{"id":15212,"date":"2016-02-05T09:56:43","date_gmt":"2016-02-05T14:56:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/historia-de-la-iglesia\/"},"modified":"2016-02-05T09:56:43","modified_gmt":"2016-02-05T14:56:43","slug":"historia-de-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/historia-de-la-iglesia\/","title":{"rendered":"HISTORIA DE LA IGLESIA"},"content":{"rendered":"<p>(v. historia, historia de la evangelizaci\u00f3n, historia de salvaci\u00f3n, Iglesia)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Punto de partida: 1. Problem\u00e1tica actual; 2. C\u00f3mo situarnos ante esta problem\u00e1tica; 3. Claves fundamentales. II. L\u00ed\u00adneas maestras de un desarrollo hist\u00f3rico: 1. Un pueblo de llamados; 2. La Iglesia instituci\u00f3n; 3. Iglesia de masas o de elites; 4. El poder de y en la Iglesia; 5. Una anarqu\u00ed\u00ada institucionalizada; 6. Anticlericalismo. III. Claves catequ\u00e9ticas: 1. Aproximaci\u00f3n catequ\u00e9tica a la historia de la Iglesia; 2. Las tareas de la catequesis y la historia de la Iglesia; 3. Catequesis seg\u00fan las edades y situaciones de los catequizandos.<\/p>\n<p>1. Punto de partida<br \/>\n1. PROBLEM\u00ed\u0081TICA ACTUAL. San Agust\u00ed\u00adn se\u00f1ala que la catequesis tiene como objeto hacer una exposici\u00f3n completa de la historia de la salvaci\u00f3n: \u00abLa catequesis comienza por la frase: Al principio cre\u00f3 Dios el cielo y la tierra, y termina en el per\u00ed\u00adodo actual de la historia de la Iglesia\u00bb1. Pone de manifiesto que la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios a favor de su pueblo no concluye en los or\u00ed\u00adgenes de la Iglesia, testimoniada por los Hechos de los ap\u00f3stoles y las cartas apost\u00f3licas, sino que contin\u00faa hasta nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, tradicionalmente, la historia de la Iglesia ha sido considerada una de las fuentes de la catequesis y uno de sus objetos. La catequesis, si quiere ser completa, debe ocuparse de presentar al catec\u00fameno la historia del pueblo de Dios al que es incorporado. Por diversas razones, esta tarea ofrece hoy algunas dificultades:<br \/>\na) La cultura posmoderna pone en tela de juicio el mismo concepto de historia. A la tradicional ruptura generacional de todas las \u00e9pocas, viene a sumarse hoy la idea de que el tiempo presente no est\u00e1 vinculado al pasado; m\u00e1s a\u00fan, hay que romper con el pasado para vivir un presente que quiere ser alumbrado sin condicionamientos. La preocupaci\u00f3n por el hombre concreto es tal, que, con facilidad, se olvida que no es s\u00f3lo fruto de su entorno, sino un eslab\u00f3n de una larga cadena. Se ignora que la misma comunidad en la que \u00e9l se inserta es heredera de una prolongada serie de comunidades que han intentado vivir con coherencia lo que recibieron y, a su vez, han transmitido.<\/p>\n<p>b) A la gente de nuestro tiempo, reacia a todo lo institucional y jer\u00e1rquico, le cuesta trabajo aceptar que Dios act\u00fae en una estructura semejante a cualquier instituci\u00f3n del mundo. Esta dificultad se agrava cuando la misma historia de la Iglesia se ha presentado, tradicionalmente, como una historia de la instituci\u00f3n y de la jerarqu\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>c) La catequesis tambi\u00e9n se encuentra con la dificultad de presentar la historia de un pueblo en el que la gracia convive con el pecado: la rese\u00f1a de cualquier desviaci\u00f3n o deficiencia supone un esc\u00e1ndalo para el nuevo creyente. Por esta raz\u00f3n, la catequesis actual presenta a la Iglesia exclusivamente en su esencia y olvida su realizaci\u00f3n hist\u00f3rica, que es donde se verifica su vocaci\u00f3n de pueblo elegido por Dios.<\/p>\n<p>d) Una cuarta dificultad brota de la  naturaleza misma de la Iglesia. La Iglesia es una realidad divina y humana. Si resulta f\u00e1cil rese\u00f1ar los acontecimientos humanos que atraviesan su historia, no es tan f\u00e1cil historiar la acci\u00f3n gratuita de Dios en ella. En la historia de la Iglesia lo m\u00e1s importante es lo no historiable: la fe de los cristianos, su entrega amorosa a Dios y a Cristo y la esperanza que les alienta en su peregrinar.<\/p>\n<p>2. C\u00ed\u201cMO SITUARNOS ANTE ESTA PROBLEM\u00ed\u0081TICA. El cristianismo es una religi\u00f3n hist\u00f3rica. Por fundaci\u00f3n y esencia, la Iglesia est\u00e1 enraizada en la historia humana. Es comunidad peregrina por la historia hacia el reino de Dios. En ese peregrinaje ella manifiesta, a la vez, la debilidad y el pecado del hombre y la gracia y la misericordia de Dios. Su historia es precisamente testimonio de este di\u00e1logo salv\u00ed\u00adfico de Dios con la humanidad.<\/p>\n<p>El historiador de la Iglesia debe conocer y utilizar la historia como si se tratara de cualquier sociedad. Esto es l\u00f3gico y acertado, pero resulta insuficiente y en cierto sentido deformador, si se limita a describir las instituciones y su evoluci\u00f3n, las personalidades de la jerarqu\u00ed\u00ada y sus relaciones con los poderes del mundo, etc. La exposici\u00f3n de la historia de la Iglesia debe hacerse desde una comprensi\u00f3n que, sin deformar los aspectos objetivos de dicha historia, los encuadre en una realidad mucho m\u00e1s compleja y dif\u00ed\u00adcilmente comprensible: la historia de la salvaci\u00f3n, que es la historia del pueblo de Dios. \u00abLa identidad de este pueblo es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Esp\u00ed\u00adritu Santo como en su templo. Su ley es el mandamiento nuevo: amar como el mismo Cristo nos am\u00f3 (cf Jn 13,34). Su destino es el reino de Dios, que \u00e9l mismo comenz\u00f3 en este mundo, que ha de ser extendido hasta que \u00e9l mismo lo lleve tambi\u00e9n a su perfecci\u00f3n, cuando se manifieste Cristo, nuestra vida (cf Col 3,4)\u00bb (LG 9). Esta definici\u00f3n conciliar del pueblo de Dios nos indica que el conjunto de la Iglesia, impulsado por el Esp\u00ed\u00adritu, es sujeto protagonista de su historia.<\/p>\n<p>Una religi\u00f3n como la nuestra, basada fundamentalmente en la tradici\u00f3n, debe mimar, explorar y aclarar su historia con rigor, con entusiasmo y constancia. Los cristianos debieran acercarse a la historia de la Iglesia para fundamentar sus convicciones, para espolear sus resoluciones, para hacerse preguntas inquietantes, para aprender a corregir errores y pecados y, sobre todo, para descubrir la experiencia de salvaci\u00f3n y la presencia del Esp\u00ed\u00adritu en los cristianos de todos los siglos.<\/p>\n<p>3. CLAVES FUNDAMENTALES. La historia de la Iglesia tiene un tratamiento insignificante en todos los itinerarios catequ\u00e9ticos: ni se la reconoce como fuente de la propia catequesis ni como camino para introducir y vincular a los catec\u00famenos a la Iglesia; y cuando se la considera, se advierte una inadecuada presentaci\u00f3n de la misma (cf Directorio general para la catequesis, DGC 30)2. Este d\u00e9ficit afecta a la ra\u00ed\u00adz de la transmisi\u00f3n de la fe, ya que manifiesta una devaluaci\u00f3n del sentido profundo del misterio de la encarnaci\u00f3n, de la pascua y de la historia de la salvaci\u00f3n. Podr\u00ed\u00adamos decir que cuando la catequesis ignora la historia de la Iglesia, ignora el misterio de Cristo desplegado a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>Si los tiempos llegaron a la plenitud por la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios, la Iglesia, por la pascua de Cristo y el don de pentecost\u00e9s, constituye el fruto de esa encarnaci\u00f3n y una prolongaci\u00f3n de sus dones a trav\u00e9s de los siglos. De esta manera su historia, bajo la mirada de fe, se convierte en historia salv\u00ed\u00adfica que la Trinidad realiza con el hombre y camino hacia la plenitud del Reino ya anticipado en Jesucristo.<\/p>\n<p>a) La encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios. El cristianismo, por la encarnaci\u00f3n, es una religi\u00f3n hist\u00f3rica. No se puede olvidar este punto sin deteriorar no s\u00f3lo la presentaci\u00f3n de la fe, sino tambi\u00e9n la concepci\u00f3n de la misma. Dios ha estado presente en su creaci\u00f3n y en la vida de sus criaturas, y aunque con el pueblo de Israel desencadena la historia de amor que quiere realizar con el hombre, es en la encarnaci\u00f3n de su Hijo donde la historia de salvaci\u00f3n encuentra su momento definitivo. Desde este momento, como obra de la pascua y por la promesa de la presencia del propio Jes\u00fas, los avatares del pueblo de Dios son el despliegue de la encarnaci\u00f3n de Cristo cabeza en su cuerpo eclesial a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>En la historia de la Iglesia, como en la de Jes\u00fas de Nazaret, topamos con la coexistencia de lo divino y lo humano3. De ah\u00ed\u00ad que la misma tensi\u00f3n que vivieron los contempor\u00e1neos de Jes\u00fas la viven todas aquellas personas que se acercan a la comunidad de sus disc\u00ed\u00adpulos; la tensi\u00f3n permanente entre dos reacciones contrarias: la de confundir el cristianismo con las formas contingentes de vida y culturas propias de las diversas edades y \u00e9pocas (objetivismo positivista), y la de sustraer a la Iglesia de la relaci\u00f3n con la sociedad en que ha vivido y vive, eliminando el influjo que de ella recibe e ignorando la capacidad de la Iglesia para inculturarse, por lo que queda esta reducida a pura abstracci\u00f3n (espiritualismo desencarnado). Sin embargo, la presentaci\u00f3n correcta del Dios revelado y su presencia en todos los tiempos supone desentra\u00f1ar en los acontecimientos, personajes y movimientos de la Iglesia, la acci\u00f3n salvadora de su Esp\u00ed\u00adritu. La catequesis ayudar\u00e1 a dar el paso del signo al misterio: al igual que tras la humanidad de Jes\u00fas pone de manifiesto su condici\u00f3n de Hijo de Dios, tras la historia de la Iglesia, manifestar\u00e1 su misterio como \u00absacramento de salvaci\u00f3n\u00bb (cf DGC 108).<\/p>\n<p>b) La historia de la Iglesia, manifestaci\u00f3n de la historia de salvaci\u00f3n. La historia de la Iglesia constituye la tercera etapa de la historia de la salvaci\u00f3n que la catequesis debe narrar (cf DGC 130). La comunidad cristiana era consciente de que el reino de los cielos estaba en germen en ella, pero que s\u00f3lo al final de los tiempos lo alcanzar\u00ed\u00ada en su plenitud. Durante esta espera se desarrolla la historia de la Iglesia y la historia de la humanidad.<\/p>\n<p>La huella de este peregrinaje hist\u00f3rico hasta la plenitud del Reino es la mezcla del trigo y la, ciza\u00f1a, de lo divino y lo humano, lo santo y lo pecador, el signo revelador y la pantalla que oculta; sin embargo, la historia humana de la Iglesia manifiesta, a los ojos de la fe, la historia de Dios con los hombres. Por tanto, la catequesis debe tratar de recomponer y transmitir a los catec\u00famenos la memoria hist\u00f3rica, los mirabilia Dei presentes en la vida de los fieles cristianos, en el devenir de sus instituciones y en la pretensi\u00f3n constante de transmitir con fidelidad, a trav\u00e9s de los siglos, las palabras, los gestos, la doctrina y los sacramentos de Cristo. Esta lectura creyente requiere el ejercicio de los catequizandos en la mirada comprometida de la fe; ya que s\u00f3lo desde su luz se puede reconocer la acci\u00f3n oculta, pero real, de Cristo resucitado en la mediaci\u00f3n de su Iglesia. S\u00f3lo guiados por esta mirada hacia el pasado, y escrutando la acci\u00f3n salvadora de Cristo, se ver\u00e1n iluminados en el presente y proyectados hacia el futuro.<\/p>\n<p>c) Remitir los hechos hist\u00f3ricos al misterio de Cristo. La introducci\u00f3n de los catequizandos en el misterio de Cristo es tarea central en la acci\u00f3n catequ\u00e9tica. El tratamiento que la historia de la Iglesia ha de tener en la catequesis debe estar articulado, sobre todo, desde la referencia permanente a dicho misterio y a su obra de salvaci\u00f3n que contin\u00faa la Iglesia (cf CCE 772). Ciertamente, la catequesis, al narrar las maravillas de Dios (mirabilia Dei), las que hizo, hace y har\u00e1 por nosotros, se organiza en torno a Jesucristo, \u00abcentro de la historia de la salvaci\u00f3n\u00bb (DGC 115). Por tanto, no presentar\u00e1 los acontecimientos, los avatares, la espiritualidad y los personajes que jalonan la historia del pueblo de Dios, a modo de relatos edificantes y mod\u00e9licos, sino que desentra\u00f1ar\u00e1 en ellos el misterio todav\u00ed\u00ada actual que se realiza en Cristo y se desarrolla en la edificaci\u00f3n de su Cuerpo y en cada uno de sus miembros a lo largo de los siglos. Bajo formas y personas distintas, es el mismo misterio el que se pone de manifiesto, para que tambi\u00e9n los catec\u00famenos lo reconozcan y lo realicen a su modo y en su \u00e9poca4.<\/p>\n<p>II. L\u00ed\u00adne\u00e1s maestras de un desarrollo hist\u00f3rico<br \/>\nSin datos no es posible una reflexi\u00f3n serena, pero un simple conjunto de datos no hacen historia ni sirven para una elaboraci\u00f3n catequ\u00e9tica. Por otra parte, no se pueden ofrecer en una catequesis todos los datos, ni siquiera la mayor\u00ed\u00ada. Muy sint\u00e9ticamente articulamos los dos mil a\u00f1os de cristianismo alrededor de unas l\u00ed\u00adneas maestras capaces de explicar el desarrollo del conjunto de la historia de la Iglesia, siempre en relaci\u00f3n con lo que quiso y ense\u00f1\u00f3 Jes\u00fas.<\/p>\n<p>1. UN PUEBLO DE LLAMADOS. Jes\u00fas llam\u00f3 a los ap\u00f3stoles uno a uno. \u00abYo os he elegido\u00bb. Toda persona cristiana ha sido llamada a vivir en gracia y a formar parte de la Iglesia. Nadie tiene m\u00e1s derechos, aunque no todos tengan los mismos oficios. Todos participamos del sacerdocio de Cristo, pero los ministerios son diversos. Gregorio Magno se consider\u00f3 \u00absiervo de los siervos de Dios\u00bb y los obispos de la Am\u00e9rica hispana ten\u00ed\u00adan el t\u00ed\u00adtulo de defensores de los indios, es decir, de los oprimidos. Los cristianos y cristianas de todos los tiempos han sido llamados a servir, a evangelizar a los que desconoc\u00ed\u00adan a Cristo en tierras de paganos, a predicar la Palabra en los campos, como quiso Alfonso Mar\u00ed\u00ada de Ligorio, o en las universidades, como los dominicos y jesuitas, o en la actual cultura de la comunicaci\u00f3n, como los paulinos. Llamados a experimentar m\u00e1s especialmente los misterios de la gracia, como los m\u00ed\u00adsticos Teresa de Avila o Juan de la Cruz, o a ser disc\u00ed\u00adpulos del Se\u00f1or desde el carisma de los fundadores, capaces de captar un espacio de apostolado determinado o de se\u00f1alar una espiritualidad que subraya con m\u00e1s intensidad un aspecto de la vida de Cristo.<\/p>\n<p>La vida de la Iglesia es un inmenso campo de creatividad y de buena voluntad. La riqueza del esp\u00ed\u00adritu humano se manifiesta en ese inmenso mosaico que es la Iglesia, donde los hombres y mujeres han sido capaces de aspirar a conocer y amar a Dios seg\u00fan sus circunstancias particulares. Es importante, por tanto, presentar la historia de la Iglesia como la historia sorprendente y misteriosa de las relaciones del creyente con su Creador, tanto en su vertiente personal como, sobre todo, comunitaria.<\/p>\n<p>La encarnaci\u00f3n de Cristo constituye la plenitud de los tiempos, el punto de inflexi\u00f3n de la historia, la raz\u00f3n de ser de la Iglesia y de su historia. Es necesario introducir en la catequesis la historia de los permanentes esfuerzos de los cristianos por conocer y experimentar m\u00e1s y mejor a la Trinidad, la historia de la manifestaci\u00f3n de la vida de la gracia en la vida de los hombres, del fruto de los sacramentos, del influjo de la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. LA IGLESIA INSTITUCI\u00ed\u201cN. Jes\u00fas fund\u00f3 una comunidad de fe organizada y articulada. Frente a la tentaci\u00f3n del individualismo y del subjetivismo, \u00e9l estableci\u00f3 e impuls\u00f3 la comunidad de los creyentes. Desde el primer momento \u00e9l fue considerado la piedra angular. Al mismo tiempo, y siguiendo sus instrucciones, fueron apareciendo los ap\u00f3stoles, obispos, presb\u00ed\u00adteros, di\u00e1conos, doctores, profetas&#8230; que constituyen el armaz\u00f3n de la comunidad. El evangelio de Jes\u00fas ha sido conservado y transmitido por la instituci\u00f3n eclesial. Y nunca han faltado personas carism\u00e1ticas, libres, creativas, radicales y generosas capaces de mantener alta la tensi\u00f3n espiritual de la comunidad.<\/p>\n<p>El grupo de los disc\u00ed\u00adpulos, el pusillus grex (peque\u00f1o reba\u00f1o), fue aumentando hasta convertirse en la gran Iglesia extendida por toda la tierra. Es verdad que una Iglesia masiva de estas caracter\u00ed\u00adsticas pierde algunas de las cualidades y encantos de los grupos peque\u00f1os, y tiende necesariamente a la burocratizaci\u00f3n y a la mediocridad; pero, hist\u00f3ricamente, la alternativa ha sido la dispersi\u00f3n. Una organizaci\u00f3n que abarca pa\u00ed\u00adses y continentes tan diversos no puede funcionar sin una gran burocracia, y a medida que crece en n\u00famero tiende a complicar su organizaci\u00f3n y, aparentemente, a diluir sus carismas. Sucedi\u00f3 tambi\u00e9n as\u00ed\u00ad con todas las \u00f3rdenes religiosas.<\/p>\n<p>Conviene tener, tambi\u00e9n, en cuenta que la Iglesia es, de hecho, una comuni\u00f3n de Iglesias y que los obispos, en su conjunto, son los sucesores de los ap\u00f3stoles. Desde los primeros tiempos, las Iglesias locales constituyen el modelo completo de Iglesia, el de una comunidad de fieles alrededor del obispo, sucesor de los ap\u00f3stoles. El papa, sucesor de Pedro, es el centro de comuni\u00f3n de las Iglesias. No se trata de ver qui\u00e9n tiene m\u00e1s poder, sino de servir a los hermanos con m\u00e1s dedicaci\u00f3n cuanto m\u00e1s importante es el puesto, seg\u00fan las palabras de Jes\u00fas: \u00absi alguno de vosotros quiere ser grande, que sea vuestro servidor\u00bb. Por eso, uno de los t\u00ed\u00adtulos tradicionales del papa es \u00absiervo de los siervos de Dios\u00bb. La gran tentaci\u00f3n de los cristianos a lo largo de los siglos ha consistido en olvidar esta invitaci\u00f3n de Jes\u00fas y actuar como los poderes de este mundo.<\/p>\n<p>Parece dif\u00ed\u00adcil que una organizaci\u00f3n tan complicada pueda ser testimonio de pobreza o de caridad y mantener las caracter\u00ed\u00adsticas de una comunidad de hermanos y hermanas que se conocen y se aman. Sin embargo, una aproximaci\u00f3n a su historia nos ense\u00f1a las permanentes tensiones enriquecedoras y purificadoras presentes en esta sociedad: b\u00fasqueda permanente de autenticidad, de pobreza y de austeridad, tanto en los individuos como en los grupos; tensi\u00f3n entre democracia y aristocracia en los gobiernos de las instancias intermedias y en las supremas; tensi\u00f3n entre centralismo e iglesias locales o grupos m\u00e1s espont\u00e1neos o carism\u00e1ticos; tensi\u00f3n entre papado y conciliarismo.<\/p>\n<p>Con frecuencia, gracias a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, la generosidad de muchas personas, las experiencias nuevas, los grupos cristianos y los carismas personales, constituyen un contrapeso eficaz a la inevitable pesadez de la instituci\u00f3n. El esp\u00ed\u00adritu en vasijas de barro es la expresi\u00f3n adecuada para una comunidad que vive la tensi\u00f3n gozosa y creadora de la presencia actuante de Dios, no s\u00f3lo en las personas, sino tambi\u00e9n en los ritos, sacramentos e instituciones cristianas.<\/p>\n<p>Esta burocratizaci\u00f3n y la necesaria complejidad de una Iglesia tan masiva, han llevado tambi\u00e9n a un clericalismo excesivo. Un clero m\u00e1s libre y, en general, mejor preparado que la mayor\u00ed\u00ada de los fieles, constituye un elemento imprescindible de la evangelizaci\u00f3n; pero, a menudo, ha terminado siendo identificado con la Iglesia total, como si el pueblo fiel fuera simplemente un ap\u00e9ndice. Por eso la historia de la Iglesia ha sido reducida, a veces, a los papas, obispos, fundadores de congregaciones religiosas y clero diocesano y regular. Esto explica, en parte, el que apenas contemos con santos canonizados que no sean sacerdotes o religiosas. No obstante, somos conscientes de que hay muchos santos, no canonizados, que son evangelizadores en su medio familiar y social.<\/p>\n<p>La historia de la Iglesia es tambi\u00e9n una historia de la cultura, al menos en occidente. Toda religi\u00f3n se expresa y crea cultura; cuando no lo consigue es que se encuentra enferma. El cristianismo no ha sido, ni es, s\u00f3lo liturgia y oraci\u00f3n, sino tambi\u00e9n teolog\u00ed\u00ada, san Agust\u00ed\u00adn, Dante, Pascal, Bach o Murillo&#8230; La Iglesia no es s\u00f3lo fuente de santificaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n fuente de civilizaci\u00f3n. Resulta conveniente y enriquecedor integrar estos dos aspectos y presentarlos en la catequesis como diversos aspectos de una misma realidad (cf FR 70-72).<\/p>\n<p>3. IGLESIA DE MASAS O DE ELITES. La tentaci\u00f3n m\u00e1s normal y recurrente en nuestra historia ha sido la de considerar a la Iglesia como una reuni\u00f3n de elegidos, de gente consecuente y comprometida, que aleje de s\u00ed\u00ad la mediocridad. La doctrina de Jes\u00fas es exigente y complicada, y por eso no pocos han pensado que se trataba de una religi\u00f3n de minor\u00ed\u00adas. Ha sido una Iglesia de convertidos, de confesores, de m\u00e1rtires, de personas capaces de dar raz\u00f3n de su fe. Los tres primeros siglos correspondieron a esta exigencia. Evidentemente, segu\u00ed\u00ada existiendo el pecado, pero los cristianos conoc\u00ed\u00adan la exigencia del evangelio y los contenidos de la buena nueva.<\/p>\n<p>Desde las conversiones masivas del siglo IV todo cambi\u00f3. Los nuevos cristianos aceptaron a Cristo sin renunciar del todo a los valores y al talante pagano, y muchos de ellos sin conocer en profundidad la doctrina cristiana. Se predicaba a todas las gentes, pero no todos convert\u00ed\u00adan su coraz\u00f3n. La Iglesia, que ha huido siempre del peligro de constituirse en grupo de elegidos, en secta de puros, consciente de que el anuncio de salvaci\u00f3n est\u00e1 dirigido a todos los hombres, no acogi\u00f3, ni acoge, s\u00f3lo a un n\u00famero limitado de esp\u00ed\u00adritus selectos, sino a un innumerable n\u00famero de personas, entre las que suelen predominar las mediocres.<\/p>\n<p>El problema, sin duda, ha sido y sigue siendo real. Por una parte, el cristianismo es una religi\u00f3n muy exigente: \u00abYo soy el Se\u00f1or y a m\u00ed\u00ad solo adorar\u00e1s\u00bb. Pero Cristo muri\u00f3 por todos y la Iglesia ha aceptado en su seno a todos los que desean seguir al Se\u00f1or, a pesar de sus inconsecuencias. La historia de la Iglesia, por tanto, es la historia de un pueblo inmenso con no muchos santos ni genios ni l\u00ed\u00adderes, pero con una persistente aspiraci\u00f3n a una mayor purificaci\u00f3n y a conocer mejor a Jes\u00fas y seguirlo. Toda la historia se transforma en un proceso permanente de purificaci\u00f3n y de conversi\u00f3n. Los ciclos lit\u00fargicos, las escuelas de espiritualidad, los complicados procesos de religiosidad popular intentan conseguir este mismo fin.<\/p>\n<p>La falta de formaci\u00f3n doctrinal y las formas de religiosidad popular poco purificadas responden a una escasa cultura y formaci\u00f3n de una buena parte de los cristianos, y han facilitado la pasividad y la falta de compromiso. La desaparici\u00f3n de un catecumenado prolongado y exigente ha producido en los creyentes una cierta disociaci\u00f3n entre una fuerte ignorancia doctrinal y un sincero deseo de ser buenos cristianos, bien por temor al infierno, bien por amor a Cristo crucificado.<\/p>\n<p>Esta disociaci\u00f3n real ha favorecido la coexistencia de diversos niveles de cristianos en funci\u00f3n de su formaci\u00f3n doctrinal, de su vida moral y de su compromiso existencial. En cierto sentido, estos niveles se corresponden con los existentes, en cada \u00e9poca, en la sociedad, en funci\u00f3n de la cultura y formaci\u00f3n de sus miembros. El concilio de Trento quiso atajar esta situaci\u00f3n, que indudablemente hab\u00ed\u00ada favorecido el \u00e9xito de la reforma protestante, exigiendo una buena formaci\u00f3n del clero por medio de los seminarios, una mejor formaci\u00f3n del pueblo a trav\u00e9s del catecismo, y una participaci\u00f3n m\u00e1s asidua en los sacramentos. Un factor importante de cambio ha sido la evoluci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>4. EL PODER DE Y EN LA IGLESIA. Cristo, fundador de la Iglesia, no ten\u00ed\u00ada d\u00f3nde reclinar la cabeza, y desde entonces no pocos de sus seguidores han considerado que la pobreza y la negaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismos constituyen uno de los distintivos del cristianismo. No podemos ser m\u00e1s que el Maestro.<\/p>\n<p>Pero la Iglesia es, tambi\u00e9n, catedrales, abad\u00ed\u00adas, parroquias, hospitales, peri\u00f3dicos, emisoras de radio y televisi\u00f3n, universidades y miles de colegios, de revistas y de medios de presencia de todo g\u00e9nero. Desde las primeras generaciones, la Iglesia se ha conformado como un poderoso cuerpo, que ha contado con importantes medios para organizar las tres claves de su acci\u00f3n apost\u00f3lica: su liturgia, sus obras caritativas y las instituciones de ense\u00f1anza y formaci\u00f3n. Ha contado siempre con un n\u00famero considerable de miembros liberados, viviendo en pobreza para asemejarse m\u00e1s al Maestro.<\/p>\n<p>Para levantar y mantener esta imponente organizaci\u00f3n, ha utilizado, frecuentemente, los medios y los argumentos de los estados y del poder. Nos adentramos, pues, en el siempre complicado entramado de las relaciones de la Iglesia con la pol\u00ed\u00adtica y con el poder. Una buena parte de la historia eclesi\u00e1stica ha estado marcada por estas relaciones, en unas ocasiones conflictivas y no pocas veces armoniosas. A veces se ha producido cierta confusi\u00f3n entre ambas instituciones, y otras veces la Iglesia ha sido perseguida y martirizada.<\/p>\n<p>Es verdad que, a primera vista, la persecuci\u00f3n parece que congenia m\u00e1s con las palabras y ense\u00f1anzas de Jes\u00fas. En efecto, nunca ha sido bueno para la Iglesia, sociedad religiosa que tiene como fundador al crucificado, asimilar las formas y el estilo del poder pol\u00ed\u00adtico y social; pero resulta ut\u00f3pico e irreal pensar que se puede mantener en la sociedad un grupo tan numeroso de creyentes, con una presencia social tan decisiva, sin que existan permanentes relaciones y conexiones con quienes gobiernan y dirigen la sociedad civil. Jes\u00fas dijo que sus seguidores no ten\u00ed\u00adan que actuar como quienes sobresal\u00ed\u00adan en la sociedad; y, probablemente, este diverso talante que consiste en ver y actuar de otra manera, sin salirse de la sociedad, constituye la especificidad del cristiano.<\/p>\n<p>La pol\u00ed\u00adtica, a lo largo de la historia, ha pretendido utilizar el sentimiento religioso como elemento de cohesi\u00f3n de la sociedad, y la religi\u00f3n ha intentado servirse del poder pol\u00ed\u00adtico para protegerse y para expandirse; esto no impide pensar que existe un modo de relacionarse entre la sociedad de los creyentes y la sociedad de los ciudadanos m\u00e1s acorde con las exigencias de Cristo. Tal vez la democracia constituya un r\u00e9gimen m\u00e1s adecuado que los anteriores, porque en ella puede darse una sociedad laica, con respeto y autonom\u00ed\u00ada mutua, libertad de conciencia, pluralismo de creencias y tolerancia. Las guerras de religi\u00f3n, la intolerancia, la Inquisici\u00f3n y los diversos anticlericalismos, no por frecuentes deben considerarse necesarios, sino, al contrario, como excrecencias pecaminosas de una sociedad religiosa enferma.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n tenemos que preguntarnos sobre las diversas acepciones del poder. A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tenido poder por motivos diversos y, a veces, contradictorios: por el testimonio de sus santos, por la dedicaci\u00f3n de sus sacerdotes y religiosos, por el apoyo incondicional de sus creyentes, por la cultura de muchos de sus miembros, por sus riquezas, por sus instituciones de ense\u00f1anza y de caridad, por el apoyo de los reyes. Su poder no siempre ha sido rectamente utilizado, pero no cabe duda de que muchos de estos poderes tienen una finalidad estrictamente evangelizadora.<\/p>\n<p>5. UNA ANARQU\u00ed\u008dA INSTITUCIONALIZADA. S\u00f3lo Cristo es el Se\u00f1or; el papa, los obispos y los sacerdotes han sido considerados sus representantes y han actuado en su nombre. Esto nos ha llevado casi necesariamente a la uniformidad. Vicente de L\u00e9rins defin\u00ed\u00ada la ortodoxia como \u00ablo que siempre, lo que en todas partes, lo que por todos ha sido cre\u00ed\u00addo\u00bb. Parec\u00ed\u00ada que se devaluaba la libertad de conciencia y \u00abla libertad de los hijos de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>En realidad, la vida de la Iglesia ha sido y es mucho m\u00e1s plural de lo que se cree. Ortodoxia y heterodoxia han sido dos realidades casi complementarias, que se han influido con frecuencia, y que han determinado el trabajo de los concilios ecum\u00e9nicos y la consiguiente elaboraci\u00f3n dogm\u00e1tica. La formaci\u00f3n del credo ha sido el fruto de la fe y de la reflexi\u00f3n de un pueblo plural, marcado por sus culturas y sus experiencias religiosas diversas. En oriente, con un car\u00e1cter m\u00e1s especulativo, se fue elaborando la cristolog\u00ed\u00ada, mientras que en occidente, m\u00e1s pr\u00e1cticos, se habl\u00f3 y discuti\u00f3 sobre la gracia, el pecado original y la moral. Eran los te\u00f3logos y las comunidades creyentes quienes fueron profundizando en la ense\u00f1anza de Jes\u00fas, utilizando para ello sus conocimientos filos\u00f3ficos y sus elaboraciones culturales.<\/p>\n<p>El concepto de comuni\u00f3n conformaba una realidad viva y vital. La Iglesia universal y las Iglesias locales constitu\u00ed\u00adan y constituyen una unidad en la pluralidad. El obispo de Roma en su \u00e1mbito, y los obispos locales en el suyo, son el punto de comuni\u00f3n de la realidad eclesial, siempre plural. Esta diversidad encuentra caminos de convergencia, gracias a la existencia del magisterio eclesi\u00e1stico, que en determinados casos tiene la \u00faltima palabra.<\/p>\n<p>La identificaci\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica con el patriarcado de occidente ha empobrecido a la Iglesia, y ha favorecido la tentaci\u00f3n de identificar unidad con uniformidad al quedar reducida a la cultura occidental. Sin embargo, no podemos olvidar que esa variopinta comunidad-mosaico a la que llamamos Iglesia abarca cinco continentes, decenas de pueblos, idiosincrasias, culturas e historias diversas. El concilio ecum\u00e9nico, que representa la universalidad de la Iglesia, llega a conclusiones unitarias, pero manifiesta, tambi\u00e9n, esa diversidad. La historia de los concilios y de las diversas evangelizaciones expresa esta riqueza plural.<\/p>\n<p>Hay que poner de relieve la importancia teol\u00f3gica e hist\u00f3rica de la Iglesia particular, del obispo local, del s\u00ed\u00adnodo diocesano, del pueblo de Dios de una Iglesia concreta. Esto ha sido subrayado en el Vaticano II; pero, en realidad, constituye un concepto fundante en la historia eclesial. Estas consideraciones, y otras muchas que se podr\u00ed\u00adan a\u00f1adir, nos indican que la importancia de las Iglesias locales, la controversia apasionada por una doctrina o una teolog\u00ed\u00ada concreta, las diversas liturgias, han existido siempre y no significan un ataque a la unidad eclesial, sino que, por el contrario, enriquecen su capacidad de convivencia, la comuni\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>Por otra parte, la vida eclesial ha mantenido formas y modos democr\u00e1ticos de los que a menudo en nuestras reflexiones no somos suficientemente conscientes. Recordemos la forma de elecci\u00f3n de los obispos. A lo largo de los siglos han participado los fieles, los sacerdotes, los can\u00f3nigos y los mismos obispos. En las abad\u00ed\u00adas y congregaciones religiosas se elige al abad o al general o provincial de la orden. Los concilios y s\u00ed\u00adnodos, por su parte, constituyen ejemplos claros de coparticipaci\u00f3n y corresponsabilidad en la elaboraci\u00f3n doctrinal y en la organizaci\u00f3n eclesial. No se trata de criterios pol\u00ed\u00adticos, sino teol\u00f3gicos. Y tengamos en cuenta la defensa de un principio revolucionario que ninguna sociedad aceptar\u00ed\u00ada: la de la conciencia personal como \u00faltima norma de vida y de acci\u00f3n. La vida de la gracia, la presencia del Esp\u00ed\u00adritu en nosotros, nos otorga una autonom\u00ed\u00ada y una libertad impensables en otras sociedades. Es verdad que no pocas veces estos principios han sido conculcados en la pr\u00e1ctica, pero siempre se han mantenido como punto de referencia. Por ejemplo, en nuestros d\u00ed\u00adas, el pueblo no participa en el proceso de elecci\u00f3n de los obispos o de los sacerdotes, pero la comunidad sigue recordando la afirmaci\u00f3n del papa Le\u00f3n Magno: \u00abel que a todos preside por todos debe ser elegido\u00bb y, de hecho, en la liturgia de ordenaci\u00f3n sacerdotal es el pueblo quien presenta a los candidatos.<\/p>\n<p>Estamos conformados y condicionados por la tradici\u00f3n, pero conviene distinguirla de las tradiciones, presentaciones y adaptaciones que han ido acompa\u00f1\u00e1ndola a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>6. ANTICLERICALISMO. La persecuci\u00f3n de los primeros cristianos, la persecuci\u00f3n sangrienta de la Revoluci\u00f3n francesa y el intento de aniquilaci\u00f3n de la Iglesia y del cristianismo durante los primeros meses de la Guerra civil espa\u00f1ola, marcan tres hitos importantes de un problema, el anticlericalismo, que ha existido siempre, pero que adquiere enorme virulencia desde el siglo XVIII. Es verdad que Cristo anunci\u00f3: \u00abOs perseguir\u00e1n por mi causa\u00bb, sin que seamos capaces de comprender del todo las causas de esta persecuci\u00f3n. En efecto, aqu\u00ed\u00ad entramos en un \u00e1mbito dif\u00ed\u00adcil de evaluar, aunque generalmente tratamos de encontrar causas que racionalmente nos expliquen el problema.<\/p>\n<p>All\u00ed\u00ad donde hay fuerte clericalismo puede surgir el anticlericalismo, tal como lo vemos en la Edad media y en la literatura cl\u00e1sica de aquellos siglos. La Reforma protestante tiene tambi\u00e9n un componente anticlerical, no s\u00f3lo de car\u00e1cter doctrinal sino, sobre todo, vivencial. Pero la modernidad, tras la Ilustraci\u00f3n, ha comportado un anticlericalismo violento y excluyente: la cultura y el progreso de los pueblos parec\u00ed\u00adan exigir la aniquilaci\u00f3n o la mordaza del clero. La desamortizaci\u00f3n, el problema de la escuela y de la educaci\u00f3n en general, la marginaci\u00f3n de la Iglesia de la vida p\u00fablica, eran maneras de reducir la religi\u00f3n al puro \u00e1mbito de la conciencia, sin ninguna presencia p\u00fablica. Este es un vector clave de interpretaci\u00f3n de la eclesiolog\u00ed\u00ada y de la historia de la Iglesia que la catequesis debe tener en cuenta. Sin esta proyecci\u00f3n p\u00fablica y social no existe historia y tampoco Iglesia.<\/p>\n<p>En los dos \u00faltimos siglos ha existido otro factor importante de anticlericalismo: la llamada cuesti\u00f3n social, surgida con motivo de la industrializaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad como desde los primeros balbuceos del cristianismo, el tema de la pobreza como estado de vida y como campo de acci\u00f3n caritativa eclesial ha sido constante y muy importante, a lo largo del siglo XIX parec\u00ed\u00ada que la miseria producida por el planteamiento liberal-econ\u00f3mico hab\u00ed\u00ada escapado a las preocupaciones eclesiales. La Iglesia no s\u00f3lo pareci\u00f3 perder a los obreros, sino que la nueva clase social naci\u00f3 con un fuerte rechazo de la Iglesia y, a menudo, del sentimiento religioso. Cristo se\u00f1al\u00f3 su preferencia por los m\u00e1s pobres, pero en estos dos siglos la gran acusaci\u00f3n a los cristianos ha sido la de abandonar a los m\u00e1s necesitados. Este es un tema que no se puede silenciar ni simplificar. Hoy tenemos una perspectiva que nos permite un an\u00e1lisis y una valoraci\u00f3n m\u00e1s objetiva. No s\u00f3lo hay que hablar de las congregaciones e instituciones religiosas dedicadas a paliar las consecuencias de la miseria, sino tambi\u00e9n del ingente esfuerzo realizado por muchas personas, organismos y comunidades, por conocer mejor las causas y por poner los remedios adecuados a tal situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La clave fundamental del an\u00e1lisis es que las instituciones eclesiales, m\u00e1s que enfrentarse con la erradicaci\u00f3n de las causas de la pobreza, se esforzaban en paliar sus efectos. Probablemente la Iglesia no es la instituci\u00f3n adecuada para proponer teor\u00ed\u00adas y m\u00e9todos econ\u00f3micos, aunque la doctrina social eclesi\u00e1stica ha ofrecido no pocas pautas y sugerencias en tal sentido; pero un planteamiento convincente de nuestra historia no puede dejar de tener en cuenta que si algo ha caracterizado a la Iglesia en estos dos mil a\u00f1os de historia ha sido su preocupaci\u00f3n por las personas que viv\u00ed\u00adan en condiciones inhumanas, la denuncia vigorosa de estas situaciones y su sorprendente dedicaci\u00f3n por mejorar sus condiciones de vida.<\/p>\n<p>III. Claves catequ\u00e9ticas<br \/>\n1. APROXIMACI\u00ed\u201cN CATEQUETICA A LA HISTORIA DE LA IGLESIA. El escaso uso que se hace en la catequesis de la historia de la Iglesia se debate entre una mera transmisi\u00f3n de datos que los catequizandos deben adquirir de manera bancaria, y su utilizaci\u00f3n como argumento para defender planteamientos relativistas respecto a la doctrina y moral cristiana. Sin embargo, la historia de la Iglesia debe entrar en la catequesis por derecho propio, como una de sus fuentes.<\/p>\n<p>a) La historia de la Iglesia, fuente de la catequesis (cf DGC 95). Ciertamente, junto a la Sagrada Escritura, la catequesis encuentra en la tradici\u00f3n el eco vivo que la palabra de Dios ha ido produciendo en la Iglesia a lo largo de los siglos. Ese eco se halla recogido en los s\u00ed\u00admbolos de la fe, en la liturgia, en el testimonio de los Padres y en los pronunciamientos del magisterio, todos ellos de uso ordinario en la catequesis; pero tambi\u00e9n la tradici\u00f3n se expresa \u00aben la historia misma de la Iglesia en la diversidad de sus vicisitudes, figuras y manifestaciones de vida. Tambi\u00e9n ellas, en su condici\u00f3n de expresiones hist\u00f3ricas de la experiencia cristiana, tienen un papel importante como fuente de la catequesis\u00bb5. El mismo Directorio general para la catequesis lo manifiesta, al afirmar que la historia de la Iglesia es transmisora de la revelaci\u00f3n, y que, por tanto, la \u00abhistoria, le\u00ed\u00adda desde la fe, es tambi\u00e9n parte fundamental del contenido de la catequesis\u00bb (DGC 108). La ignorancia de la historia eclesial es, quiz\u00e1s, una de las causas del desdibujamiento de la vivencia creyente de los cristianos, sin marcos de referencia y adoleciente de una clara vinculaci\u00f3n a la Iglesia.<\/p>\n<p>b) Di\u00e1logo entre el pasado evocado y el presente vivido. \u00abLa Iglesia, al transmitir hoy el mensaje cristiano desde la viva conciencia que tiene de \u00e9l, guarda constante memoria de los acontecimientos salv\u00ed\u00adficos del pasado, narr\u00e1ndolos de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. A su luz, interpreta los acontecimientos actuales de la historia humana, donde el Esp\u00ed\u00adritu de Dios renueva la faz de la tierra, y permanece en una espera confiada de la venida del Se\u00f1or\u00bb (DGC 107). Este di\u00e1logo que la Iglesia mantiene con la humanidad a lo largo del tiempo lo debe realizar la catequesis con los catec\u00famenos. El catequista, sin dejar de lado la objetividad de los datos y de los documentos que aporta en la catequesis, deber\u00e1 hacer el esfuerzo de presentar el sentido y el significado que tienen en sus contextos, seg\u00fan el n\u00facleo de la experiencia cristiana que quiere transmitir. Ha de procurar que la memoria viva de la Iglesia ilumine los interrogantes, corrija las deficiencias y potencie la vida de fe de los catequizandos. Tratar\u00e1 de suscitar el di\u00e1logo personal entre Dios y el creyente a partir de la correlaci\u00f3n entre los acontecimientos salv\u00ed\u00adficos del pasado y los hechos actuales de la vida.<\/p>\n<p>c) La historia de la Iglesia, escuela de lectura creyente. En la catequesis se transmite la experiencia creyente de la Iglesia, que permite descubrir al Se\u00f1or de la historia. Necesariamente, \u00abel car\u00e1cter eclesial del mensaje remite a su car\u00e1cter hist\u00f3rico\u00bb (DGC 97); de modo que los acontecimientos, los personajes y las espiritualidades por las que ha discurrido la vida de la Iglesia son, a la luz de la fe, interpretaci\u00f3n viva del mensaje cristiano.<br \/>\nPor tanto, en la lectura creyente de los hechos eclesiales, la Iglesia, y en su nombre el catequista, est\u00e1 ofreciendo la clave de lectura por la cual el catec\u00fameno puede entrar en di\u00e1logo con Dios; no ya en la intimidad de su coraz\u00f3n, sino tambi\u00e9n en la oscuridad de los hechos atravesados por la ambig\u00fcedad de lo transitorio. La presentaci\u00f3n de la historia de la Iglesia no es mera cr\u00f3nica de sucesos, sino veh\u00ed\u00adculo por el cual se inicia (y esto es lo fundamental en la catequesis) en la lectura creyente de la vida e historia que los cristianos vivimos. La ejercitaci\u00f3n en la lectura de fe har\u00e1 del creyente, ante sus compa\u00f1eros y contempor\u00e1neos, un testigo comprometido de la vida desbordante del Dios-con-nosotros.<\/p>\n<p>d) Sentir con la propia Iglesia. El aprendizaje que el catec\u00fameno debe hacer para leer la historia de la Iglesia como historia de salvaci\u00f3n y manifestaci\u00f3n del misterio de Cristo no es un mero ejercicio intelectual; es fruto de un esfuerzo por empatizar y comprender la conciencia profunda que la Iglesia tiene de s\u00ed\u00ad misma, a partir de la revelaci\u00f3n, y por la que el creyente queda comprometido en toda su persona y vida. Esta lectura s\u00f3lo le es posible al catec\u00fameno en la medida en que tenga una vivencia personal de comuni\u00f3n con la Iglesia, madre y maestra, a trav\u00e9s de su comunidad cristiana.<\/p>\n<p>2. LAS TAREAS DE LA CATEQUESIS Y LA HISTORIA DE LA IGLESIA. Tomada la historia de la Iglesia como una de las fuentes de la catequesis, es necesario considerar c\u00f3mo alimenta y enriquece la iniciaci\u00f3n en cada una de las dimensiones de la vida cristiana.<\/p>\n<p>a) Conocer el misterio de la salvaci\u00f3n. La catequesis tiene como tarea central la introducci\u00f3n de los catec\u00famenos en el conocimiento del misterio de Cristo. Este misterio es siempre actual y no se reduce a la presencia hist\u00f3rica del Hijo de Dios en las tierras de Palestina, sino que se expande a todas las \u00e9pocas en las que la Iglesia ha ido manifestando la salvaci\u00f3n, actualizada por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios. \u00abCuando la catequesis transmite el misterio de Cristo, en su mensaje resuena la fe de todo el pueblo de Dios a lo largo de la historia\u00bb (DGC 105), porque la vida de la Iglesia es la que pone en claro el misterio de Dios, que, aun manifestado plenamente en Jesucristo, necesita que el hombre sea capaz de desentra\u00f1arlo y acogerlo en la actualidad de su tiempo.<\/p>\n<p>\u00abEl mejor comentario del evangelio es la historia de la Iglesia, es decir, su tradici\u00f3n. Al estudiar la historia de la Iglesia seguimos estudiando a Cristo, los diversos aspectos del misterio de Cristo, expandidos en su cuerpo m\u00ed\u00adstico&#8230; Los temas esenciales de la historia de la Iglesia corresponden a los aspectos principales del misterio mismo de Cristo. Una catequesis sobre la historia de la Iglesia debe anunciar siempre estos aspectos del misterio mismo de Cristo en sus miembros\u00bb6; y viceversa, una catequesis sobre el misterio de Cristo necesariamente debe mostrar c\u00f3mo se desarrolla y actualiza en la historia de sus seguidores.<\/p>\n<p>Con esta din\u00e1mica, lograremos algo que en la catequesis actual parece harto dif\u00ed\u00adcil: la vinculaci\u00f3n simult\u00e1nea a Cristo y a su Iglesia. No se podr\u00e1 concebir la adhesi\u00f3n a Jesucristo sin adherirse a su Cuerpo, que a lo largo de los tiempos y en la actualidad lo hace presente; y tampoco se podr\u00e1 concebir la adhesi\u00f3n a la Iglesia como mero grupo humano, sino como cauce para acceder a la obra salvadora que el Se\u00f1or contin\u00faa haciendo.<\/p>\n<p>b) Aprender a orar y celebrar. La iniciaci\u00f3n en la oraci\u00f3n y en la liturgia de la Iglesia no se reduce al aprendizaje de unas f\u00f3rmulas atemporales y a unos ritos ajenos al curso del tiempo. M\u00e1s bien, se las ha de situar en el marco fundante de la relaci\u00f3n fiel que Dios Padre ha querido tener a lo largo de los siglos con los hermanos de su Hijo, y la respuesta que estos, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, le han dado en multitud de formas y expresiones. La historia de la Iglesia es testimonio de este di\u00e1logo polif\u00f3nico, realizado a partir de la oraci\u00f3n del padrenuestro y de la mesa eucar\u00ed\u00adstica compartida.<\/p>\n<p>La introducci\u00f3n que la catequesis debe hacer a la vida lit\u00fargica de la Iglesia y a su experiencia oracional, ha de ir fundada en el testimonio hist\u00f3rico. En \u00e9l se contextualizan las diversas formas de tratar a Dios, no para relativizarlas, sino para penetrar en el nervio fundamental que recorre todos los modos lit\u00fargicos y oracionales, que los catec\u00famenos deber\u00e1n actualizar en su tiempo. Es el modo de hacer justicia a la celebraci\u00f3n y oraci\u00f3n cristiana que, desde la perspectiva de la encarnaci\u00f3n, siempre hacen relaci\u00f3n al Dios vivo y a su salvaci\u00f3n mediada por el devenir hist\u00f3rico. La experiencia oracional de los santos y las diversas corrientes espirituales, son manifestaciones de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en los creyentes que han querido responder a la llamada de Dios, saliendo al paso de las demandas de su tiempo.<\/p>\n<p>Especial menci\u00f3n ha de hacerse de la catequesis mistag\u00f3gica. Es en torno a la Palabra proclamada y a la Mesa servida donde la historia de la Iglesia ha quedado desentra\u00f1ada como historia salv\u00ed\u00adfica y los mirabilia Dei han dejado de ser hechos pasados para ser acciones actuales de Cristo. Por tanto, es necesario \u00absituar los sacramentos dentro de la historia de la salvaci\u00f3n, por medio de una catequesis mistag\u00f3gica, que relee y revive los acontecimientos de la historia de la salvaci\u00f3n en el hoy de la liturgia\u00bb (DGC 108).<\/p>\n<p>c) Ejercitar las actitudes evang\u00e9licas. Le es dif\u00ed\u00adcil a la catequesis actual el sustraerse, respecto a la iniciaci\u00f3n en el seguimiento de Cristo, a la tentaci\u00f3n de una perspectiva moralizante. Es un camino corto que se escoge ante la dificultad de presentar la vida moral enraizada en el mensaje evang\u00e9lico y como expresi\u00f3n de la obediencia filial al Padre y el seguimiento de su Hijo. Este modo voluntarista de presentar la vida cristiana, la arranca de su terreno madre -la vinculaci\u00f3n personal a Jesucristo- y se convierte en piedra de tropiezo para gran n\u00famero de cristianos.<\/p>\n<p>La consideraci\u00f3n del testimonio de los santos en la catequesis facilitar\u00e1 una presentaci\u00f3n m\u00e1s evang\u00e9lica de la vida cristiana. Testigos como san Agust\u00ed\u00adn, santo Domingo, san Francisco Javier, santa Teresa del ni\u00f1o Jes\u00fas, santa Mar\u00ed\u00ada Micaela, san Enrique de Oss\u00f3 y otros muchos, ponen de manifiesto que una vida transfigurada en Cristo brota de un coraz\u00f3n apasionado por Jes\u00fas y d\u00f3cil a los impulsos de la gracia de su Esp\u00ed\u00adritu. Los catequizandos contemplar\u00e1n en ellos los diversos aspectos de la vida de Cristo actualizados en distintas \u00e9pocas y contextos. Ver\u00e1n hecho carne el ideal de vida que hoy la Iglesia les propone para ser buenos hijos de Dios y hacer presente a Cristo ante sus contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>No se trata de hacer de la catequesis una sesi\u00f3n de hagiograf\u00ed\u00ada; se trata de mostrar c\u00f3mo los seguidores de Jes\u00fas han vivido unas u otras actitudes evang\u00e9licas y las han hecho no s\u00f3lo cre\u00ed\u00adbles, sino posibles en un momento determinado de la historia. La vida de esos testigos se ofrecer\u00e1 como camino para ir alcanzando, poco a poco y por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, la talla, la estatura de Cristo. La consideraci\u00f3n de la vida de los santos y su significado en el conjunto de la vida eclesial ampliar\u00e1 el horizonte de los creyentes respecto al seguimiento de Cristo y la entroncar\u00e1 en el coraz\u00f3n mismo del evangelio.<\/p>\n<p>d) Formar en la acci\u00f3n apost\u00f3lica y misionera. La historia de la Iglesia es la historia del cumplimiento del mandato de Jes\u00fas: \u00abId y haced disc\u00ed\u00adpulos m\u00ed\u00ados de todos los pueblos\u00bb; desde esas palabras, y bajo el impulso de pentecost\u00e9s, la Iglesia ha desplegado toda su actividad. La historia de la Iglesia es la historia de una misi\u00f3n.<\/p>\n<p>En la historia de la Iglesia se encuentra testimoniado el gran coraz\u00f3n de muchos creyentes que se han sentido conmovidos ante la multitud de sus contempor\u00e1neos que andaban como ovejas sin pastor, el ejemplo de una creatividad evang\u00e9lica que intenta dar respuesta novedosa a los continuos retos que los tiempos plantean a la misi\u00f3n cristiana, la entrega generosa de una legi\u00f3n de creyentes que han valorado y valoran m\u00e1s el anuncio del evangelio que su propia vida. En definitiva, la presentaci\u00f3n de la obra apost\u00f3lica de la Iglesia y su trabajo por el evangelio, es la testificaci\u00f3n, ante los catec\u00famenos, de que la obra evangelizadora es llevada por la acci\u00f3n cierta del esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas: \u00e9l es el que hace fuerte a la Iglesia en la propia debilidad, libre en sus ataduras, creativa en sus estructuras anquilosadas, valiente en medio de sus miedos, alegre entre las persecuciones y generosa en sus c\u00e1lculos humanos.<\/p>\n<p>El testimonio de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu servir\u00e1 de acicate a los nuevos creyentes, para que se incorporen confiada y alegremente a la misi\u00f3n de la Iglesia, fiados m\u00e1s en su presencia que en la propia capacidad. A la vez, la rese\u00f1a de la historia apost\u00f3lica de la Iglesia les ayudar\u00e1 a reconocer que no realizan una obra propia, sino que, por gracia de Dios, se asocian a una acci\u00f3n que les antecede desde pentecost\u00e9s y que continuar\u00e1 hasta la venida del Se\u00f1or al final de los tiempos.<\/p>\n<p>3. CATEQUESIS SEG\u00daN LAS EDADES Y SITUACIONES DE LOS CATEQUIZANDOS. La presentaci\u00f3n de la historia de la Iglesia a los catequizandos es tambi\u00e9n progresiva y gradual, seg\u00fan la edad y situaci\u00f3n de las personas que se catequizan.<\/p>\n<p>a) La catequesis de ni\u00f1os y ni\u00f1as. De los 8 a los 10 a\u00f1os, los ni\u00f1os y ni\u00f1as todav\u00ed\u00ada no tienen sentido de historia; s\u00ed\u00ad de la acci\u00f3n y sus resultados en la vida de diversos personajes. Captan tambi\u00e9n las referencias comunitarias, m\u00e1s all\u00e1 de su familia y de su grupo. Se interesan por los grandes acontecimientos y personajes, que en un primer momento consideran h\u00e9roes y m\u00e1s tarde modelos de referencia. Comienzan -antes las ni\u00f1as que los ni\u00f1os- a ser sensibles a la justicia, a los sufrimientos de los dem\u00e1s, a la solidaridad.<\/p>\n<p>La presentaci\u00f3n catequ\u00e9tica de la historia de la Iglesia debe ayudar, a unos y a otras, a descubrir al Dios que act\u00faa en la vida, en las personas y en los acontecimientos que se suceden, y a empezar a despertar su inter\u00e9s por la historia de una familia que es su familia. S\u00f3lo partiendo de realidades y personas concretas podr\u00e1n establecer dicha relaci\u00f3n. La clave teol\u00f3gica, Dios actuando en la historia, deber\u00e1 ser desarrollada metodol\u00f3gicamente a trav\u00e9s de dos lenguajes sumamente importantes en toda catequesis: la narraci\u00f3n y el s\u00ed\u00admbolo. Ambos ayudan a trascender lo que se ve y aproximan a lo que no se ve.<\/p>\n<p>&#8211; La narraci\u00f3n de la vida de diversos personajes es el modo concreto de manifestarles que la historia de la Iglesia ofrece el acceso al misterio que la habita: Dios presente y amorosamente activo. Los ni\u00f1os y ni\u00f1as se abrir\u00e1n a la acci\u00f3n de Dios en su vida, acogiendo las narraciones vivas y actuales de la historia de los santos. Francisco de As\u00ed\u00ads, Teresa de Jes\u00fas, Ignacio de Loyola y otros santos y santas m\u00e1s recientes, como sor Angela de la Cruz, Pedro Poveda, etc. son personas especialmente atractivas para los ni\u00f1os por su dimensi\u00f3n humana, su amor a la naturaleza, su cercan\u00ed\u00ada a los pobres y a los ni\u00f1os o su valent\u00ed\u00ada. Ellos les acercan a las maravillas que Dios ha realizado a lo largo de los siglos, hasta hoy.<\/p>\n<p>&#8211; La clave simb\u00f3lica aparece fundamentalmente en los acontecimientos que hacen avanzar la historia y llevan a un encuentro con el Se\u00f1or de la historia; porque la din\u00e1mica de la existencia y del crecimiento cristiano es una din\u00e1mica de encuentros y de experiencias, de signos de Dios. Adem\u00e1s de las personas antes citadas, es bueno tener tambi\u00e9n en cuenta la aparici\u00f3n de comunidades para el servicio de los pobres, de los ni\u00f1os y j\u00f3venes, de los enfermos, etc., significativas para los ni\u00f1os y ni\u00f1as, porque de alguna manera visibilizan la compasi\u00f3n y la cercan\u00ed\u00ada de Dios. Otra ayuda es la profusi\u00f3n de obras art\u00ed\u00adsticas religiosas que nos muestran la forma de relacionarse con Dios, con Jesucristo, con Mar\u00ed\u00ada, con los santos y con las realidades sagradas, en las distintas \u00e9pocas y culturas.<\/p>\n<p>b) Catequesis de adolescentes. El adolescente se encuentra en una etapa de reorganizaci\u00f3n de su personalidad. Tiene poca estabilidad afectiva y est\u00e1 muy centrado en su mundo, sus preocupaciones, su grupo, su proyecto. Critica el mundo adulto, aunque, a la vez, busca modelos adultos que le sirvan de referencia. Apuesta por los valores de la sinceridad, la valent\u00ed\u00ada, la lealtad, la justicia y la solidaridad, m\u00e1s como deseo y exigencia para los dem\u00e1s que como ejercicio en su propia vida.<\/p>\n<p>Para continuar la presentaci\u00f3n catequ\u00e9tica de la historia de la Iglesia, debemos tener en cuenta que en estas edades se inicia el sentido de historia, pero condicionado a la valoraci\u00f3n y repercusi\u00f3n afectiva que de los acontecimientos hagan ellos. Por tanto, debemos partir de modelos afectivos que les sirvan de contraste y que les aporten elementos v\u00e1lidos para construir su personalidad, vinculando siempre la vida de los santos a la de Cristo. El testimonio cercano les llevar\u00e1 a ir aceptando el comportamiento moral y espiritual de los seguidores y las seguidoras de Jes\u00fas, que rechazar\u00ed\u00adan si se lo impusieran. Es importante considerar que la maduraci\u00f3n afectiva es m\u00e1s temprana en la chica que en el chico.<\/p>\n<p>Conviene no olvidar que, en esta etapa, el muchacho o la chica tiene un gran impulso natural y una cierta experiencia de la vida; por eso, seg\u00fan Colomb, \u00abpuede ser peligroso presentar los hechos del hero\u00ed\u00adsmo cristiano como demasiado mortificados, pues provocar\u00ed\u00ada en ellos un rechazo, o llegar\u00ed\u00adan a creer que la vida religiosa es propia de gente extraordinaria\u00bb.<\/p>\n<p>No es dif\u00ed\u00adcil encontrar en la historia de la Iglesia ocasiones propicias para educar adecuadamente el sentido cr\u00ed\u00adtico. Evidentemente, los acontecimientos registrados en ella suscitar\u00e1n en los adolescentes reacciones e interrogantes que, con respuestas adecuadas, sin quedarse en la an\u00e9cdota, les ayudar\u00e1n a ir form\u00e1ndose un juicio cristiano y les facilitar\u00e1n una vinculaci\u00f3n m\u00e1s gozosa a la Iglesia, que trasciende a las personas concretas y a los acontecimientos m\u00e1s o menos acertados de la historia. Hay que ayudarles a leer cr\u00ed\u00adticamente la historia, para que descubran que, a pesar de los errores, Dios acompa\u00f1a y dirige el rumbo de los acontecimientos, como hab\u00ed\u00ada prometido: \u00abyo estar\u00e9 con vosotros hasta el fin de los tiempos\u00bb. La opci\u00f3n de Francisco de As\u00ed\u00ads y sus seguidores por una Iglesia pobre, frente a la Iglesia de cristiandad muy cercana al poder y la riqueza; los intentos de Gregorio Magno por una iglesia m\u00e1s cercana a los or\u00ed\u00adgenes, con la reforma lit\u00fargica, el env\u00ed\u00ado misional y su sencillez personal; la fundaci\u00f3n de peque\u00f1as comunidades ante una iglesia masificada, etc., son algunos signos de su mano providente.<\/p>\n<p>En todo momento hay que procurar ayudarles a que se acerquen a los acontecimientos del pasado con los interrogantes, luces y experiencias que aporta el presente. Y viceversa, ayudarles a leer el presente con la luz que ofrece la acci\u00f3n que el Esp\u00ed\u00adritu ha ejercido en la Iglesia, a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>c) La catequesis de j\u00f3venes y adultos. Las personas j\u00f3venes y adultas tienen ya sentido pleno de la historia y se sit\u00faan ante ella con una mirada realista. Su cr\u00ed\u00adtica a la sociedad y a la Iglesia est\u00e1 basada, sobre todo, en la falta de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo que se exige a los dem\u00e1s y lo que cada uno realiza, entre el evangelio y la praxis cristiana. Las grandes contradicciones de una historia con luces y sombras, con errores y aciertos, y el esfuerzo de muchos hombres y mujeres por mantener viva la fuerza espiritual y humana del evangelio, son tambi\u00e9n manifestaciones del Esp\u00ed\u00adritu y expresi\u00f3n de la acci\u00f3n de la gracia en la vida de los creyentes de todos los tiempos.<\/p>\n<p>La presentaci\u00f3n de la historia de la Iglesia en la catequesis de j\u00f3venes y de adultos se ha de vincular al misterio de Cristo y al fin mismo de la Iglesia, que es el servicio de Dios y la santificaci\u00f3n de la humanidad por el Esp\u00ed\u00adritu. Pero siendo esto importante, no es suficiente. Su presentaci\u00f3n ha de estar dirigida, sobre todo, a manifestar c\u00f3mo el misterio de Cristo ha permanecido presente y activo a lo largo de los siglos y c\u00f3mo la obra de la Iglesia ha sido mediaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n misericordiosa que Dios quiere realizar con sus hijos e hijas dispersos en el tiempo y en el espacio. Los j\u00f3venes y los adultos tienen en la catequesis de la historia de la Iglesia la posibilidad de percibir la actualizaci\u00f3n permanente de Cristo resucitado y de su obra salv\u00ed\u00adfica en el misterio de la Iglesia desplegado en el tiempo.<\/p>\n<p>Desde esta referencia, es necesario presentar la historia en su rigor cient\u00ed\u00adfico, pero trascendiendo los datos para entrar en el misterio de Cristo, presente en las instituciones que le sirven. Hay que resaltar lo permanente y lo esencial sobre aquello que es accidental y susceptible de cambio, y que de hecho ha cambiado. En lo permanente est\u00e1 nuestra verdadera historia.<\/p>\n<p>Este convencimiento tiene que llevar al catec\u00fameno a manifestar gozosamente que pertenece a esta Iglesia. En nuestra situaci\u00f3n actual es importante que la catequesis ayude a estas personas a leer la historia como manifestaci\u00f3n del misterio de Cristo, en clave de encarnaci\u00f3n y salvaci\u00f3n, sabiendo que Dios, que actu\u00f3 en los or\u00ed\u00adgenes, que envi\u00f3 a su Hijo y, por \u00e9l, realiz\u00f3 nuestra salvaci\u00f3n, ha seguido actuando a lo largo de la historia y sigue actuando hoy por la acci\u00f3n de su Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. De catechizandis rudibus (catequesis de los principiantes) III, 5, en Obras completas de san Agust\u00ed\u00adn XXXIX, BAC, Madrid 1988, 453-454. &#8211; 2 Cf A. PEREZ URROZ, \u00bfQu\u00e9 lugar ocupa la historia de la Iglesia en la historia de la catequesis?, Sinite 96 (1991) 11-59. &#8211; 3. Cf J. LORTZ, Historia de la Iglesia, Cristiandad, Madrid 1982, 16-17. &#8211; 4. \u00c2\u00b0 Cf J. COLOMB, Au souffle de 1&#8217;Esprit (livre du Maftre), Descl\u00e9e, Tournai 1961, 69-71. &#8211; 5 E. ALBERICH, Fuentes de la catequesis, en J. GEVAERT (dir.), Diccionario de catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1987, 394. &#8211; 6. J. COLOMB, Manual de catequ\u00e9tica I, Herder, Barcelona 1971, 411.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., La misionolog\u00ed\u00ada hoy, Verbo Divino, Estella 1987; AA.VV., Nueva historia de la Iglesia, 5 vols., Cristiandad, Madrid 1964-1977; AA.VV., Dos mil a\u00f1os de cristianismo, 5 vols., Cristiandad, Madrid 1979; AA.VV., La historia de la Iglesia o la cenicienta en la educaci\u00f3n de la fe, Sinite 29 (1991); BOSCH J., Para comprender el ecumenismo, Verbo Divino, Estella 1991; CoLOMB J., Au souffle de l&#8217;Esprit, Descl\u00e9e, Tournai 1961; COMBY J., Para leer la historia de la Iglesia, 2 vols., Verbo Divino, Estella 1987; DANIELOU J., El misterio de la historia, Dinor, San Sebasti\u00e1n 1963; DUMONT J., La Iglesia ante el reto de la historia, Encuentro, Madrid 1987; LABOA J. M., La larga marcha de la Iglesia, Sociedad Atenas, Madrid 1985; LABOA J. M.-DUE A., Atlas hist\u00f3rico del cristianismo, San Pablo, Madrid 1998; LLORCA B.-GARC\u00ed\u008dA-VILLOSLADA R.-LABOA J. M., Historia de la Iglesia cat\u00f3lica, 4 vols., BAC, Madrid 1991-1998.<\/p>\n<p>Juan M\u00c2\u00b0. Laboa Gallego,<br \/>\nMar\u00ed\u00ada Navarro Gonz\u00e1lez<br \/>\ny Juan Carlos Carvajal Blanco<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(v. historia, historia de la evangelizaci\u00f3n, historia de salvaci\u00f3n, Iglesia) (ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n, BAC, Madrid, 1998) Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n SUMARIO: I. Punto de partida: 1. Problem\u00e1tica actual; 2. C\u00f3mo situarnos ante esta problem\u00e1tica; 3. Claves fundamentales. II. L\u00ed\u00adneas maestras de un desarrollo hist\u00f3rico: 1. Un pueblo de llamados; 2. La &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/historia-de-la-iglesia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abHISTORIA DE LA IGLESIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15212","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15212","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15212"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15212\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15212"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15212"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15212"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}