{"id":15268,"date":"2016-02-05T09:58:32","date_gmt":"2016-02-05T14:58:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/martirio\/"},"modified":"2016-02-05T09:58:32","modified_gmt":"2016-02-05T14:58:32","slug":"martirio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/martirio\/","title":{"rendered":"MARTIRIO"},"content":{"rendered":"<p>\u00abTestigos\u00bb cualificados del misterio pascual de Cristo<\/p>\n<p>\t\u00abMartirio\u00bb significa testimonio cualificado, con la disponibilidad de derramar la sangre. \u00abEl martirio es un acto de fortaleza\u00bb (Santo Tom\u00e1s, II-II, 124, a.2, c). El \u00abm\u00e1rtir\u00bb es \u00abtestigo\u00bb del misterio pascual de Cristo, por medio de una vida que deja traslucir la oblaci\u00f3n del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>\tEl Se\u00f1or calific\u00f3 a sus disc\u00ed\u00adpulos de \u00abtestigos\u00bb (\u00abm\u00e1rtires\u00bb), indicando que su vida estaba orientada a dar \u00abtestimonio\u00bb  (\u00abmartirio\u00bb) de \u00e9l y de su mensaje evang\u00e9lico \u00abVosotros dar\u00e9is testimonio, porque desde el principio est\u00e1is conmigo\u00bb (Jn 15,27); \u00abser\u00e9is mis testigos&#8230; hasta el extremo de la tierra\u00bb (Hech 1,8; cfr. Mt 10,17-20). As\u00ed\u00ad lo reconocieron los Ap\u00f3stoles desde el d\u00ed\u00ada Pentecost\u00e9s \u00abNosotros somos testigos\u00bb (Hech 2,32).<\/p>\n<p>\tEste \u00abtestimonio\u00bb evang\u00e9lico de los seguidores de Cristo ha sido calificado con la palabra griega \u00abmartir\u00ed\u00ada\u00bb (\u00abtestimonio\u00bb). Juan, en el Apocalipsis, se presenta como \u00abtestigo\u00bb (\u00abm\u00e1rtir\u00bb) (Apoc 1,2.9), y narra entre otras pruebas eclesiales, el \u00abmartirio\u00bb de los que son fieles a Cristo hasta dar su vida por \u00e9l (Apoc 6,9; 7,9-14). De modo particular, Juan hace alusi\u00f3n al martirio de Pedro y Pablo en Roma los \u00abdos testigos\u00bb (Apoc 11,1-13). Su sangre ya se ha mezclado con la sangre del Cordero y, por ello, forma con \u00e9l un mismo sacrificio (cfr. Apoc 6,9; Heb 9,14). Pedro se present\u00f3 as\u00ed\u00ad \u00abYo soy tambi\u00e9n testigo de los padecimientos de Cristo y part\u00ed\u00adcipe ya de la gloria que est\u00e1 por revelarse\u00bb (1Pe 5,1).<\/p>\n<p>\tEl \u00abmartirio\u00bb es, pues, la actitud de dar la vida, en uni\u00f3n con el sacrificio de Cristo, para testimoniar la fe. No ser\u00ed\u00ada posible esta actitud oblativa y martirial sin la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo (cfr. Mt 10,20). Por esto, el \u00abm\u00e1rtir\u00bb entrega su vida perdonando a los perseguidores (cfr. Act. 7,60). \u00abEl martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El m\u00e1rtir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual est\u00e1 unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza\u00bb (CEC 2473).<\/p>\n<p>\tMartirio y primer anuncio<\/p>\n<p>\tSiempre se ha considerado el martirio como indispensable para el primer anuncio evang\u00e9lico y, de modo especial, para la implantaci\u00f3n de la Iglesia. \u00abEl hecho del martirio cristiano siempre ha acompa\u00f1ado y acompa\u00f1a la vida de la Iglesia\u00bb (VS 90).<br \/>\nHabr\u00e1 que distinguir entre el martirio de sangre y el de una vida sacrificada ocultamente. Pero siempre quedar\u00e1 en pie su valor de \u00absigno\u00bb radical que acompa\u00f1a necesariamente al mensaje predicado \u00abdar el supremo testimonio de amor, especialmente ante los perseguidores\u00bb (LG 42). La oblaci\u00f3n martirial puede considerarse como \u00abmuerte vicaria\u00bb, en cuanto que, en Cristo, asume la muerte de todas las personas (tambi\u00e9n no cristianas) que han dado la vida por la verdad y el bien.<\/p>\n<p>\tEl momento del martirio es el resumen de una vida que quiere transparentar el mensaje evang\u00e9lico, \u00abcon caridad sincera, y si es necesario, hasta con la propia sangre\u00bb (AG 24). En \u00e9l \u00abresplandece la intangibilidad de la dignidad personal del hombre\u00bb (VS 92) y es \u00abun signo preclaro de la santidad de la Iglesia\u00bb y se convierte en \u00abanuncio solemne y compromiso misionero\u00bb (VS 93).<\/p>\n<p>\tEsta es la constante misionera desde los inicios del cristianismo \u00abLos ap\u00f3stoles daban testimonio con gran poder de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb (Hech 4,33). Por esto ha llegado a ser \u00abpatrimonio com\u00fan\u00bb de todos los cristianos (cfr. UR 4; UUS 1 y 84) e incluso de muchas personas de buena voluntad (cfr. VS 92).<\/p>\n<p>\tIglesia en estado de misi\u00f3n y de martirio<\/p>\n<p>\tLa Iglesia se encuentra siempre \u00aben estado de persecuci\u00f3n &#8211; ya sea en los tiempos antiguos, ya sea en la actualidad-, porque los testigos de la verdad divina son entonces una verificaci\u00f3n viva de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de la verdad, presente en el coraz\u00f3n y en la conciencia de los fieles, y a menudo sellan con su martirio la glorificaci\u00f3n suprema de la dignidad humana\u00bb (DeV 60; cfr. Mc 13,9). Los m\u00e1rtires son \u00abson anunciadores y los testigos por excelencia\u00bb (RMi 45).<\/p>\n<p>\tEl martirio cristiano puede ser cruento e incruento. Derramar la sangre amando en un momento de violencia, es imposible sin la gracia de Dios. Gastar la vida afrontando las dificultades cotidianas con amor, presupone, de hecho, la misma gracia. Si el don del martirio propiamente dicho queda restringido en cuanto al n\u00famero, \u00abconvie\u00c2\u00acne que todos vivan preparados para confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia\u00bb (LG 42).<\/p>\n<p>\tEl martirio es \u00absemilla de cristianos\u00bb (Tertuliano, Apolog\u00e9tico 50), porque participa de la eficacia del misterio pascual de Cristo (cfr. Jn 12,24.31). Se vive y se muere por \u00e9l y con \u00e9l (cfr. Rom 14,8). La oblaci\u00f3n de Cristo, presente en la Eucarist\u00ed\u00ada, hace posible la vida martirial \u00abTrigo soy de Dios, y por los dientes de las fieras he de ser molido, a fin de ser presentado como limpio trigo de Cristo\u00bb (S. Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada, Carta a los Romanos). La eucarist\u00ed\u00ada construye a la Iglesia como comunidad martirial y virginal.<\/p>\n<p>Referencias Cruz, Eucarist\u00ed\u00ada, confirmaci\u00f3n, muerte, sacrificio, sangre, testimonio.<\/p>\n<p>Lectura de documentos LG 42; AG 24; DeV 60; EN 76; RMi 42 CEC 2473-2474; VS 89, 92-93; TMA 37.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., La Iglesia martirial interpela nuestra animaci\u00f3n misionera (Burgos 1989); U. Von BALTHASAR, S\u00f3lo el amor es digno de fe (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1988); J. ESQUERDA BIFET, La fuerza de la debilidad ( BAC, Madrid, 1993) cap. VI; R. FISICHELA, Il martirio come testimonianza contributi per una riflessione sulla definizione di martire, en Portare Cristo al mondo (Roma, Pont. Univ. Urbaniana, 1985) II; P. MOLINARI, S. SPINSANTI, M\u00e1rtir, en Nuevo Diccionario de Espiritualidad (Madrid, Paulinas, 1991) 1175-1189; T. NIETO, Ra\u00ed\u00adces b\u00ed\u00adblicas de la misi\u00f3n y del martirio Misiones Extranjeras n.127 (1992) 5-15; D. RUIZ BUENO (edit.), Actas de los m\u00e1rtires ( BAC, Madrid, 1974).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>El tema del martirio, es decir, del servicio y testimonio hasta la muerte, est\u00e1 en el fondo del judaismo y del cristianismo. El martirio es la expresi\u00f3n del valor trascendente de la vida que puede entregarse al servicio de Dios y de su obra, en gratuidad, en camino de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>(1) Macabeos. 1 Mac ha destacado la importancia de la entrega militar hasta la muerte, es decir, el martirio de los soldados que luchan a favor del yahvismo. Por el contrario, 2 Mac ha insistido en la importancia de los m\u00e1rtires no violentos. Ciertamente sigue valorando el alzamiento militar de soldados, que culmina en la purificaci\u00f3n del templo (2 Mac 10), pero lo deja en un segundo plano. Lo que de verdad decide el futuro de Israel es la fidelidad de los que han muerto por mantener la Ley, como lo muestra la historia de los siete hermanos y su madre, que dicen al verdugo: \u00abT\u00fa, malvado, nos arrancas la vida presente. Pero, cuando hayamos muerto por la Ley, el Rey del Universo nos resucitar\u00e1 para una vida eterna\u00bb (2 Mac 7,9). \u00abVale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitar\u00e1. T\u00fa, en cambio, no resucitar\u00e1s para la vida\u00bb (2 Mac 7,14). Conservar la vida en contra de la Ley significa perderla; perder la vida por la Ley es ganarla (cf. 2 Mac 7,22-23). Para 1 Mac, el martirio en la guerra es fermento de victoria pol\u00ed\u00adtica; para 2 Mac, en cambio, el martirio sin guerra ni revancha en este mundo es principio y promesa de resurrecci\u00f3n, en un mundo distinto, donde ya no habr\u00e1 violencia.<\/p>\n<p>(2) Martirio cristiano. El Nuevo Testamento presenta a Jes\u00fas como testigo fiel, m\u00e1rtir verdadero: \u00abAquel que mantuvo el buen testimonio ante Poncio Pilato\u00bb (cf. 1 Tim 6,13). Jes\u00fas no muere para conseguir la victoria pol\u00ed\u00adtica (como en 1 Mac), pero tampoco para asegurar un tipo de resurrecci\u00f3n o inmortalidad en el m\u00e1s all\u00e1 (como en 2 Mac), sino por fidelidad al Reino, es decir, a la vida de Dios, en gratuidad total, en perd\u00f3n a los enemigos. Jes\u00fas es testigo de Dios (martys o m\u00e1rtir: Ap 1,5), porque ha revelado con su palabra y con su vida el misterio de ese Dios. L\u00f3gicamente, unidos a Jes\u00fas, todos los cristianos han de ser testigos-m\u00e1rtires de Dios y del Evangelio: \u00abEl que pierda su vida por m\u00ed\u00ad y por el Evangelio, la salvar\u00e1\u00bb (Mc 8,35). Por fidelidad a la palabra de Jes\u00fas sufre destierro el profeta Juan (cf. Ap 1,2.9; 22,18-19); por fidelidad a esa palabra han de estar dispuestos todos los cristianos al cautiverio o a la muerte (13,10). Los testigos privilegiados de Jes\u00fas son los m\u00e1rtires, aquellos que han hablado en su nombre (Ap 11,3), sufriendo o muriendo por ello (Ap 2,3; 6,9; 17,6; 19,10; 20,4).<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>El martirio es un testimonio pac\u00ed\u00adfico, ofrecido a Cristo con la propia vida, en situaciones de pol\u00e9mica y de ruptura insalvables.  Un testimonio pac\u00ed\u00adfico, es decir, hecho con amor, sin violencia. No es m\u00e1rtir el que muere con las armas en la mano, aunque fuera por una causa que \u00e9l considera justa. La Iglesia nunca ha honrado como m\u00e1rtires a los cruzados.  Testimonio ofrecido a Cristo con la propia vida en situaciones de ruptura, el martirio se produce cuando el di\u00e1logo cesa. Eso fue lo que ocurri\u00f3 con el primer m\u00e1rtir, Esteban, como narran los Hechos de los Ap\u00f3stoles. Esteban est\u00e1 hablando, y de repente es interrumpido: \u00abDando grandes gritos, se taparon los o\u00ed\u00addos y se arrojaron a una sobre \u00e9l\u00bb. Esteban ya no consigue hablar: sus interlocutores no quieren seguir escuchando y act\u00faan contra \u00e9l violentamente.  Por otra parte, tambi\u00e9n el martirio se funda en    la primac\u00ed\u00ada del amor que, cuando se transforma en amor supremo, ofrece el sacrificio de la vida. El martirio expresa la coherencia de la fe, que exige no desmentir nunca, por ning\u00fan motivo, al Se\u00f1or Jes\u00fas ante los hombres. Pero los hombres a menudo sucumben al poder de las tinieblas y tienden a apagar la luz. Por tanto, el martirio est\u00e1 potencialmente contenido en la confesi\u00f3n cristiana, en el bautismo y en la confirmaci\u00f3n, aunque tal vez no nos demos cuenta de ello.  La bienaventuranza que en el evangelio de Mateo resume todas las dem\u00e1s, casi interpret\u00e1ndolas, dice as\u00ed\u00ad: \u00abDichosos ser\u00e9is cuando os injurien y os persigan, y digan contra vosotros toda clase de calumnias por causa m\u00ed\u00ada. Alegraos y regocijaos\u00bb.  El martirio est\u00e1 expresado aqu\u00ed\u00ad como s\u00ed\u00admbolo del hombre nuevo, y no solamente un s\u00ed\u00admbolo abstracto, sino concreto. En efecto, el mismo evangelista dice m\u00e1s adelante: \u00abTened cuidado, porque os entregar\u00e1n a los tribunales y os azotar\u00e1n en las sinagogas. Ser\u00e9is llevados por m\u00ed\u00ad causa ante los gobernadores y reyes, para que deis testimonio, ante ellos y ante los paganos. Todos os odiar\u00e1n por causa m\u00ed\u00ada, pero el que persevere hasta el fin, \u00e9se se salvar\u00e1\u00bb.  Jes\u00fas prev\u00e9 todo esto para su Iglesia, y la historia nos dice hasta qu\u00e9 punto ten\u00ed\u00ada raz\u00f3n.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>El m\u00e1rtir es un signo del amor m\u00e1s grande, un testigo que se ha puesto en el seguimiento de Cristo hasta el don de la vida para atestiguar la verdad del Evangelio. Dentro de esta definici\u00f3n es posible reconocer algunos aspectos esenciales que constituyen y determinan la visi\u00f3n cristiana del martirio. Se pueden sintetizar de esta manera: a) la perspectiva cristol\u00f3gica: el m\u00e1rtir sigue el ejemplo de Cristo, que dio la vida por sus hermanos como signo del amor m\u00e1s grande; b) la dimensi\u00f3n eclesial: sin la Iglesia no hay martirio:<br \/>\nsi existen m\u00e1rtires, es porque participan totalmente de la naturaleza de la Iglesia, que lleva en s\u00ed\u00ad misma impresa la forma Christi; c) el don de la vida como prueba absoluta y radical de un amor que sabe darse a todos en virtud de una convicci\u00f3n que es fe; d) la verdad del Evangelio: el m\u00e1rtir no muere por \u00e9l mismo, sino porque quiere atestiguar, delante de quien lo persigue, la fe que tiene en el resucitado como verdad \u00faltima del sentido de su existencia.<\/p>\n<p>En los diversos momentos hist\u00f3ricos ha habido diferentes comprensiones del martirio; una s\u00ed\u00adntesis que recoge las tradiciones pasadas y abre nuevas perspectivas es la que nos ofrece el n. 42 de la Constituci\u00f3n Lumen gentium, donde se dice: \u00abAs\u00ed\u00ad como Jes\u00fas, Hijo de Dios, manifest\u00f3 su caridad ofreciendo su vida por nosotros, nadie tiene mayor amor que el que ofrece la vida por- \u00e9l y por sus hermanos. Pues bien, ya desde los primeros tiempos algunos cristianos se vieron llamados, y lo ser\u00e1n siempre, a dar este m\u00e1ximo testimonio de amor delante de todos, principalmente delante de los perseguidores. El martirio, por consiguiente, con que el disc\u00ed\u00adpulo llega a hacerse semejante al Maestro, que acept\u00f3 libremente la muerte por la salvaci\u00f3n del mundo, asemej\u00e1ndose a \u00e9l en el derramamiento de su sangre, es considerado por la Iglesia como el supremo don y la prueba mayor de la caridad. Y si ese don se da a pocos, es menester que todos vivan preparados para confesar a Cristo delante de los hombres l a seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia\u00bb (cf tambi\u00e9n LG 50; GS 20; AG 24; DH 1 1.14).<\/p>\n<p>El concepto de martirio, en la acepci\u00f3n que hoy se le da, surge alrededor del a\u00f1o 155 d.C. y lo vemos atestiguado en el Martyrium Policat.pi: \u00bb Policarpo, que fue \u00e9l duod\u00e9cimo en sufrir el martirio en Esmirna, con los de Filadelfia, no s\u00f3lo fue un insigne maestro, sino tambi\u00e9n un m\u00e1rtir excelso, cuyo martirio todos anhelan imitar, ya que ocurri\u00f3 a semejanza de Cristo, como nos lo narra el Evangelio\u00bb (19,1). A partir de aquel momento, se comprende al m\u00e1rtir como aquel que da la vida por la verdad del Evangelio; hasta entonces todos eran llamados simplemente testigos (martyres): incluso en el caso de Esteban (Hch 7), no se le llama \u00abm\u00e1rtir\u00bb porque le quitaran la vida, sino porque con su obra de evangelizaci\u00f3n era un testigo. Comienza entonces a hacerse una distinci\u00f3n importante entre m\u00e1rtires y confesores; un texto de Or\u00ed\u00adgenes arroja mucha luz sobre esta cuesti\u00f3n: \u00abTodo el que atestigua de la verdad, tanto con las palabras como con los hechos o trabajando de cualquier modo por ella, puede llamarse justamente \u00abtestigo\u00bb Pero el nombre de \u00abtestigos\u00bb en sentido propio, la comunidad de hermanos impresionados por la fortaleza de \u00e1nimo de los que 1ucharon por la verdad o por la virtud hasta la muerte ha tomado la costumbre de atribu\u00ed\u00adrselo a los que han dado testimonio del misterio de la verdadera religi\u00f3n con el derramamiento de sangre\u00bb (In Joh. 11, 210).<\/p>\n<p>Una teolog\u00ed\u00ada del martirio encuentra f\u00e1cilmente datos abundantes dentro del Antiguo y del Nuevo Testamento, La suerte de los profetas, las vicisitudes del pueblo que sufre injustamente por su fe en Yahveh, y sobre todo el texto de 2 Mc 6,12-30, pueden leerse en la perspectiva del martirio; en efecto, se trata de personas inocentes que son entregadas a la muerte por su fidelidad a la Tor\u00e1. El Nuevo Testamento, como es l\u00f3gico, est\u00e1 dominado por la figura de Cristo que da su vida por amor: su pasi\u00f3n y su muerte se convierten en clave hermen\u00e9utica para comprender los sufrimientos de los disc\u00ed\u00adpulos y la misma muerte que tendr\u00e1n que sufrir por su nombre (Mc 8,34; Mt 16.24).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el martirio es un testimonio; como tal, es un lenguaje expresivo y performativo, capaz de erigirse en una de las formas m\u00e1s altas de la comunicaci\u00f3n interpersonal. Con el martirio no s\u00f3lo se atestigua que uno est\u00e1 dispuesto a dar su vida por la verdad del Evangelio, sino sobre todo que, a trav\u00e9s de su aceptaci\u00f3n, est\u00e1 en disposici\u00f3n de expresar un signo de amor, el amor m\u00e1s grande, va que incluye el perd\u00f3n al perseguidor y al asesino.<\/p>\n<p>Con el martirio se demuestra que, incluso ante la muerte, cada uno es libre de dar el sentido m\u00e1s profundo a su propia existencia; en efecto, el m\u00e1rtir es capaz de relativizar la misma muerte, puesto ante del don de la vida que ve realizarse en el acto de entregarse al verdugo.<\/p>\n<p>La Iglesia, antes de ser una comunidad en la que est\u00e1n presentes los m\u00e1rtires, es ella misma \u00abm\u00e1rtir\u00bb en sentido pleno; s\u00f3lo con esta condici\u00f3n puede acoger en s\u00ed\u00ad a los m\u00e1rtires. En efecto, son ellos los que le garantizan que siga creyendo y transmitiendo ininterrumpidamente el Evangelio y la fe a lo largo de los siglos. El martirio es el \u00fanico criterio verdadero del car\u00e1cter genuino de la fe; por esto, ning\u00fan creyente que tome en serio su fe puede dejar de pensar que el martirio est\u00e1 en la perspectiva de su futuro.<br \/>\nR. Fisichella<\/p>\n<p>Bibl.: R, Fisichella, Martirio, en DTF, 858, en NDE, 869-880; 871; S. Spinsanti, M\u00e1rtir H. U. von Balthasar, S\u00f3lo el amor es digno de fe, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1988; K. Rahner Sentido teol\u00f3gico de la muerte, Herder Barcelona 1965, 88-128; AA. VV , La Iglesia martirial interpela nuestra animaci\u00f3n misionera, Burgos 1988; P. Allard, El martirio, FAX, Madrid 1943.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO:<br \/>\n1. Recuperaci\u00f3n arqueol\u00f3gica de los datos (Antiguo Testamento, Nuevo Testamento);<br \/>\n2. El martirio en teolog\u00ed\u00ada fundamental (el martirio como lenguaje, el martirio como signo);<br \/>\n3. La significatividad del martirio;<br \/>\n4. Para una ampliaci\u00f3n de la identificaci\u00f3n del m\u00e1rtir<br \/>\nR. Fisichella<\/p>\n<p>El m\u00e1rtir no es un extra\u00f1o para nosotros. Sabemos qui\u00e9n es y logramos captar su personalidad y su significado hist\u00f3rico; sin embargo, con frecuencia, su imagen parece evocar en nosotros un mundo que no es ya el .nuestro. Aparece como un personaje lejano, relegado a \u00e9pocas y per\u00ed\u00adodos hist\u00f3ricos que pertenecen al pasado y que todo lo m\u00e1s, tan s\u00f3lo la memoria lit\u00fargica vuelve a proponernos en el culto cotidiano. Descrito con caracter\u00ed\u00adsticas de h\u00e9roe, que suscitan alergia en nuestros contempor\u00e1neos, especialmente en las sociedades occidentales, parece haberse convertido en una pieza de museo. Pero el m\u00e1rtir es nuestro contempor\u00e1neo. Si no fuera as\u00ed\u00ad, la Iglesia habr\u00ed\u00ada dejado ya hace tiempo de presentar el kerigma como un anuncio de salvaci\u00f3n comprensible para el hombre de hoy y significativo para la vida de nuestros d\u00ed\u00adas. En \u00e9l cada uno de nosotros podemos ver la coherencia humana en su transparencia \u00faltima, en donde se lleva a cabo la identificaci\u00f3n perfecta entre la fe y la vida, entre la profesi\u00f3n verbal y la acci\u00f3n de cada d\u00ed\u00ada. La Iglesia tiene necesidad de m\u00e1rtires para destacar en plenitud la realidad del amor que se hace libremente aceptaci\u00f3n de la muerte, y al mismo tiempo se convierte en perd\u00f3n para el perseguidor. El m\u00e1rtir, de todas formas, pertenece a la Iglesia no s\u00f3lo porque \u00e9sta, en su historia bimilenaria, est\u00e1 caracterizada permanentemente por la presencia de los m\u00e1rtires, sino m\u00e1s bien porque, constitutivamente, ella misma es m\u00e1rtir. Antes de ser una ecclesia martyrum, es una ecclesia martyr. En su constituci\u00f3n antol\u00f3gica se le imprime de modo indeleble la forma Christi, que se expresa en la k\u00e9nosis del Hijo hasta el momento culminante de la pasi\u00f3n y muerte de cruz. Lo que pertenece a Cristo es tambi\u00e9n de su Iglesia; por tanto, tambi\u00e9n para ella tiene que concretarse y realizarse la forma de la k\u00e9nosis como expresi\u00f3n del seguimiento obediencial, que alcanza su culminaci\u00f3n en la pasi\u00f3n y muerte por amor. Por tanto, la Iglesia nace, vive y se construye sobre el fundamento de Cristo m\u00e1rtir; su misi\u00f3n en el mundo tendr\u00e1 que ser la de orientar la mirada de cada uno hacia \u00abel que fue traspasado\u00bb (Jn 19,37; Ap 1,7), a fin de que de forma eminente se explicite la palabra reveladora del Padre.<\/p>\n<p>Para confirmar esta perspectiva podemos recurrir a la teolog\u00ed\u00ada paulina, cuando describe la acci\u00f3n del ap\u00f3stol con estas palabras: \u00abHijos m\u00ed\u00ados, sufro por vosotros como si os estuviera de nuevo dando a luz hasta que Cristo se aformado en vosotros\u00bb (G\u00e1l 4,19). La forma de Cristo que el ap\u00f3stol imprime no puede ser sino la del siervo doliente que da su vida por la salvaci\u00f3n de todos (l Cristolog\u00ed\u00ada: t\u00ed\u00adtulos cristol\u00f3gicos). Estos \u00absentimientos\u00bb (Ef 2,5-6) que caracterizan a la figura hist\u00f3rica de Jes\u00fas de Nazaret deben ser tambi\u00e9n los que definan a quienes se ponen en su seguimiento para completar lo que falta a sus padecimientos (Col 1,24).<\/p>\n<p>Esta dimensi\u00f3n permite comprender plenamente el significado de los m\u00e1rtires en la historia y en la vida de la comunidad cristiana. Mediante su testimonio, la Iglesia verifica que s\u00f3lo a trav\u00e9s de este camino se puede hacer plenamente cre\u00ed\u00adble el anuncio del evangelio. Esto permite adem\u00e1s explicar el hecho de que desde sus primer\u00ed\u00adsimos a\u00f1os la Iglesia haya visto en el martirio un lugar privilegiado para verificar la verdad y la eficacia de su anuncio; en efecto, en estos acontecimientos el testimonio por el evangelio no se limitaba solamente a la forma verbal, sino que se extend\u00ed\u00ada a la concreci\u00f3n de la vida. Por eso la Iglesia comprendi\u00f3 que el m\u00e1rtir no ten\u00ed\u00ada necesidad de sus oraciones; al contrario, era ella la que rezaba a los m\u00e1rtires para obtener su intercesi\u00f3n. Por tanto, no se reza por el m\u00e1rtir, sino que se reza al m\u00e1rtir por la Iglesia. El d\u00ed\u00ada del martirio se recordaba y se memorizaba como el momento al que hab\u00ed\u00ada que volver con gozo para celebrar una fiesta, ya que se encontraba all\u00ed\u00ad la fuerza y el apoyo para proseguir en la obra evangelizadora.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la comunidad cristiana ha sostenido siempre el valor eclesial del martirio; \u00e9ste posee un tono altamente comunitario, ya que es vivido para y por toda la Iglesia como un signo eficaz del amor.<\/p>\n<p>I. RECUPERACI\u00ed\u201cN ARQUEOL\u00ed\u201cGICA DE LOS- DATOS. La finalidad de este art\u00ed\u00adculo no es analizar los diversos problemas con que tuvo que enfrentarse el t\u00e9rmino en su evoluci\u00f3n sem\u00e1ntica; sin embargo, una teolog\u00ed\u00ada del martirio debe tener presente al menos dos datos esenciales en este sentido: en primer lugar, cu\u00e1ndo se empieza a imponer el valor sem\u00e1ntico del t\u00e9rmino en la acepci\u00f3n que tiene en nuestros d\u00ed\u00adas; y en segundo lugar, cu\u00e1ndo surge una \u00abteolog\u00ed\u00ada\u00bb del martirio.<\/p>\n<p>La verdad es que estos dos momentos no coinciden; desde el AT hasta el NT y hasta los primeros decenios de la Iglesia primitiva, se puede asistir a una evoluci\u00f3n continua del t\u00e9rmino m\u00e1rtys. La evoluci\u00f3n sem\u00e1ntica esconde el proceso conceptual que se aplic\u00f3 al fen\u00f3meno; resultar\u00e1 entonces que progresivamente se va pasando de un concepto gen\u00e9rico de \u00abtestigo\u00bb de un hecho al concepto m\u00e1s concreto de \u00abtestimonio\u00bb de una verdad o de otras convicciones, hasta el testimonio que se da con el derramamiento de la propia sangre.<\/p>\n<p>El concepto de m\u00e1rtir, en la acepci\u00f3n que hoy posee, comienza a estabilizarse con toda probabilidad a partir del a\u00f1o 155, con el Martyrium Policarpi: \u00abPolicarpo, que fue el duod\u00e9cimo en sufrir el martirio en Esmirna, no s\u00f3lo fue maestro insigne, sino tambi\u00e9n m\u00e1rtir excelso, cuyo martirio todos aspiran a imitar, ya que ocurri\u00f3 a semejanza del de Cristo, como se nos narra en el evangelio\u00bb (19 1). M\u00e1rtir se identifica aqu\u00ed\u00ad como el que da su propia vida por la verdad del evangelio. En este sentido es muy expresivo un texto de Or\u00ed\u00adgenes: Todo el que da testimonio de la verdad, bien sea con palabras o bien con hechos o trabajando de alguna manera en favor de ella, puede llamarse con todo derecho `testigo&#8217;. Pero el nombre de `testigo&#8217;, en sentido propio, se debe a la comunidad de hermanos, impresionados por la fortaleza de esp\u00ed\u00adritu de los que lucharon por la verdad o por la virtud hasta la muerte, que tom\u00f3 la costumbre de aplic\u00e1rselo a los que dieron testimonio del misterio de la verdadera religi\u00f3n con el derramamiento de su sangre\u00bb (In Johannem II, 210).<\/p>\n<p>El motivo por el que se pas\u00f3 progresivamente a esta significaci\u00f3n sem\u00e1ntica es objeto de diversas teor\u00ed\u00adas; lo que hay que constatar es el hecho de la distinci\u00f3n que lleg\u00f3 a crearse entre confessores y m\u00e1rtyres. Todos ellos son testigos del Se\u00f1or y todos sufren la persecuci\u00f3n, pero el t\u00ed\u00adtulo de m\u00e1rtir s\u00f3lo se les da a los que han dado su vida, mientras que los dem\u00e1s son considerados com\u00fanmente como confessores.<\/p>\n<p>Sin embargo, es necesario recordar los rasgos m\u00e1s destacados que aparecen en la Escritura como un primer esbozo de la figura del m\u00e1rtir.<\/p>\n<p>a) Antiguo Testamento. Para el AT hay dos elementos que saltan inmediatamente a la vista en orden a su identificaci\u00f3n:<br \/>\n1) La figura del profeta. En efecto hay toda una serie de textos que inducen a pensar que la situaci\u00f3n del profeta tiene como trasfondo natural y contiene en su horizonte interpretativo una posible muerte violenta. El profeta puede ser llamado \u00abm\u00e1rtir\u00bb, aunque todav\u00ed\u00ada estemos lejanos de la teolog\u00ed\u00ada del martirio como se la interpretar\u00e1 sucesivamente. Los ejemplos de asesinato del profeta son bastantes frecuentes: Jer 26, 8-11 describe la reacci\u00f3n de los oyentes al discurso del profeta sobre el templo: \u00ab\u00c2\u00a1Vas a morir! \u00bfPor qu\u00e9 has profetizado en nombre del Se\u00f1or diciendo que este templo ser\u00e1 como Silo?&#8230; Este hombre debe ser condenado a muerte porque ha profetizado contra la ciudad\u00bb. Pocos vers\u00ed\u00adculos m\u00e1s adelante (26,20-23) se habla de como tambi\u00e9n el profeta Ur\u00ed\u00adas muri\u00f3 por haber profetizado. En 2Cr\u00f3n 24,17-22 se habla de la muerte del profeta Zacar\u00ed\u00adas, apedreado \u00aben el patio del templo del Se\u00f1or\u00bb. En el desahogo de El\u00ed\u00adas ante el Se\u00f1or, en 1Re 19,10-12 se habla de c\u00f3mo \u00ablos israelitas han abandonado tu alianza, han destruido tus altares, han pasado a espada a tus profetas. He quedado yo solo, y me buscan para quitarme la vida\u00bb. En Neh 9,26 se encuentra el ejemplo m\u00e1s claro de admisi\u00f3n de esta praxis; en la lectura que hace Esdras de la Torah se acusa al pueblo de haber pecado: \u00abFueron insolentes, se rebelaron contra ti y echaron tu ley a sus espaldas; mataron a tus profetas, que les exhortaban a convertirse en ti, y te ofendieron gravemente\u00bb. La misma figura del \u00e9bed Yhwh del Deutero-Isa\u00ed\u00adas puede tomarse como la imagen simb\u00f3lica del destino del profeta.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el profeta es testigo de la palabra que le ha dirigido el Se\u00f1or y tiene que seguirla fielmente hasta el fin; su muerte ser\u00e1 vengada s\u00f3lo por Yhwh: Yo tomar\u00e9 venganza de la sangre de mis siervos, los profetas y de la sangre de todos los siervos del Se\u00f1or\u00bb (2Re 9,7).<\/p>\n<p>2) Las vicisitudes hist\u00f3ricas de Israel. En la interpretaci\u00f3n que se le da a la historia, y de manera m\u00e1s peculiar a los acontecimientos sangrientos que la atraviesan, es posible se\u00f1alar una primera \u00abteolog\u00ed\u00ada del martirio\u00bb por obra del pueblo hebreo. M\u00e1s directamente, en la \u00e9poca de los Macabeos, en aquel decenio que vio a Israel dominado por la Siria de Ant\u00ed\u00adoco IV Ep\u00ed\u00adfanes (175-163), es cuando puede fijarse la aparici\u00f3n de esta reflexi\u00f3n. El intento de referir a una matriz com\u00fan la interpretaci\u00f3n del sufrimiento y de la muerte por causa de la fe. de los padres es lo que constituye la idea germinal de una \u00abteolog\u00ed\u00ada\u00bb del martirio, que curiosamente tiene como punto de origen una \u00abteolog\u00ed\u00ada\u00bb de la historia (l Historia, III) (cf Dan 11-12; 2Mac 6-7).<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil descubrir en estos textos que la muerte del inocente es recibida como un testimonio profundo, eficaz, capaz de mantener firme la fe y de suscitar la esperanza en la intervenci\u00f3n del Se\u00f1or. En este sentido es muy expresivo el relato de 2Mac 6,12-30, que habla de la persecuci\u00f3n del pueblo y de la muerte de Eleazar. De esta per\u00ed\u00adcopa se desprenden algunos datos significativos: en primer lugar, el hecho de que el momento de la prueba y de la persecuci\u00f3n es interpretado como un momento de gracia (v. 12); el Se\u00f1or, a trav\u00e9s de esta experiencia, corrige a su pueblo y lo robustece en la fe (vv. 14-16); el testimonio del justo que acepta la muerte con tal de permanecer fiel a la ley antigua tiende adem\u00e1s a confirmar a los m\u00e1s j\u00f3venes en la fe de los padres (vv. 24-28); as\u00ed\u00ad pues, la muerte es acogida como signo de amor (v. 30); el justo perseguido, finalmente, es descrito como el que tiene plena libertad ante la muerte y ante el perseguidor, pero que sin embargo no tiene miedo de optar por ella (v. 30).<\/p>\n<p>Por tanto, para el AT, el testigo que acepta la muerte en nombre de la fe es inocente de toda culpa; su sufrimiento y su muerte se consideran como purificadoras para el pueblo y como signo del testimonio mayor que el pueblo pudiera recibir. El contenido de la oraci\u00f3n de Judas el Macabeo puede corresponder muy bien a lo que se ha descrito: \u00abY suplicaban al Se\u00f1or que mirara al pueblo pisoteado por todos y que se compadeciera del templo contaminado por hombres sacrilegos, que tuviera tambi\u00e9n piedad de la ciudad devastada, a punto de ser completamente arrasada; que oyera el clamor de la sangre, que ped\u00ed\u00ada a gritos justicia; que se acordara tambi\u00e9n de la muerte inicua de ni\u00f1os inocentes\u00bb (2Mac 8,2-4).<\/p>\n<p>b) Nuevo Testamento. El NT se caracteriza por el car\u00e1cter central de Jes\u00fas de Nazaret. El misterio de su muerte salv\u00ed\u00adfica es el eje de la interpretaci\u00f3n del martirio cristiano. Su vida, y particularmente su pasi\u00f3n y su muerte (l Misterio pascual), se convierten en el centro y en la clave hermen\u00e9utica que ilumina los mismos sufrimientos de los disc\u00ed\u00adpulos y la vida de la comunidad primitiva, que en estos momentos verifica concretamente su fidelidad al maestro: \u00abEllos salieron del tribunal muy contentos por haber sido dignos de ser ultrajados por tal nombre\u00bb (He 5,41; cf 7,58-60; Flp 1,13; 2Tim 2 3).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, hay que. considerar dos elementos con vistas a una lectura global de los datos neotestamentarios:<br \/>\n1) El hecho de que Jes\u00fas quiso dar un significado a su propia muerte. Entre los datos ciertos que pueden aceptarse como pertenecientes al Jes\u00fas hist\u00f3rico deben contarse con toda seguridad el de la conciencia que Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada de una muerte violenta y el del significado salv\u00ed\u00adfico que se le dio.<\/p>\n<p>Jes\u00fas de Nazaret tuvo ante s\u00ed\u00ad, con plena lucidez, la conciencia de saber que su comportamiento y sus palabras lo llevar\u00ed\u00adan inevitablemente a una muerte violenta. El hecho de que los contempor\u00e1neos y los mismos disc\u00ed\u00adpulos lo comprendieran como un l profeta (Me 8,28), la muerte del Bautista (Mt 14,1-12), su solidaridad con los pecadores p\u00fablicos (Me 2,1516), la cr\u00ed\u00adtica de la ley mosaica (Mt 5,17-48), la acusaci\u00f3n de blasfemia (Me 2,6; 14,64), la sospecha de que practicaba la magia o la hechicer\u00ed\u00ada (Mt 9,34), la expulsi\u00f3n de los comerciantes del templo, las duras palabras contra los sacerdotes (Me 11,15-18. 28-33) y sobre todo su pretensi\u00f3n de ser de forma privilegiada el hijo de Dios (Jn 5,18), e incluso uno solo de estos hechos, dejaba vislumbrar la posibilidad de una muerte violenta. No hay que olvidar tampoco que en varias ocasiones, como nos refieren los evangelios, Jes\u00fas estuvo a punto de ser apedreado.(Jn 8,59; 10,31-33; Le 4,29).<\/p>\n<p>Por consiguiente, Jes\u00fas no se mostr\u00f3 pasivo ante la perspectiva de este tipo de muerte; al contrario, sac\u00f3 motivos de all\u00ed\u00ad para dirigir su existencia dentro del horizonte de una muerte violenta, acogida para la salvaci\u00f3n de todos (Jn 3,14-15).<\/p>\n<p>2) El destino de sus disc\u00ed\u00adpulos. Se repite continuamente en los textos del seguimiento (cf Me 8,34; 13,9) la unidad profunda que liga la suerte de los disc\u00ed\u00adpulos con la del maestro. El seguimiento determina la inserci\u00f3n en la misma misi\u00f3n de Cristo y, por consiguiente; la necesidad de compartir su mismo sufrimiento y su muerte (Mt 16,24; 20,22-23).<\/p>\n<p>Ciertamente, el NT no relacion\u00f3 la idea del martirio con la aceptaci\u00f3n de la .muerte; tambi\u00e9n all\u00ed\u00ad se llama m\u00e1rtir al que da testimonio de su fe y atestigua la verdad del evangelio. El ejemplo m\u00e1s claro en este sentido es el de Esteban, que no es llamado m\u00e1rtir por el hecho de morir, sino simplemente porque es testigo de Cristo en su actividad evangelizadora:<br \/>\nLa conclusi\u00f3n que se deriva de los textos neotestamentarios es, por consiguiente, que el m\u00e1rtir es esencialmente el testigo ocular de la vida, pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or; a continuaci\u00f3n, todos los disc\u00ed\u00adpulos son llamados m\u00e1rtires-testigos, ya que atestiguan la verdad del evangelio en las diversas situaciones de vida, aun a riesgo de la persecuci\u00f3n y del sufrimiento (1Pe 4, 12-19). La teolog\u00ed\u00ada paulina ser\u00e1 particularmente sensible a la hora de unir el apostolado y la misi\u00f3n evangelizadora con la aceptaci\u00f3n del sufrimiento (cf Rom 6,4-15; G\u00e1l 5,1625; 1Cor 6,11-10.31; 13,4-7; 2Cor 5,14-15; 1Tim 6,12).<\/p>\n<p>Tan s\u00f3lo un largo proceso, como se record\u00f3 anteriormente, llevar\u00ed\u00ada a la identificaci\u00f3n del m\u00e1rtir con aquel que se hace testigo de la fe hasta el don de la vida. La carta de Clemente (96 d. C.), Ignacio (115), el Pastor de Hermas (140), aunque conocen ya la experiencia del martirio, no utilizan todav\u00ed\u00ada el t\u00e9rmino en este sentido.<\/p>\n<p>A partir del Martyrium Policarpi asistimos a un interesante desarrollo teol\u00f3gico sobre el martirio. La nueva acepci\u00f3n de m\u00e1rtir se aplica ahora a Cristo, inici\u00e1ndose as\u00ed\u00ad una primera reflexi\u00f3n aut\u00e9ntica sobre los m\u00e1rtires, que los entiende como testigos de la caridad perfecta a ejemplo de Cristo.<\/p>\n<p>2. EL MARTIRIO EN . El martirio, corlo objeto de estudio teol\u00f3gico, pertenece a diferentes disciplinas, que analizan sus diversos aspectos con vistas a una complementariedad para su lectura global.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica, por ejemplo, valorar\u00e1 m\u00e1s directamente en el martirio el elemento de testimonio para la verdad del evangelio; la espiritualidad, por su parte, estudiar\u00e1 sus formas y sus caracter\u00ed\u00adsticas para que pueda ser presentado tambi\u00e9n hoy como modelo de vida cristiana; la historia de la Iglesia intentar\u00e1 reconstruir las causas que produjeron situaciones de martirio y valorar\u00e1 la exactitud de los relatos m\u00e1s all\u00e1 de toda lectura legendaria; el derecho can\u00f3nico, finalmente, valorar\u00e1 las formas y las motivaciones con las que se realiz\u00f3 el testimonio del m\u00e1rtir, para establecer su validez con vistas a la canonizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada fundamental estudia el martirio dentro de la dimensi\u00f3n apolog\u00e9tica, para mostrar que es el lenguaje expresivo de la revelaci\u00f3n y el signo cre\u00ed\u00adble del amor trinitario de Dios. Mediante el testimonio de los m\u00e1rtires se muestra que todav\u00ed\u00ada hoy la revelaci\u00f3n tiene su fuerza de provocaci\u00f3n respecto a nuestros contempor\u00e1neos bien para permitir la opci\u00f3n de la fe, bien para vivirla de forma coherente y significativa.<\/p>\n<p>a) El martirio como lenguaje. Quer\u00e1moslo o no, el t\u00e9rmino m\u00e1rtir\u00bb trae a la mente del que lo pronuncia o del que lo, escucha una realidad definida. Como todos los t\u00e9rminos del lenguaje humano, tambi\u00e9n \u00e9ste est\u00e1 sometido al an\u00e1lisis ling\u00fc\u00ed\u00adstico, que busca ante todo su sensatez, y por tanto su verdad o no-verdad, en la experiencia cotidiana. En cuanto lenguaje humano, revela la dimensi\u00f3n m\u00e1s personal del sujeto, que ve realizada de esta manera tanto su capacidad para poseerla realidad que experimenta y que lleva a cabo como la autocomprensi\u00f3n de s\u00ed\u00ad como sujeto creativo.<\/p>\n<p>Una forma peculiar de lenguaje humano es la que se realiza a trav\u00e9s del lenguaje del ! testimonio. Su hermen\u00e9utica permite recuperar algunos datos que ofrecen una visi\u00f3n m\u00e1s org\u00e1nica y significativa del martirio.<\/p>\n<p>El testimonio va unido intuitivamente al \u00e1mbito \u00abjur\u00ed\u00addico\u00bb de la experiencia humana; en efecto, se comprende como un acto mediante el cual se refiere lo que ha sido objeto de conocimiento personal. Sin embargo, esta dimensi\u00f3n es s\u00f3lo la primera forma de nuestro conocimiento; efectivamente, el testimonio revela, en un an\u00e1lisis m\u00e1s profundo, cieras caracter\u00ed\u00adsticas que llegan hasta la esfera m\u00e1s personal del sujeto.<\/p>\n<p>Todo testimonio encierra al menos dos elementos: en primer lugar, el acto de comunicar; luego, el contenido que se expresa. Esta forma de comunicaci\u00f3n necesita inevitablemente la presencia de un receptor que acoja el testimonio. Esto permite afirmar que el testimonio es una relaci\u00f3n interpersonal que se crea entre dos sujetos en virtud de un contenido que se comunica. La calidad de la relaci\u00f3n que se forma pertenece a la esfera m\u00e1s profunda de la relaci\u00f3n interpersonal, en cuanto que, sobre la base del contenido expresado, los dos se arriesgan en la confianza mutua y en la credibilidad de su propio ser. En efecto, el testigo, en proporci\u00f3n con la fidelidad con que expresa el contenido de su propia experiencia, revela la veracidad o no veracidad de su propio ser; por otra parte, el que recibe este testimonio, al valorar el grado de fiabilidad de lo que se le comunica, arriesga su propia confianza en el otro. De todas formas, en ambos sujetos se pone de manifiesto la voluntad de participar una parte de su propia vida y de salir de s\u00ed\u00ad mismo con vistas a la comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, en esta perspectiva, el testimonio no puede reducirse a una simple narraci\u00f3n de hechos; se convierte m\u00e1s bien en un compromiso concreto, con el que se quiere comunicar y expresar, si fuera necesario con la propia muerte, la verdad de lo que se est\u00e1 diciendo, insistiendo en la verdad de la propia persona. Con el testimonio, cada uno dispone de s\u00ed\u00ad mismo con aquella libertad original que le permite verificarse como sujeto verdadero y coherente; en una palabra, el testimonio representa uno de los rasgos constitutivos del lenguaje humano, ya que posee un grado de performatividad que ser\u00ed\u00ada incapaz de expresar la palabra hablada por s\u00ed\u00ad sola.<\/p>\n<p>El martirio se comprendi\u00f3 siempre como la forma de testimonio supremo que daba el creyente con vistas a la verdad de su fe en el Se\u00f1or. Los Acta martyrum confirman expl\u00ed\u00adcitamente que el martirio se comprend\u00ed\u00ada como aquel testimonio definitivo que, comenzado ante el juez, se conclu\u00ed\u00ada luego con la aceptaci\u00f3n de la muerte.<\/p>\n<p>b) El martirio como signo. Los ejemplos que nos refieren los Acta martyrum muestran de forma clara que el testimonio del m\u00e1rtir fue le\u00ed\u00addo como signo de la presencia de Dios en la comunidad. La misma Trinidad revelaba en la muerte del m\u00e1rtir la expresi\u00f3n \u00faltima de su naturaleza: el amor que llega hasta el don completo de s\u00ed\u00ad mismo. La Iglesia ha comprendido siempre el valor de este testimonio y lo ha interpretado como el signo permanente del amor fiel e inmutable de Dios que, en la muerte de Jes\u00fas, hab\u00ed\u00ada alcanzado su expresi\u00f3n culminante.<\/p>\n<p>El signo (l Semiolog\u00ed\u00ada, I), con sus cualidades de mediaci\u00f3n y de comunicaci\u00f3n, tiene la caracter\u00ed\u00adstica de crear un consenso en torno a su significado y de provocar al interlocutor para que tome una decisi\u00f3n. Las notas esenciales de signo se verifican tambi\u00e9n plenamente en el martirio. En torno al m\u00e1rtir resulta f\u00e1cil ver realizado el consenso un\u00e1nime sobre su fuerza de \u00e1nimo y su coherencia; el contenido de su gesto se convierte en posibilidad, para todo el que lo desee, de pasar al significado expresado en aquella muerte: el amor mismo de Dios.<\/p>\n<p>La fuerza provocativa que dimana del martirio y que mueve a reflexionar sobre el sentido de la existencia y sobre el significado esencial que hay que dar a la vida es tan evidente que no se necesita ninguna demostraci\u00f3n para convencer de ella. La decisi\u00f3n de llegar a una opci\u00f3n coherente y definitiva encuentra aqu\u00ed\u00ad su espacio vital. La historia de los m\u00e1rtires manifiesta con toda lucidez que la muerte de cada uno de ellos, si por una parte dejaba at\u00f3nitos a los espectadores, por otra sacud\u00ed\u00ada hasta tal punto su conciencia personal que se abr\u00ed\u00adan a la conversi\u00f3n y a la fe: sanguis martyrum, semen christianorum.<\/p>\n<p>3. LA SIGNIFICATIVIDAD DEL MARTIRIO. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gicofundamental encuentra en el martirio una de las expresiones m\u00e1s cualificadas para proponer todav\u00ed\u00ada hoy aut\u00e9nticamente la \/credibilidad de la revelaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>La perspectiva apolog\u00e9tica preconciliar se limitaba normalmente al estudi\u00f3 del martirio dentro de la esfera de una casu\u00ed\u00adstica para el descubrimiento de las virtudes heroicas que atestiguaban los m\u00e1rtires en favor de la verdad de la fe. Superando esta lectura, es posible ver el martirio relacionado m\u00e1s bien con las perennes cuestiones del hombre, y por tanto adecuado para ser signo que ilumina a quienes se ponen a buscar un sentido a su existencia.<\/p>\n<p>Hay tres cuestiones que parecen afectar continuamente a la persona humana: la verdad de su propia vida personal, la libertad ante la muerte y la decisi\u00f3n para la eternidad.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere al primer momento, la verdad de la propia vida personal, se puede observar que, desde los primer\u00ed\u00adsimos tiempos de la Iglesia, el martirio fue interpretado como uno de los gestos m\u00e1s coherentes que el hombre pod\u00ed\u00ada realizar. El creyente que hab\u00ed\u00ada acogido la fe ve\u00ed\u00ada realizada en la muerte del m\u00e1rtir la coherencia m\u00e1s profunda entre la profesi\u00f3n de la fe y la vida cotidiana. Un an\u00e1lisis de los informes procesales de los m\u00e1rtires nos hace descubrir que el m\u00e1rtir conceb\u00ed\u00ada el camino del martirio como el sendero que ten\u00ed\u00ada que seguir para ver finalmente realizada su propia identidad de cristiano y para sentirse completo.<\/p>\n<p>La verdad de la fe, que al foral se convierte para el m\u00e1rtir en \u00abdar la vida por los amigos\u00bb (Jn 15,13), es una experiencia concreta de verdad sobre s\u00ed\u00ad mismo; en efecto, el m\u00e1rtir comprende que entregar su vida al tirano en nombre de Cristo es lo que constituye y forma la verdad de su ser. La verdad sobre su vida y la verdad del evangelio confluyen aqu\u00ed\u00ad en una s\u00ed\u00adntesis tan estrecha que ya no cabe la idea de concebirse fuera de la verdad acogida en la fe. De este modo el m\u00e1rtir se hace testigo de la verdad del evangelio, descubriendo la verdad sobre su propia vida, que carecer\u00ed\u00ada de sentido fuera de esa perspectiva.<\/p>\n<p>Sin embargo, el martirio es en este contexto una expresi\u00f3n de la honestidad y de la coherencia que lleva a privilegiar y a anteponer la verdad universal sobre las propias opciones personales de vida. En efecto, el m\u00e1rtir indica no solamente que cada uno puede conocer integralmente la verdad sobre su propia vida, sino m\u00e1s a\u00fan, que \u00e9l puede dar su misma vida para convencer sobre la verdad que gu\u00ed\u00ada sus convicciones y sus opciones.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere al segundo momento, la libertad personal ante la muerte, hay que observar que en el martirio esta libertad resulta tan parad\u00f3jica que parece contradictora: \u00bfc\u00f3mo puede pensarse que uno es libre, si \u00e9ste es precisamente el momento en que la propia vida depende de la voluntad de otro?<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de la tesis iluminadora de K. Rahner sobre este punto (Sentido teol\u00f3gico de la muerte, Herder, Barcelona 1965, 88-128), hay que se\u00f1alar los siguientes aspectos ulteriores:<br \/>\na) La \/muerte constituye un acontecimiento que determina la vida de cada uno y que forma la historia personal. Se sit\u00faa como elemento significativo para el discernimiento de la verdad sobre uno mismo y sobre todo lo que realiza; en una palabra, la muerte toca al hombre en su globalidad, es un hecho universal; nadie queda excluido.<\/p>\n<p>Sin embargo, la muerte no es un simple dato biol\u00f3gico ante el que cada uno ve la par\u00e1bola de su propia vida; es algo m\u00e1s, ya que precisamente en ese momento se descubre que uno no est\u00e1 hecho para la muerte, sino para la vida. La negativa a verse desaparecer con la desaparici\u00f3n f\u00ed\u00adsica de s\u00ed\u00ad mismo hace comprender cu\u00e1n esencial es para la persona el enfrentamiento consciente con este acontecimiento, a pesar de que nos gustar\u00ed\u00ada borrarlo de nuestra propia mente.<\/p>\n<p>b) La muerte constituye tambi\u00e9n un misterio que desborda infinitamente al hombre y ante el cual se alternan las reacciones m\u00e1s diversas: el miedo, la huida, la duda, la contradicci\u00f3n, el deseo de querer saber m\u00e1s, la desconfianza, la serenidad, la desesperaci\u00f3n, el cinismo, la resignaci\u00f3n, la lucha.<\/p>\n<p>En la muerte cada uno juega su carta definitiva, ya que se ve obligado a esa \u00abpartida de ajedrez\u00bb (cf el filme significativo de Bergman El \u00faltimo sello) que ya no puede diferirse m\u00e1s y que al foral se busca como algo necesario e improrrogable.<\/p>\n<p>Por este motivo se puede afirmar que tambi\u00e9n el m\u00e1rtir, m\u00e1s a\u00fan, sobre todo el m\u00e1rtir, revela su libertad plena ante la muerte precisamente cuando parece que no queda ya ning\u00fan espacio para la libertad.<\/p>\n<p>En efecto, puesto ante la muerte, el m\u00e1rtir sabe dar el significado supremo a su vida, aceptando la muerte en nombre de la vida que le proviene de la fe. Por consiguiente, el m\u00e1rtir, a pesar de estar condenado a morir, escoge la muerte; para \u00e9l morir equivale a escoger libremente entregarse a s\u00ed\u00ad mismo, plena y totalmente, al amor del Padre. El m\u00e1rtir sabe que su aceptaci\u00f3n de la muerte, con este significado, corresponde a liberarse a s\u00ed\u00ad mismo de una vida que, fuera de ese horizonte, se quedar\u00ed\u00ada sin sentido.<\/p>\n<p>Finalmente, tambi\u00e9n para la \u00faltima pregunta -\u00bfqu\u00e9 habr\u00e1 despu\u00e9s de la muerte?- el martirio consigue ser expresi\u00f3n de un sentido nuevo.<\/p>\n<p>En los procesos de los m\u00e1rtires aparece como un leitmotiv la expresi\u00f3n \u00abreunirse con el Se\u00f1or\u00bb. As\u00ed\u00ad pues, en la muerte se encuentra la dimensi\u00f3n \u00ed\u00adntima de la capacidad personal de decisi\u00f3n. Aunque pueda parecer parad\u00f3jico, la decisi\u00f3n m\u00e1s aut\u00e9ntica para el sujeto, y por tanto la m\u00e1s libre, es la de saber confiarse al misterio que se percibe. El hombre es misterio, pero comprende dentro de s\u00ed\u00ad la presencia de un misterio mayor que lo abraza sin destruirlo. Fuera de este horizonte uno se convertir\u00ed\u00ada en enigma insoluble; por el contrario, dentro de \u00e9l se encuentra la clave para poder autocomprenderse.<\/p>\n<p>El martirio, en cuanto signo del amor, es tambi\u00e9n signo de aquel que en el amor acoge el misterio del otro. En este punto ya no existen m\u00e1s preguntas, sino s\u00f3lo la certeza de ser amado y acogido por \u00e9l. La fuerza del m\u00e1rtir tiene que encontrarse en la conciencia de que, puesto que Cristo ha vencido a la muerte, tambi\u00e9n el que se conf\u00ed\u00ada a \u00e9l reinar\u00e1 para siempre. La palma del m\u00e1rtir se convierte en el signo perenne de la victoria que va m\u00e1s all\u00e1 de la derrota de la muerte.<\/p>\n<p>Estos elementos que hemos descrito permiten ver el martirio como un signo importante para la b\u00fasqueda del sentido y para la credibilidad de la revelaci\u00f3n. La muerte del m\u00e1rtir se convierte en signo de la naturaleza del morir cristiano: asunci\u00f3n de la muerte misma de Cristo en la vida, acto supremo de la libertad que introduce en el amor del Padre.<\/p>\n<p>El m\u00e1rtir, en definitiva, es aquel que da a la muerte un rostro humano; parad\u00f3jicamente, expresa la belleza de la muerte. Yendo a su encuentro, \u00e9l la ve ciertamente como un momento dram\u00e1tico, aunque no tr\u00e1gico, de su existir, y sin embargo digna de ser vivida por ser expresi\u00f3n de su capacidad para saber amar hasta el fin.<\/p>\n<p>4. PARA UNA AMPLIACI\u00ed\u201cN DE LA IDENTIDAD DEL M\u00ed\u0081RTIR. Una r\u00e1pida panor\u00e1mica sobre la historia del concepto de m\u00e1rtir muestra que en las diversas \u00e9pocas se han expresado diferentes acentuaciones. As\u00ed\u00ad, Agust\u00ed\u00adn dir\u00e1 que \u00abmartyres non facit poena, sed causa\u00bb (Enarrationes in Ps. 34); le har\u00e1 eco santo Tom\u00e1s, diciendo que \u00abcausa sufficiens ad martyrium non solum est confessio fidei, sed quaecumque alia virtus non politica sed infusa, quae finem habeat Christum\u00bb; y tambi\u00e9n: \u00abPatitur etiam propter Christum non solum qui patitur propter fidem Christi, sed etiam qui patitur pro quocumque justitiae opere pro amore Christi\u00bb (Epist. ad Rom. 8,7). Es sugestiva la posici\u00f3n de Pascal: \u00abEl ejemplo de la muerte de los m\u00e1rtires nos afecta porque son miembros nuestros. Tenemos con ellos una vinculaci\u00f3n; sus decisiones pueden formar la nuestra, no solamente por el ejemplo que nos dan, sino sobre todo porque han hecho posible nuestra decisi\u00f3n\u00bb (Pens\u00e9es, 481). Tambi\u00e9n es impresionante la de Kierkegaard: \u00abSi Cristo volviera al mundo, quiz\u00e1 no lo habr\u00ed\u00adan matado, pero se habr\u00ed\u00adan burlado de \u00e9l. Es \u00e9ste el martirio de los tiempos de la inteligencia: ser entregados a la muerte en el tiempo de la pasi\u00f3n y del sentimiento\u00bb; y en otro pasaje contin\u00faa: \u00abNinguna vida tiene un efecto tan grande como la del m\u00e1rtir, porque el m\u00e1rtir s\u00f3lo comienza a actuar despu\u00e9s de la muerte. As\u00ed\u00ad la humanidad o se adhiere a \u00e9l o se queda aprisionada en s\u00ed\u00ad misma\u00bb (Diario). Los manuales de teolog\u00ed\u00ada en su definici\u00f3n del martirio, defender\u00e1n particularmente el motivo del odium fidei: \u00abTeol\u00f3gicamente el martirio se define as\u00ed\u00ad: sufrimiento voluntario de la condenaci\u00f3n a muerte, infligida por odio contra la fe o la ley divina, que se soporta firme y pacientemente y que permite la entrada inmediata en la bienaventuranza\u00bb (S. TROMP, De revelatione christiana, 348).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el concilio ha procurado dar su propia visi\u00f3n teol\u00f3gica del martirio, en la que es f\u00e1cil ver una articulaci\u00f3n que se puede describir con estas caracter\u00ed\u00adsticas: en primer lugar las premisas cristol\u00f3gicas, luego la inserci\u00f3n en el escenario eclesial, despu\u00e9s la comprobaci\u00f3n de la especificidad del m\u00e1rtir creyente y finalmente la par\u00e9nesis, para que todos los bautizados est\u00e9n dispuestos a profesar la fe incluso con la entrega de su propia vida. \u00abDado que Jes\u00fas, el Hijo de Dios, manifest\u00f3 su amor entregando su vida por nosotros, nadie tiene mayor amor que el que entrega su vida por \u00e9l y por sus hermanos (premisa cristol\u00f3gica).Pues bien, algunos cristianos, ya desde los primeros tiempos, fueron llamados, y seguir\u00e1n si\u00e9ndolo siempre, a dar este supremo testimonio de amor ante todos, especialmente ante los perseguidores (escenario eclesial).Por tanto, el martirio, en el que el disc\u00ed\u00adpulo se asemeja (assimilatur) al maestro, que acept\u00f3 libremente la muerte por la salvaci\u00f3n del mundo, y se conforma a \u00e9l en la efusi\u00f3n de su sangre, es estimado por la iglesia como un don eximio y la suprema prueba de amor (especificidad del martirio). Y aunque concedido a pocos, todos deben estar prestos a confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle por el camino de la cruz, en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia (par\u00e9nesis)\u00bb (LG 42; cf tambi\u00e9n LG 511; GS 20; AG 24; DH 11.14).<\/p>\n<p>Como se advierte en este texto, el Vaticano II inserta al m\u00e1rtir en una clara perspectiva cristoc\u00e9ntrica; la muerte salv\u00ed\u00adfica de Jes\u00fas de Nazaret constituye el principio normativo del discernimiento del martirio cristiano. De todas formas, esta centralidad se describe con la expresi\u00f3n \u00abdar la vida por los hermanos\u00bb, que recuerda el texto de Jn 15,13 y permite verificar que lo que mueve al m\u00e1rtir a dar su vida es el amor arquet\u00ed\u00adpico y normativo de Cristo. Igualmente, el recuerdo de la dimensi\u00f3n eclesial no hace m\u00e1s que subrayar la continuidad del testimonio de amor dado por el m\u00e1rtir para confirmar a los hermanos en la fe. Adem\u00e1s, cuando el texto conciliar habla de la especificidad del martirio cristiano diciendo que es un \u00abdon eximio\u00bb, y por tanto una gracia y un carisma dados a quien m\u00e1s ama, y \u00abla suprema prueba de amor\u00bb, es decir, el testimonio definitivo del amor, tanto lo uno como lo otro es visto como algo que se da en la Iglesia y para la Iglesia, para que de este modo pueda crecer \u00abhacia aquel que es la cabeza, Cristo. Por \u00e9l, el cuerpo entero, trabado y unido por medio de todos sus ligamentos, seg\u00fan la actividad propia de cada miembro, crece y se desarrolla en el amor\u00bb (Ef 4,15-16; cf 1Cor 12-14).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, cabe pensar que con esta descripci\u00f3n el Vaticano II abre el camino a una interpretaci\u00f3n nueva y m\u00e1s globalizante del testimonio del m\u00e1rtir, con vistas a las nuevas formas de martirio a las que hoy asistimos debido a la modificaci\u00f3n de los acontecimientos. Por tanto, es l\u00ed\u00adcito pensar que con el concilio se llega a identificar el martirio con la forma del don de la vida por amor.<\/p>\n<p>El texto de LG 42, anteriormente citado, no habla ni de profesi\u00f3n de fe ni de odium fidei; los supone ciertamente, pero prefiere hablar de martirio como signo del amor que se abre hasta hacerse total donaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>Si se subraya el amor m\u00e1s que la fe, se comprende que es m\u00e1s f\u00e1cil destacar la normatividad del amor de Cristo, que est\u00e1 en la base del testimonio del m\u00e1rtir; en efecto, esta forma de amor sigue siendo cre\u00ed\u00adble tambi\u00e9n entre los contempor\u00e1neos, que se ven provocados por una persona en la esfera m\u00e1s profunda de su ser.<\/p>\n<p>Luego si el acento se pone en el amor que est\u00e1 en la base del testimonio del m\u00e1rtir, se comprende tambi\u00e9n que resulte mucho m\u00e1s f\u00e1cil la identificaci\u00f3n del m\u00e1rtir con aquel que no s\u00f3lo profesa la fe, sino que la atestigua en todas las formas de justicia, que es el m\u00ed\u00adnimo del amor cristiano.<\/p>\n<p>Por consiguiente, el amor permite referir a la identidad del m\u00e1rtir su testimonio personal y su compromiso directo en e] desarrollo y progreso de la humanidad; el m\u00e1rtir atestigua que la dignidad de la persona y sus derechos elementales, hoy universalmente reconocidos pero no respetados, son los elementos b\u00e1sicos para una vida humana. Si se asume. este horizonte interpretativo, resulta claro que el m\u00e1rtir no se limita ya a unos cuantos casos espor\u00e1dicos, sino que se le puede encontrar en todos aquellos lugares&#8217;en los que por amor al evangelio, se vive coherentemente hasta llegar. a dar .la vida, al lado de los pobres; de los marginados y de los oprimidos, defendiendo sus derechos pisoteados.<\/p>\n<p>Sin embargo una ampliaci\u00f3n del concepto de m\u00e1rtir no corresponde a un uso indiscriminado o inflacionista del mismo. No todos los que mueran en favor de los derechos de los hombres o de sus aspiraciones m\u00e1s profundas podr\u00e1n ser m\u00e1rtires; lo cual indica que es precisa una definici\u00f3n ulterior del martirio que sepa comprender las nuevas formas de persecuci\u00f3n en las que se ve comprometida la verdad de la fe y la credibilidad del amor.<\/p>\n<p>Un ejemplo claro del uso moderno de \u00abmartirio\u00bb es el que nos ofrece Maximiliano Kolbe. Cuando el 17 de octubre de 1971 Pablo VI lo beatific\u00f3, lo incluy\u00f3 entre los confessores. Pero en la canonizaci\u00f3n, el 10 de octubre de 1982, Juan Pablo II lo incluy\u00f3 entre los m\u00e1rtyres. Una cr\u00f3nica de los hechos permite verificar los siguientes datos:<br \/>\n1) El 5 de junio de 1982, algunos obispos polacos y alemanes, en representaci\u00f3n de sus respectivas conferencias episcopales, dirigieron una carta al Papa, publicada en L&#8217;Osservatore Romano s\u00f3lo el 7 de octubre de 1982, solicitando expresamente que el beato Maximiliano Kolbe fuera canonizado como \u00abm\u00e1rtir de la fe cat\u00f3lica\u00bb. Las motivaciones que acompa\u00f1aban a esta petici\u00f3n se mueven en un plano de justificaci\u00f3n can\u00f3nica y siguen las huellas de una antigua concepci\u00f3n del martirio: ante todo, el hecho de que la ideolog\u00ed\u00ada nazi era contraria a la \u00e9tica cristiana y que el encarcelamiento del padre Kolbe estuvo dictado por el odio contra la fe, mientras que el beato, durante su prisi\u00f3n en el campo de Auschwitz, no foment\u00f3 odio alguno contra el perseguidor que se encarnizaba en \u00e9l; finalmente, el hecho de haberse ofrecido en lugar de un padre de familia con las simples palabras soy un sacerdote cat\u00f3lico\u00bb.<\/p>\n<p>2) Aquel mismo d\u00ed\u00ada, L&#8217;Osservatore Romano presentaba en segunda p\u00e1gina un art\u00ed\u00adculo, m\u00e1s autorizado todav\u00ed\u00ada por la ausencia de firma, donde se deseaba una ampliaci\u00f3n del concepto de martirio con estas palabras: \u00abTocar\u00e1 al te\u00f3logo justificar en el plano te\u00f3rico una opci\u00f3n que quiz\u00e1 no est\u00e9 a\u00fan plenamente decantada en las escuelas. Desear\u00ed\u00ada que la teolog\u00ed\u00ada lograse darnos cuanto antes el perfil exacto del `martirio moderno&#8217;, ya que estoy convencido de que representa una fuente de energ\u00ed\u00ada para los fieles cristianos el poder mirar con conciencia y con coherencia la `actualidad plena&#8217; del martirio\u00bb.<\/p>\n<p>3) M\u00e1s expresivo y extraordinariamente moderno es el discurso pronunciado por Juan Pablo II en la misa de canonizaci\u00f3n. No aparece nunca en las palabras del Papa la expresi\u00f3n \u00abm\u00e1rtir de la fe\u00bb, pero toda la homil\u00ed\u00ada se consagra a mostrar el testimonio de amor que dio el padre Kolbe. El Papa asume la categor\u00ed\u00ada de signo como la expresi\u00f3n ling\u00fc\u00ed\u00adstica y teol\u00f3gica que mejor puede manifestar el testimonio dado por amor.<\/p>\n<p>El comienzo dei discurso se sit\u00faa a la luz de Jn 15,13, que es el texto asumido por la LG 42; se usa m\u00e1s de 11 veces el t\u00e9rmino \u00abamor\u00bb y al menos otras cinco una expresi\u00f3n sin\u00f3nima; por seis veces se dice que Kolbe es \u00absigno\u00bb del amor; esto permite comprender por qu\u00e9 el Papa se expresa literalmente de este modo: \u00ab\u00bfNo constituye esta muerte, arrostrada espont\u00e1neamente por amor al hombre, un cumplimiento particular de las palabras de Cristo? \u00bfNo hace a Maximiliano particularmente semejante a Cristo, modelo de todos los m\u00e1rtires, que da su propia vida en la cruz por los hermanos? \u00bfNo posee semejante muerte una elocuencia penetrante, especial, para nuestra \u00e9poca? \u00bfNo constituye un testimonio particularmente aut\u00e9ntico de la Iglesia en el mundo contempor\u00e1neo? Por eso,.en virtud de mi autoridad apost\u00f3lica he decretado que Maximiliano Mar\u00ed\u00ada Kolbe, que despu\u00e9s de la beatificaci\u00f3n era venerado como confesor, sea venerado en adelante como m\u00e1rtir\u00bb.<\/p>\n<p>Se advierte, por tanto, que es posible y que se ha dado ya de hecho una ampliaci\u00f3n del concepto de m\u00e1rtir. De todas formas, ello est\u00e1 pidiendo una reflexi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica por parte de la teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Proponemos a continuaci\u00f3n una \u00abdefinici\u00f3n\u00bb de m\u00e1rtir que intenta recoger las diversas exigencias expresadas anteriormente, situada m\u00e1s bien ahora en el horizonte de la teolog\u00ed\u00ada fundamental:<br \/>\n\u00abEl m\u00e1rtir, signo del amor m\u00e1s grande, es un testigo que se ha puesto a seguir a Cristo hasta el don de su vida para atestiguar la verdad del evangelio. Reconocido como tal por la voz del pueblo de Dios, es confirmado por la Iglesia como un testigo fiel de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>Conviene explicitar algunos elementos de esta &#8216;definici\u00f3n\u00bb:<br \/>\n1) Signo del amor m\u00e1s grande. Con esta expresi\u00f3n se intenta-recuperar la centralidad del amor como signo \u00faltimo, capaz de provocar a cada uno a la decisi\u00f3n de fe. Adem\u00e1s, el amor apela a la dimensi\u00f3n de gratuidad y de don: en cuanto que el m\u00e1rtir se configura m\u00e1s que cualquier otro con Cristo, se comprende como destinatario de una gracia que s\u00f3lo en el amor es explicable y comprensible.<\/p>\n<p>2) Seguimiento de Cristo. Con esta expresi\u00f3n se quiere mostrar la libertad del sujeto de optar por la fe y por las \u00faltimas consecuencias de la misma. El seguimiento de Cristo no es un acto de simple profesi\u00f3n, sino praxis concreta de vida y, al mismo tiempo, testimonio eclesial, ya que se inserta en la \u00fanica misi\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p>3) Don de la vida. Se indica aqu\u00ed\u00ad la caracter\u00ed\u00adstica constitutiva del martirio, la muerte. Pero se la comprende no en sentido negativo -la muerte como privaci\u00f3n de la vida-,sino de forma positiva: el m\u00e1rtir no muere, sino que entrega y ofrece su vida dentro de la plena libertad que ha adquirido. El martirio es un acto con el que se sigue viviendo.<\/p>\n<p>4) La verdad del evangelio. Se pretende hablar de la salvaci\u00f3n. El elemento \u00faltimo y definitivo del anuncio evang\u00e9lico es la vida eterna, es decir, la salvaci\u00f3n que nos ha llegado en la persona de Jes\u00fas de Nazaret. La salvaci\u00f3n tiende a crear la persona como un objeto libre, plenamente realizado en su naturaleza, y precisamente por eso capaz de dialogar con Dios. Esto significa que la verdad del evangelio es tambi\u00e9n anuncio salv\u00ed\u00adfico de la dignidad y sacralidad del hombre. Por tanto, cada una de las acciones en favor de la dignidad humana tiene en s\u00ed\u00ad misma un car\u00e1cter salv\u00ed\u00adfico y cada una de las acciones que tienden a suprimir o a obstaculizar semejante anuncio debe considerarse como un obst\u00e1culo y una persecuci\u00f3n contra la fe.<\/p>\n<p>5) Reconocido por el pueblo de Dios. De esta manera se quiere recuperar concretamente la importancia de la comunidad local, en sinton\u00ed\u00ada con la praxis de la Iglesia de los primeros siglos. La comunidad participa siempre del martirio de uno de sus miembros; por eso precisamente es la \u00fanica capaz de comprender el alcance de aquel testimonio y de juzgar su signo como expresi\u00f3n aut\u00e9ntica del amor cristiano. Es la comunidad local la que sabe reconocer cu\u00e1ndo la muerte del m\u00e1rtir ha sido por la \u00abverdad del evangelio\u00bb y no por otros fines; en efecto, en ella es donde el m\u00e1rtir nace, crece y se robustece tanto en la experiencia de fe como en la preparaci\u00f3n para el propio martirio,. Para los m\u00e1rtires de los primeros siglos era inconcebible una vida fuera de la comunidad, y en muchos casos se tiene el testimonio de una comunidad que llega a corromper a los carceleros para poder estar cerca de su m\u00e1rtir.<\/p>\n<p>6) La Iglesia confirma. No se quiere ciertamente disminuir el valor de la canonizaci\u00f3n, que permanece vinculado al acto infalible del papa, sino m\u00e1s bien resaltar el car\u00e1cter universal de la santidad del m\u00e1rtir, que es propuesto al culto y al ejemplo de todos los cristianos.<\/p>\n<p>El martirio no es una especulaci\u00f3n intelectual, sino una concreci\u00f3n de vida; m\u00e1s a\u00fan: es el punto culminante de una existencia plenamente humana, expresa la libertad plena del hombre ante la muerte.<\/p>\n<p>El obispo m\u00e1rtir \u00ed\u201cscar Romero dec\u00ed\u00ada en la homil\u00ed\u00ada del s\u00e1bado santo de 1979: \u00abGracias a Dios, poseemos p\u00e1ginas de martirio no s\u00f3lo de la historia pasada, sino tambi\u00e9n de la hora presente. Sacerdotes, religiosos, catequistas, hombres sencillos del campo han sido masacrados, despojados, abofeteados, torturados, perseguidos por ser hijos fieles de este \u00fanico Dios y Se\u00f1or\u00bb. Pues bien, ning\u00fan creyente que haya tomado seriamente conciencia de su propia fe puede pensar que no ha sido llamado al martirio. El martirio pertenece hasta tal punto a la esencia misma de la vocaci\u00f3n cristiana que constituye el \u00abcaso serio\u00bb de la vida de cada uno.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad nos sentimos llamados a dar la respuesta \u00faltima de la petici\u00f3n de amor, ya que se comprende y se tiene la certeza de que otro, por nosotros, ha entregado gratuitamente su vida como testimonio de amor.<\/p>\n<p>El martirio se presenta, por tanto, como aquella realidad que todav\u00ed\u00ada hoy puede la Iglesia, con orgullo, ofrecer al mundo como el signo m\u00e1s grande del amor realizado por el hombre. Cada uno, ante este signo, se siente interpelado y tiene que tomar posici\u00f3n. Por tanto, preguntarse si hay todav\u00ed\u00ada hoy m\u00e1rtires y qui\u00e9nes son es preguntarse si tambi\u00e9n hoy la Iglesia est\u00e1 en disposici\u00f3n de presentar el amor inmutable y fiel, que tiene su fuente en la trinidad de Dios.<\/p>\n<p>Si el m\u00e1rtir es el signo del amor m\u00e1s grande, esto es, sin embargo, una se\u00f1al de que todav\u00ed\u00ada hoy, en el mundo, se da el rechazo de Dios y de que hay personas al\u00e9rgicas al anuncio prof\u00e9tico y a la fuerza testificante de las comunidades cristianas. Es verdad, estos nuevos perseguidores, cada vez m\u00e1s h\u00e1biles por estar cada vez m\u00e1s ligados a formas oscuras del poder, no ofrecer\u00e1n al creyente la posibilidad de atestiguar la fe y el amor como en los primeros tiempos de la Iglesia: no condenar\u00e1n a muerte con sentencias jur\u00ed\u00addicas pronunciadas por los tribunales&#8230;; en los perseguidores de nuestro tiempo se disimula una forma m\u00e1s solapada, m\u00e1s grave y m\u00e1s taimada de perseguir: la burla, la banalizaci\u00f3n, la indiferencia o la calumnia&#8230;, y a veces la muerte a traici\u00f3n.<\/p>\n<p>El coraje de los m\u00e1rtires, por consiguiente, apela al coraje de poner siempre, incesantemente, nuevas formas y estilos de vida que anuncien la fuerza victoriosa de la persona de Cristo, que sigue hoy viviendo en medio de los suyos, que lo proclaman -como los primeros creyentes- Se\u00f1or y testigo fiel.<\/p>\n<p>BIBL.: ALLARD P., Manyre, en DictApol: Par\u00ed\u00ads 1926, 331-492; BALTHASAR H.U. von, S\u00f3lo el amor es digno de fe, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1988; ID, Martirio y misi\u00f3n, en Puntos centrales de la fe, Madrid 1985, 361-377; BAUMEISTER T., Die \u00ed\u0081nf\u00fcnge dei Theologie des Martyriums, M\u00fcnster 1980; BORos L., \u00abMysterium mortis&#8217;; El hombre y su \u00faltima opci\u00f3n, Paulinas, Madrid 1972; BRox N., Zeuge und Mdrtyrer, Munich 1961; CAMPENHAUSEN H., Die Ideedes Martyriums in dei alten Kirche, Gotinga 1964; DELEHYE H., Les origines du culte des Martyrs, Bru lglas 1939; ESKING E., Das Martyrium als theoisch-exegetisches Problem, Stutgart 1951; FIsccHELLA R., Il martirio come testimonianza: contributi per una riffessione sulla definizione di manire, en VV.AA. Portare Cristo all \u00faomo, vol. 11, Roma 1985, 747-767; GORDON I., De conceptu theologico-canonico martyrii, en VV. AA., Jus populi Dei, vol. 1, Roma 1972, 485-521; HEDDE R., Manyre, en DThC, Par\u00ed\u00ads 1928, 220-254; HOCEDEz E., Le concept de martyr, en \u00abNRTh\u00bb55 (1928) 81-99; JANSSENS J., II cristiano di fronte al martirio imminente, en \u00abGreg\u00bb 66 (1985) 405-427; Kuals A., La th\u00e9ologie du martyr au XX si\u00e9cle, Roma 1968; LATOURELLE R., Cristo y la Iglesia, signos de salvaci\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme Salamanca 1971; LEGN-DUFOUR X., Jes\u00fas y Pablo ante la muerte, Cristiandad, Madrid 1982; LODS, Confesseurs et Martyrs, Neuch\u00e1tel 1958; MICHEL O., Prophet und Mdrtyrer, G\u00fcters1oh 1932 MUSURILLo H., The Acts of the Christian Martyrs, Oxford 1972; NOCE C., Il martirio. Testimonianza e spiritualit\u00e1 dei primi secoli, Roma 1987; PELLEGRINO M., Le sens ecclesial du martyr, en \u00abRSR\u00bb 35 (1961) 151-175; PIACENTINI E., II martirio nelle cause dei Santi, Roma 1979; RAHNER K., Sentido teol\u00f3gico de la muerte, Herder, Barcelona 1965, 88-128; l\u00fal COEUR P., Herm\u00e9neutique du t\u00e9moignage, en E. CAsTELLI, La testimonianza, Roma 1972, 35-61; SCHURMANN H., \u00bfC\u00f3mo entendi\u00f3 y vivi\u00f3 Jes\u00fas su muerte?, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982; SOLIGNAC A., Manyre, en DictSp, Par\u00ed\u00ads 1980, 718-737; STRATI4MANN, \u00abMartys\u00bb en GLNT, Brescia 1971, 1269-1392 (orig., 1942); TROMP S., De revelatione christiana, Roma 1950; VV. AA., Martiri. Giudizio e dono per la chiesa, Tur\u00ed\u00adn 1981; VV.AA., La Iglesia martirial interpela nuestra animaci\u00f3n misionera, Burgos 1988.<\/p>\n<p>R. Fisichella<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n<p>Por su etimolog\u00ed\u00ada el m. tiene un sentido m\u00e1s amplio que el de mero testimonio de sangre, significaci\u00f3n que todav\u00ed\u00ada no se da en el NT, pero se introduce muy pronto, estando atestiguada por vez primera en el relato sobre el m. de Policarpo (mitad del siglo 11). En el NT tiene desde luego el sentido de atestiguar, dar testimonio, pero se entiende all\u00ed\u00ad como testimonio de palabra, testificaci\u00f3n por la predicaci\u00f3n, no como testimonio con la muerte por el odium fidei. Es prueba de c\u00f3mo se entiende a s\u00ed\u00ad misma la fe cristiana el hecho de que en su \u00e1mbito esta palabra, cuyo sentido es m\u00e1s general, signifique sobre todo, aunque no exclusivamente, el testimonio que se da sufriendo la muerte por motivo de la fe; y, a la inversa, por esta restricci\u00f3n del concepto, al hecho de morir por raz\u00f3n de la fe se le da car\u00e1cter de testimonio.<\/p>\n<p>1. La fundamentaci\u00f3n de esto se da por lo general casi \u00fanicamente en virtud de un aspecto formal, del que aqu\u00ed\u00ad se hablar\u00e1 primeramente, complet\u00e1ndolo luego por la exposici\u00f3n del aspecto material. Al considerar la relaci\u00f3n formal de la muerte testimonial con la fe, de la que se da testimonio, la mirada se dirige no tanto al contenido de lo que sucede en el m., cuanto al hecho de que acontece. En sentido propio, una muerte sufrida por la fe es m. cuando se sufre por libre consentimiento; y as\u00ed\u00ad no es m. caer en lucha armada en favor de la fe, ni tampoco una muerte inconsciente. Por el hecho de que uno se compromete hasta la muerte por la fe, da ante los hombres testimonio eficaz sobre la importancia y la rectitud de su fe. El hecho tiene un aspecto m\u00e1s objetivo y otro m\u00e1s subjetivo y humano.<\/p>\n<p>a) La vida es para el hombre lo m\u00e1s precioso que posee. Si su vida se pone en peligro o se le quita, su creencia de que con el fin de la existencia terrena no acaba simplemente su existencia, sino que despierta m\u00e1s bien para la \u00abvida eterna\u00bb, no impide que \u00e9l sienta la muerte como privaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo. Cuando en el curso de su vida consciente el hombre recuerda la -> muerte, \u00e9sta es sentida como acontecimiento que lo priva de s\u00ed\u00ad mismo. Esa privaci\u00f3n, que es el aspecto con que la muerte se ofrece siempre al hombre, va inherente de manera particular al m. como despojo de la vida a causa de una violencia exterior infligida por los hombres. La renuncia interiormente afirmada, y en este sentido voluntaria, a lo m\u00e1s alto que el hombre posee, y por cierto como entrega a hombres que no pueden alegar t\u00ed\u00adtulo como se\u00f1ores leg\u00ed\u00adtimos para arrebatar este bien supremo del otro, supone la creencia en una realidad dominadora que est\u00e1 detr\u00e1s del acontecimiento perceptible y transciende a los ejecutores inmediatos de esta privaci\u00f3n. Esa realidad es sentida como una cosa tan real, que por amor a ella se entrega sin resistencia el supremo bien terreno y hasta la propia existencia terrena.<\/p>\n<p>S\u00ed\u00adguese que este fin al que se dirige el m. s\u00f3lo puede ser una realidad con un valor supremo, de todo punto superior a la propia persona que sufre el martirio. Ese valor tiene que ser personal, pues de lo contrario no podr\u00ed\u00ada convertir la privaci\u00f3n de la propia existencia en la entrega de un sacrificio voluntario. Este sacrificio, desde luego, no es un aniquilamiento, como si el que muere se diera muerte a s\u00ed\u00ad mismo o como si la muerte fuera una aniquilaci\u00f3n de la persona; pero forzosamente ha de sentirse como aniquilamiento propio, pues la persona pierde su existencia terrena, que es su realidad experimental. De donde se sigue que el m. es el m\u00e1s alto acto de amor, pues el amor es el que afirma el valor de otra persona. El que se deja quitar la vida para afirmar la persona del Dios encarnado, reconocida por la fe, sufre la muerte in odium fidei; pero no s\u00f3lo en el sentido de que as\u00ed\u00ad atestigua la verdad de un conjunto de proposiciones, que \u00e9l tiene por verdades de fe, sino tambi\u00e9n en aquel sentido personal que el concilio Vaticano u (constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Dei Verbum), completando la perspectiva del Vaticano i, ha recuperado para la fe. En el m. la fe atestiguada opera en\u00e9rgicamente como fe en un t\u00fa. En efecto, el m. es entrega a la persona de Dios; con lo cual da testimonio, no en favor de una ideolog\u00ed\u00ada, sino en favor de la religi\u00f3n como vida vivida en un encuentro personal con el t\u00fa divino.<\/p>\n<p>b) Este aspecto objetivo se presta tambi\u00e9n para ejercer una fuerza persuasiva sobre los hombres. El m., como expresi\u00f3n del amor a Dios, por quien uno se deja quitar la vida y con cuyo amor sabe soportar el dolor de semejante privaci\u00f3n, no necesita contener siquiera la testificaci\u00f3n como intenci\u00f3n expresa del m\u00e1rtir. Esta testificaci\u00f3n es m\u00e1s bien el deseo amoroso \u00abde disolverse y estar con Cristo\u00bb (Flp 1, 23). Sin embargo, el efecto sobre los hombres es el testimonio.<\/p>\n<p>1.\u00c2\u00b0 Ese efecto consiste primeramente en que los hombres que presencian el m. de su pr\u00f3jimo han de preguntarse qu\u00e9 pueda atraer con tanta fuerza a este hombre, que seguramente no estima menos su vida que ellos mismos, para dejarse arrebatar su existencia sin resistir ni defenderse. Los que formulan tal pregunta no pueden menos de ver que quien as\u00ed\u00ad muere espera este valor tras la l\u00ed\u00adnea de la muerte. Su pregunta, fruto de la admiraci\u00f3n, puede ser reprimida o resuelta con respuestas superficiales, pero no puede descartarse sin m\u00e1s. Apunta hacia el terreno donde se encuentra la verdadera respuesta, aun cuando \u00e9sta de momento quede todav\u00ed\u00ada abierta.<\/p>\n<p>2.\u00c2\u00b0 Si luego se da la respuesta partiendo del contenido de la fe, por \u00abodio\u00bb a la cual se sufre el m., en virtud del testimonio existencial del m. aqu\u00e9lla tiene una credibilidad que no posee en igual medida la mera palabra. Naturalmente no es leg\u00ed\u00adtimo el hecho de que, por el m. de un hombre o de muchos hombres, se concluya apolog\u00e9ticamente con excesiva precipitaci\u00f3n la verdad de la fe por la que estos hombres han sufrido el martirio. Pues, en realidad, la creencia subjetiva por la que muere el m\u00e1rtir no implica necesariamente su verdad objetiva. Mas, por lo menos con el fin de despertar la pregunta sobre el motivo por el que ha muerto el m\u00e1rtir, el m. es testimonio eficaz para los hombres.<\/p>\n<p>2. La raz\u00f3n espec\u00ed\u00adficamente cristiana para la alta estimaci\u00f3n del m. que se dio ya muy tempranamente en el culto de los m\u00e1rtires, radica m\u00e1s en el orden de lo que significa el contenido de lo que all\u00ed\u00ad sucede. Desde el punto de vista cristiano la significaci\u00f3n del m. no est\u00e1 s\u00f3lo en que el hecho de morir in odium fidei indica de manera convincente una realidad ultraterrena, sino en que el m. sella definitivamente la vida del hombre como configurada con la vida de Cristo, que acab\u00f3 en la muerte por el mensaje predicado sobre el padre que lo envi\u00f3.<\/p>\n<p>a) La semejanza con Cristo, en la que termina la vida del m\u00e1rtir, consiste en dos puntos. Primeramente en que \u00e9ste muere como muri\u00f3 Cristo, entregando sin resistencia la vida a quienes se la arrancan violentamente, creyendo que esa entrega se hace a Dios, que est\u00e1 dispuesto a recibir en su amor la vida violentamente aniquilada. Esta semejanza es en realidad participaci\u00f3n por la gracia en la muerte de Cristo, pero tambi\u00e9n en la eficacia de la misma. La muerte del m\u00e1rtir participa del car\u00e1cter sacrificial de la muerte de Cristo y de su virtud redentora. Por eso, la Iglesia celebra desde los m\u00e1s remotos tiempos la muerte del m\u00e1rtir no s\u00f3lo como alabanza al que dio su vida por Dios, sino a la vez como reconocimiento agradecido de la importancia de este m. para toda la comuni\u00f3n de los santos.<\/p>\n<p>Ese car\u00e1cter del m. como semejanza con la muerte y el -> sacrificio de Cristo y como participaci\u00f3n en \u00e9l por la gracia, eleva tambi\u00e9n el car\u00e1cter personal del m. El m\u00e1rtir no muere por una cosa. En tal caso su m. tendr\u00ed\u00ada desde luego, como muerte voluntariamente sufrida, un valor personal. Pero en el m. cristiano el car\u00e1cter personal sube de punto por el hecho de que el m. es entendido y sufrido conscientemente como configuraci\u00f3n con el sacrificio y muerte de Cristo en su entrega a Dios Padre. El m. se alegra de su comunidad de destino con la persona de Cristo, en la cual se realiza juntamente con Cristo la entrega al Padre.<\/p>\n<p>b) En virtud de lo dicho se comprende tambi\u00e9n por qu\u00e9, desde muy antiguo, el m. fue entendido como bautismo de sangre, por el cual se comunica la gracia del bautismo sacramental, caso de que \u00e9ste no pueda recibirse. La raz\u00f3n de esto no s\u00f3lo est\u00e1 en que el m. es la expresi\u00f3n m\u00e1s alta del amor a Dios, sino tambi\u00e9n en que por el m. se realiza de manera real lo que en el -> bautismo acontece a manera de signo sacramental: morir juntamente con Cristo para resucitar con \u00e9l (cf. Rom 6, 3-11). Por eso, seg\u00fan creencia antigua, el m. no produce desde luego el efecto edesiol\u00f3gico del bautismo, que no tendr\u00ed\u00ada sentido para el m\u00e1rtir, puesto que \u00e9l ya no ha de vivir en el \u00e1mbito en que la Iglesia existe sobre la tierra, donde se comporta como signo sacramental del reino de Dios. Pero es tambi\u00e9n propia del m. la gracia como conformidad con Cristo que muere y se ofrece en sacrificio por amor al Padre. El m., como bautismo de sangre, no es propiamente una sustituci\u00f3n del bautismo de agua, sino una realizaci\u00f3n efectiva de lo que se representa en el bautismo de agua por el signo sacramental: morir y ser sepultado con Cristo para resucitar con \u00e9l.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: H. Delehaye, Martyr et Confesseur (En&#8217; 1921); O. Casel, Mysterium und M. in den r\u00f6mischen Sakramentarien: JLW 2 (1922) 18-38; E. Lohmeyer, Die Idee des M. im Judentum und Urchristentum: ZSTh 5 (1927) 232-239; R. Hedde, Martyr: DThC X 220-254; H. v. Campenhausen, Die Idee des M. in der alten Kirche (G\u00f6 1936); J. Smend, Der Zeugnischarakter der christlichen Verk\u00fcndigung: ZSTh 13 (1936) 489-517; H. Strathmann, p4peuS: ThW IV 477-520; E. L. Hummel, The Concept of Martyrdom according to Cyprian (Wa 1946); D. Ruiz Bueno. Actas de los m\u00e1rtires (Ma 21956); U. Dom\u00ed\u00adnguez del Val, El martirio, argumento apolog\u00e9tico en La ciudad de Dios, en \u00abLa ciudad de Dios\u00bb 167-1 (1954) 527-542; E. Esking, Das M. als theologisch-exegetisches Problem: In memoriam E. Lohmeyer, bajo la dir. de W. Schmauch (St 1951) 224-232; E. Peterson, Zeuge der Wahrheit. Christliche M\u00e4rtyrer: Theologische Traktate (Mn 1951) 165-224; W. Mensen, Martyrs and Martyrdom: The Bulletin of the John Rylands Library 39 (Manchester 1957) 463-484; F. J. Ddlger, Tertullian \u00fcber die Bluttaufe: AuC V 117-141; M. Lods, Confesseurs et martyrs (P 1958); K. Rahner, Sentido teol\u00f3gico de la muerte (Herder Ba 1969); N. Brox, Zeuge und M\u00e4rtyrer. Untersuchungen zur fr\u00fchchristlichen Zeugnis-Terminologie (Mn 1961) (bibl.); E. Neuhdusler &#8211; K. Rahner: LThK2 VII 134-138; N. Brox, Zeugnis: HThG II 909 ss; idem, Glaube als Zeugnis (Mn 1966) 113-125; Los m\u00e1rtires del cristianismo (Nacional Mex 1963); R. Alland, El martirio (Fax Ma 21965).<\/p>\n<p>Otto Semmelroth<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abTestigos\u00bb cualificados del misterio pascual de Cristo \u00abMartirio\u00bb significa testimonio cualificado, con la disponibilidad de derramar la sangre. \u00abEl martirio es un acto de fortaleza\u00bb (Santo Tom\u00e1s, II-II, 124, a.2, c). El \u00abm\u00e1rtir\u00bb es \u00abtestigo\u00bb del misterio pascual de Cristo, por medio de una vida que deja traslucir la oblaci\u00f3n del Se\u00f1or. El Se\u00f1or calific\u00f3 &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/martirio\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMARTIRIO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15268","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15268","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15268"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15268\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15268"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15268"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15268"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}