{"id":15278,"date":"2016-02-05T09:58:53","date_gmt":"2016-02-05T14:58:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/misterio-pascual\/"},"modified":"2016-02-05T09:58:53","modified_gmt":"2016-02-05T14:58:53","slug":"misterio-pascual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/misterio-pascual\/","title":{"rendered":"MISTERIO PASCUAL"},"content":{"rendered":"<p>Con esta expresi\u00f3n se quiere indicar la unidad profunda y salv\u00ed\u00adfica entre todos los misterios de la vida de Jes\u00fas, especialmente los referentes a \u00absu pasi\u00f3n, resurrecci\u00f3n de entre los muertos y gloriosa ascensi\u00f3n\u00bb (SC 5). Con la palabra \u00abmisterio\u00bb se indica la trascendencia del don de Dios (que supera toda ciencia y expectativa humana), as\u00ed\u00ad como su manifestaci\u00f3n, cercan\u00ed\u00ada y comunicaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica y gratuita.<\/p>\n<p>\tLa expresi\u00f3n \u00abMisterio pascual\u00bb es como el hilo conductor de toda la liturgia, como puede apreciarse en la constituci\u00f3n conciliar \u00abSacrosantum Concilium\u00bb. Efectivamente, todo el culto cristiano (Eucarist\u00ed\u00ada, sacramentos, a\u00f1o lit\u00fargico, d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or, etc.) es como una actualizaci\u00f3n de los misterios de Cristo, y especialmente de su muerte y glorificaci\u00f3n. El momento culminante es la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica (SC 47). De este modo, la humanidad de Cristo, unida a la persona del Verbo y prolongada en el tiempo, sigue siendo \u00abinstrumento de nuestra salvaci\u00f3n\u00bb (SC 5).<\/p>\n<p>\tLa \u00abPascua\u00bb del antiguo pueblo de Israel, como \u00abpaso\u00bb hacia la tierra prometida, ha encontrado su cumplimiento en la \u00abPascua\u00bb de Cristo, es decir, su \u00abpaso\u00bb hacia el Padre, por medio de su muerte sacrificial y de su resurrecci\u00f3n gloriosa. La Pascua se hace realidad viviente en la Iglesia y en todo cristiano, a partir del bautismo y, de modo especial, con la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. En este sentido se dice que \u00abla Iglesia nunca ha dejado de celebrar el misterio pascual\u00bb (SC 6).<\/p>\n<p>\tLa Iglesia va m\u00e1s all\u00e1 los l\u00ed\u00admites de la liturgia, aunque siempre en relaci\u00f3n con ella, para hacer de la Pascua una realidad viviente en cada cristiano, como resurrecci\u00f3n y vida nueva en Cristo (cfr. Col 3,1-4; 1Pe 2,5), y para anunciar el misterio pascual de Cristo a todos los pueblos (Hech 2,32-41).<\/p>\n<p>\tLa vida y vocaci\u00f3n cristiana es de participaci\u00f3n en el misterio pascual. Efectivamente, todo \u00abbautizado\u00bb est\u00e1 llamado a un proceso de muerte al pecado y de resurrecci\u00f3n, para participar en la vida en Cristo (Rom 6,3-11).<\/p>\n<p>Referencias A\u00f1o lit\u00fargico, ascensi\u00f3n, domingo, liturgia, misterio, Pascua, pasi\u00f3n, Pentecost\u00e9s, resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lectura de documentos SC 5, 61; GS 38; CEC 571, 1067-1068.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada H. U. Von BALTHASAR, El misterio pascual, en Mysterium Salutis (Madrid, Cristiandad, 1969-1984) III, 666-814; J. HILD, Domingo y vida pascual (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1966); H. JENNY, El misterio pascual en el a\u00f1o cristiano (Barcelona, Estela 1964; L. SANNA, Misterio pascual, en Nuevo Diccionario de Espiritualidad (Madrid, Paulinas, 1991) 1253-1266; P. SORCI, Misterio pascual, en Nuevo Diccionario de Liturgia (Madrid, Paulinas, 1987) 1342-1365.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Se indica con esta expresi\u00f3n el conjunto de acontecimientos que giran en torno a la pasi\u00f3n, muerte, resurrecci\u00f3n y glorificaci\u00f3n de Jesucristo. Recogiendo bajo la \u00fanica expresi\u00f3n de \u00bb misterio pascual\u00bb unos hechos tan diversos, se quiere destacar la profunda unidad que todos ellos manifiestan en la econom\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La pasi\u00f3n y la muerte de Jes\u00fas de Nazaret, tomadas s\u00f3lo en s\u00ed\u00ad mismas, no tendr\u00ed\u00adan la lectura coherente que les da la resurrecci\u00f3n; se limitar\u00ed\u00adan a ser unos hechos provocativos por su dureza y su crueldad, pero no podr\u00ed\u00adan alcanzar la plenitud de la expresi\u00f3n revelativa. Del mismo modo, la resurrecci\u00f3n de Cristo no puede prescindir de su muerte, ya que esto equivaldr\u00ed\u00ada a reducirse a un mito.<\/p>\n<p>S\u00f3lo en su mutua implicaci\u00f3n estos hechos se convierten en revelaci\u00f3n de Dios, que se manifiesta a s\u00ed\u00ad mismo, su naturaleza y la vida que quiere compartir con todos los que creen en \u00e9l. Tanto la muerte de Jes\u00fas como su resurrecci\u00f3n pueden ser una provocaci\u00f3n a la fe; lo demuestra el texto de Mc 15,39 que ante la cruz hace proclamar al centuri\u00f3n la profesi\u00f3n de fe; y el de Jn 20,29, que hace profesar a Tom\u00e1s la fe s\u00f3lo ante el Cristo resucitado. Pero una profesi\u00f3n de fe que se detuviera solamente en uno de estos acontecimientos correr\u00ed\u00ada el riesgo de no alcanzar la globalidad del misterio.<\/p>\n<p>R. Fisichella<\/p>\n<p>Bibl.: w. Kern &#8211; G. O&#8217;Collins, Misterio pascual, en NDTF 987-1011; J Moltmann, El Dios crucificado, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1977. H. SchUrmann, \u00bfC\u00f3mo entendi\u00f3 y vivi\u00f3 Jes\u00fas su muerte? S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1982; H. U. von Balthasar El misterio pascual, en MS, III, 666-814.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Misterio pascual &#8211; II. El misterio pascual en la vida de Jes\u00fas: 1. La vida de Jes\u00fas en el misterio de la cruz; 2. La vida de Jes\u00fas a la luz de la resurrecci\u00f3n &#8211; III. El misterio pascual en la vida de la Iglesia &#8211; IV. El misterio pascual en la vida del cristiano: 1. Misterio pascual y fundamento de la salvaci\u00f3n; 2. Misterio pascual y efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu; 3. Misterio pascual y vida sacramental; 4. Misterio pascual y crecimiento espiritual.<\/p>\n<p>I. Misterio pascual<br \/>\nLa voz \u00abmisterio pascual\u00bb no est\u00e1 recogida, que sepamos, en ninguno de los diccionarios b\u00ed\u00adblicos o teol\u00f3gicos. Por otra parte, la Sagrada Escritura s\u00f3lo habla de \u00abmisterio de Dios\u00bb (Col 2,2), de \u00abmisterio de Cristo\u00bb (Col 4,3; Ef 3,4); en cuanto a la espiritualidad cristiana, en su reflexi\u00f3n sobre la obra salv\u00ed\u00adfica de Jes\u00fas, ha puesto alternativamente el acento unas veces en la primac\u00ed\u00ada de la cruz, otras veces en la de la resurrecci\u00f3n&#8217;. La tradici\u00f3n de la Iglesia occidental, por diversos motivos, ha subrayado la funci\u00f3n de la cruz, siguiendo sobre todo la doctrina soteriol\u00f3gica de san Anselmo, quien, al presentar la redenci\u00f3n realizada por el Hijo de Dios hecho hombre, prescinde por completo del papel de la resurrecci\u00f3n. Muchas de las \u00f3rdenes y congregaciones religiosas se han inspirado para su formaci\u00f3n espiritual en la cruz y en la pasi\u00f3n de nuestro Se\u00f1or (Pasionistas, Sociedad de la Precios\u00ed\u00adsima Sangre de Jes\u00fas, Estigmatinos, etc.) y casi ninguna en la resurrecci\u00f3n&#8217;. En cambio, en la \u00e9poca inmediatamente anterior y posterior al Vat. II, encontramos un florecimiento de las investigaciones sobre la resurrecci\u00f3n, y, tanto en la liturgia como en la vida de la piedad, se ha hecho resaltar casi exclusivamente la fiesta, la alegr\u00ed\u00ada, la vida&#8217;.<\/p>\n<p>Pues bien, est\u00e1 claro que el misterio pascual, en su integridad, abraza la muerte y la resurrecci\u00f3n de Cristo, como los dos extremos del misterio de Cristo, los momentos culminantes de su misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica y redentora. Durante los tres primeros siglos, los cristianos celebraban una sola fiesta, o sea, la vigilia pascual, durante cincuenta d\u00ed\u00adas, conmemorando al mismo tiempo el jueves, el viernes, el s\u00e1bado santo, el domingo de Pascua, la Ascensi\u00f3n y Pentecost\u00e9s, es decir, el misterio pascual en su fase completa. Para san Juan, el misterio pascual es la consumaci\u00f3n de la bajada del Verbo a la carne, y la muerte-resurrecci\u00f3n de Cristo constituyen dos momentos o dos etapas de un \u00fanico acontecimiento, que se condicionan y se interpretan mutuamente&#8217;. Es raro que el anuncio de la muerte de Jes\u00fas no contenga tambi\u00e9n el de su resurrecci\u00f3n (Le 9,44; Mt 28,2). En las tres solemnes predicciones de la pasi\u00f3n que nos refieren los sin\u00f3pticos, el programa de la vida de Jes\u00fas se cierra con la resurrecci\u00f3n (Mt 18,21; 17,22; 20,17 y par.)&#8217;. Si solamente tuvi\u00e9ramos el signo de la muerte, el amor se revelar\u00ed\u00ada como don, pero no como vida eterna; la muerte de Cristo ser\u00ed\u00ada un testimonio de la \u00abjusticia\u00bb, pero no una victoria sobre la muerte. En cambio, si Cristo hubiera manifestado s\u00f3lo su poder mesi\u00e1nico, el amor de Dios no se habr\u00ed\u00ada manifestado en nuestra condici\u00f3n. As\u00ed\u00ad pues, la muerte y la resurrecci\u00f3n son la epifan\u00ed\u00ada del misterio de Dios en la condici\u00f3n humana&#8217;. Tras haber presentado la muerte y la resurrecci\u00f3n como las dos caras del mismo misterio de la salvaci\u00f3n, veamos ahora c\u00f3mo se vivi\u00f3 este misterio en la experiencia de Jesucristo (II), en la vida de la Iglesia (111) yen la vida del cristiano (IV).<\/p>\n<p>II. El misterio pascual en la vida de Jes\u00fas<br \/>\n1. LA VIDA DE JES\u00daS EN EL MISTERIO DE LA CRUZ &#8211; La vida terrena de Jes\u00fas es el cumplimiento de un programa o de una misi\u00f3n en una dimensi\u00f3n de obediencia radical (Jn 4,34; 5,19; 6,38; 8.55; 12,49). La aceptaci\u00f3n sin condiciones con que \u00e9l cumple esta misi\u00f3n le enfrenta primero con la contradicci\u00f3n y, finalmente, con la oposici\u00f3n activa (Mc 3.6). Sin embargo, Jes\u00fas permanece fiel a su misi\u00f3n y se identifica con ella incluso cuando la resistencia a su mensaje y a su acci\u00f3n se convierte en oposici\u00f3n a su misma persona y se manifiesta en la supresi\u00f3n violenta (Mc 12.6-8)7.<\/p>\n<p>La cima de esta existencia obediencial, que se tradujo en un s\u00ed\u00ad decisivo a la voluntad del Padre, es para Flp 2,8 la muerte en la cruz, esto es, una muerte injuriosa e infamante. Jes\u00fas camina y llega hasta la muerte en la cruz no por causa de alg\u00fan incidente y mucho menos por un fracaso en su misi\u00f3n, sino dentro de los designios eternos del Padre: \u00abA \u00e9ste, entregado conforme al consejo y previsi\u00f3n divina, lo matasteis, crucific\u00e1ndolo por manos de los inicuos\u00bb (He 2,23). El agente original sigue siendo Dios Padre, ya que \u00abtodo viene de Dios, que nos reconcili\u00f3 con \u00e9l por medio de Cristo y nos confi\u00f3 el misterio de la reconciliaci\u00f3n\u00bb (2 Cor 5,18). Jes\u00fas es consciente de su destino y desde el principio vive en virtud de la hora; m\u00e1s a\u00fan, mide toda su acci\u00f3n seg\u00fan la distancia de esa hora (Jn 2,4; 7,30; 8,20; 12,23; 13,1; 16,32; 17,1). La cruz, que \u00e9l no anticipa, cuyo conocimiento deja al Padre (Mc 13,32), es la medida de su existencia&#8217;. Predijo varias veces a sus disc\u00ed\u00adpulos la pasi\u00f3n (Mt 16,21; Mc 8,31; Le 9,22) y la necesidad de pasar a trav\u00e9s del sufrimiento para llegar a la gloria (Le 24,26). La respuesta a los hijos del Zebedeo sobre el c\u00e1liz y sobre el bautismo que les aguardaban; la par\u00e1bola de los vi\u00f1adores homicidas (Le 12,49-50); algunas circunstancias de su ministerio, corno la violaci\u00f3n del s\u00e1bado (Me 2,23-28) y la acusaci\u00f3n de blasfemia (Mc 2,7), manifiestan claramente que Jes\u00fas era consciente de que iba al encuentro de una muerte cruel y un destino doloroso&#8217;. Pero es necesario se\u00f1alar que el lenguaje y el comportamiento de Jes\u00fas no es el de un vidente que descifra un porvenir que est\u00e1 para desarrollarse en su presencia, sino el de un enviado del Padre, consciente de su misi\u00f3n y del resultado que va a obtener 10. Por consiguiente. su existencia no es la anticipaci\u00f3n de la pasi\u00f3n, ya que la \u00abhora\u00bb conserva en todas las circunstancias de su existencia terrena su aut\u00e9ntica temporalidad. Privar a Jes\u00fas de la posibilidad de confiarse al destino de Dios y hacerlo avanzar hacia un fin conocido de antemano y distante solamente en el tiempo equivaldr\u00ed\u00ada a despojarlo de su dignidad de hombre.<\/p>\n<p>El huerto de Getseman\u00ed\u00ad con el \u00abcaer en tierra\u00bb (Mc 14,35), con su \u00abterror y abatimiento\u00bb (Me 14,33), constituye el comienzo de la verdadera pasi\u00f3n de Jes\u00fas y la entrada del pecado del mundo en la existencia corporal, ps\u00ed\u00adquica y personal de nuestro \u00abrepresentante\u00bb y mediador \u00ab. En el huerto de Getseman\u00ed\u00ad ocurri\u00f3 lo que Abrah\u00e1n no tuvo necesidad de hacer con Isaac: Cristo fue abandonado con absoluta premeditaci\u00f3n por el Padre al destino de la muerte; Dios lo puso en manos de las fuerzas de la corrupci\u00f3n, lleven \u00e9stas el nombre de unos individuos o de la misma muerte; lo maldice, lo hace pecado (2 Cor 5,21). As\u00ed\u00ad pues, Dios entrega por amor a su Hijo \u00fanico (Rom 8,32; 2 Cor 5,21). y Jes\u00fas asume activamente a su vez con amor nuestros pecados y nuestra maldici\u00f3n (G\u00e1l 3,13; Col 2,13) en la ejecuci\u00f3n del juicio divino sobre el \u00abpecado\u00bb. En efecto, ante el rechazo de su anuncio del reino de Dios, centro de su predicaci\u00f3n y de su obra, Jes\u00fas prev\u00e9 que deber\u00e1 tomar sobre s\u00ed\u00ad el juicio de Dios, en el sentido jud\u00ed\u00ado de la muerte. Es precisamente la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la muerte, entendida como salario del pecado, signo de la rebeld\u00ed\u00ada del hombre contra Dios y, por tanto, acompa\u00f1ada siempre por la separaci\u00f3n del hombre de Dios, lo que explica el miedo de Jes\u00fas ante su muerte f\u00ed\u00adsica, en contraste, por ejemplo, con la calma que S\u00f3crates mostr\u00f3 ante la muerte. La concepci\u00f3n griega de la muerte ve\u00ed\u00ada en ella la liberaci\u00f3n del alma inmortal y divina de los lazos de la materia mortal y terrena, la salida de la c\u00e1rcel del cuerpo para poder llegar a la inmortalidad bienaventurada \u00ab. Jes\u00fas siente todo el peso del juicio de Dios contra Israel, objeto de la ira divina, y en \u00e9l el juicio contra toda la humanidad, orgullosa y pecadora; ve que sobre su muerte en la cruz, medida original de la fe cristiana y l\u00ed\u00adnea divisoria de toda antropolog\u00ed\u00ada e ideolog\u00ed\u00ada, se dividir\u00e1n los hombres de todos los tiempos; algunos ver\u00e1n en ella el esc\u00e1ndalo o la locura y preparar\u00e1n as\u00ed\u00ad el juicio de su propia condenaci\u00f3n, mientras que otros ver\u00e1n en ella un don de Dios a los hombres y anticipar\u00e1n el juicio de su propia salvaci\u00f3n. Jes\u00fas es el primero en aceptar su propia muerte sin dudar de Dios ni escandalizarse de \u00e9l, sino asegurando incluso a los disc\u00ed\u00adpulos que el se\u00f1or\u00ed\u00ado de Dios se realizar\u00ed\u00ada plenamente y prometi\u00e9ndoles continuar con ellos el banquete en el reino de los cielos (Le 22,14-18)&#8217;*.<\/p>\n<p>2. LA VIDA DE JES\u00daS A LA LUZ DE LA RESURRECCI\u00ed\u201cN &#8211; La misi\u00f3n del Hijo, que viene del Padre y ha de volver a \u00e9l, queda sellada por el Padre mismo\u00bb que exalta al Hijo el d\u00ed\u00ada de pascua. Este d\u00ed\u00ada, que contiene el acontecimiento m\u00e1s decisivo de toda la historia humana, se indica y se representa por medio de categor\u00ed\u00adas \u00fanicas; en el lenguaje y en la experiencia humana no existen analog\u00ed\u00adas que sirvan para se\u00f1alar el misterio de la resurrecci\u00f3n, que es algo muy distinto de la reanimaci\u00f3n de un cad\u00e1ver\u00bb. Por otra parte, tanto el comienzo como la conclusi\u00f3n del itinerario terreno del Salvador se realizan en una total ausencia de testigos humanos. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas indica el paso de una forma de existencia mortal (Rom 6,10) a otra forma de existencia en la gloria eterna del Padre (1 Pe 3.18); es la respuesta de Dios, que declara redentora la muerte de Jes\u00fas, iluminando y dando sentido a la cruz y al sepulcro\u00bb. Jes\u00fas, a diferencia de David y de cuantos \u00e9l mismo resucit\u00f3, es preservado de la corrupci\u00f3n (He 13,34), vive para Dios por los siglos de los siglos y tiene las llaves de la muerte y del Hades (He 1,17). El crucificado est\u00e1 vivo y ha asociado al movimiento de su exaltaci\u00f3n tambi\u00e9n su cuerpo, que se convierte as\u00ed\u00ad en un cuerpo que ha sufrido y es glorificado, haciendo posible el reconocimiento de la continuidad entre el resucitado y Jes\u00fas de Nazaret\u00bb. Puede decirse, efectivamente, que la cruz documenta la resurrecci\u00f3n. En el evangelio de Lucas dice Jes\u00fas: \u00abVed mis manos y mis pies. Soy yo mismo\u00bb (Le 24,39): y en el de Juan: \u00abTrae tu dedo aqu\u00ed\u00ad, mira mis manos; trae tu mano y m\u00e9tela en mi costado\u00bb (Jn 20,27).<\/p>\n<p>A pesar de que Jes\u00fas resucita por su propia virtud y se manifiesta a unos testigos elegidos de antemano libremente, la iniciativa del acontecimiento salv\u00ed\u00adfico se le atribuye siempre al Padre como la manifestaci\u00f3n m\u00e1s conspicua de su poder (\u00ab&#8230; cu\u00e1l es la excelsa grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes, seg\u00fan la fuerza de su poderosa virtud, la que ejerci\u00f3 en Cristo resucit\u00e1ndolo de entre los muertos\u00bb: Ef 1.19-20) y de su gloria (\u00abCristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre\u00bb: Rom 6,4), y al Esp\u00ed\u00adritu Santo como instrumento de la resurrecci\u00f3n y como canal por el cual se distribuye su eficacia en la Iglesia y en el cosmos'\u00bb. La resurrecci\u00f3n supone en Cristo la transfiguraci\u00f3n de siervo doliente en mes\u00ed\u00adas glorioso, que tiene todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28.18) y en todas las riquezas del Esp\u00ed\u00adritu (He 2,33): en Se\u00f1or de vivos y de muertos (Rom 14,9) y principio del cosmos (Col 1,15-17); en Hijo de Dios con poder, que no conoce ya obst\u00e1culos de ning\u00fan g\u00e9nero y que supera las leyes de la naturaleza y de la misma raz\u00f3n (1 Cor 14); en sacerdote eterno, que est\u00e1 sentado junto al Padre e intercede por nosotros con s\u00f3lo su presencia (Heb 9,24), convertido en principio de salvaci\u00f3n eterna. La circuncisi\u00f3n de su muerte y resurrecci\u00f3n lo ha exaltado sobre su nacionalidad jud\u00ed\u00ada y lo ha constituido hombre universal, sobre el que podr\u00e1 construirse la Iglesia mundial, cuyos miembros no son ya ni jud\u00ed\u00ados. ni griegos. ni b\u00e1rbaros. Jes\u00fas es el mismo: y, sin embargo, la libertad de que goza le hace distinto. Es el mismo, porque no es s\u00f3lo esp\u00ed\u00adritu, sino que conserva las llagas de su pasi\u00f3n y est\u00e1 vivo con todo su ser total. Es distinto, porque no est\u00e1 ya sometido a nuestros condicionamientos y su iniciativa es absoluta'\u00bb. Jes\u00fas se encuentra con los disc\u00ed\u00adpulos y ese encuentro es puro don en la palabra y en el signo, en el saludo y en la bendici\u00f3n, en la invitaci\u00f3n, en la alocuci\u00f3n y en la instrucci\u00f3n, en el consuelo, en la exaltaci\u00f3n y en la misi\u00f3n, en la fundaci\u00f3n de una nueva comunidad 20. El encuentro pascual no constituye solamente una alegr\u00ed\u00ada pascual pura (Jn 20,21), sino que lleva tambi\u00e9n consigo reproche (Lc 24,25; Mc 16,14), tristeza (Jn 21,17), una mezcla de temor y de alegr\u00ed\u00ada (Mt 28,8; Lc 24,41), y, para Pedro, proyecta en el horizonte de su vida, no s\u00f3lo el servicio, sino tambi\u00e9n el sufrimiento (Jn 21,18). A los disc\u00ed\u00adpulos, enriquecidos ya ahora con su misi\u00f3n y, sobre todo, con su Esp\u00ed\u00adritu, les conf\u00ed\u00ada la tarea de continuar su misma obra de salvaci\u00f3n, de predicar el reino de Dios a todas las criaturas. Lo que antes de pascua se llamaba seguimiento, se llama ahora, despu\u00e9s de pascua, misi\u00f3n a todos los hombres: \u00abEl apostolado cristiano primitivo no depende de la misi\u00f3n hist\u00f3rica de los disc\u00ed\u00adpulos recibida del rabino de Nazaret, sino que se basa en las apariciones del resucitado\u00bb. A trav\u00e9s de la muerte y de la resurrecci\u00f3n de Cristo, el mundo ha quedado reconciliado con el Padre (Col 1,19), y la Iglesia tendr\u00e1 que continuar esta obra de reconciliaci\u00f3n mediante su ministerio de comuni\u00f3n. Aun cuando la gloria de este ministerio se contiene en los vasos de barro de una existencia llena de debilidades y de miserias humanas, rodeada por toda clase de tribulaciones y de preocupaciones, expuesta siempre a la muerte (2 Cor 4,7-12). sigue en pie el hecho de que el que vive en Cristo, encarnaci\u00f3n de la nueva y eterna alianza, es part\u00ed\u00adcipe de una nueva relaci\u00f3n con Dios. El que est\u00e1 animado del esp\u00ed\u00adritu del resucitado tiene la justicia de Dios, goza de la paz y armon\u00ed\u00ada entre Dios y el mundo e introduce en el mundo, con su testimonio, m\u00e1s a\u00fan que una doctrina, una presencia viva y operante, ya que \u00abla vida de Jes\u00fas se manifiesta tambi\u00e9n en nuestra carne mortal\u00bb (2 Cor 4,11).<\/p>\n<p>III. El misterio pascual en la vida de la Iglesia<br \/>\nCon el cumplimiento del misterio pascual la Iglesia ha adquirido una nueva vida (Rom 8,9), un nuevo conocimiento (Flp 3,10), una nueva moral (Rom 7,16). Pero mientras que Cristo se ha convertido ya en vencedor del mundo (Jn 16,33) y ha sometido a su dominio a todas las potencias, la Iglesia vive a\u00fan inmersa en el mundo, siendo al mismo tiempo reino de Dios y signo e instrumento de ese reino. Aunque ella es el cuerpo del Cristo glorioso y vive del Esp\u00ed\u00adritu, gime a\u00fan bajo el peso de una existencia mundana y en la fatiga de un camino en la fe, no iluminado completamente todav\u00ed\u00ada por la visi\u00f3n (2 Cor 5,4-8). En la Iglesia, comunidad redimida, siguen a\u00fan las tensiones entre la carne y el pecado, por una parte, y el esp\u00ed\u00adritu y la gracia, por otra; y, aunque sus miembros no tienen ya que conformar su conducta con las exigencias de los elementos del mundo, de hecho permanecen bajo su tiran\u00ed\u00ada y su influencia mal\u00e9fica. M\u00e1s a\u00fan, \u00abdesde que el Jes\u00fas hist\u00f3rico venci\u00f3 y fue elevado a Se\u00f1or del mundo, est\u00e1 el cristiano mucho m\u00e1s implacablemente reclamado por la cruz hist\u00f3rica de Cristo, hecho jirones entre la posesi\u00f3n anticipada de la ciudadan\u00ed\u00ada celeste (Heb 12,22) y la exigencia de iniciar lo que all\u00ed\u00ad est\u00e1 ya realizado, en un mundo esencialmente desprovisto de las condiciones para lograr tal realizaci\u00f3n y dotado de unos instintos de conservaci\u00f3n que le hacen ponerse a la defensiva contra la irrupci\u00f3n del Reino escatol\u00f3gico de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>El tiempo de la Iglesia, tiempo de la paciencia de Dios y del hombre, tiempo de la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada hasta que \u00e9l venga (1 Cor 11,26), tiempo del ya y del todav\u00ed\u00ada no, est\u00e1 colocado entre la resurrecci\u00f3n inicial que la hace nacer a la historia y la resurrecci\u00f3n final que la hace nacer a la eternidad. Mientras no se afirme la caridad en la posesi\u00f3n eterna de la vida misma de Dios, habr\u00e1 un estado de vida, la virginidad [> Celibato y virginidad], que atestiguar\u00e1 ante el mundo la presencia del misterio pascual en la Iglesia y la relativizaci\u00f3n de todas las situaciones humanas frente al poder del reino de los cielos. Y habr\u00e1 una virtud, la > esperanza, que, partiendo de la posesi\u00f3n actual del Esp\u00ed\u00adritu, alimentar\u00e1 los deseos de liberaci\u00f3n y de redenci\u00f3n total de la humanidad (Rom 8,23). La Iglesia sufre la falta de plenitud de su resurrecci\u00f3n en Cristo cuando soporta la persecuci\u00f3n de sus miembros, incomprendidos en su fe y pisoteados en su dignidad de personas humanas, cuando se ve sometida a la debilidad y a la incoherencia en su testimonio de comunidad de salvaci\u00f3n y de amor, cuando sufre la tentaci\u00f3n de un poder ambiguo y se olvida de servir a Dios crucificado. Esta Iglesia, que en su dimensi\u00f3n hist\u00f3rica lleva los contrasignos de las dos condiciones antit\u00e9ticas de un destino celestial y de una realidad humana, encuentra el equilibrio entre el des\u00e1nimo y el optimismo, entre el cansancio y el arrojo, entre el sufrimiento y el gozo solamente en Cristo, el \u00fanico que ha alcanzado la identidad de la cruz y de la resurrecci\u00f3n. La Iglesia se hace realmente lo que ella es cuando se expropia de su existencia y se sumerge en Cristo Jes\u00fas: \u00abNinguno de vosotros vive para s\u00ed\u00ad. y ninguno muere para si. Pues si vivimos, para el Se\u00f1or vivimos; y si morimos, para el Se\u00f1or morimos. As\u00ed\u00ad que, vivamos o muramos, somos del Se\u00f1or. Porque por eso muri\u00f3 Cristo y resucit\u00f3: para reinar sobre muertos y vivos\u00bb (Rom 14,7-9)\u00bb.<\/p>\n<p>IV. El misterio pascual en la vida del cristiano<br \/>\n1. MISTERIO PASCUAL Y FUNDAMENTO DE LA SALVACI\u00ed\u201cN &#8211; Jes\u00fas, en su muerte y resurrecci\u00f3n, llev\u00f3 a cumplimiento la obra de salvaci\u00f3n que le hab\u00ed\u00ada confiado el Padre: la redenci\u00f3n humana y la perfecta glorificaci\u00f3n de Dios (DV 4). En efecto. \u00abmuriendo destruy\u00f3 la muerte y resucitando nos ha devuelto la vida\u00bb (SC 7 y prefacio pascual del misal romano): uniendo a s\u00ed\u00ad la naturaleza humana y venciendo la muerte con su muerte y resurrecci\u00f3n, ha redimido al hombre y lo ha transformado en una nueva criatura (G\u00e1l 6,15; 2 Cor 5,17; cf I,G 7); con su muerte y resurrecci\u00f3n complet\u00f3 en si los misterios de nuestra salvaci\u00f3n y de la restauraci\u00f3n universal (AG 5): en la cruz llev\u00f3 a cabo la obra de la redenci\u00f3n, con lo que adquiri\u00f3 para los seres humanos la salvaci\u00f3n y la verdadera libertad (DH 11). As\u00ed\u00ad pues, el misterio pascual es el fundamento de la salvaci\u00f3n cristiana, ofrecida a todos los hombres indistintamente, incluso a los que est\u00e1n fuera de los confines jur\u00ed\u00addicos de la Iglesia. En efecto, incluso \u00e9stos, de una manera que Dios conoce, tienen del Esp\u00ed\u00adritu Santo la posibilidad de entrar en contacto con \u00e9l (GS 22). La muerte y la resurrecci\u00f3n forman un bloque completo e inseparable en la obra de amor del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Son dos aspectos del \u00fanico acontecimiento salv\u00ed\u00adfico o dos elementos de un solo misterio94. En la Sagrada Escritura la salvaci\u00f3n se atribuye a menudo directamente a la muerte de Jes\u00fas en la cruz (Rom 3,25; 5,9; G\u00e1l 2,20b; Ef 5,26; Tit 2,14); otras veces, a la resurrecci\u00f3n (He 26,23; 1 Pe 1,3; 3,21), y otras a ambas. como en el texto de san Pablo: \u00abEl (Jes\u00fas) fue entregado por nuestros pecados y fue resucitado por nuestra justificaci\u00f3n\u00bb (Rom 4,25).<\/p>\n<p>En el desarrollo del pensamiento paulino sobre el significado de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo en la historia de la salvaci\u00f3n, se pueden se\u00f1alar claramente tres etapas, resumidas en tres textos fundamentales. En 1 Tes 5.10, donde la atenci\u00f3n se centra en la parus\u00ed\u00ada, se considera la muerte y resurrecci\u00f3n en s\u00ed\u00ad mismas, es decir, independientemente del influjo que ejercen en la vida cristiana. En 2 Cor 5,15 y Rom 6,3, que recuerdan c\u00f3mo la pasi\u00f3n y la resurrecci\u00f3n est\u00e1n ya presentes en la vida terrena del bautizado, ambas se hacen historia de la salvaci\u00f3n. En Rom 14,9 y 4,25. que consideran la resurrecci\u00f3n asociada a la causalidad redentora de la muerte de Cristo, los dos acontecimientos se convierten en fases complementarias de la salvaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Los padres de Oriente consideran la muerte y la resurrecci\u00f3n como concausas de la salvaci\u00f3n. San Juan Cris\u00f3stomo escribe que \u00abJes\u00fas muri\u00f3 y resucit\u00f3 para que nos hici\u00e9ramos justos\u00bb (PG 60, 467): y san Cirilo de Alejandr\u00ed\u00ada resume los dos efectos salv\u00ed\u00adficos en la frase \u00abhemos sido justificados en Cristo\u00bb (PG 76, 1408). Lo mismo piensan los padres latinos, aunque entre ellos se muestra frecuentemente la tendencia a considerar la resurrecci\u00f3n como algo puramente \u00abmoral\u00bb. B\u00e1stenos recordar a san Hilario: \u00abNos ha redimido por medio de su sangre, de su pasi\u00f3n, de su muerte y de su resurrecci\u00f3n. Este es el alto precio de nuestra vida\u00bb (PL 9.776); y san Agust\u00ed\u00adn dice: \u00abLo mismo que en su muerte se nos siembra, as\u00ed\u00ad en su resurrecci\u00f3n germinamos. Con su entrega a la muerte cura el delito; con su resurrecci\u00f3n nos trae la justicia\u00bb (PL 37, 1321).<\/p>\n<p>El Vat. II ha situado la cruz, comprendida dentro de la totalidad del misterio pascual, en el centro de la teolog\u00ed\u00ada y de la moral. Para el concilio, el misterio pascual constituye la cima de la revelaci\u00f3n: \u00abPor tanto&#8230;, sobre todo con su muerte y gloriosa resurrecci\u00f3n y con el env\u00ed\u00ado del Esp\u00ed\u00adritu de la verdad, lleva a plenitud toda la revelaci\u00f3n y la confirma con testimonio divino: a saber, que Dios est\u00e1 con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y la muerte, y para hacernos resucitar a una vida eterna\u00bb (DV 4). Cristo en su muerte en la cruz se manifiesta como el siervo de Yahv\u00e9 que ama a su pueblo, como el buen pastor que ha venido no a ser servido, sino a servir (Mt 20,28; Mc 10,45) y dar su vida por sus ovejas (Jn 10,11) (LG 27).<\/p>\n<p>Desde un punto de vista m\u00e1s estrictamente teol\u00f3gico, se puede hablar con santo Tom\u00e1s de causalidades diversas: la muerte tiene una causalidad meritoria, redentora, reparadora, sacrificial; la resurrecci\u00f3n tiene s\u00f3lo una causalidad instrumental, intencional ad modum signi: la resurrecci\u00f3n f\u00ed\u00adsica de Cristo, sacramento primordial de salvaci\u00f3n, es en su fieri un gran sacramento, celebrado una vez para siempre, que significa (en virtud de la humanidad) y produce eficazmente (en virtud de la divinidad) nuestra resurrecci\u00f3n espiritual y tambi\u00e9n nuestra resurrecci\u00f3n f\u00ed\u00adsica del cuerpo en la escatolog\u00ed\u00ada. \u00abEn raz\u00f3n de la eficacia que depende de la virtud divina -escribe el doctor ang\u00e9lico-, tanto la muerte de Cristo como juntamente con ella la resurrecci\u00f3n, son causa no s\u00f3lo de la destrucci\u00f3n de la muerte, sino de la reparaci\u00f3n de la vida. Pero en raz\u00f3n de la ejemplaridad la muerte de Cristo, por la cual se separ\u00f3 de la vida mortal, es causa de la destrucci\u00f3n de nuestra muerte; la resurrecci\u00f3n, en cambio, mediante la cual comenz\u00f3 su vida celestial, es causa de la reparaci\u00f3n de nuestra vida. La pasi\u00f3n de Cristo es, adem\u00e1s, causa meritoria\u00bb.<\/p>\n<p>2. MISTERIO PASCUAL Y EFUSI\u00ed\u201cN DEL ESP\u00ed\u008dRITU &#8211; Durante su existencia terrena Jes\u00fas estuvo presente entre los hombres; pero, como un peque\u00f1o grano solitario, permaneci\u00f3 extra\u00f1o a todos ellos. incluso a su propio ambiente, llevando como nosotros una existencia en la carne, cerrada por completo en si misma en la autonom\u00ed\u00ada de su debilidad. En el misterio de la pascua \u00e9l muri\u00f3 a la carne y a sus limitaciones y vive en el Esp\u00ed\u00adritu, que es fuerza divina, apertura infinita y efusi\u00f3n total. El grano se convirti\u00f3 en espiga granada que se dobla por el peso de su fecundidad. De esta nueva existencia es principio el Esp\u00ed\u00adritu. que lo resucit\u00f3 de entre los muertos y que hab\u00ed\u00ada sido el signo de su santidad filial y de su misi\u00f3n: \u00abSobre el que veas descender y posarse el Esp\u00ed\u00adritu, \u00e9se es el que bautiza en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Y yo lo vi y he dado testimonio de que \u00e9ste es el Hijo de Dios\u00bb (Jn 1,33). Y es ese mismo Esp\u00ed\u00adritu el que Jes\u00fas da a los ap\u00f3stoles el d\u00ed\u00ada de su resurrecci\u00f3n: \u00abRecibid el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Jn 20,22), uniendo a ese don la comunicaci\u00f3n de su santidad y la transmisi\u00f3n de su misi\u00f3n y de su poder. Para los ap\u00f3stoles, como para Jes\u00fas, el principio vital no es ya la psich\u00e9 en su debilidad, sino el pneuma en su poder. Al comienzo de la existencia carnal est\u00e1 el soplo vital que transforma al primer Ad\u00e1n en un ser viviente (G\u00e9n 2.7); al comienzo de la nueva existencia hay una nueva acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, que transforma el cuerpo de Cristo resucitado en verdadero esp\u00ed\u00adritu vivificante (1 Cor 15,45). Se contraponen dos humanidades: la de nuestra vida terrena y la de la resurrecci\u00f3n gloriosa. La primera se relaciona con la creaci\u00f3n de Ad\u00e1n, la segunda con la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu sobre el segundo Ad\u00e1n, convertido en principio y prototipo de la nueva estirpe humana: en un ser celestial, que vive de la vida del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu que se adue\u00f1a de Cristo, resucitado por nosotros, por nuestra justificaci\u00f3n, produce tambi\u00e9n en el cristiano una nueva existencia, ya que todos los que se encuentran en Jes\u00fas han resucitado en \u00e9l. Tambi\u00e9n al cristiano se le ha destinado el Esp\u00ed\u00adritu de la resurrecci\u00f3n, que act\u00faa al mismo tiempo en Cristo y en nosotros. Desde ahora el Esp\u00ed\u00adritu nos transforma y desde ahora es en nosotros santidad, poder y gloria al mismo tiempo, como el d\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n. El nos hace libres de toda esclavitud. incluida la de cualquier tipo de ley moral que no sea la de la nueva vida, y nos capacita para acciones y manifestaciones carism\u00e1ticas que desaf\u00ed\u00adan las leyes naturales y de la misma raz\u00f3n (1 Cor 14). l.os que son movidos por el Esp\u00ed\u00adritu ya no est\u00e1n realmente bajo la l.ey (G\u00e1l 5,18). pues el Esp\u00ed\u00adritu es el principio de la moral de los \u00faltimos tiempos, regida por el misterio pascual, es decir, por una ley de sacrificio durante toda la vida. Esta nueva ley regula la actividad moral, de acuerdo con el paso verificado en el fiel del dominio de la carne al del esp\u00ed\u00adritu (Rom 6,2-5; Col 3.1).<\/p>\n<p>La vida cristiana se presenta como una muerte y una novedad; es renuncia a los vicios que caracterizan al hombre carnal, el libertinaje. la idolatr\u00ed\u00ada, el odio; y es entregarse a la justicia, a la bondad, a la pureza (G\u00e1l 5,19-23). \u00abLos que son de Cristo crucificaron la carne con las pasiones y concupiscencias. Si vivimos en esp\u00ed\u00adritu, en esp\u00ed\u00adritu tambi\u00e9n caminemos\u00bb (G\u00e1l 5,24-25). El ideal moral al que tienden los fieles no es el de la sabidur\u00ed\u00ada o el de la m\u00ed\u00adstica griega, que encuentra su \u00faltima perfecci\u00f3n en la gnosis divina, ni consiste en la pr\u00e1ctica heroica de las virtudes humanas; aunque poseyera toda la gnosis y todas las virtudes heroicas, el fiel no seria todav\u00ed\u00ada nada (1 Cor 13,1-3). El ideal tampoco consiste ya en la justicia conferida por la ley. El ideal es Cristo muerto y resucitado, fundamento de la \u00fanica justicia. la de la justificaci\u00f3n de la vida (Rom 5,18). y la participaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de amor que anima a Cristo. Por otra parte, la cruz proclama que no es el hombre el que construye la caridad, con sus decisiones y con sus planes, sino que es la caridad de Cristo la que construye al hombre nuevo.<\/p>\n<p>3. MISTERIO PASCUAL Y VIDA SACRAMENTAL- Toda la vida sacramental del cristiano es un recuerdo del misterio pascual, ya que. seg\u00fan el Val. II, casi todos los acontecimientos de la vida de los fieles bien dispuestos son santificados por medio de la gracia divina que fluye del misterio pascual de la pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, de donde obtienen su eficacia todos los sacramentos y sacramentales (SC 61). La relaci\u00f3n de los sacramentos con el misterio pascual y con el sacrificio se deduce tarnbi\u00e9n de las ense\u00f1anzas del concilio, cuando invita a conferir la confirmaci\u00f3n en el curso de la misa (SC 71), cuando dispone que el matrimonio se celebre habitualmente dentro de la misa (SC 78) y alaba la pr\u00e1ctica de emitir tambi\u00e9n durante la misa la profesi\u00f3n religiosa (SC 80).<\/p>\n<p>La Iglesia, identificada con Cristo, encuentra la salvaci\u00f3n en la resurrecci\u00f3n, porque es incorporada al Salvador no en un instante cualquiera de su existencia, en Bel\u00e9n, en Nazaret, por los caminos de Palestina, ni tampoco en una existencia celestial posterior al acto redentor, sino porque se le une en el acto mismo de la redenci\u00f3n; es el cuerpo de Cristo en un instante concreto y ya eterno, en el instante en que se cumple la redenci\u00f3n, en el instante de la muerte en la cruz, en que Cristo es glorificado por el Padre.<\/p>\n<p>El que vive en Cristo lleva una existencia pascual, recorre el camino hacia el Padre que Jes\u00fas abri\u00f3 en la cruz, en su carne (Heb 10,20). El comienzo de este camino de salvaci\u00f3n, de este vado ad Patrem cristiano, es el bautismo. El bautismo introduce en el misterio de la redenci\u00f3n al fiel, que permanece en \u00e9l de modo estable y no cesa de celebrar su uni\u00f3n con Cristo en la muerte y en la glorificaci\u00f3n hasta el d\u00ed\u00ada en que se complete cuando se duerma con Cristo en la muerte (2 Tim 2,11) y resucite con \u00e9l en el d\u00ed\u00ada final (Rom 6,8). Seg\u00fan el rito antiguo del bautismo, sumergirse en el agua era morir y ser sepultado con Cristo, morir al hombre viejo, a los vicios y a las concupiscencias. Salir del agua era resucitar con Cristo. Por eso san Pablo escribe a los fieles de Roma que \u00abfuimos sepultados juntamente con \u00e9l por el bautismo en la muerte, para que como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n nosotros caminemos en nueva vida\u00bb (Rom 6.4: cf Ef 2,6: Col 3,1: 2 Tim 2.11). San Citilo de Jerusal\u00e9n escrib\u00ed\u00ada a sus fieles: \u00abCuando os sumergisteis en el agua estabais en la noche v no visteis nada, mientras que al salir del agua os encontrasteis como en plena luz. En el mismo acto mor\u00ed\u00adais y nac\u00ed\u00adais: este agua saludable era para vosotros al mismo tiempo sepultura y madre\u00bb (PG 33, 1080c). La vida del cristiano es un desarrollo del bautismo y del sacerdocio universal recibido en \u00e9l. Los bautizados tienen que \u00abanunciar el poder de aquel que los llam\u00f3 de las tinieblas a su admirable luz\u00bb (cf 1 Pe 2,4-10). Por ello todos los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo. perseverando en la oraci\u00f3n y alabando juntos a Dios (He 2,42-47), ofr\u00e9zcanse a s\u00ed\u00ad mismos como hostia viva, santa y grata a Dios (Rom 12,1), y den testimonio por doquiera de Cristo, y a quienes lo pidan, den tambi\u00e9n raz\u00f3n de la esperanza de la vida eterna que hay en ellos (1 Pe 3,15)\u00bb (LG 10).<\/p>\n<p>Este nuevo principio de vida redimida est\u00e1, sin embargo, encerrado en una naturaleza da\u00f1ada por el pecado y sometida a la incoherencia y a la debilidad de la carne. Por eso se nos ha asegurado un alimento, que es el cuerpo de Cristo en su acto redentor: \u00abTomad y comed; \u00e9ste es mi cuerpo que se entrega por vosotros\u00bb. Tambi\u00e9n la eucarist\u00ed\u00ada es un sacramento que nos hace entrar en contacto con la muerte y la resurrecci\u00f3n, en cuanto que une al fiel con la muerte de Cristo, asoci\u00e1ndolo a su resurrecci\u00f3n. Las palabras de la instituci\u00f3n la enlazan con la cruz; el rito de la fracci\u00f3n del pan la acerca a la resurrecci\u00f3n. La fracci\u00f3n del pan prolonga en la intimidad del banquete de los disc\u00ed\u00adpulos la experiencia de la presencia de Cristo glorificado, mientras que la cena y su conmemoraci\u00f3n se presentan ante todo como el banquete sacrificial de la cruz. San Ignacio define la eucarist\u00ed\u00ada como \u00abla carne.,, que sufri\u00f3 por nuestros pecados y que el Padre ha resucitado por su bondad\u00bb (Ad Smyrn, 7,1). Los elementos mismos de la eucarist\u00ed\u00ada significan en cierto modo la simultaneidad y la implicaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca de la muerte y de la resurrecci\u00f3n. El cuerpo y la sangre, en las palabras de Jes\u00fas: \u00abEsto es mi cuerpo&#8230;, \u00e9sta es mi sangre\u00bb, en cuanto s\u00ed\u00admbolo de unos elementos separados, son un signo de la inmolaci\u00f3n y, por tanto, de la muerte. Pero son al mismo tiempo una comida y una bebida, es decir, un principio de vida. Antes incluso de ser memoria del sacrificio y de la muerte, son en s\u00ed\u00ad mismos un alimento, un medio de crecimiento y, en consecuencia, un signo de la vida y de la continuaci\u00f3n de esa vida. La eucarist\u00ed\u00ada es un banquete sacrificial. Los alimentos que esta comida sacrificial produce sobre todo en la Iglesia son diversos. En primer lugar, cimenta la unidad de la Iglesia, la comunidad mesi\u00e1nica de la nueva alianza (Le 22,20; 1 Cor 11,25), ya que todo banquete sacrificial establece unos v\u00ed\u00adnculos indisolubles entre los comensales, lo mismo que la cena del cordero se\u00f1alaba en otros tiempos la unidad del pueblo de Dios (Ex 12.43-48). Los fieles que comen el \u00fanico pan, que es el cuerpo de Cristo, forman un solo cuerpo, es decir, el cuerpo de Cristo. Adem\u00e1s, este banquete introduce la plenitud del sacrificio de Cristo en el cuerpo terreno, la Iglesia, que ofrece tantos sacrificios en su historia cotidiana de lucha y de sufrimiento para hacer que triunfe la verdad y el amor. Finalmente, la comida sacrificial eucar\u00ed\u00adstica, en cuanto fest\u00ed\u00adn final de los tiempos, produce la parus\u00ed\u00ada, es decir, realiza la presencia de Cristo que juzga a los hombres y purifica de todas las escorias del mal los elementos de verdad y de gracia presentes en el mundo (AG 9). Puede afirmarse que la eucarist\u00ed\u00ada une a los creyentes con los dos extremos de la historia: con la pascua, que inaugura la redenci\u00f3n, y con la parus\u00ed\u00ada, que le da cumplimiento. La Iglesia no se siente escindida en dos por esta orientaci\u00f3n hacia los dos puntos extremos de su historia, ya que en el origen de su existencia y de su fuerza tiene un \u00fanico acontecimiento, que recuerda una pasi\u00f3n y garantiza una glorificaci\u00f3n futura. \u00abComer\u00e9is el cordero todo entero, hab\u00ed\u00ada recomendado Mois\u00e9s, `desde la cabeza hasta las patas&#8217; (Ex 12,9); es decir, comulgar\u00e9is con Cristo en su misterio total, con el Cristo de los dos extremos del tiempo\u00bb [In Pascha 2; PG 59, 728].<\/p>\n<p>Naturalmente, la eucarist\u00ed\u00ada no es tan s\u00f3lo un gesto ritual, un canto, un signo, en una palabra, un culto exterior, sino una participaci\u00f3n de Cristo en su muerte al mundo y en su vida de gloria. Jes\u00fas no ofreci\u00f3 un sacrificio exterior a \u00e9l mismo, sino que con su propia sangre entr\u00f3 de una vez para siempre en el santo de los santos (Heb 9,12) y, expirando en la cruz, derrib\u00f3 el templo del culto terreno. Del mismo modo, tambi\u00e9n el sacerdote deja de ejercer el sacerdocio cristiano si se limita a ofrecer un sacrificio exterior a su persona, una hostia que est\u00e9 s\u00f3lo en sus manos. El cristiano no celebrar\u00e1 aut\u00e9nticamente la eucarist\u00ed\u00ada sin una comuni\u00f3n con el cuerpo y un compromiso personal en el misterio redentor de Cristo. El que no se asocia personalmente al acto redentor no pasa de ser un ministro del signo, de lo que en el culto cristiano es imperfecto y terreno; es semejante al sacerdote del Antiguo Testamento, que ofrec\u00ed\u00ada una v\u00ed\u00adctima exterior. As\u00ed\u00ad pues, la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica no puede separarse de la vida y va m\u00e1s all\u00e1 del tiempo del culto sacramental. San Pablo no s\u00f3lo afirma que \u00abmuere con\u00bb y \u00abresucita con\u00bb Cristo en el sacramento, sino en toda su vida: \u00abEstoy crucificado con Cristo y ya no vivo yo, pues es Cristo el que vive en m\u00ed\u00ad\u00bb (G\u00e1l 2,19-20). Por eso la Iglesia celebra el sacrificio de Cristo tambi\u00e9n fuera de la acci\u00f3n lit\u00fargica; lo celebra en sus fieles, que mueren a s\u00ed\u00ad mismos, por obediencia, con Cristo en la cruz; en los que luchan por un amor celestial, que se elevan de este mundo hacia la pureza y la pobreza del coraz\u00f3n con Cristo, que est\u00e1 junto al Padre; en todos sus fieles que trabajan y sufren por la salvaci\u00f3n de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Lo mismo que la eucarist\u00ed\u00ada, tambi\u00e9n la penitencia, segundo bautismo, es una participaci\u00f3n en la muerte y en la resurrecci\u00f3n de Cristo. Para que quede borrado su pecado, el hombre tiene que participar de la inmolaci\u00f3n de Cristo; es menester que tome parte en su misma muerte, que haga descender sobre \u00e9l \u00abla preciosa sangre de Cristo, el Cordero sin tacha ni defecto\u00bb (1 Pe 1,19). El reconocimiento de la propia miseria pecadora, la contrici\u00f3n, la confesi\u00f3n, la penitencia son los actos que sumergen al cristiano en Cristo redentor. En la medida en que el cristiano penitente participa de la muerte de Cristo, participa tambi\u00e9n de su resurrecci\u00f3n, al quedar transfigurado, renovado en sus fuerzas, lanzado de nuevo al cumplimiento de su misi\u00f3n en la Iglesia y en el mundo.<\/p>\n<p>4. MISTERIO PASCUAL Y CRECIMIENTO ESPIRiTUAL. &#8211; La madurez cristiana consiste en la consecuci\u00f3n del estado de hombre perfecto (Ef 4.13), en el revestimiento del hombre nuevo, creado seg\u00fan Dios en la justicia y en la santidad verdadera (Ef 4,24), en respuesta total a Cristo, don personal de Dios a la humanidad [>Madurez espiritual I]. Todo el que sigue a Cristo, hombre perfecto, en el misterio redentor de muerte y resurrecci\u00f3n. \u00abse hace tambi\u00e9n \u00e9l m\u00e1s hombre\u00bb (GS 41,1), ya que se hace m\u00e1s semejante a Jes\u00fas y se acerca a \u00e9l no s\u00f3lo en lo que tiene de divino, sino tambi\u00e9n en lo que tiene de humano. Pues bien, Jes\u00fas alcanz\u00f3 la perfecci\u00f3n de su humanidad en la \u00abdonaci\u00f3n\u00bb suprema de la cruz, pues lo que nos hace hombre o mujer es precisamente el amor, el dar. El hombre, que es en la tierra la \u00fanica criatura a la que Dios ha querido en s\u00ed\u00ad misma, no puede reencontrarse plenamente m\u00e1s que a trav\u00e9s de su autodonaci\u00f3n desinteresada (GS 24, 3). El que dice amor, en el sentido aut\u00e9ntico de la palabra, dice cruz; y el que dice cruz -si no se trata de una cruz cualquiera, sino de la cruz del Se\u00f1or- dice necesariamente amor: la cruz es verdaderamente la epifan\u00ed\u00ada del amor. Despu\u00e9s de la pasi\u00f3n de Cristo, el camino del dolor se presenta inseparable del camino del amor, o sea, de la capacidad de sacrificarse por los dem\u00e1s, con la convicci\u00f3n cristiana de que todo amor humano que no es don de s\u00ed\u00ad y no va seguido al menos impl\u00ed\u00adcitamente del signo y de la sangre de la cruz, no es m\u00e1s que una caricatura del amor. El cristiano muere con Jes\u00fas en la cruz cuando reconoce la debilidad radical de su naturaleza, marcada por la triste realidad del pecado, y su pobreza humana hasta la ra\u00ed\u00adz del ser. Ponerse bajo el signo de la cruz quiere decir seguir un ritmo de crecimiento, que a menudo va marcado, en contraposici\u00f3n con los valores mundanos del poder y de la gloria, por la percepci\u00f3n intuitiva de que la lucha, el esfuerzo, el control, el empe\u00f1o y hasta la frustraci\u00f3n son necesarios para un desarrollo arm\u00f3nico de la propia personalidad. El primer Ad\u00e1n se perdi\u00f3 al querer elevarse por encima de su propia naturaleza. Al contrario, Cristo adquiri\u00f3 la salvaci\u00f3n aceptando su propia debilidad de hombre hasta la suprema impotencia de la muerte.<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro que la cruz no deber\u00e1 ser nunca un sacrificio in\u00fatil del entendimiento humano o del hombre en general, por una falaz absolutizaci\u00f3n del dolor debida a la malicia humana o por la atribuci\u00f3n indebida al cristianismo de un alma o de un esp\u00ed\u00adritu de renuncia. En efecto, la cruz no fue una necesidad impuesta desde fuera por una divinidad deseosa de compensar su propio honor ofendido; hist\u00f3ricamente es tambi\u00e9n el resultado de la lucha de Jes\u00fas contra los opresores\u00bb. Si es verdad que el humanismo de la cruz es la cruz de los humanismos, tambj\u00e9n es verdad que todo dolor humano que sea vivido en el \u00abdolor de Dios\u00bb no permanece est\u00e9ril o encerrado ego\u00ed\u00adstamente en la pasi\u00f3n masoquista de s\u00ed\u00ad mismo, sino que desencadena una fuerza de liberaci\u00f3n para el hombre mismo y contiene la garant\u00ed\u00ada divina de una promoci\u00f3n verdaderamente integral del hombre. Los grandes testigos de la fe cristiana, los santos, que se conformaron en su experiencia espiritual con Cristo doliente, no permanecieron pasivos ante el cambio del destino del hombre, sino que personificaron valores nuevos y originales y sembraron g\u00e9rmenes fecundos de una nueva vitalidad. Baste pensar en el mensaje revolucionario de un san Francisco de As\u00ed\u00ads, de un san Ignacio de Loyola, de un san Juan de la Cruz, y en todo ese florecer de hombres y de instituciones en la \u00e9poca moderna que se glor\u00ed\u00adan de servir a Cristo en los pobres y en los peque\u00f1os. Junto a los m\u00ed\u00adsticos que se sienten \u00abv\u00ed\u00adctima por los pecados\u00bb (santa Gema Galgani) o que se quieren \u00absumergir en la sangre de Cristo\u00bb (santa Catalina de Siena), tenemos otros m\u00ed\u00adsticos que no se contentan con ser v\u00ed\u00adctimas de reparaci\u00f3n, sino que se entregan sin reserva a los pobres y a las muchachas abandonadas (santa Bartolomea Capitanio), santos fundadores que a los votos tradicionales a\u00f1aden el de ser \u00abv\u00ed\u00adctimas\u00bb, pero cambi\u00e1ndolo en \u00abforma personal de puro amor\u00bb (padre Juan Le\u00f3n Dehon)<br \/>\nS\u00f3lo una fe que ha madurado en la experiencia de la cruz ser\u00e1 capaz de arrojar un rayo de luz sobre el misterio del sufrimiento humano en todas sus formas, y de modo particular el de los inocentes; sobre el misterio del mal moral o del pecado con que el hombre se opone libremente a Dios en nuestro mundo secularizado, que ha perdido el sentido de la trascendencia y que por medio de una cr\u00ed\u00adtica corrosiva y despiadada pulveriza todas las concepciones morales y religiosas\u00bb.<\/p>\n<p>Naturalmente, la cruz es un camino, no el t\u00e9rmino de un camino, ya que el objetivo del plan divino es que los hombres sean part\u00ed\u00adcipes de la vida y de la felicidad eterna de la Trinidad (\u00abCognitio Trinitatis in unitate est finis et fructus totius vitae nostrae\u00bb: santo Tom\u00e1s, l Sent., d. 2, q. 1), y el Nuevo Testamento no separa nunca el Calvario de la ma\u00f1ana de pascua, ni la elevaci\u00f3n de Cristo en la cruz de la exaltaci\u00f3n a la gloria. Sobre el cristiano que participa en la resurrecci\u00f3n del Hijo de Dios se posa la fuerza de Cristo, y la debilidad se troca en fortaleza (2 Cor 12,9), el fracaso en \u00e9xito, la muerte en vida (2 Tim 2,11). En \u00e9l se inaugura la humanidad nueva del Apocalipsis, en donde ya \u00abno habr\u00e1 m\u00e1s muerte, ni luto, ni clamor, ni pena, porque el primer mundo ha desaparecido\u00bb (Ap 21.4). El fiel, resucitado en Cristo. adquiere el dominio pleno de su propia personalidad, ya que logra establecer con sus semejantes y hasta con el universo unas relaciones de comuni\u00f3n. El Esp\u00ed\u00adritu, lo mismo que el d\u00ed\u00ada de pentecost\u00e9s, transforma a los hombres resucitados en una \u00abcomunidad\u00bb, signo y anticipaci\u00f3n de la comunidad celestial, en la que cada uno se hace transparente a los otros y a Dios.<\/p>\n<p>El crecimiento y el >itinerario espiritual del cristiano no son una empresa solitaria, sino que tienen lugar en la Iglesia, la gran comunidad en camino hacia el santuario celestial, hacia la gran liturgia de la eternidad. Es en la Iglesia, ciudad nueva, guardi\u00e1n y matriz del universo nuevo, aunque operante dentro de nuestro mundo terreno y perecedero, donde Dios recrea y reforma al g\u00e9nero humano Y ser\u00e1 en la Iglesia donde el cristiano d\u00e9 testimonio ante el mundo del misterio de muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, que ha inaugurado el \u00aboctavo d\u00ed\u00ada\u00bb, sustituyendo la sucesi\u00f3n de los valores hist\u00f3ricos por la comuni\u00f3n de los valores eternos, revelando al hombre que ha sido destinado a un mundo superior, a una patria en la que habita la justicia (2 Pe 3,13).<\/p>\n<p>BIBL..-AA. VV., Teolog\u00ed\u00ada de la cruz, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1979,-AA. VV., Sabidur\u00ed\u00ada de la cruz, en \u00abRev. de Espiritualidad\u00bb, n. 139 (1976).-AA. VV., La Pascua en la vida cristiana. San Esteban, Salamanca 1976.-AA. VV.. El misterio pascual, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1977.-AA. VV., Espiritualidad pascual, Coculsa. Madrid 1967.-AA. VV., La sapienza della croce, 3 vols., LDC, Tur\u00ed\u00adn 1976.-Gaillard, J. El misterio pascual y su liturgia, El,E. Barcelona 1959.-Cabestrero, T, Pascua de liberaci\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1976.-Durrwell, F. X, La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, misterio de salvaci\u00f3n, Flerder. Barcelona 1967.-Durrwell, F. X, En Cristo redentor. Notas para la vida espiritual, Herder, Barcelona 1966.-Durrwell, F. X, La eucarist\u00ed\u00ada, sacramento pascual, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1981.-Haag, H, De la antigua a la nueva pascua: historia y teolog\u00ed\u00ada de la fiesta pascual, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1980.-L\u00e9on-Dufour, X, Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y mensaje pascual, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1973.-Marxen, W. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas de Nazaret, Herder, Barcelona 1974.-Moltmann, J, El Dios crucificado, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1977.-Morris, 1,, \u00bfPor qu\u00e9 muri\u00f3 Jes\u00fas?, Certeza, B. Aires 1976.-Mussner, F, La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, Sal Terrae, Santander 1971.-Pascual de Aguilar. J. A. Misterio pascual y existencia humana, Monte Casino, Zamora 1973.-Ros Garmendia, S, La Pascua en el Antiguo Testamento: estudio de los textos pascuales del Antiguo Testamento a la luz de la cr\u00ed\u00adtica literaria y de la tradici\u00f3n, Eset, Vitoria 1978.-Sabourin, L, Redenci\u00f3n sacrificial, Descl\u00e9e, Bilbao 1969.-Solages, B. de, Cristo ha resucitado. La resurrecci\u00f3n seg\u00fan el Nuevo Testamento, Herder, Barcelona 1979.-Wiederkehr, D, Fe, redenci\u00f3n, liberaci\u00f3n, Paulinas, Madrid 1978.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. La pascua, misterio nuevo y antiguo: 1. El misterio pascual en el Vat. II; 2. El t\u00e9rmino \u00abmisterio pascual\u00bb &#8211; II. La pascua en el AT: 1. Las fuentes de la pascua; 2. Origen y desarrollo de la pascua; 3. La celebraci\u00f3n de la pascua: a) El memorial, b) Anuncio de la historia de la salvaci\u00f3n, c) Alabanza, acci\u00f3n de gracias e intercesi\u00f3n, d) La comunidad celebrante; 4. La pascua, centro de toda la vida lit\u00fargica de Israel &#8211; III. El acontecimiento pascual en el NT: 1. Pablo; 2. Los Sin\u00f3pticos; 3. La carta a los Hebreos; 4. 1 Pedro; 5. Juan y el Apocalipsis &#8211; iV. El misterio pascual en la iglesia: 1. La celebraci\u00f3n del misterio pascual; 2. La comunidad celebrante; 3. El memorial de la pascua; 4. Misterio pascual y existencia cristiana.<\/p>\n<p>I. La pascua, misterio nuevo y antiguo<br \/>\n1. EL MISTERIO PASCUAL EN EL VAT. II. La categor\u00ed\u00ada misterio pascual es una de las recuperaciones m\u00e1s felices del movimiento lit\u00fargico de nuestro siglo. Aparece desde el comienzo y repetidamente en los documentos del Vat. II. La SC la pone como base de su reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la liturgia. En el art. 5, despu\u00e9s de haber resumido la historia de la salvaci\u00f3n, toda ella tensa hacia la realizaci\u00f3n del misterio escondido por los siglos en Dios, a saber: el designio de conducir a todos los hombres a la salvaci\u00f3n y al conocimiento de la verdad, afirma que esta obra -que, dado el incidente del pecado, adem\u00e1s de la modalidad de la adoraci\u00f3n-culto, ha tomado tambi\u00e9n la de la liberaci\u00f3n-reconciliaci\u00f3n con Dios-, preparada y prefigurada en las grandes obras realizadas por Dios en el AT, se ha realizado en la muerte-resurrecci\u00f3n-ascensi\u00f3n de Cristo, acontecimiento al que la SC, con expresi\u00f3n tomada de la antigua eucolog\u00ed\u00ada romana (sacramentarlo Gelasiano, ant. 468.471), llama \u00abmisterio pascual\u00bb. Al hacer esto, la constituci\u00f3n lit\u00fargica pone la obra redentora sacerdotal del Verbo encarnado como cumplimiento antit\u00ed\u00adpico de la liberaci\u00f3n y de la alianza que la pascua veterotestamentaria significaba y preparaba tipol\u00f3gicamente: asigna a este acontecimiento el puesto central que en la historia salv\u00ed\u00adfica del AT ocupaba la pascua; declara que este acontecimiento constituye el misterio pascual cristiano, del que pueden participar, en consecuencia, por v\u00ed\u00ada mist\u00e9rica [-> Misterio], a trav\u00e9s de ritos memoriales [-> Memorial], todos los hombres y las mujeres de las generaciones futuras, que de este modo tienen acceso, en la fe, a la reconciliaci\u00f3n perfecta y al culto verdadero y pleno que se realizaron de una vez para siempre en la muerte-resurrecci\u00f3n-ascensi\u00f3n de la humanidad del Hijo de Dios.<\/p>\n<p>De este modo se pone el misterio pascual como fundamento y clave interpretativa de todo el culto cristiano. Que tal sea el pensamiento de la SC se deduce de la continuaci\u00f3n del discurso. En efecto, seg\u00fan la constituci\u00f3n lit\u00fargica, la liturgia actualiza tal misterio sobre todo en el sacramento del bautismo, por el que se realiza en los fieles la muerte-resurrecci\u00f3n de Cristo y ellos reciben el Esp\u00ed\u00adritu Santo, en el que tienen acceso al Padre, Esp\u00ed\u00adritu que los consagra sacerdotes del Dios alt\u00ed\u00adsimo; y en la eucarist\u00ed\u00ada, que hace presentes la victoria y el triunfo de Cristo sobre la muerte, para que los creyentes, participando en ella con alegre acci\u00f3n de gracias, puedan anunciar la muerte del Se\u00f1or hasta que venga (SC 6). Por tanto, el convite eucar\u00ed\u00adstico constituye de un modo totalmente particular el memorial del misterio pascual (SC 47). Pero de \u00e9l obtienen eficacia y significado todos los sacramentos y los mismos sacramentales, por medio de los cuales la gracia contenida en \u00e9l fluye sobre todos los acontecimientos de la vida santific\u00e1ndolos (SC 61). El misterio pascual se celebra tambi\u00e9n durante el a\u00f1o lit\u00fargico, sea en el retorno anual de la pascua (SC 102), sea cada ocho d\u00ed\u00adas en el d\u00ed\u00ada justamente llamado desde la edad apost\u00f3lica \u00abdel Se\u00f1or\u00bb (SC 106), e incluso en la memoria del d\u00ed\u00ada natalicio de los santos (SC 104).<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n aparece tambi\u00e9n en el decreto sobre el oficio pastoral de los obispos CD. En cuanto dispensadores de los misterios de Dios, deben procurar que los fieles, por medio de la eucarist\u00ed\u00ada y de los sacramentos, conozcan cada vez m\u00e1s profundamente y vivan coherentemente el misterio pascual de modo que crezcan cada d\u00ed\u00ada m\u00e1s como cuerpo de Cristo (CD 15). Por eso el decreto sobre la formaci\u00f3n sacerdotal OT quiere que los candidatos al presbiterado vivan el misterio pascual de Cristo de modo que sepan iniciar en \u00e9l un d\u00ed\u00ada al pueblo que les ser\u00e1 encomendado (OT 8). En efecto, como explica la constituci\u00f3n pastoral sobre la iglesia en el mundo de hoy, GS, es vocaci\u00f3n de todo cristiano, asociado por el bautismo al misterio pascual, realizar en la propia existencia la conformidad con la muerte de Cristo para participar en su resurrecci\u00f3n (GS 22). M\u00e1s a\u00fan, se llama a todo hombre de buena voluntad a entrar en contacto con \u00e9l (ib), y toda actividad humana alcanza su perfecci\u00f3n en \u00e9l (GS 38).<\/p>\n<p>Con ello el misterio pascual traspone los l\u00ed\u00admites de la liturgia para convertirse en el fundamento y el criterio inspirador de toda la vida moral y de las opciones del creyente en cualquier nivel, as\u00ed\u00ad como de toda la espiritualidad cristiana.<\/p>\n<p>2. EL TERMINO \u00abMISTERIO PASCUAL\u00bb. El t\u00e9rmino, aunque fue redescubierto por el movimiento lit\u00fargico que desemboc\u00f3 en el Vat. II, no es de todos modos creaci\u00f3n reciente. Se encuentra por primera vez, y con notable frecuencia, en la homil\u00ed\u00ada sobre la pascua de Melit\u00f3n de Sardes, descubierta por C. Bonner en 1936. Ya en el exordio de su homil\u00ed\u00ada, que puede fecharse entre el 165 y el 185, Melit\u00f3n afirma que \u00abel misterio de la pascua es nuevo y antiguo, eterno y temporal, perecedero e imperecedero, mortal e inmortal\u00bb (Homil. sobre la pascua 2: Cantalamessa [nota 2], 25). Este misterio es identificado con \u00abel misterio del Se\u00f1or\u00bb, antiguo seg\u00fan la prefiguraci\u00f3n, nuevo seg\u00fan la gracia (ib, 58; l.c., 38), prefigurado en Abel, Isaac, Jos\u00e9, Mois\u00e9s, los profetas perseguidos y en el cordero sacrificado, anunciado en la predicaci\u00f3n de los profetas (ib, 59.61; l.c., 38.39) y realizado en los \u00faltimos tiempos. M\u00e1s a\u00fan, Melit\u00f3n dice expresamente que \u00abel misterio de la pascua es Cristo\u00bb (ib, 65; l.c., 39).<\/p>\n<p>Est\u00e1 emparentada con la homil\u00ed\u00ada de Melit\u00f3n, si bien es independiente de ella, la homil\u00ed\u00ada sobre la santa pascua, del an\u00f3nimo Cuartodecimano, tambi\u00e9n del s. II y del Asia Menor. Tambi\u00e9n ella habla del \u00abmisterio de la pascua\u00bb (Sobre la santa pascua 13; l.c., 59), el cual comprende toda la peripecia de Jes\u00fas, que se extiende por toda la historia de la salvaci\u00f3n, y al que se llama incluso \u00abmisterio c\u00f3smico de la pascua\u00bb (ib, 40; l.c., 67), \u00abfestividad com\u00fan de todos los seres, env\u00ed\u00ado al mundo de la voluntad del Padre, aurora divina de Cristo sobre la tierra, solemnidad perenne de los \u00e1ngeles y de los arc\u00e1ngeles, vida inmortal del mundo entero, alimento incorruptible para los hombres, alma celeste de todas las cosas, iniciaci\u00f3n sagrada (gr. telet\u00e9) del cielo y de la tierra, anunciadora de misterios antiguos y nuevos\u00bb (ib, 10; l.c., 57).<\/p>\n<p>Con la expresi\u00f3n misterio de la pascua, que representa una ulterior profundizaci\u00f3n del tema paulino de \u00abCristo nuestra pascua\u00bb (1Co 5:7) hecha ya por Justino (Dial. 111,3: Padres apologistas griegos, BAC, Madrid 1954, 495), todo el contenido teol\u00f3gico que Pablo hab\u00ed\u00ada resumido en la categor\u00ed\u00ada de \u00abmisterio de Cristo\u00bb (Col 4:3; Efe 3:4) se encierra en la pascua. Pero por la frecuencia con que el t\u00e9rmino misterio se emplea y por la terminolog\u00ed\u00ada que le acompa\u00f1a (teletai = realizar, amyeton = no iniciado, asfragiston = no marcado, etc.) revela una clara referencia a los cultos mist\u00e9ricos, \u00aba los que se contrapone el misterio cristiano como el \u00fanico verdaderamente salv\u00ed\u00adfico, en lugar de ser asimilado a ellos\u00bb.<\/p>\n<p>Como se desprende de estas primeras homil\u00ed\u00adas pascuales, el concepto de misterio de la pascua o pascual, a partir de su primera aparici\u00f3n, recapitula toda la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica realizada en Cristo y comunicada a la iglesia a trav\u00e9s de los sacramentos. Por eso pasar\u00e1 a los sacramentarios romanos y de \u00e9stos a los libros lit\u00fargicos del Vat. II, particularmente al Missale Romanum, donde el t\u00e9rmino aparece frecuentemente para indicar tanto la econom\u00ed\u00ada que se ha realizado en la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo como el retorno anual de la pascua y los sacramentos del bautismo y de la eucarist\u00ed\u00ada, centro de toda la liturgia cristiana, mediante los cuales tal econom\u00ed\u00ada se actualiza en la iglesia.<\/p>\n<p>II. La pascua en el AT<br \/>\nSi la expresi\u00f3n misterio de la pascua o misterio pascual es una creaci\u00f3n cristiana que se remonta al s. II, mucho m\u00e1s antiguo es el t\u00e9rmino pascua, transliteraci\u00f3n griega del arameo pasch\u00e1, y del hebreo pesah (y no derivaci\u00f3n del griego paschein, como pensaban los escritores cristianos anteriores a Or\u00ed\u00adgenes).<\/p>\n<p>De las cuarenta y nueve veces que figura en el AT, treinta y cuatro veces indica el rito del primer plenilunio de primavera y quince veces el cordero inmolado en tal ocasi\u00f3n. El t\u00e9rmino parece haber significado originariamente la danza (o el saltar) ritual que se desarrollaba con ocasi\u00f3n de la fiesta. Este significado fue asumido por la teolog\u00ed\u00ada israelita, por cuanto en coincidencia con una memorable fiesta primaveral, Yav\u00e9 \u00absalt\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de\u00bb las casas de los israelitas marcadas por la sangre del cordero sacrificado, perdon\u00e1ndolas (Exo 12:13.23.27).<\/p>\n<p>En el NT el t\u00e9rmino pasch\u00e1 aparece veintinueve veces, para indicar como en el AT toda la fiesta, el rito y la v\u00ed\u00adctima inmolada.<\/p>\n<p>1. LAS FUENTES DE LA PASCUA. El AT, por lo que se refiere a la pascua, contiene textos narrativos, legislativos y prof\u00e9ticos. El texto fundamental es Exo 12:1-13, 16, texto muy complejo y resultante de la fusi\u00f3n de elementos provenientes de la tradici\u00f3n J, en algunas partes reelaborada en sentido deuteronomista, y de la tradici\u00f3n P, m\u00e1s reciente, pero de contenido a veces muy arcaico. Describe la lucha de Yav\u00e9 por la liberaci\u00f3n de su pueblo de la esclavitud de Egipto para conducirlo como sobre alas de \u00e1guila al encuentro del Sina\u00ed\u00ad y a la alianza (Exo 19:1-24, 11).<\/p>\n<p>El car\u00e1cter literario de la narraci\u00f3n, m\u00e1s que referir un acontecimiento hist\u00f3rico acaecido de una vez para siempre, pretende grabar en la memoria y ofrecer el motivo hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico de la celebraci\u00f3n memorial que debe repetirse cada a\u00f1o y del ritual que se debe observar en ella. Los elementos del rito est\u00e1n relacionados con un acontecimiento del pasado de la historia de Israel, de suerte que los ritos reciban sentido y valor del relato etiol\u00f3gico-cultual de la pascua, que est\u00e1 puesto en el centro de la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Textos extrab\u00ed\u00adblicos de fundamental importancia para el conocimiento de la praxis pascual en tiempos de Jes\u00fas y de los primeros desarrollos de la liturgia cristiana se contienen en el libro ap\u00f3crifo de los Jubileos (cc. 18.49), empapado del esp\u00ed\u00adritu de las comunidades de Qumr\u00e1n; en las obras de Flavio Josefo Antig\u00fcedades judaicas y La guerra judaica; en numerosos pasajes de los escritos de Fil\u00f3n, en el cual se encuentra la tendencia a interpretar aleg\u00f3ricamente la pascua, como paso de la bajeza de los sentidos a la altura del esp\u00ed\u00adritu, y los diversos ritos de la fiesta. Nos llegan tambi\u00e9n preciosas indicaciones de los targumim palestinenses (par\u00e1frasis amplificadas), de los midrashim (comentarios rab\u00ed\u00adnicos a las Escrituras) a Ex 12, y sobre todo de la Mishn\u00e1 (repetici\u00f3n o tradici\u00f3n), en la que el tratado Pesachim, quitados los a\u00f1adidos tard\u00ed\u00ados, ofrece el cuadro m\u00e1s seguro de la celebraci\u00f3n pascual en tiempos de Jes\u00fas<br \/>\n2. ORIGEN Y DESARROLLO DE LA PASCUA. La g\u00e9nesis y el devenir hist\u00f3rico de la pascua son muy complejos por las diferentes estratificaciones y transignificaciones que la fiesta, pagana en su origen, experiment\u00f3 a trav\u00e9s de los siglos. La fiesta, tal como se la conoce en la \u00e9poca del NT, es resultado de dos elementos de origen diverso, que se desarrollaron juntos hasta componer una unidad: la celebraci\u00f3n nocturna propiamente tal en torno al cordero (pesah), y la semana de los massot o de los \u00e1cimos.<\/p>\n<p>Ambas celebraciones eran en su origen festividades de primavera, propias de ambientes culturales diversos.<\/p>\n<p>Los ritos que est\u00e1n en el origen del pesah, como indican paralelos de otras religiones del ambiente sem\u00ed\u00adtico se remontan a una antiqu\u00ed\u00adsima celebraci\u00f3n familiar, con la que los pastores solemnizaban el comienzo del nuevo a\u00f1o en el mes de abib (posteriormente nisan), la noche inmediatamente precedente a la partida para los pastizales de verano: al claro de la luna llena se inmolaban los primeros nacidos del reba\u00f1o, cuya sangre se empleaba con fines apotropaicos y propiciatorios para proteger a pastores y reba\u00f1os de influencias demon\u00ed\u00adacas y asegurar la fecundidad, mientras que la carne se consum\u00ed\u00ada en una comida cultual que ten\u00ed\u00ada por objeto fortalecer los v\u00ed\u00adnculos de parentesco de la familia y de la tribu. Quiz\u00e1 era \u00e9sta la fiesta que los hebreos semin\u00f3madas en Egipto ten\u00ed\u00adan intenci\u00f3n de celebrar en honor del Dios de sus padres, Yav\u00e9, en Exo 3:18. Las circunstancias providenciales en que el rito se desarroll\u00f3 en v\u00ed\u00adsperas del \u00e9xodo, circunstancias descritas en forma \u00e9pica por las fuentes m\u00e1s antiguas (Exo 12:21-23.27b.29-39), hicieron que se encomendara a este rito el recuerdo de aquel acontecimiento salv\u00ed\u00adfico fundamental\u00bb&#8216;\u00c2\u00b0. La fiesta fue historizada, y con ella todos los elementos que la constitu\u00ed\u00adan. Incluso el nombre pesah, que inicialmente se refer\u00ed\u00ada a un saltar sagrado, qued\u00f3 implicado en este proceso de nueva fundaci\u00f3n: vino a significar que Yav\u00e9 \u00absalt\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de\u00bb las casas de los israelitas, perdon\u00e1ndolas (Exo 12:13). La sangre con que se marcaban las jambas y el dintel de las puertas o los palotes de las tiendas fue referida al hecho de que Yav\u00e9 perdon\u00f3 a los israelitas cuando hiri\u00f3 a los egipcios (Ex I2,27a). Las yerbas amargas, que anta\u00f1o condimentaban la cena nocturna de los n\u00f3madas, recuerdan en adelante la amargura de la esclavitud egipcia, y los panes sin levadura hacen pensar en el pan de la miseria de Egipto (Deu 16:3) y en la prisa con que los israelitas partieron sin tener tiempo para hacer fermentar el pan (Exo 12:39; Exo 13:3-8). La fiesta se celebra en primavera porque al comienzo de esta estaci\u00f3n Israel sali\u00f3 de Egipto; y es fiesta nocturna porque el \u00e9xodo tuvo lugar una noche clara de luna llena (Deu 16:1).<\/p>\n<p>Massot, en cambio, parece haber sido en su origen una fiesta, tambi\u00e9n de primavera, pero propia de un ambiente agr\u00ed\u00adcola, como pod\u00ed\u00ada ser el de Cana\u00e1n. Esto explica por qu\u00e9 su celebraci\u00f3n inicialmente no estaba fijada en un d\u00ed\u00ada determinado del mes, sino que depend\u00ed\u00ada de las condiciones de la cosecha (Deu 16:1). En cuanto fiesta agraria, massot celebraba el comienzo solemne de la siega, considerada sagrada. Caracter\u00ed\u00adstica suya era el ofrecimiento de la primera gavilla en el santuario (por lo que era una fiesta de peregrinaci\u00f3n, hebr. hag) y comer durante toda una semana pan no fermentado de la nueva cosecha de cebada.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n este rito, que quiz\u00e1 en su origen preisraelita ten\u00ed\u00ada un fin apotropaico y de propiciaci\u00f3n, inmediatamente despu\u00e9s de la ocupaci\u00f3n de la tierra, y quiz\u00e1 precisamente en conexi\u00f3n con ella, fue historizado y puesto en relaci\u00f3n con el \u00e9xodo (cf Jos 5:10-12). El hecho de que ya en la protohistoria de Israel tanto la celebraci\u00f3n de la pascua como la fiesta de los \u00e1cimos tuvieran el mismo contenido y significado, y la circunstancia de caer ambas en el primer mes de primavera llevaron a un progresivo crecimiento conjunto, por lo que con la centralizaci\u00f3n deuteronomista del culto tambi\u00e9n la pascua, atra\u00ed\u00adda por los \u00e1cimos, pas\u00f3 a ser fiesta de peregrinaci\u00f3n al templo de Jerusal\u00e9n. Es incierto el momento en que se concluy\u00f3 este proceso de fusi\u00f3n, cuyas huellas son recognoscibles en las diversas estratificaciones literarias del AT. Mientras las fuentes m\u00e1s antiguas distinguen todav\u00ed\u00ada netamente entre pascua y \u00e1cimos, en tiempos del exilio e inmediatamente despu\u00e9s atestiguan la fusi\u00f3n ya producida (Eze 4:21; 2Cr 30:1-2.5.13.21). En el per\u00ed\u00adodo posex\u00ed\u00adlico se lleg\u00f3 a usar los t\u00e9rminos pesah y massot sin distinci\u00f3n para una \u00fanica celebraci\u00f3n: en 2 Cr\u00f3n 30, la misma fiesta se llama pascua (vv. 1-2.5) o bien \u00e1cimos (vv. 13-21). As\u00ed\u00ad, en la \u00e9poca del NT pascua y \u00e1cimos tienen el valor de una sola instituci\u00f3n cultual que se indica ora con un nombre, ora con el otro.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a la forma de la celebraci\u00f3n, se pueden distinguir tres per\u00ed\u00adodos, y por tanto tres tipos de celebraci\u00f3n &#8216;^. La celebraci\u00f3n familiar dom\u00e9stica de los primeros siglos, descrita en Ex 12-13, con posterioridad a la centralizaci\u00f3n deuteronomista del culto se traslad\u00f3 al templo de Jerusal\u00e9n, convirti\u00e9ndose en fiesta del pueblo con car\u00e1cter nacional. En el per\u00ed\u00adodo posex\u00ed\u00adlico, por \u00faltimo, se produjo la s\u00ed\u00adntesis entre las dos formas precedentes: el cordero segu\u00ed\u00ada siendo inmolado en el templo, mientras que la comida volvi\u00f3 a consumirse en el restringido c\u00ed\u00adrculo dom\u00e9stico, si bien ya dentro de los muros de Jerusal\u00e9n. Esta \u00faltima forma, atestiguada por la Mishn\u00e1, es la pascua que exist\u00ed\u00ada en tiempos de Jes\u00fas. Como lo demuestra el n\u00famero elevado de pasajes en los que se habla de ella en el NT, era la fiesta m\u00e1s importante, y con mucho. En el contexto de su celebraci\u00f3n, \u00abcon el recuerdo de los grandes acontecimientos de salvaci\u00f3n del pasado, se encend\u00ed\u00adan de nuevo cada a\u00f1o las esperanzas que iluminaban el presente y proyectaban su luz en el futuro\u00bb Con ocasi\u00f3n de una de estas pascuas se llev\u00f3 a cabo la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica que hab\u00ed\u00ada de convertirse en centro y fundamento de la nueva econom\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>3. LA CELEBRACI\u00ed\u201cN DE LA PASCUA. a) El memorial. El contenido y el significado de la celebraci\u00f3n pascual y de todos sus elementos rituales est\u00e1 bastante bien resumido en las palabras institutivas de Exo 12:14 : \u00abEste d\u00ed\u00ada ser\u00e1 memorial (hebr. lexikkazon, gr. eis mnem\u00f3synon) para vosotros y lo celebrar\u00e9is como fiesta de Yav\u00e9, como instituci\u00f3n perpetua de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n\u00bb. El paralelismo entre fiesta y memorial, que equivale a una identificaci\u00f3n, es caracter\u00ed\u00adstico de la concepci\u00f3n lit\u00fargica de Israel y se encuentra en la liturgia convival jud\u00ed\u00ada, en la bendici\u00f3n sobre la primera copa que introduce el d\u00ed\u00ada de s\u00e1bado: \u00abBendito seas, Se\u00f1or, Dios nuestro, rey del mundo, que has dado a tu pueblo Israel d\u00ed\u00adas de fiesta para la alegr\u00ed\u00ada y para el memorial\u00bb. La tarde de pascua, la bendici\u00f3n de apertura dice as\u00ed\u00ad: \u00abBendito seas, Se\u00f1or&#8230;, que nos has elegido entre todos los pueblos&#8230;, que nos has dado en tu amor momentos de alegr\u00ed\u00ada, fiestas y tiempos destinados al regocijo, as\u00ed\u00ad como esta fiesta de los \u00e1cimos, fiesta de nuestra liberaci\u00f3n, para que sea sagrada reuni\u00f3n festiva como memorial de la salida de Egipto\u00bb (Haggadah di pasqua: Toaff [ed.], Roma 1960, 7). Pero ya en el Sal 111:4 \u00abla memoria de sus maravillas\u00bb indica la celebraci\u00f3n pascual, que debe mantener despierta la gratitud por los grandes beneficios de Yav\u00e9. No s\u00f3lo la fiesta en su conjunto, sino todos sus elementos tienen funci\u00f3n de memorial: el pan \u00e1cimo, el cordero, las yerbas amargas, la hora nocturna (seg\u00fan Exo 12:42, Israel vela por el Se\u00f1or porque el Se\u00f1or, acord\u00e1ndose de Israel, en la primera noche pascual vel\u00f3, y seg\u00fan los rabinos, sigue velando por los suyos cada noche pascual del presente y del futuro) e incluso el vestido y la postura del viandante o de descanso que los comensales adoptan durante la cena son memorial del \u00e9xodo y del don de la libertad. Su objeto es preservar del olvido los beneficios del Se\u00f1or, traerlos continuamente a la memoria, y de este modo renovarlos y actualizarlos en la conciencia de los israelitas. Pero no s\u00f3lo Israel, sino sobre todo es el Se\u00f1or el que en presencia del memorial se acuerda de su pueblo y acord\u00e1ndose se hace presente y actualiza su salvaci\u00f3n. Por eso en la liturgia pascual se concluye as\u00ed\u00ad la bendici\u00f3n sobre la tercera copa, que sustancialmente, quitadas las referencias a la reconstrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n, se puede hacer remontar a tiempos de Jes\u00fas: \u00abDios nuestro y Dios de nuestros padres, \u00e1brase paso, venga, llegue, se presente, sea grato, sentido, buscado, recordado ante ti el memorial del Mes\u00ed\u00adas hijo de David, tu siervo, el memorial de todo tu pueblo Israel, para salvaci\u00f3n, gracia, benignidad, piedad, vida y paz en este d\u00ed\u00ada de fiesta\u00bb (Haggadah di pasqua [ed. cit.] 77).<\/p>\n<p>b) Anuncio de la historia de la salvaci\u00f3n. El recuerdo que est\u00e1 en la base de la liturgia pascual implica el anuncio de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica pascual: \u00abCuando hay\u00e1is entrado en la tierra que Yav\u00e9 os va a dar, como ha prometido, observar\u00e9is este rito. Y si vuestros hijos os preguntaren: \u00bfQu\u00e9 rito es \u00e9ste?, responder\u00e9is: Es el sacrificio de la pascua de Yav\u00e9, el cual pas\u00f3 de largo por las casas de los hijos de Israel en Egipto cuando hiri\u00f3 a los egipcios, preservando nuestras casas\u00bb (Exo 12:25-27). Lo mismo para los \u00e1cimos: \u00abEse d\u00ed\u00ada dir\u00e1s a tus hijos: Esto es en memoria de lo que por m\u00ed\u00ad hizo Yav\u00e9 cuando sal\u00ed\u00ad de Egipto\u00bb (Exo 13:8).<\/p>\n<p>Encontramos aqu\u00ed\u00ad el t\u00e9rmino hebreo higgid, que ha dado el nombre de haggadah al anuncio pascual, y que corresponde al griego katangellein o anangellein (anunciar), que encontraremos en el NT para indicar el anuncio de salvaci\u00f3n contenido en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica (cf 1Co 11:26). La introducci\u00f3n a la misma haggadah durante la cena pascual afirma: \u00abAunque fu\u00e9semos todos doctos, todos inteligentes, todos expertos en la torah, no dejar\u00ed\u00ada de ser deber nuestro detenernos en la salida de Egipto; m\u00e1s a\u00fan, cuanto m\u00e1s se demora uno en tratar de la salida de Egipto, tanto m\u00e1s digno de alabanza es\u00bb (Haggadah 13).<\/p>\n<p>El anuncio pascual se relaciona, como en una catequesis mistag\u00f3gica, con los elementos y los ritos pascuales ins\u00f3litos que despiertan atenci\u00f3n y curiosidad. Por eso el n\u00facleo de la catequesis consiste en la interpretaci\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica de estos elementos, como resulta de una prescripci\u00f3n de R. Gamaliel referida en Pesachim 10,5 (citada por la Haggadah 37): \u00abTodo el que en pascua no habla de estas tres cosas -de la pascua, de los \u00e1cimos y de las yerbas amargas- no ha cumplido su deber. De la pascua, porque Dios ha protegido, perdon\u00e1ndolas, las casas de nuestros padres en Egipto; de los \u00e1cimos, porque fueron liberados; de las yerbas amargas, porque los egipcios amargaron la vida de nuestros padres en Egipto\u00bb.<\/p>\n<p>La celebraci\u00f3n pascual en todos sus elementos se dirige en primer lugar a aquella acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica fundamental que el Se\u00f1or realiz\u00f3 en Egipto con ocasi\u00f3n de la primera pascua. Pero en el curso del tiempo se a\u00f1adieron a la pascua otros acontecimientos de la historia de la salvaci\u00f3n que pasaron a ser tambi\u00e9n objeto del memorial y del anuncio pascual. Este proceso de asimilaci\u00f3n se puede constatar ya en el AT. La celebraci\u00f3n pascual de Jos 5:10-12, por ejemplo, adem\u00e1s de la salida de Egipto, pretende recordar anualmente la entrada en la tierra prometida y la toma de posesi\u00f3n de sus bienes. As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n las dem\u00e1s celebraciones pascuales a que hacen referencia los libros del AT marcan cada vez una etapa importante en la historia de Israel: la primera pascua conmemorativa en el desierto concluye la instituci\u00f3n del culto y la erecci\u00f3n del santuario (N\u00fam 9:1-14); la de 2Cr 30:1-27 corona la reforma de Ezequ\u00ed\u00adas y su tentativa de reunificaci\u00f3n tras el derrumbe del reino del Norte; la de 2Cr 35:1-19, la renovaci\u00f3n de la alianza a continuaci\u00f3n del hallazgo de la Ley; la de Esd 6:19-22, en fin, celebra juntamente el retorno del exilio, la reanudaci\u00f3n del culto en el templo y la reconstrucci\u00f3n del pueblo.<\/p>\n<p>La circunstancia de que estas cinco celebraciones pascuales est\u00e9n mencionadas en la Escritura ha contribuido probablemente a que los acontecimientos hist\u00f3ricos relacionados con ellas se convirtieran en objeto del memorial lit\u00fargico de la pascua. El juda\u00ed\u00adsmo posb\u00ed\u00adblico ir\u00e1 mucho m\u00e1s all\u00e1: los m\u00e1s diversos acontecimientos de la historia del AT adquir\u00ed\u00adan en \u00e9l car\u00e1cter de acontecimientos pascuales, y se fechan el 14 \u00f3 15 de nis\u00e1n.<\/p>\n<p>Encontramos un ejemplo espl\u00e9ndido de esta teolog\u00ed\u00ada pascual en el llamado poema de las cuatro noches, que en los targumim palestinenses a Exo 12:42 concluye la descripci\u00f3n de la pascua egipcia Estas argumentaciones, que contienen sin duda un patrimonio de tradiciones precristianas, presentan al menos seis hechos salv\u00ed\u00adficos como acontecimientos pascuales: la creaci\u00f3n del mundo, el pacto de Abrah\u00e1n, el nacimiento de Isaac, su sacrificio, el \u00e9xodo de Egipto y el acontecimiento final mesi\u00e1nico. De este modo, la pascua israelita se convirti\u00f3 en compendio y recapitulaci\u00f3n de toda la historia de la salvaci\u00f3n, esquema interpretativo de todas las intervenciones de Dios en favor de su pueblo, anticipaci\u00f3n, profec\u00ed\u00ada y tipo del acontecimiento salv\u00ed\u00adfico final. Y la celebraci\u00f3n pascual, al tiempo que cada a\u00f1o hace revivir actualiz\u00e1ndolas en el memorial las grandes acciones de Dios realizadas en el pasado y pregustar el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico definitivo, refuerza la fe en la potencia y en la bondad del Se\u00f1or, en el propio valor y en la misi\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica de Israel; funda la esperanza en la inquebrantable fidelidad de Dios y en su constante disponibilidad a la ayuda, enciende y alimenta el amor por el Se\u00f1or (el Cantar de los Cantares le\u00ed\u00addo en la sinagoga con ocasi\u00f3n de la pascua es interpretado por los rabinos como alegor\u00ed\u00ada de las relaciones entre Dios y su pueblo) y para los miembros que el pueblo de Dios se ha escogido. Este amor encuentra su expresi\u00f3n concreta en la voluntad revigorizada de tomar sobre s\u00ed\u00ad la ley de la alianza y observarla fielmente. En efecto, los m\u00e1s diversos mandamientos y prescripciones cultuales, morales, jur\u00ed\u00addicas y sociales encuentran la propia ra\u00ed\u00adz, motivo y justificaci\u00f3n en la pascua, es decir, en el hecho de que Dios ha liberado a Israel de la esclavitud con brazo fuerte y lo ha unido a s\u00ed\u00ad con lazos de amor. Al mismo tiempo, el Se\u00f1or, viendo el memorial, se acuerda de la noche de pascua, de las promesas hechas a Abrah\u00e1n y a su descendencia, de su alianza, de la misericordia que tuvo con los padres, y vela para intervenir todav\u00ed\u00ada y siempre a fin de salvar a su pueblo.<\/p>\n<p>c) Alabanza, acci\u00f3n de gracias e intercesi\u00f3n. As\u00ed\u00ad el recuerdo y el anuncio se convierten espont\u00e1neamente en glorificaci\u00f3n que se manifiesta en cantos de alabanza. Quiz\u00e1 ya en Ex 15 se conserva un antiqu\u00ed\u00adsimo himno pascual. Cantos de alabanza para la cena pascual se atestiguan en 2Cr 35:15. Sab 18:9, proyectando usos recientes en tiempos antiguos, afirmar\u00e1 que \u00ablos devotos hijos de los justos sacrificaron en secreto, sellaron un\u00e1nimes la alianza con Dios&#8230; y al mismo tiempo entonaron los cantos de los padres\u00bb. El pasaje alude veros\u00ed\u00admilmente a los salmos del hallel 113-118.136, que fueron introducidos en la liturgia pascual en el s. 11 a.C., y se cantaban primero en el templo durante la inmolaci\u00f3n de los corderos y luego en el curso de la liturgia convival, en parte antes (Sal 113-114), en parte como cierre de la cena propiamente dicha (Sal 115-118.136). A ellos se refiere Mat 26:30 y paralelos. Entre ellos, el Sal 114 es una verdadera cantata pascual.<\/p>\n<p>Los rabinos consideraban importante el canto del hallel porque en \u00e9l se contienen las cinco realidades siguientes: el \u00e9xodo de Egipto (Sal 114:1), la divisi\u00f3n de las aguas del mar de los Juncos (Sal 114:3), la entrega de la torah (Sal 114:4), la resurrecci\u00f3n de los muertos (Sal 116:9) y los sufrimientos de la \u00e9poca mesi\u00e1nica (Sal 115:1). La haggadah introduce el canto del hallel en estos t\u00e9rminos: \u00abEn cada generaci\u00f3n tiene cada cual el deber de considerarse como si \u00e9l mismo hubiera salido de Egipto&#8230;, porque el Santo -bendito sea- no libr\u00f3 s\u00f3lo a nuestros padres, sino que tambi\u00e9n nos libr\u00f3 a nosotros con ellos&#8230; Por tanto, es nuestro deber dar gracias, tributar homenaje, alabar, celebrar, glorificar, exaltar, magnificar, encomiar al que nos hizo a nosotros y a nuestros padres todos estos prodigios y nos sac\u00f3 de la esclavitud a la libertad, de la sujeci\u00f3n a la redenci\u00f3n, del dolor a la alegr\u00ed\u00ada, del luto a la fiesta, de las tinieblas a la luz esplendorosa. Digamos, pues, ante \u00e9l: Aleluya\u00bb (Haggadah 39-40).<\/p>\n<p>Del recuerdo de las acciones salv\u00ed\u00adficas del Se\u00f1or nace luego la s\u00faplica con que se le pide que recuerde, y con ello que renueve, sus prodigios. En la cena, a la bendici\u00f3n de la segunda copa: \u00abBendito seas, oh Se\u00f1or, rey del mundo, el que redimi\u00f3 a nuestros padres de Egipto y nos hizo llegar a esta tarde para comer \u00e1cimos y yerbas amargas\u00bb, le sigue inmediatamente la intercesi\u00f3n: \u00abAs\u00ed\u00ad, Se\u00f1or Dios nuestro y Dios de nuestros padres, haznos llegar con salud a otras fiestas futuras y d\u00ed\u00adas solemnes, alegres por la restauraci\u00f3n de tu ciudad y felices en tu culto. All\u00ed\u00ad comeremos sacrificios y corderos pascuales, cuya sangre, con tu benepl\u00e1cito, ser\u00e1 rociada sobre las paredes de tu altar, y te ofreceremos en homenaje un canto nuevo para nuestra redenci\u00f3n y para nuestro rescate\u00bb (Haggadah 43).<\/p>\n<p>Este texto, en la forma citada, presupone la destrucci\u00f3n del templo y muestra que el motivo escatol\u00f3gico-mesi\u00e1nico ten\u00ed\u00ada una parte importante tambi\u00e9n en la impetraci\u00f3n pascual, as\u00ed\u00ad como ya la ten\u00ed\u00ada en el recuerdo y en la alabanza.<\/p>\n<p>d) La comunidad celebrante. Tanto la pascua veterotestamentaria como la jud\u00ed\u00ada son esencialmente una celebraci\u00f3n comunitaria. En las tres configuraciones que tom\u00f3 la celebraci\u00f3n a trav\u00e9s del tiempo se constata que son dos las comunidades que participan en el convite, superpuestas, pero estrechamente enlazadas: la comunidad familiar y la gran comunidad del pueblo.<\/p>\n<p>En la pascua predeuteronomista, la comunidad familiar ocupa un papel central\u00ed\u00adsimo: \u00abProv\u00e9ase todo cabeza de familia de un cordero, un cordero por casa\u00bb (Exo 12:3). El cordero, tras haber sido inmolado por la familia, lo comen los miembros de la misma, convirti\u00e9ndose as\u00ed\u00ad en el centro y el medio de cohesi\u00f3n para la peque\u00f1a comunidad cultual.<\/p>\n<p>Esta concepci\u00f3n sigue ejerciendo su influjo tambi\u00e9n en la pascua centralizada: la comunidad, constituida ya por todo el pueblo que tiene el banquete en el \u00e1rea del templo, permanece articulada en grupos familiares que sacrifican y consumen el propio cordero (cf 2Cr 35:5-12).<\/p>\n<p>En el juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado, en lugar de la comunidad familiar, aparece una comunidad convival, que se forma con vistas a la comida. Est\u00e1 constituida por un grupo de al menos diez personas, que se han reunido voluntariamente antes de la inmolaci\u00f3n en torno a su cordero pascual (hebr. habura, gr. fratr\u00ed\u00ada; cf Flavio Jos., Ant. Jud 3:10, Jud 3:5). La comunidad pascual se mantiene junta no tanto por el v\u00ed\u00adnculo de la sangre, cuanto por el cordero sacrificado por ella y consumido en com\u00fan.<\/p>\n<p>Pero junto a la comunidad dom\u00e9stica y por encima de ella est\u00e1 todo Israel, en cuanto pueblo de los que Dios ha librado para hacer de ellos una naci\u00f3n santa, que constituye la comunidad lit\u00fargica de la pascua.<\/p>\n<p>Esto es evidente en la pascua centralizada celebrada en el templo por toda la comunidad israelita (gahal = ekklesia; cf 2Cr 30:13.24-25).<\/p>\n<p>La idea ha permanecido viva en la pascua del juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado: la enorme concentraci\u00f3n de peregrinos en Jerusal\u00e9n y el acto sacrificial com\u00fan deb\u00ed\u00adan alimentar y despertar de nuevo cada vez en Israel la conciencia de ser el pueblo elegido\u00bb. La misma idea est\u00e1 presente tambi\u00e9n en los textos relativos a la pascua predeuteronomista. La per\u00ed\u00adcopa de Ex 12, que siempre ha permanecido como el texto pascual central, considera sujeto de la celebraci\u00f3n no s\u00f3lo a la familia particular, sino al pueblo entero: \u00abHablad a toda la comunidad\u00bb (12,3); \u00abtodo Israel lo inmolar\u00e1\u00bb (12,6); \u00abtoda la comunidad celebrar\u00e1 la pascua\u00bb; y para los \u00e1cimos, celebrados al comienzo separadamente: \u00abEl d\u00ed\u00ada primero tendr\u00e9is asamblea santa, y tambi\u00e9n el d\u00ed\u00ada s\u00e9ptimo\u00bb (12,16). Los t\u00e9rminos qahal = ekklesia y &#8216;eda = synagog\u00e9, empleados aqu\u00ed\u00ad prol\u00e9pticamente (dado que ser\u00e1n prerrogativa de Israel a partir de la alianza y de la erecci\u00f3n de la tienda), tienen un gran peso teol\u00f3gico: indican que para el C\u00f3digo Sacerdotal, al que pertenecen los vers\u00ed\u00adculos citados, Israel se ha convertido en comunidad cultual del Se\u00f1or, y por tanto en pueblo de la alianza, ya con ocasi\u00f3n de la primera celebraci\u00f3n pascual y a causa de ella.<\/p>\n<p>Celebrar la pascua y tomar parte en el convite es, por tanto, privilegio de quien pertenece al pueblo elegido: ning\u00fan extranjero puede comer de \u00e9l; el extranjero que quiera celebrarla, si es var\u00f3n, debe someterse antes a la circuncisi\u00f3n (Exo 12:48-50). Pero todo circunciso tiene el deber de celebrarla, si no quiere verse excluido de la comunidad. Quien se abstiene de ella culpablemente, seg\u00fan N\u00fam 9:13, se le consagra al exterminio (el verbo usado por los LXX: exolotheuesthai, es el mismo que se refiere al exterminador de Exo 12:23). Para dar a todos los miembros del pueblo elegido la posibilidad de tomar parte en la pascua se instituy\u00f3 una pascua suplementaria que deb\u00ed\u00ada celebrarse el segundo mes (cf N\u00fam 9:5-12).<\/p>\n<p>Fil\u00f3n, refiri\u00e9ndose a la inmolaci\u00f3n de los corderos, afirma que con ocasi\u00f3n de la pascua todos los miembros del pueblo elegido gozan de las prerrogativas sacerdotales (De spec. leg. II, 145).<\/p>\n<p>La participaci\u00f3n en el convite pascual exige, sin embargo, el estado de pureza ritual. Junto al C\u00f3digo Sacerdotal (N\u00fam 9:13), el cronista subraya que los sacerdotes, los levitas y la gente del pueblo deben ser santificados y puros (2Cr 30:15.17-18, y para el juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado, cf Jn 11.55). Esta purificaci\u00f3n se obtiene \u00abcon el agua santa de aspersi\u00f3n\u00bb (Fil\u00f3n, De spec. leg. II, 148), o bien, seg\u00fan los casos, con los sacrificios por el pecado o por la culpa o, finalmente, mediante la sangre misma de la pascua.<\/p>\n<p>LA VIDA LIT\u00daRGICA DE ISRAEL. El convite pascual no es s\u00f3lo el rito memorial con que Israel celebraba la intervenci\u00f3n liberadora de Dios que recapitula toda otra acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica del pasado y prefigura la salvaci\u00f3n futura. Como la pascua constitu\u00ed\u00ada el centro de toda la historia de la salvaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad el memorial pascual se convirti\u00f3 en el contenido de todas las acciones lit\u00fargicas que celebraban aquella historia.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, la circuncisi\u00f3n, el rito que se\u00f1ala la entrada en el pueblo de la alianza, est\u00e1 en estrecha relaci\u00f3n con la pascua no s\u00f3lo por el hecho de que s\u00f3lo quien est\u00e1 circuncidado puede participar en el convite pascual, sino tambi\u00e9n porque la teolog\u00ed\u00ada rab\u00ed\u00adnica la har\u00e1 remontar a la primera pascua. En efecto, seg\u00fan los rabinos, los israelitas en Egipto estaban sin circuncidar; por ello, para celebrar la pascua debieron antes hacerse circuncidar. Sucedi\u00f3 as\u00ed\u00ad que la tarde de pascua la sangre del cordero y la de la circuncisi\u00f3n corrieron juntas y, mezcladas, formaron una sola sangre, en la que Dios se complaci\u00f3'\u00bb De suerte que cada vez que corre la sangre de la circuncisi\u00f3n, por la que un nuevo hombre queda introducido en el pueblo de Dios, no s\u00f3lo Israel, sino tambi\u00e9n Dios se acuerda de la pascua y de la alianza, que constituye con ella un solo acontecimiento. Todav\u00ed\u00ada m\u00e1s se verificar\u00e1 esto con el ba\u00f1o bautismal prescrito por el juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado a los pros\u00e9litos, adem\u00e1s de la circuncisi\u00f3n, como condici\u00f3n para entrar en el pueblo de Dios. Celebrado tambi\u00e9n en fechas cercanas a la pascua, pretende hacer participar simb\u00f3licamente al pros\u00e9lito en la traves\u00ed\u00ada pascual del mar de los Juncos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el cordero, macho, de un a\u00f1o, sin defecto, que se deb\u00ed\u00ada ofrecer ma\u00f1ana y tarde en el templo en sacrificio perenne (tamid, Exo 29:38-42; N\u00fam 28:2-8), seg\u00fan los rabinos ten\u00ed\u00ada la funci\u00f3n de recordar continuamente al Se\u00f1or la pascua, hasta el punto que R. Hillel, entre otros, pod\u00ed\u00ada llamarlo \u00abpascua diaria\u00bb<br \/>\nSi se considera adem\u00e1s que en el juda\u00ed\u00adsmo la oraci\u00f3n de la ma\u00f1ana y de la tarde en las sinagogas y en las casas -que gira en su totalidad en torno a la recitaci\u00f3n del shemah y del Shemoneh esreh, y se la interpreta como verdadero sacrificio de alabanza- se organiz\u00f3 en coincidencia con la hora en que en el templo se desarrollaba el sacrificio tamid incorporando varios elementos eucol\u00f3gicos suyos, resultar\u00e1 todav\u00ed\u00ada m\u00e1s evidente que el cursus cotidiano de la vida lit\u00fargica de Israel quer\u00ed\u00ada presentar a Dios el memorial de la pascua.<br \/>\nLo mismo puede decirse del ciclo semanal. El s\u00e1bado, que en la interpretaci\u00f3n del C\u00f3digo Sacerdotal es memorial de la .creaci\u00f3n y de la alianza establecida por Dios con el hombre al final de la semana de la creaci\u00f3n, en los textos deuteronomistas tiene el objeto de recordar a Israel que un d\u00ed\u00ada fue esclavo en la tierra de Egipto y el Se\u00f1or lo sac\u00f3 con mano fuerte y brazo alzado (Deu 5:15). Adem\u00e1s, la cena festiva del s\u00e1bado, con las t\u00ed\u00adpicas bendiciones sobre la tercera copa por el alimento, la tierra y el don de la torah, y con la s\u00faplica por el pueblo liberado y convertido en propiedad suya por Dios, volv\u00ed\u00ada a proponer semanalmente la celebraci\u00f3n pascual.<\/p>\n<p>En fin, cuando las fiestas de las semanas (shabuot) y de las tiendas (sukkot) -que junto con el pesahmassot eran las tres fiestas de peregrinaci\u00f3n y constitu\u00ed\u00adan la estructura sobre la que descansaba el a\u00f1o lit\u00fargico hebreo&#8211; experimentaron el natural proceso de historizaci\u00f3n propio de toda la liturgia hebrea, tambi\u00e9n a ellas se las puso en relaci\u00f3n con la pascua. La antigua fiesta de las tiendas sirvi\u00f3 para recordar los a\u00f1os de la juventud y del noviazgo entre Dios y su pueblo en el desierto, cuando el pueblo y Dios mismo habitaron en tiendas. Y, por \u00faltimo, tambi\u00e9n la fiesta de las semanas -pero esto, al menos por lo que se refiere a la liturgia oficial, s\u00f3lo en la era cristiana- fue referida a la alianza que Dios estableci\u00f3 con su pueblo en el tercer mes despu\u00e9s de la salida de Egipto (Exo 19:1), es decir, seg\u00fan complicados c\u00e1lculos rab\u00ed\u00adnicos, el quincuag\u00e9simo d\u00ed\u00ada despu\u00e9s de pascua, y se convirti\u00f3 as\u00ed\u00ad en \u00abla asamblea de clausura\u00bb (&#8216;aseret) de las celebraciones pascuales.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, la pascua, centro de toda la historia de la salvaci\u00f3n, pas\u00f3 a ser, adem\u00e1s del fundamento de toda la legislaci\u00f3n moral y social, el centro de toda la vida lit\u00fargica del pueblo de Dios. Tales prerrogativas, a trav\u00e9s de Cristo que da cumplimiento en s\u00ed\u00ad a la ley, a los profetas y a los salmos, pasar\u00e1n a la pascua del nuevo pueblo de Dios.<\/p>\n<p>III. El acontecimiento pascual en el NT<br \/>\nEl puesto central de la celebraci\u00f3n pascual en la vida del pueblo de Dios, la importancia teol\u00f3gica que hab\u00ed\u00ada adquirido la pascua en la reflexi\u00f3n veterotestamentaria y jud\u00ed\u00ada y sobre todo la circunstancia, ciertamente no casual, de que la muerte y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, t\u00e9rmino al que tend\u00ed\u00ada toda la revelaci\u00f3n y la historia de la salvaci\u00f3n, se produjeran en coincidencia con una pascua, hac\u00ed\u00adan la categor\u00ed\u00ada pascual sumamente adecuada para convertirse en el esquema interpretativo de la intervenci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios, realizada en la plenitud de los tiempos en Jes\u00fas de Nazaret, y encomendada por \u00e9l a su iglesia para que la perpetuase por los siglos.<\/p>\n<p>Esto resulta obvio si se considera que los autores y portadores del mensaje del NT, Jes\u00fas y los ap\u00f3stoles, insertos en el contexto cultural del AT y totalmente empapados de su espiritualidad, no pueden comprenderse m\u00e1s que a partir de ellos.<br \/>\n1. PABLO. Ya para Pablo la acci\u00f3n liberadora realizada por Dios en Jes\u00fas es un acontecimiento pascual: con ocasi\u00f3n de la pascua, Cristo fue inmolado como cordero pascual; m\u00e1s a\u00fan, en adelante es \u00e9l el cordero pascual de los cristianos (1Co 5:7), y, en coincidencia con la fiesta de los \u00e1cimos, resucitando, se ofreci\u00f3 al Padre como primicia (cf 1Co 15:20-23) en sustituci\u00f3n de las primicias que se ofrec\u00ed\u00adan en el templo de Jerusal\u00e9n el mismo d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, lo mismo que la redenci\u00f3n de Cristo sustituye a la liberaci\u00f3n pascual del AT y el sacrificio de Cristo al sacrificio del cordero, la liturgia eucar\u00ed\u00adstica sucede a la liturgia de la pascua. La celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica descrita en 1Co 11:23-26, que Pablo recibi\u00f3 de la comunidad de Antioqu\u00ed\u00ada y transmiti\u00f3 a los corintios (veros\u00ed\u00admilmente entre el 50 y el 52) con su esquema de anuncio, anamnesis, comida sacrificial que produce una comuni\u00f3n (cf 1Co 10:16-17) y espera escatol\u00f3gica, asume y prolonga la estructura esencial de la liturgia pascual veterotestamentaria y jud\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>A la tem\u00e1tica pascual pertenece tambi\u00e9n la tipolog\u00ed\u00ada del Exodo, en el que Mois\u00e9s ocupa un puesto fundamental. Ahora bien, en la misma carta (1Co 10:1-5) est\u00e1 presente una teolog\u00ed\u00ada expl\u00ed\u00adcita del \u00e9xodo, en cuanto que la liberaci\u00f3n obrada por Cristo es presentada en su aspecto sacramental y eclesiol\u00f3gico como el paso del mar de los Juncos. Todav\u00ed\u00ada m\u00e1s notable es el hecho de que gran parte de los t\u00e9rminos soteriol\u00f3gicos usados por Pablo (salvar, liberar, etc\u00e9tera) se deban o se puedan retrotraer a la terminolog\u00ed\u00ada de la pascua-\u00e9xodo.<br \/>\n2. Los SIN\u00ed\u201cPTICOS. En los Sin\u00f3pticos, si se prescinde del evangelio de la infancia en Lc, toda la actividad de Jes\u00fas, desde el punto de vista literario y teol\u00f3gico, est\u00e1 orientada hacia la \u00fanica pascua referida por ellos, la de su muerte, meta y cumplimiento de toda su actuaci\u00f3n y de la historia salv\u00ed\u00adfica entera.<br \/>\nEn ellos la cena de despedida, en cuyo marco se instituy\u00f3 la eucarist\u00ed\u00ada como culto central de la nueva comunidad, aparece como una verdadera cena pascual. Comoquiera que se hayan desarrollado los hechos en el aspecto cronol\u00f3gico, desde el punto de vista teol\u00f3gico la \u00faltima cena, celebrada la noche anterior a la liberaci\u00f3n en la sangre de Cristo, est\u00e1 bajo el signo de la pascua y constituye el memorial de la nueva pascua.<\/p>\n<p>Es evidente, sobre todo en el evangelio de Mateo, pero tambi\u00e9n en la primera parte de los Hechos, la tipolog\u00ed\u00ada del \u00e9xodo, en cuanto que se presenta a Jes\u00fas como el nuevo Mois\u00e9s (Heb 3:22), dador de la ley nueva, jefe y liberador del nuevo pueblo de Dios (Heb 7:35).<\/p>\n<p>3. LA CARTA A LOS HEBREOS. Es el escrito que, m\u00e1s que ning\u00fan otro, ha sufrido el influjo del AT. El autor profundiza en el significado teol\u00f3gico de la obra de Cristo evocando el sacrificio de la alianza sobre el Sina\u00ed\u00ad (Heb 9:20; Heb 10:29, etc.). A tal fin se vale sobre todo de la comparaci\u00f3n tipol\u00f3gica con el sacrificio del kippur (Heb 9:12-28; Heb 13:11-12), pero recurre tambi\u00e9n a la tipolog\u00ed\u00ada de la pascua. Jes\u00fas no es s\u00f3lo el sumo sacerdote, sino que, en cuanto mediador de la nueva alianza (Heb 8:6; Heb 12:24) y gu\u00ed\u00ada hacia la gloria y hacia la salvaci\u00f3n (Heb 2:10), es tambi\u00e9n el nuevo Mois\u00e9s (Heb 3:3-6) que conduce al nuevo Israel al descanso (,13), al servicio del Dios vivo (Heb 9:14) y a la Si\u00f3n de los tiempos \u00faltimos (Heb 12:22). Su sangre no es s\u00f3lo la de la expiaci\u00f3n y la alianza, sino tambi\u00e9n la sangre de la pascua: lleva a cabo la liberaci\u00f3n, y se la compara con la sangre de Abel, el justo, el primer m\u00e1rtir, que, seg\u00fan el libro de los Jubileos (4,2) y los targumim palestinenses a G\u00e9n 4:3, fue derramada precisamente con ocasi\u00f3n de una pascua.<\/p>\n<p>4. 1 PEDRO. En la primera carta de Pedro se se\u00f1ala a Jes\u00fas como el \u00abcordero sin tacha ni defecto\u00bb, cuya sangre libera a los cristianos (G\u00e9n 1:18-19). Esta imagen pascual adquiere tanto m\u00e1s valor cuanto que forma y contenido de la carta hacen pensar en una liturgia pascual, si no es bautismal, con himnos bautismales, par\u00e9nesis a los ne\u00f3fitos, elementos de la profesi\u00f3n de fe. Sea de ello lo que fuere, no se puede negar que muchos motivos de la 1 Pe se volver\u00e1n a encontrar en las catequesis bautismales y en las homil\u00ed\u00adas pascuales de los padres en los siglos siguientes.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la tipolog\u00ed\u00ada de la pascua del \u00e9xodo est\u00e1 bastante desarrollada: en cuanto extranjeros (1,1), los cristianos, como anta\u00f1o los israelitas, son librados de la esclavitud mediante la sangre del cordero (1,18-19); ce\u00f1idos los lomos (1,13), y despu\u00e9s de haber depuesto toda impureza (2,1), tambi\u00e9n ellos pasan de las tinieblas a la luz esplendorosa de Dios (2,9); tambi\u00e9n ellos se han convertido de la idolatr\u00ed\u00ada para llegar a ser sacerdocio real y pueblo elegido (2,9). Im\u00e1genes y conceptos todos ellos provenientes del vocabulario de la salvaci\u00f3n pascual.<\/p>\n<p>5. JUAN Y EL APOCALIPSIS. Un paso ulterior en este proceso de pascualizaci\u00f3n de la existencia de Jes\u00fas lo da Juan al poner bajo el signo de la pascua todo el misterio de Cristo en su realizaci\u00f3n hist\u00f3rica, en su prolongaci\u00f3n sacramental, en su prefiguraci\u00f3n tipol\u00f3gica.<\/p>\n<p>En el relato de Juan destacan tres pascuas de los jud\u00ed\u00ados: la primera (2,13) se distingue por la purificaci\u00f3n del templo con el anuncio del santuario definitivo que ser\u00e1 el cuerpo resucitado de Cristo (2,14-22), y el coloquio con Nicodemo sobre el bautismo como ba\u00f1o de renacimiento en el Esp\u00ed\u00adritu (3,1-21). En el marco de la segunda (6,4) tiene lugar la multiplicaci\u00f3n de los panes (6,1-15) y el discurso eucar\u00ed\u00adstico relacionado con ella (6,26-71). La tercera es la de la muerte (11,55; 12,1; 13,1; 19,14), la hora de Jes\u00fas. En efecto, como para los Sin\u00f3pticos, tambi\u00e9n para Juan Jes\u00fas quiso consciente y deliberadamente morir con ocasi\u00f3n de la pascua, y por eso aplaz\u00f3 repetidas veces su detenci\u00f3n (cf sobre todo 11,54.57). El cuarto evangelio atribuye valor teol\u00f3gico a esta coincidencia: la muerte de Jes\u00fas no es s\u00f3lo la pascua-paso de este mundo al Padre; Jes\u00fas es el verdadero cordero que muere sobre la cruz a la misma hora en que en el templo cercano se inmolan los corderos, a los que no se deb\u00ed\u00ada quebrar ning\u00fan hueso (cf Exo 12:46; N\u00fam 9:12, con  Jua 19:33-36).<\/p>\n<p>En l\u00ed\u00adnea con esta perspectiva tienen car\u00e1cter pascual tambi\u00e9n las expresiones c\u00faltico-sacramentales del evangelio de Juan. Los discursos sobre el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada, como se ha visto, est\u00e1n relacionados con una pascua jud\u00ed\u00ada; y en una pascua brotan, del cordero pascual de la nueva alianza muerto en la cruz, sangre y agua (Jua 19:34), alusi\u00f3n al bautismo y a la eucarist\u00ed\u00ada; los sacramentos cristianos, cuyo eje constituyen \u00e9stos, descienden por v\u00ed\u00ada directa del costado del cordero pascual, que lleva a cumplimiento todos los tipos y las prefiguraciones antiguas.<\/p>\n<p>Juan ilustra el significado teol\u00f3gico del acontecimiento salv\u00ed\u00adfico del NT con la tipolog\u00ed\u00ada de la pascua del \u00e9xodo. Todas las funciones salv\u00ed\u00adficas y todos los bienes de salvaci\u00f3n contenidos en el \u00e9xodo se recapitulan en la persona y en la obra de Jes\u00fas: cordero pascual que da la salvaci\u00f3n (19,34-36), signo salv\u00ed\u00adfico alzado sobre la cruz (3,14), m\u00e1s grande que Mois\u00e9s (1,17), mediador \u00fanico (1,18), man\u00e1 (6,35), agua vivificante (7,37), luz (8,12), vida, camino y verdad (14,6), \u00e9l es el bien omnicomprensivo del nuevo \u00e9xodo.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, se reconoce el influjo del libro del Exodo sobre la estructura del cuarto evangelio. Sorprendentes paralelos con la \u00faltima parte de la Sabidur\u00ed\u00ada (10,1-19,22), particularmente respecto a la narraci\u00f3n de los siete milagros, vistos como signos y contrapuestos a las plagas de Egipto, probar\u00ed\u00adan que \u00abel evangelista procede en la redacci\u00f3n de su evangelio de una haggadah pascual cristiana que representa la actividad taumat\u00fargica de Jes\u00fas seg\u00fan el modelo de una haggadah pascual jud\u00ed\u00ada deducida del libro de la Sabidur\u00ed\u00ada\u00bb.<\/p>\n<p>En fin, toda la escena del Apocalipsis est\u00e1 dominada por Cristo, el crucificado resucitado en figura de Cordero. La imagen, aun admitiendo que por el uso estereotipado haya perdido algo de su fuerza originaria, evoca inmediatamente la pascua. Los efectos de su sangre corresponden a los de la sangre de la pascua: precio del rescate, del que depende la liberaci\u00f3n (1,5; 5,9); medio de salvaci\u00f3n, en cuanto que purifica (7,14) y garantiza la victoria sobre el exterminador (12,11).<\/p>\n<p>El mismo Cordero constituye el centro de la liturgia celeste que refleja la liturgia eucar\u00ed\u00adstica en las comunidades protocristianas del Asia Menor. As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n tienen car\u00e1cter destacadamente cultual los numerosos himnos que celebran el sacrificio y la victoria del Cordero (5,9-10.13; 7,10-11, etc.).<\/p>\n<p>El car\u00e1cter pascual del Cordero y de la liturgia lo confirma la tipolog\u00ed\u00ada del \u00e9xodo, base del Apocalipsis: los males del fin de los tiempos repiten las plagas de Egipto (8,7-8.12; 9,3; 16,3.10); la iglesia, como nuevo pueblo de las doce tribus (7,4-8), atraviesa el mar cantando el c\u00e1ntico de Mois\u00e9s, siervo de Dios, y el c\u00e1ntico del Cordero (15,3), y es conducida por Dios sobre alas de \u00e1guila al desierto (12,14) para llegar ala Jerusal\u00e9n celeste (21,1.2.9; 22,17).<\/p>\n<p>Se puede concluir, pues, con N. F\u00fcglister que el NT considera la obra salv\u00ed\u00adfica de Jes\u00fas como un acontecimiento pascual; la liturgia que prolonga y actualiza este acontecimiento realizado de una vez para siempre tiene tambi\u00e9n car\u00e1cter pascual; tanto el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico como el culto cristiano que lo actualiza se explican teol\u00f3gicamente recurriendo a la interpretaci\u00f3n tipol\u00f3gica de los acontecimientos vinculados a la pascua del \u00e9xodo \u00ab.<\/p>\n<p>IV. El misterio pascual en la iglesia<br \/>\n1. LA CELEBRACI\u00ed\u201cN DEL MISTERIO PASCUAL. Se tiene noticia de una celebraci\u00f3n anual de la pascua en la iglesia, a parte del texto bastante discutido de 1Co 5:7-8, interpretado por algunos como el primer testimonio de una pascua cristiana 29, hacia la mitad del s. u con la Epistula Apostolorum. Seg\u00fan este escrito, en coincidencia con la celebraci\u00f3n pascual entre los jud\u00ed\u00ados, los cristianos velan hasta el canto del gallo, ciertamente leyendo las Escrituras, entre las que deb\u00ed\u00ada de ocupar un puesto considerable Ex 12 -como se deduce de las homil\u00ed\u00adas pascuales del s. u , y luego se hace memoria de Cristo consumiendo el agape y bebiendo el c\u00e1liz, hasta el d\u00ed\u00ada en que Cristo volver\u00e1 con sus santos (Ep. Apost. [rec. copta] 15: TU 43 [Schmidt], Leipzig 1919, 5357).<\/p>\n<p>Sin embargo, como sabemos por Eusebio de Cesarea, una controversia de no leve entidad vino a turbar la celebraci\u00f3n pascual desde sus comienzos: mientras las comunidades asi\u00e1ticas, que compon\u00ed\u00adan juntas la cronolog\u00ed\u00ada sin\u00f3ptica y la teolog\u00ed\u00ada de Juan, en el intento quiz\u00e1 de subrayar la continuidad entre la pascua antigua y la del NT, la celebraban la noche del 14 de nis\u00e1n, las comunidades occidentales aguardaban para romper el ayuno a la noche del s\u00e1bado posterior al plenilunio, acentuando as\u00ed\u00ad la novedad cristiana, que ve en la resurrecci\u00f3n el momento decisivo del acontecimiento pascual. S\u00f3lo la intervenci\u00f3n conciliadora de Ireneo, que disuadi\u00f3 al fogoso V\u00ed\u00adctor de Roma de excomulgar a las iglesias de Asia, las cuales no se decid\u00ed\u00adan a ajustarse a la praxis de las otras iglesias, impidi\u00f3 que la controversia desembocase en el primer cisma de la iglesia (Eusebio, Historia eccles. 5,23-25: GCS, Eusebius 2, 1,488-498). Tanto en un caso como en el otro, si bien con diversa acentuaci\u00f3n, la pascua celebraba la bien-aventurada pasi\u00f3n de Cristo como misterio que comprende toda la historia salv\u00ed\u00adfica, misterio en el que los fieles participan con el bautismo y sobre todo con la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Se produce una evoluci\u00f3n al comienzo del s. iii en Alejandr\u00ed\u00ada, por obra sobre todo de Clemente Alejandrino y de Or\u00ed\u00adgenes. Este corrige la etimolog\u00ed\u00ada, habitual en aquel tiempo, que pretend\u00ed\u00ada explicar pascua como pasi\u00f3n, m\u00e1s bien que como paso, y, reanudando la concepci\u00f3n propia del juda\u00ed\u00adsmo helen\u00ed\u00adstico representado por Fil\u00f3n, interpreta tal paso en sentido moral y espiritual. El influjo de Or\u00ed\u00adgenes ser\u00e1 dominante a lo largo de los ss. lv y v, y determinar\u00e1 el desplazamiento del centro focal de la liturgia pascual de Ex 12 a Ex 14-15, de la inmolaci\u00f3n del cordero a la traves\u00ed\u00ada del mar de los Juncos, por lo que sacramento pascual por excelencia no ser\u00e1 ya la eucarist\u00ed\u00ada, sino el bautismo. Valga por todos el ejemplo de Ambrosio, quien m\u00e1s que ning\u00fan otro en Occidente est\u00e1 bajo el influjo del gran Alejandrino: \u00ab\u00bfQu\u00e9 hay m\u00e1s oportuno a prop\u00f3sito del paso del mar Rojo por parte del pueblo hebreo que hablar del bautismo?\u00bb (De sacr. 1, 4,12; CSEL 73, 20) \u00bb<br \/>\nLa concepci\u00f3n origeniana ser\u00e1 divulgada, con alguna rectificaci\u00f3n, en Occidente por otro estudioso de los textos originales de la Escritura: Jer\u00f3nimo. Pero corresponder\u00e1 a Agust\u00ed\u00adn efectuar lo que R. Cantalamessa llama la s\u00ed\u00adntesis entre el alma asi\u00e1tica y el alma alejandrina de la pascua occidental \u00ab. Pascua es paso, pero paso del Se\u00f1or, que a trav\u00e9s de la pasi\u00f3n llega a la vida conduciendo hacia ella a cuantos creen en la resurrecci\u00f3n (Tract. in ev. Ioh. 55,1: CCL 36,363-364). Se perpet\u00faa en la iglesia a dos niveles y con dos ritmos diversos: uno anual, representado por la fiesta de pascua; el otro semanal, e incluso diario (Sermo 220 in vig. paschae: PL 38,1089), constituido por la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. Por lo que \u00abno debemos considerar los d\u00ed\u00adas de la pascua tan fuera de lo ordinario que descuidemos la memoria de la pasi\u00f3n y de la resurrecci\u00f3n que hacemos cuando nos alimentamos cada d\u00ed\u00ada con su cuerpo y su sangre\u00bb (Sermo Wilmart 9,2, Morin, Misc. Aug. 1, Roma 1930, 693). Sin embargo, la participaci\u00f3n diaria en la eucarist\u00ed\u00ada no hace in\u00fatil la celebraci\u00f3n anual de la pascua. En efecto, \u00e9sta \u00abtiene el poder de evocar de nuevo ante la mente con m\u00e1s claridad, suscitar mayor fervor y alegrar m\u00e1s intensamente, por el hecho de que, retornando a distancia de un a\u00f1o, nos representa por as\u00ed\u00ad decir visualmente el recuerdo del acontecimiento\u00bb (ib).<\/p>\n<p>Esta aclaraci\u00f3n de Agust\u00ed\u00adn estaba facilitada por la decisi\u00f3n del concilio de Nicea de distinguir netamente, incluso desde el punto de vista cronol\u00f3gico, la celebraci\u00f3n de la pascua cristiana respecto de la jud\u00ed\u00ada. La liberaci\u00f3n o independizaci\u00f3n de aqu\u00e9lla y la pol\u00e9mica antijud\u00ed\u00ada que de ah\u00ed\u00ad se sigui\u00f3, llevaron a un desarrollo de la celebraci\u00f3n semanal de la pascua, es decir, de la eucarist\u00ed\u00ada, por lo que celebrar la pascua s\u00f3lo una vez al a\u00f1o se convirti\u00f3 en sin\u00f3nimo de ser jud\u00ed\u00ado: \u00abLa cuaresma se hace una sola vez al a\u00f1o; la pascua, en cambio, tres veces por semana, alguna vez incluso cuatro veces o, m\u00e1s bien, cada vez que se quiere. En efecto, la pascua no consiste en el ayuno, sino en la oblaci\u00f3n y en la inmolaci\u00f3n que se hace en cada sinaxis&#8230; La pascua consiste en anunciar la muerte del Se\u00f1or. Por eso el sacrificio que ofrecemos hoy, el realizado ayer y el que se hace cada d\u00ed\u00ada es exactamente el mismo que aconteci\u00f3 aquel d\u00ed\u00ada de la semana; en nada era aqu\u00e9l m\u00e1s santo que \u00e9ste; en nada es \u00e9ste menos digno que aqu\u00e9l, sino \u00fanico e id\u00e9ntico, igualmente tremendo y salv\u00ed\u00adfico\u00bb: as\u00ed\u00ad se expresa Juan Cris\u00f3stomo contra los jud\u00ed\u00ados (Adv. Iud. 3,4: PG 48, 867).<\/p>\n<p>Entre tanto, sin embargo, se hab\u00ed\u00ada producido una notable expansi\u00f3n de la celebraci\u00f3n pascual. La vigilia pascual de los comienzos, que se ten\u00ed\u00ada el 14 de nis\u00e1n (en Asia) o el domingo siguiente (en las iglesias occidentales), precedida de uno o pocos d\u00ed\u00adas de ayuno, se dilata en cincuenta d\u00ed\u00adas vividos como un \u00fanico d\u00ed\u00ada de alegr\u00ed\u00ada pascual (cf Tertuliano, De orat. 23,2: CCL 1,267). De la vigilia se va hacia el triduo pascual (viernes, s\u00e1bado, domingo), interpretado como memoria de la muerte, sepultura y resurrecci\u00f3n (cf Or\u00ed\u00adgenes, In exod. hom. 5,2: GCS, Or\u00ed\u00adgenes 6,186) o como recapitulaci\u00f3n de la semana de la creaci\u00f3n: creaci\u00f3n del hombre, descanso de Dios, inauguraci\u00f3n del tiempo definitivo (cf Ps.-Cris\u00f3stomo, Hora. in sana. pascha 7,4: SC 48,115). El ayuno se extiende hacia atr\u00e1s por un tiempo de cuarenta d\u00ed\u00adas, y a la pentekost\u00e9 corresponde as\u00ed\u00ad la tessarakost\u00e9 o cuaresma, de la que se tienen los primeros testimonios seguros en Atanasio, en la carta festiva del 334 (Ep. fest. 6, 13: PG 26,1389B), consagrada sobre todo al retiro bautismal de los catec\u00famenos. Dentro de la cincuentena se destacan durante el s. iv el d\u00ed\u00ada quincuag\u00e9simo y el cuadrag\u00e9simo, consagrados respectivamente a la venida del Esp\u00ed\u00adritu Santo y a la ascensi\u00f3n. Y en el siglo siguiente, junto a la octava de semanas que constituyen pentecost\u00e9s y dentro de ellas, surge una octava simple de pascua, durante la cual los obispos completan la mistagogia de los ne\u00f3fitos.<\/p>\n<p>Las causas principales de esta dilataci\u00f3n parecen haber sido la atenci\u00f3n creciente a la humanidad de Jes\u00fas, lugar de la revelaci\u00f3n y de la realizaci\u00f3n del designio salv\u00ed\u00adfico, que llev\u00f3 a la creaci\u00f3n de suntuosas bas\u00ed\u00adlicas en los lugares en que se hab\u00ed\u00adan desarrollado los diferentes episodios de la vida de Jes\u00fas, a la celebraci\u00f3n historizada de tales episodios (cf Egeria, Itinerarium 35-42: CCL 175,78-85) y a la multiplicaci\u00f3n de las peregrinaciones a tierra santa, que tuvo como consecuencia la difusi\u00f3n de la exuberante liturgia jerosolimitana por las diferentes regiones de la cristiandad; la pol\u00e9mica antiarriana, que llevaba a subrayar la consustancialidad del Verbo (institutici\u00f3n de las fiestas de navidad y de epifan\u00ed\u00ada, cuyo objeto fue sustra\u00ed\u00addo a la celebraci\u00f3n pascual, y atenci\u00f3n a la resurrecci\u00f3n mientras que se difumina la pasi\u00f3n); y, quiz\u00e1 tambi\u00e9n, el deseo de penetrar en los diversos aspectos del misterio de Cristo, cuya riqueza era dif\u00ed\u00adcil captar en una \u00fanica celebraci\u00f3n. El resultado de este proceso de historizaci\u00f3n y de la consiguiente expansi\u00f3n de la celebraci\u00f3n pascual fue la fragmentaci\u00f3n del misterio de Cristo en momentos y fiestas diversas, considerados como episodios y momentos aut\u00f3nomos del \u00fanico misterio. De todos modos, esto suceder\u00e1 fuera de la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica, que, en su conjunto, no pierde casi nunca de vista la unidad del misterio y mantiene el equilibrio entre los distintos elementos.<\/p>\n<p>En todo caso, todo esto repercuti\u00f3 en la p\u00e9rdida de intensidad de la vigilia y en la fragmentaci\u00f3n del misterio pascual en menor medida que el nacimiento de un segundo triduo que part\u00ed\u00ada en dos vertientes la pascua cristiana: la vertiente de la pasi\u00f3n (jueves, viernes y s\u00e1bado) y la vertiente de la resurrecci\u00f3n (domingo, lunes y martes in albis). Al triduo de la pasi\u00f3n se contrapone el triduo de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>El jueves, antes considerado d\u00ed\u00ada conclusivo de la cuaresma y solemnizado en muchas iglesias incluso con una triple celebraci\u00f3n (reconciliaci\u00f3n de los penitentes, misa crismal y conmemoraci\u00f3n de la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada como rito memorial de la pascua hist\u00f3rica), se incluye en el triduo sacro, quitando de \u00e9l el domingo. En el Misal de P\u00ed\u00ado V la separaci\u00f3n ser\u00e1 tan neta que entre la celebraci\u00f3n de la vigilia anticipada a la ma\u00f1ana del s\u00e1bado (de la vigilia ha desaparecido hasta el nombre) y la misa in dominica resurrectionis se inserta todo el ordo missae.<\/p>\n<p>No quedaba sino a\u00f1adir una vigilia con ayuno y una octava a pentecost\u00e9s (ss. vt-vil) y, en fin, los d\u00ed\u00adas penitenciales de las rogaciones (s. vui) para vaciar por completo el misterio pascual.<\/p>\n<p>Corresponder\u00e1 al movimiento lit\u00fargico que desembocar\u00e1 en el Vat. II recomponer la unidad del misterio pascual, afirmando que \u00aben cada circunstancia del ciclo anual es el misterio de salvaci\u00f3n en su integridad el que se encuentra ante los ojos de la iglesia y de cada cristiano\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>P\u00ed\u00ado XII iniciar\u00e1 la restauraci\u00f3n del triduo pascual trasladando a la noche la vigilia, y a una hora que corresponde a la verdad hist\u00f3rica las celebraciones del jueves y viernes santo, y tratando de poner orden entre los diferentes elementos.<\/p>\n<p>Pero ser\u00e1 la renovaci\u00f3n lit\u00fargica del Vat. II la que llevar\u00e1 a t\u00e9rmino la reforma poniendo el triduo pascual, que culmina en la vigilia nocturna, \u00abmadre de todas las vigilias\u00bb, como v\u00e9rtice de todo el a\u00f1o lit\u00fargico (Normas universales sobre el a\u00f1o lit\u00fargico y sobre el calendario 21), reconstituyendo la unidad de la sagrada cincuentena, considerada como un gran domingo (ib, 22), poniendo orden en la estructura y entre los diferentes elementos rituales y eucol\u00f3gicos de la celebraci\u00f3n y de los domingos del tiempo pascual, y sobre todo ofreciendo, aunque no siempre con la necesaria coherencia, los motivos teol\u00f3gicos (cf la idea de incluir en el triduo la misa vespertina del jueves santo; la conservaci\u00f3n de las especies eucar\u00ed\u00adsticas y la consiguiente adoraci\u00f3n, si bien privada, durante el viernes, d\u00ed\u00ada en que la iglesia se ha visto privada de su esposo; el mantenimiento de la comuni\u00f3n en este d\u00ed\u00ada rigurosamente alit\u00fargico, contrariamente a la antigua tradici\u00f3n romana y a la praxis universalmente existente en Oriente; la supresi\u00f3n de la venerable lectura de Ex 12 de la vigilia pascual). El triduo pascual, con la vigilia en la que la iglesia espera velando el paso liberador del Se\u00f1or resucitado que en el sacramento anticipa su advenimiento, vuelve a obtener as\u00ed\u00ad en el a\u00f1o lit\u00fargico el puesto que ocupa el domingo en la semana, y el tiempo pascual vuelve a ser el laetissimum spatium del tiempo de Tertuliano (De oral. 23,2: CCL 1,272; De bapt. 19,2: ib, 294).<\/p>\n<p>La reforma lit\u00fargica del Vat. II ir\u00e1 todav\u00ed\u00ada m\u00e1s lejos, afirmando que no s\u00f3lo en el domingo y en las diversas celebraciones del misterio de Cristo, sino tambi\u00e9n en las memorias de los santos e incluso en la liturgia de las Horas, en no menor medida que en los sacramentos que tienen su centro en el bautismo y en la eucarist\u00ed\u00ada, se celebra en su unidad y globalidad el misterio pascual (OGLH 13). En efecto, la liturgia de las Horas extiende a las diversas horas del d\u00ed\u00ada las prerrogativas del misterio eucar\u00ed\u00adstico, centro y cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana: la alabanza y la acci\u00f3n de gracias, la memoria de los misterios de la salvaci\u00f3n, las s\u00faplicas y la pregustaci\u00f3n de la gloria celeste (OGLH 12).<\/p>\n<p>2. LA COMUNIDAD CELEBRANTE. La comunidad que celebra el misterio pascual cristiano, como la del AT, se presenta bajo un doble aspecto. Es ante todo la peque\u00f1a comunidad convival ligada a un lugar: en el cristianismo de los or\u00ed\u00adgenes se celebraba la cena \u00abpartiendo el pan en las casas\u00bb (kat oikon), y en las casa se anunciaba el alegre mensaje de la salvaci\u00f3n pascual en forma de haggadah (la misma locuci\u00f3n se encuentra en Heb 2:46; Heb 5:42, y Exo 12:3). Y la LG 25, desarrollando lo que ya hab\u00ed\u00ada afirmado la SC 42, explica que las iglesias locales en las que se celebra la eucarist\u00ed\u00ada, aunque sean peque\u00f1as, pobres y est\u00e9n dispersas, son como una concentraci\u00f3n y una epifan\u00ed\u00ada de la iglesia, una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica. En efecto, el culto celebrado en ellas ata\u00f1e al mismo tiempo a toda la iglesia, que precisamente a trav\u00e9s del acontecimiento pascual celebrado en la liturgia se ha convertido en el nuevo Israel, y por la celebraci\u00f3n es continuamente rejuvenecida, renovada y edificada en templo santo del Se\u00f1or (cf SC 2). Como explica la misma constituci\u00f3n lit\u00fargica, las acciones lit\u00fargicas no son acciones privadas, sino celebraciones de toda la iglesia, que es sacramento de unidad, es decir, pueblo santo reunido y ordenado bajo la gu\u00ed\u00ada de los obispos. Por eso tales acciones pertenecen a todo el cuerpo de la iglesia, lo manifiestan y lo implican (SC 26). Raz\u00f3n por la cual, permaneciendo firme la naturaleza p\u00fablica y social de cualquier celebraci\u00f3n lit\u00fargica, siempre es de preferir la celebraci\u00f3n comunitaria, sobre todo por lo que se refiere a la eucarist\u00ed\u00ada y a los dem\u00e1s sacramentos (SC 27). Particularmente, la eucarist\u00ed\u00ada, en cuanto centro de toda la vida de la iglesia local y universal (OGMR 1), congrega a todo el pueblo de Dios en torno al sacerdote que preside la celebraci\u00f3n del memorial de la pascua como representante de Cristo (OGMR 7) \u00ab.<\/p>\n<p>Como en el AT la celebraci\u00f3n de la pascua era privilegio y deber de todo circunciso, as\u00ed\u00ad la plena, consciente y activa participaci\u00f3n en las acciones lit\u00fargicas es requerida por la naturaleza misma de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, asamblea en cuyo centro, como muestra el Apocalipsis, est\u00e1 el Cordero, Cristo crucificado y resucitado, objeto de la contemplaci\u00f3n, de la alabanza, de la acci\u00f3n de gracias y de la s\u00faplica al Padre; y en virtud del bautismo es derecho y deber, con modalidades diferenciadas (SC 26b-28), de todo miembro del pueblo cristiano, estirpe elegida, sacerdocio regio, pueblo rescatado (SC 14).<\/p>\n<p>Sin embargo, tambi\u00e9n en el cristiano, para celebrar la pascua, se requiere, como afirma el NT y la tradici\u00f3n eclesial (1Co 11:28; Didaj\u00e9 14,1), una purificaci\u00f3n previa de los pecados, purificaci\u00f3n y reconciliaci\u00f3n que se obtiene en virtud de la pascua misma celebrada en la eucarist\u00ed\u00ada, que presenta a Dios el memorial del \u00fanico y perfecto sacrificio de Cristo'\u00bb.<\/p>\n<p>3. EL -> MEMORIAL DE LA PASCUA. La celebraci\u00f3n del misterio pascual ha tomado de la pascua antigua la estructura memorial. La obra de redenci\u00f3n y santificaci\u00f3n realizada por Dios en Cristo ha tra\u00ed\u00addo una condici\u00f3n perenne de salvaci\u00f3n y una perfecci\u00f3n de culto que sigue estando presente en la iglesia y en los fieles. Pero \u00e9sta debe ser actualizada continuamente para no ser olvidada y volverse ineficaz. Esto sucede en cada celebraci\u00f3n lit\u00fargica, que, como la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, es esencialmente una anamnesis de la pascua (Luc 22:19; 1Co 11:24-25). Se trata ciertamente de un memorial subjetivo, en cuanto que los fieles, anunciando la muerte del Se\u00f1or (1Co 11:26), hacen presente de nuevo el paso hist\u00f3rico de Cristo de este mundo al Padre \u00abhaciendo el bien y sanando a los posesos del demonio\u00bb (Heb 10:38), y se consolidan en la fe, esperanza y caridad. Pero el memorial es sobre todo objetivo: la celebraci\u00f3n se realiza porque el Padre se acuerda de Cristo y de los cristianos. Y \u00e9l, acord\u00e1ndose, se hace presente, actualiza, aplica y contin\u00faa en el cuerpo la obra realizada en Cristo cabeza.<\/p>\n<p>Esto sucede en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, en la que, a trav\u00e9s de los s\u00ed\u00admbolos del pan y del vino convivales, el creyente entra en comuni\u00f3n con el Cordero inmolado y glorificado, y mediante su sangre es insertado cada vez de nuevo en la nueva y eterna alianza concluida y sellada en el acontecimiento irrepetible de su muerte y resurrecci\u00f3n; pero tambi\u00e9n en el ba\u00f1o bautismal, prefigurado, seg\u00fan la Escritura y la liturgia, en el paso de los padres a trav\u00e9s del mar, y que, seg\u00fan Rom 6:3-5 y Col 2:12, sume al creyente en la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo; en la confirmaci\u00f3n, que mediante la unci\u00f3n y la imposici\u00f3n de manos lo hace part\u00ed\u00adcipe del Esp\u00ed\u00adritu septiforme que consagr\u00f3 a Cristo para el anuncio de la salvaci\u00f3n y para el sacrificio, y que fue comunicado por \u00e9l a su iglesia el d\u00ed\u00ada de pentecost\u00e9s como fruto y realizador de la pascua; en el sacramento de la reconciliaci\u00f3n y de la unci\u00f3n, que en virtud del mismo Esp\u00ed\u00adritu creador y renovador permiten al creyente participar en la victoria pascual de Cristo sobre el pecado, sobre sus consecuencias y manifestaciones; en el sacramento del orden, en el que el Esp\u00ed\u00adritu Santo de la pascua sigue y seguir\u00e1 consagrando a un bautizado para el servicio del pueblo de Dios como signo visible de Cristo pastor, que ha dado la vida por su reba\u00f1o; y en el sacramento del matrimonio, por el que el amor de un hombre y una mujer creyentes se hace signo visible de la alianza nupcial entre Cristo y la iglesia estipulada con la sangre del Cordero. En las fiestas del a\u00f1o lit\u00fargico, que bajo perspectivas y puntos de vista diversos hacen de nuevo presente el misterio pascual en su totalidad, y en la liturgia de las Horas -en la que el pueblo sacerdotal se une y se hace voz del sumo sacerdote, el cual \u00aben los d\u00ed\u00adas de su vida mortal, a gritos y con l\u00e1grimas, present\u00f3 oraciones y s\u00faplicas al que pod\u00ed\u00ada salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado, y con la oblaci\u00f3n perfecta del ara de la cruz&#8230;; y despu\u00e9s de resucitar de entre los muertos vive para siempre y ruega por nosotros\u00bb (OGLH 4), y la iglesia, unida a Cristo, su esposo, canta las alabanzas de Dios (OGLH 15)- es siempre el memorial de la pascua el que se lleva a efecto en la iglesia.<\/p>\n<p>Al memorial, en su doble aspecto subjetivo y objetivo, se ordena la liturgia de la palabra (lecturas b\u00ed\u00adblicas y homil\u00ed\u00ada en la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, de los sacramentos y de la liturgia de las Horas), cuya funci\u00f3n no es s\u00f3lo recordar a los fieles lo que Dios realiz\u00f3 por ellos en el pasado e instruirlos sobre las consecuencias que de la intervenci\u00f3n divina derivan para sus existencias, sino sobre todo proclamar lo que Dios realiza en el hoy por los suyos que lo esperan. En la liturgia de la palabra Dios, que ha hablado muchas veces a los padres por medio de los profetas y en Cristo muerto y resucitado ha pronunciado su palabra definitiva, habla a su pueblo y manifiesta el misterio de la redenci\u00f3n y de la salvaci\u00f3n pascual, ofreci\u00e9ndole el alimento espiritual, o sea, la palabra que es esp\u00ed\u00adritu y vida (OGMR 33); y Cristo, el crucificado resucitado, presente en su palabra, anuncia el evangelio (OGMR 9), es decir, proclama el alegre anuncio de lo que, sobre la base de la historia salv\u00ed\u00adfica pasada, realiza \u00e9l aqu\u00ed\u00ad y ahora por el sacramento en la iglesia reunida en su nombre.<br \/>\nY del memorial brotan la alabanza y la acci\u00f3n de gracias rebosante de alegr\u00ed\u00ada por las maravillas realizadas por \u00e9l en el misterio pascual (MR, pref. domin. I), y la s\u00faplica confiada en que Dios querr\u00e1 llevar a cumplimiento en favor de todo el cuerpo cuanto ha obrado ya en la cabeza, para que el cuerpo se convierta en Cristo en un sacrificio perenne grato al Padre (pleg. euc. III), a fin de que los hijos de Dios dispersos por doquier obtengan con Cristo ascendido al cielo la herencia eterna de su reino, donde con todas las criaturas, libres ya de la corrupci\u00f3n del pecado y de la muerte, canten su gloria (pleg. euc. IV), y los hombres de toda estirpe y de toda lengua se reunan en el convite de la unidad perfecta en el mundo nuevo donde reina la plenitud de la paz (pleg. euc. de la reconc. II).<\/p>\n<p>Por tanto, como la pascua jud\u00ed\u00ada, tambi\u00e9n la liturgia cristiana, que se funda en ella y la prolonga, es tridimensional: memorial de una acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica pasada que se realiz\u00f3 de una vez para siempre; actualizaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n obrada por aqu\u00e9lla; visi\u00f3n anticipadora de su posesi\u00f3n plena, que todav\u00ed\u00ada debe venir.<\/p>\n<p>Como la celebraci\u00f3n pascual del AT, tambi\u00e9n la cristiana fue instituida y celebrada por primera vez la noche anterior al acontecimiento pascual y con vistas a \u00e9l, para permanecer vinculada con \u00e9l por siempre. Pero como en el juda\u00ed\u00adsmo, al memorial de la pascua se han superpuesto otros acontecimientos de la historia salv\u00ed\u00adfica, interpretados como momentos de la pascua que abarca toda la historia de la salvaci\u00f3n. Seg\u00fan los padres, la pascua de Cristo, que aconteci\u00f3 el 25 de marzo con ocasi\u00f3n del equinoccio y del plenilunio de primavera, resume incluso cronol\u00f3gicamente la creaci\u00f3n del mundo y del hombre y la encarnaci\u00f3n del Verbo (cf Ps.-Cipriano, De paschae comput.: PL 4,964; Agust\u00ed\u00adn, De Trin. 4,5: PL 42,894). Y ya en el NT la pascua se convierte en clave de lectura de los acontecimientos de la historia de la iglesia, entendidos tambi\u00e9n como acontecimientos pascuales. As\u00ed\u00ad, la narraci\u00f3n de la liberaci\u00f3n prodigiosa de Pedro en los d\u00ed\u00adas de los \u00e1cimos (Heb 12:3-4) es rica en alusiones pascuales. M\u00e1s a\u00fan, seg\u00fan la Epistula Apostolorum 15 (TU 43, 53-57), el ap\u00f3stol se ve liberado de la prisi\u00f3n para poder tomar parte junto con los otros ap\u00f3stoles en la celebraci\u00f3n nocturna de la pascua. Por eso, junto a la pascua -como demuestra la liturgia de la palabra de la vigilia pascual, con las lecturas que narran toda la historia salv\u00ed\u00adfica desde la creaci\u00f3n hasta la pascua del \u00e9xodo y hasta la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, que en el bautismo y en la eucarist\u00ed\u00ada se realizan para el cristiano; como demuestran las diversas an\u00e1foras eucar\u00ed\u00adsticas de las diferentes iglesias y las grandes plegarias que recogen su estructura (consagraci\u00f3n del crisma y bendici\u00f3n de los \u00f3leos santos, bendici\u00f3n del agua bautismal, ordenaciones, bendici\u00f3n nupcial y de las v\u00ed\u00adrgenes, dedicaci\u00f3n de la iglesia y del altar, etc.)-, se han acogido en el memorial lit\u00fargico otros acontecimientos salv\u00ed\u00adficos: los diferentes misterios de Cristo, las acciones divinas en el AT e incluso el sacrificio de los m\u00e1rtires y el testimonio de los santos.<\/p>\n<p>Del mismo modo, tambi\u00e9n la salvaci\u00f3n futura en el cristianismo se concibe como acontecimiento pascual. Seg\u00fan Lactancio, la pascua se celebra velando por raz\u00f3n de la parus\u00ed\u00ada de nuestro rey y Dios; en efecto, en una noche pascual obtendr\u00e1 \u00e9l la soberan\u00ed\u00ada sobre el mundo (Div. inst. 7, 19,3: CSEL 19,645). Tambi\u00e9n Jer\u00f3nimo relaciona el uso de las iglesias de no despedir a la multitud antes de medianoche en la vigilia pascual con la creencia rab\u00ed\u00adnica de que Cristo vendr\u00e1 a medianoche, como el Se\u00f1or \u00abpas\u00f3 de largo\u00bb en Egipto (Hom. in Matth. 25,6: PL 26,184); y en el Exsultet de la vigilia la iglesia ruega que Cristo, estrella de la ma\u00f1ana, en su venida gloriosa encuentre encendido el cirio que ilumina la noche pascual.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, ya para el NT Jes\u00fas fue inmolado en una pascua como cordero y qued\u00f3 constituido Mes\u00ed\u00adas; sin embargo, el cumplimiento escatol\u00f3gico est\u00e1 en espera de la plenificaci\u00f3n final. Tambi\u00e9n \u00e9l se llevar\u00e1 a cabo en analog\u00ed\u00ada con el esquema de la pascua del \u00e9xodo: despu\u00e9s de los dolores del parto, descritos en conexi\u00f3n con los sufrimientos y las plagas de Egipto (Apo 16:1ss; Luc 21:9ss), comparecer\u00e1 el Mes\u00ed\u00adas, sea como Logos que juzga (cf Sab 18:15-16, en conexi\u00f3n con Apo 19:13-16), sea en la persona del esposo (cf Mat 25:1-13; Apo 22:17), para juzgar a los imp\u00ed\u00ados al modo de los egipcios y conducir a la fiesta, en la mitad de la noche (Mat 25:6, le\u00ed\u00addo a la luz de Exo 12:29), a los suyos, que esperan y velan con las cinturas ce\u00f1idas (Luc 22:35, le\u00ed\u00addo a la luz de Exo 12:11; cf 1Pe 1:13; Efe 6:14).<\/p>\n<p>La esperanza del futuro tiene su \u00e1mbito vital en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, y sobre todo en el convite pascual, en que se anuncia la muerte del Se\u00f1or hasta que venga (1Co 11:26), se implora insistentemente esta venida (1Co 16:26; Apo 22:17-20) y a la vez se anticipa y se pregusta.<\/p>\n<p>4. MISTERIO PASCUAL Y EXISTENCIA CRISTIANA. El NT funda la vocaci\u00f3n cristiana, que es llamada al culto sacrificial pneum\u00e1tico a Dios (Rom 12:1; 1Pe 2:5), en el acontecimiento pascual en que participan los creyentes merced a la liturgia. Ellos se han acercado \u00aba la monta\u00f1a de Si\u00f3n, a la ciudad del Dios viviente, la Jerusal\u00e9n celeste, a mir\u00ed\u00adadas de \u00e1ngeles, a la asamblea festiva\u00bb (Heb 12:22-23) gracias al sacrificio de Cristo y a su sangre, que purifica la conciencia de las obras muertas para servir al Dios viviente (Heb 9:14). El sacerdocio universal de los fieles deriva de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Cristo, cordero que los ha rescatado con su sangre (1Pe 2:5.9; Apo 1:6; Apo 5:9). As\u00ed\u00ad como en el AT el fin de toda la obra salv\u00ed\u00adfica fue desde el comienzo el servicio cultual, y la sangre del cordero mezclada, seg\u00fan los rabinos, con la de la circuncisi\u00f3n, adem\u00e1s de valor apotropaico, tuvo valor de expiaci\u00f3n y de consagraci\u00f3n, as\u00ed\u00ad toda la moral y espiritualidad cristiana resultan estar fundadas en el misterio pascual. Seg\u00fan el NT y seg\u00fan la mistagog\u00ed\u00ada de los padres, consiste en realizar en la vida diaria la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, que se ha realizado en ellos sacramentalmente en la inmersi\u00f3n y emersi\u00f3n bautismal, y de la que ellos se alimentan en el convite pascual renunciando cada d\u00ed\u00ada al pecado para vivir en novedad y libertad (Rom 6:3-11); haciendo morir en s\u00ed\u00ad mismos cuanto pertenece todav\u00ed\u00ada al mundo cerrado e inclinado sobre s\u00ed\u00ad mismo y sobre el propio pasado (fornicaci\u00f3n, falsedad, apetito desordenado, idolatr\u00ed\u00ada, ira, malignidad) y buscando las cosas de arriba (Col 3:1-9), los cielos nuevos y la tierra nueva que Dios prepara para ellos, no sin ellos (2Pe 3:13; Apo 21:1); renov\u00e1ndose continuamente en la justicia yen la santidad; revisti\u00e9ndose de los sentimientos de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia: los sentimientos del hombre nuevo, Cristo, a cuya imagen deben configurarse cada vez m\u00e1s (Efe 4:24; Col 3:10-12); guardando celosamente la libertad con que \u00e9l los ha hecho libres (G\u00e1l 5:1).<\/p>\n<p>La vida cristiana aparece as\u00ed\u00ad marcada por el ya y todav\u00ed\u00ada no, que caracteriza el acontecimiento de la salvaci\u00f3n pascual y su celebraci\u00f3n en la liturgia, por lo que se la puede definir como una liturgia pascual celebrada en la existencia: mantener despierta la memoria de Cristo, que padeci\u00f3 por ellos dej\u00e1ndoles un ejemplo para que caminen en pos de \u00e9l (1Pe 2:21); y, por tanto, desembarazarse de la vieja levadura de la malicia y de la perversidad (1Co 5:6), vivir como forasteros y peregrinos (1Pe 2:11), en vela para captar los signos del paso liberador de Dios, con las l\u00e1mparas encendidas y prontos a acoger a Cristo, que viene como juez, esposo y salvador (Luc 12:35 y par.) y a dar a quien la pida raz\u00f3n de la esperanza que hay en ellos (1Pe 3:15), cantando las obras maravillosas de aquel que los ha llamado de las tinieblas a su luz admirable (1Pe 2:9).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad se puede decir que la existencia cristiana consiste en realizar en la vida el misterio celebrado en los sacramentos (colecta del viernes de la octava de pascua), en hacer pasar a la vida lo que se ha recibido por la fe (colecta del lunes de la octava de pascua) a la espera de que se cumpla la bienaventurada esperanza y venga el salvador Jesucristo.<\/p>\n<p>[-> Misterio; -> Memorial].<\/p>\n<p>P. Sorci<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:  Aliaga E., Victoria de Cristo sobre la muerte en los textos eucar\u00ed\u00adsticos de la octava pascual hisp\u00e1nica, Iglesia N. Espa\u00f1ola, Roma 1973; Aroztegui F.X., Los mensajes pascuales de Juan Pablo II. Proclamaci\u00f3n de Cristo resucitado, en \u00abOraci\u00f3n de las Horas\u00bb 4 (1985) 136-140; Benedictinas de Herstelle, Nuestra Pascua, Guadarrama, Madrid 1962; Bernal J.M., Eucarist\u00ed\u00ada, pascua y a\u00f1o de la Iglesia, en \u00abPhase\u00bb 115 (1980) 9-25; Centro de Pastoral Lit\u00fargica de Par\u00ed\u00ads, El misterio pascual, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1967; Durrwell F.X., La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, misterio de salvaci\u00f3n, Herder, Barcelona 1967; F\u00fcglister N., Pascua, en SM 5, Herder, Barcelona 1974, 248-258; Gaillard J., El misterio pascual y su liturgia, Ed. Lit\u00fargica Espa\u00f1ola, Barcelona 1959; Garmendia R., La Pascua en el A. T.: Estudio de los textos pascuales del A. 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La afirmaci\u00f3n;<br \/>\n2. Los or\u00ed\u00adgenes de la fe pascual;<br \/>\n3. La revelaci\u00f3n pascual;<br \/>\n4. Justificaci\u00f3n de la fe pascual.<\/p>\n<p>(G. O&#8217;Collins).<\/p>\n<p>I. Dolor y muerte<br \/>\nAunque los dos t\u00e9rminos \u00abdolor y muerte\u00bb se podr\u00ed\u00adan entender y tratar como simple progresi\u00f3n de una misma cosa, aqu\u00ed\u00ad hay que oponer ambos conceptos, o mejor realidades, en contrapunto, como dolor de los hombres y muerte de Jes\u00fas. El dolor humano es la pregunta; la respuesta ser\u00e1 la muerte del hombre crucificado e hijo de Dios.<br \/>\nI. EL PROBLEMA DEL DOLOR HUMANO. a) El dolor como hecho. Que existe un inmenso dolor y males sin cuento en el mundo es algo tan manifiesto que casi est\u00e1 de m\u00e1s hablar de ello. El amor entre dos seres humanos puede convertirse en aversi\u00f3n y odio capaces de conducir al homicidio o al asesinato. Entre pueblos enteros, a consecuencia de desavenencias largo tiempo reprimidas, se producen enemistades que desencadenan guerras devastadoras. Muchos hombres inocentes, como la mujer que en un bombardeo nocturno pierde a sus hijos, se hacen la pregunta de Job: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9?\u00bb Particularmente subleva el dolor inmerecido, y por tanto injustificado, de ni\u00f1os atormentados hasta la tortura; sufrimiento calificado de \u00abmal absoluto\u00bb (cf. la discusi\u00f3n entre M. Choche en L&#8217;homme et son prochain, Par\u00ed\u00ads 1956, 145-148, y F. Heidsieck en \u00abRevue de l&#8217;enseignement philos.\u00bb 9 [1958] 2-7). Esto puso en labios de Dostoievski, en Los hermanos Karamazov, un grito de protesta contra el mundo y su creador: \u00ab\u00bfQu\u00e9 puede reparar aqu\u00ed\u00ad el infierno, cuando ya el ni\u00f1o es atormentado hasta morir?&#8230; Por eso me apresuro a retrasar mi billete de entrada (en el mundo)\u00bb. Camus lo hac\u00ed\u00ada suyo: \u00abHasta la muerte me negar\u00e9 a amar una creaci\u00f3n en la que los ni\u00f1os son martirizados\u00bb (La peste). Piensa \u00e9l que \u00abel sufrimiento de los ni\u00f1os le impide creer a cualquiera\u00bb:(El hombre en rebeld\u00ed\u00ada).<br \/>\nb) Del problema de la teodicea al \u00abate\u00ed\u00adsmo preocupado\u00bb. El problema del mal en \u00e9l mundo lo situ\u00f3 Pierre Bayle (Dictionnaire, 1695-1697) en la moderna encrucijada de los dos supuestos en que se basa: la antigua convicci\u00f3n de que el mundo est\u00e1 gobernado por un Dios omnipotente, omnisciente y absolutamente bueno, y la nueva pretensi\u00f3n de la raz\u00f3n humana de juzgar cr\u00ed\u00adticamente sus resultados. Leibniz, en 1710, resumi\u00f3 la dificuitad as\u00ed\u00ad indicada en la f\u00f3rmula reivindicativa \u00abTeodicea\u00bb, justificaci\u00f3n de Dios (cf Rom 3,4s, y Sal 51,6). Su intento se convirti\u00f3 en el modelo del optimismo filos\u00f3fico: el Dios perfecto s\u00f3lo pudo crear un mundo perfecto; a.pesar del \u00abmal metafisico\u00bb, inherente a la finitud del inund\u00f3, que es la ra\u00ed\u00adz del mal f\u00ed\u00adsico y moral, considerado en conjunto, es el mejor de los mundos posibles; aunque no entendamos el c\u00f3mo, es seguro a priori que es as\u00ed\u00ad. La \u00e9poca siguiente produjo una inundaci\u00f3n de apolog\u00ed\u00adas que, tanto en el libro de la naturaleza como incluso en la producci\u00f3n alpina de leche y queso (A. Kyburtz, 1753), \u00fanicamente descubr\u00ed\u00adan posibles huellas de la sabidur\u00ed\u00ada de Dios creador. (\u00abTeodicea\u00bb fue m\u00e1s tarde el t\u00ed\u00adtulo del tratado escol\u00e1stico sobre la doctrina filos\u00f3fica de Dios). El cambio de la mentalidad optimista al pesimismo lo marc\u00f3 el gran terremoto de Lisboa (Voltair\u00e9 escribi\u00f3 el Po\u00e9me sur le d\u00e9sastre de Lisbonne, 1756, y la s\u00e1tira Candide ou l&#8217;\u00f3ptimisme, 1761). Seg\u00fan Hume (Dialogues concerning Natural Religi\u00f3n, 1779,-cc. 10-I1), el curso del mundo no ofrece ning\u00fan punto de apoyo para concluir la existencia de un Dios al que le importar\u00ed\u00adan algo la suerte o la desdicha de sus criaturas. Schopenhauer (Die Welt als Wille und Vorstellung, \u00c2\u00a7\u00c2\u00a7 57-59, y complementos, \u00c2\u00a7 46) es el polo opuesto de Leibniz: en todos los rincones y esquinas, fracasos; este mundo es el peor posible, y s\u00f3lo podr\u00ed\u00ada surgir una ciega irracionalidad. E.v. Hartmann (Zur Geschichte und Begr\u00fcndung des Pesimismus, 1880, 67) aten\u00faa algo este pesimismo radical y afirma \u00abel signo negativo del balance del placer en el mundo\u00bb; la inexistencia del mundo es preferible a su existencia. J,P. Sartre y A. Camus intentan compaginar el nihilismo de sus pesimistas teor\u00ed\u00adas, inauguradas optimistamente por Nietzsche; con una vida a pesar de todo digna de vivirse en la pr\u00e1ctica. El fracaso de los intentos de la teodicea, registrado a partir de Lisboa; va generalmente de la mano del agnosticismo o del ate\u00ed\u00adsmo expl\u00ed\u00adcito. Precisamente cuando \u00e9ste no se muestra militante ni con pretensiones pseudocient\u00ed\u00adficas como el virulento \u00abmaterialismo dial\u00e9ctico\u00bb hasta hace poco, sino que como \u00abate\u00ed\u00adsmo preocupado\u00bb (K. Rahner), s\u00f3lo decepcionado y resignado, invoca la variopinta experiencia del dolor humano, resulta, seg\u00fan se ver\u00e1, te\u00f3ricamente irrefutable. Ya en el siglo pasado la figura del joven poeta Georg B\u00fcchner, en el drama Dantons Tod III, 4, llamaba al dolor humano la \u00abroca del ate\u00ed\u00adsmo\u00bb.<\/p>\n<p>c) \u00bfMonismo? \u00bfDualismo?Tampoco ninguna de estas dos visiones del mundo solucionan el problema, por decirlo as\u00ed\u00ad, con un golpe de mano ontol\u00f3gico. Miradas de cerca, resultan ser siempre variantes del optimismo y del pesimismo. Kant, que, seg\u00fan Goethe, \u00abmancill\u00f3 su manto de fil\u00f3sofo\u00bb de la manera m\u00e1s incongruente, se atuvo todav\u00ed\u00ada a la doctrina del \u00abmal radical\u00bb de la naturaleza humana imposible de desarraigar. En cambio, el idealismo alem\u00e1n mediatiz\u00f3 mon\u00ed\u00adsticamente todo lo negativo en primer lugar el pecado original del hombre, y lo absorbi\u00f3 en el necesario proceso evolutivo juntamente de Dios, el mundo y el hombre: significa y realiza la apertura a la conciencia de s\u00ed\u00ad, la configuraci\u00f3n del mundo y el progreso cultural. De la manera m\u00e1s impresionante ha expuesto Hegel en detalle c\u00f3mo el esp\u00ed\u00adritu se manifiesta como una necesidad esencial, alien\u00e1ndose en lo otro m\u00e1s distante de s\u00ed\u00ad mismo: en el mundo material, en la conciencia finita de un individuo particular (Jes\u00fas de Nazaret) y en una muerte infamante (en la cruz del G\u00f3lgota), para, precisamente as\u00ed\u00ad, en la comunidad universal del esp\u00ed\u00adritu, que representan los fil\u00f3sofos, llegar a la realidad consciente de s\u00ed\u00ad. El mal no es m\u00e1s que un momento del gran todo, que es absorbido, y por tanto se desvanece. Cura las heridas que hace, como la lanza del Grial.<\/p>\n<p>El dualismo, que aparece ante todo en la historia de las religiones, est\u00e1, al menos en apariencia, m\u00e1s cerca de la realidad y tiene m\u00e1s fuerza persuasoria. Donde m\u00e1s intensamente se expresa es en el mazde\u00ed\u00adsmo y en el parsismo, que arrancan. en Zaratustra (hacia el 600 a.C.): de los esp\u00ed\u00adritus mellizos nacidos dei dios originario Ahura Mazda, el uno se decidi\u00f3 por el bien, la verdad, la claridad, y el otro por la fuerza contraria del mal, etc\u00e9tera, y tambi\u00e9n cada hombre ha de hacer lo mismo; pero al final del mundo Ahura Mazda establecer\u00e1 su reino sempiterno para los buenos (y, en consecuencia, el pesimismo es, al fin, positivamente eliminado). Sin embargo, una concepci\u00f3n posterior contrapone Ahriman, el se\u00f1or de las tinieblas, como igualmente increado y originario, al se\u00f1or del reino de la luz.<\/p>\n<p>Para el manique\u00ed\u00adsmo (desde el siglo III d.C.), el tipo de gnosis dualista radical, mundo y hombre como mezcla anormal del esp\u00ed\u00adritu divino bueno y de la materia corporal mala, se encuentran en estado absolutamente malo mientras estos principios no vuelvan a separarse. El orfismo y los pitag\u00f3ricos, as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n los platonismos, que interpretaron unilateralmente a su maestro, se adelantaron.<br \/>\nSe encuentran reminiscencias, por ejemplo, en el te\u00f3sofo alem\u00e1n Jakob Bdhme (hacia el 1600) y en el Schelling tard\u00ed\u00ado, que admiten una divisi\u00f3n originaria en el Dios \u00fanico entre el principio luminoso y bueno del amor y .el tenebroso y malo de la ira. El dualismo quiere librar al Dios bueno (aspecto divino) de la responsabilidad del mal y de su permisi\u00f3n, que parece cruel, dividiendo el poder divino. Que una supresi\u00f3n -y por tanto eliminaci\u00f3n- de la omnipotencia es lo que menos desacredita a Dios, es una opini\u00f3n ampliamente difundida hoy tambi\u00e9n entre ciertos te\u00f3logos.<\/p>\n<p>d) Intenta de cuestionar el nihilismo. Precisamente la posici\u00f3n que sostiene de la manera m\u00e1s general y sistem\u00e1tica la negaci\u00f3n de todo lo positivo en el mundo, la presencia de sentido y raz\u00f3n puede, seg\u00fan parece, ofrecer una indicaci\u00f3n m\u00e1s. \u00abNihilismo\u00bb era a finales del siglo XVIII en Alemania una designaci\u00f3n bastante frecuente de corrientes intelectuales consideradas destructivas; por la misma \u00e9poca apareci\u00f3 en Francia la palabra \u00abnihiliste\u00bb para indicar \u00abal que no cree en nada, al que no se interesa por nada\u00bb (cf L.S. MEREIER, Neologie ou vocabulaire de mots nouveaux, 1801). F.W. Jacobi, en 1798, designa como nihilismo un idealismo que sucumbe al peligro de separar la revelaci\u00f3n cristiana de su origen, el Jes\u00fas terreno. Este empleo de la palabra estaba objetivamente cerca, aunque Jacobi lo ignoraba, de \u00abnichilianista\u00bb, t\u00e9rmino con el que en el lat\u00ed\u00adn medieval se designaba a te\u00f3logos que ten\u00ed\u00adan en poco a la naturaleza de Cristo, e incluso en nada, porque no pose\u00ed\u00ada independencia propia.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se defendi\u00f3 la teor\u00ed\u00ada de que el cristianismo, con su doctrina de la creaci\u00f3n del mundo \u00abex nihilo\u00bb, fue el primero en preparar el nihilismo, y que a la \u00abcreatio\u00bb corresponde el concepto opuesto de la \u00abannihilatio\u00bb posible para Dios \u00abpotentia absoluta\u00bb. El significado hoy radicalmente negativo lo tiene el concepto nihilismo, ante todo en Nietzsche y Heidegger; sin embargo, ambos lo contemplan como un estadio transitorio -necesario- hacia una visi\u00f3n y una valoraci\u00f3n nueva y positiva del hombre y del mundo.<\/p>\n<p>Comenzamos la discusi\u00f3n del nihilismo con la reflexi\u00f3n, a primera vista trivial, de que \u00abla nada\u00bb s\u00f3lo se puede describir como lo que no es de ning\u00fan modo. La necesidad de expresarse y de pensar as\u00ed\u00ad parece darse en todos los t\u00e9rminos y conceptos, tambi\u00e9n en los m\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente negativos. Ya la forma ling\u00fc\u00ed\u00adstica de muchas experiencias negativas hace referencia a lo positivo que le sirve de base: des-orden, in-oportuno, di-sonancia&#8230;; tambi\u00e9n la queja resignada a menudo escuchada de que todo es absurdo s\u00f3lo puede entenderse desde una precomprensi\u00f3n de \u00absentido\u00bb. Los conceptos negativos, o como dice la l\u00f3gica formal privativos (como ceguera, idiotez), s\u00f3lo se pueden pensar en relaci\u00f3n con lo que mediante ellos se niega total o parcialmente (p. ej., la vista, la inteligencia); son anticonceptos secundarios. No s\u00f3lo se trata de h\u00e1bitos de hablar o de pensar que hay que explicar psicol\u00f3gicamente, sino de la situaci\u00f3n objetiva, de la l\u00f3gica de la realidad. Tom\u00e1s de Aquino (De pot:, 7,5; S.Th. II-II, q. 122, ad 1) dice no s\u00f3lo que la \u00abcomprensi\u00f3n de la negaci\u00f3n se basa siempre en afirmaciones\u00bb, sino adem\u00e1s: \u00abLa afirmaci\u00f3n por su naturaleza es anterior a la negaci\u00f3n\u00bb. Y ya Arist\u00f3teles (cf Analytica post. I, 25; 86b, 34-46; Eth. Nic. III, 7;111,3b-8) resum\u00ed\u00ada ambas cosas as\u00ed\u00ad: \u00abPor la afirmaci\u00f3n se conoce la negaci\u00f3n, y la afirmaci\u00f3n es anterior, lo mismo que el ser es antes que el no ser\u00bb. Y lapidariamente afirma el mismo Arist\u00f3teles: \u00abMas donde est\u00e1 el no, est\u00e1 tambi\u00e9n el s\u00ed\u00ad\u00bb.<\/p>\n<p>Un ejemplo lo explica claramente: \u00bfQu\u00e9 se supone en la realidad misma, en la constituci\u00f3n y funci\u00f3n real del cuerpo humano, para que podamos padecer la enfermedad? Estar enfermo es un hecho anormal, una manifestaci\u00f3n de deficiencia, de carencia, de excrecencia; se sit\u00faa con causas y efectos por debajo o tambi\u00e9n por encima de un estado normal, al que llamamos salud (p.ej., la temperatura del cuerpo por encima o por debajo de 36-37 grados). S\u00f3lo cuando se aparta del estado normal, la enfermedad es duradera, dolorosa, molesta, destructora; pues, \u00bfqu\u00e9 es lo que perturba o destruye? S\u00f3lo por eso existe la enfermedad. Es posible que alguien est\u00e9 siempre enfermo desde su nacimiento; pero aun entonces est\u00e1 enfermo s\u00f3lo porque de suyo, por la organizaci\u00f3n de la naturaleza que est\u00e1 en la base de su estado defectuoso, deber\u00ed\u00ada y podr\u00ed\u00ada estar sano. Sin esta disposici\u00f3n fundamental para la salud y la exigencia en ella fundada, ser\u00ed\u00ada imposible no s\u00f3lo hablar y pensar en la enfermedad, sino que lo ser\u00ed\u00ada en realidad innatura rerum.<\/p>\n<p>En la misma direcci\u00f3n apuntan ciertos experimentos l\u00ed\u00admites imaginables, que aqu\u00ed\u00ad no podemos exponer en detalle. El supuesto del absurdo absoluto del mundo es \u00e9l mismo absurdo; si todo fuera absurdo, no lo ser\u00ed\u00ada nada. \u00bfPor qu\u00e9 -si es que existe un porqu\u00e9- llegan los hombres a preferir la muerte a la vida? \u00bfPor qu\u00e9 la vida no ha satisfecho las esperanzas que en ella hab\u00ed\u00adan puesto? \u00bfPor qu\u00e9 anhelaban y buscaban mucha, demasiada vida? \u00bfPor qu\u00e9 somos envidiosos y celosos, resentidos sobre cualquier cosa respecto a alguien? \u00bfAcaso porque nuestra naturaleza tiende a adue\u00f1arse de todo sin limitaciones?<\/p>\n<p>Como resultado de estas reflexiones digamos: en la experiencia de lo absurdo hay una exigencia siempre m\u00e1s profunda de sentido. Esta no garantiza sin m\u00e1s la realidad del cumplimiento de sentido, pero s\u00ed\u00ad su posibilidad intr\u00ed\u00adnseca y real. Por tanto, el cumplimiento de la exigencia de sentido no debe ser incondicionalmente real o hacerse alguna vez real; sin embargo, la exigencia misma de sentido es absolutamente real. Es una exigencia real de un posible sentido. Quiere esto decir que el nihilismo m\u00e1s radical no tiene nunca la \u00faltima palabra; se puede y se debe ir m\u00e1s all\u00e1 de \u00e9l, detr\u00e1s de \u00e9l.<\/p>\n<p>Este resultado lo confirma A. Camus (1913-1960), el cual es considerado como el pensador existencialista del absurdo: \u00abNo existe un nihilismo total. Apenas se dice que algo es absurdo, se expone algo que tiene sentido: Rechazar todo sentido del mundo significa suprimir todo juicio de valor. Pero la vida es en s\u00ed\u00ad juicio de valor&#8230;\u00bb (L&#8217;et\u00e9, Par\u00ed\u00ads 1954, 134). \u00abNo es posible eliminar absolutamente los juicios de valor. \u00c2\u00a1Con ello se niega el absurdo?\u00bb Y: \u00abEs imposible que el hombre se desespere totalmente\u00bb (Diario, enero de 1942, marzo de 1951). Podr\u00ed\u00adan multiplicarse los testimonios literarios, filos\u00f3ficos y teol\u00f3gicos de este tipo.<\/p>\n<p>e) No hay soluci\u00f3n te\u00f3rica al problema de la teodicea. El intento de superar el nihilismo radical como instancia \u00faltima de interpretaci\u00f3n de la existencia humana puede que sea l\u00f3gicamente irreprochable; que tenga gran importancia existencial para el hombre ante el destino de dolor del mundo y de la propia vida, ciertamente hay que ponerlo en duda. Pero an\u00e1logo escepticismo parece que conviene ante la respuesta de la tradici\u00f3n-cristiana, seguramente mucho m\u00e1s positiva.<\/p>\n<p>Estas posiciones, que san Agust\u00ed\u00adn fij\u00f3 en el siglo v, siguen teniendo validez:<br \/>\n&#8211; El mal, por su estructura, es s\u00f3lo una carencia secundaria, un defecto, \u00abprivatio boni\u00bb.<\/p>\n<p>&#8211; Hay que distinguir del mal f\u00ed\u00adsico (como la enfermedad y el error) el mal moral, el mal propiamente dicho (violencia, mentira&#8230;). Las cat\u00e1strofes naturales, por estimular la inventiva, pueden ser un trampol\u00ed\u00adn de la evoluci\u00f3n cultural (\u00bfpero justifica el sufrimiento la muerte de sus v\u00ed\u00adctimas?)<br \/>\n&#8211; Dios no puede querer el mal en s\u00ed\u00ad; eso repugnar\u00ed\u00ada a su santidad, \u00fanicamente puede permitirlo, en el sentido de no querer impedirlo. (La permisi\u00f3n, a pesar de muchas contradicciones, es un concepto auxiliar irrenunciable):<br \/>\n&#8211; Mas \u00bfpor qu\u00e9? Tambi\u00e9n la mera permisi\u00f3n debe tener un fundamento; y la raz\u00f3n de ello, basada en la providencia de Dios, es el bien mayor indirectamente ligado al mal.<\/p>\n<p>Con esto llegamos al punto esencial de la dificultad. El abuso m\u00e1s inhumano de la libertad humana, por la forma y el grado, le da a la pregunta del porqu\u00e9 su incisividad \u00faltima. A menudo se responde que Dios respeta justamente la libertad del hombre de decidirse por el bien o por el mal. Y por eso el mundo est\u00e1 as\u00ed\u00ad. Pero el Dios que ha creado con su omnipotencia y sabidur\u00ed\u00ada infinitas el mundo por un amor excesivo, \u00bfno pudo disponer de otra forma y mejor su curso, y no puede guiar los corazones de los hombres de modo que, sin perjuicio de su libertad, e incluso con libertad mayor, tiendan al bien y \u00fanicamente a \u00e9l? \u00bfPor qu\u00e9 entonces existe el mal? \u00bfPor qu\u00e9 lo permite Dios? Se puede comprender entonces, quiz\u00e1, que haya te\u00f3logos que prefieran entender a Dios limitado en su potencia en vez de como \u00abpadre\u00bb en apariencia mal\u00e9volo o que mira con indiferencia el dolor de sus hijos. No es que no quiera impedir el mal; es que no podr\u00ed\u00ada. Pero tambi\u00e9n esta soluci\u00f3n deja sin resolver, en definitiva, el problema de la teodicea, igual que cuanto podemos decir los hombres sobre \u00e9l.<\/p>\n<p>2. LA MUERTE QUE REDIME TODO DOLOR. a) Pr\u00f3logo filos\u00f3fico: la muerte, \u00bfuna promesa de vida? En cierto sentido, del todo brutal, la muerte es el fin de la vida del hombre en la tierra. Como fin definitivo de un camino de la vida terrena, es lo que m\u00e1s se teme; es el supremo mal f\u00ed\u00adsico. \u00bfLa muerte \u00fanicamente cierra la puerta de la vida o abre tambi\u00e9n una mirada esperanzadora a una vida nueva?<\/p>\n<p>Todos los hombres deben morir. Adem\u00e1s, la muerte ensombrece y entristece la vida humana entera; la vida es una \u00fanica \u00abenfermedad mortal\u00bb, seg\u00fan S. Kierkegaard; se podr\u00ed\u00ada hablar de universalidad extensiva e intensiva de la muerte. En la muerte se re\u00fane todo; no queda ya ning\u00fan espacio; parece que no deja nada abierto. De ah\u00ed\u00ad que echemos una \u00faltima mirada a la vida del fallecido despu\u00e9s del sepelio para describirla; de ah\u00ed\u00ad, quiz\u00e1, la pel\u00ed\u00adcula de la vida que pasa velozmente en fracciones de tiempo ante la mirada interior de la v\u00ed\u00adctima de un accidente. La vida parece hundirse en el abismo del no ser. La muerte, que nos lo quita todo, nos quita a nosotros mismos; lo que queda durante alg\u00fan tiempo se pudre o desaparece. \u00bfAd\u00f3nde nos lleva la muerte -en sentido figurado- con ella? \u00bfA la nada? Esto nos aterra a los hombres. El miedo a la muerte es el miedo m\u00e1s elemental. Y lo que inexorablemente lo agudiza es, al contrario que en el animal, la conciencia del hombre de su finitud y caducidad. La muerte \u00abdevora la inmanencia de la existencia\u00bb (B. WELTE, Heilsverst\u00fandnis, Friburgo 1966, 132). Esto es lo que constituye el car\u00e1cter negativo (dan ganas de decir absoluto) de la muerte y es el comienzo de su superaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Porque la muerte \u00abaniquila\u00bb todo para todos, es el caso m\u00e1s radical de l\u00ed\u00admite. Por eso est\u00e1 aqu\u00ed\u00ad indicado echar una mirada a la dial\u00e9ctica del l\u00ed\u00admite. J,G. Fichte afirma: \u00abEn cuanto que el yo est\u00e1 limitado, llega s\u00f3lo al l\u00ed\u00admite, En cuanto que se pone como l\u00ed\u00admite, llega al l\u00ed\u00admite mismo en cuanto tal\u00bb (WW I, 347). Y G.W.F. Hegel sobre todo (WW VIII, 159; en particular X, 44; cf 41; IV; 153; XV, 184) advierte: \u00abAlgo es conocido o, mejor, sentido como l\u00ed\u00admite; como carencia, cuando al mismo tiempo est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de \u00e9l\u00bb. \u00abYa el hecho de conocer el l\u00ed\u00admite es una prueba de que estamos m\u00e1s all\u00e1 de \u00e9l, de que no somos limitados\u00bb (WW VIII,159; X, 44; cf tambi\u00e9n IV, 53; X 41; XV, 184). La ley fundamental de la experiencia del l\u00ed\u00admite igual a la superaci\u00f3n del mismo abarca todos los modos de lo finito y lo limitado. \u00abNada es tan contingente y casual que no tenga en s\u00ed\u00ad algo de necesidad\u00bb (S, Th. I, q. $6; a. 3). Para la dial\u00e9ctica objetiva, lo objetivo est\u00e1 contenido en s\u00ed\u00ad en lo relativo (Lenin, en el estudio sobre Hegel), No hay nada tan provisional que no lleve en s\u00ed\u00ad un brote de definitivo. Nada es enteramente necio; en ello se esconde una chispa de inteligencia. Nada es s\u00f3lo pregunta; comienza ya a responder (Arist\u00f3teles: \u00abEl hallazgo de las apor\u00ed\u00adas es la soluci\u00f3n\u00bb [Eth. Nich. VII, 4]; B. WELTE, Heilsverstilndnis, 131). Nada es tan manipulable y explotable que no le quede un destello de indisponibilidad. En resumen, nada es totalmente mundano, humano, \u00fanicamente limitado y finito. Y nada es tan mortal que no contenga algo de vida.<\/p>\n<p>Justamente la negatividad de la muerte, por su car\u00e1cter universal, es impulsada m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed\u00ad misma, m\u00e1s all\u00e1 de su negaci\u00f3n. Abre a lo distinto de ella, al s\u00ed\u00ad, al ocaso, a lo caduco, a la vida m\u00e1s all\u00e1 de la muerte. Pues el hecho de que la muerte \u00able permita conocer al Desein esta negatividad\u00bb supone \u00abque se comprende en orden a la positividad de su, ser&#8230;, de ser plenamente, &#8230;que para el Desein se trata de ser o no ser&#8230;, de ser plenitud, de ser salvaci\u00f3n &#8230;.Su no implica siempre un proyecto de salvaci\u00f3n que todo ser se traza siempre\u00bb (B. WELTE, Heilsverst\u00fcndnis, 127140). Como consecuencia de la negatividad y universalidad de la muerte parece anunciarse la trascendentalidad de su autosuperaci\u00f3n como tendencia, como exigencia.<\/p>\n<p>Lo dicho hasta aqu\u00ed\u00ad parece aceptable. Incluso la reflexi\u00f3n que acabamos de hacer sobre la muerte es abstracta (igual que la pregunta sobre el nihilismo).. Ni siquiera es suficiente la referencia al cielo y al infierno para justificar a Dios satisfactoriamente ante el tribunal de la humanidad. Si no basta para la teodicea, para la `justicia de Dios\u00bb, lo que dicen los hombres, \u00bfqu\u00e9 hace Dios?<\/p>\n<p>b) La muerte en cruz de Jes\u00fas como paroxismo de la pasi\u00f3n de la humanidad. A la esperanza de que la cruz de Jes\u00fas proyecte luz sobre la historia del sufrimiento humano se opone inicialmente un gran \u00abvidetur quod non\u00bb. Lo cierto parece exactamente lo contrario. La crucifixi\u00f3n es la forma m\u00e1s ignominiosa de ejecuci\u00f3n que el mundo ha conocido. \u00bfY puede la muerte en cruz de un hombre fundamentar y obtener la fe redentora y la salvaci\u00f3n eterna para todos los hombres? Esta paradoja da que pensar.<\/p>\n<p>&#8211; El esc\u00e1ndalo de la cruz. De los celtas a los indios, los criminales eran clavados en cruz y ofrecidos a los dioses en sacrificio. Entre los persas y los fenicios (en el norte de Africa) se reservaba la crucifixi\u00f3n para los cr\u00ed\u00admenes m\u00e1s graves de Estado y para la alta traici\u00f3n. Como reos contra el Estado eran crucificados tambi\u00e9n elementos rebeldes en provincias romanas, por ejemplo en Judea. En su mayor\u00ed\u00ada proced\u00ed\u00adan de los estratos inferiores del pueblo, a los que era preciso reprimir por el bien p\u00fablico. A la mezcolanza de esclavos de Roma se les pod\u00ed\u00ada mantener a raya \u00abnon sine metu\u00bb (cf T\u00ed\u0081CITO, Annales 14,44,3): Se hac\u00ed\u00ada un proceso sumario: el emperador Domiciano, hacia el a\u00f1o 90 d.C., mand\u00f3 decapitar a un escritor por las caricaturas de uno de sus libros y los infelices esclavos del escritor fueron crucificados. En la crucifixi\u00f3n los verdugos pod\u00ed\u00adan dar rienda suelta a su albedr\u00ed\u00ado y su sadismo.; ello satisfac\u00ed\u00ada el ansia de venganza y la crueldad de los dominadores y del populacho. Lo m\u00e1s temible era el tiempo que se permanec\u00ed\u00ada colgado del \u00ab\u00e1rbol funesto\u00bb. El joven C\u00e9sar debi\u00f3 ser bastante compasivo al ordenar estrangular a unos piratas cautivos antes de crucificarlos. La p\u00fablica exhibici\u00f3n del crucificado desnudo se consideraba el oprobio supremo, que sellaba su manifiesta eliminaci\u00f3n social y su reprobaci\u00f3n religiosa. Ning\u00fan escritor de la antig\u00fcedad se detuvo mucho en describir el hecho cruel. Los relatos de la pasi\u00f3n de los evangelios son los m\u00e1s detallados. En las novelas griegas y latinas la cruz representa la peor amenaza del h\u00e9roe, que lleva la tensi\u00f3n a su momento culminante; pero en realidad el h\u00e9roe no puede sufrir de modo alguno esa muerte ignominiosa; es salvado oportunamente por un \u00abdeus ex machina\u00bb. Para Cicer\u00f3n (cf el Discurso contra Varr\u00f3n, 5,66, 169; 5,64,165; 5,62, 162), la cruz es \u00abel castigo m\u00e1s duro y supremo de los esclavos\u00bb, \u00abla ejecuci\u00f3n m\u00e1s cruel y abominable\u00bb; lanza invectivas contra \u00abesta peste\u00bb. Flavio Josefo sentencia: \u00abLa muerte m\u00e1s infame\u00bb (De bello Jud. 7,203).<\/p>\n<p>&#8211; La cruz de Jes\u00fas, centro de la fe cristiana. Desde el principio, la cristiandad reconoci\u00f3 la cruz de Jes\u00fas como base y centro de su fe. Pablo se hab\u00ed\u00ada propuesto ante la comunidad de Corinto \u00abno saber otra cosa que a Jesucristo, y \u00e9ste crucificado\u00bb (1Cor 2,2). Se sabe enviado a predicar el mensaje de salvaci\u00f3n; pero de forma \u00abque no se vac\u00ed\u00ade la cruz de Cristo\u00bb, es decir, que no se pierda su fuerza o significado (1Cor 1,17). Los dos primeros cap\u00ed\u00adtulos de la primera carta a los Corintios (1Cor 1,17-2,9) no son m\u00e1s que magn\u00ed\u00adficos testimonios del significado fundamental y hasta central que la \u00abpalabra de la cruz\u00bb (ho logos tou staurou: 1Cor 1,18). tiene para Pablo. Pero ya \u00abmucho antes de Pablo las reflexiones teol\u00f3gicas y las confesiones lit\u00fargicas subrayaron la muerte de Jes\u00fas como acontecimiento salv\u00ed\u00adfico\u00bb; el mismo Pablo lo demuestra, pues \u00abadmite las distintas variantes de este anuncio\u00bb, es. decir, la interpretaci\u00f3n de la muerte en cruz de Jes\u00fas como sustituci\u00f3n vicaria, reconciliaci\u00f3n, rescate y tambi\u00e9n como expiaci\u00f3n y sacrificio (cf E. K\u00ed\u0081SEMANN, Die HeiIsbe d\u00e9utung des Todes Jesu be\u00c2\u00a1 Paulus, en H. `CONZELMANN, Zur Bedeutung des Todes Jesu, G\u00fctersloh 1967, 11 34). A este respecto, Pablo afirma ocasionalmente de manera del todo expl\u00ed\u00adcita que \u00e9l \u00abtransmite lo que ha recibido\u00bb; por tanto, que contin\u00faa el anuncio de tradiciones m\u00e1s antiguas (en particular 1Cor 15,3-5; cf 11,23-26); y la forma de comunicarlo lo pone de manifiesto (Rom 4,25; 8,34; 2Cor 5,13;13,4). En el himno a Cristo que incorpora a la carta a los Filipenses (2,6-11), Pablo subray\u00f3 de su propia mano la suprema humillaci\u00f3n de Jes\u00fas, el cual \u00abse hizo obediente hasta la muerte\u00bb, a\u00f1adiendo la expresi\u00f3n \u00aby muerte de cruz\u00bb (v. 8). Que Jes\u00fas mismo atribuyera anticipadamente un significado salv\u00ed\u00adfico a su muerte lo han puesto en duda algunos exegetas en los \u00faltimos decenios; pero los recientes estudios cr\u00ed\u00adticos sostienen con buenas razones que Jes\u00fas en la \u00faltima cena con sus disc\u00ed\u00adpulos les ofreci\u00f3 el pan y el vino como su cuerpo que es entregado y como su sangre que es derramada por ellos y por \u00abmuchos\u00bb (lo que significa por todos; cf Mc 14,22-24; Mt 26,26-28; Lc 22,19-21; 1Cor 11,23-26).<\/p>\n<p>&#8211; La paradoja inherente a la fe en la cruz. Que la muerte miserable de un hombre en el pat\u00ed\u00adbulo de la cruz, con la cual el que as\u00ed\u00ad acaba es estigmatizado como reo de culpa capital; que semejante muerte sea para todos los hombres el origen de la vida eterna, de la comuni\u00f3n bienaventurada con Dios y por tanto la raz\u00f3n de su salvaci\u00f3n y el centro de su fe, es algo que contradice absolutamente toda verosimilitud y toda posible expectativa humana. \u00bfSe le puede exigir esta paradoja a un hombre que no quiera renunciar a su raz\u00f3n en cuesti\u00f3n de religi\u00f3n? Los adversarios de Jes\u00fas que se encontraban al pie de la cruz en el G\u00f3lgota le gritaban que bajara de ella y creer\u00ed\u00adan en su mesianidad. Aquello era un escarnio cruel; sin embargo, la pretensi\u00f3n ten\u00ed\u00ada un n\u00facleo de verdad: que un ajusticiado sea en la cruz un mes\u00ed\u00adas es algo monstruoso e inaudito.<\/p>\n<p>Los primeros cristianos debieron sentirlo tambi\u00e9n as\u00ed\u00ad al principio. En ninguna parte, hasta finales del siglo II, se encuentra una representaci\u00f3n del crucificado relativa a Jes\u00fas, prescindiendo del crucifijo en plan de escarnio del Palatino de Roma, un grafito de un muro del palacio imperial: de dos trazos en forma de T pende un hombrecito con cabeza de asno. Otro le est\u00e1 contemplando. La inscripci\u00f3n reza: \u00abAlexamenos ora a su Dios\u00bb. Tertuliano (cf Adv. Marc. 3,18; CChr 1, 531), hacia el a\u00f1o 200, da esta raz\u00f3n: \u00abHubo que ocultar en im\u00e1genes el misterio de la cruz en la antigua predicaci\u00f3n; pues si se lo hubiera anunciado abiertamente, se hubiera convertido en un esc\u00e1ndalo mayor\u00bb. Ya hacia el 150 Justino se siente acosado por los cr\u00ed\u00adticos: \u00abEn esto -explica- estriba nuestra locura: que atribuimos el segundo puesto despu\u00e9s del Dios inmutable y eterno a un hombre crucificado\u00bb; y hace que un jud\u00ed\u00ado pida una prueba de que el mes\u00ed\u00adas \u00abser\u00e1 crucificado y habr\u00e1 de tener una muerte tan infame e ignominiosa, considerada maldita por la ley\u00bb, pues esto nos resulta inconcebible (cf 1 Apologia 13,4; Dial. c. Tryph. 90,1).<\/p>\n<p>El islam no quiso hacer morir en la cruz a Jes\u00fas, a quien tiene, junto con Mois\u00e9s y Mahoma, por un gran profeta; en su lugar habr\u00ed\u00adan ajusticiado a otro hombre (Cor\u00e1n 4,157-159). A semejantes construcciones de salvaci\u00f3n recurrieron ya las doctrinas err\u00f3neas cristianas del siglo II: seg\u00fan el docetismo -de dokein = parecer- Jes\u00fas s\u00f3lo ten\u00ed\u00ada un cuerpo aparente; seg\u00fan Marci\u00f3n, la crucifixi\u00f3n afect\u00f3 s\u00f3lo al cuerpo de Jes\u00fas, no a \u00e9l mismo propiamente. De la \u00e9poca moderna, si prescindimos de Goethe (\u00abA m\u00ed\u00ad quieres hacerme Dios, a semejante lastimosa imagen pendiente del madero&#8217;, menos conocido es lo que dice Hegel: \u00abSe suplica al que pende de la cruz. Con esta monstruosa asociaci\u00f3n han luchado durante muchos siglos millones de almas que buscaban a Dios, y les ha torturado\u00bb. Y: \u00abSeg\u00fan nuestras costumbres, esta nueva religi\u00f3n habr\u00ed\u00ada de hacer de lo que antes era una cruz, a saber: el pat\u00ed\u00adbulo, lo que es ahora, su bandera\u00bb (cf Theologisehe Jugenschriften, 1798\/99, 335). Nietzsche, en M\u00e1s all\u00e1 del bien y del mal (46), llamaba a la fe en Cristo, que Pablo estiliz\u00f3 sumamente; \u00ablo m\u00e1s absurdo\u00bb. Los modernos, con su insensibilidad a cualquier terminolog\u00ed\u00ada cristiana, no perciben ya lo superlativamente horripilante que encerraba para el paladar antiguo la f\u00f3rmula parad\u00f3jica \u00abDios en la cruz\u00bb. Hasta ahora no ha existido nunca ni en ninguna parte una osad\u00ed\u00ada semejante en invertir algo tan horrible como esta f\u00f3rmula; ella promet\u00ed\u00ada una inversi\u00f3n de todos los valores antiguos. La fe en Dios crucificado \u00abse asemeja de manera terrible a un suicidio permanente de la raz\u00f3n\u00bb (46). Nietzsche, uno de los cr\u00ed\u00adticos m\u00e1s implacables del cristianismo, comprendi\u00f3 con toda agudeza el absurdo que supone la fe en la cruz para los increyentes.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n, y justamente Pablo de Tarso -el primero y hasta ahora (\u00bfy siempre?) el m\u00e1s grande te\u00f3logo del cristianismo, a quien debemos los primeros escritos del NT-, expuso sin miramientos para \u00e9l y para nosotros lo \u00abm\u00e1s absurdo\u00bb que puede haber en el evangelio -\u00c2\u00a1la alegre y buena nueva!- de la cruz, para la impresi\u00f3n y la experiencia (cf 1 Cor 1,17b-25). Seg\u00fan esto, la cruz de Jes\u00fas es esc\u00e1ndalo para los jud\u00ed\u00ados, que piden se\u00f1ales del poder de Dios, como en la salida de Egipto; y es necedad, desatino (moria) para los griegos, que buscan la sabidur\u00ed\u00ada razonable del mundo. Sin embargo, para el que \u00abno desvirt\u00faa la cruz de Cristo\u00bb (v. 17b), sino que la abraza en su dura paradoja, la palabra de la cruz (v. 18), rechazada como esc\u00e1ndalo, puede ser prometedora. El esc\u00e1ndalo que pierde se vuelve entonces salv\u00ed\u00adfico. Para los que se salvan por creer, la cruz no es impotencia y necedad, sino fuerza y sabidur\u00ed\u00ada de Dios. Pues -otra paradoja prodigiosa-: \u00abLa locura de Dios es m\u00e1s sabia que los hombres, y la debilidad de Dios m\u00e1s fuerte que los hombres\u00bb (v. 25).<\/p>\n<p>&#8211; La incomprensibilidad de Dios o la credibilidad de lo incre\u00ed\u00adble. La paradoja de la teolog\u00ed\u00ada paulina deja sin aliento. Para el que cree en la cruz como acontecimiento salv\u00ed\u00adfico, el pensamiento desfallece. La pasi\u00f3n de Jes\u00fas llega a su punto culminante, que es un anonadamiento absoluto, cuando el crucificado grita su abandono por Dios: \u00abDios m\u00ed\u00ado, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb (Mc 15,34; Mt 27,46). La expresi\u00f3n refleja el estremecimiento de la pregunta y la queja de Job; en ella resuena la pasi\u00f3n de la humanidad entera. Expresa del modo m\u00e1s intenso la contradicci\u00f3n del hecho de la cruz: el. abandonado por Dios se abandona a Dios. Llama al que no est\u00e1 all\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>La paradoja de la fe en la cruz est\u00e1 encerrada en esas pocas palabras que grita: por una parte, Jes\u00fas parece sucumbir a la muerte con este grito no s\u00f3lo en el cuerpo, sino tambi\u00e9n en el alma; por otra, el grito es una confesi\u00f3n \u00fanica del Dios definitivamente incomprensible. Reconoce al ser divino de Dios; da testimonio y sella este reconocimiento con la muerte. Dios es y debe ser en su divinidad -de lo contrario, no ser\u00ed\u00ada Dios, sino s\u00f3lo. semejante a nosotros- el incomprensible para nosotros. Y como la fe, seg\u00fan Heb 11,1, es \u00abla garant\u00ed\u00ada de las cosas que se esperan, la prueba de aquellas que no se ven\u00bb, quiz\u00e1 en lo que parece incre\u00ed\u00adble por su contradicci\u00f3n \u00fanica e insuperable: \u00abel crucificado es el salvador del mundo\u00bb; esto podr\u00ed\u00ada suscitar una oculta y profunda credibilidad. Decidirse a creer en la paradoja de la cruz -y el cristianismo subsiste o se hunde en esa fe- es un reto que enfrenta con la incomprensibilidad de Dios. No nos quedamos en el \u00abcredo quia absurdum\u00bb de Tertuliano.<\/p>\n<p>3. EL AUTOTESTIMONIO DE LA FE EN LA CRUZ. a) \u00bfQu\u00e9 ha hecho Dios? Los hombres no encontramos desde nosotros ninguna respuesta satisfactoria a la pregunta sobre el dolor humano. La respuesta de Dios es la entrega de su Hijo a la muerte, y muerte de cruz. Con ello no se resuelve te\u00f3ricamente el problema de la teodicea, pero se redime en la pr\u00e1ctica el sufrimiento del mundo. Se redime el sufrimiento y el dolor, a su modo igualmente atormentador, del sufrimiento.<\/p>\n<p>\u00abTanto am\u00f3 Dios al mundo que entreg\u00f3 a su Hijo \u00fanico&#8230;, no para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por \u00e9l\u00bb (Jn 3,16; cf Un 4,9). Pablo dice lo mismo en la carta a los Romanos (8,32): \u00abEl que no perdon\u00f3 ni a su propio Hijo, sino que lo entreg\u00f3 por todos nosotros, \u00bfc\u00f3mo no nos dar\u00e1 gratuitamente con \u00e9l todas las cosas?\u00bb Su eco nos llega desde Ambrosio: \u00abPara salvar al esclavo entreg\u00f3 al Hijo\u00bb (cf el Exultet de la liturgia de la vigilia pascual), hasta Kierkegaard: \u00abEl que perdon\u00f3 al primog\u00e9nito de Abrah\u00e1n y s\u00f3lo prob\u00f3 la fe del patriarca, no perdon\u00f3 a su Hijo unig\u00e9nito\u00bb (Diario, 13-9-1839). Dios no impuso a Jes\u00fas contra su voluntad el suplicio de la cruz, sino que \u00e9ste acept\u00f3 voluntariamente el sufrimiento (cf Jn 10,17-18). Tampoco los que le dieron muerte fueron determinados y movidos a ello por Dios; obraron por su propia voluntad, supuestamente buena (cf Lc 23,34), pero de hecho, objetivamente mala. Dios permite el mal, o sea, la muerte de un inocente, por un bien mayor, que no procede del mal como causa, sino que, con ocasi\u00f3n de un hecho malo, como conditio sine qua non, brota de otra fuente. \u00bfQu\u00e9 es en la muerte de Jes\u00fas en cruz \u00abel bien mayor\u00bb y cu\u00e1l es su fuente?<\/p>\n<p>b) La revelaci\u00f3n del amor que perdona. La par\u00e1bola de Jes\u00fas sobre el padre compasivo (Lc 15,11-32) nos sugiere el sentido del misterio de la cruz. El padre consiente que el hijo menor, que disipar\u00e1 parte de su herencia con prostitutas, se aleje y caiga en la miseria, la culpa, el arrepentimiento. Hubiera podido impedirlo. Pero el hijo obligado a permanecer en casa, \u00bfno hubiera reaccionado con incomprensi\u00f3n y protestas, quiz\u00e1 durante toda la vida? Por eso el padre consiente en el extrav\u00ed\u00ado del hijo. Mas cuando el hijo perdido, maltratado por el destino, vuelve, el padre sale a su encuentro con un amor incontenible. Cu\u00e1n sorprendente y casi asombrosamente magn\u00e1nimo es su proceder lo pone de manifiesto su antitipo, el hijo mayor, que alardea de justicia en la dureza de su coraz\u00f3n. La falta del hijo menor es el supuesto para la revelaci\u00f3n del amor paterno en su nueva cualidad de amor que perdona, que libra del dolor y de la culpa.<\/p>\n<p>Las crisis y cat\u00e1strofes entre hombres que se quieren actualizan la par\u00e1bola b\u00ed\u00adblica. Un matrimonio fracasa; la amistad es traicionada. Puede que entonces \u00abse acabe todo\u00bb. Pero puede tambi\u00e9n que se aguante con paciencia la situaci\u00f3n y que se supere; que, mediante la reconciliaci\u00f3n y el perd\u00f3n, la comprensi\u00f3n mutua y el lazo rec\u00ed\u00adproco adquieran una nueva profundidad e interioridad. Aplicado a la dimensi\u00f3n superior de los sucesos actuales del mundo: pueblos que durante decenios se han visto forzados a vivir sin libertad bajo reg\u00ed\u00admenes totalitarios experimentan lo que significa la libertad con nueva intensidad gracias a un cambio revolucionario, y es posible que esa experiencia mueva tambi\u00e9n a otras regiones a un cambio de la situaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>Que la muerte en cruz de Jes\u00fas es la revelaci\u00f3n de un amor de Dios que no se pod\u00ed\u00ada esperar, ni siquiera sospechar, lo dice tambi\u00e9n Pablo de la manera m\u00e1s contundente: \u00abDios mostr\u00f3 su amor para con nosotros en que, siendo a\u00fan pecadores, Cristo muri\u00f3 por nosotros\u00bb (Rom 5,8). Dios obra por amor. Mejor, \u00abDios es amor\u00bb (IJn 4,16). \u00abDios como amor pende totalmente de la cruz\u00bb (Simone Weil). Por eso puede decirse que \u00abel ser divino de Dios hay que comprenderlo desde el hecho de esta muerte\u00bb (E. J\u00dcNGEL, \u00dcnterwegs zur Sache, Munich 1972, 119) y que la cruz es, en definitiva, \u00abla \u00fanica definici\u00f3n posible de Dios y del hombre\u00bb (W. KASPER, Zukunft aus dem Glaube, Mainz 1978, 55ss). Seg\u00fan esto, la autodefinici\u00f3n de Dios es: amor crucificado. Lo incomprensible del amor ya no es la definici\u00f3n m\u00e1s vac\u00ed\u00ada, sino la m\u00e1s plena, de lo indefinible. J.A. M\u00f3hler dice de Dios que \u00absu manifestaci\u00f3n tiene lugar bajo la forma del sacrificarse por los pecados del mundo\u00bb (Symbolik, MainzViena 1833, 287). Gregorio de Nisa (siglo iv) explica la posibilidad del sufrimiento divino: \u00abQue la naturaleza omnipotente fuera capaz de descender hasta la bajeza del hombre muestra su poder m\u00e1s que grandes milagros superiores a la naturaleza&#8230; El descendimiento de Dios a la bajeza es un cierto exceso de poder, para el cual no existe ning\u00fan obst\u00e1culo que se le oponga en la naturaleza&#8230; La grandeza se manifiesta en la bajeza, y sin embargo no se rebaja con ello la grandeza\u00bb (Oratio catechetica 24: PG 45,64).<\/p>\n<p>Dios se despoja de su omnipotencia en la impotencia del que muere en la cruz, abandonado de los hombres y de Dios. Con ello nos manifiesta a los hombres no el poder del amor que sorprende triunfalmente, sino el que atrae y se impone por la solidaridad en el dolor. Dios se inclina hacia el hombre como \u00abDios en forma de esclavo\u00bb (S. Kierkegaard); su omnipotencia se convierte en omnidebilidad (G. Marcel). Jes\u00fas mismo interpreta su k\u00e9nosis de la cruz (cf Flp 2,7) mediante la entrega eucar\u00ed\u00adstica: \u00abMi cuerpo por vosotros, mi sangre por todos\u00bb. Ella es la prueba comprensiblemente incomprensible de su amor. El amor crucificado supera infinitamente al amor omnipotente de Dios en la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>c) La muerte de Dios. Es importante en nuestro contexto y en la fe cristiana no ver la cruz aislada, s\u00f3lo como el hecho de la muerte del G\u00f3lgota extremadamente cruel, sino relacionada con su \u00ablado interno\u00bb teol\u00f3gico, la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas de la muerte. S\u00f3lo esto es el \u00abmisterio pascual\u00bb total y \u00fanico.<\/p>\n<p>Ya en el primer escrito del NT, la primera carta a los Tesalonicenses (4,4), escrita hacia el a\u00f1o 50, condensa Pablo la confesi\u00f3n fundamental de la fe cristiana en estas breves palabras: \u00abCreemos que Jes\u00fas muri\u00f3 y resucit\u00f3\u00bb (cf 2Cor 15,5, con la adici\u00f3n \u00abpor nosotros&#8217;. Incluso cuando parece que Pablo habla s\u00f3lo de la muerte (1 Tes 1,10; Rom 3,25; 5,6.8; 14,15; 1Cor 8,11; G\u00e1l 2,21; cf Le 24,26; Jn 3,16), la anuncia como muerte \u00abpor nosotros\u00bb; por tanto, incluye su acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica universal y eterna. La predicaci\u00f3n misionera de la Iglesia primitiva la transmiten los Hechos de los Ap\u00f3stoles en diversas redacciones, que tienen en com\u00fan esta doble estructura polar: al Jes\u00fas que vosotros hab\u00e9is clavado en la cruz, Dios lo ha resucitado de entre los muertos (He 2,23s; 3,13s; 4,10; 5,30s; 10,3443;13,27-29). Tambi\u00e9n la primera carta de Pedro interpreta la afirmaci\u00f3n fundamental: \u00abDios lo resucit\u00f3 de entre los muertos\u00bb (1,21), as\u00ed\u00ad: \u00abCristo muri\u00f3 una vez por los pecados, el justo por los injustos, con el fin de llevarlos a Dios; sufri\u00f3 la muerte corporal, pero fue devuelto a la vida en Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (3,18; cf 3,21s).<\/p>\n<p>Es significativo que \u00abuna cristolog\u00ed\u00ada prepaulina, conservada en los himnos cristianos primitivos, presente ya el encumbramiento celeste de Jes\u00fas como consecuencia de la cruz\u00bb (K\u00ed\u0081SEMANN, Die Reilsbedeutung des Todes Jesu bel Paulus, 30). Ello manifiesta nuevamente lo estrecha e indisolublemente que se relacionan con el acontecimiento del viernes santo los hechos de la resurrecci\u00f3n, la ascensi\u00f3n al cielo de Jes\u00fas y el env\u00ed\u00ado del Esp\u00ed\u00adritu, presentados por los Hechos de los Ap\u00f3stoles de Lucas en el lapso de cincuenta d\u00ed\u00adas: como el acontecimiento pascual de la muerte y resurrecci\u00f3n. Y s\u00f3lo desde la experiencia de los disc\u00ed\u00adpulos con el Se\u00f1or resucitado fue posible entender y creer la muerte en cruz de Jes\u00fas en la dimensi\u00f3n profunda de su significado eterno para todos los hombres (cf Mc 8,31; 9,31; 10,34: \u00aby despu\u00e9s de tres d\u00ed\u00adas resucitar\u00e1\u00bb).<\/p>\n<p>La muerte de la que el amor omnipotente de Dios resucit\u00f3 al crucificado a nueva vida es la muerte de la muerte. La muerte, que ejerce el poder ineluctable y definitivo sobre el destino terreno del hombre y que por ello difunde el miedo m\u00e1s grande, representa a todas las \u00abpotencias y dominaciones\u00bb que hacen sufrir al hombre. El NT las conoce con diversos nombres. Seg\u00fan Pablo, Jesucristo nos ha liberado de la ley, el pecado, la carne y (cf 1Cor 15) la muerte. Sobre esto hay afirmaciones asombrosas: \u00abCristo nos ha rescatado de la maldici\u00f3n de la ley, haci\u00e9ndose maldici\u00f3n por nosotros, como est\u00e1 escrito (Dt 21,23): `Maldito sea el que pende del madero\u00bb&#8216;. \u00abAl que no conoci\u00f3 el pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros&#8230;\u00bb (2Cor 5 21). \u00abLa ley del Esp\u00ed\u00adritu, que da la vida en Cristo Jes\u00fas, me ha librado de la ley del pecado y de la muerte\u00bb (Rom 8,2). Con una expresi\u00f3n m\u00ed\u00adtica dice san Pablo que los \u00abpr\u00ed\u00adncipes de este mundo\u00bb no conocieron la sabidur\u00ed\u00ada de Dios oculta en Jes\u00fas, \u00abpues si lo hubieran entendido no habr\u00ed\u00adan crucificado al Se\u00f1or de la gloria\u00bb (ICor 2,8). Y, an\u00e1logamente, la concepci\u00f3n de Justino (cf Apol. I, 54-60; PG 6,408-420), que no es s\u00f3lo m\u00ed\u00adtica, seg\u00fan la cual las potencias del mal instigaron a la crucifixi\u00f3n sin sospechar que, precisamente con el sacrificio de su muerte, Jes\u00fas les iba a arrebatar su bot\u00ed\u00adn, las almas de los hombres. En realidad,-fueron -as\u00ed\u00ad se los puede llamar- los poderes ideol\u00f3gicos y pol\u00ed\u00adtico-religiosos de su tiempo los que llevaron a Jes\u00fas a la cruz: el ansia de poder y de riqueza de los saduceos, la justicia de la ley de los fariseos, el fanatismo libertador de los zelotas&#8230; La victoria de aquellas fuerzas fue en realidad una derrota. La muerte del inocente, al que ellos juntamente con Pilato ejecutaron, desenmascar\u00f3 sus tendencias de muerte. Porque la fuerza divina de vida y de amor inmanente en el Hijo de Dios y del hombre crucificado padeci\u00f3 la muerte y la super\u00f3 por dentro, pudo Agust\u00ed\u00adn condensar la transformaci\u00f3n que conmueve al mundo del aspecto exterior e interior del acontecimiento de la cruz; de la cruz en resurrecci\u00f3n, de la muerte en vida, en esta f\u00f3rmula: morte occissus mortem occidit (muerto por la muerte, mata a la muerte). Las \u00abpotestades\u00bb o ideolog\u00ed\u00adas fueron la muerte de Jes\u00fas, Cristo es la muerte de las potestades.<\/p>\n<p>&#8211; El ser m\u00e1s profundo del hombre y la solidaridad humana. \u00abEcce homo\u00bb. Con esta exclamaci\u00f3n se refiri\u00f3 el pagano Pilato al coronado de espinas, testimoniando as\u00ed\u00ad la humanidad de la \u00abPalabra de la cruz\u00bb. Es \u00e9ste el t\u00ed\u00adtulo m\u00e1s cristiano de todos, porque es la confesi\u00f3n m\u00e1s profundamente humana. En el crucificado, la vida humana es llevada a su l\u00ed\u00admite extremo, en el que no queda m\u00e1s que la existencia desnuda, e incluso a la p\u00e9rdida de la vida. Sin embargo, el Dios que se identifica con el crucificado -porque en \u00e9l se hizo hombre- entra en el lugar del sufrimiento y de la aniquilaci\u00f3n de los hombres (en los campos de concentraci\u00f3n del nacionalsocialismo o en los Gulag sovi\u00e9ticos); \u00e9l se hace uno con la identidad de que han sido privados. En lo profundo del ser humano, que la muerte de Jes\u00fas en cruz ha puesto al descubierto, se comprende el hombre como el que puede sufrir. No tiene que hacerse el grande y fuerte; puede ser peque\u00f1o y d\u00e9bil. Siente con Pablo: \u00abCuando soy d\u00e9bil, entonces soy fuerte\u00bb, pues \u00abel poder de Dios triunfa en la flaqueza\u00bb (del hombre). Por eso \u00abno presumir\u00e9 de m\u00ed\u00ad, sino de mis flaquezas\u00bb. Tambi\u00e9n Jes\u00fas \u00abfue crucificado en su debilidad, pero ahora vive por el poder de Dios\u00bb. Pablo sabe lo que significa \u00abllevar siempre la muerte de Jes\u00fas en nuestro cuerpo\u00bb (cf 2Cor 12,10.9.5; 13,4; 4,10). Los evangelios exigen tomar diariamente la cruz; en esto consiste seguir a Jes\u00fas. La muerte de Jes\u00fas es escuela de vida cristiana. Ante el crucificado estoy preparado a dejar que Dios sea Dios, y el hombre puede permanecer hombre.<\/p>\n<p>La fe en la cruz no induce a la pasividad ante el dolor, o incluso al gozo masoquista del mismo. Todo lo negativo hay que soportarlo con paciencia; pero, en la medida de nuestras fuerzas, hay que superarlo tambi\u00e9n activamente con una solidaridad humana universal. La palabra de vida \u00abcon Cristo\u00bb, que Pablo presenta con m\u00faltiples variantes (morir con, vivir con, crucificado con, sepultado con, resucitado con y conglorificado) apunta a la promesa \u00abpor nosotros\u00bb: por nosotros los hombres, por todos los hombres sin excepci\u00f3n. Jes\u00fas es el hombre para los innumerables hermanos. Su sangre \u00abgrita m\u00e1s alto que la sangre de Abel\u00bb (Heb 12,24); no pidiendo venganza, sino reconciliaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad grita la muerte de cruz desde lo m\u00e1s profundo de su ser pidiendo resurrecci\u00f3n (l Misterio pascual, II). La resurrecci\u00f3n de uno y de todos. Que los hombres tengamos vida, y en abundancia (Jn 10,10.17); para eso dio Jes\u00fas su vida. Si la existencia humana, como dec\u00ed\u00ada la antigua asc\u00e9tica, es una \u00abcontinua mortificatio\u00bb, una muerte continua a todas las cosas o, expresado de una manera moderna, \u00abuna experiencia de muerte en peque\u00f1as dosis\u00bb, el motivo decisivo de ello es el amor consecuente y solidario del pr\u00f3jimo, que lleva consigo m\u00faltiples conflictos, compromisos y renuncias y, en ciertas circunstancias, como hoy en Am\u00e9rica Latina y en otras partes, no rara vez el sacrificio de la vida. La cruz de Jes\u00fas planta en la historia del mundo la ense\u00f1a de la solidaridad universal. \u00abEn la cruz tiene sus manos extendidas para abarcar los l\u00ed\u00admites del orbe\u00bb (Cirilo de Jerusal\u00e9n, XIII, Catequesis 28: PG 33,805).<\/p>\n<p>&#8211; Reflexi\u00f3n final teol\u00f3gico-fundamental. La fe en la paradoja de la cruz representa una exigencia enorme e insuperable para la capacidad de creer de los hombres; hasta el punto de que puede, y al principio debe, parecer un argumento decisivo contra la credibilidad del evangelio. Nosotros lo hemos seguido, intentando demostrar que es uno, quiz\u00e1 incluso el argumento, en favor de la revelaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>La m\u00e1s profunda autocomprensi\u00f3n del hombre y su relaci\u00f3n de compromiso por la libertad, la justicia y la paz con el mundo en nada encuentran tanta motivaci\u00f3n y est\u00ed\u00admulo como en el Dios del crucifijo. Seguramente tampoco la religi\u00f3n, el cristianismo, la Iglesia y la teolog\u00ed\u00ada est\u00e1n inmunes de la ideologizaci\u00f3n y el endiosamiento; incluso su perversi\u00f3n es la peor posible (corruptio optimi pessima; cf las guerras de religi\u00f3n). Sin embargo, ning\u00fan aspecto divino de las religiones humanas se opone tanto como el Dios del amor crucificado a que la Iglesia abuse de \u00e9l para su pseudolegitimaci\u00f3n como fin propio o para obtener cualquier clase de posici\u00f3n de poder. El no es un Dios para d\u00ed\u00adas festivos, que flota triunfalista sobre el mundo rodeado de resplandor y de gloria. Es el Dios de la vida de cada d\u00ed\u00ada y de sus peque\u00f1os y a veces grandes sufrimientos y alegr\u00ed\u00adas. Por eso se puede decir con la te\u00f3loga D. S\u00e1lle: \u00abLa interpretaci\u00f3n m\u00e1s exacta de la existencia humana&#8230; es la cruz de Cristo. Tambi\u00e9n esa frase contiene la pretensi\u00f3n de absoluto del cristianismo, pero no la contiene en forma autoritaria y exigente\u00bb (Atheistisch an Gott glauben, Olten 1969, 88).<\/p>\n<p>Para el m\u00e9todo de la rama teol\u00f3gica de la teolog\u00ed\u00ada fundamental se sigue que los criterios \u00abexternos\u00bb de credibilidad de los milagros obrados por Jes\u00fas, y como coronamiento suyo la experiencia de la resurrecci\u00f3n de que Jes\u00fas vive, permanecen siendo irrenunciables. Pero corresponde mayor importancia de la que antes se le daba por principio (cf DS 3016) y de hecho a la verdad interna del evangelio: de lo que Jes\u00fas comunic\u00f3 no s\u00f3lo de palabra, sino que lo propuso con su vida y con su muerte. De ello es un ejemplo el destino de su muerte, que padeci\u00f3 por nosotros los hombres. \u00bfO es un ejemplo?<\/p>\n<p>BIBL.: ANDRESEN C, j&#8217; KLEIN G. 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Con la palabra \u00abmisterio\u00bb se indica la trascendencia del don de Dios (que supera toda ciencia y expectativa humana), &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/misterio-pascual\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMISTERIO PASCUAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15278","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15278","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15278"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15278\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15278"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15278"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15278"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}