{"id":15181,"date":"2016-02-05T09:55:43","date_gmt":"2016-02-05T14:55:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fe-y-ciencia\/"},"modified":"2016-02-05T09:55:43","modified_gmt":"2016-02-05T14:55:43","slug":"fe-y-ciencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fe-y-ciencia\/","title":{"rendered":"FE Y CIENCIA"},"content":{"rendered":"<p>(v. ciencia y fe)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Qu\u00e9 entendemos por \u00abciencia\u00bb. Su relevancia hoy. II. C\u00f3mo plantear adecuadamente la relaci\u00f3n fe-ciencia: 1. Fe y ciencia como actitudes humanas; 2. Reflexi\u00f3n sobre los conflictos. III. Deslinde de competencias para una relaci\u00f3n correcta. Algunos aspectos concretos: 1. La mediaci\u00f3n de la filosof\u00ed\u00ada; 2. La autonom\u00ed\u00ada del trabajo cient\u00ed\u00adfico; 3. Buen enfoque de argumentaciones sobre Dios y lo religioso; 4. Los cient\u00ed\u00adficos y Dios. IV. Contraste entre la imagen creyente y la imagen cient\u00ed\u00adfica del mundo. V. Las ciencias del hecho religioso. VI. Fe y ciencia en la catequesis.<\/p>\n<p>I. Qu\u00e9 entendemos por \u00abciencia\u00bb. Su relevancia hoy<br \/>\nAl tratar en este contexto la relaci\u00f3n fe-ciencia, puede suponerse como ya aclarado por muchos otros art\u00ed\u00adculos del Diccionario el significado del t\u00e9rmino fe. No as\u00ed\u00ad el del t\u00e9rmino ciencia. Hay en su uso diferencias notables y es menester hacerse de entrada el concepto pertinente.<\/p>\n<p>En la tradici\u00f3n escol\u00e1stica se entend\u00ed\u00ada como ciencia todo cuerpo de conocimiento met\u00f3dicamente elaborado; es decir, un conjunto de enunciados conceptualmente bien articulados y debidamente argumentados. En este sentido del t\u00e9rmino, que es leg\u00ed\u00adtimo y podr\u00e1 a\u00fan usarse en ciertos contextos, son tambi\u00e9n ciencia la filosof\u00ed\u00ada y la teolog\u00ed\u00ada (as\u00ed\u00ad lo afirma, por ejemplo, santo Tom\u00e1s en la cuesti\u00f3n 1\u00c2\u00aa de su Summa Theologica). En todo caso, se contrapone a la simple opini\u00f3n o a la creencia (no fundamentada).<\/p>\n<p>En el uso que hoy prevalece, y por motivo del cual se escribe el presente art\u00ed\u00adculo, ciencia a\u00f1ade a lo dicho una condici\u00f3n m\u00e1s estricta: s\u00f3lo son ciencia los cuerpos de enunciados que reclaman objetivamente validez universal; bien porque formulan leyes de la misma mente (ciencias formales: l\u00f3gica, matem\u00e1tica), bien porque son contrastables mediante m\u00e9todos emp\u00ed\u00adricos, igualmente disponibles para cualquiera (ciencias positivas o emp\u00ed\u00adricas).<\/p>\n<p>Tal restricci\u00f3n del concepto de ciencia se ha ido asentando a partir de la Cr\u00ed\u00adtica de la raz\u00f3n pura de Kant (1781). En nuestro siglo, algunos te\u00f3ricos de la ciencia extremaron la exigencia, hasta declarar carentes de significado a los enunciados que no admiten verificaci\u00f3n emp\u00ed\u00adrica (al menos indirecta). Tal extremosidad est\u00e1 hoy superada. Se piensa m\u00e1s bien (K. Popper) que los enunciados (generales) de las ciencias son hipot\u00e9ticos y se contrastan despu\u00e9s con lo emp\u00ed\u00adrico, permaneciendo vigentes mientras no son refutados. Incluso as\u00ed\u00ad, queda una l\u00ed\u00adnea de demarcaci\u00f3n entre los enunciados cient\u00ed\u00adficos y aquellos otros (metaf\u00ed\u00adsicos o teol\u00f3gicos) para los que no cabe asignar un neto contraste emp\u00ed\u00adrico que pudiera refutarlos (y, al no darse, los avalara).<\/p>\n<p>Las ciencias positivas gozan en nuestra cultura de gran prestigio social. Las acredita su firme progreso en los \u00faltimos siglos y su poder operativo, ya que est\u00e1n en la base del inmenso desarrollo tecnol\u00f3gico, que ha transformado y mejorado tan patentemente nuestras condiciones de vida. A trav\u00e9s de ello, la realidad parece avalar el conocimiento cient\u00ed\u00adfico de un modo como no avala las teor\u00ed\u00adas filos\u00f3ficas o teol\u00f3gicas, ni apoya las convicciones de fe de los creyentes. Estos han buscado a veces ansiosamente el apoyo cient\u00ed\u00adfico, sin demasiada fortuna; otras veces quedan, m\u00e1s bien, acomplejados ante las ciencias. Esta es, sin duda, la raz\u00f3n de ser del presente art\u00ed\u00adculo.<\/p>\n<p>II. C\u00f3mo plantear adecuadamente la relaci\u00f3n fe-ciencia<br \/>\nEs muy importante no compararlas como si fueran magnitudes hom\u00f3logas. La fe es, antes que nada, una actitud de esp\u00ed\u00adritu que la teolog\u00ed\u00ada llama fides qua (actitud con la que creemos), que adora y busca salvaci\u00f3n; s\u00f3lo de ah\u00ed\u00ad deriva su importancia la fides quae (lo que creemos, es decir los enunciados que afirmamos como verdaderos desde la fe).<\/p>\n<p>Los problemas de la relaci\u00f3n de fe y ciencia se exacerban est\u00e9rilmente si, olvidando la fe como actitud, se pone la atenci\u00f3n \u00fanicamente en com-parar el conjunto de enunciados que llamamos dogmas con los cuerpos de conocimiento que constituyen las di-versas ciencias. Tal estilo comparativo suelen tener las consideraciones que hacen sobre la fe pensadores actuales no creyentes; y desde ese punto de vista, la fe les resulta muy deficitaria: ser\u00ed\u00ada una pseudociencia sobre la realidad no emp\u00ed\u00adrica.<\/p>\n<p>1. FE Y CIENCIA COMO ACTITUDES HUMANAS. Es importante cambiar la perspectiva, y mirar ante todo la relaci\u00f3n de fe y ciencia desde las actitudes (pues tambi\u00e9n hay en la ciencia una actitud). Ciertamente, la actitud de fe hace afirmaciones con pretensi\u00f3n de verdad (= conformidad con la realidad y, en lo m\u00e1s decisivo, con una realidad \u00daltima, no emp\u00ed\u00adrica); pero no pretende conocer mediante ella esa realidad \u00faltima como las ciencias conocen los objetos emp\u00ed\u00adricos: con exactitud minuciosa y contrastable, y para dominarlos y utilizarlos en su provecho t\u00e9cnico. Por el contrario, la fe es consciente de referirse a un misterio desbordante, ofreci\u00e9ndole reconocimiento adorativo; sabe bien que los conceptos y s\u00ed\u00admbolos que emplea son muy inadecuados. Nunca pretender\u00e1 identificar a Dios con sus conceptos. (\u00abSi pensaste comprenderlo ya no es Dios\u00bb, repet\u00ed\u00ada san Agust\u00ed\u00adn; por ejemplo, Sermo 117, ML. 38, 663).<\/p>\n<p>La actitud de fe busca sentido, no utilidad; busca \u00faltimamente esa plenitud que llamamos salvaci\u00f3n. Es una actitud que une inseparablemente la convicci\u00f3n de verdad con el amor y la esperanza. Una actitud en la que el ser humano se descentra, sale de s\u00ed\u00ad y se entrega. Dice: creo a, m\u00e1s radicalmente que creo que. Y busca, m\u00e1s que una verificaci\u00f3n emp\u00ed\u00adrica de la verdad de sus afirmaciones, la verificaci\u00f3n pr\u00e1ctica que es la propia entrega en amor servicial al pr\u00f3jimo, el m\u00e1s verdadero lugar de cita con el misterioso Dios.<\/p>\n<p>Como se ha dicho, tambi\u00e9n la ciencia es actitud humana, no s\u00f3lo unos cuerpos de enunciados cognitivos; es este un punto de vista que hoy se va imponiendo tambi\u00e9n entre sus te\u00f3ricos. Los cient\u00ed\u00adficos se agrupan en gremios, tienen sus intereses, son objeto de pol\u00ed\u00adticas&#8230; Tenerlo en cuenta ayuda a desmitificar la ciencia -algo sano, aunque no para usarlo como arma apolog\u00e9tica-. Hay otro hecho que tambi\u00e9n contribuye a esa desmitificaci\u00f3n -sin que, de nuevo, deba abusarse de \u00e9l apolog\u00e9ticamente-: las ciencias tienen muchos supuestos que no pueden justificar (por ejemplo, la inteligibilidad de lo real); cabe hablar a su prop\u00f3sito de una fe que subyace al trabajo cient\u00ed\u00adfico, pero es claro que se hace un uso an\u00e1logo del t\u00e9rmino yno se eliminan las diferencias y problemas espec\u00ed\u00adficos de la fe religiosa.<\/p>\n<p>La actitud cient\u00ed\u00adfica es, en todo caso, una muy valiosa actitud humana, guiada por un admirable pathos de objetividad, que impone muchos sacrificios a la veleidad y la vanidad. El creyente har\u00ed\u00ada mal en no apreciar esa actitud, as\u00ed\u00ad como sus frutos y realizaciones, de las que todos nos beneficiamos. En su alabanza hay que a\u00f1adir a\u00fan que hoy (en contraste con los siglos pasados) la actitud cient\u00ed\u00adfica es modesta, consciente de su falibilidad. Junto a esta justa alabanza, siempre habr\u00e1 que recordar sus limitaciones: b\u00e1sicamente, su \u00ed\u00adndole dominativa y utilitaria. Que puede hacerse peligrosa para el ser humano si se erige en pauta suprema. Tal peligro es hoy muy real (con sus conocidas secuelas antiecol\u00f3gicas y deshumanizantes). Pero ya puede verse que ello no ha de imputar-se a la actitud cient\u00ed\u00adfica como tal, sino a que se erija en dominante y no se someta a una actitud integral \u00e9tica y humanista.<\/p>\n<p>2. REFLEXI\u00ed\u201cN SOBRE LOS CONFLICTOS. Por tanto, es posible ver que, cuando se han dado (en momentos de la historia moderna, al m\u00e1ximo en el siglo XIX) conflictos agudos entre fe y ciencia, ha sido en buena medida por-que, apelando a la ciencia, se daban actitudes que, m\u00e1s que cient\u00ed\u00adficas, deben llamarse cientistas (es decir, de una filosof\u00ed\u00ada que erig\u00ed\u00ada a la ciencia en absoluto, a veces incluso con tonos religiosos, cf FR 88). Las proclamas positivistas de Augusto Comte (a partir de 1830) fueron de ese estilo. Hoy la mayor\u00ed\u00ada de los cient\u00ed\u00adficos est\u00e1n muy lejos del cientismo.<\/p>\n<p>Complementariamente hay que a\u00f1adir, mirando a esos mismos conflictos desde el otro \u00e1ngulo, que el mundo cristiano vivi\u00f3 mucho de la Modernidad, sobre todo tras la Ilustraci\u00f3n (siglo XVIII) y la Revoluci\u00f3n y sus secuelas (siglo XIX), con horror y con injusta repulsa indiscriminada: una actitud poco coherente con el amor y la esperanza esenciales a la fe cristiana. Y absolutiz\u00f3 las expresiones del sistema dogm\u00e1tico, deslig\u00e1ndolas de la actitud y fund\u00e1ndolas en una lectura acr\u00ed\u00adtica de la Biblia. Es el defecto que hoy llamamos fundamentalismo (que sabemos criticar m\u00e1s f\u00e1cilmente cuando lo vemos en otras tradiciones religiosas).<\/p>\n<p>Cientismo y fundamentalismo, podemos concluir, son los que han originado los conflictos en el pasado. Es bueno verlo y denunciarlo. Pero ello nos deja ahora ante la obligaci\u00f3n de esbozar de modo positivo las deseables relaciones correctas entre la ciencia y la fe.<\/p>\n<p>III. Deslinde de competencias para una relaci\u00f3n correcta<br \/>\nAl tratarse de dos actitudes humanas de orientaci\u00f3n y funci\u00f3n diversa, la clave para evitar los conflictos y establecer entre ellas una relaci\u00f3n mutuamente fecunda est\u00e1 en deslindar bien sus respectivas competencias. No es competencia de la fe dirimir problemas relativos al conocimiento de las realidades emp\u00ed\u00adricas, ni orientar nuestra actividad tecnol\u00f3gica. No es competencia de las ciencias proporcionarnos una visi\u00f3n global y \u00faltima de lo real ni, menos a\u00fan, desvelarnos su sentido y ofrecernos la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El doble enunciado que acabo de hacer es razonable y sencillo. Hay que reconocer, no obstante, que no es siempre f\u00e1cil su aplicaci\u00f3n. Por una parte, la l\u00ed\u00adnea prevalente de determinados conocimientos cient\u00ed\u00adficos puede entrar en una, a primera vista real, contradicci\u00f3n con la visi\u00f3n del mundo que abre la fe; o puede parecer aconsejar pr\u00e1cticas que chocan con principios que emanan de ella. Por otra parte, las teor\u00ed\u00adas cient\u00ed\u00adficas m\u00e1s globalizantes sugieren muy persuasivamente una visi\u00f3n del mundo y unas consecuentes pautas de acci\u00f3n, que llegan a parecer capaces de suplir a las de la fe.<\/p>\n<p>Antes de referirme a los contenidos tem\u00e1ticos en los que puede cifrarse lo agudo del problema para el creyente actual, es oportuno examinar la aplicaci\u00f3n del principio met\u00f3dico de des-linde de competencias.<\/p>\n<p>1. LA MEDIACI\u00ed\u201cN DE LA FILOSOF\u00ed\u008dA. Es un factor importante a tener presente. Es peligroso establecer, sin m\u00e1s, una relaci\u00f3n directa entre fe y ciencia; son magnitudes demasiado diversas en su funci\u00f3n antropol\u00f3gica. Pero, como hemos visto, el trabajo cient\u00ed\u00adfico tiende espont\u00e1neamente a completarse en otro m\u00e1s abarcante, el filos\u00f3fico. De hecho, hist\u00f3ricamente ha-blando, naci\u00f3 antes la filosof\u00ed\u00ada; las ciencias fueron naciendo como ramas del tronco filos\u00f3fico, al precisar sus m\u00e9todos y lograr el aval de la contrastaci\u00f3n emp\u00ed\u00adrica (que aseguraba tambi\u00e9n su operatividad tecnol\u00f3gica); ulteriormente, las ciencias tienden siempre a especializarse m\u00e1s y m\u00e1s, acotando cada una un campo de competencia menor, en el que puede acceder a logros m\u00e1s precisos.<\/p>\n<p>La filosof\u00ed\u00ada, por su parte, tiene hist\u00f3ricamente m\u00e1s relaci\u00f3n con la religi\u00f3n; puede decirse que naci\u00f3 de ella. Hered\u00f3 la funci\u00f3n, tan esencial para la vida humana, de la donaci\u00f3n de sentido. En su misma etimolog\u00ed\u00ada, es amor de la sabidur\u00ed\u00ada, b\u00fasqueda de sabidur\u00ed\u00ada. Y sabidur\u00ed\u00ada es uno de los nombres para lo que aporta la religi\u00f3n. La filosof\u00ed\u00ada, eso s\u00ed\u00ad, acent\u00faa la dimensi\u00f3n racional, en contraste con la religi\u00f3n; y con ello anuncia la evoluci\u00f3n que acabar\u00e1 dando lugar a las ciencias.<\/p>\n<p>Es importante tambi\u00e9n advertir que, en el seno mismo de las grandes tradiciones religiosas, fue haci\u00e9ndose progresivamente m\u00e1s relevante la presencia del factor racional; es lo que en el mundo cristiano se ha llamado teolog\u00ed\u00ada. La teolog\u00ed\u00ada es un discurso que, por su estructura, se asemeja m\u00e1s a la filosof\u00ed\u00ada que a las ciencias (en el sentido actual del t\u00e9rmino). Es como una filosof\u00ed\u00ada hecha desde la fe; que, en un cierto momento de su evoluci\u00f3n, acude incluso expl\u00ed\u00adcitamente a la filosof\u00ed\u00ada en busca de apoyo (cf FR 64ss). Resulta, pues, esta secuencia: Fe religiosa-Teolog\u00ed\u00ada-Filosof\u00ed\u00ada-Ciencias.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 cabe a\u00f1adir a\u00fan lo siguiente. Al menos en culturas humanas con gran desarrollo cr\u00ed\u00adtico, como es la nuestra, la instancia m\u00e1s radical de esa secuencia (radical en sentido etimol\u00f3gico de cercan\u00ed\u00ada de la ra\u00ed\u00adz) es la filos\u00f3fica. No es esto asignar papel relevante a la filosof\u00ed\u00ada acad\u00e9mica; m\u00e1s bien al contrario, es reconocer que todo ser humano en una cultura cr\u00ed\u00adtica es inevitablemente fil\u00f3sofo -\u00abel hombre es naturalmente fil\u00f3sofo\u00bb, afirma Juan Pablo II (FR 64)-, por cuanto necesita vitalmente hacerse una visi\u00f3n del mundo en la que encuentre sentido a su vida. Ello subyace a su misma fe religiosa, cuando es personalizada. Vistas as\u00ed\u00ad las cosas, es desde una actitud filos\u00f3fica equilibrada desde donde el creyente mejor establecer\u00e1 la relaci\u00f3n de su fe y de las ciencias.<\/p>\n<p>2. LA AUTONOM\u00ed\u008dA DEL TRABAJO CIENT\u00ed\u008dFICO. Lo que enuncia este t\u00ed\u00adtulo es una importante aplicaci\u00f3n del deslinde de competencias. Y es aquello que, al no ser suficientemente atendido por las autoridades eclesi\u00e1sticas, provoc\u00f3 conflictos pasados muy t\u00ed\u00adpicos, alguno de los cuales se ha hecho proverbial: el caso Galileo. Galileo no era cientista; fueron los eclesi\u00e1sticos los que pecaron de fundamentalismo. No ser\u00e1 siempre f\u00e1cil el discernimiento a hacer en conflictos incipientes. Hoy, al menos vemos claro que no se supo dar en el siglo XVII a la investigaci\u00f3n astron\u00f3mica la autonom\u00ed\u00ada que le era debida.<\/p>\n<p>A finales del siglo XIX, tampoco el Vaticano 1 dijo cuanto es justo decir. Acudi\u00f3 a un enunciado evidente: \u00abLa verdad no puede estar contra la verdad\u00bb (Dz 1797), para mantener en principio la buena relaci\u00f3n de la fe y la raz\u00f3n. Pero la interpretaci\u00f3n que le daba no permit\u00ed\u00ada a las ciencias unos m\u00ed\u00adnimos elementales de autonom\u00ed\u00ada. Juzgaba todo desde la posesi\u00f3n de verdad por la fe; desde ah\u00ed\u00ad ve\u00ed\u00ada las aparentes contradicciones suscitadas por las ciencias como \u00abinventos de opini\u00f3n tomados por asertos racionales\u00bb (ib). Conced\u00ed\u00ada que la Iglesia \u00abno proh\u00ed\u00adbe que tales disciplinas usen de sus propios principios y m\u00e9todos, cada una en su propio campo\u00bb; pero a\u00f1ad\u00ed\u00ada: \u00abReconociendo esta justa libertad, procura cuidadosamente noocurra que contradiciendo [las ciencias] a la divina doctrina acojan errores o, trasgrediendo sus l\u00ed\u00admites, invadan y perturben el campo de la fe\u00bb (Dz 1799). Todo hubiera podido decirse igual en el pr\u00f3logo de la condena de Galileo.<\/p>\n<p>Una mutaci\u00f3n bastante sustancial de esp\u00ed\u00adritu se encuentra, en cambio, en la constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes del Vaticano II. Cita el pasaje aludido del Vaticano I, pero lo positivo, omitidas las reservas: \u00abReconociendo esta justa libertad, la Iglesia afirma la autonom\u00ed\u00ada leg\u00ed\u00adtima de la cultura humana y especialmente la de las ciencias\u00bb (GS 59). La magnitud del cambio se aprecia en las consecuencias. Se exhorta a estudiar \u00ablas nuevas ciencias y doctrinas, los m\u00e1s recientes descubrimientos\u00bb. Para los que se dedican a la teolog\u00ed\u00ada, la palabra de orden es \u00abcolaborar con los hombres versados en otras materias, poniendo en com\u00fan sus energ\u00ed\u00adas y puntos de vista\u00bb. \u00abPara que puedan llevar a buen t\u00e9rmino su tarea, debe reconocerse a los fieles, cl\u00e9rigos o laicos, la justa libertad de investigaci\u00f3n de pensamiento y de hacer conocer humilde y valerosamente su manera de ver en los campos de su competencia\u00bb (GS 62). Esto ya no hubiera podido figurar en la condena de Galileo.<\/p>\n<p>A la premisa: \u00abla verdad no puede estar contra la verdad\u00bb, no se a\u00f1ade ahora: pero yo tengo la verdad, luego&#8230;; sino: busquemos todos con lealtad y confianza. Naturalmente esto ser\u00e1 eficaz en la medida en que no se den interpretaciones fundamentalistas de la verdad de fe y no haya, de la otra parte, afectividad excesivamente proclive al cientismo.<\/p>\n<p>3. BUEN ENFOQUE DE ARGUMENTACIONES SOBRE DIOS Y LO RELIGIOSO. Aunque se deslinden las competencias, la teolog\u00ed\u00ada (en nombre de la fe) buscar\u00e1, como lo ha hecho en el pasado, apoyos racionales, acudiendo, en la oportunidad, a las ciencias. Hay que precisar el modo correcto de hacerlo para excluir los incorrectos.<\/p>\n<p>Ante todo, hay una incorrecci\u00f3n por defecto: la concepci\u00f3n de la fe como no necesitada de ninguna apoyatura racional. A ella propendi\u00f3 la teolog\u00ed\u00ada de los reformadores del siglo XVI. La teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica tradicional hab\u00ed\u00ada mantenido, por el contrario, la necesidad de un pre\u00e1mbulo natural de la fe, encomend\u00e1ndolo a la raz\u00f3n; por ello fue desarrollando una dimensi\u00f3n creciente de teolog\u00ed\u00ada fundamental y una alianza con la filosof\u00ed\u00ada (cf FR 36ss). Cuando en el siglo XIX se sinti\u00f3 menos favorable a la raz\u00f3n (usada de modos muy cr\u00ed\u00adticos por diversas filosof\u00ed\u00adas), algunos cat\u00f3licos buscaron acogerse a la autosuficiencia de la fe. Tal tendencia, que se denomin\u00f3 entonces fide\u00ed\u00adsta, fue generalmente rechazada, incluso por el magisterio romano.<\/p>\n<p>Era un rechazo sano. Proclamar la autosuficiencia de la fe es recluirse en un gueto cultural. El no creyente se siente discriminado, ya que lo que la fe proclama se da por verdad salvadora. La universalidad de la salvaci\u00f3n que aporta la fe est\u00e1 pidi\u00e9ndole mantenerse asequible a todos; y no se ve c\u00f3mo pueda serlo si no accede a debatir en terreno simplemente racional, humano, sus credenciales. El mismo creyente necesitar\u00e1 muchas veces acudir a ese foro. Fue, por eso, acertado que el Vaticano 1 defendiera, frente a las tendencias fide\u00ed\u00adstas, larazonabilidad (que no ha de ser estricta racionalidad) de la fe. No fue quiz\u00e1 tan acertada alguna de las expresiones que us\u00f3 en la reivindicaci\u00f3n del papel de la raz\u00f3n (por cuanto parecer\u00ed\u00ada sugerir una demostratividad cient\u00ed\u00adfica: lo que ser\u00ed\u00ada incorrecto por exceso).<\/p>\n<p>El tema desborda el presente art\u00ed\u00adculo. Para el tema que nos ocupa hay que decir: no es sana la tendencia, que a\u00fan asoma en ciertas apolog\u00e9ticas, a apelar a las ciencias para hacer m\u00e1s eficaz el apoyo racional de la fe. Por su limitaci\u00f3n tem\u00e1tica y de m\u00e9todo, las ciencias no pueden pronunciarse sobre lo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de lo emp\u00ed\u00adrico. Las argumentaciones que puedan hacerse sobre Dios, sobre el destino humano, etc., ser\u00e1n de \u00ed\u00adndole filos\u00f3fica. No confundir\u00e1n, por ejemplo, una b\u00fasqueda de la originaci\u00f3n radical del ser (las v\u00ed\u00adas de santo Tom\u00e1s) con las hip\u00f3tesis cient\u00ed\u00adficas actuales sobre el origen temporal del cosmos que conocemos (a las que despu\u00e9s aludir\u00e9). Dar\u00e1n el mayor relieve a argumentaciones de tipo moral (como la propuesta por Kant). En general, la raz\u00f3n a que apelen no ser\u00e1 apellidable cient\u00ed\u00adfica, sino, m\u00e1s bien, vital (Ortega; remito a mi libro Raz\u00f3n y Dios, cf bibliograf\u00ed\u00ada). Saber mantener la debida sobriedad autocr\u00ed\u00adtica es requisito para pedir que, por su parte, el cient\u00ed\u00adfico no se haga cientista.<\/p>\n<p>4. Los CIENT\u00ed\u008dFICOS Y DIOS. Pero, aun reconocidos los l\u00ed\u00admites de las ciencias, es comprensible que el colectivo de sus cultivadores atraiga como testigo de excepci\u00f3n en cuanto a compatibilidad de ciencia y fe. Para algunos, el problema se hace muy arduo; por ello miran con ansiedad a los cient\u00ed\u00adficos. \u00bfPuede un cient\u00ed\u00adfico actual ser tambi\u00e9n un creyente en Dios?<br \/>\nEn un libro reciente (cf bibliograf\u00ed\u00ada), el f\u00ed\u00adsico espa\u00f1ol Antonio Fern\u00e1ndez-Ra\u00f1ada pasa revista de modo muy asequible a las posturas de los cient\u00ed\u00adficos m\u00e1s influyentes de la edad moderna y contempor\u00e1nea. Su conclusi\u00f3n es neta: \u00abPor s\u00ed\u00ad misma, la pr\u00e1ctica de la ciencia ni aleja al hombre de Dios ni lo acerca a \u00e9l&#8230; La decisi\u00f3n de creer o no creer se toma por otros motivos, ajenos a la actividad cient\u00ed\u00adfica; pero, una vez tomada, la ciencia ofrece un medio poderoso para racionalizar y reafirmar la postura personal\u00bb (p. 36). Distingue netamente entre ciencia y cientismo. En su encuesta sobre cient\u00ed\u00adficos notables, hay ciertamente algunos, pero no muchos, que han sido o son tambi\u00e9n cientistas. Prevalecen los que han sido creyentes; y han buscado, entonces, la coherencia de su visi\u00f3n del mundo en su doble condici\u00f3n de creyentes y cient\u00ed\u00adficos.<\/p>\n<p>A\u00f1ade, expresando su propia posici\u00f3n: \u00abEs imposible vaciar la vida de misterio, porque la ciencia no puede eliminarlo, sino acercarse cada vez m\u00e1s a \u00e9l. Y, por ello, la religi\u00f3n debe estar basada antes en la pregunta que en la respuesta, pues cualquier intento de comprenderla racionalmente no conduce m\u00e1s all\u00e1 que a la sombra de un tenue reflejo de algo que se puede intuir sin llegar a saber nunca c\u00f3mo es\u00bb (p. 283). Es, probablemente, una impresi\u00f3n que comparten muchos de los que son creyentes y se dedican a la racionalidad cient\u00ed\u00adfica. Las dos actitudes no se da\u00f1an, sino que se favorecen. La fe da horizonte de sentido a la actividad cient\u00ed\u00adfica. Esta, por su parte, evita una ilusoria racionalizaci\u00f3n de la fe (dogmatismo, triunfalismo apolog\u00e9tico) y as\u00ed\u00ad ayuda al misterio religioso, \u00ablo purifica, lo libra de la hojarasca tras la que a veces se oculta\u00bb (ib).<\/p>\n<p>Es la posici\u00f3n sostenida por Juan Pablo II en su enc\u00ed\u00adclica sobre las relaciones entre fe y raz\u00f3n (FR cf, entre otros, los nn. 5, 9, 17, 43, 47, 77, 84-85, 95-96, 104, etc).<\/p>\n<p>IV. Contraste entre la imagen creyente y la imagen cient\u00ed\u00adfica del mundo<br \/>\nAunque haya de ser con gran brevedad, no se debe dejar de abordar algo que para muchos hombres y mujeres de nuestra cultura puede ser el nervio del problema que plantea la relaci\u00f3n entre fe y ciencia. No se trata de la diferencia y complementariedad de las dos actitudes a las que he venido prestando atenci\u00f3n. Tampoco de uno u otro problema concreto que pueda surgir entre una determinada doctrina cristiana, teol\u00f3gica o moral, y las teor\u00ed\u00adas cient\u00ed\u00adficas vigentes. Sino del contraste, cada vez menos reductible, en que pueden ir apareciendo los mismos elementos b\u00e1sicos de la imagen cristiana (creaci\u00f3n, encarnaci\u00f3n, destino eterno del ser humano&#8230;), no con esta o aquella teor\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica concreta, sino con lo que puede llamarse imagen cient\u00ed\u00adfica del mundo; con el agravante de que, mientras las teor\u00ed\u00adas concretas son de pocos, la imagen global va siendo parte del ambiente cultural (cf FR c. VII).<\/p>\n<p>Veamos a qu\u00e9 me refiero. En la primera frase del credo, el creyente profesa creer en \u00abDios&#8230; creador del cielo y de la tierra\u00bb. El cristianismo ha hecho as\u00ed\u00ad suya una b\u00e1sica convicci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. No asumiendo necesariamente como supuesto la primitiva cosmolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica de los cuatro estratos, pero s\u00ed\u00ad al menos la espont\u00e1nea cosmolog\u00ed\u00ada de nuestra percepci\u00f3n sensorial (que es canonizada en la astronom\u00ed\u00ada tolomeica). Ello podr\u00ed\u00ada explicar por qu\u00e9 fue tan viva la reacci\u00f3n de la autoridad cat\u00f3lica del siglo XVII contra la revoluci\u00f3n astron\u00f3mica de Cop\u00e9rnico. Por debajo del debate sobre pasajes b\u00ed\u00adblicos, lat\u00ed\u00ada, probablemente, una impresi\u00f3n de horror porque la nueva visi\u00f3n subvert\u00ed\u00ada los supuestos mismos de la fe. \u00bfQu\u00e9 iba a ser ahora de ese cielo y tierra creado por Dios, del que parec\u00ed\u00ada esencial la centralidad de nuestra mansi\u00f3n terrenal, que permitiera pensar que Dios pod\u00ed\u00ada elegirla como id\u00f3nea para encarnarse?<br \/>\nComo sabemos, la hip\u00f3tesis astron\u00f3mica hoy vigente propone un cosmos en expansi\u00f3n a partir de una explosi\u00f3n energ\u00e9tica inicial (big bang), de la que proviene la inmensidad de galaxias, en una de las cuales la Tierra es un simple planeta de una de tantas estrellas. Nuestra Tierra se ha hecho as\u00ed\u00ad de humilde. No menor transformaci\u00f3n ha recibido lo que el credo llama cielo: no son b\u00f3vedas o esferas ordenadas en torno nuestro para \u00abcantar la gloria de Dios\u00bb (Sal 18), sino un conjunto en primera impresi\u00f3n ca\u00f3tico.<\/p>\n<p>Pero la dificultad va siendo superada. Tras siglos de hacerse a la nueva astronom\u00ed\u00ada, el creyente actual no encuentra ya imposible compaginarla con su fe en Dios creador. Incluso ha podido la propuesta del big bang causar alivio a algunos, por cuanto -frente a hip\u00f3tesis de cosmos eterno- supone al menos su temporalidad. Cierto, en un tiempo ahora inseparable del espacio y la materia; por lo que no cabe decir: el mundo comenz\u00f3 en el tiempo, sino con el tiempo; aun as\u00ed\u00ad, la reciente hip\u00f3tesis parecer\u00ed\u00ada evidenciar la necesidad de un acto divino creador \u00abpara disparar el big bang\u00bb. (A quien as\u00ed\u00ad piense, ser\u00e1 bueno avisarle del riesgo de ligar su fe a una hip\u00f3tesis cient\u00ed\u00adfica que puede alterarse y que, seg\u00fan sus mantenedores, no implica tal necesidad de un disparador. Fue m\u00e1s cauto santo Tom\u00e1s al mantener [Summa 1, 46] que no hay por qu\u00e9 ligar absolutamente la idea de creaci\u00f3n con la temporalidad).<\/p>\n<p>Quien hoy cree personalizadamente es que ha logrado, de un modo u otro, hacer compatible una imagen copernicana del cosmos con la convicci\u00f3n de la dependencia radical de todo respecto a Dios. Podr\u00e1, quiz\u00e1, serle a\u00fan problema su fe en la encarnaci\u00f3n, por cuanto ya en el Nuevo Testamento (cf Col 1) se exalt\u00f3 el \u00abprimado de Cristo\u00bb con alcance c\u00f3smico, mientras que, por otra parte, la existencia de seres inteligentes en otros rincones del cosmos no es hip\u00f3tesis rechazable, en principio, tras la revoluci\u00f3n copernicana. El cristiano deber\u00e1 saber hallar una hermen\u00e9utica flexible para sus asertos cristol\u00f3gicos; pero pienso que tampoco le resultar\u00e1 excesivamente dif\u00ed\u00adcil.<\/p>\n<p>Problemas m\u00e1s espinosos pueden quiz\u00e1 venir de otra revoluci\u00f3n ocurrida en el \u00e1mbito cient\u00ed\u00adfico: la concepci\u00f3n biol\u00f3gica evolucionista, que presenta la sucesiva aparici\u00f3n de las formas vivientes en el planeta Tierra como un camino azaroso y, en todo caso, material. El ser humano, que se ten\u00ed\u00ada por rey de la creaci\u00f3n, ve ahora cuestionado su puesto de privilegio. Y no se trata s\u00f3lo de una \u00abhumillaci\u00f3n de su narcisismo\u00bb (Freud); pueden entrar en cuesti\u00f3n las que parec\u00ed\u00adan ser premisas del esencial mensaje cristiano de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Queda, desde luego, problematizada la dualidad de alma y cuerpo, cual la conceb\u00ed\u00ada la teolog\u00ed\u00ada tradicional. La m\u00e1s reciente teolog\u00ed\u00ada ha visto este punto sin angustia, pensando incluso salir ganando con una vuelta (por detr\u00e1s del dualismo de ascendencia hel\u00e9nica) a la noci\u00f3n hebrea de resurrecci\u00f3n. Pero esta misma, y con ella toda la escatolog\u00ed\u00ada, \u00bfqueda inc\u00f3lume en la nueva visi\u00f3n cient\u00ed\u00adfica? En todo caso, la imagen cristiana del mundo pide (con una u otra explicaci\u00f3n) una \u00ed\u00adndole espiritual del ser humano, sin la cual carecer\u00ed\u00ada de base su relaci\u00f3n a Dios. La armon\u00ed\u00ada de esta visi\u00f3n con la de las ciencias requiere a\u00fan elaboraci\u00f3n. Podr\u00ed\u00ada avanzarse en ella si prosperara el que algunos llaman hoy principio antr\u00f3pico: una clave (ya filos\u00f3fica, no propiamente cient\u00ed\u00adfica) de comprensi\u00f3n para toda una concurrencia de azares afortunados, que las ciencias han de reconocer necesaria para que haya sido posible la vida humana (y de otros eventuales vivientes inteligentes).<\/p>\n<p>Hay en todo esto implicado otro grave problema, de otro orden, que ha asediado siempre a la visi\u00f3n creyente: la desgarradora existencia en el mundo de un exceso de mal, no f\u00e1cil de conciliar con la bondad amorosa del Creador. Pero este problema puede quiz\u00e1 quedar hoy algo paliado al asumirse la visi\u00f3n cient\u00ed\u00adfica evolutiva. Ya que la vida ha debido recorrer un largo camino de creciente complejidad, sacrificando las unidades deorden inferior como precio del progreso (Teilhard de Chardin).<\/p>\n<p>Una conclusi\u00f3n que fluye con fuerza tras estas consideraciones del contraste de la visi\u00f3n cristiana del mundo con la cient\u00ed\u00adfica, es la necesidad en que se encuentra el creyente, hoy m\u00e1s que nunca, de saber reinterpretar las expresiones de su fe. Sin esta flexibilidad hermen\u00e9utica su situaci\u00f3n en la cultura contempor\u00e1nea ser\u00ed\u00ada desesperada. Tal flexibilidad no significa ning\u00fan fallo de la fe, sino lo contrario: muy pobre ser\u00ed\u00ada una fe que se identificara r\u00ed\u00adgidamente con sus expresiones. Cuando hoy lo vemos as\u00ed\u00ad sin mayor dificultad, es justo agradecerlo a otro progreso cient\u00ed\u00adfico, que en su d\u00ed\u00ada cost\u00f3 admitir: el de las ciencias hist\u00f3ricas y filol\u00f3gicas, que han impuesto una lectura cr\u00ed\u00adtica de la Biblia. Al mundo cristiano le cost\u00f3 asimilarlo; pero su asimilaci\u00f3n lo ha liberado de graves fundamentalismos, que todav\u00ed\u00ada hoy cabe lamentar en otras tradiciones religiosas.<\/p>\n<p>V. Las ciencias del hecho religioso<br \/>\nComo complemento, debe hacerse aqu\u00ed\u00ad al menos una menci\u00f3n de otro aspecto de la relaci\u00f3n entre fe y ciencias. Se han desarrollado en nuestro siglo con amplitud las llamadas ciencias humanas o ciencias sociales. Son ciencias positivas, referidas a lo emp\u00ed\u00adrico de la vida humana, individual (psicolog\u00ed\u00ada) o social (etnolog\u00ed\u00ada, sociolog\u00ed\u00ada). Sin pretender la precisi\u00f3n de las ciencias naturales, se proponen dar cuenta del comportamiento humano. Lo religioso, como aspecto de ese comportamiento, no tiene por qu\u00e9 quedar fuera del estudio; y, en consecuencia, se han desarrollado cap\u00ed\u00adtulos de las mencionadas ciencias espec\u00ed\u00adficamente dedicados a ello.<\/p>\n<p>El creyente, de entrada, ha podido verlo con recelo. Pero no es fundada tal actitud y debe superarse. Como ciencias positivas que son, su objeto nunca ser\u00e1 la esencia de lo religioso ni su verdad, sino s\u00f3lo su funci\u00f3n en la vida humana integral. Desde ah\u00ed\u00ad, podr\u00e1 ser mucho lo que aporten al mismo creyente y, sobre todo, a la comunidad de creyentes. Una mirada que podr\u00ed\u00adamos denominar desde fuera complementa la que el creyente y la comunidad tienen de s\u00ed\u00ad desde dentro; ayuda a percibir aspectos que pasar\u00ed\u00adan desapercibidos y, bien utilizada, puede incluso ser un instrumento muy valioso de purificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>VI. Fe y ciencia en la catequesis<br \/>\nEn este breve apartado final presento una simple enumeraci\u00f3n de algunos consejos para la pr\u00e1ctica catequ\u00e9tica; que se le ocurren a quien, sin vivir de cerca los m\u00faltiples problemas humanos de la catequesis en la sociedad actual, acaba de hacer el esfuerzo de s\u00ed\u00adntesis que suponen los apartados anteriores. Son enunciados lac\u00f3nicos de simple buen sentido, que se prestan a desempe\u00f1ar el papel de conclusiones finales.<\/p>\n<p>a) La primera necesidad a tener en cuenta es la adaptaci\u00f3n al nivel cultural y edad de los destinatarios de la catequesis; pero sin olvidar que los ni\u00f1os o adolescentes de hoy han de ser los adultos de ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>b) En este punto, como en otros, lacatequesis har\u00e1 bien en proponerse como objetivo relevante el suscitar conciencia gozosa de la libertad de la fe.<\/p>\n<p>c) Importante tambi\u00e9n inculcar el deslinde de funciones de ciencia y fe. Lo que incluye aprecio positivo de las ciencias en su funci\u00f3n propia; as\u00ed\u00ad como el no sentir desde la fe ni complejos ni deseo inoportuno de utilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>d) Decisivo el evitar las actitudes fundamentalistas. Para ello, iniciar en la flexibilidad hermen\u00e9utica, seg\u00fan lo sugerido en el apartado IV.<\/p>\n<p>BIBL.: ALEM\u00ed\u0081N R., Evoluci\u00f3n y creaci\u00f3n. Entre la ciencia y la creencia, Ariel, Barcelona 1996; DAVIES R, Dios y la nueva f\u00ed\u00adsica, Salvat, Barcelona 1985; La mente de Dios, McGraw-Hill, Madrid 1993; DELUMEAU J. (ed.), Le savant et la foi. Des scientifiques s&#8217;expriment, Flammarion, Par\u00ed\u00ads 1989; FERN\u00ed\u0081NDEZ-RASADA A., Los cient\u00ed\u00adficos y Dios, Nobel, Oviedo 1994; G\u00ed\u201cMEz CAFFARENA J., Raz\u00f3n y Dios, SM, Madrid 1985; LA\u00ed\u008dN ENTRALGO R, Cuerpo y alma, Espasa-Calpe, Madrid 1991; NU\u00ed\u2018EZ DE CASTRO L, El rostro de Dios en la era de la biolog\u00ed\u00ada, Sal Terrae, Santander 1996; PANIKKAR R., Pensamiento cient\u00ed\u00adfico y pensamiento cristiano, Sal Terrae, Santander 1994; PEREZ DE LABORDA A., Ciencia y fe, Marova, Madrid 1980; El hombre y el cosmos (3 vols.), Encuentro, Madrid 1984; PoPPER K., La l\u00f3gica de la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica, Tecnos, Madrid 1973 (orig. 1934); Conocimiento objetivo, Tecnos, Madrid 1974; TEILHARD DE CHARDIN E., El fen\u00f3meno humano, Taurus, Madrid 1967.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 G\u00f3mez Caffarena<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(v. ciencia y fe) (ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n, BAC, Madrid, 1998) Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n SUMARIO: I. Qu\u00e9 entendemos por \u00abciencia\u00bb. Su relevancia hoy. II. C\u00f3mo plantear adecuadamente la relaci\u00f3n fe-ciencia: 1. Fe y ciencia como actitudes humanas; 2. Reflexi\u00f3n sobre los conflictos. III. Deslinde de competencias para una relaci\u00f3n correcta. Algunos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fe-y-ciencia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abFE Y CIENCIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15181","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15181","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15181"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15181\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15181"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15181"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15181"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}