{"id":15118,"date":"2016-02-05T09:53:39","date_gmt":"2016-02-05T14:53:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/doctrina-social-de-la-iglesia\/"},"modified":"2016-02-05T09:53:39","modified_gmt":"2016-02-05T14:53:39","slug":"doctrina-social-de-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/doctrina-social-de-la-iglesia\/","title":{"rendered":"DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA"},"content":{"rendered":"<p>Las situaciones sociales a la luz del mensaje evang\u00e9lico<\/p>\n<p>\tLa Iglesia inserta el mensaje evang\u00e9lico en las circunstancias concretas de la cultura, de la sociolog\u00ed\u00ada y de la historia de las personas y de los pueblos. Esta inserci\u00f3n es una teolog\u00ed\u00ada sobre las situaciones concretas en el campo sociol\u00f3gico. De modo especial, el mensaje evang\u00e9lico se anuncia y \u00abencarna\u00bb en las situaciones de desarrollo y en las de marginaci\u00f3n y de injusticia. \u00abLa Iglesia se siente \u00ed\u00adntima y realmente solidaria del g\u00e9nero humano y de su historia\u00bb (GS 1). La persona y la comunidad humana, como imagen de Dios Amor, es el camino de la Iglesia.<\/p>\n<p>\tLa doctrina social de la Iglesia es el mismo mensaje evang\u00e9lico predicado en situaciones sociales especiales, que hemos ido destacando en el presente estudio. En una triple perspectiva, Dios, hombre, mundo, se abordan los temas m\u00e1s significativos Derechos humanos, econom\u00ed\u00ada, justicia (social), liberaci\u00f3n, opci\u00f3n preferencial por los pobres, paz, persona, pobreza, pol\u00ed\u00adtica, promoci\u00f3n humana (progreso), sociedad, solidaridad, trabajo. Esta doctrina se contiene especialmente en las enc\u00ed\u00adclicas sociales, a partir de la \u00abRerum novarum\u00bb (Le\u00f3n XIII, 1891) y durante todo el siglo XX (hasta \u00abCentesimus annus\u00bb, Juan Pablo II, 1991).<\/p>\n<p>\tEtica social de las personas y de la sociedad<\/p>\n<p>\tDe suyo, la doctrina social de la Iglesia mira a la \u00e9tica social de las personas respecto los dem\u00e1s, de la sociedad respecto a las personas, de las diversas naciones o estados entre s\u00ed\u00ad. Esta doctrina se inspira en el mensaje evang\u00e9lico, para relacionar, con armon\u00ed\u00ada, la persona y el bien com\u00fan, evitando los extremismos de ideolog\u00ed\u00adas capitalista-liberal o colectivista-marxista. No es propiamente una v\u00ed\u00ada intermedia, sino que respeta las diversas l\u00ed\u00adneas y defiende los derechos y deberes fundamentales de la persona en el contexto social, reinterpretando las realidades humanas a la luz del evangelio y respectando su autonom\u00ed\u00ada (cfr. SRS 41). Persona y bien com\u00fan se armonizan en la solidaridad fundada en la comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>\tA trav\u00e9s de las diversas enc\u00ed\u00adclicas y documentos de doctrina social, se nota siempre una profundizaci\u00f3n del evangelio, se\u00f1alando los principios permanentes de \u00e9tica social. Se puede tambi\u00e9n constatar un proceso de mayor precisi\u00f3n al distinguir entre los principios fundamentales y las opciones opinables que dimanan de la autonom\u00ed\u00ada de las realidades terrenas. Sin olvidar la prioridad de la Palabra de Dios, se analizan las realidades humanas en di\u00e1logo con las diversas tendencias y teniendo en cuenta las ciencias humanas.<\/p>\n<p>\tLa dimensi\u00f3n evangelizadora<\/p>\n<p>\tLa misi\u00f3n eclesial, tambi\u00e9n en su perspectiva \u00abad gentes\u00bb, tiende a realizar una \u00abacci\u00f3n para el desarrollo integral y la liberaci\u00f3n de toda opresi\u00f3n\u00bb (RMi 58). De hecho, los grandes evangelizadores han sido grandes \u00abpromotores del desarrollo\u00bb (RMi 58). En este sentido, el anuncio de la doctrina social de la Iglesia es parte integrante de la evangelizaci\u00f3n y tambi\u00e9n \u00abinstrumento de evangelizaci\u00f3n, en cuanto que anuncia a Dios y el misterio de la salvaci\u00f3n en Cristo para todo hombre\u00bb (CA 54).<\/p>\n<p>\tLa \u00ablucha por la justicia y la caridad\u00bb (GS 72), que es tarea de todo cristiano, es acci\u00f3n evangelizadora porque se encuadra en el anuncio evang\u00e9lico de las bienaventuranzas y del mandato del amor. La acci\u00f3n evangelizadora, a la luz de la doctrina social de la Iglesia, busca el bien del hombre en toda su integridad. A la luz del misterio de Cristo, se propone un nuevo modelo de hombre salvado en toda su integridad, respetado en su cultura peculiar, haci\u00e9ndose \u00e9l mismo protagonista del desarrollo, y libre del dominio de todo g\u00e9nero de materialismo y de todo tipo de esclavitud ideol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Referencias Capitalismo, comunismo, democracia, derechos humanos, ecolog\u00ed\u00ada, econom\u00ed\u00ada, justicia (social), liberaci\u00f3n, liberalismo, marxismo, opci\u00f3n preferencial por los pobres, paz, persona, pobreza, pol\u00ed\u00adtica, promoci\u00f3n humana (progreso), sociedad, solidaridad, trabajo.<\/p>\n<p>Lectura de documentos GS 63-76; \u00abRerum novarum\u00bb (Le\u00f3n XIII, 1891); \u00abQuadragesimo anno\u00bb (P\u00ed\u00ado XI, 1931); \u00abDivini Redemptoris\u00bb (P\u00ed\u00ado XI, 1937); \u00abMater et Magistra\u00bb (Juan XXIII, 1961); \u00abPacem in terris\u00bb (Juan XXIII, 1963); \u00abGaudium et Spes\u00bb (Vaticano II); \u00abPopulorum progressio\u00bb (Pablo VI, 1967); \u00abOctogesima adveniens\u00bb (Pablo VI, 1971); \u00abLaborum exercens (Juan Pablo II, 1981); \u00abSollicitudo rei socialis\u00bb (Juan Pablo II, 1987); \u00abCentesimus annus\u00bb (Juan Pablo II, 1991); CEC 2402-2406 (propiedad privada), 2419-2425 (doctrina social), 2426-2463 (econom\u00ed\u00ada y justicia social).<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., Curso de Doctrina Social Cat\u00f3lica (Madrid, Inst. Social Le\u00f3n XIII, 1967); AA.VV., El magisterio pontificio contempor\u00e1neo ( BAC, Madrid, 1991) II (orden sociopol\u00ed\u00adtico); R. ANTONCICH, J.M. MUNARRIZ, La doctrina social de la Iglesia (Madrid, San Pablo, 1989); J.Y. CALVEZ, La ense\u00f1anza social de la Iglesia (Barcelona, Herder, 1991); I. CAMACHO, Doctrina social de la Iglesia. Una aproximaci\u00f3n hist\u00f3rica (Madrid 1991); A.A. CUADRON (dir.), Manual de doctrina social de la Iglesia ( BAC, Madrid, 1993); A. GALINDO, Doctrina fundamental de la Iglesia y elementos fundamentales (Salamanca 1991); J.L. GUTIERREZ GARCIA, Conceptos fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia (Madrid, C.E.S. Valle de los Ca\u00ed\u00addos, 1971); P. De LAUBIER, La pens\u00e9e sociale de l&#8217;Eglise catholique Paris, Albatros, 1980); J. SOUTO COELHO, Iniciaci\u00f3n a la doctrina social de la Iglesia (Madrid, San Pablo, 1995); A.F. UTZ, La doctrina social cat\u00f3lica y el orden econ\u00f3mico (Madrid 1993).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Con este apelativo (que hoy ha vuelto a ocupar un lugar preferente), a\u00f1adido a algunos otros (ense\u00f1anza, Magisterio, discurso social de la Iglesia), se se\u00f1ala toda aquella serie de intervenciones (enc\u00ed\u00adclicas, discursos, radiomensajes, documentos) con los que el Magisterio de la Iglesia (papas, concilios y obispos) ha entrado en lo m\u00e1s vivo de las cuestiones sociales de nuestro tiempo, examinando situaciones, valorando con criterios concretos de juicio los sistemas y las orientaciones diversas, proponiendo indicaciones tanto doctrinales como operativas.<\/p>\n<p>La ense\u00f1anza social de la Iglesia hunde sus ra\u00ed\u00adces en la Palabra de Dios, en la doctrina patr\u00ed\u00adstica y en las elaboraciones doctrinales de los grandes doctores medievales. Ya ab antiquo encontr\u00f3 su expresi\u00f3n en algunas bulas y en otros documentos de los papas. Sin embargo, se la hace remontar al siglo pasado cuando, de manera no espor\u00e1dica y ocasional, sino org\u00e1nica y sistem\u00e1tica, el papa Le\u00f3n XIII con su enc\u00ed\u00adclica Rerum novarum, del 15 de mayo de 1891, tom\u00f3 una posici\u00f3n clara y &#8211; decidida en el tema de la \u00abcuesti\u00f3n social\u00bb es decir, ante el conflicto capital, trabajo que se hab\u00ed\u00ada abierto con la revoluci\u00f3n industrial. En esta enc\u00ed\u00adclica, considerada como la \u00abcarta magna\u00bb o el texto inspirador de la doctrina social de la Iglesia, preparada por escuelas y hombres (eclesi\u00e1sticos y laicos) que ya se hab\u00ed\u00adan especializado en el estudio de los principales nudos de esta cuesti\u00f3n, el papa enuncia algunos criterios y principios id\u00f3neos para iluminar su soluci\u00f3n. Considerados justamente como \u00abg\u00e9rmenes prof\u00e9ticos\u00bb, recogidos y desarrollados continuamente en los otros textos magisteriales, pueden reducirse a las siguientes consideraciones: 1) el hombre trabajador, por su eminente dignidad personal, no puede compararse con la mercanc\u00ed\u00ada, sometida a la ley de la oferta y de la demanda; 2) la econom\u00ed\u00ada no debe separarse de la moral ni de los imperativos de la justicia y de la caridad; 3) la Iglesia tiene el derecho-deber de intervenir en la \u00abcuesti\u00f3n social\u00bb, en cuanto que no se trata s\u00f3lo de un problema t\u00e9cnico, sino que contiene siempre aspectos \u00e9tico-religiosos; 4) el socialismo y el liberalismo econ\u00f3mico no constituyen aut\u00e9nticos remedios a los problemas sociales; 5) el Estado, en cuanto comunidad dirigida al bien com\u00fan, tiene el derecho-deber de intervenir en la cuesti\u00f3n social con una legislaci\u00f3n que garantice a los trabajadores (y a sus familias) condiciones justas de salario, de vida y de seguridad social; 6) los obreros, abolidas las corporaciones, no pueden permanecer aislados frente al poder patronal, reducidos a \u00bb condiciones poco menos que serviles \u00ab, sino que tienen derecho a asociarse para salvaguardar sus derechos, pero rechazando la lucha de clase y las acciones violentas, en grupos no solamente \u00abmixtos\u00bb, sino tambi\u00e9n s\u00f3lo de trabajadores.<\/p>\n<p>Los principales documentos en los que la doctrina social de la Iglesia ha encontrado nuevos desarrollos con una din\u00e1mica de continuidad (en los elementos esenciales) y de innovaciones (dictadas por el cambio de situaci\u00f3n y por las nuevas adquisiciones culturales, cient\u00ed\u00adficas y teol\u00f3gicas) son sobre todo las grandes enc\u00ed\u00adclicas sociales, generalmente firmadas con ocasi\u00f3n de los aniversarios de la Rerum novarum: Quadragesimo anno (mayo de 1931); Radiomensaje de p\u00ed\u00ado XII el 1 de junio de 1941; Mater et Magistra, de mayo de 1961, y Pacem in terris, de abril de 1963, &#8211; firmadas por Juan XXIII; la carta Octogesima adveniens (mayo de 1971) y la enc\u00ed\u00adclica Populorum progressio (26 de marzo de 1967) de Pablo VI, y finalmente las tres enc\u00ed\u00adclicas sociales de Juan Pablo II: Laborem exercens (14 de septiembre de 1981), Sollicitudo rei socialis (31 de diciembre de 1987) y Centesimus annus (1 de mayo de 1991), con ocasi\u00f3n del primer centenario de la enc\u00ed\u00adclica de Le\u00f3n XIII.<\/p>\n<p>Esta larga serie de textos, sin embargo, est\u00e1 lejos de ser exhaustiva, ya que no recoge otras muchas intervenciones significativas de los papas en materia social, ni tampoco las tomas de posici\u00f3n de las comisiones episcopales, de los s\u00ed\u00adnodos y conferencias (algunas de notable importancia, como las de Medell\u00ed\u00adn y Puebla en Am\u00e9rica Latina) y de cada uno de los obispos.<\/p>\n<p>Todo este rico material da una gran densidad al Magisterio social de la Iglesia, Magisterio aut\u00e9ntico y &#8211; \u00abverdadero \u00bb que compromete a la conciencia de los creyentes, aunque no est\u00e9 caracterizado por la nota de la infalibilidad y de la irreformabilidad.<\/p>\n<p>La doctrina social de la Iglesia sigue una metodolog\u00ed\u00ada que, a lo largo de los a\u00f1os, ha ido asumiendo un car\u00e1cter cada vez m\u00e1s inductivo, abierto a desarrollos, al di\u00e1logo y a las aportaciones laicales y de las ciencias humanas. La doctrina social de la Iglesia, adem\u00e1s de ofrecer elementos doctrinales, se muestra preocupada de su encarnaci\u00f3n hist\u00f3rica en favor de los creyentes y de todos los hombres de buena voluntad. Por eso tiene un car\u00e1cter \u00bb pr\u00e1ctico \u00ab. Seg\u00fan una autorizada indicaci\u00f3n de Juan Pablo II (en la Sollicitudo rei socialis , remachada luego en la Centesimus annus), la ense\u00f1anza social de la Iglesia pertenece al saber teol\u00f3gico y, en particular, a la reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-moral. Teniendo en cuenta esta colocaci\u00f3n epistemol\u00f3gica, resulta claro que la doctrina social de la Iglesia no debe considerarse como una ideolog\u00ed\u00ada (en el sentido peyorativo de origen marxista), ni como una \u00abtercera v\u00ed\u00ada\u00bb, es decir, como un sistema social, elaborado org\u00e1nicamente l en medio del liberalismo y &#8211; del colectivismo, que tuviera la intenci\u00f3n de constituir una \u00bb sociedad cristiana\u00bb.<\/p>\n<p>La motivaci\u00f3n de fondo de la doctrina social de la Iglesia es la antropolog\u00ed\u00ada cristiana, que se expresa en una visi\u00f3n de la persona humana, no mutilada ni reductiva, que a la luz de la Palabra de Dios y de una sana filosof\u00ed\u00ada ve siempre en todo ser humano y &#8211; en cada una de las etapas de su desarrollo el valor inconmensurable de la imago Dei: toda persona humana es \u00abicono de Dios\u00bb y \u00abcamino de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de un cierto per\u00ed\u00adodo de crisis (en los a\u00f1os 60), la doctrina social de la Iglesia suscita hoy un gran inter\u00e9s y se presenta como punto de referencia no s\u00f3lo para los creventes, a los que se propone como instrumento de la \u00abnueva evangelizaci\u00f3n\u00bb, sino tambi\u00e9n para los no creyentes y para todos los hombres \u00bb de buena voluntad\u00bb, a quienes, por otra parte, se dirigen expresamente los documentos eclesi\u00e1sticos desde los tiempos de Juan XXIII.<\/p>\n<p>G. Mattai<\/p>\n<p>Bibl.: F Rodr\u00ed\u00adguez (ed.), Doctrina pontificia. Doctrinas sociales, BAC 1959., AA. VV l La doctrina social cristiana, Encuentro, Madrid 1990; R. Antoncich y J M. Mun\u00e1rriz, La doctrina social de La Ig!esia, San Pablo, Madrid 1989. J Y Calvez, La ense\u00f1anza social de la Iglesia, Herder, Barcelona 1991; A. A. Cuadr\u00f3n (ed.), Manual de doctrina social de la Iglesia, BAC, Madrid 1993.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nIntroducci\u00f3n.<br \/>\nI. Cambio social contempor\u00e1neo y evoluci\u00f3n de la \u00e9tica social:<br \/>\n1. Las din\u00e1micas del cambio social en la sociedad industrial:<br \/>\n    a) Teor\u00ed\u00adas interpretativas del cambio social,<br \/>\n    b) Caracter\u00ed\u00adsticas del cambio social contempor\u00e1neo;<br \/>\n2. Elementos de antropolog\u00ed\u00ada y de \u00e9tica de lo \u00absocial\u00bb hoy:<br \/>\n    a) Antropolog\u00ed\u00ada filos\u00f3fica y antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica,<br \/>\n    b) Perspectivas de una \u00e9tica social inspirada cristianamente.<br \/>\nII. Posibilidades y l\u00ed\u00admites de la \u00abdoctrina social\u00bb de la Iglesia:<br \/>\n1. La \u00abdoctrina social\u00bb de la Iglesia, a discusi\u00f3n:<br \/>\n    a) Cr\u00ed\u00adticas provenientes del \u00e1rea marxista,<br \/>\n    b) Cr\u00ed\u00adticas formuladas en el frente liberal-burgu\u00e9s,<br \/>\n    c) Cr\u00ed\u00adticas expresadas en el interior del propio mundo cristiano;<br \/>\n2. El camino hist\u00f3rico de la doctrina social\u00bb de la Iglesia:<br \/>\n    a) La categor\u00ed\u00ada de \u00abjusticia social\u00bb,<br \/>\n    b) La relaci\u00f3n de la persona con los bienes econ\u00f3micos,<br \/>\n    c) El ordenamiento social y pol\u00ed\u00adtico,<br \/>\n    d) Problemas relativos al trabajo y a la vida econ\u00f3mica;<br \/>\n3. Criterios para una hermen\u00e9utica del magisterio social:<br \/>\n    a) Las grandes categor\u00ed\u00adas de la historia de la salvaci\u00f3n,<br \/>\n    b) El campo de la responsabilidad hist\u00f3rica de las personas en el<br \/>\n        marco de las estructuras sociales,<br \/>\n    c) Juicio de las situaciones hist\u00f3ricas;<br \/>\n    d) Sugerencias concretas en el plano operativo.<br \/>\nIII. Orientaciones para una redefinici\u00f3n de las perspectivas de intervenci\u00f3n de la Iglesia en materia social:<br \/>\n1. Modelos predominantes en el magisterio social del pasado:<br \/>\n   a) Oferta de un magisterio doctrinal,<br \/>\n    b) Apoyo espiritual a una ideolog\u00ed\u00ada existente,<br \/>\n    c) Aproximaci\u00f3n a la realidad social en el terreno<br \/>\n        antropol\u00f3gico-\u00e9tico;<br \/>\n2. Hacia un nuevo modelo de magisterio social:<br \/>\n    a) Una actitud m\u00e1s cr\u00ed\u00adticoprof\u00e9tica,<br \/>\n    b) Una articulaci\u00f3n m\u00e1s pluralista.<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n<br \/>\nLas intervenciones de la Iglesia en el campo de la realidad social se han sucedido ininterrumpidamente desde los primeros siglos del cristianismo hasta nuestros d\u00ed\u00adas. El impacto del evangelio con las diversas culturas y los diversos modelos de sociedad ha ido impulsando a las comunidades cristianas a medirse con los complejos problemas vinculados ala estructuraci\u00f3n de la convivencia humana y a tomar postura ante las ideolog\u00ed\u00adas y las instituciones por cuyo medio se articula la vida social.<\/p>\n<p>Durante mucho tiempo, sin embargo, las tornas de postura de la Iglesia han revestido un car\u00e1cter extempor\u00e1neo y fragmentario, en el sentido de ir dictadas m\u00e1s al filo de la problem\u00e1tica particular que se deb\u00ed\u00ada afrontar que por la preocupaci\u00f3n de elaborar de manera org\u00e1nica un proyecto espec\u00ed\u00adfico de presencia y de participaci\u00f3n de los creyentes en la construcci\u00f3n de la ciudad terrestre.<\/p>\n<p>A justificar esta perspectiva han contribuido hist\u00f3ricamente, por un lado, el estatismo consustancial al tejido social y, por otro, el contexto fuertemente \u00absacralizado\u00bb, con la consiguiente mezcla de lo religioso y lo pol\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>S\u00f3lo en la \u00e9poca moderna, gracias al advenimiento de la sociedad industrial, se pone en marcha una formulaci\u00f3n m\u00e1s completa del \u00abmagisterio social\u00bb, con el nacimiento de la denominada \u00abdoctrina social\u00bb de la Iglesia. En otros t\u00e9rminos, la Iglesia no se contenta \u00fanicamente con ofrecer una plataforma formal de valores y con afrontar en el terreno \u00e9tico cuestiones cr\u00ed\u00adticas de particular relevancia, sino que tiende a producir un aut\u00e9ntico corpus de principios doctrinales y de orientaciones operativas para gu\u00ed\u00ada del comportamiento de los cristianos y de las comunidades cristianas en los diversos sectores de la vida asociada; es decir, tiende a articular una visi\u00f3n global propia de la sociedad, suministrando al mismo tiempo las directrices concretas para poder llevarla a cabo.<\/p>\n<p>De manera un tanto convencional se suele hacer remontar este nuevo curso a la promulgaci\u00f3n de la Rerum novarum de Le\u00f3n XIII (1891), a pesar de la existencia al respecto de antecedentes hist\u00f3ricos de notable inter\u00e9s en el magisterio precedente, tanto de la Iglesia universal como de las Iglesias particulares.<\/p>\n<p>I. Cambio social contempor\u00e1neo y evoluci\u00f3n de la \u00e9tica social<br \/>\nResulta, con todo, interesante indicar que este corpus, que junto con los documentos papales abarca gran cantidad de intervenciones de obispos particulares y de conferencias episcopales nacionales, ha experimentado en el arco de apenas un siglo un proceso de honda transformaci\u00f3n, sobre todo a causa del r\u00e1pido desarrollo de la situaci\u00f3n social y cultural del mundo contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>1. LAS DIN\u00ed\u0081MICAS DEL CAMBIO SOCIAL EN LA SOCIEDAD INDUSTRIAL. Para esclarecer adecuadamente la g\u00e9nesis de la \u00abdoctrina social\u00bb y captar al mismo tiempo las razones de su evoluci\u00f3n resulta necesario ante todo reflexionar en profundidad sobre las din\u00e1micas del cambio social tal y como se ha ido produciendo en el \u00e1mbito de la sociedad industrial. Lo \u00absocial\u00bb, en efecto, se puede definir, en su acepci\u00f3n m\u00e1s amplia, como el complejo fen\u00f3meno de las relaciones interhumanas en su incesante devenir, ligado al cambio de las situaciones hist\u00f3ricas y de la cultura, a trav\u00e9s de la cual se interpreta y sistematiza el hecho de las relaciones. El cambio, por lo tanto, no debe considerarse como un acontecimiento nuevo y exclusivamente moderno; pertenece m\u00e1s bien constitutivamente a lo \u00absocial\u00bb en su estructura originaria y, consiguientemente, se halla presente -aunque en grados y formas diversas- en todo el arco de la experiencia hist\u00f3rica del hombre en cuanto experiencia de vida asociada.<\/p>\n<p>Lo que s\u00ed\u00ad parece caracterizar a la situaci\u00f3n actual, modificando, no s\u00f3lo en sentido cuantitativo, sino cualitativo sobre todo, las connotaciones del cambio es la rapidez con que \u00e9ste acontece y la amplitud cada vez mayor que asume, hasta el punto de afectar a todos los sectores de la vida y de Involucrar a toda la humanidad, convertida en un \u00fanico sistema. Aparte de que, mientras en el pasado el cambio era predominantemente fruto de acontecimientos naturales, hoy es cada vez m\u00e1s resultado de procesos culturales protagonizados por el hombre, con un aumento considerable de las posibilidades de programaci\u00f3n por parte de \u00e9ste gracias a los instrumentos cient\u00ed\u00adfico-t\u00e9cnicos de que dispone.<\/p>\n<p>a) Teor\u00ed\u00adas interpretativas del cambio social. No se puede realizar un an\u00e1lisis serio del cambio social sin un conocimiento previo de las diversas teor\u00ed\u00adas interpretativas elaboradas con base cient\u00ed\u00adfica. La lectura del cambio no es nunca del todo as\u00e9ptica y neutral; pasa siempre, de alguna manera, por el filtro de la concepci\u00f3n que se tiene del hombre y de la historia y, en consecuencia, por el juicio que se da impl\u00ed\u00adcitamente del \u00abprogreso\u00bb.<\/p>\n<p>&#8211; La primera de estas teor\u00ed\u00adas en orden temporal es la evolucionista. Se puede hacer remontar a A. Comte, para quien la sociedad se ha desarrollado hist\u00f3ricamente de acuerdo con tres estadios sucesivos: el \u00abteol\u00f3gico\u00bb, en el que la explicaci\u00f3n de los hechos sociales se hac\u00ed\u00ada a partir de un principio sobrenatural; el \u00abmetaf\u00ed\u00adsico\u00bb, en el que predominaba el pensamiento abstracto, y, por \u00faltimo, el \u00abpositivo\u00bb, en el que se tiende a ordenar y explicar tanto la naturaleza como la sociedad sobre la base del conocimiento cient\u00ed\u00adfico.<\/p>\n<p>La teor\u00ed\u00ada evolucionista conoci\u00f3 una \u00e9poca de enorme \u00e9xito en el siglo pasado, como consecuencia del afianzamiento de la revolucionaria hip\u00f3teis darwiniana acerca de la evoluci\u00f3n de las especies. Diversos soci\u00f3logos y antrop\u00f3logos culturales -entre los que figuran Morgan, Tyler y Spencer- creyeron, en efecto, poder aplicar los criterios evolutivos, elaborados en el \u00e1mbito del microcosmos biol\u00f3gico, a la sociedad considerada como un macro-organismo, y lograr de este modo dar raz\u00f3n de los cambios y de las diferencias existentes en ella.<\/p>\n<p>No tardaron, sin embargo, en aflorar los l\u00ed\u00admites de esta interpretaci\u00f3n al caer en la cuenta de la imposibilidad de ordenar un acuerdo con los diversos estadios de una escala \u00fanica sociedades tan diversas; pero, sobre todo, porque el an\u00e1lisis de las culturas concurri\u00f3 a evidenciar el car\u00e1cter no lineal de los procesos de transformaci\u00f3n en el interior de las mismas.<\/p>\n<p>&#8211; A partir de comienzos de nuestro siglo, la teor\u00ed\u00ada evolucionista fue sustituy\u00e9ndose por la teor\u00ed\u00ada funcionalista. Bas\u00e1ndose, en el plano te\u00f3rico, en una lectura estructuralista de la realidad -v\u00e9anse las aportaciones de Radcliffe-Brown y de Malinowski-, esta teor\u00ed\u00ada cree poder establecer que los distintos tipos de cultura, y consiguientemente los distintos comportamientos sociales, \u00fanicamente pueden estudiarse y comprenderse dentro de su contexto originario, y no a trav\u00e9s del intento in\u00fatil de definir la aparici\u00f3n de los mismos en clave evolutiva. Toda sociedad y toda cultura es un sistema global, en el que los elementos individuales constituyen otras tantas partes integradas en \u00e9l. Se rechaza, por tanto, la idea de la posibilidad de supervivencia de una forma no funcional, sustituy\u00e9ndose por la que afirma que las formas \u00fanicamente sobreviven si est\u00e1n vinculadas al funcionamiento de todo el sistema.<\/p>\n<p>No tard\u00f3 en aparecer la cr\u00ed\u00adtica al funcionalismo, sobre todo en lo referente a la hip\u00f3tesis de la integraci\u00f3n de los sistemas sociales en todas sus partes (lo que es, debe ser). En todos los sistemas sociales, en efecto, y particularmente en los m\u00e1s complejos y de dimensiones m\u00e1s consistentes, se encuentran elementos potencialmente discordantes. Es como decir que la relaci\u00f3n entre un elemento y el sistema del que forma parte no es necesariamente \u00abeufuncional\u00bb, hasta el punto de contribuir a la supervivencia y a la continuidad del sistema, sino que puede ser tambi\u00e9n \u00abdisfuncional\u00bb y contribuir, consiguientemente, a poner en crisis al sistema.<\/p>\n<p>Con todo, el equ\u00ed\u00advoco fundamental del funcionalismo es el de proponer una interpretaci\u00f3n sustancialmente est\u00e1tica, sincr\u00f3nica y conservadora de la sociedad, incapaz, por tanto, de justificar de alguna manera el cambio. El concepto de \u00absistema social en equilibrio\u00bb como ideal e instrumento de an\u00e1lisis de la sociedad prev\u00e9 una \u00fanica direcci\u00f3n del cambio: la que refiere el sistema a las condiciones de estabilidad.<\/p>\n<p>&#8211; La teor\u00ed\u00ada, por \u00faltimo, que parece prevalecer hoy y que est\u00e1 en condiciones de interpretar mejor la actual situaci\u00f3n de complejidad social es la denominada teor\u00ed\u00ada de la din\u00e1mica. Concibe la sociedad como un sistema de control de las tensiones y de los conflictos, que son \u00abnormales\u00bb en el contexto de las diversas culturas y a los que resulta posible remitir para explicar el cambio (cf W. MOORE, 1979). La evoluci\u00f3n de los sistemas sociales no tiene, pues, lugar necesariamente ni bajo el signo de la restauraci\u00f3n de un equilibrio preexistente ni en la direcci\u00f3n de la consecuci\u00f3n de un nuevo equilibrio. La salida, de hecho, del cambio social puede ser tanto una reducci\u00f3n como un aumento de los conflictos. El control ejercido por la sociedad no debe, en efecto, pensarse \u00fanicamente en t\u00e9rminos positivos y de \u00e9xito, ni puede barajarse la hip\u00f3tesis de que ese control pueda tener una duraci\u00f3n tal que nos permita hablar de \u00abtransiciones\u00bb de un sistema a otro. Existen casos, no infrecuentes, en los que el control lleva a la destrucci\u00f3n del sistema y a la aparici\u00f3n de un sistema alternativo. Esto explica el diverso desarrollo que, en el curso de la historia, han tenido las distintas culturas, desarrollo que comprende a menudo desde su crecimiento progresivo hasta su destrucci\u00f3n.<\/p>\n<p>b) Caracter\u00ed\u00adsticas del cambio social contempor\u00e1neo. El cambio social es un fen\u00f3meno universal, vinculable aun conjunto de factores presentes en todas las culturas. Estos factores son los siguientes: ciclo vital, relaci\u00f3n mortalidad-natalidad, relaci\u00f3n de la persona con el ambiente circunstante, equilibrio entre orden social y orden moral, desigualdades econ\u00f3mico-sociales y procesos de aculturaci\u00f3n. Estos diversos factores se hallan en el origen de los conflictos, en cuanto que provocan formas diversas de socializaci\u00f3n, fluctuaciones y adaptaciones tanto en el terreno econ\u00f3mico-social como en el de los valores y las normas de conducta.<\/p>\n<p>El cambio social contempor\u00e1neo, aun estando condicionado tambi\u00e9n por las causas mencionadas, reviste, sin embargo, caracter\u00ed\u00adsticas propias y espec\u00ed\u00adficas en relaci\u00f3n con el afianzamiento del proceso de modernizaci\u00f3n. El fen\u00f3meno al que asistimos es el de la completa unificaci\u00f3n del mundo, es decir, del paso de una sociedad tradicionalmente cerrada y est\u00e1tica a una sociedad abierta y din\u00e1mica, caracterizada por nuevas y complejas formas de organizaci\u00f3n y por una transformaci\u00f3n generalizada de las condiciones de vida. La modernizaci\u00f3n no afecta s\u00f3lo a la estructura externa de la sociedad, sino, m\u00e1s radicalmente, a los modelos mismos de comportamiento y a las modalidades de existencia.<\/p>\n<p>A la ra\u00ed\u00adz del proceso todav\u00ed\u00ada en curso se encuentra sin duda la industrializaci\u00f3n del sector econ\u00f3micoproductivo, con la creaci\u00f3n de nuevas formas de intercambio y de una amplia movilidad social, pero sobre todo con la modificaci\u00f3n de instituciones tradicionales -familia, propiedad, trabajo- y el desarrollo de nuevas reglas y procedimientos a nivel pol\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>Aunque sea brevemente, es importante se\u00f1alar a este respecto los aspectos m\u00e1s significativos del cambio operado.<\/p>\n<p>El El dato que emerge con inmediatez en el terreno estructural es la articulaci\u00f3n en t\u00e9rminos totalmente diferentes de la organizaci\u00f3n econ\u00f3mica. El sector de la subsistencia ha quedado, en efecto, incorporado en el sistema de mercado de la econom\u00ed\u00ada nacional e internacional, mientras se asiste paralelamente a una reducci\u00f3n de la poblaci\u00f3n directamente ocupada de la producci\u00f3n agr\u00ed\u00adcola y a una transferencia de mano de obra a la industria y a los servicios auxiliares. Esto implica, por una parte, un aumento muy considerable de los niveles de especializaci\u00f3n y, por otra, la exigencia de reinversi\u00f3n de los beneficios, tanto por la iniciativa privada como por la intervenci\u00f3n directa del Estado. La extensi\u00f3n y la comercializaci\u00f3n generalizadas de los bienes de consumo produce, adem\u00e1s, la tendencia a una expansi\u00f3n cada vez mayor de las operaciones econ\u00f3micas y favorece un amplio aumento de la renta per c\u00e1pita, con el consiguiente desarrollo del consumo y el aumento de los gastos por los servicios.<\/p>\n<p>&#8211; Estrechamente vinculada con esta profunda transformaci\u00f3n del sistema econ\u00f3mico se encuentra la renovaci\u00f3n de la estructura demogr\u00e1fica y ecol\u00f3gica. La disminuci\u00f3n de la tasa de mortalidad, gracias a las nuevas t\u00e9cnicas sanitarias y a una mayor asistencia m\u00e9dica, sobrepasa a la tasa de natalidad. Se da lugar as\u00ed\u00ad a un dif\u00ed\u00adcil per\u00ed\u00adodo de transici\u00f3n, caracterizado por fen\u00f3menos de empobrecimiento. La reducci\u00f3n de la mortalidad infantil y el hecho de que la planificaci\u00f3n de los nacimientos se ponga en pr\u00e1ctica antes en los centros urbanos de renta media y superior acrecienta el desfase entre poblaciones ricas y poblaciones pobres.<\/p>\n<p>La expansi\u00f3n de la poblaci\u00f3n y su distribuci\u00f3n se producen de manera extremadamente irregular, a impulsos de las din\u00e1micas de la industrializaci\u00f3n. La poblaci\u00f3n tiende a concentrarse en los grandes centros de ocupaci\u00f3n, dando lugar al surgimiento de fen\u00f3menos como la emigraci\u00f3n y el urbanismo, que crean ingentes problemas al equilibrio del territorio y a las posibilidades de expresi\u00f3n efectiva de los particulares. A las incomodidades inherentes a las dificultades de inserci\u00f3n de poblaciones erradicadas de su h\u00e1bitat originario, y por lo mismo de su cultura y de sus tradiciones, se a\u00f1aden dificultades, no menos graves, debidas a las limitadas posibilidades de acogida a nivel de servicios, y sobre todo a la devastaci\u00f3n del medio como resultado de un crecimiento tecnol\u00f3gico guiado por l\u00f3gicas meramente productivas.<\/p>\n<p>El El conjunto de estos datos estructurales concurre evidentemente a producir una radical transformaci\u00f3n en la organizaci\u00f3n de la vida asociada. La gran movilidad geogr\u00e1fica y social pone en crisis los sistemas de parentesco amplio y determina el desarrollo de un modelo de familia restringida (o nuclear), marcada por la p\u00e9rdida creciente de las funciones econ\u00f3micas y sociales. El contexto predominante de la gran ciudad, con la mezcolanza de poblaci\u00f3n y de culturas, favorece el debilitamiento de los controles sociales informales y hace necesario el surgimiento de controles formales cada vez m\u00e1s r\u00ed\u00adgidos para el mantenimiento del orden. El debilitamiento de los lazos \u00ed\u00adntimos con las personas queridas, y el anonimato debido a la masificaci\u00f3n determinan actitudes de apat\u00ed\u00ada y de anom\u00ed\u00ada, pero generan sobre todo soledad y alienaci\u00f3n subjetiva.<\/p>\n<p>La formaci\u00f3n acad\u00e9mica adopta perfiles cada vez m\u00e1s especializados, sobre todo en el campo t\u00e9cnico-cient\u00ed\u00adfico, mientras que la cultura se transforma en cultura de masas, contribuyendo a la uniformidad de los estilos de vida y de los modelos de comportamiento sobre la base de par\u00e1metros ampliamente influenciados por los intereses del poder econ\u00f3mico y pol\u00ed\u00adtico. La divisi\u00f3n entre trabajo y tiempo libre alimenta la exigencia de participaci\u00f3n en agrupaciones variopintas y eg manifestaciones culturales y recreativas de inter\u00e9s vario, mientras que las diferenciaciones sociales, muy acentuadas en una primera fase, se aten\u00faan gradualmente por la aparici\u00f3n de una variada gama de posiciones intermedias.<\/p>\n<p>La misma estructura pol\u00ed\u00adtica experimenta esta transformaci\u00f3n. Se hacen, en efecto, necesarias formas amplias de participaci\u00f3n y una seria renovaci\u00f3n del modelo administrativo, en una \u00f3ptica de mayor racionalizaci\u00f3n basada en la divisi\u00f3n t\u00e9cnica del traba] o.<\/p>\n<p>La din\u00e1mica de desarrollo de la sociedad se caracteriza por un crecimiento constante del ritmo de cambio en todos los sectores de la vida. Esto no excluye, naturalmente, la existencia de frecuentes oscilaciones en los procesos por cuyo medio tiene lugar el desarrollo. Existen, en efecto, procesos que toman una direcci\u00f3n irreversible, mientras que otros sufren pesados contragolpes, lleg\u00e1ndose a producir aut\u00e9nticas inversiones de tendencia. Y as\u00ed\u00ad, mientras la especializaci\u00f3n tiende cada vez m\u00e1s a ampliarse, tanto a nivel del papel jugado por el individuo como a nivel de organizaci\u00f3n del trabajo y de la colectividad social, debido ello tambi\u00e9n a la innovaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, el est\u00e1ndar de consumo y la cultura popular adquieren una homogeneidad consistente. M\u00e1s a\u00fan: mientras la racionalidad tecnol\u00f3gica favorece el crecimiento de actitudes secularizantes, persisten -e incluso parecen aumentar- formas de supervivencia religiosa vinculadas a un estado de disgusto existencial, casi de malestar ontol\u00f3gico, y a la imposibilidad de racionalizar algunos \u00e1mbitos de la vida, especialmente los que tradicionalmente determinan la pregunta por el sentido.<\/p>\n<p>El proceso mismo de adquisici\u00f3n y de elaboraci\u00f3n de valores ha experimentado profundas variaciones, seg\u00fan las etapas en las que ha ido articul\u00e1ndose el cambio social: desde la primera industrializaci\u00f3n hasta la actual fase de germinaci\u00f3n de la denominada sociedad posindustrial. La productividad como centro de inter\u00e9s, que favorec\u00ed\u00ada valores como el trabajo y el ahorro, ha sido sustituida por el consumo con tendencia a valorar las necesidades subjetivas -a menudo incluidas tambi\u00e9n las inducidas y, consiguientemente, alienantes-, y con ellas el deseo de felicidad y de autorrealizaci\u00f3n. Adem\u00e1s, la informatizaci\u00f3n actualmente en curso, que marca el tr\u00e1nsito hacia la sociedad posindustrial, introduce nuevas variables culturales y de valor, de dif\u00ed\u00adcil interpretaci\u00f3n a\u00fan, y que, sin embargo, parecen favorecer el desarrollo de un lenguaje l\u00f3gico-matem\u00e1tico destituido de la capacidad de valoraci\u00f3n \u00e9tica de la realidad y de la posibilidad de dar respuesta a las preguntas por el sentido.<\/p>\n<p>El cambio en curso incide, pues, globalmente en la vida de la persona, a nivel individual y social, en el terreno estructural al igual que en el de la conciencia y de la producci\u00f3n de valores. El alcance y la profundidad de los fen\u00f3menos relacionados con \u00e9l reclama responsabilidades no s\u00f3lo de orden pol\u00ed\u00adtico, sino sobre todo de orden antropol\u00f3gico y \u00e9tico.<\/p>\n<p>2. ELEMENTOS DE ANTROPOLOG\u00ed\u008dA Y DE ETICA DE LO \u00abSOCIAL\u00bb HOY. La reflexi\u00f3n antropol\u00f3gica y \u00e9tica sobre lo \u00absocial\u00bb ha adquirido en este per\u00ed\u00adodo -en concomitancia con el cambio producido- un desarrollo cada vez m\u00e1s amplio. La cuesti\u00f3n de la relaci\u00f3n interhumana ha acabado por ocupar un papel central en el marco de la b\u00fasqueda filos\u00f3fica y teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>a) Antropolog\u00ed\u00ada filos\u00f3fica y antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica. Las filosof\u00ed\u00adas modernas -del marxismo al personalismo- han centrado cada vez con m\u00e1s insistencia la atenci\u00f3n en el car\u00e1cter social de la persona, aun evidenciando en ello aspectos diversos e incluso opuestos. Se debe a Marx el afianzamiento de lo \u00absocial\u00bb como parte constitutiva de la esencia de la persona, hasta el punto de que el individuo s\u00f3lo es concebible y definible dentro de la comunidad humana, en cuanto comunidad estructurada bajo la gu\u00ed\u00ada de las leyes econ\u00f3micas.<\/p>\n<p>No resulta del todo diferente la perspectiva de Dilthey, para quien, por un lado, ning\u00fan ser humano es concebible al margen de todas las determinaciones sociales que en \u00e9l confluyen y, por otro, cada ser humano individual es un elemento modificador de la sociedad en la que vive.<\/p>\n<p>Por su parte, la fenomenolog\u00ed\u00ada y el existencialismo (Husserl, Heidegger, Jaspers y Sartre), al indicar que el individuo \u00fanicamente se autocomprende y act\u00faa en relaci\u00f3n con lo que se le presenta como lo otro distinto de \u00e9l, ponen el acento en el hecho de que, en el interior de este horizonte que incluye todo el mundo de lo otro, aparecen determinados otros como sujetos con los que es posible entablar una relaci\u00f3n personal. Esto equivale a decir que el Dasein (ser aqu\u00ed\u00ad) de la persona se define por un conjunto de objetos y de seres humanos; pero que, al mismo tiempo, la relaci\u00f3n interhumana se califica por una precisa especificidad, por el hecho de que los partner son ambos a dos sujetos, y por lo mismo irreducibles el uno al otro como instrumento. Esta relaci\u00f3n intersubjetiva resulta, adem\u00e1s, indispensable para la toma de conciencia de s\u00ed\u00ad por parte de cada sujeto; o, si se prefiere, constituye un momento irrenunciable del proceso de realizaci\u00f3n de la propia esencia.<\/p>\n<p>En la recogida de estas preciosas sugerencias y en su introducci\u00f3n en un sistema m\u00e1s amplio condensa su aportaci\u00f3n el personalismo social de inspiraci\u00f3n cristiana -basta recordar a J. Maritain y E. Mounier-, aportaci\u00f3n tendente a recuperar el car\u00e1cter esencial de la relaci\u00f3n interpersonal y social en torno a algunos goznes, que se pueden sintetizar de la siguiente manera:<br \/>\n&#8211; el individuo no s\u00f3lo no puede desarrollarse, sino que ni siquiera puede comprenderse al margen de la relaci\u00f3n yo-t\u00fa. El aut\u00e9ntico perfeccionamiento de la persona esta vinculado al establecimiento y profundizaci\u00f3n de la relaci\u00f3n intersubjetiva;<br \/>\n&#8211; la relaci\u00f3n interhumana existe en la medida en que los diversos partner puedan todos ellos expresarse como sujetos (sin convertirse en objetos), es decir, cuando tenga lugar una aut\u00e9ntica relaci\u00f3n entre personas. Esto significa que la relaci\u00f3n debe vivirse bajo el signo del respeto de la alteridad propia y del otro, y no bajo el signo de la alienaci\u00f3n o de la identificaci\u00f3n;<br \/>\n&#8211; toda relaci\u00f3n social, por lo tanto, se debe medir sobre la base de las posibilidades de realizaci\u00f3n interpersonal que ella permite. La relaci\u00f3n social ser\u00e1 tanto m\u00e1s positiva cuanto m\u00e1s favorezca el desarrollo de relaciones humanas aut\u00e9nticas y haga crecer el grado de la interpersonalidad;<br \/>\n&#8211; la relaci\u00f3n interhumana, por \u00faltimo, est\u00e1 siempre mediada de alguna manera por las estructuras sociales y culturales, las cuales inciden de forma determinante en la vida de los sujetos individuales y en el desarrollo de las relaciones, sean \u00e9stas restringidas o amplias. Esta incidencia es hoy tanto m\u00e1s fuerte cuando son m\u00e1s extensos, en t\u00e9rminos cuantitativos, los \u00f3rdenes institucionales, y en raz\u00f3n tambi\u00e9n de la complejidad social y de la interdependencia de los diversos sectores de la convivencia humana. Aun sin aceptar el resultado del an\u00e1lisis marxista, para el que existe una primac\u00ed\u00ada \u00abmetaf\u00ed\u00adsica\u00bb de la estructura sobre la persona, se puede hablar tal vez de una primac\u00ed\u00ada \u00abhist\u00f3rica\u00bb, sobre todo si se piensa en la gran influencia que sociedad y cultura ejercen en los sujetos individuales y en las opciones personales;<br \/>\n&#8211; la cuesti\u00f3n central es, por tanto, la de las relaciones entre interpersonalidad y eficiencia. Grado de interpersonalidad y grado de eficiencia se presentan en la relaci\u00f3n social como dos realidades no directamente proporcionales; incluso pueden parecer a primera vista antit\u00e9ticas. Se impone, sin embargo, elaborar la relaci\u00f3n entre ellas, teniendo presente su respectiva necesidad. Si, por una parte, la interpersonalidad es el valor fundamental, al que queda subordinada la eficacia, por otra, no se puede negar que la desatenci\u00f3n a la eficiencia comporta la renuncia a hacer concreta la interpersonalidad en el plano hist\u00f3rico. Presentando la eficiencia como valor en s\u00ed\u00ad, desliz\u00e1ndose, en otras palabras, hacia posiciones de eficacia -la tentaci\u00f3n es muy fuerte en una \u00e9poca como la actual, dominada por el desarrollo de un modelo tecnocr\u00e1tico de gesti\u00f3n de la vida social-, se corre el riesgo de llegar a una inversi\u00f3n grave en la escala de valores, pagando el precio de reducir la persona a fines instrumentales; pero, por otra parte, renunciando por completo a la eficiencia en el campo social, adem\u00e1s de convertirse en improductivos, se incurre en el peligro de despertar nostalgias autoritarias, que tienen consecuencias extremadamente graves para la vida de los individuos y de la colectividad. El equilibrio entre interpersonalidad y eficiencia es, pues, la cuesti\u00f3n de fondo que la antropolog\u00ed\u00ada plantea a la \u00e9tica.<\/p>\n<p>Provocada por el intenso cambio social y por las sugerencias de la antropolog\u00ed\u00ada filos\u00f3fica, tambi\u00e9n la b\u00fasqueda teol\u00f3gica ha operado en estos a\u00f1os una revisi\u00f3n de los datos fundamentales del mensaje revelado, recuperando sobre todo el valor comunitario y social. En esta l\u00ed\u00adnea han ido despleg\u00e1ndose las l\u00ed\u00adneas esenciales de una aut\u00e9ntica \u00abteolog\u00ed\u00ada de lo social\u00bb, que ahonda sus ra\u00ed\u00adces en el coraz\u00f3n mismo del evangelio.<\/p>\n<p>En la base de esta teolog\u00ed\u00ada hay que colocar al misterio trinitario, visto en su dimensi\u00f3n tanto ontol\u00f3gica como hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica. La esencia misma de Dios se presenta en este marco como el resultado de una relaci\u00f3n interpersonal, que tiene lugar en la reciprocidad de la donaci\u00f3n. El Dios de la revelaci\u00f3n cristiana no es un ser solitario, sino un Dios que vive en comuni\u00f3n de personas -Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo-, que se constituyen d\u00e1ndose. La naturaleza de Dios es, pues, una naturaleza en relaci\u00f3n, m\u00e1s radicalmente a\u00fan, es la naturaleza de un ser cuya esencia es, en definitiva, donaci\u00f3n interpersonal. La oraci\u00f3n de Jes\u00fas \u00abque sean todos uno, como t\u00fa, Padre, est\u00e1s conmigo y yo contigo\u00bb (Jua 17:21) pone de manifiesto que el tipo de unidad interpersonal existente entre el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu.es el tipo de unidad que Jes\u00fas desea para los humanos. La vida eterna, a la que estamos llamados y de la que ya somos part\u00ed\u00adcipes, es, en otras palabras, la vida de Dios como donaci\u00f3n interpersonal.<\/p>\n<p>De esta vida, Jes\u00fas es el modelo hist\u00f3rico para los hombres. La encarnaci\u00f3n y la pascua de Cristo son el testimonio de la posibilidad que tiene Dios de expresarse en una vida humana concreta, en cuanto caracterizada por la donaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo. Jes\u00fas es plenamente consciente de que, en la donaci\u00f3n total que \u00e9l hace de s\u00ed\u00ad mismo al hombre, compartiendo la condici\u00f3n humana y ofreci\u00e9ndose como v\u00ed\u00adctima para la salvaci\u00f3n de la humanidad, \u00e9l da cumplimiento a la misi\u00f3n de revelador del Padre. La vida cristiana asume las connotaciones de seguimiento de Jes\u00fas, en el sentido de participaci\u00f3n profunda en sus misterios y de imitaci\u00f3n de su estilo de existencia, cuyo motivo dominante es el amor.<\/p>\n<p>La caridad es, pues, el principio \u00e9tico fundamental, en torno al cual gira la existencia cristiana. La vida del creyente es vida de amor como donaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo al otro (Rom 13:9-10; Un 4,20). D\u00e1ndose totalmente a los hombres, Dios solicita de ellos la respuesta de una donaci\u00f3n igualmente total (Mat 25:31-46). Por lo dicho resulta evidente que la caridad, entendida como donaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo al pr\u00f3jimo, no es s\u00f3lo una virtud por cuyo medio se consigue la vida eterna, sino que es ya participaci\u00f3n en esa vida y en el misterio de Dios, aunque parcialmente y en la imperfecci\u00f3n de la actual situaci\u00f3n (1Cor 13). De ello se deriva el que la transformaci\u00f3n de toda relaci\u00f3n entre personas en relaci\u00f3n interpersonal, caracterizada por la donaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismos, constituye el deber moral supremo del cristiano. El fundamento de una \u00e9tica social cristiana deber\u00e1, pues, buscarse en la capacidad de virar toda relaci\u00f3n humana como relaci\u00f3n de amor, es decir, en la apertura constante a una interpersonalidad cada vez mayor, la cual s\u00f3lo tiene lugar en la medida en que las relaciones humanas tienden a la totalidad de la donaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca.<\/p>\n<p>b) Perspectivas de una \u00e9tica social inspirada cristianamente. No resulta dif\u00ed\u00adcil, a la luz de las premisas dadas, individuar las l\u00ed\u00adneas maestras de una \u00e9tica social inspirada en el cristianismo. El n\u00facleo preliminar e ineludible es, ante todo, la relaci\u00f3n justicia-caridad. Si es, en efecto, verdad que la caridad representa lo \u00abespec\u00ed\u00adfico\u00bb de la \u00e9tica social cristiana, lo es igualmente que la caridad no puede encarnarse concretamente sin una referencia bien delimitada a la justicia, la cual define los \u00e1mbitos del compromiso humano en la \u00f3ptica de un marco de derechos que hay que salvaguardar absolutamente.<\/p>\n<p>La par\u00e1bola hist\u00f3rica recorrida por el cristianismo en el curso de su desarrollo dentro de la cultura occidental no ha sido siempre lineal al respecto. La tradici\u00f3n de los or\u00ed\u00adgenes, caracterizada por una fuerte atenci\u00f3n a la justicia social -pi\u00e9nsese en el pensamiento patr\u00ed\u00adstico y en el medieval-, fue sustituida en \u00e9poca moderna por la tendencia a privilegiar la justicia privada o individual. Los tratados de moral, que se desarrollaron sobre todo a partir del siglo xvn con el nacimiento del tratado De iustitia et jure, se han caracterizado por una visi\u00f3n de la justicia exclusivamente conmutativa y distributiva. A acentuar esta orientaci\u00f3n han contribuido de manera decisiva el afianzamiento de la ideolog\u00ed\u00ada liberal y del sistema capitalista-burgu\u00e9s en concomitancia con el crecimiento de la sociedad industrial. La pr\u00e1ctica de la justicia parece reducirse a la relaci\u00f3n entre individuos, no vistos como solidarios entre s\u00ed\u00ad, y el contenido de la misma remite de hecho a la medici\u00f3n objetiva de las prestaciones, sin atenci\u00f3n alguna al aspecto subjetivo.<\/p>\n<p>Esta perspectiva, sin embargo, no se corresponde con la l\u00ed\u00adnea m\u00e1s genuina de la tradici\u00f3n cristiana, para la que la justicia, entendida como justicia social, constituye la primera forma de la caridad, en cuanto que por medio de ella se afianza la exigencia de construir la sociedad sobre la base de la tutela y promoci\u00f3n de algunas instancias humanas fundamentales. Justicia social y caridad no pueden, pues, concebirse como virtudes paralelas o, menos a\u00fan, como competidoras, sino como dos momentos igualmente necesarios de un proceso tendente a la promoci\u00f3n humana global. La caridad no puede prescindir de la justicia como punto de partida, como referente esencial e ineludible; si bien es cierto que despu\u00e9s la caridad termina por trascender a ,ajusticia, en cuanto que, m\u00e1s all\u00e1 de la atenci\u00f3n a la salvaguarda de los derechos humanos esenciales, introduce una atenci\u00f3n m\u00e1s intensa a las exigencias, nunca objetivables del todo, de las personas individuales e impulsa a quien la practica a renunciar incluso al propio derecho a fin de afianzar el del otro de acuerdo a la l\u00f3gica de la donaci\u00f3n total. En otras palabras: la justicia es la respuesta a las necesidades de la persona, mientras que la caridad tiene como objetivo m\u00e1s radical el de acoger el deseo inexpresado y darle despu\u00e9s satisfacci\u00f3n. La justicia, adem\u00e1s, tiende por su naturaleza al afianzamiento de los derechos rec\u00ed\u00adprocos; la caridad, ala realizaci\u00f3n de una econom\u00ed\u00ada de la donaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca. No existe, pues, caridad sin justicia, pero la cardad es mayor que la justicia, pues por medio de ella el hombre entra plenamente en el horizonte del misterio divino y es capaz de traducir eficazmente su sentido en la vida cotidiana.<\/p>\n<p>El dinamismo de justicia-caridad, que constituye el marco formal en el que quedan insertas las opciones de car\u00e1cter social del creyente y de las comunidades cristianas, debe traducirse en una serie de orientaciones hist\u00f3ricamente situadas en estrecha relaci\u00f3n con el an\u00e1lisis de la realidad actual, y por ello mismo de las demandas y de los est\u00ed\u00admulos que de ella derivan. La cultura de nuestro tiempo se caracteriza en este punto por la superaci\u00f3n de una concepci\u00f3n fatalista de la sociedad, es decir, por la toma de conciencia de que las estructuras e instituciones en que se articula la convivencia humana no son datos ineluctables, sino que est\u00e1n vinculadas a opciones precisas de individuos y de grupos. El proceso de secularizaci\u00f3n ha contribuido positivamente a enfocar la constante interacci\u00f3n dial\u00e9ctica existente entre opciones humanas y estructura social, acrecentando la percepci\u00f3n de la responsabilidad de cada uno hacia los dem\u00e1s y, consiguientemente, el deber moral de la participaci\u00f3n. Resulta cada vez m\u00e1s claro que nadie puede substraerse al compromiso de construcci\u00f3n de la vida social y que no existe al respecto la posibilidad de adoptar una actitud de neutralidad, ya que incluso la no-opci\u00f3n constituye ya de hecho una opci\u00f3n en la direcci\u00f3n del mantenimiento de lo existente.<\/p>\n<p>Pero el aspecto de mayor novedad en la actual fase hist\u00f3rica lo constituye la interdependencia cada vez m\u00e1s estrecha entre los diversos sectores de la actividad humana y, m\u00e1s en general, entre los diversos pueblos de la tierra. Ning\u00fan sector de la sociedad puede aislarse de los dem\u00e1s, ya que las modificaciones que se verifican en su interior tienen repercusiones inmediatas en el entero articulado de la vida asociada. Adem\u00e1s, la posibilidad t\u00e9cnica de comunicaci\u00f3n y colaboraci\u00f3n entre todos los hombres distribuidos en cualquier parte del mundo, unida a la complejidad de los bienes requeridos, hace que la actividad de cualquier sector tienda a adoptar formas de relaci\u00f3n y de incidencia que superan cualquier conf\u00ed\u00adn de Estado y de bloques. Esto comporta, por un lado, el hecho de que la familia humana viva en un sistema de equilibrio caracterizado por entendimientos manifiestos o escondidos y, por otro, que exista la posibilidad de que pocos centros de poder real est\u00e9n en condiciones de dominar todo el arco de la vida colectiva a nivel internacional.<\/p>\n<p>Surge as\u00ed\u00ad la exigencia de examinar toda opci\u00f3n que se desarrolle en un sector de la actividad humana dentro del marco unitario de todos los sectores y, en t\u00e9rminos m\u00e1s amplios, de verificar las opciones de una naci\u00f3n en relaci\u00f3n con los reflejos que tengan en las otras. Si es verdad, como lo es, que no existen ya Estados ni bloques de Estados enteramente aut\u00f3nomos, sino que toda opci\u00f3n de un Estado est\u00e1 condicionada por las opciones previas de otros Estados y, a su vez, condiciona las opciones futuras de \u00e9stos, es preciso entonces reconocer que las situaciones de opresi\u00f3n en que viven pueblos enteros de la tierra -los del sur del mundo- son el fruto de decisiones econ\u00f3micas, pol\u00ed\u00adticas y militares tomadas en otra parte, es decir, en el \u00e1rea del norte del mundo.<\/p>\n<p>El car\u00e1cter, pues, global de la situaci\u00f3n de la familia humana comporta el riesgo de la \/ideolog\u00ed\u00ada; en otras palabras, la tentaci\u00f3n de que el bien social se teorice a cargo de un sistema coherente de principios y valores que expresen un ideal de convivencia humana elaborado por un grupo y convertido por \u00e9l en objeto de la propuesta pol\u00ed\u00adtica propia. La necesidad de una ordenaci\u00f3n para la vida asociada parece evidente, sobre todo hoy; pero existe el peligro de que nazca en el interior de una cultura particular y de un determinado contexto social -el hist\u00f3ricamente hegem\u00f3nico- y que tienda a imponerse como absoluta y exclusiva, olvidando la insuficiencia y la contingencia propias. Por otra parte, no es menos censurable la posici\u00f3n contraria, que va afianz\u00e1ndose cada vez m\u00e1s como reacci\u00f3n a este estado de cosas: el rechazo radical de las ideolog\u00ed\u00adas que, a su vez, se constituye en ideolog\u00ed\u00ada negativa. Detr\u00e1s de esta postura se esconde, en efecto, una total ausencia de valores e ideales comunes y, consiguientemente, la tendencia a concebir la acci\u00f3n social como pura defensa de intereses particulares sin una decidida orientaci\u00f3n al bien de la colectividad.<\/p>\n<p>Por todo ello, el principio de la justicia-caridad, que es el principiogu\u00ed\u00ada de la vida social del creyente, adquiere una clara tonalidad pol\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>La superaci\u00f3n de una visi\u00f3n sacralizada de la sociedad y de sus instituciones conduce a un ahondamiento en la conciencia pol\u00ed\u00adtica, a la vez que el conocimiento de la interdependencia de las estructuras y de los pueblos, es decir, del ensanchamiento del universo de las relaciones, dilata indefinidamente el campo. La justicia social se transforma en justicia internacional, y la caridad no puede menos de hacer suyas las mismas connotaciones universales, abri\u00e9ndose a las exigencias de todos los hombres y aceptando real\u00ed\u00adsticamente las mediaciones estructurales, sin por ello faltar a su identidad originaria de virtud caracterizada por la atenci\u00f3n al misterio de cada persona y por la tendencia a la donaci\u00f3n total.<\/p>\n<p>Por otra parte, insert\u00e1ndose en la vida de los actuales procesos de cambios, la inspiraci\u00f3n cristiana se convierte en elemento cr\u00ed\u00adtico de enorme importancia para reaccionar tanto a la tentaci\u00f3n de la totalidad ideol\u00f3gica como al peligro, no menos grave, del abandono de toda referencia ideal. El mensaje evang\u00e9lico, en efecto, sale al paso, en nombre de la esperanza escatol\u00f3gica de la pretensi\u00f3n de cualquier ideolog\u00ed\u00ada y de cualquier sistema social de erigirse en un absoluto; pero, al mismo tiempo, proclama que es posible una continua liberaci\u00f3n humana, a condici\u00f3n de que el esfuerzo de transformaci\u00f3n de la vida social se construya en la \u00f3ptica de la adhesi\u00f3n a un marco de valores irrenunciables, que tienen su fundamentaci\u00f3n en la l\u00f3gica del reino ya presente en la historia.<\/p>\n<p>La \u00e9tica social encuentra as\u00ed\u00ad sus ra\u00ed\u00adces y su dinamismo y resulta ser momento esencial de la producci\u00f3n de orientaciones de sentido que garanticen a la vida asociada un desarrollo coherente y eficaz, transform\u00e1ndola en espacio real de promoci\u00f3n de toda la persona y de todas las personas.<\/p>\n<p>II. Posibilidades y l\u00ed\u00admites de la \u00abdoctrina social\u00bb de la Iglesia<br \/>\nEl cambio social descrito y el desarrollo de la reflexi\u00f3n antropol\u00f3gica y \u00e9tica sobre \u00ablo social\u00bb constituyen el contexto en el que hay que situar el magisterio social desarrollado en el curso de este \u00faltimo siglo. La forma que ha asumido este magisterio es, como ya ha quedado dicho, la de la \u00abdoctrina social\u00bb, cuyo modelo no obedece, sin embargo, a una versi\u00f3n un\u00ed\u00advoca y homog\u00e9nea, sino que presenta caracteres diversos seg\u00fan los distintos momentos hist\u00f3ricos en que se elabora. La \u00abdoctrina social\u00bb sigue, en efecto, los pasos de las consistentes y r\u00e1pidas modificaciones de la sociedad en sus diversas etapas. Ello comporta no s\u00f3lo una diversa acentuaci\u00f3n de los contenidos expresados, sino tambi\u00e9n un profundo cambio de la estructura formal y, m\u00e1s en general, del modo de aproximarse a la realidad social.<\/p>\n<p>I . LA \u00abDOCTRINA SOCIAL\u00bb DE LA IGLESIA, A DISCUSI\u00ed\u201cN. El an\u00e1lisis de la \u00abdoctrina social\u00bb no puede prescindir de la atenci\u00f3n a las cr\u00ed\u00adticas que se le han hecho, tanto en el \u00e1mbito de la cultura laica como dentro del propio mundo cristiano.<\/p>\n<p>a) Cr\u00ed\u00adticas provenientes del \u00e1rea marxista. Entre las posturas de la cultura laica merecen un puesto particular las provenientes del \u00e1rea marxista, la cual tiende a considerar la doctrina social cristiana como una amalgama de principios diversos, mediante los cuales la Iglesia busca de hecho la defensa de la ideolog\u00ed\u00ada burguesa. Lo que principalmente evidencia el mundo marxista es la finalidad utilitarista que mueve a las intervenciones de la Iglesia, es decir, el hecho de que estas intervenciones estar\u00ed\u00adan dictadas por el miedo a perder terreno respecto a algunas categor\u00ed\u00adas sociales y a algunas regiones del mundo, que corren el riesgo, en sus movimientos hacia adelante, de escapar al control eclesial. Este sentimiento interesado explicar\u00ed\u00ada la aparici\u00f3n tard\u00ed\u00ada de las intervenciones -estimuladas por la cada vez mayor influencia del marxismo en algunas \u00e1reas de la realidad social- y, sobre todo, la ausencia de posturas radicales. La propuesta elaborada no tomar\u00ed\u00ada, en efecto, nunca en serio la posibilidad de eliminar el orden existente, sino que se limitar\u00ed\u00ada a denunciar sus abusos, vistos como datos accidentales, y a individuar eventuales formas de perfeccionamiento de las estructuras sociales mediante la mejora de las relaciones intersubjetivas, es decir, a trav\u00e9s del camino de la moralizaci\u00f3n. Por otro lado, la justificaci\u00f3n del orden establecido encontrar\u00ed\u00ada su \u00faltima raz\u00f3n de ser, a nivel te\u00f3rico, en la lectura de la sociedad hecha mediante la referencia a la categor\u00ed\u00ada de l ley natural, categor\u00ed\u00ada que legitimar\u00ed\u00ada una interpretaci\u00f3n est\u00e1tica y conservadora de la realidad.<\/p>\n<p>Aun reconociendo el salto cualitativo que la Iglesia ha dado a partir del Vat. II, sobre todo en lo concerniente a sus posturas en materia social, la cultura marxista no reduce sus cr\u00ed\u00adticas. La categor\u00ed\u00ada de los \u00absignos del tiempo\u00bb, que introduce en el an\u00e1lisis del hecho social una clave interpretativa de car\u00e1cter hist\u00f3rico en sustituci\u00f3n de la clave de car\u00e1cter naturalista del pasado, estar\u00ed\u00ada en realidad, al decir de los marxistas, viciada de entrada por una precomprensi\u00f3n de orden teol\u00f3gico. La historia, en efecto, no estar\u00ed\u00ada reconocida en su originaria y radical autonom\u00ed\u00ada, sino que estar\u00ed\u00ada subordinada a exigencias y valores de orden trascendente; las tensiones y des\u00f3rdenes existentes no estar\u00ed\u00adan, por tanto, cient\u00ed\u00adficamente interpretados como efecto de estructuras sociales objetivamente injustas, sino que se explicar\u00ed\u00adan m\u00e1s bien recurriendo al ego\u00ed\u00adsmo humano, fruto del pecado.<\/p>\n<p>Este planteamiento explicar\u00ed\u00ada el contraste que aflora a menudo en las posturas magisteriales (siempre al decir de los marxistas) entre los valientes enunciados doctrinales y las insignificantes sugerencias operativas, contraste apreciable incluso en documentos que el mundo marxista considera de gran inter\u00e9s, como la Gaudium et spes y la Populorum progressio. A la solemne afirmaci\u00f3n de la primac\u00ed\u00ada de la justicia social y de la igualdad entre los hombres no se equiparar\u00ed\u00ada una condena igualmente severa de las desigualdades econ\u00f3micas y sociales existentes; al diagn\u00f3stico puntual y dram\u00e1tico de los graves conflictos existentes en el mundo actual no se corresponder\u00ed\u00ada una denuncia igualmente valiente de las causas que los producen, es decir, del sistema capitalista, al que, m\u00e1s que refut\u00e1rsele, se le pedir\u00ed\u00ada s\u00f3lo introducir algunos correctivos. Lo que faltar\u00ed\u00ada, en definitiva, a la doctrina social, sea en su elaboraci\u00f3n originaria como en la m\u00e1s actualizada del posconcilio, ser\u00ed\u00ada la coherencia de las deducciones, coherencia que estar\u00ed\u00ada ausente sobre todo por el fuerte prejuicio antimarxista derivado de la r\u00ed\u00adgida vinculaci\u00f3n que la Iglesia habr\u00ed\u00ada establecido siempre entre lectura materialista de la sociedad y ate\u00ed\u00adsmo.<\/p>\n<p>b) M\u00e1s recientes, aunque no menos duras, son las cr\u00ed\u00adticas formuladas al planteamiento de la \u00abdoctrina social\u00bb en el frente liberal-burgu\u00e9s. La contestaci\u00f3n al respecto se apoya a menudo en el presunto car\u00e1cter atrasado del an\u00e1lisis social del mundo cat\u00f3lico, al que se le acusa de formular la condena misma del capitalismo en base a un modelo abstracto e hist\u00f3ricamente inexistente.<\/p>\n<p>Pero el nivel m\u00e1s radical de la cr\u00ed\u00adtica ata\u00f1e directamente al presupuesto al que desde siempre ha remitido la doctrina de la Iglesia para intervenir en el campo de la vida econ\u00f3mica y social: la legitimidad de un juicio \u00e9tico en relaci\u00f3n con los procesos que tienen lugar en esos \u00e1mbitos. La ideolog\u00ed\u00ada liberal-burguesa reivindica, en efecto, en t\u00e9rminos cada vez m\u00e1s radicales la autonom\u00ed\u00ada de las leyes econ\u00f3micas, las cuales tienen fines propios y racionales que corresponden al acrecentamiento de la riqueza mediante la producci\u00f3n de bienes y servicios, y no fines sociales irracionales, que guardan relaci\u00f3n con la repartici\u00f3n de la riqueza. Emblem\u00e1tico al respecto ha sido el movido debate sobre el tema de lo \u00absuperfluo\u00bb (no s\u00f3lo individual, sino sobre todo de las naciones), abierto en el \u00e1mbito de la opini\u00f3n p\u00fablica occidental como consecuencia de la promulgaci\u00f3n de la Populorum progressio. El variopinto abanico de opiniones formuladas, que van desde la negaci\u00f3n pura y simple de la existencia misma de lo superfluo entre las naciones hasta consideraciones de car\u00e1cter m\u00e1s estrictamente econ\u00f3mico -como las relativas a la necesidad de equilibrio en la balanza de pagos con el exterior para salvaguardar el sistema monetario- y otras de car\u00e1cter m\u00e1s directamente moral acerca de las responsabilidades de los pueblos destinatarios, deja entrever que en la ra\u00ed\u00adz de todas ellas se encuentra la reivindicaci\u00f3n de una absoluta autonom\u00ed\u00ada de lo econ\u00f3mico y de lo social frente a cualquier intromisi\u00f3n externa, y por lo tanto el rechazo de la doctrina de la Iglesia, ya que, por su naturaleza, la Iglesia reivindica espacio para un juicio superior dado en nombre de valores irrenunciables y de una visi\u00f3n global del bien humano.<\/p>\n<p>c) , M\u00e1s articuladas y merecedoras de atenta consideraci\u00f3n son las criticas hechas a la \u00abdoctrina social\u00bb de la Iglesia en su concreta sedimentaci\u00f3n hist\u00f3rica dentro del propio mundo cristiano. Formuladas originariamente en t\u00e9rminos m\u00e1s dr\u00e1sticos por los ambientes protestantes, estas cr\u00ed\u00adticas han pasado progresivamente a algunos sectores del mundo cat\u00f3lico, concurriendo a poner en tela de juicio la expresi\u00f3n misma de \u00abdoctrina social\u00bb.<\/p>\n<p>Lo que en este caso se cuestiona es la posibilidad de construcci\u00f3n por la iglesia de un proyecto social coherente, capaz de mediar entre los grandes valores contenidos en la palabra de Dios y las decisiones de car\u00e1cter t\u00e9cnico concernientes a la regulaci\u00f3n de la sociedad industrial. Se dice al respecto que la Iglesia ha intentado de hecho esta mediaci\u00f3n a trav\u00e9s de la elaboraci\u00f3n de una reflexi\u00f3n que se mueve en tres niveles: el nivel de la \u00e9tica b\u00ed\u00adblica, es decir, de la organizaci\u00f3n de sugerencias de valor provenientes de la revelaci\u00f3n, vetero y neotestamentaria, que guardan relaci\u00f3n con la vida de la sociedad; el nivel de la mediaci\u00f3n filos\u00f3fica, para el que se utilizan categor\u00ed\u00adas de filosof\u00ed\u00ada social, tomadas de modo particular de la tradici\u00f3n aristot\u00e9lico-tomista; por \u00faltimo, el nivel de la cr\u00ed\u00adtica de las ideolog\u00ed\u00adas existentes (liberalismo capitalista y colectivismo marxista), valorando sus propuestas a la luz de los presupuestos precedentes. Analizando en detalle estos tres niveles de intervenci\u00f3n se observa, sin embargo -manifiestan los exponentes de esta cr\u00ed\u00adtica- que tal construcci\u00f3n, en apariencia coherente, no siempre tiene un fundamento s\u00f3lido.<\/p>\n<p>O La ex\u00e9gesis b\u00ed\u00adblica, que en estos \u00faltimos a\u00f1os ha adquirido un corte rigurosamente cient\u00ed\u00adfico y que se ha abierto sobre todo a las aportaciones de la hermen\u00e9utica hist\u00f3rica, evidencia el car\u00e1cter problem\u00e1tico de la utilizaci\u00f3n de categor\u00ed\u00adas como la de la revelaci\u00f3n para interpretar las situaciones actuales. Si es verdad, como lo es, que se encuentran a menudo en el AT tomas de postura de car\u00e1cter social, encaminadas a condenar la injusticia y a defender la condici\u00f3n de los pobres -pi\u00e9nsese en particular en la literatura prof\u00e9tica-, no lo es menos que tales ense\u00f1anzas se insertan en un contexto profundamente diferente y dif\u00ed\u00adcilmente comparable con el actual, y que, adem\u00e1s, la actitud de fondo de la que parten los textos veterotestamentarios es una actitud exquisitamente religiosa. Conceptos b\u00ed\u00adblicos como el de \u00abjusticia\u00bb, que tiene una clara referencia teologal y que se desarrolla en una situaci\u00f3n particular -la situaci\u00f3n de un pueblo de orientaci\u00f3n teocr\u00e1tica, en el que las alianzas pol\u00ed\u00adticas son enjuiciadas en base al querer divino-, no pueden ser recuperados sin un proceso serio de reinterpretaci\u00f3n y, sobre todo, no pueden ser cargados con el mismo significado que han adquirido en nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>An\u00e1logamente, las afirmaciones del NT que contienen referencias a \u00ablo social\u00bb presuponen la presencia de un marco cultural decididamente diverso del actual. La predicaci\u00f3n del reino hecha por Jes\u00fas evidencia la estrecha vinculaci\u00f3n existente entre la situaci\u00f3n escatol\u00f3gica y la conversi\u00f3n moral, pero no busca resolver directamente los problemas concretos de la realidad econ\u00f3mica y social. Jes\u00fas se sit\u00faa por encima y m\u00e1s all\u00e1 de las instancias de car\u00e1cter inmediatamente pol\u00ed\u00adtico-social, para las que, por lo dem\u00e1s, remite al orden de la creaci\u00f3n, que sigue manteniendo valor en s\u00ed\u00ad mismo (cf Mar 10:2-9; Mat 5:43-45).<\/p>\n<p>La actitud de Pablo se presenta en este aspecto todav\u00ed\u00ada m\u00e1s enigm\u00e1tica, e incluso contradictoria. Unas veces, en efecto, parece violentamente anticonformista (Rom 12:2), mientras que otras parece adoptar posturas de exasperante conformismo, sobre todo cuando afronta cuestiones relativas al orden social. Pi\u00e9nsese en su modo de afrontar temas como el respeto a la autoridad (Rom 13), la lealtad pol\u00ed\u00adtica (Flp 3:20), la aceptaci\u00f3n de la propia condici\u00f3n (1Co 7:17-24). Su preocupaci\u00f3n fundamental no es la modificaci\u00f3n del orden establecido, es decir, de los modelos sociol\u00f3gicos imperantes, sino la transformaci\u00f3n interior de la persona y de las relaciones interhumanas. Sus consejos morales est\u00e1n tomados de la sabidur\u00ed\u00ada de la \u00e9poca, y no pueden, por tanto, ser generalizados. El impulso proveniente del mensaje paulino es a vivir hasta sus \u00faltimas consecuencias la novedad evang\u00e9lica como novedad interior, sabiendo que esto comportar\u00e1 como consecuencia un cuestionamiento desde dentro de las l\u00f3gicas subyacentes a las estructuras y a las instituciones de la sociedad, y que favorecer\u00e1 el cambio.<\/p>\n<p>Resulta, pues, dif\u00ed\u00adcil encontrar en la revelaci\u00f3n indicaciones precisas para la soluci\u00f3n de los actuales conflictos sociales. Lo que de ella se puede extraer es el est\u00ed\u00admulo a una continua renovaci\u00f3n, cuya trayectoria, sin embargo, deber\u00e1 buscarse por medio de la elaboraci\u00f3n de mediaciones culturales precisas, vinculadas a la capacidad de lectura y de interpretaci\u00f3n de la situaci\u00f3n presente.<\/p>\n<p>&#8211; No resulta diferente, sino incluso m\u00e1s arduo, el problema relativo a las categor\u00ed\u00adas filos\u00f3ficas y, m\u00e1s en general, antropol\u00f3gicas utilizadas para elaborar la \u00abdoctrina social\u00bb. Las dificultades que surgen en este campo son atribuibles por un lado, a la progresiva p\u00e9rdida de significado de las categor\u00ed\u00adas tradicionales, tomadas del sistema aristot\u00e9lico-tomista, como incapaces de interpretar la actual situaci\u00f3n de complejidad social; por otro, a la imposibilidad de dar con formas de pensamiento v\u00e1lidas para todos los contextos en un mundo heterog\u00e9neo y pluralista como en el que vivimos. Surge as\u00ed\u00ad la sospecha de que la \u00abdoctrina social\u00bb de la Iglesia no es otra cosa que un sistema ideol\u00f3gico, an\u00e1logo al de las otras ideolog\u00ed\u00adas sociales, con una angulaci\u00f3n determinada de lectura de la realidad y con la pretensi\u00f3n de dar curso a una pr\u00e1ctica de intervenci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica seg\u00fan criterios antropol\u00f3gicos y culturales que nada tienen que ver con una inspiraci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>&#8211; La cr\u00ed\u00adtica de las ideolog\u00ed\u00adas, por \u00faltimo, parece convalidar lo que se acaba de decir. La Iglesia ha concebido de hecho la \u00abdoctrina social\u00bb como una especie de v\u00ed\u00ada intermedia o de \u00abtercera v\u00ed\u00ada\u00bb, de marchamo personalista y comunitario, tendente a rechazar los dos extremos opuestos del liberalismo y del colectivismo. Resulta leg\u00ed\u00adtimo preguntarse al respecto si este planteamiento no peca de abstracci\u00f3n; es decir, si se ha demostrado hist\u00f3ricamente capaz de proponer un sistema concreto o si, m\u00e1s bien, no se ha limitado a \u00e1ridos enunciados de principio, condescendiendo con afirmaciones viciadas por un est\u00e9ril moralismo carente de salidas operativas. M\u00e1s a\u00fan: resulta leg\u00ed\u00adtimo preguntarse si la propuesta de la Iglesia no se ha convertido en realidad en prerrogativa de una pol\u00ed\u00adtica particular, suministrando protecci\u00f3n y posibilidades de expansi\u00f3n a grupos, movimientos y partidos transformados peligrosamente en instituciones cristianas.<\/p>\n<p>No se puede, por otra parte, desconocer que las ideolog\u00ed\u00adas tradicionales -marxismo y liberalismo- han experimentado una notable transformaci\u00f3n, y que las comunidades cristianas viven hoy en sistemas ideol\u00f3gicos diversos, con los que se ven obligadas a establecer formas de confrontaci\u00f3n y de di\u00e1logo. Esto impone a la Iglesia una aproximaci\u00f3n a las ideolog\u00ed\u00adas caracterizada por una mayor cautela y por un juicio m\u00e1s articulado; en otros t\u00e9rminos, impone la formulaci\u00f3n de una postura cr\u00ed\u00adtica, dirigida m\u00e1s a desmitificar las pretensiones de totalidad de las ideolog\u00ed\u00adas que a cuestionar sus contenidos particularizados.<\/p>\n<p>Las cr\u00ed\u00adticas expuestas, aunque de naturaleza y de valor diversos, adquieren una importancia determinante en la valoraci\u00f3n general de los modelos hist\u00f3ricos mediante los cuales ha producido la Iglesia su \u00abdoctrina social\u00bb; y revisten un gran significado para la redifinici\u00f3n de los presupuestos en base a los cuales repensar la intervenci\u00f3n del magisterio en materia social.<\/p>\n<p>2. EL CAMINO HIST\u00ed\u201cRICO DE LA \u00abDOCTRINA SOCIAL\u00bb DE LA IGLESIA. Es esencial, al respecto, reconstruir en perspectiva hist\u00f3rica los elementos fundamentales que constituyen la plataforma en la que ha basado la Iglesia su intervenci\u00f3n en el campo social. La \u00abdoctrina social\u00bb de la Iglesia est\u00e1 contenida en un conjunto de documentos, que van de la Rerum novarum, de Le\u00f3n XIII (1891), a la Centesimus annus, de Juan Pablo II (1991).<\/p>\n<p>Entre ellos merecen ser recordados adem\u00e1s de los dos citados, la enc\u00ed\u00adclica Quadrogesimo anno, de P\u00ed\u00ado XI (1931); el radiomensaje de pentecost\u00e9s de P\u00ed\u00ado XII (1951); las enc\u00ed\u00adclicas Mater el magistra (1961) y Pacem in terris (1963), de Juan XXIII; la constituci\u00f3n pastoral Gaudium el spes, del Vat. II (1965); la enc\u00ed\u00adclica Populorum progressio (1967) y la carta apost\u00f3lica Octogesima adveniens (1971), de Pablo VI; el documento del s\u00ed\u00adnodo de los obispos Justicia en el mundo (1971), y, por \u00faltimo, la Laborem exercens (1981) y la Sollicitudo re\u00c2\u00a1 socialis (1988), de Juan Pablo II.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s del conjunto de estos documentos ha ido tomando cuerpo un sistema de aproximaci\u00f3n a la realidad social, centrada en determinadas categor\u00ed\u00adas interpretativas, que se han visto sometidas a un notable proceso de transformaci\u00f3n interna.<\/p>\n<p>a) La categor\u00ed\u00ada central, que sirve de fondo a todas las intervenciones y constituye el horizonte en el que se enmarcan el juicio de la Iglesia sobre \u00ablo social\u00bb y su propuesta de cambio, es la de justicia social. Desde este punto de vista, la \u00abdoctrina social\u00bb de la Iglesia ha representado desde el comienzo un importante momento de innovaci\u00f3n. El afianzamiento del liberalismo en el campo econ\u00f3mico y social hab\u00ed\u00ada, en efecto, conducido a la producci\u00f3n de un falso concepto de justicia, reducido tendencialmente a la justicia conmutativa, entendida como relaci\u00f3n de igualdad objetiva de prestaciones mutuas entre sujetos no solidarios. Los manuales morales tradicionales, apart\u00e1ndose en esto de la doctrina tomista, acabaron asumiendo este planteamiento. Las enc\u00ed\u00adclicas sociales, a partir de la Rerum novarum, recuperan el puesto central del concepto de \u00abjusticia social\u00bb, eliminando los prejuicios al uso, que ve\u00ed\u00adan en la justicia social una justicia de segunda clase, cuyas obligaciones se a\u00f1ad\u00ed\u00adan alas de la justicia conmutativa -la verdadera justicia-, y no gozaban, por tanto, de la misma fuerza de obligaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El magisterio de la Iglesia invirti\u00f3 esta \u00f3ptica, afirmando la primac\u00ed\u00ada de la justicia social y de sus exigencias, que deben jugar un papel concreto en la determinaci\u00f3n del contenido de las relaciones de justicia particular, sea \u00e9sta conmutativa o distributiva. Objeto, en efecto, de la justicia social es conjuntamente el bien de todos y de cada uno, porque ella tiende, en t\u00e9rminos directos e inmediatos, al bien com\u00fan humano, y en t\u00e9rminos mediatos, al bien particular de cada persona. Esto equivale a decir que la justicia social puede ser identificada pura y simplemente con la justicia, de la que las diversas formas de justicia p\u00e1rticular son \u00fanicamente especificaciones.<\/p>\n<p>Esta perspectiva, presente en todo el desarrollo de la \u00abdoctrina social\u00bb, ha ido, sin embargo, profundiz\u00e1ndose gradualmente en las diversas intervenciones. La Mater et magistra, sustituyendo la expresi\u00f3n ` justicia social\u00bb por \u00abjusticia y equidad\u00bb (cf nn. 21, 24 33, 75, 77), que tiene resonancias b\u00ed\u00adblicas (cf Col 4:1) y patr\u00ed\u00adsticas, trata sobre todo de poner el acento en la concreci\u00f3n de la justicia. La f\u00f3rmula fue, en efecto, muy usada por los padres de la Iglesia (Lactancio, Jer\u00f3nimo, Basilio, Juan Cris\u00f3stomo, Agust\u00ed\u00adn) para significar la participaci\u00f3n de todos en una misma suerte, y la retom\u00f3 Juan XXIII para resaltar con fuerza las exigencias reales de la justicia en el marco de las relaciones econ\u00f3mico-sociales. La equidad pertenece constitutivamente a la justicia social, pero indica al mismo tiempo el modo concreto como \u00e9sta debe adecuarse a la variedad de situaciones, tendiendo a conjugar indivisiblemente y a respetar arm\u00f3nicamente los aspectos personales y los aspectos sociales. La relaci\u00f3n entre justicia particular y justicia social adquiere en este contexto una ulterior clarificaci\u00f3n en orden a la inseparabilidad de ambas. La persona es por esencia un ser social; pero es al mismo tiempo fin, y no medio, de la vida social. Esto significa que el verdadero bien de la comunidad humana debe ser referido trascendentalmente al bien de las personas que la componen, las cuales, a su vez, est\u00e1n ontol\u00f3gicamente ligadas por v\u00ed\u00adnculos de comuni\u00f3n solidaria anteriores a toda organizaci\u00f3n social concreta.<\/p>\n<p>En la Populorum progressio se encuentra una ulterior elaboraci\u00f3n del concepto de \u00abjusticia social\u00bb, al pon\u00e9rsele en estrecha relaci\u00f3n con la visi\u00f3n del \u00abhumanismo total\u00bb, que se halla en la base de toda la reflexi\u00f3n de la enc\u00ed\u00adclica, para la que el desarrollo debe involucrar a \u00abtoda la persona\u00bb y a \u00abtodas las personas\u00bb. Las exigencias de la justicia social deben medirse, pues, en relaci\u00f3n con la promoci\u00f3n integral de cada persona en todas sus dimensiones, es decir, en el respeto a la globalidad de sus dones y de su vocaci\u00f3n, y, al mismo tiempo en relaci\u00f3n con la promoci\u00f3n global de toda la humanidad.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n social no puede ya limitarse a las relaciones entre las clases dentro de una naci\u00f3n, sino que tiene que mirar a las relaciones entre los pueblos, prestando particular atenci\u00f3n a los m\u00e1s pobres y menos desarrollados del tercer mundo. El concepto de justicia social se amplia as\u00ed\u00ad a nivel internacional y mundial y tiende a identificarse con el concepto de desarrollo de los pueblos, condici\u00f3n necesaria para la realizaci\u00f3n de la paz. La posibilidad de traducci\u00f3n operativa de la justicia social est\u00e1, adem\u00e1s, ligada a su estrecha vinculaci\u00f3n a la caridad, de la que no se puede separar nunca (n. 22).<\/p>\n<p>En la misma perspectiva se mueve la Sollicitudo re\u00c2\u00a1 socialis. Partiendo del an\u00e1lisis de la estrecha interconexi\u00f3n existente entre los males del subdesarrollo y los males del superdesarrollo (nn. 17-20), Juan Pablo II pone de manifiesto la necesidad de superar el actual modelo de desarrollo, basado en la pretensi\u00f3n iluminista de un progreso ilimitado y vinculado a una concepci\u00f3n economicista de la vida. El camino indicado es el de la finalizaci\u00f3n del desarrollo en la persona mediante la adopci\u00f3n de un \u00abpar\u00e1metro interior\u00bb que permita la promoci\u00f3n de la persona en su totalidad y garantice al mismo tiempo el respeto de la fundamental igualdad de las personas y de los pueblos (mi. 27-33).<\/p>\n<p>La visi\u00f3n humanista del desarrollo elaborada por Juan Pablo II -toda la persona y todas las personas- queda plenamente asumida e integrada en un marco m\u00e1s amplio, debido a que se subraya la necesaria atenci\u00f3n a prestar a la relaci\u00f3n persona-medio ambiente, con la mirada puesta sobre todo en la posibilidad de aut\u00e9ntico crecimiento humano para las generaciones futuras (n. 34). El concepto de \u00abjusticia social\u00bb se ampl\u00ed\u00ada as\u00ed\u00ad ulteriormente, incluyendo la dimensi\u00f3n c\u00f3smica del bien humano, la cual representa un elemento constitutivo de la persona como ser-en-el-mundo.<\/p>\n<p>b) Con la categor\u00ed\u00ada de \u00abjusticia social\u00bb se relaciona directamente la interpretaci\u00f3n que la \u00abdoctrina social\u00bb ha venido formulando sobre la relaci\u00f3n de la persona con los bienes econ\u00f3micos. Hay que reconocer al respecto que los documentos del magisterio manifiestan una clara y sorprendente evoluci\u00f3n interna. La preocupaci\u00f3n inicial de la intervenci\u00f3n de la Iglesia es sobre todo la defensa del principio de la l propiedad privada. Frente a la amenaza del colectivismo totalitario, la Rerum novarum, influenciada en parte por las concepciones liberales de la \u00e9poca, reivindica la necesidad natural y la inviolabilidad absoluta del derecho de propiedad (n. 19). Una posici\u00f3n an\u00e1loga se encuentra en la Quadragesimo anuo, en la que empieza, por otra parte, a abrirse camino la distinci\u00f3n entre derecho y ejercicio del derecho. Se condenan moralmente el abuso y el no uso de la propiedad en nombre de la funci\u00f3n social esencial que ella tiene, sin que pueda, sin embargo, hablarse de extinci\u00f3n del derecho.<\/p>\n<p>Un significativo paso adelante se encuentra en cambio, en el radiomensaje de pentecost\u00e9s de P\u00ed\u00ado XII. En \u00e9l se establece claramente la existencia de una precisa jerarqu\u00ed\u00ada de valores entre el derecho prioritario de todas las personas al uso de los medios necesarios para la vida y el derecho de propiedad. Por otra parte, considerando a la propiedad privada un instrumento esencial para la tutela y expansi\u00f3n de la libertad de la persona y de la familia, el pont\u00ed\u00adfice propugna el acceso de todos a ella y resalta la exigencia de la intervenci\u00f3n del Estado a fin de favorecer una equitativa distribuci\u00f3n de la misma.<\/p>\n<p>Las profundas transformaciones de la estructura y organizaci\u00f3n sociales acaecidas en \u00e9poca m\u00e1s reciente estimulan despu\u00e9s a la Mater el magistra a redefinir el concepto mismo de propiedad. Esta, en efecto, no s\u00f3lo no puede ser ya identificada con la propiedad agraria, como acontec\u00ed\u00ada en el marco de una sociedad rural, sino que ni siquiera coincide ya, en sentido total, con la posesi\u00f3n de los medios de producci\u00f3n. La disociaci\u00f3n creada, sobre todo en la gran empresa, entre posesi\u00f3n de los medios y responsabilidades directivas, obliga a sustituir cada vez m\u00e1s la noci\u00f3n de propiedad por la de poder de disposici\u00f3n sobre los bienes, es decir, de dominio efectivo en relaci\u00f3n a \u00e9stos. Este cambio de significado va acompa\u00f1ado, por otra parte, por la p\u00e9rdida de valor de la propiedad como baluarte de la autonom\u00ed\u00ada de la persona, debido a que la evoluci\u00f3n del \u00abestado social\u00bb crea espacios para el surgimiento de otras posibles garant\u00ed\u00adas, como los seguros y la previsi\u00f3n social, la participaci\u00f3n en la renta nacional y las capacidades profesionales.<\/p>\n<p>Una posici\u00f3n an\u00e1loga se expresa en la Gaudium el spes (nn. 69-71), en la que se omite significativamente el empleo de la categor\u00ed\u00ada de \u00abderecho natural\u00bb para definir el derecho de propiedad y en la que el concepto mismo de propiedad queda enmarcado en el concepto m\u00e1s amplio de \u00abpoder sobre los bienes\u00bb.<\/p>\n<p>El punto de llegada de este proceso, que conduce a una aut\u00e9ntica inversi\u00f3n de la perspectiva seg\u00fan la cual el magisterio social hab\u00ed\u00ada formulado originariamente la relaci\u00f3n de la persona con los bienes econ\u00f3micos, lo constituye la Populorum progressio. Apelando a una concepci\u00f3n humanista del desarrollo centrada en la primac\u00ed\u00ada del ser, y redefiniendo en dimensi\u00f3n planetaria el sentido de la solidaridad entre las personas, Pablo VI establece ante todo el principio del destino universal de los bienes (n. 22). Los bienes materiales han sido creados por Dios y puestos a disposici\u00f3n de la persona para que \u00e9sta pueda realizar su fin, es decir, vivir y alcanzar la plena -promoci\u00f3n humana. Si esto es as\u00ed\u00ad, resulta entonces evidente que toda persona tiene el derecho de obtener de los recursos de la tierra todo lo necesario para la satisfacci\u00f3n de sus propias necesidades.<\/p>\n<p>Este principio, que debe formar parte de los fundamentos de cualquier ordenamiento econ\u00f3mico-social, pertenece al mismo orden de cosas querido por Dios, y comporta, por consiguiente, una equitativa distribuci\u00f3n de los bienes de la tierra seg\u00fan criterios de justicia y de caridad. Se sigue de \u00e9l que \u00abla propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto\u00bb (n. 23), es decir, que las exigencias de la misma est\u00e1n subordinadas a las exigencias m\u00e1s generales y de valor prioritario constituidas por la posibilidad que deben tener todos de una realizaci\u00f3n plenamente humana. Esto equivale a decir que la propiedad privada debe ser considerada medio, y no fin, y que debe ser relativizada, tanto en lo que respecta a sus formas hist\u00f3ricas como a su significado. La \u00f3ptica adoptada por la Populorum progressio, que, por otra parte, recupera la m\u00e1s genuina ense\u00f1anza de la revelaci\u00f3n y de la tradici\u00f3n cristiana -v\u00e9anse las constantes referencias a las fuentes patr\u00ed\u00adsticas-, lleva a la admisi\u00f3n expl\u00ed\u00adcita del derecho de expropiaci\u00f3n por parte del Estado (nn. 24 y 33; cf tambi\u00e9n GS 75) en nombre de restablecimiento de la armon\u00ed\u00ada entre exigencias individuales y exigencias comunitarias, armon\u00ed\u00ada que no puede ser resultado del juego espont\u00e1neo de las leyes econ\u00f3micas; y lleva sobre todo a resaltar que el uso de los beneficios debe hacerse seg\u00fan criterios caracterizados no por la b\u00fasqueda exclusiva del inter\u00e9s propio, sino del de la colectividad, es decir, debe tener en cuenta la totalidad de las exigencias de la familia humana, evitando despilfarros y alienaciones de capitales, que terminan por da\u00f1ar alas capas m\u00e1s d\u00e9biles y de la poblaci\u00f3n (mi. 24, 48-49).<\/p>\n<p>Es interesante indicar que este planteamiento determina un vuelco radical en el modo tradicional de plantear la pregunta sobre lo \u00absuperfluo\u00bb. No es ya, en efecto, posible preguntarse a partir de qu\u00e9 cantidad de mis leg\u00ed\u00adtimos haberes estoy obligado a distribuir lo que me resulta superfluo, sino que hay que reformular la pregunta en los siguientes t\u00e9rminos: \u00bfhasta qu\u00e9 punto puedo yo apropiarme y reservar para uso exclusivo m\u00ed\u00ado determinados bienes otorgados primordialmente para uso de todos? En el primer caso, la premisa subyacente es la intangibilidad absoluta del derecho de propiedad; en el segundo, en cambio, es el principio del destino universal de los bienes. Lo \u00absuperfluo\u00bb no es, pues, \u00fanicamente lo \u00abde m\u00e1s\u00bb a distribuir, sino m\u00e1s bien todo aquello de lo que uno no debe apropiarse, habida cuenta de la situaci\u00f3n total en que se encuentra la humanidad.<\/p>\n<p>c) Se intuye f\u00e1cilmente que el concepto de ` justicia social\u00bb y la interpretaci\u00f3n que el magisterio de la Iglesia ha dado de la relaci\u00f3n de la persona con los bienes econ\u00f3micos constituyen el presupuesto en el que se basa la visi\u00f3n del ordenamiento social y pol\u00ed\u00adtico mismo. El principio originariamente formulado al respecto por la \u00abdoctrina social\u00bb ha sido el de \u00absubsidiariedad\u00bb, por el cual la intervenci\u00f3n del Estado y de las instituciones p\u00fablicas en general se legitimaba \u00fanicamente como auxiliar, es decir, como integraci\u00f3n de la actuaci\u00f3n de los grupos sociales intermedios all\u00ed\u00ad donde surgen exigencias de bien com\u00fan m\u00e1s general.<\/p>\n<p>Enunciado por primera vez por la Quadragesimo anuo y retomado por la Summi pontificatus, el principio ha contribuido sin duda a la defensa del individuo y de las sociedades intermedias frente al superpoder del Estado absoluto. Pero es innegable que su radicalizaci\u00f3n justificada incluso en el plano hist\u00f3rico por el conflicto entre Estado e Iglesia, caracter\u00ed\u00adstico de la \u00e9poca modernadeja entrever el influjo de la ideolog\u00ed\u00ada liberal, siendo, por ello mismo, producto de una visi\u00f3n excesivamente individualista de la persona y de la vida social.<\/p>\n<p>Resulta, por tanto, l\u00f3gico que se asista en el desarrollo de la \u00abdoctrina social\u00bb a una integraci\u00f3n del mismo en un principio m\u00e1s amplio y m\u00e1s determinante: el de \u00absolidaridad\u00bb. En otras palabras, el principio de subsidiaridad, aun conservando una validez indiscutible, es considerado cada vez menos como el principio constitutivo de la doctrina de la Iglesia y es utilizado justamente como un principio, por caerse en la cuenta de que la defensa, ciertamente leg\u00ed\u00adtima, del individuo frente al poder pol\u00ed\u00adtico no puede constituir el criterio \u00faltimo promotor y justificante del asociacionismo humano. Se est\u00e1 afianzando, pues, como principio inspirador de la vida social el principio de l solidaridad, para el cual todo ser humano es corresponsable del bien de cualquier otro ser humano y de las formas asociativas por cuyo medio se realiza ese bien.<\/p>\n<p>Este principio, que recupera su puesto central en la Gaudium et spes, tiene su expresi\u00f3n plena en la Populorum progressio. La afirmaci\u00f3n de la primac\u00ed\u00ada de la persona humana, considerada como fin de todo aut\u00e9ntico desarrollo (n. 14), en contraste tanto con la concepci\u00f3n capitalista como con la marxista, comporta prestar atenci\u00f3n a su promoci\u00f3n integral y universal (nn. 17 y 43). Esto significa que el bien humano es el bien de toda la persona, realizado mediante el desarrollo arm\u00f3nico de todos los aspectos de su personalidad, y es al mismo tiempo el bien de toda la humanidad considerada como una \u00fanica familia. La econom\u00ed\u00ada, la t\u00e9cnica y la pol\u00ed\u00adtica deben tener su remate en este proyecto de promoci\u00f3n integral y plena, seg\u00fan una l\u00f3gica que privilegia el ser de las personas y considera el tener y el dar como medios, no olvidando su connatural ambivalencia o, dicho en otras palabras, la posibilidad de que los bienes econ\u00f3micos sean producidos y distribuidos seg\u00fan criterios de pura ganancia o de voluntad de poder (nn. 6 y 58).<\/p>\n<p>El principio de solidaridad entre las personas, apoyado en una correcta concepci\u00f3n del desarrollo, se convierte en este marco en el presupuesto fundamental (en el sentido de fundamento) de todo el orden social. En calidad de tal, no puede quedar reducido a una actitud facultativa, sino que debe ser considerado como un estricto y preciso deber que compete a todo ser humano y en base al cual vienen regulados tanto las relaciones entre las categor\u00ed\u00adas sociales como las relaciones mismas entre los pueblos de la tierra (nn. 59-61).<\/p>\n<p>En este principio de solidaridad, en su vertiente \u00e9tica y teol\u00f3gica, ahonda Juan Pablo II en la Sollicitudo re\u00c2\u00a1 socialis. La constataci\u00f3n de la interdependencia econ\u00f3mica, cultural, pol\u00ed\u00adtica y religiosa, que vincula entre s\u00ed\u00ad a los pueblos de la tierra -interdependencia que es el sistema determinante de las relaciones en el mundo contempor\u00e1neo- impone la necesidad de desarrollar en el terreno moral y social la actitud de la solidaridad universal, entendida como responsabilidad de todos para con todos y como creaci\u00f3n de un sistema mundial de colaboraci\u00f3n entre los pueblos (nn. 38-39). Esta solidaridad encuentra su m\u00e1s profunda justificaci\u00f3n y su m\u00e1s decisiva orientaci\u00f3n a la luz de la fe. La conciencia de la com\u00fan paternidad de Dios, de la fraternidad de todos los seres humanos en Cristo y de la presencia y acci\u00f3n vivificadora .del Esp\u00ed\u00adritu presenta, en efecto, a los creyentes un modelo nuevo de unidad del g\u00e9nero humano y les confiere un criterio para interpretar la realidad del mundo. La solidaridad tiende as\u00ed\u00ad a superar la pura vertiente \u00e9tica, revistiendo las dimensiones de la gratuidad total, del perd\u00f3n y de la reconciliaci\u00f3n, y transform\u00e1ndose en esta \u00abcomuni\u00f3n\u00bb que tiene su fuente en el misterio tnnitario y que la Iglesia est\u00e1 llamada a vivir en la historia para hacerse \u00absacramento\u00bb de salvaci\u00f3n de toda la humanidad (n. 40).<\/p>\n<p>d) No se puede, por \u00faltimo, olvidar la influencia que han tenido las categor\u00ed\u00adas expuestas y las orientaciones se\u00f1aladas en la definici\u00f3n de los problemas relativos al trabajo y a la vida econ\u00f3mica. La defensa de la actividad laboral y de los derechos fundamentales de los trabajadores es una constante de toda la \u00abdoctrina social\u00bb. Frente al trabajo como mercanc\u00ed\u00ada, fruto del sistema capitalistaburgu\u00e9s, y a la alienaci\u00f3n del sujeto humano, expropiado de su dignidad, la Iglesia ha reaccionado siempre con energ\u00ed\u00ada, proponiendo una y otra vez soluciones tendentes a salvaguardar a la persona en sentido global. Es, sin embargo, innegable que la reflexi\u00f3n eclesial ha estado sujeta, tambi\u00e9n en este caso, a una progresiva maduraci\u00f3n. El modelo predominante en las primeras enc\u00ed\u00adclicas -v\u00e9ansela Rerum novarum y la Quadragesimo anuo- est\u00e1, en efecto, ampliamente caracterizado por un esquema defensivo y fundamentalmente moralista. El inter\u00e9s de la Iglesia era entonces la tutela del salario justo -individual primero, y familiar despu\u00e9s-, la libertad de asociaci\u00f3n de los trabajadores, la tutela de su integridad f\u00ed\u00adsica y moral y su posibilidad de inserci\u00f3n de pleno derecho en la vida social. Se prestaba, en cambio, menor atenci\u00f3n alas posibilidades de autorrealizaci\u00f3n de la persona a trav\u00e9s de la actividad laboral y, sobre todo, a las carencias estructurales del sistema econ\u00f3mico, el cual se encuentra a menudo en la ra\u00ed\u00adz de las formas de alienaci\u00f3n. Este planteamiento se basa todav\u00ed\u00ada en una visi\u00f3n del trabajo -alimentada, por otra parte, por una fuerte tradici\u00f3n desarrollada en la Iglesia (y no s\u00f3lo en ella)- seg\u00fan la cual \u00e9ste es considerado principalmente en sus aspectos de \u00abpenalidad\u00bb (fruto del pecado) de \u00abimposici\u00f3n\u00bb, lo que lleva entonces no ya a cuestionar el sistema econ\u00f3mico represivo, sino, m\u00e1s modestamente, a solicitar algunas formas de moralizaci\u00f3n externa. Se dir\u00ed\u00ada que el magisterio de la Iglesia, m\u00e1s que preocuparse del trabajo en s\u00ed\u00ad, de su significado liberador para la persona, se limita m\u00e1s bien a pedir la salvaguardia de algunas condiciones, cuya ausencia terminar\u00ed\u00ada por contradecir gravemente la dignidad de la persona.<\/p>\n<p>S\u00f3lo con la promulgaci\u00f3n de la Gaudium et spes se abre camino una postura nueva y m\u00e1s decididamente positiva, fruto de una renovada reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y de una m\u00e1s marcada atenci\u00f3n al contexto socio-cultural. Haciendo suyos los est\u00ed\u00admulos de la b\u00fasqueda teol\u00f3gica -en particular de la teolog\u00ed\u00ada de las \u00abrealidades terrestres\u00bb, desarrollada a partir de los a\u00f1os cincuenta-, esta constituci\u00f3n del Vat. II recupera una visi\u00f3n m\u00e1s optimista del trabajo centrada en las grandes categor\u00ed\u00adas de la historia de la salvaci\u00f3n. El trabajo es redefmido en sus significados como prolongaci\u00f3n de la actividad creadora, como participaci\u00f3n en el misterio redentor de Cristo y como instrumento esencial de edificaci\u00f3n de \u00ablos nuevos cielos\u00bb y \u00abla nueva tierra\u00bb, que constituyen el signo de la escatolog\u00ed\u00ada ya en curso, hasta su definitivo cumplimiento al final de los tiempos. Simult\u00e1neamente, la Gaudium et spes acent\u00faa con fuerza la situaci\u00f3n hist\u00f3rico-concreta de la actividad laboral, vinculada al sistema econ\u00f3mico predominante, denunciando con valent\u00ed\u00ada los aspectos estructurales causantes de la alienaci\u00f3n. La perspectiva que surge es la de un compromiso para la humanizaci\u00f3n del trabajo, que exige una profunda renovaci\u00f3n de la acci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica, es decir, de la voluntad de tender hacia un nuevo modelo de desarrollo.<\/p>\n<p>La Laborem exercens, por \u00faltimo, adopta una toma de postura m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita. Juan Pablo II, en efecto, considera el trabajo, o mejor, al trabajador, como el eje sustentador de toda la cuesti\u00f3n social, revisada desde la perspectiva del puesto central de la persona. Oponi\u00e9ndose radicalmente al economicismo, que es el presupuesto de fondo en torno al que giran tanto el sistema capitalista como el marxista, el papa destaca la primac\u00ed\u00ada del aspecto subjetivo de la actividad laboral, por ser \u00e9sta la actividad en la que se pone de manifiesto la vocaci\u00f3n fundamental de la persona. El dato antropol\u00f3gico queda asumido por el teol\u00f3gico por mediaci\u00f3n del misterio de la encarnaci\u00f3n, que hace del trabajo humano una actividad te\u00e1ndrica. La verdad m\u00e1s honda del \u00abevangelio del trabajo\u00bb consiste en que, adem\u00e1s de continuar el misterio de la creaci\u00f3n como servicio a las personas y al mundo, el trabajo se convierte en participaci\u00f3n en la actividad divina misma en su concreto acontecer hist\u00f3rico, que alcanza su momento culminante en el misterio pascual. Esta gran nobleza del trabajo impone sobre todo el deber de humanizarlo, cuestionando las l\u00f3gicas de una sociedad que hace de \u00e9l una mercanc\u00ed\u00ada y expropia a la persona de la posibilidad de autorrealizarse. De aqu\u00ed\u00ad la necesidad de redefinir el estatuto de los derechos del trabajador -el primero de los cuales es sin duda el derecho al trabajo- y de crear las condiciones para el desarrollo de una solidaridad extensa, que no puede ser s\u00f3lo fruto de un esfuerzo dentro del mundo de la empresa, sino que debe comprometer, en sentido m\u00e1s amplio, a la sociedad toda, y de manera particular a la responsabilidad del gestor de los asuntos p\u00fablicos (dador de trabajo indirecto).<\/p>\n<p>Pero este esfuerzo resultar\u00ed\u00ada insuficiente si no estuviera acompa\u00f1ado de la elaboraci\u00f3n de una espiritualidad propia del trabajador, centrada en una honda valoraci\u00f3n del trabajo como actividad en la que \u00e9l vive la b\u00fasqueda de una participaci\u00f3n plena en la historia de la salvaci\u00f3n, transformando el mundo seg\u00fan el proyecto de Dios y convirti\u00e9ndose, a su vez, en imagen del Se\u00f1or a trav\u00e9s de su adhesi\u00f3n total al misterio redentor de Cristo.<\/p>\n<p>Los contenidos del mensaje social del magisterio de la Iglesia, codificados a trav\u00e9s de distintos documentos, evidencian, por una parte, la profunda homogeneidad de las l\u00ed\u00adneas maestras y, por otra, la evoluci\u00f3n de las perspectivas de aproximaci\u00f3n a la realidad, evoluci\u00f3n dictada tanto por el r\u00e1pido cambio social acaecido en este \u00faltimo siglo cuanto por la reelaboraci\u00f3n de las categor\u00ed\u00adas teol\u00f3gicas mismas, tomadas de la revelaci\u00f3n y de la tradici\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>El resultado m\u00e1s maduro de esta evoluci\u00f3n parece estar concentrado sobre todo en dos intervenciones de Pablo VI, la Evangelii nuntiandi y la Octogesima adveniens, respectivamente, y en la enc\u00ed\u00adclica Sollicitudo re\u00c2\u00a1 socialis, de Juan Pablo II. En el primer documento de Pablo VI se define admirablemente, a la luz de las adquisiciones de la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea, la relaci\u00f3n de continuidad y al mismo tiempo de discontinuidad entre evangelizaci\u00f3n y promoci\u00f3n humana; en el segundo, mediante el recurso a la \u00abutop\u00ed\u00ada\u00bb evang\u00e9lica, se delinea con precisi\u00f3n la tarea de los creyentes y de las comunidades cristianas en el marco de una realidad social caracterizada por el pluralismo de las situaciones hist\u00f3ricas y de las ideolog\u00ed\u00adas. La \u00abutop\u00ed\u00ada\u00bb evang\u00e9lica impulsa, por un lado, a someter constantemente a cr\u00ed\u00adtica las formas hist\u00f3ricas de la vida social y los sistemas doctrinales, y ofrece, por otro, sugerencias precisas para la liberaci\u00f3n humana y la humanizaci\u00f3n del mundo. La Sollicitudo re\u00c2\u00a1 socialis, subrayando el car\u00e1cter de continuidad y al mismo tiempo de constante renovaci\u00f3n de la \u00abdoctrina social\u00bb (n. 3), evidencia el significado fundamentalmente teol\u00f3gico-\u00e9tico de la misma, resaltando la funci\u00f3n que le incumbe de denunciar las situaciones de injusticia presentes en el mundo, pero sobre todo de anunciar la posibilidad de superaci\u00f3n de las mismas a trav\u00e9s del llamamiento a algunas instancias irrenunciables, como la opci\u00f3n preferencia\u00c2\u00a1 por los pobres y la puesta en pr\u00e1ctica del principio del destino universal de los bienes (nn. 41-42).<\/p>\n<p>El car\u00e1cter hist\u00f3rico-evolutivo de la \u00abdoctrina social\u00bb, aun dentro de un n\u00facleo irrenunciable de valores que califican el horizonte de fondo, da raz\u00f3n de la imposibilidad de concebirla como un bloque cerrado y monol\u00ed\u00adtico, y de la necesidad de acceder a ella desde una \u00f3ptica abierta y din\u00e1mica, a fin de captar las grandes orientaciones y las directrices esenciales.<\/p>\n<p>3. CRITERIOS PARA UNA HERMENEUTICA DEL MAGISTERIO SOCIAL. A la luz de las reflexiones precedentes resulta posible llegar a la elaboraci\u00f3n de algunos criterios hermen\u00e9uticos que permitan una correcta interpretaci\u00f3n de la \u00abdoctrina social\u00bb y ofrezcan los instrumentos indispensables para una valoraci\u00f3n articulada de las diversas afirmaciones contenidas en ella.<\/p>\n<p>Es preciso reconocer que la situaci\u00f3n en la que se encuentra hoy la Iglesia es en muchos aspectos parad\u00f3jica. Por un lado, se le pide que tome una postura definida ante los grandes conflictos sociales de nuestro tiempo; por otro, tiene fuertes motivos para dudar, bien sea por el riesgo de una ideologizaci\u00f3n del mensaje en un tiempo en el que la pol\u00ed\u00adtica remin= dica su propia autonom\u00ed\u00ada, bien sea por la situaci\u00f3n de pluralismo ideol\u00f3gico y social del mundo en que vivimos.<\/p>\n<p>Las l\u00ed\u00adneas de reflexi\u00f3n que aqu\u00ed\u00ad se proponen quieren tener en cuenta este estado de precariedad y ambivalencia; se limitan, por tanto, a sugerir algunas pistas de an\u00e1lisis del magisterio del pasado de cara a la individuaci\u00f3n de posibles perspectivas para el futuro. Las afirmaciones contenidas en los documentos del magisterio social, sobre todo en los m\u00e1s recientes, pueden clasificarse en cuatro niveles diferentes e\u00f3n valor teol\u00f3gico diverso.<\/p>\n<p>a) Afirmaciones directamente relacionadas con las grandes categor\u00ed\u00adas de la historia de la salvaci\u00f3n. El contenido fundamental de la revelaci\u00f3n, sobre todo del NT, es el anuncio del reino de Dios y la invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n. Este anuncio constituye el criterio \u00faltimo de interpretaci\u00f3n de la realidad social y del compromiso del cristiano en ella. El reino entra, en efecto, en la historia humana a trav\u00e9s de la persona de Jes\u00fas. El hecho de compartir plenamente la condici\u00f3n humana, que \u00e9l lleva a cabo en el misterio de la encarnaci\u00f3n, es el presupuesto para la superaci\u00f3n de toda diferencia entre personas. A trav\u00e9s del misterio de su muerte y su resurrecci\u00f3n, nos restituye la salvaci\u00f3n como participaci\u00f3n en la vida de Dios.<\/p>\n<p>Cristo se convierte de esta manera en el horizonte y el modelo de reconciliaci\u00f3n de toda la humanidad, por cuanto que en \u00e9l se fundamenta con car\u00e1cter definitivo la dignidad de la persona humana, creada a imagen de Dios y redimida en la sangre deLHijo. Las relaciones humanas, que constituyen la base de la vida social, adquieren as\u00ed\u00ad el significado de relaciones entre hermanos que hay que desarrollar seg\u00fan la l\u00f3gica de la vida trinitaria, que es la l\u00f3gica de la comuni\u00f3n interpersonal, caracterizada por la reciprocidad de la donaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es preciso a\u00f1adir que la revelaci\u00f3n, cuyo objetivo es la salvaci\u00f3n de las personas, es esencialmente hist\u00f3rica. Ella nos impulsa, pues, a tomar conciencia de la importancia que reviste la historia en el plan de Dios y a asumir nuestras responsabilidades en ella; pero al mismo tiempo nos impulsa a relativizar las diversas posturas que se van tomando, superando la presunci\u00f3n de tenerlas por respuestas exhaustivas y definitivas a los problemas humanos. El compromiso social, que el creyente est\u00e1 llamado a tener de forma concreta en la historia, es en definitiva compromiso tendente a promover caminos eficaces de liberaci\u00f3n humana, en el respeto de la singularidad de las personas y en la atenci\u00f3n a la universalidad de la familia humana.<\/p>\n<p>b) Afirmaciones que iluminan el campo de la responsabilidad hist\u00f3rica de la persona en el marco de las estructuras sociales. La vida social se articula en estructuras precisas -familia, organizaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica, sistema econ\u00f3mico-, que juegan un papel decisivo en orden al crecimiento humano. La revelaci\u00f3n proyecta, sin duda, un haz de luz sobre esas realidades, posibilit\u00e1ndonos captar el profundo significado que tienen en el plan de salvaci\u00f3n. El misterio de la encarnaci\u00f3n representa la m\u00e1s radical valoraci\u00f3n&#8217; de lo humano en s\u00ed\u00ad y de la mundanidad misma del mundo, mientras que el misterio pascual define las bases de sustentaci\u00f3n de la solidaridad humana y la l\u00f3gica por la que debe desarrollarse. En esta perspectiva resulta evidente, por un lado, la necesidad de un juicio de moralidad que presida todas las opciones econ\u00f3micas, sociales y pol\u00ed\u00adticas y, por otro, la imposibilidad de reducirlo todo al juicio moral, no respetando la leg\u00ed\u00adtima autonom\u00ed\u00ada de las leyes propias de las estructuras en las que se articula la convivencia humana. En su desplegarse hist\u00f3rico concreto en el marco de las estructuras sociales, la vida del mundo tiene ya en s\u00ed\u00ad misma valor teologal, colabora por s\u00ed\u00ad misma en la construcci\u00f3n del reino. El descubrimiento de la autonom\u00ed\u00ada de los valores humanos, lejos de debilitar el misterio cristiano, ampl\u00ed\u00ada su horizonte de significado. El creyente sabe, en efecto, que esos valores, rele\u00ed\u00addos en el contexto del plan de salvaci\u00f3n, es decir, seg\u00fan una intencionalidad de fe, adquieren dimensiones nuevas y m\u00e1s profundas, porque se convierten en instrumento irrenunciable y camino obligado para una liberaci\u00f3n humana total.<\/p>\n<p>c) Afirmaciones tendentes a enjuiciar las situaciones hist\u00f3ricas. Es tarea de los creyentes y de las comunidades cristianas ejercer de forma concreta el discernimiento de las situaciones hist\u00f3ricas a la luz del evangelio. El ejercicio de esta tarea se realiza mediante la denuncia de los estados de opresi\u00f3n existentes y mediante la indicaci\u00f3n de las instancias que hay que privilegiar para conseguir su superaci\u00f3n. Pi\u00e9nsese, en el contexto actual, en el creciente desequilibrio entre norte y sur del mundo, en las situaciones de miseria y subdesarrollo, en los riesgos vinculados al crecimiento salvaje de la tecnocracia y a la difusi\u00f3n del consumismo. Las intervenciones del magisterio en este nivel, aun siendo absolutamente indispensables en una Iglesia que no quiera estar fuera del mundo, tienen un car\u00e1cter exquisitamente pastoral. Su validez debe, pues, medirse por la capacidad de inserci\u00f3n vital de las comunidades cristianas en la historia, as\u00ed\u00ad como por la disponibilidad para el empleo de los instrumentos de an\u00e1lisis e interpretaci\u00f3n de la realidad suministrados por las ciencias humanas; en otras palabras, por el rigor de la metodolog\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica adoptada. Pero debe medirse sobre todo por la capacidad de la Iglesia para dejarse impregnar por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu, que la impulsa a formular con valent\u00ed\u00ada valoraciones cr\u00ed\u00adticas del presente y a tener audacia para anunciar prof\u00e9ticamente desde la sencillez el cambio posible.<\/p>\n<p>d) Afirmaciones, por \u00faltimo, tendentes a ofrecer sugerencias concretas en el plano operativo. No se puede negar a la Iglesia, como instituci\u00f3n que vive en el mundo, la posibilidad de presentar propuestas operativas en orden a la transformaci\u00f3n de la realidad social. Es evidente que, en casos as\u00ed\u00ad, se trata de indicaciones con valor ejemplarizante y tendentes a estimular la creatividad de todos -en particular de quienes tienen responsabilidades socio-econ\u00f3micas y pol\u00ed\u00adticas precisas- para buscar soluciones adecuadas a los problemas de la familia humana. El car\u00e1cter exquisitamente t\u00e9cnico de tales propuestas hace que su atendibilidad y eficacia deba ser valorada en el terreno propiamente pol\u00ed\u00adtico. La Iglesia no, posee, en efecto, instrumentos propios al respecto, no pudiendo recabar directamente de la revelaci\u00f3n y de la tradici\u00f3n respuestas inmediatas a problemas que presuponen una competencia espec\u00ed\u00adfica y aut\u00f3noma.<\/p>\n<p>La panor\u00e1mica ofrecida permite expresar un juicio ponderado sobre la \u00abdoctrina social\u00bb, ayud\u00e1ndonos a captar las posibilidades de expresi\u00f3n y los l\u00ed\u00admites hist\u00f3ricos de su desarrollo concreto. Lo que en definitiva emerge, aunque con acentos diversos seg\u00fan los diversos per\u00ed\u00adodos, es el esfuerzo hecho por la Iglesia para acompa\u00f1ar las profundas y r\u00e1pidas transformaciones acaecidas en \u00e9poca moderna se\u00f1alando los peligros y mostrando las pistas que ha de recorrer una positiva utilizaci\u00f3n de las mismas al servicio de las personas.<\/p>\n<p>III. Orientaciones para una redefinici\u00f3n de las perspectivas de intervenci\u00f3n de la Iglesia en materia social<br \/>\nLa reflexi\u00f3n sobre el magisterio social correr\u00ed\u00ada el riesgo de ser incompleta si no intentase la individuaci\u00f3n de las perspectivas seg\u00fan las cuales debe moverse hoy ese magisterio para poder responder correctamente a las preguntas emergentes del contexto social en plena sinton\u00ed\u00ada con los datos de la revelaci\u00f3n y de la tradici\u00f3n. Para ello resulta ante todo necesario examinar cr\u00ed\u00adticamente los modelos en los que se ha expresado hist\u00f3ricamente el magisterio social en el pasado, a fin de extraer de esa lectura las posibles orientaciones para el futuro.<\/p>\n<p>1. MODELOS PREDOMINANTES EN EL MAGISTERIO SOCIAL DEL PASADO. La delimitaci\u00f3n de los modelos que han caracterizado en el pasado al magisterio social no pretende obviamente encasillar en ellos los diversos documentos, cuyas partes por separado presentan a menudo grandes oscilaciones de uno a otro. Se trata \u00fanicamente de individuar las l\u00ed\u00adneas de tendencia predominantes, sin olvidarse de que toda sistematizaci\u00f3n, por necesaria que sea, es reductora por naturaleza.<\/p>\n<p>a) El primer modelo, que es tambi\u00e9n el m\u00e1s difundido y m\u00e1s tradicional, es el de aproximaci\u00f3n a la problem\u00e1tica de la realidad social en t\u00e9rminos de ofrecimiento de un magisterio doctrinal. La Iglesia ha concebido durante mucho tiempo su intervenci\u00f3n en lo \u00absocial\u00bb como construcci\u00f3n de una doctrina aut\u00f3noma, es decir, como producci\u00f3n de un proyecto propio de la sociedad, basado en las grandes indicaciones de la Biblia y en categor\u00ed\u00adas filos\u00f3ficas como \u00abley natural\u00bb y \u00abbien com\u00fan\u00bb (cf Rerum novarum y Quadragesimo anno). Con ese proyecto intentaba, por un lado, oponerse al liberalismo, reivindicando la existencia de un orden objetivo capaz de servir de base al bien com\u00fan m\u00e1s all\u00e1 del consenso de las voluntades subjetivas y, por otro, al colectivismo marxista, afirmando la primac\u00ed\u00ada de la persona sobre la estructura social.<\/p>\n<p>La crisis de este planteamiento se ha ido haciendo sentir progresivamente, debido a una serie de fen\u00f3menos sociales y culturales que han caracterizado a nuestro tiempo. El proceso de secularizaci\u00f3n, en efecto, ha concurrido a echar por tierra las pretensiones de totalidad de las ideolog\u00ed\u00adas tradicionales, hasta determinar una profunda modificaci\u00f3n de las mismas, mientras que, al mismo tiempo, ha erosionado las bases de una presencia institucional del mundo cat\u00f3lico en campo pol\u00ed\u00adtico. Por otra parte, la creciente diversificaci\u00f3n de los problemas y de las situaciones, unida a la cada vez m\u00e1s compleja tecnicizaci\u00f3n de la realidad, hacen m\u00e1s extremadamente problem\u00e1tica la hip\u00f3tesis de una unificaci\u00f3n doctrinal, y menos seguras ciertas convicciones tradicionales, no suficientemente apoyadas en conocimientos cient\u00ed\u00adficos adecuados. La posibilidad de llegar a una s\u00ed\u00adntesis doctrinal \u00fanica, por actualizada que \u00e9sta sea, se presenta, pues, cada vez m\u00e1s lejana, e incluso impracticable. Sin olvidar que tal s\u00ed\u00adntesis terminar\u00ed\u00ada por comportar graves riesgos, el primero de todos el de una tendencia a la ideologizaci\u00f3n del mensaje cristiano, puesto que la \u00abdoctrina social\u00bb se configurar\u00ed\u00ada -y de hecho as\u00ed\u00ad ha sido en parte hist\u00f3ricamente- como una especie de \u00abideolog\u00ed\u00ada cristiana por v\u00ed\u00ada de deducci\u00f3n\u00bb, es decir, un sistema cerrado, que determina una \u00abtercera v\u00ed\u00ada\u00bb alternativa respecto a los proyectos pol\u00ed\u00adticos de las dem\u00e1s ideolog\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>b) El segundo modelo, que ha encontrado su codificaci\u00f3n en algunos documentos de \u00e9poca conciliar preferentemente (cf Mater et magistra y Populorum progressio), se puede definir como el modelo caracterizado por el apoyo espiritual de la Iglesia a una ideolog\u00ed\u00ada existente. La toma de conciencia de la imposibilidad de pensar en un orden social y pol\u00ed\u00adtico cristianos (dado que del evangelio no se puede extraer inmediatamente, por v\u00ed\u00ada deductiva, una propuesta de ese g\u00e9nero), y, por otra parte, la verificaci\u00f3n de la existencia en la revelaci\u00f3n de instancias \u00e9ticas precisas que ata\u00f1en tambi\u00e9n al ordenamiento social, ha impulsado a la Iglesia a moverse en la direcci\u00f3n de una lectura hist\u00f3rica de la realidad, tamizando con los instrumentos cr\u00ed\u00adticos a disposici\u00f3n -conocimientos hist\u00f3ricos y sociol\u00f3gicos- las ideolog\u00ed\u00adas existentes y asumiendo como v\u00ed\u00ada de mediaci\u00f3n de las instancias evang\u00e9licas aquella que, en las circunstancias actuales, se ajusta mejor a los valores fundamentales del cristianismo. En este planteamiento, la fe es considerada como una realidad meta\u00e9tica, un punto de vista escatol\u00f3gico, al que hay que hacer referencia primariamente, incluso en el campo de las opciones sociales; por otra parte, y desde que estas opciones implican tambi\u00e9n una participaci\u00f3n concreta en la realidad de los creyentes y de las comunidades cristianas mediante un compromiso eficaz que debe traducirse en decisiones operativas, resulta necesario hacer uso de una ideolog\u00ed\u00ada hist\u00f3rica -de hecho, la del personalismo-, aun a sabiendas de sus limitaciones, es decir, de su car\u00e1cter parcial y provisional.<\/p>\n<p>Aun reconociendo el salto cualitativo que supone este planteamiento respecto al precedente, no puede pasarse por alto el peligro existente en \u00e9l de la sacralizaci\u00f3n de una ideolog\u00ed\u00ada hist\u00f3rica. La tentaci\u00f3n es, en efecto, la de pasar de una ideolog\u00ed\u00ada cristiana por deducci\u00f3n a una ideolog\u00ed\u00ada cristiana por inducci\u00f3n o por designaci\u00f3n, con la consecuencia de transformar de hecho a la Iglesia en sost\u00e9n de un sistema social, al que tiende a vincularse perdiendo la propia autonom\u00ed\u00ada esencial y la propia fuerza cr\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>c) El tercer modelo centra, en cambio, la aproximaci\u00f3n de la Iglesia a la realidad social en el terreno antropol\u00f3gico-\u00e9tico. Es el modelo que parece reflejar sobre todo la Gaudium et spes, as\u00ed\u00ad como gran parte de los documentos del magisterio social de Pablo VI, y que tiene su expresi\u00f3n plena en la Laborem exercens. El inter\u00e9s de la Iglesia en la elaboraci\u00f3n de la \u00abdoctrina social\u00bb no parece orientarse ya deforma predominante hacia el ofrecimiento de un sistema aut\u00f3nomo, sino m\u00e1s bien hacia la indicaci\u00f3n de algunos valores irrenunciables que todo sistema social debe adquirir e integrar en su propio proyecto si quiere contribuir a una humanizaci\u00f3n efectiva. En otras palabras, la fe inspirar\u00ed\u00ada una visi\u00f3n precisa de la persona; de esa visi\u00f3n se siguen inmediatamente algunas instancias fundamentales, que representan los criterios esenciales en base a los cuales valorar los procesos hist\u00f3ricos y sugerir las perspectivas en las que moverse para dar a la vida social un impulso constructivo en la l\u00ed\u00adnea de una liberaci\u00f3n humana aut\u00e9ntica. En este marco hay que situar las referencias constantes que hace Juan Pablo II a la tem\u00e1tica de los \u00abderechos humanos\u00bb como momento esencial del desarrollo de la acci\u00f3n social y pol\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>Resulta evidente la actualidad y la fecundidad de este planteamiento en una fase hist\u00f3rica como la actual, caracterizada por una grave crisis de valores y, m\u00e1s radicalmente, por una crisis de la persona. El declinar de la pol\u00ed\u00adtica, en efecto, est\u00e1 estrechamente vinculado a un descenso de tensi\u00f3n moral, a la puesta entre par\u00e9ntesis de la reflexi\u00f3n sobre los valores, para apuntar exclusivamente a criterios de eficiencia y de crecimiento del consenso social. La l\u00f3gica predominante parece ser la de la mediaci\u00f3n entre intereses corporativos, con el grave peligro de privilegiar las categor\u00ed\u00adas fuertes y de penalizar las d\u00e9biles o, m\u00e1s incluso, de favorecer el afianzamiento de sistemas autoritarios. Por otra parte, queda fuera de duda que, en el marco de la revelaci\u00f3n cristiana, la experiencia de fe debe traducirse en experiencia \u00e9tica, es decir, determina una visi\u00f3n global de la realidad -comprendida la propia vida social- de acuerdo con una \u00f3ptica centrada en modelos de comportamiento y estilos de vida que configuran un aut\u00e9ntico ethos personal y comunitario. Hay que a\u00f1adir que el nivel \u00e9tico constituye el punto de posible encuentro, y consiguientemente de confrontaci\u00f3n y de di\u00e1logo, entre las instancias racionales de humanizaci\u00f3n derivadas de una interpretaci\u00f3n \u00ablaica\u00bb de la realidad -la \u00e9tica, en efecto, goza en su estructuraci\u00f3n de una relativa autonom\u00ed\u00ada- y las instancias derivadas del mensaje cristiano. Resulta emblem\u00e1tica al respecto la cuesti\u00f3n de los ! derechos de la persona, cuyo contenido hist\u00f3rico-concreto, desarrollado en el mundo laico, ha sido asumido y radicalizado por los creyentes mediante la inserci\u00f3n de los mismos en el horizonte de la concepci\u00f3n de la persona y de la vida propias de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es necesario, sin embargo, formular tambi\u00e9n alguna reserva a este modelo, sobre todo cuando tiende a erigirse en canon exclusivo de lectura de la realidad social en perspectiva cristiana. Sin querer infravalorar la aportaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n y de la tradici\u00f3n eclesial en campo antropol\u00f3gico, hay que admitir que esa aportaci\u00f3n se limita por tendencia a ofrecer algunas constantes o l\u00ed\u00adneas maestras que, por muy importantes que sean, revisten, sin embargo, un car\u00e1cter predominantemente formal. El paso de esas constantes a la producci\u00f3n de los contenidos m\u00e1s espec\u00ed\u00adficos de una antropolog\u00ed\u00ada completa se ha realizado, incluso en el marco de la Biblia, a trav\u00e9s de la elaboraci\u00f3n de mediaciones hist\u00f3ricas determinadas, sobre las que pesan de forma determinante los condicionamientos de las diversas culturas y de los diversos sistemas sociales. Por eso es posible detectar la presencia de diversas antropolog\u00ed\u00adas en la tradici\u00f3n cristiana. An\u00e1logo proceso se verifica, con mayor raz\u00f3n y como consecuencia, en el campo de la \u00e9tica, en el paso del nivel meta\u00e9tico -delineaci\u00f3n del cuadro de valores- a nivel \u00e9tico-normativo o prescriptivo.<\/p>\n<p>Los peligros existentes en el modelo descrito son, por consiguiente, el de la abstracci\u00f3n, es decir, de la escasa incidencia en la realidad social, en el caso de mantenerse en el plano de puro enunciado de orientaciones antropol\u00f3gicas y \u00e9ticas generales de car\u00e1cter eminentemente formal, o bien el de la absolutizaci\u00f3n de una antropolog\u00ed\u00ada y una \u00e9tica particulares, indebidamente identificadas con la antropolog\u00ed\u00ada y la \u00e9tica cristianas sin m\u00e1s y presentadas como alternativas a otras antropolog\u00ed\u00adas y a otras \u00e9ticas presentes en la sociedad. Terminar\u00ed\u00ada as\u00ed\u00ad por volver a aflorar, aunque bajo otro aspecto, el riesgo de la ideolog\u00ed\u00ada, es decir, la presunci\u00f3n de poder deducir de la revelaci\u00f3n una imagen global y tem\u00e1tica definida del hombre y un sistema absoluto de normas \u00e9ticas aplicables a la vida social, eludiendo la confrontaci\u00f3n con las ciencias humanas y con las diversas propuestas hist\u00f3ricas; renunciando, en otras palabras, al esfuerzo fatigoso, pero necesario, de la mediaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La acentuaci\u00f3n, por otra parte, de la perspectiva antropol\u00f3gico-\u00e9tica puede conducir (y de hecho conduce a menudo) a la atenuaci\u00f3n, e incluso la supresi\u00f3n, del fuerte car\u00e1cter contestario de la fe, la cual, aun conjug\u00e1ndose estrechamente con el momento \u00e9tico, no es, sin embargo, reducible a \u00e9l, sino que contiene recursos mucho m\u00e1s fecundos, de los que es posible extraer un juicio de cr\u00ed\u00adtica permanente frente a lo existente y de anuncio de lo diverso.<\/p>\n<p>2. HACIA UN NUEVO MODELO DE MAGISTERIO SOCIAL. LOS modelos descritos no existen obviamente \u00aben estado puro\u00bb, sino que a veces se encuentran mezclados en los diversos documentos del magisterio, sobre todo si se los analiza en perspectiva hermen\u00e9utica, es decir, considerando el diverso valor de las diversas afirmaciones. Resulta, por tanto, posible formular la hip\u00f3tesis de una inserci\u00f3n profunda de los mismos en un modelo que responda mejor a las sugerencias de la teolog\u00ed\u00ada conciliar y posconciliar y a las propias demandas emergentes de la actual situaci\u00f3n de extrema complejidad social.<\/p>\n<p>El problema de la intervenci\u00f3n de la Iglesia en materia social ha recibido, en efecto, una nueva iluminaci\u00f3n de la reflexi\u00f3n \u00e9clesiol\u00f3gica del Vat. II. El retorno de la Iglesia a su interior mediante una esmerada revisi\u00f3n de sus estructuras y de la esencial relaci\u00f3n con el territorio en que vive -pi\u00e9nsese en el redescubrimiento de la Iglesia local- y, m\u00e1s a\u00fan, la maduraci\u00f3n en ella de una fuerte autoconciencia hist\u00f3rica y, por lo mismo, de su engranaje constitutivo con el mundo, se ten\u00ed\u00ada que reflejar tambi\u00e9n en un serio replanteamiento de la relaci\u00f3n con la realidad social, dando lugar, por tanto, a una reelaboraci\u00f3n de la perspectiva de intervenci\u00f3n del magisterio en este \u00e1mbito. El plano en el que se tiende a plantear el problema no es ya, pues, el \u00e9tico, sino m\u00e1s bien el teol\u00f3gico o, para ser m\u00e1s exactos, el eclesiol\u00f3gico. En otras palabras, se trata de repensar el sentido y la \u00f3ptica del magisterio de la Iglesia a partir de su naturaleza y de su modo concreto y peculiar de ser en la historia de los hombres.<\/p>\n<p>a) Una actitud m\u00e1s cr\u00ed\u00adtico prof\u00e9tica. La relaci\u00f3n Iglesia-mundo la ha definido autorizadamente el Vat. II (cf sobre todo Gaudium et spes) como una relaci\u00f3n de continuidad y, al mismo tiempo, de discontinuidad. La Iglesia no puede prescindir del mundo, en el cual est\u00e1 radicalmente inmersa hasta el punto de que su misma autoconciencia se desarrolla hist\u00f3ricamente en el interior del mismo y es deudora, aunque parcialmente, de \u00e9l; pero, al mismo tiempo, la Iglesia no se identifica totalmente con el mundo, sino que emerge de \u00e9l como portadora de un mensaje que trasciende el tiempo y, sobre todo, como \u00absigno e instrumento de salvaci\u00f3n\u00bb para todo el g\u00e9nero humano.<\/p>\n<p>Se produce as\u00ed\u00ad la superaci\u00f3n de las formas hist\u00f3ricas de dualismo, tanto de oposici\u00f3n como de extra\u00f1amiento, que durante mucho tiempo han caracterizado las relaciones Iglesiamundo, y se abre camino la exigencia de un di\u00e1logo rec\u00ed\u00adproco, sin que ello comporte la supresi\u00f3n de la identidad eclesial y, por lo mismo, la atenuaci\u00f3n de la aportaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica que la Iglesia est\u00e1 llamada a ofrecer a la vida asociada, tanto en el terreno del testimonio vivido como en el del anuncio.<\/p>\n<p>Las teolog\u00ed\u00adas posconciliares, en particular la \u00abteolog\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica\u00bb, se han esforzado por redeflnir el sentido y las orientaciones de esta aportaci\u00f3n. Partiendo de la constataci\u00f3n de la necesidad de \u00abdesprivatizar\u00bb el mensaje cristiano, es decir, de sustraerlo a la fuerte hipoteca intimista que ha caracterizado la formulaci\u00f3n hist\u00f3rica del mismo en la \u00e9poca moderna, y temiendo el peligro de una reca\u00ed\u00adda en la ideolog\u00ed\u00ada, la \u00abteolog\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica\u00bb subraya la necesidad de que la Iglesia evite proponer una \u00abdoctrina social\u00bb sistem\u00e1tica propia y se presente, en cambio, como instituci\u00f3n cr\u00ed\u00adtico-prof\u00e9tica, que enjuicie la realidad social en nombre de la \u00abreserva escatol\u00f3gica\u00bb del evangelio. Esta actitud permite a la Iglesia, por una parta, el estar profundamente arraigada en la realidad hist\u00f3rica y el hacer suyas las instancias de liberaci\u00f3n presentes en esa realidad y, por otra, el no&#8217;sujetarse a ninguna ideolog\u00ed\u00ada social y pol\u00ed\u00adtica, porque los contenidos de la \u00abpromesa\u00bb no pueden nunca ser identificados con ninguna estructura social y con ning\u00fan sistema pol\u00ed\u00adtico, sino que tienen la tarea de subrayar el car\u00e1cter provisional de todo estatuto hist\u00f3rico de la sociedad. Esto equivale a decir que la Iglesia, debido a la experiencia de la paz escatol\u00f3gica, est\u00e1 en condiciones de enjuiciar radicalmente las diversas situaciones hist\u00f3ricas, denunciando con valent\u00ed\u00ada los l\u00ed\u00admites en ellas existentes y suscitando el deseo de su superaci\u00f3n, pero estimulando en particular a los creyentes y a todas las personas de buena voluntad a buscar los caminos y los medios id\u00f3neos para conseguirlo. La postura dial\u00e9ctico-cr\u00ed\u00adtica no se resuelve, pues, exclusivamente en una aproximaci\u00f3n negativa a la realidad social, sino que la denuncia del mal existente est\u00e1 en funci\u00f3n de un compromiso renovado de los creyentes y de las comunidades cristianas para promover en el interior de la historia caminos nuevos de liberaci\u00f3n humana. La eficacia del magisterio social es, pues, proporcional a la capacidad de la Iglesia para estar presente en el mundo como instituci\u00f3n pobre y libre, ajena a cualquier objetivo de poder y preocupada s\u00f3lo de anunciar la verdad del evangelio, dando raz\u00f3n concreta a trav\u00e9s de su vida de la importancia que revisten los valores del reino para la promoci\u00f3n de la persona.<\/p>\n<p>b) Una articulaci\u00f3n m\u00e1s pluralista. El magisterio social de la Iglesia se ha expresado hist\u00f3ricamente, de manera predominante, como magisterio de la Iglesia universal, con la tendencia a ofrecer orientaciones de principio y sugerencias operativas v\u00e1lidas para todas las situaciones. La diversidad de contextos sociales y culturales y la rapidez de los cambios operados en el interior de los mismos, as\u00ed\u00ad como la dificultad de encontrar informaciones precisas dada la complejidad de los procesos hist\u00f3ricos y la acentuaci\u00f3n de las especializaciones en campo cient\u00ed\u00adfico-t\u00e9cnico, hacen cada vez m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil el ejercicio de una funci\u00f3n de tal manera dilatada. La revalorizaci\u00f3n, por otra parte, de la Iglesia local, puesta en marcha por el Vat. II, evidencia el espacio de autonom\u00ed\u00ada que debe dejarse a las Iglesias particulares en la elaboraci\u00f3n de un magisterio m\u00e1s encarnado y, por ello mismo, m\u00e1s capaz de responder a las exigencias de cada situaci\u00f3n. Razones de naturaleza sociol\u00f3gica y, sobre todo, razones de naturaleza eclesiol\u00f3gica imponen, por lo tanto, el paso de una doctrina monol\u00ed\u00adtica y \u00fanica a la articulaci\u00f3n de una reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-pastoral sobre \u00ablo social\u00bb que se exprese a partir de la vida de las diversas Iglesias, utilizando la competencia espec\u00ed\u00adfica de personas directamente involucradas en el territorio.<\/p>\n<p>Esto significa que hay que llegar a la aceptaci\u00f3n de un necesario pluralismo de posturas y al reconocimiento de una cierta relatividad de las intervenciones en materia social. El horizonte en el que se mueven las Iglesias particulares es, en efecto, diverso. Lo cual comporta necesariamente una diversidad de perspectivas de aproximaci\u00f3n a la realidad y un diverso planteamiento de las soluciones. As\u00ed\u00ad pues, lo que cuenta sobre todo es que cada Iglesia tenga conciencia de la relatividad del diagn\u00f3stico y de los juicios hist\u00f3ricos, es decir, conciencia del riesgo y de la provisionalidad de toda intervenci\u00f3n y disponibilidad para la confrontaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica con las dem\u00e1s Iglesias, llegando as\u00ed\u00ad a una visi\u00f3n m\u00e1s global y m\u00e1s madura.<\/p>\n<p>El magisterio de la Iglesia universal, por otra parte, lejos de perder su significado, adquiere en este marco una funci\u00f3n m\u00e1s importante todav\u00ed\u00ada y un papel irrenunciable. Adem\u00e1s de la tarea de evocar las grandes sugerencias de la revelaci\u00f3n y de la tradici\u00f3n eclesial que iluminan el campo de la responsabilidad humana en orden a la vida asociada, \u00e9l tiene la tarea, y as\u00ed\u00ad se le pide cada vez m\u00e1s, de identificar las grandes cuestiones mundiales que escapan a la directa competencia de las Iglesias particulares y de proyectar un cuadro global de intervenci\u00f3n, relacionando entre s\u00ed\u00ad las diversas situaciones y evitando de esta manera el peligro de la sectorialidad y de la fragmentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero la articulaci\u00f3n pluralista del magisterio social, en el respeto de la fisonom\u00ed\u00ada propia de las diversas Iglesias, s\u00f3lo podr\u00e1 realizarse correcta y eficazmente en la medida en que cada Iglesia acepte renovarse en su interior seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu del Vat. II, es decir, en la medida en que todas las Iglesias adquieran conciencia siempre mayor de su ser pueblo de Dios en camino, comunidad que vive en la historia y que crece en la comuni\u00f3n, entendida no como homogeneidad lisa y plana o como pura uniformidad, sino como unidad que es preciso realizar de manera siempre nueva, a trav\u00e9s del respeto y la valoraci\u00f3n de todos los carismas y de todos los ministerios, a trav\u00e9s de la utilizaci\u00f3n de todas las competencias, las primeras de todas, en nuestro caso, las de quienes trabajan directamente en el campo de la vida social y pol\u00ed\u00adtica y de los que afrontan en el plano cient\u00ed\u00adfico estos problemas.<\/p>\n<p>El modelo delineado -caracterizado por una aproximaci\u00f3n a la realidad social seg\u00fan una perspectiva cr\u00ed\u00adtico-prof\u00e9tica y pluralista- no es, por lo dem\u00e1s, extra\u00f1o a la tradici\u00f3n magisterial. Refleja la tendencia de muchas intervenciones patr\u00ed\u00adsticas y tambi\u00e9n de algunos documentos recientes, entre los que merece ser recordada la carta apost\u00f3lica Octogesima adveniens, de Pablo VI, y la enc\u00ed\u00adclica Sollicitudo re\u00c2\u00a1 socialis, de Juan Pablo II. Renunciando al empleo de la expresi\u00f3n \u00abjusticia social\u00bb, ambigua en muchos aspectos por la variedad de significados hist\u00f3ricamente asumidos y por su vinculaci\u00f3n predominante con el modelo de maEisterio doctrinal, pero sobre todo introduciendo la categor\u00ed\u00ada de \u00abutop\u00ed\u00ada\u00bb como saliente cr\u00ed\u00adtico frente a las ideolog\u00ed\u00adas hist\u00f3ricas, Pablo VI ha querido subrayar la exigencia de una actitud nueva de los cristianos y de las Iglesias en el interior de una sociedad caracterizada por una creciente situaci\u00f3n de complejidad y por un acentuado pluralismo ideol\u00f3gico y cultural. La perspectiva es, en efecto, la de una Iglesia tendente al anuncio de un mensaje cuya fuerza cr\u00ed\u00adtica cuestiona todos los \u00f3rdenes establecidos y, al mismo tiempo, hace que emerja la posibilidad de lo nuevo y de lo diverso.<\/p>\n<p>Una preocupaci\u00f3n an\u00e1loga, aunque expresada con lenguaje diverso, anima a la enc\u00ed\u00adclica de Juan Pablo II. Se reconoce, por una parte, que la Iglesia no tiene soluciones t\u00e9cnicas que ofrecer al problema del subdesarrollo; pero al indicar que la cuesti\u00f3n del desarrollo aut\u00e9ntico, por afectar a la dignidad de la persona y de los pueblos, no puede reducirse a cuesti\u00f3n \u00abt\u00e9cnica\u00bb, se reivindica, por otra, para la Iglesia el derecho a decir su propia palabra acerca de la naturaleza, las condiciones, las exigencias y la finalidad de un verdadero desarrollohumano y de los obst\u00e1culos que se oponen al mismo. Se deriva de ello que la \u00abdoctrina social\u00bb, lejos de ser una \u00abtercera v\u00ed\u00ada\u00bb o una ideolog\u00ed\u00ada, representa m\u00e1s bien una categor\u00ed\u00ada en s\u00ed\u00ad, perteneciente al campo de la teolog\u00ed\u00ada moral. Su finalidad es, en efecto, la de interpretar a la luz de la fe y de la tradici\u00f3n eclesial la compleja realidad de la existencia humana en la sociedad, a fin de captar la conformidad o disconformidad con las l\u00ed\u00adneas de la ense\u00f1anza evang\u00e9lica y orientar consiguientemente el comportamiento cristiano (n. 41).<\/p>\n<p>El nivel rigurosamente teol\u00f3gico, y no meramente antropol\u00f3gico y \u00e9tico, al que Juan Pablo II hace referencia tanto en el momento del an\u00e1lisis de la situaci\u00f3n -pi\u00e9nsese en el empleo de la categor\u00ed\u00ada \u00abestructuras de pecado\u00bb (n. 36) y en la reconducci\u00f3n de las dos actitudes viciosas que est\u00e1n en la base de las injusticias existentes (hambre exclusiva de ganancia y sed de poder) a aut\u00e9nticas formas de idolatr\u00ed\u00ada- como en el momento de la propuesta de compromiso para el cambio, dejan ver claramente la adopci\u00f3n de un modelo de aproximaci\u00f3n a la realidad social inspirado en las premisas eclesiol\u00f3gicas antes se\u00f1aladas. El ministerio de la evangelizaci\u00f3n en el campo social es considerado, en efecto, como un aspecto de la funci\u00f3n prof\u00e9tica de la Iglesia, que se ejerce en forma de una denuncia de los males, pero sobre todo como anuncio de la plena liberaci\u00f3n humana (n. 41). En calidad de portadora de esta buena noticia, que se traduce en la defensa y promoci\u00f3n de valores irrenunciables para el crecimiento humano, la Iglesia es signo y anticipaci\u00f3n del reino, cuya plenitud espera el creyente al final de la historia, cuando el Se\u00f1or vuelva (n. 48).<\/p>\n<p>El magisterio social del futuro deber\u00e1 ir cada vez m\u00e1s por este camino, en la convicci\u00f3n de que s\u00f3lo as\u00ed\u00ad puede ser el evangelio elemento inquietante de contestaci\u00f3n de la historia e instrumento constructivo de crecimiento del orden social en armon\u00ed\u00ada con la plena liberaci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>BIBL.: AA. V V., La doctrina social de la Iglesia: un debate abierto, en \u00abSal Terrae\u00bb 79 (1991) n. 4; AANV., Cien a\u00f1os de doctrina social de la Iglesia, en \u00abIglesia viva\u00bb 153-154 (1991); AANV., La doctrina social cristiana, Encuentro, Madrid 1990; AANV., Doctrina social 1891-1991, en \u00abEcclesia\u00bb 2536-2537, 13 y 20 de julio de 1991; AA. V V., En el centenario de la \u00abRerum novarum\u00bb en \u00abScripta Theologica\u00bb 23 (1991) n. 2; ANTONCICH R. y MUN.cRRIZJ.M., La doctrina social de la Iglesia, Paulinas, Madrid 1989; ARANGUREN J. L., Etica y pol\u00ed\u00adtica, Orbis, Barcelona 19862; BIFFI F., Compendio de la doctrina social de la Iglesia, Edicep, Valencia 1991; BIGO F., La doctrina social de la Iglesia, ICES, Barcelona 1967; BOFE C., Teolog\u00ed\u00ada de lopol\u00ed\u00adtico, sus mediaciones, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1980; CALVEZ J.Y., La ense\u00f1anza social de la Iglesia, Herder, Barcelona 1991; CALVEZ J. Y. 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Piano<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las situaciones sociales a la luz del mensaje evang\u00e9lico La Iglesia inserta el mensaje evang\u00e9lico en las circunstancias concretas de la cultura, de la sociolog\u00ed\u00ada y de la historia de las personas y de los pueblos. Esta inserci\u00f3n es una teolog\u00ed\u00ada sobre las situaciones concretas en el campo sociol\u00f3gico. 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