{"id":15475,"date":"2016-02-05T10:05:17","date_gmt":"2016-02-05T15:05:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vida-cristiana\/"},"modified":"2016-02-05T10:05:17","modified_gmt":"2016-02-05T15:05:17","slug":"vida-cristiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vida-cristiana\/","title":{"rendered":"VIDA CRISTIANA"},"content":{"rendered":"<p>(v. caridad, cristianismo, espiritualidad, esperanza, fe, gracia)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Introducci\u00f3n.- II. Ontolog\u00ed\u00ada de la vida cristiana: 1. Ser en Cristo; 2. Ser en el Esp\u00ed\u00adritu; 3. El cristiano, hijo del Padre; 4. Dimensi\u00f3n eclesial de la vida cristiana.- III. Dinamismo de la vida cristiana: 1. Muerte al pecado; 2. Vida teologal: a. Vida filial, b. Vida cristiforme, c. Vida en el Esp\u00ed\u00adritu.- IV. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>I. Introducci\u00f3n<br \/>\nLa vida cristiana ha tenido, en general, una connotaci\u00f3n \u00abte\u00ed\u00adsta\u00bb o a lo m\u00e1s, \u00abcristomonista\u00bb; se ha visto normalmente en referencia al \u00abDios uno\u00bb o a Jesucristo. Tal vez por una no exacta comprensi\u00f3n del principio dogm\u00e1tico \u00abomnia in Deo sunt unum ubi non abviat relationis oppositio\u00bb (DS 1330) o, acaso, m\u00e1s acertadamente por el planteamiento m\u00e1s pr\u00f3ximo al Dios de los fil\u00f3sofos que al Dios revelado en Jes\u00fas, de la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica. El punto de partida de la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica ha sido la unidad de Dios y, en consecuencia, de acuerdo con el axioma teol\u00f3gico \u00aboperari sequitur esse\u00bb, no se ha resaltado la componente \u00abtrinitaria\u00bb de la vida cristiana \u00abLos cristianos, a pesar de su confesi\u00f3n ortodoxa de la Trinidad, son en la realidad de su existencia casi exclusivamente \u00abmonote\u00ed\u00adstas\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>Este art\u00ed\u00adculo quiere venir a subsanar esta laguna y a presentar la vida cristiana en su doble vertiente: entitativa, como vida filial, en Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu Santo; y operativa: vivir en cristiano implica una vida de hijos de Dios, en Cristo y como Cristo, en docilidad al Esp\u00ed\u00adritu, dentro de la comunidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>II. Ontolog\u00ed\u00ada de la vida cristiana<br \/>\n1. SER EN CRISTO (1 Co 1,30). \u00abAlegr\u00e9monos y demos gracias: hemos llegado a ser no s\u00f3lo cristianos, sino Cristo. Asombraos y alegraos: hemos llegado a ser Cristo&#8230; Los cristianos, porque son hijos de Dios, constituyen el cuerpo del Hijo de Dios; siendo \u00e9l la Cabeza y nosotros los miembros, somos el \u00fanico Hijo de Dios\u00bb. Estas palabras de san Agust\u00ed\u00adn, que pueden antojarse un bello eufemismo, responden a la m\u00e1s di\u00e1fana realidad del misterio revelado. Para san Pablo los cristianos, \u00abcreados en Cristo Jes\u00fas\u00bb (Ef 2,20) mediante el bautismo, son \u00abuna nueva creaci\u00f3n\u00bb (2 Cor 5, 16), son (existen) en Cristo (1 Cor 1, 2), \u00abuno en Cristo Jes\u00fas\u00bb (G\u00e1l 3, 27). Est\u00e1n santificados en Cristo (1 Cor 1,2).<\/p>\n<p>En su bautismo el cristiano ha quedado injertado en Cristo y, en El, ha recibido el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que le ha hecho renacer, de suerte que es en Cristo, hijo del Padre.<\/p>\n<p>Ser cristiano comporta, para el Ap\u00f3stol, ser \u00abuna nueva criatura (Cf. G\u00e1l 5, 6; 6, 15; 2 Cor 5, 17). El cristiano es \u00abun nuevo tipo de hombre\u00bb (Ef 2, 15). De este nuevo ser brotar\u00e1n, como de una nueva ra\u00ed\u00adz, unos frutos nuevos. Esta nueva condici\u00f3n es, ni m\u00e1s ni menos, el ser mismo de Cristo participado en su calidad de Hijo del Padre y Mes\u00ed\u00adas redentor. Para expresar esta nueva condici\u00f3n el Ap\u00f3stol se ve constre\u00f1ido a forzar los t\u00e9rminos, de suerte que puedan expresar de alguna manera el misterio de nuestra comuni\u00f3n con Cristo (cf. Cor 1, 9). Esta comuni\u00f3n la traduce en t\u00e9rminos de \u00abconvivir\u00bb, \u00abcon-vivificados\u00bb, \u00abcon-resucitar\u00bb, \u00abcon-glorificados\u00bb, \u00abco-herederos\u00bb\u00bb. El cristiano, en efecto, es Cristo y vive de la vida de Cristo (cf. G\u00e1l 3, 4); existe en El (cf. Rm 8, 1. 10; 1 Co 1, 30) y vive en El de modo m\u00e1s pleno que el ni\u00f1o en el seno de su madre. La vida cristiana implica la comuni\u00f3n real en el \u00abser\u00bb y \u00abvivir\u00bb de Cristo (cf. G\u00e1l 2, 20; Ef 3, 17). Este nuevo ser divino \u00abintroduce al hombre en el misterio personal de la vida trinitaria y le pone en relaci\u00f3n personal con el Padre de Cristo y con el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo. Es Dios, el Padre, que se nos da en Cristo y es Cristo quien nos da su Esp\u00ed\u00adritu\u00bb.<\/p>\n<p>Para el Ap\u00f3stol, la nueva creaci\u00f3n acontecida en Cristo y participada por el cristiano es su condici\u00f3n filial. El cristiano, por tanto, es hijo de Dios Padre en Cristo y Cristo mismo, que prolonga su existencia a lo largo de los siglos. O \u00abcomo una humanidad prolongada de Cristo\u00bb. El cristiano, en Cristo, es un muerto al pecado (Rm 6, 3-11; Col 3, 3); es Cristo mismo; es, en Cristo, hijo del Padre (Rom 8, 15; G\u00e1l 4, 4-6), con quien comparte su condici\u00f3n filial, sacerdotal, prof\u00e9tica y real; es miembro de la Familia de Dios (Ef 2, 19), y los hombres, en Cristo, son hermanos (Mt 23, 8).<\/p>\n<p>2. SER EN EL ESP\u00ed\u008dRITU. La revelaci\u00f3n divina nos descubre tambi\u00e9n la existencia cristiana en permanente dependencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, en total paralelismo con la dependencia de Cristo: \u00abser en Cristo\u00bb (1 Cor 1, 30) y \u00abser en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Rom 8, 9); \u00abcomuni\u00f3n con Cristo\u00bb (1 Cor 1, 9; 10, 16) y \u00abcomuni\u00f3n en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (2 Cor 13, 13). El Esp\u00ed\u00adritu concurre con Cristo en la constituci\u00f3n v desarrollo del ser cristiano juntamente con el Padre (1 Cor 12, 4-6).<\/p>\n<p>Para Pablo la presencia del Esp\u00ed\u00adritu en el cristiano es la raz\u00f3n de su participaci\u00f3n en la vida filial del Hijo encarnado. El Esp\u00ed\u00adritu Santo habita en el cristiano (cf. Rom 8, 9.11) y lo santifica (cf. 1 Cor 6, 11), constituyendo la comunidad cristiana y cada cristiano en morada de Dios en el Esp\u00ed\u00adritu Santo (cf. Ef 2, 22). \u00abSellado con el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Ef 1, 13; 4, 30), el cristiano posee en s\u00ed\u00ad al Pneuma divino como principio de filializaci\u00f3n, de cristificaci\u00f3n y de eclesializaci\u00f3n o fraternizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por lo que hace a la \u00abcomuni\u00f3n en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, \u00abno se trata s\u00f3lo de \u00abparticipaci\u00f3n\u00bb en el Esp\u00ed\u00adritu, ni s\u00f3lo de \u00abcomuni\u00f3n donada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, sino que expresa toda la existencia cristiana, personal y comunitaria, en su comienzo, en su desarrollo y en su acabamiento, como \u00abexistencia relacional\u00bb, como \u00abser con\u00bb y \u00abser para\u00bb Dios y los otros, ya ahora en la edificaci\u00f3n de la comunidad, y eterna, en plenitud, al final\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>3. EL CRISTIANO, HIJO DEL PADRE. Consecuencia de la incorporaci\u00f3n del hombre a Cristo y de la presencia en \u00e9l del Esp\u00ed\u00adritu Santo es el nuevo nacimiento: el cristiano es con toda propiedad hijo del Padre. Dos son los textos m\u00e1s se\u00f1alados en los que el Ap\u00f3stol afirma el car\u00e1cter ontol\u00f3gico de la filiaci\u00f3n divina del cristiano: \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu se une a nuestro Esp\u00ed\u00adritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios\u00bb (Rom 8, 16), y \u00abla prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Esp\u00ed\u00adritu de su Hijo que clama \u00c2\u00a1Abba, Padre!\u00bb (G\u00e1l 4, 6)<br \/>\nSan Juan, por su parte, tratando de evitar todo equ\u00ed\u00advoco sobre el car\u00e1cter ontol\u00f3gico de la filiaci\u00f3n divina, dir\u00e1 que no es cuesti\u00f3n de palabras: \u00abnos llamamos y somos hijos de Dios\u00bb (1 Jn 3, 1-3). La filiaci\u00f3n divina del hombre no es una mera ficci\u00f3n jur\u00ed\u00addica al estilo de las adopciones humanas. Los cristianos somos hijos del Padre, porque somos nacidos de Dios: \u00abA todos los que la recibieron (la Palabra), les dio poder de hacerse hijos de Dios\u00bb (Jn 1, 12). \u00abSe percibe aqu\u00ed\u00ad la l\u00ed\u00adnea ontol\u00f3gica del obrar divino&#8230;; la filiaci\u00f3n es el don que s\u00f3lo puede venir de arriba&#8230; Hay una nueva relaci\u00f3n con Dios, como la que crea la naturaleza entre el padre y un hijo que \u00e9l ha engendrado<br \/>\nLa vida del cristiano, por tanto, es un nuevo modo de ser. El cristiano es la ampliaci\u00f3n en el tiempo del ser mismo de Dios Trinidad. Este ser divino e inefable subsiste en tres personas distintas. De ah\u00ed\u00ad que la participaci\u00f3n y comuni\u00f3n del hombre en el ser trinitario de Dios comporta la participaci\u00f3n en el \u00fanico ser divino, pero en cuanto se da en el Padre, en el Hijo y en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. De ah\u00ed\u00ad el car\u00e1cter y contenido trinitarios de la ontolog\u00ed\u00ada de la vida cristiana. La condici\u00f3n cristiana es filial, cr\u00ed\u00adstica y espiritual . Es cr\u00ed\u00adstica o cristiforme en cuanto que es la misma vida de Cristo. Es filial, dado que la vida que recibe en Cristo es la misma que \u00e9ste recibe del Padre y es espiritual toda vez que esta vida tiene como principio generador y motor al Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>4. DIMENSI\u00ed\u201cN ECLESIAL DE LA VIDA CRISTIANA. La Iglesia es una comuni\u00f3n de personas que participan la vida de Dios Trinidad como vida compartida. La Iglesia ha sido creada por el Padre en Cristo y est\u00e1 vivificada y animada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo. El Concilio Vaticano II no se cansa de evocar esta condici\u00f3n te\u00e1ndrica de la Iglesia: \u00abSe manifiesta la Iglesia como un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (LG 4; cf. GS 1; 24, 3; 40, 2; etc.). Este texto pone de relieve c\u00f3mo la Iglesia participa la vida de comuni\u00f3n de la Familia original. Todav\u00ed\u00ada m\u00e1s; la Iglesia es \u00abel cuerpo de los Tres\u00bb (Tertuliano). A trav\u00e9s de la Iglesia se hacen \u00abpresentes y como visibles\u00bb las tres divinas personas (GS 21, 5).<\/p>\n<p>El misterio del ser divino es una comuni\u00f3n de amor. Por eso, es una Familia, por eso es Trinidad. La Iglesia, al participar el ser trinitario de Dios, es tambi\u00e9n una comuni\u00f3n, una familia. M\u00e1s a\u00fan; es la extensi\u00f3n y visualizaci\u00f3n hist\u00f3rica de la misma Familia trinitaria. Y, como tal, debe manifestar el ser de Dios Trinidad en su propia existencia eclesial. Es lo que pide Jes\u00fas al Padre, momentos antes de su partida: \u00abQue todos sean uno, como t\u00fa, Padre, en m\u00ed\u00ad y yo en ti, que ellos tambi\u00e9n sean uno en nosotros, para que el mundo crea que t\u00fa me has enviado\u00bb (Jn 17, 21).<\/p>\n<p>El Concilio Vaticano II, evocando estas palabras del Se\u00f1or, propone la vida de comuni\u00f3n entre las tres divinas personas como ejemplo conforme al cual se debe estructurar toda sociedad: \u00abEl Se\u00f1or, cuando ruega al Padre que todos sean uno, como nosotros tambi\u00e9n somos uno (Jn 17, 21-22), abriendo perspectivas cerradas a la raz\u00f3n humana, sugiere una cierta semejanza entre la uni\u00f3n de las divinas personas y la uni\u00f3n de los hijos de Dios en la verdad y caridad\u00bb (GS 24, 3). La SS. Trinidad, por tanto, es la comunidad original de la que procede toda familia en el cielo y en la tierra (cf. Ef 3, 15). \u00abSe dan diferentes formas de vida social: la comunidad familiar, nacional, pol\u00ed\u00adtica, profesional, etc. Desde hace alg\u00fan tiempo se habla tambi\u00e9n de la comunidad internacional. Bien que todas estas comunidades sean una realidad y sirvan al desenvolvimiento de la persona, la comuni\u00f3n sobrenatural de la Iglesia, nacida del amor del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo, es el lazo m\u00e1s fuerte que nos a\u00fana en este mundo&#8230;\u00bb10.<\/p>\n<p>III. Dinamismo de la vida cristiana<br \/>\n\u00abOperari sequitur esse\u00bb, reza un dicho filos\u00f3fico. El obrar del cristiano debe corresponder a su nueva condici\u00f3n. Si es hijo de Dios, en quien se ampl\u00ed\u00ada y completa el misterio del Hijo encarnado (cf. Col 1, 24) y est\u00e1 animado por el mismo Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or resucitado, su \u00abestilo de vida\u00bb debe corresponder a su nueva condici\u00f3n. La cristificaci\u00f3n que se ha operado en el hombre por el bautismo ha sido un comienzo. Esta vida nueva en Cristo tiene que crecer y desarrollarse hasta llegar a la plenitud de la edad de Cristo (cf. Ef 4, 13). De ah\u00ed\u00ad el car\u00e1cter din\u00e1mico de la vida cristiana.<\/p>\n<p>La conformaci\u00f3n del cristiano con Cristo est\u00e1 sujeta a un proceso pascual. Lo mismo que Cristo pas\u00f3 de la muerte a la vida, de su condici\u00f3n de \u00abSiervo\u00bb a la de \u00abKyrios\u00bb, el cristiano debe realizar su pascua de una condici\u00f3n de esclavo del pecado a la nueva condici\u00f3n de hijo de Dios. El desarrollo de la vida en Cristo implica un doble movimiento: negativo (muerte al pecado) y positivo (vida teologal).<\/p>\n<p>1. MUERTE AL PECADO. Es la primera tarea que se impone al cristiano. Para el Ap\u00f3stol esta muerte es real. Sacramentalmente los cristianos est\u00e1n muertos al pecado. En su carta a los Romanos nos recuerda Pablo c\u00f3mo por el bautismo hemos venido a comulgar en el misterio de la muerte redentora del Se\u00f1or Jes\u00fas: \u00ab\u00bfO es que ignor\u00e1is que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jes\u00fas, fuimos bautizados en su muerte?\u00bb (Rom 6, 3; cf. 6, 4-11). Texto medular del Ap\u00f3stol, que pone de manifiesto las exigencias de muerte y purificaci\u00f3n que entra\u00f1a nuestra incorporaci\u00f3n a Cristo y, por ende, nuestra participaci\u00f3n en el misterio redentor del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>a) En virtud de la solidaridad que la encarnaci\u00f3n establece entre Cristo y los hombres, el Se\u00f1or asumi\u00f3 los pecados de todos (cf. 2 Cor 5, 21) y los destruy\u00f3 y expi\u00f3 muriendo en la cruz. Cristo muri\u00f3 \u00aba causa de nuestros pecados\u00bb (Rom 4, 25; 8, 3; G\u00e1l 1, 4) y \u00aben favor de la humanidad pecadora\u00bb (Rom 5, 6. 8; 8, 32; etc. ). \u00abLa f\u00f3rmula \u00abuno ha muerto por todos\u00bb (2 Cor 5, 15; cf. Rom 5, 19; 1 Cor 15, 22) expresa en un denso contenido todo el significado de la muerte de Cristo: como miembro representativo de toda la humanidad pecadora, identificado con ella por el amor, Cristo ha dado la vida por la salvaci\u00f3n de todos\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>Hay, por tanto, una diferencia notable entre la muerte de Cristo y la que se exige del cristiano. De ah\u00ed\u00ad que, al asociar ambas, el Ap\u00f3stol utilice el t\u00e9rmino \u00absemejanza\u00bb. \u00abEl bautismo es la semejanza, la imagen, el simulacro de la muerte de Cristo. Los efectos son id\u00e9nticos; la muerte del cristiano por el bautismo, a semejanza de la muerte de Cristo, es muerte al pecado, liberaci\u00f3n del mal; y, no obtante, existe entre estas dos muertes una distinci\u00f3n: la muerte de Cristo fue una muerte cruenta en la cruz, y si el cristiano participa de esta muerte, es muriendo de un modo diferente, de un modo sacramental. Se trata, ciertamente, de una muerte verdadera para \u00e9l, id\u00e9ntica, en cierto sentido a la muerte de Cristo, pero diferente en cuanto a su modo\u00bb.<\/p>\n<p>Para expresar el contenido de la muerte del cristiano en Cristo emplea el Ap\u00f3stol la alegor\u00ed\u00ada de \u00abhombre viejo\u00bb (Ef 4, 22), del que los cristianos fueron despojados en el bautismo. Bajo esta alegor\u00ed\u00ada quiere expresar el Ap\u00f3stol toda la realidad del hombre bajo el signo del pecado, \u00abel hombre mismo en cuanto es org\u00e1nicamente arrastrado al pecado por sus tendencias pervertidas\u00bb. Pues bien; este hombre viejo ha quedado destruido radicalmente en Cristo, en su muerte redentora; y en los cristianos, en el bautismo. \u00abLa muerte del bautismo no viene a yuxtaponerse a la de Cristo en la cruz, sino que el sacramento del bautismo del cristiano hace suyo el mismo acto de Cristo: el hombre viejo y el cuerpo de pecado mueren en el bautismo, porque ya murieron en Cristo en el calvario&#8230; No es, desde luego, un ejercicio concreto de renunciamiento al pecado en la vida diaria, como si el hombre se hallara abandonado a sus propias fuerzas y debiera conquistar y alcanzar la vida a fuerza de pu\u00f1os. Es ante todo, un acontecimiento que ya ha tenido lugar en el bautismo, simulacro de la muerte de Cristo, y la conducta diaria no es m\u00e1s que la dilataci\u00f3n, la propagaci\u00f3n lenta de esa victoria de Cristo crucificado, que se va poco a poco apoderando de la existencia del hombre\u00bb. Se trata de una muerte radical o en la ra\u00ed\u00adz pecadora del hombre, que afecta y compromete la existencia toda del cristiano. Para el Ap\u00f3stol la participaci\u00f3n del cristiano en la muerte de Cristo comporta: a) una muerte real y permanente al pecado (cf. Rom 6, 6. 11; Col 3, 1); b) abandono de la carne con su concupiscencia (cf. Rom 13, 14; Ef 5, 3; etc.); c) renuncia al mundo (criterios y actitudes mundanas), condenado por el mismo Cristo como enemigo del reino de Dios (cf. Jn 17, 9ss.). Recordando a sus cristianos estas exigencias de su muerte en Cristo y con Cristo, Pablo dice: \u00abHab\u00e9is muerto y vuestra vida est\u00e1 oculta con Cristo en Dios\u00bb (Col 3, 1).<\/p>\n<p>La conversi\u00f3n, en consecuencia, es un concepto din\u00e1mico que abarca toda la persona (criterios, actitudes y modos de obrar).<\/p>\n<p>b) En labios de Jes\u00fas la invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n (cf. Mc 1, 15) introduce una absoluta novedad: el reino de Dios, que ha llegado en su persona y que es la vida nueva de hijos de Dios. Convertirse significa participar ya en esta nueva condici\u00f3n introducida por Cristo, aceptando ser y vivir por El, con El y en El, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, para el Padre; lo que implica una opci\u00f3n fundamental por Dios y su reino.<\/p>\n<p>c) Para las comunidades cristianas primitivas la conversi\u00f3n es un aspecto esencial del kerygma (cf. He 2, 38; 3, 13-14; 14, 15-16; 36, 18.20; etc.). La conversi\u00f3n a Dios implica un cambio radical de vida; es una opci\u00f3n por el Dios de la vida, que reclama el abandono de los \u00ed\u00addolos (cf. He 14, 15: 26, 18-20). La conversi\u00f3n implica abandonar los caminos propios (He 14, 16) para entrar en los caminos de Dios. Este camino, de acuerdo con las reiteradas alusiones de He (cf 9, 2; 18, 25-26; 19, 9. 23; 22, 4; 24, 14-22) es un determinado \u00abestilo de vida\u00bb que lleva a los seguidores de Jes\u00fas a vivir en comuni\u00f3n de donaci\u00f3n al Padre y a los hermanos.<\/p>\n<p>2. VIDA TEOLOGAL. La nueva condici\u00f3n del ser humano, regenerado en Cristo por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo y constituido hijo de Dios, reclama de \u00e9ste un nuevo \u00abestilo de vida\u00bb que calificamos de \u00abteologal\u00bb.<\/p>\n<p>a. Vida filial. La vida cristiana es vida filial y, en consecuencia, el actuar cristiano debe caracterizarse por un comportamiento filial. La vida de Cristo, cuya filiaci\u00f3n participa el bautizado, es una vida filial, constitutivamente filial en la eternidad y vivencialmente filial en su condici\u00f3n de Hijo encarnado, como consecuencia de su ser filial. En la eternidad el Hijo es pura relaci\u00f3n, una mirada de donaci\u00f3n al Padre. En el tiempo, a su vez, todo su misterio est\u00e1 polarizado por una vivencia de su relaci\u00f3n filial con el Padre, hasta el punto de poder decir que su manjar era hacer la voluntad del Padre (cf. Jn 4, 34; 8, 29).<\/p>\n<p>Si el cristiano es hijo del Padre de modo an\u00e1logo a Cristo, su actuar deber\u00e1 brotar de esa ra\u00ed\u00adz filial y todo su proceder deber\u00e1 ser filial. En todo momento el cristiano debe buscar el rostro del Padre (cf. Sal 26, 8), de suerte que todo en \u00e9l est\u00e9 orientado al Padre y pueda decir como Jes\u00fas: \u00absiempre hago lo que es del agrado de mi Padre\u00bb (Jn 8, 29).<\/p>\n<p>Algunas consecuencias:<br \/>\n1) Conocer al Padre. Es el primer deber del hombre (cf. Job 4, 15) y de todo hijo de Dios (cf. Jn 17, 3). En el vocabulario semita el t\u00e9rmino \u00abconocer\u00bb no tiene un sentido meramente intelectual. \u00abPara el hebreo conocer&#8230; es un t\u00e9rmino de experiencia existencial&#8230; Conocer a una persona es entrar en relaciones personales con ella&#8230;\u00bb. El conocimiento del Padre, por tanto, debe ser un \u00abconocimiento-comuni\u00f3n, conocimiento- experiencia) y progresivo&#8230;, en cuanto significa la intercompenetraci\u00f3n con lo conocido, la experiencia de todo el hombre&#8230;\u00bb Es el conocimiento que Jes\u00fas tiene del Padre: \u00abYo le conozco y guardo su Palabra\u00bb (Jn 8, 56).<\/p>\n<p>El conocimiento del Padre, por otra parte, tiene su verificaci\u00f3n en el conocimiento experiencial del Hijo, con cuyo misterio el cristiano ha entrado en comuni\u00f3n: \u00abNadie va al Padre, sino por m\u00ed\u00ad. Si me conocieseis a m\u00ed\u00ad, conocer\u00ed\u00adais tambi\u00e9n a mi Padre. Desde ahora le conoc\u00e9is y le hab\u00e9is visto\u00bb (Jn 14, 6-7). Ahora bien; el conocimiento que Jes\u00fas tiene de su Padre se expresa en el amor a los hermanos: \u00abQueridos, am\u00e9monos los unos a los otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor\u00bb (1 Jn 4, 7-9).<\/p>\n<p>Presente en el cristiano, el Esp\u00ed\u00adritu Santo, mediante las virtudes teologales y dones divinos, sobre todo, el don de piedad, suscita, alienta y desarrolla en el bautizado este conocimiento experiencia) de su vida filial. Del mismo modo que nadie puede decir \u00abJes\u00fas es el Se\u00f1or\u00bb sino \u00abpor la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (1 Cor 12, 3), tampoco puede decir \u00abPadre\u00bb sino es por la acci\u00f3n del mismo Esp\u00ed\u00adritu (cf. G\u00e1l 4, 6).<\/p>\n<p>2) Confiar en el Padre. El conocimiento del Padre se debe traducir en confianza filial en \u00e9l. \u00abEn cuanto a vosotros hasta los cabellos de vuestra cabeza est\u00e1n contados&#8230;\u00bb (Mt 10, 30). Jes\u00fas trata de alejar del hombre que sigue su camino toda excesiva preocupaci\u00f3n por las realidades transitorias de este mundo que pasa: \u00abNo and\u00e9is preocupados por vuestra vida: qu\u00e9 comer\u00e9is, ni por vuestro cuerpo: con qu\u00e9 os vestir\u00e9is&#8230;\u00bb (Mt 6, 25). El seguidor de Jes\u00fas debe esperar del Padre \u00abel pan de cada d\u00ed\u00ada\u00bb (Mt 6, 5ss.).<\/p>\n<p>Para Juan, en un sentido m\u00e1s profundo y salv\u00ed\u00adfico, los hombres reciben del Padre el pan verdadero (cf. Jn 6, 32), el poder ir a Jes\u00fas (cf. 6, 35), al mismo Jes\u00fas (cf. 3, 16), al otro Par\u00e1clito (cf. 14, 16; 1 Jn 3, 24; 4, 13), la vida eterna (cf. 1 Jn 5, 11), el amor por el que somos llamados hijos de Dios (cf. 1 Jn 3, 1). Todo lo bueno que el hombre puede atribuirse le viene dado \u00abde arriba\u00bb (cf. 3, 27) y, por lo mismo, el cristiano lo debe esperar del Padre. De modo especial, el cristiano ha de esperar del Padre el perd\u00f3n de sus debilidades y pecados (cf. Mt 6, 12). Quien \u00abno perdon\u00f3 a su propio Hijo, sino que lo entreg\u00f3 por nosotros, \u00bfc\u00f3mo no nos dar\u00e1 con \u00e9l graciosamente todas las cosas? (Rom 8, 32).<\/p>\n<p>3) Vivir en comuni\u00f3n con el Padre. El amor busca la presencia y la compa\u00f1\u00ed\u00ada de las personas que amamos. Ahora bien; el Padre est\u00e1 siempre presente a nosotros, o mejor nuestra vida est\u00e1 siempre ante sus ojos, como el ni\u00f1o en el regazo de la madre. Es necesario, por tanto, que todo hijo de Dios procure, en todo momento, vivir en la presencia de su Padre Dios. Jes\u00fas afirma reiteradamente la mutua inmanencia entre El y su Padre: \u00abYo estoy en el Padre y el Padre en m\u00ed\u00ad\u00bb Un 14, 11; cf. 14. 10. 20; 17, 21). An\u00e1loga inmanencia se debe dar entre el Padre y los hijos de adopci\u00f3n. Es necesario que la presencia ontol\u00f3gica del Padre en sus hijos de adopci\u00f3n se vea correspondida con una presencia psicol\u00f3gica por parte del hombre. Esta presencia psicol\u00f3gica llevar\u00e1 al cristiano a vivir \u00aben trato familiar y asiduo con el Padre, por el Hijo, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (OT 8, 1). Para Jes\u00fas la oraci\u00f3n era una exigencia de su condici\u00f3n filial. Porque era -es-Hijo buscaba el contacto a solas con el Padre (Mt 14, 23; 26, 33-39.42.44; Mc 1, 35; 6, 45; 14, 32.35.39; Lc 3, 21; 5, 16; 6, 12; 9, 18.28-29; 11, 1; 22, 40.41.43).<br \/>\nLa vida filial, por \u00faltimo, exige que se desarrolle \u00aben el Padre\u00bb (Jn 14, 10-11), como Jes\u00fas. En su ajetreada vida apost\u00f3lica Jes\u00fas nunca sal\u00ed\u00ada del \u00e1mbito del Padre. Para el cristiano, de modo an\u00e1logo, \u00abel Padre es el fundamento y el ambiente de nuestra vida. El es quien nos lleva y envuelve\u00bb. En el v\u00e9rtigo de la actividad, el cristiano deber\u00ed\u00ada decir como Jes\u00fas: \u00abYo estoy en el Padre\u00bb Un 14, 10).<br \/>\n4) Cumplir la voluntad del Padre. La condici\u00f3n filial del cristiano comporta una apertura total al Padre para cumplir su voluntad. Como Jes\u00fas, que califica la voluntad del Padre su \u00abcomida\u00bb (Jn 4, 34); siempre hace lo que agrada al Padre (cf. Jn 8, 31), tratando de llevar a cabo su obra (cf. Jn 4, 34). Para todo hijo del Padre, al igual que para Cristo, la \u00fanica tarea a realizar es el cumplimiento de la voluntad del Padre. Al igual que para Jes\u00fas, por otra parte, la voluntad del Padre es que el cristiano acabe su obra. \u00abLa voluntad de Dios es su voluntad salv\u00ed\u00adfica de hacer participar a los hombres en la vida y glorificaci\u00f3n de su Hijo. Para el hombre hacer la voluntad de Dios es coincidir con esa voluntad salv\u00ed\u00adfica\u00bb. Jes\u00fas lleva a cabo la obra del Padre entreg\u00e1ndose por entero a la salvaci\u00f3n de los hombres sus hermanos, hasta dar la vida por ellos. El cristiano, de forma an\u00e1loga, ha de vivir su amor al Padre, entreg\u00e1ndose por entero a la salvaci\u00f3n integral de los hombres, haciendo el camino de Jes\u00fas. Se ve, por tanto, que lejos de oponerse o andar por caminos paralelos amor a Dios y amor a los hombres, m\u00e1s bien se implican, siendo el amor a los hombres la concreci\u00f3n, manifestaci\u00f3n y verificaci\u00f3n del amor del Padre.<br \/>\n5) Imitar al Padre. Todo hijo es, por regla general, imagen viva de sus progenitores, cuyos rasgos manifiesta. Nada de extra\u00f1o, por tanto, que el cristiano, nacido de Dios e hijo del Padre, sea en su ser y en su obrar, imagen viva de su Padre Dios. En el evangelio Jes\u00fas insiste machaconamente en que los hombres, como hijos de Dios, deben imitar la bondad del Padre: han de amar a los enemigos y rogar por cuantos los persiguen (cf. Mt 5, 43-48); deben perdonar, como el Padre les perdona sus deudas (cf. Mt 6, 1-13).<\/p>\n<p>En imperativo categ\u00f3rico nos dice: \u00abSed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto\u00bb Mt 5, 48). Pablo reclama esto mismo de sus cristianos: \u00abSed, pues, imitadores de Dios, como hijos car\u00ed\u00adsimos y vivid en el amor\u00bb (Ef 5, 1). Ahora bien; ontol\u00f3gicamente \u00abDios (el Padre) es Amor\u00bb (1 Jn 4, 8. 16), es decir, don total a los hombres, por Cristo y mediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Los hijos adoptivos, en consecuencia han de ser amor en su vida de total entrega al Padre y a los hombres. Entonces ser\u00e1 cuando imitar\u00e1n la perfecci\u00f3n del Padre celestial. Por eso, el Ap\u00f3stol, como exigencia de su condici\u00f3n filial, pide a sus cristianos que vivan \u00aben la caridad como Cristo os am\u00f3 y se entreg\u00f3 por nosotros en oblaci\u00f3n y sacrificio a Dios en suave olor\u00bb (Ef 5, 1-2). San Juan, por su parte, describe al cristiano como \u00abel que permanece en el amor\u00bb (1 Jn 4, 16).<\/p>\n<p>En esta apasionante, aunque dif\u00ed\u00adcil empresa, los cristianos no est\u00e1n solos: se nos ha dado el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que ha derramado en nosotros la caridad de Dios (Rom 5, 5), y que nos capacita para amar al Padre y a los hombres con el mismo amor con que el Padre ama al Hijo y el Hijo al Padre y Padre e Hijo aman a los hombres. El Esp\u00ed\u00adritu Santo, en efecto, se nos ha dado como principio generador, promotor y animador de todo el desarrollo de nuestra vida filial. El Par\u00e1clito, mediante el cortejo de virtudes y dones que acarrea con su presencia, act\u00faa en el cristiano para que reproduzca y manifieste en su vida el ser y vida del Padre, que es Amor.<\/p>\n<p>b. Vida cristiforme. 1) \u00abHijos en el Hijo\u00bb, todos los cristianos han sido predestinados por el Padre a \u00abreproducir la imagen de su Hijo, para que El fuera el primog\u00e9nito entre muchos hermanos\u00bb (Rom 8, 29). \u00abSer conformes a su imagen significa: estar asociados a su filiaci\u00f3n, mantener con Dios una relaci\u00f3n de origen y de similitud an\u00e1loga a la del \u00abHijo de su amor\u00bb con su Padre. Es convirti\u00e9ndose en parecidos a Cristo como los disc\u00ed\u00adpulos realizar\u00e1n su vocaci\u00f3n de im\u00e1genes e hijos\u00bb. Todav\u00ed\u00ada m\u00e1s; el ser regenerado es formalmente cristiano. Por eso, la \u00abnueva vida\u00bb (Rom 6, 4) radica esencialmente no s\u00f3lo en vivir por Cristo o con Cristo (cf. Rom 6, 11; Flp 1, 21), ni tan s\u00f3lo en entregarse o asemejarse cada vez m\u00e1s a El, cuanto, puesto que Cristo vive en el cristiano (cf. G\u00e1l 2, 20), \u00aben dejar al Se\u00f1or que despliegue con plena soberan\u00ed\u00ada su vida\u00bb en nosotros, y as\u00ed\u00ad pensar como El pensaba (cf. 1 Cor 2, 16), amar como El amaba (cf. Flp 1, 8) obrar como El obraba (cf. Flp 2, 5). \u00abLa vida cristiana es Cristo que contin\u00faa viviendo personal y moralmente en los suyos\u00bb. La vida moral del cristiano, por tanto, tiene un car\u00e1cter sacramental: es Cristo mismo, cuya vida ha recibido en el bautismo y que se fortalece en los dem\u00e1s sacramentos, la que se manifiesta en la vida de cada d\u00ed\u00ada. No se trata de reproducir mim\u00e9ticamente las acciones de Cristo, cuanto de adoptar \u00abel estilo de vida\u00bb de Jes\u00fas en todos los niveles sociales y en cada uno de los estratos de la existencia.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad entendi\u00f3 Pablo su existencia: \u00abmi vivir es Cristo\u00bb (Flp 1, 21); \u00abcon Cristo estoy crucificado; y no vivo yo, sino que Cristo es quien vive en m\u00ed\u00ad\u00bb (G\u00e1l 2, 21). El Ap\u00f3stol es consciente de que el misterio de Cristo pasa por su persona y se manifiesta en su vida, y viceversa. A los cristianos les pide que se revistan \u00abdel Hombre nuevo\u00bb (Cristo) \u00abcreado seg\u00fan Dios\u00bb (Ef 4, 24). \u00abDespojaos del hombre viejo con sus obras y revest\u00ed\u00ados del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar el conocimiento perfecto seg\u00fan la imagen de su Creador\u00bb (Col 3, 10). En el texto de Colosenses el Ap\u00f3stol emplea dos verbos: el aoristo para indicar una acci\u00f3n pasada (la inserci\u00f3n de los hombres en Cristo), y el presente (\u00abse renueva\u00bb) para expresar una acci\u00f3n que a\u00fan contin\u00faa. Se trata de hacer realidad en la vida lo que s\u00f3lo germinalmente aconteci\u00f3 en el cristiano en su bautismo. He aqu\u00ed\u00ad el car\u00e1cter din\u00e1mico y progresivo de la vida cristiana. El ni\u00f1o reci\u00e9n nacido es ya un hombre, pero en un estadio incipiente: necesitar\u00e1 de muchos a\u00f1os y de numerosos medios para llegar a la madurez. La comparaci\u00f3n vale para entender la condici\u00f3n din\u00e1mica de la vida cristiana: \u00abprogreso lento, desarrollo tard\u00ed\u00ado, partiendo de este germen de la vida que se recibe en el bautismo, laboriosa formaci\u00f3n de un hombre nuevo, del cual ya est\u00e1 uno revestido y del que, sin embargo, a\u00fan es preciso \u00abirse revistiendo\u00bb. Paradoja que encierra una lucha constante, diaria, puesto que se trata de ir eliminando, abandonando los despojos del hombre viejo. Su mentira debe ceder el paso al \u00abverdadero conocimiento\u00bb; su apego, sus lazos con el yo carnal a la adhesi\u00f3n de Dios; su rostro de hombre pecador a la imagen de Cristo que quiere formarse en El\u00bb. Es lo que pide Pablo a sus cristianos: \u00abRevest\u00ed\u00ados, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entra\u00f1as de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soport\u00e1ndoos unos a otros y perdon\u00e1ndoos mutuamente&#8230;\u00bb (Col 3, 12-13).<\/p>\n<p>2) Seguimiento de Cristo. De acuerdo, sobre todo, con la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica, la configuraci\u00f3n del cristiano con Cristo acontece mediante \u00abel seguimiento\u00bb del Maestro (cf. Mc 1, 17; 2, 14; Mt 8, 21; Lc 9, 59s.; etc.). La b\u00fasqueda de identidad promovida por el Vaticano II ha tra\u00ed\u00addo como consecuencia la pregunta por el ser y el vivir cristianos. Numerosos grupos despu\u00e9s del Concilio han descubierto en el \u00bb seguimiento\u00bb una f\u00f3rmula breve que resume los contenidos fundamentales del \u00abser\u00bb y el \u00abactuar\u00bb cristianos. M\u00e1s a\u00fan, la misma teolog\u00ed\u00ada ha tratado de articular en torno al seguimiento toda la vida cristiana.<\/p>\n<p>La vida cristiana como \u00abseguimiento de Cristo\u00bb tiene hoy un especial reclamo por lo que ofrece de olvido de s\u00ed\u00ad para salir al encuentro del otro. Por otra parte, el camino del seguimiento se abre a todo cristiano, que es invitado a seguir al Maestro (cf. Mc 8, 34) seg\u00fan su \u00abpropio\u00bb carisma (1 Cor 12, 1-12).<\/p>\n<p>El seguimiento de Cristo implica la fe confiada en Jes\u00fas como Hijo del Padre y hermano de todos los hombres, que ha abierto al ser humano al amor como \u00fanico camino de realizaci\u00f3n existencial. Amor que se cifra en el \u00abdon\u00bb de s\u00ed\u00ad al Padre hasta la muerte en la cruz, para realizar su proyecto de liberaci\u00f3n integral del ser humano y restituirlo a su dignidad de hijo de Dios y hermano de todos los hombres.<\/p>\n<p>El camino de Jes\u00fas, siempre marcado por la contradicci\u00f3n y la muerte, tiene como final la resurrecci\u00f3n. Haciendo el camino de Jes\u00fas el cristiano tiene esperanza fundada en la superaci\u00f3n de todas las contradicciones de la historia, cuando \u00abDios sea todo en todos\u00bb (1 Cor 15, 28). El seguimiento de Jes\u00fas, por otra parte, s\u00f3lo se explica desde la fidelidad al Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas, que es la \u00abluz\u00bb del camino y el int\u00e9rprete de las dificultades que se interfieren en la dureza del seguimiento, para que no se obnuvile el sentido de las bienaventuranzas.<\/p>\n<p>El seguimiento de Jes\u00fas es la verificaci\u00f3n del Dios trinitario que vive Jes\u00fas: es mostraci\u00f3n del Padre que es amor, de Jesucristo, Hijo del Padre que visualiz\u00f3 a Este en su vida de entrega a los hombres y pecadores (cf. Jn 14, 8), y de la fuerza transformadora del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>c. Vida en el Esp\u00ed\u00adritu. 1) El Esp\u00ed\u00adritu Santo ha sido dado a la Iglesia y, en ella, a cada uno de los cristianos, como principio de una vida nueva. La presencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo en el hombre transforma el ser humano hasta el punto de convertirlo en \u00abtemplo\u00bb (cf. 1 Cor 3, 16s.; 6, 19) de Dios. Dos son las consecuencias de esta presencia del Esp\u00ed\u00adritu en el hombre: a) La pertenencia del cristiano a Dios. \u00abDel hecho de la inhabitaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en nosotros como en un templo se sigue que ya no nos pertenecemos a nosotros mismos; que estamos consagrados; que somos de Dios, formados a imagen de Cristo resucitado, muerto al, pecado y vivo para Dios (Rom 6, 10-11). Dios destruir\u00e1 a quien no haya respetado en s\u00ed\u00ad la sagrada propiedad de Dios\u00bb. b) Una vida de santidad moral. \u00abLa santidad es el ornato de tu casa\u00bb (Sal 93, 5). La condici\u00f3n del cristiano en su calidad de \u00abtemplo\u00bb de Dios comporta la dedicaci\u00f3n de toda su vida al servicio divino. Un c\u00e1liz y una patena, en virtud de su consagraci\u00f3n, no pueden tener otro uso que el servicio al culto divino. Utilizarlos en otros menesteres, ser\u00ed\u00ada una sacr\u00ed\u00adlega profanaci\u00f3n. Lo propio ocurre con el cristiano: como templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo est\u00e1 consagrado totalmente a Dios, de suerte que toda su vida con todos sus actos le pertenecen. Emplear su vida en otros usos es teol\u00f3gicamente un horrendo sacrilegio. \u00abEl fundamento de la \u00e9tica cristiana es, por tanto, la dignidad ontol\u00f3gica del cristiano, el alma y el cuerpo que es el tabern\u00e1culo del Esp\u00ed\u00adritu Santo; cada fiel y todos los fieles colectivamente, ha venido a ser ese santuario (naos) del que Jes\u00fas habla refiri\u00e9ndose a su propio cuerpo inmolado y resucitado, que constituye el verdadero templo y es en el que se ofrece el culto verdadero espiritual y agradable a Dios\u00bb.<\/p>\n<p>2) El Esp\u00ed\u00adritu Santo es el principio de una vida nueva en el cristiano. \u00abSantificados en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Rom 15, 16) los cristianos deben vivir \u00abseg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (G\u00e1l 5, 16. 18. 25), es decir, de acuerdo con las exigencias de la nueva condici\u00f3n que han recibido, llevando una vida \u00abfilial\u00bb, \u00abcristiforme\u00bb y \u00abespiritual\u00bb o \u00abpneum\u00e1tica\u00bb. \u00abCaminar \u00aben el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb es un ser guiado por el Esp\u00ed\u00adritu o dejarse guiar por el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. En G\u00e1l 5, 18 y 25 el Ap\u00f3stol vuelve a insistir en la misma idea, matiz\u00e1ndola. Nos fijamos preferentemente en el vers\u00ed\u00adculo 25: \u00abSi vivimos seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu, obremos seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Para H. Schlier el t\u00e9rmino pneumati se ha de entender como dativo instrumental: \u00abpor el Esp\u00ed\u00adritu o la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu. El fundamento \u00ed\u00adntimo, la fuerza motora \u00ed\u00adntima de esta vida es el Pneuma\u00bb. Es importante resaltar este aspecto para que se vea una vez m\u00e1s c\u00f3mo, de hecho, por medio del Esp\u00ed\u00adritu y \u00fanicamente as\u00ed\u00ad, viene al hombre el poder obrar deiformemente.<\/p>\n<p>Del Esp\u00ed\u00adritu proviene que el hombre pueda obrar una vida \u00abseg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, es decir, una vida de hijo de Dios. Eso s\u00ed\u00ad, esta acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu reclama, de igual forma, la cooperaci\u00f3n humana y, por tanto, libre, del hombre. Porque los cristianos est\u00e1n (= son) en el Esp\u00ed\u00adritu (Rom 8, 9), tienen al Esp\u00ed\u00adritu como fuente motora que los impulsa y mueve a obrar \u00abfilialmente\u00bb, cristif\u00f3rmemente\u00bb y \u00abpneum\u00e1ticamente\u00bb: \u00abLa vida de los cristianos se realiza en un camino ajustado al Esp\u00ed\u00adritu y regido por el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb.<\/p>\n<p>En orden a vivir esta vida deiforme el mismo Esp\u00ed\u00adritu capacita al hombre con medios adecuados, tambi\u00e9n divinos. Las virtudes teologales act\u00faan a modo de potencias sobrenaturales mediante las cuales el hombre puede obrar conforme a su condici\u00f3n de hijo de Dios. El Ap\u00f3stol relaciona las tres virtudes: fe, esperanza y caridad con el Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>a) La fe. En varios lugares Pablo vincula la fe al Esp\u00ed\u00adritu Santo, que viene a ser el hontanar e impulsor de la misma (cf. G\u00e1l 5, 5; 2 Cor 4, 12; Ef 1, 13). \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu es el principio de vida de la Iglesia, en cuanto la ilumina internamente con la luz de la fe&#8230;, la sostiene en el deseo de encontrarse con Cristo glorificado y le infunde el anhelo de la uni\u00f3n \u00ed\u00adntima con Dios\u00bb.<br \/>\nb) La esperanza. Tambi\u00e9n es frecuente en el Ap\u00f3stol relacionar la esperanza con el Esp\u00ed\u00adritu Santo (cf. Rom 5,4-5; 15, 13; G\u00e1l 5, 5; Ef 4, 4). Pese a no poseer a\u00fan la visi\u00f3n facial de la comuni\u00f3n a cara descubierta con el Padre y el Hijo, y a despecho de las dificultades que entra\u00f1a el camino ( cf. Rom 5, 2; 8, 16; 12, 12; 14, 7), el Esp\u00ed\u00adritu Santo alienta en la Iglesia y en cada uno de sus miembros la esperanza gozosa de entrar un d\u00ed\u00ada en el regazo paterno: \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu y la Novia dicen: `Marana tha&#8217; \u00c2\u00a1Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas!\u00bb (Ap 22, 17).<br \/>\nc) La caridad. En cuanto a la caridad, el Ap\u00f3stol abunda. Elevado el cristiano a la condici\u00f3n de hijo de Dios y miembro de su Familia, se le ha dado, no s\u00f3lo la fe y la esperanza, sino tambi\u00e9n \u00abla caridad\u00bb misma de Dios, para que corresponda a su amor, am\u00e1ndole con el mismo amor con que El nos ha amado. Este amor de Dios en el hombre es obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo: \u00abEl amor de Dios ha sido derramado en nosotros por el Esp\u00ed\u00adritu Santo que nos ha sido dado\u00bb (Rom 5, 5). Pablo llama a la tercera persona divina \u00abEsp\u00ed\u00adritu de caridad\u00bb (2 Tim 1, 7); los cristianos aman \u00aben el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Col 1, 8) y deben luchar \u00abpor el amor del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Rom 15, 30). El cristiano es tal, cuando ama con este amor de caridad que proviene del Padre, por medio del Hijo en la presencia del Esp\u00ed\u00adritu&#8217;.<\/p>\n<p>En la GS (22, 4) recuerda el Vatiano II citando a Rom 8, 23, que \u00abEl cristiano&#8230; recibe las primicias del Esp\u00ed\u00adritu (Rom 8, 23), las cuales le capacitan para cumplir la nueva ley del amor\u00bb. En Rom la expresi\u00f3n \u00abprimicias del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb tiene el sentido de principio de la vida filial, que florecer\u00e1 en la Patria en la comuni\u00f3n familiar y eterna del hombre con el Padre, por Cristo, en el amor del Esp\u00ed\u00adritu Santo. El Ap\u00f3stol, por eso mismo, utiliza el t\u00e9rmino \u00abprimicias del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb en cuanto que son los primeros frutos que brotan en el cristiano, si bien deben aguardar a la plena saz\u00f3n en la gloria. En el texto conciliar el relativo tiene sentido instrumental: \u00abLa actividad del cristiano \u00abanimado por el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Rom 9, 14) es m\u00e1s una actividad de Cristo o del Esp\u00ed\u00adritu dentro de \u00e9l que suya. Como Pablo hab\u00ed\u00ada declarado a los G\u00e1latas: \u00abya no amo yo, es Cristo quien ama en m\u00ed\u00ad, en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (G\u00e1l 2, 20), todo cristiano digno de ese nombre puede y debe decir: \u00abya no amo yo, es Cristo quien ama en m\u00ed\u00ad, en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Pues el cristiano ama con el amor con que el Padre y el Hijo nos aman\u00bb.<\/p>\n<p>El amor del Padre que el cristiano recibe por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Rom 5, 5) lo capacita \u00abpara expresar en su vida el esp\u00ed\u00adritu de las bienaventuranzas\u00bb (AA 4, 6), de suerte que toda la gama de actividades con las que se teje su existencia, \u00absi se realizan en el Esp\u00ed\u00adritu, se convierten en \u00abhostias espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo\u00bb (1 Pe 2, 5)\u00bb (LG 34, 2). Santificados en el Esp\u00ed\u00adritu, los hijos de Dios deben acoplar todo su obrar a las exigencias de la nueva condici\u00f3n, de tal suerte que \u00abdonde quiera que est\u00e9n, est\u00e1n obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de la palabra el hombre nuevo del que se revistieron por el bautismo y la virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo, por quien han sido fortalecidos con la confirmaci\u00f3n, de tal forma que todos los dem\u00e1s, al contemplar sus buenas obras, glorifiquen al Padre (cf. Mt 1, 16)\u00bb (LG 11, 1). Todo cuanto el cristiano realice debe estar hecho \u00aben el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (LG 17, 1). Aunque el Concilio no evoca texto alguno de la Escritura, hay que pensar que con dicha frase quiere indicar la obra de santificaci\u00f3n de la Iglesia. Y, en primer lugar, su renovaci\u00f3n interior, que debe ir progresivamente acopl\u00e1ndose \u00abal estilo de vida del Hijo de Dios\u00bb, de suerte que \u00abla vida de Jes\u00fas se manifieste en nuestro cuerpo\u00bb (2 Cor 4, 10; Flp 2, 5). Para los autores del NT esta tarea es consecuencia insoslayable de la nueva condici\u00f3n del cristiano: \u00abEl hombre interior se va renovando de d\u00ed\u00ada en d\u00ed\u00ada\u00bb (2 Cor 4, 16; cf. Ef 4, 26; Col 3, 10; Tit 3, 5; Heb 6, 6). Los cristianos, en efecto, deben purificarse de la levadura vieja, para ser, en Cristo, una masa nueva (cf. 1 Cor 5, 7); deben despojarse del hombre viejo y revestirse del nuevo, creado seg\u00fan Dios (cf. Col 3, 10; Ef 4, 22 ss.). Ahora bien; esta tarea de renovaci\u00f3n y transformaci\u00f3n interior es obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo (cf. Rom 7, 6; 8, 1-16; G\u00e1l 5, 16-25), que mueve a la Iglesia a caminar por los mismos derroteros de Cristo, a saber, la pobreza, el servicio y la inmolaci\u00f3n en aras del amor al Padre y a los hombres (cf. AG 5, 2).<\/p>\n<p>d) Vida en la Iglesia. La vida filial del cristiano implica no s\u00f3lo la comuni\u00f3n con las divinas personas, sino tambi\u00e9n la comuni\u00f3n con quienes, en Cristo, consituyen las Familia de Dios, que es la Iglesia. Como miembro de la Iglesia, el cristiano se realiza en cuanto tal en la medida en que se abre a los otros en donaci\u00f3n y acogida mutuas. Lo mismo que Cristo es el camino a trav\u00e9s del cual llega al hombre la vida filial y s\u00f3lo en Cristo y desde Cristo se vive como hijo de Dios, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9ns\u00f3lo desde la Iglesia como sacramento y camino se realiza como cristiano, desde, en y por la Iglesia. Nadie va por libre al Padre. Cristo y la Iglesia son sacramentos del encuentro con Dios. \u00danicamente con Cristo y con la Iglesia, desde Cristo y desde la Iglesia y en Cristo y en la Iglesia el cristiano puede vivir su filiaci\u00f3n divina. Al igual que Cristo, la Iglesia y cada uno de sus miembros es camino obligado para vivir la vida cristiana33. Este aspecto est\u00e1 tratado con m\u00e1s amplitud en este mismo Diccionario en las voces Comuni\u00f3n e Iglesia. A ellas me remito.<\/p>\n<p>IV. Conclusi\u00f3n<br \/>\n\u00abIglesia, \u00bfqu\u00e9 dices de ti misma?\u00bb Esta interpelaci\u00f3n de Pablo VI a toda la comunidad cristiana al comienzo de la segunda sesi\u00f3n del Concilio, se la han hecho todos los estamentos del Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo tratando de redescubrir su propia identidad. En lo que al constitutivo de la vida cristiana se refiere, el Vaticano II la ha descrito en su dimensi\u00f3n entitativa y operativa: a) entitativamente la vida cristiana es la participaci\u00f3n en la vida del Padre, por Cristo y en Cristo, mediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo (cf. LG 39-40). b) Operativamente el Concilio ha descrito tambi\u00e9n la vida cristiana por su referencia a las divinas personas: \u00abEl divino Maestro&#8230;predic\u00f3 a todos&#8230; la santidad de la que El es iniciador y consumador: Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5, 48). Envi\u00f3 a todos el Esp\u00ed\u00adritu Santo para que los mueva interiormente a amar a Dios con todo el coraz\u00f3n, con toda el alma, con toda lamente y con todas las fuerzas (cf. Mt 12, 30) y a amarse mutuamente como Cristo les am\u00f3 (cf. 13, 34; 15, 12)&#8230; En consecuencia, los seguidores de Cristo conserven y perfeccionen en su vida la santificaci\u00f3n que recibieron\u00bb (LG 40, 1).<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n trinitaria de la vida cristiana relativiza muchas \u00abformas\u00bb excesivamente moralizantes de vivir la novedad cristiana, d\u00e1ndoles una visi\u00f3n mucho m\u00e1 teologal. La recuperaci\u00f3n del \u00abCentro\u00bb permiti\u00f3 una visi\u00f3n m\u00e1s teologal y, por lo mismo, m\u00e1s trinitaria, de ver y vivir el cristianismo, desde un horizonte m\u00e1s teologal y fraterno, en Cristo y en la Iglesia, en docilidad plena al Esp\u00ed\u00adritu Santo. Esta visi\u00f3n de la vida cristiana parecer\u00ed\u00ada que ten\u00ed\u00ada que haber entrado con fuerza en el Pueblo de Dios. Mucho se ha hecho y se est\u00e1 logrando. En muchos \u00e1mbitos de la Iglesia, sin embargo, debido tal vez a no haber recuperado el \u00abCentro\u00bb que debe \u00abcentrar\u00bb todo el misterio cristiano, se nota un intento de vuelta a formas arcaicas que, si en otro tiempo fueron v\u00e1lidas, hoy, tal vez, tienen poco que \u00abmostrar\u00bb. La \u00abnueva evangelizaci\u00f3n\u00bb que se auspicia en la Iglesia tiene como centro del anuncio el misterio del Dios-Amor: Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo, que ha entrado en la historia para hacer comulgar en su propia vida al ser humano, en calidad de \u00abhijo en el Hijo\u00bb y \u00abhermano con el Hermano mayor y con todos los hombres\u00bb en la comuni\u00f3n del mismo Esp\u00ed\u00adritu, y para que el hombre viva en la \u00ab\u00f3rbita\u00bb del amor al Padre y a los hombres, en Cristo, por Cristo y como Cristo, en docilidad plena al Esp\u00ed\u00adritu Santo34.<\/p>\n<p>[-> Agust\u00ed\u00adn, san; Amor; Bautismo; Biblia; Comuni\u00f3n; Conocimiento; Cruz; Esperanza; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Experiencia; Fe; Hijo; Historia; Iglesia; Inhabitaci\u00f3n; Jesucristo; Misterio; Monote\u00ed\u00adsmo; Oraci\u00f3n; Padre; Pascua; Reino de Dios; Revelaci\u00f3n; Salvaci\u00f3n; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Trinidad.]<br \/>\nNereo Silanes<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. La esencia de la vida cristiana: 1. La conversi\u00f3n a Cristo, fuente de una vida nueva; 2. Una vida nueva en todas las dimensiones. II. La catequesis modela la vida seg\u00fan Cristo: 1. Maduraci\u00f3n de la vida cristiana; 2. Catequesis org\u00e1nica y sistem\u00e1tica; 3. La catequesis entrena para la vida cristiana; 4. Catequesis para la formaci\u00f3n moral. III. La catequesis responde a las dimensiones fundamentales del creyente. IV. Los \u00e1mbitos de la catequesis.<\/p>\n<p>\u00abIncorporados a Cristo por el bautismo (cf Rom 6,5), los cristianos est\u00e1n \u00abmuertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jes\u00fas\u00bb (Rom 6,11), participando as\u00ed\u00ad en la vida del Resucitado (cf Col 2,12). Siguiendo a Cristo y en uni\u00f3n con \u00e9l (cf Jn 15,5), los cristianos pueden ser \u00abimitadores de Dios, como hijos queridos y vivir en el amor\u00bb (Ef 5,1), conformando sus pensamientos, sus palabras y sus acciones con \u00ablos sentimientos que tuvo Cristo\u00bb (Flp 2,5) y siguiendo sus ejemplos (cf Jn 13,12-16)\u00bb (CCE 1694).<\/p>\n<p>\u00abEl que sigue a Cristo, hombre perfecto, se perfecciona cada vez m\u00e1s en su propia dignidad de hombre\u00bb (GS 41). Es en Jes\u00fas, donde el hombre conoce mejor qui\u00e9n es Dios y su voluntad de salvaci\u00f3n y, sobre todo, el hombre se conoce mejor y descubre el sentido aut\u00e9ntico de su existencia (cf GS 22).<\/p>\n<p>A la luz de los evangelios podemos destacar los rasgos fundamentales de Jes\u00fas de Nazaret y tomar conciencia de la imagen que los primeros cristianos ten\u00ed\u00adan de su persona. La buena noticia que, a lo largo del tiempo, ha ofrecido la Iglesia se concentra en dar a conocer a Jesucristo y acompa\u00f1ar a los hombres al encuentro de la persona del Se\u00f1or resucitado, de modo que, descubriendo en \u00e9l y en su evangelio el sentido supremo de su propia existencia, puedan crecer como hombres nuevos en una sociedad renovada, de cielos nuevos y tierra nueva.<\/p>\n<p>Si el drama de nuestro tiempo es la separaci\u00f3n entre cultura y fe (cf EN 20) y entre fe y vida (cf GS 43), urge buscar una soluci\u00f3n eficaz y duradera. Las causas de esta separaci\u00f3n son m\u00faltiples (secularismo, pluralismo, corrientes filos\u00f3ficas, organizaci\u00f3n de la sociedad, etc). Hay tambi\u00e9n causas intraeclesiales: gran parte de la teolog\u00ed\u00ada, de la liturgia y la catequesis ha separado fe y vida profana, fe y cultura, fe y praxis. \u00abSurge, pues, la pregunta -plantea Juan Pablo II en la enc\u00ed\u00adclica Fides et ratio- sobre c\u00f3mo se puede conciliar el car\u00e1cter absoluto y universal de la verdad con el inevitable condicionamiento hist\u00f3rico y cultural de las f\u00f3rmulas en que se expresa\u00bb (FR 52, 95). A esta cuesti\u00f3n responde ampliamente el Consejo pontificio de la cultura, secundando el deseo apremiante d\u00e9l Papa: \u00abDeb\u00e9is ayudar a la Iglesia a responder a estas cuestiones fundamentales para las culturas actuales: \u00bfC\u00f3mo hacer accesible el mensaje de la Iglesia a las nuevas culturas, a las formas actuales de la inteligencia y de la sensibilidad? \u00bfC\u00f3mo puede la Iglesia de Cristo hacerse o\u00ed\u00adr por el esp\u00ed\u00adritu moderno, tan orgulloso de sus realizaciones y al mismo tiempo tan inquieto por el futuro de la familia humana?\u00bb (Para una pastoral de la cultura, 1 [23 de mayo de 1999]). La respuesta est\u00e1 en la integraci\u00f3n: la fe tiene que integrarse plenamente en la personalidad humana, en sus ra\u00ed\u00adces, en sus valores y funcionamiento. Para ello la catequesis integral e integradora no puede reducirse al catecismo.<\/p>\n<p>I. La esencia de la vida cristiana<br \/>\n1. LA CONVERSI\u00ed\u201cN A CRISTO, FUENTE DE UNA VIDA NUEVA. \u00abLa evangelizaci\u00f3n, al anunciar al mundo la buena nueva de la Revelaci\u00f3n, invita a hombres y mujeres a la conversi\u00f3n y a la fe (cf Rom 10,17; LG 16; AG 7; CCE 846-848). La llamada de Jes\u00fas, \u00abconvert\u00ed\u00ados y creed el evangelio\u00bb (Mc 1,15), sigue resonando, hoy, mediante la evangelizaci\u00f3n de la Iglesia. La fe cristiana es, ante todo, conversi\u00f3n a Jesucristo (AG 13), adhesi\u00f3n plena y sincera a su persona y decisi\u00f3n de caminar en su seguimiento (CT 5).<\/p>\n<p>La fe es un encuentro personal con Jesucristo, es hacerse disc\u00ed\u00adpulo suyo. Esto exige el compromiso permanente de pensar como \u00e9l, de juzgar como \u00e9l y de vivir como \u00e9l vivi\u00f3 (CT 20). As\u00ed\u00ad el creyente se une a la comunidad de los disc\u00ed\u00adpulos y hace suya la fe de la Iglesia (CCE 166-167)\u00bb (DGC 53).<\/p>\n<p>De alguna manera, vivir en Cristo, llenarse de Cristo, supone vaciarse de s\u00ed\u00ad mismo para intentar la plenificaci\u00f3n humana que conlleva la inserci\u00f3n madura en la comunidad de creyentes y en la comunidad de los humanos.<\/p>\n<p>Ser cristiano es construir la personalidad teniendo a Cristo como referencia en el plano de la mentalidad (manera de pensar y enjuiciar), de la sensibilidad (vibraciones del sentimiento y la emotividad al ritmo de Cristo) y de la vida (forma de ser, relacionarse y actuar). Al interiorizar progresivamente y explicitar esta referencia a Cristo, se perciben la historia y la vida como \u00e9l, se toman las opciones con sus mismos criterios, se relaciona y ama como \u00e9l&#8230;<\/p>\n<p>Esta nueva personalidad cristiana supone: 1) Un proceso de crecimiento y maduraci\u00f3n humana que asume, como vivencia religiosa \u00abtodo lo que hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable&#8230;\u00bb (Flp 4,8); pero tambi\u00e9n asume todo lo que es pecado y miseria, como lugar de encuentro con Dios Padre, amor y perd\u00f3n. 2) Un encuentro con Jesucristo, hombre perfecto, que desvela el sentido de la existencia humana individual y social: el Salvador del hombre: \u00abYo soy la luz del mundo. El que me siga no andar\u00e1 en tinieblas, sino que tendr\u00e1 la luz de la vida\u00bb (In 8,12). Este encuentro personal con Jesucristo se vive en la fe y en el testimonio de los cristianos. 3) Una inserci\u00f3n progresiva -en amplitud y profundidad- en la comunidad de los seguidores, lugar, signo e instrumento de la salvaci\u00f3n de la humanidad: \u00abEran constantes en escuchar la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles, en la uni\u00f3n fraterna, en el partir el pan y en las oraciones\u00bb (He 2,42). 4) Una integraci\u00f3n en la sociedad como fermento y compromiso por el Reino, con vocaci\u00f3n transformadora seg\u00fan las claves de Dios: \u00abHay diversidad de dones espirituales, pero el Esp\u00ed\u00adritu es el mismo. A cada cual se le da la manifestaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu para el bien com\u00fan\u00bb (1Cor 12,4.7).<\/p>\n<p>Para vivir estas dimensiones se exige una pedagog\u00ed\u00ada que capacite para asimilar vitalmente los contenidos o verdades, las vivencias y experiencias m\u00e1s significativas y las actitudes m\u00e1s evang\u00e9licas.<\/p>\n<p>2. UNA VIDA NUEVA EN TODAS LAS DIMENSIONES. \u00abAquel que, movido por la gracia, decide seguir a Jesucristo es \u00abintroducido en la vida de la fe, de la liturgia y de la caridad del pueblo de Dios\u00bb (AG 14). La Iglesia realiza esta funci\u00f3n fundamentalmente por medio de la catequesis. Tambi\u00e9n la educaci\u00f3n cristiana familiar y la ense\u00f1anza religiosa escolar ejercen una funci\u00f3n de iniciaci\u00f3n a la vida cristiana\u00bb (DGC 51).<\/p>\n<p>\u00abLa fe lleva consigo un cambio de vida, una \u00abmetanoia\u00bb (cf EN 10, AG 13; CCE 1430), es decir, una transformaci\u00f3n profunda de la mente y del coraz\u00f3n: hace as\u00ed\u00ad que el creyente viva esa \u00abnueva manera de ser, de vivir, de vivir juntos, que inaugura el evangelio\u00bb (cf EN 23). Y este cambio de vida se manifiesta en todos los niveles de la existencia del cristiano: en su vida interior de adoraci\u00f3n y acogida de la voluntad divina; en su participaci\u00f3n activa en la misi\u00f3n de la Iglesia; en su vida matrimonial y familiar; en el ejercicio de la vida profesional; en el desempe\u00f1o de las actividades econ\u00f3micas y sociales.<\/p>\n<p>La fe y la conversi\u00f3n brotan del coraz\u00f3n, es decir, de lo m\u00e1s profundo de la persona humana, afect\u00e1ndola por entero. Al encontrar a Jesucristo, y al adherirse a \u00e9l, el ser humano ve colmadas sus aspiraciones m\u00e1s hondas: encuentra lo que siempre busc\u00f3 y adem\u00e1s de manera sobreabundante\u00bb (DGC 55).<\/p>\n<p>\u00abLa fe es un don destinado a crecer en el coraz\u00f3n de los creyentes (cf CT 20). La adhesi\u00f3n a Jesucristo, en efecto, da origen a un proceso de conversi\u00f3n permanente que dura toda la vida (cf RMi 46). Quien accede a la fe es como un ni\u00f1o reci\u00e9n nacido (cf lPe 2,2; Heb 5,13) que, poco a poco, crecer\u00e1 y se convertir\u00e1 en un ser adulto, que tiende al \u00abestado del hombre perfecto\u00bb (Ef 4,13), a la madurez de la plenitud de Cristo. Los signos de su madurez los indican las obras que nacen de un coraz\u00f3n convertido a Cristo y a los hermanos. Es la opci\u00f3n fundamental del disc\u00ed\u00adpulo (cf AG 13; EN 10; RMi 46; VS 66; RICA 10) que genera el deseo de conocerle m\u00e1s profundamente y de identificarse con \u00e9l.<\/p>\n<p>La catequesis inicia en el conocimiento de la fe y en el aprendizaje de la vida cristiana, favoreciendo un camino espiritual que provoca un \u00abcambio progresivo de actitudes y costumbres\u00bb (AG 13), hecho de renuncias y de luchas, y tambi\u00e9n de gozos que Dios concede sin medida\u00bb (DGC 56).<\/p>\n<p>II. La catequesis modela la vida seg\u00fan Cristo<br \/>\n1. MADURACI\u00ed\u201cN DE LA VIDA CRISTIANA. \u00abEl creyente, impulsado siempre por el Esp\u00ed\u00adritu, alimentado por los sacramentos, la oraci\u00f3n, el ejercicio de la caridad, las m\u00faltiples formas de educaci\u00f3n permanente, la escucha de la Palabra, el testimonio y apoyo de la comunidad&#8230; modela su vida para vivir y actuar seg\u00fan Cristo, el \u00fanico y perfecto modelo (DV 24; EN 45)\u00bb (DGC 57).<\/p>\n<p>\u00abAs\u00ed\u00ad como para la vitalidad de un organismo humano es necesario que funcionen todos sus \u00f3rganos, para la maduraci\u00f3n de la vida cristiana hay que cultivar todas sus dimensiones: el conocimiento de la fe, la vida lit\u00fargica, la formaci\u00f3n moral, la oraci\u00f3n, la pertenencia comunitaria, el esp\u00ed\u00adritu misionero. Si la catequesis descuidara alguna de ellas, la fe cristiana no alcanzar\u00ed\u00ada todo su crecimiento\u00bb (DGC 87).<\/p>\n<p>Una catequesis que tiene cuenta de la globalidad, cultiva y desarrolla casi de forma autom\u00e1tica la maduraci\u00f3n de la vida cristiana pues cada dimensi\u00f3n incluye, potencia y proyecta la dimensi\u00f3n vivencial, moral y social en Iglesia. Aplic\u00e1ndolo a la iniciaci\u00f3n cristiana, afirman los obispos espa\u00f1oles: \u00abPor razones de claridad, se exponen por separado las caracter\u00ed\u00adsticas propias de cada una de estas funciones en relaci\u00f3n con la iniciaci\u00f3n cristiana, pero no debe perderse de vista su \u00ed\u00adntima complementariedad y apoyo mutuo\u00bb (IC 40; cf 41-42).<\/p>\n<p>2. CATEQUESIS ORG\u00ed\u0081NICA Y SISTEM\u00ed\u0081TICA. Si queremos que la catequesis cristiana sea integral y abarque todas las facetas de la vida del creyente, tenemos que pensar en una catequesis con un proceso serio.<\/p>\n<p>La catequesis (cf DGC 67) es una formaci\u00f3n org\u00e1nica y sistem\u00e1tica de la fe. Ya el s\u00ed\u00adnodo de 1977 subray\u00f3 la necesidad de una catequesis \u00aborg\u00e1nica y bien ordenada\u00bb (CT 21), que no se puede reducir a lo circunstancial y ocasional (cf CT 21). Porque su meta es formar para la vida cristiana, desborda -incluy\u00e9ndola- la mera ense\u00f1anza (cf AG 14; CT 33; CCE 1231). Se centra en lo com\u00fan para el cristiano, sin entrar en cuestiones controvertidas ni novedosas ni en profundidades de la investigaci\u00f3n teol\u00f3gica. Y est\u00e1 en la entra\u00f1a de la fe -y por lo tanto de la catequesis- la incorporaci\u00f3n a la comunidad que vive, celebra y testimonia (cf DCG 31).<\/p>\n<p>Iniciarse, proseguir y madurar en el misterio de la salvaci\u00f3n debe marchar parejo con el ejercicio de las costumbres evang\u00e9licas y con las celebraciones de la comunidad.<\/p>\n<p>La catequesis de la vida cristiana no es responsabilidad exclusiva de sacerdotes y catequistas, sino de toda la comunidad de fieles. La fe, en efecto, exige cooperar activamente en la evangelizaci\u00f3n y en la edificaci\u00f3n de la Iglesia con el testimonio de vida y la profesi\u00f3n de la fe (AG 14). No hay aut\u00e9ntica vida cristiana si no hay una clara decisi\u00f3n de construir la Iglesia de Cristo.<\/p>\n<p>Partiendo de los datos del Concilio se puede concluir que el catecumenado es la forma de catequesis m\u00e1s indicada (AG 14; CD 14; SC 64-65, 71) y que \u00abla iniciaci\u00f3n cristiana es un proceso de formaci\u00f3n o de crecimiento, suficientemente largo y debidamente articulado, constituido por elementos catequ\u00e9ticos, lit\u00fargico-sacramentales, comunitarios y de comportamiento, que es indispensable para que una persona pueda participar con libertad de opci\u00f3n y adecuada madurez en la fe y en la vida cristiana\u00bb (J. Gevaert, 1982; cf IC 20-21).<\/p>\n<p>3. LA CATEQUESIS ENTRENA PARA LA VIDA CRISTIANA. \u00abLa catequesis es uno de esos momentos en el proceso total de la evangelizaci\u00f3n\u00bb (CT 18). Los convertidos, mediante \u00abuna ense\u00f1anza y aprendizaje convenientemente prolongado de toda la vida cristiana\u00bb (AG 14), son iniciados en el misterio de la salvaci\u00f3n y en el estilo de vida propio del evangelio. Se trata, en efecto, \u00abde iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana\u00bb (CT 18). Y eso se logra con el adecuado acompa\u00f1amiento, en el proceso, seg\u00fan un itinerario previsto por la comunidad para llevar a cabo en grupo y seguido m\u00e1s de cerca por el catequista (cf DGC 141, 156, 159; cf IC 24-31).<\/p>\n<p>La catequesis es una \u00abescuela preparatoria de la vida cristiana\u00bb (DCG 130), debe iluminar y robustecer la fe, alimentar la vida seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu de Cristo, llevar a una consciente y activa participaci\u00f3n del misterio lit\u00fargico y alentar la acci\u00f3n apost\u00f3lica (RICA 19).<\/p>\n<p>La vida cristiana \u00abno es m\u00e1s que la vida en el mundo. Pero una vida seg\u00fan las bienaventuranzas\u00bb (CT 29). Y al ser la catequesis tambi\u00e9n una iniciaci\u00f3n en el conocimiento de la fe, se est\u00e1 hablando de nociones, valores, experiencias, acontecimientos&#8230; No se puede olvidar este factor (o dimensi\u00f3n) cognoscitivo de la fe. La comprensi\u00f3n del mensaje cristiano es necesaria para poder vivir la fe cristiana, para dar \u00abraz\u00f3n de su esperanza\u00bb. Y el cultivo y proyecci\u00f3n de la dimensi\u00f3n doctrinal, intelectual o m\u00e1s racional de la fe es una exigencia en el mundo intelectual y universitario (cf FR 13). La vida cristiana tiene ah\u00ed\u00ad un campo inagotable y de gran repercusi\u00f3n en la Iglesia y en la sociedad.<\/p>\n<p>4. CATEQUESIS PARA LA FORMACI\u00ed\u201cN MORAL. Adherirse a Jesucristo implica optar por \u00e9l, camino, verdad y vida. La catequesis debe, por tanto, entrenar a los disc\u00ed\u00adpulos en las actitudes propias del Maestro. Los disc\u00ed\u00adpulos emprenden, as\u00ed\u00ad, un camino de transformaci\u00f3n interior en el que, participando del misterio pascual del Se\u00f1or, \u00abpasan del hombre viejo al hombre nuevo en Cristo\u00bb (AG 13). Es el primer fruto y compromiso de la fe: la construcci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo seg\u00fan los criterios y exigencias de Cristo. Desde ah\u00ed\u00ad no s\u00f3lo se construye Iglesia y sociedad con el testimonio personal, elemento clave en la pedagog\u00ed\u00ada, sino tambi\u00e9n desde la dimensi\u00f3n social y caritativa que tiene la fe y el seguimiento del Maestro.<\/p>\n<p>El serm\u00f3n de la monta\u00f1a, al que Jes\u00fas, asumiendo el dec\u00e1logo, le imprime el esp\u00ed\u00adritu de las bienaventuranzas, es una referencia indispensable en esta formaci\u00f3n moral, hoy tan necesaria. La evangelizaci\u00f3n, \u00abque comporta el anuncio y la propuesta moral\u00bb (VS 107) difunde toda su fuerza interpeladora cuando, junto a la palabra anunciada, sabe ofrecer tambi\u00e9n la palabra vivida. Este testimonio moral, al que prepara la catequesis, ha de saber mostrar las consecuencias sociales de las exigencias evang\u00e9licas. Una aut\u00e9ntica educaci\u00f3n moral requiere una pedagog\u00ed\u00ada que fomente los valores aptos para producir ese cambio progresivo de sentimientos y costumbres que, seg\u00fan AG 13-14, es la lenta transformaci\u00f3n de las actitudes y valores del creyente (cf FR 68).<\/p>\n<p>III. La catequesis responde a las dimensiones fundamentales del creyente<br \/>\nLa comuni\u00f3n con Jesucristo conduce a celebrar su presencia salv\u00ed\u00adfica en los sacramentos y, particularmente en la eucarist\u00ed\u00ada&#8230; Esta iniciaci\u00f3n en la oraci\u00f3n ha de llevar impl\u00ed\u00adcita una educaci\u00f3n para la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando la catequesis est\u00e1 penetra-da por un clima de oraci\u00f3n, el aprendizaje de la vida cristiana cobra toda su profundidad (DGC 85). La oraci\u00f3n y la celebraci\u00f3n deben partir de la vida, relacionarse con la vida y estimular su transformaci\u00f3n seg\u00fan los criterios de Cristo.<\/p>\n<p>a) La vida cristiana en comunidad. \u00abLa catequesis capacita al cristiano para vivir en comunidad y para participar activamente en la vida y misi\u00f3n de la Iglesia&#8230;<\/p>\n<p>La vida cristiana en comunidad no se improvisa y hay que educarla con cuidado. Para este aprendizaje, la ense\u00f1anza de Jes\u00fas sobre la vida comunitaria, recogida en el evangelio de Mateo, reclama algunas actitudes que la catequesis deber\u00e1 fomentar: el esp\u00ed\u00adritu de sencillez y humildad (Mt 18,4), la solicitud por los m\u00e1s peque\u00f1os (Mt 18,6), la atenci\u00f3n preferente a los que se han alejado (Mt 18,12), la correcci\u00f3n fraterna (Mt 18,15), la oraci\u00f3n en com\u00fan (Mt 18,19), el perd\u00f3n mutuo (Mt 18,22). El amor fraterno aglutina todas estas actitudes (Jn 13,34)\u00bb (DGC 86).<\/p>\n<p>Seguir a Jes\u00fas es entrar en la din\u00e1mica comunitaria, ya que no se le sigue en solitario sino en grupo. No se puede hablar de Cristo cabeza y olvidar a los miembros&#8230; Por ello, la catequesis ha de educar al creyente en actitudes que favorezcan la vida comunitaria, la pertenencia al grupo: oraci\u00f3n com\u00fan, perd\u00f3n mutuo, amor fraterno, participaci\u00f3n activa&#8230;<\/p>\n<p>De la comunidad cristiana nace el anuncio de la buena noticia, incitando a los hombres a acercarse a Jesucristo y seguirle. Y la comunidad es la que acoge a los que han optado por el seguimiento, les acompa\u00f1a en su itinerario de fe, y se ocupa y preocupa tanto de los hermanos alejados de la fe -ignorancia, descuido, desenga\u00f1o, pecado- como de los hermanos en penuria material, psicol\u00f3gica o moral (pobres, enfermos, presos, exiliados, abandonados, prostituidos, marginados&#8230;).<\/p>\n<p>La comunidad cuidar\u00e1 tambi\u00e9n en sus catequesis, con la ense\u00f1anza y el testimonio, la dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica de la fe y estimular\u00e1 actitudes fraternales hacia los miembros de otras iglesias y comunidades (cf DGC 86).<\/p>\n<p>Y la comuni\u00f3n intraeclesial e interconfesional conlleva igualmente una cierta comuni\u00f3n con la sociedad actual, lugar de Revelaci\u00f3n, en la que Dios se encarna, desde la que catequiza y a la que intenta promocionar y educar, y en la que sea posible evangelizar.<\/p>\n<p>b) El compromiso apost\u00f3lico y misionero. \u00abEl bautizado tiene el deber de confesar su fe delante de los hombres\u00bb (LG 11). \u00abSe trata de capacitar a los disc\u00ed\u00adpulos de Jesucristo para estar presentes, en cuanto cristianos, en la sociedad, en la vida profesional, cultural y social. Se les preparar\u00e1, igualmente, para cooperar en los diferentes servicios eclesiales, seg\u00fan la vocaci\u00f3n de cada uno\u00bb (DGC 86).<\/p>\n<p>La vida del creyente ha de ser testimonio que haga plantearse a los hombres y mujeres de su tiempo el porqu\u00e9 de su manera de vivir, la raz\u00f3n de su conducta. \u00abEste testimonio constituye de por s\u00ed\u00ad una proclamaci\u00f3n silenciosa, pero tambi\u00e9n muy clara y eficaz de la buena noticia\u00bb (EN 21).<\/p>\n<p>El compromiso ha de adquirirlo tambi\u00e9n en las tareas que se realizan dentro de la comunidad. La insistencia en la acci\u00f3n social y caritativa que deriva de la fe puede hacer olvidar la necesidad de la conversi\u00f3n personal y comunitaria, tan reiterada por Cristo. Porque habr\u00ed\u00ada que recordar siempre: si se logra eliminar el pecado de la propia vida y se apuesta decididamente por el amor, acaban muchas injusticias, mucha violencia, manipulaci\u00f3n, mentira y el resto de pecados que imposibilitan la fraternidad, la igualdad y la paz.<\/p>\n<p>La catequesis est\u00e1 abierta, del mismo modo, al dinamismo misionero (cf CT 24). Se trata de capacitar a los disc\u00ed\u00adpulos de Jesucristo para estar presentes, en cuanto cristianos, en la sociedad, en la vida profesional, cultural y social. No bastar\u00e1n las buenas intenciones y deseos, se requiere aprovechar bien todos los recursos materiales y humanos, y con ellos, la capacitaci\u00f3n t\u00e9cnica. Se les preparar\u00e1, igualmente, para cooperar en los diferentes servicios eclesiales, segun la vocaci\u00f3n de cada uno&#8230;<\/p>\n<p>c) El discernimiento vocacional. La catequesis ha de ayudar al creyente a discernir su vocaci\u00f3n, la manera mejor de seguir a Jesucristo, imitando su vida y continuando su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>No parece pedag\u00f3gico pretender formar para la vida cristiana sin tener muy presente la dimensi\u00f3n vocacional, que se realizar\u00e1 en una forma de vida, una profesi\u00f3n o una serie de actividades concretas.<\/p>\n<p>IV. Los \u00e1mbitos de la catequesis<br \/>\nLa vida cristiana supone una tensi\u00f3n liberadora que encarna la fe en toda realidad humana: personal, social, art\u00ed\u00adstico-cultural, profesional, pol\u00ed\u00adtica&#8230;<\/p>\n<p>La fe cristiana no es una superestructura que se a\u00f1ade a las personas para que se relacionen con Dios; es una fuerza divina que intenta potenciar lo humano en cada persona, en cada familia, en cada grupo y en el conjunto de la historia de los hombres, prolongando la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios en la historia del hombre Jes\u00fas.<\/p>\n<p>La m\u00e1s moderna pedagog\u00ed\u00ada dice que la primera infancia es momento privilegiado para asimilar valores. Y dice que las ense\u00f1anzas, cuando van acompa\u00f1adas del afecto, penetran mucho m\u00e1s. Y que se educa m\u00e1s por lo que se vive que por lo que se dice.<\/p>\n<p>a) La familia. Ning\u00fan espacio educativo cumple los tres requisitos como el hogar cristiano. \u00abEl testimonio de vida cristiana, ofrecido por los padres en el seno de la familia, llega a los ni\u00f1os envuelto en el cari\u00f1o y el respeto materno y paterno. Los hijos perciben y viven gozosamente la cercan\u00ed\u00ada de Dios y de Jes\u00fas que los padres manifiestan, hasta tal punto que esta primera experiencia cristiana deja frecuentemente en ellos una huella decisiva que dura toda la vida (CT 68)\u00bb (DGC 226).<\/p>\n<p>\u00abLa familia ha sido definida como una \u00abIglesia dom\u00e9stica\u00bb (LG 11; AA 11; FC 49), lo que significa que en cada familia cristiana deben reflejarse los diversos aspectos o funciones de la vida de la Iglesia entera: misi\u00f3n, catequesis, testimonio, oraci\u00f3n&#8230; (EN 71).<\/p>\n<p>La familia como lugar de catequesis tiene un car\u00e1cter \u00fanico: transmite el evangelio enraiz\u00e1ndolo en un contexto de profundos valores humanos (cf GS 52; FC 37). Sobre esta base humana es m\u00e1s honda la iniciaci\u00f3n en la vida cristiana: el despertar al sentido de Dios, los primeros pasos en la oraci\u00f3n, la educaci\u00f3n de la conciencia moral y la formaci\u00f3n en el sentido cristiano del amor humano, concebido como reflejo del amor de Dios Creador y Padre\u00bb (DGC 255; cf IC 34).<\/p>\n<p>b) La parroquia y las comunidades cristianas. La familia asume los problemas m\u00e1s personales y tiene especial importancia en los primeros a\u00f1os de la vida, en la infancia. La parroquia asume los problemas m\u00e1s institucionales.<\/p>\n<p>Las personas entran en la Iglesia universal por los caminos de las Iglesias particulares. Pertenecen a la Iglesia universal compartiendo su fe en Iglesias locales y en las parroquias o en comunidades cristianas (cf IC 33). La parroquia es la comunidad cristiana de la iniciaci\u00f3n o de la incorporaci\u00f3n, aunque cada persona, a lo largo de su vida cristiana, puede cambiar de parroquia y puede incorporarse a otras comunidades cristianas, a comunidades religiosas, a movimientos apost\u00f3licos, a cofrad\u00ed\u00adas o a grupos matrimoniales, o a alguno de los movimientos o asociaciones que se dan en el actual panorama de las Iglesias.<\/p>\n<p>\u00abLas diversas \u00abasociaciones, movimientos y agrupaciones de fieles\u00bb (cf CT 70) que se promueven en la Iglesia particular tienen como finalidad ayudar a los disc\u00ed\u00adpulos de Jesucristo a realizar su misi\u00f3n&#8230;\u00bb (DGC 261; cf IC 35).<\/p>\n<p>\u00abEn las comunidades de base&#8230; la catequesis da hondura a la vida comunitaria, ya que asegura los fundamentos de la vida cristiana de los fieles\u00bb (DGC 264).<\/p>\n<p>La catequesis en grupo procura vivir el proceso catequ\u00e9tico, de manera que, teniendo en cuenta la realidad psicosocial y religiosa de cada miembro, se parezca lo m\u00e1s posible a la comunidad cristiana, donde se vive, madura, expresa y realiza la vida cristiana transformadora de la Iglesia y de la sociedad.<\/p>\n<p>c) La escuela cristiana. El \u00e1mbito escolar ejerce normalmente una gran influencia en la adquisici\u00f3n de un cierto sentido de la vida, en la adquisici\u00f3n de determinados valores, en la relaci\u00f3n fe y cultura. Es un ambiente de pluralismo, de expresi\u00f3n libre de las creencias y vivencias, un ambiente propicio para razonar la fe y dar motivos para creer.<\/p>\n<p>La escuela cristiana, a pesar de ser una instituci\u00f3n tan antigua y tan sometida a cr\u00ed\u00adtica, debe ser constantemente redescubierta para la educaci\u00f3n de la fe: son muchos los aspectos positivos reales de la escuela y muchas las posibilidades de los educadores de clara vocaci\u00f3n pedag\u00f3gica y con profundas vivencias cristianas (cf DGC 259-260; IC 36-38).<\/p>\n<p>BIBL.: ALBERICH E., Educar en la fe a los j\u00f3venes de Europa: Retos y perspectivas, Misi\u00f3n Joven 257 (1998); CENTRO NACIONAL DE PASTORAL JUVENIL, Itinerario de educaci\u00f3n en la fe, CCS, Madrid 1998; DE FLORES S.-GOFFI T. (dirs.), Nuevo diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 1991\u00c2\u00b0, especialmente GUERRA A., Experiencia cristiana, 680-688 y MONOILLO D., Seguimiento, 1717-1728; GEVAERT J. (dir.), Diccionario de catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1987; JIMENEZ ORTZ A., Por los caminos de la increencia. La fe en di\u00e1logo, CCS, Madrid 1996; MARTIN VELASCO J., El malestar religioso de nuestra cultura, San Pablo, Madrid 19983; Ser cristiano en una cultura posmoderna, PPC, Madrid 1996; MORENO VILLA M., Vocaci\u00f3n, en (dir.), Diccionario de pensamiento contempor\u00e1neo, San Pablo, Madrid 1997, 1233-1242; OBISPOS DE FRANCIA (1997), Proposer la foi dans la societ\u00e9 actuelle. III lettre aux catholiques de France, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1997; PETITCLERC J. M., C\u00f3mo hablar de Dios a los j\u00f3venes, CCS, Madrid 1997; SASTRE J., El acompa\u00f1amiento espiritual, San Pablo, Madrid 1994&#8242;; El discernimiento vocacional, San Pablo, Madrid 1996; TONELLI R., Pastoral juvenil. Anunciar a Jesucristo en la vida diaria, CCS, Madrid 1985.<\/p>\n<p>Alfonso Francia Hern\u00e1ndez<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(v. caridad, cristianismo, espiritualidad, esperanza, fe, gracia) (ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n, BAC, Madrid, 1998) Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n SUMARIO: I. Introducci\u00f3n.- II. Ontolog\u00ed\u00ada de la vida cristiana: 1. Ser en Cristo; 2. Ser en el Esp\u00ed\u00adritu; 3. El cristiano, hijo del Padre; 4. Dimensi\u00f3n eclesial de la vida cristiana.- III. Dinamismo de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vida-cristiana\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abVIDA CRISTIANA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15475","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15475","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15475"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15475\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15475"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15475"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15475"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}