{"id":15135,"date":"2016-02-05T09:54:11","date_gmt":"2016-02-05T14:54:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/dignidad-de-la-persona-humana\/"},"modified":"2016-02-05T09:54:11","modified_gmt":"2016-02-05T14:54:11","slug":"dignidad-de-la-persona-humana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/dignidad-de-la-persona-humana\/","title":{"rendered":"DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA"},"content":{"rendered":"<p>(v. hombre, libertad, persona-personalidad)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Catequesis y dignidad. II. Una noci\u00f3n central de la \u00e9tica. III. Persona y dignidad. IV. Afirmaci\u00f3n progresiva de la dignidad: 1. El mundo grecorromano; 2. La tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblico-cristiana; 3. Los Padres y la teolog\u00ed\u00ada posterior; 4. En el humanismo renacentista; 5. Desde el siglo XVI a nuestros d\u00ed\u00adas. V. El magisterio de la Iglesia. VI. El tratamiento catequ\u00e9tico de la dignidad de la persona.<\/p>\n<p>I. Catequesis y dignidad<br \/>\nEn el Directorio general para la catequesis (1997) se recuerda: \u00abLa Iglesia, al analizar el campo del mundo, es muy sensible a todo lo que afecta a la dignidad de la persona humana. Ella sabe que de esa dignidad brotan los derechos humanos, objeto constante de la preocupaci\u00f3n y del compromiso de los cristianos&#8230; La Iglesia advierte con gozo que \u00abuna beneficiosa corriente atraviesa y penetra ya a todos los pueblos de la tierra, cada vez m\u00e1s conscientes de la dignidad del hombre\u00bb (ChL 5d; cf SRS 26b; VS 31c)\u00bb (DGC 18). Y advierte, en consecuencia que \u00abla obra evangelizadora de la Iglesia tiene, en este vasto campo de los derechos humanos, una tarea irrenunciable: manifestar la dignidad inviolable de toda persona humana\u00bb. \u00abEn cierto sentido es \u00abla tarea central y unificante del servicio que la Iglesia, y en ella los fieles laicos, est\u00e1n llamados a prestar a la familia humana\u00bb (ChL 37a; cf CA 47c). La catequesis ha de prepararles para esa tarea\u00bb (DGC 19).<\/p>\n<p>M\u00e1s adelante, despu\u00e9s de reproducir el conocido pasaje de GS 22a: \u00abEn realidad, el misterio del hombre s\u00f3lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado\u00bb, afirma que \u00abla catequesis, al presentar el mensaje cristiano, no s\u00f3lo muestra qui\u00e9n es Dios y cu\u00e1l es su designio salv\u00ed\u00adfico, sino que, como hizo el propio Jes\u00fas, muestra tambi\u00e9n plenamente qui\u00e9n es el hombre al propio hombre y cu\u00e1l es su alt\u00ed\u00adsima vocaci\u00f3n\u00bb (DGC 116; cf FR 60). Y al hablar de la pedagog\u00ed\u00ada de la fe, a\u00f1ade que la catequesis se propone \u00abayudar a la persona a discernir la vocaci\u00f3n a la que el Se\u00f1or la llama\u00bb (DGC 144). Lo que equivale a ayudarle a caer en la cuenta de su aut\u00e9ntica dignidad.<\/p>\n<p>La causa de la dignidad constituye, m\u00e1s all\u00e1 del \u00e1mbito propio de la catequesis, un desaf\u00ed\u00ado a la evangelizaci\u00f3n porque \u00abel hombre es el primer camino que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misi\u00f3n\u00bb (RH 14). Y el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica recuerda que \u00abla defensa y la promoci\u00f3n de la persona nos han sido confiadas por el Creador, y de ellas son rigurosa y responsablemente deudores los hombres y mujeres en cada coyuntura hist\u00f3rica\u00bb (CCE 1929).<\/p>\n<p>La proclamaci\u00f3n de la dignidad ha constituido un tema permanente, por estar implicado en la comprensi\u00f3n cristiana del ser humano y por ser este un lugar principal de la \u00e9tica. La dignidad de la persona humana forma parte de los contenidos de la catequesis, por estar en relaci\u00f3n estrecha con el mensaje evang\u00e9lico y sus exigencias.<\/p>\n<p>Pero adem\u00e1s, el reconocimiento de la dignidad de cada persona, su salvaguarda y promoci\u00f3n, aparecen entre los reclamos m\u00e1s importantes de nuestro tiempo. En t\u00e9rminos de dignidad\/dignificaci\u00f3n se expresa una de las aspiraciones m\u00e1s profundas de la humanidad, que se quiere cada vez m\u00e1s humana. Y hoy es aceptado que la consideraci\u00f3n de la dignidad representa una aut\u00e9ntica piedra de toque de sociedades, culturas y religiones. En su defensa y promoci\u00f3n convergen, como en la causa m\u00e1s noble, creyentes y no creyentes, que consideran esta tarea un aut\u00e9ntico test de humanidad y un anhelo que atraviesa las m\u00e1s variadas sociedades y culturas.<\/p>\n<p>Ahora bien, unida a la realidad de la persona y a la defensa y actuaci\u00f3n de los derechos humanos, la dignidad es un concepto de contornos no f\u00e1ciles de definir. De hecho, en el debate \u00e9tico en curso en nuestra sociedad, sigue abierta una discusi\u00f3n sobre los fundamentos de la dignidad y los derechos humanos y se perciben nuevas urgencias en su defensa y promoci\u00f3n. Por ello, resulta necesario hacer un intento de s\u00ed\u00adntesis del contenido e historia del problema, as\u00ed\u00ad como de su deuda con la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblico-cristiana, para subrayar que en la causa de la dignidad de la persona, que pertenece al n\u00facleo del mensaje, se muestra la entra\u00f1a humanista y humanizadora de la fe en el Dios de Jesucristo.<\/p>\n<p>Una tarea as\u00ed\u00ad reclama que en el proceso catequ\u00e9tico se abra espacio a la consideraci\u00f3n de la persona y su inseparable dignidad. Al tiempo que, tambi\u00e9n inseparablemente, se educa en el reconocimiento, respeto y promoci\u00f3n de esa prerrogativa de todo ser humano.<\/p>\n<p>II. Una noci\u00f3n central de la \u00e9tica<br \/>\nLa dignidad es \u00abvalor de valores\u00bb y constituye la \u00abreferencia primera y el principio de jerarquizaci\u00f3n en la evaluaci\u00f3n de las culturas\u00bb (De Koninch). Y el cristianismo, como veremos, hizo que su significado desbordara el que hab\u00ed\u00ada llegado a tener, incluso en el contexto del humanismo estoico contempor\u00e1neo, en el que el t\u00e9rmino era ya conocido.<\/p>\n<p>La palabra dignidad deriva directamente del lat\u00ed\u00adn dignitas, que se refiere al valor intr\u00ed\u00adnseco de un ser, y del ser humano en especial. Alude a la estima, al reconocimiento, al respeto y al honor que aquel merece. Se trata, por tanto, de una noci\u00f3n que implica una relaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El mundo romano incluy\u00f3 tambi\u00e9n el uso de dignitas y dignitates para referirse a quienes ten\u00ed\u00adan relieve social e influencia, a los dignatarios p\u00fablicos, a quienes conven\u00ed\u00ada y era debido el reconocimiento de su honorabilidad y brillo: \u00abla dignidad consiste en una influencia honorable que merece los homenajes, las manifestaciones de honor, el respeto\u00bb (Cicer\u00f3n).<\/p>\n<p>Se ha notado que si la etimolog\u00ed\u00ada latina (que coincide con la de t\u00e9rminos como decus, decnos y decet) habla de lo conveniente, de lo que es debido a alguien, el t\u00e9rmino griego correspondiente, axios (de donde deriva axioma), subraya el peso, la val\u00ed\u00ada. De hecho, el lat\u00ed\u00adn tard\u00ed\u00ado y la escol\u00e1stica hablaron de dignitates y axioma para indicar proposiciones evidentes en las que se apoyaban los argumentos.<\/p>\n<p>La dignidad se predica, por tanto, de lo que tiene rango eminente y merece ser reconocido en su val\u00ed\u00ada. Valor intr\u00ed\u00adnseco y excelencia externa se re\u00fanen en esta noci\u00f3n, que ha llegado a ser inseparable de la persona y que representa un atributo de lo humano.<\/p>\n<p>Con el avance de los siglos, y de forma cada vez m\u00e1s clara, la dignidad se vincula al ser mismo de la persona y se dirige al nivel m\u00e1s hondo del ser personal. M\u00e1s all\u00e1 de la posici\u00f3n social o de otras cualidades, la dignidad es prerrogativa del ser humano por el mero hecho de serlo. Una prerrogativa que nadie, ni por raz\u00f3n alguna, puede negar.<\/p>\n<p>Ahora bien, es aceptado que esa dignidad fundamental, que es inamisible por estar unida al ser, puede acrecentarse gracias a un comportamiento digno: \u00abDignidad -resume Rahner- significa, dentro de la variedad y heterogeneidad del ser, la determinada categor\u00ed\u00ada objetiva de un ser que reclama, ante s\u00ed\u00ad y ante los otros, estima, custodia y realizaci\u00f3n. En \u00faltimo t\u00e9rmino se identifica objetivamente con el ser de un ser, entendido este como algo necesariamente dado en su estructura esencial, metaf\u00ed\u00adsica, y a la vez como algo que se tiene que realizar\u00bb1.<\/p>\n<p>Hay, por tanto, dos modos de hablar de la dignidad: en cuanto radicada en el fondo personal y en cuanto proceso de dignificaci\u00f3n relacionado con el actuar. Uno y otro responden a la particular realidad que la persona representa, y a su capacidad y responsabilidad de actuar libremente. En ambos sentidos la dignidad constituye un tema mayor en la \u00e9tica y en la moral cristiana.<\/p>\n<p>III. Persona y dignidad<br \/>\nEn las m\u00faltiples alusiones a la dignidad descubrimos hoy mismo el aspecto ontol\u00f3gico de esa noci\u00f3n, que apela a lo \u00fanico de cada persona. Ella no puede renunciar a ser reconocida como tal, se resiste a ser nivelada a toda otra realidad y excede la mera condici\u00f3n del individuo de una especie, a la vez que verdaderamente \u00abcada hombre lleva en s\u00ed\u00ad la forma entera de la humana condici\u00f3n\u00bb (Montaigne).<\/p>\n<p>La Declaraci\u00f3n universal de los derechos humanos, firmada el 10 de diciembre de 1948, proclama en primer t\u00e9rmino: \u00abtodos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y dotados como est\u00e1n de raz\u00f3n y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros\u00bb. Aunque la Declaraci\u00f3n no se detiene en fundamentar esa dignidad, sobre ella gravitan los derechos que a continuaci\u00f3n se reconocen, derechos fundamentales y universales en su extensi\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando se habla de la dignidad se alude a una cualidad o modo de ser que es propia del ser personal y que supera a la naturaleza: la persona es \u00abla irreductibilidad del hombre a su naturaleza\u00bb (Lossky). De ah\u00ed\u00ad que \u00abpara presentir el misterio de la persona -escribe Cl\u00e9ment- hay que superar todo su contexto natural, toda su envoltura c\u00f3smica, colectiva, individual, todo aquello susceptible de ser captado. Captamos siempre la naturaleza, no captamos nunca a la persona&#8230;, la persona no es un objeto de conocimiento, como tampoco lo es Dios. Es, como \u00e9l, lo incomparable, lo inagotable, lo sin fondo2.<\/p>\n<p>Si ese es el lado ontol\u00f3gico o antropol\u00f3gico de la noci\u00f3n, en su vertiente \u00e9tica aparece como un atributo innegable, pero tambi\u00e9n indisponible e inviolable. La singular calidad o val\u00ed\u00ada del ser personal reclama una estimaci\u00f3n y una consideraci\u00f3n tales que no permiten que la val\u00ed\u00ada de la persona pueda ser comparada con nada, pues la dignidad excede lo evaluable. Esa prerrogativa del ser humano lo coloca aparte, infinitamente por encima de todo precio. De tal manera que no se puede colocar en una balanza ni hacerlo entrar en comparaci\u00f3n, con no importa qu\u00e9 precio, sin atentar, de alg\u00fan modo, a su santidad, como advirti\u00f3 Kant.<\/p>\n<p>Esa condici\u00f3n sostiene el imperativo kantiano, imperativo fundamental del sujeto \u00e9tico, que el fil\u00f3sofo enunci\u00f3 en formas varias: \u00abobra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin y nunca como un medio\u00bb3.<\/p>\n<p>Dentro de la \u00e9tica kantiana, persona, dignidad y respeto forman una secuencia. Esa alianza entre los t\u00e9rminos responde a una larga historia, en la que convergen la aportaci\u00f3n del humanismo cl\u00e1sico y la de la tradici\u00f3n judeo-cristiana.<\/p>\n<p>IV. Afirmaci\u00f3n progresiva de la dignidad<br \/>\n1. EL MUNDO GRECORROMANO. Hemos dicho que persona y dignidad recorren juntas una historia en la que entran en juego la antropolog\u00ed\u00ada, la \u00e9tica y la teolog\u00ed\u00ada. Una y otras son a la vez el substrato de derechos reconocidos y reclamados.<\/p>\n<p>Es sabido qu en el mundo grecorromano, en que ambos t\u00e9rminos se acu\u00f1aron, no llega a alcanzar la densidad que lograron ulteriormente. Una carga de significaci\u00f3n que, por otra parte, no puede darse por agotada.<\/p>\n<p>Con todo, tanto la paideia griega como la humanitas latina representan el esfuerzo de aquellas culturas por \u00abpensar y cuidar de que el hombre sea humano y no inhumano\u00bb. O \u00abporque el hombre sea libre para su humanidad y encuentre en ella su dignidad\u00bb, como se\u00f1al\u00f3 Heidegger en su Carta sobre el humanismo. De hecho, son numerosos los testimonios de aquellos siglos que muestran el asombro por el ingenio y la industria de los humanos. As\u00ed\u00ad canta el coro de Ant\u00ed\u00adgona, de S\u00f3focles: \u00abmuchos son los misterios: nada m\u00e1s misterioso que el hombre&#8230; \u00c2\u00a1Inexhausto en recursos! Sin recursos no le sorprende azar alguno. S\u00f3lo para la muerte no ha inventado evasi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Y el viejo P\u00ed\u00adndaro, en la Oda Nemeica VI, proclama que, aunque medie una distancia insalvable entre la generosidad de los dioses y la de los hombres mortales, hay algo que les asemeja: la fuerza del pensamiento.<\/p>\n<p>En el humanismo griego el hombre llega a ser considerado \u00abmedida de todas las cosas\u00bb (Prot\u00e1goras). En aquella concepci\u00f3n, el ser humano es capaz de regir la polis y de extender su dominio a lo irracional. El ser humano es visto como microcosmos (Dem\u00f3crito), compendio y punto de convergencia de las formas de vida (Arist\u00f3teles). Incluso entre los estoicos se registra la afirmaci\u00f3n de que \u00abel hombre es una cosa sagrada para el hombre\u00bb, una formulaci\u00f3n de claro alcance \u00e9tico. No obstante, los estudiosos coinciden en que el mundo antiguo, igual que no acu\u00f1\u00f3 una verdadera noci\u00f3n de persona, tampoco lleg\u00f3 a reconocer igual dignidad a los no libres y a los plenamente ciudadanos.<\/p>\n<p>2. LA TRADICI\u00ed\u201cN B\u00ed\u008dBLICO-CRISTIANA. Si el mundo griego, preocupado por el cosmos y la naturaleza, no lleg\u00f3 a sospechar del todo el valor de cada persona singular, ni lleg\u00f3 a reconocer una singularidad ontol\u00f3gica irreductible o, lo que es equivalente, el valor absoluto de cada ser humano y su dignidad incomparable, lo cierto es que ha contribuido de forma decisiva a la visi\u00f3n del hombre como imagen de Dios que se deriva de los textos b\u00ed\u00adblicos.<\/p>\n<p>Parece innegable, a juzgar por testimonios que han quedado en diversas culturas, que para autocomprenderse, el hombre \u00abha ido a llamar a la puerta de los dioses\u00bb (Gesch\u00e9). As\u00ed\u00ad lo muestra la frase del griego Arato, evocada por Pablo: \u00absomos de su linaje\u00bb (He 17,28).<\/p>\n<p>Si esa comparaci\u00f3n puede encontrarse en otros lugares, el saberse frente a o en relaci\u00f3n con es decisivo en la antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica. Seg\u00fan la Biblia, la relaci\u00f3n fundamental con Dios es constitutiva de la persona. El ser humano es creado a imagen de Dios (cf G\u00e9n 1,27), el hombre es aquel de quien Dios se acuerda y aquel a quien todo sirve (cf Sal 8). Querido y creado por Dios como su interlocutor, es capaz de responder y de comunicar. El hombre ejerce un dominio-cuidado sobre lo creado como \u00abimagen de Dios\u00bb que es. De ah\u00ed\u00ad que, como advierte J. L. Ruiz de la Pe\u00f1a, \u00abcuando los Padres afirman -y lo hacen muy frecuentemente-que al hombre le son inherentes un valor y una dignidad incomparables, est\u00e1n expresando equivalentemente lo que el t\u00e9rmino persona notifica. Valor y dignidad&#8230; adjudicables a todos y cada uno de los hombres, no al concepto abstracto de humanidad, de modo an\u00e1logo a como G\u00e9n 1 adjudicaba a todos (y no s\u00f3lo al Rey) la cualidad de imagen de Dios\u00bb4.<\/p>\n<p>Distinto de Dios como criatura que es, y semejante a su Creador, por su asimilaci\u00f3n a Cristo, el ser humano est\u00e1 llamado a devenir imagen a\u00fan m\u00e1s plenamente: la imagen por antonomasia. Importantes lugares del Nuevo Testamento (cf Col 3,10; 2Cor 4,3-4; Rom 8,29; 1Cor 15,49; Col 1,15-18) expresan esa alt\u00ed\u00adsima dignidad a la que, en Cristo, pueden aspirar los humanos.<\/p>\n<p>Cuando el Nuevo Testamento habla de ser hechos \u00abpart\u00ed\u00adcipes de la naturaleza divina\u00bb (2Pe 1,4) est\u00e1 se\u00f1alando el nivel m\u00e1s alto de la dignidad, al mismo tiempo que apela a la hondura misteriosa de esa \u00abcontingencia no reductible\u00bb (Gisel) que es el ser personal, llamado al di\u00e1logo con Dios: \u00abM\u00e1s all\u00e1 de las realidades hist\u00f3ricas (el nacimiento de una interioridad y el momento reflexivo que supone Grecia), y lo que hayan podido representar y anticipar, es probablemente el cristianismo el que habr\u00e1 aportado los datos decisivos de la revoluci\u00f3n cultural y espiritual&#8230; Es sobre todo en su terreno donde un pensamiento de la persona y de la singularidad ha tomado forma realmente\u00bb5.<\/p>\n<p>Siguiendo la reflexi\u00f3n se puede afirmar que para la antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica el hombre es tal por la singular relaci\u00f3n que Dios ha querido establecer con \u00e9l, como atestiguan los relatos de la creaci\u00f3n y m\u00faltiples pasajes donde aparece esa especial solicitud. El hombre, creado como un t\u00fa de Dios, es llamado a responder libremente a una comuni\u00f3n ofrecida por \u00e9l. Esa condici\u00f3n -que sustenta lo \u00fanico de cada ser personal, a la vez que su sociabilidad- es tambi\u00e9n el fundamento \u00faltimo de su incomparable dignidad.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad que se pueda decir del ser del hombre que \u00absiempre es ya incomparablemente m\u00e1s de lo que puede hacer de s\u00ed\u00ad mismo como ejemplar e individuo porque, por ser persona, tiene su verdadero ser en la palabra de Dios y por tanto, fuera de, extra se\u00bb6.<\/p>\n<p>El Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica (1992) formula una s\u00ed\u00adntesis de la realidad personal y de su dignidad: \u00abDe todas las criaturas visibles s\u00f3lo el hombre es capaz de conocer y amar a su Creador (GS 12c); es la \u00ab\u00fanica criatura en la tierra a la que Dios ha amado por s\u00ed\u00ad misma\u00bb (GS 24c); s\u00f3lo \u00e9l est\u00e1 llamado a participar, por el conocimiento y el amor, en la vida de Dios. Para este fin ha sido creado y esta es la raz\u00f3n fundamental de su dignidad\u00bb (CCE 356).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de desarrollar este tema, el Catecismo concluye con una cita de los Sermones de san Juan Cris\u00f3stomo sobre el G\u00e9nesis, en la que se subraya la extraordinaria consideraci\u00f3n que merece esta \u00abgrande y admirable figura viviente, m\u00e1s preciosa a los ojos de Dios que la creaci\u00f3n entera&#8230;\u00bb (CCE 358).<\/p>\n<p>3. Los PADRES Y LA TEOLOG\u00ed\u008dA POSTERIOR. Un recorrido por su tratamiento del tema de la imagen de Dios ilustra al mismo empo el de su consideraci\u00f3n de la dgnidad de la persona humana7. Para a patr\u00ed\u00adstica, la antropolog\u00ed\u00ada y la \u00e9tica son deudoras de aquel tema b\u00ed\u00adbli o. Los textos en que imagen, gloria &#038; dignidad aparecen en conexi\u00f3n pueden encontrarse sin dificultad; el sombre es libre desde el comienzo, pues Dios es libertad, y a semejanza de Dios ha sido hecho. El hombre est\u00e1 llamado a ser gloria del Creador seg\u00fan la conocida frase de Ireneo de Lyon.<\/p>\n<p>Para Gregorio de Nisa, m\u00e1s que hablar de microcosmos (como hab\u00ed\u00ada hecho el mundo griego), a la hora de mostrar la dignidad hay que apelar a la capacidad de la persona libre de asemejarse al Arquetipo. Lo inagotable e inasible del Ejemplar tiene una correspondencia en la imposibilidad de captar el esp\u00ed\u00adritu humano, inasible e inagotable tambi\u00e9n. El hombre, espejo libre y vivo, se transforma progresivamente en imagen, de manera que desde una connaturalidad crece en afinidad. La naturaleza humana, reflejo de una belleza divina, acrecienta su dignidad en la medida en que m\u00e1s fielmente refleja al Creador.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos de paradoja se expresa Gregorio Nacianceno, que no duda en hablar de lo humano como parcela divina, de una libertad que no puede ser forzada desde fuera y s\u00f3lo cede ante el amor humilde de Dios. Para \u00e9l se trata de una realidad \u00aba la vez terrestre y celeste, perecedera e inmortal, visible e invisible, entre la grandeza y la nada, a la vez carne y esp\u00ed\u00adritu&#8230;, animal en camino hacia su patria y, lo que es m\u00e1s misterioso, hecho semejante a Dios por un simple querer de la voluntad divina\u00bb (Discurso 45 para la Pascua).<\/p>\n<p>Resumiendo el sentir de los autores m\u00e1s destacados de la patr\u00ed\u00adstica oriental, escribe Cl\u00e9ment: \u00abPara los Padres la verdadera grandeza del hombre no reside en resumir el universo, sino en estar hecho a imagen de Dios&#8230; As\u00ed\u00ad, el hombre -como Dios- es una existencia personal. No es una naturaleza ciega, una roca o un \u00e1rbol. Debe englobar, expresar y calificar su naturaleza en relaci\u00f3n con la imagen de Dios\u00bb8.<\/p>\n<p>La dignidad sirve de puente entre la antropolog\u00ed\u00ada y la moral en san Le\u00f3n Magno, como muestra su conocida exhortaci\u00f3n \u00abDespierta, hombre, y reconoce la dignidad de tu ser. Acu\u00e9rdate que has sido creado a imagen de Dios\u00bb (Serm\u00f3n 7 en la Natividad del Se\u00f1or).<\/p>\n<p>Hay un cap\u00ed\u00adtulo en la teolog\u00ed\u00ada que vale la pena mencionar, al menos porque tiene una incidencia decisiva en la consideraci\u00f3n del ser humano como persona y, por tanto, de su dignidad \u00fanica. Se trata de la elaboraci\u00f3n de la doctrina acerca de las Personas divinas y de la discusi\u00f3n acerca de la persona de Cristo. La filiaci\u00f3n respecto del Padre, de quien somos hechos hijos en el Hijo, es comprendida como una gracia que eleva la condici\u00f3n humana \u00abhasta lo insospechable y su dignidad hasta lo incomparable\u00bb9.<\/p>\n<p>En siglos sucesivos, ya en la teolog\u00ed\u00ada medieval, se encuentran de nuevo unidos persona y dignidad, por el intermedio de racionalidad y libertad, que son t\u00e9rminos clave para la definici\u00f3n de lo humano. Los nombres de san Anselmo y san Bernardo, Hugo y Ricardo de San V\u00ed\u00adctor, y Guillermo de Saint Thierry se pueden citar a prop\u00f3sito del reconocimiento de una dignidad real en quien es imagen del Rey. Dignidad que ostenta la persona, espejo incomparable, capaz de conocer a Dios por estar dotada de racionalidad y haber sido hecha capaz de asemejarse a \u00e9l por su libertad.<\/p>\n<p>Los atributos de majestad, nobleza y sublimidad le son reconocidos al ser humano como dones nativos que ni siquiera el pecado puede anular. En todo caso, su grandeza y dignidad son restauradas por la humillaci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>Acerca de estos autores ha observado Javalet que est\u00e1n, por una parte, vinculados a las definiciones tradicionales de la imagen en t\u00e9rminos de raz\u00f3n, autoridad o poder, pero que de la vida cristiana, de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica, extraen con nueva fuerza la convicci\u00f3n de que en ese ser libre radica una dignidad natural llamada a ser divinizada10.<\/p>\n<p>Una menci\u00f3n especial merece el tratamiento de la dignidad en santo Tom\u00e1s, que dedic\u00f3 algunas de las quaestiones a elucidar la noci\u00f3n de persona, tanto en el misterio trinitario como en el nivel humano. Ya en su Comentario a las sentencias se\u00f1ala que \u00abal nombre de persona corresponde la propiedad esencial de dignidad\u00bb (Sent. I, d. 23, 1, 1). Y en otros lugares afirma que la dignidad del hombre, llamado a la bienaventuranza de la visi\u00f3n de Dios, ha sido manifestada de la manera m\u00e1s adecuada al asumir el mismo Dios la naturaleza humana (cf C. Gent. IV, 54). Para \u00e9l, \u00abla persona es la realidad m\u00e1s digna de cuanto existe\u00bb (Sum. Theol. I, 29, 3). Y \u00abla fe en la creaci\u00f3n nos lleva al conocimiento de la dignidad humana\u00bb (Comentario al s\u00ed\u00admbolo de los ap\u00f3stoles).<\/p>\n<p>4. EN EL HUMANISMO RENACENTISTA. En el humanismo del Renacimiento tiene un nuevo acento la consideraci\u00f3n de la dignidad, al tiempo que el hombre es colocado por encima de todo lo animado y lo inanimado, con capacidad de modular su vida gracias a la libertad. Abierto a m\u00faltiples posibilidades, el ser humano es visto como centro y s\u00ed\u00adntesis del universo, seg\u00fan aquella antigua imagen que cobra nueva vivencia por los hallazgos de una ciencia tambi\u00e9n nueva.<\/p>\n<p>Hay que advertir que, pese a una tendencia a pensar lo humano de manera m\u00e1s aut\u00f3noma, los pensadores renacentistas no excluyen la fundamental relaci\u00f3n con Dios, aunque fijan la atenci\u00f3n, en primer t\u00e9rmino, en la centralidad del ser humano en el cosmos y su condici\u00f3n de conf\u00ed\u00adn, o intermedio, entre mundos distintos. \u00abCentro de la naturaleza y v\u00ed\u00adnculo de todas sus partes\u00bb, le llama Marsilio Ficino en su Theologia platonica.<\/p>\n<p>Los humanistas de este per\u00ed\u00adodo prestan atenci\u00f3n, sobre todo, a las posibilidades y aspiraciones del hombre, situado en el coraz\u00f3n del universo, seg\u00fan Pico de la Mirandola, autor de una Oratio de hominis dignitate. Este discurso pone en boca de Dios la defensa de esa realidad que se intenta defender, en un texto que ha pasado a la historia del tema y que expresa como pocos las convicciones de los humanistas:<br \/>\n\u00abAd\u00e1n, no te he dado ni un puesto fijo, ni una figura propia, ni un cargo peculiar, para que, de acuerdo con tu propio consejo y determinaci\u00f3n, puedas obtener y conservar el puesto que t\u00fa mismo desees. La naturaleza determinada de los dem\u00e1s seres est\u00e1 sometida a leyes que yo de antemano he establecido. T en cambio, libre de toda barrera, det inar\u00e1s por ti mismo tu propia nat raleza, de acuerdo con tu libertad, a cuyo poder te he entregado. Te he co ocado en el centro del mundo para e desde aqu\u00ed\u00ad puedas ver mejor cuan est\u00e1 a tu alrededor. No te he hec ni celeste ni terreno, ni mortal ni inmortal, para que, como libre y soberano art\u00ed\u00adfice de ti mismo, te plasmes y forjes seg\u00fan aquella forma que t\u00fa mismo elijas. Puedes degenerar hasta convertirte en animal, como puedes, seg\u00fan tu querer, regenerarte hasta alcanzar lo divino\u00bb.<\/p>\n<p>De una dignidad casi divina habla el humanista espa\u00f1ol Luis Vives, como hab\u00ed\u00ada hecho anteriormente Gianozzo Manetti en su De dignitate et excellentia hominis. Ocurre que en la visi\u00f3n renacentista del hombre libre, configurador del mundo, responsable de su hacer y, por ello, de su propia humanidad, perdura la visi\u00f3n b\u00ed\u00adblica y cristiana como un trasfondo. Ahora bien, se deja percibir ya un giro antropol\u00f3gico del pensar que se acentuar\u00e1 posteriormente.<\/p>\n<p>5. DESDE EL SIGLO XVI A NUESTROS D\u00ed\u008dAS. Al comienzo de la era moderna -concretamente en el siglo XVI espa\u00f1ol-, por el descubrimiento de otras tierras y de otras culturas, se da un fecundo interrogante a prop\u00f3sito de la dignidad com\u00fan a todos los hombres. Los nombres de Antonio Montesinos, Bartolom\u00e9 de las Casas y Francisco de Vitoria, por citar los m\u00e1s conocidos, est\u00e1n unidos a la defensa de la dignidad fundamental de todos los hombres, y de un derecho natural, fuente de todos los dem\u00e1s derechos: \u00abEl principio fundamental -escribe Colomer al advertir esta importante aportaci\u00f3n- es la dignidad de la persona humana y la dignidad de los hombres y de los pueblos, teniendo por base la realidad del hombre como imagen y semejanza de Dios&#8230; Esta consideraci\u00f3n ha dirigido la renovaci\u00f3n de la moral en Espa\u00f1a, as\u00ed\u00ad como todo el renacimiento teol\u00f3gico posterior&#8230; El concepto cristiano del hombre ha sido revalorizado y se ha convertido en una metaf\u00ed\u00adsica cristiana de la persona humana. La naturaleza humana es com\u00fan a todos y cada uno de los hombres, sin distinci\u00f3n de naci\u00f3n, continente, cultura, edad, color. Los derechos humanos son inseparables de su naturaleza, nacen con el hombre y le son inherentes\u00bb11.<\/p>\n<p>La presencia de esta convicci\u00f3n, que es la de una dignidad universalizada, se puede encontrar en esta f\u00f3rmula de un interesante texto de la \u00e9poca, el catecismo de Bartolom\u00e9 Carranza: \u00abEl hombre es uno cuando es bueno y cuando es malo, cuando es rico y cuando es pobre, cuando est\u00e1 sano y cuando est\u00e1 enfermo\u00bb (I, 136).<\/p>\n<p>En sinton\u00ed\u00ada con aquellos defensores de la dignidad, y con la m\u00e1s genuina tradici\u00f3n cristiana, Carranza se\u00f1ala expresamente la de los pobres, \u00abque son im\u00e1genes vivas de Jesucristo\u00bb. Y ofrece esta memorable s\u00ed\u00adntesis del mensaje cristiano: \u00abDos cosas se notan, en la Sagrada Escritura, del hombre, y ambas quiere Dios que consideremos para la guarda de este mandamiento. La primera, que el hombre es imagen de Dios, y si no queremos profanar su imagen, habemos de mirar y acatar mucho al hombre. La segunda, que todo hombre es nuestra carne; y as\u00ed\u00ad como a cosa propia le habemos de abrazar si no queremos despojarnos de la condici\u00f3n natural de hombres\u00bb (II, 34).<\/p>\n<p>En el siglo XVIII, la dignidad recorre, como henos dicho antes, la \u00e9tica kantiana: \u00ablos seres racionales ll\u00e1manse personas, porque su naturaleza los distingue ya como fines en s\u00ed\u00ad mismos, esto es, como algo que no puede ser usado meramente como medio, y por tanto limita en este sentido todo capricho (y es un objeto de respeto)\u00bb 12.<\/p>\n<p>Sobre la grandeza (y miseria) de lo humano, ha escrito Pascal algunas de sus p\u00e1ginas m\u00e1s le\u00ed\u00addas. \u00abEl hombre supera infinitamente al hombre\u00bb, es una de las frases c\u00e9lebres de quien consider\u00f3 digna de admiraci\u00f3n la \u00abd\u00e9bil ca\u00f1a pensante\u00bb que es el ser humano.<\/p>\n<p>En tiempo m\u00e1s cercano, en el cauce de un personalismo \u00e9tico, se pueden reunir aportaciones que han ayudado a que llegara a efecto la Declaraci\u00f3n de los derechos humanos, sobre el trasfondo de un reconocimiento cada vez m\u00e1s amplio de la dignidad de cada uno de los seres humanos. As\u00ed\u00ad, con su propio modo de pensar, pero con una coincidencia en lo \u00fanico e incomparable de la persona, se puede recordar a Maritain, Haecker y Mounier, entre otros.<\/p>\n<p>La aportaci\u00f3n m\u00e1s reciente de pensadores originales como son L\u00e9vinas y Ricoeur ha supuesto un traslado de la atenci\u00f3n a la dignidad del otro en primer t\u00e9rmino. Tambi\u00e9n con acentos propios, ambos autores han despertado la conciencia de una inviolable dignidad de las personas, ofrecida a nuestra responsabilidad, interpelando nuestra solicitud (Ricoeur). Basta recordar algunas l\u00ed\u00adneas en las que se presenta la realidad del rostro humano, para advertir c\u00f3mo el otro, que ya para Kant s\u00f3lo se dejaba considerar en el reino de los fines, llega a ser ahora un imperativo primero.<\/p>\n<p>En una obra que lleva un t\u00ed\u00adtulo significativo, Humanismo del otro hombre, escribe L\u00e9vinas unas l\u00ed\u00adneas que son tambi\u00e9n un extremo en el reconocimiento de la dignidad: \u00abLa desnudez absoluta del otro, ese rostro absolutamente sin defensa, sin cobertura, sin vestido, sin m\u00e1scara, es, no obstante, lo que se opone a mi poder sobre \u00e9l, a mi violencia; es lo que se me opone de una manera absoluta, con una oposici\u00f3n que es oposici\u00f3n en s\u00ed\u00ad misma.<\/p>\n<p>El ser que se expresa, el ser que est\u00e1 frente a m\u00ed\u00ad, me dice no, en virtud de su expresi\u00f3n misma. No, que no es simplemente formal, ni tampoco expresi\u00f3n de una fuerza hostil, de una amenaza; es imposibilidad de matar a quien presenta ese rostro13.<\/p>\n<p>Sin entrar en otras cuestiones implicadas en este modo de pensar, que coloca en primer lugar la consideraci\u00f3n \u00e9tica del otro, se puede advertir en este lenguaje un eco de la manera b\u00ed\u00adblica de hablar de lo debido, en primer lugar, a aquellos que est\u00e1n en situaci\u00f3n menesterosa. Y de lo inseparable del amor\/respeto al hermano en el Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>V. El magisterio de la Iglesia<br \/>\nComo se\u00f1alabamos al comienzo, tanto el Directorio como el Catecismo reenv\u00ed\u00adan, en muchas ocasiones, al tratamiento de este tema en documentos relativamente recientes, donde la dignidad ha sido considerada en diversos contextos y desde varias perspectivas. La frecu8ocia en el uso del t\u00e9rmino en textos del Onagisterio resulta llamativa.<\/p>\n<p>En el siglo pasado, Le\u00f3n XIII, en la enc\u00ed\u00adclica 14rum novarum, tras afirmar la igua dad fundamental de todos, ricos y pobres, soberanos y s\u00fabditos, arguy ndo que uno \u00abes el mismo Se\u00f1or,de todos\u00bb (Rom 10,12), advierte: <A nadie le est\u00e1 permitido violar impunemente la dignidad humana, de la que Dios mismo dispone con gran reverencia, ni ponerle trabas en la marcha hacia su perfeccionamiento, que lleva a la sempiterna vida de los cielos\" (RN 30).\n\nSeguir la relaci\u00f3n de la dignidad con la exigencia de una m\u00e1s justa distribuci\u00f3n de los bienes materiales, o la realidad del trabajo y la justicia, equivale a rastrear gran parte de la llamada doctrina social, y a citar, una y otra vez, las enc\u00ed\u00adclicas de Juan XXIII, como Mater et magistra o Pacem in terris. En la misma l\u00ed\u00adnea prosigue Populorum progressio, donde, como ocurre con las anteriores, la dignidad y los derechos humanos son temas centrales. La dignidad es invocada contra olvidos peligrosos de ese primer referente, tanto al organizar la distribuci\u00f3n de los bienes, como al ordenar la sociedad. Lo es al advertir lo sagrado de la vida de cada ser humano. Y el respeto y promoci\u00f3n de la dignidad se entienden como deber y tarea que dimanan de la fe ,y de la misi\u00f3n de los cristianos, y de todos los dem\u00e1s en cuanto humanos.\n\nA modo de ejemplo citaremos algunos textos. As\u00ed\u00ad, cuando se habla de desarrollo econ\u00f3mico y social, \"hay que colocar en primer t\u00e9rmino cuanto se refiere a la dignidad del hombre en general, y a la vida del individuo, a la cual nada puede aventajar\" (MM 193).\n\nY al tratar el di\u00e1logo entre creyentes y no creyentes -cuesti\u00f3n que cobr\u00f3 mayor relieve aun en el Vaticano II-, y entre quienes mantienen diversas posiciones en moral, se afirma en Pacem in terris: \"El hombre que yerra no puede por ello ser despojado de su condici\u00f3n de hombre, ni autom\u00e1ticamente pierde jam\u00e1s su dignidad de persona, dignidad que debe ser tenida siempre en cuenta\" (PT 158).\n\nLa cultura, la vida social, la pol\u00ed\u00adtica y la econom\u00ed\u00ada son examinadas a la luz de este criterio de la dignidad personal, considerado tambi\u00e9n en textos recientes como un valor en alza y un reclamo insistente de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. De hecho, Juan XXIII se hizo eco de la causa de la dignidad que se iba abriendo paso entre las mujeres, \"que exigen que se las trate como personas, tanto en el hogar como en la vida p\u00fablica\" (PT 32). Una anotaci\u00f3n que tuvo continuidad en Gaudium et spes, el documento del Vaticano II m\u00e1s atento al problema (cf GS 29)14.\n\nNo es posible aqu\u00ed\u00ad dar cuenta detallada del tratamiento del tema en el \u00faltimo Concilio. Dignitatis humanae resultar\u00ed\u00ada ininteligible sin esa preocupaci\u00f3n por afirmar y salvaguardar esa prerrogativa fundamental de cada ser humano, que es tambi\u00e9n propia de su conciencia. Llamadas importantes al respeto de la dignidad de todos se pueden encontrar en el decreto Ad gentes, sobre la misi\u00f3n de la Iglesia. Pero es en la constituci\u00f3n Gaudium et spes donde se abre mayor espacio al problema. Seg\u00fan se expresa en ella, la dignidad encuentra su fundamento y raz\u00f3n m\u00e1s alta en la relaci\u00f3n con Dios. Vinculada -de acuerdo con la tradici\u00f3n de que hemos hablado- al ser a imagen y a la vocaci\u00f3n del hombre \u00e1 la comuni\u00f3n con Dios, la dignidad no es algo que pueda oponerse al reconocimiento y obediencia de ese mismo Dios. Por el contrario, cuando falta aquel soporte y aquel esfuerzo, la dignidad queda herida (cf GS 17-21).\n\nGaudium et spes se\u00f1ala tambi\u00e9n que hay una dignidad de la conciencia que nadie est\u00e1 autorizado a violar, y que el ser humano tiene una exigencia incoercible de libertad. Creada por amor como interlocutora de Dios, la persona humana merece absoluto respeto, y cualquier lesi\u00f3n a esa dignidad es un atentado al honor debido al Creador... (cf GS 16, 19, 21 y 27).\n\nAdem\u00e1s, se puede encontrar en esta constituci\u00f3n un reconocimiento expl\u00ed\u00adcito de lo valioso de la causa de la igualdad, de la dignidad y los derechos, que se registran en crecida en nuestro tiempo, y una denuncia de las formas de discriminaci\u00f3n todav\u00ed\u00ada presentes en nuestra sociedad (cf GS 29). Finalmente, el Concilio urge a los cristianos a la lucha contra las desigualdades escandalosas que impiden a quienes las padecen asumir las responsabilidades personales y sociales que les corresponden (cf GS 29-31). Concluye se\u00f1alando que la dignidad es uno de los temas fundamentales en el di\u00e1logo entre la Iglesia y el mundo y advierte, a este prop\u00f3sito, que ninguna ley humana puede asegurar la dignidad personal y la libertad como lo ha hecho el evangelio de Cristo (cf GS 40-41).\n\nEn a\u00f1os sucesivos, Juan Pablo II ha vuelto una y otra vez a la dignidad, como tema inseparable de la persona y presente en los problemas y tensiones m\u00e1s graves. Ya en su primera enc\u00ed\u00adclica afirm\u00f3 que el \"profundo estupor respecto al valor y a la dignidad del hombre se llama evangelio, es decir, buena nueva\" (RH 10). Y en los documentos que recogen la preocupaci\u00f3n social (Laborem exercens y Sollicitudo rei socialis) ha colocado la apelaci\u00f3n a la dignidad como un reclamo insustituible a la hora de actuar moralmente.\n\nChristifideles laici advert\u00ed\u00ada que el ansia de dignidad es como un buen viento que corre en la sociedad y la cultura moderna, pues la inviolabilidad de la criatura refleja la absoluta inviolabilidad del mismo Dios (cf 38).\n\nY tambi\u00e9n la enc\u00ed\u00adclica Evangelium vitae recuerda la dignidad de cada vida humana, fundada en un origen y un destino. El Papa advierte que esa dignidad e inviolabilidad de la vida est\u00e1 en la base de la convivencia. Se trata de un profundo respeto por la vida, que llega desde el \"no matar\u00e1s\" del Antiguo Testamento y tiene una traducci\u00f3n positiva en el hacerse cargo del pr\u00f3jimo como de s\u00ed\u00ad mismo, seg\u00fan el mandato antiguo y, sobre todo, seg\u00fan el hacer y decir de Jes\u00fas (cf EV 40-41).\n\nFinalmente, en la enc\u00ed\u00adclica Fides et ratio Juan Pablo II reconoce que \"la Iglesia, al insistir sobre la importancia y las verdaderas dimensiones del pensamiento filos\u00f3fico, promueve a la vez tanto la defensa de la dignidad del hombre como el anuncio del mensaje evang\u00e9lico\", afirmando que \"ante tales cometidos, lo m\u00e1s urgente hoy es llevar a los hombres a descubrir su capacidad de conocer la verdad y su anhelo de un sentido \u00faltimo y definitivo de la existencia\" (FR 102).\n\n\nVI. El tratamiento catequ\u00e9tico de la dignidad de la persona\nHemos dado cuenta, siquiera en s\u00ed\u00adntesis, del largo recorrido de la dignidad, un valor de valores que sigue adquiriendo nuevos visos y trae nuevas exigencias.\n\nCreyentes y no creyentes est\u00e1n de acuerdo en reconocer en este punto el lugar de arranque de derechos funda-mentales y universales. La Declaraci\u00f3n de 1948 fue posible gracias a un consenso que no implic\u00f3 el acuerdo en los fundamentos, y el debate sigue abierto. Como hemos podido advertir antes, la fe encuentra una \u00faltima fuente en el haber sido creado como el t\u00fa de Dios y llamado a la comuni\u00f3n y comunicaci\u00f3n con \u00e9l. De ese hond\u00f3n deriva para el creyente la dignidad del ser humano15.\n\nAhora bien, afirmar esa \u00faltima ra\u00ed\u00adz que sostiene lo que reconocemos como inviolable y digno de atenci\u00f3n no supone negar que una existencia puede ser de verdad humana y digna en la medida en que respete y promueva en s\u00ed\u00ad y en la vida de los otros ese \u00faltimo valor, aceptado como tal.\n\nNos queda se\u00f1alar que una catequesis sobre este gran tema reclama una presentaci\u00f3n, lo m\u00e1s cuidada posible, sobre todo a los j\u00f3venes y adultos, de c\u00f3mo se implica un Dios creador que ha acogido lo humano y lo ha elevado hasta los umbrales de lo divino, y la dignidad de cada uno de los hombres y mujeres que vienen a este mundo. La catequesis sobre la dignidad de la persona humana forma parte, por ello, de los contenidos esenciales del mensaje a transmitir.\n\nEfectivamente, ayudar a descubrir, ya desde la ni\u00f1ez, lo que significa este lugar real de la \u00e9tica y de la moral cristiana, supone recorrer algunos de los lugares mayores de la Escritura y una riqu\u00ed\u00adsima tradici\u00f3n que conserva y actualiza su viveza.\n\nAhora bien, hay un aprendizaje de la dignidad que s\u00f3lo se hace en el ejercicio de su reconocimiento en las personas concretas. Y la v\u00ed\u00ada para reconocer que todo ser humano tiene esa val\u00ed\u00ada, esa dignidad que no est\u00e1 permitido mermar ni discutir, es el aprendizaje de respeto que implica el contacto con aquellas personas en las que la dignidad es menos visible, menos claramente reconocida, y hasta negada.\n\nSe trata, por tanto, de que, como pr\u00e1ctica cristiana insustituible en el aprendizaje de la dignidad inherente a la persona, se empiece por reconocer, de hecho y en la conducta diaria, la dignidad de los pobres, los disminuidos, los que han errado...\n\nUna catequesis debe recordar, no s\u00f3lo de forma verbal, sino en las acciones que induce, que el reconocimiento de la grandeza de Dios pasa por el respeto extremado de la dignidad de los seres humanos. Y que aquella grandeza humilde que reconocemos en el crucificado se hace raramente presente en la dignidad de los sin dignidad y sin derecho.\n\nNOTAS: 1. RAHNER K., Dignidad y libertad del hombre, en Escritos de teolog\u00ed\u00ada II, Cristiandad, Madrid 1963, 245-246. - 2 CLEMENT O., Sobre el hombre, Encuentro, Madrid 1983, 42. - 3 KANT 1., Fundamentaci\u00f3n de la metaf\u00ed\u00adsica de las costumbres, Buenos Aires 1963, 27. 171-172. - 4 Ruiz DE LA PE\u00ed\u2018A J. L., Imagen de Dios, Sal Terrae, Santander 1988, 166-167. - 5 GISEL P., Perspectives th\u00e9ologiques sur l'homme, en AA.VV., Humain \u00e1 l'image de Dieu, Ginebra 1989, 43. - 6. DALFERTH I. V.-J\u00fcNGEL E., Persona e imagen de Dios, en F. BOCKLE, Fe cristiana y sociedad moderna vol. 24, SM, Madrid 1988, 105. - 7. cf HAMMAN A. G., L'Homme image de Dieu, Par\u00ed\u00ads 1987. - 8. CLEMENT O., O.C., 49. - 9. cf GUARDINI R., Mundo y persona, Madrid 1967, 239-248. - 10 cf JAVALET R., La dignit\u00e9 de l'homme dans la pens\u00e9e du XIIe si\u00e9cle, en De Dignitate Hominis, 49-66. - 11. cf COLOMER E., El humanismo cristiano del Renacimiento, en ib, 106. - 12 KANT 1., o.c., 84. - 13 LEVINAS E., Humanismo del otro Hombre, Caparr\u00f3s, Madrid 1993, 108. - 14 Pueden consultarse diversos \u00ed\u00adndices y diccionarios sobre el uso del t\u00e9rmino en la doctrina social de la Iglesia y en los documentos del Vaticano II. - 15 Para este problema puede verse RUIZ DE LA PE\u00ed\u2018A J. L., Crisis y apolog\u00ed\u00ada de la fe, Sal Terrae, Santander 1995, 210-237 y GELABERT M., Jes\u00fas, revelaci\u00f3n del misterio del hombre, San Esteban, Salamanca 1997, 83.\n\nBIBL.: ACERBI A., Persona, en L. Rossl-A. VALSECCHI (dirs.), Diccionario enciclop\u00e9dico de teolog\u00ed\u00ada moral, San Pablo, Madrid 1986`, 832-837; COMISI\u00ed\u201cN TEOL\u00ed\u201cGICA INTERNACIONAL, Dignidad y derechos de la persona humana, Cete, Madrid 1985; DE KONINK TH., De la dignit\u00e9 humaine, Puf, Par\u00ed\u00ads 1995; FLECHA J. 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Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(v. hombre, libertad, persona-personalidad) (ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n, BAC, Madrid, 1998) Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n SUMARIO: I. Catequesis y dignidad. II. Una noci\u00f3n central de la \u00e9tica. III. Persona y dignidad. IV. Afirmaci\u00f3n progresiva de la dignidad: 1. El mundo grecorromano; 2. La tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblico-cristiana; 3. Los Padres y la teolog\u00ed\u00ada posterior; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/dignidad-de-la-persona-humana\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abDIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15135","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15135","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15135"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15135\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15135"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15135"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15135"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}