{"id":15361,"date":"2016-02-05T10:01:39","date_gmt":"2016-02-05T15:01:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/preexistencia\/"},"modified":"2016-02-05T10:01:39","modified_gmt":"2016-02-05T15:01:39","slug":"preexistencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/preexistencia\/","title":{"rendered":"PREEXISTENCIA"},"content":{"rendered":"<p>(v. elecci\u00f3n divina, predestinaci\u00f3n)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>1. Modelos<\/p>\n<p>(-> palabra, Dios, Hijo de Dios). Preexistir significa existir previamente. Diversas religiones piensan que este mundo es reflejo (imitaci\u00f3n) de un orden primordial divino, donde todo sucede seg\u00fan ritmos de eterno retorno: reflejo del templo celeste es el templo terrestre de Dios; la hondura del alma exist\u00ed\u00ada en un cielo antes de aparecer en el mundo.<\/p>\n<p>(1) Modelo griego. Conforme a un platonismo muy divulgado, la realidad se divide en dos planos paralelos: el orden superior de las ideas, eternamente id\u00e9ntico a s\u00ed\u00ad mismo; el mundo sensible o material que cambia sin cesar, aunque participa de lo eterno, que es estable y permanente. Unicamente las ideas (y las almas) permanecen para siempre, mientras las restantes cosas van pasando. Por eso, quien desee alcanzar la salvaci\u00f3n debe librarse de la c\u00e1rcel de cambios del tiempo, arraig\u00e1ndose en lo eterno. Estrictamente hablando, aqu\u00ed\u00ad no hay preexistencia, sino supraexistencia: el mundo de arriba posee superioridad ontol\u00f3gica m\u00e1s que temporal; ideas y almas no est\u00e1n antes, sino m\u00e1s altas; no preexisten, supraexisten. Sin embargo, cuando ese planteamiento se aplica a la realidad humana, en contexto de historia, parece l\u00f3gico trasponer el esquema esencialista en unas claves temporales, de manera que la supraexistencia del alma (su origen divino) se entienda como preexistencia: el alma tuvo una realidad m\u00e1s alta y ha ca\u00ed\u00addo uni\u00e9ndose a su cuerpo; los humanos han sido, seg\u00fan eso, preexistentes; no han nacido simplemente de la vida de la tierra; tienen su ra\u00ed\u00adz en lo divino.<\/p>\n<p>(2) Modelo israelita. El tiempo no es un c\u00ed\u00adrculo en que todo vuelve a repetirse, hundido en corrupci\u00f3n, en nulidad y muerte, sino una l\u00ed\u00adnea que avanza desde la elecci\u00f3n y las promesas hacia el futuro de la plenitud escatol\u00f3gica. Seg\u00fan este modelo, el tiempo no es repetici\u00f3n de un ritmo eterno, sino avance creador, fundado en la mente y voluntad de Dios, de tal manera que dentro del proceso temporal las cosas anteriores anuncian y preparan lo que luego ha de venir. As\u00ed\u00ad se puede hablar de preexistencia en Dios: todas las cosas est\u00e1n determinadas de antemano en el designio y voluntad de aquel que ha de crearlas, pues \u00e9l est\u00e1 en el origen de los tiempos y lo rige todo por su voluntad y entendimiento. Y puede hablarse tambi\u00e9n de preexistencia en el pasado de la historia donde se preparan y anuncian los hechos que han de venir. No hay preexistencia de personas o repetici\u00f3n c\u00ed\u00adclica de situaciones, pero s\u00ed\u00ad de un ritmo en que el futuro se entiende como desarrollo de aquello que estaba anunciado previamente. En un primer momento, las perspectivas anteriores (griega e israelita) se oponen, aunque ni una ni otra conoce verdadera preexistencia, sino supraexistencia (griegos) o predeterminaci\u00f3n en Dios y\/o en el pasado de la historia (israelitas). Pero cuando ambas se unen en simbiosis puede darse un tipo de preexistencia estricta: el plano superior (griegos) se entiende como realidad anterior (jud\u00ed\u00ados) y as\u00ed\u00ad preexiste en el pasado aquello que debe aparecer en el futuro.<\/p>\n<p>(3) Judaismo. La tradici\u00f3n que desemboca en el rabinismo* posterior conoce siete realidades que fundan el  sentido de la vida y laten escondidas en Dios desde el principio, antes de ser creado el mundo: Ley (torah), Arrepentimiento, Ed\u00e9n y Gehenna, Trono de Dios, Templo y (Nombre del) Mes\u00ed\u00adas. La m\u00e1s importante es la Ley, revelada a Israel en el comienzo (Sina\u00ed\u00ad), que rige y estructura el caminar humano; ella es presencia del Dios eterno y as\u00ed\u00ad funda el sentido de la historia. Junto a ella est\u00e1 el Nombre (verdad y sentido) del Mes\u00ed\u00adas, cercano al Cristo de los evangelios (cf. Strack-Billerbeck I, 352-357). Desde esa l\u00ed\u00adnea rab\u00ed\u00adnica puede entenderse la teolog\u00ed\u00ada apocal\u00ed\u00adptica* en la que se puede hablar de un personaje o profeta del pasado (como Elias) que volver\u00e1 al final para preparar el juicio; tambi\u00e9n puede hablarse de una figura trascendente (no divina, pero sobrehumana) que viene de los cielos como el Hijo* del Hombre, que preexiste en Dios con rasgos cuasi-personales de manera que ser\u00e1 f\u00e1cil aplicar su realidad a Jesucristo. La tradici\u00f3n sapiencial* ha elaborado de manera m\u00e1s intensa este motivo. En la l\u00ed\u00adnea de antiguas reflexiones orientales (cf. Job 28) y en un contexto de car\u00e1cter helenista, esa tradici\u00f3n interpreta la presencia de Dios en el mundo como Sabidur\u00ed\u00ada personificada: Dios la suscita en el principio (\u00abdesde la eternidad fui moldeada\u00bb: Prov 8,23; cf. 8,22-31), de manera que ella surge antes de los siglos (Eclo 24,9) como sentido y estructura de las cosas (Sab 8,4; 9,9; etc.). Aqu\u00ed\u00ad se vinculan las representaciones de Israel y Grecia: la Sabidur\u00ed\u00ada superior de Dios no est\u00e1 simplemente arriba, sino al principio de la historia; por eso preexiste y da sentido al mundo.<\/p>\n<p>(4) Jes\u00fas. A lo largo de su vida, Jes\u00fas no ha apelado a ning\u00fan tipo de preexistencia: as\u00ed\u00ad aparece simplemente como un ser humano, de origen conocido, dentro de la historia de su pueblo, y como tal anuncia la llegada del reino de Dios. Ciertamente, \u00e9l tiene conciencia de venir de Dios (Dios es su Padre), pero eso no significa que \u00e9l haya existido previamente en un plano superior de eternidad, para bajar luego a este mundo, por condescendencia amorosa, para realizar por un tiempo la obra salvadora. De todas formas, es posible que Jes\u00fas se haya vinculado con un Hijo del Hombre que vendr\u00e1 al final y que exist\u00ed\u00ada en Dios desde el principio, como han desarrollado des pu\u00e9s los cristianos. Pero ese desarrollo est\u00e1 vinculado a la experiencia pascual, tal como ha sido formulada por cristianos helenistas*. La primera comunidad de Jerusal\u00e9n no conceb\u00ed\u00ada ni presentaba a Jes\u00fas como preexistente, sino como aquel que ha triunfado de la muerte y vendr\u00e1 pronto en parus\u00ed\u00ada salvadora, esto es, como posexistente. De todas formas, una vez que se ha dado el paso anterior, identificando a Jes\u00fas con el Hijo del Humano que vendr\u00e1, es f\u00e1cil dar el siguiente e identificarle con Aquel que ya era en el principio. Todo nos permite suponer que en esta l\u00ed\u00adnea han influido de un modo decisivo los supuestos del judeocristianismo m\u00e1s heterodoxo, que suele vincularse a los helenistas de Hch 6-7: ellos y sus seguidores han interpretado a Jes\u00fas como Sabidur\u00ed\u00ada de Dios (cf. Pablo en 2 Cor 1,30), es decir, como alguien que ha venido de Dios donde exist\u00ed\u00ada de forma misteriosa. Eso mismo podr\u00ed\u00ada decirse de algunos cristianos de una l\u00ed\u00adnea de judaismo m\u00e1s ortodoxo, que pueden haber identificado a Jes\u00fas con la Ley originaria que tambi\u00e9n viene de Dios. Esta identificaci\u00f3n vale para entender a Jes\u00fas, no para contar su historia (como har\u00e1 el evangelio de Jn). De esa manera, algunos cristianos han afirmado muy pronto que, naciendo y viviendo en la historia (siendo historia), Jes\u00fas es presencia y revelaci\u00f3n de Dios, de manera que se puede afirmar que es preexistente.<\/p>\n<p>(5) Visi\u00f3n eclesial. Estrictamente hablando, la visi\u00f3n de la preexistencia de Jes\u00fas no pertenece al dogma de la Iglesia. Lo que han establecido los concilios de Nicea y Calcedonia es la divinidad de Jes\u00fas, no que \u00e9l existiera antes (desde una perspectiva hist\u00f3rica) y que despu\u00e9s viniera a mostrarse en el mundo. Ciertamente, Jn ofrece una perspectiva que es muy significativa y que resulta clave para la comprensi\u00f3n de la Iglesia: ella s\u00f3lo ha podido extenderse en el mundo helenista, poniendo de relieve las formulaciones del evangelio de Jn. Desde esa base queremos entender la preexistencia de Jes\u00fas como divino. Norma de la Iglesia es el Jes\u00fas total a quien descubrimos, en su nacimiento, vida y muerte, como presencia definitiva de Dios. La visi\u00f3n de Jes\u00fas como Hijo de Dios se encuentra de alg\u00fan modo en todos los estratos del Nuevo Testamento (de Pablo a los si  n\u00f3pticos, de Hebreos al Apocalipsis), pero s\u00f3lo Jn ha elaborado y desplegado tem\u00e1ticamente la vida e historia (= carne) de Jes\u00fas como presencia hist\u00f3rica del Hijo eterno de Dios. Seg\u00fan eso, siendo eterno en s\u00ed\u00ad mismo, Dios se ha hecho temporal y humano en Jesucristo. Por eso debemos a\u00f1adir que Jes\u00fas pertenece al misterio eterno de Dios: proviene de su misma eternidad.<\/p>\n<p>(6) El mensaje de la preexistencia. En esa l\u00ed\u00adnea, hay que afirmar que la preexistencia no supone un antes temporal de Jes\u00fas, sino un antes intr\u00ed\u00adnseco: es el antes de Dios, nada m\u00e1s, pero nada menos. Hay Dios y Dios es el principio y sentido eterno del Cristo. Pero, al mismo tiempo, debemos afirmar que el Cristo nace del pasado de la historia humana, (a) La preexistencia dice algo sobre Dios : la actuaci\u00f3n de Dios en Jes\u00fas es principio y norma de sus manifestaciones. En la ra\u00ed\u00adz de la creaci\u00f3n y en el sentido de la historia late ya el rostro de Jes\u00fas. Jam\u00e1s se ha dado un Dios diferente de aquel que se revela por Jes\u00fas, ni existe salvaci\u00f3n distinta de la suya; por eso, debemos afirmar que es preexistente. En su fondo, le\u00ed\u00adda en clave teol\u00f3gica, la preexistencia significa que Jes\u00fas es presencia humana del misterio de Dios (= Dios en persona); por eso decimos que \u00e9l surge de forma directa del ser de lo divino, de manera que podemos y debemos llamarle Palabra o Logos eterno de Dios. No hay sucesi\u00f3n cronol\u00f3gica, un despu\u00e9s temporal que se a\u00f1ada al antes de Dios: siendo totalmente humano en nuestro tiempo, Jes\u00fas nace del misterio original de lo divino, como centro y Logos, sentido y presencia plena de Dios Padre. (b) La preexistencia dice algo de la historia: Jes\u00fas nace de la misma espera humana y de esa forma preexiste en el camino de la revelaci\u00f3n que viene del principio de los tiempos, como sabe Heb 1,1-3. Su vida es cumplimiento y realidad de las palabras del Antiguo Testamento: Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada empezado a existir en la historia de todos los pueblos que sufren y esperan, de tal forma que esa historia es m\u00e1s que lucha, pecado original o destrucci\u00f3n interhumana. La historia humana es tambi\u00e9n esperanza, camino de vida que el mismo Dios va dirigiendo hacia el Cristo, como dec\u00ed\u00ada san Ireneo. Por eso a\u00f1adimos que Jes\u00fas es meta de la historia, cumpliendo las potencialidades de la vida humana. Cuando el mundo en su totalidad, cuando el hombre en su plenitud alcanza el final de su camino y llega a la perfecci\u00f3n de sus virtualidades, cuando la creaci\u00f3n alcanza a su meta, surge el Cristo; por eso le llamamos preexistente. Antes dec\u00ed\u00adamos que en Jes\u00fas se expresa todo el ser divino, de tal forma que podemos y debemos llamarle logos eterno. Ahora a\u00f1adimos: la creaci\u00f3n entera llega en Jes\u00fas a su unidad y plenitud; por eso confesamos que \u00e9l preexiste en el hacerse de la historia, como \u00ablogos\u00bb o sentido de la realidad creada. De esa forma desbordamos el esquema plat\u00f3nico (de los dos niveles de realidad), lo mismo que el puro judaismo (con un Dios siempre alejado de los hombres), pudiendo descubrir y fijar la singularidad de Jes\u00fas, a quien vemos como revelaci\u00f3n total de Dios y culmen (centro) de la historia. La preexistencia de Jes\u00fas no puede interpretarse, seg\u00fan eso, como especulaci\u00f3n sobre el ser de lo divino, ni es tampoco una manera de evadirse de la historia, sino al contrario: ella es la forma de arraigar a Jes\u00fas en el misterio de Dios y en el despliegue de la historia humana.<\/p>\n<p>Cf. H. B. BALZ, Metliodisclie Probleme der NT. Christologie, Neukirchener, Neukirchen-Vluyn 1967; P. BENOIT, \u00abPr\u00e9existence et incarnation\u00bb, RB 77 (1970) 5-29; O. CULLMANN, Cristolog\u00ed\u00ada del Nuevo Testamento, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1997; J. D. G. DUNN, Christology in the Making. An Inqit\u00ed\u00adry into the Origins of the Doctrine of the Incamation, SCM, Londres 1980; R. G. HAMERTONKELLY, Pre-existence, Wisdom and the Son of Man, Cambridge University Press 1973.<\/p>\n<p>PREEXISTENCIA<br \/>\n2. Jes\u00fas<\/p>\n<p>(-> encamaci\u00f3n, palabra). En principio, el cristianismo ha formulado la experiencia cristiana desde una perspectiva pascual, partiendo de la visi\u00f3n del Cristo crucificado y resucitado. Pero, una vez que los cristianos interpretan a Jes\u00fas como el Hijo de Dios enviado por el Padre, est\u00e1n ya formulando el tema de su preexistencia y lo hacen ante todo desde las perspectivas y planteamientos que les ofrece el contexto jud\u00ed\u00ado o, mejor dicho, judeohelenista.<\/p>\n<p>(1) Contexto jud\u00ed\u00ado. Principios. Podemos distinguir, de un modo aproximado, el modelo rab\u00ed\u00adnico, apocal\u00ed\u00adptico y sapiencial, (a) Contexto rab\u00ed\u00adnico. Los representantes de esta l\u00ed\u00adnea han tend\u00ed\u00addo a concebir la Ley como preexistente. Pues bien, al confesar a Jes\u00fas como Mes\u00ed\u00adas, muchos cristianos le identifican con la Ley, haci\u00e9ndole as\u00ed\u00ad l\u00f3gicamente preexistente (como ella era). Tanto Jn como Pablo y Hebreos (e incluso Mt: cf. 5,18.24.35; 11,18-19.28-30; 23,37-39) sit\u00faan a Jes\u00fas en el lugar de la Ley, como revelaci\u00f3n personal y rnesi\u00e1nica de Dios, de manera que le conciben como preexistente: viene del misterio de Dios y revela en el mundo su voluntad salvadora. (b) Contexto apocal\u00ed\u00adptico. Al identificar a Jes\u00fas con el Hijo del Hombre, la tradici\u00f3n cristiana le concibe como preexistente. M\u00e1s a\u00fan, en esa l\u00ed\u00adnea Mt 25,34 puede afirmar que el reino escatol\u00f3gico \u00abest\u00e1 preparado desde el mismo principio de los tiempos\u00bb (apo katabol\u00e9s kosrnou) y Ap 21,1-5 supone que la Jerusal\u00e9n celestial preexiste en Dios y de all\u00ed\u00ad desciende como Novia del Cordero. Todas las grandes realidades cristianas (salvaci\u00f3n, uni\u00f3n de jud\u00ed\u00ados y gentiles, elecci\u00f3n de los creyentes) se arraigan en el principio de los tiempos, preexistiendo de alg\u00fan modo en lo divino (cf. Rom 16,25-26; Ef 3,3-6; etc.).<\/p>\n<p>(2) Contexto sapiencial. Teolog\u00ed\u00ada de Pablo. Est\u00e1 vinculada, de forma especial (aunque no exclusiva) a la teolog\u00ed\u00ada de los llamados \u00abhelenistas\u00bb de Hch 6-7. Resulta dominante en el conjunto del Nuevo Testamento. En ese contexto se puede entender a Jes\u00fas como Sabidur\u00ed\u00ada primigenia que estaba en Dios y que ha sido enviada sobre el mundo (Gal 4,4; Rom 8,3; Jn 3,16-17; 1 Jn4,9). En el fondo de esos textos puede expresarse una confesi\u00f3n m\u00e1s antigua que dec\u00ed\u00ada: Dios ha enviado a su Hijo, para que seamos hijos de Dios. Seg\u00fan ellos, el centro de la salvaci\u00f3n no est\u00e1 en la Cruz, sino en la encarnaci\u00f3n: \u00abDios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado&#8230;\u00bb (Rom 8,3). \u00abDe tal manera ha amado Dios al mundo que le ha entregado a su Hijo Unig\u00e9nito\u00bb (Jn 3,16), iniciando un camino que culmina en la pascua (cf. Rom 8,32). Esos textos (con otros paralelos: 1 Cor 8,6; 10,4; Rom 10,6-7; Jn 1,1-18) suponen que Dios tiene un Hijo preexistente a quien env\u00ed\u00ada (entrega) por los hombres, de forma que su nacimiento (origen) recibe importancia salvadora: ha sido enviado, ha venido, para redimirnos. Ciertamente, Pablo asume impl\u00ed\u00adcitamente una visi\u00f3n de la preexistencia del Hijo de Dios, pero no la ha desarrollado de un modo consecuente. Pablo no ha escrito la historia del Hijo preexistente que se encarna, sino que ha proclamado la pascua de Jes\u00fas que es Hijo de Dios al entregar su vida en favor de los humanos. Eso significa que a partir de los presupuestos de Pablo se puede desarrollar una teolog\u00ed\u00ada de la preexistencia del Cristo pascual, pero \u00e9l no lo ha hecho. El desarrollo del tema de la preexistencia est\u00e1 vinculado a unos textos posteriores, de tradici\u00f3n paulina (cf. Col 1,1520) o de otras tradiciones (cf. Jn 1,1-18 y Heb 1,1-4). En ellos se supone que Jes\u00fas viene de Dios (es preexistente), pero ellos afirman tambi\u00e9n que \u00e9l se ha hecho hombre de un modo radical. No es un ser divino que pasea por el mundo rodeado de apariencia humana, sino un hombre verdadero.<\/p>\n<p>(3) Sin\u00f3pticos y gn\u00f3sticos. Significativamente, los sin\u00f3pticos, a partir de Me, han contado la historia del Jes\u00fas Mes\u00ed\u00adas, pero no como encarnaci\u00f3n de un ser divino preexistente, sino como camino de entrega y muerte del Cristo humano, que realiza su acci\u00f3n salvadora entregando la vida en favor del Reino. Ellos contienen, sin duda, elementos que pueden situarse en l\u00ed\u00adnea de preexistencia (en especial desde la visi\u00f3n de Jes\u00fas como Sabidur\u00ed\u00ada), pero los reinterpretan desde la perspectiva del misterio pascual: de muerte y resurrecci\u00f3n. En ese aspecto, los mismos relatos de la concepci\u00f3n virginal y del nacimiento de Jes\u00fas por el Esp\u00ed\u00adritu (Mt 1-2; Lc 1-2) intentan expresar el sentido divino del origen de Jes\u00fas (brota del amor del Padre, por medio del Esp\u00ed\u00adritu), pero sin apelar a la preexistencia. Ellos suponen que Jes\u00fas es Hijo de Dios en su vida concreta de humano, en la historia de su entrega pascual, ratificada por Dios en la resurrecci\u00f3n. En contra de eso, la visi\u00f3n gn\u00f3stica* defiende la preexistencia de las almas humanas que han ca\u00ed\u00addo del plano superior de lo divino y se han mezclado en la materia mala, como chispas de luz perdidas en el mundo; para liberarlas ha descendido tambi\u00e9n del plano superior divino un salvador preexistente. S\u00f3lo porque viene desde arriba y nos ense\u00f1a a superar el mundo puede liberarnos. Ese tema gn\u00f3stico, desarrollado ampliamente en el II d.C., parece destruir el valor de la historia y la independencia de los huma  nos. Tiempo y eternidad tienden a oponerse como entre los griegos: la preexistencia se vuelve supraexistencia, de manera que Jes\u00fas pierde su base hist\u00f3rica y se convierte en signo eterno de una humanidad ya sin tiempo.<\/p>\n<p>(4) Comunidad del disc\u00ed\u00adpulo amado. Evangelio de Juan. Se encuentra enraizada en el ambiente (helenista, jud\u00ed\u00ado) y en algunas formulaciones anteriores de la Iglesia (Pablo, sin\u00f3pticos). Su visi\u00f3n, que aparece claramente en el evangelio de Jn, se identifica a veces con el desarrollo de lo que suele llamarse cristolog\u00ed\u00ada alta, que consistir\u00ed\u00ada en la afirmaci\u00f3n expresa de la divinidad de Jes\u00fas. Pero esa identificaci\u00f3n de la preexistencia con la cristolog\u00ed\u00ada alta nos parece problem\u00e1tica, pues tanto Pablo como los sin\u00f3pticos ofrecen una cristolog\u00ed\u00ada muy alta (presentan a Jes\u00fas como revelaci\u00f3n y presencia definitiva de Dios), pero en l\u00ed\u00adnea hist\u00f3rica y pascual. No es que ignoren el tipo de preexistencia de Jes\u00fas que desarrolla Jn, pero no la quieren ni pueden tematizar, pues para ellos carecer\u00ed\u00ada de sentido hablar de Jes\u00fas como ser divino antes de hablar de su mensaje y de su entrega salvadora. Sea como fuere, la Comunidad del disc\u00ed\u00adpulo amado ha sentido la necesidad de presentar la divinidad de Jes\u00fas en claves de preexistencia. Quiz\u00e1 lo ha hecho para responder a las acusaciones exteriores (de los jud\u00ed\u00ados que les dicen: vuestro Jes\u00fas ha nacido en el tiempo, nuestra Ley y Verdad es eterna); pero tambi\u00e9n lo ha hecho para desarrollar algo que estaba en germen en las formulaciones anteriores (Jes\u00fas no ha empezado a ser Hijo de Dios, lo es desde el principio, en el misterio eterno, antes de haber nacido en este mundo).<\/p>\n<p>(5)  El evangelio de Juan ha desarrollado una preexistencia biogr\u00e1fica, es decir, una narraci\u00f3n continua y unitaria de la vida de Jes\u00fas como vida del Hijo encarnado de Dios. Esta ha sido, a mi entender, la \u00faltima gran empresa teol\u00f3gica y literaria del Nuevo Testamento: Jn intenta contar lo imposible, la historia temporal (concreta, humana) del Hijo eterno de Dios, sin caer por ello en el docetismo o en un tipo de esplritualismo gn\u00f3stico. Lo normal hubiera sido desvirtuar la historia, docetismo: decir que Jes\u00fas no era, sino que parec\u00ed\u00ada ser humano. Lo normal hubiera sido un tipo de gnosticismo: no importa la vida de Jes\u00fas, sino la ense\u00f1anza de esa vida, pues en el fondo ella es un ejemplo, una especie de par\u00e1bola de nuestra propia realidad de seres ca\u00ed\u00addos del cielo que deben nuevamente ascender a lo divino. Es indudable que Jn ha corrido el riesgo de tomar a Jes\u00fas como alguien que no era en verdad humano, sino que lo parec\u00ed\u00ada: en el fondo, su muerte no habr\u00ed\u00ada sido muerte humana, sino simple expresi\u00f3n de plenitud, de soberana majestad y ascenso a lo divino. Pues bien, a pesar de esos riesgos, al contar la historia de Jes\u00fas como la vida de aquel que viene de Dios (que preexist\u00ed\u00ada en el Padre), Jn ha realizado un servicio esencial en favor de la Iglesia: ha hecho posible una visi\u00f3n o interpretaci\u00f3n cristiana del misterio eterno de Dios, haciendo as\u00ed\u00ad posible que el potencial gn\u00f3stico (= espiritual) del mensaje y vida de Jes\u00fas no se pierda y se diluya fuera de la Iglesia, en las diversas sectas o grupos piadosos del entorno.<\/p>\n<p>(6) Conclusi\u00f3n. El riesgo de la preexistencia. Como acabo de indicar, el evangelio de Juan (Jn) ha sido una providencia para la Iglesia: de pronto, los cristianos del grupo del disc\u00ed\u00adpulo amado (y todos los que aceptan su Evangelio) descubren que pueden contar la historia humana del ser divino eterno, sin caer en simples especulaciones o en puros esplritualismos separados de la vida; ellos conocen la historia de Dios, que es don de amor, la historia original en la que todas las dem\u00e1s reciben un sentido. Esta ha sido una providencia arriesgada, que ha dividido a los grupos de seguidores del disc\u00ed\u00adpulo amado. Una parte de ellos han reelaborado la historia del Hijo eterno de Dios insistiendo en la humanidad de Jes\u00fas (sobre todo en 1 Jn) y de esa forma han sido recibidos por esa Gran Iglesia. Otros parecen haber destacado el car\u00e1cter simb\u00f3lico (no f\u00ed\u00adsico) de esa humanidad, pudiendo afirmar que Jes\u00fas no ha venido en la carne. Ellos se sienten ya salvados, ya resucitados, sin tener que asumir y recorrer el camino de dolor y entrega (muerte) de la vida humana; de esa forma han acabado formando parte de grupos gn\u00f3sticos, que disuelven la humanidad de Jes\u00fas y destruyen el car\u00e1cter social concreto de la Iglesia.<\/p>\n<p>Cf. R. E. Brown, La comunidad del disc\u00ed\u00adpulo amado. Estudio de la eclesiolog\u00ed\u00ada ju\u00e1nica, BEB 43, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1987; O. Gon z\u00e1lez DE Cardedal, Jes\u00fas de Nazaret. Aproximaci\u00f3n a la cristolog\u00ed\u00ada, BAC, Madrid 1975; F. Hahn, Christologische Hoheitstitel. Ihre Geschichte imfr\u00fchen Christentum, FRLANT, 83, Gotinga 1962; X. Pikaza, Este es el hombre. Cristolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, Sec. Trinitario, Salamanca 1997; E. Schweizer, Emiedrignng und Erh\u00f3hung, bei Jesus und seinen Nachfolgem, ATANT 28, Z\u00farich.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>Categor\u00ed\u00ada fundamental de la cristolog\u00ed\u00ada, con la que se entiende la existencia eterna del Hijo de Dios, antes de la creaci\u00f3n del mundo y de su entrada en la historia, realizada en la \u00abplenitud de los tiempos\u00bb (G\u00e1l 4,4). Expresa, como es l\u00f3gico, una verdad revelada con la aparici\u00f3n hist\u00f3rica de Jes\u00fas de Nazaret, el Cristo, el Hijo.<\/p>\n<p>El Antiguo Testamento y el juda\u00ed\u00adsmo intertestamentario llegaron a representarse y a hablar de una preexistencia de la Sabidur\u00ed\u00ada divina (cf. Job 28,12-28; Prov 3,19. 8,22-36; Sab 7 12.25-30; 8,4; 9,lss; &#8216;Eclo 1,1-10) y\/o de la Tor\u00e1\/Ley (cf. Bar 3,33ss; P~OV 8,33; Sab6,18 Eclo 24,3-22ss), a trav\u00e9s de las cuales Dios cre\u00f3 el mundo y lo conserva. Estas especulaciones tuvieron una influencia notable en la reflexi\u00f3n de la comunidad cristiana en su empe\u00f1o por profundizar en la misi\u00f3n y en la identidad de Jesucristo.<\/p>\n<p>Los datos que hay que tener presentes para comprender las afirmaciones del Nuevo Testamento sobre Jesucristo y en particular sobre su identidad personal eterna son: el encuentro de los disc\u00ed\u00adpulos con el hombre Jes\u00fas de Nazaret y su fe gradual en \u00e9l; la experiencia profunda que de \u00e9l tuvieron despu\u00e9s de su muerte y m\u00e1s tarde la plena comprensi\u00f3n de \u00e9l a la que llegaron gracias a la presencia viva de su Esp\u00ed\u00adritu y a la relectura de las Escrituras y de las tradiciones jud\u00ed\u00adas, especialmente de las reflexiones sobre la Sabidur\u00ed\u00ada y la Tor\u00e1, que antes record\u00e1bamos, hecha a la luz de estos factores.<\/p>\n<p>Sobre este fondo hay que entender las afirmaciones neotestamentarias en las que se afirma la existencia eterna de Jes\u00fas antes de la creaci\u00f3n del mundo; \u00e9l es aquel por medio del cual Dios llam\u00f3 a todas las cosas a la existencia en su origen (cf. 1 Cor 8,6; tambi\u00e9n Col 1,1 5- 17); Jesucristo es el Hijo que Dios envi\u00f3 a este mundo en la \u00abplenitud de los tiempos\u00bb (cf. G\u00e1l 4,4; Rom 8,3); aquel que \u00abviv\u00ed\u00ada en la condici\u00f3n de Dios\u00bb, pero que \u00abse vaci\u00f3\u00bb de ella al entrar en este mundo, haci\u00e9ndose obediente hasta la muerte, y que vive ahora glorioso junto al Padre (cf. Flp 2,611); el Logos\/Hijo unig\u00e9nito de Dios que vive en el seno del Padre, siendo \u00e9l mismo Dios, hecho carne\/hombre para revelar al Padre, dar a los hombres la vida divina y sacarlos de las tinieblas del mundo tcf. Jn 1,1-18); el Hijo que ten\u00ed\u00ada su gloria junto al Padre antes de la creaci\u00f3n del mundo y que, habiendo bajado al mundo y habiendo realizado su obra, vuelve a subir al Padre (cf. Jn 17); el Hijo, la irradiaci\u00f3n de la substancia de Dios, a trav\u00e9s del cual cre\u00f3 Dios el universo, en el que \u00faltimamente ha hablado a los hombres y ha realizado la redenci\u00f3n de todos antes de sentarse glorioso a la derecha de Dios (cf. Heb 1 ,1 -3). La preexistencia del Hijo eterno de Dios, que se encarn\u00f3 y se manifest\u00f3 en el hombre Jes\u00fas confesado como Cristo\/Mes\u00ed\u00adas, es afirmada expl\u00ed\u00adcitamente en algunos de estos pasajes (cf, por ejemplo, Jn 1,1-3; 17,8 Heb 1 ,3), y en otros impl\u00ed\u00adcitamente (cf: G\u00e1l 4,4). En todos ellos se la ve como la ra\u00ed\u00adz \u00faltima del acontecimiento salv\u00ed\u00adfico Jesucristo que se ha realizado en la historia.<\/p>\n<p>La predicaci\u00f3n y la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica de los Padres profundizaron este dato de fe neotestamentario b\u00e1sico, recurriendo ampliamente a la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica neoplat\u00f3nica del logos. En sus obras se encuentran claras afirmaciones sobre la eternidad del Logos que se ha revelado en Cristo (cf. Or\u00ed\u00adgenes, Contra Celsum VII, 16, 65); sobre el mes\u00ed\u00adas preexistente (cf Justino, Di\u00e1logos 45,4); sobre la Palabra que el Padre pronunci\u00f3 desde la eternidad en el seno de su divinidad y que fue pronunciada en el tiempo en Jesucristo (cf. Ireneo, Hip\u00f3lito, etc.).<\/p>\n<p>Sin embargo, la preocupaci\u00f3n por salvar la absoluta trascendencia y unidad de Dios\/Padre los llev\u00f3 a veces a formular la preexistencia de Cristo como Verbo de Dios con expresiones parecidas a las que usaban los neoplat\u00f3nicos para expresar la funci\u00f3n vital, pero no divina ni eterna, del Logos como mediador entre Dios y el mundo.<\/p>\n<p>El car\u00e1cter problem\u00e1tico (le esta representaci\u00f3n de la preexistencia apareci\u00f3 con claridad en la propuesta doctrinal de Arrio, sacerdote de Alejandr\u00ed\u00ada (comienzos del siglo 1V) y en la controversia que \u00e9sta suscit\u00f3: el Verbo de Dios que se encarn\u00f3 en Jesucristo es una realidad eminente, anterior al mundo, aquel de quien se sirvi\u00f3 Dios para crear y redimir el mundo, pero no es de naturaleza divina ni es eterno como Dios. El concilio de Nicea (325) afront\u00f3 y aclar\u00f3 definitivamente la controversia: El Logos que se encarn\u00f3 en Jesucristo para la salvaci\u00f3n del mundo es el Logos\/Hijo de Dios mismo, consubstancial al Padre y eterno como \u00e9l, que en el curso del tiempo se hizo hombre, naciendo de la Virgen Mar\u00ed\u00ada por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo (cf DS 125-126). Con esta definici\u00f3n conciliar la Iglesia antigua proclamaba su fe en la divinidad y eternidad de Cristo, asentando con- firmeza una verdad que en adelante no podr\u00ed\u00ada va negarse.<\/p>\n<p>La aceptaci\u00f3n de esta interpretaci\u00f3n del testimonio neotestamentario por parte de toda la Iglesia obtuvo la aceptaci\u00f3n de la mayor\u00ed\u00ada, pero no fue del todo pac\u00ed\u00adfica, obstaculizada entre otras cosas por motivos de \u00ed\u00adndole pol\u00ed\u00adtica. De todas formas, la fe cat\u00f3lica sigui\u00f3 construy\u00e9ndose sobre esta base.<\/p>\n<p>El concilio 1 de Constantinopla proclam\u00f3 que el Logos fue engendrado \u00abantes de todos los tiempos\u00bb (cf. DS 150); a continuaci\u00f3n muchos Padres (especialmente Agust\u00ed\u00adn y Le\u00f3n Magno) y algunos pasajes de documentos conciliares hablaron del doble nacimiento del Logos: el nacimiento eterno del Padre anterior al tiempo y el nacimiento de la Virgen Mar\u00ed\u00ada en el curso del tiempo (cf, por ejemplo, DS 357; 504; 536; 572, etc.).<\/p>\n<p>Toda la tradici\u00f3n teol\u00f3gica posterior, con algunas excepciones, mantuvo y reflexion\u00f3 sobre la preexistencia del Hijo encarnado en Jesucristo que hab\u00ed\u00ada definido Nicea. El pensamiento racionalista y laico moderno, viendo en Jesucristo solamente el aspecto humano, rechaz\u00f3 la idea de la preexistencia consider\u00e1ndola como \u00abdogm\u00e1tica\u00bb y \u00abmitol\u00f3gica\u00bb. Por el contrario, la verdad y el car\u00e1cter irrenunciable de la preexistencia del Hijo encarnado en Jesucristo fue defendida valientemente por la mayor parte de los te\u00f3logos tanto cat\u00f3licos como protestantes. La teolog\u00ed\u00ada cristiana tiene que dar raz\u00f3n de la fe en la filiaci\u00f3n eterna de Jesucristo en diversos frentes. En esta tarea de sana \u00abapolog\u00e9tica\u00bb est\u00e1 llamada a destacar: a) la originalidad de este punto doctrinal, que especifica al cristianismo y que por tanto constituye el verdadero \u00abart\u00ed\u00adculo sobre el que permanece o cae la fe cristianan; b) tiene que hacer surgir esta afirmaci\u00f3n fundamental a partir del acontecimiento Jesucristo, tal como lo hizo el Nuevo Testamento y como hemos se\u00f1alado anteriormente:<br \/>\nc) cualquier interpretaci\u00f3n del acontecimiento Jesucristo que no contenga la afirmaci\u00f3n de la preexistencia del Sujeto divino no da raz\u00f3n del dato revelado:<br \/>\nd) no basta con afirmar, como hacen algunos te\u00f3logos contempor\u00e1neos, que Dios, uno y \u00fanico, \u00abse hizo presente\u00bb de forma \u00fanica e insuperable en su historia para ofrecer la salvaci\u00f3n a la humanidad, etc.<\/p>\n<p>El Nuevo Testamento habla del Padre que envi\u00f3 a su Hijo, del Logos que estaba junto a Dios y que se hizo hombre. Por tanto, el Hijo es un sujeto divino, distinto de Dios Padre y del Esp\u00ed\u00adritu, que en el tiempo se hizo sujeto de aquella peripecia y par\u00e1bola hist\u00f3rica, anclada en la eternidad de Dios, que es Jes\u00fas de Nazaret. La confesi\u00f3n de la preexistencia eterna del Hijo hecho hombre en Jesucristo es el presupuesto de la visi\u00f3n cristiana de Dios como comuni\u00f3n eterna dial\u00f3gica de Personas (Padre, Hijo n Esp\u00ed\u00adritu) y del anuncio cristiano del hombre como invitado con toda la creaci\u00f3n a participar en la vida de comuni\u00f3n divina.<\/p>\n<p>G. Lammarrone<\/p>\n<p>Bibl.: M. Bordoni, Encarnaci\u00f3n. en NDT, 366-389. J N, D. Kelly Primitivos credos cristianos, Secretariado Trinitario, Salamanca 1980; W Kasper, Jes\u00fas, el Cristo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1976; R. Schnackenburg. Esbozo de cristolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica, en MS,III-II, 505-670; D. Wiederkehr, La cristolog\u00ed\u00ada del Nuevo Testamento, en MS. III-II,245-412.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(v. elecci\u00f3n divina, predestinaci\u00f3n) (ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n, BAC, Madrid, 1998) Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n 1. Modelos (-> palabra, Dios, Hijo de Dios). Preexistir significa existir previamente. Diversas religiones piensan que este mundo es reflejo (imitaci\u00f3n) de un orden primordial divino, donde todo sucede seg\u00fan ritmos de eterno retorno: reflejo del templo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/preexistencia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPREEXISTENCIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15361","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15361","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15361"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15361\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15361"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15361"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15361"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}