{"id":15445,"date":"2016-02-05T10:04:19","date_gmt":"2016-02-05T15:04:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/teologia-moral\/"},"modified":"2016-02-05T10:04:19","modified_gmt":"2016-02-05T15:04:19","slug":"teologia-moral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/teologia-moral\/","title":{"rendered":"TEOLOGIA MORAL"},"content":{"rendered":"<p>(v. moral)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Teolog\u00eda moral es una rama de la teolog\u00eda, la ciencia de Dios y las cosas divinas.  La distinci\u00f3n entre teolog\u00eda natural y sobrenatural se apoya en una base s\u00f3lida.  La teolog\u00eda natural es la ciencia de Dios mismo, en la medida en que la mente humana puede por sus propios esfuerzos llegar a una conclusi\u00f3n definitiva acerca de Dios y su naturaleza: es siempre designada con el adjetivo natural.  Teolog\u00eda, sin ninguna otra modificaci\u00f3n, se entiende siempre como teolog\u00eda sobrenatural, es decir, la ciencia de Dios y las cosas divinas, en la medida en que se basa en la revelaci\u00f3n sobrenatural.  Su objeto no s\u00f3lo abarca a Dios y su esencia, sino tambi\u00e9n sus acciones y sus obras de salvaci\u00f3n y la gu\u00eda que nos lleva a Dios, nuestro fin sobrenatural.  En consecuencia, se extiende mucho m\u00e1s lejos que  la teolog\u00eda natural; pues, aunque esta \u00faltima nos informa de la naturaleza y  atributos de Dios, sin embargo, no puede decirnos nada sobre sus obras de salvaci\u00f3n gratuitas.  El conocimiento de todas estas verdades es necesario para todos los hombres, al menos en sus l\u00edneas generales, y se adquiere mediante la fe cristiana.  Pero esto no es ciencia todav\u00eda.  La ciencia de la teolog\u00eda exige que el conocimiento obtenido a trav\u00e9s de la fe sea profundizado, ampliado y fortalecido, de modo que los art\u00edculos de fe sean entendidos y defendidos por sus razones y sean, junto con sus conclusiones, dispuestos de forma sistem\u00e1tica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo el campo de la teolog\u00eda propiamente dicha se divide en teolog\u00eda moral y dogm\u00e1tica, que difieren en la materia y en el m\u00e9todo. La teolog\u00eda dogm\u00e1tica tiene como fin la discusi\u00f3n cient\u00edfica y el establecimiento de las doctrinas de fe,  la teolog\u00eda moral de los preceptos morales.   Los preceptos de la moral cristiana son tambi\u00e9n parte de las doctrinas de fe, ya que fueron anunciados o confirmados por revelaci\u00f3n divina.  El objeto de la teolog\u00eda dogm\u00e1tica es aquellas doctrinas que sirven para enriquecer el conocimiento necesario o conveniente para el hombre, cuyo destino es sobrenatural.  Por otra parte, la teolog\u00eda moral se limita a aquellas doctrinas que discuten las relaciones  del  hombre  y sus acciones libres  hacia Dios y su fin sobrenatural, y propone los medios instituidos por Dios para el logro de ese fin.  En consecuencia, la teolog\u00eda moral y la dogm\u00e1tica  son dos partes estrechamente relacionadas de la teolog\u00eda universal.  En la medida en que un n\u00famero considerable de doctrinas individuales pueden ser reclamadas por cualquier disciplina, no se puede trazar una fuerte l\u00ednea de demarcaci\u00f3n entre la materia del dogma y la moral.  Sin embargo, en la pr\u00e1ctica se debe hacer una divisi\u00f3n y limitaci\u00f3n de acuerdo con las necesidades pr\u00e1cticas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La relaci\u00f3n entre la teolog\u00eda moral y la \u00e9tica es de una naturaleza similar.  La materia de la moral natural o \u00e9tica, seg\u00fan figura en el Dec\u00e1logo, ha sido incluida en la revelaci\u00f3n divina, positiva, y de ah\u00ed ha pasado a la teolog\u00eda moral.  Sin embargo, los procesos argumentativos difieren en las dos ciencias, y por esta raz\u00f3n una gran parte de la materia no se considera en la teolog\u00eda moral y se refiere a la \u00e9tica.  Por ejemplo, la refutaci\u00f3n de los falsos sistemas de los eticistas modernos generalmente se tratan bajo la \u00e9tica, especialmente porque estos sistemas se refutan con argumentos extraidos no tanto de la fe, sino de la raz\u00f3n.  La teolog\u00eda moral se ocupa de falsos sistemas s\u00f3lo en la medida en que requiere una defensa de las doctrinas reveladas. Sin embargo, debe discutir los distintos requisitos de la ley natural, no s\u00f3lo porque esta ley ha sido confirmada y definida por la revelaci\u00f3n positiva, sino tambi\u00e9n porque cada violaci\u00f3n de la misma supone una alteraci\u00f3n del orden moral sobrenatural, cuyo tratamiento es una parte esencial de la teolog\u00eda moral.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El campo de la teolog\u00eda moral, su contenido y los l\u00edmites que lo separan de temas afines, puede ser indicado brevemente como sigue: la teolog\u00eda moral incluye todo lo relativo a las acciones libres del hombre y el \u00faltimo, o supremo, fin a alcanzarse a trav\u00e9s de ellos, hasta donde lo conocemos por la misma divina revelaci\u00f3n; en otras palabras, incluye el fin sobrenatural, la regla o norma, del orden moral, las acciones humanas como tales, su armon\u00eda o disonancia con las leyes del orden moral, sus consecuencias, las ayudas divinas para su recto cumplimiento. Un tratamiento detallado de estos temas se puede encontrar en la segunda parte de la \u201cSuma Teol\u00f3gica\u201d de Santo Tom\u00e1s, una obra todav\u00eda sin rival como un tratado de teolog\u00eda moral.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Santo Tom\u00e1s en la \u00abSuma Teol.\u00bb, I, Q. I, a.  P. 7 y II, en el proemio  y en el pr\u00f3logo de I-II esboza brevemente la posici\u00f3n de la teolog\u00eda moral en la teolog\u00eda universal; tambi\u00e9n lo hace Francisco Su\u00e1rez en el proemio de sus comentarios sobre la I-II de  Santo Tom\u00e1s.  El asunto de toda la segunda parte de la \u00abSuma Teol\u00f3gica\u00bb es el hombre como agente libre.  \u201cEl hombre fue creado a imagen de Dios, de su intelecto, su libre albedr\u00edo y un cierto poder de actuar espont\u00e1neamente.  Por lo tanto, despu\u00e9s de haber hablado del modelo, es decir, de Dios y de aquellas cosas que proceden de su divino poder seg\u00fan su voluntad, debemos ahora dirigir nuestra atenci\u00f3n a su imagen, es decir, al hombre, considerando que \u00e9l es tambi\u00e9n el principio o sus acciones en virtud de su libre albedr\u00edo y su poder sobre sus propias acciones.\u201d  \u00c9l incluye todo esto en teolog\u00eda, no s\u00f3lo porque se considera como el objeto de la revelaci\u00f3n divina positiva (I, Q. I, a. 3), sino tambi\u00e9n porque Dios siempre es el objeto principal, pues \u201cla teolog\u00eda trata todas las cosas en su relaci\u00f3n con Dios, ya sea hasta donde son Dios mismo o que sean dirigidas hacia Dios como su origen o \u00faltimo fin\u201d (I, Q. I, a. 7).  \u201cPuesto que el principal objetivo de la teolog\u00eda el comunicar el conocimiento de Dios, no s\u00f3lo como es \u00c9l en s\u00ed mismo sino tambi\u00e9n como el principio y fin de todas las cosas y, en particular, de criaturas racionales\u2026 hablaremos primero de Dios, en segundo lugar de la tendencia de la criatura racional hacia Dios\u201d, etc. (I, Q. II, proem). Estas palabras se\u00f1alan el alcance y el objeto de la parte moral de la teolog\u00eda.  Francisco Su\u00e1rez, que fecundamente llama a esta tendencia de las criaturas hacia Dios \u00abel retorno de las criaturas a Dios\u00bb, muestra que no existe contradicci\u00f3n al designar al hombre creado a imagen de Dios, dotado de  raz\u00f3n  y libre voluntad y ejerciendo estas  facultades, como el objeto de la teolog\u00eda moral, y Dios como el objeto de toda la teolog\u00eda.  \u201cSi se nos pide que nombremos el objeto pr\u00f3ximo de la teolog\u00eda moral, sin duda, diremos que es el hombre como un agente libre, que busca su felicidad por sus acciones libres; pero si se nos pregunta en qu\u00e9 sentido este objeto debe ser tratado principalmente, responderemos que esto debe hacerse con respecto a Dios como su \u00faltimo fin.\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el \u00edndice anal\u00edtico de la segunda parte de la \u201cSuma Teol\u00f3gica\u201d de Santo Tom\u00e1s se puede hallar una descripci\u00f3n detallada del amplio alcance de la teolog\u00eda moral.  Nosotros debemos limitarnos a un breve resumen.   La primera pregunta trata sobre el fin \u00faltimo del hombre, la felicidad eterna, su naturaleza y posesi\u00f3n. A continuaci\u00f3n sigue un examen  de los actos humanos en s\u00ed mismos y sus varias subdivisiones, de los actos voluntarios e involuntarios, de la rectitud o la malicia moral de los actos interiores y exteriores y sus consecuencias; las pasiones en general y en particular, los h\u00e1bitos o cualidades permanentes del alma humana, y los asuntos generales sobre las virtudes, vicios y pecados.  Bajo este \u00faltimo t\u00edtulo, mientras examina las causas del pecado, el autor incorpora la doctrina sobre el pecado original y sus consecuencias.   Sin embargo, esta parte podr\u00eda ser asignada con igual derecho a la teolog\u00eda dogm\u00e1tica en el sentido estricto de la palabra.  Aunque Santo Tom\u00e1s considera el pecado principalmente como una transgresi\u00f3n de la ley, y en particular de la \u201clex \u00e6terna\u201d (Q. II, a.6), sin embargo sit\u00faa los cap\u00edtulos sobre las leyes despu\u00e9s de la secci\u00f3n sobre el pecado; porque el pecado, un acto humano libre como cualquier otro acto humano, se discute primero desde el punto de vista de sus principios subjetivos, es decir, el conocimiento, voluntad, y la tendencia de la voluntad;  s\u00f3lo despu\u00e9s de esto las acciones humanas son vistas con relaci\u00f3n a sus principios objetivos o exteriores, y la ley es el principio exterior por el cual las acciones humanas son juzgadas no meramente como humanas, sino como acciones morales, ya sea moralmente buenas o moralmente malas.  Puesto que \u00e9l concibe la moral como moral sobrenatural, la cual excede la naturaleza y las facultades del hombre, discute despu\u00e9s de la ley la gracia divina, el otro principio exterior de las acciones moralmente buenas del hombre.  En el exordio a Q. XC, Santo Tom\u00e1s establece brevemente su divisi\u00f3n como sigue: \u201cEl principio exterior que nos mueve a las buenas obras es Dios; \u00c9l nos instruye con su ley y nos ayuda con su gracia.  Por lo tanto, debemos hablar primero de la ley y segundo de la gracia.\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dedica completamente el siguiente volumen a los asuntos especiales, en el orden dado por Santo Tom\u00e1s en el pr\u00f3logo: \u201cLuego de una ojeada superficial a las virtudes, vicios y principios morales en general, nos incumbe considerar los varios puntos en detalle.  Las discusiones morales, si se satisfacen con generalidades, son de poco valor, porque las acciones tocan cosas individuales, particulares.  Cuando es asunto de moral, debemos considerar las acciones individuales de dos modos: uno, examinando la materia, es decir, discutiendo los diferentes vicios y virtudes; otro, averiguando en los varias pasatiempos y estados de vida de los individuos.\u201d  Santo Tom\u00e1s procede luego a discutir el amplio alcance de la teolog\u00eda moral desde ambos puntos de vista.  Primero, escudri\u00f1a cuidadosamente las varias virtudes, teniendo en mente las ayudas divinas, y los pecados y vicios opuestos a las respectivas virtudes.  Examina primero las tres virtudes divinas que son totalmente sobrenaturales y abarca el vasto campo de la caridad y su pr\u00e1ctica efectiva; luego pasa a las virtudes cardinales con sus virtudes afines y auxiliares.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El volumen concluye con una discusi\u00f3n de los estados de vida particulares en la Iglesia de Dios, incluyendo aquellos que suponen una gu\u00eda divina extraordinaria.  Sin embargo, esta \u00faltima parte discute asuntos que pertenecen espec\u00edficamente a la teolog\u00eda asc\u00e9tica o m\u00edstica, tales como la profec\u00eda y los modos extraordinarios de oraci\u00f3n, pero sobre todo la vida activa y la contemplativa, la perfecci\u00f3n cristiana, y el estado religioso en la Iglesia.  Una obra sobre teolog\u00eda moral, como, por ejemplo, la de Slater (Londres, 1909), contiene lo siguiente: actos humanos, conciencia, ley, pecado, las virtudes de la fe, esperanza, caridad; los preceptos del Dec\u00e1logo, incluyendo un tratado especial sobre la justicia; los Mandamientos de la Iglesia; los deberes inherentes a los estados u oficios particulares; los Sacramentos, en cuanto su administraci\u00f3n y recepci\u00f3n son medios de rectitud y reforma moral; leyes y penalidades eclesi\u00e1sticas, s\u00f3lo en la medida que afectan la conciencia; estas leyes forman propiamente la materia del derecho can\u00f3nico, hasta donde gobiernan y regulan a la Iglesia como organizaci\u00f3n, su membres\u00eda, ministros, las relaciones entre la jerarqu\u00eda, el clero, las \u00f3rdenes religiosas, los laicos o de la autoridad temporal y espiritual.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay una circunstancia que no se debe pasar por alto.  La teolog\u00eda moral considera las acciones humanas libres s\u00f3lo en su relaci\u00f3n con el orden supremo, y al \u00faltimo y m\u00e1s alto fin, no en su relaci\u00f3n con los fines pr\u00f3ximos que el hombre puede y debe perseguir, como por ejemplo pol\u00edticos, sociales y econ\u00f3micos.  La econom\u00eda, la pol\u00edtica y las ciencias sociales son campos separados de la ciencia, no subdivisiones de la ciencia moral.  Sin embargo, estas ciencias especiales deben ser tambi\u00e9n guiadas por la moral, y deben subordinar sus principios a aquellos de la teolog\u00eda moral, por lo menos hasta donde no entren en conflicto con esta \u00faltima.  El hombre es un ser, y todas sus acciones deben estar guiadas finalmente hacia su \u00faltimo y m\u00e1s alto fin.  Por lo tanto, varios fines pr\u00f3ximos no deben desviarlo de ese fin, sino que deben estar subordinados a \u00e9l y a su logro.    Por lo tanto la teolog\u00eda moral examina todas las relaciones individuales del hombre y pasa juicio sobre los asuntos pol\u00edticos, econ\u00f3micos y sociales, no con relaci\u00f3n a su efecto sobre la pol\u00edtica y la econom\u00eda, sino respecto a su influencia sobre la vida moral.  Esta es tambi\u00e9n la raz\u00f3n por la cual apenas hay otra ciencia que toque otras esferas tan cercanamente como lo hace la teolog\u00eda moral, y por qu\u00e9 su esfera es m\u00e1s amplia que la de ninguna otra.  Esto es cierto en la medida en que la teolog\u00eda moral tenga el alcance eminentemente pr\u00e1ctico de instruir y formar directores espirituales y confesores, que deben estar familiarizados con las condiciones humanas en su relaci\u00f3n a la ley moral, y que aconsejen a las personas en cada estado y situaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La manera en la cual la teolog\u00eda moral trata su materia debe ser principalmente positiva, como lo es generalmente en la teolog\u00eda, esto es, extrayendo de la revelaci\u00f3n y de las fuentes teol\u00f3gicas.  Comenzando desde esta base positiva, la raz\u00f3n tambi\u00e9n entra en juego muy ampliamente, especialmente puesto que la materia completa de la \u00e9tica natural ha sido exaltada al nivel de la moral sobrenatural.  Es verdad que la verdadera raz\u00f3n debe ser iluminada por la fe sobrenatural, pero cuando es iluminada su obligaci\u00f3n es explicar, probar y defender la mayor\u00eda de los principios de la teolog\u00eda moral.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De lo que se ha dicho es manifiesto que la principal fuente de la teolog\u00eda moral es la Sagrada Escritura y la tradici\u00f3n junto con las ense\u00f1anzas de la Iglesia, sin embargo, los siguientes puntos deben observarse respecto al Antiguo Testamento.  No todos los preceptos contenidos en \u00e9l son universalmente v\u00e1lidos, pues muchos pertenecen al ritual y ley especial de los jud\u00edos.  Estos estatutos nunca obligaron al mundo no jud\u00edo y han sido simplemente abolidos por la Nueva Alianza, de modo que ahora las observancias del ritual propiamente dichas son il\u00edcitas.  El Dec\u00e1logo, sin embargo, con el solo cambio en la ley de la celebraci\u00f3n del Sabbath, ha pasado a la Nueva Alianza una confirmaci\u00f3n divina positiva de la ley natural, y ahora constituye la principal materia de la moralidad cristiana.  Por otra parte, debemos recordar que la Antigua Alianza no se hallaba en el alto nivel moral al cual Cristo elev\u00f3 la Nueva Alianza.  Jes\u00fas mismo menciona cosas que eran permitidas a los jud\u00edos \u201cdebido a la dureza de sus corazones\u201d, pero contra las cuales aplic\u00f3 de nuevo la ley impuesta al principio por Dios.   Por lo tanto, no todo lo que fue tolerado en el Antiguo Testamento y sus escritos, es tolerado ahora; por el contrario, muchos de los usos aprobados y establecidos all\u00ed ser\u00edan contrarios a la perfecci\u00f3n cristiana seg\u00fan aconsejada por Cristo.  Con estas limitaciones los escritos del Antiguo Testamento son fuente de teolog\u00eda moral, contienen ejemplos de y exhortaciones a las virtudes heroicas, desde las cuales el moralista cristiano, siguiendo las huellas de Cristo y sus ap\u00f3stoles, puede muy bien extraer excelentes modelos de santidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aparte de la Sagrada Escritura, la Iglesia reconoce tambi\u00e9n la Tradici\u00f3n como una fuente de verdades reveladas, y por lo tanto, de moral cristiana.  Ha asumido una forma definida principalmente en los escritos de los Padres.  Adem\u00e1s, las decisiones de la Iglesia deben ser consideradas como una fuente, puesto que est\u00e1n basadas en la Biblia y Tradici\u00f3n, son la fuente pr\u00f3xima de teolog\u00eda moral, porque contienen el juicio final sobre el significado de la Sagrada Escritura as\u00ed como las ense\u00f1anzas de los Padres.  Estas incluyen la larga lista de proposiciones condenadas, las cuales deben ser consideradas como se\u00f1ales de peligro a lo largo de la frontera entre lo l\u00edcito y lo il\u00edcito, no s\u00f3lo cuando la condena ha sido pronunciada en virtud de la m\u00e1s alta autoridad apost\u00f3lica, sino tambi\u00e9n cuando la congregaci\u00f3n instituida por el Papa ha emitido una decisi\u00f3n doctrinal general en cuestiones inherentes a la moral.  Tambi\u00e9n se puede aplicar aqu\u00ed lo que escribi\u00f3 el Papa P\u00edo IX respecto a las reuniones de los eruditos de Munich en el a\u00f1o 1863:   \u201cPuesto que es un asunto sobre la sujeci\u00f3n que obliga a todos los cat\u00f3licos en conciencia, quienes desean adelantar los intereses de la Iglesia al dedicarse ellos mismos a las ciencias especulativas, que los miembros de esta asamblea recuerden que no es suficiente para los eruditos cat\u00f3licos aceptar y estimar los antedichos dogmas, sino que ellos est\u00e1n tambi\u00e9n obligados a someterse a las decisiones de las congregaciones papales as\u00ed como a aquellas ense\u00f1anzas que son, por el constante y universal consentimiento de los cat\u00f3licos, sostenidas como verdades teol\u00f3gicas y a ciertas conclusiones cuya opini\u00f3n contraria, aunque no sea her\u00e9tica, a\u00fan as\u00ed merece alguna censura teol\u00f3gica.\u201d  Si esto es cierto para las doctrinas dogm\u00e1ticas en el sentido estricto de la palabra, podemos decir que es a\u00fan m\u00e1s cierto en el caso de las cuestiones morales, porque para ellas no s\u00f3lo las absolutas e infaliblemente ciertas, sino tambi\u00e9n las decisiones moralmente ciertas deben ser consideradas como normas obligatorias.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las palabras de P\u00edo IX antes citadas apuntan a otra fuente de doctrinas teol\u00f3gicas, y por lo tanto de moral, es decir, las ense\u00f1anzas universales de las escuelas cat\u00f3licas.   Pues \u00e9stas son los canales por los cuales las doctrinas sobre fe y moral deben ser transmitidas sin error, y las cuales consecuentemente tienen la naturaleza de una fuente.  De la doctrina un\u00e1nime de las escuelas cat\u00f3licas se deriva naturalmente la convicci\u00f3n de la Iglesia universal.  Pero puesto que es un principio dogm\u00e1tico que la Iglesia completa no puede errar en asuntos de fe y moral, el consentimiento de varias escuelas cat\u00f3licas debe ofrecer la garant\u00eda de infalibilidad en estos asuntos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para que la teolog\u00eda moral sea completa en todos los aspectos debe realizar en los asuntos morales lo que la teolog\u00eda dogm\u00e1tica realiza en cuestiones relativas al dogma.  Esta \u00faltima tiene que explicar claramente las verdades de fe y probarlas como tales; debe tambi\u00e9n, hasta donde sea posible, mostrar su acuerdo con la raz\u00f3n, defenderlas contra las objeciones, trazar su conexi\u00f3n con otras verdades y, por medio de la argumentaci\u00f3n teol\u00f3gica, deducir verdades ulteriores.  La teolog\u00eda moral debe seguir las mismas cuestiones procesivas que la moral.  Es evidente que esto no se puede hacer en todas las ramas de la teolog\u00eda moral de tal modo que agote el asunto, excepto por una serie de monograf\u00edas.  Tomar\u00eda vol\u00famenes esbozar s\u00f3lo la belleza y la armon\u00eda de las disposiciones de Dios, las cuales trascienden la ley natural, pero que Dios promulg\u00f3 para elevar al hombre al m\u00e1s alto plano y guiarlo a su fin sobrenatural en una vida futura&#8212;y sin embargo todo esto est\u00e1 comprendido en la materia de la moral sobrenatural.   Ni la teolog\u00eda moral est\u00e1 confinada a la exposici\u00f3n de estos deberes y virtudes, los cuales no pueden ser eludidos si el hombre desea llegar a su fin \u00faltimo; incluye todas las virtudes, incluso aquellas que marcan la cima de la perfecci\u00f3n cristiana y su pr\u00e1ctica, no s\u00f3lo en grado ordinario, sino tambi\u00e9n en la vida asc\u00e9tica y m\u00edstica.  Por lo tanto, es completamente correcto designar al ascetismo y al misticismo como partes de la teolog\u00eda moral cristiana, aunque ordinariamente se les trata como ciencias distintas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tarea del te\u00f3logo moral de ning\u00fan modo est\u00e1 completa cuando ha explicado las cuestiones indicadas.  La teolog\u00eda moral, en m\u00e1s de un aspecto, es esencialmente una ciencia pr\u00e1ctica.  Sus instrucciones se deben extender al car\u00e1cter moral, a la conducta moral, al logro y \u00e9xito de las aspiraciones morales, de modo que pueda ofrecer una norma definida para las complejas situaciones de la vida humana.  Con este prop\u00f3sito debe examinar los casos individuales que surgen y determinar los l\u00edmites y la gravedad y la obligaci\u00f3n en cada uno de ellos.  Particularmente aqu\u00e9llos cuyo oficio y posici\u00f3n en la Iglesia demanda el cultivo de la ciencia teol\u00f3gica, y que son llamados a ser maestros y consejeros, deben encontrar en ella una gu\u00eda pr\u00e1ctica.  Seg\u00fan la jurisprudencia debe capacitar al futuro abogado y juez para administrar justicia en casos individuales, as\u00ed la teolog\u00eda moral debe capacitar al director espiritual o confesor para decidir asuntos de conciencia en casos diversos de la vida diaria; para sopesar las violaciones a la ley natural en el balance de la justicia divina; debe capacitar al gu\u00eda espiritual para distinguir correctamente y aconsejar a otros sobre qu\u00e9 es y que no es pecado, qu\u00e9 es aconsejable y qu\u00e9 no, qu\u00e9 es bueno y qu\u00e9 es lo mejor; debe proveer un entrenamiento cient\u00edfico para el pastor del reba\u00f1o, de modo que pueda dirigir todo a una vida de deber y virtud, advertirles contra el pecado y peligros, llevar de buenos a mejores a aquellos dotados con la luz necesaria y poder moral, levantar y fortalecer a aquellos que han ca\u00eddo del nivel moral.  Muchas de estas tareas pertenecen a la ciencia colateral de la teolog\u00eda pastoral, pero esto tambi\u00e9n trata una parte especial de los deberes de la teolog\u00eda moral, y cae, por lo tanto, dentro de la esfera de la teolog\u00eda moral en su sentido m\u00e1s amplio.  El tratamiento puramente te\u00f3rico y especulativo de las cuestiones morales debe ser suplementado con la casu\u00edstica.  No es importante para la materia misma si esto debe ser hecho separadamente, esto es, si la materia debe ser tomada casu\u00edsticamente antes o despu\u00e9s de su tratamiento te\u00f3rico, o si el m\u00e9todo debe ser al mismo tiempo te\u00f3rico y casu\u00edstico; la viabilidad pr\u00e1ctica decidir\u00e1 este punto, mientras que para obras escritas sobre teolog\u00eda moral, lo determinar\u00e1 la meta especial del autor.  Sin embargo, el que ense\u00f1a o escribe teolog\u00eda moral para la educaci\u00f3n de sacerdotes cat\u00f3licos, no le har\u00e1 completa justicia al fin que persigue, si no une el elemento casu\u00edstico al te\u00f3rico y al especulativo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo dicho hasta aqu\u00ed, bosqueja lo suficiente el concepto de teolog\u00eda moral en su sentido m\u00e1s amplio.  Nuestra pr\u00f3xima tarea es dar seguimiento a su actual formaci\u00f3n y desarrollo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La teolog\u00eda moral correctamente entendida significa la ciencia de la moral revelada sobrenaturalmente.  Por lo tanto, los que rechazan la revelaci\u00f3n sobrenatural no pueden hablar de teolog\u00eda moral; lo m\u00e1s que pueden hacer es recurrir a la \u00e9tica natural.  Pero distinguir entre teolog\u00eda moral y \u00e9tica es admitir m\u00e1s temprano o m\u00e1s tarde una ciencia de \u00e9tica sin Dios ni religi\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Que esto contiene una contradicci\u00f3n esencial es claro para todo el que analice las ideas de rectitud y perversi\u00f3n moral, o el concepto de un deber absoluto que se obliga a s\u00ed mismo con persistencia inflexible sobre todos los que han llegado al uso de raz\u00f3n.  Sin Dios, un deber absoluto es inconcebible, porque no hay nadie que imponga la obligaci\u00f3n.  No me puedo obligar a m\u00ed mismo porque no puedo ser mi superior;  mucho menos puedo obligar a la raza humana, y a\u00fan as\u00ed me siento obligado a muchas cosas, y no puedo sino sentirme absolutamente obligado como hombre, y por lo tanto no puedo sino considerar a todos aquellos que comparten la naturaleza humana conmigo como igualmente obligados.  Es evidente entonces que esta obligaci\u00f3n debe proceder de un ser superior que sea superior a todos los hombres, no s\u00f3lo a los que viven hoy d\u00eda, sino a todos los que han sido y ser\u00e1n, no, y en cierto sentido incluso a aquellos que son meramente posibles.  Este ser superior es el Se\u00f1or de todos:  Dios.  Es tambi\u00e9n palmario que aunque este Supremo Legislador puede ser conocido por la raz\u00f3n natural, ni \u00c9l ni su Ley pueden ser suficientemente conocidos sin una revelaci\u00f3n de su parte.  Por lo tanto, si es que la teolog\u00eda moral, el estudio de esta Ley Divina efectivamente cultivada s\u00f3lo por quienes se aferran fielmente a la Revelaci\u00f3n divina, y por las sectas que cortan su conexi\u00f3n con la Iglesia, s\u00f3lo en la medida en que mantienen la creencia en una Revelaci\u00f3n sobrenatural a trav\u00e9s de Jesucristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dondequiera que el Protestantismo haya arrojado esta creencia por la borda, all\u00ed el estudio de la teolog\u00eda moral ha sufrido un naufragio.  Hoy d\u00eda ser\u00eda s\u00f3lo tiempo perdido buscar un avance en ella de parte de una denominaci\u00f3n no cat\u00f3lica.  En los siglos XVII y XVIII todav\u00eda hab\u00eda hombres que intentaron hacerlo.  J. A. Dorner afirma en Herzog, \u00abReal-Encyklop\u00e4die\u00bb, IV, 364 ss. (s.v. \u00abEthik\u00bb), que los escritores protestantes prominentes que defienden las \u201cmorales teol\u00f3gicas\u201d han aumentado muy poco desde el siglo XVIII.  Sin embargo, esto no es del todo correcto.  Para aquellos que a\u00fan se aferran a un protestantismo positivo, debemos mencionar a Martensen, quien a principios del siglo XX entr\u00f3 a las listas con profunda convicci\u00f3n por la \u201c\u00c9tica Cristiana\u201d; lo mismo hizo Lemme, aunque a su modo peculiar, en su \u201cChristliche Ethik\u201d (1905); ambos le atribuyen un alcance m\u00e1s amplio y m\u00e1s objetivamente diferente que el de la \u00e9tica natural.  Aqu\u00ed ser\u00e1n suficiente unos pocos nombres de los siglos XVII y XVIII:  Hugo Grocio (m. 1645), Pufendorf (m. 1694) y Christian Thomasius (m. 1728) todos ven la diferencia entre la moral teol\u00f3gica y la natural en que la primera es tambi\u00e9n positiva, es decir, divinamente revelada, pero con la misma materia que la \u00faltima.  Esta \u00faltima afirmaci\u00f3n s\u00f3lo podr\u00eda surgir de la opini\u00f3n protestante que lo ha arriesgado todo en el \u201cfides fiducialis\u201d; pero apenas puede reconocer una serie de deberes ampliados por Cristo y por el cristianismo.    Otros escritores de una \u201ctheologia moralis\u201d basados en esta \u201cfides fiducialis\u201d son Buddeus, Chr. A. Crusius y Jerem. Fr. Reuss.  Un resultado l\u00f3gico del kantismo fue la negaci\u00f3n de la misma posibilidad de la teolog\u00eda moral, pues Kant hab\u00eda hecho de la raz\u00f3n aut\u00f3noma la \u00fanica fuente de la obligaci\u00f3n.  Dorner dice sobre este punto (loc. Cit.):  \u201cEs cierto que la autonom\u00eda y la autocracia del ser moral separa la moral y la religi\u00f3n.\u201d; \u00e9l hubiese estado m\u00e1s cerca de la marca si hubiese dicho:  \u201cellos destruyen toda moral\u201d.  Generalmente hablando los protestantes liberales modernos apenas conocen ninguna otra moral aut\u00f3noma; aun cuando hablan de moral \u201creligiosa\u201d, ellos hallan su \u00faltima explicaci\u00f3n en el hombre, la religi\u00f3n y Dios o la revelaci\u00f3n divina tomados en su sentido modernista, esto es nociones subjetivas de cuyo valor objetivo no tenemos conocimiento ni certeza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siendo este el caso, queda s\u00f3lo una pregunta por discutirse: \u00bfCu\u00e1l ha sido el verdadero desarrollo y m\u00e9todo de la teolog\u00eda moral en la Iglesia?  Y aqu\u00ed debemos primero que todo recordar que la Iglesia no es una instituci\u00f3n educativa o escuela para el avance de las ciencias.  En realidad, ella estima y fomenta las ciencias, especialmente la teolog\u00eda, y ella funda las escuelas cient\u00edficas; pero \u00e9sta no es su \u00fanica ni principal tarea.  Ella es la instituci\u00f3n autoritativa, fundada por Cristo para la salvaci\u00f3n de la humanidad; ella habla con poder y autoridad a toda la raza humana, a todas las naciones, a todas las clases sociales, a toda \u00e9poca, les comunica la doctrina de la salvaci\u00f3n inalterada y les ofrece su ayuda.  Su misi\u00f3n es instar igualmente a las personas educadas y no educadas a la aceptaci\u00f3n de la verdad, sin importar su establecimiento y estudio cient\u00edfico.  Despu\u00e9s que esto ha sido aceptado en fe, ella tambi\u00e9n promueve e insta a la investigaci\u00f3n cient\u00edfica de la verdad, seg\u00fan los tiempos y las circunstancias, pero retiene la supervisi\u00f3n sobre ella y se mantiene sobre todas las aspiraciones y trabajos cient\u00edficos.  Como resultado, vemos la materia de la teolog\u00eda mora, aunque establecida y comunicada positivamente por la Iglesia, tratada en forma diferente por los escritores eclesi\u00e1sticos seg\u00fan los requerimientos de los tiempos y las circunstancias.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los primeros a\u00f1os de la Iglesia primitiva, cuando se vio germinar la semilla divina, nutrida por la sangre de los m\u00e1rtires, a pesar de las fr\u00edas escarchas de la persecuci\u00f3n, cuando para sorpresa del mundo hostil, creci\u00f3 como un \u00e1rbol poderoso de plantaci\u00f3n celestial, apenas hab\u00eda tiempo libre para el estudio cient\u00edfico de la doctrina cristiana.  Por lo tanto al principio se trat\u00f3 a la moral en forma paren\u00e9tica y popular.  A trav\u00e9s de todo el per\u00edodo patr\u00edstico apenas estuvo en boga ning\u00fan otro m\u00e9todo para las cuestiones morales, aunque este m\u00e9todo pudiese consistir ya en una concisa exposici\u00f3n, ya en una discusi\u00f3n m\u00e1s detallada de los deberes y virtudes individuales.  Una de las primeras obras de la tradici\u00f3n cristiana, si no la primera luego de la Sagradas Escrituras, el \u201cDidache\u201d o \u201cEnse\u00f1anza de los Ap\u00f3stoles\u201d, es principalmente de una naturaleza moral-teol\u00f3gica.  Es apenas m\u00e1s que un c\u00f3digo de leyes es un dec\u00e1logo agrandado, al cual se le a\u00f1aden los principales deberes que surgen de la instituci\u00f3n divina de los medios de salvaci\u00f3n y de las instituciones apost\u00f3licas de un culto com\u00fan&#8212;a este respecto valiosos para la teolog\u00eda dogm\u00e1tica en un sentido estrecho.  El \u201cPastor\u201d de Hermas, compuesto un poco despu\u00e9s, es de car\u00e1cter moral, esto es, contiene una exhortaci\u00f3n asc\u00e9tica a la moralidad cristiana y a una penitencia seria si uno ha ca\u00eddo en el pecado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Existe una serie de largos escritos ocasionales que tratan sobre la teolog\u00eda moral, desde el primer per\u00edodo de la era cristiana; su prop\u00f3sito era recomendar una cierta virtud o exhortar a los fieles en general para ciertos tiempos y circunstancias.  As\u00ed, desde Tertuliano (muri\u00f3 cerca del 240) tenemos:  \u00abDe spectaculis\u00bb, \u00abDe idolatria\u00bb, \u00abDe corona militis\u00bb, \u00abDe patientia\u00bb, \u00abDe oratione\u00bb, \u201cDe poenitentia\u201d,  \u00abAd uxorem\u00bb, sin tomar en consideraci\u00f3n las obras que escribi\u00f3 despu\u00e9s de su defecci\u00f3n al montanismo y los cuales ciertamente son de inter\u00e9s para la historia de la moral cristiana, pero no pueden servir como una gu\u00eda para ella.  De Or\u00edgenes (m. 254) todav\u00eda poseemos dos obras menores que tratan sobre nuestro asunto, es decir, \u201cDemartyrio\u201d, de car\u00e1cter paren\u00e9tico, y \u201cDe oratione\u201d, de contenido moral y dogm\u00e1tico; el \u00faltimo se halla con las objeciones que son avanzadas o m\u00e1s bien reiteradas incluso hoy d\u00eda contra la eficacia de la oraci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las preciosas obras de San Cipriano de Cartago (m. 258) tenemos escritos ocasionales y monograf\u00edas; entre los primeros se pueden nombrar:  \u201cDe mortalitate\u201d y \u201cDe martyrio\u201d, en cierto sentido tambi\u00e9n \u201cDe lapsis\u201d, aunque tiene m\u00e1s bien un car\u00e1cter disciplinario y judicial; a la \u00faltima clase pertenecen:  \u00abDe habitu virginum\u00bb, \u00abDe oratione\u00bb, \u00abDe opere et eleemosynis\u00bb, \u00abDe bono patienti\u00e6\u00bb, y \u00abDe zelo et livore\u00bb.  Un t\u00edtulo m\u00e1s claro para ser clasificado entre los libros morales-teol\u00f3gicos parece pertenecer a una obra anterior, el \u201cPaedagogus\u201d de Clemente de Alejandr\u00eda (m. c. 217).  Es un relato detallado de una vida diaria cristiana genuina, en el cual las acciones ordinarias del diario vivir se miden por el est\u00e1ndar de la moralidad sobrenatural.  El mismo autor toca la moral cristiana tambi\u00e9n en sus otras obras, particularmente en la \u201cStromata\u201d; pero esta obra fue escrita principalmente desde el punto de vista apolog\u00e9tico, puesto que estaba destinada a vindicar la doctrina cristiana completa, tanto fe y moral, contra las filosof\u00edas paganas y jud\u00edas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En a\u00f1os subsiguientes, cuando las persecuciones cesaron y comenz\u00f3 a florecer la literatura patr\u00edstica, encontramos no solo escritos exeg\u00e9ticos y apolog\u00edas escritos para defender la doctrina cristiana contra varias herej\u00edas, sino tambi\u00e9n numerosas obras morales-teol\u00f3gicas, principalmente sermones, homil\u00edas y monograf\u00edas.  Las primeras de \u00e9stas son los discursos de San Gregorio Nacianceno (m. 391), de San Gregorio de Nisa (m. 395), de San Juan Cris\u00f3stomo (m. 406), de San Agust\u00edn (m. 430), y sobre todo las \u201ccatequesis\u201d de San Cirilo de Jerusal\u00e9n (m. 386).  De San Juan Cris\u00f3stomo tenemos \u00abDe sacerdotio\u00bb; de San Agust\u00edn, \u00abConfessiones\u00bb, \u00abSoliloquia\u00bb, \u00abDe cathechizandis rudibus\u00bb, \u00abDe patientia\u00bb, \u00abDe continentia\u00bb, \u00abDe bono coniugali\u00bb, \u00abDe adulterinis coniugiis\u00bb, \u00abDe sancta virginitate\u00bb, \u00abDe bono viduitatis\u00bb, \u00abDe mendacio\u00bb, \u00abDe cura pro mortuis gerenda\u00bb, de modo que los t\u00edtulos nada m\u00e1s bastan para mostrar la riqueza de temas discutidos con no menos unci\u00f3n que originalidad y profundidad de pensamiento.  San Ambrosio intent\u00f3 tratar separadamente la moralidad sobrenatural de los cristianos en sus libros \u201cDe officiis\u201d, una obra que, a imitaci\u00f3n de las discusiones de Cicer\u00f3n, forma la contraparte cristiana de las discusiones puramente naturales de los paganos.  Una obra con un sello completamente diferente y de mayores proporciones es la \u00abExpositio in Job, seu moralium lib. XXV\u00bb, del Papa San Gregorio I Magno (m. 604). No es un arreglo sistem\u00e1tico de los varios deberes cristianos, sino una colecci\u00f3n de instrucciones y exhortaciones morales basado en el Libro de Job; Alzog (Handbuch del Patrologie, 92) lo llama un \u201crepertorio de moral casi completo\u201d.  M\u00e1s sistem\u00e1tica es su obra \u201cDe cura pastorali\u201d, la que estaba dirigida principalmente al pastor y la cual es considerada incluso hoy d\u00eda una obra cl\u00e1sica en la teolog\u00eda pastoral.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Habiendo delineado ampliamente el progreso de la teolog\u00eda moral durante la era patr\u00edstica propiamente, debemos suplementarla detallando el desarrollo de una rama muy especial de la teolog\u00eda moral y su aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica; pues la teolog\u00eda moral debe asumir necesariamente una forma peculiar cuando su prop\u00f3sito se restringe a la administraci\u00f3n del Sacramento de la Penitencia.  El principal resultado a obtenerse fue una noci\u00f3n clara de los varios pecados y sus especies, de su relativa congoja e importancia, y de la penitencia a ser impuesta por ellos.  Para asegurar un procedimiento uniforme, fue necesario que los superiores eclesi\u00e1sticos establecieran instrucciones detalladas, lo cual hicieron ya sea por mutuo acuerdo o en respuesta a preguntas.  Escritos de este tipo son las cartas pastorales o can\u00f3nicas de San Cipriano de Cartago, San Pedro de Alejandr\u00eda, San Basilio el Grande  y San Gregorio de Nisa; los decretales y cartas sinodales de un n\u00famero de Papas, como Siricio, Inocencio I, Celestino I, Le\u00f3n I, etc.; c\u00e1nones de varios concilios ecum\u00e9nicos.  Estos decretos fueron recopilados en una fecha temprana y usados por los obispos y sacerdotes como norma para distinguir pecados e imponer penitencia eclesi\u00e1stica por ellos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ascendencia de los llamados \u201clibros penitenciales\u201d data del siglo VII, cuando ocurri\u00f3 un cambio en la pr\u00e1ctica de la penitencia eclesi\u00e1stica.  Hasta entonces hab\u00eda sido una ley tradicional en la Iglesia que los tres cr\u00edmenes capitales, apostas\u00eda, homicidio y adulterio, deb\u00edan ser expiados con una penitencia determinada, la cual era p\u00fablica al menos para pecados p\u00fablicos.  Esta reparaci\u00f3n, que consist\u00eda principalmente en ayunos severos y pr\u00e1cticas p\u00fablicas humillantes, era acompa\u00f1ada por varias ceremonias religiosas bajo la estricta supervisi\u00f3n de la Iglesia; inclu\u00eda cuatro estaciones distintas o clases de penitentes y a veces duraba de quince a veinte a\u00f1os.  En una fecha m\u00e1s temprana, sin embargo, los antedichos pecados capitales fueron divididos en secciones, seg\u00fan que las circunstancias fuesen agravantes o atenuantes, y se les aplicaba los correspondientes largos o cortos per\u00edodos de penitencia.  Con el correr de los siglos, cuando se recibi\u00f3 al seno de la Iglesia a naciones enteras, incivilizadas y dominadas por fieras pasiones, y cuando, como resultado, los cr\u00edmenes atroces se multiplicaron, muchas ofensas, afines a las mencionadas, se incluyeron entre los pecados sujetos a penitencias can\u00f3nicas; mientras que para otros, especialmente para los pecados secretos, el sacerdote determinaba la penitencia, su duraci\u00f3n y modo, de acuerdo a los c\u00e1nones.  El siglo VII trajo consigo una relajaci\u00f3n, no ciertamente en la penitencia can\u00f3nica, sino en el control eclesi\u00e1stico; por otro lado, hubo un aumento en el n\u00famero de cr\u00edmenes que demandaban una penitencia fija si se quer\u00eda mantener la disciplina; adem\u00e1s se deb\u00eda tomar en consideraci\u00f3n muchos derechos hereditarios de una naturaleza particular, que hab\u00edan llevado a una cierta mitigaci\u00f3n de la norma universal de la penitencia.  Gradualmente tuvieron entrada y se pusieron en boga sustitutos y las llamadas redemptiones, que consist\u00edan en donativos pecuniarios a los pobres o a las utilidades p\u00fablicas.  Todo esto requiri\u00f3 la redacci\u00f3n de listas comprehensivas de varios cr\u00edmenes y de las penitencias a ser impuestas por ellos, de modo que los confesores llegaran a una cierta uniformidad sobre el tratamiento a los penitentes y la administraci\u00f3n de los sacramentos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Apareci\u00f3 cierta cantidad de \u201clibros penitenciales\u201d.  Algunos de ellos, aprobados por la Iglesia, segu\u00edan de cerca los antiguos decretos can\u00f3nicos de los Papas y los concilios, y los estatutos aprobados de San Basilio, San Gregorio de Nisa y otros; otros eran meramente obras privadas que, recomendadas por el renombre de sus autores, encontraban una circulaci\u00f3n amplia; otros iban muy lejos en sus decisiones y por lo tanto obligaron a los superiores eclesi\u00e1sticos ya sea a reprenderlos o condenarlos.  Una descripci\u00f3n m\u00e1s detallada de estas obras se puede hallar en otro art\u00edculo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos libros no fueron escritos con un prop\u00f3sito cient\u00edfico, sino pr\u00e1ctico jur\u00eddico.  Ni marcan un avance en la ciencia de la teolog\u00eda moral, sino m\u00e1s bien una detenci\u00f3n, no, incluso una decadencia.  Esos siglos de migraciones, de conmociones sociales y pol\u00edticas, ofrecieron un terreno poco adaptado para un cultivo exitoso de las ciencias, y aunque en el siglo IX se hizo un nuevo intento para elevar los estudios cient\u00edficos a un nivel m\u00e1s alto, a\u00fan as\u00ed la obra de los siglos siguientes consisti\u00f3 m\u00e1s bien en recopilar y renovar los tesoros de los siglos anteriores y no en a\u00f1adirles nada nuevo.  Esto es cierto para los asuntos de teolog\u00eda moral, no menos que para otras ramas de la ciencia.  De este estancamiento de la teolog\u00eda en general y de la teolog\u00eda moral en particular surgi\u00f3 una nueva vida hacia fines del siglo XII y comienzos del XII.  Se not\u00f3 una nueva corriente de desarrollo saludable en la teolog\u00eda moral, la cual fue en dos direcciones:  una en la nueva fuerza infundida a la pr\u00e1ctica de los confesores, y la otra en un renovado vigor dado a la parte especulativa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con esta gradual desaparici\u00f3n de las penitencias p\u00fablicas, los \u201clibros penitenciales\u201d perdieron su importancia cada vez m\u00e1s.  Los confesores se interesaron cada vez menos en la medida exacta de las penitencias que sobre el objeto esencial del sacramento, el cual es la reconciliaci\u00f3n del pecador con Dios.  Adem\u00e1s, los \u201clibros penitenciales\u201d eran muy defectuosos para ense\u00f1ar a los confesores c\u00f3mo juzgar varios pecados, sus consecuencias y remedios.  Para llenar esta necesidad, San Raimundo de Pe\u00f1afort escribi\u00f3 hacia el a\u00f1o 1235 la \u201cSumma de poenitentia et matrimonio\u201d.  Igual que su famosa colecci\u00f3n de decretos, es un repertorio de c\u00e1nones sobre varios asuntos, es decir, importantes pasajes de los Padres, concilios y decisiones papales.  M\u00e1s inmediatamente adaptado al uso real fue la \u201cSumma de casibus conscientiae\u201d, que fue escrita alrededor de 1317 por un miembro desconocido de la Orden Franciscana en Asti en la Alta Italia, y la cual es, por lo tanto, conocida como la \u201cSumma Astensana\u201d o \u201cSumma Astensis\u201d.  Sus ocho libros cubren la materia total de la teolog\u00eda moral y los decretos can\u00f3nicos, ambos indispensables para el pastor y el confesor:  Libro I, los Mandamientos divinos; II, virtudes y vicios; III, contratos y testamentos; IV-VI, sacramentos, excepto el matrimonio; VII, censuras eclesi\u00e1sticas; VIII, matrimonio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los siglos XIV y XV produjeron cierto n\u00famero de summoe similares para los confesores; todos ellos, sin embargo, desecharon el arreglo en libros y cap\u00edtulos, y adoptaron el orden alfab\u00e9tico.  Su valor es, por supuesto, ampliamente diferente.  Los siguientes son los m\u00e1s importantes y m\u00e1s populares entre ellos:  La \u201cSumma Confessorum\u201d del dominico Juan de Friburgo (m. 1314), el cual fue publicado unos pocos a\u00f1os antes de la \u201cSumma Astensis\u201d; su gran fama y amplia circulaci\u00f3n se debi\u00f3 a su revisi\u00f3n por otro miembro de la Orden de Predicadores, Bartolom\u00e9 de Pisa (m. 1347), quien la organiz\u00f3 alfab\u00e9ticamente y suplement\u00f3 sus partes can\u00f3nicas; es com\u00fanmente conocida como la \u201cSumma Pisana\u201d.  La obra sirvi\u00f3 como base para la \u201cSumma angelica\u201d, un tratado claro y conciso, compuesto alrededor del a\u00f1o 1476 por el franciscano Angelo Cerleto, llamado \u201cAngelus a Clavasio\u201d por su ciudad natal, Chiavasso.  Atestigua su gran popularidad el hecho de que tuvo por lo menos treinta y una ediciones de 1476 a 1520.   Una popularidad similar obtuvo la \u201cSumma casuum\u201d del franciscano J. B. Trovamala, la cual apareci\u00f3 unos pocos a\u00f1os m\u00e1s tarde (1484) y, despu\u00e9s de ser revisada por su mismo autor en el 1495, llev\u00f3 el t\u00edtulo de \u201cSumma rosella\u201d.  Una de las \u00faltimas y m\u00e1s renombradas de estas \u201csummoe\u201d fue probablemente la \u201cSumma Silvestrina\u201d del dominico Silvester Prierias (m. 1523), tras la cual la teolog\u00eda moral comenz\u00f3 a ser tratada de forma diferente.  Las \u201csummoe\u201d aqu\u00ed mencionadas, aunque fueron escritas exclusivamente para el uso pr\u00e1ctico de los confesores, no desecharon la forma m\u00e1s elemental; sino que representaron los resultados de un estudio cient\u00edfico minucioso, el cual produjo no s\u00f3lo escritos de esta clase, sino tambi\u00e9n otras obras sistem\u00e1ticas de una profunda erudici\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El siglo XII atestigu\u00f3 una gran actividad en la teolog\u00eda especulativa, la cual se centr\u00f3 alrededor de la catedral y escuelas mon\u00e1sticas.  \u00c9stas produjeron hombres como Hugo y Ricardo de San V\u00edctor, y especialmente al alumno de Hugo, Pedro Lombardo, llamado el Maestro de las Sentencias, el cual floreci\u00f3 en la escuela catedral de Par\u00eds hacia mediados de siglo, y cuyo \u201cLibro sententiarum\u201d sirvi\u00f3 por muchos siglos como el libro de texto est\u00e1ndar en los salones de conferencias teol\u00f3gicas.  En esos d\u00edas, sin embargo, cuando comenzaron a aparecer herej\u00edas peligrosas contra los dogmas y misterios fundamentales de la fe cristiana, la parte moral de la doctrina cristiana recibi\u00f3 un tratamiento limitado; Pedro el Lombardo incidentalmente discute unos pocos asuntos morales, como por ejemplo, sobre el pecado, al hablar de la creaci\u00f3n y el estado original del hombre, o m\u00e1s particularmente, al tratar sobre el pecado original.  Otras preguntas, por ejemplo, sobre la libertad de nuestras acciones y la naturaleza de los actos humanos en general, son contestadas en la doctrina sobre Cristo, donde \u00e9l discute el conocimiento y la voluntad de Cristo.  Incluso el renombrado comentador de las \u201cSentencias\u201d, Alejandro de Hales, O. Min., todav\u00eda no entra seriamente a la moral cristiana.  El trabajo de construir la teolog\u00eda moral como una ciencia especulativa fue por fin emprendido y completado por esa gran luminaria de la teolog\u00eda, Santo Tom\u00e1s de Aquino, a cuya \u201cSumma theologica\u201d nos referimos anteriormente.  Aparte de esta obra maestra, cuya segunda parte y porciones de la tercera tratan sobre la moral, existen varias obras menores que tienen un car\u00e1cter moral y asc\u00e9tico.  Esta \u00faltima rama fue cultivada con extraordinaria habilidad por el franciscano San Buenaventura, aunque \u00e9l no igual\u00f3 el genio sistem\u00e1tico de Santo Tom\u00e1s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este siglo y el siguiente produjeron cierto n\u00famero de te\u00f3logos prominentes algunos de los cuales impugnaron varias doctrinas de Aquino, como Juan Duns Scoto y sus seguidores, mientras que otros siguieron sus huellas y escribieron comentarios sobre sus obras, como \u00c6gidius Romanus y Juan Capreolo.  Sin embargo, rara vez fueron asunto de controversia durante este tiempo las cuestiones morales-teol\u00f3gicas puras; no se asom\u00f3 una nueva \u00e9poca en el m\u00e9todo de la teolog\u00eda moral hasta despu\u00e9s del Concilio de Trento.   Sin embargo, hay dos escritores extremadamente f\u00e9rtiles en el siglo XV que no s\u00f3lo ejercieron una poderosa influencia sobre el avance de la teolog\u00eda, sino que elevaron el est\u00e1ndar de la vida pr\u00e1ctica.  Ellos son Denis el Cartujo y San Antonino, obispo de Florencia.  El primero es muy conocido por sus obras asc\u00e9ticas, mientras que el \u00faltimo se dedic\u00f3 a la pr\u00e1ctica del confesionario y al trabajo ordinario de pastor.  Su \u201cSummae Theologica\u201d pertenece especialmente a nuestro asunto.  Pas\u00f3 por varias ediciones, y en 1740 apareci\u00f3 en Florencia la revisi\u00f3n de A. Ballerini, que consta de cuatro folios.  El tercer volumen trata principalmente de la ley eclesi\u00e1stica; discute detalladamente la posici\u00f3n legal de la Iglesia y su c\u00f3digo penal.  Unos pocos cap\u00edtulos del primer volumen est\u00e1n dedicados al lado psicol\u00f3gico del hombre y sus acciones.  El resto de la obra es un comentario, desde el punto de vista moral meramente, sobre la segunda parte de la \u201cSumma Theologica\u201d de Santo Tom\u00e1s, a la cual se refiere constantemente.  No es una explicaci\u00f3n te\u00f3rica pura, pero est\u00e1 tan llena de detalles jur\u00eddicos y casu\u00edsticos que puede ser llamada una fuente inagotable para los manuales de casu\u00edstica.  El apodo \u201cAntoninus consiliorum\u201d, Antonino del bueno consejo, que se le dio en el Breviario Romano atestigua cu\u00e1n altamente se estimaba la sabidur\u00eda pr\u00e1ctica de Antonino durante su vida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con el Concilio de Trento la Iglesia Cat\u00f3lica respir\u00f3 nuevo aliento de vida.  La reforma de la moral le dio un fresco \u00edmpetu a la ciencia teol\u00f3gica.  \u00c9stas hab\u00edan ca\u00eddo gradualmente del alto nivel a donde se hab\u00edan elevado en tiempos de Santo Tom\u00e1s; el deseo de un s\u00f3lido avance hab\u00eda dado lugar frecuentemente a la b\u00fasqueda de argumentaciones inteligentes para asuntos poco importantes.  El siglo XVI atestigu\u00f3 un cambio completo.  Incluso antes de la citaci\u00f3n del concilio, hubo eminentes estudiosos de seria mentalidad como Tomasso de Vio Gaetani Cajetan (usualmente llamado Cayetano), Victoria, y los dos Sotos (Pedro de Soto y Domingo de Soto, todos hombres cuyo s\u00f3lido conocimiento de la teolog\u00eda prob\u00f3 ser de inmenso beneficio al concilio mismo.  Su ejemplo fue seguido por una larga serie de excelentes eruditos, especialmente dominicos y miembros de la reci\u00e9n fundada Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas.  Fue sobre todo el lado sistem\u00e1tico de la teolog\u00eda moral lo que ahora se retom\u00f3 con renovado celo.  En siglos anteriores, la \u201cSentencias\u201d de Pedro Lombardo hab\u00eda sido el libro de texto universal, y las obras teol\u00f3gicas m\u00e1s prominentes de la \u00e9poca siguiente se declaraban nada m\u00e1s que comentarios sobre ellas; sin embargo, de ah\u00ed en adelante la \u201cSumma Theologica\u201d de Santo Tom\u00e1s se sigui\u00f3 como gu\u00eda en teolog\u00eda y un gran n\u00famero de las mejores obras teol\u00f3gicas, escritas despu\u00e9s del Concilio de Trento, se llamaron \u201cCommentarii in Summam Sti. Thomae\u201d.  El resultado natural fue un tratamiento m\u00e1s comprehensivo de los asuntos morales, puesto que \u00e9stos constitu\u00edan por mucho la mayor parte de la \u201cSumma\u201d de Santo Tom\u00e1s.  Entre las primeras obras cl\u00e1sicas de este tipo est\u00e1 el \u201cCommentariorum theologicorum tomi quattuor\u201d de Gregorio de Valencia.  Est\u00e1 muy bien pensado y muestra gran exactitud; los vol\u00famenes III y IV contienen la explicaci\u00f3n de la \u201cPrima Secundae\u201d y la \u201cSecunda Secundae\u201d de Santo Tom\u00e1s.  Esta obra fue seguida, a fines del siglo XVI y principios del XVII, por una cantidad de comentarios similares; entre ellos ocupan un lugar prominente los de Gabriel V\u00e1squez, Leonard Lessius, Francisco Su\u00e1rez, Becano y las obras de Tom\u00e1s S\u00e1nchez \u201cIn decalogum\u201d as\u00ed como \u201cConsilia moralia\u201d, que son m\u00e1s casu\u00edsticas en su m\u00e9todo; los comentarios de Domingo B\u00e1\u00f1ez, que hab\u00edan aparecido un tiempo antes; y las de Medina (vea Bartolom\u00e9 Medina, Probabilismo).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conspicuo entre todos los mencionados est\u00e1 Francisco Su\u00e1rez, S.J., en cuyas voluminosas obras se desarrolla los principales asuntos de la \u201cSeounda\u201d de Santo Tom\u00e1s con gran exactitud y riqueza de conocimiento positivo.  Casi cada tema es examinado minuciosamente y llevado cerca de su soluci\u00f3n final; se discuten extensamente las m\u00e1s variadas opiniones de te\u00f3logos anteriores, se someten a un cercano escrutinio y la decisi\u00f3n final se da con gran circunspecci\u00f3n, moderaci\u00f3n y modestia.  Un gran folio trata los asuntos fundamentales de teolog\u00eda moral en general:\n<\/p>\n<ul>\n<li> 1. De fine et beatitudine; <\/li>\n<li> 2 De voluntario et involuntario, et de actibus humanis; <\/li>\n<li> 3 De bonitate et malitia humanorum actuum; <\/li>\n<li> 4 De passionibus et vitiis.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro volumen trata sobre \u201cLeyes\u201d; muchos vol\u00famenes en folio se dedican a tratados que ciertamente pertenecen a la moral, pero que est\u00e1n inseparablemente conectados con otros asuntos estrictamente dogm\u00e1ticos sobre Dios y sus atributos, es decir, \u201cDe gratia divina\u201d; hoy d\u00eda se asignan al dogma propiamente.  Una tercera serie da la doctrina completa sobre los sacramentos (excepto el sacramento del matrimonio) desde su punto de vista moral y dogm\u00e1tico.  Francisco Su\u00e1rez no examin\u00f3 todas las varias virtudes; adem\u00e1s del tratado sobre virtudes teol\u00f3gicas, s\u00f3lo poseemos el de la virtud de la religi\u00f3n.  Pero si alguna de las obras de Francisco Su\u00e1rez ha de llamarse cl\u00e1sica es la antedicha, la cual discute en cuatro vol\u00famenes el asunto completo \u201cDe religione\u201d.  Dentro del amplio campo de \u201creligio\u201d, incluyendo su noci\u00f3n y posici\u00f3n relativa, sus varias acciones y pr\u00e1cticas, como oraci\u00f3n, votos, juramentos, etc., los pecados contra ella, apenas se puede hallar una cuesti\u00f3n dogm\u00e1tica o casu\u00edstica que no haya sido resuelta o cuya soluci\u00f3n no se haya al menos intentado.  De los \u00faltimos dos vol\u00famenes uno trata de las \u00f3rdenes religiosos en general, el otro sobre el \u201cInstituto\u201d de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el transcurso de los siglos XVII y XVIII aparecieron un n\u00famero de obras similares, aunque m\u00e1s concisas, que tratan asuntos morales-teol\u00f3gicos como parte de una teolog\u00eda universal con el esp\u00edritu genuino de la ciencia escol\u00e1stica.  Est\u00e1n las de Tanner, Coninck, Platel, Gotti, Billuart, y muchas otras, cuya mera enumeraci\u00f3n nos llevar\u00eda muy lejos.  Sin embargo, debemos mencionar a Juan de Lugo, a quien nadie puede negar el honor de haber adelantado la teolog\u00eda pr\u00e1ctica y la especulativa, y especialmente la moral pr\u00e1ctica.  Dotado de un genio especulativo y poco com\u00fan y de un juicio pr\u00e1ctico y claro, en muchos casos se\u00f1al\u00f3 rutas completamente nuevas hacia la soluci\u00f3n de asuntos morales.  Hablando de su teolog\u00eda moral San Alfonso le llama \u201csin duda el l\u00edder despu\u00e9s de Santo Tom\u00e1s\u201d.   Sus obras que nos han llegado son:  \u00abDe fide\u00bb, \u00abDe Incarnatione\u00bb, \u00abDe justitia et jure\u00bb, \u00abDe sacramentis\u00bb, viz., \u00abDe sacramentis in genere\u00bb, \u00abDe baptismo et eucharistia\u00bb, and \u00abDe poenitentia\u00bb.  El volumen \u201cDe poenitentia\u201d es sobre todos el que, a trav\u00e9s de su d\u00e9cimo sexta discusi\u00f3n, se ha convertido en el panfleto cl\u00e1sico para la teolog\u00eda moral casu\u00edstica y particularmente para la distinci\u00f3n espec\u00edfica de los pecados;  al mismo asunto pertenece la obra p\u00f3stuma \u201cResponsa moralia\u201d, una colecci\u00f3n de respuestas dadas por de Lugo en casos de conciencia complicados.  Este no es el lugar para se\u00f1alar su eminencia como dogmatista; baste decir que muchas preguntas de largo alcance reciben soluciones originales que, aunque no universalmente aceptadas, han arrojado suficiente luz sobre estos asuntos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El m\u00e9todo que Lugo aplica a las cuestiones de teolog\u00eda moral puede muy bien ser llamado mixto, esto es, es tanto especulativo como casu\u00edstico.  Tales obras de car\u00e1cter mixto ahora son comunes, tratan la materia completa de la teolog\u00eda moral, hasta donde es \u00fatil al confesor y al pastor de esta forma mixta, aunque ellos insisten m\u00e1s en la casu\u00edstica que Lugo.   Un tipo de esta clase es la \u00abTheologia moralis\u00bb de Paul Laymann (m. 1635); en esta categor\u00eda tambi\u00e9n se pueden contar la \u00abTheologia decalogalis\u00bb y \u00abTheologia sacramentalis\u00bb de Patritius Sporer (m. 1683), la \u00abConferenti\u00e6\u00bb de Benjam\u00edn Elbel (m. 1756), y la \u00abTheologia moralis\u00bb de Reuter (m. 1762). Los manuales para confesores son casi innumerables, escritos en una forma casu\u00edstica simple, aunque incluso \u00e9stos justifican sus conclusiones con razones internas despu\u00e9s de legitimizarlas con una apelaci\u00f3n a la autoridad externa.  Frecuentemente son el fruto de un conocimiento especulativo minucioso y extensa lectura.  Uno de los m\u00e1s s\u00f3lidos es probablemente el  \u00abManuale confessariorum et poenitentium\u00bb de Azpilcueta (1494-1586), el gran canonista, com\u00fanmente conocido como \u00abDoctor Navarrus\u00bb; adem\u00e1s, la \u00abInstructio sacerdotum\u00bb o \u00abSumma casuum conscienti\u00e6\u00bb del Cardenal Tolet (m. 1596), que fue altamente recomendado por San Francisco de Sales.  Otra obra que merece menci\u00f3n, es decir, la llamada \u00abMedulla theologi\u00e6 moralis\u00bb de Hermann Busembaum (m. 1688), que se ha hecho famosa debido a su uso extendido (cuarenta ediciones en menos de veinte a\u00f1os durante la vida del autor) y el n\u00famero de sus comentadores.  Entre \u00e9stos se incluyen Claude Lacroix, cuya teolog\u00eda moral se considera una de las m\u00e1s valiosas del siglo XVIII, y a San Alfonso Mar\u00eda de Ligorio, con el cual, sin embargo, comenz\u00f3 una \u00e9poca completamente nueva en la teolog\u00eda moral.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de entrar a esta nueva fase, demos una ojeada al desarrollo del llamado sistema de moral y controversias que se esparci\u00f3 entre los eruditos cat\u00f3licos, as\u00ed como al m\u00e9todo casu\u00edstico de tratar la teolog\u00eda moral en general.   Porque estas controversias se centran precisamente alrededor de la casu\u00edstica de la teolog\u00eda moral, y la que ha experimentado severos ataques.  Estos ataques se confinaron mayormente a Alemania.  Los campeones de los adversarios fueron Hirscher (m. 1865), D\u00f6llinger, Reusch, y un grupo de eruditos cat\u00f3licos que, de 1901 a 1902, demandaron una \u201creforma de la teolog\u00eda moral cat\u00f3lica\u201d, aunque no todos estuvieron movidos por el mismo esp\u00edritu.  Hirscher estuvo movido por el celo de una supuesta buena causa, aunque \u00e9l estuvo implicado en errores teol\u00f3gicos.  D\u00f6llinger y Reusch intentaron cubrir sus defecciones de la Iglesia y su negativa a reconocer la infalibilidad papal al ridiculizar las condiciones y asuntos del mundo eclesi\u00e1stico que ellos pensaban militaban contra esa infalibilidad: la \u00faltima fase de esta oposici\u00f3n fue el resultado de malos entendidos.  Para poder elucidar las acusaciones tra\u00eddas contra la casu\u00edstica, usamos el criticismo completamente injustificado que Hirscher esgrimi\u00f3 contra la teolog\u00eda escol\u00e1stica en general en su obra de 1832 \u201cSobre la relaci\u00f3n entre el Evangelio y el Escolasticismo Teol\u00f3gico\u201d, el cual D\u00f6llinger y Reusch citan con aprobaci\u00f3n (Moralstreitigkeiten, 13 ss.):\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.  \u00abEn vez de penetrar en el esp\u00edritu que hace de la virtud lo que es y subyace bajo todo lo bueno de este mundo, en otras palabras, en lugar de comenzar con la naturaleza \u00fanica e indivisible de todo lo bueno, comienzan con el material de las varias prohibiciones y preceptos morales sin advertir de d\u00f3nde se originan, sobre qu\u00e9 bases descansan, y cu\u00e1l es su principio dador de vida.\u201d  Esto significa que los escol\u00e1sticos y los casu\u00edsticos s\u00f3lo conocen cosas individuales, y no ven nada universal y uniforme en las virtudes y deberes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.  \u00abEn vez de derivar estos preceptos y prohibiciones de la esencia \u00fanica e individual de todas las bondades y de este modo crear certeza en los juicios morales de su audiencia, ellos rechazan los principios, los encuerdan \u201cdebes\u201d con \u201cdebes\u201d, les proveen de innumerables estatutos y cl\u00e1usulas, confunden y oprimen al oyente con la sobreabundante medida de deberes, medios deberes, no-deberes.\u201d  En otras palabras, los escol\u00e1sticos oprimen y confunden con una innecesaria multiplicaci\u00f3n de deberes y no deberes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.  \u201cEst\u00e1 m\u00e1s acorde con el esp\u00edritu del mosa\u00edsmo que con el del cristianismo cuando la moralidad cristiana es tratada menos como una doctrina de virtudes que de leyes y deberes, y cuando al a\u00f1adir mandamiento a mandamiento, prohibici\u00f3n a prohibici\u00f3n, nos da una medida completa y colmada de reglas morales en lugar de construir sobre el esp\u00edritu cristiano, derivarlo todo de \u00e9l y se\u00f1alar todas las virtudes particulares a su luz.\u201d  O brevemente, la casu\u00edstica promueve la santurroner\u00eda exterior sin el esp\u00edritu interior.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.  \u201cLos que tratan la moral desde el punto de vista de la casu\u00edstica, le asignan una parte importante a la diferencia entre leyes graves y leves, deberes pesados y leves, transgresiones serias y leves y pecados mortales y veniales\u2026  Ahora bien, la distinci\u00f3n entre pecados veniales y mortales tiene una base s\u00f3lida, y est\u00e1 basada principalmente en las diferentes cualidades de la voluntad, y si adem\u00e1s los varios grados de bondad o de malicia se miden por la presencia, por ejemplo, de una voluntad puramente buena y fuerte, de una menos pura y menos fuerte, de una voluntad, d\u00e9bil, inerte, impura, maliciosa, pervertida, entonces nadie levantar\u00e1 su voz contra ella.  Pero es completamente diferente cuando la distinci\u00f3n entre pecados mortales y veniales se toma objetivamente, y basada en la gravedad o levedad de los mandamientos\u2026 Tal distinci\u00f3n entre pecados mortales y veniales, fundada en las diferencias materiales de los mandamientos y las prohibiciones, es una fuente de tormento y ansiedad para muchos\u2026  La verdadera moralidad no se puede adelantar a trav\u00e9s de tal ansiedad\u2026  La masa del pueblo derivar\u00e1 s\u00f3lo una ganancia de tal m\u00e9todo:  muchos se abstendr\u00e1n de lo prohibido bajo pena de pecado mortal y har\u00e1n lo que se les ordena bajo tal penalidad, pero se preocupar\u00e1n poco por lo que se manda o proh\u00edbe bajo pena de pecado venial solamente.  Por el contrario, buscar\u00e1n una compensaci\u00f3n en el \u00faltimo por lo que sacrificaron en los pecados graves.  Pero, \u00bfpodemos llamar cristianas las vidas de tales personas?\u201d  En otras palabras, la casu\u00edstica falsifica las conciencias al distinguir objetivamente entre pecados mortales y veniales, lleva a una conformidad con los \u00faltimos y hace que sea imposible una vida verdaderamente cristiana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es dif\u00edcil confutar todas estas acusaciones.  Una ojeada a la \u201cSumma Theologica\u201d de Santo Tom\u00e1s probar\u00e1 cuan incorrecto es el primer cargo de que el escolasticismo y la casu\u00edstica conocen s\u00f3lo las buenas acciones individuales y las virtudes individuales, sin preguntarse sobre el fundamento com\u00fan de todas las virtudes.  Antes de tratar las virtudes y deberes individuales, Santo Tom\u00e1s da un volumen completo de discusiones de naturaleza general, en las cuales podremos notar las profundas especulaciones sobre el juicio final, la bondad y maldad de las acciones humanas, la ley eterna.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La segunda acusaci\u00f3n, que la casu\u00edstica escol\u00e1stica confunde la mente por su volumen de deberes y no-deberes, puede s\u00f3lo significar que la casu\u00edstica escol\u00e1stica fija \u00e9stos arbitrariamente y contrario a la verdad.  La queja puede referirse solamente a esas obras y conferencias que apuntan a la instrucci\u00f3n del clero, pastores y confesores.  El lector u oyente que se sienta confundido u oprimido por esta \u201cmasa de deberes\u201d, etc. muestra con ese mismo hecho que no tiene el talento necesario para el oficio de confesor o director espiritual, y que por lo tanto debe escoger otro oficio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tercer cargo, dirigido contra la hipocres\u00eda judaica que descuida el fomento de la vida interior, se refuta por cada obra sobre casu\u00edstica, aunque escasos, pues cada uno de ellos declara enf\u00e1ticamente que la mayor\u00eda, sin el estado de gracia y una buena intenci\u00f3n, todas las obras externas, no importa cu\u00e1n dif\u00edciles y heroicas, son de poco valor a los ojos de Dios.  \u00bfPuede la necesidad del esp\u00edritu interno ser presentada m\u00e1s claramente?  Y aunque, en algunos casos, la realizaci\u00f3n externa de un determinado trabajo se establece como el m\u00ednimo exigido por Dios o la Iglesia, sin la cual el cristiano incurrir\u00eda en la condenaci\u00f3n eterna, pero esto no es desterrar el esp\u00edritu interior, sino designar el cumplimiento externo como la l\u00ednea de bajamar de la moralidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por \u00faltimo, el cuarto cargo surge de un error teol\u00f3gico muy grave.  No puede haber duda de que, al juzgar la atrocidad del pecado y al distinguir entre pecados mortales y veniales, se debe tomar en consideraci\u00f3n el elemento subjetivo; sin embargo, todos los compendios de teolog\u00eda moral, no importa cu\u00e1n casu\u00edsticos sean, cumplen con este requisito.  Cada manual distingue los pecados que surgen por la ignorancia, maldad, malicia, sin, sin embargo, tildar todos los pecados de debilidad como pecados veniales, o todos los pecados de malicia como pecados mortales;  pues seguramente que hay actos menores de malicia que no se puede decir que causan la muerte del alma.  Cada manual tambi\u00e9n toma conocimiento de los pecados que se cometen sin suficiente deliberaci\u00f3n, conocimiento o libertad; todos \u00e9stos, aunque la materia sea grave, son considerados como pecados veniales.  Por otro lado, cada manual reconoce los pecados veniales y mortales que lo son por la gravedad de la materia solamente.  \u00bfO qui\u00e9n podr\u00eda, abstray\u00e9ndose de todo lo dem\u00e1s, poner una mentira jocosa a la par con una negaci\u00f3n de fe?  Pero incluso en estos pecados, mortales o veniales seg\u00fan su objeto, los casuistas ponen \u00e9nfasis en las disposiciones personales en las cuales fue cometido el pecado realmente.  De ah\u00ed el principio universal;  el resultado de una conciencia err\u00f3nea subjetivamente puede ser que una acci\u00f3n que en s\u00ed misma era venial, se convierta en pecado mortal y viceversa, que una acci\u00f3n que es en s\u00ed misma mortalmente pecaminosa, esto es, que constituya una violaci\u00f3n grave de la ley moral, puede ser s\u00f3lo un pecado venial.  Sin embargo, todos los te\u00f3logos, todos los casuistas, consideran la conciencia correcta un gran don y por lo tanto se esfuerzan, por sus discusiones casu\u00edsticas, en contribuir hacia la formaci\u00f3n de conciencias correctas, de modo que el estimado subjetivo de la moralidad de ciertas acciones puede coincidir, hasta donde sea posible, con la norma objetiva de moralidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por \u00faltimo, cuando varios oponentes del m\u00e9todo casu\u00edstico objetan que el moralista se ocupa exclusivamente de los pecados y su an\u00e1lisis, con el \u201clado oscuro\u201d de la vida humana, deben recordar que es f\u00edsicamente imposible decir todo de una vez, que, igual que en muchas otras artes y ciencias, una divisi\u00f3n del trabajo tambi\u00e9n puede ser ventajosa para la teolog\u00eda moral, que el prop\u00f3sito particular de manuales y conferencias puede limitarse a la educaci\u00f3n de confesores diestros y que este prop\u00f3sito puede muy bien ser realizado centrando la atenci\u00f3n en el lado oscuro de la vida humana.  Sin embargo, se debe conceder que este no puede ser el \u00fanico prop\u00f3sito de la teolog\u00eda moral; es indispensable una discusi\u00f3n minuciosa de todas las virtudes cristianas y el modo de adquirirlas.  Si en alg\u00fan momento esta parte de la teolog\u00eda moral tuviese que ser llevado al trasfondo, la teolog\u00eda moral se convertir\u00eda en unilateral y necesitar\u00eda una revisi\u00f3n, no eliminando la casu\u00edstica, sino dedicando m\u00e1s tiempo y energ\u00eda a la doctrina de las virtudes en su aspecto cient\u00edfico, paren\u00e9tico y asc\u00e9tico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la \u00e9poca del Concilio de Trento era notable un gran avance en todas las ramas de la teolog\u00eda moral.  La creciente frecuencia en la confesi\u00f3n sacramental explica que se pusiera m\u00e1s \u00e9nfasis en la casu\u00edstica en particular, lo cual es concedido libremente por los adversarios.  D\u00f6llinger y Reusch dicen (op. cit., 19 ss.):  \u201cEl hecho de que la casu\u00edstica tuviera un desarrollo ulterior despu\u00e9s del siglo XVI est\u00e1 relacionado con las cambios en la disciplina penitencial.  De ah\u00ed en adelante prevaleci\u00f3 la costumbre de acercarse al confesionario m\u00e1s frecuentemente, regularmente antes de la Sagrada Comuni\u00f3n, de confesar no s\u00f3lo los pecados mortales sino tambi\u00e9n los veniales, y de pedir consejo al confesor para todos los problemas de la vida espiritual, de modo que el confesor se convirti\u00f3 cada vez m\u00e1s en un padre y gu\u00eda espiritual.\u201d  El confesor necesitaba este adiestramiento y educaci\u00f3n cient\u00edfica, el \u00fanico que podr\u00eda capacitarle para dar decisiones correctas en casos complejos de la vida humana, para formar un estimado correcto de la bondad o defecto moral, deber o violaci\u00f3n de deber, virtud o vicio.  Ahora bien, era inevitable que el confesor se encontrase casos donde la existencia o medida exacta de la obligaci\u00f3n permaneciese obscura incluso despu\u00e9s de un examen minucioso, donde el moralista era confrontado por la pregunta de cu\u00e1l deber\u00eda ser la decisi\u00f3n final en estos casos; si uno estaba obligado a considerarse obligado cuando el deber era oscuro y dudoso, o c\u00f3mo uno podr\u00eda remover esta duda y llegar a una conclusi\u00f3n definida de que no hab\u00eda obligaci\u00f3n estricta.   Siempre se hab\u00eda sabido y hab\u00eda sido variamente expresado en reglas pr\u00e1cticas que el anterior no pod\u00eda ser el caso, sino que una obligaci\u00f3n para existir deb\u00eda primero ser probada:  \u00abIn dubiis benigniora sequenda\u00bb, \u00abodiosa sunt restringenda\u00bb, etc. Sin embargo, no siempre se ten\u00eda claramente a la vista el principio b\u00e1sico para resolver tales casos dudosos y llegar a la certeza necesaria para la moralidad de una acci\u00f3n.  Establecer este principio universal era equivalente a establecer un sistema moral; y los varios sistemas se distingu\u00edan por el principio al cual se adher\u00edan.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La historia del probabilismo se da bajo ese t\u00edtulo, baste decir aqu\u00ed que desde mediados del siglo XVII, cuando comenz\u00f3 la violenta discusi\u00f3n sobre este asunto, el desarrollo de la teolog\u00eda moral coincide con el del probabilismo y de otros sistemas probabilistas; aunque estos sistemas tocan s\u00f3lo una peque\u00f1a parte de la moral y de las verdades morales y nada est\u00e1 m\u00e1s lejos que la verdad que la opini\u00f3n, tan ampliamente difundida entre los adversarios de la moral cat\u00f3lica, que el probabilismo le dio una nueva forma y un nuevo esp\u00edritu a la totalidad de la teolog\u00eda moral.    El probabilismo y los otros sistemas de moral se ocupan s\u00f3lo de los casos que son objetivamente dudosos; de ah\u00ed que se abstraen completamente de la amplia esfera de verdades establecidas y certeras.  Ahora bien, la \u00faltima clase es por mucho la m\u00e1s amplia en la teolog\u00eda moral tambi\u00e9n; si no fuera as\u00ed, la raz\u00f3n humana estar\u00eda en un lamentable apuro, y la Divina Providencia le habr\u00eda concedido poco cuidado a las m\u00e1s nobles de sus criaturas visibles y a sus m\u00e1s altos bienes, incluso en el orden sobrenatural, en el cual una gran medida de dones y gracias fue derramada con abundancia sobre los rescatados en Cristo.  La parte cierta e indiscutible incluye todas las cuestiones fundamentales de la moral cristiana; comprende aquellos principios de orden moral por los cuales se regulan las relaciones del hombre consigo mismo, con Dios y con su pr\u00f3jimo y con las varias comunidades; abarca la doctrina del \u00faltimo fin del hombre y de los medios sobrenaturales para alcanzar dicho fin.  Hay s\u00f3lo un comparativamente peque\u00f1o n\u00famero de leyes objetivamente obscuras y dudosas o deberes que apelan al probabilismo o antiprobabilismo para una decisi\u00f3n.  Sin embargo, como ya se ha dicho, desde medidos del siglo XVII el inter\u00e9s de los te\u00f3logos morales se centr\u00f3 en el asunto acerca del probabilismo o antiprobabilismo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Igual de lejos de la verdad est\u00e1 la segunda opini\u00f3n de los adversarios del probabilismo, VIX., que este sistema induce a la gente a evadir las leyes y los endurece hasta la insensibilidad.  Por el contrario, debatir del todo la cuesti\u00f3n del probabilismo era se\u00f1al de un alma severamente consciente.  El que propone la cuesti\u00f3n en absoluto conoce y confiesa por ese mismo hecho primero, que no es legal actuar con una conciencia dudosa, que el que realiza una acci\u00f3n sin estar firmemente convencido de que es permitida, comete pecado a los ojos de Dios; segundo, que una ley, sobre todo la Ley Divina nos obliga a tomar conciencia de ella y que, sin embargo, cada vez que surge la duda sobre la existencia probable de una obligaci\u00f3n debemos aplicar suficiente cuidado para llegar a la certeza, de modo que un olvido fr\u00edvolo de dudas razonables es en s\u00ed mismo un pecado contra la sumisi\u00f3n debida a Dios.  A pesar de todo esto, puede suceder que todos nuestros dolores y preguntas no nos lleven a la certeza, que se hallen s\u00f3lidas razones tanto para como contra la existencia de una obligaci\u00f3n.  Bajo estas circunstancias, un hombre conciente naturalmente preguntar\u00e1 si \u00e9l mismo se debe considerar atado a la ley o si puede, por reflexiones ulteriores&#8212;principios reflejos, como se les llama&#8212;llegar a una conclusi\u00f3n plena de que no hay obligaci\u00f3n ni de hacer u omitir el acto en cuesti\u00f3n.  Si estuvi\u00e9semos obligados a considerarnos atados en cada duda, el resultado, obviamente, ser\u00eda una severidad intolerable.  Pero puesto que antes de realizar una acci\u00f3n el veredicto final de nuestra conciencia debe estar libre de duda, es evidente la necesidad de remover tales dudas de una forma u otra seg\u00fan surgieron.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al principio hubo falta de claridad respecto al probabilismo y las preguntas relacionadas con \u00e9l.  Las definiciones de opini\u00f3n, probabilidad y certeza conflictivas s\u00f3lo pod\u00edan causar confusi\u00f3n.  Cuando las obras sobre teolog\u00eda moral y manuales pr\u00e1cticos comenzaron a multiplicarse, fue inevitable que algunos individuos tomaran la palabra \u201cprobable\u201d en un sentido muy amplio o muy estrecho, aunque no puede haber duda que en s\u00ed mismo significa \u201calgo aceptable a la raz\u00f3n\u201d; en otras palabras, puesto que la raz\u00f3n no puede aceptar nada a menos que tenga apariencia de verdad, \u201calgo basado en la raz\u00f3n que generalmente lleva a la verdad\u201d.  De ah\u00ed que avanzaron y se expandieron como practicables opiniones que estaban poco de acuerdo con los requerimientos de la fe cristiana, y las cuales se ganaron la censura de la Santa Sede.  Nos referimos particularmente a las tesis condenadas por el Papa Alejandro VII el 24 de septiembre de 1665 y el 18 de marzo de 1666, y por el Papa Inocencio XI el 2 de marzo de 1679.  No se debe hacer responsable de ello al probabilismo, sino a las vaguedades de unos pocos probabilistas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como resultado de estas condenas, algunos te\u00f3logos se sintieron obligados a oponerse al sistema mismo y a alinearse con el probabiliorismo.  Antes de este giro de los asuntos, los jansenistas hab\u00edan sido los m\u00e1s notables adversarios del probabilismo.  Pero ellos tambi\u00e9n hab\u00edan recibido un rev\u00e9s cuando el Papa Inocencio X conden\u00f3 (31 de mayo de 1653) en el \u201cAugustinus\u201d de Jansenio, entonces reci\u00e9n fallecido, la proposici\u00f3n \u201cLos hombres justos, con la fuerza ahora a su disposici\u00f3n, no pueden guardar ciertos mandamientos de Dios incluso si ellos desean y tratan de hacerlo; adem\u00e1s, est\u00e1n sin la gracia de Dios que podr\u00eda hacerlo posible.\u201d, fue tomada de la obra y rechazada como her\u00e9tica y blasfema.   Ahora el probabilismo era menos reconciliable con esta tesis jansenista, que podr\u00eda ser mantenida m\u00e1s f\u00e1cilmente, mientras m\u00e1s estrictas fuesen las obligaciones morales impuestas a la conciencia del hombre y mientras m\u00e1s severo el sistema proclamado como \u00fanicamente justificado.  En consecuencia, los seguidores de la doctrina jansenista trataron de atacar el probabilismo, de arrojar sospechas en \u00e9l como innovaci\u00f3n, y de representarlo incluso como conducente al pecado.  Las exageraciones de unos pocos probabilistas, quienes fueron demasiado lejos en su laxitud, dio oportunidad a los jansenistas para atacar el sistema, y pronto un n\u00famero de eruditos, notablemente entre los dominicos abandonaron el probabilismo, el cual hab\u00edan defendido hasta entonces, lo atacaron y defendieron el probabiliorismo; algunos jesuitas tambi\u00e9n se opusieron al probabilismo.   Pero por mucho, la mayor\u00eda de los escritores jesuitas as\u00ed como un vasto n\u00famero de otras \u00f3rdenes y del clero secular se adhirieron al probabilismo.  Esta controversia se tom\u00f3 un siglo completo, lo cual probablemente no tiene paralelo en la historia de la teolog\u00eda cat\u00f3lica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Afortunadamente, las obras en ambos lados de esta controversia no fueron escritos populares.  Sin embargo, teor\u00edas exageradas causaron una desigualdad evidente y mucha confusi\u00f3n en la administraci\u00f3n del Sacramento de la Penitencia y en la gu\u00eda de las almas.  Este parece haber sido el caso particularmente en Francia e Italia; Alemania probablemente sufri\u00f3 menos el rigorismo.  Por lo tanto fue una bendici\u00f3n de la Divina Providencia que surgi\u00f3 un hombre a mediados del siglo XVIII, quien de nuevo insisti\u00f3 en una pr\u00e1ctica m\u00e1s suave y gentil, y quien, debido a su eminente santidad, la cual combin\u00f3 con un s\u00f3lido aprendizaje, y la cual muy pronto despu\u00e9s de su muerte lo elev\u00f3 al honor de los altares, recibi\u00f3 la aprobaci\u00f3n eclesi\u00e1stica de su doctrina, estableciendo de este modo la pr\u00e1ctica moderada en la teolog\u00eda moral.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este hombre es San Alfonso Mar\u00eda de Ligorio, quien muri\u00f3 en 1787 a la edad de 91, fue beatificado en 1816, canonizado en 1839, y declarado doctor de la Iglesia en 1871.  En su juventud Ligorio hab\u00eda sido imbuido con los principios de teolog\u00eda moral m\u00e1s estrictos, pero, seg\u00fan confiesa \u00e9l mismo, la experiencia de una vida misionera que se extendi\u00f3 por m\u00e1s de quince a\u00f1os, y el estudio minucioso, lo llev\u00f3 a percibir su falsedad y malas consecuencias.  Elabor\u00f3 un manual de teolog\u00eda moral principalmente para los miembros de la congregaci\u00f3n religiosa que debi\u00f3 su existencia a su celo ferviente.  El mismo se bas\u00f3 en el ampliamente usado \u201cMedulla\u201d del jesuita Hermann Busenbaum, cuyas tesis \u00e9l someti\u00f3 a un profundo examen, confirm\u00f3 con razones internas y autoridad externa, ilustr\u00f3 con opiniones adversas y modific\u00f3 aqu\u00ed y all\u00e1.    La obra, completamente probabilista en sus principios, fue publicada por primera vez en 1748.  Fue recibida con aplauso universal, fue alabada incluso por los Papas y tuvo su segunda edici\u00f3n en 1753; luego sigui\u00f3 edici\u00f3n tras edici\u00f3n, y casi todas mostraban la mano revisora del autor; la novena y \u00faltima edici\u00f3n fue publicada durante la vida del santo, en el a\u00f1o 1785.  Despu\u00e9s de su beatificaci\u00f3n y canonizaci\u00f3n su \u201cTheologia moralis\u201d alcanz\u00f3 una a\u00fan m\u00e1s amplia circulaci\u00f3n.  No s\u00f3lo se arreglaron varias ediciones, sino que casi parec\u00eda como si el crecimiento ulterior de la teolog\u00eda moral estuviese restricto a una reiteraci\u00f3n y a revisiones compendiadas de las obras de San Alfonso.  Una excelente edici\u00f3n cr\u00edtica de la \u00abTheologia moralis Sti. Alphonsi\u00bb es la de L\u00e9onard Gaud\u00e9, C.SS.R. (Roma, 1905), quien verific\u00f3 todas las citas en la obra y la ilustr\u00f3 con anotaciones eruditas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ninguna obra futura sobre teolog\u00eda moral pr\u00e1ctica puede pasar sin amplias referencias a los escritos de San Alfonso.  Por lo tanto ser\u00eda imposible ganar una clara percepci\u00f3n sobre el estado presente de la teolog\u00eda moral y su desarrollo sin estar m\u00e1s o menos familiarizado con el sistema del santo, seg\u00fan narrado en el art\u00edculo probabilismo.  La controversia, que todav\u00eda se sostiene sobre probabilismo y equiprobabilismo, no tiene significado a menos que la \u00faltima sobrepase los l\u00edmites impuestos a ella por San Alfonso y se una al probabiliorismo.  Sin embargo, aunque te\u00f3ricamente la controversia no ha sido abandonada todav\u00eda, a\u00fan as\u00ed en la pr\u00e1ctica diaria es dudoso si hay alguno que siga otras reglas al decidir casos dudosos que los del probabilismo.  Esta ascendencia de la escuela moderada en teolog\u00eda moral sobre la m\u00e1s rigurosa gan\u00f3 nuevo \u00edmpetu cuando Alfonso fue canonizado y cuando la Iglesia se\u00f1al\u00f3 en particular que la Divina Providencia lo hab\u00eda elevado como un basti\u00f3n contra los errores del jansenismo, y que por sus numerosos escritos hab\u00eda marcado una ruta m\u00e1s confiable que los gu\u00edas de almas pod\u00edan seguir seguramente en medio de opiniones conflictivas ya sea muy estrictas o muy laxas.   Durante su vida el santo se vio obligado a entrar en varias disputas literarias debido a sus obras sobre teolog\u00eda moral; sus principales adversarios fueron Daniello Concina y Patuzzi, ambos dominicos y adalides del probabiliorismo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XVIII pueden muy bien ser llamadas un per\u00edodo de decadencia general en cuanto a las ciencias sagradas, incluyendo la teolog\u00eda moral, se refiere.  El esp\u00edritu fr\u00edvolo de los enciclopedistas franceses hab\u00edan infectado, por as\u00ed decirlo, a toda Europa.  La Revoluci\u00f3n, la cual fue su resultado, ahog\u00f3 toda vida cient\u00edfica.  Ser\u00e1n suficientes s\u00f3lo unas pocas palabras sobre el estado de la teolog\u00eda moral durante este per\u00edodo.  Italia se separ\u00f3 en dos por la disputa acerca del rigorismo y una pr\u00e1ctica moderada; en Francia, el rigorismo hab\u00eda recibido todos los derechos de ciudadan\u00eda a trav\u00e9s del movimiento jansenista y se mantuvo firme hasta tarde en el siglo XIX; Alemania se inclin\u00f3 por un esp\u00edritu de superficialidad que amenaz\u00f3 con desplazar la moral cristiana por principios racionalistas y naturales.  Los \u201cseminarios generales\u201d que Jos\u00e9 II estableci\u00f3 en los estados austr\u00edacos contrataban a profesores que no se ruborizaban en fomentar doctrinas her\u00e9ticas y en excluir el \u201cni\u00e9gate a ti mismo\u201d cristiano del cat\u00e1logo de obligaciones morales.  Otras instituciones alemanas, tambi\u00e9n, ofrecieron sus c\u00e1tedras de teolog\u00eda a profesores que se hab\u00edan empapado de las ideas de la \u201cilustraci\u00f3n\u201d, descuidaron el insistir sobre doctrinas de fe cat\u00f3lica y pusieron a un lado la vida sobrenatural, buscaban el fin y meta de la educaci\u00f3n en una moralidad meramente natural.  Pero en la segunda d\u00e9cada del siglo XIX la Revoluci\u00f3n Francesa se gast\u00f3 a s\u00ed misma, la quietud hab\u00eda seguido al tumulto, la restauraci\u00f3n pol\u00edtica de Europa hab\u00eda comenzado.  Tambi\u00e9n se inaugur\u00f3 una restauraci\u00f3n del esp\u00edritu y aprendizaje eclesi\u00e1stico y se hizo notable el gradual ascenso de la teolog\u00eda moral.  Aparte del lado puramente asc\u00e9tico hubo tres divisiones en las cuales esta nueva vida fue claramente visible;  el catecismo, la instrucci\u00f3n popular y el trabajo pastoral.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque es el prop\u00f3sito de la ense\u00f1anza catequ\u00e9tica instruir a los fieles en el campo completo de la religi\u00f3n cristiana, en las doctrinas de la fe no menos que en las de la moral, a\u00fan as\u00ed la primera puede tambi\u00e9n ser concebida y discutida respecto a los deberes y el modo por el cual el hombre se destina a obtener su fin \u00faltimo.  Por lo tanto, el tratamiento catequ\u00e9tico de los asuntos religiosos puede ser considerado como una parte de la teolog\u00eda moral.  Durante el per\u00edodo de \u201cilustraci\u00f3n\u201d, esta rama hab\u00eda sido degradada a una somera moralizante a lo largo de l\u00edneas naturales.  Muchas numerosas y excelentes obras del siglo XIX, tanto catecismos como discusiones extensas, atestiguan que se elev\u00f3 de nuevo a una explicaci\u00f3n l\u00facida de la totalidad de la doctrina cristiana.  A estos se debe a\u00f1adir los m\u00e1s minuciosos manuales de doctrina cristiana destinados a escuelas superiores, en los cuales las partes morales y apolog\u00e9ticas de instrucci\u00f3n religiosa se trataban cient\u00edficamente y se adaptaban a las necesidades de la \u00e9poca.   No hay nada, sin embargo, que nos prive de situar estos escritos en la segunda de las antedichas clasificaciones, puesto que su meta es la instrucci\u00f3n de los cristianos, aunque principalmente a los laicos educados.  Es verdad que estas obras pertenecen exclusivamente, incluso menos que las catequ\u00e9ticas, a la teolog\u00eda moral, puesto que su materia comprende la totalidad de la doctrina cristiana, aun as\u00ed las tendencias moralmente destructivas del ate\u00edsmo y las nuevas cuestiones morales presentadas por las condiciones de nuestros tiempos, le inculcaron a los escritores la importancia de la instrucci\u00f3n moral en manuales de la fe cat\u00f3lica.  Las \u00faltimas d\u00e9cadas en particular probaron que este lado de la teolog\u00eda ha sido bien cuidado.  Varias cuestiones que inciden en la moral cristiana se trataron extensamente en monograf\u00edas, como por ejemplo, la cuesti\u00f3n social, el significado del dinero, la doctrina de la Iglesia sobre la usura, los asuntos de la mujer, etc.  Citar obras particulares o entrar en detalle a los diferentes asuntos exceder\u00eda los l\u00edmites de este art\u00edculo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tercera l\u00ednea en la cual se not\u00f3 un avance fue llamada la pastoral, esto es, instrucci\u00f3n que tiene como su meta especial la educaci\u00f3n y ayuda a pastores y confesores.  Ya se mencion\u00f3 arriba que esta instrucci\u00f3n es necesariamente, aunque no exclusivamente, casu\u00edstica.  La escasez de sacerdotes, la cual se sinti\u00f3 en muchos lugares, ocasion\u00f3 una falta del tiempo necesario para una educaci\u00f3n cient\u00edfica comprehensiva de los candidatos al sacerdocio.  Esta circunstancia explica por qu\u00e9 los manuales cient\u00edficos de la teolog\u00eda moral, por d\u00e9cadas, fueron meramente compendios casu\u00edsticos, que conten\u00edan ciertamente el quid de investigaciones cient\u00edficas, pero carentes de argumentaci\u00f3n cient\u00edfica.  La aprobaci\u00f3n con que la Iglesia distingui\u00f3 las obras de San Alfonso Mar\u00eda de Ligorio hab\u00eda asegurado y facilitado la exactitud de la doctrina eclesi\u00e1stica.  Por lo tanto, muchos de estos compendios son nada menos que recapitulaciones de la \u201cTheologia moralis\u201d de San Alfonso, o, si segu\u00edan un plan propio, mostraban en cada p\u00e1gina que sus autores la hab\u00edan tenido siempre a mano.  Aqu\u00ed se debe mencionar dos obras que gozaron de m\u00e1s amplia circulaci\u00f3n que ning\u00fan otro libro sobre teolog\u00eda moral y que incluso hoy d\u00eda se utilizan frecuentemente: la \u201cTheologia moralis universa\u201d de Scavini, y el corto \u201cCompendium theologiae moralis\u201d de Jean-Pierre Gury, junto con las numerosas revisiones que aparecieron en Francia, Alemania, Italia, Espa\u00f1a y Am\u00e9rica del Norte.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, no debemos enga\u00f1arnos concluyendo que, debido a la aprobaci\u00f3n eclesi\u00e1stica a San Alfonso y a sus escritos morales, la teolog\u00eda moral qued\u00f3 establecida para siempre y, por as\u00ed decirlo, cristalizada.  Ni esta aprobaci\u00f3n nos asegura que todas las preguntas individuales han sido resueltas correctamente, y por lo tanto la discusi\u00f3n de ciertas cuestiones morales queda a\u00fan abierta.  La Sede Apost\u00f3lica misma, o m\u00e1s bien la Penitenciar\u00eda Sagrada, cuando se le pregunt\u00f3 \u201cSi un profesor de teolog\u00eda moral puede seguir y ense\u00f1ar tranquilamente las opiniones que San Alfonso Mar\u00eda de Ligorio ense\u00f1a en su Teolog\u00eda Moral\u201d, ciertamente dio una respuesta afirmativa el 5 de julio de 1831; sin embargo a\u00f1adi\u00f3, \u201cpero se debe reprender a aquellos que defienden otras opiniones apoyadas por la autoridad de doctores confiables\u201d.  El que concluya la garant\u00eda de la absoluta correcci\u00f3n a partir de la aprobaci\u00f3n eclesi\u00e1stica a las obras del santo, har\u00eda que la Iglesia se contradiga a s\u00ed misma.  Santo Tom\u00e1s de Aquino fue por lo menos tan solemnemente aprobado para el campo completo de la teolog\u00eda como San Alfonso para la teolog\u00eda moral.  Sin embargo, por ejemplo, sobre el asunto de la eficacia de la gracia, que entra profundamente a la moral, Santo Tom\u00e1s y San Alfonso defienden opiniones completamente contradictorias, ambos no pueden estar en lo correcto, y as\u00ed debe ser discutido libremente.  Lo mismo puede decirse de otros asuntos.  A principios del siglo XX, Antonio Ballerini sobre todo hizo un uso simple de esta libertad de discusi\u00f3n, primero en sus anotaciones al \u201cCompendio\u201d de Gury; luego en su \u201cOpus theologicum morale\u201d, que fue reformada y editada despu\u00e9s de su muerte por Dominic Palmieri.  Le hizo un servicio eminente a la casu\u00edstica; pues aunque no podemos aprobar todo, aun as\u00ed la autoridad de varias opiniones ha sido cuidadosamente escudri\u00f1ada y discutida completamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por \u00faltimo, se han hecho intentos de desarrollar la teolog\u00eda moral a lo largo de otras l\u00edneas.  Los reformadores afirman que el m\u00e9todo casu\u00edstico ha ahogado a cualquier otro y que debe dar paso a un tratamiento m\u00e1s cient\u00edfico y sistem\u00e1tico.  Es evidente que un tratamiento meramente casu\u00edstico no cumple las demandas de la teolog\u00eda moral, y de hecho, durante las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XIX, se insisti\u00f3 m\u00e1s y m\u00e1s en el elemento especulativo incluso en obras principalmente casu\u00edsticas.  Si debe prevalecer uno u otro elemento se determinar\u00e1 de acuerdo a la meta pr\u00f3xima que la obra intenta satisfacer.   Si hay una cuesti\u00f3n de explicaci\u00f3n puramente cient\u00edfica de la teolog\u00eda moral que no intenta exceder los l\u00edmites de la especulaci\u00f3n, entonces el elemento casu\u00edstico es sin duda especulativo, la discusi\u00f3n sistem\u00e1tica de los asuntos pertenece a la teolog\u00eda moral; la casu\u00edstica entonces s\u00f3lo sirve para ilustrar las explicaciones te\u00f3ricas.  Pero si hay una cuesti\u00f3n de un manual destinado a las necesidades pr\u00e1cticas de un pastor o un confesor y para su educaci\u00f3n entonces la porci\u00f3n cient\u00edfica y s\u00f3lida de cuestiones morales-teol\u00f3gicas generales deben ser suplementadas por una casu\u00edstica extensiva.  De ning\u00fan modo, cuando faltan tiempo y ocio para a\u00f1adir amplias explicaciones te\u00f3ricas a un patr\u00f3n casu\u00edstico extensivo, no debemos criticar al que bajo estas circunstancias insiste en el \u00faltimo a expensas del primero, es el m\u00e1s necesario en la pr\u00e1ctica real.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  SLATER, Breve Historia de la Teolog\u00eda Moral (Nueva York. 1909); BOUQUILLON, Theologia moralis fundamentalis, (3ra ed., Bruges, 1903), Introductio; BUCCERONI, Commentar. de natura theologioe moralis (Roma, 1910); SCHMITT, Zur Gesch. des Probabilismus (1904); MAUSBACH, Die kathol. Moral, ihre Methoden, Grunds\u00e4tze und Aufgaben (2nd ed. 1902); MEYENBERG, Die kath. Moral als Angeklagte (2nd ed. 1902); KRAWUTZKI, Einleitung in das Studium der kath. Moraltheologie (2nd. ed. 1898); GERIGK, Die wissenschaftliche Moral und ihre Lehrweisc (1910).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:  Lehmkuhl, Augustinus. \u00abMoral Theology.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 14. New York: Robert Appleton Company, 1912.<br \/>\n<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/14601a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(v. moral) (ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n, BAC, Madrid, 1998) Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n Teolog\u00eda moral es una rama de la teolog\u00eda, la ciencia de Dios y las cosas divinas. La distinci\u00f3n entre teolog\u00eda natural y sobrenatural se apoya en una base s\u00f3lida. La teolog\u00eda natural es la ciencia de Dios mismo, en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/teologia-moral\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTEOLOGIA MORAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15445","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15445","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15445"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15445\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15445"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15445"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15445"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}