una armon\u00eda perfecta entre estas dos tendencias. Pero tal armon\u00eda no est\u00e1 establecida en esta vida; por lo tanto, sobrevendr\u00e1 en la pr\u00f3xima.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7 Todo hombre tiene un deseo innato por la beatitud perfecta. La experiencia lo demuestra. La visi\u00f3n de los bienes imperfectos de la tierra, naturalmente nos lleva a formarnos un concepto de una felicidad tan perfecta de manera que satisfaga todos los deseos de nuestro coraz\u00f3n. Pero no podemos concebir tal estado, sin desearlo. Por lo tanto, estamos destinados a una felicidad que es perfecta y, por esa misma raz\u00f3n, eterna; y ser\u00e1 nuestra, a no ser que la perdamos por el pecado. Una tendencia natural sin un objeto de esa tendencia, es incompatible tanto con la naturaleza como con la bondad del Creador. Los argumentos, pues, muy avanzados, prueban la existencia del Cielo como un estado de felicidad perfecta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7 Hemos nacido para cosas m\u00e1s elevadas, para la posesi\u00f3n de Dios. Este mundo no puede satisfacer a ning\u00fan hombre, y menos a\u00fan al sabio. \u201cVanidad de vanidades\u201d dice la Escritura (Ecles. I, 1); y San Agust\u00edn exclama: \u201cNos ha hecho para S\u00ed mismo (OH Dios) y nuestro coraz\u00f3n estar\u00e1 atribulado hasta que descanse en Ti\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7 Hemos sido creados para la sabidur\u00eda, para la posesi\u00f3n de la perfecta verdad de su tipo. Nuestras facultades mentales y las aspiraciones de nuestra naturaleza dan prueba de ello. Pero el conocimiento insuficiente que podemos adquirir en este mundo, no tiene proporci\u00f3n a las capacidades del alma. Deberemos poseer la verdad y una perfecci\u00f3n m\u00e1s alta m\u00e1s adelante.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7 Dios, nos hizo para la santidad, para el triunfo completo y final sobre la pasi\u00f3n y para la perfecta y segura posesi\u00f3n de la virtud. Nuestras aptitudes naturales y deseos son testigos de esto. Pero este objetivo feliz no se alcanza en este mundo, sino en la pr\u00f3xima vida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7 Fuimos creados para el amor y la amistad, para la indisoluble uni\u00f3n con nuestros amigos. En el sepulcro de aquellos que amamos, nuestro coraz\u00f3n desea una reuni\u00f3n futura. Este lamento de la naturaleza no es una ilusi\u00f3n. Una reuni\u00f3n alegre y eterna espera el hombre justo m\u00e1s all\u00e1 del sepulcro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7 Es convicci\u00f3n de la gente que hay un cielo en el cual el justo se regocijar\u00e1 en la pr\u00f3xima vida. En los asuntos fundamentales de nuestro ser y destino, una convicci\u00f3n tan un\u00e1nime y universal, no puede estar equivocada. De otro modo, este mundo y el orden de este mundo quedar\u00eda como un total enigma para las creaturas inteligentes, que deben saber al menos, cuales son los medios necesarios para alcanzar su destino final.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7 Algunos niegan la existencia del cielo; y estos son pr\u00e1cticamente todos ateos o epic\u00fareos. Pero, seguramente, no puede ser que todo el resto est\u00e9 errado y una clase aislada de hombres como \u00e9stos no son los verdaderos gu\u00edas en las cuestiones m\u00e1s fundamentales de nuestro ser. Porque el repudio a Dios y a Su Ley, no pueden ser la llave de la sabidur\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Revelaci\u00f3n tambi\u00e9n proclama la existencia del cielo. Esto ya lo hemos visto en la secci\u00f3n precedente de los varios nombres por los cuales la Biblia designa el cielo; y de los textos de las Escrituras, a\u00fan debemos citar aquellos que versan sobre la naturaleza y condici\u00f3n particular del cielo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">III. CARACTER SOBRENATURAL DEL CIELO Y LA VISI\u00d3N BEAT\u00cdFICA.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) En el cielo, el justo ver\u00e1 a Dios a trav\u00e9s de la intuici\u00f3n directa, clara y distinta. Aqu\u00ed en este mundo no tenemos percepci\u00f3n inmediata de Dios; lo vemos pero indirectamente en el espejo de la creaci\u00f3n. Logramos nuestro primer y directo conocimiento desde las creaturas, y luego, por razonamiento, ascendemos al conocimiento de Dios de acuerdo a la semejanza imperfecta la cual las creaturas sobrellevan con su Creador. Pero, al realizar esto, procedemos en gran medida por medio de la negaci\u00f3n. Por ejemplo, eliminando del Ser Divino, las imperfecciones propias de las creaturas. Sin embargo, en el cielo, ninguna creatura estar\u00e1 entre Dios y el alma. El Mism\u00edsimo ser\u00e1 el objeto inmediato de visi\u00f3n. Las Escrituras y la teolog\u00eda nos dicen que los benditos ver\u00e1n a Dios cara a cara. Y porque esta visi\u00f3n es inmediata y directa, tambi\u00e9n ser\u00e1 sumamente clara y distinta. Los ont\u00f3logos afirman que percibimos a Dios directamente en esta vida, aunque nuestro conocimiento de \u00c9l es vago y oscuro; pero una visi\u00f3n de la Esencia Divina, inmediata pero vaga y oscura, implica una contradicci\u00f3n. Los benditos ven a Dios, no meramente de acuerdo a la medida de Su semejanza en forma imperfecta reflejada en la creaci\u00f3n, sino que lo ven a \u00c9l como \u00c9l es, a la manera de Su propio Ser. Que los benditos ven a Dios es un dogma de fe, expresamente definido por Benedicto XII (1336):\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Definimos que las almas de todos los santos en el cielo han visto y ven la Esencia Divina por intuici\u00f3n directa y cara a cara [visione intuitiv\u00e2 et etiam faciali], en tal sabidur\u00eda que nada creado interviene como un objeto de visi\u00f3n, sino la Divina Esencia se presenta a su mirada fija, sin velo, clara y abiertamente; m\u00e1s a\u00fan, que en esta visi\u00f3n disfrutan de la Esencia Divina y que, en virtud de esta visi\u00f3n y ese regocijo, son verdaderamente benditos y poseen vida y descanso eterno\u201d (Denzinger, Enquiridi\u00f3n, ed. 10, n. 530&#8211;antigua edici\u00f3n, n, 456; Cf. nn. 693, 1084, 1458 antigua, nn. 588, 868).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El argumento a trav\u00e9s de las Escrituras, est\u00e1 basado especialmente en la primera Carta a los Corintios, Xiii, 8-13 (Cf. Mateo Xviii, 10; I Juan, Iii, 2; II Cor. V, 6-8, etc.) El argumento de la tradici\u00f3n es llevado a cabo en detalle por Petavius (\u00abDel Dogma teol\u00f3gico\u00bb, I, i, VII, c. 7.) Varios Padres, que aparentemente contradicen esta doctrina, en realidad la mantienen; simplemente ense\u00f1an que el ojo carnal no puede ver a Dios con sus poderes naturales en esta vida (Cf. Su\u00e1rez, \u00abDe Deo\u00bb, l. II, c. 7, n. 17.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) Es un asunto de fe, que la visi\u00f3n beat\u00edfica es sobrenatural, que trasciende los poderes y pretensiones de naturaleza creada, de los \u00e1ngeles como de los hombres. La doctrina opuesta, la de los Begardos y Beguinos fue condenada (1311) por el Concilio de Viena (Denz. N. 475 \u2013 antigua ed. N. 403) y asimismo, el error similar de Bayo, condenado por P\u00edo V (Denz., n. 1003 \u2013 antigua ed. n. 883.). El Concilio Vaticano expresamente declara que el hombre ha sido elevado por Dios a un fin sobrenatural (Denz., n. 1786 \u2013 antigua Ed. n. 1635; cita nn. 1808, 1671 \u2013 antigua ed. nn. 1655, 1527.) En conexi\u00f3n con lo anterior, debemos mencionar tambi\u00e9n la condena de los Ont\u00f3logos y en particular de Rosmini quien sostuvo que una percepci\u00f3n inmediata pero indeterminada de Dios es esencial para el intelecto humano y el comienzo de todo conocimiento humano (Denz., nn. 1659, 1927 \u2013 antigua ed. nn. 1516, 1772.) Que la visi\u00f3n de Dios es sobrenatural tambi\u00e9n se puede mostrar a partir del car\u00e1cter sobrenatural de la gracia santificante (Denz., n. 1021 \u2013 antigua ed. n. 901); Dado que la preparaci\u00f3n para tal visi\u00f3n es sobrenatural. Incluso la raz\u00f3n sin ayuda reconoce que la visi\u00f3n inmediata de Dios, incluso si fuera del todo posible, nunca puede ser natural para una creatura. Porque es manifiesto que la mente de cada creatura, primero percibe su propio ser y creaturas similares a s\u00ed misma por la que es rodeado, y de \u00e9stas se eleva al conocimiento de Dios como la fuente de su ser y destino final. De ah\u00ed que, su conocimiento natural de Dios, necesariamente mediato y an\u00e1logo; dado que forma sus ideas y juicios sobre Dios por su semejanza imperfecta la cual su propio ser y lo que lo rodea lo se\u00f1alan a \u00c9l. Tal es el \u00fanico medio que ofrece la naturaleza para adquirir un conocimiento de Dios y m\u00e1s que esto no es debido a ning\u00fan intelecto creado; consecuentemente, el segundo y esencialmente m\u00e1s elevado camino de ver a Dios es por visi\u00f3n intuitiva, un don gratuito de la bondad Divina. Estas consideraciones prueban, no meramente que la visi\u00f3n inmediata de Dios excede las pretensiones de todas las creaturas actualmente existentes; si no que tambi\u00e9n son prueba contra Ripalda, Becaenus y otros (Recientemente tambi\u00e9n los Morlias) que Dios no puede crear ning\u00fan esp\u00edritu que pudiera, en virtud de su naturaleza, estar dotado de visi\u00f3n intuitiva de la Esencia Divina. Por lo tanto, tal como los te\u00f3logos lo expresan, ninguna sustancia creada es por su naturaleza sobrenatural; sin embargo, la Iglesia no ha tomado ninguna decisi\u00f3n sobre esta materia. Cf. Palmieri, \u00abDe Deo creante et elevante\u00bb (Roma, 1878), tes. 39; Morlais, \u00abLe Surnaturel absolu\u00bb, en \u00abRevue du Clerg\u00e9 Fran\u00e7ais\u00bb, XXXI (1902), 464 sgtes, y, de un punto de vista opuesto, Bellamy, \u00abLa question du Surnaturel absolu\u00bb, Ib\u00edd., XXXV (1903), 419 sgtes. Santo Tom\u00e1s parece ense\u00f1ar (I, Q. xii, a. 1) que el hombre tiene un deseo natural por la visi\u00f3n beat\u00edfica. En otros pasajes, sin embargo, frecuentemente insiste en el car\u00e1cter sobrenatural de esa visi\u00f3n (e.g. III, Q. ix, a. 2, ad 3um.) De aqu\u00ed en el pasaje anterior, obviamente supone que el hombre conoce desde la Revelaci\u00f3n tanto la posibilidad de la visi\u00f3n beat\u00edfica como su destino para disfrutarla. En esta suposici\u00f3n es sin dudas bastante natural para el hombre tener un deseo fuerte por esta visi\u00f3n, y que, cualquier tipo inferior de beatitud ya no podr\u00e1 satisfacerlo debidamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) Para poder ver a Dios, el intelecto del bendito es sobrenaturalmente perfeccionado por la elevaci\u00f3n de la gloria (lumen gloriae). Esto fue definido por el Concilio de Viena de 1311. (Denz., n. 475; antigua ed. n. 403); lo que es evidente por el car\u00e1cter sobrenatural de la visi\u00f3n beat\u00edfica. Porque \u00e9sta trasciende los poderes naturales del intelecto; por lo tanto, para ver a Dios, el intelecto presenta una necesidad de alguna fuerza sobrenatural, no meramente pasajera sino permanente como la visi\u00f3n misma. Esta vigorizaci\u00f3n permanente es llamada \u201cluz de gloria\u201d porque permite a las almas en gloria, ver a Dios con sus intelectos, as\u00ed como la luz material permite a nuestros ojos carnales ver los objetos corporales. Sobre la luz de la gloria, la Iglesia no ha decidido nada. Los te\u00f3logos han elaborado varias teor\u00edas sobre ella, las cuales, sin embargo, no son necesarias de ser examinadas en detalle. De acuerdo a la visi\u00f3n m\u00e1s com\u00fan y tal vez la m\u00e1s razonablemente sostenida, la luz de la gloria es una cualidad Divinamente infundida en el alma y similar a la gracia santificante, la virtud de la fe, y otras virtudes sobrenaturales en las almas de los justos (cita. Franzelin, \u00abDe Deo uno\u00bb, 3ra ed., Roma, 1883, tesis. 16.) Existe una controversia entre los te\u00f3logos si se requiere o no una imagen mental, sea una species expressa o una species impressa, para la visi\u00f3n beat\u00edfica. Pero, para muchos esta es vista como una larga controversia sobre si el t\u00e9rmino es apropiado m\u00e1s que sobre la materia misma. La consideraci\u00f3n m\u00e1s com\u00fan y probablemente la m\u00e1s correcta, niega la presencia de ninguna imagen en el estricto sentido de la palabra, porque ninguna imagen creada puede representar a Dios tal como \u00c9l es (Cita Mazzella, \u201cDe Deo creante\u201d 3ra ed. Roma, 1892, disp. IV, a. 7, sec. 1) Obviamente, la visi\u00f3n beat\u00edfica es un acto creado inherente en el alma y no, como algunos de los antiguos te\u00f3logos pensaban, un acto no creado del propio intelecto de Dios, comunicado al alma. Porque \u201ccomo el ver y el conocer son acciones vitales inmanentes, el alma puede ver o conocer a Dios s\u00f3lo por su propia actividad, y no a trav\u00e9s de ninguna actividad ejercida por alg\u00fan otro intelecto.\u201d Cita Gutherlet, \u00abDas lumen gloriae\u00bb en \u00abPastor bonus\u00bb, XIV (1901), 297 sgtes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(4) Los te\u00f3logos distinguen el objeto primario y secundario de la visi\u00f3n beat\u00edfica. El objeto primario es Dios mismo tal como es. El bendito ve la Esencia Divina por intuici\u00f3n directa y, por la absoluta simplicidad de Dios, ellos necesariamente ven todas Sus perfecciones y las tres Personas de la Trinidad. M\u00e1s a\u00fan, dado que ven que Dios puede crear incontables imitaciones de Su Esencia, el dominio entero de creaturas posibles descansa abierta a su visi\u00f3n aunque indeterminadamente y en general. Porque los decretos actuales de Dios no son necesariamente un objeto de esa visi\u00f3n, excepto en tanto a Dios le place manifestarlas. Por lo tanto, las cosas finitas no son necesariamente vistas por los benditos, aunque sean un objeto actual de la voluntad de Dios. Mucho menos son ellos un objeto necesario de visi\u00f3n en tanto ellos son meros objetos posibles de la voluntad Divina. Consecuentemente, los benditos tienen un conocimiento distinto de cosas individuales posibles s\u00f3lo en tanto Dios desea entregar ese conocimiento. Por ende, si Dios lo deseara, un alma bendita podr\u00eda ver la Esencia Divina sin ver en Ella la posibilidad de ninguna creatura individual en particular. Pero, de hecho, siempre hay conexi\u00f3n entre la visi\u00f3n beat\u00edfica y un conocimiento de varias cosas externas a Dios, tanto de lo posible, como de lo actual. Todas estas cosas, consideradas colectivamente, constituyen el objeto secundario de la visi\u00f3n beat\u00edfica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El alma bendita ve estos objetos secundarios en Dios ya sea directamente (formaliter) o en tanto Dios es su causa (causaliter). Ve en Dios directamente lo que sea que la visi\u00f3n beat\u00edfica desvele a su contemplaci\u00f3n sin la ayuda de ninguna imagen mental (species impressa). En Dios, as\u00ed en su causa, el alma ve todas aquellas cosas las cuales percibe con la ayuda de una imagen mental creada, un modo de percepci\u00f3n otorgada por Dios como un complemento natural de la visi\u00f3n beat\u00edfica. El n\u00famero de objetos vistos directamente en Dios no puede ser aumentado a no ser que la misma visi\u00f3n beat\u00edfica sea intensificada; pero el n\u00famero de cosas vistas en Dios como su causa, pueden ser mayor o menor, o puede variar sin ning\u00fan cambio correspondiente en la visi\u00f3n misma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El objeto secundario de la visi\u00f3n beat\u00edfica abarca todo aquello que el bendito pueda tener un inter\u00e9s razonable en conocer. Incluye, en primer lugar, todos los misterios que el alma cre\u00eda mientras viv\u00eda en este mundo M\u00e1s a\u00fan, los benditos se ven entre s\u00ed y se regocijan en la compa\u00f1\u00eda de aquellos que la muerte los separ\u00f3. La veneraci\u00f3n otorgada a ellos en esta vida y las oraciones dirigidas a ellos son conocidas tambi\u00e9n por los benditos. Todo lo que hemos dicho hasta ahora sobre el objeto secundario de la visi\u00f3n beat\u00edfica es una ense\u00f1anza com\u00fan y confiable de los te\u00f3logos. En tiempos recientes (Santo Oficio, 14 de Diciembre de 1887), Rosmini fue condenado porque ense\u00f1\u00f3 que los benditos no ven a Dios mismo sino solo sus relaciones con las creaturas (Denz., 1928-1930 \u2013 antigua Ed. 1773-75). En los primeros a\u00f1os encontramos a Gregorio el Grande, (\u00abMoral.\u00bb, l. XVIII, c. liv, n. 90, in PL., LXXVI, XCIII) combatiendo el error de algunos que manten\u00edan que los benditos no ve\u00edan a Dios, sino solo una luz brillante saliendo de El. Tambi\u00e9n, en la Edad Media existen huellas de este error (cito. Franzelin, \u00abDe Deo uno\u00bb, 2da ed., tesis. 15, p. 192).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(5) Aunque los benditos ven a Dios, no Lo comprenden, porque Dios es absolutamente incomprensible a todo intelecto creado, y El no puede otorgar a ninguna creatura el poder de comprenderlo como El se comprende a S\u00ed mismo. Su\u00e1rez, con justicia llama a esto la verdad revelada (\u00abDe Deo\u00bb, l. II, c. v, n. 6); dado que el Cuarto Concilio de los Lateranos y el Concilio Vaticano enumeraron la incomprensibilidad, entre los atributos absolutos de Dios (Denz. Nn. 428, 1782- antiguo nn. 355, 1631). Los Padres defendieron esta verdad contra Eunomio, un Ariano quien afirm\u00f3 que comprendemos completamente a Dios incluso en esta vida. Los benditos no comprenden a Dios ni intensa ni extensamente. Intensamente porque su visi\u00f3n no tiene esa infinita claridad con la cual Dios es conocido y con la cual El se conoce a S\u00ed mismo, ni extensamente, porque la visi\u00f3n de los benditos no se extiende actual y claramente a todo lo que Dios ve en Su Esencia. Porque en un solo acto de su intelecto no pueden representar toda posible creatura individual, clara y distintamente como Dios lo hace; tal acto ser\u00eda infinito, y un acto infinito es incompatible con la naturaleza de un intelecto creado y finito. Los benditos ven la Divinidad en su integridad, pero solo con una visi\u00f3n de limitada claridad (Deum totum sed non totaliter). Ven la Divinidad en su integridad porque ven todas las perfecciones de Dios y a todas las Tres Personas de la Trinidad. Y sin embargo, su visi\u00f3n es limitada, porque no tienen la infinita claridad que corresponde a las perfecciones Divinas, ni se extiende a todo lo que actualmente es o puede llegar a ser un objeto de libre decreto de Dios. Por esto se sigue que un alma bendita puede ver a Dios mas perfectamente que otra, y que la visi\u00f3n beat\u00edfica admite varios grados.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(6) La visi\u00f3n beat\u00edfica es un misterio. Por su puesto que la raz\u00f3n no puede probar la imposibilidad de tal visi\u00f3n. Porque, \u00bfporqu\u00e9 Dios en Su omnipotencia, estar\u00eda incapacitado de acercarse y adaptarse totalmente a nuestro intelecto de manera que el alma pueda, como lo estuvo, sentir directamente a Dios, aferrarse a \u00c9l, mirarlo y estar enteramente inmerso en \u00c9l?<br \/>\nPor otro lado, no podemos absolutamente probar que esto sea posible; porque la visi\u00f3n beat\u00edfica se encuentra m\u00e1s all\u00e1 del destino natural de nuestro intelecto, y es tan extraordinario el modo de percepci\u00f3n que no podemos entender claramente tanto el hecho como la manera de esta posibilidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(7) Por lo que hemos visto hasta ahora, est\u00e1 claro que la beatitud es de dos clases: la natural y la sobrenatural. Como hemos visto, el hombre est\u00e1 por naturaleza habilitado para la beatitud, y una vez proporcionada no la pierde por su propia falta. Hemos visto tambi\u00e9n que la beatitud es eterna y que consiste en la posesi\u00f3n de Dios porque ninguna creaturas pueden verdaderamente satisfacer al hombre. Nuevamente, como lo hemos mostrado, el alma puede poseer a Dios por el conocimiento y el amor. Pero el conocimiento natural del hombre no es una visi\u00f3n inmediata, sino una percepci\u00f3n an\u00e1loga de Dios quien se refleja en la creaci\u00f3n, y a\u00fan as\u00ed es un conocimiento bastante perfecto que realmente satisface el coraz\u00f3n. Por esto, la beatitud a la cual tenemos una demanda natural, consiste en este conocimiento an\u00e1logo perfecto y en el amor que corresponde con ese conocimiento. Esta beatitud natural es el tipo de felicidad m\u00e1s peque\u00f1a que Dios, en Su bondad y Sabidur\u00eda puede otorgarle al hombre libre de pecado. Pero, en lugar de un conocimiento an\u00e1logo de Su Esencia, \u00c9l puede otorgar a los benditos una intuici\u00f3n directa, la cual incluye toda la excelencia de la beatitud natural y la sobrepasa m\u00e1s all\u00e1 de toda medida. Es el tipo m\u00e1s alto de beatitud que a Dios le place otorgarnos. Y al otorgarla, El no s\u00f3lo satisface nuestro deseo natural de felicidad sino que la satisface en superabundancia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">IV. LA ETERNIDAD DEL CIELO Y LA IMPECABILIDAD DE LOS BENDITOS.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es Dogma de fe, que la felicidad de los benditos es eterna. Esta verdad est\u00e1 claramente contenida en la Santa Biblia (ver Secci\u00f3n I); diariamente la Iglesia la profesa en el Credo Apost\u00f3lico (credo&#8230;vitam eternam), y ha sido definida repetidamente por la Iglesia, especialmente por Benedicto XII (Cito. Secci\u00f3n III.) Incluso la raz\u00f3n, como hemos visto, la puede demostrar. Y, seguramente, si los benditos supieran que su felicidad siempre llegar\u00eda a un fin, este s\u00f3lo conocimiento, impedir\u00eda que su felicidad fuera perfecta. En esta materia, Origen cay\u00f3 en un error; porque en varios pasajes de sus obras, parece inclinado a la opini\u00f3n que las creaturas racionales nunca alcanzan un estado final permanente (status termini), sino que por siempre se mantienen capaces de alejarse de Dios y perder su beatitud y de siempre regresar nuevamente a \u00c9l. Los benditos est\u00e1n confirmados en el bien; ya no pueden cometer ni siquiera el m\u00e1s peque\u00f1o pecado venial; cada deseo de sus corazones est\u00e1 inspirado en el m\u00e1s puro amor de Dios. Que es, m\u00e1s all\u00e1 de toda duda, una doctrina Cat\u00f3lica. M\u00e1s a\u00fan, la imposibilidad de pecar es f\u00edsica. Los benditos ya no tienen el poder de escoger realizar malas acciones; no pueden sino amar a Dios; son libres meramente de mostrar ese amor por una acci\u00f3n buena preferente sobre otra. Aunque la impecabilidad de los benditos es un\u00e1nime entre los te\u00f3logos, existe una diversidad de opiniones respecto a su causa. De acuerdo a algunos, la causa pr\u00f3xima consiste en que Dios aparta absolutamente de los benditos Su cooperaci\u00f3n a ning\u00fan consentimiento pecador. Argumentan que la visi\u00f3n beat\u00edfica no excluye el pecado por su misma naturaleza, directa y absolutamente; porque Dios podr\u00eda desagradar a las almas benditas en varias formas, por ejemplo, rehus\u00e1ndoles un mayor grado de beatitud o permitiendo que personas que el alma bendita ama, mueran en pecado y sentenci\u00e1ndolas al tormento eterno. M\u00e1s a\u00fan, cuando la visi\u00f3n beat\u00edfica va acompa\u00f1ada de grandes sufrimientos y tareas arduas, como fue el caso en la naturaleza humana de Cristo en la tierra, entonces, al menos la posibilidad de pecar no est\u00e1 directa y absolutamente excluida. La causa \u00faltima de impecabilidad es la libertad de pecado o el estado de gracia con el cual a su muerte, el hombre pasa a su estado final (status termini) es decir, a un estado de actitud mental y voluntad inamovible. Porque es bastante concordante con la naturaleza de ese estado que Dios podr\u00eda ofrecer tal cooperaci\u00f3n como correspondiente s\u00f3lo a la actitud mental del hombre escoge para s\u00ed mismo en la tierra. Por esta raz\u00f3n, tambi\u00e9n las almas en el purgatorio, aunque no ven a Dios, a\u00fan son enteramente incapaces de pecar. La visi\u00f3n beat\u00edfica en s\u00ed misma puede ser llamada causa remota de impecabilidad; porque al otorgar tan asombrosa prenda de Su amor, Dios podr\u00eda decirse que se encarga de cuidar de todo pecado a aquellos a quienes favorece tan grandemente, ya sea rehusando toda cooperaci\u00f3n a malos actos o, de alguna otra manera. Adem\u00e1s, incluso si la visi\u00f3n clara de Dios, la m\u00e1s digna de su amor, no incapacita f\u00edsicamente al bendito, ciertamente lo hace menos responsable de pecar. La impecabilidad, como es explicada por los representantes de esta opini\u00f3n, no es, propiamente hablando, extr\u00ednseca, como a menudo se afirma err\u00f3neamente; si no que es mas bien intr\u00ednseca, porque se debe estrictamente al estado final de bienaventuranza y especialmente a la visi\u00f3n beat\u00edfica. Esta es sustancialmente, la opini\u00f3n de los Escotistas, como tambi\u00e9n de muchos otros, especialmente en tiempos recientes. Sin embargo, los Tomistas, y con ellos la mayor\u00eda de los te\u00f3logos, sostienen que la visi\u00f3n beat\u00edfica por su misma naturaleza excluye directamente la posibilidad de pecar. Porque ninguna creatura puede tener una visi\u00f3n intuitiva clara del Supremo Bien sin ser por este mismo y solo hecho, irresistiblemente lanzado a amarlo eficazmente y completar por su propio bien, incluso las tareas m\u00e1s arduas sin la menor repugnancia. La Iglesia no ha decidido sobre esta materia. El presente escritor se inclina mas bien por la opini\u00f3n de los Escotistas por su conexi\u00f3n con la cuesti\u00f3n de la libertad de Cristo (ver INFIERNO bajo el t\u00edtulo Impenitencia de los Condenados.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">V. BEATITUD ESENCIAL.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Distinguimos entre la beatitud objetiva y la subjetiva. La beatitud objetiva es aquella, cuya posesi\u00f3n nos hace felices; la beatitud subjetiva es la posesi\u00f3n de aquel bien. La esencia de la beatitud objetiva, o el objeto esencial de la beatitud s\u00f3lo es Dios. Porque la posesi\u00f3n de Dios nos asegura tambi\u00e9n la posesi\u00f3n de todo otro bien deseado; mas a\u00fan, todo lo dem\u00e1s es tan inconmensurablemente inferior a Dios que su posesi\u00f3n puede ser vista como algo accidental a la beatitud. Finalmente, es evidente que todo lo dem\u00e1s es de menor importancia para la beatitud, dado el hecho que nada salvo Dios es capaz de satisfacer al hombre. Por esto, la esencia de la beatitud subjetiva es la posesi\u00f3n de Dios y consiste en los actos de visi\u00f3n, amor y regocijo. El bendito ama a Dios con un amor de dos tipos; amor de complacencia por el cual ama a Dios por S\u00ed mismo, y segundo, con el amor menos propiamente llamado, por el cual ama a Dios como la fuente de su felicidad (amor concupiscentiae). En consonancia con este amor de dos tipos, el bendito tiene dos tipos de regocijo; primeramente, el regocijo del amor en el estricto sentido de la palabra, por el cual los benditos se regocijan con la beatitud infinita que ven en Dios mismo, precisamente porque es la felicidad de Dios a quien aman y, segundo, el regocijo que emana del amor en un sentido m\u00e1s amplio. Estos cinco actos constituyen la esencia de la beatitud (subjetiva) o, en t\u00e9rminos m\u00e1s precisos, su esencia f\u00edsica. En esto, los te\u00f3logos est\u00e1n de acuerdo. Aqu\u00ed los te\u00f3logos avanzan un paso m\u00e1s adelante y se cuestionan si entre esos cinco actos de los benditos, hay un solo acto o, una combinaci\u00f3n de varios actos los cuales constituyen la esencia de la beatitud en un sentido estricto. Es decir, su esencia metaf\u00edsica en contra distinci\u00f3n a su esencia f\u00edsica. En general, la respuesta es afirmativa; pero, al se\u00f1alar la esencia metaf\u00edsica, sus opiniones son diversas. El presente escritor, prefiere la opini\u00f3n de Santo Tom\u00e1s de Aquino, quien sostiene que la esencia metaf\u00edsica consiste en la visi\u00f3n sola. Porque, como ya lo hemos visto recientemente, los actos de amor y regocijo son simplemente un tipo de atributos secundarios de la visi\u00f3n; y esto es cierto ya sea que el amor y regocijo resulten directamente de la visi\u00f3n, como sostienen los Tomistas, o ya sea que la visi\u00f3n beat\u00edfica, por su misma naturaleza, exige una confirmaci\u00f3n en el amor y la eficaz protecci\u00f3n de Dios contra el pecado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">VI. BEATITUD ACCIDENTAL\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s del objeto esencial de la beatitud, las almas en el cielo disfrutan muchas bendiciones accidentales de la beatitud. Mencionaremos solo algunas:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00b7 En el cielo, no hay ni el menor dolor o tristeza; porque toda aspiraci\u00f3n de la naturaleza es finalmente lograda. La voluntad de los benditos est\u00e1 en perfecta armon\u00eda con la voluntad Divina; sienten desagrado con los pecados de los hombres, pero sin experimentar ning\u00fan dolor real.<br \/>\n\u00b7 Disfrutan grandemente con la compa\u00f1\u00eda de Cristo, los \u00e1ngeles, los santos y con tantos que fueron queridos por ellos en la tierra.<br \/>\n\u00b7 Luego de la resurrecci\u00f3n, la uni\u00f3n del alma con el cuerpo glorificado ser\u00e1 una fuente especial de alegr\u00eda para los benditos.<br \/>\n\u00b7 Obtienen gran placer de la contemplaci\u00f3n de todas aquellas cosas, tanto creadas como posibles, las cuales, como hemos mostrado, ven en Dios, al menos indirectamente como su causa. Y, en particular, luego del juicio final, el nuevo cielo y la tierra nueva les proporcionar\u00e1 numerosos goces (Ver JUICIO GENERAL)<br \/>\n\u00b7 Los benditos se regocijan con la gracia santificante y las virtudes sobrenaturales que adornan sus almas; y cualquier car\u00e1cter sacramental que puedan tener se suma a su deleite.<br \/>\n\u00b7 A los m\u00e1rtires, doctores y v\u00edrgenes les son otorgados deleites muy especiales, pruebas especiales de victorias logradas en tiempos de prueba (Apoc., vii, 11 sgtes.; Dan., xii, 3; Apoc., xiv, 3 sgtes.) Por esto, los te\u00f3logos hablan de tres coronas particulares, aureolas o gloriolas, por las cuales estos tres tipos de almas benditas son accidentalmente honradas por sobre el resto. Aureola es un diminutivo de aurea, es decir aurea corona (corona de oro) (Cito Santo Tom\u00e1s, Sup: 96)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dado que la felicidad eterna es llamada metaf\u00f3ricamente un matrimonio del alma con Cristo, los te\u00f3logos tambi\u00e9n hablan de las gracias nupciales de los benditos. Ellos distinguen siete de estos dones, cuatro de los cuales pertenecen al cuerpo glorificado \u2013 luz, impasibilidad, agilidad, sutileza (ver RESURRECCI\u00d3N); y tres al alma \u2013 visi\u00f3n, posesi\u00f3n, y regocijo (visio, comprehensio, frutio.) Sin embargo, en la explicaci\u00f3n dada por los te\u00f3logos de los tres dones del alma encontramos poca conformidad. Podemos identificar el don de visi\u00f3n con el h\u00e1bito de la luz de la gloria, el don de posesi\u00f3n con el habito de aquel amor en un sentido mas amplio que ha encontrado en Dios, la realizaci\u00f3n de sus deseos, y el don de regocijo lo podemos identificar con el h\u00e1bito del amor propiamente llamado (halitus caritatis) el cual deleita el estar con Dios; Bajo este punto de vista, estos tres h\u00e1bitos infusos podr\u00edan ser considerados simplemente como ornamentos de la belleza del alma (Cito. Santo Tom\u00e1s, Sup: 95)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">VII. ATRIBUTOS DE LA BEATITUD.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Existen varios grados de beatitud en el cielo que corresponden a la variedad de grados en los m\u00e9ritos. Esto es dogma de fe, definido por el Concilio de Florencia (Denz, n. 693 \u2013 antigua ed. N. 588.) La Biblia nos ense\u00f1a esta verdad en muchos pasajes (por ejemplo, donde sea que habla de la felicidad eterna como premio) y los Padres la defienden contra lo ataques herejes de los Jovinianos. Es verdad que, de acuerdo a Mateo xx, 1-16, cada trabajador recibe una moneda; pero a trav\u00e9s de esta comparaci\u00f3n, Cristo solamente ense\u00f1a que, aunque el Evangelio fue primero predicado a los Jud\u00edos, sin embargo, en el Reino de los Cielos no hay distinci\u00f3n entre Jud\u00edos y Gentiles, y que nadie recibir\u00e1 un mejor premio basado solo en el hecho de ser hijo de Jud\u00e1. Los varios grados de beatitud no se limitan a las bendiciones accidentales, pero que se encuentran primero y m\u00e1s que nada en la visi\u00f3n beat\u00edfica misma. Porque, como ya lo hemos se\u00f1alado, la visi\u00f3n tambi\u00e9n, admite grados. Estos grados esenciales de beatitud son, como Su\u00e1rez observa con justicia (\u201cDe beat.\u201d D. Xi, s.3, n.5) esos tres tipos de fruto que Cristo distingue cuando \u00c9l dice que la palabra de Dios produce treinta frutos, en algunos sesenta, en algunos cientos de veces (Mateo XIII, 23). Y es solo una mera acomodaci\u00f3n del texto que Santo Tom\u00e1s (Sup: 96. aa.2 y sgtes) y otros te\u00f3logos aplican para explicar los diferentes grados en la beatitud accidental merecida por personas casadas, viudas y v\u00edrgenes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La felicidad del cielo es esencialmente inmutable; a\u00fan as\u00ed admite algunos cambios accidentales. Por esto, podemos suponer que los benditos experimentan una alegr\u00eda especial cuando reciben mayor veneraci\u00f3n de los hombres en la tierra. En particular, no est\u00e1 excluido un cierto crecimiento en conocimiento por experiencia; por ejemplo, a medida que pasa el tiempo, pueden ser del conocimiento de los benditos nuevas acciones libres de los hombres, o la observaci\u00f3n y experiencia personal puede arrojar nueva luz sobre cosas que ya se saben. Y luego del ultimo juicio, la beatitud accidental ser\u00e1 aumentada en la uni\u00f3n del alma con el cuerpo, y de la visi\u00f3n de un Nuevo cielo y tierra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">JOSEPH HONTHEIM<br \/>\nTraducido por: Carolina Eyzaguirre Arroyo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Enlaces relacionados con Cielo<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[1] Tertulia indicativa de los males que puede evitar la&#8230;\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Firmamento, Nube, Tierra Gen 1:1 en el principio cre\u00f3 Dios los c y la tierra Gen 1:8 llam\u00f3 Dios a la expansi\u00f3n c. Y fue la Gen 11:4 una torre, cuya c\u00faspide llegue al c Gen 28:12 escalera .. y su extremo tocaba en el c Exo 20:22 he hablado desde el c con &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cielo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCIELO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-1505","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1505","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1505"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1505\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1505"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1505"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1505"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}