{"id":15122,"date":"2016-02-05T09:53:47","date_gmt":"2016-02-05T14:53:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/derecho-natural\/"},"modified":"2016-02-05T09:53:47","modified_gmt":"2016-02-05T14:53:47","slug":"derecho-natural","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/derecho-natural\/","title":{"rendered":"DERECHO NATURAL"},"content":{"rendered":"<p>(v. conciencia, derechos humanos, ley, moral)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>A diferencia del derecho positivo, que es el conjunto de normas establecidas por un legislador y que constituyen un ordenamiento jur\u00ed\u00addico, el derecho natural es una fuente de derecho no escrito, no producido por la inteligencia y por la voluntad del hombre, inmanente a la naturaleza y capaz de ser conocido por cualquier ser humano. Entre los defensores del derecho natural se dan varias orientaciones.<\/p>\n<p>Unos lo consideran como aquel conjunto de normas con que se prescriben o se proh\u00ed\u00adben algunos comportamientos; dichas normas, que se caracterizan por ser universales, inmutables y evidentes, pueden reconocerse gracias al ejercicio de la raz\u00f3n. En el \u00e1mbito de esta orientaci\u00f3n se inscribe la reflexi\u00f3n de santo Tom\u00e1s de Aquino, seg\u00fan el cual la lex aetema (puesta por Dios) tiene su reflejo en la lex naturalis: esta \u00faltima puede percibirse por todo el que use correctamente su raz\u00f3n, capaz de captar normas o principios inmediatamente evidentes, de los que es posible deducir luego los dem\u00e1s preceptos. Detr\u00e1s de esta posici\u00f3n est\u00e1 la visi\u00f3n creyente de la creaci\u00f3n: como realidad que sali\u00f3 buena de las manos de Dios, el orden natural conserva un car\u00e1cter positivo, que no queda ofuscado por el pecado; y el hombre, imagen de Dios en virtud de sus facultades espirituales, no ha perdido la capacidad de captar en s\u00ed\u00ad mismo y a su alrededor, aquellos principios que son el reflejo creado de la lex aetema. En este sentido, la posici\u00f3n de santo Tom\u00e1s constituye la superaci\u00f3n clara de la visi\u00f3n pesimista de san Agust\u00ed\u00adn, para quien la corrupci\u00f3n a la que se vio sujeto el orden natural despu\u00e9s del pecado hace substancialmente in\u00fatil cualquier intento del hombre por conocer sin la ayuda de la revelaci\u00f3n Y de la fe lo que est\u00e1 bien y lo que conduce al bien. Esta perspectiva agustiniana encontr\u00f3 su traducci\u00f3n jur\u00ed\u00addica especialmente en Graciano (siglo XI-XII), para quien \u00abius naturale est quod in lege et evangelio continetur\u00bb (Decr., D. 1): aqu\u00ed\u00ad se ve con claridad que para conocer el derecho natural hay que referirse necesariamente a la revelaci\u00f3n sobrenatural: y tambi\u00e9n resulta evidente que, para evitar interpretaciones erradas de la Escritura y &#8211; por tanto normas falsas, hay que atenerse al Magisterio eclesi\u00e1stico, que es el que puede entender de manera aut\u00e9ntica la revelaci\u00f3n e indicar con certeza las normas de acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Santo Tom\u00e1s, por el contrario, afirma que \u00abla gracia supone a la naturaleza y la perfecciona\u00bb (5. Th. 1, q. 1, a, 8, adZ; 1-11, q.99, a.Z, ad 1): de aqu\u00ed\u00ad se deriva que el hombre es capaz de percibir de forma aut\u00f3noma, en virtud del don de Dios, las normas que corresponden a la voluntad del Creador: bajo esta luz, la misma revelaci\u00f3n sobrenatural de la voluntad de Dios asume un car\u00e1cter de evidencia, precisamente porque el hombre descubre all\u00ed\u00ad lo que exige su propia raz\u00f3n. Podria decirse con santo Tom\u00e1s que el hombre act\u00faa como ser realmente libre en el momento en que evita el mal y escoge el bien, no solamente porque Dios as\u00ed\u00ad lo quiere, sino tambi\u00e9n porque reconoce esta exigencia en virtud de su propia raz\u00f3n (cf. Expos. in 11 epist. ad Cor. III, 3).<\/p>\n<p>Una corriente de pensamiento que se fue formando en el siglo xx recuerda la necesidad de no entender el derecho natural como un conjunto de normas inmutables, sino como una atenci\u00f3n permanente a conformar los comportamientos y las leyes a la raz\u00f3n: se trata de la llamada doctrina del derecho natural \u00abde contenido progresivo\u00bb, que supone una visi\u00f3n hist\u00f3rica y no fixista del ser humano.<\/p>\n<p>G. M. Salvati<\/p>\n<p>Bibl.: J M. Aubert. Ley de Dios, leyes de los hombres, Herder Barcelona 196~, 555; E, Chiavacci, Ley natural, en NDTM, 10131028; F BOckle (eds.), El derecho natural, Herder .Barcelona 1971. A. Osuan, Derecho natural y moral cristiana, San Esteban, Salamanc\u00e1 1978.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>I. Concepto<br \/>\nEl d.n. se entiende aqu\u00ed\u00ad como ley moral natural, a diferencia de las leyes f\u00ed\u00adsicas de la naturaleza, que act\u00faan en \u00e9sta necesariamente para el orden de la criatura irracional. De la ley f\u00ed\u00adsica y biol\u00f3gica de la naturaleza se ocupan las ciencias naturales. Esta ley no plantea exigencias a la libertad del hombre y no posee, por tanto, car\u00e1cter moral. En cambio, la ley moral natural (d.n. en sentido lato) abarca todo el dominio de la moralidad en general. Se entiende por tal aquel orden que el creador ha se\u00f1alado al hombre como tarea para el despliegue de su ser humano, orden que \u00e9l ha de comprender por su raz\u00f3n y respetar como base de su obrar libre. Como d.n. en sentido estricto se entiende -por lo menos dentro del catolicismo- aquella parte de la ley moral natural que se refiere al orden jur\u00ed\u00addico entre hombre y hombre, o entre hombre y sociedad. El describe aquel \u00e1mbito del deber moral que se fija en normas jur\u00ed\u00addicas como m\u00ed\u00adnimo de la conducta moral y que, en cuanto derecho, puede tambi\u00e9n exigirse a la fuerza. Sin embargo, fuera del catolicismo, el derecho no es considerado en todas partes como parte del orden moral. De ah\u00ed\u00ad que el concepto de d.n. se emplee en gran parte de manera ambigua o en m\u00faltiples sentidos, aun cuando la funci\u00f3n de la idea de d.n. parezca estar clara. Se trata de describir la dignidad de la &#8211;> persona, el derecho del hombre, y de hacerlo eficaz en su relaci\u00f3n con los otros hombres dentro de la sociedad. Ni en las declaraciones eclesi\u00e1sticas ni en las publicaciones teol\u00f3gicas se mantiene una distinci\u00f3n rigurosa entre ley natural (d.n. en sentido lato) y d.n. en sentido estricto. Por eso tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad usaremos la noci\u00f3n de d.n. en sentido lato, como concepto m\u00e1s amplio. La cuesti\u00f3n de la base del d.n., su cognoscibilidad y contenido, su validez general y su mutabilidad, exige para una cumplida respuesta, esbozar antes una idea del mundo, del hombre y de Dios.<\/p>\n<p>II. Base ontol\u00f3gica<br \/>\nLa doctrina acerca del d.n. se halla entre los contenidos firmes de la teolog\u00ed\u00ada moral cat\u00f3lica. Como quiera que la revelaci\u00f3n de la Sagrada Escritura no basta por s\u00ed\u00ad sola para fundar las normas \u00e9ticas, es menester echar mano del ser o de la naturaleza del hombre. El concepto clave de -> naturaleza abre el camino de las prescripciones obligatorias para todos los hombres. El relato cristiano de la creaci\u00f3n ofrece el fundamento para ello; una concepci\u00f3n te\u00ed\u00adsta del mundo ve una estrecha referencia entre el Dios creador y todo lo creado. En el fondo de todo lo creado hay un pensamiento de Dios, que el hombre ha de respetar. En la verdad de las cosas creadas por Dios, en su naturaleza o esencia encuentra el hombre primeramente la ley de su obrar moral. En este sentido tiene validez el axioma filos\u00f3fico: \u00abAgere sequitur esse\u00bb; el deber se funda en el ser. Esta proposici\u00f3n s\u00f3lo enuncia por de pronto una estrecha conexi\u00f3n entre el ser y el deber, entre \u00e9tica y ontolog\u00ed\u00ada; y tambi\u00e9n es v\u00e1lida en el orden de la gracia, por cuanto todo don que Dios concede al hombre, se torna tarea. El axioma: \u00abAgere sequitur esse> indica que los postulados morales no se le presentan al hombre en forma puramente forense, sino que se derivan de su ser mismo, de su naturaleza esencial. Por eso, no hay que ver en el d.n. una moral heter\u00f3noma, sino que \u00e9l ha de ser entendido como aquella estructura del orden moral que Dios ha se\u00f1alado al hombre conforme lo requiere la creaci\u00f3n, imponi\u00e9ndosela como fin para su propia realizaci\u00f3n. Con ello, sin embargo, nada se dice sobre la validez general y la invariabilidad de las normas naturales de conducta. Lo normativo para el comportamiento moral del hombre no es ni la naturaleza del estado original ni la ca\u00ed\u00adda en el pecado; es m\u00e1s bien aquel resto del hombre que, independientemente de todo modo de existir hist\u00f3rico y de cualquier otro posible, permanece siempre el mismo y constituye la base de todas las realizaciones hist\u00f3ricas del hombre, o sea, su \u00abnaturaleza metaf\u00ed\u00adsica>, es decir, aquello que en todo tiempo pertenece al ser humano en general. Pero el caso es que una naturaleza as\u00ed\u00ad entendida representa una abstracci\u00f3n; de hecho no ha existido nunca. Con parejo concepto de naturaleza y por influencia de ideas estoicas se lleg\u00f3, a despecho de la historicidad del hombre, a una concepci\u00f3n est\u00e1tica y a una absoluta inmutabilidad del d.n.<\/p>\n<p>III. Cognoscibilidad<br \/>\nLa conciencia de la mayor\u00ed\u00ada de los pueblos alude, ya antes de toda reflexi\u00f3n, a un d.n. que existe antes de toda legislaci\u00f3n humana y que, por lo menos con ciertos rasgos, aparece como cognoscible para el hombre. Si se quiere hacer al hombre responsable de su obrar, no puede neg\u00e1rsele en principio la capacidad de este conocimiento moral. Sin embargo, le est\u00e1 vedado una inteligencia adecuada y, adem\u00e1s, \u00e9l s\u00f3lo puede captar la verdad bajo una determinada perspectiva y en medio de una concreta situaci\u00f3n hist\u00f3rica. Jam\u00e1s se aclarar\u00e1 con certidumbre suprema hasta qu\u00e9 profundidad pueda llegar el conocimiento humano de las estructuras del ser, del orden de la naturaleza propia del hombre.<\/p>\n<p>La Iglesia ha resaltado m\u00e1s de una vez &#8211; en el concilio Vaticano i y en la enc\u00ed\u00adclica Humani generis (1950)- c\u00f3mo el hombre, aun estando herido por el pecado original, puede conocer los principios fundamentales del d.n., aunque para ello sea moralmente necesaria la ayuda de la revelaci\u00f3n (Dz 2305s, 2320ss). En cuanto el hombre es capaz de conocer, con independencia l\u00f3gica de la palabra divina revelada, las normas morales y jur\u00ed\u00addicas de conducta, la doctrina del d.n. es una de aquellas bases sobre las que el cristiano puede entablar di\u00e1logo acerca de cuestiones \u00e9ticas con todos los hombres. La historia de la civilizaci\u00f3n y la etnolog\u00ed\u00ada atestiguan que todos los pueblos llegan a cierta ordenaci\u00f3n moral, aunque sus contenidos \u00e9ticos no se identifiquen en modo alguno. El fundamento ontol\u00f3gico y la cognoscibilidad del d.n. otorgan a \u00e9ste una validez universal y lo convierten en criterio de toda legislaci\u00f3n. Tampoco la econom\u00ed\u00ada cristiana de la salvaci\u00f3n aboli\u00f3 el d.n., sino que lo complet\u00f3 y sublim\u00f3. Adem\u00e1s, una naturaleza pura, independiente de toda gracia de Dios, no ha existido nunca.<\/p>\n<p>IV. Contenido<br \/>\nPor medio de la raz\u00f3n buscar\u00e1 el hombre aquellos contenidos que sirven para su prop\u00ed\u00ada realizaci\u00f3n, y rechazar\u00e1 aquellos que en principio se oponen a ella. La raz\u00f3n no es aut\u00f3noma en el conocimiento del d.n.; hay de todo punto datos o hechos que el hombre debe necesariamente respetar. Ya sus inclinaciones naturales le indican aproximadamente la direcci\u00f3n que debe seguir en su conducta.<\/p>\n<p>Aunque el AT funda la moralidad principalmente sobre la palabra de Dios y la alianza de \u00e9ste con Israel, y aun cuando all\u00ed\u00ad los diez mandamientos como ley de la alianza s\u00f3lo tienen su sentido dentro de la historia sagrada y no en el orden del d.n.; sin embargo, la tradici\u00f3n valora la segunda tabla del dec\u00e1logo como d.n. Lo son particularmente aquellos l\u00ed\u00admites que no pueden traspasarse sin violaci\u00f3n de la dignidad del hombre, p. ej., la prohibici\u00f3n de matar. De la conducta efectiva de los gentiles deduce Pablo que ellos tienen, por naturaleza, ing\u00e9nita la conciencia de la norma o ley, a base de la cual saben lo que deben hacer. En opini\u00f3n del ap\u00f3stol, los gentiles conocen un fondo de normas que, en su n\u00facleo, pudiera identificarse con una parte del dec\u00e1logo.<\/p>\n<p>Muchas cosas que a lo largo del tiempo fueron vistas como orden natural inalienable, se miran hoy como producto hist\u00f3rico, en ocasiones como forma espec\u00ed\u00adficamente occidental de realizarse el hombre. As\u00ed\u00ad, la sumisi\u00f3n de la mujer al marido, tal como se pide en Ef 5, 24, ya no se considera hoy como estructura fundamental, postulada por la naturaleza y aceptada por la Escritura, de la relaci\u00f3n entre marido y mujer, sino como una forma temporal del patriarcado occidental. La personalidad del hombre, su vocaci\u00f3n a configurar el mundo y su sociabilidad son ciertamente postulados fundamentales, que se fundan en la naturaleza del hombre y fueron siempre evidentes para \u00e9ste. \u00bfHasta qu\u00e9 punto, sin embargo, tiene \u00e9l capacidad de disponer sobre la realidad no espiritual y sobre su propia \u00abnaturaleza\u00bb, hasta d\u00f3nde llegan sus facultades y en qu\u00e9 medida \u00e9stas pueden dilatarse? Describir eso es tema de cada tiempo. A la naturaleza del hombre pertenece tambi\u00e9n su condici\u00f3n social. Mas, del mismo modo que la sociedad conoce una evoluci\u00f3n y una historia, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el hombre. Por eso, el concreto obrar del hombre no se define o determina s\u00f3lo partiendo de una abstracta naturaleza metaf\u00ed\u00adsica, sino tambi\u00e9n, a la vez, desde su naturaleza y situaci\u00f3n actual, que son producto del desarrollo hist\u00f3rico. Con ello cobra el d.n. una dimensi\u00f3n referida a la situaci\u00f3n; as\u00ed\u00ad se hace patente la necesaria relaci\u00f3n de todo obrar humano a lo presente.<\/p>\n<p>V. Historicidad<br \/>\nUna concepci\u00f3n est\u00e1tica de la naturaleza es ajena a la idea de la existencia tal como aparece en el AT y el NT. La Escritura relata la intervenci\u00f3n de Dios en la historia del hombre, atestigua una historia sagrada. Todas sus instrucciones morales poseen una referencia concreta al hombre y ostentan el car\u00e1cter de una \u00e9tica de situaci\u00f3n. Aun cuando existan normas inmutables, atemporalmente v\u00e1lidas, sin embargo, no se puede alegar la sagrada Escritura como prueba de la invariabilidad del d.n. De ah\u00ed\u00ad que \u00e9ste deba ser visto siempre en su referencia al hombre concreto. Cierto que pueden tambi\u00e9n deducirse concretas estructuras fundamentales de la existencia humana; pero un index de normas fijas de d.n. deber\u00ed\u00ada constantemente ponerse \u00aben tela de juicio\u00bb y someterse a revisi\u00f3n. Para el pensamiento neotestamentario la historia es la verdadera dimensi\u00f3n del hombre, es su estructura interna. El ser humano o la naturaleza propia del hombre es una tarea que ha de aprehenderse y realizarse en el curso del tiempo. Por eso no s\u00f3lo hay una evoluci\u00f3n (independiente de la libertad humana), sino tambi\u00e9n una historia de la naturaleza humana, un &#8211;> progreso. Se dilatan las posibilidades de realizar el ser humano, y con ello crecen, a par, su responsabilidad y riesgo. Este desenvolvimiento no se realiza s\u00f3lo en l\u00ed\u00adnea recta, como un proceso autom\u00e1tico. De acuerdo con el libre albedr\u00ed\u00ado del hombre, se dan aqu\u00ed\u00ad tambi\u00e9n de todo punto saltos, retrocesos y retrasos. El hombre no s\u00f3lo tiene historia, sino que es historia. El hombre lleva a cabo su propia realizaci\u00f3n sometiendo precisamente la naturaleza y tom\u00e1ndola a su servicio, configur\u00e1ndola y creando valores y fines. Esta tendencia a los fines apunta hacia una evoluci\u00f3n hist\u00f3rica dirigida de la conciencia moral; lleva por de pronto, como sentido y fin, a una mayor viveza de conciencia, a una reflexi\u00f3n; mas con ello, simult\u00e1neamente, a una mayor distancia y libertad respecto de la vinculaci\u00f3n a la naturaleza. En este despliegue de la &#8211;> libertad y de la responsabilidad y moralidad que ella lleva anejas, el hombre aspira a una m\u00e1s fuerte personalizaci\u00f3n y, a la vez, tambi\u00e9n a una m\u00e1s profunda socializaci\u00f3n; estado en el que no ser\u00ed\u00ada l\u00ed\u00adcito violar la dignidad del individuo, pero, por raz\u00f3n del bien com\u00fan, el espacio de juego de la libertad experimentar\u00ed\u00ada algunas limitaciones.<\/p>\n<p>El hombre entiende hoy d\u00ed\u00ada su tarea de configurar el mundo en el sentido de que puede tambi\u00e9n cambiar su propia \u00abnaturaleza\u00bb. De hecho, las intervenciones en los procesos naturales se requieren en gran parte para la existencia del hombre y por eso no tienen en absoluto car\u00e1cter inmoral. Pero es necesario que al hacerlas no se viole la dignidad del hombre. La problem\u00e1tica actual resulta del fen\u00f3meno de la historia y del cambio hist\u00f3rico, que conduce a una radical historicidad de la realidad entera; de lo que resulta tambi\u00e9n una visi\u00f3n din\u00e1mica del d.n. Sin embargo, la historicidad en el terreno de la \u00e9tica no lleva a un relativismo ilimitado. A pesar de todos los cambios y evoluciones, el hombre permanece a la postre el sujeto b\u00e1sico que es capaz de historia y se hace hist\u00f3rico. Sigue siendo tema francamente insoluble describir con m\u00e1s precisi\u00f3n el fondo efectivamente inmutable del ser del hombre. Aun cuando algo se nos presenta emp\u00ed\u00adricamente como dotado de validez universal, como ingrediente de la naturaleza del hombre e inmutable, con ello no se dice ya que pertenezca simplemente a ella. En todo caso, el moralista tendr\u00e1 que contentarse con este conocimiento necesitado siempre de complemento. Su tarea es cabalmente seguir siempre preguntando y esforzarse por dar fundamento profundo a sus normas.<\/p>\n<p>La naturaleza abstracta o metaf\u00ed\u00adsica puesta como base para el conocimiento del hombre, necesita, por ello, un complemento mediante aquellos factores que determinan al hombre en su naturaleza hist\u00f3rica. junto a una naturaleza llamada inmutable, hay tambi\u00e9n una naturaleza din\u00e1mica y variable, hay numerosos estratos mudables de la persona humana, cuya importancia de ning\u00fan modo es meramente accidental. Esos estratos constituyen m\u00e1s bien configuraciones del hombre y de su evoluci\u00f3n; el proceso de hominizaci\u00f3n no est\u00e1 a\u00fan, ni mucho menos, concluido. Por eso, al fundamentar las normas, el te\u00f3logo moralista tendr\u00e1 que atender tambi\u00e9n al cambio hist\u00f3rico de la sociedad humana y de la humanidad como tal. El no puede decir hoy qu\u00e9 tareas le incumbir\u00e1n ma\u00f1ana en virtud del desarrollo ulterior de las posibilidades que el hombre pone en acto desde su ser. Consecuentemente, el fondo concreto del d.n. no contiene ya, en forma exhaustiva, todos los postulados morales que ata\u00f1en al hombre.<\/p>\n<p>Ser\u00ed\u00ada una ilusi\u00f3n pensar que el hombre ha comprendido ya, de manera exhaustiva, la naturaleza, esencia y estructura de su comportamiento humano. La temporalidad, la limitaci\u00f3n y la perspectiva variante del conocimiento humano nos permite hablar de una historia del conocimiento de la verdad. Tambi\u00e9n el conocimiento del d.n. es un proceso hist\u00f3rico. Por eso, dentro del d.n. pudiera hablarse de cambios desde un triple punto de vista: por raz\u00f3n de un m\u00e1s profundo conocimiento, por cambios de la situaci\u00f3n y por variaciones en el hombre mismo. E1 progreso en el conocimiento conduce a precisar o modificar las tesis morales vigentes. Con la historicidad van tambi\u00e9n unidas la fragilidad y la perspectiva relativa en el conocimiento humano de la verdad. Tambi\u00e9n el conocimiento del d.n. comparte el destino de lo provisorio. A par del desenvolvimiento epistemol\u00f3gico, la mutaci\u00f3n de las condiciones de vida trae consigo el cambio correspondiente de las obligaciones morales del hombre. Exigencias condicionadas por el tiempo y la civilizaci\u00f3n, a veces han sido consideradas con excesiva precipitaci\u00f3n como eternamente v\u00e1lidas. Se calific\u00f3 de antinatural, de pecado contra la esencia de la propiedad privada o del dinero, o contra la naturaleza de la mujer o contra la esencia del matrimonio algo que, de hecho, s\u00f3lo representaba una obligaci\u00f3n variable, condicionada por el tiempo. Por raz\u00f3n del cambio de las condiciones de vida, se han modificado hoy d\u00ed\u00ada en gran parte las valoraciones sobre la propiedad, el inter\u00e9s o la usura, la guerra justa, la justificaci\u00f3n de la pena de muerte, la sexualidad y el matrimonio.<\/p>\n<p>Pero el cambio de m\u00e1s graves consecuencias se realiza en el hombre mismo. A \u00e9l est\u00e1n confiados la realizaci\u00f3n y el constante desenvolvimiento de su propio ser. En la evoluci\u00f3n y el desarrollo de la creaci\u00f3n entera, pero sobre todo en el cultivo de nuestro mundo, activamente planeado y configurado por el hombre mismo, se lleva tambi\u00e9n a cabo un cambio de la realidad humana. Del mismo modo que el individuo como sujeto permanece siempre el mismo y, sin embargo, recibe especiales tareas como ni\u00f1o, joven, adulto o viejo; as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n, con la madurez de toda la sociedad humana, pudiera darse un cambio de los deberes fundados en el ser del hombre. Si la historia es una de las dimensiones del ser humano, tambi\u00e9n la naturaleza del hombre ha de entenderse hist\u00f3ricamente, y debe hablarse de una naturaleza humana que cambia y es activamente mudable. Este cambio tiene que estar siempre al servicio de una mayor realizaci\u00f3n del hombre (-> historia e historicidad).<\/p>\n<p>VI. El derecho natural y la escatolog\u00ed\u00ada<br \/>\nLa idea que el hombre tiene ahora de la historia y la manera como la aplica al d.n. ya no permiten deducir de una esencia previa, de la llamada naturaleza, toda la evoluci\u00f3n posterior. Por eso, el concepto de naturaleza necesita hoy de cierta orientaci\u00f3n al fin del hombre. Para una inteligencia te\u00ed\u00adsta del mundo, ah\u00ed\u00ad va ya desde luego impl\u00ed\u00adcita una orientaci\u00f3n a un fin que trasciende a este mundo. En cuanto para el cristiano la historia es tambi\u00e9n historia sagrada; en cuanto en Cristo se inaugur\u00f3 ya el -> reino de Dios, aunque no en su forma consumada; no puede llevarse simplemente a cabo una estricta separaci\u00f3n entre -> naturaleza y gracia, y tampoco puede arrancarse de la realidad hist\u00f3rica el fin sobrenatural. En consecuencia es la naturaleza humana en toda su complejidad, con inclusi\u00f3n de los fines que se le se\u00f1alan, la que determina la deducci\u00f3n de normas morales. Por eso, el axioma: \u00abEl deber se funda en el ser\u00bb, incluye tambi\u00e9n la consideraci\u00f3n del fin \u00faltimo del hombre, de cuya trascendencia, sin embargo, el hombre s\u00f3lo tiene un vago barrunto sin ayuda de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Muchas obligaciones positivas de orden \u00abnatural\u00bb, como las exigencias del amor, est\u00e1n marcadas por el fin hacia el que el hombre est\u00e1 en camino; y de suyo ah\u00ed\u00ad el hombre siempre queda por debajo de lo exigido. Mas, por otra parte &#8211; y aqu\u00ed\u00ad radica la referencia de la \u00e9tica al presente -, el \u00abestrato \u00f3ntico\u00bb que se hace inmediatamente accesible en cada momento actual, constituye el punto de partida para saber cu\u00e1les son las obligaciones que se desprenden de nuestra situaci\u00f3n y, por tanto, cu\u00e1les son las que en principio deber\u00ed\u00adan poderse cumplir por parte del individuo. La tensi\u00f3n entre los mandamientos que pueden cumplirse en el presente y los que urgen la conquista de un fin todav\u00ed\u00ada inasequible, es una permanente nota caracter\u00ed\u00adstica de la vida humana. Ah\u00ed\u00ad se ve claro que el hombre est\u00e1 de camino hacia un fin y, por una parte, es siempre deudor de Dios -cosa que subraya particularmente la \u00e9tica protestante -; mas, por otra, no sin ayuda de la gracia de Dios, puede cumplir una parte de los imperativos \u00e9ticos.<\/p>\n<p>VII. Teolog\u00ed\u00ada protestante y derecho natural<br \/>\nLos te\u00f3logos protestantes entienden por naturaleza la postura fundamentalmente recta ante Dios, no desfigurada a\u00fan por el pecado. En general rechazan con denuedo la doctrina cat\u00f3lica sobre el d.n. La profunda oposici\u00f3n entre protestantes y cat\u00f3licos acerca del d.n., se funda principalmente en la doctrina protestante sobre la corrupci\u00f3n del hombre por el pecado original y la incapacidad de ah\u00ed\u00ad resultante para conocer y valorar. Este escepticismo epistemol\u00f3gico (y axiol\u00f3gico) se presenta bajo forma m\u00e1s o menos intensa en los distintos te\u00f3logos protestantes, desde una radical negaci\u00f3n de todo d.n. y de su conocimiento en H. Thielicke hasta una postura positiva en P. Althaus, E. Brunner y D. Wendland. Sin embargo, el concepto de d.n. queda en gran parte sustituido por otras expresiones -\u00f3rdenes, instituciones, etc\u00e9tera-, con las que, de manera vacilante, se concede un puesto a los valores permanentes del pensamiento jur\u00ed\u00addico. Ni siquiera la tesis radical del total desorden existencial del mundo, que es base de la concepci\u00f3n y teolog\u00ed\u00ada de H. Thielicke, se mantiene con todas sus consecuencias, pues tambi\u00e9n seg\u00fan \u00e9l la raz\u00f3n tiene capacidad de distinguir entre objetivo y no objetivo, entre verdadero y falso. Por eso, la afirmaci\u00f3n de que la teolog\u00ed\u00ada protestante desconoce todo d.n., no puede mantenerse bajo esta formulaci\u00f3n gen\u00e9rica. La cr\u00ed\u00adtica al d.n. cat\u00f3lico se dirige frecuentemente contra ciertas posiciones unilaterales, que a\u00fan existen o ya han sido abandonadas entretanto, contra falsas interpretaciones o contra una postura r\u00ed\u00adgidamente atemporal. La teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica no debe pasar por alto el inter\u00e9s justificado que late en esta cr\u00ed\u00adtica (-a \u00e9tica, Iv).<\/p>\n<p>VIII. El derecho natural y el magisterio de la Iglesia<br \/>\nLa Iglesia se ha declarado siempre a favor del d.n. y ha afirmado directamente su existencia, o sea, el hecho de que hay obligaciones morales que se deducen de la naturaleza del hombre y que, por lo menos en sus estructuras fundamentales, pueden ser conocidas por la raz\u00f3n humana. Ante las numerosas declaraciones aut\u00e9nticas acerca de problemas del d.n., p. ej., en el terreno del control de la natalidad (cf. las enc\u00ed\u00adclicas Casti connubii y Humanae vitae), se pregunta con qu\u00e9 t\u00ed\u00adtulo la Iglesia puede formular enunciados teol\u00f3gicamente obligatorios en el terreno del d.n. Una apelaci\u00f3n a la infalibilidad de las declaraciones eclesi\u00e1sticas en materias de fe y costumbres, desconoce que esa infalibilidad en sentido estricto ha de referirse al depositum fidei. La Iglesia ha pretendido siempre -\u00faltimamente en la enc\u00ed\u00adclica Humanae vitae- pronunciar una palabra obligatoria en cuestiones de moralidad natural. Sin embargo, contra ello se ha objetado (J. David) que la Iglesia no puede hacer declaraciones doctrinales, obligatorias e infalibles sobre contenidos de puro d.n., pues las proposiciones relativas a este punto, m\u00e1s que bajo la potestad docente, caen bajo la potestad pastoral. Sin embargo, la rigurosa separaci\u00f3n que as\u00ed\u00ad se hace entre el terreno del magisterio (mera doctrina sobre la verdad) y el oficio pastoral (gobierno y educaci\u00f3n), no es convincente. Habr\u00ed\u00ada adem\u00e1s que preguntar si se da en absoluto un orden moral \u00abpuramente natural\u00bb, en que la Iglesia no tuviera competencia alguna, siendo as\u00ed\u00ad que el hombre entero como tal est\u00e1 inserto en el movimiento redentor. Exacto en estas tesis es ciertamente que, en cuestiones no teol\u00f3gicas, la Iglesia est\u00e1 remitida al juicio de las ciencias competentes, con las que habr\u00e1 de discutir principalmente con argumentos de raz\u00f3n, pues sobre ello no le fue concedida una revelaci\u00f3n propia. Consiguientemente, a causa de falsos presupuestos b\u00e1sicos, condicionados por la \u00e9poca, las declaraciones doctrinales de la Iglesia pueden contener conclusiones completamente err\u00f3neas. A este prop\u00f3sito, cabr\u00ed\u00ada aducir ejemplos tomados de la historia de la moral matrimonial. En cuanto el hombre entero est\u00e1 inserto en la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n eterna, la Iglesia justamente se siente llamada a pronunciar una palabra obligatoria tambi\u00e9n en estas cuestiones que ata\u00f1en al d.n., una palabra que no s\u00f3lo quiere ser mera instrucci\u00f3n pastoral, sino tambi\u00e9n una declaraci\u00f3n doctrinal. Sin embargo, la Iglesia tendr\u00e1 que revisar la validez del concepto de naturaleza por ella empleado, para ajustarlo a los nuevos conocimientos antropol\u00f3gicos. En el pasado, el orden natural fue identificado en gran parte con el orden divino de la creaci\u00f3n; al hombre tocaba conocer su puesto en este orden universal y aceptar y realizar por libre elecci\u00f3n aquellos fines de la naturaleza que el resto de la creaci\u00f3n cumple instintivamente. Sin impugnar la validez de este principio fundamental, el hombre actual toma, sin embargo, una postura mucho m\u00e1s libre frente al orden natural. El hombre moderno se siente autorizado, en la configuraci\u00f3n del mundo, no s\u00f3lo a aceptar pasivamente los fines de la creaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n a imponer a \u00e9sta fines y sentidos elaborados por \u00e9l. Una configuraci\u00f3n y manipulaci\u00f3n rectamente entendida entra de todo punto en sus facultades. Por eso, dentro de ciertos l\u00ed\u00admites, el hombre puede tambi\u00e9n intervenir en el curso de la naturaleza. Y, verdaderamente, parece que este hecho todav\u00ed\u00ada no ha sido tomado suficientemente en consideraci\u00f3n por las declaraciones doctrinales de la Iglesia.<\/p>\n<p>Actualmente, en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica la idea del d.n. queda complementada e incluso suplantada en medida creciente por una argumentaci\u00f3n teol\u00f3gica de \u00ed\u00adndole social. Y a este respecto se pregunta por los contenidos sociales y \u00e9ticos del evangelio y por su din\u00e1mica en orden a cambiar la sociedad.<\/p>\n<p>Johannes Gr\u00fcndel<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(v. conciencia, derechos humanos, ley, moral) (ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n, BAC, Madrid, 1998) Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n A diferencia del derecho positivo, que es el conjunto de normas establecidas por un legislador y que constituyen un ordenamiento jur\u00ed\u00addico, el derecho natural es una fuente de derecho no escrito, no producido por la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/derecho-natural\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abDERECHO NATURAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15122","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15122","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15122"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15122\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15122"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15122"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15122"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}