{"id":15111,"date":"2016-02-05T09:53:25","date_gmt":"2016-02-05T14:53:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/dios-padre\/"},"modified":"2016-02-05T09:53:25","modified_gmt":"2016-02-05T14:53:25","slug":"dios-padre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/dios-padre\/","title":{"rendered":"DIOS PADRE"},"content":{"rendered":"<p>Dios es Padre<\/p>\n<p>\tEn muchas religiones, Dios es llamado \u00abPadre\u00bb. En las religiones tradicionales se le llama a veces \u00abPadre de nuestros padres\u00bb. En la revelaci\u00f3n veterotestamentaria, Dios es llamado Padre como creador, como autor de la Alianza y dador de la Ley (cfr. Deut 32,6); por esto, Israel es su \u00abprimog\u00e9nito\u00bb (Ex 4,22) y Dios es el \u00abPadre de los hu\u00e9rfanos\u00bb (Sal 68 -67-,6), lleno de bondad y ternura materna (Is 66,13).<\/p>\n<p>\tLlamar \u00abPadre\u00bb a Dios como Jes\u00fas<\/p>\n<p>\tJes\u00fas nos ha habituado a llamar Padre a Dios en un sentido peculiar, a partir de su misma realidad de Hijo de Dios y de su actitud filial \u00ed\u00adntimamente familiar. El le llama \u00abPadre\u00bb (\u00abAbba\u00bb pap\u00e1 m\u00ed\u00ado) sabi\u00e9ndose uno con \u00e9l \u00abYo y el Padre somos una misma cosa\u00bb (Jn 10,30); \u00abquien me ve a m\u00ed\u00ad, ve al Padre\u00bb (Jn 14,9). Dios \u00abnos ha hablado por su Hijo\u00bb (Heb 1,2); \u00abDios ha enviado a su propio Hijo con una naturaleza semejante a la del pecado\u00bb (Rom 8,3; cfr. Gal 4,4). As\u00ed\u00ad, pues, \u00abla luz del rostro de Dios resplandece con toda su belleza en el rostro de Jesucristo, \u00abimagen de Dios invisible\u00bb (Col 1,15), \u00abresplandor de su gloria\u00bb (Heb 1,3), \u00ablleno de gracia y de verdad\u00bb (Jn 1,14)\u00bb (VS 2).<\/p>\n<p>\tDe esta realidad filial \u00ed\u00adntima nos hace part\u00ed\u00adcipes a nosotros, hasta el punto que podamos decir con \u00e9l y como \u00e9l \u00abPadre nuestro\u00bb (Mt 6,9). Por esto, el amor del Padre a Cristo su Hijo se prolonga en cuantos participan de su filiaci\u00f3n divina \u00abLes has amado como a m\u00ed\u00ad\u00bb (Jn 17,23). El amor del Padre a su Hijo y al mundo ha dado origen a la misi\u00f3n (Jn 3,16-17; 1Jn 4,8-9). Jes\u00fas es el enviado para manifestarnos y comunicarnos este amor. Jes\u00fas, imagen personal del Padre, con su redenci\u00f3n, ha recuperado para todo hombre el rostro primitivo que hab\u00ed\u00ada sido modelado como imagen e hijo de Dios. \u00abEl que es imagen de Dios invisible (cfr. Col 1,15) es tambi\u00e9n el hombre perfecto, que ha devuelto a la descendencia de Ad\u00e1n la semejanza divina, deformada por el primer pecado\u00bb (GS 22).<\/p>\n<p>\tLa misi\u00f3n de anunciar la salvaci\u00f3n y el amor del Padre<\/p>\n<p>\tJes\u00fas revela al Padre a trav\u00e9s de su misma persona de Hijo de Dios. Este es el objetivo de la misi\u00f3n que \u00e9l ha realizado y que prolonga a trav\u00e9s de la Iglesia \u00abEsta es la vida eterna, que te conozcan a ti, \u00fanico Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo\u00bb (Jn 17,3). Por esto, Jes\u00fas invita, por una parte, a descubrir el amor de Dios manifestado en todas las criaturas (Mt 6,26ss); pero, por otra parte, \u00e9l mismo se presenta como \u00abenviado\u00bb y como la m\u00e1xima manifestaci\u00f3n de este \u00abamor\u00bb divino (Jn 3,16-17).<\/p>\n<p>\tEl plan de salvaci\u00f3n, predicado por Jes\u00fas, se centra en la realidad del Padre que env\u00ed\u00ada a su Hijo bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo \u00abEl Padre Eterno cre\u00f3 el mundo universo por un lib\u00e9rrimo y misterioso designio de su sabidur\u00ed\u00ada y de su bondad, decret\u00f3 elevar a los hombres a la participaci\u00f3n de la vida divina y, ca\u00ed\u00addos por el pecado de Ad\u00e1n, no los abandon\u00f3, dispens\u00e1ndoles siempre su auxilio, en atenci\u00f3n a Cristo Redentor, \u00abque es la imagen de Dios invisible, primog\u00e9nito de toda criatura\u00bb (Col 1,15). A todos los elegidos desde toda la eternidad el Padre \u00ablos conoci\u00f3 de antemano y los predestin\u00f3 a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que este sea el primog\u00e9nito entre muchos herma\u00c2\u00acnos\u00bb (Rom 8,19)\u00bb (LG 2).<\/p>\n<p>\tUna de las vivencias m\u00e1s \u00ed\u00adntimas manifestadas por Jes\u00fas es la del amor del Padre por toda la humanidad. Con la proclamaci\u00f3n de este amor, Jes\u00fas invitaba a aceptar un nuevo nacimiento y nueva filiaci\u00f3n (Jn 3,5), que trasciende toda expereciencia religiosa. Porque \u00abde tal manera ha amado Dios al mundo, que le ha dado a su Hijo unig\u00e9nito, para que todo el que crea en \u00e9l, tenga la vida eterna&#8230; para salvar al mundo por medio de \u00e9l\u00bb (Jn 3,16-17). La evangelizaci\u00f3n debe ser una actualizaci\u00f3n del anuncio de Cristo \u00abEl Padre os ama\u00bb (Jn 16,27).<\/p>\n<p>Referencias Dios, Dios Amor, Encarnaci\u00f3n, filiaci\u00f3n divina participada, gracia, historia de salvaci\u00f3n, inhabitaci\u00f3n trinitaria, misericordia, Padre nuestro, Providencia, Trinidad.<\/p>\n<p>Lectura de documentos CEC 198, 232-248. Ver referencias.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada S. BARTINA, El Padrenuestro comentado seg\u00fan su trasfondo sem\u00ed\u00adtico (Barcelona, Balmes, 1993); J. GALOT, F\u00eater le P\u00e8re (Paris, Mame, 1993); J. JEREMIAS, Abba. El mensaje central del Nuevo Testamento (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1983); J. MASSON, P\u00e8re de nos p\u00e8res (Roma, Pont. Univ. Gregoriana, 1988); S. SABUGAL, Abba&#8217;&#8230; La oraci\u00f3n del Se\u00f1or ( BAC, Madrid, 1985); N. SILLANES, El Padre (Santander, Sal Terrae, 1980).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Del Dios Padre de las religiones a Yav\u00e9, Dios de Israel. II. Jesucristo, revelador del Padre. III. Dios Padre. Notas fundamentales: 1. Padre de gracia que nos hace nacer a la confianza; 2. Padre que nos hace conocer y cumplir la \u00abley\u00bb del Reino; 3. Padre del futuro, nuevo nacimiento. IV. Aproximaci\u00f3n catequ\u00e9tica: 1. Objetivos y planteamiento del tema; 2. Tareas de la catequesis; 3. La pedagog\u00ed\u00ada de Dios como Padre; 4. Catequesis seg\u00fan las edades; 5. Indicaciones metodol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>I. Del Dios Padre de las religiones a Yav\u00e9, Dios de Israel<br \/>\nLa mayor parte de las religiones antiguas emplean los s\u00ed\u00admbolos familiares para hablar de Dios, y as\u00ed\u00ad lo presentan como madre (en l\u00ed\u00adnea matriarcal) y\/o como padre (en l\u00ed\u00adnea patriarcal). El s\u00ed\u00admbolo materno ha destacado los aspectos de la cercan\u00ed\u00ada vital y del cari\u00f1o: lo humano y lo divino tienden a formar un todo, de manera que la experiencia religiosa m\u00e1s profunda adquiere rasgos pante\u00ed\u00adstas: la Gran Madre divina, identificada muchas veces con la tierra, es una especie de principio y plenitud de ser del que nacemos y al que retornamos, para disolvemos de nuevo en su misterio. El s\u00ed\u00admbolo paterno ha destacado en lo divino los rasgos de la autoridad violenta, del orden conseguido por la fuerza; l\u00f3gicamente, el Dios Padre, simbolizado por el cielo y el trueno, viene a presentarse como guerrero y rey, violador y engendrador, protector y due\u00f1o de todo lo que existe.<\/p>\n<p>Entre las visiones del s\u00ed\u00admbolo materno y paterno de Dios han existido, a lo largo de los siglos y a trav\u00e9s de los diversos pueblos de la tierra, m\u00faltiples variantes, que se expresan en los varios tipos de patriarcalismos familiares y\/\u00ed\u00ad din\u00e1sticos (cf Demeter-Madre y Zei s-Padre en Grecia, con sus diferente relaciones de generaci\u00f3n y filiaciones), en el mismo contexto de SiFiia, Fenicia y Palestina (con El-Padre y Ashera-Madre, Baalmasculinef y Anat-femenina), donde ha surgido el pueblo israelita.<\/p>\n<p>Tanto la visi\u00f3n materna como la paterna de Dios entraron en crisis al comienzo de eso que se suele llamar el tiempo-eje, es decir, entre los siglos VII y V a.C., en las grandes culturas de China y la India, de Persia, Israel y Grecia. Ha seguido predominando el patriarcalismo, de manera que Dios, o lo divino, ha recibido (y en parte sigue recibiendo todav\u00ed\u00ada) rasgos masculinos. Pero estrictamente hablando, Dios ha dejado de ser Padre (engendrador y guerrero, se\u00f1or pol\u00ed\u00adtico violento), para convertirse en Ser universal (helenismo), Interioridad abarcadora (brahmanismo hind\u00fa), Silencio nirv\u00e1nico (budismo) o Tao universal (China).<\/p>\n<p>Desde el fondo de esa crisis destaca el juda\u00ed\u00adsmo, con su visi\u00f3n personal y trascendente de Dios, que no aparece ya como padre, sino como Yav\u00e9 (el que es, el Se\u00f1or). Sabemos por los restos arqueol\u00f3gicos (figurillas sagradas de toros divinos y diosas de la fecundidad) que los israelitas anteriores al exilio segu\u00ed\u00adan venerando al padre divino y a la madre. La misma Biblia hebrea incluye evocaciones y figuras de ese tipo. Sin embargo, en su l\u00ed\u00adnea oficial, los jud\u00ed\u00ados lograron superar esa visi\u00f3n sexual y familiar de lo divino, presentando a Dios como Yav\u00e9, aquel que est\u00e1 presente y act\u00faa, conforme al pasaje central de Ex 3,14. Mois\u00e9s ha preguntado a Dios su nombre ante la zarza ardiente y Dios responde: `Ehyeh `aser `Ehyeh: Soy el que Soy, el que Estoy con vosotros: Yav\u00e9 (YHWH). Yav\u00e9 se ha convertido, a partir de este pasaje, en el nombre y signo de la identidad m\u00e1s honda del Dios israelita. El juda\u00ed\u00adsmo ha sabido desde siempre y sigue sabiendo que Yav\u00e9 no es femenino ni masculino, no es diosa ni dios: es el Adonai, Kyrios o Se\u00f1or, que ha establecido la alianza con su pueblo, para acompa\u00f1arle en el camino de la libertad que lleva a la esperanza de la vida. Los jud\u00ed\u00ados han dicho y siguen diciendo que Yav\u00e9 ya no es un s\u00ed\u00admbolo de Dios (como son padre y madre), sino su Nombre verdadero, de manera que nosotros, los humanos, no podemos ni siquiera pronunciarlo; s\u00f3lo el sumo sacerdote lo proclamaba, una vez al a\u00f1o, en la fiesta de la gran expiaci\u00f3n. Este nombre es, por un lado, misterioso: los fil\u00f3logos no logran precisar del todo su sentido original; los jud\u00ed\u00ados no lo pronuncian por respeto&#8230; Pero, al mismo tiempo, es el m\u00e1s sencillo, m\u00e1s cordial, m\u00e1s inmediato. Dios se llama Yav\u00e9 porque en el momento clave de la vocaci\u00f3n y env\u00ed\u00ado de Mois\u00e9s (de todo el pueblo israelita) dice `Ehyeh: estar\u00e9 contigo. Ese nombre es garant\u00ed\u00ada de presencia personal (\u00ed\u00ad Yo estoy! [cf Ex 3,12]) y compromiso de acci\u00f3n liberadora de Dios con los humanos.<\/p>\n<p>Como lugar de revelaci\u00f3n y fuente de experiencia, la llamada de Mois\u00e9s define el principio de la historia israelita. Aqu\u00ed\u00ad expresa Dios su ser como persona, aqu\u00ed\u00ad se inicia un recuerdo y tarea que se mantendr\u00e1 de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n en el pueblo de la Biblia. S\u00f3lo donde se recuerda (actualiza) este momento radical de llamada y vocaci\u00f3n adquiere sentido el nombre de Yav\u00e9 y Dios viene a presentarse de nuevo como aquel que dice `Ehyeh: \u00c2\u00a1estar\u00e9 presente, ser\u00e9 vuestro Yav\u00e9! Esta experiencia ha sido actualizada de diversas formas por jud\u00ed\u00ados y cristianos.<\/p>\n<p>Los jud\u00ed\u00ados, por lo menos desde el siglo I a.C, han sacralizado ese nombre (Yav\u00e9), de tal forma que no lo escriben entero ni lo pronuncian, poniendo en su lugar equivalentes como Adonai, Kyrios o Se\u00f1or. Las mismas traducciones cristianas de la Biblia han seguido esta costumbre, y en su mayor\u00ed\u00ada escriben Se\u00f1or donde la Biblia hebrea dec\u00ed\u00ada Yav\u00e9. Es buena esta reserva, si es que ayuda a descubrir y explicitar el contenido misterioso del Dios personal de la historia israelita.<\/p>\n<p>Por eso, cuando los cristianos superan la reserva jud\u00ed\u00ada y llaman a Dios Padre, no pueden olvidar que en el fondo de ese nombre sigue estando la experiencia de Mois\u00e9s y los jud\u00ed\u00ados que, sabiendo que Dios es Yav\u00e9 (el que est\u00e1 presente), no quieren nombrarlo. Para los cristianos, ese nombre sigue siendo el signo m\u00e1s excelso de Dios antes de su revelaci\u00f3n definitiva como Padre de Jesucristo. Al manifestarse como Padre, Dios no niega su nombre previo de Yav\u00e9 sino que lo explicita, llev\u00e1ndolo a su culminaci\u00f3n: sigue siendo el Yav\u00e9 de Israel al revelarse como Padre (no patriarcalista ni matriarcalista, sino personal) de todos los humanos.<\/p>\n<p>II. Jesucristo, revelador del Padre<br \/>\nMois\u00e9s descubri\u00f3 a Dios como Yav\u00e9 en la zarza ardiente de su vocaci\u00f3n. Los cristianos lo encontramos como Padre en el mensaje, vida y muerte de Jes\u00fas. Por eso, es normal que los antiguos escritores de la Iglesia hayan identificado a Jes\u00fas como nueva zarza ardiente, vi\u00e9ndolo as\u00ed\u00ad como aquel que nos revela al Padre, seg\u00fan afirma, de manera lapidaria Jn 1,18: \u00abA Dios nadie lo ha visto jam\u00e1s; el Hijo \u00fanico, que est\u00e1 en el Padre, nos lo ha dado a conocer\u00bb.<\/p>\n<p>Los jud\u00ed\u00ados no lo conoc\u00ed\u00adan (no pod\u00ed\u00adan ni decir su nombre), y as\u00ed\u00ad siguen afirmando, basados en la misma experiencia de Mois\u00e9s, que Dios es Yav\u00e9, ante quien debemos esconder el rostro, pues mirarle ser\u00ed\u00ada destruirnos y morir; Dios es para ellos la presencia del gran desconocido, m\u00e1s all\u00e1 de los signos matriarcales o patriarcales, m\u00e1s all\u00e1 de todas las palabras o razones. Los cristianos, en cambio, afirmamos sorprendidos y gozosos que podemos conocer a Dios, que lo hemos visto en Jes\u00fas y que podemos llamarlo desde ahora Padre, de manera no patriarcalista sino salvadora.<\/p>\n<p>Jes\u00fas viene a presentarse de esa forma ante nosotros como el Revelador del Padre. No es un m\u00ed\u00adstico oriental que explora y busca lo divino en la hondura de su alma. No es tampoco un fil\u00f3sofo que estudia el ser de lo divino por teor\u00ed\u00adas, para hablarnos as\u00ed\u00ad de su conocimiento conceptual. Ni es un sacerdote pagano que quiere revelarnos el misterio eterno de la Madre Tierra, ni un profeta que habla en nombre del Gran Desconocido. Jes\u00fas es, ante todo, una persona que ha descubierto a Dios: se ha sabido sustentada por \u00e9l y lo ha encontrado en el fondo de su vida, como amigo, Padre que le implanta, impulsa y enriquece.<\/p>\n<p>Jes\u00fas es un creyente que vive y ama, se entrega y act\u00faa desde un Dios cercano, quien invoca con el nombre de Padre, sabiendo que es, al mismo tiempo Padre y\/o Madre, pues supera todos los viejos simbolismos de la historia y la familia humana. Como israelita fiel a la memoria y las promesas de su pueblo, Jes\u00fas dialoga con el Dios desconocido (Yav\u00e9), a quien conoce por su propia experiencia amorosa y filial, misericordiosa y salvadora, de tal forma que se atreve a presentarlo como Padre (suyo en especial, siendo a la vez Padre de todos los humanos).<\/p>\n<p>El Dios de Jes\u00fas es ante todo Gracia fundante: como una Madre que regala vida sin pedir a cambio cosa alguna. En sus manos se siente y se sabe Jes\u00fas Hijo querido (cf Mc 1,9-11 par). Creer en Dios significa acoger su don de vida, por encima de toda imposici\u00f3n, ley o pecado. En nombre de ese Dios, que es Padre de amor y no Yav\u00e9 lejano de ley o ritos religiosos, Jes\u00fas se ha atrevido a perdonar a todos (cf Mc 2,1-12).<\/p>\n<p>El Dios de Jes\u00fas es Fuerza creadora y as\u00ed\u00ad impulsa a los humanos a volverse due\u00f1os de su propia vida: es Poder que nos hace poderosos, Amante personal que nos capacita para amar a los humanos, partiendo de los pobres y excluidos. Cierto juda\u00ed\u00adsmo antiguo (y mucho cristianismo moderno) parece domesticar a Dios, introduci\u00e9ndolo en esquemas de ley, para sancionar con su figura la figura actual del mundo. En contra de eso, el Dios de Jes\u00fas es creador mesi\u00e1nico que invita a los humanos a buscar y recibir, a cultivar y compartir ya el Reino.<\/p>\n<p>El Padre de Jes\u00fas es, finalmente, Promesa de salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica. En tiempo antiguo parec\u00ed\u00ada velado: su figura se escond\u00ed\u00ada en los poderes y violencias de la historia. Ahora se desvela revelando en Jes\u00fas su propio rostro salvador: se ha adelantado el Reino, de manera que podemos decir que habitamos dentro de su mismo ser divino.<\/p>\n<p>Por eso, escatolog\u00ed\u00ada y teolog\u00ed\u00ada, plenitud del tiempo y manifestaci\u00f3n salvadora de Dios, constituyen las dos caras del mismo evangelio de Jes\u00fas: creer en el Padre de Jes\u00fas significa esperar en su futuro de gracia salvadora.<\/p>\n<p>El Dios de Jes\u00fas es Padre total, fuente de existencia y paz, reconciliaci\u00f3n y justicia salvadora para los humanos, siendo as\u00ed\u00ad Padre-Madre: nos ha dado la vida (engendramiento, implantaci\u00f3n), nos ha impulsado hacia su reino (exigencia de realizaci\u00f3n), y finalmente quiere acogernos en el seno gozoso de su misericordia, regal\u00e1ndonos su gracia (cf Mt 7,9-11; Lc 12,32).<\/p>\n<p>La radicalidad de este Dios de Jes\u00fas emerge de manera ejemplar en las par\u00e1bolas. Lo han acusado de comer con los manchados de su pueblo, de perdonar a los pecadores, de acoger a los que vagan y malviven fuera del c\u00ed\u00adrculo sagrado de los justos&#8230; El se ha defendido apelando al comportamiento de Dios, que perdona a los pecadores (Lc 15,11-32; 18,2ss.), se alegra recibiendo en casa a los perdidos (Lc 15,4ss.) y ofrece plenitud a los peque\u00f1os (Lc 18,16s.; Mc 9,35-37). As\u00ed\u00ad aparece Dios como Padre\/ Madre que acoge y vivifica a los humanos. Este es el Dios de la conciencia de Jes\u00fas, el que le permite realizarse como Hijo.<\/p>\n<p>III. Dios Padre. Notas fundamentales<br \/>\nDesde ese Padre\/Madre que le llama en amor, d\u00e1ndole fuerza para amar a los dem\u00e1s, presenta Jes\u00fas sus rasgos. Dios es gracia, acci\u00f3n creadora y principio de amor mutuo (de resurrecci\u00f3n).<\/p>\n<p>1. PADRE DE GRACIA QUE NOS HACE NACER A LA CONFIANZA. El reino de Jes\u00fas no proviene de la evoluci\u00f3n del cosmos, ni es resultado de una conquista violenta, sino don del Padre que ofrece su vida a los humanos. Desde ese fondo descubrimos a su Dios como persona que nos ama y en amor nos llama a la existencia. Frente a todos los que quieren entenderle como Absoluto c\u00f3smico, Sentido inmanente de la historia o Nueva Era de la humanidad que forja por s\u00ed\u00ad misma su grandeza, afirmamos con Jes\u00fas que es Padre-Madre: Gracia creadora y trascendente, principio y gozo de la vida.<\/p>\n<p>A principios del siglo XX, algunos protestantes liberales y modernistas cat\u00f3licos corrieron el riesgo de entender a Dios como pura interioridad (sentimiento) de la vida humana o de la historia; en contra de eso, el evangelio sostiene que es persona -existe en s\u00ed\u00ad mismo-, m\u00e1s que simple hondura humana. Ahora podemos diluir tambi\u00e9n sus rasgos, identific\u00e1ndolo con un tipo de vida social o de progreso; pues bien, en contra de eso, Jes\u00fas lo ha presentado como voluntad personal, creadora de amor, alguien que dialoga con nosotros, Padre\/Madre a quien podemos conocer (escuchar y responder) por encontrarnos fundados en su vida.<\/p>\n<p>Siendo lejano (trascendente), Dios se muestra a la vez muy cercano: es principio creador, Padre-Madre, fuente de cari\u00f1o, gracia donde se arraiga toda vida. De su fuente nacemos, en su amor crecemos, en su plenitud culminamos. Los jud\u00ed\u00ados lo sol\u00ed\u00adan ver alejado, en el pasado o futuro de la historia, como Yav\u00e9, a quien no podemos conocer, cuyo nombre no podemos pronunciar. Jes\u00fas lo ha visto y proclamado como Aquel que nos ofrece el Reino, buena nueva de amor para los humanos.<\/p>\n<p>Tal es la noticia que Jes\u00fas ha proclamado: el milagro de la vida que brota del amor, la fuerza original del evangelio. Dios es m\u00e1s que el orden legal del juda\u00ed\u00adsmo, m\u00e1s que la fuerza escatol\u00f3gica o guerrera de algunos militares o profetas de su pueblo, m\u00e1s que el Ser de Gracia o el Absoluto silencioso de la India. El es ante todo gracia: en su Amor nos funda, en su Vida sostiene nuestra vida; creer en \u00e9l implica cultivar el gozo, la alegr\u00ed\u00ada, la salud y la esperanza de lo humano.<\/p>\n<p>A este Dios Padre\/Madre le pedimos, ante todo, vida y gracia (perd\u00f3n), como muestran de forma convergente Mc 11,25 (\u00abcuando os pong\u00e1is a orar, si ten\u00e9is algo contra alguien, perdon\u00e1dselo&#8230;\u00bb) y Mt 6,7-8 (\u00abal rezar no os convirt\u00e1is en charlatanes&#8230;, porque vuestro Padre conoce las necesidades que ten\u00e9is&#8230;\u00bb). La confianza en Dios nos hace ser personas (cf Mt 6,32-34; Lc 12,29-31): crecemos en la gracia (el seno materno) del Dios que nos ama, haci\u00e9ndonos nacer a\u00fan, pues nuestra vida no se encuentra terminada; no estamos hechos, fijados, acabados; seguimos naciendo del seno de Dios, el amor que nos hace ser y perdonamos.<\/p>\n<p>Vivir desde el seno de Dios, sabiendo que ni un solo cabello de nuestra Cse pierde sin que \u00e9l lo sepa y considere (cf Mt 10,30): esta es la ra\u00ed\u00adz teol\u00f3gica del evangelio. As\u00ed\u00ad podemos, como ni\u00f1os, confiar, seguir naciendo y viviendo y muriendo, en amor y esperanza radicales, porque Dios nos ofrece su reino (cf Mc 9,33-37; 10,13-16par). El mundo no es lugar donde domina el diablo, ni la historia es camino donde s\u00f3lo brota y crece (nos ahoga) la angustia de la muerte, el c\u00e1lculo de horas y momentos. Mundo e historia son casa de Dios Padre, hogar donde es posible nacer, crecer y morir en la confianza amorosa, compartiendo mesa y palabra, porque en todo y sobre todo se est\u00e1 manifestando el Padre.<\/p>\n<p>Confiar en Dios, nacer desde su seno de amor: esta es la verdad del evangelio, su novedad primera y duradera; todo lo dem\u00e1s es consecuencia. Por eso definimos a Jes\u00fas como creyente y revelador del Padre: ha confiado en Dios, en fe abierta a todos los humanos, descubriendo as\u00ed\u00ad el sentido de la naturaleza, superando el pecado y venciendo incluso a la muerte (porque Dios, su Padre, lo ha resucitado). Este es el axioma cristiano, la verdad por excelencia.<\/p>\n<p>2. PADRE QUE NOS HACE CONOCER Y CUMPLIR LA \u00abLEY\u00bb DEL REINO. Dios se define ahora como aquel que nos capacita para amar en gratuidad y realizarnos as\u00ed\u00ad como personas. El humano s\u00f3lo puede amar porque es amado: por descubrirse agraciado puede hacerse gratuidad; porque Dios le perdona puede perdonar. Dios Padre-Madre nos hace hijos suyos, madur\u00e1ndonos en amor.<\/p>\n<p>De esa forma, el mismo amor del Padre se vuelve fuente de creatividad. Para los jud\u00ed\u00ados, Dios era Yav\u00e9, aquel que est\u00e1 presente, liberando a su pueblo. Para los cristianos, Dios es Padre\/Madre: aquel que act\u00faa amando, impulsando a Jes\u00fas en su camino de entrega, acogi\u00e9ndolo y resucit\u00e1ndolo en la muerte. Por eso, la fe es principio de creatividad humana: creer en Dios Padre significa responder a su llamada, entregando la vida en amor por los otros, en esperanza de resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Nuestra existencia espec\u00ed\u00adficamente humana no proviene de la evoluci\u00f3n de la materia, sino de la llamada personal de Dios que nos ha elegido, invit\u00e1ndonos a colaborar en su obra, al servicio de los m\u00e1s necesitados. Siendo misericordia y gracia, Dios se define como fuente de vida que mana en nuestra propia vida, por medio de la acci\u00f3n mesi\u00e1nica de Jes\u00fas (cf Jn 5,17; 9,4). El es Padre haci\u00e9ndonos hijos y hermanos, capaces de entregarnos en amor unos a los otros.<\/p>\n<p>Dios no garantiza y justifica simplemente lo que existe, sino al contrario: ofrece vida a los que parec\u00ed\u00adan condenados por las fuerzas negadoras de la vida. Actuando en nombre de ese Dios, Jes\u00fas no conquista el Reino por las armas, ni controla el templo por la fuerza militar, ni destruye en batalla a los perversos, sino que ofrece ayuda y curaci\u00f3n a los necesitados (enfermos, expulsados&#8230;) de su pueblo. En nombre de ese Dios, Jes\u00fas afirma que \u00abse ha cumplido el tiempo y el reino de Dios est\u00e1 cerca\u00bb (Mc 1,15), entregando la vida en sus manos de Padre-Madre que lo resucita.<\/p>\n<p>Jes\u00fas viene a presentarse as\u00ed\u00ad como encarnaci\u00f3n del Padre. No ofrece teor\u00ed\u00adas sobre Dios, sino que act\u00faa en su nombre, expandiendo su amor, entreg\u00e1ndose en sus manos. Precisamente por eso podemos y debemos confesarlo Cristo: mes\u00ed\u00adas de la acci\u00f3n liberadora del Padre, que entrega su vida y muere eh medio de una tierra que parece condenada a la violencia destructora de la historia.<\/p>\n<p>Desde ese fondo podemos y debemos definir a Dios Padre como voluntad de amor (cf Mt 6,10; Mc 12,28par; Jn 10,18; 13,43, etc.): no es ley que nos oprime desde fuera, ni imperativo abstracto de la raz\u00f3n, ni idea o ser supremo, sino Padre que acoge en amor la vida de Jes\u00fas y lo resucita, haci\u00e9ndolo su Hijo en plenitud y salvador de todos los humanos (cf Rom 1,3-4).<\/p>\n<p>Precisamente ah\u00ed\u00ad, en la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, Dios viene a revelarse en su verdad m\u00e1s honda como Padre\/Madre en quien debemos confiar, buscando su amor-reino y sabiendo que las restantes cosas se nos dar\u00e1n por a\u00f1adidura (cf Mt 6,10.33; Le 12,31). Son muchos los que buscan s\u00f3lo a Dios por la comida y el vestido, el poder y el ego\u00ed\u00adsmo de la tierra. Pues bien, en contra de eso, desbordando el nivel del deseo impositivo y la violencia, Dios se ha revelado como Padre-Madre que acompa\u00f1a a Jes\u00fas hasta la muerte, y en ella, en la entrega de amor, lo recibe en amor sin medida, resucit\u00e1ndolo de entre los muertos y haci\u00e9ndolo Se\u00f1or de salvaci\u00f3n para todos los humanos.<\/p>\n<p>Este Dios Padre-Madre, que ha enviado a Jes\u00fas y lo ha resucitado, es fuente de perd\u00f3n incondicional, como bien sabe san Pablo. Dios no impone el perd\u00f3n como exigencia, como ley que nos obliga a responderle en sumisi\u00f3n, sino que lo regala en gracia, como amor que nos hace amar, regalo que nos hace ser regalo, haci\u00e9ndonos capaces de expandirlo en nuestra vida. Ese perd\u00f3n del Padre Dios, que resucita a su Hijo, no se traduce en forma de derrota o victimismo, sino todo lo contrario: en gratuidad universal y creadora, en gozo desbordante y amor compartido que vence los odios del mundo.<\/p>\n<p>De esa forma, la misma voluntad del Padre\/Madre se vuelve misericordia (cf Lc 6,36). Podemos imitar a Dios en la medida en que acogemos su gracia, reproduciendo su figura, como el mismo Jes\u00fas hizo, en camino de entrega hasta la muerte. Dios aparece as\u00ed\u00ad como voluntad de amor (misericordia, perd\u00f3n) dentro de nuestra propia vida: creer en \u00e9l significa descubrirnos capaces de amar con \u00e9l, superando la violencia y la ley impositiva de la tierra. Dios no es s\u00f3lo aquel que habita en medio de nosotros, haci\u00e9ndonos nacer\/vivir, sino el que act\u00faa por nosotros, haci\u00e9ndonos portadores de perd\u00f3n creador y gozoso, abierto a todos los humanos.<\/p>\n<p>3. PADRE DEL FUTURO, NUEVO NACIMIENTO. De la Gracia de Dios (Padre\/Madre), a trav\u00e9s de su Acci\u00f3n (presencia creadora), pasamos al Futuro de su vida, que se expresa como resurrecci\u00f3n y Reino para todos los humanos. Algunos te\u00f3logos han destacado de tal forma la gracia trascendente de Dios que han podido olvidar su cercan\u00ed\u00ada (K. Barth) o la expresan de un modo individualista (R. Bultmann), renunciando casi a su esperanza de futuro (transformaci\u00f3n del Reino). En contra de eso, debemos afirmar que Dios s\u00f3lo se expresa plenamente como Padre-Madre all\u00ed\u00ad donde, resucitando a Jes\u00fas, nos abre hacia su reino: no nos ha engendrado todav\u00ed\u00ada plenamente, no hemos nacido del todo; naceremos de verdad y lo veremos en plenitud en la resurrecci\u00f3n de entre los muertos.<\/p>\n<p>En este mundo, padre y madre suelen estar en el principio (nos dan vida y educan, acabando su funci\u00f3n cuando llegamos a hacernos mayores). Por el contrario, Dios ser\u00e1 del todo Padre-Madre en el futuro: por eso esperamos en \u00e9l, confiamos en su obra, aguardando la filiaci\u00f3n completa (Rom 8 y G\u00e1l 4): naceremos plenamente como hijos de Dios, alcanzaremos en Jes\u00fas la herencia plena, Dios ser\u00e1 para nosotros ya del todo el Padre-Madre de la gloria.<\/p>\n<p>Ese Padre-Madre de la plena filiaci\u00f3n viene a presentarse como verdadero amigo y compa\u00f1ero, Dios de la esperanza de futuro, anticipada en la liturgia de la Iglesia. El acoge nuestras peticiones, recibi\u00e9ndonos en la muerte, para resucitarnos. Ante \u00e9l nos sentimos confiados, sabiendo que el futuro se halla abierto a nuestros deseos m\u00e1s profundos: \u00abPedid y se os dar\u00e1, buscad y encontrar\u00e9is&#8230;\u00bb (Mt 7,7.9-11; Lc 11,9-13). La experiencia de Dios no es negaci\u00f3n o indiferencia, sino todo lo contrario: apertura infinita del deseo, promesa de existencia colmada, gozo perfecto.<\/p>\n<p>Siglos de ascetismo han manchado esta experiencia, interpretando a Dios como negaci\u00f3n del futuro, prohibici\u00f3n de los placeres. Pues bien, en contra de eso, la fe en el Dios del evangelio (Padre\/Madre, principio de acci\u00f3n) ensancha al infinito nuestros deseos: \u00abNo tengas miedo, peque\u00f1o reba\u00f1o, porque vuestro Padre ha decidido daros el reino\u00bb (Lc 12,32). Este deseo de la plenitud de Dios Padre-Madre ha de entenderse en su sentido integral, abarcando alma y\/o cuerpo, vida individual y\/o social, todo lo humano, como sabe el mensaje de las bienaventuranzas (Lc 6,20-21par). Este es el placer del deseo que se sabe bueno, abierto por Dios desde la misma complejidad de este mundo; este es el deseo de nacer del todo, de hacernos hijos perfectos del Dios Padre-Madre.<\/p>\n<p>Este Dios no est\u00e1 fuera, sino dentro de nosotros, como Madre engendradora, fuente intensa de ser que nos hace creadores, responsables de la vida de los otros, Padre universal que nos invita a dar la vida por los m\u00e1s necesitados. Rompe as\u00ed\u00ad las fronteras que en su nombre se han trazado entre limpios y manchados, buenos y malos, jud\u00ed\u00ados y gentiles, viniendo a presentarse desde ahora como fuente de esperanza.<\/p>\n<p>De esta forma, el Dios Padre\/Madre aparece como Amigo, fuente de comuni\u00f3n y de confianza: da sentido positivo a nuestra vida, nos compromete en favor de la justicia y con su misma realidad de amor nos introduce en el gozo del Reino.<\/p>\n<p>Este es el Dios de la esperanza que nos lleva hacia el placer final, la bienaventuranza realizada del amor, el gozo y la paz (cf G\u00e1l 5,22). Lo hemos buscado con Jes\u00fas, con Jes\u00fas hemos amado a los dem\u00e1s, en Jes\u00fas lo encontraremos al final de nuestros d\u00ed\u00adas: como un Padre-Madre que nos acoge en la cuna de la muerte, ofreci\u00e9ndonos la esperanza suprema de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>IV. Aproximaci\u00f3n catequ\u00e9tica<br \/>\nTodo acercamiento catequ\u00e9tico a Dios hoy, si busca ser aut\u00e9ntico, tendr\u00e1 que llevar en sus venas la actitud de descalzarse interiormente y desprenderse de muchos esquemas preconcebidos. Queremos hacerlo con la fe humilde de Abrah\u00e1n, postr\u00e1ndose en tierra; con la esperanza inquieta de Mois\u00e9s, quit\u00e1ndose las sandalias; con el amor ardiente de los profetas, dej\u00e1ndose conducir por el Esp\u00ed\u00adritu; pero sobre todo, lo hacemos cogidos de la mano de Jes\u00fas de Nazaret, en quien Dios se revel\u00f3 como Padre y en quien Jes\u00fas experiment\u00f3 ser Hijo (cf Mt 11,25-27). Los cristianos no tenemos necesidad de buscar otra puerta que no sea Jes\u00fas para entrar en el interior de la experiencia de Dios (cf Jn 10,7-9).<\/p>\n<p>\u00abCreo en Dios Padre\u00bb: con estas palabras se anuncia el primer art\u00ed\u00adculo de la fe y se abre el acceso a la m\u00e1s genuina oraci\u00f3n cristiana. Enunciarlas equivale a asomarse al v\u00e9rtigo del misterio; s\u00f3lo que se trata de un misterio presentido como c\u00e1lido, abierto y acogedor: impone respeto, pero no miedo; aparece inmenso, pero no humillante. Todo en la revelaci\u00f3n evang\u00e9lica invita a acercarse a \u00e9l y a ir temperando a su luz el misterio, peque\u00f1o pero entra\u00f1able, de nuestra propia vida. Pues Dios como Padre nos revela a nosotros como hijos. Y si esta revelaci\u00f3n nos alcanza de verdad, nuestro ser entero quedar\u00e1 iluminado y transfigurado (cf Mc 9,2-7).<\/p>\n<p>1. OBJETIVOS Y PLANTEAMIENTO DEL TEMA. En el proceso evangelizador de la Iglesia, la catequesis, utilizando los medios que le son propios, busca precisamente eso: que el mensaje cristiano alcance al hombre en todo su ser, hasta quedar traspasado por la fe en Jes\u00fas, el Se\u00f1or. Por Cristo, con \u00e9l y en \u00e9l, el creyente podr\u00e1 adentrarse en el seno del Padre y experimentar en sus entra\u00f1as lo que significa ser hijo. Y as\u00ed\u00ad como para la vitalidad de un organismo humano es necesario que funcionen todos sus \u00f3rganos, para la maduraci\u00f3n de la vida cristiana, la catequesis debe cultivar todas sus dimensiones: iluminaci\u00f3n de la fe, animaci\u00f3n de la vida, participaci\u00f3n en la oraci\u00f3n y la liturgia, vida apost\u00f3lica y pertenencia comunitaria (cf CC 34; DGC 87). Atendiendo pues a estas tareas, y en orden a iniciar en la totalidad de la vida cristiana, nos adentraremos en aquellos aspectos que nos acerquen al misterio de Dios Padre, seg\u00fan los objetivos espec\u00ed\u00adficamente catequ\u00e9ticos. Despu\u00e9s, atenderemos a una catequesis que, seg\u00fan las diversas edades, deber\u00e1 tener en cuenta las experiencias significativas de cada etapa, de modo que la situaci\u00f3n vital concreta entre en di\u00e1logo con las experiencias cristianas fundantes sobre Dios Padre, para educar la experiencia humana y expresarla como aut\u00e9ntica experiencia cristiana. Finalmente, ofreceremos algunos apuntes de car\u00e1cter metodol\u00f3gico.<\/p>\n<p>2. TAREAS DE LA CATEQUESIS. Hablar de Dios Padre no es tanto entender o explicar cuanto abrirse mental y cordialmente, y dejarse caldear por su calor. M\u00e1s que un tema de reflexi\u00f3n, que lo debe ser, es un tema de oraci\u00f3n; o acaso de esa sabidur\u00ed\u00ada que pertenece al patrimonio de los peque\u00f1os, de los de coraz\u00f3n. Si al final todo quedase un poco m\u00e1s claro y expedito, con el fin de que la gran revelaci\u00f3n de Jes\u00fas -Dios como Abb\u00e1, como Padre de misericordia, respeto y amor entra\u00f1ables- resonase de un modo significativo para la sensibilidad de nuestro tiempo, estar\u00ed\u00ada conseguido lo fundamental. Dada la limitaci\u00f3n del lenguaje, y teniendo presente h indicado m\u00e1s arriba, donde digam\u00f3 Padre puede leerse simult\u00e1neame e Madre, o un Padre con coraz\u00f3n materno. Siguiendo las nuevas orientaciones del Directorio general para la catequesis (DGC 84, 86), pasamos a se\u00f1alar las tareas de la catequesis, referidas a Dios Padre.<\/p>\n<p>a) Conocer el misterio de la fe: \u00abLa catequesis tiene su origen en la confesi\u00f3n de fe y conduce a la confesi\u00f3n de fe\u00bb (MPD 8; cf CCE 185-197). Decir que Dios es Padre es una invocaci\u00f3n conocida en muchas religiones y culturas. La divinidad es considerada con frecuencia como padre de los dioses y de los hombres. Siempre act\u00faa primero y de manera gratuita. Toda la historia del Antiguo Testamento est\u00e1 presidida por Yav\u00e9, que se revel\u00f3 como padre de Israel en cuanto creador y se\u00f1or del mundo (cf Dt 32,6; Mal 2,10); m\u00e1s a\u00fan, es padre en raz\u00f3n de la alianza y del don de la ley a Israel, su primog\u00e9nito (cf Ex 4,22), y es, muy especialmente, padre de los pobres, del hu\u00e9rfano y de la viuda, que est\u00e1n bajo su protecci\u00f3n amorosa (cf CCE 238). Oseas expresa gr\u00e1ficamente su inmensa ternura (Os 11,1-4); Isa\u00ed\u00adas compara el amor de Yav\u00e9 al amor de una madre (Is 49,15-16); a trav\u00e9s de \u00e1ngeles, mensajeros o enviados, Dios manifiesta su presencia y su cuidado (Heb 1,14). Pero la prueba suprema de amor nos la ha dado Dios en la persona de Jesucristo. Dios ha amado tanto a los hombres y a este mundo que nos ha entregado lo que m\u00e1s quiere, a su Hijo, aun sabiendo que ser\u00ed\u00ada rechazado (Rom 5,6-8). La revelaci\u00f3n de Dios como Padre recorre todo el Nuevo Testamento, est\u00e1 en el centro del mensaje de Jesucristo, es la clave para entender el Reino, que en palabras sencillas expresamos as\u00ed\u00ad: \u00abtodos vosotros sois hermanos porque ten\u00e9is un solo Padre; amaos unos a otros como yo os he amado, es decir, m\u00e1s, mejor y de otra manera\u00bb. La paternidad de Dios es la clave para comprender la fraternidad entre los hombres y en el mundo, cuya \u00fanica ley es el mandamiento nuevo. As\u00ed\u00ad pues, Jes\u00fas ha revelado que Dios es Padre en un sentido nuevo: no lo es s\u00f3lo en cuanto creador y se\u00f1or de todas las cosas, es eternamente Padre en relaci\u00f3n a su Hijo \u00fanico que, rec\u00ed\u00adprocamente, s\u00f3lo es Hijo en relaci\u00f3n a su Padre (Mt 11,27). Por eso los ap\u00f3stoles confiesan a Jes\u00fas como \u00abla Palabra [que] estaba con Dios y que era Dios\u00bb (Jn 1,1), como la \u00abimagen de Dios invisible\u00bb (Col 1,15), como el \u00abresplandor de su gloria y la impronta de su ser\u00bb (Heb 1,3). Despu\u00e9s de ellos, siguiendo la tradici\u00f3n apost\u00f3lica, as\u00ed\u00ad lo confiesa la Iglesia a lo largo de los siglos, y as\u00ed\u00ad lo ense\u00f1a desde su magisterio (cf concilios de Nicea, Constantinopla&#8230;).<\/p>\n<p>A la catequesis, pues, le corresponde iniciar a los diversos destinatarios, seg\u00fan su edad y condici\u00f3n, al conocimiento del Dios revelado en Jesucristo y ayudarles a \u00abdar raz\u00f3n de la fe\u00bb. M\u00e1s all\u00e1 de las im\u00e1genes distorsionadas de un Dios como tapagujeros, como omnipotente robot, o cualquiera de los idolillos de nuestro tiempo, la catequesis ha de educar en la experiencia religiosa que se sit\u00faa a otro nivel: en la acogida de un Dios gratuito, pero no superfluo, que consolida y da sentido a todas las dimensiones de la existencia humana. Un Dios gratuito que, sin resolvernos los problemas pr\u00e1cticos de cada d\u00ed\u00ada, nos hace m\u00e1s humanos, m\u00e1s libres, m\u00e1s capaces de amar, vivir y crear. En una palabra, m\u00e1s hermanos, porque \u00e9l es nuestro Padre.<\/p>\n<p>b) Aprender a orar y celebrar la fe. \u00abJes\u00fas estaba orando en cierto lugar. Cuando acab\u00f3, uno de sus disc\u00ed\u00adpulos le dijo: \u00abSe\u00f1or, ens\u00e9\u00f1anos a orar, como Juan ense\u00f1\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos\u00bb. El les dijo: Cuando or\u00e9is decid: \u00abPadre&#8230;\u00bb\u00bb (Lc 11,1-2). Y les entreg\u00f3 el padrenuestro. Ante dicha petici\u00f3n, notamos que cada grupo ten\u00ed\u00ada un modo t\u00ed\u00adpico de orar, que se correspond\u00ed\u00ada a un modo espec\u00ed\u00adfico de relacionarse con Dios. Pues bien, Jes\u00fas les entrega el padrenuestro, es decir, el santo y se\u00f1a de su m\u00e1s honda y original intimidad. De este modo, Dios queda definitivamente revelado como paternidad entra\u00f1able, como esa fuente de confianza y ternura que alimenta el misterio de Jes\u00fas y que se abre en adelante para todo hombre. Intimidad y ternura que distan mucho de caer en lo banal o de perderse en sentimentalismos. Por eso Jes\u00fas prohib\u00ed\u00ada expresamente invocar a nadie con ese nombre (Mt 23,9). Jes\u00fas no rebaja la intimidad, pero s\u00ed\u00ad quiere protegerla en su pureza y preservarla en su trascendencia para el Unico que puede realizarla en plenitud.<\/p>\n<p>La instrucci\u00f3n de Jes\u00fas a sus disc\u00ed\u00adpulos acerca de la oraci\u00f3n constituye una verdadera catequesis, en la que propone una nueva forma de orar, en contraste con la oraci\u00f3n de los fariseos y de los paganos (cf Mt 6,5-8). As\u00ed\u00ad pues, la catequesis, teniendo en cuenta las distintas experiencias de los catequizandos, les ayudar\u00e1 a entrar en relaci\u00f3n con Dios como Padre y los iniciar\u00e1 a la plegaria, sabiendo que el modelo de oraci\u00f3n cristiana es el padrenuestro; m\u00e1s a\u00fan, constituye una aut\u00e9ntica escuela de oraci\u00f3n; es, tambi\u00e9n, una escuela de vida, pues nadie puede orar as\u00ed\u00ad si no viven e &#8211; herencia con lo que pide. La primera &#8211; parte del padrenuestro (Mt 6,9-10) invita a poner la mirada solamente en Dios, un Dios al que los disc\u00ed\u00adpulos pueden llamar Padre con la misma confianza que Jes\u00fas. Situados as\u00ed\u00ad ante Dios, los disc\u00ed\u00adpulos expresan el deseo de que venga el Reino, es decir, de que se cumpla plenamente el anuncio de Jes\u00fas (cf Mt 4,17). Entonces ser\u00e1 reconocida la santidad de Dios y se cumplir\u00e1 plenamente su voluntad. La segunda parte (Mt 6,11-13) mira hacia el grupo de los disc\u00ed\u00adpulos y ense\u00f1a a pedir aquellas cosas que son necesarias para vivir anhelando el reino de Dios: el sustento, el perd\u00f3n y la protecci\u00f3n divina ante la tentaci\u00f3n de abandonar el camino del seguimiento. La catequesis ayudar\u00e1 a comprender que la oraci\u00f3n es imprescindible en la vida del disc\u00ed\u00adpulo y que debe orar siempre, en espera de recibir de Dios su gran don, el Esp\u00ed\u00adritu (Lc 11,13). La oraci\u00f3n del cristiano es, por tanto, la de una persona insatisfecha, que desea construir un mundo diferente, en el que el reino de Dios sea realizado y reconocido.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, toda la liturgia nos invita a invocar y confesar a Dios como Padre. Cualquier celebraci\u00f3n la comenzamos en el nombre de la Trinidad y la concluimos con su bendici\u00f3n; en los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana, el credo y el padrenuestro ocupan un lugar central (cf DGC 82). As\u00ed\u00ad lo ha recogido la catequesis desde los comienzos. Acabado el itinerario catecumenal, en la etapa que, dentro del proceso, se llama de iluminaci\u00f3n y purificaci\u00f3n, la Iglesia acompa\u00f1a a los catec\u00famenos con la oraci\u00f3n, para que se abran a la acci\u00f3n de Dios, y les entrega los s\u00ed\u00admbolos de la identidad cristiana: el credo y el padrenuestro. \u00abEs en el bautismo donde los cristianos nos convertimos en hijos de Dios, porque somos engendrados por \u00e9l a una vida nueva y recibimos el esp\u00ed\u00adritu de adopci\u00f3n. La Iglesia primitiva lo entendi\u00f3 as\u00ed\u00ad cuando prohib\u00ed\u00ada a los catec\u00famenos recitar el padrenuestro antes del bautismo. \u00abUn catec\u00fameno no puede llamar Padre a Dios\u00bb (san Juan Cris\u00f3stomo), pues: \u00ab\u00bfC\u00f3mo puede ser hijo uno que no ha nacido?\u00bb (san Agust\u00ed\u00adn). Los reci\u00e9n bautizados recitaban por primera vez el padrenuestro en la vigilia pascual, para subrayar la nueva etapa de ser y sentirse hijos de Dios. Orar el padrenuestro desde las manos de Jes\u00fas es celebrar la fe en Dios Padre. Aquello que creemos es lo que celebramos. Por eso, tanto la catequesis como la liturgia en cualquiera de sus formas y expresiones, especialmente en la preparaci\u00f3n y celebraci\u00f3n de los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana, ayudar\u00e1n a los correspondientes destinatarios a comprender y relacio nar el primer art\u00ed\u00adculo del credo con la oraci\u00f3n dominical. La oraci\u00f3n del padrenuestro es como el coraz\u00f3n del evangelio, cuyo n\u00facleo reside en la s\u00faplica \u00abvenga a nosotros tu Reino\u00bb. Y el camino para que el reino de Dios venga a nosotros y al mundo no es otro que el de las bienaventuranzas. Rezar el padrenuestro como conviene es, por nuestra parte, un atrevimiento; de ah\u00ed\u00ad que s\u00f3lo lo podamos hacer bien desde las manos de Jes\u00fas. La liturgia ha recogido acertadamente la expresi\u00f3n: \u00abFieles a la recomendaci\u00f3n del Salvador, y siguiendo su divina ense\u00f1anza, nos atrevemos a decir: Padre&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>c) Ejercitar las actitudes evang\u00e9licas. En Jes\u00fas, la vivencia de Dios como Abb\u00e1 constituye el n\u00facleo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo y original de su personalidad. De dicha experiencia, como de un centro vital, mana para \u00e9l, desde la obediencia m\u00e1s radical, una confianza sin l\u00ed\u00admites que, a\u00fan hoy, hace inconfundible su figura. Jes\u00fas se dirige inequ\u00ed\u00advocamente a Dios como Abb\u00e1, con las resonancias propias de un ni\u00f1o que se siente hijo querido, acurrucado en sus manos y plenamente confiado a su misericordia, porque tiene la seguridad de que Dios, en la hondura de sus entra\u00f1as, es su Padre. Jes\u00fas era consciente de esta novedad y sus consecuencias, por eso mira la vida, a pesar de las dificultades, con ojos de alegr\u00ed\u00ada y acci\u00f3n de gracias (Mt 11,25-27).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, en la predicaci\u00f3n y la catequesis sobre Dios Padre, la confianza es la actitud nuclear desde la que irradian, fundamentalmente, la obediencia, la misericordia y la gratitud. Actitudes que constituyen otras tantas caracter\u00ed\u00adsticas en quienes se relacionan con Dios como hijos, y a las que la catequesis debe prestar una especial atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; La confianza: la revelaci\u00f3n de Dios como Padre est\u00e1 en el centro del mensaje de Jesucristo. El secreto de la vida humana consiste en llegar a confiar en Dios (Mt 7,7-12). Son los peque\u00f1os, los que, humildes, creen y conf\u00ed\u00adan, los que descubren su acci\u00f3n y su presencia (cf Mt 11,25), los que acogen la llegada del reino de Dios, los que piden el&#8217; cumplimiento de la voluntad del Padre (Mt 6,9-10). Jes\u00fas nos ense\u00f1a que el hombre puede acudir siempre al Padre, tal como es en lo profundo de su vida, con sus miserias y necesidades ordinarias (Mt 6,11-13). Quienes as\u00ed\u00ad se presentan delante de Dios, saben tambi\u00e9n qu\u00e9 es lo fundamental (Mt 6,33). Sucede, sin embargo, que a veces al hombre le falta valor para vivir confiadamente. Necesita de la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu para poder vivir con coraz\u00f3n de hijo ante Dios Padre (cf CCE 154). La acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu viene a ser la prueba de filiaci\u00f3n (Rom 8,14-17). La catequesis educar\u00e1 el coraz\u00f3n de los catequizandos en orden a percibir c\u00f3mo Jes\u00fas nos invita a confiar en el Padre, a no vivir agobiados por ninguna preocupaci\u00f3n angustiosa y a no ser esclavos de nada ni de nadie. En sus manos nada hemos de temer (cf Lc 12,22-32).<\/p>\n<p>&#8211; La obediencia: la obediencia corresponde a la confianza. Jes\u00fas no vio en la obediencia nada que repugnara a su dignidad de Hijo (cf CCE 154). El confiaba incondicionalmente en el Padre (cf Heb 5,8). En nuestros d\u00ed\u00adas son muchas las autoridades que reclaman nuestra obediencia. Por eso Jes\u00fas nos alerta: \u00abA nadie en la tierra llam\u00e9is padre, porque uno solo es vuestro Padre, el celestial\u00bb (Mt 23,9). S\u00f3lo a Dios debemos una obediencia incondicional. As\u00ed\u00ad lo testifican ya los primeros cristianos: \u00abHay que obedecer a Dios antes que a los hombres\u00bb (He 5,29). Al llamar Padre a Dios, la catequesis educar\u00e1 el coraz\u00f3n de los catequizandos en orden a adoptar ante \u00e9l una actitud de obediencia y fidelidad, de entrega confiada a su voluntad, de sumisi\u00f3n al que interpela constantemente nuestra existencia. En Jesucristo descubrimos que ser hijo no significa vivir ante el fantasma paterno de Dios, asustados por su poder arbitrario, obsesionados por ganarnos su benevolencia. Vivir como hijos de Dios significa sabernos enraizados en el amor originario de un Dios que es Padre, y remitidos a nuestra propia responsabilidad de hijos y de hermanos entre los hombres.<\/p>\n<p>&#8211; La misericordia: el coraz\u00f3n de Dios Padre lo manifiesta Jes\u00fas de forma incomparable en la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo (cf Lc 15,11-32). En el contexto evang\u00e9lico, Dios no aparece como el padre que atranca la puerta para que los hijos no salgan de noche, sino como luz que alumbra, como br\u00fajula que orienta al hombre en sus opciones; como el que no abandona en el ejercicio arriesgado de la libertad, y el que crea nuevas perspectivas de liberaci\u00f3n, rehaciendo los ep\u00ed\u00adlogos que parec\u00ed\u00adan desastrosos. Al llamar Padre a Dios, la catequesis educar\u00e1 el coraz\u00f3n de los catequizandos en orden a no limitarse solamente a obedecer unas leyes que contienen, de alguna manera, su voluntad, sino a acoger su amor gratuito, dejar crecer en nosotros su presencia amorosa y disponernos a amar a los hombres como hijos suyos. Toda la moral cristiana no es sino el despliegue y la concreci\u00f3n de ese amor que nace de Dios. Pero el amor de Dios no es siempre fuente de exigencia, sino promesa de gracia. Por muy grave que sea nuestro pecado, nunca es obst\u00e1culo para acercarnos humildemente al Padre. Al contrario, pocas veces estamos los hombres tan cerca de Dios, dej\u00e1ndole a Dios ser Dios, como cuando nos reconocemos d\u00e9biles y acogemos agradecidos su perd\u00f3n gratuito y su gracia renovadora; en otras palabras, su misericordia.<\/p>\n<p>&#8211; La gratitud: brota del asombro de sabernos hijos de Dios (cf 1Jn 3,1-3). Jes\u00fas es profundamente agradecido ante el Padre: \u00abTe doy gracias, Padre, Se\u00f1or del cielo y de la tierra\u00bb (Mt 10,25); y se sorprende cuando los hombres liberados de la lepra no lo son (Lc 17,11-19); en ambos casos, Jes\u00fas nos muestra c\u00f3mo la gratitud brota de la fe. Tambi\u00e9n Pablo, un hombre que daba gracias \u00absin cesar\u00bb (cf Col 1,3; 1Tes 1,2; 2,13; 2Tes 1,3), reprocha a los paganos el que no hayan Sabido manifestar a Dios la gratitud O e \u00e9l merece (Rom 1,21). Al llamar dre a Dios, la catequesis educar\u00e1 el coraz\u00f3n de los catequizandos en orden a percibir que la invocaci\u00f3n misma de Jes\u00fas significa que Dios es gracia, origen de nuestra existencia, amor creador que hace posible nuestra libertad, presencia salvadora que posibilita nuestra vida. Muchas veces los hombres corremos el riesgo de perdernos a nosotros mismos y olvidar nuestra propia identidad; invocar a Dios como Padre, siguiendo a Jes\u00fas, es aceptarnos como hijos, que recibimos enteramente nuestra existencia y nuestra dignidad de Dios Padre, a quien debemos estar agradecidos.<\/p>\n<p>d) Formar la acci\u00f3n apost\u00f3lica y misionera: \u00abAl fundir su confesi\u00f3n con la de la Iglesia, el cristiano se incorpora a la misi\u00f3n de esta: ser sacramento universal de salvaci\u00f3n para la vida del mundo. El que proclama la profesi\u00f3n de fe asume compromisos que, no pocas veces, atraer\u00e1n persecuci\u00f3n. En la historia cristiana, son los m\u00e1rtires los anunciadores y los testigos por excelencia\u00bb (DGC 83; cf RMi 45).<\/p>\n<p>Quien llama Padre a Dios est\u00e1 descubriendo en ese mismo momento que tiene hermanos con sus gozos, dolores y esperanzas, y que nunca podr\u00e1 presentarse solo ante el Padre. Precisamente porque los cristianos llamamos Padre a Dios es por lo que el fraternizar debe considerarse como una praxis espec\u00ed\u00adficamente cristiana. La paternidad de Dios, vivida como Jes\u00fas, ayuda al hombre a ser m\u00e1s responsable, m\u00e1s libre, m\u00e1s consciente. La catequesis educar\u00e1 el coraz\u00f3n de los catequizandos en orden a descubrir que aceptar a Dios como Padre no anula nuestra responsabilidad, sino que la estimula y la potencia sin l\u00ed\u00admites. La obediencia a un Padre que s\u00f3lo es amor liberador no hunde al creyente en la esclavitud y la alienaci\u00f3n, sino que lo empuja a la total responsabilidad ante el hermano, ante el mundo y ante la vida entera. S\u00f3lo se puede ser hijo de Dios viviendo como hermano de los hombres. S\u00f3lo se puede ser justo ante Dios promoviendo su justicia de Padre ante los hermanos. Precisamente, cuando olvidamos a este Padre que nos remite a los hermanos, caemos en la esclavitud de \u00ed\u00addolos como el dinero, el poder, el sexo, el propio bienestar o la violencia, que nos encierran en nosotros mismos y nos llevan al olvido de los hombres que sufren. Creer en el Dios de Jesucristo es aprender a rezar el padrenuestro, confiando nuestra existencia a Dios y trabajando para que su reino de Padre sea cada vez m\u00e1s real en un mundo tan dividido. Los creyentes no podemos olvidar que confesar a Dios como Padre no es s\u00f3lo aceptar te\u00f3ricamente que Dios desborda nuestra inteligencia y nuestro pensamiento. Es tambi\u00e9n escuchar la invitaci\u00f3n que nos hace desde los pobres y desheredados de la tierra, sentirnos urgidos a salir de nosotros mismos, trascender nuestros propios ego\u00ed\u00adsmos e intereses y ponernos al servicio de los necesitados (Mt 25,31-46).<\/p>\n<p>e) Cuidar la dimensi\u00f3n comunitaria: la profesi\u00f3n de fe s\u00f3lo es plena si es referida a la Iglesia. Todo bautizado proclama en singular el credo, pues ninguna acci\u00f3n es m\u00e1s personal que esta. Pero lo recita en la Iglesia y a trav\u00e9s de ella, puesto que lo hace como miembro suyo. El creo y el creemos se implican mutuamente (cf CCE 166-177 y 196; DGC 83). Como hemos dicho, quien llama Padre a Dios est\u00e1 descubriendo en ese mismo momento que tiene hermanos y que nunca podr\u00e1 presentarse solo ante el Padre. Y es que los hermanos no son algo que el hombre puede buscar o elegir, como un amigo por ejemplo, sino alguien que el hombre necesita recibir de sus padres. Y as\u00ed\u00ad como en la familia carnal los hermanos no se eligen sino que se reciben de los padres, tampoco en la familia cristiana los elegimos, pues los hermanos son el fruto de un don de Dios: \u00abY despu\u00e9s que el Se\u00f1or me dio hermanos&#8230;\u00bb (san Francisco de As\u00ed\u00ads). De hecho, el fundamento de la fraternidad en la Biblia se apoya en que Dios es Padre de todos (cf Mal 2,10). Podr\u00ed\u00adamos decir que el adjetivo nuestro se vive en sucesivos c\u00ed\u00adrculos conc\u00e9ntricos: la peque\u00f1a comunidad cristiana a la que pertenecemos, el conjunto de la Iglesia y la humanidad entera. Como es l\u00f3gico, la vivencia de la fraternidad alcanza su m\u00e1xima fuerza en la peque\u00f1a comunidad y va perdiendo intensidad a medida que gana en extensi\u00f3n (cf G\u00e1l 6,10; 1Pe 2,17). El Vaticano II nos recuerda que debemos ensanchar el \u00e1mbito del nosotros hasta que alcance dimensiones aut\u00e9nticamente planetarias; pues \u00abno podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios\u00bb (NA 5; GS 42).<\/p>\n<p>Al rezar la oraci\u00f3n de la Iglesia decimos al comienzo: Padre nuestro, y repetimos en las \u00faltimas invocaciones: nosotros. El adjetivo nuestro no expresa posesi\u00f3n, sino una relaci\u00f3n nueva con Dios, que se corresponde a una pertenencia mutua dada gratuitamente: por amor y fidelidad (Os 2,21; 6,1-6) tenemos que responder a la gracia y a la verdad que nos han sido dadas en Jesucristo (cf Jn 1,17). Al decir Padre nuestro entendemos una realidad com\u00fan a varios, es decir, el \u00fanico Dios es reconocido como Padre por aquellos que, por la fe en su Hijo Jesucristo, han renacido de \u00e9l por el agua y el Esp\u00ed\u00adritu (cf CCE 2786). La Iglesia es esa nueva comuni\u00f3n de Dios y de los hombres, donde la oraci\u00f3n de cada bautizado adquiere pleno sentido (cf He 4,32). As\u00ed\u00ad, tanto el adjetivo nuestro del principio como el nosotros del final, al no ser exclusivos de nadie, nos ayudan a superar toda divisi\u00f3n e individualismo. Y as\u00ed\u00ad, a pesar de las divisiones entre los cristianos, la oraci\u00f3n del padrenuestro contin\u00faa siendo un bien com\u00fan, una llamada para todos los bautizados (cf CCE 2789).<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n del padrenuestro es un don y una tarea. Y es que si el amor de Dios no tiene fronteras, nuestra oraci\u00f3n tampoco debe tenerlas (cf NA 5). Orar a nuestro Padre nos abre a las dimensiones de su amor, manifestado en Jesucristo: orar con todos los hombres y por todos, especialmente por los m\u00e1s necesitados. Esta solicitud debe ensanchar nuestra oraci\u00f3n en un amor sin l\u00ed\u00admites cuando nos atrevamos a decir \u00abPadre nuestro\u00bb (CCE 2793). Y es que amar a Dios \u00abcon todo el coraz\u00f3n\u00bb (Dt 6,5; Mt 22,37) deja todav\u00ed\u00ada sitio en el coraz\u00f3n para amar a los hombres. \u00bfDeja sitio o m\u00e1s bien hace sitio? Son los m\u00ed\u00adsticos- quienes observan que el amor de Dios es \u00abm\u00e1s ensanchador que ocupador\u00bb (Francisco de Osuna). Es l\u00f3gico, pues, que al llamar a Dios Padre nuestro descubramos que tenemos muchos hermanos de verdad.<\/p>\n<p>3. LA PEDAGOG\u00ed\u008dA DE DIOS COMO PADRE. A lo largo de nuestra exposici\u00f3n, hemos podido observar c\u00f3mo Dios, al revelarse a los hombres, ha utilizado una pedagog\u00ed\u00ada que conlleva un estilo y un talante espec\u00ed\u00adficos, de manera especial al manifestarse gratuitamente como Padre en Jes\u00fas de Nazaret (cf Heb 1,1). A la catequesis corresponde una tarea de mediaci\u00f3n, acogiendo la revelaci\u00f3n como don de Dios y present\u00e1ndola como tal a los diferentes destinatarios, para ser acogida en la fe. Esta pedagog\u00ed\u00ada del don nos abre a una pedagog\u00ed\u00ada de la admiraci\u00f3n, de la contemplaci\u00f3n, del asombro y de la experiencia como caminos hacia Dios. En dicha tarea, adquieren especial relevancia los catequistas, pues se convierten en dispensadores del amor de Dios Padre a los hombres. Ellos necesitan tener la experiencia personal del Dios vivo y presentar su verdadera imagen a un mundo que, respecto a \u00e9l, parece vivir en la orfandad y desconocer la presencia maternal del Padre del cielo; un Dios-Padre para un mundo que adora a los diosecillos que \u00e9l mismo engendra. Presentar la imagen de un Dios inmanipulable e irreductible y, a la vez, Dios de la amabilidad y de la ternura, un Dios-Padre que ha creado el mundo y lo quiere bello en sus ni\u00f1os, en sus ciudades, en su naturaleza, sin contaminaciones no s\u00f3lo materiales sino de ego\u00ed\u00adsmos y podredumbres. Los mismos catequistas son agentes y pacientes de vivir aquellas cualidades de quien se siente hijo: confianza, obediencia, misericordia, gratitud&#8230; Vivencia que sentir\u00e1n tanto al rezar el padrenuestro como cuando, pedagogos en el Pedagogo, inicien a la oraci\u00f3n a los ni\u00f1os, j\u00f3venes o adultos.<\/p>\n<p>Si, recorriendo la historia de la salvaci\u00f3n, percibimos que la acci\u00f3n de Dios Padre siempre es sorprendente, la pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00e9tica: 1) cuidar\u00e1 el sensibilizar en esa novedad, tantas veces desconcertante: \u00abMirad qu\u00e9 gran amor nos ha dado el Padre al hacer que nos llamemos hijos de Dios y lo seamos de verdad&#8230; y a\u00fan no se ha manifestado lo que seremos\u00bb (1Jn 3,1-2); 2) ayudar\u00e1 a los hombres y mujeres, sea cual fuere su edad y condici\u00f3n, a descubrir los caminos de Dios que les sale al encuentro y se manifiesta como Padre; 3) ayudar\u00e1 a leer los signos de los tiempos y a desentra\u00f1ar en las peque\u00f1as o grandes cosas de cada d\u00ed\u00ada la acci\u00f3n salvadora de Dios; para ello es necesario estar a la escucha del Esp\u00ed\u00adritu que \u00abact\u00faa en la intimidad de la conciencia y del coraz\u00f3n\u00bb (CT 72). Por eso, esta pedagog\u00ed\u00ada del don, que despierta el sentido de la iniciativa divina, necesita crear y fomentar un clima propicio de oraci\u00f3n, de interioridad, de silencio, de escucha y de disponibilidad a la acci\u00f3n de Dios en los catequizandos, en los hombres y en la historia.<\/p>\n<p>Pero en la pedagog\u00ed\u00ada de Dios siempre hay una constante: el respeto a la libertad del hombre. Cada uno tenemos nuestra historia personal, familiar, social, religiosa&#8230; vestida de luces y sombras. El tambi\u00e9n se ha encarnado y desvelado como Padre en su Hijo, en una historia concreta (Lc 1-2). De ah\u00ed\u00ad que la catequesis, al ofrecer el primer art\u00ed\u00adculo del credo, tendr\u00e1 en cuenta la condescendencia que Dios ha mostrado al revelarse a los hombres. A partir de la encarnaci\u00f3n, en Jes\u00fas se nos desvela Dios. En el Hijo se nos revela el Padre. Y as\u00ed\u00ad, como cuando volvemos a nuestros lugares de origen despu\u00e9s de un tiempo fuera, encontramos a los ni\u00f1os en la calle y por su rostro descubrimos de qui\u00e9nes son hijos, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n quien quiera conocer al Padre tendr\u00e1 que encontrarse con el Hijo, sin olvidar que los rasgos del Padre son un don en el Hijo (cf Heb 1,3).<\/p>\n<p>Los catequistas, en la l\u00ed\u00adnea de la pedagog\u00ed\u00ada divina, deber\u00e1n cuidar, tambi\u00e9n, la condici\u00f3n hist\u00f3rica de los destinatarios, personal y grupalmente. Con respeto y humildad, ofrecer\u00e1n un proceso de fe progresivo en orden a la adhesi\u00f3n a Jesucristo, en quien podr\u00e1n descubrirse \u00abhijos en el Hijo\u00bb. Fue tan desbordante la complacencia de Dios al revelarse como Padre, cuanto gratificante la obediencia de Jes\u00fas al manifestarse como Hijo.<\/p>\n<p>Dado que \u00abjam\u00e1s ha visto nadie a Dios\u00bb (Un 4,12), y no lo podemos objetivar, es necesario acceder a \u00e9l por mediaciones simb\u00f3licas. Con palabras sencillas, experiencias significativas y signos reveladores, los catequistas, siguiendo la pedagog\u00ed\u00ada de Jes\u00fas en el evangelio, ayudar\u00e1n a percibir c\u00f3mo Dios habla desde lo ordinario e interviene en lo cotidiano, tanto a nivel personal como comunitariamente, tanto eclesial como socialmente. En este sentido, la catequesis debe ser creativa y, mediante el m\u00e9todo inductivo, ofrecer distintas im\u00e1genes de padres (autoritarios, permisivos, responsables, cari\u00f1osos, etc.) y diferentes modos de ser y sentirse hijos; as\u00ed\u00ad como las actitudes, cualidades, obras y palabras que cada modelo encierra, en orden a buscar y confesar a Dios como el mejor Padre; asimismo descubrir que ser todopoderoso significa que es todocari\u00f1oso.<\/p>\n<p>4. CATEQUESIS SEG\u00daN LAS EDADES:<br \/>\nTeniendo presentes los rasgos de la pedagog\u00ed\u00ada divina, partimos de que, al presentar catequ\u00e9ticamente a Dios como Padre a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, todo es un don de su bondad; de que en su providencia desciende a las situaciones concretas de la vida para manifestar su salvaci\u00f3n; y de que tales situaciones encierran experiencias que, a su vez, constituyen los signos de su presencia y cercan\u00ed\u00ada. Por ello, hemos de tener presente el momento evolutivo en el que se encuentran los destinatarios, sean ni\u00f1os, j\u00f3venes o adultos. Cada etapa de su vida refleja el fruto de sus vivencias, de las riquezas adquiridas, de las diversas influencias a las que est\u00e1n sometidos, de las mil incidencias que de una u otra manera les afectan.<\/p>\n<p>a) Infancia y preadolescencia: Es la etapa del despertar religioso, de la educaci\u00f3n en las actitudes b\u00e1sicas cristianas y de relaci\u00f3n con los dem\u00e1s creyentes. Confianza, identificaci\u00f3n, crecimiento, cambio y encuentro constituyen las claves sobre las que se apoya la catequesis de estas edades. Puede afirmarse que los ni\u00f1os y preadolescentes maduran m\u00e1s a trav\u00e9 de la presencia y la relaci\u00f3n con sus padres, educadores, adultos y compa\u00f1eros que en funci\u00f3n de las ideas o conocimientos que se les transmiten y adquieren. En efecto, s\u00f3lo a trav\u00e9s de la presencia del otro pueden los ni\u00f1os y preadolescentes satisfacer sus exigencias m\u00e1s profundas: la necesidad de amar y ser amados, que conlleva exigencia de afecto, encuentro y di\u00e1logo, de respeto y de ser valorados por los dem\u00e1s y por s\u00ed\u00ad mismos; la necesidad de crear y sentirse \u00fatiles, que conlleva la petici\u00f3n del pan de la creatividad, la valoraci\u00f3n de sus iniciativas, el reparto de las posibilidades y tareas en el trabajo; la necesidad de encontrarse consigo mismos, de descubrir la propia identidad, de marcar su propio rumbo; la necesidad de expresarse a trav\u00e9s de distintos lenguajes que les permitan decir su palabra interior, sentimientos, deseos, temores, admiraci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>En los ni\u00f1os y preadolescentes se dan las actitudes necesarias para acoger a Dios como Padre: la admiraci\u00f3n de todo lo que les rodea, la confianza puesta en sus padres, la capacidad de relaci\u00f3n a trav\u00e9s de su mirada, sus balbuceos y sus gestos; la apertura a los dem\u00e1s y a las cosas en un mundo que cada vez se les ofrece mayor y m\u00e1s hermoso. De ah\u00ed\u00ad que en el proceso de su maduraci\u00f3n afectiva y de relaciones intersubjetivas vayan articulando un concepto de Dios como una persona, primero como los que les rodean y, progresivamente, como alguien distinto.<\/p>\n<p>Familia, parroquia y escuela son espacios complementarios donde los ni\u00f1os y preadolescentes pueden sentir y comprender lo que significa creer en Dios Padre. Crecer en un clima familiar afectivo, dialogante y con relaciones equilibradas, puede ayudar sobremanera a encontrarse plenamente confiados en las manos del Padre del cielo, bueno y providente, que cuida de la naturaleza, como obra suya, a la que ha vestido de gran belleza; y de los hombres, hechos a su imagen y semejanza, a los que quiere mucho y ha dado todo, incluso a su Hijo, para que sean felices. En \u00e9l, el Padre ha puesto toda su complacencia y nos invita a escucharle (cf Mt 17,5). As\u00ed\u00ad como los hijos tenemos rasgos de nuestros padres, Jes\u00fas es la viva imagen del Padre: \u00abEl que me ha visto a m\u00ed\u00ad ha visto al Padre\u00bb (Jn 14,9). En \u00e9l hemos de mirar c\u00f3mo habla y c\u00f3mo act\u00faa, porque en sus palabras y obras el Padre nos revela cu\u00e1nto nos quiere; y si nosotros queremos al Padre tenemos que ser como Jes\u00fas. Pero, adem\u00e1s, no ser\u00ed\u00adamos felices si estuvi\u00e9ramos solos en casa y no tuvi\u00e9ramos amigos; por eso, cuando hablamos con Dios le decimos Padre nuestro, es decir, de todos los hombres, porque somos hermanos y formamos su familia, que es la Iglesia. En ella hemos de cuidar las buenas relaciones de unos con otros y con todos los hombres, porque ella est\u00e1 llamada a ser lo que quiere Dios que sea el mundo: una familia grande de hijos y hermanos.<\/p>\n<p>b) Adolescencia y juventud: En estas etapas se solidifican las ideas, los sentimientos y las relaciones con cierto tono objetivo y din\u00e1mico, con apertura a lo social y a lo existencial, y con apoyos firmes desde su experiencia. A partir de ahora ser\u00e1n capaces de abstraer conceptos y operar con ellos. El gran misterio de Dios, su existencia, su ser mismo pueden ser abordados personalmente, gracias a su capacidad. Dios ya no tiene por qu\u00e9 ser el personaje bondadoso o terrible representado durante la ni\u00f1ez con caracteres infantiles o m\u00e1gicos. Ahora su dimensi\u00f3n espiritual, su grandeza, poder, bondad&#8230;, pueden adquirir progresivamente toda su trascendencia, sin tener que abandonar su cercan\u00ed\u00ada ni su relaci\u00f3n interpersonal. Dios est\u00e1 en todas partes, est\u00e1 en nuestro coraz\u00f3n, es invisible&#8230; Esta capacidad intelectual es causa necesaria, pero no suficiente, para llegar a comprender a Dios como Padre. Para que exista una relaci\u00f3n intersubjetiva es necesario que exista un desarrollo psico-afectivo y que vaya madurando poco a poco. La religiosidad ha llegado a la autonom\u00ed\u00ada casi total, pues ya asumen sus decisiones con independencia de los adultos y son conscientes de ello. Su situaci\u00f3n ante la fe depender\u00e1, en gran parte, de los procesos anteriores de formaci\u00f3n, m\u00e1s o menos asimilados, y de la sinton\u00ed\u00ada cultural, social y familiar en la que cuenta lo afectivo y lo tradicional, m\u00e1s que una determinaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita.<\/p>\n<p>Los adolescentes conciben a Dios como Alguien con el que se suelen relacionar personalmente, que participa de sus experiencias y que da sentido a su vida. Es vivenciado como un confidente, como un modelo de referencia. No siempre supone una exigencia \u00e9tica, puesto que en bastantes casos se trata m\u00e1s de una relaci\u00f3n de b\u00fasqueda de refugio y comprensi\u00f3n que de exigencia y crecimiento personal. Dentro de sus leg\u00ed\u00adtimas aspiraciones con deseos de absoluto, se les puede presentar el misterio del hombre y el sentido profundo de su existencia a la luz de la revelaci\u00f3n de Dios. Preocupados por el porvenir, la profesi\u00f3n, el amor, la vida social, las relaciones humanas, se les puede ofrecer aquel distintivo que ya desde el principio Dios Padre sembr\u00f3 en cada persona, hombre o mujer, para hacerlos \u00aba su imagen y semejanza\u00bb. La marca divina en cada uno de nosotros se manifiesta en: 1) la palabra, en cuanto capacidad para hablar; 2) la sexualidad, en cuanto capacidad para amar, y 3) el trabajo, en cuanto capacidad para transformar. Hombre y mujer, iguales, distintos y complementarios, creados a imagen y semejanza de Dios Padre, son invitados a seguir a Jesucristo, el Hombre nuevo.<\/p>\n<p>c) Edad adulta: Los adultos perciben la vida y la historia con una mirada realista. En la madurez de su vida buscan conjuntar aspectos cognoscitivos, afectivos y pr\u00e1xicos. Lo que piensan, lo que quieren y lo que hacen viene muchas veces determinado desde la propia experiencia de vida. Son muchos los adultos que, al tener la vivencia singular de ser padres, perciben la existencia como don y tarea. Dar vida a un hijo es un regalo inabarcable que, a su vez, se convierte en responsabilidad diaria. As\u00ed\u00ad pues, experiencias privilegiadas como ser padre o madre, el buscar sentido a la vida, la insatisfacci\u00f3n fundamental con cualquier situaci\u00f3n dada, el misterio de un T\u00fa como l\u00ed\u00admite de la intervenci\u00f3n humana, la tensi\u00f3n entre el bien y el mal, el sentido del sufrimiento y de la muerte, el amor oblativo como m\u00e1xima realizaci\u00f3n humana&#8230; pueden ayudar al adulto a ponerse en las manos de Dios como Padre, revelado en Jesucristo; pueden confrontar dichas experiencias con las de los hombres b\u00ed\u00adblicos, los santos o personas cualificadas, que se han puesto en sus manos para hacer su voluntad, o lo que es lo mismo confiarle su vida. Al recitar el credo, el cristiano adulto se dirige a Dios, que se manifiesta como creador, salvador y vivificador. En el clima religioso en que vive, el adulto cristiano descubre que Jesucristo no s\u00f3lo nos vincula a Dios, sino que nos revela a Dios como Padre de todos los hombres, y que siente predilecci\u00f3n por aquellos hijos que sufren por cualquier causa (Lc 6,20). En el contacto pastoral con los adultos, se palpa muchas veces la necesidad de purificar la imagen y la vivencia de Dios (cf CAd 148). La catequesis de esta edad debe ayudarles a descubrir los aut\u00e9nticos rasgos de Dios como salvador, como el Padre misericordioso que tiene como predilectos a los pobres.<\/p>\n<p>5. INDICACIONES METODOL\u00ed\u201cGICAS. El servicio a la fe es la tarea fundamental de la catequesis. El servicio de la fe comporta, en primer lugar, la comunicaci\u00f3n y la alimentaci\u00f3n de la experiencia de Dios entre los creyentes. \u00abDe ah\u00ed\u00ad que la catequesis se haya de dirigir al hombre en \u00absu dignidad fundamental de buscador de Dios\u00bb (CT 57), ayud\u00e1ndole a ver lo invisible y a adherirse de tal manera al absoluto de Dios que pueda dar testimonio de \u00e9l en medio del mundo\u00bb (CC 117; cf IC 9-12). En este sentido, el m\u00e9todo inductivo, que \u00abes conforme a la econom\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n\u00bb, ofrece grandes ventajas (cf Directorio general de pastoral catequ\u00e9tica [DCG], 72). La din\u00e1mica de dicho m\u00e9todo nos lleva del hecho al misterio, de lo visible a lo invisible, del signo a lo transcendente. Es decir, se corresponde con la caracter\u00ed\u00adstica propia del conocimiento de la fe, que es conocimiento por medio de signos. Ofrecemos a continuaci\u00f3n algunas orientaciones metodol\u00f3gicas en orden a una catequesis sobre Dios Padre, referida a las distintas edades.<\/p>\n<p>a) Ni\u00f1os y preadolescentes: El ser reconocidos por el nombre es una experiencia importante para toda persona, pues nos habla de cercan\u00ed\u00ada, relaci\u00f3n, amistad. Es una realidad especialmente significativa en la vida de los ni\u00f1os y preadolescentes. Los padres y educadores saben hasta qu\u00e9 punto es una necesidad para ellos ser tenidos en cuenta, acogidos, reconocidos entre los dem\u00e1s. Seguramente una de las alegr\u00ed\u00adas mayores ser\u00e1 para ellos o\u00ed\u00adr su nombre en casa, en clase, en el grupo de amigos. Pues bien, mientras los padres y educadores les ayudan a crecer en la seguridad de ser queridos y de que cada vez les conocen m\u00e1s personas, pueden descubrirles poco a poco el rostro de Dios Padre. Partiendo de las respectivas experiencias humanas, de confianza e identificaci\u00f3n en los ni\u00f1os y de crecimiento y relaci\u00f3n en los preadolescentes, as\u00ed\u00ad como de ser acogidos y reconocidos en ambos casos, empiezan a comprender y sentir que Dios los conoce, los quiere y les habla como Padre, y que ellos tambi\u00e9n pueden conocer, querer y hablar con Dios como hijos.<\/p>\n<p>b) Adolescentes: En la vida de estos chicos y chicas brotan muchos interrogantes en torno a la propia identidad y de cara al futuro de su vida. El centro de inter\u00e9s pasa del hogar familiar al grupo de amigos, donde las experiencias de relaci\u00f3n se multiplican. En medio de su crecimiento biol\u00f3gico y espiritual, los adolescentes necesitan comprender y ser comprendidos, amar y ser amados. Es muy importante tener un grupo de referencia donde ellos se sientan acogidos afectiva y efectivamente. El grupo es el espacio privilegiado donde pueden sentirse acogidos como personas -chico y chica-, donde pueden descubrir la afectividad y la sexualidad como signo y complemento de su ser y de su obrar, donde pueden percibir su vocaci\u00f3n y responsabilidad humana y cristiana. La parroquia puede hacer aqu\u00ed\u00ad una buena oferta y presentar la persona de Jes\u00fas, el Hijo de Dios, como el mejor amigo, como el referente donde se encuentran los hombres que se respetan y se aman. En este sentido, se pueden ofrecer ejemplos de ayer (santos) y de hoy (testigos), todos pertenecientes al grupo grande, la Iglesia, para ayudarles a descubrir c\u00f3mo Jes\u00fas nos desvela el amor de Dios como Padre que ama primero, ama de balde y ama sin fronteras.<\/p>\n<p>c) J\u00f3venes: En estos destinatarios, cuya vida va madurando por dentro y por fuera, la apertura al mundo, a los otros y al Otro les lleva a superar muchas de las experiencias religiosas tenidas en etapas anteriores, centradas en im\u00e1genes de Dios de tipo antropom\u00f3rfico o como el creador que lo dirige todo. Pues bien, ahora la imagen de Dios pasa a ser abordada personalmente como Alguien invisible y cercano a la vez, como misterio. Es el momento en que la catequesis cuidar\u00e1 de iniciar a los j\u00f3venes en la aut\u00e9ntica experiencia del misterio de Dios, tal como nos lo revela la Escritura. Misterio para nosotros, hijos de la cultura greco-latina, es aquella realidad dif\u00ed\u00adcil de entender para la mente humana. En la Biblia no. Para la mentalidad semita, misterio es aquella realidad hist\u00f3rica en la que Dios se hace presente en la historia de los hombres. Cada vez que Dios les manifiesta sus grandes cualidades, la misericordia y la fidelidad, cada vez que Dios se manifiesta como Dios en medio de la historia de los hombres, especialmente de los pobres, eso es un misterio. Misterio que se ha revelado plenamente en la persona de Jes\u00fas de Nazaret, en sus obras y palabras, especialmente en su muerte y resurrecci\u00f3n. As\u00ed\u00ad pues, atendiendo a las ansias de felicidad que les brotan a los j\u00f3venes por todos los poros, la catequesis, buscando integrar fe y vida, puede ofrecerles el proyecto de Dios revelado en Jesucristo para realizarse como personas (hombre y mujer) al servicio de los dem\u00e1s (vocaci\u00f3n). El an\u00e1lisis de la realidad, personal y social, siguiendo el m\u00e9todo de la revisi\u00f3n de vida, puede ser un buen instrumento para esta edad.<\/p>\n<p>d) Adultos: Desde la propia experiencia de la vida, marcada por tantas situaciones personales y surcada por tantas vivencias humanas y religiosas, los adultos perciben la presencia o ausencia de Dios de modos diferentes. Partiendo de aquellas experiencias privilegiadas que enumer\u00e1bamos m\u00e1s arriba, teniendo en cuenta, adem\u00e1s, el clima de indiferencia religiosa que muchos respiran en el ambiente, la catequesis ha de desarrollar con cuidado el o\u00ed\u00addo de los hombres y mujeres de nuestro tiempo para hacerlos sensibles a la acci\u00f3n de Dios en ellos. Y as\u00ed\u00ad, cultivando la experiencia religiosa, se ha de procurar el paso de adultos cristianos a cristianos adultos . Presentar aquellos rasgos de Dios que es amor, Padre nuestro, que encontrarnos revelado en Jesucristo (CAd 14-150), y confrontarlos con las experlencias de amor y de paternidad-filiaci\u00f3n, pueden ser caminos abiertos para sentir y anunciar a Dios Padre. Este descubrimiento, fruto de su gracia, har\u00e1 que los adultos se sientan ante Dios de una manera nueva, m\u00e1s gozosa, m\u00e1s confiadamente filial. Para ello se hace necesario cultivar m\u00e1s y mejor la experiencia religiosa, mantener viva la b\u00fasqueda de Dios, ayudar a descubrir la gratuidad de su amor, educar la religiosidad popular y ofrecer procesos formativos, ocasionales o sistem\u00e1ticos, en orden a procurar una lectura creyente de la realidad, a saber leer los signos de los tiempos bajo la mirada amorosa del Padre.<\/p>\n<p>BIBL.: ALFARO J., Cristo glorioso, revelador del Padre, en Cristolog\u00ed\u00ada y antropolog\u00ed\u00ada, Cristiandad, Madrid 1973, 141-182; BOUYER L., Gnosis. 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Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dios es Padre En muchas religiones, Dios es llamado \u00abPadre\u00bb. En las religiones tradicionales se le llama a veces \u00abPadre de nuestros padres\u00bb. En la revelaci\u00f3n veterotestamentaria, Dios es llamado Padre como creador, como autor de la Alianza y dador de la Ley (cfr. Deut 32,6); por esto, Israel es su \u00abprimog\u00e9nito\u00bb (Ex 4,22) y &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/dios-padre\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abDIOS PADRE\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15111","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15111","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15111"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15111\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15111"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15111"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15111"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}