{"id":15246,"date":"2016-02-05T09:57:47","date_gmt":"2016-02-05T14:57:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/itinerario-espiritual\/"},"modified":"2016-02-05T09:57:47","modified_gmt":"2016-02-05T14:57:47","slug":"itinerario-espiritual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/itinerario-espiritual\/","title":{"rendered":"ITINERARIO ESPIRITUAL"},"content":{"rendered":"<p>(v. espiritualidad)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. \u00abHorno viator\u00bb: el hombre en camino: 1. El hombre, ser temporal; 2. El hombre, ser en devenir; 3. El hombre, tarea de s\u00ed\u00ad mismo &#8211; II. Dinamismo de la vida espiritual seg\u00fan la Biblia: 1. La vida espiritual como camino que recorrer; 2. La vida espiritual como crecimiento y maduraci\u00f3n &#8211; III. Itinerarios espirituales en la historia de la Iglesia: 1. Los dos caminos; 2. El ideal gn\u00f3stico: 3. El progreso en la caridad: 4. El triple camino; 5. Itinerario de la mente hacia Dios; 6. La subida al monte Carmelo; 7. El camino de perfecci\u00f3n; 8. Hacia una m\u00ed\u00adstica apost\u00f3lica: 9. El caminito &#8211; IV. Itinerario espiritual para el hombre de hoy: 1. Iniciaci\u00f3n cristiana: a) Adquirir una mentalidad de fe. b) Tomar conciencia de las exigencias bautismales, c) Insertarse activamente en la comunidad eclesial. d) Integrar la fe cristiana con la vida diaria; 2. Maduraci\u00f3n espiritual: a) La libertad de los hijos de Dios. b) Una fe s\u00f3lida y personal, c) Discernimiento espiritual. d) Relaci\u00f3n social creativa y constructiva; 3. Unificaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica: a) \u00abImpresi\u00f3n de vivir una vida m\u00e1s amplia y profunda&#8230; en presencia de una fuerza ideal\u00bb. b) \u00abSentido de continuidad entre Dios&#8230; y la propia vida&#8230;\u00bb. c) \u00abSentido de inmensa y confiada libertad&#8230;\u00bb. d) \u00abDesplazamiento del centro afectivo-emotivo.<\/p>\n<p>1. \u00abHomo viator\u00bb: el hombre en camino<br \/>\nEl caminar es una experiencia primordial, que permite al hombre liberarse de un determinado lugar y alcanzar nuevas \u00e1reas y metas. La itinerancia, distinta de las emigraciones ocasionales y del turismo, se convierte en sistema de vida de los pueblos n\u00f3madas, que pueden repetir con G. K. Gibrane: \u00abNosotros, los errantes, que andamos siempre buscando el camino m\u00e1s solitario, jam\u00e1s iniciamos un d\u00ed\u00ada donde enterramos el d\u00ed\u00ada anterior. Nunca nos encuentra la aurora donde el poniente nos dej\u00f3. Aun cuando la tierra duerme, nosotros viajamos\u00bb&#8216;. La funci\u00f3n motriz ambulatoria fundamenta el simbolismo del caminar humano en el orden f\u00ed\u00adsico, ps\u00ed\u00adquico y espiritual: el hombre es un itinerante -\u00abhorno viator\u00bb. seg\u00fan la expresi\u00f3n de G. Marcel-, siempre en camino hacia el logro de su plenitud. Y, parad\u00f3jicamente -a\u00f1ade G. Marcel-, parece como si \u00abs\u00f3lo pudiera establecerse un orden terrestre estable a condici\u00f3n de conservar el hombre la conciencia aguda de su condici\u00f3n itinerante\u00bb. Precisamente este sentido del dinamismo humano se ha agudizado en la cultura contempor\u00e1nea, que se complace en \u00abver las cosas bajo el aspecto de su mutabilidad y evoluci\u00f3n\u00bb (GS 54). En particular, esta visi\u00f3n din\u00e1mica del hombre ha madurado bajo el influjo de algunas corrientes, como el historicismo, el evolucionismo y el existencialismo contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>1. EL HOMBRE, SER TEMPORAL &#8211; La concepci\u00f3n hist\u00f3rica del hombre, propia de la Biblia y del cristianismo, se debilit\u00f3 con el racionalismo ilustrado para volver a imponerse en el siglo pasado, sobre todo por obra de Hegel y de sus seguidores, para quienes la realidad es historia y nada existe fuera de ella. Esta visi\u00f3n reductiva tuvo como efecto hacer de la historia la forma dominante de la cultura: \u00abHistoricidad es la categor\u00ed\u00ada fundamental desde la que el hombre mismo, a partir de ahora, tiene que aprender a conocerse de un modo nuevo. El mismo no existe m\u00e1s que en cuanto deviene, y todas sus im\u00e1genes est\u00e1n bajo el signo de la historia y deben entenderse s\u00f3lo dentro de ella\u00bb. As\u00ed\u00ad pues, el devenir hist\u00f3rico es un proceso de g\u00e9nesis de la conciencia y de lenta liberaci\u00f3n del hombre; pero tambi\u00e9n el lugar de la acci\u00f3n del hombre para transformar el mundo y no s\u00f3lo interpretarlos. El hombre es un ser temporal que no puede realizarse totalmente en un momento, sino s\u00f3lo en una sucesi\u00f3n de tiempos; evoluciona y se construye con la historia. Por eso tiene que abrirse al fluir y a la din\u00e1mica de la historia, que condiciona y lleva a cabo su desarrollo, y al mismo tiempo actuar personalmente imprimiendo en ella su propio sello y realizando un proyecto v\u00e1lido: \u00abLa fundamental constituci\u00f3n temporal del hombre no significa que viva dentro del tiempo como en un espacio vac\u00ed\u00ado y dentro de \u00e9l cumpla su tarea. El tiempo no es como una forma vac\u00ed\u00ada que el hombre llene. Tampoco es un escenario en que haga el papel que la vida le asigna. La temporeidad significa m\u00e1s bien que el hombre, a consecuencia de su m\u00e1s \u00ed\u00adntima manera de ser, vive tambi\u00e9n temporalmente&#8230; continuamente produce cambios en el mundo que habita y en \u00e9l mismo\u00bb. Por eso el camino del hombre no podr\u00e1 separarse del tiempo y de la historia.<\/p>\n<p>2. EL HOMBRE, SER EN DEVENIR &#8211; En contra de la concepci\u00f3n est\u00e1tica y fixista, el evolucionismo considera la realidad en mutaci\u00f3n y progreso continuo y necesario. Para Teilhard de Chardin la evoluci\u00f3n no se aplica s\u00f3lo al origen del universo y de la especie humana, sino que es \u00abuna condici\u00f3n general a la cual deben doblegarse y someterse, para ser posibles y verdaderas, todas las teor\u00ed\u00adas. todas las hip\u00f3tesis, todos los sistemas. Una luz esclareciendo todos los hechos, una curvatura a la cual deben amoldarse todos los rasgos: he aqu\u00ed\u00ad lo que es la evoluci\u00f3n\u00bb. En la trama del mundo, la vida del hombre es de todas formas una gran aventura, que supone un crecimiento hacia lo m\u00e1ximo del ser: una maduraci\u00f3n, una unificaci\u00f3n, pero al mismo tiempo paradas, crisis y disminuciones. El planteamiento evolutivo fue adquiriendo progresivamente terreno en las ciencias humanas, en la cultura y en la teolog\u00ed\u00ada. La moral \u00abcerrada\u00bb, un sistema de h\u00e1bitos inmutables, cede el puesto a la moral \u00ababierta\u00bb, que es dinamismo, impulso y exigencia de movimiento&#8217;. El concepto de din\u00e1mica ha entrado en la psicolog\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica para investigar los fen\u00f3menos de la vida ps\u00ed\u00adquica en las fuerzas y motivaciones que los determinan. Tambi\u00e9n la hagiograf\u00ed\u00ada ha abandonado su concepci\u00f3n est\u00e1tica para tener en cuenta los ritmos, el desarrollo y la maduraci\u00f3n del santo en los diversos periodos de su vida \u00c2\u00b0. Finalmente, la teolog\u00ed\u00ada estudia el problema del desarrollo de los dogmas a fin de aclarar la identidad del hecho original a trav\u00e9s de las transformaciones de los tiempos que cambian.<\/p>\n<p>3. EL HOMBRE, TAREA DE St MISMO &#8211; El existencialismo, a pesar de sus diversas ramificaciones, est\u00e1 de acuerdo en reconocer la tarea perenne del hombre: llegar a ser \u00e9l mismo a trav\u00e9s de un camino que no tendr\u00e1 t\u00e9rmino. Para Sartre, el hombre no puede ser definido, ya que al principio no es nada: \u00abSer\u00e1 a continuaci\u00f3n y ser\u00e1 lo que se haya hecho&#8230; El hombre no es m\u00e1s que aquello que se hace. Este es el principio del existencialismo\u00bb. Toda la vida del hombre est\u00e1 orientada a construir su destino, pasando de la existencia vulgar y an\u00f3nima a la aut\u00e9ntica, que consiste en asumir la propia situaci\u00f3n de serpara-la-muerte (Heidegger) y de serpart\u00ed\u00adcipe-de-lo-divino (Kierkegaard, Le Senne, Lavelle). En esta \u00faltima perspectiva, la vida del hombre no es una simple ratificaci\u00f3n de la naturaleza, sino una vocaci\u00f3n, esto es, \u00abla b\u00fasqueda de una coincidencia de s\u00ed\u00ad consigo mismo, o sea, con la parte mejor de s\u00ed\u00ad\u00bb. En realidad, esta coincidencia no se realiza nunca plenamente, ya que las potencias o facultades humanas pueden permanecer sin ejercitarse y dar origen a un distanciamiento o intervalo entre lo real y lo ideal. Por consiguiente, yo no puedo nunca coincidir conmigo y he de confesar con obligada humildad mi infidelidad constante a mi vocaci\u00f3n. Pero no es repudiando nuestra finitud como nos salvamos, sino aceptando nuestros l\u00ed\u00admites y colm\u00e1ndolos con lo divino, que siempre se nos ha ofrecido en participaci\u00f3n. S\u00f3lo con el amor, perfecci\u00f3n del acto de participaci\u00f3n, en cada acci\u00f3n y en el exacto cumplimiento de las tareas cotidianas, se crea la persona y se llega a ser uno mismo por la fidelidad a Dios. El existencialismo ha difundido la conciencia del hombre como ser incompleto, que no puede detenerse, sino que tiene que realizarse continuamente.<\/p>\n<p>La orientaci\u00f3n din\u00e1mica de la cultura interpela al cristiano para que preste la atenci\u00f3n debida al aspecto evolutivo de la vida espiritual que est\u00e1 llamado a vivir en la actual situaci\u00f3n hist\u00f3rica. Por tanto hemos de recordar que, \u00abtributaria del tiempo debido a su arraigo en una \u00e9poca determinada, nuestra vida sobrenatural lo es tambi\u00e9n debido a las condiciones de su desarrollo. En efecto, la gracia no suprime la naturaleza, sino que se apoya en ella y respeta sus estructuras y sus leyes\u00bb\u00bb. La vida espiritual tiene sus ritmos, su crecimiento, su dinamismo, que se deber\u00e1 precisar a la luz de la palabra de Dios, de la tradici\u00f3n eclesial y de los datos culturales y experienciales de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>II. Dinamismo de la vida espiritual seg\u00fan la Biblia<br \/>\nLa descripci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la vida del creyente nos permite vislumbrar la complejidad de la experiencia religiosa [>Experiencia espiritual en la Biblia], que no se puede comprender ni expresar de manera adecuada en conceptos y s\u00ed\u00admbolos. Los diversos aspectos de la condici\u00f3n cristiana se presentan a veces dentro de una perspectiva de oposici\u00f3n y antinomia [>Antinomias espirituales; >Experiencia espiritual en la Biblia II, 5, e]; se invita al cristiano a vivir una existencia definida al mismo tiempo como servicio y filiaci\u00f3n, como gozo y mortificaci\u00f3n, como presencia y fuga del mundo, como camino estrecho y mesa del reino, como culto y praxis, como estabilidad y camino \u00ab. Aunque es posible compaginar estas antinomias mediante una mayor profundizaci\u00f3n del significado de los t\u00e9rminos o a nivel de vida, hay que renunciar a su soluci\u00f3n definitiva; expresan la compleja situaci\u00f3n del cristiano, en la que han de coexistir necesariamente el ya y el todav\u00ed\u00ada-no, la historia y la escatolog\u00ed\u00ada. el peso del pasado y la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Precisamente porque est\u00e1 llamado a vivir en un tiempo intermedio, el creyente no puede atrincherarse en una visi\u00f3n est\u00e1tica; tiene delante de s\u00ed\u00ad un camino que recorrer, cuyo trazado general, en sus comienzos, en su recorrido y en su t\u00e9rmino, ha sido dibujado por la Biblia sobre todo mediante un grupo de im\u00e1genes que gravitan en torno a los s\u00ed\u00admbolos predominantes de \u00abcamino\u00bb y de \u00abvida\u00bb. Analizando esta simbolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica [\/\u00bbS\u00ed\u00admbolos espirituales] nos ser\u00e1 posible percibir el dinamismo que gu\u00ed\u00ada el itinerario del creyente hacia las metas a que lo llama el Se\u00f1or en su plan de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. LA VIDA ESPIRITUAL COMO CAMINO QUE RECORRER &#8211; Los semitas, que acostumbraban expresar las realidades espirituales con t\u00e9rminos concretos, recurren a las palabras camino, sendero, v\u00ed\u00ada para indicar el modo de vivir, la conducta moral y el comportamiento religioso del hombre. Como en el mito de H\u00e9rcules en la encrucijada, que tiene que escoger entre el mal y la virtud, tambi\u00e9n en la Biblia se invita al hombre a realizar una opci\u00f3n radical por el camino que propone Dios: \u00abMira, yo pongo hoy delante de ti la vida y la felicidad, la muerte y la desgracia. Si escuchas los mandamientos de Yahv\u00e9, tu Dios, que yo te prescribo hoy; si amas a Yahv\u00e9, tu Dios; si sigues sus caminos&#8230;\u00bb (Dt 30,15-16). El tema de los dos caminos desarrolla la oposici\u00f3n entre el camino de los malvados, que es tortuoso y lleva a la ruina (Prov 21,8; 12,28; Sal 1,6), y el de los justos, que es derecho y perfecto (1 Sam 12,23; 1 Re 8,36; Sal 101,2.6), consiste en buscar la justicia, la fidelidad y la paz (Prov 8,20; 12,28; Sal 119,30; Is 59,8) y conduce a la vida (Prov 2,19; 6,23; Jer 21,8). A la pregunta del fiel sobre las exigencias de Dios, el profeta Miqueas responde sintetizando la vida moral del israelita: \u00abSe te ha dado a conocer, \u00c2\u00a1oh hombre!, lo que es bueno, lo que Yahv\u00e9 de ti reclama. Es esto: practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con tu Dios\u00bb (Miq 6,8).<\/p>\n<p>El Dios de Israel no se contenta con una moral gen\u00e9rica; exige que se recorran sus caminos maravillosos, aunque muchas veces desconcertantes: \u00abMis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos -dice Yahv\u00e9-. Tan altos como el cielo por encima de la tierra se elevan mis caminos sobre vuestros caminos\u00bb (Is 55,8-9). Superando las esperanzas humanas, el camino de Dios se define como partida, salida, \u00e9xodo: Abrah\u00e1n tiene que salir de su tierra para aventurarse por un pa\u00ed\u00ads extranjero (G\u00e9n 12,1-5); el pueblo elegido est\u00e1 marcado por la experiencia del \u00e9xodo cuando es guiado por Dios a trav\u00e9s de un camino largo y dificil de comprender (Ex 13,17-18; Dt 8,2), hasta la alianza y la tierra prometida; los hebreos desterrados y sometidos al yugo de Babilonia experimentan un nuevo \u00e9xodo o liberaci\u00f3n de la esclavitud pol\u00ed\u00adtica, signo de la liberaci\u00f3n que realizar\u00e1 el \u00absiervo de Yahv\u00e9\u00bb de la esclavitud m\u00e1s profunda constituida por el pecado (Is 42,1-9; 53,5-12).<\/p>\n<p>El Nuevo Testamento recoger\u00e1 los temas del camino y del \u00e9xodo, espiritualiz\u00e1ndolos y sobre todo d\u00e1ndoles una dimensi\u00f3n marcadamente cristol\u00f3gica. No s\u00f3lo refiere las palabras de Cristo sobre los dos caminos (Mt 7,13-14), sino que incluso define al cristianismo simplemente como \u00abel camino\u00bb (He 9,2; 18,25; 19,9.23; 22,4; 24,14.22), como indicando que \u00e9l es ahora la expresi\u00f3n definitiva de la voluntad de Dios. En sus \u00abdichos de entrada\u00bb (Mt 5,3.5.10.20; 18,3; 19,23-24; 21,31; 22,12; 23,13; 25,10.21. 23; Mc 9,47; Jn 3,5), Jes\u00fas establece las condiciones esenciales para entrar en el reino de Dios: sobre todo la conversi\u00f3n pronta, radical, efectiva (Mc 1,15; Mt 18,3; Lc 13,1-5) y la fe [>Creyente] como actitud de entrega total a Dios y a Cristo (Mc 1,15: 5.34; 16,16; Jn 3,15ss: 6,29; 20,31). Invita, adem\u00e1s, a su seguimiento (Mc 2,4; 3,13; 10,21; Lc 9,57-62; Jn 1,43; 6,70; 13,18; 15,16), entendido como \u00abintroducci\u00f3n en las condiciones de vida de Jes\u00fas, participaci\u00f3n en su destino\u00bb. El seguimiento impone a los llamados asperezas inauditas, que se resumen en la renuncia radical al propio yo con todas sus tendencias ego\u00ed\u00adstas hasta el sacrificio de la vida (Mc 8,34-35); pero ayuda al mismo tiempo a superar toda praxis legalista o degenerada y lleva a unificar las exigencias morales y religiosas en el amor a Dios y al pr\u00f3jimo\u00bb.<\/p>\n<p>La innovaci\u00f3n m\u00e1s importante respecto al progreso espiritual del hombre en el mundo de lo divino consiste en la identificaci\u00f3n del camino con Jes\u00fas: \u00abYo soy el camino\u00bb (Jn 14,6). El camino o comportamiento de la vida en sinton\u00ed\u00ada con la voluntad de Dios no es ya un conjunto de leyes o de actitudes, sino la persona misma de Jes\u00fas; \u00e9l es el camino, porque es el mediador que revela al Padre y constituye el \u00fanico acceso a \u00e9l (Jn 14,7-9). En esta misma l\u00ed\u00adnea, la Carta a los Hebreos se refiere a Cristo jefe-gu\u00ed\u00ada y precursor (Heb 2,10; 6,20; 12,2), que inaugur\u00f3 el \u00abcamino nuevo y viviente\u00bb de acceso a Dios: As\u00ed\u00ad pues, hermanos, puesto que tenemos la gozosa esperanza de entrar en el santuario, en virtud de la sangre de Jes\u00fas, siguiendo el camino nuevo y viviente que \u00e9l ha inaugurado a trav\u00e9s del velo, es decir, de su carne&#8230;, acerqu\u00e9monos&#8230;\u00bb (Heb 10,19-22). El mismo Cristo es un camino nuevo, que permite superar el abismo que separa a los pecadores de la santidad de Dios (cf Heb 9,8), y un camino viviente, porque anima y sostiene con su intercesi\u00f3n (Heb 7,25; 13,8) la marcha de los fieles hacia la Jerusal\u00e9n celestial (Heb 12,22). Pablo podr\u00e1 entonces animar a los creyentes: \u00abComo acogisteis al Se\u00f1or Jesucristo, caminad en \u00e9l\u00bb (Col 2,6), y: \u00abCaminad en el amor, siguiendo el ejemplo de Cristo, que nos am\u00f3\u00bb (Ef 5,2).<\/p>\n<p>El caminar cristiano asume a veces dos matices, convirti\u00e9ndose en carrera o en peregrinaci\u00f3n. El primer aspecto, que urge y subraya el dinamismo del itinerario espiritual, es presentado por Pablo con la imagen deportiva de la carrera en el estadio (1 Cor 9,24-27) y con la referencia a s\u00ed\u00ad mismo, proyectado totalmente despu\u00e9s de su conversi\u00f3n a obtener la corona de la vida: \u00abHermanos, yo no creo haber alcanzado ya la perfecci\u00f3n; de una cosa me ocupo: olvidando lo que queda atr\u00e1s, me lanzo en persecuci\u00f3n de lo que est\u00e1 delante, corro hacia la meta, hacia la vocaci\u00f3n celeste de Dios en Cristo Jes\u00fas\u00bb (Flp 3,13-14). La tensi\u00f3n hacia el futuro se convierte en un imperativo para los cristianos: \u00abCorramos con perseverancia en la prueba que se nos propone, fijando nuestra mirada en Jes\u00fas, el autor y consumador de la fe\u00bb (Heb 12,1-2).<\/p>\n<p>El pueblo de Dios es, adem\u00e1s, un pueblo de peregrinos y de pr\u00f3fugos (Heb 11,13; 13,9; 6,18), que no posee una ciudad permanente (13,14); su vida presente no puede considerarse m\u00e1s que como una peregrinaci\u00f3n (1 Pe 1,1; 2,11). En efecto, los cristianos, aunque est\u00e1n en el mundo, \u00abno son mundo\u00bb (Jn 17,16) y su \u00abpatria est\u00e1 en los cielos\u00bb (FIp 3,20). La declaraci\u00f3n de Abrah\u00e1n: \u00abYo soy extranjero y peregrino entre vosotros\u00bb (G\u00e9n 23,4) se ha convertido en definici\u00f3n del alma religiosa, en un t\u00ed\u00adtulo al que se nos remite en la oraci\u00f3n para ser escuchados (Sal 39,13;119,19; 1 Cr\u00f3n 29,15). San Pedro deduce de ah\u00ed\u00ad su espiritualidad del pasajero, que no se acomoda a las costumbres locales en contraste con la santidad: \u00abAmadisimos, os exhorto, como peregrinos y extranjeros que sois, a que os absteng\u00e1is de los apetitos carnales, que combaten contra el alma\u00bb (1 Pe 2,11). Los cristianos no son vagabundos sin una meta, sino peregrinos por \u00abel camino del santuario\u00bb (Heb 9,8), donde Cristo les ha precedido, procur\u00e1ndoles una redenci\u00f3n eterna (Heb 9,12.24-25). La afirmaci\u00f3n sobre los cristianos que se han \u00abacercado a la monta\u00f1a de Si\u00f3n, a la ciudad del Dios viviente, la Jerusal\u00e9n celeste\u00bb (Heb 12,22) no se refiere solamente \u00abal primer acceso, con motivo de la regeneraci\u00f3n por el bautismo, sino que evoca todo el recorrido de la vida cristiana, un avanzar por el camino roturado por el Cristo-pr\u00f3dromos (cf Heb 10,19-20) e incluso una llegada progresiva que no se realizar\u00e1 definitivamente hasta despu\u00e9s de la muerte (cf Heb 2,14-15; 13,13)\u00bb.<\/p>\n<p>El camino del \u00e9xodo, que ocupa un lugar central en el pensamiento religioso de Israel, conserva un valor permanente para los cristianos: \u00abTodo esto les suced\u00ed\u00ada para servir de ejemplo y fue escrito como aviso para nosotros\u00bb (1 Cor 10,11). San Pablo evoca en un contexto bautismal los episodios de la traves\u00ed\u00ada por el desierto (la nube, el mar, el man\u00e1, la fuente, el castigo) para sacar de all\u00ed\u00ad diversas consecuencias morales: evitar toda presunci\u00f3n y toda vanidad necia, ya que a pesar de los beneficios de Dios es posible serle infiel en la tentaci\u00f3n (1 Cor 10,6-12). La Carta a los Hebreos (3,7-19; 4.1-11) esboza una homil\u00ed\u00ada sobre el salmo 95, exhortando con urgencia a evitar la esclerosis espiritual o endurecimiento del coraz\u00f3n que caracteriz\u00f3 a los israelitas por el desierto y les impidi\u00f3 entrar en la tierra prometida: \u00abTened cuidado, hermanos, que no haya entre vosotros un coraz\u00f3n tan malo e incr\u00e9dulo que se aparte del Dios viviente&#8230; Esforc\u00e9monos, pues, por entrar en este reposo, para que nadie sucumba, imitando este ejemplo de desobediencia\u00bb (3,12; 4,11).<\/p>\n<p>Sobre todo san Juan desarrolla la tipolog\u00ed\u00ada del \u00e9xodo, presentando a Jes\u00fas como nuevo Mois\u00e9s que gu\u00ed\u00ada la marcha del pueblo de Dios hacia el Padre. Como Mois\u00e9s, Cristo libera a los hombres de la esclavitud (Jn 1,29; 8,31-46; 1 Jn 3,5-6), los alimenta con un pan bajado del cielo (Jn 6,30-58), los re\u00fane en comunidad (Jn 11,51-52), les da una ley nueva (Jn 1,14-18). Jes\u00fas es, adem\u00e1s, el cordero pascual cuya sangre redime del pecado (Jn 1,29; 19,31-42), y la serpiente de bronce, levantada para evitar la muerte (Jn 3,14-15). Siguiendo a Jes\u00fas, tambi\u00e9n los cristianos tienen que realizar su \u00abpascua\u00bb o paso de este mundo al Padre, llevando a cabo su \u00e9xodo definitivo (Jn 13,1; 14,3; 17,24). En una perspectiva m\u00e1s universal, el Apocalipsis suena como un canto de victoria entonado despu\u00e9s de la epopeya del nuevo \u00e9xodo, cuando se realice la plena manifestaci\u00f3n del Se\u00f1or; entretanto, la Iglesia vive una tensi\u00f3n llena de esperanza: \u00ab\u00c2\u00a1Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas!\u00bb (Ap 22,20).<\/p>\n<p>2. LA VIDA ESPIRITUAL COMO CRECIMIENTO Y MADURACI\u00ed\u201cN &#8211; El itinerario del creyente, expresado en el Nuevo Testamento en t\u00e9rminos de vida, comprende una triple fase: la inicial, constituida por el nacimiento en Cristo mediante el bautismo; la del crecimiento o progresiva maduraci\u00f3n como tarea de toda la existencia terrena, y la final, cuando sea completo y definitivo el triunfo de la vida.<\/p>\n<p>El cristiano nace en el bautismo, \u00ablavatorio de regeneraci\u00f3n y renovaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Tit 3,5), que inserta en Cristo crucificado y glorificado (Rom 6,3-5; G\u00e1l 2.20; Flp 1,20) y hace hijos de Dios (Jn 1,12-13; 3,1-5) y miembros de la Iglesia (He 2,38-41; 1 Cor 12,13; Ef 5,26). El bautismo, esencialmente obra de Dios, no act\u00faa de manera m\u00e1gica; presupone la fe y la conversi\u00f3n (He 2,38; 18,30-31) y exige un camino de vida nueva (Rom 6,4; 3,1-15). Realmente la condici\u00f3n del bautizado es parad\u00f3jica: coinciden en \u00e9l la posesi\u00f3n de los bienes mesi\u00e1nicos, sobre todo el gran don del Esp\u00ed\u00adritu, y, al mismo tiempo, la figura fugaz de este mundo con sus l\u00ed\u00admites, condicionamientos, debilidades y pecados. El cristiano tiene que seguir a Cristo, \u00abautor de la vida\u00bb (He 3,15), en una dimensi\u00f3n operativa y moral, en correspondencia con la uni\u00f3n ontol\u00f3gica realizada por el bautismo. San Pablo, con una serie de imperativos derivados de indicativos. [>Jesucristo II, 2], insiste en que los cristianos se conviertan en lo que son, esto es, que lleven una vida en correspondencia con su ser en Cristo. Pero a este dinamismo en l\u00ed\u00adnea retrospectiva se a\u00f1ade la tensi\u00f3n hacia las \u00faltimas realidades, que forman el objeto de la esperanza cristiana; la m\u00ed\u00adstica bautismal tiende intr\u00ed\u00adnsecamente a la comuni\u00f3n escatol\u00f3gica con Cristo cuando se realice la redenci\u00f3n completa y definitiva. San Pablo se complace en describir en dos cuadros el presente y el futuro, el ya y el todav\u00ed\u00ada-no; su pensamiento lo ha resumido de este modo A. Wikenhauser: \u00abAhora poseemos las arras del Esp\u00ed\u00adritu (2 Cor 1,22; 5,5; Rom 8,23). Ahora, en el misterio del bautismo, ha quedado muerto el hombre viejo y se nos ha otorgado una nueva vida, pero s\u00f3lo en la realidad m\u00ed\u00adstico-sacramental (Rom 6,4 ss). Con esto se nos ha dado, ciertamente, garant\u00ed\u00adas de que alg\u00fan d\u00ed\u00ada poseeremos los bienes futuros; pero no los tenemos todav\u00ed\u00ada. Nos falta la inserci\u00f3n en los derechos del Hijo, nos falta el cuerpo de la resurrecci\u00f3n; en una palabra, todav\u00ed\u00ada no hemos sido conformados con la imagen de Cristo celestial. Sobre nuestra vida sigue escrito todav\u00ed\u00ada: &#8216;En la esperanza fuimos salvados&#8217; (Rom 8,24). Nos falta a\u00fan la plenitud suprema del bien y de la gloria. &#8216;Tambi\u00e9n nosotros, que tenemos las primicias del Esp\u00ed\u00adritu, gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopci\u00f3n filial, la redenci\u00f3n de nuestro cuerpo&#8217; (Rom 8,23). Seguimos a\u00fan prisioneros en el cuerpo terreno (Rom 6,12; 2 Cor 5,6), vivimos todav\u00ed\u00ada en la carne (G\u00e1l 2,20), no ha sido a\u00fan destruida la tienda de nuestra morada terrena (2 Cor 5,1-4). Y puesto que llevamos un tesoro tan precioso en vasijas de barro, seguimos expuestos a toda clase de sufrimientos, fatigas y luchas; tenemos que combatir constantemente contra la carne, que lucha en nosotros contra el esp\u00ed\u00adritu por la supremac\u00ed\u00ada (G\u00e1l 5,17). `Nuestra vida permanece oculta con Cristo en Dios&#8217; (Col 3,3); s\u00f3lo se nos revelar\u00e1 en el futuro (Rom 8,18), cuando llegue el d\u00ed\u00ada esperado de la `revelaci\u00f3n de los hijos de Dios&#8217; (Rom 8,19). As\u00ed\u00ad pues, s\u00f3lo la parus\u00ed\u00ada traer\u00e1 la redenci\u00f3n completa, la posesi\u00f3n de hecho y sin restricciones de los bienes de la salvaci\u00f3n\u00bb. Por muy grande y profunda que sea, la salvaci\u00f3n presente se queda p\u00e1lida ante el esplendor de la gloria futura; pero aunque sea en el sufrimiento, en sinton\u00ed\u00ada con toda la creaci\u00f3n que \u00abgime y est\u00e1 en dolores de parto hasta el momento presente\u00bb (Rom 8,22), los cristianos anhelan la perfecta filiaci\u00f3n divina [>Hijos de Dios].<\/p>\n<p>Sin embargo, antes de alcanzar la meta final es necesario realizar un largo trabajo de maduraci\u00f3n y crecimiento, que el Nuevo Testamento presenta como el paso de una condici\u00f3n inferior y rudimentaria a una etapa superior y m\u00e1s perfecta. Este progreso hacia el pleno desarrollo espiritual se indica mediante una serie de comparaciones inspiradas en los aspectos evolutivos de la vida humana y que denotan la condici\u00f3n inicial e ideal a la que hay que tender [>Madurez espiritual II]:<\/p>\n<p>a) Ni\u00f1os-adultos. Mientras que los evangelios simpatizan con los ni\u00f1os, elev\u00e1ndolos a s\u00ed\u00admbolo de los disc\u00ed\u00adpulos aut\u00e9nticos de Jes\u00fas por su disponibilidad ante las propuestas divinas (Me 10,15; Mt 18,3-4; 19,14), las cartas del Nuevo Testamento nos invitan varias veces a dejar la edad infantil para \u00abcrecer en orden a la salvaci\u00f3n\u00bb (1 Pe 2,2). San Pablo se lamenta con los corintios de que se han quedado en \u00abni\u00f1os en Cristo\u00bb, incapaces, por consiguiente, de un \u00abalimento s\u00f3lido\u00bb, esto es, de una comunicaci\u00f3n m\u00e1s profunda del misterio de la salvaci\u00f3n (1 Cor 3,1-3; cf tambi\u00e9n Heb 5,11-14, en donde se opone los ni\u00f1os necesitados de leche a los hombres ya hechos o \u00abperfectos\u00bb). Hay que evitar \u00abser ni\u00f1os vacilantes y dejarse arrastrar por ning\u00fan viento de doctrina\u00bb (Ef 4,14); al contrario, \u00abcrezcamos en el amor a todas las cosas hacia el que es la cabeza, Cristo\u00bb (Ef 4,15).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n san Pablo indica: \u00abHermanos, no se\u00e1is ni\u00f1os en los juicios; sed ni\u00f1os en la malicia, pero cabales en los juicios\u00bb (1 Cor 14,20). Por consiguiente, el cristiano no tiene que quedarse en la iniciaci\u00f3n o en la etapa infantil, caracterizada por la inexperiencia, la inconstancia, la incapacidad para profundizar en la sabidur\u00ed\u00ada divina; est\u00e1 llamado a hacerse adulto en Cristo, adquiriendo la madurez de discernimiento, la impermeabilidad al error y la vida seg\u00fan la verdad de la caridad.<\/p>\n<p>b) Imperfectos-perfectos. La imperfecci\u00f3n del cristiano es un dato innegable que Pablo contrapone a la realizaci\u00f3n final escatol\u00f3gica (1 Cor 13,11; Flp 3,12-16); esa falta hay que superarla progresivamente desde ahora, acerc\u00e1ndose a la plenitud de la madurez en Cristo (Col 1,28; Ef 4,13). Cuando el Ap\u00f3stol afirma: \u00abEntre los perfectos predicamos la sabidur\u00ed\u00ada, no la de este mundo\u00bb (1 Cor 2,6), no pretende hablar de un grupo esot\u00e9rico de iniciados, sino de los que han alcanzado el desarrollo pleno de la vida y del pensamiento cristianos. Respecto al contenido de la perfecci\u00f3n, la invitaci\u00f3n de Jes\u00fas a ser perfectos como el Padre celestial (Mt 5,48) significa hacerse misericordiosos como \u00e9l, mientras que para Santiago uno es perfecto cuando no se queda atr\u00e1s en ning\u00fan punto (Sant 1,4), sobre todo no faltando al hablar (Sant 3,2) y practicando la ley perfecta de la libertad, esto es, el mandamiento del amor al pr\u00f3jimo (Sant 1,25; 2,8). En esta misma l\u00ed\u00adnea, Pablo puede se\u00f1alar la perfecci\u00f3n en el amor mutuo, que es \u00abla plenitud de la ley\u00bb (Rom 13,10).<\/p>\n<p>c) Ignorantes-maestros. Adem\u00e1s del carisma magisterial o ministerio de la ense\u00f1anza de la que gozan algunos en la Iglesia (Rom 12,7; 1 Cor 14,6.26.28; Ef 4,11), existe para todos los fieles la exigencia de abandonar \u00abla doctrina elemental sobre Cristo\u00bb para pasar a \u00abla doctrina perfecta\u00bb (Heb 6,1). El pasaje fundamental en este proceso din\u00e1mico hacia un conocimiento mucho m\u00e1s profundo (cf Col 1,10: 1 Pe 3,18) es el siguiente: \u00abAcerca de esto tendr\u00ed\u00adamos muchas cosas que decir, dif\u00ed\u00adciles de explicar, porque sois tardos para comprender. Pues debiendo ser ya maestros por raz\u00f3n del tiempo, todav\u00ed\u00ada ten\u00e9is necesidad de que se os ense\u00f1en los primeros rudimentos de los or\u00e1culos de Dios, y hab\u00e9is llegado a tener necesidad deleche, no de alimento s\u00f3lido. Ahora bien, aquel que se alimenta de leche no puede gustar la doctrina de la justicia, porque es ni\u00f1o todav\u00ed\u00ada. El alimento s\u00f3lido es para los perfectos. que por raz\u00f3n de la costumbre tienen el sentido moral desarrollado para el discernimiento del bien y del mal\u00bb (Heb 5,11-14). Antes de tocar el tema del sacerdocio de Cristo, el autor de la Carta a los Hebreos muestra sus reservas, ya que los cristianos, a pesar del tiempo transcurrido despu\u00e9s de su conversi\u00f3n, se han quedado en el abec\u00e9 de la doctrina revelada y de la perfecci\u00f3n; deber\u00ed\u00adan ser ya maestros, esto es, cristianos adultos y perfectos, capaces de comprender m\u00e1s profundamente y comunicar la revelaci\u00f3n y bien entrenados por el ejercicio para discernir inmediatamente y con seguridad el bien y el mal.<\/p>\n<p>d) Carnales-espirituales. La oposici\u00f3n paulina entre carne y esp\u00ed\u00adritu (G\u00e1l 5,16-26) se refleja en la ant\u00ed\u00adtesis seres \u00abcarnales\u00bb y \u00abhombres-espirituales\u00bb (1 Cor 3,1), que indica dos categor\u00ed\u00adas de personas: las que se dejan guiar por la naturaleza humana, d\u00e9bil y solidaria con el pecado (2 Cor 1,12; Rom 6,19) y las que se mueven dentro de la esfera de acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que mora en ellos como principio de dinamismo y de santificaci\u00f3n (1 Cor 6,19; G\u00e1l 5,18). En particular, el hombre es carnal o natural cuando vive una vida limitada a un horizonte puramente terreno, que lo hace incapaz de acoger los misterios de Dios; en cambio, el hombre espiritual est\u00e1 en disposici\u00f3n de dar una correcta valoraci\u00f3n de los acontecimientos y de toda realidad, porque est\u00e1 iluminado por el Esp\u00ed\u00adritu (1 Cor 2,13-15). El cristiano que ha recibido el don del Esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 llamado a secundar su acci\u00f3n caminando en el Esp\u00ed\u00adritu (G\u00e1l 5,16-18; Rom 8,4) hasta la suprema redenci\u00f3n, cuando Dios d\u00e9 vida a los cuerpos mortales por medio del Esp\u00ed\u00adritu (Rom 8,11). S\u00f3lo entonces nacer\u00e1 el verdadero hombre espiritual, plenamente pose\u00ed\u00addo y transformado por el Esp\u00ed\u00adritu y convertido, al estilo de Cristo, en un hombre incorruptible, inmortal y glorioso (1 Cor 15,43-54).<\/p>\n<p>Como en la imagen del camino tambi\u00e9n en la de la vida es esencial la referencia a Cristo. Cristo se proclama y es considerado \u00abvida\u00bb (In 14,16; Flp 1,21; Col 3,4); la maduraci\u00f3n del cristiano se mide en \u00faltimo an\u00e1lisis por su relaci\u00f3n espiritual con \u00e9l. Si bien el crecimiento afecta al campo del conocimiento de Dios (Col 1,10), de la fe (2 Tes 1,3; 2 Cor 10,15; Flp 1,25), de la justicia (2 Cor 9,10) y del amor (1 Cor 14,1; Flp 1,9; 1 Tes 3,12), el cristiano conforme al plan divino, tiene que tender a reproducir en s\u00ed\u00ad mismo la imagen de Cristo mediante una participaci\u00f3n progresiva de su vida resucitada (Rom 8,29; 2 Cor 3,18). La perfecci\u00f3n cristiana implica la identificaci\u00f3n no s\u00f3lo con Cristo resucitado, sino tambi\u00e9n con el Hijo de Dios en su vida humana (Ef 4,11.20). La visi\u00f3n individualista queda superada por el hecho de que el crecimiento en el conocimiento y en el amor de Cristo va orientado a la edificaci\u00f3n de todo el cuerpo eclesial, alcanzando de este modo \u00abel estado del hombre perfecto a la medida de la edad de la plenitud de Cristo\u00bb (Ef 4,13).<\/p>\n<p>Se puede concluir que, seg\u00fan la visi\u00f3n b\u00ed\u00adblica, \u00abel cristiano no es jam\u00e1s uno que ha llegado a la meta (Flp 3,12), sino que, en su carrera hacia adelante, en su marcha hacia la perfecci\u00f3n, aspira a alcanzar, por la virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo, la estatura perfecta de Cristo\u00bb\u00bb. No puede fosilizarse, porque en su etapa intermedia se ve urgido, tanto por el pasado como por el futuro, a caminar y a crecer. A sus espaldas est\u00e1 el germen de vida recibido en el bautismo de regeneraci\u00f3n, que debe desarrollarse en aut\u00e9ntica existencia filial hasta alcanzar la meta suprema de la gloria; frente a s\u00ed\u00ad el cristiano encuentra a Cristo, modelo perfecto y camino viviente para llegar a las \u00faltimas realidades.<\/p>\n<p>III. Itinerarios espirituales en la historia de la Iglesia<br \/>\nLos escritores de espiritualidad, desde la edad patr\u00ed\u00adstica hasta hoy, no son meros ep\u00ed\u00adgonos de los hagi\u00f3grafos del Nuevo Testamento; encarnaron en su propio contexto cultural los datos b\u00ed\u00adblicos sobre la vida espiritual, acentuando alguno de sus aspectos y concretando sus etapas y sus metas. Para nuestro prop\u00f3sito creemos que bastar\u00e1 recorrer la historia de la espiritualidad a fin de obtener algunas indicaciones espec\u00ed\u00adficas sobre el dinamismo de la vida cristiana y las diversas fases de su desarrollo.<\/p>\n<p>1. Los DOS CAMINOS &#8211; El tema de los dos caminos, tomado del serm\u00f3n de la monta\u00f1a, entr\u00f3 pronto en la catequesis cristiana. La Didaj\u00e9 se abre con estas palabras: \u00abDos son los caminos, el uno de la vida y el otro de la muerte, y entre los dos es grande la diferencia\u00bb (1, 1). La Carta a Bernab\u00e9 insiste: \u00abHay dos caminos de ense\u00f1anza y de acci\u00f3n: el de la luz y el de las tinieblas\u00bb (XVIII, 1-2). Aunque se trata de gu\u00ed\u00adas lit\u00fargicas, disciplinares y morales, estos documentos no describen la din\u00e1mica de estos caminos, sino que se limitan a invitar a escoger de una vez para siempre el de la vida o de la luz.<\/p>\n<p>2. EL IDEAL GN\u00ed\u201cSTICO &#8211; Para Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada (+ hacia el 215), la vida espiritual tiende, a trav\u00e9s de una larga subida, hacia la perfecci\u00f3n cristiana, que consiste en la gnosis o perfecto conocimiento de Dios. El gn\u00f3stico o cristiano perfecto se caracteriza por algunas notas: \u00abEn primer lugar, la contemplaci\u00f3n; luego, el cumplimiento de los preceptos; finalmente, la instrucci\u00f3n de los buenos\u00bb, a lo que hay que a\u00f1adir la caridad y la apatheia o dominio de las tendencias desordenadas, que son condiciones para llegar a la gnosis y tambi\u00e9n a sus efectos. La gnosis no es simple contemplaci\u00f3n, sino una experiencia compleja, que abarca los principales aspectos de la vida cristiana.<\/p>\n<p>Con acentos m\u00e1s ricos y variados, Or\u00ed\u00adgenes (+ hacia el 254) describe a menudo el camino hacia la perfecci\u00f3n, que \u00e9l contempla tambi\u00e9n en la l\u00ed\u00adnea de la gnosis. Recorre el viaje de los hebreos desde Egipto hasta la tierra prometida para trazar las etapas de la vida espiritual: a la huida del mundo y la lucha contra los demonios siguen las visiones, las tribulaciones del desierto y, finalmente, la vida perfecta o gnosis, que es la entrada en los secretos de la sabidur\u00ed\u00ada divina y al mismo tiempo uni\u00f3n m\u00ed\u00adstica con el Verbo 25. Or\u00ed\u00adgenes subraya el hecho de que el camino espiritual, aunque llegue a la gnosis, no termina nunca, ya que el alma, proyectada siempre hacia adelante, parece avanzar como los n\u00f3madas con sus tiendas. Nunca llega el momento en que el alma, inflamada por el fuego de la gnosis, puede perder tiempo y descansar; siempre se ve empujada desde lo bueno a lo mejor y desde lo mejor a las cumbres m\u00e1s elevadas.<\/p>\n<p>3. EL PROGRESO EN LA CARIDAD &#8211; San Agust\u00ed\u00adn (+ 430), a pesar de su noci\u00f3n de sabidur\u00ed\u00ada, no transmiti\u00f3 a Occidente la estructura fundamental de la gnosis; ve en la caridad el centro, la esencia, la medida y el fin de la vida cristiana. El progreso en la vida espiritual es proporcional al progreso en la caridad, que puede ser \u00abincipiente, progresiva, grande y perfecta\u00bb, o bien \u00abnacida, alimentada, robustecida y perfecta\u00bb&#8217;. El amor es constitutivo de la conversi\u00f3n: \u00abSi no amaseis nada, ser\u00ed\u00adais hombres inertes y muertos, detestables y despreciables. Amad, pero poned atenci\u00f3n en lo que am\u00e1is\u00bb; tambi\u00e9n la meta de la caridad, o sea la contemplaci\u00f3n, est\u00e1 constituida por un amor dulce y gozoso que da origen a la experiencia de lo divino. Como la visi\u00f3n de Dios y la perfecci\u00f3n de la caridad no pueden alcanzarse plenamente en esta vida, san Agust\u00ed\u00adn exhorta a un continuo progreso: \u00abNo est\u00e9s nunca contento de tu estado si quieres llegar a un estado m\u00e1s perfecto, ya que cuando te complaces en ti mismo dejas de progresar. Si dijeses: basta, he llegado a la perfecci\u00f3n, lo habr\u00ed\u00adas perdido todo\u00bb. Este mismo paradigma ser\u00e1 adoptado por muchos autores occidentales, entre ellos san Bernardo (+ 1153), que distingue el progreso espiritual seg\u00fan los grados del amor: carnal, servil, filial, m\u00ed\u00adstico, adem\u00e1s de los grados de la humildad y la libertad\u00bb.<\/p>\n<p>4. EL TRIPLE CAMINO &#8211; La divisi\u00f3n tripartita de la vida espiritual aparece ya en Evagrio P\u00f3ntico (+ hacia el 400) con la clasificaci\u00f3n en tres fases: praxis, contemplaci\u00f3n, teolog\u00ed\u00ada. Sin embargo, en Occidente encuentra mayor fortuna la distinci\u00f3n que se remonta al Pseudo-Dionisio (ss. v-vl), de actividad purgativa, iluminativa y unitiva\u00bb, as\u00ed\u00ad como la que nos transmite santo Tom\u00e1s (+ 1274), que habla de incipientes, proficientes y perfectos. Los dos esquemas del Areopagita y del Aquinate se funden en las tres v\u00ed\u00adas que adoptan y propagan los manuales de nuestros d\u00ed\u00adas: a) la v\u00ed\u00ada purgativa o de los incipientes ata\u00f1e a la purificaci\u00f3n del alma y la lucha contra el pecado; b) la v\u00ed\u00ada iluminativa o de los proficientes consiste en la pr\u00e1ctica positiva de las virtudes; c) la v\u00ed\u00ada unitiva o de los perfectos es la vida m\u00ed\u00adstica de uni\u00f3n con Dios\u00bb.<\/p>\n<p>5. ITINERARIO DE LA MENTE HACIA DIOS- La Edad Media registra muchos escritos con el titulo de \u00abv\u00ed\u00ada\u00bb o \u00abitinerario\u00bb; entre ellos, el m\u00e1s famoso es el Itinerarium mentis in Deum, de san Buenaventura (+ 1274), el gran representante franciscano de la m\u00ed\u00adstica contemplativa. El camino que propone este op\u00fasculo se distingue de los anteriores por su concepci\u00f3n m\u00e1s amplia, que abarca a todos los seres del universo: \u00abPara llegar a intuir el primer principio&#8230; es preciso que pasemos por su huella, que es corp\u00f3rea, temporal y fuera de nosotros: \u00e9ste es el primer entrar en la vida de Dios. Adem\u00e1s hay que penetrar en nuestra mente, que es imagen de Dios eterno y espiritual y est\u00e1 dentro de nosotros; se avanza de este modo en el camino de Dios. Y tambi\u00e9n es necesario que, con el alma dirigida al primer principio, trascendamos hacia lo sempiterno y espiritual\u00ed\u00adsimo, que est\u00e1 por encima de nosotros; esto es la exultaci\u00f3n en el conocimiento de Dios y en la veneraci\u00f3n de su majestad. A trav\u00e9s de varias ascensiones o iluminaciones articuladas, el alma celebra con Cristo su pascua o supremo tr\u00e1nsito, \u00abmomento m\u00ed\u00adstico y secret\u00ed\u00adsimo\u00bb de \u00e9xtasis mental y transformaci\u00f3n en Dios.<\/p>\n<p>6. LA SUBIDA AL MONTE CARMELO &#8211; San Juan de la Cruz (+ 1591) recurre al simbolismo del monte [>S\u00ed\u00admbolos espirituales] que hay que escalar para ayudar a los principiantes y proficientes, que a menudo se quedan en los primeros grados de la perfecci\u00f3n por no conocer el camino, a alcanzar el alto estado de la perfecci\u00f3n que es la uni\u00f3n del alma con Dios. Mientras que en otras obras describe el camino espiritual desde la perspectiva de la acci\u00f3n divina, en la Subida al monte Carmelo el santo subraya el aspecto activo del hombre, que ha de realizar un trabajo de despojamiento radical y de purificaci\u00f3n total de todo aquello que no es Dios, a fin de poder unirse a \u00e9l en el amor. La ascesis purificativa se designa con el nombre de noche e incluye tres etapas: la noche de los sentidos, que consiste en mortificar los afectos desordenados; la noche de la inteligencia, en la que se avanza con la fe pura, y la noche de la memoria y de la voluntad, cuando estas facultades quedan purificadas por la esperanza y la caridad\u00bb.<\/p>\n<p>7. EL CAMINO DE PERFECCI\u00ed\u201cN &#8211; Adem\u00e1s de describir el itinerario espiritual seg\u00fan las siete moradas del \u00abcastillo interior\u00bb, santa Teresa de Avila (t+1582) acude a la comparaci\u00f3n del camino Para tratar de la oraci\u00f3n como marcha hacia la perfecci\u00f3n, o sea hacia el Se\u00f1or. Entre los diversos grados progresivos de oraci\u00f3n se distinguen la oraci\u00f3n vocal, la meditaci\u00f3n, la oraci\u00f3n infusa y lar contemplaci\u00f3n perfecta. El camino de perfecci\u00f3n no se orienta hacia metas exteriores, sino hacia el interior, en donde habita el Maestro. Hacer oraci\u00f3n es conversar y vivir con \u00e9l, sabiendo que \u00e9l es quien dirige el coloquio. Por eso la santa toma como modelo el Padrenuestro y asegura que Dios elevar\u00e1 a la contemplaci\u00f3n a quien haga lo posible para no detenerse en el camino sa<br \/>\n8. HACIA UNA M\u00ed\u008dSTICA APOST\u00ed\u201cLICA &#8211; Aunque reconoce la validez del itinerario espiritual que culmina en la contemplaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica, J. Lebreton observa que la experiencia de los santos rechaza todo esquema demasiado r\u00ed\u00adgido: \u00abLa vida m\u00ed\u00adstica es una vida contemplativa; pero la contemplaci\u00f3n misma puede estar como orientada hacia otro fin, la acci\u00f3n apost\u00f3lica o el sufrimiento reparador\u00bb\u00bb. Cita entonces al padre God\u00ed\u00adnez (t 1644), misionero en M\u00e9xico y autor de Praxis theologiae mysticae, que distingue las purificaciones de los contemplativos de las de los hombres apost\u00f3licos: Dios quiere convertir a \u00e9stos en instrumentos d\u00f3ciles para la salvaci\u00f3n de los hermanos. As\u00ed\u00ad sucedi\u00f3 con Mar\u00ed\u00ada de la Encarnaci\u00f3n, en cuya vida el matrimonio espiritual no representa el grado supremo; en efecto, \u00abelevada desde el a\u00f1o 1627 al matrimonio espiritual, se vio sumergida de nuevo durante los veinte a\u00f1os siguientes en pruebas penos\u00ed\u00adsimas&#8230;, orientadas no a la contemplaci\u00f3n, sino a la acci\u00f3n apost\u00f3lica&#8217;. La recuperaci\u00f3n del sentido misional ha llevado a elaborar una espiritualidad que no coincide con la de tipo mon\u00e1stico, sino que est\u00e1 dirigida al ministerio de la palabra y se inspira en el modelo de Cristo y de los ap\u00f3stoles [Apostolado VII].<\/p>\n<p>9. EL CAMINITO &#8211; La b\u00fasqueda de una manera sencilla de realizar la uni\u00f3n con Dios est\u00e1 presente en autores de los ss. xvi-xviii: Benedicto de Canfeld public\u00f3 en 1609 la Regla de perfecci\u00f3n que contiene un compendio de la vida espiritual reducida solamente al punto de la voluntad de Dios. Santa Teresa de Avila en el Camino de perfecci\u00f3n llama a la oraci\u00f3n un \u00abatajo\u00bb o \u00abv\u00ed\u00ada r\u00e1pida\u00bb. Madame Guyon lanza en 1685 su Modo breve y facil\u00ed\u00adsimo para la oraci\u00f3n. San Luis Gri\u00f1\u00f3n de Montfort (t 1716) presenta la consagraci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada como \u00abun camino breve, f\u00e1cil, perfecto y seguro para llegar a la uni\u00f3n con nuestro Se\u00f1or, en la que consiste la perfecci\u00f3n del cristiano\u00bb. A santa Teresa de Lisieux (t 1897) le debemos el \u00abcaminito\u00bb: \u00abun caminito recto, recto; un caminito totalmente nuevo\u00bb, que consiste en \u00abuna disposici\u00f3n del coraz\u00f3n que nos hace humildes y peque\u00f1os en los brazos de Dios, conscientes de nuestra debilidad, confiados hasta la osad\u00ed\u00ada en su bondad de Padre&#8217;. El \u00e9xito y el valor de la propuesta de la santa de Lisieux pueden se\u00f1alarse en su proyecci\u00f3n del hombre hacia una actitud de apertura y confianza en el Dios misericordioso del evangelio: \u00abEl caminito es una din\u00e1mica de la esperanza, inspirada por la fe. comprometida en el amor. Es una expresi\u00f3n y ante todo una realizaci\u00f3n de la esencia misma del evangelio, el don de la misericordia dirigido a todos, pero en primer lugar a los pobres, a los peque\u00f1os, a los humildes, a los que est\u00e1n en la miseria, incluida la del pecado&#8230;\u00bb<br \/>\nDe este recorrido a trav\u00e9s de los siglos se pueden sacar algunas consecuencias sobre el itinerario del cristiano: a) el sentido din\u00e1mico de la vida espiritual que presenta la Biblia fue acogido y valorado por la tradici\u00f3n eclesial. El progreso es considerado como ley natural de la santidad, hasta el punto de que todos est\u00e1n de acuerdo con la afirmaci\u00f3n de san Bernardo: \u00abEl que no quiere avanzar retrocede. Jesucristo es el primero en la carrera. Si os par\u00e1is mientras \u00e9l avanza a grandes pasos, no s\u00f3lo no os acercar\u00e9is a la meta, sino que la misma meta se alejar\u00e1 de vosotros\u00bb; b) la variedad de itinerarios, establecidos a partir de un elemento particular o de la antropolog\u00ed\u00ada de una \u00e9poca determinada, demuestra que tienen un valor relativo. Ninguno de ellos nunca es capaz de exigir el car\u00e1cter de normatividad absoluta o de perfecta correspondencia con la vivencia cristiana. Incluso la \u00abtriple v\u00ed\u00ada\u00bb, adoptada con oportunas reservas y difundida por los manuales de espiritualidad, si se presenta dentro del esquema de incipientes-proficientes-perfectos, resulta gen\u00e9rica y susceptible de los contenidos m\u00e1s diversos; si se concreta en la funci\u00f3n purgativa-iluminativa-unitiva, corre el peligro de reservar para un per\u00ed\u00adodo o fase determinada de la vida espiritual lo que es situaci\u00f3n o tarea permanente del cristiano en cada una de las etapas de su caminar\u00bb. Se comprende entonces la opci\u00f3n de G. Thils: \u00abEn lugar de tres etapas, intentamos describir la l\u00ed\u00adnea de la evoluci\u00f3n, partiendo de un comienzo y desarroll\u00e1ndose hasta el fin; en resumen, hemos optado por la imagen de la curva o del gr\u00e1fico. Por otra parte, trataremos de describir, en el sentido dogm\u00e1tico de la palabra, lo que representa esta curva, en la vida de la gracia, en la evoluci\u00f3n psicol\u00f3gica intelectual y voluntaria, y, finalmente, en el perfeccionamiento de la actividad temporal de la vocaci\u00f3n. Quiz\u00e1 podamos responder as\u00ed\u00ad a una exigencia contempor\u00e1nea&#8230;\u00bb&#8216;. Esta orientaci\u00f3n, oportunamente perfeccionada, nos parece adecuada a nuestro objetivo, que es el de trazar con fidelidad a los datos b\u00ed\u00adblicos, dentro de la recuperaci\u00f3n de algunos elementos tradicionales y con referencia a la actual antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, un itinerario espiritual para el hombre de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>IV. Itinerario espiritual para el hombre de hoy<br \/>\nQuien se ponga a hojear cualquiera de los tratados de asc\u00e9tica y m\u00ed\u00adstica de moda en nuestro siglo sentir\u00e1 cierta dificultad para insertarse en los esquemas evolutivos que proponen. A pesar de que recuerdan de manera concreta y significativa el dinamismo y el desarroIlo progresivo de la vida espiritual, aparecen marcados por una antropolog\u00ed\u00ada y unas condiciones de vida de un tiempo superado. K. Rahner denuncia en el<\/p>\n<p>lit- r nerario hacia la m\u00ed\u00adstica contemplativa ,&#8217; ciertas \u00abim\u00e1genes procedentes m\u00e1s de P la concepci\u00f3n neoplat\u00f3nica del esp\u00ed\u00adritu;: que del cristianismo y dominantes toda-v\u00ed\u00ada hoy en el concepto de m\u00ed\u00adstica\u00bb; G. &#8216;: Thils, en pos de Tanquerey, indica que el progreso en la oraci\u00f3n no siempre coincide con el grado de santificaci\u00f3n y que \u00abel cristiano que vive en el mundo >= pensar\u00e1 a simple vista que todos estos cap\u00ed\u00adtulos de la v\u00ed\u00ada unitiva no son para \u00e9l\u00bb\u00bb; A.-M. Besnard observa que la vida &#8216;1&#8217; espiritual no puede catalogarse en un, sistema ordenado y lineal, ya que es historia, en la que \u00abinterfieren continuamente las iniciativas imprevistas de \u00c2\u00b0, Dios, la libertad del hombre y los contratiempos de las circunstancias\u00bb 50; ha- ^ br\u00ed\u00ada que se\u00f1alar, finalmente, que los &#8216;0 caminos tradicionales han sido trazados al en perspectiva individualista, sin tener \u00e1 suficientemente en cuenta la dimensi\u00f3n a8<br \/>\ncomunitaria y lit\u00fargica de la vida cristiana.<\/p>\n<p>Situ\u00e1ndonos dentro de la cultura actual, parece que el trazado del camino espiritual del cristiano de hoy tiene que atenerse a algunas exigencias especialmente sentidas:<\/p>\n<p>a) El sentido vivo de la personalidad humana como algo original e irrepetible elimina en principio los esquemas demasiado concretos, que no tienen en cuenta los diversos ritmos de maduraci\u00f3n. El itinerario espiritual habr\u00e1 de tener un car\u00e1cter fluido y orientador, que se compagine con la variedad de recorridos personales y atienda a las opciones de base.<\/p>\n<p>b) La asunci\u00f3n real de la condici\u00f3n humana hist\u00f3rica y de sus compromisos de liberaci\u00f3n y promoci\u00f3n rechaza un camino orientado exclusivamente hacia pr\u00e1cticas cultuales o separado de la vida social. Toda concepci\u00f3n privatizada del itinerario espiritual pierde impacto en la mentalidad del cristiano de hoy, consciente de su misi\u00f3n de ser en el mundo fermento de la libertad y de progreso, de fraternidad y de justicia.<\/p>\n<p>c) El despertar de la conciencia eclesial y la valoraci\u00f3n de la vida comunitaria se oponen al establecimiento de un itinerario espiritual orientado en forma individual a la salvaci\u00f3n y perfecci\u00f3n del alma. Como el designio divino se dirige a \u00absantificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexi\u00f3n alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente\u00bb (LG 9), el camino del hombre fiel a la revelaci\u00f3n no puede prescindir de la vida de la Iglesia y, en particular, del ritmo sacramental que envuelve la existencia entera del cristiano y de la celebraci\u00f3n del ciclo lit\u00fargico, que propone anualmente el misterio de Cristo con sus implicaciones vitales.<\/p>\n<p>d) La afirmaci\u00f3n de las ciencias psico-sociol\u00f3gicas hace necesaria la confrontaci\u00f3n entre la maduraci\u00f3n del hombre y la del cristiano, en particular respecto a los dinamismos fundamentales de afirmaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo y de amor, de diferenciaci\u00f3n y de integraci\u00f3n, de declive y de crecimiento. El itinerario espiritual no puede verse como una subida gradual y arm\u00f3nica, ya que, como cualquier otro camino humano, lleva consigo contradicciones, crisis, conflictos y paradas que, si se resuelven positivamente, dan un paso hacia soluciones nuevas y equilibrios mejores [>Madurez espiritual; >Patolog\u00ed\u00ada espiritual].<\/p>\n<p>Estas cuatro exigencias que acabamos de se\u00f1alar demuestran la complejidad del itinerario espiritual que hay que proponer al hombre de hoy. Se trata m\u00e1s bien de una encrucijada de caminos: el que traza la historia del mundo, el camino lit\u00fargico que recorre la comunidad eclesial, el camino personal e irrepetible de cada uno con sus problemas y limitaciones, con sus reservas vitales y con los dones de gracia que le ofrece el Dios de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para evitar tanto las divisiones artificiales que viviseccionan al cristianismo, como los trazados que descuidan la funci\u00f3n din\u00e1mica de la crisis, hay que concebir el itinerario espiritual -como sugiere atinadamente F. Ruiz- seg\u00fan la imagen de una espiral en la que convergen dos trayectorias: \u00abHay una fuerza que impulsa hacia adelante y hacia arriba, en un movimiento irreversible, aunque con altibajos. El movimiento lineal del proceso tiene que completarse con otro de tipo conc\u00e9ntrico. Al mismo tiempo que avanza, advierte que de vez en cuando vuelve a encontrarse con las mismas experiencias de la postura anterior. Componiendo las dos l\u00ed\u00adneas obtendremos como resultado la espiral. As\u00ed\u00ad es la vida. Como una escalera de caracol. Da vueltas sobre s\u00ed\u00ad misma y al mismo tiempo sube. En cada una de las vueltas completas vuelve a encontrarse con el mismo punto de orientaci\u00f3n, pero en un nivel m\u00e1s elevado\u00bb<br \/>\nQuiz\u00e1 una de las aportaciones modernas m\u00e1s significativas a las v\u00ed\u00adas tradicionales estribe en haber se\u00f1alado la din\u00e1mica del ciclo que se repite en ellas con intensidad distinta. Esta din\u00e1mica consiste normalmente en la serie iniciaci\u00f3n-plenitud-crisis-paso a una nueva s\u00ed\u00adntesis unitaria. Est\u00e1 sacada de la vida y de la historia, que son fen\u00f3menos esencialmente evolutivos: alcanzan un umbral en el que se produce una ruptura o punto cr\u00ed\u00adtico que hay que superar pasando a un nivel m\u00e1s alto. Las edades de la vida humana, desde el nacimiento hasta la infancia, la juventud, la madurez y la ancianidad, ponen de manifiesto la validez del proceso evolutivo que hemos indicado; el horizonte vital se va haciendo cada vez m\u00e1s peque\u00f1o y sofocante, provocando crisis e introduciendo en un mundo m\u00e1s amplio y m\u00e1s rico en posibilidades.<\/p>\n<p>Aplicando estas orientaciones y suponiendo la vida cristiana ya en marcha, el itinerario del cristiano resulta escalonado en tres momentos o ciclos evolutivos:<\/p>\n<p>1. INICIACI\u00ed\u201cN CRISTIANA &#8211; Como en las otras religiones, tambi\u00e9n en el cristianismo hay ritos y procesos educativos que tienen por fin introducir al individuo en la comunidad, de modo que pueda encontrar en ella su identificaci\u00f3n y desempe\u00f1e all\u00ed\u00ad un papel efectivo. Una de las instituciones m\u00e1s antiguas de la iglesia es el catecumenado, o sea \u00abla etapa de preparaci\u00f3n a la vida cristiana o el tiempo de iniciaci\u00f3n que la Iglesia exige a los convertidos para que se transforme su fe inicial en profesi\u00f3n de fe expl\u00ed\u00adcita, sacramentalmente celebrada en la comunidad cristiana pascual\u00bb\u00bb. Desgraciadamente, en el curso de los siglos el catecumenado fue decayendo hasta desaparecer completamente en Europa desde el s. xvi. El resultado m\u00e1s lamentable de este fen\u00f3meno fue la separaci\u00f3n entre itinerario de fe del cristiano y el camino eclesial celebrado en los sacramentos de iniciaci\u00f3n (bautismo-confirmaci\u00f3n-eucarist\u00ed\u00ada); se olvid\u00f3 as\u00ed\u00ad el car\u00e1cter espec\u00ed\u00adfico del cristianismo, esencialmente comunitario y encarnado en signos sacramentales que insertan al hombre en la historia de Dios.<\/p>\n<p>La restauraci\u00f3n del catecumenado preconizada por el Vat. II (SC 64) y las recientes experiencias neocatecumenales invita a considerar el per\u00ed\u00adodo de iniciaci\u00f3n o de reiniciaci\u00f3n para un cristianismo consciente como la primera fase del itinerario espiritual del cristiano. M\u00e1s que la lucha contra el pecado y la mortificaci\u00f3n, t\u00ed\u00adpicas de la vida purgativa, la iniciaci\u00f3n supone unos compromisos positivos concretos:<\/p>\n<p>a) Adquirir una mentalidad de fe [>Creyente]. La conversi\u00f3n \u00abse presenta como una disgregaci\u00f3n de la s\u00ed\u00adntesis mental y su sustituci\u00f3n por otra nueva s\u00ed\u00adntesis, de manera que la conversi\u00f3n es una especie de reestructuraci\u00f3n de la personalidad. En el contexto de la fe y del bautismo se abre entonces al hombre una nueva dimensi\u00f3n, que transforma la orientaci\u00f3n de la vida y el sistema de valores. Como disc\u00ed\u00adpulo de Cristo, el creyente tiene que dejarse iluminar por la luz evang\u00e9lica y por la sabidur\u00ed\u00ada divina, que supera las cortas miras humanas y las pone en discusi\u00f3n (1 Cor 2,21-25). Para ello se necesita un conocimiento cada ver m\u00e1s profundo y personal de la revelaci\u00f3n y del plan divino de la salvaci\u00f3n: el recurso a la Biblia y la meditaci\u00f3n sobre todo el evangelio tienen que alimentar la espiritualidad del cristiano especialmente en este periodo. La palabra de Dios, acogida y actualizada, produce una mentalidad de fe, esto es, la capadcidad de interpretar las cosas seg\u00fan el pensamiento de Cristo y de encontrar en la doctrina revelada valores y motivos inspiradores de vida.<\/p>\n<p>b) Tomar conciencia de las exigencias bautismales. El redescubrimiento del bautismo, de su teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica y de sus implicaciones vitales es un medio muy adecuado para la transformaci\u00f3n de la existencia cristiana. En el bautismo se encuentra en su etapa germinal el futuro desarrollo de la vida espiritual en todas sus dimensiones: participaci\u00f3n en el misterio pascual de Cristo (1 Cor 1,13; Rom 6,3-4), nueva vida en el Esp\u00ed\u00adritu (Jn 3,5; Tit 3,5), incorporaci\u00f3n al cuerpo de Cristo hasta formar con \u00e9l un solo ser (1 Cor 12,12-13), introducci\u00f3n en la comunidad sacerdotal, prof\u00e9tica y real del pueblo de Dios (1 Pe 2,9-10). Los cristianos conscientes de la realidad bautismal secundar\u00e1n las invitadones que se les hacen en el bautismo y que expl\u00ed\u00adcita el Nuevo Testamento: abandonar la conducta del hombre am tiguo, esclavo del pecado, transformarse en Cristo hombre nuevo como amados de Dios, elegidos y consagrados (Col 3,1-11; Ef 4,22-25; Rom 13,13-14), caminar en el Esp\u00ed\u00adritu obrando por amor en la libertad de los hijos de Dios, sin dejarse condicionar por las normas exteriores de la ley o por los dict\u00e1menes ego\u00ed\u00adstas de la naturaleza (G\u00e1l 5,13-18; Rom 8,2-14). Por tanto hay que llegar a una ratificaci\u00f3n de los compromisos bautismales y a una opci\u00f3n fundamental por Cristo, que tendr\u00e1 en expresi\u00f3n ritual en la vigilia del s\u00e1bado santo, centro del a\u00f1o lit\u00fargico.<\/p>\n<p>c) Insertarse activamente en la comunidad eclesial [>Iglesia]. El car\u00e1cter comunitario de la salvaci\u00f3n y la relaci\u00f3n que une a Cristo y a la Iglesia exigen una participaci\u00f3n activa y responsable en la vida de la Iglesia, comunidad de fe, de culto y de testimonio apost\u00f3lico. La iniciaci\u00f3n cristiana es promoci\u00f3n de intensa vida lit\u00fargica, como itinerario sacramental que culmina en el misterio eucar\u00ed\u00adstico: \u00abTodo el bien espiritual de la Iglesia est\u00e1 encerrado en la \u00ab&#8216;Eucarist\u00ed\u00ada, donde Cristo, nuestra pascua, est\u00e1 presente y da vida a los hombres, invit\u00e1ndolos e induci\u00e9ndolos a ofrecerse a s\u00ed\u00ad mismos con \u00e9l y en memoria suya por la salvaci\u00f3n del mundo. Con un proceso de identificaci\u00f3n y de integraci\u00f3n, el cristiano est\u00e1 llamado a redescubrir su papel o funci\u00f3n que desarrollar dentro de la comunidad eclesial unida en el amor, pero al mismo tiempo consciente del valor de los diversos carismas dados por el Esp\u00ed\u00adritu para la edificaci\u00f3n comunitaria (1 Cor 12.7-13; Ef 4,4).<\/p>\n<p>d) Integrar la fe cristiana en la vida diaria. La vida espiritual no se contenta con gestos rituales, sino que supone el don de s\u00ed\u00ad en la vida diaria de comuni\u00f3n con los hombres en la justicia y en el amor (Rom 12,1; Mt 5,23-24; 9,13; 12.7). El cristiano, abierto a los signos de los tiempos y a las llamadas de Dios inherentes a los acontecimientos de la vida, tiene que atestiguar en el mundo [>Apostolado VII], seg\u00fan las exigencias de la moral evang\u00e9lica, el sentido de la justicia, del compromiso responsable en su trabajo [>Trabajador] y en familia, del amor y el perd\u00f3n activo, de la pobreza, la sinceridad y la &#8216;amistad. En estas tareas recibir\u00e1 fuerzas de los sacramentos del matrimonio y de la reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No cabe duda de que este proyecto de vida no es de f\u00e1cil realizaci\u00f3n; tropieza con resistencias y reparos, con dificultades individuales y comunitarias, con vueltas al pasado. Es la tentaci\u00f3n del \u00e9xodo, de la nostalgia de una situaci\u00f3n menos comprometida, de la necrofilia descrita por E. Fromm: \u00abTodo lo que est\u00e1 lejos de la vida o camina en contra de ella atrae al necr\u00f3filo. El quiere volver a la oscuridad del seno y al pasado de una existencia inorg\u00e1nica o animal. Est\u00e1 orientado esencialmente hacia el pasado, no hacia el futuro, que odia y del que tiene miedo\u00bb. Para superar esta tendencia y promover la biofilia o amor a la vida hay que encontrar algunas condiciones favorables: el descubrimiento de Cristo, fuente de vida eterna Y modelo de amor supremo: el di\u00e1logo con el Padre y la comprensi\u00f3n de su designio de salvaci\u00f3n; la docilidad al Esp\u00ed\u00adritu, que promueve el crecimiento cristiano; el influjo estimulante de la comunidad y el animador espiritual; la experiencia de un amor c\u00e1lido y constructivo. Todo esto opone a la soluci\u00f3n arcaica regresiva la soluci\u00f3n progresiva del desarrollo de la propia humanidad y vida divina: \u00abLa tendencia a conservar la vida y a luchar contra la muerte es la forma m\u00e1s elemental de orientaci\u00f3n bi\u00f3fila&#8230; La sustancia viviente tiene tendencia a integrar y a unir; tiende a fundirse con entidades diferentes y opuestas y a crecer estructuralmente\u00bb. El conflicto, arraigado en la existencia humana, tiene la funci\u00f3n de promover y llevar hacia adelante la tarea de encontrar nuevas soluciones en un proceso orientado hacia la meta de la madurez integral.<\/p>\n<p>2. MADURACI\u00ed\u201cN ESPIRITUAL &#8211; Superada la actitud regresiva hacia un pasado no iluminado por la luz evang\u00e9lica, el cristiano marcha hacia una etapa de madurez, superando igualmente. las diversas formas de infantilismo.<\/p>\n<p>La intensa vida lit\u00fargica [>Celebraci\u00f3n lit\u00fargica], la oraci\u00f3n personal, el impacto con la historia y la apertura a sus interpelaciones, la asimilaci\u00f3n progresiva de la palabra de Dios y de las actitudes evang\u00e9licas [>Consejos evang\u00e9licos II] conducen a la madurez cristiana, caracterizada por una armon\u00ed\u00ada m\u00e1s profunda de la personalidad, por una posesi\u00f3n m\u00e1s rica y consciente de la verdad, por el saber entregarse en el amor, por la conciencia plena de responsabilidades concretas en la Iglesia y en la convivencia social.<\/p>\n<p>Actualizando las indicaciones de san Pablo sobre la madurez espiritual, el cristiano de hoy se debe mover en estas cuatro direcciones:<\/p>\n<p>a) La libertad de los hijos de Dios. La contraposici\u00f3n paulina entre la condici\u00f3n judeo-pagana y la cristiana en t\u00e9rminos de dependencia y de libertad filial (Cal 4,1-11) [>Libertad cristiana] se\u00f1ala en esta \u00faltima la trayectoria que hay que recorrer con vistas a la madurez. Al identificar la infancia con la esclavitud bajo los \u00abelementos del mundo\u00bb, san Pablo invita a los cristianos a no dejarse someter por los \u00ed\u00addolos ni las fuerzas c\u00f3smicas; el creyente no debe depender m\u00e1s que de su Creador, del que ha sido hecho hijo gracias a Cristo y al Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>El proyecto de vida filial se realiza en la relaci\u00f3n de amor confiado con el Padre, en la exclusi\u00f3n de una moral de deberes y heter\u00f3noma, en considerar hermanos a todos los hombres. Supone, sin embargo, una liberaci\u00f3n del pecado incluso en el orden de las estructuras. En los \u00abelementos del mundo\u00bb de que hemos de liberarnos se podr\u00ed\u00adan ver actualmente las estructuras sociales inicuas o esos \u00abc\u00ed\u00adrculos diab\u00f3licos de la muerte\u00bb, que concreta de este modo J. Moltmann: la pobreza, expresada en el hambre, la enfermedad, la mortalidad y caracterizada por la explotaci\u00f3n; el poder, en sus formas de dictadura, dominio de clase y privilegios; la alienaci\u00f3n racista y cultural, que defrauda, enajena y manipula a las personas para transformarlas en part\u00ed\u00adculas ap\u00e1ticas de la sociedad tecnocr\u00e1tica; la destrucci\u00f3n industrial de la naturaleza, que compromete irremediablemente el equilibrio ecol\u00f3gico; la falta de sentido y el abandono de Dios, de donde nacen la apat\u00ed\u00ada, la desorientaci\u00f3n y los impulsos de muerte. Zambullirse en estas cinco dimensiones mediante una actividad eficazmente liberadora es una tarea ardua del cristiano, que traduce en categor\u00ed\u00adas y acciones concretas la realidad de su filiaci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>b) Una fe s\u00f3lida y personal. Mientras que la fe infantil es inestable (Ef 4,14) y aficionada a los carismas vistosos (1 Cor 12,31; 14,18-20), la fe madura se caracteriza por la solidez de convicciones y por la confiada adhesi\u00f3n de todo el ser a la persona de Jes\u00fas. Las corrientes fascinantes y variables seg\u00fan la moda de los tiempos pueden muy bien dar al traste con una fe pueril, no verificada ni personalizada, pero no con una fe adulta que sabe repetir con san Pablo: \u00abS\u00e9 en qui\u00e9n he puesto mi confianza\u00bb (2 Tim 1,12). La cima de la fe se alcanza cuando, superada la b\u00fasqueda de \u00absignos y prodigios\u00bb (Jn 4,48), se llega a un encuentro personal y perseverante con Cristo, que lleva a una actitud de absoluta confianza (Jn 20,29). Modelo de fe es Abrah\u00e1n, que no vacil\u00f3 ante las pruebas, sino que esper\u00f3 contra toda esperanza, fi\u00e1ndose de Dios (Rom 4,1-22; Heb 11,8-19). Prototipo de fe madura es Mar\u00ed\u00ada, la madre del Se\u00f1or, proclamada dichosa por haber cre\u00ed\u00addo de modo perfecto, con plena disponibilidad y sin pedir signos (Lc 1,38.45); ella \u00abavanz\u00f3 en la peregrinaci\u00f3n de la fe\u00bb (LG 58), meditando en los sucesos de su Hijo (Lc 2,19.51) y sigui\u00e9ndolo fiel hasta la cruz (Jn 19,25).<\/p>\n<p>c) Discernimiento espiritual. La experiencia cristiana, con su continua, referencia a la revelaci\u00f3n a fin de iluminar la conducta humana, ense\u00f1a por su misma naturaleza a \u00abdistinguir cu\u00e1l es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable a \u00e9l, lo perfecto\u00bb (Rom 12,2). Los adultos en la fe \u00abtienen el sentido moral desarrollado para el discernimiento del bien y del mal\u00bb (Heb 5,14). perciben casi connaturalmente y por instinto lo que corresponde aut\u00e9nticamente al plan salv\u00ed\u00adfico: \u00abSabemos tambi\u00e9n que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para conocer al Verdadero (1 Jn 5,20). El discernimiento que hasta hace poco tiempo se pon\u00ed\u00ada m\u00e1s bien en la los momentos decisivos de la existencia, como la \u00abelecci\u00f3n de la vocaci\u00f3n\u00bb, se aplica hoy m\u00e1s bien a toda la vidar cristiana; en efecto, \u00abel cristiano, iluminado y guiado por el Esp\u00ed\u00adritu, valora como es debido todos los acontecimientos humanos y la ciencia. El Esp\u00ed\u00adritu no suministra informaci\u00f3n para el estudio, la industria o la ciencia, sino que capacita al `hombre espiritual para juzgar todo lo que hay en el universo al servicio del destino del hombre seg\u00fan el plan de Dios. El ideal del hombre \u00abgn\u00f3stico\u00bb se convierte en realidad cuando el cristiano se ha adentrado en el \u00abconocimiento del misterio\u00bb (cf Ef 1,17; Col 1,5-10) mediante el don de la sabidur\u00ed\u00ada, esto es, un tipo de conoc\u00ed\u00admiento existencial superior, expresi\u00f3n de fe y de caridad, capaz de iluminar los problemas de la existencia humana.<\/p>\n<p>d) Relaci\u00f3n social creativa y constructiva. Al contrario de los ne\u00f3fitos, atados todav\u00ed\u00ada a visiones ego\u00ed\u00adstas y movidos por envidias y rivalidades (1 Coro, 3,3), los cristianos maduros son capaces de superar el amor posesivo o utilitarista y de entrar en relaci\u00f3n constructiva y creativa con la comunidad eclesial y humana. El camino m\u00e1s excelente sigue siendo el del amor al pr\u00f3jimo [>Caridad], se\u00f1al distintiva de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, centro del mensaje cristiano y criterio supremo de salvaci\u00f3n (Jn 13,34-35: Mt 25,31-46; 1 Cor 13; Rom 13,8). El amor cristiano asume hoy diversas facetas que acent\u00faan aspectos fundamentales con los que est\u00e1 llamada a medirse la madurez de los creyentes:<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Amor eclesial, ya que la edad adulta de la fe no se\u00f1ala el momento del distanciamiento autosuficiente del creyente respecto a la Iglesia, sino su arraigo todav\u00ed\u00ada m\u00e1s pleno en ella&#8230; El fiel cree con la Iglesia, y en esta comuni\u00f3n se refuerza su fe en la misma Iglesia. El amor fraterno debe encarnarse ante todo en la comunidad eclesial, a ejemplo de la comunidad de Jerusal\u00e9n, hasta llegar a formar \u00abun solo coraz\u00f3n y una sola alma\u00bb (He 4.32). Amar a la Iglesia maduramente significa caminar junto con ella, asumir sus compromisos y responsabilidades, considerarla dentro de una visi\u00f3n de fe como \u00absacramento o signo e instrumento de la intima uni\u00f3n con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb (LG 1). Sin embargo, una mirada de fe \u00abno significa una mirada ciega, una mirada miope, una mirada de monaguillo, una mirada inocente en el sentido peyorativo de la palabra. Es una mirada de adulto; una mirada critica, que no cierrra los ojos ante los limites y defectos de la Iglesia, sino que los acepta de manera realista, sin renunciar por ello al compromiso por la reforma eclesial con la denuncia prof\u00e9tica [>Contestaci\u00f3n prof\u00e9tica], con la colaboraci\u00f3n para llevar adelante el proyecto com\u00fan y, sobre todo, con el testimonio de vida.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Amor ecum\u00e9nico, que no permanece indiferente ante la t\u00fanica de Cristo desgarrada por las diversas confesiones cristianas, sino que se empe\u00f1a en recomponer la unidad invocada por el mismo Cristo (Jn 17,20-21). Vivir el ecumenismo espiritual significa abandonar la actitud intolerante y pol\u00e9mica para ver en los miembros de las comunidades ortodoxas o reformadas a \u00abhermanos en el Se\u00f1or\u00bb (UR 3), incorporados a Cristo en el bautismo y vivificados por el Esp\u00ed\u00adritu. Significa, adem\u00e1s. una continua conversi\u00f3n del coraz\u00f3n y una reforma de la vida, a fin de realizar un camino hacia Cristo, centro de la unidad eclesial. Finalmente, la espiritualidad ecum\u00e9nica exige mutuas relaciones fraternales, que se expresan y se consolidan rezando juntos y cooperando en la evangelizaci\u00f3n y promoci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Amor que act\u00faa en la historia, esto es, que excluye la huida irresponsable del mundo y busca su transformaci\u00f3n activa. El amor se convierte hoy en \u00abcaridad pol\u00ed\u00adtica\u00bb (P\u00ed\u00ado XII), en cuanto que no puede ser aut\u00e9ntico si se limita a una ayuda espor\u00e1dica e individualista; ha de tender a transformar las condiciones de los oprimidos y marginados a trav\u00e9s de unas reformas estructurales que promuevan el bien com\u00fan con sus valores de igualdad, fraternidad, justicia social y libertad. El cristiano maduro, aunque fiel al amor universal, opta como Cristo por los pobres y por los \u00faltimos; se solidariza con ellos para promover desde dentro una liberaci\u00f3n integral seg\u00fan el plan de Dios. La ejecuci\u00f3n de este proyecte, que choca con el establishment, no est\u00e1 libre de dificultades y exige un coraje perseverante [-&#8216;Hero\u00ed\u00adsmo(.<\/p>\n<p>3. UNIFICACI\u00ed\u201cN M\u00ed\u008dSTICA [>M\u00ed\u00adstica cristiana] &#8211; Alcanzada cierta madurez relativa, el cristiano no puede autocomplacerse y permanecer en el equilibrio conquistado. Lo mismo que en el crecimiento biopsicol\u00f3gico, este per\u00ed\u00adodo coincide con las crisis m\u00e1s profundas y desconcertantes. La edad madura se caracteriza por la llamada crisis del demonio meridiano; el hombre toma conciencia de la disminuci\u00f3n de sus fuerzas, de sus \u00faltimas posibilidades temporales, de las ilusiones cultivadas, de los fracasos parciales. Resuelve esta crisis caminando por el sendero de la monoton\u00ed\u00ada, rompiendo los lazos con los compromisos asumidos para marchar por el camino de la aventura o decidi\u00e9ndose definitivamente por Dios e integrando las experiencias negativas en una s\u00ed\u00adntesis unitaria superior.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el cristiano maduro experimenta estas crisis: crisis del silencio de Dios frente al progreso del mal en el mundo (cf Sal 42,10-11; 73,2-14), crisis de esperanza ante las realidades angustiosas del dolor y de la muerte, crisis del significado de la vida ante las resistencias y persecuciones consiguientes a las opciones cristianas. Como observa R. Rastide, \u00abel m\u00ed\u00adstico es tomado por loco, su familia lo critica, sus amigos se burlan de \u00e9l; peor a\u00fan, el padre espiritual le reprende y castiga. Lejos de animarle, le condena; no le da una patente de santidad, sino todo lo contrario, le hace o\u00ed\u00adr las duras palabras de la condenaci\u00f3n. Falta de comprensi\u00f3n, ultrajes, iron\u00ed\u00adas; \u00bfbasta todo esto? Todav\u00ed\u00ada no, porque queda Dios. Y he aqu\u00ed\u00ad la suprema humillaci\u00f3n: el santo grita al cielo, y el cielo no responde. Todos los m\u00ed\u00adsticos han pasado por estas crisis de aridez religiosa, en las que se sienten abandonados y horriblemente solos\u00bb.<\/p>\n<p>Este ciclo tr\u00e1gico, desde los favores divinos hasta la sequedad, tiene como objetivo preparar a un estado de uni\u00f3n permanente con Dios, llamado matrimonio espiritual, suprema etapa a la que es dado llegar en la existencia terrena. \u00abTal manera de semejanza hace el amor en la transformaci\u00f3n de los amados que se puede decir que cada uno es el otro y que entrambos son uno. La raz\u00f3n es porque en la uni\u00f3n y transformaci\u00f3n de amor el uno da posesi\u00f3n de s\u00ed\u00ad al otro, y cada uno se deja y da y trueca por el otro; y as\u00ed\u00ad cada uno vive en el otro, y el uno es el otro, y entrambos son uno por transformaci\u00f3n de amor&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de esta transformaci\u00f3n \u00ed\u00adntima e indescriptible nos es posible captar con W. James algunos aspectos que caracterizan a esta fase de integraci\u00f3n y unificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>a) \u00abImpresi\u00f3n de vivir una vida m\u00e1s amplia y profunda, lejos de los peque\u00f1os intereses terrenos, en presencia de un poder ideal\u00bb. El cristiano en quien surge con pujanza la dimensi\u00f3n m\u00ed\u00adstica, propia del cristianismo en virtud del bautismo, experimenta dos sentimientos: \u00abPor una parte, surge una despersonalizaci\u00f3n, una expropiaci\u00f3n del yo; el ser se vac\u00ed\u00ada de todo pensamiento y de toda emoci\u00f3n com\u00fan: deja de llevar su existencia habitual. Mas, por otra parte, no se pierde por ello en una inconsciencia absoluta. Surgen otras emociones, otros pensamientos, pero que el m\u00ed\u00adstico no siente ya como propios; le parecen extra\u00f1os, los soporta pasivamente. Ya no es \u00e9l; es otro. Dice que est\u00e1 deificado\u00bb. La disociaci\u00f3n se siente en un nivel inferior, como el surgir de una nueva personalidad, de una vida m\u00e1s intensa, de un modo nuevo de unirse a Dios. El hablar de Dios se transforma en silencio adorante; haciendo el vac\u00ed\u00ado de nociones conceptuales limitadas y del proceso discursivo, se percibe a Dios por intuici\u00f3n como el totalmente Otro; oscuridad y noche para el entendimiento, pero, al mismo tiempo, amor y fuente de vida para el esp\u00ed\u00adritu humano.<\/p>\n<p>b) \u00abSentido de continuidad entre Dios, poder amigo, y la propia vida, y abandono en \u00e9l\u00bb. San Pablo expresa la experiencia de una uni\u00f3n indisoluble con Dios en Cristo con aquellas c\u00e9lebres frases: \u00abEl que se une al Se\u00f1or es un solo esp\u00ed\u00adritu con \u00e9l\u00bb (1 Cor 6,17); \u00abya no vivo yo, pues es Cristo el que vive en m\u00ed\u00ad\u00bb (G\u00e1l 2,20). La autotrascendencia para el cristiano no desemboca en la nada, sino en Dios, el \u00fanico ser capaz de librarlo del fracaso y de dar un significado definitivo a sus ansias irreprimibles de vivir. La acci\u00f3n divina en la hiistoria, que encuentra su cima en resurrecci\u00f3n de Cristo, derrota a la desesperaci\u00f3n humana, abriendo a la esperanza en el Dios vivo, que resucitar\u00e1 a los hombres y les dar\u00e1 en Cristo la vida eterna. La vivencia de esta esperanza creadora y salv\u00ed\u00adfica -efecto espec\u00ed\u00adfico tambi\u00e9n de la unci\u00f3n de los enfermos-, a la vez que proyecta hacia Dios, futuro del hombre, en una actitud de total abandono, sostiene en el esfuerzo por realizar la utop\u00ed\u00ada concreta del reino de Dios; la fe en la resurrecci\u00f3n de los muertos rescata al empe\u00f1o humano de la inutilidad.<\/p>\n<p>c) \u00abSentido de inmensa y confiada libertad y disminuci\u00f3n de la atenci\u00f3n a s\u00ed\u00ad mismo\u00bb. El amor es ext\u00e1tico; proyecta al hombre fuera de s\u00ed\u00ad en un impulso de comuni\u00f3n con Dios y de absoluta confianza en \u00e9l: desplaza el centro de la vida hacia \u00e9l y hace part\u00ed\u00adcipe de sus perfecciones. San Pablo se siente fuerte con la presencia de Dios: \u00abTodo lo puedo en aquel que me conforta\u00bb (Flp 4,13), llegando a alegrarse incluso de sus sufrimientos: \u00abEstoy rebosando de consuelo y sobreabundo de gozo en medio de todas nuestras tribulaciones\u00bb (2 Cor 7,4). El Se\u00f1or es fuente de libertad (2 Cor 3,17); acercarse a \u00e9l es sentirse liberado de todo tipo de esclavitud, de las prescripciones exteriores y del convencionalismo (1 Tim 1,9; G\u00e1l 5,1.13); el santo es un hombre libre, porque no lo mueve ni el impulso ciego, ni la coacci\u00f3n externa, sino lo que lleva dentro, su n\u00facleo m\u00e1s profundo renovado por el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>d) \u00abDesplazamiento del centro afectivo-emotivo hacia sentimientos de amor y de armon\u00ed\u00ada con toda la realidad\u00bb. Uniendo al hombre \u00ed\u00adntimamente consigo, Dios lleva a su cumplimiento su obra salv\u00ed\u00adfica y hace que el creyente se reconcilie con todas las criaturas. La pacificaci\u00f3n c\u00f3smica prometida para los tiempos mesi\u00e1nicos (ls 11,6-9) es una realidad anticipada por los m\u00ed\u00adsticos en su proceso total de unificaci\u00f3n. B. Russel se\u00f1ala que \u00ab\u00e9ticamente caracter\u00ed\u00adstico del misticismo es la falta de indignaci\u00f3n y de protesta, la aceptaci\u00f3n con gozo, el no creer en la verdad fundamental de la divisi\u00f3n en dos campos enemigos: el bien y el mal&#8230; A su sentido de unidad va asociado un sentimiento de paz infinita\u00bb\u00bb. Un ejemplo reciente de serenidad espiritual y de c\u00e1lidas relaciones humanas es el que nos ha ofrecido Juan XXIII. La transformaci\u00f3n de las relaciones con el mundo de la naturaleza [>Ecolog\u00ed\u00ada], que hoy se ha hecho urgente ante el destrozo ecol\u00f3gico como fruto de la manipulaci\u00f3n, fue vivida y captada maravillosamente por san Francisco de As\u00ed\u00ads, que mir\u00f3 a todas las criaturas con una \u00f3ptica de fraternidad. El cristiano aspira a esta meta m\u00e1s que a cualquier otro fen\u00f3meno extraordinario, convencido, con Ruysbroeck, de que \u00ablos m\u00ed\u00adsticos no crear\u00e1n caminos extra\u00f1os ni mundos singulares, sino que seguir\u00e1n a trav\u00e9s de todas las tempestades el camino del amor\u00bb, de ese amor que continuar\u00e1 hasta llegar a las orillas de la vida eterna de Dios.<\/p>\n<p>Este esbozo indicativo del itinerario del cristiano tendr\u00e1 que ser personalizado por cada uno, en atenta escucha del Esp\u00ed\u00adritu que \u00abdesconcierta sin descanso los horizontes en donde la inteligencia del hombre renovado en Cristo se complace en buscar sus propias seguridades\u00bb\u00bb. En esta reflexi\u00f3n es esencial el sentido din\u00e1mico de la experiencia cristiana, que es necesariamente un movimiento irrefrenable, ya que su fin \u00faltimo est\u00e1 situado en el infinito. \u00abEste movimiento -concluimos con J. Mouroux- no se puede describir; este camino no puede trazarse de una vez para siempre, sino que hemos de vivir cada d\u00ed\u00ada comenzando siempre de nuevo, olvidando todo lo que est\u00e1 detr\u00e1s de nosotros, lanzados con todas nuestras fuerzas hacia adelante, hasta realizar nuestra vocaci\u00f3n eterna, que es la de perdernos en el coraz\u00f3n de Dios\u00bb<br \/>\nS. De Fiores<br \/>\nBIBL.-AA. VV.. Teolog\u00ed\u00ada espiritual: reflexi\u00f3n cristiana sobre la praxis, Espiritualidad, Madrid 1980.-AA. VV., Tempo e vita spirituale, Teresianum, Roma 1971.-Barsotti, D, Itinerario dell&#8217;anima a Dio, Morcelliana, Brescia 1976.-Bosco, T, Il progetto cristiano, Societ\u00e1 Editrice Internazionale, Tur\u00ed\u00adn 1978.-Bras\u00f3 Trulla, G. M. Sendero de la vida, Monte Casi-no, Zamora 1978.-Castro, S. Ser cristiano seg\u00fan santa Teresa, Espiritualidad, Madrid 1981.-Evdokimov, P, Les \u00e1ges de la vie spirituelle, Cerf, Par\u00ed\u00ads.-Garc\u00ed\u00ada, C, Corrientes nuevas de teolog\u00ed\u00ada espiritual, Studium. Madrid 1971.-Merton, Th, Ascenso a la verdad, Ed. Sudamericana, B. Aires 1954.-Rahner, K, ET, III, 13-33.-Ruiz Salvador, F, Introducci\u00f3n a san Juan de la Cruz, Ed. Cat\u00f3lica, Madrid 1968.-Ruiz Salvador, F, Caminos del Esp\u00ed\u00adritu, Espiritualidad, Madrid 1978.-Spicq, C. Vida cristiana y peregrinaci\u00f3n en el Nuevo Testa-mento, Ed. Cat\u00f3lica, Madrid 1977.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(v. espiritualidad) (ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n, BAC, Madrid, 1998) Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n SUMARIO: I. \u00abHorno viator\u00bb: el hombre en camino: 1. El hombre, ser temporal; 2. El hombre, ser en devenir; 3. El hombre, tarea de s\u00ed\u00ad mismo &#8211; II. Dinamismo de la vida espiritual seg\u00fan la Biblia: 1. La vida &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/itinerario-espiritual\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abITINERARIO ESPIRITUAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15246","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15246","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15246"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15246\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15246"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15246"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15246"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}