{"id":15182,"date":"2016-02-05T09:55:46","date_gmt":"2016-02-05T14:55:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fe-y-cultura\/"},"modified":"2016-02-05T09:55:46","modified_gmt":"2016-02-05T14:55:46","slug":"fe-y-cultura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fe-y-cultura\/","title":{"rendered":"FE Y CULTURA"},"content":{"rendered":"<p>(v. ciencia y fe, inculturaci\u00f3n)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Una relaci\u00f3n viva en el fondo de lo humano. II. Cultura y culturas: dificultad de una definici\u00f3n. III. El Vaticano II y la cultura. IV. La evangelizaci\u00f3n de las culturas. V. La inculturaci\u00f3n de la fe. VI. La fecundidad del encuentro fe-cultura\/as. VII. La defensa de lo humano piedra de toque de las culturas. VIII. La catequesis sobre el tema.<\/p>\n<p>I. Una relaci\u00f3n viva en el fondo de lo humano<br \/>\nLa relaci\u00f3n que se da entre los dos t\u00e9rminos del t\u00ed\u00adtulo se encuadra en la m\u00e1s amplia de religi\u00f3n y cultura. La religi\u00f3n representa una dimensi\u00f3n originaria de la persona y la cultura un factor que configura a la humanidad y a cada uno de los sujetos. La relaci\u00f3n es permanente y, aunque no en todos los momentos se haya dado con la misma intensidad, la historia atestigua una tensi\u00f3n innegable entre ellas, igual que da cuenta de su profunda interrelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la complejidad del problema que ese binomio enuncia se hace m\u00e1s perceptible en nuestro tiempo, pues resulta patente la presencia de una pluralidad de religiones en una multiplicidad de culturas. M\u00e1s a\u00fan, esa misma pluralidad de religiones no deja de estar en relaci\u00f3n con lo m\u00faltiple de las formas culturales, que van moldeando la manera como los humanos viven y expresan la presencia de lo divino.<\/p>\n<p>Fe y cultura se interpenetran, puesto que a la vivencia religiosa, la fe en su sentido m\u00e1s abarcante, le es connatural el expresarse culturalmente. Y la dimensi\u00f3n religiosa, por ser dimensi\u00f3n que arraiga en el fondo humano, resulta insuprimible en las culturas, que ofrecen una interpretaci\u00f3n de la existencia. As\u00ed\u00ad, las expresiones y las formas de vivir la fe se ven influidas por la cultura en que los creyentes se hallan insertos. Y, como veremos, la cultura recibe a su vez la impronta de la fe.<\/p>\n<p>El reconocimiento del misterio y la actitud teologal pasan necesariamente por la condici\u00f3n humana, que es como decir por la racionalidad y la capacidad de comprender, expresar, comunicar y actuar que se plasman en forma de cultura. Y la fe que, lejos de inhibir, estimula la raz\u00f3n y otros resortes, despliega posibilidades creativas: la fe -la verdadera fe, no sus deformaciones- crea cultura, se afirma a la vista de realizaciones hist\u00f3ricas y de hechos constatables hoy mismo.<\/p>\n<p>Quienes creen son, inseparablemente, seres culturales. As\u00ed\u00ad los s\u00ed\u00admbolos, narraciones y doctrinas en los que se expresa lo religioso, al igual que formas de organizaci\u00f3n y conducta que son patrimonio de las religiones, son a la vez expresiones de las culturas, como puede ejemplificarse con los textos, instituciones y obras de arte que constituyen la herencia cultural.<\/p>\n<p>En este sentido afirmaba P. Tillich que \u00aben las formas culturales la religi\u00f3n se actualiza\u00bb, y que \u00abla religi\u00f3n es la forma de la cultura\u00bb. En la misma direcci\u00f3n apunta la afirmaci\u00f3n que ha repetido Juan Pablo II de que \u00abuna fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no enteramente pensada y fielmente vivida\u00bb (Discurso fundacional del Consejo pontificio para la cultura, 1982).<\/p>\n<p>De acuerdo con lo anterior, se advierte tambi\u00e9n que un logos interno de las religiones ha generado pensamiento, arte y cultura en general. Los s\u00ed\u00admbolos (y los s\u00ed\u00admbolos religiosos) han sido precursores y generadores de raz\u00f3n: en esos conjuntos de s\u00ed\u00admbolos -se\u00f1ala J. Mart\u00ed\u00adn Velasco-, y con ayuda de ellos, la humanidad hagenerado una visi\u00f3n de la realidad y la han abierto m\u00e1s all\u00e1 de lo inmediato, y en ellos ha expresado los aspectos m\u00e1s profundos de su existencia: los s\u00ed\u00admbolos han dado que pensar1.<\/p>\n<p>La fe influye en la visi\u00f3n de la realidad y en su expresi\u00f3n, de manera que la historia de las religiones no es aislable de las culturas en las que esas religiones se dan, y las culturas no est\u00e1n exentas de referencias religiosas. De una matriz culturizadora de la religi\u00f3n ha hablado Mircea Eliade en la l\u00ed\u00adnea de L. Richter y C. H. R. Dawson, que han considerado la fuerza unificadora y preservadora que lo religioso ha tenido en las culturas, en sus modos de organizar la vida y de comprender la existencia.<\/p>\n<p>II. Cultura y culturas: dificultad de una definici\u00f3n<br \/>\nAunque la relaci\u00f3n fe-cultura se ha dado en todos los tiempos, la problem\u00e1tica que ese binomio enuncia no hab\u00ed\u00ada sido tematizada con la atenci\u00f3n con que lo ha sido en estos decenios. Basta recorrer algunos de los documentos eclesiales y la producci\u00f3n teol\u00f3gica para advertir que las alusiones a la cultura\/las culturas se multiplican en fechas relativamente recientes.<\/p>\n<p>Se puede pensar que la mayor presencia del t\u00e9rmino deja entrever la conciencia de cierto extra\u00f1amiento de la fe respecto de la cultura moderna, como advertiremos en algunos textos. Pero el inter\u00e9s obedece tambi\u00e9n a que cultura es hoy una categor\u00ed\u00ada clave en las ciencias humanas, que han conocido un llamativo desarrollo desde el siglo pasado. Una categor\u00ed\u00ada imprescindible en el an\u00e1lisis y comprensi\u00f3n de las sociedades y grupos.<\/p>\n<p>La noci\u00f3n, como veremos, llega a ser pr\u00e1cticamente extensiva a humanizaci\u00f3n y mundo humanizado. Por ello, una verdadera preocupaci\u00f3n por lo humano reconoce pronto la necesidad de dialogar con los diversos mundos culturales y con los diversos sectores de una cultura.<\/p>\n<p>Ahora bien, sucede que el contenido del t\u00e9rmino cultura ha experimentado un corrimiento muy notable, que explica su ensanchamiento. Seguir ese recorrido resulta necesario para delimitar su campo de significaci\u00f3n, ya que el t\u00e9rmino resulta hoy, en cierta medida, polivalente. Ese cambio y ensanchamiento de la noci\u00f3n explica tambi\u00e9n que aparezca con frecuencia creciente la menci\u00f3n de culturas en plural.<\/p>\n<p>Del ser humano se dice que es animal cultural, y la cultura -que se difracta en una variedad de culturas- es considerada como el dinamismo fundamental que condiciona todas las formas de vida social y la manera misma de interpretar la realidad.<\/p>\n<p>La historia de la palabra y la compleja realidad a que hace referencia, han merecido importantes estudios que es necesario tener en cuenta, para comprender tanto aquel corrimiento a que nos refer\u00ed\u00adamos como la atenci\u00f3n creciente que ha merecido en la reflexi\u00f3n eclesial (v\u00e9ase bibliograf\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>En siglos pasados -hasta entrado el siglo XIX- el t\u00e9rmino cultura, de origen latino, alud\u00ed\u00ada al cultivo de diversas realidades y al afinamiento del esp\u00ed\u00adritu mediante el cultivo de las facultades personales. Su contenido se encuadraba, por tanto, en el mundo intelectual o est\u00e9tico, y las personaspod\u00ed\u00adan ser, seg\u00fan este sentido, cultas o incultas. Una acepci\u00f3n que puede encontrarse en los humanistas hasta siglos avanzados, y que dura hasta hoy.<\/p>\n<p>Pero ya en 1871, E. B. Tylor dio entrada en su obra al sentido antropol\u00f3gico que prevalece ulteriormente: \u00abLa cultura o la civilizaci\u00f3n -escribe- es el conjunto complejo que comprende el saber, las creencias, el arte, la \u00e9tica, las leyes, las costumbres y cualquier otra aptitud o h\u00e1bito adquirido por el hombre como miembro de la sociedad\u00bb2.<\/p>\n<p>Este sentido se ha impuesto y ha dejado atr\u00e1s el etnocentrismo de que adolec\u00ed\u00ada aquella otra concepci\u00f3n, m\u00e1s cl\u00e1sica, de cultura-culta, que se identificaba pr\u00e1cticamente con la de occidente. En el contexto de las ciencias sociales y de la antropolog\u00ed\u00ada, las definiciones de cultura se acumulan, sin que resulte f\u00e1cil reducirlas a m\u00ed\u00adnimos comunes. Dos estudiosos del tema, A. L. Kroeber y C. Klukhohn, despu\u00e9s de pasar revista a unas doscientas definiciones, ofrecen esta definici\u00f3n\/descripci\u00f3n a modo de s\u00ed\u00adntesis: \u00abLa cultura consiste en los modelos de comportamiento; modelos que son expl\u00ed\u00adcitos o impl\u00ed\u00adcitos, adquiridos o transmitidos por medio de s\u00ed\u00admbolos, y que constituyen las realizaciones distintivas de los grupos humanos, su encarnaci\u00f3n en artefactos. En el coraz\u00f3n mismo de la cultura est\u00e1n las tradiciones&#8230; y especialmente los valores que se vinculan a ellas\u00bb3.<\/p>\n<p>A esta comprensi\u00f3n de la cultura como identificadora de grupos humanos responde el que hoy hablemos en plural de culturas, tomando distancia respecto de cierto \u00abimperialismo cultural\u00bb, que pretend\u00ed\u00ada una extensi\u00f3n y una aceptaci\u00f3n no discutida de la cultura occidental como hegem\u00f3nica.<\/p>\n<p>La idea de cultura que prevalece, sin ser \u00fanica, en los estudios recientes es la que se ha ido abriendo paso en la antropolog\u00ed\u00ada y, m\u00e1s all\u00e1 de las variaciones que experimenta seg\u00fan disciplinas, escuelas y autores, responde al reconocimiento de que, justamente por la cultura, el ser humano se define frente a su entorno y toma posici\u00f3n ante las cuestiones fundamentales.<\/p>\n<p>Un exponente de que el t\u00e9rmino recubre el espacio de lo humano en su riqueza es la glosa que del t\u00e9rmino hace H. Carrier en el Diccionario de la cultura: \u00abPara soci\u00f3logos y antrop\u00f3logos la cultura es todo el ambiente humanizado por un grupo; es su manera de comprender el mundo, de percibir al hombre y su destino, de trabajar, de divertirse, de expresarse por medio de las artes, de transformar la naturaleza por medio de las t\u00e9cnicas y los inventos. La cultura es el producto del genio del hombre, entendido en su sentido m\u00e1s amplio: es la matriz psicosocial que se crea, consciente o inconscientemente, una colectividad; es su marco de interpretaci\u00f3n de la vida y del universo; es su representaci\u00f3n propia del pasado y su proyecto de futuro, sus instituciones y sus creaciones t\u00ed\u00adpicas, sus costumbres y sus creencias, sus actitudes y sus comportamientos caracter\u00ed\u00adsticos, su manera origi\u00f1al de comunicarse, de producir y de intercambiar sus bienes, de celebrar, de crear obras que revelen su alma y sus valores \u00faltimos\u00bb. Y a\u00f1ade todav\u00ed\u00ada: \u00abLa cultura es la mentalidad t\u00ed\u00adpica que adquiere todo individuo que se identifica conuna colectividad; es el patrimonio humano transmitido de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n\u00bb4.<\/p>\n<p>Se comprende, por tanto, que cada grupo que mantiene cierta consistencia y duraci\u00f3n tiene su propia cultura. Como la tienen las naciones, las tribus y aun las categor\u00ed\u00adas sociales. Y se entiende que, en ese mismo sentido, se pueda hablar de cultura moderna o posmoderna.<\/p>\n<p>No entraremos en las diversas tesis que discuten la evoluci\u00f3n, el influjo e interrelaci\u00f3n que se da entre unas y otras culturas, ni en las aproximaciones que se vienen haciendo entre cultura y lenguaje, cultura y sociedad, cultura y vida cotidiana. Nos detendremos \u00fanicamente en el planteamiento reciente de las relaciones entre fe y cultura\/as&#8217;.<\/p>\n<p>III. El Vaticano II y la cultura<br \/>\nAntes de entrar en detalles, conviene advertir que la preocupaci\u00f3n creciente que los documentos eclesiales de los \u00faltimos decenios reflejan coincide con aquel corrimiento a que hamos aludido y con momentos en que el t\u00e9rmino adquiere prestigio en la antropolog\u00ed\u00ada. Al mismo tiempo, ese t\u00e9rmino, abarcante, como hemos podido ver en las descripciones de su contenido antes citadas, ven\u00ed\u00ada siendo utilizado para analizar conjuntos sociales, grupos \u00e9tnicos, y la propia situaci\u00f3n del mundo occidental.<\/p>\n<p>Es sabido que todav\u00ed\u00ada en las intervenciones de P\u00ed\u00ado XII la palabra cultura (como civilizaci\u00f3n) conservaba aquel sentido cl\u00e1sico a que nos hemos referido; pero, terminada la I Guerra mundial, la reflexi\u00f3n cristiana se mostr\u00f3 sensible a la noci\u00f3n ampliada que ven\u00ed\u00ada abri\u00e9ndose paso entre los estudiosos, y recurri\u00f3 a ella a la hora de plantear la relaci\u00f3n entre la Iglesia y el mundo. As\u00ed\u00ad J. Maritain public\u00f3, en el decenio de los a\u00f1os treinta, trabajos como Religi\u00f3n y cultura y Humanismo integral. Y en a\u00f1os cercanos al Vaticano II, en los que se registra una notable preocupaci\u00f3n por el mundo y una clara voluntad de di\u00e1logo con \u00e9l, se recurre con frecuencia al t\u00e9rmino como categor\u00ed\u00ada de an\u00e1lisis.<\/p>\n<p>En ese ambiente se sit\u00faan las abundantes alusiones a la cultura\/as -m\u00e1s o menos directas- que se encuentran en el conjunto de las constituciones y decretos conciliares.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con el sentido cl\u00e1sico, cuyo uso se mantiene a la vez, est\u00e1n los lugares en los que el Concilio exhorta a los cristianos a que se comprometan en la tarea de promoci\u00f3n y creaci\u00f3n cultural, de manera que m\u00e1s grupos sociales y pueblos participen y tengan acceso a los \u00abbienes de la cultura\u00bb (entendida seg\u00fan la consideraci\u00f3n tradicional).<\/p>\n<p>Pero hay otros que indican ya un entendimiento de la cultura en el sentido m\u00e1s reciente. Se trata de pasajes en los que se plantea la urgencia de conocer e insertarse en el mundo, de promover un di\u00e1logo de la fe con las realidades culturales varias y con las diversas culturas. Algunos p\u00e1rrafos importantes de la constituci\u00f3n Lumen gentium (cf LG 13 y 17), del decreto Ad gentes sobre la actividad misionera (cf AG 3 y 21) as\u00ed\u00ad como del que trata del di\u00e1logo interreligioso, son exponentes de un modo de comprender la cultura\/las culturas como inseparables de la existencia de grupos y pueblos diversos.<\/p>\n<p>La constituci\u00f3n Gaudium et spes incorpora al uso cl\u00e1sico la consideraci\u00f3n antropol\u00f3gica y la define as\u00ed\u00ad: \u00abCon la palabra cultura se indica, en sentido general, todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales; procura someter el mismo orbe terrestre con su conocimiento y trabajo; hace m\u00e1s humana la vida social, tanto en la familia como en toda la sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones; finalmente, a trav\u00e9s del tiempo expresa, comunica y conserva en sus obras grandes riquezas espirituales y aspiraciones, para que sirvan de provecho a muchos, e incluso al g\u00e9nero humano. De ah\u00ed\u00ad que la cultura humana presente necesariamente un aspecto hist\u00f3rico y social, y que la palabra cultura asuma con frecuencia un sentido sociol\u00f3gico y etnol\u00f3gico\u00bb (GS 53).<\/p>\n<p>El Concilio entiende que la Iglesia, que ha de anunciar el evangelio en todas las culturas, se dirige a ellas con respeto y consideraci\u00f3n para con su peculiaridad, y de ellas recibe bienes que redundan en alabanza del Creador.<\/p>\n<p>En conjunto, el Vaticano II, que quiso atender al mundo actual y puso en el centro de sus consideraciones al ser humano, abri\u00f3 un espacio considerable a la cultura y a las culturas como interlocutoras de la fe. Baste anotar que en sus documentos el t\u00e9rmino cultura o culturas aparece casi un centenar de veces.<\/p>\n<p>H. Carrier recuerda que en el Concilio se ofrece \u00abuna visi\u00f3n din\u00e1mica, hist\u00f3rica y concreta de la humanidad que se va construyendo, y la pauta de lectura de la historia contempor\u00e1nea, as\u00ed\u00ad como del progreso. A distancia, incluso, de anteriores modos de hablar, que entend\u00ed\u00adan&#8230; la cultura en su sentido humanista\u00bb6.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n A. Tornos ha hecho notar que en esos textos se hacen afirmaciones importantes, que muestran c\u00f3mo la Iglesia se ha abierto a un modo nuevo de considerar la cultura y las culturas. De hecho, se atiende all\u00ed\u00ad a su car\u00e1cter necesariamente hist\u00f3rico y social, y se apunta a la necesidad de interpretar correctamente los hechos culturales. Hay una clara constataci\u00f3n del pluralismo cultural y de la conexi\u00f3n entre las diversas culturas. Se reconocen los valores presentes en ellas, a la vez que se subraya como criterio decisivo la dignidad de los sujetos agentes-receptores, de manera que se ha podido decir que, en el pensamiento del Concilio, una verdadera cultura es inseparable de un verdadero humanismo (J. L. Ruiz de la Pe\u00f1a)7.<\/p>\n<p>IV. La evangelizaci\u00f3n de las culturas<br \/>\nEn a\u00f1os sucesivos, la consideraci\u00f3n de las culturas en relaci\u00f3n con la fe ha ido avanzando. Pablo VI abord\u00f3 ampliamente el tema en Evangelii nuntiandi (1975), a partir de las deliberaciones del s\u00ed\u00adnodo sobre la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La lectura de esta exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica muestra que la tarea de \u00abevangelizar la cultura y las culturas\u00bb, que se se\u00f1ala como tarea eclesial, implica un replanteamiento de lo que significa evangelizar y una toma de conciencia m\u00e1s profunda de lo que representa la diversidad cultural.<\/p>\n<p>Los n\u00fameros 18, 19 y, sobre todo, 20 de este documento -que refieren a su vez a lo anotado en GS 53- ofrecen un enfoque de la cuesti\u00f3n que ha tenido importantes desarrollos en a\u00f1os sucesivos.<\/p>\n<p>Evangelii nuntiandi comienza reconociendo que \u00ablo que importa es evangelizar -no de una manera decorativa, como con un barniz superficial, sino de manera vital, en profundidad y hasta sus mismas ra\u00ed\u00adces- la cultura y las culturas&#8230; tomando siempre como punto de partida la persona, y teniendo siempre presentes las relaciones de las personas entre s\u00ed\u00ad y con Dios\u00bb.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n realiza una importante distinci\u00f3n no separadora: \u00abEl evangelio y, por consiguiente, la evangelizaci\u00f3n no se identifican ciertamente con la cultura y son independientes con respecto a todas las culturas. Sin embargo, el Reino que anuncia el evangelio es vivido por hombres profundamente vinculados a una cultura, y la construcci\u00f3n del Reino no puede menos de tomar los elementos de la cultura y de las culturas humanas. Independientes con respecto a las culturas, evangelio y evangelizaci\u00f3n no son necesariamente incompatibles con ellas, sino capaces de impregnarlas a todas sin someterse a ninguna\u00bb (EN 20).<\/p>\n<p>M\u00e1s adelante, en el mismo n\u00famero, se afirma que las culturas son regeneradas en el encuentro fecundo con la Biblia, lo que supone que es aceptada la capacidad de la fe para purificar y fecundar las culturas con las que entra en contacto.<\/p>\n<p>Ese necesario encuentro con las culturas est\u00e1 ya presente en los p\u00e1rrafos anteriores, en los que se habla de evangelizar y humanizar en estos t\u00e9rminos que han sido una y otra vez citados: \u00abEvangelizar significa para la Iglesia llevar la buena nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro y renovar a la misma humanidad&#8230; La Iglesia evangeliza cuando&#8230; trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos est\u00e1n comprometidos, su vida y ambiente concretos (EN 18).<\/p>\n<p>Y all\u00ed\u00ad mismo la evangelizaci\u00f3n se presenta como un encuentro de la fe con la cultura\/las culturas que tiene m\u00faltiples implicaciones: \u00abNo se trata solamente de predicar el evangelio en zonas geogr\u00e1ficas cada vez m\u00e1s vastas o poblaciones cada vez m\u00e1s numerosas, sino de alcanzar y transformar con la fuerza del evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de inter\u00e9s, las l\u00ed\u00adneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que est\u00e1n en contraste con la palabra de Dios y con el designio de salvaci\u00f3n\u00bb (EN 19).<\/p>\n<p>El planteamiento de EN supone que es connatural a la fe la capacidad de arraigar en distintos contextos culturales y de transformarlos positivamente sin desnaturalizarlos. Se aleja de una manera de entender la evangelizaci\u00f3n no s\u00f3lo como una mera superposici\u00f3n, sino tambi\u00e9n como un influjo exterior, y postula una presencia activa de los cristianos que viven insertos en el seno de las mismas culturas.<\/p>\n<p>Se reafirma as\u00ed\u00ad la convicci\u00f3n de que las dos dimensiones, la de creer y la de crear cultura, convergen en el centro personal e interaccionan vitalmente. Al reclamar la presencia efectiva de los creyentes en los entramados culturales, como primer modo de establecer la relaci\u00f3n fe-cultura, EN supera una manera s\u00f3lo te\u00f3rica de plantear y tratar el problema.<\/p>\n<p>V. La inculturaci\u00f3n de la fe<br \/>\nAunque presente en debates previos, el t\u00e9rmino inculturaci\u00f3n recibi\u00f3 el espaldarazo inicial en el s\u00ed\u00adnodo de 1977 y ha continuado expresando una exigencia de la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero si el t\u00e9rmino como tal es de acu\u00f1aci\u00f3n reciente, la historia de los propios textos b\u00ed\u00adblicos y la del cristianismo dan cuenta de que el mensaje -y la fe que suscita- cobran cuerpo en determinadas culturas, seg\u00fan la ley de la encarnaci\u00f3n: \u00abLa fe -escribe C. Geffr\u00e9- se compara a una semilla, lo propio de la palabra de Dios en los sin\u00f3pticos. La expresi\u00f3n encarnaci\u00f3n de la fe nos remite evidentemente al mensaje central del cristianismo como encarnaci\u00f3n del Verbo de Dios. Esto significa que la encarnaci\u00f3n radical del mensaje cristiano en una cultura no compromete su integridad, de la misma manera que la humanidad de Dios deja a salvo su trascendencia\u00bb8.<\/p>\n<p>Que el mensaje ha de ser inculturado en aquellas culturas que intenta evangelizar es una aceptaci\u00f3n b\u00e1sica en los m\u00faltiples trabajos sobre el tema. Y de inculturaci\u00f3n habla Catechesi tradendae (1980) al afirmar que \u00abaculturaci\u00f3n (usado primero a partir de su sentido en los estudios de antropolog\u00ed\u00ada cultural) o inculturaci\u00f3n expresan muy bien uno de los componentes del gran misterio de la encarnaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Catechesi tradendae (CT) se detiene a se\u00f1alar que \u00abla catequesis, como la evangelizaci\u00f3n en general, est\u00e1 llamada a llevar la fuerza del evangelio al coraz\u00f3n de la cultura. Para ello -prosigue Juan Pablo II- la catequesis procurar\u00e1 conocer esas culturas y sus componentes esenciales, aprender\u00e1 sus valores y riquezas propias. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad se podr\u00e1 proponer a tales culturas el conocimiento del misterio oculto y ayudarlas a hacer surgir de su propia tradici\u00f3n viva expresiones originales de vida, de celebraci\u00f3n y de pensamiento cristiano\u00bb (CT 53).<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n se advierte que hablar de inculturaci\u00f3n es tener en cuenta que el mensaje no es aislable del todo de la cultura b\u00ed\u00adblica (el mundo del Antiguo Testamento y el mundo en que vivi\u00f3 Jes\u00fas) y que no emerge espont\u00e1neamente de ning\u00fan humus cultural. Pero que ese mismo mensaje \u00abse transmite siempre a trav\u00e9s de un di\u00e1logo apost\u00f3lico que est\u00e1 inevitablemente inserto en un cierto di\u00e1logo de culturas\u00bb (ib).<\/p>\n<p>Este pasaje resume lo que ven\u00ed\u00adan apuntando las discusiones, y es objeto de la reflexi\u00f3n eclesial que ha seguido. Ahora mismo, el di\u00e1logo y la inculturaci\u00f3n se plantean no s\u00f3lo a prop\u00f3sito de culturas diversas, como ocurre en la evangelizaci\u00f3n de pa\u00ed\u00adses africanos o asi\u00e1ticos, sino ante la necesidad de vivir y transmitir la fe en nuevas situaciones y estadios culturales como la tard\u00ed\u00ada modernidad o la posmodernidad. Y en la multiculturalidad que es ya un hecho en pa\u00ed\u00adses o regiones de occidente.<\/p>\n<p>En los trabajos dedicados al tema, se recuerda que la encarnaci\u00f3n de la fe en las culturas no es una realidad nueva en la historia, sino m\u00e1s bien una constante, que se ha dado con mayores o menores logros. Pero esa necesidad se ha hecho m\u00e1s acuciante en nuestro tiempo, en el que se ha agudizado la conciencia de un alejamiento entre el cristianismo y las realidades culturales. Un esfuerzo por inculturar la fe resulta especialmente urgente en decenios que han registrado cambios muy notables en mentalidad y actitudes.<\/p>\n<p>De hecho, Pablo VI y Juan Pablo II han repetido que \u00abla s\u00ed\u00adntesis entre la cultura y la fe no es solamente una exigencia de la cultura, sino tambi\u00e9n de la fe. Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente vivida, no enteramente pensada y fielmente vivida\u00bb9. Hasta tal punto hay una traducci\u00f3n cultural del creer y tan profunda es la relaci\u00f3n entre la fe y la cultura.<\/p>\n<p>M\u00e1s recientemente Juan Pablo II ha recordado, en la enc\u00ed\u00adclica Fides et ratio: \u00abLa forma en la que los cristianos viven la fe est\u00e1 tambi\u00e9n impregnada por la cultura del ambiente circundante y contribuye a su vez a modelar progresivamente sus caracter\u00ed\u00adsticas. Los cristianos aportan a cada cultura la verdad inmutable de Dios, revelada por \u00e9l en la historia y en la cultura de un pueblo&#8230; El anuncio del evangelio en las diversas culturas, aunque exige de cada destinatario la adhesi\u00f3n de la fe, no le impide conservar una identidad cultural propia\u00bb (FR 71).<\/p>\n<p>VI. La fecundidad del encuentro fe-cultura\/as<br \/>\nLa fe promueve y crea cultura. Ejerce una funci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica respecto de las zonas oscuras de las culturas: \u00abEl anuncio que el creyente lleva al mundo y a las culturas es una forma real de liberaci\u00f3n de los des\u00f3rdenes introducidos por el pecado y, al mismo tiempo, una llamada a la verdad plena. En este sentido, las culturas no s\u00f3lo no se ven privadas en nada, sino que, por el contrario, son animadas a abrirse a la novedad de la verdad evang\u00e9lica, recibiendo incentivos para ulteriores desarrollos\u00bb (FR 71).<\/p>\n<p>A su vez, la fe lleva necesariamente una impronta cultural, pues se expresa y se vive culturalmente. Y las culturas, enraizadas en lo profundo de la humanidad, se presentan como abordajes diversos a la realidad, como mediaciones capaces de humanizar la existencia y de apuntar a lo que trasciende. As\u00ed\u00ad, en ese \u00faltimo documento en que se refiere al encuentro fe-culturas, Juan Pablo II se\u00f1ala: \u00abLas culturas, cuando est\u00e1n profundamente enraizadas en lo humano, llevan consigo el testimonio de la apertura t\u00ed\u00adpica del hombre a lo universal y a la trascendencia&#8230; ofrecen modos diversos de acercamiento a la verdad, que son de indudable utilidad para el hombre, al que sugieren valores capaces de hacer cada vez m\u00e1s humana su existencia&#8230; Como las culturas evocan los valores de las tradiciones antiguas, llevan consigo -aunque de manera impl\u00ed\u00adcita, pero no por ello menos real- la referencia a&#8230; Dios en la naturaleza\u00bb (FR 70).<\/p>\n<p>Y de las culturas recibe la fe valores que pueden considerarse una praeparatio evang\u00e9lica o una aut\u00e9ntica ayuda para comprender y desarrollar el potencial y exigencias del creer. Entre ambas, fe y cultura, hay interacci\u00f3n e intercambio, aunque la una sea irreductible a la otra: \u00abuna cultura no puede ser criterio de juicio y menos a\u00fan criterio \u00faltimo de verdad en relaci\u00f3n con la revelaci\u00f3n de Dios\u00bb, se advierte; pero se se\u00f1ala tambi\u00e9n que \u00abel evangelio no es contrario a una u otra cultura como si, entrando en contacto con ella, quisiera privarla de lo que le pertenece oblig\u00e1ndola a asumir formas extr\u00ed\u00adnsecas no conformes a la misma\u00bb (FR 71).<\/p>\n<p>De lo fecundo de esta interacci\u00f3n se ha hablado repetidamente. D. Amalorpavadass se\u00f1alaba a este prop\u00f3sito que el horizonte de una inserci\u00f3n cultural de la fe es, sin riesgo de p\u00e9rdida para sus respectivas identidades, \u00abun evangelio vivo que vive la Iglesia en una cultura viva\u00bb10.<\/p>\n<p>La fe ayuda a pensar y ensancha el campo de una raz\u00f3n tentada de unilateralidad o fragmentaci\u00f3n. Ese est\u00ed\u00admulo puede resultar precioso para un estadio cultural y amenazado por el des\u00e1nimo. En 1980, el f\u00ed\u00adsico C. F. von Weizs\u00e1cker lo reconoc\u00ed\u00ada expl\u00ed\u00adcitamente. El cristianismo guarda en su entra\u00f1a posibilidades humanizadoras a\u00fan no agotadas y refuerza en el anhelo inextinguible de dignidad que hay en los humanos, un factor decisivo de cultura y de elevaci\u00f3n moral.<\/p>\n<p>Si se tiene en cuenta la comprensi\u00f3n moderna de la noci\u00f3n de cultura (y si se recuerda que la fe tiene el car\u00e1cter de adhesi\u00f3n personal a un Dios que se comunica), resulta f\u00e1cil aceptar que el di\u00e1logo no es s\u00f3lo una cuesti\u00f3n de f\u00f3rmulas o de acuerdos te\u00f3ricos. Aunque pueda entablarse en diversos \u00e1mbitos, el lugar propio, aquel donde la fe y la cultura se encuentran y se anudan, es nada menos que la existencia misma de los seres<br \/>\nhumanos. El di\u00e1logo ha de darse en cada persona y en cada grupo de creyentes, que son, sin separaci\u00f3n, agentes y part\u00ed\u00adcipes de una cultura.<\/p>\n<p>Y ello porque las dos realidades que venimos analizando representan dimensiones humanas esenciales y se encuentran en un centro personal. Se sigue, por tanto, que la tarea de evangelizar las culturas se lleva a cabo a trav\u00e9s de hombres y mujeres que aceptan el mensaje de salvaci\u00f3n y consienten que ese mensaje irradie en su ambiente vital. El encuentro, que se da en la hondura personal del creyente, afecta a todo lo que es humano: lo personal, comunitario, social y pol\u00ed\u00adtico. A todos los \u00e1mbitos, realizaciones e instituciones. As\u00ed\u00ad, la fe informa la cultura al impregnar el mundo vivido, la experiencia cotidiana, las formas de pensar y actuar, las relaciones, la sociedad de la que toda persona forma parte.<\/p>\n<p>Seg\u00fan un dinamismo propio, la fe llega a incidir en una sociedad y su cultura. A. Tornos y J. Mart\u00ed\u00adn Velasco lo han recordado recientemente al considerar la posibilidad de que el evangelio se haga presente en el seno de una cultura moderna, plural y secular: \u00abEl camino -escribe el segundo- es que el sujeto de la fe, es decir, las comunidades creyentes, al vivir la fe en las circunstancias de todo tipo que constituyen su propia cultura, la expresen y encarnen en las mediaciones propias de la misma. Se trata&#8230; de encarnar la fe en unas formas culturales determinadas. En este proceso de encarnaci\u00f3n, las mediaciones repercuten ciertamente sobre la figura concreta que reviste la fe&#8230; y la fe, a su vez, asume y transforma los elementos expresivos de la cultura al conferirles el sentido nuevo que proporciona el reconocimiento del origen del hombre en Dios, la orientaci\u00f3n a \u00e9l como a su fin, y su presencia en el interior del hombre y la historia, que les presta una nueva dimensi\u00f3n de una profundidad inabarcable\u00bb.<\/p>\n<p>VII. La defensa de lo humano, piedra de toque de las culturas<br \/>\nLa relaci\u00f3n fe-cultura\/as es m\u00faltiple. Pero a la hora de sintetizar hemos de recordar que hay una preocupaci\u00f3n fundamental que la Iglesia mantiene en el conjunto de la cultura\/las culturas actuales. En los textos eclesiales se se\u00f1ala en primer t\u00e9rmino, como tarea de la fe en di\u00e1logo, la defensa de los seres humanos, que son los sujetos y el centro de las culturas. La Iglesia apela a la causa de lo verdaderamente humano, consciente de que el respeto a la dignidad de cada persona es la piedra de toque de la calidad y val\u00ed\u00ada de una cultura.<\/p>\n<p>Esa defensa sigue a la convicci\u00f3n creyente de que Dios est\u00e1 implicado en la causa del hombre, que ante los ojos del Creador y Salvador mismo merece la mayor consideraci\u00f3n. Y comporta el esfuerzo por crear un \u00e9thos que salvaguarde la dignidad y los derechos de todos, con atenci\u00f3n especial a los m\u00e1s d\u00e9biles.<\/p>\n<p>Semejante prop\u00f3sito no es viable sin una comprensi\u00f3n de la cultura en que se vive y una implicaci\u00f3n real en el mundo que se quiere evangelizar. Sin una aut\u00e9ntica simpat\u00ed\u00ada y una verdadera inserci\u00f3n, no es pensable la evangelizaci\u00f3n o la inculturaci\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>Pero el di\u00e1logo exige un distanciamiento cr\u00ed\u00adtico respecto de la cultura ambiente y hasta cierta actitud contracultural que resiste a imposiciones o dictados. En ese sentido, cabe esperar que la palabra de fe sirva de contrapunto deseable en ciertas situaciones, que aporte algo distinto, inesperado, frente a lo culturalmente dominante.<\/p>\n<p>A este prop\u00f3sito, contra la tentaci\u00f3n de la fe de hacerse f\u00e1cil y aceptable, o de acomodarse culturalmente, J. B. Metz ha recordado que el cristianismo avanz\u00f3 transformando las sociedades y culturas que encontr\u00f3 en su historia. Y que ahora mismo y para el futuro le espera el mismo reclamo. Pero advierte que s\u00f3lo mantendr\u00e1 esa virtualidad si, como en momentos importantes, no se pliega dej\u00e1ndose absorber por la cultura ambiente. A su entender, una disimultaneidad, cierta capacidad de contraste, hace fecunda la encarnaci\u00f3n de la fe: \u00absin ser extraterritorial en el tiempo y en el espacio, el cristianismo no debe definirse desde referencias externas, sino ofreciendo sus propias referencias: el evangelio, Jesucristo crucificado; y, por tanto, la cultura no es el punto de referencia -o no el \u00fanico- para definir el contenido de la fe, sino el contexto y el compa\u00f1ero de di\u00e1logo\u00bb11.<\/p>\n<p>VIII. La catequesis sobre el tema<br \/>\nCuanto hemos dicho acerca de la consideraci\u00f3n que la cultura merece no es ajeno a la catequesis. Las culturas son inseparables de los seres humanos que viven en ellas y, a su vez, contribuyen a crear y desarrollar.<\/p>\n<p>La educaci\u00f3n en la fe y la catequesis deber\u00ed\u00adan ayudar a tomar conciencia de la situaci\u00f3n del mundo actual, en el que m\u00faltiples culturas conviven y se intercomunican. Y ayudar a caer en la cuenta de que la misma fe es vivida hoy en una llamativa multiplicidad de culturas, lo que no deja de tener consecuencias en la manera de entender la catolicidad.<\/p>\n<p>El anuncio del evangelio reclama de los creyentes que lo vivan de forma encarnada, lo que equivale a decir que la fe ha de informar su mundo vital y el entramado cultural en que se insertan. La fe se hace cultura al inspirar creaciones diversas, pero tambi\u00e9n en el sentido abarcante que el t\u00e9rmino tiene en nuestro tiempo, es decir, cuando informa y alienta una verdadera humanizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La catequesis ha de hacerse eco de la urgencia de que los cristianos contribuyan as\u00ed\u00ad a favorecer la creaci\u00f3n y promoci\u00f3n de culturas que resguarden la dignidad y la misteriosa profundidad de lo humano.<\/p>\n<p>Quienes anuncian o preparan el anuncio saben que la fe puede hacer importantes servicios a la cultura. Al ir al encuentro de la nueva situaci\u00f3n cultural, puede ofrecer una inapreciable aportaci\u00f3n que llega desde su entra\u00f1a y que se puede desglosar en estos t\u00e9rminos: 1) valorar los esfuerzos, las tradiciones diversas y sus m\u00faltiples creaciones culturales; 2) sostener el sentido cr\u00ed\u00adtico ante lo que se justifica s\u00f3lo por ser mayoritariamente aceptado o dominante y, sobre todo, deshumanizante; 3) avivar el sentido \u00e9tico y la conciencia de la responsabilidad por el otro como valores insustituibles en cualquier contexto cultural; 4) alentar las b\u00fasquedas de sentido, testimoniando la esperanza que no muere y confiando en la fuerza de la verdad y la bondad; 5) testimoniar la fe y dar raz\u00f3n de la esperanza en el lenguaje propio de cada contexto.<\/p>\n<p>En la situaci\u00f3n actual, la catequesis no puede despreocuparse de aquellos tramos o aspectos de la cultura que m\u00e1s de cerca preparan la apertura a la fe, que son en cierto modo su pre\u00e1mbulo.<\/p>\n<p>Y ha de transmitir la convicci\u00f3n, que llega desde la propia fe y alienta la esperanza, de que en tiempos de crisis y de llamativo pluralismo cultural, la fe puede desarrollar el potencial humanizador que guarda en su entra\u00f1a. La fe puede ayudar a que las culturas progresen y, sobre todo, a que sean culturas dignas de los seres humanos, seres, al fin, amados por s\u00ed\u00ad mismos por el Dios en quien creemos.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Cf J. MARTIN VELASCO, El malestar religioso de nuestra cultura, San Pablo, Madrid 1998&#8242;, 152. &#8211; 2. E. B. TYLOR, Cultura primitiva I, Ayuso, Madrid 1976, 19. Sobre la historia del problema pueden verse los trabajos citados en la bibliograf\u00ed\u00ada. Hay una buena s\u00ed\u00adntesis en A. TORNOS, Fe y culturas, SM, Madrid 1995, y en L. DucH, Religi\u00f3n y mundo moderno, PPC, Madrid 1995, 101-133, con referencias bibliogr\u00e1ficas. &#8211; 3. Cf A. L. KROEBER-C KLUCKHOHN, Culture: Critical Review of Concepts and Definitions, Museum of American Archeology and Ethnology, Cambridge 1952. &#8211; 4. Cf H. CARRIER, Diccionario de la cultura, Verbo Divino, Estella 1994, 150-161. &#8211; 5. Cf A. TORNOS, O.C., 10-15; &#8211; 6. H. CARRIER, o.c., 475. &#8211; 7. J. L. Ruiz DE LA PE\u00ed\u2018A, Una fe que crea cultura, Caparr\u00f3s, Madrid 1997, 20-54. &#8211; 8. C. GEFFRE, El cristianismo ante el riesgo de la interpretaci\u00f3n, Cristiandad, Madrid 1984, 215. &#8211; 9. JUAN PABLO II, Carta para la instituci\u00f3n del Pontificio Consejo para la cultura (20-5-82). &#8211; 10. D. AMALORPAVADASS, Evangelizaci\u00f3n y cultura, Concilium 134 (1978) 82-88. -11 Cf J. B. METZ, en X. KAuFMANN-J. B. METZ, Zukunftsf\u00fahigkeit. Suchbewegungen im Christentum, Friburgo 1987, 130-138.<\/p>\n<p>BIBL.: Adem\u00e1s de la citada en notas; AA.VV., Cristianismo y cultura en la Europa de los a\u00f1os 90, PPC, Madrid 1993; CARRIER H., Evangelio y culturas. De Le\u00f3n XIII a Juan Pablo II, Edice, Madrid 1988; CHIAVACCI E., Cultura, en Diccionario teol\u00f3gico interdisciplinar II, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982, 230-240; CONSEJO PONTIFICIO DE LA CULTURA, Para una pastoral de la cultura, Ciudad del Vaticano (23 mayo 1999); G\u00ed\u201cMEZ CAFFARENA J., La entra\u00f1a humanista del cristianismo, Verbo Divino, Estella 1987; Ra\u00ed\u00adces culturales de la increencia, Sal Terrae, Santander 1988; GONZ\u00ed\u0081LEZ-CARVAJAL L. Ideas y creencias del hombre actual, Sal Terrae, Santander 1991; MARTIN VELASCO J., Ser cristiano en una cultura posmoderna, PPC, Madrid 1996; POUPARD E., Cultura y cristianismo, en Diccionario de las religiones, Herder, Barcelona 1987, 383-393; ROVIRA BELLOSO J. M. Fe y cultura en nuestro tiempo, Sal Terrae, Santander 1988; TORNOS A., Actitudes de los creyentes ante la evangelizaci\u00f3n de la cultura, Univ. Pont. Comillas, Madrid 1992; TORRES QUEIRUGA A., Inculturaci\u00f3n de la fe, en FLORIST\u00ed\u0081N C.-TAMAYO J. J. (eds.), Conceptos fundamentales del cristianismo, Trotta, Madrid 1993, 611-619.<\/p>\n<p>Felisa Elizondo Arag\u00f3n<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(v. ciencia y fe, inculturaci\u00f3n) (ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n, BAC, Madrid, 1998) Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n SUMARIO: I. Una relaci\u00f3n viva en el fondo de lo humano. II. Cultura y culturas: dificultad de una definici\u00f3n. III. El Vaticano II y la cultura. IV. La evangelizaci\u00f3n de las culturas. V. 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