{"id":15454,"date":"2016-02-05T10:04:37","date_gmt":"2016-02-05T15:04:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/triduo-pascual\/"},"modified":"2016-02-05T10:04:37","modified_gmt":"2016-02-05T15:04:37","slug":"triduo-pascual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/triduo-pascual\/","title":{"rendered":"TRIDUO PASCUAL"},"content":{"rendered":"<p>(v. Misterio pascual, Pascua)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. La fiesta de pascua en los or\u00ed\u00adgenes cristianos &#8211; II. El triduo pascual y su significaci\u00f3n &#8211; III. Celebraci\u00f3n lit\u00fargica del santo triduo &#8211; IV. Viernes santo, primer d\u00ed\u00ada del triduo &#8211; V. S\u00e1bado santo, segundo d\u00ed\u00ada del triduo &#8211; VI. Domingo de resurrecci\u00f3n, tercer d\u00ed\u00ada del triduo.<\/p>\n<p>I. La fiesta de pascua en los or\u00ed\u00adgenes cristianos<br \/>\nLa pascua inaugura el a\u00f1o lit\u00fargico de Israel. La Sagrada Escritura la llama hag ha-pesah, \u00abfiesta de la pascua\u00bb (Exo 34:25); pero a menudo es mencionada por el sobrenombre de hag ha-massot, \u00abfiesta de los \u00e1cimos\u00bb, con la que se la asocia frecuentemente, e incluso confunde. Su origen es anterior a la instalaci\u00f3n de los israelitas en Cana\u00e1n. Los diez cap\u00ed\u00adtulos que le dedica la Misn\u00e1 (versi\u00f3n de la antigua tradici\u00f3n oral jud\u00ed\u00ada) en el tratado de las fiestas vienen a continuaci\u00f3n de la fiesta del s\u00e1bado. El nombre se refiere ya sea a la comida pascual o bien a la misma fiesta. Se puede afirmar con seguridad que en tiempos de Jes\u00fas era considerada como la fiesta m\u00e1s importante del a\u00f1o.<\/p>\n<p>Aparte de una investigaci\u00f3n que resulta compleja en muchos puntos, el aspecto pascual de la cena de Jes\u00fas, seg\u00fan los sin\u00f3pticos y 1 Cor, no ofrece dificultad. Ah\u00ed\u00ad nace la pascua de los cristianos. El marco pascual de la cena y los ritos lit\u00fargicos transformados en nuevos dan paso a la nueva pascua.<\/p>\n<p>Hacia el a\u00f1o 57 d.C., Pablo, escribiendo a los corintios, precisaba con exactitud el objeto de nuestra pascua: \u00abCristo, nuestra pascua, ha sido inmolado\u00bb (1Co 5:7). En el lenguaje del cuarto evangelio, Cristo es el cordero pascual que quita el pecado del mundo (Jua 1:29) y, como a tal, no se le rompe ning\u00fan hueso (Jua 19:33.36). Las tres pascuas escalonadas en el ministerio p\u00fablico de Jes\u00fas (Jua 2:13; Jua 6:4; 11; 55), al insistir que se trata de la pascua jud\u00ed\u00ada, \u00bfno muestran acaso la intenci\u00f3n de aquel que con su muerte va a sustituir la pascua jud\u00ed\u00ada? Es normal que el anuncio pascual sea el centro de la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica (Luc 24:26, etc.), y sobre todo los discursos kerygm\u00e1ticos de Pedro y Pablo. Muy pronto el memorial de la muerte de Cristo ocupar\u00e1, sobrepas\u00e1ndolo, el memorial del Exodo (1Co 11:25ss). En el interior del NT, la progresiva \u00abpascualizaci\u00f3n\u00bb de Jes\u00fas ser\u00e1 completa en el momento de captarse la novedad absoluta de la inmolaci\u00f3n pascual unida a la resurrecci\u00f3n. La vida de la comunidad, nacida justamente de la pascua de Jes\u00fas, transcurre precisamente anunciando y celebrando el paso de Jes\u00fas de este mundo-al Padre por amor a los hombres (Jua 13:1).<\/p>\n<p>Una cuesti\u00f3n muy viva en la iglesia primitiva, acerca del d\u00ed\u00ada que deb\u00ed\u00ada celebrarse la pascua, nos proporciona unos primeros datos sobre su arraigo en la comunidad. Una parte de la iglesia del Asia Menor, ampar\u00e1ndose en el ap\u00f3stol Juan, siguiendo al juda\u00ed\u00adsmo oficial, mantiene el 14 de nis\u00e1n. Otra corriente, podr\u00ed\u00adamos llamar universal, defiende la del domingo despu\u00e9s de este d\u00ed\u00ada. Esta coincid\u00ed\u00ada, en interpretar la expresi\u00f3n de Lev 23:15 de celebrarla a partir del d\u00ed\u00ada siguiente al s\u00e1bado, con otros calendarios, como el que segu\u00ed\u00adan el grupo disidente samaritano y el es\u00e9nico de Qumr\u00e1n.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n nos es conocida por el testimonio de Eusebio de Cesarea. El obispo Pol\u00ed\u00adcrates, de Efeso, como cabeza de los obispos de Asia, se dirige al obispo V\u00ed\u00adctor (195 d.C.), cabeza de la iglesia de Roma. La controversia se centra acerca del d\u00ed\u00ada de la celebraci\u00f3n de la pascua, esto es, el d\u00ed\u00ada que hay que poner fin al ayuno. V\u00ed\u00adctor, convencido de que en su favor obra la tradici\u00f3n apost\u00f3lica de la celebraci\u00f3n del domingo, quiere separar de la uni\u00f3n com\u00fan las iglesias del Asia. Por la carta de Ireneo -partidario tambi\u00e9n del domingo-a V\u00ed\u00adctor, en nombre de los hermanos de la Galia, sabemos que la misma cuesti\u00f3n se hab\u00ed\u00ada planteado anteriormente entre Policarpo de Esmirna y Aniceto de Roma, que no obstante vivieron en paz. Antes, Eusebio nos advierte de los s\u00ed\u00adnodos habidos, donde los obispos eran un\u00e1nimes en que el misterio de la resurrecci\u00f3n no deb\u00ed\u00ada celebrarse otro d\u00ed\u00ada que el domingo.<\/p>\n<p>Al margen de qui\u00e9n tiene raz\u00f3n &#8211;posiblemente las dos partes si se matiza un poco-, nos interesa aqu\u00ed\u00ad el testimonio tan primitivo de la fiesta, que adem\u00e1s avala su posici\u00f3n en la tradici\u00f3n apost\u00f3lica. De todas formas, ya mucho antes del concilio de Nicea (325) todas las iglesias celebraban la pascua el domingo.<\/p>\n<p>En el siglo II es f\u00e1cil ampliar el testimonio de la celebraci\u00f3n pascual. Basta citar dos nombres. La Ep\u00ed\u00adstola Apostolorum y la homil\u00ed\u00ada pascual del obispo Melit\u00f3n de Sardes. Ambas siguen la pr\u00e1ctica cuartodecimana. En la primera, escrita alrededor del a\u00f1o 150, se contempla la celebraci\u00f3n pascual como una memoria de la muerte gloriosa celebrada en una vigilia nocturna.<\/p>\n<p>La homil\u00ed\u00ada de Melit\u00f3n (166-180) es un comentario a la pascua del \u00e9xodo en comparaci\u00f3n con la cristiana. La primera salva a Israel por la sangre del cordero, la segunda salva a los hombres por la plegaria y muerte de Cristo. La vigilia, el ayuno, la fiesta y la eucarist\u00ed\u00ada pascual son una p\u00e1gina excelente de la literatura del siglo III, ofrecida por la Didascalia Apostolorum.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n alejandrina, sir\u00ed\u00adaca, griega o latina llena por doquier los primeros siglos, de tal manera que lo mejor es ciertamente recurrir a sus p\u00e1ginas admirables a fin de poder captar los m\u00faltiples matices de la pascua.<\/p>\n<p>Respecto al contenido teol\u00f3gico de la fiesta, si bien es verdad que hasta el s. III la tradici\u00f3n m\u00e1s bien unitaria es la asi\u00e1tica, no lo es menos que en el plano hist\u00f3rico lit\u00fargico se concreta en una doble pr\u00e1ctica. La fiesta aniversario de la pasi\u00f3n, as\u00ed\u00ad como la de la resurrecci\u00f3n, comportaba una acentuaci\u00f3n diversa de uno de los dos extremos del \u00fanico misterio pascual.<\/p>\n<p>El concilio de Nicea (325) confirm\u00f3 la unidad del d\u00ed\u00ada de la celebraci\u00f3n, de tiempo ya conquistada, acordando que los hermanos de Oriente hicieran como los romanos, alejandrinos y todos los dem\u00e1s, de manera que todos un\u00e1nimemente, en el mismo d\u00ed\u00ada, elevaran su oraci\u00f3n en el d\u00ed\u00ada de la pascua. La decisi\u00f3n del concilio se fue estabilizando pac\u00ed\u00adficamente en toda la iglesia hasta la reforma del calendario por Gregorio XIII (1582), reforma que fue rechazada por el patriarca de Constantinopla en nombre de la fidelidad al concilio de Nicea.<\/p>\n<p>II. El triduo pascual y su significaci\u00f3n<br \/>\nLa pascua de los primitivos cristianos, entremezclada con la experiencia de la comunidad apost\u00f3lica, giraba en torno a una sola celebraci\u00f3n. El criterio m\u00ed\u00adstico de la concentraci\u00f3n dominaba sobre el cronol\u00f3gico de los tres d\u00ed\u00adas, que se impuso m\u00e1s adelante. La pascua era la gran celebraci\u00f3n nocturna de la noche, de tal manera que hasta finales del s. ni era la \u00fanica fiesta anual. Su celebraci\u00f3n concentraba la unidad de la historia de salvaci\u00f3n desde la creaci\u00f3n a la parus\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Pronto esta vigilia pascual fue precedida de uno o m\u00e1s d\u00ed\u00adas de ayuno, los cuales se transformaron progresivamente en el triduo del viernes, s\u00e1bado y domingo, dedicados, respectivamente, a la muerte, sepultura y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or. El paso presupon\u00ed\u00ada ya una aceptaci\u00f3n del domingo despu\u00e9s del 14 de nis\u00e1n como el d\u00ed\u00ada de pascua.<\/p>\n<p>El triduo pascual, vislumbrado ya en Or\u00ed\u00adgenes, nos lo descubre no como una indicaci\u00f3n cronol\u00f3gica, sino de sentido teol\u00f3gico y lit\u00fargico. Comentando Ose 6:2, dice: Prima die nobis passio Salvatoris est et secunda, qua descendit in infernum, tertia autem resurrectionis est dies, a\u00f1adiendo unas l\u00ed\u00adneas m\u00e1s abajo la expresi\u00f3n el misterio del tercer d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Una celebraci\u00f3n de los d\u00ed\u00adas anteriores a la vigilia pascual, consistente en el ayuno, la encontramos en Tertuliano, y supone una costumbre arraigada. Fundamenta la pr\u00e1ctica, como los \u00fanicos d\u00ed\u00adas, solos legitimos ieiunorum, prescritos por el evangelio, para el momento que el esposo ser\u00e1 quitado; estos ayunos empiezan el viernes dicamus et ieiuniis parascevem.<\/p>\n<p>A principios del s. iii el ayuno del triduo, seg\u00fan la Tradici\u00f3n Apost\u00f3lica y un poco despu\u00e9s en la Didascalia de los Ap\u00f3stoles, donde se puede leer parascevem tamen et sabbatum integrum ieiunate, nos resultan m\u00e1s conocidos.<\/p>\n<p>Llegados al s. iv, encontramos una formulaci\u00f3n teol\u00f3gica lit\u00fargica bien precisa del triduo sacro. En san Ambrosio podemos leer: \u00abTriduo en el que ha sufrido, ha reposado y ha resucitado el que pudo decir destruid este templo y en tres d\u00ed\u00adas lo reedificar\u00e9\u00bb. Entre otras escogemos la conocida expresi\u00f3n de Agust\u00ed\u00adn por su tan adecuada formulaci\u00f3n: Sacratissimum triduum crucifixi, sepulti et suscitati .<\/p>\n<p>Sin perjuicio de la unidad total del misterio de pascua, los padres ten\u00ed\u00adan buenas razones para consagrar la idea de triduo sacro. El presentar los aspectos sucesivos de la celebraci\u00f3n era sin duda la mejor manera para una vivencia cristiana mayor. Las razones b\u00ed\u00adblicas no faltaban. Por un lado, la tipolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica de Jon\u00e1s y del templo (Mat 12:40; Jua 2:19); por otro, la unidad de los tres momentos del misterio, seg\u00fan viene expresada en diversos lugares del NT, como es el caso de Corintios: \u00abMuri\u00f3 por todos para que los que viven no vivan ya para s\u00ed\u00ad, sino para aquel que por ellos muri\u00f3 y resucit\u00f3\u00bb (2Co 5:15), o bien \u00abfue entregado por nuestros pecados y resucit\u00f3 para nuestra justificaci\u00f3n\u00bb (Rom 4:25).<\/p>\n<p>La doble tradici\u00f3n acerca del nombre de pascua contribuy\u00f3 tambi\u00e9n a forjar la teolog\u00ed\u00ada del triduo. Al entrar en crisis la primitiva, la asi\u00e1tica (pascha-passio), en el s. iv, va adquiriendo preponderancia la occidental al tener conocimiento de la alejandrina (pascha-transitus). La traducci\u00f3n latina de la Vulgada de Exo 12:11 de la palabra pascua como paso, transitus, est\u00e1 en la base del nuevo acento teol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Al principio del s. iii, al interpretarse pascua por paso, como lo hace por primera vez Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada, se funda en la etimolog\u00ed\u00ada del fil\u00f3sofo jud\u00ed\u00ado Fil\u00f3n de Alejandr\u00ed\u00ada. La nueva palabra paso resulta muy adecuada para significar el principio y el t\u00e9rmino del triduo. Ser\u00e1 el veh\u00ed\u00adculo de una teolog\u00ed\u00ada que permite poner de relieve los aspectos morales, asc\u00e9ticos y doctrinales de la pascua. Los autores cristianos expresan as\u00ed\u00ad la dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica, sacramental y escatol\u00f3gica de la fiesta.<\/p>\n<p>Vemos c\u00f3mo en la primitiva concepci\u00f3n del triduo quedaba excluido el jueves santo. La actual concepci\u00f3n popular, tendente a incluirlo, arranca del tiempo de Amalario (s. 1x), y se basa en una concepci\u00f3n superficial y err\u00f3nea.<\/p>\n<p>III. Celebraci\u00f3n lit\u00fargica del santo triduo<br \/>\nSanto triduo pascual es el t\u00ed\u00adtulo del misal, puesto inmediatamente antes de la misa vespertina de la cena del Se\u00f1or. El ep\u00ed\u00adgrafe sant\u00ed\u00adsimo triduo pascual de la muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, en la oraci\u00f3n de las horas, encabeza los oficios que empiezan por las v\u00ed\u00adsperas del jueves de la cena del Se\u00f1or. En el leccionario, con menor precisi\u00f3n, la misa crismal del jueves va precedida de la expresi\u00f3n triduo pascual. El nuevo Ordo lectionum del a\u00f1o 1981, rectificando, pone la misa crismal en la cuaresma, y la palabra triduo precede a la misa de la cena.<\/p>\n<p>Para las normas universales sobre el a\u00f1o lit\u00fargico, el triduo pascual de la pasi\u00f3n y de la resurreci\u00f3n del Se\u00f1or comienza con la misa vespertina de la cena del Se\u00f1or, tiene su centro en la vigilia pascual y acaba con las v\u00ed\u00adsperas del domingo de resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed\u00ad una s\u00ed\u00adntesis de la normativa actual seg\u00fan los libros lit\u00fargicos promulgados despu\u00e9s del concilio Vat. II. La consagraci\u00f3n de la palabra triduo es patente; los l\u00ed\u00admites, no tanto. Anteriormente, la expresi\u00f3n no se encuentra ni siquiera en la enc\u00ed\u00adclica Mediator Dei (1947). Despu\u00e9s de la cuaresma, sin distinci\u00f3n ni nombre de d\u00ed\u00adas, introduce en el tiempo sagrado en que la liturgia nos propone los atroces dolores de Jesucristo (n. 198). A continuaci\u00f3n habla de la solemnidad pascual, que conmemora el triunfo de Cristo (n. 199).<\/p>\n<p>No obstante la novedad, ni el lenguaje ni mucho menos el contenido es de ahora. Las bases son b\u00ed\u00adblicas y patr\u00ed\u00adsticas. De todas maneras, \u00e9stas en ning\u00fan caso inclu\u00ed\u00adan el jueves santo, ni siquiera parcialmente. Para la iglesia, el triduo pascual de la pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or es el punto culminante de todo el a\u00f1o lit\u00fargico.<\/p>\n<p>El triduo pascual, propiamente, comprende los tres d\u00ed\u00adas de la muerte, sepultura y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or. As\u00ed\u00ad se explica que la liturgia de las Horas del jueves tenga el car\u00e1cter de una feria de cuaresma. En todo caso, las v\u00ed\u00adsperas de los que no participan en la misa vespertina, que ocupa el lugar de las primeras v\u00ed\u00adsperas, y la propia eucarist\u00ed\u00ada, son como la introducci\u00f3n del triduo.<\/p>\n<p>Los historiadores de la liturgia encuentran dificultad para poder avalar con una remota antig\u00fcedad una misa vespertina para el jueves. Es cierto que la Italia del s. vi presenta un antiguo uso de dos misas para este d\u00ed\u00ada, una matutina y otra por la tarde. Si hay que creer a san Agust\u00ed\u00adn, la pr\u00e1ctica vacilante de dos misas ser\u00ed\u00ada debida a la diversidad de costumbres sobre la pr\u00e1ctica del ayuno, que curiosamente se romp\u00ed\u00ada por el ba\u00f1o. Los cristianos que lo realizaban, y decid\u00ed\u00adan as\u00ed\u00ad romper el ayuno cuaresmal por la tarde, pod\u00ed\u00adan comulgar en esta segunda misa, instituida para ellos. Es una explicaci\u00f3n probable.<\/p>\n<p>Es el viejo sacramentario Gelasiano el que nos ha familiarizado con la expresi\u00f3n misa Caenae Dominicae, en el hanc igitur de la misa de reconciliaci\u00f3n, de la cual no hay ninguna alusi\u00f3n en el s. v. Conviene recordar adem\u00e1s, que la referencia es matutina, puesto que se vincula al ayuno: dies ieiunii Caenae Dominicae. Misa que, por otra parte, no tiene liturgia de la palabra, como tampoco la tiene la \u00faltima del grupo item feria V Missa ad vesperum. Peque\u00f1os indicios hist\u00f3ricos, que evidencian el aserto anterior del jueves no incluido en el triduo. La actual concepci\u00f3n popular tendente a incluirlo viene del alegorismo de Amalario (s. ix), y de una concepci\u00f3n que establece un paralelismo err\u00f3neo entre el jueves, viernes y s\u00e1bado.<\/p>\n<p>Los primeros d\u00ed\u00adas del triduo no son preferentemente penitenciales, sino contemplativos del misterio de Cristo y de la espera escatol\u00f3gica de su triunfo. Entre estos signos hay que contar tambi\u00e9n el ayuno del viernes y del s\u00e1bado, expresamente diferenciados del de la cuaresma, para llegar a la alegr\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Ordo de 1955, al establecer la celebraci\u00f3n vespertina del jueves, hab\u00ed\u00ada iniciado el camino de la recuperaci\u00f3n como noche de la cena del Se\u00f1or. La promulgaci\u00f3n del nuevo Ordo en 1970, con las oraciones y lecturas apropiadas, ha consolidado su significado. Una eucarist\u00ed\u00ada todav\u00ed\u00ada con signos de austeridad, que celebrando el Natale Calicis nos prepara para la gran eucarist\u00ed\u00ada del a\u00f1o, la de la noche santa. Sobriedad, que, seg\u00fan el Ordo, hay que mantener incluso para el lugar de la reserva que sigue a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No se olvide que la \u00fanica celebraci\u00f3n lit\u00fargica de estos d\u00ed\u00adas, en los or\u00ed\u00adgenes, era la de la vigilia pascual. Es esta din\u00e1mica propia, que va de la austeridad a la alegr\u00ed\u00ada y de la muerte a la vida, la que lleva impresa el orden y sentido de las celebraciones del triduo, desde este pr\u00f3logo del jueves, bien significado en la lectura prof\u00e9tica de la pascua del Exodo.<\/p>\n<p>IV. Viernes santo, primer d\u00ed\u00ada del triduo<br \/>\nLa ausencia de datos sobre la celebraci\u00f3n lit\u00fargica del viernes santo primitivo inclina a pensar que \u00e9sta no exist\u00ed\u00ada. Del gran ayuno pascual del viernes y s\u00e1bado, testimoniado por la Traditio Apostolica y Didascalia de los Ap\u00f3stoles, entre otros documentos, m\u00e1s bien parece deducirse una pr\u00e1ctica tendente a potenciar la reuni\u00f3n habitual del viernes por el ayuno y la contemplaci\u00f3n. Lo dicho anteriormente no quita que la praxis del viernes est\u00e9 en relaci\u00f3n cercana con los tiempos apost\u00f3licos. Quiz\u00e1 sea \u00e9ste el sentido de la tradici\u00f3n bizantina cuando, intentando crear esta conexi\u00f3n apost\u00f3lica, afirma: \u00abEsta costumbre de no comer nada el gran viernes nos ha sido transmitida por las disposiciones de los santos ap\u00f3stoles\u00bb. Vienen muy a prop\u00f3sito las palabras del canon 8 del IV concilio de Toledo, expresi\u00f3n de la praxis lit\u00fargica hisp\u00e1nica anterior, y un poco de la iglesia en general, reprobando a aquellas personas que rompen abusivamente el ayuno despu\u00e9s de la hora de nona en este d\u00ed\u00ada de la dominicae passionis, quebrantando as\u00ed\u00ad la norma de la iglesia universal.<\/p>\n<p>Es probable que esta reuni\u00f3n del viernes se llenara poco a poco de contenido celebrativo. Es com\u00fanmente admitido que el servicio de lecturas, cantos y oraciones de este viernes, de tanta sobriedad en la liturgia romana, refleja las reuniones alit\u00fargicas de los primeros siglos, seg\u00fan eran observadas en Africa y Roma. El viejo comes de W\u00fczburgo permite deducir, con cierta probabilidad, que las lecturas del viernes anteriores a la reforma del concilio Vat. II estar\u00ed\u00adan ya en uso en el s. vi. En cuanto a la lectura del cuarto evangelio, Egeria nos dice que esto ocurr\u00ed\u00ada ya en Jerusal\u00e9n all\u00e1 por el a\u00f1o 384.<\/p>\n<p>El esquema primitivo ser\u00ed\u00ada el fondo arcaico que ha persistido en la celebraci\u00f3n hist\u00f3rica del viernes santos: dos lecturas del AT, seguidas del tracto y, a continuaci\u00f3n, el evangelio. Al final, unas oraciones solemnes por todas las necesidades de la iglesia y de los hombres.<\/p>\n<p>La liturgia de la palabra, seg\u00fan el Ordo Romanus XXIII -testigo de la liturgia romana por lo menos del s. viii&#8211; tiene lugar hacia el final de la adoraci\u00f3n de la cruz. La liturgia de la palabra era, y es, la parte m\u00e1s importante de la celebraci\u00f3n. Seg\u00fan el Ordo Romanus XXIV, en un tiempo existieron separadas ambas pr\u00e1cticas, reservando la adoraci\u00f3n de la cruz para las primeras horas de la tarde. El viejo sacramentario Gelasiano describe seguramente la celebraci\u00f3n m\u00e1s popular, presidida por un presb\u00ed\u00adtero, y anterior en alg\u00fan punto a la papal. Comienza con un silencio, seguido de dos oraciones y de las tres lecturas, y vienen despu\u00e9s las oraciones solemnes. A continuaci\u00f3n siguen la adoraci\u00f3n de la cruz y el rito reciente de la comuni\u00f3n de la reserva eucar\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>La movilidad de la adoraci\u00f3n de la cruz no le quita el segundo lugar en importancia a la celebraci\u00f3n del viernes. Su origen jerosolimitano es descrito por el relato de viaje de Egeria. En Roma alcanz\u00f3 gran desarrollo en la procesi\u00f3n que part\u00ed\u00ada de la bas\u00ed\u00adlica constantiniana de la Santa Cruz y terminaba en la del Laterano. Como se ha dicho m\u00e1s arriba, a continuaci\u00f3n segu\u00ed\u00ada la liturgia de la palabra. Por el Ordo Romanus XXIII, que nos la describe, sabemos tambi\u00e9n que ni el papa ni los di\u00e1conos comulgaban. El rito de presantificados, desarrollado en los t\u00ed\u00adtulos, la liturgia papal lo ignoraba todav\u00ed\u00ada en el s. xl. El p\u00f3ntifical de curia del s. xiii declara que s\u00f3lo comulga el pont\u00ed\u00adfice. Ampliado al obispo y sacerdote que preside, \u00e9ste fue el uso en vigor hasta el a\u00f1o 1055.<\/p>\n<p>La celebraci\u00f3n actual. La liturgia de la palabra con su conclusi\u00f3n, las oraciones solemnes, contin\u00faa siendo el centro de la celebraci\u00f3n. El silencio impresionante con que empieza -el nihil canentes del antiguo sacramentario- es expresi\u00f3n de la sobriedad de siempre, propia de este d\u00ed\u00ada. La reforma actual, al cambiar las dos primeras lecturas tradicionales, se ha inclinado por una acentuaci\u00f3n de lo que podr\u00ed\u00adamos llamar el anuncio de la pasi\u00f3n. Un an\u00e1lisis atento del cuarto c\u00e1ntico del siervo de Yav\u00e9 descubre una profec\u00ed\u00ada del misterio de pascua. El salmo 30, como responsorial, contin\u00faa la meditaci\u00f3n de la voluntad interior de oblaci\u00f3n del que puede decir: \u00abPadre, a tus manos encomiendo mi esp\u00ed\u00adritu\u00bb. El fragmento de la carta a los Hebreos de la segunda lectura es una s\u00ed\u00adntesis de la teolog\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n pascual en Jesucristo, por. su gran obediencia.<\/p>\n<p>Esta celebraci\u00f3n de la palabra encuentra su cima en el evangelio de la pasi\u00f3n seg\u00fan san Juan, reservado desde siempre para este momento. En \u00e9l, como el de la gran hora de Jes\u00fas entregado a los suyos por amor, se hacen m\u00e1s visibles que en ninguna otra narraci\u00f3n sus caracter\u00ed\u00adsticas pascuales, sacramentales y de la sublime realeza y divinidad de quien va a una muerte abierta a la glorificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las oraciones con que concluye la liturgia de la palabra no son unas oraciones, sino las oraciones solemnes, seg\u00fan el sacramentario gregoriano. Son probablemente un sustrato anterior al s. v, y ya universalizado en \u00e9ste. Es la plegaria del pueblo sacerdotal, asociado activamente a la salvaci\u00f3n universal del viernes.<\/p>\n<p>La adoraci\u00f3n de la cruz no como objeto sino como signo es un acto de fe y una proclamaci\u00f3n de la victoria pascual de Jes\u00fas. Los cantos que la acompa\u00f1an subrayan este car\u00e1cter triunfal. El que mejor la sintetiza es el magn\u00ed\u00adfico Crucem tuam, procedente del oficio bizantino de la ma\u00f1ana de pascua.<\/p>\n<p>La conveniencia de unirse en comuni\u00f3n con el pont\u00ed\u00adfice que se entrega para liberar a su pueblo ha prevalecido en la liturgia actual sobre el inconveniente de la doble comuni\u00f3n del triduo en la controvertida cuesti\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>V. S\u00e1bado santo, segundo d\u00ed\u00ada del triduo<br \/>\nSin el menor intento de materializar las cosas en detrimento de su simbolismo y sentido m\u00e1s profundo, excluido igualmente un pobre historicismo, afirmamos, no obstante, como caracter\u00ed\u00adstico, que el s\u00e1bado es el segundo d\u00ed\u00ada del sagrado triduo. El significado del d\u00ed\u00ada est\u00e1 puesto de relieve por la presentaci\u00f3n que el misal hace del mismo. La iglesia, dice, durante el s\u00e1bado santo permanece junto al sepulcro del Se\u00f1or meditando su pasi\u00f3n. El gran s\u00e1bado de la liturgia bizantina est\u00e1 envuelto en los mismos sentimientos.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s probable es que el ayuno fuera la \u00fanica forma de celebraci\u00f3n primitiva. Por lo menos la tradici\u00f3n ha visto siempre este s\u00e1bado como un d\u00ed\u00ada alit\u00fargico, es decir, en el que la iglesia se abstiene de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. Por ello el altar queda desnudo. La tendencia cuartodecimana, m\u00e1s judaizante, cediendo pronto a favor de la celebraci\u00f3n en domingo, contribuy\u00f3 a allanar las cosas y facilit\u00f3 el sentido y comprensi\u00f3n del segundo d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>El sacramentario gelasiano, testigo de una tradici\u00f3n anterior, nos permite saber c\u00f3mo Roma dedicaba la ma\u00f1ana de este s\u00e1bado a la \u00faltima preparaci\u00f3n bautismal. En efecto, era el momento del s\u00e9ptimo escrutinio, que no comportaba la celebraci\u00f3n de la misa. Durante el mismo ten\u00ed\u00ada lugar el rito del Effat\u00e1 y la antigua recitaci\u00f3n del s\u00ed\u00admbolo por parte del catec\u00fameno (redditio), transformada m\u00e1s adelante, al desaparecer el bautismo de adultos, en la recitaci\u00f3n por parte del sacerdote. El ritual del bautismo actual prev\u00e9 la posibilidad de los ritos prebautismales para esta ma\u00f1ana, en el supuesto del bautismo por la noche pascual.<\/p>\n<p>La sobriedad celebrativa de la ma\u00f1ana del s\u00e1bado no se vio alterada ni por el absorbente alegorismo de un Amalario (s. ix), que, partiendo de la ausencia de misa, nos dice que el oficio de esta ma\u00f1ana es como una ilustraci\u00f3n de la futura noche\u00bb<br \/>\nEl s\u00e1bado, como d\u00ed\u00ada de oraci\u00f3n y reposo, encuentra en la oraci\u00f3n de las horas su \u00fanica celebraci\u00f3n. Tiene un marcado acento de una celebraci\u00f3n p\u00fablica del oficio de lecturas con asistencia del pueblo &#8216;En este oficio de lecturas, de acuerdo con el gran silencio y reposo del Se\u00f1or -seg\u00fan la antigua homil\u00ed\u00ada que en \u00e9l se lee-, pregustamos la salvaci\u00f3n universal anunciada a los justos del AT: \u00abDios hecho hombre se ha dormido y ha despertado a los que dorm\u00ed\u00adan desde hace siglos&#8230;, ha puesto en movimiento a la regi\u00f3n de los muertos\u00bb, en el misterioso encuentro con los que se hallaban en dicha prisi\u00f3n (1Pe 3:19). En el oficio la iglesia conf\u00ed\u00ada participar del reposo y triunfo del Se\u00f1or. En las v\u00ed\u00adsperas, celebradas pocas horas antes de la vigilia pascual, domina esta esperanza ante la inminencia de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>La mala interpretaci\u00f3n del s\u00e1bado santo llev\u00f3 progresivamente a anticipar la celebraci\u00f3n vigiliar a la ma\u00f1ana. Para el Ordo Romanus XXIII, el momento de empezar es ya hora quasi VII, y para el sacramentario Gelasiano, VIII hora diei mediante, es decir, que en los ss. vnvm exist\u00ed\u00adan en Roma dos tradiciones que empezaban la celebraci\u00f3n de la vigilia a la una y a las dos y media, respectivamente. A partir del s. xtv la celebraci\u00f3n pasa a las primeras horas de la ma\u00f1ana. La oscuridad de estos largos \u00faltimos siglos fue redimida restituyendo la vigilia a su significado originario en la primera restauraci\u00f3n del papa P\u00ed\u00ado XII, el a\u00f1o 1951.<\/p>\n<p>VI. Domingo de resurrecci\u00f3n, tercer d\u00ed\u00ada del triduo<br \/>\nEl domingo de resurrecci\u00f3n fundamentalmente es una vigilia,_la vigilia pascual. La pascua del Exodo era ya noche de vigilias en honor de Yav\u00e9 (Exo 12:42). El ap\u00f3crifo Ep\u00ed\u00adstola Apostolorum (s. II) subraya este aspecto, que probablemente se remonta a los tiempos apost\u00f3licos. La tradici\u00f3n de la iglesia queda muy bien expresada en las conocidas palabras de san Agust\u00ed\u00adn. El razonamiento del santo obispo es l\u00f3gico. Si san Pablo nos invita a imitarle en sus vigilias continuas, con cu\u00e1nta m\u00e1s raz\u00f3n no deber\u00e1 hacerse esta noche, que es la madre de todas las santas vigilias en la que todo el mundo vela. En otra homil\u00ed\u00ada de la vigilia afirma que la repetici\u00f3n anual de la pascua, en la luminosa solemnidad de esta noche, renovando la memoria de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, en cierto modo la realizamos<br \/>\nEs esta tradici\u00f3n la que recoge el misal actual al advertir que se trata de una celebraci\u00f3n nocturna, y que por lo tanto no ha de empezar antes del inicio de la noche y ha de terminar antes del amanecer; as\u00ed\u00ad se da cumplimiento al mandato del Se\u00f1or de tener encendidas las l\u00e1mparas (Luc 12:35ss).<\/p>\n<p>La noche santa rompe el ayuno, y es la inauguraci\u00f3n de la gran fiesta de alegr\u00ed\u00ada cincuentenaria. Es el tercer d\u00ed\u00ada del triduo, como el paso del duelo a la fiesta, de la muerte a la vida, juntamente con el Se\u00f1or. De todos los tiempos, es la noche de la celebraci\u00f3n sacramental de la pascua por la palabra, el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada. La originalidad de la pascua es el hecho de ser la eucarist\u00ed\u00ada que alcanza su m\u00e1xima expresividad por encima de las restantes celebraciones del a\u00f1o. El esquema habitual que constituye toda celebraci\u00f3n se da en un grado mayor. La liturgia de la palabra es mucho m\u00e1s larga que la habitual; y la liturgia sacramental no s\u00f3lo celebra la eucarist\u00ed\u00ada, sino tambi\u00e9n el bautismo.<\/p>\n<p>Previo al elemento m\u00e1s primitivo, consistente en la liturgia de la palabra, el paso del tiempo a\u00f1adi\u00f3 oportunamente una apertura que se realiza por el rito del fuego nuevo y de la proclamaci\u00f3n de la pascua.<\/p>\n<p>El antiqu\u00ed\u00adsimo rito del lucernario, utilitario y simb\u00f3lico, de Jerusal\u00e9n y del Oriente, dar\u00e1 lugar al del alumbramiento del cirio pascual. La liturgia papal del s. viii no conoc\u00ed\u00ada todav\u00ed\u00ada este rito. S\u00f3lo en el s. xii entrar\u00e1 en ella la bendici\u00f3n del mismo y la procesi\u00f3n. Las ceremonias del sacramentario Gelasiano, no obstante, nos permiten saber que en el s. vii ya exist\u00ed\u00ada la ceremonia del cirio y su bendici\u00f3n, efectuada en la celebraci\u00f3n de los presb\u00ed\u00adteros romanos de los arrabales de Roma.<\/p>\n<p>La alegr\u00ed\u00ada y acci\u00f3n de gracias pascual del Africa de Agust\u00ed\u00adn o de la Italia del norte, pasando por la exuberancia hispano-visig\u00f3tica y galicana, cre\u00f3 las maravillosas loas del cirio con el bell\u00ed\u00adsimo Exultet de la temprana edad media. Esta bendici\u00f3n, hecha por un di\u00e1cono, estaba en uso en Italia ya en el s. v.<\/p>\n<p>La complicada historia de las lecturas b\u00ed\u00adblicas de la vigilia pascual no quita su importancia central en la liturgia, sino al contrario. Haci\u00e9ndose eco de esta tradici\u00f3n, la liturgia actual no teme afirmar que ellas constituyen el elemento fundamental de la vigilia. Las fuentes en las que se inspiran para Roma los sacramentarios Gelasiano y Gregoriano nos acercan al per\u00ed\u00adodo del dominio bizantino (550-750), que establec\u00ed\u00ada el biling\u00fcismo. En todo caso es un hecho general en la liturgia de pascua. Incluso asom\u00e1ndonos a la liturgia comparada, descubrimos probablemente un n\u00facleo universal de organizaci\u00f3n. Buena muestra de ello es el hecho que los tres primeros actuales, comparados con las tradiciones occidental y oriental, se encuentran en ocho tradiciones distintas. La tradici\u00f3n bizantina y, particularmente, la de Jerusal\u00e9n son las m\u00e1s pr\u00f3ximas al sistema occidental. La liturgia de la palabra es el memorial agradecido por la salvaci\u00f3n, recordada por unas referencias hist\u00f3ricas-base, que culminan en el Cristo de la pascua. Las tres \u00faltimas lecturas est\u00e1n m\u00e1s directamente orientadas hacia la celebraci\u00f3n inmediata del bautismo. A la lectura del NT (Rom 6:3-11), igualmente bautismal, sigue el relato evang\u00e9lico de la resurrecci\u00f3n. Las oraciones del final de las lecturas contin\u00faan su vieja funci\u00f3n, heredada de los sacramentari\u00f3s, de actualizar la salvaci\u00f3n en Cristo, anunciada en la lectura, al tiempo que los responsorios b\u00ed\u00adblicos invitan a la contemplaci\u00f3n agradecida de la misma.<\/p>\n<p>La organizaci\u00f3n bautismal en la noche de pascua en el Gelasianum vetus y en el Gregoriano, recoge una tradici\u00f3n que le es anterior. Ya Tertuliano nota que el tiempo m\u00e1s apto para el bautismo es el domingo de pascua o los d\u00ed\u00adas de la cincuentena que son su continuaci\u00f3n. Ciertamente, el s. lv es la gran \u00e9poca de la noche pascual como gran noche del bautismo. La noche del a\u00f1o 387 fue la del bautismo de Agust\u00ed\u00adn por el obispo de Mil\u00e1n, san Ambrosio. Es el tiempo que nos ha legado las grandes catequesis, preparatorias y mistag\u00f3gicas, de Ambrosio de Mil\u00e1n, Cirilo de Jerusal\u00e9n, Teodoro de Mopsuestia, Agust\u00ed\u00adn, Juan Cris\u00f3stomo&#8230;<\/p>\n<p>En este contexto pascual nacen los formularios y ritos bautismales, con procesi\u00f3n al baptisterio, bendici\u00f3n del agua -un texto de los m\u00e1s c\u00e9lebres de la liturgia romana- la triple profesi\u00f3n de fe, con la triple inmersi\u00f3n, la unci\u00f3n y la crismaci\u00f3n, que confirmar\u00e1 al hasta poco antes catec\u00fameno, hecho ya ne\u00f3fito.<\/p>\n<p>Hoy contin\u00faa siendo la noche por excelencia del bautismo por la entra\u00f1able vinculaci\u00f3n del sacramento con el misterio de la muerte y resurrecci\u00f3n, de acuerdo con la teolog\u00ed\u00ada paulina.<\/p>\n<p>La gran vigilia llega a la cima con la eucarist\u00ed\u00ada nocturna, que inicia el domingo de resurrecci\u00f3n. Es la eucarist\u00ed\u00ada por antonomasia, en que el ne\u00f3fito y todo cristiano ha sido adentrado en la comuni\u00f3n con Cristo, nuestra pascua, en la espera de la venida gloriosa del Se\u00f1or. La eucarist\u00ed\u00ada pascual, culminaci\u00f3n del memorial de la muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or hasta que venga. El paso de la austeridad a la alegr\u00ed\u00ada es la iniciaci\u00f3n de la fiesta para siempre, simbolizada en pentecost\u00e9s (= cincuenta d\u00ed\u00adas).<\/p>\n<p>La vigilia dominical termina antes de amanecer. En un principio era la \u00fanica celebraci\u00f3n del domingo. Para encontrar una segunda misa de pascua en la liturgia romana habr\u00e1 que aguardar siglos; seguramente hasta despu\u00e9s del papa san Le\u00f3n (+ 461). Fuera de Roma, hay testimonios anteriores, como es el caso de Africa, en tiempos de san Agust\u00ed\u00adn, entre otros.<\/p>\n<p>Las II v\u00ed\u00adsperas del domingo son el final del tercer d\u00ed\u00ada del triduo. Para la liturgia romana de los sacramentarios era la ocasi\u00f3n para una nueva convocaci\u00f3n de los nuevos bautizados junto con el pueblo en la bas\u00ed\u00adlica lateranense. La descripci\u00f3n detallada la ofrece el Ordo Romanus XXVII. Aunque representa la noticia escrita m\u00e1s antigua de su ordenaci\u00f3n, el rito le es muy anterior. Estas v\u00ed\u00adsperas, as\u00ed\u00ad como todo el oficio actual propio del d\u00ed\u00ada, como corresponde, en efecto, al I domingo de pascua que empieza la cincuentena, respiran esta ambientaci\u00f3n propia de \u00abla m\u00e1xima solemnidad de la pascua\u00bb.<br \/>\nJoan Bellavista<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:  Bernal J.M., Iniciaci\u00f3n al a\u00f1o lit\u00fargico, Madrid 1984; Cantalamessa R., La Pasqua della nostra salvezza, Tur\u00ed\u00adn 1971; Capelle B., Probl\u00e9mes de pastorale liturgique. Le vendredi saint, en Questions liturgiques el paroissiales 34, 1953, 251-274; Durwell F.X., La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, misterio de salvaci\u00f3n, Barcelona 1962; Jounel P., Le Triduum pascal, en L&#8217;Eglise en Pri\u00e9re IV, La liturgie et le temps, Tournai 1983, 46-68; L\u00e9on-Dufour, La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y misterio pascual, Salamanca 19783; VV.AA., La liturgie du Myst\u00e9re Pascal, en La Maison Dieu 67 (1961).<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(v. Misterio pascual, Pascua) (ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n, BAC, Madrid, 1998) Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n SUMARIO: I. La fiesta de pascua en los or\u00ed\u00adgenes cristianos &#8211; II. El triduo pascual y su significaci\u00f3n &#8211; III. Celebraci\u00f3n lit\u00fargica del santo triduo &#8211; IV. Viernes santo, primer d\u00ed\u00ada del triduo &#8211; V. S\u00e1bado santo, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/triduo-pascual\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTRIDUO PASCUAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15454","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15454","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15454"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15454\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15454"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15454"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15454"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}