{"id":15387,"date":"2016-02-05T10:02:28","date_gmt":"2016-02-05T15:02:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/resurreccion-de-la-carne\/"},"modified":"2016-02-05T10:02:28","modified_gmt":"2016-02-05T15:02:28","slug":"resurreccion-de-la-carne","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/resurreccion-de-la-carne\/","title":{"rendered":"RESURRECCION DE LA CARNE"},"content":{"rendered":"<p>(v. resurrecci\u00f3n de los muertos)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>I. En la Biblia<br \/>\n1. Antiguo Testamento<br \/>\nHasta su \u00e9poca tard\u00ed\u00ada la religi\u00f3n veterotestamentaria no conoce ninguna resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>La vida del hombre se limita a la existencia de aqu\u00ed\u00ad. Con ello no se dice que el hombre en la muerte, cuando Dios arranca de \u00e9l su esp\u00ed\u00adritu (por el cual se hab\u00ed\u00ada hecho \u00abalma viviente\u00bb [G\u00e9n 2, 7], es decir, ser vivo) y su cuerpo vuelve al polvo del que ha sido formado (G\u00e9n 3, 19) cese de existir. Pero la existencia a manera de sombra de los muertos en el Ieol no merece el nombre de \u00abvida\u00bb. La tierra es \u00abel pa\u00ed\u00ads de los vivientes\u00bb (Is 38, 11), y Yahveh es s\u00f3lo el Dios de los vivos y no de los muertos. Es cierto que en el AT se dice algunas veces que su poder se extiende incluso al seol, al reino de los muertos (Am 9, 2; 1 Sam 2, 6; Sal 139, 8; Job 26, 6). Pero con ello se expresa solamente la fe en la infinitud de su poder. Realmente, Yahveh no se preocupa de los muertos, tampoco como \u00e9stos de \u00e9l. Los muertos ya no saben nada de \u00e9l y por eso no le alaban (Sal 88, llss). Pero aqu\u00ed\u00ad es especialmente importante que el destino de los muertos se tiene como definitivo. El seol es el pa\u00ed\u00ads del que no se regresa: \u00abquien descendi\u00f3 al reino de los muertos ya no sube jam\u00e1s\u00bb (Job 7, 9; cf. 14, 12).<\/p>\n<p>Seg\u00fan la antropolog\u00ed\u00ada veterotestamentaria el hombre no es un ser de alma y cuerpo, sino un cuerpo vivificado por el esp\u00ed\u00adritu de Dios, y \u00e9l no posee un alma, sino que es un alma (hebreo: nefer), es decir, un ser vivo, un cuerpo vivificado. Por ello la concepci\u00f3n veterotestamentaria del hombre se distingue fundamentalmente de la griega. Sin cuerpo no hay vida real. Por esto los muertos en el seol no son, p. ej., las almas de los difuntos, sino s\u00f3lo sombras, y, concretamente, la sombra del hombre entero (1 Sam 28, 14; Is 14, 9). En el Antiguo Testamento son llamados tambi\u00e9n los refaim, los \u00abd\u00e9biles, abatidos\u00bb (Is 26, 14.19; Sal 88, 11; Job 26, 5; Prov 9, 18). Su existencia no es ciertamente dolorosa, pero es entendida como un mal, principalmente porque los muertos est\u00e1n separados para siempre de Yahveh. Los hombres piadosos del AT soportaron con resignaci\u00f3n este destino de muerte que afecta a todos sin distinci\u00f3n. Su deseo es por ello una vida larga y una participaci\u00f3n en los bienes de este mundo, para despu\u00e9s, \u00abviejos y hartos de vida\u00bb (G\u00e9n 25, 5; 35, 29), \u00abcaminar el camino de toda carne\u00bb (1 Re 2, 2).<\/p>\n<p>El AT, todav\u00ed\u00ada despu\u00e9s del exilio, permaneci\u00f3 durante siglos en la perspectiva de la vida de aqu\u00ed\u00ad, como lo demuestran, junto con diversos Salmos, especialmente el libro de Job y el Eclesiast\u00e9s. Por otro lado, el pensamiento de este tiempo tard\u00ed\u00ado se distingue del de los siglos anteriores por el desarrollo pleno del individualismo. El hombre particular no se considera ya \u00fanicamente como parte constituyente del todo del pueblo, sino que es consciente de su valor personal. Y al individualismo se a\u00f1ade en este tiempo todav\u00ed\u00ada el desarrollo pleno de la idea religiosa de la retribuci\u00f3n. Corresponde a la santidad y a la justicia de Dios el que \u00e9l reparta justamente la suerte de los hombres particulares, de modo que el bueno debe verse rodeado de bienes y el malo de males. Pero precisamente esta fe llev\u00f3 continuamente al absurdo por la experiencia de la vida. Para el autor del libro de Job esta circunstancia injusta se convirti\u00f3 concretamente en problema de teodicea, y el inconsolable pesimismo del Eclesiast\u00e9s tiene su fundamento en la injusticia constante que su autor ve y vive continuamente, y tambi\u00e9n en el hecho de que no observa ninguna diferencia entre el hombre y el animal. \u00abPorque muere el hombre a semejanza de la bestia, y el hombre no tiene ninguna exenci\u00f3n sobre la bestia\u00bb (3, 19). As\u00ed\u00ad la religi\u00f3n veterotestamentaria, con su escatolog\u00ed\u00ada tan poco desarrollada todav\u00ed\u00ada, empujaba con cierta necesidad interna hacia una superaci\u00f3n del estadio hasta entonces alcanzado. Aqu\u00ed\u00ad los dos motivos capitales eran el pensamiento veterotestamentario de Dios, la fe en la justicia divina y en que Dios gobierna el mundo, y, por otro lado, la llamada fe en la retribuci\u00f3n, que hizo sentir como un problema precisamente la fe en el gobierno moral del mundo por parte de Dios. Pero el impulso m\u00e1s fuerte lo dio la penosa situaci\u00f3n de todo el pueblo, que viv\u00ed\u00ada sujeto al dominio de naciones extranjeras y paganas. A partir de la fe en la retribuci\u00f3n, se habr\u00ed\u00ada podido desarrollar tambi\u00e9n la fe en la suerte distinta de los justos y de los imp\u00ed\u00ados en el seol. Pero esto habr\u00ed\u00ada significado una profunda transformaci\u00f3n de la -> antropolog\u00ed\u00ada. Eso no sucedi\u00f3 hasta dos siglos m\u00e1s tarde, por influjo griego.<\/p>\n<p>L\u00f3gicamente, la evoluci\u00f3n de la concepci\u00f3n jud\u00ed\u00ada sobre la retribuci\u00f3n justa no se orient\u00f3 primeramente hacia una modificaci\u00f3n de las representaciones relativas al estado de los muertos, sino hacia la idea de que el hombre en un e\u00f3n futuro recibe otra vida y una suerte distinta, y de que all\u00ed\u00ad aqu\u00e9l queda restablecido en su totalidad tal como Dios lo ha creado. El presupuesto para ello es la revivificaci\u00f3n de los muertos. Es importante observar que la primera aparici\u00f3n demostrable de este pensamiento se da en un tiempo de dura desgracia. En Ezequiel, en quien encontramos por primera vez este pensamiento, la vivificaci\u00f3n de los huesos de los muertos no significa ciertamente la resurrecci\u00f3n de los difuntos que est\u00e1n en el seol, sino la restauraci\u00f3n del pueblo. Aqu\u00ed\u00ad se dice solamente que, en ciertas circunstancias, Dios puede resucitar muertos, mientras que en general subsiste el principio de que los muertos no retornan. Pero la revivificaci\u00f3n descrita por Ezequiel se produce realmente en vivos, no en muertos, pues los huesos de los muertos significan el pueblo que se encuentra en \u00abestado de muerte\u00bb en el exilio; se promete al pueblo la repatriaci\u00f3n. Donde, en otros lugares de la literatura m\u00e1s antigua, se habla de revivificaci\u00f3n, se significa \u00fanicamente la curaci\u00f3n de enfermedades graves, en las que el esp\u00ed\u00adritu de vida (r\u00faah) parece haberse separado del hombre (2 Re 5, 7; Is 38, 10; cf. BAUDISSIN 384-402). El testimonio m\u00e1s antiguo, que constituye ante todo una confesi\u00f3n de fe confiada en el justo gobierno de Dios y surgi\u00f3 seguramente en \u00e9poca griega (s. III a.C.), es el Apocalipsis de Isa\u00ed\u00adas (Is 24-27): \u00abTus muertos viven, mis difuntos resucitar\u00e1n, los que habitan en el polvo se levantar\u00e1n y rebosar\u00e1n de alegr\u00ed\u00ada, pues roc\u00ed\u00ado de Luces es tu roc\u00ed\u00ado; la tierra llevar\u00e1 las sombras a la luz\u00bb (26, 19). La esperanza en la revivificaci\u00f3n de los muertos est\u00e1 aqu\u00ed\u00ad en conexi\u00f3n con la expectaci\u00f3n del tiempo de salvaci\u00f3n para todo el pueblo. Para completar la comunidad de salvaci\u00f3n deben acudir tambi\u00e9n los justos que han muerto.<\/p>\n<p>En el tiempo de los Macabeos va mucho m\u00e1s lejos Dan 12, 2: \u00abMuchos de los que duermen en el polvo, despertar\u00e1n: unos para la vida eterna, otros para la ignominia, la cual tendr\u00e1n siempre delante de s\u00ed\u00ad. Los sabios brillar\u00e1n como la luz del firmamento; y como estrellas por toda la eternidad aqu\u00e9llos que hubieren ense\u00f1ado a muchos la justicia.\u00bb Este lugar es mucho m\u00e1s preciso que el anterior; y se distingue tambi\u00e9n de \u00e9l por el hecho de que resucitar\u00e1n no s\u00f3lo los justos, sino tambi\u00e9n los imp\u00ed\u00ados. Aqu\u00ed\u00ad se piensa en los m\u00e1rtires de la \u00e9poca persecutoria de Ant\u00ed\u00adoco IV Epifanes, en la que muchos jud\u00ed\u00ados pagaron su fe con la muerte, y tambi\u00e9n en sus perseguidores. No se piensa en una resurrecci\u00f3n general, y ni siquiera en la de las grandes figuras de la antigua historia de Israel. Y est\u00e1 claro adem\u00e1s que no es s\u00f3lo el poder de Dios el que se ha de revelar, sino tambi\u00e9n su justicia retribuidora. Sorprendente es la diferencia entre los dos libros de los Macabeos: mientras que el primero (as\u00ed\u00ad como el Eclesi\u00e1stico) todav\u00ed\u00ada permanece totalmente en la antigua perspectiva de la vida de aqu\u00ed\u00ad (2, 52ss) y no sabe nada de una resurrecci\u00f3n, en el segundo se expresa con mayor claridad y precisi\u00f3n la fe en la resurrecci\u00f3n, y por cierto, como en Daniel, en conexi\u00f3n tambi\u00e9n con el pensamiento de la retribuci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los hermanos Macabeos afirman uno tras otro ese pensamiento. \u00abEl Rey del universo nos resucitar\u00e1 alg\u00fan d\u00ed\u00ada para la vida eterna, por haber muerto en defensa de sus leyes\u00bb (7, 9; cf. 7, 11). \u00abEs gran ventaja para nosotros perder la vida a mano de los hombres, por la firme esperanza que tenemos en Dios de que nos la volver\u00e1, haci\u00e9ndonos resucitar. Pero tu resurrecci\u00f3n (la de Ant\u00ed\u00adoco) no ser\u00e1 para la vida\u00bb (7, 14). El mismo libro segundo de los Macabeos ya conoce tambi\u00e9n la fe de que es \u00fatil y tiene sentido orar y ofrecer sacrificios expiatorios por los ca\u00ed\u00addos que pecaron en vida \u00abpara que sean liberados de sus pecados\u00bb. Aqu\u00ed\u00ad esta \u00abacci\u00f3n piadosa\u00bb es motivada por la fe en la resurrecci\u00f3n. Si \u00e9l (Judas Macabeo) no hubiera cre\u00ed\u00addo que los muertos resucitan, habr\u00ed\u00ada sido necio y superfluo el rogar por los muertos\u00bb (12, 44). Pero tampoco se habla de la resurrecci\u00f3n general, ni siquiera de la de todos los israelitas, y para los imp\u00ed\u00ados no hay ninguna resurrecci\u00f3n (7, 14). Es una cuesti\u00f3n muy discutida y muy afirmada la de si, en la constituci\u00f3n y principalmente en la configuraci\u00f3n ulterior de la fe de los jud\u00ed\u00ados en la resurrecci\u00f3n, ha sido activa la influencia del parsismo. Fuentes griegas atestiguan ya desde el s. IV a.C. (TEOPOMPO, en DI\u00ed\u201cGENES LAERCIO, Prooem. 9, K\u00f6NIG 128-133) para la religi\u00f3n zoro\u00e1strica la fe en la resurrecci\u00f3n. El motivo principal para la aceptaci\u00f3n de una influencia parsista es la conexi\u00f3n entre resurrecci\u00f3n y juicio, que se da en una y otra religi\u00f3n. La posibilidad de esta influencia se concede fundamentalmente. Pero se debe pensar, de una parte, que por el pensamiento de la retribuci\u00f3n, totalmente desarrollado, y por los problemas que precisamente de \u00e9l resultaron ante la experiencia de la vida, se hab\u00ed\u00adan creado ya en el mismo suelo jud\u00ed\u00ado los presupuestos para la fe en la resurrecci\u00f3n; y que, de otra parte, en el juda\u00ed\u00adsmo la fe en la resurrecci\u00f3n surgi\u00f3 por primera vez en un tiempo en que los jud\u00ed\u00ados palestinenses ya no viv\u00ed\u00adan bajo dominio persa, sino griego.<\/p>\n<p>2. El judaismo<br \/>\nDesde la \u00e9poca de los Macabeos la fe en la resurrecci\u00f3n se impuso en el juda\u00ed\u00adsmo palestinense. Lo atestiguan tanto la -> apocaliptica como los rabinos fariseos. Y principalmente por su influencia convirti\u00f3 en fe general del pueblo y en dogma que fue recogido tambi\u00e9n en el Semone Esre (2.a bendici\u00f3n), que cada jud\u00ed\u00ado deb\u00ed\u00ada rezar cada d\u00ed\u00ada. Sin embargo, esta imposici\u00f3n no ocurri\u00f3 sin resistencia. La posici\u00f3n frente a esta fe constitu\u00ed\u00ada una de las disputas doctrinales m\u00e1s importantes entre fariseos y saduceos. Estos \u00faltimos eran, como lo atestiguan tanto la literatura rab\u00ed\u00adnica y Flavio Josefo (JosBell II 8, 14; JosAnt xviii 1, 4) como el NT (Mc 12, 18ss; Act 4, ls; 23, 6ss), adversarios ac\u00e9rrimos e impugnadores de dicha fe, porque la consideraban contradictoria a la raz\u00f3n y no la hallaban atestiguada en la torah. Tambi\u00e9n el juda\u00ed\u00adsmo helen\u00ed\u00adstico rechaz\u00f3 la resurrecci\u00f3n (seg\u00fan veremos luego). Frente a los ataques de los \u00abliberales\u00bb saduceos, los rabinos fariseos se esforzaron por demostrar la resurrecci\u00f3n a base del AT y de la raz\u00f3n (cf. la discusi\u00f3n del rabino Gamaliel ii con los saduceos en Misna, San 90-b-91-a y su recomposici\u00f3n en BILLERBECK IV 893-897). Por otro lado, el juda\u00ed\u00adsmo no ha llegado jam\u00e1s a una opini\u00f3n \u00fanica en el punto de si todos los hombres resucitar\u00e1n o s\u00f3lo una parte de ellos. Y tambi\u00e9n all\u00ed\u00ad donde se ense\u00f1a la resurrecci\u00f3n universal, esto vale s\u00f3lo con la limitaci\u00f3n de que ciertos hombres o clases de hombres deben ser excluidos de ella, as\u00ed\u00ad la generaci\u00f3n del diluvio, los egipcios que murieron en el mar Rojo, o la generaci\u00f3n del desierto. Estos hombres no deben resucitar, sino permanecer en el lugar de su castigo, porque han recibido ya su juicio. Donde se ense\u00f1a la resurrecci\u00f3n de una parte de los hombres solamente, se piensa primordialmente en Israel, y sobre todo en las grandes figuras de los tiempos remotos, como los patriarcas, Mois\u00e9s, David, y adem\u00e1s en los m\u00e1rtires de la \u00e9poca de persecuci\u00f3n de los Macabeos. Despu\u00e9s el c\u00ed\u00adrculo se ampl\u00ed\u00ada a los justos en general, pero aqu\u00ed\u00ad de nuevo se piensa primordialmente en los hombres piadosos de Israel.<\/p>\n<p>M\u00e1s importante que la cuesti\u00f3n, jam\u00e1s contestada unitariamente, de que qu\u00e9 hombres resucitar\u00e1n y qu\u00e9 hombres deben ser excluidos de la resurrecci\u00f3n es la distinci\u00f3n que sigue. All\u00ed\u00ad donde la revivificaci\u00f3n se limita a los justos, su finalidad es que estos hombres han de participar en la salvaci\u00f3n. Por ello aqu\u00ed\u00ad no se piensa en los difuntos imp\u00ed\u00ados. Estos permanecen en su lugar subterr\u00e1neo de condenaci\u00f3n (SalSl 3, lls; Hen [et] 22, 13). Puesto que, seg\u00fan la antropolog\u00ed\u00ada veterotestamentaria, sin cuerpo no hay verdadera vida, para la participaci\u00f3n en la salvaci\u00f3n de los tiempos finales se requiere tambi\u00e9n la revivificaci\u00f3n de los cuerpos. Esto sigue siendo v\u00e1lido en el tiempo en que, bajo influencia griega, la antigua concepci\u00f3n \u00abmonista\u00bb de la esencia del hombre es sustituida por la doctrina dualista del alma como parte peculiar y esencial del hombre, junto con el cuerpo. Ahora los muertos en el seol ya no son pensados como meras sombras, sino como \u00abalmas\u00bb aut\u00e9nticas, es decir, como seres espirituales (1 Hen[et] 90, 33) que despu\u00e9s de la muerte, separados del cuerpo, tienen una vida propia, y all\u00ed\u00ad, seg\u00fan las obras que los hombres hicieron durante su vida, o bien disfrutan de una cierta felicidad o bien sufren un castigo, en \u00e1mbitos distintos del mundo de los muertos (cf. 1 Hen[et] 22). Pero las almas de los justos han de resucitar para participar en la salvaci\u00f3n y tienen que unirse con sus cuerpos, para que el hombre total, tal como Dios lo ha creado, reciba la salvaci\u00f3n. Por el contrario, donde se habla de una resurrecci\u00f3n general de justos y de pecadores prescindiendo de algunas clases de pecadores, se trata de la resurrecci\u00f3n para el juicio final. Por esto la resurrecci\u00f3n precede al juicio. \u00abTodos los nacidos est\u00e1n destinados a morir, y los difuntos est\u00e1n destinados a resucitar, y los resucitados est\u00e1n destinados a ser juzgados, para que se sepa, se d\u00e9 a conocer y as\u00ed\u00ad se confiese que \u00e9l es Dios, el creador, el sabedor, el juez, y que \u00e9l juzgar\u00e1 una vez\u00bb (Mi.\u00ed\u00adna, Dichos de los Padres 4, 22). Seg\u00fan esta doctrina, resurrecci\u00f3n y juicio se pertenecen mutuamente e introducen el mundo futuro (4 Esd 7, 29ss; ApBar [sir] 30, 1-5; 50, 2-51; 3; 85, 18; para la literatura rab\u00ed\u00adnica cf. BILLERBECK IV 791ss).<\/p>\n<p>Las distintas afirmaciones sobre una resurrecci\u00f3n general o s\u00f3lo la de los justos, v\u00e9anse en BILLERBECK IV 1166-1198, VOLZ 235-247. El testimonio m\u00e1s antiguo de la persuasi\u00f3n de que todos los hombres, justos e imp\u00ed\u00ados, jud\u00ed\u00ados y paganos, resucitar\u00e1n es 1 Hen(et) 22, Iss. Pero el libro de Henok no es unitario en esta cuesti\u00f3n, como tampoco lo son los apocalipsis de Esdras (cf. VOLZ 38) y Baruc (cf. BILLERBECK IV 1170); y tambi\u00e9n en la literatura rab\u00ed\u00adnica est\u00e1n yuxtapuestas afirmaciones que hablan de la resurrecci\u00f3n general, y otras que hablan s\u00f3lo de la resurrecci\u00f3n de los justos. Pero la doctrina de la mayor\u00ed\u00ada de los rabinos desde la \u00e9poca tana\u00ed\u00adtica m\u00e1s antigua fue y continu\u00f3 siendo que todos los muertos resucitar\u00e1n. Sin embargo, los rabinos no estuvieron siempre de acuerdo en la cuesti\u00f3n referente al tiempo de la resurrecci\u00f3n. Esto est\u00e1 en relaci\u00f3n con la doctrina de los \u00abd\u00ed\u00adas del Mes\u00ed\u00adas\u00bb. Seg\u00fan la opini\u00f3n m\u00e1s antigua, \u00e9stos traen ya la consumaci\u00f3n absoluta de la salvaci\u00f3n, y en consecuencia debe producirse en ellos la resurrecci\u00f3n de los muertos. Pero en el tiempo poscristiano los rabinos separaron el tiempo posmesi\u00e1nico del e\u00f3n futuro y lo incluyeron todav\u00ed\u00ada en el e\u00f3n actual. En consecuencia se uni\u00f3 la resurrecci\u00f3n con el e\u00f3n futuro, como preludio del mismo (cf. los textos correspondientes en BILLERBECK IV 971ss). Pero en el s. III los sabios rab\u00ed\u00adnicos, partiendo de la fe en que el cumplimiento de las profec\u00ed\u00adas veterotestamentarias debe esperarse en el tiempo mesi\u00e1nico, volvieron a la concepci\u00f3n antigua en el sentido de que para la \u00e9poca mesi\u00e1nica esperaban por lo menos la resurrecci\u00f3n de los justos, mientras que la de los hombres ha de seguir inmediatamente al juicio universal (BILLERBECK III 827-830).<\/p>\n<p>Seg\u00fan doctrina jud\u00ed\u00ada casi com\u00fan, la resurrecci\u00f3n de los muertos es prerrogativa de Dios, que por eso recibe (p. ej., en el Semone Esre [2.a bendici\u00f3n]) el atributo: \u00abEl que vivifica a los muertos\u00bb (cf. Dt 32, 39; 1 Sam 2, 6; 2 Re 5, 7; Tob 13, 2; 2 Mac 7, 9.14;4 Esd 5, 45; BILLERBECK 1523s). Con relaci\u00f3n a la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo ocurrir\u00e1 la resurrecci\u00f3n, es importante el hecho de que en el tiempo de la configuraci\u00f3n de la fe en la resurrecci\u00f3n se produce tambi\u00e9n la transformaci\u00f3n de la antropolog\u00ed\u00ada por la penetraci\u00f3n de la concepci\u00f3n griega del alma, que ahora es entendida como segunda parte esencialmente constitutiva del hombre junto con el cuerpo. Eso implicaba tambi\u00e9n una modificaci\u00f3n fundamental de la concepci\u00f3n de los muertos, que, desde ese momento, son concebidos con una vida propia independiente del cuerpo (como \u00abalmas\u00bb propiamente dichas). La concepci\u00f3n m\u00e1s antigua era que los muertos recuperan su cuerpo, el cual queda vivificado &#8211; como en la creaci\u00f3n del hombre &#8211; por el h\u00e1lito de Dios. Pero una vez formada la fe en el alma, la resurrecci\u00f3n se produce de tal manera que, las almas procedentes del reino de los muertos, reciben un cuerpo nuevo, y as\u00ed\u00ad el hombre queda restablecido de nuevo en su totalidad. Esto es importante para la antropolog\u00ed\u00ada del juda\u00ed\u00adsmo palestinense. En la salvaci\u00f3n del mundo futuro debe participar el hombre entero, y en ello est\u00e1 el sentido de la resurrecci\u00f3n. No hay unanimidad acerca de si el cuerpo que los muertos han de recibir en la resurrecci\u00f3n ser\u00e1 el cuerpo antiguo, o un cuerpo glorificado de alg\u00fan modo, o un cuerpo nuevo. Seg\u00fan el ApBar (sir) 50, 1-51, 10, y seg\u00fan la doctrina rab\u00ed\u00adnica (cf. BILLERBECK IV 1175), en la resurrecci\u00f3n la tierra devuelve a los muertos tal como los recibi\u00f3, cosa necesaria para determinar su identidad; y s\u00f3lo entonces se produce su glorificaci\u00f3n (cf. con relaci\u00f3n a esto VOLZ 249-255).<\/p>\n<p>En amplia distancia de la doctrina del juda\u00ed\u00adsmo palestinense se halla la del juda\u00ed\u00adsmo helen\u00ed\u00adstico, que en su antropolog\u00ed\u00ada estuvo fuertemente influida por la antropolog\u00ed\u00ada plat\u00f3nico-estoica, para la cual la fe en la resurrecci\u00f3n era una ridiculez (cf. Act 17, 32). El testimonio principal, pero no el \u00fanico, de este juda\u00ed\u00adsmo helen\u00ed\u00adstico es Fil\u00f3n. Ese influjo helen\u00ed\u00adstico se refleja tambi\u00e9n en el libro veterotestamentario de la Sabidur\u00ed\u00ada, que defiende la doctrina griega de la inmortalidad (1, 16ss). La retribuci\u00f3n de las acciones de los hombres sigue inmediatamente a la muerte (3, Iss; 15, Iss), y las almas de los hombres piadosos llegan inmediatamente a un lugar supraterreno (1. 15; 15, 3).<\/p>\n<p>La resurrecci\u00f3n no es discutida, pero tampoco es mencionada. La doctrina griega de la inmortalidad tambi\u00e9n es defendida claramente en el libro 4 Mac (16, 13; 17, 5; 18, 23). Pero donde m\u00e1s claramente el dualismo plat\u00f3nico aparece es en Fil\u00f3n. Seg\u00fan \u00e9l, el alma es la parte del hombre que procede de Dios; en cambio el cuerpo, la parte animal del hombre, es la fuente de todo lo malo. Es la c\u00e1rcel en que est\u00e1 encerrada el alma (De ebr. 101; Leg alleg. iii 42), el cad\u00e1ver que el alma arrastra consigo (Leg. alleg. i 69), su f\u00e9retro o sepulcro (Migr. Abr. 16; Leg. alleg. i 108), que lo priva del libre desarrollo de su fuerzas, por lo cual los fil\u00f3sofos, entre todos los hombres, aspiran a morir a la vida corporal (Gig. 14; cf. Vita Mos. si 288). Consecuentemente, en esta concepci\u00f3n del hombre no queda ning\u00fan lugar para la resurrecci\u00f3n. La redenci\u00f3n del hombre consiste m\u00e1s bien en la liberaci\u00f3n del alma de la c\u00e1rcel del cuerpo (Leg. alleg. i 107).<\/p>\n<p>Con la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n el saduce\u00ed\u00adsmo desapareci\u00f3 de la historia jud\u00ed\u00ada, y los rabinos fariseos se crearon en el sanedr\u00ed\u00adn de Jamnia una nueva escuela, la cual consigui\u00f3 por sus patriarcas dominar todo el juda\u00ed\u00adsmo del imperio romano e imponer su propia doctrina como la \u00fanica v\u00e1lida y obligatoria para todos. Y as\u00ed\u00ad entonces la fe en la resurrecci\u00f3n fue aceptada por todo el juda\u00ed\u00adsmo medieval, sin excluir a los cara\u00ed\u00adtas. Maim\u00f3nides la aduce expresamente entre los trece principios de fe del juda\u00ed\u00adsmo ortodoxo, mientras que otros, p. ej., Ch. Crestas y Jos. Albo, concedieron a esta fe un lugar menos importante. Pero Maim\u00f3nides llama \u00abresurrecci\u00f3n\u00bb a la vida del alma despu\u00e9s de su separaci\u00f3n del cuerpo, e identifica as\u00ed\u00ad la resurrecci\u00f3n con la inmortalidad; de acuerdo con esto interpreta figuradamente el texto de Dan 12, 2. El moderno juda\u00ed\u00adsmo reformado ha abandonado la fe en la resurrecci\u00f3n, substituy\u00e9ndola por la fe en la inmortalidad, y en consecuencia ha parafraseado tambi\u00e9n en el sentido de la doctrina de la inmortalidad las partes de la liturgia que hablan de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. El Nuevo Testamento<br \/>\nEn una discusi\u00f3n con los saduceos (Mc 12, 16-27), Jes\u00fas refuta su negaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n, recurriendo para ello a la t\u00f3r\u00e1 y principalmente al poder de Dios; pero corrige tambi\u00e9n la doctrina farisea seg\u00fan la cual la resurrecci\u00f3n significa el retorno a las condiciones de vida terrestre. \u00abPorque, cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres ni las mujeres ser\u00e1n dadas en matrimonio, sino que ser\u00e1n como \u00e1ngeles en los cielos\u00bb (12, 25). En la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica no se habla jam\u00e1s de la resurrecci\u00f3n de los imp\u00ed\u00ados. Pero \u00e9sta es presupuesta en las palabras sobre el juicio universal. Tiro y Sid\u00f3n saldr\u00e1n mejor paradas en el juicio final que las ciudades galileas que se han negado a creer en Jes\u00fas (Mt 11, 22 = Lc 10, 14; adem\u00e1s Mt 10, 36s; 12, 41 = Lc 11, 31s; Mt 25, 31,46). Por eso tampoco Lc 14, 14, donde se habla expresamente de \u00abla resurrecci\u00f3n de los justos\u00bb, puede ser entendido en sentido exclusivo. La resurrecci\u00f3n nunca es mencionada por las ep\u00ed\u00adstolas cat\u00f3licas. Por el contrario, Heb (6, 2) cita la resurrecci\u00f3n entre los principios fundamentales de la doctrina cristiana. El libro de los Hechos (24, 15) habla expresamente de la resurrecci\u00f3n \u00abde los justos y de los injustos\u00bb, y el Evangelio de Juan habla tanto de la resurrecci\u00f3n de los justos (6, 39s.43s; 11, 25s) como de la \u00abresurrecci\u00f3n para la vida\u00bb y \u00abpara el juicio\u00bb (5, 28s). Un juicio de justos e imp\u00ed\u00ados, y con ello la resurrecci\u00f3n de todos ellos aparece tambi\u00e9n en el Ap (1, 7). S\u00f3lo este libro habla adem\u00e1s de una doble resurrecci\u00f3n. La segunda es la general de todos los muertos para el juicio final (20, 11-15); la primera queda reservada a los m\u00e1rtires, que despu\u00e9s de resucitados reinar\u00e1n con Cristo durante mil a\u00f1os (20, 4ss).<\/p>\n<p>Pablo desarrolla una teolog\u00ed\u00ada formal de la resurrecci\u00f3n en su discusi\u00f3n con los que en Corinto, influidos por el pensamiento helen\u00ed\u00adstico o gn\u00f3stico, negaban la resurrecci\u00f3n (1 Cor 15). Aqu\u00ed\u00ad \u00e9l se separa radicalmente tanto del pensamiento helen\u00ed\u00adstico como del gn\u00f3stico, seg\u00fan el cual el cuerpo es la prisi\u00f3n o el sepulcro del alma y la redenci\u00f3n consiste en la liberaci\u00f3n de esta prisi\u00f3n. Por el contrario seg\u00fan Pablo la redenci\u00f3n, el estado de salvaci\u00f3n, s\u00f3lo se consuma con la resurrecci\u00f3n en un cuerpo nuevo. Y el ap\u00f3stol se distancia igualmente de la doctrina judeo-farisaica, que ya hab\u00ed\u00ada impugnado Jes\u00fas (v\u00e9ase antes). Una vida sin cuerpo en estado de desnudez, no es para Pablo una vida real. Por eso desea \u00e9l, para escapar a este estado intermedio de incorporeidad, \u00abrevestirse\u00bb del cuerpo celeste sobre el terreno (2 Cor 5, 3). A los tesalonicenses, preocupados por sus difuntos, les consuela exclusivamente con la mirada en la resurrecci\u00f3n, sin hablar de su suerte hasta que se realice \u00e9sta (1 Tes 4, 13-18). Y a los que en Corinto niegan la resurrecci\u00f3n, no les menciona la posibilidad de un estado de felicidad sin cuerpo con el Se\u00f1or; les dice m\u00e1s bien que, si no hay una resurrecci\u00f3n de entre los muertos, \u00absomos los m\u00e1s desgraciados de todos los hombres\u00bb (1 Cor 15, 19), y que todo su trabajo y padecimiento como ap\u00f3stol es bald\u00ed\u00ado y la vida en general no tiene sentido, de modo que s\u00f3lo queda el lema: \u00abComamos y bebamos, pues ma\u00f1ana moriremos\u00bb (15, 20). Ciertamente, en Flp (1, 23) Pablo habla de su deseo de partir y estar sin cuerpo \u00abcon el Se\u00f1or\u00bb; pero tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad la \u00faltima meta de su aspiraci\u00f3n es la resurrecci\u00f3n (3, 21).<\/p>\n<p>Fundamental para la idea paulina de la resurrecci\u00f3n es la conexi\u00f3n que el ap\u00f3stol establece entre la resurrecci\u00f3n de Cristo y la de los cristianos. Cristo, seg\u00fan Pablo, ha sido resucitado por Dios como \u00abprimicia de los difuntos\u00bb (1 Cor 15, 20), como \u00abprimog\u00e9nito de entre los muertos\u00bb (Col 1, 18); el mismo pensamiento aparece tambi\u00e9n en Act 3, 15; 26, 23. Su resurrecci\u00f3n es el principio y fundamento de la resurrecci\u00f3n de los muertos (1 Cor 15, 23). As\u00ed\u00ad como por el primer Ad\u00e1n la muerte ha llegado al mundo, por Cristo llega la resurrecci\u00f3n de los muertos. \u00abPues como en Ad\u00e1n todos mueren, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n en Cristo ser\u00e1n todos vueltos a la vida\u00bb (1 Cor 15, 21s). Los cristianos ya han sido sepultados y resucitados sacramentalmente con Cristo por el -> bautismo (Rom 6, 4s; cf. Col. 3, 1; Ef 2, 5s). Pero aqu\u00ed\u00ad no se suprime a la manera gn\u00f3stica la expectaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n futura. La participaci\u00f3n en la vida nueva es entendida m\u00e1s bien como anticipaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n final, que a\u00fan ha de llegar. El \u00abestar con Cristo\u00bb operado por el bautismo es, seg\u00fan Pablo, el presupuesto para la futura resurrecci\u00f3n (2 Cor 4, 11; 1 Cor 15, 22). Ese estar con Cristo incluye la posesi\u00f3n del Pneuma divino, el cual es precisamente la fuerza que opera el estar con Cristo y con ello la nueva vida, y que producir\u00e1 tambi\u00e9n la resurrecci\u00f3n. \u00abSi el Esp\u00ed\u00adritu del que resucit\u00f3 a Jes\u00fas de entre los muertos habita en vosotros, el que resucit\u00f3 a Cristo de entre los muertos dar\u00e1 vida tambi\u00e9n a vuestros cuerpos mortales por medio de ese Esp\u00ed\u00adritu suyo que habita en vosotros\u00bb (Rom 8, 11). Por esto puede Pablo llamar al Pneuma las \u00abarras\u00bb de nuestro revestimiento con el cuerpo celeste (2 Cor 5, 5; Rom 8, 23).<\/p>\n<p>En su discusi\u00f3n con los que en Corinto niegan la resurrecci\u00f3n, porque la consideran imposible o creen que se ha producido ya de una manera espiritual en el bautismo (cf. 2 Tim 2, 18), Pablo habla tambi\u00e9n de la naturaleza del cuerpo resucitado, aunque se siente incapaz de dar una descripci\u00f3n exacta. Llama \u00abpneum\u00e1tico\u00bb al cuerpo resucitado, con lo cual no designa la \u00abmateria\u00bb, sino la cualidad del mismo. El cuerpo resucitado tiene una constituci\u00f3n distinta de la del \u00abcarnal\u00bb o \u00abps\u00ed\u00adquico\u00bb; es imperecedero e inmortal (15, 35ss). Cristo transformar\u00e1 el cuerpo de nuestra humilde condici\u00f3n, conform\u00e1ndolo al cuerpo de su condici\u00f3n gloriosa (864&#8243;), que \u00e9l posee desde su propia resurrecci\u00f3n (F1p 3, 21). Y as\u00ed\u00ad como el cuerpo del Se\u00f1or resucitado es id\u00e9ntico con su cuerpo terreno, del mismo modo el cuerpo celestial de los cristianos ser\u00e1 id\u00e9ntico con el terrestre. Esto se halla contenido ya en el concepto de resurrecci\u00f3n, pero queda confirmado todav\u00ed\u00ada por la imagen del grano de simiente (1 Cor 15, 36ss) y por la idea de transformaci\u00f3n. La resurrecci\u00f3n es para Pablo, igual que para todo el NT, un suceso escatol\u00f3gico relacionado con la parus\u00ed\u00ada y el juicio universal, as\u00ed\u00ad como con el final del e\u00f3n presente (1 Tes 6, 16; 1 Cor 15, 51s); y, lo mismo que la resurrecci\u00f3n de Cristo, es un acto de la omnipotencia divina (1 Cor 6, 14; 2 Cor 13, 4; Rom 4, 25; igualmente Act 3, 15; 4, 10; 5, 30; 10, 40; 13, 30.37; diversamente Flp 3, 21; sobre Jn v\u00e9ase luego). Con la resurrecci\u00f3n se consuma la superaci\u00f3n del poder de la muerte (1 Cor 15, 53ss). Ahora bien, si la transformaci\u00f3n del cuerpo ha de tener lugar en la parus\u00ed\u00ada (1 Cor 15, 51), con ello se excluye la opini\u00f3n de que Pablo considerara el cuerpo celestial como preexistente y preparado ya en el cielo. El texto de 2 Cor 5, 1-4 no exige una interpretaci\u00f3n de este tipo.<\/p>\n<p>Todas las afirmaciones de Pablo aducidas hasta ahora, s\u00f3lo son v\u00e1lidas para los cristianos, porque solamente ellos \u00abest\u00e1n en Cristo\u00bb y poseen el Pneuma divino. Pablo no habla de la resurrecci\u00f3n de los dem\u00e1s hombres, como tampoco habla de ella la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica. Esta limitaci\u00f3n se explica por la finalidad kerygm\u00e1tico-paren\u00e9tica de sus ep\u00ed\u00adstolas. Por eso ser\u00ed\u00ada precipitado deducir que aqu\u00ed\u00ad que \u00e9l excluye de la resurrecci\u00f3n a los dem\u00e1s hombres, especialmente a los imp\u00ed\u00ados. Lo contrario debe deducirse ya de su pasado judeo-farisaico, pero se desprende tambi\u00e9n de su doctrina del juicio universal (1 Cor 6, 2s; 11, 32; Rom 2, 1. 12.16; 2 Cor 5, 10). La cuesti\u00f3n ulterior de si Pablo ense\u00f1\u00f3 una doble resurrecci\u00f3n (primero la de los justos, es decir, los cristianos, y despu\u00e9s la de los dem\u00e1s) no se puede afirmar a base de 1 Cor 15, 20ss, puesto que t\u00f3 t\u00e9los no designa el \u00abresto\u00bb (contra J. WEISS, LIETZMANN, OEPKE, ThW I 371; opina diversamente K\u00dcMMEL, en LIETZMANN, Kor 193), sino que, como en la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada, designa el final del e\u00f3n presente.<\/p>\n<p>Las afirmaciones correspondientes a esto que hay en el Evangelio de Juan poseen rasgos propios. El Cristo de Juan dice una vez de s\u00ed\u00ad: \u00abYo soy la resurrecci\u00f3n y la vida\u00bb (11, 25). Pero aqu\u00ed\u00ad la resurrecci\u00f3n, igual que la vida, es un concepto de la escatolog\u00ed\u00ada \u00abpresente\u00bb de Juan. Este sentido presente de la resurrecci\u00f3n por lo menos parcialmente es tambi\u00e9n el contenido de 5, 21-25 (v. 21: \u00abAs\u00ed\u00ad como el Padre resucita a los muertos devolvi\u00e9ndoles la vida, del mismo modo el Hijo da tambi\u00e9n la vida a los que quiere\u00bb; v. 24: \u00abQuien escucha mi palabra y cree a aqu\u00e9l que me envi\u00f3, tiene vida eterna y no va a juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida\u00bb). En estos lugares se piensa en la resurrecci\u00f3n espiritual desde la muerte del pecado. Sin embargo, inmediatamente despu\u00e9s (5, 28s) se habla inequ\u00ed\u00advocamente de la resurrecci\u00f3n de todos los que yacen en los sepulcros, de los buenos y los malos, por obra del Hijo del hombre \u00aben el \u00faltimo d\u00ed\u00ada\u00bb (igualmente 6, 39s.44.54).<\/p>\n<p>Siempre que el NT se refiere a la resurrecci\u00f3n, habla de la \u00abresurrecci\u00f3n de los muertos\u00bb y nunca \u00abde la carne\u00bb (la expresi\u00f3n se usa por primera vez en 2 Clem 9, 1, y JusTINo, Dial. 80, 5), es decir, piensa siempre en el hombre entero. Para Pablo el t\u00e9rmino \u00abresurrecci\u00f3n de la carne\u00bb ser\u00ed\u00ada absolutamente imposible, porque para \u00e9l la sarx encierra en s\u00ed\u00ad, en contraposici\u00f3n al cuerpo, la idea de lo d\u00e9bil, lo caduco, lo pecador. Esto se expresa claramente en 1 Cor 15, 50: \u00abCarne y sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupci\u00f3n hereda la incorrupci\u00f3n.\u00bb<br \/>\nSeg\u00fan la opini\u00f3n de muchos te\u00f3logos protestantes en la actualidad, la -> muerte no consiste en el hecho de que el alma inmortal se separe del cuerpo y sobreviva ella sola. La totalidad de la muerte, tal como Pablo la entiende, exige m\u00e1s bien que el hombre entero se \u00abrompa\u00bb en la muerte. Por eso no hay ning\u00fan estado intermedio entre muerte y resurrecci\u00f3n, y \u00e9sta es una creaci\u00f3n totalmente nueva. Entre la muerte y la resurrecci\u00f3n el hombre vive solamente in mente Dei. Esta opini\u00f3n contradice a bastantes lugares del NT. Pablo conoce un estar en la patria con Cristo, entre la muerte y la resurrecci\u00f3n, en un estado incorp\u00f3reo (Flp 1, 12; 2 Cor 5, 6ss; cf. tambi\u00e9n Lc 23, 43s; Ap 6, 9; 20, 4).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Eichrodt III 352-370; W. W. 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Ambos conceptos de inmortalidad fueron considerados como sendas respuestas parciales a la cuesti\u00f3n sobre el destino eterno del hombre, y se yuxtapusieron adicionalmente. A lo que los griegos sab\u00ed\u00adan ya de antes acerca de la -> inmortalidad del -> alma, a\u00f1ad\u00ed\u00ada la Biblia la revelaci\u00f3n de que, al fin de los d\u00ed\u00adas, resucitar\u00e1n tambi\u00e9n los cuerpos para compartir en adelante, para siempre, el destino del alma: reprobaci\u00f3n o bienaventuranza. El estado de la cuesti\u00f3n en teolog\u00ed\u00ada estuvo en adelante determinado por esta s\u00ed\u00adntesis aditiva del antiguo pensamiento cristiano, particularmente desde la bula Benedictus Deus de Benedicto XII (1336; Dz 530), que, por el dogma de la entrada inmediata del alma separada en la -> visi\u00f3n de Dios o en la condenaci\u00f3n (-> infierno) respectivamente, puso de momento fin a la disputa sobre la relaci\u00f3n entre la tradici\u00f3n griega y la b\u00ed\u00adblica en esta cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>En realidad, no se trata originariamente de dos representaciones complementarias, sino de sendas respuestas totales al problema del futuro humano. El pensamiento griego, plat\u00f3nico, tiene por base la idea de que en el hombre hay insertas dos substancias heterog\u00e9neas, de las que una (el cuerpo) fallece, mientras la otra (el alma) es de suyo imperecedera y, por tanto, sobrevive por s\u00ed\u00ad misma, independientemente de cualquier otro ser; es m\u00e1s, s\u00f3lo al separarse del cuerpo mortal, que le es extra\u00f1o, llega a su plena autenticidad. El pensamiento biblico, en cambio, supone la unidad indivisa del -> hombre. La Escritura no conoce, p. ej., un t\u00e9rmino que designe s\u00f3lo al cuerpo (como separado y distinto del alma) y, a la inversa, la palabra \u00abalma\u00bb significa generalmente el hombre entero, que existe corporalmente (J. Schmid). As\u00ed\u00ad, la resurrecci\u00f3n de los muertos (no de los cuerpos) de que habla la Escritura, no significa una informaci\u00f3n parcial sobre la esperanza del hombre, sino que se refiere a la -> salvaci\u00f3n eterna del hombre uno e indiviso.<\/p>\n<p>2. Si se intenta, pues, poner en relaci\u00f3n objetiva la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y la griega de la inmortalidad, no bastar\u00e1 ya una adici\u00f3n exterior de lo que dice cada una acerca del destino del alma y del cuerpo, que no puede hacer justicia a las dos, sino que ser\u00e1 necesario aclarar m\u00e1s exactamente el verdadero sentido de la idea b\u00ed\u00adblica y de la griega sobre la inmortalidad, y preguntar luego hasta qu\u00e9 punto puede servir la idea griega para formular (en contenido y forma) la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Por lo que a esta \u00faltima se refiere, hay que ver claro, seg\u00fan lo dicho, que su verdadero n\u00facleo no puede consistir en la restituci\u00f3n de los cuerpos (aunque esta imagen se da constantemente en la Biblia); lo propio de ella puede m\u00e1s bien enunciarse en la contraposici\u00f3n con la concepci\u00f3n dualista, antes esbozada, de la filosof\u00ed\u00ada antigua.<\/p>\n<p>a) Se trata de una inmortalidad de la \u00ab-> persona\u00bb. Mientras en el pensamiento griego la esencia t\u00ed\u00adpica del hombre est\u00e1 destinada a la disoluci\u00f3n y no pervive como tal, sino que, de acuerdo con la heterogeneidad de alma y cuerpo, sigue dos caminos distintos; seg\u00fan la fe b\u00ed\u00adblica, es precisamente esta esencia del hombre la que sobrevive como tal, aunque transformada.<\/p>\n<p>b) Se trata de una inmortalidad \u00abdialog\u00ed\u00adstica\u00bb (resurrecci\u00f3n), es decir, la inmortalidad no resulta simplemente del no poder morir de lo indivisible, sino de la acci\u00f3n salvadora del amante, que tiene poder para hacer inmortal. El hombre no puede, por tanto, perecer totalmente, porque es conocido y amado por Dios. Si todo amor quiere eternidad, el amor de Dios no s\u00f3lo quiere, sino que opera y es inmortalidad. De hecho, la idea b\u00ed\u00adblica de la resurrecci\u00f3n naci\u00f3 inmediatamente de este motivo dialog\u00ed\u00adstico: el orante sabe por la fe que Dios har\u00e1 justicia (Job 19, 25s; Sal 73, 23s); la fe est\u00e1 persuadida de que quienes han sufrido por la causa de Dios tendr\u00e1n tambi\u00e9n parte en el cumplimiento de la promesa (2 Mac 7, 9ss). Puesto que la inmortalidad en el pensamiento b\u00ed\u00adblico no procede del propio poder de lo indestructible en s\u00ed\u00ad mismo, sino del hecho de haber entrado en di\u00e1logo con el creador, debe llamarse resurrecci\u00f3n (en sentido pasivo). Puesto que el creador no mira s\u00f3lo al alma, sino al hombre que se realiza en medio de la corporeidad de la historia, y a \u00e9l da la inmortalidad, \u00e9sta debe llamarse resurrecci\u00f3n de los muertos, es decir, de los hombres (siendo aqu\u00ed\u00ad de notar que, en la resurrectio carnis de los s\u00ed\u00admbolos, caro se entiende en el sentido de la Escritura como mundo de los hombres, no en el sentido de una corporeidad aislada del alma).<\/p>\n<p>c) El que la resurrecci\u00f3n plena sea esperada para \u00abel \u00faltimo d\u00ed\u00ada\u00bb, al t\u00e9rmino de la historia y en la comunidad de todos los hombres, muestra un nuevo hecho, a saber, el car\u00e1cter universal humano de la inmortalidad del hombre, que est\u00e1 en relaci\u00f3n con la humanidad entera, con la cual, para la cual y de la cual vivi\u00f3 el individuo, de modo que con ella debe ser tambi\u00e9n feliz o desventurado. En el fondo, esto es s\u00f3lo una consecuencia del car\u00e1cter universal humano de la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la inmortalidad. Para el alma en el pensamiento griego, el cuerpo y, consiguientemente, la historia, es una realidad totalmente extra\u00f1a; el alma sobrevive desprendida de dicha realidad, y no necesita para su sobrevivencia de ning\u00fan otro ser. Para el hombre, empero, entendido como unidad, el resto de la humanidad es constitutivo; si ha de sobrevivir, no puede excluirse esta dimensi\u00f3n. As\u00ed\u00ad, desde el punto de vista b\u00ed\u00adblico, aparece resuelta la cuesti\u00f3n tan tra\u00ed\u00adda y llevada de si despu\u00e9s de la muerte puede darse una comunidad de los hombres entre s\u00ed\u00ad; en el fondo, la cuesti\u00f3n s\u00f3lo pudo plantearse por un predominio del pensamiento griego en el punto te\u00f3rico de partida. Dondequiera se crea en la communio sanctorum, la idea del anima separata queda superada.<\/p>\n<p>Los datos fundamentales de la fe b\u00ed\u00adblica en la resurrecci\u00f3n, que acabamos de esbozar, reciben en el NT una nueva concreci\u00f3n por su referencia a la -> cristolog\u00ed\u00ada y a la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas como garant\u00ed\u00ada y punto de partida para la resurrecci\u00f3n de los cristianos. La figura de Cristo significa para el creyente la encarnaci\u00f3n del di\u00e1logo divino con los hombres; si este di\u00e1logo es la resurrecci\u00f3n y vida eterna del hombre, ello quiere l\u00f3gicamente decir que Cristo mismo debe llamarse la resurrecci\u00f3n y la vida (Jn 11, 25). Esto significa adem\u00e1s que entrar en Cristo, es decir, la fe, equivale a entrar, en sentido calificado, en aquel ser conocido y amado por Dios que es inmortalidad: \u00abEl que cree en el Hijo tiene la vida eterna\u00bb (Jn 3, 36; 5, 24; 3, 15s). De ah\u00ed\u00ad resulta la \u00abescatolog\u00ed\u00ada presente\u00bb del Evangelio de Juan, que hace ver claramente c\u00f3mo, al aceptar el mundo de la fe, se realiza ya el acontecer de la resurrecci\u00f3n, en cuanto esa aceptaci\u00f3n significa estar en el mundo de Dios y de la inmortalidad. La inserci\u00f3n en la cristolog\u00ed\u00ada de la fe en la resurrecci\u00f3n hace luego que las dos l\u00ed\u00adneas dialog\u00ed\u00adsticas de la existencia humana (cf. antes b y c): la teol\u00f3gica, es decir, dirigida a Dios, y la humana, coincidan en gran parte. As\u00ed\u00ad Cristo, que representa ante todo el di\u00e1logo encarnado de Dios con los hombres, es a la vez, como Christus totus, la radical unidad de los hombres \u00aben un solo cuerpo\u00bb, y es el que, a trav\u00e9s de toda la historia, me espera en mi pr\u00f3jimo y en \u00e9l me sale al encuentro. La unificaci\u00f3n de la -\u203a escatolog\u00ed\u00ada que de ah\u00ed\u00ad se sigue, la realiz\u00f3 a su vez Juan de la manera m\u00e1s precisa, pues \u00e9l no s\u00f3lo ve en Cristo la resurrecci\u00f3n, sino tambi\u00e9n el juicio como realidad ya dada (3, 18s; 5, 24; 12, 31; 16, 8) (cf. teolog\u00ed\u00ada de -> Juan).<\/p>\n<p>Partiendo del centro de la cristolog\u00ed\u00ada, se esclarece tambi\u00e9n la cuesti\u00f3n, muy debatida en la era patr\u00ed\u00adstica, en Juan xxii y luego de nuevo desde Lutero, sobre el \u00abestado intermedio\u00bb entre la muerte y la resurrecci\u00f3n. El estar con Cristo, que se abre por la fe (Flp 1, 23), es ya vida iniciada de resurrecci\u00f3n, la cual, por tanto, perdura a la muerte. El hecho de que as\u00ed\u00ad la realidad escatol\u00f3gica irrumpe ahora en la vida actual (Jn), hace que deba excluirse como no b\u00ed\u00adblica (por lo menos desde el punto de vista del NT) la idea del sue\u00f1o de la muerte, sostenida por Lutero y la teolog\u00ed\u00ada luterana (p. ej., Paul Althaus). Otro punto de partida lleva al mismo resultado: el que pertenece al cuerpo de Cristo est\u00e1 ya en el espacio de la resurrecci\u00f3n y, por raz\u00f3n de ese cuerpo, tiene ya parte en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, en la que la muerte fue vencida para \u00e9l.<\/p>\n<p>3. Ahora bien, en este lugar se hace posible, a pesar de la diversidad de puntos de partida, cierto encuentro con la idea griega de inmortalidad y con su versi\u00f3n a la concepci\u00f3n cristiana, como se pretendi\u00f3 realizar en los dogmas de la edad media tard\u00ed\u00ada (Dz 738). Pues, no obstante su sentido originariamente dualista, esta idea puede ser expresi\u00f3n de la esencial condici\u00f3n imperecedera que de modo general\u00ed\u00adsimo conviene al hombre por la peculiar manera como lo quiere y llama Dios, manera que halla su propia interpretaci\u00f3n y plenitud, en los enunciados de la cristolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En cuanto el hombre es siempre, por una parte, el llamado por el amor de Dios a una respuesta que lo haga bienaventurado, aunque libremente se oponga de manera definitiva a ese amor, y la palabra \u00abalma\u00bb, por otra parte, significa la unidad personal del hombre como ser supramaterial, se puede y debe hablar de una \u00abinmortalidad natural\u00bb de la persona espiritual y, por ende, del \u00abalma\u00bb (Dz 738 1622; DS 3771 3998). Puesto que todo lo que se dice sobre cuerpo y alma (como predicado realmente antropol\u00f3gico) significa siempre al hombre uno, aunque en su diferenciaci\u00f3n de principio \u00f3ntico espiritual y material, de ser espiritual y espacial-temporal, sin dividir ambas dimensiones en dos entes y sin identificarlas, lo mismo hay que afirmar respecto de los enunciados sobre la consumaci\u00f3n de \u00abalma\u00bb y \u00abcuerpo\u00bb. Lo que se dice, por tanto, sobre un \u00abestado intermedio\u00bb del alma, \u00ablibre del cuerpo\u00bb antes de la resurrecci\u00f3n de \u00e9ste, s\u00f3lo quiere afirmar (desde el punto de vista teol\u00f3gico) la necesaria diferencia de los dos tipos de enunciados, que solamente juntos expresan la esencia del hombre y su consumaci\u00f3n.<\/p>\n<p>4. Por lo dicho debiera verse igualmente claro que las especulaciones biol\u00f3gicas, cosmol\u00f3gicas y f\u00ed\u00adsicas sobre c\u00f3mo sea posible la resurrecci\u00f3n, carecen de objeto y, consiguientemente, tambi\u00e9n de sentido. S\u00f3lo hay que afirmar que el tiempo de la historia acabar\u00e1 por el poder soberano de Dios y entonces, al consumarse la obra de Cristo, Dios ser\u00e1 todo en todos (1 Cor 15, 28).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: P. Althaus, Die letzten Dinge (1922, G\u00fc 61956); W. K\u00fcnneth, Theologie der Auferstehung (1933, Mn 41951); F. Holmstr\u00f6m, Das eschatologische Denken der Gegenwart (Gil 1936); H. de Lubac, Catholicisme. Les aspects sociaux du dogme (Cerf P 41947); C. Tresmontant, El pensamiento hebreo (Taurus Ma); K. Barth, Die Auferstehung der Toten (Z 1953); J. A. Fischer, Studien zum Todesgedanken in der alten Kirche (Mn 1954); Rahner I 239-252, II 217-232, IV 441-452; A. M. Roguet (dir.), Das Mysterium des Todes (F 1955); H. E. 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Antiguo Testamento Hasta su \u00e9poca tard\u00ed\u00ada la religi\u00f3n veterotestamentaria no conoce ninguna resurrecci\u00f3n. La vida del hombre se limita a la existencia de aqu\u00ed\u00ad. Con ello no se dice que el &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/resurreccion-de-la-carne\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abRESURRECCION DE LA CARNE\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15387","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15387","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15387"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15387\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15387"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15387"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15387"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}