{"id":15281,"date":"2016-02-05T09:58:59","date_gmt":"2016-02-05T14:58:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/moral\/"},"modified":"2016-02-05T09:58:59","modified_gmt":"2016-02-05T14:58:59","slug":"moral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/moral\/","title":{"rendered":"MORAL"},"content":{"rendered":"<p>Conducta moral y teolog\u00ed\u00ada moral<\/p>\n<p>\tLa expresi\u00f3n \u00abmoral\u00bb se refiere a la \u00abconducta\u00bb de las personas o de las comunidades, seg\u00fan el \u00abfin\u00bb a que tiende el mismo ser humano y de acuerdo a una \u00abnormas\u00bb o leyes que est\u00e1n en la conciencia o que Dios ha querido manifestar de modo especial. Se puede considerar como el conjunto de \u00abactos humanos\u00bb que reflejan el grado de libertad, es decir, la verdad o la falsedad de la donaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\tTambi\u00e9n se aplica esta palabra (\u00abmoral\u00bb) a la teolog\u00ed\u00ada o reflexi\u00f3n sistem\u00e1tica sobre la conducta humana, a la luz del misterio de Cristo. Es \u00abla ciencia que acoge e interpela la divina revelaci\u00f3n y responde a la vez a las exigencia de la raz\u00f3n humana\u00bb (VS 29). No es s\u00f3lo un conjunto de normas que hay que cumplir, sino \u00abla reflexi\u00f3n cient\u00ed\u00adfica sobre el Evangelio como don y como precepto de vida nueva\u00bb (VS 110). Hoy se estudian, a la luz de la caridad, los mandamientos y las virtudes, pero tambi\u00e9n su aplicaci\u00f3n concreta a cuestiones acuciantes bio\u00e9tica, \u00e9tica social y econ\u00f3mica, \u00e9tica profesional y seg\u00fan el estado de vida.<\/p>\n<p>\tVerdad, ley, conciencia, libertad<\/p>\n<p>\tHay que determinar la verdad a la que se tiende y seg\u00fan la cual se trata de orientar la propia conducta. Pero esa verdad esta expresada por la ley de Dios (mandamientos) que se encuentra grabada en el fondo de la conciencia humana y que tambi\u00e9n y especialmente Dios ha comunicado por la revelaci\u00f3n (Dec\u00e1logo, bienaventuranzas). Hay un proyecto de Dios sobre el hombre. La libertad es la orientaci\u00f3n del ser humano hacia esa verdad, que se traduce en donaci\u00f3n. La moralidad de los actos humanos supone la voluntad libre. La ley de Dios va unida a la gracia que hace posible su cumplimiento.<\/p>\n<p>\tEsa reflexi\u00f3n \u00abmoral\u00bb explica que los actos humanos deben orientarse hacia su fin \u00faltimo (Dios y la vida eterna), seg\u00fan la ley impresa en la conciencia, traduci\u00e9ndolos en virtudes concretas (teologales y morales) y evitando los vicios y el pecado. Existe un \u00abv\u00ed\u00adnculo esencial entre el valor moral de un acto y el fin \u00faltimo del hombre\u00bb (VS 82). \u00abEl obrar es moralmente bueno cuando las elecciones de la libertad est\u00e1n conformes con el verdadero bien del hombre y expresan as\u00ed\u00ad la ordenaci\u00f3n voluntaria de la persona hacia su fin \u00faltimo, es decir, Dios mismo\u00bb (VS 72).<\/p>\n<p>\tLa \u00abmoralidad\u00bb afecta inseparablemente a la persona, la familia y la sociedad. Por esto la formaci\u00f3n de la conciencia debe ser seg\u00fan la verdad, el bien y la belleza, que son expresi\u00f3n de Dios y tienden hacia \u00e9l. Los actos humanos de la inteligencia, voluntad y afectividad deben tender a un objetivo de verdad, bien y belleza, en todas sus circunstancias y consecuencias. \u00abLa moralidad del acto humano depende sobre todo y fundamentalmente del objeto elegido racionalmente por la voluntad deliberada\u00bb (VS 78). \u00abEl elemento primario y decisivo para el juicio moral es el objeto del acto humano, el cual decide sobre su \u00abordenabilidad\u00bb al bien y al fin \u00faltimo que es Dios\u00bb (VS 79).<\/p>\n<p>\tMoral cristiana<\/p>\n<p>\tCuando se trata de la moral cristiana, no basta con sistematizar normas o preceptos (explicando su fundamento), ni tampoco con clasificar virtudes (indicando su naturaleza y los medios para conseguirlas). La moral cristiana se encuadra en el \u00abdinamismo del amor\u00bb (VS 53), a partir de la caridad de Cristo. Es moral \u00abevang\u00e9lica\u00bb, en la l\u00ed\u00adnea de las \u00abbienaventuranzas\u00bb y del \u00abmandato del amor\u00bb. Es la conducta que corresponde a quien est\u00e1 llamado a la \u00abperfecci\u00f3n de la caridad\u00bb (LG 40).<\/p>\n<p>\tSin esta perspectiva evang\u00e9lica de perfecci\u00f3n, faltar\u00ed\u00ada luz y fuerza para aceptar y para cumplir las exigencias de la moral. No aceptar\u00e1 la moral cristiana, ni incluso teol\u00f3gicamente, quien prescinda de esta perspectiva evang\u00e9lica. \u00abSeguir a Cristo es el fundamento esencial y original de la moral cristiana&#8230; No se trata aqu\u00ed\u00ad solamente de escuchar una ense\u00f1anza y de cumplir un mandamiento, sino de algo mucho m\u00e1s radical adherirse a la persona misma de Jes\u00fas, compartir su vida y su destino, participar de su obediencia libre y amorosa a la voluntad del Padre\u00bb (VS 19).<\/p>\n<p>\tEs necesario, pues, presentar la ciencia y la conducta moral cristiana, que \u00abconsiste fundamentalmente en el seguimiento de Jesucristo, en el abandonarse a \u00e9l, en el dejarse transformar por su gracia y ser renovados por su misericordia&#8230; porque el seguimiento de Cristo clarificar\u00e1 progresivamente las caracter\u00ed\u00adsticas de la aut\u00e9ntica moralidad cristiana y dar\u00e1, al mismo tiempo, la fuerza vital para su realizaci\u00f3n\u00bb (VS 119). El anuncio y el testimonio de esta moral evang\u00e9lica es signo de la presencia de Cristo resucitado.<\/p>\n<p>Referencias Bienaventuranzas, caridad, castidad, conciencia, Dec\u00e1logo, econom\u00ed\u00ada, familia, ley de Dios, libertad, pecado, pol\u00ed\u00adtica, seguimiento evang\u00e9lico, sexualidad, voluntad.<\/p>\n<p>Lectura de documentos GS 36, 59, 62; GE 1, 7; VS (todo el documento); CEC 1749-1802.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada J. AUBERT, Compendio de moral cat\u00f3lica (Valencia 1989); F. B\u00d6CKLE, Moral fundamental (Madrid, Cristiandad, 1980); K. DEMMER, Introducci\u00f3n a la teolog\u00ed\u00ada moral (Estella, Verbo Divino, 1994); J.R. FLECHA, Teolog\u00ed\u00ada moral fundamental ( BAC, Madrid, 1994); A. GALINDO, Moral socioecon\u00f3mica ( BAC, Madrid, 1996); R. GARCIA DE HARO, La vida cristiana. Curso de teolog\u00ed\u00ada moral (Panplona 1992); B. H\u00ed\u201eRING, Libertad y fidelidad en Cristo (Barcelona, Herder, 1981); U. SANCHEZ GARCIA, La opci\u00f3n del cristiano (Madrid, Soc. Ed. Atenas, 1990); R. SCHNACKENBURG, Mensaje moral del Nuevo Testamento (Barcelona, Herder, 1991); M. VIDAL, Moral de la persona (Madrid, PS, 1985);  J.G. ZIEGLER, La teolog\u00ed\u00ada moral, en La teolog\u00ed\u00ada del siglo XX ( BAC, Madrid, 1974) 264-304.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>(gr. sy\u00c2\u00b7k\u00e1\u00c2\u00b7mi\u00c2\u00b7nos).<br \/>\nEste \u00e1rbol (Morus nigra), tambi\u00e9n llamado morera negra, solo se menciona una vez en la Biblia, cuando Jes\u00fas habl\u00f3 a sus ap\u00f3stoles sobre la fe que deb\u00ed\u00adan tener. (Lu 17:5, 6, nota.) La palabra griega utilizada en ese pasaje normalmente aplicaba al g\u00e9nero Morus en general. La especie Morus nigra se cultiva com\u00fanmente en Israel. Es un \u00e1rbol robusto que crece hasta una altura de aproximadamente 6 m., con hojas grandes en forma de coraz\u00f3n y fruto rojizo oscuro o negro parecido a la zarzamora.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>A) Teolog\u00ed\u00ada moral.<\/p>\n<p>B) Sistemas morales.<\/p>\n<p>A) TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nContra todos aquellos que miran los manuales casu\u00ed\u00adsticos y jur\u00ed\u00addicos de t.m. como expresi\u00f3n permanente del catolicismo cl\u00e1sico, hay que afirmar ante todo que la Iglesia vivi\u00f3 m\u00e1s de mil quinientos a\u00f1os sin ese tipo de teolog\u00ed\u00ada y, en general, sin una t.m. como disciplina especial. \u00bfEra la Iglesia menos perfecta sin pareja disciplina cerrada en s\u00ed\u00ad misma o se preocup\u00f3 menos de la autenticidad de la vida cristiana?<br \/>\nLa sagrada Escritura no se parece ni a un texto de dogm\u00e1tica ni a uno de los cl\u00e1sicos manuales de t.m.; m\u00e1s bien nos ense\u00f1a en la historia concreta la primigenia unidad entre verdad y camino de salvaci\u00f3n, entre buena nueva e instrucci\u00f3n existencial para llevar una vida de acuerdo con el evangelio. Se hallan, claro est\u00e1, en la sagrada Escritura pasajes m\u00e1s o menos largos que insisten preferentemente en la configuraci\u00f3n de la vida, as\u00ed\u00ad, p. ej., el -> dec\u00e1logo en el AT, y el -> serm\u00f3n de la monta\u00f1a y los discursos de despedida de Jes\u00fas en el NT. Pero, incluso en estos pasajes dedicados m\u00e1s directamente a la instrucci\u00f3n moral, es caracter\u00ed\u00adstica precisamente la unidad de alianza y ley de la alianza, de acontecimiento, verdad y camino de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la era patr\u00ed\u00adstica la instrucci\u00f3n sobre la conducta cristiana se ofrec\u00ed\u00ada principalmente como una parte de la catequesis bautismal y eucar\u00ed\u00adstica. Son t\u00ed\u00adpicas a este respecto las catequesis atribuidas a Cirilo (o a Juan) de Jerusal\u00e9n sobre los sacramentos y sobre la vida correspondiente a la realidad sacramental. Ninguno de los grandes padres de la Iglesia o de los te\u00f3logos de la edad media puede ser calificado de te\u00f3logo moral o de moralista en el sentido moderno de la palabra. Tal vez pudi\u00e9ramos exceptuar en cierto sentido a Gregorio Magno, no porque \u00e9l trazara un sistema de t.m. independiente en sf mismo, cosa que \u00e9l ni siquiera intent\u00f3, sino porque su inter\u00e9s principal se dirig\u00ed\u00ada a las cuestiones pr\u00e1cticas de la vida y a las necesidades pastorales concretas.<\/p>\n<p>1. Prehistoria de la teolog\u00ed\u00ada moral<br \/>\nCierto que en la primera edad media (sobre todo en el campo de irradiaci\u00f3n de la Iglesia irlandesa) se compusieron los libri paenitentiales, y en la baja edad media se propagaron r\u00e1pidamente las summae confessariorum; pero nadie pens\u00f3 en considerar esas obras como manuales de moral cristiana. Los primeros se ocupaban exclusivamente de la medida de la penitencia que deb\u00ed\u00ada imponerse; y las sumas mencionadas eran por lo general obras de consulta ordenadas alfab\u00e9ticamente para uso de los confesores, que hallaban en ellas, junto a temas de derecho can\u00f3nico y de doctrina en general, tambi\u00e9n la soluci\u00f3n de cuestiones de conciencia.<\/p>\n<p>Mucho antes que una t.m., se desarroll\u00f3 en la edad media la filosof\u00ed\u00ada moral, sobre todo en la pol\u00e9mica con la -> \u00e9tica (A) aristot\u00e9lica. Ya los padres de la Iglesia (pi\u00e9nsese, p. ej., en Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada o en Ambrosio) se apropiaron ideas de la \u00e9tica estoica o desarrollaron su pensamiento en discusi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica con los estoicos. Tom\u00e1s de Aquino representa un cambio decisivo. De un lado, \u00e9l recoge toda la evoluci\u00f3n anterior en una s\u00ed\u00adntesis donde son tratados juntamente la verdad y el camino salv\u00ed\u00adficos. Y, de otro lado, en la segunda parte de su Suma teol\u00f3gica, siguiendo de cerca la \u00e9tica aristot\u00e9lica, trata sistem\u00e1ticamente muchas cuestiones de moral. Pero Tom\u00e1s de Aquino jam\u00e1s consider\u00f3 esta parte de su Suma teol\u00f3gica como un tratado cerrado en s\u00ed\u00ad mismo de la doctrina moral cristiana. Esa parte de la Suma s\u00f3lo tiene su sentido y funci\u00f3n en el todo de una exposici\u00f3n sistem\u00e1tica de la teolog\u00ed\u00ada una e indivisa. Muchas cuestiones, p. ej., la virtud de la penitencia y toda la moral matrimonial, son tratadas en la tercera parte, dentro de la visi\u00f3n de los sacramentos.<\/p>\n<p>Como es sabido, de momento el influjo de Tom\u00e1s qued\u00f3 descartado en gran medida por la condenaci\u00f3n de sus obras fulminada por el obispo de Par\u00ed\u00ads. Pero, desde el renacimiento tomista del siglo xvi, se abri\u00f3 paso una evoluci\u00f3n de la t.m. en que confluyeron corrientes tan diversas como los libri paenitentiales, las summae confessariorum y la visi\u00f3n principalmente aristot\u00e9lica de la segunda parte de la Suma. La diferencia entre estas dos corrientes es muy grande; pero tienen un punto com\u00fan: la casi total ausencia de Cristo. No puede hacerse responsable de esto a Tom\u00e1s de Aquino, pues \u00e9l de ning\u00fan modo consideraba la segunda parte de la Suma como un tratado independiente en s\u00ed\u00ad mismo; pero al final de esta evoluci\u00f3n nos preguntamos con raz\u00f3n si fue afortunado tratar en la Suma teol\u00f3gica cuestiones fundamentales de moral cristiana antes de haber presentado a Cristo como camino, verdad y vida.<\/p>\n<p>2. Historia de la teolog\u00ed\u00ada moral<br \/>\nLa historia propiamente dicha de la t.m., calificada tantas veces de \u00abtradicional\u00bb, comienza despu\u00e9s del concilio de Trento. Ese hecho mismo pone de manifiesto que la t.m. implica un problema ecum\u00e9nico de primer orden.<\/p>\n<p>En la l\u00ed\u00adnea de la reforma cat\u00f3lica, el concilio de Trento dio nuevo impulso y nuevas formas y prescripciones para la \u00abadministraci\u00f3n\u00bb y la recepci\u00f3n del sacramento de la penitencia. Se urgi\u00f3 con nueva insistencia la confesi\u00f3n de todos los pecados graves antes de recibir la eucarist\u00ed\u00ada, as\u00ed\u00ad como la acusaci\u00f3n seg\u00fan la especie y el n\u00famero de los mismos. El seminario tridentino ten\u00ed\u00ada por objeto sobre todo formar buenos confesores.<\/p>\n<p>La ratio studiorum de la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas respondi\u00f3 a la nueva situaci\u00f3n introduciendo un curso especial de casu\u00ed\u00adstica moral para los confesores. Las grandes perspectivas de la vida cristiana todav\u00ed\u00ada fueron tratadas de momento en la teolog\u00ed\u00ada una e indivisa juntamente con la doctrina de la fe.<\/p>\n<p>Pero se fue construyendo m\u00e1s y m\u00e1s un nuevo sistema de moral concentrado en cuestiones de la pr\u00e1ctica de la confesi\u00f3n; y muy pronto los te\u00f3logos, que se llamaban ahora dogm\u00e1ticos, se consideraron dispensados de tratar cuestiones de vida cristiana, con la excusa de que eso se hac\u00ed\u00ada en la casu\u00ed\u00adstica, es decir, en la moral.<\/p>\n<p>De acuerdo con el fin particular de este tipo de nueva ciencia moral, se centr\u00f3 la atenci\u00f3n en la manera como el confesor deb\u00ed\u00ada decidir los casos de conciencia y en la materia y el modo de acusaci\u00f3n del penitente. As\u00ed\u00ad la cuesti\u00f3n sobre la -> conciencia vino a ocupar el centro, pero en un sentido muy especial y con una mentalidad muy t\u00ed\u00adpica. A veces la visi\u00f3n tomista, que est\u00e1 dirigida al finis ultimus, a la consumaci\u00f3n definitiva, se uni\u00f3 externamente con este nuevo tipo. Comoquiera que uno de los fines de esa nueva disciplina era el control de las decisiones de conciencia por parte del confesor, la cuesti\u00f3n sobre la norma o ley permanente ten\u00ed\u00ada que pasar al primer plano del inter\u00e9s. De ah\u00ed\u00ad que el problema de la obligaci\u00f3n legal en caso de duda vino a cobrar una importancia desproporcionada en la disputa sobre los sistemas morales.<\/p>\n<p>3. Presupuestos de la teolog\u00ed\u00ada moral tradicional<br \/>\nEs evidente que esta limitaci\u00f3n de la moral al confesonario hubo de determinar toda su perspectiva. Adem\u00e1s, el modo de entender el papel del confesor y del penitente estaba tambi\u00e9n determinado por el contexto hist\u00f3rico. En todo los tiempos la teolog\u00ed\u00ada ha tenido y tiene necesariamente una funci\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica: la funci\u00f3n de dar respuesta en un sistema inteligible de conceptos a las cuestiones existenciales del tiempo. De ah\u00ed\u00ad que lleve inevitablemente la marca de la \u00e9poca. Para comprender los profundos cambios en la concepci\u00f3n total de la t.m. hemos de darnos cuenta plenamente del mundo circundante de la teolog\u00ed\u00ada en cada momento. Aqu\u00ed\u00ad s\u00f3lo podemos indicar las l\u00ed\u00adneas m\u00e1s importantes. Desempe\u00f1a un papel fundamental el estilo de sociedad y gobierno de cada tiempo. La \u00e9poca en que se afianz\u00f3 el estilo de la t.m. casu\u00ed\u00adstica est\u00e1 caracterizada por la familia patriarcal y por un paternalismo aceptado de todo punto con gratitud. En la familia mandaba el padre m\u00e1s o menos absolutamente. Las minor\u00ed\u00adas selectas en el campo cultural y el social no eran muy amplias. La masa no pensaba siquiera en un ascenso social y cultural. Era cosa obvia que la responsabilidad deb\u00ed\u00ada concentrarse en manos de unos pocos. Se lleg\u00f3 en gran parte a una mezcla de feudalismo, absolutismo y centralismo. La contrarreforma y m\u00e1s tarde la restauraci\u00f3n, un orden social m\u00e1s o menos est\u00e1tico y la tendencia del clero y de las minor\u00ed\u00adas sociales dominantes a defender el status quo, favorecieron una visi\u00f3n est\u00e1tica de la moral. As\u00ed\u00ad se explica la manera como fue vista la cuesti\u00f3n de la conciencia, sobre todo en la perspectiva de una obediencia rigurosa a la ley y al mandato de la autoridad. A ello se a\u00f1adi\u00f3 el influjo persistente de la doctrina romana del -> derecho natural y del viejo ideal germ\u00e1nico de la absoluta lealtad. Tanto en Grecia como en Roma la doctrina de la ley moral natural se hab\u00ed\u00ada elaborado principalmente sobre un fondo de matiz pol\u00ed\u00adtico y conservador. No es de maravillar que los moralistas de esta \u00e9poca echaran mano de la vieja doctrina del derecho natural en sus manuales dirigidos al sacramento de la penitencia.<\/p>\n<p>En la misma direcci\u00f3n operaba la identificaci\u00f3n de la Iglesia con la jerarqu\u00ed\u00ada (o, en el mejor de los casos, con el clero). La Iglesia parec\u00ed\u00ada resplandecer m\u00e1s por sus propias disposiciones y estatutos que por el evangelio. Todo eso explica la mezcolanza, a menudo sin ning\u00fan esp\u00ed\u00adritu cr\u00ed\u00adtico, de disposiciones can\u00f3nicas, leyes civiles, normas de derecho natural y citas de la Biblia. Esta situaci\u00f3n fue expresada acertadamente por H. Jone en el t\u00ed\u00adtulo de su moral: \u00abTeolog\u00ed\u00ada moral con especial consideraci\u00f3n del derecho can\u00f3nico y del derecho alem\u00e1n, austr\u00ed\u00adaco y suizo\u00bb. Las estructuras jur\u00ed\u00addicamente fijadas ocupaban de todo punto el primer t\u00e9rmino del inter\u00e9s de este tipo de teolog\u00ed\u00ada moral.<\/p>\n<p>Por otra parte, no es l\u00ed\u00adcito silenciar que los mejores representantes de este tipo de t.m. trabajaron mucho para hacer m\u00e1s soportables las cargas y limitaciones legales. Esta intenci\u00f3n tuvieron, entre otras cosas, el derecho natural (en cuanto se opuso al capricho de los pr\u00ed\u00adncipes), la teor\u00ed\u00ada de las leyes puramente penales y el \u00absistema moral\u00bb del probabilismo.<\/p>\n<p>Esta acentuaci\u00f3n y perspectiva se debi\u00f3 en parte a los temas de la reforma protestante y al esp\u00ed\u00adritu de la contrarreforma. Si de un lado se alzaba el lema de la \u00abfe sola\u00bb y la \u00abgracia sola\u00bb, de otro lado el tipo legalista de la t.m. cat\u00f3lica evitaba en general hablar de la relaci\u00f3n entre la fe y sus frutos, resaltaba unilateralmente las obras de la ley y s\u00f3lo de pasada mencionaba la gracia, en cuanto ayuda a cumplir la ley. Era t\u00ed\u00adpico que no se tratara la moral en la perspectiva del serm\u00f3n de la monta\u00f1a; m\u00e1s bien, primero se hablaba del dec\u00e1logo y luego de los sacramentos, y por cierto casi exclusivamente con miras a un nuevo conjunto \u00abde deberes\u00bb. Si los protestantes acentuaban unilateralmente la \u00abEscritura sola\u00bb, los moralistas romanos trataban casi \u00fanicamente de las decretales de los papas y de 1as formulaciones del derecho natural como punto de partida de la moral. Si los protestantes resaltaban el sacerdocio general del pueblo de Dios, los moralistas cat\u00f3licos insist\u00ed\u00adan tanto m\u00e1s sobre la sumisi\u00f3n de los laicos a la jerarqu\u00ed\u00ada y al confesor.<\/p>\n<p>Una mentalidad individualista, que repercut\u00ed\u00ada tambi\u00e9n en el terreno religioso, p. ej., en el lema \u00abSalva tu alma\u00bb, ten\u00ed\u00ada como contrapeso los l\u00ed\u00admites y sanciones legales, as\u00ed\u00ad como el pensamiento individualista era por su parte un contrapeso del legalismo.<\/p>\n<p>El complejo de seguridad de una sociedad y una Iglesia orientadas a la propia defensa produjo una especie de escrupulosidad colectiva, cuyos frutos fueron entre otras cosas la fijaci\u00f3n de las energ\u00ed\u00adas de varias generaciones de moralistas en los problemas de los sistemas morales y, de manera muy particular, el tuciorismo y el probabiliorismo. Bajo la amenaza de la inquisici\u00f3n, presente en todas partes, y posteriormente en forma algo m\u00e1s suave del santo oficio, y dado el rigor extraordinario de la censura civil y eclesi\u00e1stica, quedaba poco espacio para el pensamiento creador. Mientras las grandes figuras de la era patr\u00ed\u00adstica y de manera muy particular Tom\u00e1s de Aquino entablaron di\u00e1logo fecundo con las corrientes espirituales de su tiempo, ahora se ten\u00ed\u00ada por \u00abm\u00e1s seguro\u00bb atenerse a las f\u00f3rmulas tradicionales. Ni siquiera los principios del derecho natural (o de la ley moral natural) segu\u00ed\u00adan en muchos casos los nuevos conocimientos de la historia del hombre, de la psicolog\u00ed\u00ada, sociolog\u00ed\u00ada y antropolog\u00ed\u00ada. As\u00ed\u00ad se hizo m\u00e1s profundo el abismo entre la t.m. y la sensibilidad y problem\u00e1tica del hombre en la era cient\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>La acentuaci\u00f3n antirreformadora del sacerdocio ministerial y del estado religioso, juntamente con el mantenimiento de los privilegios de estamento del clero en una sociedad anticuada de clases, facilit\u00f3 la divisi\u00f3n de la \u00e9tica en una t.m. dirigida a los laicos, que deb\u00ed\u00adan regirse por la ley, y una teolog\u00ed\u00ada asc\u00e9tico-m\u00ed\u00adstica para los pertenecientes al \u00abestado de perfecci\u00f3n\u00bb, que en cierto modo hab\u00ed\u00adan hecho monopolio suyo el llamamiento a la santidad.<\/p>\n<p>Hay que insistir, sin embargo, en que frente a esta evoluci\u00f3n siempre se alzaron voces contrarias en la Iglesia cat\u00f3lica, someti\u00e9ndola una y otra vez a cierta correcci\u00f3n. Baste mencionar la escuela francesa de espiritualidad, nacida en torno al cardenal B\u00e9rulle, la cual aspiraba a la vida cristiana de todos y conced\u00ed\u00ada un puesto fundamental a los sacramentos como signos de la gracia y de la caridad. Alfonso de Ligorio, cuya extensa theologia moralis pertenece al tipo cl\u00e1sico de la moral de confesonario, escribi\u00f3 varias obras muy difundidas sobre la vida cristiana, las cuales van dirigidas a todos los cristianos y, de modo caracter\u00ed\u00adstico, comienzan con el lema agustiniano: Dilige et quod vis fac (\u00abAma y haz lo que quieras\u00bb); as\u00ed\u00ad,p. ej., La pratica di amar Ges\u00fa Cristo. Sobre todo en Alemania, por influencia de la -> ilustraci\u00f3n y luego del -> romanticismo y de una primera aurora del ecumenismo, se desarroll\u00f3 un tipo totalmente distinto de t.m. que se abri\u00f3 conscientemente al di\u00e1logo con las corrientes del tiempo y con las metas de las iglesias protestantes y, por ello, tambi\u00e9n se fund\u00f3 m\u00e1s intensamente sobre bases b\u00ed\u00adblicas. Entre los muchos pioneros mencionemos s\u00f3lo a J.M. Sailer, J.B. Hierscher y M. Jocham, que por desgracia no pudieron ejercer influjo duradero fuera del \u00e1mbito alem\u00e1n. Tambi\u00e9n en los territorios de la lengua alemana, predomin\u00f3 de nuevo en la segunda mitad del siglo xix el tipo romano de t.m., si prescindimos de grandes figuras aisladas como F. Javier Linsenmann, para quien fue siempre una gran preocupaci\u00f3n la inteligencia de la libertad y del \u00abesp\u00ed\u00adritu de la ley\u00bb. As\u00ed\u00ad los pioneros de la renovaci\u00f3n de la t.m. en nuestro siglo, tales como J. Mausbach, 0. Schilling y sobre todo T. Steinb\u00fcchel y F. Tillmann, pudieron apoyarse en una tradici\u00f3n importante.<\/p>\n<p>4. Los nuevos presupuestos de la teolog\u00ed\u00ada moral<br \/>\nCon el concilio Vaticano u se ha puesto de manifiesto la transici\u00f3n a una nueva \u00e9poca de la t.m., as\u00ed\u00ad como una renovada inteligencia de la Iglesia. Para explicar este cambio de conciencia y para conocer m\u00e1s claramente la direcci\u00f3n de los esfuerzos, hay que darse cuenta del nuevo contexto, del nuevo mundo, en que la t.m. tendr\u00e1 que cumplir su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>J.M. Sailer tuvo presentes como destinatarios de su Handbuch der christlichen Moral (1817) no s\u00f3lo a los \u00abfuturos pastores de almas\u00bb, sino tambi\u00e9n a \u00abtodo cristiano culto\u00bb, seg\u00fan el subt\u00ed\u00adtulo significativo que \u00e9l dio a su obra. La perspectiva decisiva de la t.m. de hoy y de ma\u00f1ana no es ya el confesor y el mero confesarse, sino simplemente el cristiano, el pueblo de Dios en su peregrinaci\u00f3n, en su aspiraci\u00f3n a la mayor\u00ed\u00ada de edad y a la solidaridad.<\/p>\n<p>Por un lado, la \u00abdiscriminaci\u00f3n de lo cristiano\u00bb frente a un mundo pluralista y en parte incr\u00e9dulo es m\u00e1s urgente que en una sociedad cristiana por principio; pero, frente a las Iglesias orientales y a las Iglesias surgidas de la reforma protestante, el acento se carga m\u00e1s sobre los puntos comunes que sobre los motivos de separaci\u00f3n. Precisamente la discriminaci\u00f3n de lo cristiano deber\u00e1 hacerse tambi\u00e9n de manera que as\u00ed\u00ad se favorezca en lo posible el di\u00e1logo con todos. Aun all\u00ed\u00ad donde se trata de la necesaria repulsa al -> ate\u00ed\u00adsmo, la preocupaci\u00f3n principal se dirigir\u00e1 a investigar y superar las formas ocultas de incredulidad en nosotros mismos, en nuestras f\u00f3rmulas y en nuestra conducta y, por ende, las causas de la incredulidad, en la medida en que \u00e9stas pueden eliminarse. Una t.m. que est\u00e9 al servicio del di\u00e1logo y de la configuraci\u00f3n de la vida en una cristiandad y un mundo pluralista ostentar\u00e1, en medio de la unidad que procede de la fe, una variedad mucho m\u00e1s amplia que la existente en la t.m. de confesonario, la cual correspond\u00ed\u00ada a una cultura y a una Iglesia del Mediterr\u00e1neo preocupadas por el status quo.<\/p>\n<p>En un mundo de especializaci\u00f3n y diferenciaci\u00f3n de las funciones, en un mundo de administraci\u00f3n y aparato administrativo, la parte de la humanidad que mira decididamente al futuro experimenta verdadera hambre de totalidad, unidad y s\u00ed\u00adntesis, as\u00ed\u00ad como de inteligencia existencial y personal de la vida. Toda exposici\u00f3n fecunda de la t.m. deber\u00e1 tener en cuenta este hecho; s\u00f3lo el que est\u00e9 sostenido y movido por esa experiencia vital ser\u00e1 capaz de proyectar una t.m. que impresione al hombre de nuestro tiempo. En esta direcci\u00f3n de una nueva s\u00ed\u00adntesis es menester pensar de nuevo a fondo los grandes temas de la teolog\u00ed\u00ada postridentina: creaci\u00f3n y redenci\u00f3n, fe y raz\u00f3n, evangelio y derecho natural, gracia y naturaleza hist\u00f3rica del hombre.<\/p>\n<p>\u00abLa humanidad pasa as\u00ed\u00ad de una concepci\u00f3n preferentemente est\u00e1tica de la realidad a otra m\u00e1s din\u00e1mica y evolutiva, de donde surge un nuevo conjunto de problemas que exige nuevos an\u00e1lisis y nuevas s\u00ed\u00adntesis\u00bb (Gaudium et spes, n.\u00c2\u00b0 5). Esto deber\u00e1 repercutir en la exposici\u00f3n total de la t.m. Uno de los temas fundamentales ser\u00e1: cambio y fidelidad frente al Dios vivo, se\u00f1or de la historia. Consecuentemente, conceptos fundamentales como creatividad, crecimiento, conversi\u00f3n constante, renovaci\u00f3n, reforma de estructuras, reconciliaci\u00f3n, valor para la audacia, reciben nuevo acento y un nuevo puesto.<\/p>\n<p>El estudio de la Biblia y el pensamiento relativo al derecho natural se dan cuenta m\u00e1s y m\u00e1s de la historia e historicidad del hombre; hoy se lee, se percibe y se piensa con plena conciencia del contexto. Habr\u00e1 que trabajar cada vez m\u00e1s en aprovechar para una inteligencia cristiana del hombre y, en consecuencia para la moral, los conocimientos de la ciencia comparada de la cultura, de la -> psicolog\u00ed\u00ada, de la -> sociolog\u00ed\u00ada, particularmente de la sociolog\u00ed\u00ada del saber, y de la -> antropolog\u00ed\u00ada. Aun acentuando la absoluta unicidad de la revelaci\u00f3n de Dios en Jesucristo, nos inclinamos a hablar de una progresiva revelaci\u00f3n de Dios en sus obras y en la historia; porque las obras de Dios tienen car\u00e1cter de palabra, de mensaje, de invitaci\u00f3n. A la verdad, esta palabra obscurecida en muchos casos por nuestros pecados s\u00f3lo puede interpretarse a la luz de la revelaci\u00f3n en Jesucristo y con docilidad frente al Esp\u00ed\u00adritu Santo. La cuesti\u00f3n de c\u00f3mo podamos entender los \u00absignos del tiempo\u00bb es sumamente urgente.<\/p>\n<p>La moderna sociolog\u00ed\u00ada y la psicolog\u00ed\u00ada social nos han dado una lecci\u00f3n sobre el poder del medio ambiente. En adelante hablaremos menos abstractamente de la \u00absalvaci\u00f3n del alma\u00bb o del \u00abalma\u00bb simplemente, y tomaremos conciencia del hombre en la sociedad y en el mundo. El pecado ya no es entendido \u00fanicamente como transgresi\u00f3n de un mandamiento o como negativa a la llamada de la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, sino tambi\u00e9n como un dejarse arrastrar por el contorno obscurecido, como falta de responsabilidad respecto del mundo, como esclavitud bajo los poderes colectivos de las tinieblas. La redenci\u00f3n se muestra en el escuchar el ansia de la creaci\u00f3n por la libertad de los hijos de Dios, para desarrollar provechosamente en nuestro ambiente la libertad individual y colectiva, en la configuraci\u00f3n responsable de las relaciones y estructuras interhumanas.<\/p>\n<p>5. Concepci\u00f3n de la Iglesia acerca de s\u00ed\u00ad misma y moral<br \/>\nLa t.m. casu\u00ed\u00adstica y legalista segu\u00ed\u00ada en gran parte una inteligencia de la Iglesia marcadamente institucional y est\u00e1tica, y por su parte contribu\u00ed\u00ada a fortalecerla. La renovaci\u00f3n de la t.m., durante los \u00faltimos treinta a\u00f1os sin duda ha sido tambi\u00e9n un factor importante en el desarrollo de la concepci\u00f3n de la Iglesia que ha cobrado autoridad en el concilio Vaticano n. Esta idea de la Iglesia se reflejar\u00e1 tambi\u00e9n en la t.m. de la \u00e9poca que va a seguir inmediatamente.<\/p>\n<p>Si la Iglesia se entiende esencialmente a s\u00ed\u00ad misma como una comunidad de amor, que se entrega a Cristo por la fe y es d\u00f3cil y agradecida a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, la t.m. confesar\u00e1 claramente a Cristo como su centro, y venerar\u00e1 al Esp\u00ed\u00adritu Santo, que configura nuestra vida a imagen de Cristo, como la realidad decisiva en la ley de Cristo, y lo cifrar\u00e1 todo en el don y mandato del amor. Si la Iglesia se entiende en su entrega a Cristo por la fe como el pueblo de Dios santo, sacerdotal y mesi\u00e1nico, el objeto principal de la t.m. ser\u00e1 \u00abla sublimidad del llamamiento de los creyentes en Cristo\u00bb (Optatam totius, n\u00c2\u00b0 16). Toda la moral debe estar marcada por el hecho asegurado en la fe de que cuantos est\u00e1n \u00aben Cristo\u00bb se rigen por su Esp\u00ed\u00adritu y han escogido as\u00ed\u00ad a Cristo como su verdadera ley. Cristo es la llamada que congrega. Como aquel que fue ungido por el Esp\u00ed\u00adritu, se hizo en \u00e9l oblaci\u00f3n y fue glorificado por su poder, Cristo da a la Iglesia y a cada creyente vida y unidad. En la t.m. debe reflejarse la siguiente verdad central de la eclesiolog\u00ed\u00ada: \u00abDe esta manera, todos rendir\u00e1n un m\u00faltiple testimonio de admirable unidad en el cuerpo de Cristo. Pues la misma diversidad de gracias, servicios y funciones congrega en la unidad a los hijos de Dios, porque todas&#8230; estas cosas son obra del \u00fanico y mismo Esp\u00ed\u00adritu (1 Cor 12, 11)\u00bb (Lumen gentium, n.\u00c2\u00b0 32).<\/p>\n<p>Del mismo modo que el aspecto institucional de la Iglesia (derecho, administraci\u00f3n, uso de los medios terrenos) debe someterse a prueba en la presencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo aprehendida por la fe y en la misi\u00f3n de hacer visible a todos el amor de Cristo, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la t.m. debe poner su meta en hacer comprensibles el sentido y el recto uso de la ley formulada a al luz de la presencia de Cristo y de la acci\u00f3n de la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>La Iglesia se entiende a s\u00ed\u00ad misma como comunidad de fe que ora y ama, y as\u00ed\u00ad, precisamente, es enviada para servir al hombre y al mundo. Una inteligencia puramente intelectual de la fe ha sido superada por la renovaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y lit\u00fargica, lo cual redundar\u00e1 muy particularmente en provecho de la t.m. La dogm\u00e1tica va encontrando gradualmente su plena din\u00e1mica para la vida, y la moral retorna a un enraizamiento consciente y claramente expresado en la realidad de la fe din\u00e1micamente entendida. De esta manera la futura t.m., d\u00e1ndose otra vez la manocon la Biblia y con los padres, se convertir\u00e1 en exposici\u00f3n de la \u00abley de la fe\u00bb (cf. Rom 3, 27-31), de aquella fe que \u00abda fruto por la caridad para la vida del mundo\u00bb (Optatam totius, n.0 16).<\/p>\n<p>En el concilio Vaticano ii la Iglesia ha comenzado su obra de renovaci\u00f3n con la vivificaci\u00f3n de la liturgia y la superaci\u00f3n de un peligroso formalismo y legalismo en ella. El final del concilio fue la Constituci\u00f3n pastoral sobre la Iglesia en el mundo de hoy. Puede sin duda preverse que, en grandes trechos, se impondr\u00e1 aquella perspectiva de la moral que parte de los misterios de la salvaci\u00f3n (los sacramentos, entendidos en el sentido m\u00e1s lato, con Cristo como primer sacramento) y que entiende al pueblo de Dios como sacramentum mundi.<\/p>\n<p>La Iglesia se conoce como peregrina, como sociedad escatol\u00f3gica de la salvaci\u00f3n, que intenta interpretar los signos del tiempo en acci\u00f3n de gracias por los grandes acontecimientos salv\u00ed\u00adficos y con la mirada puesta en la consumaci\u00f3n esperada. Precisamente la esperanza escatol\u00f3gica lleva a tomar totalmente en serio el aqu\u00ed\u00ad y el ahora, el servicio a los hombres. Dentro de esta direcci\u00f3n, la t.m. presentar\u00e1 una mundanidad santa y elaborar\u00e1 los criterios para delimitarla frente a una mundanidad profana y a una amundanidad imp\u00ed\u00ada. Una moralidad fundada sacramentalmente se liberar\u00e1 en gran parte de un insano complejo de validez jur\u00ed\u00addica y, en la misma medida, unir\u00e1 estrechamente los sacramentos y el testimonio ante el mundo. Los sacramentos de la salvaci\u00f3n obligan a todo el pueblo de Dios a unir con el mensaje de la salvaci\u00f3n eterna un cuidado a la altura de los tiempos por la salvaci\u00f3n del hombre en su existencia actual y su medio ambiente.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del concilio Vaticano II la t.m. considera a los laicos no s\u00f3lo como destinatarios, sino tambi\u00e9n como colaboradores. S\u00f3lo cuando los laicos que conozcan a fondo los diversos \u00f3rdenes de la vida y de las ciencias modernas colaboren en la posterior evoluci\u00f3n y renovaci\u00f3n de la t.m., adquirir\u00e1 \u00e9sta realismo y actualidad. \u00abEs de desear que numerosos laicos reciban una buena formaci\u00f3n en las ciencias sagradas, y que no pocos de ellos se dediquen ex professo a estos estudios y profundicen en ellos\u00bb (Gaudium et :pes, n.\u00c2\u00b0 62).<\/p>\n<p>En todos los tiempos se ha caracterizado la moral cristiana por el rasgo fundamental de una fe dialog\u00ed\u00adstica y responsable. Sin embargo, ante el car\u00e1cter din\u00e1mico y pluralista de nuestra sociedad, el tiempo actual pide de manera particular\u00ed\u00adsima una moral de responsabilidad. Esta s\u00f3lo es posible si a los te\u00f3logos moralistas, que se enfrentan con tal responsabilidad, se les concede tambi\u00e9n la necesaria medida de libertad, la cual ha de completarse con una franca cr\u00ed\u00adtica mutua. \u00abMas para que puedan llevar a buen t\u00e9rmino su tarea debe reconocerse a los fieles, cl\u00e9rigos o laicos, la justa libertad de investigaci\u00f3n, de pensamiento y de hacer conocer humilde y valerosamente su manera de ver en los campos que son de su competencia\u00bb (ibid.).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: F. Tillmann (dir.), Handbuch der katholischen Sittenlehre, 5 vols. (D 21947-53); B. Hdring, Das Heilige und das Gute (Krailling 1950); Lettin Mj.; J. Leclercq, L&#8217;enseignement de la urorale chretienne (Ed. Vitrail P 1949-50); G. Gilleman, Le primat de la chant\u00e9 en th\u00e9ologie morale (Lv 21954); F. B\u00f6ckle: FThH 425-446; V. Redlich (dir.), Moralprobleme im Umbruch der Zeit (Mn 1957); J. Leclercq, Essais de morale catholique, 3 vols. (Castermann Tournai 1946-47); G. Sehngen, La ley y el Evangelio (Herder Ba 1966); Thielicke; Schnackenburg; Academia Aljonsiana (dir.), Studia Moralia I-V (R 1962-67); D. v. Hildebrand, Etica cristiana (Herder Ba 1962); J. Mart\u00ed\u00adnez Balirach, Estudios modernos de teolog\u00ed\u00ada moral (Santander 1963); C. Spicq, Theologie morale du Nouveau Testament, 2 vols. (P 1965); F. B\u00f6ckle, Gesetz und Gewissen. Grundfragen theologischer Ethik in \u00f6kumenischer Sicht (Lz 1965); C. Spicq, Der Christ, wie Paulus ihn sieht. Das sittliche Leben des Christen im Zeichen der Dreifaltigkeit (Lz &#8211; Mn 1966); B. H6ring, Toward a Christian Moral Theology (Notre Dame 1966); \u00ed\u00addem, Mit dem Konzil in eine neue Zeit (Remscheid 1966); R. Schnackenburg, Christliche Existenz nach dem NT (Mn 1967); J. Gr\u00fcndel, Wandelbares und Unwandelbares in der Moraltheologie (D 1967); M. Ren\u00bb Mestre, Moral para universitarios (Ma 1967); S. Mench\u00f3n Garcia, El personalismo sobre-natural en la moral nueva (Rev Esp Teol 28, 1968, 185-193). J. Fuchs, La moral y la teolog\u00ed\u00ada moral postconciliar (Herder Ba 1969); J. Aubert, Ley de Dios, leyes de los hombres (Herder Ba 1969); B. H\u00f6ring, La ley de Cristo, 3 vols. (Herder Ba 61970); idem, Moralverk\u00fcndigung nach dem Konzil (Bergen-Enkheim 21967); \u00ed\u00addem, Liebe ist mehr als Gebot (Mn 1968); B. Hdring, Moral y persona (Herder Ba 1972).<\/p>\n<p>Bernhard H\u00e4ring<\/p>\n<p>B) SISTEMAS MORALES<br \/>\nPoco despu\u00e9s de la aparici\u00f3n del nuevo tipo de teolog\u00ed\u00ada moral, orientada a la pr\u00e1ctica del confesonario (siglo xvii), los esfuerzos de los te\u00f3logos se concentraron en la cuesti\u00f3n de los llamados s.m. \u00bfC\u00f3mo se lleg\u00f3 a eso? La ley de Cristo, tal como fue formulada sobre todo en el serm\u00f3n de la monta\u00f1a, resalta principalmente los mandamientos que se\u00f1alan un fin o una orientaci\u00f3n, como se pone de manifiesto en la f\u00f3rmula (usada siete veces): \u00abYo, empero, os digo\u00bb, que se contrapone a la orientaci\u00f3n de los antiguos, la cual se reduc\u00ed\u00ada a trazar limites o por lo menos ve\u00ed\u00ada en ello su cometido principal. Sin embargo, el punto de vista de la moral postridentina fue el control que ha de ejercer el hombre, y por cierto con miras a la absoluci\u00f3n que debe concederse o denegarse. Ahora bien, semejante control s\u00f3lo es posible a base de un mandamiento que se\u00f1ale los l\u00ed\u00admites. Dentro de esa orientaci\u00f3n se formaron en gran n\u00famero de moralistas presupuestos muy determinados, expresos o t\u00e1citos. Uno de ellos era: un caso de conciencia s\u00f3lo surge frente a una -> ley prohibitiva claramente formulada. El pecado se identific\u00f3 pr\u00e1cticamente con la trasgresi\u00f3n de un mandamiento limitativo, dejando de lado la \u00abley de gracia\u00bb y los mandamientos finales, que, seg\u00fan el serm\u00f3n de la monta\u00f1a, tienen un aut\u00e9ntico valor normativo en conformidad con la medida de los carismas recibidos. Mas comoquiera que el mandamiento final no se presenta a los ojos de un juez humano como norma de control, la moral de aquel tipo se fij\u00f3 enteramente en los mandamientos limitativos, que en muchos casos parecen estar en pugna entre s\u00ed\u00ad, sobre todo cuando el mandamiento de la caridad es tratado \u00fanicamente como uno de tantos con limites m\u00e1s o menos fijos de los deberes a cumplir.<\/p>\n<p>Por influencia de la escuela jur\u00ed\u00addica de Bolonia, se hab\u00ed\u00ada formado de muy antiguo una mentalidad que s\u00f3lo tomaba realmente en serio la ley correspondiente al evangelio de Jesucristo y la ley moral natural en cuanto estaba r\u00ed\u00adgida y est\u00e1ticamente formulada a la manera de las normas estatuarias jur\u00ed\u00addicas. T\u00ed\u00adpico era tambi\u00e9n a este respecto el espacio desproporcionadamente amplio que ocupaba el tratado sobre la justicia conmutativa, pues en \u00e9l todo pod\u00ed\u00ada reducirse a la medida de lo que se da y se recibe. En esta mentalidad apenas ten\u00ed\u00adan ya cabida la justicia social y la caridad.<\/p>\n<p>1. El m\u00f3vil de los probabalistas<br \/>\nAun dentro de una mentalidad preeminentemente legalista estaban en acci\u00f3n la suavidad cristiana y un esp\u00ed\u00adritu comprensivo. Los confesores y los moralistas (que se hallaban principalmente al servicio de los confesores) no s\u00f3lo ve\u00ed\u00adan el problema de cu\u00e1ntas veces la conciencia ten\u00ed\u00ada que decidirse ante un conflicto de varias exigencias legales en cierto modo contradictorias entre s\u00ed\u00ad. La situaci\u00f3n legal era todo menos transparente. En su empe\u00f1o de formular lo m\u00e1s exactamente posible todas las exigencias legales, no llegaron siempre, afortunadamente, a los mismos resultados.<\/p>\n<p>Tanto las exigencias propiamente legales, como las prescripciones del evangelio y de la ley moral natural, que se trasmit\u00ed\u00adan r\u00ed\u00adgidamente, no correspond\u00ed\u00adan ya en muchos casos a las exigencias de la caridad cuando hab\u00ed\u00adan cambiado considerablemente las condiciones sociales, econ\u00f3micas y culturales.<\/p>\n<p>El malestar se hizo sentir particularmente en tiempos de un mayor cambio social y en lugares que estaban m\u00e1s abiertos al progreso. Los moralistas no dispon\u00ed\u00adan de una filosof\u00ed\u00ada del lenguaje, ni de un saber sociol\u00f3gico, ciencias que les hubieran ayudado a distinguir entre el tema permanente de un principio moral y su formulaci\u00f3n, condicionada por el tiempo y el lugar. Tanto la sociedad civil como la eclesi\u00e1stica eran en gran parte autoritarias, de forma que los moralistas no pod\u00ed\u00adan atreverse siquiera a poner p\u00fablicamente en duda la rectitud de muchas leyes y de cuestiones de -> derecho natural legalmente formuladas. As\u00ed\u00ad, p. ej., la inquisici\u00f3n record\u00f3 reiteradamente aquellas disposiciones en virtud de las cuales deb\u00ed\u00adan ser encadenados y metidos en la c\u00e1rcel los te\u00f3logos que intentaran poner en tela de juicio la prohibici\u00f3n del inter\u00e9s por el dinero prestado.<\/p>\n<p>Ante esta situaci\u00f3n sali\u00f3 al palenque el probabilismo. Por lo menos en el terreno de la aplicaci\u00f3n de leyes y de postulados legalmente formulados del derecho natural, se trat\u00f3 de dejar un lugar para la duda, desgravando as\u00ed\u00ad la conciencia legalmente sobrecargada. Se apel\u00f3 sobre todo al principio: \u00abUna ley dudosa no obliga en conciencia\u00bb, busc\u00e1ndose la duda principalmente en el terreno de la aplicaci\u00f3n e interpretaci\u00f3n de leyes seguras. El principio se fundaba sobre todo en aqu\u00e9l otro del campo jur\u00ed\u00addico-forense seg\u00fan el cual la libertad est\u00e1 en condici\u00f3n de \u00abposesora\u00bb hasta probarse lo contrario.<\/p>\n<p>Puesto que los tucioristas, los rigoristas y los probabilioristas identificaban totalmente un precepto legalmente formulado con la voluntad divina, todos ellos ten\u00ed\u00adan que ver ah\u00ed\u00ad casi una blasfemia, como si el hombre estuviera en \u00abestado de posesi\u00f3n\u00bb frente a la santa voluntad de Dios. La mayor\u00ed\u00ada de los probabilistas trataban efectivamente de liberar al hombre para que pudiera llevar una vida cristiana de alegr\u00ed\u00ada y de vigilancia frente a las verdaderas posibilidades y necesidades. Sin embargo, como la discusi\u00f3n se desarrollaba dentro de una teolog\u00ed\u00ada moral orientada al confesonario y principalmente al \u00aboficio de juez\u00bb del confesor, no se pon\u00ed\u00adan en juego las armas decisivas, como la \u00abley de la gracia\u00bb, la diversidad de los carismas, la ley del crecimiento, la apertura a la llamada de la hora y a los signos del tiempo.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad los probabilistas ten\u00ed\u00adan que defender la libertad evang\u00e9lica con las armas de los legalistas. Ello originaba no solo obst\u00e1culos, sino tambi\u00e9n peligros reales para la seriedad de la moral. La suavidad pod\u00ed\u00ada entenderse falsamente como un boquete hacia abajo en la cerca legal, como una brecha hacia la arbitrariedad ego\u00ed\u00adsta. Es menester darse cuenta en qu\u00e9 espacio social y espiritual se desenvolv\u00ed\u00adan estas discusiones. Tambi\u00e9n los probabilistas eran de pies a cabeza hijos de su tiempo, hijos de una Iglesia que, tras las guerras de religi\u00f3n, adopt\u00f3 primariamente una postura defensiva. Tambi\u00e9n ellos adolec\u00ed\u00adan de un complejo de seguridad. Frente a la amenaza de fuera se deseaba una seguridad m\u00e1s alta que la connatural al hombre. Tambi\u00e9n los probabilistas apelaban preferentemente a las autoridades, a te\u00f3logos conocidos, aunque a veces sus textos se interpretaran forzadamente; y en la administraci\u00f3n y recepci\u00f3n de los sacramentos resaltaban sobre todo la \u00abvalidez\u00bb jur\u00ed\u00addicamente entendida. Y, sin embargo, en otros terrenos, su intento era una reacci\u00f3n sana frente a un total \u00abcomplejo de seguridad\u00bb de la otra tendencia.<\/p>\n<p>2. Caracterizaci\u00f3n esquem\u00e1tica de los sistemas morales<br \/>\nLos s.m., que con m\u00e1s gusto calificar\u00ed\u00adamos como sistematizaciones de reglas de prudencia, se refieren sobre todo a la vacilaci\u00f3n de la -\u00bb conciencia entre una acci\u00f3n buena, pero no fijada legalmente, y una acci\u00f3n impuesta dudosamente por la ley. La duda puede ser de derecho, cuando se refiere a la entrada en vigor, la vigencia ulterior o la extensi\u00f3n de una ley, y de hecho, por la que puede ponerse en tela de juicio la efectividad de un v\u00ed\u00adnculo legal de suyo cierto. Se trata de c\u00f3mo se vea en este espacio limitado la relaci\u00f3n tensa entre la ley y la \u00ablibertad de los hijos de Dios\u00bb. El esp\u00ed\u00adritu y mentalidad que late tras los distintos \u00absistemas\u00bb de reglas de prudencia, puede exponerse en grandes rasgos como sigue:<br \/>\na) Los rigoristas, los tucioristas y en parte tambi\u00e9n los probabilioristas a la antigua usanza son sobre todo guardianes de la ley. Les importa en primer t\u00e9rmino la seguridad y el orden legalmente protegido. Como buscan la voluntad entera de Dios, as\u00ed\u00ad como la seguridad propia y la de las instituciones preferente o exclusivamente en formulaciones legales generales, se deciden tambi\u00e9n en favor de la ley que muy probablemente o m\u00e1s probablemente no obliga, mientras en el otro lado no aparezca tambi\u00e9n una obligaci\u00f3n descrita con toda precisi\u00f3n legal. La b\u00fasqueda de la voluntad de Dios seg\u00fan los respectivos carismas y las necesidades de la hora apenas se toman en consideraci\u00f3n.<\/p>\n<p>b) Seg\u00fan el probabilismo, tambi\u00e9n la libertad espont\u00e1nea y creadora est\u00e1 ligada por completo a la voluntad de Dios, pero se halla en \u00abestado de posesi\u00f3n\u00bb frente a la vinculaci\u00f3n puramente legal. En reacci\u00f3n contra la sobrecarga legal, aqu\u00ed\u00ad se ve la \u00abley\u00bb &#8211; a menudo indistintamente la ley positiva y la ley divina, en cuanto \u00e9sta es propuesta en una formulaci\u00f3n legal y est\u00e1tica &#8211; mayormente como barrera de la libertad. Pero entre los probabilistas se daba la modalidad de una mera \u00abreacci\u00f3n\u00bb contra el rigorismo legal, con lo que el \u00abreaccionario\u00bb se quedaba en un c\u00ed\u00adrculo vicioso y por eso s\u00f3lo luchaba contra la sobrecarga legal, sin convertir en tema positivo la vigilancia frente a la gracia. En cambio, a otros s\u00f3lo les importaba realmente la preeminencia de la ley de la gracia frente a la letra, la apertura al kairos m\u00e1s que la escrupulosidad legal. Pero es de notar que ni siquiera estos \u00faltimos lograron en muchos casos formular teol\u00f3gicamente su propia meta de forma convincente, pues tambi\u00e9n ellos argumentaban dentro del marco de la moral de confesonario.<\/p>\n<p>c) El probabilismo moderado, que despu\u00e9s de la supresi\u00f3n de la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas (en su mayor parte probabilista) se llam\u00f3 equiprobabilismo, y cuyo representante principal es Alfonso de Ligorio, podr\u00ed\u00ada caracterizarse as\u00ed\u00ad: La libertad de los hijos de Dios ama por igual la revelaci\u00f3n de la voluntad divina, tanto si \u00e9sta se da en forma legalmente formulada como si se da de manera no formulada legalmente, de suerte que se decide en cada caso por aquello en cuyo favor hablan razones m\u00e1s fuertes. Aqu\u00ed\u00ad se trata de una ponderaci\u00f3n prudente, en la que tienen un papel considerable el grado de mayor\u00ed\u00ada de edad del cristiano y el mayor o menor riesgo del bien com\u00fan o de la espontaneidad e iniciativa creadora. Seg\u00fan el equiprobabilismo es m\u00e1s prudente atenerse a la exigencia del bien legalmente formulada, mientras razones que engendren una probabilidad igual o casi igual no convenzan de que tambi\u00e9n es buena e incluso mejor una acci\u00f3n no prescrita por una ley general. Aunque de momento no entra en juego un acto espont\u00e1neo y creador de amor, sin embargo, a los probabilistas y equiprobabilistas les parece importante que, en caso de duda, no quede sobrecargada legalmente la libertad, para que el hombre en el momento oportuno pueda buscar y hacer espont\u00e1nea y gozosamente lo que pide la situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>d) Al laxismo, finalmente, le interesa una libertad humana, que no se entiende radicalmente partiendo de la revelaci\u00f3n de la voluntad de Dios, una libertad m\u00e1s o menos aut\u00f3noma o perezosa.<\/p>\n<p>3. Nueva visi\u00f3n de problemas viejos<br \/>\nLa b\u00fasqueda de reglas auxiliares de prudencia en medio del riesgo moral no est\u00e1 anticuada. Pero hay que darse cuenta del contexto completamente nuevo de la vida actual y de la moderna sistematizaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada moral. No se trata ya de una teolog\u00ed\u00ada moral de reglas siempre a mano para un confesor que act\u00faa de \u00abjuez\u00bb, aunque estimamos altamente el oficio del confesor como heraldo de la paz y del \u00aborden de paz\u00bb mesi\u00e1nica (del gran misterio y mandamiento del -> amor). Se trata preferentemente de una moral de responsabilidad del cristiano llamado a la mayor\u00ed\u00ada de edad en una sociedad y en una Iglesia din\u00e1micas y pluralistas. A este respecto descubrimos en forma nueva c\u00f3mo las leyes, normas y prescripciones que fueron formuladas en un tiempo y en una cultura totalmente diferentes llevan la \u00abmarca del tiempo\u00bb y, ante los nuevos problemas de la \u00e9poca actual, deben ser pensadas y formuladas de nuevo. Hemos visto, adem\u00e1s, con claridad que obrar seg\u00fan un complejo de seguridad en un tiempo como el nuestro entra\u00f1a el mayor riesgo, a saber, el peligro de trasmitir a los hombres la imagen de un cementerio y la fe en un \u00abDios muerto\u00bb. La complejidad de la vida moderna y el avance hacia un futuro henchido de posibilidades y peligros insospechados exigen un pensamiento diferenciado y un empe\u00f1o singular\u00ed\u00adsimo para aunar el valor de la audacia y las exigencias de la prudencia. Se trata, adem\u00e1s, de atender a la tensi\u00f3n y la unidad entre las fuerzas de propulsi\u00f3n y las de freno en la Iglesia y la sociedad.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n de una aut\u00e9ntica probabilidad, es decir, de una probabilidad viable se plantea de manera totalmente nueva en la era de reformas indiscutibles, en la era del ecumenismo, etc. Por ej., pensemos tan s\u00f3lo en la renovaci\u00f3n lit\u00fargica, que por mucho tiempo, y en ciertos lugares todav\u00ed\u00ada hoy, hubo de sostenerse contra la resistencia de fuerzas considerables de la Iglesia institucional y bajo una legislaci\u00f3n m\u00e1s que renqueante. Pi\u00e9nsese qu\u00e9 mayor\u00ed\u00ada de edad es menester para situarse ante leyes y prescripciones frente a aquellos sectores de la Iglesia institucional que, en una especie de p\u00e1nico o en planeada contrarreforma, quieren acordonar legalmente la vida. As\u00ed\u00ad, p. ej., la cuesti\u00f3n sobre la probabilidad pr\u00e1ctica que pueda tener la concepci\u00f3n de amplios sectores de seglares y de muchos te\u00f3logos en lo relativo al control de la natalidad, mientras la c\u00faspide suprema del magisterio no conceda expresamente libertad a estas concepciones, que est\u00e1n en contradicci\u00f3n con declaraciones anteriores, se asemeja desde luego en muchos puntos a la lucha secular por una nueva posici\u00f3n ante la prohibici\u00f3n de la usura; es ciertamente distinto en cuanto ahora se procede con simple intolerancia frente a te\u00f3logos que se expresan con la misma precauci\u00f3n y ansia de seguridad que los moralistas de los siglos xviii y xix en la cuesti\u00f3n de la prohibici\u00f3n de la usura. La estrechez del callej\u00f3n sin salida al que conduce el dilema de una desautorizaci\u00f3n plena o de una renuncia a la garant\u00ed\u00ada del magisterio lleva en s\u00ed\u00ad algo totalmente nuevo e inaudito, sobre todo mientras tratamos de resolver las nuevas cuestiones con categor\u00ed\u00adas del siglo xviii.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Cf. los manuales de teolog\u00ed\u00ada moral. &#8211; L. Gaudi, De morali systemate S. Alphonsi (R 1894); F. Ter Haar, De systemate morali antiquorum probabilistarum (Pa 1894); X. Le Bachelet, La question liguorienne. Probabilisme et \u00e9quiprobabilisme (P 1899); A. Schmitt, Zur Geschichte des Probabilismus (1 1904); J. Ternos, Zur Vorgeschichte der Moralysteme von Vitoria &#8211; Medina (Pa 1930); Th. Deman, Probabilisme: DThC XIII 417-619; P. Romsekt, Quaestiones de conscientia (P 1937); B. Ziermann, Ringen um Sicherheit im sittlichen Denken (K8 1940); A. Peinador, De iudicio conscientiae rectae (Ma 1941); W. Schdllgen, Problemas morales de nuestro tiempo (Herder Ba 1962); R. Carpentier, Conscience: DSAM I1 1459-1575; D. Capone, In-torno alla veriti morale (Na 1951); G. Mattal, Antonio Rosmini eil probabilismo (Tn 1951); A. Ebene, Ist der Dillinger Moralprofessor Ch. Ra\u00dfler der Begr\u00fcnder des \u00ed\u201equiprobabilismus? (Fr 1951); F. Pustet, Gewissenskonflikt und Entscheidung. Behandlung der Konfliktfrage in der materialen Wertethik und in der Ethik des kritischen Realismus und ihre kritische W\u00fcrdigung (Rb 1955); K. Rahner, Lo din\u00e1mico en la Iglesia (Herder Ba 21968); B. Hdring, \u00bfEs de actualidad la teolog\u00ed\u00ada moral de San Alfonso?, en El mensaje cristiano y la hora presente (Herder Ba 1968) 56-76; Hdring I (61970) 190-226 (bibl.).<\/p>\n<p>Bernhard H\u00e4ring<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Es necesario dejar clara, desde el principio de este art\u00edculo, la distinci\u00f3n entre moral y \u00e9tica, t\u00e9rminos que, con cierta frecuencia, se utilizan como sin\u00f3nimos. La moral es un antecedente de la \u00e9tica: se refiere a aquellas actividades concretas para las cuales la \u00e9tica es la ciencia. Puede ser definida como la conducta humana en cuanto que est\u00e1 sometida libremente al ideal de lo que se considera correcto y apropiado. Este ideal que gobierna nuestras acciones libres es com\u00fan a todos los hombres. Aunque existen amplias diferencias entre las distintas teor\u00edas sobre la \u00e9tica, sin embargo hay un acuerdo fundamental en relaci\u00f3n con las l\u00edneas generales de conducta que se consideran deseables tanto en la vida p\u00fablica como en la privada. Por eso Hobhouse ha afirmado: \u00abEl estudio comparativo de la \u00e9tica que, en sus primeras fases, resulta adecuado para impresionar a los estudiosos con un desconcertante sentido de la diversidad de los juicios morales, acaba m\u00e1s bien por impresionarles con una uniformidad que es m\u00e1s importante y de mayor alcance. En los datos que hemos registrado, correspondientes a amplias extensiones de espacio y tiempo, se observa que hay una recurrencia en los aspectos comunes de la moral ordinaria que, a mi modo de ver, no son menos impresionantes que las variaciones que tambi\u00e9n aparecen\u00bb (Morals in Evolution, I, 1, n. 11). Esta uniformidad se observa, claramente, m\u00e1s en los principios que en su aplicaci\u00f3n. Las reglas de conducta reales difieren ampliamente. Mientras que el respeto a los padres puede ser reconocido universalmente como una obligaci\u00f3n, ciertas tribus salvajes creen que el amor filial les exige abandonar a sus padres cuando aparecen los achaques y las enfermedades propios de la edad. Incluso aceptando todas estas diferencias, puede decirse que la voz com\u00fan de la especie humana proclama que es bueno para un hombre respetar a sus mayores; cuidar y proveer de lo necesario a los hijos; controlar sus m\u00e1s bajos apetitos; ser honrado y justo en sus tratos, incluso cuando ello va en su propio perjuicio; mostrar benevolencia con el pr\u00f3jimo en momentos de angustia; soportar las penas y las desgracias con fortaleza. Y tan s\u00f3lo en tiempos relativamente recientes se puede encontrar a personas que niegan que, m\u00e1s all\u00e1 de todo lo anterior, el hombre debe honrar a Dios y preferir los intereses de su pa\u00eds a los suyos propios. De hecho, el avance de la moral no descansa tanto en el descubrimiento de nuevos principios como en la mejor aplicaci\u00f3n de los que ya est\u00e1n aceptados, en el reconocimiento de su verdadera esencia y de su sanci\u00f3n \u00faltima, en la ampliaci\u00f3n de las \u00e1reas en las que deben mantenerse como un compromiso y en la eliminaci\u00f3n de las corrupciones que no son compatibles con su observancia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La relaci\u00f3n entre moral y religi\u00f3n ha sido objeto de intensos debates durante el siglo pasado. En la m\u00e1s reciente filosof\u00eda \u00e9tica, se mantiene vigorosamente que la acci\u00f3n moral correcta es completamente independiente de la religi\u00f3n. Esto es lo que mantienen las escuelas Evolucionista, Positivista e Idealista. Y se ha llevado a cabo una activa propaganda con objeto de reemplazar esta moral independiente por una moral basada en las creencias del Te\u00edsmo. Por otra parte, la Iglesia siempre ha afirmado que ambas est\u00e1n esencialmente conectadas y que la observancia de la ley moral es imposible fuera de la religi\u00f3n. Esto es una consecuencia necesaria de su doctrina respecto a la naturaleza de la moral. La Iglesia admite que la ley moral se puede conocer por medio de la raz\u00f3n: porque la regulaci\u00f3n adecuada de nuestros actos libres, que es la esencia de la moral, consiste simplemente en su correcta ordenaci\u00f3n con objeto de perfeccionar nuestra naturaleza racional. Pero la Iglesia insiste en que la ley obliga en \u00faltima instancia por la voluntad del Creador, quien form\u00f3 nuestra naturaleza y quien nos impone sus mandatos como un deber; y que su sanci\u00f3n \u00faltima es la p\u00e9rdida de Dios, como consecuencia de su violaci\u00f3n. Es m\u00e1s, entre las obligaciones que prescribe la ley moral hay algunas que est\u00e1n relacionadas con la misma Divinidad y, como tales, son de suprema importancia. All\u00ed donde la moral est\u00e1 divorciada de la religi\u00f3n, la raz\u00f3n podr\u00e1, sin duda, permitir al hombre reconocer ampliamente el ideal hacia el que apunta su naturaleza. Pero hay que buscar m\u00e1s all\u00e1 pues, de lo contrario, el hombre desatender\u00e1 alguno de sus deberes m\u00e1s esenciales. Es m\u00e1s, perder\u00e1 los fuertes motivos de obediencia a la ley proporcionados por el sentido de obligaci\u00f3n hacia Dios y el conocimiento del tremendo castigo que se deriva de su incumplimiento (motivaciones que la experiencia demuestra que son necesarias como salvaguardia contra la influencia de las pasiones). Finalmente, sus actos, aunque est\u00e9n de acuerdo con la ley moral, no estar\u00e1n basados en la obligaci\u00f3n impuesta por la voluntad divina sino en consideraciones sobre la dignidad humana y sobre lo que es bueno para la sociedad. Sin embargo, estas motivaciones no pueden ser consideradas, estrictamente hablando, como obligatorias. Pero donde falta una raz\u00f3n que obligue, los actos carecen de un elemento esencial para que sean verdaderamente morales. Adem\u00e1s, en relaci\u00f3n con esto, la Iglesia insiste en la doctrina del pecado original. Ense\u00f1a que, en nuestra situaci\u00f3n actual, hay una cierta oscuridad que empa\u00f1a la visi\u00f3n que la raz\u00f3n tiene de la ley moral, adem\u00e1s de un enfermizo apetito de independencia que nos empuja a transgredirla y una falta de control total sobre las pasiones; y que por culpa de esta tacha heredada, el hombre, a menos que sea ayudado por Dios, no es capaz de observar la ley moral a lo largo del tiempo. Newman ha descrito admirablemente, desde un punto de vista psicol\u00f3gico, esta debilidad en nuestra aceptaci\u00f3n de la ley moral: \u00abel sentido del bien y del mal . . . es tan delicado, tan vacilante, tan f\u00e1cil de ser confundido, oscurecido, pervertido, tan sutil en sus m\u00e9todos argumentativos, tan influenciable por la educaci\u00f3n, tan manejable por el orgullo y la pasi\u00f3n, tan inconstante a lo largo del tiempo que, en la lucha por la existencia entre los diversos ejercicios y triunfos del intelecto humano, este sentido es, a la vez, el mejor de los maestros y el menos luminoso\u00bb (Newman, \u00abCarta al Duque de Norfolk\u00bb, secci\u00f3n sobre la conciencia).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, en relaci\u00f3n con este asunto es necesario tener en cuenta tambi\u00e9n el argumento hist\u00f3rico. Se alega que existen varios hechos que vienen a demostrar que la moral puede disociarse de la religi\u00f3n. Se insiste en que (1) los pueblos m\u00e1s primitivos no relacionan sus creencias religiosas con el c\u00f3digo moral que poseen; y que (2) incluso cuando la conciencia moral y el sistema religioso han alcanzado un alto nivel de desarrollo, las esferas de la religi\u00f3n y de la moral se contemplan a veces como separadas. As\u00ed, los habitantes de la Grecia cl\u00e1sica estaban influenciados en cuestiones de moral m\u00e1s por conceptos no religiosos, tales como la verg\u00fcenza natural (aidos) que por el temor a los dioses; mientras que un gran sistema religioso, el budismo, predicaba expl\u00edcitamente la completa independencia del c\u00f3digo moral respecto a cualquier creencia en Dios. A estos argumentos respondemos, primero: que los salvajes de hoy no son primitivos, sino degenerados. Es una simple superstici\u00f3n suponer que esos pueblos degradados pueden darnos alguna luz respecto a lo que eran las creencias del hombre en su estado primitivo. Para saber lo que es natural para el hombre debemos buscar entre los pueblos civilizados, que es donde el hombre se ha desarrollado normalmente. La evidencia que nos proporcionan est\u00e1 abrumadoramente a favor de la teor\u00eda de que la raz\u00f3n humana proclama la esencial dependencia de la moral respecto a las creencias religiosas. En relaci\u00f3n con los argumentos que se exponen en sentido contrario, es preciso negar que la moral de los griegos estaba desconectada de la religi\u00f3n. Aunque es posible que ellos no se dieran cuenta de que las leyes prescritas por la verg\u00fcenza natural derivaban de un mandato divino, lo cierto es que la mayor\u00eda cre\u00eda que su violaci\u00f3n podr\u00eda ser castigada por los dioses. Respecto a la creencia budista, hay que distinguir entre las ense\u00f1anzas metaf\u00edsicas de Buda, o de algunos de sus disc\u00edpulos, y la interpretaci\u00f3n pr\u00e1ctica de esas ense\u00f1anzas, tal como se deduce de la vida del gran n\u00famero de seguidores de su doctrina. Tan s\u00f3lo los monjes budistas han seguido realmente las ense\u00f1anzas especulativas de su maestro en este punto y han disociado la ley moral de la creencia en Dios. Sin embargo, la mayor\u00eda de sus seguidores nunca lo hizo. Pero incluso los monjes, al tiempo que negaban la existencia de un Dios personal, consideraban como herejes a todos los que pusieran en tela de juicio la existencia de un cielo y un infierno. De esta manera, ellos tambi\u00e9n ayudan a dar testimonio de que existe una universal aceptaci\u00f3n de que la ley moral se basa en una sanci\u00f3n sobrenatural. Sin embargo, podemos admitir sin dificultad que all\u00ed donde las concepciones religiosas y el c\u00f3digo moral eran inmaduros e inadecuados, la relaci\u00f3n entre ambos estaba menos claramente arraigada en el pensamiento y era menos profunda en la pr\u00e1ctica de lo que ocurri\u00f3 cuando el hombre se encontr\u00f3 en posesi\u00f3n de una verdad m\u00e1s completa respecto a ellos. Una comunidad griega o budista pueden haber conservado una cierta salud de tono moral a\u00fan cuando la obligaci\u00f3n religiosa de la ley moral s\u00f3lo se sintiera oscuramente, mientras que los preceptos ancestrales y las obligaciones c\u00edvicas fueran consideradas como motivos preponderantes. Hay que hacer una gran distinci\u00f3n entre estos casos y los de aquellos pueblos que habiendo aceptado inicialmente la fe cristiana, con su clara aceptaci\u00f3n de la conexi\u00f3n que existe entre la obligaci\u00f3n moral y la ley divina, m\u00e1s tarde han repudiado esta creencia a favor de una simple moral natural. No hay comparaci\u00f3n entre \u00abAntecristianos\u00bb y \u00abPostcristianos\u00bb. A nuestro juicio, la evidencia parece demostrar que es imposible a estos \u00faltimos retornar a los terrenos inadecuados de la obligaci\u00f3n que pueden ser, a veces, suficientes para los pueblos que se encuentran todav\u00eda en un estado inmaduro de conocimiento; y que para ellos el rechazo de la sanci\u00f3n religiosa va seguido, invariablemente, por una decadencia moral que ha llevado inmediatamente a las corrupciones de los m\u00e1s degradados periodos de nuestra historia. Se puede observar este fen\u00f3meno all\u00ed donde se ha extendido la gran revoluci\u00f3n contra el cristianismo, que empez\u00f3 en el s. XVIII y que tiene tantas influencias hoy en d\u00eda. Naturalmente, es en Francia, pa\u00eds en el que empez\u00f3 la revoluci\u00f3n, donde el movimiento ha alcanzado su m\u00e1s completo desarrollo. All\u00ed, sus efectos no son discutidos. La tasa de natalidad ha disminuido de tal manera que la poblaci\u00f3n hubiera descendido de no haber sido por la inmigraci\u00f3n de flamencos e italianos; la vida cristiana en familia est\u00e1 desapareciendo; el n\u00famero de divorcios y suicidios se multiplica anualmente; uno de los s\u00edntomas m\u00e1s ominosos de lo que ocurre es el alarmante incremento de la delincuencia juvenil. Pero estos efectos no s\u00f3lo se producen en Francia. Este movimiento ajeno al cristianismo se ha extendido a determinadas capas de la poblaci\u00f3n en Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y Australia, pa\u00edses que ofrecen, en otros aspectos, una amplia variedad de circunstancias. Siempre se producen, aunque con diversos grados, los mismos resultados; por ello, un observador imparcial s\u00f3lo puede llegar a la siguiente conclusi\u00f3n: que, para un pueblo que ha alcanzado la madurez , la moral es esencialmente dependiente de la sanci\u00f3n religiosa y que cuando \u00e9sta es rechazada la moral decae inmediatamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aceptando que la religi\u00f3n es la base esencial de la acci\u00f3n moral, podemos ir m\u00e1s all\u00e1 y preguntarnos cu\u00e1les son las condiciones clave necesarias para el crecimiento y el desarrollo tanto de la moral individual como de la moral colectiva. En un primer momento, pueden mencionarse tres, que son: (1) una adecuada educaci\u00f3n de la juventud, (2) una opini\u00f3n publica saludable, y (3) una legislaci\u00f3n acertada. S\u00f3lo ser\u00e1 necesario dar una breve pincelada sobre cada uno de estos puntos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. En el concepto educaci\u00f3n incluimos la primera formaci\u00f3n en el hogar y los a\u00f1os posteriores de vida escolar. La familia es la verdadera escuela de moral, una escuela que no puede ser reemplazada por nada. En ella se ense\u00f1a al ni\u00f1o obediencia, confianza, autocontrol y otras virtudes primarias. La obligaci\u00f3n de practicarlas se le inculca por aquellos cuya autoridad \u00e9l reconoce de inmediato y en cuya palabra \u00e9l no tiene ni sombra de duda; adem\u00e1s, la observancia del precepto es f\u00e1cil gracias al afecto que le une con las personas que se lo imponen. Por lo tanto, la Iglesia siempre ha declarado, con raz\u00f3n, que el divorcio es fatal para los verdaderos intereses de un pueblo. All\u00ed donde el divorcio es frecuente, desaparece la vida en familia, en su m\u00e1s alto concepto, y con ella perecen los fundamentos de la moral de un pueblo. Del mismo modo, la Iglesia mantiene que durante los a\u00f1os de vida escolar la atm\u00f3sfera religiosa y moral es de vital importancia y que sin ella la posesi\u00f3n de una cultura intelectual es un peligro m\u00e1s que una seguridad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. Apenas es necesario hacer nada m\u00e1s que llamar la atenci\u00f3n sobre la necesidad de una opini\u00f3n p\u00fablica sana. La mayor parte de la gente no tiene ni posibilidad ni tiempo de determinar un est\u00e1ndar de nivel moral por s\u00ed misma. Acepta el que predomina a su alrededor. Si el nivel es alto, no se lo cuestionar\u00e1. Si es bajo, no pretender\u00e1 alcanzar otro m\u00e1s elevado. Cuando las naciones eran cat\u00f3licas, la opini\u00f3n p\u00fablica estaba predominantemente orientada por la doctrina de la Iglesia. En nuestros d\u00edas, est\u00e1 formada b\u00e1sicamente por la prensa; y puesto que la prensa en su conjunto contempla la moral al margen de la religi\u00f3n, los est\u00e1ndares propuestos son, inevitablemente, muy distintos de aquellos que la Iglesia hubiera deseado. De aqu\u00ed, la inmensa importancia de una prensa cat\u00f3lica que, incluso en un entorno no cat\u00f3lico, pueda mantener una visi\u00f3n verdadera en las mentes de aquellos que reconocen la autoridad de la Iglesia. Pero la opini\u00f3n p\u00fablica est\u00e1 tambi\u00e9n ampliamente influenciada por asociaciones voluntarias de uno y otro signo; y en los \u00faltimos a\u00f1os los cat\u00f3licos han llevado a cabo una inmensa tarea organizando asociaciones con este prop\u00f3sito, entre las cuales el ejemplo m\u00e1s notable es la alemana Volksverein.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. Puede decirse con raz\u00f3n que la mayor parte de la legislaci\u00f3n de un pa\u00eds afecta, de un modo u otro, a su nivel moral. Por supuesto, este es el caso clar\u00edsimo de las leyes que se refieren a la familia o a la educaci\u00f3n; y, junto a ellas, las leyes concernientes al consumo de alcohol y a las restricciones de la literatura perniciosa act\u00faan sobre la moral p\u00fablica por su objeto inmediato. Pero esto es tambi\u00e9n cierto en cualquier legislaci\u00f3n que se refiera a las circunstancias de la vida de las personas. Por ejemplo, las leyes que establecen las condiciones de trabajo y que protegen al pobre de las manos de los usureros promueven la moralidad puesto que ponen al hombre a salvo de esa degradaci\u00f3n y desesperanza que hacen pr\u00e1cticamente imposible la vida moral. Por lo tanto, es evidente lo necesario que resulta que la Iglesia tenga formada una opini\u00f3n sobre todas estas cuestiones, y en todos los pa\u00edses, y que pueda hacer o\u00edr su voz. (Ver \u00c9TICA; LEY.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cathrein, Religion und Moral (Freiburg, 1900); Fox, Religion and Morality (New York, 1899); Devas, Key to the World&#8217;s Progress (London, 1906); Idem, Studies of Family Life (London, 1886); Balfour, Foundations of Belief (London, 1895), Part I, i; Catholic Truth Society&#8217;s Lectures on the History of Religions (London, 1910).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">G. H. JOYCE<br \/>\nTranscrito por Robert H. Sarkissian<br \/>\nTraducido por Juan Ram\u00f3n Mart\u00ednez Maurica\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conducta moral y teolog\u00ed\u00ada moral La expresi\u00f3n \u00abmoral\u00bb se refiere a la \u00abconducta\u00bb de las personas o de las comunidades, seg\u00fan el \u00abfin\u00bb a que tiende el mismo ser humano y de acuerdo a una \u00abnormas\u00bb o leyes que est\u00e1n en la conciencia o que Dios ha querido manifestar de modo especial. 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