{"id":15461,"date":"2016-02-05T10:04:50","date_gmt":"2016-02-05T15:04:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vaticano-ii\/"},"modified":"2016-02-05T10:04:50","modified_gmt":"2016-02-05T15:04:50","slug":"vaticano-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vaticano-ii\/","title":{"rendered":"VATICANO II"},"content":{"rendered":"<p>Objetivo del concilio Vatiano II<\/p>\n<p>\tJuan XXIII anunci\u00f3 el concilio Vaticano II el 25 de enero de 1959 (conversi\u00f3n de San Pablo) y lo convoc\u00f3 en 1961 (Const. Apost. \u00abHumanae salutis\u00bb), para dar comienzo el 11 de octubre de 1962. Pablo VI sucedi\u00f3 al Papa Juan XXIII en 1963. El concilio se desarroll\u00f3 en diez sesiones, distribuidas en cuatro etapas anuales, hasta 8 de diciembre de 1965 en que se promulgaron todos los documentos. Asistieron 2.540 obispos de todos los continentes. Adem\u00e1s de los te\u00f3logos o peritos, auditores y auditoras, estuvieron presentes tambi\u00e9n representantes de las otras comunidades cristianas (de la reforma y de la ortodoxia).<\/p>\n<p>\tEl objetivo a que se apuntaba era la renovaci\u00f3n espiritual y pastoral de la Iglesia para responder a las exigencias actuales de unidad entre los cristianos, de di\u00e1logo con el mundo y de evangelizaci\u00f3n universal. As\u00ed\u00ad lo afirm\u00f3 el mismo concilio en el inicio de la primera constituci\u00f3n aprobada \u00abEste sacrosanto Concilio se propone acrecentar d\u00ed\u00ada en d\u00ed\u00ada entre los fieles la vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que est\u00e1n sujetas a cambio, promover todo aquello que pueda contribuir a la uni\u00f3n de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia\u00bb (SC 1).<\/p>\n<p>\tContenidos de los documentos<\/p>\n<p>\tLos cuatro documentos principales (las cuatro \u00abConstituciones\u00bb) ofrecen la pauta para este objetivo. Se intentaba que la Iglesia fuera transparencia e instrumento de Cristo (\u00abLumen Gentium\u00bb), como servidora de la Palabra de Dios (\u00abDei Verbum\u00bb), portadora del Misterio pascual (\u00abSacrosantum Concilium\u00bb), solidaria con el mundo (\u00abGaudium et Spes\u00bb). La l\u00ed\u00adnea de fuerza es la de \u00abIglesia sacramento\u00bb, es decir, signo transparente y portador del misterio de Cristo para todos los pueblos. Nueve decretos apuntan a sectores m\u00e1s concretos medios de comunicaci\u00f3n social, Iglesias orientales cat\u00f3licas, unidad o ecumenismo, obispos, religiosos, formaci\u00f3n sacerdotal, laicos, misi\u00f3n \u00abad gentes\u00bb, presb\u00ed\u00adteros. Se publicaron tambi\u00e9n tres declaraciones sobre la educaci\u00f3n, las religiones no cristianas y la libertad religiosa. En el mensaje final se dirige a todos los sectores de la sociedad.<\/p>\n<p>\tEn el inicio de la Constituci\u00f3n \u00abLumen Gentium\u00bb, se da esta explicaci\u00f3n program\u00e1tica sobre la Iglesia \u00absacramento\u00bb \u00abY como la Iglesia es en Cristo como un sacramento o se\u00f1al e instrumento de la \u00ed\u00adntima uni\u00f3n con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano, insistiendo en el ejemplo de los Concilios anterio\u00c2\u00acres, se propone declarar con toda precisi\u00f3n a sus fieles y a todo el mundo su naturaleza y su misi\u00f3n universal\u00bb (LG 1).<\/p>\n<p>\tAs\u00ed\u00ad se se\u00f1ala de nuevo el objetivo renovador y evangelizador del concilio \u00abPor ser Cristo luz de las gentes, este sagrado Concilio, reunido bajo la inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, desea vehemente\u00c2\u00acmente iluminar a todos los hombres con su claridad, que resplan\u00c2\u00acdece sobre el haz de la Iglesia, anunciando el Evangelio a toda criatura (cfr. Mc 16,15)\u00bb. La Iglesia podr\u00e1 presentarse como \u00absigno levantado ante las naciones\u00bb (SC 2), \u00abque manifiesta y, al mismo tiempo, realiza el misterio del amor de Dios al hombre\u00bb (GS 45), que \u00abtrabaja para rejuvenecer su rostro\u00bb para que aparezca en ella \u00abel rostro de Cristo\u00bb (Mensaje final).<\/p>\n<p>\tTodos los documentos del concilio se pueden engarzar en la \u00abLumen Gentium\u00bb. Si la Iglesia es \u00absacramento\u00bb, es decir, signo transparente y portador de salvaci\u00f3n en Cristo (cap. I), lo es en calidad de \u00abPueblo de Dios\u00bb como signo levantado ante todos los pueblos (cap. II). Todos los miembros del Pueblo de Dios, seg\u00fan su propia vocaci\u00f3n y servicio (jerarqu\u00ed\u00ada, laicado, vida consagrada) (cap. III, IV, VI) est\u00e1n llamados a renovarse por la santidad (cap. V) y a asumir su condici\u00f3n de Iglesia \u00abperegrina\u00bb que es \u00absacramento universal de salvaci\u00f3n\u00bb (cap. VII). Mar\u00ed\u00ada es figura (\u00abTipo\u00bb, modelo, personificaci\u00f3n) de esta vida santa y misionera de la Iglesia virgen y madre (cap. VIII). La Iglesia, \u00abimpulsada\u00bb por los planes salv\u00ed\u00adficos del Padre, por el mandato de Cristo y por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, tiende a \u00abponer todos los medios para que se cumpla efectivamente el plan de Dios, que puso a Cristo como principio de salvaci\u00f3n para todo el mundo\u00bb (LG 17).<\/p>\n<p>\tA partir de los contenidos de la \u00abLumen Gentium\u00bb, resulta m\u00e1s l\u00f3gico ver el enfoque pastoral de los otros documentos conciliares (especialmente las Constituciones y los Decretos). La Constituci\u00f3n \u00abDei Verbum\u00bb presenta una Iglesia que custodia y garantiza la revelaci\u00f3n estrictamente dicha, que ha sido dada por Dios para toda la humanidad \u00abQuiere proponer la doctrina aut\u00e9ntica sobre la revelaci\u00f3n y su transmisi\u00f3n para que todo el mundo lo escuche y crea, creyendo espere, esperando ame\u00bb (DV 1).<\/p>\n<p>\tLa Constituci\u00f3n \u00abSacrosantum Concilium\u00bb invita a la Iglesia a centrarse en el Misterio pascual, especialmente por la celebraci\u00f3n lit\u00fargica \u00abPresenta as\u00ed\u00ad la Iglesia, a los que est\u00e1n fuera, como signo levantado en medio de las naciones, para que, bajo de \u00e9l, se congreguen en la unidad los hijos de Dios que est\u00e1n dispersos, hasta que haya un solo reba\u00f1o y un solo pastor\u00bb (SC 2).<\/p>\n<p>\tLa Constituci\u00f3n \u00abGaudium et Spes\u00bb traza las pautas para que la Iglesia se inserte en el mundo con sus valores evang\u00e9licos. El misterio de la Encarnaci\u00f3n urge a la Iglesia a asumir esta actitud de solidaridad con todos los pueblos \u00abLa Iglesia por ello se siente \u00ed\u00adntima y realmente solidaria del genero humano y de su historia\u00bb (GS 1; cfr. 22).<\/p>\n<p>\tPerspectiva misionera<\/p>\n<p>\tTodos los dem\u00e1s documentos, especialmente cuando describen las diversas vocaciones y ministerios (CD, PO, OT, PC, AA), dejan entrever una Iglesia signo transparente y portador de Cristo (LG), que anuncia la Palabra (DV), que celebra el misterio pascual (SC), que es solidaria de toda la humanidad (GS). La perspectiva universalista de la evangelizaci\u00f3n se presenta en el decreto \u00abAd Gentes\u00bb, que sintetizamos en su lugar respectivo.<\/p>\n<p>Referencias \u00abAd Gentes\u00bb, Iglesia, Iglesia sacramento universal de salvaci\u00f3n, liturgia, Magisterio, Palabra de Dios, renovaci\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>Lectura de documentos Constituciones conciliares DV; GS; LG; SC. Decreto AG.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV. (R. Latourelle Edit.), Vaticano II. Balance y perspectivas (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1989); J.L. MARTIN DESCALZO, Un periodista en el concilio (Madrid, La Editorial Cat\u00f3lica, 1963-1966); Il Concilio Vaticano II (Roma, La Civilt\u00ed\u00a0 Cattolica, 1966ss). Ver comentarios a los respectivos documentos y temas particulares.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: 1. El fen\u00f3meno del Vaticano II: a) El anuncio conciliar; b) El contexto hist\u00f3rico; c) Los objetivos del Vaticano II; d) El desarrollo del concilio; e) Las tendencias; f) Las sesiones conciliares. &#8211; 2. El mensaje del Concilio: a) La teolog\u00ed\u00ada conciliar; b) La Iglesia \u00abad infra c) La Iglesia \u00abad extra\u00bb &#8211; 3. La recepci\u00f3n del Concilio: a) Actitudes de rechazo; b) Actitudes de aceptaci\u00f3n; c) El posconcilio.<\/p>\n<p>El concilio Vaticano II, obra personal de Juan XXIII, es el acontecimiento cristiano m\u00e1s importante del siglo XX, celebrado en un momento propicio religioso y cultural, en pleno desarrollo de la sociedad europea y en una excelente coyuntura mundial. Contribuyeron favorablemente a su realizaci\u00f3n los movimientos de renovaci\u00f3n eclesial previos al mismo; se opusieron los sectores m\u00e1s inmovilistas y conservadores del catolicismo. En todo caso, el Concilio contribuy\u00f3 a un cambio profundo de la cosmovisi\u00f3n cristiana, ya que fue el final de la contrarreforma, la consagraci\u00f3n de los movimientos eclesiales innovadores, el reconocimiento de los valores de la modernidad y la aparici\u00f3n de una nueva conciencia de Iglesia.<\/p>\n<p>Sin embargo, algunos piensan que el concilio se convoc\u00f3 muy tarde; otros creen que se celebr\u00f3 demasiado pronto. Lo cierto es que el Vaticano II es un Concilio de transici\u00f3n, aunque no hay coincidencia en se\u00f1alar de qu\u00e9 transici\u00f3n se trata. Ciertamente, el Vaticano II es un final y un comienzo. Sin embargo, si se comparan los prop\u00f3sitos conciliares con lo ocurrido en la Iglesia un cuarto de siglo despu\u00e9s, los juicios sobre el Vaticano II son divergentes. Hay quienes lo descalifican como decisi\u00f3n peligrosa y equivocada; otros juzgan negativamente el posconcilio por la mala aplicaci\u00f3n de las decisiones conciliares; y algunos afirman que nos estamos desviando -por involuci\u00f3n- del esp\u00ed\u00adritu conciliar. La batalla se libra en torno a una interpretaci\u00f3n global del esp\u00ed\u00adritu y de los contenidos del Vaticano II.<\/p>\n<p>1. El fen\u00f3meno del Vaticano II<br \/>\na) El anuncio conciliar<br \/>\nDespu\u00e9s que P\u00ed\u00ado IX declarase el dogma de la infalibilidad del papa en el Concilio Vaticano 1 (1869-1870) parec\u00ed\u00adan innecesarios los concilios; bastaba el magisterio pontificio. Los pontificados, desde P\u00ed\u00ado IX a P\u00ed\u00ado XII, tuvieron una cierta continuidad en sus decisiones y declaraciones, sin necesidad de convocar un concilio. A lo sumo algunos papas pretendieron terminar el Vaticano 1, interrumpido en 1870 por la guerra entre Prusia y Francia. As\u00ed\u00ad lo pens\u00f3 P\u00ed\u00ado XI en 1923, pero la gravedad de la situaci\u00f3n internacional le hizo desistir. P\u00ed\u00ado XII tuvo el mismo deseo en 1948 pero, dadas las opiniones contrapuestas, renunci\u00f3 al proyecto en 1951. A finales de 1958, reci\u00e9n nombrado papa Juan XXIII, nadie pensaba en la terminaci\u00f3n del Vaticano 1 ni en la promulgaci\u00f3n de un nuevo concilio.<\/p>\n<p>La convocatoria de un \u00abun concilio ecum\u00e9nico para la Iglesia universal\u00bb, hecha por Juan XXIII el 25 de enero de 1959, produjo asombro en el mundo e inquietud en la curia romana. Recordemos que la expresi\u00f3n \u00abconcilio ecum\u00e9nico\u00bb significa en la tradici\u00f3n cat\u00f3lica \u00abconcilio general\u00bb de los obispos en comuni\u00f3n con la sede de Roma. La invitaci\u00f3n a las Iglesias separadas se traducir\u00ed\u00ada posteriormente en la presencia de observadores oficiales.<\/p>\n<p>Juan XXIII hab\u00ed\u00ada sido elegido papa tres meses antes, a los 78 a\u00f1os de edad, durante un breve c\u00f3nclave (25-28 de octubre de 1958), como soluci\u00f3n transitoria o de compromiso.<\/p>\n<p>a) El contexto hist\u00f3rico<br \/>\nEn el momento de la convocatoria conciliar la Iglesia cat\u00f3lica estaba en paz, no hab\u00ed\u00ada en su interior herej\u00ed\u00adas, hab\u00ed\u00adan surgido g\u00e9rmenes de renovaci\u00f3n y se encontraba segura para afrontar una seria revisi\u00f3n de su propia vida. Con todo, hab\u00ed\u00ada dentro de la Iglesia en los a\u00f1os 1945-1959 frecuentes tensiones entre conservadores y progresistas. La necesidad de un giro religioso se manifest\u00f3 en el contexto del cambio social y cultural vertiginoso, propio de la posguerra mundial, observable en el final del colonialismo y la presencia activa y creciente del Tercer Mundo; la industrializaci\u00f3n de los pa\u00ed\u00adses nordatl\u00e1nticos, con sus consecuencias de emigraciones, turismo, ocaso del mundo rural, urbanizaciones gigantescas y nacimiento o aparici\u00f3n de la sociedad de consumo; por \u00faltimo, la difusi\u00f3n de la televisi\u00f3n, con un fuerte impacto en la cultura y pautas de comportamiento.<\/p>\n<p>Ciertos problemas acuciantes de la humanidad se hicieron asimismo presentes en el Concilio: el hambre en una gran parte del planeta, la escasa vigencia de los derechos humanos en innumerables pa\u00ed\u00adses y la carrera de armamentos, con el peligro de la destrucci\u00f3n de la humanidad.<\/p>\n<p>c) Los objetivos del Vaticano II<br \/>\nEl Vaticano II, a diferencia de otros concilios, no se convoc\u00f3 para rechazar una herej\u00ed\u00ada o superar una crisis profunda. Su primer prop\u00f3sito, seg\u00fan el pensamiento expresado de Juan XXIII, fue muy claro: no habr\u00ed\u00ada condenas, ni siquiera del marxismo o del comunismo. Pero aunque el papa convocante no hab\u00ed\u00ada dibujado el programa del Vaticano II, su objetivo m\u00e1s evidente era el aggiornamento de la Iglesia, expresi\u00f3n que sustitu\u00ed\u00ada al t\u00e9rmino reforma, impronunciable en la convocatoria conciliar por su apropiaci\u00f3n protestante. Se trataba de renovaci\u00f3n, adaptaci\u00f3n, di\u00e1logo y apertura.<\/p>\n<p>En las alocuciones y discursos de Juan XXIII previos al Vaticano II pueden deducirse, seg\u00fan G. Guti\u00e9rrez, tres objetivos conciliares: la apertura de la Iglesia al mundo moderno y a la sociedad, escrutando \u00ablos signos de los tiempos\u00bb, con objeto de hacer inteligible el anuncio del evangelio; la unidad de los cristianos o presencia activa de la Iglesia en el ecumenismo; y la Iglesia de los pobres en estricta fidelidad al evangelio (G. ALBERIGO y J.-P. JossuA, La recepci\u00f3n del Vaticano II, Madrid 1987, 217-218). Los dos primeros objetivos hab\u00ed\u00adan sido desarrollados previamente. El tercero lo sugiri\u00f3 Juan XXIII un mes antes del concilio; posteriormente lo defendi\u00f3 el cardenal Lercaro en una memorable intervenci\u00f3n cuando dijo: \u00abLa Iglesia se presenta, como es y como quiere ser, como Iglesia de todos, en particular como la Iglesia de los pobres\u00bb (Ecclesia 1.106, 1962, 6).<\/p>\n<p>Una semana despu\u00e9s de iniciado el Concilio escribi\u00f3 una carta el cardenal Montini -que pronto ser\u00ed\u00ada nombrado papa- al Secretario de Estado A. Cicogniani, en la que denunciaba la falta de un plan \u00aborg\u00e1nico, ideal y l\u00f3gico del Concilio\u00bb y propon\u00ed\u00ada que \u00abel tema unitario y comprensivo de este concilio\u00bb fuese la Iglesia. Id\u00e9ntico modo de pensar ten\u00ed\u00ada el cardenal Suenens. Por esto, en el discurso que pronunci\u00f3 Pablo VI al comenzar la segunda sesi\u00f3n se\u00f1al\u00f3 cuatro metas conciliares: profundizaci\u00f3n de la naturaleza de la Iglesia; renovaci\u00f3n interna de la Iglesia; reuni\u00f3n de los cristianos separados y di\u00e1logo de la Iglesia con el mundo.<\/p>\n<p>d) El desarrollo del Concilio<br \/>\nEn contraste con P\u00ed\u00ado IX, quien consult\u00f3 a los obispos sobre la conveniencia de celebrar el Vaticano 1, Juan XXIII decidi\u00f3 personalmente la convocatoria del Vaticano II \u00abpor una repentina inspiraci\u00f3n de Dios\u00bb. No obstante, se llev\u00f3 a cabo enseguida una amplia y democr\u00e1tica consulta. El 18 de junio de 1959, el secretario de Estado cardenal Tardini invit\u00f3 a todos los obispos (entonces 2.594), superiores mayores religiosos (156 en total) y universidades cat\u00f3licas para que libremente propusiesen temas conciliares antes del 30 de octubre de ese mismo a\u00f1o. Aqu\u00ed\u00ad reside la primera explicaci\u00f3n del talante participativo y pedag\u00f3gico del Concilio e incluso el comienzo de una \u00abdemocratizaci\u00f3n de la Iglesia\u00bb. Pero habituados los obispos a obedecer \u00f3rdenes de la curia romana sin ejercer su libertad y pensamiento, las 2.150 respuestas (unas 10.000 p\u00e1ginas en 16 vol\u00famenes) fueron decepcionantes, ya que se limitaron a exponer errores o a sugerir m\u00ed\u00adnimas reformas; no obstante, se advirti\u00f3 en las mismas una aceptaci\u00f3n plebiscitaria de la convocatoria conciliar.<\/p>\n<p>El 5 de junio de 1960, un a\u00f1o despu\u00e9s de la encuesta, se crearon diez comisiones preparatorias, presididas por cardenales de curia de talante conservador. La apertura lleg\u00f3 por la creaci\u00f3n de tres nuevos secretariados (Apostolado de los laicos, Medios de comunicaci\u00f3n social y Uni\u00f3n de los cristianos) y el nombramiento de obispos diocesanos progresistas como miembros de comisiones. El trabajo de las comisiones se plasm\u00f3 en 70 esquemas (2.100 p\u00e1ginas impresas), parte de los cuales se envi\u00f3 a los obispos tres meses antes de comenzar el Concilio. A excepci\u00f3n de la constituci\u00f3n sobre la liturgia, hecha por los renovadores del movimiento lit\u00fargico, el resto de los esquemas ten\u00ed\u00ada una impronta escol\u00e1stica, conservadora y jur\u00ed\u00addica. Posteriormente ser\u00ed\u00adan rechazados por el Concilio; hubo que redactar menos esquemas con m\u00e1s preocupaci\u00f3n pastoral renovadora.<\/p>\n<p>Acudieron a la cita conciliar unos 2.500 obispos, mientras que en el Vaticano 1 hubo 744 y en Trento 258. Recordemos, como contraste, que todos los obispos del Vaticano 1 eran de raza blanca y en su mayor\u00ed\u00ada europeos. De los presentes en el Vaticano II eran europeos unos 1.000 (450 italianos), otros 1.000 americanos (m\u00e1s de la mitad latinoamericanos), unos 350 del Africa negra y otros 400 de Asia, con algunos de Ocean\u00ed\u00ada y del mundo \u00e1rabe. Los aproximadamente 150 obispos de los pa\u00ed\u00adses socialistas sovi\u00e9ticos tuvieron dificultades para participar. Se nombraron peritos conciliares a te\u00f3logos, otrora de tendencias condenadas por la enc\u00ed\u00adclica Humani generis de 1950, como Congar, Chenu, de Lubac y Danielou. Se sumaron los te\u00f3logos alineados en la renovaci\u00f3n de la Iglesia, como Rahner, Schillebeeckx, Philips, etc. Su influjo fue decisivo.<\/p>\n<p>e) Las tendencias<br \/>\nDesde el comienzo del Concilio se pudo comprobar que los Padres estaban dispuestos a intervenir con entera libertad sin seguir el dictado de la curia. Tambi\u00e9n se vio que la mayor parte de los conciliares estaban de acuerdo con la dimensi\u00f3n pastoral del Vaticano II, tal como lo expres\u00f3 Juan XXIII en su discurso inaugural. Pero desde los inicios se evidenciaron dos grupos, denominados mayor\u00ed\u00ada y minor\u00ed\u00ada, el primero de talante aperturista y el segundo netamente conservador. Aunque la mayor\u00ed\u00ada no era homog\u00e9nea, \u00abten\u00ed\u00ada conciencia -escribe R. Aubert- de estar en la l\u00ed\u00adnea preconizada por Juan XXIII, era sensible a las realidades del mundo y a las necesidades de adaptaci\u00f3n y estaba abierta al di\u00e1logo ecum\u00e9nico, que muchos descubrieron durante el Concilio. Era partidaria de una teolog\u00ed\u00ada pastoral basada en la Escritura, se preocupaba de la eficacia concreta de las decisiones que deb\u00ed\u00adan tomarse, se interesaba menos por la formulaci\u00f3n exacta de la doctrina y desconfiaba de una excesiva centralizaci\u00f3n de la autoridad de la Iglesia\u00bb (H. JEDIN y R. REPGEN, Manual de historia de la Iglesia, IX, Barcelona 1984, 190).<\/p>\n<p>La minor\u00ed\u00ada estaba formada por obispos conservadores pertenecientes a pa\u00ed\u00adses tradicionalmente cat\u00f3licos, apoyados firmemente por la curia. Este grupo -escribe R. Aubert- \u00abse aferraba a la estabilidad de la Iglesia y a su car\u00e1cter mon\u00e1rquico, era sensible a los riesgos inherentes a todo cambio y sent\u00ed\u00ada la preocupaci\u00f3n de salvaguardar el dep\u00f3sito de la fe en toda su integridad; pero tend\u00ed\u00ada a confundir la formulaci\u00f3n dogm\u00e1tica con la revelaci\u00f3n\u00bb (Nueva historia de la Iglesia, V, 557-558). En el transcurso del Concilio se agrup\u00f3 la minor\u00ed\u00ada de unos 250 obispos en el Coetus Internationalis Patrum, con la finalidad de impedir que los errores liberales se introdujesen en los textos del Concilio. Entre estos obispos fue muy activo Marcel Lef\u00e9bvre, que despu\u00e9s del Concilio incurrir\u00ed\u00ada en cisma, en el que muri\u00f3. La minor\u00ed\u00ada fue respetaba por la mayor\u00ed\u00ada, aunque las discusiones entre ambas tendencias impidieron algunos desarrollos conciliares m\u00e1s homog\u00e9neos y dieron lugar a textos de compromiso, caracterizados por su ambig\u00fcedad. El conflicto se situ\u00f3 entre reformistas y antirreformistas o entre partidarios del aggiornamento pastoral y sus oponentes.<\/p>\n<p>f) Las sesiones conciliares<br \/>\nSe celebraron cuatro sesiones correspondientes a los oto\u00f1os de 1962, 1963, 1964 y 1965, con una duraci\u00f3n de unos dos o tres meses cada una. El discurso inaugural de Juan XXIII caus\u00f3 una viva impresi\u00f3n al sugerir varios puntos importantes: el car\u00e1cter pastoral del Concilio, en el sentido de llevar al mundo el mensaje cristiano de un modo eficaz, teniendo en cuenta las circunstancias de la sociedad; el prop\u00f3sito de no condenar errores por medio de anatemas, sino penetrar en la fuerza del mensaje; la denuncia de los \u00abprofetas de calamidades\u00bb y la b\u00fasqueda de unidad entre los cristianos y entre los hombres. Seg\u00fan Pablo VI, este discurso fue \u00abprofec\u00ed\u00ada para nuestro tiempo\u00bb.<\/p>\n<p>La primera sesi\u00f3n del Concilio evidenci\u00f3 el rumbo inesperado de apertura del Vaticano II, la necesidad de reducir el n\u00famero de esquemas (de 70 se pas\u00f3 a 20 y luego a 16) y la importancia de los peritos, que acudieron para asesorar a los obispos. Estos \u00faltimos trabajaron en grupos reducidos, dieron conferencias y redactaron intervenciones. Fueron, en definitiva, aut\u00e9nticos catequistas de los obispos.<\/p>\n<p>Juan XXIII s\u00f3lo conoci\u00f3 en vida la primera sesi\u00f3n. Al morir en junio de 1963, fue elegido r\u00e1pidamente papa Giovanni Montini, que tom\u00f3 el nombre de Pablo VI. L\u00f3gicamente propuso en el discurso de apertura de la segunda sesi\u00f3n (29.9.1963) dos temas centrales: la Iglesia ad intra y la Iglesia ad extra. En la tercera sesi\u00f3n se not\u00f3 un grado notable de madurez episcopal. Creci\u00f3 la libertad de opini\u00f3n en los dos grupos, de la mayor\u00ed\u00ada y minor\u00ed\u00ada, hubo confrontaciones entre s\u00ed\u00ad e incluso se manifestaron tensiones a prop\u00f3sito de algunas cuestiones. La cuarta sesi\u00f3n comenz\u00f3 con el anuncio papal de la creaci\u00f3n del S\u00ed\u00adnodo de Obispos, cuyos miembros ser\u00ed\u00adan nombrados por las conferencias episcopales. Siguieron las discusiones de diversos esquemas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de 168 congregaciones generales el Concilio concluy\u00f3 con la promulgaci\u00f3n de 16 documentos (4 constituciones, 9 decretos y 3 declaraciones). Los \u00faltimos d\u00ed\u00adas fueron pr\u00f3digos en acontecimientos: despedida de los observadores no cat\u00f3licos con una celebraci\u00f3n conjunta (6 de diciembre), \u00ablevantamiento de la excomuni\u00f3n\u00bb mutua entre Roma y Constantinopla del a\u00f1o 1054 (7 de diciembre) y acto final en la plaza de san Pedro (8 de diciembre) con mensajes dirigidos a diversos grupos cualificados.<\/p>\n<p>2. El mensaje del Concilio<br \/>\na) La teolog\u00ed\u00ada conciliar<br \/>\nLo que caracteriza a un concilio es, en definitiva, su mensaje. El Vaticano II trat\u00f3 de renovar el mensaje cristiano desde una triple exigencia: retorno a las fuentes de la palabra de Dios y de la liturgia, cercan\u00ed\u00ada a la realidad social del mundo y revisi\u00f3n profunda de la Iglesia como pueblo de Dios. En s\u00ed\u00adntesis, aport\u00f3 una nueva vivencia de Iglesia en el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo y del evangelio, para el servicio del mundo, en aras del reino de Dios. Dicho de otro modo, el prop\u00f3sito del Concilio fue situar a la Iglesia \u00absub Verbo Dei\u00bb o como \u00aboyente de la palabra de Dios\u00bb y en di\u00e1logo con el mundo. Para realizar esta tarea, el Vaticano II pas\u00f3 del \u00abbast\u00f3n a la misericordia\u00bb (justo al rev\u00e9s de Gregorio XVI en 1830), de los \u00abprofetas de calamidades\u00bb que condenan el mundo a los servidores ut\u00f3picos en la sociedad y de la formulaci\u00f3n inalterable de las verdades a una nueva remodelaci\u00f3n del mensaje cristiano \u00abpreferentemente pastoral\u00bb (Juan XXIII).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad como los dos concilios anteriores (Trento y Vaticano 1) hicieron teolog\u00ed\u00ada de un modo abstracto, preocupados por las definiciones precisas, claras y universales, el Vaticano II emplea un lenguaje b\u00ed\u00adblico, patr\u00ed\u00adstico y simb\u00f3lico, es decir, pastoral. Es un lenguaje que inspira, edifica e interpela. En el discurso inaugural del concilio, Juan XXIII puso de relieve la importancia \u00abde un magisterio de car\u00e1cter preferentemente pastoral\u00bb. La dimensi\u00f3n pastoral de Vaticano II se advierte en todos sus documentos centrales y en el mismo desarrollo de las discusiones, desde el examen del esquema sobre las \u00abfuentes de la revelaci\u00f3n\u00bb a la denominaci\u00f3n de Gaudium et spes como constituci\u00f3n \u00abpastoral\u00bb. Esta dimensi\u00f3n se verific\u00f3 en aspectos importantes como la nueva conciencia eclesial, la renovaci\u00f3n de vida cristiana y el di\u00e1logo con el mundo, las Iglesias no cat\u00f3licas y las religiones no cristianas.<\/p>\n<p>Al comienzo del Concilio, los obispos no sab\u00ed\u00adan bien c\u00f3mo empezar y qu\u00e9 podr\u00ed\u00ada ocurrir en el aula. Pero a lo largo de las cuatro sesiones se not\u00f3 una gran evoluci\u00f3n hacia una Iglesia colegial, comunitaria, dialogante con otras Iglesias y abierta al mundo. En definitiva, el Concilio fue obra colectiva de la Iglesia entera. \u00abEl programa del concilio -escribe A. Acerbi- no consisti\u00f3 en hacer nuevas declaraciones dogm\u00e1ticas, sino una reflexi\u00f3n global, en una l\u00ed\u00adnea pastoral, de la misi\u00f3n de la Iglesia y de sus formas de actuaci\u00f3n frente a la situaci\u00f3n concreta del hombre y de la sociedad mundial de nuestro (mejor dicho, de su) tiempo\u00bb (Concilium 166, 1981, 435).<\/p>\n<p>En la constituci\u00f3n apost\u00f3lica Sacrae disciplinae leges de Juan Pablo II, mediante la que se present\u00f3 el nuevo C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico de 1983, se afirma que los elementos m\u00e1s caracter\u00ed\u00adsticos del Vaticano II son la Iglesia como pueblo de Dios y \u00abcomuni\u00f3n\u00bb, la autoridad jer\u00e1rquica como servicio, la participaci\u00f3n de todos sus miembros en la triple misi\u00f3n de Cristo (sacerdotal, prof\u00e9tica y real) y el empe\u00f1o de la Iglesia en el ecumenismo. En definitiva el Concilio se propuso rejuvenecer la Iglesia, alentar la esperanza, impulsar el compromiso y dar cabida a la misericordia.<\/p>\n<p>b) La Iglesia \u00abad intra\u00bb<br \/>\nEn v\u00ed\u00adsperas del Vaticano II la Iglesia cat\u00f3lica necesitaba una doble reforma para resolver los dos contenciosos que ten\u00ed\u00ada con el mundo moderno y con las Iglesias protestantes. De una parte se necesitaba un giro profundo en las relaciones ecum\u00e9nicas y de otra era imprescindible reconciliarse con el mundo y ponerse a su servicio. Para cumplir estas dos exigencias era necesario asimismo reformar la Iglesia desde un punto de vista pastoral, a juzgar por los problemas que ten\u00ed\u00ada planteados: alianza con los poderes y poderosos en r\u00e9gimen de cristiandad; curia vaticana burocratizada, autoritaria y centralizadora; liturgia oficial congelada; dogmatismo a ultranza y moral r\u00ed\u00adgida; distanciamiento con las otras Iglesias y desconfianza del ecumenismo; uniformidad pastoral y occidentalizaci\u00f3n del pensamiento cristiano.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo hab\u00ed\u00adan surgido diversos movimientos cat\u00f3licos de renovaci\u00f3n. Sin embargo, esta renovaci\u00f3n no se hab\u00ed\u00ada mostrado del mismo modo en todos los pa\u00ed\u00adses y en todos los \u00e1mbitos. Incluso se pod\u00ed\u00adan detectar antes del concilio -opina G. Alberigo- \u00abs\u00ed\u00adntomas manifiestos de un malestar profundo y extendido, producido por un retraso hist\u00f3rico cada vez m\u00e1s insoportable\u00bb (La recepci\u00f3n del Vaticano II, 34).<\/p>\n<p>El principal objetivo del Vaticano II consisti\u00f3 en reformar la Iglesia para convertirla en un instrumento pastoral m\u00e1s eficaz respecto del mundo contempor\u00e1neo. Este reajuste se denomin\u00f3 aggiornamento. Juan XXIII, al inaugurar el Concilio (11.10.1962), expres\u00f3 la necesidad de introducir \u00aboportunas correcciones\u00bb en la Iglesia, de acuerdo \u00aba las exigencias actuales y a las necesidades de los diferentes pueblos\u00bb. Pablo VI, al comenzar la segunda sesi\u00f3n del Vaticano II (29.9.1963), manifest\u00f3 que es \u00abdeseo, necesidad y deber de la Iglesia darse finalmente una m\u00e1s meditada definici\u00f3n de s\u00ed\u00ad misma\u00bb.<\/p>\n<p>La constituci\u00f3n Lumen gentium es la \u00abCharta magna\u00bb del Vaticano II, aunque, de hecho, todos los documentos conciliares abordan de un modo u otro el misterio de la Iglesia. La eclesiolog\u00ed\u00ada es el centro del Vaticano II. \u00abSe ha dicho -escribe el cardenal Suenens- que, al invertir el cap\u00ed\u00adtulo, inicialmente previsto como tercero, para ponerlo como segundo, es decir, tratar primero del conjunto de la Iglesia como pueblo de Dios y a continuaci\u00f3n de la jerarqu\u00ed\u00ada como servicio a este pueblo, hemos hecho una revoluci\u00f3n copernicana\u00bb (Concilium 60 bis, 1970, 185). Algunos te\u00f3logos (M. Schmaus, P. Smulders, H. M\u00fchlen, etc.) consideran que la decisi\u00f3n dogm\u00e1tica m\u00e1s importante del Concilio ha sido la de designar a la Iglesia sacramento de salvaci\u00f3n. Y. Congar piensa que los grandes temas eclesiol\u00f3gicos del Concilio son \u00absacramento de salvaci\u00f3n\u00bb, \u00abpueblo de Dios\u00bb, \u00abjerarqu\u00ed\u00ada-servicio\u00bb, \u00abcolegialidad\u00bb e \u00abIglesia particular\u00bb. Las afirmaciones eclesiol\u00f3gicas conciliares m\u00e1s importantes son \u00e9stas: la Iglesia se entiende en clave de comuni\u00f3n, es \u00abel pueblo de Dios\u00bb, es \u00absacramento universal de salvaci\u00f3n\u00bb, est\u00e1 en funci\u00f3n del mundo y es Iglesia local y universal.<\/p>\n<p>El campo teol\u00f3gico m\u00e1s discutido en la primera etapa del posconcilio ha sido el de la eclesiolog\u00ed\u00ada. Poco despu\u00e9s de la conclusi\u00f3n del Concilio en 1965 se afirm\u00f3, con raz\u00f3n, que se hab\u00ed\u00ada producido una nueva conciencia o imagen de la Iglesia como consecuencia de profundas transformaciones en la eclesiolog\u00ed\u00ada. Posteriormente los te\u00f3logos conservadores pretenden rebajar la importancia eclesiol\u00f3gica del Vaticano II, con objeto de no ensombrecer los aportes del Vaticano I. Pero en general, incluso los te\u00f3logos m\u00e1s conservadores, todos reconocen el significado eclesial del Concilio.<\/p>\n<p>Este mensaje eclesial se encuentra, sobre todo, en las cuatro constituciones, de las cuales dos son \u00abdogm\u00e1ticas\u00bb (Lumen gentium y Dei Verbum), una \u00abpastoral\u00bb (Gaudium et spes) y otra denominada simplemente \u00absobre la sagrada liturgia\u00bb (Sacrosanctum concilium), que en realidad tambi\u00e9n es pastoral. Del estudio de las cuatro constituciones del Vaticano II se desprende que la Iglesia es entendida por el Concilio como pueblo de Dios (Lumen gentium) que vive en comuni\u00f3n de fe (Dei Verbum), de culto (Sacrosanctum concilium) y de servicio (Gaudium et spes). El t\u00ed\u00adtulo de la relaci\u00f3n final del cardenal Daneels, aprobada en el segundo s\u00ed\u00adnodo extraordinario de 1985, convocado para evaluar el Vaticano II a los veinte a\u00f1os de su celebraci\u00f3n, resume dichas constituciones y el mensaje del Concilio con esta f\u00f3rmula lapidaria: \u00abLa Iglesia (LG), bajo la palabra de Dios (DV), celebra los misterios de Cristo (SC) para la salvaci\u00f3n del mundo (GS)\u00bb (\u00abEcclesia, sub Verbo Dei, mysteria Christi celebrans, pro salute mundi\u00bb). Visto de otro modo, las constituciones sobre la palabra de Dios y la liturgia giran en torno a las fuentes de la fe, en tanto que las otras dos, referidas a la Iglesia, contemplan la fe ad intra, es decir, en el mismo pueblo de Dios, y ad extra, a saber, en el mundo.<\/p>\n<p>c) La Iglesia \u00abad extra\u00bb<br \/>\nEn el discurso de apertura de la segunda sesi\u00f3n (29.9.1963), afirm\u00f3 Pablo VI que el Concilio \u00abtratar\u00e1 de tender un puente hacia el mundo contempor\u00e1neo&#8230; Que lo sepa el mundo: la Iglesia lo mira con profunda comprensi\u00f3n, con sincera admiraci\u00f3n y con sincero prop\u00f3sito, no de conquistarlo, sino de servirlo; no de despreciarlo, sino de valorarlo; no de condenarlo sino de confortarlo y salvarlo\u00bb. Recordemos que el mundo era en los catecismos preconciliares uno de los enemigos del alma. En el \u00faltimo discurso de Pablo VI para clausurar el Concilio (7.12.1965), afirm\u00f3 el Papa que el Vaticano II \u00abha tenido vivo inter\u00e9s por el estudio del mundo moderno\u00bb. Junto a la palabra mundo, el Concilio ha pronunciado repetidas veces los t\u00e9rminos \u00absociedad\u00bb e \u00abhistoria\u00bb. \u00abTal vez nunca como en esta ocasi\u00f3n -dijo Pablo VI en el citado discurso-ha sentido la Iglesia la necesidad de conocer, acercarse, comprender, penetrar, servir y evangelizar a la sociedad que la rodea y de seguirla; por decirlo as\u00ed\u00ad, de alcanzarla en su r\u00e1pido y continuo cambio\u00bb. Efectivamente, por primera vez un concilio ha tenido en cuenta la realidad concreta de la historia en la sociedad y en el mundo.<\/p>\n<p>El Vaticano II sit\u00faa a la Iglesia en el mundo, no fuera del mismo, de tal modo que hace suyas las aspiraciones de la humanidad, acepta la autonom\u00ed\u00ada de las realidades temporales y dialoga con la cultura moderna. Evidentemente el mundo del Concilio era sobre todo, aunque no exclusivamente, el de la modernidad y la ilustraci\u00f3n. De hecho, la constituci\u00f3n Gaudium et spes favoreci\u00f3 un cambio profundo de relaciones entre la Iglesia y el mundo al superar la actitud cat\u00f3lica antimodernista. Precisamente despu\u00e9s del Concilio han surgido las comisiones Justicia y paz con la preocupaci\u00f3n de promover a los cat\u00f3licos en la justicia social y en la liberaci\u00f3n. Tambi\u00e9n ha ganado vitalidad la \u00abdoctrina social de la Iglesia\u00bb, m\u00e1s diversificada, dialogante e involucrada en problemas como la discriminaci\u00f3n racial, los derechos humanos y la corrupci\u00f3n a todos los niveles. A partir de Gaudium et spes, la fe aparece junto a la justicia, ha crecido la opci\u00f3n por los pobres y se ha impulsado la paz.<\/p>\n<p>3. La recepci\u00f3n del Concilio<br \/>\nLa eficacia de un concilio depende de su recepci\u00f3n, fase que sucede a su celebraci\u00f3n. Precisamente a causa de la recepci\u00f3n, adviene despu\u00e9s de cada concilio un periodo m\u00e1s o menos largo en el que se rechazan, silencian o asimilan las conclusiones formuladas. El Vaticano II ha producido diversas reacciones. Su recepci\u00f3n no ha sido id\u00e9ntica en todas partes ni en todos los \u00e1mbitos cristianos.<\/p>\n<p>a) Actitudes de rechazo<br \/>\nSeg\u00fan G. Alberigo, existe \u00abuna minor\u00ed\u00ada agresiva que contin\u00faa interes\u00e1ndose por el Concilio para reducir su alcance y para denunciar sus efectos negativos. Parad\u00f3jicamente, parecer\u00ed\u00ada que el Vaticano II hubiera suscitado una oposici\u00f3n aguerrida, sin encontrar, en cambio, defensores convencidos\u00bb (La recepci\u00f3n del Vaticano II, 18). La interpretaci\u00f3n restringida del Vaticano II es propia de obispos pertenecientes a la minor\u00ed\u00ada conciliar conservadora, de te\u00f3logos afines a las posiciones de la curia inmovilista y de movimientos fundamentalistas alejados de la renovaci\u00f3n conciliar.<\/p>\n<p>Los conservadores cism\u00e1ticos no admiten las conclusiones del Vaticano II porque, seg\u00fan ellos, es concilio contrario a la tradici\u00f3n; por tanto no obliga. Los conservadores algo m\u00e1s ortodoxos, pero radicalmente fundamentalistas, afirman que no es un concilio dogm\u00e1tico sino pastoral; por tanto lo juzgan no vinculante. Finalmente, los conservadores nost\u00e1lgicos objetan que el posconcilio ha sido un desastre a causa precisamente de las decisiones conciliares. La actitud m\u00e1s significativa de oposici\u00f3n radical al Vaticano II ha sido la de M. Lef\u00e9bvre, cuyo pensamiento, actitud y decisiones le acarrearon en 1988 la excomuni\u00f3n. Pr\u00e1cticamente declar\u00f3 herejes a Pablo VI y Juan Pablo II, juzgando asimismo que la Iglesia estaba, desde la muerte de P\u00ed\u00ado XII, en situaci\u00f3n de \u00absede vacante\u00bb.<\/p>\n<p>a) Actitudes de aceptaci\u00f3n<br \/>\nEl Concilio ha sido recibido favorablemente por la mayor\u00ed\u00ada de los cat\u00f3licos, pero no del mismo modo. Podemos hablar de tres tipos de aceptaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En primer lugar, algunos te\u00f3logos progresistas y movimientos contestatarios de base creen que el Vaticano II, ligado a un momento hist\u00f3rico, comienza a estar superado; es un Concilio obsoleto. Es la posici\u00f3n definida en la expresi\u00f3n: \u00abpor fidelidad al concilio, superar el Concilio\u00bb, que equivale a la aceptaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu del Concilio superando su letra. En el fondo de esta concepci\u00f3n aparece la tesis de que el cristianismo posconciliar debe releer la fe a la luz de los signos de los tiempos que el evangelio descubre en el mundo. Algunos consideraron que el Concilio represent\u00f3 un esfuerzo enorme de la Iglesia para acomodarse al mundo europeo y noratl\u00e1ntico burgu\u00e9s, pero que al mismo tiempo dio una falsa idea de la justicia, por ausencia de radicalismo, y que en definitiva increment\u00f3 el poder de los obispos frente al papa y la curia. Con todo, no es f\u00e1cil dar nombres y textos que defiendan con claridad esta postura.<\/p>\n<p>En segundo lugar, hay cat\u00f3licos para los cuales el Vaticano II ha sido un acontecimiento necesario, importante y transcendente en la vida de la Iglesia, que ha operado un cambio profundo en la comprensi\u00f3n de la acci\u00f3n pastoral y en ciertas doctrinas teol\u00f3gicas. Pertenecen a este grupo te\u00f3logos progresistas y movimientos de base renovadores. De ordinario apelan constantemente al esp\u00ed\u00adritu del Concilio, que se revela en su convocaci\u00f3n, en el modo de su realizaci\u00f3n, en sus cuatro grandes constituciones y en algunas decisiones pastorales en relaci\u00f3n a la escucha de la palabra de Dios (primer magisterio), a una vida cristiana en comuni\u00f3n de fe (no de costumbres rituales), al examen de los signos de los tiempos (sin la peligrosa \u00abfuga mundi\u00bb), a la unidad de todos los cristianos (ecumenismo pr\u00e1ctico), al di\u00e1logo con todo hombre de buena voluntad (sin anatemas) y a una llamada a la libertad de los hijos de Dios (sin sometimientos humillantes). Piensan que en el posconcilio se ha frenado la puesta en pr\u00e1ctica de la reforma conciliar de la Iglesia.<\/p>\n<p>Finalmente, hay cat\u00f3licos reticentes al Vaticano II, tanto en posiciones personales como en agrupaciones neoconservadoras. Muchos de ellos son nost\u00e1lgicos de la Iglesia de P\u00ed\u00ado XII. En el fondo no aceptan ciertos postulados del Concilio, aunque se declaran obedientes a la jerarqu\u00ed\u00ada. Del punto de vista teol\u00f3gico les preocupa la continuidad del Vaticano II con el Vaticano 1, el primado indiscutible del papa, la exaltaci\u00f3n de la tradici\u00f3n, el mantenimiento de la continuidad y la tesis de la verdad total de la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Otros aceptan el Vaticano II pero rechazan el desarrollo del posconcilio. Son los \u00abcentristas\u00bb que creen poseer la interpretaci\u00f3n \u00fanica y oficial del Vaticano II. Descartan la postura de los integristas cism\u00e1ticos, como es el caso de Lef\u00e9bvre -sin detenerse demasiado en esta cr\u00ed\u00adtica-, y no admiten ciertas afirmaciones propias de cristianos o te\u00f3logos progresistas. A los cinco a\u00f1os de terminado el Concilio ya se alzaron voces de alerta ante los riesgos del aggiornamento de la Iglesia, al destacar su excesivo servicio en la sociedad. Recordemos que algunos intelectuales o te\u00f3logos reformadores antes del Concilio (como J. Maritain, J. Danielou, H. de Lubac, H. U. von Balthasar, J. Ratzinger, etc.), se moderaron posteriormente, quiz\u00e1 a causa de la excesiva secularizaci\u00f3n del cristianismo noratl\u00e1ntico, a ciertas aplicaciones conciliares que creyeron exageradas y a la p\u00e9rdida de prestigio y de poder de la Iglesia.<\/p>\n<p>c) El posconcilio<br \/>\nA ra\u00ed\u00adz del Vaticano II se logr\u00f3 en un plazo breve una nueva concepci\u00f3n de la Iglesia como pueblo de Dios y del ministerio como servicio al pueblo. Despert\u00f3 una gran ilusi\u00f3n la reforma lit\u00fargica, plenamente aceptada por el pueblo, se intensificaron los contactos ecum\u00e9nicos, la curia romana se hizo m\u00e1s internacional, comenzaron a renovarse los seminarios, hubo un gran impulso del laicado, la Iglesia se abri\u00f3 casi de repente a la sociedad y al mundo de los pobres y la teolog\u00ed\u00ada mostr\u00f3 una gran vitalidad.<\/p>\n<p>Cabe preguntarnos hoy, despu\u00e9s de veinticinco a\u00f1os posconciliares, en qu\u00e9 medida ha habido en la Iglesia profunda renovaci\u00f3n o, si se quiere, innovaci\u00f3n. Seg\u00fan el mismo Concilio (SC 23), las denominadas innovaciones son posibles, pero deben ser introducidas en la Iglesia con infinidad de cautelas. Las evaluaciones eclesiol\u00f3gicas o eclesiales dependen hoy, un cuarto de siglo despu\u00e9s de clausurado el Vaticano II, del modo de valorar el Concilio o del juicio que se da a la evoluci\u00f3n o a la involuci\u00f3n eclesial. Lo que no cabe duda es que el Vaticano II ha provocado una mutaci\u00f3n fundamental y sorprendente en la Iglesia, en el sentido de exigir un cambio profundo de su conciencia y de su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del Concilio se han desarrollado algunas etapas caracterizadas de diversas maneras. H. J. Pottmeyer distingue dos per\u00ed\u00adodos: la fase de exaltaci\u00f3n, \u00abdominada por la impresi\u00f3n inmediata de que el concilio era un acontecimiento liberador\u00bb, en el sentido de que el Vaticano II fue \u00abun nuevo comienzo absoluto\u00bb; y la fase de la decepci\u00f3n o, seg\u00fan otros, \u00abde la verdad\u00bb, en la que \u00abse descubri\u00f3 con decepci\u00f3n el peso de la inercia de una instituci\u00f3n\u00bb que se resiste a cambiar (La recepci\u00f3n del Vaticano II, 56). En la primera fase se acent\u00faan los textos conciliares m\u00e1s reformadores; en la segunda se ponen de relieve los pasajes m\u00e1s conservadores. Actualmente asistimos a una tercera fase, se\u00f1alada por unos como estabilizaci\u00f3n y por otros como involuci\u00f3n. Los conservadores enjuician negativamente los resultados del Concilio en la Iglesia: confusionismo de la fe como consecuencia del pluralismo teol\u00f3gico y pastoral; disminuci\u00f3n de la pr\u00e1ctica religiosa; escasez de vocaciones sacerdotales y religiosas; secularizaciones en el clero; ejercicio indebido de algunos consejos en la democratizaci\u00f3n de la Iglesia; debilitaci\u00f3n de la autoridad del papa y de los obispos; aumento de matrimonios mixtos; mesianismo terreno y permisividad sexual.<\/p>\n<p>Por el contrario los progresistas sostienen que el Concilio ha favorecido la participaci\u00f3n lit\u00fargica; hay en la Iglesia menos clericalismo y m\u00e1s cooperaci\u00f3n y cogesti\u00f3n de los laicos; han disminuido las luchas confesionales y ha crecido el ecumenismo; se valoran de un modo m\u00e1s correcto las religiones no cristianas; hay solidez misional; se advierte una nueva presencia de la Iglesia en el mundo y se tiende a superar el eurocentrismo de la Iglesia. Las dos posiciones parecen antag\u00f3nicas.<\/p>\n<p>El Segundo s\u00ed\u00adnodo extraordinario de 1985 fue convocado por Juan Pablo II para valorar \u00ablas consecuencias del Vaticano II\u00bb, celebrado 20 a\u00f1os antes (1962-1965). Ah\u00ed\u00ad se acept\u00f3 al Vaticano II \u00abcomo una gracia de Dios y un don del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, tanto para la Iglesia como para la sociedad. El segundo S\u00ed\u00adnodo se pronunci\u00f3 por una voluntad de renovaci\u00f3n, dentro de la continuidad con la tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; G. ALBERIGO (ed.), Historia del Concilio Vaticano II, vol. I, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1999; G. ALBERIGO &#8211; J. P. JOSSUA (eds.), La recepci\u00f3n del Vaticano II, Madrid, 1987; Y. CONGAR, Vatican II. Textes et Commentaires des D\u00e9crets Conciliaires, 18 vol., Par\u00ed\u00ads, 1966 s. (traducidos en parte por Taurus, Madrid); Facultad de Teolog\u00ed\u00ada de Vitoria, Balance del Concilio Vaticano II a los veinte a\u00f1os, Vitoria, 1985; C. FLORIST\u00ed\u0081N, Vaticano II, un concilio pastoral, Salamanca, 1990; C. FLORIST\u00ed\u0081N &#8211; J. J. TAMAYO (eds.), El Vaticano II, veinte a\u00f1os despu\u00e9s, Madrid, 1985; J. GROOTAERS, De Vatican 11 \u00e1 Jean-Paul 11, le grand tournant de 1&#8217;Eglise Catholique, Par\u00ed\u00ads, 1983; R. LATOURELLE (ed.), Vaticano 11. Balance y perspectivas, Salamanca, 1989; J. LECLERCQ, Vatican II, un concile pastoral, Bruxelas, 1966; G. MARTELET, Les id\u00e9es matresses de Vatican II. Introduction \u00e1 1&#8217;esprit du Concile, Par\u00ed\u00ads, 21985; J. L. MART\u00ed\u008dN DESCALZO, El Concilio de Juan y Pablo. Documentos pontificios sobre la preparaci\u00f3n, desarrollo e interpretaci\u00f3n del Vaticano 11, Madrid, 1967; R. LATOURELLE (ed.), Vaticano 11: balance y perspectivas. Veinticinco a\u00f1os despu\u00e9s (1962-1965), Salamanca, 1989; P. POUPARD, Le concile Vatican 11, Par\u00ed\u00ads, 1983; J. THOMAS, Le Concile Vatican 11, Par\u00ed\u00ads, 1989.<\/p>\n<p>Casiano Florist\u00e1n<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Introducci\u00f3n.-II. Teocentrismo trinitario del Vaticano II.-III. Presentaci\u00f3n pastoral del misterio de Dios.-IV. La teolog\u00ed\u00ada trinitaria del Vaticano II.-V. La Iglesia, Familia de Dios.-VI. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>I. Introduci\u00f3n<br \/>\nEl Vaticano II encontr\u00f3 un terreno abonado a la hora de presentar el \u00abmisterio de Dios\u00bb, en la labor que hab\u00ed\u00adan realizado los distintos \u00abmovimientos\u00bb (\u00abb\u00ed\u00adblico\u00bb, \u00ablit\u00fargico\u00bb, \u00abteol\u00f3gico\u00bb, \u00abecum\u00e9nico\u00bb, \u00abpastoral\u00bb&#8230;). Todos estos \u00abmovimientos\u00bb tuvieron en com\u00fan la recuperaci\u00f3n, con el retorno a las fuentes, del Misterio adorable de la SS. Trinidad como hontanar de salvaci\u00f3n y de esperanza para el hombre y como \u00abclave de b\u00f3veda\u00bb de todos los misterios cristianos. Los temas centrales de estos \u00abmovimientos\u00bb cristalizaron en la \u00abnueva teolog\u00ed\u00ada\u00bb, que tuvo como \u00abcentro\u00bb que \u00abconcentraba\u00bb y \u00abarticulaba\u00bb todos los misterios cristianos, el \u00abprotomisterio\u00bb de la SS. Trinidad.<\/p>\n<p>Es cierto que el Vaticano II fue el Concilio de la \u00abIglesia\u00bb, del \u00abhombre\u00bb, de la \u00abliturgia\u00bb, de la \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb, del \u00abecumenismo\u00bb&#8230; Pero no es menos cierto que el Vaticano II fue el Concilio de Dios-Trinidad. Y precisamente porque el Concilio abord\u00f3 en profundidad los misterios fundamentales de nuestra fe cristiana, trat\u00f3 de anclarlos en el MISTERIO adorable de la SS. Trinidad.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed\u00ad el objeto de esta reflexi\u00f3n: mostrar la vertiente teoc\u00e9ntrico-trinitaria del Vaticano II.<\/p>\n<p>II. Teocentrismo trinitario del Vaticano II<br \/>\nEl car\u00e1cter teoc\u00e9ntrico del Vaticano II aparece manifiesto en toda la trayectoria del mismo, desde su fase antepreparatoria. En el Mensaje de los Padre conciliares al mundo, reci\u00e9n estrenado el Concilio, aparece la intenci\u00f3n expresa de manifestar a los hombres el genuino rostro de Dios: \u00abnos esforzaremos en manifestar a los hombres de estos tiempos la verdad pura y sincera de Dios, de tal forma que todos la entiendan con claridad y la sigan con agrado\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>Del car\u00e1cter t\u00e9oc\u00e9ntrico-trinitario del Vaticano II son exponente tambi\u00e9n las palabras de Pablo VI en la clausura del mismo. El Papa Montini reconoce que el Vaticano II se ha celebrado en una \u00e9poca en la que parece que Dios y la religi\u00f3n hayan quedado arrumbados ante la afirmaci\u00f3n presuntuosa del hombre. Pablo VI, sin embargo, reconoce que el Concilio ha tratado de acentuar el misterio de Dios como el soporte de un aut\u00e9ntico humanismo: \u00abEn este tiempo se ha celebrado este Concilio a honor de Dios, en el nombre de Cristo, con el \u00ed\u00admpetu del Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230; La concepci\u00f3n teoc\u00e9ntrica y teol\u00f3gica del hombre y del universo&#8230; se ha erguido en este Concilio en medio de la humanidad con pretensiones que el juicio del mundo calificar\u00e1 primeramente como insensatas, pero que luego, as\u00ed\u00ad lo esperamos, tratar\u00e1 de reconocerlas como verdaderamente humanas&#8230;, a saber: que Dios s\u00ed\u00ad existe, que es real, que es viviente, que es personal, que es providente, que es infinitamente bueno; m\u00e1s a\u00fan, no s\u00f3lo bueno en s\u00ed\u00ad, sino inmensamente bueno para nosotros, nuestro creador, nuestra verdad, nuestra felicidad&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Pero lo que interesa resaltar es el modo como el Concilio ha tratado el tema de Dios. En las comunicaciones de los obispos y Centros Teol\u00f3gicos, en las fases antepreparatoria y preparatoria, salvo raras excepciones, se piensa en la presentaci\u00f3n del misterio de Dios no como misterio deslumbrante que humilla y anonada, ni siquiera en la Trinidad en s\u00ed\u00ad misma como lo hicieron los Concilios trinitarios de los primeros siglos; se quiere que el Concilio trate de la SS. Trinidad en su dimensi\u00f3n econ\u00f3mico-salv\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>a) Unos creen que el Concilio ha de arrancar de la SS. Trinidad como principio y meta final de todo lo creado y, en concreto, del ser humano. Dios (el Padre) es el prinicipio original y el t\u00e9rmino final de todo, \u00abla Patria y el Hogar\u00bb definitivos del hombre. Cristo act\u00faa como Mediador en la realizaci\u00f3n del designio, del Padre. Y el Esp\u00ed\u00adritu Santo como impulsor del proyecto del Padre realizado por el Hijo hacia la consumaci\u00f3n de in domo Patris.<br \/>\nb) Quienes piensan que el Concilio debe tener un acento fundamentalmente antropoc\u00e9ntrico, insisten en ver al hombre teol\u00f3gicamente o en la econom\u00ed\u00ada trinitaria: hijo del Padre, concorp\u00f3reo de Cristo y templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>c) Pero, sobre todo, para quienes el tema central del Concilio ha de ser la Iglesia, \u00e9sta es contemplada en su dimensi\u00f3n te\u00e1ndrica o en sus relaciones con las divinas personas: Pueblo de Dios (Padre), Cuerpo de Cristo y Templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>III. Presentaci\u00f3n del misterio de Dios<br \/>\nLa direcci\u00f3n pastoral que se quer\u00ed\u00ada imprimir al Concilio motiv\u00f3 el abandono, dentro de la reducci\u00f3n y simplificaci\u00f3n de los esquemas, de un estudio expreso sobre el misterio de Dios. M\u00e1s que a una reafirmaci\u00f3n de la esencia y atributos del ser divino y de su ontolog\u00ed\u00ada trinitaria, el Concilio quer\u00ed\u00ada mostrar el rostro amoroso de Dios, que se abre a los hombres en Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu y establece con ellos unas relaciones familiares y personales.<\/p>\n<p>No todos los Padres, sin embargo, estuvieron de acuerdo con esta forma pastoral que ofrec\u00ed\u00adan los Esquemas. Acostumbrados a la manera de estudiar el misterio trinitario \u00abmore scholastico\u00bb, presentaron sus reparos a la forma \u00abfuncional\u00bb que ofrec\u00ed\u00ada el esquema \u00abDe Ecclesiae mysterio\u00bb : \u00abDebe procederse con cautela en esta estructura de la eclesiolog\u00ed\u00ada trinitaria, con el fin de que nadie aplique err\u00f3neamente las nociones de propiedad y apropiaci\u00f3n en las divinas personas, cuando se afirma que la uni\u00f3n social de la Iglesia se constituye conforme al modelo de las divinas Personas\u00bb.<\/p>\n<p>La Comisi\u00f3n doctrinal sali\u00f3 al paso a estos escr\u00fapulos, ofreciendo el criterio que orientaba el tratamiento del tema trinitario: \u00abDesean algunos Padres que se haga una distinci\u00f3n m\u00e1s n\u00ed\u00adtida entre aquello que, en las divinas personas, es propio o apropiado. Para evitar discusiones el texto habla simplemente a tenor de las palabras que, tanto en la Escritura como en los S\u00ed\u00admbolos de la fe, y en los Concilios, por doquier se emplean. No parece necesario entrar en m\u00e1s explicaciones sobre la SS. Trinidad. De sobra es sabido que, en san Pablo, sobre todo Ef 1, la revelaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n por medio de la Iglesia, se ofrece de acuerdo con la obra (munus) respectiva de las tres Personas\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>Esta respuesta ofrec\u00ed\u00ada la clave para entender la \u00f3ptica en la que se situ\u00f3 el Concilio a la hora de estudiar el tema trinitario: a) se elude hablar de la SS. Trinidad como misterio en s\u00ed\u00ad; b) se la muestra como se revel\u00f3 en la historia, en categor\u00ed\u00adas relacionales y personales; c) se evoca, en concreto, a san Pablo, quien presenta a las divinas personas deuna manera funcional en su actuar respectivo y distinto.<\/p>\n<p>Toda la doctrina conciliar, de hecho, ha quedado situada en esta clave trinitario-econ\u00f3mica. No menos de cincuenta son las ocasiones en las que aparecen conjuntamente las tres personas en los diversos documentos conciliares en funci\u00f3n de la salvaci\u00f3n del hombre&#8217;. He aqu\u00ed\u00ad algunos botones de muestra:<br \/>\n1) La revelaci\u00f3n divina viene presentada en la DV no en una forma conceptual, como aparec\u00ed\u00ada en el primer esquema, sino como un di\u00e1logo de amor de Dios con el ser humano, encaminado a la autodonaci\u00f3n del Padre a los hombres, por Cristo, su Palabra encarnada, y en el Esp\u00ed\u00adritu, que hace comprender y saborear el designio divino, haci\u00e9ndolo realidad en el hombre (DV 2).<\/p>\n<p>2) La Iglesia, de igual forma, es contemplada en clave de comuni\u00f3n con las divinas personas: es el \u00abmisterio\u00bb que surge del designio de amor de Dios (el Padre) que quiso hacer part\u00ed\u00adcipes a los hombres de su propia vida, hechos uno en Cristo por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Al participar la vida misma de la SS. Trinidad, la Iglesia viene a ser \u00abcomo un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (LG 4, 2), con la misi\u00f3n de reunir a todos los hombres \u00aben el Pueblo de Dios, Cuerpo del Se\u00f1or y Templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (LG 17).<\/p>\n<p>3) Dadas estas relaciones personales y familiares (cf. Ef 2, 19) con las divinas personas, la Iglesia est\u00e1 llamada a transcender el espacio y el tiempo: tiene un destino escatol\u00f3gico: \u00abNacida del amor del Padre eterno, fundada en el tiempo por Cristo Redentor, reunida en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, la Iglesia tiene una finalidad escatol\u00f3gica y de salvaci\u00f3n, que s\u00f3lo en el siglo futuro podr\u00e1 alcanzar plenamente\u00bb (GS 40, 2).<\/p>\n<p>4) En raz\u00f3n de su destino escatol\u00f3gico, la Iglesia se constituye como \u00abcomunidad cristiana, integrada por hombres que, reunidos en Cristo son guiados por el Esp\u00ed\u00adritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre\u00bb (GS 1). Y, alentada por el Esp\u00ed\u00adritu, se re\u00fane en torno a Cristo, presente en la liturgia, para celebrar en esperanza su entrada definitiva \u00aben la casa del Padre\u00bb (cf. SC 1-12; 47-48).<\/p>\n<p>5) Reconociendo su misi\u00f3n de \u00abministros de la Trinidad\u00bb, el Concilio pide a los cl\u00e9rigos que, ya desde su ingreso en el seminario \u00abaprendan a vivir en trato familiar y asiduo con el Padre por su Hijo Jesucristo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (OT 8, 1). A todos los cristianos, igualmente, les amonesta a que el parentesco que tienen con las divinas personas lo vivan en comuni\u00f3n con el Padre, por el Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, ya que \u00abcuanto m\u00e1s estrecha sea su comuni\u00f3n con el Padre, el Verbo y el Esp\u00ed\u00adritu, m\u00e1s \u00ed\u00adntimamente y m\u00e1s f\u00e1cilmente podr\u00e1n aumentar la mutua hermandad\u00bb (UR 7, 3).<\/p>\n<p>6) El car\u00e1cter pastoral del Vaticano II ha conducido a \u00e9ste a centrar su atenci\u00f3n en el ser humano. El hombre, sin embargo, que ha contemplado el Vaticano II es el hombre en el plan divino \u00abllamado, como hijo a la comuni\u00f3n con Dios y a la participaci\u00f3n de su felicidad\u00bb (GS 21, 3); el hombre creado en Cristo y animado y vivificado por el Esp\u00ed\u00adritu Santo (LG 3-4). El Vaticano II, en efecto, ha respondido satisfactoriamente al prop\u00f3sito manifestado por los Padres conciliares en su Mensaje al mundo de presentar el genuino rostro de Dios, tal y como se nos ha revelado en Cristo: el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>IV. La teolog\u00ed\u00ada trinitaria del Vaticano II<br \/>\n1. El car\u00e1cter teoc\u00e9ntrico trinitario del Concilio es manifiesto. Ning\u00fan Concilio en la historia se ocup\u00f3 del Dios cristiano en el modo y medida que lo ha hecho el Vaticano II. Pero veamos en d\u00f3nde radica la originalidad del Vaticano II.<\/p>\n<p>En tanto que en el \u00abSchema constitutionis dogmaticae de doctrina catholica contra multiplices errores ex rationalismo derivatos&#8230;\u00bb (cap. XIII) del Vaticano I, y en el Schema de deposito fidei puye custodiendo (cap. 2, De Deo), preparado por la Comisi\u00f3n teol\u00f3gica para ser estudiado por el Vaticano II, exist\u00ed\u00ada una preocupaci\u00f3n de tipo apolog\u00e9tico por el \u00aben s\u00ed\u00ad\u00bb de Dios, el Vaticano II, dando por supuesta la ontolog\u00ed\u00ada trinitaria, ha situado a la SS. Trinidad en el marco de la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica. Este enfoque general trajo como consecuencia una presentaci\u00f3n econ\u00f3mica de la SS. Trinidad, de suerte que las personas divinas son constantemente evocadas seg\u00fan su \u00aborden\u00bb o acci\u00f3n respectiva en la historia de la salvaci\u00f3n. Esta \u00f3ptica es una constante en todos los documentos conciliares, salvo raras excepciones, en las que aparecen expresiones m\u00e1s esencialistas o est\u00e1ticas.<\/p>\n<p>Con ello el Concilio ha conectado con la m\u00e1s pura tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica y patr\u00ed\u00adstica, sobre todo oriental, que ha contemplado siempre el actuar trinitario \u00abad extra\u00bb seg\u00fan el orden de sus procesiones. Esta visual aparece con especial relieve en la LG, que es el hilo conductor de toda la doctrina conciliar. El Vaticano II por tanto, no nos ha dicho qui\u00e9n es el Padre en s\u00ed\u00ad mismo, pero nos ha manifestado su relaci\u00f3n \u00abpaternal\u00bb con el hombre. Tampoco ha entrado en el estudio del constitutivo ontol\u00f3gico de Cristo, pero s\u00ed\u00ad nos lo ha mostrado en su funci\u00f3n soteriol\u00f3gica: Cristo es el \u00abCamino\u00bb que nos conduce al Padre; \u00abVerdad\u00bb que esclarece el enigma de la existencia humana y todas las contradicciones a las que est\u00e1 sujeta; y \u00abVida\u00bb eterna para el hombre (cf. 1 Jn 14, 6; cf. GS 22). Como tampoco se ha parado el Concilio a describirnos el ser misterioso del Esp\u00ed\u00adritu Santo, en el interior de la Trinidad, si bien nos ha ofrecido, como ning\u00fan otro Concilio, la dimensi\u00f3n funcional del Pneuma en la Iglesia. El Vaticano II, en otras palabras, ha sacado a la SS. Trinidad de su ol\u00ed\u00admpico aislamiento\u00bb, al que lo hab\u00ed\u00adan relegado en buena medida te\u00f3logos y pastores y lo ha acercado al hombre como su \u00abhumus\u00bb vital.<\/p>\n<p>2. La doctrina trinitaria del Vaticano II es necesario situarla a un nivel de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica&#8217;. Las palabras citadas de la Comisi\u00f3n doctrinal \u00abde acuerdo con la obra (munus) respectiva de cada una de las divinas personas\u00bb revelan la intenci\u00f3n de la misma de mostrar el misterio trinitario en clave funcional. Al situar a la SS. Trinidad en el marco de la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, de los s\u00ed\u00admbolos de la fe y de los Concilios, el Vaticano II ha tomado postura indirectamente frente a una abusiva conceptualizaci\u00f3ndel \u00abmisterio\u00bb y, m\u00e1s en concreto, del misterio medular de nuestra fe, la SS. Trinidad.<\/p>\n<p>El Dios que nos muestra el Vaticano II es el Dios que en el AT se abre y se acerca al hombre, camina codo a codo con \u00e9l y culmina, en el m\u00e1ximo grado de su cercan\u00ed\u00ada, enviando a su propio Hijo al mundo y, por \u00e9l, al Esp\u00ed\u00adritu de ambos, en quien esta presencia espacio-temporal del Verbo adquiere una nueva dimensi\u00f3n metahist\u00f3rica. Dios, el totalmente \u00abOtro\u00bb, se hace, en Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu, el totalmente presente al hombre, de una forma \u00abpersonal\u00bb (distinta de la relaci\u00f3n causal), entablando unas relaciones personales con los hombres.<\/p>\n<p>3. a) El Dios que nos muestra el Vaticano II es el Padre, fundamento del ser del hombre, que lo ha creado y lo ha constituido inteligente y libre (cf. GS 21, 3) y, todav\u00ed\u00ada m\u00e1s, lo ha llamado a entablar unas relaciones personales con \u00e9l (cf. AG 13, 2), en calidad de hijo suyo (cf. GS 20, 1; 21, 3; LG 2, 3; AG 2). En la plenitud de los tiempos, movido de su amor a los hombres (cf. PO 22, 2; LG 2; GS 38; 45, 1; etc.), envi\u00f3 a su propio Hijo, no para condenar a los hombres sino para descubrirles la intimidad de Dios (cf. DV 4, 1): que Dios \u00abes amor\u00bb (cf. LG 42, 1). Y as\u00ed\u00ad los hombres, liberados del pecado (cf. GS 22, 3; LG 4, 1; 7, 1; 8, 4; ctc.) entran en comuni\u00f3n con el Padre y con el Hijo, en el Esp\u00ed\u00adritu (cf. DV 1), en una vida eterna.<\/p>\n<p>b) Es el Hijo. La condici\u00f3n \u00abpersonal\u00bb del Hijo viene descrita en los documentos conciliares con trazos n\u00ed\u00adtidos (cf. LG 7, 1; 41. 1; GS 22, 2; 41, 1; etc.). En cuanto Hijo de Dios e \u00abimagen de Dios invisible\u00bb, es el \u00abenviado del Padre\u00bb (cf. LG 3; 13; 17; DV 4, 1; AG 3, 2; etc.). En cuanto hombre, es el \u00abhombre perfecto\u00bb, que se ha hecho en todo semejante a los hombres menos en el pecado (cf. GS 22, 2). Y en cuanto Dios-Hombre, es \u00abel ejemplar, maestro, liberador, salvador y vivificador\u00bb (cf. AG 8).<\/p>\n<p>c) Para el Vaticano II, al igual que para la Iglesia primitiva, el Esp\u00ed\u00adritu es un \u00abTercero\u00bb en la comunidad de las personas divinas; \u00abalguien\u00bb que ha sido enviado por el Hijo de parte del Padre (cf. AG 4); habita en la Iglesia y en cada uno de los cristianos (cf. LG 4, 1; 9, 2), en quienes es principio de vida (cf. LG 4, 1; 7, 7; 9, 2; 11, 2) y de unidad (cf. LG 4, 1; 7, 7). El Pneuma atestigua el parentesco de la Iglesia con el Padre (cf. LG 4, 1), la conduce, enriqueci\u00e9ndola con diversos dones jer\u00e1rquicos y carism\u00e1ticos y la impulsa a anhelar la uni\u00f3n consumada con el Padre y el Hijo in domo Patris (cf. LG 4, 1; AG 4).<\/p>\n<p>El Vaticano II, por tanto, nos ha presentado a la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad, no como un misterio nebuloso, lejano y sin incidencia real en la vida humana, sino como lo m\u00e1s cercano al hombre: el hontanar del que surge y vive la Iglesia y cada uno de los hombres. Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo no son tres nombres hueros y vac\u00ed\u00ados de contenido, sino, como lo ponen de relieve la Escritura, los s\u00ed\u00admbolos de la Fe y los Concilios, son las tres personas en las que se despliega el ser divino como comunidad de amor, constituyendo una Familia, la Familia original, que ha querido asociar a los hombres a su misma vida de comuni\u00f3n familiar. El Padre es \u00abnuestro Padre\u00bb. El Hijo es el \u00abprimog\u00e9nito entre muchos hermanos\u00bb (Rm 8, 29) y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, el Amor, en quien el hombre es como asumido por el Hijo hasta el hogar del Padre.<\/p>\n<p>V. La Iglesia, Familia de Dios<br \/>\n1. Varios Padres conciliares, antes y durante las sesiones conciliares, pidieron que se tratara de la Iglesia como \u00abFamilia de Dios\u00bb, en la que la primera persona divina es el Padre; Cristo, el Hijo encarnado, es el \u00abprimog\u00e9nito entre muchos hermanos\u00bb y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, el sensus familiaris13. Presentar a la Iglesia como Familia de Dios ven\u00ed\u00ada a ser, para estos Padres, la clave para hacerla cercana en el mundo actual, necesitado de una vida de comuni\u00f3n familiar entre todos los hombres. El Concilio, sin embargo, no desarroll\u00f3 esta l\u00ed\u00adnea, asumiendo m\u00e1s bien la de Pueblo de Dios. Eso s\u00ed\u00ad, la mencion\u00f3 en la LG (cf. nn. 6, 4; 27, 3; 28, 1; 51, 2). Con un poco m\u00e1s amplitud toca el tema en la GS (cf. nn. 32, 3-5; 40, 1; 42, 1; 92, 3): \u00abPrimog\u00e9nito entre muchos hermanos, Jesucristo constituye, con el don de su Esp\u00ed\u00adritu, una nueva comunidad fraterna&#8230; que es la Iglesia, en la que todos, miembros los unos de los otros, deben ayudarse mutuamente seg\u00fan la variedad de dones que se les hayan conferido\u00bb (GS 32, 4). Mediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo y el servicio fraterno de los hermanos, la comunidad humana se edifica \u00abcomo familia amada de Dios y de Cristo hermano\u00bb (GS 32, 5). En este n\u00famero es donde se reconoce paladinamente que la Iglesia es Familia de Dios, porque los hombres, incorporados a Cristo por el bautismo entran en la koinon\u00ed\u00ada trinitaria. El hecho de la incorporaci\u00f3n a Cristo, seg\u00fan el Concilio, crea un nuevo tipo de relaciones entre las personas divinas y los hombres y estos entre s\u00ed\u00ad, que bien podemos calificar de familiares. El hombre, en Cristo, entra a formar parte de la Familia divina en calidad de hijo. En Cristo, igualmente, es hermano con el Primog\u00e9nito entre muchos hermanos (Rom 8, 29), quedando animado por el Esp\u00ed\u00adritu, que es y act\u00faa como \u00abesp\u00ed\u00adritu de familia\u00bb, es decir, como principio de vida \u00abfamiliar\u00bb: de amor, de comuni\u00f3n, de servicio al Padre, por Cristo y en Cristo, y a los hombres, tambi\u00e9n por Cristo y en Cristo, desde el Padre. El Concilio mismo califica al Esp\u00ed\u00adritu Santo como \u00abesp\u00ed\u00adritu familiar\u00bb (cf. GS 42, 4).<\/p>\n<p>2. La condici\u00f3n de la Iglesia como \u00abFamilia de Dios\u00bb, que participa la misma vida de las tres personas es contemplada por el Concilio en su doble vertiente: entitativa y operativa. En el primer caso nos es presentada como ampliaci\u00f3n en el tiempo de la misma \u00abkoinon\u00ed\u00ada trinitaria\u00bb (cf. LG 4, 2). En el segundo, consecuencia del primero, en calidad de personas que deben vivir de acuerdo con la nueva existencia que han recibido. La presentaci\u00f3n que el esquema De Ecclesia in mundo huius temporis ofrec\u00ed\u00ada sobre este particular agrad\u00f3 a los Padres, quienes vieron presentada la vida de comuni\u00f3n de las tres personas como paradigma de las relaciones que deben mediar entre los miembros de la Familia de Dios. Los nn. 16 y 35 de dicho Esquema15 fueron refundidos y desprovistos de t\u00e9rminos abstractos (\u00absubsistens\u00bb, \u00abrelatio\u00bb&#8230;) ofreciendo unnuevo n\u00famero, en el que, sobre la base de las palabras de Jes\u00fas en Jn 17, 21-22, presentan la comuni\u00f3n de las divinas personas como ejemplar de la comuni\u00f3n de los hijos de Dios, con las tres personas divinas y entre s\u00ed\u00ad: \u00abCuando el Se\u00f1or ruega al Padre que todos sean uno, como nosotros somos uno (Jn 17, 21-22), abriendo perspectivas cerradas a la raz\u00f3n humana, sugiere una cierta semejanza entre la uni\u00f3n de las personas divinas y la uni\u00f3n de los hijos de Dios en la verdad y en la caridad\u00bb (GS 24, 3).<\/p>\n<p>Este ha sido otro tanto muy positivo que se ha apuntado el Vaticano II en el campo trinitario. Es una consecuencia de la condici\u00f3n de la Iglesia como ampliaci\u00f3n en el tiempo de la misma vida de comuni\u00f3n familiar en el amor, que media entre las tres personas. Si la Iglesia es ontol\u00f3gicamente la plenitud (pler\u00f3ma) hist\u00f3rica de la SS. Trinidad, debe manifestarlo tambi\u00e9n en su obrar.<\/p>\n<p>El Concilio, en GS 24, 2, remite a Jn 17, 21-22. Cristo pide para los suyos la misma comuni\u00f3n de amor que media entre ambos (Padre e Hijo) en la eternidad. En virtud de su participaci\u00f3n en la filiaci\u00f3n del Hijo, los hombres todos vienen a quedar situados en la misma relaci\u00f3n que media entre Padre e Hijo. Ontol\u00f3gicamente tambi\u00e9n ellos son uno, con una uni\u00f3n vital, con el Padre y el Hijo y entre s\u00ed\u00ad, por su incorporaci\u00f3n a Cristo y la animaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>El Concilio reconoce el car\u00e1cter ontol\u00f3gico de la comuni\u00f3n de los hombres, con el Padre y el Hijo y entre s\u00ed\u00ad, como fundamento de una vida de comuni\u00f3n fraterna, semejante a la vida de comuni\u00f3n entre las tres personas divinas. Ahora bien; la vida en la SS. Trinidad es una relaci\u00f3n interpersonal: tres personas distintas, cada una con su peculiaridad propia que, sin confundirse ni diluirse en la comunidad trinitaria, son respectivamente desde esa peculiaridad personal, para las otras. Cada una de las personas divinas necesita de las otras en cuanto tales y distintas para ser \u00abElla\u00bb. La comunidad original se constituye por esa donaci\u00f3n mutua del ser divino. Por eso, todas tres est\u00e1n abiertas para darse y abiertas para recibir. En la SS. Trinidad se realiza el ideal del amor: ser varios y distintos y a la vez uno.<\/p>\n<p>Cuando el Concilio propone a la SS. Trinidad como ejemplar a imitar por la Iglesia en cuanto Familia de Dios, quiere que se viva la misma comuni\u00f3n. Puesto que todos los hombres constituyen una \u00fanica Familia y son un \u00fanico Cuerpo, es necesario que haya entre todos una circulaci\u00f3n de bienes, de naturaleza y de gracia, de suerte que se realice cada uno en el don mutuo, al otro y a los otros, y que contribuyan con la propia entrega a realizar a los dem\u00e1s, para que todos sean uno, de modo an\u00e1logo a como las tres personas son Uno.<\/p>\n<p>VI. Conclusi\u00f3n<br \/>\nEl Vaticano II, es cierto, no ha tratado expresamente et tema de Dios-Trinidad. La Iglesia como \u00abmisterio\u00bb de comuni\u00f3n en s\u00ed\u00ad y de cara al mundo ha constituido el tema central de su reflexi\u00f3n. Pero precisamente por eso, el Vaticano II, como ning\u00fan otro Concilio, ha hablado del \u00abmisterio de Dios\u00bb, sin el cual la Iglesia no pasar\u00ed\u00ada de ser una sociedad pura y dura; Jesucristo, un \u00abprofeta m\u00e1s\u00bb de tantos como han cruzado la historia. Los sacramentos se quedar\u00ed\u00adan en algo \u00abm\u00e1gico\u00bb. Y el hombre, a lo m\u00e1s, en un sujeto de derechos y deberes \u00e9ticos. Por eso, el Concilio, que ha tratado de clarificar la identidad del hombre y de la Iglesia, se ha remontado hasta la SS. Trinidad, para descubrirnos en ella \u00abel protomisterio\u00bb y \u00abclave de b\u00f3veda\u00bb de todos los misterios cristianos, sin la cual todos ellos se derrumban.<\/p>\n<p>La SS. Trinidad, para el Vaticano II, es el Dios-Amor que ilumina y da sentido a todos los sinsentidos y contradicciones que tiene la vida humana: \u00abEste es el gran misterio del hombre que la revelaci\u00f3n cristiana esclarece a los fieles. Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte, que fuera del Evangelio nos envuelve en absoluta oscuridad. Cristo resucit\u00f3; con su muerte destruy\u00f3 la muerte y nos dio la vida, para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Esp\u00ed\u00adritu: \u00c2\u00a1Abba!, \u00c2\u00a1Padre!\u00bb (GS 22, 6).<\/p>\n<p>Todav\u00ed\u00ada m\u00e1s; la SS. Trinidad como comuni\u00f3n de amor que se visualiza en la comuni\u00f3n de la Iglesia, es la soluci\u00f3n al ate\u00ed\u00adsmo moderno, que no necesita de grandes s\u00ed\u00adntesis apolog\u00e9ticas, sino de que se le muestre, vivo y verificable, el misterio de Dios-Amor: \u00abEl remedio al ate\u00ed\u00adsmo hay que buscarlo en la&#8230; integridad de la vida de la Iglesia y de sus miembros. A la Iglesia toca hacer presentes y como visibles a Dios Padre y a su Hijo encarnado con la continua renovaci\u00f3n y purificaci\u00f3n propias bajo la gu\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230; Mucho contribuye a esta manifestaci\u00f3n de la presencia de Dios el amor fraterno de los fieles&#8230;\u00bb (GS 21, 5).<\/p>\n<p>[-> Amor; Antropolog\u00ed\u00ada; Biblia; Comuni\u00f3n; Concilios; Credos; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Jesucristo; Historia; Iglesia; Misterio; Persona; Relaciones; Revelaci\u00f3n; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Trinidad; Vida eterna.]<br \/>\nNereo Silanes<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Concilio ecum\u00e9nico que se desarroll\u00f3 en el Vaticano desde el 11 de octubre de 1962 hasta el 8 de diciembre de 1965. El Y aticano 11 fue un acontecimiento en la vida de la Iglesia del siglo xx y por eso mismo constituye una etapa fundamental en la historia universal. Llega a ser como la conclusi\u00f3n del per\u00ed\u00adodo tridentino y la apertura de una nueva fase de la historia de la Iglesia.<\/p>\n<p>Se debe a la acci\u00f3n prof\u00e9tica de Juan XXIII la percepci\u00f3n de la necesidad de un concilio que marcase positivamente la nueva fase de la misi\u00f3n evangelizadora de la Iglesia; y a la indiscutible personalidad de Pablo VI, el coraje de haberlo llevado hasta el final y de haber emprendido los primeros pasos de la reforma. Juan XXIII anunci\u00f3 el concilio de manera totalmente imprevista la tarde del 25 de enero de 1959 en la bas\u00ed\u00adlica de San Pablo extramuros. A partir de aquella fecha, se inici\u00f3 un doble movimiento: por una parte, la preparaci\u00f3n directa del concilio, realizada sobre todo por la curia romana; por otra, la decantaci\u00f3n de diversas experiencias eclesiales que tend\u00ed\u00adan hacia una fuerte renovaci\u00f3n de la vida de la Iglesia.<\/p>\n<p>Una mirada a la historia preconciliar advierte ante todo la existencia de un fuerte bloque conservador; lo atestiguan diversos factores; podemos recordar en particular: la concentraci\u00f3n de la curia y el cargo vacante de Secretario de Estado que siempre mantuvo p\u00ed\u00ado XII; las diversas condenaciones de algunas renovaciones teol\u00f3gicas como la Nouvelle Th\u00e9ologie; la prohibici\u00f3n de ense\u00f1ar a la que se someti\u00f3 a diversos profesores de valor, como de Lubac, Congar Chenu, Bouillard, Lyonnet, Teilhard de Chardin&#8230;, despu\u00e9s de la publicaci\u00f3n de la enc\u00ed\u00adclica Humani generis. Pero la historia sigue adelante. Diversos elementos hac\u00ed\u00adan pensar ya en el cambio que pronto habr\u00ed\u00ada de realizarse: el contexto socio-cultural mostraba ya los signos de una industrializaci\u00f3n irreversible; los pa\u00ed\u00adses del Tercer Mundo asum\u00ed\u00adan una identidad que nunca hab\u00ed\u00adan tenido hasta entonces y el colonialismo estaba tocando a su fin: en una palabra, la sociedad viv\u00ed\u00ada sobresaltada y se estaba gestando algo que habr\u00ed\u00ada de modificar no poco la vida civil. Tambi\u00e9n dentro de la Iglesia hab\u00ed\u00ada signos que presagiaban el cambio: el movimiento ecum\u00e9nico crec\u00ed\u00ada cada vez m\u00e1s con una fuerte conciencia de crear aut\u00e9nticos espacios de encuentro y de di\u00e1logo; el laicado asum\u00ed\u00ada una fisonom\u00ed\u00ada de aut\u00e9ntica madurez eclesial; el contexto teol\u00f3gico se ve\u00ed\u00ada sostenido por una investigaci\u00f3n que recuperaba las fuentes genuinas de la Escritura y de los Padres.<\/p>\n<p>La Comisi\u00f3n preparatoria estaba presidida por el cardenal Tardini: el secretario general del concilio fue monse\u00f1or Pericles Felici; el material de discusi\u00f3n, preparado por 10 comisiones compuestas de algunos te\u00f3logos de curia, se elabor\u00f3 en 70 esquemas. La mayor parte de las personas comprometidas en la preparaci\u00f3n del concilio part\u00ed\u00adan con la seguridad de que concluir\u00ed\u00ada en unos pocos meses; afortunadamente, estas previsiones resultaron falsas.<\/p>\n<p>En tres a\u00f1os de intenso trabajo el concilio rechaz\u00f3 una gran parte del material preparatorio y formul\u00f3 unos documentos que restitu\u00ed\u00adan a la Iglesia un horizonte aut\u00e9nticamente evang\u00e9lico. En el concilio Vaticano II estuvieron presentes 2.540 obispos, procedentes de todos los continentes, y al menos 480 te\u00f3logos-\u00abperitos\u00bb y auditores y auditoras, as\u00ed\u00ad como representantes d\u00e9 la Reforma y de la Ortodoxia. Esta representaci\u00f3n por s\u00ed\u00ad misma lo hac\u00ed\u00ada ecum\u00e9nico y manifestaba las nuevas expresiones de di\u00e1logo que habr\u00ed\u00adan de codificarse en sus mismos documentos.<\/p>\n<p>El Vaticano II, en las 10 sesiones en que se realiz\u00f3, produjo 16 documentos que presentamos en su aprobaci\u00f3n cronol\u00f3gica, divididos en 4 constituciones: Sacrosanctum concilium (1963:<br \/>\nsobre la liturgia), Lumen gentium (1964: la Iglesia), Dei Verbum (1965: la revelaci\u00f3n), Gaudium et spes (1965: la Iglesia y el mundo contempor\u00e1neo); 9 decretos: Inter mirifica (1963: los medios de comunicaci\u00f3n social), Orientalium Ecclesiarum (1964: las Iglesias orientales cat\u00f3licas), Unitatis redintegratio (1964: el ecumenismo), Christus Dominus (1965 : los obispos), Perfectae caritatis (1965: la vida religiosa), Optatam totius (1965; la formaci\u00f3n sacerdotal), Apostolicam actuositatem (1965, el apostolado de los laicos), A\u00e1 gentes (1965; las misiones) y Presbyterorum or\u00e1inis (1965: el ministerio y &#8211; la vida sacerdotal); y 3 declaraciones:<br \/>\nGravissimum educationis (1965 : la educaci\u00f3n cristiana), Nostra aetate (1965 : las religiones no cristianas) y Dignitatis humanae (1965 : la libertad religiosa).<\/p>\n<p>El concilio, como suele suceder en los momentos de cambio, se convirti\u00f3 en un signo de contradicci\u00f3n: no todo lo que hab\u00ed\u00ada en su contenido result\u00f3 inmediatamente claro y no todos lo comprendieron del mismo modo. El concilio cre\u00f3 ciertamente tensiones, pero respondi\u00f3 a muchas exigencias; ilumin\u00f3 sin duda a muchos sobre el comportamiento que hab\u00ed\u00ada que seguir, pero desilusion\u00f3 a otros; todo esto no le quita nada al car\u00e1cter de novedad que supuso, dentro de la continuidad de la Tradici\u00f3n. El concilio abri\u00f3 un camino, que tiene tambi\u00e9n necesidad de discernimiento; a m\u00e1s de 30 a\u00f1os de distancia se puede decir que algunos no le fueron fieles, mientras que otros lo fueron s\u00f3lo a la letra. Ouiz\u00e1s conviene que todos recuerden las palabras finales dirigidas en el Mensaje a los j\u00f3venes del mundo entero: \u2020\u0153La Iglesia, durante cuatro a\u00f1os, ha trabajado para rejuvenecer su rostro, para responder mejor a los designios de su fundador, el gran viviente, Cristo, eternamente joven&#8230; La Iglesia est\u00e1 preocupada por que esa sociedad que vais a construir respete la dignidad, la libertad, el derecho de las personas, y esas personas son las vuestras&#8230; Conf\u00ed\u00ada en que encontrar\u00e9is tal fuerza y tal gozo, que no est\u00e9is tentados, como algunos de vuestros mayores, de ceder a la seducci\u00f3n de las filosof\u00ed\u00adas del ego\u00ed\u00adsmo o del placer, o a las de la desesperanza y de la nada, y que frente al ate\u00ed\u00adsmo, fen\u00f3meno de cansancio y de vejez, sabr\u00e9is afirmar vuestra fe en la vida y en lo que da sentido a la vida: la certeza de la existencia de un Dios justo y bueno&#8230; La Iglesia os mira con confianza y amor. Rica en un largo pasado, siempre vivo en ella, y marchando hacia la perfecci\u00f3n humana en el tiempo y hacia los objetivos \u00faltimos de la historia y de la vida, es la verdadera juventud del mundo. Posee lo que hace la fuerza y el encanto de la juventud: la facultad de alegrarse con lo que comienza, de darse sin recompensa, de renovarse y de partir de nuevo para nuevas conquistas. Miradla y ver\u00e9is en ella el rostro de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>R. Fisichella<\/p>\n<p>Bibl.: H. Fesquet, Diario del concilio, Barcelona 1967&#8242; . J. L. Mart\u00ed\u00adn Descalzo. U\u00bb periodista en el concilio, 4 vols., Editorial Cat\u00f3lica, Madrid 1963-1966; G. Alberigo &#8211; J P Jossua. recepci\u00f3n del Vaticano II Cristiandad, Madrid 1987; C, Florist\u00e1n &#8211; J J Tamayo, El Vaticano II Veinte a\u00f1os despu\u00e9s, Cristiandad, Madrid 1985; R. Latourelle (ed.), Vaticano II Balance y perspectivas Veinticinco a\u00f1os despu\u00e9s (1-962- 1987), S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1989.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>Una vez calmada la borrasca de la crisis modernista, all\u00e1 por el a\u00f1o 1930, el \u00e1rbol de la Iglesia, seco, extenuado, aparentemente sin savia, comenz\u00f3 a reverdecer, a producir reto\u00f1os, a proyectar luego ramas hacia el espacio en busca de un poco de luz: presagios de la primavera del Vaticano II. Porque el concilio no fue fruto de una generaci\u00f3n espont\u00e1nea. Surgi\u00f3 de un contexto; germin\u00f3 durante cuatro o cinco decenios. Antes de hablar del mismo acontecimiento, de su dimensi\u00f3n, de sus frutos, de sus realizaciones futuras, hay que decir unas palabras del contexto que lo precedi\u00f3 y prepar\u00f3.<\/p>\n<p>I. CONTEXTO HIST\u00ed\u201cRICO ANTERIOR. La verdad es que el concilio sali\u00f3 al encuentro de unas exigencias profundas del cristianismo y de la humanidad entera. La Iglesia no pod\u00ed\u00ada mantener su actitud de recelo y de gueto ante una sociedad en plena evoluci\u00f3n hacia una estructura planetaria, renovada en su mentalidad, en sus costumbres, en sus maneras de ser y de obrar. La Iglesia ten\u00ed\u00ada que salir de su mutismo de ciento cincuenta a\u00f1os y entrar en di\u00e1logo con un interlocutor muy diferente a su vez del que hab\u00ed\u00ada sido.<\/p>\n<p>a) Una sociedad en cambio. Se\u00f1alamos tres factores de este cambio social:<br \/>\n&#8211; La ascensi\u00f3n del tercer mundo y el fin del colonialismo en \u00ed\u0081frica y en Asia, lo mismo que hab\u00ed\u00ada ocurrido con Am\u00e9rica en el siglo XIX. Las fechas y las cifras hablan por s\u00ed\u00ad mismas: independencia de Indonesia (1945), de Filipinas (1946), luego de la India. En 1948 nace el Estado de Israel; en 1951, Libia se libera de la tutela inglesa. Los a\u00f1os 1954-1962 marcan las luchas por la independencia de \u00ed\u0081frica. En 1956, independencia del Sud\u00e1n; en 1958, de Ghana; luego, por el 1960, la del Congo (el Zaire actual), Kenia, Uganda, Madagascar. En 1970 cesa la dominaci\u00f3n por tuguesa de Angola y Mozambique. Indochina, convertida en Vietnam, se libera de las influencias francesa y americana despu\u00e9s de varios a\u00f1os de sangrientos combates. Ha pasado una \u00e9poca. El tercer mundo, en el a\u00f1o 2000 alcanzar\u00e1 una poblaci\u00f3n de 5.000 millones, frente a los 1.500 millones de los pa\u00ed\u00adses llamados desarrollados. Esta liberaci\u00f3n del mundo afro-asi\u00e1tico tiene ya repercusiones inconmensurables en la imagen de la Iglesia (jerarqu\u00ed\u00ada y fieles), en su mentalidad, sus actitudes, sus costumbres, su liturgia, etc.<\/p>\n<p>&#8211; La industrializaci\u00f3n del mundo. Paralelamente, en los pa\u00ed\u00adses occidentales, gracias a las aplicaciones de la t\u00e9cnica, la industria transforma una sociedad que hab\u00ed\u00ada sido sobre todo agr\u00ed\u00adcola; centuplica la eficacia y. los medios de producci\u00f3n, mientras que reduce de forma dr\u00e1stica la v mano de obra. Consiguientemente, comienza el \u00e9xodo del campo a las meg\u00e1polis (Buenos Aires, M\u00e9xico, S\u00e1o Paolo, Shanghai, Tokio, Calcuta, Pek\u00ed\u00adn, R\u00ed\u00ado de Janeiro, Nueva York, todas ellas con m\u00e1s de diez millones de habitantes), con su cadena de problemas: droga, paro, violencia, terrorismo, huelgas, escasa natalidad, inmoralidad multiforme, etc.<\/p>\n<p>La televisi\u00f3n, finalmente, penetra en el coraz\u00f3n de los hogares y transforma la tierra en una \u00abinmensa aldea\u00bb. Vivimos la hora del presente universal. Las poltronas paralelas de las salas de televisi\u00f3n se convierten en s\u00ed\u00admbolo de los mon\u00f3logos paralelos y silenciosos de los hombres anonadados ante la peque\u00f1a pantalla.<\/p>\n<p>Ante unos cambios tan gigantescos,. \u00bfse puede seguir hablando de cristiandad, de religi\u00f3n de Estado, de naci\u00f3n cristiana? \u00bfQu\u00e9 influencia puede ejercer la Iglesia en este mundo pluralista, secularizado, en donde se codean y se mezclan religiones, razas, culturas? De momento, el mundo se parece a una inmensa caldera en ebullici\u00f3n, en la que se mezclan lo mejor y lo peor.<\/p>\n<p>b) Una Iglesia en busca. Existe por todas partes un malestar generalizado, tanto en el mundo laico como en los cl\u00e9rigos. Dentro de las mismas regiones coexisten corrientes progresistas y otras conservadoras a ultranza. Sin embargo, se dibujan nuevas tendencias, cada vez m\u00e1s firmes, sobre todo en tres terrenos:<br \/>\n&#8211; Los laicos ocupan en la Iglesia un lugar cada vez m\u00e1s importante: una importancia que se concreta en la aparici\u00f3n de movimientos de Acci\u00f3n cat\u00f3lica (JEC, JOC), que invaden r\u00e1pidamente Europa y Am\u00e9rica bajo la influencia del abate Cardijn; en el nacimiento de los institutos seculares, que viven los consejos evang\u00e9licos sin dejar sus ocupaciones profesionales; en el desarrollo de la teolog\u00ed\u00ada del laicado, sostenida por revistas. Los movimientos de Acci\u00f3n cat\u00f3lica no siempre han obtenido el \u00e9xito que se esperaba, bien por culpa de la pasividad de las masas, bien debido a los temores que inspiraba una juventud que algunosjuzgaban demasiado levantisca. En el fondo, se esperaba reconstruir una nueva cristiandad en un mundo descristianizado.<\/p>\n<p>Esto llevaba a plantear el problema de la autonom\u00ed\u00ada del laicado frente al clero. La acci\u00f3n de los cat\u00f3licos se distingue cada vez m\u00e1s de los movimientos de Acci\u00f3n cat\u00f3lica y se ejerce directamente en el terreno social. El avance del comunismo y del socialismo obliga a la Iglesia a tomar posiciones en la Rerum novarum y en la Quadragesimo armo, y a ponerse luego en guardia contra los excesos del capitalismo en la Mater el magistra. Pero la mayor dificultad del catolicismo preconciliar fue siempre el desnivel nunca superado entre la teor\u00ed\u00ada y la pr\u00e1ctica en materia social. Hasta la vigilia del Vaticano II, la mayor parte de los fieles se mostraba contraria a la idea de un cambio profundo. El subdesarrollo escandaloso del tercer mundo, a partir de 1950, empez\u00f3 a sacudir a los ambientes cat\u00f3licos, primero a nivel de los textos (Populorum progressio, Medell\u00ed\u00adn, Puebla, Laborem exercens) y luego a nivel de los hechos. Lo cierto es que, ya antes del Vaticano 11, la ascensi\u00f3n del laicado era un fen\u00f3meno irreversible. Incluso se hab\u00ed\u00adan asentado ya las bases de una teolog\u00ed\u00ada del laicado (Y. CONGAR, Vraie et fausse r\u00e9forme dans 1 Eglise, 1950; trad. espa\u00f1ola, 1953).<\/p>\n<p>&#8211; Un segundo rasgo caracter\u00ed\u00adstico de la renovaci\u00f3n iniciada es el retorno a las fuentes, concretamente a la Escritura. Esta, pr\u00e1cticamente puesta en el \u00ed\u00adndice despu\u00e9s de la reforma, cobr\u00f3 nueva vida y vigor en los movimientos de Acci\u00f3n cat\u00f3lica, en la difusi\u00f3n de la Biblia, en la multiplicaci\u00f3n de cursillos b\u00ed\u00adblicos, en los comentarios b\u00ed\u00adblicos que acompa\u00f1aban ala liturgia dominical. El mismo magisterio; con la Divino afflante Spiritu (1943) dio nuevos alientos a una ex\u00e9gesis apagada por la crisis modernista. El empleo cada vez m\u00e1s generalizado de la Formgeschichte como m\u00e9todo de an\u00e1lisis literario permiti\u00f3 escudri\u00f1ar la historia y la prehistoria de los evangelios. En patr\u00ed\u00adstica, algunas colecciones como Sources Chr\u00e9tiennes y The Christian Fathers abrieron la fuente sellada de los santos padres. Este retorno a las fuentes condujo. a una mejor inteligencia de la Iglesia como misterio (DE LUBAC, Catholicisme, 1938; enc\u00ed\u00adclica Mystici Corporis, 1943; comienzo de la colecci\u00f3n Unarn sanctam, 1937). Poco a poco se iba edificando el armaz\u00f3n de la Lumen gentium.<\/p>\n<p>&#8211; Una exigencia cada vez m\u00e1s viva de la \u00e9poca preconciliar era la voluntad de reconstruir la uni\u00f3n rota entre los cristianos, oleada irrefrenable que se convertir\u00ed\u00ada en el movimiento ecum\u00e9nico, cuyos signos precursores se encuentran en la fundaci\u00f3n de la revista Ir\u00e9nikon (1926), en la obra de Y. Congar (Chr\u00e9tiens d\u00e9sunis, 1937), en la fundaci\u00f3n del centro Pro civitate christiana de G: Rossi, en 1939, y del centro Unitas en Roma, en 1950. Estos acontecimientos preparaban la fundaci\u00f3n del Secretariado para la unidad de los cristianos, en 1960, por el papa Juan XXIII.<\/p>\n<p>Se abr\u00ed\u00adan paso otras tendencias, sobre las que luego volveremos: apertura al mundo, di\u00e1logo con la ciencia, renovaci\u00f3n lit\u00fargica reclamada con obsesi\u00f3n, renovaci\u00f3n de la antropolog\u00ed\u00ada, mejor presentaci\u00f3n del mensaje cristiano en las homil\u00ed\u00adas, la catequesis, la teolog\u00ed\u00ada, especificidad del cristianismo frente a las otras religiones mundiales, abolici\u00f3n de la centralizaci\u00f3n y del monolitismo romano, relaciones entre Iglesia-evangelio-cultura. De momento, tanto en la sociedad como en la Iglesia todo est\u00e1 en ebullici\u00f3n, esperando un catalizador lo suficientemente poderoso para fomentar una unidad gravemente amenazada. .<\/p>\n<p>2. TENSIONES DOCTRINALES EN EL SENO DE LA IGLESIA. En v\u00ed\u00adsperas del Vaticano II&#8217;no todo estaba tranquilo en el centro de la cristiandad, en el Vaticano. Primer hecho que hay que subrayar: de 1944 a 1958 segu\u00ed\u00ada estando vacante el cargo de secretario de Estado; P\u00ed\u00ado XII centraba el poder en sus manos, convirti\u00e9ndose en un pont\u00ed\u00adfice aislado, sin contactos personales suficientes, rodeado de consejeros de la misma tendencia. La curia conoc\u00ed\u00ada un per\u00ed\u00adodo de estancamiento.<\/p>\n<p>El mismo pensamiento cat\u00f3lico est\u00e1 lejos de constituir un bloque unido. Por una parte est\u00e1 el grupo de te\u00f3logos que viven en la periferia, atentos a las exigencias de un mundo nuevo; por otra, el grupo de conservadores, situados m\u00e1s bien en el Vaticano, t\u00ed\u00admidos, timoratos y hasta llenos de miedo y de p\u00e1nico, que resultan agresivos y peligrosos. Consiguientemente, varios te\u00f3logos de fama fueron objeto de sospechas, de medidas disciplinares. Pero, por justa compensaci\u00f3n, esos perseguidos fueron rehabilitados y se convirtieron luego en art\u00ed\u00adfices del concilio y hasta en cardenales (De Lubac, Dani\u00e9lou); por su parte, los acusadores cayeron en el olvido.<\/p>\n<p>Es la \u00e9poca en que algunas iniciativas pastorales, como la de los sacerdotes obreros en Francia, fueron condenadas o interrumpidas. Algunas personas, como J. Maritain, resultaron sospechosas por reivindicar la autonom\u00ed\u00ada de los laicos en su acci\u00f3n temporal y pol\u00ed\u00adtica. Una desconfianza an\u00e1loga por parte de los ambientes romanos acompa\u00f1\u00f3 a John Courtney Murray, que consideraba la libertad religiosa como un derecho esencial de la persona humana, y no como un don del Estado protector para con el catolicismo. Murray se vio reducido al silencio hasta que vio triunfar sus ideas en la Dignitatis humanae, del Vaticano II.<\/p>\n<p>M\u00e1s vasto fue el eco de la disputa que rode\u00f3 a la nouvelle th\u00e9ologie, que tuvo en Sa1lICITOir,entre los dominicos, y en Lyon-Fourvi\u00e9re, entre los jesuitas, su blanco preferido, con el fogoso Garrigou-Lagrange como jefe de ataque. En la enc\u00ed\u00adclica Humani generis, de 1950, P\u00ed\u00ado XII se muestra visiblemente preocupado; teme desviaciones serias respecto a las bases del cristianismo, concretamente en la inmutabilidad del dogma, en la importancia del magisterio pontificio, en el pecado original, en la relaci\u00f3n naturaleza-gracia, en el. valor de los motivos de credibilidad, etc. El general de los jesuitas, Janssens, tras una visita que hizo su delegado, Edouard Dhanis a Lyon-Fourvi\u00e9re,orden\u00f3 retirar de las bibliotecas de la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas los libros y los art\u00ed\u00adculos de Bouillard, de Dani\u00e9lou, de H. de Lubac, de Montcheuil;cien profesores recibieron la prohibici\u00f3n de ense\u00f1ar. Entre los dominicos, el general P. Su\u00e1rez depuso a los provinciales de Par\u00ed\u00ads, Li\u00f3n, Toulouse y orden\u00f3 el cambio de residencia de los padres Boisselot, F\u00e9ret, Chenu y Congar. Entre los jesuitas, l Teilhard de Chardin fue igualmente objeto de sospechas y de prohibiciones continuas. En 1948, el general Janssens le prohibi\u00f3 ense\u00f1ar en el Coll\u00e9ge de France; mientras vivi\u00f3, el padre Teilhard no pudo ni ense\u00f1ar ni publicar. Muri\u00f3 en el destierro, en Nueva York. Incluso en Roma, bajo Juan XXIII, los ataques dirigidos contra el Instituto B\u00ed\u00adblico acarrearon la prohibici\u00f3n de ense\u00f1ar a tres profesores ya c\u00e9lebres.<\/p>\n<p>Esta yuxtaposici\u00f3n de corrientes opuestas, que lleg\u00f3 hasta la condenaci\u00f3n de los mejores te\u00f3logos de la Iglesia, ilustra muy bien el clima que reinaba en Roma en v\u00ed\u00adsperas del concilio. En varios pa\u00ed\u00adses de Europa y de Am\u00e9rica se declaraba que pod\u00ed\u00ada temerse lo peor si las cosas no cambiaban.<\/p>\n<p>3. EL VATICANO II COMO ACONTECIMIENTO ECLESIAL. Pero precisamente se produjo el acontecimiento, imprevisto y sobre todo inesperado en su forma: un concilio, el mayor de la historia, anunciado por Juan XXIII el 25 de enero de 1959. Ya P\u00ed\u00ado XI hab\u00ed\u00ada pensado en la reanudaci\u00f3n del Vaticano I, interrumpido en 1870 por causa de la guerra. Incluso consult\u00f3 sobre ello a algunos cardenales y obispos de la curia, y recibi\u00f3 de ellos un esbozo de programa, pero finalmente desisti\u00f3 del proyecto. P\u00ed\u00ado XII, en 1948, volvi\u00f3 a pensar en ello; pero pronto lo hicieron fracasar las muchas divergencias. Juan XXIII, ante el ritmo acelerado de los cambios sociales y la necesidad de reconstruir la unidad entre los cristianos, tom\u00f3 la decisi\u00f3n irreversible de un gran concilio ecum\u00e9nico. Hab\u00ed\u00ada que evitar un retraso fatal, como ocurri\u00f3 en tiempos de la reforma protestante. Seg\u00fan el mismo Harnack, si el concilio de Trento se hubiera anticipado quince a\u00f1os, quiz\u00e1 podr\u00ed\u00ada haberse evitado el drama de la reforma. Hab\u00ed\u00ada que actuar con rapidez. La Iglesia ten\u00ed\u00ada que salir cuanto antes de su mutismo de vieja dama arropada en su pasado&#8230;, para \u00abhablar finalmente a los hombres de nuestro tiempo para servirles y conducirlos a Cristo. Hemos de a\u00f1adir que el kair\u00f3s hist\u00f3rico era favorable, ya que en el momento del concilio la Iglesia se hab\u00ed\u00ada liberado finalmente de las trabas pol\u00ed\u00adticas y gozaba de un equipo excepcional de grandes te\u00f3logos. Hoy, con la desaparici\u00f3n de esos \u00abgrandes\u00bb de la teolog\u00ed\u00ada, ser\u00ed\u00ada imposible un Vaticano II. El concilio lleg\u00f3 \u00aba tiempo\u00bb.<\/p>\n<p>Se cre\u00f3 inmediatamente una comisi\u00f3n antepreparatoria, presidida por Tardini y por Felici, como secretario, para que organizase el trabajo. El 5 de junio de 1960 hab\u00ed\u00ada ya diez comisiones, que se distribuyeron la tarea de preparar los esquemas que hab\u00ed\u00adan de discutir los padres. Estas comisiones, excepto una, ten\u00ed\u00adan como presidentes a cardenales de las congregaciones romanas, ayudados por consejeros teol\u00f3gicos de tendencias conservadoras. El primer trabajo termin\u00f3 con la redacci\u00f3n de m\u00e1s de 70 esquemas, la mayor parte mediocres o francamente malos. Por eso, cuando llegaron los padres conciliares, fueron rechazados o devueltos para que se hicieran en ellos reformas sustanciales.<\/p>\n<p>El concilio tuvo cuatro sesiones de una duraci\u00f3n de dos a tres meses. Inaugurado el 11 de octubre de 1962 por Juan XXIII, termin\u00f3 el 8 de diciembre de 1965, bajo Pablo VI. En su discurso inaugural, Juan XXIII puso ya en guardia contra la tentaci\u00f3n integrista y contra las condenaciones, invitando m\u00e1s bien a la uni\u00f3n y a una \u00f3ptica pastoral.<\/p>\n<p>El Vaticano II es sin duda la m\u00e1s amplia operaci\u00f3n de reforma jam\u00e1s realizada en la Iglesia; no s\u00f3lo debido al n\u00famero de padres conciliares (2.540 al principio, frente a los 750 del Vaticano I y los 258 del concilio de Trento) y a la unanimidad de las votaciones que muchas veces batieron todos los r\u00e9cords (as\u00ed\u00ad, la constituci\u00f3n sobre la revelaci\u00f3n s\u00f3lo registr\u00f3 seis votos negativos de un total de 2.350 votantes; la constituci\u00f3n sobre la Iglesia s\u00f3lo cinco votos negativos), pero sobre todo debido a la amplitud de los temas abordados: la revelaci\u00f3n, la Iglesia (naturaleza, constituci\u00f3n, miembros, actividad misionera y pastoral), la liturgia y los sacramentos, las otras comunidades cristianas y las otras religiones, el laicado, la vida consagrada, la reforma de los estudios eclesi\u00e1sticos, la libertad religiosa, la educaci\u00f3n, las relaciones fe-cultura, Iglesia-mundo, los medios de comunicaci\u00f3n social&#8230;<\/p>\n<p>El Vaticano II representa un acontecimiento de una originalidad \u00fanica. Los concilios anteriores, de ordinario, estuvieron provocados por herej\u00ed\u00adas o desviaciones particulares e incluso regionales. El mismo concilio de Trento evolucion\u00f3 dentro de unas fronteras doctrinales bien limitadas: relaci\u00f3n Escritura-tradici\u00f3n, pecado original, justificaci\u00f3n, sacramentos. El Vaticano I sigue siendo un concilio occidental y hasta europeo. Con el Vaticano II por primera vez un concilio tiene una dimensi\u00f3n planetaria. A la universalidad de los temas hace eco la universalidad de la representaci\u00f3n episcopal. Concretamente, Europa representa el 33 por 100 de padres conciliares; los Estados Unidos y Canad\u00e1, el 13 por 100; Am\u00e9rica Latina, el 22 por 100; Asia, el 10 por 100; \u00ed\u0081frica, el 10 por 100; el mundo \u00e1rabe y Ocean\u00ed\u00ada, el 6 por 100. Por primera vez unos expertos, cuyo n\u00famero pas\u00f3 de 201 a 480 gracias a la influencia de Pablo VI, colaboraron en la redacci\u00f3n de los textos conciliares, haciendo o\u00ed\u00adr as\u00ed\u00ad la voz de largas y ricas tradiciones culturales. Tambi\u00e9n por primera vez un concilio se atrevi\u00f3 a enfrentarse con problemas absolutamente in\u00e9ditos, por ejemplo el terrible pauperismo de una gran porci\u00f3n de la humanidad, la opresi\u00f3n multiforme de la libertad y de los derechos esenciales del hombre, la carrera armamentista, las amenazas de aniquilaci\u00f3n de la humanidad, la b\u00fasqueda eficaz de la unidad de los cristianos, la contribuci\u00f3n de la literatura y de las artes a la vida de la Iglesia. Los 16 documentos conciliares, reunidos en un solo volumen, corren el riesgo de hacernos olvidar la inmensidad del trabajo desplegado durante este per\u00ed\u00adodo efervescente de la historia de la Iglesia. Los que aguardan un concilio todav\u00ed\u00ada m\u00e1s ecum\u00e9nico tendr\u00e1n que esperar, sin duda, hasta la parus\u00ed\u00ada. Y los que se niegan a reconocer la autoridad de un concilio que ha movilizado tantas energ\u00ed\u00adas y que ha alcanzado tal unanimidad babo la presidencia dedos pont\u00ed\u00adfices, \u00bfno dan se\u00f1ales evidentes de estar ciegos?<\/p>\n<p>Sin embargo, el concilio no fue un crucero de placer. Desde el comienzo no faltaron las sacudidas s\u00ed\u00adsmicas, de una intensidad a veces preocupante. \u00c2\u00a1Cu\u00e1ntos esquemas saltaron por el aire desde el principio! \u00c2\u00a1Cu\u00e1ntos otros conocieron una traves\u00ed\u00ada tormentosa, a menudo cerca del naufragio! A pesar de todo, el acontecimiento tuvo \u00e9xito. A nivel de los hechos, que recordamos sucintamente, las sesiones se desarrollaron as\u00ed\u00ad:<br \/>\nEl concilio empez\u00f3 la orden del d\u00ed\u00ada el 22 de octubre de 1962 con la discusi\u00f3n del esquema sobre la liturgia. A pesar de la acogida favorable que recibi\u00f3, se vio sometido a un estudio ulterior y no fue aprobado hasta la segunda sesi\u00f3n, el 4 de diciembre de 1963. El esquema sobre \u00ablas fuentes de revelaci\u00f3n\u00bb, inspirado en una noci\u00f3n estrecha y demasiado nocional de los datos de la Escritura y de la tradici\u00f3n, levant\u00f3 tales cr\u00ed\u00adticas que Juan XXIII lo remiti\u00f3 a una comisi\u00f3n mixta, representada por la comisi\u00f3n teol\u00f3gica y el Secretariado por la unidad de los cristianos. Este esquema conocer\u00ed\u00ada cinco redacciones antes de ser promulgado al final del concilio, el 18 de noviembre de 1965. Tras un r\u00e1pido examen de dos esquemas mediocres sobre los medios de comunicaci\u00f3n social y sobre la uni\u00f3n con los orientales, se abord\u00f3 en diciembre el esquema sobre la Iglesia. Tras las intervenciones de los cardenales L\u00e9ger, Suenens y Montini, y tras el acuerdo con el mismo papa, que invit\u00f3 a replantear todo el plan del concilio dentro de las \u00abperspectivas de un concilio para el mundo\u00bb, el esquema fue sometido a una \u00abrefundici\u00f3n\u00bb. Estos giros pueden atribuirse a la acci\u00f3n de los \u00abexpertos\u00bb (periti) y de los consejeros personales de los obispos, mucho m\u00e1s sensibles a las pulsaciones de la vida eclesial universal que los te\u00f3logos de la curia. Esos periti y esos consejeros son los que contribuyeron a la elaboraci\u00f3n y puntualizaci\u00f3n de los textos; fueron las clavijas maestras del concilio. Al final de la primera sesi\u00f3n, los esquemas se redujeron de 70 a 20.<\/p>\n<p>Pablo VI dirigi\u00f3 las tres \u00faltimas sesiones. El 22 de junio de 1963 el nuevo papa decidi\u00f3 la prosecuci\u00f3n del concilio. El colegio de moderadores pas\u00f3 de diez a cuatro, que deber\u00ed\u00adan dirigir los debates. De los cuatro moderadores, s\u00f3lo el cardenal Agagianian representaba a la curia. Los otros tres, Lercaro (Bolonia), Doepfner (Munich) y Suenens (Malinas-Bruselas) manifestaban claramente la voluntad de Pablo VI de ensanchar las perspectivas del concilio. La segunda sesi\u00f3n aprob\u00f3, adem\u00e1s de la constituci\u00f3n sobre la liturgia, el decreto Inter mirifica, sobre los medios de comunicaci\u00f3n social. Durante la tercera sesi\u00f3n se votaron los decretos sobre ecumenismo, la constituci\u00f3n sobre la Iglesia y el decreto sobre las Iglesias orientales. Tambi\u00e9n se abord\u00f3, con demasiada prisa, el estudio de algunos temas candentes, como la libertad religiosa, y se discuti\u00f3 el esquema 13, sobre la Iglesia en el mundo de hoy. La cuarta sesi\u00f3n vot\u00f3, con cierta febrilidad y algunos arreglos, los \u00faltimos esquemas. Fue una verdadera carrera contra reloj. El 28 de octubre de 1965 se promulgaron: a) el decreto sobre la funci\u00f3n pastoral de los obispos Christus Dominus; b) el decreto sobre la adaptaci\u00f3n y la renovaci\u00f3n de la vida religiosa Perfectae caritatis; c) el decreto sobre la formaci\u00f3n sacerdotal Optatam totius; d) la declaraci\u00f3n sobre la educaci\u00f3n cristiana Gravissimum educationis; e) la declaraci\u00f3n sobre las relaciones de las Iglesias con las religiones no cristianas Nostra aetate. El 18 de noviembre de 1965 siguieron la promulgaci\u00f3n de la Dei Verbum, sobre la revelaci\u00f3n, y el decreto sobre el apostolado de los laicos, Apostolicam actuositatem. Finalmente, el 7 de diciembre se publicaron los cuatro \u00faltimos documentos: los decretos sobre la actividad misionera de la Iglesia Ad gentes y sobre la vida de los sacerdotes Presbyterorum Ordinis, la declaraci\u00f3n sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae y la constituci\u00f3n m\u00e1s larga y m\u00e1s discutida, sobre la Iglesia y el mundo, Gaudium et spes. El 7 de diciembre se proclam\u00f3 el \u00ablevantamiento de la excomuni\u00f3n\u00bb entre Roma y Constantinopla. El 8 de diciembre se celebr\u00f3 la sesi\u00f3n de clausura del concilio en presencia de 81 representaciones gubernamentales y de nueve organismos internacionales. El concilio marc\u00f3 el final de la era postridentina; pero los cambios realizados coinciden con la crisis de la civilizaci\u00f3n occidental y la llegada de la ciudad secular: dos factores que complicar\u00ed\u00adan el per\u00ed\u00adodo posconciliar.<\/p>\n<p>4. JUAN XXIII Y PABLO VI. No se puede hablar del Vaticano II sin recordar inmediatamente a las dos figuras sobresalientes del concilio: las de Juan XXIII y Pablo VI. Resumiendo, podr\u00ed\u00adamos decir que Juan XXIII tuvo la inspiraci\u00f3n del concilio, decidi\u00f3 su convocatoria y lo acompa\u00f1\u00f3 durante la preparaci\u00f3n y el tiempo de la primera sesi\u00f3n. Pablo VI, responsable de las otras tres sesiones hasta la clausura del concilio, fue su principal art\u00ed\u00adfice, as\u00ed\u00ad como el promotor eficaz de su aplicaci\u00f3n en la renovaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu y de las estructuras de la Iglesia,<br \/>\na) Juan XXIII. Se ha tachado a Juan XXIII de iluminado, de exaltado, de impulsivo. La verdad es que Juan XXIII concedi\u00f3 a Dios un cr\u00e9dito ilimitado, pero su decisi\u00f3n no tuvo nada de irreflexiva. Quer\u00ed\u00ada hacer entrar a la Iglesia en la historia y en la sociedad del siglo xx, ya que estaba convencido de que la Iglesia no es ni una fortaleza ni un museo, sino un jard\u00ed\u00adn que no deja de florecer. Al convocar el concilio, quer\u00ed\u00ada capacitar a la Iglesia para responder mejor a las exigencias del mundo contempor\u00e1neo, pero dentro de un profundo respeto a la tradici\u00f3n. Su preocupaci\u00f3n pastoral es demasiado conocida para que necesite comentarios.<\/p>\n<p>Juan XXIII esperaba que el concilio ser\u00ed\u00ada breve, pero consideraba serenamente su prolongaci\u00f3n, consciente de que el concilio ten\u00ed\u00ada que madurar m\u00e1s bien que morir. Tambi\u00e9n es verdad que el concilio conoci\u00f3 comienzos dif\u00ed\u00adciles y hasta ca\u00f3ticos; pero \u00bfc\u00f3mo evitar un per\u00ed\u00adodo de rodaje, cuando se trata de una empresa tan gigantesca, mucho m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil de programar que los ordenadores m\u00e1s sofisticados? Juan XXIII quer\u00ed\u00ada hacer del concilio un nuevo pentecost\u00e9s; pero esta vez no se trataba del peque\u00f1o reba\u00f1o de la primitiva Iglesia, sino de una multitud. De hecho, se dio cuenta muy pronto de que hab\u00ed\u00ada que planificar m\u00e1s (\u00e9sa fue la obra de Pablo VI), pero tambi\u00e9n de que hab\u00ed\u00ada que dejar correr las semanas y los meses para que pudiera formarse en los padres una \u00abconciencia colegial\u00bb (\u00e9sa fue la obra del tiempo y del Esp\u00ed\u00adritu). Fue sin duda el cardenal Montini, el futuro Pablo VI, el m\u00e1s cualificado para decir lo que hay que pensar de la iniciativa de Juan XXIII. Como la mayor\u00ed\u00ada, el cardenal tuvo al principio una reacci\u00f3n de sorpresa; pero ya el 26 de enero de 1960 present\u00f3 el concilio a su di\u00f3cesis de Mil\u00e1n como un acontecimiento \u00abhist\u00f3rico de primera magnitud, el mayor que se ha celebrado jam\u00e1s en la Iglesia\u00bb. Reconoc\u00ed\u00ada en la decisi\u00f3n del papa la seguridad de que el Esp\u00ed\u00adritu Santo acompa\u00f1ar\u00ed\u00ada a la marcha de Pedro guiando a su Iglesia.<\/p>\n<p>El cardenal Montini pensaba que el pontificado de Juan XXIII representaba una \u00e9poca de regeneraci\u00f3n cat\u00f3lica, una prodigiosa capacidad de di\u00e1logo con todos los hombres con vistas a su salvaci\u00f3n. Constataba que Juan XXIII hab\u00ed\u00ada sabido ver los aspectos positivos, y no s\u00f3lo negativos, del mundo contempor\u00e1neo. Y a\u00f1ad\u00ed\u00ada que no hab\u00ed\u00ada que cambiar ni el impulso ni la orientaci\u00f3n del concilio. Juan XXIII, en particular, hab\u00ed\u00ada visto la necesidad de una mayor colaboraci\u00f3n con el cuerpo episcopal, de una b\u00fasqueda de unidad con las Iglesias separadas y de una paz m\u00e1s estable entre los pueblos y las clases sociales. El cardenal Montini fue tambi\u00e9n el primero en apoyar la empresa atrevida de Juan XXIII. En una carta del 18 de octubre de 1962, dirigida al secretario de Estado, observa, sin embargo, que el concilio carece de eficacia porque carece de \u00abestructura org\u00e1nica\u00bb. El mismo presentaba un \u00abproyecto\u00bb. El concilio -dec\u00ed\u00ada- ten\u00ed\u00ada que \u00abpolarizarse\u00bb en un tema \u00fani0o: la Iglesia. Luego indicaba la materia de las tres sesiones en que \u00e9l pensaba: la primera sobre el misterio de la Iglesia, la segunda sobre la misi\u00f3n de la Iglesia y la tercera, finalmente, sobre las relaciones de la Iglesia con el mundo. En efecto, el concilio sigui\u00f3 ese orden. As\u00ed\u00ad pues Pablo VI reconoci\u00f3 la oportunidad y la magnitud de la iniciativa de Juan XXIII.<\/p>\n<p>b) Pablo VI. Elegido papa al morir Juan XXIII, Pablo VI relanz\u00f3 inmediatamente el concilio. Conoc\u00ed\u00ada bien las tensiones existentes entre conservadores, progresistas e indecisos. El porvenir del concilio depend\u00ed\u00ada de \u00e9l. Lo cierto era que no pod\u00ed\u00ada pensarse en dar marcha atr\u00e1s ni en frenar la marcha hacia adelante de la esperanza y del amor. Pablo VI se puso a la obra con una rapidez y una eficacia prodigiosa. El 13 de septiembre de 1963 anunciaba que la segunda sesi\u00f3n, prevista para el 29 de septiembre, tratar\u00ed\u00ada de la Iglesia.<\/p>\n<p>Desde el principio hasta el final, Pablo VI se mostr\u00f3 m\u00e1s bien humilde, l\u00facido y valiente. Lo que caracteriza a su acci\u00f3n es al mismo tiempo una tensi\u00f3n hacia el ideal y un realismo concreto qu\u00e9 sabe tener en cuenta la situaci\u00f3n de hecho y las circunstancias que condicionan las decisiones que hay que tomar. Lo esencial a sus ojos era la renovaci\u00f3n de la Iglesia y el acercamiento de las Iglesias separadas. Al comienzo su trabajo fue de \u00abplanificaci\u00f3n\u00bb. Los 72 esquemas propuestos inicialmente se redujeron a 17; al final se votaron y promulgaron 16. Los 13 observadores laicos del principio pasaron a ser 42 al final. Ampli\u00f3 en m\u00e1s del doble el n\u00famero de expertos.<\/p>\n<p>El pensamiento de Pablo VI sobre el concilio gravita en torno a un eje central: quer\u00ed\u00ada obsesivamente que la Iglesia volviera a ser lo que es de verdad (LG), para presentarse mejor ante el mundo (GS). Podr\u00ed\u00adamos decir que la constituci\u00f3n Dei Verbum es el documento-fuente del concilio, mientras que la Lumen gentium abre una reflexi\u00f3n que se cierra con la Gaudium et spes. La pieza maestra es la constituci\u00f3n sobre la Iglesia, explicitada e iluminada en los dem\u00e1s textos. Y en la LG es el tema de la Iglesia como misterio de comuni\u00f3n el que da sentido a todo lo dem\u00e1s.<\/p>\n<p>A juicio de mons. Carbone, presidente de los archivos del concilio, las principales intervenciones de Pablo VI en el concilio son las siguientes: a) la Nota praevia (relativa al c. III de LG), que intenta preservar el v\u00ed\u00adnculo entre la sacramentalidad y la colegialidad de la funci\u00f3n episcopal: la Nota declara que uno es miembro del colegio episcopal por la consagraci\u00f3n episcopal y la comuni\u00f3n jer\u00e1rquica; b) las correcciones hechas al decreto sobre el ecumenismo; c) su intervenci\u00f3n en favor del esquema sobre la actividad misionera; d) en la declaraci\u00f3n sobre las religiones no cristianas, el papa quiso que se incluyera no s\u00f3lo a las religiones musulmana y jud\u00ed\u00ada, sino a todas las religiones, que son a su manera una b\u00fasqueda de salvaci\u00f3n; e) pidi\u00f3 un voto de orientaci\u00f3n sobre la libertad religiosa antes de presentarse a la ONU en septiembre de 1965; f) se reserv\u00f3 las cuestiones relativas a la familia y al celibato eclesi\u00e1stico.<\/p>\n<p>En resumen, si queremos comparar a Juan XXIII y a Pablo VI, hay que evitar las posiciones extremas. Hay continuidad entre ellos, ya que los dos quisieron el concilio, con su finalidad, su esp\u00ed\u00adritu, su \u00e9xito. Sin embargo, el estilo de gobierno es diferente. La continuidad recae en lo esencial: la Iglesia volviendo a sus fuentes y en di\u00e1logo adaptado con el mundo contempor\u00e1neo. Pablo VI cumpli\u00f3 el gesto prof\u00e9tico de Juan XXIII: hizo entrar a la Iglesia en la sociedad contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>5. LAS ADQUISICIONES DEL CONCILIO. a) A nivel de las actitudes.<\/p>\n<p>Algunos cambios, que expresan la conversi\u00f3n querida y realizada por el concilio, afectan directamente a la teolog\u00ed\u00ada fundamental. Se\u00f1alemos los principales:<br \/>\n&#8211; En primer lugar, una actitud de di\u00e1logo. Esta palabra indica aqu\u00ed\u00ad m\u00e1s que un intercambio de palabras. Significa una actitud general de apertura al otro, de acogida y de don mutuo, a ejemplo de Dios mismo, que fue el primero en salir de su misterio para entrar en di\u00e1logo con el mundo. El propio concilio fue un di\u00e1logo vivo con las otras comunidades cristianas, protestantes y orientales (OE 24-29; UR14-18), pero tambi\u00e9n con las religiones no cristianas, concretamente con el hinduismo, el islam, el juda\u00ed\u00adsmo (NA 2.3.4), con las diversas formas de la increencia contempor\u00e1nea (GS 21), con las amplias zonas de indiferencia engendradas por el mundo secularizado. Esta actitud de di\u00e1logo se expres\u00f3 tambi\u00e9n a nivel de las nuevas estructuras creadas por Pablo VI y Juan Pablo II: Secretariado para la unidad de los cristianos, Secretariado para los no cristianos, Comisi\u00f3n para las relaciones con el Islam, Comisi\u00f3n Justicia y Paz, Consejo para la cultura. Esta actitud dialoga\u00c2\u00a1 ha sido, sin duda, la que ha suscitado la revoluci\u00f3n m\u00e1s profunda en el estilo de vida de la Iglesia, con un impacto tan poderoso en la teolog\u00ed\u00ada fundamental que la misma palabra de \u00abapolog\u00e9tica\u00bb, con sus resonancias agresivas, ha ca\u00ed\u00addo en pleno descr\u00e9dito.<\/p>\n<p>&#8211; Actitud de servicio. A la actitud de di\u00e1logo se vincula la de servicio. El concilio ha propuesto del papa y de los obispos una nueva imagen, cuyo rasgo dominante es la de pastor. El mismo magisterio se define como el servidor de la palabra de Dios: no est\u00e1 por encima de la palabra, sino al servicio de la palabra (DV 10). En el ejercicio de su cargo, los obispos \u00abdeben anunciar a los hombres el evangelio de Cristo, y esta funci\u00f3n se impone a las dem\u00e1s, por muy importantes que sean\u00bb (CD 12).<\/p>\n<p>&#8211; En fin, b\u00fasqueda de sentido. (l Sentido: b\u00fasqueda de). Los textos del concilio se presentan como largas exposiciones destinadas a iluminar al pueblo de Dios, preocupadas ante todo del sentido y de la inteligibilidad interna. El mensaje cristiano arroja luz suficiente sobre las zonas profundas del hombre para hacer surgir espont\u00e1neamente la pregunta: \u00bfno se halla en esta direcci\u00f3n la verdad sobre el hombre y sobre Dios? (GS 22).<\/p>\n<p>b) A nivel de los textos, los logros han sido espectaculares:<br \/>\n&#8211; La constituci\u00f3n Dei Verbum, aunque es a\u00fan poco conocida, subraya la centralidad de la palabra de Dios; pero se trata de la palabra en el sentido pleno de Cristo, Verbo de Dios, mediador y plenitud de la revelaci\u00f3n. La constituci\u00f3n subraya tambi\u00e9n el car\u00e1cter sacramental de la revelaci\u00f3n por hechos y palabras, en contraste con la concepci\u00f3n anterior de una revelaci\u00f3n pr\u00e1cticamente reducida a las palabras, quedando los gestos, ejemplos y comportamientos de Jes\u00fas para la piedad y la devoci\u00f3n popular.<\/p>\n<p>&#8211; La Escritura ha recobrado su papel primordial en la misa, en la liturgia de la palabra, dentro de una relaci\u00f3n inseparable con la liturgia del sacrificio; y tambi\u00e9n en la vida cristiana, en donde la actualizaci\u00f3n de la palabra de Dios se siente por todas partes como una exigencia dirigida a la ex\u00e9gesis contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>&#8211; Aunque la DV, a nivel de principios y de m\u00e9todo, sigue siendo el documento-fuente, el Vaticano II ser\u00e1 siempre el concilio de la eclesiolog\u00ed\u00ada. Entre los puntos adquiridos se\u00f1alemos: el acento en el origen trinitario de la Iglesia; su car\u00e1cter simult\u00e1neo de instituci\u00f3n y de misterio de comuni\u00f3n; la imagen de la Iglesia como pueblo de Dios, que ha invertido la pir\u00e1mide, afirmando la igualdad de todos los cristianos a partir del bautismo; el reconocimiento del principio de colegialidad y el de la eclesialidad de las Iglesias cristianas no cat\u00f3licas.<\/p>\n<p>&#8211; En materia de liturgia, mencionemos la reforma en la celebraci\u00f3n de la misa, que pone en evidencia, mucho m\u00e1s que en otros tiempos, al pueblo de Dios como comunidad de ofrenda y de sacrificio. A\u00f1adamos las reformas que siguieron: los rituales de los sacramentos, la Liturgia de las Horas, el nuevo C\u00f3digo de derecho can\u00f3nico, en donde la presencia del canon 1095, sobre el matrimonio reconoce que la falta de madurez psicol\u00f3gica puede llegar a invalidar el consentimiento de los esposos, y por tanto el mismo matrimonio.<\/p>\n<p>&#8211; El decreto sobre el ecumenismo transform\u00f3 a los adversarios de ayer en hermanos separados que se acercan, que reciben el nombre de Iglesias y de comunidades eclesiales. Despu\u00e9s de haberse insultado durante siglos, los cristianos se hablan, intentan comprenderse, se encuentran en la misma mesa de trabajo y de oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; El decreto Perfectae caritatis, sobre la vida consagrada, ha tenido un notable \u00e9xito respecto a la revisi\u00f3n -a nivel mundial- de los estatutos y constituciones de las comunidades religiosas y de los institutos de vida consagrada.<\/p>\n<p>&#8211; Tras la eclesiolog\u00ed\u00ada, la antropolog\u00ed\u00ada, que constituye el objeto de la Gaudium et spes, es el segundo tema principal del concilio. Esta antropolog\u00ed\u00ada, basada en el tema b\u00ed\u00adblico del hombre creado a imagen y semejanza de Dios, alcanza su cima en el n\u00famero 22: \u00abEl misterio del hombre no se ilumina de verdad m\u00e1s que en el misterio del Verbo encarnado\u00bb, siendo \u00e9ste la clave del criptograma humano.<\/p>\n<p>&#8211; El di\u00e1logo con las otras religiones se aborda en la declaraci\u00f3n sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. El concilio, aunque reconoce los siglos de hostilidad entre cat\u00f3licos por una parte y musulmanes y jud\u00ed\u00ados por otra, exhorta a la comprensi\u00f3n mutua y al di\u00e1logo fraternal. Esos hombres que creen en el mismo Dios que nosotros no est\u00e1n reprobados ni son malditos, sino hijos del mismo Padre. As\u00ed\u00ad se condena el racismo y la discriminaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; Finalmente, el decreto Inter mirifica, aunque hoy parece bastante t\u00ed\u00admido; tiene, sin embargo, el m\u00e9rito de situar el problema de las comunicaciones sociales entre las preocupaciones de la Iglesia.<\/p>\n<p>En resumen, si la Iglesia no ha cambiado en su naturaleza profunda, la imagen que da de s\u00ed\u00ad misma ha quedado profundamente modificada por el concilio. A la luz de la revelaci\u00f3n, el Vaticano II ha reequilibrado y profundizado los temas centrales del cristianismo: revelaci\u00f3n, Escritura, tradici\u00f3n, liturgia, Iglesia, colegialidad, relaci\u00f3n con el mundo contempor\u00e1neo, apertura a las grandes religiones de la historia, di\u00e1logo con todos los hombres. Las cuatro grandes constituciones (DV, LG, SC, GS), consideradas justamente como los cuatro pilares del concilio, son tambi\u00e9n las que han inspirado la renovaci\u00f3n conciliar. Es verdad que queda mucho por hacer, \u00c2\u00a1pero cu\u00e1ntos cambios se han conseguido a nivel de actitudes y de textos! Habr\u00ed\u00ada que ser ciego o c\u00ed\u00adnico para no reconocer los logros adquiridos.<\/p>\n<p>6. EXITOS PARCIALES. Se\u00f1alemos, de pasada, cierto n\u00famero de \u00e9xitos parciales:<br \/>\na) El s\u00ed\u00adnodo mismo de 1985 declar\u00f3 que el concilio sigue siendo todav\u00ed\u00ada mal conocido y hasta ignorado; es objeto de una lectura \u00abincompleta y selectiva\u00bb y, consiguientemente, de una representaci\u00f3n unilateral, de una \u00abinterpretaci\u00f3n superficial\u00bb (Relaci\u00f3n final, n. 4). Se a\u00ed\u00adslan unos \u00abtrozos escogidos\u00bb para encontrar en ellos lo que se desea encontrar.<\/p>\n<p>b) El concilio ha sido recibido de diversas formas, seg\u00fan la sensibilidad de los ambientes culturales y seg\u00fan la existencia o la ausencia de medios de comunicaci\u00f3n. Muchos piensan que el concilio es a\u00fan demasiado occidental, demasiado romano.<\/p>\n<p>c) El concilio reconoci\u00f3 la pluriformidad de la Iglesia en la unidad y acept\u00f3 abiertamente el principio de la colegialidad; pero no precis\u00f3 el estatuto teol\u00f3gico y jur\u00ed\u00addico de las conferencias episcopales. Las posiciones de los te\u00f3logos a este respecto son bastante distintas: unos s\u00f3lo les reconocen un papel pastoral y disciplinar; otros, por el contrario, les reconocen un papel de instancias intermedias entre la Iglesia diocesana y la Iglesia universal, con un poder propio y no de simple sustituci\u00f3n, con una funci\u00f3n a la vez pastoral y doctrinal. Las conferencias episcopales deber\u00ed\u00adan compararse con las \u00abantiguas Iglesias patriarcales\u00bb (LG 23).<\/p>\n<p>d) El di\u00e1logo ecum\u00e9nico, si es verdad que ha acercado a las Iglesias, tambi\u00e9n ha llevado a que cada una reflexione sobre sus propias riquezas, sin que est\u00e9 dispuesta a sacrificarlas para entrar en el seno de la Iglesia cat\u00f3lica. Ha pasado el tiempo de los encuentros de sociedad; hay que llegar a las grandes opciones, que no dejan de exigir sacrificios. Por otra parte, las divisiones existentes dentro de la Iglesia cat\u00f3lica, as\u00ed\u00ad como el autoritarismo cada vez m\u00e1s acusado del Vaticano, no favorecen ciertamente el retorno de unas Iglesias habituadas a una mayor libertad de maniobra.<\/p>\n<p>e) Algunos textos importantes no tuvieron el impacto que merec\u00ed\u00adan: la DV, por ejemplo, o el decreto sobre los sacerdotes.<\/p>\n<p>f) La imagen de la Iglesia, pueblo de Dios, despu\u00e9s de haberse impuesto durante el concilio, se fue borrando progresivamente hasta llegar a su desaparici\u00f3n. Se ha preferido la imagen de la Iglesia misterio de comuni\u00f3n, m\u00e1s al abrigo -al parecer- de una concepci\u00f3n democr\u00e1tica de. la Iglesia.<\/p>\n<p>7. RESPUESTAS ESBOZADAS ANTES DEL CONCILIO Y RECOGIDAS DESPUES DEL CONCILIO: a) La sensibilidad ante el pauperismo terrible de un tercio de la humanidad se expres\u00f3 en el concilio (GS 4.63-67); pero hubo de llegar Medell\u00ed\u00adn, Puebla y la Populorum progressio para hacer de la opci\u00f3n preferencial por los pobres una realidad de la \u00e9poca posconciliar.<\/p>\n<p>b) Los problemas de la paz y de la guerra, as\u00ed\u00ad como el de la amenaza nuclear, se mencionan ciertamente en el concilio; pero, bajo la presi\u00f3n de los acontecimientos de una historia muy reciente todav\u00ed\u00ada incompleta, esos problemas han adquirido proporciones terror\u00ed\u00adficas. El mundo actual tiene que defenderse m\u00e1s bien contra la tentaci\u00f3n de suicidio, alimentada por el comercio de la droga, la ferocidad de algunos tiranos del poder, la inmoralidad desbordada, el libre comercio de las armas a escala mundial.<\/p>\n<p>c) La visi\u00f3n del hombre propuesta por la GS ofrece elementos preciosos, pero todav\u00ed\u00ada en estado embrionario para poder fundamentar una teolog\u00ed\u00ada de los derechos del hombre, problema que se ha desarrollado sobre todo en la \u00e9poca posconciliar. Entre los elementos \u00fatiles para esta reflexi\u00f3n se\u00f1alemos los siguientes: el principio del hombre creado a imagen y semejanza de Dios, la justicia y el amor que caracterizan a la alianza de Dios con los hombres, el reino de Dios basadoaen la solidaridad entre los hombres y en la ausencia de discriminaci\u00f3n. Pero son los problemas del terrorismo, del aborto, de las manipulaciones gen\u00e9ticas, del racismo, de la opresi\u00f3n multiforme, de la tortura sat\u00e1nica, de las inmigraciones masivas, los que han revelado la urgencia de una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la dignidad de la persona y los derechos del hombre.<\/p>\n<p>d) La GS consagra un cap\u00ed\u00adtulo entero (GS 53-63) a los problemas de la cultura, a las relaciones mutuas entre el evangelio y la cultura; pero no pod\u00ed\u00ada prever las consecuencias del desplazamiento cultural del Oriente hacia Occidente ni las infiltraciones del Occidente en el Oriente; transmitiendo-todo lo que el mundo occidental tiene de m\u00e1s degradante: El problema de la coexistencia de las culturas, del di\u00e1logo intercultural o interreligioso, se hace cada vez m\u00e1s complejo, sobre todo donde se identifica el di\u00e1logo religioso y pol\u00ed\u00adtico: por ejemplo, en el mundo musulm\u00e1n.<\/p>\n<p>e) El concilio era consciente de que el progreso de las \u00abciencias biol\u00f3gicas, psicol\u00f3gicas y sociales\u00bb iba a permitir al hombre conocerse mejor y ejercer una influencia directa en la vida individual y social por medio de t\u00e9cnicas in\u00e9ditas (GS 3). Tambi\u00e9n era consciente de que la Iglesia no ten\u00ed\u00ada una competencia que la hiciera capaz de ofrecer una soluci\u00f3n concreta e inmediata a estos problemas in\u00e9ditos -por ejemplo, en biotecnolog\u00ed\u00ada-, con sus repercusiones morales estudiadas por la bio\u00e9tica. Esta se encuentra ahora en plena fase de investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p>f) El decreto sobre los laicos preve\u00ed\u00ada la ascensi\u00f3n del laicado, pero sin poder medir la dimensi\u00f3n del fen\u00f3meno. El s\u00ed\u00adnodo de 1987 y las exhortaci\u00f3n pontificia de 1988 que lo sigui\u00f3 intentan definir la misi\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de los laicos en la Iglesia, pero la pr\u00e1ctica est\u00e1 muy lejos de la teor\u00ed\u00ada. Varios pa\u00ed\u00adses de Europa y de Am\u00e9rica cuentan con una mayor\u00ed\u00ada de te\u00f3logos y te\u00f3logas laicos; es preciso tener en cuenta este nuevo factor. La mujer, en concreto, siente dolorosamente el hecho de que no se reconozcan \u00aben la pr\u00e1ctica\u00bb su dignidad y su competencia.<\/p>\n<p>8. AMBIG\u00dcEDADES RESIDUALES. a) En la elaboraci\u00f3n y redacci\u00f3n de los textos conciliares intervinieron centenares de personas. Se resiente de ello la unidad de conjunto. Los g\u00e9neros literarios son m\u00faltiples y variados: dogma, historia, pastoral, an\u00e1lisis social. Por eso resulta dif\u00ed\u00adcil en algunas ocasiones ponerse de acuerdo sobre la interpretaci\u00f3n exacta de un texto.<\/p>\n<p>b) El concilio, as\u00ed\u00ad como el nuevo C\u00f3digo de derecho can\u00f3nico, sigue a\u00fan dividido entre la concepci\u00f3n de una Iglesia sociedad jur\u00ed\u00addica, que prevaleci\u00f3 durante siglos, y la concepci\u00f3n de una Iglesia misterio de comuni\u00f3n. El concilio no logr\u00f3 realizar una perfecta s\u00ed\u00adntesis de estas dos visiones, como puede constatarse leyendo los cap\u00ed\u00adtulos I y II de la LG, centrados en el misterio de la Iglesia, y luego los cap\u00ed\u00adtulos III y IV, centrados en la estructura jer\u00e1rquica de la Iglesia. Hay una yuxtaposici\u00f3n de dos eclesiolog\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>c) Algunas veces se obtuvo el consentimiento en los enunciados, pero sin prestar suficiente atenci\u00f3n a los contenidos. As\u00ed\u00ad, se reconoci\u00f3 universalmente el principio de la colegialidad; pero unos entienden esta colegialidad como una simple realidad social y pastoral, mientras que otros la conciben como una instancia intermedia entre las Iglesias diocesanas y la Iglesia universal, con un poder pastoral y doctrinal. Se habl\u00f3 muchas veces de injusticia en las discusiones, pero el sentido de este t\u00e9rmino es ambiguo. En los pa\u00ed\u00adses comunistas se trataba de las injusticias del partido, de las muchas formas de atentar contra la libertad; para otros pa\u00ed\u00adses se trataba de los pecados de in,~usticia engendrados por un capitalismo devorador y repugnante; en algunos pa\u00ed\u00adses de Am\u00e9rica Latina se trataba de las formas de opresi\u00f3n y de violencia que practicaban las dictaduras militares. Pero siempre se trata de la masa de los sin-voz, sin dinero y sin poder.<\/p>\n<p>9. DESEOS NO COLMADOS. Bastar\u00e1 con poner dos ejemplos, por otra parte ligados entre s\u00ed\u00ad. En el concilio, la Iglesia habl\u00f3 mucho de s\u00ed\u00ad misma, pero bastante poco de Cristo. El s\u00ed\u00adnodo de 1985 tom\u00f3 conciencia de ello cuando declara en su relaci\u00f3n final: \u00abLa Iglesia se hace m\u00e1s cre\u00ed\u00adble si habla menos de s\u00ed\u00ad misma y m\u00e1s de Cristo crucificado y da testimonio de \u00e9l por su propia vida\u00bb. En otras palabras, el concilio rehabilit\u00f3 a la Iglesia (LG) y al hombre (GS), pero ten\u00ed\u00ada que \u00abrehabilitar\u00bb tambi\u00e9n en cierto modo a Cristo con una importante constituci\u00f3n. Porque los problemas m\u00e1s agudos que ha de arrostrar la teolog\u00ed\u00ada actual tienen que ver con la cristolog\u00ed\u00ada. \u00bfNo es m\u00e1s significativo, en este sentido, que la enc\u00ed\u00adclica program\u00e1tica de Juan Pablo Il, Redemptor hominis, proponga a Cristo como \u00abredentor del hombre\u00bb, como \u00abcentro del cosmos y de la historia\u00bb, siendo tambi\u00e9n significativo que la Comisi\u00f3n teol\u00f3gica internacional haya consagrado tres de sus sesiones (1981,1983, 1985) a los problemas de cristolog\u00ed\u00ada? En efecto, las cuestiones que se plantean los hombres de hoy se refieren a los fundamentos mismos del cristianismo en Jesucristo: la persona de Jes\u00fas, su identidad de Diosentre-nosotros, el conocimiento que podemos tener de Jes\u00fas, los medios de acceder a su ense\u00f1anza y a sus obras, concretamente a sus milagros, a su resurrecci\u00f3n, a sus actitudes, a su conciencia de Hijo de Dios, a su proyecto eclesial. En una palabra, los hombres de hoy se plantean la cuesti\u00f3n de las cuestiones: \u00bfEs Cristo verdaderamente Dios entre nosotros en la carne y en el lenguaje de Jes\u00fas? \u00bfEs \u00e9l el \u00fanico que puede dar sentido a nuestra vida, el que conoce el destino \u00faltimo, el que puede iluminar las profundidades de nuestro ser, rasgar ese enigma que somos para nosotros mismos? Pues bien, estas cuestiones pertenecen a una disciplina teol\u00f3gica que se llama \u00abteolog\u00ed\u00ada fundamental\u00bb, pero que el concilio rode\u00f3 de un opaco silencio.<\/p>\n<p>10. RECEPCI\u00ed\u201cN DEL CONCILIO HOY. Lo que se ha llamado \u00abrecepci\u00f3n del concilio\u00bb est\u00e1 lejos de ser una operaci\u00f3n terminada. La gran mayor\u00ed\u00ada de los fieles comprendieron que el concilio respond\u00ed\u00ada a una extrema urgencia, y le dieron un apoyo sincero e incondicionado. Pero el reciente \u00abasunto Lefebvre\u00bb manifiesta en algunos una actitud de resistencia y hasta de rechazo. Est\u00e1n tambi\u00e9n los que mantienen la nostalgia de un pasado irrevocablemente superado. Y el grupo de los que sue\u00f1an con un Vaticano III, sin haber le\u00ed\u00addo el Vaticano Il, y sobre todo sin haber asimilado sus riquezas. No faltan tampoco los que se esfuerzan en reducir la importancia del concilio hasta la insignificancia mediante discursos m\u00e1s sutiles, pero no menos insidiosos; en resumen, este grupo difunde las siguientes ideas: \u00abNo exageremos la importancia del Vaticano II. Despu\u00e9s de todo, entre los 16 documentos conciliares, tres no son m\u00e1s que declaraciones; los nueve decretos no hacen m\u00e1s que recoger y detallar los cap\u00ed\u00adtulos de la LG; la GS es s\u00f3lo una constituci\u00f3n pastoral; la constituci\u00f3n sobre la liturgia se refiere sobre todo a reformas disciplinares y pr\u00e1cticas; la DV es el hueso a roer que se ha dejado a los exegetas para tranquilizarlos; el n\u00facleo duro del concilio es la LG (sobre todo la Nota praevia), que, por otra parte, no hace m\u00e1s que recoger la ense\u00f1anza tradicional de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>Seguramente ser\u00e1n necesarios varios decenios para medir el impacto real del Vaticano II. Pero podemos perfectamente afirmar que las resistencias humanas no conseguir\u00e1n anular un concilio tan visiblemente sostenido por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>BIBL.: Acta Synodalia S. Concil\u00fc Oecumenici Vaticani Il; 26 vols., Roma 1970-80; ALRERI00 G. y JOSSUA J. P. (eds.), La recepci\u00f3n de Vaticano II, Madrid 1987; AUHERT R., KNOWLES M.D. y ROOIER J. L. (dir.), Nueva Historia de la Iglesia V, Madrid 1964, 469-566; CAPRILE G., II Concilio Vaticano II, 5 vols., Roma 1963-1966; Colecci\u00f3n \u00abUnam Sanctam\u00bb, vols. 51, 60, 61, 62, 65, 66, 67, 68, 70, 74, 75, 76, Par\u00ed\u00ads 1966-1970; FLORiST\u00ed\u0081N Cy TAMAVO J.J., E7 Vaticano II, veinte a\u00f1os despu\u00e9s, Madrid 1985; KLINGER E. y YY ITTSTADT K., Glaube im Prozess (Festschrift K. Rahner); Friburgo 1.BF. 1984; LATOURELLE R. (ed.), Vaticano II. Balance y perspectivas,, Salamanca 1989, especialmente la Introducci\u00f3n, de R. LATOUttELLE, pp. 9-16, y los art\u00ed\u00adculos de G. MAR7INA (El contexto hist\u00f3rico en el que naci\u00f3 la idea de un nuevo concilio ecum\u00e9nico, pp. 25-64) y de K. H. NEUFELU (Obispos y te\u00f3logos al servicio del concilio Vaticano 11, pp. 65-84); MARTELET G., Las ideas fundamentales del concilio Vaticano II, Barcelona 196$; MARTiN DESCALZO J.L., El concilio de Juan y Pablo, Ed. Cat\u00f3lica, Madrid 1967; ID, Un periodista en el concilio, 4 vols., PPC, Madrid 1963-1966, RATZINGER J., Entretiensurlafoi, Par\u00ed\u00ads 1985; RICHARn L., HARRINGTON D. y G&#8217;MALLEY J. W. 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