{"id":15276,"date":"2016-02-05T09:58:47","date_gmt":"2016-02-05T14:58:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mision\/"},"modified":"2016-02-05T09:58:47","modified_gmt":"2016-02-05T14:58:47","slug":"mision","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mision\/","title":{"rendered":"MISION"},"content":{"rendered":"<p>Dios, origen fontal de la misi\u00f3n<\/p>\n<p>\tAunque las palabras \u00abmisi\u00f3n\u00bb y \u00abevangelizaci\u00f3n\u00bb se usan indistintamente, los conceptos que encierran tiene matices diferenciados. La \u00abmisi\u00f3n\u00bb es el acto (divino o eclesial) de enviar (\u00absalah\u00bb, \u00abapostellein\u00bb). En el Nuevo Testamento, los t\u00e9rminos \u00abenviar\u00bb y \u00abevangelizar\u00bb se emplean como verbos (cfr. Lc 4,18). El t\u00e9rmino \u00abmisi\u00f3n\u00bb (como substantivo) se usa con San Ignacio (s.XVI) y a partir de la fundaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n de \u00abPropaganda Fide\u00bb (s.XVII). En el siglo XIX se usa como t\u00e9rmino de reflexi\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>\tA partir de los contenidos b\u00ed\u00adblicos, la acci\u00f3n divina de enviar (\u00abmisi\u00f3n\u00bb) tiene diversos matices su fuente es trinitaria (del Padre, por el Hijo, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo), es la misi\u00f3n que Jes\u00fas realiza y comunica a la Iglesia, a partir del misterio de la Encarnaci\u00f3n y de la Redenci\u00f3n (misterio pascual), para la salvaci\u00f3n plena de toda la humanidad.<\/p>\n<p>\tLa misi\u00f3n de Jes\u00fas, el Hijo de Dios<\/p>\n<p>\tEs Jes\u00fas el \u00abenviado\u00bb y \u00abconsagrado\u00bb del Padre bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo (cfr. Lc 4,18; Jn 10,36). Esa misi\u00f3n es de totalidad o de \u00abconsagraci\u00f3n\u00bb, puesto que califica su vida \u00abAl que Dios ha enviado\u00bb (Jn 6,29). Jes\u00fas llama a creer en esta misi\u00f3n de salvaci\u00f3n universal, que es fruto del amor de Dios Padre (cfr. Jn 3,16). La misma misi\u00f3n recibida por Jes\u00fas es la que pasa a su Iglesia \u00abComo el Padre me envi\u00f3, as\u00ed\u00ad os env\u00ed\u00ado yo\u00bb (Jn 20,21; cfr 17,18).<\/p>\n<p>\tSe puede analizar la misi\u00f3n todav\u00ed\u00ada en una perspectiva original-integral, encuadrando ah\u00ed\u00ad la misi\u00f3n cristiana Dios se manifiesta en toda la creaci\u00f3n, dirige la historia hacia la salvaci\u00f3n definitiva, manifiesta su voluntad salv\u00ed\u00adfica universal, cada ser humano tiene una misi\u00f3n concreta que cumplir, Dios<br \/>\nelige unos \u00abenviados\u00bb para que tomen conciencia de esta realidad y la transmitan a los dem\u00e1s, env\u00ed\u00ada a su Hijo en la plenitud de los tiempos para los nuevos planes de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\tLa misi\u00f3n es una realidad salv\u00ed\u00adfica integral, que implica la aceptaci\u00f3n y realizaci\u00f3n por parte del enviado, y que tambi\u00e9n reclama un estudio objetivo por medio de conceptos adecuados para reflexionar la fe. Entonces se va descubriendo que la misi\u00f3n tiene diversos \u00abmomentos\u00bb el momento original del env\u00ed\u00ado, la realizaci\u00f3n (entonces ser\u00ed\u00ada propiamente la evangelizaci\u00f3n), la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, la programaci\u00f3n pastoral, la vivencia espiritual, etc. Siempre es el encargo de anunciar el amor de Dios que se transparenta en la creaci\u00f3n, en la historia y, de modo especial, en la redenci\u00f3n realizada por Jes\u00fas.<\/p>\n<p>\tContenidos doctrinales de la misi\u00f3n<\/p>\n<p>\tSi se quiere estudiar el concepto de misi\u00f3n, a partir de su realidad salv\u00ed\u00adfica en Cristo, habr\u00e1 que tener en cuenta los contenidos doctrinales de la misma, que pueden concretarse en estos aspectos qui\u00e9n env\u00ed\u00ada, qu\u00e9 es la misi\u00f3n (naturaleza), cu\u00e1l es su objetivo y c\u00f3mo llevarlo a t\u00e9rmino (metodolog\u00ed\u00ada de acci\u00f3n pastoral), qui\u00e9nes son los enviados y qu\u00e9 disponibilidad o \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb necesitan (vivencia, espiritualidad).<\/p>\n<p>\tM\u00e1s que un concepto, la misi\u00f3n es una realidad salv\u00ed\u00adfica y revelada en Cristo. Por esto se debe encuadrar en las perspectivas o dimensiones evang\u00e9lico-salv\u00ed\u00adficas a la luz del misterio trinitario de Dios Amor (dimensi\u00f3n trinitaria), en el misterio pascual de Cristo (dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica), dinamizada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo (dimensi\u00f3n pneumatol\u00f3gica), que da origen y sentido al misterio de la Iglesia (dimensi\u00f3n eclesial), que descifra el misterio del hombre-mundo-historia (dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica, sociol\u00f3gica, hist\u00f3rica), que reclama actitudes interiores del ap\u00f3stol (dimensi\u00f3n espiritual).<\/p>\n<p>Referencias Acci\u00f3n evangelizadora, ap\u00f3stol, apostolado, evangelizaci\u00f3n, misi\u00f3n \u00abad gentes\u00bb, misionero, pastoral.<\/p>\n<p>Lectura de documentos AG; EN; RMi; CEC 849-856.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., La missione nel mondo antico e nella Bibbia (Bologna, Dehoniane, 1990); AA.VV., Misi\u00f3n para el tecer milenio, curso b\u00e1sico de Misionolog\u00ed\u00ada (Bogot\u00e1 y Roma, PUM, 1992); A. BELLAGAMBA, Mission and ministry in the global Church (New York, Orbis Books, 1992); D.J. BOSCH, Transforming Mission. Paradigm Chifts in Theology of Mission (New York 1993); J. CAPMANY, Misi\u00f3n en la comuni\u00f3n (Madrid, PPC, 1984); L.A. CASTRO, Gusto por la misi\u00f3n, Manual de Misionolog\u00ed\u00ada (Bogot\u00e1, CELAM, 1994); M.G. MASCIARELLI, La Chiesa \u00e8 missione, prospettiva trinitaria (Casale Montferrato, PIEMME, 1988); K. M\u00dcLLER, Teolog\u00ed\u00ada de la misi\u00f3n (Estella, Verbo Divino, 1988); A. SANTOS HERNANDEZ, Teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica de la misi\u00f3n (Estella, Verbo Divino, 1991); D. SENIOR, C. STRUHLM\u00dcLLER, Biblia y misi\u00f3n (Estella, Verbo Divino, 1985.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>(-> env\u00ed\u00ado, profetas, Mateo, ap\u00f3stoles). El conjunto de la Biblia supone que el hombre tiene una tarea que realizar, respondiendo a Dios y cumpliendo sus mandamientos. As\u00ed\u00ad suelen distinguirse dos tipos de religi\u00f3n: las religiones m\u00ed\u00adsticas, que no tienen m\u00e1s tarea que expresar la profundidad sagrada de la realidad; y las religiones prof\u00e9ticas, que son esencialmente misioneras, pues el profeta es un hombre \u00abenviado por Dios\u00bb para realizar una misi\u00f3n social y\/o religiosa que se identifica con el mismo ser y acci\u00f3n de Dios. En ese contexto se arraiga la misi\u00f3n de Jes\u00fas, que env\u00ed\u00ada a los Doce* como testigos del Reino que llega (cf. Mt 10,1-7 par). Ah\u00ed\u00ad se ha situado la tarea de los misioneros helenistas*, que extienden la iglesia m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras de Israel y, sobre todo, el ideal y tarea de Pablo*, el ap\u00f3stol o enviado por excelencia. Pero aqu\u00ed\u00ad hemos querido recoger el testimonio de Mateo, pues expresa muy bien los momentos y tensiones de la misi\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>(1) Mateo. Las dos misiones. La iglesia de Mateo* conserva las heridas de la lucha entre el mesianismo intrajud\u00ed\u00ado (cf. Mt 5,17-20) de algunos c\u00ed\u00adrculos judeocristianos (que s\u00f3lo se sienten enviados a la casa de Israel) y el mesianismo y misi\u00f3n universal del final del evangelio (Mt 28,16-20), que ha marcado toda la visi\u00f3n posterior de la Iglesia cristiana. La primera misi\u00f3n, asumida por los Doce* en el tiempo de Jes\u00fas, se limitaba a las ovejas perdidas de la casa de Israel (cf. Mt 10,5-12). La segunda, que aparece, sin duda, como interpretaci\u00f3n aut\u00e9ntica del mensaje de Jes\u00fas, avalada por Pedro (cf. Mt 16,16-20), se abre por los once disc\u00ed\u00adpulos pascuales a las naciones, desde la monta\u00f1a de Galilea. Estos once son disc\u00ed\u00adpulos y hermanos de Jes\u00fas (cf. Mt 28,7.10), que se re\u00fanen en la pascua con las mujeres que han visto la tumba vac\u00ed\u00ada, representan a la Iglesia, que inicia su andadura misionera desde la monta\u00f1a galilea. Tienen o, mejor dicho, son autoridad porque Jes\u00fas est\u00e1 presente en ellos (Jes\u00fas no se ha ido para enviarles el Esp\u00ed\u00adritu, como en Lc 24 y Hch 1). Ellos pueden y deben realizar la obra de Jes\u00fas, presente en ellos, ofreciendo a los pueblos el nuevo nacimiento y ense\u00f1anza trinitaria (del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo), no la circuncisi\u00f3n y la ley jud\u00ed\u00ada. Son todos los creyentes (no los Doce de la misi\u00f3n israelita; cf. Mt 10,2), son la nueva humanidad, varones y mujeres, que se abren desde la monta\u00f1a galilea (mensaje y vida de Jes\u00fas) a las naciones; son compendio de aquellos a quienes Jes\u00fas ha llamado (en vida y tras la pascua), ofreci\u00e9ndoles tarea de reino, haci\u00e9ndoles creadores de iglesia. Lo que es imperfecci\u00f3n israelita (once y no Doce) se convierte en perfecci\u00f3n universal. Mc 16,1-8 sab\u00ed\u00ada que para abrirse a las naciones hay que dejar Jerusal\u00e9n y empezar en Galilea, pero no lo hab\u00ed\u00ada dicho expresamente. Mt, en cambio, lo dice: \u00e9sta es, quiz\u00e1, la m\u00e1s triste y creadora de sus afirmaciones: la funci\u00f3n de Jerusal\u00e9n ha terminado (cf. Mt 21,43; 22,7; 23,37-39); ahora se abre desde Galilea (no desde Roma como supone Hch 28) la nueva misi\u00f3n universal cristiana. La tradici\u00f3n de Israel hab\u00ed\u00ada situado el encuentro con Dios y el comienzo de la vida  israelita en la monta\u00f1a del Exodo, en la que Dios ard\u00ed\u00ada como fuego o tronaba diciendo sus mandamientos (cf. Ex 3; 19-20). Pues bien, Jes\u00fas ha citado a sus disc\u00ed\u00adpulos en la monta\u00f1a de la revelaci\u00f3n de Galilea, donde ellos le encuentran. Jes\u00fas no tiene que aparecerse: espera all\u00ed\u00ad, les est\u00e1 aguardando, para mostrarles la verdad y plenitud de su amor sobre la tierra. All\u00ed\u00ad se les muestra como Se\u00f1or universal. As\u00ed\u00ad les encomienda su tarea y les ofrece su promesa: \u00abLos Once disc\u00ed\u00adpulos fueron a Galilea, a la Monta\u00f1a que les hab\u00ed\u00ada mandado Jes\u00fas. Y vi\u00e9ndole le adoraron, aunque algunos dudaban. Y Jes\u00fas, adelant\u00e1ndose a ellos, les habl\u00f3 diciendo: Se me ha dado todo poder en el cielo y sobre la tierra; id, pues, y haced disc\u00ed\u00adpulos a todos los pueblos, bautiz\u00e1ndoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo, ense\u00f1\u00e1ndoles a guardar todo lo que yo os he mandado y he aqu\u00ed\u00ad que yo estoy con vosotros todos los d\u00ed\u00adas, hasta la consumaci\u00f3n de los tiempos\u00bb (Mt 28,16-20). La experiencia pascual se interpreta, seg\u00fan eso, como extensi\u00f3n de la soberan\u00ed\u00ada de Dios, que ahora se expresa como se\u00f1or\u00ed\u00ado de Cristo, Se\u00f1or de cielo y tierra. Jes\u00fas posee (ha recibido, se le ha dado) todo poder y as\u00ed\u00ad se manifiesta a sus disc\u00ed\u00adpulos, haci\u00e9ndoles participantes de su tarea.<\/p>\n<p>(2) \u00abId y haced disc\u00ed\u00adpulos a todos los pueblos\u00bb (Mt 28,19). Este es el contenido de la misi\u00f3n cristiana. El Evangelio no se impone por fuerza. No transforma las cosas con violencia, sino que expresa y realiza su se\u00f1or\u00ed\u00ado a trav\u00e9s de los disc\u00ed\u00adpulos, a quienes Jes\u00fas encarga su tarea. Por un lado, Jes\u00fas manda a sus disc\u00ed\u00adpulos que vayan a todos los pueblos, para transmitirles su evangelio: la pascua es, por lo tanto, don universal de Dios en Cristo; palabra y gesto de amor que vincula a las naciones y personas de la tierra, superando todo particularismo antiguo. En esa l\u00ed\u00adnea, los disc\u00ed\u00adpulos tienen que \u00abrecibir\u00bb a todos, ofreci\u00e9ndoles su propio espacio de vida, esto es, su discipulado. Por eso, ellos no tienen que reconstruir el n\u00famero israelita de Doce (en contra de Hch 1), pues los Once de la monta\u00f1a misionera no aparecen ya como puros israelitas, para reconstruir y juzgar a las tribus de Israel (cf. Mt 19,28; Lc 22,30), sino como disc\u00ed\u00adpulos universales de Jes\u00fas (Mt 28,16), que deben ofrecer el discipulado (math\u00e9teusate: 28.19) a todas las naciones, sin distinci\u00f3n de raza, pueblo o sexo. Jerusal\u00e9n no ha podido vincular a los pueblos y as\u00ed\u00ad el camino de la Ley ha terminado. Pero, conforme a la interpretaci\u00f3n de las llaves abridoras de Pedro (cf. Mt 16.19), los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas tienen que ofrecer, desde la monta\u00f1a de pascua, la salvaci\u00f3n universal del Evangelio. Pedro no aparece ya citado: el mandato misionero (haced disc\u00ed\u00adpulos) se expande, a trav\u00e9s de todos los disc\u00ed\u00adpulos, a todos los hombres y mujeres de la tierra. Esta experiencia de trascendimiento respecto a la Ley (Jerusal\u00e9n) y de apertura universal se inscribe en la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, como sabe Mt 25,31-46, donde las naciones se acercan al Hijo del Hombre, sin distinci\u00f3n o separaci\u00f3n de rangos (pueblos, jerarqu\u00ed\u00adas o estamentos); todos los hombres vienen para descubrir su verdad (bendici\u00f3n o maldici\u00f3n) en referencia a los m\u00e1s necesitados: \u00abTuve hambre, \u00bfme disteis de comer? Estuve exiliado, \u00bfme acogisteis? Estuve enfermo o en la c\u00e1rcel, \u00bfvinisteis a m\u00ed\u00ad?\u00bb. As\u00ed\u00ad reformula Mt la experiencia de la antigua Ley, que hab\u00ed\u00ada descubierto y proclamado la presencia de Dios en los expulsados (hu\u00e9rfanos, viudas, extranjeros) de la sociedad. Llevando hasta el final esa experiencia, la Iglesia misionera no desciende de la monta\u00f1a galilea como un pueblo mejor entre los otros pueblos, sino como germen de discipulado y vinculaci\u00f3n universal, a partir de los m\u00e1s pobres (hambrientos, exiliados, encarcelados) de la tierra.<\/p>\n<p>(3) Nuevo nacimiento. Bautiz\u00e1ndoles. Esta es una misi\u00f3n universal, abierta a todos los pueblos, de tal forma que en ella lo que importa es la comuni\u00f3n de vida (dar de comer, de beber, acoger, visitar: Mt 25,31-46); pero, al mismo tiempo, es una misi\u00f3n eclesial, pues Jes\u00fas quiere que todos los hombres se vuelvan disc\u00ed\u00adpulos, vincul\u00e1ndose en el camino y comunidad de amor mutuo que es la Iglesia. Esa misma iglesia concreta, centrada en los Once y abierta a todos los pueblos de la tierra, viene a presentarse como signo y sacramento de la pascua de Jes\u00fas para la humanidad. Por eso, el texto dice: \u00abbautiz\u00e1ndoles (a todos los pueblos) en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Mt 28,19). En la tradici\u00f3n de Juan Bautista (cf. Mt 3,11),  el bautismo* era se\u00f1al de conversi\u00f3n, gesto que prepara al iniciado para el bien morir, liber\u00e1ndole as\u00ed\u00ad de la ira venidera. Ahora el bautismo se interpreta como nuevo nacimiento. Los mismos pueblos (y personas) que se hallaban antes encerrados en sus ritos y violencias pueden renacer, en fraternidad universal, fundada en Cristo. La tradici\u00f3n posterior de la Iglesia dir\u00e1 que el bautismo tiene que estar precedido por una catequesis, que incluye la conversi\u00f3n de los candidatos. El esquema del Evangelio es inverso: lo primero es el bautismo, sacramento de presencia salvadora de Dios y no signo o sello final de una conversi\u00f3n antecedente (como suced\u00ed\u00ada en Juan Bautista: cf. Mc 1,4). El bautismo cristiano ofrece el don m\u00e1s alto (la vida del Dios Trinidad) y por ello no se funda en una conversi\u00f3n previa, en clave moralista, sino que la hace posible. La misi\u00f3n es, por lo tanto, una experiencia de nuevo nacimiento. Los disc\u00ed\u00adpulos del Cristo ya no anuncian muerte sobre el mundo: no profieren amenazas, no juzgan ni se imponen por encima de los hombres. Ellos van ofreciendo por la pascua de Jes\u00fas nueva existencia, un bautismo que se expresa en el misterio del Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo. De esa forma se vinculan apertura universal (el mensaje se ofrece a todos los pueblos) y hondura teol\u00f3gica (ese mensaje pascual contiene la revelaci\u00f3n del Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu). La unidad entre los hombres est\u00e1 garantizada as\u00ed\u00ad por un Dios abierto, a quien los cristianos presentar\u00e1n como trinidad, comuni\u00f3n del Padre y del Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>(4) Vivir el Evangelio, no imponer una Iglesia. De la gracia bautismal deriva la capacidad de cumplimiento, es decir, de vivir seg\u00fan el Evangelio. Jes\u00fas no pide a sus disc\u00ed\u00adpulos que cumplan los mandatos, para despu\u00e9s bautizarse, sino al contrario: les ofrece la vida nueva (bautismo) para que as\u00ed\u00ad puedan cumplir su ense\u00f1anza (vivir en gratuidad). La experiencia pascual, como gracia que se imparte generosamente (en el bautismo), capacita a los hombres para vivir conforme al Evangelio. Ella ratifica el mensaje previo de Jes\u00fas, su palabra de perd\u00f3n y no juicio, su amor al enemigo. Por ella descubrimos que Dios es don y superamos el peligro de ego\u00ed\u00adsmo (divinizaci\u00f3n) de la mamo na. Esta dial\u00e9ctica de don (bautiz\u00e1ndolos) y de compromiso (cumplid) constituye la base de la nueva creaci\u00f3n cristiana. Los cristianos se encuentran como implantados en la pascua (renacidos por el bautismo) de manera que pueden ser enviados a realizar la tarea de Jes\u00fas (bautizando a los hombres y ense\u00f1\u00e1ndoles a cumplir el Evangelio). Todo eso es posible porque Jes\u00fas sigue diciendo: \u00aby yo estar\u00e9 con vosotros&#8230;\u00bb (Mt 28,20). El \u00abpoder\u00bb que el Cristo pascual ofrece a los misioneros no puede interpretarse en claves de imposici\u00f3n social o uniformidad cultural; no es poder de un pueblo sobre otro, ni de una iglesia o religi\u00f3n determinada sobre las restantes. El mensaje de los misioneros de Jes\u00fas no quiere destruir las culturas religiosas o sociales de los pueblos, sino ofrecerles la gracia y camino del discipulado, conforme al Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a. El camino de Jes\u00fas no se vincula a los triunfadores de los diversos sistemas eclesiales, sino, al contrario, a los perdedores de todos los sistemas. Por eso, el Se\u00f1or escatol\u00f3gico dir\u00e1: \u00abtuve hambre, tuve sed, estuve exiliado o desnudo, enfermo o encarcelado&#8230;\u00bb (Mt 25,31-45). Sus disc\u00ed\u00adpulos no quieren convertir o cambiar a los dem\u00e1s, priv\u00e1ndoles de sus propias ideas religiosas, sino al contrario: ponerse en el lugar de los marginados, para compartir con ellos la vida de Jes\u00fas. S\u00f3lo de esa forma los seguidores de Jes\u00fas pueden ofrecer una experiencia de discipulado (comunicaci\u00f3n) a todos los pueblos de la tierra.<\/p>\n<p>(5) Dos tipos de misi\u00f3n. De esa forma, retomando un motivo del principio de este tema, podemos recordar y oponer dos tipos de misi\u00f3n, (a) Una misi\u00f3n de tipo centr\u00ed\u00adpeta supone que Cristo (o su Iglesia) tiene raz\u00f3n, posee una superioridad sobre las restantes religiones o iglesias del mundo. Por eso, ella se puede presentar como modelo para que vengan y aprendan los humanos. Pues bien, este tipo de misi\u00f3n corre el riesgo de volverse impositivo, contrario al Evangelio, (b) La misi\u00f3n centr\u00ed\u00adfuga empieza valorando a los diversos pueblos de la tierra, a los que el misionero ofrece la experiencia de comunicaci\u00f3n de Cristo. El misionero no quiere convertir a los dem\u00e1s, ni ganarles para la causa de la Iglesia, sino ayudarles para que sean ellos mismos: que cada pueblo desarrolle sus  propias experiencias y valores, desde el don del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu, seg\u00fan el Evangelio. Los misioneros de Jes\u00fas no quieren que los pueblos gentiles se conviertan para inscribirse en la Iglesia verdadera (conforme a una dial\u00e9ctica de grupo), sino para que sean ellos mismos, desarrollando sus valores culturales y religiosos, desde el amor del Padre, de Cristo y del Esp\u00ed\u00adritu. La misi\u00f3n de los enviados de Jes\u00fas no est\u00e1 al servicio de una posible Iglesia dominante, sino del Evangelio de la gracia y misericordia de Jes\u00fas. La misi\u00f3n israelita, tal como la ha desarrollado el judaismo rab\u00ed\u00adnico*, era sobre todo testimonial y centr\u00ed\u00adpeta: los jud\u00ed\u00ados deben ofrecer en el mundo el testimonio de lo que han recibido, pero sin convertir (sin judaizar) al conjunto de los pueblos, a los que un d\u00ed\u00ada el mismo Dios les har\u00e1 subir a Jerusal\u00e9n, conforme al testimonio de Is 2,2-4; 60,1-22. Por el contrario, la misi\u00f3n cristiana ha de ser universal y centr\u00ed\u00adfuga, dirigida desde Jerusal\u00e9n o Galilea al conjunto de los pueblos. Esto es algo que descubrieron y desarrollaron los cristianos helenistas* (cf. Hch 6-7) y que despu\u00e9s puso de relieve san Pablo y el conjunto de la Iglesia.<\/p>\n<p>Cf. A. ANT\u00ed\u201cN, La Iglesia de Cristo, BAC, Madrid 1977; S. BRET\u00ed\u201cN, Vocaci\u00f3n y misi\u00f3n: formulario prof\u00e9tico, AnBib III, Roma 1987; J. COLSON, Ministre de J\u00e9sus-Christ ou le sacerdoce de l\u2020\u2122Evangile. Tradition paulinienne et tradition Johannique de l\u2020\u2122\u00e9piscopat, des origines \u00e1 Saint Ir\u00e9n\u00e9e, Par\u00ed\u00ads 1951; J. ROLOFF, Apostolat, Verk\u00fcndigung, Kirche, Mohn, G\u00fctersloh 1965; Die Kirche im Nene Testament, Vandenhoeck, Gotinga 1993; W. TRILLING, El verdadero Israel La teolog\u00ed\u00ada de Mateo, Fax, Madrid 1974.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>La misi\u00f3n es la incontenible irradiaci\u00f3n de la energ\u00ed\u00ada, de la autoridad, de la plenitud vital que emana del evangelio, como buena nueva de Jes\u00fas, Hijo de Dios venido a salvarnos, muerto y resucitado por nosotros, principio, norma y juez de la historia humana.  La autoridad de Jes\u00fas, su fuerza salv\u00ed\u00adfica, su autenticidad humana, presentan aspectos distintos, estrechamente relacionados entre s\u00ed\u00ad.  \u2014 Hay una autoridad fundamental que est\u00e1 en la base de todo, y consiste en que la historia humana de Jes\u00fas, al ser la historia del mismo Hijo de Dios, es Palabra de Dios para todo hombre, revela el plan de Dios, es verdad, vida y esperanza para la humanidad.  \u2014 Esta autoridad se expresa y ejerce en la autoridad personal con la que Jes\u00fas act\u00faa en la historia, toma decisiones, llama a las personas, instituye unos instrumentos concretos para hacer llegar a todo hombre su mensaje y su fuerza de vida.  \u2014 Y llegamos as\u00ed\u00ad a la autoridad hist\u00f3ricocultural, con la que Jes\u00fas llega efectivamente a los hombres en su concreci\u00f3n hist\u00f3rica, en las circunstancias m\u00e1s diversas en las que cada uno vive, en las cambiantes condiciones culturales que<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>Del lat\u00ed\u00adn mittere (enviar, mandar). En la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica la palabra ocupa un lugar importante en la doctrina trinitaria, va que expresa la relaci\u00f3n que liga al Padre con el Hijo y con el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Se distingue entre las \u00abmisiones ad intra\u00bb (el Hijo procede del Padre; el Esp\u00ed\u00adritu Santo, seg\u00fan la f\u00f3rmula occidental del S\u00ed\u00admbolo, ex Patre Filioque procedit) y las \u00abmisiones ad extra'\u00bb: para llevar a- cabo la comunicaci\u00f3n \u00ed\u00adntima entre s\u00ed\u00ad mismo y los hombres y la uni\u00f3n de los hombres entre s\u00ed\u00ad, el Padre envi\u00f3 a su Hijo al mundo; Cristo, a su vez, envi\u00f3 de parte del Padre al Esp\u00ed\u00adritu Santo para que cumpliera desde dentro su obra de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A este significado trinitario el t\u00e9rmino \u00abmisi\u00f3n\u00bb a\u00f1adi\u00f3 posteriormente otro que indica la acci\u00f3n evangelizadora de la Iglesia entre las poblaciones que no conocen todav\u00ed\u00ada el Evangelio, En este sentido se habla en plural de las misiones ad gentes (y tambi\u00e9n de \u00abmisiones extranjeras\u00bb); se trata de llevar el Evangelio a todos los que todav\u00ed\u00ada no conocen a Cristo, redentor del hombre.<\/p>\n<p>La historia de las misiones de la Iglesia cat\u00f3lica es una historia muy rica. La Edad Media conoce las misiones entre los pueblos germanos, en las islas brit\u00e1nicas, entre los pueblos eslavos. En el siglo XiII comienzan las misiones en Oriente y en Asia. En el siglo xv, sobre todo por obra de los misioneros espa\u00f1oles y portugueses, comienzan las misiones en el nuevo continente y en las Indias. En 1549 san Francisco Javier llega al Jap\u00f3n. En 1622 se funda una Congregaci\u00f3n romana (de propaganda fide) para dirigir expresamente la actividad misionera. En la \u00e9poca contempor\u00e1nea los papas pro mueven las misiones, dedic\u00e1ndoles diversos actos magisteriales. Recordemos particularmente la carta Maximum illud (1919), de Benedicto XV las enc\u00ed\u00adclicas Rerum Ecclesiae (1926), de p\u00ed\u00ado XI, la Evangelii praecone  (1951) y la Fidei donum (1957), de p\u00ed\u00ado XII, la Princeps pastorum (1959), de Juan XXIII, y la Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Evangelii nuntiandi (1975), de Pablo VI. Muchas \u00f3rdenes religiosas tendr\u00e1n como finalidad la misi\u00f3n ad gentes. En el \u00e1mbito del trabajo teol\u00f3gico se desarrollar\u00e1 la misionolog\u00ed\u00ada como disciplina especial. Examinando la historia de la misi\u00f3n de la Iglesia, es posible trazar la actuaci\u00f3n de una variedad de modelos a lo largo de los siglos y en los diversos contextos culturales. S. Dianich ha indicado algunos, descubri\u00e9ndolos en la praxis eclesial, en la espiritualidad y en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, y d\u00e1ndoles una denominaci\u00f3n indicativa: el modelo de la misi\u00f3n \u00abcumplida\u00bb, \u00abdiferida\u00bb, \u00abescondida\u00bb , \u00abcontra gentes\u00bb&#8216; \u00abad gentes\u00bb&#8216; e \u00abhist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica\u00bb. Esta distinci\u00f3n, que debe entenderse sin r\u00ed\u00adgidas esquematizaciones, va dirigida a la necesidad de elaborar una criteriolog\u00ed\u00ada para la misi\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere al momento actual de la vida de la Iglesia, se dir\u00e1 que ha conocido un nuevo desplazamiento de significado y que el t\u00e9rmino \u00abmisi\u00f3n\u00bb&#8216; ha pasado a indicar todo el aspecto hist\u00f3rico-din\u00e1mico de la Iglesia. En otras palabras, de se\u00f1alar una actividad de la Iglesia este t\u00e9rmino ha pasado a indicar la naturaleza misma de la Iglesia. El punto principal de referencia en este sentido ser\u00e1 el decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia del concilio Vaticano II (Ad gentes):<br \/>\n\u00abLa Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza, puesto que procede de la misi\u00f3n del Hijo y de la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo seg\u00fan el designio de Dios Padre\u00bb (n. 2). Se trata de un texto en el que el t\u00e9rmino \u00abmisi\u00f3n\u00bb se vincula con el significado que tiene en su primer empleo trinitario. De la naturaleza misionera de la Iglesia se deriva su actividad misionera. A este prop\u00f3sito ha escrito Juan Pablo II: \u00abEl llamado \u00abreingreso\u00bb de las misiones en la misi\u00f3n de la Iglesia, la confluencia de la misionolog\u00ed\u00ada en la eclesiologia y la inserci\u00f3n de ambas en el proyecto trinitario de la salvaci\u00f3n, han dado un nuevo aliento a la misma actividad misionera, concebida no ya como una tarea al margen de la Iglesia, sino como inserta en el coraz\u00f3n de su vida, como compromiso fundamental de todo el Pueblo de Dios\u00bb (RM 32). Con la enc\u00ed\u00adclica Redemptoris missio, publicada el 7 de diciembre de 1990 en el XXV aniversario del decreto Ad gentes, Juan Pablo II quiso no s\u00f3lo recordar la ense\u00f1anza conciliar, sino tambi\u00e9n contribuir a superar algunas tendencias negativas. Los \u00e1mbitos confiados a la misi\u00f3n son de tipo territorial (en cuanto que se ejerce en territorios y entre grupos humanos bien delimitados), pero no s\u00f3lo. Sus lugares privilegiados son los espacios en que surgen nuevas costumbres y modelos de vida, nuevas formas de cultura y de comunicaci\u00f3n. Todas las formas de la actividad misionera de la Iglesia deben caracterizarse, adem\u00e1s, por la fidelidad a Cristo y por el empe\u00f1o de promoci\u00f3n de la libertad del hombre, Vinculado al tema de la misi\u00f3n est\u00e1 el de la encarnaci\u00f3n del Evangelio en las culturas de los pueblos.<br \/>\nM. Semeraro<\/p>\n<p>Bibl.: G. Coffele, Misi\u00f3n, en DTF 968-985; J Masson, Misi\u00f3n, en DTI, III, 529-544; N. Silanes, Misi\u00f3n, misiones, en DCDT 879890; \u00ed\u008dd\u00bb La Iglesia de la Trinidad Secretariado Trinitario, Salamanca 1981, 179-200; AA. VV, Trinidad y misi\u00f3n, Secretariado Trinitano. Salamanca 1981; A, Ca\u00f1izares, La evangelizaci\u00f3n hoy, Madrid 1977; Obras M. Pontificias, La misi\u00f3n universal de la Iglesia y la educaci\u00f3n de la le, Verbo Divino, Estella 1994; A. Santos, Teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica de la misi\u00f3n, Verbo Divino, Estella 1991.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>1. INTRODUCCI\u00ed\u201cN. a) P\u00f3rtico. M\u00e1s que ofrecer un tratado completo, aunque de dimensiones reducidos, de la misionolog\u00ed\u00ada, intentaremos captar la que nos parece que puede ser la justificaci\u00f3n y la perspectiva de la misma, vista desde la teolog\u00ed\u00ada fundamental. M\u00e1s a\u00fan: nos atrevemos a pensar que la teolog\u00ed\u00ada fundamental podr\u00ed\u00ada ser el lugar privilegiado para una comprensi\u00f3n del car\u00e1cter misional de la Iglesia y para una vinculaci\u00f3n ideal con todo el amplio universo de la ciencia teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Hay que decir entonces que, en l\u00ed\u00adnea con las orientaciones m\u00e1s difundidas entre los estudiosos contempor\u00e1neos, consideramos la teolog\u00ed\u00ada fundamental como la ciencia llamada ala profundizaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n a partir de la revelaci\u00f3n misma y a la justificaci\u00f3n de la, credibilidad del acontecimiento, tal como se sacramentaliz\u00f3 en Cristo. Este acontecimiento se sigue sacrarnentalizando a lo largo de los siglos en la Iglesia, que tiene la pretensi\u00f3n de ser la \u00fanica que \u00e9l quiso.<\/p>\n<p>Consideramos la revelaci\u00f3n como la autocomunicaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios en Jesucristo. Es definitiva y escatol\u00f3gica, y por tanto destinada a todos, desde el momento en que el Padre \u00abquiere que todos los hombres se salven y&#8217;lleguen al conocimiento de la verdad\u00bb (ITim 2,3s).<\/p>\n<p>La ciencia (=misionolog\u00ed\u00ada). que con un m\u00e9todo espec\u00ed\u00adfico intenta estudiarla teolog\u00ed\u00ada de la misi\u00f3n y la problem\u00e1tica relacionada con la misma no forma parte propiamente del \u00abcoraz\u00f3n\u00bb de la teolog\u00ed\u00ada fundamental. Tiene que colocarse entre las numerosas tem\u00e1ticas de frontera que caracterizan a la especializaci\u00f3n del \u00absegundo ciclo\u00bb. No dudamos en calificar esta situaci\u00f3n como chocante, ya que el tema de la misi\u00f3n afecta hoy a la sensibilidad de todos los que conciben de forma bastante divergente la exclusividad del papel salv[fico de Cristo y especialmente de la sacramentalidad salv\u00ed\u00adfica de su Iglesia.<\/p>\n<p>b) Nuevas situaciones y problemas. Hasta hace poco tiempo todos estaban fundamentalmente de acuerdo en la ex\u00e9gesis de[ \u00abmandato\u00bb misionero de Cristo. Las divergencias se reduc\u00ed\u00adan a una concepci\u00f3n diversificada en relaci\u00f3n con e[ fin primario y los diversos fines secundarios de la actividad misionera, o bien respecto a la metodolog\u00ed\u00ada de aproximaci\u00f3n a las otras culturas y religiones, que estar\u00ed\u00adan destinadas a sufrir una \u00abconversi\u00f3n\u00bb que las transformase en profundidad.<\/p>\n<p>Cuando casualmente aparece alg\u00fan grupo \u00e9tnico o incluso alg\u00fan continente cuyos pueblos no han o\u00ed\u00addo hablar de Cristo, no se vacila ni un momento en lanzarse a la aventura de la evangelizaci\u00f3n, marcada a menudo gloriosamente por el derramamiento de sangre martirial. El cuadro te\u00f3rico es muy simple y se refiere sine glossa a Mt 28,10-20.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos decenios hemos asistido, tanto entre los cat\u00f3licos como entre los protestantes, a una reanudaci\u00f3n de los estudios teol\u00f3gicos, especialmente en Id que se refiere a nuestro tema.<\/p>\n<p>Nos- hemos encontrado ante una sucesi\u00f3n r\u00e1pida de diversas interpretaciones sobre las m\u00e1s graves temas teol\u00f3gicos que hasta hace poco se consideraban, como definitiva y pac\u00ed\u00adficamente adquiridos. Se ha creado una \u00abprecomprensi\u00f3n\u00bb nueva, positiva, optimista sobre el papel salv\u00ed\u00adfico de las otras religiones, que parec\u00ed\u00ada querer sepultar para siempre la validez del mandato misionero de Cristo.<\/p>\n<p>Se ha llegado, especialmente por parte de la confesi\u00f3n protestante, que por lo dem\u00e1s ha ofrecido siempre un ejemplo de compromiso misionero, a presentar la propuesta de una \u00abmoratoria\u00bb pausa o suspensi\u00f3n de la actividad misionera. Otros la han vaciado de su contenido dogm\u00e1tico 0 han reducido su papel a una simple presencia entre los \u00abotros\u00bb. Se trata de los que se proponen atestiguar su propia solidaridad con los que son distintos no s\u00f3lo y\/ o no tanto por e[ credo teol\u00f3gico que confiesan, sino m\u00e1s bien por su situaci\u00f3n de subdesarrollo econ\u00f3mico o por su limitado acceso a los servicios que ofrece la t\u00e9cnica moderna.<\/p>\n<p>Por otra parte, se ha asistido tambi\u00e9n a una recuperaci\u00f3n, no privada de vivos debates, de la animaci\u00f3n misionera y a la apertura de nuevas fronteras para las congregaciones t\u00ed\u00adpicamente misioneras y tambi\u00e9n para aqu\u00e9llas en las que la misi\u00f3n, entendida como misi\u00f3n ad gentes y en ticrras geogr\u00e1ficamente lejanas, constituye s\u00f3lo un elemento m\u00e1s del carisma fundacional. Se ha producido una interesante renovaci\u00f3n de los estudios, una multiplicaci\u00f3n de los an\u00e1lisis, que han aclarado definitivamente la procedencia \u00abteologal\u00bb de la misi\u00f3n, as\u00ed\u00ad como la espiritualidad espec\u00ed\u00adfica del misionero y-la metodolog\u00ed\u00ada de aproximaci\u00f3n a los destinatarios.<\/p>\n<p>Se han multiplicado las monograf\u00ed\u00adas, fruto de investigaciones te\u00f3ricas o de experiencias de a\u00f1os de trabajo sobre el terreno, que focalizan unos polos de inter\u00e9s que van desde el kerlgma-evangelizaci\u00f3n hasta la didaskal\u00ed\u00ada y la koinon\u00ed\u00ada, desde la diakon\u00ed\u00ada-testimonio hasta la encarnaci\u00f3n-inculturaci\u00f3n-aculturaci\u00f3n del evangelio y la evangelizaci\u00f3n de las culturas.<\/p>\n<p>Esta vivacidad en la investigaci\u00f3n ha causado en no pocos cierta desorientaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n cierto gozo y optimismo, fuente de impulso y de nueva disponibilidad misionera, en otros muchos.<\/p>\n<p>Algunos sustituyen de buen grado el t\u00e9rmino \u00abmisi\u00f3n\u00bb por el de \u00abevangelizaci\u00f3n\u00bb. Por la historia de su utilizaci\u00f3n podemos decir que e[ t\u00e9rmino \u00abmisi\u00f3n\u00bb, a veces tambi\u00e9n con el significado profano para indicar un oficio de representaci\u00f3n, hace m\u00e1s bien referencia al primer anuncio kerigm\u00e1tico. Se utiliza particularmente para indicar el env\u00ed\u00ado por parte de Dios ad gentes, con la tarea de llevar su mensaje, dirigido a la conversi\u00f3n y a la fundaci\u00f3n de la Iglesia (cf AG 6). El t\u00e9rmino \u00abevangelizaci\u00f3n\u00bb, con un sentido solamente religioso-cristiano; usado especialmente desde la segunda mitad del siglo pasado, sirve para indicar el contenido mismo de la misi\u00f3n: el anuncio de la buena nueva a todos los hombres, especialmente a los no cristianos o a los que est\u00e1n descristianizados (EN 52.56); indica particularmente el trabajo de catequesis y de formaci\u00f3n cristiana permanente, que abarca tanto el anuncio de la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica como la proclamaci\u00f3n de los derechos del hombre (cf EN 22.23.26.27.29.33 y 53.54).<\/p>\n<p>La primera respuesta, bastante v\u00e1lida para nosotros, a la cuesti\u00f3n que consideramos central en el contexto del debate actual, a saber: \u00abmisi\u00f3n s\u00ed\u00ad misi\u00f3n no\u00bb, nos viene de la misma Escritura, interpretada evidentemente seg\u00fan las exigencias, las observaciones y las conquistas de la ex\u00e9gesis contempor\u00e1nea. Pero tambi\u00e9n nos ense\u00f1a mucho la praxis ininterrumpida de la Iglesia. Su presencia en el siglo xx es precisamente la voz de los siglos en favor de una \u00fanica hermen\u00e9utica del mandato misionero del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del Vaticano II toda reflexi\u00f3n sobre la misi\u00f3n tiene que tener su punto de partida y de referencia constante en lo que se dice de la Iglesia y de su relaci\u00f3n irrompible y vital con la misi\u00f3n del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu, queridas por aquella \u00abfuente de amor\u00bb que es la caridad del Padre (LG 1 y AG 2). Son textos que ofrecen tambi\u00e9n una nueva luz para revisar los textos del AT y del NT sobre nuestro tema. Esta vinculaci\u00f3n con la sant\u00ed\u00adsima Trinidad va m\u00e1s all\u00e1 del mandato mismo de Jes\u00fas (Mc 16,15; Mt 28,18-20), en el que se apoy\u00f3 tradicionalmente la actividad misionera de la Iglesia. Tambi\u00e9n nuestra eclesiolog\u00ed\u00ada, a ejemplo de la ortodoxa, tiene que acostumbrarse a ver en la Iglesia la imagen de la sant\u00ed\u00adsima Trinidad. La Iglesia depende ontol\u00f3gicamente de la Trinidad, y por tanto debemos tener la precauci\u00f3n de saber referir a ella todos los aspectos de su dinamismo.<\/p>\n<p>2. EN LA SAGRADA ESCRITURA. El protestante G. F. Vicedom public\u00f3 en 1958 un libro con un t\u00ed\u00adtulo muy significativo y sugerente: Missio Dei. La misi\u00f3n actual no es sino un signo externo, que se prolonga a trav\u00e9s de los siglos, de aquel dinamismo de autodonaci\u00f3n y de comunicaci\u00f3n intratrinitaria que se reflej\u00f3 en la creaci\u00f3n a trav\u00e9s del tiempo.<\/p>\n<p>a) En el Antiguo Testamento. M\u00e1s que de env\u00ed\u00ado en misi\u00f3n \u00abin partes infidelium\u00bb, que es una novedad absoluta del NT, en donde se desarrollar\u00e1 la teolog\u00ed\u00ada de la misi\u00f3n basada en la misma misi\u00f3n del Hijo, el enviado del Padre, en el AT la difusi\u00f3n de la religi\u00f3n hebrea se hace por simpat\u00ed\u00ada y por otros motivos-humanos; encontramos indicaciones de una apertura universalista en el deseo gratuito (cf AG 2 y 3) de salvaci\u00f3n por parte de Dios (cf Is 40-45 y el libro de Jon\u00e1s, que son, quiz\u00e1, los \u00fanicos textos que indican una tarea misionera por parte de Israel).<\/p>\n<p>S\u00f3lo hay dos textos que se refieren expresamente al env\u00ed\u00ado en misi\u00f3n (Is 49,6; 61,.1-3), pero, a juicio de los exegetas, los dos deben aplicarse prof\u00e9ticamente al futuro mes\u00ed\u00adas; por lo dem\u00e1s, seg\u00fan Lc 4,18s, Jes\u00fas se aplic\u00f3 este segundo texto a s\u00ed\u00ad mismo al comienzo de su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Hay textos, como Dt 7,1; 9,1-3, y N\u00fam 33,51 s, que si no se interpretasen en sentido religioso podr\u00ed\u00adan conducir a una interpretaci\u00f3n err\u00f3nea de la elecci\u00f3n, que es siempre de tipo religioso, y parecer una negaci\u00f3n de esta llamada universal a la salvaci\u00f3n. De hecho, Dios escogi\u00f3 a Israel simplemente porque era.d\u00e9bil y estaba indefenso, \u00abel m\u00e1s peque\u00f1o de todos los pueblos\u00bb (Dt 7,7), con caracter\u00ed\u00adsticas bastante negativas (Dt 9,6), casi como el locus ideal para demostrar la gratuidad de su amor.. Aunque hubo de hecho una tendencia a aislarse de los dem\u00e1s, todo el que desease vivir seg\u00fan las leyes divinas pod\u00ed\u00ada encardinarse en \u00e9l. Por otra parte, s\u00f3lo si observa la ley podr\u00e1 el pueblo vivir como elegido y lo ser\u00e1 de hecho (Dt 7,12s; Is 1,16s; Jer 22,3; Mac 6,8).<\/p>\n<p>Los profetas, en general, son los personajes del AT que m\u00e1s se parecen, por su vocaci\u00f3n a escuchar y a difundir oralmente o por escrito la palabra de Dios, a los futuros misioneros cristianos. Al haber luchado contra la involuci\u00f3n del juda\u00ed\u00adsmo, siempre bajo la tentaci\u00f3n de encerrarse orgullosamente en un gueto, y al anunciar de antemano el retorno de los gentiles al seno del pueblo elegido, los profetas -recordando los temas universalistas del para\u00ed\u00adso terrenal, del pacto con No\u00e9 y de la vocaci\u00f3n de Abrah\u00e1n- colaboraron de hecho favorablemente en la preparaci\u00f3n de la verdadera misi\u00f3n neotestamentaria.<\/p>\n<p>Los seluhim, es decir, los \u00abap\u00f3stoles de la tierra de Israel\u00bb, constitu\u00ed\u00adan m\u00e1s bien una especie de comisi\u00f3n de doctos para la instrucci\u00f3n religiosa, pero siempre y solamente dentro, de los propios correligionarios, para resolver y aclarar diversos problemas, y no como enviados a los gentiles para convertirlos.<\/p>\n<p>Con el destierro el pueblo hebreo se convirti\u00f3, aunque de manera inconsciente, en misionero del monote\u00ed\u00adsmo, en pueblo sacerdotal, im\u00e1n y faro, \u00absiervo de Yhwh\u00bb, haciendo pros\u00e9litos por todas partes. Pero definitivamente se puede decir que en el AT, y en general en el juda\u00ed\u00adsmo, no existi\u00f3 la \u00abmisi\u00f3n\u00bb en el sentido t\u00e9cnico de la palabra.<br \/>\nb) En el Nuevo Testamento. Los libros del NT ofrecen un panorama abundante y variado sobre la misi\u00f3n. Los sin\u00f3pticos, adem\u00e1s de hablar de su realizaci\u00f3n, de sus obreros, de sus destinatarios y de la metodolog\u00ed\u00ada que seguir, nos hablan del testimonio de los ap\u00f3stoles como amigos del Se\u00f1or y enviados ad hebraeos y ad gentes, como doctores y testigos de la revelaci\u00f3n. En los Hechos es donde se enfrenta de forma clara el problema del universalismo en la Iglesia primitiva; se habla all\u00ed\u00ad de las graves incomprensiones con que tropezaron Pedro y Pablo para defenderlo y de su incansable actividad misionera, fundamento de las comunidades entre las \u00abgentes\u00bb. Encontramos otras informaciones en este sentido en las cartas, Por su parte, Juan ofrece un \u00f3ptimo fundamento a la teolog\u00ed\u00ada de la misi\u00f3n, present\u00e1ndonos a Jes\u00fas como misionero enviado por el Padre y habl\u00e1ndonos adem\u00e1s de la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, fuerza prometida a los ap\u00f3stoles y persona que vivifica a la Iglesia universal con una continua profusi\u00f3n de sus carismas.<\/p>\n<p>Jes\u00fas fue enviado por el Padre (Jn 20,21; 17,18.21b) para fundarla Iglesia con el \u00abresto de Israel\u00bb y con las gentes (G\u00e1l 6,16); los dos pueblos est\u00e1n destinados a ser un tertium genus. Para la realizaci\u00f3n de este proyecto se escogi\u00f3 unos colaboradores que son como los segadores de su mies (Mt 10,1), como los pastores de un reba\u00f1o desbandado (Mt 9,37; Mc 6,37), como pescadores de hombres (Mt 4 20; Mc 1,17; Lc 5,10) y como profetas (Ef 3,4-6; Lc 11,49; Ap 18,20). A estos elegidos gratuitamente por Dios (Mt 10,8b), Jes\u00fas les promete la plenitud del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Jn 16,13a) y los plenos poderes que se describen en Mc 3,14s.<br \/>\nLa cr\u00ed\u00adtica, que se remonta a Bultmann, afirma que, los textos que recogen los discursos de Jes\u00fas relativos a la misi\u00f3n de los ap\u00f3stoles ad hebraeos (prepascual) y ad gentes (pascual) fueron inventados por la comunidad primitiva, que necesitaba justificar su propia apertura universalista, haci\u00e9ndola remontarse a Jes\u00fas, para obligar al silencio a la corriente judaizante, claramente opuesta.<\/p>\n<p>Sin bajar a detalles, aclarados en poderosos estudios sobre el tema con el m\u00e9todo de \u00abla historia de las formas\u00bb, acogemos las conclusiones relativas a los discursos de misi\u00f3n de Jes\u00fas y a las dos comunidades judeocristiana y gentil-cristiana, que tienen su origen en la actividad misionera de -la comunidad prepascual, cuyo apoyo se encuentra en Me 6,7-13.30!; Lc 9,1-6.10; Mt 9,35-10,42; Le 10,124: Tambi\u00e9n el mandato del resucitado, que se conserva en Mt 28;16-20; Me 16,14-20 (?); Le 24,44-51, nos remite al universalismo.<\/p>\n<p>Los exegetas est\u00e1n de acuerdo en localizar los textos misioneros de los sin\u00f3pticos; son \u00abdiscursos de mi= si\u00f3n\u00bb: Me 6,7-13.30s; Lc9,1-6.10; Mt 9,35-10,42 Le 10,1-24; Mt 28,16-20; Me 16,14-20 (?); Le 24,44-51, y varios loghia, incluidos algunos de ellos en los discursos indicados y recogidos otros en contextos diferentes. Gracias a los estudios realizados se puede descubrir el n\u00facleo original y la situaci\u00f3n t\u00ed\u00adpica de la comunidad prepascual, liberando la per\u00ed\u00adcopa de las adaptaciones hechas sin m\u00e1s por la comunidad pospascual y refiriendo su n\u00facleo, con un gran margen de seguridad, al Jes\u00fas hist\u00f3rico, especialmente a su ejemplo, ya que, aunque personalmente hab\u00ed\u00ada limitado su apostolado a los hebreos, hab\u00ed\u00ada preparado la misi\u00f3n universal de su Iglesia, y a sus disc\u00ed\u00adpulos.<\/p>\n<p>No hay que olvidar que la misi\u00f3n s\u00f3lo comienza despu\u00e9s de que los ap\u00f3stoles fueron investidos de la \u00abfuerza de lo alto\u00bb (cf Is 32,15; Sab 9;17; Le 1;78; 24,28s). El maestro afirma: \u00abRecibir\u00e9is la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que vendr\u00e1 sobre vosotros para que se\u00e1is mis testigos en Jerusal\u00e9n, en toda Judea, en Samar\u00ed\u00ada y hasta los confines de la tierra\u00bb (He 1,4.8). Y desde el principio esta \u00abfuerza de lo alto\u00bb fue \u00abcontrolada\u00bb siempre en su autenticidad tanto por el sentido de la fe como por el munus apostolicum.<\/p>\n<p>En la literatura neotestamentaria hay adem\u00e1s una abundante referencia a un apostolado misionero que no puede referirse al Jes\u00fas hist\u00f3rico, sino que es fruto de urea visi\u00f3n, de una audici\u00f3n y de una comprensi\u00f3n apocal\u00ed\u00adptica (1Cor 9,1), de haberlo visto resucitado en visi\u00f3n (I Cor 15,58) y de haber recibido de \u00e9l un encargo misional (G\u00e1l l,l), etc. .<\/p>\n<p>Se trata del apostolado de tipo \u00abapocal\u00ed\u00adptico\u00bb, basado en las revelaciones hechas por el Padre y por el Cristo glorioso: Entre los dos tipos de apostolado no hay una contraposici\u00f3n, mientras que se diferencian ambos dei apostolado de la sinagoga.<\/p>\n<p>Aparece tambi\u00e9n una gran variedad de misioneros, hombres y mujeres,- llamados con diversos t\u00ed\u00adtulos: profetas, ap\u00f3stoles, doctores, \u00e1ngeles, siervos, hermanos o hermanas; pero parece ser que ten\u00ed\u00adan los mismos encargos. Los autores discuten sobre su \u00abnaturaleza\u00bb y sobre sus relaciones con la jerarqu\u00ed\u00ada local, Lo cierto es que, junto -a los grandes ap\u00f3stoles, estos otros disc\u00ed\u00adpulos peregrinaron por el mundo entero para propagar a Cristo y su evangelio, adapt\u00e1ndolo a las diversas catequesis de la Iglesia primitiva, presidida por Santiago, o por Pedro, o por Juan, o por Pablo. No faltaron tampoco conflictos, contrastes y pol\u00e9micas.<\/p>\n<p>Jesucristo sintetizar\u00e1 toda su acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica en la evangelizaci\u00f3n, en la formaci\u00f3n de sus ap\u00f3stoles, a los que promete el Esp\u00ed\u00adritu, que los guiar\u00e1 en su obra misionera. Muy pronto, a partir de ellos, se cre\u00f3 una gran corriente d\u00e9 misioneros, testigos del evangelio.<\/p>\n<p>3. REALIZACI\u00ed\u201cN DEL MANDATO EN LA HISTORIA. Durante los veinte siglos de cristianismo; a pesar de ciertos momentos de paro deb\u00ed\u00addos a una convergencia de causas negativas como la ignorancia geogr\u00e1fica, la simplificaci\u00f3n de la realidad, los conflictos de interpretaci\u00f3n metodol\u00f3gica, etc\u00e9tera, la Iglesia dio una buena prueba de la definici\u00f3n que da de ella el Vaticano II cuando dice que \u00abes misionera por naturaleza\u00bb (AG 2a). Ella tiene su raz\u00f3n de ser en el anuncio del evangelio a todos los hombres, y con raz\u00f3n se define como \u00abenviada por Dios a las gentes para ser sacramento universal de salvaci\u00f3n\u00bb (AG l; cf LG 48).<\/p>\n<p>A lo largo de los siglos, los misioneros se entregaron con su testimonio puntual -siempre que el mundo \u00aboccidental\u00bb cristiano entraba en contacto con nuevos pueblos- a su evangelizaci\u00f3n y; a ejemplo de los ap\u00f3stoles, \u00abpredicaron la palabra d\u00e9 la verdad y engendraron la Iglesia\u00bb (SAN AGUSTIN: PL 36;508; cfAG 1), intentando establecer por toda lai&#8217;tierra el reirr\u00f3 de Dios (cf AG 6, con la trota 14).<\/p>\n<p>Las grandes etapas pueden subdividirse as\u00ed\u00ad: a) la Iglesia en la edad apost\u00f3lica y dentro del mundo grecorromano, con una menci\u00f3n especial de las tres misiones de Pablo; b) la acci\u00f3n evangelizadora en la Edad Media europea, en favor de los pueblos b\u00e1rbaros y entre los eslavos, y en Oriente entre los mongoles y musulmanes; c) la misi\u00f3n ad gentes del siglo XVI, tanto en Am\u00e9rica Latina como en Extremo Oriente; d) la fundaci\u00f3n de la sagrada Congregaci\u00f3n de propaganda fide (1622); e) el renacimiento misionero del siglo pasado, despu\u00e9s de superar la crisis del siglo xviii gracias al nuevo esp\u00ed\u00adritu religioso y la aparici\u00f3n de numerosas congregaciones misioneras; f) el tiempo de las grandes enc\u00ed\u00adclicas pontificias de nuestro siglo, los documentos del Vaticano II y la admirable Evangel\u00fc nuntiandi en la que Pablo VI, partiendo de Cristo evangelizador, explica qu\u00e9 es lo que significa evangelizar y cu\u00e1les son el contenido, las v\u00ed\u00adas, los destinatarios, los obreros y el esp\u00ed\u00adritu de la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La historia nos habla del hero\u00ed\u00adsmo de tantos disc\u00ed\u00adpulos del Se\u00f1or para darlo a conocer, y tambi\u00e9n de las dificultades, los- contrastes -entre los mismos misioneros- por la comprensi\u00f3n de la misi\u00f3n, de la progresiva reflexi\u00f3n eclesial a nivel incluso teol\u00f3gico-cient\u00ed\u00adfico sobre su propia comprensi\u00f3n como comunidad misionera; de la que son un buen testimonio los grandes document\u00f3! del magisterio en nuestro siglo.<\/p>\n<p>Es importante recordar la historia de las misiones para evitar los errores del pasado, especialmente en lo que se refiere &#8216;a la metodolog\u00ed\u00ada&#8217; misional en los diversos per\u00ed\u00adodos hist\u00f3ricos. Pero hay que recordar igualmente -dig\u00e1moslo de pasada- que al an\u00e1lisis del historiador y del soci\u00f3logo siempre se le escapan las dimensiones m\u00e1s profundas de la aventura de la misi\u00f3n cristiana: su origen divino y su animaci\u00f3n \u00ed\u00adntima por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>4. MISIONOLOG\u00ed\u008dA CONTEMPORANl?A. l )-Seg\u00fan el decreto \u00abAd gentes\u00bb. La nueva eclesiolog\u00ed\u00ada elaborada en el Vaticano Il- entr\u00f3 tambi\u00e9n en el decreto Ad gentes, abriendo nuevos horizontes a la m\u00ed\u00adsionolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Se afirma que \u00abla Iglesia peregrinante es, por su naturaleza, misionera\u00bb (AG 2a); que no existe m\u00e1s que para ser misionera. El decreto subraya que esta realidad suya es tal no s\u00f3lo en virtud del mandato misionero del maestro, sino m\u00e1s a\u00fan por el hecho de que \u00abtoma su origen de la misi\u00f3n del Hijo y de la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, seg\u00fan el prop\u00f3sito de Dios Padre\u00bb (AG 2a), y por tanto \u00abesta misi\u00f3n contin\u00faa y desarrolla en el decurso de la historia la misi\u00f3n del propio Cristo\u00bb (AG 5b). Anteriormente se la describi\u00f3 como la realizaci\u00f3n del proyecto salv\u00ed\u00adfico del Padre. Entonces puede decirse que la misi\u00f3n es eclesioc\u00e9ntrica por ser cristoc\u00e9ntrica; habiendo afirmado Jes\u00fas claramente la necesidad de la fe y del bautismo para la salvaci\u00f3n, declar\u00f3 la sacramentalidad necesaria de la Iglesia, que es su cuerpo (cf AG 7a).<\/p>\n<p>\u00abLa actividad misionera es, en \u00faltima instancia, la manifestaci\u00f3n del prop\u00f3sito de Dios o epifan\u00ed\u00ada y su realizaci\u00f3n en el mundo y en la historia, en la que Dios, por medio de la misi\u00f3n, perfecciona abiertamente la historia de la salvaci\u00f3n. Por la palabra de la predicaci\u00f3n y por la celebraci\u00f3n de los sacramentos, cuyo centro y cima es la sant\u00ed\u00adsima eucarist\u00ed\u00ada, la actividad misionera hace presente a Cristo, autor de la salvaci\u00f3n\u00bb (AG 9b).<\/p>\n<p>Apoy\u00e1ndose en LG 1,48b, etc., el decreto AG 4 afirma que es el Esp\u00ed\u00adritu Santo el que infunde en el coraz\u00f3n de los fieles aquel esp\u00ed\u00adritu misionero que hab\u00ed\u00ada impulsado al mismo Jes\u00fas, subrayando que esa uni\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo con la Iglesia y sus misioneros se hace con vistas a la \u00abrealizaci\u00f3n de la obra de la salvaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>El AG 6c nos ofrece la siguiente descripci\u00f3n de la actividad misionera: \u00abLas empresas concretas con las que los heraldos del evangelio enviados por la Iglesia cumplen, yendo por todo el mundo, el deber de predicar el evangelio e implantar la Iglesia entre los pueblos o grupos humanos que todav\u00ed\u00ada no creen en Cristo, reciben com\u00fanmente el nombre de `misiones\u00bb&#8216;. Pero este mismo n\u00famero, adem\u00e1s de referirse a los l\u00ed\u00admites territoriales de esos pueblos y grupos que todav\u00ed\u00ada no creen, -nos dice enseguida que tambi\u00e9n son destinatarios de la actividad misionera aquellos grupos ya evangelizados que por diversos motivos han perdido todo sentido cristiano o no han llegado a\u00fan al pleno desarrollo y madurez de la vida cristiana (cf tambi\u00e9n 19e).<\/p>\n<p>Aunque \u00abla actividad misionera entre los infieles difiere de la actividad pastoral que hay que realizar con los fieles y de las iniciativas que hay que tomar para restaurar la unidad de los cristianos\u00bb, se afirma que \u00abestas dos actividades est\u00e1n \u00ed\u00adntimamente unidas con la acci\u00f3n misionera de la Iglesia\u00bb (AG 6f). Desde el momento en que esta actividad brota directamente de la naturaleza misma de la Iglesia (AG- 2a), no puede ni debe faltar jam\u00e1s; incluso las j\u00f3venes Iglesias tienen que predicar el evangelio \u00aba los que todav\u00ed\u00ada est\u00e1n fuera\u00bb (AG 6d). Apenas se ha \u00abimplantado\u00bb ya una Iglesia particular, tiene que hacerse enseguida misionera, ya que \u00abdebe conocer cabalmente que tambi\u00e9n ella ha sido enviada a quienes no creen en Cristo y viven con ella en el mismo territorio\u00bb (AG 20a). Esta \u00abreproducci\u00f3n\u00bb no tiene una dimensi\u00f3n jur\u00ed\u00addica, sino ontol\u00f3gica. De aqu\u00ed\u00ad se deriva que la actividad misionera de la Iglesia es esencial a toda la Iglesia y perdura para siempre en ella.<\/p>\n<p>El decreto AG dedica amplio espacio a la dimensi\u00f3n soteriol\u00f3gica de la misi\u00f3n y dice claramente que la Iglesia tiene una \u00abmisi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica\u00bb (AG 41a). La salvaci\u00f3n se entiende no s\u00f3lo en un sentido escatol\u00f3gico, sino global, incluso hist\u00f3rico, de todos los aspectos de la persona humana. Este trabajo implica, a veces, una purificaci\u00f3n. Al hacer la Iglesia presente a Cristo, autor de la salvaci\u00f3n, \u00abcuanto de verdad y de gracia se encontraba ya entre las naciones, como por una cuasi secreta presencia de Dios, lo libera de contagios malignos y lo restituye a su autor, Cristo, el cual derroca el imperio del diablo y aleja la multiforme maldad de los pecados\u00bb (AG 9b). A pesar de que el lenguaje es suficientemente optimista (cf tambi\u00e9n AG I lb, 3a), se reconoce la necesidad de una salvaci\u00f3n externa.<\/p>\n<p>Subrayemos la insistencia del AG (cf 3c, 4, 9b; cf tambi\u00e9n LG 48b) en el papel sacramental de la Iglesia respecto a la salvaci\u00f3n, precisamente porque es uno de los puntos discutidos por una cierta misionolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea que hace referencia a la missio Dei, intentando concebirla de tal manera que se prescinda de la Iglesia. Aun cuando Dios puede de hecho alcanzar sus objetivos por otras v\u00ed\u00adas, estableci\u00f3 con toda libertad hacerlo sacramentalmente por medio de su Iglesia, en analog\u00ed\u00ada con lo que ocurri\u00f3 en el misterio de la encarnaci\u00f3n. Es \u00e9ste un nuevo argumento en favor de la urgencia de la evangelizaci\u00f3n (AG 7a).<\/p>\n<p>2) Seg\u00fan la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica \u00abEvangelii nuntiandi&#8217;:- toma de posici\u00f3n ante las tendencias m\u00e1s recientes. Tras un primer momento de entusiasmo provocado por el decreto AG, pronto surgieron fuertes cr\u00ed\u00adticas.<\/p>\n<p>La fuente de este malestar teol\u00f3gico puede encontrarse en una serie de tendencias ideol\u00f3gicas que incluyen: una tendencia al exclusivismo, fij\u00e1ndose s\u00f3lo en un aspecto del compromiso misionero; un rechazo de la definici\u00f3n de la misi\u00f3n como \u00abimplantaci\u00f3n de la Iglesia\u00bb, temiendo que se trate de hacer copias de las Iglesias occidentales y olvid\u00e1ndose de lo que escrib\u00ed\u00ada a prop\u00f3sito de las Iglesias particulares el cap\u00ed\u00adtulo 3 del AG. El peligro m\u00e1s serio parece haber venido de una lectura excesivamente \u00absociol\u00f3gica\u00bb de la actividad misionera y de la concepci\u00f3n de los fines que alcanzar, etc., establecidos siempre con criterios de tipo inductivo m\u00e1s bien que de tipo teol\u00f3gico deductivo. La misionolog\u00ed\u00ada no puede perder su dimensi\u00f3n de ciencia \u00abteol\u00f3gica\u00bb; desvincularse de la revelaci\u00f3n ser\u00ed\u00ada para ella un suicidio. Mientras que el esquema del AG establece un modelo de relaci\u00f3n concebido como DiosIglesia-mundo, las nuevas intuiciones prefieren concebirlo como Diosmundo-Iglesia, siendo los \u00absignos de los tiempos\u00bb, el \u00abmundo\u00bb, los que establezcan en cada ocasi\u00f3n el agendum de la Iglesia y por la Iglesia (cf J. Ch. Hoekendijk).<\/p>\n<p>La EN de Pablo VI puede considerarse como uno de los documentos m\u00e1s significativos del posconcilio, habiendo integrado bien la teolog\u00ed\u00ada del AG respecto a la mayor parte de los temas que surgieron con incre\u00ed\u00adble rapidez en el posconcilio.<\/p>\n<p>Se\u00f1alemos la asunci\u00f3n definitiva del t\u00e9rmino \u00abevangelizaci\u00f3n\u00bb, prefiri\u00e9ndolo al de \u00abmisi\u00f3n\u00bb o \u00abactividad misionera\u00bb y \u00abapostolado\u00bb.<\/p>\n<p>Como el AG insist\u00ed\u00ada en el hecho de que la Iglesia es misionera por naturaleza, aqu\u00ed\u00ad se dir\u00e1 repetidas veces que \u00abevangelizar es la gracia y la vocaci\u00f3n propia de la Iglesia, su identidad m\u00e1s profunda\u00bb (EN 14; cf tambi\u00e9n EN 13.59.60.66).<\/p>\n<p>No pod\u00ed\u00ada faltar una referencia a esta funci\u00f3n esencial suya, en cuanto que es dependiente de Cristo: \u00abNacida de la misi\u00f3n, la Iglesia es a su vez enviada por Jes\u00fas. La Iglesia sigue en el mundo mientras que el Se\u00f1or de la gloria vuelve al Padre. Sigue all\u00ed\u00ad como un signo juntamente opaco y luminoso de una nueva presencia de Jes\u00fas, de su partida y de su permanencia. Ella lo prolonga y lo contin\u00faa. Y es precisamente su misi\u00f3n y su condici\u00f3n de evangelizador la que ella est\u00e1 llamada ante todo a continuar\u00bb (EN 15c).<\/p>\n<p>El n\u00famero 75 nos recuerda que la Iglesia es evangelizadora, gracias ala fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo. La nueva Iglesia es el fruto normal y deseado, m\u00e1s visible e inmediato de la evangelizaci\u00f3n (EN 15b). El n\u00famero 28 afirma que la evangelizaci\u00f3n en su totalidad (&#8230;) consiste en implantar la Iglesia\u00bb. La evangelizaci\u00f3n se concibe no como un primer anuncio, sino m\u00e1s bien como un proceso integratiVo que abarca diversos aspectos de la misma realidad.<\/p>\n<p>En torno al s\u00ed\u00adnodo de 1974 lleg\u00f3 a concebirse el contenido de la evangelizaci\u00f3n como toda la \u00abmisi\u00f3n\u00bb de la Iglesia; en el n\u00famero 17 Pablo VI nos ofrece una lista de elementos de todo lo que la Iglesia hace, cada uno de los cuales ser\u00ed\u00ada suficiente para absorber la definici\u00f3n misma del concepto, aunque, de hecho, cada uno de ellos se refiere a los dem\u00e1s: \u00ab(&#8230;) Se ha podido as\u00ed\u00ad definir la evangelizaci\u00f3n en t\u00e9rminos de anuncio de Cristo a quienes lo ignoran, de predicaci\u00f3n, de catequesis, de bautismo y de otros sacramentos que conferir. Ninguna definici\u00f3n parcial y fragmentaria puede dar raz\u00f3n de su realidad tan rica, compleja y din\u00e1mica, como es la del evangelizador sin correr el riesgo de empobrecerla y hasta de mutilarla. Es imposible comprenderla si no se intenta abarcar con la mirada todos los elementos esenciales\u00bb (cf tambi\u00e9n mi. 6.21.22.24.41).<\/p>\n<p>No cabe duda de que la EN describe el t\u00e9rmino \u00abevangelizaci\u00f3n\u00bb de una forma mucho m\u00e1s rica que el decreto AG; la meta final ser\u00e1, como se dice, la \u00abimplantaci\u00f3n de la Iglesia\u00bb, que supone, evidentemente, la celebraci\u00f3n de los sacramentos y la transformaci\u00f3n de los corazones, haciendo de las personas \u00abhombres nuevos\u00bb, capaces de hacer m\u00e1s justas, m\u00e1s humanas y menos opresivas las estructuras (cf mi. 15.18.23.28.36). Un elemento indispensable es el testimonio, que debe darse desde el primer contacto, que algunos califican -quiz\u00e1 impropiamente- como pre-evangelizaci\u00f3n (cf EN 51). Si no hay un anuncio expl\u00ed\u00adcito de Cristo, cualquier tipo de compromiso por los dem\u00e1s resultar\u00e1 impotente y, si se quiere, in\u00fatil: \u00abNo hay verdadera evangelizaci\u00f3n si no se proclama el nombre, la ense\u00f1anza, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jes\u00fas de Nazaret, Hijo de Dios\u00bb (EN 22).<\/p>\n<p>Se insiste en la evangelizaci\u00f3n de las culturas, en el respeto a sus valores; pero cuando se habla de la salvaci\u00f3n de los que no han sido evangelizados todav\u00ed\u00ada, se dice que pueden serlo \u00abpor v\u00ed\u00adas extraordinarias\u00bb (EN 80); esta posici\u00f3n, al parecer, es teol\u00f3gicamente m\u00e1s cerrada de lo que resulta en el AG. Se reserva una abundante atenci\u00f3n al tema de la \u00abtransmisi\u00f3n\u00bb, que debe hacerse con especial fidelidad (EN 4.15.78c). Jus= tamente Pablo VI reserva el n\u00famero 48 al estudio de la evangelizaci\u00f3n de la religiosidad popular (l Religi\u00f3n popular). El pont\u00ed\u00adfice se enfrenta con temas especialmente candentes en la d\u00e9cada de los setenta, como la Iglesia particular y su relaci\u00f3n con la universal, proponiendo una soluci\u00f3n muy avanzada (EN 62-65); la misi\u00f3n de la Iglesia y el progreso o promoci\u00f3n humana; la relaci\u00f3n entre la historia de la salvaci\u00f3n y la historia del mundo. Todos estos temas se tratan con claridad y equilibrio en el cap\u00ed\u00adtulo 3, muy bien logrado, a nuestro juicio, de la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>S. \u00bfLA MISI\u00f3N DEI FUTURO TENDR\u00ed\u0081 QUE SEGUIR ANUNCIANDO A JESUCRISTO? a) Dificultades recientes y desorientaciones teol\u00f3gicas. A pesar de la claridad teol\u00f3gica de la EN, algunos se sienten todav\u00ed\u00ada desconcertados cuando han de enfrentarse con desaf\u00ed\u00ados quiz\u00e1 antiguos, pero que ahora se presentan con nueva violencia. Aun cuando la EN en el n\u00famero 14 declara que \u00abevangelizar (&#8230;) es la gracia y la vocaci\u00f3n propia de la Iglesia, su identidad m\u00e1s profunda\u00bb, y tambi\u00e9n que \u00abla Iglesia existe para evangelizar, es decir, para predicar y ense\u00f1ar, ser el canal del don de la gracia&#8230;\u00bb, se han dejado o\u00ed\u00adr voces cada vez m\u00e1s discordantes a este prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>En algunos ambientes, fecundos en otros tiempos en vocaciones misioneras, se asiste a la p\u00e9rdida de identidad del misionero y de la misi\u00f3n ad gentes; otros insisten en la voluntad salv\u00ed\u00adfica universal de Dios, prescindiendo de la necesidad de conformar la propia vida con las exigencias del evangelio, al que se adhieren en la fe, prescindiendo de la necesidad de adherirse a su Iglesia.<\/p>\n<p>El compromiso del misionero, se dice, tiene que hacerse en un nivel m\u00e1s horizontal; la salvaci\u00f3n- escatol\u00f3gica se queda para Dios, el cual se acerca \u00abordinariamente\u00bb a los que han de salvarse en las religiones a las que ya se adhieren, sin que haya necesidad de molestarse en molestarlos.<\/p>\n<p>Se ha perdido la m\u00ed\u00adstica del anuncio expl\u00ed\u00adcito del mensaje de Cristo, cediendo a las exigencias de una \u00abdenuncia\u00bb de tipo social o a un di\u00e1logo, a menudo demasiado gen\u00e9rico e \u00bb ir\u00e9nico\u00bb con el otro.<\/p>\n<p>En contra de estas posiciones y de otras por el estilo, hay que subrayar que la misi\u00f3n es una mediaci\u00f3n de salvaci\u00f3n plena. De la historia del AT (Jer 7,25s; 29,1&#8217;9; Ez 13,6; Ag 1,13; etc.) y del Nuevo (Mt 3,13; Jn 20,21) aparece con claridad su procedencia divina. Lo mismo que all\u00ed\u00ad la misi\u00f3n se realiza con la fuerza de Esp\u00ed\u00adritu (Ez 2,2s; Zac 4,6b), tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad Jes\u00fas asegura al disc\u00ed\u00adpulo su Esp\u00ed\u00adritu como fuerza para la misi\u00f3n y como persona que gu\u00ed\u00ada, defiende y consuela al misionero (Jn 14,26; 16;12s; He 6,10; 7,55ss; 10,19s; 1 Cor 2,4; etc.). La misi\u00f3n es obra de salvaci\u00f3n que tiene como agentes a Dios, que env\u00ed\u00ada a su Hijo (\u00abmissio Dei\u00bb) y a los misioneros (&#8216;missio hominis&#8217;) que son la longa manus de la Iglesia, depositaria en la historia de la salvaci\u00f3n de Cristo (\u00abmissio Ecclesiae\u00bb). La misi\u00f3n tiene siempre el mismo objetivo: la salvaci\u00f3n integral de la persona humana; pero se realiza en circunstancias hist\u00f3rico-geogr\u00e1ficas, religioso-culturales diversas. Cuando esta actividad salv\u00ed\u00adfica tiene el aspecto de ser un primer anuncio y se propone la implantaci\u00f3n de una nueva Iglesia, toma el nombre de \u00abmisiones\u00bb ad gentes y supone siempre una exigencia de partida, de servicio, de inserci\u00f3n.<\/p>\n<p>La implantaci\u00f3n de la Iglesia se presenta como fin de la misi\u00f3n (AG 6), ya que Dios no quiere salvar individualmente, sino formando parte de una comunidad de salvaci\u00f3n (AG 2b; LG 9a; 13a). Puede decirse que se tiene una comunidad cristiana cuando se acepta el evangelio en la fe, se celebra la eucarist\u00ed\u00ada y se tiene un pastor (cf CD 11; AG 19a).<\/p>\n<p>Hay que desbrozar el terreno de la sospecha y de la angustia de que la Iglesia haga misi\u00f3n por egocentrismo. Ella tiene conciencia de que es instrumento de salvaci\u00f3n, pero la salvaci\u00f3n s\u00f3lo se obtiene de Cristo -\u00e9l es la \u00abluz de las gentes\u00bb (LG 1)-; que habitualmente se sirve de su cuerpo para darla.<\/p>\n<p>Aun sin identificarse con el reino de Dios, est\u00e1 \u00e1 su servicio y es en la tierra su \u00abgermen y principio\u00bb (LG 5,3-9). Su \u00fanico fin es establecer el reino de Dios en todo el mundo (AA 2), aunque hay una tensi\u00f3n entre la Iglesia y el reino, ya que la comunidad eclesial y sus estructuras deben tender a encarnar las exigencias seg\u00fan el evangelio y el reino. Es importante y saludable que exista dicha tensi\u00f3n. Pero tensi\u00f3n no quiere decir contraposici\u00f3n. Se da simultaneidad y no contraposici\u00f3n entre el nacimiento de la Iglesia y el reino de Dios. Reflexionando teol\u00f3gicamente sobre este tema del reino de Dios, se pas\u00f3 f\u00e1cilmente a la afirmaci\u00f3n de que la \u00abmissio Dei\u00bb es solamente y toda ella obra de Dios; la Iglesia es un \u00absigno\u00bb del compromiso de Dios con el mundo, y Cristo es el modelo de entrega a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>La conversi\u00f3n, esto es, el conformar la propia vida con las exigencias del evangelio, con la funci\u00f3n del disc\u00ed\u00adpulo del Se\u00f1or en su Iglesia comprometido en la construcci\u00f3n de su reino, debe entenderse como un proceso que afecta a toda la existencia. Aunque el decreto AG habla varias veces de ello (7s; 13), algunos mision\u00f3logos no quieren o\u00ed\u00adr hablar de estas cosas. Si hay un verdadero encuentro con Cristo, es inevitable en cierto modo una ruptura con el modo anterior de vivir. Pablo VI nos recuerda que Dios puede alcanzar salv\u00ed\u00adficamente -a trav\u00e9s de caminos que s\u00f3lo \u00e9l conoce\u00bb (EN 80)- a las personas a las que no ha llegado expl\u00ed\u00adcitamente el mensaje evang\u00e9lico. Pero la pregunta que ha de fundamentar siempre el compromiso misionero de la Iglesia es la de \u00absi podremos salvarnos nosotros si por negligencia, por miedo, por verg\u00fcenza o en virtud de ideas falsas dejamos de anunciarlo\u00bb (EN 80).<\/p>\n<p>La historia demuestra que la Iglesia no s\u00f3lo se ha preocupado de la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica de las \u00abalmas\u00bb, sino que ha sido igualmente promotora de liberaci\u00f3n y de promoci\u00f3n humana y social (EN 35). En \u00e9pocas recientes, cuando en varias latitudes se ha dejado sentir la fuerte tentaci\u00f3n de reducir la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de la Iglesia del Se\u00f1or a una liberaci\u00f3n meramente socio-pol\u00ed\u00adtica, se nos ha recordado que debe ser ante todo de tipo religioso y espiritual, de reconciliaci\u00f3n con Dios (Rom 6,6; 8,23s; 2Cor 5,17-19; 1Pe 1,18; Tit 2,5; G\u00e1l 6,15); todo esto deber\u00ed\u00ada llevar tambi\u00e9n por reflejo a cambios estructurales capaces de conducir al respeto y a la promoci\u00f3n de todos los hombres en cualquier naci\u00f3n del mundo (EN 35; GS 42b).<\/p>\n<p>Es grande el camino que se ha recorrido en los \u00faltimos decenios para precisar el concepto, las tareas y la misi\u00f3n de cada Iglesia particular, pero especialmente de las j\u00f3venes Iglesias. El compromiso permanente de cada Iglesia particular debe ser el de \u00abasimilar lo esencial del mensaje evang\u00e9lico, transmitirlo sin la m\u00e1s m\u00ed\u00adnima alteraci\u00f3n de su verdad fundamental, en el lenguaje que comprenden estos hombres y, por tanto, anunciarlo ,ene, el mismo lenguaje\u00bb (EN 63).<\/p>\n<p>b) La misi\u00f3n, entre el di\u00e1logo y el anuncio de la unicidad de Cristo. El indio M. Amaladoss cree que las causas principales de la crisis de la misi\u00f3n son las siguientes: una visi\u00f3n m\u00e1s positiva del valor salv\u00ed\u00adfico de las otras religiones, por lo que se prefiere el di\u00e1logo al anuncio; una ampliaci\u00f3n de la idea de la misi\u00f3n para incluir todas las otras actividades de la Iglesia, que parecen infravalorar la especificidad de la misi\u00f3n ad gentes; la percepci\u00f3n de que la Iglesia est\u00e1 ahora presente en todas partes, con lo que parece reducirse el sentimiento de urgencia por llegar a todos los confines; la insistencia en la responsabilidad de las Iglesias locales, que parece haber llevado a los institutos misioneros a una crisis de identidad; finalmente, una creciente secularizaci\u00f3n y una disminuci\u00f3n de las vocaciones misioneras en las Iglesias m\u00e1s antiguas. Por otra parte, sigue afirmando Amaladoss, se advierte un creciente entusiasmo por la evangelizaci\u00f3n en las Iglesias j\u00f3venes, que nos hace hablar de una \u00abnueva era\u00bb en la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>El tema de la salvaci\u00f3n en la actualidad parece servir de elemento aglutinante tambi\u00e9n para los dem\u00e1s. La salvaci\u00f3n ha de ser :total e integral, hist\u00f3rica y trascendente; por eso precisamente \u00abno puede reducirse al marco de s\u00f3lo las necesidades terrenas del hombre o de la sociedad, ni se la puede alcanzar s\u00f3lo con el juego de las dial\u00e9cticas hist\u00f3ricas. El hombre no es el salvador de s\u00ed\u00ad mismo de manera definitiva; la salvaci\u00f3n trasciende lo que es humano y terreno, es un don de lo alto. No existe autorredenci\u00f3n, sino que s\u00f3lo Dios salva al hombre en Jesucristo (cf He 4,12-13; 1Tim 2,5-6)\u00bb (JUAN PABLO II, L&#8217;Osservatore Romano, 8 de- octubre de 1988).<\/p>\n<p>La misionolog\u00ed\u00ada, para mantenerse fiel a lo que nos parece que es el proyecto del Se\u00f1or, seg\u00fan se deduce de una seria ex\u00e9gesis bastante compartida, del testimonio de la praxis de la vida eelesial de veinte siglos de historia, de los repetidos y solemnes pronunciamientos magisteriales de nuestro siglo, etc., tiene que luchar por superar el complejo de culpa frente a los que acusan a sus agentes de eclesiocentrismo, prefiriendo verlos m\u00e1s o menos ir\u00e9nicamente comprometidos tan s\u00f3lo socialmente en la construcci\u00f3n de un mundo m\u00e1s justo, y humano.<\/p>\n<p>Parece haber -no solamente fuera, sino entre los mismos miembros de la comunidad cristiano-cat\u00f3lica- una especie de complot (\u00bf\u00bbteol\u00f3gico\u00bb?) para \u00abdesmisionalizar\u00bb a la Iglesia, seg\u00fan la expresi\u00f3n de Mondin.<\/p>\n<p>El autorizado cardenal Tomko habla de \u00abautovaciamiento\u00bb de la misi\u00f3n. D. Colombo ofrece un apasionado y sufrido estudio sobre toda esta problem\u00e1tica con el t\u00ed\u00adtulo de \u00abMisioneros sin Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>R. Panikkar ve una dicotom\u00ed\u00ada profunda entre el Jes\u00fas hist\u00f3rico y el Cristo-Logos. Jes\u00fas de Nazaret es \u00fanico, pero el Cristo-Logos, que es superior, puede aparecer de maneras diversas, pero reales, en otras religiones y figuras hist\u00f3ricas. Entonces es posible preguntarse si Buda ser\u00e1 la encarnaci\u00f3n oriental del Cristo-Logos.<\/p>\n<p>A partir de estas premisas, P. Knitter afirmar\u00e1 que \u00abquiz\u00e1&#8230; pueda haber otros salvadores y otros reveladores tan importantes como Jes\u00fas de Nazaret\u00bb. Quiz\u00e1 con \u00abintuici\u00f3n\u00bb teol\u00f3gica, pero con cierta superficialidad exeg\u00e9tica -como le reprocha I. de la Potterie- escribir\u00e1 una obra pregunt\u00e1ndose si, despu\u00e9s de todo, no exager\u00f3, las cosas Pedro cuando dijo: \u00abNo hay salvaci\u00f3n en ning\u00fan otro, pues no se nos ha dado a los hombres ning\u00fan otro nombre debajo del cielo para salvarnos\u00bb (He 4,12). El mismo autor, m\u00e1s recientemente, en otra obra emblem\u00e1tica (junto con J. Kick), ha podido escribir que \u00abla piedra de esc\u00e1ndalo parece ser la creencia, central en el cristianismo, en la unicidad de Cristo. La premisa fundamental del pluralismo unitivo es que todas las religiones son, o pueden ser, igualmente v\u00e1lidas. Esto significa que sus fundadores, las personalidades religiosas que reflejan, son o pueden ser igualmente v\u00e1lidas. Pero esto abrir\u00ed\u00ada la posibilidad de que Jesucristo fuera `uno de tantos&#8217; en el mundo de los salvadores y reveladores. Semejante reconocimiento para los cristianos es simplemente inadmisible. \u00bfO podr\u00e1 admitirse?\u00bb<br \/>\n1. de la Potterie, apoy\u00e1ndose en los estudios del conocido especialista que es J. Dupont, intenta demostrar la solidez de la interpretaci\u00f3n tradicional, que hace de Cristo el \u00fanico salvador.<\/p>\n<p>Desgraciadamente, P. Knitter no es el \u00fanico que piensa as\u00ed\u00ad. Baste una referencia al citado M. Amaladoss: \u00abEn el contexto actual de pluralismo religioso, proclamar a Cristo como el \u00fanico nombre en el que todos encuentran la salvaci\u00f3n e invitar a que todos se hagan disc\u00ed\u00adpulos suyos por el bautismo, \u00bftiene todav\u00ed\u00ada alg\u00fan sentido?\u00bb<br \/>\nSeg\u00fan L\u00f3pez Gay, algunos \u00abautores llegan a afirmar que un cristianismo sin Cristo tiene para el mundo de hoy m\u00e1s actualidad que presentar la revelaci\u00f3n y la comunicaci\u00f3n de Dios en Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>Los estudiosos creen que la ra\u00ed\u00adz de esta confusi\u00f3n de ideas tan difundida en nuestros d\u00ed\u00adas en torno a la teolog\u00ed\u00ada de las religiones, el di\u00e1logo interreligioso, el valor sacramental universal y ordinario de la Iglesia cristiano-cat\u00f3lica para la salvaci\u00f3n, etc., es la teor\u00ed\u00ada del \u00abcristianismo an\u00f3nimo\u00bb (!Cristianos an\u00f3nimos) o impl\u00ed\u00adcito que formul\u00f3 especialmente K. Rahner. Algunos disc\u00ed\u00adpulos suyos m\u00e1s radicales han llegado a la conclusi\u00f3n -que quiz\u00e1 no aceptar\u00ed\u00ada el maestro- de que las religiones ser\u00ed\u00adan, como tales, medios, de salvaci\u00f3n eficaces y adecuados, como lo es el cristianismo.<\/p>\n<p>No es est\u00e9 el lugar de recordar el largo debate y las contrapuestas tomas de posici\u00f3n. Entre las m\u00e1s significativas est\u00e1 la de H.U. von Balthasar, especialmente en Cordula. Aunque ya han pasado veinte a\u00f1os, la abundancia de la literatura, dedicada actualmente m\u00e1s al di\u00e1logo interreligioso que a la misi\u00f3n evangelizadora de la Iglesia de Cristo, parece indicarnos que, desgraciadamente, von Balthasar ha sido un profeta.<\/p>\n<p>Los documentos de la Iglesia nos dicen que las \u00abreligiones\u00bb no cristianas son una realidad viva que no puede ignorar, pero las considera como una \u00abpreparaci\u00f3n para la acogida del evangelio\u00bb (LG 16; NA 2b), con algunos elementos buenos y verdaderos, \u00absemillas de la Palabra\u00bb(AG 1 I), fruto de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo (GS 92s; RH 12), pero tambi\u00e9n con elementos negativos ya que \u00abcon mucha frecuencia los hombres, enga\u00f1ados por el maligno, se envilecieron con sus fantas\u00ed\u00adas y trocaron la verdad de Dios en mentira, sirviendo a la criatura m\u00e1s bien que al Creador\u00bb (LG 16). El Vaticano II, con afirmaciones que creemos siguen siendo v\u00e1lidas todav\u00ed\u00ada, declara que \u00abla Iglesia cat\u00f3lica nada rechaza de lo que en estas religiones hay de verdadero y santo\u00bb (NA 2b) y que todo lo que se quiere o se busca oscuramente en las religiones es purificado y asumido por la Iglesia (LG 17; AG 11).<\/p>\n<p>\u00abPor consiguiente, (la Iglesia) exhorta a sus hijos a que con prudencia y caridad, mediante el di\u00e1logo y la colaboraci\u00f3n con los adeptos de otras religiones, dando testimonio de la fe y la vida cristiana, reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales, as\u00ed\u00ad como los valores socio-culturales, que en ellos existen\u00bb (NA 2e). Hay que considerar el di\u00e1logo y la, misi\u00f3n c\u00f3mo realidades que se entrecruzan; el di\u00e1logo interreligioso. es un elemento integrador-del proceso de evangelizaci\u00f3n, pero no:puede nunca reemplazar ni sustituir a la misi\u00f3n (cf EN 27).<\/p>\n<p>La misionolog\u00ed\u00ada vista desde la teolog\u00ed\u00ada fundamental nos remite a la exigencia de presentar a Jesucristo como el enviado (\u00abmisionero\u00bb), definitivo del Padre, punto de llegada de una pedagog\u00ed\u00ada divina y punto de partida para un ulterior camino espiritual de salvaci\u00f3n. El anuncio de Jesucristo como el salvador deber\u00e1 tener en cuenta las conquistas metodol\u00f3gicas, fruto de veinte siglos de evangelizaci\u00f3n y perfeccionadas \u00faltimamente con la reflexi\u00f3n conciliar y posconciliar, por la teolog\u00ed\u00ada de las religiones y de la salvaci\u00f3n: Pero ser\u00e1 un anuncio irrenunciable. S\u00f3lo una visi\u00f3n teol\u00f3gica global, debidamente equilibrada, nos permitir\u00e1 superar los extremismos nocivos para el bien de \u00abmuchos\u00bb y tambi\u00e9n, por consiguiente; para la causa. del evangelio.<\/p>\n<p>6. RESPUESTAS DE LA RMi. Publicado ya el presente diccionario en el original italiano, Juan Pablo II promulg\u00f3, con fecha de 7 de diciembre de 1990, su carta enc\u00ed\u00adclica Redemptoris missio, que es la primera enc\u00ed\u00adclica posconciliar sobre la \u00abmissio ad gentes\u00bb, en cuanto distinta de la \u00abcura pastoralis\u00bb y de la \u00abnueva evangelizaci\u00f3n\u00bb (cf RMi 33.37). Agradecemos al editor castellano el ofrecimiento para completar &#8216;con \u00e9stas indicaciones la edici\u00f3n italiana.<\/p>\n<p>Juan Pablo II en este documento da buenas pruebas de conocer muy bien todos los cuestionamientos relativos a la misi\u00f3n, ya se\u00f1alados por nosotros en los p\u00e1rrafos anteriores: Desde el mismo, comienzo, y m\u00e1s adelant\u00e9 repetidas veces, enfrentando las distintas objeciones, sale al paso de todas las sospechas supuestamente teol\u00f3gicas contra la validez de la misi\u00f3n en obediente acatamiento del mandato de Jesucristo (cf RMi 32. 35:55s.66).<\/p>\n<p>Creemos que la citada enc\u00ed\u00adclica a la luz de las orientaciones conciliares nos aclara -con la autoridad que la caracteriza- el dram\u00e1tico problema de la unicidad y universalidad de la salvaci\u00f3n en Cristo (cc. 1 y 2) y de la validez salv\u00ed\u00adfica de las religiones no cristianas.<\/p>\n<p>La enc\u00ed\u00adclica -como si tuviera siempre delante la pregunta que se asoma varias veces a lo largo del documento: \u00ab\u00bfPara qu\u00e9 la misi\u00f3n?\u00bb (cf RMi 4.11), y quisiese darle una respuesta- quiere recordar, aclarar, corregir posiciones err\u00f3neas y \u00abdisipar dudas y ambig\u00fcedades\u00bb (cf RMi 2.32s. 37). El Papa quiere focalizar las ra\u00ed\u00adces de la misi\u00f3n y sus motivaciones y el rol sacramental de la Iglesia; quiere subrayar elementos de teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica y espiritual que pueden dar nuevo empuje (cf RMi 2.30.33-38) a la constitutiva (cf RMi 1.2.3.62.65s. 71) misionariedad de la Iglesia, y por tanto, al \u00abmandato misionero\u00bb, que suena como grave compromiso para todo creyente (cf RMi 2.33.37:62. 71-74), hacia horizontes que no conocen fronteras (cf RMi 31-40), bajo la presi\u00f3n de las urgencias coyunturales (cf RMi 3.30). El documento resulta entonces importante por las puntuales tomas de posici\u00f3n frente a los principales cuestionamientos culturales, teol\u00f3gicos, espirituales y pr\u00e1cticos de los recientes a\u00f1os posconciliares.<\/p>\n<p>Nos limitaremos a se\u00f1alar algunos puntos que mayormente llaman la atenci\u00f3n de nuestra sensibilidad.<\/p>\n<p>Queremos ante todo evidenciar el subt\u00ed\u00adtulo de la misma enc\u00ed\u00adclica, que luego encuentra eco a lo largo de la misma, pero de una manera singular en los n\u00fameros de la introd\u00facci\u00f3n: la perenne validez del mandato misionero y, por consiguiente, de la vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adficamente misionera (cf 62.65), y el subsiguiente grito de sol\u00ed\u00adcito llamamiento a la misi\u00f3n ad gentes por parte del responsable primero de la Iglesia de Jesucristo ante el n\u00famero, lamentablemente siempre mayor (cf RMi -3.40), de los que lo ignoran. Pero justamente el santo padre nos recuerda que la raz\u00f3n de la validez del mandato misionero no se funda en la grande y cada vez mayor diferencia num\u00e9rica entre no-creyentes y creyentes; antes bien su urgencia tiene que brotar espont\u00e1nea, surgir desde dentro de la persona que ha sido alcanzada por la \u00abbuena nueva\u00bb de la salvaci\u00f3n en Cristo (cf RMi 11 y 3.4:7.26s). Por lo tanto, podemos decir que, aun en la hip\u00f3tesis que el evangelio fuera anunciado a todos los hombres, la misi\u00f3n ad gentes seguir\u00ed\u00ada d\u00e1ndose, pues no puede agotarse nunca (cf RMi 31). La insistencia del santo padre en la misi\u00f3n se comprende s\u00f3lo desde la fe (RMi 2.4.36) y desde la convicci\u00f3n -nuevamente reafirmada en tono perentorio- de que todos los hombres necesitan de la mediaci\u00f3n de Cristo para salvarse (RMi 5s), y por tanto todos tienen derecho de conocer y escuchar el anuncio de la \u00abbuena nueva\u00bb (RMi 8).<br \/>\nPara el Papa est\u00e1 claro que proponer el evangelio no comporta ninguna coartaci\u00f3n de la libertad del hombre; m\u00e1s bien constituye un motivo de promoci\u00f3n de la persona humana misma (RMi 1.3.7s.11.39.58s). Subrayamos esta afirmaci\u00f3n, pues el hombre moderno es particularmente sensible a todo lo que pueda constituir un esclarecimiento de este criptograma que es el hombre mismo. Desde la teolog\u00ed\u00ada fundamental y en sinton\u00ed\u00ada con las afirmaciones de la enc\u00ed\u00adclica, afirmamos que es Cristo el \u00fanico capaz de aclarar el misterio humano y dar respuesta a todas las exigencias y aspiraciones del coraz\u00f3n del hombre (cf RMi 2.11).<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil detectar una crisis de fe (cf RMi 2.36) y de vida cristiana en Occidente, y hasta en algunas \u00abIglesias j\u00f3venes\u00bb demasiado enconchadas en s\u00ed\u00ad mismas. Este retroceso espiritual repercute en la misi\u00f3n y le quita empuje (cf RMi 39s). El Papa nos viene a recordar entonces que la fe se refuerza d\u00e1ndola (cf RMi 2.11.34). La misi\u00f3n nace de la fe en Cristo (cf RMi 4) y \u00abel anuncio est\u00e1 animado por la fe, despierta entusiasmo y fervor en el misionero\u00bb (RMi 45). Juan Pablo II, no obstante el crudo lenguaje de las estad\u00ed\u00adsticas (cf RMi 35.40), nos presenta una visi\u00f3n optimista y llena de esperanza sobre nuestro tiempo, en contra de toda tentaci\u00f3n de desaliento y de pesimismo. Su optimismo proviene de la fe (cf RMi 36). El habla de \u00ab`nueva primavera&#8217; del cristianismo\u00bb (RMi 2) y de \u00abuna humanidad mejor preparada para la siembra evang\u00e9lica\u00bb (RMi 3). Al final del escrito subraya su convencimiento de que \u00abDios est\u00e1 preparando una gran primavera cristiana, de la cual ya entrevemos el comienzo.\u00bb (cf RMi 86).<\/p>\n<p>Uno de los elementos que m\u00e1s nos gusta en la enc\u00ed\u00adclica y que nos parece casi su leitmotiv en las respuestas que trata de dar y en su deseo de infundir nuevos empujes misioneros es su esfuerzo de lucha contra todo reduccionismo:<br \/>\n1) La misi\u00f3n es compromiso de toda la Iglesia; por esto, al comienzo, el santo padre nos declara su intenci\u00f3n de involucrar a todos en las reflexiones de su escrito (cf RMi 2). Todos tienen que sentir la urgencia de la misi\u00f3n como consecuencia de la dignidad bautismal recibida (cf RMi 1-3.4.40.71). Los te\u00f3logos tienen que prestar su colaboraci\u00f3n de reflexi\u00f3n para profundizar y exponer sistem\u00e1ticamente los distintos aspectos de la misi\u00f3n (cf RMi 2.4.36). Queremos se\u00f1alar el gesto de confianza y de optimismo de parte del Papa, que invita a las \u00abj\u00f3venes Iglesias\u00bb a enviar y a acoger misioneros (ef RMi 2.39.49.62.63.64.66.85.91).<\/p>\n<p>Pr\u00e1cticamente todo el cap\u00ed\u00adtulo 6 est\u00e1 consagrado a demostrar una vez m\u00e1s que toda la Iglesia y cada Iglesia est\u00e1 enviada ad gentes y que la solicitud misionera comprende obligaciones y roles particulares a partir de vocaciones particulares, funciones y carismas. Desde este enfoque tiene que ser considerada tambi\u00e9n la misma vocaci\u00f3n misionera \u00abespecial\u00bb (cf RMi 27.32s.65). Es claro que cuando el Papa habla de la validez del mandato misionero tiene que hacer referencia imprescindible a los misioneros consagrados a ella por toda la vida, seg\u00fan el proyecto de Dios. Nos gusta el n\u00famero 69, en el cual el santo padre dedica su reflexi\u00f3n al rol misionero de los institutos de vida consagrada, sea los de vida contemplativa o los de vida activa. La admiraci\u00f3n y la palabra de aliento del Papa a las religiosas misioneras encuentra su culminaci\u00f3n en el n\u00famero 70. Importante es la exhortaci\u00f3n dirigida a los misioneros ad vitam a que pongan al d\u00ed\u00ada su formaci\u00f3n doctrinal y apost\u00f3lica (cf RMi 65.91). Estos misioneros son servidores de la misi\u00f3n entre y con los dem\u00e1s operadores de la pastoral misionera, pero tienen que tomar conciencia de su \u00abvocaci\u00f3n especial\u00bb y \u00abespec\u00ed\u00adfica\u00bb (cf RMi 64.65s) para corresponder a ella tambi\u00e9n hoy y como la Iglesia hoy lo pide (cf RMi 65).<\/p>\n<p>2) A nivel de destinatarios (ef RMi 2.22s.24s.28.30.33.35.37.39.40), son tres los diversos niveles, con sus respectivos nombres, del mandato \u00abmisionero\u00bb \u00fanico, aunque claramente diferenciado desde el punto de vista pastoral (cf RMi (2) 33). Las situaciones de evangelizaci\u00f3n y misionariedad no son homog\u00e9neas, sino sustancialmente diversas (cf RMi 37a.41). El Papa quiere dedicar su escrito sobre todo a recordarnos a todos la validez y la urgencia de \u00abla misi\u00f3n ad gentes\u00bb, por \u00e9l definida como \u00abactividad espec\u00ed\u00adfica, peculiar, primaria de la Iglesia, esencial , y jam\u00e1s concluida\u00bb (RMi 2.11.31 s.33.35.62). Que la misi\u00f3n, luego, sea para todos los hombres, resulta una vez m\u00e1s tambi\u00e9n de la definici\u00f3n de \u00abreino de Dios\u00bb, realidad que tiene que ser pedida y acogida por todos y destinada a todos (cf RMi 14s.18.20.22s.33) y depende del agente principal de la misi\u00f3n, el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que est\u00e1 presente y operante en todo tiempo y en todo lugar (cf RMi 28s).<\/p>\n<p>3) No da espacio para ning\u00fan reduccionismo tampoco en los \u00ab\u00e1mbitos\u00bb de la misi\u00f3n ad gentes (RMi 37): fajas territoriales (cf RMi 37a. y 40), mundos y fen\u00f3menos sociales nuevos (cf RMi 37b), \u00e1reas culturales (ef tambi\u00e9n RMi 52) o arc\u00f3pagos modernos (cf RMi 37c). El n\u00famero 37 figura entre los m\u00e1s largos de la enc\u00ed\u00adclica y nos brinda un an\u00e1lisis detallado de la situaci\u00f3n, invit\u00e1ndonos a asumir con responsabilidad y valent\u00ed\u00ada los campos de misi\u00f3n que nos vienen preparados por la vida moderna. La situaci\u00f3n coyuntural mundial parece ofrecer tambi\u00e9n nuevas oportunidades a la misionariedad de la Iglesia (cf RMi 3.8.30). Es f\u00e1cil ver proyectada la presencia apost\u00f3lica del mismo santo padre en cada uno de estos \u00abmundos\u00bb.<\/p>\n<p>4) Tampoco cabe ning\u00fan reduccionismo por lo que se refiere a los agentes misioneros: la misi\u00f3n es constitutivamente de todo bautizado (cf RMi Is.3.4.7.26s.71.77); pero una vez asentado esto, dedica su reflexi\u00f3n a la insoslayable necesidad de vocaciones misioneras ad gentes y ad vitam (cf RMi 27.32), rechazando teor\u00ed\u00adas y pr\u00e1cticas contrarias que buscaban supuestas argumentaciones en afirmaciones conciliares y magisteriales recientes (ef RMi 2.32), que por una. parte quisieran eliminar el t\u00e9rmino mismo de misi\u00f3n: \u00abBasta de las misiones\u00bb, y por otra lo extreman afirmando que \u00abtodo es misi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>5) Ning\u00fan reduccionismo relativo al contenido y al fin de la misi\u00f3n. El contenido de la misi\u00f3n es la buena nueva de la inauguraci\u00f3n escatol\u00f3gica del reino de Dios con todos sus valores (ef RMi 34), y \u00e9ste ata\u00f1e a todos: a las personas, a la sociedad y al mundo entero (ef RMi 14s). Particularmente claro es el fin de la misi\u00f3n: no s\u00f3lo promoci\u00f3n humana, no s\u00f3lo di\u00e1logo con los otros, sino tambi\u00e9n anuncio claro del reino de Dios, que es Jesucristo, \u00fanico revelador del Padre, con un expl\u00ed\u00adcito llamamiento al bautismo de conversi\u00f3n y a la formaci\u00f3n de nuevas Iglesias (cf RMi 46-50). El reino de Dios es la obvia \u00abrealidad clave-de-s\u00ed\u00adntesis\u00bb de toda la reflexi\u00f3n propuesta por el Papa, al cual justamente dedica todo el cap\u00ed\u00adtulo 2, que nos parece muy bien logrado. Es aqu\u00ed\u00ad en donde encontramos respuesta a varios de los cuestionamientos de la misionolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea (cf RMi 17-20).<\/p>\n<p>Puesto que hemos hablado de sensibilidad, s\u00e9anos permitido afirmar que, desde el punto de vista teol\u00f3gico-(fundamental), consideramos b\u00e1sicos los cap\u00ed\u00adtulos 1, con su largo y necesario Ap\u00e9ndice; el 2 y el 3. Tampoco aqu\u00ed\u00ad caben reduccionismos.<\/p>\n<p>Pr\u00e1cticamente, todos los problemas teol\u00f3gicos de la misi\u00f3n vienen resueltos desde la cristolog\u00ed\u00ada. Por eso este cap\u00ed\u00adtulo es primero no s\u00f3lo por el lugar que ocupa, sino mucho m\u00e1s por su importancia. En los tres primeros cap\u00ed\u00adtulos encontramos respuesta a todas las \u00absospechas\u00bb adelantadas en contra de la validez de la misi\u00f3n (cf RMi 4), y que ata\u00f1e de una manera particular a la exclusividad reveladora-salv\u00ed\u00adfica de Cristo y de la Iglesia por \u00e9l fundada y a los contenidos de la misma misi\u00f3n. Juan Pablo II nos recuerda que el universalismo salv\u00ed\u00adfico de Cristo est\u00e1 afirmado en todo el NT: Jes\u00fas es la autorrevelaci\u00f3n definitiva de Dios, el \u00fanico mediador entre Dios y los hombres (ef RMi 5). No est\u00e1 permitido introducir ninguna separaci\u00f3n entre el Verbo y Cristo, entre el Jes\u00fas de la historia y el Verbo eterno (cf RMi 6). Hay novedad radical en la vida tra\u00ed\u00adda por Jes\u00fas, de la cual todos tienen necesidad. En los cap\u00ed\u00adtulos 5 y 8 retoma afirmaciones cristol\u00f3gicas, particularmente significativas tambi\u00e9n para la teolog\u00ed\u00ada fundamental. La Iglesia no es s\u00f3lo, sino tambi\u00e9n, instrumento de salvaci\u00f3n (cf RMi 20), y la salvaci\u00f3n en Cristo tiene que ser ofrecida a todos los hombres. \u00abNosotros no podemos callar\u00bb (He 4,20; cf RMi 11): abrirse al amor de Cristo es verdadera liberaci\u00f3n (cf RMi 2.7s). Muy preciso es tambi\u00e9n el cap\u00ed\u00adtulo 2, destinado a aclarar la relaci\u00f3n entre Jesucristo, el reino y la Iglesia. Teol\u00f3gicamente es muy bonito el cap\u00ed\u00adtulo 3; sobre el Esp\u00ed\u00adritu Santo, protagonista de la misi\u00f3n, quien gu\u00ed\u00ada y hace misionera a toda la Iglesia. El mismo Esp\u00ed\u00adritu pide hoy el relanzamiento de la actividad misionera.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada fundamental est\u00e1 tambi\u00e9n particularmente interesada en las v\u00ed\u00adas de la misi\u00f3n por la relaci\u00f3n que tienen con la credibilidad de la fe. El testimonio es el principal criterio de credibilidad del mismo kerigma (cf RMi 42). El anuncio tiene que ser hecho con gozo y entusiasmo (cf RMi 2.45). Sin ambages se afirma que el verdadero misionero es el santo, haciendo pr\u00e1cticamente coincidir la universal vocaci\u00f3n a la santidad con la universal vocaci\u00f3n a la misionariedad (cf RMi 90). La caridad es fuente y criterio de la misi\u00f3n (cf RMi 60). Juan Pablo II toma clara posici\u00f3n sobre el necesario di\u00e1logo con las otras religiones y sus l\u00ed\u00admites (cf RMi SSs). La evang\u00e9lica opci\u00f3n preferencial por los pobres es tambi\u00e9n testimonio y criterio de credibilidad (cf RMi 42).<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., La evangelizaci\u00f3n en el mundo de hoy, en \u00abCon c\u00bb 134 (1978); AA.VV., Evangelization, en \u00abAustrahan Catholic Record 56 (1979) 235-281; AA.VV., E4\u00e1ngehzation, en The Way-London\u00bb 20 (1980) 3-55; AA. 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Epicteto se considera como \u00abel enviado, el inspector, el heraldo de los dioses\u00bb, \u00abenviado por el dios para ejemplo\u00bb : para reanimar en los hombres con su ense\u00f1anza y su testimonio la centella divina que hay en ellos, estima haber recibido una misi\u00f3n del cielo. Igualmente en el hermetismo el iniciado tiene la misi\u00f3n de convertirse en \u00abgu\u00ed\u00ada de los que son dignos, para que el g\u00e9nero humano sea por su medio salvado por Dios\u00bb. Pero en la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica la idea de misi\u00f3n tiene unas coordenadas muy diferentes. Es totalmente relativa a la historia de la salvaci\u00f3n. Implica un llamamiento positivo de Dios manifestado expl\u00ed\u00adcitamente en cada caso particular. Se aplica tanto a colectividades como a individuos. En conexi\u00f3n con las ideas de predestinaci\u00f3n y de vocaci\u00f3n, se traduce en un vocabulario que gravita en torno al verbo \u00abenviar\u00bb.<\/p>\n<p>AT. I. LOS ENVIADOS DE Dios. 1. En el caso de los *profetas (cf. Jer 7,25) &#8211; el primero de los cuales es *Mois\u00e9s &#8211; es donde m\u00e1s al vivo se puede percibir la misi\u00f3n divina. \u00abYo te env\u00ed\u00ados: esta palabra est\u00e1 en el centro de toda *vocaci\u00f3n prof\u00e9tica (cf. Ex 3.10; Jer 1,7; Ez 2,3s; 3,4s). Al llamamiento de Dios responde cada uno seg\u00fan su temperamento personal: Isa\u00ed\u00adas se ofrece (\u00abAqu\u00ed\u00ad estoy, env\u00ed\u00adame\u00bb, Is 6,8); Jerem\u00ed\u00adas pone objeciones IJer 1.6): Mois\u00e9s pide signos que acrediten su misi\u00f3n (Ex 3,11ss), trata de rehusarla (4,13), se queja amargamente (5,22). Pero todos al fin obedecen (cf. Am 7,14s), si se except\u00faa el caso de Jon\u00e1s (Ion l,lss). Esta conciencia de una misi\u00f3n personal recibida de Dios es un rasgo esencial del verdadero profeta. Lo distingue de los que dicen: \u00bb \u00c2\u00a1Palabra de Dios!\u00bb, siendo as\u00ed\u00ad que Dios no los ha enviado, como aquellos profetas mentirosos contra los que lucha Jerem\u00ed\u00adas (Jer I4,14s; 23,21.32; 28,15; 29,9). En sentido m\u00e1s amplio se puede tambi\u00e9n hablar de misi\u00f3n divina en el caso de todos los que desempe\u00f1an un papel providencial en la historia de Israel; pero para reconocer la existencia de tales misiones se requiere el testimonio de un profeta.<\/p>\n<p>2. Todas las misiones de los enviados divinos son relativas al *designio de *salvaci\u00f3n. La mayor\u00ed\u00ada de ellas est\u00e1n en relaci\u00f3n directa con el pueblo de Israel. Pero esto deja margen para la mayor diversidad. Los profetas son enviados para convertir los corazones, anunciar castigos o hacer promesas: su funci\u00f3n est\u00e1 estrechamente ligada con la *palabra de Dios, que est\u00e1n encargados de llevar a los hombres. Otras misiones se refieren m\u00e1s directamente al destino hist\u00f3rico de Israel: Jos\u00e9 es enviado para preparar la acogida de los hijos de Jacob en Egipto (G\u00e9n 45,5) y Mois\u00e9s para sacar de all\u00ed\u00ad a Israel (Ex 3,10; 7,16; Sal 105,26). Lo mismo sucede con todos los jefes y liberadores del pueblo de Dios: Josu\u00e9, los Jueces, David, los reconstructores del juda\u00ed\u00adsmo despu\u00e9s del exilio, los jefes de la sublevaci\u00f3n macabea&#8230; Aun en los casos en que a prop\u00f3sito de ellos no hablan expl\u00ed\u00adcitamente de misi\u00f3n los historiadores sagrados, los consideran evidentemente como enviados divinos, gracias a los cuales progres\u00f3 hacia su t\u00e9rmino el designio de salvaci\u00f3n. Incluso paganos pueden desempe\u00f1ar en este punto un papel providencial: Asiria es enviada para castigar a Israel infiel (Is 10,6) y Ciro para abatir a Babilonia y liberar a los jud\u00ed\u00ados (Is 43,14; 48,14s). La historia sagrada se construye gracias al entrecruzamiento de todas estas misiones particulares que convergen hacia el mismo fin.<\/p>\n<p>II. LA MISI\u00ed\u201cN DE ISRAEL. 1. \u00bfHay que hablar tambi\u00e9n de una misi\u00f3n del pueblo de Israel? S\u00ed\u00ad, si se piensa en el estrecho nexo que hay siempre entre misi\u00f3n y *vocaci\u00f3n. La vocaci\u00f3n de Israel define su misi\u00f3n en el designio de Dios. Elegido entre todas las naciones, es el *pueblo consagrado, el pueblo-sacerdote encargado del servicio de Yahveh (Ex 19,5s). No se dice que desempe\u00f1e esta funci\u00f3n en nombre de las otras naciones. Sin embargo, a medida que se desarrolla la revelaci\u00f3n los or\u00e1culos prof\u00e9ticos entrev\u00e9n el tiempo en que todas las *naciones se unan a \u00e9l para participar en el culto del Dios \u00fanico (cf. Is 2,lss; 19,21-25; 45,20-25; 60): Israel es por tanto llamado a ser el pueblo, faro de la humanidad entera. Asimismo, si es depositario del designio de salvaci\u00f3n, lo es con la;misi\u00f3n de hacer que participen en \u00e9l los otros pueblos: desde la vocaci\u00f3n de Abraham exist\u00ed\u00ada la idea en germen (G\u00e9n 12,3); \u00e9sta se precisa a medida que la revelaci\u00f3n va descorriendo mejor el velo de las intenciones de Dios.<\/p>\n<p>2. A partir del exilio se observa que Israel ha adquirido claramente conciencia de su misi\u00f3n. Sabe ser el *siervo de Yahveh enviado por \u00e9l en calidad de mensajero (Is 42,19). Ante las naciones paganas es su *testigo, encargado de darlo a conocer como el Dios \u00fanico (43,10.12; 44,8) y de \u00abtransmitir al mundo la luz imperecedera de la ley\u00bb (Sab 18.4). La vocaci\u00f3n nacional desemboca aqu\u00ed\u00ad en el universalismo religioso. No se trata ya de dominar a las naciones paganas (Sal 47,4), sino de convertirlas. As\u00ed\u00ad, el pueblo de Dios se abre a los pros\u00e9litos (Is 56,3.6s). Un esp\u00ed\u00adritu nuevo atraviesa la literatura inspirada: el libro de Jon\u00e1s enfoca el caso de una misi\u00f3n prof\u00e9tica que tenga por beneficiarios a los paganos, y, en el libro de los Proverbios, los enviados de la *sabidur\u00ed\u00ada divina invitan aparentemente a todos los hombres a su fest\u00ed\u00adn (Prov 9,3ss). Israel tiende finalmente a convertirse en un pueblo misionero, particularmente en el medio alejandrino en el que se traducen al griego sus libros sagrados.<\/p>\n<p>III. PRELUDIOS DEL NUEVO TESTAMENTO. 1. El tema de la misi\u00f3n divina aparece en la escatolog\u00ed\u00ada prof\u00e9tica, que prepara expl\u00ed\u00adcitamente el NT. Misi\u00f3n del *siervo, a la que Yahveh designa como \u00abalianza del pueblo y *luz de las naciones\u00bb (Is 42,6s; cf. 49,5s). Misi\u00f3n del misterioso *profeta, al que Yahveh env\u00ed\u00ada \u00aba llevar la buena nueva a los pobres\u00bb (Is 61,1s). Misi\u00f3n del enigm\u00e1tico mensajero que despeja el camino delante de Dios (Mal 3,1) y del nuevo El\u00ed\u00adas (Mal 3,23). Misi\u00f3n de los paganos convertidos que van a revelar la gloria de Yahveh a sus hermanos de raza (Is 66,19s). El NT mostrar\u00e1 c\u00f3mo deben cumplirse estas Escrituras.<\/p>\n<p>2. Finalmente, la teolog\u00ed\u00ada de la *palabra, de la *sabidur\u00ed\u00ada y del *Espiritu personifica en forma sorprendente estas realidades divinas y no vacila en hablar de su misi\u00f3n: Dios env\u00ed\u00ada su palabra para que ejecute ac\u00e1 abajo sus voluntades (Is 55,11; Sal 107,20; 147,15; Sab 18,14ss); env\u00ed\u00ada su sabidur\u00ed\u00ada para que asista al hombre en sus tareas (Sab 9,10.); env\u00ed\u00ada su Esp\u00ed\u00adritu para que renueve la faz de la tierra (Sal 104,30; cf. Ez 37, 9s) y haga conocer a sus hombres su voluntad (Sab 9,17). Estas expresiones preludian as\u00ed\u00ad al NT, pues \u00e9ste las reasumir\u00e1 para explicar la misi\u00f3n del Hijo de Dios, que es su palabra y su sabidur\u00ed\u00ada, y la de su Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia.<\/p>\n<p>NT. I. LA MISI\u00ed\u201cN DEL HIJO DE Dios. 1. Despu\u00e9s de Juan Bautista, el \u00faltimo y el m\u00e1s grande de los profetas, mensajero divino y nuevo El\u00ed\u00adas anunciado por Malaqu\u00ed\u00adas (Mt 11,9-14), Jes\u00fas se presenta a los hombres como el enviado de Dios por excelencia, el mismo del que hablaba el libro de Isa\u00ed\u00adas (Lc 4,17-21 ; cf. ls 61,ls). La par\u00e1bola de los vi\u00f1adores homicidas subraya la continuidad de su misi\u00f3n con la de los profetas, pero marcando tambi\u00e9n la diferencia fundamental de los dos casos: el padre de familia, despu\u00e9s de haber enviado a sus servidores, env\u00ed\u00ada finalmente a su *hijo (Me 12,2-8 p). Por eso, al acogerlo o desecharlo se acoge o se desecha al que le ha enviado (Le 9,48: 10,16 p), es decir, al *Padre mismo, que ha puesto todo en su mano (Mt 11,27). Esta conciencia de una misi\u00f3n divina, que deja entrever las relaciones misteriosas del Hijo y del Padre, se explicita en frases caracter\u00ed\u00adsticas: \u00abYo he sido enviado&#8230;\u00bb, \u00abYo he venido&#8230;\u00bb, \u00abEl Hijo del hombre ha venido&#8230;\u00bb, para anunciar el *Evangelio (Mc 1,38 p), *cumplir la ley y los profetas (Mt 5,17), aportar *fuego a la tierra (Le 12,49), traer no la paz sino la espada (Mt 10,34 p), llamar no a los justos, sino a los pecadores (Mc 2,17 p), buscar y salvar lo que se hab\u00ed\u00ada perdido (Le 19,10), servir y dar su vida en rescate (Mc 10,45 p)&#8230; Todos los aspectos de la obra redentora realizada por Jes\u00fas enlazan as\u00ed\u00ad con la misi\u00f3n que ha recibido del Padre, desde la predicaci\u00f3n galilea hasta el sacrificio de la cruz.<\/p>\n<p>2. La cosa es todav\u00ed\u00ada m\u00e1s evidente en el cuarto evangelio. El env\u00ed\u00ado del Hijo al mundo por el Padre se repite aqu\u00ed\u00ad como un estribillo en todos los discursos (40 veces, p. e. 3,17; 10,36: 17,18). As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el \u00fanico deseo de Jes\u00fas es \u00abhacer la *voluntad del que le ha enviado\u00bb (4.34; 6,38ss), de realizar sus obras (9,4), de decir lo que ha aprendido de \u00e9l (8,26). Existe entre ellos tal unidad de vida (6,57; 8,16.29) que la actitud tomada frente a Jes\u00fas es una toma de posici\u00f3n frente a Dios mismo (5,23; 12,44s: 14,24; 15,21-24). En cuanto a la pasi\u00f3n, consumaci\u00f3n de su obra, Jes\u00fas ve en ella su retorno al que le ha enviado (7,33; 16,5; cf. 17,11). La fe que exige a los hombres es una fe en su misi\u00f3n (11,42; 17,8.21.23. 25); esto implica al mismo tiempo la fe en el Hijo como enviado (6,29) y la fe en el Padre que le env\u00ed\u00ada (5, 24; 17,3). Por la misi\u00f3n del Hijo al mundo se ha revelado, pues, a los hombres un aspecto esencial del misterio \u00ed\u00adntimo de Dios: el \u00danico (Dt 6,4; cf. Jn 17,3), al enviar a su Hijo se ha dado a conocer como el Padre.<\/p>\n<p>3. No tiene nada de extra\u00f1o ver que los escritos apost\u00f3licos dan una importancia central a esta misi\u00f3n del Hijo. Dios envi\u00f3 a su Hijo en la *plenitud de los tiempos para rescatarnos y conferirnos la adopci\u00f3n filial (G\u00e1l 4,4; cf. Rom 8,15). Dios envi\u00f3 a su Hijo al mundo como salvador, como propiciaci\u00f3n por nuestros pecados, a fin de que nosotros vivamos por \u00e9l: tal es la prueba suprema de su amor a nosotros (IJn 4,9s.14). Jes\u00fas es as\u00ed\u00ad el enviado por excelencia (Jn 9,7), el apostolos de nuestra profesi\u00f3n de fe (Heb 3.1).<\/p>\n<p>II. Los ENVIADOS DEL HIJO. 1. La misi\u00f3n de Jes\u00fas se prolonga con la de sus propios enviados, los doce, que por esta misma raz\u00f3n llevan el nombre de *ap\u00f3stoles. Viviendo to dav\u00ed\u00ada Jes\u00fas los env\u00ed\u00ada ya delante de \u00e9l (cf. Le 10,1) para predicar el Evangelio y curar (Le 9,1 p), que es el objeto de su misi\u00f3n personal. Son los obreros enviados a la *mies por el maestro (Mt 9,38 p; cf. Jn 4,38); son los *servidores enviados por el rey para conducir a los invitados a las bodas de su Hijo (Mt 22,3 p). No deben hacerse la menor ilusi\u00f3n sobre la suerte que les aguarda : el enviado no es mayor que el que le env\u00ed\u00ada (In 13,16); como se ha tratado al maestro se tratar\u00e1 a los servidores (Mt 10,24s). Jes\u00fas los env\u00ed\u00ada \u00abcomo ovejas en medio de los lobos\u00bb (10,16 p). Sabe que la \u00ab*generaci\u00f3n perversa\u00bb perseguir\u00e1 a sus enviados y les dar\u00e1 muerte (23,34 p). Pero lo que se les haga, se le har\u00e1 a \u00e9l mismo y finalmente al Padre: \u00abEl que a vosotros oye, a m\u00ed\u00ad me oye, y el que a vosotros desecha, a m\u00ed\u00ad me desecha, y el que me desecha a m\u00ed\u00ad, desecha al que me envi\u00f3)) (Le 10,16); \u00abEl que a vosotros recibe, a m\u00ed\u00ad me recibe, y el que me recibe a m\u00ed\u00ad, recibe al que me envi\u00f3)) (Jn 13,20). En efecto, la misi\u00f3n de los ap\u00f3stoles se enlaza de la forma m\u00e1s estrecha con la de Jes\u00fas: \u00abComo mi Padre me ha enviado, yo tambi\u00e9n os env\u00ed\u00ado\u00bb (20, 21). Esta palabra ilustra el sentido profundo del env\u00ed\u00ado final de los doce por Cristo resucitado: \u00abId&#8230;\u00bb. Ir\u00e1n, pues, a anunciar el Evangelio (Mc 16,15), a hacer *disc\u00ed\u00adpulos de todas las naciones (Mt 28,19), a llevar por todas partes su *testimonio (Act 1,8). La misi\u00f3n del Hijo alcanzar\u00e1 as\u00ed\u00ad efectivamente a todos los hombres gracias a la misi\u00f3n de sus ap\u00f3stoles y de su *Iglesia.<\/p>\n<p>2. Y as\u00ed\u00ad es sin duda como lo entiende el libro de los Hechos cuando refiere la *vocaci\u00f3n de Pablo. Utilizando los t\u00e9rminos cl\u00e1sicos de las vocaciones prof\u00e9ticas, Cristo resucitado dice a su instrumento de elecci\u00f3n: \u00abVe. Quiero enviarte lejos, a las naciones\u00bb (Act 22,21), y esta misi\u00f3n a los paganos entra exactamente en la l\u00ed\u00adnea de la del *siervo de Yahveh (Act 26,17; cf. ls 42,7.16). En efecto, el siervo vino en la persona de Jes\u00fas, y los enviados de Jes\u00fas llevan a todas las *naciones el mensaje de salvaci\u00f3n que \u00e9l mismo s\u00f3lo hab\u00ed\u00ada notificado a las \u00abovejas perdidas de la casa de Israel\u00bb (Mt 15,24). Esta misi\u00f3n recibida en el camino de Damasco la invocar\u00e1 siempre Pablo para justificar su t\u00ed\u00adtulo de &#8216;ap\u00f3stol (ICor 15,8s; G\u00e1l 1,12). Seguro de su extensi\u00f3n universal, llevar\u00e1 el Evangelio a los paganos para obtener de ellos la *obediencia de la fe (Rom 1,5) y magnificar\u00e1 la misi\u00f3n de todos los mensajeros del Evangelio (10, 14s): \u00bfno se debe a ella el que nazca en el coraz\u00f3n de los hombres la fe en la palabra de Cristo (10,17)? M\u00e1s all\u00e1 de la funci\u00f3n personal de los ap\u00f3stoles, la Iglesia entera en su funci\u00f3n misionera enlaza as\u00ed\u00ad con la misi\u00f3n del Hijo.<\/p>\n<p>III. LA MISI\u00ed\u201cN DEL ESP\u00ed\u008dRITU SANTO. Para cumplir esta funci\u00f3n misionera los ap\u00f3stoles y los predicadores del Evangelio no est\u00e1n solos y abandonados a sus solas fuerzas humanas; realizan su cometido con la fuerza del *Esp\u00ed\u00adritu Santo. Ahora bien, para definir el papel exacto del Esp\u00ed\u00adritu hay que hablar todav\u00ed\u00ada de misi\u00f3n en el sentido m\u00e1s fuerte del t\u00e9rmino. Jes\u00fas, evocando su futura venida en el serm\u00f3n despu\u00e9s de la Cena, precisaba: \u00abEl *Par\u00e1clito, el Esp\u00ed\u00adritu Santo, al que mi Padre enviar\u00e1 en mi nombre, os ense\u00f1ar\u00e1 todas las cosas\u00bb (Jn 14,26); \u00abCuando venga el Par\u00e1clito, al que yo os enviar\u00e9 de junto a mi Padre, \u00e9l dar\u00e1 testimonio de m\u00ed\u00ad\u00bb (15,26; cf. 16,7). El Padre y el Hijo obran, pues, conjuntamente para enviar al Esp\u00ed\u00adritu. Lucas pone el acento sobre la acci\u00f3n de Cristo, mientras que la del Padre consiste sobre todo en la promesa que \u00e9l ha hecho, conforme al testimonio de las Escrituras: \u00abYo enviar\u00e9 sobre vosotros, dice Jes\u00fas. lo que os ha prometido mi Padre\u00bb (Le 24,49; cf. Act 1,4; Ez 36,27; JI 3,1s).<\/p>\n<p>2. Tal es, en efecto, el sentido de *pentecost\u00e9s, manifestaci\u00f3n inicial de esta misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu que durar\u00e1 todo el tiempo que dure la Iglesia. A los doce los hace el Esp\u00ed\u00adritu *testigos de Jes\u00fas (Act 1,8). Se les da para que cumplan su funci\u00f3n de enviados (Jn 20,21s). En \u00e9l *predicar\u00e1n en adelante el Evangelio (1Pe 1,12), como tambi\u00e9n despu\u00e9s de ellos los predicadores de todos los tiempos. La misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu es as\u00ed\u00ad inherente al misterio mismo de la Iglesia cuando \u00e9sta anuncia la palabra para cumplir su quehacer misionero. Es tambi\u00e9n la base de la santificaci\u00f3n de los hombres. En efecto, si en el bautismo \u00e9stos reciben la adopci\u00f3n filial, es que Dios env\u00ed\u00ada a sus corazones el Esp\u00ed\u00adritu de su Hijo que clama: \u00abAbba!, \u00c2\u00a1Padre!\u00bb (G\u00e1l 4, 6). La misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu viene as\u00ed\u00ad a ser el objeto de la experiencia cristiana. As\u00ed\u00ad se consuma la revelaci\u00f3n del misterio de Dios: despu\u00e9s del Hijo, palabra y sabidur\u00ed\u00ada de Dios, se ha manifestado a su vez el Esp\u00ed\u00adritu como persona divina entrando en la historia de los hombres, a los que transforma interiormente a *imagen del Hijo de Dios.<\/p>\n<p>-> Ap\u00f3stol &#8211; Naciones &#8211; Predicar &#8211; Profeta &#8211; Testimonio &#8211; Vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dios, origen fontal de la misi\u00f3n Aunque las palabras \u00abmisi\u00f3n\u00bb y \u00abevangelizaci\u00f3n\u00bb se usan indistintamente, los conceptos que encierran tiene matices diferenciados. La \u00abmisi\u00f3n\u00bb es el acto (divino o eclesial) de enviar (\u00absalah\u00bb, \u00abapostellein\u00bb). En el Nuevo Testamento, los t\u00e9rminos \u00abenviar\u00bb y \u00abevangelizar\u00bb se emplean como verbos (cfr. Lc 4,18). El t\u00e9rmino \u00abmisi\u00f3n\u00bb (como substantivo) &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mision\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMISION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15276","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15276","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15276"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15276\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15276"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15276"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15276"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}